I SIGNIFICADO CULTURAL Y PSICOLOGICO DE LAS NEUROSIS

Los neuróticos discrepan de los seres humanos en sus reacciones. El concepto de lo normal no solo varia con las distintas culturas, sino también con el tiempo, en idénticas condiciones culturales. Toda cultura se aferra a la creencia de que sus propios impulsos y sentimientos constituyen la única expresión normal de la naturaleza humana. Freud sostuvo que no es factible penetrar una neurosis sin conocer en detalle las circunstancias de la vida individual y, en particular, las influencias moldeadoras del afecto que el niño recibe en la temprana infancia. Características de la neurosis: 1. Rigidez en las reacciones: ausencia de la flexibilidad que nos permite reaccionar de diversa manera frente a diferentes situaciones. 2. Estimable discrepancia entre las capacidades del individuo y sus realizaciones: tener la impresión de que él mismo es un obstáculo en su propio camino. Los dinamismos que intervienen en la producción de la neurosis con los que nos enfrentamos comúnmente con la angustia y las defensas levantadas contra esta. Por compleja que se la estructura de una neurosis, esa angustia es el factor que desencadena el proceso neurótico y lo mantiene en actividad. El neurótico no solo comparte los temores comunes a todos los individuos de una cultura, sino que sufre además otras angustias distinguidas por su cantidad o realidad de las correspondientes a su cultura, y que obedecen a ciertas condiciones propias de su vida individual, vinculadas a las condiciones generales. El neurótico siempre es un sujeto que sufre. Otra característica esencial de las neurosis: la presencia de tendencias en conflicto, de cuya existencia, o por lo menos de cuyo contenido preciso el mismo neurótico no se percata y ante las cuales automáticamente procura alcanzar ciertas soluciones de compromiso. La neurosis es un trastorno psíquico producido por temores, por defensas contra los mismos y por intentos de establecer soluciones de compromiso entre las tendencias en conflicto.

II FUNDAMENTOS DE LA PERSONALIDAD NEUROTICA DE NUESTRO TIEMPO
Al hablar de una personalidad neurótica de nuestro tiempo no solo queremos decir que existen neuróticos con peculiaridades esenciales comunes a todos ellos, sino también que estas similitudes básicas son esencialmente producto de las dificultades que reinan en nuestro tiempo y en nuestra cultura. Las actitudes así observables pueden clasificarse a grandes rasgos de esa manera; primero, actitudes frente al dar y recibir cariño; segundo, actitudes frente a la valoración de si mismo; tercero, actitudes frente al problema de la autoafirmación, cuarto, la agresividad, quinto la sexualidad. Uno de los rasgos predominantes de los neuróticos de nuestro tiempo es su excesiva dependencia de la aprobación o del cariño del prójimo. Su desmesurada exigencia de respeto a sus propios requerimientos puede unirse a una falta no menos cabal de consideración por los demás. La inseguridad interior, constituye el segundo rasgo que llama la atención al observar aun ligeramente al neurótico. Los sentimientos de minusvalía pueden mostrarse abiertamente en la superficie, bajo la forma de lamentaciones o preocupaciones. El tercer grupo de actitudes, las que atañen a la autoafirmación, implica inhibiciones manifiestas. Por autoafirmación entendemos el acto de imponerse o de imponer las propias pretensiones, aplicando esa idea sin ninguna connotación que indique un excesivo afán de avasallar. En este ultimo grupo tiene singular importancia la incapacidad de establecer planes. Los neuróticos se dejan llevar cual si flotaran en una corriente, inclusive tratándose de importantes decisiones. En el cuarto grupo de dificultades, el relativo a la agresividad, se dirige evidentemente contra alguien, expresando una conducta de ataque, ofensa, intrusión, o cualquier otra disposición hostil. Una de ellas es la propensión a ser agresivo, dominador y sobremanera exigente; a mandar, engañar o criticar. Las peculiaridades del quinto tipo, las de la esfera sexual, pueden clasificarse en forma somera como deseos compulsivos de tener actividades sexuales, o bien como inhibiciones frente a estas.

III LA ANGUSTIA
El miedo seria una reacción proporcionada al peligro que se debe encarar, mientras la angustia es una reacción desproporcionada al peligro, o inclusive una reacción ante riesgos imaginarios. El miedo y la angustia son, ambos, reacciones proporcionales al peligro, pero en el caso del miedo el peligro es evidente y objetivo, en tanto que en el de la

angustia es oculto y subjetivo. Nuestra cultura nos ofrece cuatro vías principales para escapar a la angustia: racionarla, negarla, narcotizarla o evitar toda idea, sentimiento, impulso o situación capaz de despertarla. Es posible negar conscientemente la angustia, intentando superar mediante un esfuerzo de voluntad, a semejanza de lo que se hace en el nivel normal cuando se procura vencer el miedo negándolo atrevidamente. La inhibición consiste en la incapacidad de hacer, sentir o pensar determinadas cosas, y su función es evitar la angustia que se produciría se la persona pretendiese hacerlas sentirlas o pensarlas. Su forma mas espectacular y dramática la vemos en las inhibiciones funcionales de la histeria: ceguera, mutismo o parálisis histérica de un miembro. En la esfera sexual la frigidez y la impotencia representan inhibiciones semejantes. Las inhibiciones de la capacidad de concentración, de la formación o expresión de opiniones y de las relaciones con los demás. Si una inhibición llega a anular todo deseo o impulso, el sujeto puede no tener la menor noción de su presencia. Un segundo factor susceptible de impedir la conciencia de la inhibición interviene cuando esta desempeña tan significativo papel en la vida del sujeto, que el prefiere aceptar la como hecho inmutable. La angustia podrá encubrirse tras sentimientos de malestar físico, como las palpitaciones y la fatiga; hallarse escondida bajo roda una serie de temores que parecen racionales y justificados; ser la fuerza oculta que nos lleva al alcoholismo o a precipitarnos en toda suerte de distracciones. La hallaremos frecuentemente como causa de la incapacidad de hacer o gozar ciertas cosas, y siempre nos encontraremos con ella como factor causal de las inhibiciones.

IV ANGUSTIA Y HOSTILIDAD
Todo impulso agudo puede ser una causa directa de angustia si su realización contraria los intereses del propio sujeto. La represión es un proceso de tipo reflejo que se produce siempre en una situación particular nos resulta insoportable admitir que nos anima un impulso hostil. La represión es el camino más corto y breve para recuperar de inmediato la seguridad y la calma. Gracias a la represión, la aterrorizante hostilidad desaparece de la conciencia o es mantenida lejos de ella. Al reprimir la hostilidad, el sujeto ya carece de toda noción de que es hostil. Al reprimir la rabia, queda cerrado el acceso a estas posibilidades de restricción, con el resultado de que los impulsos hostiles trasgreden las restricciones interiores y exteriores, aunque solo en la fantasía. Otra consecuencia de la represión de la hostilidad es que el sujeto registra en si mismo la presencia de un efecto muy violento que escapa a sus posibilidades de dominio. Segundo proceso reflejo: el sujeto proyecta sus impulsos hostiles hacia el mundo exterior. Además, la proyección brinda igualmente al

individuo la posibilidad de autojustificarse, pues al intervenir ese proceso no es el quien quiere engañar, robar, explotar y humillar a los demás, sino estos quienes se proponen hacerle victima de semejantes maldades. Formas de angustia a las que puede llevar la represión de la hostilidad: a. el sujeto siente que el peligro proviene de sus propios impulsos. b. Lo percibe como de origen exterior. Ambos se dividen en dos subgrupos: 1. El peligro se considera dirigido contra uno mismo, 2. El peligro se considera dirigido contra los demás. Freud formulo dos concepciones de la angustia. La primera, la angustia resultaría de la represión de impulsos, proceso que atañe en forma exclusiva a los impulsos sexuales. La segunda angustia respondería al miedo ante aquellos impulsos cuyo descubrimiento o realización responderían a un peligro exterior. En general, la angustia resulta del temor a nuestros impulsos reprimidos siendo estos motivos de ansiedad.

V ESTRUCTURA BASICA DE LAS NEUROSIS
El factor nocivo básico es, sin excepción, la falta de autentico afecto y cariño. Un niño puede soportar muchas de las vivencias usualmente conceptuadas traumáticas el destete repentino, algunos castigos corporales, experiencias sexuales - , siempre que su intimidad se sienta querido y amado. Superfluo es decir que el niño percibe con toda sutileza si el amor es genuino, resultando imposible engañarle con ninguna clase de demostraciones simuladas. Por otra parte, ciertas acciones o actitudes de los padres no pueden menos que suscitar hostilidad. Una actitud paternal que, aunque no lo intente deliberadamente, consigue quebrantar la voluntad del niño. Evidentemente, los celos pueden constituir motivos violentos de odio, en los niños como en los adultos. El miedo puede ser provocado directamente por amenazas, prohibiciones y castigos o por accesos de ira y escenas violentas presenciadas por el niño. También el amor es una de las razones que llevan a reprimir la hostilidad. Los neuróticos raramente se percatan de su angustia u hostilidad básica, o al menos no les conceden la medida e importancia que poseen en la vida entera. La angustia básica tiene como consecuencias el aislamiento emocional y la sensación de debilidad intrínseca. Cuanto mas intolerable sea la angustia, tanto mas completas deberán ser las medidas de precaución contra ella. En nuestra cultura disponemos de cuatro recursos fundamentales a fin de escudarnos contra la angustia básica: el cariño, la sumisión, el poderío y el aislamiento.

VI LA NECESIDAD NEUROTICA DE AFECTO
Entre estas personas se cuentan: las que por encima de todo desean ser amadas y estimadas, valiéndose de cualquier recurso con tal de satisfacer ese deseo; aquellas en las cuales la conducta se caracteriza por la tendencia a someterse, a ceder y a no adoptar ninguna actitud afirmativa; aquellas cuyos anhelos se hallan gobernados por la ambición de éxito, de poderío o de posesión. La satisfacción de impulsos instintivos como el hambre o el sexual comúnmente dispensa placer, mas si la tensión física producida por ellos ha llegado a acumularse, la satisfacción alcanzada con su descarga es muy similar a la de la liberación de la angustia. El neurótico tratara de obtener cariño y amor como el recurso mas lógico y directo para ser objeto de benevolencia, ayuda o aprecio, cualquiera sea su forma. Las impresiones del neurótico: es poco lo que quiere, solo que la gente sea amable con el, que lo aconseje, que comprenda que es un alma, pobre, inofensiva y solitaria, ansiosa de agradar y de no herir la sensibilidad ajena. No se percata, en cambio, a que punto su hipersensibilidad y hostilidad latente y sus rigurosas exigencias entorpecen sus propias relaciones sociales. Sin saberlo el neurótico se halla preso en el dilema de ser incapaz de amar, y a la vez, de necesitar premiosamente el amor de los demás. La diferencia entre el amor y la necesidad neurótica de afecto estriba en el hecho de ser el sentimiento afectuoso primario, en aquel, mientras en el neurótico el sentimiento básico lo constituye el impulso de recuperar su seguridad, y la ilusión de amar es solo secundaria. Un neurótico inclusive puede experimentar autentico terror cuando se halla a punto de comprender que alguien le ofrece sincero cariño o amor.

VII OTRAS CARACTERISTICAS DE LA NECESIDAD NEUROTICA DE AFECTO
La indefensión es la necesidad neurótica que surge bajo precondiciones muy diferentes que, para repetirlas, son: angustia, sentimiento de ser indigno del amor, incapacidad de confiar en afecto alguno y hostilidad contra todo el mundo. La necesidad neurótica de afecto puede concentrarse sobre determinada persona, ya sea el marido, la esposa, el medico

o un amigo. En tal caso, la devoción, la simpatía, la amistad y la presencia misma de esa persona cobraran desmesurada importancia. La sumisión suele presentar la forma de no atreverse a disentir del prójimo o a no criticarle en nada, mostrando el sujeto únicamente devoción, admiración y docilidad. La estructura de las dependencias afectivas es algo mas complejo, pues en toda relación que involucre sujeción de una persona respecto de otra interviene siempre una buena dosis de resentimiento. A la persona dependiente le ofende su misma esclavitud, por tener que someterse, mas sigue haciéndolo ante el temor de perder al otro. La transferencia comprende la suma de las reacciones irracionales del paciente frente al analista, y no solamente su dependencia afectiva del mismo. La respuesta es mas bien simple: analizar significa, entre otras cosas, destruir las defensas levantadas contra la angustia y despertar así la ansiedad que acecha tras estos muros protectores. Una segunda característica de la necesidad neurótica de afecto, que si mismo la distingue fundamentalmente de la necesidad infantil, es su insaciabilidad. La codicia, con todas sus variantes e inhibiciones consecutivas, se denomina actitud oral. . la codicia muchas veces se expresa a través de la gula y de la manera de comer, así como en sueños que pueden expresar las mismas tendencias en forma mas primitiva. La apasionada intensidad dela codicia es similar a la de los impulsos sexuales. En tanto no se acepte que todo impulso apasionado es de índole libidinal. Será preciso que la codicia, en si misma, constituye un impulso sexual y pregenital.

VIII MANERAS DE LOGRAR EL AFECTO Y SENSIBILIDAD AL DESPRECIO
Los neuróticos son dolorosamente sensibles a todo rechazo o mero desprecio, por leve que sea; y una atmosfera tibia, aunque tranquilizadora en cierto sentido, les produce el efecto de una repulsa. Una persona se entregara a la bebida para aplacar su angustia, y luego temerá que también el alcohol pueda dañarle: o bien se masturbara para aliviar su ansiedad, y después quedara dominada por el temor de que la masturbación pueda perjudicarle; o, por fin, se someterá a algún tratamiento contra la angustia, angustiándose al poco tiempo porque aquel podría causarle mal. Los distintos expedientes posibles para lograr cariño pueden reducirse a los siguientes términos; soborno; llamado a la caridad; invocación a la justicia; y por ultimo, amenazas. Un segundo modo de conseguir afecto es el apelar a la piedad. El neurótico exhibe sus sufrimientos y su desvalidez ante los demás. El sufrimiento le sirve a la vez para justificar su derecho de exigirlo todo de los otros. El llamado a la justicia también puede fundarse en lo que el neurótico haría por los demás, si se le ofreciese la oportunidad. Señalara, entonces, cuan amable o abnegado seria si estuviese en la posición ajena, y

considera justificadas sus demandas porque no pide del prójimo sino lo que el mismo haría. Los neuróticos se hallan prestos a pagar el precio del sufrimiento, pues en esa forma logran expresar incriminaciones y demandas sin tener conciencia de ello, conservando así la idea de actuar en su derecho. El neurótico espera obtener la satisfacción de sus exigencias mediante conminaciones, no las pondrá en practica en tanto conserve esperanzas de lograr ese fin, pero si las pierde podrá cumplirlas, impulsado por la desesperación y el afán de vengarse.

IX PAPEL DE LA SEXUALIDAD EN LA NECESIDAD NEUROTICA DE AFECTO
La necesidad neurótica de afecto toma muchas veces la forma de una pasión sexual o de una insaciable sed de goces eróticos. Si la necesidad neurótica de cariño no fuese mas que un fenómeno sexual, resultaría harto dificultoso comprender los múltiples problemas que involucra, como el afán de posesión, de amor incondicional, el sentimiento de ser repudiado. El amor incondicional se atribuye al erotismo oral, al afán de posesión se explica como consecuencia del erotismo anal. El incremento de la exigencia de afecto representa un índice tan constante de la ansiedad, que sin temor a equivocarse cabe interpretarlo como señal de alarma indicadora de que cierta angustia ha aflorado a la superficie y requiere ser aplicada. Hasta cierto punto, la expresión sexual de la necesidad de afecto depende de que las circunstancias exteriores la favorezcan o no; o sea, en cierta medida, dela diversidad de cultura, vitalidad y temperamento sexual. Y, por fin, de que la vida sexual del sujeto sea satisfactoria, pues de lo contrario será mas propenso a reaccionar de manera sexual que las personas dotadas de actividades eróticas placenteras. Las relaciones sexuales representan para ellos no solo una liberación de tensiones especificas sexuales, sino también el único medio de entablar conexiones humanas. Si una persona se ha convencido de que le es prácticamente imposible obtener cariño, el contacto físico puede servirle como sucedáneo de los lazos afectivos. En tal caso la sexualidad se convierte en el principal, o acaso en el exclusivo puente hacia los demás, adquiriendo así importancia. No quieren perder la pareja, a causa de su tan perentoria dependencia del contacto con ella. Comer, beber, dormir, sexualidad: todas son necesidades vitales; su magnitud no varía únicamente con la constitución individual, sino con muchas otras condiciones: clima, falta o existencia de otras satisfacciones, ausencia o presencia de estímulos externos, intensidad del trabajo físico, estado general del organismo. Nos parece probable que en

estos casos el complejo de Edipo sea producido por la fijación del niño en uno de los padres en busca de una seguridad reconfortante. En verdad, un complejo de Edipo enteramente desarrollado, como Freud lo ha descrito, presente todos estos rasgos característicos de la necesidad neurótica de afecto: excesiva demanda de amor incondicional, celos, afán de posesión, odio por rechazo. Cabe concluir, pues; que en estos casos el complejo de Edipo no es el origen de la neurosis, sino, a su vez, una formación neurótica.

X EL AFAN DE PODERIO, FAMA Y POSESION
El anhelo de poderío, fama y posesión implica el fortalecimiento a través de cierta perdida de contacto y de cierto reaseguramiento de la propia posición. El afán neurótico de poderío, en cambio, nace de la angustia, el odio o los sentimientos de inferioridad. Para expresarlo categóricamente: el afán normal de poderlo nace de la fuerza; el neurótico, de la debilidad. El poderío, la fama y la posesión pueden conferir un sentimiento de mayor seguridad. Los afanes neuróticos de poderío, fama y posesión solo ponen a cubierto contra la ansiedad: son también útiles a manera de vías para derivar la hostilidad reprimida. El afán de poderío sirve, en primer lugar, de resguardo contra indefensión, que es, como ya hemos visto, uno de los elementos básicos de la angustia. En segundo termino, el afán neurótico de poderío sirve como protección contra el riesgo de sentirse o de ser estimado insignificante, forjándose el neurótico una noción rígida e irracional acerca de su poder, que lleva a persuadirle de que es capaz de superar cualquier situación, dominándola inmediatamente por dificultosa que sea. Primeramente, el neurótico deseara subyugar a los otros tanto como a si mismo. Este afán de dominar puede adoptar la forma atenuada de otorgarle conscientemente al prójimo su plena libertad. Otra actitud que integra el afán de poderío es la de no ceder jamás, es estar de acuerdo con una opinión o el aceptar el consejo, aunque se le considere acertado, se experimenta como una flaqueza, y la simple idea de proceder así desencadena la rebelión. Lo que sucede es que la hostilidad del neurótico ha sido obligada a adoptar modalidades civilizadas, irrumpiendo solo cuando aquel no logra imponerse. Las tendencias a humillar están profundamente reprimidas por lo general, en virtud de que el neurótico, sabiendo por experiencia propia cuanto dolor y rencor causa la humillación, intuitivamente teme estas reacciones en los demás. El neurótico intentara disimular la dureza de su actitud celosa buscando presentarla como envidia justificada. Los fines y las funciones del afán neurótico de poderío, fama y posesión pueden esquematizarse groseramente así:

PROTECCIO CONTRA: Indefensión Humillación Pobreza

FINES: Poderío Fama posesión

HOSTILIDAD EXPRESADA COMO: Tendencia a dominar Tendencia a humillar Tendencia a despojar a los demás

XI EL AFAN NEUROTICO DE COMPETENCIA
En nuestra cultura, el afán neurótico de competencia discrepa en tres sentidos respecto del normal: primero, el neurótico siempre se valora a si mismo en comparación con los demás, inclusive en circunstancias inadecuadas. El neurótico puede percatarse de que incesantemente se parangona con los demás, o bien hacerlo en forma automática, sin conciencia de ello. En todo caso, muy pocas veces reconoce conscientemente el destacado papel que en desempeña tal actitud. El segundo rasgo que lo distingue de la competencia normal es que la ambición del neurótico no solo reside en alcanzar mas que los otros o tener mayor éxito, sino también en ser único y excepcional. Estas ambiciones se concentran a veces sobre determinado objetivo: la inteligencia, el atractivo físico, las obras de cualquier clase o la moral.

UNIVERSIDAD DE SAN CARLOS DE GUATEMALA CENTRO UNIVERSITARIO METROPOLITANO CUM ESCUELA DE CIENCIAS PSICOLOGICAS PSICOLOGIA DE LA PERSONALIDAD LICDA. JORNADA NOCTURNA ± SECCION A

KARINA ESCOBAR VELASQUEZ GUATEMALA, 15 de abril de 2009

CARNE: 200317033