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Los primeros dominicos en América


LOS PRIMEROS DOMINICOS EN AMÉRICA
Dr. Ramón Hernández Martín O.P.
Los primeros dominicos en América – Ramón Hernández O.P. 3

Se celebran en este año del 2010 los cinco siglos de la llegada de los dominicos a
América, a la Isla de La Española. Dedicamos a aquellos primeros Dominicos esta
pequeña memoria y homenaje, como unas fotografías de presentación en la víspera de
embarcarse y en el momento de llegar al Nuevo Mundo. Al final, en el apéndice, el
testimonio de Bartolomé de Las Casas, que conoció a esos dominicos desde su llegada
hasta la muerte de todos ellos y de sus inmediatos sucesores. Las Casas ya se
encontraba allí desde 1502, exceptuada la ausencia de unos meses para su ordenación
sacerdotal, y murió muy anciano en 1566.

Éstos fueron los 16 primeros dominicos que pisaron tierras americanas:

1. En octubre de 1510 llegaron estos 4: Pedro de Córdoba, Antonio


Montesinos, Bernardo de Santo Domingo, los tres ya sacerdotes, y Domingo de
Villamayor, hermano cooperador.
2. En diciembre de 1510 (finales) o enero (principios) de 1511 los 5
siguientes: Tomás de Fuentes, Francisco de Molina, Pedro de Medina, Pablo de
Trujillo y Tomás de Berlanga.
3. En julio (principios) de 1511 otros 7: Lope de Paibol (otros leen Gaibol),
Hernando de Villena, Domingo Velázquez, Francisco de Santa María, Juan de
Corpus Christi, Pablo de Carvajal y Domingo de Mendoza.

En total en los primeros 9 primeros meses y unos días del comienzo de la misión
dominicana en el Nuevo Mundo llegaron 16 dominicos a la isla de La Española o de
Santo Domingo. Del primer grupo el hermano cooperador Domingo de Villamayor se
volvió a España al poco tiempo.

Nos interesamos aquí de los del grupo primero de dominicos que pasaron a las tierras
del Nuevo mundo. Fueron los cuatro siguientes: Pedro de Córdoba, Antonio
Montesinos, Bernardo de Santo Domingo, los tres ya sacerdotes, y Domingo de
Villamayor, hermano cooperador.

Debemos unir a este grupo al promotor de estos primeros viajes misioneros, que fue
Domingo de Mendoza y Loaísa, que no pudo embarcarse con ellos y lo hará nueve
meses y unos días más tarde con otros seis dominicos.

Todos los cinco que acabamos de señalar eran hijos del convento dominicano de San
Esteban de Salamanca, perteneciente entonces como ahora a la Provincia Dominicana
de España; en él tomaron el hábito de la Orden, iniciando así el noviciado, y al año
siguiente más un día hicieron la profesión religiosa, que entonces era única, solemne y
para toda la vida.
Los primeros dominicos en América – Ramón Hernández O.P. 4

Después de la profesión religiosa comenzaba su formación intelectual en los


conventos de estudios, ordinariamente de la propia Provincia Dominicana, pero en casos
señalados eran asignados a los conventos de estudios de las otras provincias de la
Orden. Los capítulos provinciales hacían pasar a nuestros estudiantes por los diversos
conventos en los que tenían centradas sus casas de formación.

Este grupo de dominicos, que acabamos de mencionar, aunque eran frailes profesos
del convento de San Esteban de Salamanca, fueron asignados por los capítulos de la
Provincia Dominicana de España, a otros Estudios Provinciales, como San Pablo de
Valladolid y Santo Tomás de Ávila. Otros centros de estudios, que formaron misioneros
fueron los conventos de San Pablo de Sevilla, San Pablo de Córdoba, Santa María de
Trianos (León), San Pedro Mártir de Toledo, etc, y los Colegios de San Gregorio de
Valladolid, Santo Tomás de Sevilla, Santo Tomás de Alcalá, etc.

El historiador que más datos nos ofrece sobre los cinco misioneros de que vamos a
hablar ahora es, dentro del siglo XVI, Bartolomé de las Casas en su Historia de las
Indias, tanto de su vida anterior a la embarcación para el Nuevo Mundo como sobre la
labor misionera que en él realizaron.

Es un autor plenamente de fiar con respecto a estos misioneros, pues él se encontraba


ya en la isla Española, cuando aquéllos llegaron y siguió muy de cerca sus pasos desde
los primeros momentos, hasta llegar a una verdadera amistad y entrar también él en la
Orden de Santo Domingo. Los datos de la vida de estos cinco, cuando estaban en
España, los tomó de los mismos biografiados, y nos los ofrece con precisión y sin
contradicción alguna.

Otro historiador muy cercano a los hechos es el también dominico Juan de la Cruz,
que ingresó en la Orden Dominicana o de Predicadores en 1525. Escribió una obra, hoy
rara, titulada Corónica [así] de la Orden de Predicadores…por el Padre Fray Juan de la
Cruz…Va repartida en dos partes; en la primera van cinco libros, y en la segunda
dos…impreso en la imprenta de Manuel Juan, Lisboa, 1567; Primera Parte, lib. 2º, cap.
LI, fols. CXXVIra-CXXIXva .

Da a este capítulo cincuenta y uno el siguiente título: “De cómo fueron a Las Indias
los frailes de Sancto Domingo y plantaron allí su Orden”. En el fol. CXXVIrb dice que
fray Domingo de Mendoza “començó este sancto propósito [de misionar en Las Indias]
en el convento de San Esteban de Salamanca”, etc.

Muy importante historiador también sobre este tema es el dominico Agustín Dávila
Padilla, que nos ha legado la valiosa obra titulada Historia de la…Provincia de Santiago
de México, elaborada en la década de los 1580, aunque se imprimió a finales de ese
siglo XVI. El autor está muy bien informado sobre los primeros dominicos en América.
La distancia de años es bastante reducida y maneja bien las actas de los capítulos
provinciales y los informes escritos sobre ellos y por ellos, además de los datos oídos y
solicitados de los religiosos mayores en la Orden.

Citamos ahora a otros dos que ingresan en la Orden Dominicana u Orden de


Predicadores a finales del siglo XVI, y escriben su obra dentro de los dos primeros
decenios del XVII. Sea el primero Alonso Fernández, que se ocupó de los datos
biográficos de nuestros misioneros y de la obra por ellos realizada. Los inconvenientes
Los primeros dominicos en América – Ramón Hernández O.P. 5

de su historia son el de ser algo tardía a los hechos y su tendencia a exaltar los
acontecimientos para engrandecer a sus biografiados. No obstante él vivió en años en
que permanecía muy viva la memoria de los primeros misioneros y plasmó en su obra
toda esa tradición.

Ingresó en la Orden de Predicadores o Dominicana el historiador Alonso Fernández


en el convento de San Vicente Ferrer de Plasencia en 1573 y escribió su Historia del
convento de San Esteban de Salamanca…hacia 1615; puedes verla impresa por Justo
Cuervo O. P. en Historiadores del convento de San Esteban de Salamanca, Tomo I,
Imprenta Católica, Salamanca 1915.

Ayudará asimismo uno de los más fiables historiadores de las misiones dominicanas
de América, Antonio de Remesal en su Historia General de las Indias Occidentales…,
publicada en Madrid en 1620. Ingresó en San Esteban de Salamanca en 1592, y vivió
con fuerza la tradición misionera del convento hasta embarcarse él mismo para Las
Indias, donde continuaba todavía fresca la memoria de la actividad de los predecesores.

En el orden documental debemos tener delante para puntualizar los datos de nuestros
misioneros lo que conservamos del Libro antiguo de profesiones del convento de
Salamanca. Digo lo que conservamos, porque en el volumen original faltan los primeros
folios, correspondientes a la estancia de estos misioneros en España antes de
embarcarse, pero conservamos un resumen o conjunto de notas de ese libro, hecho,
según dice repetidamente su autor, teniendo delante el original. Su autor es Juan de
Araya. Lo publica Justo Cuervo en la citada obra en tres grandes y gruesos volúmenes,
Historiadores del convento de San Esteban de Salamanca, tomo I; en la segunda parte
de este volumen o tomo primero.

Otra fuente de primera categoría son las Actas de los Capítulos Provinciales de la
Provincia de España, publicadas en la revista oficial del Instituto Histórico Dominicano
de Salamanca, “Archivo Dominicano”, fundado en 1980. Desde el primer volumen
hasta hoy viene publicando Ramón Hernández actas medievales y modernas de los
capítulos provinciales de la mencionada, poco ha, Provincia Dominicana de España.

Más fuentes: Registro del Maestro de la Orden Tomás de Vio Cayetano, publicado
por A. de Meyer en Roma, en 1915 en el Convento de Santa Sabina de la Ciudad
Eterna, en la valiosa colección “Monumenta Ordinis Fratrum Praedicatorum Historica”,
volumen XVII.

Sobre la documentación del embarque de nuestros misioneros ve a J. Castro Seoane,


Aviamiento y catálogo de las misiones que en el siglo XVI… en “Missionalia
Hispanica” 13 (1956) 123-140.

DOMINGO DE MENDOZA Y LOAYSA

Hermano de García de Loaysa. Nadie duda que fue hijo del convento de San Esteban.
El citado Alonso Fernández dice que tomó el hábito el 23 de marzo de 1492. Así lo dice
igualmente el extracto del antiguo libro de profesiones, al que hicimos antes referencia.
El acta del capítulo provincial de Toro de 1493 lo asigna a Salamanca como estudiante
Los primeros dominicos en América – Ramón Hernández O.P. 6

de Lógica, y figura en un capítulo conventual de ese año. El acta del capítulo provincial
de Ávila de 1496 lo asigna al convento de Santo Tomás de Ávila. Años más tarde es
enviado al de París o Bolonia, de donde el Maestro de la Orden, Esteban Bandelli, lo
envía a España, para volver pronto y terminar la carrera teológica. El Cardenal Tomás
de Vío Cayetano, siendo Maestro de la Orden, como consta en el libro registro de su
generalato, lo envía a España el 13 de octubre de 1508 para que vaya a las Indias como
Vicario Provincial del grupo que se alistará como misionero del Nuevo Mundo; si no
pudiera ir a Las Indias, debería volver a la Congregación de S. Marcos de Florencia.

Ahora parece tener realidad lo que cuenta Bartolomé De Las Casas en Historia de las
Indias, lib. II, cap. LIV: cuando logró conquistar para las misiones de las Indias a Pedro
de Córdoba, Antón Montesino y Bernardo de Santo Domingo, y al lego Domingo de
Villamayor. ¿Dónde inició Domingo de Mendoza sus conversaciones con estos cuatro?
No en Ávila, como afirman algunos, pues ahí fueron destinados los tres primeros en el
capítulo provincial de Valladolid del 10 de junio de 1509. Tal vez en Salamanca, como
parece afirmarse en ese lugar de la Historia de las Indias de Bartolomé de Las Casas. O
quizás fuera en Valladolid, pues el citado capítulo provincial de 1509 dice que fueron
asignados del convento de San Pablo de Valladolid, donde se encontraban estudiando en
1507 y 1508, al convento de Santo Tomás Ávila.

Como esto que acabo de decir vale para Pedro de Córdoba y compañía, sólo diré de
éstos que fueron hijos de San Esteban de Salamanca, como lo era también Domingo de
Mendoza. Importante es a este respecto la nota del capítulo provincial del 22 de febrero
de 1508, celebrado en Zamora: los hermanos permanezcan asignados en el convento
donde se encuentran. Como nuestros protagonistas estaban en Valladolid en 1508, y el
capítulo provincial de ese año dice que queden donde se encuentran, puede deducirse
que su destino de 1507 era también ése, el convento de San Pablo de Valladolid.

PEDRO DE CÓRDOBA

Las Casas y los historiadores de San Esteban dicen que, encontrándose estudiando en
la Universidad de Salamanca, sintió la vocación dominicana e ingresó en el convento de
San Esteban de la Ciudad del Tormes. Como no consta en el extracto del libro original
de profesiones (de este libro dijimos que carece de los folios en que correspondería estar
el nombre de Pedro de Córdoba), algunos se han permitido dudar. Ya uno de los
historiadores de San Esteban (Jerónimo Quintana) se permite esa duda, pues son varios
los fray Pedro de Córdoba de ese tiempo, y no es fácil identificar el nuestro. Las Casas,
que lo dice sin vacilar y fue muy afecto a Pedro de Córdoba desde que éste puso los pies
en la isla de Santo Domingo, merece todo crédito. Debió ingresar en el convento
dominicano salmantino hacia 1500-1502. El capítulo provincial de Burgos de 1506 lo
presenta como diácono y lo asigna como estudiante a Salamanca. En 1507 y 1508 está
en San Pablo de Valladolid. En el capítulo de Valladolid de 1509, ya sacerdote, pero
todavía estudiante, es asignado a Ávila.
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ANTÓN MONTESINO1

Cierta confusión pudiera haber si el año de 1502 fue su año de toma de hábito en el
convento de San Esteban, como parece sugerir el extracto del Libro antiguo de tomas de
hábitos y profesiones del convento de San Esteban de Salamanca, o tal vez el de su
profesión. Yo pienso que fue el año de su profesión, porque en el capítulo provincial de
Jerez de 1502 aparece como acólito asignado al convento de San Esteban. En ese
capítulo se determinó que se hiciera en todos los conventos de la provincia “un libro de
profesiones, en el que se hiciera constar los nombres de los profesos con el día, mes y
año de la profesión, con las firmas, al final de cada profesión, del Prior, de tres o cuatro
frailes testigos, y del recién profeso”. Se ordena también esto para la monjas.

Como Pedro de Córdoba, también Antón Montesino o de Montesinos, en 1507 y


1508, está de estudiante en San Pablo de Valladolid. Entonces comienza su contacto con
Domingo de Mendoza y Pedro de Córdoba sobre la posible misión en las Indias. De
Valladolid el capítulo provincial de 1509, siendo ya sacerdote, lo asigna al convento de
Santo Tomás de Ávila, para que termine su carrera teológica. Lo demás, como en lo
dicho de Pedro de Córdoba, puede verse en la Historia de las Indias de Bartolomé de
Las Casas.

BERNARDO DE SANTO DOMINGO

Sobre su filiación al convento de San Esteban de Salamanca los testimonios más


antiguos son los de Bartolomé de las Casas, en Historia de las Indias, lugar antes citado,
y Alonso Fernández en Historia del Convento de San Esteban de Salamanca, ed. J.
Cuervo Historiadores… Tomo I, pág. 26.

El mencionado extracto del Antiguo libro de hábitos y profesiones no lo menciona.


El capítulo provincial de Jerez de 1502 lo asigna, siendo ya diácono, a Ávila. En Ávila
lo vemos asistir a algunos capítulos conventuales en 1504, en 1505 y en 1507. En ese
año debió ser asignado al convento de San Pablo de Valladolid, donde está también en
1508 y parte de 1509. Ahí fue atraído a la vocación misionera por Domingo de
Mendoza y Pedro de Córdoba. En el Capítulo provincial celebrado a partir del 10 de
junio de 1509 en Valladolid, siendo ya sacerdote, es asignado con Pedro de Córdoba y
Antón Montesino al convento de Santo Tomás de Ávila.

DOMINGO DE VILLAMAYOR

El hermano cooperador, conquistado también por Domingo de Mendoza y Pedro de


Córdoba para las misiones de Las Indias, es igualmente profeso en el convento de San
Esteban de Salamanca, según Bartolomé de Las Casas. Aparece destinado como
hermano lego a Ávila en el capítulo provincial de Burgos de 1506. Como los anteriores
fue destinado algo más tarde al convento de San Pablo de Valladolid. Y en Valladolid,

1
Así lo escribe Las Casas
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como los anteriores recibió la asignación convento de Ávila en 1509, según consta en el
parágrafo de las asignaciones del múltiplemente citado capítulo de Valladolid de 509.

Bartolomé de Las Casas nos dice de fray Domingo de Villamayor, que se volvió a
España al poco tiempo de llegar a la isla de la Española, o de Santo Domingo. En 1511
lo encontramos en un capítulo conventual del convento de Santa Cruz de Segovia.
Los primeros dominicos en América – Ramón Hernández O.P. 9

APÉNDICE

Bartolomé de las Casas, en Historia de las Indias, Libro II, capítulo LIV nos habla de
los misionero indicados: su procedencia; cómo tuga lugar su vocación misionera, y su
llegada e instalación en el Nuevo Mundo.

“Por este tiempo, en el año de 1510, creo que por el mes de septiembre, trujo la
divina providencia la Orden de Santo Domingo a esta isla [de La Española…]. El
movedor primero, y a quien Dios inspiró divinalmente la pasada de la Orden acá, fue un
gran religioso de la Orden, llamado fray Domingo de Mendoza, hermano del Padre fray
García de Loaísa, que después fue Maestro General de la Orden, y confesor del
emperador y rey de España, Carlos [… luego obispo de Osma, y arzobispo y cardenal
de Sevilla, primer presidente del Consejo Real de las Indias, que rigió durante más de
veinte años]. “Para su santo propósito [fray Domingo de Mendoza] halló a la mano un
religioso llamado fray Pedro de Córdoba [… Éste] entró en la Orden de Santo Domingo
bien mozo, estando estudiando en Salamanca, y allí en San Esteban se le dio el hábito
[…]. A este bienaventurado halló el Padre fray Domingo de Mendoza dispuesto para
que le ayudase a proseguir aquesta empresa, y movió a otro, llamado el Padre fray
Antón Montesino, amador también del rigor, my religioso y buen predicador.
Persuadieron a otro santo varón, que se decía el Padre fray Bernardo de Santo Domingo,
poco o nada experto en las cosas del mundo, pero entendido en las cosas espirituales,
muy letrado y devoto y gran religioso. “Éstos movidos y dispuestos para le ayudar, [fray
Domingo de Mendoza] fue a Roma para negociar con [el Reverendísimo Padre fray
Tomás de Vío] Gaetano, que era entonces Maestro General de la Orden, y trujo
recaudos para pasar la Orden a estas partes, y, habida licencia también del rey, porque
tuvieron necesidad que otra vez se tornase a hablar con el Maestro General para sus
cosas de Orden, quedóse el Padre fray Domingo de Mendoza para las negociar, y envió
al dicho Padre fray Pedro de Córdoba, que tenía entonces edad de veintiocho años, por
vicario de los otros dos, aunque más viejos, y un fraile lego que les añidió. “Estos cuatro
religiosos trujeron la Orden a esta isla. El fraile lego se tornó luego a Castilla, y
quedaron los tres, los cuales comenzaron luego a dar de su religión y santidad suave
olor, porque, rescibidos por un buen cristiano, vecino desta ciudad, llamado Pedro de
Lumbreras, dióles una choza, en que se aposentaron, al cabo de un corral suyo, porque
no había entonces casas, sino de paja y estrechas”.