Cuadernos - discurso vengan y vean

Diario personal - feb 13, 2015:
Buenos días hermanos y hermanas Hubo una vez un hombre que soñó que se encontraba en un gran salón donde
todas las religiones del mundo estaban reunidas. Él se dio cuenta de que cada religión tenía mucho que parecía ser
bueno y valioso. Conoció a una agradable pareja que representaba a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los
Últimos Días y preguntó: “¿Qué requieren ustedes de sus miembros?”. “Nosotros no les requerimos nada”,
respondieron. “Pero el Señor pide que consagremos todo”.
La pareja continuó explicándole sobre los llamamientos de la Iglesia, los maestros orientadores y las maestras
visitantes, las misiones de tiempo completo, las noches de hogar semanales, la obra del templo, el servicio de
bienestar y humanitario, y las asignaciones para enseñar.
“¿Le pagan a la gente por todo el trabajo que hacen?”, preguntó el hombre. “Oh, no”, explicó la pareja. “Ellos dan de
su tiempo gratuitamente”. “Además”, continuó la pareja, “cada seis meses, los miembros de nuestra Iglesia dedican
un fin de semana para asistir a una conferencia general de 10 horas de duración o para ver la transmisión”. “¿Diez
horas escuchando a los oradores?”, se preguntó el hombre.
“Y sus servicios semanales en la Iglesia, ¿qué tan largos son?”. “¡Tres horas cada domingo!”. “¡Vaya!”, dijo el hombre.
“¿Los miembros de su Iglesia realmente hacen lo que ustedes han dicho?”.

“Eso y

más. Todavía no hemos mencionado la historia familiar, los campamentos de los jóvenes, los devocionales, el estudio
de las Escrituras, la capacitación de líderes, las actividades de los jóvenes, seminario matutino, el mantenimiento de
los edificios de la Iglesia y, por supuesto, está la ley de salud del Señor, el ayuno mensual para ayudar a los pobres y
las ofrendas”.

El hombre

dijo: “Ahora estoy confundido. ¿Por qué querría alguien unirse a una Iglesia así?”. La pareja sonrió y dijo: “¡Pensamos
que nunca nos lo preguntaría!”.
En una época en que muchas iglesias alrededor del mundo ven una importante disminución en el número de
concurrentes, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días —aunque pequeña en comparación con
muchas otras— es una de las iglesias de crecimiento más rápido en todo el mundo. Existen muchas razones para
ello.
El profeta José Smith dijo una vez: “… una religión que no requiera el sacrificio de todas las cosas nunca tendrá
poder suficiente para producir la fe indispensable para la vida y la salvación”. Y continua: “Los que no hagan el
sacrificio no podrán disfrutar de esa fe, porque los hombres dependen de ese sacrificio para obtener esa fe”. Un
misionero es un seguidor de Cristo que testifica de Él como el Redentor y proclama las verdades de Su Evangelio.
Es por esto que la iglesia de Jesucristo siempre ha sido y siempre será una iglesia misional. Cada uno de nosotros
como miembros de la iglesia del salvador hemos aceptado la obligación de de contribuír al cumplimiento del mandato
divino que el señor dio a sus apóstoles: Por tanto id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el
nombre del padre del hijo y del espíritu santo; “enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he
aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”.
Creemos que en los últimos días el Salvador restableció sobre la Tierra la misma Iglesia que Él fundó en la
antigüedad. La doctrina, los principios, la autoridad del sacerdocio, las ordenanzas y los convenios de Su Evangelio
se hallan actualmente en Su Iglesia. Los invitamos a oír las verdades restauradas del evangelio de Jesucristo a fin de
que las estudien, las mediten, oren y lleguen a saber por sí mismos si lo que estamos compartiendo con ellos es
verdad. Algunos tal vez nos digan “pero yo ya creo en jesus y sigo sus enseñanzas o tal vez nos digan yo no creo
que Dios exista, nuestras invitaciones no buscan restarle importancia a sus experiencias espirituales de sus vidas
Nosotros les invitamos a que traigan consigo todo lo que sepan que es verdadero, bueno y digno de alabanza, y

los adultos cuando encontramos un tratamiento o un medicamento que alivia el dolor que tanto hemos padecido. al volverse a Cristo se volcó también a amar y a servir. tras participar del fruto del árbol y experimentar gran gozo. Casi al igual que Lehi. “Y al comer de su fruto. y vi que su fruto era blanco. consistió en un mayor deseo de compartirlo con su familia y de prestarle servicio.000 misioneros de tiempo completo que sirven en más de 150 países soberanos de todo el mundo. o cuando recibimos un consejo que nos permite encarar las dificultades con valor y las perplejidades con paciencia. Por ejemplo. la tranquilidad de conciencia. Enós. Nuestro deseo sencillo es compartir con ustedes las verdades que son de máximo valor para nosotros. mi alma se llenó de un gozo inmenso. Así. véase también 1 Nefi 8:12. el ungüento calmante que sana las heridas espirituales y elimina la culpa. Las invitaciones que les extendemos de aprender y poner a prueba nuestro mensaje. . y excedía a toda blancura que yo jamás hubiera visto. cursiva agregada). un relato en un volumen de Escritura conocido como el Libro de Mormón resalta el sueño que tuvo un antiguo líder y profeta llamado Lehi. El mismo modelo es particularmente evidente en asuntos de gran importancia y de consecuencia espiritual. el sacrificio expiatorio y la Resurrección del Señor Jesucristo. El fruto del árbol puede considerarse un símbolo de las bendiciones de la expiación del Salvador. La mayor manifestación del amor de Dios por Sus hijos es el ministerio terrenal. y es una representación del “amor de Dios”. y percibí que era de lo más dulce. Lehi explicó: “Y aconteció que me adelanté y comí de su fruto. los instamos a que vengan y vean si el evangelio restaurado de Jesucristo aumenta y enriquece aquello que ustedes ya saben que es verdad. por lo que deseé que participara también de él mi familia ” (1 Nefi 8:11–12. Así como Jesús invitó a dos de Sus discípulos a venir y ver (véase Juan 1:39). la sanación y renovación espirituales. Eso es precisamente lo que la iglesia hace en la actualidad con los más de 88. no es para nada inusual que compartamos con los demás algo que nos parece importante o que nos ha ayudado. superior a todo cuanto yo había probado antes. A veces podemos parecer torpes. abruptos o aun implacables en nuestros intentos. los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días han sentido la angustia asociada a la incertidumbre espiritual y al pecado. La expiación de Jesucristo brinda el poder limpiador que es necesario para ser puros y limpios. Estos extraordinarios hombres y mujeres ayudan a los miembros de nuestra Iglesia a cumplir con la responsabilidad divina e individual que tiene cada uno de nosotros de proclamar el evangelio sempiterno de Jesucristo. El árbol de la vida es la parte central de su sueño. que es “más deseable que todas las cosas” y “de mayor gozo para el alma” (1 Nefi 11:22–23. y la guía que se reciben únicamente al aprender y vivir los principios del evangelio del Salvador. así como la protección que nos permite ser fieles tanto en los momentos buenos como en los malos. Muchos de nosotros. La reacción instantánea de Lehi. También hemos vivido la purificación.pongan a prueba nuestro mensaje. Sí. 15). son fruto de los efectos positivos que el evangelio de Jesucristo ha tenido en nuestra vida.