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Galoán el pescador

Cuento tradicional de Filipinas
El "idiota" suele ser un personaje que hace las cosas con gran
ingenuidad e inocencia, y existe en la literatura de todos los tiempos.
También en la vida real...
Galoán era un pescador bonachón y simple que nunca ponía mala cara
en las tareas diarias. Cierto día salió a pesar y se encontró con un montón
de peces plateados. Pero la inteligencia no era su fuerte, y durante largo
rato pensó cómo capturarlos. Al ver que el agua era el gran impedimento,
comenzó a beberse el mar. Así, bebió y bebió hasta que se hizo de noche.
Y a la mañana siguiente se levantó con la misma obsesión y siguió
bebiedo y bebiendo sin descanso. Hasta que un astuto y bromista
pescador que le habia estado observando durante horas se le acercó
sigilosamente por la espalda y le pinchó con su arpón. Galoán dio un
respingo y dijo al pescador: - ¡ Si no hubieras hecho eso, me habría bebido
todo el agua!. y el bromista le respondió: - ¿Cuántos peces has pescado
con tu método?.
- Ninguno. Le contestó Galoán. - Como yo tampoco conseguiré clavar mi
arpón en el sol. le contestó el astuto pescador. Entonces Galoán
comprendió que su cometido era imposible, pero no se avergonzó. Sólo se
sonrojó, y desde entonces el astuto pescador fue su mejor amigo y
consejero.
Muchas veces nos empeñamos en hacer cosas aun sabiendo que será
difícil conseguirl los resultados deseados. Pero existe el derecho a
equivocarse, ¿no?
La Bobina Maravillosa
Erase un principito que no quería estudiar. Cierta noche, después de
haber recibido una buena regañina por su pereza, suspiro tristemente,
diciendo:
¡Ay! ¿Cuándo seré mayor para hacer lo que me apetezca?
Y he aquí que, a la mañana siguiente, descubrió sobre su cama una
bobina de hilo de oro de la que salió una débil voz:
Trátame con cuidado, príncipe.
Este hilo representa la sucesión de tus días. Conforme vayan pasando,
el hilo se ira soltando. No ignoro que deseas crecer pronto... Pues bien, te
concedo el don de desenrollar el hilo a tu antojo, pero todo aquello que
hayas desenrollado no podrás ovillarlo de nuevo, pues los días pasados
no vuelven.
El príncipe, para cersiorarse, tiro con ímpetu del hilo y se encontró
convertido en un apuesto príncipe. Tiro un poco mas y se vio llevando la
corona de su padre. ¡Era rey! Con un nuevo tironcito, inquirió:
Dime bobina ¿Cómo serán mi esposa y mis hijos?
En el mismo instante, una bellísima joven, y cuatro niños rubios
surgieron a su lado. Sin pararse a pensar, su curiosidad se iba
apoderando de él y siguió soltando mas hilo para saber como serian sus
hijos de mayores.
De pronto se miro al espejo y vio la imagen de un anciano decrépito, de
escasos cabellos nevados. Se asusto de sí mismo y del poco hilo que
quedaba en la bobina. ¡Los instantes de su vida estaban contados!
Desesperadamente, intento enrollar el hilo en el carrete, pero sin lograrlo.
Entonces la débil vocecilla que ya conocía, hablo así:
Has desperdiciado tontamente tu existencia. Ahora ya sabes que los
días perdidos no pueden recuperarse. Has sido un perezoso al pretender
pasar por la vida sin molestarte en hacer el trabajo de todos los días.
Sufre, pues tu castigo.
El rey, tras un grito de pánico, cayó muerto: había consumido la
existencia sin hacer nada de provecho.
Cuento extraido de El Cuentacuentos
El Muñeco de Nieve
Habia dejado de nevar y los niños, ansiosos de libertad,
salieron de casa y empezaron a corretear por la blanca y
mullida alfombra recien formada.
La hija del herrero, tomando puñados de nieve con sus manitas habiles,
se entrego a la tarea de moldearla.
Hare un muñeco como el hermanito que hubiera deseado tener se dijo.
Le salio un niñito precioso, redondo, con ojos de carbon y un boton rojo
por boca. La pequeña estaba entusiasmada con su obra y convirtio al
muñeco en su inseparable compañero durante los tristes dias de aquel
invierno. Le hablaba, le mimaba...
Pero pronto los dias empezaron a ser mas largos y los rayos de sol mas
calidos... El muñeco se fundio sin dejar mas rastro de su existencia que un
charquito con dos carbones y un boton rojo. La niña lloro con desconsuelo.
Un viejecito, que buscaba en el sol tibieza para su invierno, le dijo
dulcemente: Seca tus lagrimas, bonita, por que acabas de recibir una gran
leccion: ahora ya sabes que no debe ponerse el corazón en cosas
perecederas.
Cuento extraido de El Cuentacuentos
El Cedro Vanidoso
Erase una vez un cedro satisfecho de su hermosura.
Plantado en mitad del jardin, superaba en altura a todos los demas
arboles. Tan bellamente dispuestas estaban sus ramas, que parecia un
gigantesco candelabro.
Si con lo hermoso que soy diera ademas fruto, se dijo, ningun arbol del
mundo podria compararse conmigo.
Y decidio observar a los otros arboles y hacer lo mismo con ellos. Por
fin, en lo alto de su erguida copa, apunto un bellisimo fruto.
Tendré que alimentarlo bien para que crezca mucho, se dijo.
Tanto y tanto creció aquel fruto, que se hizo demasiado grande. La copa
del cedro, no pudiendo sostenerlo, se fue doblando; y cuando el fruto
maduro, la copa, que era el orgullo y la gloria del arbol, empezo a
tambalearse hasta que se troncho pesadamente.
¡A cuantos hombres, como el cedro, su demasiada ambicion les arruina!
Cuento extraido de El Cuentacuentos
La Gata Encantada
Erase un principe muy admirado en su reino. Todas las jovenes
casaderas deseaban tenerle por esposo. Pero el no se fijaba en ninguna y
pasaba su tiempo jugando con Zapaquilda, una preciosa gatita, junto a las
llamas del hogar. Un dia, dijo en voz alta:
Eres tan cariñosa y adorable que, si fueras mujer, me casaria contigo.
En el mismo instante aparecio en la estancia el Hada de los Imposibles,
que dijo:
Principe tus deseos se han cumplido.
El joven, deslumbrado, descubrio junto a el a Zapaquilda, convertida en
una bellisima muchacha.
Al día siguiente se celebraban las bodas y todos los nobles y pobres del
reino que acudieron al banquete se extasiaron ante la hermosa y dulce
novia. Pero, de pronto, vieron a la joven lanzarse sobre un ratoncillo que
zigzagueaba por el salon y zamparselo en cuanto lo hubo atrapado. El
principe empezo entonces a llamar al Hada de los Imposibles para que
convirtiera a su esposa en la gatita que habia sido. Pero el Hada no
acudio, y nadie nos ha contado si tuvo que pasarse la vida contemplando
como su esposa daba cuenta de todos los ratones de palacio
Cuento extraido de El Cuentacuentos
La Sepultura del Lobo
Hubo una vez un lobo muy rico pero muy avaro. Nunca
dio ni un poco de lo mucho que le sobraba. Sintiéndose
viejo, empezo a pensar en su propia vida, sentado a la puerta de su casa.
¿Podrias prestarme cuatro medidas de trigo, vecino? Le pregunto el
burrito.
Te dare; ocho, si prometes velar por mi sepulcro en las tres noches
siguientes a mi entierro.
Murio el lobo pocos dias despues y el burrito fue a velar en su sepultura.
Durante la tercera noche se le unio el pato que no tenia casa. Y juntos
estaban cuando, en medio de una espantosa ráfaga de viento, llego el
aguilucho que les dijo:
Si me dejáis apoderarme del lobo os daré una bolsa de oro.
Será suficiente si llenas una de mis botas. Dijo el pato que era muy
astuto.
El aguilucho se marcho para regresar en seguida con un gran saco de
oro, que empezó a volcar sobre la bota que el sagaz pato había colocado
sobre una fosa. Como no tenia suela y la fosa estaba vacía no acababa de
llenarse. El aguilucho decidió ir entonces en busca de todo el oro del
mundo. Y cuando intentaba cruzar un precipicio con cien bolsas colgando
de su pico, fue a estrellarse sin remedio.
Amigo burrito, ya somos ricos. Dijo el pato. La maldad del Aguilucho nos
ha beneficiado.
Y todos los pobres de la ciudad. Dijo el borrico, por que con ellos
repartiremos el oro.
Cuento extraido de El Cuentacuentos
El Papel y La Tinta
Estaba una hoja de papel sobre una mesa, junto a
otras hojas iguales a ella, cuando una pluma, bañada
en negrisima tinta, la mancho llenandola de palabras.
¿No podrias haberme ahorrado esta humillacion?
Dijo enojada la hoja de papel a la tinta. Tu negro
infernal me ha arruinado para siempre.
No te he ensuciado. Repuso la tinta. Te he vestido
de palabras. Desde ahora ya no eres una hoja de
papel, sino un mensaje. Custodias el pensamiento del
hombre. Te has convertido en algo precioso.
En efecto, ordenando el despacho, alguien vio aquellas hojas
esparcidas y las junto para arrojarlas al fuego. Pero reparo en la hoja
"sucia" de tinta y la devolvio a su lugar porque llevaba, bien visible, el
mensaje de la palabra. Luego, arrojo las demas al fuego.
Cuento extraido de El Cuentacuentos
El Nuevo Amigo
Erase un crudo dia de invierno. Caía la nieve, soplaba el viento y
Belinda jugaba con unos enanitos en el bosque. De pronto se escucho un
largo aullido.
¿Que es eso? Pregunto la niña .
Es el lobo hambriento. No debes salir porque te devoraria le explico el
enano sabio.
Al dia siguiente volvio a escucharse el aullido del lobo y Belinda ,
apenada, penso que todos eran injustos con la fiera. En un descuido de
los enanos, salio, de la casita y dejo sobre la nieve un cesto de comida.
Al dia siguiente ceso de nevar y se calmo el viento. Salio la muchacha a
dar un paseo y vio acercarse a un cordero blanco, precioso.
¡Hola, hola! Dijo la niña. ¿Quieres venir conmigo?
Entonces el cordero salto sobre Belinda y el lobo, oculto se lanzo sobre
el, alcanzandole una dentellada. La astuta y maligna madrastra, perdio la
piel del animal con que se habia disfrazado y escapo lanzando espantosos
gritos de dolor y miedo.
Solo entonces el lobo se volvio al monte y Belinda sintio su corazon
estremecido, de gozo, mas que por haberse salvado, por haber ganado un
amigo.
Cuento extraido de El Cuentacuentos
El Honrado Leñador
Habia una vez un pobre leñador que regresaba a su casa despues de
una jornada de duro trabajo. Al cruzar un puentecillo sobre el rio, se le
cayo el hacha al agua. Entonces empezo a lamentarse tristemente:
¿Como me ganare el sustento ahora que no tengo hacha?
Al instante ¡oh, maravilla! Una bella ninfa aparecia sobre las aguas y dijo
al leñador:
Espera, buen hombre: traere tu hacha.
Se hundio en la corriente y poco despues reaparecia con un hacha de
oro entre las manos. El leñador dijo que aquella no era la suya. Por
segunda vez se sumergió la ninfa, para reaparecer despues con otra
hacha de plata.
Tampoco es la mia dijo el afligido leñador.
Por tercera vez la ninfa busco bajo el agua. Al reaparecer llevaba un
hacha de hierro.
¡Oh gracias, gracias! ¡Esa es la mia!
Pero, por tu honradez, yo te regalo las otras dos. Has preferido la
pobreza a la mentira y te mereces un premio.
Cuento extraido de El Cuentacuentos
El Caballo Amaestrado
Un ladron que rondaba en torno a un campamento militar, robo un
hermoso caballo aprovechando la oscuridad de la noche. Por la mañana,
cuando se dirigia a la ciudad, paso por el camino un batallon de dragones
que estaba de maniobras. Al escuchar los tambores, el caballo escapo y,
junto a los de las tropa, fue realizando los fabulosos ejercicios para los que
habia sido amaestrado.
¡Esta caballo es nuestro! Exclamo el capitan de dragones. De lo
contrario no sabria realizar los ejercicios. ¿Lo has robado tu? Le pregunto
al ladron.
¡Oh, yo...! Lo compre en la feria a un tratante...
Entonces, dime como se llama inmediatamente ese individuo para ir en
su busca, pues ya no hay duda que ha sido robado.
El ladron se puso nervioso y no acertaba a articular palabra. Al fin,
viendose descubierto, confeso la verdad.
¡Ya me parecía a mí exclamo el capitán Que este noble animal no podia
pertenecer a un rufian como tu!
El ladron fue detenido, con lo que se demuestra que el robo y el engaño
rara vez quedan sin castigo.
Cuento extraido de El Cuentacuentos
La Ratita Blanca
El Hada soberana de las cumbres invito un dia a todas las hadas de las
nieves a una fiesta en su palacio. Todas acudieron envueltas en sus capas
de armiño y guiando sus carrozas de escarcha. Pero una de ellas, Alba, al
oir llorar a unos niños que vivian en una solitaria cabaña, se detuvo en el
camino.
El hada entro en la pobre casa y encendio la chimenea. Los niños,
calentan-dose junto a las llamas, le contaron que sus padres hablan ido a
trabajar a la ciudad y mientras tanto, se morian de frío y miedo.
-Me quedare con vosotros hasta el regreso de vuestros padres
-prometio ella.
Y así lo hizo; a la hora de marchar, nerviosa por el castigo que podía
imponerle su soberana por la tardanza, olvido la varita mágica en el
interior de la cabaña. El Hada de las cumbres contemplo con enojo a Alba.
Cómo? ,No solo te presentas tarde, sino que ademas lo haces sin tu
varita? ¡Mereces un buen castigo!
Las demas hadas defendian a su compañera en desgracia.
-Ya se que Alba tiene cierta disculpa. Ha faltado, sí, pero por su buen
corazon, el castigo no sera eterno. Solo durara cien años, durante los
cuales vagara por el mundo convertida en ratita blanca.
Amiguitos, si veis por casualidad a una ratita muy linda y de blancura
des-lumbrante, sabed que es Alba, nuestra hadíta, que todavia no ha
cumplido su castigo...
Cuento extraido de El Cuentacuentos
Nuez de Oro
La linda Maria, hija del guardabosques, encontró un día una nuez de oro
en medio del sendero.
-Veo que has encontrado mi nuez.
Devuelvemela -dijo una voz a su espalda.
María se volvió en redondo y fue a en- contrarse frente a un ser
diminuto, flaco, vestido con jubón carmesí y un puntiagudo gorro. Podría
haber sido un niño por el tamaño, pero por la astucia de su rostro
comprendió la niña que se trataba de un duendecillo.
-Vamos, devuelve la nuez a su dueño, el Duende de la Floresta insistió,
inclinándose con burla.
-Te la devolveré si sabes cuantos pliegues tiene en la corteza. De lo
contrario me la quedaré, la venderé y podré comprar ropas para los niños
pobres, porque el invierno es muy crudo.
-Déjame pensar..., ¡tiene mil ciento y un pliegues!
María los contó. ¡El duendecillo no se había equivocado! Con lágrimas
en los ojos, le alargó la nuez.
-Guárdala - le dijo entonces el duende-: tu generosidad me ha
conmovido. Cuando necesites algo, pídeselo a la nuez de oro.
Sin más, el duendecillo desapareció.
Misteriosamente, la nuez de oro procuraba ropas y alimentos para todos
los pobres de la comarca. Y como María nunca se separaba de ella, en
adelante la llamaron con el encantador nombre de 'Nuez de Oro".
Cuento extraido de El Cuentacuentos
La Ostra y El Cangrejo
Una ostra estaba enamorada de la Luna. Cuando su gran disco de plata
aparecía en el cielo, se pasaba horas y horas con las valvas abiertas,
mirándola.
Desde su puesto de observación, un cangrejo se dio cuenta de que la
ostra se abría completamente en plenilunio y pensó comérsela.
A la noche siguiente, cuando la ostra se abrió de nuevo, el cangrejo le
echó dentro una piedrecilla.
La ostra, al instante, intento cerrarse, pero el guijarro se lo impidió.
El astuto cangrejo salió de su escondite, abrió sus afiladas pinzas, se
abalanzó sobre la inocente ostra y se la comió.
Así sucede a quien abre la boca para divulgar su secreto: siempre hay
un oído que lo apresa.
Cuento extraido de El Cuentacuentos
Caperucita y Los Aves
Aquel invierno fue más crudo que de ordinario y el hambre se hacía
sentir en la comarca. Pero eran las avecillas quienes llevaban la peor
parte, pues en el eterno manto de nieve que cubría la tierra no podían
hallar sustento.
Caperucita Roja, apiadada de los pequeños seres atrevidos y
hambrientos, ponia granos en su ventana y miguitas de pan, para que
ellos pudieran alimentarse. Al fin, perdiendo el temor, iban a posarse en
los hombros de su protectora y compartían el cálido refugio de su casita.
Un día los habitantes de un pueblo cercano, que también padecían
escasez, cercaron la aldea de Caperucita con la intención de robar sus
ganados y su trigo.
-Son más que nosotros -dijeron los hombres-. Tendríamos que solicitar
el envío de tropas que nos defiendan.
-Pero es imposible atravesar las montañas nevadas; pereceríamos en el
camino -respondieron algunos.
Entonces Caperucita le habló a la paloma blanca, una de sus
protegidas. El avecilla, con sus ojitos fijos en la niña, parecía
comprenderla. Caperucita Roja ató un mensaje en una de sus patas, le
indicó una dirección desde la ventana y lanzó hacia lo alto a la paloma
blanca.
Pasaron dos días. La niña, angustiada, se preguntaba si la palomita
habría sucumbido bajo el intenso frío. Pero, además, la situación de todos
los vecinos de la aldea no podía ser más grave: sus enemigos habían
logrado entrar y se hallaban dedicados a robar todas las provisiones.
De pronto, un grito de esperanza resonó por todas partes: un escuadrón
de cosacos envueltos en sus pellizas de pieles llegaba a la aldea,
poniendo en fuga a los atacantes.
Tras ellos llegó la paloma blanca, que había entregado el mensaje.
Caperucita le tendió las manos y el animalito, suavemente, se dejó caer en
ellas, con sus últimas fuerzas. Luego, sintiendo en el corazón el calor de la
mejilla de la niña, abandonó este mundo para siempre.
Cuento extraido de El Cuentacuentos
El Lobo
Cauto, silencioso, el lobo salió una noche del bosque atraído por el olor
del rebaño. Con paso lento se acercó al re-dil lleno de ovejas, poniendo
atención en donde ponía la pata para no despertar con el más leve ruido al
dormido perro.
Sin embargo, la puso sobre una tabla y la tabla se movió.
Para castigarse por aquel error, el lobo levantó la pata con que habla
tropezado y se la mordió hasta hacerse sangre.
¿Verdad, amiguitos, que este lobo fue el mejor juez de sí mismo?
Cuento extraido de El Cuentacuentos
El Emir Caprichoso
Hubo una vez en un lugar de la Arabia un emir sumamente rico y muy
caprichoso en el comer. Los mejores cocineros de la región trabajaban
para él, forzando cada día su imaginación para satisfacer sus exigencias.
Harto ya de tiernos faisanes y pescados raros, un día llamó a su
cocinero jefe y le dijo:
-Ahmed, voy a pedirte que me busques algún manjar que no haya
probado nunca, porque mi apetito va decayendo. Si quieres seguir a mi
servicio, tendrás que ingeniarte cómo hacerlo.
-Si me ingenio y logro sorprenderos, ¿qué me daréis?
Aquel gran glotón, repuso:
-La mano de mi bellísima hija.
Al día siguiente, el propio Ahmed sirvió al Emir en una bandeja de oro, el
nuevo manjar. Parecían muslos de ave adornados con una artística
guarnicíon.
Comió el Emir y gritó entusiasmado:
-¡Bravo, Ahmed! Esto es lo más exquisito que he comido nunca.
¿Puedes decirme qué es?
-El loro viejo que conservabais en su jaula de plata, señor.
-Tunante! Me has engañado. ¡No te casarás con mi hija!
El Gran Visir intervino en el pleito. Y puesto que el Emir había
proclamado que el manjar era exquisito, sentenció a favor del cocinero,
que fue dichosísimo con su hermosa princesa.
Cuento extraido de El Cuentacuentos
El Castigo del Avaro
Erase un hombre muy rico, pero también muy avaro. Un día acudió a la
feria, donde le ofrecieron un jamón muy barato.
-Se, lo compro! Después de todo, hago un negocio, pues con ese dinero
ni patatas hubiera adquirido.
Y se dio el gran atracón de jamón, manjar que nunca probaba. Resultó
que estaba podrido y al día siguiente, aquejado de fuertes dolores, hubo
de llamar al médico.
-~Qué habéis comido? -le preguntó el galeno.
El avaro, entre suspiros, mencionó su compra barata.
-¡Buena la habéis hecho! -se burló
el médico-. Entre la factura de la botica y la mía, caro va a saliros el
jamón podrido.
Cuento extraido de El Cuentacuentos

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