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Introducción al Pensamiento Científico - IPC

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Módulo 2
Tema 1. Las Ciencias Formales



Apunte de Cátedra 3
El método de las ciencias formales

El presente apunte se centra en la cuestión relativa al método de las
ciencias formales. Este tema 1 corresponde al Módulo 2 del programa de
la asignatura.
En la bibliografía obligatoria, la cuestión del método que utilizan estas
ciencias se da a conocer aludiendo a la demostración del conocido
teorema de Pitágoras, mediante una diferenciación entre lo que es una
prueba empírica y una demostración. De esta manera, nos va
introduciendo paulatinamente en la noción de sistema axiomático, que
es la estructura en la que reposa el denominado método demostrativo,
variante del método deductivo. (Asti Vera y Ambrosini; 2008, 162-163)
Gregorio Klimovsky, en su libro Las desventuras del conocimiento
científico, desarrolla de manera específica estos temas. La lectura del
texto facilita la comprensión de nociones fundamentales acerca del
método demostrativo y los sistemas axiomáticos, como, por ejemplo,
axioma, teorema, término primitivo, término definido, sistemas formales
y sistemas interpretados, etc.
Presentamos, a continuación, un documento basado en el tratamiento
que hace el autor de estos temas.


Deducción y demostración. Sistemas axiomáticos
El método de las ciencias formales, es decir de la lógica y de las matemáticas, emplea
procedimientos deductivos. Como se ha visto, el razonamiento deductivo es formalmente
válido. Esto significa que si las premisas de un razonamiento deductivo son verdaderas, su
conclusión es necesariamente verdadera. Las formas válidas de razonamiento garantizan la
correcta transmisión de la verdad. Esta es la virtud más grande de la deducción y, por eso, se
explica su gran utilidad en este tipo de disciplinas científicas. Por lo general, los sistemas de la
lógica y de la matemática constituyen cadenas de razonamientos. Y estos razonamientos, a su
vez, según se ha estudiado, están constituidos por enunciados que reciben el nombre de

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premisas y conclusión. Pero, ahora es necesario recordar algo que dice Irving Copi en su
clásico libro I ntroducción a la lógica: que ningún enunciado que compone un razonamiento
es, en sí mismo, premisa o conclusión, sino que todo depende del lugar que ocupe dentro del
mismo. Y enfatiza Copi que, por tal motivo, tanto “premisa” como “conclusión” son términos
relativos. Veamos, entonces, lo que puede suceder si un matemático, por ejemplo, intenta
construir un sistema y no toma las precauciones necesarias. Al respecto, Klimovsky expone en
su obra (1997, 110-111), de un modo claro y didáctico, los problemas en que podría verse
envuelto ese supuesto matemático desprevenido: la regresión al infinito o el círculo
vicioso.
¿Cómo se verifican las verdades científicas? La tentación en este
punto (siguiendo a Aristóteles) es decir que para probar una
verdad científica lo que hay que hacer es deducirla de verdades
anteriores ya obtenidas. No es mala idea en una gran cantidad
de casos. Pero se comprende fácilmente que con este método
como única herramienta tendremos serias dificultades.
Supongamos tener un enunciado ‘a’ y que alguien afirmara que
está probado, que es verdadero. Podríamos preguntar: “¿Y cómo
lo sabemos?. Diríamos: “Porque lo hemos deducido de una
verdad anterior, ‘b’. Nuevamente tendríamos el derecho de
preguntar al que así se explicó: “Y cómo se supo que ‘b’ es
verdadera?”, y obtendríamos como respuesta: “Porque en su
momento se la dedujo de ‘c’. “Y cómo se supo en su momento
que ‘c’ es verdadera? “Porque en alguna ocasión se la pudo
deducir de ‘d’ que es verdadera. Se comprende que si no hay otro
procedimiento de prueba, este diálogo continuaría
indefinidamente, y nos hallaríamos en presencia de lo que se
denomina un “regreso al infinito”, un continuo e indefinido
posponer la prueba, desplazándola de cada etapa a una etapa
anterior.
¿Habrá una salida alternativa para evitar el regreso al infinito?
Podríamos imaginar una disposición triangular de enunciados ‘a’,
‘b’ y ‘c’.



.


Si preguntamos: “Cómo sabemos que ‘a’ es verdadero?”, la
contestación podría ser: “Porque lo dedujimos de ‘b’”, “¿Y como
se sabe que ‘b’ es verdadero?” “Porque lo dedujimos de ‘c’”, “¿Y
cómo se sabe que ‘c’ es verdadero?” “Porque lo dedujimos de
‘a’”. Efectivamente, así hemos evitado el regreso al infinito
porque está involucrado solamente un número finito de
elementos; pero en compensación hemos obtenido un círculo


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vicioso que, con mayor propiedad en este caso, se denomina una
“petición de principio”. De hecho, “a” que es dudoso, sirve de
fundamentación a aquel enunciado en el cual pretendemos
basarnos para probar ‘a’.

Un sistema deductivo es un encadenamiento de razonamientos en los cuales de premisas se
deducen, mediante reglas lógicas o reglas de inferencia, determinadas conclusiones. Si las
premisas son verdaderas, la conclusión será necesariamente verdadera porque las reglas
lógicas, como se ha dicho anteriormente, garantizan la correcta transmisión de la verdad.
Pero, ahora nos encontramos con un problema: tanto premisa como conclusión ocupan un
lugar relativo en la cadena deductiva. Una premisa pudo haber sido conclusión de una
inferencia anterior y una conclusión puede ser premisa de una inferencia posterior. Y esto es,
como describe Klimovsky, lo que puede conducir a una regresión al infinito o a un círculo
vicioso de deducciones. ¿Hay alguna salida para este problema o el matemático imaginario del
que se hablaba está condenado a pasar su vida haciendo deducciones interminables?
A continuación, consideremos lo que expresa Klimovsky (1997, 111-112) para ver si hallamos
la respuesta a tan preocupante pregunta:
Es claro, para Aristóteles, que tiene que haber alguna otra cosa
capaz de permitir verificar al menos algunos enunciados de la
ciencia y entonces, sí, a partir de allí tendríamos un fundamento
para obtener por deducción lo restante. Esto es lo que lleva a
Aristóteles a admitir que unos pocos enunciados de la disciplina
científica que estamos tratando de fundamentar no necesitan ser
justificados a partir de otras verdades, ya que su simplicidad y
su evidencia bastan para advertir que son verdaderos y para
darlos por auto justificados. Estos enunciados, que vamos a
llamar momentáneamente “enunciados punto de partida”, se
justifican pues por evidencia y permiten, tomándolos como
premisas, que por deducciones correctas y reiteradas se
obtengan todos los demás enunciados de la disciplina.

Este autor aclara que el término “evidencia” es utilizado aquí para designar un tipo de proceso
psicológico que hace comprender que lo que se dice coincide con lo que ocurre, ya sea por la
naturaleza de las ideas que se emplean, ya sea por la naturaleza de los fenómenos ante los
cuales se está. Lo evidente, según Aristóteles, es aquello que se manifiesta espontáneamente
como verdadero.
El método que propone Aristóteles para que la lógica y la matemática puedan eludir tan
engorrosa regresión a infinito o el círculo vicioso es el método demostrativo. Pero, ¿acaso no
se había dicho que el método de las ciencias formales era el método deductivo? No hay
ninguna contradicción en lo expuesto pues el método demostrativo, que propone el filósofo
griego, no deja de ser deductivo. Es un tipo muy especial de deducción. Tal cual lo expresa
Klimovsky en su libro (1997, 112-113):
De acuerdo con Aristóteles, la justificación de los enunciados
científicos, su verificación o prueba, se efectúa por dos tipos de
métodos. El primero, reservado para unos pocos enunciados,


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consiste en la aprehensión, mediante evidencia, de la verdad de
los principios o puntos de partida de una ciencia; el segundo,
para los restantes, consiste en obtenerlos mediante deducciones.
Los axiomas son precisamente los enunciados que, por
evidencia, exhiben su propia verdad. Aristóteles privilegia el
papel de los axiomas, aquellos enunciados que se obtienen por
evidencia, y por tanto su método podría ser resumido al máximo
de la siguiente manera: a) los axiomas se verifican por evidencia
(no necesitan demostración previa), b) todos los demás
enunciados, por deducción, a partir de los axiomas.
Conviene en ese punto aclarar una cuestión de nomenclatura.
Las deducciones o razonamientos correctos que toman a los
axiomas o principios de la ciencia como premisas son
denominados por Aristóteles demostraciones, y esto es
precisamente, lo que explica que se denomine a este método
“demostrativo”. No se debe confundir deducción (común y
corriente) con demostración. Las demostraciones son
deducciones a partir de los principios de la ciencia; pero las
deducciones no tienen porque ser demostraciones. Como el
mismo Aristóteles lo advierte con toda claridad, hay deducciones
que parten de opiniones, de creencias y aún, como él mismo lo
dice, de creencias equivocadas. Los enunciados que se justifican
mediante demostraciones se denominan “teoremas”.

Y agrega el profesor Klimovsky (1997, 115):
En la historia de la ciencia y de la filosofía, esta metodología
demostrativa ejerció una notable influencia, como lo prueba, la
fundamentación de la geometría hecha por Euclides, que es una
suerte de réplica del pensamiento aristotélico.

En un sistema axiomático (demostrativo), los axiomas, según Aristóteles, son puntos de
partida absolutos (enunciados que no se demuestran, que se aceptan como verdaderos por su
evidencia) y, a partir de ellos, aplicando reglas lógicas, se demuestran otros enunciados, los
teoremas, que son el último paso definitivo en la cadena demostrativa.
Para la concepción clásica, los axiomas eran considerados autoevidentes. Su verdad quedaba
justificada por su evidencia, y el resto de los enunciados del sistema, por ejemplo, de la
geometría, se justificaban deductivamente como teoremas, derivando su verdad de la verdad
de los axiomas. De este modo, de un número reducido de enunciados básicos, se lograba
organizar una rama íntegra del conocimiento.



Muchos son los autores que sostienen que el sistema demostrativo de Euclides para la
geometría es el primer ejemplo de sistema axiomático aristotélico aplicado a una disciplina


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científica distinta de la lógica. Recordemos que, según Aristóteles, la lógica es una disciplina
propedéutica para las ciencias. Nuevamente, Klimovsky (1997, 293) se expresa muy
claramente sobre este tema:
El primer tratamiento sistemático de la geometría en la historia
de la ciencia, en el que el conocimiento en este ámbito del saber
se presenta organizado lógicamente, se halla en los primeros
libros de los Elementos de Euclides, quien vivió entre fines del
siglo IV a.C. y comienzos del III a.C. Para emplear la
terminología que estamos utilizando, diríamos que la geometría,
tal como allí se la expone es un ejemplo de “sistema axiomático
interpretado” ¿Por qué? Porque Euclides introduce axiomas y
postulados, emplea lógica formal y obtiene teoremas, pero
además, los términos tienen significado. La geometría euclidiana
sería un discurso en el que habría oculto, un sistema axiomático
con sus términos “primitivos” (tales como “punto”, “recta” y
“plano”) y los procedimientos deductivos habituales para
establecer en cierto orden los enunciados geométricos, amén de
una interpretación que convierte a esta disciplina en un intento
de exponer las propiedades del espacio físico.

En las versiones actuales del método axiomático, se ha abandonado el requisito de evidencia,
propiedad que se considera de índole psicológica y relativa; hoy ni siquiera es necesario que
los axiomas sean enunciados ya que son formas de enunciados susceptibles de ser
interpretadas con distinto contenido. Este carácter formal de los sistemas axiomáticos actuales
ha permitido que un mismo sistema reciba contenidos muy diferentes por parte de las distintas
ciencias. A estos contenidos se los llama interpretaciones (los términos primitivos son
puestos en correspondencia con propiedades, relaciones, funciones). En el caso de las
interpretaciones que logran que todos los axiomas se conviertan en enunciados verdaderos, se
dice que constituyen un modelo del sistema.
Sobre lo dicho anteriormente, manifiesta Klimovsky (1997, 291):
En cada uno de los sistemas de la matemática (entendida como
álgebra) podemos tomar arbitrariamente, a modo de un juego,
algunas expresiones (fórmulas) como axiomas, término que se
emplea en homenaje a Aristóteles porque así llamaba él a los
puntos de partida de sus disciplinas. Sin embargo, debemos
insistir una vez más que aquí (en el álgebra) “axioma” es una
peculiar combinación de signos sin significado, en tanto que el
filósofo griego destinaba tal denominación para designar una
verdad fáctica evidente e indiscutible.
Efectivamente, en este caso, los axiomas son simplemente los
puntos de partida de un juego formal o sintáctico en el que,
mediante el empleo de tales axiomas y de reglas lógicas, serán
introducidos los teoremas, término que Aristóteles reservaba
para los enunciados que se deducen de los enunciados punto de
partida. Obviamente, al igual que los axiomas, los teoremas son,
para los sistemas axiomáticos de la matemática algebraica, nada


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más que un conjunto de fórmulas. Si luego se los utiliza en
alguna aplicación, se los interpretará; en tal caso, los signos
adquirirán significado y, si se logra probar que los axiomas se
han transformado en verdades de una disciplina científica, se
admitirán por tanto que los teoremas serán a su vez verdades.

Este tema que hemos desarrollado en el presente Apunte de Cátedra, además de tener
importancia en sí mismo por referirse al método de las ciencias formales, correspondiente al
tema 1 del Módulo 2 del programa de IPC, adquiere cierta relevancia para la comprensión de
cuestiones metodológicas referidas a las ciencias fácticas. Pues, como veremos en el tema 2,
algunos filósofos clásicos de la ciencia entienden a las teorías de las ciencias fácticas (sistemas
hipotético-deductivos) como estructuras axiomáticas empíricamente interpretadas.


Bibliografía
Asti Vera, Carlos y Ambrosini, Cristina (2009), Argumentos y teorías, Aproximación a la
Epistemología, Buenos Aires, Educando.
Klimovsky, Gregorio (1997), Las desventuras del conocimiento científico, Buenos Aires, AZ.
Copi, Irving (1987), Introducción a la lógica, Buenos Aires, Eudeba.
Díez, José y Moulines, Ulises (1997), Fundamentos de filosofía de la ciencia, Barcelona, Ariel.