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LOS HÍBRIDOS DE BRUNO

LATOUR Y EL LEGADO DE
TERMINATOR I Y II
UNIVERSIDAD NACIONAL DE ROSARIO
Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales
Escuela de Comunicación Social

TESINA DE GRADO

Alumna: María Eugenia Del Zotto


DNI: 30.645.879
Legajo: D-0731/5
Tutor: Lic. Marcelo De la Torre

Año 2010

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 2


Abstract
A partir del análisis de las dos primeras partes de la saga Terminator, intentaré
mostrar cómo a pesar de estar atravesada por la episteme de la época: la década
del 80, que concebía la relación sujeto/objeto, y en consecuencia, hombre/máquina,
como opuesta, escindida, es aún posible hacer mediante una relectura, una nueva
asociación que hará posible considerar a Terminator como un representante del
concepto de híbrido planteado por Bruno Latour.

Palabras Claves
Híbrido, Colectivo, Actor, Bruno Latour, Terminator, No-humanos, Cine, Máquina,
Sujeto, Objeto.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 3


LOS HÍBRIDOS DE BRUNO LATOUR Y EL LEGADO DE TERMINATOR I Y
II

Prólogo

Introducción

1. Bruno Latour y el concepto de híbrido


1.1¿Qué es un híbrido?
1.1.1 Algunas random definitions
1.1.2 Un ejemplo a-condicionado
1.1.3 Actores que viajan en colectivos

2. El cine como espejo y modelo


2.1Dos de las cinco preguntas
2.1.1 El QUÉ
2.1.2 El POR QUÉ
2.2El detrás de escena ochentoso
2.2.1 Entre robots, extraterrestres y poltergeist
2.2.2 Ciberpunk
2.2.3 Ese OTRO que me altera y aterra
2.2.4 Foucault y las palabras…la Modernidad y las cosas
2.3El Terminator como construcción sociohistórica
2.3.1 Imagen, semejanza, superación y miedo
2.3.2 Deudas cognitivas y cibernéticas
2.3.3 IA x DOS
2.3.4 El Dualismo Cartesiano
2.3.5 La Resistencia vs. Skynet

3. El mundo se vuelve latouriano


3.1 “No fate…but what we make for ourselves”
3.2 Androides que lloran y temen
3.3Un androide que viaja por el tiempo…Moderno
Bonus Track: Los no-humanos también tienen sueños

Conclusiones

A. El híbrido perfecto
B. Apocalipsis ¿now? ¿then?... ¿when?

Epílogo
La esperanza de Pandora

Bibliografía

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 4


Prólogo
“Algunas elecciones se hacen por buenas razones, y otras por buenas pasiones”
Paolo Fabbri

A lo largo de todos estos años cursando la Carrera de Comunicación Social,


pensando y reflexionando a partir de lo abordado en la currícula, me dí cuenta
finalmente del porqué de mi elección. Como siempre afirmo, nada es inocente, y
entonces, fue realizando el trabajo final para la materia de 5º año Bla(st), cuando
supe que lo que me atraía, el gran por qué, era la relación íntima entre la
comunicación y el cine..
Mi elección se presentaba en esa dirección, estaba dominada en el comienzo, por
una pasión: por un querer saber1 sobre el séptimo arte, pero enriqueciendo la
mirada a partir de lo que me fue proveyendo esta carrera.

Leyendo “Pasiones de Celuloide” noté que me había pasado lo mismo que


a José Pablo Feinmann: <<Para decirlo todo, el deseo de expresar lo que el cine
me provocaba me entregó a las palabras>>.2 Lo que el cine me provocaba había
motivado mi elección por la carrera de Comunicación Social, hecho que me da una
cierta seguridad para decir que nunca me interesó mucho el aspecto técnico de un
film -los cómos- como por el contrario sí los qué y los porqués.

Mi experiencia inicial iba a tratar sobre la representación de la familia italiana


en los filmes -Amarcord y Los inútiles de Federico Fellini, un tema sanguíneo que
fluyó desde siempre por mis venas, edípico y completamente adorado, que me
remite a mi niñez…bueno, según algunos compañeros y amigos, esa tesina “era
yo”. Pero luego de varios meses de trabajo, de esperas trágicas y burocráticas y de
reconfortantes y nuevas experiencias emergentes en el último tramo de la carrera,
me dí cuenta de que la familia italiana no aportaría realmente en ningún aspecto a
las actividades que estoy desarrollando actualmente. Sí en cambio lo haría un
trabajo exploratorio, un análisis en el que pudiese aplicar alguna de las teorías
abordadas en el Seminario de Integración y Producción para contribuir quizás
con algo nuevo. Además, ya había incursionado en este tipo de análisis en el trabajo
final de Utopías Tecnológicas, la Cátedra a cargo del profesor Daniel Briguet, y
la experiencia había sido satisfactoria.
En esa oportunidad, abordé el film Terminator a partir de la teoría mcluhaniana,
intentando explicarla. El análisis, que se llamó McLuhan y “The Terminator”…la
máquina toma vida propia, partía de la exposición de la relación
hombre/máquina descripta en el film con una estética propia de su época, los 80,
que se introduciría en la historia y el imaginario colectivo para siempre.

Fue en relación a este trabajo que al momento de repensar el tema de la


tesina, Terminator volvió a mi memoria, junto con Bruno Latour y el concepto de
“híbrido” que éste plantea en su libro La esperanza de Pandora 3. Presumo que la
aparición de ambos no es casual, ya que uno y otro han marcado mi forma de
pensar desde el primer momento en que aparecieron en mi vida. Me atrevo a decir
que ambos tienen una historia, que paradójicamente se relacionan, y que detrás de
ellos hay una gran pauta que conecta.

1
El semiólogo italiano Paolo Fabbri plantea cuatro modalidades clásicas de pasiones: querer, poder, deber y saber.
2
José Pablo Feinmann, Pasiones de celuloide. Ensayos y variaciones sobre cine, Buenos Aires, Grupo Editorial
Norma, 2006, pag. 12.
3
Bruno Latour, La esperanza de Pandora, Barcelona, Gedisa, 1999.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 5


La saga Terminator4 ha marcado mi infancia y adolescencia. La he visto casi
adictivamente, al punto de memorizarme cada frase, y me aventuro a señalar, que
Terminator II ha sido uno de los filmes que me acercó al cine. Fue una de los
primeras historias que se quedó para siempre en mi mente, la que más recuerdo, la
que más me hizo pensar, una de esas piezas del cine que, apartando el juicio de
valor, se quedó a vivir en el imaginario, volviendo una y otra vez a tomar vida y
forma en asociaciones de todo tipo.

Me desvelaba saber el porqué de la maldad de las máquinas, el porqué


del Juicio Final, además de alucinarme los efectos especiales y la estética que el
gran James Cameron instauró, sin contar a Arnold Schwarzenegger como metáfora
de la verdadera máquina (no puede negarse que el hecho de que tuviese menos
gracia que una licuadora ayudaba en su composición del T-800).
Por otra parte, Bruno Latour me hizo reflexionar muchísimo sobre la relación de los
hombres con las máquinas. El habla de humanos y no-humanos, pero plantea esta
relación como una asociación de actantes que forman un colectivo, el cual habitan
en constante hibridación. Esa hibridación nos muestra que jamás hemos habitado
este mundo en soledad, en completa desnudez, porque, como Stanley Kubrick
describe a la perfección en el film 2001: Odisea del espacio, desde “el amanecer del
hombre”, éste comenzó a relacionarse con objetos.

El ser humano fue desde siempre y es con los no-humanos… sería imposible
pensarnos escindidos.

Paolo Fabbri dice que hay que prestarle atención al cuerpo, al plano
afectivo y la dimensión pasional, a las <<concatenaciones y transformaciones
de acciones y pasiones>>. Plantea que la pasión es el punto de vista sobre la
acción por parte del que la recibe.

“alguien actúa sobre otro, que le impresiona, le afecta, en el sentido de que el afecto
es una afección. Y el punto de vista de ese otro, el punto de vista de quien padece el
efecto de la acción es una pasión. De alguna manera, pues, el efecto de la acción del
otro es un afecto, mejor dicho una pasión”5

Entonces, ya desde el comienzo de mi tesina quise darle rienda suelta a las


pasiones, al querer saber cuál es la pauta que conecta a Terminator con el
concepto de híbrido que plantea Bruno Latour, derivando seguramente en un
análisis que tendrá más de delirio que de sensatez, más de deriva que de
rigurosidad, más de amor que de deber, más de intento por hacer un movimiento
infinitesimal…como el vuelo de una mariposa.

De ahora en más, la premisa será relacionar, sacarle chispas a los


conceptos, reensamblarlos a partir de otras asociaciones diferentes, y buscar
en aquellas escenas, personajes y pedazos de diálogos, los rasgos definitorios de
una idea que quizás sea errónea, pero al menos puede ayudar a pensar al cine
como el mejor lector de la historia.

Este trabajo anhela ser como la guía que describe Latour:

4
“Terminator” será considerado en este trabajo como las dos primeras partes de la saga. En realidad, fue innecesario
extender la historia con más filmes que lo único que hicieron fue complicar la línea temporal y ofrecer actuaciones
paupérrimas.
5
Paolo Fabbri, El giro semiótico, Barcelona, Gedisa, 2004, pag. 61.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 6


“Una guía puede ser usada tanto como olvidada, puesta en una mochila, manchada
con grasa y café, escrita; se pueden arrancar sus páginas para encender un fuego y
hacer carne asada. En síntesis, ofrece sugerencias en lugar de imponerse al lector”.6

6
Bruno Latour, Reensamblar lo social, Buenos Aires, Manantial, 2008, pag. 35.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 7


Introducción
“Lo que Latour pone en evidencia es que no se trata de simples prótesis de una subjetividad
que existe por sí misma. Ver las cosas de este modo sería muy simplista. Se trata, dice
Latour, de una idea muy semiótica de formación de unidades complejas, relaciones
inextricables entre personas y cosas-instrumentos que producen lo que la semiótica llama
agentes colectivos”
Paolo Fabbri

Pensar a la comunicación desde el cine, comprender cómo se transmite


desde el cine, cómo se lee lo real desde esta rama del arte, nos muestra que <<el
cine mantiene relaciones muy estrechas con la historia>>7, entendida esta como
conjunto de hechos históricos y como disciplina que los estudia. Como rama del
arte, el cine siempre es afectado por los pensamientos que subyacen en una
determinada época y en una cultura. Las relaciones de <<la historia en el cine>> y
<<el cine en la historia>>8 nos dan la pauta del intento de éste por entender los
procesos sociales.

El cine entonces será mi punto de partida para empezar a trabajar las


relaciones al interior de los filmes, que me permitirán hacer una relectura y
encontrar así nuevas asociaciones. Elegí una historia emblemática de los 80, la de
Terminator, para analizar aquellos miedos que la Modernidad engendró y que el
arte representó y sigue representando, pero también para analizar la concepción
del Otro como enemigo, del sujeto escindido de los objetos y la dualidad bueno-
malo presente en la base narrativa del filme, a partir de la consideración de las
máquinas como portadoras del Apocalipsis.

Desde principios del Siglo XX, el cine ha abordado temas como: el avance
tecnológico, “el terror a lo diferente”9, el transhumanismo, la invasión de un Otro y
el temor que esto genera, el peligro de un ataque a manos de máquinas del futuro.
Estos temas eran producto directo de las preocupaciones que aquejaban a los
hombres. Pero la década del 80 se caracterizará por haber representado con una
intensidad única la relación hombre/máquina, mediada por los postulados de la
cibernética y la Inteligencia Artificial, que planteaban entre otras cosas, que el ser
humano podría ser replicado artificialmente dado que habría una analogía operativa
en el funcionamiento de ambos sistemas: seres humanos y máquinas.10

Mediante este trabajo voy a tratar de entender cómo se concibió esta


relación, las distintas significaciones que se le imprimieron, a partir de una
concepción más cerca de lo descriptivo que de lo valorativo.

La saga Terminator (I y II) en este sentido, fue una historia que no pasó
desapercibida. En la desolación que siente la joven Sarah Connor, sola y
desamparada frente a un destino que no eligió y un futuro cercano que trae lo peor,
el film intentó reproducir el miedo, la desconfianza, la melancolía de un pasado que
se creyó mejor, y por otro lado, a las máquinas como cuerpos invasores,
poseedores de malas intenciones.

7
Antonio Costa, Saber ver el cine, Buenos Aires, Paidós, 2007, pag. 30.
8
op.cit. 31
9
Carlos Scolari, District 9: cabecitas negras en Johannesburg, en el sitio web Digitalismo, 2009,
<http://digitalistas.blogspot.com/2009/09/district-9-cabecitas-negras-en.html> [Consultado: lunes, 14 de septiembre
de 2009]
10
Acerca de este tema, véase obra de Norbert Wiener.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 8


Sin embargo, este filme ha corporeizado el concepto de híbrido planteado
por Bruno Latour. A pesar de su intento narrativo de establecer una separación,
mejor dicho, una oposición entre hombre/máquina, la historia de Terminator y el
propio Terminator son el mejor ejemplo del híbrido latouriano. Mucho antes de que
Latour teorizara sobre los híbridos, Terminator ya era una metáfora de la asociación
de humanos y no-humanos, de esa <<no separabilidad de los cuasi-objetos, cuasi-
sujetos>>11.

“El error del paradigma dualista radicaba en su definición de humanidad. Incluso la


forma de los humanos, nuestro propio cuerpo, se compone en gran medida de
negociaciones y artefactos sociotécnicos. Concebir la humanidad y la tecnología como
polos opuestos significa en efecto, desear que la humanidad se despida”12

Y este tema de que la humanidad se despida es abordado en Terminator; la


postura dual, el Apocalipsis encarnado en el Día del Juicio Final del que nadie puede
escapar.
De esto se trata este análisis, de mostrar cómo Terminator: la historia, el filme y el
propio personaje, están atravesados en su construcción por un pensamiento
dominante de la década del 80, un pensamiento moderno, es decir, que sigue casi
al pie de la letra los postulados de Bruno Latour, desde la concepción del tiempo
hasta la separación radical entre sujeto y objeto, consecuencia también del
dualismo cartesiano. Como plantea Foucault en Las palabras y las cosas:

“Los códigos fundamentales de una cultura –los que rigen su lenguaje, sus esquemas
perceptivos, sus cambios, sus técnicas, sus valores, la jerarquía de sus prácticas– fijan
de antemano para cada hombre los órdenes empíricos con los cuales tendrá algo que
ver y dentro de los que se reconocerá”13

Pero a pesar de representar al sujeto escindido del objeto, en la saga


Terminator la figura del híbrido está presente, encarnada en el cuerpo del mismo
Terminator (encarnado por Arnold Schwarzenegger).

Esta contradicción es quizás la que conecta las partes de este trabajo; por lo
que de esta manera, quizás la intención sea la de reensamblar las concepciones de
lo que estaba asociado (Latour: 2008), y tratar de seguir el vínculo que establecen.

Como la bomba de vacío14, el Terminator <<asocia, combina y vuelve a


desplegar a innumerables actores>>15.

11
Bruno Latour, Nunca fuimos modernos, Buenos Aires, Siglo XXI, 2007, pag. 204.
12
Bruno Latour, La esperanza de Pandora, Barcelona, Gedisa, 2001, pag. 256.
13
Michel Foucault, Las palabras y las cosas, Buenos Aires, Siglo XXI, 2008, pag. 13.
14
Para una panorámica satisfactoria sobre la bomba de vacío, véase Bruno Latour, Nunca fuimos modernos.
15
op.cit. 109.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 9


1. Bruno Latour y el concepto de híbrido

1.1 ¿Qué es un híbrido?

“Lo que he dicho es simplemente que los objetos pueden ser un poco más complicados,
plegados, múltiples, complejos y enredados de lo que le gustaría a los “objetivistas”
Bruno Latour

En este capítulo intentaré definir el concepto de híbrido planteado por Bruno


Latour en La esperanza de Pandora, para más adelante explicar por qué creo que el
Terminator es un legado de estas entidades producto de asociaciones.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 10


1.1.1 Algunas random definitions

”La objetividad y la subjetividad no son cosas opuestas, sino elementos que crecen juntos,
elementos cuya unión es irreversible”
Bruno Latour

¿Qué es un híbrido?

La palabra no resulta para nada desconocida. Es muy probable que la


relacionemos con la ciencia, con las propiedades de ciertos cuerpos del laboratorio.
Por eso, aprovechando la cercanía y rapidez al conocimiento de estos tiempos, el
carácter táctil de Internet, escribí la palabra “híbrido” en el buscador de Google. El
resultado, casi confirmando mi suposición, me entrega en primer lugar la definición
del sitio Wikipedia que me presenta literalmente: “híbrido (bilogía)”. Es decir,
híbrido como perteneciente a la biología:

“Un híbrido es el organismo vivo animal o vegetal procedente del cruce


de dos organismos de razas, especies o subespecies distintas, o de
alguna, o más, cualidades diferentes” 16

No conforme con esto, busco en un gran diccionario que tengo, que me arroja
la siguiente definición:

“Dícese del animal o vegetal procreado por dos individuos de diferente


especie. / Aplíquese a todo lo que es producto de elementos de diferente
naturaleza” 17

Ambas definiciones son confusas y no proyectan lo que uno espera al


momento de esclarecer esto de la ontología de un híbrido. Menos aún, cuando ambas
hablan del híbrido como formado por DOS, procedente de DOS. Es entonces cuando
Latour aparece con firmeza, pisando fuerte como dice la canción. Porque en este
intento de introducción, intento fallido, de explicar el significado, eso que
seguramente está en el imaginario colectivo, me encuentro con que las definiciones
me arrojan de una patada el número DOS, el odiado DOS de la dualidad. Ni siquiera
estas definiciones zafan del DOS…

Así que, en síntesis, no sé si me sirvieron o empeoraron las cosas, pero estas


definiciones me abrieron el camino para hablar de los híbridos de Latour, y de la
actitud de intentar aprender a pensar saliendo del número DOS.

La historia de la ciencia y el pensamiento, ha estado gobernada por una forma


de pensar que separa al sujeto del objeto, a lo social de lo natural, a la sociedad de la
naturaleza. El cartesianismo nos hizo pensar a partir de la dualidad, que, fiel a sus
leyes, operaba por exclusión18.

La modernidad nos enseñó a buscar las esencias: de los objetos, de los


sujetos. Aprendimos a considerar al sujeto, única sustancia pensante, como hacedor
de objetos, que casi mágicamente parecerían tomar vida luego de fabricados.
Aunque inmóviles, estos objetos poseerían vida propia luego de haber sido
fabricados, separándose para siempre de su creador.

16
Wikipedia: <http://es.wikipedia.org/wiki/H%C3%ADbrido_(biolog%C3%ADa)> consultado el día 29/09/09
17
Oriente Diccionario Enciclopédico Ilustrado, Buenos Aires, Oriente, 1974, Tomo 2, pag. 602.
18
Para una descripción detallada y formal del dualismo cartesiano, consultar R. Descartes, Discurso del método:
reglas para la dirección de la mente, Madrid, Orbis, (1983[1637])

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 11


Lo mismo pasaba con los descubrimientos científicos: todo lo que pasaba en el
laboratorio, una vez alcanzada la categoría de “nuevo descubrimiento”, pasaría a
cobrar vida. Las bacterias, se pregunta Latour, ¿existían antes de Pasteur?
19
“No debemos limitar por adelantado el tipo de seres que pueblan el mundo social”

La creencia de que el sujeto, cada vez más apto, capaz, inteligente,


independiente, podría alejarse cada vez más del objeto y tener poder así sobre él,
fue sólo eso, una creencia. La creencia de que los objetos, cada vez más complejos,
autónomos, inteligentes, independientes, pudiesen alejarse de los sujetos y
enfrentarse a ellos en el afán de superarlos y posteriormente destruirlos, eliminarlos
de la faz de la tierra, también fue más bien una fantasía alimentada durante siglos.

Y todo por culpa de las esencias, de esa “reducción a” que no nos dejó ver más
allá, que nos entregó a la línea y el punto final, al círculo en el que no hay salida. Nos
hizo devotos del número DOS, en el nombre del cual asesinamos a media
humanidad, ultrajamos sueños, gobernamos y elevamos banderas. Fue erróneo
pensar que el número malo era el 6 triplicado: el número maldito, el más siniestro de
todos fue el DOS, que desde el momento de nuestro nacimiento imprimieron en
nuestros datos sanguíneos, clasificándonos en positivos o negativos según nuestra
sangre: A, B, AB, 0…todos ligados por el mismo destino dual, todos pertenecientes
ya, a un mundo en el que los impares siempre fueron mal vistos…Herejes sin lugar.

Un párrafo algo épico diría el profesor De la Torre, pero la palabra hereje viene
a partir de lo que Jeremy Rifkin dice en El siglo de la biotecnología: <<A los
críticos, a mí mismo, se nos ha tachado una y otra vez de luditas, vitalistas,
alarmistas y fundamentalistas por manifestar inquietud por el derrotero de la nueva
ciencia; va implícito que en cuanto se pone en entredicho lo que comúnmente se
acepta se es hereje o, peor aún, lunático>> 20. Y en este contexto son interesantes
los planteos que hace Rifkin sobre las nuevas criaturas surgidas a partir de las
mutaciones genéticas. A partir de la selección, elección, eliminación u combinación
de ciertos genes estaremos arribando, en un futuro que según reflexiona el autor, ya
está aquí, a un mundo en el que la frontera de la especie será quebrantada e incluso
dará como resultado el nacimiento de nuevas formas de vida.

Pero antes de caer en la pérdida de juicio, quiero empezar a contar, de alguna


manera, lo que Latour plantea sobre los “híbridos”. Y para esto, debo remitirme a
“Un colectivo de humanos y no-humanos”, capítulo 6 de su libro La esperanza de
Pandora (1999).
Latour comienza hablando del mito de Dédalo21 para mostrar de un modo bien
gráfico que los hechos científicos nunca recorren un camino lineal, al contrario, los
senderos que surcan son <<indirectos, tortuosos, mediatos, interconectados y
vascularizados>>.

Dédalo siempre escapa, siempre reinventa, siempre encuentra otra manera de


expresarse, de salir del laberinto. <<Dédalo llevaba siempre un ardid, una
maquinación de ventaja sobre sus rivales (…) Un dedalión, la palabra griega que se
utilizaba para describir el laberinto, es algo curvo, alejado de la línea recta (…)

19
Bruno Latour, Reensamblar lo social, Buenos Aires, Manantial, 2008, pag. 34.
20
Jeremy Rifkin, El siglo de la biotecnología. El comercio genético y el nacimiento de un mundo feliz, Barcelona,
Paidós, 2009, pag. 16.
21
Para una panorámica satisfactoria sobre el mito de Dédalo, véase Robert Graves, Los mitos griegos 1 y 2, Madrid,
Alianza Editorial, 2001.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 12


Dédalo es un inventor de artilugios”>>22 cuenta Latour, en un intento de encontrar
una genealogía diferente para los artefactos técnicos.

Con la figura del dedalión, Latour intenta comenzar a explicar su definición de


colectivo, concepto clave para entender el de híbrido. Pero inclusive para entender el
de colectivo, es necesario partir de Heidegger.

“Para Heidegger, una tecnología es un instrumento, una simple herramienta. ¿Significa


eso que las tecnologías son mediaciones de la acción? No, porque nosotros mismos nos
hemos convertido en los instrumentos de un fin que no es otro que el de la
instrumentalidad misma (Heidegger, 1977). El hombre –no existe la mujer en Heidegger
– está poseído por la tecnología, de tal modo que es una completa ilusión creer que
podemos dominarla. Nos encontramos, muy al contrario, articulados por este Gestell
[armazón], que es una de los modos en que se desoculta el ser. ¿Acaso es la tecnología
inferior a la ciencia y al puro conocimiento? No, porque, para Heidegger, lejos de actuar
como ciencia aplicada, la tecnología lo domina todo, incluso las ciencias puramente
teoréticas. Al racionalizar la naturaleza y convertirla en reserva disponible, la ciencia le
hace el juego a la tecnología, cuya única finalidad consiste en racionalizar y acumular
los recursos naturales de manera ilimitada. Nuestro destino moderno aparece a los ojos
de Heidegger como algo radicalmente diferente de la poesis, el tipo de
<<elaboración>> que los antiguos artesanos sabían cómo lograr. La tecnología es
única, insuperable, omnipresente, superior, un monstruo nacido de nuestras propias
entrañas que ya ha devorado a sus distraídas comadronas” 23

Pero Latour le responde a Heidegger: que en nuestras relaciones, no hay


dominio de ningún tipo. Porque asumir un dominio sería entonces afirmar esta
separación entre sujetos y objetos. Y muy por el contrario, es en el “entre” en el que
hay que detenerse, en esas nuevas relaciones que constantemente se asoman, que
nacen a partir de los rodeos, de lo impensado, de lo que ocurre cuando se toma un
desvío de las intenciones que un agente tiene.

Latour no habla de sujetos y objetos sino de agentes, que también llama


actantes. Estos actantes tienen metas, pero no siempre pueden llevarlas a cabo,
entonces deben dar rodeos que modifican tanto a las metas como a ellos mismos. En
este rodeo se produce una traducción de las metas, que produce una hibridación
entre los dos actantes, transformándolos en una nueva entidad.

“He utilizado el término traducción con la intención de que signifique un


desplazamiento, deriva, invención o mediación: la creación de un lazo que no existía
con anterioridad y que en cierta medida modifica a los dos iniciales.”24

22
Bruno Latour, La esperanza de Pandora, Barcelona, Gedisa, 2001, pag. 209.
23
op.cit. 201-211.
24
op.cit. 214.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 13


1.1.2 Un ejemplo a-condicionado

“Yo diría que esa computadora que está sobre mi escritorio, este monitor, este teclado, son
objetos de capas múltiples, tanto como usted: su cuerpo, su lenguaje, sus preocupaciones. Es
el objeto mismo lo que agrega multiplicidad o más bien la cosa, la “reunión”
Bruno Latour

Un ejemplo simple para explicar la hibridación es el del aire acondicionado.

Es verano y hace 38 grados centígrados en la ciudad de Rosario. El actante 1


(un hombre) tiene mucho calor. Intenta paliarlo con el actante 2 (un abanico), pero
no es suficiente. Da un rodeo y prueba con el agente 3 (un viejo ventilador de pie).
Sirve, pero sigue haciendo mucho calor…y el ventilador lo que hace es traer el calor
caliente. Entonces ve que su vecino tiene colocado un aire acondicionado (agente 4).
Compra el aparato, y comprueba que de ahora en más, por más que afuera haga un
calor infernal, él no lo siente, porque en su casa creó su propio ambiente de 20
grados centígrados. De ahora en más, al formar otra entidad nueva: hombre-aire
acondicionado, el verano ya no lo asustará. Es más, su cuerpo se hibridará tanto
con este no-humano, que le será casi insoportable aguantar el calor sin tener el aire
acondicionado prendido.

Doy este ejemplo porque a veces pienso que el tema de la temperatura no es


nada menor, y cada verano pienso en cómo soportaban el calor las generaciones
anteriores al aire acondicionado (e incluso la gente que no tiene uno en su hogar).
Simplemente lo aguantaban porque sus cuerpos estaban hibridados con otros no-
humanos, formando entidades diferentes: hombre-abanico, hombre-ventana abierta,
hombre-colchón-patio, hombre-ventilador de techo, hombre-ventilador de pie. Y esto
explica los problemas de cada verano con el suministro de energía que no alcanza,
quizás, porque el sistema no está preparado para estos nuevos híbridos en constante
multiplicación.

Este ejemplo grafica un problema totalmente actual. (Que nadie me diga que
nunca se desesperó hasta entrar en pánico cuando se cortó la luz en pleno mes de
enero, y tuvo que quedarse en vela, mojándose el cuerpo cada diez minutos, hasta
que la bendita electricidad volvió…).

Con esto creo que queda claro que el problema entonces, no pasa ya por el
sujeto, la versión sociológica dice Latour, creer que los objetos son neutros, meros
transmisores, herramientas, que <<no añade nada a la acción y desempeña
únicamente el papel de vía de conducción pasiva>>. Tampoco pasa por los mismos
objetos, es decir, la versión materialista: <<el buen ciudadano se transforma por el
hecho de llevar un arma>>. El típico caso tan escuchado en los medios de que la
culpa de los tiroteos en las escuelas (léase Columbine en Estados Unidos, Carmen de
Patagones25, para citar algunos) la tienen los videojuegos o la profesión del padre
(que seguro era policía). Mi intención no es hilar fino en estos hechos, sino mostrar la
facilidad de culpar a los objetos.

Con respecto a la masacre de Columbine, Henry Jenkins reflexiona sobre el


hecho de culpar meramente a los videojuegos por la violencia, alegando que no

25
El 28 de septiembre de 2004, un chico de 15 años mata a tres estudiantes y hiere a otros cinco en el Liceo de la
ciudad de Carmen de Patagones (Provincia de Buenos Aires), después de abrir fuego en su clase con un arma de
gran calibre, propiedad de su padre policía. El chico es detenido.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 14


habría que enfocarse en los efectos de éstos sobre los jóvenes sino de los
significados.

“Los juegos sí que representan poderosas herramientas de aprendizaje, si entendemos


el aprendizaje en un sentido más activo y significativamente orientado. El problema se
plantea cuando asumimos con excesiva facilidad lo que se está aprendiendo
fijándonos únicamente en los rasgos superficiales de los juegos”.26

26
Henry Jenkins, Fans, blogueros y videojuegos. La cultura de la colaboración, Barcelona, Paidós, 2009, pag. 259.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 15


1.1.3 Actores que viajan en colectivos

“No hay ninguna herramienta, ningún medio, sólo mediadores”


Bruno Latour

Este punto de partida moderno, es decir: de partir de las esencias (para llegar
a las esencias), dificulta valorar el papel mediador de las tecnologías. <<Cuando
las proposiciones están articuladas, se unen para formar una nueva proposición. Se
convierten en <<algo>> o <<alguien>> distinto>>27, en un “actor híbrido
compuesto” por ejemplo: por el hombre y el aire acondicionado.

Esta referencia al <<actor>> o <<actante>> me permite comprender a los


colectivos a los que se refiere Latour, abandonando ya y para siempre la
dicotomía sujeto-objeto. Tanto el hombre como el aire acondicionado comparten
la responsabilidad de la acción, accionan juntos. A esto se refiere Latour cuando
habla de mediación.

“La acción es una propiedad de entidades asociadas (…) El atribuir a un actor el papel
de primer motor no debilita en modo alguno la necesidad de una composición de
fuerzas para explicar la acción. Si los titulares de nuestros periódicos afirman que
<<El hombre vuela>> o que <<La mujer viaja al espacio>>, es únicamente por
efecto de una equivocación, o de la mala fe. Volar es una propiedad que pertenece a
toda una asociación de entidades que incluye a los aeropuertos, los aviones, las
plataformas de lanzamiento y las ventanillas expendedoras de billetes. Los B-52 no
vuelan, son las Fuerzas Aéreas estadounidense las que vuelan. Sencillamente, la
acción n es una propiedad atribuible a los humanos sino a una asociación de actantes
(…) Si podemos atribuir papeles provisionales <<de actor>> a los actantes es sólo
porque esos actantes se encuentran inmersos en un proceso de intercambio de
competencias, es decir, se están ofreciendo mutuamente nuevas posibilidades, nuevas
metas, nuevas funciones.”28

Somos parte de un colectivo, de un conjunto de asociaciones entre humanos


y no-humanos en constante devenir. Estas asociaciones nos modifican, modifican
nuestras prácticas, nos transforman en seres híbridos, en entidades
compuestas; y quizás el mayor error moderno haya sido creer que este proceso
había comenzado hace sólo unos años; pero el hombre desde sus antepasados los
monos, ha estado en hibridación constante con no-humanos. Hemos negociado con
ellos desde el nacimiento de nuestra especie.

Stanley Kubrick lo relata en 2001: Una Odisea del Espacio (1968) en la


escena de los primates y el monolito, que a continuación muestra la transformación
del mono cuando se da cuenta de que un hueso, parte de un esqueleto que yace a su
lado, es un arma letal. La posición de la cámara en contrapicado (inclinada hacia
arriba), transmite al espectador esta sensación de grandeza que vive el primate al
asociarse con el hueso. Se convierte en una nueva entidad.

“¿Hasta qué lejano punto temporal y remoto lugar hemos de retroceder para hallar la
pista de todas estas calladas entidades que tan pacíficamente contribuyen a que usted
pueda leer este capítulo sobre su escritorio?” 29

Latour con esta pregunta intenta decirnos que todo a nuestro alrededor es
resultado de asociaciones, de articulaciones entre humanos y no-humanos. Se torna
27
Bruno Latour, La esperanza de Pandora, Barcelona, Gedisa, 2001, pag. 215.
28
op.cit. 217-218.
29
Bruno Latour, La esperanza de Pandora, Barcelona, Gedisa, 2001, pag. 221.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 16


imposible a partir de los conceptos de colectivo e híbrido, pensar a la historia como
otra cosa que no sea un proceso constante de metas que se redefinen, que dan
rodeos, que transforman y se transforman, de hibridaciones, de nuevas entidades,
de humanos y no-humanos que siempre son compuestos, productos de
articulaciones, de mediaciones.

El hecho de que los objetos se nos presenten como inmóviles, no los


inmoviliza ni los vuelve inútiles. Como actantes están siempre mediando en la
acción, haciendo que vayamos cambiando de posiciones.

“La mayoría de estas entidades están ahora sentadas en silencio, como si no


existieran, invisibles, transparentes, mudas, aportando su fuerza y su acción a la
escena presente desde un pasado con vaya a saber cuántos millones de años de
antigüedad (…) La profundidad de nuestra ignorancia sobre las técnicas es insondable.
Ni siquiera somos capaces de cuantificar su número, ni de decir si existen como
objetos, como embalajes o como secuencia ennumerable de acciones cualificadas.”30

Esta cuestión de nuestra composición a partir de no-humanos de todas las


épocas , ya había sido planteada por Latour en Nunca fuimos modernos [1991].

“Supongamos por ejemplo que reagrupáramos los elementos contemporáneos a lo


largo de un espiral y no ya de una línea. Realmente tenemos un futuro y un pasado,
pero el futuro tienen la forma de un círculo en expansión en todas las direcciones y el
pasado no está superado sino retomado, repetido, rodeado, protegido, recombinado,
reinterpretado, rehecho. Algunos elementos que parecen alejados si seguimos la
espiral pueden encontrarse muy cercanos si comparamos las vueltas. A la inversa,
elementos contemporáneos, a juzgar por la línea, se vuelven muy alejados si
recorremos un radio. Tal temporalidad no obliga a utilizar las etiquetas “arcaicas” o
“avanzadas”, puesto que toda cohorte de elementos contemporáneos puede
ensamblar elementos de todos los tiempos. En un marco semejante, nuestras acciones
son finalmente reconocidas como politemporales.
Tal vez utilizo una perforadora eléctrica, pero también un martillo. La primera tienen
veinticinco años, el segundo centenares de miles de años. ¿Harán de mí un fabricante
de “contrastes” porque mezclo gestos de tiempos diferentes? ¿Sería yo una curiosidad
etnográfica? Por el contrario, muéstrenme una actividad que sea homogénea desde el
punto de vista del tiempo moderno. Algunos de mis genes tienen 500 millones de
años, otros 3 millones, otros 100.000, y mis hábitos se escalonan de algunos días a
algunos miles de años”.31

Si por ejemplo uno piensa en el hábito de comer, comer con la mano (como
puede ocurrir con una comida bien argentina como el asado) es un hábito que
traemos en los genes de nuestros antepasados, pero que a la vez combinamos en la
mesa con otros más nuevos como el de limpiarnos la boca con una servilleta, (en la
edad media los que oficiaban de servilleta eran los sirvientes, en cuyas cabelleras
los amos se limpiaban las manos). O por otro lado, el hábito de comer con cuchillo y
tenedor es una acción totalmente incorporada que tardó tiempo en ser aceptada
(recuerdo una clase de historia de la cocina a la que asistí en el Colegio Dante
Alighieri, en la que un profesor italiano contaba el desprecio que la gente sentía
hacia el tenedor en su momento de aparición, un artefacto que consideraban
ridículo).

Entonces comprendo que realmente <<somos intercambiadores y


mezcladores de tiempo>>32, como dice Latour citando a Michel Serres (1992);

30
ib.
31
Bruno Latour, Nunca fuimos modernos, Buenos Aires, Siglo XXI, 2007, pag. 113.
32
ib.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 17


<<es ese intercambio el que nos define, y no el calendario o el flujo que los
modernos habían construido para nosotros>>.33
Deberíamos empezar a pensar y pensarnos, ya no como meros intermediarios
sino como mediadores. Como seres híbridos en constante movimiento y devenir,
asociados, articulados, mezclados, nómades; actores sociales de pleno derecho, sin
rol, sin papel ni libreto, sin un guión preescrito ni un director que dirija nuestros
pasos, diciéndonos, apuntándonos con el dedo qué es lo real, cuál es la verdadera
esencia, si somos sujetos, si estamos poblados por objetos, si vivimos en una
sociedad separada de la naturaleza, si tenemos que amar u odiar nuestra
integración cada vez mayor con los no-humanos…

Quizás ese sea el problema: mirar con un solo ojo, a medias, mirar el mundo
y su historia con el ojo del “sujeto” que creó al objeto, pero nunca al revés. Ahí se
encuentra nuestra dificultad. Así fue como el cine de los ochenta y noventa leyó la
“realidad”; una realidad plagada por imaginarios que distinguían un pasado de un
futuro diferente, irreconciliable.

“…pues lo que los guerreros de la ciencia moderna consideran un horror que debe ser
evitado a toda costa –la mezcolanza de la objetividad y la subjetividad –, constituye
para nosotros, por el contrario, el sello distintivo de la vida civilizada, aunque conviene
matizar que lo que el tiempo mezclará más aún en el futuro que en el pasado no es en
absoluto a los objetos con los sujetos, sino a los humanos con los no humanos, lo que
suponía una diferencia abismal.”34

33
ib.
34
Bruno Latour, La esperanza de Pandora, Barcelona, Gedisa, 2001, pag. 239-240.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 18


2. El cine como espejo y modelo

2.1 Dos de las cinco preguntas

“Lo que debe preocuparnos no son las cosas sino aquello que les atribuimos”
Ludwig Wittgenstein

El cine que nos mira es el cine que miramos, y el cine que miramos es el cine
que nos mira. Con esta frase quiero comenzar a esbozar, de alguna manera el
porqué del cine como el medio elegido como transmisor de una idea, de un
pensamiento, es decir, de una forma de pensar.

No hace falta que el cine hable, porque de todas maneras siempre DICE,
siempre está diciendo, intentando transmitir un qué y un por qué.

A partir de las cinco preguntas de la noticia periodística, voy a describir el


cine, tomando sólo el QUÉ y el POR QUÉ. El primero, para contar lo que para mí es
el cine, el segundo, en cambio, para puntualizar su importancia clave como lector
de la episteme.

Y es por eso que a partir de bucear sobre las nociones de una época que el
cine trae a la luz, es que luego intentaré buscar a partir de diferentes asociaciones,
otras significaciones, <<trastornar todas las superficies ordenadas>> diría
Foucault; quien al hablar de El idioma analítico de John Wilkins de Borges, dice:

“En el asombro de esta taxonomía, lo que se ve de golpe, lo que, por medio del
apólogo, se nos muestra como encanto exótico de otro pensamiento, es el límite del
nuestro: la desnuda imposibilidad de pensar esto”.35

35
Michel Foucault, Las palabras y las cosas, Buenos Aires, Siglo XXI, 2008, pag. 9.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 19


2.1.1 El QUÉ
¿Qué es el cine?
“El cine es un espejo pintado”
Ettore Scola

El cine ha representado desde su nacimiento a fines del siglo XIX, un gran e


imponente QUÉ, que comenzó a guardar secretamente bajo su tres letras, una
infinidad de palabras que lo hicieron gordo y algo soberbio. Un QUÉ que apareció
como cada cosa que revolucionó la vida del hombre: de la práctica, de la
experimentación; hacer es conocer dice Scott Lash (2005), y puede decirse que el
cine es un ejemplo preciso.

Las ansias de HACER, motivadas por esa curiosidad divina que desde el
comienzo de nuestra especie fluyó por nuestras venas, fueron convirtiendo
asociaciones de humanos y no-humanos en una red de acontecimientos que más
tarde llamaríamos: CINE. Y al hablar de red de acontecimientos, me refiero a ese
objeto-discurso-naturaleza-sociedad 36 que menciona Latour, a esa conjunción, a
esa red de cuasi-sujetos y cuasi-objetos, a ese despliegue continuo de los colectivos
y su experimentación de híbridos.

“Cada vez, tanto el contexto como el ser humano resultan redefinidos”


Bruno Latour

Antonio Costa (1985) cree que lo años del nacimiento y consolidación del
cine, han pasado a la historia con la frívola y efervescente etiqueta de Belle Epoque.
“Fueron los años de máximo desarrollo del imperialismo colonial. La escena
internacional estaba dominada por la difícil búsqueda de une equilibrio, que cada vez
se revelaba más precario, entre las distintas potencias que practicaban una política
de nacionalismo exasperado y de rígido control sobre las áreas de explotación
colonial. Igualmente difícil se revelaba en el interior de cada nación, la búsqueda del
equilibrio entre el modelo hegemónico y totalizante de la burguesía industrial y las
crecientes exigencias del proletariado, que empezaban a encontrar una adecuada
expresión política y sindical.
También fueron años de gran progreso científico, tecnológico y social, todo esto en
medio de innumerables contradicciones que no tardarían en estallar. La ideología
del progreso extendida a todos los estratos sociales fue el rasgo dominante de la
época, al menos hasta el trágico despertar causado por las consecuencias
catastróficas para todos, de la primera guerra mundial.
Si examinamos en cualquier manual de historia la tabla cronológica de la última
década del siglo pasado, aquel en el que el cine hace su aparición, encontraremos,
sobre todo, un gran repertorio de guerras de naturaleza –directa o indirectamente-
colonial: la guerra chino-japonesa (1894), la derrota italiana en Adua (1896), la
guerra hispano-norteamericana (1898), la guerra de los Boers (1899), la rebelión
de los Boxers en China )1899)…Encontraremos después acontecimientos de gran
relieve político-social, como el nacimiento del partido socialista italiano (1892), la
constitución de la Confédération Générale du Travail en Francia (1895), la
fundación del partido socialista ruso (1898), los sucesos de Milán y los procesos
contra los dirigentes del movimiento obrero italiano, etc. Junto a estos hechos,
vendrán luego citadas las principales novedades científico-tecnológicas y
culturales: el cinematógrafo Lumière (1895), los rayos X (1895), el radium (1898),
el telégrafo sin hilos (1899), la teoría de los cuantos de Max Planck (1900), la
publicación de La interpretación de los sueños de Sigmund Freud (1900)…” 37

Este fragmento de Saber ver el cine, describe lo que intento explicar con el
QUE del cine: su nacimiento y crecimiento en un colectivo de asociaciones

36
Bruno Latour, Nunca fuimos modernos, Buenos Aires, Siglo XXI, 2007, pag. 210.
37
Antonio Costa, Saber ver el cine, Buenos Aires, Paidós, 2007, pag. 50.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 20


entre humanos y no-humanos. El cine mismo como un gran híbrido vino a patear
el tablero, cambiando la percepción, la mirada, la historia, las costumbres, los
deseos, los gustos, los tiempos, el arte, el trabajo, las relaciones entre actantes,
desde fines del 1800 para la eternidad.

Entonces, se hizo presente y sacudió ese mundo común, generando las más
diversas acciones y las más intensas pasiones. Personas que salían corriendo
asustadas, despavoridas, otras que gritaban, algunas que en cambio pasaban horas
y horas frente a la pantalla. Se comenzó poco a poco a crear un nuevo enunciado
en la exploración de ese mundo común, construyendo al mismo tiempo, un
entramado de relaciones y reacciones38 que fueron ubicándolo en el mundo y en
el imaginario social.
Fue un proceso que paulatinamente fue hibridando personas, lugares, sentimientos
y kilómetros de celuloide, para convertirse en algo gigante, monumental, intenso y
extenso, con una dimensión temporal pasajera pero profunda que me recuerda la
frase de una amiga que al hablar del tiempo decía que éste “no es extensivo sino
intensivo…la medida es el instante”.39

El cine es justamente eso, algo que pasa y casi nos parece tocar, pero que si
lo buscamos lo encontramos justamente en el instante, en lo que nos deja
guardado en la mente, grabado en los ojos. Fellini los describía mejor: “Un buen
vino es como una buena película: dura un instante y te deja en la boca un sabor a
gloria; es nuevo en cada sorbo y, como ocurre con las películas, nace y renace en
cada saboreador”.40

Como parte de este colectivo, el cine fue combinando novedosamente


imagen y movimiento en las primeras proyecciones de cine mudo, a principios del
siglo XX.
Los primeros filmes se apoyaban en el lenguaje teatral; la visión de la cámara
imitaba la del espectador en la sala de teatro: la imagen era estática y los
cambios de tiempo y espacio se producían con los cambios de escena. Al contrario
de las representaciones teatrales de la época, anónimas y silenciosas, en las
primeras proyecciones se comprueba una intensa participación del público con
comentarios, risas, gritos de miedo, silbidos de desaprobación, aplausos, etc. Así, el
cine se convierte en un espectáculo esencialmente popular. A partir de la década de
1930, con la aparición del cine sonoro, se extiende la forma de consumo impuesta
en el teatro: la escucha silenciosa. La “participación” del espectador es reprimida
por el resto de la sala.
Con estos cambios, el cine se fue transformando de un modo de
comunicación y participación colectiva a uno individual y privado. Esto refleja en
parte cómo el cine ha ido moldeando a su espectador, modificando y regulando su
manera de asociar; formamos nuestras herramientas y luego éstas nos forman
diría Marshall McLuhan. Y esto me lleva a la segunda pregunta importante: el POR
QUÉ.

38
Una de las primeras reacciones, (sin duda la más conocida y citada) es la producida en la proyección de los
hermanos Lumière de “Llegada de un tren a la estación de la Ciotat” en París, en 1985, en la que, la gente corre
asustada pensando que el tren se les viene encima.
39
En uno de los tantos encuentros entre amigos en la casa de Paula, (nosotros las llamamos “reuniones gauchas”), le
pedí prestado Ficciones de Borges. Cuando ya en mi casa me dispuse a leerlo, encontré una frase en la primera
página que decía: “El tiempo no es extensivo sino intensivo…la medida es el instante”. Encantada por la genialidad
que encerraba la misma, al devolverle el libro luego de un par de semanas le comenté sobre lo que me había
parecido la frase. La anécdota fue que el autor no era Borges sino la misma Paula.
40
Disponible en línea en < http://www.sabidurias.com/cita/es/2974/federico-fellini/>.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 21


2.1.2 El POR QUÉ

“historia y novela pueden ir juntas porque en toda historia hay novela, creación imaginaria,
estética, ficción. Y en toda novela, que toma coyunturas, instituciones, fenómenos sociales,
siempre habrá alguna referencia a algo del orden de lo <<objetivo>>, es decir,
descripciones que podrían transmitir algo que se supone ocurrió <<así>> en el pasado”.
Alberto Ascolani

Esta pregunta que plantea la cuestión de la causa, me traslada directamente


la cuestión de la mirada y, en consecuencia, de lo ideológico.
La primera “propuesta” del cine fue la de ser un captador de realidades,
captar con el ojo de la cámara una porción, un pedazo de realidad y mostrarlo,
“exportarlo” decía el profesor Mauricio Mayol. Como en esa época la gente no
acostumbraba viajar, el cine les “traía el mundo” exterior, el que estaba más allá de
las cuatro paredes del hogar.
“Inicialmente, cuando se inventó el cine, servía para grabar la vida; por entonces era
una extensión de la fotografía. Se convirtió en un arte cuando dejó de ser un
documental. Se comprendió que no se trataba tanto de reproducir la vida como de
intensificarla”.41

A continuación aparecerá Meliés42, con una nueva propuesta; un nuevo


lenguaje que buscará entretener y ya no captar como un ojo la realidad. Es el
comienzo del llamado cine de ficción.

Y el porqué surge cuando el cine se transforma en algo más que colocar una
cámara como un ojo estático que filmara la salida de los obreros de una fábrica o la
llegada de un tren. Si el cine era un lenguaje, un modo de comunicar, un medio de
expresión, se convertiría sobretodo en un decir, en un arma poderosísima de
contar historias.
David W. Griffith, Sergéi Eisenstein, Fritz Lang, Charles Chaplin, Erich von Stroheim,
fueron los primeros en darse cuenta de este potencial del cine para decir cosas.
Su hallazgo para la eternidad, será el de introducir formas de pensar en cada
fotograma.
Casetti y De Chio (1998) explican mejor esta cuestión cuando hablan de la
“dimensión contextual” de un film:

“Pero pensemos también en la dimensión <<contextual>>: el hecho de sacar a la luz


la representación o la narración permite también captar el modo en que el film
traduce o elabora la realidad social. Esta relación entre el film y cuanto lo rodea,
es doble: el primero puede proponerse como <<espejo>> de la realidad social, es
decir, reproducirla o eventualmente amplificarla; pero también puede proponerse
como su <<modelo>>, es decir, ofrecer una ejemplificación y una lectura a través de
la propuesta de una situación en cierto modo extrema. En cada caso, el film, ya sea
<<espejo>> o <<modelo>> (o quizás ambas cosas a la vez), se abre al contexto que
le rodea, vive en el ambiente que le ha dado vida; o mejor dicho, explicita los
<<modos de ser>>, los <<modos de pensar>> y los <<modos de ver>> de la
sociedad en la que se sitúa. En este sentido, sus representaciones y sus relatos
delatan siempre un cierto espíritu de la época”.43

<<Híbridos nosotros mismos, instalados de soslayo en el interior de las


instituciones científicas>>44, intentaré entonces, analizar al cine como reflejo de las
ideas que elabora una sociedad, de sus valores, de la forma en que se piensa y
que en consecuencia DICE, para explicar así cómo ambos filmes de la saga
41
Françoise Truffaut, El cine según Hitchcock, Buenos Aires, Alianza, 2007, pag. 312.
42
Para una introducción a Georges Méliès, visitar < http://elgabinete.jimdo.com/home/george-melies/>
43
Francesco Casetti y Federico Di Chio, Cómo analizar un film, Paidós, 1998, pag. 265.
44
Bruno Latour, Nunca fuimos modernos, Buenos Aires, Siglo XXI, 2007, pag 18.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 22


Terminator son partícipes y productos de una sociedad (la norteamericana de la
década del 80 y principios de los 90), que se pensó moderna. Una sociedad cuyo
sistema de representación del mundo opone tan radicalmente la naturaleza a la
cultura, los objetos de los sujetos, que no puede explicar la proliferación de
híbridos, algo que le genera un profundo sentimiento de incertidumbre y pavor.

“Los modernos no se equivocaban cuando querían no humanos objetivos


y sociedades libres. Sólo era falsa su certeza de que esa doble
producción exigía la distinción absoluta de los dos términos y la
representación continua del trabajo de mediación” 45

45
op.cit. 205.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 23


2.2 El detrás de escena ochentoso

“Por otra parte, un verdadero movimiento social nacido en California en el


hervidero de la <<contracultura>> se amparó en las nuevas posibilidades técnicas
e inventó el ordenador personal. Desde entonces, el ordenador iba a escapar
progresivamente a los servicios informáticos de las grandes empresas y a los
programadores profesionales para convertirse en un instrumento de creación (de
textos, de imágenes, de músicas), de organización (bases de datos, hojas de
cálculo), de simulación (hojas de cálculo, útiles de ayuda a la decisión, programas
para la investigación) y de diversión (juegos) en manos de una porción creciente de
la población de los países desarrollados.
Los años ochenta vieron dibujarse el horizonte contemporáneo del
multimedia. La información perdió poco a poco su estatuto de técnica y de sector
industrial particular y comenzó su fusión con las telecomunicaciones, la edición, el
cine y la televisión. La digitalización alcanzó primero la producción y la grabación de
música, pero los microprocesadores y las memorias informáticas tendían a
convertirse en la infraestructura de producción de todo el campo de la
comunicación. Aparecieron nuevas formas de mensajes <<interactivos>>: ese
decenio fue testigo de la irrupción de los videojuegos, el triunfo de la informática
<<amigable>> (interfaces gráficas e interacciones sensoriomotrices) y la aparición
de los hiperdocumentos (hipertextos y CD-ROM).
Al final de los ochenta y principios de los años noventa, un nuevo
movimiento social y cultural procedente de los jóvenes profesionales de las grandes
metrópolis y de los campus americanos alcanzó rápidamente una amplitud mundial.
Sin que ninguna instancia central dirigiera este proceso, las diferentes redes
informáticas que se habían constituido desde finales de los años setenta se unieron
las unas con las otras mientras que el número de personas y de ordenadores
conectados a la gran red creció súbitamente de manera exponencial.”

Fragmento de Cibercultura 46
Pierre Levy

46
Pierre Levy, Cibercultura, Barcelona, Anthropos Editorial, 2007.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 24


2.2.1 Entre robots, extraterrestres y poltergeists

“Nuestra realidad no es otra que nuestra idea de la realidad”


Edgar Morin

La década del 80 estuvo signada por la reflexión acerca del futuro de la


especie humana a manos de las nuevas tecnologías emergentes como una forma
de decir, de manifestar el miedo, la ansiedad que generaba no saber qué pasaría
en un futuro cercano, qué haría el hombre con estos nuevos “artefactos”. También,
en una actitud de añoranza por el pasado (que siempre fue mejor), por esos
recuerdos que volvían, que acechaban ese presente. Como dice Pierre Levy <<la
evolución técnica parece la manifestación de otro amenazador>>.47 Y el cine como
rama del arte, fue quizás, el lugar en el cual se depositaron estos sentimientos
diversos unidos en un solo término: la incertidumbre.

“En suma, cuanto más rápido es el cambio técnico, más parece venir del exterior.
Además, el sentimiento de extrañeza aumenta con la separación de las actividades y
la opacidad de los procesos sociales”.48

Esta vacilación se trasformó en derroche de imaginación en las mentes


“modernas” que temían, que no tenían otra opción que esperar un final, y pensar
en ese mientras tanto maneras posibles de desenlace.

<<En el film actúa siempre un verdadero escenario social>> 49, dicen Casetti
y De Chio (1998), y el telón en este escenario ochentoso lo abren Steven
Spielberg con E.T. el extraterrestre y John Carpenter con La cosa en 1982,
mostrando en ambos casos la aparición de un cuerpo extraño que se cuela en la
vida tranquila y cotidiana de los “humanos”. <<Las invasiones marcianas nos han
ofrecido a lo largo del siglo XX varios modelos metafóricos para entender la
realidad de cada momento>>50 dice Carlos Scolari, y esta invasión se produce
encarnada en un extraterrestre que se une al mundo de unos niños en el caso del
film de Spielberg, y como un organismo que ingresa a una base científica en la
Antártida, en el caso de el de Carpenter.

En el mismo año Spielberg vuelve al ruedo (en la producción y el guión) con


Poltergeist, film que cuenta la historia de una familia a quien unos fantasmas
acechan desde el interior del televisor. Este tópico con tintes mcluhanianos será
abordado un año más tarde por el canadiense, discípulo de Marshall McLuhan,
David Cronenberg en Videodrome, en el cual la exposición a la violencia
televisada causa horribles transformaciones en un productor de televisión.
Pero antes, Ridley Scott revolucionaría la historia del cine con Blade Runner,
una muy libre adaptación de la novela de Philip K. Dick “¿Sueñan los androides
con ovejas eléctricas?”51, que describe un futuro en el que seres fabricados a través
de la ingeniería genética, los replicantes, son empleados en trabajos peligrosos y
47
Pierre Levy, Cibercultura, Barcelona, Anthropos Editorial, 2007, pag. 12.
48
op.cit. 13
49
Francesco Casetti y Federico Di Chio, Cómo analizar un film, Paidós, 1998, pag. 266.
50
Carlos Scolari, District 9: cabecitas negras en Johannesburg, en el sitio web Digitalismo, 2009,
<http://digitalistas.blogspot.com/2009/09/district-9-cabecitas-negras-en.html> [Consulta: lunes, 14 de septiembre de
2009
51
Novela corta publicada por Philip K. Dick en 1968, que retrata un mundo azotado por una guerra nuclear que ha
matado a todos los animales, por lo que la gente tiene animales eléctricos. El protagonista es Rick Deckard, un ex-
policía y «cazador de bonificaciones», que debe eliminar a un grupo de Nexus 6, unos androides de última
generación casi idénticos a seres humanos que ha llegado hasta la Tierra escapando de las terribles condiciones de
vida en que se encontraban en su colonia espacial.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 25


como esclavos en las "colonias exteriores" de la Tierra. Estos replicantes 52,
fabricados por Tyrell Corporation para ser más humanos que los humanos –
especialmente los modelos Nexus-6- se asemejan físicamente a los humanos
(aunque tienen una mayor agilidad y fuerza física) pero carecen de la misma
respuesta emocional y de empatía. Los replicantes fueron declarados ilegales en el
planeta Tierra tras un sangriento motín. Un cuerpo especial de la policía — los blade
runners — se encargará entonces de rastrear y matar a los replicantes fugitivos que
se encuentran en la Tierra.53

Sean replicantes, poltergeists extraterrestres de diversas ontologías, estos


filmes los muestran, siguiendo a Levy, como una <<máscara extranjera>>.

52
Con este nombre se conoce en la obra de Philip K. Dick y posteriormente en el film de Ridley Scott, a seres
artificiales que imitan al ser humano (que replican) tanto físicamente como en su comportamiento.
53
Para una panorámica satisfactoria sobre este film visitar Wikipedia, la enciclopedia libre, Blade Runner,
<http://es.wikipedia.org/wiki/Blade_Runner>

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 26


2.2.2 Ciberpunk

“La visión de un futuro oscuro, sucio y apocalíptico era algo muy en voga en esa época,
cómo demostraban títulos del estilo de 1997: Rescate en New York, de John Carpenter, Mad
Max 2/ El guerrero de la carretera (ambas de 1981), Kamikaze 1999 (1983), de Luc Besson y
El elemento del crimen (1984), de Lars von Trier”.
MT*

Blade Runner será junto con Terminator (que se estrena dos años más
tarde, en 1984), precursor del ciberpunk.

En este subgénero de la ciencia ficción, conviven situaciones protagonizadas


por avanzadas tecnologías de la información y la cibernética, y seres marginales;
"high tech and low life", dirán algunos expertos en el tema. Estas situaciones
producen a largo y mediano plazo, un cambio en el orden social.

El escritor estadounidense de ciencia ficción Lawrence Person describe en


detalle de qué trata el ciberpunk:

“Los personajes del cyberpunk clásico son seres marginados, alejados, solitarios, que
viven al margen de la sociedad, generalmente en futuros distópicos donde la vida
diaria es impactada por el rápido cambio tecnológico, una atmósfera de información
computarizada ubicua y la modificación invasiva del cuerpo humano”.54

Este subgénero será elemental para explicar a través del cine el contexto
social de la época, narrado como dice Person, en una distopía que oculta el
miedo al control extremo del capitalismo a manos de empresas multinacionales, de
corporaciones con un alto grado de sofisticación tecnológica, que vendrían a
terminar con la libertad, con las libres elecciones. Esto se reproduce en los filmes de
la época a partir de la metáfora del exterminio de la humanidad, del
aplastamiento del individuo (de hecho en la escena final de Terminator I, el T-
800 antes de morir intenta aplastar a Sarah Connor con una prensa). En el caso de
Terminator la corporación enemiga es Skynet, que nace en Cyberdyne Systems
Corporation, una empresa controlada en parte por el gobierno de Estados
Unidos.55

*
Michael Tapper (MT) es el redactor jefe de Film International. Para más información sobre la crítica a Terminator
(1984) consultar 1001 películas que hay que ver antes de morir, Grupo Editorial Random House Mondadori, S.L.,
Barcelona, 2007
54
Lawrence Person, Notas hacia un Manifiesto de Postcyberpunk, en el sitio web Slandshot, 1999, <http://
slashdot.org/features/99/10/08/2123255.shtml> [Consulta: lunes, 31 de agosto de 2009]
55
Todo comienza cuando Miles Bennett Dyson, director de proyectos especiales de Cyberdyne Systems Corporation
crea un tipo de microprocesador revolucionario, que pasa a ser el mayor proveedor de sistemas de computación
militares. Más a delante se comienzan a actualizar los bombarderos Sealth con computadoras Ciberdyne para que
operen sin tripulación. En consecuencia, su historial de vuelos operacionales será perfecto. Se aprueba la ley de
presupuesto para Skynet, que después de entrar en línea deja las decisiones humanas excluidas de la defensa
estratégica. Skynet comienza a aprender a una velocidad “geométrica”, cobrando conciencia de sí misma. Al intentar
apagarla, se defiende, lanzando misiles contra los blancos en Rusia (sabe que el contraataque ruso eliminará a sus
enemigos en Estados Unidos).

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 27


2.2.3 Ese OTRO que me altera y aterra

“La crítica cartesiana de la semejanza es de otro tipo. No se trata ya del pensamiento del
siglo XVI que se inquieta a sí mismo y comienza a desprenderse de sus figuras más
familiares; se trata del pensamiento clásico que excluye la semejanza como experiencia
fundamental y forma primera del saber, denunciando en ella una mixtura confusa que es
necesario analizar en términos de identidad y diferencias, de medida y de orden”
Michel Foucault

Bruno Latour plantea que nunca dejamos de producir objetos híbridos,


procedentes tanto de la naturaleza como de la cultura. Sin embargo, el “sujeto” 56
moderno que él pone en tela de juicio, se muestra en estos relatos fílmicos en todo
su esplendor, re-presentándose una y otra vez como alguien incapaz de asumir esta
condición de “híbrido”; por el contrario: se afirma y postula como escindido del
mundo de los objetos.

Althusser (1970) entiende la categoría de sujeto como constitutiva de toda


ideología sólo en tanto la ideología tiene por función (función que la define) la
constitución de los individuos concretos en sujetos. Podría decirse entonces que la
modernidad ha constituido un tipo de sujeto que vive inmerso en dualidades,
víctima de cortes.

Esto se entiende porque, como analiza Latour, los modernos se representan


el mundo a partir de la oposición entre naturaleza y sociedad que niega a los que
habitan ese “entre”, que se construyen y construyen sus relaciones a partir de los
vínculos entre ambos polos. Al respecto podemos leer en Nunca fuimos modernos:

“La naturaleza siempre fue semejante a sí misma. La sociedad se compone siempre de


los mismos recursos, los mismos intereses, las mismas pasiones. En la perspectiva
moderna, naturaleza y sociedad permiten la explicación porque ellas mismas no son
explicables. Por supuesto, existen los intermediarios, cuya función es precisamente
establecer el vínculo entre las dos, pero sólo lo hacen porque justamente carecen de
toda dignidad ontológica. No hacen más que transportar, vehiculizar, desplazar la
potencia de los dos únicos seres reales, naturaleza y sociedad. Por cierto, pueden
transportar mal, pueden ser infieles u obtusos. Pero esa falta de fidelidad no les da
ninguna importancia propia porque es ella la que, por el contrario, prueba su condición
de intermediario. Carecen de competencia original. En el peor de los casos, son brutos
o esclavos; en el mejor, servidores leales” 57

Esta concepción de los intermediarios es lo que los transforma en nocivos, lo


que no los hace dignos de confianza. Son brutos o esclavos, como los replicantes
de Blade Runner; son servidores leales, como el Terminator que la “resistencia”
humana envía desde el futuro para proteger a John Connor, cuyas órdenes él
obedece.

Latour expone en detalle la mencionada separación entre naturaleza y


sociedad en la Constitución Moderna, a la cual contrapone la Constitución no
moderna58, en cuya explicación propone:

56
Voy a utilizar la categoría de sujeto para referirme al sujeto moderno como opuesto al objeto, intentando trazar
una diferenciación con el actante que Latour postula como miembro del colectivo, y que puede ser tanto humano
como no-humano.
57
Bruno Latour, Nunca fuimos modernos, Buenos Aires, Siglo XXI, 2007, pag. 120.
58
Para una descripción detallada sobre las cuatro garantías de la Constitución Moderna y no Moderna, véase Nunca
fuimos modernos, cap. 5.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 28


“poder combinar libremente las asociaciones sin tener nunca frente a nosotros la
elección entre el arcaísmo y la modernización, lo local y lo global, lo cultural y lo
universal, lo natural y lo social” 59

Considero importante mencionar la diferencia entre la tercera garantía de la


Constitución Moderna y la No Moderna, en un intento de entender lo que quiere
decirnos en base a estas dualidades, a estos cortes que fundan al sujeto moderno:

FIGURA 15*
Constitución Moderna Constitución No Moderna
3ª garantía: la naturaleza y la sociedad 3ª garantía: la libertad es redefinida como
son totalmente distintas y el trabajo de una capacidad de selección de las
purificación no tiene relación con el combinaciones de híbridos que ya no
trabajo de mediación. depende de un flujo temporal homogéneo.

Este sujeto constituido a partir de esta Constitución Moderna, debe inscribirse


de manera constante en un campo prefijado. Es de izquierda o de derecha, es
capitalista o proletario, es nómade o sedentario, bueno o malo, creyente o ateo,
optimista o pesimista, apocalíptico o integrado 60, amigo o enemigo de la tecnología,
tecnofóbico o tecnofílico...y la lista puede seguir ad infinitum.

Es un sujeto preso de los nombres, de la nominalización continua, es


significante o significado, es moderno o posmoderno, pertenece a la resistencia o a
Skynet, es decir, es hombre o máquina.
Este sujeto escindido que predomina en el cine y la literatura de los 80, este
hombre opuesto a las máquinas, es según Latour (1999) una “ilusión moderna”.

“La ilusión de la modernidad fue la creencia de que cuanto más crezcamos, más
separadas estarán la objetividad y la subjetividad, lo que daría lugar a un futuro
radicalmente diferente de nuestro pasado”61

El “otro” tipificado como extraño por ser desconocido, es un portador innato


de incertidumbre, de peligro. Su mayor amenaza, y de ahí su estigma, es atentar
contra la clasificación misma que sostiene el orden del espacio social en el que se
inscribe su mundo.
El otro desconcierta, invade, porque viene cual terremoto, a mover el suelo
en el que el sujeto moderno está parado. Este movimiento violento de su suelo en
el que ningún sistema de seguridad parece protegerlo, lo vuelve un sujeto “en
peligro”.

El extraño, como alterador del orden al que ingresa desde tierras


ignotas, ha sido a menudo tipificado con el estigma de ser portador de suciedad,
puesto que la suciedad es el caos contaminante que el orden existente pretende
expulsar62. La llegada al mundo de las máquinas provenientes del futuro, son
retratadas en Terminator I y II, en lugares sucios, abandonados, rodeados de
59
Bruno Latour, Nunca fuimos modernos, Buenos Aires, Siglo XXI, 2007, pag. 205.
*
Para ver el cuadro ampliado, consultar Nunca fuimos modernos, pag. 206.
60
Umberto Eco publica en 1965 “Apocalípticos e Integrados”, un estudio sobre la cultura popular y los medios de
masa. La obra parte de dos posiciones opuestas ante la cultura: los apocalípticos asumen una actitud desconfiada
ante cualquier acción que modifique el orden de las cosas, mientras que los integrados, no se preguntan de donde
parten las manifestaciones, no teorizan, en cambio prefieren actuar y producir, llamémosle, con una actitud más
“optimista”.
61
Bruno Latour, La esperanza de Pandora, Barcelona, Gedisa, 2001, pag. 256.
62
Para una panorámica satisfactoria sobre lo planteado por Zygmunt Bauman, consultar Adolfo Vásquez Rocca,
ZYGMUNT BAUMAN; MODERNIDAD LÍQUIDA Y FRAGILIDAD HUMANA, en el sitio Escaner Cultural, <
http://revista.escaner.cl/node/652> [Consulta: lunes, 01 de febrero de 2010]

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 29


personas marginadas por la sociedad, que vagabundean entre los deshechos. Sería
una manera de identificar que estas máquinas provenientes del futuro son basura,
son deshechos, no encajan, son por el contrario: seres invasores. Zygmunt
Bauman tipifica al otro, por ejemplo, con el caso de los marginados sociales, un
“extraño contemporáneo”.

El cine de los 80, se encargará de este modo, en reiteradas ocasiones, de


tipificar con la tecnología a ese objeto extraño que ingresa a la vida social del
sujeto sin pedir permiso. Esta manera subjetiva de representarse que intenta
absorber el séptimo arte, puede considerarse la esencia última del pensamiento
moderno de fin de siglo.

La única salida que los modernos divisan en el horizonte es la del


enfrentamiento entre opuestos. El siglo XX nos entregó muestras en demasía
de enfrentamientos entre polos nominalmente irreconciliables. <<Pero esa guerra –
para Estados Unidos- requería aliados. Requirió el rearme de Alemania, la Alemania
federal, la buena, la que estaba del lado “correcto>> 63, dice José Pablo Feinmann
al hablar del cine bélico y Rommel. Incluso en el discurso biotecnológico se habla de
“errores”, “defectos”, de genes buenos y malos…pero ¿hasta qué punto lo son?
Como dice Rifkin: “No hay errores, sino opciones, algunas de las cuales se
convierten en oportunidades. Con la eliminación de los genes <<malos>> se corre
el riesgo de reducir el acervo génico y limitar las futuras opciones evolutivas”.64

Estamos organizados nominalmente, los nombres nos han dado la vida, nos
han construido, moldeado, formado. Han creado nuestra lente para ver el mundo y
para vernos a nosotros mismos. Nuestro pensamiento es fruto de la episteme
moderna, por lo que nos cuesta siquiera tener en cuenta la posibilidad remota de lo
distinto. Nos cuesta porque no lo tenemos incluido en nuestro <<software
mental>>, como lo llama Latour (2008), la desnuda posibilidad de pensar en algo
que traspasa sus límites.

63
José Pablo Feinmann, El cine por asalto, Buenos Aires, Planeta, 2006, pag. 654.
64
Para una panorámica satisfactoria sobre Jeremy Rifkin, El siglo de la biotecnología. El comercio genético y el
nacimiento de un mundo feliz, Barcelona, Paidós, 2009.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 30


2.2.4 Foucault y las palabras…la Modernidad y las cosas

“Es ahí donde la cultura, librándose insensiblemente de los órdenes empíricos que le
prescriben sus códigos primarios, instaura una primera distancia con relación a ellos, les
hace perder su transparencia inicial, cesa de dejarse atravesar pasivamente por ellos, se
desprende de sus poderes inmediatos e invisibles, se libera lo suficiente para darse cuenta
de que éstos órdenes no son los únicos posibles ni los mejores, de tal suerte que se
encuentra ante el hecho en bruto de que hay, por debajo de sus órdenes espontáneos,
cosas que en sí mismas son ordenables, que pertenecen a cierto orden mudo, en suma, que
hay un orden”.
Michel Foucault

Foucault ya lo había dicho antes en Las palabras y las cosas (1966):


pensamos, distinguimos, diferenciamos en base a un criterio previo. Nos basamos
en un determinado conjunto de elementos que tomamos de la misma manera en
que se elijen las manzanas de un cajón de verdulería. No hay otra opción que elegir
de entre esos elementos, pero la razón por la que no hay otra opción, es
simplemente porque no podemos verla.

Foucault se pregunta: <<¿A partir de qué “tabla”, según qué espacio de


identidades, de semejanzas, de analogías, hemos tomado la costumbre de distribuir
tantas cosas diferentes y parecidas?>>65. Y luego responde:

“Un “sistema de los elementos” –una definición de los segmentos sobre los cuáles
podrán aparecer las semejanzas y las diferencias, los tipos de variación que podrán
afectar tales segmentos, en fin, el umbral por encima del cual habrá diferencia y por
debajo del cual habrá similitud- es indispensable para el establecimiento del orden
más sencillo. El orden es, a la vez, lo que se da en las cosas como su ley interior, la red
secreta según la cual se miran en cierta forma unas a otras, y lo que no existe a no ser
a través de la reja de una mirada, de una atención, de un lenguaje; y sólo en las
casillas blancas de esta cuadrícula se manifiesta en profundidad como ya estando ahí,
esperando en silencio el momento de ser enunciado.
Los códigos fundamentales de una cultura –los que rigen su lenguaje, sus esquemas
perceptivos, sus cambios, sus técnicas, sus valores, la jerarquía de sus prácticas- fijan
de antemano para cada hombre los órdenes empíricos con los cuales tendrá algo que
ver y dentro de los que se reconocerá.” 66

De modo que Terminator representa el pensamiento de la época, la mirada


moderna, que establece barreras a lo diferente, que por tal es malo y peligroso.
Está atravesado por lo dual, lo binario, lo escindido; el miedo y la desesperanza
ante un futuro que acarrea lo peor. Terminator trae del baúl el Apocalipsis, el
Armaggedon, el día del Juicio Final en el que el bien y el mal se enfrentarán, Dios
y los hombres, las máquinas y los hombres, en fin, lo binario que habla por el
hombre….el DOS.

65
Michel Foucault, Las palabras y las cosas, Buenos Aires, Siglo XXI, 2008, pag. 13.
66
Ib.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 31


2.3 El Terminator como construcción socio-histórica

“La idea de que la supuesta creación del hombre y los animales por Dios, el engendramiento
de los seres vivos de acuerdo con su clase, y la posible reproducción de máquinas, forman
parte del mismo orden de fenómenos, es emocionalmente perturbadora, tal como las
especulaciones de Darwin acerca de la evolución y el origen del hombre fueron
perturbadoras. Si fue una ofensa contra nuestro propio orgullo el que se nos comparase con
un simio, ahora ya nos hemos repuesto de ello; y es una ofensa aun mayor ser comparado
con una máquina”
Norbert Wiener

Los personajes de los filmes se construyen a partir de fantasías, miedos,


idealizaciones y figuras presentes en el imaginario colectivo.

La máquina que simula al humano ha estado presente en el cine casi desde


sus inicios, mostrando la capacidad del hombre por reinterpretar una y otra vez
esos discursos circulantes, esos mitos creados a partir de las posibilidades
tecnológicas, pero también, atravesados por los dualismos propios de la episteme
moderna, inconsciente de que lo que le permite ser, hacer, pensar, crear y soñar de
determinada manera, es su pertenencia a colectivos y su hibridación constante.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 32


2.3.1 Imagen, semejanza, superación y miedo

“Reconocer el carácter estrictamente imaginario de las criaturas artificiales no disminuye su


importancia conceptual, sino bien por el contrario permite liberar la riqueza de sus
significados y ubicarlas en un nivel de existencia quizás más profundo que aquel realizable
real donde algunos se empeñan en situarlos.”
Philippe Breton

El Terminator idealiza la figura de la máquina antropoide; la máquina que


tanto a nivel físico como funcional, emula al ser humano; <<la correcta
contemplación del modelo humano (…) será condición necesaria para la
construcción adecuada y funcional del producto mecánico>>.67 La máquina deviene
autónoma porque empieza a prescindir del hombre para funcionar, porque empieza
a regirse por mecanismos internos.

Santiago Koval, al hablar del proceso de integración hombre/máquina se


refiere a la lógica de construcción: El <<conjunto de razonamientos o reflexiones
conceptuales, conscientes o no, que forman parte esencial del complejo proceso
creativo y que condicionan, en todos los casos, el resultado final de cualquier
desarrollo tecnológico>>.68

Esta lógica de construcción puede ser extensiva (el humano tiende a la


máquina) y la integración es endógena o mimética (la máquina tiende al humano)
y la integración es exógena. En el primer caso se buscará potenciar capacidades,
es decir, incrementar por el camino artificial las capacidades naturales del ser
humano, mientras que en el segundo se querrá reproducir la naturaleza del
organismo humano, transmitir cualidades del ser humano a la máquina.
<<Replicar, imitar, simular, en la figura artificial, las configuraciones naturales del
hombre>>.69

Mientras que la lógica de construcción extensiva puede relacionarse con


el argumento de los medios como extensiones del hombre de Marshall McLuhan,
“prótesis” que extienden, potencian, incrementan la capacidad del hombre, la
lógica de construcción mimética puede representarse en el modelo de una
máquina antropomorfa como el Terminator.

El Terminator entonces sería una máquina que tiende a lo humano, cuya


integración y mímesis llega al punto cúlmine de hacerlo fácilmente confundible con
un ciudadano más de la ciudad de Los Ángeles, característica que en la historia es
aprovechada por Skynet para infiltrar a sus prototipos entre los humanos y llevar a
cabo sus misiones.

Estos rasgos lo definen como un androide:

“ser artificial detalladamente diseñado por medio de las TIC, que incorpora en su
interior elementos biológicos y mecánicos asimilados a nivel nanométrico *, y cuya
apariencia exterior y funcionamiento general lo convierten en casi indistinguible de su
modelo humano”.70

67
Santiago Koval, La condición poshumana, Buenos Aires, Cinema, 2008, pag. 44.
68
op.cit. 45
69
ib.
*
Un nanómetro (nm) es la millonésima parte de un milímetro (mm).
70
ib.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 33


El exterior del T-800 es de carne, piel y cabello, para que pueda moverse
libremente entre los humanos, pero su interior está formado por un esqueleto de
aleación y un microchip gracias al cual puede realizar operaciones típicamente
humanas: cálculo, razonamiento, lenguaje. No es un humano con prótesis
maquínicas (lógica extensiva) sino una máquina humanizada (lógica mimética).

El Terminator se considera a sí mismo un cyborg (cybernetic organism), pero


Koval dice que éste <<remite a un ser cuyo organismo ha sido sometido a un
proceso de invasión tecnológica (…) un ser originalmente humano que ha
comenzado a adquirir, merced al proceso de homogeneización, atributos y
propiedades antes reservadas a las máquinas>>71. Es decir, resulta de la
integración endógena.

Para explicar los dos tipos de integración, y entender la diferencia entre un


androide y un cyborg, Koval menciona a Terminator y a otro ícono del cine de
los 80: Robocop.

“El T-800, modelo 101, conocido como el Terminator, es un complejo robot metálico
cubierto de tejido humano vivo y aspecto exterior antropomorfo, dotado de lenguaje
articulado, rígida voz y capacidad de razonamiento humanos, que ha viajado por el
tiempo hasta 1984 con el inquebrantable objetivo, programado en su sistema, de
asesinar al joven John Connor, líder del futuro de la resistencia humana contra las
máquinas. El T-800 es un ser tecnológico de origen mecánico que ha sido provisto, por
evolución tecnológica, de piel, sangre, aspecto físico, capacidad lingüística y
razonamiento completamente humanos, con el fin de infiltrarse entre los hombres,
como si fuera uno de ellos. El Terminator es, así, un robot-androide, un ser tecnológico
que resulta, por lógica mimética, de una integración exógena.
Por el contrario, RoboCop nace a raíz de la muerte biológica de Murphy, un
oficial del Departamento de Policía de Los Ángeles, que es abaleado violentamente por
un grupo de criminales. Tras su muerte física, Murphy es sometido a un complejo
proceso de restauración estética y funcional que lo reanima en la forma de un hombre-
máquina multiplicado y mejorado por el uso de sofisticadas tecnologías protésicas, un
servo-policía corregido y potenciado en sus funciones e vigilancia y control del crimen,
eficiente, infatigable, preciso e infinitamente justo. RoboCop es un organismo
cibernético, un Cyborg propiamente dicho: ser humano de carne y hueso revestido por
un enorme caparazón metálico, con piernas y brazos protésicos, dotado de mirada
computarizada provista de comandos de posición y temperatura, que conserva en su
cerebro biológico, pese a la conversión tecnológica, recuerdos de su vida humana.
RoboCop es, por lo tanto, un ciborg, un ser tecnológico que nace, por lógica extensiva,
de una integración endógena.” 72

El androide es la máxima expresión de lo que Koval llama modernos


autómatas antropomorfos inteligentes (MAAI), seres <<mejorados merced a la
utilización de las TIC que, en conjunto o por separado, permiten una elaboración del
detalle mimético en sus más finas expresiones>>.73 Seres que han ido poblando
el imaginario cinematográfico y en consecuencia el imaginario social.

Esta invulnerabilidad que parecen reflejar, esta superioridad suprema de las


máquinas reflejadas en el discurso cinematográfico, que las convierte en
todopoderosas, muestra cómo en el imaginario está presente el miedo del hombre
a ser superado, de ese hombre que todo lo puede porque piensa, porque es un ser
racional que se creyó desde siempre único e irrepetible, único en su especie,
superior gracias al pensamiento, que lo diferencia de los demás seres vivos.

71
Santiago Koval, La condición poshumana, Buenos Aires, Cinema, 2008, pag. 51.
72
op.cit. 53.
73
op.cit. 67

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 34


En la obsesión del hombre por ser Dios, de crear un ser a imagen y
semejanza, está oculto el miedo a crear alguien mejor, que lo supere, que termine
volviéndolo una pieza de chatarrería… Este miedo es sentido como una incógnita:
¿qué pasaría si esta creación se volviese un ser más inteligente, fuerte y
autónomo?, que lo amenaza, que lo tortura con cada nuevo avance.
El mismo Terminator le responde a John Connor: “Está en su naturaleza
destruirse a si mismos”, cuando éste le pregunta si la humanidad va a sobrevivir; lo
que deja por sentado el lugar superior de las máquinas en el imaginario
cinematográfico.

Entonces este temor del hombre a no saber qué puede ser capaz de crear, se
convierte en un miedo sumamente primitivo.

“El hombre sueña, a pesar de los peligros de la acción, ser un verdadero demiurgo,
crear seres que marchen solos y se le escapen. Las máquinas de información no lo
fascinan como tales, sino porque parecen señalar el viejo sueño demiúrgico. La utopía
de la criatura mecánica renueva, invirtiéndolo, el tema de la creación del hombre por
Dios.”74

Esta incertidumbre, y en consecuencia, esta duda sobre la posibilidad de la


integración hombre-máquina, comenzó a reflejarse en la cultura desde tiempos
milenarios.

“Tanto del lado de la mecanización de lo humano como de la humanización de lo


mecánico, lo cierto es que la temática de la integración hombre-máquina ha asumido,
desde los albores de la cultura, todo tipo de representaciones discursivas. Así, en el
largo camino de figuras mitológicas, podemos mencionar, por ejemplo, a las estatuas
articuladas del Antiguo Egipto (ca. 2000 a.C.), como las de Osiris, que despedía fuego
de sus ojos, o el autómata de Memon de Etiopía, que emitía sonidos cuando el sol lo
iluminaba; a las cabezas parlantes de la Grecia Antigua, que se movían gracias al uso
de la energía hidráulica; a los ruiseñores y dragones automáticos de la China Antigua,
como el autómata de madera creado por el hijo del rey Tach’uan; al Golem de la
tradición judía, ser animado hecho de barro y arcilla, insuflado de vida por el
pronunciamiento del nombre propio de Dios (Yahveh) en hebreo antiguo; a Galatea,
presente en la mitología griega, una estatua de mármol esculpida por Pigmalión,
vuelta a la vida por labiosa Afrodita; a los mecanismos movidos por pesos y agua
ideados por el ingeniero árabe Al-Jazari (ca. 1260); al gigante Talos, guardián
infatigable de Creta, hecho de bronce por Hefesto; a los autómatas del Renacimiento,
como los mecanismo concebidos por Leonardo da Vinci o René Descartes, o los
conocidos autómatas de Jacques de Vaucason, a saber, el Flautista y el Tamborello; a
la muñeca con vida construida con madera y cera, imaginada por E. T. A. Hoffmann en
El hombre de arena; al monstruo del Dr. Frankenstein ideado por Mary Shelley, ser
artificial creado con partes de cadáveres diseccionados y animado por la energía de un
rayo eléctrico; a Hadaly, la mujer artificial perfecta descripta por Villers de L’Isle Adam
en La eva futura; y a Pinocho, retratado por Carlo Lorenzini en Las aventuras de
Pinocho, una marioneta de madera devenida niño gracias al toque mágico de un hada
madrina entre muchos otros.”75

En el cine se han ido depositando a lo largo de los años, formas imaginarias


de pensar la posibilidad de crear seres con capacidad para pensar y actuar como
los seres humanos, vehiculizadas a partir de diferentes discursos propios de cada
época.

74
Santiago Koval, La condición poshumana, Buenos Aires, Cinema, 2008, pag. 10. Cita tomada de Raymond
Ruyer, Cibernética y el origen de la información, (1984).
75
op.cit. 26-27.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 35


“Ciertas o no, las parábolas de nuestra era dejan su impronta una y otra vez sobre el
espíritu de época, un período mítico poblado de miedos y fantasías acerca de un futuro
manifiestamente no humano” 76

76
op.cit. 17

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 36


2.3.2 Deudas cognitivas y cibernéticas

“En el contexto de ese nuevo lenguaje, los biólogos moleculares empezaron a llamar a las
variaciones genéticas <<errores>> del código en vez de <<mutaciones>>”
Jeremy Rifkin

Pensar que un organismo puede emular al humano tiene sus raíces de la


tradición del cognitivismo y, en consecuencia, de la cibernética.

“El argumento cognitivista es que la conducta inteligente supone la capacidad para


representar el mundo de ciertas maneras. Así que no podemos explicar la conducta
cognitiva a menos que demos por sentado que un agente actúa representando rasgos
relevantes de las situaciones en que se halla. En la medida en que su representación
de una situación sea exacta, la conducta del agente tendrá éxito (siempre que todas
las demás cosas sean iguales)”.77

Si el pensamiento pudiera representar un mundo que ya estaría dado de


antemano allá afuera, si el procesamiento de información se diera a partir de la
manipulación de símbolos basados en reglas, entonces la posibilidad de emular el
funcionamiento de la mente a partir de una máquina podría ser posible.

Esto fue lo que pensó la cibernética en la década del 40, cuya intención era
crear una ciencia de la mente.

“Sus líderes opinaban –aunque desde luego las diferencias filosóficas variaban
sustancialmente – que el estudio de los fenómenos mentales había estado demasiado
tiempo en manos de psicólogos y filósofos, y anhelaban expresar los procesos que
subyacían a los fenómenos mentales en mecanismos explícitos y formalismos
matemáticos”.78

Según constata Francisco Varela, un ejemplo de este modo de pensar fue


el trabajo en 1943 de McColluch y Pitts titulado: Un cálculo lógico inmanente de
la actividad nerviosa, que propone: <<que la lógica es la disciplina adecuada para
comprender el cerebro y la actividad mental>> y que <<el cerebro es un
dispositivo que encarna principios lógicos en sus elementos constitutivos o
neuronas. (…) a partir de allí, se podía considerar al cerebro como una máquina
deductiva>>.79
Si la mente es un mecanismo, si el cerebro puede comprenderse a partir de la
lógica….entonces replicarlo sería posible.

Si bien esta teoría tuvo partidarios, críticos y detractores, y teniendo en


cuenta los diferentes planteos que la criticaron y propusieron otras alternativas 80,
ha influido el pensamiento y el imaginario desde la década del 40 hasta nuestros
días, teniendo en el cine su mayor receptor.

77
Francisco Varela, Conocer, Barcelona, Gedisa, 1996, pag. 39.
78
op.cit. 31-32
79
op.cit. 32-33.
80
Para un interesante y completo resumen sobre las ciencias cognitivas y la cibernética, ver Francisco Varela,
Conocer (Barcelona, Gedisa, 1996).

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 37


2.3.3 IA x DOS

“Más aún, no podemos plantearnos fuera del mundo donde nos hallamos para analizar cómo
su contenido concuerda con las representaciones: estamos siempre inmersos en el,
arrojados en él”
Francisco Varela

La mente humana ha despertado asombro desde el principio de los tiempos,


y pensar en la posibilidad de replicarla artificialmente ha sido de algún modo
el argumento detrás de las constantes innovaciones y creaciones científicas en
materia tecnológica.

“De uno y otro lado, la singularidad *, entendida como un punto extremo en el largo
proceso histórico de réplica y potenciación tecnológicas, alcanza en ambas tendencias
la cúspide de sus posibilidades casi exclusivamente en el dominio de lo mental”81

Pero, si asimismo el cerebro pudiera replicarse, y de este modo construirse


en consecuencia, un autómata con capacidad para moverse, decidir, responder a
preguntas, de la misma manera que el Terminator, ¿sería realmente posible que se
comportara idénticamente como el ser humano? ¿Podría ejercer juicios, amar, tener
relaciones sexuales, llorar, enojarse, emocionarse?

Los estudiosos del tema han estado discutiendo esto por años, y han arribado
a dos posturas que se conocen como: Inteligencia Artificial Dura e Inteligencia
Artificial Débil. Pero antes de explicarlas quiero definir lo que se conoce por
Inteligencia Artificial (IA).

Varela dice que es <<la proyección literal de la hipótesis cognitivista>>82.


Koval, veinte años más tarde la define como: <<el mayor exponente de la
mímesis del cerebro>>.

“Se trata de una máquina compleja compuesta, por lo general, por un código de
programación (software) combinado con un soporte o sustrato físico (hardware), que
emula algunas funciones y operaciones lógicas del cerebro y que cuenta con interfaces
de entrada y de salida de información que le permiten interactuar con su entorno
(interfaces de retroalimentación). Las experiencias que genera el sistema en esta
interacción se acumulan de forma organizada en su memoria, lo que le permite
generalizar leyes o patrones de funcionamiento a partir de casos particulares y
reaccionar ante diversas situaciones de forma funcional y coherente. Por medio de la
interacción con el entorno, el sistema de IA construye progresivamente un modelo de
sí mismo y del mundo que lo rodeo, y aprende a controlar y manipular las variables de
su realidad contextual. Con el tiempo, su red informática incorpora cada vez más
experiencias y patrones de comportamiento, y mejora, merced a ello, su capacidad de
interacción. Estos conjuntos artificiales cuentan normalmente con un objetivo principal
y suelen reproducir a la perfección un aspecto particular y acotado del cerebro
humano, destacándose en una rama específica de funcionamiento: son los llamados
sistemas expertos”.83

*
Santiago Koval define la noción de singularidad o punto singular como: “un punto de cambio cualitativo y
trascendental más allá del cual todos los modelos científicos dejan de tener validez predictiva y explicativa y deben,
por lo tanto, ser reemplazados por un nuevo paradigma de conocimiento (…) Valiéndose del concepto de la física
para el campo de la tecnología, y retomando los conceptos de John Von Neumann, Kurzweil define la singularidad
tecnológica como un período futuro en el que el cambio tecnológico será tan rápido, y su impacto tan profundo, que
la vida humana se transformará de manera irreversible” (2008: 184).
81
Santiago Koval, La condición poshumana, Buenos Aires, Cinema, 2008, pag. 185.
82
Francisco Varela, Conocer, Barcelona, Gedisa, 1996, pag. 46.
83
Santiago Koval, La condición poshumana, Buenos Aires, Cinema, 2008, pag. 62-63.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 38


La Inteligencia Artificial Dura postula que la mente, al ser producto de
cálculos y operaciones algorítmicas, puede ser replicada. “Según la tesis de la
inteligencia artificial dura, derivada de la Prueba de Turing*, es teóricamente
posible recrear, por medio de una máquina electrónica, una mente humana. Todas
las cualidades de la mente (la inteligencia, el dolor, el placer, la conciencia, el libre
albedrío, etc,) emergerán de modo natural en forma de software cuando el
comportamiento algorítmico de la computación alcance determinado nivel de
sofisticación en el dominio del hardware. Llegará el momento, sostienen sus
defensores, que a causa de la creciente complejidad de sistemas computacionales
emerja la inteligencia; es todo cuestión de tiempo.”84

La Inteligencia Artificial Débil, que según Koval “deriva conceptualmente


del Experimento de la Habitación China de Searle y Penrose”*, por otro lado,
postula que “a pesar de que la tecnología computacional alcance un nivel de
sofisticación sumamente elevado, las máquinas no podrán reproducir determinados
comportamientos no mecánicos ni algorítmicos propios del cerebro y, por lo tanto,
se limitarán a simular un comportamiento inteligente análogo al observable en los
seres humanos, sin que por ello debamos adscribirles necesariamente una conducta
inteligente o consciente”.85

La diferencia entre la IA Dura y la IA Débil radicaría en el nivel de réplica que


podría llegar a alcanzar la mente.

Entonces copiar al humano, construir una máquina que actúe como si fuera
humana, probablemente se reduzca a la simulación, a simular entender, y por otro
lado, a poner en algoritmo la rutina, es decir: seres que sigan una secuencia de
programa.
De manera que construir una máquina que pueda ser la imagen y semejanza de un
ser humano es una utopía que probablemente sólo se lleve a cabo en el cine.

La inteligencia, la conciencia, se forman a partir del hecho del ser humano de


vivir en una comunidad, de vivir inmerso en una cultura que lo va afectando,
estableciendo las pautas de acuerdo a las cuales actúa, y actuando de acuerdo a
cómo va siendo afectado, a las acciones y las pasiones, como menciona Fabbri. . El
ser humano vive en un continuum de asociaciones que lo hacen devenir.

La conciencia no puede replicarse porque no es un producto ya configurado,


como el chip del Terminator, sino que se va formando en el proceso evolutivo y

*
“La Prueba de Turing, propuesta en un famoso artículo publicado en 1950 por el matemático y filósofo Alan
Turing, (…) consiste en un interrogatorio llevado a cabo por un humano que presenta una serie de preguntas a dos
individuos ubicados detrás de sendas puertas, uno de los cuales es una máquina. Si el interrogador no puede
distinguir cuál de los dos sujetos no es el ser humano y cuál la máquina, entonces ésta ha pasado la prueba, y
podemos afirmar de ella que tiene capacidad de pensamiento análoga a la de un ser humano.” Koval (2008: 190/191)
84
Santiago Koval, La condición poshumana, Buenos Aires, Cinema, 2008, pag. 192.
*
Este experimento consiste en “imaginar una habitación completamente aislada del exterior, excepto por una ranura
por la que pueden entrar y salir textos escritos en chino. Un sujeto humano, que no conoce una sola palabra de
chino, está dentro de la habitación y cuenta con una serie de instructivos y diccionarios que le definen reglas
sintácticas del alfabeto completo de dicho idioma (reglas del tipo si entran tales caracteres, escribe tales otros). El
sujeto recibe preguntas en chino del exterior de la habitación y para responderlas usa los manuales que tiene a
disposición, devolviéndole respuestas satisfactorias en dicho idioma, a pesar de no conocerlo. Pues bien, el
argumento de Searle es que si un ser humano puede responder correctamente preguntas en chino solo conociendo las
normas sintácticas de dicho idioma, entonces una máquina universal de Turing que disponga de tales reglas de
sintaxis (el nivel de las reglas de combinatoria) podrá asimismo responderlas, sin que por ello debamos concluir que
conoce efectivamente la semántica (el nivel del significado).”. Koval (2008: 191/192)
85
Santiago Koval, La condición poshumana, Buenos Aires, Cinema, 2008, pag. 193.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 39


particular de cada persona. <<Las aptitudes cognitivas están inextricablemente
enlazadas con una historia vivida, tal como una senda que no existe pero que se
hace al andar>>.86
La inteligencia también se produce en la inter-acción, en el com-partir, en el ser-
parte, en el inter-cambio…

“la inteligencia ha dejado de ser la capacidad de resolver un


problema para ser la capacidad de ingresar en un mundo
compartido”.87

Como explica Varela:

“en la década de 1970, al cabo de veinte años de lentos progresos, muchos


especialistas en IA advirtieron que la acción cognitiva más simple requiere una
cantidad de conocimiento aparentemente infinita (…) el conocimiento se relaciona con
el hecho de estar en un mundo que resulta inseparable de nuestro cuerpo, nuestro
lenguaje y nuestra historia social. Se trata de una interpretación permanente que no
se puede aprehender adecuadamente como un conjunto de reglas y supuestos porque
es una cuestión de acción e historia; se comprende por imitación, convirtiéndose en
parte de una comprensión ya existente”.88

En cuanto a Terminator, los dos filmes de la saga representarían ambos


postulados (IA Dura e IA Débil), ambas ambiciones: por un lado, el T-800
caracterizado por Arnold Schwarzenegger es un androide antropomorfo capaz de
realizar las tareas que están programadas en su chip: frases que deben ser
utilizadas sólo en el momento correcto (aunque también tiene la capacidad de
incorporar nuevas -Hasta la vista baby-), la talla de ropa que debe usar (escena
inicial), visión infrarroja y hasta gps.

Por el contrario, el T-1000, el prototipo que Skynet envía del futuro para
matar a John Connor en Terminator II, es ya, un ser mucho más sofisticado; su
cuerpo formado por metal líquido le otorga tantas funciones que lo convierte en una
máquina alta y peligrosamente letal. Este rasgo argumental además del hecho de
considerar en el futuro a Skynet como la red que se “vuelve inteligente” y “toma
conciencia”, dejan ver la influencia de la IA Dura.

Mientras que Terminator I estaría más atravesado por los postulados de la IA


Débil, su secuela sería un representante de la IA Dura. Así como ambos tipos de IA
representan el distinto nivel de réplica que consideran pueden llegar a alcanzar las
computadoras, ambos filmes reflejan estos niveles en las caracterizaciones de los
Terminators.
Sin embargo, y vale aclararlo, ambos Terminators encarnados por Arnold
Schwarzenegger, el T-800 que envía Skynet en Terminator I y el que envía la
Resistencia en Terminator II, son claros ejemplos de la IA Débil. A continuación lo
explicaré con fragmentos del filme.

o Ejemplo 1
Terminator
Tengo archivos detallados de la anatomía humana.
86
Francisco Varela, Conocer, Barcelona, Gedisa, 1996, pag. 108.
87
op.cit. 110
88
op.cit. 95.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 40


Sarah Connor
Te hace un asesino más eficaz.
Terminator
Correcto.

El Terminator está programado de acuerdo a archivos específicos que fueron cargados en su


chip

o Ejemplo 2
Terminator
Hacer lo que John Connor me dice es uno de los parámetros de mi misión

Actúa de acuerdo a lo que está delimitado a su misión

o Ejemplo 3
John Connnor
Baja la pistola de inmediato. Ibas a matar a ese tipo.
Terminator
Por supuesto. Soy un Terminator.
John Connor
No puedes nadar por ahí matando gente.
Terminator
¿Por qué? (pregunta reiteradas veces)

No tiene capacidad para entender. Mata porque está programado para hacerlo

o Ejemplo 4
John Connor
Pon atención. Escucha cómo habla la gente. No se dice “afirmativo”…
John Connor
Podrías ser mucho más alegre. Te comportas como un idiota. Sonríe de vez
en cuando.
Terminator
¿Sonreír?
El Terminator entonces observa una persona que John le indica que está sonriendo.
En cámara subjetiva se ve que el Terminator mediante la función “Motion Select”,
selecciona la sonrisa, la procesa a través de la función “Analysis”, la guarda y a
continuación su boca se transforma, intentando imitar el comportamiento que
procesó.
John Connor, notando lo artificial de la sonrisa, le contesta:
Está bien. Quizás puedas practicar frente al espejo.
Se observa la capacidad para replicar una vez que la información se almacena en el sistema

o Ejemplo 5
John Connor
¿Te duelen los balazos cuando te hieren?
Terminator
Percibo las heridas. Esa información podría llamarse “dolor”.
John Connor
¿Cuánto tiempo vives o duras?
Terminator
120 años con la batería que traigo
John Connor

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 41


¿Puedes aprender cosas que no te hayan programado, para que puedas ser,
tú sabes, más humano y no tan tonto todo el tiempo?
Terminator
Mi CPU es un procesador de red neural, una computadora que aprende. Pero
cuando nos envían solos Skynet nos pre-programa a “sólo leer”.
Sarah Connor
No quieren que pienses mucho ¿eh?
Terminator
No.
John Connor
¿Podemos mover el interruptor? (que se encuentra en la cabeza del
Terminator)
Terminator
Abre la tapa del puerto. Jala para romper el sello. Ahora retira la unidad
aislante. Ya puedes acceder al CPU. ¿Lo ves?
En este momento nuevamente la cámara subjetiva del Terminator muestra “Puerto
Abierto”, y al sacar el chip se apaga. Se ve como si se apagara un monitor.

El Terminator les dice a John y Sarah que puede aprender, pero su modo de aprendizaje es
similar al episodio de la sonrisa detallado en el ejemplo 4, lo que demuestra sus
limitaciones, es decir, posee capacidad de réplica pero no de representación, su diseño está
orientado hacia la realización de tareas específicas. No puede representar mundos, no
puede construirlos...sólo puede reflejarlos.

“Ante todo quería demostrar que si el pivote de la cognición es


su capacidad para hacer emerger significados, la información no
está preestablecida como orden dado, sino que implica
regularidades que emergen de las actividades cognitivas
mismas.” 89

89
Francisco Varela, Conocer, Barcelona, Gedisa, 1996, pag. 120.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 42


2.3.4 El dualismo cartesiano

“Pero aquí se encuentra el meollo del problema. ¿En qué nos basamos para decidir el valor,
la naturaleza y la esencia de las especies y los organismos individuales, incluidos los seres
humanos, si no es por medio de los <<valores subjetivos>> que poseamos?”
Jeremy Rifkin

El dualismo propio del cartesianismo domina enteramente la saga


Terminator. La historia, los personajes y el desarrollo narrativo de ambos filmes
están profundamente atravesados por esta concepción binaria.

EL dualismo cartesiano ha definido el marco conceptual predominante del


pensamiento de Occidente desde el siglo XVII. <<El dualismo responde a un
pensamiento binario, esto es, a un sistema de ideas o de pensamientos con dos
valores, como la lógica, en la que los teoremas son válidos o inválidos; la
epistemología, en la que las proposiciones son verdaderas o falsas; la ética, en la
que los individuos son buenos o malos y sus acciones, correctas o incorrectas>>.90

René Descartes instala en la tradición filosófica occidental el dualismo


cartesiano de la sustancia,

“la idea según la cual la realidad del ser humano consiste en dos partes separadas,
dos órdenes del ser divididos por una brecha insorteable. El mundo material es una
serie indefinida de variaciones en la forma, tamaño y movimiento de una materia
homogénea, única y simple llamada res extensa. Se incluyen aquí a todos los eventos
físicos y biológicos, incluso el complejo comportamiento animal, que Descartes
consideraba como el resultado de procesos puramente mecánicos. En este sentido, el
cuerpo humano es una sustancia extensa, está en el espacio, sujeto a leyes físicas y
mecánicas, y sus procesos y estados pueden ser controlados por observadores
externos. Sin embargo, más allá de la materia, se erige la res cogitans, el yo
pensante”.91

El dualismo se plantea entonces, porque ambas sustancias se excluyen


entre sí: lo que es extenso no es pensante y lo que es pensante no es extenso. De
esta manera, la mente sería de naturaleza distinta del cuerpo, carácter que la
escinde del mismo. El sujeto como única sustancia pensante queda separado del
objeto.

Incluso la obra del mismo Koval está atravesada por este dualismo:

“Las nociones de máquina y ser humano, día a día más cercanas, empiezan a perder
sus atributos distintivos y resultan cada vez más homogéneas. La condición humana,
cruzada al mínimo detalle por el factor tecnológico, deviene condición poshumana, y
comienza a definirse a partir de características reservadas antes a los productos de la
tecnología. La máquina, su contraparte, atravesada por el factor humano, devienen
androide, y empieza a concebirse por medio de propiedades antes exclusivas de los
hombres. Así, la confusión de géneros, rasgo definitorio de un mundo posbinario, abre
las posibilidades imaginarias relativas a seres artificiales híbridos, a mitad de camino
entre tecnología cultural y biología natural.”92

Koval utiliza el término híbrido pero no de la misma forma que Latour. Es


decir, el primero, lo concibe a partir de la integración cada vez más fuerte entre
hombre y máquina, pero haciendo foco en momentos determinados de la historia
como responsables de la integración, que luego del Siglo XX comienza a
90
Santiago Koval, La condición poshumana, Buenos Aires, Cinema, 2008, pag. 187.
91
op.cit.187-188.
92
op.cit. 16.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 43


complejizarse a un nivel nunca antes alcanzado. En cambio, el segundo, ve estos
constantes procesos de “integración” como parte de las articulaciones entre
humanos y no humanos que se han dado desde el principio de los tiempos. No
puede concebirse al hombre como separado de la técnica, de los mal llamados
“objetos”, porque su existencia misma ha estado siempre vinculada a sus
relaciones con su entorno, con los no humanos con los cuales fue formando
continuamente colectivos.

La última frase de Koval citada antes, habla por sí misma: “a mitad de


camino entre tecnología cultural y biología natural”. Al concebir a los seres híbridos
reflejados en el cine, como a mitad de camino entre lo cultural y lo natural, está
categorizando, está clasificando a partir de lo dual, del número DOS, <<limita a dos
las variedades ontológicas>> diría Latour.

Koval cae en la división moderna entre sociedad y naturaleza, entre sujetos


como perteneciente a la primera y objetos como pertenecientes a la segunda, entre
sujetos como res cogitans y objetos como res extensa.

Al estar el dualismo tan presente en nuestras vidas, al ser nosotros mismos sujetos
cartesianos, seres pensantes a partir de los dual, que proyectan tanto en la
cotidianeidad como en el arte, educación, política… así también, Terminator: el film,
la historia, los personajes y la estética, son productos de este dualismo.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 44


2.3.5 La Resistencia vs. Skynet

“La tecnología toca el meollo de nuestra autodefinición”


Jeremy Rifkin
Y si hablamos de nominalizar, como lo ha hecho la sociedad moderna,
tenemos en Terminator dos ejemplos poderosos a la hora de actuar como símbolos.
Los dos ejemplos de los que hablo son las palabras: Resistencia y Skynet,
centrales en la historia de Terminator.
La Resistencia es el nombre que se auto-asignan los humanos después de
comenzada la guerra nuclear contra las máquinas. En los filmes, siempre se la
menciona como algo que aún no pasó, que es parte del futuro, por lo que su
existencia se presenta siempre en forma de sueño o visión.
Por otro lado, Skynet es el sistema de defensa que adquiere el gobierno de
Estados Unidos, que termina cobrando inteligencia y volviéndose contra los
humanos.
Lo interesante es cómo ambos, con sólo una palabra pueden ser portadores
de tanto significado. Quizás el término más interesante sea el de la Resistencia,
porque DICE más de lo que intenta significar.
Los humanos resisten, ¿pero a qué? En esta palabra está la clave: del
miedo, de ese Otro, de la inseguridad al cambio, de la incertidumbre al
cambio, de lo peligroso que parece lo que no se conoce. Todo está englobado
perfectamente en esta palabra, también de algún modo la propia historia
norteamericana de resistir mediante la lucha armada.
En la palabra Resistencia está presente la no aceptación de lo diferente, la
resistencia a lo diferente (hasta no comprobar que puede ser aceptado):

“de ahora en adelante, toda semejanza será sometida a la prueba de la comparación,


es decir, no será admitida sino una vez que se encuentre, por la medida, la unidad
común o más radicalmente por el orden, la identidad y la serie de diferencias”.93

Por otro lado, Skynet significa en castellano “red del cielo”; la explicación
correcta sería “red que está en el cielo”. Una red más allá de lo que se puede
alcanzar. Es superior y por tal motivo está en los cielos. Skynet refleja el carácter
todopoderoso comentado más arriba, que se le adjudica a las tecnologías, el lugar
superior que vendrían a ocupar…superior a todo.

Este mínimo análisis de ambas palabras no tuvo como propósito más mostrar de
alguna manera cómo ya desde la nominalización imprimimos significados y valores.

En resumen, el film y la construcción de los personajes, están siempre


mediados por el pensamiento y las fantasías de la época, por la aplicación de un
criterio previo. El imaginario estructura las significaciones y también configura la
estética, se hace presente desde los nombres hasta la forma misma de articularlos
en el discurso del film.

El cine DICE, y se presenta como <<espejo>> y <<modelo>> (Casetti y de Chio:


1998).

93
Michel Foucault, Las palabras y las cosas, Buenos Aires, Siglo XXI, 2008, pag. 71.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 45


3. El mundo se vuelve latouriano

A partir de una relectura, un reensamblado, empiezo a darme cuenta que


Terminator deja un interesante legado de los híbridos de los que nos habla Bruno
Latour.

Mostrando la transformación de Sarah Connor y del T-800 encarnado por


Arnold Schwarzenegger, haciendo una crítica de la consideración del tiempo en la
saga Terminator, y finalmente, haciendo una especie de “canto” a los no-humanos,
intentaré cerrar este trabajo.

Hacia el final, voy a explicar consideración del Terminator como metáfora


perfecta del híbrido.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 46


3.1 “No fate…but what we make for ourselves”

“Los fines de la historia, a pesar de todo, daban curso a la historia”


Bruno Latour

Terminator II, de alguna forma es el film en el que los personajes se vuelven


más sabios. De alguna manera hacen realidad eso que dice Diego Manso de que:
<<Todo viaje es una ilusión. Sólo crecemos cuando despertamos>> 94; porque tanto
el viaje de los Terminators, desde el futuro, como el de Sarah Connor desde el
nacimiento de John hasta su reencuentro con él 13 años más tarde, los llevan a
transformarse profundamente.

Por un lado, Sarah aprende que el destino sólo lo hacemos en el día a día, no
hay un tiempo que se pueda imponer a nuestra realidad cotidiana. <<El futuro no
está escrito. No existe más destino que el construimos nosotros mismos>>, le hace
memorizar John Connor en el futuro a quien será su padre: Kyle Reese, para que
éste se lo diga a su madre Sarah.

No hay ni un futuro ni un pasado sino un presente que lo hacemos a partir de


la hibridación continua, un presente cuya cohorte de elementos de todos los
tiempos lo hacen complejo a cada minuto. El miedo de Sarah al poder del tiempo y
de las máquinas se reduce al final de Terminator II, a una esperanza en intentar
vivir el día a día. Ese será de ahora en adelante su mayor reto.

“Un futuro desconocido se acerca hacia nosotros. Por primera vez lo enfrento
con un sentimiento de esperanza. Porque si una máquina, un Terminator,
puede aprender a valorar la vida humana, quizás nosotros también
podamos”.
Sarah Connor*

Sarah comprende también que “una máquina” pudo ser más que eso; se
hibridó y se transformó en más que “tejido vivo sobre endoesqueleto de metal”.

94
Diego Manso, Nada mejor que volver a casa, Revista Ñ, 308, 22 de agosto de 2009, pag. 35. También disponible
en el sitio web de la revista: < http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2009/08/22/_-01982876.htm>.
*
Con esta frase en off de Sarah Connor termina Terminator II

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 47


3.2 Androides que lloran y temen
Terminator
– ¿Qué le pasa a tus ojos?
John Connor
–Nada

…que lloran
El Terminator le pregunta a John Connor el significado de las lágrimas. No
comprende qué significa el hecho de que un ser humano emita gotas de agua
desde los ojos. Connor, por su parte, tampoco intenta explicarle porque sabe que
una máquina es incapaz de comprender estas cosas.
El transcurso del tiempo que están juntos, el T-800 y John comienzan a
comprenderse poco a poco, uno incorpora información desconocida y el otro deja
fluir sus emociones; pero en un punto los dos se encuentran: en la experiencia.
Ambos hacen y en ese hacer sus cuerpos se cruzan y forman un contacto único,
aprenden el uno del otro al aprehenderse, se hibridan, se asocian. Sarah Connor lo
ve antes que nadie, cuando se da cuenta que esta máquina venida del futuro es el
mejor padre que John jamás haya tenido.

“Al ver a John con la máquina, tuve todo claro súbitamente. El Terminator
nunca se detendría. Nunca lo abandonaría, nunca lo lastimaría, nunca le gritaría
ni se emborracharía y lo golpearía ni diría que estaba muy ocupado para pasar
tiempo con él. Siempre estaría con él y moriría con tal de protegerlo. De todos
los posibles padres que pasaron a través de los años, esta cosa, esta máquina
era la única que daba en la talla. En un mundo demente, era la elección más
correcta”.

Como he explicado, la noción de “máquina” y “cosa” rodea toda la historia de


Terminator, pero desde esta relectura, se puede comprender que está presente la
concepción de un ser distinto del ser humano, que aún así experimenta, cambia, se
asocia, se transforma, se hibrida.

Tanto el Terminator como John Connor, traducen sus metas y se transforman


en una nueva entidad. Crean un lazo que no existía antes, que los modifica.

Como explica Latour, en cuanto al rol que debe reconocérseles a los no-humanos:

“Deben ser actores y no simplemente los infelices


portadores de una proyección simbólica”. 95

95
Bruno Latour, Reensamblar lo social, Buenos Aires, Manantial, 2008, pag. 26.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 48


…que temen

El temor, también surge de las relaciones entre humanos y no-humanos.


¿Hay temores más primitivos que otros? ¿Algunos temores son fruto de las distintas
asociaciones entre humanos y no-humanos? Supongamos el temor a la oscuridad.
¿Existía antes de la luz eléctrica?
El temor es patrimonio únicamente de los humanos, pero aún así, surge a partir de
las hibridaciones con los no-humanos….
En resumen: el T-800 es una máquina venida del futuro, letal, preparada para
el combate, un androide con una única misión a la que debe responder sí o sí,
porque para eso fue programado. Sin embargo, a través de la relación con el joven
John, cambia, deviene un ser distinto. Empieza a formar parte de un colectivo y en
ese acto se transforma…
.

A pesar de representar los postulados de la Inteligencia Artificial y de la


sociedad moderna que concibe a las máquinas como meros artefactos que al estar
desprovistos de humanidad parecen tomar vida propia, quiero resaltar, desde esta
relectura, el carácter de ser pasional del Terminator.

El T-800 venido del futuro termina siendo una entidad que no puede llorar pero que
sí aprendió el significado de las lágrimas.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 49


3.3 Un androide que viaja por el tiempo… Moderno

“Por androide no me refiero a un intento sincero de crear en un laboratorio a un ser


humano. Me refiero a una cosa creada, en un sentido, para engañarnos cruelmente, para
hacernos creer que es uno de nosotros”
Philip K. Dick

Sarah Connor no puede entender cómo una máquina puede venir del futuro
con la misión de matarla. Ella es lo que se llama “una chica común”, sale, se
divierte, vive con una amiga y trabaja de mesera en un local de comida rápida.
Desde su “lugar” de “sujeto” no puede entender la presencia de una máquina
altamente sofisticada cuyo propósito no es otro que asesinarla para evitar así que
algún día de a luz a quien será el futuro líder de la “Resistencia”: John Connor.
Tampoco puede creer que quien viene del futuro pero para salvarla, sea el propio
padre de su hijo; un hombre de carne y hueso llamado Kyle Reese.

A Sarah la desconcierta el hecho de tener que escapar de un ser que no


comprende, porque no pertenece a “su tiempo”. Le intriga saber qué hay oculto en
ese futuro no tan lejano que pueda crear un ser semejante.

En la saga Terminator el tiempo está concebido a partir de la presencia de


objetos que son producto de cada época. Cuando un objeto desencaja es porque
viene de otro tiempo (del futuro en este caso), es decir, no se agrupa en un pelotón
bien ordenado, parafraseando a Latour.
Éste cree que, en su concepción del paso del tiempo como una forma
particular de historicidad, los modernos eliminan todo lo que pasa para siempre.

“Los modernos tienen la particularidad de comprender el tiempo que pasa


como si derogara realmente el pasado tras él.”96

Lo que pasó ya no puede volver, de esta manera se les vuelve impensable


entonces aceptar algo que viene de un tiempo que ni siquiera ocurrió. Se les torna
en consecuencia catastrófico aceptar lo nuevo, lo desconocido…lo sienten de otro
mundo. Como cree Latour:

“La movilización del mundo y los colectivos a una escala cada vez mayor, en efecto,
multiplica los actores que componen nuestras naturalezas y nuestras sociedades. Pero
nada en esa movilización implica un pasaje ordenado y sistemático del tiempo. Sin
embargo, gracias a su forma tan particular de temporalidad, los modernos van a
ordenar la proliferación de nuevos actores, ya sea como una capitalización, una
acumulación de conquistas, o como una invasión de bárbaros, una sucesión de
catástrofes.”97

Entonces se pregunta: << ¿De donde viene la impresión tan moderna


de vivir un tiempo nuevo que rompe con el pasado?>>. A lo que se
responde:

“La impresión de pasar de modo irrevocable sólo aparece cuando relacionamos juntos
la cohorte de elementos que componen nuestro universo cotidiano. Es su cohesión
sistemática, y el reemplazo de esos elementos por otros que se volvieron igualmente
razonables en el período siguiente, los que nos da la impresión de un tiempo que pasa,
de un flujo continuo que va del porvenir hacia el pasado, de un cascabel. Es necesario
que las cosas marchen al mismo paso y sean reemplazadas por otras alineadas de

96
Bruno Latour, Nunca fuimos modernos, Buenos Aires, Siglo XXI, 2007, pag. 103.
97
op.cit. 108.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 50


igual forma para que el tiempo se convierta en un flujo. La temporalidad moderna es el
resultado de esta disciplina.”98

Lo Otro se convierte en invasivo para el moderno y de ahí su peligrosidad y


su maldad. Terminator es un androide maligno, cuya maldad no se la confiere su
estatuto de “máquina de matar” sino su pertenencia a otro tiempo aún
desconocido. Concientes de que sólo pueden esperar progreso o decadencia, a los
modernos de la futura “Resistencia” sólo les queda esperar: “wait to live, wait to
die” decía la anciana de Titanic (también de James Cameron), alejándose jamás de
las DOS posibilidades.

Latour dirá que el tiempo no es un flujo homogéneo y liso y que <<ya nadie
puede ordenar en un solo grupo coherente a los actores que forman parte de un
“mismo tiempo”>>.99 Cree fervientemente que debemos obtener la temporalidad a
partir de los mismos acontecimientos.

“El pasado no está superado sino retomado, repetido, rodeado, protegido,


recombinado, reinterpretado y rehecho (…) toda cohorte de elementos
contemporáneos puede ensamblar elementos de todos los tiempos”. 100

Este androide, el T-800 modelo 101 lleva a cuestas un gran karma temporal.
Es temido, no tanto por ser una entidad creada originalmente para infiltrarse entre
las guaridas de la resistencia en el futuro apocalíptico que aún no llegó, sino por su
aparición en un tiempo que no sería el “suyo”.
En esta cohorte de elementos que rodea los 80 no es bienvenido…

98
op.cit. 109
99
op.cit. 111
100
op.cit. 113.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 51


Bonus Track: Los no-humanos también tienen sueños

“Miren alrededor: los objetos científicos circulan como sujetos, objetos y discursos a la vez.
Las redes están llenas de ser. En cuanto a las máquinas, están cargadas de sujetos y de
colectivos”
Bruno Latour

Un tiempo atrás mirando el film Propuesta indecente de Adriane Lyne, hubo


una escena que inmediatamente me hizo recordar a los no-humanos latourianos. El
protagonista, David, está dictando una clase en la facultad de arquitectura. En un
momento levanta con su mano un ladrillo, y hace una pregunta a sus estudiantes.

David
- ¿Qué es esto?
Alumno
- Un ladrillo.
David
- Si. ¿Qué más?
Alumno
- Un arma.
David
- Louis Kahn dijo que hasta un ladrillo quiere ser algo. Un ladrillo quiere SER
algo. Tiene ambición… Hasta un ladrillo común y corriente quiere ser más de
lo que es. Quiere ser algo mejor de lo que es. Y eso es lo que tenemos que
sentir.

En efecto, cualquier no-humano quiere ser algo, y de hecho lo es, siempre y


cuando no lo ubiquemos en la posición de objeto determinado por el sujeto, que
sólo es en función de, como mero instrumento, como simple intermediario.

Este fragmento me pareció interesante porque de alguna manera ilustra la


ambición latouriana de borrar los estatutos, las clasificaciones, los nombres, y dejar
que los actores SEAN. Mientras David levanta el ladrillo con su mano derecha y le
habla a sus alumnos, pasa diapositivas de distintos ladrillos que quisieron ser: las
Pirámides de Egipto, el Partenón griego, la Sagrada Familia de Barcelona, el Empire
State de New York. Es decir, ladrillos que quisieron ser, y que efectivamente fueron,
pero no solos sino en hibridación con los humanos.
Y los resultados están a la vista. Un ladrillo dejó de ser “un ladrillo” y se
convirtió en infinidad de asociaciones. Su peor pesadilla sería ser posicionado
como una cosa-en-sí…

De la misma manera, los humanos también ambicionan y sueñan SER, ser


con los no-humanos. Jamás podrían tener sueños, SER… sin ellos.

SOMOS CON ellos…

Como dice Latour, nuestra tradición de sujeto-cartesiano-occidental-moderno


(y quien sabe cuántas etiquetas más), nos ha planteado como sujetos productores
de objetos, no obstante <<no tenemos nada para narrarnos el otro aspecto de la
historia: cómo el objeto hace al sujeto>>101 Pero antes que Latour ya lo había dicho
Michel Serres:

101
Bruno Latour, Nunca fuimos modernos, Buenos Aires, Siglo XXI, 2007, pag. 123.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 52


“[…] encontrar nada en los libros que hable de la experiencia primitiva en cuyo
transcurso el objeto tal cual constituyó al sujeto homínido, puesto que los libros se
escriben para revestir de olvido esa empiria o clausurar su puerta, y que los discursos
arrojen de su rumor lo que ocurrió en ese silencio”102

Se ha ignorado una parte de la historia de los colectivos. Se ha sacado al


“objeto” del colectivo y se lo ha ubicado en el estatuto de la cosa-en-sí. Se ha
olvidado que los no-humanos también tienen sueños, que también quieren SER. El
peligro de reconocerlos como miembros del colectivo ha sido de tal intensidad, que
han sido ocultados. Fueron herejes sin posibilidad de dar su veredicto.

“Los testimonios de esta segunda mitad de la historia no están constituidos de textos


o de lenguajes, sino de restos silenciosos y brutales tales como bombas, piedras y
estatuas”.103

Los no humanos pueden soñar porque son parte de un colectivo. Un ladrillo


pudo convertirse en parte del Empire State sólo porque pertenece a un colectivo.

“Cada vuelta de la espiral define un nuevo colectivo y una nueva objetividad. El


colectivo en renovación permanente que se organiza alrededor de las cosas en
renovación permanente jamás dejó de evolucionar. Jamás abandonamos la matriz
antropológica, todavía estamos en las Edades oscuras o, si se prefiere, todavía
estamos en la infancia del mundo.”104

Los no humanos tienen sueños justamente porque no están presos de las


varas que miden sus acciones, que los cuestionan, que no se resignan a ubicarlos
en lugares, nombres, cárceles de palabras que los castigan y hacen sentir culpables
en un mundo en el que no tienen cabida. Entonces, qué mejor que culparlos e
intentar expulsarlos bajo argumentos tan poco originales como: el Apocalipsis y la
eliminación de la especie…

“Aquí no hay “metaforicidad”: no se trata de que la forma animal o maquínica se


revele como máscara de la forma humana, sino más bien del “devenir-máquina” o
“devenir-animal” del humano, el flujo de su metamorfosis continua. También se borra
aquí la división máquina/organismo vivo: un automóvil se transmuta en un
humanoide/cyborg…”105

Si entonces empezamos a considerar a los no-humanos como


pertenecientes a colectivos que también habitamos y como seres que tienen
sueños y que actúan, la historia del mundo pasa de ser una línea a ser un espiral.
Si empezamos a dejar de considerar el estatuto de meros objetos,
instrumentos para ser usados por los sujetos, olvidados o idolatrados, buenos o
malos, presos de un sistema binario, quizás podamos despertar.

“Lo que cambió en la primera mitad del siglo XVII y por mucho tiempo –quizás hasta
nosotros – es todo el régimen de los signos, las condiciones en las que ejercen su
extraña función; es aquello que, en medio de tantas cosas sabidas o vistas, los erige
de súbito como signos; es su ser mismo”.106

102
op.cit. 122
103
op.cit. 123
104
op.cit. 126
105
Slavoj Zizek, La Revolución Blanda, Buenos Aires, Atuel, 2004, pag. 13.
106
Michel Foucault, Las palabras y las cosas, Buenos Aires, Siglo XXI, 2008, pag. 75.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 53


Si como dice Foucault, lo que cambió fue el régimen de signos y de esta
manera la concepción del mundo y todo lo que eso conlleva, podemos empezar a
darnos cuenta que este sujeto escindido es sólo fruto de una serie de procesos que
lo fueron ubicando en ese lugar.

Pensamos, amamos, accionamos, producimos, crecemos, habitamos,


soñamos gracias a nuestra hibridación con los no-humanos dentro de los colectivos.
Nuestra implicación recíproca pero sin límites ontológicos nos lleva a poder soñar. Y
soñar también implica potencia: poder hacer. No se trata de poner el cuerpo sino
de hacer cuerpo…

Salir de las búsquedas modernas sobre el qué, sobre el qué es y focalizarnos


en el qué podemos, en el qué puede la hibridación de humanos y no
humanos.

Entonces, si un ladrillo puede tener un sueño es porque al mismo tiempo nosotros


también…

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 54


Conclusiones

A. El híbrido perfecto

¿Qué es lo que intenté decir con este trabajo? ¿Adonde quise llegar después de
tantas palabras?

Lo quiero decir es que a pesar de estar atravesado por la episteme moderna,


por el pensamiento cartesiano que excluye sustancia pensante de sustancia
extensa, de lo binario que dio lugar a la concepción del sujeto como separado del
objeto, y en consecuencia, de la sociedad como separada de la naturaleza,
Terminator brinda la imagen perfecta del híbrido latouriano.

El Terminator refleja el complejo de asociaciones entre humanos y no-


humanos, la existencia misma como parte de relaciones entre los mismos. Somos
carne, piel y huesos pero también estamos en relación permanente con artefactos
mecánicos con los que nos hibridamos. No vamos por el mundo desnudos,
despojados, sino que por el contrario, vamos-con, simplemente porque somos-con.

Como dice Paolo Fabbri al hablar de Latour: <<En otras palabras, todos nos
extendemos gracias a los objetos que permiten manifestar o, mejor dicho, construir
nuestra subjetividad>>.107 La subjetividad no estaba construida de antemano sino
que es fruto de esa hibridación constante con los objetos.

Entonces, esta hibridación estaría llevada al extremo en la figura del


Terminator, mejor, dicho, sería una forma metafórica de mostrar la integración
hombre – máquina. Desde lo más mínimo a lo más figurativo, estamos conectados,
enlazados, asociados con no-humanos. Hacemos carne con ellos, tanto como el
Terminator recubre de tejido humano el esqueleto metálico.

Al igual que el Terminator, nosotros también tenemos un esqueleto metálico,


porque nuestra hibridación es tal, que la llevamos en los huesos.

La figura del T-800 afirma el hecho de que los humanos siempre estuvieron
hibridados con los no-humanos, nunca hubo formas puras.

De esta manera, intenté hacer mediante una saga emblemática de los 80 y


también los 90, otra lectura a partir de Bruno Latour, reensamblando los conceptos.
Intentando aportar otra visión no tan apocalíptica, analizando la saga Terminator ya
no desde episteme moderna. Sabiendo que el cine mira desde un determinado
cristal, y de esta manera DICE. Plantea un tipo de hombre, un tipo de pensamiento,
un tipo de sociedad, un tipo de temor, un tipo de concepción de ”lo tecnológico”.
Como dice Foucault: <<El hombre es una invención cuya fecha reciente muestra
con toda facilidad la arqueología de nuestro pensamiento>>.108

Es hora de empezar a pensar en que la posibilidad de que el hombre como


escindido de los objetos tiene fecha de vencimiento.

107
Paolo Fabbri, El giro semiótico, Barcelona, Gedisa, 2004, pag. 99.
108
Michel Foucault, Las palabras y las cosas, Buenos Aires, Siglo XXI, 2008, pag. 398.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 55


Como dice Latour: <<Ni la Naturaleza ni los Otros se volverán modernos. A
nosotros nos corresponde modificar nuestras maneras de cambiar>>.109 Está en
nosotros empezar a concebir de otra manera las relaciones entre nosotros mismos
y el mundo que nos rodea. Si empezáramos a pensar a los “objetos” como parte
nuestra, si comenzáramos a visualizar de otra manera nuestras relaciones para con
ellos, cómo somos con ellos, entonces quizás el miedo a que se vuelvan malignos,
peligrosos, misteriosos y oscuros…se disiparía.

Los mínimos cambios revelan nuevas combinaciones y nuevos caminos a


tomar…

Por ahí estuvo mi búsqueda…

109
Bruno Latour, Nunca fuimos modernos, Buenos Aires, Siglo XXI, 2007, pag. 211.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 56


B. Apocalipsis ¿now? ¿then? ¿when?

Entonces… ¿habrá alguna vez Apocalipsis?

Mi consideración final es que el Apocalipsis tan temido ocurrirá, porque de


hecho ya ocurre, sólo en nuestras cabezas. Al concebir a los objetos, la cohorte de
objetos de todos los tiempos, como completa y radicalmente escindida, y
concebirnos sujetos pensantes pero desnudos, desprovistos de relación con los no-
humanos que creemos están allá afuera, el Apocalipsis tarde o temprano llegará
porque esta forma de pensar nos hace separar el tiempo y volverlo bueno o malo.

Este sujeto fue leído por el cine de los 80 y principios de los 90, fue reflejado
a través de diversos géneros que lo que hicieron fue elevarlo y ubicar a “las
máquinas”, esas “cosas” portadoras de mal sólo por ser extrañas a un tiempo
determinado, en el lugar de peligro para la especie, en el lugar del Apocalipsis.

Como dice Alberto Ascolani: <<nuestras sociedades, tributarias de lo


nombrado como<<occidente>> y, por ende, nuestras instituciones, organizaciones
sociales y sujetos, se han constituído y se siguen constituyendo y legitimando en
mitos fundantes que son vividos, imaginados y aún pensados como naturales>>. 110
Así Terminator constituyó la visión de una época, de un tiempo que consideró al
hombre como opuesto a la máquina, la Resistencia humana enfrentada a Skynet
mediante Terminadores. Pero eso no evitó poder encontrar en él rasgos
pertenecientes a una teoría que en su decir rompe con todo lo que esta saga
postula, no evitó poner en juego la pasión de querer reensamblar los elementos
para arribar a algo nuevo.

“En cada instante tenemos que reordenar nuestras concepciones de lo que estaba
asociado porque la definición previa se ha vuelto en alguna medida irrelevante”.111

¿Cuál es la pauta que conecta a Terminator, Bruno Latour y mi trabajo? La


pasión de querer encontrar asociaciones donde no las había, la pasión por el cine y
a partir de éste, la exploración de relaciones siempre nuevas, emergentes. Rastrear
nuevos actores en ese eterno movimiento, desplazamiento, traducción, que los
hace híbridos…que nos hace híbridos. <<La pasión es el punto de vista de quien es
impresionado y transformado con respecto a una acción>> dice Fabbri, y es eso lo
que me dejó esta experiencia, después de ser tocada por tantas palabras, frases,
libros, significados, relaciones, personas, en fin: un colectivo que me llevó como
Dédalo por su laberinto… Teniendo siempre presente que como dice Latour:

“No hay tal in-formación, sólo trans-formación”

110
Alberto Ascolani, La novela de Occidente, Rosario, Laborde, 2000, pag. 15.
111
Bruno Latour, Reensamblar lo social, Buenos Aires, Manantial, 2008, pag. 19.

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 57


Epílogo

La esperanza de Pandora

“La tecnología solo lo es cuando se ha nacido antes que ella”


Alan Key

No quería dejar de mencionar lo que significa la última película de James Cameron:


Avatar.

Más allá de la taquilla, las nominaciones y premios que lleva ganados, quería
adentrarme un poco en la historia sólo para mostrar cómo este filme DICE. El
director es el mismo pero no así el DECIR.
Avatar es un film que muestra ya no al hombre como escindido de la
máquina, ni a éstas como portadoras del Apocalipsis. Los límites parecen disiparse
y el foco está puesto en la potencia, en lo que se puede a partir de la hibridación.

Jake Sully es un ex-marine confinado a una silla de ruedas, pero aún así, un
guerrerote corazón, que es reclutado para una misión especial. Su grupo es enviado
al planeta Pandora, donde se extrae un mineral que podría resolver la crisis
energética de la Tierra. Debido a que la atmósfera de Pandora es tóxica, han creado
el Programa Avatar, en el que "conductores" humanos tienen sus conciencias
unidas a un avatar, un cuerpo biológico controlado de manera remota que puede
sobrevivir en el aire letal. Estos avatares han sido creados genéticamente como
híbridos combinando ADN humano con ADN de los seres nativos de Pandora: los
Na'vi. Se le asigna la misión de infiltrarse entre los Na'vi, que se han convertido en
un obstáculo importante para la extracción del preciado mineral. Pero todo
cambiará cuando conozca a Neytiri, y comience a sentirse cada vez más a gusto
viviendo como un Na’vi que como un ser humano.

“El medio para medir la realidad es el mismo cuerpo, es decir: cuando ve la realidad
como un humano encerrado en cuerpo de Na'vi esta se le presenta como sueño, y
cuando la ve como un Na'vi encerrado en cuerpo de marine, siente que vive una
pesadilla. En Avatar realiza aquella famosa frase de Fellini que decía que: "nuestros
sueños son nuestra única vida real"112

En el filme, la hibridación se vive ya como algo necesario, como un rasgo


cotidiano, que no genera asombro ni miedo y mucho menos, incertidumbre. Ya no
hay Otros, porque todos se muestran como productos de hibridaciones y
asociaciones. Mente y cuerpo coexisten, siendo la premisa no tanto tener cuerpo
como hacerlo.

Avatar postula 25 años después que la primer entrega de Terminator, que es


necesaria la hibridación, que no hay barreras ontológicas, y que sólo existe la pura
experimentación, siendo la mayor motivación de todos los tiempos: la PASIÓN.

112
Para una crítica sobre Avatar y la hibridación, véase Vanesa Mazzeo y María Eugenia del Zotto, “La esperanza de
Pandora”, disponible en línea en < http://www.facebook.com/notes/digicom-siyp/la-esperanza-de-
pandora/260966802842>

Los híbridos de Bruno Latour y el legado de Terminator I y II 58


Bibliografía

- ASCOLANI, Alberto. La novela de Occidente, Rosario, ArcaSur Editorial y


Laborde Editor, 2000
- CASETTI, Francesco y DE CHIO, Federico. Cómo analizar un film, Buenos
Aires, Paidós, 1998
- COSTA, Antonio. Saber ver el cine, Buenos Aires, Paidós, 2007
- FABBRI, Paolo. El giro semiótico, Barcelona, Gedisa, 2004
- FOUCAULT, Michel. Las palabras y las cosas, Buenos Aires, Siglo XXI, 2008
- KOVAL, Santiago. La condición poshumana, Buenos Aires, Cinema, 2008
- LATOUR, Bruno. La esperanza de Pandora, Buenos Aires, Gedisa, 2001
- LATOUR, Bruno. Nunca fuimos modernos, Buenos Aires, Siglo XXI, 2007
- LATOUR, Bruno. Reensamblar lo social, Buenos Aires, Manantial, 2008
- VARELA, Francisco. Conocer, Barcelona, Gedisa, 1996

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