CRÓNICA MÍSTICA DE LOS VIAJES DE

OmAheiVuh


ENTREGA 4

Asunción – (y ...mucho mas allá...)

Experiencia
Cercana a la muerte

Mi descenso a los infiernos...
y el regreso!

Mi preparación para el infierno.
(Recapitulación de entregas anteriores).

Recordará el amable lector, de la primera entrega, en la que el diablito de
pelourinho me retribuyó un acto de simpatía hacia la fe popular que el mismo
representaba, con una muestra del ser luminoso dentro de mi, luchando con
oscuras sombras provenientes de lo mas recóndito de los infiernos, ello quedó
plasmado en la foto que se puede ver en dicha entrega.

Recordará asimismo, de las entregas posteriores (2 y 3), en oportunidad de
visitar Guatemala, de la impresión causada por la profundidad del Popol Vuh, con
su génesis indígena y luego, la sangrienta presencia de las pirámides de Tikal, con
su magnificencia y la reverberación del misterio en sus paredes, aún latente.

Fue allí mismo, en Guatemala, que por designio de aquello que guía
nuestros destinos, vino a caer en mis manos un tapiz. Ello sucedió en la Antigua
Ciudad de Guatemala (parque nacional, con huellas de antiguos terremotos y
devastaciones volcánicas) en donde con total inocencia y sin sospechar nada,
vuestro relator adquirió cuatro tapices bellamente tejidos, pero en un acto casi
mecánico, sin mirar sus diseños y eligiéndolos al azar de un gran apilamiento de
tapices que se encontraban en venta.

Tres de dichos tejidos, aún permanecen en mi poder y son expresiones
exquisitas del valor estético y la maestría de las manos indígenas que los
elaboraron. El cuarto sin embargo, tenía un siniestro contenido.

Adjunto en este punto, un gráfico (no tenemos fotos disponibles y el tapiz
original ya ha seguido su camino...) para apreciar la simbología que el mismo
contenía:



Pueden verse tres siluetas recortándose sobre el horizonte. Me ha sido
revelado que ellas representan a las tres parcas de la mitología y trasportan la
rabia, el dolor, el deseo de venganza y todos los sentimiento acumulados en
quinientos años de sometimiento de los indígenas que los crearon. Transportan
asimismo la malignidad de sus dioses y una maldición. Obsérvese en el diseño,
que ninguna de las figuras tiene rostro y que la figura central (y la mas maligna),
es la única que tiene un pié atravesando la línea del horizonte, en actitud de
entrar. Es un hecho que su advenimiento había sido anunciado por el diablito de
pelourinho y lo confirmaron los acontecimientos que posteriormente siguieron y
que se relatan en esta entrega.

Invoco en este punto al poder de YO SOY. Yo soy la mano de Dios
escribiendo este relato a través de mis manos, Yo soy la fuente inagotable
de salud y bienestar para todo ser. Yo soy la llama divina que quema y
consume todo error del yo personal. YO SOY EL PODER EXPRESADO EN
AMOR, SABIDURÍA Y VERDAD a través de este relator y su relato. Yo soy
finalmente, en Jesucristo, la resurrección y la vida, ¡Salud en la Rosa!, ¡Paz
en la Cruz!

Mi descenso a los infiernos.

Sucedió entonces que el tapiz que describimos vino a instalarse a la sala de
mi casa. Inmediatamente su presencia llenó de penumbras el lugar. Irradiaba una
malignidad más allá de su simbolismo. Podía sentirse.

Por las noches, cuando me encontraba en dicha sala leyendo y a solas, de
pronto me volvía sobresaltado y miraba el tapiz. El mismo, frío e inanimado,
proyectaba con toda energía su contenido fatal. Impregnaba con su presencia todo
lo que lo rodeaba. (En este momento, en que me encuentro escribiendo estas
líneas, la mano me tiembla y mi escritura normalmente perfecta se llena de pronto
de errores. ¡Gracias PC, por el corrector automático!).

Y en el transcurso de pocos días, aparecieron algunas protuberancias en
mis piernas y un fuerte dolor en mi cadera izquierda. En ese momento, pensé que
sería algún estirón provocado por algún deporte practicado con cierta violencia
(entonces... solía practicar volleyball). Como hasta entonces mi salud había sido
relativamente perfecta, no me preocupé mucho y pasaron algunos días más.

Al cabo de cuatro días, en los cuales los dolores, hinchazones y molestias
se fueron incrementando, llegó una mañana en que no pude ya levantarme de la
cama, a causa del dolor. Fue entonces que llamé a la ambulancia de mi seguro
médico y me vinieron a buscar.

Carrera hacia el sanatorio, chequeo de admisión e internación inmediata.
Mi estado general era deplorable e iba empeorando aceleradamente. Se realizó la
primera junta médica (ante mi presencia casi delirante a causa del dolor). Me dice
en ese momento uno de los médicos “Mire Señor, debemos hacerle una pequeña
incisión para determinar el origen de la infección que lo está consumiendo”.
Sencillas palabras que terminaron siendo una seguidilla de cortes y operaciones
desesperadas tratando de desalojar la infección. El mal se había detectado. Se
trataba de una septicemia provocada por un agente bacteriano conocido como
Estafilococo Áureo (la bacteria come-carne).

Si bien la mencionada bacteria, suele ser bien combatida con penicilinas y
antibióticos normales, a mi me había tocado en suerte una cepa resistente!

Iniciaron los médicos entonces una desesperada lucha contra el tiempo, ya
que mi estado general decaía aceleradamente, tratándome con los más potentes
antibióticos aplicables a este mal, sin resultado alguno. Mi suerte estaba echada.
No había retroceso y la infección seguía avanzando. En cuanto a lo que yo estaba
sintiendo, eran tan fuertes los dolores que sentía en todo el cuerpo, que jadeaba,
sudaba frío, tenía una fiebre altísima y se iniciaron las alucinaciones. No deseo
impresionar mas al lector con el cuadro de sufrimiento, dolor y lucha ya que no es
tal el objetivo de este relato, pero creo haber pintado un cuadro suficientemente
claro en este punto.



Tuve entonces mi primer paro cardio-respiratorio. Esta parte del relato
obviamente ya la paso de segunda mano, porque yo no me encontraba conciente.
Al volver del paro, asistencia mecánica mediante, se inició el último de los
esfuerzos para revertir mi desesperada situación. Me inyectaron una droga que
había salido de fase experimental muy recientemente, llamada inmunoglobulina
humana, la cual pareció detener el avance irrefrenable del mal.

Retomo aquí el relato desde mi propia experiencia. Sufrí entonces, no tengo
claro si fue ya después de volver o mientras estaba “de viaje”, de una serie de
visiones muy impresionantes.

Tenía la sensación de estar de cabeza. Con los pies arriba y la cabeza
hacia abajo. Recuerdo haber suplicado a los médicos que dieran fin a semejante
tortura ya que dicha posición era en extremo incómoda y sufrida.

Recuerdo que por el centro exacto de mi cabeza, mas específicamente en
la zona llamada comúnmente como la del “tercer ojo”, parecían pasar tres planos
completamente translúcidos, como si fueran de cristal. En cada uno de ellos,
habitaban un color y un personaje, diferentes.

Uno de los planos, era negro (Mas bien, color humo). Había estacionado en
el mismo un auto deportivo de último lujo, tipo Ferrari, con un personaje totalmente
vestido de negro. Recuerdo su negra capa flameando al viento, e inclusive su
peinado engominado y la gran patilla. Me invitaba a subir al auto e ir a conocer el
resto del plano, que se perdía en el infinito.

El siguiente plano, era rojo. Había estacionado en el un auto deportivo de
gran lujo, también del tipo de autos de colección. En este el personaje se
encontraba vestido completamente de rojo. Sus cabellos eran rojizos y despedía
un extraño fulgor de sus ojos claros, casi amarillos.

El tercer plano era completamente blanco. Se encontraba en el un auto de
tipo Rolls Roice blanco y el conductor, totalmente vestido de frac blanco, galera y
guantes me invitaba a subir e ir a explorar el resto del plano, el cual como los otros
dos, se perdía en la bruma hacia el infinito.

Recuerdo mi indecisión, mi duda. No es que no tuviera curiosidad ni que no
quisiera ir..., tenía un ferviente deseo de ir, pero no podía decidirme con cual de
ellos iría. Recuerdo estar debatiéndome en la indecisión, sin poder tomar una
determinación, me parecía que había algo incompleto, me viene a la mente el
hecho de que la pirámide está limitada por cuatro planos y no tres, parecía faltar el
cuarto. También me viene a la mente el hecho de que la posición de cabeza, no es
otra que la posición fetal. De pronto, un fulgor inmenso destruyó la visión y me
encontré nuevamente en la habitación. Rodeado de monitores, cables, sondas y
tubos por todos los orificios imaginables del cuerpo.

Fue entonces que pasé por las experiencias más increíbles de mi vida.
Experiencias de dolor, sufrimiento, angustia, soledad, miedo,...esperanza...




Me sometieron a tratamiento en la unidad de Terapia Intensiva. De tanto
haber jadeado de dolor, sentía como si se me hubieran agotado las fuerzas para
seguir respirando. Sentía que ya no podría respirar. Seguían las operaciones.
Endoscopia para reparar una perforación del estómago, con sangrado intestinal.
Corte en las piernas para desalojar flemones de los músculos de la pantorrilla.
Corte en la ingle, corte en el abdomen, cortes en los pies, en las manos... cortes y
más cortes.

Habiendo sido operado de la ingle una mañana, recuerdo haber tenido una
leve recuperación y de haberme sentido mejor. Ninguna de las heridas provocadas
por mis operaciones había sido suturada. Ellas se encontraban abiertas y sujetas
solamente por el vendaje. Según los médicos, debían cicatrizar solas, de adentro
para afuera, por lo que no las podían suturar. Como les contaba, me había sentido
mejor y esa noche decidí sentarme al borde de la cama para cenar. En efecto, me
senté al borde y recuerdo haber iniciado la cena con verdadera fruición, ya que me
encontraba en extremo debilitado y necesitaba alimentos.

Sentí de pronto, una sensación caliente corriendo por mis piernas, miré la
cama y la vi totalmente cubierta de sangre. Mis vendajes, totalmente cubiertos de
sangre. Se había desatado una hemorragia en mi reciente operación de la ingle,
con el esfuerzo de sentarme al borde de la cama. Vinieron inmediatamente los
médicos y al ver el cuadro, trataron de detener la hemorragia. Ello no era posible.

Me dijo entonces el cirujano, “Mire señor, Usted ya ha sufrido tanto, que va
a tener que sufrir un poco mas... Usted necesita una intervención más, para
detenerle la hemorragia... pero Usted acaba de cenar. Tendremos que realizar la
intervención sin ningún tipo de anestesia ya que de lo contrario, Ud. Podría morir
ahogado en vómito.”, un escalofrío recorrió mi columna en ese momento y
recuerdo haber pensado. Oh señor, si tanto sufrimiento me ha sido deparado, sea
esta una ofrenda para lavar los muchos pecados que debo haber tenido en la vida.
Que sea tu voluntad... y me sometí a dicha operación.

Es obvio que el umbral del dolor tiene un límite. Recuerdo haber padecido
durante aquella operación sin anestesia los dolores más intensos que haya
registrado mi cerebro alguna vez. Me habían amarrado a la mesa de operaciones
con los brazos en cruz. Pusieron como dos extensiones (a modo de cruz) en la
mesa de operaciones y amarraron mis brazos a las mismas. Amarraron asimismo
mis piernas imposibilitando ningún tipo de movimiento a mi cuerpo y se inició la
operación. Recuerdo haber gritado, llorado, juramentado, recuerdo una
desesperación infinita y sin posibilidad alguna de ser rescatado, hasta que las
palabras del médico me sacaron de dicho estado. Ellas fueron... “Señor, Dios está
con nosotros. Ya hemos detenido la hemorragia”.

Fui regresado entonces a la Unidad de Terapia intensiva, donde esperaba
mi madre. Como un ángel de dolor y sacrificio, sosteniéndome en aquellos
momentos de angustia. Fue allí que le dije, “Madre... creo que esta vez debo
prepararme para la despedida, siento como una gran paz... he experimentado los
dolores y la experiencia de la crucifixión.
Eso debe ser una bendición de nuestro señor Jesucristo, quien me permite
lavar los pecados a través del dolor, de su mismo dolor. Siento una sensación de
estar deslizándome por un túnel muy suave y luminoso, de estar yendo por una
pendiente con una sensación de amor y paz, por un sitio donde todo es
descansado y hermoso...”.

Aquí el relato vuelve a ser referencial. En ese momento tuve mi segundo
paro cardio-respiratorio, del que ya no volví inmediatamente. Había sido intubado
para respiración asistida, tenía sondas gástricas y en las vías urinarias, y al
regresar por medios mecánicos del paro, me mantuvieron en coma provocado por
12 días.

Durante mi inconciencia, deben haber seguido los tratamientos. De nada de
ello tengo recuerdos, pero deben haber sido efectivos, ya que al cabo de dichos
días, sucedió una noche... el regreso.

Había sentido una molesta sensación en la garganta y literalmente arranqué
la sonda gástrica que tenía. Hacía ya tiempo que mi alimentación se daba por la
yugular, así como el goteo de los medicamentos. En el momento en que estaba
por arrancar la sonda respiratoria, saltó la enfermera y me sujetó la mano.
“Señor... deténgase, si se extrae esa sonda podría morir!” y luchamos como media
hora antes que yo me diera por vencido.

Al amanecer, vinieron los médicos y retiraron las sondas. La respiratoria y la
urinaria, permaneciendo solo mi conexión a los monitores y mi conexión yugular.
Era libre por fin!, ya podía hablar!. En aquel entonces me pareció haber quedado
dormido por solo un momento, no tenía conciencia de que ya habían pasado como
quince días.

El mundo se veía tan extraño. Mi visión había perdido la percepción del
color. Veía en blanco y negro y veía las cosas como en un mundo plano. No tenía
percepción de la profundidad, como si todo fuera un “comic”. Pasaron como siete
días antes de recuperar nuevamente la visión en profundidad y la noción del color.

Me dio algo así como una verborrea. Recuerdo haber recitado fórmulas
matemáticas, dar charlas completas de tecnología de telefonía celular y
computación a los médicos y enfermeras que me miraban atónitos. Haber
ejercitado el inglés y el portugués (idiomas que hablo). Recuerdo haber relatado
viajes, experiencias, haber dado recomendaciones y haber recitado poesía. Todo
ello en el espacio de unos pocos minutos!!, simplemente no podía parar de hablar!

Me pasaron entonces a una sala compartida en la de Terapia Intensiva, ya
había salido de la zona de riesgo crítico que es privada y me encontré entonces
con mis compañeros de viaje... los otros pacientes.

En este entorno se produjeron otras experiencias de corte más cotidiano,
pero no por ello menos fuertes. Veía el sufrimiento alrededor. En la cama de al
lado estaba una señora a la que habían abierto por la mitad. Tenía el tórax
completamente abierto, de par en par.

Recuerdo una noche en que la misma tuvo que ser intervenida de urgencia
y que le colocaron allí mismo una válvula nueva al corazón. Recuerdo las palabras
de los médicos diciendo “mirá que hermoso, como gira!” y en efecto, se escuchaba
un sonido de giro mecánico... Trrrrrrr...., Trrrrrrr...., aplicado al cuerpo de mi
vecina.

Se inició como un desfile de gentes de organizaciones religiosas, que
venían a dejar sus estampitas. Vinieron los “Opus Dei” a dejar estampas de
Escribá Balaguer..., los de Shoenstatt a dejar estampas de la Virgen, los
evangélicos a orar e inclusive brujas a realizar sus invocaciones extrañas... Todo
ello en forma más o menos discreta en algunos casos o descaradamente en otros
casos. Vinieron las expertas en oraciones a “rezarle” a algunos pacientes, vinieron
carismáticos, sacerdotes y todo tipo de “agentes de la divinidad”. Recuerdo que
los médicos los echaban de la sala contigua, ya que los mismos parecían estar
prontos a cazar milagros que se pudieran atribuir a sus representados.

Tampoco faltaron las agresiones y maldades de personal de limpieza...
quienes de mala manera se acercaban, casi con temor a las camas de los
pacientes. Murmuraban entre dientes “No queremos acá gente infecciosa”, “Que
se lleven a todos estos”, “Porqué no se mueren de una vez...”, recuerdo que
llegaron al extremo de escribir con colorete en los vidrios de la sala, “Fuera de
acá, contagiosos. Aunque allí no había un solo enfermo que tuviera algo
contagioso, éramos todos pacientes quirúrgicos!”.

Una luz al otro lado del túnel. El regreso.

En aquellos días sumamente duros, en los cuales no podía bastarme a mi
mismo ni siquiera para mis necesidades más elementales, con el orgullo
totalmente aniquilado. Habiendo asumido como natural la desnudez del cuerpo y
estando totalmente en manos de otras personas..., me daba la impresión de estar
pasando una temporada en el infierno. Decía yo... “Si el infierno existe, debe ser
algo como esto...”.

Recuerdo no poder dormir, por temor a no volver a despertar... en dichas
horas de angustia, me vino una oración en portugués a la mente, muy similar a las
que oraban algunos niños de la liga de Buena Voluntad en la televisión... la
oración decía algo así... “Vá, vá, homem ruim de cachimbo vai embora. Vá
longe daqui. É o poder do mesmo Jesus Christo quem comanda isto a você.
Vá embora, homem ruim de cachimbo vai embora e não devolve, é o poder
de Deus que ordena isto a você!”...

Recuerdo que esta oración surgía naturalmente en mi mente una y otra vez,
sin poderla detener, y así día tras día. Una traducción de la misma sería algo así
como “Vete, vete, hombre malo de pipa, vete. Vete lejos de aquí. Es el poder del
mismo Jesucristo quien te lo ordena. Vete, hombre malo de pipa, vete y no
vuelvas, es el poder de Dios quien te lo ordena!”. No tengo idea de cual puede
haber sido el origen de la misma, pero sin duda había sido inspirada para alejar al
mal.



Entretanto, entre los compañeros de
trabajo, entre gente completamente extraña que
habían sabido de mi caso y entre los niños de un
colegio católico de la ciudad se inició una cadena
de oración y afecto que por su intensidad y
sinceridad, me llenó de sorpresa y alegría. No
tenía la menor idea de que me quisieran tanto,
aún perfectos desconocidos. Los niños oraban y
cantaban diariamente pidiendo a Dios por la
recuperación de los enfermos. Me enviaban
cartas y carteles dibujados por sus inocentes
manos en cartulinas, diciendo cosas como... “Si
bien no te conocemos, te amamos igual y
rogamos a Dios para que te mejores”.

Llegó así el día de mi cumpleaños, hubo torta para todo el personal y los
pacientes del sanatorio, me llegaron flores y globos. Había una inmensa alegría en
el aire. Yo estaba de regreso, había vencido al dolor y a la muerte y estaba a
punto de salir dado de alta.

Surgió entonces en mi mente y en mi corazón, la certeza
de haber vuelto de los brazos de la muerte con una misión
en la vida. La misión que había impedido mi tránsito al
mas allá. Creo que dicha misión consiste en compartir
estas experiencias a través de este relato y alguna más,
que aún no me ha sido revelada pero que busco
fervientemente. Regresé entonces al trabajo, a la rutina
diaria y a la vida normal en el seno de mi familia. Regresé,
en fin, a la vida.

Luego de este sentido relato, en que he expuesto para ti amable lector, una
etapa durísima de aleccionamiento, experiencia y crecimiento espiritual que pasó
en mi vida, siguieron días hermosos donde se hizo mas que evidente la mano de
la providencia de Dios y sus innumerables bendiciones.

En próximas entregas, verás a donde me llevó la providencia y que fue de
OmAheiVuh, vuestro humilde servidor.


Salud en la Rosa, Paz en la cruz!, siempre vuestro en L.’.V.’.X.’.

F.L. Ohm Ahei Vuh - 05/10/2003 (Asunción/Paraguay)