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UNIVERSIDAD DE CARABOBO

FACULTAD DE CIENCIAS JURÍDICAS Y POLÍTICAS
DIRECCIÓN DE POSTGRADO










DERECHOS HUMANOS PRESENTES EN LA FASE DE EJECUCIÓN DE
LA SENTENCIA EN EL PROCESO PENAL

Autores
Moreno Franklin C.I.6.441.454
Rivero Neidis C.I. 11.361.687
Rodríguez Milagro C.I. 16.318.680
Wilmer C.I.






CAMPUS BÁRBULA, MAYO 2014
El tema de los Derechos Humanos, ha venido evolucionando
notoriamente en estos últimas décadas, lo que ha conllevado, entre otras
cosas, que la ciencia del Derecho y sus distintas disciplinas se vean incididas
por ella de una forma u otra, a efectos de lograr verdaderamente el requerido
respeto universal de estos derechos de los que es tributario todo ser
humano.
Al respecto, recordando la definición de los Derechos Humanos dada
por Rawls John (1971) refiere:

Aquellas libertades, facultades, instituciones o reivindicaciones
relativas a bienes primarios o básicos que incluyen a toda
persona, por el simple hecho de su condición humana, para la
garantía de una vida digna, sin distinción alguna de raza, color,
sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole,
origen nacional o social, posición económica, nacimiento o
cualquier otra condición. (p.40).

Al respecto, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela,
en su artículo 280 establece:

“La Defensoría del Pueblo tiene a su cargo la promoción, defensa
y vigilancia de los derechos y garantías establecidas en esta
Constitución y los tratados internacionales sobre derechos
humanos, además de intereses legítimos, colectivos y difusos, de
los ciudadanos y ciudadanas”.

De lo anterior se desprende, que la Defensoría del Pueblo tiene la
responsabilidad de vigilar y controlar el comportamiento y las desviaciones
de la administración pública frente a los Derechos Humanos de los
ciudadanos.
En efecto, esta relevancia de los Derechos Humanos se presenta en la
actualidad como evidente. No obstante, está claro que el tema de los
Derechos Humanos tiene mayor incidencia en ciertas disciplinas jurídicas,
como el Derecho Constitucional, donde se observa sin mayores dificultades
que los distintos textos constitucionales del mundo consagran un catálogo
(más o menos amplio) de estos derechos, lo que les confiere la más alta
jerarquía normativa dentro del ordenamiento jurídico, por lo que su respeto
se hace ineludible.
De igual forma, más profunda y obvia resulta en cualquier caso, la
incidencia que los Derechos Humanos tienen en materia de Derecho Penal,
donde hay que advertir, con el mayor realismo que muchas veces, a pesar
de la mencionada obviedad, en este ámbito se verifican verdaderos
enfrentamientos irreconciliables con la debida salvaguarda de tales
derechos, lo cual parece necesario, aun incurriendo en el riesgo de ser
reiterativos, el estudio de la especial vinculación existente entre los Derechos
Humanos y el Derecho Penal.
Cabe agregar esta relevancia penal de los Derechos Humanos, ya que es
importante indicar que su relación con el Derecho Penal es manifiesta por
cuanto ambos persiguen la protección de la persona humana y de los
intereses que resultan relevantes para el logro de la convivencia social. Así, y
a manera de modelo, en cuanto a los Derechos Humanos refiere, es
claramente observable que exigen el respeto a la vida, pero igualmente, el
Derecho Penal hace lo propio cuando prohíbe el homicidio amenazando su
comisión con la imposición de una pena.
Sin embargo, cabe asimismo constatar que los Derechos Humanos tienen
un carácter universal y se encuentran reconocidos principalmente en
instrumentos internacionales, tales como la Declaración Universal de los
Derechos Humanos, si bien se hallan igualmente recogidos en instrumentos
de carácter regional (Convención Americana sobre Derechos Humanos), así
como nacional (particularmente en las Constituciones); mientras que el
Derecho Penal es de carácter predominantemente nacional, y es por ello que
cada Estado tiene sus respectivas leyes penales y determinadas conductas
que son consideradas delictivas en algunos países mientras que en otros no
lo son, aunque no puede pasarse por alto la posibilidad de una futura
armonización de las legislaciones penales, especialmente en virtud de la
denominada globalización, la cual ha tenido repercusión en los más diversos
ámbitos.
Por otra parte, hay que resaltar que los Derechos Humanos tienen mayor
amplitud que el Derecho Penal, ya que pretenden la promoción y el respeto
de las facultades y libertades que representan en todo momento, mientras
que el Derecho Penal actúa fundamentalmente ante la comisión de una
conducta delictiva, por lo que su ámbito, afortunadamente, resulta más
reducido.
En otro orden de ideas, al referir la teoría del delito, ésta podría ser
definida como el estudio sistemático-analítico del hecho punible en cuanto a
los elementos que lo conforman y que son comunes abstractamente
hablando a todo delito, es decir, haciéndose una estratificación del mismo a
efectos de su análisis, sin que ello menoscabe su entendimiento unitario.
De esta manera, es conocido que la teoría del delito, en su versión más
extendida, establece la definición de delito como acción típica, antijurídica y
culpable; por lo que las categorías que vendrían a conformar este concepto
dogmático del delito serían tipicidad, antijuricidad y culpabilidad. En estas
categorías ciertamente tienen relevancia los Derechos Humanos y su
contenido ha de ser compatible con éstos si es que se propugna una visión
del Derecho Penal garantista y respetuoso de la dignidad humana.
Además, es importante apuntar que la teoría del delito es el centro de lo
que se conoce como la Parte General del Derecho Penal, ya que abstrae
precisamente esos elementos que se hallan presentes en todo delito. En este
sentido, debe entenderse a manera de marco de la Parte Especial en cuanto
la tipificación de las específicas figuras delictivas, la cual debe acomodarse a
ésta y observar las pautas que le impone la teoría del delito.
En efecto, debe observarse que la acción, en realidad no es un elemento
del delito, sino un prius o presupuesto de éste, ciertamente conectada con la
temática de los Derechos Humanos, especialmente en lo que se refiere al
principio del acto o de la objetividad material del delito y su consecuente
exigencia de un Derecho Penal del acto, en contraposición a un Derecho
Penal del autor, propio de los sistemas autoritarios.
Significando entonces que para que haya delito, debe existir ante todo un
acto externo, que trascienda hacia los demás, de donde se desprende que la
persona no puede ser castigada por lo que es (Derecho Penal del autor) sino
por lo que hace (Derecho Penal del acto), y sostener lo contrario sería admitir
una franca violación de los Derechos Humanos, lo que constituyó
precisamente uno de los fundamentos de la nulidad por inconstitucionalidad
de la Ley de Vagos y Maleantes venezolana, que había sido intensamente
criticada, precisamente, por distintas Organizaciones No Gubernamentales
(ONG’s) de Derechos Humanos.
Al respecto, cabe mencionar, en lo referente a Integridad Personal y
Dignidad Humana, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela
establece en su artículo 46, el derecho que tienen las personas al respeto de
su integridad física, psíquica y moral, lo cual comprende:
• La prohibición de ser sometidas a penas, torturas o tratos crueles,
inhumanos o degradantes, reafirmada en la Declaración sobre la Protección
de todas las Personas contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles,
Inhumanos o Degradantes.
• El no sometimiento de las personas a practicarse exámenes médicos o
experimentos científicos sin su libre consentimiento, excepto cuando se
encontrare en peligro su vida o por las circunstancias que determine la Ley.
• El respeto a la dignidad de los privados de libertad.
• Igualmente, en el proceso penal toda persona debe ser tratada con el
debido respeto a la dignidad inherente al ser humano y a los derechos del
imputado, respectivamente.

Derechos Humanos aplicados a la Fase de Ejecución
Concretando el tema de los derechos humanos en el proceso penal,
específicamente en la fase de ejecución, es importante recordar que ésta se
define como la actividad tendiente a cumplir los mandatos de una sentencia
firme, ya que se trata de un conjunto de actos necesarios para la realización
de la sanción contenida en una sentencia condenatoria definitiva, emanada
del juez o tribunal competente.
Por otro lado, tomando en cuenta el principio de la supremacía
constitucional, fundamentado por Kelsen y como se mencionó anteriormente,
es la Constitución la norma suprema del ordenamiento jurídico de la
República Bolivariana de Venezuela, por lo que las demás leyes emanan de
ella. En este sentido , están incluidos en el texto constitucional, una serie de
preceptos, que constituyen la base legal del principio arriba mencionado,
entre ellos el artículo 7, el cual establece: "La Constitución es la norma
suprema y el fundamento del ordenamiento jurídico….. Ommisis”. En
concordancia con este el articulo 25 ejusdem que dispone lo siguiente: “Todo
acto dictado en ejercicio del Poder Público que viole o menoscabe los
derechos garantizados por esta Constitución y la ley es nulo…. Ommisis”.
Igualmente el artículo 19 del Código Orgánico Procesal Penal reza:
"Corresponde a los Jueces velar por la incolumidad de la Constitución de la
República. Cuando la ley cuya aplicación se pida colidiere con ella, los
tribunales deberán atenerse a la norma Constitucional" lo que quiere decir,
que los jueces deben aplicar correctamente la norma Constitucional y en
caso de que colide esta con alguna ley se aplicará la constitución.
En este sentido, es verdad, pero también lo es el hecho de que Venezuela
se constituye en un Estado Democrático Social de Derecho y de Justicia
como se expresa en el texto constitucional vigente desde 1999; destinado a
garantizar la defensa, validez, vigencia de los Derechos Humanos y
Fundamentales; conforme a los principios establecidos en el artículo 2 y 3 de
nuestra Carta Magna; así mismo, a lo explícitamente establecido en el
artículo 19 ejusdem.
Resulta oportuno mencionar que la Constitución contiene en su articulado
la incorporación de normas con incidencias en el Derecho Penal, debido al
carácter garantista del Estado, es decir, la protección de la ciudadanía, el
bien jurídico tutelado por excelencia: la vida, la libertad y otros bienes
jurídicos frente al poder punitivo del mismo; como una suerte de
autolimitación para evitar los excesos y extralimitaciones al ejercer el ius
puniendi y de esta manera lograr una efectiva tutela judicial o garantía
jurisdiccional incluida en el artículo 26, que establece la posibilidad de las
personas de acceder a los órganos jurisdiccionales en la búsqueda del
cumplimiento de su pretensión, en otras palabras ,ejercer una acción para
que sea tramitada ,a través de un proceso que le otorgue un mínimo de
garantía y de esa forma obtener una sentencia ajustada a derecho.
Es así como, al encontrar la garantía del debido proceso, es propicio
hacer una acotación, respecto a que después de promulgada la Constitución
de 1999, fue necesario reformar el Código Orgánico Procesal Penal, vigente
para la fecha, con la intención de adecuarlo al requerimiento de los principios
y garantías expuestos en el texto fundamental, obviamente era necesario.
Entonces, se observa claramente que ese acceso a la justicia lleva de la
mano otros derechos que conforman las garantías procesales, y principios
tendentes a proteger a la persona humana frente al silencio, el error o a la
arbitrariedad consagrados en el artículo 49 de la Constitución, entre las que
destacan: el juicio previo, el derecho a la defensa, ,a la inmediación judicial, a
acceder a las pruebas y ser notificado de los cargos que se le imputan, al
juez natural, la presunción de inocencia, derecho a ser oído, derecho a un
intérprete de ser necesario, a no confesarse culpable ni declarar en su
contra, a la legalidad, derecho a no ser juzgado por los mismos hechos por
los que ya se hubiese juzgado,entre otras. De igual manera, el artículo 1 del
Código Orgánico Procesal Penal establece:
“Nadie podrá ser condenado sin un juicio previo, oral y público,
realizado, sin dilaciones indebidas, ante un juez imparcial,
conforme a las disposiciones de este Código y con salvaguarda
de todos los derechos y garantías del debido proceso,
consagrados en la Constitución de la República, las leyes, los
tratados, convenios y acuerdos internacionales suscritos por la
República”.
A la par, en cuanto a los principios y garantías procesales en el parte que
refriere el Respeto a la Dignidad Humana señala en su Artículo 10:
En el proceso penal toda persona debe ser tratada con el
debido respeto a la dignidad inherente al ser humano, con
protección de los derechos que de ella derivan, y podrá exigir
a la autoridad que le requiera su comparecencia el derecho de
estar acompañada de un abogado de su confianza. El
abogado requerido, en esta circunstancia, solo podrá
intervenir para garantizar el cumplimiento de lo previsto en el
artículo 1 de este Código.
Significa entonces, que el orden jurídico constitucional y legal actual,
tiene como objeto primordial la protección de la dignidad y todos los
derechos y atributos esenciales de la persona humana, hombre y mujer,
como ser individual y social, sobre la base de considerar la dualidad
existente entre hombre y Derecho como requisito indispensable para
entender la categoría de los derechos humanos, dado que éstos son
elementos complementarios y, a la vez, contradictorios, en el entendido que
el derecho no le reconoce lo que en realidad le corresponde a la persona.
De esta forma, los derechos inherentes al ser humano reconocidos
formalmente hasta ahora, se convierten, dentro de un Estado de Derecho,
en el gran muro de contención contra los abusos y arbitrariedades cometidos
por los órganos del Poder Público. Así, el Preámbulo de la Constitución de
la República Bolivariana de Venezuela establece como objetivos del Estado,
entre otros, el amparar la dignidad humana, promover el bienestar general y
la seguridad social, señalándose igualmente la obligación de contribuir con
los fines de la comunidad internacional, en cuanto a la garantía universal de
los derechos individuales y sociales de la persona humana.
En tal sentido, el Artículo 2 del texto constitucional declara que Venezuela
es un Estado democrático y social de Derecho y Justicia, que protege la
vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la
responsabilidad social, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y
el pluralismo político, como valores superiores del ordenamiento jurídico y de
su actuación.
De la misma manera, el Artículo 3 de la Carta Magna reafirma el principio
mediante el cual el Estado tiene como fin esencial la defensa y desarrollo de
la libertad y dignidad humana, estableciéndose, en el Artículo 23, la jerarquía
constitucional de los instrumentos internacionales de derechos humanos y
su preeminencia sobre el orden interno. Por tanto, el respeto a la libertad y a
la dignidad humana, viene a constituir el fundamento ético de las normas
internacionales de derechos humanos, que se erigen como un derecho
complementario al derecho interno de los Estados que han ratificado 13 tales
convenios y que los obliga a respetarlos.
En lo referente a la Ejecución de la Sentencia y los Tribunales de
Ejecución, el Libro Quinto del Código Orgánico Procesal Penal lleva por
título “De la Ejecución de la Sentencia”, constituyéndose la misma como la
cuarta y última fase del proceso penal, en la cual se materializa la decisión
final. La ejecución de la sentencia, según Pérez (2010:647):
“Consiste en dar cumplimiento práctico a todas las
disposiciones contenidas en la sentencia una vez que está
definitivamente firme, ya en lo referente a la sanción principal,
así como a las accesorias y lo relativo a las costas procesales,
también respecto a las medidas de seguridad impuestas; lo que
comprende a su vez la solución de incidentes que se susciten
con motivo del cumplimiento de los citados extremos”
En relación a esto, y ahondando un poco más en la fase de ejecución,
anteriormente, se discutía en doctrina sobre la naturaleza de la ejecución en
materia penal. No existía y tal vez no exista aún, criterio uniforme que
permitiese aseverar su carácter netamente jurisdiccional o como afirmaban
otros, administrativo, por ejemplo, por la injerencia que el Artículo 42 del
Código Penal otorga al Ejecutivo Nacional para encargarse de todo cuanto
se suscite en esta materia. Habría que atender en todo caso a lo dispuesto
por la sentencia para determinar la naturaleza de la ejecución y, por
consiguiente la competencia.
Sin embargo, con la entrada en vigencia del Código Orgánico Procesal
Penal, ya no es juez de la causa el encargado de la realización del cómputo
o de la designación del establecimiento penitenciario en donde cumplirá su
condena el penado, y tampoco se concibe ahora un poder judicial inerte ante
sus decisiones, a la espera de la actuación del Poder Ejecutivo.
Así, el Código Orgánico Procesal Penal consagra una figura que hace
casi inútil esa discusión, creando los tribunales de ejecución, con la
concentración de competencias exclusivas que vienen a judicializar la fase
de ejecución penal. Según Vásquez (1999:229):
“Ello no tiene otro objeto más que concretar mayores garantías
para el penado quien podrá impugnar en sede judicial
decisiones que tengan que ver con el cumplimiento o extinción
de la pena, lo que en todo caso debe contribuir al
descongestionamiento de los tribunales de juicio pues éstos
deben dedicarse sólo a juzgar, descargándoseles de funciones
administrativas, entre ellas la ejecución material de la
sentencia. Otra de las tareas principales que corresponde por
ley a los jueces de ejecución, es el otorgamiento de los
llamados “beneficios” para la ejecución de la pena”.
Al respecto, Beneficio, según la Real Academia Española (2001) significa
“bien que se hace o se recibe”; interpretándose como una acción o hacer de
utilidad, provecho. Ossorio (2006:120), por su parte, aporta el primer motivo
para argumentar que beneficio es, en realidad, jurídicamente, un derecho
que compete por ley, al señalar:
“El término beneficios procesales es una expresión equívoca
utilizada por el legislador para identificar toda una suerte de
derechos determinados por la ley para afirmar las garantías y
principios constitucionales asignados a todos los ciudadanos, y
que, en el campo de la ciencia jurídica, se reconocen dentro del
Derecho Penal de garantías”.
De igual forma, Cárdenas (2005:167) considera que los beneficios
procesales son Derechos Humanos que se reconocen al imputado y entre
ellos se encuentran las medidas alternativas del cumplimiento de la pena.
Igualmente, en la fase ejecutoria, en el supuesto de producirse un
conflicto de intereses entre los derechos de la víctima y los del ofensor,
prevalecerán los de aquélla sobre los de éste. Cabe plantearse si el principio
de legitimación conlleva un correlativo principio de igualdad en la
intervención de las distintas partes.
Es así que la respuesta ha de ser afirmativa como principio general que
garantice el equilibrio y la justicia del procedimiento, impidiendo a la víctima
que se erija en juez y parte. Pero este principio general admite importantes
matizaciones:
1ª. La igualdad consistirá en tratar de manera desigual realidades
desiguales.
2ª.En caso de conflicto de intereses deberán prevalecer los derechos de
la víctima.
3ª. Es necesaria una discriminación positiva de carácter tuitivo en favor
de la víctima por el desequilibrio natural del que se parte al igual que pueda
suceder en otros sectores del ordenamiento jurídico como, por ejemplo
ocurre en el derecho laboral con los trabajadores.

En fin, en esta misma dirección garantista, el sistema acusatorio
establecido en el Código Orgánico Procesal Penal se constituye como un
instrumento jurídico que salvaguarda todos los derechos y garantías del
debido proceso consagrados en la Constitución, las leyes, y “...los tratados,
convenios y acuerdos internacionales suscritos por la República” (Artículo 1).
En consecuencia, dignidad humana y justicia social son los dos valores
rectores de nuestro régimen democrático, aunque el primero viene a
constituir el fundamento del mismo, así como la afirmación de su vida y su
libertad como valores esenciales. Se puede concluir entonces, que el
derecho Constitucional está íntimamente ligado al origen, evolución histórica
y reconocimiento de los derechos humanos, que a su vez se interrelaciona
con el concepto de Estado de Derecho.











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