. H M I I L M I ni U I ,|UM I IL V

,

INSTITUTO PANAMERICANO DE GEOGRAFÍA E HISTORIA AUTORIDADES 1994-1997
Presídeme Vicepresidente lo. Vicepresidente 2o. Secretario General Dr. Jorge Salvador Lara Dr. James G. Tanner Dr. Noé Pineda Portillo Dr. Chester J. Zelaya-Goodman ' (Ecuador) (.Canadá) (Honduras) (Costa Rica)

Alvarez, M. y D. Fiore. 1993. La Arqueología como Ciencia Social: apuntes para un enfoque teórico-epistemológico. Boletín de Antropología Americana. nc 27, pp:21-38. México.

mynan r. alvarez dánae fiore"

COMISIÓN DE CARTOGRAFÍA Presidente: ' Sr. Ful L. Peeier, Jr. ' Vicepresidente: Sr. Ja-ties R. Plasker (EUA)

COMISIÓN DE GEOGRAFÍA Presidente: Prof. Speridiao Faissol Vicepresidente: Prof. Mariiourdcs López . rerreira (Brasil) COMISIÓN DE GEOFÍSICA Presidente: Dr. David A. Novelo Figueroa Vicepresidente: Dra. Elsa Leticia Flores (México)

la arqueología como ciencia social: apuntes para un enfoque teóricoepistemológico
"La ciencia sólo debe aceptar ti pensamiento critico". Nicos Híájini

COMISIÓN DE HISTORIA Presidente: Cite. \R) Laurio Heáeivio Desiéfani Vicepresidente: Dr. Hernán Asdrúbal Suva (Argentina)

COMITÉ DE ANTROPOLOGÍA Presidente: Prof. Georsc Cerqueira Leite Zarur (Brasil) MIEMBROS ACTIVOS Y CORRESPONDIENTES Argentina Solivia Brasil Canadá Colombia Cosía Rica Chile Ecuaoor El Salvador
Estados Unidos

Introducción En ¡os últimos tiempos ¡a arqueología j; ha vtsto sacudida por un debate teórico acerca ce los diversos enfoques utilizados en 5u seno. .Muchos son ios arqueólogos que han puesto Je manifiesto la necesidad de dicho cébate (Bate 1981.19S9;3inford 1986. DunneU !5S9. Gándara 19SO. 198!; Gilman 19S9, Hodier 198S, Lumbreras 1984. Shanks y Tiilcy, ;9S7; Shitier 19SS. Trigger. 1982, 1989: VargasArenas 19S6: por sólo citar algunos cases). El mismo implicó un replanteo sobre ios ¡imites y alcances de la explicación, en arqueología, incluyendo sntre otros, el tema ce la validación, la i-ponar.r.ia de! contexto en el surgimiento üe una teoría y en definitiva los objetivos últimos que cada teoria le atribuye a la arqueología como ciencia. ¿Es historia? ¿Es bioloaia? 0Es antropología? ¿Es literatura?... . En nuestro país, este debate se planteó con variadas intensidades a partir de los trabajos
' Mu«o Etnográfico. "3.3. Ambroseitr. Faculad de Filotofu y Ls'.ras. Universidad de Buenos Aires. Moreno 3 50 (1091) Capulí Federal. Argemín».

Dra. Amelia Sanguinetti de B. Arql. Maihias Strecker „•>• Antrop. María Victoria Uribe Dra. María E. Bozzoli de \V. Dra. Victoria Castro Rojas Dr. Segundo Moreno Yañez Dr. José Humbeno Velázquez Dr. Tilomas Abcrcrombic Lie. Rober.o Rubio Cifuentes Lie. Femando Cruz Sandoval Mira. Adriana López Monjardin Lie. Jorge Espinoza Dr. Juan Ossio Dr. Femando Morbán Laucer Prof. José J. Fisueira

Dr. Juan Alfredo Tomasini

Dr. Marco Guevara Berger Sr. Jorge Hidalgo L. R.P. Juan Bonazo

Guatemala Haití Honduras México Nicaragua Pana na Paraguay
Perú

Lie. Manuel Chivez Borjas Mtro. Luis Revgadas Robles Gil"

Rcp. Dominicana Uruguay Venezuela

Dr. Francisco Irriane Brener Dr. Carlos Esteban Deive

de distintos investigadores de larga trayectoria (entreoíros. Arenas ¡988. Borrero 1989.1993: Boschin 1992. González 19S5. Laguens 1994. Llamazares y Slavutzky !991:Núñez Regueiro 1974, Pérez Gollán y Heredia. 19S7; Politis 1988. 1994; Tarrago 1991. 1992; Tertusiy Núñez Regueiro, 1993). Nuestro objetivo consiste entonces en el-' planteo de ciertas perspectivas de análisis desde un enfoo.jje^socia.l de la arqueología, profundizando algunos elementos de r.iv-1 teórico-epistemológico planteados por varios de aquellos investigadores. _¿¿OS orientamos hacia la dcfin¡c_i¿n_del proceso de '-abajo —su estructura y características— como vía de acercamiento a ios materiales arqueológicos concebidos como ^productos sociales generados en el seno át distintas esferas de producción. En concordancia con este eje, postularemos la aplicación de distintos niveles de análisis que posibilitan la investigación de diversos aspectos de dichos productos, enfatizando la importancia de la distinción entre éstos como entidades reales y aquellos como instancias de conocimiento. Sin embargo, la utilización de postulados filosóficos y conceptos previamente elaborados

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JULIO 1993

MVRIA.N R. ALVAREZ Y DANAE FIORE

LA ARQUEOLOGÍA COMO CIEV

por otros autores ce la arqueología no transforma e! objetivo dei presentí trabajo en una historia de la filosofía ni de la arqueología, sino que constituye ti marco contenedor en e! que se sustenta nuestra discusión. La arqueología y la realidad: dos premisas En tc-Ja perspectiva teórica subyace una ¡dea ce lo que entendernos por ciencia (Levinas • i990) y por lo c a n t o de su conexión con ¡a .realidad, lo cual, a su vez, se vincula de manera directa con ¡a líber rup.creu: del científico, quien "para ser produc:ívo ... debe operar con una autoconciencia alerta sobre las ideas y supuestos po'r las cuales é: obra" (Binford • 1977:31: la traducción es nuestra). Es en este sentido que creernos adecuado retomar dos postulados en los cuales se apoya nuestro planteo. La primera premisa consiste in concebir a la reauaád «Tomo una entidad objetiva y material, lo cual implica que es independiente de la conciencia de ios hombres (para un desarrollo completo y sistemático de :ste punto ver Roíental 1962. 3ate ¡981. Gonari 1991). Esto significa que -.odos los procesos que le dan origen a !a realidad existen —ín un principio— con independencia ce !as ideas que .los seres humanos se formen di ellos,' pero no implica cus ideas y realidad material —como veremos en e! punto tris y subsiguientes— no se encuentren vinculados entre sí. Dada esta condición material de la realidad, existí una segunda premisa aue la carac1

I -

Es:o puede ejemplificarse de :a siéntente forma: tn ti nivel físico, il hecho di que :a nerra gire alrededor del sol is real y objetivo, existe ¿esce millones de años antes de que aparecieran los serrs humanos, y los procesos que !o causan na han desendido de que Copemico formulara la teoría heliocéntrica. £n ei nivei social. !a existencia de tos pueblos americanos no ha decido esperar a la llejzaa je Colón ni a ¡as postenores teorías sobre el poblarciemo del "nuevo mundo" para ser calificada como una realidad. Por io tanto, el descubnmienrto de una ley. de un principio, o de un fenómeno que . •.-•.., ... * ' -

teriza: e ^movimiento. La propia constitución atómica de la materia implica un constante devenir energético. Es éste el principio enunciado por Heráclito mediante la conocida metáfora acerca de que: "No se puede... descender dos veces en el mismo río ni aferrarse dos veces a una sustancia perecedera en estado permanente" (Llanos 1936:33). En síntesis, "...la existencia objetiva dei universo se manifiesta como existencia de materia en movimiento (...) más aún, ia materia y ei movimiento son de tal manera inseparables que no existe materia i n m ó v i l , ni tampoco existe ¡nuvimieni.0 ¡rmi.v.erial" (Goriwi 1991:84). Si bien la transición es un estado permanente en cualquier fenómeno, es decir que toda entidad real, o toda realidad material se encuentra en constante transformación, esto; no invalida la posibilidad de distinguir porciones de dicha realidad que'exhibcn cienos éiernentos que las constituyen de manera particular, brindándoles una determinada identidad. Ei cambio continuo no siempre transforma a una entidad en otra, sino que en muchas ocasiones solamente le agrega a dicha entidad más cantidad de los elementos que la caracterizaban desde un principio. Estos cambios se denominan cambios cuantitativos, en oposición a los cambios cual ilativos, que son aquellos que transforman a una realidad en ora (Gonari 1991, Llanos 1986, Rosental 1962). Los cambios cuantitativos se expresan, entonces, como cambios a'z magnitud dentro de una realidad particular. Los cambios cuaiititivos, a su vez, implican el pasaje de una realidad a la existencia de otra distinta, es decir, son cambios de cualidad, ya que transforman a las características de una entidad de manera tal que ésta deja de ser reconocible para car origen a una nueva entidad' (idsm).
Por ejemplo, si sometemos a un objeto de árenla cruda al calor, el crecimiento zradual d: la temperatura en un principio, por ejemplo de 0°C a !GO°C y de !00°C a 200*C .10 prcvoca importantes transformaciones: se trata de cambios cuantitativos. Pero al llegar a la frontera de los 6QO°C. dicho objeto llegará a adquirir nuevas propiedades, tales como rigidez, y aun resistencia ¿i ca-

La arqueología como ciencia Cuando hablamos de ciencia nos referimos, enfc :¿rminoS2ír¡era!es.aunaformadeconocimien-| to representativa del pensamiento del hombre ¿ (Levmas 1989:3). Desde es:a perspectiva de abordaje de ia realidad, consideramos que la arqueología se constituye como una ciencia oaüo que se aboca al estudio de arTa"porción" de la realiiiadLr-!os resíps rnateriales dejados por las sociedades pasadas— mediante la aplicación de jeorias. m¿todos_v técnicas que posibilitan un desarrollo sistemático del JJTOceso de investigación (Vargas Arenas 1986, Bate 1981. Gándara Í987, Schiffer 1988, Binford 1986. Suílivan 1978). Dentro de este conjunto gnoseológico, la teoría es un conjunto de principios que brindan e.xpiicaciones sobre una porción de la realidad. Se trata de una serie de general izaciones que resultan válidas para cada perspectiva en particular: sin que necesariamente aquéllas deban ser valoradas como relevantes desde otros enfoques. Por otra pane la teoría cumple siempre un rol dialéctico en la dinámica de ¡a ciencia ya que: "La teoría es, en cada
que definen a una nueva entidad real, la cerámica. Se ha

momento y a! mismo tiempo. reruitico _¿e -as investigaciones pre-.ider.ies y_ounto de par.tida de las nuevas investigaciones " ( B a t e 1989:S). Esto implica entonces, que ;e::ü de toda formulación de un problema q-e 2'.sa i un proceso de investigación, siempre is:a presente un entramado teórico que io sustenta y define. E! método es un referente que nos permite garantizar e! desarrollo de procedimier.tos válidos desde un punto de vista lógico pira contrastar nuestras teorías e hipótesis. Añeraftien, tal como lo señala Bate (1989:7)"... r-.o pocemos plantearnos cómo conocer s: círíc:rr.o¿ de toda noción sobre qué buscamos conocer...". Esto implica dos cosas: en primer lugar que el método uue se deriva dejo conocido previamente, es decir que la lógica presupone"primero ei desarrollo de una ontoiogia o teoría sobre la realidad (ibidem) y er. según do jugar como consecuencia^de ¡o^interiorcme el método debe_concordarjiecesariamenie con la teoría sustentada. El rol dei métoao es_entonces. ei de^posibjl,itar_el cp.ntactp entre la teoría y ja realidad empírica, entre la explicación y !o ex3ijcaqo, entre lo abstracto ylo concreto, que a nuestro criterio, debe ser logrado de una manera objetiva , <s~S¿Sir contfasfab'e.)

JULIO 1993 PIN DE ANTROPOLOGÍA AMERICANA • 27 el ex,stente entre las propias perspectivas de análisis de una misma ciencia. Tal es el caso, por ejemplo, de la teoria general de los sistemas (Von Benalanffy 1987:34. 35). que na sido acucada tanto al campo de la psicología, como al campo de la biología y de la arqueolosía. "En este sentido. denominamos_teonagerie : ral al conjunto de postulados que cor.forman laTasc gnoseológica fundamenta! en la que se enmarca una postura científica, mientras que la teoria especifica se remite a la aplicación parÚcular Je dicTa base a un determ.naoo

MYRIAN R- A L V A R E Z V DAN'AE MOKL

„..- ¿ i c h a contrastaron. se logra a M r. 1 :'deiaap ! ¡cac,ór.d S :.r.a5eriede P rocedir^ientos sistemáticos o técnicas que posibilitan ¡a manipulación de determinados objetos, -: re^stro de atributos o propiedades que devsi'ñ cieñas características de la evidencia y ;a obtención de información acerca de la misma. que en definitiva constituye la base de la • explicación científica. £l_conjunto_de proce:. dimiemos_v técnicas cíe análisis constituyen la .

Vor ,

metodología. L - n p r i t a e r aspecto ¡".portante de destacar, -entro de las relaciones entre estas distintas obieto de estudio. Rancias del conocimiento — filosofía, teo" En el Gráfico 1 se representan tndimensioría. método y metodología— , es que a diferennalment=7íoHrellsPectos recién detimoos. cia de la sólida interdependencia entre las tres Pn el eje vertical se expresan las relaciones orirneras, como recién lo subrayáramos, la entre las instancias de conocimiento (primer 'me-odologia resulta ser la insianciajnásJnátaspecto); en el eje.horizontal se granean las «snciente'dado que muchas técnicas pueden relaciones entre distintos enfoques teóricos en '¿-'uTííízadas por varias ciencias y bajo disuna misma ciencia (segundo aspecto); en el — tos marcos teóricos sin que se transformen eje lateral o je^rofundLdad se ilustran las resu obietivos últimos- Tal « el caso del uso de laciones entre ciencias (tercer aspecto). .— - técnica -neutral", como e! uso del nivel £1 pensamiento científ.co se distingue, ó-ico por geólogos y arqueólogos, cuyo ementonces, de otras formas de pensam.ento (copieo no transforma la identidad de ninguna de mo el sentido común) dado que necesaria y . estas dos disciplinas. . Sin embargo, el postular una neutralidad ficación, buscando la interconexión entre los metodológica no significa -que el aplicar o cocimientos adquiridos (Bunge 19/2, Gorignorar una técnica no esté siempre funoamentari 1991). ;¡ro en una postura teórica y desde una persAl referirnos a la verificación de los pos-,ec:iva epistemológica ^Gándara 198 0. Por tulados científicos, entramos en el tema de .a Ornólo, en la utilización de la microestratiobjetividad en la ciencia. Como ya hemos o.s'ra'la y en el rechazo de aplicación del car•cho consideramos que la existencia de la reabono 14 hay siempre un entramado teórico lidad es en sí objetiva, dado que no deper.ae subyacente que sustenta a cada decisión. de que ningún sujeto la piense, y por lo tanto de esta cuestión, es el . tampoco depende de las explicaciones que sorelativo a la existencia de diversos mareos bre ella se formulen. Pero en lo que concierteóricos dentro del seno de una misma cienne a la objetividad de las exjjljcacjojics en si, -cTqüé se traduce en una amplia variedad de la misma es una con1tru«iór,Jiis^.car^« perspectivas de abordaje del objeto de estudio, determinada, lo cual implica que vana de asi como en distintos recortes de 'i misma. íc^erdo a las posibilidades de elaboración del í>r- último, unjcrceL55£££5° « d ^ ue ata" pensamiento que tiene una sociedad en el moñe a la vinculacióncntre distintas ciencias. La mento en que dicho pensamiento es generado teoría general a dis(Fiore 1993a:39); parafraseando a Levu^s tintos objetos de estudio, genera una semejan(1989-15) cadasociedad recorta "diferentes zo-j za conceptual entre ciencias por sobre la ñas de objetividad conforme a sus planteos y I divergencia entre sus objetos de estud.o. proconcepciones". duciendo un acercamiento a veces mayor que

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LA ARQUEOLOGÍA,

Es;o no justifica las posturas que relativiz;n tocio conocimiento hasta neutralizar su poder e x p l i c a t i v o basándose en el hecho de que nunca puede llegarse a un conocimiento tcialrnente objetivo de ¡a realidad (Bate 1981; cfr. Shanks y T i l l e y , 1987; Hodder 1987, I93S). Si bien, las explicaciones de la realidad Si e n c u e n t r a n históricamente determinadas, por io cual es posible transformarlas, eso no implica que no puedan ser objetivas en térmir.os de aproximarse a ¡a.. explicación de la di'r.irr.ica ce la realidad (Fiore 1993a:39). E". r-;te -'rnti-Jü. «•' métorlo no e-~. en si mi?rr.o objetivo. En efecto, los métodos, como las iícrias. son elaboraciones subjetivas en tanto ser, productos generados por el hombre (Roser.tal 1962. AK-arez 1993a). ""Al hablar de_obie:ividad en laciencja. nos estarnos refiriendo entonces a la adecuación de las explicaciones científicas a la realidad, y no-a la objetividad de la realidad en si, a la cual se i n t e n t a conocer" (Fiors 1993a:39, jhuster 1981). En consecuencia, podemos puntual izar tres ooservaciones ai respecto. En primer lugar, "í¡ conocimiento de la realidad y la realidad rr .aisrial no son idénticos" (Bate 1981:17). En lugar, la objetividad no es una conexión a priori. sino que se logra a partir del desarrollo completo de un proceso cognoscitivo. en c! que la oraxis^es indispensable como forma de poner a prueba la concordancia de nuestras explicaciones con el m u n d o real (Alvarez 1993a:17). En tercer lugar^ la objetividad no es patrimonio de una ciencia en pan ¡cu lar. sino un problema que atañe a todas e.-i gí.-.era! (Shuster 1982. Aivarez 1993a). .Ahora bien, e! movimiento seguido por la cognición implica e! acceso a un fenómeno jjsconocido a partir de una serie de datos conocidos, cuyo resultado posteriormente se integrará al dominio gnoseológico abriendo un nuevo camino al descubrimiento de fenómenos. Este proceso se denomina inferencia. La lógica formal ha distinguido dos formas de razonamiento: la inducción y la deducción (Rosentai 1962). El movimiento opuesto producido entre ambos tipos de inferencia, ha ge-

nerado, dentro del contexto de la lógica formal, una visión disociada de ambas como formas de razonamiento incompatibles postulando, muchas veces, lapreeminencia unilateral de una por sobre la otra. . Si bien consideramos que constiuwen dos vías jndejjeadic.ntesy necesarias enjodqj)_rOr ceso de conocimiento!, las mismas son solidarias en tanto se vinculan d_e_una_rnanera no lineal sino espiralada, dialéctica. Dicha vinculación se da siempre en tres pasos. En prirr.sr término, la jnducción es necesariamente pre_vía al proceso deductivo, yaque posibilita realizar abstracciones a partir de la realidad material. En segundo término, la deducción es_ el proceso que le sigue a la inducción, a partir del cual se ponen a prueba tas, Conclusiones... acerca de la realidad mediante lacontrastación con evidencia empírica relevante. Por último, la inducción,cierra el espiral dialéctico corroborando las hipótesis favorablemente contrastada? o corrigiendo las hipótesis refutadas. seguñTsean adecuadas o no para explicar la realidad (Fiore 1993a). La arqueología como ciencia social Decíamos que toda ciencia se aboca al estudio de una porción de la realidad, que es su objeto de estudio. Desde nuestra perspectiva, la argueologia.se ocupa de! estudio de las sor ciedades del pasado a panir de los restos ma' teriales que las mismas produjeron durante el transcurso de su existencia (entre otros. Childe M955, Leroi Gourhan 1976, Bate 1981, Lumbreras 1984, Vargas Arenas 1986). Es por ello - que consideramos a esta disciplina como una rirni;jfi sncial en tanto las evidencias con las cuales trata forman parte de distintos momentos de la historia de la vida de los hombres. Sin embargo, lo que lajiiferencia v la particulariza-distinguiéndola de otras ciencias sociales, es su forma de aoroximacjón al objeto de estudio, ya que, en primer término, el conocimiento de las sociedades pesadas se logra a partir de una determinada clase de evidencia empírica diferente a la de otras ciencias: se trata de e]emsniqs_actua[es_g.ue. fue-

ron resultado de actividades pasadas_jy_que a la vez han participado en interacciones complejas desde el contexto de su producción hasta el momento de su hallazgo (Bate 1981:22). En este sentido, es importante destacar el aporte de^Bjnjhrd.-quien resaltó e! papel fundamental de esta cuestión (ibidem). En segundo término, las_p_ecul¡aridades-de la^evjdencia que manipulan los arqueólogos condicionan los procesos investigativos específicos para su procesamiento. Es decir que la identidad de esta disciplina está también con- r firmada r>ir mfiodología dV r*:o!ecciór. y •• procesamiento de (a información. No obstante, la arqueología sejia vistp_enri.q.uecida_por los apones delecnicas y procedimientos_sur_gidos e imp (ementados ert el irnbitp _ de ..airas ciencias, sin que esto signifique una alteración de los objetivos últimos de la explicación arqueológica, orientada siempre hacia una investigación del pasado humano. El _obieto de tsiu.dk1.—de la arqueología —la realidad social del pasado— constituye entonces un recorte del mundo real, cuyas características la definen cualitativamente, proporcionándole una identidad propia y reconocible. En primer lugar, esta realidad puede ser denominada como sociai en la medida

quedes producto del hombre genera, vinculación con otros hombres, y.en inte. ción_con la naturaleza. En segundo lugar, es en la interacción previamente enunciada donde se generan elementos previamente inexistentes, lo cual le confiere una dimensión material a la realidad social. Es en este sentí-1 do" qué afirmamos qué "la realidad social es 1 también una realidad objetiva. En tercer lugar, dentro de la praxis social, y como consecuencia de ella, se originan reflejos activos en si pensamiento del hombre, que devienen fri el desarrolla, ¿e r.:vc!c: •J;_cj_úc:í.-cjc /_ce p_reseniacjón_ae la realidad (García Cancüni 1986, Levinas 1989). Es decir que, por una parte, la realidad social es objeto de pensa-. miento del hombre y, por otra parte, e! pensamiento de! hombre se revierte sobre la realidad social, reproduciéndola y/o transfor-' mandola. Dado que. tal como lo sosteníamos en e! punto previo, la ciencia es un producto más de! pensamiento humano, es importante destacar que la propia delimitación entie lo S0j cial v lo natural es siempre generada desde !o social, razón por la cual no es fija ni inmutable: es variable en tiempo y «spacio.JJe hecho, la división entre ciencias sociales y ciencias

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atúrales es mucho más reciente que la existencia de la ciencia como producción social (Levinas 1989). Como corolario de la exposición de este punto, vemos que materia e idea son los elementos constitutivos, indisociables y simultáneos \sensu García Canclini 1986), en todo proceso social, ya que las ideas no existen sin un sustrato material que las genere. En dicho sustrato pueden reconocérseles Factores: a) E! objeto material a conocer, que implica una realidad social, natural, física o química. 5) El comento histórico, realidad material de la c u a l p r o v i e n e n tanto los problemas planteados como las soluciones propuestas para los mismos. c) E! propio cuerpo del hombre, que constituye en sí mismo una realidad material, a partir de cuyos sentidos se establece una interacción con el objeto a conocer. Estas observaciones i n t e n t a n superar la clásica dicotomía platónica (Carpió 1984) entre mundo inteligible —reino de las ¡deas, que existen fuera del tiempo y del espacio y que son por lo tanto inmutables— y mundo . sensible —reino material y falso derivado del anterior— dicotomía en la cual se sostiene la existencia de una subordinación de la materia a la idea. Por el contrario, en la praxis social la conjunción de materia e idea queda expresada en la dinámica propia del proceso de trabajo. £/ proceso de trabajo: una vía de acercamiento a las sociedades del pasado En el transcurso de este artículo hemos señalado que el objeto de la arqueología, concebida como una ciencia social, está constituido por el estudio de las sociedades pasadas, a través de sus restos materiales. Dentro de esta perspectiva consideramos entonces fundamental establecer ios elementos que caracterizan a una sociedad y que resultan relevantes para la investigación arqueológica de la mis-

ma. Concebimos que las sociedades humanas se distinguen cualitativamente de otros com- : ponentes de la realidad ya que las mismas generan sus condiciones de vida, por medio del proceso de trabajo. De esta manera, las_actii_ vidades dej_hp_rnbre_se_a[ejan dejjnundflJiia^— ! lógico para integrar el mundo social, en la medida'que "_..- el^trabaio' generado por especies animales no humanas es producto de un largo procesó evolutivo ... está programado genéticamente, en cambio en el hombre es consciente, el hombre forma en su mente imá-' genes de los fines para los cuales trabaja" (Carnese et al., 1988). . Por lo tanto, toda producción humana pane de un determinado proceso de trabajo (Sanoja 1984:35, 36: Vargas Arenas 1986:18), generando una determinada socialización de la naturaleza, es decir, una apropiación de elementos presentes en el entorno natural para transformarlos con el objeto de satisfacer distintos fines. Ahora bien, en el desenvolvimiento de dicho proceso pueden distinguirse euarodimen.sjones (Alvarez 1993a y b). Una dinámica interna, que es el producto del movimiento universal de la materia. Se expresa a través de la puesta en marcha de una serie de actividades que consisten en la obtención, producción, uso y descarte de artefactos y/o ecofacios.J¿njL_ estructura, conformada por elementos constitutivos o componentes del proceso de trabajo, que le confieren la identidad al mismo. Siguiendo a Burkún y Spagnolo (1985:10 y 11) éstos son: Energía viíc.1: que el hombre tiene para crear, disefiír y poner en práctica la producción. Materia prima: son bienes que incorporamos en su e:;tado natural. Objeto de trabajo: es aquello sobre lo cual el hombre despliega su creatividad y capacidad. Herramientas: son bienes para hacer otros bienes. Técnicas: son los modos específicos de hacer las cosas, constituyen el referente con-

ceptual de la aplicación del trabajo sobre el objeto (Vargas Arenas 1986:31). - Producto nuevo: es el resultado genuino del proceso. Una conexión con otros procesos, ya que el proceso3é~trabajo"HespnfpHcTá partir de distintos materiales tiene como finalidad la producción de objetos que participarán —luego de terminada su manufactura— en otros procesos de trabajo, evidenciando la existencia de una concatenación entre los mismos. Este punto será retomado en el acápite referido a las esferas de producción. Y una paracularidad, desarrollada a partir de que cada proceso asume siempre formas concretas. Esto implica que en la praxis existe una gran variedad de procesos de trabajo dada no sólo por el interjuego de las dimensiones anteriores sino también por su despliegue dentro de la realidad. Por otra pane, el oroceso de trabajo puede de¿airse_.rtLií(iinm».las siguientes características (Fiore 1993a): 1. Surge a partir de las respuestas que el hombre le da z sus necesidades (Godelier

1976:293), es decir, permite coniiruir distintas soluciones para distintos flnei. Socializa a la naturaleza generando un entorno —la cultura— que posibilita la reproducción de la vida humana. 1 Está socialmente organizado (Bendei 1985:53). Se produce a través de una práctica que genera pautas comunes, a partii de las cuales se genera un contexto que leí permite a los hombres abstraer una idea, un proyecto previo al próximo trabajo, Es transformable. Por ser un producto 10cial, generado a partir del proceso de ensayo y error, el proceso de trabajo permite construir soluciones nuevas, y, por lo tanto, posibilita generar cambios en sus resultados materiales.
Genera productos extemos al propio proceso de trabajo. El trabajo en sí ¿s ur proceso, y como ta! es inasible, pero los resultados materiales del mismo no solapara una consideración sobre la labor invenida rn icll vidades productivas y en actividad» "iparcntcmtnli esotéricas o rituales" y para una distinción y vinculiciór entre la 'supuestamente rigurosa" reproducción biológica y las estrategias de reproducción social ver: Bcndo 1985.

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AN R. ALVAREZ Y DANAE FIORE

LA ARQUEOLOGÍA COMO C.

6.

. '•7.

mente son asibles, sino que se vuelven "independientes" de !a existencia del productor. Este factor permite, por una parte, el almacenamiento y la posibilidad de la acumulación de excedente, y por otra pane, el e«r¿ñarnjeQío_de! productor con respecro ai producto resultante, que pasa a formar pane del contexto materia! de la sociedad. Produce elementos bajo una dinámica especifica, que le confiere cienos rasgos al producto final, rasgos que permiten adscribir dicho producto a un determinado cs'.üo. E: ;:t::o de -j.:; p.-o¿t¡c;c conátituye entonces una característica distintiva de los productos sociales, y los diferencia cualitativamente de otras entidades reales: ningún producto de !a naturaleza exhibe atributos estilísticos. (Ladiscusión acerca de ¡as'concepciones de estilo en arqueología exceden los objetivos de este trabajo; sin embargo, podemos citar entre otros los enfoques de Wiessner ¡990—estilo e información sociai—Shaafsma 1985—espacio social y esiilo— Sackert 1990—estilo y ctnicidad: estilo e isocrestismo— y Conkey I9S4, 1989—estilo y estructuración de contenidos—). También los desechos son reconocibles. Sus productos son reconoc¡b';sa/-i?ue<7/ogiccrr.ente. A panir de los rasgos que e! prop.'O trabajo deja en los objetos que produce, sus productos son distinguibles de toco elemento natural.

pacio específicos"! Es decir, es el acotamiento del1 proceso de trabajo realizado con un determinado fin, en un determinado contexto histórico-social, a través de la articulación de sus dimensiones y características, que le proveen a cada esfera de producción una identidad propia, posibilitando su distinción cualitativa. Esta visión nos permite entonces, distinguir diversas esferas de producción que se integran en el seno de una sociedad determinada y discriminar los distintos productos sociales generados dentro de cada una de las esferas. En este sentido, podemos hablar, por ejemplo, de ia existencia de una esfera de producción de la subsistencia en toda sociedad, más allá de los productos sociales que la intesren como tal —caza, horticultura, recolección, agricultura, etcétera—. Es decir que, sin introducirnos sr. la gran variedad de productos que se generan en su desarrollo espacio-'.ernporal concreto, dicha esfera de producción tiene una cualidad propia que posibilita su identificación como subsistencia. 4 Sin embargo, toda esfera de producción se conecta «n su desarrollo necesariamente con fas dcmas¡rrazón por la cual, resulta importante que, en el estudio de una determinada esfera se tomen en cuenta sus vinculaciones con e! resto de las esferas para intentar una aprehensión más rica de la totalidad social. Un ejemplo de estas relaciones puede observarse en el Gráfico 2.

Cráflco 2.

Dadas estas características, podemos sugerir que todo artefacto^ ¿cofacto o rasgo (retomamos esta distinción del planteo realizado por Sharer y Ashmore 1979) es el resultado de un deterrrñriá'do procesó de trabajo que se desenvuelve dentro de una particular esfera de producción. Denominamos esfera de producción al r"conjunto de actividades secuenciales, conocimientos y elementos materiales (artefactos, ecofactos, tecnología, fuerza de trabajo, etcétera), involucrados al generar determinados productos sociales en un tiempo y en un es-

Para sí desarrollo de este trabajo hemos delimitado las siguientes esferas de producc¡ón:_ajrts.(i«u« García Onclini I936)usubsistencia (sensu Vargas Are.ias 1936), tecnología (sensu Vareas Arenas 1986), reunión (jrr/uru Godelier 1980) y gobierno (setau Vargas Arenas I9S7) sin que las mismas agoten la totalidad de esteras existentes en una sociedad. Tal a el caso de las actividades de caza pertenecientes a la esfera de la subsistencia, que presuponen, por ejemplo, la manufactura de instrumentos generados a partir de la esfera de producción tecnológica. Oel mismo modo, la estera de producción tecnológica se vincula por medio de cienos productos sociales —artefactos tales como cinceles, morteros, hisopos, etcétera— con la esfera de producción del arte —en nuestro caso, específicamente arte rupestre—, relación en la que estamos trabajando actualmente.

Las delimitaciones y conexiones entre esferas de producción podrían parecer, en un principio, una cuestión de poca importancia teórica, e incluso hasta de sentido común. Sin embargo adquieren otra relevancia explicativa cuando a la distinción entre éstas se le incorpora, tal como veremos en el siguiente apañado, otros criterios de conocimiento: los niveles de análisis. Realidad social y niveles de análisis Habiendo planteado la posibilidad de distinguir diversos productos sociales como entidades reales generados a partir del funcionamiento de esferas de producción, es

necesario arribar a la definición de los niveles de análisis que permiten su abordaje. Concebimos a los niveles de análisis como las instancias abstractas mediante las cuales puede examinarse un producto social para dirimir los elementos que lo componen y su funcionamiento entre sí y con otros productos(Cardoso y Pérez Brignoli. 1979;Duby 1977).Los niveles de análisis utilizados en una jnvestigación científica íependenjei j^argojeá. rico desde el cualjeiojjiiuLe.jausiía- Ahora bieri73adá~lá perspectiva teórica que se plantea en este trabajo, consideramos que los niveles que nos resultan re!evaniesy_operaiivos para el análisis de los restos materiales de ¡as sociedades del pasado son:

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MVRl.AN R. ALVAREZ Y DANAE F10RE

LA ARQUEOLOGÍA COMO CIENCIA... 33

'U
I N'ive! íconómico I Nivel político ( Nivel ideológico ! ¡ análisis de todo producto social, ya que estos niveles se corresponden con la mencionada distinción er/.rs materia—nivel económico— e idea—nivei ideológico y político. Sin embarso, estí distinción planteada, no significa que existan productos únicamente económicos, o únicamente ideológicos.' por el contra-'j rio en todo producto social pueden distinguirse j i n stañ ci ^íc^ríó1rñic^7£?!51sl^^^lé£lS3y (Garcia~CaHc7ÍñTl981.1986). De hecho, todo producto social de una sociedad es la expresión materia! de una ¡dea y requiere para ser plasmada ce la definición y aplicación de estrategias llevadas a cabo por individuos que ocupan roles en grupos o instituciones. Esta es 1 la razón por la cual ios contenidos ideológi- ' eos y las es:rategias políticas pueden ser visibles arqueológicamente (algunos ejemplos de' análisis de niveles ideológicos y políticos en casos arqueológicos pueden verse en Kush y . Gordillo. :9S7;Gordillo 1990, Tarrago 1991).'' En e! Gráfico 3 ilustramos las vinculaciones entr: esferas de producción y niveles de análisis. En e: mismo se intenta representar las delimjtacior.ís entre.Las.qistintas_ejferas que constituyen una sociedad expresadas a través de diversos productos materiales y los niveles de análisis como herramientas heurísticas que el investigador puede utilizar para el estudio de c:iz!quierc de esos productos. Esto ríos Térrriíe a uña última cuestión que queremos subrayar. En la actualidad, el desarrollo teórico-rní'.odológico de la arqueología, conj u n t a m e n t e con la gran variedad de evidencia recuperací. provoca la necesidad de un recorte J de su obie:o de estudio —las sociedades pasadas— y genera la focalización sobre una esfera de producción en particular y/o sobre un nivel de análisis específico. Este recorte —fructífero y a la vez necesario— no implica, sin embargo, el ignorar la imervincuiación entre esferas de producción y sus productos

* : «cM-'••"'

£! nivel económico está constituido por los objetos de_trabajo. los medios de producción y la propia fugaa_dcjcahaifl'3e~lóFnombKS. i n c l u y e n d o además a-las relaciones de los hombres con los objetos, los medios de producción y los hombres entre si. Esto ha sido denominado como el dominio estructural de una sociedad (Bate 1981., Godelier 1976, en:re otros). E! nivel £p_[mcp.,es el conjunto de estrategias, relaciones, roles e instituciones que reg u l a n la dir.árr.ica de una sociedad (Bender ¡9851. Es necesario destacar que cuando nos referimos ai nivel político no debe confundírselo con ¡a forrea de gobierno de una sociedad. En síselo, asi como la política no es redücüble a la forma de gobierno, ya que se •.rata de una instancia que constituye la exis:enc;a de todo producto social, la forma de gobierno no ss una esfera analizable exclusivamente desde el nivel político, ya que existen otros órdenes que la constituyen. E! nivel ideológico incluye el conjunto de conceptos y pautas necesarios para desplegar actividades dentro de una sociedad, es decir, abarca toda_construcción del conocimiento y pensamiento humano. Esto implica además que ia ideología puede ser concebida como "la estructura conceptual por medio de la cual una sociedad representa —a través de un proceso •de resignificscioncs— su realidad" (Boschin 1991:97). Estos dos últimos niveles constituyen el dominio superestructura! de una sociedad (Bate 1981, Godelier 1976, entre otros). En este punto surge un interrogante: ¿por qué señalamos a estos tres niveles como aquellos relevantes y operativos para el abordaje de las sociedades pasadas? Tal como lo hemos expuesto en el apartado "La arqueología corno ciencia social", concebímos que materia e idea son siempre ¡ndisociables y simultáneas en toda realidad social. Asumido este postulado, resulta difícil ignorar la profunda integración entre ios niv.eles que posibilitan el

Gráfico 3. resultantes, la simultaneidad e indisociapilidad de los niveles de análisis (sensu García Cancüni 1986), así como la presencia de un entramado teórico que dé cuenta de todas estas relaciones. En síntesis, la necesidad epistemológica de-recortar el objeto de e_s_tudio de nuestra ciencia por niveles de análisis y/o por esferas de producción no se contrapone a la necesidad de mantener una unidad teórica en beneficio de la consistencia del método, sino j que, por el contrario, la enfatiza. ' ¿Cómo se ve en el registro arqueológico? Habiendo planteado la perspectiva teórica desde la que concebimos a la arqueología, queda entonces por abordar la forma en que este encuadre se aproxima al registro arqueológico, discutiendo ahora su aplicabilidad a los restos arqueológicos y no las herramientas de análisis que lo caracterizan. Coincidimos con Patrick (1985) acerca de que la noción de registro arqueológico resulta ser ambigua. Mucho se ha debatido sobre su definición y características", discutiendo temas tales como la existencia empírica del registro arqueológico, la observación/construcción del mismo por parte del arqueólogo, la influencia que éste ejerce durante el tratamiento del registro y sus consecuencias: la multiplicación y la reducción de v a r i a b i l i d a d (Bate 1989, Binford 1977, 1986; Hodder 1987, 1938; Leone 1986, Schiffer 1987a y b; S u l l i v a n 1978, por sólo citar algunos). Desde el marco en el que se articula nuestro trabajo, e! registro arqueológico puede concebirse como el conjunto de datos que el arqueólogo registra a parar del análisis de ll evidencia empírica. Esto implica que el inveítigador registra una serie de variables o propiedades que resultan relevantes parí ll resolución de un determinado problema, produciendo información sobre los material»! con los que trabaja. Ahora bien, es importlfl» te distinguir por un lado al registro trqueold* gico como Ijr^Sonstrucción^Lci por el otro a la evidencia material, con la que el mismo opera, y que exilll mjÉ" allájeja.labor del arqueólogo, ya que hl t!i5 generada a partir de otros comporiimitnil humanos en el pasado. En síntesis, la distinción entre re|lllrl | queológico y evidencia se correspondí II distinción teórica entre pensamiento y I dad objetiva que hemos planteado ll ll este trabajo; es por ello que conftindlf I

'

Es asi que U esfera de producción de la subsistencia, habiiualmenic vinculada de manera exclusiva con el nivel económico de una sociedad (Godelicr 1976), enirelaza ¿demás paulas ideológicas y estrategias políticas que dan cuenta de su funcionamiento.

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MYRIANR.ALVAREZYDANAEnORE

LA ARQUEOLOGÍA COMO L.

mero con la segunda puede llevarnos a conf u n d i r la construcción del conocimiento con la realidad que pretende explicar. Asumiendo la existencia de esta diferenciación, e! eje de !a pregunta planteada se desplaza: en primera instancia, el jsrqueólogQ.rio "ve'J_a| registro sino a la evidencia. El registro que el investigador realice a partir de laeviderxia depende entonces de! marco_tepricp_en_ e: que haya formulado sus problemas (Bate 198 I). Por lo tanto, e! pun:o central de esta .cuestión consiste en la manera en que adecuamos los postulados teórico-episternológicos a 'os hallazgos arqueológicos, la formulación de ^preguntas que consideremos pertinentes para la interpretación del pasado, asi como las alternativas metodológicas que utilicemos para .registrar la información. Para dar un ejemplo, sóio si se considera al arte rupestre como resultado de una secuencia de producción se buscará registrar indicadores que den cuenta de la misma (tal es el caso del trabajo de Aschero 1988): sólo si se considera la posibilidad de la existencia de perturbaciones postdepositacionaies se diseñarán los mecanismos para relevarlas (por ejemplo Nash y Pstragüa 1987; Schiffer 1987). Somos conscientes, tal como lo señala_Bate en 198!, que en muchas ocasiones la arqueojoeia social no ha enfatizado lajbúsqueda de definiciones operacionales que posibilitaran v i n c u l a r consistentemente la generación y validación de hipótesis con e! manejo de la . empiria. Por esta razón, resulta interesante plantear algunas consideraciones sobre su aplicación especifica para establecer dentro de un mismo caso, distintos niveles de análisis que den Cuenta de las distintas instancias que marcharon simultáneamente en la dinámica de una esfera de producción. Como ejemplo tomaremos e! caso de la esfera de producción tecn.ojógica. dentro de la cual se genera, entre otros productos sociales, la cerámica. En la trayectoria de la creación, uso y descarte de artefactos cerámicos podemos discriminar: la organización del trabajo en términos de manufactura y uso de artefactos, selección de fuentes de

aprovisionamiento de materiales, manufactura y uso de herramientas para su producción, etcétera; ^generación de estrategias de regulación en los usos de materia prima, organización de la homogeneidad o heterogeneidad de los roles en la producción de los artefactos —es decir, especialización artesana!, producción en serie, etcétera—, decisión acerca de~íos diseños de forma y decoración vinculados a los distintos usos de las piezas; conocimientos sobre las propiedades de las distintas materias primas, asi como de las técnicas a ser empleadas, pantos sobre organización espacial de las actividades, estructuración de diseño y contenidos de significación simbólica de las imágenes plasmadas en la decoración del artefacto. Quedan reflejadas entonces en este ejernpio algunas de las distintas formas de abordaje de las posibilidades que brindan los niveles de a n á l i s i s anteriormente planteados en e! estudio de un producto social. De esta manera, concluimos este intento de definición de vías de acercamiento hacia el conocimiento del pasado desde una perspectiva social. Nuestro objetivo ha sido contribuir a la discusión de la operatividad del uso de estos elementos teóricos en la arqueología. Creemos que resta aún un importante desarrollo de este enfoque tanto a nivel teórico como en su aplicación metodológica. No obstante, consideramos que e! mismo posee un solido entramado que ya ha posibilitado importantes logros en nuestra disciplina.'Si el pensamiento critico es el camino de la ciencia, dejemos que éste recorra también espacios alternativos. El debate continúa abierto... Bibliografía Alvarez. M.R. I993a"E.\plotación de recursos uticos en e! 'Área Pilcaniyeu', sudoeste de Río Negro", Tesis de Licenciatura, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, MS. 1993b"La producción de artefactos uticos en el Paraje Paso de los Molles, área Pilcaniyeu, sudoeste de Río Negro".

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J U L I O 1993

MIEMBROS DEL INSTITUTO PANAMERICANO DE GEOGRAFÍA E HISTORIA
Argentina
Bolivi:)
EL D?GH. SUS FOKION'ES Y SU ORGANIZADOS El Instituto Panamericano de Geografía ; Historia fue fundado ;! 7 de febrero c1: :9IS -v r:sc-'.ción aprobada ;n la Seita Conferencia internacional Americana que se llevó a e:ec:o '.r. '-.± H;bir:í. ' En 1930. el gobierno de ios Estados Unidos Mexicanos consrruyó para :l uso i-\ IPC-H. :i í-;:"c:c de la Calle E.vArzobispado ¿9. Jacubaya. :n U ciudad de México.

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:jos

Brasil

Canadá Chile Colombia Costa Rica Cuba' Ecuador El Salvador Estados Unidos de América Guatemala Haití Honduras Méjico Nicaragua Panamá Paraguay Perú República Dominicana Uruguay Venezuela

En 1949, se firmó un convenio entre :! 'instituto y e! Consejo de la Or;in:z¿::i::i c= ios í¿•^doi Americanos y se constituyó en ei primer Organismo Especializado de e:!a. El Es;a?jto de! E?GH cita en su articulo lo. sus fines: 1) Fomentar, coordinary difundir los cí^cics cartográficos, geofísico!. :?s;rífi::i : -;s:cr.: -.ss:i como los relativos a las ciencias afines ce interés para Amer.ca. 1) Promover y realizar estudios, abajos •• capacitaciones en esas discipiincí. 3) Promover la cooperación entre los Instituios de sus disciplinas er. .AJr.=r.ca y ::n ;as ::•;i.-.izaciones internacionales afines. Las actividades •/ proyectos que desarrcüa ei Ir.stiruto je conjugan en tres :ro¿n.- as cve :u-T.:. :- '.os fines ya señalados. ' 1) Dirección y Administración l\ Publicaciones 3) Asistencia Técnica Solamente ios Estados Americanos poeten ;er miembros del !?GH. Existí :irr::'r- j :;•;.-. -i ;t Observador Permanente del ÍPGH. Acrjaimente jamaica y España :ienen es:a ::¡icü. El [PGH s« compone de los si^uiesies ¿ríanos panamericanos: 1) Asamblea General 2) Consejo Directivo 3) Comisiones de: Canoeraña Geografía Historia Gcafísica 4) Reunión de Autoridades 5) Secretaría General Además en cada Estado Miembro funciona una Sección Nacional cuyos c:mpcner.tes jen r.cT. rnco» pot cada gobierno. Cuentan con su presidente. Vicepresidente. Miembros Nacientes ¿e Ci.".: cit'a. Geograña. Historia y Geofísica, y mis ¿e sesenta miembros de Comités y Ctupoí ¿e Tsiaio :•: : :3is. de tal modo que si capital humano cci L-.s;iruto «tá constituido por numerosos -enaficcs. 5C2:¡r-r.:ccs y ticnicos. (Restan. VA. EUA) (?.io ce Jr-neiro. 3r^sii> (SstrMS Alrís. Arger.tinai iMcrasu. D.r.) _ *

Comisión de Historia Secretario de la Academia Nacional de ía Hisiona • Balcorce 139 Buenos .Aires. Argentina Correspondencia científica y técnica * Desde 1962 el Gobierno de Cuba ha estado e.xciuido del Sisietna tnteramericano.

Instituto ?ina.T.er.car.o de Gcoitatla ; Hisicr.i Secretaria C-enerai Aoanado ?os:i¡ '.JS^í 1 IS70 Méxic:. D.r. Canie. venta y ;:srr.c«:;n
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