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REVISTA

N: 7-1965
E° 0,40

NTO DOMINGO
TECEDENTES
UN
V ANTA MIÉ NTO
ROIGO

DOCTRINA
CIAL DEL
ATICANO
Y EL SIGLO XX

INTERNACIONAL

COLABORAN

EN ESTE

NUMERO:

1STVAN SZIBMAI
Miembro del Buró Político del CC, secretario del Comité Central
del Partido Socialista Obrero Húngaro
IB

NE RLUN D

•Miembro del Buró Político del CC, secretario del Comité Central
del Paludo Comunista de Dinamarca
STANISLAW KTJZINSKI
Miembro suplente del Comité Central del Partido Obrero Unificado Polaco
NORMAN F REED
Miembro del Comité Nacional del Partido Comunista del Canadá
KJELD -OESTERLING
Perio<¡

JORGE HOLLÉ CUETO
Miembro de la Comisión Política f del Secretariado del Comité Cotral
del Partí:
vía
P E D R O^ D U R A N
Dirigente dei Partido SKialéta Jmnifta de 1
LIBERO P I E R A > T OZZ I
Publicista italiano
J»I R I
Ferie

Z U Z A X E K
lesionen

S UH A R 1O
Periodista indonesio
E. Z U C K E R - S C H I L L I X
Periodista austríaco
M A R COS
Poeta español

A X A

A L E XA X DR
Periodista sovi-

V E B E R

¡Proletarios de todos los países, unios!

Nuestra
REVISTA

Época

INTERNACIONAL

<5i

1965
ASO VI. - JULIO

SUMARIO
N. PREED y K. OESTERLING -- Hay que detener la escalada hacia la
guerra mundial
TEORÍA Y PRACTICA DE LA CONSTRUCCIÓN SOCIALISTA
I. SZIRMAI — El trabajo ideológico y la política del Partido . . . .
S. KUZINSKI — Las relaciones económicas entre los Estados socialistas y
capitalistas
TRIBUNA DE PROBLEMAS

11
19

ACTUALES

I. NERLUND y A. VEBER — Algunas cuestiones de la lucha de clases
en los países capitalistas
L. PIERANTOZZI — La doctrina social del Vaticano y el siglo XX . .
J. ZUZANEK — La cultura y -as masas .

27
34
41

EL PROBLEMA AGRARIO EN LOS PAÍSES DE ORIENTE
SUHARJO - - E l Partido Comunista de Indonesia y -el campesinado . .
AS SALTI — Las reformas agrarias en la RAU, Siria e Irak . . . .

52
60

MESA REDONDA
Bl papel da los partidos comunistas en algunos países de capitaHiS'mo desarrollado

65

EN LOS PARTIDOS COMUNISTAS Y OBREROS
A. SEDERSEN — La Conferencia de Bruselas * E. ZUCKER—SCHILLING
[Austria] -- Congreso de los comunistas * J. KOLLE CUETO [Bolivia] - - Conferencia del Partido Comunista * A. CHAGURI [Siria] Por la unidad de las fuerzas de Izquierda * A. BACHIR [Líbano] Desarrollando las tradiciones revolucionarias

75

CARTAS, NOTAS, INFORMACIONES DE TODOS LOS CONTINENTES

K. SLAVIN
Frutos de una colaboración fraternal * J. GRINBERG
[RDA] - - E l socialismo y la revolución científico-técnica * MARCOS
ANA ¡España] — El combate por la democracia continúa * P. DURAN
[República Dominicana] — Antecedentes de un levantamiento heroico *
P. S. SINGH [India] -- ¡Libertad para los presos políticos-'. * G. TESSIN [Guinea] — Por la senda del progreso social * L. SALLY [Australia] — Contra la complicidad en la agresión

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Propietario: Atilio Gaete Alcántara.
Director responsable: Jorge Soza Peaña
Subdirector: Raúl Mellado Castro.
Oficinas de Redacción: Avenida Butoes 143. Depto. 82.
Impresores: «Sociedad Impresor» Honrante Ltda.»
Lira 56?. Santiago.

Hay que detener la escalada
hacia la guerra mundial
por NORMAN FREED y KJELD OESTERLING

n la lucha por la paz se plantean actualmente nuevas y grandes tareas derivadas
de la situación internacional, de la creciente amenaza para la paz por parte del imperialismo norteamericano.
El imperialismo yanqui ha emprendido el
rumbo de la franca y brutal agresión en distintos lugares del globo. Los raids masivos de su
aviación contra la República Democrática de
Vietnam, la utilización de sustancias químicas
tóxicas y de bombas de napalm, el desembarco
de nuevas y nuevas unidades de infantería de
marina en Vietnam del Sur son otros tantos actos de la agresión descarada del imperialismo
estadounidense contra el heroico pueblo vietnamita.
Más de veinte mil soldados del ejército regular norteamericano han invadido la pequeña República Dominicana para impedir que su pueblo
pueda darse un Gobierno • democrático.
Los imperialistas yanquis siguen sus provocaciones contra la República de Cuba, ponen en
práctica sus sangrientos planes en el Congo,
tratan de utilizar Malasia como instrumento en
la lucha contra el movimiento de liberación nacional para mantener su dominación en el Sudeste asiático. Siguen ocupando Corea del Sur y
la isla de Taiwán que es parte inseparable del
territorio de China.
En Europa, apoyándose en la agresiva alianza de la OTAN, los Estados Unidos proponen
la creación de las fuerzas nucleares multilaterales u otras variantes del rearme nuclear como
medio de conceder a los revanchistas germanooccidentales la posibilidad de poner el dedo en
el gatillo atómico. Al mismo tiempo tratan de
oponerse a las crecientes tendencias que se manifiestan en Europa Occidental en favor de un
auténtico sistema de seguridad.
Veinte años después de la. terminación de la
segunda conflagración universal, el mundo se
halla de nuevo al borde de la guerra, ante un
abismo del que no hay retorno. Para conjurar
la tercera guerra mundial, que sería una guerra

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Depto. 82.
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termonuclear, todas las fuerzas progresistas y
antibélicas del mundo deben unir sus esfuerzos
con el fin de luchar contra los actos agresivos
del imperialismo e impedir el desarrollo de la
agresión norteamericana. La situación es muy
grave. El «partido de la guerra» [nombre que
da la prensa norteamericana a los ultras del
Pentágono y del Departamento de Estado] se
está imponiendo actualmente en Estados Unidos
y se va convirtiendo en una fuerza que constituye un peligro cada vez mayor para los pueblos del mundo entero.
Las causas fundamentales de la extensión de
la agresión en Vietnam tienen un carácter a la
vez político y estratégico. Tras ellas se ocultan
los intereses económicos de los monopolios imperialistas. Hoy se sabe que el plan de ampliar
la agresión en Vietnam había sido elaborado
antes de las elecciones presidenciales. Y no fue
aplicado para permitir que Johnson pudiera
aprovechar en beneficio de sus objetivos políticos los anhelos de paz del pueblo norteameric*no. Por eso, el Pentágono promovió su plan
durante las elecciones a través de Goldwater. La
inmensa mayoría del pueblo rechazó dicho plan.
Pero ello no fue óbice para que el Gobierno
Johnson empezara a ponerlo en práctica.
Durante mucho tiempo existieron en el seno
de los círculos gobernantes norteamericanos serias discrepancias en cuanto a la forma de alcanzar los objetivos políticos y estratégicos en el
Sudeste de Asia. Unos se pronunciaban en favor
de la llamada política «defensiva», según la cual
la guerra de agresión se realizaría por intermedio de la población local, correspondiendo a las
fuerzas armadas de Estados Unidos el papel de
«instructores y consejeros». Se consideraba que
ello sería suficiente para aplastar el movimiento
de liberación en Vietnam del Sur. Pero este
plan no pudo ser realizado. El heroico pueblo
sudvietnamita iba obteniendo una victoria tras
otra. Había liberado las cuatro quintas partes
del territorio de Vietnam del Sur y se hallaba
en condiciones de liberar el resto. Los Estados

4

N Oí! M A N

F B E E D Y KJEI.D O E S T E R L I N G

Unidos estaban a punto de sufrir una derrota
militar semejante a la experimentada por el imperialismo francés. Ante el Pentágono se presentaba el dilema de retirarse por las buenas o
enfangarse aún más en las aventuras militares.
El otro grupo de los círculos gobernantes, partidario de la intervención directa de las fuerzas
armadas estadounidenses y de la extensión de la
agresión al territorio de la República Democrática de Vietnam, especuló con las derrotas militares para imponer su línea política.
En los medios dirigentes de EE.UU. nunca
hubo serias discrepancias respecto a la cuestión
de por qué los Estados Unidos debían permanecer en Vietnam. El imperialismo norteamericano había elaborado desde hacía tiempo un
plan para aprovechar en beneficio de sus intereses el derrumbamiento de los viejos imperios
coloniales de Europa Occidental. Para ello sacó
a relucir la «teoría del vacío» producido supuestamente por el desmoronamiento de las posesiones coloniales. Elaboró la estrategia de las guerras «pequeñas» y «locales», con el fin de impedir la independencia de los pueblos y allanar
el camino al neocolonialismo. Para justificar su
agresión, el imperialismo se dedicó a implantar
gobiernos de peleles, y a petición de estos gobiernos «legítimos y amistosos» les prestaba una
«ayuda» militar.
Los monopolios y los militaristas norteamericanos decidieron «llenar el vacío» en el Sudeste
de Asia y crear una nueva zona de su dominio
en Vietnam del Sur, teniendo en cuenta su proximidad geográfica con los países socialistas de
Asia. El objetivo estratégico era preparar una
base para la futura expansión en el continente
asiático. Los acuerdos de Ginebra de 1954 prohiben en forma inequívoca la presencia de tropas extranjeras de ninguna clase en cualquiera
de los países independientes de la antigua Indochina. Esta fue justamente la razón de que Estados Unidos se negaran a firmar y a observar
dichos acuerdos. Al mismo tiempo que impedían la celebración de elecciones generales democráticas en Vietnam, establecieron en el Sur
del país un régimen pelele e iniciaron una guerra de agresión contra el pueblo.
Es innegable que la agresión de EE.UU. en
Vietnam constituye una seria amenaza para la
paz mundial. Es un importante eslabón en la cadena de sangrientos conflictos bélicos provocados por el imperialismo yanqui. Los agresores
tratan de llevar la conflagración al continente
latinoamericano. También preparan la guerra en
Europa. Pues es aquí, precisamente, donde se
concentra el mayor número de problemas en litigio legados por la segunda guerra mundial.
Aquí es donde están dislocadas las mayores
fuerzas de los imperialistas. En la reciente reunión de los ministros de Defensa de los países

de la OTAN, celebrada en París, el norteamericano MacNamara declaró que a finales de año
el número de ojivas atómicas puestas a disposición de las fuerzas de la OTAN en Europa «habrá aumentado en un ciento por ciento en comparación con el año 1961».
Dada la actual posición de Bonn y las condiciones creadas en Alemania Occidental, donde
se hallan emplazadas armas atómicas, tal cosa
significa la acentuación del peligro de que los
militaristas germanooccidentales puedan utilizar
esas armas para sus fines revanchistas. No es
casual que en un mitin celebrado no hace mucho
en Stuttgart, Seebohm, Ministro de Transportes
de Alemania Occidental, exhortase a los cien
mil alemanes súdeles allí presentes a «seguir defendiendo la justa causa que les ha sido legada
por la generación precedente» y a procurar reconquistar las tierras de Checoslovaquia.
El llamamiento dirigido por el Presidente
Johnson a la Unión Soviética y a los otros países socialistas para llegar a un entendimiento y
aliviar la tensión internacional, en el momento
mismo en que se amplía la agresión en Vietnam. se pasa a la intervención en la República
Dominicana, se acumulan las armas atómicas en
Europa \ se intenta dar a los revanchistas germanooccidentales la posibilidad de utilizar las
armas nucleares, no es más que pura hipocresía, un engaño evidente para ocultar sus turbios
manejos y desorientar a la opinión pública.
Los Estados Unidos siguen dos líneas principales en su propaganda. Una de las líneas consiste en afirmar que el armamento atómico de
EE.UU. y la URSS es tan grande y destructivo
que ninguno de estos países se atreverá jamás a
utilizarlo. Y sobre esto está basada la estrategia
del «equilibrio de temores». Semejantes afirmaciones de los ideólogos norteamericanos persiguen el fin de embotar la vigilancia de los pueblos y debilitar su lucha contra el peligro de
guerra atómica y por la destrucción de las armas nucleares. Y se recurre al jesuítico argumento de que dicha destrucción acrecentaría el
peligro real de guerra.
La otra línea de la propaganda tiende a minimizar a los ojos de los pueblos la fuerza destructiva de las armas atómicas. Este truco propagandístico está destinado a forjar la ilusión de
que la guerra termonuclear no será tan destructora como podría creerse y de que transcurrido
cierto tiempo la vida retornará a su cauce habitual. Con este fin se publica un gran número de
informes supuestamente científicos, basados en
el estudio de las condiciones de vida en una de
las islas del Océano Pacífico utilizadas por Estados Unidos para experimentar la bomba H.
En dichos informes se dice que después de
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de nuevo la tierra en esa isla.
Los comunistas y todas las fuerzas democráticas y adictas a la paz rechazan tanto la primera como la segunda versión de la propaganda militarista. A despecho de las afirmaciones
de los militaristas, el peligro de guerra atómica
es un peligro real, pese a que su fuerza destructora es gigantesca y amenaza con aniquilar la
civilización creada en el curso de milenios. La
humanidad no puede permitir ni permitirá, que
se la destruya, aún si existiese una remota posibilidad de empezar de nuevo el cómputo de los
tiempos.
En las actuales condiciones, cuando la reacción mundial, y ante todo el imperialismo norteamericano, se reactiva en distintas zonas del
mundo, trata de agravar la situación y emprende actos de agresión contra los países socialistas, contra Estados liberados de la dominación
colonial y contra el movimiento revolucionario
de los pueblos, en tales condiciones es más necesaria que nunca la unidad del movimiento comunista mundial. Es mucho lo que está .en juego. Independientemente del carácter de las divergencias existentes en el movimiento comunista, éstas no deben ser un obstáculo para hacer
frente a la fiera imperialista y, además, con las
filas cerradas y sobre una base única de acción.
La unidad del movimiento comunista internacional facilitará la lucha por la unidad de todas
las fuerzas pacíficas y democráticas.
En nuestros días adquiere una importancia
excepcional el llamamiento a la cohesión de los
comunistas contenido en el Comunicado del Encuentro Consultivo celebrado en Moscú por los
representantes de 19 partidos comunistas y
obreros. En la presente situación, dice dicho documento, «todos los partidos comunistas tienen
que manifestar, más que nunca, comprensión
de su responsabilidad internacional, cohesionarse para la lucha común contra_el imperialismo,
el colonialismo, el neocolonialismo, contra la
dominación del capital monopolista, para el
apoyo activo al movimiento de liberación y la
defensa de los pueblos que sufren la agresión
imperialista, para luchar por la paz universal,
basada en el respeto de la soberanía y la integridad de todos los Estados».
El Comunicado señala la importancia decisiva de la cohesión de todas las fuerzas revolu1 arias de nuestro tiempo y destaca que los
intereses de la cohesión de estas fuerzas exigen
imperiosamente que se fortalezca la unidad del
movimiento comunista mundial. Al debilitar la
cohesión del movimiento comunista, las diver:ias perjudican la causa del movimiento
mundial de liberación, la causa del comunismo.
Los participantes del encuentro expresaron su

convencimiento de que lo que une a los partidos comunistas es mucho más fuerte que lo que
los separa en el momento presente.
La reciente Conferencia de los partidos comunistas de los países capitalistas de Europa ha
hecho también un valioso aporte a la lucha por
la cohesión de los partidos comunistas y de todas las fuerzas democráticas. Los participantes
en la Conferencia dirigieron un llamamiento a
los trabajadores y a los partidos socialistas de
Europa "Occidental, exhortándoles a actuar conjuntamente para obligar a los gobiernos europeooccidentales a dejar de prestar apoyo a la
política de EE.UU. en Vietnam. Los partidos
comunistas instan a que cesen los bárbaros
bombardeos y los actos de agresión contra la
República Democrática de Vietnam, a que cesen todos los actos de agresión de EE.UU. en
Vietnam del Sur, comenzando por la retirada
de todas las fuerzas armadas norteamericanas, a
que se conceda al pueblo vietnamita el derecho
de decidir libremente su propio destino. Este
llamamiento significa el reconocimiento del Frente Nacional de Liberación de Vietnam del Sur
como verdadero representante del pueblo sudvietnamita. Si este llamamiento es atendido, si
se traduce en acciones unidas antiimperialistas
en todo el mundo, llevará la paz al pueblo de
Vietnam y pondrá fin a un peligroso foco que
amenaza a la paz mundial.
Los comunistas están seguros de que las fuerzas adictas a la paz, estrechamente unidas para
una lucha resuelta, son capaces de frustrar los
criminales planes bélicos, mantener la paz y robustecer la amistad entre los pueblos. Los comunistas, como se señalaba en la Declaración
de los partidos hermanos de 1960, consideran
que su misión histórica reside no sólo en suprimir la explotación y la miseria a escala mundial
y excluir para siempre de la vida de la sociedad
humana la posibilidad de cualquier guerra, sino
también en librar a la humanidad, ya en la época presente, de la pesadilla de una nueva guerra
mundial.
Son enormes las fuerzas que están a favor de
la paz. Esas fuerzas pueden poner fin a la política de agresión de los imperialistas yanquis. Las
grandes acciones internacionales para hacer cesar la agresión norteamericana en Vietnam, las
campañas de protesta y el potente movimiento
de solidaridad con el pueblo vietnamita en todos los países serán la barrera contra la que habrá de estrellarse la ola de la agresión. En varios países ya se hacen colectas para adquirii
materiales y medicamentos con destino a la población vietnamita. Es esta una prueba del creciente nivel de conciencia de los pueblos, de que
éstos comprenden la necesidad de la solidaridad
de todas las fuerzas amantes de la paz en la lucha contra la agresión imperialista. La concien-

N O B, M A N

F K E E D

cia de los pueblos se está convirtiendo en un
importante factor de la política mundial.
En los años de posguerra, los trabajadores
han creado un arsenal de eficaces medios de lucha contra la agresión imperialista, y lo han he
cho movidos por un sentimiento de solidaridad
con las víctimas de la agresión imperialista, plenamente conscientes de que las chispas de la
guerra imperialista amenazan a sus propias
casas.
Los trabajadores tienen, también hoy, la posibilidad de recurrir a probados medios de lucha contra el real peligro de guerra. Es indudable que en este aspecto habrá de desempeñar
un gran papel el Congreso Mundial por la Paz,
la independencia nacional y el desarme, que
habrá de celebrarse próximamente en Helsinki. Este Congreso servirá para agrupar a todas las fuerzas adictas a la paz con el fin de
conseguir la unidad de acción contra las fuerzas de la guerra.
Las fuerzas pacíficas promueven reivindicaciones comprensibles para todos, pues expresan
normas de justicia social entrañables para todos
los pueblos, normas que los imperialistas no
han podido ni podrán borrar jamás de la conciencia de las masas trabajadoras, ni aún recurriendo a los métodos propagandísticos más diversos.
Los pueblos exigen:
•—el cese de los actos de agresión de los imperialistas yanquis en Vietnam;
—la retirada de las tropas y de los armamentos norteamericanos en consonancia con los
acuerdos de Ginebra de 1954;
—el cese de la intervención de los imperialistas norteamericanos en los asuntos de Vietnam del Sur; la concesión al pueblo vietnamita
de la posibilidad de decidir por sí mismo sus
destinos.
La humanidad está viviendo un momento crítico de su historia. El problema más importante de la política mundial de nuestros días es
poner fin a la agresión en Vietnam y en otros
lugares, derrotar la política descaradamente intervencionista del imperialismo yanqui y asestar
un golpe demoledor al «partido de la guerra».
O se consigue esto o la agresión en Vietnam y
en Latinoamérica puede avivar el apetito del
imperialismo y convertirse en el preludio de una
guerra nuclear mundial.
Hoy en la política exterior de Estados Unidos la diplomacia es suplantada cada vez más
por las operaciones militares y las amenazas.
No estará de más recordar que Kennedy también recurría a las intimidaciones bélicas, pero
en general, las supeditaba a la diplomacia. Las
enfáticas concepciones de la nueva Frontera y

KJEL.D

O E S T E K I I N G

de la Alianza para el Progreso ceden ahora el
puesto a las descaradas amenazas, a la agresión
abierta y a la más primitiva hipocresía. El Gobierno Johnson y sus consejeros ponen mucho
más el acento en lo que ellos consideran «puntos débiles» de las fuerzas de la paz y del progreso. Después de un período de exploración
Diplomática y económica, los imperialistas norteamericanos se orientan abiertamente en su política a hacer más profunda la división en el
movimiento comunista mundial y en el campo
socialista. El imperialismo norteamericano emprende la burda tentativa de exigir un «precio»
por la coexistencia pacífica; que se le dejen las
manos libres en el Sudeste de Asia y en otras
partes del mundo, con la esperanza de que podrá frenar militarmente el proceso revolucionario de nuestra época y extender su dominio a
nuevas zonas de la tierra.
Sin embargo, la realización de estos planes se
ve entorpecida por la firme y resuelta actitud y
por las iniciativas de la Unión Soviética y otros
países socialistas, de los países no alineados y,
ante todo, por la heroica lucha del pueblo vietnamita. Leonid Brézhnev, en el informe dedicado al XX aniversario de la gran victoria, denunció convincentemente toda la falacia que
hay en las tentativas del imperialismo yanqui
para utilizar la coexistencia pacífica con fines
de chantaje. Recordó que los políticos norteamericanos, cuando se trata de las relaciones
entre la URSS y EE.UU., parece que están dispuestos a reconocer la necesidad de la coexistencia pacífica, pero al propio tiempo Estados
Unidos pisotean groseramente este principio en
sus relaciones con otros Estados, se entrometen
en sus asuntos y perpetran actos de franca agresión. Es evidente que los políticos norteamericanos no atan bien los cabos.
El Gobierno Johnson comprende, como lo
comprendía también el de Kennedy, que su política de agresión es desplegada en un período
en el que el imperialismo ha dejado de poseer
el monopolio atómico. Precisamente la comprensión de esta realidad ha hecho nacer la teoría de las «guerras localizadas» y de la «defensa
profiláctica», con empleo de armamento clásico
o incluso de armas nucleares tácticas. Esta teoría apareció cuando Kennedy era Presidente de
Estados Unidos, pero ha cobrado vigor y ha
comenzado a ser aplicada bajo el Gobierna
Johnson. Este ha hecho grandes «progresos» en
la adopción de medidas concernientes a la estructura de las fuerzas armadas, al adiestramiento militar y a la elección de armamento
para su empleo de acuerdo con la teoría de las
«guerras localizadas».
Antes de llevar plenamente a la práctica este
programa, fue probado a pequeña escala en acciones agresivas contra Laos. La designación de

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HAY QUE DETENER LA ESCALADA HACIA LA GUERRA MUNDIAL

Maxwell Taylor, teórico de las «guerras localizadas» y de la «defensa profiláctica» y ejecutor
de esta teoría militar a gran escala en Vietnam,
marca un nuevo período de la política exterior
norteamericana. A los nuevos dirigentes de
Washington les ha cegado la falsa ilusión, creada por su propia propaganda, de que Estados
Unidos son omnipotentes. Lo único que puede
hacerles volver a la realidad es la resistencia
unánime de las fuerzas de la paz y de la democracia.
El recurso de los mitos en la política del hitlerismo fue funesto para el mundo, y de ahí
que nos asista toda la razón al temer que pueda repetirse. Los mitos significan el triunfo de
la credulidad sobre los hechos. ¡Pero la verdad
es más fuerte que el mito, y debe triunfar sobre
él! Las esferas gobernantes de Estados Unidos
utilizan para sus fines ideas insensatas, recelos
contra los comunistas, recuerdos y temores
suscitados por esperanzas frustradas y brutales
reacciones provocadas por el histerismo. Ha
aparecido una nueva y peligrosa variedad del
mito sobre la «agresión comunista», del que
echó mano el hitlerismo con consecuencias tan
penosas para los pueblos. Hace ya mucho tiempo que el influjo de este mito se deja sentir en
la política exterior de Estados Unidos. Ahora
prevalece, mano a mano con la concepción ds
la gran fuerza del nuevo Leviatán.
El autoengaño consistente en el convencimiento de que los Estados Unidos son bastante fuertes para detener el desarrollo de la historia en
cualquier parte del mundo, se está transformando en política estatal. Existe el grave peligro de
que la política norteamericana, al hacer sus
cálculos, no tenga en cuenta las fuerzas reales
que luchan entre sí en el mundo, y se convierta
en el intérprete de las fuerzas irresponsables
que se guían por el principio de «o el dominio
del mundo o la muerte».
Por supuesto, quienes se engañan a sí mismos considerando que a las transformaciones sociales y al progreso social se les puede cerrar el
paso por la fuerza de las armas, pagarán caro
su error. Los imperialistas norteamericanos están ebrios de poder. Creen que la fuerza puede
.ner el desarrollo objetivo de la historia. Afirman que el poderío económico y militar tiene
pre y en todas las circunstancias un alcan.'.0.

cuando se trata de los pueblos que luchan por su liberación nacional y social en nuestra época, como hacen los pueblos de Vietnam
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cualquier pueblo que combate por transformaciones sociales y por el progreso, debe tenerse
en cuenta que ellos pueden ser más débiles que
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la correlación de fuerzas en favor de la paz y
el socialismo, la existencia del poderoso sistema
socialista mundial y el apoyo y la solidaridad
de todas las fuerzas progresistas permiten a estos pueblos, que obran en concordancia con las
leyes objetivas del desarrollo social, conseguir el
triunfo del imperialismo, que actúa en pugna
con el desarrollo objetivo de la historia. En nuestra época no se puede detener el progreso social, de. la misma manera que no se puede impedir la salida del sol.
La enseñanza que obtuvo Kennedy de la pérdida del monopolio nuclear norteamericano fue
la de que era necesario buscar una política exterior nueva, menos arriesgada. Ahora Johnson
hace tabla rasa de esta enseñanza. En una reciente declaración ha proclamado que «los pueblos del continente americano no pueden, no deben permitir y no permitirán otro gobierno comunista en el hemisferio occidental». En esto
se encierra una velada crítica al finado Presidente Kennedy por su negativa a autorizar la
utilización de la aviación norteamericana durante la invasión de los contrarrevolucionarios
cubanos, apoyada por Estados Unidos en Playa
Girón en abril de 1961. Y cuando pedía al
Congreso que aprobara su propuesta de gastar
700 millones de dólares en la guerra en Vietnam y en la República Dominicana; Johnson
declaró: «Tenemos que hacer todo lo que se
deba hacer sin reparar en riesgos ni en gastos11. Algunos comentaristas dan ahora el nombre de «doctrina Johnson» a esta posición.
La táctica de la escalada, parte integrante de
la «doctrina Johnson», representa en cierto sentido una estratagema política enderezada a evitar una inesperada grave crisis a escala mundial
que pudiese provocar un fortísimo impacto y
Conducir en corto plazo a la creación de un
frente antibélico mundial. Si no se puede «acostumbrar» a la opinión pública mundial a los bombardeos y a los desembarcos de la infantería
de marina norteamericana en territorios extranjeros, se puede intentar disminuir la impresión
de gravedad de los acontecimientos mediante la
aparición del peligro y de sus efectos en «dosis
gradualmente crecientes».
¿Pueden dar todos estos subterfugios políticos y propagandísticos de los imperialistas norteamericanos el efecto que ellos esperan? Incluso
a pesar del apoyo político de los gobiernos germanooccidental, inglés, italiano, de algunos países latinoamericanos y de otros gobiernos, los
EE. UU. se han visto aislados casi por completo
ante los pueblos del mundo e incluso ante algunos de sus aliados. Por ejemplo, el Gobierno
francés, que apoyó a Estados Unidos durante la
crisis del Caribe, en la actualidad impugna la

8

N OB MA X

F E E E D

política norteamericana en Vietnam, exhorta a
las negociaciones, a la neutralización y a la retirada de las tropas norteamericanas de la República Dominicana. Sesenta diputados laboristas
han firmado una petición insistiendo en que el
Gobierno inglés se desolidarice de la política de
los Estados Unidos en Vietnam. El primer ministro canadiense, Lester Pearson, ha invitado al
Gobierno norteamericano a poner fin a los bombardeos de Vietnam del Norte y a iniciar las
negociaciones.
La indignación contra la agresión norteamericana se pone de manifiesto con creciente vigor no sólo en la reacción de la opinión públi
ca mundial, sino también en las protestas y la
crítica de personas cercanas a las esferas dirigentes de Estados Unidos. Según informa la
prensa, el senador Fullbright, presidente de la
comisión senatorial de Asuntos Exteriores, y
otros senadores y congresistas critican los actos del Gobierno y protestan contra ellos. El
conocido comentarista Walter Lippman ha señalado en uno de sus últimos artículos los aspectos débiles de la explicación oficial a propósito
de la negativa a negociar con los patriotas, con
la fuerza que controla las cuatro quintas partes
del territorio de Vietnam del Sur. El destacado
comentarista y diplomático George Kennan propuso en un discurso pronunciado en febrero en
Nueva York que se haga «una revisión total de
nuestra posición respecto a las armas nucleares
y a su papel en nuestra defensa». Llamó también a revisar seriamente el enfoque norteamericano en orden al desarme nuclear.
La prensa occidental publica numerosos artículos e informaciones sobre los debates y conflictos existentes en las altas esferas de Estados
Unidos. Muchos síntomas revelan claramente
vacilaciones y dudas, contradicciones y porfías
entre los círculos dirigentes norteamericanos. Todas estas divergencias y contradicciones pueden
desempeñar un papel bastante importante en determinadas circunstancias para hacer cambiar el
actual curso agresivo. Mas el verdadero cambio
de la situación internacional lo producirá la lucha de los países socialistas, del movimiento
obrero internacional y del movimiento jiacionalliberador, la acción del movimiento coherente y
enérgico por la paz, por el arreglo de los graves problemas mediante negociaciones. A los
imperialistas se les puede parar únicamente mediante la presión masiva de la opinión pública,
de la agrupación de todas las fuerzas antibélicas, incluidos círculos burgueses de Estados Unidos que se pronuncian contra la política aventurera de desencadenamiento de planes de agresión.
En nuestros días adquieren un gran alcance
estas palabras de Lenin: « . . . n o nos es indiferente tener que entendérnoslas con los represen-

K J E i 1) O E S T E B L I X G

tantes del campo burgués que buscan solucionar el problema por la vía militar, o con los
que, en este mismo campo, tienen una orientación pacifista, aunque sea muy vacilante y desde
el punto de vista del comunismo no resista la
menor crítica»1.
Partiendo de esta apreciación de Lenin y del
análisis de la situación contemporánea, la Conferencia de Moscú de 1960 señalaba en su Declaración: «También se pronuncia en favor de
la política de coexistencia pacífica cierta parte
de la burguesía de los países capitalistas desarrollados, que aprecia sensatamente la correlación de las fuerzas y ve las graves consecuencias que podría acarrear en nuestros días una
guerra». Huelga decir que sólo la presión constante de los trabajadores puede poner en movimiento a esa parte de la burguesía.
Hoy día el socialismo se está convirtiendo en
la fuerza determinante del desarrollo histórico.
Emancipación de los pueblos oprimidos y no esclavitud de los mismos: este es el leit motiv de
la historia. En los países capitalistas desarrollados, a pesar de los desesperados esfuerzos del
capitalismo monopolista para impedir el progreso social, están madurando las condiciones para el socialismo. El sistema socialista mundial
y su poderío económico, militar e ideológico
constituyen la principal garantía de paz y de progreso. Las fuerzas de la paz y del progreso tienen posibilidad de mantener la iniciativa histórica y estratégica. Hoy es tal la situación que
en cada momento decisivo hay que tomar la
iniciativa táctica, comprendiendo que, en caso
contrario, esa iniciativa la hará suya el imperialismo norteamericano.
Mas no se puede dejar de ver que ahora una
parte considerable de la opinión pública de las
legiones que quedan fuera de la agresión y de
la intervención sigue fundamentalmente en la
fase de excitación, ira e indignación por los actos
de los agresores, expresadas en exigencias de carácter general. No se puede dejar de ver el estado de espíritu de las capas sociales que subestiman el peligro, bien porque piensan que «ya
se ha ganado la lucha por la paz general», bien
porque no ven cómo sus esfuerzos parciales pueden hacer cambiar el rumbo de los acontecimientos.
En el curso de la crisis actual las fuerzas de
la paz no han conseguido todavía una eficiente
interacción de las medidas políticas, diplomáticas y militares.
En esto se deja sentir también el viejo problema del «secreto de los preparativos bélicos» y
1 Obras Completas, t. XXXIII,
Cartago, Buenos Aires, 1960.

pág.

242. Edit.

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HAY QUE DETENER LA ESCALADA HACIA LA GUERRA MUNDIAL

la «disciplina de la máquina militar imperialista». Al surgir el sistema socialista mundial y
crearse organizaciones de masas de lucha por la
paz. apareció la posibilidad de superar en cierto
grado este obstáculo histórico y, en una serie
de casos, suprimir la guerra ya en germen. Sin
embargo, la cortina del misterio que oculta las
decisiones de los imperialistas en la esfera de la
política militar, la enorme centralización del poder y la mecanización y automatización parcial
de la máquina de guerra imperialista, junto con
el gigantesco efecto destructor de las armas nucleares, han hecho que la «disciplina de la máquina de guerra imperialista» sea aún más terrible y que la necesidad de desarrollar constantes acciones por la paz y por el cese de la agresión adquiera más urgencia.
Por ejemplo, parece que el desarrollo de la
política agresiva del imperialismo norteamericano no exige hoy la total militarización de la vida interior del país, por lo menos en sus «formas clásicas». La «guerra nuclear provocada por
un hecho fortuito» no sólo se convierte en una
posibilidad práctica, sino también en un camuflaje político para intensificar conscientemente
el esfuerzo orientado a desencadenar un conflicto mundial.
Diríase que en bastantes países parece muy
difícil pasar de corrientes manifestaciones de
simpatía a actos más dilectos de apoyo, a acciones que puedan provocar cambios en la política
agresiva o, por lo menos, limitar en gran medida los actos de agresión. Es necesario superar
estas deficiencias.
Lo que significa en estas condiciones la unidad de acción en el movimiento comunista mundial lo muestra el propio desarrollo de los acontecimientos. Es evidente que los imperialistas
norteamericanos no se habrían atrevido a lanzarse a una aventura como la de extender la
agresión en Vietnam si en el movimiento comunista no existieran divergencias tan agudas. En
la situación actual hay que evitar los ataques
recíprocos entre los partidos hermanos para mantener la unidad frente al imperialismo, que es
el enemigo común. A nuestro juicio, ha llegado
el momento de emprender nuevos pasos para
unir a cuantos sea posible agrupar en torno a
un programa concreto de acción contra la agresión imperialista. La diferencia de criterio sobre uno u otro problema no debe servir de obstáculo a la acción conjunta en cuestiones vitales para todos.
A los bombardeos y a la intervención armada
de los imperialistas no se les puede poner fin tan
sólo con protestas. En todo caso eso no basta
en las condiciones actuales. Una demostración
"aprensión de la situación existente son las

diversas medidas adoptadas por los países socialistas. Únicamente se podrá parar la agresión imperialista si se combinan todos los medios políticos y militares necesarios, por la acción de
las masas y por la iniciativa estatal. Desde todos
los ángulos hay que sopesar el peligro muy real,
muy grande, que representan para todo el mundo las «guerras localizadas y las intervenciones
armadas locales». Si los imperialistas empiezan
«guerras localizadas» y hacen que se transformen en~ un conflicto mundial, es indudable que
serán destrozados. Pero con ellos perecerá una
gran parte de la humanidad.
Creemos que la «clave» de la actual situación
estriba en el desarrollo y la coordinación de todos los medios de acción correspondientes junto
al reforzamiento del estado de opinión mundial
contra la agresión imperialista.
El desarrollo de la lucha para imponer cambios en la política de los gobiernos que apoyan
la actual línea agresiva de Estados Unidos o
que no se desolidarizan de ella requiere que
las acciones de las masas y la acción al nivel
estatal se complementen y refuercen mutuamente. La crítica situación actual exige imperiosamente desarrollar formas más efectivas y concretas de solidaridad con el movimiento liberador. Esto es preciso tanto para robustecer la unidad y coordinar la acción como para elevar el
nivel de comprensión de la conexión entre la
lucha emancipadora y la lucha general por la
paz y el progreso.
El éxito lo determina la combinación de las
acciones de masas con la elaboración de un sistema de seguridad mundial, de planes de creación de zonas desatomizadas y de zonas de armamento restringido, y de congelación de las
armas existentes en algunas zonas, de planes de
neutralidad, de desenganche de las fuerzas armadas, de evacuación de las tropas y de desmantelamiento de las bases militares extranjeras,
de medidas para el desarme y el desarrollo de
los lazos económicos y culturales. Mas lo decisivo será ante todo el combate mundial contra
la agresión imperialista, donde se manifiesta con
mayor cinismo: en el Sudeste de Asia y en América Latina. El deber de los demócratas es explicar y señalar mediante la acción política que
la paz en Toronto o en Copenhague depende en
grado considerable de la paz en Saigón, que la
seguridad del mundo depende de la capacidad
para conseguir la expulsión de los países de América Latina de los venales «gorilas» y de los dictadores peleles al servicio de los imperialistas
norteamericanos.
La Conferencia de los partidos comunistas de
los países capitalistas de Europa ha subrayado el
inmenso papel que desempeña en la política
mundial contemporánea el problema de la seguridad europea. En el comunicado adoptado en

10

X O K M A N

F B E E D

la Conferencia se dice: «A la política de guerra
fría, a la división del continente europeo y a la
intervención norteamericana a través de la OTAN
se les puede oponer una alternativa conforme
a los intereses de todos los pueblos de Europa
y a los de la paz mundial: la seguridad colectiva europea. Se trata de establecer nuevas relaciones entre los pueblos de toda Europa sobre
la base de los principios de la coexistencia pacífica, dentro del respeto a los sistemas sociales
y a los intereses nacionales».
A juicio de los participantes en la Conferencia, es hora ya, veinte años después del fin de
la guerra, de conjurar el peligro de conflicto
mediante la normalización de la situación. Alemania debe ser desnuclearizada. La República
Democrática Alemana debe ser reconocida. Hay
que proclamar la intangibilidad de las fronteras actuales en Europa. Debe establecerse un
estatuto de ciudad libre y desmilitarizada para
Berlín Occidental. Es necesario firmar un tratado de de paz con los dos Estados alemanes.
Todo esto contribuirá a fortalecer la paz y evitar un conflicto bélico, a intensificar la lucha
contra el militarismo germanooccklental, ligado
indisolublemente con los agresores norteamericanos.
Es preciso continuar la discusión y el debate
para superar las concepciones erróneas según
las cuales no es posible mantener la coexistencia pacífica o, por el contrario, ésta se alcanza
automáticamente por el mero hecho de existir
las armas nucleares. La coexistencia pacífica, si
se la interpreta con justeza, estriba en un despliegue incesante de iniciativas que llevan al desmoronamiento de las posiciones del «partido de
la guerra» y aceleran la maduración de la con-

K J E L D

O E S T E B L I N G

ciencia de los hombres no sólo en la lucha por
la paz general, sino también por la supresión del
imperialismo como sistema social.
No es el peligro de guerra y de exterminio
nuclear por sí mismo lo que genera una acción
movilizadora y aglutinante, sino este peligro junto a la comprensión de la posibilidad de impedir
la guerra atómica.
Los intereses de la paz y de la seguridad de
los pueblos exigen acciones intensas, la cohesión
y la manifestación de iniciativa en el mundo entero, la aplicación de esta línea en el curso de
múltiples acciones a todos los niveles, de una
línea que abarque todas las tendencias y corrientes y conduzca a la formación del movimiento
democrático diversificado de nuestra época.
Creemos que debe ser un movimiento muy amplio, verdaderamente eficaz.
¡Alto a la agresión! ¡Pongamos fin a las
«guerras localizadas»!
La paz, la libertad y la autodeterminación de
los pueblos son inseparables. Las demandas presentadas por los defensores de la paz deben
adoptar una forma realista y concreta. ¡Cese inmediato de la agresión en Vietnam! ¡Paz a
Vietnam! ¡Democracia y autodeterminación para la República Dominicana! ¡Ninguna nueva
preparación política o militar para agredir a
Cuba! ¡Ninguna fuerza nuclear multilateral!
¡Por un nuevo sistema de seguridad en Europa!
¡Basta de provocaciones en torno a Berlín!
Veinte años nos separan de la última guerra
mundial. La siguiente guerra estará bastante cerca de nosotros si no actuamos como podemos y
debemos. Y hemos de hacerlo antes de que sea
tarde, mientras queda tiempo para ello. ¡Inmediatamente, a la acción!

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L VIII Congreso del Partido Socialista
Obrero Húngaro, celebrado a finales de
1962, marcó las tareas que tiene planteadas nuestro Partido en el terreno ideológico una
vez establecidas las bases del socialismo.
Ahora ha surgido la necesidad de resumir los
logros y los defectos habidos en este terreno durante el período transcurrido desde la celebración del Congreso y de trazar las ulteriores metas. Tal es justamente el fin que se proponen
las Directivas del Comité Central del PSOH, dadas a la publicidad en abril de este año.

E

Las Directivas no abordan todos los
problemas teóricos e ideológicos, sino sólo aquellos que atañen a las
amplias masas populares y que tienen una mayor significación política inmediata.
Como resultado de la construcción de las bases del socialismo la estructura económica y de
clase de nuestra sociedad ha experimentado un
gran cambio. Estas nuevas condiciones han promovido un cúmulo de cuestiones que esperan
respuesta. Cada vez es más evidente que en varios terrenos es necesario dar un paso hacia adelante, someter a un análisis crítico los anteriores métodos prácticos de trabajo y perfeccionarlos en todas las esferas de la vida social, económica e ideológica.
Uno de los principales objetivos de las DirecJel Comité Central del PSOH es el de
desarrollar y estimular el trabajo creador. En las
Directivas se plantean una serie de cuestiones
: ~ueltas definitivamente. En orden a estas
cuestiones las Directivas no pretenden formular
;terio terminante, con lo que se brinda la
idad de proseguir las investigaciones en
torso a los importantes problemas teóricos

I

actuales. El Comité Central es el iniciador de
las discusiones. Es el que las estimula y asegura
que se desenvuelvan en un ambiente de libertad,
que broten a raudales las inquietudes intelectuales, ayudando de este modo a encontrar solución a los problemas de la época.
En los últimos años se han producido muchos cambios también en la situación internacional. Con ellos guardan una mínima relación
los procesos ideológicos y la formación de la
conciencia socialista en nuestro país. En las Directivas no se tratan detalladamente los problemas de la coexistencia pacífica, de la lucha por
la paz y de la colaboración socialista internacional porque sobre estas cuestiones el PSOH ha
expresado su punto de vista en diversos momentos. Hemos reiterado más de una vez nuestro acuerdo con el XX Congreso del PCUS y
con los documentos de las Conferencias de Moscú de 1957 y 1960. Por consiguiente, sobre estas cuestiones tampoco se precisaba elaborar
nuevas posiciones.
Desde la derrota de la contrarrevolución el
Partido viene aplicando consecuentemente el
principio de la lucha en dos frentes: contra el
revisionismo y el dogmatismo. En las Directivas del CC se subraya con fuerza la actualidad
de la lucha contra estas dos tendencias erróneas
y se formula el criterio de que en los diversos
terrenos el peligro principal lo puede constituir
tanto una como otra tendencia.
En nuestra vida de Partido aún se dejan sentir a menudo la mentalidad esquemática y la
intolerancia sectaria. Los dogmas continúan entorpeciendo el libre trabajo creador, el auténtico
análisis de la realidad, el examen, desde las posiciones marxistas, de los nuevos fenómenos, que
afloran lógicamente en el transcurso del des-

I S T V A N

12

arrollo económico y social. La lucha constante
contra el dogmatismo es la premisa para seguir
avanzando.
Las Directivas llaman la atención al respecto
de que en el último tiempo se observa en nuestra vida ideológica y cultural cierta reanimación
de las tendencias oportunistas de derecha, revisionistas, burguesas y pequeñoburguesas. Las
ideas oportunistas de derecha se manifiestan con
diverso ropaje. La lucha ideológica contra tales
concepciones no es siempre satisfactoria. Muchas ideas falsas quedan sin réplica y no son
criticadas.
La necesidad de intensificar la lucha en defensa del marxismo se deriva de nuestra situación interna y de la táctica de «división» que
en los últimos años siguen los imperialistas. La
táctica de «división» alienta y estimula tendencias antisocialistas que, aunque no numerosas,
es innegable que todavía perduran y a las cuales hay que prestar atención. Por tanto, los marxistas deben afrontarlas con mayor seriedad que
antes.
En las Directivas se subraya que el Partido
sólo puede defender con eficacia el marxismo y
ser su portavoz combativo si esto lo hace en indisoluble vinculación con una creadora investigación de nuestra realidad social, si plantea los
nuevos problemas y si es el iniciador de su solución. De aquí que el hilo conductor de las
Directivas sea la idea de que es preciso realizar un trabajo teórico creador.
En la situación política actual de
Hungría influyen, en primer lugar, los
problemas que van surgiendo en la
vida económica y social Por eso en las Directivas ocupa un gran lugar el análisis de estas cuestiones. El VIII Congreso del Partido señaló que
en nuestro país la economía y la ideología son
las dos esferas fundamentales de la lucha de
clases. Al subrayar esta tesis, el VIII Congreso
caracterizó la peculiar situación y las nuevas tareas relacionadas con la construcción de las bases del socialismo, con nuestro avance realizado
desde el aplastamiento de la contrarrevolución.
En nuestro país ya no hay clases antagónicas.
A todas las clases y capas de la sociedad les es
propio un rasgo común: políticamente todas
ellas aprueban las tareas del socialismo y reconocen la función dirigente del Partido. Sin embargo, en el trabajo práctico y económico y en
las concepciones de ciertas capas aún están muy
lejos de predominar en toda su plenitud las ideas
del socialismo, los principios del marxismo-lemnismo.
En las presentes condiciones adquiere un gran
significado el problema de las relaciones concretas entre la economía y la ideología. Como
señalan las Directivas, se trata de que en la actividad cotidiana de muchas organizaciones del

n

S Z I B M A I

Partido la intima concatenación entre estos dos
factores es débil. Las organizaciones de nuestro
Partido han comprendido el significado de las
más complejas formas del trabajo económico
propias de la nueva situación, han comprendido
que la solución de las tareas económicas tiene
que estar en el centro de la labor del Partido.
Pero en muchos casos el trabajo ideológico queda relegado a segundo término o se descuida.
Las Directivas señalan ciertos momentos importantes que evidencian la indisoluble vinculación entre la economía y la ideología. En la
actualidad, nuestra economía nacional tiene delante una serie de tareas esenciales: es necesario
mejorar la dirección económica, perfeccionar el
sistema de precios y de incentivos, los métodos
de planificación y dirección; es preciso realizar
un minucioso examen de la experiencia que hemos adquirido y analizarla teóricamente. Sin embargo, no debemos olvidar en ningún momento
que la economía no es un fin en sí. Si los problemas económicos están en el centro de la atención es para lograr objetivos sociales más amplios, para alcanzar el bienestar social, para servir al hombre de la sociedad socialista.
El mejoramiento de las condiciones de vida
—tarea permanente del Partido y del Estado socialista— influye positivamente en la conciencia
de los hombres. Rechazamos el criterio que ve
en la aspiración al bienestar popular en los países socialistas una lacra capitalista, puro «filisteísmo pequeñoburgués» reñido con la mora!.
Al mismo tiempo, sabemos que. de por sí, el
mejoramiento de las condiciones de vida no conduce automáticamente al robustecimiento de la
conciencia, de la mentalidad y de la moral socialistas. De aquí la necesidad de que nuestra
labor económica se entrelace estrechamente con
la actividad ideológica. La elevación del nivel
de vida, el trabajo ideológico y la labor ideológico-educativa únicamente pueden conducir al
éxito si se realizan de manera simultánea y armónica.
Las Directivas enfocan el problema de la unidad entre la economía y la ideología partiendo
sobre todo de la función social del trabajo. Exhortan a aplicar más consecuentemente el principio de la distribución según el trabajo realizado. Junto con el mejoramiento del sistema de
estímulos materiales debemos preocuparnos también del desarrollo de los estímulos ideológicos
y morales. Aspiramos no sólo a que el sistema
de incentivos materiales armonice [en la medida
de lo posible] los intereses sociales y personales, sino también a que el trabajo socialista goce
del debido reconocimiento moral. Apelamos además a la conciencia, al entusiasmo y a la moral
socialista de nuestro pueblo laborioso, ya que
no puede subestimarse en modo alguno la fuerza movilizadora de estos factores.

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TRABAJO

IDEOLÓGICO

A este respecto, las Directivas dedican una
gran atención a los problemas de la disciplina
de trabajo. La inmensa mayoría de los trabajadores húngaros, conscientes del significado de
las transformaciones históricas habidas en nuestra sociedad, trabajan de una forma nueva y
cumplen con honor sus tareas. En este orden son
muy significativas las brigadas de trabajo socialista. Pero, a la vez, frecuentemente la disciplina
de trabajo es todavía insatisfactoria.
Analizando las causas de este fenómeno, las
Directivas señalan que la disciplina socialista de
trabajo no puede asentarse en la inseguridad de
los hombres en el mañana, con lo que el capitalismo consigue una disciplina más firme, pero
coercitiva. Esto no correspondería ni a las leyes
naturales internas del socialismo, ni a los principios del humanismo socialista. Por consiguiente, de la vida de nuestra sociedad han desaparecido los medios de coerción capitalista. Ahora bien, continúan existiendo tendencias individualistas, egoístas y ciertos elementos de la vieja
actitud hacia el trabajo.
Nuestra experiencia demuestra que las condiciones favorables del socialismo [la propiedad
social sobre los medios de producción y la finalidad de la producción socialista, que consiste
en una mejor satisfacción de las necesidades] no
pueden asegurar por sí solas una disciplina socialista de trabajo. Por eso la conciencia socialista y el estímulo moral tienen que conjugarse con el interés material, el incentivo material y la aplicación de medidas legítimas que aseguren las condiciones para una actitud correcta
hacia el trabajo. Sería dar paso en falso hacer
renacer la llamada política de «mano dura», cuyos partidarios procuran solucionar todos los
problemas con medidas administrativas. No meerróneo sería que el Partido tolerase el
inzamiento de tendencias liberales, que permiten la relajación y las violaciones de la disciplina laboral y crean una situación de condes-iencia y de beneficio material para los trabajadores negligentes e irresponsables. Nuestro
Partido se propone actuar con mayor energía
a estas tendencias.

m

Después del aplastamiento de la contrarrevolución, nuestro Partido consideró que su tarea principal estriD corregir los errores del período anteior y en desarrollar la democracia socialista, y
ha asegurado el ejercicio real de las libertades
socráticas. Las Directivas hacen constar que
hay que ampliar la democracia socialista en to•errenos.
Las Directivas se pronuncian resueltamente
«ra las concepciones que identifican el des3 de la democracia socialista con una especie de <liberalización».

Y

LA

POLÍTICA

DEL

PAKTIDO

13

La democracia es la forma política del régimen estatal. En la época del tránsito del capitalismo al socialismo la democracia socialista es
la dictadura del proletariado, que expresa los
intereses del pueblo, de las vastas masas trabajadoras en contraposición a los intereses de un
pequeño número de elementos hostiles y antisociales todavía no desaparecidos. La democracia
socialista está llamada a expresar las demandas
de los trabajadores honestos, que componen la
inmensa mayoría de la población del país, mientras que el liberalismo, por el contrario, hace
concesiones precisamente a una ínfima minoría,
a las fuerzas no socialistas. Por consiguiente, la
ampliación y el perfeccionamiento de la democracia socialista implican a la vez una lucha contra el liberalismo, que no representa una democracia superior, sino la tendencia opuesta a la
misma.
Las Directivas ponen fundamentalmente el
acento en mostrar lo que hoy entorpece o, por
el contrario, puede contribuir a una aplicación
más eficaz de la democracia socialista. Desde
este punto de vista hay que destacar tres grandes grupos de problemas:
a] £/ trabajo de las instituciones que aplican
ios derechos democráticos Algunas de ellas
—el Parlamento, los Consejos Populares, etc.—
requieren en muchos aspectos un mayor perfeccionamiento. Es preciso determinar con más
exactitud que antes el lugar de estas instituciones, ensanchar su papel, la esfera de su actividad y, a este respecto, elaborar los principios
(fundamentales de su funcionamiento. Es necesario también analizar las posibilidades para
mejorar nuestro sistema electoral. La teoría del
desarrollo socialista del Estado y de la sociedad
aún está lejos de formar un cuerpo acabado.
Nuestra tarea urgente consiste en asegurar
las condiciones para un mejor aprovechamiento
de las formas actuales mediante la aplicación
de la tesis básica según la cual lo fundamental
en la esfera del desarrollo de la democracia es
el aumento de la actividad de las masas, una
mayor intensidad y eficacia de su acción.
¡ b] La concordancia de los distintos intereses
sobre la base de los principios socialistas. Merced al principio del centralismo democrático,
sobre la base de la prioridad de los intereses
comunes fundamentales, se pueden concordar
los intereses generales y locales, los intereses
sociales y personales, así como también los intereses de las diversas clases y capas. Claro está, entre los intereses locales y los de la sociedad en su conjunto pueden existir y surgir
contradicciones. Por tanto, su armonización es
una tarea permanente, compleja y multifacética. En el transcurso de la solución de esta
tarea hay que librar una lucha contra dos extremismos: de un lado, contra el centralismo

14

I S T V A N

exorbitado y, de otro, contra la subestimación
del centralismo. El primero se expresa en el
Olvido de los intereses locales, en el afán de
'reducir demasiado la autonomía local; el se'gundo se manifiesta en que los intereses locales se satisfacen en detrimento de los sociales.
Contra estas dos tendencias hay que actuar
siempre de manera concreta, cuando una u
otra aparezca en cualquier terreno.
El Partido es el representante consecuente de
los intereses auténticos del pueblo; por consiguiente, el requerimiento fundamental de la democracia socialista es que el Partido ejerza de
manera constante su función rectora.
c] Una de las facetas más importantes del
ensanchamiento de la democracia estriba en incorporar a las amplias masas a la dirección de
la sociedad. Es preciso elevar en todos los terrenos la actividad y la iniciativa de los trabajadores. En nuestras condiciones, la democracia no
se limita a las instituciones políticas. Su papel
crece continuamente en la vida económica y social. En todos estos terrenos, la premisa de la
democracia es la política del Partido y del Estado, que determina los objetivos en correspondencia con los intereses de las masas: pero al
mismo tiempo, en el proceso de elaboración de
los objetivos, en el proceso de su realización y
del control de la misma deben participar al máximo las amplias masas populares. Para esto es
preciso, sobre todo, informar debidamente a las
masas. Las masas pueden intervenir realmente
en los asuntos públicos sólo cuando disponen
de una información detallada y exacta. La información directa y sincera sobre todas las
cuestiones de política interior y exterior y la exposición franca de las dificultades constituyen
la premisa de la confianza entre el Partido y el
pueblo, la premisa de la democracia.
Cambian las condiciones de la construcción del socialismo y la situación económico-social y consiguientemente cambian las exigencias con respecto a
la dirección del país. En parte como resultado
de estos procesos se ha desarrollado en los últimos años —y actualmente continúa desarrollándose— la discusión acerca del papel dirigente de la clase obrera.
Hay quien desde el punto de vista «objetivo»,
«profesional», pone en duda el papel rector de
la clase obrera en lo social, lo político y lo
ideológico pretextando la revolución científicotécnica y la complicación de la labor de dirección a consecuencia de la misma. Otros juzgan
acerca del papel rector de la clase obrera por
el número de obreros que ejercen cargos de dilección. También se tropieza con gentes que
afirman que con el robustecimiento de la unidad nacional y a medida que se aproximan las

S Z I E M A I

clases entre sí va siendo innecesaria la función
rectora de la clase obrera. Y, por último, los
críticos sectario-dogmáticos acusan al Partido de
que en los últimos años «ha renunciado al papel dirigente de la clase obrera».
En contraposición a todas estas falsas concepciones, en las Directivas se subraya: lo importante en cuanto a la función rectora de la
clase obrera consiste en saber si la política de
la clase obrera se aplica bien o mal, cuáles son
sus éxitos y cuáles sus defectos. Desde este punto de vista podemos consignar que, tanto en
comparación con la situación existente hace
veinte años, como en comparación con el período del culto a la personalidad, el papel dirigente de la clase obrera ha crecido y se aplica ahora cada vez más consecuentemente. La confirmación principal de esto estriba en el robustecimiento de la alianza obrera y campesina; una
vez construidas las bases del socialismo, se ha
consolidado todavía más la confianza del pueblo en la política del Partido, política que se
asienta en el marxismo-leninismo. Actualmente,
todo nuestro pueblo aprueba y apoya los objetivos fundamentales de la construcción socialista.
El aseguramiento de la función rectora de la
clase obrera en toda la etapa de la edificación
del socialismo constituye una importante tarea,
que no puede ser menospreciada. Pero al mismo tiempo este principio, justo en todas las
etapas del desarrollo de nuestra sociedad, se
manifiesta de manera distinta en dependencia
de las circunstancias.
En nuestro país, la clase obrera ha crecido en
todos los aspectos a lo largo de los últimos
veinte años. Esto se expresa no ya sólo en que
se ha duplicado numéricamente en comparación
con el período de preguerra, sino ante todo en
que la clase obrera es ahora más culta y consciente y en que en el transcurso de la construcción del socialismo ha adquirido una experiencia polifacética. Todo lo cual ha venido evidentemente a afianzar su puesto y su papel en la
sociedad.
En nuestros días se requieren mayores conocimientos, más instrucción.
El crecimiento y la consolidación del papel
dirigente de la clase obrera lo prueba también
el hecho de que de sus filas sale un número cada vez mayor de intelectuales socialistas. Cometeríamos un craso error si no tomáramos en
consideración esta circunstancia y mantuviéramos la opinión de que al hablar del papel dirigente de la clase obrera se trata únicamente de
los trabajadores manuales, o si considerásemos
que un obrero promovido a un cargo dirigente
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se, a pesar de que aún haya un ínfimo número
de dirigentes desligados de ella. También sería
incorrecto creer que la función dirigente de la
clase obrera la realizan exclusivamente los cuadros de extracción obrera. La función dirigente
de la clase obrera la ejerce todo ciudadano,
cualquiera sea su procedencia, que acepte la
política del partido marxista-leninista y luche
por aplicarla. El Partido seguirá tendiendo a
que los mejores representantes de la clase obrera sean promovidos a puestos importantes.
En la estructura de clase de nuestro país se
han producido grandes cambios. La clase de los
capitalistas ha sido liquidada. El campesinado
ha abrazado la vía socialista. Se ha transformado la intelectualidad, que en su mayoría es ya
de extracción obrera y campesina. De aquí que
la clase obrera deba utilizar en su política de
alianzas métodos distintos a los que empleaba
en el período de la lucha por el Poder. En este sentido hay que tener en cuenta que junto a
una identidad en lo esencial, junto a una identidad de objetivos comunes, los intereses de las
diversas clases en -muchos aspectos son diferentes. La clase obrera, con su política, debe defender consecuentemente los intereses del socialismo, que en su conjunto corresponden a los intereses de todos los trabajadores.
Ahora, en el proceso de crecimiento del papel dirigente de la clase obrera, además del
constante mejoramiento de la dirección política
de la sociedad se plantea en primer término la
difusión de la ideología y de la concepción del
mundo de la clase obrera.
El desarrollo de la conciencia socialista transcurre en lucha contra las
corrientes ideológicas extrañas. En
nuestras actuales condiciones, la herencia ideológica del capitalismo sobrevive principalmente
en forma de influjo de la ideología pequeñoburguesa, que tiene profundas raíces y contamina a buen número de gentes.
Una de las manifestaciones de la conciencia
pequeñoburguesa es el apoliticismo y la indiferencia por los asuntos sociales. Los prosélitos
.5 concepciones aceptan pasivamente nues3 nuevo régimen económico y político, pero
al mismo tiempo siguen teniendo sus reservas
respecto a elementos naturales del proceso retocionario: dictadura del proletariado, papel
¿vigente de la clase obrera y de su Partido,
colectivización de la agricultura, etc. Procuran
introducir en el socialismo su modo de vida y
mt concepciones pequeñoburguesas.
Todavía
:.-._:-- y a veces vuelven a reavivarse, hábitos pequeñoburgueses que se traducen en un
«paramiento de los asuntos públicos, de todo
- . - _ - . . - . : el marco de los estrechos intereses
Muchos pretenden explicar su indi-

15

vidualismo por el deseo de mantener su «pureza moral» en el torbellino de la política.
La premisa del éxito en la lucha contra el
individualismo y el parasitismo estriba en perfeccionar las relaciones socialistas, en democratizar más y más la vida social, merced a lo
cual la propia opinión pública socialista condena el individualismo y el egoísmo por atentar
contra los intereses de la colectividad.
En la vida de nuestra sociedad se manifiestan dos- actitudes afines en contraposición al
optimismo dimanante de nuestra concepción del
mundo: la decepción y el pesimismo. Los desengañados han perdido todas sus ilusiones, han
renunciado a sus sueños y anhelos y en cierto
modo han perdido la fe en el socialismo y en
la revolución. El pesimismo es propio de gentes de ánimo encogido, vacilantes y sin perspectivas, de gentes sin nervio. En los regímenes
explotadores es relativamente fácil encontrar la
causa de estos fenómenos. En fin de cuentas
proviene del influjo de las relaciones de propiedad privada, que aislan y dividen a los hombres, creando en ellos un sentimiento de soledad. Sólo existe una clase capaz de superar el
pesimismo frente a la vida y de mostrar la salida a toda la humanidad: el proletariado.
La sociedad socialista no puede adoptar una
postura de indiferencia ante el pesimismo, que
obstaculiza el desarrollo de la actividad creadora del hombre y, en fin de cuentas, entorpece
la construcción del socialismo. En esencia, ese
estado de espíritu crea el ambiente propicio para las corrientes ideológicas y políticas hostiles,
y en nuestras condiciones [si es que no se trata
de casos aislados] toma un neto cariz político.
No es casual que la táctica imperialista de la
«división» atribuya una gran importancia a la
difusión del pesimismo por todos los medios
posibles en los países socialistas.
En nuestro país se han extendido en estos últimos años el pesimismo y la desilusión incluso
a sectores para los que el socialismo ha significado auge y progreso, sobre todo entre ciertos
grupos de la juventud estudiantil y una parte
de la intelectualidad. El influjo de esos fenómenos es superior a la cuantía numérica de los
núcleos afectados. Esto nos impone el deber de
descubrir las causas de tales tendencias pesimistas y luchar contra ellas.
Antes el Partido hablaba menos de las dificultades y de los errores. Ahora hemos sacado
a la luz todo lo que nos inquieta. Parte de nuestros conciudadanos no están en condiciones de
seguir de cerca el desarrollo de la política actual,
no pueden comprenderla, y esa es la razón de
que en algunas gentes haya prendido la idea,
deliberadamente difundida por los enemigos, de
que la construcción del socialismo se ha estancado.

16

I S T V A N

A veces, en nuestra propaganda hemos prometido un camino más fácil y rectilíneo, una
rápida culminación de los objetivos. En lo sucesivo nuestra propaganda debe continuar basándose en el optimismo revolucionario de los
comunistas, pero debemos hablar más de que la
construcción del socialismo no es asunto fácil
ni una tarea demasiado rápida de cumplir. Pertenecemos a los pioneros y tenemos que solventar toda una serie de problemas nuevos. Para edificar el socialismo y el comunismo no se
precisan siglos, pero sí decenios. Hemos acometido una tarea ardua: la construcción de un
régimen social y económico completamente nuevo. La magnitud y las dificultades de esta tarea
pueden asustar y decepcionar únicamente a los
faltos de fe. Pero a los revolucionarios les alientan y les impulsan a la acción.
\mf
«^ I

En nuestro país, la ideología hostil
v peligrosa para el desarrollo del socialismo que más influjo masivo tiene es el nacionalismo. En virtud de las transformaciones socialistas han desaparecido de hecho los fundamentos de clase del nacionalismo. Hemos liquidado a la burguesía como
clase. La mayor paríe de la pequeña burguesía
ha abrazado la vía socialista. Pero todavía está
muy lejos de desaparecer la influencia de la
ideología nacionalista. De tiempo en tiempo se
aviva y vuelve a aparecer en diversas formas.
El nacionalismo es una concepción burguesa
y pequeñoburguesa, aun en el caso de que esté
representado por una clase no burguesa y aunque en mayor o menor grado tenga también su
expresión en un país socialista. En el pasado el
nacionalismo fue una de las corrientes ideológicas principales en el curso de la formación de
los Estados nacionales y del establecimiento de
la dictadura de la burguesía. Por tanto, el nacionalismo no es reaccionario en todas las circunstancias. Hasta la fecha desempeña un papel progresivo en los movimientos que coadyuvan al progreso social, por ejemplo en la lucha
por la emancipación de los pueblos coloniales,
por su independencia y soberanía nacionales.
Actualmente, en la segunda mitad del siglo
XX, la premisa primordial del progreso de la
humanidad consiste en la existencia del mundo
socialista, en el robustecimiento de su unidad y
pujanza. Por nacionalismo —contra el que nosotros luchamos— entendemos no el patriotismo,
sino el engreimiento nacional y el menosprecio
a otros pueblos, el egoísmo que perjudica a
otras naciones libres, la corriente ideológica que
se opone a la cohesión de las fuerzas internacionales del socialismo. En las condiciones del
socialismo el nacionalismo ejerce un influjo
opuesto al robustecimiento de la unidad de las

S Z I R M A I

fuerzas del socialismo y, por consiguiente, es
una concepción hostil, un arma ideológica de
la burguesía, del mundo capitalista. No es casual que el nacionalismo desempeña el papel de
instrumento político de los imperialistas en su
táctica de «división».
Una política basada en el aislamiento nacional, en la intolerancia nacional y en el egoísmo
no puede existir por mucho tiempo en los países
socialistas. El lógico desarrollo de la sociedad
socialista y las ineluctables tendencias de la historia excluyen la posibilidad de que los países
socialistas puedan durante largo tiempo aplicar
esa política sin que con ello se perjudique a su
propio pueblo y sin que se debilite su régimen
socialista.
El PSOH se ha pronunciado siempre contra
todas las manifestaciones de nacionalismo. Nosotros oponemos a esta ideología el patriotismo
socialista.
Las fuentes del patriotismo socialista son, ante todo, las conquistas socialistas de nuestro pueblo, sus logros creadores revolucionarios y la
toma de conciencia del significado nacional e
internacional que tienen. El patriotismo socialista hace que nuestro trabajo [merced a los
avances políticos, económicos y culturales] aproxime a los trabajadores húngaros a las cumbres
del comunismo y multiplique las fuerzas internacionales del socialismo, de la paz y del progreso. Por eso este patriotismo se funde en un
todo con el internacionalismo, con la convicción de que todos los éxitos de la clase obrera
mundial robustecen asimismo nuestras fuerzas,
de que el futuro del socialismo en nuestro país
es inseparable del desarrollo de los países socialistas y de la lucha mundial por el socialismo y
la democracia.
Para el proletariado internacional y los trabajadores de todo el mundo el sistema socialista
mundial constituye la encarnación de sus objetivos revolucionarios. De ahí que ellos defiendan a este sistema, que les ayuda en su lucha
emancipadora contra el imperialismo, el colonialismo y el poder del capital. Ahora el criterio
fundamental del internacionalismo proletario es
la actitud hacia todo el sistema socialista mundial. En este orden, la actitud hacia la Unión
Soviética sigue siendo ía cuestión fundamental.
En nuestro pueblo, que en 1919 fue el primero
en seguir el ejemplo de la Revolución Socialista
de Rusia, han arraigado hondamente los sentimientos fraternales hacia la URSS. Lo progresivo es incompatible con la hostilidad hacia la
Unión Soviética, hacia la gran potencia que está
construyendo el comunismo, que marcha a la
vanguardia del progreso y es el baluarte principal de la paz. La experiencia de la Unión Soviética tiene un gran valor para los pueblos aue
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Para la formación del patriotismo socialista
podemos apoyarnos con toda seguridad en los
profundos sentimientos nacionales de las masas
populares, en su amor a la patria; estos sentimientos emanan de las tradiciones democráticas
y revolucionarias de la lucha histórica y de la
cultura del pueblo. El nihilismo nacional es extraño a los comunistas, es extraño al marxismo:aismo. Los comunistas somos patriotas. Amamos a nuestra patria, somos fieles a nuestro
pueblo, hemos sido siempre y seguimos siendo
combatientes de vanguardia por la independencia
nacional. En los comunistas está profundamente
aigado el sentimiento de legítimo orgullo na-al. pero en todo momento saben marcar la
diferencia entre patriotismo y nacionalismo.
Los pueblos de ios países socialistas, en el
marco de sus Estados soberanos, marchan por
un mismo camino hacia el comunismo El sistema socialista mundial es una comunidad de
Estados socialistas independientes e iguales en
,-chos. A su vez, estos Estados han recorrido
un camino histórico diferente, se encuentran en
ntos niveles de desarrollo social, económico
.¡ral, no tienen la misma experiencia revolucionaria. Y todo esto, como es natural, da oria determinadas contradicciones. Por tanto,
•i establecimiento y desarrollo de relaciones de
•po entre los Estados socialistas no está
de dificultades y de problemas. Sin emguiándonos por las ideas comunes del
marxismo-leninismo, que tienen un valor univerpor los intereses y los objetivos comunes
podremos superar con éxito las dificultades temy las contradicciones parciales.
La independencia nacional, conquistada y defendida frente al imperialismo con esfuerzos
conjuntos, está en la base de la colaboración internacional de los países socialistas, que se realiza a un alto nivel. Otra premisa fundamental
de la soberanía de los Estados socialistas reside
cohesión y unidad. La independencia y
soberanía, la unidad internacional y la colaboración entre estos países son inseparables.
países socialistas han recibido del capitalismo una pesada herencia ideológica: la des.1 entre las naciones y los prejuicios na;-aie>. En los países socialistas el nacionalisra a contradicciones existentes y a ses preconcebidas y sentimientos pro••damente arraigados, que con frecuencia son
aróados de manera premeditada. Los trabajaORS de los países socialistas se han liberado
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y la de los capitalistas, los cuales,
pota, defender sus intereses egoístas de clase y
para \elar la conciencia de clase de los trabav obstaculizar su cohesión internacional,

PARTIDO

17

atizaban con vehemente empeño el nacionalismo, el chovinismo y el odio racial. Los pueblos
de los países socialistas, bajo la dirección de sus
partidos comunistas, con su actividad práctica y
la lucha ideológica que libran contra el nacionalismo contribuyen al acercamiento de las ná«
ciones socialistas y hacen que sea realidad el
proceso histórico natural de esta aproximación.
m • • • Con frecuencia se expresa la opinión
^^ I
de que el papel del Partido en la
dirección del trabajo ideológico debe
limitarse a promover cuestiones y a suscitar debates orientados a resolver los problemas. Los
partidarios de estas opiniones consideran que si
el Partido, aunque sólo sea en forma de tesis,
toma posición sobre las cuestiones ideológicas,
con ello y «mediante la disciplina del Partido
coarta y limita la libertad de pensamiento». Algunos proclaman la idea de la autonomía de
la cultura y exigen libertad absoluta, «completa», en el terreno cultural. Reducen el papel del
Partido a que éste, en su actividad político-social, cree tal ambiente político y moral que influya favorablemente en el desarrollo de la cultura y de la ciencia. Semejantes ideas pretenden escamotear la función dirigente del Partido
y niegan el derecho del mismo a ejercer la dirección en la vida cultural y científica.
En la vida espiritual de nuestro país la lucha
está entablada entre corrientes, ideas y concepciones ideológicas diversas por su carácter de
clase. En esta lucha el Partido —así lo consideramos— no debe permanecer indiferente. El
desarrollo de la vida espiritual de nuestra sociedad y de la conciencia de las masas es inseparable del proceso general de la construcción
socialista y puede facilitar este proceso o entorpecerlo. Por eso, en las Directivas consignamos que nuestro Partido, como portavoz del
marxismo-leninismo y como partido que dirige
la edificación socialista, desempeña la función
determinante en la dirección de la vida ideológica: está obligado a dirigir tanto el trabajo
científico como el cultural y educativo.
Los órganos del Partido y estatales no se inmiscuyen con medidas administrativas en el proceso de la creación científica y artística. Nuestro Partido ha subrayado reiteradamente en sus
documentos que el principio del realismo socialista implica la libertad de experimentación, el
derecho a la diversidad de estilos, de temas y
de formas; que las cuestiones relativas a la maestría artística y al estilo no pueden resolverse
mediante decretos. Por consiguiente, la dirección de la cultura por el Partido no contradice
la libertad creadora. Al contrario, a nuestro entender, en una sociedad que está construyendo
el socialismo y el comunismo, la auténtica li-

18

I S T V A N

bertad de creación sólo es posible bajo la dirección del Partido, sobre la base de su política y
de su ideología marxista-leninista y apoyándose
en la necesidad hecha conciencia.
Así, pues, no hay que dispensar al Partido
de la dirección de la vida ideológica y cultural,
sino robustecer esta dirección de acuerdo con
el carácter peculiar de esta esfera. Y para contribuir a ello se trazan en las Directivas las tareas concretas que tiene planteadas el Partido

S Z I R M A I

en orden al perfeccionamiento del trabajo ideológico.
Las Directivas insisten en la necesidad de que
todos los militantes del Partido presten atención
al creciente papel del trabajo ideológico, recuerdan que la edificación del socialismo tendrá
éxito sólo si esta labor se realiza de manera
más consecuente, si las ideas del socialismo penetran profundamente en la conciencia y en la
conducta de todo nuestro pueblo.

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Las relaciones económicas entre
los Estados socialistas y capitalistas
por STANISLAW KUZINSKI

N sus relaciones económicas internacionales, los países socialistas se rigen por el
principio fundamental del respeto a los
derechos soberanos de cada país, por el principio del establecimiento de vínculos reales, mutuamente ventajosos. Este principio forma la base de la coexistencia pacífica y es una condición necesaria para que la competición económica entre los dos sistemas no se convierta en
una guerra fría permanente en el dominio de
la economía.
En los principales países capitalistas, sobre todo en Estados Unidos, existen poderosas e influyentes fuerzas que quisieran, mediante el bloqueo del intercambio con los países socialistas,
paralizar el desarrollo de la economía del sistema del socialismo. Sin embargo, en el último
tiempo se dejan oír cada vez con más fuerza
voces juiciosas, las voces de quienes han aprendido algo del pasado y comprenden bien que esa
miopía es inútil políticamente y que, por añadidura, perjudica los intereses de quienes la practican. Es más, entre los grupos capitalistas que
se han retrasado en normalizar sus relaciones
comerciales con los países socialistas se observa
algo así como el temor a llegar tarde al tren
que parte con mercancías para el Este.
Aunque sin asegurar de antemano cuál de estas tendencias, en qué países, cuándo y con qué
fuerza dominará en las relaciones con los países
socialistas, podemos decir que las dificultades
para la ampliación del intercambio entre el Este
y el Oeste son de doble carácter: en primer lugar, se derivan de la propia esencia de la política comercial que aplican los países capitalistas desarrollados; en segundo lugar, provienen
de la crisis de estructura del comercio mundial.
Debemos señalar que no es posible hacer un
análisis de las relaciones económicas entre los
países capitalistas desarrollados y las naciones
del campo socialista sin tener en cuenta la situación de los países del Tercer Mundo, es decir, toda la problemática de la estructura y las
tendencias del intercambio internacional actual
en su dimensión universal.

E

Es bien conocida la profunda crisis de venta
que sufren en los mercados de los países capitalistas industriales las mercancías de exportación tradicionales de las naciones subdesarrolladas. A la par de la discriminación política que
aplican los Estados imperialistas en el comercio
con muchos países en vías de desarrollo y de
algunas otras causas, esta crisis tiene su origen
ante todo en los cambios operados en la estructura de la demanda de materias primas [cada
vez se exigen más materias primas sintéticas, en
perjuicio de las naturales]. Además, cada vez
se aprovechan mejor las materias primas tradicionales y aumenta el valor de la producción
mediante un elaboración más perfecta; crece lentamente también la demanda de productos alimenticios importados [debido a la menor flexibilidad de la demanda de estos productos y a
causa de las barreras artificiales que se oponen
en todas partes a la importación con el fin de
proteger la producción agrícola propia, a veces
incluso no rentable]. La disminución de la demanda de materias primas de los países en vías
de desarrollo se extiende en igual medida a los
artículos de amplio consumo [café, té, cacao,
frutas y grasas alimenticias] y a las materias
primas industriales [minerales, caucho natural,
algodón, yute y cueros]. En el último tiempo el
descenso de la demanda empieza a reflejarse incluso en las posibilidades de venta de petróleo.
Los países en vías de desarrollo tratan de exportar artículos industriales terminados, pero este propósito tropieza con una competencia muy
fuerte y con la política de proteccionismo.
La lenta elevación de la productividad del trabajo, las relaciones económicas desiguales entre
los países capitalistas desarrollados y en vías de
desarrollo y las dificultades de venta de los artículos de exportación tradicionales, reflejadas
desfavorablemente en la dinámica de sus precios
de exportación [lo que suscita el empeoramiento de los terms of trade1], han motivado que la
1 Correlación entre los precios de importación y cíe
exportación.

20

S T A N I S L A W

renta nacional de los países en vías de desarrollo aumente en grado insignificante y hasta disminuya en algunos casos. En el bajo ritmo de
desarrollo económico de los países liberados desempeña un papel nada desdeñable la merma de
las acumulaciones como consecuencia de la transferencia de los beneficios de los monopolios extranjeros. La afluencia de recursos obtenidos mediante empréstitos de los países capitalistas industriales es insuficiente para hacer cambiar la
situación; por añadidura, los empréstitos se facilitan la mayor parte de las veces con vista
a un avasallamiento neocolonialista de los países en vías de desarrollo. Estos hechos se vieron
confirmados ampliamente en la Conferencia de
Comercio y Desarrollo, reunida el año 1964 en
Ginebra bajo los auspicios de la ONU. Los representantes de numerosos países del Tercer
Mundo señalaron las trágicas consecuencias de
este desarrollo.
Por consiguiente, para la mayoría de los pueblos que viven en la miseria la solución del
problema de la plena independencia —un problema capital, estratégico, de naturaleza política, social y económica— está ligada con el de
la venta de los artículos fundamentales de exportación [y no con el de las donaciones o los
empréstitos!. Una profunda causa de esta situación es la división internacional del trabajo impuesta en el pasado por el rapaz colonialismo.
La salida de esta crisis, engendrada por el capitalismo en la división internacional del trabajo, sólo puede buscarse a través de la industrialización de los países en vías de desarrollo.
El secretario general de la Conferencia de
Comercio y Desarrollo, doctor Raúl Prebish, escribe en un informe sobre la situación en América Latina: «Es un hecho que la industrialización de las regiones periféricas ha sido reconocida, al fin, como una parte necesaria del desarrollo económico. Pero se sigue manteniendo
aún una anacrónica estructura del comercio, que
dimana de una concepción concreta, dominante
en absoluto hasta hace poco, de la división internacional del trabajo: las materias primas se
cambian por artículos industriales. La industrialización de nuestros países tiene lugar en el marco de esta concepción. Para el desarrollo económico esto constituye un obstáculo que nos
estorba cada vez más, ya que en nuestros países
aumenta con gran rapidez la demanda de artículos industriales importados, mientras qué la
exportación de materias primas crece con bastante lentitud, principalmente por causas que no
dependen de los países latinoamericanos.»1
La industrialización exige la afluencia de una
enorme masa de valores, inversiones y materias
1 R. Prebish. Towards a Development Policy for
Latín America, ECLA, May, 1963.

K U Z I N S K I

primas. Y esto significa que es necesario incrementar la exportación nacional. Las posibilidades de exportación de los países en desarrollo
serían menores aún si ante ellos no se abrieran
nuevos mercados de venta en los países socialistas. El rápido aumento de la importación en los
países socialistas ha sido como una compensación al descenso de la importación de los países
capitalistas adelantados procedente del Tercer
Mundo. La exportación de productos agrícolas
de los países en vías de desarrollo en el período de 1956 a 1963 no experimentó ningún cambio, debido a que, a pesar de haber aumentado
el volumen de compras por los países socialistas, descendió simultáneamente la exportación a
les países capitalistas industriales. La pequeña
alza de la exportación de materias primas industriales observada durante ese período se produjo gracias al aumento de las compras hechas
por los países socialistas. Por supuesto, esto no
resuelve todo el problema, ya que la parte correspondiente a los países socialistas en el comercio mundial, incluido el comercio con los
países en desarrollo, no es grande.
Por toda una serie de razones históricas, entre las cuales no está en último término la intención de las potencias imperialistas de aislar
económicamente al socialismo, ha surgido una
desproporción especial: en 1965 corresponde a
los países socialistas cerca del 40% de la producción industrial mundial; pero, al mismo tiempo, su participación en el intercambio comercial mundial no pasa del 12—14%, y en el comercio con los países capitalistas asciende únicamente al 5%. Mas a la vez es característico
el rápido ritmo de aumento de este intercambio
comercial, mucho más elevado que el ritmo medio de crecimiento del intercambio en el comercio mundial. El aumento medio anual del comercio exterior de los países socialistas fue de
un poco más del 11% en 1950—1963 [el del
intercambio con los países capitalistas adelantados se cifró en cerca del 8%, y con los países
en desarrollo, en más del 15%]. Los países socialistas han creado un potencial industrial y una
economía diversificada, que se desarrolla rápidamente; en estos países existe una demanda no
satisfecha de artículos de procedencia tropical.
Todo esto crea posibilidades reales para una
expansión dinámica de las exportaciones no sólo
de los artículos tradicionales, sino también de los
que produce la naciente industria de los países
en desarrollo. En los países socialistas ha aparecido una creciente demanda de los artículos
de los países del Tercer Mundo; en cambio, en
los países capitalistas esa demanda es cada vez
menor.
¿Qué condiciones son necesarias para que en
este enorme triángulo integrado por los tres grupos de países se encuentre una solución a los

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21

exportación de artículos industriales a los países
en desarrollo, los cuales, al disponer de los recursos obtenidos mediante el incremento de su
exportación a los países socialistas, podrían aumentar su demanda de artículos cuya venta interesa a los países capitalistas adelantados. Además, los países capitalistas podrían aumentar las
posibilidades de venta en los países socialistas.
Incluso bajo una constante preponderancia de
la exportación sobre la importación, el comercio con los países socialistas, en rápido desarrollo, crearía posibilidades inmensas de venta, que
en un futuro inmediato no sería fácil sustituir.
Para numerosos grupos capitalistas tendría gran
alcance la posibilidad de adquirir en los países
socialistas un abundante surtido de mercancías
en condiciones más favorables que en su propio
mercado.
El desarrollo del comercio internacional dicta
la necesidad de buscar las vías que permitan superar las crecientes dificultades. Las ideas exLcs mencionados índices del comercio munacreditan que la dinámica obtenida dentro puestas aquí ofrecen, a nuestro juicio, la posibilidad de encontrar una salida a la amenazante
de las actuales posibilidades de pago es digna
crisis surgida como consecuencia de la anacróAtención. Las exportaciones de los países en
- de desarrollo a los Estados socialistas han nica división internacional del trabajo que fue
aumentado en el 173% durante el período de impuesta en las condiciones del colonialismo.
i 1962, y las exportaciones a los países Huelga, decir que estas ideas sólo esbozan un
capitalistas industriales, en el 35%, Aunque esta esquema general de la posible solución del prodiferencia es sustancial, sin embargo, la situa- •blema y que debe precederse a un estudio y anán actual de los países en desarrollo se com- lisis complementarios de muchos aspectos políplica como consecuencia de que las tres cuartas ticos y económicos. Su realización práctica impartes de su exportación van a los países capitaplicará necesariamente la superación de numelistas industriales, y el estancamiento en esta esrosas dificultades.
Una de las mayores estriba en poner fin a la
fera del intercambio comercial [con todas las
división en el comercio mundial, provocada por
implicaciones concernientes a los precios de exla existencia c'e bloques político-comerciales. La
portación] es un factor que hoy por hoy deter
práctica de! Mercado Común Europeo, de la
mina el desarrollo económico de los países subZona de Libre Comercio y de otras agrupaciodesarrollados, a no ser que surjan nuevos y más
poderosos resortes de incremento de la expor- nes regionales ha demostrado que las tentativas
de soluciones parciales no pueden sacar al cotación a los países socialistas.
Esta exportación se paga y se seguirá pagan- mercio internacional del estancamiento que le
j.nte todo con la importación de mercancías amenaza, ya que la tendencia a una creciente
de les países socialistas, principalmente de bie- interdependencia se pone cada vez más netamente de manifiesto en él comercio mundial a menes de equipo para construcciones básicas Sin
embargo, esto es insuficiente, ya que los países dida que se eleva el progreso técnico y se desarrollan las fuerzas productivas.
.distas pueden descargar sobre su renta naEs indudable que las barreras y los obstácucional el peso de la concesión de créditos tan
3 hasta cierto límite [aunque en un grado re- los artificiales en el comercio libre entre el Este
lativamente mayor que los países capitalistas in- y el Oeste constituyen un factor muy importante que frena el desarrollo del comercio mundustriales!. Por tanto, las compras podrían aumentar si se obtuviesen medios de pago libres dial y limita las posibilidades del progreso ecoen el intercambio con los países capitalistas des- nómico. Por eso trataremos aquí de examinar
rllados. La constante superioridad de la ex- la esencia de estos obstáculos y estudiar la posiportación sobre la importación en el comercio bilidad de aprovechar algunas circunstancias pade los países socialistas con los países occiden- ra el desarrollo de un intercambio comercial
tales adelantados podría ser una importante fuen- mutuamente ventajoso entre el campo socialista
te de incremento de la exportación de los países y los países capitalistas adelantados.
en vías de desarrollo.
Puede considerarse como una verdad evidenEn este caso para los países capitalistas ade- te que la ventaja mutua será tanto mayor cuanlantados surgiría la posibilidad de ampliar la
to más consecuentemente se adopte el principio

problemas de la estructura del comercio y del
desarrollo económico mundial?
La esencia de las dificultades estriba en que
las balanzas de pago no están equilibradas. Los
países capitalistas adelantados no sienten difiides de pago con respecto a los países en
; de desarrollo, pero, por otra parte, no crean
perspectivas para el aumento efectivo de la demanda de las mercancías producidas en estos
;s. En cambio, en los países socialistas exisenormes posibilidades en la esfera de la importación, pero ellos no pueden mantener el
equilibrio de la balanza de pagos con los países
'esarrollo en una situación en que la expor:>n a estos paísSs exige una congelación de
.rsos durante muchos años bajo forma de
:
itcs. En los países socialistas el único .freno
para un aumento aún mayor de las importacioes la falta de medios de pago suplementa-

22

S T A N I S L A W

de la igualdad en las relaciones económicas entre los países contratantes. La expresión formal
de la igualdad es la aplicación del principio de
nación más favorecida, que significa el compromiso de conceder los mismos privilegios que
se ofrecen a cualquier tercer país. Sin embargo,
en las relaciones contractuales bilaterales existe
un gran número de circunstancias exceptivas de
cuya acción depende la ventaja real. Por eso,
incluso el principio de nación más favorecida
no garantiza por sí solo una actitud verdaderamente igual para todos los países. La mayoría
de las veces este principio sólo concierne a las
ventajas aduaneras. Los beneficios que obtiene
un país del hecho de disfrutar del principio de
nación más favorecida dependen, por una parte,
del potencial económico del país [es decir, del
volumen y de la estructura de su exportación]
y, por otra parte, del propio esquema de las tarifas aduaneras favorables [en el marco de las
cuales las mercancías exportadas por el país que
goza de este principio obtienen más o menos
preferencias]. Aquí se pone de manifiesto también la diferente flexibilidad de los precios, ligada a la demanda de mercancías, cuya exportación puede aumentar en virtud de la adopción
del principio de nación más favorecida.
Pero se trata de que, además de los problemas exclusivamente aduaneros, la discriminación trasciende asimismo a los contingentes importados y a las licencias, a los derechos de compensación, a los impuestos interiores, a las tarifas de transporte, etc. Por consiguiente, incluso
en las relaciones entre los países capitalistas las
concesiones mutuas deben abarcar todo el conjunto de condiciones existentes, a fin de que el
beneficio del principio de nación más favorecida
no quede anulado por la implantación de otras
limitaciones.
Algunos países socialistas disfrutan en diversos Estados capitalistas del principio de nación
más favorecida. La práctica demuestra que esto
reporta determinadas ventajas a los países beneficiados, pero no suprime la discriminación
que, por razones políticas, existe y se expresa
en otras formas. Por ello, propugnamos que se
amplíe la interpretación del concepto de «principio de nación más favorecida» [como se desprende de la propia esencia de este principio].
Esta ampliación se refiere particularmente a!
problema de las restricciones cuantitativas de la
importación. Estas restricciones comprenden una
larga lista de mercancías de procedencia industrial y agrícola y frenan directamente el aumento de la exportación a los países capitalistas desarrollados. En cuanto a las mercancías exceptuadas generalmente de las restricciones cuantitativas, incluso en el caso de una reducción
mínima de pedidos en el mercado interior, las
importaciones que antes se bloquean son las pro-

K U Z I N S K I

cedentes de los países socialistas [por ejemplo,
laminados exportados a la zona del Mercado
Común] A veces ocurre incluso que el permiso
de importación se concede tan sólo para una semana [por ejemplo, en el caso de la exportación
de huevos a la República Federal Alemana]. En
estas condiciones es difícil, claro está, hablar
de normalización de las relaciones comerciales.
Al oponerse a conceder a los países socialistas el principio de nación más favorecida o e¡
derecho a otras ventajas, los países capitalistas
alegan corrientemente que no pueden obtener
prerrogativas análogas y equivalentes en los mercados del campo socialista. Afirman que el comercio exterior de los países socialistas está subordinado por entero a la política; que se realiza sin tener en cuenta los costos y los precios,
que este «sistema ultraproteccionista» no permite la libre penetración en el mercado interior
socialista por medio de la competencia con otros
exportadores; que no es posible ampliar la exportación más allá de lo previsto en las inapelables directivas del plan estatal, etc.
Es fácil observar que estos argumentos expresan en forma caricaturesca la lamentación de
que el socialismo. . . no sea el capitalismo. Ei
monopolio del comercio exterior en manos del
Estado socialista y la inclusión del intercambio
comercial exterior en los planes económicos significan, sin duda alguna, que este comercio
está supeditado a otras leyes que dimanan de
ias relaciones de producción socialistas [en las
cuales las leyes del valor y del beneficio se utilizan en provecho del desarrollo económico, pero éste no se subordina a dichas categorías económicas] .
Ahora bien, no puede ser motivo de queja
que en el sistema socialista la valoración del provecho de un convenio comercial e incluso de
una simple operación mercantil se rija por el
criterio de la eficiencia económica general [digamos de pasada que nosotros no estamos todavía contentos del todo con los métodos con
que se valora esta eficiencia].
Después de incluir una operación comercial
en el plan económico del país, la elección del
contratante extranjero dependerá exclusivamente
del beneficio que reporte esta operación, considerada en el marco de las condiciones generales
de la exportación e importación en un mercado
dado. En muchos casos hay que decidir este
problema: iniciar o ampliar la producción nacional de determinada mercancía, o importarla.
A veces se determina el desarrollo de potenciales productivos teniendo en cuenta las necesidades de la exportación. Por ejemplo, la renuncia
a importar determinadas mercancías obedece a
sus elevados precios [o a restricciones respecto a
nuestra exportación] y a las consiguientes dificultades de pago. Por consiguiente, el papel

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esencial lo desempeñan las condiciones comeres y las necesidades del desarrollo económiEn cambio, en el sistema capitalista el papel
principal lo juega la tendencia a calcular las
ventajas tan sólo desde el punto de vista de los
intereses de un grupo determinado de exportadores o de importadores [bien entendido que,
rientemente, se trata de intereses circunstanciales]; por tanto la política del Gobierno estará orientada en todo caso hacia una especie de
redistribución parcial de los beneficios obtenidos del comercio internacional entre los grupos
-Balistas, con evidente preferencia para los
opolios más poderosos
Por lo que se refiere a la acusación de que
nos regimos por consideraciones políticas, en
sólo puede verse:
1] la conclusión hecha por nosotros sobre la
Je la discriminación que aplican los Estados imperialistas [en particular, la adopción
embargo sobre la exportación a los países
alistas];
21 el amplio ofrecimiento por nuestra parte
ayuda económica y de posibilidades de inambio comercial, sin ninguna condición poa los países del Tercer Mundo independies y que luchan por su soberanía, a fin de
.darles a liberarse de la división del trabajo
les ha impuesto el capitalismo
Por tanto, estas «consideraciones políticas»,
ndo existen, no son un rasgo inherente al
Tercio exterior socialista, sino un resultado
de la política del imperialismo.
La obtención de ventajas análogas y equivalentes a cambio del derecho de aplicación del
principio de nación más favorecida es completamente posible, aunque esto no se puede medir
siempre con exactitud [del mismo modo que,
digámoslo de pasada, para un país socialista
poco es siempre mensurable la ventaja de la
obtención del derecho de nación más favorecide lo que ya hemos hablado más arriba al
.minar la propia naturaleza de este derecho].
Un beneficio equivalente puede ser el reconocimiento por los países socialistas del derecho
3. adoptar el principio de nación más favorecida
Jo estos países tienen un sistema de tariaduaneras, como ocurre en algunos de ellos],
Incluso cuando un país socialista dado no aplica tarifas aduaneras, al conceder el derecho de
n más favorecida asume el compromiso de
proceder con el país beneficiario en forma no
peor que con cualquier otro país en todo lo que
¿segure condiciones iguales, como, por ejemplo,
la limitación de los contingentes de importación.
En el marco de las sumas destinadas por el plan
para la importación de determinadas mercancías, existe la posibilidad de dar preferencia a la
importación del país capitalista que cree condimás ventajosas para nuestra exportación,

23

concediéndonos el derecho de nación más favorecida. Por consiguiente, son posibles ciertas
formas de «penetración» en el mercado, la competencia con otros exportadores e incluso la
ampliación del volumen general de la exportación En algunos casos, cuando se trata de productos no esenciales, es posible el aumento absoluto de la importación de una mercancía con
relación a las previsiones iniciales del plan, cuando lo justifica el beneficio obtenido mediante
la ampliación de la correspondiente exportación.
Esto es cuestión de negociaciones concretas, en
el curso de las cuales —al determinar la lista
de las mercancías, el tope superior e inferior de
los precios, las condiciones de pago, etc.— se
pueden tener en cuenta todos los aspectos de
las ventajas recíprocas.
Los países socialistas disponen de una forma
de intercambio muy importante y atrayente para los exportadores capitalistas: los convenios a
largo plazo sobre determinada cantidad de mercancías. En el comercio entre los países capitalistas la confección de listas de mercancías para
la importación en un acuerdo comercial no significa en la mayoría de los casos que estas mercancías serán compradas, pues la solución dedepende de muchas firmas capitalistas. En cambio, en las relaciones con los Estados socialistas
la determinación en los acuerdos de sumas destinadas para la importación constituye ya de
por sí la decisión de comprar [aunque, claro está, aún sólo en rasgos generales]. De esto dimanan dificultades objetivas en el comercio con
los países capitalistas El origen de estas dificultades reside en la diferencia de régimen social y
económico. Estas dificultades aumentan tanto
más cuanto menores son las posibilidades de influir sobre las empresas capitalistas por parte
del Estado y cuanto menos interés tiene éste en
utilizar tales posibilidades. En este sentido observamos diferentes tendencias en la política de los
distintos países capitalistas. No es casual que los
acuerdos a largo plazo sean más reales cuando
se trata de relaciones con Estados donde existe
un considerable sector estatal de la industria [como, por ejemplo, en Francia y Austria], donde
se sigue más ampliamente la práctica de la garantía estatal de las operaciones crediticias con
los países socialistas, donde la situación política
es más favorable al comercio con el Este, etc.
Esto, naturalmente, no significa que los Estados socialistas vean la posibilidad de ampliar
las relaciones comerciales, en general, v los
acuerdos a largo plazo, en particular, sólo en
los casos cuando se trata de países que utilizan
ampliamente el sistema interior y exterior de regulación del intercambio internacional. Ello depende de la política que apliquen los países capitalistas. Las contradicciones entre los distintos
grupos de Estados capitalistas son del dominio

24

S T A N I S L A W

público. De una parte, se trata de un grupo de
Estados que proclama la «libe'ración» del comercio [Estados Unidos extienden este lema al comercio con los países del Tercer Mundo, manteniendo las restricciones comerciales con las naciones socialistas, mientras que la Gran Bretaña aplica también esta consigna parcialmente a
los países socialistas]. De otra parte, se trata
del Mercado Común Europeo, en el que las tendencias proteccionistas frenan fuertemente el incremento del intercambio con los países en vías
de desarrollo y con los socialistas. No ayuda
mucho el camuflaje de estas tendencias por medio de la concepción francesa de la «organización de los mercados», tras la que se oculta el
afán de mantener una división internacional del
trabajo desfavorable para otros países. Sin embargo, las últimas iniciativas del Presidente De
Gaulle, orientadas a ampliar y robustecer los
vínculos económicos con el Este, pueden significar algo más que simples gestos con fines de
propaganda.
Las perspectivas y las concepciones relativas
al logro del entendimiento para períodos más dilatados nos las podríamos representar, concretamente, proponiendo tres formas de acuerdos a
largo plazo entre los países socialistas y capitalistas :
1. Acuerdos relativos a envíos de determinadas materias primas y de artículos acabados, a
largo plazo [por ejemplo, para cinco años], con
una revisión periódica de los precios y de las
formas de pago. Estos acuerdos interestatales no
es obligatorio que abarquen a todo el intercambio, sino que pueden concernir sólo a una parte,
que sin duda alguna se realizará, es decir, a los
envíos destinados a empresas que se encuentran
bajo la gerencia del Estado capitalista, o bien
a empresas cuyos representantes contrasignan
directamente el acuerdo [por ejemplo, los acuerdos entre Polonia y Dinamarca, o entre Polonia y Austria, referentes a envíos de carbón a
cambio de buques marítimos, equipos industriales y laminados; el acuerdo a largo plazo URSSNoruega de envíos de aluminio y arenques,
etc.]. La continuidad del intercambio y la estabilización de sus condiciones son ventajas que
ofrecen los países socialistas y que "no es fácil
de conseguir en los mercados capitalistas. Un
acuerdo de esta naturaleza no excluye, claro está, la posibilidad de concertar otras transacciones para un período más corto; pero el mencionado convenio puede determinar el volumen
aproximado del intercambio correspondiente a
los países capitalistas.
2. Acuerdos sobre suministros [a crédito] de
maquinaria y equipos para las nuevas empresas,
incluyendo las licencias de producción, el montaje en los países compradores y la aplicación
de la tecnología; el crédito se amortiza —total

K U Z I N S K I

o parcialmente— durante varios años a base de
artículos fabricados en la empresa de nueva
planta o modernizada. Aunque no se trata de
un acuerdo interestatal, sin embargo constituye
una forma superior, puesto que rebasa el estricto marco comercial, abarcando la esfera de la
cooperación en la producción. Por lo general,
semejante acuerdo puede concertarse con distintos consorcios capitalistas o con un grupo de
consorcios. En este caso, la ventaja que obtiene
el país socialista estriba, en particular, en una
adaptación más rápida a producciones complejas, en la posibilidad de amortizar los créditos
mediante envíos de artículos, cuyo grado de elaboración es muy superior al de las mercancías
que prevalecen en la exportación al país capitalista dado. Como es sabido, la exportación de
artículos industriales acabados, sobre todo de la
rama de construcciones mecánicas y de la industria química, se enfrenta en el mercado de
los países capitalistas desarrollados con obstáculos específicos difíciles de superar.
Acuerdos de esta naturaleza pueden adoptarse
asimismo en lo que atañe a la actuación concertada de las partes contratantes en el mercado
de terceros países, en particular a la construcción y financiación conjunta de nuevas empresas industriales en loe países en desarrollo, a la
utilización de las representaciones comerciales
del consorcio dado y de la red de servicios técnicos a fin de prestar concurso y facilitar la
venta de los artículos producidos por la fábrica
construida en el país socialista, etc.
Existen varios ejemplos de acuerdos de este
género o parecidos. Pero se circunscriben a sectores limitados, de importancia secundaria, y,
por regla general, no se extienden a la industria
pesada. Sería deseable que se ampliasen tales
acuerdos siempre y cuando que no vayan acompañados de presiones políticas. A veces se observa —sobre todo por parte del capital industrial
de la RFA— el afán de obtener el derecho de
propiedad de empresas enclavadas en el territorio de un determinado país socialista. Los
objetivos políticos torpemente camuflados, el deseo de disminuir la estabilidad de los países socialistas contra la penetración imperialista y el
empeño de debilitar su cohesión responde a
cálculos malaventurados, hechos con el propósito
de retornar a una época histórica que ha pasado
para siempre.
La creación de «enclaves» e «islotes» de propiedad capitalista en el territorio de los países
socialistas, dicho sea de paso, no reportaría a
la economía nacional de un país capitalista ninguna o casi ninguna ventaja económica complementaria, en comparación con las que obtendría
•mediante los acuerdos relativos a la cooperación
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del pueblo.
3. Acuerdos «tripartitos» entre naciones socialistas, Estados capitalistas de alto desarrollo [o
distintos consorcios] y países en vías de desarrollo. Lo esencial de estos acuerdos puede consistir en que la deuda en un país se compense con
el saldo activo en otro. Por ejemplo, un país
socialista puede comprar a un país en desarrollo materias primas y productos manufacturados
por una suma superior a la derivada de la exportación de equipos industriales y de otros artículos Esta sería una importante premisa para
el ensanchamiento del intercambio, puesto que
boy la exportación de equipos industriales de los
países socialistas a las naciones subdesarrolladas
se realiza mediante créditos a largo plazo con
una baja tasa de interés, razón por la cual la
afluencia de recursos no es muy grande; pero
lo cierto es que existen posibilidades de importación no aprovechadas Por tanto, los medios
obtenidos como resultado del exceso de la exportación sobre la importación en el mercado
de los países desarrollados se destinarían a financiar una importación complementaria. Los
países subdesarrollados, al obtener medios procedentes del superávit de su exportación sobre
la importación de los países socialistas, equilibrarían el déficit de su balanza comercial con
los países desarrollados, ya que la exportación
de sus mercancías a estos países choca con dificultades insuperables, mientras que sus necesidades de importación de esos países son enormes. No vale la pena seguir describiendo este
esquema clásico de intercambio tripartito porque
se sabe muy bien que es un resorte para superar
las restricciones en el marco del habitual clearing, es decir, para equilibrar los mutuos suministros por su valor.
En este género de acuerdos, una de cuyas
partes contratantes son países en desarrollo, habría que introducir cambios esenciales. En esto
estriban las dificultades relacionadas con tal clase de operaciones. Se trata de que incluso en
todo el período de vigencia del acuerdo tripartito [cinco o seis años], el saldo del comercio
exterior de los países en desarrollo no puede
equilibrarse, ya que la mayoría de estos países
[a excepción de los llamados «petroleros»] necesitan una estructura en la que las importaciones sean superiores a las exportaciones. Y es
necesario financiar esta diferencia. La financiación del déficit de la balanza de pagos podría
ser objeto de un acuerdo especial, o bien formar parte del convenio. Una parte del peso de
esta financiación podría recaer sobre los países
capitalistas de alto desarrollo y otra parte sobre
los países socialistas.
Al valorar con sentido realista las posibilidades de semejante género de financiación conjun-

25

ta de los intercambios comerciales, difícilmente
cabe el optimismo. Los países capitalistas desarrollados y los consorcios, si conceden créditos
ventajosos, lo hacen en aras de sus propios objetivos neocolonialistas. Sin embargo, el auténtico
interés económico, si no se quiere perder la perspectiva, puede y debe ser un factor que favorezca las mencionadas medidas. El éxito dependerá
de manera decisiva de la situación política general, y en particular del vigor de los movimientos sociales que luchan en todo el mundo
por el progreso, la coexistencia pacífica y el
socialismo.
Incluso situándose en posiciones puramente
económicas, el gran significado de los mencionados acuerdos tripartitos consiste en que pueden atenuar las consecuencias de la crisis de estructura del comercio mundial, crisis que viene
derivada de la división internacional del trabajo creada por el capitalismo. Estos acuerdos
brindarían a los países subdesarrollados la posibilidad de mantener y desarrollar en favor suyo la exportación tradicional y elevar su rentabilidad. Las susodichas concepciones no exigen
—como los postulados franceses de la «organización de los mercados»— restricciones en el
volumen de la producción de los países en desarrollo destinada a la exportación [en muchos
de estos países eso no es posible, puesto que no
están en condiciones de acometer en corto plazo
la producción de otros artículos capaces de resistir la competencia]. Estas concepciones darían a la vez la oportunidad para que los nuevos artículos de la joven industria de dichos países penetrasen gradualmente en los mercados
mundiales. Así, los países en vías de desarrollo
se asegurarían en el comercio exterior una base
más sólida.

Las consideraciones hechas en el presente artículo no comprenden todas las posibilidades del
desarrollo comercial entre el Este y el Oeste, ni
todas las dificultades objetivas con que se tropieza en este terreno. En particular, en el artículo no se analizan las cuestiones que surgen
en relación a que los países socialistas precisan
importar materias primas de los países capitalistas desarrollados de ultramar en mayor cuantía
y de tipos completamente distintos a los que se
importan de los países de Europa Occidental.
Tampoco se abordan las importantes y complejas cuestiones de las divisas y las finanzas, cuestiones que se derivan de las dificultades ya mencionadas y asimismo de que en los países socialistas el dinero y el mecanismo del cambio
[por ejemplo, la transferencia de las deudas entre las naciones socialistas] son distintos a los
de los países capitalistas. También surgen pro-

26

S T A N I S L A W

blemas debido a que entre los países capitalistas existen posibilidades solamente parciales para
transferir divisas. Sin embargo, todo esto no representa impedimentos tan serios como para anular las ya indicadas posibilidades.
Cada paso adelante dado en las relaciones
económicas entre los países socialistas y los países capitalistas desarrollados nos acerca a la solución de los problemas actuales más palpitantes

K T J Z I N S K I

y apremiantes. El poner fin a la desarticulación
del comercio mundial significa que las perspectivas económicas de los países subdesarrollados
serán tanto mejores y las perspectivas de la coexistencia pacífica entre todos los pueblos del
mundo tanto más diáfanas, cuanto más eficazmente se desarrolle el intercambio entre el Este
y el Oeste y cuanto mayores sean las ventajas
recíprocas que reporte.

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Tribuna de problemas actuales

Algunas cuestiones de la lucha
de clases en los países capitalistas
por IB NERLUND y A. VEBER

L camino hacia el fortalecimiento de la
unidad del movimiento comunista pasa a
través del desarrollo, cada vez más fructífero, de la discusión sobre importantes cuestiones actuales de interés común. Como se dice
en el Comunicado sobre el Encuentro Consultivo de representantes de 19 partidos comunistas,
celebrado en Moscú del 1 al 5 de marzo del
año en curso, este desarrollo es útil y contribuye
a la solución de las tareas actuales que se alzan
ante el movimiento comunista, ante todas las
fuerzas revolucionarias de nuestro tiempo.
Muchas de estas discusiones conciernen a las
perspectivas del desarrollo social, que conduce
hacia el socialismo. Esto es lógico en la época
cuyo rasgo esencial es el tránsito del capitalismo
al socialismo. Del mismo modo, es lógico también que sean precisamente los comunistas, que
vinculan estrechamente las tareas inmediatas de
la clase obrera con su objetivo final, quienes
hagan el mayor aporte a la elaboración de los
problemas del paso al socialismo.
La perspectiva de avance hacia el socialismo
hace que surjan nuevos problemas en los países
capitalistas altamente desarrollados. En los últimos años tales problemas fueron objeto de
análisis en los congresos de una serie de partidos hermanos o en el curso del análisis conjunto hecho por ellos sobre cuestiones de actualidad. Han sido tratados también durante el intercambio de opiniones acerca del papel de los
partidos comunistas de algunos países capitalisdesarrollados organizado hace poco por
Redacción de NUESTRA ÉPOCA.* Esproblemas reflejan, por una parte, el hecho de que el carácter social de las fuerzas pro-

E

1 Los materiales del intercambio de opiniones se
publican en este mismo número.

ductivas exige que la producción sea puesta bajo
la dirección de la sociedad, por lo cual la supresión de las relaciones de producción capitalistas se convierte en una necesidad objetiva cada vez más imperiosa del progreso social. Mas
estos problemas reflejan a la vez el hecho de que
los cambios sociales verificados en el último
tiempo en los países capitalistas introducen nuevos elementos en las razones subjetivas que inducen a las masas en dichos países a avanzar
hacia el socialismo. A nuestro juicio, el reconocimiento claro y concreto de este fenómeno tiene gran importancia para llegar a una justa orientación en la lucha por el socialismo.
En relación con esto, ante el movimiento
obrero surgen y deben surgir necesariamente
nuevos problemas que no sólo expresan las condiciones específicas de los diferentes países, sino
que poseen un carácter más general. Se trata de
complejos problemas que todavía no han sido
resueltos y esclarecidos. Precisamente por eso
un amplio intercambio de opiniones reviste gran
importancia, y todos los partidos comunistas
pueden hacer valiosas aportaciones a un análisis
más sintético, al que se puede y se debe aspirar.
En este artículo quisiéramos plantear y precisar algunos de los problemas más importantes
que necesitan mayor análisis y elaboración.

La sociología burguesa
de nuestros días
«La estructura social de la sociedad y del Poder —escribía Lenin— se caracteriza por cambios que deben ser comprendidos, pues sin ello
no se puede dar un solo paso en ninguno de
los ámbitos de la actividad social. De la comprensión de estos cambios depende el problema

28

T K I B U N A D E P R O B L E M A S

de las perspectivas, entendiendo naturalmente por
ello, no unas cabalas hueras acerca de lo que
nadie sabe, sino las tendencias fundamentales
del desarrollo económico y político, aquellas
cuya resultante determina el futuro inmediato
del país, las tendencias que fijan las tareas, la
orientación y el carácter de las actividades de
cualquier hombre público consciente».1
En el espíritu de esta idea leninista, los partidos comunistas analizan los cambios que se
han operado y se operan en la sociedad capita-:
lista. Nada queda invariable, ni la propia sociedad capitalista. Por supuesto, su naturaleza no
se ha modificado; sigue siendo una sociedad
fundada en la apropiación de las riquezas que
crean los trabajadores por una pequeña clase
monopolista En este sentido, la realidad capitalista confirma una y otra vez las conclusiones
fundamentales del análisis marxista-leninista del
capitalismo. Sin embargo, han cambiado y cambian en muchos aspectos las formas y los métodos de la explotación capitalista. Esto significa que las contradicciones principales de la
sociedad burguesa se plantean, en cierto sentido, de una nueva forma. Por ello, el cuadro
general de la lucha de clases no puede ser identificado simplemente con la situación que existía, por ejemplo, a comienzos de nuestro siglo.
Quisiéramos resumir brevemente los rasgos
comunes, las tendencias de los fenómenos que
se están operando. Esto, claro está, significa que
en algunos casos pueden señalarse excepciones
a la regla general. Sin embargo, una tal limitación del marco del análisis es inevitable, cuando tratamos de destacar los elementos generales
de los procesos que tienen lugar en diferentes
países.
El nivel técnico de la producción ha alcanzado
un nuevo grado cualitativo. El desarrollo de la
industrialización ha llevado a cambios radicales
de la estructura económica de los países capitalistas desarrollados, a la implantación de la
tecnología industrial en todas las ramas de la
economía, a un enorme aumento de la productividad social del trabajo y a un alto grado de
internacionalización de los lazos económicos. La
revolución científico-técnica contemporánea significa un nuevo peldaño en el desarrollo de la
producción capitalista, que se caracteriza por la
automatización, la cibernetización y la quimización, por el empleo de la energía atómica, etc.
Todo esto ha repercutido considerablemente
en las condiciones de vida de la población, porque han aparecido la producción y la venta masificada de nuevas mercancías, y nuevas esferas
de la actividad humana han sido incluidas en el
proceso de industrialización y de explotación capitalistas. Por otra parte, la revolución cientí1 Obras Completas, t. XVII, pág. 134. Edit. Cartago,
'Buenos Aires,- 1960.

Aiorv

A C T U A L E S

fico-técnica ha hecho posible también la adopción de nuevos métodos de intensificación del
trabajo y de exacerbación de la explotación capitalista. En las condiciones del capitalismo los
trabajadores ven en el progreso técnico no sólo
un bien, sino, además, una fuente de los mayores temores: la automatización, como amenaza
de paro forzoso, y el empleo dé la energía atómica, como símbolo de exterminio.
Este contradictorio desarrollo plantea el problema de valorar con justeza cómo perciben los
trabajadores el peso de las nuevas formas de la
explotación capitalista.
Las formas del capitalismo monopolista de Estado son hoy las predominantes. Las corporaciones, los trusts y otras agrupaciones monopolistas han pasado a ocupar, prácticamente, una
situación dominante en todas las esferas de la
vida económica. El^ desarrollo de los monopolios ha acarreado cambios en las formas de explotación capitalistas, ha hecho surgir formas
especiales, más complejas y variadas. El capitalismo contemporáneo se caracteriza por el estrecho entrelazamiento del aparato de los monopolios con el aparato del Estado. La amplia
intervención estatal-monopolista es una condición necesaria del propio proceso de reproducción y de circulación. Ejerce cierto influjo en
el curso del ciclo capitalista, ofreciendo a los
monopolios nuevas posibilidades de maniobra.
El desarrollo del capitalismo monopolista de
Estado plantea ante el movimiento obrero de algunos países la necesidad de comprender mejor
la ligazón orgánica que debe existir entre la lucha económica y la lucha política.
Se han producido notables cambios en la estructura de clase de la sociedad. Por una parte,
como 'resultado de la industrialización fia crecido extraordinariamente y sigue aumentando la
población urbana. Esto se explica ante todo poi
la considerable elevación del porcentaje de obreros asalariados, en primer término industriales,
y también por la relativa elevación del papel
de las clases medias urbanas y el rápido incremento del número de intelectuales. Simultáneamente, en la mayoría de los países capitalistas
desarrollados disminuye con rapidez' el número
absoluto de campesinos. Se quiere atenuar las
consecuencias del aumento del número de obreros asalariados concediendo a éstos el estatuto
de empleados, para poder alentar sobre esta base
contradicciones artificiales.
Por otra parte, en el seno de la clase capitalista el poder se concentra cada vez más en
manos de una reducida capa de monopolistas,
que en el último tiempo se ha enriquecido en
proporciones inauditas y que en este aspecto ha
reforzado su situación.
Todas estas circunstancias crean una serie de
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bién nuevos obstáculos para formar una amplia
alianza antimonopolista y para que la clase obrera conquiste dentro de ella el papel dirigente.
Nuevos rasgos de la situación de la clase
obrera. En el curso de la lucha de clases los
monopolios han tenido que satisfacer una serie
de reivindicaciones de los trabajadores. En parte esto ha sido resultado de la lucha de la propia clase obrera, que ha obtenido un estímulo
complementario gracias a la fuerza e influencia
del sistema socialista mundial y de sus realizaciones. En parte, estas concesiones han sido necesarias a causa de la aparición de nuevos métodos de explotación capitalista. Estos métodos
requieren el empleo de fuerza de trabajo más
calificada y más culta. Las concesiones están relacionadas también con la venta masiva de artículos de consumo, con la aparición de una serie de artículos de uso duradero completamente
nuevos. En la mayoría de los casos esto ha conducido a la elevación del nivel medio del consumo individual de los trabajadores.
Sin embargo, los monopolios desarrollan al
mismo tiempo nuevos métodos a fin de esquilmar más a los obreros. En el propio proceso laboral esto se expresa primeramente en la intensificación del ritmo de trabajo, que llega con
frecuencia a los límites máximos, en el aumento
de la tensión nerviosa y en una extrema extenuación de los obreros, en la constante utilización del paro forzoso o del .temor ante él como
medio de presión sobre los obreros: Además, son
cada vez más frecuentes algunas otras formas
de explotación, tales como el aumento de los alquileres, de los impuestos, de los precios, la venta a plazos, el estímulo artificial de formas irracionales de consumo con ayuda de una falsa publicidad, etc. Resultado de todo ello es el aumento constante de la desigualdad en la distribución de las riquezas sociales.
Estos dos aspectos de los cambios en la situación de la clase obrera juegan un gran papel
al elaborar la orientación fundamental de su lucha. Indican ante todo que es necesario ampliar
el frente de la lucha de la clase obrera como
fuerza impulsora de las aspiraciones populares y
nacionales. Una mejor comprensión de los cambios efectivos en la situación de la clase obrera
permitirá luchar con mayor • éxito contra un
adversario de tanta experiencia como el capital
monopolista.
A veces, la prensa burguesa caracteriza a los
países de capitalismo altamente desarrollado como una «sociedad de masas». Se entiende por
esto, en particular, la discusión de nuevas formas, modernas, de consumo y de esparcimiento
masivo; la tendencia a la estandarización del
consumo material y espiritual [bajo el influjo
de la producción en cadena y de la publicidad
capitalista], la extensión de los medios novísi-

29

mos de información y de influencia sobre las
masas [televisión, cine, prensa, radio], el fuerte aumento de la movilidad y de la comunicación de los hombres gracias al desarrollo de la
urbanización, de los modernos medios de transporte y de comunicaciones, etc.
Por último, la esfera social y política se ha
visto afectada directamente por serios cambios.
En la mayoría de los países occidentales se han
consolidado los regímenes parlamentarios. El
capital monopolista no logra destruir las tradiciones de la democracia burguesa. Pero a la vez
existe la tendencia a ampliar las funciones y a
reforzar el papel del poder ejecutivo, que, apoyándose en el aparato estatal burocrático, desmedula los derechos y las libertades constitucionales y restringe el papel de las instituciones
representativas. Por otra parte, la estructura civil de la sociedad ha adquirido un carácter muy
complejo y diferenciado: se distingue por la
existencia de un sistema articulado de instituciones y organizaciones económicas, políticas,
profesionales, culturales y religiosas. Las posiciones, la fuerza y la influencia de estas instituciones y organizaciones son hoy uno de los
factores más importantes de la vida social.
El alcance de estos cambios esenciales en las
condiciones económicas, sociales y políticas, y,
por consiguiente, en las condiciones de la lucha
de la clase obrera en los países capitalistas adelantados, es objeto de amplio debate, como señalamos más arriba, en el seno del movimiento
comunista. A pesar de que existen diferencias
en .el grado de manifestación de las diversas
tendencias en los diferentes países, será conveniente, sin duda, analizar los elementos esenciales de las tendencias de desarrollo del capitalismo contemporáneo en su conjunto a fin de ver
mejor los rasgos fundamentales que caracterizan las perspectivas del tránsito de estos países
al socialismo.
Aquí viene a propósito, creemos, remitirse a
unas palabras de Lenin que son como continuación de la cita reproducida más arriba:
«Los cambios operados. . . no suprimen los
rasgos fundamentales del viejo régimen, de las
viejas relaciones entre las fuer/as de la sociedad. Por eso se comprende cuál debe ser la
misión cardinal del hombre público consciente:
tener en cuenta estos nuevos cambios, "aproivecharlos", abarcarlos —valga la expresión—
y, al propio tiempo, no dejarse llevar pasivamente por la corriente, no desprenderse del
viejo bagaje y conservar lo fundamental, no sólo en la teoría, en el programa, en los principios políticos, sino también en las formas de
acción»..1
1 Obras Completas, t. XVIII, pág. 136. Edit. Car'tago.

30

T R I B U N A

D E P R O B L E M A S

¿Por qué es necesaria
la revolución socialista?
A continuación intentaremos exponer algunas
ideas que muestran cómo las nuevas condiciones objetivas cambian el proceso de formación
y el carácter de los factores subjetivos de la
transformación socialista en los países de capitalismo desarrollado.
Inicialmente, las acciones revolucionarias del
proletariado surgieron como protesta directa y
más o menos espontánea contra la despiadada
explotación y las inhumanas condiciones de
existencia. En la década del 40 del siglo pasado Engels escribió que la burguesía de su tiempo, al condenar a los obreros a la degradación
física y moral, hacía inevitable el estallido de
la revolución proletaria en las formas más rudas y sangrientas. [Por cierto, ya entonces la
perspicacia de Engels apuntaba la posibilidad de
formas «más suaves», pacíficas de la revolución, posibilidad que, como él señalaba, habría
de depender también del desarrollo del propio
proletariado].
Hoy, la mayoría de los obreros y empleados
no sufren, como en el pasado, privaciones materiales tan agudas. No se puede olvidar, claro
está, que el nivel de vida relativamente elevado
de los países capitalistas desarrollados ha sido
alcanzado en parte a costa de la explotación de
los antiguos países coloniales y dependientes por
los monopolios. No se puede olvidar tampoco
que incluso en los países capitalistas más ricos,
una parte considerable de los trabajadores sigue
viviendo al borde de la pobreza o en la miseria. Sin embargo, mediante la presión organizada, el movimiento obrero y democrático puede conseguir y consigue la adopción de algunas
medidas que, pese a toda su limitación, permiten mejorar en esos países la situación de los
grupos indigentes de la población.
Sabido es que una parte de los socialistas ha
sacado de aquí la conclusión de que ya no es
necesaria la revolución socialista, de que en las
condiciones actuales hay que renunciar a la lucha de clases y orientarse exclusivamente a la
«transformación» evolutiva del capitalismo en
socialismo. A la vez, existe la opinión- —la difunden tanto los políticos burgueses como los
seudorrevolucionarios de «izquierda»— de que
el logro de un determinado grado de bienestar
material equivale a la adopción del modo de vida pequeñoburgués o burgués. Sobre esta base,
unos y otros niegan también que la clase obrera tenga motivos para la transformación social.
Ahora bien, ¿es cierto que, dado el nivel de
vida conseguido en los principales países capitalistas, desaparecen los motivos para la transformación social? La realidad demuestra que no
es así.

A C T U A L E S

En primer lugar, no se puede dejar de tener
en cuenta el hecho de que nuestro siglo, en el
que el capitalismo ha alcanzado su fase superior de desarrollo, ha sido el más sangriento y
destructor en la historia de la humanidad. Dos
guerras mundiales, las devastaciones que reportaron los regímenes fascistas y las destructoras
crisis económicas se llevaron millones de vidas
humanas. Estas catástrofes fueron engendradas
por el dominio de los monopolios. Las masas,
más o menos, comprenden esto. Por eso, la vida de los hombres en los países capitalistas está vinculada al constante y creciente temor de
que la política de los círculos gobernantes pueda conducir al desencadenamiento de una guerra termonuclear, la más grande de las catástrofes que hoy amenaza a la humanidad.
De aquí que los problemas de la guerra y de
la paz ocupen el lugar central y decisivo en los
movimientos de masas que se desarrollan en la
actual sociedad capitalista. Así lo evidencia una
vez más la creciente envergadura de los movimientos populares contra la agresión norteamericana en Vietnam y en la República Dominicana. Uno de los más fuertes motivos impulsores de la intensificación y ampliación de las acbiones de las masas surge en nuestro tiempo
cuando las masas mismas ven que se trata de
preservar la paz en la lucha contra aquellos
Círculos que están dispuestos a lanzarse a la catastrófica aventura termonuclear. Por ello misino sería injusto considerar que ciertos logros
Inateriales parciales conseguidos por la clase
obrera puedan eliminar los motivos para la
transformación socialista de la sociedad.
Existen otros muchos factores que vienen a
confirmar que en las fases superiores del'desarrollo del capitalismo se manifiestan con mayor fuerza nuevas contradicciones, que en su
conjunto expresan la contradicción fundamental
de la sociedad capitalista entre el carácter social de la producción y la forma privada de
apropiación. Estas contradicciones se manifiestan, como hemos señalado, en todos los procesos que se originan en la sociedad capitalista.
Subjetivamente esto se interpreta corno una creciente ruptura entre la situación real de las masas y lo que ellas consideran posible conseguir;
pero precisamente esto contribuye a un reforzamiento de los motivos subjetivos para la liquidación de la vieja sociedad y para la búsqueda
de nuevas vías de progreso que sólo pueden llevar hacia el socialismo.
Mas es importante ver con claridad que ante
los ojos de las masas la agudización de las contradicciones del capitalismo aparece no sólo en
sus viejas y tradicionales formas, sino a la vez
—en algunos aspectos extraordinariamente importantes— también en nuevas formas, que no
siempre ni de inmediato se toman como la ex-

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presión de la contradicción fundamental del capitalismo. De aquí el papel necesario y decisivo
que desempeñan los partidos conscientes de la
clase obrera, explicando la esencia de estas contradicciones y movilizando las grandes posibilidades revolucionarias, en parte todavía no
aprovechadas.
Si observamos atentamente la lucha económica que vienen librando los trabajadores de los
países occidentales a lo largo de los últimos
años, saltará a la vista que esa lucha, lejos de
ceder y extinguirse, se intensifica. Esto quiere
decir que las masas no sólo están decididas a
defender con todas sus fuerzas el nivel de vida
alcanzado y todas las conquistas sociales, sino
que quieren disfrutar en la mayor medida posible de los frutos de su propio trabajo: de los
frutos del actual progreso técnico y de la revolución científico-técnica. El constante desarrollo
y la profundización de la lucha de las masas
por las reivindicaciones inmediatas se ven estimulados por el proceso objetivo de surgimiento
de nuevas necesidades, derivadas de las condiciones de la producción y de la vida social, y
por las inusitadas posibilidades de comparar a
escala internacional las condiciones de vida en
los diferentes países.
Pero al insistente afán de las masas por mejorar las condiciones de vida el capital monopolista contrapone el mecanismo de los precios de
monopolio, la inflación y la «política de rentas», procurando bloquear los salarios, limitar el
consumo, reducir a la nada las conquistas de
los trabajadores y cargar sobre sus espaldas el
fardo de las dificultades económicas engendradas por la agudización de la concurrencia, poi
los fenómenos de crisis, etc. Este conflicto fundamental de la actual sociedad burguesa da origen, en fin de cuentas, a un mayor descontento, abierto o latente, contra el régimen capitalista.
Al mismo tiempo, en el sistema de contradicciones sociales de la sociedad burguesa madura destacan cada vez más otras facetas de las
relaciones sociales que reflejan la presión del
juego espontáneo de las fuerzas capitalistas sobre los trabajadores. Los líderes del mundo capitalista contemplan con asombro la propagación del descontento, de una angustiada inquietud e incluso de la desesperación entre aquellos
que no sufren serias dificultades en el orden
material. Los ideólogos burgueses pretenden explicar esto por la influencia del progreso científico y técnico, que viene a trastornar el habitual modo de vida. Pero esto no es más que
una parte de la verdad. El sentimiento de enajenación y de insatisfacción, de soledad y de
frustración tiene sus raíces profundas en la estructura social del capitalismo, en su incapacidad de dar a los hombres la alegría del trabajo

31

creador y de asegurar un desarrollo libre e integral de la personalidad.
Desde el punto de vista de la perspectiva socialista, es importante señalar los problemas relacionados con la situación de los trabajadores
directamente en la esfera de la producción.
Hace unos años se publicó en EE.UU. el
Manifiesto capitalista de Kelso y Adler. En él
se dice literalmente lo siguiente: « . . .Los obreros, que cumplen operaciones mecánicas y forman la. masa aplastante de nuestra fuerza de
trabajo y de nuestra población, hacen un aporte relativamente pequeño a la producción de
riqueza para nuestra sociedad en comparación
con el aporte de los dueños de capital» [el subrayado es nuestro. — I. N. y A. V.l. Kelso y
Adler puntualizan que en EE.UU., según sus
cálculos, el trabajo de los obreros crea menos
del 10% del producto nacional, en tanto que
más del 90% se debe a la contribución de los
propietarios de capital. Pocos apologistas del
capitalismo habrán expresado con tanta franqueza la pretensión del capital de apropiarse de
hecho de casi toda la riqueza material creada
por la sociedad.
Pero importa subrayar lo siguiente: desde el
punto de vista del capital es así precisamente
como ocurren las cosas. Conforme aumenta la
acumulación de trabajo anterior, que se materializa en los medios de producción y se concentra en forma de capital en las manos de la
burguesía, disminuye relativamente la importancia del trabajo vivo y, por consiguiente, el «derecho» de este último a recibir su parte de la
riqueza material. Dicho de otro modo, si expresamos esto en términos de la Economía política
marxista, cuanto más alta sea la composición
orgánica del capital, mayor será la parte del
nuevo valor creado a la que pretende el capital.
Una consecuencia práctica de esta «lógica
capitalista» es la tendencia a desplazar al hombre del proceso de producción. Bajo el capitalismo, el progreso técnico se utiliza no como
medio de ahorro racional y sistemático de trabajo social, sino como instrumento de una guerra constante, abierta o solapada, contra el tra
bajo, bien sea en forma de una intensificación
extremada de los procesos laborales, bien como
presión sobre el nivel de los salarios o como
desplazamiento inmisericorde de los obreros
«sobrantes». La amenaza de despidos masivos
como consecuencia de la automatización pende
como una espada de Damocles sobre distinta?
capas de la clase obrera. Desde el punto de vista del capital, la fuerza de trabajo pasa a ser
el elemento de la producción más «caro» y «que
más quebraderos de cabeza da», un elemento
que debe ser reducido al mínimo indispensable
requerido por el progreso técnico y los intereses del beneficio.

32

T R I B U N A DE P K O B X . E M A S

La pérdida del trabajo constituye una verdadera tragedia para el obrero asalariado, agravada porque todo el régimen de la producción capitalista lo convierte en obrero «parcial», mientras que el proceso dinámico de los cambios
tecnológicos lleva de manera continua a la desaparición de especialidades y oficios ya desfasados. Surge la necesidad creciente de organizar
la readaptación profesional sistemática y racional de los obreros a escala nacional. Es necesario también elevar de modo sistemático su nivel
de instrucción y de cultura para facilitar el rápido cambio de trabajo y de profesiones, la
adaptación sin trastornos a las nuevas condiciones de la producción. Mas en la vía para realizar estas tareas se interpone la desigualdad social, que en la sociedad burguesa moderna se
manifiesta con singular fuerza, precisamente, en
la esfera de la instrucción.
A esto va unido estrechamente en la producción capitalista el problema, cada día más agudo, de la dignidad humana del obrero. La aplicación capitalista de la técnica moderna acentúa la enajenación del obrero, despersonaliza su
trabajo, amenaza con convertirlo en un robot.
Pero a medida que avanza el progreso económico y que se liberen los hombres del abrumador agobio de la indigencia, lejos de desaparecer, crece la aspiración a un trabajo creador, a
la preservación de la dignidad de la personalidad del trabajador de todos los atentados en el
proceso de la producción y en toda la vida social. Y esto también viene a introducir nuevos
elementos en la lucha de clases de los trabajadores.
Ya ahora en el movimiento obrero de muchos
países desempeñan un gran papel las reivindicaciones que se refieren a la seguridad del empleo, a la reglamentación, al ritmo y al contenido del trabajo, a la readaptación profesional
de los obreros y de los empleados, etc. Es interesante señalar que estas reivindicaciones encuentran también eco en los obreros más calificados y mejor retribuidos. Los trabajadores tratan de conseguir que sean fijadas las pertinentes
condiciones en todos los contratos colectivos.
Sin embargo, el asegurar sólidas garantías para
conseguir que estas reivindicaciones -se hagan
realidad presupone el derecho real de los obreros y empleados a participar en la dirección de
Ic: producción, incluidos los problemas concernientes a la contratación y al despido de la mano de obra, a la planificación de la producción,
a la organización del trabajo, a la distribución
de las inversiones, etc.
Dicho de otra manera, se trata de reivindicaciones tendentes a limitar el poder de los monopolios. De aquí que la lucha por estas reivindicaciones estimule en fin de cuentas la formación de una conciencia clasista, socialista,

A C T U A L E S

lleve a la clase obrera a comprender la necesidad de combatir por la conquista del Poder.
La significación de tales reivindicaciones se
acentúa de manera extraordinaria por la circunstancia de que, en las condiciones de hoy,
los obreros perciben cada vez con mayor agudeza la falta de derechos que experimentan directamente en Jas empresas, donde la negación
de la democracia se apoya en los derechos «soberanos» de los patronos y donde el poder despótico del capital se realiza en la forma más directa y descarada. Por eso, en el movimiento
obrero y democrático de muchos países crece
la aspiración a ampliar y renovar la democracia
y, en particular, a participar de manera real
—a través de los sindicatos y de los organismos
electivos de los lugares de trabajo— en la dirección de la economía y de las empresas.
Esta es una de las manifestaciones del creciente conflicto entre el capitalismo y la democracia. Cuanto más agudos son los problemas
internacionales y nacionales con los que tropieza la sociedad burguesa, más fuerte es la tendencia autoritaria en la política de las esferas
gobernantes. Esta tendencia autoritaria, derivada de la organización estatal-monopolista de la
producción, refleja el afán de la clase dominante de defender el sistema de privilegios basado
en el poder del dinero. Esa tendencia se pone
de relieve en los persistentes intentos de vaciar
de todo contenido efectivo las instituciones parlamentarias, de vigorizar el poder ejecutivo a
expensas del legislativo, de reforzar el aparato
de represión, de restringir los derechos y las libertades constitucionales, etc.
La tendencia al autoritarismo va acompañada
del peligro del fascismo. La realidad muestra
que el fascismo no es una «desviación» fortuita
en el desarrollo político de Occidente. Mas la
historia ha enseñado a las masas a odiar al fascismo; la lucha contra él es parte esencial de
las tradiciones democráticas y nacionales. La
marcha de los acontecimientos impulsa cada
vez más a las masas de espíritu democrático a
tomar conciencia de la incompatibilidad del capitalismo.
A la vez se hace más profundo el propio
contenido de las demandas democráticas, las
cuales se extienden a esferas cada vez más diversas de la vida social: desde la producción
hasta las decisiones en el dominio de la política exterior, cuya preparación y cuya adopción
se realizaron siempre a espaldas de los trabajadores, fuera de su control. Hoy la clase obrera
lucha por reforzar su influencia en todas las esferas de la vida social.
La extrema desigualdad de la expansión industrial, que va acompañada de la decadencia
de regiones enteras; el crecimiento caótico y
monstruoso de las grandes ciudades, el retraso

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T R I B U N A

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D E

P R O B L E M A S

permanente del sistema de instrucción pública,
de asistencia médica y de seguridad social con
relación a las necesidades sociales; todos estos
y otros problemas similares dan origen igualmente a diversos movimientos de masas, que en
su base toman cada día más un rumbo antimonopslista y anticapitalista.
Así, pues, los motivos impulsores de la transformación social parten hoy de aspectos de la
realidad capitalista que antes eran velados por
formas más brutales y bárbaras de la explotación capitalista. Cabalmente por eso, hoy millones de personas se alzan en Occidente contra
el capitalismo, en favor del socialismo, aunque,
claro es, esto no quiere decir que su comprensión de los objetivos socialistas se halle siempre al nivel del socialismo científico.
Sin embargo, sería una ilusión engañosa establecer el signo de igualdad entre los motivos
que impelen a la transformación social y la opción consciente en favor del socialismo. Como
lo demuestra la experiencia histórica, el descontento por el capitalismo pueden aprovecharlo
las fuerzas reaccionarias y fascistas, que intentan embaucar a las masas y encauzar ese des-

A C T U A L E S

33

contento por un derrotero falso que lleve a un
proceso de involución.
De aquí el inmenso papel de la vanguardia
revolucionaria del movimiento obrero: los partidos comunistas y obreros, capaces de expresar y formular justamente las aspiraciones de
las masas y de orientar su actividad social por
unos cauces revolucionarios. La realidad social,
hoy más compleja, presenta a los comunistas
nuevas y más altas exigencias, eleva aún más el
papel de-los partidos de la clase obrera, de la
unidad de acción de los diferentes destacamentos organizados del movimiento obrero. Hacer
honor a estas nuevas exigencias significa realizar una aportación eficaz al proceso de formación de una amplia alianza antimonopolista y
democrática, encabezada por la clase obrera,
que sea encarnación real de la mayoría consciente, sin cuya participación no es posible en
nuestros tiempos efectuar la transformación socialista.
Sería útil, a nuestro juicio, profundizar en el
análisis de estos problemas y, en particular, examinar cómo la clase obrera puede desarrollar,
adecuadamente, las formas de su lucha.

La doctrina social del Vaticano
y el siglo XX
por LIBERO PIERANTOZZI

ncastillado en su estrecha corte familiar y
en aquella Curia romana que su autoritarismo había contribuido a hacer omnipotente, rodeado de una túrbida atmósfera de intrigas y especulaciones, que no perdonó ni a su
mismo cadáver, Pío XII expiró al amanecer del
9 de octubre de 1958. El vértice de la Iglesia
católica estaba profundamente dividido —desde
hacía varios años faltaba incluso la cabeza del
«ejecutivo»; el secretario de Estado—, profundos surcos de intolerancia e incluso de rebelión
se observaban en los episcopados nacionales y
en las comunidades religiosas de distintas partes
del mundo.
Los pilares esenciales de la estrategia de esíe
papa «político» por antonomasia estaban prácticamente en ruinas. La quimera de una «restauración» capitalista en los países socialistas, acariciada desde largos años al unísono con los
ulírancistas atlánticos «a lo Dulles», se esfumaba ante la fuerza y la vitalidad del socialismo
y el renovado desarrollo promovido sobre todo
después del XX Congreso del PCUS. Se disipaba el «sueño carolingio» de una Europa Occidental convertida en belicoso antemural de una
cruzada atómica antisoviética bajo la dirección
de las fuerzas católicas: la Democracia Cristiana italiana, el MRP francés, el partido de Adenauer, los católicos belgas, Franco y Salazar.
Bandung había mostrado que los representantes
de 1.500 millones de hombres liberados del colonialismo o en lucha por su emancipación,
sentaban en el banquillo de los acusados —como escribía un sacerdote progresista italiano—,
al lado del colonialismo, al propio catolicismo,
asociado a él. En consecuencia, toda la costosa
estructura «misionaría» se precipitaba en una
crisis profunda. Las excomuniones y las persecuciones desatadas y promovidas por los clericales, sobre todo en los países del Occidente
europeo, contra los comunistas y los movimientos obreros avanzados, producían efectos contrarios. En Italia, cuatro meses antes de la
muerte de Pío XII, el Partido Comunista con-

E

Con la publicación de este artículo, NUESTRA
ÉPOCA prosigue la discusión de los problemas planteados en el trabajo de S. Alvarez aparecido en el
número anterior.

seguía otra gran victoria electoral, extendiendo
ulteriormente su presencia política a todas las
regiones, pese a tratarse de un país estadísticamente muy católico.
Incluso en el campo propiamente religioso,
no obstante las providencias del Santo Oficio,
las corrientes católicas innovadoras ponían a
debate cuestiones estructurales, determinaciones
jerárquicas y proclamaciones dogmáticas, en
tanto se desarrollaba, cada vez más concentrada, la polémica antipapista y antirromana de
los protestantes y de los ortodoxos. El prestigio
del supremo magisterio papal había decaído; la
grave flexión de las «vocaciones» eclesiásticas
iba acompañada de un empobrecimiento numérico y cultural del clero y de una erosión silenciosa, aunque profunda, entre la ñiasa de
creyentes.
Evocando el pontificado del Papa Pacelli, en
ocasión de la elección de Paulo VI, Togliatti
escribió en Rinascita en junio de 1963: «El
cuadro político de Pío XII era el tradicional,
que asignaba a la Iglesia una función de preservación del «orden» constituido y tradicional,
en el mismo momento en que éste se estaba
transformando e iba desapareciendo, arrollado
por la irrupción de fuerzas y ordenamientos,
aspiraciones y costumbres totalmente nuevos.
El predecesor de Juan XXIII tenía como atenuante —cosa que puede admitirse— la situación creada después de la terminación de la segunda guerra mundial, cuando a la capa dirigente conservadora le parecía que el poderío
norteamericano era capaz de asegurar la permanencia de los viejos ordenamientos sociales
durante un período indeterminado. Los hechos,
el curso y las victorias de los movimientos revolucionarios y populares del mundo entero se
encargaron de disipar rápidamente esas ilusiones conservadoras. La propaganda de Pío XII
no había dejado huella alguna en los espíritus.
Su política hizo recaer sobre la Iglesia las consecuencias del fracaso de los planes reaccionarios de la guerra fría. En el momento de su
desaparición el movimiento político católico era
presa de una crisis que poco a poco se iba haciendo más profunda. Sobre las espaldas de la
Iglesia católica gravitaba el peso no sólo de la
política exterior atlántica, sino también de las

"LA DOCTRINA SOCIAL DEL VATICANO Y EL SIGLO XX

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francés y del militarismo alemán. Los principales partidos católicos estaban desgarrados por
las contradicciones. ¿Para qué había servido
identificarse con estos partidos más que para
proporcionar la prueba de que, por ejemplo en
Italia, las instrucciones de los obispos e incluso
las excomuniones e interdicciones dejaban totalmente indiferentes a unos 10 ó 12 millones
[o tal vez más] de hombres y mujeres? Ciertamente, las clases dirigentes italianas habían
conseguido un respiro y habían obtenido de esto cierto beneficio. Pero, ¿a qué precio para la
Iglesia?».
En la tarde del 28 de octubre de 1958, después de diez escrutinios nulos, fue elegido sucesor del Papa Pacelli el cardenal de 77 años
Angelo Giuseppe Roncalli, patriarca de Venecia, que asumió con el nombre de Juan XXII!.
Se habló de compromiso en torno a un personaje de edad muy avanzada, elegido de fuera
de las facciones de la Curia y atendiendo a la
determinante indicación del episcopado francés.
Sus orígenes eran de lo más humilde. Hijo
de campesinos pobres, había nacido en la católica provincia de Bérgamo, en la zona prealpina, al norte de Milán. En la juventud, y bajo
la protección de su obispo, había participado en
una de las primeras batallas «sociales» del catolicismo italiano, apoyando una huelga de 50
días sostenida por 800 obreros de una fábrica
de Ranica en defensa de sus derechos sindicales. Este ardor social del joven Roncalli no fue,
naturalmente, del agrado del Vaticano. No obstante, unos años más tarde, sería incluido en
les cuadros de la diplomacia pontificia e iniciaría, yntre las dos guerras mundiales, una experiencia lejos de Roma —en Grecia, Bulgaria
y Turquía—, en contacto con poblaciones que,
predominantemente, no eran católicas y que ss
veían obligadas a vivir en unas condiciones de
extrema indigencia, empeñadas, por ende, en
agudos conflictos sociales.
A fines de 1944 fue trasladado urgentemente
a París, para reemplazar al nuncio Valeri, comprometido con Petain. Aquí, en los años sucesivos, habría de ser testigo, hasta su traslado a
V'enecia, del drama de los curas obreros y de
la despiadada represión ordenada desde Roma
contra el ala progresista del catolicismo francés.
Este Papa, destinado tal vez por el Cónclavo
r. ocuparse sólo de la administración ordinaria,
en espera de una solución definitiva del conflicto
entre «pacellianos» y «antipacellianos», mostróse
profundo conocedor de la situación de su Iglesia y reveló, al mismo tiempo, que sabía valorar en forma abierta y adecuada las condiciones
establecidas en el mundo de la era atómica y
después de la afirmación de un vasto y sólido

35

sistema de Estados socialistas, realizando dos
actos que, a despecho de los reflujos, las resistencias y íes sabotajes, estaban destinados a marcar un viraje en una confesión religiosa que
agrupaba a 500 millones de adeptos en los cinco continentes. Tres meses después de su elección convocó el Concilio Ecuménico Vaticano lí,
y dos meses antes de su muerte, en abril de
1963, promulgó la encíclica Pacem in terris,
En mayo de 1961, el Papa Roncalli había publicado" otra encíclica sobre los más recientes desarrollos de la doctrina «social» católica —la Mater et Magistra—, pero se trata de un documento
prolijo, elaborado por muchas personas, sustancia!mente ecléctico, preocupado por adecuar en
diversos detalles las posiciones católicas a las
nuevas exigencias y todavía amarrado a las viejas pilastras del interclasismo y de la tradicional
polémica antisocialista Pero en él ya ss hace
caso omiso del reconocimiento ampliamente otorgado por el Papa Ratti [Pío XI] al «sindicalismo» obligatorio Cel corporativismo] y a las medidas represivas y terroristas adoptadas por los
regímenes; fascistas contra las luchas económicas
de los trabajadores y contra las huelgas.
La Pacem in terris fue concebida en los dramáticos días de la crisis de Cuba, durante la
cual Juan XXIII emprendió una discreta, aunque firme, acción —incluso personal— cerca
de Kennedy, lanzado al peligroso intento de liquidar el poder socialista en la pequeña isla del
Caribe. Esta encíclica, sobre todo en su «parte quinta», abandonando el tradicional y hasta
hipócrita esquema exhortatorio y seudomoralizador de no pocos documentos vaticanos consagrados por varios papas a las cuestiones de la
paz y de la convivencia humana, ofrece, por el
contrario, con indiscutible realismo político, un
profundo análisis de la realidad concreta de hoy,
para llegar a conclusiones que reconocen en la
legitimidad de las nuevas y grandes experiencias sociales de pueblos enteros y en la justeza
de las aspiraciones a la emancipación de las clases trabajadoras y de los pueblos aún oprimidos
la única base posible de la coexistencia pacífica
real.
Esto es, en definitiva, el repudio de la cruzada, la aceptación de un pluralismo social y
político en el plano internacional y la consiguiente apertura de un diálogo entre países de
distinto régimen. Es la condenación de la política de fuerza y de la carrera armamentista, cuya
meta final puede ser una exterminadora guerra
atómica.
No sólo los círculos reaccionarios, desde los
italianos hasta los norteamericanos: no sólo los
revanchistas de Bonn con Adenauer a la cabeza; no sólo los ultrancistas atlánticos y los partidarios de las «cruzadas atómicas» contra Moscú pusieron el grito en el cielo. En aquellos

36

T R I B U N A

D E P K O B L E M A S

días altos prelados del Vaticano y el propio
cardenal Siri, de Genova, presidente de la Conferencia episcopal italiana, hablaron del «daño»
que el documento de Juan XXIII había causado
a la Iglesia católica, concebida por ellos invariablemente como baluarte del conservantismo y
como auténtico «opio del pueblo», opuesta drásticamente a las más profundas exigencias de millones de personas sencillas, creyentes y no creyentes.
Hasta la espléndida victoria electoral conseguida por el Partido Comunista Italiano en las
elecciones generales políticas del 28 de abril de
1963, fue imputada en términos irrespetuosos
por la prensa reaccionaria y clerical al presunto
«ñlocomunismo». . . ¡del Papa!
De hecho, la Pacem in tenis es ante todo el
documento de un pontífice conocedor del catolicismo y que, midiendo el peligroso abismo
abierto entre su Iglesia y la realidad del mundo
de hoy, abismo que mina de raíz la vitalidad
misma de la Iglesia, busca honestamente el camino para volver a encontrar al hombre, al hombre de nuestro tiempo, protagonista y artífice de
esa realidad. Trata de definir la situación efectiva de ese hombre, de comprender sus orientaciones, sus aspiraciones e intereses esenciales, se
esfuerza por compendiar, valorándolo objetivamente, el áspero camino recorrido casi siempre
al margen de la influencia de las normas ideológicas del catolicismo, a menudo en abierta contradicción con su organización práctica, asociada
a fuerzas que por todos los medios han obstaculizado el pleno desarrollo de una nueva realidad social.
Juan XXIII resume en tres grandes fenómsnos las características que prevalecen en el mundo de hoy: el ascenso económico-social de las
clases trabajadoras, que de las reivindicaciones
elementales de orden económico pasan a exigir
plenos derechos políticos y la participación en
los bienes de la cultura; la incorporación de la
mujer a la vida social, hecho que subvierte uno
de los sectores decisivos que hacen del catolicismo, en algunos países, un fenómeno de masas; la afirmación de nuevas comunidades de
pueblos libres eon la recusación absoluta de la
vieja estratificación en pueblos dominantes y pueblos dominados.
El camino que en esencia elige y señala para
que su Iglesia pueda mantener y extender su
vinculación con millones de hombres, es el de la
comprensión cautelosa, pero adecuada, de esa
realidad y de los objetivos concretos que, dentro de ella, mueven a las grandes masas y las
convierten en los verdaderos protagonistas de
la historia. Teniendo presente los graves errores
del pasado y consciente de la espinosa situación heredada, la advertencia que implícitamente hace a su jerarquía es la de actuar de modo

A C T U A L E S

que este movimiento no se desarrolle sin la participación católica, o en todo caso que no choque con la franca hostilidad de la Iglesia. Se
trata de un discurso nuevo, insólitamente «precursor», sobre gravísimos retrasos históricos que
proporcionaron al catolicismo otras tantas derrotas históricas. Pero es un discurso plenamente
compatible con las tareas esenciales prefijadas
al pontífice católico y que siguen siendo las destinadas a salvaguardar para la propia Iglesia el
espacio conquistado y a tratar de ensancharlo, a
permitirle asumir un papel de primer orden y
tal vez determinante en el alineamiento de las
fuerzas históricas decisivas, papel que es a la vez
condición de un reforzamiento y de una ulterior expansión.
Del mismo modo que a finales del siglo pasado, en tiempos del Papa León XIII, es decir,
con un retraso de por lo menos un siglo, la
Iglesia romana se decidió por fin a abandonai
a su suerte a las decrépitas capas feudales e intentar por todos los medios la unión con la burguesía aún en fase ascensional en ciertos países
de predominio católico, así también Juan XXIII,
extrayendo de una valoración objetiva el reconocimiento de la función que hoy corresponde
a las grandes masas populares en el devenir histórico, con la Pacem in terris y el Concilio Vaticano II actuó para preparar y encaminar a la
propia Iglesia, tratando de corregir los errores
más groseros de sus predecesores y de inscribirse, en la medida de lo posible, en la corriente mundial que intuitivamente valoraba como determinante, de transformación y renovación política, social y económica.
En torno a esta intuición de fondo de las
posibles perspectivas que afectan a la estructura
interna del catolicismo, a las relaciones entre las
diversas confesiones del tronco cristiano y, finalmente, a la posición frente a las grandes entidades sociales, políticas y culturales predominantes en el mundo, se encuadra el Concilio Vaticano II, convocado inesperadamente por Juan
XXIII a comienzos de 1959 ante la conturbación de la Curia y reunido en octubre de 1962,
a despecho de los obstáculos, las abiertas disensiones y los intentos de reducirlo a una especie
de solemnidad formal. La oposición de fondo o
parcial o la adhesión al concepto-guía de Juan
XXIII determinaron las tres corrientes principales que se enfrentaron en la asamblea suprema
del catolicismo: los conservadores, que consideran intangible —aparte de algunos retoques—
la orientación de fondo y la estructura de la
Iglesia romana, tal como han venido definiéndose desde la Contrarreforma y, sobre todo, desde el Concilio Vaticano I [1869—1870] hasta
el papado de Pacelli; los moderados, que buscan el compromiso sobre la base de adecuaciones y retoques que «modernicen» en el plano

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formal, sin tocar a los núcleos esenciales derivados de la tradición, y, finalmente, los innovadores, que consideran necesario un esfuerzo crítico y autocrítico suficiente que aligere al catolicismo de todo cuanto parece más anacrónico
y en estridente contraste con la sociedad humana de nuestros días, en vías de rápida transformación por impulso de los grandes movimientos
sociales, técnicos y culturales.
Al inaugurarse el Concilio Vaticano II e! número de prelados con derecho a participar en él
era de más de 2.000, de ellos 853 de países
europeos, 290 de países asiáticos, 273 de países
de África, 325 de Norteamérica, 465 de América Central y del Sur y 63 de Oceanía. El grupo más fuerte en absoluto era el italiano [385],
seguido por los norteamericanos, 196; brasileños, 171; franceses, 122; españoles, 84; canadienses, 76; indios, 72; alemanes, 58; mexicanos, 52; argentinos, 50; congoleses, 44; colombianos, 43; filipinos, 40; ingleses, 39, etc. Catalogar a un grupo conciliar en bloque en una o
en otra corriente sería esquemático. Y sería inexacto definirlo conforme a las posiciones mantenidas constantemente por él en el curso de las
tres sesiones. Debe tenerse en cuenta que se fue
produciendo cierta diferenciación en el seno de
los diversos grupos y que en las fases sucesivas
se determinaron cambios. Además, por motivos particulares, ha ocurrido incluso que grupos
alineados en apoyo de soluciones «innovadoras»
sobre un problema, han mantenido después posiciones completamente opuestas sobre otros: por
ejemplo, los padres conciliares de los países árabes, muy cercanos al patriarca Máximo IV, une
de los miembros más abiertos del Concilio, s;
unieron con los grupos conservadores a propósito de la declaración en favor del pueblo hebreo; asimismo, los grupos de conciliares americanos, que apoyaban las declaraciones antirracistas y por la libertad religiosa, adoptaron prácticamente en el problema de la condena de las
armas atómicas, químicas y bacteorológicas la
posición del Departamento de Estado o del
Pentágono.
El grupo episcopal italiano, aunque con algunas notables excepciones, ha sido uno de los
baluartes de las posiciones conservadoras bajo
la égida del cardenal Ottaviani, del cardenal Siri,
del cardenal Ruffini y de la Curia Vaticana, en
general celosa de su poder omnímodo, erigido
a la sombra de la infalibilidad y del absolutismo
pontificio. Juan XXIII tuvo que imponer el Concilio Ecuménico a la Curia, y una de las reivindicaciones de los progresistas es precisamente
la reforma y la transformación de este grupo de
poder, que puede imponer condiciones incluso
al Papa y restringir y anular las prerrogativas
de los episcopados nacionales. La Curia romana
constituye también la instancia superior que de-

termina las relaciones con las autoridades te^nporales; posee grandes intereses financieros y,
por tanto, representa una fuerza reaccionaria
concreta, que no debe ser menospreciada en modo alguno.
El apoyo al sector conservador proviene, en
general, de upa gran parte de los episcopados
de España, Portugal, Filipinas, de los países de
América Latina, de las misiones «blancas» en el
Extremo Oriente, de los secuaces del cardenal
norteamericano Spellman, de una parte del episcopado yugoslavo, de una parte de los obispos
irlandeses, etc. Sustentan posiciones moderadamente innovadoras Montini, los obispos polacos
próximos a Wyszynski, los obispos belgas que
siguen al cardenal Suenens, algunos obispos sudamericanos y africanos y los obispos indios ligados a Gracias. En esencia, con la línea de
Juan XXIII están vinculados los cardenales Bea,
Máximo IV, Alfrink, Koenig, Liénart, Lercaro,
Cardijn, Frings y algunos otros.
En la primera sesión del Concilio [del 12 de
octubre al 7 de diciembre de 1962], celebrada
bajo el pontificado del Papa Juan, se libraron
dos batallas y, como resultado de la intervención
directa del Papa, ambas concluyeron con una
estruendosa derrota de los conservadores y de
la Curia: la primera, iniciada por el francés Liénart, impuso la reorganización de todas las comisiones conciliares sobre la base de una elección por la asamblea [en vez de las comisiones
prefabricadas por la Curia]; la segunda rechazó
el esquema sobre las fuentes de la «revelación»,
preparado por el cardenal Ottaviani, acordándose
que este texto fuese reelaborado por una nueva comisión, en la que desempeñó un importante papel el cardenal Bea.
En junio de 1963 falleció Juan XXIII y el
cardenal Montini ascendió al solio pontificio con
el nombre de Paulo VI.
La segunda sesión [otoño de 1963] condujo a
la aprobación de dos esquemas poco importantes y generales. También en ella se produjeron
choques, pero evidentemente se esperaba a ver
cuál era la verdadera línea de conducta del nuevo Papa.
La gran batalla desencadenada en la tercera
sesión [del 14 de septiembre al 22 de noviembre
de 1964] terminó con la denominada semana
«negra». Desde entonces todos los problemas decisivos del Concilio siguen pendientes, y el destino de la asamblea se decidirá en la cuarta y
última sesión, que se inaugurará el 14 de septiembre de este año. Mas ya hoy nos preguntamos, con todo fundamento, si la semana «negra» no determinó la suerte del Concilio, al dictar a la asamblea la voluntad del Papa y, en
parte, de la Curia.
Por decisión de Paulo VI, en esos días se preparó una nota interpretativa en sentido restric-

T R I B U N A

D E

P R O B L E M A S

tivo del esquema de la estructura de la Iglesia y
19 enmiendas al decreto sobre el ecumenismo,
que el boletín del Consejo de las Iglesias Evangélicas Italianas ha calificado de «violación radical del texto». Además, suscita la mayor preocupación la decisión papal, comunicada al Concilio por el cardenal Tisserant, en aplazar hasta
una nueva sesión la votación general y previa
sobre la declaración acerca de la libertad religiosa, ya solicitada por una delegación de 16
cardenales, encabezada por Frings, y exigida en
una petición por 1.200 conciliares.
La grave tensión con que terminó la tercera
sesión del Concilio, así como el inequívoco cambio, en sentido negativo, de su clima, sobre todo con respecto a la primera sesión celebrada
bajo Juan XXIII, plantea de nuevo ante otras
comunidades cristianas no católicas al problema
[que, por cierto, es considerado lógico por el
arzobispo de Colonia, Frings] de la capacidad
intrínseca del catolicismo para dar vida a una
verdadera dialéctica propia, a fin de hacer del
Concilio un «concilium» auténtico y propio, es
decir, un centro de búsqueda conjunta de «la
verdad». Esta tensión hace recordar el tempestuoso final del I Concilio Vaticano y, sobre todo, aquel 18 de julio de 1870 en el que se proclamó el dogma de la infalibilidad papal, estando ausentes, en señal de protesta, una tercera
parte de los miembros del Concilio, entre ello>
los obispos de París, Viena, Monaco, Milán y
Turín, el primado de las Galias y el de Hungría, el arzobispo «social» Ketteler de Maguncia y los arzobispos de Praga, Marsella, etc.
Ha quedado confirmado que todo el debate
se caracteriza en general por el choque entre la
voluntad de los que tratan de tomar el pulso y
medir la «temperatura de la Tierra» [recogiendo
las palabras de Teilhard De Chardin] y de descubrir, en el pretendido «mal», al menos una
fiebre de crecimiento y la intransigente determinación de los que, por el contrario, quieren
enclaustrar a los hombres, las cosas y los acontecimientos en el refugio de la tradición y del
conservadurismo, dejando solamente un angosto
margen para una ilusoria renovación. . . Nos parece que tras los choques habidos en las i 30
reuniones plenarias y en las comisiones se encubren no tanto divergencias metodológicas, surgidas a consecuencia cíe apreciaciones opuestas
sobre la «inmutabilidad» o la «historicidad» de la
Iglesia católica, como posiciones distintas y, a
veces, completamente contrarias de algunos padres conciliares, movidos por impulsos e intereses diferentes respecto a la problemática preponderantemente «mundana» de nuestro tiempo. He
aquí por qué [también desde este punto de vistal el Concilio Vaticano II deja de ser un asunto interno de la Iglesia y hay que considerarlo
seriamente como un acontecimiento vinculado a

A C T U A L E S

fuerzas reales operantes que, si bien persiguen
sus propios fines culturales y prácticos, abordan
también problemas esenciales y valores relacionados con tendencias y movimientos de origen
y objetivos diversos.
Por eso no es casual el hecho de que en la
fase final de la batalla conciliar la lucha se concentrara sobre la declaración averca de la libertad religiosa y de conciencia, sobre el denominado «esquema 13», concerniente a las relaciones con el mundo moderno, y sobre el esquema
«misionario».
El momento más tempestuoso de la tercera sesión fue, en realidad, el de la comprobación de
la tradicional doctrina católica sobre la libertad
religiosa y de conciencia. En efecto, en torno
a este problema la asamblea se escindió literalmente. En su encíclica Mirari vos [1832], Gregorio XVI había sentenciado que del «veneno»
de la indiferencia religiosa «. . .se deriva la máxima falsa y absurda, o más bien el delirio, de
que se debe procurar y garantizar a cada uno
la libertad de conciencia; es uno de los errores
más contagiosos, que desbroza el camino para
la absoluta y desenfrenada libertad de opinión...
A esto hay que añadir —agregaba— la libertad
de prensa, la libertad más funesta, libertad execrable para la cual no habrá nunca bastante horror». Pío IX, su sucesor, hace exactamente cien
años, en sus encíclicas Quanta cura y Syllabus
no fue parco en condenar este delirio de la libertad religiosa, señalando entre los principales
errores de su tiempo la libertad para cada hombre de abrazar y profesar cualquier religión que,
a la luz de su razón, le pareciese verdadera. Los
límites prácticos derivados de esta doctrina [además de su repudio por el hombre moderno] son
evidentes en un mundo en transformación, en
el cual el viejo núcleo de las naciones de mayoría católica no posee ya su anterior influencia.
E! empleo de la fuerza y_ de la potestad temporal en apoyo de la Iglesia, contra otras confesiones y contra la libertad de conciencia es una
arcaica quimera, concebible únicamente bajo los
regímenes del tipo de las dictaduras de Franco
y de Salazar. Hoy el cardenal Bea. redactor de
la declaración sobre la libertad de conciencia, se
ha visto obligado a declarar: «Otra aberración
del amor mal entendido a la verdad fueron las
dolorosas guerras de religión, cuando en nombre
de la verdad se pretendía imponer por la fuerza
ciertas convicciones a otros hombres, olvidando
un hecho no menos fundamental: el amor por
la verdad, es decir, la libertad del hombre».
No obstante la intervención personal del Papa, el Concilio, por inmensa mayoría de votos,
rechazó el esquema para la reorganización de
las misiones preparado por el cardenal de la Curia Agagianian. Ante todo contra este proyecto
se pronunciaron los obispos de los antiguos paí-

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LA DOCTRINA SOCIAL DEL, VATICANO Y EL SIGLO XX

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ses coloniales, cansados de ser administrados y
dirigidos por la congregación de Propaganda de
la Fe, que mantiene criterios similares a los del
Ministerio de Colonias británico. Mas en el fondo está la crisis del viejo sistema de las misiones, que se apoyaba en los imperios coloniales.
Hoy la situación ha cambiado por entero. Un
obispo de África Occidental ha dicho: «El Islam
avanza, el paganismo resiste gracias a las aspiraciones de autonomía y al retorno a las costumbres tradicionales, el comunismo penetra con rapidez, sobre todo en los países relativamente desarrollados de África».
Del proceso de modificación que se opera entre las amplias masas africanas dio testimonio
público hace unos años en Milán el jesuíta Masson, profesor de la Universidad Gregoriana de
Roma y secretario de la «semana misional» de
Lovaina. Hizo una evocación del África negra
arcaica, donde los hombres parecían inmóviles
y sumisos, de un mundo que parecía haberse detenido, de pueblos atados a la tierra para vegetar en ella, diseminados sobre enormes extensiones, donde el misionero estaba seguro de volver a encontrarlos en el mismo aspecto invariable después de cinco, diez o veinte años. Hoy,
añadía el jesuíta Masson, la situación no ha
cambiado del todo, pero evoluciona rápidamente: imponentes muchedumbres se dirigen hacia
los centros que en una época eran habitados
casi exclusivamente por europeos: decenas de millares de negros rompen con la tradición, con
la inmovilidad, buscan trabajo asalariado, pierden la apatía típica de las aldeas inmutables y sf
incorporan a los nuevos procesos, a ios nuevo:
ritmos de la sociedad industrial incipiente. Los
Intereses religiosos, por tanto, declinan, si es que
no son repudiados francamente como herencia
de una situación de hecho que ya no es aceptable, y en la miseria de los «bidónvilles», con
frecuencia dramática, se delinea, en forma tumultuosa y confusa, otra solidaridad sobre bases nuevas.
Con una mayor autonomía, los padres conciliares de los países donde antes había misiones
reclaman también un nuevo enfoque en la consideración de los problemas de los nuevos pueblos, completamente distinto del enfoque de los
prelados de la Curia, educados en el clima latinizante e imperial típico del Vaticano. En
realidad, ya se lleva a cabo una acción particular, sobre todo a través de las organizaciones laicas, que. digámoslo de pasada, existen con
los fondos de los EE. UU. Se va definiendo una
especie de nuevo misionerismo que. además de
otros instrumentos tradicionales, trata, fundándose en una grande y multiforme experiencia, de
utilizar los canales de las organizaciones sindicales, paraeconómicas, lingüísticas y otras, de
signo confesional, a veces católico, a veces pan-

39

cristiano, a veces abiertas incluso «a todos los
creyentes». Un proceso de renovación de la
acción de la penetración católica se está operando también en América del Sur. En este sentido, Roma es el puntal para la acción, no sólo
con respecto a los continentes africano y latinoamericano, sino también con relación al Sudeste
de Asia. En el próximo año se constituirá oficialmente un centro de coordinación de la actividad a escala internacional.
El último documento importante del Concilio
es el «esquema 13», cuya reelaboración en el
seno de la comisión fue decidida hace muy poco tiempo. Este documento, presentado en la
pasada sesión, ha sido severamente censurado:
el arzobispo de Westminster lo calificó de «oscuro, ambiguo, superficial, indigno del Concilio».
En la fase final del Concilio este documento será el epicentro del debate.
El nuevo esquema consta ahora de un proemio y de tres partes. La primera, «Característica
de la situación humana de hoy», corresponde en
cierta medida a algunos enunciados contenidos
en el proemio del viejo proyecto [los considerados «signos de los tiempos»]. En la segunda
parte, «La Iglesia y la condición del hombre», se
examina, entre otras cosas, el fenómeno del ateísmo. La tercera parte, dedicada a las tareas principales de los cristianos de nuestra época, se
divide en cinco puntos: dignidad del matrimonio y de la familia: la elevación de la cultura
en este mundo; la vida económica y social; la vida política, y, por último, la comunidad internacional y la paz.
Sobre este último punto, a propósito de la exigencia de condena absoluta de la guerra atómica, química y biológica, el otoño pasado tuvo
lugar ya un debate significativo. «Una amenaza
de destrucción gravita hoy sobre la humanidad
—dijo Máximo IV, patriarca de Antioquía y hoy
cardenal—. Se habla con frecuencia de la guerra
justa, mas ¿qué motivos pueden legitimar moralmente una destrucción que equivaldría a un
cataclismo mundial? ¿Es lícito acaso destruir
una civilización y a pueblos enteros bajo el pretexto de defenderlos?.. . Del Concilio —concluyó— deberá emanar una declaración clara,
solemne, en la que se condene toda guerra nuclear, química y bacteriológica; pero, en vez de
ello, el esquema presenta este problema en términos platónicos».
Esta propuesta provocó la inmediata reacción
del obispo auxiliar de Washington, que defendió
la posibilidad y la licitud de conflictos con empleo de armas atómicas de pequeño radio de
acción, «fácilmente controlables». Es sintomático que incluso algunos periódicos norteamericanos hayan considerado este discurso más bien
como manifestación del pensamiento del Pentá-

40

T R I B U N A

D E

P R O B L E M A

gono que como concepción digna de un «pastor
de almas».
Así de áspera ha sido también la discusión
sobre el hambre en el mundo, sobre este trágico
fruto de un régimen injusto, que el catolicismo
romano ha tratado más de una vez de apuntalar [de este debate surgió el llamamiento lanzado por Paulo VI en Nueva Delhi]. En esta
discusión participó también uno de los «auditores» laicos admitidos al Concilio, el presidente
de la Comisión Internacional Católica para la
Emigración, Norris:
«En la comunidad desigual de las naciones
—dijo— un pequeño grupo inmensamente rico
abarca el 16% de la humanidad y posee el 70%
de la riqueza. Lo forman las naciones situadas
en torno al Atlántico del Norte, cristianas por
tradición... La diferencia entre ricos y pobres
crece rápidamente: viviendo uno cerca del otro,
en la misma comunidad mundial, el rico se hace
más rico, y el pobre más pobre... Para millones
de personas la pobreza significa una edad media
de 35 años. Para millones de seres que viven
en esta pobreza, la muerte es una liberación».
A Norris le han hecho eco principalmente los
obispos del Tercer Mundo, angustiados por la
miseria secular, tales como, por ejemplo, el nuevo cardenal del Alto Volta, Zungrana, y el indio
Thangalathil, que habló en nombre de 70 colegas suyos.
Y en fin, entre otros numerosos motivos polémicos suscitados por la temática del «esquema
13», debe recordase la ruptura [casi generalmente constatada] entre la religión católica y las
tendencias esenciales de la cultura moderna, la
crisis de empobrecimiento de la propia cultura
católica. Este es el caro precio por los largos
años de oscurantismo, integrismo y cruzadas de
la superstición y de la anticultura. Por eso se
comprende que el primado belga Suenens y otros
prelados más prudentes en los problemas culturales defiendan hoy la exigencia de profundizar antes que negar, y menos aún anatematizar,
los grandes fenómenos culturales, modernos, las
grandes corrientes ideológicas de nuestro tiempo.
Sobre monseñor Guerra Campos, obispo auxiliar de Madrid, ha recaído principalmente la tarea de recordar, por ejemplo, que el marxismo
no es un craso materialismo. Es ateo porque el
ateísmo constituye una parte indispentable de
su modo de ver el mundo. Cree en la necesidad
y en la suficiencia de la realidad natural, mientras que la religión y el idealismo proyectan al
hombre fuera de ella, lo alienan, impiden su liberación. Este ateísmo no es, por tanto, una negación, sino la profesión de un humanismo que
posee su propia escatología... Es necesario comprender que la negación de la trascendencia por
los marxistas no representa un defecto, sino una
cualidad, por cuanto permite al hombre volver a

A C T U A L E S

encontrarse a sí mismo. Frente a esta visión no se
puede oponer tan sólo la polémica o una falsa
apologética: es necesario comprender la profundidad del pensamiento de los marxistas para llegar a un diálogo positivo, que hasta ahora ha sido
imposible, como Paulo VI advierte en la encíclica
Ecclesiam suam. Hasta aquí, resumida, la opinión de monseñor Guerra Campos.
De esta sumaria ilustración de los temas debatidos en el Concilio Ecuménico Vaticano II
y de la breve síntesis de los recientes acontecimientos internos del catolicismo romano salta a
la vista, ante todo, que el movimiento progresista que se desarrolla en nuestro tiempo ejerce
influencia también sobre la estructura multisecular y tradicionalmente osificada que es la Iglesia católica, la cual, no obstante, agrupa a 500
millones de hombres y ejerce una influencia no
secundaria en algunas partes decisivas del mundo.
La batalla conciliar, todavía indecisa, pone de
nuevo en discusión muchas posiciones teóricas
y prácticas del catolicismo, trasciende a problemas que figuran en el centro de la atención, de
la lucha y del estudio de millones de otros hombres, creyentes o no creyentes: esta batalla no
sólo da a los marxistas motivo para experimentar satisfacción por algunos de sus propios análisis, fundados en la realidad y confirmados por
el desarrollo de los hechos, sino que les ofrece
además ocasión para realizar profundas investigaciones a la luz de la realidad nueva, no fácil
de ser abarcada en esquemas y fórmulas. La
atención prestada por los comunistas italianos a
las discusiones que tienen lugar en el vértice del
catolicismo no obedece a un puro interés cultural o a una curiosidad histórica, sino que tiene
el objetivo de buscar —a veces en el fuego de
la polémica y del choque—- todo lo nuevo y positivo que se perfila y madura entre las grandes
masas católicas italianas, cuya participación es
indispensable para el desarrollo progresivo de
nuestra sociedad. Y esto se ha visto reflejado
en los debates y en la lucha en el Concilio Ecuménico.
«Nosotros, los comunistas —decía Luigi Longo en una entrevista concedida el otoño pasado
a la revista Srern—, hemos rechazado siempre
el anticlericalismo, hemos contenido todas las
tentativas de desecncadenar una guerra religiosa
en nuestro país, laborando constantemente para
unir a todos los trabajadores en un esfuerzo común por la renovación democrática de la sociedad italiana, disintiendo a veces de la opinión de los propios camaradas socialistas y de
los partidos "laicos". . . Nosotros pensamos que
incluso una conciencia religiosa sinceramente
sentida puede contribuir a la lucha que constituye el eje de toda nuestra actividad, a la lucha
contra el poder opresor e inhumano de la sociedad capitalista».

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por JIRI ZUZANEK

... ¿Queréis crear un arte popular? Cread antes... un
pueblo dueño de sus destinos.

R o m a i n R o 1I a n d

AS perspectivas del desarrollo de la humanidad constituyen en nuestra época un
frecuente tema de meditación. A la par
con los pronósticos sobre el progreso técnico y
científico, se plantea el problema del futuro de
la cultura espiritual. ¿Qué lugar ocupará la cultura en la vida del hombre cuando se reduzca
la jornada de trabajo? ¿Cuáles serán las relaciones entre la cultura y las masas? ¿Cómo se plantean estos problemas en las condiciones actuales?
¿Cómo se resuelven bajo el socialismo?
El presente artículo expone una serie de reflexiones sobre ciertos problemas que suscitan
el interés de la opinión pública de los países
socialistas y arrancan ante todo de la experiencia de Checoslovaquia.

L

En los trabajos de los sociólogos occidentales
se repite en las formas más diversas la idea de
que la cultura espiritual del siglo XX marcha a
la zaga del desarrollo de la base material y técnica y de que la contradicción entre «cultura»
y «civilización» se va haciendo más profunda.
Otra es la base sobre la que estos problemas se
discuten en la sociedad socialista.
Pese al aumento del tiempo libre y a la existencia de medios de comunicación masiva, los
hombres, como escriben los autores occidentales, experimentan cierta inseguridad ante el vacío espiritual de las horas de ocio. Aumentan
el consuntivismo existencial, la pasividad, la evasión frente a los problemas serios en la vida y en
el arte. Hemingway y Folkner siguen siendo patrimonio de unos pocos, en tanto que los espectadores llevan ya 20 años asistiendo a los escalofriantes films" de «Frankenstein» y la nueva
edición de «King Kong» aparecida después de
la guerra ha proporcionado unos ingresos de 2
millones de dólares. Oprimiendo un botón el televidente cambia de programa para contemplar,
en lugar de una obra de Brecht, un melodrama
cualquiera.

El problema de la actitud ante los grandes valores de la cultura, que antes era sobre todo un
problema de posibilidades sociales y materiales,
aparece ahora más bien como un problema de
deseo o de interés. El desarrollo de los medios
de comunicación de masas ha puesto al desnudo
una serie de contradicciones que permanecían
encubiertas.
A partir de finales del siglo pasado viene acrecentándose en la literatura sociológica el interés
por el espectador, por el carácter de la «realización» de la obra de arte en la conciencia del
lector o del oyente. Nace el concepto de la «cultura de masas», como una cultura engendrada
por la necesidad de superar la contradicción entre las crecientes demandas culturales del espectador y su falta de preparación para captar los
grandes valores de la cultura.
A nivel histórico, esta contradicción entre el
arte y el espectador está vinculada a la profesionalización de la creación artística, que se intensificó después de surgir las relaciones burguesas. El arte, que en la Edad Media se desarrollaba en los templos, en el enclaustrado medio rural y en las festividades urbanas de masas, se traslada a las salas de conciertos, a los
teatros y a las galerías. Aparecen los intermediarios, que aseguran el contacto del artista con
el espectador. La profesionalización del talento
artístico, su concentración en individuos, están
ligadas, sin embargo, como escribía Marx en
La ideología alemana, a su aplastamiento en
masa.
Cuando el hombre no es el creador de lo que
produce, cuando deja de comprender los vínculos sociales de su actividad, el sentido general de
la misma y su interconexión con los esfuerzos
del género humano, cuando aquélla deja de ser
para él la expresión de las fuerzas creadoras consustanciales de su ser, pierde inevitablemente el
contacto con el arte que expresa la actividad
humana y la autoconciencia del hombre.
En este sentido, claro está, sería ilusorio querer restablecer la unidad del trabajo y el arte

42

T K I B t T N A

D E

P B O B L E M A S

mediante el retorno a la fase artesana, como intentó hacerlo Ruskin en su tiempo. En la evolución de la sociedad la profesionalización del
arte ha sido período necesario, y sigue siéndolo
en nuestros Cías, ofreciendo considerables posibilidades para la creación artística.

La cultura de masas
La contradicción entre el arte y su estrecha
base social, entre la intelectualidad artística y las
amplias, masas populares, excluidas del proceso
artístico, fue dolorosamente percibido por muchos de los grandes artistas del siglo XIX. A finales del mismo aparece el primer intento, de
consecuencias trágicas, de resolver esa contradicción. Lo hizo León Tolstói, quien en las obras
de sus últimos tiempos condenó toda la cultura
existente —clásica y contemporánea—, sin excluir su propia creación, por ser inaccesible para el pueblo, y aconsejó escribir de modo que
«todos lo entendiesen». Este modo de resolver
la contradicción, que en esencia significaba negar la cultura y el propio cometido del arte, necesariamente hubo de llevar a Tolstói a una crisis existencial y artística.
Pero la contradicción entre el arte y el espectador se iba resolviendo en la vida de un modo
espontáneo y por una vía más prosaica. Y no
carece de interés señalar que fue el propio Tolstói quien lo observó con una gran perspicacia:
«Resultó que mientras discutíamos. . ., el pueblo
experimentó la necesidad de alimento espiritual.
Y entonces, distintos fracasados, apóstatas de la
ciencia y del arte, cumpliendo los pedidos de
unos caballeros de industria cuyo único objetivo
es el lucro, se han puesto a suministrar al pueblo un alimento espiritual y siguen suministrándolo hasta ahora. Hace ya 40 años que en Europa —y 10 en nuestro país— se venden por millones de ejemplares libros, cuadros, canciones,
se presentan espectáculos de baja estofa. Y e!
pueblo acude a ver y a cantar, y obtiene el alimento espiritual de otros, no de nosotros...»
Esta descripción refleja con precisión extraordinaria los orígenes y los gérmenes de lo que hoy
se llama arte «de masas» y su función de intermediario entre el espectador, de un lado, y del
otro el arte a nivel de las masas y su «filosofía
de la vida» [Gramsci].
Esto era, naturalmente, una chapucería, un
engendro; era la expresión de unos afanes que
ignoraban los medios de su realización y que, a
la par de ciertos elementos democráticos, contenían ideas reaccionarias, una pasiva mansedumbre, una resignación ante el modo de vida
dado, un deslumbramiento ante los valores burgueses.
Refiriéndose precisamente a este arte, Gramsci
decía: «Es preciso investigar la ilusión que la

A C T U A L E S

novela por entregas proporciona al pueblo y cómo cambia esta ilusión en el proceso del desarrollo histórico-político. En este sentido hay
que analizar la novela de misterio de Ana Radcliffe, la novela de argumento, la de aventuras,
la policíaca, la novela amarilla, la novela de ambiente del crimen, etc.»
Vemos, pues, que a lo largo del siglo XIX
fueron cristalizando poco a poco dos culturas
que existen y se desarrollan simultáneamente: la
«alta» cultura y la cultura «popular» o «de masas», que, a diferencia del folklore, es profesional, tanto por su origen como por su forma de
difusión.
Naturalmente, esta diferenciación es muy convencional. Y no sólo en el sentido de que la
frontera entre el arte «de masas» y el arte «elevado» es muy móvil, por lo que las obras surgidas un día en lo que diríamos periferia del
arte, al cabo de algún tiempo son consideradas
producciones de una gran cultura. Por ejemplo,
ahí están los lienzos del admirable pintor georgiano Niko Pirosmanishvili, que pincelaba sus
cuadros en los hules de las posadas, o las famosas aventuras de El bravo soldado Shvejk,
obra que en los años de su aparición fue tenida
por muchos como literatura de poca ley.
El convencionalismo de esa diferenciación se
descubre también en el diverso carácter de la
percepción de unas mismas obras por distintos
lectores. Con frecuencia, grandes obras de arte
son comprendidas unilateralmente a través del
prisma de la limitada experiencia del lector. Las
obras de Dostoievski se leen como novelas de
aventuras. Las páginas de reflexiones filosóficas
se hojean o se saltan, como algo «superfluo».
Por otra parte, el snobismo impide a los «entendidos» educados en los cánones académicos
comprender la novedad del contenido y de la
forma en el arte contemporáneo vivo, el cual
nace con frecuencia en los llamados géneros «inferiores», que fecundan el arte con nuevos impulsos.
Es convencional asimismo el propio concepto
de arte «elevado». Por ello se entiende a menudo el arte creado para una élite [social o espiritual] determinada. Tal interpretación de la
función social del «gran» arte es demasiado estrecha y no tiene justificación histórica.
La democratización de la sociedad, la destrucción de las anteriores barreras sociales y la
integración de un número cada vez' mayor de
hombres en la vida social suelen ser consideradas en ese caso como una amenaza a la cultura, que va quedando destruida bajo la presión de los gustos de la masa, al ejercer éstos
creciente influjo sobre el artista en las condiciones de la comercialización del arte.
Aquí se pasa por alto el hecho de que el arte
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concretas no es comprensible en gran parte para las amplias masas, refleja la autoconciencia
de la sociedad, y no de la élite, sobre todo en
nuestros días, y está unido a activos elementos
creadores en la conciencia de las masas.
En este sentido, la contradicción entre el arte «elevado» y el arte «de masas» refleja la contradicción entre la conciencia teórica de las
masas y su conciencia no crítica, espontánea.
En sus reflexiones sobre la relación entre la
ciencia, la religión y la filosofía do ía vida,
Gramsci escribió: « . . . e l hombre-masa tiene
dos conciencias teóricas [o una conciencia contradictoria], una implícita en su actividad y que
realmente lo une a todos sus colaboradores en
la transformación práctica de la realidad y oto
superficialmente explícita o verbal, que ha heredado del pasado y ha hecho suya sin crítica.
No obstante, esta conciencia "verbal" no deja
de tener sus consecuencias: ata al hombre a un
grupo social determinado, influye sobre su conducta moral, sobre la orientación de su voluntad, en un grado más o menos agudo, que puede llegar hasta un punto en que la contradictoriedad de la conciencia no permita ninguna
acción, ninguna decisión, ninguna opción y conduzca a un estado de pasividad moral y política».
En el plano histórico, esta contradicción se
resuelve ante todo por la vía de la actividad
de las masas, <je su participación en el proceso
social. Pero este proceso significa en realidad
la desaparición de! propio concepto de «masas»,
pues cuando la masa se convierte en protagonista consciente del proceso social « . . . despiertan el pensamiento y la razón de millones de
seres.. . , no sólo para la lectura de libros, sino
para la acción, para la acción viva, humana,
para la creación histórica».i
La cultura de «masas» contemporánea refleja
el nivel actual del gusto de las masas, pero, al
mismo tiempo, moldea y afianza este gusto, trata de «estructurar» la contradictoria y diferenciada conciencia de las masas a -un «nivel medio», toma como norte la inercia de la sociedad
y no su dinamismo, presupone y consolida el
conformismo del consumidor frente a la realidad existente, se convierte en un narcótico, conduce a la pasividad y a la indiferencia; no es un
simple reflejo del gusto de las masas, sino, como decía el crítico norteamericano Macdonald,
también de su explotación.
Es indudable que el arte convertido en mercancía tiene que regirse por las exigencias del
mercado, es decir, por la demanda, y en este

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1 Lenin. Obras Completas, t. X, pág. 248. Bdit.
Cartago, Buenos Aires. 1960.

al pueblo y códel des-.tido hay
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L A S

M A S A S

43

sentido el productor crea lo que el espectador,
el oyente y el lector le exigen. Pero es igualmente cierto que el propio producto crea su
sujeto [Marx], que la producción comercial del
arte es a la vez producción de ilusiones y deseos absurdos, artificiales, que se hallan en contradicción con les propios intereses del consumidor. Según decía un escritor germanooccidental en el libro Yo vivo en la RFA: «La espiral
de los deseos y de su realización no terminará
nunca, pues se extiende hasta lo infinito. Nuestros contemporáneos consideran que los culpables son ellos mismos, su insaciabilidad, creyendo que son ellos los que quieren más; pero ignoran que en su afán de alcanzar el standard
no hacen sino cumplir un determinado programa s o c i a l . . . »
A diferencia de lo que ocurría en el siglo
XIX, la cultura «de masas» no tiene hoy día
unas fronteras sociales bien delimitadas. En virtud de los medios masivos de comunicación y
de la democratización de la sociedad, la cultura «de masas» y la «alta» cultura se interrelacionan cada vez más, se difunden por los mismos canales y, en esencia, son consumidas
[aunque en forma diferente] por los mismos
espectadores. Los sociólogcs llaman a esto «homogeneización» de la cultura.
En las páginas de un mismo número de la
revista Life podemos leer un artículo serio sobre la teoría atómica y un reportaje sobre las
aventuras amorosas de Rita Hayworth, un editorial consagrado al cumpleaños de Bertrand
Russell y un anuncio a toda página, nueve planas de reproducciones de Renoir con los recuerdos de su hijo y un articulülo publicado a
continuación con el título de «Kerima, cuyo beso marathónico es la sensación cinematográfica . Hace varios años, al lado de las escenificaciones de Mickey Spillane, casi 50 millones
de espectadores norteamericanos contemplaron
durante tres horas el estreno de «Ricardo III»
con Lawrence Olivier. A partir de 1920, a la
par de enormes cantidades de bazofias comerciales que embrutecían a los oyentes, en EE.UU.
se produjeron 20 millones de discos con grabaciones de Arturo Toscanini. Por eso, tal vez hoy
sería más acertado hablar no de una división
de la cultura en cultura «de masas» o «popular»
y «alta» cultura, sino de una cultura de masas
por la forma de su difusión, en la que se manifiestan distintas tendencias: por una parte,
tendencias pasivas, consuntivas; por otra, tendencias activas, creadoras, valiosas.
A la luz de esto parecen poco convincentes
los intentos de ciertos sociólogos occidentales
de establecer la división en cultura «de masas»
y «alta» cultura de acuerdo con las formas de
su difusión o con los distintos géneros.
En el proceso de su desarrollo, el arte «ab-

44

T R I B U N A

D E

P R O B L E M A S

sorbe» diversas inquietudes y les imprime un
sentido estético. La división tradicional en géneros «superiores» e «inferiores» no tiene en
cuenta esta movilidad. Como arte «elevado» se
consideran con frecuencia las obras académicas,
que envejecen entre el polvo de las librerías de
lance, sin advertir cómo ante nuestros propios
ojos el cine, de una atracción que era, se ha
convertido en un arte, cómo en la payasada circense nace lo grotesco contemporáneo y cómo
las novelas de fantasía científica se elevan al
rango de literatura que busca las vías de desarrollo de la humanidad. La distracción también
puede ser objeto del arte en el riguroso sentido
de la palabra, una expresión de las fuerzas
creadoras e intelectuales del hombre; pero igualmente puede ser una ilusión, un «soñar con los
ojos abiertos» [Gramscil. La televisión puede
ser en igual medida un instrumento para adormecer al espectador [como lo es frecuentemente hoy día] y un arte que determina nuevas formas del conocimiento y del placer estético.
El problema no reside, por consiguiente, en
los medios de comunicación a que el arte recurre en la actualidad, si bien, naturalmente, la
industrialización del arte refuerza la tendencia
a la standarización, ni tampoco en los géneros
de moda, sino en que el arte se oriente hacia
los elementos activos de la existencia social,
que en el mundo alienado de la actual sociedad
capitalista constituyen una garantía del futuro
desarrollo del hombre, de su personalidad; en
que refuerce esos elementos, o bien se adapte
a la situación dada, a las exigencias de las instituciones, lo que tiene por expresión el conformismo y la falta de principios.
El arte que menosprecia al espectador, que
lo considera únicamente como un consumidor
de valores acabados y no como un activo coautor; el arte que deja de considerarse a sí mismo como un objetivo y se convierte en un medio de lograr objetivos extraartísticos, es un arte que traumatiza a la sociedad. Pero tal arte
no es inevitable. Como señalara en su tiempo
William Folkner, incluso en EE.UU. el artista
no sólo puede ser utilizado por Hollywood, sino
que puede utilizar a Hollywood cuando tiene
claridad de objetivos.
Dada la monopolización de los principales
canales de la información, uno de los problemas políticos más serios que hoy se plantean
a todas las fuerzas democráticas de los países
capitalistas es el del control público sobre los
medios de comunicación de masas. En este sentido forzosamente hay que estar de acuerdo
con la posición de los comunistas de los países
occidentales cuando señalan que si bien el desarrollo de ios medios masivos de difusión de
la cultura se realiza en el cuadro del dominio
de los monopolios, estos medios pueden y de-

A C T U A L E S

ben ser utilizados en la lucha por la democratización de la vida social A este respecto adquiere una gran importancia el problema de la
participación de las fuerzas democráticas en el
control de los programas de televisión. Es bien
conocida, por ejemplo, la popularidad de que
han gozado las emisiones político-sociales de la
TV inglesa cuyos autores aprovecharon no hace mucho las cámaras para llevar a cabo una
aguda crítica política y social. Cabe señalar el
papel de los directores progresistas de cine en
la formación de las tradiciones democráticas de
la cinematografía francesa e italiana.
El carácter del desarrollo de la cultura en la
sociedad burguesa contemporánea viene determinado en medida considerable por la correlación de las fuerzas sociales dentro de cada país,
por la solidez de las tradiciones democráticas,
la actividad e influencia de las fuerzas socialistas, y en un plano más general, por las tendencias sociales del desarrollo del mundo de
nuestros días.
Mientras en el centro de París cierran los
teatros que pierden la batalla en la lucha competitiva con la televisión, en los arrabales de la
ciudad, en sus aledaños obreros, surgen nuevos
teatros, que establecen contacto con su auditorio. Pero sería erróneo dejar de ver que esto
se halla ligado también a la actividad política
de las masas, a la influencia de las fuerzas políticas progresistas en las municipalidades.

Dos aspectos de la revolución
cultural
Una de las importantes tareas que tiene delante la sociedad socialista es la del acceso de
las amplias masas a las cumbres de la cultura
humana. «El arte pertenece al pueblo», decía
Lenin. Pero a renglón seguido añadía: «Para
que el arte pueda aproximarse al pueblo y el
pueblo al arte debemos empezar por elevar el
nivel general de instrucción y cultura» ¿Cómo
está planteada esta cuestión en nuestros días?
¿Sigue existiendo con el socialismo la contradicción entre el arte y el espectador?
Todas estas cuestiones tienen para nosotros
un interés que dista mucho de ser puramente
teórico. En las condiciones creadas por la industrialización de muchos aspectos de la creación artística y por la difusión masiva de las
obras de arte, la acertada valoración de estos
problemas es la premisa de su acertada solución
en el terreno de la política cultural.
La revolución socialista se plantea el objetivo
de suprimir las consecuencias de la división capitalista del trabajo también en la esfera espiritual. La solución de este problema presupone
un largo proceso que comprende importantes

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C U L T U R A

transformaciones económicas, sociales y culturales.
Los problemas de la revolución cultural, a
los que se está dando solución en todos los países socialistas, comprenden, entre otras cosas, el
cambio de la cultura de la vida cotidiana y del
estilo de vida, la organización del medio laboral y arquitectónico, etc. De ahí surge la necesidad de llegar a una intelección teórica del
propio contenido del concepto de «revolución
cultural» y de delimitar los distintos aspectos de
este proceso. En la revolución cultural [como
ha señalado la crítica en nuestro país] se puede
desglosar, hablando convencionalmente, dos procesos fundamentales que, aunque interdependientes e inseparables, afectan a diferentes estratos de la vida.
Se trata en primer lugar de lo que denominamos democratización de la cultura: elevación
del nivel general de instrucción, de preparación
técnica y profesional de la población, expansión
de la cultura y el arte entre las más amplias
capas de la población. En este sentido, en Checoslovaquia se ha hecho mucho en los años de
posguerra. Podría hablarse de las crecientes tiradas de libros, del número cada vez mayor de
bibliotecas públicas, del aumento casi en el doble de los espectadores teatrales; se podría aportar datos sobre la composición social de los espectadores teatrales, que ha cambiado de manera sustancial en comparación con los años de
la República burguesa. Las exposiciones de los
conocidos pintores checos Slavicek y Zrzavy
han sido visitadas por más de 300.000 y cerca
de 100.000 personas, respectivamente. La tirada
global de revistas literarias y político-culturales
en Checoslovaquia se eleva a casi medio millón
de ejemplares.
A este propósito también convendría hablar,
claro está, de la gran labor concreta realizada
por los pintores, escultores, escritores y poetas,
que siempre han aceptado las invitaciones a intervenir ante los obreros en las fábricas y ant™
los jóvenes en los clubes. La vinculación entre
el espectador y el arte descansa en fundamentos más naturales que antes. No se puede dejar
de ver que, a pesar de los numerosos malentendidos que surgen a causa de la falta de preparación del espectador, este contacto ha influido
sobre el contenido mismo del arte y sobre e!
carácter de los problemas abordados por él, y
que los elementos activos de la conciencia social nutren las mejores obras creadas por nuestros escritores y artistas en los últimos años.
Por otra parte, la sola difusión de la cultura
no es capaz aún de resolver todas las contradicciones existentes, de superar el divorcio surgido a lo largo del desarrollo histórico entre las
masas y la cultura. La difusión de la cultura
sirve ante todo para satisfacer las necesidades

Y

LAS

M A S A S

45

a un nivel dado, determinado en gran parte por
las exigencias de la vida a la que Marx daba el
nombre de vida «de reproducción», de la vida
comprendida entre el trabajo simple, que no requiere unas premisas culturales especiales, y ia
teproducción de la fuerza de trabajo, en la que
la cultura también desempeña un papel secundario [distracciones], etc.
El segundo proceso es mucho más complejo,
pero es el único que significa una solución de
principio de la contradicción entre el espectador y el arte, ya que atañe a la propia sitúa
ción y al papel de la cultura en la vida de los
hombres, al nivel de las exigencias artísticas. El
contenido principal de este proceso reside en la
supresión de la contradicción entre el trabajo y
las capacidades intelectuales del hombre. Sólo
existiendo una vida creadora —en el sentido
laboral y en el social— es cuando la cultura deja de ssr un reflejo exterior de la realidad existente fuera de ella y se convierte en un atributo inseparable de la vida de todos, penetrando
hasta sus mismas raíces.

«El arte significa, en esencia, maestría —escribió Brecht—. Quienes admiran el arte, también admiran el trabajo, el trabajo hábil y primoroso, y hace falta conocer algo de ese trabajo para admirarlo, para obtener satisfacción
de su fruto: la creación artística». A fin de poder captar, de saber distinguir y valorar, no basta con consumir de manera pasiva. Hay que
encontrar la forma de incorporarse activamente al arte, de entrar en contacto directo con la
creación artística. Precisamente en este proceso
se supera la contradicción a que nos referíamos
al comienzo de este artículo, la contradicción
entre las posibilidades de consumir la cultura y
el interés por la misma, el nivel de las inquietudes culturales.
Después de la guerra se ha ampliado mucho,
sin duda alguna, el público al que se dirigen
con importantes obras los escritores, artistas y
directores de cine checos y eslovacos contemporáneos. Ha cambiado sustancialmente también la estructura de la demanda artística. Pero
limitarse a ver sólo este aspecto del problema
sería eludir su complejidad real y su carácter
contradictorio.
La contradicción entre el arte y el espectador
se deja sentir actualmente con toda agudeza en
diversas esferas de la demanda artística En un
principio se puso de manifiesto, por ejemplo, en
¡a red de cinematógrafos, donde durante varios
años la mayor asistencia de público correspondió a películas que desde el punto de vista ideológico y estético eran más bien mediocres o incluso flojas. Por otra parte, muchas produccio-

T R I B U N A

D E

P R O B L E M A S

nes de notable valor atraían a un número de
espectadores sensiblemente menor.
Según unas interesantes encuestas sociológicas
de Karbusicky y Kasan, más del 60% de las
personas consultadas por ellos no están preparadas hasta ahora para captar la melodiosa
música de Dvorak. Tan sólo al 10-20% de los
consultados les gusta la música clásica. Ese
porcentaje se elevaba a 30 para las óperas de
Smetana. Por supuesto, las encuestas sociológicas no pueden por sí solas revelar las causas
de esta situación. Es indudable que la percepción de la música clásica, en particular la sinfónica, presupone en el oyente una preparación
estética mayor de la necesaria para otras formas de la creación artística. Parece, pues, que
la situación a este respecto es bastante compleja.
Se podrían aducir otros ejemplos, demostrativos de que, aun habiendo logrado en buena
medida desterrar de la prensa, el cine y el 'teatro las vulgaridades y charlatanerías mercantilizadas, no hemos conseguido todavía que no se
deje sentir la necesidad potencial de las mismas.
Esto se ve expresado en muchas esferas de la
demanda artística.
El problema del repertorio teatral ha sido
muy discutido ante el considerable descenso de
público. La situación aquí existente ha sido formulada con agudeza y seriedad por el crítico
teatral Vlastimil Urban, al decir que «el problema de la asistencia puede no preocupar a los
teatros capaces de expresar los sentimientos y
las ideas de sus espectadores con obras llenas
de vigor y originales, a los teatros cuyos programas se distinguen por ofrecer obras comprometidas en lo social. Pero el problema del espectador tampoco inquieta a los teatros que han
arrojado alegremente por la borda toda clase de
principios y se dedican a presentar obras chabacanas y ramplonas. Los demás teatros, que
carecen de fuerzas para incorporarse al primer
grupo, luchan hoy denodadamente para no caer
en el otro extremo. Y existe el peligro real de
que, abrumados por la presión económica, pierdan la batalla». Deben señalarse a este respecto
que en Checoslovaquia el Estado paga por cada
entrada de teatro una cantidad aproximadamente igual al doble del precio del billete, lo
que crea en cierta medida un «antídoto» contra
el enfoque puramente comercial de los programas.
En esto ha prestado un flaco servicio la forma simplista de abordar el arte, cuando el didactismo y el fastidioso esquematismo de muchas obras han hecho perder a los espectadores
el interés por el arte, en particular por el cine,
y sobre todo por el teatro. Las consecuencias
de ello las estamos sufriendo hasta ahora.
Los films más taquilleras de los años 19601963 fueron «El Jorobado», «El Capitán Fra-

A C T U A L E S

cass» y «La Eterna Canción de los Bosques»,
que en muchos aspectos son producciones flojas
y chabacanas.
Películas de mayor éxito en Bohemia
y Moravia en 1963
[Porcentaje de localidades vendidas en los dos
primeros meses de proyección]
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Entre estos cinco films había un western [«A
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histórico [«La Eterna Canción de los Bosques»
y «Los Tres Mosqueteros»] y dos comedias. Por
otra parte, películas como «La muerte se llama
Engélchen», «El alto muro» y «La infancia de
Iván» ofrecieron respectivamente el 42%, el
25% y el 24% de localidades vendidas.
En 1964, la película de mayor éxito comercial fue el film de cow-boys «El Tesoro del Lago de Plata» [84%]. Como contraste tenemos:
«El Acusado» [Checoslovaquia] 31,4%; «Cleo
de 5 a 7» [Francia], 44%, y «Hamlet» [URSS!,
33,5%.
No tendría sentido lamentarse de que las comedias cinematográficas atraigan a más público
que los dramas. El éxito de las películas de
Chaplin no está en contradicción con el éxito
de los films de Einsenstein. El arte socialista
presupone la variedad de géneros, temas y estilos, y fue un error el que, por diversas causas,
no se hubiese tenido esto suficientemente en
cuenta.
El problema que analizamos aquí se refiere
no al género de la obra, sino al grado en que
satisface las necesidades estéticas del hombre,
por ejemplo, en la esfera de la distraccin o entretenimiento intelectual, que es lo que son las
novelas policíacas. Karel Capek escribió sobre
este género: «Esto es, en realidad, una bella y
muy vieja tradición del pensamiento humano,
del racionalismo, de la experiencia práctica y de
la observación, si exceptuamos algunos motivos
metafísicos». [Huelga decir que esta apreciación
no es aplicable, ni mucho menos, a todas las
novelas policíacas que se publican hoy]. En una
palabra, lo que nos preocupa es el bajo nivel de
muchas obras que hasta ahora obtienen éxito y
el atraso en los gustos, que muestra, en un plano más general, que en nuestra sociedad están
sin resolver una serie de problemas sociales
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¿Significa esto que la «educación a través
del arte», realizada por nosotros durante los últimos veinte años, no se ha visto justificada, no
ha reportado fruto, no ha resuelto ningún problema o sólo ha dado a los mismos una solución aparente?
La cuestión no se plantea en esos términos.
Lo expuesto acredita únicamente que a veces
hemos subestimado la complejidad de la solución del problema de la interrelación entre el
arte y el espectador, que sólo hemos visto un
aspecto de este problema, que tras los índices
cuantitativos se nos deslizaban algunos fenómenos cualitativos, enraizados con el estado objetivo de la sociedad, con su estructura social y
con las contradicciones concretas existentes.
Por ejemplo, con frecuencia decimos que el
trabajo ha perdido en nuestro país su carácter
«inhumano», lo cual es cierto en lo que se refiere a que ha dejado de ser objeto de la explotación capitalista. Pero el trabajo no es aún
en nuestra sociedad plenamente «humano», ya
que no siempre y no en todas partes es un trabajo creador, es decir, que a menudo no presupone ni desarrolla todavía la vasta esfera de
la capacidad humana. Sería erróneo pensar que
todas las personas tienen en nuestra sociedad
una acusada necesidad interna de trabajar con
espíritu creador, la capacidad de asumir con
sentido creador las obligaciones que han recaído sobre ellas.
«Cuando nuestra propaganda —ha escrito Rude Pravo—, llevada de la buena intención de
subrayar nuestra superioridad, todavía habla a
veces en forma demasiado trivial del interés espontáneo de los trabajadores por la técnica y
el trabajo creador, reduce la posibilidad de conocer que esto no ocurre, ni mucho menos, en
todas partes y por qué no sucede aún por doquier. La tarea de la ciencia no estriba en convencer a la clase obrera de su perfección; la
clase obrera necesita más bien que la ciencia le
ayude a descubrir las premisas y los métodos
para el sucesivo perfeccionamiento de la sociedad y el progreso más amplio de la propia clase obrera» [artículo de J. Sindelar «El humanismo en el mundo de la ciencia y la técnica»,
13. IV. 65].
Los estímulos a los obstáculos para elevar el
grado de instrucción e impulsar la actividad humana dimanan de la actividad concreta, bien
entendido que esto se refiere no sólo a la actividad en el ámbito del trabajo, sino también
fuera de él, al desarrollo de las inquietudes espirituales y culturales, ya que las dotes humanas se acrecientan en conexión unas con otras.
El enfoque creador de los problemas de la cul-

Y

L A S

M A S A

tura presupone la actividad del hombre en la
esfera de su vida laboral y social.

La democratización del arte:
problemas y contradicciones
Uno de los graves errores que nos han impedido resolver con eficiencia los problemas del
desarrollo cultural ha sido precisamente la
equivocada- idea sobre la no diferenciación de
los gustos del pueblo y, como consecuencia de
ello, la identificación de lo popular con la accesibilidad y la comprensibilidad general del
arte.
Las relaciones entre el artista y el pueblo se
consideraban a menudo de una manera unilateral, desde el punto de vista de las obligaciones del artista para con los lectores: escriba
para el pueblo, escriba de modo que todo el
mundo comprenda, escriba para todos. Esto lo
oíamos muchas veces. Bajo todo el aparente
democratismo de esta consigna, en ella hay, sin
embargo, cierta inexactitud que en determinadas condiciones puede covertirse en pantalla para la demagogia.
Por ejemplo, en las condiciones del culto de
la personalidad, cuando la cultura era dirigida
con los métodos de ordeno y mando, el criterio
decisivo para valorar muchas obras de arte era
el de su «accesibilidad al pueblo», tras el cual,
sin embargo, se encubrían con frecuencia exigencias que tenían poco de común con los verdaderos gustos e inquietudes de las masas.
Cuando a comienzos de los años 50 se proclamaba en nuestro país que el jazz es un «arte
típicamente cosmopolita, un loco rechinamiento
que embrutece a los hombres y les convierte en
carne de cañón», y se contraponía a él la música «popular» de instrumentos de viento de
Kmoch, lo que se hacía con eso, como acreditan las últimas encuestas, era imponer, en realidad, a los jóvenes los gustos propios de las
personas de la vieja generación. Así, de un
fenómeno relacionado más o menos con la edad
o el gusto, se creó artificialmente un problema
político, lo cual, sin duda, perjudicó también al
desarrollo de las formas ligeras del arte y al
trabajo con la juventud. [Véase el artículo de
Karbusicky y Kasan en el periódico Kulturni
tvorba del 15 de febrero de 1964].
Sin contar con el hombre, se decidía de antemano por él lo que necesitaba y lo que comprendería. Este enfoque, como ya se ha señalado, dimanaba de la subestimación del papel
histórico de las masas populares. La cultura «de
masas» difundida en los años del culto de la
personalidad para uso de amplios sectores de lectores embotaba con frecuencia los elementos
activos, creadores, de la conciencia de las ma-

48

T R I B U N A

D E

P R O B L E M A S

sas, paralizaba el sano espíritu crítico, sin el
cual el socialismo no puede desarrollarse. Por
paradójico que parezca, esto, por sus funciones,
era una cultura de «élite», llamada a hacer arraigar la idea de que los hombres son como se los
imagina el cerebro burocratizado del funcionario o del crítico, con frecuencia muy apartado
de la verdadera vida y de sus problemas, pero
poseedor, para cada caso, de fórmulas y recetas
estereotipadas. Por ello, cuando nuestro Partido
planteó como una de las exigencias más importantes el desarrollo de la democracia socialista,
la democratización de la vida social, abría el
camino para poner al descubierto el verdadero
estado de espíritu de las masas, para crear la
unidad no formal de éstas sobre la base de
los elementos más progresivos de su concisncia.
En una época en la que no han desaparecido,
ni mucho menos, gran número de diferencias
sustanciales en orden al nivel cultural y a las
posibilidades de actividad social y creadora, y en
la que en los gustos de los hombres existen todavía muchas supervivencias del pasado, también en la percepción del arte se tienen que poner de manifiesto sensibles contradicciones. Difiere visiblemente el nivel de las necesidades culturales de los diferentes grupos sociales. Hay
considerables diferencias en cuanto a las inquietudes entre las personas de distinta edad, entre
los jóvenes que estudian en las escuelas de enseñanza media general y en los centros docentes especiales, por una parte, y los alumnos de
las escuelas de oficios, por otra. La intensidad
de las inquietudes culturales cambia en correspondencia con el carácter de la participación del
hombre en la vida laboral y social, con el grado de instrucción recibida. El grado de instrucción determina el carácter y la estructura de los
intereses, del mismo modo que el nivel cultural
del descanso en general. En la conciencia social
coexisten elementos activos y pasivos.
La exigencia de escribir en forma comprensible para todos significaba con frecuencia en esas
condiciones la exigencia de adaptarse al gusto
medio existente, e incluso al poco desarrollado,
o, dicho de otro modo, adoptar el conpcido principio del «denominador común», determinado en
la cultura «de masas», según los críticos occidentales, por el nivel más bajo de las inquietudes culturales.
Que estas ideas no eran fenómenos aislados
en nuestro país lo prueban muchas discusiones
con los lectores. He aquí algunas de las declaraciones, nada excepcionales, que se hacían durante esas discusiones: «El verdadero arte debe
ser comprensible para cada hombre medio, y si
el hombre medio no comprende una obra de arte, la culpa es de la obra de arte, o, mejor dicho, de su autor, pero no del hombre medio».

A C T U A L E S

O más categóricamente todavía: «Todo lo que
está destinado para amplios sectores sociales debe determinarse por el nivel medio». Este enfoque estático significa negar al arte una función activa, no reconocer su derecho a la búsqueda creadora. Este enfoque condena al arte a
la pasividad, estabiliza y mantiene inalterable el
estado existente, limita las posibilidades de dinamismo social. Es un enfoque particularmente
peligroso hoy día, cuando se manifiesta también
en otras esferas de la vida social y económica
como una especie de culto de la mediocridad,
de la falta de deseo de arriesgarse, de descubrir lo nuevo, lo cual está en pugna con las exigencias expresadas por el Partido, que busca
nuevas vías para resolver los complejos y palpitantes problemas de la sociedad socialista desarrollada.
L.a exigencia de crear en forma comprensible
para todos no es otra cosa, en esencia, que la
tentativa de superar la contradicción entre e!
arte y el espectador no por una vía orgánica,
sino de manera mecánica. Esto equivale a negar las tareas propias de la creación artística,
y el artista lo interpreta como un acto violento
que priva al arte de su auténtico significado
progresista y humano.
Un mérito del pensamiento marxista en Checoslovaquia es que ya antes de la guerra, a través de sus mejores representantes —artistas y
críticos—, Neumann. Vaclavek, Urx y Fucik,
que desempeñaron un importante papel en la
formación de la política cultural del Partido, y
de otros, se pronunció contra tales exigencias
simplistas, defendiendo el derecho del arte a la
búsqueda activa, estética e ideológica.
St. K. Neumann, uno de los más viejos poetas comunistas checos, escribió en su tiempo:
«No es necesario, y además no es posible, que
cada socialista tenga un gusto desarrollado y una
clara idea de los problemas de la literatura y
el arte; pero un socialista honesto, que quiera
hacer cambiar la faz del mundo y desee ayudar
a la victoria de la nueva cultura, debe tener
el suficiente sentido de responsabilidad para no
hablar de cosas que no entiende, y si quiere informarse de ellas, deberá buscar en fuentes no
enturbiadas por el gusto pequeñoburgués, por
e! método y las tendencias pequeñoburgueses...»;
o en otro sentido: «El arte sirve a la vida al
considerar el mundo como una materia prima
que él transforma una y otra vez. . . para conseguir una nueva visión de las cosas, un nuevo
verismo, con el que enriquecerá nuestra vida».
Más tarde, Vaclavek expresó el mismo pensamiento: «Al ensanchar los horizontes humanos e influir sobre las amplias masas en el plano de su desarrollo, el arte cumple su propia
tarea: "transformar el mundo". En esto reside
su acción social».

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A este propósito el Partido Comunista de
Checoslovaquia continúa la línea elaborada por
él antes de la guerra, orientando a los artistas
a crear un arte en el que no hay lugar para el
esquematismo, la mediocridad y el conservadurismo y exhortándoles a buscar nuevas vías en
el arte, a abrir nuevas posibilidades creadoras
[de las resoluciones del XII Congreso del PCCh].
Cuando la cultura y su desarrollo desempeñan
en la sociedad un papel cada vez más importante, y en virtud de ello se eleva la responsabilidad por la orientación ideológica general de
este desarrollo, adquiere un gran significado el
problema de una dirección calificada, científica
y competente, apoyada en la experiencia colectiva y que tenga en cuenta toda la complejidad
de esas cuestiones. No es casual que en el último tiempo nuestro Partido, a la vez que perfecciona los métodos de dirección en todas las
esferas de la vida social, atribuya gran imporíancia también al mejoramiento de los métodos
de dirección de la cultura. A la tarea de resolver las cuestiones de la política cultural incorpora a muchos activistas comunistas, concede un
valor decisivo a la labor de los comunistas en
las propias asociaciones de artistas y literatos y
somete los problemas más importantes a la discusión de especialistas y de la opinión pública.
El arte tiene su lógica interna de desarrollo
en la interpretación del hombre y del mundo. Y
no puede quebrantarla sin traicionar su misión.
En este sentido el arte tiene otro fin que el de
ser accesible o comprensible, y no se le puede
medir por estos criterios. No es en esto en lo
que estriba el sentido popular del arte. En su
libro ¿Qué hacer?, Lenin escribía sobre el grado
de conciencia y la espontaneidad en el movimiento obrero: «La historia de todos los países
atestigua que la clase obrera, exclusivamente con
sus propias fuerzas, sólo está en condiciones de
elaborar una conciencia trade-unionista.. . La
doctrina teórica de la socialdemocracia ha surgido independientemente en absoluto del crecimiento espeontáneo del movimiento obrero, ha
surgido como resultado natural e inevitable del
desarrollo del pensamiento entre los intelectuales
revolucionarios socialistas».1
Acerca de esto mismo escribió A. Gramsci:
«La filosofía de la práctica no tiende a mantener a la "gente sencilla" al nivel de su filosofía
primitiva del sentido común, sino, por el contrario, a elevarla a una concepción superior de
la vida. Si afirma la necesidad del contacto entre los intelectuales y la "gente sencilla" no lo
hace para limitar la actividad científica y mantener una unidad al bajo nivel de las masas, sino
precisamente para crear un bloque intelectual1 Obras Completas, t. V,
Cartago, Buenos Aires, 1959.

págs.

382—383.

Edit.

Y

L A S

M A S A S

49

moral que haga políticamente posible el progreso de toda la masa y no sólo de pequeños grupos de intelectuales».
El problema de la democratización del arte
no se resuelve en modo alguno mediante una
nivelación forzosa, sino teniendo en cuenta las
diferencias existentes, pues precisamente por este
camino se puede llegar a suprimirlas al nivel
que corresponde a las exigencias actuales. La
democratización del arte no es en la sociedad
socialista una adaptación al gusto medio; por el
contrario, presupone la creación de condiciones
para que sus obras más elevadas puedan ser
comprendidas por el mayor número de personas. Sobre esto ha escrito brillantemente Brecht:
«Hay muchos artistas, y con frecuencia no son
los peores artistas, que en ningún caso quieren
crear para un estrecho círculo de "entendidos",
sino tan sólo para todo el pueblo. Esto suena
democráticamente, pero, a mi modo de ver, no
es democrático del todo. Lo democrático es hacer de un "estrecho círculo de entendidos" un
gran círculo de entendidos, pues el arte exige
conocimientos. La percepción del arte sólo pue¡de ser un deleite cuando existe el arte de la
observación. Y si es verdad que en cada hombre late un artista y que el hombre es el más
artístico de todos los animales, también es igualmente cierto que esta capacidad puede desarrollarse, pero asimismo puede agostarse
El problema de la democratización de la cultura está estrechamente ligado con los medios
masivos de comunicación. Precisamente tales medios de comunicación son hoy día los portadores
más eficientes de la democratización de la cultura, de su difusión entre las masas.
El primer medio masivo de comunicación fue,
ya antes de la Primera Guerra Mundial, la prensa. A finales del siglo XIX nació el cine, que
había de ser el segundo medio masivo de comunicación. Este, lo mismo que la radio, sólo
alcanzó verdadera envergadura después de la
Primera Guerra Mundial. A aquel período se
le llama a veces en las obras de los sociólogos
occidentales el primer umbral del arte de masas.
El ulterior desarrollo lo determinó en un grado decisivo [dejando a un lado la aparición de
los paperbacks, ediciones baratas, en los años
30] el surgimiento de la televisión, que representa el segundo umbral de la cultura de masas.
La televisión apareció antes de la Segunda Guerra Mundial, pero su difusión sólo data de 1948.
Ese año había en el mundo 100.000 televisores, y 15 años más tarde, en 1963, su número
se cifraba ya en unos 149 millones. La televisión se ha convertido en el medio más universal de difusión de la cultura y de su democratización.
La radio, el cine y la televisión permiten en

50

T R I B U N A

DE

PB O BLE MAS

la actualidad establecer contacto con el arte a
un número muchísimo mayor de espectadores
que las tradicionales formas artísticas. Por ejemplo, gracias a la televisin hoy se pueden ver representaciones de ópera de La Scala de Milán
o de ballet del Teatro Bolshói en apartadas regiones donde esto era antes absolutamente inconcebible.
Sin embargo, es cada día más frecuente la
opinión de que el arte conocido a través de estos medios de comunicación pierde su carácter
original, se convierte en una distracción pasiva,
que standariza a los hombres.
Es indudable que la producción industrial ejerce determinado influjo sobre el arte. Y esto no
solo concierne a los países capitalistas. Escribir
una novela ha sido y sigue siendo hasta ahora
una cuestión más o menos propia del autor. En
cambio, la producción de una película o de un
programa televisado, en los que participa gran
número de personas y en los que se gastan grandes sumas de dinero, exige una gran precaución,
que con frecuencia conduce a la tendencia de
no arriesgar, de seguir un camino trillado. Es
evidente que estas condiciones presionan en grado considerable sobre el autor, oponen con frecuencia grandes obstáculos a su obra creadora,
exigen de él cierto conformismo, cierta standarización, lo que no puede dejar de influir también sobre el espectador y repercutir dolorosamente en el artista. Basta, por ejemplo, leer muchas declaraciones de los principales directores
de cine de Occidente. No es casual que en Occidente se exija con frecuencia la implantación del
control estatal o social como contrapeso al influjo comercial.
La situación es diferente en los países socialistas. También en ellos la producción industrial
plantea determinadas exigencias al artista, al arte realizado por métodos industriales. Una u
otra solución relacionada con la producción de
una película, o de un programa televisado, se
determina, sin embargo, en los países socialistas
no tanto por razones comerciales como por el
grado de los conocimientos y el nivel de los principios de las correspondientes instituciones y del
propio autor. Por esto no es casual que casi todos los directores de cine consultados con motivo del XX aniversario de la nacionalización
de la cinematografía checoslovaca, al preguntárseles qué importancia atribuyen a este acontecimiento, contestaran que precisamente ese hecho ha permitido enfocar el cine como arte y
no como comercio. Por supuesto, esto no descarta el problema de cómo se realiza esta posibilidad en las diferentes etapas, lo cual está ligado con la situación cultural y política concreta, con la medida de la comprensión de las
posibilidades y necesidades del cine como arte.
El problema de los medios masivos de comu-

A C T U A L E S

nicación no estriba tanto en las formas como en
la esfera de influencia, en las proporciones del
influjo de estos medios. Justamente por eso, en
estas formas se ponen de manifiesto con particular crudeza ciertos problemas sociales y políticos. Son formas más sensibles, más actuales,
y, en cierto sentido, sirven de barómetro más
exacto de la situación existente. Sin embargo,
las causas de la pasividad o de la actividad residen fuera de sus límites.
En el período marcado por la influencia de
las consecuencias del culto a la personalidad
nuestra cinematografía suscitó con frecuencia un
descontento mayor que la literatura o el teatro.
Por otra parte, en la situación de auge social iniciada después del XII Congreso del PCCh, precisamente el arte cinematográfico se ha puesto
en primera fila, planteando una serie de importantes problemas sociales, éticos y estéticos, de
lo cual son un testimonio los éxitos de la cinematografía checoslovaca, tanto en el país como
en los festivales cinematográficos internacionales.
Otro tanto puede decirse de la televisión, donde la publicística, en particular, quedó reducida durante un tiempo al papel de ilustrador de
las tesis prefijadas. Muchos programas se distinguían por su carácter meramente gráfico, no ponían en acción el pensamiento, no exigían confrontaciones, actividad, selección. En cambio,
cuando la televisión checoslovaca creó una serie
de programas artísticos y publicísticos de sentido
crítico y palpitante actualidad, como, por ejemplo, la serie «Tres en una isba», «Instantáneas de
Ostrava», «¿Puedo meterme en esto?» y otros,
tuvieron resonante eco entre la opinión pública.
En estos programas, la televisión, sin duda, rebasó el marco de las cuatro paredes de las viviendas particulares. El interés por ella se hizomayor que por los periódicos y los libros, la gente esperaba con ansiedad la continuación de los
programas. Estos programas ponían en acción
su conciencia, irrumpían en la vida, ayudaban
a la gente en su actividad social. En estos ejemplos se puede apreciar que la televisión como
forma no excluye la actividad del espectador. El
problema estriba en utilizar todas sus posibilidades, en saber captar los momentos progresivos
y las necesidades de la propia realidad.

Ante la nueva sociedad se plantea la ingente
tarea de cambiar el carácter del trabajo humano, de desarrollar las potencias creadoras del
hombre, de facilitar «el despliegue de las fuerzas humanas que se considera como fin en sí>
[Marx].
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C U L T U R A

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conquistas de la cultura de ayer y de hoy. Esto
constituye un proceso complejo. El artista ayuda
al hombre a comprender más profundamente las
tendencias de la realidad. En este sentido, el artista cristaliza la experiencia humana. Diríase
que descubre lo que todavía está madurando en
la conciencia de las masas. Como artista, como
escritor, debe ver más allá y más profundamente que aquel para quien escribe. Esta conexión
dialéctica entre el arte y el espectador es una
especie de manantial y de catalizador del desarrollo tanto del arte como del espectador.
En sus reflexiones sobre el idioma, Antonio
Gramsci decía que quien habla un dialecto o

Y

L A S

M A S A S

51

conoce un idioma nacional no muy bien está ligado inevitablemente a concepciones provinciales,
más o menos estrechas, atrasadas y anacrónicas,
en comparación con las grandes corrientes ideológicas de la historia. «Una gran cultura puede
ser vertida al idioma de otra cultura nacional.
Mas no se la puede traducir a un dialecto».
Esto puede aplicarse también al problema que
examinamos. No se trata dé que todos hablen
un idioma, «igual», sino de que cada cual posea
el idioma al nivel de la cultura «nacional», socialista, para que no esté maniatado por el «dialecto». Así es como nos imaginamos la relación
entre la cultura y las masas en la sociedad socialista.

EL PROBLEMA AGRARIO EN LOS PAÍSES DE ORIENTE

El Partido Comunista de Indonesia
y el campesinado
por SUHARJO

Por decisión del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Indonesia el presidente del Partido, D. N. Aidit, ha examinado
detalladamente el problema agrario en la isla de
Java, donde habitan unos 45 millones de campesinos. Territorialmente esta isla es mayor que
el conjunto de Holanda, Bélgica y Luxemburgo. Cerca de 3,300 funcionarios del Partido y
representantes de las organizaciones revolucionarias de masas, sobre todo de la Unión Campssina Indonesia, durante los meses de febreromayo de 1964 llevaron a cabo una investigación
en gran número de pueblos de 124 subdistritos
de Java.
¿Qué fue lo que impulsó al Partido a realizar
este estudio? ¿Cuáles fueron los métodos empleados para el éxito del trabajo? ¿Cómo se organizó la investigación? ¿Cuáles son las conclusiones fundamentales?
Son varias las razoCAUSAS DE
nes que indujeron
LA INVESTIGACIÓN
al Partido a tomar
la decisión de verificar la investigación.
Primero. Nuestro Partido sólo podrá aplicar
con éxito el marxismo-leninismo en Indonesia si
conoce a la perfección la realidad objetiva de
la sociedad indonesia. Cuanto mejor conozca la
realidad, tanto más acertada será su línea política. Como el campesinado forma la aplastante
mayoría de la población de nuestro país, se precisaba en primer lugar estudiar las relaciones
agrarias, las condiciones de vida de los campesinos y el desarrollo del movimiento campesino.
Segundo. Los campesinos desempeñan un gran
papel en la revolución indonesia. Después de la
clase obrera, que es la vanguardia, ellos constituyen la fuerza fundamental de la revolución.
El campesinado es una de las fuerzas que forman la base del Frente Único Nacional [la otra
fuerza es la clase obrera], una de las tres fuerzas
motrices de la revolución [además de los obreros y de la pequeña burguesía] y una de las

cuatro fuerzas del Frente Único Nacional [además de los obreros, la pequeña burguesía y la
burguesía nacional].
Por otra parte, como lo demostró la revolución de agosto de 1945, nuestra revolución extrae fuerzas del campesinado, que constituye el
venero de los destacamentos armados revolucionarios. Las fuerzas revolucionarias se repliegan
al campo cuando son derrotadas en las ciudades, y desde el campo emprenden la nueva ofensiva contra el enemigo para reconquistar las ciudades anteriormente abandonadas. Es más, las
masas campesinas son la fuerza decisiva no sólo
en la etapa democrático-nacional del desarrrollo
de la revolución indonesia, sino asimismo en la
etapa socialista. Cerca del 70% de la población
de Indonesia, de un total de 104 millones de
habitantes, son campesinos que están interesados
en la construcción de la futura sociedad socialista.
Por consiguiente, el trabajo entre los campesinos está dictado no sólo por la necesidad de
dar cima a la revolución democrático-nacional,
sino también por los intereses del futuro de la
revolución indonesia, que será el socialismo. En
efecto, los campesinos desempeñan un papel tan
grande e importante en la revolución indonesia
que ésta no puede triunfar sin la organización
y movilización de las masas campesinas. El Partido debe cohesionarse estrechamente con el campesinado. Debemos lograr la unión del Partido
con el campesinado, y sobre todo con las decenas de millones de obreros agrícolas y de campesinos pobres, si queremos intensificar el movimiento revolucionario contra el imperialismo
•—el norteamericano en particular— y los vestigios feudales.
Es lógico que la aplicación del marxismo-leninismo en Indonesia signifique no sólo la unión
del Partido y del campesinado, sino asimismo
de todas las fuerzas que participan en la revolución. Pero como la revolución indonesia en la
presente etapa es en esencia campesina, su éxito

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depende principalmente de la unión del partido
marxista-leninista y las masas campesinas. Al
mismo tiempo, el Partido no olvida en ningún
momento el trabajo entre la clase obrera.
Para jjoder cumplir con éxito esta tarea era
necesario estudiar las condiciones de vida de los
campesinos y analizar el movimiento campesino.
Tercero. La ley sobre el reparto de la cosecha
y la Ley Agraria Fundamental, aprobadas en
1960 bajo la presión del poderoso movimiento
campesino, no se aplican consecuentemente. Una
tarea inaplazable es la de superar los obstáculos
que interponen en el campo las fuerzas reaccionarias a la aplicación consecuente de las mencionadas leyes. La investigación debía ayudar
al Partido a trazar medidas más concretas en
este sentido.
Cuarto. La investigación se planteaba el objetivo de preparar los cuadros necesarios, con experiencia en lo que atañe a la organización de
encuestas sociales. Estos cuadros prestarán al
Partido una incalculable ayuda en la dirección
del movimiento revolucionario. Este género de
estudio permite vincular más estrechamente el
trabajo de investigación con la actividad del Partido. Merced a esto los cuadros revolucionarios
obtienen la posibilidad de conocer mejor la vida
y la lucha de los campesinos.
Ya en 1951 nuestro
LA IMPORTANCIA
Partido comenzó a
DE ELEGIR EL
desplegar esfuerzos
MÉTODO CORRECTO a fin de conocer
mejor la sociedad y
la revolución indonesias. Gracias a esto el PCI
pudo elaborar la teoría de la revolución indonesia, por la que se guía en su actividad, encabezando el movimiento revolucionario de nuestro pueblo.
Sin embargo, el método que se aplicó al estudiar la vida y la lucha de los campesinos no
fue del todo justo. Por lo general, los cuadros
del Partido que trabajaban entre los campesinos debían rellenar unos cuestionarios. Es cierto que esto impulsó a muchos de ellos a conocer mejor ía situación del campo. Estos funcionarios informaban acerca de los sentimientos y
del estado de ánimo de los campesinos, comunicaban que los campesinos no aprobaban la
consigna de nacionalización de toda la tierra,
promovida en una de las etapas iniciales d3 la
lucha. Teniendo en cuenta esto, el Partido promovió esta otra consigna, más justa: «¡La tierra para los campesinos!» Naturalmente que es
preferible realizar encuestas, aunque se cometan
errores, que elaborar la política sin intentar analizar la realidad.
Pero en su conjunto, los datos recogidos en
esta encuesta eran unilaterales. Por regla general reflejaban la opinión subjetiva de quienes rellenaban los cuestionarios, y no tenían en cuenta

53

!a finalidad objetiva que perseguía la investigación Este método no puede proporcionar un
cuadro objetivo de la situación real del campo
indonesio.
Se precisaba elaborar un nuevo método que
permitiera conocer de manera más profunda la
realidad concreta. Se formuló el nuevo método
de «Zos tres junto», que significa trabajar, comer
y dormir junto con los campesinos. La aplicación de este método permitió a los funcionarios
del Partido establecer contacto directo con los
obreros "agrícolas y con los campesinos pobres
y ganar sus corazones.
Para conquistar la confianza de los obreros
agrícolas y de los campesinos pobres y obtener
de ellos una información fidedigna sobre el estado real de cosas, sobre sus sufrimientos y los
crímenes que cometen los explotadores de toda
laya sutilmente enmascarados en el campo, es
preciso trabajar, comer y dormir junto con los
campesinos. Éste fue precisamente el método que
aplicó el camarada Aidit y todos los que participaron en la investigación, la cual se prolongó
por espacio de cuatro meses.
Este método fue enriquecido con una nueva
y valiosa 'experiencia adquirida en el transcurso
de la investigación. Se llegó a la conclusión ds
que para emplear con éxito este método había
que atenerse a los «cuatro no hay» y a los «cuatro hay que»: no hay que pernoctar en el domicilio de ningún explotador rural, no hay que
pretender dar lecciones a les campesinos, no
hay que ocasionarles daños materiales y no hay
que tomar apuntes durante las conversaciones
que con ellos se mantengan; hay que aplicar totalmente e! método de los «tres junto», hay que
comportarse modesta y correctamente y aprender de los campesinos, hay que entender el lenguaje, las costumbres y las tradiciones de la población rural, hay que ayudar a los campesinos
a superar sus dificultades.
Las personas designadas para efectuar la investigación en el campo no deben dormir en
casas de terratenientes, de campesinos ricos ni
de ningún otro explotador rural. En caso contrario, no gozarán de la confianza de los obreros
agrícolas y los campesinos pobres, y esto excluye toda posibilidad de obtener de ellos información.
Los domicilios más apropiados para los integrantes de los grupos de investigación son los de
los obreros agrícolas o los campesinos pobres.
Pero hay que tener en cuenta que los dueños
no deben vivir en unas condiciones de extremada pobreza, porque entonces esas familias, a pesar de todos sus buenos deseos, no podrán ayudarles a realizar la investigación. Tampoco hay
que residir en el domicilio de un responsable del
Partido en el campo, aunque éste sea obrero
agrícola o campesino pobre. Ese responsable,

54

KL PROBLEMA AGRARIO EN LOS PAÍSES DE ORIENTE

siendo como es el elemento más progresista del
campo, no puede reflejar exactamente el sentir
y el pensar de los obreros agrícolas y de los
campesinos pobres sobre todas las cuestiones, y
esto puede entorpecer el estudio objetivo de la
realidad.
En lo que se refiere a la alimentación, es preciso amoldarse a los alimentos habituales de la
casa donde se resida. Es muy importante conocer lo que diariamente se come en esa casa, y
proceder de acuerdo con ello. Por ejemplo, si
se entrega dinero al dueño de la casa para adquirir arroz, huevos o carne, y resulta que desde
mucho tiempo antes esa familia no puede permitirse el «lujo» de consumir tales productos, esto provocará un distanciamiento por parte del
dueño, los componentes del grupo de investigación será considerados como personas extrañas,
en las que esa familia campesina no tendrá confianza, y por consiguiente la tarea que tienen
encomendada fracasará. De otro lado, hay que
procurar no ocasionar molestias a la familia con
la que se conviva.
Es necesario evitar todo comportamiento que
pueda provocar recelos entre los campesinos. La
experiencia demuestra que los campesinos son
muy reservados cuando hablan de sus condiciones de vida con personas que toman apuntes.
Tienen bien presentes las malas artes de los terratenientes, de las autoridades locales y de otros
explotadores rurales que también anotan lo que
dicen los campesinos para después ensañarse con
ellos. Con los campesinos se tiene que conversar con toda espontaneidad y sin ningún plan
preconcebido; los apuntes hay que tomarlos después; nunca en presencia de ellos.
En la aplicación del método de los «tres junto», los grupos investigadores deben trabajar con
los campesinos tanto en el campo como en sus
domicilios. El campesino verá pronto que estos
«extraños» piensan, de hecho, igual que ellos.
La investigación demostró que para elevar el
nivel cultural de los campesinos es necesario
desplegar el movimiento contra las «cinco
"emes"»: contra los juegos de azar, el alcoholismo, la prostitución, el robo y la narcomanía
[en indonesio todas esas palabras comienzan con
la letra «m»]. Los terratenientes y otros explotadores rurales mantienen deliberadamente estas
lacras entre los campesinos a fin de sojuzgarlos
todavía más, quebrantar su moral y su combatividad y, de este modo, asegurar su situación de
explotadores. De aquí que la lucha contra las
«cinco "emes"» tenga un significado político.
Los publicistas reaccionarios se han apresurado a calificar el método de los «tres junto» como anticientífico. Afirman que los obreros agrícolas y los campesinos pobres se encuentran en
un nivel cultural muy bajo y, por tanto, no se
puede confiar en sus palabras como fuente de

información para la investigación científica. Estos señores de «gran cultura» creen únicamente
en los informes confeccionados a la ligera por
organismos oficiales. Pero es bien sabido que los
«hechos y las cifras» de las fuentes oficiales proceden por lo general de los explotadores rurales, interesados en enmascarar sus métodos de
explotación y sus crímenes y en ocultar la verdadera situación del campo. Además, los explotadores son enemigos del movimiento revolucionario.
Los obreros agrícolas y los campesinos pobres
están directamente interesados en desenmascarar los métodos de explotación existentes en el
campo indonesio. De aquí que los datos facilitados por los campesinos sean concretos, ciertos y seguros, y que el análisis y las conclusiones hechos sobre la base de esos datos y mediante la aplicación del método marxista-leninista sean científicos.
Además, el empleo del método de los «tres
junto» ejerce un gran influjo ideológico en la
formación del carácter de los cuadros revolucionarios, que al realizar el mismo rudo trabajo
físico que los obreros agrícolas y los campesinos pobres aprenden así a tener cariño y aprecio a las masas trabajadoras, creadoras de los
valores materiales. El espíritu de los cuadros revolucionarios se templa y su conciencia de clase
se eleva cuando comen el mismo modesto alimento y duermen en las mismas pésimas condiciones que los obreros agrícolas y los campesinos pobres, o sea, cuando viven la ruda vida
del pueblo. Aprenden a soportar mejor las dificultades de la vida y de la lucha. Aumenta
su decisión de luchar por la emancipación del
pueblo indonesio y de hacer su aporte a la liberación del proletariado mundial.
El éxito del estudio
ORGANIZACIÓN DE realizado por el caLA INVESTIGACIÓN marada Aidit y los
grupos de investigación es debido no sólo a la elección de un método acertado, sino a todo el trabajo de organización.
Los grupos de investigación fueron creados a
tenor con la división geográfica y administrativa
de la isla de Java. Existieron grupos auxiliares
de investigación provinciales y distritales, subdistritales y locales, integrados por cuadros de
diferente nivel de acuerdo con las tareas planteadas. Por ejemplo, los grupos provinciales incluían a varios miembros del Comité del Partido de la respectiva provincia, dirigentes de organizaciones revolucionarias de masas y algunos
intelectuales [estudiantes y personalidades de la
vida cultural]. De estos grupos formaban parte
camaradas que poseían una rica experiencia del
movimiento de masas y que estaban bastante
preparados desde el punto de vista del marxismo-

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leninismo. Además debían tener una cultura general no inferior al grado secundario.
Fueron precisadas las tareas de la investigación. Era necesario averiguar las condiciones de
vida de los campesinos, conocer de cerca el movimiento campesino. El objetivo del estudio fue
mejorar la labor del Partido y de la Unión Campesina Indonesia entre los campesinos, organizar
y movilizar a las masas campesinas para la lucha contra los explotadores rurales, por una aplicación consecuente de la ley sobre el reparto
de la cosecha y de la Ley Agraria Fundamental.
Partiendo de esto, los grupos de investigación
tenían que recoger datos sobre la propiedad de
la tierra, la estructura de clase, las formas concretas de explotación, las contradicciones existentes, los organismos administrativos rurales, el
grado de organización de los campesinos, su nivel cultural, sus costumbres y tradiciones, etc.
Estos datos fueron recogidos en los pueblos de
124 subdistritos. cada uno de los cuales tenía
sus rasgos característicos. Para la selección de
los subdistritos nos guió la idea de que el estudio debía reflejar toda la diversidad de condiciones existentes.
Otro importante aspecto de la organización de
la encuesta fue la confección de materiales que
sirvieran de orientación a los grupos investigadores y la elaboración de un plan detallado qua
comprendiera todas las etapas de la labor a realizar. Además organizáronse breves cursillos para dar la más clara idea del cometido de los
grupos de investigación.
En el transcurso de la investigación se realizaron las llamadas conferencias de control a distinto nivel con el fin de examinar los resultados de la labor efectuada en los primeros días,
corregir defectos e insuficiencias y acordar medidas para el siguiente período de trabajo.
Los grupos de investigación prosiguieron su
labor sobre la base de las conclusiones extraídas
en dichas conferencias de control. Posteriormente se celebraron conferencias de los grupos locales, subdistritales y distritales, que sacaron conclusiones definitivas y rindieron cuenta por Asento de su gestión a los grupos superiores. Estos informes iban acompañados de materiales en
los que se daba razón detallada de hechos concretes.
Las conclusiones generales sobre todos los aspectos de la investigación fueron hechas en conferencias provinciales convocadas en la última
etapa del trabajo. En ellas participaron no sólo
los miembros de los grupos de investigación, sino
también otros cuadros estrechamente ligados a
los obreros del campo y a los campesinos pobres.
Se creó una comisión especial integrada por
cuadres dirigentes del Partido Comunista y de

55

otras organizaciones revolucionarias de masas.
Con ayuda de esta comisión, el camarada Aidit
compuso el informe definitivo sobre todos los
aspectos de la investigación realizada.
En lo que respecta
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del litoral, donde los pescadores constituyen la
mayoría de la población, la clase explotadora
está compuesta por los propietarios de barcos y
los pescadores ricos. En estos distritos existen
también formas de explotación características
del campo indonesio. Los pescadores pobres y
los obreros a sueldo de los pescadores ricos forman las masas trabajadoras.
Los terratenientes poseen centenares e incluso millares de hectáreas de tierra. Hay también
quienes poseen sólo 3 0 4 hectáreas, pero cuyos ingresos son muy cuantiosos. Esto se explica por la gran fertilidad del terreno y por la
despiadada explotación de los campesinos. La
investigación ha revelado que los propietarios
de pequeñas fincas explotan a los campesinos
no menos que los que poseen mucha tierra. Incluso se puede decir que los primeros explotan
con más saña, debido precisamente a que tienen menos tierra.
La realidad rural muestra que en el campo
indonesio existen también terratenientes de espíritu patriótico, que, dicho sea en honor a la
verdad, no son muchos. No prestan una resistencia tan obstinada a la ley sobre el reparto de
la cosecha y a la Ley Agraria Fundamental y
mantienen una actitud más o menos pasiva con
respecto al movimiento campesino revolucionario. Se opusieron a las bandas terroristas reaccionarias de Darul Islam en el período en que
disponían a su antojo en el campo. Cabalmente los terratenientes de peor catadura, en lo
fundamental miembros del partido reaccionario
Masjumi, oficialmente prohibido, y del ala derecha del Partido Socialista, se muestran activos
y luchan contra el movimiento campesino, ofrecen resistencia a la política progresista del Gobierno en la aplicación de las dos leyes antes
mencionadas, en la organización de la campaña
contra la neocolonialista Federación de Malasia, etc.
Los campesinos ricos también participan en
cierto grado en la producción, pero cultivan

56

EL PROBLEMA AGRARIO EN LOS PAÍSES DE ORIENTE

parte de su tierra empleando el trabajo asalariado de los obreros rurales, quienes, dado que
trabajan para los campesinos ricos, no son libres. Los campesinos ricos dan en arriendo una
parte de sus tierras. Mas su posición se diferencia de la de los terratenientes. No expresan
una abierta hostilidad al movimiento campesino
revolucionario. A veces, incluso se suman al
movimiento campesino para alcanzar determinados objetivos. Pueden ser neutrales en la lucha
del campesinado contra los terratenientes. Los
préstamos usurarios imponen a los campesinos
un pesado fardo de deudas del que les es difícil desprenderse.
Otro tipo de explotador rural son los llamados idon-traficantes, que compran a bajo precio
lo? productos agrícolas a los campesinos, cuando la cosecha todavía no ha madurado [«ido»
significa «verde»], y después la venden mucho
más cara. De hecho disponen de la cosecha de
los campesinos.
Existen además los intermediarios, que compran los productos al campesino y le venden
artículos de primera necesidad traídos de las
ciudades. En estas operaciones obtienen pingües
ganancias a costa de los campesinos.
Finalmente hay que mencionar a los capitalistas burocráticos, quienes, utilizando las finanzas del Estado, obligan a los campesinos a venderles sus productos.
Como se dijo más arriba, el campesinado laborioso comprende a los campesinos medios.
Poseen y cultivan su propia tierra y obtienen
suficiente número de productos para satisfacer
las necesidades de la familia. La cúspide, poco
numerosa, del campesinado medio se enriquece,
mas la mayoría de los campesinos medios se
encuentran bajo el peligro permanente de ser
arruinados por los intermediarios y los usureros. A las filas de los campesinos medios van
pasando los obreros rurales y agricultores pobres que reciben tierra como resultado de los
éxitos del movimiento campesino. Está planteado el problema de organizar a todos los campesinos medios en cooperativas, que podrían
defender sus intereses y mantenerlos en las filas del movimiento campesino revolucionario.
Entre el campesinado laborioso figuran también los campesinos pobres o semiproletarios rurales, que aunque poseen una pequeña parcela,
no están en condiciones de cubrir sus necesidades cotidianas, por lo que se ven obligados a trabajar para otros o a realizar diferentes trabajos
marginales. Algunos se dedican a la pequeña artesanía o al comercio. Muchos tienen que abandonar el campo y marcharse a la ciudad o a
otras zonas en busca de trabajo y regresar a sus
lugares natales en la época de la recolección,
cuando hay trabajo.
Finalmente existen los obreros rurales o pro-

letariado rural, que carecen de tierra y viven de
la venta de su trabajo. Cuando en el campo no
hay trabajo, los obreros rurales se dedican, por
ejemplo, a recoger y vender las ramas desprendidas de los árboles. La vida de los obreros
rurales es muy dura. Con frecuencia se alimentan exclusivamente de hojas o de lo que casualmente les cae a mano. También abandonan
sus pueblos y se marchan a las ciudades y a
otras zonas en busca de trabajo y más tarde
regresan a casa en el momento de la recogida
de la cosecha. Algunos cambian de trabajo y se
convierten, por ejemplo, en pescadores.
Además de las categorías antes mencionadas,
en los pueblos hay artesanos e intelectuales rurales, fundamentalmente maestros y artistas rurales. En su maj'oría también viven pobremente y son víctimas de los usureros y de otros explotadores.
Hay que mencionar también a los representantes de los poderes públicos, que utilizan sus
cargos en el aparato administrativo local para
proteger los intereses de los explotadores rurales o que • se transforman ellos mismos en explotadores. Y, por último, están los bandidos,
los golfos, etc., que son incitados por los terratenientes, los capitalistas burocráticos y otros a
cometer delitos para defender sus intereses.
Es importante establecer las diferencias de
clase en el campo, sobre la base de un análisis
concreto de la realidad, ya que esto permite al
movimiento campesino determinar contra quién
debe ir dirigida la lucha de los campesinos. La
investigación ha demostrado que el movimiento
campesino de Indonesia debe ir dirigido contra
los feroces terratenientes, los usureros-chupasangre, los infames intermediarios, los idon-traficantes, las malvadas autoridades, los capitalistas
burocráticos y los bandidos rurales o, como los
campesinos suelen decir, contra los «siete demonios del campo».
Determinando bien la orientación del movimiento campesino, se pueden superar dos tendencias erróneas que hasta ahora existían entre
los dirigentes del movimiento campesino. La primera consiste en hablar de manera general y
vaga de los enemigos del movimiento campesino; la segunda, en buscar sin fin tales o cuales
peculiaridades del enemigo y en divagar sobre
ellas. Ni una ni otra tendencia puede determinar los objetivos concretos de las acciones cotidianas de los campesinos.
El auge del movimiento campesino sobrevino
gracias a que estas dos tendencias erróneas fueron superadas y quedaron determinados los objetivos concretos de la lucha.
En lo que se refiere a la autoridad política
en el campo, se puede decir que hay aldeas
donde representa al mismo tiempo a los elementos populares y a los elementos antipopu-

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se encuentra totalmente en manos de brutales
terratenientes y de otros «demonios del campo». Debido a esto, la lucha de los campesinos
es determinada por el carácter concreto del poder político en cada aldea. En muchas de ellas,
el poder político reaccionario, defensor de los
intereses de los «demonios», fue derrocado y
reemplazado por elementos democráticos. Mas
hasta ahora el aparato administrativo rural está
basado en un sistema heredado de los colonialistas. Por su carácter es colonial y feudal. En
virtud de este sistema, los ingresos de los funcionarios del aparato provienen de los beneficios obtenidos de la explotación feudal. En una
palabra, los terratenientes comparten sus rentas
con las autoridades. Esta es una de las razones
que explican por qué, a veces, incluso los elementos democráticos están al lado de los «demonios del campo» y se pronuncian contra el
movimiento campesino. El Partido y el movimiento campesino revolucionario luchan para
poner fin al sistema de dirección colonial y
feudal en el campo y reemplazarlo por un sistema autónomo y democrático que se extienda
a todo el país.
La investigación ha confirmado la justeza de
la opinión del Partido Comunista de que en Indonesia se dan los siguientes cuatro rasgos distintivos del feudalismo: 1] monopolio de los terratenientes sobre la tierra, 2] renta agraria en
especie, 3] renta agraria en forma de trabajo
en las fincas de los terratenientes, 4] avasallamiento de los campesinos a consecuencia de las
deudas.
Todavía continúa el proceso de concentración de la tierra en manos de los terratenientes,
a través de las hipotecas, de los préstamos, de
los créditos usurarios, etc. La concentración de
la tierra en manos de los terratenientes y de los
campesinos ricos es acelerada por la inflación
y el descenso del nivel de vida. En el curso de
este proceso, gran número de campesinos ricos
pasan a ser terratenientes.
Por otra parte, como resultado de la acentuación de la explotación, cuya forma principal
es la renta de la tierra, el nivel de vida de los
obreros agrícolas, de los campesinos pobres y
de otras capas explotadas de la población rural
desciende sin cesar. La renta en especie tiene
diferentes formas. A primera vista puede parecer que en el sistema de aparcería la mitad de
los productos va a parar al propietario de la
tierra y la otra mitad al campesino, pero en la
práctica el campesino lleva sobre sus espaldas
toda la carga de los impuestos, debe comprar
las semillas, cumplir las obligaciones financieras ante las autoridades locales, etc. Debe también cubrir las pérdidas en casos de mala cosecha por calamidades naturales, enfermedades de

57

las plantas, etc. Por eso, de hecho, el agricultor no obtiene nada por su duro e incesante
trabajo, mientras que el terrateniente, que está
cruzado de brazos, obtiene enormes beneficios.
Otro tipo de explotación es la renta agraria
en forma de trabajo en las fincas de los terratenientes. Si, por ejemplo, el campesino debe
cultivar ocho metros cuadrados de arrozales, en
tres de ellos trabaja como mediero, mientras
que toda la cosecha de los cinco metros cuadrados restantes pertenece íntegramente al terrateniente. Así, pues, este tipo de renta agraria tiene un carácter todavía más expoliador.
Además existen muchas otras formas de explotación del campesino indonesio. Es víctima
de la cruel explotación de los «demonios del
campo» desde que siembra el arroz hasta que
lo recoge e incluso cuando tiene intención de
venderlo para comprar artículos de primera necesidad. De esta forma, toda la actividad laboral de los campesinos es controlada por los explotadores del campo.
Pero esto no es todo. Hay toda una serie de
«obligaciones» que los campesinos tienen ante
las autoridades rurales: efectuar diferentes trabajos, custodiar la casa del alcalde, realizar servicio de guardia nocturna en el pueblo, entregar la mejor carne al alcalde cuando el campesino mata ganado, facilitar al alcalde buenos
productos y otras cosas cuando celebra alguna
fiesta religiosa o si el campesio quiere ser autorizado para conmemorar alguna fiesta, etc. Por
todo esto el campesino no recibe ni un centavo.
Los capitalistas burocráticos tampoco quieren
quedarse a la zaga en la obra de engañar y de
explotar a los campesinos. Al controlar las empresas del Estado, esquilman la tierra en las
plantaciones, así como los bosques del patrimonio nacional. En particular autorizan a los campesinos deficientemente dotados de tierra a cultivar alguna parcela a condición de que entreguen una fianza bastante elevada. Mas siempre
existe el peligro de que el campesino que trabaja en una plantación o en el bosque pueda
ser en cualquier momento desalojado, incluso
violentamente, procesado y encarcelado.
Existen cooperativas ficticias, en realidad bajo el control de los explotadores, que recurren
a todo tipo de manipulaciones en perjuicio de
los campesinos. Entre ellas figuran, por ejemplo, las llamadas «cooperativas rurales», que
son creadas por las autoridades. Todos los campesinos del pueblo en cuestión pasan a ser automáticamente miembros de la misma. En la
práctica, el campesino se ve obligado a vender
algunos productos únicamente a la cooperativa
y a un precio determinado, que es inferior a los
precios del mercado libre. Los llamados «inspectores» de la cooperativa controlan las ventas
hechas por los campesinos al margen de ésta,

58

iX PROBLEMA AGEAEIO EN LOS PAÍSES DE ORIENTE

les obligan a entregar a la cooperativa los beneficios obtenidos de dichas ventas e incluso les
someten a malos tratos.
Así, pues, los datos de la investigación muestran que las contradicciones entre las clases explotadoras y las explotadas se agudizan en el
campo indonesio, los elementos feudales no desaparecen del campo, antes bien intensifican su
explotación.
La reducción del nivel de vida de las clases
que constituyen las fuerzas productivas fundamentales del campo, hace que se reduzca el
rendimiento del trabajo en la agricultura, y esto, a su vez, pone en peligro la producción
agrícola en Indonesia. La única forma de liberar las fuerzas productivas en el campo y en la
economía indonesia en general es acabar con
los «demonios del campo», liquidando totalmente los vestigios del feudalismo y del imperialismo con miras a construir una economía nacional independiente.
A pesar de qu2
el poder político
en el campo se
encuentra, en lo
fundamental, en
manos de pérfidas autoridades que defienden los intereses de
los terratenientes y de otros explotadores, los
campesinos asestan a éstos golpes bastante duros en el aspecto económico y político. Y ello
es así porque los campesinos se han puesto en
movimiento. Están organizados y movilizados
para luchar bajo una justa dirección.
La investigación confirma que el despertar
de la conciencia política de los campesinos y
de los pescadores está estrechamente vinculado
a la labor que el Partido Comunista y el movimiento revolucionario realizan en el campo.
En todos los lugares donde el Partido Comunista muestra actividad, efectúa una propaganda política revolucionaria, ayuda a los campesinos a crear sus propias organizaciones y les
dirige, la conciencia política de los campesinos
y de los pescadores crece con rapidez. Se denuncian los delitos cometidos por los explotadores, las hipocresías y los prejuicios. Ahora los
campesinos ya no son esclavos de los terratenientes, sino que se sienten hombres libres que
luchan por un futuro mejor.
En el curso de la lucha aumenta la confianza de los campesinos en sus fuerzas, crece su
seguridad en la justeza de la idea de que los
campesinos deben liberarse ellos mismos. De
día en día toman más incremento las acciones
de los campesinos basadas en esta idea, para
llevar a la práctica la Ley Agraria Fundamental y la ley sobre el reparto de la cosecha, acosando cada vez más a los «demonios del camLA LUCHA DE LOS
CAMPESINOS CONTRA
LOS EXPLOTADORES
RURALES

po». Viéndose arrinconados, los enfurecidos terratenientes redoblan sus ataques contra el movimiento campesino, aprovechándose de la posición antipopular de la administración rural,
provocando conflictos entre las masas campesinas y las fuerzas armadas, realizando actos terroristas contra los cuadros revolucionarios del
movimiento campesino, etc.
Pero los campesinos comienzan a actuar más
inteligentemente. Se guían por el lema de «ser
justos, aprovechar las ventajas y saber la medida». Bajo la dirección del Partido orientan sus
acciones a objetivos concretos, actuando en un
frente lo más amplio posible.
Gracias a esto son cada día más numerosas
las nuevas fuerzas patrióticas y democráticas,
incluidos funcionarios civiles y militares, que
muestran comprensión y colaboran con el movimiento campesino, defendiendo los intereses de
los trabajadores de la tierra.
Cuanto mayor es la conciencia política de
los campesinos, tanto mejores son las condiciones para fortalecer el frente único nacional, basado en la alianza obrera y campesina bajo la
di-ección del proletariado. Esto constituye también una garantía de que los campesinos se
emanciparán del yugo feudal y de la explotación.
Cambia la fisonomía del campo indonesio.
La conciencia política de las masas campesinas
crece gracias al fortalecimiento político, orgánico e ideológico del Partido Comunista y de
la Unión Campesina Indonesia. Así lo prueban,
en particular la participación de los campesinos, junto con los obreros, en la lucha por la
nacionalización de las plantaciones y empresas
pertenecientes a los monopolios ingleses, en la
campaña de solidaridad con el pueblo de Kalimanten Septentrional, contra la neocolonialista
Federación de Malasia; el apoyo al pueblo vietnamita contra el agresivo imperialismo yanqui;
la lucha contra la intervención armada norteamericana en la República Dominicana, porque
cese en Indonesia la actividad del llamado
Cuerpo de Paz yanqui, etc.
Un importante rasgo es que la ampliación y
el reforzamiento de las acciones campesinas
contra los residuos feudales en el campo juegan
un importante papel en el auge de la lucha antiimperialista en todo el país.
La agudización de las contradicciones entre
los campesinos y los explotadores rurales y e!
reforzamiento de las acciones campesinas influyen directamente sobre el desarrollo político en
las ciudades y en la capital, ya que la situación revolucionaria se desarrolla en el campo
gracias a que la hacen avanzar las fuerzas políticas de las ciudades, organizadas por la clase
obrera. Además, los «demonios del campo» tienen vínculos políticos, económicos y culturales

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de la capital.
En la actualidad, el movimiento revolucionario en el campo indonesio se encuentra en auge. Cada ciudadano, cada agrupación y cada
partido político deben ocupar una determinada
posición. Se puede ocupar una de las siguientes posiciones, de las que habló el camarada
Aidit en la Segunda Conferencia Nacional
Campesina: «Marchar delante de los campesinos y dirigirlos, marchar juntos o a la zaga de
los campesinos y burlarse de ellos o hacer fren-

59

te a los campesinos y luchar contra ellos con
la bayoneta calada».
Los comunistas indonesios están totalmente
decididos a unir las acciones de su partido marxista-leninista con las de los campesinos, a hacer de los campesinos los aliados más firmes del
proletariado y la fuerza más combativa en la
lucha por el triunfo de la revolución democrático-nacional en Indonesia. Así harán su aportación al movimiento revolucionario de los pueblos del" mundo.

Las reformas agrarias en la RAU,
Siria e Irak
por AS SALTI

Desde que los pueblos árabes conquistaron
su independencia política, la reforma agraria ha
sido la exigencia más apremiante del movimiento de liberación nacional. Esto es completamente lógico, ya que se trata de países donde
los campesinos constituyen la masa fundamental de la población. En la República Árabe
Unida, Siria e Irak trabaja en la agricultura del
62 al 68% de la población en Jordania, del 70
al 75%. Corresponde a la producción agrícola
del 50 al 75% de la renta nacional.
El campesinado es la base más importante
de masas del movimiento de liberación nacional, el principal aliado de la clase obrera. De la
posición que ocupen las masas campesinas depende mucho el desarrollo del movimiento revolucionario en los países árabes. Por eso es
de actualidad palpitante examinar las peculiaridades de las relaciones agrarias y de las
transformaciones operadas al respecto en estos
países.

Hasta hace poco la gran propiedad feudalterrateniente y la pequeña propiedad campesina
constituían la base del régimen agrario de la
mayoría de los países árabes. Hasta la reforma
agraria, en la RAU los propietarios de parcelas
de 2,1 Has. y menores poseían el 35,5% de toda la superficie cultivable, mientras que los
propietarios de parcelas mayores de 2,1 Has.
poseían el 64,5% de la tierra. El número de
campesinos sin tierra se elevaba a cerca de 12,1
millones. En Irak, hasta la revolución de julio
de 1958, sólo el 3,5% de las familias campesinas tenían tierras, y cerca de 739.000 carecían
de ella.
Un rasgo característico de estos países era el
nivel de desarrollo sumamente bajo en la agricultura y las míseras condiciones de vida de los
campesinos. En la RAU, la superficie de tierras labrantías no pasaba del 2,5% del territo-

rio nacional; en Irak, del 12 al 16%; en Siria,
del 31%. El empleo del agua está limitado.
La realización de la reforma agraria en los
países árabes estuvo dictada por una necesidad
económica objetiva. La liquidación del sistema
de la gran propiedad de la tierra, la emancipación del campesinado de las distintas formas de
dependencia feudal y semifeudal constituyen
una condición ineludible del desarrollo de la
economía nacional y de una lucha fructuosa
contra la miseria, la pobreza y la ignorancia de
las grandes masas campesinas.
La RAU fue el primer país que puso principio a las transformaciones agrarias. A fines de
1952 se dictó un decreto de reforma agraria
fijando en 200 feddanes [cerca de 84 Has.] el
límite máximo de posesión de la tierra por persona. Según la ley, cada propietario tenía derecho a entregar hasta 100 feddanes de tierra a
sus hijos. En 1961 se limitó el máximo a 100
feddanes por familia [cerca de 42 Has.] Las tierras expropiadas a los feddanes pasaron a ser
propiedad del Estado, que las parceló y las vendió a los campesinos desposeídos o deficientemente dotados, a pagar en 30 ó 40 años.
En Siria, la ley de reforma agraria aprobada
en 1958 estableció un tope máximo de propiedad de 460 Has. de tierras de secano y 120 Has.
de regadío. En junio de 1963 se promulgó una
ley que estableció un nuevo límite máximo: para las tierras de regadío, 15-50 Has. y para las
tierras de secano, 100 Has. por persona. En Irak,
el tope máximo de propiedad según la ley de
reforma agraria, aprobada después de la revolución de julio de 1958, fue establecido en
500 Has. para las tierras de secano y 250 para
las de regadío.
La limitación de la propiedad de la tierra socavó seriamente el sistema feudal-terrateniente.
El significado de las reformas agrarias estribó
además en que contribuyeron a ampliar más
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ejemplo, a la ley de reforma agraria de 1952
siguieron los decretos más radicales de 1961,
según los cuales no sólo se redujo a la mitad
el tope máximo de propiedad, sino que se confiscaron todas las tierras pertenecientes a compañías extranjeras y fueron rebajados en un 50
por ciento los arrendamientos. Se prohibió disponer de la superficie sobrante por encima del
límite fijado por la ley. El derecho de arriendo
se concedió sólo a los pequeños campesinos, a
quienes se eximió del pago de la mitad de sus
deudas. Todas las tierras expropiadas desde 1962
pasaron a ser propiedad del Estado, e igualmente todos los bienes y las sumas de dinero secuestradas, así como las propiedades de los feudales.
Según datos oficiales, en 1964 se roturaron en
la RAU 234.000 Has. de tierras nuevas. Para
fines de 1965 esta superficie llegará a 265.400
Has., y para fines de 1970, a 357.000 Has. Todas
ellas están repartidas entre los campesinos no pudientes. Es un índice muy elevado, sobre todo
si lo comparamos con la situación existente hasta 1952. En total se piensa roturar 840.000 Has.
La realización de estos planes es plenamente real
gracias a la presa de Asuán, que se construye
con ayuda de la Unión Soviética y jugará un
gran papel en el desarrollo de la gran producción agrícola basada en una técnica moderna.
La central hidroeléctrica generará anualmente
10.000 millones de kilovatios-hora de energía.
Se calcula que, una vez construida la presa, los
ingresos anuales de la agricultura del país se incrementarán en 120 millones de libras egipcias.
Estas transformaciones han ido acompañadas
de otras medidas importantes: establecimiento de
un precio máximo de arriendo y de un plazo de
tres años, fijación para los obreros agrícolas
de una jornada de trabajo de 7 horas y un salario
mínimo diario de 18 piastras, etc. A consecuencia
de estas medidas han aumentado los ingresos de
los campesinos. Muchos distritos agrícolas cuentan por vez primera con escuelas, dispensarios
y agua potable en buen estado.
Al calibrar de forma positiva la realización de
las reformas agrarias en la RAU, Siria e Irak,
no se puede, al mismo tiempo, dejar de ver defectos esenciales.
En primer lugar hay que señalar la limitación
de estas reformas y su aplicación sumamente
lenta.
En la RAU, a pesar de haberse reducido nuevamente el .tope máximo de posesión de tierras
en 1961, continúan en manos del 4% de los propietarios 546.444 Has., es decir, el 21% de la
superficie cultivada, sin hablar ya de que las
indemnizaciones siguen siendo las mismas. Según datos oficiales, a mediados de 1964 se ex-

61

propiaron 396.400 Has., de las cuales 256.200
fueron distribuidas entre 230.000 familias campesinas [aproximadamente un millón de personas]. El 95% de los campesinos poseen en la
actualidad la mitad de las tierras de labor. Sin
embargo, como señaló la revista Rosa el Yussef,
algunos latifundistas, aprovechándose de su influencia en el aparato administrativo, siguen siendo propietarios de 500 Has. de tierra e incluso
más. En- el campo egipcio existe aún un desempleo latente. La situación material del campesino egipcio, de por sí dura, se agrava por la
disparidad existente entre la extensión de las tierras roturadas y el aumento de la población rural.
En Siria, la ley de reforma agraria se ha extendido a las tierras pertenecientes a 3.240 feudales y grandes terratenientes. Pero aun cuando
fuesen repartidas todas estas tierras [aproxima
damente millón y medio de hectáreas], sólo recibirían parcela el 15% de los campesinos desposeídos. La superficie confiscada en 1962 fue
de 49.828 Has. En 1963 fueron expropiadas
38.933 y distribuidas 14.686 entre 1.118 familias.
En los cinco primeros años de la reforma en
Irak fueron expropiadas 1.750.000 Has. y se distribuyeron en total 96.500. El 68,7% de las familias campesinas continúan sin tierra. Si el proceso de expropiación de la tierra continúa con
el mismo ritmo, se dará fin al mismo en 1970.
y al proceso de distribución sólo dentro de 216
años.
En segundo lugar, las leyes de reforma agraria dejan aún grandes superficies en manos de
los terratenientes. Además, hay que tener en
cuenta que las tierras expropiadas a los feudales
son las peores, ya que, de acuerdo con la reforma, a los terratenientes se les concedió derecho a elegir las tierras con las que se quedaban.
No es extraño que algunos campesinos renunciaran a las parcelas que les correspondían, por
ser inaptas para el cultivo. Por otra parte, las
leyes de reforma agraria contenían ciertas excepciones y cláusulas no claras que permitían a
los grandes latifundistas burlar lo dispuesto sobre el tope máximo.
En tercer lugar, las leyes de reforma agraria
prescribían la indemnización de los grandes propietarios y, al mismo tiempo, establecían un precio bastante alto de la tierra que se vendía a los
campesinos. El precio de un feddan en la primera etapa de la reforma agraria en la RAU
era 70 veces mayor que el impuesto sobre la
tierra. El campesino tenía que abonar por esta
parcela de 140 a 280 libras egipcias. El precio
de un feddan de tierra, con las dependencias
auxiliares instaladas en ella, se elevaba a 219 libras, mientras que el precio oficial a que se
compraba la tierra a los feudales era de 200.

EL PROBLEMA AGRARIO EN LOS PAÍSES DE ORIENTE

62

Sólo después de los decretos de 1961-62, el
Gobierno eximió a los campesinos del pago de
una parte de la compensación y rebajó el precio de la tierra.
En Siria, la suma de compensación superaba
en diez veces el precio medio de arrendamiento
por un ciclo agrícola completo, que es de 3 años.
La indemnización no es la única fuente de
acumulación de los grandes propietarios. Estos
reciben ayuda directa e indirecta del Estado.
Pueden tomar tierras en arriendo al Estado, a
pesar de que, según la ley, únicamente los pequeños campesinos pueden arrendar tierras estatales. Finalmente, el feudal puede emplear sus
recursos para montar una economía capitalista
desarrollada en las fértiles tierras que le quedan.

II
¿A qué se debe que las reformas agrarias en
los países árabes no hayan sido profundas y que
se frenara su aplicación? ¿Qué actitud mantienen las diferentes clases hacia estas reformas y
cuáles son las vías de solución del problema
agrario?
Las revoluciones realizadas en estos países
han tenido un carácter democrático-nacional; su
contenido fundamental consistía en suprimir el
dominio de los colonialistas y del régimen feudal. Estas revoluciones se han desarrollado en
una situación en la que la correlación de fuerzas
en la palestra internacional ha cambiado a favor del socialismo y del movimiento de liberación nacional de los pueblos oprimidos, entre
ellos los pueblos de los países árabes.
Desde el punto de vista de las condiciones interiores, estas revoluciones representan una nueva etapa de la lucha de los pueblos, que transcurre en medio de una agudización de las contradicciones sociales. La actitud de las diferentes clases, capas y personas ante las transformaciones sociales y económicas, incluida la reforma agraria, está en dependencia directa de su
posición respecto a los medios de producción y
del lugar de cada una de ellas en el sistema de
producción social. La contradicción entre sus intereses económicos se ha visto reflejada prácticamente en la lucha política e ideológica, abstracción hecha de que ésta se librara consciente
o inconscientemente, en forma manifiesta o disimulada.
Durante un largo período de desarrollo de
Egipto y de otros países árabes la gran burguesía supo penetrar en la aldea, superando los
obstáculos que la clase de los feudales levantó
al principio en su camino. Andando el tiempo
sus intereses en el campo fueron entrelazándose
con los intereses de los feudales. Esto obligó a
la gran burguesía no sólo a abstenerse de llevar

a cabo la reforma agraria, sino también a rechazar todo llamamiento a realizarla. De la alianza de la gran burguesía y los feudales nos ofrecen ejemplos no sólo la historia prerrevolucionaria de la RAU y de Irak, sino también la
historia de Siria, el primer país árabe que alcanzó la independencia política.
Las fuerzas revolucionarias, integradas por militares e intelectuales procedentes en su mayoría de la burguesía media y de la pequeña burguesía urbana y rural, jugaron el papel principal en la revolución egipcia de 1952 y en la revolución irakí de 1958. Estos elementos supieron llegar al Poder y mantenerse en él merced
al apoyo de la clase obrera, de los campesinos,
de la pequeña burguesía urbana y de una parte
de la burguesía nacional, y también gracias al
apoyo de las fuerzas mundiales del socialismo
y del progreso.
Los elementos revolucionarios dirigentes y las
clases trabajadoras fundamentales comprendían
que la manumisión del yugo colonialista era sólo
el primer paso, aunque muy importante, para
acabar con la opresión social. Por eso, al llegar
al Poder, asestaron un duro golpe a la clase de
los feudales, privándola de su influencia política. Sin embargo, el dominio económico de los
feudales no fue suprimido totalmente; sólo se
limitó un poco. Los feudales aprovecharon su
influjo económico para presionar sobre el poder
político. A esto debe añadirse que la gran burguesía continuó influyendo económicamente en
e! desarrollo del país, sobre la base de su fuerza
económica y del apoyo de los colonialistas e
imperialistas. En la RAU esta situación se mantuvo hasta 1961; en Siria, hasta comienzos de
1965 y en Irak perdura en gran parte hasta
ahora.
La actitud de la burguesía nacional no ligada
a los monopolios, a los feudales y al imperialismo ha sido contradictoria. Por una parte, tendía a realizar la reforma agraria en los límites
que le permitiesen librarse total o parcialmente
de la renta agraria absoluta pagada a los terratenientes feudales. Se esforzaba por conseguir
para ella misma la plusvalía mediante la libre
inversión de capitales en la agricultura. Por otra
parte temía el ascenso de la lucha de las masas
trabajadoras, que podían desposeerla de sus bienes. Por eso presionaba para que sólo se realizase una reforma agraria parcial. Esto se ha visto reflejado en el establecimiento de un límite
bastante alto de propiedad, en las grandes indemnizaciones, en la entrega de bienes del Estado en propiedad o en arrendamiento a los
grandes terratenientes, etc.
Esta actitud contradictoria de la burguesía nacional ha sido comprendida y apoyada directamente por los círculos neocolonialistas. Como
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EL PROBLEMA AGRARIO EN LOS PAÍSES DE ORIENTE

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se elevaba en los países en desarrollo y que perseguía el objetivo de sacudirse el peso de los podridos regímenes feudales existentes en el campo. Queriendo utilizar este movimiento en beneficio propio, el neocolonialismo lanzó en la
lucha económica e ideológica sostenida por él
la consigna de realizar reformas agrarias que no
rebasaran el marco de las relaciones capitalistas. Siguiendo esta línea, los círculos neocolomalistas empezaron a establecer poco a poco la
colaboración con la burguesía nacional.
Al analizar las posiciones de la burguesía nacional acerca de la reforma agraria no es difícil
advertir dos tendencias principales. La primera
tendencia está representada por la parte de la
burguesía media y pequeña que en la mayoría
de los casos se halla ligada directamente a la
producción, empleando trabajo asalariado. Esta
parte de la burguesía ve en la reforma agraria
un medio para elevar la capacidad adquisitiva
de los campesinos, la cual puede contribuir a la
extensión de su actividad económica. Precisamente ella ha salido ganando relativamente más
que otras capas con la realización de la reforma
agraria. Como resultado de ello, se ha fortalecido la situación de los campesinos ricos. En
la RAU, por ejemplo, la superficie perteneciente
a los campesinos ricos aumentó en 1952-1962
del 10,9% al 13,4%.
La segunda tendencia está representada sobre
todo por aquellas capas de la pequeña burguesía y, en cierta medida, de la burguesía media
que empiezan a comprender por experiencia propia que las relaciones semifeudales y capitalistas
no les reportarán nada bueno, sino que, por el
contrario, harán que descienda constantemente
su nivel de vida. Las tiendecillas, los talleres y
granjas que les pertenecen pueden ser cerrados
en cualquier momento, y sus dueños, quedar en
la ruina.
Por eso, esta parte de la burguesía se acerca
a las posiciones de las clases trabajadoras en la
lucha contra la opresión social. Y puede convertirse en un aliado real suyo si se sigue respecto a ella una política flexible, que tenga en
cuenta sus intereses. Si la labor política e ideológica se lleva a cabo de una manera acertada,
puede lograrse que esta parte de la burguesía
pase, desde su posición expectante, a la participación activa en esta lucha. La situación social
objetiva de estas capas de la burguesía explica
su actitud más resuelta ante las transformaciones que se realizan en los países árabes, entre
ellas la reforma agraria. De su seno ha salido
un gran número de revolucionarios árabes, que
han constituido el núcleo de los partidos progresistas y democráticos. Estas fuerzas no cedieron
a la presión de los terratenientes y de la gran
burguesía y han abandonado ya o están abando-

63

nando sus anteriores concepciones indefinidas y
contradictorias.
III
A fin de impedir la aplicación de las leyes de
reforma agraria, los elementos enemigos y vacilantes han utilizado dos medios principales:
1] La restricción de la democracia. Es así como las fuerzas reaccionarias han conseguido impedir a los campesinos que participen activamente en la aplicación de la reforma agraria.
Al mismo tiempo, los feudales no han renunciado a la táctica de las conjuras contra el Poder
nacional. Se han resistido a la realización de la
¡eforma agraria: han organizado rebeliones y
motines [como en Egipto], han asesinado a campesinos y a dirigentes suyos, han saboteado la
producción agrícola, han perseguido a los campesinos, les han expulsado de las tierras que habían recibido en virtud de la reforma agraria,
han restablecido las viejas proporciones en la
distribución de las cosechas, etc. Como seguro
puntal del imperialismo en los países árabes, los
feudales no han rendido las armas ni las rendirán mientras exista la posibilidad del resurgimiento de su dominio.
La experiencia de la RAU, Irak y Siria prueba que la lucha de los feudales y de la gran
burguesía contra la democracia ha servido de
medio para aislar a las masas de la vida política, y, de este modo, impedir que participaran
en la dirección del país. Por desgracia, las libertades democráticas siguen estando limitadas
en la mayoría de los países árabes.
No es sólo la experiencia de los Estados socialistas la que nos habla de los éxitos que se
pueden obtener en la realización de la reforma
agraria siempre que se concedan libertades democráticas a los campesinos. Por ejemplo, en
Irak, hasta mediados de 1959, es decir, cuando
en el país existían libertades democráticas, los
campesinos pudieron celebrar su Congreso y
crear sus organizaciones, que, al asumir la defensa de las conquistas de la revolución de julio,
lucharon por el logro de muchas reivindicaciones económicas de los campesinos. Gracias a la
participación directa de los campesinos, en un
breve plazo se confiscó a los terratenientes
275.000 hectáreas de tierra.
2] La utilización del aparato administrativo.
En estos países el aparato administrativo sigue
siendo, a pesar de algunas reformas, el viejo
aparato reaccionario y burocrático que dejó el
régimen imperialista y feudal. Es incapaz de ir
al compás de los profundos cambios que se están produciendo en los países árabes. En él sigue habiendo gran número de antiguos funcionarios que desde sus altos cargos dificultan por
todos los medios las transformaciones económi-

64

LAS BEFOBMAS AGBAKIAS EN LA BAU, SIBIA E IRAK

cas y sociales, entre ellas la realización de la
reforma agraria. Para nadie es un secreto que
precisamente estos elementos organizan complots
de todo género contra los gobiernos, y la falta
de una verdadera democracia les ayuda a ello.
El Presidente de la RAU, Nasser, en un discurso pronunciado en el Parlamento el 12 de noviembre de 1964, declaró que el aparato del Estado sigue siendo en lo fundamental lo mismo
que era antes y que las tendencias burocráticas
en el período de transición representan una gran
fuerza que trata a toda costa de conseguir privilegios. Señaló que la principal arma con la
que se puede poner fin a la burocracia y la única garantía de que el control popular pueda estar por encima del poder ejecutivo es el desarrollo de la democracia y su más amplia extensión.
Suprimir el aparato burocrático reaccionario
y reemplazarlo por un aparato popular es un
asunto nada fácil en estos países. Sólo puede
llevarse a cabo con ayuda de audaces medidas
revolucionarias. Algunos síntomas prometedores
han aparecido en el último tiempo en la RAU
y en Siria. Entre ellos pueden indicarse, por
ejemplo, la concesión, bajo ciertos límites, de
algunas libertades democráticas, las medidas para la reorganización del aparato administrativo,
etc. Hay que esperar que estos primeros pasos
serán en adelante cada vez más resueltos y profundos y que no sólo abarcarán a la RAU y
Siria, sino también a Irak y otros países árabes.
La fuerza principal vitalmente interesada en
la profundización y culminación de la reforma
agraria son los obreros agrícolas y los campesinos pobres, que constituyen la inmensa mayoría
de la población rural. Para que desempeñen su
papel de vanguardia en el campo es preciso que
se agrupen en una organización independiente
basada en principios democráticos.
Como muestra la experiencia de las reformas
agrarias realizadas en la RAU, Siria e Irak, la
limitación parcial de la gran propiedad agraria
no resuelve el problema de la tierra, no conduce a un rápido ascenso de la agricultura y al
mejoramiento de la situación de las amplias masas campesinas.
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dimanan de la propia naturaleza de la producción agrícola pequeña e individual, lo cual se
refiere en el mismo grado a cada campesino o
a la producción agrícola en su conjunto. En la
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la puesta en explotación de la presa de Asuán,
sino a organizar en ellas cooperativas agrícolas
del Estado.
Una condición importante para la solución
radical y democrática del problema agrario es
la unidad de acción de los campesinos pobres
y la clase obrera con la parte revolucionaria
de la pequeña burguesía de la ciudad y el campo. La alianza de estas fuerzas será la garantía
del fracaso de las conjuras imperialistas y de
la reacción interior y asegurará la firme aplicación de una reforma agraria democrática y
radical. Una de las medidas inmediatas estriba
en crear las condiciones necesarias que aseguren la unidad de acción de todas las fuerzas
revolucionarias en los países árabes.
•Las condiciones favorables que se han creado
para la unión de las fuerzas revolucionarias,
así como los cambios sociales y económicos que
se están produciendo en algunos países árabes,
incluida la agricultura, crean nuevas posibilidades para la lucha de los campesinos en otros
países del mundo árabe, en particular en Jordania, donde hasta ahora no se ha dado ningún
paso importante para resolver el problema
agrario.
La realización de la reforma agraria es la tarea más palpitante y urgente en Jordania. Con
este problema tropezará inevitablemente todo
Gobierno nacional futuro que desee sincera y
seriamente sacar del atraso a su país. Sería prematuro determinar la vía que seguirá el desarrollo de Jordania, y en particular, cómo habrá
de realizarse la reforma agraria. La envergadura de la lucha y la colaboración de las fuerzas revolucionarias, la correlación de fuerzas
dentro del país, en el mundo árabe y en la palestra mundial, deberán determinar si Jordania
ha de seguir el mismo camino que la RAU,
Argelia y Siria o si su desarrollo tomará otras
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REDONDA

El papel de los partidos comunistas
en algunos países
de capitalismo desarrollado
Organizada por REVISTA INTERNACIONAL,, se ha celebrado recientemente en Praga una reunión de mesa
redonda consagrada a los movimientos de masas en algunos países capitalistas desarrollados y al papel de los
comunistas en dichos movimientos. Participaron en ella: L. Aarons [Australia], E. Zucker-Scliilling [Austria],
\V. KasMan y N. Morgan [Canadá], Ib Nerlund [Dinamarca], H. Lumer y JI. Thomas IEE. UU.] y G. Ohma:i
ISuecia].
Publicamos a continuación una breve reseña de este intercambio de opiniones.

El tema de nuestro encuentro, dijo W. Kashtan,
ofrece interés para los partidos pequeños de los
países capitalistas. Se trata de problemas complejos que han de ser afrontados por nuestros
partidos, y es de todo punto evidente que par?
ellos no puede haber soluciones simples o fáciles. Nos parece que el problema más importante,
en el que deberíamos centrar la atención, es el
rie los obstáculos, objetivos y subjetivos, que se
oponen a la transformación de los pequeños partidos en una gran fuerza política.
En Canadá y en la
mayoría de los países capitalistas, el
período de posguerra se caracteriza en
términos generales
por una expansión económica, el crecimiento de
las fuerzas productivas y un nivel relativamente
alto de ocupación. Esta situación ha permitido
a los capitalistas hacer ciertas concesiones a la
clase obrera, la cual, a su vez, se ha visto en
condiciones más favorables para arrancar estas
concesiones. El rasgo principal de la lucha obrera
durante esos años reside en el afán de conseguir
nuevas concesiones. Por lo general, esto implica
que en las masas trabajadoras se hayan acentuado ciertas tendencias en el espíritu del reformismo burgués o del socialrefoimismo. Lo que
distingue al modo de pensar de la clase obrera
es el deseo de reformas democráticas, y sólo una
minoría insignificante sustenta concepciones revolucionarias.
En estas condiciones, nuestro Partido —y a
LA REALIDAD
CAPITALISTA:
CONTRADICCIONES
Y PROBLEMAS

mi entender también otros muchos— se enfrenta al problema de cómo debe actuar un partido
revolucionario cuando no existe una situación
revolucionaria, cuando las masas aún no han
cobrado conciencia de la necesidad de cambios
revolucionarios. ¿Cómo pueden tales partidos y
en tales condiciones convertirse en partidos de
masas? Son éstas cuestiones que exigen respuesta. Y la respuesta no sólo reside en la necesidad
de mejorar nuestro trabajo —cosa ya de por sí
importante—, sino en tratar de valor los factores
objetivos que actúan en los momentos presentes,
calibrar su naturaleza y apreciar los elementos
contradictorios que se contienen en ellos.
La situación de nuestro país se caracteriza por
una inestabilidad política bastante elevada. De
ahí nuestra preocupación por dar respuesta a
las preguntas que acabamos de plantear. ¿Cómo
deben actuar los partidos comunistas en las presentes condiciones? ¿Qué problemas deben ser
resueltos por ellos para convertirse en una gran
fuerza política? Aquí no cabe una respuesta simple. Necesitamos ver con gran claridad las perspectivas —tanto desde el ángulo de los fines inmediatos como de los objetivos más lejanos—,
para que de este modo los militantes del Partido
puedan contemplar el futuro con más seguridad.
En el períodt) íte la llamada coyuntura favorable, observó, I. Nerlund, los beneficios capitalistas no han disminuido, sino que, por el contrario, han alcanzado proporciones inusitadas.
En este sentido cabe hablar de un reforzamiento
de la dominación capitalista de clase. Los procesos que han tenido lugar en estos años no se
han reducido únicamente a las «concesiones de

66

MESA BEDONDA

los monopolios. Las concesiones pueden constituir un método de explotación, pueden ser «inversiones» que producen grandes dividendos. Por
consiguiente, la política de concesiones se integra
en el sistema de la explotación capitalista, bajo
el cual los monopolios exprimen cada vez más
a los trabajadores sin que éstos, en su masa, se
den cuenta de ello.
En Dinamarca, las exigencias de los trabajadores no se reducen ya a pedir unas condiciones
de vida elementales. En la presente situación los
trabajadores se sienten cada vez más agotados
a consecuencia de la incesante intensificación del
trabajo y en virtud de la acción de otros factores. Por eso, al luchar por mejores condiciones de vida, los trabajadores prefieren a veces
una reducción del tiempo de trabajo a una elevación del salario. Debido a la excesiva tensión
nerviosa a que están sometidos en la producción, los trabajadores sienten más la necesidad
del descanso. Todo esto marca su impronta en
los diversos aspectos de la vida social, comprendidas sus formas culturales, el deporte, la «industria de las distracciones», etc.
El problema de las arbitrariedades de la sociedad capitalista con relación al trabajador exige un estudio más profundo. Debemos investigar de manera más concreta las formas en que
se hacen sentir la explotación y la opresión capitalistas, pues ése es el punto de arranque de
los actuales movimientos de masas. Debemos
formular las nuevas reivindicaciones planteadas
en las condiciones del capitalismo contemporáneo.
I. Nerlund se refirió también a la relación entre la lucha de clases en los países capitalistas
y el desarrollo del sistema socialista mundial.
Los éxitos alcanzados por el mundo socialista
en las distintas esferas ejercen una fuerte presión sobre los capitalistas. En Dinamarca, por
ejemplo, las realizaciones de la Unión Soviética
en la instrucción y en la ciencia han motivado
una vasta discusión sobre la reforma de la enseñanza. Pero se intenta ocultar esta relación
entre un fenómeno y otro. En las condiciones
creadas por la existencia de dos sistemas mundiales, las calumnias contra el socialismo y la
minimización de su papel figuran entre los principales métodos a que recurren los monopolios
para luchar contra su propia clase obrera. El
combate por una acertada valoración del papel
de los países socialistas en el mundo contemporáneo es un eslabón indispensable de la actividad de cada partido que se llame comunista.
Las observaciones del camarada Nerlund respecto a las nuevas formas de explotación, dijo
H. Lumer, pueden servir de punto de partida para el análisis de las condiciones objetivas existentes en Estados Unidos. Como consecuencia
de un largo período de relativa prosperidad y de

predominio de la política de colaboración de
clases en el movimiento sindical, en nuestro país
se ha producido un proceso de elevación contractual de los salarios, pero este proceso ha ido
acompañado de un empeoramiento de las condiciones de trabajo. A cambio de las concesiones salariales las grandes corporaciones han obtenido más libertad de acción en el establecimiento de las normas laborales, libertad que ha sido
aprovechada para una mayor intensificación del
trabajo.
Es particularmente grande la influencia ejercida por la automatización —más desarrollada
en EE.UU. que en ningún otro país— sobre la
situación de la clase obrera. La automatización
ha ocasionado despidos en gran escala en las
ramas fundamentales de la industria, ha dado
lugar entre los obreros a un creciente sentimiento de inseguridad en el mañana y ha hecho que
los problemas de la ocupación, de las condiciones de trabajo y de la distribución de la jornada laboral desplacen en importancia a los problemas salariales en el marco de las actividades
del movimiento sindical.
Los oradores señalaron que la lucha económica constituye uno de los problemas principales del período de posguerra. Durante mucho
tiempo los comunistas se inclinaron a suponer
que habría de producirse una nueva catástrofe
económica del tipo de la crisis del año 29. En
este aspecto hay que estudiar de verdad la situación y llegar a conclusiones más concretas
y acertadas. El capitalismo monopolista contemporáneo plantea un número más que suficiente
de problemas reales. Es importante concentrar la
atención en estos problemas reales, examinar de
qué modo la presión del capital monopolista repercute en la situación de las masas. Hay quien
sostiene que los obreros se han vuelto pasivos,
que están demasiado apegados a sus familias,
que ahora tienen neveras, televisores, aparatos
de radio, etc. Sin embargo, los oradores señalaron que las condiciones objetivas existentes en
los países capitalistas siguen impulsando a la
clase obrera a la lucha, que la clase obrera
quiere luchar y sigue luchando.
En realidad, la lucha de masas se ha desarrollado con particular intensidad en diversos países
capitalistas durante el período del boom. De
aquí la gran importancia de percibir con claridad los problemas que plantea ante el pueblo el
capital monopolista contemporáneo en la llamada «sociedad opulenta». Los oradores indicaron que es necesario estudiar problemas tales
como la distribución geográfica de la industria,
el urbanismo, los transportes, etc. Hay que realizar un gran trabajo para profundizar, sobre la
base de la teoría marxista-leninista, en el estudio de la realidad capitalista y promover, como
alternativa, un programa para cada problema que

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MESA REDONDA

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el camino por el que deben seguir avanzando
les comunistas.
Aquí se ha hablado, dijo N. Morgan, de la
favorable coyuntura económica en ciertos países
capitalistas desarrollados. No cabe duda de que
este hecho debe ser tenido en cuenta. Pero no
es más que un aspecto del desarrollo, y para
evitar el peligro de simplificar el problema debemos prestar atención también a los otros aspectos. Efectivamente, la actividad económica en
Canadá ha alcanzado en estos últimos diez años
el nivel más alto. Sin embargo, importa subrayar que los beneficios de las corporaciones también han alcanzado durante este período el nivel
más alto de toda la historial del país.
Mientras la economía canadiense está batiendo marcas en cuanto a producción y beneficios
de las corporaciones, 250.000 obreros siguen figurando en las listas de «la desocupación crónica». En mi provincia [donde está particularmente desarrollado el movimiento sindical y donde
los salarios son los más altos del país], del 15
al 17 por 100 de la población vive, según datos
oficiales, en la miseria. Igualmente irrefutable es
el hecho de que el crecimiento de los precios de
monopolio ha elevado el costo de la vida hasta
el nivel más alto de toda la historia de Canadá.
Todo esto conduce
a una ampliación de
las acciones antimonopolistas . Los
obreros ya no se limitan a plantear las tradicionales reivindicaciones sobre elevación de salarios, aumento de las
primas por horas extraordinarias y mejoramiento de las condiciones de trabajo. Con insistencia
cada vez mayor exigen la reducción de la semana laboral, la prolongación de las vacaciones, el aumento de las pensiones. En estos últimos tiempos es cada vez más frecuente la exigencia de medidas contra las consecuencias negativas de la automatización.
I. Nerlund se refirió a las nuevas posibilidades
que brinda al movimiento obrero el desarrollo
de la reglamentación estatal, por la que el despliegue de la lucha económica y sindical tiene
forzosamente como consecuencia el planteamiento de reivindicaciones políticas. ¿Se aprovechan
plenamente estas posibilidades? ¿Se convierte la
lucha sindical en lucha política? La clase obrera
de Dinamarca marcha por ahora a la zaga del
desarrollo de estas formas de la lucha de clases,
lo cual, en cierta medida, es una consecuencia
de los prejuicios sindicalistas. Incluso en el ala
izquierda del movimiento sindical existe la opinión de que los sindicatos no deben ocuparse
de política. Pero aún es más importante otra
circunstancia: el sentimiento de impotencia ante
NUEVOS RASGOS
DE LA
LUCHA DE CLASES

67

la complejidad de los problemas socio-económicos relacionados con la política de inflación, la
Apolítica de rentas», etc.
El desarrollo de la lucha de clases puede ser
impulsado promoviendo programas concretos,
planes concretos y soluciones para los distintos
problemas de actualidad. Es preciso esforzarse
por conseguir que esos programas den vida a los
movimientos de masas. Una de las tareas más
importantes que se plantean a este respecto es
la de lucha por la democracia en las empresas.
Creemos que esta lucha ofrece posibilidades para
elevar la conciencia de la clase obrera. Nuestro
Partido no plantea ahora en primer plano la exigencia de la nacionalización. Aún comprendiendo perfectamente el significado de la nacionalización, consideramos que la reivindicación de
la democracia en las empresas es la que mejor
responde a las tradiciones democráticas del pueblo danés, a la vez que contribuye al desarrollo
de las mismas.
Nuestra experiencia muestra claramente qu¿
en una cayuntura económica favorable existe la
posibilidad de desplegar los movimientos de masas. Puede decirse incluso que en ésas condiciones se crea una situación en cierta medida más
favorable, pues los obreros sienten menos el temor de ser despedidos. En algunos años de este
período se batió el récord en cuanto a número
de huelgas. Existe, claro está, el reverso de la
medalla: la pasividad y la indiferencia. Pero en
todo caso la experiencia muestra que no debemos cruzarnos de brazos en «espera de la crisis».
Es preciso orientarse hacia el desarrollo de los
movimientos de masas también en una coyuntura económica favorable.
Nosotros consideramos, dijo E. Zucker-Schilling, que la lucha por la participación de los
obreros y empleados en la dirección de la economía es un importante resorte para el desarrollo del movimiento de masas en nuestro país.
Se trata, en esencia, de extender la democracia
a la economía. Las vastas proporciones de la
nacionalización en Austria crean condiciones
más favorables para las reivindicaciones obreras
de participación en la determinación de toda la
política económica. El sector nacionalizado sirve de base y de punto de partida para la lucha
por la participación en la dirección.
Cuando hablamos del derecho a participar en
la dirección no nos referimos, claro está, a un
afán de reformar el capitalismo. Lp que queremos no es la estabilización ni el reforzamiento del capitalismo, sino su superación mediante
un desarrollo en esencia pacífico, pero en modo
alguno sin lucha. Y es aquí, precisamente, donde a juicio nuestro existe la posibilidad de mostrar a las masas —a través de la experiencia de
su propia lucha— lo que distingue a nuestra política de paso pacífico al socialismo de la poli-

68

MESA REDONDA

tica socialdemócrata de «coparticipación sociab
y de embellecimiento del capitalismo.
Consideramos que otro importante resorte es
la lucha por un sistema electoral verdaderamente democrático, por la libertad de opinión y por
la libertad de la radio y la tele-visión. En la presente etapa del progreso técnico y dado el actual
desarrollo de los medios de comunicación de masas, la exigencia de libertad democrática para la
radio y la televisión está llamada a desempeñar
el mismo papel movilizador que el que jugó en
las primeras etapas del movimiento obrero la
consigna de libertad de palabra, de prensa y de
reunión. Este promblema, que exige una lucha
política permanente, es un resorte importante
para el desarrollo de un vasto movimiento de
masas.
Antes, observó W. Kashtan, rechazábamos la
exigencia de una «democracia económica», considerando que creaba ilusiones respecto a la posibilidad de lograr determinadas conquistas bajo
el capitalismo. A mí entender debemos promover
esta reivindicación, siempre y cuando que ello
signifique luchar por la ampliación de los derechos de los obreros en las empresas, por el derecho de los obreros a participar en la solución
de los problemas del desarrollo económico. El
movimiento sindical de nuestro país se ve obligado a luchar por este último derecho. Nosotros
apoyamos dicha lucha y tratamos de estimularla
y hacerla más profunda. Lo cual implica la necesidad de tener una alternativa democrática a
la política de los monopolios, alternativa que sea
lo bastante concreta para estimular el desarrollo
de las acciones en torno de propuestas firmemente asentadas en la realidad y susceptibles as
ser aplicadas ya ahora.
Otro aspecto de la lucha por la democracia
aparece vinculado al desarrollo del mundo socialista. Del mismo modo que la lucha histórica
entre el capitalismo y el socialismo en el plano
económico se convierte en el factor decisivo de
la aceleración del crecimiento de las fuerzas socialistas en el mundo capitalista, así también, a
juicio mío, la competición entre la democracia
socialista y la democracia formal del mundo capitalista será igualmente un importante factor del
desarrollo masivo del pensamiento socialista entre los trabajadores de los países capitalistas.
Al plantear estos problemas nuestro Partido no
se cruza de brazos. El programa de acciones concretas aprobado por su XVIII Congreso Nacional
promueve una alternativa obrera, democrática a
la política de los monopolios. No consideramos
que debemos empezar por convertirnos en un
partido de masas para proponer a continuación
una política acertada y luchar por su aplicación.
Aun siendo un partido poco numeroso podemos,
como lo demuestra nuestra propia experiencia,
constituir una fuerza eficiente, siempre que ten-

gamos una política justa y nos esforcemos por
hacerla llegar a la conciencia de los trabajadores. Y ése es justamente nuestro propósito. Al
propio tiempo, comprendemos la necesidad de
dar formas aún más concretas a nuestro programa, lo que ayudará al Partido a convertirse
en elemento inseparable de un amplio movimiento popular. Continuamente, y a veces de manera
espontánea, están surgiendo nuevos movimientos, lo que obliga a nuestro Partido a formular
consignas acertadas que les brinden una perspectiva.
En Estados Unidos, dijo H. Lumer, se intensifican los movimientos de masas, y estos movimientos habrán de conducir a consecuencias
sociales muy profundas. La automatización ha
planteado ante el movimiento sindical problemas
de un género totalmente desconocido antes, por
lo que aquél tiene que buscar nuevos enfoques
para darles solución. El desplazamiento de los
obreros por las máquinas automáticas es con
creciente frecuencia objeto de acuerdos especiales, por los que a los obreros de la empresa dada se les garantiza el trabajo, en tanto los patronos se reservan el derecho de aplicar la nueva tecnología según su propio criterio. La experiencia ha demostrado que ni siquiera el mejor
de estos acuerdos puede considerarse satisfactorio. Lo que ocurre es que la empresa no reduce
la mano de obra despidiendo obreros, sino dejando de contratar otros nuevos en sustición de
los que la abandonan por unas u otras causas.
El sindicato pierde en muchos aspectos importantes el derecho de controlar las condiciones
de trabajo. De aquí los esfuerzos por hallar una
solución más satisfactoria. Esta circunstancia
obliga al sindicato a plantear problemas de carácter más profundo, problemas que durante largo tiempo no han sido discutidos seriamente en
el movimiento sindical norteamericano.
Entre ellos figura, en particular, el problema
de las nacionalizaciones. No hace mucho, el Sindicato de Ferroviarios propuso la nacionalización de los ferrocarriles. El presidente del Sindicato del Transporte, Mike Quill, fue aún más
lejos y llamó a nacionalizar todas las grandes
ramas de la industria para ayudar a resolver el
problema del desplazamiento de los obreros por
la nueva tecnología. Vemos, pues, que ciertos
grupos del movimiento sindical y algunos de su?
dirigentes empiezan a buscar soluciones que rebasan el marco de las negociaciones habituales
sobre contratos colectivos, a las que hasta hace
poco se circunscribía la actividad de los sindicatos.
En el centro de toda la lucha de masas de
nuestro país se encuentra la batalla por los derechos civiles de los negros, batalla que ha ad
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MESA REDONDA

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este problema. Algunos líderes negros y diversas organizaciones defensoras de los derechos civiles han comenzado, en una u otra forma, a
debatir el problema del socialismo y la relación
existente entre este problema y la lucha que
sostienen. También se reconoce cada vez en mayor escala la vinculacion.de la lucha por los derechos civiles con la lucha que se libra en el
mundo contra el imperialismo.
Bajo la influencia del combate por los derechos civiles y también del movimiento de la paz
se han intensificado los movimientos juveniles,
en .particular los de estudiantes. El movimiento
juvenil se ha convertido en una gran fuerza. Y
dentro de él se está produciendo un cambio en
la mentalidad y en la orientación de la juventud hacia las fuerzas de izquierda.
En el desarrollo del movimiento de la paz se
señala la presencia de nuevos rasgos. En el pasado, este movimiento concentraba sus esfuerzos en la lucha por la prohibición de los ensayos de armas nucleares. Hoy lucha contra la
guerra de Vietnam, observándose con creciente
frecuencia nuevas acciones, nuevas formas de
organización que colocan a dicho movimiento a
un nivel más alto.
El resultado de todos estos procesos ha sido
un renacimiento de la orientación de izquierda
en Estados Unidos. La gente se interesa cada
vez más por la solución socialista radical de los
problemas. Esta tendencia se acentúa también
bajo el influjo del creciente poderío y los éxitos
del campo socialista mundial. El resurgimiento
de las fuerzas de izquierda, que habían experimentado un largo período de descenso durante
la guerra fría, ejerce considerable influencia sobre el Partido Comunista y sobre las condiciones de su trabajo.
Quisiera hablar más
detalladamente, dijo
W. Kashtan, del aspecto subjetivo del
problema que estamos analizando. ¿Qué idea tienen de nuestro
Partido los obreros? ¿Cómo ven a los partidos
sot;ialdemócratas y cómo ven a los comunistas?
Por desgracia, en muchos países los monopolios
han conseguido propagar entre las masas una
falsa idea sobre nuestros partidos, a lo cual han
coníribuido también nuestros propios errores: la
idea de que los partidos comunistas no se rigen
por los intereses nacionales, por los intereses de
su propio pueblo. Es necesario que realicemos
una gran labor para desvanecer esta idea, sin
apartarnos por ello de los principios del interCOMO VEN LAS
MASAS A
LOS COMUNISTAS

69

nacionalismo, encontrando un método más perfecto que hasta ahora de conjugación de los intereses nacionales con el internacionalismo. Es
preciso partir de los intereses nacionales del propio país y, sobre esta base, desarrollar el internacionalismo.
Un aspecto importante de este problema estriba en cómo comprender los intereses nacionales. Si los partidos comunistas quieren convertirse en una fuerza influyente en sus países —y
nuestro partido lo quiere—, incluso aun siendo
numéricamente pequeños, podrán lograrlo si
elaboran y desarrollan posiciones políticas sobre
todos los problemas que conciernen a los auténticos intereses del pueblo, si rebasan el marco
de los problemas planteados únicamente ante la
clase obrera. Esto está en relación directa con
el despliegue del movimiento del pueblo contra
los monopolios y por la formación de una coalición antimonopolista.
Mas en esto, prosiguió W. Kashtan, tropezamos con otras dificultades que también deben
ser analizadas. No poseemos el monopolio de la
iniciativa en la presentación de las reivindicaciones de las masas. El movimiento sindical está
dirigido por los reformistas, que encabezan muchas acciones y huelgas de los obreros y a menudo plantean reivindicaciones que apenas se
distinguen de las nuestras. En este momento me
refiero a las reformas y no a la lucha por el socialismo. Así, pues, ¿cómo ven las masas a los
reformistas y cómo nos ven a nosotros? ¿Cuál
es el papel que corresponde desempeñar a los
comunistas en esta situación?
Tomemos, por ejemplo, los métodos monopolistas estatales, mediante los cuales se trata de
suavizar las contradicciones del régimen capitalista e impedir que surjan profundas crisis económicas. Algunos camaradas fundan sus cálculos en una honda crisis económica en el sentido
clásico, pero la verdad es que hasta ahora el capitalismo monopolista de Estado ha podido influir sobre el ciclo, atenuando sus efectos. Esto
crea condiciones que exigen de los partidos comunistas determinadas conclusiones y decisiones.
La política del capitalismo monopolista de Estado está enfilada también a difundir y arraigar
las ideas reformistas y a frenar el pensamiento
y la acción revolucionaria A veces se oye decir
que la clase obrera de los países capitalistas está
sobornada, corrompida, y que no es capaz de
acometer grandes transformaciones sociales. Sin
embargo, esta opinióiv se ve desmentida diariamente por las acciones de la clase obrera en muchos países capitalistas.
En el curso de la lucha por la unidad del
movimiento obrero, subsanando el enfoque sectario respecto a la socialdemocracia y sin cejar
en la lucha por la unidad y la colaboración, debemos encontrar la vía justa para una precisa

70

MESA REDONDA

delimitación ideológica de nuestras posiciones y
considerar esto como una parte inseparable de
la lucha por la unidad y no como un obstáculo
levantado en su camino.
Reforzar y ensanchar la base de masas sigue
siendo el problema principal de nuestro Partido
y también, creo yo, de otros muchos partidos.
¿Por dónde empezar para intensificar nuestra
influencia sobre la juventud? Si los cuadros del
Partido no se renuevan con fuerza jóvenes, el
Partido tropezará con crecientes dificultades. Pero el problema no sólo radica en eso. Se trata
también de ganarnos a la joven generación, en
bien del progreso y para impedir que la reacción
someta a los jóvenes a su influjo. Es necesario
estudiar mejor los problemas de la joven generación a fin de poder dar respuesta a sus inquietudes y para que aparezcamos ante ella como
el partido de la juventud.
Tales son algunos de los principales problemas
que se alzan ante nuestro Partido en Canadá.
Un fenómeno muy significativo del último período es que, a pesar de que los prejuicios anticomunistas siguen siendo poderosos, se están operando visibles cambios en este sentido. Así como hace poco tiempo todavía se invitaba a los
anticomunistas para que disertaran sobre el comunismo, hoy se pide a los comunistas que expongan sus concepciones y participen en la discusión de las mismas. Este fenómeno forma parte del proceso de los cambios que empiezan a
producirse en Canadá y que, sin duda, crean
posibilidades para extender el influjo de nuestro
Partido y fortalecerlo orgánicamente.
Sin intención de minimizar en modo alguno
la importancia de los factores objetivos de que
ha hablado aquí W. Kashtan, señaló en su intervención W. Morgan, quisiera referirme al peso de los 18 años de guerra fría, al alto nivel
de la actividad económica, etc., a todos los factores que han sido utilizados por la prensa, la
radio y la televisión burguesas para dar una imagen deformada de nuestro Partido. Por supuesto,
nos encontramos frente a problemas muy complejos que en ningún caso deben subestimarse.
El XVIII Congreso Nacional de nuestro Partido, celebrado en la primavera del año pasado,
y los dos Plenos del Comité Central de nuestro
Partido reunidos después del Congreso, expresaron una seria preocupación a propósito de la
contradicción existente entre el desarrollo de
condiciones más favorables para nuestro trabajo
y la falta de un aumento de la tirada de nuestra prensa y del número de militantes del Partido. Hemos tomado medidas para impulsar y
hacer más profunda la discusión entre los miembros del Partido sobre problemas ideológicos tan
importantes como el de la correlación entre las
reformas y la revolución y la actitud ante el
movimiento socialdemócrata en el país. Hemos

iniciado una amplia campaña de esclarecimiento
de nuestro programa de tres puntos: lucha por
la paz y por que Canadá deje el campo del imperialismo norteamericano y salga a una vía que
conduzca a la paz, la amistad y el comercio con
todos los pueblos; lucha por nuestra propia Constitución canadiense, que garantice los derechos
constitucionales y la plena igualdad a los canadienses de habla francesa y de habla inglesa; y
lucha por una nueva política económica de Canadá que dé respuesta a algunos grandes problemas planteados ante el movimiento obrero y
contribuya, de este modo, a intensificar su actividad.
Las elecciones municipales han sido un síntoma del relativo cambio en la situación observado el año pasado. Participamos en las elecciones y presentamos en todo el país el doble de
candidatos, aproximadamente, que la vez anterior. En muchas ciudades y concejos municipales obtuvimos un número de votos considerablemente mayor que antes, y algunos de nuestros camaradas fueron elegidos en unión de los
candidatos de los sindicatos y del Nuevo Partido
Democrático .
En nuestro país, manifestó /. Nerlund, hemos
conseguido prácticamente cambios muy significativos en las relaciones entre los obreros socialdemócratas y comunistas. Esto se refiere también
al Partido Socialista Popular, surgido como resultado de la división del Partido Comunista en
1958. La dirección del Partido Socialista Popular, encabezada por Axel Larsen, interviene
activamente contra toda forma de unidad de
acción con los comunistas. Sin embargo, con los
miembros y simpatizantes de este partido mantenemos relaciones bastante buenas.
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no aparece suficientemente definida. Nuestra
actividad no parece siempre necesaria a la gente. No quiero decir con esto que carezcamos de
simpatizantes; sólo deseo subrayar que debemos
trabajar de tal forma que ganemos cada vez mayor número de partidarios. Me parece que sería
justo plantear el problema en estos términos:
¿Cuál es la expresión más eficiente del aporte
especial que los comunistas pueden y deben hacer al movimiento unitario de la clase obrera y
del pueblo? Debemos desglosar este problema y
dar respuesta al mismo, partiendo no sólo de
las condiciones específicas existentes en tales o
cuales países, sino también en un plano general.
Respondiendo a esa pregunta, yo señalaría tres
puntos. Primeramente, los comunistas mantienen

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MESA REDONDA

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la concepción de la democracia según la cual
ésta significa actividad de las masas y se manifiesta ante todo a través de dicha actividad. En
Dinamarca se habla mucho de democracia, pero
se comprende de una manera bastante formal.
En la interpretación de la esencia de la democracia, tanto en la práctica como en el pensamiento político, nosotros nos distinguimos de la
socialdemocracia, que revela síntomas de miedo
ante los movimientos de masas y cuya dirección
trata con todo empeño de poner trabas al desarrollo de estos movimientos.
El segundo punto que quisiera destacar es
el papel de la clase obrera. Esto no significa una
subestimación de otras capas del pueblo y, en
conjunto, de la política de incorporación de las
clases medias a la lucha. Mas en nuestro país
otros partidos no desean o no se atreven a subrayar el hecho de que la clase obrera desempeña
un papel especial y rector en el desarrollo social.
Por último, el tercer punto concierne a la misión de los comunistas en el desarrollo de la
conciencia de la clase obrera. Ayudan a comprender el desarrollo socialista en el mundo contemporáneo y el papel internacional de la clase
obrera. La realización de esta tarea es indispensable no sólo porque refleja nuestra propia conciencia socialista, sino también porque el pueblo
y la clase obrera no pueden, sin esa conciencia,
comprender la situación en el mundo actual y
sus propios problemas.
En este sentido, continuó I. Nerlund, quisiera
hacer algunas observaciones con respecto a lo
que se ha dicho aquí cerca de las tareas nacionales e internacionales de los partidos comunistas. A mi juicio, todos coincidimos en principio
en que estas tareas no se contradicen unas con
otras, sino que se complementan. Es evidente
también que el desarrollo de nuestra política nacional constituye y debe constituir el fundamento decisivo para superar la «discriminación nacional, enfilada contra nosotros y atizada por
la burguesía. Pero el problema, a mi modo de
ver, no se reduce solamente a esto.
Pienso que deberíamos sacar la conclusión de
que la solidaridad internacional no lesiona los
intereses nacionales, y que, por el contrario, la
solidaridad, el desarrollo socialista y la existencia
del campo del socialismo son decisivos para la
defensa de los intereses de nuestra clase obrera
y de nuestra nación. Debemos mostrar también
que la realidad socialista da solución a los problemas de importancia cardinal para la clase
obrera de nuestros países.
Nuestra discusión, dijo E. Zucker-Schilling,
prueba que, a pesar de la gran diferencia de
condiciones en que trabajan y luchan los diferentes partidos representados aquí, existen bastantes problemas comunes a todos ellos. Aquí se

71

han expuesto interesantes ideas que permiten hacer una comprobación de la política y de las medidas de los partidos. Se ha dicho aquí que el
anticomunismo rabioso ha perdido su eficacia.
Y aunque los enemigos de nuestro movimiento
no han renunciado al anticomunismo, se ven
obligados a recurrir a nuevos métodos. Con frecuencia son métodos más refinados, pero no tienen ya ese encarnizamiento que dificultaba particularmente nuestro trabajo en el período precedente. Hemos podido dejar constancia unánime de que ha crecido la fuerza de atracción de
las ideas y concepciones defendidas por nosotros
en el sentido de su influjo sobre diversos sectores de la población trabajadora.
A pesar de este desarrollo —y esto es también uno de los aspectos generales— la mayoría
de los trabajadores austríacos no ven todavía en
el Partido Comunista una alternativa, no lo consideran como una fuerza capaz de convertir en
realidad sus concepciones. Sin embargo, esto
no significa en modo alguno que nos encontremos —como es posible que consideren algunos— ante el peligro de extinción del Partido.
Los resultados positivos de nuestra política
están a la vista. El papel político del Partido Comunista no se determina únicamente
por los resultados de las elecciones parlamentarias. Sería un gran error pensar que si nuestros
éxitos políticos no se han reflejado en el balance electoral, ello quiere decir que no ejercemos influencia en la vida política del país.
Hay mucha gente, cada vez más, conforme
con nuestra política, con nuestros argumentos,
que los considera dignos de un serio análisis.
Son personas que valoran debidamente nuestras
ideas. Es verdad que no prestan apoyo a nuestro Partido, por temor a que con ello debilitarían al Partido Socialista, facilitando así el reforzamiento de los capitalistas. Y es que en Partido Socialista y en los sindicatos dirigidos por
él las masas ven más garantías que en el Partido Comunista de que se realizarán determinadas reformas.
Por tanto, las masas no perciben aún la diferencia entre la vía pacífica hacia el socialismo, hacia la cual nos orientamos nosotros, y la
vía del reformismo y de la coparticipación social, por la que marcha el Partido Socialista; no
ven que nosotros luchamos por una serie de objetivos escalonados para restringir el poder del
capital, mientras que la política socialdemócrata consiste en llevar a cabo ciertas reformas que
fortalecen el sistema capitalista. El problema
consiste en esclarecer esta diferencia ante las
masas, en conseguir que capas cada vez más
amplias vean en la política de los comunistas la
alternativa a la situación actual.
Estamos firmemente convencidos de que nuestra política será esa alternativa, de que abrirá

72

MESA REDONDA

la perspectiva socialista ante las masas. No nos
orientamos a hacer esto nosotros solos, nos proponemos llegar al socia'ismo en colaboración
con otros partidos. La premisa para ello debe
ser cierta transformación de estos partidos en el
proceso de la lucha política e ideológica. Esto
demuestra una vez más que necesitamos el Partido Comunista, pues sin esa combativa vanguardia revolucionaria no es posible desarrollar la
lucha política. Podremos justificar nuestra existencia tan sólo en el proceso de una lucha política diaria por las alternativas democráticas,
en defensa de los intereses vitales de los trabajadores.
Los participantes en el coloquio señalaron
que muchos partidos comunistas tienen planteados problemas que conciernen a la ampliación de sus filas, al reforzamiento de su influencia, a la comprensión del papel del Partido Comunista. Para crear un Partido Comunista de masas es preciso que logremos ante
todo que la clase obrera cobre conciencia de
su papel dirigente en la vida de la nación. Se
podrá crear un Partido Comunista de masas únicamente encabezando la lucha de la clase obrera y ds las fuerzas progresistas, en el curso de
las batallas de clase no sólo en el plano económico y político, sino también en el teórico e
ideológico. Además, para convertir un Partido
Comunista en un partido de masas es necesario
demostrar en la práctica que la política, la propaganda, los objetivos y la organización del
Partido son nacionales, sin apartarse lo más mínimo del internacionalismo.
Los participantes en
la mesa redonda dedicaron gran atención a la lucha por
la unidad de la clase obrera. No se podrá crear un Partido Comunista de masas sin sostener al mismo tiempo
una tesonera lucha por la unidad de la clase
obrera. ¿Acaso hace falta repetir constantemente —dijeron los camaradas en sus intervenciones— que el Partido Comunista es la vanguardia de la clase obrera, el partido más avanzado
y que sólo él ofrece soluciones a todas los problemas del pueblo? Hay que demostrar esto en
la práctica, y ello significa en primer término
intensificar los esfuerzos para conseguir acciones conjuntas de la clase obrera y buscar vías
para establecer relaciones'adecuadas con los socialistas.
Entre los comunistas hay camaradas que ven
los partidos socialistas tan sólo bajo un aspecto: como portadores de la ideología capitalista.
Ven que muchos de los dirigentes de los partidos socialistas, por no decir todos, apoyan el
régimen capitalista. Su propia experiencia les

LA TAREA
CENTRAL: LUCHAR
POR LA UNIDAD

persuade de que los gobiernos socialistas, una
vez en el Poder, fortalecen el capitalismo y ayudan a su desarrollo. Sin embargo, esto no es
más que un aspecto de la cuestión. Lo principal estriba, sin duda, en que, en primer lugar,
los partidos socialistas tienen influencia entre
las masas; en segundo lugar, que en sus filas
hay gentes que mantienen diversos puntos de
vista, y, por último, que en su seno se refuerza
el ala izquierda. Por supuesto, esta ala izquierda tiene numerosas gradaciones y matices, pero
en lo fundamental la integran los socialistas defensores de los intereses de la clase obrera, las
personas que en el movimiento sindical actúan
junto con los comunistas y los obreros sin partido en defensa de los intereses inmediatos de
los obreros. Los comunistas consideran que debe
fortalecerse el contacto con esta ala izquierda
en el curso de acciones conjuntas, a la vez que
53 realizan discusiones y debates fraternales
sobre problemas teóricos y políticos.
Al discutir con el ala izquierda de la socialdemocracia surge el problema de la perspectiva, de la necesidad de la alianza o de la coalición de las fuerzas de izquierda para poner freno al poder de los monopolios e iniciar el movimiento hacia el socialismo. En esas discusiones se subraya, claro está, que es preciso resolver todavía muchos problemas y vencer numerosas dificultades, superar la influencia del reformismo y de la ideología reformista. Pero,
por lo menos, los comunistas perciben los gérmenes de esa orientación en capas bastante considerables de los partidos socialistas.
Los comunistas estiman que en e! proceso de
la lucha por la unidad se debe evitar en primer
lugar toda pretensión al monopolio en la interpretación de los problemas. Estamos seguros —afirmaron numerosos participantes en el
coloquio— de que nuestra teoría es justa y de
que nuestra táctica es acertada, en general; p3rc. lógicamente, podemos cometer y cometemos
errores. Por ello no hay que hablar de que nosotros tenemos recetas preparadas para todos los
problemas y que por eso todos los obreros debsn venir a nuestro lado. Hay que analizar concretamente la experiencia de la lucha de clases
y a base de ella comprobar la justeza de una
u otra opinión.
H. Lumer fijó la atención en una serie de
síntomas demostrativos de que en EE.UU. se
acrecienta en los últimos tiempos la influencia
y el prestigio de las ideas comunistas. Ante todo, se observa un notable aumento del interés
por el marxismo entre los científicos e intelectuales norteamericanos. El marxismo es reconocido cada vez más como una teoría científica
que debe abordarse con seriedad. Y esto sucede
en oposición a las tendencias anteriores de rechazarlo como algo indigno de estudio. En los

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MESA REDONDA

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de obras marxistas,
tanto pertenecientes
a los clásicos como a autores contemporáneos.
La International Publishers, principal editorial
que publica obras marxistas en Estados Unidos,
está ahora en condiciones de vender libros no
sólo a través de las libreríasc de orientación izquierdista, sino a través de las librerías más importantes de todo el país. Uno de los síntomas
principales del creciente interés por el marxismo es la fundación en EE.UU. del Instituto de
Estudios Marxistas, dirigido por G. Aptheker,
destacado científico marxista.
En segundo lugar, en los colegios y universidades norteamericanos aumenta el interés por
las intervenciones de los oradores comunistas,
por que los propios comunistas expongan sus
posiciones. En una serie de casos, los estudiantes han organizado grandes actos en las principales universidades, como, por ejemplo, en California y Washington, contra la prohibición de
que los comunistas intervengan en ellas, y han
triunfado en esta lucha. Por tanto, el Partido
Comunista ha obtenido una mayor audiencia
entre esta capa de la juventud.
En tercer lugar, aparecen algunas posibilidades de acceso del Partido Comunista a los medios de propaganda masificada. El camarada
Gus Hall ha recibido varias invitaciones para
intervenir por la televisión y la radio. En Los
Angeles el dirigente de la organización comunista habla con regularidad por la radio loca!.
Nuestro Partido organiza numerosas conferencias de prensa. En el New York Times se ha
publicado un artículo sobre el Partido Comunista, basado principalmente en las discusiones
de su autor con dirigentes del Partido, en el que
por primera vez se intenta dar una apreciación
objetiva de nuestro Partido.
Como resultado de todo esto han mejorado
en ciertos aspectos las condiciones para el trabajo del Partido. Este ha logrado estabilizar sus
fuerzas frente a los continuos ataques desatados contra él. Ahora se observa cierta afluencia de jóvenes al Partido en diversos lugares.
Sin embargo, debe decirse que esta situación
más favorable no se ha traducido todavía en un
verdadero reforzamiento orgánico del Partido.
Esto obedece a una serie de causas, entre ellas
las condiciones de persecución en que el Partido se ve obligado a actuar y que dificultan el
engrasamiento de sus filas.
Tenemos que sostener una ruda lucha contra
restricciones legislativas que entorpecen nuestro
trabajo. Sin embargo, la acción desplegada en
la actualidad permite suponer fundadamente que
no sólo es posible infligir una derrota a las nue-

73

vas aventuras imperialistas del Gobierno Johnson, sino también rechazar los ,ataques reanudados contra nuestro Partido, que son parte de
ese mismo proceso. Consideramos que en el
curso del desarrollo de nuestra actividad puede
ser conseguido un clima más favorable.
La propaganda burguesa, dijo G. Ohman,
proclama que en los países capitalistas altamente desarrollados, como, por ejemplo, Suecia, no
hay condiciones para la actuación del Partido
Comunista. El éxito de nuestro Partido en las
elecciones al Riksdag, celebradas en septiembre
de 1964, ha mostrado toda la inconsistencia de
tales afirmaciones.
En los años 40 el Partido Comunista de Suecia conoció un período de gran auge. En 1946
votó por nosotros el 10% de los electores. Pero
se entró luego en el período de la guerra fría
y la situación del Partido empeoró. El número
de electores se redujo de 370.000 en 1946 a
140.000 en 1948. Puede decirse que en
el curso de toda la década del 50 nuestro Partido se mantuvo en una situación de estancamiento e incluso retrocedió en parte, perdiendo
cierto número de miembros. Fue un período
muy difícil.
En el XX Congreso del PCS, celebrado en
enero de 1964, el Partido dio un importante viraje en su política. El Congreso estuvo precedido de un amplio debate en las organizaciones
y en la prensa del Partido sobre la línea política y las formas orgánicas de la actividad dsl
PCS. Toda la labor del Congreso se realizó a
puertas abiertas para la opinión pública, para
los representantes de la prensa, la televisión y
la radio.
En el Congreso se lanzó la consigna de la renovación socialista de la sociedad. Fue planteada en primer término la tarea de la lucha contra el capital monopolista. Expusimos esta cuestión en forma concreta, partiendo de los problemas que más inquietan a los obreros y empleados. Elaboramos un programa de lucha contra el alza de los precios y el aumento de la
inflación, a fin de conseguir restricciones a las
arbitrariedades de los monopolios en la esfera
de la formación de los precios. Propusimos también un programa de lucha por la disminución de las cargas fiscales, la ampliación de la
construcción de viviendas y la reducción de los
alquileres y de la jornada laboral. Entre las
nuevas reivindicaciones presentadas por el Partido figura la de profundizar la democracia, ante
todo en las empresas. Exigimos también que se
aplique una política que concuerde con los intereses de todo el país, una política de emplazamiento racional de las empresas industriales
y de desarrollo de la atrasada parte septentrional del país.
La presentación de estas reivindicaciones y

74

MESA REDONDA

la lucha por su logro reportaron al Partido un
gran éxito en las elecciones. El número de nuestros electores ha aumentado de 160.000 en 1962
a 222.000 en 1964. Hemos obtenido tres nuevas actas. Este éxito abre ante el Partido nuevas posibilidades para extender su influencia
entre las masas

E. Zucker-Schilling, W. Kashtan, I. Nerlund y
los demás participantes en la Mesa Redonda se
pronunciaron por la continuación del debate sobre la base de un estudio conjunto más profundo de los problemas de interés común. Con
esa finalidad se acordó formar varios grupos
de investigación.

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La Conferencia de Bruselas
Los partidos comunistas de los países capitalistas de Europa han dado un nuevo paso en la
conjugación de sus esfuerzos para luchar contra el imperialismo. Del 1 al 3 de junio se celebró en Bruselas una Conferencia en la que
estuvieron representados los siguientes partidos:
Partido Comunista de Alemania. Partido Socialista Unificado de Alemania [Berlín Occidental], Partido Comunista de Austria, Partido Comunista de Bélgica, Partido Progresista del Pueblo Trabajador de Chipre [AKEL], Partido Comunista de Dinamarca, Partido Comunista de
España, Partido Comunista de Finlandia, Partido Comunista Francés, Partido Comunista de
Gran Bretaña, Partido Comunista de Grecia,
Partido Comunista de Holanda, Partido Comunista de Irlanda del Norte, Partido Obrero Irlandés, Partido Comunista Italiano, Partido Comunista de Luxemburgo, Partido Comunista de
Noruega, Partido Comunista Portugués y Partido Suizo del Trabajo.
La Conferencia tenía la finalidad de permitir
un intercambio de opiniones y de experiencias
sobre problemas candentes y de hacer algunas
conclusiones comunes con vista a una acción
concordada contra el imperialismo.
La Conferencia trató de las medidas que deben adoptarse para reforzar la lucha unida ds
los pueblos contra la agresión norteamericana
en Vietnam y para salvaguardar la paz mundial.
En la Conferencia se dedicó gran atención a
los problemas de la seguridad europea, ante todo a la lucha contra el militarismo alemán, contra las fuerzas nucleares multilaterales, contra
las fuerzas de choque atómicas, atlánticas o
europeas y otras variantes del armamento nuclear. La Conferencia señaló que amplios sectores se pronuncian por las zonas desnucleari7.a das y las zonas de armamentos limitados en
Europa Central, en Escandinavia, en el Mediterráneo y en el Sur de Europa, por medidas concretas orientadas hacia un desarme general y

controlado, y que contribuyan a la distensión
en Europa.
En respuesta a la política de guerra fría y a
la ingerencia norteamericana a través de la
OTAN en los asuntos internos de los países
europeos, la Conferencia propuso una alternativa que responde a los intereses de todos los
pueblos europeos y a los de la paz universal:
un sistema de seguridad colectiva europea. Los
participantes en la Conferencia han estimado
que la conclusión de un tratado de no agresión
entre los miembros de la OTAN y del Tratado
de Varsovia constituiría un paso de gran alcance en esta dirección.
En la Conferencia se trató con la debida atención de la presencia de bases extranjeras, se
expresó inquietud con motivo de la situación en
Chipre y fue adoptado un mensaje que reafirma la exigencia de retirada de todas las tropas
extranjeras y de cese de toda intervención extranjera y el derecho del pueblo chipriota a la
autodeterminación.
Los participantes en la Conferencia examinaron el problema del desarrollo de la solidaridad
con los pueblos víctimas del fascismo [España
y Portugal] o de otras formas de sojuzgamiento
[Grecia y República Federal Alemana].
La Conferencia analizó la situación creada
en Vietnam como consecuencia de la agresión
abierta y deliberada de Estados Unidos. Los
asistentes a la Conferencia señalaron que la política agresiva de EE.UU., que puede conducir
al desencadenamiento de la tercera guerra mundial, provoca un movimiento de reprobación cada vez más amplio. Este movimiento ha puesto
ya en acción a importantes fuerzas políticas y
sindicales, a intelectuales y jóvenes de todas las
tendencias. Ha abarcado a sectores muy extensos, inquietos por las graves amenazas que los
actos del Gobierno norteamericano hacen pesar sobre la paz. Sin embargo, la amplitud de
este movimiento, a juicio de la Conferencia, no
corresponde a las proporciones del peligro. Un

76

EN LOS PARTIDOS

COMUNISTAS Y OBREROS

inmenso esfuerzo debe ser emprendido para intensificar y extender este -movimiento. La Conferencia ha considerado que debe realizarse un
esfuerzo especial en los países de Europa Occidental, donde ¡a mayoría de los gobiernos continúan, de hecho, sosteniendo la política agresiva del imperialismo norteamericano.
Los participantes en la Conferencia dirigieron
un llamamiento a todos los trabajadores de Europa Occidental, a todos los hombres de la cultura, a las mujeres y los jóvenes, a las masas
socialistas y cristianas y a todas las fuerzas progresistas y pacíficas, para conseguir el cese de
los bárbaros bombardeos y de los actos de agresión contra la República Democrática de Vietnam, para poner fin a los actos de intervención y de guerra de los norteamericanos en
Vietnam del Sur y obligarles a retirar sus tropas, para permitir al pueblo de Vietnam del Sur
que ejerza libremente su derecho a la independencia, para crear las condiciones que permitan
dar una solución pacífica a todos los problemas del Sudeste de Asia.
La Conferencia adoptó también un mensaje
de solidaridad con el pueblo dominicano, en el
que se condena la criminal intromisión de los
imperialistas yanquis en los asuntos internos de
la República Dominicana.
La Conferencia ha mostrado que el factor que
une a los partidos es el determinante y que las
tendencias a la cohesión de los partidos comunistas prevalecen sobre todas las demás tendencias. Todos los partidos comunistas tienen un
enemigo común: el imperialismo. Y eso determina las posiciones y las relaciones mutuas de
los partidos.
Los partidos se han facilitado una amplia información recíproca sobre las acciones unitarias realizadas en diversos países por los partidos comunistas y sobre la participación en las
iniciativas de diferentes fuerzas que luchan por
la paz. Los participantes en la Conferencia han
registrado la creciente repercusión de las acciones de las fuerzas progresistas, que han contribuido ya a la aparición de ciertas posiciones nuevas entre la opinión y por parte de algunos gobiernos.
Los partidos comunistas han desarrollado las
ideas de la coexistencia pacífica de los pueblos,
pronunciándose por que se establezcan nuevas
relaciones entre los pueblos de toda Europa sobre la base de los principios de la coexistencia
pacífica, dentro del respeto a los sistemas sociales y los intereses nacionales.
Es preciso en primer lugar —han considerado los participantes en la Conferencia— suprimir el peligro de conflicto mediante la normalización de la situación existente 20 años después del fin de la guerra. Alemania debe pasar
a ser una zona desnuclearizada: hay que re-

conocer a la República Democrática Alemana:
debe ser proclamada la intagibilidad de las fronteras actuales en Europa; para Berlín Occidental hay que establecer un estatuto de ciudad libre y desmilitarizada: debe concertarse un tratado de paz con los dos Estados alemanes.
La Conferencia procedió a un intercambio
de opiniones sobre las posibilidades existentes
para reforzar la lucha común y contribuir a
la unidad de acción obrera y a la unión de todas las fuerzas democráticas en la lucha contra
la proliferación de las armas nucleares, por el
desarme, por la seguridad europea y la amistad
de los pueblos.
Los partidos comunistas de los países capitalistas de Europa expresaron su solidaridad con
el pueblo español en su lucha por la libertad,
contra el régimen franquista. Reafirmaron su
voluntad de contribuir al éxito de las iniciativas adoptadas por la reciente Conferencia de
diferentes fuerzas progresistas en Londres.
Los partidos comunistas coinciden en qu; debe darse a conocer ampliamente las condiciones dramáticas en que el pueblo portugués prosigue su lucha. La Conferencia proclamó su pleno apoyo a los pueblos de Angola, Mozambique y la llamada Guinea portuguesa en su lucha
por la independencia nacional.
Después de señalar los considerables éxitos
del pueblo griego en la lucha por la democracia, la Conferencia se solidarizó con la legítima
exigencia del retorno a la legalidad del Partido
Comunista de Grecia.
Mereció una gran atención el problema del
restablecimiento de la legalidad del valeroso Partido Comunista de Alemania, prohibido en 1956.
En el comunicado se señala que la vuelta a la
legalidad del PCA es una reivindicación particularmente actúa!, por estar próximas las elecciones generales de septiembre en la RFA.
En el curso de los debates de la Conferencia
varios partidos S3 refirieron a la posibilidad de
proceder en el futuro a una nueva reunión de
los partidos comunistas de los países capitalistas
de Europa para tratar de otros problemas de
interés común.
La Conferencia, los debates y las decisiones
adoptadas muestran que se están creando las
condiciones para la unidad de acción de los
partidos comunistas de Europa Occidental.
Los participantes en la Conferencia, felicitándose de su celebración y de la coincidencia de
opiniones sobre diversos problemas a que ss
llegó en el curso de sus labores, subrayaron su
deseo de reforzar constantemente la unidad de
acción de los partidos hermanos, tanto en interés de la clase obrera y del pueblo de cada
país como del conjunto del movimiento comunista y obrero.
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77

Congreso de los comunistas
En este último tiempo se
observa en Austria cierta
evolución de los frentes
políticos que desde hace
muchcs años vienen determinando la vida púb'ica del país. Se ahondan las divergencias en
les principales partidos, en cuyo seno van cristalizando distintas concepciones políticas. A lo
largo de casi un decenio —a partir de la proclamación de la neutralidad— Austria atraviesa un período de coyuntura económica cada año
más favorable, que se alterna con contracciones
temporales.
A finales de mayo de 1965 se reunió el XIX
Congreso del Partido Comunista de Austria, que
debía establecer la orientación del Partido en correspondencia con las nuevas circunstancias y
posibilidades.
En el informe central, a cargo del camarada
Franz Muhri, señalóse que «desde el XVIII Congreso [1961] el desarrollo se caracteriza por ciertos éxitos importantes de la política de nuestro
Partido y por los cambios que se han producido
en el país, a cuya consecución los comunistas
austríacos han contribuido con meritorio aporte.
Muchas de las opiniones que sustentamos los
comunistas tienen hoy día un amplio eco. Muchas de las reivindicaciones por las qu; al principio luchábamos sólo nosotros cuentan con el
apoyo de los trabajadores».
Esta aseveración fue reforzada con varios
ejemplos, en particular con el de la eficaz lucha por aumentos salariales, la mejora de las
condiciones de las vacaciones, el aumento de
las pensiones, ci fracaso de los planes de devolución al sector privado o cierre de las empresas nacionalizadas. «Nuestras tenaces acciones
por determinadas reivindicaciones —dijo el camarada Muhri— contribuyeron a intensificar la
presión desde abajo y a que los socialistas hicieran suyas estas reivindicaciones, lo cual obligó
a los empresarios a hacer concesiones».
El informante subrayó que todos estos combates han evidenciado que existen posibilidades
no sólo para la acción unitaria entre socialistas, comunistas y sin partido, sino asimismo para llevar a cabo acciones conjuntas con los obreros y empleados católicos. La experiencia demuestra que la unidad de acción no sólo es posible en la lucha por reivindicaciones económicas, sino también en el terreno político.
En los dos últimos años se ha venido librando en diversas zonas de Austria la lucha conjunta contra los desplantes de los neonazis. El
informante señaló que la unidad antifascista había tenido su mayor resonancia en el amplio
AUSTRIA

movimiento da protesta contra las provocaciones pangerrnanas y neonazis registradas en una
escuela superior de Viena. Socialistas, comunistas, católicos y ciudadanos sin fiüaciónn política desfilaron juntos en manifestación contra
el neonazismo y por Austria. El entierro del comunista Ernst Kirchweger, asesinado durante esta manifestación por los neofascistas, que organizaron una contramanifestación, se transformó
en un gran acto de unidad antifascista.
A este respecto, el camarada Muhri señaló
los cambios que se han producido en la postura de la dirección del Partido Socialista de Austria, «que por primera vez ha rechazado la funesta equiparación —dictada por el anticomunismo— entre comunistas y neofascistas, que en
los años anteriores separaba a las fuerzas democráticas y favorecía a la reacción». En orden
al cambio de posición del PSA es sintomático
un artículo publicado por el periódico Tagblatt,
órgano socialista de la Alta Austria, del que
Muhri citó las siguientes palabras: «Esta primara víctima del terror neonazi ha despertado a
los austríacos conscientes y les ha hecho ver la
realidad y abandonar la confiada despreocupación, la apatía y la placidez. Austria lo ha comprendido. El asesinato de Ernst Kirchweger ha
tocado su nervio nacional y democrático, vital
para el organismo social del país. Socialistas,
conservadores y comunistas marcharon tras el
féretro de Kirchweger del mismo modo que en
su tiempo colocaron juntos los cimientos de la
Segunda Repúb'ica».
Al valorar las facetas positivas del curso de
la vida política de Austria, los de'egadcs al Congreso comprendieron también claramente que.
coim se dijo en el informe «el subsiguiente desarrollo puede discurrir contradictoriamente y no
están excluidas las reincidencias el futuro desarrollo dependerá, y no en última instancia, de
la política y de la lucha del Partido Comunista».
El informe político se basó en las «Tesis sobre las perspectivas». Tanto en las tesis como
en el informe del CC al Congreso se señala una
contradicción en el desarrollo del PCA, que se
manifiesta en que «a la vez que nuestras propuestas e ideas obtienen gran eco. . . han fracasado nuestras tentativas de conseguir de nuevo la representación del Partido en el Parlamento, han disminuido los efectivos de! Partido y nuestro activo».
El camarada Muhri informó al Congreso de
que el número de miembros del Partido se ha
reducido de 42.460 en 1961 a 36.408 en 1964.
Añadió que sólo el 20% de los militantes tie-

78

EN LOS PARTIDOS COMUNISTAS Y OBREKOS

nen menos de 40 años. El informante se refirió también a «la contradicción cada vez mayor entre las nuevas posibilidades y el descenso
de la actividad». En las tesis esta contradicción
es considerada como «el problema principal del
Partido».
Tanto en el informe del CC como en la mayoría de las 109 intervenciones de los delegados se analizaron las causas de esta contradicción.
En las tesis se señala que «junto a las dificultades derivadas de las condiciones políticas
de nuestro país en que el Partido despliega la
lucha, los defectos y los errores del Partido también han contribuido a este proceso contradictorio». El Congreso estableció que la «debilidad
ideológica fundamental* de los órganos dirigentes del PCA —la responsabilidad principal recae sobre la dirección del Partido— estriba en
que hasta la fecha sólo en grado insuficiente se
ha podido desplegar la iniciativa política sobre
la base de la nueva orientación. Los anticuados
criterios, concepciones y métodos de trabajo todavía se dejan sentir con fuerza.
En el informe se llama la atención sobre ciertos conceptos caducos que deben ser superados.
Por ejemplo, el Partido «ha descuidado la propaganda sistemática de su aportación al logro
del progreso y de los éxitos parciales, y se ha
entregado con exceso a hacer de la crítica y
del planteamiento de reivindicaciones inalcanzables el centro de gravedad». También ha caducado la tesis en orden a que el «capitalismo
conduce cada nueve u once años a crisis económicas cada vez mayores y a un empobrecimiento progresivo». En su actividad el Partido se «orienta hacia nuevas posibilidades para
conseguir mediante la lucha de clases y con el
concurso de movimientos de masas cambios
en la distribución de los ingresos y la participación de los obreros y los empleados en la
dirección de la economía; exige un aumento
constante de las inversiones para la producción y para atenciones sociales y la realización
de reformas de estructura».
El informante subrayó que esta orientación
«no tiene nada de común con el reformismo,
el cual se sitúa en las posiciones del capitalismo; al contrario, tal enfoque está enfilado
a liquidar el capitalismo». Se trata de una
«orientación revolucionaria con miras a conquistar objetivos escalonados que limiten el poder del gran capital. Su consecución constituye
una parte de la lucha por el paso pacífico al
socialismo». El informante llamó la atención
sobre el hecho de que «el capitalismo contemporáneo no sólo no ha liquidado las contradicciones económicas», sino que, por el contrario, «en las condiciones del modo de producción capitalista, incluso en períodos de una fa-

vorable coyuntura económica crece la inestabilidad política, son mayores las contradicciones políticas y los choques, las tendencias reaccionarias, autoritarias y neofascistas y los
peligros para la democracia».
Es necesario tomar en consideración en nuestro trabajo, mejor que hasta ahora, el hecho
de que casi todas las luchas de carácter económico tienen su faceta política. «Tampoco hemos aprendido aún debidamente ni elaborado
en la medida necesaria la argumentación para
demostrar de manera tangible lo innecesaria,
absurda y peligrosa que es hoy para la vida,
en el siglo de la energía atómica y de la automatización, la economía capitalista basada en
el lucro».
En sus sesiones y documentos el Congreso
realizó un profundo análisis de los cambios
acaecidos en el seno del Partido Socialista y
extrajo las conclusiones que de ello se derivan.
A este respecto se adujeron muchos ejemplos que ilustran la evolución positiva del PSA.
Entre ellos está el cambio de postura en relación a los países socialistas. La hostil aptitud
de otros tiempos va siendo sustituida por un
«enfoque más realista». No se puede perder de
vista, sin embargo, que el anticomunismo, dirigido en primer lugar contra la RDA, determina todavía en gran medida la posición del
Partido Socialista.
El informante indicó que es necesario dejar
constancia asimismo del cambio producido en
la postura de la dirección del PSA en orden a
la neutralidad de Austria y a los intentos de
atar al país a la Comunidad Económica Europea. Lo mismo se puede decir en lo que
concierne a la posición del PSA sobre el retorno de los Hasburgos. En todas estas cuestiones
la postura del PSA es más positiva. Los socialistas se han visto precisados [en buena parte
gracias a los esfuerzos de los comunistas] a
desistir de la línea, peligrosa y sin principios,
de apoyo al Partido Austríaco de la Libertad
Tpangermanista] y de colaboración con él. Se
han visto obligados a basar en mayor medida
su política en la defensa del país contra las
maquinaciones neofascistas y en el robustecimiento de las fuerzas democráticas en esta lucha.
«Los cambios positivos que se han producido
en el Partido Socialista y el robustecimiento
de las fuerzas de izquierda en sus filas —señaló el camarada Muhri— guardan estrecha
relación con la actividad de los comunistas
austríacos, en tanto que partido autónomo marxista», con la «función de los comunistas, consistente en elaborar un punto de vista de clase
sobre todas las cuestiones».
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mental, el Congreso confirmó la decisión de los
comunistas austríacos de «luchar contra la ideología y la política de la coparticipación social», que «paraliza las fuerzas de la clase obrera, vela el punto de vista de clase y constituye
una renuncia a la perspectiva socialista». A
este respecto el camarada Muhri dijo: «Los comunistas no estamos en contra de que los socialistas participen en el Gobierno. Su participación puede contribuir a restringir el poder del
gran capital y a poner ciertas cortapisas a la
reacción. Sin embargo, estamos contra la política de coparticipación social en el Gobierno.
Sobre la base de esa política, ni la mayoría del
PSA en el gabinete ministerial ni un jefe de
gobierno socialista conseguirán progresos erí
las cuestiones fundamentales».
El Congreso del Partido examinó también el
problema palpitante de reforma del sistema
electoral. Su actual carácter antidemocrático,
que facilitó la exclusión de los comunistas del
Parlamento, dificulta la elección de representantes de la oposición. Franz West, miembro
del Buró Político del CC del PCA, manifestó
que «afortunadamente, los funcionarios dirigentes del PSA han mantenido en el último tiempo una posición positiva sobre esta cuestión».
Entre los aplausos de los delegados al Congreso, saludó la declaración hecha por el presidente del PSA, Bruno Pittermann, en el sentido
de que al modificar el sistema electoral es muy
importante no permitir que en Austria ningún
partido pueda otra vez conseguir menos actas
con más votos que otros, es importante erradicar la injusticia respecto a los partidos pequeños. El camarada West agregó que nadie
debe hacerse ilusiones sobre la «absorción» gradual de los comunistas mediante un sistema
electoral no democrático. «Los reveses temporales en las elecciones —manifestó— nos harán pensar una y otra vez en los errores cometidos y en las formas de mejorar nuestro
trabajo, pero nuestros fallos no serán motivo
para seguir una política de autoliquidación».
El camarada West precisó el punto de vista
del PCA sobre las candidaturas de los comunistas. Evidentemente, «no se excluye en principio y en todos los momentos el renunciar a
las candidaturas independientes». La decisión
a este respecto depende de las circunstancias
concretas. Por ejemplo, en las recientes elecciones presidenciales, el Partido Comunista
apoyó al candidato socialista, facilitando de esta forma su victoria. «Sin embargo —agregó el
orador—, en general nos orientamos, sobre todo en las elecciones a los organismos representativos, a presentar candidaturas propias, a
participar activamente en la campaña electoral, pues consideramos que en esas elecciones
el Partido Comunista constituye una alternativa

79

de clase a la coalición de la coparticipación
social».
Aun calibrando de manera positiva los cambios operados en el PSA y en su política, el
Congreso no perdió de vista ni la precariedad
de estos cambios ni las «alarmantes debilidades» que todavía es necesario constatar en la
política del PSA. El Congreso señaló como «un
gravísimo defecto del PSA» la «subestimación
del militarismo y del revanchismo germanooccidentales». «Mas —subrayó el camarada
Muhri— la política de unidad de acción y la
crítica positiva de la política de la dirección del
Partido Socialista no se contradicen, no se excluyen entre sí, sino que representan dos aspectos necesarios en la vía que conduce a un
mismo objetivo: el establecimiento de una unidad nueva y combativa de la clase obrera».
En la resolución sobre cuestiones políticas
internas el Congreso se pronunció resueltamente «contra toda forma de incorporación a la
CEE». El Congreso declaró: «Austria, como
Estado neutra], puede y debe mantener y desarrollar relaciones comerciales con todos los
países». En lo que respecta a la regulación de
las relaciones con los países de la CEE, para
eso bastan los tratados comerciales.
Friedl Furnberg resumió la posición del PCA
sobre la neutralidad de Austria. «Nuestro Partido —dijo— considera que una de sus tareas
más importantes es luchar por asegurar la neutralidad de Austria». Esta posición no debe enjuiciarse como una maniobra táctica, para un
breve plazo. Nuestra posición «dimana del análisis de la situación de Austria después de la
Segunda Guerra Mudial». Furnberg se preguntó si una Austria socialista podría ser también
neutral. «La situación jurídica internacional de
cualquier país —manifestó— no está predeterminada por su régimen social». En la lucha entre el socialismo y el capitalismo, dijo, los comunistas nunca son ni serán neutrales. Sin embargo, no existe contradicción alguna entre la
lucha por la vía pacífica al socialismo y una
actuación resuelta en favor de la neutralidad
de Austria. «Nosotros —agregó— incluso consideramos que la plena neutralidad únicamente
se puede garantizar en una Austria socialista».
En su intervención formuló a título de discusión la cuestión de si era válida o no la fórmula «dictadura del proletariado» en las nuevas condiciones, cuando en la Unión Soviética
y otros países socialistas se realiza la democracia del pueblo. Propuso proseguir la discusión
de este problema y después fijar la posición
del Partido.
En las labores del Congreso se reflejó claramente la estrecha vinculación del PCA con
el movimiento comunista mundial, la reafirmación de los principios del internacionalismo

80

EX LOS PARTIDOS COMUNISTAS Y OBREROS

proletario. Esto se puso de manifiesto, en particular, en la cálida reacción de los delegados
e invitados al Congreso ante ios saludos de los
representantes de los partidos hermanos.
La solidaridad combativa fue demostrada en
la vehemente protesta contra la agresión yanqui en Vietnam, en la exigencia de que el Gobierno austríaco «apoye, partiendo de los principios de la neutralidad austríaca, cualquier iniciativa capaz de contribuir a la paz en Vietnam'». La solidaridad combativa se expresó
también en el acuerdo del Congreso de desplegar la acción solidaria y, de esta manera,
«hacer su aportación a la ayuda que las fuerzas
de la paz del mundo entero prestan al pueblo
vietnamita».
Refiriéndose a la situación del movimiento
comunista mundial, el camarada Muhri dijo:
<'Las divergencias en el campo socialista y ¿n
el movimiento comunista mundial son causa ú j
inseguridad política e ideológica en nuestras filas». Subrayó que el PCA aplaude «los empeñados esfuerzos realizados por la dirección del
PCLIS y por el Gobierno soviético* a partir del
otoño de 1964 «y sus iniciativas para mejorar
las relaciones con la República Popular China
por la línea estatal y en orden al acercamiento entre ambos partidos».
En una resolución adoptada por unanimidad,
el Congreso aprobó las exhortaciones del Comité Central a «contribuir a la unidad del movimiento comunista mundial a través de conferencias bilaterales y multilaterales de los partidos hermanos y llevando la discusión de las
divergencias existentes por un cauce constructivo, con el fin de rechazar los ataques imperialistas y de impulsar la lucha por la paz y la
coexistencia pacífica».
El Congreso aprobó unánimemente., con ligeras adiciones y enmiendas, las «Tesis sobre las
perspectivas», presentadas por el Comité Central. Con dos votos en contra y siete abstenciones aprobó también la resolución «La lucha
por la participación de los obreros y empleados
en la dirección de la economía».
El Congreso terminó el examen de las cuestiones planteadas en una atmósfera -de amplio
y sincero intercambio de opiniones como jamás
se hizo en el Partido. Un gran número de comunistas tomó parte en la discusión que precedió al Congreso. En el Congreso intervinieron 109 camaradas. En los debates se expusieron diferentes puntos de vista. Esto, como
señalaron muchos oradores, es completamente
comprensible si se tiene en cuenta la situación
interna del Partido, la situación en el movimiento comunista mundial y la necesidad de
determinar nuevas vías de lucha en las nuevas
condiciones creadas en el plano nacional e internacional. Las decisiones unánimes del Con-

greso, como manifestó en su discurso de clausura el camarada Muhri, constituyen «una importante aportación al establecimiento de la
nueva unidad ideológica del Partido». Insistió
especialmente en que la importancia de este
Congreso estriba también en que «ha rechazado de forma clara e inequívoca toda actividad
fracciona! y ha expresado unánimemente la voluntad unitaria del Partido».
La cohesión del Partido se puso de relieve
en la elección secreta de la nueva dirección
del PCA, en cuyo nuevo Comité Central figura un buen número de camaradas jóvenes. El
camarada Johann Kopleni», que durante 4!
añcs ha estado al frente del Partido, rogó que
teniendo en cuenta el empeoramiento de su
estado de salud no se le eligiera presidente del
Partido. Por acuerdo unánime se le designó
miembro del CC y presidente honorario del
Partido. El camarada Franz Muhri fue elegido
presidente del Partido. Cuenta 41 años, es obrero. En 1954 fue designado miembro suplente
del Comité Central. Desde 1961 es miembro del
Buró Político del CC. Los camaradas Friedl
Furenberg y Erwi Scharf fueron elegidos secretarios del CC del Partido.
Treinta y dos miembros del Comité Central,
aproximadamente el 40% del total, han sido
elegidos al CC por vez primera. De los nuevos
componentes del CC, 16 son miembros de consejos de fábricas y funcionarios sindicales de
empresas.
Refiriéndose a la propuesta del nuevo Comité Central de elegir a Johann Koplenig presidente honorario del Partido, Friedl Furenberg
declaró ous «tenemos en cuenta la actividad
del Partido desarrollada bajo la dirección del
.camarada Koplenig a lo largo de los cuatro
decenios últimos. Su elección como presidente
honorario debe también expresar la voluntad
inquebrantable de todo el Partido de mantener
siempre nuestra unidad».
Johann Koplenig agradeció al Congreso la
gran confianza depositada en él. Prometió seguir entregando al Partido todas sus energías.
Su discurso, que llegó al corazón de todos los
delegados, fue un apasionado llamamiento a
apoyar y desarrollar las tradiciones combativas
del Partido Comunista de Austria. El camarada Kcplenig manifestó: «Justamente en este
Congreso, que abre un nuevo capítulo en la
historia de nuestro Partido, es preciso decir:
del mismo modo que los camaradas de la vieja
generación deben comprender las nuevas condiciones de la lucha para no quedarse a la zaga de los acontecimientos, la joven generación
necesita estudiar la experiencia del pasado, los
ejemplos de la historia del Partido, ya que esta
experiencia les ayudará a resolver los problemas de nuestros días».

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clamorosos aplausos la declaración del camarada Koplenig de que «el Partido, dejando bien
sentada su política independiente y autónoma,
continuará en las nuevas condiciones las tradiciones de solidaridad y amistad con la Unión
Soviética y con todos los países socialistas,
mantendrá siempre en alto las ideas de la Revolución Socialista de Octubre y las defenderá
de todos los ataques».
El camarada Koplenig mostró la estrecha e
indisoluble ligazón existente entre las tradiciones combativas y revolucionarias del Partido y
la lucha actual. «La vía pacífica —dijo— no
es una vía sin lucha; yo quisiera subrayar que
es también una vía revolucionaria, puesto que
representa en la esfera de la economía, del poder estatal y de la educación de la conciencia
el paso a un nuevo régimen social, es decir, a
la revolución socialista, a cuya realización no
puede renunciar y no renunciará la clase obrera, y que queremos llevar a cabo por una vía
democrática y pacífica».

81

Calibrando la importancia del Congreso, el
camarada Muhri hizo constar que era «un buen
punto de partida» para la ulterior labor del
PCA. «Nosotros —manifestó— hemos acordado las formas y los caminos para luchar mejor contra las dificultades, que todavía están
muy lejos de haber sido vencidas».
Con razón se puede decir que el Congreso
del Partido Comunista de Austria, es un buen
punto de partida para aplicar las resoluciones
adoptadas y para desarrollar el Partido. Así lo
confirma también la repercusión que ha tenido
entre la opinión pública del país. Jamás ningún Congreso anterior de los comunistas austríacos había suscitado un interés tan vivo en
toda la prensa. Las amplias informaciones periodísticas sobre el Congreso y los comentarios
de la prensa burguesa y socialista muestran que
el PCA representa en la vida política de Austria un factor con el que deben contar todas
las corrientes políticas.
Erwin ZUCKER-SCHILLING.

Conferencia del Partido Comunista
Durante los primeros días
del mes de abril del año
en curso tuvo lugar la
VII Conferencia Nacional del Partido Comunista de Solivia, convocada a objeto de ajustar la política del Partido
a las condiciones vigentes en el país y de encarar la situación de crisis orgánica. Asistieron
los miembros del Comité Central, los suplentes
y la totalidad de los primeros secretarios de
los comités regionales y especiales.
El ubicar a la Junta Militar y señalar su contenido de clase y perspectivas, al tiempo que
analizar la correlación de fuerzas existente para determinar nuestra conducta, constituyeron
las líneas centrales del informe político presentado por la Comisión Política y aprobado por
la unanimidad de los asistentes.
Precisar el estado orgánico partidario, analizar las causas y los factores desencadenantes de
la crisis interna surgida y delinear una política
orgánica adecuada a las necesidades, constituyó
otra preocupación de la VII Conferencia.
La Conferencia Nacional fue informada por
el Comité Central de la realización y resultados de la Conferencia de los partidos comunistas de América Latina, habiendo aprobado todas sus conclusiones; manifestó su acuerdo con
las sugerencias emanadas del Encuentro Consultivo de los 19 partidos celebrado en marzo
SOLIVIA

en Moscú, y determinó realizar todos los esfuerzos para que la actividad del PCB corresponda al contenido de los acuerdos adoptados.
La Conferencia aprobó también una resolución especial de amplia solidaridad con el pueblo de Vietnam frente a la agresión norteamericana y de respaldo a Cuba, permanentemente
Amenazada por la reacción imperialista, que
desencadenó una ofensiva armada, buscando
inútilmente contener el movimiento nacional liberador, en especial en América Latina. Respaldó, igualmente, la heroica lucha que desarrollan los pueblos de Venezuela, Guatemala
y Colombia.
Finalmente, la VII Conferencia removió un
quinto de los miembros del Comité Central, organismo que a su vez reorganizó la Comisión
Política y el Secretariado del Comité Central,
reeligiendo al camarada Mario Monje como a
su primer secretario.

En la Conferencia se hizo un análisis científico de los cambios sociales que se han producido en el país. El golpe militar del 4 de
noviembre de 1964 significó el comienzo de
una nueva etapa de la activa ofensiva de la contrarrevolución que constituye el rasgo distintivo
de la situación de los últimos años en Solivia.

82

EN LOS PARTIDOS COMUNISTAS ¥ OBKEROS

Este proceso contrarrevolucionario se gestó con
la capitulación de la burguesía nacional, originariamente representada en el poder por Paz
Estenssoro y su grupo, ante la presión norteamericana .
La burguesía nacional, que en su conjunto
llegara al poder con la revolución de abril de
1952 y que en doce años recorrió el camino
de la conciliación a la rendición incondicional,
fue siendo desplazada del poder, y en él fueron
adquiriendo preeminencia aquellos sectores ligados al capitalismo de Estado socios de los
monopolios norteamericanos. El Fondo Monetario Internacional, el Banco Internacional de
Desarrollo y la misma embajada yanqui fueron
a su turno gestores de la acumulación de capital en manos de esta nueva burguesía. Creció
la miseria y amplias masas trabajadoras pasaron
a engrosar el ejército de desocupados; las empresas nacionalizadas fueron llevadas a nivel
de bancarrota; el caos económico y social comenzó a sacudir el país. En estas condiciones,
la constante intensificación de la lucha de los
trabajadores provocó gran alarma entre los explotadores locales y sus tutores extranjeros. Como es sabido, la salida «encontrada» por ellos
no se distinguió por su originalidad: la embajada norteamericana y su misión militar pusieron en ejecución el plan del golpe.
Paz Estenssoro fue enviado al Perú, y con la
Junta Militar retornaron al poder, al lado de los
sectores de la burguesía socia del imperialismo
—que si bien perdió a Paz Estenssoro, se mantiene en lo fundamental—, sectores y grupos de
ex terratenientes y representantes de la vieja oligarquía minera aplastada en 1952. Contrarrevolución militarista: este es el carácter real del
nuevo Gobierno surgido del golpe militar en
noviembre de 1964.
Un factor característico y de gran importancia en la vida social de Solivia durante la última década ha sido el campesinado, que bajo
los gobiernos del Movimiento Nacionalista Revolucionario se constituyó en reserva activa de
la burguesía gobernante. El hecho de haber sido el MNR el partido que desde el poder legitimara, en lo fundamental, la tenencia de la
tierra, liberara a los campesinos de las formas
feudales de explotación y les condonara las
deudas con los terratenientes, pese a su inconsecuencia, vacilaciones y posterior traición, calló hondo en la masa campesina. La base social
más importante que los gobiernos capituladores
del MNR pudieron mantener hasta su caída fue
precisamente la campesina, y en cierta forma
con carácter de monopolio.
Con el golpe militar, al destrozarse los instrumentos de poder que el MNR tenía para
controlar y movilizar el campo, perdidas las
posibilidades de utilizar el presupuesto de la na-

ción para mantener la burocracia dirigente del
sindicalismo campesino, el monopolio movimientista fue roto y en el seno de las masas
campesinas comenzaron a jugar nuevos factores. El Partido Revolucionario de Izquierda Nacional —desprendimiento de izquierda del MNR
cuyo jefe es Lechín— constituye una segunda
fuerza que ahora comienza a operar entre las
masas campesinas, especialmente del valle. Al
mismo tiempo, la Junta Militar y particularmente Barrientes, jefe de la misma, han pretendido
para sí ocupar en el movimiento campesino el
lugar que perdiera el pazestenssorismo, construyendo una organización sindical a su servicio, organización ubicada estratégicamente y
bajo financiamiento fiscal, que constituye una
base de fuerza no despreciable por el control
que ejerce en ciertas zonas críticas.
Se comprenderá la dimensión del problema
campesino si se recuerda que en los centros urbanos el peso específico de la clase obrera, a
excepción de La Paz y Oruro, es casi nulo,
mientras que las concentraciones mineras, los
grandes centros proletarios se hallan a varias
centenas de kilómetros de las tres ciudades más
importantes y, en cierta medida, rodeados de
cordones campesinos.
En el juego político boliviano actúan y tienen significación nacional cinco partidos, aunque subsistan siglas y viejos rótulos.
El Partido Revolucionario de Izquierda Nacional, cuyo líder es a la vez un destacado líder
obrero, tiene por bases sociales a grandes sectores populares y masas campesinas y obreras,
posee tendencias populistas y sus direcciones
medias y bases están más radicalizadas que su
dirección nacional, cuyas ilusiones pequeñoburguesas y pretensiones de conciliar con el imperialismo son rebasadas y criticadas por las
bases.
El Movimiento Nacionalista Revolucionario
gobernó el país desde 1952 hasta 1964. Con
alguna pequeña influencia en sectores no proletarios de la ciudad, especialmente en el seno
de la vieja burocracia, y sí mucho arraigo en
fuertes sectores campesinos, está integrado en
su dirección por el grupo de burgueses capituladores aliados del imperialismo que traicionaron la revolución.
Falange Socialista Boliviana es el partido que
representa en esencia los intereses de la reacción boliviana. Tiene por bases a capas de la
pequeña burguesía urbana y rural [aldeas]. Está apoyada firmemente por el clero español,
particularmente jesuíta, y su jefatura se halla
en manos de ex terratenientes. Su origen es
fascista y, aunque cambió de lenguaje, su filosofía y organización corresponden a las mejores tradiciones del fascismo clásico. Tiene influencia en sectores universitarios, estudiantiles,

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lenguaje, su filonden a las mejo¡láíico. Tiene intrios, estudiantiles,

entre los maestros y cuenta con una gran militancia femenina urbana.
El Partido Demócrata Cristiano es relativamente nuevo en el país y corresponde al desarrollo boliviano de las corrientes democristianas organizadas y apoyadas por el partido gobernante de la República Federal Alemana. Tiene una posición centro-izquierdista y, aunque
apuntaló en principio a la Junta Militar, hoy la
denuncia y busca su propio camino, inspirado
en la experiencia chilena. Su base es, en lo
esencial, universitaria, poseyendo también influencia en los sectores de la intelectualidad y
de los profesionales.
El Partido Comunista de Bolivia está fuertemente enraizado en el proletariado minero y es
el segundo partido en el país por su arraigo entre las masas trabajadoras.
De todas estas fuerzas sólo la FSB apoya
decididamente a la Junta Militar, y únicamente
el PCB la combatió desde su instauración.
En las condiciones señaladas y bajo la correlación de fuerzas existente, la VII Conferencia
ratificó la línea general trazada por el II Congreso Nacional del Partido, que se expresa en
que nuestro objetivo es combatir al imperialismo y a sus agentes internos de modo concreto
y a través de todos los medios. Necesitamos
crear un amplio frente de lucha contra el imperialismo y sus agentes internos, incorporando
al combate a las más amplias masas populares,
haciendo todos los esfuerzos para agudizar la
lucha en defensa de las reivindicaciones populares más sentidas —salarios, libertades y derechos, reivindicaciones nacionales, etc.—; necesitamos hacer los mayores esfuerzos por realizar un trabajo de alianza con sectores y elementos progresistas, patrióticos, avanzados, que
se encuentran particularmente en el PRIN y en
el Frente de Liberación Nacional, organismo de
frente único que va aglutinando ya a importantes sectores de universitarios, profesionales,
periodistas, organizaciones sociales y políticas.
Descartando toda posibilidad de trabajo de
frente único con los partidos de derecha, la
Conferencia expresó del siguiente modo su opinión a este propósito: «Los últimos hechos
prueban a los más tercos [a los partidarios del
entendimiento con la derecha.— N. de la R.]
sobre la imposibilidad de confiar o mantener
ilusiones en estas fuerzas reaccionarias».
En las condiciones de dictadura militar vigente, la tarea de la lucha por el poder y las
modalidades que esta lucha adopte han pasado
a ser tareas de vigencia inmediata.
El espíritu de que estuvo penetrada la Conferencia y la perspectiva determinada en sus
decisiones fueron expresados muy bien por C.
Reyes, uno de los dirigentes mineros, que dijo:
«La explosiva situación boliviana se encamina

83

rápidamente al aniquilamiento de todos los escollos que traban su natural desenlace. La revolución verdadera, la que tiene como fundamento social al heroico proletario y a las sufridas masas indígenas campesinas, a la intelectualidad avanzada y a los grandes sectores de
la pequeña burguesía, pasará por duras pruebas, pero a corto plazo se abrirá camino y
triunfará».

La VII Conferencia efectuó el balance de la
lucha desarrollada por el Partido, generalizó las
experiencias recogidas y determinó aprobar una
línea orgánica expresada por el Plan XV aniversario que se encuentra en ejecución.
Al mismo tiempo la Conferencia señaló que
un estado de crisis interna caracterizó el último período de la vida del Partido. Se manifestó y desarrolló un movimiento fraccional que
devino en escisionismo con una magnitud desconocida y que abrasó en sus llamas a nueve
de cuarenta y cuatro miembros de la dirección
nacional. Este movimiento estructuró un organismo dirigente ajeno al Comité Central, mantiene un aparato de activistas, posee prensa y
ha estructurado organizaciones paralelas en seis
de catorce comités regionales y especiales existentes, con la pretensión de hacerlo en nuevos
distritos del país sobre la base de pequeños
grupos o contactos.
En regiones como La Paz, Santa Cruz y Cochabamba, donde organizaron direcciones paralelas, se trata de grupos pequeños y sin posibilidades de sobrevivencia como estructura. Pero
no es esta la situación en las tres regiones restantes, donde se necesitará tiempo para reeducar y reabsorber a una base importante que
apoya a los escisionistas, aunque en ningún caso sus posibilidades son ni serán mayores que
las del Partido.
¿Cuáles son las causas y los factores desencadenantes de tal situación? En el informe de
balance orgánico se señalan, entre otras, las siguientes causas:
—La complejidad de los fenómenos políticos
que se suceden con rapidez y la posibilidad de
diversos enfoques en la determinación de la
táctica;
—la composición social y la sobrevivencia,
por la débil educación partidaria, de corrientes
socialdemócratas en el seno del Partido, desde
su Comité Central:
—la situación existente en el movimiento comunista internacional, que ha dado la base teórica, objetiva y moral que cubre el desnudo del
fraccionalismo:
—finalmente, y no en menor grado, los errores y debilidades del Comité Central, de los

84

EN LOS PARTIDOS COMUNISTAS Y OBREROS

organismos de dirección inmediatos y de los
cuadros fundamentales, errores que van desde
la abierta conciliación hasta los falsos métodos.
Lamentablemente, en el caso boliviano, el fenómeno no se presentó con 'características de
seriedad en el enfrentamiento de concepciones.
Nuestros fraccionalistas, en lo esencial, echaron mano al expediente del escándalo, la delación y la acusación más inverosímil. Un problema que no requiere en nuestro caso mayor
discusión, como es el de las vías de la revolución, fue presentado, con malísima intención,
como el nudo de algunas divergencias que pretendieron encubrir el resto. Ya en el II Congreso, nuestro Partido determinó prepararse para dominar todas las formas de lucha, y así vino haciéndolo, no imaginando nunca que una
vía determinada fuese patrimonio o propiedad
privada de militante, grupo o partido alguno,
del mismo modo que pintaba a risueño el esfuerzo de los escisionistas por hacer aparecer
en Solivia a nuestro Partido «coexistiendo con
la burguesía y con el imperialismo». Levantar
determinadas banderas y buscar colocar otras
en manos del Partido, siempre falseadas, ha sido el método de los escisionistas.
Una particularidad interesante está expresada
en las peculiaridades y la procedencia social de!
escisionismo en sus altas esferas. Se trata de
una rara unidad entre el anarcosindicalismo de
los líderes sindicales «comunistas» y los residuos de la socialdemocracia, que no reconocen

vigencia alguna de principio o normas partidarias. En política utilizan un lenguaje de ultraizquierda y practican la alianza con la derecha
clásica; según sus concepciones partidarias se
puede y se debe ser revolucionario en cualquier
parte y de cualquier modo, incluso en el anticomunismo, el antisovietismo y el antipartidismo, aunque, claro, un poco encubierto por necesidad.
Tal situación perjudica el desarrollo de la lucha revolucionaria, pues en los difíciles momentos en que el esfuerzo de los revolucionarios debe estar concentrado en la lucha contra
el enemigo común, contra la reacción, la batalla
de «guerrillas» que los fraccionalistas tratan de
imponer en el interior del Partido amenaza con
distraer la atención y sus fuerzas.
La VII Conferencia señaló como el peligro
interno principal no al escisionismo, sino a la
conciliación, y manifestó la imperiosa necesidad
de atender a la actividad de las masas, de conducir la lucha política y de organizaría, sin hacer de los fraccionalistas el centro de las preocupaciones partidarias. El curso de la lucha
mostrará la legitimidad de las posiciones del
Partido de modo inevitable. Al mismo tiempo
es deber de los comunistas reducir al mínimo
el daño que la escisión surgida puede acarrear
al Partido y al pueblo. Y aunque en nuestro
camino surgirán sin duda alguna serias dificultades, nada podrá impedir la victoria.
Jorge KOLLE CUETO

Por la unidad de las fuerzas de Izquierda
El pasado mes de enero
el Gobierno sirio adoptó una serie de medidas para la nacionalización de importantes ramas de la economía 1 .
Recientemente ha nacionalizado la industria
desmotadora del algodón y ha anunciado la implantación del monopolio del Estado sobre la
exportación de trigo, harina de trigo,-centeno,
malta, algodón en rama y semillas de algodón.
Estas medidas, como era natural, han tenido
amplia resonancia no sólo en Siria, sino también en otros países árabes.
Distintos sectores sociales de Siria las han
acogido con entusiasmo, considerando que su
correcta aplicación llevará al país por la senda
del progreso. Los obreros, inexorablemente inSIRIA

1 Véase el artículo de H. Bagdache en el núm. 3
de este año de NUESTRA ÉPOCA.

corporados al proceso industrial y cuya conciencia de clase se eleva sin cesar; los habitantes de las aldeas, donde aún perduran las supervivencias del feudalismo; los artesanos y los
pequeños comerciantes de los barrios obreros de
las ciudades, todos ellos expresan su satisfacción por tales medidas.
El Comité Central del Partido Comunista Sirio, caracterizando las medidas de nacionalización de ciertas ramas de la economía, señalaba
que «los decretos, al poner fin a la posición
dominante de las fuerzas reaccionarias en la industria, las han privado también de la posibilidad de expoliar al pueblo y de gobernar al país
en beneficio de los intereses egoístas de su
clase».
La adopción de estas medidas no ha sido
fruto del azar. La necesidad de las mismas aparece orgánicamente vinculada a la agudización
de la lucha de clases no sólo en Siria, sino también en todo el mundo árabe. «La promulga-

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ción de estos decretos —dícese en la declaración hecha pública por el CC del Partido Comunista a raíz de la nacionalización— aparece
estrechamente ligada a la orientación principal
de la lucha que se está librando en Siria y en
otros países árabes entre dos tendencias fundamentales: la nacional, que prevé el desarrollo
de Siria por la vía no capitalista, y la reaccionaria, que tiende a llevar al país por la senda
del desarrollo capitalista, el cual asegura pingües beneficios a los imperialistas, a los grandes capitalistas y a los feudales, sin proporcionar nada a las masas populares».
Las transformaciones socio-económicas llevadas actualmente a cabo en Siria brindan vastas
posibilidades para que el país emprenda la vía
del desarrollo no capitalista. Los obreros, los
campesinos y fuerzas y grupos de lo más heterogéneo están interesados en salvaguardar dichas
transformaciones, en ampliarlas y hacerlas más
profundas. Los choques producidos en las Cíflles de Damasco el pasado mes de enero evidencian !a inquebrantable decisión de las masas populares de defender sus conquistas frente
a las asechanzas de los imperialistas extranjeros
y de la gran burguesía nacional.
Los comunistas sirios se dan cuenta de que
en tales condiciones es más necesaria que nunca la unidad de todas las fuerzas progresistas.
Nuestro Partido ya había señalado mucho antes de los decretos de enero la necesidad de
constituir un frente progresista nacional. En este sentido ya se habían conseguido ciertos éxitos, pero en aquel entonces no se llegó a la unidad porque las diferentes fuerzas políticas enfocaban las transformaciones sociales desde puntos de vista distintos.
Los comunistas sirios, que habían definido
claramente su posición respecto al problema de
la democracia y exigían la concesión de libertades democráticas a las masas populares, proponían en esta cuestión medidas más radicales.
Y se esforzaban por conseguirlo a despecho de
los temores de que la adopción de un claro
programa del frente podría apartar de él a la
burguesía nacional. El desarrollo de los acontecimientos políticos en el curso de este año, la
encarnizada resistencia de la gran burguesía y
de otros círculos reaccionarios [que no dudaron en recurrir a la fuerza de las armas], han
confirmado la justeza de nuestra posición.
Lo ocurrido ha mostrado palpablemente que
ahora es más necesaria que nunca la unidad de
las fuerzas de izquierda. Y es necesaria para
frustrar los complots de los imperialistas, de los
sionistas y de la reacción contra Siria; para defender y consolidar las conquistas de la clase
obrera y de los campesinos. «El Comité Central del Partido Comunista Sirio —subráyase en
la declaración del Pleno del CC celebrado en

85

enero— exhorta a todas las fuerzas progresistas que dentro y fuera del Gobierno se pronuncian por el socialismo, a unirse para defender
la nacionalización y otras reformas sociales y
económicas».
El llamamiento unitario del Partido no obedece únicamente al deseo de los comunistas de
defender y afianzar la independencia del país,
sino también al afán de robustecer las fuerzas
progresistas para ¡levar al país por la vía del
desarrollo no capitalista, por la vía del socialismo. E! lema de unidad de los comunistas tiene
en cuenta los procesos y el alineamiento de las
fuerzas políticas en el país. Parte de que los
éxitos políticos y sociales alcanzados por el
pueblo sirio son una consecuencia lógica de la
unidad, d; la colaboración de todas las fuerzas nacionales y progresistas en la lucha contra
los complots imperialistas durante los años
1956 y 1957 y por !a conquista de distintas leyes y reformas beneficiosas para la clase obrera y el campesinado.
Tomamos en consideración las declaraciones
recientes de algunos ministros y otros altos funcionarios, reafirmando su llamamiento a la colaboración de las fuerzas de izquierda, sin precisar las formas de unidad. Tampoco dejamos
de tener en cuenta que, al mismo tiempo, otras
personalidades oficiales y semioficiales instan a
apoyar al régimen actual y a ingresar en el partido baasista. La forma propuesta por ellos para la unidad, para la consolidación de las fuerzas de izquierda no conviene a nuestro Partido.
Con ella tampoco están de acuerdo otros círculos progresistas.
La contradicción en las declaraciones de estas
personalidades oficiales se debe a que hay gentes dispuestas a no tomar en consideración la
situación objetiva del país, a no tener en cuenta el hecho de que en Siria existen realmente
distintas fuerzas progresistas que desean el socialismo y que, pese a multitud de obstáculos,
realizan una labor práctica y ejercen influencia
sobre las masas.
El Baas está en contradicción consigo mismo. Por una parte llama a la colaboración de
todas las fuerzas de izquierda, pero al mismo
tiempo priva a los representantes de estas fuerzas de las libertades democráticas e incluso los
detiene o los somete a un aislamiento forzoso.
La responsabilidad por la realización práctica
de la unidad de las fuerzas de izquierda incumbe ahora al Baas y al Gobierno. Las propuestas
hechas hasta ahora por ellos en este sentido son
insuficientes.
En cuanto al Partido Comunista Sirio, éste
destaca en su política aquellos elementos que
pueden propiciar la unidad de las fuerzas "de
izquierda. Los comunistas proponen:
1] reconocer la existencia real de las fuerzas

86

EN LOS PARTIDOS COMUNISTAS Y OBREROS

progresistas invitadas a la unidad y la colaboración;
2] conceder a estas fuerzas libertades democráticas y el derecho de reunión y expresión;
3] formular los puntos en que podrían coincidir todas estas fuerzas y concertar un acuerdo nacional obligatorio para todas las organizaciones signatarias del mismo en la aplicación
de una política nacional y social;
4] buscar la forma más idónea de colaboración y unidad; la unidad puede establecerse mediante la fusión de organizaciones y grupos o ir
cristalizando en forma de frente nacional.
Muchos representantes de las fuerzas progresistas se pronuncian en favor de la constitución
de un frente nacional. Nosotros también lo consideramos la forma mejor, y más adecuada para
conseguir una amplia unidad.
La lucha por la independencia nacional y
por el progreso social del país se ha desarrollado con la participación de los más amplios sectores progresistas de la opinión pública. Por eso
hoy no se puede hacer caso omiso de ellos, rechazando la idea del frente nacional, como lo
dan a entender las declaraciones de ciertas personalidades del Gobierno. Los comunistas —como también, por lo demás, numerosos representantes de otras fuerzas progresistas— se dan
cuenta del peligro que se cierne sobre el país
y están dispuestos a colaborar con el Gobierno
sin exigir ninguna clase de privilegios. Siguen
luchando por suprimir los obstáculos que se
oponen a la formación de un frente nacional.
Algunos representantes del Gobierno consideran que los movimientos y grupos de izquierda
están obligados a apoyar las medidas del Gobierno en todos los casos, con lo cual no están
de acuerdo ciertos representantes de las fuerzas
progresistas. Estos, a la vez que colaboran con
todas las organizaciones progresistas, se niegan
a colaborar con el Baas, luchan contra él y ponen en primer plano todos los aspectos negativos de este partido. Nosotros, en cambio, consideramos que en la actual etapa del desarrollo
de nuestro país lo que está planteado es la formación de la unidad y su fortalecimiento y no
la lucha por la conquista del Poder político.
Ningún partido, por grande que sea su fuerza,
es capaz, apoyándose exclusivamente en sus
propias posibilidades, de llevar al país por la
senda del progreso social.
La resistencia desesperada de la gran burgue-

sía, apoyada por los círculos imperialistas, así
como el papel desempeñado por las masas populares alzadas contra la labor subversiva de
aquélla, muestran claramente que de lo que se
trata hoy no es de saber cuál habrá de ser la
organización progresista que ocupe el Poder, sino más bien de prestar apoyo a la tendencia
progresista y a las personalidades que se esfuerzan por profundizar las transformaciones
realizadas últimamente en el país.
Nuestro sincero llamamiento a la unidad de
las fuerzas progresistas y nuestro trabajo entre
los obreros y los campesinos hallan un cálido
eco entre las masas populares. Estas se dan
cuenta de que nuestro Partido está llamado a
jugar un importante papel en la vida del país.
En sus últimas reuniones, el Buró Político del
CC del Partido Comunista señaló que en la
situación actual no basta con dedicarse a realizar una agitación política, a popularizar la ideología socialista. El actual desarrollo económico
y el nivel alcanzado por la conciencia del pueblo exigen que el Partido ofrezca soluciones
concretas y rápidas a los problemas económicos, sociales y políticos planteados ante el país.
La experiencia de los últimos años ha demostrado que muchas de nuestras concepciones
acerca de distintos problemas de la unidad árabe y del contenido de la misma han influido
en el desarrollo de la propia idea de la unidad
árabe. En Siria, al elaborarse la ley de reforma agraria y las enmiendas a la misma, muchas cosas han sido tomadas del programa
agrario de nuestro Partido.
La actual situación del país y sus perspectivas a corto y largo plazo se hallan ligadas objetivamente a la elevación del papel de nuestro
Partido. En la resolución del Pleno de enero
del CC se señala que distintos grupos han realizado y realizan desesperados esfuerzos para
minimizar el papel del Partido Comunista en
la vida del país y desvirtuar su posición en la
iucha común de los pueblos árabes, mientras
que el imperialismo y los reaccionarios más
recalcitrantes no ocultan su deseo de acabar
con él y excluirlo de la lucha. Pese a todo esto, el Partido Comunista Sirio intensifica su
lucha por la realización de las aspiraciones de
los obreros, de los campesinos y de todos los
hombres progresistas del país».
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87

Desarrollando las tradiciones revolucionarias
Reunido en sesión pienaria, el Comité Central del Partido Comunista del Líbano sometió a un profundo análisis la situación del país
y las perspectivas de su desarrollo económico y
político, trazando sobre esta base las tareas del
Partido.
El Pleno ha partido en sus debates de que
la actual situación del país se caracteriza por
una brusca agudización de las contradicciones
socio-económicas. En el Líbano se está produciendo un proceso de polarización que concentra la riqueza en una parte de la sociedad y
la miseria en la otra. En los últimos tiempos
se elevan sin cesar los precios de la carne, las
aves, los huevos, las patatas, las legumbres y
otros productos alimenticios. Empeora la situación material de la mayoría absoluta de la población. Todo ello es consecuencia de un desarrollo deforme de la economía, del predominio de una estructura unilateral definida por la
fórmula «El Líbano, país de servicios».
El Pleno subrayó que «en los últimos años
surge con toda su agudeza el problema del desarrollo inarmónico de la economía libanesa y
de la acentuación del carácter unilateral de su
estructura, basada fundamentalmente en el comercio, los servicios y, sobre todo, en la importación». Esta desproporción y este desarrollo unilateral de la economía no obedecen a la
situación geográfica del país ni a las peculiaridades nacionales del carácter y el modo de vida de su pueblo, como sostienen los apologistas de la burguesía nacional y extranjera, sino
que son una consecuencia de la política y los
designios del gran capital extranjero, cuyas posiciones económicas después de la proclamación de la independencia en 1943, lejos de debilitarse, se han fortalecido y ampliado. Así,
en el país le pertenecen más de 50 bancos, que
controlan las operaciones financieras, los contratos de importación y exportación, y se esfuerzan para «poner en primer plano y conceder ventajas al sector comercial de la economía, al tránsito de mercancías y las operaciones bancarias, estimulando por todos los medios
las inversiones en las ramas no productivas».
Esta importante palanca es utilizada para
frenar el desarrollo de las fuerzas productivas,
para «congelar» la explotación de las riquezas
minerales del Líbano, o sea, dicho en otros términos, para obstaculizar la industrialización,
para impedir el desarrollo de una economía nacional fuerte y sana.
La economía nacional, y en primer término
LIBAN O

la industria, está supeditada a los intereses de
la oligarquía bancaria y comercial, controlada
a su vez por el capital extranjero. La economía
clel país se encuentra sometida a una dependencia financiera y experimenta grandes dificultades para adquirir equipo y para la fabricación y venta de su producción. Las empresas
nacionales ocupan una posición secundaria en
la economía del Líbano. Incluso los datos de
la estadística oficial evidencian que la parte correspondiente a la industria y la agricultura en
la renta nacional no pasa del 30—32 por 100.
Más del 30% de los ingresos proviene de ramas improductivas, como son el comercio, las
operaciones bancarias y la esfera de los servicios.
Y este desarrollo deforme se produce en un
país donde, según datos de la asociación de
industriales, hay 6.000 empresas nacionales [de
ellas 2.000 grandes y medianas], en las que
están ocupados más de 60.000 obreros. En la
resolución del Pleno se señala a este respecto
que «la economía nacional del Líbano, dada su
estructura actual, en la que tiene predeominio
el sector improductivo, es incapaz de explotar
las riquezas minerales del país, de desarrollar
el potencial económico nacional y de formar
cuadros técnicos nacionales».
El sistema económico imperante en el país
no es más, como se indica en los acuerdos del
Pleno, «que una forma repelente del desarrollo
capitalista impuesto por el imperialismo a los
países recién liberados. Este sistema no es sino
una puerta abierta a la penetración del neocolonialismo y a la extensión de su dominio en
las distintas esferas de la vida del país en virtud de su poderío económico y financiero, expresado a través de los bancos, las compañías,
el crédito y las mercancías».
En estos últimos tiempos se acentúa en el
Líbano el descontento de las masas trabajadoras ante la orientación económica y política del
Gobierno. El movimiento huelguístico se extiende, y ya ha abarcado algunas de las ramas
fundamentales de la economía, como son las'
industrias eléctrica, petrolera y tabacalera. La
reciente huelga de cuatro mil obreros de la
compañía tabacalera Régie des Tabacs ha constituido un gran acontecimiento político, siendo
apoyada por vastos sectores de la opinión pública de Trípoli, Saida y otras ciudades. También ha expresado su solidaridad con los huelguistas el Partido del Progreso Social, cuyo
líder, el diputado Kamal Jumblah, ha exhortado en la prensa al Gobierno a «comprender las
necesidades y las reivindicaciones de los obreros».

EN LOS PARTIDOS COMUNISTAS 1* OBREROS

Después de referirse a los procesos que tienen lugar en el seno de amplios sectores de las
masas trabajadoras, el Pleno de febrero del CC
del Partido Comunista señaló que «el rasgo
más importante de la actual situación interna
del país son las batallas huelguísticas y las acciones sostenidas por la clase obrera y sus organizaciones sindicales, acciones a las que se
adhieren distintos sectores de campesinos trabajadores, pequeños productores del campo,
empleados y modestos funcionarios...»
La clase obrera del Líbano tiene tradiciones
revolucionarias y experiencia de lucha huelguística. Así, en los primeros años que siguieron
a la conquista de la independencia y pese a su
escasa cuantía numérica, consiguió que se aprobaran leyes sobre el trabajo, los seguros sociales y los contratos colectivos, las cuales, no
obstante sus limitaciones, representan una importante realización. Ahora, los trabajadores reclaman con creciente insistencia mejoras salariales.
Estas conquistas, logradas gracias a la lucha
indesmayable de la clase obrera y bajo la presión de un movimiento huelguístico cada vez
mayor, demuestran, como se destaca en las resoluciones del Pleno, que «el papel de la clase
obrera en la vida del país se está acrecentando, tanto por lo que respecta a su número como a su peso en la vida social y política. La
clase obrera tiene una conciencia cada vez más
clara de sus derechos y reivindicaciones. Todo
esto acrecienta la significación y la responsabilidad del movimiento sindical y hace impostergable la tarea de poner fin a la división en sus
filas».
Las resoluciones indican más adelante que
«hoy es más fuerte que nunca el deseo de unidad de los obreros y de todos los trabajadores,
independientemente de los sindicatos y organizaciones a que pertenezcan. Cada vez son más
frecuentes las acciones unidas de obreros afiliados a distintas centrales sindicales. Los centenares de huelgas que han tenido lugar en los
últimos cinco años, extendidas a distintas ramas de la industria y a diferentes empresas, han
sido apoyadas por un amplio movimiento de
solidaridad obrera».
En las resoluciones del Pleno del CC se señala también el atraso de extensas zonas agrarias del país. La lucha sostenida por los campesinos y otros habitantes de esas zonas por la
satisfacción de sus reivindicaciones sociales obligaron al Gobierno en su tiempo a estudiar la
situación y a realizar algunas míseras reformas.
Los comunistas libaneses declaran que es un
error exagerar la importancia de esos paliativos,
pese a que constituyen en sí un paso hacia adelante.
Las resoluciones del Pleno plantean tareas

concretas que deben ser realizadas en el plano
del desarrollo económico, ante todo para ampliar y fortalecer el sector público. A la v¿z
que exige una ayuda efectiva del Estado al sector público ya existente, el Partido Comunista
plantea la necesidad de «redactar y aprobar una
ley de la industria y de crear un ministerio de
Economía». Al propio tiempo, los comunistas
libaneses exigen que el Estado proteja Ja producción nacional y declaran que el Estado «debe elaborar un programa general de desarrollo
independiente y armónico de la economía libanesa». El Partido Comunista considera que ha
llegado el momento de que el Estado concentre sus esfuerzos para «robustecer y ampliar el
sector público». Es preciso, por ejemplo, que el
Gobierno tome inmediatamente en sus manos
la producción y la venta del tabaco, incorporando esta rama de la economía al sector público, el cual debe abarcar además la compañía
del puerto de Beirut, la Radio Orient y las compañías de televisión.
Las resoluciones del Pleno del CC indican
que para incrementar los ingresos del Estado y
mejorar la dirección del sector público, el Gobierno debe elevar el impuesto que pagan por el
derecho de paso de sus oleoductos a través del
país la Iraq Petroleum Company y la Aramco.
crear un sistema de impuestos para los ingresos
en rápido crecimiento y suprimir el secreto de
las cuentas bancarias. Estas medidas obstaculazarían la evasión de capitales y evitarían así toda
posibilidad de eludir la ley fiscal.
En las resoluciones se señala la necesidad de
realizar reformas radicales, en la agricultura, destacando que «las transformaciones de tipo cardinal y el progreso en la agricultura y en el
conjunto del agro presuponen una reforma agraria en beneficio de las masas campesinas, reforma que debe poner fin a las supervivencias del
feudalismo y fijar las dimensiones máximas de
la propiedad agraria privada».
Él Pleno del CC del Partido Comunista señaló que los éxitos y las realizaciones de las
fuerzas revolucionarias de todo el mundo disipan
las dudas de amplias masas de la población libanesa respecto a la necesidad y conveniencia de
que el país emprenda una vía de desarrollo progresista. El Pleno llegó a la conclusión de que
Diodos los revolucionarios y ciudadanos progresistas del Líbano, incluidos los comunistas, luchan hoy, expresando los intereses del pueblo,
por el paso del país a la vía del desarrollo no
capitalista».
El Pleno fijó en las resoluciones las principales medidas que en opinión de los comunistas
deben ser tomadas para llevar al país por la senda del desarrollo no capitalista. Estas medidas
prevén:
—la aplicación de una política exterior que

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tenga por base la lucha resuelta contra el imperialismo y el neocolonialismo, por la paz y
la coexistencia pacífica, por una verdadera política de no alineamiento;
—el quebrantamiento de las posiciones del capital imperialista, la nacionalización de los monopolios imperialistas y la puesta de los bancos,
las compañías de seguros y las casas exportadoras e importadoras en manos del Estado;
—la industrialización del país sobre la base
del sector público;
•—la solución radical del problema agrario y
la liquidación de las supervivencias del feudalismo;
—la creación de un Estado democrático nacional, asentado en una auténtica democracia
social y política;
—el fortalecimiento de los vínculos fraternales y la solidaridad con todos los pueblos árabes
sobre la base de la lucha conjunta por la independencia, la democracia y el progreso, contra
el imperialismo internacional y sus fuerzas principales —los imperialistas de EE. UU., Inglaterra y Alemania Occidental—, contra el sionismo;
—el fortalecimiento y pleno desarrollo de las
relaciones con la Unión Soviética, con todos los
países de la comunidad socialista, el establecimiento de relaciones diplomáticas con todos los
países socialistas.
El Pleno del CC del Partido Comunista exa-

89

minó asimismo la situación internacional y los
problemas de los países árabes, adoptando los
correspondientes acuerdos.
Después de señalar el creciente papel de la
Unión Soviética y de todo el campo socialista,
el Pleno constató con satisfacción el fortalecimiento de las fuerzas revolucionarias y las importantes conquistas del movimiento árabe de liberación nacional en la RAU, Argelia, Siria y
Sudán.
«El ascenso revolucionario en los países árabes
y la aparición de perspectivas de desarrollo hacia el socialismo en muchos de ellos —dícese
en la resolución del Pleno— plantean ante todos los revolucionarios, comunistas y no comunistas, nuevas tareas que elevan su responsabilidad ante el pueblo. El deber de estas fuerzas
es tomar medidas constructivas y manifestar una
iniciativa creadora para forjar y fortalecer la
unidad de todas las fuerzas revolucionarias». «Es
preciso —indica la resolución— que todos los
revolucionarias tengan plena conciencia de que
la unidad de las fuerzas revolucionarias en cada
país árabe exige la conjunción de los esfuerzos,
para borrar las huellas de anteriores malentendidos, utilizados y acentuados por el imperialismo extranjero y la reacción. Hay que acabar
con la desconfianza y las suspicacias recíprocas
y, ante todo, con las causas que dan lugar a
tendencias anticomunistas y aislacionistas».
Alí BACHIR.

Cartas, notas, informaciones

De todos los continentes
EL OLEODUCTO DRUZHBA

Frutos de una colaboración
fraternal
En las pantallas ha
aparecido la pelícu-—u— la «Oleoducto», sore la línea de con'-i— ducción de petróleo
Druzhba [Amistad].
•— Es una producción
„,»;.,.«— de los Estudios Centrales de Films Documentales de Moscú, en la que han
colaborado los estudios Cinematográficos de Varsovia,
Praga,
Bratislava,
Budapest y Berlín.
. . . El gran plano
del film nos presenil ta el curso febril de
la construcción en
inmensas latitudes
de cinco países de la
comunidad socialista: República Democrática
Alemana, Checoslovaquia, Hungría, Polonia y la
Unión Soviética.
Lo que se denomina con la breve palabra
Druzhba constituye todo un sistema de potentes oleoductos. El petróleo debe llegar incesantemente a las refinerías de Schwedt [RDA], Plock
]Polonia], Brastislava [Checoslovaquia] y Szaszhalombatta [Hungría].
Sin ese oleoducto haría falta emplear en los
transportes más de 50.000 cisternas y mil locomotoras. Por sus proporciones, el oleoducto
Druzhba —el mayor del mundo— puede figurar con razón entre las construcciones únicas en

su género. Por su audaz solución, la obra supera a los oleoductos transcanadiense y transarábigo.
Druzhba es, volvemos a decirlo, el nombre
que lleva este oleoducto. Y todo tiende en este
palpitante y veraz reportaje cinematográfico a.
exaltar el nuevo y admirable ejemplo de las relaciones fraternas entre los países socialistas.
No todo se ha logrado en el film. No todo en
él tiene igual valor. Pero subyuga por su intencionado empeño de demostrar desde la pantalla, con los parcos medios de la cinematografía documental, a la brigada internacional de
los constructores, a los hombres del trabajo que
marchan hacia un mismo objetivo bajo la bandera leninista.
Uno de los episodios iniciales de la película
nos hace ver cómo nace el gran río petrolífero.
Una columna de tractores transporta por cerros
y llanuras de Tartaria una gigantesca torre extractora.
Y lejos de Tartaria, a orillas del Danubio,
en Hungría se levanta la gran refinería a la que
dará vida el oleoducto Druzhba.
...Se tiende el kilómetro 1.405, perdido en
las espesuras de los bosques de Briansk. Realizando enormes esfuerzos, las columnas de constructores atraviesan bosques y pantanos. Y a esa
misma hora, en Ucrania, en los Cárpatos se
da remate al sector más difícil... En dura lucha con la naturaleza se tiende otro kilómetro:
el 2.395. Y así es en toda la construcción: en
Hungría, en Polonia, en Checoslovaquia y en la
RDA. Marchando al encuentro mutuo, las columnas de constructores avanzan kilómetros realizando un trabajo tenaz y nada fácil...
El film da a conocer no sólo la biografía y
el destino de los hombres, sino también el cuadro original de las ciudades cuyo género de vida, ritmo acostumbrado y fisonomía cambian
ante nuestra vista con la llegada del oleoducto.

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CARTAS, NOTAS, INFORMACIONES DE TODOS IOS CONTINENTES

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En la pantalla aparece la ciudad polaca de
Plock. Una buena mitad de sus visitantes son
pintores, que llegan allí atraídos por los viejos
templos, la catedral, los vitrales... Parece que
el tiempo se ha detenido en esta ciudad. Pero de
pronto su silencio se ve roto por... el oleoducto.
Penetra en la ciudad una interminable columna
de tubos, contemplamos las obras del combinado petroquímico y se recibe la impresión de
que otras gentes, nuevos y bulliciosos días de trabajo y nuevas relaciones humanas llegan a
la vetusta ciudad. ¿No es ésta la razón de que
en los caballetes de los pintores aparezcan paisajes industriales y de que en la exposición local
de dibujos infantiles predomine el tema del mañana, de una gran ciudad de agitado movimiento?

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Un sector tras otro es puesto en marcha. Llega el momento en que se unen los diversos trazados nacionales formando un conducto único.
Miles de hombres avanzan hacia las fronteras de
sus Estados. Se encuentran los obreros de la
Unión Soviética, de Polonia, de Checoslovaquia,
de Hungría, de la RDA. Se abrazan los soldadadores después de dejar listo el último tubo.
No son simplemente los constructores del oleoducto Druzhba, son los pueblos quienes se encuentran.
La creación del documental «Oleoducto» es
una nueva manifestación de la amistad de los
pueblos de la comunidad socialista.
K. SLAVIN

REPÚBLICA DEMOCRÁTICA

El socialismo y la revolución
científico-técnica
En la República
Democrática Alemana se presta gran
atención en el último tiempo al estudio de los problemas de la revolución científico-técnica en relación con
la construcción socialista. Los comunistas de la RDA
examinan
ampliamente estos problemas en la prensa,
Gran número de
científicos e ingenieros trabajan en ellos.
Economistas, naturalistas y filósofos se suman al proceso general
de su elaboración.
La pasada primavera tuvo lugar en Berlín un
congreso filosófico, en el que fueron abordados
especialmente los aspectos sociales y metodológicos de la revolución científico-técnica. Los resultados de las labores del congreso, en el que
participaron cerca de mil personas, fueron utilizados en el IX Pleno del CC del Partido Socialista Unificado de Alemania, en particular en
el informe del primer secretario del CC, camarada W. Ulbricht, que versó sobre «La misión

91

ALEMANA

nacional de la República Democrática Alemana
y la creación intelectual en nuestro Estado».
En el programa aprobado por el VI Congreso
del PSUA, los comunistas alemanes señalaron
que el triunfo de las relaciones de producción
socialistas en la RDA no significa aún el triunfo del socialismo. Esto se explica, concretamente, porque las fuerzas productivas y el rendimiento del trabajo no han conseguido todavía un
nivel bastante elevado. Por esta razón, señaló W.
Ulbricht en el informe presentado al IX Pleno
del CC del PSUA, «en las condiciones actuales,
la ley económica fundamental y la ley económica del acrecentamiento continuo de la productividad del trabajo reclaman de nosotros la realización sistemática de la revolución técnica. Los
trabajadores de la RDA están materialmente
interesados en el éxito de la revolución técnica,
ya que saben que de ello depende la elevación
de su nivel de vida. La revolución técnica constituye una gran fuerza motriz».
Ya no se trata del progreso técnico en general, sino de un nuevo fenómeno cualitativo. En
el congreso se señaló que ahora se está operando un viraje radical en ramas enteras de la producción, ya que las computadoras electrónicas
transforman y hacen considerablemente más eficaz la dirección de la economía y de los procesos de producción y el funcionamiento del aparato administrativo; la automatización, la cibernética, la quimización y la energía nuclear son
elementos cada vez más característicos de la producción moderna.
En el informe de H. Heyden y en muchos
discursos de los participantes en el congreso filosófico celebrado en la RDA se subrayó que una

92

CARTAS, NOTAS, INFORMACIONES DE TODOS LOS CONTINENTES

peculiaridad de la revolución técnica contemporánea es que el desarrollo de la técnica está ahora determinado directamente por la ciencia. En
estas circunstancias los marxistas alemanes se
esfuerzan por asegurar el desarrollo anticipado
de la ciencia. Conciben tal desarrollo de la ciencia no como un aspecto metodológico de la labor científico-técnica, sino como una exigencia
muy actual en la labor de investigación y en la
técnica, cuyo cumplimiento conduce en fin de
cuentas a asegurar nuestra superioridad en la
emulación económica.
El concepto del desarrollo anticipado de la
ciencia incluye resultados de la labor científicotécnica cuyo nivel rebasa los límites de lo ya conocido, es decir, investigaciones calculadas para
una perspectiva más o menos lejana. Esto se
refiere tanto a las investigaciones en la esfera
de las bases teóricas de las ciencias naturales como a los resultados técnicos de estas investigaciones en punto a la obtención de nuevas producciones y a la puesta en marcha de procesos productivos de elevado rendimiento.
Por supuesto que estas investigaciones de larga perspectiva llevan aparejados ciertos riesgos,
no se pueden predecir exactamente sus resultados. Este riesgo será, sin embargo, mucho menor a medida que se utilicen mejor las posibilidades de las formas socialistas del trabajo colectivo y de la confrontación científica de las
opiniones. Aprovechando todas las posibilidades
y ventajas de las relaciones de producción socialistas, es necesario, sobre la base de un plan especial, concentrar las investigaciones en las ciencias naturales de forma que respondan a las perspectivas y a las necesidades del desarrollo de la
economía nacional.
El cambio de la situación del hombre, productor directo de los bienes materiales, en el propic proceso de producción constituye, como se
señaló en el congreso filosófico, un importantísimo rasgo de la revolución técnica. Ya no es un
«tornillo» en el engranaje múltiple, sino el dirigente y el dueño y señor del proceso tecnológico, lo cual reviste especial importancia para el
desarrollo de la personalidad humana, para la
elevación del nivel cultural, etc. La nueva situación del hombre consiste en que es desplazado cada vez más de la participación directa
en el ciclo de producción, transmitiendo estas
funciones a las máquinas que emitan distintos
aspectos de su actividad física e intelectual.
La automatización de la producción permite
que el hombre se libere cada vez más de la participación directa en el ciclo productivo y que
un número cada día mayor de personas se incorpore a la experimentación técnica y la labor
teórica. Al elevar de manera colosal la productividad del trabajo, la automatización reduce la
jornada laboral. Mas al dar vida a formas de

trabajo creadoras, científicamente fundamentadas, exige al propio tiempo que una parte cada
vez mayor del tiempo libre sea empleado en elevar el nivel cultural de los trabajadores. La formación del productor de nuevo tipo, para el
cual la creación científico-técnica se convierte
en un elemento esencial y necesario del trabajo
cotidiano, tiene una importancia decisiva para la
producción y para la propia ciencia, puesto que
acrecen considerablemente los recursos humanos.
El capitalismo, incapaz de resolver este problema, entra en un agudo conflicto con la lógica objetiva del desarrollo de la producción y la
ciencia modernas, con los intereses de la mayoría de la humanidad, con sus necesidades. En
la sociedad socialista, donde ya la instrucción
popular ha adquirido proporciones inusitadas y
formas masivas, millones de trabajadores se incorporan a la creación científico-técnica.
En el congreso filosófico de la RDA fueron
examinadas con todo detalle cuestiones ligadas
a la relación «hombre-técnica» y los aspectos
sociales de la revolución técnica en la sociedad
socialista. En particular se- señaló la unidad de
la revolución técnica y de la revolución cultural socialista, conducente al crecimiento de las
potencias creadoras del individuo y a la formación de la personalidad humana integralmente
desarrollada de la sociedad comunista. No son los
robots la fuerza fundamental de la revolución
técnica, sino los hombres con su individualidad,
con su colaboración colectiva, que deben organizar de forma consciente, a tenor con las exigencias de la revolución técnica. La revolución
técnica es preciso concebirla como obra de los
mismos trabajadores, como una acción de las
masas populares. Es un proceso revolucionario
práctico, iniciado por las masas populares baio
la dirección del partido de la clase obrera, y en
el que se funden en un todo los cambios de las
condiciones técnicas y sociales, de la actividad
vital de los hombres y, por tanto, de los propios hombres. Es a la vez, por lo mismo, un
proceso de educación y de autoeducación del
hombre socialista.
Los marxistas alemanes vinculan estrechamente la revolución técnica en la RDA con el
nuevo sistema económico de planificación
y dirección de la economía nacional 1 , con el desarrollo de la democracia socialista y la iniciativa creadora de los trabajadores. La implantación y el perfeccionamiento del nuevo sistema
económico permiten realizar mejor la planificación y la dirección de la economía nacional de
acuerdo con las exigencias de la revolución téc1 Véase el artículo de W. Berger «La esencia y
los problemas del nuevo sistema económico», publicado en el núm. 2 de 1965 de NUESTRA ÉPOCA.

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desproporciones existentes o que puedan surgir,
alcanzar el nivel de las fuerzas productivas y
de la productividad del trabajo necesario para
una sociedad socialista desarrollada.
En las tesis y en los informes presentados en
el congreso filosófico de la RDA se prestó una
gran atención a este aspecto del problema de la
revolución técnica en el socialismo. Al contrario de lo que ocurre en los países del capital
monopolista, en los que por efecto de la revolución técnica millones de trabajadores pasan a
realizar trabajos menos calificados o son arrojados de la esfera del trabajo productivo, el
nuevo sistema económico de la RDA crea posibilidades óptimas para incorporar a las amplias masas trabajadoras a la solución de los
problemas de la producción. Con la incorporación de los trabajadores a la planificación y a la
dirección de la economía nacional y mediante
la creación y la aplicación del sistema de resortes económicos los intereses personales de los
trabajadores son puestos en consonancia con los
intereses de la sociedad y, por tanto, alcanza
toda su efectividad la fuerza motriz fundamental del desarrollo socialista.
«La revolución técnica y el nuevo sistema
económico de planificación y de dirección de
la economía nacional —señaló W. Ulbricht en
su informe en el IX Pleno del CC del PSUA—
están ligados al ulterior desarrollo de la democracia socialista. La observancia estricta de los
procesos tecnológicos exige, sin duda, un orden
riguroso y una alta disciplina de trabajo, Pero,
a la vez, en un Estado socialista los trabajadores participan de modo directo en la elaboración y realización del plan.. . Por esta razón
adquieren mayor importancia las reuniones de
producción, la labor de los comités de producción en las empresas y la emulación socialista.
El arte de organizar el proceso de producción
en una empresa consiste en ligar el convencimiento de los trabajadores de que su trabajo reviste importancia para ellos mismos y para la
sociedad con el movimiento de las brigadas de
trabajo socialista y de las colectividades laborales socialistas, con la emulación socialista y
también con la aplicación de diferentes incentivos materiales».
La participación creadora de las amplias masas populares en la edificación socialista constituye el único camino justo que permite superar con éxito los elementos de burocratismo y
de rutina, asegurar la realización de la revolución técnica y de esa manera elevar al máximo
el desarrollo de las fuerzas productivas de la
sociedad socialista. En el informe al IX Pleno
del CC del PSUA se dice que «la superación de
las formas dogmáticas en la dirección de la
economía y la eliminación de las trabas buro-

93

cráticas tiene para nosotros un significado de
principio, ya que es parte de nuestra lucha por
poner en práctica la revolución técnica».
Al desarrollar la iniciativa de las grandes
masas populares, el socialismo crea unos fundamentos sólidos para el progreso en la esfera de
la ciencia y de la técnica. Lenin subrayó repetidas veces que el carácter científico de los métodos de organización es el criterio fundamental que sirve para juzgar acerca de su concordancia con los requerimientos del desarrollo de
la economía socialista, que los esfuerzos encaminados a la organización del trabajo se puede permitir que «continúen.. . sólo en el caso
de que estén a la altura de la ciencia moderna
y si nos proporcionan todas sus conquistas» \
Precisamente de acuerdo con este pensamiento
leninista, los comunistas de la RDA abordan la
tarea de elaborar la ciencia sobre la dirección
de la sociedad socialista. Llevan mucho tiempo ocupándose de esta ciencia de la dirección
de la economía y del Estado, ya que, como lo
demuestra la experiencia, con las formas y los
métodos anteriores de dirección ya no es posible resolver las nuevas y complejas tareas. Se
vieron en la necesidad de lograr progresos en
este terreno para poder dar solución a los problemas de la economía.
Los comunistas de la RDA han sometido a
un análisis crítico la teoría de la dirección de
las empresas capitalistas y se proponen crear su
propia teoría de la dirección de las empresas
socialistas y de las agrupaciones de empresa.
Sus ideas fundamentales fueron expuestas en el
V Pleno del CC del PSUA. Se trata de una
ciencia de la dirección que permita aprovechar
todas las ventajas del régimen socialista. Comprende el sistema de dirección, el sistema de
adopción y puesta en práctica de las decisiones
de las colectividades, los métodos más eficaces
de dirección de las colectividades laborales y la
aplicación de los medios de organización y técnicos más modernos en el proceso de dirección.
Los marxistas de la RDA tienen el propósito
de elaborar las ideas fundamentales de la actividad laboral de las colectividades en el socialismo y de aplicarlas a toda la labor del Estado, del Partido y de otras organizaciones sociales.
A este respecto se plantea que en la dirección de la sociedad socialista sean tenidos en
cuenta los cambios operados en la economía,
en toda la vida de la RDA y en la conciencia
del pueblo, cambios que han dado lugar a que
hoy cristalice de otra forma la interdependencia
dialéctica entre la sociedad en su conjunto y las
colectividades laborales y cada trabajador, la
1 Obras Completas, t.
Cartago, Buenos Aires.

XXXIII,

pág.

451.

Edit.

94

CARTAS, NOTAS, INFORMACIONES DE TODOS LOS CONTINENTES

correlación entre el centralismo y la democracia, entre dirigentes y subordinados, entre la
disciplina y la autonomía, entre la asignación
de deberes y la responsabilidad personal. Adquiere especial significado el problema de la
preparación de cuadros dirigentes que estén al
nivel del desarrollo mundial de la ciencia y de
la técnica, estrechamente ligados al pueblo y
capaces de llevar a cabo su actividad orientadora en las condiciones de la ampliación de la
democracia socialista, de aplicar creadoramente
la teoría marxista-leninista de adoptar decisiones
de manera colectiva manteniendo la responsabilidad y la iniciativa de cada miembro de la colectividad. En el informe al IX Pleno del CC del
PSUA se señala que en este sentido juega un

importante papel la formación de la personalidad de los dirigentes, la educación con ayuda
de las colectividades, basada en la preparación
científica y práctica de los propios dirigentes.

Tales son algunos de los problemas a cuyo
estudio se aplican intensamente los marxistas de
la RDA, que se han propuesto la tarea de llevar a cabo la revolución científico-técnica en la
RDA y de utilizar sus resultados de la forma
más completa y operativa posible para acelerar
la construcción del socialismo.
J. G R I N B E R G

ESPAÑA
Por tradiciones históricas, las fuerzas obreras y democráticas han encontrado siempre en la causa de la
libertad del pueblo español un terreno de cooperación
La lucha antifranquista ha cobrado nuevas dimensiones con la multiplicación de vastas acciones de masas
de obreros, campesinos, estudiantes, intelectuales. En
solidaridad con el pueblo español, comunistas, socialistas, cristianos, sindicatos obreros y otros demócratas se unen en iniciativas comunes dentro de cada
país y a escala internacional...
[Del Comunicado de la Conferencia «le
los partidos comunistas de los países
capitalistas de Europa.]

El combate por la democracia
continúa
En 1963 Franco y
su camarilla asesinaron a Julián Grimau.
En 1965 intentaron
asesinar a-Justo López de la Fuente.
Pero en dos años se
han operado tales
cambios que el franquismo, no ahito aún
de sangre, tuvo que
doblar la cerviz. El
nuevo proceso no llegó a celebrarse.
Ha sido ésta una importante victoria sobre el
fascismo, una victoria de los hombres de buena
voluntad de todo el mundo y principalmente de

las fuerzas democráticas de la propia España.
Ella ha dado la medida de nuestra fuerza y de
la debilidad de nuestro enemigo, ha mostrado
la dirección que sigue el desarrollo de la conciencia de la sociedad española y ha confirmado la justeza del camino trazado por el Partido
Comunista para continuar la lucha y alcanzar
victorias más importantes y decisivas.
Para apreciar en todo su valor la significación de esta victoria y la justa política de reconciliación nacional de nuestro Partido, es
preciso comprender el carácter de la política
fascista de represión, ver qué es lo que mueve
a los franquistas a cometer esos salvajes y abominables crímenes políticos. Comprendiendo esto comprenderemos también por qué mataron
en 1963 a Julián Grimau y por qué no se decidieron a hacer lo mismo con Justo López de
la Fuente en 1965, aunque estaba ya todo el
tinglado urdido para llevarle al paredón de la
muerte.
El grupo más incivil de la dictadura no tiene
futuro. Saben que es un lastre que será lanzado

por la borda, a
sia de libertad
grupo carece d
magogia popula
seno mismo del
peí y cada día
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en una vía mué
piensa que sólo
podría alargar s
Por eso asesi
Por eso intenta
1965. No se ir.
lítica, sino de al
a la vez, el coi
yos, perpetuar c
odio que dividk
tentó, frenar el
el ascenso de 1
sujetar el agua
inutilidad deíir.e
tos de España. 1
se desarrollan a
golpes a la catx
tido Comunista
sólo de Julián
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trucción sistema
nares de sus orí
grarán jamás ac
car ni desviar s
comprendida y i
bajadores, sino
nacional.
Sin embargo,
intento, el de n
las consecuencia
po han jugado <
atados a su car
sieran desuncirse
va vida. Francc
granajes represiv
y ahora desarro
futuro por los c
25 años de repn
a cabo no excht
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parte, comproms
presión contra
sistema de denuí
píritu de vengai
sacres en públicc
paña, sobre todc
siguieron al fin i
Naturalmente,
jaron de ser lo
dados y hace m
dos del franquis
prestan al juego.

CARTAS, NOTAS, INFORMACIONES DE TODOS LOS CONTINENTES

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al paredón de la
dictadura no tiene
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por la borda, ante la lucha del pueblo y el ansia de libertad y paz que siente el país. Este
grupo carece de recursos políticos, de una demagogia popular efectiva. Otras capillas en e!
seno mismo del monstruo intentan jugar ese papel y cada día hacen su gimnasia «europeizante» y «liberalizadora». Franco sabe que marcha
en una vía muerta, en un callejón sin salida. Y
piensa que sólo frenando la lucha de las masas
podría alargar su fin.
Por eso asesinó a Julián Grimau en 1963.
Por eso intentaba asesinar a Justo López en
1965. No se trataba sólo de una venganza política, sino de aterrorizar a las masas y renovar,
a la vez, el compromiso de sangre con los suyos, perpetuar el meridiano de ofuscación y de
odio que dividió a los españoles. El primer intento, frenar el auge del movimiento obrero v
el ascenso de la oposición nacional, es como
sujetar el agua en una malla, un sueño cuya
inutilidad define el curso de los acontecimientos de España, las grandes luchas de masas que
se desarrollan a lo largo de todo el país. Los
golpes a la cabeza, es decir, los golpes al Partido Comunista de España, el fusilamiento no
sólo de Julián Grimau, sino de miles y miles
de dirigentes y militantes comunistas, y la destrucción sistemática durante 25 años de centenares de sus organizaciones, no lograron ni lograrán jamás acabar con el Partido, ni falsificar ni desviar su política que cada vez es más
comprendida y compartida no sólo por los trabajadores, sino por otros sectores de la vida
nacional.
Sin embargo, no hay que despreciar el otro
intento, el de mantener el temor al futuro por
las consecuencias del pasado. Franco y su grupo han jugado con esa zozobra para mantenei
atados a su carro a muchos aliados que quisieran desuncirse para incorporarse a una nueva vida. Franco logró entrampillar en los engranajes represivos a una gran parte de España
y ahora desarrolla constantemente el temor al
futuro por los compromisos contraídos en estos
25 años de represión. Esta represión fue llevada
a cabo no exclusivamente por grupos o tribunales especializados. Franco intentó, y logró en
parte, comprometer a media España en la represión contra la otra media, estimulando el
sistema de denuncias y testigos, el odio y el espíritu de venganza, recurriendo incluso a masacres en público en las aldeas y pueblos de España, sobre todo en los tres o cuatro años que
siguieron al fin de la guerra civil.
Naturalmente, la mayoría de estas gentes dejaron de ser lo que fueron, se sienten defraudados y hace mucho tiempo que están apartados del franquismo o frente a él. Ya no se
prestan al juego, pero en un rincón de su con-

95

ciencia vive agazapado el recuerdo del pasado
y la incertidumbre ante el futuro.
El general Franco y su grupo, en el asesinato de Julián Grimau y en el frustrado intento de asesinar a Justo López, trataban de reverdecer y prolongar este pacto de sangre, desarrollar el temor a las responsabilidades del
pasado y atar a muchos españoles a esta noria
alucinante. Cuando Julián Grimau hubo bastantes inhibiciones. En la defensa de Justo López ha habido una mayor toma de conciencia
y muchos que ayer callaron, hoy han rechazado la complicidad del silencio. Han comprendido que «aquello de Julián Grimau» no fue
un hecho excepcional, aislado, sino una política
fríamente calculada, de mantener viva la venganza de la «España nacional» contra la «España republicana».
Y los grupos de la guerra civil han quedado
solos e impotentes. España entera desea entrar
en un período de paz y de seguridad.
Acaso nada explica tan claramente este deseo colectivo como ese último rosario as procesos contra católicos y monárquicos, contra
comunistas y socialistas, contra hombres y mujeres de no importa qué universo político o
religioso y aun de distinta clase social. Y esas
manifestaciones de obreros, de estudiantes, de
sacerdotes ...
Nosotros, los comunistas, reafirmamos nuestra lucha por una España libre y democrática,
donde puedan vivir todos los españoles en paz
y sin temores.
Cuando Angela Grimau, hace dos años, expresaba su deseo de «que la sangre de Julián
Grimau fuera la última» que se derramara en
España, lo hacía pensando no sólo en la vida
de los republicanos, sino también en la vida
de los otros, los que estaban en el otro lado
y hoy aspiran a una España sin odios, una España en paz. Y esta paz debe ser para todos
los españoles, superando el pasado y apartando a los verdaderos y únicos responsables, que
son Jos que se empeñan en mantener a España dividida por el odio de la guerra civil y
quieren frenar el paso hacia la libertad con el
fantasma del terror a la revancha democrática.
Cuando España tuvo conocimiento de que
un nuevo «caso Grimau» se preparaba en Madrid, que se intentaba llevar a la muerte a Justo López por supuestas actividades de hace 27
ó 28 años, la mayoría de los españoles de ayer
y de hoy, de este y aquel lado, se preguntaron
con inquietud:
¿Hasta cuándo va a estar abierta la cuenta
de la guerra civil?
¿Es que España seguirá siempre dando tumbos sobre su propia sangre, arrancándose sin
fin del corazón sus hijos?
¿Los españoles estaremos eternamente conde-

96

CARTAS, NOTAS, INFORMACIONES DE TODOS IOS CONTINENTES

nados a vivir sin paz, sobresaltados, con el mañana inseguro, temiendo una venganza de turno?
Y los españoles de ayer y de hoy, los viejos
y los jóvenes, los de dentro y los de fuera, los
comunistas y los católicos, dijeron que no, que
era necesario cerrar la cuenta de la guerra civil. Este pensamiento es cada vez más general
y desembocará inevitablemente en la conclusión de que sólo apartando a la dictadura, será
posible desmilitarizar el pensamiento, desarmar
el odio, abrir para España un período de seguridad y libertades.
Es por eso por lo que además de la lucha
del pueblo, y a su cabeza los comunistas y la
clase obrera que tomaron en sus manos la defensa de Justo López, han existido múltiples
gestiones privadas, otras oficiosas y algunas públicas como la del obispo de Salamanca, que
se pronunció desde el pulpito contra la pena
de muerte, refiriéndose concretamente al caso
de Justo López.
La misma circunstancia de que su defensor
fuera don Mariano Robles, oficial del ejército
de Franco, que combatió en el bando opuesto
durante la guerra civil, expresaba el espíritu de
reconciliación de aquella España dividida.
Quienes en primer término han salvado a
Justo López han sido los mineros asturianos,
los trabajadores vascos y catalanes, los metalúrgicos y obreros de la construcción madrileños,
los sacerdotes que se manifestaron, los estudiantes y profesores que luchan en las universidades y las calles, y otros grupos políticos y capas sociales, personalidades de ayer y de hoy,
de este y del otro campo, que quieren detener
la sangre e impedir que España viva siempre
al borde de la guerra civil y el fratricidio.
Cierto que hemos golpeado sin descanso y
que desde dentro y desde fuera hemos concitado fuerzas poderosas; pero que un trozo de la
muralla se haya venido abajo en 20 días, demuestra que Franco es un coloso con los pies
de barro, incapaz ya de imponer, contra toda
razón, su bestial intolerancia. En 20 días de
movilización y de lucha, en España y en el
mundo, hemos obligado a cancelar el proceso
militar abierto contra Justo López, dirigente
obrero y comunista. Esto es inconcebible si no
reparamos en los profundos cambios que se han
operado y se están operando en España.
Hace dos años, cuando asesinaron a Julián
Grimau, estos cambios estaban ya apareciendo
con fuerza, pero no tenían el peso actual. Recientes estaban las huelgas de los mineros asturianos, pero aún no quedaba claro para muchos, y probablemente tampoco para el franquismo, si estas luchas obreras, de masas, se
generalizarían alcanzando planos superiores de
continuidad, de organización y desarrollo. En
todo caso el franquismo, los más «duros», con

la cómplice inhibición de los «blandos» del régimen, ante la amenaza de la extensión de la
lucha y ante el peligro de que esta acción encontrase la solidaridad de otros sectores y polarizase a la creciente oposición nacional, quisieron cerrar el paso con sangre, con la sangre
de Julián Grimau, es decir, con sangre comunista, y, tratar de escarmentar en Julián Grimau
a todo el pueblo.
Entonces, pese a la indignación mundial, pudieron hacerlo. Hoy no les ha sido posible.
Precisamente porque la sangre de Julián Grimau no aterrorizó a las masas, sino que las
excitó a redoblar la lucha. Quienes se asustaron
y aprendieron en este crimen fueron muchas
fuerzas y personas, aliadas ayer del franquismo,
que vieron en aquella reapertura de la guerra
civil una-, vertiente trágica para España. Por eso
Julián Grimau, desde su muerte interminable,
ha contribuido poderosamente a la salvación de
Justo López de la Fuente, ganando, junto con
su pueblo y con el mundo, esta batalla después
de muerto.
Los españoles que se han batido por la vida
de Justo López, y no ya sólo los comunistas y
los obreros, que luchaban por defender a un
militante de su partido y a un hermano de clase, sino otros grupos y personas, han comprendido que defendiendo a Justo López se defendían a sí mismos, defendían la vida misma y
el futuro de España. Por eso la victoria alcanzada ha supuesto algo más que la salvación de
un hombre. La salvación de Justo López, la
anulación de su proceso, Ka sido ante todo un
triunfo de la política de reconciliación nacional
frente al espíritu de guerra civil que pretenden
perpetuar los grupos más enconados y brutales.
En definitiva, un triunfo de España frente a la
dictadura.
Este triunfo no ha llegado solo. El sobreseimiento del proceso militar contra los 38 presos
de Burgos, la disolución por incompetencia del
'Tribunal que iba a juzgar a los encartados en
el expediente de Levante, el fallo del Tribunal
Supremo de Justicia Militar en favor de la querella presentada por los presos políticos, junto
con la anulación del proceso de Justo López
por el Capitán General basándose en la prescripción, son claros exponentes de la situación
defensiva de la dictadura, de las contradicciones, que afectan ya al mismo ejército; de la línea de retirada que se han visto obligados a
ocupar Franco y los maníacos de la guerra civil. Después del asesinato de Julián Grimau el
franquismo tuvo que ceder ante la presión internacional y la lucha interior, retirando del
escenario al coronel Eymar y su Tribunal de
excepción, creando el Tribunal de Orden Público.
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recer a los tribunales militares han sufrido una
gran derrota como resultado de la lucha del
pueblo, de la actitud de los abogados, de los
esfuerzos comunes por conseguir que España se
convierta en un Estado de derecho.
Sin embargo, sería pueril creer que la victoria de Justo López quiere decir que el enemigo
ya. está vencido, que la represión será abandonada, que ya nadie estará en peligro en España. En estos momentos de retroceso de la dictadura, cuando el mundo ha demostrado una
vez más que está a nuestro lado, cuando los
obreros y los estudiantes ganan las calles, las
fábricas y las universidades gritando: «¡Libertad y democracia para España!», hay que seguir luchando para transformar esta retirada en
una derrota general y completa.
La anulación del proceso abierto contra Justo López, basada en que los delitos prescriben
a los 20 años, supone explícitamente la confesión oficial de que Julián Grimau fue asesinado. Los abogados deben plantearse y se plantean ya la inexcusable obligación de exigir la
revisión del proceso de Julián Grimau y de
cuantos fueron juzgados con esta conculcación
de la ley. Unida a la lucha que hoy mantiene
nuestro pueblo por sindicatos verdaderos, por
el derecho de huelga, de asociación y de palabra, la batalla contra la represión y las formas
fascistas de poder constituye una necesidad primaria en el camino hacia las libertades democráticas en España.
Justo López ha sido salvado de la muerte.
Hay que arrancarlo de la cárcel. Hay que exigir la anulación del proceso contra los detenidos en Valencia y todos los procesos en curso
por actividades políticas. Hay que imponer_la
amnistía general e inmediata para los presos
políticos y el fin de la represión en España.
La victoria sobre el fascismo arrancando de
las manos del verdugo a Justo López de la
Fuente prueba que en España se avecinan cambios. Se producirán tanto más rápidamente
cuanto mayor sea la solidaridad internacional
que apoye y active este proceso.
Hace dos años, cuando el general Franco y
el coronel Eymar fraguaban el asesinato de
Julián Grimau, pocos creían que se atrevieran
a cometerlo. Estaba contra toda lógica política
y humana. La indignación despertada por la
farsa judicial y por la condena a muerte dictada por el tribunal militar alcanzó tales proporciones que parecía que el clamor de protesta terminaría por derribar los muros de la
cárcel. Pero mataron a Julián Grimau.
Después, cuando el crimen se produjo, el
mundo se puso en pie con la conciencia erizada por el horror y el asombro. Por eso, en
esta ocasión, todo el mundo sabía que Franco
y su cuadrilla querían matar y matarían si no

TODOS I-OS CONTINENTES

97

reuníamos urgentemente la protesta necesaria
para evitarlo. Y el mundo, sin perder tiempo, se
puso en pie antes de que fuera demasiado tarde.
Es imposible valorar toda la movilización llevada a cabo en Europa y América; las gestiones realizadas oficial u oficiosamente por organizaciones y personalidades e incluso por
gobernantes; las manifestaciones de masas [algunas llenas de pasión, como las de Bélgica y
Alemania Occidental]; los cientos de actos públicos; las intervenciones de la Iglesia y la inquietud del mismo Vaticano; los miles de peticiones, firmas, telegramas que cruzaron hacia
España ardiendo de indignación y de protesta;
las delegaciones que permanentemente han golpeado las puertas de las embajadas y consulados franquistas. Casi todas las organizaciones
internacionales de signo progresivo se han dirigido al Gobierno de Franco. Interpelaciones
parlamentarias en Italia, Venezuela, Uruguay,
etc., cientos de actos en Grecia, Dinamarca,
Francia, Holanda, Suiza, Inglaterra, Alemania . . . , en la Unión Soviética y en otros países
socialistas.
La contribución a esta movilización internacional de los españoles en el exilio y especialmente
del gran contingente de jóvenes emigrados ha
sido realmente espectacular. Con audacia y
riesgos evidentes los españoles se han batido
ante los consulados y embajadas franquistas,
han producido incesantemente iniciativas para
multiplicar octavillas, sellos, mítines y otras formas de llevar el mensaje de Justo López a la
opinión pública. Muchos de ellos han sido detenidos, un núcleo importante continúa encarcelado en Alemania Occidental.
Cuando toda esta avalancha se volcaba diariamente sobre España, la conferencia de prensa de nuestra camarada Dolores Ibárruri, su
petición de ir a declarar como testigo en el
acto del Consejo colmó el vaso de la confusión
franquista y se vieron obligados a tocar retirada.
Estas acciones exteriores, el mundo en pie
para impedir el crimen, han constituido una
formidable fuerza de presión, un factor importante en la salvación de Justo López.
En esta lucha, cuyos factores decisivos tienen que desarrollarse en el interior del país,
necesitamos, sin duda alguna, la solidaridad activa de todos los hombres y mujeres del mundo
y en particular el apoyo de las fuerzas progresivas y democráticas. La solidaridad con el
pueblo español no es un asunto exclusivamente
sentimental, sino participar en una batalla propia. La reconquista de la libertad y la democracia en España significaría no sólo un bien
para nosotros, los españoles, sino una victoria
al mismo tiempo para la democracia en Europa y en el mundo. La liquidación del franquis-

98

CARTAS, NOTAS, INFORMACIONES DE TODOS IOS CONTINENTES

mo seria, en el terreno de la estrategia genera!
de la democracia y el socialismo, una victoria
universal que descompensaría el fiel de la balanza y colocaría en plano inclinado y favora-

ble la lucha de las fuerzas pacíficas y democráticas del mundo y particularmente dé Europa, frente al neofascismo y la guerra.
Marcos ANA

ÍM

Antecedentes
de un levantamiento heroico
La explosión revolucionaria en la República Dominicana y
la lucha nacional-revolucionaria del pueblo dominicano contra
la brutal agresión del
imperialismo
yanqui
han hecho de nuestro pequeño país uno de los
puntos cruciales de la lucha mundial de los
pueblos oprimidos por la libertad y la independencia.
Para comprender acertadamente las causas y
el carácter de lo sucedido hay que recordar algunos hechos de un pasado no lejano.
En el momento de la muerte del dictador Rafael Trujillo, el 30 de mayo de 1961, la República Dominicana había sido prácticamente aislada de los demás Estados latinoamericanos. A
causa de los desmanes y crímenes del sátrapa
todos los países de América Latina, y por intermedio de la Organización de Estados Americanos, habían impuesto a la República Dominicana, desde el verano de 1960, fuertes sanciones
diplomáticas, políticas y económicas. Como
resultado de estas sanciones se vieron perjudicados los intereses del capital extranjero en
nuestro país. La compañía norteamericana propietaria del ingenio azucarero Central Romana
fue de las más afectadas.
En un clima de impetuoso auge revolucionario en los países de América Latina, la prolongación de la dictadura más odiosa del hemisferio
occidental cerca de la Cuba revolucionaria
entrañaba para el imperialismo norteamericano
serias y múltiples complicaciones políticas. La
solución que se dio a la crisis fue la eliminación
física del tirano, que se había convertido en un
problema para sus amos de Washington.
La eliminación de Trujillo fue el punto de
partida de trascendentales acontecimientos, sobre todo porque abrió un mundo de posibilidades a todos los sectores de la población en

REPÚBLICA DOMINICANA

la República Dominicana. Esas posibilidades serían aprovechadas de muy distinta manera poicada uno de esos sectores.
La dictadura no terminó automáticamente
con la muerte del dictador. Su hijo mayor Ramfis Trujillo y Joaquín Balaguer, el títere que
ejercía la presidencia en el momento de su
muerte, se mantuvieron en el poder durante
unos cuantos meses.
En el transcurso de este tiempo la vida social, económica y política del país sufrió algunas transformaciones. Regresaron algunos emigrados y se fundaron algunos partidos políticos. A pesar de que continuaba existiendo la
dictadura, se sentía renacer la vitalidad del pueblo e iban perfilándose algunas formas de lucha. Mientras permanecieron los Trujillos en el
país, los Estados Unidos no se atrevieron a levantar las sanciones económicas por temor a
las repercusiones que ello tendría tanto dentro
como fuera de la República Dominicana. Como las sanciones no habían sido levantadas después de la muerte de Rafael Trujillo, la situación económica de los herederos del tirano era
muy precaria. El consulado de los Estados Unidos seguía funcionando y su vicecónsul Hill
manipulaba entre bastidores con vista a crear
una situación que les fuera favorable para recuperar lo perdido en el control económico.
Las maniobras del vicecónsul Hill dieron su
fruto y en noviembre de 1961 el general Ramón Rodríguez Echavarría encabezó un golpe
de Estado y expulsó del país al remanente de
los familiares del dictador pero se quedó Balaguer en la presidencia. Así se habían salvadolas apariencias y las sanciones fueron levantadas.
Balaguer, que gozaba del pleno apoyo de los
imperialistas de EE.UU., inició una política demagógica que engañó a algunas capas populares. Derogó algunos de los últimos impuestos
de Trujillo, gastó parte del tesoro público en
regalos para algunos sectores pobres del pueblo
y, en fin, tomó una serie de medidas que por
un momento pareció q*ue mantendrían en el poder a este fiel lacayo de la dictadura trujillista.
Pero pronto la política demagógica de Balaguer entró en contradicción con una parte de
la burguesía, encabezada por el partido reac-

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ambicionaba el poder. En aquel período no se
contraponía una alternativa revolucionaria eficaz a la lucha desplegada por el poder en el
seno de la camarilla gobernante reaccionaria.
Las fuerzas de izquierda eran muy débiles. No
se había permitido el regreso de sus líderes más
destacados, entre ellos toda la dirección del
Partido Socialista Popular Dominicano, el partido de los comunistas dominicanos. Una de
las fuerzas progresistas que estaba activa era el
Movimiento 14 de Junio; pero entonces no había logrado consolidarse, como lo hizo después.
Otro grupo de izquierda era el Movimiento Popular Dominicano; pero éste tampoco tenía una
línea de acción definida. Como resultado de
todo esto una parte considerable de las masas
populares se vieron desorientadas y siguieron
las consignas de los partidos de derecha o de
los liberaloides.
A fines de noviembre y comienzos de diciembre de 1961 la Unión Cívica Nacional patrocinó una huelga general para derrocar a Balaguer. Aunque no se consiguió este objetivo, la
huelga le obligó a hacer concesiones a la burguesía y a formar un Consejo de Estado de siete miembros que debía gobernar junto con él.
Un mes más tarde otra huelga general hizo ai
fin renunciar a Balaguer y al general Rodríguez
Echavarría, quien desde el golpe de Estado de
noviembre de 1961 había fungido de hombre
fuerte a su lado.
El Consejo de Estado, dominado por los reaccionarios de la Unión Cívica Nacional, gobernó hasta el 27 de febrero de 1963. En esa
fecha, y por primera vez después de más de 30
años de dictadura, se instauró el gobierno constitucional de Juan Bosch. Fue el primer Gobierno de la República Dominicana elegido poi
el pueblo en las elecciones generales celebradas
en diciembre de 1962.
Juan Bosch fue uno de los emigrados que regresaron durante el Gobierno de Ramfis Trujillo-Balaguer. Su vida política tuvo muchos altibajos. Fue una de las figuras más discutidas
entre los miles de emigrados que regó la dictadura trujillista por todo el mundo. Había sido
amigo íntimo, colaborador y consejero de los
ex presidentes Carlos Prío, de Cuba; Rómulo
Betancourt, de Venezuela, y José Figueres, de
Costa Rica. También sostuvo estrechas relaciones con Luis Muñoz Marín, ex gobernador de
Puerto Rico. Por eso se pensó que su Gobierno
seguiría las pautas de entreguismo total al imperialismo norteamericano trazadas por sus viejos amigos. Los estrategos latinoamericanos del
Departamento de Estado pensaban lo mismo.
El propio presidente Johnson, entonces vicepresidente, asistió a la toma de posesión de
Bosch.

99

Pero las cosas tomaron un rumbo inesperado
para los imperialistas. Bosch dijo en su discurso inaugural que mientras él gobernara, en la
República Dominicana no perecería la libertad.
A diferencia de Betancourt y compañía trató
sinceramente de cumplir esta promesa.
Una de las primeras medidas de Bosch fue
cancelar el desigual contrato concluido por el
Consejo de Estado con el consorcio norteamericano Standard Oil of New Jersey para la construcción y explotación de una refinería de petróleo en la República Dominicana.
Varios consorcios norteamericanos hicieron
ofertas para la construcción de una represa hidroeléctrica. Bosch le dio el contrato a una
empresa suiza.
Durante los pocos meses de su gobierno, el
precio del azúcar en el mercado mundial subió
varios puntos sobre los niveles normales. Eso
equivaldría a que todas las empresas azucareras
obtendrían ese año un beneficio adicional de
varios millones de dólares. Bosch cortó esos
beneficios al fijar un precio tope después del
cual el excedente era para el Estado dominicano.
La Constitución de abril de 1963, surgida
de una Constituyente en la que el partido de
Bosch tenía una gran mayoría, es una de las
más liberales y democráticas de América Latina. Legaliza a todos los partidos políticos, prohibe el latifundio y la venta de la tierra a las
personas extranjeras. Jamás durante su gobierno
atacó abiertamente a la Revolución Cubana ni
a su líder Fidel Castro.
Todo esto explica por qué en septiembre de
1963 el Gobierno de Bosch fue derrocado por
un golpe de Estado en el que la embajada norteamericana, el Pentágono y la Agencia Central
de Inteligencia tuvieron su participación acostumbrada en estos casos.
Los reaccionarios dirigentes de la política
norteamericana no podían perdonar a Bosch su
«desviación» de la línea Prío-Betancourt-Figueres-Muñoz Marín. El «crimen» de Bosch es de
los que no olvidan jamás los imperialistas: dar
un poco de libertad, disminuir las ganancias de
sus consorcios y abrir posibilidades al pueblo
para que mejore sus condiciones de vida.
Tampoco a nadie cogió de sorpresa cuando
en abril de 1965 el presidente Johnson envió á
sus «marines» a ocupar militarmente el suelo
dominicano en el momento en que un grupo de
oficiales jóvenes del ejército, encabezados por
el coronel Francisco Caamaño, trató de restituir
la Constitución con Bosch en la presidencia.
Pero en la primavera de 1965 ha sucedido
en Santo Domingo algo imprevisible para los
obtusos dirigentes de la política de Washington,
quienes estudian los problemas actuales del mundo a través de las estrechas concepciones his-

100

CARTAS, NOTAS, INFORMACIONES DE TODOS LOS CONTINENTES

tóricas de su sistema caduco y anacrónico. Lo
que habían calculado como una operación fácil
y corta se ha convertido en un conflicto prolongado cuyas repercusiones han llegado a todos
ios ámbitos del mundo.
El gesto del coronel Caamaño al entregar las
armas al pueblo para que defienda la democracia, su soberanía y su derecho a la autodeterminación, ha creado una situación que los estrategos del Pentágono no podían prever y que
no saben cómo enfrentarse a ella. La repulsa
mundial de su crimen ha deteriorado aún más
la situación internacional de los Estados Unidos.
Todavía más catastrófica ha sido la caída de
Ja Organización de Estados Americanos por su
participación en los crímenes del imperialismo

yanqui. El cinismo con que han actuado las marionetas yanquis dentro de este organismo lo ha
caracterizado definitivamente como el «Ministerio de Colonias» de los Estados Unidos.
Pero lo que más preocupa al Presidente Johnson y a sus a láteres es el sentimiento antiyanqui que ha despertado en toda la América Latina la ocupación del territorio dominicano. Después de la heroica hazaña de los hermanos de
Cuba, la lucha de nuestro pueblo, los grandes
sacrificios que realiza, son una antorcha más
que enciende en todas las llanuras y montañas
del continente latinoamericano la llama de la lucha por la liberación nacional de sus pueblos,
oprimidos por el imperialismo norteamericano.
Pedro DURAN.

ta INDIA
¡Libertad
para los presos políticos!
En India no cesan las persecuciones contra los comunistas de «izquierda» y otros demócratas y ha pasado a ser una práctica bastante extendida su encarcelamiento sin formación de causa. Haciendo
obstinadamente oídos sordos
a las protestas de la
opinión pública india y mundial, las
autoridades efectuaron recientemente nuevas detenciones de dirigentes de la clase obrera y de las fuerzas democráticas en Tripura, Madhya-Pradesh, Maharasthtra, Assam y en otros estados. El número
de personalidades del movimiento democrático
detenidas en el último tiempo ha pasado de 1.000
a 1.200.
Las condiciones en que se encuentran los presos políticos empeoraron de día en día. Les niegan las cosas más indispensables. Por ejemplo,
en la cárcel de Bombay ha muerto el destacado
militante sindical Parab por no haberle prestado
la necesaria asistencia médica. La administración
de la cárcel desoyó la reclamación del preso, que
se encontraba gravemente enfermo.

S. S. Mirajkar, presidente del Congreso Sindical Panindiq y ex alcalde de Bombay, seriamente enfermo, está también recluido en la cárcel
de Bombay. El Gobierno rechaza todas las demandas de que sea puesto en libertad durante
el tiempo necesario para seguir un tratamiento.
Susheela Gopalan [esposa del líder de la opsición
comunista en el Parlamento, A. K. Gopalan] se
halla junto con un hijo de ocho años en el hospital de Trivandrum, bajo vigilancia redoblada
de la policía.
Más de 400 presos políticos padecen diferentes enfermedades originadas por la mala alimentación, la falta de aire sano y su prolongada
permanencia en celdas individuales.
La decisión del Gobierno de no permitir la
vista pública de las causas de acuerdo con las
leyes del país, la negación de asistencia jurídica
a los presos y el encarcelamiento de patriotas
sin formación de causa por espacio de más de
medio año son hechos que prueban la brutal
violación de las normas democráticas más elementales previstas por la Constitución de la India.
Los actos antidemocráticos de las esferas gobernantes del país, el mantenimiento del estado
de emergencia y de la llamada «Ley de defensa
de la India» constituyen una grave concesión
a las fuerzas archirreaccionarias. El Gobierno no
presta atención a las insistentes exigencias de la
opinión pública democrática del país de que se
ponga en libertad a los presos políticos. Sin embargo, incluso el Libro Blanco presentado al
Parlamento por el Ministro del Interior Nanda
no contiene ninguna prueba que confirme la
culpabilidad de los detenidos.
La inconsistente acusación contra los presos

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políticos fue resueltamente rechazada por la población de Kerala, que eligió para la Asamblea
Legislativa del Estado a 29 candidatos detenidos, derrotando a los candidatos del Congreso
Nacional Indio, partido gobernante. Sin embargo, el Gobierno de la India se negó a poner en
libertad a los diputados elegidos. Infringiendo la
Constitución, disolvió la Asamblea Legislativa e
impuso al mencionado Estado la llamada administración presidencial, enviando allí como gobernador a un dirigente del Congreso Nacional
Indio.
El Partido Comunista de la India demanda la
liberación inmediata e incondicional de todos los
presos políticos, la anulación del estado de emergencia y de la «Ley de defensa de la India», la
que, según opinan altas autoridades jurídicas del
país, constituye una gravísima vulneración de
la Constitución. El Partido Comunista exige
también que sea anulada la «administración presidencial» en Kerala y que se restablezca la democracia en este estado.
En la resolución de la sesión de abril del
Consejo Nacional del Partido Comunista de la
India se señala que «la campaña en pro de estas
demandas es también una campaña de lucha por
las libertades democráticas y en defensa de la
democracia parlamentaria. Esta campaña debe

101

ser organizada junto con todos los partidos de
izquierda y fuerzas democráticas del país... El
Consejo Nacional está totalmente decidido a ser
el iniciador de esta campaña en unión de todas
las fuerzas de izquierda y democráticas que estén dispuestas a actuar conjuntamente con nuestro Partido».
La campaña por la liberación de los presos
políticos adquiere proporciones cada vez mayores. En Bombay, Calcuta, Delhi y otras grandes ciudades han tenido lugar mítines masivos
en defensa de las libertades cívicas. A los mítines asistieron centenares de miles de ciudadanos, entre ellos destacadas personalidades del
país. Recientemente ha sido creada la Unión
India de Defensa de las Libertades Cívicas.
A la par que la campaña nacional en favor
de los presos políticos, se desarrolla un movimiento internacional de protesta contra la política represiva de las esferas gobernantes de la
India.
Los comunistas y todos los demócratas de la
India llaman a los hombres de buena voluntad
del mundo entero a desplegar una mayor solidaridad internacional con la lucha de las patriotas indios en pro de la libertad de los camaradas encarcelados.
P. S. SINGH.

GUINEA
to la lucha política anticolonialista. Sus líderes
comprendieron que el mejor aliado del sistema
colonial y el más compenetrado con él era el
instituto de los «jefes de cantón», que se había
El 28 de septiem- convertido en un instrumento de opresión y de
bre de 1958 Gui- represión de las masas populares. Por esta ranea consiguió la zón, el PDG, utilizando las posibilidades legai n d e p e n d e n- les, suprimió radicalmente todas las prerrogaticia. Atendiendo al vas de esta capa social corrompida y realizó una
llamamiento del Par- amplia democratización de la vida social. Esta
tido
Democrático importante labor, efectuada en el curso de 195ó
de Guinea, la in- y sobre todo de 1957, sirvió de base para conmensa mayoría de solidar la unidad de las capas sociales guineala población dio un nas, fue un factor decisivo que permitió concategórico «no» a la seguir la independencia.
La situación en que la joven República guitentativa de De Gaulle de hacer apro- neana comenzó su camino independiente, se cabar el proyecto de creación de una sedicente co- racterizó por los siguientes rasgos fundamentamunidad franco-africana, que debía servir de les-:
biombo al imperialismo francés para asegurar la
— La economía, basada en el monocultivo
continuidad de la explotación de los pueblos afri- bananero y dependiente del comercio colonial,
canos.
estaba en manos de monopolios extranjeros.
La eficaz labor del PDG contribuyó a con— El país tenía tan sólo una línea férrea a
quistar la independencia. Logró cohesionar las lo largo de la región bananera y que servía en
fuerzas patrióticas necesarias para librar con éxi- lo fundamental para transportar los productos

Por la senda del progreso social

102

CAKTAS, NOTAS, INFORMACIONES DE TODOS LOS CONTINENTES

de la agricultura al puerto de exportación de
Conakry.
—Una infraestructura portuaria adaptada a
las necesidades de la exportación de bananos, de
bauxita y de mineral de hierro de las compañías
extranjeras que operaban en el país.
- La industria estaba representada por unas
cuantas pequeñas empresas de transformación
fuña fábrica de cerveza, una fábrica de gaseosas, una fábrica de conservas, tres fábricas de
descascarillado de arroz, una pequeña fábrica de
plástico y unos cuantos pequeños talleres mecánicos].
— Casi no había cuadros administrativos nacionales, salvo unas cuantas personas que el PDG
había sabido preparar en un cursillo de seis
meses.
En ¡a época colonial, Guinea era el territorio
de la antigua África Occidental francesa más
desgarrado por las luchas tribales. En Guinea
existían 17 grupos étnicos, de ellos tres fundamentales. Antes de la fundación del Partido Democrático de Guinea, las organizaciones de carácter político estaban principalmente basadas en
consideraciones étnicas. Desde 1946 hasta que
se alcanzó la independencia, en el país tuvieron
lugar más de una vez choques por motivos étnicos.
La actividad del PDG para cohesionar al pusblo hizo abortar las intrigas minuciosamente preparadas por el colonialismo con miras a dividir
el Frente de Liberación Nacional. Hoy en Guinea cada ciudadano se siente más guineano que
peuhl, sussu o malinké. Sin embargo, está muy
lejos de haberse puesto fin a esa labor. No es
casual que en noviembre de 1964, el secretario
general del PDG, Sekú Turé, señalara el recrudecimiento del «racismo» en la sociedad guineana. La ulterior cohesión de la nación depende
mucho del derrotero por el que se desarrolle
Guinea y en particular de las relaciones sociales que prevalezcan.
En el plano económico, la joven Guinea ha
puesto de manifiesto una gran audacia. « . . . La
independencia política —dijo en octubre de 1958
Sekú Turé— tan sólo puede ser un medio y no
un fin en sí. . . Puede ser consolidada únicamente con el desarrollo económico. . .»
Ante el manifiesto sabotaje de la burguesía
francesa y de sus aliados de la OTAN, que pensaban ahogar la revolución guineana, lo joven
República tuvo que romper los viejos lazos económicos. Guinea encontró un firme apoyo en
los países del campo socialista, que establecieron
con ella una eficaz colaboración. Especialistas,
créditos y maquinaria de los países socialistas
ayudaron a la Guinea independiente a desbaratar los planes de los imperialistas, que por adelantado pregonaban a los cuatro vientos el «fracaso de la experiencia guineana».

En julio de 1960 fue aprobado un plan general de desarrollo económico y social. El objetivo fundamental era preparar las condiciones
para que la economía guineana alcanzara un rápido auge. El plan preveía, entre otras cosas,
la creación de un aparato administrativo nacional, la construcción de una imprenta capaz de
satisfacer las necesidades de varios Estados africanos, así como la apertura de un instituto politécnico para 1.500 estudiantes y la instalación
de una potente emisora de radio.
En el dominio agrícola se acordó la creación
de cooperativas de producción, de granjas del
Estado, el aumento de la producción exportable
[bananos, café, etc.].
A pesar de algunas deficiencias, el plan se
cumplió con realizaciones de no poca importancia. Sin embargo, cierta idealización de las perspectivas de desarrollo de África hizo que se invirtieran cuantiosos recursos en obras y empresas que hasta ahora no rinden los debidos resultados económicos.
Preocupándose de aumentar la productividad
del trabajo en la agricultura, el PDG, inmediatamente después de la independencia, tomó la
decisión de constituir cooperativas y dotar a los
campesinos de medios técnicos creando centros
de modernización rurales, dirigidos por cuadros
que habían estudiado en el extranjero. La formación de cooperativas encontró diversas facultades debido, entre otras cosas, al nivel primitivo de la producción agrícola. En las aldeas se
consiguió crear campos colectivos cuyos ingresos pudieran ser utilizados para cubrir los gastos de los comités locales del PDG. En lo que
respecta a los centros de modernización rurales,
su funcionamiento fue muy difícil y más de una
vez cambiaron su forma de actividad. Desgraciadamente, hasta ahora no han sido alcanzados
los objetivos fijados por estos organismos.
El sector comercial ha creado agudos problemas al Gobierno guineano. Inmediatamente después de lograr la independencia fue establecido
el monopolio del comercio exterior. Paralelamente fue reorganizado el comercio interior para permitir una distribución adecuada de los artículos importados entre los consumidores. Hay
que señalar que muchas pequeñas casas de comercio pertenecientes a europeos cerraron su-;
puertas o empeoraron sus servicios para participar en la guerra fría organizada por la antigua metrópoli contra Guinea.
El primero de marzo de 1960 fue creada una
zona monetaria independiente. Después de esto,
todas las sucursales de los bancos coloniales
abandonaron el país. Guinea fundó una compañía nacional de seguros. El comercio interior
fue al comienzo centralizado. La dirección guineana de comercio interior, con sede en Conakry, abrió secciones en las regiones administra-

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104

CARTAS, NOTAS, INFORMACIONES DE TODOS IOS

Hace tres años, después de proclamar su solidaridad con la política de los imperialistas yanquis en Vietnam, el Gobierno de Menzies comenzó a prepararse para participar de manera
directa en la agresión contra el pueblo vietnamita. En noviembre del año pasado, y no sin la
presión del Pentágono, aprobó el nuevo programa militar trienal que para 1968 prevé un considerable aumento de las fuerzas armadas [casi
en un 50%]. Ahora, por primera vez en la historia del país se implanta en tiempos de paz el
servicio militar obligatorio. En febrero pasado,
R. MacNamara prometió en Washington al Ministro de Defensa australiano ayudar a Australia en la realizacin del programa de rearme, y
los EE. UU. adquirieron el compromiso de elevar el valor de los envíos de armas hasta 350
millones de dólares. Al mismo tiempo exigieron
que Australia diera pasos concretos en Vietnam.
Y he aquí que el 26 de mayo zarpó del litoral del quinto continente, en profundo secreto,
un buque militar de transporte en dirección a
Vietnam del Sur, llevando a bordo el primer batallón del regimiento real australiano al mando
del teniente coronel Thomson, que participó en
la guerra de Corea.
El Partido Comunista de Australia ha censurado enérgicamente la política del Gobierno,
que está conduciendo al país a una peligrosa
aventura colonial y condenándolo a un aislamiento internacional. En una declaración del
Comité Político del CC del PCA se señala que
la ingerencia de Australia en esta aventura colonial «constituye una escandalosa violación del
Derecho internacional y de la moral, una infracción de los solemnes acuerdos internacionales y
de la Carta de la ONU. Esa ingerencia da motivo para que la opinión pública asiática y mundial censure a la actual y las futuras generaciones de australianos por la coparticipación en esta
guerra norteamericana contra un pueblo de Asia,
guerra que se lleva a cabo con bombardeos masivos y el empleo de napalm, gases y medios bélicos químicos. Ningún país importante de Asia
apoya esa guerra ni la ingerencia australiana».
El Partido Comunista ha exhortado a la lucha
por una «verdadera política exterior australiana
basada en la paz y la amistad con los países
asiáticos».
En el Pleno del CC del Partido celebrado a
comienzos de junio se abordó el problema de
la intensificación de la lucha contra la participación de Australia en la agresión norteamericana a Vietnam. El presidente del CC del PCA,
Dixon, salió al paso de los intentos de la prensa burguesa de denigrar la posición del Partido
Comunista en el problema vietnamita. Esta posición corresponde a los intereses del pueblo australiano.
Por todo el país se está desarrollando un

CONTINENTES

auténtico movimiento nacional patriótico contra
los actos criminales del Gobierno australiano en
Vietnam. Este movimiento abarca a las más vas¡ías- capas de la población: obreros y empleados, estudiantes, numerosas organizaciones femeninas y sacerdotes. Los ciudadanos que participan en el movimiento pueden sustentar diversas opiniones en orden al carácter y las causas de la guerra de Vietnam y a los métodos
para poner fin al conflicto; pero todos ellos coinciden en condenar el insensato y peligroso
paso dado por el Gobierno australiano.
El Consejo Australiano de las Trade Unions se
ha pronunciado resueltamente contra el envío de
soldados a Vietnam. Los obreros han declarado numerosas huelgas en señal de protesta contra la coparticipación en la agresión. Destacan
por su intensa actividad los obreros del Sindicato de Marineros y los de la Federación de
Portuarios. Ellos han sido los primeros en negarse a remolcar los buques de guerra norteamericanos a los muelles de Melbourne. La Federación de Portuarios llama a la acción contra
la guerra de Vietnam, contra «ese peligro mortal para la paz del mundo»; a organizar un masivo movimiento de protesta integrado por los
obreros y todos los hombres de buena voluntad. Para lograr resultados eficaces, se dice en
un telegrama enviado por la Federación al presidente del Consejo Australiano de las Trade
Unions, «es preciso expresar la protesta ante
nuestros diputados al Parlamento mediante peticiones y mensajes y con acciones en los lugares de trabajo». Al movimiento se van incorporando los trabajadores del transporte, los tranviarios y los obreros de muchas ramas industriales.
«Ya es hora de terminar con la venta de vidas de australianos por dólares», dicen los obreros.
Las universidades de Sidney, Melbourne,
Canberra y de otras ciudades se han convertido
en centros de lucha de la joven generación contra la guerra no declarada a la que están arrastrando al país los círculos gobernantes. Sacerdotes de las iglesias anglicanas, protestantes, ca
tólicas y ortodoxas han censurado los actos del
Gobierno. En el país se ha constituido un Comité de Coordinación de la lucha por la paz en
Vietnam. En casi todas las grandes ciudades tienen lugar manifestaciones de protesta. La manifestación del 1? de Mayo en Sidney, en la que
participaron unas 5.000 personas en representación de 40 sindicatos y de diversas organizaciones sociales, transcurrió bajo la consigna de
«¡Hay que poner fin a la guerra de Vietnam!»
1
La ola del movimiento patriótico ha llegado
hasta el Parlamento. Los laboristas censuran
acerbamente el proceder del Gobierno. Por ejemplo, el líder del Partido Laborista, A. Calwell,

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no hace sino aumentar los sufrimientos del infortunado pueblo vietnamita, para el que el hombre de Australia será un insulto.
Los círculos gobernantes quieren aplastar con
represiones y violencias la resistencia popular
a su curso agresivo en política exterior. Recurriendo a la reaccionaria legislación [en particular a las enmiendas hechas en 1960 a la «ley
de delitos», enfiladas contra la oposición a la
política exterior del Gobierno], las autoridades
pasan al ataque contra el movimiento obrero y
ponen en peligro los derechos democráticos del
pueblo. La finalidad que persigue el Gobierno,
se subraya en la declaración del PCA, es «avivar una atmósfera de chovinismo agresivo contra todo el movimiento obrero, contra las libertades académicas, la libertad de prensa y la libertad de expresión».
La reaccionaria Liga de ex Combatientes propone la prohibición del Partido Comunista, la
ruptura de relaciones con los países socialistas
y consolidar la alianza militar con EE. UU. Los
elementos extremistas de los partidos gubernamentales exigen medidas enérgicas contra quienes critican la política de guerra. El Ministro de

105

Trabajo, McMahon, ha manifestado recientemente su propósito de «investigar» la actividad
de la Federación de Portuarios y del Sindicato
de Marineros.
Los participantes en manifestaciones pro paz
y en piquetes huelguísticos son perseguidos y
encarceleados. En particular han sido detenidos
los dirigentes de la gran manifestación que tuvo
lugar en Sidney, a principios de mayo, en señal
de protesta contra la ingerencia de Menzies en
la guerra de Vietnam. ¡Pero con las represiones
no se aplasta la ira del pueblo, inquieto por la
aventura del Gobierno! «¿Acaso no teníamos razón al actuar contra el fascismo alemán, contra
el envío de tropas a Corea, contra la intervención en Suez, contra el apartheid sudafricano?
—dice el destacado dirigente sindical S. Barrett—. Millones de personas en todo el mundo
se solidarizan con nuestra protesta...» El sentir de las masas lo ha expresado W. Brown,
miembro del Comité Central del PCA, detenido
por haber participado en la manifestación.
Brown ha dicho: «Toda la culpa recae sobre el
Gobierno Menzies. ¡La verdad está de nuestra
parte!»
L. SALLY.

Nuestra Época
REVISTA

INTERNACIONAL

Suplemento del núm. 7, 1965

El socialismo y el tiempo libre
(Materiales

de

un estudio

sociológico)

A iniciativa de nuestra revista se realizó en 1963-64 un estudio de conjunto del problema del
tiempo libre en varios países del sistema socialista: Bulgaria, Hungría, Polonia y la Unión Soviética. Los primeros materiales de este estudio —¡«Algunos problemas socio-económicos del
tiempo libre en Bulgaria», por Z. Staikov, y «La utilización del tiempo libre en los diversos
medios sociales», por Z. Skorzynski [Polonia]— fueron publicados en el suplemento del número 10 de nuestra revista de 1964 y en nuestro suplemento del número 2 de 1965.
Prosiguiendo la publicación de los materiales de este estudio sociológico, la Redacción de
nuestra revista inserta en el presente número un trabajo relativo a la República Popular
Húngara.

EL SOCIALISMO Y EL TIEMPO LIBRE

Miklos

Szanto

[Hungría]

ALGUNOS RESULTADOS PREVIOS DEL ESTUDIO DEL TIEMPO LIBRE

I. Características de la investigación
La investigación sociológica concreta de que
trata este trabajo se llevó a cabo en Hungría
dentro del marco del programa general elaborado por la Redacción de nuestra revista. Al
igual que en otros países adoptó la forma de
encuesta selectiva.
El tiempo libre es un fenómeno complejo
que tiene múltiples lazos de interdependencia
con numerosos aspectos de la vida del hombre.
El carácter de la actividad de los seres humanos durante las horas libres depende del tipo
de su ocupación fundamental, de su edad, de
su sexo y de sus condiciones de vivienda, al
igual que de su situación familiar, de la cuantía de sus ingresos, de su educación y, en general, de su grado de cultura, etc. Claro es
que en el curso de la encuesta hubimos de
tener en cuenta todos estos criterios objetivos.
Al seleccionar a las personas consultadas1, lo
más importante para nosotros fue asegurar la
representatividad de los grupos correspondientes' a la actúa] estructura socio-económica de
la población del país. Como base del cálculo
tomamos el censo de población realizado en
1960 y los registros estadísticos que constantemente se efectuaron en las nuevas1 viviendas
construidas en 1960-1963. Consultamos aproximadamente a 1.600 familias, en total a 3.282
personas mayores de 14 años.
El orden de selección de los consultados
comprendió tres fases. En primer lugar eligiéronse las ciudades en las que debía realizarse
la investigación. La encuesta se efectuó en
Budapest, donde habitan cerca de dos millones
de personas [es decir, el 50% de la población
urbana], en todas las grandes capitales de región y en 15 pequeñas ciudades designadas
teniendo en cuenta la diferenciación objetiva
en dependencia del número de su población y
de la correlación de los1 grupos de trabajadores industriales y rurales. En la segunda fase
de la selección fijáronse en las ciudades sectores típicos correspondientes a los distritos
urbanos. Y, finalmente, en estos últimos se
designó el número necesario de familias. La

condición social de los j-efes de 1.600 familias
se estableció, como ya hemos indicado, de
acuerdo con el censo de población de 1960.
La tarea fundamental para nosotros fue precisar cómo es utilizado el tiempo libre por la
población activa económicamente, es decir, por
los diferentes1 grupos de trabajadores: habitantes de ciudades dedicados al trabajo agrícola, excepción hecha de los miembros de las
cooperativas1; obreros industriales no calificados y sin formación profesional alguna; obreros industriales1 calificados y semiealificados;
finalmente, trabajadores intelectuales [en total 2.242 personas, de las cuales 1.156 pertenecen al sexo masculino y 1.086 al femenino].
Como es natural, a estos grupos1 está consagrada en primer lugar la parte fundamental
de este trabajo. Sin embargo, en el curso del
análisis y, en algunos casos, en el transcurso
de la exposición abordamos la situación de los
trabajadores no activos económicamente: pensionistas [253] y personas que están a cargo
de otras, es decir, que no tienen ingresos propios [incluyendo a las amas de casa, en total
787], principalmente con miras a poner de manifiesto las diferencias existentes
En el proceso del análisis tuvimos en cuenta otros estudios sociológicos efectuados en
Hungría sobre el tiempo libre. Tiene suma importancia el cómputo del tiempo de las mujeres1 —asalariadas y amas de casa—• realizado
por la Dirección Central de Estadística [DCE]
sobre la base del análisis de 8.200 familias.
[Este trabajo fue editado en 1962 bajo el título de La situación de la mujer «n el trabajo
y en casa]. Nuestra investigación representa
en realidad un intento más amplio •—y en este
sentido el primero— de efectuar un análisis de
este tipo. Esto se dejó sentir forzosamente en
las conclusiones.
Nuestra encuesta giró tan sólo en torno a
la población urbana del país. Ahora bien, par1 El número de ciudadanos consultados pertenecientes a cooperativas de producción es tan insignificante que hemos estimado posible no tomar en
consideración esta categoría al comparar la situación
de los diferentes grupos.

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en el campo, trabaja en la agricultura. De su
tiempo libre sabemos hasta
ahora muy poco.
Además es sabido que las1 formas de raposo
cambian esencialmente según la época del año.
En nuestro trabajo hemos tenido en cuenta
sólo la estación de otoño. Finalmente, parte
considerable de los obreros •—y su porcentaje
crece constantemente— trabaja en distintos
turnos. En general, nuestro estudio no ha tenido en cuenta esto.
De otra parte, dentro de la labor realizada,
nos vimos obligados a limitarnos por ahora a
hacer sólo algunas conclusiones previas. Estas
se refieren únicamente a parte de los problemas planteados en la encuesta, y por su carácter atañen a la primera fase del análisis
de los datos obtenidos.

2. Acerca de dos inversiones
ineludibles de tiempo
extralaboral
En la estructura general de los días laborables destacan normalmente componentes tales
coimo el tiempo de trabajo [en nuestro país hay
establecida la jornada de 8 horas y en las ramas insalubres, como, por ejemplo, en la industria química, la jornada es de 7 horas]; el tiempo ligado directamente a la producción [en particular el tiempo que se emplea para ir de casa
al trabajo y para regresar de él]; el empleo
obligatorio de tiempo en la economía casera,
en el cuidado de los niños, etc.; el tiempo in_
vertido en el sueño, la alimentación, la higiene
personal etc.; por último, el llamado tiempo li_
bre que resta después de todas las inversiones
necesarias y que puede ser utilizado a volun_
tad en descansar, en instruirse, en divertirse, etc.
Esta simple enumeración evidencia que la
magnitud del tiempo libre no depende únicamente de la jornada de trabajo y que puede
variar no sólo reduciendo el día laboral. La
reducción de otras inversiones ineludibles del
tiempo ofrece grandes posibilidades de aumento de las horas de reposo. En la primera etapa
del análisis hemos examinado, desde este punto
de vista, el tiempo que se emplea para ir al
trabajo y el tiempo que absorben las necesarias
labores del hogar.
a] Tiempo para el viaje «lugar de residencia-Iugar de trabajo»

Este tiempo, estrechamente vinculado al tiempo de trabajo, se distingue por su carácter obligatorio. La ida al trabajo es «intransferible»
y, prácticamente, es fijo el tiempo qus se in-

vierte: no se puede ni aplazar ni reducir esta
«ocupación»: el problema reside a este respecto
en diversos factores objetivos, relacionados, por
ejemplo, con la calidad dei transporte urbano,
con la distancia a que la vivienda se encuentre
del lugar de trabajo, etc.
El factor fundamental que conduce al incre.
mentó general del tiempo invertido en el transporte, y que ahora actúa en escala mundial, es
el proceso de industrialización urbanística. Crecen las grandes ciudades, nuevos poblados se
construyen cada vez más lejos del centro de
la ciudad, de las empresas. Este proceso es
también característico para Hungría. Además,
en nuestro país la gente vive allí donde recibe
los apartamentos, y la insuficiencia de los mismos es tan grande que en realidad no se puede
escoger mucho.
El estudio que hemos realizado pone de ma.
nifiesto que, en las condiciones de Hungría, las
referidas inversiones de tiempo son muy grandes. Sólo el 18% de los trabajadores de las ciudades emplean para ir al trabajo un tiempo insignificante,, el 34,6% invierte diariamente media hora [en una dirección]; el 30%, yz—1 hora; el 15%, 1—2 horas, y el 2,2% incluso más
de 2 horas. Nuestros datos son confirmados por
el ya citado balance de la DCE, en el que se
señala que las trabajadoras emplean diariamente en el transporte 54 minutos por término
medio.
Estos hechos indican que la ida al trabajo
y el regreso a casa privan a nuestros trabajadores de un tiempo imuy valioso. Esto explica
en parte que muchos de los consultados aludie.
ran a la falta de tiempo como o-bstáculo fundamental para descansar mejor. Entre los que
se refirieron a la falta de tiempo, tan sólo «1
14,4% no invertía tiempo alguno en el transporte, pero, en cambio, el 33,6% empleaba diariamente */2—1 horas; el 28,7% de los consultados, 1—2 horas, y los restantes, incluso más
tiempo.
En una palabra, se trata de un gran problema, de un problema arduo, sin solucionar, el
cual es difícil aumentar grandemente el tiempo libre. Tanto más cuanto que la cuestión no
se reduce a simples pérdidas de tiempo. Las
largas travesías y las complejas comunicaciones constituyen una carga para centenares de
miles de trabajadores y originan un gran can
sánelo. La experiencia demuestra que las personas que viajan varias horas en trenes, tranvías y autobuses comienzan el trabajo ya cansadas, lo que, aparte de otras cosas, repercute,
naturalmente, en la productividad del trabajo.
La solución de todos -estos problemas depende
de la ampliación dei transporte urbano, de una
mejor organización del mismo y, en primer lu-

EL SOCIALISMO Y EL TIEMPO LIBEE

gar, de un planeamiento de las ciudades en el
que las viviendas estén lo más cerca posible
de las empresas. En los centros industriales
en construcción de nuestro país, las viviendas
se edifican precisamente cerca de las fábricas1,
de forma que el tiempo empleado en el transporte sea, por :lo general, insignificante. La
cuestión se complica en las viejas ciudades hace tiempo industrializadas y que tienen un gran
pasado histórico. Por ejemplo, según datos de
la DCE, los trabajadores de Budapest se clasifican según el lugar de residencia y de trabajo de la manera siguiente: el 35,05% vive y
trabaja en el mismo distrito, el 25,68% trabaja
en un distrito contiguo a su lugar de vivienda
y el 39,27% trabaja en distritos más alejados.
b] Tiempo invertido en las ocupaciones del
hogar
El trabajo doméstico es una especie de concepto genérico que comprende una serie de diferentes actividades: desde la preparación de
¡a comida, la limpieza y el orden de la ropa y
del apartamento hasta el cuidado de los niños.
Todos estos tipos de actividad pueden practicarse, hasta cierto punto, de acuerdo con los
deseos personales: a una u otra hora y en una
u otra forma. Esta circunstancia permite al
caracterizado sociólogo francés Joffre Dumazedier calificar de «semilibres» [s'emi-loisirs] ]
a estas formas de empleo del tiempo. A la vez,
teniendo en cuenta la práctica existente, el empleo de tiempo en la economía doméstica tiene
un carácter estrictamente obligatorio, ineludible; no se le puede imputar cualidades inherentes al descanso propiamente dicho: libre deseo
y opción personal.
La magnitud del tiempo invertido en la economía casera depende de muchos factores: en
él influye el -que la economía doméstica esté
dotada de mecanismos, el número y la edad
de los familiares, las proporciones del apartamento, los ingresos de la familia, el nivel de
instrucción, etc. Sin embargo, el fundamental
sigue siendo, indiscutiblemente, el factor sexo.
En la mayoría de las familias, la mujer es
quien se ocupa de la economía doméstica, independientemente de que perciba o no su propio salario..
S-egún nuestros datos, más de la mitad de
las mujeres incorporadas activamente a la producción social invierten en el trabajo del hogar de 3 a 8 horas. Especialmente están recargadas con tal labor adicional las mujeres
que viviendo en ciudades deben dedicarse a fae1 Joffre Dumazedier, Vcrs una civilisation du loi•slr? París, 1962, p. 31.

nas agrícolas —jornaleras, y también las mujeres que de vez en cuando trabajan a sueldo—
[el 76,7% del total] y las trabajadoras industriales calificadas y semicalificadas [68,9%];
están menos recargadas que otras- las intelec.
tuales [51,0%].
Si se tiene en cuenta ei nivel de instrucción,
al grupo que emplea de 3 a 8 horas pertenece
el 81,5% de las mujeres con una instrucción d3
1—7 clases, el 64,3% de las que han terminado 8 clases, el 44,7% de las que han cursado
la segunda enseñanza y sólo ei 29,6% de las
que poseen instrucción superior. El gráfico insertado a continuación indica claramente que
la cantidad de tiempo depende del número d>3
hijos que tenga la familia.
CLASIFICACIÓN DE LAS MUJERES
TRABAJADORAS SEGÚN EL NUMERO DE
HIJOS Y EL TIEMPO INVERTIDO EN LA
ECONOMÍA DOMESTICA

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menos de 3 horas
—. —.— no realizan trabajo doméstico
Un papel bastante grande en el aspecto se.
ñalado desempeñan también otros1 factores, por
ejemplo, la edad. La juventud, que considera
una cosa lógica su trabajo en la producción,
trata de liberarse de las faenas del hogar. La
curva de las edades muestra claramente que
las solteras que estudian o que trabajan ayudan muy poco en el hogar. En cambio, al contraer matrimonio su participación en la economía doméstica se hace decisiva y se incremonta en gran medida conforme avanza la edad.
Como hemos señalado, esta misma dependencia se observa según sea el grado de instruc-

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EL SOCIALISMO r EL TIEMPO LIBRE

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la calificación y los ingresos pecuniarios, más
se reduce el tiempo empleado en la economía
doméstica.
En ei proceso de disminución del tiempo que
se invierte en la economía doméstica reviste
una gran importancia la ampliación de las íor.
mas sociales de los servicios que atiendan a la
población, asi como la mecanización de las fae.
ñas domésticas, mecanización que se hace mayor a medida que se incrementa la producción
de máquinas y utensilios caseros. En los últimos años la mecanización de la economía doméstica ha aumentado notablemente en nuestro país, pero hay que reconocer que todavía
sigue siendo insuficiente. Según datos de nuestro encuesta, el 46% de los hogares carecen de
máquinas caseras; el 54% restante disponen
muy desigualmente da máquinas: la mayoría
posee únicamente máquinas de lavar. De otra
parte, no debe exagerarse la importancia de la
mecanización de los trabajos caseros. Según
datos de la DCE, prácticamente, las actuales
máquinas caseras .más bien alivian el trabajo
doméstico que disminuyen el tiempo invertido
en él. Por consiguiente, lo fundamental es solucionar el problema de los servicios, asegurar
su máxima amplitud y eficacia.
Para la reducción del tiempo invertido en la
economía doméstica tiene no poca importancia
una distribución racional, o mejor dicho una
redistribución de obligaciones entre los miembros de la familia. En ei estudio de la DCE
La situación de la mujer en el trabajo y en
casa se ha esclarecido bastante este problema.
En la actualidad, las mujeres que psrciben un
salario propio invierten diariamente en las faenas del hogar de 3 a 4 horas por término medio, y las que no perciben salario, de 8 a 9 horas. En las familias donde la mujer trabaja,
sólo el 35% de los maridos ayuda en casa; y
en las familias donde la mujer no perciba salario, únicamente el 15%. En lo que respecta
a los hijos [mayores de 10 años], ayudan en
la casa en el 26,7% de las familias que tienen
dos hijos- y en el 31,6% de las familias que tienen tres. En una palabra, en este terreno existe una resistencia bastante grande por parte
de los hijos y de los maridos. Algunas familias
buscan la salida de esta situación en diferentes tipos de figuras auxiliares: por ejemplo,, en
cada 6—7 hogares donde la mujer trabaja, !a
abuela presta una ayuda activa en las faenas
caseras. Sin embargo, esta «salida» resulta
bastante limitada: en las familias con dos hijos [donde la madre trabaja], la abuela aiyuda
solamente en el 4,3% de los casos; en las fa.
mülias con tres hijos, en el 9,8%; con cuatro,
en el 21,8%, y con cinco, «n el 38,3%. Para so-

luci'cnar el problema es importante que todos
los miembros de la familia participen activamente en los trabajos del hogar. Entonces
—reduciendo a la vez -el tiempo absoluto invertido en las faenas domésticas, a base de
ampliar las formas sociales de los servicios, la
mecanización del trabajo casero, etc.—, centenares de miles de personas dispondrán de bastantes más horas de asueto.

3. Estructura y contenido
del tiempo libre
Nuestra encuesta tuvo en cuenta 35 modos
diversos de disfrutar el tiempo libre. En la primera etapa del análisis estudiamos 18, que se
pueden considerar fundamentales.
Les resultados más generales del estudio se
ven a través del cuadro número 1. Aunque nada dice de la cantidad d-a tiempo dedicado a
uno u otro tipo de actividad en las1 horas de
asueto, este cuadro da una idea de la reitera,
ción de las diferentes formas de utilizar el
tiempo libre, así como de su grado de popularidad entre los habitantes de las ciudades y, por
tanto, de las inquietudes y posibilidades reales
de la población [los datos se refieren a grupos
económicamente activos y no activos].
a] El estudio, la elevación del nivel cultural

En la rúbrica «estudio» hemos tenido en cuenta las formas de instrucción que se distinguen
por su carácter sistemático. En primer lugar,
esto atañe al estudio en las escuelas nocturnas,
así como a diferentes cursillos de elevación de
la calificación que exigen una inversión diaria
de tiempo. En la actualidad estas formas de
estudio revisten gran importancia para la vida
del país, y -en los próximos años su papel aún
será mayor.
La elevación de los conocimientos necesarios
y el aceleramiento de su ritmo de acopio son
una seria consecuencia de la revolución científica y técnica que tiene lugar en el mundo. El
proceso de aumento sistemático de los conocí,
mientos de inmensas masas humanas obedece
además a que las personas que vienen del campo a la industria recorren un camino muy escalonado de transformación de 10,3 campesinos
de ayer en obreros calificados. Por lo común
comienzan trabajando de peones'; después obtienen una especialidad determinada, y más
tarde —al dar fin a sus estudios en los cursillos profesionales de su respectiva rama industrial— se convierten en obreros calificados e
incluso en paritos.

EL SOCIALISMO Y EL TIEMPO LIBBE

Ahora bien, la elevación de los conocimientos es voluntaria. Y para las1 personas ocupadas durante el día en el trabajo, no es cosa
fácil. El Estado socialista crea no pocos estímulos para elevar la instrucción, pero es sabido qu3 además de estos factores de estímulo
actúan otros que frenan y complican la solución del problema. No todos los trabajadores
s'e deciden a realizar un estudio sistemático,
que exige grandes esfuerzos y renunciar a muchas cosas. En la adopción de tal decisión influyen el número de familiares, el sexo, la
cuantía de los ingresos, el nivel de instrucción
y la edad de la persona. Por esta razón, tan
sólo el 14,2% de los trabajadores emplean el
tiempo libre en enriquecer sistemáticamente sus
conocimientos. Las mujeres, abrumadas con las
faenas del hogar, prosiguen sus estudios con
menor frecuencia que los hombres [11,2% y
16,6% respectivamente].
En dependencia de su situación social profesional, los consultados en la encuesta elevan
en el tiempo libre su nivel cultural de la manera siguiente: trabajadores agrícolas, 9,9%;
obreros industriales calificados, 13%; intelectuales, 29,3%,. Esta misma tendencia se observa con arreglo al grado de instrucción. De los
que han terminado 1—7 clases de 'la escuela
media incompleta continúan estudiando el 4,6

por ciento; de los que han terminado 8 clases,
el 16,4%; de los que han cursado la segunda
enseñanza, el 28,7%, y de los que han obtenido el diploma, es decir, instrucción superior, el
19,5%. De esta forma se pone de manifiesto
una evidente dependencia: cuanto mayor es el
grado de instrucción general y de preparación
profesional [a esos factores va también ligada
la cuantía de sus ingresos] con mayor actividad se aprovecha el tiempo libre para elevar
los conocimientos. Este cuadro se observa tanto en Budapest como en provincias.
Las dependencias generales características
de la esfera de instrucción se mantienen, en
¡particular, en un aspecto tan específico de la
enseñanza como la educación política. En general, según datos de la encuesta, en el sistema de estudio político participan en Hungría
el 6,3% de los habitantes de las ciudades, por
lo menos una vez a la semana, y el 15% una
vez al mes. Entre la población activa esto representa el 25,5% de los hombres y ei 19,5%
de las mujeres; el 15,4% de los qua trabajan
en la agricultura y de los obreros industriales
no calificados; el 27,1% de los obreros calificados y el 32,3% de los intelectuales. En los
diferentes grupos por edades, hasta los 39 años,
sus índices son aproximadamente iguales, mas
en el grupo de 40—59 años de edad los índices
comienzan a disminuir y descienden bruscaCuadro número 1

FORMAS DE UTILIZACIÓN DEL TIEMPO LIBRE
[en tantos por ciento del número de personas consultadas]
Diariamente
1. Lectura de periódicos
79,9
2. Audiciones radiofónicas
74,9
3. Visión de programas televisados
33,0
4. Lectura de libros 26,9
5. Descanso pasivo 24,6
6. Estudio
dirigido
e instrucción autodidáctica
8,0
7. Pequeños arreglos
caseros
7,4
8. Lectura de revistas
7,3
9. Visitas e invitados
5,2
10. Labores
5.01

Semanalmente
1. Lectura de revistas
52,0
2. Visitas e invitados
33,6
3. Asistencia a cinematógrafos
26,7
4. Descanso pasivo
24,6
5. Lectura de libros
23,8
6. Visión de- programas
televisados
19,6
7. Asistencia
a
espectáculos deportivos
17,3
8. Audiciones
radiofónicas
9,3
9. Lectura de periódicos 7,2
10. Pequeños arreglos caseros
6,9
11. Educación política
6,3
12. Labores
6,0
13. Práctica de deportes
5,3
14. Estudio dirigido e instrucción autodidáctica 4,51

Mensualmente

Menos de una vez al mes

1. Visitas e invitados
23,8
2. Asistencia a cinematógrafos
23,7
3. Asistencia a teatros
16,6
4. Educación
política
15,0
5. Lectura de libros 11,6
6. Asistencia a espectáculos deportivos
7,8
7. Visión de programas televisados
5,6
8. Visitas a museos
y exposiciones
5,6
9. Lectura de revistas
4,51

1. Asistencia a teatros
24,6
2. Visitas a museos
y exposiciones
21,4
3. Visitas e invitados
17,6
4. Asistencia a cinematógrafos
17,5
5. Lectura de libros 6,8
6. Asistencia a espectáculos deportivos
5,0
7. Asistencia a conciertos
3,7

1 Los restantes tipos de actividad faltan totalmente o representan un porcentaje sumamente ínfimo.

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3,7

nente ínfimo.

mente a medida que se pasa a edades más
avanzadas. Respecto ai factor de instrucción,
el cuadro también coincide con el general: los
índices más bajos1 corresponden a los grupos
ique no han terminado la escuela de 8 grados
y los más -elevados a quienes han cursado la
enseñanza secundaria y la superior.
En una palabra, de todo lo dicho se puede
sacar la conclusión de que en los próximos años,
cuando la enseñanza medía sea general y el
niveil de vida de las masas se eleve considerablemente, hay que esperar que se acrecentará
en gran medida el afán de saber, de perfeccionar su instrucción.
b] Lectura de periódicos, revistas y libros

En total, repetimos, el número de lectores en
la Hungría de nuestros días es bastante grande, incluso entre las personas con instrucción
inferior y bajos ingresos,. Los datos de la encuesta prueban qua la lectura es ahora la ocupación más extendida y más popular de la población durante e,i tiempo libre y que precisamente en la lectura se ha alcanzado el mayor
progreso para equilibrar y borrar las anteriores desproporciones en la situación de las diferentes capas de la sociedad. La televisión, más
difundida cada día, no «perjudica» por ahora
a ¡la lectura. Así lo indican las siguientes cifras: en 1958, cuando en Hungría había tan sólo 16.000 televisor-ss, la población adquirió libros por valor de 381 millones de forintos1; en
1962, cuando el número de televisores había
llegado a 325.000, la suma invertida en la adquisición de libros también se incrementó considerablemente,
ascendiendo a 660 millones de
forintos1.
¿Cuáles son, concretamente, los géneros de
literatura y de prensa que más interesan a la
gente? En nuestro estudio hemos intentado
conseguir una respuesta a esta pregunta. En
la encuesta se enumeraron toda una serie de
diferentes géneros, y se propuso a los interrogados que dijeran los que más les1 interesaban.
Al elaborar los datos, todos estos géneros fueron agrupados en cinco categorías: 1. Relatos
y poesía. 2. Novelas. 3. Libros de aventuras y
literatura humorística. 4. Litaros de divulgación científica. 5. Libros de viajes.
Por su popularidad, en todos los grupos ocupan el primer lugar las novelas. En lo que se
refiere a otros géneros1 su lugar cambia en dependencia de la situación social y profesional,
de lia instrucción y de la edad de los consultados. El cuadro de los grupos sociales y profesionales1 es el siguiente,

El 79,9% de los consultados leen diariamente periódicos y el 52% leen revistas todas las
semanas. Es bastante elevado en Hungría el
porcentaje ide personas que lee sistemáticamente libros [más del 60%],.
El análisis de la condición socio-profesional
de los lectores de libros pone de relieve que entre los obreros industriales no calificados1 y los
IntelectuaLes existe una diferencia del 15%
aproximadamente; los obreros calificados ocupan en esa gradación, proporcionalmente, un
puesto medio. Una diferencia semejante existe
también entre los trabajadores con instrucción
inferior a los 8 grados y las personas con enseñanza superior, así como entre los grupos de
ingresos inferiores y superiores. Esta diferenciación se refiere igualmente a la prensa diaria y semanal.
En general, la diferenciación se extiende lo
mismo a hombres que a mujeres. Es cierto que
si tomamos a los hombres y a las mujeres dentro de un mismo género de ocupación, en la
lectura de periódicos la primacía está al lado
de los1 hombres, mientras
que hombres y mujeres leen
I
¡ Trabajadores intelecaproximadamente igual núObreros calificados
I lectuales
Obreros no calificados
mero de revistas y de libros. La menor actividad
d-e las mujeres en la lectuI. Novelas
1. Novelas
|1. Novelas
2. Libros de divulgación
2. Libros de aventuras |2. Libros de viajes
ra de periódicos es debida a
3. Libros de divulgación ¡ científica
3. Libros de viajes
que muchas mujeres, por
científica
|3. Libros de viajes
4. Relatos y poesía
invertir gran cantidad de
5. Libros de divulgación 4. Libros de aventuras |4. Relatos y poesía
tiempo libre en el trabajo
5. Relatos y poesía
|5 Libros de aventuras
científica
del hogar, prefieren o se
Aunque las novelas ocupan el primer lugar,
ven obligadas a escuchar por radio las últise ponen de
mas noticias y en general todas las informa- también respecto a las mismas
manifiesto serias diferencias1, a veces incluso
ciones que les interesan, mientras arreglan la
asombrosas, cuando se agrupa a los lectores
casa o preparan la comida; dejan la; lectura
según su sexo, edad, etc.
para fines de semana, sólo en el día de desAsí, las mujeres, en general, leen consideracanso en vísperas del mismo les es posible
tomar en sus manos sus -revistas preferidas o
blemente más novelas que los hombres. Las
la voluminosa edición dominical del periódico.
cifras son en este aspecto las siguientes: entre

I

EL SOCIALISMO T EL TIEMPO LIBBE

8

los1 obreros sin formación profesional, el 34,3
por ciento corresponde a las mujeres y el 22%
a los hombres; entre los obreros calificados, el
39,7% a las mujeres y el 20,6% a los hombres;
entre loe trabajadores intelectuales, el 40% a
las mujeres y el 26,1% a los hombres,
Los libros de aventuras y la literatura humorística gozan de mayor popularidad entre
los jóvenes, siendo de notar que este género es
preferido más bien por los hombres que por
las mujeres. El interés por dicho género disminuye a medida que se eleva el nivel cultural.
También se interesan más los hombres por los
libros de divulgación científica, sobre todo por
la literatura especial científica y técnica. A
los hombres les gustan más también los libros
de viajes [18% en comparación coin el 10% correspondiente a las- mujeres]; la popularidad
d-e este género aumenta a medida que se eleva
él nivel de instrucción.
c] Televisión, radio, cine
Hoy somos testigos de un impetuoso desarrollo da la televisión. En los últimos dos años
[1962—1964] el número de televisores pasó en
Hungría de 325.000 a 675.000. En el momento
e¡n que se realizó la encuesta, el 33% de ios habitantes de las ciudades veían diariamente los
. programas televisados y el 19,6% una o varias veces a la semana. De esta forma, millones de personas tienen ahora posibilidad de
conocer el arte, de recibir información sobre
los últimos acontecimientos en todas- las esferas de la vida, etc.
La televisión como medio de información, de
instrucción, etc., está destinada a grupos [fa.
miliares] da espectadores. Todos los miembros
de la familia, independientemente de su edad,
instrucción, género de actividad y sexo, hacen
uso del televisor. Esta circunstancia amplía
considerablemente los límites1 de la difusión y
de la influencia de la televisión. Al mismo
tiempo actúa también un conocido factor contrario: todavía es elevado el precio de los televisores. En los últimos años se ha hecho posible en nuestro país adquirir televisores a plazos. Sin embargo, el grado de dependencia de
la extensión d-s la televisión respecto a los ingresos de la gente continúa siendo, en realidad, el anterior: las familias que tienen televisor pertenecen a las categorías mejor retribuidas. Así lo confirman los datos de nuestra
encuesta. Entre las personas que disponen de
ingrssos medios [por cada miembro de la familia] de 400—599 forintos mensuales, cada
día ven los programas d-e televisión el 21,7%;
con ingresos de 600—799 forintos, el 32,6%;
con ingresos de 800—999 forintos, el 34,1%; con

ingresos de 1.000—1.999 forintos, el 41,1%, y
con más de 2.000 forintos, el 41,6%.
La difusión de la televisión no sólo origina
serios cambios en la estructura del tiempo libre, sino que también ejerce una influencia sustancial sobre otras' formas de asueto, en particular la radio y el cine.
'Según datos de nuestra encuesta, el 74,9%
de los habitantes de las ciudades escuchan la
radío diariamente y el 9,3% varias veces a la
semana, o cuando menos una vez. En muchos
apartamentos, como es sabido, la radio está conectada todo el día, independientemente del tema de la transmisión. Por eso, con el fin de
obtener un cuadro más real hemos tomado en
consideración sólo las audiciones activas y aten
tas de transmisiones concretas de radio. No tenemos motivo alguno para considerar que la
creciente popularidad de la TV haya hecho disminuir el interés por la radio. Su difusión continúa siendo extraordinaria. Y, junto con la
lectura, aquí es también donde se manifiesta
más fuertemente la tendencia a equilibrar la
situación de los diferentes grupos y capas de la
sociedad. Gracias a la completa electrificación
del país y al abaratamiento de los receptores,
en la práctica cada familia tiane ahora radio.
En el último tiempo se han hecho muy populares los transitores1 y los receptores portátiles.
La radio tiene la ventaja de que transmite durante todo ei día y da noticias cada hora. La
televisión no puede competir con este rápido
medio de información. Sin embargo, obliga a
la radio a adaptarse a las nuevas condiciones.
Entre las ocupaciones semanales ocupa el
tercer lugar la asistencia a cinematógrafos. El
26,7% de los consultados va aj cine, no menos
de una vez a la semana; el 23,7%, una vez al
mes, y el 17,5%, con intermitencias aun mayores. Una vez al mes o con más frecuencia van
al cine el 49,7% de las mujeres y el 51,9%
de los hombres. Como se ve, la diferencia entre los sexos no es grande en este sentido. Digamos de paso que nuestros datos son confirmados por los- de la Dirección Central de Estadística, los cuales señalan que el 53% de las
trabajadoras van sistemáticamente al cine.
En la asistencia semanal a los cinematógrafos no existe tampoco ninguna diferencia considerable entre los grupos sociales y (profesionales ni entre los grupos formados según la instrucción, los ingresos, la edad, etc. Las personas
con instrucción superior y unos ingresos mensuales superiores a los 2.000 forintos no acuden
al cine más veces que las categorías de remuneración más1 baja y las personas de instrucción inferior. En cambio, la edad de las personas influye grandemente en el porcentaje de
asistencia. Entre los espectadores que acuden

ai cine una v<
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EL SOCIALISMO Y EL TIEMPO LIBRE

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hombres y el 66,2% mujeres; de 21 a 24 años,
el 67,3% son hombres ¡y el 47,4% muj-eres; de
25 a 39 años, el 25,3% son hombres y el 23,2%
mujeres; de 40 a 59 años, el 16,6% son hombres
y el 17% mujeres; fina'mente, de más de 60
años de edad el 12,2% son hombres y el 14,6%
mujeres.
Según los datos anuales de la DCE, la asistencia al cine, que hace varios años era muy
elevada, ha disminuido notablemente. Una de
las causas de ello es, sin duda, la mayor popularidad de la televisión. Únicamente los jóvenes siguen siendo fieles ai cine. Esto se explica porque los jóvenes prefieren distraerse fuera de casa, y para ellos el cine no es sólo una
forma de distracción, sino también una forma
de «vida social».

Diagrama número 1
COMBINACIÓN DE LA ASISTENCIA AL
TEATRO CON ALGUNOS OTROS TIPOS
DE ACTIVIDAD
(en tantos por ciento)

d) Asistencia a los teatros.
Hemos prestado especial atención a este medio de asueto porque puede sar considerado como una prueba de la existencia de inquietudes
culturales más o menos fundamentales y porque, a base de este criterio, cabe formar una
idea sobre el nivel cultural de los diferentes
grupos y sobre el carácter y la intensidad de
sus exigencias culturales.
Al analizar la composición del público que
asiste sistemáticamente a los teatros, nos preguntamos si esta forma de asueto se alterna
con algunas otras: a las personas que con mayor o menor regularidad van al teatro ¿les
gusta leer, van al cine, practican el deporte?
A esta interrogante respecto el diagrama número 1.
El diagrama muestra que casi la mitad de
los habitantes de las ciudades que acuden al
teatro van sistemáticamente al cine y leen.
Esto es natural; dichas actividades se complementan orgánicamente por su carácter.
Sin embargo, el cuadro cambia inmediatamente tan pronto como entre las ocupaciones
aparecen e.i deporte o el estudio. Dichos tipos
de actividad requieren grandes inversiones de
tiempo y tienen un carácter «excluyante». Particularmente entre las mujeres. Las mujeres
cuentan con muchas menos posibilidades de
estudiar y de practicar deportes que los hombres, ya que el cuidado de los niños y las labores del hogar les dejan muy poco tiempo libre y les restan muchas de las energías necesarias. S-eñalemos que aunque el estudio contribuye a que disminuyan ocupaciones como la
lectura y la asistencia a teatros y cinematógrafos, en este sentido influye menos que el
deporte. Esta influencia «negativa» s-a acentúa

Personas que, además de acudir al teatro, sistemáticamente y de manera regular

O

leen
acuden al cine

\//\

leen

y acuden al cine

leen, acuden al cine y practican
deportes
otros casos
cuando van combinados ambos tipos dé actividad.
Los datos obtenidos en nuestra encuesta obligan también a fijar ¡la atención en otras tendencias. Para la -mayoría de las personas, ,eí
teatro, el cine y la lectura de libros son ahora
ocupaciones sistemáticas,, con frecuencia inclu:
so de forma organizada. Por ejemplo, en Hungría están muy difundidos los abonos teatrales; los pequeños cinematógrafos tienen sus espectadores permanentes que de manera.regular
asisten a la proyección ,de todos los. programas,;

10

EL SOCIALISMO Y EL TIEMPO LIBEE

las bibliotecas urbanas y fabriles cuentan igualmente con un público permanente. Todo esto
hace que los tipos de ocupación examinados
sean corrientes para multitud de personas y
constituyan una parte importante de su modo
de vida. Este fenómeno es de suma importrancia para comprender los procesos que tienen
lugar en nuestra sociedad en la esfera del
tiempo libre.

4. Ocupaciones cte los sábados
y domingos
El análisis muestra ante todo que las situaciones a fin de semana son muy diversas en
cuanto a la cantidad de tiempo libre disponible. Esto depende de los turnos de trabajo. En
Hungría crece sin cesar el número de los que
trabajan en varios turnos, a consecuencia de lo
cual una semana se reduce su tiempo libre [el
trabajo finaliza, el sábado por la tarde y co
mienza el lunes por la mañana temprano] y
otra semana, por el contrario, aumenta [desde
el mediodía del sábado hasta ei mediodía del
lunes]. Cierto -sa que hasta ahora, en Hungría,
sólo trabajan de esa forma cerca del 40% de
los obreros. Sin embargo, esto es muiy impor
tante, ya que en Hungría existe la vieja costumbre de ir al teatro, al cine, al baile, al restaurant o de visita fundamentalmente los sábados por la tarde. Está claro que si a esas
horas1 algunos miembros de la familia se encuentran ocupados, esto se refleja con frecu-encia en la forma en que pasan el tiempo libre
el resto de los familiares.
Sobre la estructura del día d-3 descanso influyen en gran modo el lugar de residencia y,
claro está, las condiciones1 de vivienda. La persona que tiene en los alrededores de la ciudad
un pequeño jardín, de ordinario encuentra allí
ocupación para todo el domingo. L/os que viven
lejos del lugar de trabajo, -en la mayoría de los
casos van a fines de semana a reunirse con la
familia, y esto determina totalmente el carácter de su día de descanso. En cambio, -desd-3 el
punto de vista de la existencia en una u otra
ciudad o en uno u otro distrito de los necesarios establecimientos culturales, que aseguran
un empleo racional del tiempo libre, el factor
vivienda no juega en Hungría ningún papel importante. En el siguiente apartado, dond-a se
tratará de los fenómenos que dificultan un mejor empleo del tiempo libre, veremos que la
falta de los correspondientes establecimientos
culturales casi no figura en las respuestas; en
nuestras ciudades existe suficiente número de
dichas instituciones, a las que la gente podría
acudir después del trabajo.

En general, la forma de pasar el día de descanso está en función de las diversas magnitudes; existencia en la familia de televisor o de
automóvil, número de miembros1 de la familia
y edad, etc. Cabe decir que no hay factor social o demográfico que en este sentido pueda
permanecer neutral.
He aquí cómo aparece, por ejemplo, la estructura del día de descanso de la población activa
[cuadro número 2], y no es difícil ver que se
diferencia de la estructura del descanso de los
pensionistas y de las personas que están a cargo de otras.
Cuadro número 2
MODOS DE PASAR EL DÍA DE DESCANSO
[en tantos por ciento del número de personas
consultadas de dicho grupo]
Tipo de ocupación

Población
activa

Pensionistas

Personas
a cargo
de otras

1. Descanso pasivo
2. Lectura de libros
3. Pequeños arreglos
caseros
4. Visión de programas televisados
5. Práctica de deportes
6. Asistencia a espectáculos deportivos
7. Visitas e invitados
8. Audiciones de radio
9. Asistencia a cinematógrafos
10. Estudio individual
11. Labores
12. Lectura de periódicos

24,0
8,9

32,8
8,7

20,1
10,0

5,4

4,3

1,8

5,0

3,2

4,7

4,0

3,9

4,4
4,3

2,0
7,9

1,1
6,4

3,9

8,3

4,1

3,6
4,0
2,2

1,2

2,8

3,4
3,6
4,8

1,3

2,4

1,7

Existe igualmente una considerable diferencia en la forma de pasar el fin ds semana entre los hombres y las mujeres.
El día más difícil para las trabajadoras es
el sábado. El tiempo de trabajo en la empresa
es ese día el mismo que los1 días corrientes,
pero en el hogar hay que realizar considerablemente más trabajo: hay que comprar artículos
alimenticios para dos días, limpiar más, lavar,
planchar, etc. Los datos que hemos recogido
muestran que la preparación de la comida [por
término medio 4 horas], asi como una limpieza
minuciosa del apartamento, el lavado de la ropa acumulada, etc., ocupan también mucho
tiempo el domingo; además, el domingo por la

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EL SOCIALISMO Y EL TIEMPO LIBRE

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•1 domingo por la

mañana las mujeres duermen corrientemente
una hora u hora y media más que los días de
labor, y a muchas les gusta también reposar
después de la comida.
Las ocupaciones femeninas el domingo después del (mediodía y por la tarde son muy parecidas a las masculinas. Esto confirma la tesis general de que las1 distracciones de fines de
semana tienen, por lo común, un carácter familiar y en -ellas participan juntos los cónyuges.
El descanso, la asistencia a los cinematógrafos,
las excursiones fuera de la ciudad, el ir de visita y el recibir invitados ¡y la lectura son tipos
de ocupación de fines de semana en los que no
se observa una diferencia especial entre hombres y mujeres [véase el diagrama número 2]. J
El reposo pasivo en los días de descanso ocupa en los hombres y mujeres aproximadamente
el mismo lugar. Los obreros calificados descansan más que las mujeres. Entre los trabajadores1 intelectuales sucede exactamente lo contrario. Como este tipo de reposo ocupa un lugar
destacado entre las ocupaciones de los días feriados, no carece de interés fijar la atención en
otras circunstancias. Resulta que en este sentido no se observa entre los jóvenes diferencias
particulares en dependencia del sexo; los hoim<bres adultos [de 40 a 59 años de edad] descansan mucho más que las mujeres. Si examinamos
los datos proporcionales en dependencia de la
instrucción, salta a la vista que en el grupo
con instrucción inferior durante los días de descanso reposan preferentemente los hombres, y
en los grupos con instrucción superior, las mujeres.

5. Obstáculos para invertir
el tiempo libre
A la pregunta de nuestra encuesta «¿Qué le
impide a Ud. pasar el tiempo libre a su gusto?»,
los consultados respondieron de distinta forma.
La mayoría de las respuestas se refirieron a la
falta o escasez1 de tiempo libre [32,4%], a las
dificultades materiales —insufici.3ncia de recursos— [16,7%], al cansancio [11,6%]. La falta en la ciudad de los necesarios establecimien
tos culturales únicamente fue mencionada por
una ínfima minaría [1,4%]; -esto indica que en
el país existe la suficiente base para que los
trabajadores utilicen el tiempo de asueto de la
mejor forma. El 13,2% de los consultados manifestaron que no ven obstáculos -especiales para ello. La encuesta no excluía la posibilidad de
1 En el diagrama no se tiene en cuenta el grupo
de personas que están a cargo de otras,

11

Diagrama número 2
MODOS DE PASAR EL DÍA DE DESCANSO
LOS HOMBRES Y LAS MUJERES
[en tantos por ciento del número de personas
consultadas]

Asistencia

hombres
mujeres

que se expusieran varias causas a la vez. Por
eso muchas personas [18,5%] aludieron a la
falta de tiempo y a la insuficiencia de recursos
materiales, así que tuvimos que analizar la dependencia de estos dos factores.
El diagrama número 3 ofrece un cuadro general de las respuestas1 obtenidas en ei curso
del estudio. Hemos conservado, como lo hacemos desde el comienzo, la división de los consultados en tres grupos; ocupados activamente,
pensionistas y personas a cargo de otras.
El principal obstáculo [generalmente para todos los consultados] que impide disfrutar del
descanso de la mejor manera es la falta de
cantidad suficiente de tiempo libre. Como hemos
señalado, las mujeres se encuentran en este
sentido en peores condicionas, al igual que las
personas de instrucción más elevada y las que
realizan un trabajo intelectual. Veamos los datos a este respecto. Se quejan d-3 insuficiencia
de tiempo: en el grupo de los que han cursado
1—7 clases de la escuela media incompleta, el
25,1% de los hombres y el 27,8% de las mujeres; en el grupo con 8 grados de instrucción, el
29,1% de los hombres y el 35,1% de las mujeres; con enseñanza media, el 43,2% de los honv

12

El, SOCIALISMO Y EL TIEMPO LIBRE

Diagrama número 3

dualmente las fronteras entre el tiempo de tra
bajo y el tiempo libre, las personas con insDISTRIBUCIÓN DE LOS CONSULTADOS EN
trucción superior, los especialistas de alta caliDEPENDENCIA DE LA SITUACIÓN SOCIAL ficación ocupan precisamente el primer lugar.
Y DE LOS FACTORES QUE IMPIDEN INEl peso específico dsl segundo motivo [insufiVERTIR EL TIEMPO LIBRE EN LA FORMA ciencia de recursos materiales! aumenta notaDESEADA
blemente, entre otros factores, a causa de los
pensionistas [el 38,3% de
los consultados1 de dicho
grupo mencionaron este ¡cao.
tivo]. El 17,8% de los hombres consultados y el 15,2%
de las mujeres señalaron
la insuficiencia de dinero.
En lo que se refiere a los
grupos formados según el
grado de instrucción, se
observa una dependencia
precisa: cuanto más alto es
el nivel cultural, la falta
de tiempo libre va cada vez
más por delante de la falta
de recursos materiales. Entre los grupos sociales profesionales, los obreros no
calificados, invocan sobre
ocupados activamente
todo, cosa completamente
pensionistas
lógica, el factor dinero.
personas a cargo de otras
En cambio, el factor cansancio en este grupo no
1 Falta de tiempo
5 Falta de estableci- juega mayor papel que entre los1 trabajado2 Insuficiencia de reres intelectuales Entre los obreros no calificamientos culturales
dos invocan este factor el 16,6% de los homcursos mateTiales
6 Enfermedades
bres y el 11,9% de las mujeres, en tanto que
3 Cansancio
7 Otros motivos
entre los trabajadores intelectuales lo hacen el
4 Falta de tiempo y 8 Sin ningún motivo
11,1% de los hombres y el 25% de las mujeres.
de recursos
Otro reflejo de esta tendencia es también la
bres y el 51,1% de las mujeres; entre los estu- situación de los grupos clasificados según sus
ingresos. Entre los consultados del grupo de
diantes universitarios, el 38,4% de los hombres
y el 44,5% de las tniujeres, y, por último, entre
ingresos inferiores invocaron el cansancio deslos diplomados en escuelas superiores1, el 41,1%
pués del trabajo el 9,4%; en el grrupo de ingrede los hombres y el 50% de las mujeres.
sos superiores, el 16,2%. Así, pues, más que naDe la situación de las mujeres se ha dicho
die se quejan del cansancio las personas con
antes' ya bastante. En lo ¡que respecta al factor
instrucción superior y una elevada calificación
de la instrucción, la falta de tiempo entre los
y, por consiguiente, con ingresos más altos; y
trabajadores intelectuales, lo nr'smo que entre
entre ellos1 también predominan las mujeres,
los especialistas más calificados en general, es
que soportan, además, la pesada carga del tradebida a que estos1 medios se caracterizan por
bajo doméstico.
sus mayores demandas en la esfera del asueto.
Como es sabido, una parte considerable de los
6. Algunas conclusiones
intelectuales participantes en la construcción
socialista continúan estudiando y tratan de
•Está claro que la apreciación definitiva y el
marchar al compás del tiempo, tanto en su esbalance general de la investigación efectuada
pecialidad como en el sentido de dominar la
podrán hacerse únicamente más tarde, sobre la
cultura moderna. En Hungría aumenta sin cebase de un análisis comparativo de los resultasar el número as personas que son tan fieles
dos obtenidos. Sin embargo, ya ahora se puea su vocación que incluso se ocupan de su acden sacar algunas conclusiones previas. Al hatividad profesional fuera dei tiempo de trabajo,
y entre aquellos en cuya vida se borran gra- cerlo queremos recordar de nuevo que nuestra

encuesta no es
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EL SOCIALISMO Y EL TIEMPO LIBRE

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en ei análisis de la situación en la esfera del
tiempo libre en Hungría; al enjuiciar nuestras
conclusiones no se puede dejar de tener en
cuenta esta circunstancia.
Como hemos visto, las costumbres y los modos1 de invertir el tiempo libre dependen directamente de la situación social y profesional,
de la cuantía de los ingresos, del sexo, de la
edad, de la instrucción y de otras características sociales y demográficas de las personas.
Sin embargo —y esta es una de las conclusiones más importantes de nuestro análisis—,
en Jas condiciones de la Hungría socialista
no existen en la estructura del reposo profundas diferencias y desproporciones entre los dis.
tintos grupos de la población. Es más, si tenemos en cuenta las tendencias existentes en
el desarrollo de la sociedad, nos encontramos
ante un proceso de constante nivelación de la
situación de los diferentes grupos sociales y
demográficos.
En efecto, crece el número de horas libres,
mejora el abastecimiento relativo y absoluto de
la población con los necesarios medios materiales (y culturales. Lógicamente, la utilización racional del tiempo libre se convierte en una demanda masiva. Con el fin de satisfacer estas
exigencias —precisamente en proporciones masivas— se desarrollan en nuestro país diferentes
tipos de establecimientos culturales y los medios de información y comunicación de masas.
Casi en cada hogar hay ahora radio; aumenta
sin cesar el número de personas que disponen
de transporte personal, lo que inmediatamente
se refleja en la forma de pasar los fines de semana; por último, crece con gran rapidez el
número de televisores. Este último fenómeno
reviste particular importancia, ya que a él están ligados serios cambios en la estructura del
tiempo libre en general. La televisión hace posible que al mismo tiempo dos .millones de personas por término medio [¡el 20% de la población del país!! vean en las horas que más les
convienen las transmisiones que les interesan.
La televisión influye en la distribución diaria
de] tiempo. Por último, bajo la influencia de la
TV, en los dos últimos años se ha reducido la
asistencia a los cines, parte considerable de los
aficionados al deporte han obtenido la posibilidad de presenciar encuentros sin salir de casa
y parte de los amantes del teatro pueden de
igual modo conocer las últimas representaciones. Indiscutiblemente este fenémeno tiene también sus lados negativos Sin embargo, es indudable que la televisión constituye un medio muy
eficaz da instrucción y de esparcimiento de las
imasas, que actúa simultáneamente y por igual
sobre todas las capas y grupos de la población

13

y es capaz de resolver cardinalmente el problema de la democratización de la cultura.
El proceso de elevación sistemática de la
cultura 'del asueto, que es de lo que se trata, no
guarda relación únicamente con las posibilidades de las personas, sino también con el cuadro real de su manera de invertir el tiempo, Se
amplían y se diferencian los tipos de actividad
de la población durante el descanso. Juegan un
papel cada vez mayor ocupaciones como el estudio nocturno, la elevación organizada de la
calificación, la instrucción autodidáctica, el es
tudio político, etc. Muchas personas se ocupan
de los problemas de su actividad profesional incluso después del trabajo. Estos fenómenos tienen como base el deseo natural del hombre de
asimilar al máximo los conocimientos acumulados por la sociedad, así como 'también la circunstancia de que una calificación y una erudición mayor llevan parejos la elevación del
prestigio de la persona y el aumento de su
bienestar material.
La segunda conclusión previa de nuestro análisis es que el proceso de nivelación de la situación de los diferentes grupos no se opera
sin obstáculos, no transcurre lisa y llanamente,
sino en el curso del surgimiento y de la superación incesantes de contratendencias de diverso género. A este respecto los datos de la encuesta indican, en primer lugar, qua en la actualidad las personas tienen aún poco tiempo
libre. Particularmente si se trata de las trabajadoras. A pesar de que, como muestran las
cifras, no se rezagan mucho de los hombres en
la asistencia al cine y al teatro o en la lectura
de libros, lo cierto es que el trabajo doméstico
acarrea escasez de tiempo y fatiga, impidiendo
a las mujeres dedicarse activamente al depo-rte, a la instrucción autodidáctica y al estudio
dirigido.
El proceso de nivelación es bastante desigual,
no abarca con idéntica intensidad a los diferentes grupos y tipos de ocupación. Entre algunas capas de la población existen, por ejemplo, no pocas desproporciones en la asimilación
de conocimientos de ciencias naturales. Hemos
señalado cuan alto es en Hungría el porcentaje de personas que acudan al cine y a los teatros, leen libros', etc. Estos datos indican, indudablemente, que vastas masas sienten grandes apetencias culturales, coincidentes con su
estilo natura] de vida. Mas, por otra parte, las
cifras muestran que en el dominio cultural
existen todavía «manchas blancas». Son muchos aún los que no tienen exigencias culturales determinadas ni un gusto bien desarrollado,
por lo cuai no se puede hablar todavía en estos
casos del papel consciente del individuo en la
elección de las ocupaciones. Este hecho eleva

14

EL SOCIALISMO 5T EL TIEMPO LIBRE

la responsabilidad de las personas encargadas
de aplicar la política cultural y muestra qué
grandes tareas debe resolver aún en este sentido el Estado socialista.
Lo mismo cabe decir del deporte. Por una
parte, los países socialistas consiguen elevadas
marcas en ¡las competiciones deportivas mundiales; en nuestro país el deporte es muy popular, la asistencia a las competiciones deportivas es muy elevada, etc. De otra parte, los
datos de nuestra encuesta indican que el deporte de masas todavía no está tan extendido como debiera: existe demasiada diferencia entre
los hombres y las mujeres. Por lo general, los
hombres casados, al acarearse a los 30 años,
abandonan la práctica sistemática del deporte.
Existen toda una serie de problemas de orden a la inversión del tiempo libre a fines de
semana. Debido a determinados factores objetivos y subjetivos no todos los habitantes de
(las ciudades, ni mucho menos, están en condiciones de aprovechar los nuevos horizontes
que los sábados y domingos se abren ante ellos
en la esfera de la cultura y del descanso.
A este respecto, y sobre la base del análisis
de Has respuestas que hemos obtenido, puede
hablarse de dos tipos fundamentales de disfrute del descanso dominical por las familias que
viven en las ciudades. Las familias del primer
tipo tienen un género de vida más moderno.
Sus miembros descansan de forma activa,
realizan paseos y excursiones fuera de la ciudad, escuchan la radio, ven los programas televisados, etc., seleccionando atinadamente las
emisiones necesarias En esto se distinguen
particularmente las familias más jóvenes y
aquéllas cuyos miembros tienen instrucción
superior. Las familias del segundo tipo viven
de acuerdo con la estructura tradicional del
tiempo, en la que todo el domingo gira alrededor de la comida. El ama de casa prepara
durante horas la comida del domingo, que es
el acto central que agrupa a toda la familia;
luego sigue corrientemente el reposo pasivo:
una larga siesta. En estas familias, los hombres
juegan frecuentemente a las cartas, asisten a
competiciones deportivas o -escuchan su transmisión, mientras que las mujeres realizan diferentes labores caseras acumuladas durante la
semana.

Así, pues, nuestra investigación nos ha permitido poner de manifiesto las tendencias de
democratización de la cultura y el descanso
en las condiciones de la construcción socialista. La revolución liquidó la situación privilegiada de las antiguas clases dominantes y fc,
rantizó posibilidades idénticas para todas las
capas sin excepción del pueblo trabajador. En
nuestra encuesta hemos visto los resultados
positivos de este proceso.
Sin embargo, la investigación que hemos
realizado es insuficienta. Es necesario ante
todo un ulterior análisis cuantitativo del tiempo
libre de todos los grupos sociales. Para dar una
respuesta científicamente fundamentada a la
pregunta de cuánto tiempo exacto invierten los
trabajadores cada día o en plazos más prolongados en uno u otro tipo de actividad, no basta
el método de las encuestas, cuyas evaluaciones
son a menudo inexactas y arbitrarias. Esta labor debe s-er completada necesariamente con
un estudio del tiempo libre a base de métodos
fotográficos, confección de diarios personales
en los que se detalle la inversión dal tiempo,
interviús sobre cómo se ha pasado un día cualquiera, observaciones y experimentos. Las investigaciones deben ser repetidas y controladas varias veces
Además, no se trata únicamente del aspecto cuantitativo. Un cálculo semejante, por muy
perfecto que sea en el sentido técnico, sólo
puede esclarecer un aspecto del problema. Otro,
no menos importante, es el análisis del contenido de la revolución cultural. En los casos en
que se trata, ipor ejemplo, de la extensión de
la lectura o de la afición ai teatro, no basta
con saber cuánto tiempo se invierte en la lectura o cuántas veces al año van al teatro las
diferentes capas de la sociedad. Debemos saber además qué es lo que leen y ven. ¿Qué significa para ellos la literatura y el teatro, en
e!l sentido cabal de la palabra? ¿De qué manera y bajo la influencia de qué factores se
forman y se desarrollan los gustos individuales, etc.? En una palabra, debemos pasar de
los índices cuantitativos y de los datos estadísticos a examinar los aspectos cualitativos,
a analizar Jos hechos sociales. La realización
de esta tarea es un importantísimo cometido
de las ciencias sociales, lo mismo en Hungría
que en los demás países socialistas.

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