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A.TOVAR Y J. M.

BLAZQUEZ
HISTORIA DE
LA HISPANIA
ROMANA
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a conquista y romanización de L A PENINSULA
IBERICA DESDE 2 18 a. C. H ASTA EL SIGLO
V es estudiada por ANTONIO TO VAR y JO SE
M AR IA BLAZQ UEZ como un complejo proceso a
través del cual Hispania entró en la corriente universal
de la historia; a su vez, las luchas y sublevaciones de los
pueblos sometidos forzaron a Roma a idear nuevos
procedimientos de administración y- dominio que servirían
de cimiento al futuro imperio. Dividida esta HISTORIA
DE L A H ISPAN IA ROM ANA en cuatro grandes
secciones, la primera describe el desarrollo de la
conquista desde los conflictos púnicos hasta la guerra de
los cántabros y astures: Sagunto, la expulsión de los
cartagineses, la rebelión de Indibil y Mandonio,
Numancia, la sublevación de Viriato, la derrota de los
pompeyanos, etc. L a segunda parte estudia el desarrollo
de la romanización, desde la dinastía julio-claudia hasta
las primeras invasiones francas y germanas en el siglo i i i
y durante las dos últimas centurias del Imperio. Las
religiones paganas (las creencias indígenas, las deidades
mistéricas y semíticas y el culto imperial) y la difusión
del cristianismo constituyen el tema de la tercera
sección. El volumen se cierra con un largo estudio de la
vida económica y social de la Península bajo la
dominación romana.

£1 libro de bolsillo Alianza Editorial

A. Tovar y J. M. Blázquez:
HQstoria de la Hispania Romana
La Península Ibérica desde 218 a. C.
hasta el siglo v

El Libro de Bolsillo
Alianza Editorial
Madrid

Sección: Humanidades

Primera edición en«El Libro de Bolsillo»: 1975
Segunda edición en«El Libro de Bolsillo»; 1980
Tercera edición en«El Libro de Bolsillo»: 1982

© T. Tovar y J. M. Blázquez
© Alianza Editorial, S. A., Madrid, 1975, 1980, 1982
Calle Milán, 38; >© 200 00 45
ISBN: 84-206-1565-X
Depósito legal: M. 29.909-1982
Impreso en Closas-Orcoyen, S, L. Polígono Igarsa
Paracuellos del Jarama (Madrid)
Printed in Spain

Prólogo

Creemos servir a una necesidad de la cultura en nues­
tra lengua con este libro, que presenta a los lectores de
nuestro tiempo el proceso de la romanización, deter­
minante de modo decisivo de la historia ulterior de
nuestra Península.
El interés con que nuestra época considera en pri­
mer lugar los hechos económicos y sociales no nos ha
arrastrado a desconocer la importancia de la historia de
campañas, conquistas y sangrientas pacificaciones. Lo
uno está íntimamente unido a lo otro, y los que hemos
vivido la historia contemporánea sabemos que junto a
la intrahistoria silenciosa de las gentes que nacen, se
reproducen y mueren, y son los átomos de la historia
económica y social, está la crónica sangrienta de gene­
rales, políticos y reyes, que sería erróneo desconocer.
Los dos autores responden del conjunto de la obra,
pero han de declarar que pertenecen a A. T. la primera
parte y a J. M. B. la tercera y la cuarta. En la parte se­
gunda son de J. M. B. los apartados I 4 y 6, y II 3; el
resto de esta parte es de A. T.

Madrid, septiembre de 1974

Primera parte
La conquista romana

1. La situ ación d e Hispania a fin a les d e l siglo I I I a. C.

La Península presentaba un cuadro muy variado en
cuanto a su distribución etnográfica y a las característi­
cas de civilización en cada región. Había fuertes con­
trastes entre los pueblos indoeuropeizados que predo­
minaban en el centro y oeste y los que en la costa orien­
tal y en el valle del Guadalquivir habían recibido las
influencias civilizadoras del Mediterráneo; en el sur te­
nemos una cultura urbana profundamente arraigada,
mientras que en los Pirineos y en todo el noroeste so­
breviven pueblos con modos de vida muy primitivos.
De una parte, un gran desarrollo de la vida urbana al
modo de las altas culturas del Oriente, por otra, una
distribución por tribus y aldeas, como en el interior
de la Europa primitiva. Por un lado, economía monetal;
por el otro, rudos pastores guerreros que sueñan con el
saqueo de las ciudades y de los campos cultivados en el
sur. Bajo el influjo de los colonizadores, la minería, la
pesca y ciertos cultivos, como los cereales, el olivo y el
9

bajo la influen­ cia combinada del alfabeto griego y de la escritura feni­ cia. be. . se encuentra en toda la costa. en variantes que tienen de común el uso de signos alfabéticos (vocales. Es posible que la exclusión de los griegos no fuera en la costa meridional tan completa como se supone generalmente. en una región donde ambas influencias coexistían antes del siglo vi. Estos desequilibrios se traducían en una situación di­ námica. bo. l ) . en la continua amenaza de los pueblos pobres del centro contra los más ricos y civilizados de Anda­ lucía y de la costa oriental. s. lo que está de acuerdo con las menciones numerosas de los pescados andaluces en las comedias áticas de la época. Por otro lado. r. en la bahía de Cádiz. quizá con un desconocido ele­ mento silábico arraigado en el i i milenio. mientras que la carne de los ga­ nados y la caza y el pan de bellota es él alimento de los guerreros del áspero interior. desde el Algarve hasta Béziers en el sur de Francia. Pero la influencia de los colonizadores venía desde hacía siglos interfiriendo el mutuo juego de estos factores.junto a signos silábicos (ba. 10 Historia de la Hispania romana vino. a lo largo del último milenio anterior a nuestra era tenemos una verdadera penetra­ ción directa e indirecta de púnicos y griegos. En la se­ gunda mitad del milenio los griegos se baten en retirada en el sur. Sin entrar en el tema de las relaciones prehistóricas innegables que determinaron el progreso de la parte oriental y meridional de la Península. bi. abierta hacia las influencias civilizadoras. lo que nos lleva a la costa meridional. La escritura llamada ibérica. se desarrollan conforme al patrón mediterráneo de griegos y púnicos. . parece con su nombre probar relaciones directas con Atenas en el siglo v. la escritura jónica usada para la lengua ibérica en la región de los contéstanos (plomos de Alcoy y de M uía) prueba el arraigo de la cultura griega allí. da o ta. es decir. n. . d e o t e . y podemos suponer que nació y se desarrolló. El puerto de Menesteo. bu. ) .

Schulten (FHA II 67) supone que el desconoci­ miento en que los griegos se hallaban acerca de las . 2. No nos corresponde aquí estudiar los orígenes y desarrollo de esta dominación. mientras que en las del este. se hizo otro tratado (Poli­ bio III 24. Fuera de su poder que­ daban los pueblos del interior. hacia Orán. con su eco­ nomía (minería. en la que hubo de perder la vida. En 348 a. Colonias griegas como Hemeroscopio. Así quedaban las costas del sur de la Península exclusivamente reservadas a los carta­ gineses. C. y contra ellos ya Amílcar inició una acción enérgica. etc. podían establecerse y comerciar. hacia Cartagena. por lo que pudieron fundarse después de ser escrito este tratado. en la política mundial del siglo i i i His­ pania figuraba más bien en la órbita de Cartago. La conquista romana 11 De todas maneras. principalmente los de Marse­ lla. agricultura y pesca). A. pero bajo la iniciativa de Amílcar y Asdrúbal Barca casi toda la España urbana. y con la decisiva importancia que la colonia griega de Ampurias tuvo para el desembarco de los romanos. y realmente acredita. si no un tempranísimo y casi increíble. interés por la Península. C. se encontraba en manos de los cartagineses. los romanos. Alonis. al menos una desconfianza y recelo de largo alcance frente al engrandecimiento de Cartago. 1). Hispania entra en e l horiz on te p o lític o d e R om a El primer tratado entre Roma y Cartago (508 a.) excluía a los marselleses y demás aliados de Roma de la navegación al oeste del cabo Bello. es decir. frente a Cartagena.1. La vigilancia del dominio púnico en España era en Roma un asunto de larga historia. no aparecen citadas en Escimno. por el que se ponía Mastia de los tarte- sios. como límite meridional a las acti­ vidades piráticas y a la fundación de colonias de los romanos y sus aliados. sus aliados griegos.

Sin embargo. cuando él sucumbió en la lucha. si es que podía interpretarse que el límite en Mastia del tratado de 348 impedía a los car­ tagineses. como piensa García y Bellido. Diodoro XXV 10) nos informa de que enviaron a las columnas de Hércules a Amílcar Barca. reservadas a los cartagineses. dominando la región minera de Linares y hasta la costa de Murcia y Almería. La decadencia de la dominación púnica en Hispania se prolongó por largo tiempo al parecer. más allá del estrecho de Gibraltar.12 Historia de la Hispaöia romana costas del sur es consecuencia de la prohibición de na­ vegar por aquellas aguas. . de modo que el gobierno de Cartago. o se acentuó. Que los romanos veían con preocupación el próspero imperio cartaginés restaurado en la Península. que venció en batalla naval a los cartagi­ neses (Pausanias X 8. pero es bien sabido que el empobreci­ miento de Cartago tras su derrota en la primera guerra mundial en que se enfrentó con los romanos no hizo sino despertar el interés por la Península. pocos años después Piteas realiza sus grandes navegaciones atlánticas. Es posible que la presencia de Amílcar en la región alicantina. la cual en 231 visitó la Península y se encontró con la arrogante ironía de Amílcar expli­ cando sus conquistas como único medio de pagar a los romanos las cuantiosas reparaciones de la primera guerra púnica. consolidó la situación. 5. Polibio (II 1. Tras nueve años de actividad militar y política. 48 Boissevain). cf. nombró sucesor a su yerno As­ drubal. rica en minerales. donde precisamente iba a morir luchando con los oretanos. 7). Dejó así un verdadero imperio militar vinculado a su familia. como supone A. suscitara esta embajada como protesta de los romanos. exten derse hacia el norte. durante la rebelión de los mercenarios ’. lo prueba una embajada (Dión Casio X II. fr. a partir de 340 se nota un fortalecimiento de Marsella. 6 y 18. Schulten (FHA III 13). que «restableció el dominio de los cartagineses sobre Iberia».

cuyo caudillo había sido condenado a muerte por el cartaginés. En 221 sucumbía Asdrúbal. La versión del tratado que transmite Po- Iíbio (II 13. antes de que Aníbal tomara el mando (Polib. 9) significaba para los romanos no sólo reconocer las con­ quistas cartaginesas hasta el cabo de la Nao. por ignorancia de la geografía o por mala fe. Parece que los saguntinos. a la seguridad que buscaban los romanos con concesiones a los cartagine­ ses ante la inminencia de la guerra con los galos en el valle del Po. 1.' por ejemplo. habían entrado en relación de clientela con los romanos. con el destino de que fuera la capital del imperio colonial (Polib. 1. en seguida del tratado de 226. Este cam­ bio de la política romana se debe. como pretende hacer creer la versión romana (Liv. como Ilduro (M ataró)2. 5. tras vengar militarmente la muerte de Amíl­ car. no es creíble. víctima de la venganza de un celta. III 27. se casó con una princesa del país y creó la «Ciudad Nue­ va». Con los romanos celebra en 226 un nuevo acuerdo por el que sin duda se hace reconocer el programa de expansión hacia el norte. y si no la presencia de barcos romanos. acreditan relaciones comerciales antes del desembarco en Ampurias. Hallazgos de monedas romanas en un puerto catalán. XXV 12). 7) no hace alusión a Sagunto y se lim ita a decir que prohibía a los cartagineses pasar el Ebro. Que Sagunto se citara en el tratado. 1). La conquista romana 13 Asdrubal. Schulten FHA I I I 17). III 30. XXI 2. cf. es decir. al menos la difusión del patrón monetal de la Urbe y su prestigio en la zona de influencia griega. II 13. inició una política de alianzas con los indígenas. 7). pues entonces no se hubiera podido producir el fatal incidente que desencadenó la segunda guerra púnica. como dice Polibio (II 13. 7. con su magnífico puerto militar. Diod. . la Cartago de España. los romanos iniciaban una política peligrosa. ya que su compromiso de no pasar el Ebro en son de guerra (Polib. Por lo demás. II 13. sino el abandono de las ciudades griegas y aliadas de la costa valenciana (incluso Hemeroscopio y Alonis).

Aníbal se dirigió contra Sagunto y en ocho meses (marzo a noviembre de 218) superó la dura resistencia de la ciudad y la destruyó. Bus­ caba sin duda soldados para su futura expedición. a sus aliados. III 14. C.) el dominio cartaginés en la meseta del Guadiana y el Tajo. pues el Ebro era el límite de la zona de intereses de Roma según el tratado vigente. Liv. Cuando el asedio comenzaba ya. Los saguntinos acudieron a Roma. y en su necesidad de acumular recursos. 14 Historia de la Hispania romana 3. pues esta­ ba convencido de que la guerra con Roma era inevitable. que el tratado dejaba a salvo a cada una de las dos partes para proteger. qué podían hacerse por una y otra parte nuevas alianzas. Extendió en dos campañas (221 y 220 a. el senado romano aún estaba discutiendo el problema . Ven­ ció sobre el Tajo a su regreso a los carpetanos y exten­ dió el dominio cartaginés a buena parte de la Península. aspiraba quizá ya a las legendarias arenas auríferas del Sil y del Miño. Las fuentes lla­ man a este pueblo turdetanos. tomó la capital de los ólcades. Con estas victorias resaltaba más el insulto que era la alianza de los saguntinos con los romanos (Polib. según se había acordado al final de la primera guerra púnica. túrdulos o turboletas: formas que quizá encubren la denominación antigua de la actual Teruel. Ledesma y Arbocala. Los saguntinos se hallaban precisa­ mente entonces amenazados por un pueblo vecino al que sin duda azuzaban los cartagineses. XXI 5). Los argumentos de los roma­ nos (Polib. pero Aníbal no podía aceptar la advertencia de los romanos de que no se mezclara en los asuntos de Sagunto. El c h o q u e en tr e las d o s g ra n d es p o ten cia s d e O cci­ d e n te : Sagunto Al hacerse cargo Aníbal del imperio cartaginés en Hispania procedió con extraordinaria energía. III 29) eran bastante sofísticos: que el tra­ tado con Asdrúbal era válido y que no se había cerrado una lista de aliados. que fue borrada del mapa para siempre. y penetró en la cuenca del Duero contra Salamanca. Althaia o Cartala.

En vano Hanón. con el pre­ texto de que no podía ofrecerle ninguna seguridad en su puesto de mando.1. no fue recibida por él. que tenían ya conquistada. a la vez que combatiendo con valor per­ sonalmente fue herido por arma arrojadiza desde la mu­ ralla. se lanzaban los car­ tagineses a una lucha sin cuartel. La conquista romana 15 jurídico de sus obligaciones respecto de Sagunto (Li­ vio XXI 7). agotados. y las máquinas derruían las murallas. tras el rodeo por Africa. casi al mismo tiempo que las noti­ cias de la destrucción de Sagunto. y los defensores. Ni una pasajera ausencia de Aníbal para hacer una breve campaña contra oretanos y carpetanos significó un res­ piro para los sitiados. que oponían sus pechos cuando la muralla era barrida por la poliorcética de Aníbal. y la ciudad estrechándose tras las murallas im­ provisadas que levantaban en la defensa desesperada. Acudieron entonces los embajadores a Cartago. Aníbal aplicó la más moderna y eficaz técnica contra las murallas. Los embajadores romanos llegaron a su cap ital. ni conversaciones de paz en los últimos momentos (Livio XXI 12-14) impidieron que los jefes de la ciudad organizaran en la plaza la quema de sus tesoros y bienes. en medio de una lucha tan difícil. El senado cartaginés respondió a los embajado­ res que la guerra la habían iniciado los saguntinos y no Aníbal. Una embajada romana llegó ante Aníbal y. según nos cuenta Livio (XXI 9). mientras que desde una parte del castillo. La defensa valerosa de los saguntinos.. jefe del parti­ do de la paz. habló contra el espíritu belicista de los Barcas. Los saguntinos que­ maron sus casas con sus familias dentro y murieron . no podía sino retardar su ruina. Aníbal por fin ofreció la ciudad a la rapiña de sus soldados. donde el entusiasmo bélico arrebató a casi todos los miembros del consejo de ancianos. se encontraron con que sus muros iban ca­ yendo. pero los saguntinos se defendían con gran valor. La superioridad cartaginesa era grande en cuanto al número de combatientes.

III 33 y 35. 16 Historia de la Hispania romana defendiéndolas. XXI 18). Entonces una nueva embajada romana se dirigió a Cartago para exigir la desautorización de Aníbal por la metrópoli o. Liv. leer en una inscrip­ ción que el cartaginés dejó en el templo de Juno Lacinia. Los supervivientes fueron presa de los soldados y reducidos a esclavitud. 6) que pasaron a continuación a Hispania a tratar de estorbar el paso de Aníbal a Italia. La respu esta rom ana en España Los embajadores romanos que habían ido a Cartago a declarar la guerra se cuenta (Liv. y después de cruzar el Ebro llevaba las armas cartagine­ sas más allá de donde nunca habían llegado. El general pasó el invierno en Cartagena. de Aníbal. Visitó Aníbal también el fa­ moso santuario del Hércules fenicio de Cádiz. según cuenta. intercambió tropas hispanas con afri­ canas. quedaron abiertas entre las dos grandes potencias (Liv. en el sur de Italia. XXI 21 s. Aníbal marcha a Itaita. Polibio pudo. XXI 19. y las hostilidades . que luego vamos a ver que no sirvió de mucho. Sometió a ilergetes y a las tribus de ausetanos y lacetanos. sin duda no guardados en secreto. y . declarar la guerra. en caso contrario. para la defensa de la Península (Polib.). 4. para asegurar con mercenarios extranjeros la tran­ quilidad de Libia y de Hispania. y dejó una escuadra. concedió un amplio permiso a sus tropas hispanas y dio a su hermano Asdrúbal instrucciones para el gobierno del imperio en Iberia. Los cartagineses se atuvieron a la interpretación de que Sa­ gunto no se mencionaba en el tratado. Aunque esto sea una inven­ ción (Schulten FHA III 43 s.). refleja la preocupación de los romanos ante los planes. en religio­ sa peregrinación para cumplir votos hechos por sus triunfos pasados y ofrecer otros nuevos. En la primavera de 218 salía Aníbal hacia el norte. información con cifras exactas de todas estas disposiciones.

celtibérica. Liv. Inició Gneo las hostilidades contra los cartagineses incluso en el interior. después de haber seguido probablemente el camino de la Cerdaña. después de algunas escaramuzas. aliado de los cartagi­ neses cayó prisionero (Polib. y el mis­ mo año decidieron destinar a esta empresa al cónsul P.1. subiendo por el Segre. donde desertaron 3. en el primer choque. Acampó junto a Iliberi (Eine) en el Rosellón. ordenó a su hermano Gneo que abandonara las ya inútiles po­ siciones que la escuadra ocupaba en las bocas del Ró­ dano y se dirigiera con dos legiones a Ampurias (agos­ to de 218 a. 2). XXI 23). III 41. Cornelio Escipión con una escuadra de 60 naves (Polib. sin poder impedir a Gneo Escipión que estableciera sus cuarteles de invierno en Tarragona e iniciara así la historia de . Las fuentes literarias lo afirman una y otra vez. donde los cartagineses no habían echado raíces.000 hispanos inseguros.). y alguna inscripción ibérica. y licenció a otros 7. fueron incorpora­ dos a la alianza romana. árenoslos y andosinos. Los romanos comprendieron que era urgente quitar­ les a los cartagineses sus apoyos en Hispania. con mucho botín. Parte de los territorios al norte del Ebro. III 76. a los que fingió haber despedido para que las de­ más tropas no se desmoralizaran. ya que las fuentes nos dicen que cruzó por el territorio de los bar- gusios. o mejor. que ya había pasado los Alpes. se ha hallado para confirmarlo en los campos de batalla italianos3. Cuando éste decidió enfrentarse en Italia con Aníbal. Tuvo que acudir a remediar aquella difícil situación en el nordeste el propio Asdrúbal Barca y. En esa campaña las tropas hispanas fueron parte muy importan­ te del ejército púnico.000 carpe- tanos. y en Cissa (que pare­ ce luego se llamaría Tarragona). C.). La conquista romana 17 puso a Hanón al frente de estas comarcas de Aragón y Cataluña para asegurarse las comunicaciones (Liv. fijó un frente en el Ebro. Comenzaba así la extraordinaria aventura militar que iba a llevar al cartaginés a las puertas de Roma. consiguió una victoria considerable. éste luego hizo nuevos desembarcos en la costa catalana. Pasó los Pirineos. e Indíbil. XXI 60 s.

En 217. Schulten FHA III 62 s.2) cuenta de que los romanos llegaran ya entonces a la región de Cástulo. III 97 s. llega a Hispania Publio Escipión (Polib. acudió en socorro de ella. Polib. Sobre la antigua m uralla ciclópea se levanta una m uralla de sillares ro ­ manos. X XIII 29). y se encontraron allí con la escuadra romana refor­ zada por la de los masaliotas. y con los refuerzos que él trae pasan los romanos el Ebro y avanzan ya en el dominio cartaginés en dirección . XXII 19. III 95. 6).): Asdrúbal Barca envió las 30 naves que le había dejado su hermano. X XIII 28). las hostilidades de Indíbil y Mandonio en la región del Ebro limitaron las actividades romanas por tierra y atrajeron a los cartagineses.. No es creíble que los romanos avanzaran hacia el sur ni que las Baleares buscaran su protección (Liv. No pudieron los romanos tomar la ciudad de Hibera..). Sin duda no es cierto lo que dice Livio (X X II 21) de que los celtí­ beros se rebelaron entonces contra los cartagineses. cf. antes de que pudiera dejar las costas de Italig (Liv. Quizá hay que poner en relación otra batalla naval en las bocas del Ebro (Polib. Los cartagineses llevaron la peor parte y perdieron sus naves.18 Historia de le Hispania romana aquella ciudad como capital rom ana.. principalmente por el poco espíritu de sus tro­ pas hispanas. después de desempeñado su año de consula­ do. cf. bus­ cando la soldada de los romanos. Las dificultades que ofrecía esta situación se notan en lo que sabemos de que la es­ cuadra romana que traía víveres para el ejército de Ca­ taluña fue apresada en el puerto de Cosa. pero derrotaron al ejército de Asdrúbal que. que retrocedieron al primer choque (Liv. a la derecha del Ebro en su último tramo (Liv. Schulten FHA III 66. En todo caso. La batalla fue un desastre para el car­ taginés. con otras 10 más. XXII 11. IU 97. s. La pobreza de la primitiva agricultura del país man­ tenía a las tropas expedicionarias dependientes de Roma para el aprovisionamiento. Liv. X XII 20)> Y menos lo que la misma tradición analística (ibid.

en el valle del Betis). X X III 26). En 216. y en cuyo castillo guardaban los rehenes de las tribus hispa­ nas sometidas. La devolución de estos rehénes fue hábilmente utilizada por los romanos para quebrantar el predominio cartaginés en la Península (Polib. en socorro de su hermano Aníbal. los Escipiones. el territorio al sur del Ebro era consi­ derado poco seguro por los romanos. si bien el rumor de que Asdrúbal preparaba su marcha a Italia.000 jinetes. que había sido reconstruida por los cartagineses. III 97-99. La conquista romana 19 a Sagunto. donde aparece un jefe llama­ do Chalbus (Liv. salen de sus cuarteles y emprenden una gran campaña. al que los cartagineses habían confiado la custodia de éstos. a quienes hizo res­ ponsables de la derrota en las bocas del Ebro dos años antes. 1. . le había enajenado las voluntades de los expertos navegantes de la costa del suroeste. Los rebeldes se apoderaron de la ciudad de Ascua'(o bien de Oscua. donde Asdrúbal tenía sus almacenes. La situación de Asdrúbal en España se hace difícil: a costa de muchas súplicas había recibido de Cartago un refuerzo de 4. pero el triunfo les hizo descuidar la disciplina y al fin fueron aniquilados por las tropas cartaginesas. Publio con la escuadra y Gneo por tierra. Es más que posible que en estas versiones tengamos interesadas leyendas. Por lo demás. Parece que el castigo im­ puesto por Asdrúbal a los marinos. el año del desastre romano en Cannas.000 infantes y 1. Un indígena llamado Abilux. y en lo sucesivo cada invierno éstos volvían a sus bases en Cataluña (Schulten FHA III 71). Acampan en un lugar cercano a esta ciudad. X XII 22). Los turdetanos hubieron de someterse de nuevo. X XIII 27). man­ tenía la situación inestable (Liv. Liv. pero el poder marítimo cartaginés en las costas de Hispania estaba gastado. enga­ ñó al general cartaginés Bostar y puso en manos de los romanos a todas aquellas personas que eran prenda de fidelidad del imperio cartaginés. y los nuevos capitanes de las navei que mandó hacer se pasaron al enemigo y provocaron una rebelión en el país de los tartesios.

20 Historia de la Hispania romana

Un nuevo general, Magón, otro hermano de Aníbal,
fue enviado desde la metrópoli con naves y soldados
(Liv. XXIII 32). Por su parte, los Escipiones comuni­
caban a Roma buenas noticias, lo que podemos inter­
pretar en el sentido de las amplias perspectivas que abría
a Roma la crisis del imperio cartaginés en la Península,
pero pedían socorros en dinero y vituallas, pues el país
no podía sostenerlos (Liv. X X III 48).
Todos los generales cartagineses en la Península: As­
drubal, Magón y otro Aníbal, hijo de Bomilcar, fueron
a sitiar a la ciudad de Iliturgi, que se había pasado a los
romanos. Parece que éstos pudieron socorrerla a tiem­
po, y cuando los cartagineses acudieron a poner sitio
a otra ciudad fueron derrotados. Livio, que es quien da
estas noticias (X X III 49), no merece sin embargo mu­
cha fe. Por otro lado, la identificación de esta Iliturgi
con la famosa de la región de Andújar es problemá­
tica (Schulten FHA III 80).
Parece que los. cartagineses veían claro (Dión Casio
en Zonaras IX 3) que Hispania era la clave de la guerra.
Por un lado les convenía que Asdrúbal pudiera pasar a
Italia en socorro de Aníbal, pero era necesario entrete­
ner a los Escipiones en la Península e impedirles que pa­
saran a Africa. Los Escipiones no se arriesgaban en bata­
lla decisiva para no permitir que Asdrúbal se fuera a
Italia si ellos eran vencidos.
Repetidas veces se nos dice que las vicisitudes de la
guerra en la Península se traducen en defecciones de
soldados hispanos en Italia, los cuales se pasaban a los
romanos. Más tarde, en 212, los Escipiones envían 300
hispanos notables a Italia para qué atrajeran al bando
romano a los soldados de Aníbal.
La situación en 214 comenzó mal para los romanos,
pues antes de que comenzaran su campaña al sur del
Ebro, Magón y Asdrúbal consiguieron vencer en una
gran batalla a los hispanos que se habían sublevado
(Liv. XXIV 41). Sin embargo, la versión patriótica de
los anales pretende que la llegada de los romanos en
audaz marcha hasta Alicante (Castrum Album, Akra

1. La conquista romana 21

Leuke) mantenía a muchos hispanos en rebeldía contra
los cartagineses.
Publio Escipión, sigue diciendo la misma tradición,
fue liberado de una situación difícil por su hermano
(Liv. XXIV 41). Cástulo, de donde era la mujer de
Aníbal, se supone por los analistas que se pasó a los
romanos, y que los cartagineses pusieron sitio a Iliturgi,
donde había guarnición romana. Gneo Escipión acudió
en socorro de esta ciudad, y según cuenta Livio, liberó
en seguida a Bigerra, también asediada por los cartagi­
neses. La analística presenta a los Escipiones adentrados
peligrosamente en tierras cartaginesas con tal de man­
tener a los indígenas en rebeldía. Hasta se cuenta que
en una batalla junto a Munda el triunfo romano, aun­
que algo reducido por haber sido herido Gneo Escipión,
fue completado por haber vencido éste, en una litera en
que era conducido, a los cartagineses, junto a Auringi,
y luego en otra nueva batalla.
Todas estas hazañas en el sur se consideran patrió­
ticas invenciones o exageraciones de los analistas roma­
nos (Schulten FHA III 35). A pesar de las dificultades
que tenían los cartagineses con sus súbditos, la geografía
del país y la limitación de recursos de los Escipiones im­
ponían un progreso lento desde las bases en Cataluña.
Livio dice (XXV 32, 1), contradiciéndose, que precisa­
mente en estos dos años 214-213 «no se hizo nada me­
morable» por parte de los romanos. Pero Sagunto fue
reconquistada por los romanos (212 a. C.), que así al
fin salvaban su vergonzoso abandono, a los seis años
de la ruina de la ciudad. Destruyeron la fundación car­
taginesa, buscaron a los saguntinos supervivientes y tar­
díamente les devolvieron su ciudad.
Entonces (211 a. C.) los generales romanos de His­
pania deciden terminar con la dominación cartaginesa
en la Península. Livio (XXV 32) explica que los carta­
gineses tenían uno de sus ejércitos en la desconocida
ciudad de Amtorgis, al mando del barrida Asdrúbal,
y el otro, al de Asdrúbal, hijo de Gisgón, y Magón, algo
más lejos, a cinco días de marcha. Decidieron que Pu­
blio, con una tercera parte de los efectivos romanos,

22 Historia de la Hispania romana

y con celtíberos, pues por primera vez entonces el ejér­
cito romano tenía mercenarios a sueldo (Liv. XXIV 49,
7), se enfrentara Con el primero de los ejércitos cartagine­
ses, y que Gneo esperara.
Asdrúbal, que tenía profundo conocimiento del país
y de las gentes, supo atraerse a los celtíberos del ejér­
cito de Publio, y éstos abandonaron a su general (Li­
vio XXV 32 ss.), el cual quedó así expuesto a los ata­
ques de la caballería númida de Masinisa. Supo además
Escipión que Indíbil venía a apoyar a los cartagineses
y decidió salir antes a su encuentro. Se le echaron enci­
ma, al atacar a Indíbil, los númídas y los cartagineses,
y el general romano fue vencido y muerto.
La conjunción de los ejércitos cartagineses puso en
seguida en situación desesperada a Gneo. Alcanzado en
su huida, tuvo que aceptar la lucha en una pequeña altu­
ra, donde el suelo pelado y áspero no consentía ninguna
obra de fortificación. Los romanos se desbandaron y algu­
nos consiguieron llegar al campo donde el legado Tiberio
Fonteyo Craso comandaba los restos del ejército de Pu­
blio. Gneo Escipión murió, veintinueve días después
de su hermano y a los siete años de guerrear en Hispa­
nia, en la altura donde se había refugiado, o en una
torre de las cercanías. Sabemos que la tumba de Esci­
pión estaba junto al Betis (Plin. III 9).
La derrota de los Escipiones significaba la ruina del
incipiente poderío romano en Hispania. La tradición
analística inventó una serie de brillantes victorias del
tribuno militar L. Marcio, que se tituló propretor y de
quien hacían el vengador de los generales m u erto s. En
realidad lo único que L. Marcio pudo hacer fúe retirar­
se con sus tropas al norte del Ebro (Liv. XXV 37, 5).
Los cartagineses restablecieron su dominio en la Penín­
sula, si bien las disensiones entre los generales y su
codicia comprometían su solidez. Asdrúbal, hijo de Gis-
gón, llegó a pedir gran cantidad de dinero a Indíbil, el
fiel aliado, que había tenido que soportar el choque con
los romanos en la frontera del Ebro: calumniado y sos­
pechoso, tuvo Indíbil que entregar sus hijos como rehe­
nes a los cartagineses (Polib. XI 11).

1. La conquista romana 23

Pero en Roma no olvidaban el teatro hispano de la
guerra, y tan pronto como Capua cayó, C. Claudio Nerón,
el futuro vencedor de Asdrúbal Barca en Metauro, fue
enviado como propretor a la Península con 13.000
hombres. El transporte se hizo en barcos, desde Puteoli,
en Nápoles, a Tarragona (Livio XXVI 17, Wilsdorf 76),
lo que prueba una gran seguridad de los romanos en el
dominio del mar.
La idea que podemos sacar de Livio (XXVI 17 s.)
sobre esta campaña de Nerón es muy poco clara, en me­
dio de las acostumbradas confusiones y errores geográ­
ficos, mas parece que en la frontera del Ebro no pudo
sostenerse el bárdela Asdrúbal. Aunque la actuación de
Nerón en Hispania, que debió durar un año, no fue muy
brillante, tampoco disminuyó su prestigio, que le hizo
candidato triunfante al consulado en 207.

5. P ublio C orn elio Escipión

La situación en Hispania preocupaba a los romanos,
y también el problema de sustituir a los Escipiones. La
tradición (Liv. XXVI 18) cuenta que el joven Publio,
hijo del cónsul que había sucumbido en la Península,
se presentó a la elección para la pretura de Hispania y se
llevó no ya sólo los votos de las centurias, sino, de modo
irregular, en plebiscito, que le dio sin cargo poder pro­
consular, los votos individuales de todos. La personali­
dad del joven Escipión rompía con los moldes tradicio­
nales, de modo comparable a lo que ocurría con Aníbal
frente a la constitución de Cartago; ambos pertenecían
al mundo de vigorosas y ambiciosas personalidades que
caracterizan la época helenística.
Se le concedieron, además de las tropas que quedaban
en Hispania y de las que había llevado Nerón, 10.000 sol­
dados y 1.000 jinetes, y se nombró a M. Junio Silano,
por senadoconsulto, propretor (Liv. XXVI 18). Nave­
gando a lo largo de la costa por el sur de Francia, llegó
Escipión a Ampurias, donde desembarcó e inmediata­
mente comenzó a actuar (últimos meses de 210).

24 Historia de la Hispania romana

Escipión, con sus legados Lelio, Lucio su hermano,
L. Marcio (el lugarteniente de su padre y tío) y. Silano,
que reunían unos 35.000 hombres, se encontraron con
que el ejército cartaginés estaba dividido en tres partes:
una, mandada por Magón, se hallaba en el Algarve; As­
drúbal, hijo de Gisgón, estaba con otra en la región del
bajo Tajo; mientras que el otro Asdrúbal, el bárcida,
estaba ocupado en sitiar una ciudad de los carpetanos.
Supone Schulten (FHA III 97) que eran invasiones de
lusitanos las que habían llevado al oeste de la Península
a los primeros. Todos observaban con inquietud al nuevo
y ambicioso comandante en jefe de los romanos en His­
pania.
Al nuevo general se le planteaba el problema de en­
frentarse con el enemigo sin incurrir en el error de divi­
dir sus fuerzas, como había resultado fatal para su padre
y su tío. La clave era encontrar una base de operaciones
próxima a los centros vítales del imperio cartaginés.
Cartagena atrajo su atención por sus múltiples venta­
jas: como puerto, por su proximidad a Africa, por sus
minas, por la concentración de rehenes que allí tenían
los cartagineses, por la debilidad de su guarnición; Es­
cipión estudió además, hablando con pescadores que ha­
bían navegado por allí, la situación de la ciudad y su
puerto. Finalmente, tomó la secreta resolución, que no
comunicó más que a su amigo Lelio, de marchar direc­
tamente sobre la capital enemiga, que no distaba sino
diez jornadas. Polibio (X 8) nos informa de estos planes,
que le eran conocidos por una carta auténtica del propio
Escipión al rey Filipo de Macedonia.

6. La tom a d e Cartagena

El golpe decisivo de esta guerra colonial fue la toma
de Cartagena, base m ilitar y económica del imperio car­
taginés en Hispania. Estamos bien informados de este
episodio por unos pocos excelentes capítulos de Poli­
bio (X 10-19), que pudo visitar la ciudad y reme­
morar tres cuartos de siglo después la conquista.

1. La conquista romana 25

Los cartagineses, acostumbrados a las campañas an­
teriores de los Escipiones, que, como hemos visto, habían
sido más bien excéntricas, como incursiones temporales,
no se esperaban el ataque de aquel impetuoso general
de veinticuatro años de edad, que avanzaba desdé Ta­
rragona a lo largo de la costa, apoyado por la flota que
mandaba Lelio. Polibio nos dice que la guarnición de
tropas regulares de Carthago Nova no contaba sino con
mil hombres. Con éstos y dos mil paisanos armados con
lo que se pudo hallar en la ciudad tuvo Magón, el des­
conocido militar que mandaba la plaza, que hacer frente
al ejército romano, que a marchas forzadas y sin preocu­
parse de los lejanos y dispersos ejércitos cartagineses se
le echó encima.
Polibio da también una descripción muy precisa de
Cartagena: su bahía se abre hacia el lebeche, es decir,
el sudeste, con unos dos kilómetros de fondo y una an­
chura en la boca como de uno. La isla de Escombreras,
que el historiador pudo ver cerrando la boca del puerto,
no era en realidad tan importante para la seguridad de
éste como él creyó. En el seno de la bahía estaba la
ciudad, una península que se elevaba, rodeada del mar
por levante, mediodía y oeste, mientras que al norte una
zona pantanosa completaba su aislamiento, no quedando
como enlace con la tierra firme sino una faja de menos
de 400 metros de ancho al nordeste.
Escipión se presentó ante Cartagena al cabo de sólo
siete días de marcha (seguramente a contar de Sagunto,
como supone Schulten, FHA III 100), y puso su cam­
pamento frente al istmo (Polib. X 9, 7).
Se comprende la impresión que sufrieron los carta­
gineses. El puerto militar creado por Asdrubal para sal­
vaguardar el imperio colonial estaba desguarnecido de
naves, y Escipión pudo, al día siguiente de llegar, ma­
niobrar con su escuadra, al mando de Lelio, en el
mismo interior de la bahía, y con ella completar el
cerco que puso con el ejército por la parte de tierra.
El asalto comenzó puntualmente, nos dice Polibio, a
las nueve de la mañana. Escipión escogió dos mil hom­
bres y les asignó apoyar a los que llevaban las escalas.

26 Historia de la Hispania romana

Su plan era superar las altas murallas que protegían
a Cartagena por la parte de tierra.
Magón dividió sus mil soldados en dos grupos, de­
jando una sección en la ciudadela y llevando a los otros
al otro castillo, es decir, al de Asclepio. Los paisanos
armados defendían la puerta del istmo.
Hay un punto oscuro en la actuación de Magón, y es
que no lanza al combate a sus mil soldados, y en cambio
organiza una salida de los paisanos que defienden la
puerta. Aunque ni Polibio ni otros testimonios dicen
nada, parece como si los paisanos de Cartagena que
defendían sus personas y haciendas le merecieran al man­
do más confianza que los soldados mercenarios.
Al toque de trompeta romano lanzó como una sorpre­
sa el jefe cartaginés sus paisanos armados. Se trabó una
batalla encarnizada, pues los paisanos sabían bien lo
que se jugaban. Pero los cartagineses, al haber aceptado
la batalla a casi medio kilómetro de la puerta, habían
cometido un error, ya que los romanos podían ayudar a
los suyos y relevar mucho más fácilmente, desde su
campamento, a los que se fatigaban del combate. Esci­
pión sabía que el combate desgastaba precisamente a
los elementos más activos e insustituibles en la defensa
de la ciudad. Desaparecidos aquéllos, el resto de la po­
blación no saldría a las puertas a defenderla. Terminó,
pues, el duelo entre los romanos y cartagineses, mas con
la victoria de los primeros, acentuándose el desastre de
los cartagineses al chocar unos con otros en su preci­
pitación por pasar todos a la vez en retirada por la
puerta.
El pánico hizo que los defensores abandonaran las
murallas, y en poco estuvo que los romanos no entraran
por la misma puerta tras los defensores.
Los romanos pasaron entonces al asalto de la muralla
con escalas, lo que en el primer momento fue fácil, por­
que ya hemos dicho que la defensa había sido abandona­
da. Escipión, convenientemente protegido por tres ayu­
dantes, que le resguardaban con sus escudos, dirigía per­
sonalmente la operación y acudía a todas partes. La mayor
dificultad en el asalto era, más que la defensa, la gran

1. La conquista romana 27

altura de la muralla. Las largas escalas se rompían
con el peso de los que subían, y los que iban delante
sufrían del vértigo al llegar arriba, con lo que les era
fácil a los escasos defensores hacerles caer. Creciéndose
con ello los defensores, comenzaron a tirar desde las al­
menas maderos y otros objetos, que arrastraban las filas
de escaladores. El ataque se continuó durante la mayor
parte del día, sin que los romanos cedieran a las difi­
cultades; pero el general tuvo que mandar retirada.
Los asediados creían segura la victoria, mas Escipión
contaba con la marea baja y dispuso que 500 hom­
bres se dirigieran con escalas hacia la parte pantanosa,
mientras que los soldados, después del descanso, vol­
vían a emprender simultáneamente el asalto por la puerta
del istmo. El ataque desmoralizó a los de Cartagena,
aunque todavía se defendían con valor. Escipión animó
a los de la parte de la laguna, donde la resaca, que
arrastró a algunos soldados, había introducido el des­
concierto. Su previsión y habilidad utilizando un reflujo
extraordinario, quizá debido al terral, infundió en el
ejército la confianza de una protección divina. Se diri­
gieron mientras tanto los otros contra la puerta, y con
hachas y azuelas empezaron a romperla, mientras que
los que habían, al fin, franqueado la laguna se encon­
traron con las murallas sin defensores, las escalaron y se
dirigieron sobre la puerta del istmo. Esto desconcertó
a los defensores, que se hallaron inesperadamente con el
enemigo dentro, y entonces los romanos que habían pa­
sado la muralla abrieron la puerta a los que atacaban
por el istmo, y los que asaltaban con escalas pudieron
al fin dominar la resistencia del enemigo en los adarves
y ocupar también el cerro al oeste de la puerta por la
que se había combatido.
Escipión dio orden de lucha sin cuartel, y para aterro­
rizar al enemigo se daba muerte no sólo a los hombres,
sino también a los perros y otros animales. El, con
mil hombres, se dirigió a la ciudadela, donde se había
refugiado Magón con sus soldados. En seguida el car­
taginés abandonó su defensa y parlamentó. A cambio de
su propia seguridad entregó Magón la ciudadela. Con

28 Historia de la Hispania romana

ello terminó la carnicería, y los romanos pudieron dedi­
carse al saqueo. A la noche, Escipión se situó en la ciu-
dadela, mientras sus tropas, cumpliendo órdenes, cus­
todiaban el campamento ante la puerta de la ciudad.
El resto de los soldados, conforme a una orden que trans­
mitieron los tribunos, se concentró en el faro alre­
dedor del botín reunido. La infantería ligera romana
ocupó el cerro del este.
Livio (XXVI 47) nos dice del inmenso botín ganado
en Cartagena: 276 platos de oro, de casi una libra todos;
18.300 libras de plata en lingotes y acuñada; gran nú­
mero de vasos de plata; 40.000 modios de trigo y
270.000 de cebada; 63 naves de transporte en el puerto,
algunas íntegras y con su cargamento; aparte de esto,
hierro, cobre, armas, lienzo y esparto, madera de cons­
trucción naval; todo ello representaba una enorme ri­
queza.
También estaban allí (Polib. X 18, 3; Apiano Ibér. 19)
los rehenes de las tribus hispanas sometidas a los-carta­
gineses, más de 300 entre niños y adultos. Escipión, con
habilidad política, tranquilizó a los rehenes, prometió
a los niños que los enviaría pronto junto a sus padres
y a los mayores les animó a que escribieran a sus patrias
respectivas pidiendo se' adhirieran a la nueva alianza
romana. A la esposa de Mandonio, hermano del rey
ilergete Indíbil, la atendió en sus ruegos de que se
cuidara mejor del decoro de las mujeres que bajo la
custodia cartaginesa. El mismo supo renunciar al regalo
que los soldados le hacían de una hermosa cautiva, que
resultó ser la novia de un príncipe celtíbero, y con ello
dio una memorable lección de continencia (Polib. X 19, 3:
Liv. XXVI 50).
La liberación de los rehenes ganó a Escipión la amis­
tad de muchas tribus. Las fuentes citan entre ellas a los
ilergetes y celtíberos (Polib. y Liv., 11. cit., Dion Casio fr.
LVII 42), y a los edetanos (Polib. X 34).
Escipión, que parece llegó hasta V era4, regresó a in­
vernar a Tarragona, y desde allí atendió a la empresa
política de consolidar con alianzas las simpatías que su
éxito y su conducta le habían granjeado. En primer lu-

1. La conquista romana 29

gar se adhirieron a los romanos las tribus del norte del
Ebro, y los jefes ilergetés Indíbil y Mandonio se pasaron
abiertamente del campo cartaginés al romano. El presti­
gio de Escipión llevó a los indígenas a querer procla­
marlo rey. Los cartagineses quedaban reducidos al sur
de la Península.

7. La última resisten cia cartaginesa
en España (208-206 a. C.)

Asdrúbal Barca, el general cartaginés, se encontraba
en la región de Cástulo, precisamente en Bécula (Bailén),
no lejos de las minas de plata de Linares (Polib. X 38, 7,
y 39; Liv. XXVII 18). Al conocer, en la primavera si­
guiente, la proximidad del ejército romano, buscó un
campamento conveniente, protegido a la espalda por el
río y delante con una llanura adecuada para la batalla.
Escipión se presentó ante el campo cartaginés y dudó
durante dos días si atacaría al enemigo, bien atrincherado.
El temor de que los otros dos ejércitos cartagineses,
mandados por Magón y Asdrúbal, hijo de Gisgón, se
concentraran y pudieran cercarle empujó al general ro­
mano a arriesgar la batalla. No pudo destruir, como de­
seaba, el ejército que el hermano de Aníbal reservaba
para acudir a Italia, ni tampoco cortarle a la espalda el
camino; pero en una operación que Polibio describe
b ien 5, consiguió desalojarlo de su posición y hacer pri­
sioneros a 10.000 infantes y 2.000 jinetes.
La victoria de Bécula reforzó el prestigio de Escipión
entre los iberos, y tuvo que ordenar enérgicamente a
sus amigos Edecón,: el régulo de los edetanos, y a las
gentes ilergetes que cesaran de llamarle rey (Polib. X 40).
En el teatro de la guerra de España Escipión estaba dan­
do al imperio cartaginés, precisamente en la base militar
y económica de los Barca, golpes que compensaban los
desastres romanos en Italia durante los primeros años.
La retirada ante él de Asdrúbal Barca, que siguió su
camino hacia Italia, y sabemos se detuvo a su paso en

30 Historia de la Hispania romana

Celtiberia (Apiano Ibér. 24), significaba un grave peligro
para el poder cartaginés en la Península.
Los otros generales, Magón y Asdrúbal, hijo de Gis-
gón, llegaron a las proximidades de Bécula cuando ya el
bárcida había sido derrotado. Los jefes cartagineses te­
nían opiniones divergentes sobre la situación militar
(Liv. XXVII 20), y sólo Asdrúbal, hijo de Gisgón, era
partidario de mantener el dominio cartaginés en la zona
de Cádiz y el Atlántico; los otros temían por la lealtad
de las tropas, ante la atracción que Escipión ejercía sobre
los indígenas. Magón entregó sus tropas a Asdrúbal, hijo
de Gisgón, y pasó a las Baleares a reclutar soldados que
llenaran los huecos de las deserciones de los hispanos.
La caballería de Masinisa tenía la misión de hostigar a
los romanos en el oeste de la Península y sostener a los
indígenas que permanecían fieles a los cartagineses.
La marcha del bárcida Asdrúbal a Italia no significó,
por otra parte, la ruina del dominio de los cartagineses
en el sur de la Península. Asdrúbal, hijo de Gisgón,. co­
mandaba la zona de Cádiz, y en el interior, un nuevo
general enviado desde Cartago, Hanón, se reunía con
Magón y organizaba la resistencia reclutando mercenarios
en Celtiberia (Liv. X XVIII 1).
A llí acudió M. Junio Silano para evitar que estas
nuevas fuerzas de los cartagineses hostilizaran los te­
rritorios dominados en el este por los romanos. Silano
trabó en las montañas una dura batalla, en la que consi­
guió destruir primero, en lucha cuerpo a cuerpo, a la
infantería pesada celtibérica, y luego a las tropas hispanas
ligeras y a los cartagineses mismos. Hanón, el nuevo
general, fue hecho prisionero (Liv. X XVIII 1), mientras
las tropas cartaginesas pudieron retirarse hacia Cádiz
y los auxiliares celtibéricos se desbandaron.
La victoria de Silano permitía a Escipión rematar la
guerra de España llegando hasta los últimos confines
en el sur y hasta la ciudad fenicia de Cádiz, donde ios car­
tagineses creían tener su último refugio (Liv. X X III 2).
Pero como se aproximaba el invierno, limitóse, por de
pronto, a hacer avanzar a su hermano Lucio hasta
Orongis, o Auringi (Jaén actual) y someter esta ciudad

1. La conquista romana 31

(Liv. XXVIII 4), con lo que consolidaba su dominio
de la alta Andalucía y amenazaba el valle del Guadal­
quivir entero.
La situación de Escipión en la región de Cástulo no
parece haber sido fácil al principio (Polib. XI 20), pues
para oponerse a las grandes fuerzas cartaginesas necesi­
taba reclutar muchos aliados en España. Consiguió re­
unir hasta 45.000 soldados y 3.000 jinetes, y avanzó
valle abajo hasta que acampó en unas alturas en Ilipa
(hoy Alcalá del Río), dando cara al enemigo. Así comen­
zaban las hostilidades del año 206, enfrentándose con
Asdrúbal, hijo de Giscón, que en Ilipa se había atrin­
cherado con hasta quizá 70.000 cartagineses (Livio dice
que 50.000), con 4.000 jinetes y 32 elefantes. Los carta­
gineses fueron sorprendidos por el rápido avance roma­
n o 6 y atacaron con la caballería, que se encontró con
la romana y quedó desbaratada en el choque, por lo que
hubo de retirarse. Con este primer éxito creció el ánimo
de los romanos y los cartagineses se desanimaron, y así
se mantuvieron expectantes unos días. Escipión enton­
ces (Polib. XI 22) cambió su disposición y colocó a los
romanos no como antes, en el centro, y a los aliados
hispanos en los flancos, sino al contrario. Sin duda, du­
daba de la lealtad de ellos, aleccionado por los desastres
de su padre y su tío. En esta forma, muy temprano, sacó
a sus tropas en orden de batalla fuera de la empalizada.
Los cartagineses, sorprendidos, apenas tuvieron tiempo
de armarse y no pudieron formar sus filas. Con el cam­
bio de su disposición, Escipión extendió las tropas ro­
manas por los flancos, poniendo al enemigo en peligro
de ser envuelto. Esta táctica, imitación de la de Cannas,
anulaba a los elefantes y a los auxiliares hispanos del
enemigo, mientras que los cartagineses, en el centro,
quedaban inmovilizados, pues si acudían a combatir a las
alas, toda su línea se desorganizaría. Escipión había tenido
la precaución de que sus soldados comieran antes de
amanecer, mientras que los cartagineses desfallecían de
hambre y sed bajo el sol. Por eso, cuando los cartagine­
ses mismos fueron atacados, retrocedieron en desorden.

establecimiento militar en el que da tierras a los heridos y mutilados de su ejército. antes de su partida. o poco después.). Ya no se trataba para Roma más que de sacar los frutos de las campañas pasadas y de sustituir a los cartagineses en la dominación de la Península.sum isión d e la Hispania cartaginesa Mientras tanto (207 a. 8. terminó por huir a Cádiz. que quedan establecidos como colonos (Apia­ no Ibér. X XVIII 15). Entonces. y cuidó de la organización de un sistema de alianzas que consolidara el dominio romano en la Península. a pesar de que sus tribus de origen se habían pasado a los romanos. Se co m p leta la. Todo el valle inferior del Guadalquivir quedaba así en manos de los romanos. Marcio. que había intentado imponerles su . funda Escipión Itálica. Escipión volvió. Quedaba el problema de los mercenarios hispanos que. XI 24). se pasaron a los romanos (Liv. a pesar de sus esfuerzos por reorganizar el ejército. con su rey Atienes. 31). y con las victorias de Escipión en España podía decirse que la iniciativa de la larga y dura guerra mundial había pasado a los romanos (Polib.32 Historia de la Hispania romana Sólo una lluvia torrencial salvó al ejército cartaginés en derrota de un desastre total. Los turdetanos. el cuerpo expedicionario de Asdrúbal Barca había sido aniquilado en Metauro. Inmediatamente comenzaron brutales exigencias económicas. Cinco años le había costado al joven general eliminar al cartaginés de la Península hispana (Liv. en una p ro vin cia nueva. 14). A llí buscó también refugio Magón. ahora ya debió pensarse por el gobierno romano. con su ejército a Tarragona. en una marcha de setenta días. y Asdrúbal. como se prueba por la inmediata imposición en las ciudades indígenas de los patrones monetales ro­ manos. seguían fieles a los cartagineses (Apiano Ibér. 38). C. XXVIII 16. SÍ no antes7. embarcado.

Escipión consideraba llegado el momento de ajustar estas cuentas pendientes. se prestaron a una bárbara celebración de los juegos fú­ nebres que estaban arraigados en las costumbres y re­ ligión. Hombres. con una ter­ cera parte de las tropas. no lo había conseguido sino en parte y a costa de una dura batalla. y tenía que cumplir sus votos a los dioses y celebrar juegos fúnebres. La conquista romana 33 mando. había vuelto a manos de los cartagineses al ser derrotados los Escipiones. donde los indígenas se defen­ dían con la ayuda de tropas cartaginesas que se habían acogido a sus murallas. pac­ tó con los romanos la entrega de los púnicos y la rendi­ ción de la ciudad. Zonaras IX 10). Escipión consideró terminada su tarea en Hispania. el propio Escipión fue herido en el asalto. mujeres y niños fueron muertos. Cerdubelo. Había vengado a su padre y a su tío. ciudad que. vivía del saqueo de las tierras vecinas y se había dis- . mientras Escipión se dirigió contra la otra ciudad. la orden de asediar a Cástulo. Los de U urgi8 habían hecho lo mismo. donde la colonización púnica tenía viejas raíces. y los romanos. Según alguna fuente (Apia­ no Ibér. El asal­ to de ésta fue muy violento. además. El veterano L. A Marcio le correspondió completar la conquista de tierras al sur del Guadalquivir. como en los espectáculos que más tarde serían tan populares en Roma. sino que los hispanos.1. des­ pués de haber dado acogida a los romanos en los desas­ tres. Cástulo. que ya vimos había estado de parte de los romanos en los años anteriores. despreciado- res de la vida. Marcio recibió. A llí estaba Astapa. pero. se los habían entregado a los cartagineses. marchó Escipión contra Cástulo. En és­ tos no intervinieron esclavos ni gladiadores profesiona­ les. por liquidar en ordalías sus cuestiones pendientes o por dar muestras de su valor personal. no dieron cuartel. en su sed de venganza. a pesar de su situación poco fuerte estratégicamente. Un jefe indígena. y el incendio y la destrucción casi borraron la ciudad odiada. Una vez sometida esta ciudad. 32.

que aún lleva su nombre. como vamos a ver. y luego se retiró y. con sus mujeres e hijos. pero al volver a Gades se en­ contró excluido de la ciudad. y por eso contra ia presencia de un p r a efectu s. y encargaron a cincuenta soldados escogidos que cuando vieran todo perdido dieran muerte a las familias y prendieran fuego a la pira donde habían acumulado las riquezas. Conforme al acuerdo que se celebró. 5). Liv. estaba exenta y libre de tener un gobernador romano. Magón. los ciudadanos. sin duda aprovechando el momento de la rebelión de los ilergetes. pero tuvieron. que dominaba la ciudad e intentaba con­ centrar allí la escuadra' de los puertos africanos y del sudoeste de la Península (Liv. en el foro. XXXIII 2. tanto Marcio como Lelio. intentó con mala fortuna tomar por sorpresa Cartagena (Liv. tomaron la resolución de concentrar sus ri­ quezas. que sabían la suerte que les esperaba. se complicó). que regre­ sar a Cartagena a tratar cori Escipión (muy probablemente en el momento de crisis en que el general estuvo enfermo y la situación. Hubo algunas operaciones me­ nores. 3). Así se hizo cuando la superioridad romana deshizo el desesperado ataque. 33. de paso. 6). X XVIII 36). que recibió órdenes de la metrópoli de tras­ ladarse con la escuadra desde Gades a Italia. Cádiz entonces se entregó a los romanos (Liv. El duro ejemplo de la destrucción de Astapa puso en manos de Marcio toda la región (Apiano Ibér. con atribuciones de tal. Luego hizo incursiones sobre las costas de Italia. en 199 (Liv. 34 Historia de la Hispania romana tinguido por sus ataques a soldados. Atrajo con engaño a los magistrados gaditanos y los castigó. Mensajeros de Gades se presentaron después y ofre­ cieron rendirse y entregar a los romanos al jefe cartagi­ nés Magón. Marcio con sus tropas y Lelio con una flotilla esperaban que ca­ yera la rica ciudad fenicia. XXVIII 23. Cuando Marcio la asedió. fundó en Menorca la ciudad de Mahón. XXVIII 37). En la rendición de Cádiz . hubieron sus ciudadanos de protestar poco después. XXVIII 23. comerciantes y vi­ vanderos romanos (Livio X X V III 22).

Liv. También es posible que los indígenas se dieran cuenta de que el resultado de las victorias de Escipión era para ellos el paso a una nueve dominación. La re b elió n : In d íb il y M andonio. no a la lejana y abs­ tracta república romana. Es posible que los lazos de fidelidad contraídos por los pueblos de Cataluña y los celtíberos se limitaran. a un lugar conveniente. La defección de los jefes indígenas se ha explicado como consecuencia de una grave enfermedad de Esci­ pión (Liv. Marchó Escipión hacia el norte. a la persona de Escipión. Indíbil. se encaminó a Roma. después de aceptar la sumi­ sión de Mandonio. . en la mentalidad de los in­ dígenas. La conquista romana 35 a los romanos intervino el príncipe númida Masitiisa. Hubo una batalla de aniquilamiento. 1. sin contar la moneda acuñada. Polibio (X 31) presenta a Escipión en la necesidad de probar que la victoria sobre los cartagineses se debía exclusivamente a los romanos. que dio lugar a motines entre los mismos soldados romanos.000 li­ bras de plata. Una tercera parte de los efectivos indígenas con­ siguió escapar del cerco.). atrajo al enemigo. cuatro días después de pasar el Ebro. con el cebo de presentar algo de ganado. XXVIII 31 ss. que deseaba volver a Africa en compañía de Escipión pata reorganizar su reino. y ya en el territorio de los lacetanos. con su jefe Indíbil. 9. en la que la superioridad romana se impuso. desde allí. Escipión marchó a Tarragona y consideró terminada triunfalmen­ te su campaña en la Península (Polib. no a la ayuda y colabora­ ción de los hispanos. S um isión 'de Hispania En las fiestas con que Escipión celebraba en Carta­ gena la victoria tuvo que dar cuenta a la asamblea de sus tropas de la rebelión del jefe de los ilergetes. para no llegar tarde a las elecciones consulares. y portador de un tesoro de 14. X X V III 24)·.. X I 32 s.

como Sutherland hace notar. poco más tarde. La lealtad a Escipión la entendían los indígenas como puramente personal. Mandonio y los demás promotores de la rebelión fueron . Una nueva era comienza para la Península9. Por el valle del Ebro la influencia ro­ mana. Lén- tulo y L. con algunas colonias griegas en un país ibérico. Léntulo y Acidino. se metieron en el país de los ausetanos y se hallaron frente a una amplia alianza indígena. La Ulterior era un país que consistía en el rico valle del Guadalquivir. que se extendía de Ampurias a Tarragona. con ciu­ dades púnicas tan importantes como Cádiz. y terminó clavado en el suelo con un p ilu m mientras su gente se desbandaba. con las tropas. Marcio. Parece. y no se sentían obli­ gados con unos representantes nuevos de Roma (Livio XXIX 1. sin embargo. Los nuevos generales romanos se encuentran otra vez con la sublevación de los ilergetes y otras tribus de Cata­ luña y Huesca. Junio Silano y L. a un plan. pero. Sagunto y Cartagena. La distribución geográfica no obedecía. 19). que limitaba con los celtíbe­ ros de Aragón. las zonas mi­ neras de Sierra Morena y la costa meridional. con las minas de Cartagena y los tributos pagados en los denarios de acuñación indí­ gena llamados a rgen tu m O scen se. X X V III 38). aparecen registrados en Livio como mayores. Económica­ mente era más rica la Ulterior. La que luego se llamó Citerior era poco más que una faja costera. se extendía hasta Lérida y Huesca. la Península va a organizarse en dos provincias. por de pronto. dos gene­ rales que explican por qué. en los primeros tiempos los rendimientos eco- nomicos de la Citerior. que por plebiscito se hicieron cargo como procónsules del mando de estas tropas L. por las relaciones con los ilergetes. 36 Historia de la Hispania romana dejando al frente de los ejércitos de Hispania a M. Manlio Acidino (Liv. Indíbil sucumbió animan­ do a los suyos en el combate. correspondientes a la región de la costa del Mediterráneo y al estrecho y valle del Guadalquivir.

. No falta quien atribuye a la nueva división territorial.Hispa­ nia en dos provincias.). Los hispanos de la región. sin reconocer la soberanía romana. Mientras tanto. nombrados por plebiscito. Los pretores en Roma. la Citerior y la Ulterior. con órdenes de establecer los límites de la doble provincia. Los saguntinos apresan y llevan a Roma a unos emisarios cartagineses que pretendían. Siguen unos años de paz hasta 201 a C.000 infantes y 400 caballos. XXX 2 1 . lo cual puede hacer comprender el por qué de las sublevaciones indígenas del año siguiente. Para alcanzarla deben haber sido buen argumento las 43. si no el triunfo. en los que Léntulo y Acidino continúan con su mando proconsular.000 libras de plata y 2. se aumentaron de cuatro a seis en número 10. 5). XXXI 49. Todavía en la batalla del Medjerda la desesperada actuación de los celtíberos salvó a los cartagineses (Polib. con su secuela de endurecimiento de la ad­ ministración. Otra noticia interesante de esa misma época es que la llegada de trigo de Hispania hace bajar los precios en Roma (Liv. 38). XXIX 2. La conquista romana 37 apresados y ejecutados.450 de oro que aportó al erario como botín. para atender a las nuevas provincias. Estertinio. ya que no había sido ni cónsul ni pretor. XIV 7 s. En los años 190 y 198 consta que los procónsules Cn. 11) sabemos que les fueron dados a los pretores respectivos. XXXI 20). Apiano Ibér. la sublevación general de Hispania. . C. Hel­ vio (197). llevaron a Roma enormes cantidades de plata y oro. el procónsul C \ Cornelio Cetego vence una sublevación indígena en la región de los ede- tanos (Liv. XXX 26. aceptaron pagar tributo a los romanos (Liv. reclutar mercenarios en España (Liv. 7). al menos la ovatio (Liv. para lo que no había antecedentes. En el año 200 Léntulo regresa a Roma y consigue.1. Por Livio (XXXII 28. Es entonces cuando toma forma la división d e.3 ). Sempronio Tuditano y M . sendos ejércitos nuevos de 8. hasta treinta tribus. Cornelio Blasión y L.

No sólo murieron muchos romanos notables en ella. Q. y tan gravemente. no se puede decir que consiguiera dominar la sublevación. Por otro lado. Livio cita a Carmona. Helvio. que puede interpretarse como de indígenas y fenicios unidos. se le concedió. sino que él mismo fue herido en la batalla. pero apenas termina­ da aquélla. Fabio Buteón y Q. 6).38 Historia de la Hispania romana 10. en la Ulterior. el triunfo. X X X III 21. 8). N ueva su b lev a ció n d e Hispania: Catón Los años anteriores habían estado ocupados los roma­ nos con la guerra con Filipo de Macedonia. sino tam­ bién en el valle del Guadalquivir. Porcio Catón fue desig­ nado por la suerte para poner fin a la difícil situación en que se hallaba la dominación romana en la Península Hay que comprender que los romanos carecían de expe­ riencia colonizadora y habían heredado el imperio carta­ ginés en el sur. Geográficamente. sin embargo. en la Citerior sabemos que el procónsul C. Sexi. junto a una ciudad de difícil identificación que se cita como Turba (Liv. la costa mediterránea y el sur carecían . mientras que en el valle del Ebro y al norte se trataba de tribus por primera vez dominadas. Minucio consiguió vencer a los cabecillas Budar y Besadin. Ahora no son sólo los belicosos pueblos de la Citerior. que había sido aliado de P. pero aparte de la gran aportación de plata que hizo al erario. donde estaba de pretor M. Sempronio Tuditano quedó en desesperada situación ante la sublevación de pueblos que desconocemos. y sufrió una derrota. El rey Culchas. Málaga y la región de Bastetania como focos de la rebelión. C. que había de­ jado en segundo término a Hispania. que expiró poco después (Liv. XXX III 25. en 195. Por fin. reciben cada uno una nueva le­ gión y otras tantas fuerzas de latinos e itálicos. se hallaron ante la nueva sublevación en sus dominios de la Península (Liv. Cornelio Escipión en la batalla de Ilipa.). el cónsul M. Minucio Termo. Debió de ser por lo que los pretores del año siguiente (196 a. 4). apoyado por otro cau­ dillo. XXX III 44. se levanta en Andalucía. Luxinio. de la Ulterior y Citerior.

000 latinos. pudo marchar a Roma a celebrar su victoria. La falta de fijación étnica de la Península. por ejemplo. Rode y Ampurias. Hay referencias. como ya dijimos. los límites de las zonas paci­ ficadas y ricas. sabe­ mos que en su retirada de la Ulterior venció a los cel­ tíberos y sometió a una Iliturgis. y en vano intentaríamos establecer un orden cronológico de las diversas noticias. con un ejército consular de dos legiones y 15. A las puertas mismas de Ampurias tuvo que proceder con el hierro y el fuego. sin duda exageradas. a una concentración de 4.000 enémigos esperando su desembarco en Ampurias (Apiano Ibér. y al fin. las cuales. se dirige primero a las ciudades griegas del nordeste. en la que beli­ cosos indoeuropeos buscaban tierras fértiles y ciudades ricas que conquistar. Los relatos que nos quedan de la actuación de Catón en España son muy confusos.1. antes dominadas por los cartagineses. M. de 197. que quizá no es la fa­ mosa sobre el Guadalquivir. Apio Claudio Nerón para la Ulterior y P. sino otra no tan alejada de Celtiberia.000 infan­ tes y 200 jinetes. Catón llega a España en estas circunstancias. Helvio. y le acompañan los dos pretores de las provincias. se resienten. procónsul. que Catón fue bastante inhábil en su política con los cel tíberos. con los territorios bárbaros del interior. en conjunto. complicaba la situación de los romanos. desde el cam­ pamento de Catón. los cuales tenían cada uno una legión de su predecesor y un refuerzo de 2. eran inestables. XXX III 43). según las críticas de E. con su escuadra de 25 naves. Badian. La conquista romana 39 de unidad y. Llevó riquezas sacadas de Hispania y por pri­ mera vez se mencionan las monedas de plata que habrían de seguirse llamando a r gen tu m O s cen sé. Badian cree. De la gravedad de la situación da idea el hecho de que Catón. de una leyenda favorable que dominó toda la historiografía romana. 40). Manlio para la Ci­ terior (Liv. por otra parte. Por enfermedad había tenido Helvio que quedarse en Hispania dos años. lo que prueba que los romanos habían perdido casi todo el país. .

Como Livio dice (XXXIV 18). pues no se trataba ya de predicar la liberación frente a los carta­ gineses. pues se refiere a Saguntia (XXXIV 19). afirmó e¡ dominio romano. Ante el fracaso de los pretores. Consiguió desconcertar. El texto de Livio es confuso. 28) y se daba cuenta de la significación de estas riquezas para la eco­ nomía de Roma. Schulten (FHA . por pacificar Cataluña. Pero Catón éstudiaba el país y hacía sus cálculos: le ad­ miraban las minas de plata y de hierro. empren­ dieron una campaña en el sur para someter a ios turde- tanos. Los dos pretores. con sus ejércitos reunidos. sino de reducir a los hispanos a servidumbre. En la pacificación de Cataluña Catón intentaba impo­ ner a los indígenas el desarme como seguridad de la paz. naturalmente. conservó su nombre desde que este pretor. la tarea de Catón era mucho más difícil que la de los Escipiones. pero no parece creíble que Catón llegara. los cuales disponían de mercenarios celtíberos (Liv. y aunque no despejó del todo la situación. pasó por allí en esta campaña. 22. la tomó con todas las reglas de la poliorcética. que hubo de comenzar. Schulten supone (Numantia I 328) que el saltus Manlianus. en el Jalón. de la Citerior. tan lejos sin que conservemos memoria de otras acciones guerreras suyas en Andalucía. que podría entenderse como la ciudad de este nombre (Baños de Jigonza) en la provincia de Cádiz. Pero la-situación era tan insegu­ ra. el cónsul hizo en un solo día desmantelar las murallas 12 de todas las ciudades. a los mercenarios celtíberos. que se resistió.40 Historia de la Hispania romana No sabemos dónde se encontró Helvio con Catón. desde el barrio indígena de Ampurias hasta llevar su cuar­ tel general a Tarragona. Manlio. examinaba la montaña de sal de Cardona (Gelio II. . XXXIV 17). Catón hubo de diri­ girse al sur. cuando aún duraban las negociaciones. y Segéstica. con promesa de doble paga y otras ofertas. que bastó el rumor de que el cónsul iba a continuar su marcha hacia el sur para que los montañeses de Berga se sublevaran otra vez y tuviera que retroceder a some­ terlos n.

11). e intrigaba para sucederle en la provincia (Plut. 5. botín más rico que el de sus antecesores. El cónsul volvió contra ellos y tomó la ciudad de los lacetanos (que otros leían iacetanos. como administrado con más honradez. Quizá. La conquista romana 41 III 189) corrige este nombre en Seguntia. es decir. sin em­ bargo. Si- giienza. más 123. por consiguiente.400 libras de oro. pero ¿cómo vamos a explicar entonces que ahí se hable de turdeta- nos? Por otra parte.000 de plata no acuñada. y cree reconocer el campamento de Catón en el de Aguilar de Anguita. y el propio Catón habla en sus fragmentos de ir a T ur ta. habían aprovechado la ex­ pedición del cónsul hacia el sur para atacar a sus veci­ nos. de Jaca). co­ mienza en Hispania un período en que si. el gran Escipión vigilaba con recelo la actuación de aquel enérgico h o m o n ovu s. Estos movimientos de Catón son más bien un recono­ cimiento general de la provincia que una conquista. pues el sucesor de Catón. Los p ro b lem a s d e l d o m in io d e Hispania Mientras Catón celebraba su triunfo en Roma y entre­ gaba al erario 1. por una parte. hay en este dato una confusión. por él descubierto. XXXIV 46. Eran un estudio de las posibilidades económicas de His­ pania y de lo que representaban para Roma. Mientras tanto. Pero Turdetania es citada por Livio en relación con estas campañas. Cornelio Escipión Nasica (Liv. en las hostiles regiones de la Celtiberia superior (Schulten FHA III 188). hijo de Gneo y primo hermano. 2). XXXIV 43). ya que puede deducirse de una referencia de él mismo que incluso pasó por las cercanías de Numancia.1. .000 denarios de tipo romano y 540. 11. es decir. por otra. Del texto de Livio (XXXIV 20) resalta claramente que lös lacetanos. con la categoría de pretor de la Ulterior. se hacer. en Cataluña. protegidos de los romanos.000 ibéricos (Liv. el dominio romano está consolidado. es evidente que Catón fue el primer general romano en penetrar en la Celtiberia occidental. fue P. Cat. del Africano.

000 soldados en batalla contra los lusitanos (Liv. Toledo. Le pre­ miaron en Roma con la ovatio. 7). Estos problemas son la inexperiencia de los romanos para organizar un dominio colonial en un país lejano y bastante extraño. El propretor Escipión Nasica hubo de enfrentarse (194 o. clien­ telas en España. ayudado por tropas hispanas. cuando iban cargados de botín. fue tomada por él en 192 a. Perdió Emilio 6. y mientras. la Península hubo de pagar a duro precio la codicia insaciable de los gober­ nantes que sucesivamente enviaba la república. con otras ciudades de problemática identificación. sin duda. y además de gran extensión. y con los oretanos. J. Estos problemas tardarían siglos en resolverse. 190). hasta eliminar todo el peligro de presión de los pueblos libres sobre las zonas sometidas. por dificultades en el reclutamiento de nuevos soldados y en el viaje. que tenía. Van Nostrand. que atacaban la parte pacificada de la Ulterior y los derrotó en retirada. XXXVII 46. mejor. 193. como dice J. Para los años siguientes hablan las fuentes de luchas. mejor. procónsul de la Ulterior. y .) consigue batir brillante­ mente a los lusitanos.42 Historia de Ia Hispania romana evidentes los problemas que tal dominación llevaba consigo. C. Flaminio. el futuro vencedor de Perseo de Macedonia. pues la región estaba agitada. L. ocupados entonces en la guerra contra Antioco de Siria. C. en buena parte bárbaro y no urbano. sin duda cuando él intentaba proteger los territorios sometidos. unas veces favorables y otras adversas a los romanos. hubo de retrasarse en Italia. intentaba levantar en ella un frente con­ tra los romanos. que obligaría a los romanos a ampliar continuamente sus fronteras. pero al año siguiente (189 a. por el retraso en el viaje y toma de posesión) con los lusitanos. pretor de la Citerior. Fulvio Nobilior. inicia en la Ulterior una actividad importante. penetró en las regiones occiden­ tales y se encontró con los vacceos y vetones. quizá porque todavía Aníbal. «la principal importación de Hispania a Roma entre 200 y 133 era la experiencia». Aunque C. En 191 (o. M. Emilio Paulo.

) infligió una derrota a los celtíberos junto a Calahorra y entró en Roma con gran botín de oro y plata. El triunfo. Manlio Acidino (Liv. XXXIX 21). Atinio (188-187 a. C. pero sufrieron un des­ calabro no lejos. De él se conserva quizá la más antigua inscripción romana de Hispania. Los dos pretores. su colega L. llevó a Roma gran cantidad de oro de Hispania. excepcionalmen­ te desinteresada y honorable. y también los suesetanos. Quincio Cris- pjno (186-185 a. sin embargo. Suponen Bosch y Aguado (HE II 69) que lusitanos y celtíberos operaban ya en este momento de acuerdo. uno de los pretores designados para España cae en una emboscada de los ligures en su viaje a través del sur de Francia. XXXIX 30)..1. Parece que frente a los pueblos indígenas pretendían los romanos fijar una línea norte de la Ulterior en el Tajo que apoyara la de la Citerior contra los celtíberos. Designa entonces el senado propretor a P. Mas en los confines de la parte de Hispania que se iba romanizando rápidamente. La conquista romana 43 pacificar el país (Liv. consiguieron reparar el desastre y des­ hacer las tropas indígenas. con sus depredaciones de los territorios civilizados y so­ metidos. aunque él perdió la vida sitiando aquella plaza (186 a. Luego. XXXIX 7. Los lusitanos debieron . Calpurnio Pisón y L. pero. no alcanzó el triunfo. XXXVII 57). ibid.de Toledo. Liv. el decreto en que se da libertad a los esclavos de la Torre Lascutana (CIL 1 2 614). sin duda. Junio Bruto. 6). C. sino una simple acción de gracias (su pplicatio) a los dioses. lusitanos y celtíberos constituían un peligro constante (Liv. El pretor C. ni siquiera la ovatio. cerca de Jerez (Liv. Del año 184 sabemos que los lusitanos fueron derro­ tados. C .). en una empeñada batalla. le fue denegado conforme a la antigua regla de que sólo se daba al que había pacificado del todo la provincia.) venció a los lusi­ tanos en Asta. En 198. En su gestión. en la que los pretores tuvieron que intervenir personalmente. y que la situación de los romanos debió ser apurada. Ello les valió el triunfo. C. operaron con­ juntamente en la región central. por su derrota ini­ cial.

por el Jalón. el legado de Fulvio. Apiano Ibér. dejando en Hispania veteranos. el ejército había de volver a Roma. pues para el triunfo necesitaba ir acompañado de sus tropas. Al año siguiente. que estaban desde hacía años hartos de aquella guerra inacabable y dispuestos a sublevarse si no se terminaba (Liv. mien­ tras se autorizaba al pretor saliente. 42).000 hombres. Pero. interpeló en el Senado a L. Fulvio.44 Historia de la Hispania romana quedar fatigados de estas luchas y no se mencionan en los años siguientes. XXXIX 42 y 45) y le fue dada la ova­ tio (Liv. Ful­ vio inició una última expedición contra los celtíberos aún no sometidos. La tarea de conquista (lo que signi­ ficaba originariamente la voz p r o v in cia ) parecía termi­ nada y. XL 30 ss. Fulvio Flaco tomó la ciu­ dad de Urbicua o Urbiaca. desde luego. En 192. y. Mi- nució. derrotó al año siguiente a los suesetanos y celtíberos (Liv. Terencio Varrón. por consiguiente. XL 16. mientras llegaba su sucesor. vencedor de los suesetanos. Graco pedía o tropas nuevas o que no se licenciara sino a los soldados que hubieran cumplido su servicio. plaza que tomó (Liv. en Celtiberia. como suele suceder en las guerras coloniales. Tal era la opinión de los soldados. 7). si creía que la pacificación de los celtíberos era tan segura como para que la beli­ cosa provincia pudiera mantenerse sin ejército. En los co­ mienzos del año 180. Q. a que retirara los soldados que llevaran más de seis años en Hispania. A. de la región conquense (Liv. y las campañas se am­ pliaban y extendían sin que se viera el fin. Estas campañas de Fulvio Flaco permitieron a sus enviados presentar al senado la guerra de Celtiberia como terminada. XL 35). XL 16). re­ . en Carpetania. El nuevo gobernador designado de la Citerior. Tibe­ rio Sempronio Graco. Como Minucio no pudo dar se­ guridades sobre la actitud de los celtíberos. la intención del jefe. a pesar de que los celtíberos acudieron a so­ correrla. y penetró desde allí. el mismo pretor operó en la región de Aebura. en dirección al país de los lusones y a Contrebia. en las cabeceras del Duero y el Tajo. se le conce­ dió a Graco un nuevo ejército de 14. el ejército aumentaba cada año.

Sabemos también (Apiano Ibér.anlianu¿. celtí­ beros y lusitanos. Llegó luego a Roma con grandes riquezas para el erario y para distribuir a sus tropas. en el saltus M. de su colega. que se convirtió en dura batalla. incluyendo la vertiente oriental del siste­ ma ibérico. campañas con los pueblos que se hallaban en las fronteras. el pormenor geográfico es bastante con­ fuso en Livio al hablar de estas campañas. y. por consiguiente. y entonces los celtíberos interpreta­ ron estos movimientos como una evacuación. y con esta revali­ dación de sus laureles dio fin a su mando (Liv. las serranías de Cuenca y la Mancha. tras dura campaña. La conquista romana 45 cibió entonces órdenes de Graco de que acudiera con sus tropas a Tarragona para transmitirle el mando y para proceder al licénciamiento de los soldados cuyo servicio estuviera cumplido. es decir. 43) que Graco pudo socorrer a Cáravis. 12. hacia Tarancón. en la región de los carpetanos. y celebró el triunfo. pretor de la Ulterior. Los indígenas reconocieron la superioridad militar de los romanos de Graco y aceptaron pagar tributo. entre el Ebro y el saltus Castulonensis. Des­ graciadamente. Postumio Albino. es decir. de la que no tenemos otra noticia. y de una victoria.) repre­ senta un intento de solución en la defensa de la His­ pania sometida. en la parte meridional de Celtiberia. La ganó el romano. 32) parece resumir sus triunfos al hablar de la sumisión a Graco. Hacia la co n so lid a ció n d e las fro n te ra s La actuación de Tiberio Graco (180-179 a. de 105 ciudades. A Ful­ vio se debe la pacificación de la que se puede llamar Celtiberia exterior. XL 39 s). C. quizá sobre los vacceos a que se refiere Livio (XL 47-50). y sometió Ergávica. Livio nos informa de que Graco tomó Alce. y no sabemos qué hacer con su referencia a Munda y Certima. que debía estar en el valle del Jalón. desco­ nocidas en Celtiberia y que pertenecen a la Ulterior.1. Por ello le vemos coordinar sus fuerzas con L. sobre el . se encontró Fulvio con una emboscada. Una escueta noticia tardía (Orosio IV 20.

cf. Los numantinos guarda­ rán memoria de la nobleza de Tiberio Graco y no que­ rrán fiarse en su última guerra sino del hijo del general (Plutarco Tib. 44). que eran «amigos». Schulten (FHA III 222 s. Pero muy bien puede tratarse de otras tantas en­ tidades políticas autónomas. La lealtad con que guardó Graco sus juramen­ tos fue echada de menos por los indígenas en los gober­ nadores que más tarde les tocaron en suerte. X X X III 24) inició Graco una política de mano dura y luego oferta sincera de paz. 5. El conflicto de los romanos con los lusitanos y celtíberos se com­ prende porque estas tribus conservaban la idea de que entregar las armas era lo mismo que quedar reducidas a esclavitud. . y ello explica las repetidas rebeliones. princi­ palmente los arévacos. 163). lo que Posidonio ridiculizó diciendo que muchas de ellas no eran sino castillos o for­ tines. Diod. A consecuencia de estos arreglos de Graco se establece una diferencia entre los celtíberos sometidos y los celtíberos libres del nordeste.46 Historia de la Hispania romana Ebro. y también esto ex­ plica el ataque de Viriato contra ella (en 140-139). con prohibición de construir nuevas ciudades fortificadas (Apiano Ib ér. La frecuencia del nombre de Sempronio en la región de Clunia habla (Schulten FHA III 223) de la labor de romanización que allí inició el pretor en 179. pequeñas tribus y burgos en las regiones del alto Duero y Tajo hasta el Ebro. pues así adquiriría derecho a acuñar plata con el patrón romano. que estaba sitiada por los celtíberos. Graco sometió. 13 p. Con los de Complega (que probablemente es confusión con Con- trebia. Gr. con Bosch y Aguado (HE II 78). trescientas ciudades. a pesar de la superioridad militar romana. pero no súbditos 13. Se puede pensar. según Polibio (Estrabón III 4. Sabemos que en los tratados Graco impuso a los cel­ tíberos tributos y levas de tropas para auxiliar al ejército romano. con los que Graco sería más benévolo que con los cel­ tíberos de la vertiente oriental y del sur. 2). como señala A. Tam­ bién hay alguna referencia a acuerdos con los arévacos. que Segóbriga entró enton­ ces en alianza con Roma.).

ya que a partir de 167 nos falta la historia de Tito Livio. XLÍ 26 y 28). pues una inscripción hallada hace poco acredita a Graco como d e d u c to r o fundador de la pobla­ ción romana de la Iliturgi andaluza 14. C.000 y 20. Es muy probable que en Festo esté equivocado el nombre de Ilurcis como primi­ tivo de Graccuri. que en 171 acuden en embajada al senado y se quejan de rodillas de que ellos. los aliados de Roma. XLI 15. son peor tratados que los enemigos. precisamente por resultar tan desfavora­ bles para Roma.1. C. en parte porque después de la guerra de Perseo los sucesos no son ruidosos ni decisivos. La conquista romana 47 La ciudad de Graccuri (hacia Alfaro) lleva en su nombre la huella de las victoriosas campañas de Tiberio Sempronio (Liv. buscaban toda clase de pretextos para no ir a sus respec­ tivas provincias Ulterior y Citerior. M. Cornelio Escipión Maluginense y P. Liv. Por entonces se ha­ bían sublevado de nuevo los celtíberos.) del que sabemos poco. y para señalar la falta de sucesos en el período citado hace notar que los libros XLIV y XLV de Livio tratan cada uno de un año. Fueron nombrados patronos . alcanzaron el triunfo en Roma y entregaron al erario (177 a.). en parte también por la pérdida de fuentes. a los que venció Apio Claudio Centón con ganancia de gran botín (175 an­ tes de Cristo. por el mismo tiempo. Sabemos (Liv. 5) que los pretores del 177. 40. mientras que el XLVI y XLVII comprendían siete cada urto. XLI). XLI 7).000 libras de plata (Liv. En la Ulterior. sin duda sobre los lusitanos. respectivamente. Postumio Al­ bino alcanzó victorias. Helmut Simon comienza su monografía sobre las guerras de Viriato y Numancia insistiendo en la credibilidad de las noticias historiográficas. Los dos pretores. Graco y Albino. La codicia y arrogancia de los gobernadores romanos llevaba a la desesperación a los hispanos. Per. El senado concedió a los embajadores que los pueblos aliados y sometidos nombrasen patronos que en Roma los apoyaran. L. Licinio Craso. A la brillante actuación de Graco sigue un largo perío­ do de casi un cuarto de siglo (177-154 a.

al mando de Olónico. Así nació (171 antes de Cristo. La dominación romana en Hispania se resiente de la falta de fórmulas jurídicas. el pretor Canuleyo. Una cuestión jurídica nueva se planteó ante el senado por el mismo tiempo: la de la situación de los hijos de soldados romanos y mujeres hispanas. como veremos. X LIII 2) gobernadores que habían tenido conducta honrada y justa: Catón en primer lugar. Per. Floro I 33. pero el gobierno y el senado se limitaron a castigarlos con un destierro a corta distancia de Roma. 46). aunque con amenazas exteriores. De la intranquilidad de la Península da idea que los lusitanos fueran reprimidos con diversa fortuna en 163 (Liv.48 Historia de la ííispania romana (Liv. y en el interior. . Al año siguiente. encargado de instruir la causa. P. Dos de los ex pretores. Liv. 13) que los celtíberos se rebelaron de nuevo. C. llamada Marcolica. pretor de ambas Hispanias. X LIII 2). y que de nuevo. y el senado se limitó a restringir las facultades de los magistrados romanos en la fijación del precio del trigo que se había de pagar en Hispania como impuesto de la vigésima (Liv. que en número de 4. En 170 a. se suble­ varan en 155 (Apiano Ibér. Y mientras las grandes suble­ vaciones de 155 no atraen de nuevo la atención de Roma. Furio y M. sabemos (Liv. Claudio Marcelo. Un solo pretor gobierna la Península durante la guerra de Macedonia (169-168).000 pedían se les diera condición legal. Per. Emilio Paulo y C. tomó una ciudad de identificación desconocida. 56). Escipión Nasica. fueron objeto de gravísimas acusaciones. 43. se marchó a Hispania para no tener que proceder contra otros. que sólo se fijarán por una comisión senatorial después de la guerra de Numancia. X LIII 3) la colonia latina de li­ bertos en Carteya. inquietos y agobiados por el duro gobierno que los ex­ plotaba implacablemente. M. sus dominios en Hispania se mantienen en los límites de Graco. Matieno. Sulpicio Galo (este último era pretor aquel año). la primera fuera de Italia.

Mumio (pretor en 153).1. de arcaica lengua y cultura indoeuropea. monta­ ñeses. que formaba ya parte de la provincia Ulterior. Púnico. reducido a un tercio de su ejército. Calpurnio Pisón Cesonino sufren una grave derrota. En conjunto. se había dirigido hacia el Algarve. Ha­ cia 155 aparece entre ellos un caudillo. Se puede bien suponer con qué interés se . hoy Arcila). una banda de lusitanos llegó hasta las mismas costas del Mediterrárieo. 57). ya desde 154. a las órdenes de un Kaukainos. Los pretores Manio Manlio y L. y tomó Conistorgis. la situación parecía en Roma muy grave (J. Los lusitanos Quedaba en los confines de la parte civilizada y pa­ cificada de Hispania un pueblo libre. entre ellos el cuestor Terencio V arrón15. Los lusitanos pregonan ante las tribus libres de His­ pania su triunfo. con pérdida de 6. La conquista romana 49 13. la mayor parte de su ejército. Pasaron luego el estrecho de Gibraltar y llegaron hasta Ocile (que debe ser Zilis. Pero otro grupo de lusitanos. Obsequens. Mumio los persiguió hasta allí y los aniquiló completamente (Apiano Ibér. Al fin pudo sorprender a los lusitanos cuando se retiraban y rescatar botín y enseñas (Diod. que al principio hubo de retroceder. año 154. llamado Púnico. Liv. el futuro conquistador de Corinto. Pastores rudos. los vetones. que organiza las tradicionales correrías de aquella nación por los fértiles campos del sur. Per. No importó que su jefe. 56). XXXI 42. 47). Arrastrando a sus vecinos orientales.000 hombres. de la orilla sur del Tajo. los lusitanos. tras lo cual consigue escapar al norte con su presa. especialmente entre los celtíberos·. tenía que preparar de nuevo a Sus soldados y rehacer su quebrantada moral. Es posi­ ble que esta campaña de Mumio en Africa tenga relación con la situación belicosa que existía entre Masinisa y los cartagineses. Apiano Ibér.000 hombres. muriera en esta expedición. Mu­ mio. pero sorprendió a éste luego y le mata 9. vencido por L. su capital. pues le sucede Cai- saros. codician continuamente las cosechas andaluzas y las riquezas atesoradas en las ciudades.

La ciudad de Segeda. interpre­ tando el tratado de 179. no localizada. del país de los belos (Belmonte. y en la guerra siempre renovada. A Mumio. incluso de otra tribu. Una victoria no signifi­ caba el doblegamiento de un poderoso estado. No era guerra que pudiera terminar con una gran batalla. Los co m ien z o s d e la gu erra d e Numancia Llama Polibio (XXXV 1) πύρινος πόλεμος.). 58). los titos. Dio inicio a la nueva guerra la interpretación de los tratados de Tiberio Graco. basándose probablemente en una fuente intermedia. que resurge una y otra vez en el monte des­ pués del incendio. Los de Segeda alegaban que el tratado prohibía fundar nuevás . guerra de fuego. al sudeste de Calatayud). Posidonio. y de la que se da el enigmático nombre de Oxthrakai (Apiano Ibér. que batió de nuevo a los lusitanos y les tomó su capital. ni los cuerpos cedían a la fatiga. El senado romano. comenzó a absorber ciudades menores. frente a naciones civilizadas. Aquí las almas de los hombres no se rendían. no poseemos sino los extractos que. Ati­ lio celebró tratados de paz con los lusitanos. hizo Apiano. le sucedió M. y planeaba ampliar sus murallas hasta un perímetro de casi 8 km.. que al fin celebró el triunfo en Roma. Atilio Serrano (W ilsdorf 96 s. como las que se hacían en Grecia o en Asia. prohibió continuar la muralla y exigió además el tributo establecido por Graco. Atilio coordina estas campañas con las de su colega Marcelo.50 Historia de la Hispania romana sabría en Cartago la difícil situación de los romanos en la Península. en la que tomó parte personalmente junto a Escipión Emiliano. a la que los romanos sostuvieron con los celtíberos. Polibio escri­ bió un libro especial para historiar esta guerra. 10 km. el doble del que alcanzó Nu­ mancia en su última guerra. apenas si los cortos inviernos eran una breve pausa. al parecer. Desgraciadamente. 14. que toma Nertóbriga. que había utilizado el es­ crito del gran historiador (Schulten FHA IV 4).

los de Segeda. el doble de lo que se solía dar a los pretores antes.000 hombres. sino el 1 de enero. para asegu­ rarse el paso a la Península (Wilsdorf 72. optó al fin por hacer la guerra a Roma. 3). pero los occidentales estaban insumisos. El desafío de los arévacos fue aceptado por Roma. con mujeres e hijos’ entre los arévacos. sobre Numancia. XXXI 39. al sudeste de Calatayud). Schulten (Numan­ tia IV 187 ss. 44). XXXI 42. 12 km. Las elecciones hubieron para ello de adelantarse.1. que no ha­ bían terminado aún su muralla. que envió inmediatamente (153 a. A ellos acudie­ ron los de Segeda. La conquista romana 51 ciudades fortificadas. que comenzó su intervención como mediadora entre los celtíberos some­ tidos y los romanos. que la suerte designó. la cual debía estar abandonada por sus naturales. al ñor- . con un ejército de cerca de 30. y los cón­ sules y demás cargos curules tomaron posesión no en marzo. Otra consecuencia de la inquieta situación de la Penín­ sula fue que los romanos hubieron de iniciar entonces la conquista de la costa de la Galia meridional. Ante la llegada del cónsul. C. Schulten FHA IV 10). Apiano Ibér. en comienzo de año. a la Citerior. Ya hemos visto que el límite de la zona de influencia romana dejaba dentro de él a los celtíberos orientales. La asamblea de este pueblo. FHA IV 12) estudió sobre el terreno la marcha de Nobilior desde Segeda (junto a Belmonte del Perejil.) a uno de los cón­ sules. La rebelión de los lusitanos y su primera victo­ ria sobre Mumio levantaron las esperanzas de los pueblos que no querían someterse a Roma y a su casi siempre expoliadora y corrompida administración (Diod. Fulvio Nobilior. como hasta entonces. Según Schulten y Lam- merer. 20 km. Floro I 34.. a partir de 153. Para campañas en país lejano el general había de ponerse en camino con tiempo suficiente para poder comenzar en primavera las hostilidades en el teatro de la guerra. pero no amurallar las ya existentes (Diod. fue en el barranco del río Valdano. Q. acogiéndose a la protección de los arévacos. que se convirtió. a Ocilis (Medinaceli) y Almazán. buscaron refugio.

46). que no los conocían (Apiano Ibér. en las inmediaciones de Numancia. La aparición de éstos por sorpresa en un combate pro­ dujo pánico entre los celtíberos. en la fiesta de Vul­ cano (23 de agosto). Los numantinos aprove­ charon la ocasión y causaron a los romanos 4. se concentraron en Numancia y eligieron jefes á Ambón y Leucón. después de la batalla de los Vulca­ nalia. quizá los vac- . y en el encuentro perdió 6. donde se encontró el cónsul con la emboscada. un almacén de víveres ene­ migo en Uxama 16. Nobilior era mal general. día para siempre nefasto en Roma.). También re­ cibió allí refuerzos de jinetes númidas que enviaba el viejo rey Masinisa. A llí debieron llegarle las peticiones de paz de los cel­ tíberos. perdió muchos soldados y tuvo que retirarse amparado por la noche. batalla a los romanos. Los arévacos. Apiano Ib ér. donde se instaló en un gran campamento que Schulten estudió (Numantia IV 41 ss). Nobilior continuó su marcha hasta la Gran Atalaya.000 infantes y 5.52 Historia de la Hispania romana oeste de Almazán. y diez elefantes. aun­ que la caballería romana que había quedado guardando la impedimenta atacó a los vencedores y dio muerte al propio Caro y a otros 6. pues los romanos no se conformaban sino con la sumisión total y el des­ arme (Diod. y los romanos huyeron. 49). lo que en Roma tuvo eco de gran catástrofe. Un nuevo fracaso tuvo Nobilior al atacar.. 45). a las que él no podía acceder. Caro (que otras fuentes llaman Megaravico o Kakyros). Ocurrió esta bata­ lla.000 jinetes. Los arévacos habían elegido jefe a un segedense. sin duda obligado por la necesidad. pero a la respetuosa distancia de 9 km.000 ro­ manos. el personaje cantado por el poeta Ennio. Consiguieron así los romanos llegar por el lado este de la ciudad hasta sus murallas. cit. en malas relaciones con Cartago. Envió luego' al pre­ fecto Blesio a buscar en un pueblo aliado. con 20. XXXI 41.000 celtíberos.000 muer­ tos. muy inferior a su padre.000 suyos (Apiano l. según nos cuenta Apiano {Ibér. aunque a costa de 2. pero un elefante herido contagió la espantada a los demás. el cual estaba dispuesto a presentar.

y así penetró hasta Ocilis. La conquista romana 53 ceos. y Blesio. se había pasado antes al ene­ migo. Esta inclemencia y los choques con el enemigo al salir a buscar leña. enviando. Llegaba Marcelo a la Citerior con un suplemento de 8. y supo librarse de una emboscada que le preparaban por la vía del Jalón los celtíberos. sucumbió a manos de los celtíberos. le costaron muchas bajas (Apiano Ibér. en una embos­ cada le abandonaron los jinetes aliados. No le quedó al jefe romano otro remedio que invernar en el campamento junto a Numancia. con todos los celtíberos. según su uso. con muchos romanos. y Marcelo no les exigió más que la entrega de 100 jinetes como auxiliares. sufriendo sus soldados hambre y frío bajo los hielos y la nieve. Esta ciudad se arrepintió de su rebelión y se le sometió. con escasa leña. Marcelo exigió que la paz fuera general. nieto dél conquistador de Siracusa. 47). taló los campos de la ciudad y acampó. envió a Roma re­ . Para colmo. Tal moderación hizo gran efecto entre los cel­ tíberos orientales: los de Nertóbriga (Calatorao) pidie­ ron la paz. Marcelo hizo una tregua. concediéndole Marcelo el perdón sin otra exigencia que la de rehenes y pagar una indemnización de 30 talentos de plata. a menos de obtener se­ guridades. ante ella. con las condiciones del antiguo tra­ tado de Graco.000 infantes y 500 jinetes. Como luego los nertobri- genses atacaron la retaguardia de Marcelo y saquearon sus acémilas. el cónsul M. caballería. De la humillante situación sacó a Nobilior un jefe ya experimentado en el gobierno de las dos Españas comó pretor (en 169 y 168). pidie­ ron la paz.1. y vencedor de los ligures. Los había entre ellos dispuestos a la paz. Asustados los de Ner­ tóbriga del aparato del asedio que traía el romano. el general desarmó a aquellos jinetes y los trató como prisioneros. amenazador. pero cuando éste volvía. la ciudad de Ocilis (Medinaceli). pero otros desconfiaban de los romanos y eran partidarios de la guerra. donde tenía Nobilior sus almacenes. Claudio Marcelo. que hubo de ser autorizado por ley especial para ser elegido cónsul tercera vez y salvar de su apurada situa­ ción al del año anterior. un mensajero re­ vestido con piel de lobo.

L. para la Ci­ terior. arrastrado por los belicistas. En este viaje al sur. no fueron admitidos a alojarse del lado izqifierdo del Tiber. La guerra se va a endurecer aún más por la creciente codicia e inmorali­ dad de los gobernadores romanos. los consejos de paz que daba Marcelo fue­ ron interpretados por muchos senadores como cobardía o deseo de éste de quedar de árbitro y luego con clien­ tela en la Península. Apiano Ibér. nombrado asimismo pretor de la Ulterior. podemos pensar que combinando sus operaciones con el pretor de la Ulterior. aprove­ chando la tregua con los celtíberos mientras los embaja­ dores estaban en Roma.54 Historia de la Hispania romana presentantes de las dos tendencias y recomendó por carta al senado que procuraran llegar a la paz. 48 s. por lo cual. a las órdenes de un cónsul. pero los de los aré- vacos. dentro de la Urbe. Apiano Ibér. En Roma. pág. ante el espíritu de protesta que dominaba entre el pueblo. sería designado por la suerte y no ppr leva. y ponía al frente de él. va a dar un tono implacable a las luchas. capitaneado por el joven pero ya influyente Escipión Emiliano. Los celtíberos partidarios de la paz pedían a Roma que man­ tuviera en Hispania un ejército adecuado. en Beturia (Fregenal de la Sierra). XXXV 2. la desesperación de los indígenas ante la rapacidad de un Lúculo o un Galba. y tomó la otra Nertóbriga. III. XXXV 3.). Estrab. 49). . como enemigos. remi­ tiendo a los embajadores celtíberos a Marcelo. 141). XXXV 2. El senado romano. Marcelo. Licinio Lucu­ lo (Polib. Marcelo pasó el invierno si­ guiente en Córdoba y dio a aquella ciudad una organi­ zación romana (Polib. Atilio. para asegurarla (Polib. votaba un nuevo ejército consular que. mientras que en Roma el partido que podría­ mos llamar belicista o imperialista. se esforzaba por resolver las dificultades que causaba la impopulari­ dad de la guerra. En Roma fueron recibidos como aliados los emba­ jadores de los celtíberos orientales. se le exhortó por carta a que continuara la guerra. venció a los lusitanos. 2. 1. al cónsul del año siguiente (151).

donde puso su campamento en el Castillejo. Estr. por ejemplo. Marcelo aprovechaba el tiempo que le dejaba el viaje del nuevo cónsul para arreglar la situación con los celtíberos. aceptaba estos acuerdos (Liv. FHA IV 21 y 41). guerra c o n los v a cce o s A pesar de la orden recibida de Roma de comenzar la guerra. 162. que creía que ceder ante los celtíberos sig­ nificaría perder autoridad en todo el imperio. pág.1. III 4. y se condujo de un modo que si a los belicistas de Roma les pudo parecer sospechoso. eran conocidas en Roma las características de aquella guerra. Por los re­ latos de Q. El Senado de Roma. hasta 15 toneladas de plata (600 talentos) (Apiano Ibér. 50. y los tri­ bunos llegaron a intervenir y a detener a veces a los cónsules. se ofreció de la manera más sorprendente al Senado para ir a His­ pania en la modesta condición de oficial. para que la juventud romana no re­ trocediera ante aquella guerra que siempre volvía a co­ menzar. se consituía en baluarte de Celtiberia y veía reconocidos sus derechos a encabezar a todo el pueblo celtibérico. La conquista romana 55 15. Para ello estaba . Escipión Emiliano. sus peligros. Ante actitud tan inquietante. con lo cual se gene­ ralizaba el desánimo de un modo del que no se recordaba semejante. tuvo tratos con Litennón. Paz en C eltiberia. pero devolvió los rehenes. Como los jóvenes de buena familia no se presentaban para ser tribunos o legados. Nobilior y sus tropas. Schulten FHA IV 21). 13. Per. 48). el jefe de los numantinos. y todos procuraban evitar el alistamiento. parece que batió a los numantinos. lo inacabable de ella. el valor de los enemigos. contradiciéndose. el hijo del vencedor del rey Perseo. ocupando Nertóbriga (Schulten. capital de los arévacos. Marcelo se ganó la confianza de los celtíberos y logró de ellos considerables donativos. M. quedó justificado por la evolución ulterior de los sucesos. El pueblo se resistía al alistamiento. los belicistas tomaron la iniciativa. Pero en Roma había un partido de la guerra. Claro que Numancia. Se presentó delante de Numancia. nieto de adopción del de Zama.

empujaron a Lúculo a atacar a otro pueblo. C). cf. Al día siguiente los ancianos se presentaron al general romano pidiéndole condiciones de paz. perdieron tres mil hombres. Se sometieron a ellas. los esfuerzos pacificadores de Marcelo habían dado fruto. además de suministrar fuerzas de caba­ llería. Luego. traicioneramente. metió sus tropas en la ciudad y dio con sus trompetas la señal de matanza . los vacceos. como su armamento no les permitía luchar cuerpo a cuerpo con las legiones. Liv. huyeron precipitada­ mente a su ciudad. Sin embargo. Mas el deseo de renombre m ilitar y la necesidad de enriquecerse. en batalla en campo abierto. cuando el nuevo cónsul llegó a la Penín­ sula (151 a. y se refugiaron en su ciudad. parece. sirvió para levantar los ánimos. Los indígenas repelieron talas y saqueos. y en la zona celtibérica reinaba la paz. dando rehenes y comprometiéndose a pagar cien talentos de plata. Esto. luchando como infantería ligera. como nos dicen los historiadores (Apiano Ibér. y daría así ejemplo en su patria. Per. vecinos orientales de los arévacos. nos cuenta Polibio (XXXV 4. legado en el ejército de Lúculo (Schulten FHA IV 24). 48). perseguidos y en la con­ fusión de enttar por las puertas. fue tribuno y luego. donde debió de recibir de Marcelo tropas y mando. y entonces. El brillante personaje. 50. basado en Polibio). bien instruido en el· arte de la guerra por su padre. provincia de Segovia) e hizo saber a los vacceos que los atacaba para castigar sus incursiones contra los carpetanos. Al cabo de pocos años iba a ser el vencedor de Cartago. de treinta y cuatro años a la sazón. hasta que agotaron todas sus armas arro­ jadizas. sin que hubiera deci­ sión alguna de Roma en tal sentido ni provocación por parte de ellos. Avanzó desde el valle del Tajo. Paulo Emi­ lio (que ya vimos había luchado con los lusitanos). hasta Cauca (Coca. pero Lúculo. colocaron a Lúculo en una situa­ ción apurada. 56 Historia de la Hispania romana dispuesto a renunciar a la función de árbitro que los macedonios le habían ofrecido. La larga distancia entre Roma y España había plan­ teado una situación absurda.

El asedio era. Coca fue saqueada. por lo que morían mu­ chos soldados. como forta­ leza tribal que era. Ibér. por fin. Escipión. Medió. un ejército de 22. y bajo su palabra de que se cumpliría el acuerdo. La conquista romana 57 sin cuartel. Una vez ganó Escipión la corona mural. faltaba también la sal.000 talentos de lana. Escipión. aceptó el desafío y tuvo la fortuna y habilidad. y la comida de ciervo y de liebre les resultaba insana. A su invitación a rendirse y hacer un tratado. de vencer al gigantesco bárbaro (Polib. ya que en la meseta faltaba la alimentación mediterránea: vino. Pero los romanos disponían de máquinas de sitio. los de Intercacia se rindieron bajo condición de entregar 10. Ap. El am­ biente geográfico era hostil. 53). por su perfidia y crueldad.000 hombres. trigo y cebada. XXXV 5. Intercacia —hacia Villalpan- do (Zamora)— .000 jinetes. 31 y 13. donde se había refugiado. los desgraciados super­ vivientes huyeron y el desprestigio de los romanos. un número de cabezas de ganado y cincuenta rehenes. contestaron los de Intercacia que si era para guardarlo con la misma fe que el de Coca.). fr. con penalidades para uno y otro bando. pero . brillantemente armado. se extendió ampliamente (Apiano Ibér. y las pobres murallas de Intercacia. pues la caballería de Intercacia se había quedado fuera y atacaba a los sitiadores por la espalda.1. de ellos 2. por lo demás. Continuó Lúculo por el desierto valle del Duero y llegó a otra ciudad vaccea. Como uno de los hispanos. desafiándolos a salir en orden de batalla. aceite. Comenzó entonces Lúculo a talar sus campos y a poner cerco a la ciudad. Los indígenas reparaban sus murallas y el sitio se alar-' gaba. salía una y otra vez a retar a los romanos en duelo sin­ gular. cedían por todas partes. peligroso para los roma­ nos. con el prestigio que guar­ daba entre los indígenas el nombre de su abuelo adopti­ vo. vinagre. Lúculo reclamó oro y plata. Otra vez los romanos fueron rechazados hacia una charca. ante una arcaica costumbre que a los romanos de entonces les parecería absurda. a pesar de su corta estatura y dç que su caballo fue herido. 51 s.

pero los de Palencia se le echaron encima y tuvo que formar el cuadro y marchar en esta disposición. acosados mientras en la Ulterior por Viriato. fueron las extorsiones de Lúculo las que llevaron al tri­ buno de la plebe L. lo que se convirtió en un desastre: 7. 48). lo que fue una fortuna para los romanos. a los lusi­ tanos.000 romanos perecieron. 71) había pasado a Africa. pues hay una referencia a que Lúculo consiguió la su­ misión de éstos (Liv. Lib. hasta el Duero. aparición d e Viriato En 151 los lusitanos habían vuelto a invadir la zona pacificada del sur. pero en su inexperiencia se lanzó en su persecución.58 Historia de la Hispania romana se llevó la desilusión de que aquellos indígenas no lo tenían (Apiano Ibér. En los años siguientes la paz se mantuvo en Celtibe­ ria. Per. Sin duda. La guerra con los vacceos terminó con una interven­ ción contra Palancia (Palencia). perse­ guido por ellos. que le parecería a Lúcu­ lo rica en oro y plata. lo que prueba los ambi­ ciosos planes de los belicistas en Hispania. como veremos. mientras seguían en vigor los prudentes arreglos de Marcelo. recogió allí los . Escipión (Ap. Es posible que en la campaña de Intercacia tomaran parte como aliados de sus vecinos vacceos los cántabros. El pretor Servio Sulpicio Galba acudió en socorro de una ciudad aliada. Lúculo empezó a segar las mieses. que fue aprobada para reprimir los robos de los gobernantes. 54). Hasta 143 no volvieron a producirse conflictos en esta región. tras una larga marcha nocturna venció al enemigo. A llí se habían refugiado otros guerreros indígenas. segura­ mente mientras Lúculo se dirigía a España. A llí se retiraron los perseguidores y pudo entonces el cónsul dirigirse hacia el sur a invernar y atropellar. en 149. 16. Galba se refugió con su escolta de caballería en Carmona. a proponer la primera ley d e p e cu n iis rep etu n d is. Calpurnio Pisón Frugi. a pedir al rey Masinisa elefantes y soldados. Galba en la U lterior.

cuando intentaban pasar el estrecho de Gibraltar. más codicioso aún que Lúculo. cf. ade­ más de hacer muchos prisioneros. 8). Cuando estas bandas se encon­ traban cercadas por el pretor C. y el tribuno L. Schulten FHA IV 106. El escándalo de tal conducta no se extin­ guió nunca. H. Vetilio. que se había dado cuenta del mecanismo de las continuas incursiones. con el viejo M. ofreció a los lusitanos tierras ricas que les salvaran de leí miseria de sus montañas del centro de Portugal. Organizó con sus lugartenientes una batida contra ellos y mató a 4. en número de 8. con la esperanza de que los organizara en ciudades: hizo tra­ tados y les obligó sucesivamente a deponer las armas. II 15. Se concentraron los lusitanos. Los desgraciados lusitanos también tuvieron que su­ frir los golpes del arrogante Lúculo. de retirada de su inicua campaña contra los vacceos. en los lugares que mandó Galba. cuando el nuevo caudillo se ofrece. En vano los lusitanos. 62). acusaron al cruel pretor. Inst. A otros 1. IX 6.000 (Valerio Máx. y recordándoles . pero entre ellos estaba Viriato (Apiano Ibér. se guardó la mayor parte del botín. que vendió como escla­ vos. o quizá el año anterior. a recorrer la Turdetania. eludir la justicia (Quint. pero parece exagerado. Ya los lusitanos iban a rendirse con la promesa de tie­ rras. apro­ vechar el invierno (151-150) para reprimir a los lusita­ nos. Galba. Decidió éste. Cornelio Cetego. donde inver­ nó (Apiano Ibér. el poderoso y elocuente personaje pudo. 30.500 les dio muerte..000. divi­ didos en tres grupos. C. Pocos pudieron escapar. Catón y L. sin embargo. La criminal conducta de Galba no impidió que los lusitanos volvieran en 147 a. aparece Viriato. que veían a los romanos saquear sus tierras. y una vez cercados hizo matar a todos. 58).000 da Suetonio Galba 3. Escribonio Libón. invocaban los tratados que habían hecho con Atilio Serrano en 152. Galba. 1. acudiendo a la compasión del tribunal. La conquista romana 59 restos de su ejército y marchó al Algarve. 2. aunque ya era el hombre más rico de Roma. Si­ mon 61).

que derrotó y casi aniquiló.300 jinetes mandados por el pretor C. Después pasó el Tajo y se instaló en un monte rodeado de oliva­ res dedicado a la diosa Venus (el cual se suele identifi­ car con la Sierra de San Vicente. que se lanzó en su persecución. hostilizó a Vetilio con su superior caballería y escapó hacia el punto de cita. «comenzando su invernada desde la mitad del verano». Los romanos huyeron a Cárteya. a su vuelta a Roma. 61). fue muerto por un lusi­ tano que pensó que aquel viejo demasiado obeso no servía para nada. al norte de Talavera). dio orden a todos de huir y dispersarse. con lo que el cuestor se vio reducido a esperar en Carteya hasta que Roma tomara medidas (Diod. 63).60 Historia de la Hispania romana la perfidia de los romanos. les anima a defenderse (Apiano Ibér. lo cual le desacreditó como general y le llevó. Aceptada su jefatura. como dice Apiano (Ibér. Viriato montó a ca­ ballo. prisionero. reducidos. Viriato hizo víctima al pretor. por lo que tuvo que retirarse hacia las ciudades del sur. 64). Así comenzaba una guerra que iba a durar ocho años (Apiano Ibér. 62). Tenemos noticias de que sacrificó a los rehenes de los de Segovia porque éstos no quisieron traicionar a los . se llevó consigo a 1. Los romanos fueron sor­ prendidos y Vetilio. Plautio Hipseo.000. 64).000 sol­ dados y 1. para concentrarse de nuevo en la ciudad de Tríbola (de situación desconocida). Viriato pudo imponer su autoridad en amplios territo­ rios. Apiano Ibér. XXXIII 1. XXX III 2). Los romanos enviaron contra él un ejército de 10. al destierro (Diod. De nuevo Viriato fingió huir y atrajo tras sí a 4. y allí apenas si el cuestor pudo animarles a que defendieran las murallas. a 6.000.000 romanos. de sus asechanzas.000 hombres. pero fue vencido y sufrió muchas pérdidas. En el año siguiente (146) hallamos a Viriato saquean­ do la Carpetania. en el estrecho. Cinco mil celtíberos que habían llegado de las tribus de belos y titos reclutados contra Viriato fueron muertos por éste sin que quedara uno para con­ tarlo. de 10. y allí acudió otra vez Plautio en son de guerra. «país fértil» (Apiano I b ér .

VI 4. 6. hermano carnal de Esci­ pión. acudió a Gades a hacer sacrificios y encomendarse a Hércules. Fabio Máximo Emiliano. No tenemos más pormeno­ res. y quedán­ dose a invernar en Córdoba. Schulten FHA IV 114). Al fin. y por una referencia de Cicerón (D e o ff. que en Roma. También venció Viriato a Claudio Unimano. pero Fabio no quería responder a los ataques sino tras cuidadosos ejercicios. hubo que reclutar entre gente muy joven. Viriato atacó a los romanos inmediatamente. en la campaña de Macedonia. atrajo a los de Segóbriga a una emboscada y los aniquiló (Front. Esci­ pión se opuso (Val. C. pero podemos creer que buena parte de Lusitania. Imitaba en estas disposiciones a su padre. 4). cf.) que mandó el nuevo ejército de 17.000 hombres. el amigo de Escipión. estuvo Fabio en condiciones de medirse coñ el lusitano y saqueó una de las ciudades de Viriato e incendió otra. La conquista romana 61 romanos (Pseudö-Frontino IV 5. por lo que Roma tuvo ahora que enviar un ejército consular. Lelio. Simon 85) o prefecto de la Citerior (Schulten FHA IV 112). quizá pretor (W ilsdorf 97. III 10. . Concentró el cónsul sus fuerzas en Osuna. que no se sabe qué cargo tenía. 2). H. le derrotó de modo decisivo. rechazando al caudillo hasta Baikor (que parece ha de identificarse con Bécula [B ailén ]. y cuando en 144 se trató de que viniera un nuevo cónsul. II 40) parece que el pretor C. y mientras las hacía ejercitarse para la campaña.1. y 11. durante los que fue estudiando las reacciones del enemigo mientras los suyos recuperaban la confianza en sí mismos. Los resultados del año que el cónsul pasó en Hispania no eran muy brillantes. sin duda con el deseo de que su hermano pudiera sacar los resultados de sus preparativos y experiencias. en su segundo año de mando. y sobre todo las regiones occidentales. Toda la provincia Ulterior estaba amenazada por Vi­ riato. Q. 22). fue el cónsul (145 a. agotada por la última guerra púnica y la tercera macedónica. Máx. Paulo Emilio.

por fin. Per. sin duda. sobre todo en Andalucía y la meseta del Guadiana y el Tajo. cuando. es decir. Viriato consiguió. C.000 caballos. 17. Quincio se vio en situación apurada. . y en su alianza con los celtíberos quedaban amenazadas no sólo las ciudades andaluzas. La situación de buena parte de la His­ pania romana. y los del noroeste. Un cabecilla llamado Olónico levanta a los celtíberos.000 hombres.62 Historia de la Hispania romana con algunas ciudades. 66). Con ello Viriato daba a la guerra una dimensión peninsular. Es en este contexto en el que han de entenderse las guerras de Viriato y Numancia. sino las dos provincias romanas. amenazaba el mismo valle del Ebro. de Itálica (Apiano Ibér. a caballo sobre la divisoria de las mesetas. a las épocas de las grandes invasiones. llegó a ser caótica. volviendo. 53). unidos a Roma por los arreglos de Marcelo. Marcio. y así vino (143 a. Cecilio Metelo Macedónico a la Citerior con un gran ejército de 30. los romanos envían a Q. como en la vertiente oriental de Celtiberia. con 2. belos y arévacos. Quincio hubo de retirarse a Cór­ doba y encomendar las operaciones a un hispano- romano. y desde allí atacó Tucci (Martos) y la región de Bastetania. C. habían sido sometidas por él (Liv. le­ vantar contra los romanos a titos. volvió el lusitano a su acostumbrada base de los montes de Venus.) Q. a todos los celtíberos. los orientales. según ciertas fuentes. ya sometidos. Pompeyo 17 como pretor a la Citerior (el mis­ mo que volverá como cónsul a luchar en Numancia) y a Quincio a la Ulterior. La g u erra d e Viriato s e ex tien d e a Celtiberia En 143. Aunque el pretor Quincio batió a Viriato en su pro­ vincia. La gravedad de la situación volvió a exigir la presen­ cia de un cónsul. Estamos mal informados. mientras que el empobrecimiento del país por el prolongado saqueo de los gobernadores romanos debe haber endurecido y he­ cho miserable la vida. pues la reacción indígena.

Venía este h o m o n o v u s (141 a. con su ejército metido en barrancos en los que perdió despeñada mucha gente. sin duda un lusitano. pensando que aque­ lla sería plaza más fácil que Numancia. Pasó luego a Edetania. como Lúculo. por las llanuras del Duero. traicionando a la guarnición numantina 19.1. Metelo supo mante­ ner la disciplina en sus tropas y se acreditó como un hábil general. XXXIII 17) que Lagni. 76). sorprendiendo a los vacceos cuando estaban segando el grano.000 infantes y 2. FHA IV 39 s. y tomando por sorpresa Contrebia. C. fue cortar a los celtíberos de los lusitanos y entrar. desviando un río (que Schulten inter- . También sabemos (Diod. con el que acampó frente a Numancia (Schulten Num. des­ pués de que la ciudad fue salvada de su asedio por los numantinos. donde cada día perdía en escaramuzas soldados. Pom­ peyo al siguiente año (140 a. La conquista romana 63 mas parece que lo que intentó. al intentar sor­ prender al cónsul).). Sucedió en el mando contra los celtíberos a Metelo su enemigo político Q.) como cónsul y se encontró al frente de un excelente ejército íntegro de 30. Una pequeña compensación fue que se le entregó el cas­ tillo de M alia. Volvió. Pero también fracasó y llegó a verse en situación apurada. Pero su inhabi­ lidad lo arrastró a una batalla y fue derrotado (Ap. sometiendo Nertóbriga y pactando con Centóbriga. Ibér.) contra Numancia e intentó cercar a la ciudad por el este. para cortarle las comunicaciones. de los que ninguno se resignó a la esclavitud y todos hubieron de ser muertos (Ap. tras actuar en la Cel­ tiberia anterior18 (donde muere Olónico.000 ca­ ballos. C. III 157 ss. Ibér. Al fin la tomó. Pasó luego a atacar a Termes. 76).. quiso rendírsele traicionando a aquéllos. cpn mando prorrogado por el Senado. Numancia y Termes quedaban en realidad aisladas al frente de los celtíberos belicosos (Ap. Q. donde tuvo que reprimir las correrías de Tangino. a juzgar por el nombre. lo cual se confirma por lo indomable de sus hombres. dejando ir libres a los numantinos qué la guarnecían. I 356. 77). Ibér. Pompeyo.

por lo que no le fue difícil hacer un juego doble (Cic. y antes se apre­ suró a buscar en secreto una paz. después del cónsul L. También los numan­ tinos estaban fatigados de la guerra. El Senado se inclinó a la paz y también a relevar las tropas.600 caballos. que actuó en 142 sin éxito. los poderosos Mételos y Cepiones acusaron al advenedizo Pompeyo en un rui­ doso proceso. 64 Historia de Ia Hispania romana prêta como el Merdancho. 79. XXX III 1 9 )20. al que ños referiremos más adelante. rey de Numidia. Num. III 28). Metelo. a las bases romanas. Ibér. pero los celtíberos atacaron a los soldados que trabaja­ ban en la apertura del canal. En estos con­ fusos manejos Pompeyo se quedó con las entregas de plata que habían hecho los celtíberos. incluso un tribuno (Ap. para reunirse con la mi­ sión del Senado. venida sin duda con la esperanza de acabar la guerra. Con esto abandonó Pompeyo el plan de circunvalar la ciudad. además de deshacer una columna de aprovisionamiento que se dirigía al campamento (Ap. el excón­ sul Q. Diod. devolvían los tránsfugas y se comprometían a pagar 30 talentos de plata (Ap. Dión Cas. Con estas fuerzas se dirigió sobre . avergonzado de sus repetidos fracasos. Fabio Máximo Serviliano. I 358. y como el Senado no quiso ratificar el acuerdo. así como a los que habían salido a buscar víveres. y les causaron muchas bajas. 77). Era en 141 gobernador de la Ulterior. con la d ed itio . se quedó a invernar en el campa­ mento frente a Numancia. Pompeyo. Rep. Consiguió además elefantes de Micip­ sa.000 infantes y 1. A ello se sumó que los numantinos provocaron a los romanos a com­ bate y los vencieron. pues mientras en público exhortaba a los numantinos y ter- mestinos a ponerse a merced de los romanos. a pesar de que había in­ tervenido la comisión senatorial. FHA IV 42). Pompeyo volvió entonces. a pesar de que los soldados bisoños sufrían del frío y de disentería. fr. Ib ér. 78. 78). con 18. establecía con ellos en secreto un acuerdo por el que los numantinos entregaban rehenes. Ibér. que llevaban en España los seis años regla­ mentarios de campaña.

Ibér. ya que se llamaban Curio y Apuleyo. 68). un lusitano. que parece Fabio hizo en condiciones poco satisfactorias para el orgullo romano. de Livio. al modo lusitano. saquea Levan­ te.. Entonces tomó ciudades que estaban ocupadas por fuerzas de Viriato. 67). no sin ejecuciones y ven­ tas en masa de esclavos.1. Ibér. pero fiado en sus fuerzas. Eiscadia (quizá Astigí. atacó a éste luego y fue derrotado. por otro. y Viriato no podía contar con su pueblo. p. de Oxyrh.. reconociendo la independencia de los lusitanos y decla­ rando amigo a Vmato (Pap. Ecija) y Gemela (que debe ser Itucci) y Obúlcula (entre Carmona y Ecija). Vemos a Viriato ofreciendo la paz a los romanos. Lo mismo que Tangino. propone identificar con Arsa de Beturia). que le obligaron a retroceder. año 140. como Masdeu. lo que permitió al romano invadir la Beturia y tras tomar allí cinco ciudades. Pero Viriato se hubo de retirar a Lusitania. llegar al Algarve. después de un dominio de muchos decenios. en Andalucía tuvo el citado Fabio Serviliano que someter a un ban­ dolero llamado Connobas. los romanos se habían he­ . Por un lado los hispanos buscaban terminar con una situación insoportable. parece se daban cuenta de que. Schulten FHA IV 119. 143 Rossbach). Encontró allí jefes de bandas. Vemos que en toda la Península la situación era caó­ tica. y unos romanos o hispano-romanos acaudillan bandas en los límites meridionales de Lusitania. y restable­ ció así su dominio en la Bética.000 hombres. desde donde atacó las tierras de los lusitanos. Viriato siguió hostilizándole y lo en­ cerró en Tucci (Ap. con pérdida de 3. lo mismo qué los numantinos. Ocho años de guerras e in­ cursiones habían agotado a los lusitanos. posiblemente hispano-romanos. y un pánico del que sólo la noche le salvó. pero cortan­ do las manos. al que perdonó. a toda su gente. sin embargo de lo cual les ofreció la paz (Ap. Persiguiendo a Viriato llegó a Erisane (que. La conquista romana 65 Tucci y consiguió resistit el ataque de Viriato. donde el jefe lusitano volvió a poner en un aprieto a los romanos.

66 Historia de la Hispania romana

cho imprescindibles como factor de orden y estabilidad
económica. Conocemos (Diod. X X X III 7, 5) un apólogo
en el que Viriato explicó a los de Tucci la desastrosa
situación de las ciudades de Andalucía: un hombre de
edad madura tenía dos mujeres, y la joven le arrancaba
las canas para igualarle con ella, mientras que la otra,
que era vieja, con el mismo fin le arrancaba los cabellos
negros; así era destruida la ciudad que pasaba una y
otra vez de las manos de los romanos a las de los re­
beldes de Viriato.

18. La gu erra s é r e c r u d e c e : fin d e Viriato

No obstante la paz establecida por Fabio Serviliano
con Viriato, su sucesor en la Ulterior (140 a. C.), el
cónsul Q. Servilio Cepión, hermano carnal de Fabio,
encontró el acuerdo ignominioso y recomenzó, con la
aprobación del Senado, y saltando sobre el tratado apro­
bado por el pueblo romano, la guerra. Cepión era un
hombre arrogante e implacable, que se complacía en
humillar a sus soldados (Dión Cas. fr. 78, Wilsdorf 103).
Viriato tuyo que evacuar Arsa y retirarse. Cepión en
su , persecución pasó a Carpetania, y aún más allá, ya
que las fuentes (Apiano Ibér., 70, cf. Diod. XXXIII
1, 4; 19 y 21) nos hablan de que llegó al país de los
vetones y al de los calaicos.
En efecto, Cepión, que construyó la turris Caepionis
(cuyo nombre pervive en el pueblo de Chipiona) en la
boca del· G u a d a lq ^ r, abrió una vía de penetración
militar que preparaba la sumisión de todo el oeste de la
Península. El debió fundar acaso Caepiana, en la región
de Setúbal, y su nombre se conserva también en un castra
Servilia, que conocemos en Cáceres (Schulten FHA
IV 123).
Puede decirse que, paralelamente, el cónsul M. Po­
pilio Lenas (139 a. C.) se hacía cargo de la provincia
Citerior y rechazaba la paz pactada por Pompeyo con
los numantinos. Estos se indignaron y acudieron al Se­

1. La conquista romana 67

nado, pero allí prevaleció la política de guerra (Ap.
Ibér., 79).
Mientras tanto, Popilio secundó a Cepión en el ata­
que a Viriato, y éste se apresuró a pedir la paz, mas
para ganar tiempo el cónsul iba proponiendo una a una
las condiciones, entre las que estaba la entrega de tráns­
fugas; naturalmente los lusitanos no quisieron rendir
las armas (Diod. XXXIII 19, Dión fr. 75).
Entonces Viriato se volvió a Cepión en busca de paz.
La insoportable arrogancia del procónsul llevó al ejér­
cito a la insubordinación, pero acudió Cepión a los mé­
todos que ya había empleado en la política de Roma
contra el tribuno Asellus, y compró a los tres embaja­
dores que Viriato había enviado como amigos, Audas,
Ditalcón y Minuro. Aunque Viriato, en esta situación
desesperada, apenas dormía y se acostaba revestido de
sus armas, los traidores, aprovechando que las personas
de confianza podían despertarle a cualquier hora, le
sorprendieron en el primer sueño y le hirieron en el
cuello, la única parte que la armadura dejaba al descu­
bierto. Los asesinos pudieron huir al campo de Cepión
y sólo a la mañana siguiente se descubrió el crimen. Los
lusitanos hicieron a su caudillo magníficos funerales,
quemándolo en una inmensa pira, con sacrificio de nu­
merosas víctimas y desfiles de guerreros que cantaban
himnos, los cuales, cuando se consumió el fuego, lu­
charon por parejas, en número de doscientas, en duelo
sobre su tumba (Ap. Ibér. 71, Diod. XXXIII 21).
El caudillo lusitano, que mereció ser llamado, como
leemos en el poeta Lucillo, «el Aníbal de los bárbaros»
(verso 616 ed. Marx), consiguió atraerse a su gente en
íntima adhesión, y sólo la corrupción romana contagiada
a sus ayudantes pudo acabar con él a traición. La histo­
riografía a'ntigua presenta en Viriato el puro guerrero,
representante de los pobres, en contraste con su suegro,
el rico lusitano Astolpas, que busca la protección de los
romanos. En Viriato brillan las cualidades de sobriedad
y dureza del bárbaro, pero en la conciencia popular que
alcanzan los lusitanos, paralela a la de los celtíberos,
tenemos una respuesta a la opresión colonial.

68 Historia de la Hispania romana

19. Campaña d e B ru to en Galicia;
d esa stres ante Numancia

La desaparición de Viriato, que fue sentida por los
romanos como una vergüenza, tanto que los senadores
negaron la recompensa ofrecida a los asesinos (Pap. de
Oxyrh. de Livio, años 139, 138), mientras que de Cepión
se dijo que «no ganó su victoria sino que la compró» (Val.
Máx. IX 6, 4), significó el final de la resistencia lusitana.
Fue Viriato la personalidad militar más importante que
produjeron las tribus hispanas (Just. XLIV 2,7); la justi­
cia y equidad en el trato con sus guerreros, su sencillez y
virtudes personales le permitieron mantener durante
varios años, en medio de situaciones difíciles, su pres­
tigio. Algún cabecilla intentó mantener la bandera de
Viriato, así Táutalo o Táutamo, que hizo correrías por
Levante y Andalucía y terminó por rendirse a Cepión
(Ap. Ibér. 72, Diod. X X X III 1, 3).
La ruina de Viriato abría a los romanos las puertas
del lejano noroeste. Décimo Junio Bruto, un severo mi­
litar, cónsul (138 a. C.) designado para ir a Hispania
cuando aún se creía vivo a Viriato, emprendió una
campaña que tenía por objeto pacificar toda aquella
agreste región y sin duda buscar el dominio de las mi­
nas de oro que íiabía en ella. Bruto se propuso explorar,
una vez sometidos los lusitanos, las regiones del curso
inferior de los ríos Tajo, Duero y Limia. Obraba de
acuerdo con su pariente el cónsul Lépido (137 a. C.), que
enviado a la guerra de Numancia había invadido el país
de los vacceos. En esta expedición (136 a. C.) iba el
codicioso Décimo a dominar las ciudades del país y a
obligar así a las bandas de lusitanos a regresar a sus
puntos de origen (Ap. I b ér. 71). Sabemos que en Morón
(hacia Santarem) estableció su base de operaciones, y
que fortificó Lisboa, como llave del río Tajo (Estra­
bón, III 3, 1, p. 152).
A pesar de la dura resistencia, en la que las mujeres
tomaban parte, consiguió Bruto ir reduciendo en sus
montañas a los lusitanos. Pasó en son de guerra el Due-

1. La conquista romana 69

ro y, sin duda apoyado por una escuadra que le seguía,
atravesó con sus soldados el legendario Limia, que era
llamado río del Olvido, y se suponía que como el infernal
Leteo borraba en la memoria del que de sus aguas bebía
los recuerdos de la orilla que quedaba atrás. Se acercó
al Miño y hubo de enfrentarse con los calaicos braca-
renses. También luchaban las mujeres, y al ser venci­
dos, éstas se suicidaban y mataban a sus hijos. Algunas
tribus se sometieron a Bruto, pero se rebelaron y hu­
bieron de ser sometidas de nuevo (Apiano Ib ér. 72).
Por primera vez penetraban los romanos en aquel mis­
terioso mundo del noroeste, rico en oro, donde se seguía
navegando en las barcas de cuero que la leyenda irlan­
desa atribuye a los pobladores que llegaron a la isla
desde España.
Los talabrigenses, que varias veces se habían someti­
do y se habían vuelto a rebelar, hubieron de ser trasla­
dados a otro lugar, después de entregar rehenes, armas
e.incluso todos los bienes comunales (Ap. Ibér. 73).
En estas campañas ganó Bruto el sobrenombre de
Calaico y regresó a Roma vencedor al cabo de cinco o
seis años. Fue uno de los más grandes conquistadores de
la Península y sus campañas fueron memorables. Paci­
ficó todo el actual territorio portugués, desde los confi­
nes del Algarve y la Beturia, que en los años anteriores
habían sido repetidas veces invadidos por los lusitanos,
hasta el mismo Miño. Fundó Valencia con lusitanos y
con veteranos de la guerra de Viriato.
Pero quedaba Numancia. El Senado, como ya hemos
visto, había decidido una política de guerra, anulando
los falsos acuerdos de Pompeyo. PopiMo (139-138), el
sucesor de éste, sufrió un descalabro al dejarle los nu­
mantinos acercarse a la ciudad; luego atacó, sin éxito,
a los lusones (Liv. Per. 55, Ap. Ibér. 79, Frontino III
17, 9). Su sucesor, el cónsul C. Hostilio Mancino (137
a. C.), que había salido de Roma con malos augurios
(Liv. Per. 55, etc.), había de llevar a los romanos ante
la pequeña ciudad celtibérica a la situación más humi­
llante, que sólo se compararía con el legendario desastre

70 Historia de la Hispania romana

de las horcas caudinas; con su ejército desmoralizado
por las repetidas derrotas bajo los generales anteriores,
fue varias veces vencido en sus choques con los numan-
tinos. Asustado ante el rumor de que los cántabros y
los vacceos venían en socorro de los arévacos, huyó en
la oscuridad de la noche y se refugió en el derruido
campamento de Nobilior, en el que la defensa era im­
posible. A llí lo cercaron los numantinos y tuvo que
aceptar, a pesar de sus fuerzas, cuatro o cinco veces
superiores, un tratado de poder a poder (Ap. Ibér. 80).
Sabemos por Plutarco (Tib. G raco 5 s.) que en este
arreglo, de cándida generosidad por parte de los nu­
mantinos, el nombre y la persona del joven Tiberio
Graco, cuestor en el ejército de Mancino, fueron decisi­
vos para los indígenas, que recordaban el tratado de 179
con su padre y se quejaban de que los romanos no lo
cumplían (Cl. Cuadrigario fr. 73, Peter), y así se sal­
varon 20.000 ciudadanos romanos. En el saqueo del
campamento, los libros de cuentas de Graco cayeron
en manos de los numantinos, quienes invitaron al joven
a que entrara en la ciudad y disfrutase de su hospitali-
'dad, y se los devolvieron.
El tratado que para salir de. su apurada situación hubo
de hacer Mancino no fue aprobado por el Senado, que
acordó enviar al otro cónsul, M. Emilio Lépido, a His­
pania y llamar a Mancino para someterle a juicio (Apia­
no Ibér. 80). El Senado, a pesar de las reclamaciones de
los embajadores de Numancia, que exhibían el texto del
acuerdo, invalidó el tratado, y sin tomar en cuenta que
Mancino alegaba que él había heredado de Pompeyo una
situación muy grave y un ejército desorganizado, y por
otra parte no había cedido territorios de posesión roma­
na, dejaron libre a Pompeyo (Val. Máx. V III 5, 1), y
decidieron, siguiendo la leyenda de las horcas caudinas,
entregar a Mancino, a los numantinos, como responsa­
ble (Ap. Ibér. 33, Dion Cas. fr. 79). La trágica enemis­
tad de Tiberio Graco, defensor del tratado, y Escipión
Emiliano, portavoz de los belicistas, quedaría sellada
con la anulación del tratado de Mancino.

1. La conquista romana 71

El cónsul M. Emilio Lépido Porcina (137 a. C.),
mientras se resolvía en Roma este asunto, decidió actuar,
pues el historiador nos dice que a menudo no eran las
conveniencias de la república, sino la codicia del saqueo
y el afán de triunfos y prestigio personal lo que movía
a los generales romanos. Acusando a los vacceos de que
habían aprovisionado a los numantinos, entró en su país
y puso sin ninguna justificación sitio a Palencia, la ma­
yor de sus ciudades (Ap. Ibér. 80), que ya hemos visto
tenía fama de rica. '
Lépido desatendió las órdenes del Senado, que expre­
samente le prohibió mediante emisarios metiera a la
república en una nueva guerra. Su actuación fue desas­
trosa, y sólo la casualidad de un eclipse de luna (1 de
agosto de 136, según Schulten FHA IV 56), que detUvo
a los indígenas en su persecución, salvó a su derrotado
ejército, pues reducido al hambre, se retiraba abando­
nando a su suerte a heridos y enfermos. El Senado le
destituyó y más tarde le impuso una multa (Ap. Ibér.
81 s.) por haber ocasionado un desastre (Liv. Per. 56).
Mientras tanto, el Senado, tras un apasionado debate,
había resuelto entregar a Mancino a los numantinos, lo
mismo que contaban se hizo dos siglos antes tras el
desastre de las .horcas caudinas, y con tal misión vino
a España (136 a. C.) el cónsul L. Furio Filo. Sus rivales
en la candidatura del cargo, Metelo y Pompeyo, que
habían intervenido en la guerra de Numancia (Dión Cas.
fr. 82), hubieron de acompañarle como legados en aque­
lla bárbara ceremonia en que Mancino, con las manos
atadas y desnudo, fue puesto por el p a te r patratus,
el fecial mayor de Roma, delante de las puertas de Nu­
mancia (Ap. Ibér. 83, Cic. De orat. I 181, Liv. Per. 56,
Veleyo II 1, 3, Oros. V 4, 20).
Los numantinos no recibieron a Mancino, que volvió
tras un día entero de humillación al campamento roma­
no. La guerra, pues, seguía, pero Furio no se atrevió a
atacar a la ciudad celtibérica, y su sucesor, el cónsul
Q. Calpurnio Pisón (135 a. C.), sufrió una derrota;
parece que para compensarla hizo una pequeña incur­
sión hacia Palencia (Ap. Ibér. 83).

72 Historia de la Hispania romana

20. E scipión; fin d e N umancia -

La plebe romana, indignada ante la incapacidad de
los gobernantes, impone en plebiscito la elección, aun­
que no era una figura popular, ni naturalmente se había
presentado a candidato, como cónsul por segunda vez,
de Escipión Emiliano, el vencedor de Cartago (Liv. Per.
56, Apiano Ibér. 84). El Senado hubo de pedir a los
tribunos del pueblo que suspendieran la ley que impe­
día la reelección, además de superar su propia re­
pugnancia ante los sentimientos autoritarios de Esci­
pión, poco acordes con la constitución republicana, y
hostiles a las corrientes populares y reformado­
ras (Liv. Per. 57).
El Senado, por lo demás, no le concedió nuevas tro­
pas (Plut. A pophth. Scip. 15), pues la guerra con los
esclavos sublevados en Sicilia absorbía fuerzas, y las
campañas de Hispania habían devorado una leva tras
otra. Escipión tuvo por consiguiente que conformarse
con las tropas romanas de Hispania y acudir con su
prestigio personal a su clientela de reyes de Africa y
Asia, que le enviaron gente y dinero, à los veteranos
de la guerra púnica, y a sus clientes romanos, que for­
maron una escolta personal como imitando el regimiento
real que él había conocido en Macedonia, y una brillante
c o h o r s am icorum , en la que figuraba el genial Polibio,
el poeta Lucilio, los historiadores P. Rutilio Rufo y
Sempronio Aselión, además de jóvenes que serían luego
brillantes personalidades, como C. Mario, cuya carrera
profetizó Escipión en Numancia, C. Graco, C. Memio
y el príncipe africano Yugurta, que llegaría a Numancia
con 12 elefantes y tropas de su abuelo Micipsa. Acom­
pañaba también a Escipión su hermano mayor Fabio
Máximo, que ya hemos encontrado en la guerra de Vi­
riato en 145, y que era un general experimentado, y su
hijo Q. Fabio, futuro vencedor de los alóbroges. Las
nuevas fuerzas de Escipión sumaban 4.000 hombres.
Schulten (FHA IV y 61 s.) anota que los Emilios, los
hermanos de Escipión Emiliano, sustituyen a los Corne-

sino que tomó el más largo. marchaban en estricta formación. 87). olla de cobre y un plato.). Escipión tuvo que empezar por reorganizar el ejér­ cito. En el verano (134 a. prohibió también los masajistas que tenían los soldados. para aquella campa­ ña en tierras frías. y él mismo dormía en yacija de paja.1. 3). como si estuviera. con varas para los no ciudadanos. Ibér. limpiando el campamento de prostitutas. y restableció la disciplina (Ap. así introducidos por Escipión en la disciplina. obligando a los soldados a vender sus carruajes y caballerías y limitando el ajuar al reglamentario asador. pero no quiso dividir sus fuerzas ni enviar avanzadillas ni dejar guarniciones detrás. 57). con prohibición de otro guiso que la carne cocida o asada. I. prohibió el uso de camas. regutn 16). C. y se lo impuso a sus tropas reglamentariamente (Plut.000 navajillas y pinzas de depilar. Ibér. impuestos con azotes: con sarmientos. incluso desmon­ tando los jinetes y repartiendo el exceso de carga de las bestias a los soldados (Ap. Escipión se vistió el capote (sagutn) celtibérico. para los ciudadanos. Simbólicamente. Antes de entrar en campaña comenzó una serie de duros ejercicios. Liv. se acercó a los enemigos.. 86. Ibér. aunque muchos se lo aconsejaban. cada día tenían que hacer campamento nuevo con profundos fo­ sos. decía. A pophth. En su marcha iba segando los ce­ reales en verde. El poeta Lucilio alude a la limpieza de lujos del ejército con datos como el de que Escipión quitó a los soldados 20. Su método de evitar batalla hasta . rodeando por los pasos de Pancorbo para atacar el país de los vacceos. de negra lana. 85. granero de los numantinos. to­ mando provisiones para su ejército y destruyendo el resto (Ap. tratantes de mujeres y adivinos. el cual corrió y saqueó. de luto por la ignominia de su ejército.000 romanos e itálicos y 5. Per. Plut. afemina­ dos. y Polieno V III 16. La conquista romana 73 líos que se mantenían con puestos directivos desde los comienzos de la conquista de Hispania. una vez preparado el ejér­ cito (que se calcula de 19. cit.000 auxiliares hispanos). y no siguió el camino directo que desde el valle del Ebro iba a Numancia.

pero sin exponerse luego a perse­ guir a los enemigos (Ap. 5 Peter). y A.000 hombres.33.) imagina bien el asombro que debió sentir ante «la diminuta ciudad» qué había humillado a Roma. Schulten (FHA IV 74. y ya en terreno de los numantinos comenzó las hostilidades. De nuevo la prudencia de Escipión los salvó del peligro. uno a sus órdenes y otro a las de su hermano Fabio. el famoso Paulo Emilio. 152) los sitúa respectivamente en Castillejo al norte. Mientras las tropas se dedicaban al saqueo.. Por otro lado. hacia el otoño ante Numancia. Es posible que co­ rresponda también a esta campaña el suceso que cono­ cemos del pseudo-Frontino IV 7. y Peña Redonda al sur de la ciudad. el futuro cro­ nista. cuando Graco se lanzó al ataque de lo que debía creer una tribu en emigración. como nos dice un testigo. de una situación apurada en que se había metido con la caballería (Ap. había conseguido restablecer la disciplina. No hizo caso. d e Num. Sempronio Aselión (FHR fr. Ibér. incluidas las levas en el país y ayudas extranjeras. un grupo de romanos quedó metido en una aldea rodeada de terreno pantanoso. Ibér. de los desafíos de los celtíberos. 89). alcanzaba 50. fiel a su táctica. 142 s. entonces tribuno. Escipión llegó con un ejército que. que obligó a sus soldados a huir. pero no estaba seguro del valor de sus tropas. ni se dejó llevar de la tentación de atacar una ciudad mal for­ tificada por los lados este y sur.. Hist. de que los vacceos se atrincheraron una vez detrás de sus grandes carretas y en ellas colocaron a sus mejores guerreros disfrazados de mujer. 88). d e Num. pasó luego junto a Cauca pacíficamente. 74 Historia de la Hispania romana que no había otro remedio era el mismo de su padre. y decidió cercarla y . se encontró con una resistencia desesperada. puso dos campamentos. Vuelven ahora a sonar las ciudades vacceas que desde Lúculo resistían a los romanos. y lo aplicaba conscientemente. Esquivó una emboscada de los de Palencia en Coplanio (de situación no iden­ tificada) y tuvo que sacar a Rutilio Rufo. Schulten (Hist.

con cen­ tinelas y sistemas de alerta (Ap. Como en Cartago. La muralla de circunvalación tenía ocho pies de grueso y 10 de alto. A cada 100 pies se levantaba en ella una torre. Raza. 92). Esci­ pión planeó cuidadosamente la construcción. Para ello esta­ bleció siete campamentos (además de los indicados. Así quedó la ciudad cer­ cada con fosas y vallados en un perímetro de 50 esta­ dios. dispuso un vallado de vigas con garfios que impedían pasar no sólo barcas. los numantinos con los aliados que se de­ jaron cercar con ellos. Hacer un puente no le fue posible. Ibér. los que Schulten ha señalado en Travesadas. Ibér.. no tenían sino 3. primero provisional y luego definitiva.000 o 4. sin contar las almenas. y flecheros y honderos en las murallas. que pasaba al pie de la ciudad y podía permitir a los sitiados comunicarse con el exterior mediante na­ dadores o con pequeñas barcas. Dehesilla y Alto Real). que por ejemplo César repetiría en Alesia. En la laguna que cuando llueve se forma entre Castillejo y Travesadas. el doble del de la ciudad ampliada y casi sin murallas. Valdevorrón.. d e Num. Ibér. En vano los numantinos buscaban romper el círculo que con tanta superioridad de medios y técnica los encerraba. Escipión . Escipión la completó cortando el Duero. y con cuerdas que unían las orillas. puso una empalizada del mismo grueso y alto (Ap. fuegos de noche) se avisaban las salidas y ataques de los eneml· gos. y con un sistema de señales (baftderas rojas de día. ya que la ciudad primitiva no tenía sino un kilómetro de muralla. 9 kilómetros. 90)..000 guerreros (Schulten Hist. es decir. 91). de la circunvalación. pero levantó Escipión un castillo a cada lado. Frente a este gran ejército. con espacio dentro para acoger a los refugiados con su ganado. Escipión empleaba la estrategia helenística de la circunvalación. La conquista romana 75 reducirla implacablemente por hambre. 216). El ejército de Escipión era el mayor que nunca había tenido un general romano en lä península. como se ha com­ probado en restos entre el Molino y la Dehesilla.1. Completó el cerco Escipión con catapultas sobre las torres.. en vez de muro. sino incluso hombres buceando (Ap.

con cinco compañeros y otros tantos esclavos. luego de enfermos. después los fuertes se comían a los débiles. Los numantinos.. acudieron a Escipión y preguntaron si podían esperar una rendición con condiciones modera­ das. le entregaron 400 jóvenes. 94). los numantinos recibieron indignados a sus embajadores. El numantino Retógenes (o Rectugenos) Gáraunio. Hay alguna referencia a momentos de apuro (Fron­ tino. cuyas manos fueron cortadas. que les ordenó entregar las armas . Pidió que por su defensa de la libertad y de sus muje­ res o hijas les fuera aceptada la rendición.. Por fin se rindieron a Escipión. que en otro caso es­ taba dispuesta a morir. y luego pasaron a comer carne humana. Sólo en Lutia (hoy Luzaga o Cantalucía) los jóvenes impusieron la alianza con los sitiados. con sus cinco compañeros. Apiano. que se presentó inmediatamente y exigió los cabecillas de la rebelión. roían cueros cocidos. y dar muerte a los centinelas romanos. 93). Escipión no faltó más que dos noches y el día intermedio de su campo (Ap. sin que fuera aplastada una noble y animosa gente. pero los ancianos del lugar se lo denunciaron a Escipión. de hierbas. nos transmite algo del discurso de Avaro. insistiera en la rendición sin condiciones. que extracta más o menos directamente a Polibio.76 Historia de la Hispania romana lo recorría día y noche (Ap. Faltos en la ciudad de grano. de carne. Ib ér. y entonces Retógenes y sus cinco numantinos recorrieron en cabal­ gada las ciudades arévacas. primero de los que morían. Los esclavos volvieron a la ciudad. y dieron muerte a Avaro. y esperaba que la escasez y la desesperanza acabarían pronto con los sitia­ dos. Ibér.7). en los que Escipión tuvo que amenazar a sus soldados si retrocedían ante el enemigo. pidiendo socorro para Nu- mancia. el jefe de ia embajada numantina. Ante la amenaza de que la ciudad sería arra­ sada. tras largos meses de asedio. consiguió en una noche de niebla pasar con escalas la empalizada. II 3. incluso con sus caballos. sin duda en el breve tiempo que duró la terminación del cerco. Como Escipión. acosados por el hambre. Nuestra fuente principal. como mensajeros de malas nue- yas. que sabía'por pri­ sioneros la desesperada situación de la ciudad.

95-97. 59). Per. Val. Ibér. y los romanos le llamarían igual Afri­ cano que Numantino (Ap. celebraba su triunfo (Liv. pues Numancia era demasiado pobre. Los romanos sintieron compasión y terror ante aquellos héroes que habían lle­ gado al canibalismo (Ap. 98). XXXIII 141). lamentables y con odio en la mirada. 99). y que ahora caía sin haber podido luchar.. A su triunfo sobre la gran Cartago. pero la relación de Apiano tiene la grandeza de la verdad y en nada amengua el feroz heroísmo de la ciudad cel­ tíbera. y el territorio se lo adjudicó a los vecinos. y los demás fueron vendidos como esclavos. ext. para que los que quisieran pudieran quitarse la vida. y al otro día presentarse ellos en otro. También . cer­ cada como una fiera por un ejército inmensamente su­ perior. Aún pidieron un día de plazo. Eran los supervivientes de una ciudad de 8. con las uñas cre­ cidas y vestidos de harapos. Escipión la des­ truyó.000 habitantes que había vencido a cónsules y pretores. sumaba la minús­ cula Numancia. sin vencidos ni prisioneros. Ibér. La retórica exageraría luego el final de Numancia y presentaría en los historiadores posteriores el cuadro de la destrucción total. Mientras tanto (132 a. que había apresurado su regreso ante la grave situación política que siguió al asesinato de Tiberio Graco. Reservó Escipión 50 de equellos desgraciados para que le acompañaran a Roma en su triunfo. Al otro se presen­ taron los últimos numantinos. sigue diciendo Polibio. Cada soldado cobró como premio siete denarios que él general dio de su fortuna personal (Plin. 2). 21. Máximo V II 5. La Península so m etid a Una comisión senatorial de diez miembros fue envia­ da a Hispania para estudiar la nueva situación que ha­ bían creado la desaparición de Viriato y de Numancia y las campañas de Bruto (Apiano Ibér.) Escipión. Sin esperar órdenes del Senado. La conquista romana 77 en un lugar determinado.1. C. suçios e hirsutos. hediondos.

los cántabros y los astures se mantenían libres. Sólo los calaicos de la actual Galicia. Lusitanos y celtíberos estaban de momento aniquilados. Q. El cónsul Q. C. como leyes y tribunales para juz­ gar sobre el gobierno de las provincias. diferente orga­ nización de los ejércitos. etc. parece que el mismo año.'Sin embargo.). a lo largo de medio siglo algunás noticias nos hablan de nuevas guerras con los lusitanos y celtíberos. Mientras en Roma las largas guerras de la Península habían originado novedades cuales el cambio de fecha en las elecciones y consiguientemente en el comienzo del año. afluencia de metales preciosos. Las minas de oro del noroeste aún no habían caído en manos de los codiciosos conquistadores. Graco (Plut. Aunque eran formidables. y sólo con algunas noticias aisla­ das en la literatura y en la epigrafía se nos han conser­ vado los ecos de alguno de estos acontecimientos políti­ cos o bélicos.78 Historia de la Hispania romana Bruto había celebrado. y la frontera de seguridad se extendía al norte del Duero. Fabio Máximo envió como pretor o propretor tri­ go de Hispania para los repartos de C. dedicando un templo cuya inscripción votiva redactó su amigo el poeta Accio. y por otra parte nuevas instituciones. la escuadra romana los dominó fácilmente (123-122 a. ÿ el tribuno logró que el senado indemnizara debidamente à las ciudades de Hispania. desarrollo de personalidades políticas con pres­ tigio militar. Una mala fortuna nos ha privado de toda la literatura historiográfica correspondiente a este período. Metelo conquistó las Baleares. 6). C. honderos y ejercían la piratería. Las zonas urbanas y romani­ zadas podían sentirse a cubierto de los belicosos pueblos de la meseta y el oeste. G raco. ganando con ello el . ambiciones de reformadores y de conserva­ dores. Mallorca y Menorca. comenzaba en Hispania un largo y oscuro período.. es decir. cuyos habitantes cohservaban aún sus primitivas costumbres. su triunfo. que aún se mantenían con su personalidad y se resistían a la romanización. en primer lugar los libros correspondientes de Tito Livio y tam­ bién sus predecesores.

Mar. Obseq. Se sabe también que Mario (biogr. La misma fuente (Plut. «seguían consi­ derando el bandidaje la ocupación más excelente». C. año 105) que un ejército romano fue destruido por la misma nación. De 102 sabemos que una población celtibérica fue establecida. tuvo que paci­ ficar la provincia. que las pedía en 111 durante su pretura en la Ulterior (Ap. para premiar a sus auxiliares en la lucha contra los lusitanos (Wilsdorf. Per.... IV 27). Per. pues los indígenas. Pero su victoria no fue defi­ nitiva. y regresaron a la Galia a reunirse con los teutones (Liv. IV 56). La rebelión de los lusitanos se repite en el año 112.. 60. acreditados por su fide­ lidad personal. Ibér. año 104). 43) nos dice que Mario te­ nía una escolta personal de Bardyaioi. 109 s.. hijo del que hizo matar a Viriato. Eutrop. La conquista romana 79 cónsul el sobrenombre de Baleárico (Liv. VI 9. 67. C.000 romanos de Hispania (Estr. 168). 6). 1. 13. sien­ do propretor de la Ulterior en 114 a. Verr.1.. Conocemos casos de otras escoltas personales de hispanos. pero después de saqueos y destrucciones que parece agitaron profundamente el país. 99).). (Val. III 5. en el valle del Duero. y así fundaron las colonias de Palma y Pollensa. p. Mario. de Plut. Máx. que era aún en parte ruda y salvaje. Servilio Cepión. En 104 los cimbros penetraron en Hispania. 14. Ob­ sequens. Cic. Plut. sin duda luchando con ellos (Ap. La amenaza de los cimbros sobre Italia y la guerra de los esclavos en Sicilia sabemos que impidieron el envío de tropas a Servio Sulpicio Galba (cónsul en 108). y es interesante hallar a Mario ya en relación con un pueblo de la costa cantábrica. pues de pocos años después se nos cuenta (J. cuando L.. por .. cerca de Colenda. lo que suele in­ terpretarse como várdulos. Ibér. Calpurnio Pisón fue pretor de la Ulterior y murió en campaña. De los años siguientes tenemos noticias aisladas que prueban que la sumisión de celtíberos y lusitanos estaba lejos de haberse completado. 99.. Las islas fueron repobladas con 3. Flo­ ro I 43). nos dice la historia.. venció a los lusitanos en 109 a.. fueron rechazados por los celtí­ beros.

después de su consulado. IV 149). C. 1). y muestran trofeos celtibéricos (W ilsdorf. Sert. 177). conservaba los belicosos hábitos celtíberos y se dedicaba. y en su biografía (Plut. Schulten FHA..80 Historia de la Hispania romana M. (CIL I2 1.) consta que P. 99 s. la ciudad de Colenda se le rindió al cabo de nueve meses de asedio. Apiano nos cuenta (Ibér. pretor de la Citerior en 99 a. a lo que los romanos llamaban bandidaje. 110. 3) se nos cuenta de ciertos ardides con que salvó la apurada situación de los roma-/ nos. cónsul en 98. y cuando los tuvo re­ unidos con el pretexto de hacer un censo para el re­ parto de las tierras. que ya hemos dicho había sido fundada por M. II 10. C. Coelius Caldus se jactan de los triunfos de su abuelo. Esta guerra contra los lusitanos continuó. 5. Craso. y por consiguiente de la fuerza que aún conservaban los arévacos. 177) la victoria de un desconocido L. en el seminomadismo de guerreros pas­ tores. nos dan idea las vicisitudes y estratagemas de Didio. C. (CIL L 1. año 99).) que Tito Didio. y des­ pués de causarles 20. IV 153) ha referido razonablemente a él la noticia que . De la dureza de estas luchas. que cuenta Frontino (I 8. Mario. Cornelio Dolabella sobre los lusitanos.. Ofreció­ les Didio los campos de Colenda. mujeres y niños. hombres.. y de otras victorias romanas se nos habla en el año siguiente (Obseq. fue­ ron vendidos como esclavos. estuvo. que se desmandaron en sus cuarteles de invierno en Cástulo y provocaron a los indígenas. Las monedas de C. Sertorio fue tribuno en el ejército de Didio. Schulten (FHA. pues las actas triunfales dan en 101 ó 100 a. del mismo nombre.000 bajas les obligó a trasladar la ciudad de Termes desde la altura al llano. Otra ciudad vecina. Las campañas de Didio en la región debieron de durar cuatro años. Por este mismo tiempo (96-94 a. y que parece era pretor de la Ulterior. y todos sus habitantes. gobernando la Ulterior. hermano del famoso dictador. hizo una dura y pérfida campaña contra los arévacos. C. las tropas romanas los aniquilaron. pues aparece en las Actas triunfando en Roma en 93 a. el padre del famoso triunviro. Mario pocos años antes.

83) de que Craso extendió a los bletonenses (que deben ser los de Bletí- sama. Los pueblos indígenas estaban ligados por vínculos de clientela a las grandes familias romanas. p. en Salamanca) la prohibición de sacrificios hu­ manos. 100) que Valerio Flaco vino como cónsul a la Citerior. R om . Para el año 93 a. van a entrar en el torbellino de las guerras civiles que amena­ zan a Roma. y entonces el pretor se limitó a prohibírselos para lo sucesivo. 176) de que un romano de este nombre visitó las Casitérides en las costas gallegas y comprobó que el mineral aparecía en la superficie y que los indígenas eran pacíficos. y quemaron el edificio en que éste se reunía. que precisamente entonces fue dictada para Roma. cuando nada menos que el cónsul tuvo que ocuparse de ella. La conquista romana 81 da Estrabón (III 5. Supone también Schul­ ten que una estación Liciniana en la vía de Emérita a Toletum (Ptol. Nasica parece que en el mismo año (Obseq. Schulten FHA. 6. parece (Apiano Ibér.. IA 438. pero ellos alegaron que los hacían conforme a sus leyes. 5) conservaría el nom­ bre de este general. pero cf. El episodio es interesante muestra de la romanización como exten­ sión cada vez más uniforme de un orden jurídico. p.11. año 94. que debía ser filorroma- no. Muy interesante es también lo que casualmente sa­ bemos por Plutarco (Q uaest. sin duda cada día más romanizadas. IV 154) también tuvo que re­ primir sublevaciones en la Ulterior.1. Schoell-Kiessling) que ce­ lebró el triunfo. 12. El pretor llamó a los magistrados indígenas para castigarlos por tales sacrificios. La rebe­ lión de los celtíberos debe de haber sido importante. h 1. y podemos suponer que ya en las guerras civiles mañanas sucedía lo que conocemos mejor en la de Sertorio y en . Las Españas. II 5. por lo que Flaco hubo de someter al pueblo sublevado. pues consta (C1L. p. Ascon. C. Otra vez las fuentes callan sobre los años siguientes. Craso debió de tener complicaciones militares en el territorio de su mando en Hispania. Los de Belgeda (de situación desconocida) se suble­ varon contra su propio senado. 177.

116 s. La guerra de Sertorio es un episodio que comprueba las profundas raíces que la romanidad tenía en las Hís­ panlas. y allí vivió en un retiro nada austero. Que .82 Historia de la Hispania romana las de César. 6). en las que sucum­ bieron su padre y su hermano. 22. M. y se contaba que sa­ queó Málaga antes de pasar a Africa junto a Metelo Pío (Plut. Junio Bruto. 31. toda­ vía conoció ya vieja a una de las dos lindas esclavas que Vibio envió a su aristocrático amigo para endulzarle el destierro. De la relación con la familia de los Pompeyos es un testimonio capital el bronce de Ascoli (CIL I 2 709 y VI 37045). acudió desde Hispania. su s co m ien z o s (82-77 a.) de que en 81 Valerio Flaco celebró en Roma su triunfo sobre celtíberos y galos. con otros desterrados (Granio Liciniano. Craso escapó de las violencias de Mario y Ciña. Cras. al volver éste a Italia en 87 a. los Fabios. los Servilios. C. Lo mismo sabemos de los Emilios. donde ya hemos visto que su padre había estado tres años y había «hecho amigos» (Plut. Que en medio de las guerras civiles los indígenas en­ contraran ocasión para sublevarse parece deducirse de la aislada noticia (Gran. Nos levanta un poco la cortina del eco en Hispania de las guerras civiles el que tan pronto Craso supo de la muerte de Ciña.). nos cuenta el propio autor. 4 s.500 partidarios a re­ correr las ciudades de la región. que luego será muerto en Módena por orden de Pompeyo. Wilsdorf. p. p. Licin. Ya hemos visto que desde el principio la familia de los Escipiones mantuvo relaciones con his­ panos.). Cras. Se ocultó en una cueva de la propiedad que junto al mar tenía un personaje seguramente itálico llamado Vibius Paciaecus. 16. episodio del que nada más sabemos. se dedicó con 2. Flemisch). El historiador Fenestella. buscando refugio en His­ pania. M. La gu erra d e S ertorio. y que a la vez sirvió para extenderlas más. Catón. C. junto a su jefe Mario. Por el contrario.

También le hizo popular el acuartelar sus fuerzas fuera de las ciudades. VII 96) significaba realmente que la dinámica de la guerra civil había afectado profunda­ mente. 8). La conquista romana 83 Sertorio quisiera hacer de Hispania otra Italia acredita que los elementos bárbaros iban quedando reducidos al margen del noroeste. IV 162) que supo atraerse a su llegada el amor y el respeto de todos. .876 ciudades hispanas y del sur de Galia (Plin. y sin hacer caso de los que tenían escrúpulos de que un procónsul pagara tributo a los bárbaros cerre- tanos. y en favor en definitiva de la romanización. consiguió llegar a tiempo de imponer su mando y de iniciar con los hispanos una política de atracción de sus dirigentes y general rebaja de tributos. a los que podríamos llamar criollos. 1. astutes y cántabros se mantienen libres en sus breñales. Exuperancio. I 86 y 108. Después de ese momento. Hubo de comprar con dinero que le dejasen pasar los Pirineos. y allá se dirigió después de ha­ ber luchado como pretor contra Sila. con lo que evitaba abusos de los soldados. Las campañas de Sertorio y las de los ejércitos que lo perseguían. donde había militado ya bajo Didio. los instruyó militarmente y les equipó con ar­ mas y naves (Plut. sólo calaicos. al utilizar en el sentido de una bandería los sentimientos nacionales in­ dígenas. 6. mientras que la derrota de los sertorianos bortó de tnodo casi definitivo la conciencia indígena. La jactancia de Pom­ peyo de que había vencido . Sert. Sertorio. Pensó en Hispania. a casi todas las comunidades de la Península. Al elemento romano. es enviado a Hispania por los demócratas. Patece que es Salustio quien nos dice (Schulten FHA. a fines del 83 vio desesperada la situación en Roma para las gentes de su bando. para el que sus cua­ lidades le recomendaban mejor que a cualquier otro. Apiano Civ. Durante largo tiem­ po injustamente alejado del mando. a los que solemos llamar popu­ lares o demócratas. El sabino Q. que unos años antes había visto cortadas por Sila sus aspiraciones al tribunado. es decir. los teñían para siempre de romanidad.

con sus amigos los piratas. Sert. y Sertorio hubo de refugiarse con 3. como hemos visto. I 96-99). ve­ terano de la guerra de Yugurta. según parece. en las luchas dinásticas de los mau­ ritanos. Allí recibió la llamada de los lusitanos (Plut. 7 s. que se encontró mezclado. Salust. 10). El figuraba en la primera lista de proscripcio­ nes. Sert. Tras fracasar en la aventura. Venció a un Pacciano que Sila envió allí. porque los indígenas atacaron a su gente cuando hacía aguada. 8. Annio. nombrado. fue desbaratado por los vientos y vino a dar en unos islotes desiertos (Plut. I 100-102). Al futuro caudillo de una trágica guerra le tentó retirarse allá. 16).84 Historia de la Hispania romana Settorio se daba cuenta de que. ins­ taló en su dominio al rey de Tánger y. Pero la acción arrastró a Sertorio. Sert. consiguió con la ayuda de piratas cilicios instalarse en Ibiza. que había salido contra él con unas naves de fortuna.. aún inquietos y sin doblegarse del todo. pero el silano C.000 hombres en Cartagena y desde allí huyó a Africa. y allí a la desembocadura del Guadalquivir oyó de labios de marinos que habían visitado las islas Afor­ tunadas (sean éstas las de Madera o. Con la misión de cerrar los Pirineos estaba L. con 6. Hist. Sali­ nator. que fue muerto. para las dos Hispanias. Consiguió seguir su navegación hasta la región de Cádiz. Annio acudió allí con un fuerte ejército y escuadra. y Sertorio. su situación en España era precaria. las Canarias) las maravillas de aquel clima paradisíaco que podíá parecer el bienaventurado Elíseo (Plut. lejos de la tiranía y de las guerras inacabables. Salust. respetó los derechos ajenos y no reclamó para sí en el reino sino lo que le quisieron dar. que se encontraban. el soñado discurso a los romanos invitándoles a dejar la ciudad fratricida (E p o d . Al cabo de dos años de aven­ . el gigante Anteo. Hist. La Península quedaba así abierta a fuerzas superiores y bien mandadas. creían. una vez que Sila era dueño del poder en Roma. como a Horacio le inspiraría la lectura de este pasaje en el libro entonces recién publicado de Sa- lustio. mientras se entretenía excavando un túmulo donde yacía. supo deshacer la resistencia de aquél.000 hombres.

Sert. Serto­ rio. y tras una semana de aislamiento y vacilación. no como un soldado cual­ quiera. La situación pareció en Roma suficientemente grave como para que al año siguiente (79 a. a lo que el aristocrático procónsul se negó alegando el dicho de un filósofo de que el general tiene que morir como tal. su llegada produjo espanto en la romanizada An­ dalucía (Salust. de Sila. «llamaba romanos». hijo del vencedor de Yugurta. Plutarco (Sert. partidaria de Sertorio. un incapaz aris­ tócrata. 1. Hist. no sin verse obligado a combatir al silano Cotta. ya que la ciudad. más 700 arqueros libios. a los que. Hist. dominaba el terreno y burlaba a su perseguidor.000 lusitanos con es­ cudos y 700 caballos. Sert. La conquista romana 85 turas. De aquella guerra de emboscadas y guerrillas tenemos algunos datos interesantes sobre el frente en el sur de Lusitania: Metelo quiso . Hist. I 107). I 108). Fufidio. que él consideraba ilegal. La ambición de Sertorio era entonces dominar la Península para tener una base que llevara a su partido al triunfo en Roma. al que venció junto al Guadalquivir. M. I 104 s. no . delante de Mela­ ría (Plut. Salust. y luego su lugarteniente venció al pro­ cónsul de otra provincia. nos dice Plu­ tarco. 13) se complace en señalar l a . que una vez más sentía el peligro de los bárbaros montañeses. pretor de la Ulterior. pasó Sertorio a la Pen­ ínsula. y hasta osaba desafiarle a sin­ gular combate. y así hizo frente a fuerzas roma­ nas muy superiores y comenzó a ocupar ciudades. Or­ ganizó enseguida un ejército de 4. guiado por sus indígenas.reducir a Lacóbriga (hoy Lagos) y emprendió una expedición pensando que la empresa sería fácil. Enfrentóse primero con L. C. 12. Cecilio Metelo Pío. Salust. Traía a Hispania una tropa de 2.600. oposición entre el aristócrata rodeado de lujo y el infatigable soldado popular.) fuera enviado a la Ulterior el cónsul saliente Q. al que venció en el paso del Estrecho. 12. Domicio Calvino (Plut. Aun­ que pidió el apoyo de los romanos establecidos en His­ pania contra el gobierno. al saber de la muerte de su madre.).

y Sertorio venció a un legado que Metelo envió en su socorro. FHA. que resultó muerto en la región del Guadiana. cuyos habitantes se burlaban de Sertorio porque había retrocedido ante Metelo. De que buscara tam­ bién el acceso a Lusitania por la costa nos habla quizá una mansión llamada Caeciliana. norte. L. Como así el asedio se hizo más largo. en Carpetania. I 112 s.. . Algunas etapas de la campaña de Metelo para entrar en Lusitania han sido reconocidas por Schulten (S erto­ rius 66 ss. que con el viento dominante. 110 s. e incluso a las ciudades de Dipo y Conis- torgis. como Consabura (hoy Consuegra) (Pseudo-Frontino IV 5. Manlio. los ahogaba en las cuevas donde vivían. IV 173 s. con lo que el jefe silano no tuvo más remedio que reti­ rarse (Plut.) en la toponimia: M etellin um (Medellin) fue sobre el Guadiana su base de operacio­ nes. Por otro lado Salustio (Hist. 13).19) o como Caraca. mandada por el inepto Q. Hirtüleyo batió a Domicio Calvino.) men­ ciona los ataques de M etelo a las aldeas y Castros de los lusitanos. procónsul de la Narbonense. 17). al sudeste de Lisboa. Vicus Caecilius. Sert. que L. al tercer día de sufrir el peligro de asfixia se rindieron (Plut.000 odres de agua portados por voluntarios. Pero Sertorio consiguió introducir 2. pero tenemos no­ ticias de que l^ç ciudades se defendían de los sertorianos. Metelo tuvo que enviar una legión entera en busca de víveres. Sertorio intentaba con energía aprovechar las cir­ cunstancias para dominar todo el país. La situación se hizo tan grave en esta pro­ vincia. y Sertorio en una emboscada la derrotó. Calidio. Thorius Balbus. según se sube del valle del Tajo al del Duero.86 Historia de la Hispania romana tenía más agua que la de una cisterna. Sert. como ya hemos visto. que además al regresar sacaron de la ciudad la gente inútil para la defensa. tuvo que venir en socorro suyo y fue vencido en Lérida.. -. el cuestor sertoriano L. En la Citerior. y en la campaña fundó Castra Caecilia (junto a Cáceres) y más al. fueron éstos reducidos con una original estra­ tagema: levantando polvo.

La conquista romana 87 23. Sert. y se ganaba a los indígenas con toda suerte de medios. Perpenna sería para Sertorio una rémora constante. amenazaron incluso con abandonar sus banderas y pasarse al prestigioso de­ fensor de la causa (Plut. a la que sometió bajo benignas condiciones.1. C. Por otro lado so­ metía a sus indígenas al mando y disciplina romanos. fr. Perpenna Ventón. 11 y 20. IV 182). En los años siguientes Sertorio no sólo hace frente a los ejércitos de Metelo y Pompeyo. y cuando la situación se agravó con la llegada de Pompeyo. XV 22). rtó pudiendo sostenerse más en Cerdeña. Sertorio avanzó hacia Celtiberia y demostró su habi­ lidad militar en el sitio de Contrebia. S ertorio f r e n t e a M etelo y P o m p e y o (11-15 a.) Sin embargo. restos del ejército de Lépido. Pero el clamor de los soldados era que se uniera a Sertorio. independiente de la metrópoli y con una política exterior propia. y abundantes recursos. donde llevó a educar . y allí no sólo desplegó gran actividad. espe­ cialmente las que formaban la frontera de la progresiva romanización. Apiano Civ. con que Sertorio supo ganarse a los lusitanos: es famosa la historia de la cierva blan­ ca que le seguía y que él presentaba como mensajera de la divinidad y consejera misteriosa (Plut. 15). no ajenos por cierto a la superchería. las dotes políticas de Sertorio iban a lograr el acuerdo de las tribus de la Península. Sert. La posición de Sertorio parecía tan sólida en este mo­ mento. y al final causa de su muerte (Schulten FHA. dotando a su ejército de armas nuevas que hizo fabricar. sino que Organizó un c o n v e n t u s o asamblea de justicia al modo romano (Liv. sino que intenta construir una nueva nación romana. I 110. Conocidos son los medios. sólo duras para los tránsfugas y esclavos huidos. del libro XCI). Puso así sus líneas en el Ebro. Uno de ellos fue organizar una escuela en Osea. llegó a España con tropas. con el plan de luchar por su cuenta contra Metelo. Acudían de todas partes gentes a Sertorio. Gelio. que M. junto a Castra Aelia. de la misma facción democrática. sin duda utilizando a los expertos herreros de Celtiberia.

22 s. Ante los progresos de Sertorio. con poderes proconsulares. lo mismo para el ejército del Ebro que para las tropas que en la Ulterior tenían que hacer frente a Metelo. Con refugiados de la guerra civil organizó un senado de 300 miembros. XCI).). Salust. y al que nombraron general contra Sertorio.000 hombres (Oros. que no era más que caba­ llero. Pompeyo. En el otoña de 77 pasaba Pompeyo los Alpes. 14. era la de evitar batallas campales y no actuar sino mediante guerrillas. como a los hijos de ciudadanos de la Urbe. como otrora al gran Escipión. que en la guerra civil junto a Sila había ganado el triunfo y el renombre de Magno. el Senado hubo de recurrir al ven­ cedor de Lepido. Pero los indígenas correspondían a los hábiles gestos de Sertorio con su devoción hasta la muerte. Por cierto que estos jóvenes terminarían mal. 19). Hist. y el brillante y joven general. A la primavera siguiente envió Sertorio para enfrentarse con él a Perpenna ^al bajo Ebro. I 101 y 108. fr. Plut.. 90 s. Sert. del lib. Sert. a otros los ven­ dió como esclavos (Plut. 25). 12 y P om p. y también copió las magis­ traturas de cuestores y pretores (Apiano Civ. Sert. II 17-19. Plut. 17). El ideal del gobierno de Sertorio era invariablemente el romano. y daba acogida en ¿1 puerto a los piratas. lo que era contra la constitución y las costumbres (Liv. a los que ornaba con la pretexta y la bulla. La inferioridad de sus recursos no le permi­ tía jugárselo todo en un momento (Liv. Plut. La consigna de Sertorio. que había ocupado Dénia y organizó allí un arsenal. Per. pues cuando Sertorio se vio en situa­ ción desesperada. Su sobriedad y afición a los ejercicios físicos contrastaban con el sibaritismo del general de la Ulterior {Salust. . Hist. al modo híspano (Plut. Le dieron un ejér­ cito de 30. a unos les dio muerte.9).. Sert. podía co­ dearse con el aristócrata Metelo. Era para él vital que no se unieran las fuerzas de Pom­ peyo con las de Metelo. P o m p . I 125). V 23.88 Historia de la Hispania romana a la romana a los hijos de la aristocracia indígena.

I 109. Sertorio pudo apoderarse de Laurón. y avanzó hacia Contrebia Léuca- da. Plut. Pero este efecto no se logró. que habían pedido ayuda a Pompeyo al sentirse amenazadas por su campaña en Celtiberia. II 47. maniobra dirigida a aliviar el frente del Turia.000 bajas. Front. pues en el rigor del verano del 76 Metelo batía al ejército de Hirtuleyo junto a Itálica (Oros. al norte de Valencia). . Front. La presencia de Sertorio en Levante puede explicarse precisamente por la necesidad de contener el retroceso de Perpenna (Schulten FHA.. se dirigió por Borja y Cascante contra Gracurris y llegó a la ciu­ dad amiga de Calagurris Nasica (Calahorra). Ap. 1. IV 193). V 23. por donde llegaba Pompeyo. 10. el cual había acudido rápidamente allí. V 23. en cambio. se dice. Sert. 18) que Pompeyo fracasó en su intento de socorrer a la ciudad de Laurón (El Puig. Civ. II 59). que incendió a la vista de Pompeyo. si bien sabemos (Oros. y la amenaza que era en el sur Metelo para la Lusitania. Sertorio tenía entonces que acudir a Lusitania (Salust. 6. 2. Otro episodio de la guerra en Levante fue la toma de Carta­ gena por C. II 1. pues Memio quedó sitiado en Cartagena. sitiada por Sertorio. cuestor de Pompeyo (Cic. Mientras él seguía por Varea al país de los autrigones. 18. en la región de Cervera del Río Alhama. 6). mandó a un lugarteniente suyo a reclutar caballería a Segovia y la llanura de los vacceos. Pom p. La conquista romana 89 Personalmente emprendió Sertorio una campaña con­ tra las tribus de berones y autrigones. II 5. Sertorio desplegó su habilidad y experiencia y deshizo con maniobras a las tropas de Pompeyo. Descuidando de momento el frente del bajo Ebro. Memio. reduciendo al general a espectador de un desastre que le costó. Hist. 10. 31. Pro B albo 5). En el sur. la situación se tornaba difícil para los sertorianos. y su situación se consolidó. Hist. Desde allí envió mensajeros a los arévacos y pelendones. Salust. para ase­ gurarse de su lealtad. Pero Perpenna no pudo defender la línea del Ebro.

Era cierto que Sertorio se mantenía imbatido. Este parece que obró como romano. I 110). habían sido todos derrotados (Plut. pero Pompeyo deshizo el ala izquierda que mandaba Perpenna. 23 s. Apiano Mitr. Pompeyo no cejaba en su actividad: se introduce en pleno invierno en Celtiberia (fines de 76 a. C. un sena­ dor que debió llegar con Perpenna a Hispania (Plut. Hist. pero entonces Afranio se rehizo . Por otro lado (Floro. Sert. pero sus generales.6). como su situación se agra­ vaba. II 10. Hirtuleyo era derrotado por Metelo y muerto en Segovia (más probablemente en la bética. En estas condiciones se dio la batalla de Suero (Plut. el carácter celoso de Pompeyo le empujaba al com­ bate antes de que Metelo pudiera participar en la espe­ rada victoria.. V 23. cambió entonces de lado Sertorio y vendó a Pompeyo. P om p. buscó la alianza de Sertorio. II 98.90 Historia de la Hispania romana Mientras tanto Mitrfdates. 19). 5). P o m p . rey del Ponto. y en la que Sertorio en su derecha venció a Africio. La temida conjunción de las fuerzas de Metelo ÿ) Pom­ peyo se convirtió en amenaza decisiva: los sertorianos Herenio y Perpenna perdieron ante Pompeyo una ba­ talla junto a Valencia y tuvieron 10. para evitar que los suyos se des­ animaran (Front. 11).000 muertos (Plut. a orillas del Genil. 19. Salust. 18. Mario. con­ traviniendo sus órdenes de limitarse a una táctica de guerrillas. 6. llegó a un acuerdo con el rey por el que recibía dinero y barcos del Ponto. ya que por un lado Sertorio prefería com­ batir antes de que los dos ejércitos se juntaran. II 54 y 98. 68). Con bárbara fiereza dio Sertorio muerte al indígena que le trajo las malas nuevas. iniciada al caer el día. pues Metelo venía por el mar y se acercaba al Júcar. que en la de Castilla). Los encuentros se precipitaron. Hist. 7). Sert. II 7. y por otro. negándose a reconocer la anexión de la provincia de Asia al Ponto. y é l enviaba a Mitrídates como general y procónsul de Asia a M. pero aun así. Apiano Civ. Sert. Las fuerzas sertorianas se encontraban en la prima­ vera de 75 en una verdadera tenaza. 19. Oros.) y tomó Belgida (Salut.

Por de pronto los ejércitos de Pompeyo y Metelo lo dejaron encerrado en los llanos de Sagunto. Pompeyo salvó a Metelo cuando Sertorio asaltaba el campamento (Salust. Plutarco (P om p. que se basa en Salustio (Sert. El fin d e la gu erra sertoriana Desde entonces Sertorio quedó reducido a una situa­ ción azarosa. 24. II 67 s. dice exagerando. . el mejor de los lugartenientes de Pompeyo. 19) compara la variabi­ lidad de sus fuerzas a la del curso de un torrente: en los últimos tiempos tan pronto Sertorio andaba solo y errante. Memio. FHA IV 216 s. si no hubiese sido por la vieja (alusión a Metelo)». Brilló allí su valor y su talento militar. 21. Las fuentes son frag­ mentarias y contradictorias y es muy difícil en una guerra de incesantes idas y venidas precisar a qué momento o lugar corresponde un episodio. se­ gún la interpretación de Schulten.).000 soldados. corremos peligro de desdoblar una batalla. Sert. Pompeyo quedó herido y hubiera sido apresado si los soldados líbicos no se hu­ bieran distraído con los lujosos arreos de oro de su caballo. como le rodeaban. Cuando. Todavía Sertorio intentó rehacerse. Hist. no sin que éste dijera una de sus humorísticas frases: «A este muchacho (dijo.. la llegada de Metelo forzó a Sertorio a la retirada.1. refundir en uno acontecimientos distintos.. los romanos se rehicieron al ver a su general herido. refirién­ dose a Pompeyo) le habría dado de lección una paliza. o al contrario.a la mañana siguiente los ejércitos iban a enfrentarse de nuevo. Es probable. y el pro­ pio Metelo estuvo en peligro. y cuñado suyo. que fuera Sagunto la plaza fuerte donde se refugió. 150. 115 s. cayó en la batalla. se repitió que Sertorio venciera a Pompeyo y Perpenna fuera vencido. esta vez por Metelo. La conquista romana 91 y deshizo el ala de Perpenna. Apiano Civ. I 110). Plut. pues fue herido por un bote de lanza.

probablemente a la región de los vas- cones21. 159). Pom p. en un caso son las mujeres las que se levantan contra ancianos dispuestos a rendirse. Hist. Se retiraron entonces. pero es en la región valenciana donde concentra sus fuerzas. Cic. Verr.. Hist.92 Historia de la Hispania romana Sertorio envió desdë su refugio mensajeros a los pue­ blos del interior pidiendo refuerzos y pudo reorganizar sus tropas. II 94). 6. desde donde escribió al Senado solicitando ur­ gentemente dinero y quejándose de que se había gastado su fortuna privada (Salust. Atraído por los ataques de Pompeyo. su situación era cada vez más difícil. p. Denia se convierte en su base de operacio­ nes (Estr. Plut. En Roma corrían rumores de que iba a regresar a la Urbe antes Sertorio que Pompeyo (Plut. Metelo a la Galia y Pom­ peyo al interior. II 95). La situación parecía todavía favorable a Sertorio. El año 74 fue decisivo. a Hispania. En el invierno de 75 a 74 Pompeyo envió a su legado Titurio a invernar en Celtiberia (Salust. Llegaron dinero y soldados. ya que había conseguido rechazar a los dos generales. FHA IV 221). Pero en el resto de la Península. V 146 y 154). 92) hablan de los celtíberos rebelados contra los romanos y contra Pompeyo. Hist. Desde allí mantiene sus relaciones con Mitrídates y organiza expediciones pirá­ ticas (cf. 21). hallamos a Pompeyo en Navarra en persecución de Sertorio (Sa­ lust. Referencias fragmentarias (ibid. quedó sitiado en Clunia. Per. con lo cual y con naves piratas en el Medi­ terráneo hizo todavía difícil la posición de sus enemi­ gos. Sabemos también que los celtíberos de Termes fueron hostilizados por los pompeyanos (Salust. II 93). lo que Schulten cree poder precisar localizando su cam­ pamento en el que llama V de Renieblas (Num. II 98. I 87. Es evi­ dente que los hispanos veían en la resistencia a las fuerzas senatoriales su última esperanza de autonomía. En el interior sin duda que seguía molestando con guerri­ llas. devastado por una guerra feroz (lo escribe así Pompeyo en su carta al Senado). 20). dos legiones. 92). Hist. IV 146 ss. Sert. III 4. donde se defendió hábilmente (Liv. con las que Metelo y Pompeyo .

161). lue­ go. Sert. se mostró cruel y odioso. se abandonaba a las mujeres y el vino. 22). III 5 s. Máx. 22. p. I l l 4. Hist. Plut. Hist: II 70. y Sertorio. en honor del vencedor. Metelo había vuelto al cabo de un año a la Ulterior. que siempre se había distinguido por su modera­ ción y generosidad. El propio Sertorio estaba dispuesto a deponer las armas y volver a Roma como particular si se le amnistiaba (Plut. Sertorio luchó con Metelo en Segóbriga y en Bilbilis (Estr. Ci­ cerón recordará más tarde (P ro Arch. pero las ciudades todas iban siendo ocu­ padas por los ejércitos romanos. I l l 4. viviendo sobre el terreno.10. II 70) nos habla de la adulación. en un ambiente de recelo y terror. El cuadro de los finales de la guerra es difícil de re­ construir. 13. Val. Una expedición naval a las órdenes de M. Salust.. Se fiaba por eso más de su escolta de indígenas que de ningún romano (Apiano Civ. En la descomposición de sus fuerzas primaban los sentimien­ tos nacionales de los hispanos sobre la bandería civil romana. y allí fue recibido en triunfo. La conquista romana 93 pudieron fijar una línea en el Ebro (Plut.5). III 43). II 11. Perpenna recuperó Cale (al sur de Oporto). Saludado por sus soldados como im perator. anuncia que se ha puesto precio a la cabeza de Sertorio: 100 talentos y 20. 2). Hist. las danzas de doncellas y mancebos en su honor. iCio.) llegó a las costas his­ panas para limpiarlas de piratas sertorianos. 20). Sert. Descubrió una conspiración contra él y castigó a los culpables. en su latín provincial. En Coca introdujo Pompeyo gente suya como si fueran enfermas necesitados de descanso y con ellos dominó la ciudad (Front. las fiestas en que una imagen de la Victoria coronaba al general en medio de una gran tramoya. Hist. I 111. Estr.000 yugadas de tierra (Ap. en el último confín del país de los lusitanos (Salust. I 111 ss. IX 1. La historia (Plut. p. Antonio Crético (Salust. los homenajes. 26) los poemas de los cordobeses.1. Salust. 162). pero . él. I 112). Pero. Apiano Civ. 22. Cundió al fin el desánimo entre los sertorianos y las defecciones se multiplicaron. Sert. Pom p.

III 18. Salust. VII 6. 2. 27. en la que éste triunfó fácilmente. I 114). cuyos defen­ sores. En un festín en Huesca atacaron los conjurados al jefe y le dieron muerte (Plut. Veleyo II 30. 14). Hist. 20. atraído a una batalla por Pompeyo. Hist. La muerte de Sertorio volvió a los suyos contra Per­ penna y purificó su recuerdo de las crueldades de su última época. Oros.. Pompeyo quemó las cartas del archivo de Sertorio. 25. Ap. III 89). Floro II 10. Plut. Huesca debió a Sertorio su reorganización. se entregó y fue muerto. I 113. Sert. Había que reducir los focos que en la inquieta Penín­ sula habían dejado las guerras civiles: vascones rebeldes fueron instalados al norte del Pirineo. que era uno de ellos. y la indiscreción de uno de los conjurados obligó a proceder sin demora. quedó libre y com­ prendió. Máx. I l l 81 ss. que había que apresurarse (Apiano Civ. en su orgullo de romano que se sentía superior al plebeyo Sertorio. III 86 s. Entonces sucumbe ante Afranio Calahorra. Civ. Sert. 2). ext. en las que numerosos personajes políticos de la capital aparecían comprometidos (Plut. V 23.. resaltó más la odiosidad del asesino (Ap. en C o n ven a e (Comminges). pero la ciudad de P o m p a elo conserva aún el nombre del general que la fundó. Diod. Cuando se abrió su testamento y se vio que instituía heredero a Perpenna. Hist. 26. Val. I 115). Se nos cuenta de la lealtad que le guar­ daban aún los lusitanos. En el paso del Pirineo puso como final de su campaña Pompeyo un monumento con­ memorativo coronado por su estatua (Plin. Perpenna terminó de atar los nudos de la conspiración.1). . Salust. Civ. Perpenna. Eutrop. abandonado por sus tropas. 3. en la última desesperación llegaron a comer carne humana (Salust. pero enseguida sucumbió. XXXVII 22a). P om p. Sert.94 Historia de la Hispania romana Perpenna. VI 5. sin duda para su­ jetar a los vascones y asegurar las comunicaciones con la Galia. Metelo primero y luego Pompeyo celebraron su triunfo en la capital (Veleyo II 30. Consiguió éste con concesiones y medidas oportunis­ tas ser aceptado como jefe.

154). que había dejado clientelas en el país en sus años de campañas contra Sertorio. Las Hispanias d e s d e S ertorio hasta la guerra civil c e s uriana (71-50 a. C. En 65 a. Muy probablemente tuvo que luchar aún con los celtíberos (Asconio I n Pis. por recomendación de Craso.las Baleares y del Estrecho en la guerra contra los piratas (Apiano Mitr. no era ajeno a un crimen que desdecía de la lealtad de los indígenas. 151. 62. que confirmaba todas las concesiones de ciudadanía he­ chas por Pompeyo en su campaña. Esto es lo que significa que M.1. pasa­ ron a ser ciudadanos romanos por la ley Gellia-Cornelia. tenemos en la Citerior excepcionalmente como cuestor. C. de . 146. «aunque hubieran padecido antee muchos gobernadores . y de al­ gunos sabemos que fueron a dar en las manos de Verres.) La falta de noticias sobre este período. Se comprende que la profunda con­ moción de la guerra de Sertorio tardara en apaciguarse. 9).. en Sicilia (Cic. Que dos años más tarde dos legados de Pompeyo tuvieran que encargarse de las cos­ tas de España. 5). Floro I 41. Su asesinato por tropas de caballería hispanas hizo pensar que Pompeyo. debida a la pérdida de mucha literatura histórica. Calpurnio Pisón. Sert. 25. Los últimos sertorianos. La conquista romana 95 Muchos hispanos. 95. escaparon por mar. V 72. no quiere decir que fuera tranquilo. a Cn.. César consiguió más tarde la amnistía de los supervivientes por la ley Plautia (año 70. Cés. v. que se había mezclado en la primera conjuración de Catilina. Suet. o se refu­ giaron en Africa (Plut. Verr. con la dignidad de propretor. 27). Schulten FHA V 3). entre otros Balbo d e Gades. por lo que pareció conveniente se alejara de Roma. Pupio Pisón Calpur- niano celebrara el año 69 en Roma su triunfo después de haber sido pretor de la Citerior. prueba la importancia que este problema tenía después de terminada la guerra de Sertorio.

gimió al recordar que a su edad Alejandro había conquistado el mundo. Cés. 19. I n orat. XXXII 52). se explica por la descomposición de la constitución senatorial. Hubo una cierta precipitación. Suetonio (Cés. Civ. 7. C. Apiano (Ibér. cf. Hisp. Coscfcnio. in i o g a cand. 42). acusa a éste de descuidar el go­ bierno y de dedicarse a hacer la guerra a las diferentes tribus para imponer tributo y enviar así recursos al erario. en el santuario de Hércules. Tuvo que recorrer los co n v e n t u s para administrar justicia. XXXVI 44.). 12). simpatizaba por el mismo tiempo con la causa de Cati­ lina y extendería al Africa la rebelión contra el Senado (referencias y crítica en FHA V 8 s. Ascon. En su gobierno pudo jactarse en His­ palis de que en su cuestura ya había conseguido del Se­ nado que la provincia quedase liberada del impuesto que sobre ella había establecido Metelo (Beil. con amplios poderes para hacer la guerra o para organizar el país. César había venido a España como cuestor con el pretor C. inspirada en la enemistad contra César (Schulten FHA V 10).96 Historie de la Hispania romana crueles». Dion Cas. p. y en Gades fue donde. naturalmente. y a la siguiente noche tuvo el sueño incestuoso en que la posesión de su ma­ dre fue interpretada por los adivinos como profética del dominio de la tierra (Suet. C. La relación de César con Hispania y su vinculación a gentes y problemas de la Península habían de durar hasta su muerte. acusándole de sus crímenes en España. En efecto. 54) llega a decir que hizo la guerra a tribus que se le rendían y le abrían las puertas de sus ciudades. huyendo de las reclamaciones de sus acree­ dores. P. Antistius Vetus en 68 a. el año 61 volvió César a la Ulterior como proprétor. Sittius. También el gobernador de la Ulterior. a los que pudo apaciguar con la ayuda de Craso . 82. 102. ante una estatua del macedonio. lo que. dice maliciosamente Salustio (Cat. basándose en la obra de Asinio Polión. De la mala admi­ nistración de la república nos da idea una alusión de Cicerón contra Vatinio (I n Vat. 5). Dion Cas. tanto en su par­ tida de Roma. II 8). Vatinio fue legado del procónsul de la Ulterior en 62.

12). pues los lusita­ nos estaban sin víveres. Así se inició la sumisión de Galicia septen­ trional (Plut. nos dice Dión Casio (XXXVII 52 s. 12). II 8) en esta campaña de César se refieren al oro del Noroeste. . que coloca allí a gente de su clientela. que. y los indígenas. se manifestaba como un político. le llamaron im p era to r (Plut. I 22). la extendió al norte del Duero. como P. agra­ decidos. que los romanos no pudieron someter. Inmediatamente de su llegada a Hispania aliátó César diez cohortes más. se rindieron. Cés. P ro Balbo 43) que humanizó las leyes de la púnica Gades. pero luego César. Iniciada la guerra. junto al cabo Carvoeiro. Cornelio Léntulo Spinther. También sa­ bemos (Cic. como en el retorno a Roma. 1. Cés. sino que necesitaba aparecer como ge­ neral victorioso. es decir. con navios gaditanos. 11). la redujo fácilmente. y otros identifican con las Berlangas). y a su regreso tuvo que combatir de nuevo con los lusitanos. Con las mismas naves llegó Cé­ sar a Brigancio. que. 12). para pedir el consulado. Entró por Lusitania hasta el monte Herminio (Sierra de la Estrella) y provocó la guerra con ordenar a los montañeses que se establecieran en el llano. No se conformó en su provincia con reprimir el bandolerismo. La conquista romana 97 (Plut. Cés. nunca habían visto barcos. incluso para sus soldados. Su gobierno en la Ulterior dio a César prestigio y riqueza. En los gobernadores de los dos años siguientes vemos la influencia de César. Cés. Se nos ocurre que las «grandes riquezas» a que se refiere Apiano (Civ. 15. que acechaban su paso. sobre las veinte de que disponía. dejando como máximo para el acreedor dos tercios de los intereses (Plut. propretor de la Citerior en 59 (César Civ. o atendiendo a las peticiones de los alia­ dos contra incursiones enemigas. en Galicia. El agitador que hasta entonces no hacía sino maniobrar en el foro. con lo que logró un ejército pretoriano normal. y arregló en la provincia el pago de deudas.000 hombres. Las fuentes hablan algo confusa­ mente de que los lusitanos buscaron al fin refugio en una isla (que Schulten supone es Peniche.). Demostró César en Hispania su capacidad como orga­ nizador y administrador.

preludiando el sistema del Principado. Pompeyo.) César mandó a su legado P. por el acuerdo del triunvirato. con ocho legiones. III 23. De la derrota de Clunia tomó ocasión el tribuno Trebonio para la ley que pro­ rrogaba por cinco años el gobierno militar de Pompeyo en las Hispanias y de Craso en Siria. pero cuando sitiaba a Clunia le derrotaron. los venció primero. se encontró con que habían pedido socorro a los hispanos y tenían tropas y jefes que no sólo sabían de guerrillas. VI 8. ad Att. Las campañas de César en las Galias tuvieron. «era muy superior en número» (Dión XXXIX 54). Todavía en 51 Varrón esperaba en vano que Pompeyo se dirigiera a la Península (Ciç. Cecilio Metelo Nepote. y mientras César terminaba su conquista y Craso iba a encontrar la muerte en Siria.). 27) y tuvo que luchar con vacceos y celtíbe­ ros. Pompeyo ponía como condición para irse a las Hispanias que César li­ cenciara sus tropas (César Civ. mediante sus legados Afranio y Petreyo. 3). el hijo del triunviro. etcétera (Cés. y el cuestor Q. 26. Cés. Casio Longino. cortar aprovisionamientos. 26. C. VII 55. correspondían. Años más tarde. por cinco años. natu­ ralmente. eco en la vecina Hispania. Las Hispanias. asistió a la conferencia en Luca de los triunviros (Plut. gobernaba la Península.98 Historia de la Hispania romana El procónsul de la Citerior en 56. de las que prestó dos a César. a combatir a las tribus de la ladera norte del Pirineo occidental. Q. sino también las artes de la guerra al modo romano: hacer campamentos. como hemos dicho. En la derrota que sufrie­ ron entonces los aquitanos tenemos mención de las tropas cántabras que habían ido a engrosar su ejército (ibidem . a la órbita de Pompeyo. I 10).21). V i l . a éstos se sumó Varrón (Schulten FHA V 26 s. 3. se nos dice.6. Cuando (56 a. y aunque pudo vengarse. Oros. Craso. 3-7). como procónsul por plebiscito. le adjudicaron las pro­ vincias. Dión XXXIX 46. mientras tanto. 4. En las negociaciones que iban a desembocar en la guerra civil. cuando César disuelve el ejército de Afranio después de . 3). En 55. no consiguió re­ ducir a un enemigo que. V 1. Gal. También César sacaba de Hispania tropas y recursos de toda clase (Gal.

p. 6 s. y el gran ejército en ellas. Ello condenaba a la Península a entrar de nuevo en una guerra mundial. Apia­ no Civ. temía que las dos provincias his­ panas. cuando su rival las abandonaba imprevisoramente (Cic.) César. personaje que antes había sido hecho prisionero y liberado por César en Corfinio.. por causa de su ya larga paz. Petreyo . con el plan de ahogar Roma e Italia con los recursos in­ agotables de Oriente. 26. Vibulio Rufo. Lindsay. II 20). no echaba de menos auxilio alguno» (Civ.). «pues nada de ello era para pacificar las Españas ni para servir a la provincia que. pero. la imprevisión y falta de plan es lo que acusan en su con­ ducta. en realidad. Por ello decidió. Hispania en la g u er ra civil e n t r e César y P o m p e y o (49-47 a. C.4). La futura división de la Península en tres pro­ vincias se ha creído estaba prefigurada en esta disposi­ ción de los generales pompeyanos. coin dos defendía la Ulterior.1. Afranio (que había luchado contra Sertorio y en Oriente) man­ daba la Citerior con tres legiones. Pompeyo había enviado con órdenes a L. conquistarlas (Varrón en Nonio. de las cuales la Citerior estaba muy vinculada a Pompeyo. más una séptima que alistó allí. se convirtieran en un peligro de­ masiado grande. La conquista romana 99 la batalla de Lérida. con otras dos ocupaba lo que luego iba a ser la tercera provincia. cuando hubo ocupado Italia y se encontró con que Pompeyo había pasado al otro lado del Adriático. César. que podía ser au­ mentado con indígenas. ad Att. I 85. al norte del Guadiana. Petreyo (el vencedor de Catilina). y las escuadras correspondientes. Lusitania. mientras que Varrón se encargaba de la Ulterior. echará en cara a Pompeyo que las seis legiones que envió a la Península. 368. estaban dirigidas contra él. y Varrón (el famoso escritor). IX 11. Decidieron reunir las tropas de Petreyo con las de Afranio para cerrar a César la entrada en la Península.

Llegó delante de Lérida. poco al norte de Lérida) por una tormenta y crecida dejaba en situación difícil a estas fuerzas. Dion Cas. I 41 s. Se for­ mó así un gran número de cohortes. con su caballería e impedimenta. mientras duraba el alarde de uno y otro bando. y por dos puentes que había hecho sobre el Segre enviaba sus tropas a forrajear a la orilla izquierda. I 34 y 38). XLI 20) . sin que las provocaciones ulteriores de los pom­ peyanos bastaran para llevarle a trabar batalla (Cés. Civ. además de 5. a tomar los pasos del Pirineo por medio del legado C. Fa­ bio. también forrajea­ ban por aquella parte. como dos legiones cesarianas llegaran a pasar. expresaba Cicerón (ad Att. Fabio pudo entrar en España y co­ menzó su labor de atraer a los del país. Civ. avanzar sobre Lérida y desafiar a Afranio. cf. Civ. contra las esperanzas que. Los pompeyanos. En efecto. construyó un campamento al oeste de Lérida. por ejemplo. 7). En este momento (primavera del 49) llega en rápida cabalgada César al campamento de los suyos y decide. por lo que se produjeron choques entre la caballería. FHA V 37.100 Historia de la Hispania romana reclutaría tropas auxiliares lusitanas. XLI 20) dice qué envió por delante a éste para tantear. I 40. para apoyar a sus forrajeadores. hacia Corbins. César se había adelantado. que se consideraban seguros y espera­ ban el agotamiento de su contrario. y sólo la llegada de refuerzos por el puente más alejado impidió se generalizara una batalla que para los cesarianos había comenzado mal (Cés. una vez estudiado el terreno. Civ. con tres legiones que él tenía preparadas en Nar­ bona. la ruptura del más próximo de los puentes (que Schulten supone. . V III 3. al sur de la capital. Afranio se lanzó con cuatro legiones y toda la caballería sobre ellas. II 42).. y Afranio se en­ cargaría de alistar a los celtíberos y a los cántabros y demás pueblos del norte (Cés. Ap. armadas con escu­ dos grandes celtibéricos o con la rodela (caetra) de las poblaciones del oeste. sin exponerse a un fracaso personal. acampado en el cerro del Gordeny.000 jin etes22. Una tradición maliciosa (Dión Cas.

ante ese ataque a la carrera. La conquista romana 101 Desde su campamento. descuidada por éstos. I 54 s. y. ya en la cuesta donde se levanta Lérida. Dion Cas. César acudió con una nueva legión de refresco. no tenía dificultad para el aprovisio­ namiento. con sus tropas metidas entre barrizales. y César empezó a recibir la adhesión de ciudades: Huesca y Calagurris Fibularia (Loarre). Ta­ rragona y los jacetanos. Un convoy que desde Galia llevaba provisio­ nes a César fue detenido. 1. Pompeyo conservaba gran prestigio en Hispania. donde provocó reacciones favorables a la causa pompeyana (Cés. que dominaba el puente de Lérida. Pero César supo salir de la desventajosa situación con la construcción de otro puente ayudándose con barcas de cuero como las había visto en Britania. que con bravura obligó al enemigo a retroceder. pues los ríos sé desbordaron. y aunque ambas partes se consideraban vencedoras. lo que hoy se llama Puig Bordel. y así pudo sorprender a los desprevenidos enemigos de la orilla izquierda del Segre (Cés. y los . fue comunicada por Afranio y Petreyo a Roma. Pero los cesa- rianos se quedaron desconcertados ante el modo de com­ batir de los otros. Afranio. Civ. En cambio. la IX. I 43-47). Con esto los pompeyanos quedaron cohibidos en sus expediciones en busca de víveres. pero se metió en lugar desfavorable. En un combate de cinco horas las bajas cesarianas fueron mayores que las de los contrarios. La situación de César se volvió de repente muy difí­ cil. Sin embargo. el Segre se llevó los dos puentes y él quedó encerrado sin víveres entre este río y el Cinca. y la situación apurada de éste. en peligro de sucumbir de hambre. Civ. sólidamente establecido. ausetanos e ilergetes le enviaron embajadas. XLI 20). los pompeyanos se dieron cuenta de la importancia de la altura disputada y se atrincheraron en ella (Cés. César vio que podía crearle un problema al enemigo si conse­ guía apoderarse de una elevación que había entre Lérida y el campamento de los pompeyanos. y a todos les pidió trigo. retrocedieron. que imitaron a los lusitanos ( co n cu r ­ sare). I 48-53. C iv.).

cambió rápidamente. Retiraron los pompeyanos casi todas las fuerzas de Lérida y marcharon hacia el sur. al fin. sabe dejar libres a los pompeyanos del suyo y quebranta así la moral del enemigo. en la fragosa curva del Ebro (Cés. Cuando. Pero la infantería le pidió a gritos que les permitiera vadear el río. y César pensó. Por otro lado. ahorrando vidas de ciu­ dadanos. se sentía tan fuerte en caballería como para pensar en llevar la guerra a Celtiberia. hacién­ dole creer que se vuelve a Lérida. cediendo al entusiasma de sus tropas.. reducir con canales artificiales el curso del Segre y hacer así un vado con el que impediría el aprovisionamiento de los pompeyanos. que se supone estaba hacia la actual Ribarroja. mientras parecía que César no podría seguirlos. aunque la desvia­ ción del agua no lo había rebajado bastante. Los pompeyanos deseaban ganar tiempo y entretener a César hasta el invierno. Civ. Se trataba de sorprender a los pompeyanos en terreno desfavorable antes de que pudieran llegar al -Ebro y fortificarse. luego hostiliza la marcha del enemigo o se le adelanta en ocupar las altu­ ras que cierran el camino hacia el sur y. agotados por la sed. con su fecunda inventiva. la fatiga y la falta de agua de los enemi­ gos en pleno verano. le hostiliza César con sus auxiliares germanos y la caballería. Decidieron establecer sobre el Ebro un punto fuerte y mandaron hacer un puente de barcas en Octogesa. I 54 s. a pesar de que sus soldados se lo pedían. cuando ante las vacilaciones de Afranio las tropas de ambos bandos fraternizan. 59-61). y César. e incluso los hispanos pom­ peyanos buscan apoyo en sus paisanos del otro campo y Petreyo hace dar muerte a los cesarianos que encuentra en su campo. Se con­ . emprendió la persecución. se rinden. y resolvió la situación sin batalla. y sacando partido de la indecisión. Afranio intenta retroceder a Lérida y pasar el Segre. 102 Historia de la Hispania romana antiguos sertorianos aún estaban atemorizados. y entonces los pompeyanos. César no quiso combatir. coincidiendo con buenas noticias del cerco de M arsella. Pero la situación. como él mismo escribe. finalmente. El talento de César brilla en las maniobras con que primero engaña a Afranio.

abandonó el campo a la vista del general y se dirigió a Sevilla. «la ciudad más fuerte de toda la provincia». Este c o n ­ v en tu s. recogiendo en Cádiz el tesoro del santuario de Hércules y obligando a los romanos de Bética a pro­ meterle como tributo de guerra 18 millones de sester­ cios. 1. Mientras Trebonio continuaba ocupado con el asedio de Marsella. expulsó a la guarnición pompeyana. César dispuso que sólo dos de sus legiones avanzaran hacia el sur a las órdenes del tribuno de la plebe Q.000 modios de trigo. Dión Cas. y una de sus dos legiones. nos cuenta César (Civ. era al principio ambigua. pero las noticias de las dificultades ante Marsella y frente a Lérida le inclinaron a disponerse para la guerra. XLI 23). mientras que Carmona. la llamada Vernácula. mientras convocaba en Córdoba una asamblea de los ma­ gistrados de las ciudades de toda la provincia. La conquista romana 103 vino en que los que quisieran serían licenciados. La provincia. construyendo naves. Civ. pues sobre todo en la Citerior tenía leales su enemigo. Marchó entonces Varrón a Itálica. haciendo levas de soldados. II 17 s.000 libras de plata y 120. es decir. II 17). y las legiones de la Península eran tropas veteranas de éste.). Ap. 20. y los demás en la Narbonense (Cés. que ya hemos visto la había gobernado doce años antes. en rápida cabalgada. pero como esta ciudad le cerró las puertas también. Civ. pero en esta misma ciudad prevaleció el partido cesariano. reclutada de los romanos del país M. se adelantó. inme­ diatamente los que tenían casa o posesiones en Hispania. se declaró por César y cerró la puertas de la ciudad a Varrón. César completaba su plan de reducir del todo a los pompeyanos en Hispania. decidió rendirse a César. II 43. al que no faltó ningún ciudadano romano distin­ guido. Varrón. en un ambiente que le era hostil. se inclinaba a César (Civ. El gran es­ critor Varrón estaba al frente de la Bética con dos le­ giones. I 62-87. lo que hizo. después de entregar la legión que . pero él. pensaba refu­ giarse en Cádiz. Su actitud. sin embargo. reuniendo trigo para enviar a Marsella y a Afranio y Petreyo. Ca­ sio Longino.

Casio. con cuatro legiones. Civ. II 19 s. acusaciones judiciales contra todo el que tenía algo que perder. alistamiento de . Mientras César en el año 48 buscaba la decisión de la guerra persiguiendo a Pompeyo. del que se llevó gran cantidad. Después de dar las gracias por su ayuda a los romanos de Hispania. A llí se encontró con las nuevas de la ley que el pretor Lépido había hecho votar en Roma. así como a su propia escolta. Extor­ sión de dinero a ricos y a pobres. llegó has­ ta Cádiz. librando a los ciudadanos de sus obligaciones económicas con Varrón y restituyendo sus bienes a los que habían su­ frido confiscación por sus simpatías cesarianas. por estos triunfos sus soldados le proclamaron im p e­ rator. Con ello César había reducido toda la Península y ha­ bía deshecho las fuerzas militares pompeyanas en ella. devolvió sus riquezas al templo de Hércules y puso al frente de la provincia a Q. II 21. En las naves que los gaditanos habían construido para Varrón marchó a Tarragona. Casio Longino. El cuadro resultante de la conducta de este desvergon­ zado imitador de César es muy interesante para mos­ trarnos los progresos de la romanización de una provin­ cia como Bética. al que había dejado extra o rd in em como propretor de la Ulterior. a terminar el sitio de Marsella. Dión Cas. XLI 24). por la que se le -nombraba dictador (Cés. Q. por tierra. 104 Historia de la Hispania romana le quedaba y darle cuentas de la situación económica (César Civ. en los confines de Lusitania. y luego persiguió a los habitantes de esta ciudad que se habían refugiado en el monte Herminio. Se nos cuenta que atacó a Nertóbriga. iniciaba un régimen militarista y de adulación a los soldados que iba a costar carísimo a la provincia.). y de arreglar las cuestiones en la provincia. En Dión (XLI 24) tenemos una versión menos rosada de la generosidad de César. y los procedimientos de que se servía la administración romana en sus malos momentos. y desde allí. pues se nos dice que fue magnánimo excepto en lo tocante al dinero. a los indígenas y a los gaditanos (a éstos les concedió la ciudadanía).

invoca el nombre de Pompeyo. Casio Longino dejó enton­ ces la provincia a su sucesor. Trebonio. que ocupe Córdoba. de Mauritania. 56-59. de acuerdo. 2-5). y por eso los jefes del partido senatorial. 60-64. y se plantea una confusa guerra civil. y a M. Ya se comprende que con tan inmorales gobernantes la situación de las Hispanias había de seguir confusa. y en su viaje a Italia. Para celebrar el triunfo. Catón y Escipión. Cuando éste proce­ de contra la legión y ordena a su cuestor. Dión Cas. Casio avanza contra Marcelo y Torio.3). X LII 16. Lépido. su es­ colta de berones le salva. el procónsul C. En la confusa situación vemos cuán fuertes eran todavía los vínculos que unían a los muñí- cipes de Itálica que habían tramado la conspiración. o la importancia que en la legión Vernácula tenían los senti­ mientos locales de hostilidad a Casio. cargado de rique­ zas robadas. Alex. Alex. Guando los provinciales desesperados organizan un atentado y llegan a darle a Casio dos puñaladas. X LII 15. en la que el italicense Tito Torio. Dión Cas. 1). que se han hecho fuertes en Córdoba. compensó a Lépido con el consulado y con un triunfo que no le había costado nin­ gún combate. Alex. Lépido abandona la provincia y regresa a Roma. pero que premiaba sus gestiones de media­ dor entre Marcelo y Casio (Bell. 2). César. y pide auxilio al rey Bogud. diplomáticamente. mas Casio y Marcelo aceptaron la paz por me­ diación del cesariano Lépido. 64.1. jefe de los rebeldes contra Casio. Marcelo Esernino. 51-55. Dión Cas. Llegaron éstos cuando la situación de Casio era muy di­ fícil. XI 12. murió en un naufragio en la desembocadura del Ebro (Bell. El venal gobernador da a precio de millones el perdón a los jefes de la conspiración. Att. mientras entrega a otros a la muerte (ibid. que estaba siempre bien informado. 48-50). M. XLII 15. propretor de la Citerior (Bell. los sentimientos locales arrastran a sus tropas y al propio Marcelo. en- . Dión X LIII 1). Alex. daba His­ pania como perdida para los cesarianos en una carta de marzo del 47 (ad. Cicerón. para el año 47. La conquista romana 105 soldados y recluta de indígenas a costa de la exhausta provincia (Bell.

el ven­ cido de Thapsus. M unda Parecía que después de la derrota de Afranio en Lé­ rida las provincias de Hispania iban a quedar definitiva­ mente en paz (así lo dice Cicerón en una carta de fe­ brero del 45. Pero ya hemos visto que los abusos y el desgobierno de Casio. IX 13. X LII 56. Fabio Máximo. y la fuerza de las clientelas pompeyanas. Metelo Escipión. como Schulten (FHA V 96) supone. encendieron de nuevo la guerra civil. 2). Hispania se convirtió en el centro de los pompeyanos. y Trebonio. Labieno. Comenzó éste su labor por las Baleares. el colega de Pedio. ad fam.106 Historia de Ia Hispania romana viaron desde Africa a Gn. y Q. X LIII 29. fue expulsado (ibid. X LIII 29-31). que habían elegido jefes a Tito Quincio Escápula y Q. Cuando Pompeyo estaba sitiando Cartagena se le presentaron las fuerzas de Hispania. III 2. a pesar de ello. Afr. se su­ blevó la Bética entera. Val. Máx. sin esperar al hijo de Pompeyo. Fabio Máximo. Acudieron. 96. en la Citerior. Mien­ tras tanto. 4). debió de tener que hacer la guerra a los galaicos. huyendo después de la derrota en Africa. 3). y teniendo en cuenta que al año siguiente Fabio . su hermano Sexto Pompeyo. legado de César en 46. Los p o m p e y a n o s en Hispania. y el cansancio por los abusos de los cesarianos aumentó el número de los pom- peyanos. Gneo Pompeyo fue recibido a su llegada con gran entusiasmo. Pedio. Los generales cesarianos. y huyendo hacia la Península fue echado a pique el barco de Q. y le procla­ maron im perator. los senatoriales son vencidos en Thapsus. 27. que se suicidó antes que caer en manos del enemigo (Bell. Aponio. en la Ulterior. a la vista de una inscripción de Lugo y otra de Braga (por lo demás de difícil interpreta­ ción). Pompeyo hijo (Dión Cas. con la escuadra. 1). Pero. Q. tuvieron que pedir a César se presentara para remediar una situación que parecía perdida (Dión Cas. Atio Varo y T. 13). y allí se quedó por estar enfermo (ibid. que debió sustituir a Trebonio.

un cierto Q. que era la única ciudad. salvo Apiano. y ya designado cónsul para el año siguiente. donde se encontró con su ejército a las órdenes de los legados de las dos provincias hispanas en su nombre. donde estaba Sexto Pom­ peyo. Hizo su viaje por tierra con sorprendente rapidez. mas el apoyo de hispano-romanos e indígenas no era uná­ nime y.). Una noticia favorable era que Didio ha­ . 2). XV 19. C. ad jam . con tropas indígenas que los cesarianos motejaban de la tro n es o bandoleros.4). 4) que Sexto Pompeyo era poco inteligente y creía que la crueldad era una virtud. que se decía en Roma era hasta de once legiones (Cic. Hisp. Curcio fue ejecutado por Sexto Pompeyo en presencia de las tropas porque había tramado ponerle en manos de los partidarios de César. Hisp. 2. No obstante. Hisp. Dejó en Roma a Lépido al frente de los asuntos. era poco favorable. Hisp. pero el peligro era ya demasiado ame­ nazador. VI 18. hay que tener en cuenta que la historiogra­ fía llegada a nosotros. Los hijos de Pompeyo reúnen un gran ejército (Bell. aprovechando que Gneo atacaba a Ulia (Mon- temayor). de general entusiasmo cesariano. 1). en diecisiete días desde Roma a Sagunto y en diez más hasta Obulco (Porcuna). y precisamente en suelo his­ pano. es enemiga del hijo del Magno. por ejemplo. entre Jaén y Córdoba. Sabemos también (Casio en Cic. César había recibido mensajeros de Córdoba pidiendo los liberase con una sorpresa noc­ turna de los pompeyanos que la ocupaban con Sexto Pompeyo. El año 45 es decisivo. Estaban muy lejanos los tiem­ pos del año 49. 1). 2). La conquista romana 107 celebró su triunfo en Roma y alcanzó el honor del con­ sulado. de Bética que se sos­ tenía por César. llega a la Península con el fin de terminar la guerra (Bell. Fabio y Pedio (Bell. Estando César al final del tercer año de su dictadura (46 a.1. ad jam. pues las exacciones y abusos de Casio y de los demás tenían irritada a la provincia. Había mandado a Didio desde Cerceña con la escuadra. 1. Se le acusa igualmente de codicia y de extorsiones en la provincia (Bell. La situación en Andalucía.

5 s. . en el lugar llamado Teba la Vieja. escaso de víveres y enfermo (Dion Cas. A pesar de la aparición del socorro y de que un jefe pompeyano consiguió meterse mediante una estratage­ ma en Ategua (Dión X LIII 33 s. Los cesarianos se consideraban supe­ riores en caballería y en infantería ligera (Bell. se dirigió contra Ategua. Dión X LIII 33. Hisp. entrar en la plaza sitiada (Bell. pero sólo cuatro eran buenas. ante la amenaza que en el pasado eran las incursiones de las gentes bárba­ ras. Hisp. pues las demás se componían de esclavos fugitivos e indígenas. X LIII 31. Gneo acudió a liberar Ategua del asedio que se iniciaba y puso su campamento entre Ategua y. Tenía trece legiones. que era de nuevo proclamado im p e­ rator. César continuó el asedio y la ciudad ofrecía entregársele (Bell. y estas tropas lograron. César acampó entonces cerca de Córdoba y emprendió ataques para tomar el puente sobre el Guadalquivir. 1). 4). sin que Gneo Pompeyo fuera capaz de ayudar a los si­ tiados en una salida que éstos hicieron ni pudiera impe­ dir la destrucción con minas de parte de los muros (Dión X LIII 34). Como el tiempo pasaba sin adelantar nada y los hijos de Pompeyo no presentaban batalla. 9 y 14). 2. y pasó luego a atacar a Córdoba. lo que hizo (tbid. ciudad que estaba sobre el Gua- dajoz. 75).108 Historia de la Hispania romana bía batido a Varo por mar. César. En efecto. y asediarlas era muy largo. 7). X LIII 32. Floro II 13. Hisp. Hisp. que se apresuró a llamar a su hermano para que abandonase el sitio de Ulia. César envió a Vibio Pacieco con refuerzos para Ulia. frente a Carteya (Dión Cas. 19 s. mientras que Gneo se retiraba a Ucubi (Bell. Buscaba apro­ visionarse y atraer allí a los pompeyanos para una ba­ talla (Bell. pues las ciudades estaban en alturas. en medio de un temporal. 13). Hisp. Pero la guerra en la provincia se presentaba difícil.).). Por fin. 3). Hisp. Ucubi (Espejo). César tenía que aprove­ char los descuidos del enemigo o atraerlo mediante ata­ ques que lo comprometieran a luchar (Bell. 7). El primer choque con la vanguardia de César asustó a Sexto Pompeyo. el 19 de febrero caía la plaza en manos de César.

el día de los Liberalia. y se servían de lanzas y es­ cudos de los enemigos como de estacas y vallas. casi el doble de los 40. La batalla fue muy dura. La conquista romana 109 Los rencores de la larga lucha la habían endurecido. Apiano Civ. y ejecución de prisioneros. según leemos en las profesionales páginas de la G uerra d e Hispania.1.000 de César. Los muertos del ejército pompeyano pasaron de 30. y otras fuentes derivadas de Livio) que el propio César. poniendo encima y de cara a la ciudad cabezas cortadas de pom­ peyanos. degüellos y corte de manos a los espías se repiten. escrita por un oficial cesariano. 17 de mayo del 45. cuando supo el desastre. César. que fue interpre­ tado como fuga (Dión Cas. Se cuenta (Floro II 13. Las des­ graciadas ciudades. II 104. Al hacer un mo­ vimiento contra la caballería de Bogud. a quien los problemas de aprovisio­ namiento empujaban a buscar una solución en batalla. X LIII 38). Parece que el ejército (Schulten FHA V 137) era de 70. ÿ de su capital. 81. Por fin. cayó Labieno. Este se hallaba entre la doble amenaza de verse cortado de su base. 27-31). Sexto. La caballería africana de Bogud tuvo una actuación decisiva al deshacer el ala derecha de Gneo y tomar un campamento. Hisp. abandonó a . el que había sido legado de César en la guerra de las Ga­ llas. dejó su caballo y se lanzó a la primera línea. Córdoba. Carteya. Hisp. Ponían los cesarianos para cincunvalar a Mun­ da murallas de cadáveres. Bell. y fal­ taban menos de diez meses para los idus de marzo. a pesar dé las hazañas en el ala derecha de la excelente legión X. como vemos en el ejemplo de Bursaón (situa­ ción desconocida. Fue la última batalla de César.000 (Bell. gracias a hábiles maniobras en la llanura de Munda (M ontilla). se encontró. 22). pero éstos eran de mejor calidad como soldados. frente a las tropas de Gneo Pom­ peyo. y la posición ventajosa de los pompeyanos hacía muy difícil la situación de los cesarianos en muchos puntos. Los pompeyanos refugiados en Munda atrajeron a los enemigos. venganzas políticas y persona­ les.000 hombres. sufrían de mutuas aniquilaciones y venganzas. mezcladas con sus banderías locales en una guerra general.

Pero C. Didio destruye sus barcos. después de un banquete y de perfumarse. y después Osuna (ibi­ d e m 40 s. por la facili­ dad con que se había adherido a Gneo Pompeyo y re­ cuerda rencorosamente la expulsión de Casio Longino. Cuando ya los cesarianos dominaban la ciu­ dad. con la escuadra de Gades.).). y la ciudad de Munda cae por fin. En Carteya surge la división y Gneo huye.110 Historia de la Hispania romana altas horas de la noche Córdoba. que era el jefe de los pompeyanos. se dirige a Córdoba. fuente histórica tan va­ liosa en su mediocridad como única. Filón. pues esta­ ba herido. mientras que Gneo se dirigió a su base de Carteya. Así quedó sometida la Bética. termina la Guerra d e Hispania. sin contar los de las luchas fuera de la muralla. Los lusitanos de Pompeyo aún combaten contra Didio. qué él consideraba tan suya. Hisp. Así se apoderó César de Córdoba (ibid. consigue hacerse con la ciudad gracias a una tropa que trajo de Lusitania (Bell. Hubo una carnicería espantosa: el Bell. en me­ dio de confiscaciones y aumento general de tributos (Dión Cas. habla de 22. En Sevilla se repitió la tragedia de internas divisiones y asesinatos. mientras los de Carteya le enviaban mensaje de que tenía a Gneo Pompeyo a su disposición. César. Al fin pudo César reducir Sevilla. Parte de la guarnición quería rendirse a César. una vez cercada Munda. 39). 36. Fabio Máximo. A llí Escápula. Mientras tanto. y es al fin descubierto.000 muertos. 33 s. Hisp. X LIII 39. que no res­ petó ni siquiera el famoso santuario de Hércules. Su cabeza fue llevada a Sevilla y expuesta allí (Bell. Cuando Gneo baja a tierra a buscar agua. Con un discurso de César en Sevilla.000 prisioneros. sale en su persecu­ ción. y con gran codicia. llevado en litera. con mucha mortandad donde hubo resistencia. pero los contrarios empezaron a quemar la ciudad. 35). por su lenguaje . 4). en manos de Q. en el que ataca a la provincia. Gneo se esconde con unos pocos fieles lusitanos. Didio. un cierto pompeyanó. con 14. se hace quemar en una pira. Hisp.

Per. que la historiografía hostil a él presenta como un joven ineducado y entregado a sus esclavos y libertos. fijación de una nueva fron­ tera. Marcada por su genio. Carrinas (Ap. La conquista romana 111 vulgar. lo que fue muy mal visto (Plut. Ucubi. III 4. Civ. la elevación a entidades romanas de antiguas ciudades de Bética (además de las aludidas. así Pax Julia (Beja). Caesariana. 116. Fabio y Pedio (CIL I2 1. Evora y una serie más en la actual provincia de Badajoz (Baeturia). Estr. Cés.1. 10. Sexto Pompeyo. no careció de dureza y parcialidad: Munda quedó privada de su condición de colonia. pues no habían luchado (Dión X LIII 41). pero. 2) en el momento en que llegaba la . además de Celsa (sobre el Ebro. Ituc- ci y Acci). Sabemos (Dión Cas. en la literatura. a César se debe la creación de una serie de colonias ro­ manas que significan. en Aragón) y Tortosa. p. Sexto Pompeyo encontró apoyo entre las tribus que habían sido clientes de su padre. se­ gún vemos por los sobrenombres Iulium . escapaba a Celtiberia (Floro II 13. etc. Aún atacó Sexto y consiguió volver de nuevo a la maltratada Bética. y tomar Vera de Almería (Cic. César realizó en brevísimo tiempo una profunda reforma. Suet. II 105). 56). 87) y co­ menzaba a actuar con guerrillas (Apiano Civ. cf. y atacar Cartagena. ad Att. y Urso e Hispalis (que fueron he­ chas colonias) perdieron parte de su territorio. Mientras tanto. César volvía a Roma y celebraba — esta vez sin disimu­ lar. 161) que se refugió entre los lacetanos y que en la vasta Hispania llegó a ser de nuevo un peligro que obligó a mandar tropas contra él. 179). 83). XVI 4. en otros. También triunfaron sus dos legados.. y someter de grado o por fuerza ciudades. XLV 101. en unos casos. 37). una red de municipios que favorecen la romanización. como Scallabis (Santarem) o Norba (Cáceres). lo cual no dejó de parecer ridículo. valiente aunque desleal (Vele- yo II 73). a las órdenes del propretor C. Lisboa. Cés. como cuando había vencido a Pompeyo y Catón de Utica— su quinto y último triunfo sobre los hijos de Pompeyo (Liv. IV. En la Citerior hace colonias de las antiguas capitales Tárraco y Carthago Nova. en otros.

y llegó con él a un acuerdo. Hispania d e s d e e l 43 a. en el que estaba también interesado M. X 31. a la vez que le devol­ vían los bienes paternos (Dión XLV 10.1) que la situación en los pasos de Andalucía a Castilla (saltus C astulonensis) era . nombró César a M. pero Lépido alcanzó otra vez una solución política que le valió una supplicatio del Senado en noviembre del 44 (Cic. Las revueltas circunstancias de la política romana de­ jaron sin cambio el gobierno de las Españas. Polión fracasó en la empresa de vencer a Sexto Pompeyo. Gabba. C. 1. Antonio. por el cual Sexto volVía a Italia y le era asignada por el Senado la comandancia de la flota (p r a efec tu s ora e m aritim ae). y batir en batalla al propretor de la Ulterior. 28. mien­ tras que el segundo buscaría refugio en las letras. 112 Historia de la Hispania romana noticia del asesinato del dictador. aban­ donando su manto de general. que huyó. Dos personajes de los que el primero estaba llamado a desempeñar un papel político importante. y a C. De Po­ lión sabemos por carta de él incluida en el epistolario ciceroniano (ad fam . L egio VII G em ina 154). En su último refugio de Sicilia todavía le siguen tropas hispanas fieles (E. salvo que el genio político de César supo con sus concesiones de derechos políticos a ciuda­ des sentar la romanización sobre bases más amplias y preparar así uno de los logros mejores del Principado: la administración y gobierno de las provincias. invitó a Sexto a una entrevista. Emilio Lépido procónsul de la Citerior y la Narbonense. El procónsul de la otra provincia. Asinio Polión. mientras en Italia arde la guerra civil. Filip. XLVIII 17. Tan caras resultaron al cabo las largas guerras cesa- rianas en Hispania. para el último año de vida que comenzó. hasta la gu erra d e cán tabros y astures Ya hemos visto qüe. de la Ulterior. Lépido. Asino Polión. III 23 s). Veleyo II 73). y seguimos encontrando a los dos citados gobernadores en el año siguiente.

XLVHI 10). pero no cabe duda de que la si­ tuación era difícil. Octaviano y Antonio. ad fatn. vencedor de la guerra de Perusa. prorrogar en su beneficio la magistratura local. el año de Filipos. Antonio incitaba a Bogud a invadir la Península (Apiano Civ. su cuestor. sabemos que este año estaba en la Narbonense. metiéndolo primero en tierra has­ ta medio cuerpo. Antonio. 158). Otra carta del mismo (ibid. después de unos cuantos desmanes como hacer caballero a un histrión. al cual ya hemos encontrado como cuestor de Polión. 3). quemar a un soldado pompeyano al bárbaro modo púnico. Tenemos monedas con el nombre de L. y exponer a las fieras ciudadanos ro­ manos. 26). Cornelio Balbo propretor y pontífice. La conquista romana 113 caótica. y como tal. 32) nos informa de la traición de Balbo el joven. En 40. exagera. cónsul. Y ya enton­ ces L. resentido por el abandono de su cuestor. le quitan entonces estas provincias y le dan el Africa.1. que le había sido adjudicada con la Ci­ terior por César. en Mauritania. y en 41 a. quizá el propretor. de las cuales la primera es de este . En cuanto a Lépido. Pero los vencedores en esta batalla. como legado suyo. que sin pagar a los soldados se pasó al reino de Bogud. indeciso además entre inclinarse a Antonio o a Octaviano. dueño de las dos Hispanias en 42. hermano de Marco. Octaviano. Hispania forma por de pronto parte del botín del triun­ viro Octaviano. Carrinas. vuelve a hacerse cargo de ella. y a fines del 43 celebraba su triunfo en Roma (CIL h 1. De que el país no estaba en calma nos asegura el he­ cho de que Asinio tuvo que enviar a sus legiones a Lu­ sitania ai los cuarteles de invierno (en Cic. X 33. C. concede Hispania a L. en Roma. Aún es Lépido. lo que hará pocos años después. y los bandoleros interceptaban el correo del go­ bernador de la provincia. Quizá significa que la paz en la exhausta Península no era aún completa la noticia de un motín en Italia de soldados que Octaviano enviaba a Hispania (Dión Cas. Como legados suyos aparecen Sexto Peduceo y Balbo el Joven. p.

Bebió como jefe de las costas de la Citerior (CIL XI 623). l 25). La Península fue a continuación atribuida a un perso­ naje importante. Cuando se dedicaba al saqueo y atacaba el mismo santuario de Hércules ga­ ditano (Porf. 180) La costumbre de que los sucesivos procónsules de las Hispanias triunfaran al fin de su gobierno. Veleyo II 78. Bogud. 206). The C oinage o f th e R om an R e p Londres. que al salir de su segundo consulado en 40 viene como procónsul. Boco.3). Al año siguiente. Sydenham. por su victoria sobre los cere­ tanos.). 765. lo que hubiera parecido un sacrilegio (Dión X LVIII 42. y para ello se vio obligado a restablecer con dureza la disciplina militar (Dión Cas. . XLVIII 41. Aún después de Accio hay noticia de que M. A. 1). Así sabemos también que C. que se había quemado y para la que pidió prestadas a Octaviano 24 estatuas que no le de­ volvió. Antonio. Tuvo que vencer a los ceretanos. se sublevó a sus espaldas y le quitó el reino. p. Al final de su gobierno de las Españas triunfó Do­ micio en Roma (36 a. con el apoyo de Octaviano. y Apio Clau­ dio. El oro que recibió de las ciudades para su triunfo (aurum co ro n a ­ rium ) se lo gastó en las solemnidades y en la restaura­ ción de la Regia. permite de­ ducir que había intranquilidad que provocaba operaciones guerreras. 1952. en efecto. Marcio Filipo. por concesión de Octaviano. Wilsdorf 137). rebeldes todavía. atacó las costas meridionales de la Península. Domicio Calvino. naturalmente que. otro rey mauritano. como los hijos de Pom­ peyo (Dión Cas. C. según parece. como corresponde a los nue­ vos tiempos. D e abstin. Gn.114 Historia de la Hispania romana momento (Schulten FHA V 176. E. una inscripción nos ha conservado el nombramiento por él de C. a ins­ tigación de M. Schulten (FHA V 179) supone que en estas luchas tenemos los pre­ ludios de la guerra de cántabros y astures. y. en 33. el·rey de Mauritania. L. en 32 (CIL h 1. Norbano Flaco triunfa en 34. LI 10). Antonio pensó en trasladarse a Hispania. Bogud hubo de buscar refugio junto a Antonio en Egipto (Dión X LV III 45. CIL h 1 p. sin que Octaviano se atreviara a sacarlas del templo.

). Ya Aníbal hubo de desarticular a ólcades. 5) que T. Flo­ ro II 33. C. Oros. los autrigones. La frontera que primero estaba en la Beturia y al pie de las montañas que dividen las aguas del Mediterráneo y del Atlántico. eran principalmente los primeros los que hostilizaban a sus vecinos sometidos. 46 s. p. todavía se rebelan en el año 59. los celtíberos. pero el problema había ido trasladándose de lugar. C.. Volvía a presentarse como nece­ saria una campaña de pacificación. Las invasiones que antes ame­ nazaban a las ciudades ibéricas y turdetanas eran un peligro ahora para los nuevos centros de cultura urbana y romana de las mesetas. es Bruto el que inicia la conquista del oeste. La necesidad de alcanzar protección contra las bárbaras tri­ bus del oeste y del norte había ido llevando a los gober­ nantes romanos a la sucesiva destrucción de éstas. 3). La rebeldía de los indígenas bajo el caudillaje de Sertorio sirvió también para la romaniza­ ción de los más irreductibles lusitanos y celtíberos. cántabros y astures. vimos también sucumbir a los ilergetes ante Escipión y sus sucesores. Es- tatilio Tauro venció a los rebeldes vacceos. sin atacar a sus vecinos (Floro /. Los astures parece que se contentaban con defender su libertad. carpeta- nos. Cuando ya no quedaban libres sino los territorios montañeses de cántabros y astures. . Sexto Apu- leyo triunfa también en 26 por éxitos en la guerra de His­ pania (ibid. VI 21.1. con frecuentes ataques (cr eb r is incursionibus. La g u er ra d e lo s cántabros y astures (29-19 a. abierto des­ pués de la ruina de Viriato. turmogos y vac- ceos. LI 20.) Esta guerra es el último episodio de la conquista. La conquista romana 115 29. Calvisio Sabino (CIL h 1. y que César completa en su pretura del 60. y al mismo año corresponde el triunfo ex His­ pania de C. 50). mientras que las campañas de su enemigo Pompeyo lle­ van la cultura y el dominio romano a los pueblos de Na­ varra y del Pirineo aragonés. vetones. cit. 77). había ido corriéndose hacia el norte. oretanos. En 28 a. que apare­ cen frente a Catón. sabemos (Dión Cas.

R. 48 s. mas. que afirmaba sus poderes como vitalicios. en el Bierzo.) puso su campamento en Segísama (Schulten Los cánt. también la escuadra atacaba por el norte. con la campaña de pacificación total en la Península y con una relativa­ mente larga permanencia en ella. Si Floro y Orosio (V I 21. Quizá la guerra de España no era tan grave como para reclamar su presencia. decisivo en la historia constitucional de Roma. Apenas acabado el año 27. Syme ha sometido a crítica esta construcción tra­ dicional de Schulten. la segunda. hacia Bergidum. 140) y dividiendo su ejér­ cito en tres columnas buscaba al enemigo como si fuera al ojeo en una cacería.2) parece deducirse que planeaba ir a la conquista de Britania. más al oeste. pero la gravedad de la situación exigió la pre­ sencia en España del mismo Augusto. 26.116 Historia de la Hispania romana No conocemos pormenores sobre el comienzo de la guerra. En esta capital iba a inaugurar su octavo y noveno consulado (Suet. El p r in cep s preci­ samente entonces inauguraba la nueva constitución. prefirió pacificar una pro­ vincia a ganar una nueva. Aug. Augusto llegó a Tarragona. Los rebeldes se refugiaron en sus breñas y no presentaban combate. 4) no confunden unas campañas con otras. pues en él se regula el Princi­ pado. 40). Augusto (Floro II 33. bien conocida. Schulten (FHA V 195. de las guerrillas hispanas. Los cánta­ b r o s 136) cree que resulta de estas noticias que la pri­ mera columna marchó hacia Aracillum (Aradillos. CIL XIV 22. Pero la guerra no era tampoco fácil. contra el monte Vindio. «montaña -—dice el retórico Floro— a la que se creía podría subir antes el océano que las fuerzas romanas». que ha predominado en todos los . Syme señala el progreso en el co­ nocimiento de las costas de Galicia y Asturias que se acusa en esta época. En las hondonadas y bosques acechaban a Augusto y repetían la lucha. Luchaban con armas arrojadizas y estorbaban los mo­ vimientos de los romanos adelantándoseles siempre y ocupando los lugares favorables. pero de un texto de Dión (LU I 25. mientras la tercera. cerca de Reinosa). para orlar el nuevo régimen con laureles.

Augusto enfermó «con la fatiga y las preocupaciones». y cuando los sitiados vieron que no tenían salida. y. «fortísima» (Floro). 54 ss.51). Gómez-Moreno sobre el Sil. II 374) lamen­ ta a este propósito los males que el oro atrajo sobre los hispanos. mientras que. hacia el lago de Carucedo. cf. o con la venta de los indígenas como esclavos. Luego (Floro II 33. Floro (ibid. Los romanos cercaron allí a los astures con un foso de quince millas de largo. «la mayor ciudad de los astures» (Dión). el monte Vindio estaría. pero la B ergida de Floro es Attica en Orosio.). legado de la Ulterior. 60) celebra la abundancia de la región en oro y minio. a 18 millas de Amaya y 25 de Aracillum. En el primer verano que pasó en Cantabria dirigió la pacificación. exploradas por M. organizados en tres grupos en las llanuras de León. Carisio fue prevenido por los habitantes de B riga eciu m (hacia Benavente) y pudo evitar una sorpresa. mediante sumisión y entrega de rehenes. A continuación (Floro II 33. donde se hallaba oro que iba a ser una fabulosa riqueza para los romanos.. 150) ocupó Lancia. De las penalidades de la . Pero nuestras fuentes presentan la primera etapa de la guerra como obra del Emperador. que creemos son las- M édulas24. Se trata de un ataque a los cán­ tabros. Cari- sio. se enfrentaba con los astures.50 ss. que estaba abandonada por los indígenas. y Josefo (G uerra d e l o s j u d . árbol que aún es mágico en las supersticiones populares. y dispuestos al ataque. puede tratarse de Vellica. según eso. y tuvo que retirarse a Tarragona. en esta misma región. fue reducido el monte Medulio.). y reduce lo que se atribuye a tres columnas al itinerario de una sola: Aradillos es Arad- llttm.1.4 ss. Y ésa fue la empresa del año 26. dice Dión (L U I 25. se dieron muerte en un banquete unos a otros con el fuego y con un veneno que sacaban del tejo. en realidad. sino por sus legados (Floro II 33. La conquista romana 117 estudios posteriores. por su parte. todavía desde la vertiente meridional. Schulten Los cánt. La mayor parte de estas campañas no las llevó Augusto personalmente. parece que en el año 25. sobre el Esla.

VI 21. El rey de los partos. vino a His­ pania a visitar al p r in cep s (Just. p. 9 y 42). apén­ dice 222) recuerda que un ciudadano de Traies.· militar experto y que había sido investi­ do del consulado. Un epigrama (Anthol. Palat. asistió también a su campaña. en Asia. Después de las victorias de sus legados. 29) de que dedicó en Roma un templo a Júpiter Tonante en recuerdo de que. se hizo cargo como legado de la Ci­ terior de la campaña contra los cántabros y consiguió victorias «no porque fuera mejor general que Augusto — nos dice aduladoramente Dión (ibid. y. 19) se habla de legaciones de indios y escitas que llegaron a Tarragona. Antistio. C. Claudius Nero. X LII 5. sobrino de Augusto. presidieron en el campo imperial unos juegos (Dión L III 26. 8)—.) que Augusto regresó a Cantabria. por cierto. inició en aquella campaña su larga carrera militar. supone Schul­ ten (Los cánt. Tib. entonces ocupado en la composición de la Eneida. Suet. por Dona­ to. En medio de las preocupaciones de la guerra. Marcelo. 6). ante la amenaza de invasiones escitas. 1). La guerra servía así a los fines dinásticos. . y más vaga­ mente (Oros. sino por­ que los bárbaros le despreciaron y salieron a batalla con los romanos». y visitar al emperador en Cantabria para suplicarle la reconstrucción de la ciudad. destruida por un terremoto. 118 Historia de la Hispania romana campaña da idea lo que nos cuenta Suetonio (Aug. 7. También sabemos que el joven Tiberio. viajando una noche en litera por los montes de Cantabria. 153 s. tuvo que atravesar el mundo. un rayo le pasó rozando y mató a un esclavo que iba delante alumbrando con una antorcha. que su desmedida afición al vino le haría dar por los soldados el nombre ligeramente desfigurado de B ib eriu s Caldius M ero (en vez de Tib. iniciando Ío que luego sería comente en las fronteras del Rhin y de los Alpes. Ambos jóvenes. Tiri­ dates. príncipes de la nueva dinastía. Brummer). se acor­ daba Augusto de pedirle a Virgilio. su entenado. algún borrador o fragmen­ to de la esperada epopeya (Vida d e Virg. Se registran algunos sucesos más de la presencia de Augusto en Hispania.

C. vino a Hispania (Dión Cas. como solía ocurrirles a los romanos con las guerras de Hispania. De nuevo el año 22 tenemos noticia (Dión LIV 5. algo prematuramente.). La conquista romana seguramente en el verano y otoño del 25. y le dijeron que enviara tropas para hacerse cargo del trigo y otros donativos para el ejército. que carecía de experiencia. una vez que fueron rechazados y vencidos en una batalla. pues. 1 s. Cuando los enviados llegaron. 1) de que los astures’ se rebelaron por la crueldad y afán de ganancia de Carisio. sostenerse. Elio Lamia. cuando Agripa. Pero la rebelión de los cántabros y astures seguía. No le interesó añadir un triunfo más a su carrera (Floro II 33.3). Los dos legados pudieron. se sometieron. Furnio.) so­ lemnemente el templo de Jano. v. quemando ciu­ dades y cortando las manos a los prisioneros (Dión LU I 29>. mientras que los cántabros les siguieron en la rebeldía con desprecio del gobernador de la Citerior.i. que la campaña estaba terminada. LIV II. o se envenenaban. Alföldy Fasti 5 s). Los cántabros engañaron al legado de la Citerior. El final de la guerra llegó algo después. LVI 43. G. donde le llamaban otras preocupacio­ nes. C. Corocotta. C. los llevaron a lugares apropiados y les dieron muerte.. pero la resistencia de los cántabros fue irreductible. cuya captura Augusto ofreció premiar con 250. cabecilla al que los historiadores llaman jefe de bandoleros (Dión Cas. pero sí cerrar entonces (25 a. Pero no se hizo esperar el castigo: los romanos vinieron y talaron sus campos. Entonces de­ bió de fundar la capital Astúrica Augusta (Astorga). después de pacificar las Galias. El año 25 consideró el p rin cep s. no querían vivir y se daban muerte entre el incendio de sus poblados. Los astures. sino que le obsequió con una gran suma. sin embargo. en 19 a.000 sestercios. y Augusto no sólo le perdonó. una vez que veían perdida su libertad.53). y decidió regresar a Roma. Los cántabros que habían sido hechos prisioneros en las campañas pasadas y vendidos a particulares dieron muerte a sus amos y sublevaron a muchos según marchaban a concentrarse en . se le presentó.

11). 160. 18. legado de la Ulterior. 165) de que los cántabros. 3) en la costa de Galicia le fueron dedicadas a Augusto por L. Seguramente hubo enton­ ces una campaña paralela en el oeste. con referencia a Veleyo II 90 y CIL II 3414). y un niño mató con la espada. El templo de Jano se volvió a cerrar en 25 (Oros. 164) nos cuenta de que las madres cántabras preferían matar a. y una mujer. proceder implacable con los prisioneros y trasladar a los indígenas supervivientes. Plin. tan pobladas y tan .. Ptol. p. Tuvo Agripa que castigar a los soldados. Las aras sestianas (Mela III 13. O lo que él mis­ mo nos dice (ibid. ni aceptó el triunfo que se le había concedido por orden de Augus­ to. Agripa se portó con admirable moderación: ni escri­ bió al Senado para darle cuenta de su.. Silio (Schulten FHA V 193. Veleyo. que ha­ bía sido cónsul sufecto en 23 25. Las pro­ vincias de Hispania. 1). a la llanura. que está bien informado de las campañas de esta época. mujeres. p. viejos y niños. compuesto de veteranos fatigados por las largas cam­ pañas. II 1. campaña. en la cruz del último suplicio. En esta campaña intervino como legado P. sus hijos a que cayeran en la esclavitud. ni siquiera dio sobre su hermano los informes que el cónsul le pedía. a sus compañeros de esclavitud. Así terminó la guerra de los cántabros y astures. privar del nombre de Augusta a la legión I. pero los cántabros sabían que su rebelía no en­ contraría merced y luchaban a la desesperada. C. C. gesto pacífico que se repetiría otra vez en el reinado (probablemente 8 a. Ses­ tio. cantaban himnos de triunfo. IV 111. arrancándolos de sus montañas.). En este contexto hay que poner lo que Estrabón (III 4. Los cánt.17. V I 21. hacia el año 20 a.120 Historia de la Hispania romana su tierra. Se apoderaron de fortalezas y atacaron guar­ niciones. Esta rebelión de esclavos con base en su bárbaro país produjo un verdadero pánico en el ejército romano. «tan extensas». Agripa -pudo con su prestigio restablecer la disci­ plina. a sus padres y hermanos prisioneros. por orden paterna. como después de Accio. dice que la guerra fue larga y dudosa (II 90.

la guerra. el mayor ejército del interior del Imperio era el de Hispania.4). Hasta la reducción de Vespasiano. según frase de Veleyo (II 90.guerras. exagerando. aprendieron a conocerlas». iniciada en las playas del Mediterráneo. mientras trabajaban para otros. el retórico Floro (II 33. los astures. 60). 39). beneficiaban las minas. La amplia autobiografía de Augusto en X III libros terminaba precisamente con la campaña de Agripa en Cantabria. pues ya los indígenas desde la prehistoria. Al cabo de doscientos años. desde Ampurias a Cartagena.1. . 5. sino incluso de bandolerismo». y a este leal yerno estaba dedicada la obra. Anc. Tres legiones quedaban para la custodia del país y sus riquezas. «fueron paci­ ficadas por César Augusto de tal modo que se vieron libres no sólo de. La conquista romana 121 «feroces». «cavando en lo hondo sus riquezas. Como dice. terminaba en las orillas del Cantábrico. En su testamento político y militar Augusto se jacta de haber recuperado también en Hispania los estandartes que por culpa de otros jefes habían caído en manos del enemigo {Mon.

La Península. pacificada. En general. La historia externa bajo el Imperio hasta Diocleciano Con el fin de las guerras cántabras y la reorganización administrativa de Hispania comienza una nueva era. desempeñada por funcionarios que enseguida empiezan a profesionalizar­ se. centrado en Roma. salvo en aquellas regiones del norte y noroeste. y que sólo excepcionalmente -se acüsa en medidas de resonante trascendencia histórica. La uniformadora romanización se va exten­ diendo por todas partes y el acontecer histórico. Hispania. pierde sus rasgos culturales pro­ pios. pocos incidentes historiables podemos re­ coger en los anales de las provincias. Acontecimientos históricos en la Hispania pacificada. alegori­ 122 . mientras el gobierno de Roma funciona normalmente. donde la situación de atraso los mantiene más largo tiempo. no se manifiesta en las provincias pacificadas sino en la actividad administrativa.Segunda parte La romanización 1.

Libisosa y Salaria en la Tarraconense. Igualmente. y predominantemente con carácter civil. Más lento hubo de ser el avance en condición jurídica de Brácara Augusta y Lucus Augusti. Augusto se lo concedió a fundaciones que.2. La adminis­ tración provincial se profesionaliza y queda recortada la ambición de la nobleza romana. Carthago Nova obtuvo en 27 la categoría de colonia. fueron militares: Astigi y Tucci se entregaron a legionarios. Los provinciales aceptaron de buena gana el Principado. Después de Augusto el proceso de romanización ad­ ministrativa se detuvo bajo su dinastía. V. Ilici. por de pronto. Caesar- augusta se fundó con destacamentos militares. como anota C. En el noroeste. y que rápi­ damente se desarrolló como capital administrativa de la nueva provincia de Lusitania. representa la completa sumisión de la Península después de la derrota de los cántabros. . Hispania bajo la dinastía julio-claudia Augusto continuó la política cesariana de fundación de colonias en la Península. y los pro­ vinciales hallan una instancia superior frente a los abu­ sos o arbitrariedades de los gobernantes. bajo Augusto alcanza Gades la conside­ ración de municipio. y también Bilbilis. Asturica Augusta debió de pasar a municipio por este tiempo. Y el más ilustre ejemplo es Mérida. La administración era en conjunto vigilada por el prín­ cipe. fundada para los veteranos de la primera etapa de la guerra cántabra. 1. que tantas veces había hecho o rehecho sus fortunas a costa de las provincias. Si su padre adoptivo con­ cedió el estatuto de colonia a numerosas ciudades. Sutherland. también fue puesto un freno a la codicia de los caba­ lleros y de los publicanos y arrendatarios de impuestos. incluso en las provincias senatoriales. y de modo comparable Bar­ cino. y apenas tene­ mos nuevas concesiones de derecho colonial. H. La romanización 123 zada como una mujer sentada a la izquierda de la coraza del Augusto de Prima Porta retratado como gue­ rrero.

IV 36). por ejemplo. fue asesinado por un campesino de Termes en la Celtiberia porque saqueaba él país «con más codicia de la que los indígenas podían tolerar» (Tác. Sexto Mario (prote­ gido en otra ocasión por el propio emperador contra un denunciante. También hay referencias a casos en que Tiberio no se cuidó mucho de una buena administración de las pro­ vincias. Hist. Su legado en la Citerior. An. registrado el caso (Tác. Tác. El historiador no deja de decir malicio­ samente que Tiberio fue movido por la calumnia y se quedó con las minas del acusado. VI 19). An. que fue relegado por Tiberio a la isla de Amorgos a causa de sus abusos de poder en la Bética. I 2). El culto imperial. Los recelos y desconfianzas de éste emperador podían impedir a un personaje de categoría consular como L. I 13) del procónsul C. IV 45). VI 27. y en inscrip­ ciones. fue acusado en los trá­ gicos años finales del reinado de haber estuprado a su hija. por lo que se le condenó a ser despeñado por la roca Tarpeya. el caso fue famoso (Tác. Naturalmente que hubo excepciones en la ordenada administración de las provincias. que se inició con tanto celo en Hispania. Au­ gusto trazó unas líneas que no fueron alteradas. L. Luz sobre el gobierno de Tiberio arroja otra noticia de Tácito (An. De la riqueza inmensa de la familia dan idea los topónimos Mons Mariorum y la misma Sierra Mariánica o Morena. por ejem­ plo. Vibio Sereno.124 Historia de la Hispania romana cansados de las luchas y de la codicia de los gobernantes en nombre del pueblo'y del Senado (Tac. Arruntius. y tenemos. An. por la que sabemos que «el hombre más rico de las Hispanias». avanzó en tiempo de Tiberio. Calpurnio Pisón. a lo largo de diez años. An. An. Que el César se quedara con las minas es noticia que hay que con- . en Ar- jona en el siglo r tenemos atestiguado un P on tifex d o m u s Aügustae. y P o n tifices A ugusti en Itálica. de Antequera y Lisboa tenemos dedicaciones a miembros de la familia imperial. II 65). que tomara posesión de su cargo de legado de la Citerior.

317) y que un prefecto hubo de ser nombrado para las islas Balea­ res por haber desórdenes en ellas. que provocan rebeliones en las provincias. La crisis del año 68 tuvo mucha resonancia en las Hispanias. no ha de interpre­ tarse como provocado por un peligro de deslealtad o de rebelión contra Caligula. ambos de Córdoba. lo que algunos interpretan como una compensación por haberle quitado a esta ciudad la administración de zo­ nas de Mauritania que dependían de ella (Sutherland 176). An. de que este emperador anhelaba ver a griegos. extendida a ciudades de la Bética. Así sabemos con referencia a Hispania que hubo una sublevación de astures (c. en el año 37 (CIL II 172). p. y de Otón se decía que con generosidad. Jud. Quizá se refiere a política de este tipo lo que cuenta Séneca (A pocol. VI 3) y Emilio Régulo (Jo- sefo Antig. la romaniza­ ción se volvió más lenta bajo la dinastía julio-claudia. XIX 17). 3) en tono de burla. más adelante. Como ha señalado A. Sin embargo. 2. García y Bellido. sobre el estrecho). hispanos y británicos revestidos todos con la toga. El nombre de Claudio lo llevaban Claudionerio en Galicia y acaso Baelo (Bolonia. y el aristocrático senador Servio Sulpicio Galba llevaba ocho a cargo de la Citerior. nida hasta Vespasiano. Entre los acusados durante el reinado de Caligula se citan Junio Gallón. Ambos pa­ rece que en estas provincias habían actuado con dignidad. Bajo Tiberio no tenemos noticia de otra fundación de colonia que la de Dertosa (Tortosa). Salvio Otón. 'B a jo Nerón tenemos noticia de que el relajamiento de todo el gobierno se manifiesta en abusos de los gobernadores. El juramento de lealtad de los lusitanos de Aritium Vetus. M. el marido de Popea. ya hemos dicho que la concesión de derechos quedó dete-. había sido enviado por Nerón hacía diez años como legado de la Lusitania. por adular a los pretorianos (Tac. La romanización 125 trastar con las contradictorias indicaciones sobre la pro­ piedad de las grandes minas. galos. .

él mismo había llegado a gene­ ral en jefe en la guerra contra los judíos. o al menos. como otros gobernadores de provincias occidentales. parecía a muchos la persona adecuada para restaurar un principado que pudiera. como acreditan monedas del efímero reinado. Representa muy bien la nueva clase. Galba. Vespa­ siano era de una modesta familia sabina. que ya con su abuelo había comenzado a ascender en la carrera militar y en la administración. ’ colocarse bajo la advocación de la Libertas P (opuli) R (om ani) o Libertas Publica. Del eco en la Península de tales catástrofes nos llega que Galba hizo ejecutar. 126 Historia de la Hispania romana Galba. una vez que el gobierno de las provincias no es un privilegio de la aristocracia. 2. Hist. sino en su legión VI. con el C o nsensus His- paniarum. Lo mismo que Otón. pero des­ aparecido éste. y luego proclamado im p era to r en Clunia. que no parece haber tenido apoyo del país. L. sino misión de una burocracia ordenada y tenaz. que se caracterizó por el cuidado de las provincias y el afán de hacer pro­ gresar la romanización. según le echa en cara Otón (Tác. que al pronto se había resistido a ser llamado im p era to r y no quería aparecer sino como legado del Senado y el pueblo romano. I 37). y que el tercero de los aspiran­ tes a emperador. a los militares Obultronio Sabino y L. En el torbellino del año de los cuatro empe­ radores. Cornelio Marcelo. fue primero aclamado en Cartagena. jefe de las tropas de Ger­ mania inferior. Julio Víndex. contó por un momento. Vitelio. más que en ninguna . los dos gobernadores de las Hispanias que ocu­ paron el solio desaparecieron enseguida. fue decisivo. si hemos de creer a la leyenda de monedas suyas. de la Libertas Aug(usta). ha­ bían visto con interés la ocasión de que se sublevara contra Nerón en las Galias C. Los Flavios La dinastía triunfante aporta nuevos modos. El gobierno de Vespasiano (69-79). la única de guarnición en la Pen­ ínsula.

que había sido creada por Galba. Homo. Las hermosas láminas de bronce que son gala del Museo Arqueológico de Madrid (CIL II 1963 s. de larga tradición comercial y con . Vespasiano decide también desmilitarizar a Hispania. León. gobernardor de Bética y delator famoso. El año 73-74 concedió Ves­ pasiano a Hispania entera el derecho latino. Flaviobriga y otros municipios llamados Flavios hasta el número de once pregonaban por toda la Península los afanes del Empe­ rador por hacer avanzar la asimilación del país que. donde pervivía aún la barbarie prerromana: Iria Flavia. paci­ ficada.2. Dos nuevos municipios de Bética. y a la vez favorecía la creación de ciudades. fuera de Italia. El cuidado que el autoritario Domiciano (81-96) tuvo de las provincias se acredita en el caso de Bebió Masa. era entonces. el le­ gado que gobernaba la Citerior en el momento en que los p e r e g r in i de Hispania hubieron de ser censados como sujetos de derecho latino. con autorización del emperador. como dice L. que fue con­ denado por el Senado. la VII G emina. Una inscripción de Oriente nos ha conservado el nombre de Q.) pregonan cómo una ciudad de origen fenicio. el Flattium Mala- citan um y el Vlauium Salpensanum. y que antes de 79 quedó acuartelada en la ciudad que conserva su nombre. La interpretación de H. según el cual los que habían desempeñado una magistratura ga­ naban la ciudadanía. obtienen de Domi­ ciano leyes que pueden considerarse en la línea de la romanización favorecida por Vespasiano. «ei más romanizado» de todos. Galsterer es que la concesión de este derecho no fue por de pronto general. sino que por ella se crearon meramente condiciones favorables al desarrollo de la vida municipal. en la Península. y a él se debe la decisión por la que la Península. para que se indemnizase a los provinciales que habían sido sus víctimas. La romanización 127 otra parte. a las órdenes del gobernador de la Ci­ terior. Vibio Crispo. sobre todo en el norte. la cual no se podía improvisar de golpe en el poco civilizado noroeste. quedó guarnecida con una sola legión.

sobre todo Tarragona. Hispania aparece en paz. soldados hispanos acuden numerosos a las unidades romanas en las fronteras leja­ nas i Quizá con esta principal finalidad concedió Vespa­ siano el derecho latino a toda la Península. en el equilibrio social y la universalización de la cultura. Por otra parte. Alföldy y Halfmann han podido señalar que por ejemplo hubiera . La Península tiende hacia su unidad. 3. Jvl. Recientemente. confluyen gentes de todos los pueblos y regiones. C oncordia. así Plinio el Joven. Ius titia. e hispano igualmente. es típica hasta entonces del funcionario que se forma bajo los príncipes. ya en esta era de pública felicidad se perciben los rasgos de estancamiento y decadencia de ideales e instituciones. el primer provincial que as­ ciende al trono imperial. así el acueducto de Segovia. Pax. en la eficiencia del gobierno en la capital y en las provincias. que fue divulgado también en las monedas impe­ riales con leyendas como Libertas Publica. Se atribuyen a los Flavios (cf. Dión de Prusa y Elio Aris­ tides. O p tim o Princ(ipi). en tra­ bajo sobre otro militar contemporáneo de Trajano. Adriano y lo s A ntoninos Con Nerva y su hijo adoptivo Trajano se abre un siglo que representa en el orden político y administra­ tivo. La carrera de Trajano. y a sus capitales. Cornelio Nigrino. Por lo demás. el punto más alto de la civilización anti­ gua. Las tropas de guarnición en la Península son en general de origen hispano. Bosch-Aguado HE II 279) construcciones cuya fecha por lo demás no es conocida. 128 Historia de la Hispania romana gobierno autónomo. se convertía en un municipio ro­ mano. R om a R en os­ cen s. P ro vid en tia Augusti. Sofistas y retóricos hicieron la propaganda de este ideal. sobre todo en tiempo de los Flavios. La era d e Trajano. socavados por inquietudes socia­ les y nuevas ideas y sentimientos religiosos.

2. que era natural de Bética. la elección de Nerva y de los grupos poderosos de Roma. Es posible que en las familias de Itálica. Adriano se dedicó a la inmensa tarea de dirigir el imperio. nacido como él en Itálica y representante de la misma clase de go­ bernantes y militares que dio sus mejores días al impe­ rio. Creó colonias militares en las fron­ tera e impulsó las obras públicas. se supone . Más aún. Mario Prisco. como las provincias en general. dis­ frutaron de paz y florecieron prósperas. que siendo gobernador de Germa­ nia Superior fue adoptado por Nerva. A Trajano sucede Adriano. que se encontraba en crisis. en tiem­ pos de Augusto. se mantuviera más viva la tradición de la antigua Roma. sin que conce­ diera especial atención a la provincia de donde procedía. fundación de los tiempos del gran Escipión. como sabemos en el caso del de Africa. Procedió contra gobernadores rapaces o crueles. M. tanto en la Urbe. El respeto a las formas constitucionales le hizo abstenerse de intervenir demasiado en las provincias senatoriales. Se calcula (Bosch-Aguado HE II 280) que la población de la Península llegó a duplicar la de un siglo atrás. se negó a visitar su ciudad natal y le concedió la categoría de colonia sólo a disgusto. Las Hispanias. como en Italia y en las provincias. Durante su tiempo (117-138). El padre de Trajano fue el primero de la familia en ascender a la categoría de cónsul. resultó la persona capaz de realizar el programa de la revolución que había derrocado a Domiciano: conciliar en lo posible el prin­ cipado con la antigua libertad republicana. La romanización 129 podido recaer sobre él. como en Trajano. cuando pasó un invierno en Tarragona (122- 123). Trajano se interesó especialmente por la administración de las provincias. Como provinciano. Ulpio Trajano. pariente suyo. y después de una ca­ rrera militar brillante desempeñó el proconsulado de su provincia natal de Bética y los gobiernos de Siria y de Asia. En este viaje a Hispania tuvo que ocuparse de res­ taurar el país. como la Béti­ ca.

Parece que una línea de los antepasados del emperador filósofo procedía de la Bética. de experiencia militar y de go­ bierno. G. núm. y luego iniciado por su suegro Antonino en la política del palacio imperial. a diferencia de sus antecesores. el legado consular de la Citerior. . Marco Aurelio (161-180) cierra esta serie de grandes emperadores. El futuro emperador Septimio Severo era q u a esto r p r o p r a eto r e en la Bética (172) y hubo dé dejar la provincia al ser ésta declarada transitoriamente imperial. Dedicado a los estudios. el emperador se negó a que se hiciera pro­ ceso contra los conspiradores. Alföldy sospecha que en este movimiento hubiera un sentido local. Otra inscripción (AE 1936. Reconstruyó además el templo de Augusto en Tarragona y se libró allí del atentado de un esclavo loco. se había rebelado en 145 y hubo de suicidarse. la causa era la situación de guerra debida a las incursiones de moros. 98) nos dice. Abandonó la Península en dirección a Mauritania y luego a Oriente. en la ocasión de la boda del futuro emperador Marco Aurelio con la hija de Antonino. que Hispania tuvo que ser pacificada: en efecto. Sa­ bemos que en su tiempo fueron enviadas desde Hispania tropas para combatir una sublevación de los mauritanos (CIL V III 2728). A todo esto parecen aludir monedas en las que el emperador aparece como R estitu to r Hispaniae. quizá por lo cual ya nunca volvió a nombrarse un hispano como legado consular en la Península. las escasas noticias de las Espafias encajan en el cuadro de general empeoramiento de la situación. absorbido por los grandes problemas de ataques de partos y germanos. En una asamblea de las tres provincias resolvió problemas del alistamiento de tropas hispanas. En el cuadro general del reinado. Antonino (138-161) pertenecía igualmente a la aris­ tocracia de funcionarios y tenía excelentes cualidades personales.130 Historia de la Hispania romana que a consecuencia de invasiones de mauritanos. carecía. Su familia procedía de la Narbonense. verosímilmente hispano de origen. Cor­ nelio Prisciano.

Itálica ofrece un total de nueve senadores oriundos de la ciudad. respectivamente.2. lanzadas a la desesperación por la difícil situación económica y militar del imperio. Cómodo (180-192). estas bandas. En la provincia Tarraconense. III. Este origen indica bien el grado de civilización y riqueza alcanzado . 4. Hispania y Africa se beneficiaron de este nuevo orden de cosas. La revolución del 96 llevó al poder a los emperadores de origen provincial. el 30 por 100. fueron rechazadas de Galia y avanzaron sobre Roma. Adriano y Teodosio. la capital ha dado tres senadores. y sus monedas llevan las efigies de Hila- ritas y Salus para conmemorar que Materno fue sorpren­ dido en su plan de entrar disfrazado en Roma y asesinar al emperador en las fiestas Hilaria (T he R om an Im peria l C oinage. uno -Córdoba. ya que los representantes de estas regiones coparon los puestos más importantes en el senado y en la administración ecuestre. Trajano. lo cual no tiene nada de particular. Gades cuatro. que hicieron su aparición como grupo importante en época flavia. 359). que dio al Imperio Romano tres empera­ dores. La romanización 131 Bajo el desastroso reinado del último de los Antoni- nos. proporcionó pronto senadores hispanos. En el siglo i desapareció completamente la antigua aristocracia patricia y plebeya. es decir. Cómodo pudo vencer a estos desesperados. Barcelona cuatro y uno Valencia y Sagunto. y aparecieron nuevas fa­ milias de origen itálico y provincial. ya que fue la patria de los emperadores Trajano y Adriano. A. y probablemente (Barbero y Vigil) representativas de la rebelión de clases pobres. 1930. S en a d ores hispanos e influjo hispano Hispania. y nueve. De treinta senadores cuya patria es conocida. o sea el 70 por 100. proceden de la Bética. veintiuno. por H. M attingly y E. Ucubi y Salpensa. Sydenham. de la Tarraconense. Londres. se registra en Galia e Hispania una rebelión de desertores encabezada por un cierto Materno. Ilíberris tres.

De siete senadores que han sido cónsules tres veces. Entre estos senadores se encuentran los cuñados de Antonino Pío.132 Historia de la Hispania romana por la Bética y la costa tarraconense. en la tabla genealógica. en gran parte. que des­ pués de la adopción de Trajano por Nerva. F ig. de origen hispano. lo que coincide con otros datos indicados ya. Iulius Ursus Servianus.—Lugares de origen de los senadores españoles. 1. La influencia hispana en el gobierno co­ mienza con Domiciano. el padre de Marco Aurelio y el abuelo de Cómodo. se hallan diez senadores hispanos. Cargos importantes desempeñaron en estos años los hispanos.) Los fa sti co n su la res confirman también este influjo hispano entre los años del reinado de Nerva y la mperte de Adriano. exceptuando los emperadores. mandó las . pues. varios his­ panos. (Según Etienne. al lado del futuro emperador Nerva. La dinastía an- tonina era. se encuentran tres hispanos. de un total de veinte per­ sonas masculinas. junto al que apa­ recen. ya que. como L. en el año 90.

el 98. los Dasumios. dirigió la campaña contra los dacios y mereció ser condecorado.■ gados a tener también grandes posesiones en Italia. En esta guerra inter­ vino también un grupo numeroso de hispanos. más a resguardo de peligros exteriores y con una. está representado junto al emperador en la Columna Tra- jana. Los S e v e r o s . los Aelíos. lo que parece indicar que estas familias no tenían sus capitales en el sur de Hispania *. heredando este cargo de Trajano. La importancia en el orden económico de estos grupos radica en que te­ niendo posiblemente tierras en Hispania. En tiempos de la dinastía severiana se conocen vein- siete nombres de senadores hispanos. Sin embargo. En la guerra contra los partos. que fue nombrado gobernador de Germania Inferior. se debió dirigir hacia Italia una continua fuga de capitales y de inversiones. 2. . salvo en la reciente inscripción del teatro de Itálica. 5. junto a él aparecen otros senadores hispanos. los Annios. la d e c a d e n c i a - También en esta época son escasas las noticias de Hispania y sólo las rebeliones militares o las invasiones de bárbaros se citan en una evolución general en la que la Península se mantuvo relativamente tranquila y se­ gura. y en el mismo año. vida económica que tiende a contraerse y a reducirse a un creciente aislamiento según la situación general em­ peoraba. los Ul­ pios. Licinus Sura. El negoció la paz con Decébalo. y a invertir allí gran parte de las ganancias obtenidas en su lugar de origen. los nombres de las familias héticas que hacen carrera en Roma. L. Al fin del reinado de Adriano el grupo hispano per­ dió su influencia. se veían obli.Adriano. no aparecen ni en las inscripciones de la Bética ni en las ánforas. el jefe del Estado Mayor fue . La romanización 133 tropas de Germania Superior. En tiempos del gobierno de Adriano siguieron hispanos desempeñando cargos importantes. Dada la legislación vigente.

Que el legado de la Citerior. Antonio Flavo Libón. sobrino de Marco Aurelio.) Sabemos de algunos hispanos importantes bajo Septi­ mio Severo: el militar P. como vimos. Novio Rufo se pronunció por él y fue vencido y ejecutado después de la derrota de Albino por el nuevo legado Tiberio Claudio Cándido. Es posible que Balbino. por la cual la ciudadanía romana era extendida a los habitantes libres del Imperio.134 Historia de la Hispania romana Ya durante el reinado de Septimio Severo. De los emperadores de esta· época. (Véase más adelante p. hasta que fueron vencidos por elprocurador C. pues el ir y venir de usurpadores y tiranos militares las afecta. un usurpador. El legado de la Tarraconense L. Con motivo de la persecución dé Decio (249-251) sabemos que los obispos cristianos Marcial de Mérida y Basílides de León cedieron ante las amenazas de los perseguidores y se procuraron certificados de haber sa­ crificado a los ídolos. Decio había sido legado de la Citerior bajo Maximino el Tracio hacia 238. estuviera vinculado con la tradicional Itálica2. Q. Fabio Cilón. Del reinado de Caracalla (211-217) hay que señalar la C onstitu tio Antoniana. realizara un censo de la provincia en 202-205 está sin duda en relación con este episodio de guerra civil y sus subsiguientes confiscaciones. las Hispanias no quedan exentas de los generales desórdenes. que ade­ más de cuestor en Bética. Hedió Rufo. a la vez prefecto de Roma. En el período de luchas y grave crisis que se llama «anarquía m ilitar» (235-268). Vallius Maximianus. De nuevo Bética fue atacada por los mauritanos. Tales documentos eran extendi- . 164. y M. Cornelius Anullinus. fue legado jurí­ dico en la Citerior. en 204 fueron cónsules el lusitano L. cónsul en 199. que entre otras ciudades sitiaron Singílis (CIL II 1120 y 2015). Clodio Albino. investido con poderes especiales terra m a riq u e ad uersus re b e lle s e t h o ste s pu blicos. es proclamado en 196 en Britania y aspira a organizar un Imperio occidental. una de las figuras consulares que el Senado de Roma quería en vano oponer a los militares y que sucumbe en 238 ante Gordiano III y los pretorianos. con la Galia e Hispania.

M. Absorbido éste ante todo por la defensa del Rhin. En la persecución de Valeriano tuvo la iglesia de His­ pania sus primeros mártires: San Fructuoso. llamados con desprecio libellatici por los rigo­ ristas. La romanización 135 dos de buena gana por las autoridades. sin intentar. como nos lo muestran algunas inscrip­ ciones 4. fue derribado al cabo por sus propios soldados.° 5843). aunque el papa Esteban había confirmado a Mar­ cial y Basílides en sus sedes. también los alama­ nes invadieron Galia e Italia. intentaron en vano consolidar el imperio occidental. que se cita como un no identificado hijo del futuro emperador del mismo nombre. este último quizá de origen hispano. Pero el ideal de la unidad del Imperio seguía subsistiendo. la conquista de Roma. al cual fueron enviados senadores hispanos. a las que se sumaron Hispania y Britania. fueron luego depuestos por un concilio africano (p. p. La invasión franca dejó la Península cubierta de ruinas. Cas­ sianus Latinius Postumus (258-268). Una verdadera secesión llega a crear lo que se ha lla­ mado un imperio galo bajo un general romano. y dos nuevos usurpadores. y sus diáconos (v. Postumo se con­ formó con las Gallas.2. 185). Sin embargo. 186). Bajo el mismo reinado. Victorino y Leliano. como veremos en el apartado siguiente. las Hís­ panlas se suman. Los francos penetraron en Galia y en devastadora incursión entraron por Hispania e incluso la Tingitana. las sublevaciones de varios generales en el Danubio obligaron a Galieno. obispo de Tarragona. cuando Claudio el Gótico (268-270) reanuda los esfuerzos para reconstruir la unidad. a desguarnecer el Rhin. Quizá se debe a Claudio la terminación con el azote de los francos invasores (Bosch-Aguado HE II 281). como solían los usurpadores. En Tarragona se acuñaron monedas con la efigie de Postumo y con su nombre se fecha una inscripción de Asturias (Vives Inscr. n. .. que se conforma­ ban con la adhesión al menos aparente de estos cris­ tianos.

como las demás provincias de Occidente. Por fin la unidad del gigantesco Imperio quedó defi­ nitivamente sacudida. En Baetulo. como en el caso de otro Próculo. o al menos un barrio de ella. Durante el reinado de Probo. Hace ya más de treinta años que diversos investigado­ res señalaron la interrupción de la vida en la Neápolis de Ampurias. inten­ taron apoyar a su hermano uterino M. Solamente a la muerte de Tácito (276) las Hís­ panlas. han sido bien estudiadas en los últimos años gracias princi­ palmente a los datos suministrados por la arqueología. Posiblemente.136 Historia de la Hispania romana Bajo el enérgico cetro de los emperadores ilirios. 6. el ejemplo de Postumo y Tétrico. un hispano. sentan. sentimientos particu­ lares de ciertas provincias o de ejércitos que cada vez . causa principal de la crisis del siglo in en Hispania y Mauritania Tingitana. que restablecen la unidad y consolidan las fronteras (entre 268 y 285). las provincias occidentales viven una época de paz.están más ligados a ellas. Anio Floriano. que levan­ taron un imperio de Occidente por separado. sufrió una destrucción o abandono. Los usurpadores militares repre-. Bonoso. pero éste sucumbió ante Probo. Las in v a sio n es d e fra n co s y atam anes en el sig lo I I I y su s co n s ecu en cia s Las invasiones germanas. se sublevó por miedo a ser castigado por haber dejado a los germanos destruir una flotilla en el Rhin. las excavaciones recientes han demostra­ do que la ciudad. y que en el terreno que un . aunque de modo confuso. Baste reunir unos pocos testimonios que se ponen en relación con estas invasiones5. influía sobre estos usurpadores. que poco antes se había levantado en Lugdunum. En vano se rendía culto en el si­ glo n i a R om a A eterna: las urgencias de cada momento llevan a los emperadores a las fronteras amenazadas y la antigua capital decae. que aparece arruinadá y convertida en cementerio en el siglo iv.

el cé­ lebre poeta de Burdeos. Todavía en el siglo v eran bien visibles los efectos de la destrucción según Orosio (V II.2. como la de El Romeral. 29. Las recientes excava­ ciones en la villa romana de Adarró (Villanueva y Gel- trú) indican que la vida jno se prolongó más allá del siglo III. Las tres ciudades parece ser que de­ bieron ser arrasadas con el ataque franco-alamano. también debieron ser arrasadas y rehechas las ciudades de Caesaraugusta. no volvieron a levantarse. En la corresponden­ cia de Paulino a Ausonio (Epist. Así la villa romana de Can Sans. demostrada en la primera ciudad por los hallazgos de monedas realizados en las excavaciones bajo la Plaza del Rey y Casa Padellás. Barcelona fue afectada profundamente. y se relaciona este hecho con la invasión franco-alamana del siglo m . Conimbrigä y Palen- . fue destruida a mediados del siglo m . Las villas rústicas de la costa catalana fueron arrasa­ das hacia mediados del siglo m . y los datos arqueológicos hablan con seguridad de la destrucción de la ciudad. Los excavadores de las villas de la provincia de Lé­ rida suponen que todas éstas. 22. otros construidos con tejas. unos en forma de fosa. en Albora. La romanización 137 tiempo fue vivienda se excavaron sepulturas. Al interior. también hay confirmación arqueológica de las destrucciones. en los Pirineos. que son pobres enterramientos. en general. fueron arrasadas en la invasión de francos y alamanes. que vivió entre los años 310- 395. después. A juzgar por el material reutilizado en las murallas. se mencionan como ciudades desiertas Ilerda. Una villa romana de Sabadell parece señalar una destrucción por incendio a mediados del siglo n i. con material reutilizado. en San Andrés de Llavaneras (Barcelona). Iruña. Las murallas fueron hechas. También la villa de Tossa del Mar fue rehecha. y siguiendo la suerte de otras muchas de la Provincia Tarraconense. 57-59).7-8). De la destrucción de Tarragona hablan las fuentes que se refieren. sino a lo sumo como villorrio sin importancia. al igual que Gerona. Bil­ bilis y Calagurris. a la invasión franco-alamana.

En el interior de la meseta castellana aparecen algunas destrucciones relacionadas probablemen­ te con la invasión franco-alamana. La invasión. En Sagunto. y estas úl­ timas también de tambores de columnas. De Valencia no se dispone de datos de momento. a juzgar por las cerámicas encontradas y algunas mone­ das. En Elche se ha señalado la existencia de un poblado. como ya hemos dicho. Un te- sorillo aparecido en una dependencia fecha el momento de abandono hacia el año 270. una casa muy importante con buenos mosaicos fue abandonada antes del siglo IV. en las proximi­ dades de Alicante. así como las de Iruña. como lo demuestra el hallazgo de balas de catapulta y glandes de plomo junto a los muros de una de las casas. junto a Villa- joyosa. de buena construcción y con grandes edificios señoriales. las inscripciones señalan una interrupción en la vida de la ciudad por este tiempo. pero el cementerio de la Bortella indica que la ciudad había entrado hacia esta época en un período de decadencia económica. sufrió un fuerte colapso por esta fecha. en Soria. La costa levantina al sur del Ebro. siéndolo en el siguiente. La villa del Prado (Valladolid) fue destruida en los finales del siglo m . podría fijarse a mediados del siglo n i. Las recientes excavaciones de Pamplona han puesto al descubierto huellas de un gran incendio que debió de destruir gran parte de la ciudad y se data en los años de la invasión. . La fecha de destrucción. igualmente fue saqueada en esta invasión. Algunas villas ricamente decoradas fueron in­ cendiadas. Con este saqueo de villas y ciudades hay que rela­ cionar el hecho de que no aparezcan mosaicos datados entre los años 260 y 280. que fue destruido de forma violenta y más concretamente por acción guerrera. cuyas murallas recientemente descubiertas están lle­ nas de inscripciones. como la de la Torre La Cruz. se documenta un gran nivel de incendio en el siglo n i. La población del Tosal de Manises.138 Historia de la Hispania romana cia. penetró en el interior. En la villa de El Quinta- nar. La villa de Liédena dejó de ser habitada en el siglo n i .

La romanización 139 como denota una moneda de Claudio II el Gótico ha­ llada en el hypoca u stu m . La invasión del siglo iii debió destruir. y el tañer del Cerro del Trigo (Huel­ va) no estaba ya en explotación en el siglo iv. que pa­ recen indicar que la ciudad había sido arruinada con an­ terioridad a esa fecha. como en Mau­ ritania Tingitana. pues las mo­ nedas encontradas en la Casa del Gimnasio no pasan de la primera mitad del siglo n i. Más probable es la destrucción de Baelo. De estas mismas fechas data la destrucción de la villa de Santervás del Burgo (Soria). también las fábricas de salazón. Es probable que poco a poco se tengan más datos arqueológicos de la importancia en profundidad y extensión del asalto. etc. Liédena. que incluso parece que alcanzó hasta la propia capital de la Lusitania. según se desprende de las excavaciones. restaurado entre los años 337 y 340. Las fuentes sólo mencio­ . Las casas y las fábricas de salazón reutilizaron los capiteles del capitolio. Se ha supuesto la existencia de dos invasiones: la primera sería de tiempos de Galieno (257-258). donde las excavaciones efectuadas descubrieron una destrucción muy intensa antes del siglo iv. la se­ gunda dataría del año 276 aproximadamente. Emérita Augusta fue afectada. La de Jávea (Alicante) parece que aminoró su producción a partir del siglo Iii. se reutilizaron diversos materiales de derribo. como las halladas en Altafulla. Aun­ que la destrucción de la ciudad podía datar de la primera invasión de moros.2. En el circo. Almodóvar. En el siglo n i Lancia (León) fue incendiaday arra­ sada. Por miedo a la invasión se ocultaron en la segunda mitad del siglo i i i una serie de tesorillos de monedas. fechas bastante seguras para la Galia. En el sur quizá fuera saqueada Itálica. pues la des­ trucción de una casa de atrio y peristilo con mosaicos y pinturas hacia la segunda mitad del siglo n i y los en­ terramientos de tejas en diversos puntos parecen indi­ carlo. Santo Thyrso. hace ya años se relacionó estas des­ trucciones con el ataque franco-alamano.

son los de Peal del Becerro. Esta se­ gunda invasión no parece que atravesó el estrecho de Gibraltar. las revueltas locales que debieron co­ incidir con la invasión. y de. La duración de esta invasión vendría dada por l a . escritas por entonces. o incluso más tarde. en época de Galieno. La fecha de la destrucción de Tárrácó oscila. pues la ciudad. se desprende de la distribución de los hallazgos de monedas trazada por H. según los autores. Hay que tener presentes las vicisitudes por las que pasó Hispania en estos años de la segunda mitad del siglo n i para la recta interpretación de los hallazgos monetales y arqueológicos. podría haber sido la causa de la ocultación de los tesorillos hispanos posteriores a la muerte de Aureliano. La oleada de la época de Galieno afectaría princi­ palmente a la costa mediterránea. como son el dominio de Pós- . tal como aparece reflejada en las actas de san Fructuoso. hacia el año 262. la meseta norte y Portugal. Esta visión enla­ zaría bien con lo que. fecha de la ocultación del tesorillo de Ronda. que bordeaba el Mediterráneo. hipótesis que se juzga igualmente aceptable. Santa Elena (Jaén) y el procedente de la provincia de Granada. no parece que había sufrido ninguna calamidad. El número de invasores y la extensión de las destrucciones por ahora es imposible fijar cón seguridad. y la segunda entraría por el Pirineo occidental y tendría sus efectos en el alto Ebro. Parece que la primera invasión siguió la antigua Vía Hercúlea. Liédena. La segunda gran invasión germana azotó mucho más duramente a la Galia.140 Historia de la Hispania romana narían la primera. por lo que es muy posible que penetrara por Navarra y llegara hasta Lusitania. También es aceptable la fecha que se propone. Koethe. a las que alude la H istoria Au­ g u sta (Vita P robi 18. Santo Thyrso y Almodóvar. Pruebas de esta segunda invasión podían ser los te­ sorillos de Fragas de Piago. entre los años 255 y 264. Debió ser después del año 259..4). de localidad incierta y probablemente el de Vilarinho. hacia el 266-267.

2. Por primera vez regiones econó­ micas tan ricas como la Bética y el Levante fueron arra­ sadas. principalmente todos los posteriores a Aureliano. La romanización 141 tumo en Hispania.5) y la extension del movimiento bagáudico a Hispania. Prob. la usurpación de Próculo y Bonoso (SHA. T heod. que ya no recuperó el primi­ tivo nivel de exportación. T heod. Palencia. sus villas y ciudades destruidas y mermada la población. La erección de murallas y su conservación repercutió en la economía de los habitantes. ya mencionados. probablemente también el .) señala que el pánico fue grande y que abarcó toda la Península. 12). desarticularon la organización del trabajo. Estas invasiones. casi todos los conocidos pertenecen al siglo iv. en la última década del siglo iii. al igual que los restantes hechos de armas del siglo n i en su segunda mitad. que muy posiblemente ya comenzó en la segunda mitad del siglo n i. el número elevado de ellas que amurallaron su recinto (Barcelona. Los ciudadanos estaban obligados a participar en los trabajos (C o d . del que se hablará más adelante. Las des­ trucciones posteriores al primer asalto pueden deberse a cualquiera de estas causas. A esta última revuelta más bien que a ban­ das de las anteriores invasiones se debe muy probable­ mente la destrucción e incendio de Clunia. pues como mano de obra se utilizaron los c o lleg ia (Malal. Vit. Otras vieron redu­ cido considerablemente el casco urbano. Irufia. A los efectos de la invasión se atribuye generalmente el corte que se observa a partir del año 258 del envío del aceite bético a Roma. 18. y las autoridades de las provincias vigilaban su cumplimiento {Cod. La crisis del siglo i i i debió de afectar poco a Galicia. Provocaron igualmente la fortificación de las ciudades. Algunas no volvieron a levantar cabeza. A estos acontecimientos podía atribuirse la oculta­ ción de alguno de estos tesorillos. Coria. XVI 10). Caesar- augusta. Astúrica. pues no hay en ella tesorillos. El impacto en lo económico de las invasiones y de los restantes hechos de armas de la segunda mitad del siglo i i i fue enorme. etc. como las tres mencionadas por Ausonio. XV 1).

2. y la destrucción de algunas fábricas de salazón.—Villas romanas hispanas.142 Historia de la Hispania romana F ig. Prob. en el . de 18 yacimientos estudiados. como la pobreza de los cementerios de Valencia. En la región levantina. 8). contra lo legislado por Domiciano. En el arte el impacto fue grande. 18. pues en las mi­ nas de Riotinto. etcétera. Ampurias y Tarragona. como lo indican la falta de mosaicos fechados en el tercer cuarto del siglo i i i y la ausencia de inscripciones coetáneas de las invasiones. 17 se aban­ donaron después de la crisis del siglo i i i y entonces comenzó la ruralización de la Península. a juzgar por las monedas halladas. La misma disposición de Probo de permitir a los hispano-romanos volver a plantar viñas (SHA. cese de algunas explotaciones mineras. Vit. Hay indi­ cios muy significativos de la total ruina. estos años se redujo considerablemente la explotación. siglos in -iv.

lo cual es muy probable. impuso la necesidad de nuevos asociados. que Africa y el Oriente. y así surge en 293 la Tetrarquía. que las fronteras del Rhin y del Danubio. a Diocleciano se debe la última reorganización del Imperio: para prevenir el pe­ ligro de la proclamación por las tropas de otro rival resuelve compartir la pesada carga del poder con otro u otros colegas. La aparición de un usurpador. Diocleciano y Maximiano. y prospera al parecer en paz. con dos Augustos. como Amiano Marcelino o el panegírico de Pacato Drepanio a Teodosio. Las fuentes lite­ rarias.2. y dos Césares. La romanización 143 año 92. durante el siglo iv. D iocletiano. Hispania queda más protegida que Britania. en el norte de Galia y en Britania. II. en que él poder imperial se hace una institución absoluta y sa­ cra y se borran los últimos restos de la tradición política romana. mientras se considera el Imperio patri­ m o n iu m indiuisum. bandas in­ quietas de rebeldes y de campesinos exasperados. El emperador es divinizado en vida. El primer socio de Diocleciano en el poder fue el rudo Maximiano. Los siglos IV y v 1. que faltan en estos años. M ilitar enérgico y prudente. Carausio. C onstantino y s u s hijos Con Diocleciano comienza una nueva época. no tienen nada que recordar en cuanto a sucesos bélicos en la Península. que saqueaban los campos y que se mantienen como una plaga inextinguible. Como señala Stroheker. Primero le fue a éste asignada en Oc­ cidente la tarea de combatir a los hagaudas. se ha interpretado como una permisión enca­ minada a contrarrestar los deplorables efectos económi­ cos de los desastres de la segunda mitad del siglo m . La prosopografía indica bien la crisis de las familias héticas. por .

llamado C b loros «el Pálido». Constantino. esto le obligó a eliminar al señor de Africa. con la elevación de Severo y Maximino Daia a la dignidad de Césares. En todo caso. que abandona el retiro y vuelve a ejercer como Augusto. lejos en la retaguardia. de santa Eulalia de Mérida. Sabemos. eliminó una de las causas de división. Constan­ tino sucede a su padre Constancio al morir éste. y des­ truye los acuerdos de la Tetrarquía al hacerse proclamar Augusto. con su tolerancia de los cristianos en Occidente. figuran en unas fuentes como de Maximiano. el usurpador Domicio Alejandro. el hijo de Maximia­ no. sino que le apo­ ya su padre. pero la presencia de los emperadores al fren­ te de sus tropas significaba una cierta adscripción terri­ torial. elevado desde el rango ecuestre a prefecto del pretorio. no sólo se hace proclamar p rin cep s. si bien Strohefeer cree que no fue Severo. En la crisis que siguió a la citada abdicación. pero en otras. el dueño de la Península. principal­ mente por el poeta Prudencio.144 Eüstoria de la Hispania romana ellos adoptados respectivamente: un rudo dacio llamado Galerio y C. Ambos tenían la responsabilidad del Occi­ dente. sino Constancio. de Constancio. las Españas corresponden al lote occi­ dental de Constantino. La división de poderes no era en principio geográfica. Severo es muerto por orden de Maxen­ cio. y como Italia. y quizá de otros de cronología más difícil de establecer. mientras tanto Maxencio. Acilio Severo. del martirio de Engracia y los demás santos de Zaragoza. Flavio Constancio. cónsul ordinario . Las Hispanias. con lo cual Maxencio se encuen­ tra privado de los recursos de la Península para abas­ tecer Italia. La persecución de Diocleciano y Maximiano contra los cristianos fue violenta en España. Parece que la Península quedó en manos de Severo. dueño de Africa e Italia. Hispania fue durante tres años pro­ piedad de éste. De nuevo hallamos poco clara la suerte de las Españas en el momento de la abdicación de Diocleciano y Maxi­ miano (305). señor de Galia y Britania. Sa­ bemos que un hispano.

el primero ecuménico (325). Osio de Córdoba. quizá puede interpretarse como un precedente de la división en cuatro prefecturas cual la hallamos en la Notitia d ig­ nitatum del siglo v. y luego prefecto de la ciudad de Roma. pero el problema no podía resolverse con una simple intervención del emperador. que Constantino. un oficial semibárbaro. una fórmula con los principales puntos de la fe. con aportación decisiva de Osio en el delicado punto de la «consustancialidad» del Hijo con el Padre. Dueño de Occidente era Constan­ tino el Joven a la muerte de su padre (337). Alejandro. y por fin fue éste vencido. En la polémica con los arríanos. La guerra entre él y Constancio fue muy dura. un obispo occidental. que queda a su vez dueño del Occidente. después de haber sido p ra eses de la Tarraconense. Galia e His­ pania. Aunque este plan no llegó a realizarse. que lo utilizó contra la paganizante aristocracia de la antigua capital. mientras Constancio desempeña muy activamente el primer papel en el Imperio. su hijo Constantino el Joven había de recibir el Occidente. siguiendo la tradición romana. y se suicidó para que sus tropas no lo entregaran. encontró encendida en Oriente. La romanización 145 más tarde. Constante fue víctima de una conspiración que levan­ tó a Magnencio. pero en­ seguida cae en Aquilea en lucha con su hermano Cons­ tante. de la familia de los Vettii. En el proyecto de división del Imperio que Constan­ tino hizo en 335. Acilio Severo fue uno de los más leales y seguros colaboradores del emperador. desconocedor de los problemas dogmáticos. es decir. Britania. Un aristócrata hispano de esta época es el poeta cristiano Juvenco. que llegó a dominar en Roma. aceptó ser men­ sajero del emperador ante el propio Arrio y el obispo de Alejandría. De él salió un c r e d o . al vencer a Licinio (324).2. como también en Africa. Constancio buscó para . y en calidad de tal tuvo correspon­ dencia epistolar con Lactancio. Una escuadra fue enviada por Constancio para cortar a Magnencio de Hispania. y se acudió a convocar un concilio en Nicea. en 323. es decir. era cristiano.

el joven hijo y here­ dero de Valentiniano. Cuando Valente sucumbe en Adrianópolis frente a los godos (378). uno de los colaboradores paganos de Juliano. Era la política de Constancio favorable a los arria- nos. En medio de catástrofes de dimensiones universales que se producen en Oriente. en Iliria. el hijo del general decapitado dos años antes. Graciano tuvo que acudir a Teodosio. que amenazaban Constantinopla. y llegó a perseguir al papa Liberio. 2. podemos suponer que las Españas se mantenían tranquilas. Tuvo allí que hacer frente a los germanos. Osio de Córdo­ ba tuvo que comparecer en Milán ante el emperador. Valentinia­ no y Valente. que devastaron una vez más Galia. La é p o c a d e T eodosio. fue des­ terrado a Córdoba. Llamado a ser el emperador . como indica su nombre. Teodosio había nacido en Coca y tenía treinta y dos años cuando fue llamado (379) a ocupar junto a Graciano el puesto de Augusto: se le confiaba la mitad oriental del Imperio. fue de nuevo desterrado a Sirmio. y como no cedió a los requerimientos de éste. lo hizo decapitar en Cartago (376). como escribió al emperador prohi­ biéndole interviniera en los asuntos de la Iglesia. El padre del futuro emperador del mismo nombre era sin duda cristiano. Teo­ dosio. donde la política fiscal había producido una su­ blevación. sin duda por rivalidades entre militares de la corte. cónsul en 363 y antes vicario de las Híspanlas. desde en­ tonces retirado en sus tierras de España. Finalmente Graciano. Posiblemente eia nispano Flavio Salustio. donde aparecen los hunos y donde los godos aniquilan a Valente y su ejército. Uno de los grandes generales de Valentiniano. combatió en Britania y después en las fronteras del Rhin y del Danubio y en Africa.146 Historia de la Hispania romana derrotarlo incluso la ayuda de los germanos de allende el Rhin. había nacido en la provincia de Galecia. Poco hay que señalar en la Península durante los emperadores siguientes: Juliano el Apóstata.

Ambrosio. que sin duda quería marcar bien su papel de campeón de la ortodoxia. que intentó hacer de tutor de Valentinia­ no II.2. y vio la necesidad de que la Iglesia contara para la ejecución de sus juicios con el poder civil. un militar hispano. la corte imperial y el Senado. Fue uno de los obispos de Roma que más contribuyeron a afirmar la supremacía de la sede. el hermano menor de Graciano y último vástago (con Gala. mien­ tras Valentiniano II tiene el Ilírico. la viuda de Valentiniano. aristocrático per­ sonaje que había extendido sus predicaciones en Galicia y otras regiones de la Península. Era hombre de cultura superior a la de su tiempo. la sede romana es ocupada (366-384) por san Dámaso. De esta época es el primer caso de un hereje ejecu­ tado por el poder secular: Prisciliano. Gregorio de ISÍa- cianzo y de Nisa. Graciano fue muerto tras la sublevación del c o m e s Magno Máximo. Este usurpador se mantuvo de 383 a 388. A la vez que se señala un predominio de hispanos en el ejército. La romanización 147 que de modo decidido hizo del Cristianismo la religión del Estado. Teodosio se reserva el Oriente. . Jerónimo. Agustín. la futura segunda mujer de Teodosio) de la di­ nastía. Basilio. Se llegó a un acuerdo por el que Máximo era conocido como señor de Occidente. Entonces Máximo. Valentiniano y su madre huirán al fin ante las preten­ siones de Máximo. Sin duda fue el instigador de las persecuciones de Graciano y Teodosio contra los paga­ nos. Se deshÍ2 o de su rival el diácono Ursino. decapitado por orden de Máximo. jefe del ejército de Britania. igualmente de Hispania. ele­ gido frente a él. son los grandes nombres de una época en que el Cristianismo atrae y se impone a la mayoría de los súbditos del mundo romano. apoyó a los ortodoxos contra los arríanos. con derecho a intervenir en todo el Imperio. avanzó sobre Italia y estuvo a punto de apo­ derarse de Valentiniano II y de su madre. que escribía versos y se ocupaba de deslindar los cam­ pos del dogma frente al arrianismo. Justina. desguarneciendo la frontera del Rhin. Máximo fue al fin tratado como usurpador por Teo­ dosio.

y por los mon­ jes. F.). Curiosamente. más adelante p. y que llegó a cónsul en 388.) Teodosio es al fin ganado por Valentiniano y su ma­ dre para que se convierta contra Máximo en el venga­ dor de Graciano. padre del Dexter citado. fue su·. Stroheker ha reunido noticias de hispanos en la corte de Teodosio: aparte los que citaremos al final de este apartado. el m ilitar Timasio. que a la muerte de Teodosio era prefecto de Roma y en 408 figuró en la embajada romana que se presentó a Alarico. que gobernó dos veces provincias y ocupó un cargo en la corte de Teodosio. que estaba do­ minado por su mujer. Arcadio. 329. viudo de Elia. fanática cristiana. En la literatura podemos recordar que en el Consulado d e Estilicón. Hay que recordar también al poeta Prudencio. Un barcelonés. y al obispo Paciano de Barcelona. cesor de Cynegius un pagano. el m issoriu m . tuvo altos cargos en Hispania y en Asia y fue por fin prefecto del pretorio en Italia. Justina le concede. (V. eran parientes de la emperatriz Elia Flacci- la. que fue labrado en 388. que se case con su hermosa hija Gala. primera esposa de Teodosio. Máximo fue vencido por Teodosio. Entre los consejeros de Teodosio figura en primer lugar otro hispano. Maternus Cynegius. Otro hispano fue el pa­ gano Basilio. y al final muerto por sus propios sol­ dados.148 Historia de la Hispania romana K. La Academia de la Historia de Madrid guarda una hermosa placa de plata. padre e hijo. aparece Hispania como una matrona coronada de olivo y vestida con ropas bordadas con oro del Tajo. aunque no cejaba en su plan general de reducir el paga­ nismo y unir el brazo secular a los poderes religiosos cristianos. luchó contra Máximo y luego contra Eugenio. . Nummius Aemilianus Dexter. del poeta Claudiano (II 228 ss. pues Teodosio a veces actuaba guardando un equilibrio entre las dos religiones. y obtuvieron cargos en la corte. con motivo de los decen n a lia del· emperador: Teodosio aparece entre Valentiniano II y su propio hijo mayor. otro pariente. Los Nebridio.

en Oriente comienza la era de Bizancio. especialmente cuando las tropas cas­ tigaron duramente al pueblo de Salónica por haber ma­ tado en un motín al jefe germano de la guarnición. y así se habla de rebeldes vascones. Presentó Teodosio entonces en Roma al Senado su hijo Honorio y poco después „moría en Milán. y cuando al año si­ guiente Honorio. y aun de pueblos que no parece representen supervivencias indígenas. En el proceso general de ruralización de todo el im­ perio parece que la región más vital de la Península en estos últimos tiempos es la meseta del Duero. La romanización 149 Teodosio establece su poder en Italia. es proclamado Augusto. se apoya hasta cierto punto en la aristocracia pagana de Roma y nombra a Nicómaco Flaviano. representante de ella. Eugenio acuña monedas a nombre del joven príncipe. De nuevo Teo­ dosio tuvo que volver en son de guerra al Occidente. cántabros y astures. militar de ori­ gen franco. Sufre nuevas humillaciones ante san Ambrosio. las regiones más rudas y montañosas de la Península resur­ gen con su barbarie. y el retor Eugenio es proclamado en Galia por las tropas emperador (392). en Occidente ha sonado la hora del destino y con el aban­ dono de Britania y el derrumbamiento de la línea del Rhin. que darán quehacer a los reyes visigodos. que en contraste con la creciente identificación de Teodosio con la Igle­ sia. obispo de Milán. que había pronunciado el panegírico de Máximo. . cónsul y prefecto del pretorio. parece que por suicidio. y las Españas se adhieren al nuevo señor de Occidente. Dejaba abierta una nueva era: el Imperio es ya definitivamen­ te cristiano. Flaviano y el conde Arbogasto. . como los orospe- danos. Eugenio. de nueve años de edad. Eugenio avanza sobre Italia. perecieron en la lucha (394). En los últimos años del reinado de Teodosio muere. donde amnis­ tía al senador pagano Símaco. pero no hay ruptura con Teodosio. 2. los bárbaros van a llegar a nuestra Península. Valentiniano. Con el empobrecimiento general y la ruina de la cultura. envía a Valentiniano II a Galia y se encuentra ante crecientes exigencias del clero cris­ tiano.

cuñado de Teodosio el segundo. Graciano lo nombró c o m e s Britanniarum. El pa­ dre de Teodosio fue encargado por Valentiano I en 368 de reconquistar Britania. a Honorio el Mayor. además del emperador Teodosio. y que in­ tervino en las campañas de Africa contra Firmo en 373- 375. ya antes. Desde el año 370 era m a g ister eq u itu m praesentalis y luchó contra alamanes y sármatas. Hispania fue la cuna del usurpador Magno Máximo. además de Marinianus. En Oriente sólo aparecen con cargos importantes cuatro hispanos. y a su esposa -María. Acilius Severus fue p ra e­ f e c t u s p r a eto r io Galliarum. pero posiblemente hubo ya movimientos . como Flauius Eucherius y Flauius Syagrius. y desde el 373 hasta 375 contra el usurpa­ dor Firmo en Africa. 3. a su esposa Aelia Flaccilla Augusta. al contrario del siglo n i. R ev u elta s sociales. Hay que concluir con Chastagnol6 y Stroheker7 que Teodosio permitió la ascensión de algunos miembros de su familia y de la de su esposa. cinco senadores hispanos. 322-324. 325-326. que acompañó a Teodosio en 369 a Britania. y tío el primero. a su sobrina Serena. Durante el gobierno de Graciano y Valentiniano II. hermano del emperador Teodosio I. entre los años 379 y 395. desempeñaron cargos importantes. y fue proclamado Augusto por sus tropas. baste recordar. Maternus Cynefius fue el más importante entre los hispanos que Teodosio llevó consigo a Constantinople. Las in v a sio n es La crisis económica y social por la que atravesaron algunas regiones de Hispania quedó bien reflejada en los movimientos bagáudicos. Antes había desem­ peñado otros cargos. que ocuparon altos cargos civiles y militares en Occidente y en Oriente. que estallaron a mediados del siglo v. cónsul en 323 y p r a e fe c tu s urbis R om ae. como el de p r á es es de la Tarra­ conensis en 316 y el de uicarius Italiae en 318.150 Historia de la Hispania romana El siglo IV fue una época de influjo en la política y en el gobierno de los hispanos.

La romanización 151 similares con anterioridad a esta fecha. arraigó y pervivió en las zonas rurales poco romanizadas. que consi­ guieron vencer a los hermanos hispanos y los hicieron prisioneros en Lusitania. libre o esclava. como parece desprenderse de una ley de Constantino. y del canon 141 del Concilio de Elvira. los suevos. vándalos y alanos atraviesan la Galia y amenazan Hispania. se pro­ pagó entre los grandes latifundistas y las clases altas ciudadanas. pero un usurpador que dominaba en las Gallas. Lagodio y Teodosiolo. VI 1. En el siglo iv se debió vivir con temor. que alude a la violencia de los esclavos contra sus dueños. Constantino III. Dídi- mo y Veriniano. defienden los intereses de la población campe­ sina. por la región situada al este de la vía Emérita a Asturica. En este episodio vemos cómo las discrepancias entre miembros de ■la familia imperial y el usurpador de Galia fueron fa­ . sobre todo. salieron al paso de los bárbaros en los Pirineos y se sostuvieron durante algún tiempo. que se refiere a esclavos y fugi­ tivos 8. como se de­ duce del hecho de fortificarse algunas villas. como en la Galia ( P a n eg . pero. pues aquí estuvo Maximiano hacia el año 296 y no se sabe contra quién luchó. contra la posición tributaria del Imperio romano.6). del año 332 (C o d . muy ruralizada o de débil ro­ manización. como la de Liédena. 2. Los hermanos supervivientes de Dídimo y Veriniano. lu s t. Ambos movimientos. de la familia española de Honorio. entre los ríos Duero y Tajo. V III 17-18). bagaudas y priscilia­ nismo. estrechamente vinculado al Estado. hallaron refugio en las cortes imperiales de Honorio y Teodosio II. El priscilianismo se originó en Gallaecia. envió a Hispania a su hijo y a su general Geroncio. los llevaron a Galia y allí los ejecutaron. Rota la línea del Rhin en 406. al principio. En Gallaecia la crisis se disfrazó bajo un movimiento rigorista opuesto al alto clero. se extendió por Lusitania y se propagó. quizá contra los bagaudas. En época de Diocleciano habían prendido ya proba­ blemente los movimientos bagáudicos. El priscilianismo.

juega un papel en la larga crisis. que no debe entenderse terminado por una ca­ tástrofe. Es una larga agonía la del régimen romano en la Pen­ ínsula. El establecimiento de los bárbaros en la mayor parte de Hispania. Aunque Geroncio y su protegido llegaron a un acuerdo con la corte imperial. ya iniciada en el Imperio tardío. Todavía hacia 412 se conoce una carta del emperador Honorio a las tropas romanas de Pamplona. y vio impotente cómo entraban los bárbaros y se apoderaban del sur y el oeste de la Península. La evolución. siguieron desempeñando un pa­ pel social y político de importancia en los reinos bárba­ ros. y la ficción de la unidad del Imperio se mantiene en la Notitia^Digni- tatum. La mayor parte de la provincia Tarraconense se mantiene de hecho y de derecho bajo la jurisdicción imperial. En el mismo pro­ ceso de disolución hay que señalar que las ciudades en los últimos siglos del Imperio levantan murallas y cuidan de su propia defensa. de modo comparable a las de Galia meridional. Geroncio aún proclama otro antiempérador en la persona de un tal Máximo. Todavía luchó contra los bagaudas en His- . y uno de los colaboradores de Aecio. no fue considerado por de pronto como la ruitia de la dominación imperial. Con la invasión bárbara es evidente la ruina de insti­ tuciones y fuerzas sociales. desaparecieron pronto de la escena. Podríamos recordar como último protagonista de la romanidad a Flavio Merobau- des. que ocuparon como federados reconocidos por Honorio. y la subsiguiente formación de verdaderos ejércitos señoria­ les. hacia el abandono del orden público y social en manos de los p o ten tio r es. que se instaló en Tarra­ gona. los dueños de los grandes latifundios. que Balil supone en la parte referente a Hispania fechada hacia 425. m a g ister u triu sq u e militiae. al que cantó en sus poemas. Stroheker señala fundadamente que las fami­ lias senatoriales de Hispania. senador de la Bética. que han acudido con el patricio Saviniano a combatir a los bárbaros.152 Historia de la Hispania romana tales a las fuerzas romanas y facilitaron la entrada de los bárbaros.

La zona de operación de los bagaudas. La revuelta de los bagaudas en la Tarraconense coincide con la de la Galia. 3).5). revueltas que se relacionan con los movimien­ tos campesinos de Galia. en el siglo v. En el año 407 estalló una sublevación que no fue sofocada hasta diez años después (Zósimo V 2. 179). En el año 456 la revuelta fue de tal envergadura que se envió contra ellos al hermano del rey visigodo Teodorico (Hydat. Las regiones hispanas donde operaron los bagaudas fue­ ron las zonas atrasadas y poco romanizadas de Gallaecia .2. 128). en territorio de los vascones. pero ello no debe ser cierto. Por estos años los bagaudas dominaban los pa­ sos de los Alpes (Zósimo VI 2. La romanización 153 pania. dirigiendo la lucha contra los bagaudas (Hydat. I. en las proximidades de Pamplona. a las órde­ nes dé Basilio. de nombre León. Poco después los bagau­ das se unieron con los suevos. 660). pág. a juzgar por el lugar de la batalla. 141). parece ser la vía que unió Astúrica Augusta y Burdeos. En el año 456 los bagaudas se corrieron al otro extremo de la Península. Gracias al historiador Hidacio principalmente se co­ nocen los movimientos bagáudicos en Hispania. ya que en el año 443 fue sustituido por el poeta hispano Merobaudes. donde en la primera mitad del siglo v estallaron estos movimientos entre los ríos Loira y Sena. y todos juntos saquearon la región de Zaragoza y de Lérida (Hydat. mandados éstos por su jefe Requiario. En época de Valentiniano III había alcanzado tal importancia que el emperador envió a dos generales a Hispania. donde en el año 441 figura Asturio. Se conoce los nombres de algunos de los jefes de los revoltosos. Hidacio. que estuvo al frente entre los años 435 y 437 (C b ro n . 158). pero el emperador cedió a las intrigas y lo llamó a Roma. min. En Tarazona asesinaron a unos federados y al obispo de la ciudad. En el año 449. como Tibattón. saquearon una amplia región del Ebro. quien los derrotó en Araceli (Hydat. afirma que Asturio mató a muchos bagaudas. contemporáneo de los hechos. 125). donde los movimientos ba­ gáudicos estallaron en la región de Brácara (Hydat.

región esta última que fue. En el panegírico de Maximiano (X (II) 4. según lo prueba el ase­ sinato del obispo León. 660). igualmente contem­ . 50-52. que triunfó sobre los revoltosos de Armórica. XXXIX 17). como era la región del Ebro y de Navarra. Min. 154 Historia de la Hispania romana y del territorio vascón. Los esclavos de la Galia apoyaron a los bagaudas. saqueos y muertes por toda H ispania9. Rutilio Namaciano (I 215-216) captó muy bien él carácter de este movimiento al escri­ bir celebrando a Exuperancio. Otros autores. que ocasiona­ ron. unos sesenta años de continuas destrucciones. 29. 3) se les llama campesinos igno­ rantes y se indica que los labradores formaban la infan­ tería y los pastores la caballería. y en zonas de latifundios. lo cual indica bien claramente que iban dirigidas las revuel­ tas bagáudicas contra los grandes propietarios agrícolas. lo que da a este movimiento una base social muy amplia (Chron. al frente de la cual se pusieron Heliano y Amando. en el año 417: «restituyó las leyes. en Huesca. y también contra el alto clero. de colonos y de esclavos agrícolas. queda bien patente por los epítetos que los autores contempo­ ráneos dan a los revoltosos. donde han sido localizadas lujo­ sas villas como las de Liédana y Ramalete. Dos autores contemporá­ neos de los sucesos que narraron los han descrito escue­ tamente: Orosio e Hidacio. Eutropio (IX 20)' y Orosio (V II 25. 2) aluden a los bagaudas como a hombres agrestes y rústi­ cos. 56-61). y la villa de Fortunatus. Aurelio Víctor (Caes. que en su Historia d e lo s vándalos extracta la crónica de Hidacio. tanto en la Galia como en Hispania. restauró la libertad y no permitió que los pro­ pietarios fueran esclavos de sus propios esclavos». I p.des­ crita con tintas muy oscuras por Ausonio en su corres­ pondencia con su discípulo Paulino (Epist. hasta el definitivo asentamiento de los visigodos. Las funestas consecuencias de los movimientos ba- gáudicos en la Península se agravaron con la invasión de los suevos. Todas las fuentes están de acuerdo en calificarlos de campesinos pobres libres. los vándalos y los alanos. El carácter de las revueltas ba- gáudicas. también san Isidoro de Se­ villa.

fue vencido por ellos y el prestigio romano en la Península se hundió. Olimpiodoro y Gregorio de Tours. entre los años 416 y 418. muertes de hombres y de gana· dos. Durante dos años toda la Península fue arrasada. los vándalos asdingios y los suevos ocuparon Galicia. 73. como Jordanes. ganó una victoria sobre los vándalos.2. que vivieron fuera de la Península. 89-90). W. hacia la Bética. 71. cerca de la ciudad de Orense. Hist. c o m e s His- pattiarum. W. La romanización 155 poráneos. VII 43. atacó. 86. el segundo sucesor de Ataúlfo. apoderándose de toda la Hispania meridional y saqueando hasta las islas Baleares. pero otro co m e s . El rey vándalo fue rechazado. 49). que había pe­ netrado en la península a petición de Flavio Constancio. hasta que se asentaron al parecer como fede­ rados del Imperio. En los años que van desde la invasión hasta el asenta­ miento de los visigodos se encuentran en los autores continuas alusiones a roces entre los bárbaros y los hispanorromanos. que residía en Arles (Oros. En el año 429 pasaron los vándalos a Africa (Isid. acaecidos en Hispania. pestes. Se des­ conoce el procedimiento de distribución de tierras en­ tré los nuevos asentados. En vano mandó Ho­ norio al patricio Sabiniano para gobernar Hispania. Así. a los suevos y los bloqueó en las montañas Nerbasias. Suev. Hydat. ro­ bando sus tierras y llegando en sus incursiones hasta la . granero de Roma. 62. Heumerico. 64. H. 67-68). 30) mencionan hambres. Isidoro (H. 295) y Olimpio­ doro (fragm. Por un momento todavía pareció que la causa del Imperio podría salvarse. Valia. los alanos Lusitania y la Cartaginense. Castino.1). destruccio­ nes de ciudades enteras. aluden en sus Historias a los sucesos de estos años. Hidacio (48). pero se tuvo que hacer nece­ sariamente arrojando a los antiguos dueños de sus tierras. cerca de Brácara. 85). exterminó casi totalmente a los vándalos silingios (Hydat. y a saqueos y continuas incursiones de bárbaros en territorio de los vecinos. Gunderico. en el año 419. a su vez. que acompañaron a la penetración de los bárbaros en la Península. rey de los suevos desde el año 430. intentó someter a los ro­ manos que habitaban Galicia (Isid. Asterio. y los vándalos silingos la Bética (Hydat. rey de los vándalos.

el último c o m e s H ispaniarum que se cita. Así hizo Teodori­ co II una campaña en Hispania en la que aniquiló a los suevos e hizo prisionero a Requiario. para concertar un arreglo entre los in­ vasores y la población hispano-romana. Ya hemos visto la difícil situación que causa­ ban las bandas de bagaudas. También hemos señalado que Federico. que acudió a la corte visigoda de Tolosa. Pero Mansueto. acudió a Galia a pedir au­ xilio al general romano Aecio. En los últimos decenios de existencia del Imperio los visigodos se apoyan en la autoridad de éste contra los suevos. que aún con Requiario (448-456). en virtud del convenio con el Im­ perio. hermano del rey de los visigodos. El subsiguiente destronamiento de Avito y las últi­ mas convulsiones del Imperio de Occidente tuvieron re­ percusiones en Hispania. con otro c o m e s Frontón. Ya no ^existía ejército romano en la Península. hoy Genil. Este no le pudo conceder sino la compañía de un mediador en nombre del Imperio. . casado con una hija del gran Teodorico. los traicionaron. En vano el cronista Hidacio. La crisis que significó para este encargo imperial la muerte de Valentiniano III (455) fue con­ jurada por la mediación del futuro emperador Avito. siendo derrotado por Andevoto en el río Singilis. lo que indica que descendía en sus corre­ rías de robo hasta el sur de la Península. lo que dio el triunfo a los vándalos. obliga en 453 a los suevos a retirarse de la Cartaginense. entró en 453-454 en esta provincia ex au ctori­ tate Romana. las tropas visigodas enviadas a la Península para soco­ rrer a los romanos. El emperador Mayoriano se alió con el rey visigodo y sin duda planeaba desde His- . saquean la Tarraconense. Otras veces. en la Bética (Hydat. 96). en su calidad de obispo de Aquae Flaviae (Chaves). 156 Historia de la Hispania romana propia ciudad de Mérida en el año 439. Teodo- rico II. el c o m e s Censorio. La impotencia del Imperio era más evidente en Ta­ rraconense. Teodorico II (453-466) renueva el f o e d u s de los vi­ sigodos contra los romanos y se asegura así el dominio de la Península. como sucedió en el año 422 (Próspero I 277).

Se puede suponer aún resistencia en algunos puntos de grandes propietarios con sus tropas privadas. no hay prueba ninguna de que fueran habitadas después de los primeros años del siglo v. En esta campaña vino como último emperador a Hispania. Enton­ ces (472) atacan los visigodos la Tarraconense. Aún la Tarraconense era una provincia romana. Al año siguiente se ex­ tinguía con la deposición de Rómulo Augústulo el Im­ perio de R om a. buscaban ahora la alianza de los suevos (464). Los godos siguieron aprovechando la alianza romana. salvo alguna. y un dux Vicencio nos es cono­ cido por la carta de los obispos de la provincia al Papa Hilario. probable­ mente también en Hispania. destruyeron la vida económica. Pero en Cartagena vio la escuadra destruida por los vándalos y tuvo que aban­ donarles el dominio de las Baleares. En la Península tan sólo se conocen dos o tres mosaicos que se puedan datar con seguridad en el siglo v. Todas estas luchas continuadas interrumpieron la ad­ ministración. Las villas del bajo Imperio fueron arrasadas en su casi totalidad en estos años. como la de la Cocosa (Badajoz). en 475. y éstos pierden Mérida y se ven reducidos al noroeste de la Península. y así consiguieron ocupar en 462 Narbona. Con la entrada en Hispania del rey Eurico (468) ter­ mina su crónica Hidacio. y en muchas hay huellas de destrucciones violentas por fuego. D ei V 5. pero eran movimientos sin coordinación. Después se recrudece la ene­ mistad de visigodos y suevos. y ocupan la capital y el d u x romano Vicencio se pasa a ellos..2. Julio Nepote. a medida que Roma se hundía. todo lo cual indica bien el hundimiento de la economía del siglo anterior. cortaron el comercio y la industria y empeoraron considerable­ mente la mala situación económica de los estratos más bajos de la población. 23) habla de la total barbarización de His- . Hacia el año 445 Salviano de Marsella (De gub. como se deduce del hecho de que. por el penúltimo emperador romanp. que no impidieron que Eurico viera ya reconocido su dominio. La romanización 157 pania vencer a los vándalos. Por otro lado.

171). 179). D ei VI 7. 186). 202). . 246. 173-175). D e gub. 199. en el año 460. La reorganización de la Península vino con el asen­ tamiento de los visigodos. 38. sus afirmaciones responden sin duda a un fondo de verdad. Aunque puede haber mucho de exageración en el pre­ dicador.158 Historia de la Hispania romana pania. que fueron saqueadas continuamente. como se deduce del hecho de que en el año 459 los piratas volvieron a desembarcar en las proximidades de Lugo y sin encontrar resistencia descendieron saqueando has­ ta el sur de Hispania (Hydat. Brácara un año antes (Hydat. indican bien la barbarización de las formas del arte. y Lugo. a los que ven­ ció en la llanura del Páramo (C h ro n . 250). mandados por Eurico. o el de Estada (Huesca). ni siquiera en las ciudades. como lo indica el hecho de que cuando las tropas de Teodorico entraron en Brácara. Caesar. 8. el de Santisteban del Puerto (Jaén). Orense y sus alrededores. Agravaron la situación los saqueos de los piratas. y devastaron la costa de Cantabria (Hydat. que como federado del emperador había penetrado en la Península para lu­ char contra los suevos (Hydat. que al parecer ya en el año 468 ocuparon Lusitania (Hydat. 39). no respe­ taron ni a las iglesias ni a los eclesiásticos. con dos personas delante de un frontón. por las tropas de Teodorico. Incluso la misma Iglesia tuvo que sufrir en sus per­ sonas y bienes. En el año 456 cuatrocientos hombres desembarcaron en la costa de Galicia. junto a Lugo. por los aliados de los visigodos. como lo fueron Astúrica y Palantia en el año 457 (Hydat. 222). La vida no era tranquila. 193-196). por el caudillo suevo Remismundo (Hydat. con el tema de Aquiles en Esciros en un lado y la competición sobre quién tocaba mejor la flauta entre Marsias y Apolo. Dos mosaicos que se pueden fechar por estos años. lo que indica bien la total desorganización de la sociedad hispánica. No había poder civil o mi­ litar que se opusiera a los invasores. incluso cesaron los juegos del circo y las repre­ sentaciones teatrales (Salv.

sino que los itálicos y otros elementos de la. fue convirtiéndose en una provincia romana. mantenía formas de ganadería y agricultura poco des­ arrolladas y un fiero espíritu guerrero. Elementos etruscos. En el ejército hubo hasta el siglo i i a. Sabemos que en el primer siglo de la conquista buena parte de los legionarios. a lo largo de los siglos. La Hispania bética y mediterránea. en proporción de la mitad y más. es muy complejo y en gran parte escapa a nuestro estudio. Hay que tener en cuenta también que la conquista romana en su primer siglo y medio. oscos y de otras regiones aparecen. en las que luego son grandes familias senatoriales de Hispania: los Ulpios. no es exclusivamente romana. La romanización El proceso por el cual Hispania. y que había recibido comerciantes griegos y púnicos. ni aun latina. como los otros países del Occidente. eran itálicos. fue la más rápidamente asimilada por Roma. junto a las legiones romanas. o donde se conservaban situaciones culturales muy primitivas. casi hasta la guerra de Sertorio. no unifica­ da Italia de entonces tienen un papel muy importante. como ha señalado Syme. La Hispania interior y del noroeste. que desde la pre­ historia estuvo abierta a las corrientes colonizadoras de Oriente. el cristianismo más tarde. Hay que distinguir en el pro­ ceso de la romanización distintas épocas y también dis­ tintas zonas en la Península. y asimilándose plenamente. La romanización 159 III.2. Por la romanización entra Hispania en la corriente universal y recibe a través de Roma la cultura griega.. y demás co­ rrientes de civilización. La fundación de Itálica después de la batalla de Ilipa parece signi­ ficar que los veteranos que allá se establecieron eran más itálicos que romanos. . Que colonias como R om ula (His­ palis) o Urso llevaran el sobrenombre de urbanorum parece indicar por el contrario que allí eran romanos de la capital los que dieron carácter a la colonia. legiones itálicas. donde poblaciones de estirpe indoeuropea se habían impuesto. C.

) ha documentado con hallazgos en Cartagena de cerámica de Cales esta afluencia de itálicos en los siglos III y II. Las relaciones con los púnicos. Las monedas se siguieron acuñando en algunas cecas andaluzas. por ejemplo. En Délos. comerciantes y sol­ dados. La romanización fue rapidísima en la Bética. como Obulco. parece que se podría reflejar en ciertos rasgos. atraídos en el primer momento por la explotación de las minas. Domergue (AEA 42. por los car­ tagineses. los Dasumios. El carácter mixto de los colonos. Es posible que el texto de Diodoro (V 36. r También en la expansión romana toman parte los itá­ licos.. y ya no sólo como do­ minadores. y en la región de Cartagena. haya de ser interpretado en sentido estricto. 159 ss. En aquella región. habían preparado a los indígenas para admitir contactos con extraños. incluso en ciertas zonas del interior. como en algunas partes del este. así como la ganadería. los Elios. incluido el sur de Portu­ gal. Y C. Alguno de los ne­ gociantes establecidos en Cartagena que nos son cono­ cidos por los sellos en los lingotes de plomo llevan precisamente nombres itálicos. sobre todo léxicos. vemos en la época anterior a la guerra mitridática nombres itálicos bien caracterís­ ticos entre los comerciantes allí establecidos. estaban desa­ rrolladas de muy antiguo la vida urbana y la agricultura de cereales. pero aún .160 H istoria de la Hispania romana que procedían de Tuder (Umbría). que habla de la lle­ gada en masa de italiotas a Hispania. como vemos en el conocido texto de Estrabón. que eran mesapios. que se establecieron en los primeros tiempos en Hispania. vid y olivo. en letras ibéricas. como referido a italianos no precisamente romanos. que se señalan en el latín peninsular tal como se continúa en los romances. sino como gestores de la vida económica y cultural en sus diferentes aspectos. 3). la mi­ nería y la pesca y salazón de pescado. sobre todo en las regiones del sur y del este. Los romanos sustituyeron a los cartagineses en toda Andalucía. que ve­ nían de la colonia latina de Hadria. y la colonización y explotación del país.

Abdera y Ebusus. Málaga. La asi­ milación en la costa oriental no estaba facilitada por la larga dominación cartaginesa. dejaron de ser pa­ trimonio de políticos ambiciosos. X LIII 3).3). La romanización 161 resistió más tiempo la escritura fenicia en las antiguas colonias de Cádiz. En este sentido. Los progresos de la romanización. El primer m u n icip iu m ciuiu m R om an orum fuera de Italia fue Gades (Plin. siguen inmediatamente a la instalación del poder romano. la romanización progresó más lenta­ mente.2. Str. a pesar del largo contacto de los iberos con los griegos. sobre todo de los vástagos de grandes familias de la oligarquía senatorial. cuando las provincias. En el este. de defender a los pueblos pacificados de los que quedaban libres más al norte o más al oeste. Pero la responsabilidad y las obligaciones que llevaba consigo esta soberanía sólo las aprendió Roma al cabo de los siglos. y poco a poco. La lengua ibérica está atestiguada en inscrip­ ciones hasta el comienzo de la época imperial. . lo mismo en el sur que en el este. los romanos fueron los defensores de la Hispania urbana. En más de una ocasión. 38) y Carteya el primer caso de reconocimiento jurídico del mestizaje de romanos con indígenas (Liv. que siguen a la conquista. Sexi. son la respuesta de los indígenas a una dureza y a una ineficacia que en lo sucesivo. como antes Itálica había sido la primera fundación para veteranos en el remoto occidente (Apiano Ibér. Los ensayos primeros los hizo Roma sobre todo en Hispania. se irán corrigiendo. a medida que Roma aprende su papel de señora del mundo. son consecuencia del papel que le tocó a Roma. Para. la romanización tuvo que inventar el pueblo dominador procedimientos políticos nuevos. Los levantamientos que. y sin duda que la adquisición de experiencia fue a costa de los indígenas. V 36. III 5. podemos ver que el pueblo es másf irreductible que los ricos en la lucha contra los romanos. bajo el Principado. y como tales fueron aceptados con simpatía por las aristocracias locales. en las largas guerras de lusitanos y celtíberos.

de límites aún no precisos en las regiones del oeste y norte. traían los romanos los modelos de contribuciones que ya habían aplicado en Sicilia y Cerdeña. me­ recieron desde el principio la mayor atención de los romanos. resul­ taba muy heterogénea: la romanizada Bética contrastaba . parece que no alcanzó el estatuto de municipio sino bajo César. 98 y 113). por ejemplo. ciudades que. Ello explica las grandes colectas de los pri­ meros gobernadores romanos. Es evidente que. le concedió de mala gana la condición de colonia. un Minucio Termo y un Catón. También pasan tardíamente a ser colonias antiguos c o n v e n t u s ciuiu m R om an orum : así ocurre con Tárraco Carthago Nova e Hispalis. En 197 ya dijimos cómo se establecieron las provincias de Citerior y Ulterior. Claro que el concepto jurídico de colonia es posterior a la fundación d e verdaderas colonias. Hispania fue la provincia romana más antigua.162 Historia de la Hispania rom ana La fundación de colonias nos permite seguir las eta­ pas de la romanización. En los amplios planes de reorganización de Augusto se hizo evidente que la provincia Ulterior. 48. tal fue la organiza­ ción romana de las Hispanias. pero que no ordenaron sino hasta mucho más tarde su condición legal de colonias. un Manlio Acidino y un Léntulo. 37) de la organización de Hispania en dos provincias encomendadas a pretores. Itálica. más arriba. pp. aparte de continuar la explotación de la Península conforme al sistema que encontraron funcionando en manos de cartagineses. a pesar de ser nativo de allí. Fuera de Italia del norte y de sus islas. IV. sin duda. y el empera­ dor Adriano. Salvo momentáneas reducciones de las provincias a una (v. La administración romana en Hispania Ya hemos tratado (pág.

pues. sus numerosos senadores y la ri­ queza del país exigían de sus gobernadores gran capacidad y un tacto político no vulgar. 504. De ella se desglosó la zona de Linares y toda la costa entre Almería y Cartagena. C. separada de Lusitania. p. como la Citerior o Tarraconense. Durante la época del Principado ya se sabe que los cargos principales de las provincias se encomiendan a miembros del Senado. La pro­ vincia era considerada de gran importancia. que se atribuyó a la Citerior. Quizá fue en 13 a. núm. pero sin duda que la Ulterior siguió siendo gobernada entera por un legado imperial mientras duró la guerra cántabra. en cuanto pacífica y desmilitarizada. C.2. cuando el número de legiones en las Hispanias fue redu­ cido a cuatro. Tenía como funcionarios auxiliares un leg a tu s proconsular y un cuestor. el momento en que Bética fue constituida en provincia senatorial. hacia el año 13 u 8 antes de Cristo. que incluyó así Asturia y Gallaecia. a un legado nombrado por el emperador. Quedó así al frente de la Bética un procónsul de categoría pretoria. designado por de pronto a la suerte. legado del príncipe en la Citerior en los años 3-2 antes de Cristo. fue considerada provincia senatorial. muchos autores habían aceptado la fecha de 27 a. 280) referentes a Paulo Fabio Má­ ximo. Ello parece asegurado por inscripciones (CIL II 2581. . pues su profunda romanización. EE V III. La romanización 163 con la más atrasada e insumisa Lusitania y con los terri­ torios apenas sometidos del noroeste y norte de la Península. que en una enumeración general da Dión Casio ( L i l i 12. con lo que se crea un escalafón de funcionarios experimentados sobre los cuales reposa­ ba una excelente administración. La fecha de la institución de Lusitania es muy discutida.. al modo tradicional. La Bética. Pudo ser entonces cuando el noroeste de la Península fue atribuido definitivamente a la Citerior. y así se constituyó seguramente. 5). La Lusitania fue separada de la Bética y encomendada.

desde la época de Vespasiano. mientras él se ocupa de las fron­ teras orientales. De acuerdo con ello se observa desde entonces que son funcionarios de más elevada categoría y con ca­ rrera más larga e importante. como la más ex­ tensa de todo el Imperio. con la que el emperador se casó. Por regla general. lo que supone una administración separada de estos te­ rritorios. los legados de esta provincia eran mantenidos tres años al frente de ella. y sus gobernadores no solían hacer carrera importante. 166) en los comienzos de su reorga­ nización por Augusto. se mantuvieron igual durante todo el principado. En el siglo II. este funcionario toma el título es­ pecial de leg a tu s A ugusti iuridicus Asturiae e t Callaeciae. mejor dicho. p. El gobierno de las Híspanlas se mantuvo sin cambio hasta las grandes crisis del siglo n i. y en los primeros tiempos del Imperio no tenía otro subordinado que un iuridicus. y con una elevada cultura romana y complejos problemas administrativos. Julia Domna. ya sin p e reg rin i. era de menor importancia. Bajo Caracalla. El legado jurídico era un funcionario de rango senatorial que entendía en los asuntos judiciales de toda la Citerior. sin limitarse a un territorio especial. Otón. 20. Siempre eran personajes de rango consular. sin embargo. o casi. Las tres provincias hispanas que nos presenta Estra­ bón III (4. como ya señalamos (pá­ gina 125). que fue relegado por Nerón a esta provincia para alejar­ lo de su esposa. la Bética considerada provincia imperial y sujeta a admi­ nistración militar. a los que estaban subordinados un leg a tu s iuridicus de ca­ tegoría pretoria y los legados (luego uno solo) de las legiones. la .164 Historia de k Hispania romana Estaba al frente de Lusitania un legado imperial de rango pretorio. Popea. Se sucedieron en la Citerior personajes muy importantes en el Senado. Galba estuvo has­ ta ocho. fue un gobernador excepcional. a causa de la invasión de mauritanos en 171-172. se crea (216) una nueva provincia. Sólo transitoriamen­ te fue. bajo el gobierno de su madre. Como pro­ vincia sin guarnición. La más importante era la Citerior.

la cues­ tura y la legación proconsular de Bética. hasta la muerte de Caracalla. La nueva provincia hispa­ na puede compararse a divisiones semejantes de Septimio Severo'en Britania y en Siria. como capital. Lo mismo ocurrió con el legado de Lu­ sitania. y comprende seis provincias: . Una Noua Hispania Vlterior Tingitana existió hacien­ do de Marruecos una dependencia de la diócesis de His­ pania. Bajo Galieno dejó de ser senatorial el cargo de jefe de la l e g io VII. La romanización 165 Hispania noua C iterior Antoniniana p e r d iu ision em . pierden la alta conside­ ración en que antes se tenían en la jerarquía adminis­ trativa. y un estudioso como G. hasta Diocleciano siguen siendo senatoriales el legado y el jurídico de la Citerior. quizá sólo un año. que comprende Asturias y Galicia. Por lo demás. y hasta con el procónsul de Bética. que procuraban disminuir el poder de los gobernadores. en todo caso. Desaparece entonces todo rastro de distinción entre provincias sena­ toriales e imperiales. En la época de Severo Alejandro desaparecen cargos de orden senatorial. En efecto. Sin embargo. del que no hay testimonios posteriores a Caracalla. se­ gún parece. las cuales se agrupaban en doce diócesis. Pero la divi­ sión de esta provincia del noroeste reaparecerá en los tiempos de Diocleciano. con Hispalis. y todas las preeminencias de Italia. se cree que Diocleciano reorganizó el Imperio y lo dividió en aproximadamente cien provin­ cias. Alföldy cree poder señalar que las provincias de Hispania. al acentuarse la decadencia de este cuerpo: así el tribunado militar de la L egio VII. como otros más.2. Hay que señalar que la política de Septimio Severo se mantiene con los gran­ des juristas que colaboran en la administración y conser­ van las tradiciones anteriores. En el siglo n i la escala administrativa que había ser­ vido de columna vertebral a la administración de los grandes tiempos del Imperio se disuelve. esta división de la Citerior no se man­ tuvo mucho tiempo. consta epigráficamente para el año 238 su reunificación con la Citerior. incluso la Citerior. Hispania formó entonces una diócesis.

publ. La agrupación que por Plinio podemos reconstruir se ve a veces que no es territorial: por ejemplo. 166 Historia de la Hispania romana las antiguas Lusitania y Bética. incluso en el noroeste: Clunia. pero las pro­ vincias romanas no se dividían regularmente en conventos y sólo se hallan en algunas provincias: Dalmacia. Astú­ rica. probablemente con características distintas en cada caso. Las Baleares aparecen como provincia separada hacia el año 400 (Aguado-Bosch 281). p. En su descripción del noroeste. Un rasgo antiguo de la administración romana en la Península son los co n u en - tu s iuridici. Se citan ya en tiempo de Sertorio (v. 1971. Lucüs y Brácara.) que fuera en la época de Claudio cuando la administra­ ción militar de estas regiones pudiera haberse convertido en civil. L os c o n v e n t o s d e Hispania. Cé­ sar (p. la Tarraconense. Se ha pensado (Sutherland 177 s. Asia. 1973. como se ha indicado. mientras que en Plinio los hallamos para to­ das las provincias. Se tiende a considerar los conventos como algo territorial. 103) habla de los co n u e n tu s de Córdoba y de Hispalis. Estrabón no cita los conventos. reduci­ da a los territorios de Tárraco. X II CNA. La sexta pro­ vincia era la Tingitana. . Jaén. y así figuran en los mapas. aunque se instalaron junto a los indígenas de un u icu s ya existente. Los ciudadanos romanos se agruparon al­ rededor de un foro.. el co n u e n ­ tu s G aditanus agrupa desde Huelva a Sexi municipios marítimos cuyo rasgo común quizá es la tradición fe­ nicia. 87). Caesaraugusta y Clunia. p. Quizá tengamos una indicación interesante en este sentido en la inscripción hallada no hace mucho en -Córdoba (Ana María Vicent. frente a los uicani uici Hispani. 677). Egipto. y las nuevas provincias de Callaecia (con Asturias y territorios más al oeste) y Kartkaginiensis. En Hispania lo que hallamos son agrupaciones o con- u en tu s de ciudadanos romanos establecidos en la Penín­ sula. en que aparece una parte de los habitantes como uicani uici fo ren sis.

el Jano de Candelario. y en mucho menor número. Tercera parte: Las religiones paganas. con toro sobre la coraza y casco de cuernos. en la me­ seta y en el norte de la Península. sobre un relieve de Lourizán (Pontevedra). dios celta con cuernos de toro. Imágenes de dioses son muy escasas. del tipo del Marte Capitolino. al norte del Tajo y en el noroeste. entre ellas se pueden citar una representación de Cernunnos. Las religiones paganas 1. un Marte hallado en los Pirineos. la Tyche- Fortuna de la antigua colección Calzadilla. 167 . que se han hallado en la región lusitana. La religión indigen a en Hispania Se conocen los nombres de unos 300 dioses indígenas '. La casi totalidad de ellos ha aparecido en inscripciones. como una de Tameobrigus. dios acuático. que repre­ senta a una diosa con el radical Band·. El cristianismo I. y algunas otras. en el Duero. una cabeza de Endovellicus. Este hecho indica una romanización baja de toda esta región.

¡ c F·* ςí ! hs íf sif ( o £ .» o * i t § £ £ >-_S¿.tr *-u χδ ¿ . posible ley sagrada. Escrito en lengua celtibérica.· ξ V 5 1 tlslfllilll ^ k V <&.Ç ?/£?"*- Λ . S ^ í * y ilí|!<liF < -£ t*J 5 V > ^ 2 -1 A * .) C A M -ι H i ^ i U ß ) J s j î i ^ S g ’ 2 j-| . · ^ Λ ÈL<-^ + * * £ £ Ϊ '= ί* ϊ· % > *U . Beltran.| - s|!|li<lf|f v ¡m m - ^lülfptl X ->> ? 4 1 < fr ^ î '.~ÿ y'j 3 D. X $0 F ig. 3. (Según A.! > £ * * * $ * . Ÿ l· i .—Bronce de Botorrita. 5· X <r.

Las fuentes literarias mencionan también diversos animales sagrados. anitn. y Ttrien sis. I 49. como el ciervo. El culto a los árboles (Marc. en Vilar de Maçada. Str. d e nat. No se conoce la existencia de grandes santuarios. en Viana del Bollo. salvo el consagrado a Endovellicus. aunque varíen los nombres. en Coruña del Conde. Se ignora el rito de ellos. en Cacabelos. dios galo. El cristianismo 169 representado según la tradición romana de los ríos. El carácter de los dioses es el mismo. entre los lusitanos (Gel. Sert. salvo una alusión al que hacía la adivinación entre los lusitanos (Str. 2Q. El nombre de muchos dioses alude simplemente a la situación geográfica de su culto (A egiam unniaegus. en Ruanes. entre los numantinos (Elian.3. Tres bronces hallados en Hispania representan a Sucelus. 23) y deidades relacionadas con ellos (Aernus. como Bandua Arau- g elen sis. 4 . 446) también se veneraba en His- . Las religiones paganas. del que se habla más adelante. y el toro. Las fuentes antiguas alu­ den a la existencia de sacrificios colectivos entre los segobricenses y entre los pueblos del norte de la Pe­ nínsula (Frontin. III 164). T utela B olgensis. Caepus. 22). tribus o gentes eran venerados. Se conoce la existencia de danzas rituales en honor de la luna entre los pueblos del norte (Str. R euveanabaraecus. XV 22. el buitre. en Santa María de Ribeira. A lbocelus.) se encontraba muy extendido. etc. etc. 1-2. 5-6. Plut. La triada de deidades celtas señalada por Lucano {Fars. Dioses con un área relativamente grande de culto o con muchos devotos fueron sólo los citados Endovellicus y Ataecina. III 155). Tampoco mencionan las fuen­ tes antiguas sacerdotes. III 154). en Lusitania. 3). 22). IV 55. en el Castro de Avellás. en Tuy. en Cáceres. el de Ataecina Turi-. Caepol. III 2. entre las poblaciones pastoriles (Diod. I 444. o lleva adjetivos que especifican entre qué pue­ blos. A rentius y Arentia. La Península Ibérica tenía un gran politeísmo y un gran animismo. etcétera). en Benespera. M atres Callaicae. El panteón hispano es bastante parecido al de la Ga­ lia. brigensis Proserpina —ambos localizados en Lusitania— y el de Panoias. IV 18. La ma­ yoría de los nombres de los dioses han aparecido sólo una vez. 11.

Era protector de las artes y del comercio.) . en Sinoga. T? 7 Λ ΰ ΟΛΑ C o /W ° V f A / CAU°C/?/(p I O I L A ^ T R E b o PA l A · IH D I-P o n . C o a v O ' ^ o · (O ^ A lA K \ -l(cO V A -io \ ¡^ ^■Μ/λ!£ ·ο\ι Α Λ Λ · ν . en Uxama. 4. en Galicia) y que disponía del rayo y de la tormenta. cuyo nombre se encuentra escrito por dos veces en la inscripción de Pefialba de Villastar y que probablemente es el mismo que aparece bajo dis­ tintos nombres y lugares.í PfTAA//o. (Según: Untermann. y L u go v es. asimilado a Mercurio y a Hermes. que mo­ raba en los montes ( J u p ite r Candamius. y J u p ite r C andiedo.—Inscripción lusitana de Lamas de Moledo. (Según H. Tovar.Λ 4^ · ·^ ·Ι/ νΟ Ι^ \ | r o /νΛ Fig. en Asturias. donde recibía culto un dios indígena inventor de las artes. en Muro de Agreda. Seguía en importancia un dios celeste asimilado a Júpiter. L ucoubus.) 2: Inscripción celtibérica de Peñalba de Villastar.170 Historia de la Hispania romana pania. No menor importancia entre ellos tenía RS/VU S l& w c/tovC/A/AMCA íl(A lC °. (Se­ gún A.) 3: Inscripción lusitana de Cabero das Fraguas. Balmori. L o u g este ricu s. al que los irlandeses llaman Lug.

como en la Galia. una divinidad de carácter astral. Era. El culto a las aguas terma­ les gozó de gran aceptación entre las poblaciones asen­ tadas entre los ríos Duero y Miño. d e o ­ ru m I 84). Bandoga. y de Castelo de Moreira. machos cabríos y prisioneros. en Santander. para de esta manera expresar . en San Miguel de Vizella. en Santa Marinha de Ribeira. etc. El cristianismo 171 un dios asimilado a M arte. en León. pero se ignora su nombre (Cic. ciertos dioses como los Lares y las Tutelae (B anderaeicus. en Salus Umeritana. Las religiones paganas. etc. Junto a estos dioses. en Asturias. en Baños de Montema- yor. en Madrid. a juzgar por el gran número de inscripciones encontradas (M ars Cariociecus. que. sacrificio que parece semejante al bien documentado entre los pueblos indoeuropeos. en Capinha. Esta inter­ pretación es más bien indígena que romana. en Graninha.3.).). Bandiarba- riaicus. en Ju p iter Candamius. recibía culto un dios infernal y nocturno. y una deidad protectora de los herreros. de una oveja y de un toro. El proceso de romanización de la Península queda bien patente en la interpretación romana de los dioses indí­ genas mediante un fenómeno de sincretismo. Especial importancia tuvieron. en Boñar. en Tuy. re­ presentado en los puñales votivos del Museo de Valencia de Don Juan. era muy venerado entre los pueblos del norte. a juzgar por el gran número de lápidas a ellos consagradas. en Castelo-do-Mau-Vi- zinho). Muy extendido estaba el culto a deidades de carácter acuático (N ym phae Caparenses. como en G enius Laquiniesis. en Lares T arm u cen baci Ceceai- ci. etc. N ym phae Fon­ tis A m eucni. un puerco para Laebo. E ndovellicus. que dice: «Una oveja para T reb opola . en Quintana del Mar­ co. C oronus. G eniu s F ontis A gineesis. cuya existencia se conoce. en Mars Tilenus.» Se trata de un sacrificio de un cerdo. como en la Galia y Germania. los nativos sentían la necesidad de acompañar el nombre de su dios del equivalente romano. una oveja de un año para Trebaruna y un toro semental para R eva. Se conserva un ritual lusitano de la segunda mi­ tad del siglo il. De nat. la inscripción de Cabeço das Fraguas. en Castro. a la que se ofrecían sacri­ ficios de caballos.

También se veneró a Mitra en lugares poco romanizados de Ga­ licia. como E ndovellicus. muere y resucita. Los dioses indígenas. Sus adeptos eran fun­ damentalmente gente muy pobre. donde había tropas de guar­ nición en distritos mineros. Daba oráculos a los enfermos. está dedicada a E rudinus y se ha hallado en Ongayo (Santander). al mismo tiempo era un dios infernal. A mediados del siglo ii . como en la religión cristiana. como es costumbre en los relieves y . un santuario de M itra funcionaba en Emérita. donde se excava en la actualidad un Mitreo. reci­ bieron culto de gente de muy diversa procedencia y ori­ gen social variado. Esta extensión del culto entre gentes de muy diversas procedencias quizá tenga fácil explicación por el hecho de ser E n d o vellicu s una especie de dios de la me­ dicina lusitano. acompañado del escorpión. Entre sus devotos figuran indígenas. fechada con seguridad. 2. La inscripción más reciente con nombres de dioses indígenas. como en el resto del mundo romano. D eidades m istéricas y sem ita s En la época imperial florecieron mucho en Hispania. ha aparecido un Mitra sacrificando al toro. que fue el principal rival de Cristo en el mundo antiguo. Asturias y Lusitania. y que promete la vida ultraterrena a sus seguidores. y éstos pasaban una noche en el templo y les indicaba las prácticas a seguir. su culto se extendió prin­ cipalmente entre los soldados. ciudadanos romanos de origen oriental. Una. que se caracterizan todas por la salvación individual y por el hecho de que en todas ellas. Se le ofrecían sacrificios de cerdos. de las principales religiones mistéricas. al menos al­ guno de los más importantes. También dedicaron aras esclavos. algún devoto parece descender de Etruria. las religiones mis­ téricas 2. fue la de Mitra. hay un dios que nace. es del año 399. el perro y la serpiente. En Ipagrum.172 Historia de la Hispania romana mejor su carácter. Este Mi treo ha proporcionado buenas imágenes de culto. con devotos en Hispania.

El cristianismo 173 esculturas que dedicaban los devotos a su dios. Seguía en importancia Cibeles. o sacrificios de un toro. Esta concentración se puede explicar por la abundan­ cia de esclavos orientales en la Lusitania meridional o por el comercio entre Olisipo y Emérita con el Oriente. en Emérita y en Metellinum. . todas aparecidas en la mitad occidental de la Península. L^s inscripciones mencionan las ceremonias del culto. de la que se conocen dieciocho inscripciones. Las religiones paganas. diosa frigia del Asia Menor.3. ya que se aluden a cinco taurobolia. Las regiones menos romanizadas de Lusitania y del noroeste de la Ta­ rraconense son las que han dado mayor número de ins­ cripciones. en Córdoba.

El tau robolium y crio b óltu m . aunque también se encuentran algún devoto indígena y esclavos. En Lusitania sólo ha aparecido un testimonio del culto de este dios. citada en Emérita. y otra vez el tau robolium solo. El culto a Ma-Bellona. cinco patres en Córdoba. de la Tarraconense. famosa por sus talleres de escultura. como la de lá llamada tumba de los Escipiones. en Tarragona. casi todos los conocidos provienen de la Bética. diosa asiática conocida por nueve inscripciones. En la parte inferior de la imagen de mármol se representan las Tres Gracias. El culto floreció entre ciudadanos libres principalmente. Una interpretación local de la gran diosa oriental Cibe­ les es la Afrodita de Afrodisias. dios secundario estrechamen­ te ligado a Cibeles. ninguno. juntos en Córdoba. y varios. Algunas de las imágenes. y sólo dos inscripciones (Segóbriga y Mahón). o sacrificio de un cordero.174 Historia de la Hispania romana En Córdoba va unido el ta u ro b o liu m al crio b o- lium . La fecha de propagación del culto se extiende entre los años 108 y 238. por la salud del emperador Alejandro Severo. Sus devotos eran indígenas o esclavos. Emérita. y en un caso. Pax Iulia. en ambos casos los de­ votos solían recibir encima la sangre de las víctimas. De esta diosa de la fecundidad se conoce una escultura. localidad de Asia Menor. se propagó por los alrededores de Turgalium. en Eméri­ ta y en el noroeste. en el año 234. Afrodita cabalgando en un carnero marino y tres Erotes. Garlitos. se hi­ cieron por la salud del emperador el 24 de marzo del 238. una mujer. El culto a Cibeles tenía un carácter oracular en Córdoba y Garlitos. se datan en el i. Alrededor de veinticinco representaciones ha dado la Península Ibérica de Attis. Posiblemente fue traído a la Penín­ sula por soldados que lucharon a las órdenes de Sila con- . Las inscripciones citan diez nombres femeninos. Marco de Canaveses y Monte Cildá. Se conocen en Hispania varias dignidades sacerdotales de este culto. Ossonoba y Olisipo. como la de Archigallus. y la de las necró­ polis de Carmona. el tau­ ro b oliu m conmemoró la salud y vuelta de una persona. Se conocen igualmente cuatro exvotos ofre­ cidos a la diosa en Olisipo. encontrada en Baixo Alentejo (Lusitania). En Metellinum.

Su culto florecía en un nivel plebeyo. El dios está rodeado de una serie de atributos y símbolos. el pino. que después debieron combatir a las ór­ denes de Metelo contra Sertorio. .). mientras le­ vanta la derecha en actitud de bendecir. i a. el sol y la luna. Una decena de testimonios han dejado sus devotos de la diosa Némesi-s en Hispania. C. el busto del dios Baco.—Religiones orientales en la península Ibérica. Estas placas se fechan en el siglo XI o i i i . (s.3. En Elche se encontró una pequeña cabeza del dios. El dios tracofrigio llamado Sabacio está representado en dos placas de bronce que formaban un tríptico ha­ llado en Ampurias. la serpiente. las crateras. árboles. etc. la mano iz­ quierda sostiene un cetro clavado en tierra. El cristianismo 175 tra Mitrídates. como el carnero. viste pantalón y ch itó n . La mayoría de los Fig. 6. Las religiones paganas. El dios se representa de pie. barbudo y con gorro frigio.

El cul­ to de Adonis se celebraba en una gruta. que simbolizaban la renova­ ción de la naturaleza por el ardiente sol estival. donde se cita la tríada de Emesa y otros dioses: Elagabal. en las proximidades de Legio V II Gemina. estatuas. Phiren. como la Tyche de Antioquía. Los dioses sirios cuentan con un altar en Córdoba.176 Historia de la Hispania romana testimonios proceden de la Bética. cuyos nombres se leen sobre dos anclas de plomo halladas en el puerto de Carthago Nova y que pertenecían a navios que comerciaban con la Península. La procesión. Adonis y Salambo. una inscripción en honor de Júpiter Dolichenus. que se refieren a que el oferente implora dejar el anfiteatro por su pie. se arrojaban a los pozos. Kypris. El 12 de febrero del año 224 se levantó en Villa- decanos. En una procesión que se hacía. y muñecos. presidida por el gober­ nador. las mujeres danzaban alrededor de la imagen de piedra y recogían dinero para el mante­ nimiento del culto. Entre sus de­ votos abundan los esclavos o libertos con nombres grie­ gos. que representaban al dios muerto. El culto oriental más extendido en toda la Península fue el de Isis. bronces — seis de ellos representan a Isis K ou- . Un altar con la imagen de la diosa apareció en Carthago Nova. En las placas votivas de Itálica se representan pares de pies. conocidos por las actas de Justa y Rufina de Hispalis. que son el documento más importante en todo el Imperio romano del culto de estos dioses. de él se conservan varias inscripciones. Allath. Las devotas plantaban en tiestos los llama­ dos «jardines de Adonis». Su culto se extendió por los tres primeros siglos del Imperio. representada en un bronce encontrado en Hoyo de Álimanes. Los devotos y devotas caminaban con los pies descalzos. y algunos. de la Ta­ rraconense. Varios se vinculan directamente con el circo. pues seis documentos proceden de capillas situadas en los circos de Emérita. recorría el campo hasta el M on s Marianus. de época de Heliogábalo. Se conocen otros dioses sirios aparecidos en la Península. y en el anfiteatro de Tárraco se ha descubierto una pintura que representa a Némesis. Yari y Nazaia. Itálica y Tárraco. Zeus Kasios y Afrodita Sozousa.

3. Las inscripciones dedicadas a Dea C aelestis han aparecido principalmente en el sur y Levante —las dos regiones que mantenían unas relaciones comerciales muy intensas con Africa— . y dan idea del ritual. consagrado entre los años 13-12 antes de Cristo. Las religiones paganas. Metellinum. Hispania fue devota igualmente de la gran diosa afri­ cana D ea Caelestis. tuvo un gran santuario. La inscripción de Valencia men­ ciona una asociación de esclavas. y también se representa al dios sobre lucernas en Emérita. dos rectangulares y uno circular. en el siglo i a. Las visceras y la sangre se arrojaban a los diferentes depósitos. El cristianismo 177 r o tr o p h o s con flores sobre sus rodillas. En Tajo Montero. C. junto a una palmera. Una cabeza del dios. creación artificial de los Lágidas. y terracotas. entró pronto en Hispa­ nia. fechada a comienzos del siglo i i i .. Sus devo­ tos pertenecían a las clases bajas. junto a Astapa. Pero el santuario más im­ portante fue el citado de Panoias. des­ nuda. Nombres teóforos han aparecido en Itálica y Tárraco. y su culto coexistió con el de Mitra en Emé­ rita y con dioses indígenas en Panoias (Bracarense). C. Los dedicantes de las inscripciones son mujeres y proceden de las capas más altas de la sociedad. La roca central era un altar al aire libre. merced al contacto comercial de sus puertos con los de Italia. y en Ilíci. y un altar. y principalmente con la misma Alejandría. 80-79 a. Las rocas tienen en la parte superior una explanada. versión de la púnica Tanit. que consistía en el sacrificio de víctimas. se en­ cuentra una imagen de la diosa dentro de un nicho. Badajoz e Híspa- lis. la terra sigillata y los mosaicos. Finalmente. y en al­ gunos casos se hacían ciertas mezclas. El culto de Serapis. Málaga y Panoias han dado pies votivos consagrados a Serapís. y con el arco. Los depósitos se mencionan en las inscripciones. sobre rocas. se encontró en la provincia de Valladolid. esclavos. Con la sangre se rociaban las fosas. con tres depó­ sitos. atributo de . en Castra Caecilia. se quemaban las entrañas y las víctimas. Otras rocas de las proximidades tenían también inscripciones y depósitos. aquí tenía la diosa un gran templo tetrástilo. Sicilia y Africa. libertos y ple­ beyos. La imagen de la diosa adornaba frecuentemente las lu­ cernas. Ampurias.

y aun solar. y que no pasaba su longitud de un codo. D e abstin. era el que en Cádiz estaba consagrado al Hércules Gaditano. La paloma del frontón es otro atributo suyo. y se creía que el cadáver de Hércules se encon­ traba depositado en el santuario (Porph. según se decía. 5. las dos columnas eran de bronce y medían ocho codos de altura.178 Historia de la Hispania romana Diana. Había también otros altares. 5. Según Posidonio. Tenía el templo una gran torre. Era una diosa de carácter lunar. El santuario no guardaba imagen alguna del dios (Sil. Las dos columnas tenían una inscripción posible­ mente muy antigua. Las monedas de Cádiz representan un gran templo tetrás- tílo con frontón triangular. que debían ser dos betilos semejantes a los de otros templos fenicios (Str. En estos altares . y en época romana ya indescifrable. rival del Melkart de Tiro. La gran puerta de entrada tenía representados los diez traba­ jos de Hércules (Sil. como en los templos de Tiro. por con­ tacto con el Heracles griego. o en las estelas de Cagliari o de Tiro.). pero Fi- lóstrato (Vita Apoll. Hér­ cules o M elkart originariamente era un dios fenicio. que estaba al aire libre. al de Tiro. 5). III 32 ss. Se conoce bastante bien el templo de Cádiz y el ritual. se hallaba un exvoto de Pigmalión y un olivo. 5) escribe que eran de una alea­ ción de oro y plata. I 25). y otro en piedra con relieves que representaban los doce trabajos de Hércules y los caballos de Diomedes. según costumbre semita. que sería el Herakleion. es decir. uno de ellos consagrado a Hera­ cles en su versión griega. dedi­ cado al Heracles en su versión griega. III 170). esmeraldas. Igualmente. It. Vita Apoll. Filóstrato menciona dos altares en bronce sin imágenes. Una particularidad de este templo eran las dos columnas. gracias a las descripciones de los autores antiguos que de él se han ocupado. Paphos. pero pronto tuvo un carácter marino. frente al altar. Philostr. Tenía el templo también capillas. It. C. III 30-31. Su culto fue traído por los primeros colonos fenicios a finales del segundo milenio a. y uno de los más importantes de toda la Antigüedad. cuyos frutos eran. El santuario más famoso de Hispania. colocadas a la entrada. consagrados al Heracles egipcio.

El rey de Mauritania. pero se conoce poco de él en Fenicia. 4). 2) y Apiano (Bér. procónsul de la Bética. I l l 1 ss. 5. Dig. Posiblemente. que podía ser una paloma (Porph. No podían entrar en el templo mujeres ni sacrificarse cerdos (Sil. X VIII 36.). Debió de existir en él una jerarquía sacerdo­ tal (Porph. Se hacían sacrificios todos los días (Porph.. el Hércules ga­ ditano se representa en el arco de Benevento en tiempos de Trajano. 8). X X II 6). que profetizó a César en el 68 a. Los sacerdotes eran célibes (Sil. Llevaban la cabeza rapada y rodeada con una cinta (Sil. III 29) y cada día se ro­ ciaban con la sangre de una víctima. II 16. por consultar el oráculo sobre el futuro emperador (Dión Casio LXXVII 20. Aníbal antes de preparar la marcha a Italia. Gall. C. It.). al Año y al Mes (Phil. Adriano. II 21. a la Muerte. II 25). Vita Apoll. III 28). 6). III 23 ss. It. intentó también expoliar el tem­ plo en el año 38 a. a la Po­ breza. y posible­ mente en este día se quemaba una imagen del. I 25). El Herakleion podía recibir peticiones de plegarias y sacrificios de personas ausentes (Phil. It. D e abst. pero el te­ soro fue devuelto por César (Bell. D e Abst. 3. 4). C. Las religiones paganas. (Porph. por Varrón en el 49 a. C. Oficiaban delante del altar con los pies des­ calzos y vestían una túnica de lino blanco. Arriano (Anab. I 25). C. Vita Apoll. El Herakleion guardaba el cinturón de Teu­ cro y el olivo milagroso de Pigmalión (Phil. Era inmensamente rico y fue expoliado varias veces por el general cartaginés Magón en el 206 a. 2). su futuro poder (p. adornada con una larga banda. 4). I 25) y había una fiesta a la que los extranjeros no podían asistir. It. que aparece también en el . D e abst. 95). I 2) expre­ samente afirman que el ritual del Herakleion gaditano era el mismo que el del templo de Tiro. El santuario podía heredar (Ulp. y en el año 215 Caracalla hizo matar a Caecilius Aemilianus. al Arte. Bogud. C. Su sucesor. V 5)..). En el san­ tuario funcionaba un oráculo onírico. Los otros altares estaban dedicados a la Vejez. X 4. en el año 218 a. 4). 5. III 22 ss. It. dios (Paus. Diodoro (20. (Liv. El cristianismo 179 había siempre fuego (Sil. Vita Apoll. D e abst. consultó el oráculo (Sil. acuñó monedas con el rótulo H ercu les Gaditanus.

tenía una colina de­ dicada a él en Carthago Nova. C. (Apiano Ib ér. Dión Casio XXXVII 52. 3. bien patente en el hecho de que sabemos que a dioses mistéricos. En la misma Cádiz hubo un segundo templo dedicado a Baal Hammon. 8) también cita en Carthago Nova un templo de Eshmun. XXXIV 9. 3). C. III 172).' 11). 32). con el culto al emperador. Caer. (Apiano Ibér. 5. En la figura barbuda de Tajo Montero se puede reconocer a Baal-Hammon. en que lo visitó el poeta Avieno (O ra Mar. C. X 32. En las religiones mistéricas se dio con otros cultos un sincretismo de fecha tardía. C. V 9. que es. el dios barbudo. 65). y según este historiador (X 10. asimilado a Mercurio. 3. III 69) y de San Vi­ cente (Avien. 215-216). C. Muchos personajes famosos de la Antigüedad lo visitaron. lo que indica que fue muy popular en el Imperio romano. identificado con Hefesto. El Herakleion cele­ bró sus fiestas hasta el año 400. También se documenta este sincretismo con otras divinidades. Ora Mar. como Isis. la Dea Caelestis. IV 19. Plut. y le estaban consa­ grados los cabos de Palos (Plin. representado en monedas de Málaga. XXXVI 44. Polib. en tiempos de Nerón (P h il. con bonete y con tenazas. hacia el año 133 a. Polibio (X 10. Dea Caelestis y Ne­ mesis. junto a su pareja. (Str. X 10. P ro B albo 45\ Ad fam .180 Historia de la Hispania romana siglo n i en monedas de Postumo. se les calificó de Augustas. 1724). hacia el año 100 a. Un tercer templo de Cádiz estaba consagrado a Astarte (CIL II.'Vitó Apoll. donde posiblemente ha­ bía un templo (Liv. (Cic. Posiblemente había otro templo dedicado a Saturno en Carthago Nova (Pol. En primer lugar. famoso por celebrarse aún en él sacrificios humanos durante el siglo i a. (Plin. III 172. a Artemidoro. 11) en la ciudad era venerado igual que Chusor. además de los ya mencio­ nados se puede recordar al historiador Silenos. 2. 65). IV 47). 6). pues el mitreo . a final del siglo i i i a. Str. al que los griegos llamaban Kronos y los latinos Saturno. a Fabio Máximo en 145 a. al que los griegos y latinos llamaban Asclepios o Esculapio. El dios fe­ nicio Aresh. 273-4). a Polibio. y a Apollonio de Tiana.

C ulto imperial. consagrado a Zeus Serapis. bien preparada para recibir este culto. ya que un culto a los jefes está docu­ mentado a finales de la República. Hacia el año 15 a. El cristianismo 181 de Emérita tenía estatuas de Kronos con cabeza de león y una segunda con cabeza humana. En el mencionado santuario de Panoias el culto a Se­ rapis va unido al de los dioses y diosas. esculturas de Roma hay pocas en Hispania. en sus orígenes fue municipal en Tárraco. a los de los Lapitas. epíteto de Baco. en las proximidades de Astúrica Au­ gusta. Este culto honraba . La primera manifestación cronológica data del año 25 a. alrededor de los altares. que sirvió para unificar los pueblos de Hispania. fechadas por Nony en la primera mitad del s. de Neptuno. de Mer­ curio. C. i a. C. C. pues. En vida de Augusto los tarraconenses le dedicaron un altar. La Península es el único país de Occidente que puede asociar al primer emperador en persona los orígenes del culto imperial. el mismo día que recibió el título de au­ gusto Octaviano. año 26 a. Este culto. En cambio. el culto a Roma con que se aso­ cia el de Augusto en Oriente estuvo en Occidente poco extendido. una excepción fue el templo municipal de Car­ thago Nova. Un tercer santuario sincretista se conoce en Quinta­ nilla de Somoza. 3. que designa al Jahvé judío.3. La inicia­ tiva de los provinciales precedió a la intervención gu­ bernamental. junto al nombre de este Dios se lee el de Iao. Las religiones paganas. en Brácara. a los dioses infernales y a los dioses a los que se les ofrece un sacrificio cruento. en las Arae Sestianae. a todos los ge­ nios. sobre el que creció una palmera. en Gijón y en Aquae Flaviae. C. una muy buena se halló en Segóbriga. de Serapis y de Venus. R eligión rom ana Importante fue el culto im perial3. El culto imperial en Hispania nació. C. La tradición ibérica de la d e v o t i o se invo­ ca en Roma. en las dos cabezas halladas en el templo de Azaila. año 27 a. tenía Augusto altares en Emérita y en el norte.

de gran aceptación el culto dinástico a Agripa.182 Historia de la Hispania romana a Augusto como hijo del divino César. posible­ mente se deba este hecho al desarrollo de la burocracia imperial. juraron fidelidad a Caligula. al confiar el culto a los s a c e r d o te s R o m a e e t Au- . La razón de tal prohibición estriba en el hecho de que era provincia senatorial y escapaba al control directo del emperador. Este decaimiento es tanto más chocante por cuanto que. dedicados al culto imperial. Son novedad en His­ pania la difusión del culto de las virtudes imperia­ les. Vespa­ siano. La muerte de Augusto trajo consigo la aparición de un culto provincial organizado. a los dos meses de subir al trono. prohibió que se levantase en la Bética. las ins­ cripciones y las monedas. augustales. en Lusitania. a ejemplo de Asia. a Nerón. como a Germánico. Todas las clases sociales se unieron en una veneración espontánea. como lo demuestran las inscripciones. honraron particularmente a los césares vivos. En estos años aparecen ya p o n tifi­ c e s y flamin&s. El go­ bierno de Tiberio marcó la etapa decisiva del estableci­ miento del culto imperial. un templo a él en vida y a su madre. A estos años de gran florecimiento del culto im­ perial siguió un decaimiento bien manifiesto entre los años 37 y 68. Pietas. como lo demuestran las mo­ nedas. En Hispania gozó tam­ bién. A eternitas. y de Emérita. a Druso el Menor. Salus y P rovidentia. Claudio fue el único emperador que gozó de general veneración. Tiberio. como lo confirman las basas de estatuas. así como m agistri larum A ugustalium. donde no aparecen asociados el culto de Roma y el de Augusto. el año 25. sin embargo. los habitantes de Ari- tium. del año 15. Durante la crisis del 68-69. y la cons­ titución de una suerte de teología del culto impe­ rial. a Druso. el culto imperial entró en una vía nueva y logró cierta unidad. El pueblo romano y el Senado cobraron importancia sin que hu­ biera plenamente una mística imperial personal. Cayo. su persona* más bien que su g en iu s o su nu m en . Tiberio. los hispanos. bajo Tiberio. Lucio y Livia. como lo indican los templos de Tarragona. a Caligula y a Livia. quizá porque intentó otorgar el derecho de ciudadanía a todos los provinciales.

La origi­ nalidad del culto imperial en Hispania deriva en gran parte del culto del co n v e n tu s . seguida de Iliturgicola. Las religiones paganas. y no era atendido más que por flam ines. con lo que comenzó su ocaso. los docu­ . T a n a co continuó siendo el centro religioso más impor­ tante. las excentricidades de Do- miciano. e introdujo el culto de Roma en el culto provin­ cial de la Tarraconense. del que queda un magnífico exponente en el templo de Córdoba. Aurelio. debido a la vinculación de la dinastía con la Península. De un culto que se dirigió a Au­ gusto bajo los Flavios se pasó a un culto de los empera­ dores vivos. en cambio. no tuvie­ ron eco. Adriano restauró en Tarragona (121) el templo de Augusto. culto doble que marcó la práctica hispana. El cristianismo 183 gusti. El culto de las virtudes imperiales no jugó un papel importante bajo los Antoninos. La vitalidad del culto bajo los Flavios quedó bien patente en la va­ riedad de los dedicantes y en los numerosos sacerdotes provinciales. instauró una nueva religiosidad en armonía con el marco geográfico y humano de los pueblos del noroeste hispano e introdujo en la Bética el culto imperial. el culto imperial conoció un gran florecimiento. una importancia creciente desempeñaron las emperatrices. fechada en el 103-104. salvo Dalmacia. donde han apa­ recido cuarenta y tres testimonios de noventa y nueve en total. en esta provincia el culto se dirigió sólo a los divi. El floreci­ miento del culto imperial no sobrepasó los años del rei­ nado de M. con Italica a la cabeza. y puede considerarse un hecho excepcio­ nal en el mundo romano de Occidente.3. Significativa bajo el aspecto del culto imperial es la capilla de Alcántara. que las otras provincias occidentales desconocieron. oficial. principalmente en la Bética. culto colectivo más amplío que el del em­ perador. y la iniciativa privada cedió lugar a la iniciativa colectiva. que se hacía pasar por un dios vivo. dedicada al emperador vivo y a los emperadores muertos. Con los Antoninos. En la Península. según hemos dicho. pues no hay dedicatorias a él pos­ teriores a 170. que poco a poco se hizo automática. fue obra de un particular y es un ejemplo elocuente de la vitalidad del culto imperial.

7. Los documentos ar­ queológicos de todo tipo.—Lugares del culto imperial municipal. que representan los cuadros ro­ manizados de las comunidades políticas. seguido de Diana. salvo en el norte'de la península. debajo de la actual catedral . En cambio. SACEROOTE ] tem plo T SACERDOTISA ALTAR Fig. el culto de las divinidades augústeas contó con devotos principalmente entre las gentes de bajo origen. protegían al individuo y a la comunidad política y social. inscripciones. Estos dioses tenían un carácter doméstico y familiar.) La religión romana. y con ella la religión privada entró en la esfera del culto público. pero permiten medir la marcha hacia la divinización del sobe­ rano. Todos los dioses del panteón romano recibieron culto en Hispania. como escribe Etienne. templos e imá­ genes son muchos y variados. El dios más vene­ rado fue Júpiter. En Tarragona.184 Historia de la Hispania romana mentos del siglo n i son poco numerosos. (Según R. gozó de general aceptación. esclavos y libertos. interesó a las minorías sociales. las dedicaciones son oficiales y los testimonios están diseminados. El culto imperial. Etienne. Algunos templos fueron es­ pléndidos.

y a la izquierda. etc. Hispania ha dado muy buenas imágenes de los dioses romanos. Por las inscripciones se conoce la existencia de otros templos. Durante la persecución de Decio apostataron en el año 250. En Emérita se conservan restos de un templo consagrado a Marte. Las religiones paganas. Las comunidades cris­ . La mayoría han aparecido en la Bética y en la costa de la Tarraconense. respectivamente. Baelo tuvo un capitolio. El cristianismo 185 estuvo el templo de Júpiter. como el de Apolo en Aroche (Huelva). 7) y de Ireneo (Adv. pero estos documentos. haer. obispo de Cartago. Un capitolio rodeado de un pórtico se conocen en Augustóbriga. Basílides y Marcial. Hay que descender hasta el año 254 para encontrar un tercet dato de una importancia excepcional: la carta 65 de la co­ rrespondencia de san Cipriano.3. Origen del cristianismo en Hispania Los dos testimonios más antiguos de la existencia de cristianos en la Península4 son de finales del siglo n y se deben a la pluma de Tertuliano (Adv. en el centro. Miner­ va en Gadir. que datan de los años 200 y 180. I II). etc. Una aedicula muy bien conser­ vada hay en las proximidades de Plasencia (Cáceres). el de Juno. tienen poco valor por su carácter retórico y ampuloso. Otros templos de la ciudad estaban dedicados a Minerva Augusta. el de Júpiter. después del año 286 estuvo rodeado de un pórtico erigido por Diocleciano y M axi­ mino. a la Tutela y a Marte. como el Mercurio y la Venus de Itálica. Las circunstancias que motivaron esta respuesta son bien conocidas. respectivamente. II. Iud. el Poséidon de Denia. El templo de Júpiter en Cáparra es de época de los Antoninos. con el templo de Minerva a la derecha. del que quedan bellos fragmentos del friso y los maravillosos clípeos con la cabeza de Júpiter Ammón. obispos de León-Astor- ga y de Emérita.

como lo indi­ can las acusaciones de san Hipólito contra el Papa san Calixto. Mérida y. Cinco años después de este con­ flicto. san Cipriano. Las iglesias que entraban en contacto solían estar vinculadas por especiales razones. considerarse una de ellas iglesia madre o conservar relaciones persona­ les con algún obispo o personaje prominente. Con­ servan una serie de términos típicamente africanos y muy arcaicos. con oca­ . Es bien sabido que san Cipriano repetidas veces insiste en que el obispo de Roma no tiene ninguna au­ toridad fuera de su diócesis. en cambio. sustituyéndolos por Sabino y Fé­ lix. y a su máximo exponente. los obis­ pos libeláticos se marcharon a Roma. que reunió un sínodo en el que participaron 36 obispos. no porque esta sede tuviera ninguna autoridad sobre ellas. fueron martirizados en Ta­ rragona. Basílides acudió a Roma y consiguió por favor del Papa Esteban I (254-257) ser repuesto en la sede. porque estas iglesias habían jugado un papel definitivo en la expansión del cristianismo hispano. en Caesaraugus- ta. Posible­ mente los fieles hispanos se dirigieron a las iglesias africanas. Basílides y Marcial buscaban en el obispo de Roma apoyo ante los fieles. con motivo de la persecución decretada en el año 257 por Valeriano contra la jerarquía cristiana. y los diáconos Augurio y Eu­ logio. como ha­ ber sido fundadas por un mismo apóstol. obispo. Fructuoso. Las expresiones prueban que el autor de l^s Actas y uno de los protagonistas eran soldados. en enero del año 250. en primer lugar. Harnack. probablemente. en segundo lugar. El final del diálogo entre el obispo y Emiliano ofrece una afinidad sorprendente con el proceso de san Cipriano.186 Historia de la Hispania romana tianas los destituyeron. Las Actas del martirio no son proconsulares. La carta de san Cipriano es interesante bajo varios aspectos. pero son contemporáneas y de una importancia excepcional. Preci­ samente hace ya muchos años que A. indica la existencia de comunidades cristianas en Astorga-León. sino porque Roma era tradicionalmente de máyor tolerancia. había otros obispos a los que el sínodo conmina para que no se comuniquen con los obispos libeláticos. mien­ tras los fieles se dirigían a san Cipriano.

Mé­ rida. Las religiones paganas. como Emeterio y Celedonio. según una versión. tal como aparece en Tertuliano. el cual. Junto a este elemento militar. Los orígenes de la disciplina de los padres reunidos en Elvira son desconocidos. La dis­ tribución de los obispos que asistieron a este concilio señala claramente su concentración en la Bética. León. hay claras influencias africanas. Zaragoza. que predicó en Barcelona. los merca­ deres cristianos. el resto . de padres nobles y cristianos.3. se documenta un segundo. Gerona. Entre los primeros mártires hispanos abunda también el ele­ mento militar. Córdoba y Toledo. recogiendo tra­ diciones antiguas. ya que Africa mantenía unas intensas relaciones comerciales con la Península desde siempre. como son la existencia de unas comunidades regidas por pres­ bíteros. nacido en Scillis. celebrado en el primer dece­ nio del siglo IV. y la costumbre de que el ministro de la penitencia canónica sea el obispo. al igual que lo había desempeñado en la romanización. Todos estos santos son de la época de Diocleciano. uso conocido en ciertas zonas de Africa y que parece muy poco frecuente en el resto de Occidente. Por las ciudades de donde proceden los mártires de esta persecución. En el concilio de Elvira. El Breviario de la Diócesis de Barcelona. El cristianismo 187 sión de describir la propagación del cristianismo en Afri­ ca. cantados años después por Prudencio: Bar­ celona. describe a san Cucufate o Cugat como africano. Sevilla. en caso de necesidad. que desempeña un papel importante en la propagación del cristianismo en Hispa­ nia. Calahorra. y vino desde Africa a Barcelona. Ampurias y Gerona. puede ser sustituido por el presbítero y aun por el diácono. De Africa llegó igualmente san Félix. y san Vicente. señaló la importancia del elemento militar en la iglesia africana. Alcalá de Henares. desde Africa. Valencia. se deduce que el cristianismo había hecho progresos en ciudades de la costa o situadas en las grandes vías de co­ municación. disfrazado de mercader. en Calahorra. pero todo indica que se inspiran en el rigorismo africano y que no deben nada a Roma. soldados de la L egio VII Gemina.

como la supuesta sinagoga de Illeta del Rey (Mallorca) y en los mosaicos sepul- . siglo xv-vi.188 Historia de la Hispania romana de la Península se halla poco representado. El material paleocristiano más antiguo suminis­ trado por la arqueología es de finales del s. Pruebas Fig. que obedecen a prototipos sirios llegados a través del norte de Africa.—Distribución de los templos paleocristianos y de transi­ ción. El de Valeria ofrece un parentesco impresionan­ te con ejemplares de Tabarca. lo cual no tiene nada de particular. Los mosaicos de las basílicas de Manacor y San Peretó tienen parálelos en la región de Cartago. etc. m .) arqueológicas del influjo africano sobre el cristianismo hispano son las plantas de las basílicas. dadas las relaciones del sur con Africa. El africanismo es bien patente en otros mosaicos. (Según Palol. Tripolitania y Cirenaica. 8.

I. el Fragmento de Muratori.). Baleares. 27 cf. al parecer en la región tunecina. 1043) y Teodoreto de Ciro (In I I Tim. etc. El origen africano del cristianismo hispano queda con­ firmado por la liturgia. 528). El breviario mozárabe contiene restos. X III. El origen africano de dos cánticos bíblicos (Is. El mismo indica en su carta a los romanos (15.. de una liturgia hispano-romana. y que después se emplearon en gran número en la Bética. san Epifanio (Adv. La abundancia de material arqueo­ lógico con prototipos en el norte de Africa es tan grande que parece confirmar que las fuentes del cristianismo hispano son africanas. las Actas de Pedro con Simón y las Actas de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo. 4 cf. que pre­ sentan muchos paralelos con los de Africa Proconsular. . 62 622. PG 63. como san Atanasio (Epist. y casi exclusivamente en las Islas Baleares. Algún otro material paleocristiano de influjo africano es posible añadir al ya enumerado. II 10 cf. etc. PL 25. PG 61 111. san Jerónimo (In Is. Haer. Las religiones paganas. 11). El cristianismo 189 erales de Ampurias. La distribución de todo este material arqueológico con­ firma lo expuesto hasta ahora: su concentración en la costa o cerca de las grandes arterias fluviales. PG 41. ciertamente previsigoda. PG 82. IV. como son los ladrillos (Tarragona.3. que prueba también el origen africano de las capas más profundas de la liturgia hispana. VI 17. X. Su venida la afirma Clemente Romano a finales del siglo l. PG 25. 3 cf. 15-17 cf. XXVI 1-8). es seguro. y después de este autor. 856). 3 659. que sostienen su venida. In H ebr. san Crisóstomo (In I Cartn. ad Drac. que el brevario mozárabe conserva en diversos oficios y fiestas. emparentados con las liturgias africanas. 24 y 28) su deseo de predicar el Evangelio en Oc­ cidente. todos estos testi­ monios desembocan en las afirmaciones de diversos escri­ tores eclesiásticos del siglo iv. Dénia y Tarragona. arg. San Pablo posiblemente predicó el Evangelio en la Península. 373). usados primeramente en el norte de Africa. Mérida. In I I Tim. Ya hace muchos años que quedó demostrado el origen africano del texto de los salmos hispanos. norte de la Tarraco­ nense y en la Bética. cf.

La iglesia hispana dio pruebas en el siglo xv de acti­ vidad en la asistencia de obispos hispanos al Sínodo de Arles (314) contra los donatistas y especialmente en la celebración del citado Concilio de Elvira y los de Zaragoza y primero de Toledo. v m para vincular la Iglesia hispana a Roma. El Concilio de Elvira indica claramente que el cristianis­ mo se propagaba principalmente entre las clases pudientes de las ciudades con posesiones en el campo. que se refieren a la riqueza fastuosa de algunas iglesias hispanas. este último tuvo lu­ gar hacia el año 400. El Concilio cele­ brado en Zaragoza se dirige contra Prisciliano y sus se­ guidores. 190 Historia de la Hispania romana De su predicación no quedan huellas. El Sínodo de Elvira obligó al clero al celibato. otros denotan una gran apertura. y es una prueba de que para los obispos .y el de Zaragoza. Durante la época visigoda no hay . La venida de los siete varones apostólicos parece una piadosa in­ vención hecha por un mozárabe del s. como los que regulan que los cristianos desempeñen magistraturas civiles o de la religión pagana. En las excavaciones de la catedral de Santiago de Compostela no ha aparecido ningún material paleocristiano. Junto a una veintena de cánones de un rigorismo propio de Novaciano. hacia el año 380. El historiador de la Iglesia primitiva Harnack creía ver en los cánones de Elvira una prueba de la gran mundani­ dad y riqueza de la Iglesia en Hispania. confirmada por algunas poesías de Prudencio. pero esta legislación no se cumplió. como es la prohi­ bición de pinturas en las iglesias. el menor rastro de la creencia en esta venida. Tampoco tiene base científica al­ guna la creencia en la predicación de Santiago. Ninguna iglesia hispana se sintió vinculada al Apóstol. cuando ya se había perdido la tradición del origen africano del cristianismo hispano. y pruebas de la influen­ cia judía ·sobre el cristianismo. que en el sur y en las islas Baleares debían ser muchos y ricos. cuatro cánones regulan las relaciones con los judíos. y las relaciones de los dueños con sus esclavos en materia religiosa. que no se remonta más allá del año 612. Hay en sus disposiciones rasgos de gran arcaísmo.

y con los historiadores Orosio e Hidacio. obispo de Sevilla. en el mo­ mento del derrumbamiento de la dominación imperial en España. Es importante el canon que acepta plenamente el concubinato.3. En la Iglesia del Bajo Imperio hubo cierta influencia hispana con Osio. consejero de Constantino. . el Papa Hilario (461-468) nombra su vicario en Hispania a Zenón. Dámaso. El Concilio de Toledo legisla sobre disciplina eclesiás­ tica. con el obispo de Roma. Importantes relaciones con Roma se acusan en una decretal del Papa Siricio en 385. Las religiones paganas. con el poeta Prudencio. al permitir a los varones o tener una concu­ bina o casarse. El cristianismo 191 allí reunidos el supuesto primer heresiarca hispano sólo era censurable por disciplina. Más tarde.

casi toda ella es fértil.. Estrabón (III 137) comienza el libro tercero de su Geografía. dedicado a Hispania. es poco habitable. en III 156 y 164). principalmente la de fuera de las Co­ lumnas de Hércules. La región septentrional es muy fría.L a meridional. por ser accidentada en extremo y por estar al lado del océano. es conveniente espigar algunos datos de las fuentes griegas y romanas sobre la riqueza y pobreza de la Pe­ nínsula Ibérica y su clima.. . oreta- nos y vetones es medianamente fértil» (III 139). además.Cuarta parte: Economía y sociedad I.» «E l país de los carpetanos. en su mayor ex­ tensión. con la siguiente descripción: «Iberia. de manera que es muy poco hospitalaria (lo mismo afirma un poco más adelante. y. Epoca republicana Antes de referirnos a los diversos productos de His­ pania. «Las 192 . se halla privada de relaciones y comunicaciones con las demás tierras. pues casi toda se halla cu­ bierta de montes. bosques y llanuras de suelo pobre y desigualmente regado.

escritor del s. M inería En la Antigüedad. situada esta última ciudad a 50 km. según se apuntó ya. La comarca de Sagunto era muy productiva (Polib. 1. así. había una gran región de­ sierta (Apiano Ibér. así son también las contiguas a Car- petania y aún más las que limitan con los celtíberos.4. 8). X VIII 830). según el autor de B ellum Hispa­ n ie n se (cap. 53). El occidente de Iberia era de clima templado y de gran abundancia de agua (Str. III 67). C. toda la provincia Ulterior era fértil. Las luchas de los primeros momentos de la conquista entre cartagi­ neses y romanos proporcionaron a estos últimos buenos ingresos. III 154). pues luchó en ella durante la guerra de Munda a las órdenes de César. aunque reconoce que había regiones pobres por falta de agua (III 86). Algunas tribus del norte habi­ taban un suelo pobre (Str. En­ tre las ciudades de Coca e Intercatia. cf. la Península Ibérica fue famosa principalmente por sus riquezas minerales *. Mela. Economía y sociedad 193 comarcas donde abundan los metales son por naturaleza ásperas y estériles. III 162. un enorme botín de metales y de productos de todo género recogió Escipión en la toma de Cartage­ na en el año 209 a.. Turdetania es maravillosamente fértil» (III 142. cree que Hispania era muy fértil. III. 167-8). Otras fuentes literarias confirman y comple­ tan los datos del geógrafo Estrabón sobre el clima y la ri­ queza de Hispania. que por ser hispano de nacimiento estaba bien informado de las cosas de acá. de Zamora. Las tierras del inte­ rior de los alrededores de Ampurias eran fértiles. La arqueo . Las islas Ba­ leares eran fértiles (Str. lo mis­ mo afirma Plinio (XXXVII 203). otras sólo producían esparto (Str. Justino (XLIV 4-5). que extracta a Trogo Pompeyo. III 162). Mela III 7). autor que conocía bien la Península. Celti­ beria era una región muy poco fértil (Str. Así. tiene buen clima y lluvia abundante y oportuna. his­ toriador de la época de Augusto. III 160-161).. sostiene que Hispania es más fértil que Africa y que Galia..

A la misma necesidad responde posiblemente la repentina marcha romana hacia Cástulo. entre otras (Polib. Este mismo escritor latino se refiere a los pozos mineros abiertos por Aníbal. que favoreció la causa de Cartago. III 148). que prueban esa abundancia de la Península Ibérica en metales de que hablan lös escri­ tores antiguos.. que aún seguían en explotación en su tiempo. en cuyas proximidades se encontraba. una serie de tesoros de objetos de plata y oro. perdidas estas minas. cuanto a la necesidad de apo­ derarse de las ricas minas de plata de los alrededores. al ser asaltada su ciudad en el año 206 a. Abengibre (Albacete). escribe Livio (X XVIII 23. que entre el cúmulo de objetos brillaban. La explotación en metales en la Península Ibérica du­ rante los años que Escipión Africano estuvo en ella al frente del ejército. sin citar ahora los de oro prehis­ tóricos. Livio (X XVIII 3) cita otras minas de plata junto a Auringis. «pero el oro y la plata. como botín co­ diciado. La rápida marcha de Escipión para conquistar Car­ tagena obedeció quizá no tanto a la necesidad de privar a los cartagineses del mejor puerto de que disponían en la costa levantina en sus relaciones con Africa e Italia (Polib. Str. unos se abrasaron y otros medio se quemaron por el vap o r. y que conservaban los nombres de sus descu­ bridores. etc. inutilizaron con plomo sus vajillas preciosas. 3) sobre el asedio de esta ciudad. excitaron la codicia natural al común de los hombres. las vajillas preciosas.194 Historia de Ia Hispania romana logia ha proporcionado. como lo demuestra el hecho de que los astapenses. Estaba cifrada en 14.. C. 7). X 38. que rentaba a Aníbal 300 libras diarias de plata y que todavía en la época de Plinio se encontraba en explotación (XXX 96). se deduce bien de la cantidad que el general romano ingresó en el erario cuando dejó el mando de ella.342 libras de plata sin acu- . como los de Perotitos (Córdoba).». Aníbal se mantuvo prác­ ticamente a la defensiva en Italia. minas que probablemente financiaron la segunda guerra púnica. Los ejércitos romanos buscaron desde los primeros momentos de la conquista. Tivisa (Tarragona).. por las tropas de Escipión. e intentando sacarlos del fuego. la célebre mina Baebelo. X 7.

502 denarios.480 libras de oro y 58.000 130. Esta riqueza minera es lo que explica que. dinero.000 XLI 7. hacia el año 197 a.000 XL 16.7 195 34.4.800 73.2 195 14.620 de plata y 173. Apiano (Ibér.532 de plata y 775.042 libras de oro. En la primera década del siglo ii antes de Cristo.2 196 1.· Las cifras fueron recogidas por Livio de archivos oficiales. al narrar que llevó gran número de cauti­ vos. de la que hay cifras bien elocuentes en las fuentes literarias. junto con gran cantidad de plata acuñada (Liv.2 194 1.5 206 2 14.200 40. armas y despojos. XXVIII 38). los romanos sacaron de la Península 734 libras de oro. el valor total de los ingresos en metales preciosos fue de 3..000 123.000 XLV 4.000? 173.000 XXXIV 46.4 199 30 1.11 191 127 12.439 XXXIV 10.11 182 149 9.000 XXXII 7. Año Oro Plata Bigati Oscenses (libras) (libras) XXVIII 38. 37).500 XXXIV 10.320 XL 43. confirma los datos de Livio. 156.2 178 20. y son las siguientes: Liv.000 5.7 200 2. C. Entre los años 180 . la Península ingresó en el erario romano 2.300 XXXIX 42.6 180 155 20. los romanos no pen­ saron en abandonar la Península Ibérica.542 libras de plata.6 174 50 10.040 XXXVI 21. continuamente llegaron al erario romano nuevas cantida­ des.515 20.000 34. Economía y sociedad 195 fiar.200 XXXIII 27. a su vez.400 25. a pesar de la gran sangría de hombres que la guerra les ocasionaba. 59.000_ XLI 28.023 119. Entre los años 190 al 180 a.000 83 12.450 43..200 denarios.6-7 185 264 26. C.1 168 10 250.732 17.342 magnum numerum XXX 20.000 XXXIX 29.000 278.34 184 83 12.000 De todos estos datos se desprende que antes de la di­ visión en provincias. A partir de la fecha de la marcha de Escipión a Roma.

1. C. Las contribuciones en metales preciosos de Hispania cubrían todos los gastos de la guerra. Baste recordar unos cuantos .200 talentos euboicos en veinte años (Polib. I 62. Emilio Paulo sacó de His­ pania cantidades fabulosas (Diod. sino también de los tributos y del botín cogido a los indígenas. 12). pagaron los ilergetes se destinó al estipendio de los soldados (Liv. XL 17). año 261 a. Otras veces se entregó oro por el rescate (Val. 44). en el año 206 a. 'C. al que hay tantas alusiones en las fuentes. por Ti­ berio Sempronio Graco a los celtíberos al final de la paz ascendía a 2. XXVIII 34). L. las cifras transmitidas por Livio suman. En el año 206 a. 35). 70. El tributo impuesto en el año 179 a. Los escritores antiguos han conservado las noticias de otros ingresos. C. Máx. que. Frontino IV 7. Marcio ordenó a los celtíberos transportar el dinero fijado a un1 lugar de la llanura (Apiano Ibér. C. El cónsul prometió 200 talentos robados al enemigo a los celtíberos que quisieran sentar plaza de mercenarios romanos en el ejército romano. 38). 46).000 denarios. como el de Cartago. Así. según indica Plu­ tarco (Cat. XXI 61). como la impuesta a la ciudad de Atanagro en el año 218 a. en la misma campaña. Escipión. XXVIII 34. C. XXXI 26.C. Liv.. Livio (XXI 61..000 sestercios (Liv. se multó con tri­ butos a los pueblos que se habían unido a los revol­ tosos (Apiano Ibér. C. 34. 11) alude a otras contribuciones en metales.8). con ocasión de narrar las campañas de Catón en el año 195 a. 31).000 de plata y 250. El tributo que. 10. Liv. Per. IV 3). se comprome­ tió a pagar como indemnización de guerra 2. generalmente sin proporcionar cifras concretas.196 Historia de la Hispania romana y 168 a. después de la primera guerra púnica. obtuvo unos 20 talentos de la capital de los ausetanos (Polib..400. Estas cifras fabulosas que engrosan el erario romano procedían no sólo de la explotación de las minas de oro y plata. Estas cifras son rela­ tivamente bajas si se las compara con otros impuestos de guerra de los romanos. En el año 205 a. C. en este mismo año Escipión impuso un tributo en dinero a Indíbil (Apiano Ibér. pero parece ser que el gobernador romano renunció a él después (Apiano Ibér.60 li- bras de oro.

collares de oro y brazaletes en gran número (Liv. anillos y fíbulas de oro menciona Livio (XXVII 19. 60) también obedecen muy posiblemente a la ava­ ricia del general. En el año 179 a. Economía y sociedad 197 datos de las fuentes. 3). Este botín comprendía no sólo una gran cantidad de dinero. 50.. Sempro­ nio Graco obtuvo un gran botín de la toma de Alce (Liv. C. Escipión venció a los lusitanos. Catón (Plut. XXI 60. XL 16. La afirmación de Apiano de que los . principalmente en me­ tales preciosos. Sin embargo. En el año 194 a. fi­ guran despojos galos. En el año 151 a. En el botín tomado por los Esci- piones al ejército púnico entre los años 214-212 a. Polib. 3. 2). expresamente afirma que. C. XXXI 16. T. 10 y 12). En el año 217 a. pues no los tenían ni son estimados entre los celtíberos. 54). 50). que regaló Escipión a un muchacho hispano en el año 206 a. C. sino también objetos de oro y plata. C.4.. Cat. no pudo conseguirlo. que solicitaron la paz.. C. que coin­ cide con otra afirmación del mismo escritor (Ibér. Las campañas de Galba contra los lusitanos (Apiano Ibér. X XII 20). Lúculo pidió a los habitantes de Caucá. XXXIV 16. XXXV 1). al relatar las negociaciones de paz de Lúculo con Intercatia. Los ingresos que obtuvieron los romanos del saqueo de los campamentos. 52). C. cien talentos (Apiano Ibér. C. 49-50. que regresaban después de devastar la pro­ vincia Ulterior cargados de inmenso botín y se apoderó de éste (Liv. Se pueden espigar algunos datos de los autores que describieron las guerras lusitanas y celtibéricas. las naves romanas llegaron cargadas de botín a Longinqua (Liv. 10) distribuyó una li­ bra de plata a cada uno de sus soldados. pues fue la creencia de que Hispania era rica en ambas cosas la que impulsó a Lúculo a hacer la guerra. que ya habían reunido un gran botín durante la campaña (Liv. es de una importancia excepcional para conocer las ver­ daderas causas de la penetración romana en la meseta. XL 49). III 76. como pidiese oro y plata. P. fueron enormes (Liv. que prueban que los romanos obtuvieron ingresos elevados de los pueblos de la costa atlántica y de los de la meseta e n el siglo i i a . Este texto. XXXIV 43. XXIV 4). Apiano (Ibér.

Caes.. X 32. C. Cicerón (Ad fam . como el tesoro de los Filipenses (Palencia). posi­ blemente se trata de oro. XXX III 66). alude a la gran cantidad de oro. sácada de los fondos pú­ blicos. al igual que el Limia y el Duero. Las fuentes literarias recuerdan otras. expresamente afir­ ma que obtuvo de estas campañas mucho dinero. al referir sucesos del año 43 a. Como se indicó ya. que entregaron al general. cifrada en 600 talentos (Str. 30 talentos de plata (Apiano Ibér. Plin. datado en el siglo II a. es la de Bruto Galaico. como la que pidió Marcelo a los celtíberos. Zonaras (X 6). que el cuestor Balbo llevó de Cádiz. 12). la campaña de César a las tierras del noroeste no tuvo probablemente otra finalidad que obtener oro para pagar sus enormes deudas en Roma. En el triunfo . Es bien conocido que el río Tajo (Marcial I 5. C¡. sin duda procedía de Hispania (Veleyo II 56. y mayor todavía de plata. Referente a la riqueza en me­ tales de Lusitania. En el año 140-139 a. III 162). y para ingresar dinero en el erario público (Apiano Civ. etcétera. La plata labrada que figura en el triunfo de César. al igual que Apiano. Plut. Dión Cas. Pompeyo pidió a los celtíberos. fue monopolio de los fenicios de Cádiz (Str. III 176).12. que nego­ ciaban la paz. baste recordar la mención de los va­ sos de oro y plata expuestos en las bodas de Viriato. tenía oro nativo en sus orillas. 2). como lo hizo. II 8.1). los dos pendientes de oro de Paredes de Nava (Palencia). otra cam­ paña que quizá tenga por finalidad conocer las explota­ ciones auríferas de la región galaica. Todavía a finales de la República romana los goberna­ dores obtenían pingües ganancias de la Península Ibé­ rica. ya que el comercio de estaño era por vía marí­ tima y hasta comienzo del siglo i a.198 Historia de la Hispania romana celtíberos no tienen oro ni plata la contradicen las fuentes y los hallazgos arqueológicos. Lavaderos de arenas auríferas de época romana se conocen en las ori­ llas del Tajo en Portugal. Los romanos impusieron a los pueblos de la meseta algunas contribuciones importantes.7. Así. V II 88. V 9.15. 79). C. XXXVII 52-53. C. el broche de cinturón de oro de Saldaña (Palencia).

I l l 138). Los ríos de la vertiente atlántica tenían gran cantidad de placeres de oro (Str. minio y abundante en cobre. Antes de referirnos a la explotación de las minas por los romanos durante la conquista. ni cobre. que sitúa en los Pirineos. A l decir de Mela (II 86) y de Plinio (III 30). 154. y cerca de Kotinai. Hispania abundaba. En las comarcas de Hipa y Sisapo existía gran cantidad de plata. ni hierro en tal cantidad y calidad». IV 208. de localización dudosa.. pues dan una idea de la opinión que sobre esta riqueza tuvieron los griegos y latinos. XV 718. particular­ mente la Bética. el suelo del norte de Hispania guardaba plata. según afirma Dión Casio (X LVIII 41). Iust. III 142). XLIV 1. 4). en época de la conquista de los Bárcidas. como la recogida por Posidonio. en hierro. entre otros productos. ni plata. es conveniente recoger algunas fuentes sobre la riqueza minera de Hispania. C. sus habitantes usaban toneles de plata. Plin. o la transmitida por Estrabón (III 151) de que en Turdetania. Estrabón (III 146) afirma que toda la tierra de los iberos está llena de metales. estaño y oro blanco mezclado con plata (Str. plata y oro. cobre.4. afirmación en la que coincide con Floro (II 33) y con Justino (XLIV 3. III 153. Sobre la riqueza de las minas hispanas corrían leyendas. Economía y sociedad 199 de Calvino. En Bastetania y en el país de los oretanos había muchos lugares con oro y otros metales (Str. Montes metalíferos se extendían desde el río Guadiana al Tajo (Str.7). Porque «en ninguna parte del mundo se ha encontrado hasta hoy ni oro. que vivió treinta días en Cá­ diz (Str. el oro que se repartió procedía de Hispania. plomo. La importancia ‘ ex­ cepcional de las explotaciones mineras hispanas para los romanos queda bien patente en el interés que a ellas . de la que puntualiza que en cuanto a la riqueza de los metales no es posible exagerar el elogio de Turdetania y de la región limítrofe. IV 112). III 157). III 147. celebrado en el año 39 a. Este último autor escribió que la región del noroeste es rica en oro. Según el mismo autor. había cobre y también oro. subían a la superficie chorros de oro y de plata. plomo y otros productos. de que al incendiarse unos montes.

y excavando no sólo en exterior. investigando las venas ricas en plata y oro. una cuarta parte de este metal sin ganga. Luego ya. sin ser profesionales. oro y plata. se dedicaba a la explotación de las minas y obtenía cuantiosas riquezas debido a la excelente disposición y abundancia de la tierra argentí­ fera. De ellas obtuvieron plata de gran calidad y en grandes cantidades. los iberos conocieron las características de la plata y ex­ plotaron minas de importancia. que aunque larga. y antes que ellos. es conveniente traducir. desde las entrañas de la tierra hacían aflorar a la superficie las vetas del mineral. Diodoro (V 36-38) ha dejado una descripción de las explotaciones mineras de Hispania. con pozos de muchos estadios. Posidonio y Diodoro. pues da una idea de la riqueza de la Península Ibérica en metales: «Mucho más tarde— escribe el historiador de la época de Augusto— . extraen en tres días un talento de Eubea. pues com­ praban gran cantidad de esclavos y los ponían en manos de los capataces de los trabajos en la mina. »Una gran diferencia hay entre estas minas y las del Atica. los que trabajan las de cobre extraen. y trabajaban en galerías trazadas al sesgo y formaban re­ codos de forma muy variada. Por este motivo. Al principio. Timeo. hay obreros que trabajan las minas de plata que. cuando los romanos se adueñaron de Iberia. aunque no fuese experto. que a finales de las guerras celtibéricas visitó Hispania.200 Historia de la Hispania romana prestaron Polibio. sino en profundidad. que emite destellos. La manera de la explotación de las minas y la técnica de trabajarlas es la siguiente: siendo como son admirables sus minas en reservas de cobre. que les reportó ganancias fabulosas. exca­ vando la tierra. es de admirar la naturaleza de la región y la laboriosidad de los hombres que allí trabajan. Y estos esclavos abrían bocaminas en muchos puntos y exca­ vaban la tierra en profundidad. pues toda la mina está llena de polvo de plata reunido. itálicos en gran número llenaron las minas y ob­ tenían inmensas riquezas por su afán de lucro. cualquier particular. pues los que trabajan las del Atica gastan grandes . que les proporcionaba ganancia.

mediante un trabajo normal se saca fuera de la mina gran cantidad de agua. Lo que más llama la atención es que hacen los drenajes valiéndose de los llamados caracoles egipcios. A tra­ vés de éstos hacen pasar el agua de uno en otro sucesi­ vamente. Economía y sociedad 201 cantidades en su explotación y. que inventó Arquímedes de Siracusa cuando estuvo en Egipto. y toda la corriente del río subterráneo aflora a la superficie con facilidad. de los cuales hablaremos en par­ ticular y con precisión cuando lleguemos a la época de Arquímedes. de modo que parece como un enigma. hasta la boca de la mina. »Los trabajadores de las minas hacen ricos a sus due­ ños. luego. y así no vale . los que explotan las de la Hispania obtienen de sus trabajos riquezas fabulosas a la medida de sus esperanzas. Toda la tierra de los alrededores es un trenzado de vetas dispuestas en circunvalaciones de diferentes formas. llevan a fin sus empresas. en las galerías día y noche. para lo que se valen de galerías transversales. Con razón sería de admirar el ingenio del in­ ventor. cuyo ímpetu dominan quebrantando las embestidas de sus corrientes. y así desecan el em­ plazamiento de ésta y lo condicionan debidamente para el desempeño de las actividades de explotación. Por el contrario. que se celebran por el mundo entero. No tienen casi ni respiro ni descanso en sus trabajos. llenas de plata y oro. se van encontrando vetas cada vez más brillantes. no sólo en este punto.4. bajo tierra. Como este artefacto es enormemente ingenioso. sino que los capataces. los mineros se encuentra^ en lo profundo con ríos que corren bajo tierra. Aguijoneados por sus bien funda­ das esperanzas de lucro. cosa que llama mucho la atención. Algunas veces. a fuerza de golpes. les obligan a aguantar sus males. Los mineros. de vez en cuando. porque los rendimientos rebasan el límite de lo creíble. van consumiéndose y muchos mueren por la ex­ cesiva dureza del trabajo. sino también por otros muchos y más importantes inventos. no obtienen lo que esperaban obtener y lo que tenían lo pierden. Porque los primeros trabajos resultan pro­ ductivos por la excelencia de la tierra para este tipo de explotación y.

por vigor corporal y fortaleza de ánimo. que pierden en condiciones tan miserables. cual es el hecho de que ninguna de las minas es de explotación reciente. por el contrario. Por regla general. pues es preferible la muerte a vivir. La presencia de estos itálicos fue un factor importantísimo en la romanización y civilización de los pueblos de la Hispania. antigua. Gracias a ellas aumentaron su poder. sopor­ tan sus padecimientos largo tiempo. La Penín­ sula Ibérica estuvo sometida a una gigantesca coloniza­ ción itálica de gentes que se desplazaban acá a explotar las minas. por su variedad y cantidad. . y gracias a éstos llevaron a cabo muchas guerras importantes. Algunos. venciéndolos en riqueza gracias a los recursos que las minas les proporcionaban. pero por su número no podía competir con el Occidente. se encontraban ya en decadencia. perdían su vida en seguida. Las minas de plata del Laurion. y la vida del minero era insana. Habiendo más de un aspecto notable en el trabajo de las minas que acabamos de describir. la extraordinaria riqueza de toda Hispania en metales. siempre que los cartagi­ neses hacían guerras. Tracia era rica en minas.202 Historia de la Hispania romana nada su vida. en primer lugar. Las condiciones de trabajo eran du­ rísimas. en el Atica. Las explotaciones mine­ ras contribuían poderosísimamente a la creación y des­ arrollo del capitalismo romano. Para valorar la importan­ cia de las minas hispanas hay que tener presente que de todo el Mediterráneo la Península Ibérica era la región más importante en minas. de grandes ma­ sas de esclavos que.» Estos párrafos son muy importantes por varios aspec­ tos. ya que no había horas de trabajo fijas. dada tan miserable situación. Esta fabulosa riqueza es­ taba basada en la explotación del hombre. Señalan. debido al intenso trabajo. no confiaban en sus propios ciuda­ danos como soldados ni en las tropas reclutadas entre sus aliados. a los siceliotas y a los habitantes de Libia los pusieron en los mayores aprietos. sino que a los romanos. uno no puede pasarse por alto sin gran admiración. to­ das fueron abiertas por la codicia de los cartagineses en la época en que eran dueños de Iberia. pagando a los más fuertes merce­ narios.

cortaban los plomos atados a las an­ clas. III 10. en fecha tan temprana como es el año 195 a. Su descubridor. El gran número de anclas ex­ traídas y el todavía mayor de las que yacen en el fondo del mar indican que la afirmación de Diodoro es cierta. conservada por Estrabón en el libro ter­ cero de su Geografía. Diodoro (V 35. muy buenas. por su parte.4. III 57) y distaban cuatro . como la de Cástulo. obedece muy posiblemente a la necesidad en que se encontraban los romanos de explotar las minas descubiertas por los cartagineses. fue divinizado por el hallazgo (Polib. Quizás la confirmación de este texto sea el gran número de anclotes de plomo hallados en el litoral del cabo de Palos. La extensión de estas minas era de 400 estadios. Los romanos se ocuparon casi exclusivamen­ te de obtener plata y plomo. El puerto de la ciudad exportaba el mineral. II 15. C. en cuyas proximidades se encontraba la Sierra de la Plata (Str. otros anepígrafos. Economía y sociedad 203 Desde los primeros momentos de la conquista. - Las minas más famosas eran las de Carthago Nova y Cástulo. que se ignora si se explotaban ya tres siglos antes. como es muy posible. III 148).. El cónsul tenía a estas minas y a una tercera de sal pura por muy productivas (Gel. La creación de la ciudad de Carthago Nova por Asdrúbal (Polib. Estrabón (III 159) alude. XXXIX 21). a unas minas de hierro en las proximidades de Hemeroskopeion. El cónsul Catón. 28). los romanos explotaron las minas. Algunos con inscripción griega. III 144). III 22. Ya se indicó que la conquista de Carthago Nova. para que pres­ tasen el mismo servicio. 11). es de­ cir. extrayendo la primera a costa de grandes pérdidas del segundo. que se empleaba para las salazo­ nes (Str. el ibero Aletes. unos 74 kilómetros (Polib. impuso un gran tributo sobre las minas de hierro y plata del nor­ deste (Liv. En la Bética se ex­ plotaba la sal gema. 37) afirma que cuando las naves estaban cargadas. sustituyéndolos por lingotes de plata. y por los numerosos hallazgos ar­ queológicos. Las primeras son bien conocidas por la descrip­ ción de Polibio.1) obedece seguramente a la ne­ cesidad de controlar y explotar las ricas minas de plata de los alrededores.

Sobre la técnica de explotación de las minas son de interés excepcional los datos que proporciona la arqueología de la región. que permitía la elevación simultánea de dos cubas pequeñas o de una grande. Esta tarea se facilitaba a veces mediante canales suspendidos en lo alto por medio de aros de madera de una sola pieza. todo ello fabricado de hie­ rro. Estos pozos en algunas minas alcanzaron hasta seis metros de diámetro. Los restos de las fun­ diciones son los extensos escoriales2 de la sierra de Carta­ gena. Las poleas eran irregulares. traba­ jándose hasta 300 metros de profundidad. auxiliados por cuñas y por pequeñas piquetas. se calcula que tiene 276. el llamado de Las Herrerías. Las galerías eran generalmente poco espaciosas. En una mina se con­ serva una de estas galerías de 1. estaban protegidas por costillas de madera y tenían . pues han sido halladas marcas de comerciantes extranjeros. Al­ gunas de las maderas halladas en las galerías no proceden del país. y maderas de pino entiba­ ban las paredes. Excepcionalmente los filones se explotaban «a tajo abierto» mediante obras superfi­ ciales que profundizaban a medida que se agotaba la veta del metal. Las monedas antiguas recogidas en las minas señalan que se explotaron durante toda la con­ quista hasta finales del siglo n . A los cubos pequeños se les ataban trozos de plomo como peso para que se hundieran fácilmente en el agua. Uno sólo de ellos. Las cubas eran de esparto embetunadas para darles consisten­ cia.204 Historia de la Hispania romana estadios de la ciudad. que llegaban hasta los filones. Mediante teas. hoy perdidas. los cubos eran izados por medio de poleas. en las que se transportaba a gale­ rías especiales de desagüe. normalmente se perforaban pozos de extrac­ ción. La de­ cadencia de estas minas comenzó en tiempos de la dinas­ tía flavia.800 metros de longitud.000 toneladas de escorias. Las rocas duras se golpeaban con mar­ tillos. con pozos escalonados cada 80 metros. teniendo cada uno aproximadamente la misma profundidad. que asían unos ganchos dobles sujetos a una argolla. El agua se sacaba en re­ cipientes o con cubas. La técnica de la construcción de pozos y galerías era muy simple: se perforaban las rocas blandas. antorchas y can­ diles se iluminaban las galerías.

No muy lejos de la boca de la mina el mineral era sometido a una primera monda y trituración a mano o en molinos de piedra. se sacaba al exterior en grandes espuertas de esparto. No muy lejos de las minas. escaleras. separadas así las aguas. y luego lavado mediante una corriente de agua que arras­ traba las tierras más ligeras. En Cástulo y otros luga­ . estas minas de plata están todavía en explotación. de la que dice que se ma­ chaca y por medio de cribas se la separa del agua. Una de las minas de Car­ thago Nova tuvo un lavadero con nueve balsas sucesivas. que el obrero se pasaba por el hombro. que en ellas trabajaban cuarenta mil obreros y que en su tiempo re­ portaban al pueblo romano veinticinco mil dracmas dia­ rias. espuertas. El Museo de Cartagena conserva gran número de instrumentos mineros. extractada por Es- trabón. III 147). se fundía el metal en lingotes. Extraído el mineral. los sedimentos son triturados de nuevo y nuevamente filtra­ dos y. porque es largo de contar. de mayor diámetro de boca y sin refuerzos de madera. para pasar a ser propiedad particular. rodilleras. Entonces. pero no lo que se refiere a la ganga argentífera arrastrada. han dejado de ser públicas. y un tirante. Actualmente. semejantes a las descritas. Economía y sociedad 205 en la parte superior un travesaño de suspension. queda la plata pura. Los datos que sobre la explotación de estas minas proporciona la arqueología confirman la descripción de Polibio (Str. en cambio tenían una gruesa soga alrededor que servía de protección. este quinto sedimento se funde. prendas de vestir magní­ ficamente conservadas. completaba este utensilio. que ocupan un área de cuatrocientos estadios. como alpargatas de esparto. Y omito todo lo que cuenta del proceso del laboreo. al mencionar las mi­ nas de plata de Carthago Nova. Su peso oscila alrededor de los 35 kilogramos. posiblemente para llamar al trabajo. como martillos.4. sin embar­ go. machacados aún otra vez. go­ rros. etc. pero tanto aquí como en otros lugares. las de oro. que distan de la ciudad unos veinte estadios. dice que son muy gran­ des. quien escribe que «Polibio. y. campanas. pero de menos fondo. separado el plomo. piquetas. son en su mayoría públicas. a juzgar por los restos de escorias.

. es en tan pequeña cantidad que su puri­ ficación no merece la pena». El segundo grupo está formado por los nom­ bres de P. y de L. C. . de plomo. q a co­ . Estos lingotes llevan las marcas de los n e g o t i a t o r e s 3. M . M essi L. el cual. 9. (Según Do- mergue. Este párrafo de Estrabón es muy importante no sólo por señalar el número de escla­ vos que trabajaban las minas de Carthago Nova. Plani L. Nonae P. Russini. . Nuc. que vivieron en época republicana posiblemente.) republicana. Catorce lingotes de plomo han aparecido delante del puerto y otros quince en el cabo de Palos. Todos se fechan en época Fig. F. I . C... Lu­ c r e t i S. aunque contiene plata.—El comercio plumbífero de los Planii. C. S. F. Se pueden clasificar en tres grupos. F. F ... Al pri­ mer grupo pertenecen los nombres de M. sino tam­ bién porque es una de las pocas alusiones en las fuentes literarias a la propiedad de las minas. F. El material arqueológico hallado en los últimos años en el litoral de Cartagena permite conocer algunos aspec­ tos fundamentales de la explotación de las minas y los nombres de los negociantes. Fidui C.. Aquini M. F. su pro­ ducción y algunos aspectos de su explotación. F.206 Historia de la Hispania romana res hay una mina particular. F. Aquinii C. M.

2 ). formada por publicanos. encargada de su ex­ plotación (Cic. Turulli Arcén. cuyo peso oscila entre 32 y 35 ki­ logramos. C. De las minas de El Centenillo (Jaén) se conservan 60 galápagos. en los siglos n a. su anchura es de 43-45 centímetros y su altura de 8 centímetros. 1) y una segunda. En cuanto a la procedencia de los n e g o tia to r e s es posible dar algunas orientaciones. el único hispano que aparece con tal cargo en las explotaciones mineras. en Alcaracejos se halló una barra de 175 libras romanas de peso con la marca C. Ha sido Rostovtzeff. y quizás también el de Marcus Raius. La mayoría llevan el nombre del n e g o tia to r Publius Tu- rullius Labeo. Los 30 lingotes se fechan. el tercero está compuesto por los nombres de M. T. El n e g o tia to r de la s o cieta s argentariarum fodin aru m m ontis l l u c r o n e n s is era P. (CIL II 3280a. Para los Aquinii y para S. Se conocen los nombres de otros n e g o tia to ­ r es de plomo. Gaius Messius. Rex (CIL II 4964. Gaius Uticus parece venir de Italia me­ ridional. P. Publius Nona.-i d. Economía y sociedad 207 mienzos del Imperio. así los nombres de Gaius Fi- duius. Los restantes nombres son de itálicos. A l fi­ nal de la República el mineral de Almadén había pasado a manos de una compañía romana. C. 6247). Dos ba­ rras de Madrid de procedencia desconocida. (CIL II 6247. 276). Rufi. la de P. Fer. Lu. De las minas de Orihuela (Alicante) se conocen 30 galápagos. 6247. de poco después de Au­ gusto. (BRAH 63. Iuventi-M . cuyo peso oscila entre 30 y 35 kilogramos. Lucius Planius pro­ vienen seguramente de Campania. que explotaban las minas de Carthago Nova.. sobre la gigantesca colonización por elementos . Lucretius faltan da­ tos. pues.4. y más recientemente Menéndez P id a l4 y Gabbas. Todos estos nombres indican quiénes eran y de dón­ de procedían los grandes hombres de negocios que explo­ taban las minas hispanas al final de la República. los que han llamado la atención. Phil. llevan la inscripción A urunc(ulei) L. siguiendo a Diodoro. En Canjáyar (Grana­ da) se han encontrado varias barras de plomo con la marca L. T. S. Son de forma semicilíndrica. Rai. Turullius Arco. y en Cástulo la marca T. pero hispana con seguridad. II 19).

pero ello no es probable. V 36. V 38. social y económica de la ciudad a fi­ nales de la República romana. relacionada con la explotación de la Península. pero al menos pertene­ cían a la misma familia. Los galápagos que pro­ ducían las minas de la ciudad llevan la inscripción: Car­ thago Nova. C. La procedencia de n e g o tia to r e s coincide con las afir­ maciones de Polibio (Diod. P. Los gentilicios de tres personajes que aparecen en los lingotes. Laetilius. señalado con los nombres de los duumviros quinque­ nales. Esta colonización. al finalizar su gobierno. reaparecen como duumviros quinquenales en las monedas.208 Historia de la Hispania romana itálicos a que fue sometida Hispania. 3) y de Posidonio (Diod. lo que motivó una fuerte corriente migra­ toria de itálicos. Frank. Tampoco es total­ mente seguro que sean los mismos personajes los citados en los lingotes y en las monedas. Se ha pensado por algunos investigadores que Carthago Nova poseía las minas que producían este plo­ mo. En gran parte el dinero obte­ nido debió revertir sobre Italia e invertirse en la agri­ cultura e industria itálicas. Según T. al principio de la conquista los gobernadores de las provincias dirigían la explotación de las minas y los ingresos eran deposita­ dos en el erario de Roma. hacia el año 179 a. Varius Hiberus. es una de las causas fundamentales de la temprana y profunda romanización de Hispania. como Gaius y Aquinus Mela. En Carthago Nova han aparecido las más antiguas inscripciones de Hispania con nombres de . Se conocen cinco familias que explotaban las minas de Carthago Nova. Todo lo cual indica que las minas desempeñaron un papel importante en la vida política. Turullius Labeo y Q. Este último fue duumviro quinquenal de Carthago Nova en el año 42 a. Algunos de estos n e g o tia to r e s alcanzaron las magistra­ turas locales.9) de que los itálicos explotaban las minas hispánicas a finales del siglo i l y a comienzos del siguien­ te. cuyos miembros habían alcanzado altos cargos municipales.. al que sigue Gabba. Cuan­ do las sumas ingresadas disminuyeron. la explotación pasó de los censores a compañías de publicanos. Los de los duumviros quinquenales eran los nombres de simples particulares. C.

Esta compañía era del mismo tipo que la compañía minera que explotaba las minas de Sisapo o la compañía del m o n s I lu cro n en s is (Mazarrón). Economía y sociedad 209 ciudadanos. como se deduce de que marcas hispanas han aparecido en Galia. El Estado romano seguía siempre siendo el dueño de la mina. posiblemente relacionados con las minas. C. Hispania. Desde finales del siglo i i a. L. En los dos primeros siglos las minas fueron estatales y explotadas por publicanos. que eran distintos de los poseedores de las minas. Para extraer el mineral en las provincias se necesitaba el permiso del dueño.4. originarios de Italia. Una compañía privada fue la citada sociedad del m o n s Ilu cro n en sis. Los minerales pertenecían al propietario del suelo. Los que tenían las explotaciones mineras no eran verdaderos propietarios. Taurius y Seruilius Aefolanus (CIL II 3408). Baebius. . y de las pesquerías. el Estado romano había transferido al dominio público las posesiones de los Bár- cidas. sometidos a la legislación vigente. y podían formar una compañía privada. Los n e g o tia to r e s eran ciudadanos romanos. que era el pueblo romano. Fiduius con S. C. y Augusto. y más concretamente las minas del sureste. y entregó la explotación de las salinas de Carthago Nova a una com­ pañía. como se deduce además de la afirmación explícita de Estrabón. sino poseedores más o menos estables. Lucretius y los Planii. En la segunda mitad del siglo n a. más exactamente entre el año 140 a.. como en otras partes de Italia. Los nombres estampados sobre los lingotes de mineral se refieren a simples concesionarios. En época del geógra­ fo griego las compañías de publicanos habían cesado en la explotación. y en época imperial el emperador. Italia y norte de Africa. No se trata de una so cieta s de publicanos. C. que pagaba por ello su contribución al Estado. se debió efectuar. y pueden ser tam­ bién los nombres de los fundidores. és­ tos son L. y especialmente las salinas y las minas. como la que formaron C. con­ cesionarios perpetuos. Prácticamente era el fisco el que disponía de la casi to­ talidad de las minas. abastecían de plomo a todo el occiden­ te mediterráneo. el cam­ bio en la explotación de las minas de Carthago Nova.

Se reconocen los antiguos tajos a lo largo de una distancia de 870 metros sin inte­ rrupción ninguna en algún filón. sobre el que se fija una cinta espiral de cobre. Gracias a investigaciones recientes se co­ noce bien la explotación de El Centenillo6. parece ser que era mediante un pico y un buril. Seguían en importancia a las minas de plata de Car­ thago Nova. sobre todo en Cerro Muriano (Cór­ doba). según este autor.150 metros. entre los pozos y los socavones. Se desconoce el sistema de extracción del mineral.. En el eje del tornillo hay una punta metálica. que hace oficio de pivote. estuvo en explotación durante el si­ glo i a. y en otros se extienden unos 1. sino de una compañía privada. En los primeros filones las explota­ ciones mineras penetran en la tierra hasta 225 metros. a juzgar por las monedas. de las que quedan gran can­ tidad de instrumentos de trabajo en el Museo Arqueoló­ gico de Linares. las de Cástulo. Se sacaba el mineral a la superficie por los pozos y socavones orienta­ les. Mediante este sistema. El sistema de desagüe es de los más notables. que. se han hallado en Andalucía. Uno o dos esclavos accionaban la bomba que aspiraba el agua de un depósito inferior y la elevaba hasta un segundo supe­ rior. C. desde donde era nuevamente elevada por bombas sucesivas. La mina de El Centenillo.210 Historia de la Hispania romana como la que explotaba el cinabrio de Sisapo en Sierra Morena. de modo que forma un tornillo sin fin. de aquí se conocen cinco ejemplares. estaban en manos de particulares. en algún filón el agua fue. La bomba se colocaba en plano inclinado. que usufructuaba sus minas. a unos 40 ki­ lómetros de Cástulo. pero el ejemplar más completo procede de El Cen­ tenillo. El tornillo de Arquímedes consiste en un árbol central de madera de roble. Para la ventilación posible­ mente se establecieron unos circuitos.elevada unos 30 metros. según Estrabón. La existencia de un crisol de plomo indica que el . o entre las trincheras y los socavones. se empleaban en las minas andaluzas. La explotación de estos filones fue racional y sistemática. Varias bombas del tipo de las descritas por Diodoro. ya que las minas de plata en Hispania. y los trabajos continuaron durante los dos o quizás tres siglos siguientes.

y con las inscripciones C. De esta mina se conoce multitud de materiales. La salida del material sería a través de Sierra Mo­ rena al río Betis por Andújar. Los filones fueron explotados en esta mina en dos períodos sucesivos. La función de éstos sellos era. Esta compañía debió controlar las minas de plata de toda la región. la adminis­ tración prestó más interés a la región del sudoeste. Se ha encontrado un fragmento de tornillo de Arquí­ medes con hélice de madera.C. en el anverso y C. De la explotación minera de El Centenillo se conocen más de 100 sellos de plomo. y en la primera mitad del siguiente. a finales de la República. en la actual provincia de Ciudad Real. pro­ bablemente. Sotiel Coronada. Sierra Morena tenía docenas de estas minas. la mina de Diógenes7. con cabeza humana. a juzgar por el material arqueológico. cerrar los sacos de esparto que contenían el. También se conoce algún p o n d u s con las mismas iniciales. Hacia la mitad del siglo se aban­ donó el trabajo. Economía y sociedad 211 metal era fundido en las proximidades de las minas. algunos tajos tienen una longitud de 200 metros y pene­ tran en el suelo una profundidad de una decena de me­ tros. Roma.C. en el reverso. C. también se conservan los filones vacíos y los pozos de prospección. C. Cástulo era el gran centro minero de la región. Posi­ blemente a partir del comienzo del Imperio. que . por donde pasaba la Vía Augusta. siendo después abandonadas. semejante al hallado en las minas próximas de Alcaracejos. mineral. Estas minas las explotaba una compañía privada. Las siglas se interpretan Societas C astulonensis. Posadas o Cerro Mu- riano. algunas marcas van acompañadas de un valor numérico. En esta mina conservó Roma la técnica prerromana de extraer el mineral. explotadas ya a finales del siglo i i a. y en la primera mitad del siglo i a. XL. sin duda. Tharsis. S. XXX.S. C. El lugar de destino del mineral era. a 70 kilómetros de Cástulo. Baste recordar en el norte de Sierra Morena. S. como los martillos de tipo neolíti­ co.4. a finales del siglo i i a. que se reemprendió en los siglos i-ii. o el de las más cercanas de El Centenillo. Riotinto. pero el sistema de explo­ tación no alcanzó aquí la perfección lograda en las minas del sudoeste.

Nada se vigila con más cuidado. indica que las minas se habían descubierto hacía poco tiempo. confirma las noticias de Plinio de la exportación dej mineral a Roma. no está permitido refinarlo en el lugar. 8) afirma que Hispania es la región que produce mayor cantidad de minio. tipo Diógenes. La explotación de las minas de Sierra Morena debió su­ frir un colapso con la guerra civil. Trogo Pompeyo y Vitruvio han dado una serie de datos muy interesantes sobre ellas.000 libras de peso al año (otros códices dan la cifra de 10. encargada de su explotación según se dijo. Trogo Pompeyo (Iust. III 144). Al­ madén había pasado a manos de una sociedad romana. sin plata». invirtieron sus ganancias en las explotaciones agrícolas. En Roma se lava. Plinio (X XX III 118) escribe so­ bre el particular: «El minio más conocido es el de la re­ gión sisaponense en la Bética. que redactó su obra en tiempo de Augusto. Se ha pensado recientemente que los n ego tia to res.» En otro lugár de su obra (X XX III 1 2 1 )'añade que en las minas de Sisapo «las vetas están sólo compuestas de minio. lo que proporciona grandes beneficios a las compañías.212 Historia de la Hispania romana se convirtió en el gran centro minero para la obtención de cobre y plata.000). El minio bético era de mejor calidad que el procedente de Sínope (Str. Las explotaban los publicanos. como se deduce del hecho de que en la mina de El Centenillo no se volvió a trabajar hasta la segunda mitad del siglo i. Este aflujo de capitales a la economía bética explicaría la súbita irrupción del aceite . Vitruvio (V II 9. Las pequeñas minas. XLIV 1. Plinio. y de su adulteración con cal. que los talleres se encontraban entre el templo de Flora y el de Quirino. una ley ha fijado su valor en venta. Con el fin de que no al­ cance precios muy altos. Pero se adultera de muchos modos. C. Al final de la República. y su prepa­ ración allí. mina que es propiedad del pueblo romano. que no ha de pasar 70 sestercios la libra. Famosísimas eran las explotaciones de Almadén. entre los años 49 y 45 a. durante este abandono de los trabajos de explotación en las minas.. perdieron su importancia. 4). sino que se envía a Roma en bruto y bajo precinto en cantidades de unas 2.

O livo. C. de las confiscaciones efectuadas por Sila y los demócratas. sin duda. Economía y sociedad 213 español en la primera mitad del siglo i a.4. Agricultura. que sin duda proporcionaban las mismas guerras de la Península. A rboles frutales. C. 2. Roma. los pueblos del Oriente sabían bien que las tainas hispanas de oro y plata se explotaban a gran ritmo. de la endémica piratería de Cilicia y Creta. en el mer­ cado romano. transportes bien organizados y la distribución de los productos. Pero . El centro receptor más importante era. una industria accesoria de instrumentos de mi­ nero. Ha­ cia el año 100 a. Cerdeña e Hispania.. abundancia de madera en las proximidades para apuntalar las paredes de los filones. ya que el Oriente se encontraba arruinado material y moralmente. C. Miel Al lado de la explotación minera figuraba en impor­ tancia la explotación agrícola. fue el siglo de oro de la explotación y coloni­ zación de Hispania. La explotación minera requería gran­ des masas de esclavos. como resultado de las guerras de Mitrídates. e invertían parte de sus ganancias en Italia. como se deduce de las fuentes8.. fecha en que se redactó el libro de los Macabeos (I 83). se enriquecían en Hispania con la explotación de las minas. De todos estos datos arqueológicos y literarios se des­ prende que Hispania era el distrito más rico del Imperio en formación. Rostovtzeff. El gran historiador de la economía del mundo antiguo. La explotación de Hispania databa de más antiguo. como es­ cribe Rostovtzeff. y posiblemente otra parte en las explotaciones agrícolas héticas. que consistía en impedir el cultivo del olivo y la vid. Los n ego tia to res. con la que acabó Pompeyo en el año 67 a. Vid. cree que la política de Roma con respecto a Hispania siguió los mismos pasos que la de Cartago con respecto a Sicilia. C. y de la explotación de los banqueros romanos. El si­ glo i a. de sacos de esparto. de cuerdas. la mayoría de origen itálico. y el primero que fue explotado.

Era una má­ quina con ruedas y con hierros muy parecida a algún tipo de trillo moderno. La riqueza cerealista queda bien patente en el hecho de que ya en el año 203 a. Ya se señaló también la enorme cantidad de trigo y cebada que recogió Escipión en Carthago Nova. los ausetanos y los ilergavonenses. como su nombre indica. el p lo stellu m P u nicum . En el año 124 a. XXX 26. que guardaban en silos. que confirman la veracidad . 5). Se usaba en la Citerior. el propretor Fabio Máximo Allobrógico envió trigo. los tarraco­ nenses. lo que indica un estado floreciente de la agricultura. lo que ele­ vaba enormemente el rendimiento cerealista. I 52. Las regiones habitadas por los vacceos. Los cartagineses debieron de traer las téc­ nicas de cultivo avanzadas del norte de Africa. Toda la provincia Citerior cosechaba mucho trigo. aunque tam­ bién se empleaba aquí el primitivo tribulum . Sobre las posibilidades de Hispania en general para una explotación agrícola de gran producción. citado por Varrón. los turmódigos y los autrigo- nes eran zonas trigueras (Floro II 33. De algunas ciudades. XXX 3. III 144. XXVIII 37). datados en la época helenística. 169). y que continuaron bajo Roma. que vivió muchos años en la Península y conocía bien sus cosas (R e r . que debía haber obtenido por exacciones ilegales. Silos para guardar cereales. 46). C. Hispania tuvo que proporcionar para la guerra en Africa trigo y capas (Liv. Rust. las fuentes expresamente afirman que su cam­ piña era fértil.. que toma­ ron de los Ptolomeos. hay que recordar el párrafo ya mencionado de Estrabón (III 137). Civ. los Calagurritanos. durante la guerra civil (Ces. A César le llevaron trigo los oscenses. se co­ nocen bastantes en Cataluña. como de Oringis (Liv.. 6). C. Las tierras de la Bética en gran parte eran de regadío mediante los célebres canales tartésicos (Str. salvo el Sur y Levanté. Una máquina agrícola introducida por los cartagineses fue. II 48-49). Este mismo año exportó trigo a Roma en tal cantidad que motivó una enorme rebaja de los precios (Liv.214 Historia de la Hispania romana esta tesis no la creemos probable o por lo menos probada. vendido el trigo. 2). los jacetanos. Bell. fue enviado el di­ nero a las ciudades que lo habían entregado (Plut. Grac. C. 1).

I 57. que él conocía bien.000 años. Silos menciona también Varrón (R er. la región presentaba arboledas y plantaciones de toda clase. En la Citerior. 9). Los testimonios de las fuentes antiguas no dejan lugar a duda. XLIV 44-16). había también graneros. tiene toda clase de frutos y muy abundan­ tes» (III 142). Según este autor. 2) en las regiones de Cartagena y Osea.. etc. Rer. II 57. Rust. Otras afirmaciones del geógrafo de Amaseia coinciden con estas primeras indicaciones: «Turdetania es maravillo­ samente fértil. 2) alude en general a las riquísimas regiones de Galia e Hispania. admirablemente cultivadas (Str. César {Bell. como se deduce del único mito ibérico conservado por las fuentes (Iust. 3. fechados en los siglos i i -ι a. La introducción de la agricultura en la Bética data de muy antiguo. el de Habis. La región más rica desde el punto de vista de las ex­ plotaciones agrícolas era la Bética o Provincia Ulterior. y una plebe dedicada a él y sub- dividida en siete ciudades. posible­ mente se trata de una yunta de arar. que tenía prohibido todo trabajo corporal. para recreo de la vista. III 142). un poco más adelante (144) indica el geógrafo alguno dé los . dividido en una aristocracia. de finales del siglo n i a. como en Apulia. A Habis le atribuye Trogo Pompeyo las leyes de Tartessos. del pan de trigo y la organización política de su pueblo.. Además. tanto terrestres como marítimos. C. Estrabón (III 139) insiste en la fer­ tilidad de la Bética. Las tierras esta­ ban cultivadas con gran esmero. no cedía a ninguno de los más ricos territorios del mundo conocido por la excelencia de sus bienes.4. todo lo cual indica unas poblaciones en las que la agricul­ tura desempeñaba un papel importante como factor eco­ nómico. sin duda se refiere a la Bética.. documentados en los campamentos al­ rededor de Numancia. que según Estrabón (III 139) databan de 6. en bronce. Economía y sociedad 215 de las fuentes. con ventilación subterránea (Varr. C. la invención de las faenas del campo por bueyes. el grupo numeroso de Cabrera de Mataró. Este mito data de finales de la Edad del Bronce. de Tivisa. lo mismo se desprende de la pareja de bueyes. Civ. baste recordar los dos de las proximida­ des de Villafranca del Penadés. Rust.

V II 87). posiblemente por la intervención de Balbo. Varrón había impues­ to a los habitantes de la provincia Ulterior un tributo de 20. Plantaciones de olivos figuran también en el centro de la meseta. En la Bética se sembraban los cereales entre los olivares (Plin. Los olivares no sólo ocupaban gran parte de la Bética. y el itálico para la fabricación de per­ fumes.000 modios de trigo. con ocasión de describir las campañas de la Guerra Civil. ayudaron a Pompeyo con víveres y dinero (Cic. sino que estaban suel­ tas (Rer. como la cebada. 40). en las . Expbrtába- se también cera. En cuanto a la producción de vino. además. 4). pez y mucha cochinilla». cual es que para proteger la producción vinícola y olivarera contra el co­ mercio exterior los romanos prohibieron la plantación de vides y de olivares al norte de los Alpes. Estos testimonios de Estrabón coinciden con los de otros autores. éste. al final de la República. I 8. miel. M enipp. mucho vino y aceite. Balb. Rust.216 Historia de la Hispania romana productos agrícolas en que sobresale: «de Turdetania se exportaba trigo. Rust. no sólo en cantidad sino de calidad insuperable. los gaditanos. Junto al trigo se cultivaban otros cereales. que las cepas no se apoyaban en palos. Los olivares béticos los menciona dos veces el autor del B ellu m H isp anien se 27. X VIII 95). cuenta César que Varrón almacenó gran cantidad de trigo para enviárselo a los marselleses y a los genera­ les pompeyanos Afranio y Petreyo. El aceite afri­ cano era de inferior calidad que el hispano. Rostovtzeff se inclina a creer que esta prime­ ra prohibición no se cumplió en Hispania. Según Estrabón (III 144) era el aceite bético de calidad insuperable. I 14. se utilizaba en la iluminación. En la obra de Varrón se conservan algunos datos inte­ resantes sobre el cultivo de la vid en Hispania. como son que al vino se le llamaba b a cca (Sat. 1) y que los toneles a veces estallaban por la fermentación del mosto (Rer. con lo que se obtenían dos cosechas diferentes. Cicerón (De re publica III 15) da un dato extraordinariamente interesante. sino también otras zonas de la Península. En el B ellu m Civile II 18. Durante la guerra sertoriana.

dedicadas a pas­ tos. cult. quien escribió su H istoria rom ana hacia el año 30. vid. según afirma P. agr. II 51). De los estudios sobre la colonización y asentamiento romanos en Turdetania se deduce que la población se encontraba dispersa en el campo. higuera y otros árboles semejantes en toda la costa mediterránea y atlántica. La arboricultura floreció mucho. y César durante su propretura en el año 61-60 se dedicó a limpiar de bandidos Lusitania (Dión Casio XXXVII 52). y el oli­ vo. todavía existían bandidos en Sierra Morena. Civ. entre los que había terrenos de las proximidades de Carthago Nova. Plantas tintóreas abundaban en Hispania. una ley agraria intentó. al decir de Estrabón (III 164-165). Rust. que había latifundios. En el año 63 a. Los higos de Sagun­ to eran famosos ya en tiempos de Catón (De agr. se dedicara al bandidaje en la Península.2) habla todavía del bandoleris­ mo lusitano que había sido un problema muy grave en los siglos anteriores. vender casi todos los dominios públicos.4. Ad jam. Economía y sociedad 217 que acampó Viriato en el año 146 a. de que Sexto Pom­ peyo. como hoy. había desaparecido este último a principios del siglo i de la Era. C. Las fincas héticas debían ser mixtas. las minas y las pesquerías.4). I 16. Con la conquista pasaron a ser propiedad del Estado romano grandes extensiones de terreno. C. perdida la Guerra Civil. C. Favoreció la agricultura bética la pacificación de His­ pania después de la Guerra Civil y la extirpación del bandolerismo con sus funestas repercusiones para la eco­ nomía. que cortaban las co­ municaciones con Roma (Cic. V III). C. V 143). que la propiedad debía estar ya a principio del Imperio más repartida que en otras regiones del Imperio. (Apiano Ibér. X 31. a juzgar por la concentración de colonias en territorios reducidos. Varrón (R er. con cultivo del olivo y de la vid. con ganadería y con cereales. Leg. Veleyo Patérculo (II 90. bosques y labor. En el año 43 a. 1). Casos como el acaecido en el año 35 a. (Apiano. . muy posiblemente para dedicarlos a la agricultura (Cic. 64). que en los munici­ pios debían existir propietarios. eran ya raros.

que cree que en la Bética la propiedad territorial estaba con­ centrada en pocas manos. principalmente de hoja perenne (Str. Las alusiones en las fuentes litera­ rias al ganado son muchas. I 65. Contraria es la opinión de Rostovtzeff. III 155). generales en Hispania.. III 162). C. 3. . en el año 218 a. Frontino II 5. Montes rodeaban a Contrebia.218 Historia de la Hispania romana pero nunca de la extensión de los de Africa. VII 4. Gran parte de Hispania durante la conquista estaba cubierta de espesos bosques. 161). lo cual indica un clima más húmedo que el actual. donde seis propietarios se repartían el Africa proconsular (Plinio XVIII 35). Máx. C. Livio (X XVIII 1). Ya se ha mencionado la afirmación estraboniana de que toda la Península estaba cubierta de montes y bosques.. Ganadería y caza La carne constituía la base de la alimentación en gran parte de la Península. en Celtiberia (Val. Una cordillera de den­ sos bosques y corpulentos árboles cruzaba Bastetania y Oretania (Str. se despren­ de que estos pueblos eran fundamentalmente pastores. De las mencionadas palabras que Livio pone en boca de Aníbal dirigidas a los lusitanos y celtíberos de su ejér­ cito al pasar el Ródano. refiriendo sucesos de la lucha entre carta­ gineses y romanos del año 207 a. escribe que entor­ pecían la marcha del ejército los bosques espesísimos. Toda la vertiente ibérica de los Pirineos estaba cubierta de árboles de todas las especies. 8). Civ. III 163). Aníbal en su alocución a las tro­ pas celtíberas y lusitanas menciona los extensos bosques de sus respectivas regiones (Liv. donde habitaba la mayor parte de la población (Str. Los montañeses se alimentaban las tres cuartas partes del año de bellotas. a los que aluden otras fuentes. Montes menciona César {Bell. sin ellos no se ex­ plica la abundancia de caballos salvajes. XXI 43.5). corzos y cazß. de donde se deduce la existencia de grandes encinares (Str. 38) en la campaña de Ilerda durante la Güera Civil. III 156. 70.

en la región ribereña del norte del río Ebro (Liv. El ganado era abundante entre los pueblos del norte (Str. desde el primer día de la conquista. Así tenemos datos suministrados por la arqueología. datado en-el siglo i i a. Consumían estos pueblos del nor­ te mucho ganado porcino. Pon­ tevedra. C. se citan en el año 206 a.. XXVIII 33). Entre los pueblos iberos de la costa. las estelas vadinienses. lo que explicaría la gran velo­ . como la re­ cogida por Varrón (R er. III 155) y de la fama de los jamones cántabros y cerretanos (Str. llamados «verracos». 19) de que en la re­ gión de Olisipo se criaban yeguas que quedaban preña­ das por el viento Céfiro. Rust. la estela de Zuri­ ta (Santander) o las de Clunia. es suficiente recordar las paradas de jinetes representadas en un vaso de Liria. con multitud de exvotos equinos que presuponen una importancia grande entre estos pue­ blos del ganado caballar. to­ das con representaciones de jinetes. que sacrificaban a una divinidad similar al Ares griego ma­ chos cabríos y caballos. Zamora y en la región de Tras-os-Montes en Portugal. que desempeñaron un papel importante en las guerras. Alusiones a la abundancia de caballos en Hispania se conocen muchas en las fuentes. Valencia. y del santuario ibérico de El Cigarralejo. de Lara de los Infantes (Burgos). la existencia de un dios ibéri­ co. C. Cáceres. Murcia. Ganados que las tropas romanas enviaban como cebo por delante. apa­ recidos en las provincias de Avila.-4> Economía y sociedad 219 Lo que confirman otras fuentes. Sobre los caballos hispanos co­ rrieron en la antigüedad algunas leyendas. la caballería desempeñaba igualmente un papel importante. Salamanca. como se deduce del hecho de que usaran manteca en vez de aceite (Str. III 154). embarazados en sus mo­ vimientos por gran cantidad de ganados (Liv. El ganado porcino y bovino constituía la base de la alimentación en amplias zonas. vinculado a los caballos. Orense. P. como se desprende de las esculturas de cerdos y toros. II 1.. En el año 194 a. de Calaceite (Teruel) y de Iruña (Vitoria). XXXV 1). Segovia. como la diadema de Ribadeo (Asturias) con una proce­ sión de jinetes. III 162). Escipión atacó a los lusitanos. C.

ganadera y vinícola de la Bética quedó magníficamente reflejada en las monedas. ramos de vid en ases de U lía. La arqueolo­ gía ha proporcionado. etc. La localización en el sur del mito de los toros de Gerión presupone la existencia de una gran ri­ queza bovina en la región (Ovid. Ant. así. espigas y racimos de uva en Acinipo. Tanto los indígenas como los romanos consideraban a los caballos como botín muy estimado. condujo Marco Antonio a Armenia figuran 10. es­ piga y toros se representa en ases y semises. Diodoro (IV 12. 2) recoge la noticia de' que la descendencia de una punta de vacas regaladas por Hércules a un reyezuelo ibero era utilizada para selec­ cionar las víctimas'que se sacrificaban al propio Hércules. En el ejército que en el año 36 a. C. En el año 153 a. La riqueza agrícola. espiga en ases y cuadrantes de Carmo. en la pintura de un vaso de Verdo- lay. y espiga y racimos de vid en semises de Iulia Traducta. 32). C. XL 11. 1. El geógrafo griego en otro párrafo (III 170) alude a las vacadas que pastaban en las marismas andaluzas (Str. la prueba de que Murcia contaba ya con una buena raza de ganado caprino. 1). Nobilior pidió caballería a una tribu aliada (Apiano Ibér.). M. por lo cual. al comienzo de las Guerras Celtibéricas. y Trogo Pompeyo (lu st. La misma noticia recogen otros autores.000 jinetes iberos y celtas (Plut. desde entonces hasta el día de hoy las vacas son sagradas en Iberia. 47).. como Columela (VI 27.220 Historia de la Hispania romana cidad de los caballos. IX 184. . toro en se­ mises. I 6. Apol. III 143). y jinetes hispanos participaron en los ejércitos romanos dentro y fuera de Hispania. caballo en semises de Nabrissa. escribe Estrabón (III 144). figuran ya los ca­ ballos como botín codiciado (Liv. 33). C. y prótomos de caballos en cuadrantes de Obulco. espigas en ases de Onuba e Hipa. La abundancia de ganados de toda especie era en la Bética enorme. toros en ases de Orippo. 7) refiriéndose al Monte sagrado. Bibi. M etam. XLIV 3. Cabo Roca. concluye Diodoro. En los años 181 y 180 a. toros en ases y semises de Serípo. ca­ ballo en ases de Sacili. así como la Caza.

» Otros testimonios confirman esta abundancia de ciervos. las del Museo Arqueológico de Jaén. Ibér. que son muy numerosas. el ejército de Lúculo se vio obli­ gado a alimentarse con carne de ciervos y de conejos (Apiano. P esca y salazones En las fuentes literarias hay algunas alusiones a pesca­ dores. de la antigua colec­ ción Calzadilla. baste recordar el vaso de Mérida con cabezas de ciervos. El epíteto que C. Una verdadera plaga para la agricultura y los montes fue la abundancia de conejos. C. En época de Estrabón (III 168. de Hispania: «Iberia produce gran número de rebecos y de caballos salvajes. lo que indica bien la abundancia de este roedor en la región. La arqueología ha suministrado pruebas de esta abun­ dancia. la cierva en bronce del Museo Británico. aunque años antes habían socavado una ciudad entera. de la Codosera (Badajoz) y de Coruche (Portugal). y se los descastaba con hurones. Plin. Economía y sociedad 221 Toda Hispania era un gigantesco coto de caza. como cisnes y otras especies análogas o como avutardas. V III 144) en las islas Baleares su propagación no constituía peligro alguno. Fue descrito en sus características por Polibio (X II 3.4. 18) da a Celtiberia es cuniculosa. la gente pobre de Cádiz usaba unas pequeñas em­ barcaciones llamadas «caballos» por el mascarón de sus proas. La pasión de los indígenas por la caza queda bien pa­ tente en una serie de estelas de la provincia de Burgos con representaciones de cacerías de jabalíes o ciervos. Valerio Catulo (37. Estra­ bón (III 163) escribe. en sus lagunas abundan también las aves. Los ríos crían castores. temas que también aparecen en las cerámicas de Liria y de Archena. animal nativo de la Penín­ sula. 54). como la noticia de que en el año 151 a. en general. de donde procede incluso su nombre. 4. y pescaban con ellas a lo largo de toda la costa . 10) y por Es- trabón (III 144).

La captura de pescado estaba. al sur de.. cetáceos. conchas. que producía la mejor salazón. Antifanes (FHA II 46). de Sexi (III 157) y de Carthago Nova (III 158-9). r iJAVEA CALPE 3SSAL DE MANISES ÍARTAGONOVA ^VILLARICOS • RESTOS ARQUEOLOGICOS oTEXTOS LITERARIOS aSALINAS MODERNAS A ARQUEOLOGIA Y TEXTOS Fíg. las de Má­ laga. que es la principal fuente para el conocimiento de Hispania al final de la República y co­ mienzos del Imperio. que posiblemente era la ciudad exportadora. de Baelo.—Industrias de salazón. pulpos y atunes. pues la salazón de Gades. Esta industria databa de siglos anteriores a la llegada de los romanos. actual Draa. oreas. la cita ya el autor ático de comedias Eupolis (446-411 a. en ranción de las salazones. Gadeira) junto a la proce­ dente de Frigia. I l l 99). ballenas. sin duda. y en general de la costa meridional (III 144). Agadir (Str. hacia el año 390 a. y cita en concreto ostras. otro autor cómico. marsopas. 10.222 Historia de la Hispania romana occidental africana hasta el río Lixus. en Est. menciona . Menciona el geógrafo griego (III 140) en particular las fábricas de salazón9 de Melaría. v. C. Unos años más tarde. (Según Ponsich-Tarradell. morenas.) Estrabón (III 145). Byz. C. Las salazones hispanas fueron uno de los productos de exportación que gozaron de mayor aceptación en el mundo antiguo. no se cansa de alabar la riqueza piscícola de las costas de Turdetania. en la zona del estrecho de Gibraltar. que salían dé las fábricas localizadas en el sur de Hispania. con­ grios.

el médico Hicesio (Athen. y la mitad del siglo siguiente. Economía y sociedad 223 las salazones de Gades junto con las de Bizancio. Fig. todo lo cual requie­ re mucha mano de obra y una buena organización. 136) recogió algunas noticias sobre la captura de los atunes. que llevaba consigo otras acceso­ rias. C. entre mediados del si­ glo i a. cuales son la explotación y comercio de la sal. que parte se consu­ mía en la ciudad y que la parte restante se dedicaba a la exportación. e incluso el pri­ mer asentamiento romano de Baelo parece estar en rela­ ción con esta industria. a juzgar por los datos suministrados por la arqueología. 4. que los bancos de atunes se encontraban en el Atlántico. V II 315 d) re­ comendaba a sus enfermos estas salazones por sus propie­ dades curativas. (Según la Casa de Velázquez. C. posiblemente por ser un monopolio de la ciudad. la de construcción naval y de redes. C. En las ciudades con industria de salazón. como eran que la pesca estaba en manos de los fenicios de Gades.) Varias fábricas de salazón situadas entre Gades y Car­ thago Nova comenzaron a trabajar. y la distribución de productos. Hacia el año 100 a.—Fábricas de salazón de Bolonia (Baelo). que en conserva se exportaban a Cartago. gran parte de la po­ . El Pseudo Aristóteles {De mirab. Nicós- trato hacia el año 380 a. 11. abun­ dante en las salinas héticas. cita también las salazones ga­ ditanas al lado de las de Bizancio (FHA II 43). ausc. a cuatro días de distancia de la ciudad.

Catón expulsó del ejército a los abas­ tecedores o revendedores. C. que querían proporcionarle trigo. el comer­ cio con Italia era floreciente. C. 12). C. como Ituci. que fue una de las mayores fuentes de riqueza de la Bética y Mauritania. Abdera y Sexi. T alleres d e o rfeb rería y d e escultura Al final de la República y comienzo del Imperio se desarrolló un libre intercambio de mercancías 10. 9) a fin de que los buques ^evitasen el . X X V III 22) en el año 206 a. El hecho de representarse en monedas héticas. C. que el cónsul pensaba quitar a las poblaciones in­ dígenas (Liv. un as y un triente anterior al 217 a. En el año 195 a. El co­ mercio más importante era el intercambio de artículos de primera necesidad. una de ellas se refiere a que los habitantes de Astapa apresaron a los cantineros y mercaderes del ejército romano desperdiga­ dos por el campo (Liv. conquista. Industrias. XXXIV 9. los atunes o delfines indica que la industria de salazón era conside­ rada como la principal fuente de riqueza. Asido. no el de objetos de lujo. como se deduce de la crea­ ción por Q. y también en ciudades que no se hallan situadas en la costa. Ilipa y Caura. el de Drieves (Gua­ dalajara). y que de su ex­ plotación vivían las ciudades. alegando que las guerras se alimentaban a sí mismas. En el siglo i i a. Str. C. Servilio Cepión de la Turris Caepionis (Mela III 4. C. como en las de Gades. El tesoro de Torre de Juan Abad (Ciudad Real) tiene monedas de los años 268- 90 a. y de los siglos n i-ir a.. I l l 1. La pronta presencia de n e g o tia to r e s de Italia está testimoniada por hallazgos de monedas romanas republicanas. Menciones de mercaderes en la primera etapa de la conquista romana sólo se conocen dos. El de Tivisa. 5. de una manera o de otra. Las gentes dedicadas al comercio fueron muy numerosas desde el primer momento de la. Ya se ha indicado que Esci­ pión Emiliano echó del ejército romano que sitiaba a Numancia a los mercaderes. C om ercio.224 Historia de la Hispania romana blación. se dedicaría a esta in­ dustria.

4. Economía y sociedad 225

Fig. 12.—Distribución de los tesorillos de orfebrería, siglo in-n
antes de Cristo. (Según Raddatz.)

banco de Salmedina en la desembocadura del Guadal­
quivir n.
Los mercaderes de Cádiz comerciaban con los habitan­
tes de las Casitérides (Str. III 176), y cambiaban meta­
les, estaño, plomo y pieles por cerámica, sal y utensilios
de bronce; también lo hacían con el norte de Africa (Str.
III 157).
En tiempos de paz, los mercaderes se dedicaban a pres­
tar dinero a usura, y al arriendo de los servicios. Ellos
eran los que compraban el botín (Apiano Ibér. 20), del
que se conocen tantas alusiones en las fuentes, y los es­
clavos, Un corredor de subastas se menciona en Cádiz
(Cic. Ad fatn. X 32, 3), al que el cuestor Balbo arrojó a
las fieras por ser muy feo.

226 Historia de la Hispania roiñana

De las fuentes ya mencionadas se deduce que al final
de la República en gran parte la producción, tanto agríco­
la, como minera e industrial (lanas y salazones), estaba
montada para la exportación a Roma de sus productos y
concebida como grandes empresas de producción, trans­
porte y distribución. El comercio explica la fabulosa ri­
queza, prosperidad y concentración de personal en la
Bética, de la que hay noticias.
La distribución de la cerámica ibérica, de época hele­
nística en su mayoría, fuera de la Península indica un
comercio de exportación, posiblemente de miel. Se la lo­
caliza bien en el norte de Africa, Italia y sur de la Galia.
Anforas héticas han aparecido también en el sur de Ga­
lia. Las ánforas púnicas indican que después de desapa­
recer el dominio cartaginés en Hispania, las formas de
comercio púnico todavía pervivieron. Las ánforas de tipo
púnico posiblemente contenían salazones, a juzgar por el
tipo de boca.
Es de nuevo Estrabón el que ofrece la lista más com­
pleta de los mercados hispanos al final de la República.
Estos eran: Carteia (Str. III 140), antigua estación naval
de los iberos; en tiempos en que escribía el geógrafo
griego, eran aún visibles su gran recinto y sus arsenales;
era una ciudad habitada por fenicios trasladados del Afri­
ca (Mela II 76); Baelo (Str. III 1, 8) era el paerto de
embarque para pasar a Tingis, con mercado propio; Puer­
to de Menesteo, cuya fundación dataría, según la hipóte­
sis de Tovar, del siglo v a. C.; su existencia probaría
unas relaciones comerciales del sur de la Península Ibéri­
ca con Atenas. Las ciudades más importantes por su trá­
fico comercial se alzaban junto a los ríos, los esteros o el
mar (Str. III 141). De ellas el geógrafo griego (III 140)
menciona a Asta y Nabrisa. Los dos centros comerciales
más importantes eran Córdoba, fundación de Marcelo
sobre una población indígena, famosa por la fecundidad
y amplitud de su territorio, y Gades, «isla que, gracias
a la intrepidez de sus habitantes en las cosas de la nave­
gación y a su adhesión a los romanos, ha experimentado
un tal incremento en su fortuna de todo orden, que a
pesar de alzarse en el extremo de las tierras es la más

4. Economía y sociedad 227

famosa de todas» (Str. III 140-2). Los gaditanos eran los
que navegaban en mayor número y mayores naves, tanto
por el Mediterráneo como por el Atlántico. La mayoría
vivían en la mar o estaban en Roma, dedicados a los ne­
gocios (Str. III 169). La flota oceánica de Gades se en­
contraba ya dividida en el 206 a. C. entre Africa e His­
pania (Liv. XXVIII 23, 6); uno de sus puertos era Portus
Hannibalis (Mela III 7), hoy Portimâo, en el Algarve.
Estrabón (II 99) y Plinio (II 169) han conservado algu­
nas noticias de viajes de marineros gaditanos a las costas
de Africa. En época de Plinio (II 167-168) se partía de
Gades para recorrer el Atlántico en ambas direcciones.
Cádiz mantenía relaciones comerciales con el norte de
Marruecos, donde han aparecido unas 100 monedas de
la ciudad y otras 50 procedentes del resto de Hispania.
Además de estas ciudades, destacaban por su comercio,
según Estrabón (III 141), Ilipa sobre el Betis; Astigi,
Carmona, Obulco y Munda, metrópoli de este territorio la
última; Ategua (Teba la Vieja); Urso (Osuna); Tukkis
(Martos), y Ulia (Monte Mayor). En los esteros, la ciudad
más famosa era Hasta, en la que se solían reunir los ga­
ditanos. Otra ciudad costera de gran importancia comer­
cial fue Málaga, mercado para los nómadas del norte de
Africa; tenía planta fenicia, es decir, no tenía trazado
hipodámico en sus calles (Str. III 141); la ciudad debía
sér un centro metalúrgico o de exportación de metal pro­
cedente de la serranía de Córdoba, como se deduce del
hecho de que en sus monedas se representan los instru­
mentos de forja de un Baal metalúrgico. Seguía en im­
portancia Sexi (Str. III 141).
En general, se puede afirmar, siguiendo a Estrabón
(III 142-3), que todos los productos sobrantes de la
Bética se exportaban mediante los numerosos barcos de
comercio. Esta exportación alcanzaba cifras extraordina­
riamente elevadas (Str. III 144), como se deducía del
número y tamaño de las naves, que eran las mayores de
carga que llegaban a Putéoli y a Ostia, puertos itálicos,
y del hecho de que su número fuera casi igual al que
procedía de Africa.

228 Historia de la Hispania romana

Algunas ciudades vivían exclusivamente del cometcio
y empresas marineras, como Cádiz, lo que explica que
en un censo efectuado el número de caballeros fuera
muy elevado, el segundo después de Padua (Str. III 169).
El comercio turdetano debía encontrarse prácticamente
todo él controlado por los fenicios (Str. X VII 832), quie­
nes, según Estrabón (III 149, Plin. III 8, Ptol. II 4, 6),
habitaban la mayoría de las ciudades de Turdetania y de
las regiones limítrofes. Se conocen los nombres de otros
puertos de Hispania en la costa mediterránea. Las islas
Baleares tenían algunos buenos (Str. III 167), al igual
que Carthago Nova (Str. III 159), principal mercado de
las mercancías que llegando del interior de la Península
habían de ser cambiadas por las que llegaban del mar, y
éstas por las que procedían de tierra adentro. Por esta
ciudad se debía exportar a Roma los metales de las minas
del sudeste. En cambio Tarragona no tenía puerto (Str.
III 159). Toda la costa mediterránea, pues, desde el
Estrecho hasta el Ebro, escaseaba en puertos; la costa
catalana, por el contrario, los tenía buenos (Str. III 160).
A comienzos del siglo i i a. C. Ampurias era un mercado
de intercambio de productos (Liv. XXXIV 9), como lo
fue siempre hasta la conquista romana. En el noroeste
de Hispania, Estrabón (III 154) menciona el llamado
por los marineros «Puerto de los ártabros» (La Coruña).
Hispania durante la conquista está sometida a un co­
mercio de importación de productos de todo género;
baste mencionar algunos de los más importantes, como
la llamada cerámica megárica, que ha aparecido en las.
islas Baleares, Ampurias, Elche, Murcia, Jerez de la Fron­
tera, etc., etc.; los bronces y joyas de Alejandría (crátera
del Instituto de Valencia de Don Juan en Madrid). De
M auritania se importaban aves y fieras raras para los
juegos (Sal. Hist. II 70). Anforas de Rodas, que indican
un comercio de importación de vinos del Egeo, han apa­
recido en Cádiz, Córdoba, Ampurias, Tarragona y Villa-
ricos. Tapices importados de Asia figuran en las fiestas
organizadas en Córdoba, en el invierno del 75-74 a. C. en
honor de Cecilio Metelo, después de su triunfo sobre
Sertorio a orillas del río Turia (Val. Máx. IX 13). El

4. Economía y sociedad 229

comercio con Italia era muy fuerte. De él dan testimonio
las ánforas ampuritanas con la márca Sextius, fechadas
en la primera mitad del siglo i a. C., otras piezas conser­
vadas en Almería y el gran número de ellas halladas en
Azaila (Teruel).
También se documenta un importante comercio im­
portador de vinos de Campania. A partir çle principios
del siglo i a. C. la costa ibérica se vio inundada de án­
foras que contenían vinos itálicos. El volumen de este
comercio fue tan elevado, que casi el 50 por 100 de
pecios antiguos contienen ánforas vinarias que pertene­
cen a los dos siglos anteriores al cambio de Era. Muchas
ánforas llevan inscripciones que indican el vino que con­
tenían, a menudo falerno, u otros vinos itálicos, y las
fechas consulares. Estas ánforas se han hallado en la costa
catalana y en parte de la de Valencia. La intensa coloni­
zación de gentes que procedieron de Italia y que aquí se
quedaron y se dedicaron a las explotaciones mineras y
agrícolas o a la administración y sirvieron en los ejércitos
explica esta importación. En cambio, las llamadas ánforas
greco-itálicas son las más frecuentes en zonas situadas
más al sur. Se supone que proceden de Sicilia. En Ampu­
rias y en los yacimientos submarinos de las proximidades
abundan las ánforas greco-itálicas, lo que se ha interpre­
tado como un indicio de continuidad de las relaciones
comerciales de la ciudad griega con sus hermanas sicilia­
nas. La costa catalana (Ametller de Mar, Tarragona) e Ibi­
za importaban también las ánforas de salazones. El pro­
ducto con el que se intercambiaban estas ánforas, pues
los barcos no retomaban vacíos, por el momento se des­
conoce. En las islas Medas, Bagur (Gerona), en un po­
sible pecio se halló un ánfora, datada hacia el año 100
antes de Cristo, que contenía resina de pino, posiblemen­
te exportada de los Pirineos, envasada en un ánfora
itálica y, por lo tanto, reutilizada. En época republicana
hay importación de lucernas itálicas. También se conocen
otras lucernas que llegaron de Grecia y han aparecido
en Ampurias.
El comercio estaba muy favorecido por una industria
de construcción naval muy próspera. Esta industria da­

230 Historia de la Hispania romana

taba de muy antiguo, pues Polibio (X 7, 8), con ocasión
de describit la toma de Carthago Nova por Escipión, alu­
de a los artesanos, menestrales y gente de mar. Mucho
favorecía la industria de construcción naval la existencia
de campos de esparto, necesario para confeccionar velas
y cuerdas. Las dos regiones productoras de esparto eran
las proximidades de Ampurias (Str. III 160) y de Car­
thago Nova (ibid., Plin. XIX 26-30, XXXI 94). Los na­
vios los construían los habitantes de la Bética con made­
ras del país. Arsenales había en Cádiz y Carteia. Casio,
en el año 48 a. C. (Bell. Alex. 48, 51), mandó preparar
un centenar de barcos para pasar a Africa. Otras fuentes
confirman estos datos; así, César, en el año 61-60 a. C.,
hizo venir naves gaditanas para su expedición al noroeste
(Dión Casio XXXVII 53). Años después, durante la cam­
paña de la Galia, mandó el dictador le trajesen de Hispa­
nia lo necesario para equipar las naves (Cés. B ell Civ.
Y 1); aunque no se dice expresamente que de Cádiz o de
^Turdetania, es muy posible que del sur, pues Varron,
durante la Guerra Civil, encargó a los habitantes de Cá­
diz la construcción de diez navios de combate y dispuso
-además que se hiciesen otros muchos en Hispalis (Cés.
Bell. Civ. 2, 18-20), lo que indica que también en esta úl­
tima ciudad existían astilleros. Los barcos pequeños para
navegar el río Betis se construían en época de Estrabón
(III 142) de piezas ensambladas; antes eran un tronco
excavado.
Las fuentes literarias dan algunos pocos datos sobre
la industria textil, que era de carácter familiar. De Turde­
tania importaba Italia, antes de final de la República
Romana, gran cantidad de tejidos; en época de Estrabón
(III 144) eran muy solicitadas las lanas héticas, de gran
belleza. De gran calidad eran también los tejidos ligeros
que fabricaban los saltietas, de localización dudosa. Los
ampuritanos eran diestros en tejer el lino (Str. III 160).
Saetabis (Játiva), en la actual provincia de Valencia, con­
feccionaba pañuelos, que los viajeros llevaban a Roma
como recuerdo, como uno que regalaron Veranio y Fabu­
llo a C. Valerio Catulo (12, 14-17). La industria textil
contó de antiguo con una gran tradición entre las pobla-

4. Economía y sociedad 231

dones indígenas, como se deduce del hecho de que Serto­
rio regalase a los iberos mantas de color (Plut. Sert. 14)
y de que en el norte las mujeres llevaban vestidos ador­
nados con flores.
En la Península Ibérica desde siempre había buenas
fundiciones de armas y bronces. Sertorio, en el año 76
antes de Cristo, ordenó a las ciudades que fabricasen
armas según sus posibilidades (Liv. fr. del lib, 91). Alu­
de, sin duda, e l historiador latino a las famosas espadas
celtibéricas, decoradas con incrustaciones de oro y plata,
que Sertorio (Plut. Sert. 14) regaló a los indígenas. De
ellas se conocen buenos ejemplares, como los procedentes
de Almedinilla (Córdoba). Estas espadas fueron famosí­
simas en el mundo antiguo, y su procedimiento de fun­
dición fue descrito por Filón de Bizancio, y después por
Polibio y por Diodoro (V 33, 3-4). Roma imitó estas ar­
mas hacia el año 200 a. C. (Liv. XXXI 34, 4). Los mace-
donios quedaron aterrados ante ellas. Famosas fueron
también las fundiciones de Carthago Nova (Liv. XXVI
47, 2; Polib. X 8, 5, XVII 9-10; Sil. It. XV 197), de las
que salían excelentes armas. Como ejemplo de la alta
calidad lograda en la fundición de escultura se pueden
citar las dos cabezas de Azaila, que hoy se fechan en
la primera mitad del siglo I a. C., y la excelente cabeza
femenina, posiblemente una Nike, de gusto helenístico,
de Fuentes de Ebro (Zaragoza), datada a finales de la
República. Las joyas de época helenística a las que se ha
aludido en páginas anteriores indican la existencia de
muchos y buenos talleres de orfebrería, tradicionales ya
en la Península. En el año 112 a. C. se mencionan orfe­
bres en Córdoba (Cic. Verr. IV 56).
En la época republicana hay ya talleres locales dedica­
dos a la escultura. Del siglo i a. C. se conservan docena
y media, aproximadamente, de esculturas. En Carmona,
Itálica, Medina Sidonia, Cartagena, Tarragona y Barce­
lona existieron pronto talleres provinciales de esculturas
hechas por artistas indígenas o por romanos de poca ca­
tegoría, que trabajaban para clientes no muy exigentes.
En la segunda mitad del siglo i a. C., el arte romano en
la Bética se había perfeccionado notablemente. Sus obras

capas. 6. según se ha visto. T ribu tos Ya en las páginas anteriores se han mencionado va­ rios tributos. caballos. se le impuso un tributo fijo (Cic. como éste era en algunos momentos muy importante en número. X LIII 2. En este punto los ro­ manos. según T. procedente de Ilipa. En el año 56-55 antes de Cristo a Hispania. que probablemente representa a un sacerdote de la religión oficial romana. como pieles. en las provincias de Cerdeña y Sicilia. La Península pagaba contribuciones en especie. El tributo ascendía habitualmente al 5 por 100 de la cosecha de grano. su mantenimien­ to superaba a los ingresos.1). Había también contribuciones en especie. como se deduce del hecho de que provocó la introducción del tribunal en el año 71 a. otra buena muestra es el re­ trato del Museo Municipal de Jerez. conti- ■nuaron el sistema cartaginés y siracusano de cobrar la décima parte de los cereales. P r o Balb. fecha- ble en los últimos decenios republicanos. El modo de administrar la Península por Roma fue diferente del establecido en Cerdeña y Sicilia. en lugar de trigo se podía cobrar su valor en dinero. el mate­ rial arqueológico que ha proporcionado la Bética. Tarragona y Barcelona son las únicas ciudades que han dado las esculturas ro­ manas más antiguas de la región y algunas de las más arcaicas de Hispania. incluso en las ciudades romanas. Frank. La explota­ ción de Hispania fue total. es el togado cori cabeza de novillo a sus pies. Sin embargo. como a Africa y a Cerdeña. Verr. principalmente en trigo. Un buen ejemplo de la calidad lograda en la segunda mitad del siglo i a. C. X LIII 2). para juzgar los excesos en las provincias (Liv.232 Historia de la Hispania romana podían ya competir artísticamente con las de Roma. C. El gasto público mayor durante la conquista fue el sostenimiento 'del ejército. Además . etc. pero según la tasación fijada por los pretores (Cic. a pocos kilómetros al norte de Sevilla. es escasísimo. 41). III 12. continua y despiadada. además de otras con­ tribuciones. Liv.

El mismo César. . C. en cam­ bio. (Bell. a sus partidarios se las rebajó. Economía y sociedad 233 de las contribuciones fijas. así. acabó con las acuñaciones de base pú- Fig. perdonada por César en el año 60 a. aumentó las contribuciones de la gente que se había opuesto a su causa (Dion Cas. Metelo impuso a los ciudadanos una contribución. 7. después de la batalla de Munda. Hisp. X LIII 39).— Principales cecas hispanas. coíno se in­ dicó más arriba.4. 42). con ocasión de las guerras se gravó a las poblaciones con impuestos. M on eda La política monetal seguida por Roma fue clara du­ rante la conquista. Durante la Guerra Civil se impusieron algunas contribuciones fuertes en la Bética. durante la guerra sertoriana. 13 .

hasta los años 100-90 a. Todas fueron acuñadas bajo control romano. En esta época. La mayor parte de este numerario se acuñó en un número reducido de ta­ lleres. divididas en civitates. que circulan por lo menos hasta el año 1 0 1 a . Se conocen un centenar de epígrafes ibéricos de esta serie. bajo su auto­ ridad y según la metrología romana. C. Entre los años 218-150 a. como Icorbeles y Atabels. etc. que alcanzaron el año 250 a. Hacia el año 210 a C. Los bronces romanos más antiguos pertenecen al pa­ trón uncial y son posteriores al 132 a. y quizá servirían para pagar las contribuciones y los tributos de la guerra. Estas dracmas circularon desde un poco antes del año 200 a. imitaron las piezas de Ampurias. o quizá en uno solo al principio. En fecha incierta. A veces los nombres de los magistrados se leen en alfabeto ibérico. C. comienza otra serie de dracmas. a la fase uncial pertenecen los de Arcedurgi . es la primera fuera de Italia. se acuñaron as. ya que fue labrada bajo la autoridad. a él aluden los textos que hablan del a r gen tu m O scen se. la más reciente acusa también el im­ pacto de la metrología romana. de Roma. para el pago de las con­ tribuciones. Roma empezó a acuñar pronto monedas de plata y bronce con caracteres ibéricos. Ampu­ rias acuñó plata. Etogisa.. La serie del jinete ibérico es la más nu­ merosa del numerario hispanorromano y la que com­ prende mayor extensión territorial. Arsaban. se­ gún el patrón romano. C. Olosortin. se labraron divisores. posiblemente en Ampurias. C. quadrans. en el ángulo noreste acuñaron monedas una gran cantidad de tribus. sextans y uncia con todos los nombres en ibérico. Las monedas de plata más antiguas conocidas en His­ pania son dracmas de tipo ampuritano. junto a Ampurias. en Undica.234 Historia de la Hispania romana nica y griega12. desmoneti­ zado por los romanos en el primer cuarto del· siglo n antes de Cristo. A imitación de Roma. triens. como Tiberio. Esta acuñación. otras latinos. En la Hispania Citerior. C. C. Iltirta o Utirtasalir. Los epígrafes toponímicos sólo expresan el área de curso legal. y existe en toda esta serie una gran uniformidad. y unas veces son indígenas.. Desapareció este numerario. ciudades indígenas como Barcino.

e indica la importancia económica y comercial de la pro­ vincia y el interés por ella de Roma. La acuñación del jinete ibérico en la provincia Citerior hizo que ninguna ciudad o tribu de esta pro­ vincia. Economía y sociedad 235 (Urgel). Otras monedas llevan epí­ grafes en escritura ibérica meridional. esta región comprende Cataluña. C. ases y divisores. co­ menzó esta acuñación en el paso de los siglos ii -i a. Lauro. La ceca más importante es la de Obulco. En Obulco se acuñaron unas 20 o 25 emisiones. y podían estar controladas por las autoridades legales o por falsarios. controladas por la autori­ dad de Roma. que se labró con carácter general para las comarcas romanizadas. Se ha propuesto que Ampurias debió de ser la ceca emisora de las piezas. como en Ampurias y Sagunto. Se acuñaron. Iltirta. C. C. De la Hispania Citerior se conocen 102 epígrafes diferentes en alfabeto . Ilduro. hasta la segunda mitad del siglo i a. La serie del jinete ibérico alcanza su gran auge en la fase semiuncial. indica la profunda romanización d e'la ciudad. La existencia de series degeneradas (durante la guerra ser- toriana) prueba que había talleres que servían las nece­ sidades de diversas localidades a un mismo tiempo. Laiescen. Debió comenzar su acuñación hacia 120 ó 125 antes de Cristo. y en plata. monedas de bronce. con posterioridad al año 132 a. la presencia de magistrados indígenas en las acuñaciones.. lo que indica la im­ portancia excepcional de la ciudad. tuviese numerario semiuncial propio. en la Provincia Citerior. Eustibaicula. II- tircescen.4. Celse. C. Saiti y Secaisa. La acuñación de las series principales debió ser coetánea. Su aparición puede situarse en la década 100-90 a. y este numerario circuló después de la guerra sertoriana. y posteriormente Tarragona. denarios y quinarios. Cese. En la Hispania Ulterior todas las monedas son de bronce. Con la introducción de un sistema de plata propio Roma arrinconó las drac- mas. La loca­ lización de las tribus y localidades indígenas permite conocer la región que los romanos dotaron de moneda uniforme en la Hispania Citerior.. con fuerte economía ganadera (toros de las monedas) y agrícola (espiga y arado).. Valencia y una penetración por la cuenca del Ebro. Auseseen.

lo que indica una gran riqueza de plata en Hispania. C. C. 13. Palenzuela. Durante la Guerra Civil.663. III 155). de Obulco. que ca­ recía prácticamente de numerario propio en plata. en Hispania. C. C o ste d e la vida No se consérvan datos en las fuentes sobre el coste de la vida en la Península. se daba sólo el intercambio de productos o la utilización de pequeñas láminas de plata (Str. 3. como el norte. 2. Quintana Redonda. En las regiones sin moneda.359 monedas estudiadas. como las llamadas libio-fenicias. En la Hispania Ulterior acuñaron moneda varios talleres. Carbula.327 de bronce y 128 sin clasificar. 1. La moneda favoreció la compra y venta de productos. los pompeyanos labraron varias piezas de bronce y plata. Servían para conmemorar acontecimientos importantes o para pagar a los legionarios. tan sólo se conoce un texto . se fecha una serie de denarios consulares acuñados en Hispania. Algunos tesoros tienen un número de denarios elevado. ya que la acuñación de plata fue abundantísima. en sus letreros y en sus prototipos. Pozalmuro.236 Historia de la Hispania romana ibérico. En la primera mitad del siglo i a.750. En la primera mitad del siglo i a.904 son de plata. el atesoramiento de monedas prueba una gran concentración de riqueza. 2. 8. Arva. así. principalmente durante la guerra sertoriana. etc.000. 3. La moneda hispánica indica bien la progresiva romanización de la Península. y más concretamente en un taller de Carthago Nova. Ilderaca y de Castele. al mismo tiempo señala una economía sana. La abundancia de plata en las acuñaciones indígenas de la época republicana es bien patente: de 17. en su metro­ logía. de Cástulo y las imitaciones de Abra. Las piezas que circularon.500. fueron total­ mente insuficientes para las necesidades comerciales y económicas de la región más rica de Hispania. Ba- rens. Los letreros ibéricos de las monedas desapa­ recen en el año 45 a. Ulia. La ausencia de monedas con valor superior al as quedó com­ pensada con el uso de denarios consulares o ibéricos de la Citerior.

citada ya por . El talento (26 litros) de higos vale tres óbolos. que copió en su libro D eipn osophistai VIII 330 un precioso documento sobre el coste de la vida y la abundancia de productos en Lusitania en la segunda mitad del s.. el de trigo. sacado del libro 34 de Polibio. pues los caminos terrestres y marítimos que conducen a estas tierras son largos. Un medimno siciliano (53 litros) de cebada cuesta una dracma. debido al buen clima. y un cabrito de peso mediano y una liebre. el precio de los corderos oscila entre tres y cuatro óbolos. nueve óbolos alejandrinos. como en Etruria y en el resto del Imperio. dice así: «En Lusitania. algunas de ellas. una dracma. escribe: «Su rudeza y salvajismo no se debe sólo a sus costumbres guerreras. Las rosas. La caza casi no se aprecia en nada. dos. tu­ vieron fines militares en principio.4. la famosa Vía Hercúlea. diez dracmas.. se da gratis a los que compran alguna de estas cosas. tanto por su abundancia como por su calidad. y un buey de arar. al referirse a los pueblos del norte. son muy fecundos tanto los animales como los hombres. se diferencia del que se pesca en nuestro mar. No se le escapó a Estrabón (III 155) la importancia de las vías terrestres y marítimas como factor importante de la civilización. sino también a su alejamiento. y esta dificultad de comunica­ ción les ha hecho perder toda sociabilidad y toda huma­ nidad. tampoco se malogran los frutos del campo. pero se convirtieron inmediatamente en arterias de romanización y comercio. Vías t e r r e s tr e s y m arítim as Lps romanos se entregaron pronto en la Península Ibérica a construir calzadas. los espárragos y otras plantas seme­ jantes sólo dejan de producirse tres meses al año. cinco dracmas.» 9. y una oveja.. un cerdo cebado de un peso de cien minas cuesta cinco dracmas. los alhelíes. un óbolo. El pes­ cado.» Costeaba gran parte del Mediterráneo.. Economía y sociedad 237 de Ateneo. hoy perdido. desde hacía tiempo. como las del norte. n a. el metretés (40 litros) de vino. así. C. una ter­ nera.

desde allí. En los Pirineos se han encon­ trado. Allex. desde Saetabi. los miliarios más antiguos del Occidente.400 estadios (Str. también de la Citerior (CIL II 4924-25). y en el siglo m a. debió tener lugar . que. Al final de la Guerra Civil existía una vía que unía Córdoba y Carteya. y medía la calzada 2. Civ. rico centro minero en la raya de la Bética. y naufragó en la desembocadura del Ebro. por tierra se diri­ gió a Narbona y Marsella. por la que huyó Pcynpeyo el Joven después del desastre de Munda. que debió gobernar antes del 120 a. La vía Hercúlea fue recorrida en veintisiete días por César. fue procónsul entre los años 124 y 114 a. Casio (Bell. como se deduce de una frase del autor del B ellu m H ispaniense. II 21. C. ausc. y ahora. XLI 24).. y el de Q. ciudad asen­ tada sobre el océano Cántabro en el límite de Aquitania e Iberia. Astigi e Hispalis. C. Esta vía estaba en función del comercio. procónsul desconocido de la provincia Citerior. 64) s e em­ barcó en Málaga durante el invierno. 85). que menciona el octavo miliario y la distancia'exacta de 170 millas. descendió hasta Gades. Seguramente pertenecen a la vía que. por Córdoba. Sergio (CIL II 4956). de las explotaciones de las minas de Carthago Nova y de las andaluzas. III 160). Fabio Labeón. Bell. ambos han aparecido en la provincia de Lérida y son el de M.238 Historia de la Hispania romana Polibio (III 39. él viaje de Cádiz a Tárraco se efectuaba frecuentemente por mar. 32. Dión Cas. 8). todos importantes centros co­ merciales. llevaba a Pamplona y a Oyarzun. Aug. se dirigió directa­ mente a Cástulo. El dictador reformó el trazado de la Vía Hercúlea para acortarlo. El naufragio del joven Octa­ vio en la costa de Hispania. III 161). Este camino se encontraba ya terminado antes del año 1. A pesar de la existencia de la Vía Hercúlea. C. 5) con anterioridad al año 218 a. al parecer. por una obra atribuida a Aristóteles (D e mirab.. C. partiendo de Ta­ rragona. cuando vino desde Roma a Obulco (Str. con uno hallado en la Narbonense. y desde allí. como lo hizo César en naves gaditanas mandadas construir por Varrón en pocos días (Cés. cuando vino a luchar con los hijos de Pompeyo (Suet.

Hasta Hispalis. que distaba casi 100 km. para grandes navios (Str. donde se conoce uno de los pocos puertos fluviales. desde la desembocadura hasta algo más arriba de Córdoba. sobre todo a los centros hispanos del litoral mediterráneo y levantino. III 153). como escribe Mommsen. El Guadiana lo era no tan lejos ni en naves tan grandes como lo era el Betis (Str. pues la región era navegable en todas las direcciones (Str. y es muy probable . sólo los pequeños. y vice­ versa. y prueba que el viaje se hacía frecuentemente por mar. una ruta magnífica para poder colocar sus ricos productos en el primer mercado del Universo. como Hasta y Nabrissa. con el de Cástulo. hasta Hipa. El Tajo era navegable por grandes navios de transporte hasta Morón. Estrabón (III 140) explicó en el libro tercero de su Geografía lo que entiende por esteros. más arriba lo era para barcas movidas a remo. Estos esteros favorecían extraordinariamente el comercio. mediante los famosos canales tartésicos.4. ascendían navios de gran tamaño.. El Betis era navegable en una distan­ cia aproximada de 1. de la desembocadura. Para llegar a Cór­ doba era preciso usar barcas pequeñas (Str. que dista 16 km. abrieron en esta época. que eran las escotaduras litorales que el agua del mar llenaba en la pleamar hasta el inte­ rior de las tierras y de las ciudades situadas a sus orillas. La proximidad de la Península Ibérica a Italia. Todos los grandes ríos his­ panos eran navegables. 91). algo menos de 150 km. lo que favoreció extraordinariamente el comercio y todo tipo de relaciones en el interior era la navegación fluvial. El río Duero lo era en unos ochocientos estadios. III 141). Las marismas eran navegables también. de Sevilla río arriba. III 142). y más trecho aún por barcos pequeños (Str. de la Península. y las cómodas y baratas comunicaciones por mar. Era navegable hasta Mérida. Las ciu­ dades comerciales estaban todas situadas en las orillas de los esteros o de los ríos.200 estadios. Los barcos navegaban de los ríos a los esteros. Sin embargo. III 151-152). Economía y sociedad 239 en el trayecto Tárraco-Gades. ayudadas por velas (Apiano Ibér. III 142-143).

Las enfermedades eran frecuentes (Str. Estrabón (III 137. En tiempos de Estrabón (III 154). Plutarco (Cat. En Hispania algunos llegaron a contar hasta mil ciu­ dades (Str.. Población. estaba también habitada por muchos pueblos (Str. sobre el Ebro. La comarca de Celsa. la densidad de la población indígena.32). sí es verdad que so­ metió a 400. 142) insiste en que algunas regiones de la Península son poco habitables. lo que mermaba considerable­ . que es quien ha transmitido el dato a través de Estrabón. según Orosio (IV 20. Flor. 10) comenta que ello no es jactancia. Posidonio. como comen­ tario. tomó 200 plazas. D esplazam ientos Datos concretos sobre la densidad de la población de Hispania durante la República Romana no se conservan en las fuentes. oretanos y vetones en gran número. Según Polibio (Str. Se ha calculado en unos cinco o seis mi­ llones los habitantes de la Península durante la con­ quista. En ei año 179 a. el mismo general recibió en Celtiberia la sumisión de 130 ciudades (Liv. C. I 33. El mismo autor (III 139) escribe que en las partes altas de la me­ seta habitaban los carpetanos.9). III 165). por su parte. Años antes Catón se jactaba de haber tomado más ciuda­ des que días pasó en la Península. No hay que supervalorar. Tiberio Sempronio Graco destruyó 300 ciuda­ des. y. lo que parece indicar una gran concentración de población. III 163).240 Historia de la Hispania romana que Roma no llegase a mantener con ningún país del mundo un comercio al por mayor tan voluminoso y tan sostenido como con Hispania. XL 49. la región situada entre el Tajo y el país de los ártabros estaba habitada por treinta tribus. sin em­ bargo. Los datos recogidos por otras fuentes sobre el particular confirman la misma impresión de que Hispania estaba relativamente poblada. y poco antes escribe que las ciudades eran numerosísimas. añade. 10. C. que se da el nombre de ciudades a simples torres. III 163). III 161). Los ártabros tenían sus ciudades aglomeradas en la bahía (La Coruña).

en el conventus Hispalensis. Córdoba poseía una basílica (Bell. según el testimonio de Plinio (III 13). para pacifi­ car las tribus hispanas. a los habitantes del Mons Herminius los asentó en el llano (Dión Cas. eran gentes oriundas de Celtiberia. Los celtas del Guadiana. Afric. Antes del año 43 a. Los romanos. Como el de los celtas que. principalmente bajándolas de la montaña y asentándolas en el llano.4.000 personas al comienzo de la conquista. Las princi­ pales ciudades héticas contaban antes de la guerra civil con buenas construcciones civiles y militares. murallas y un puente ro­ mano (Bell. en el ángulo noroeste de la Península. Ad jam . XXXVII 52). 5). Estrabón (III 141) habla de 200 ciudades.. Bell. Suetonio (Cés. eran parientes de otros asentados en el río Guadiana. emplearon mucho en la Penínsu­ la el sistema de deportarlas. En las fuentes quedan noticias de algunos desplaza­ mientos de poblaciones. Ategua. Hispalis tenía foro y pórtico (Bell. y Plinio (III 7). 28) ha conservado una noticia interesante sobre la política seguida por Cé­ sar. 10. III 159). Hisp. en lo que se adelantó al programa de la última etapa de su vida. Economía y sociedad 241 mente la población. III 154). 20-21). Hisp. Hisp. 52). X 32). U rbanismo Algunos datos se pueden espigar de las fuentes sobre el número de ciudades y su distribución. La población de Carthago Nova se ha calculado en unas 40. como hicieron con las tribus del norte (Str. Civ. 23). La llegada de los romanos trajo consigo una gran actividad urbanística. 15. la de Tarragona era inferior (Str. según la cual el dictador hermoseó las ciudades de Hispania con edificios públicos. . Los investigadores han hecho cálcu­ los aproximados sobre la población de algunas ciudades. al igual que Carmona (Cés. 19. murallas (Bell. hubo un teatro en Gades (Cic. C. en compañía de algunos túrdulos. C. 33). III 153). César. 2. 11. de 175. habían llegado hasta el río Limia (Sty. En la Bética estaba muy desarrollado el urbanismo. en el año 61-60 a.

Civ. Esta ciudad. también lleva con­ sigo la tendencia a reemplazar el cultivo de cereales por otros de mayor rendimiento. Málaga contaba con un teatro. III 18.000. 20. fechables. V II 6) para recordar su victoria sobre Sertorio. III 162). desde el punto de vista económico. son las murallas de Tarra­ gona. César erigió un altar junto a él. según Plinio (1114. No faltan algunos monumentos simplemente conmemorativos de época republicana. I 45).242 Historia de la Hispania romana La arqueología ha proporcionado prueba de la exis­ tencia de magníficos edificios en el sur de la Península. Iler­ da también contaba con murallas (Cés. tenían un puente durante la Guerra Civil (Cés. Estrabón (III 161) menciona también el puente de Celsa. aunque las actuales sean ya de época posterior. Ampurias tiene una magnífica muralla de época cesariana. Terencio Varrón exigió de los ciudadanos de la Bé­ tica 18. M. a ellos pertenecían el gran número de ciudadanos romanos y caballeros mencionados con ocasión de la contienda. republicana defendían a Baetulo. A los ricos que vivían en las ciudades hay frecuentes alusiones en las fuentes con ocasión de la Guerra Civil.000 libras de plata y . Cástulo ha dado un capitel de una gran construcción pública datado a comienzos del siglo i a. Bell. Buenas murallas de época. creación romana. como el trofeo levantado por Pompe- yo en los Pirineos (Plin. también parte de las de Gerona se data en estos años. a juzgar por los nombres tradicionales de algunas de sus partes. y también Vareia (Str. Años más tarde. Algunas ciudades de la Tarraconense. C. Civ.000 de sestercios. prer supone la existencia de una clase de terratenientes. Bell. Quizá se halle represeñtado en una moneda de Carthago Nova. tal vez. C. en los últimos años de la República. acuñada por los pompe- yanos en el año 47 a. de comerciantes y de artesanos que vivían en las ciudades y desarrollaban una gran actividad. I 48). y en Córdoba se han excavado" unas termas y otros edi­ ficios contiguos. De comienzo del siglo i i a. durante la Guerra Civil. como son olivo y vid. a los que no aluden las fuentes literarias. como las de la Bética. disponían de buenas fortificacio­ nes y edificios públicos de tipo romano. C. El urbanismo.4).

Cola­ boró en la redacción de la Lex Julia Municipalis (Cic. Vel. 1. Esta victoria le dio el triunfo. C. fue nombrado gobernador de Africa. 4. Cornelio Balbo fue el verdadero go- befnador de Roma durante la ausencia del dictador (Cic. 46. Su permanencia en Roma debió de estar en función de sus negocios. . en el año 32 a. También fue P on tifex Maximus. 3. Después de la muerte de César. XXXVI 60). Su dinero lo debieron de hacer con el comercio ma­ rítimo. Pat. C. siendo el pri­ mer extranjero que triunfó en Roma (Str. V II 6. minera. Ad fam. y en el año 20 a. cónsul. IX 17.1. X III 37. todo lo cual indica que los ciudadanos y colonos romanos eran ricos y muy numerosos. como gaditanos. 1). 45. Fue el primer ex­ tranjero en lograr tal honor. Bell. Balbo el Mayor fue una especie de ministro o consejero de finanzas de César (Cic. Civ. III 169. Balbo el Menor fue pro­ pretor de las provincias de Hispania posiblemente en el 40 a. añade César que en su mayoría eran terratenientes. Plin. Ad An. Ann. de donde se de­ duce que eran muy ricos.000 modios de trigo (Cés. y con su in­ tervención se abrió camino a los más altos honores (Vel. donde venció a los garamántas. II 51. Casio Longino reclutó una co h o rs. VI 8. como corresponde a la fuerte explotación agrícola. C. 4. Casio a redimirse me­ diante el pago de dinero (Bell. A los que correspondía cumplir el servicio en tierras de ultramar les incitaba Q. artesanal y comercial de la región. 52. En la segunda mítad del siglo i an­ tes de Cristo eran numerosos los caballeros romanos en la Bética. Como ejemplo de los ca­ pitalistas bétícos se puede citar a la familia de los Bal­ bos 13. Balbo el Menor tomó parte en la campaña que culminó con las grandes batallas de Dirraquio y Farsalia. Afr. y quizá con explotaciones agríco­ las y mineras. indica sus grandes cualidades para los negocios. II 181). 2 y 3. al­ canzando el consulado el año 40 a. Su munificencia y riqueza quedó bien patente en el hecho de edificar un teatro de piedra en el campo de Marte (Plin.. 1). entre ellos Q. V 36).. lo que . a que se dedicaban. 18. Pat. Ad jam. II 51). Tac. C. X II 60). VI. Balbo el Mayor se puso de parte de Octavio. 1. 56). Economía y sociedad 243 120.

impidió a los acreedores incautarse de todo el capital. favoreció a los pobres. como el suegro de Viriato. arregló los problemas de deudores y acreedores. César. Esta no era sólo típica de lusitanos y celtíberos. debido a la falta de tierras. El autor del B ellum Alexandrinum (49) habla también de pobres en la Bética. Caes. Ya se indicó que las poblaciones de lusitanos y celtí­ beros tenían una desastrosa situación económica y social. lo que indica serios problemas económicos y sociales (Plut. P ro b lem a s so cia les Esta prosperidad en las explotaciones agrícola y mine­ ra. 12. Esta noticia indica que. Economía de Hispania desde Augusto a los Severos La paz establecida por Augusto. al igual que Lucio Lúculo lo había hecho antes en Asia (Plut. a pesar de ser el sur una zona extraordinariamente rica. el desnivel económico y social que se documenta en Galicia y Lusitania. existía. como válvula de escápe a su situación. Estos problemas se daban tam­ bién en la misma Bética. Casio Longino impuso un tributo considerable. durante su primera estancia en la Península. También se documenta en el ángulo noroeste de Hispania. que duró . cuando su expedi­ ción a Galicia. que favorecían la causa romana. a los gue Q. y el fabuloso desarrollo del comercio y del artesanado no indican que no hubiera problemas económicos graves.244 Historia de la Hispania romana 12. en pocos dueños. en mucho menor grado. lo que impulsaba a los pobres al bandidaje. 2-3). así como el ganado. El futuro dictador. después de las guerras civiles. a los roboá en los territorios vecinos y a alistarse en los ejércitos cartagineses y romanos. contribuyó a crear un gran desarrollo. pudiendo hacerlo sólo de las tres cuartas partes de la deuda. Caes. concentradas. II. 12).

situada entre las dos. como a Africa. de Hispania hay testi­ monios significativos que constituyen la fuente de las la u d es Hispaniae posteriores que recogen la opinión de algunos escritores del siglo i. Llamáronla los antiguos pri­ meramente Hiberia. y está limitada por el estrecho del océano y por los montes Pirineos. Mas no han de alabarse solamente los bienes que ofrece la super­ ficie de la tierra. Produce mucho lino y es­ . en general. sino que. de Hispalus. pero. y no sólo sobresale por sus minas de hierro. La riqueza posiblemente creció. Hállase situada entre Africa y Galia. estos documentos son los de Trogo Pompeyo. pero en el es­ tado actual de nuestros conocimientos es casi imposible marcar su evolución. La estructura económica de los años del principado de Augusto es diversa de la época julio- claudia y de los años de la dinastía flavia. que estuvo en la Península de procurador en época flavia. tam­ bién. de la indus­ tria y de la agricultura. goza. La base de la prosperidad hispana era la explotación de las fuentes naturales de riqueza. Es menor que estas dos tierras. por ello es rica en toda clase de frutos. de vino. como quiere Rostovtzeff. en cam­ bio. miel y aceite. pues ni la abrasa el sol violento. El capital acumulado en las ciu­ dades durante estos decenios favoreció el florecimiento de la vida urbana. ni vientos continuos la azotan como a Galia. sino también las abundantes riquezas en metales que ella esconde. y luego Hispania. del comercio. hasta alcanzar su apo­ geo en el siglo n . por una parte. Dice así el primer autor: «Y a que Hispania está en el límite de Europa. de lluvias abundantes y oportunas. y más concretamente en la época de los Antoninos. Sobre la riqueza. es más fértil que ambas. 4. En ella hay abundancia de trigo. sino también a Italia y a la ciudad de Roma. resumido por Justino (XLIV 1-2) y Plinio (XXXVII 203). Economía y sociedad 245 aproximadamente dos siglos. clase de productos no sólo a sus propios habi­ tantes. al menos en la Península Ibérica. por sus yeguadas de ligeros caballos. de una temperatura buena y. por otra. de tal modo que abastece bien con toda. ha de estar al final de esta obra. del río H iberus. por el contrario.

que le entra del océano. así como la Bé­ tica minio. de toda Hispania en general.» Y por su parte Plinio: «Inmediatamente después (de Italia). sino tranquilas. en los que el oro aparece más o menos concen­ trado. en su mayo­ ría. debo colocar a Hispania en todo su borde costero. por sus fornidos esclavos. da en abundancia cereales. es (His­ pania). en lo cual la Galia va a la par. Estas mi­ nas se extendían entre el río Duero y el Cantábrico. Las minas del noroeste' han sido estudiadas reciente­ mente por Domergue 14 y por Lewis y Jo n es1S. plata y oro. La Citerior produce también espejuelo. abundando en pesca. pobre en parte.246 Historia de la Hispania romana parto. vino. León. escribe Plinio (III 3): «Casi toda Hispánia abun­ da en yacimientos de plomo. caballos y metales de todo género. Hay también canteras de mármol.. M inerales Sobre la riqueza en minerales. ricos en oro.» Frases como ésta se leen en otros párrafos de su H istoria natu­ ral (XXXVII 203). pues arrastran b a lu c e s . hierro. Los yacimientos auríferos del noroeste pertenecen a cuatro tipos diferentes: placeres de los ríos. cobre. Sus corrientes fluviales no son tan impetuosas y rápidas que perjudiquen. pero allí donde es fértil. por la resistencia de sus hombres y por su vehemente corazón. por la piedra especular. por su ánimo para el trabajo. y no hay tierra alguna que ofrezca en mayor abundancia el minio. en verdad. sirviendo para regar las viñas y los llanos. y exceptuando las fabulosas regiones de la India. por la belleza de sus colorantes.» 1. frecuentemente unido a sulfuros. Son también. en Portugal. pero Hispania la vence por el esparto de sus re­ giones desérticas. Zamora y la mitad oriental de las provincias de Lugo. cu­ briendo la par# occidental de las provincias de Oviedo. aceite. terrazas de .. Con Augusto empieza la explota­ ción de las minas del norte de Hispania. Orense y Tras-os-Montes. En estos terrenos suelen aflorar a la superficie filones de cuarzo aurífero.

filones de cuarzo aurífero y rocas (esquistos. afirma del obtenido por este procedimiento que «no hay oro más puro. El procedimien­ to metalúrgico consistía en una operación de calentamien­ to y de fusión. Duero. ya que la mayor cantidad de este oro provenía de tratamiento de sulfuros. 14. cuarcitas. donde se han recogido morteros y molinos tabricados en pórfido. (Según C. apareciendo pulido por el curso y frote del agua». Miño y Sil. de aquí el nombre que recibía el oro. llamado aurum can aliense o canalicium.•URIFEtOS OUMXICIOI MILITME S Fig. hornos y escorias que contenían aún hasta nueve gramos de oro por tonelada. Economía y sociedad 247 depósitos aluviales.) El naturalista latino (XXXIII 68-69) pasa a descri­ bir el segundo procedimiento de obtener oro de venas ricas en mineral. Plinio (X XX III 66). como en la Mina dos Mouros (Portugal). . Lavaderos de arenas aurí­ feras han aparecido en los ríos Tajo. Doraergue. que ha recogido multitud de datos sobre las minas hispanas. EN ROCA fILON D£ <:uu<20 T iwiamos . 4.). etc.—Explotaciones auríferas del NO de la península.

La extensión de estas formaciones varía. grabadas en las rocas. que se traía mediante acue­ ductos. en el valle del Duerna y del Teleno oscila entre 15 y 50 metros.248 Historia de la Hispania romana En las minas de Serras de Bajas y de Valongo (Portu­ gal). Un tercer procedimiento de obtener oro era mucho más fácil y rentable. Este tipo de explotación aurífera no fue la corriente en el noroeste. que son numerosas en e l Bierzo y en las proximidades del Teleno. que fue la explota­ ción más importante de los romanos en la región. La explotación minera mediante este sistema requería grandes cantidades de agua. En esta mina se ha hallado también gran número de martillos. que es una de las minas más ricas del valle ^ e l Sil. La riqueza en oro iba de 1 a 7 gramos por tonelada. Dos se encuentran en el lado norte de los Montes Aquilianos y llevaban el agua de los ríos Cavo y Cabrera. Todas estas minas se explotaban durante los si­ glos i y II. con un recorrido de 40 km. En las proximidades han aparecido morteros. que han desaparecido. Al noroeste de los montes Aquilianos. el oro se presentaba bajo forma de pepitas. En las terrazas de aluviones. con un gigantesco túnel. Ea la mina de Barbantes (Orense) se cons­ truyó una plataforma para triturar y lavar el mineral aurífero junto a las casas de los mineros. pero no escorias ni restos de metalurgia. se encuentra un depósito de aluviones de 300 millo­ nes de toneladas explotadas. y había pozos y escaleras. re­ partidas irregularmente entre la arcilla roja. Tienen una anchura de 1. La altura de esta gigantesca masa oscila de 100 a 170 metros. en fun­ ción de dos acueductos que Lewis y Jones consideran una de las obras cumbres de la ingeniería romana. lo que indica que el mineral se trataba en el mismo lugar. Las inscripciones. los trabajos son más uniformes. Un canal hay también en Montefurado. junto al valle del río Sil. ya que nece­ sitaba una riqueza y concentración grande de oro. Estos acueductos alimentaban gigantescos depósitos de agua. y era de más de 150 metros en Las Médulas (León). en las inmediaciones de los acueductos in­ dican bien claramente que son obra romana y que se .40 metros y están tallados en la roca.

que menciona el empleo de una corriente de agua para facilitar la extracción del mineral. Arrugia sig­ nifica arroyo. otros palacurnae. Los romanos. y la caída de grandes masas de agua sobre los escombros. como en los pozos. Llamaban a estas masas palagae. han lavado en el Bierzo 500 millones de metros cúbicos. que pesaban más de diez libras. y exigía. y que prueban que estos procedimientos de extraer el oro eran utilizados por los indígenas antes de la llegada de los romanos. Se ha calculado que cerca de 34 millones de litros de agua al día llevaban tres de estos acueductos. y cuando era pequeña. y cuando era posible mediante la «ruina de los montes». Plinio termina su descripción con la afirmación de que el oro obtenido por la arrugia no se fundía. este sistema. y confirma lo escrito por Plinio (XXXIII 76). balux. Economía y sociedad 249 utilizaron durante los siglos i y II. y 35 millones de metros cúbicos en Asturias. El uso de la expresión la­ tina «ruina de los montes» parece indicar que se trata de un sistema introducido por los romanos. donde se recogían las pepitas de oro. se­ gún este autor. y añade: «La tierra conducida así se desliza hasta el mar. que eran dirigidos hacia los canales de decantación. una serie de depósitos de agua situados en las zonas más altas.4. lo que indica que en esta última el trabajo era mucho más duro y lento m ediante. excavar una serie de galerías destinadas a provocar el desplome. llamados co rru gi. de aluvión de roca triturada.» Este sistema de extraer oro lo llama Plinío arrugia. . alimentados por acue­ ductos. era ya oro. llamados a g o ga e. que era lo que se llamaba la «ruina de los montes». El número de yacimientos auríferos explotados por este procedimiento fue grande. y que se encontraban masas. por el procedimiento de la arrugia. probablemente. palabras todas que proceden probablemente de las len­ guas hispanas. rota la montaña se disuelve y mediante este procedimiento Hispania ha hecho retroceder al mar lejos de la costa. o «la ruina de los montes».

XXX III 54).). que prueban esta abundan­ cia. como la que hubo después de las Guerras Cán­ tabras. pues los ha­ bitantes de la provincia Tarraconense ofrecieron a Galba una corona de oro procedente de un templo antiguo de . aproximadamente (I 231-232). Estas explotaciones requerían una masa fabulosa de esclavos. Cuando la proporción de plata era una quinta parte. no son de extrañar algunas noticias transmitidas por las fuentes. otras. rival de Las Médulas. El oro contenía plata en proporción variable. Coronas de oro debían ser numerosas en los templos de la Península. lo que indica que la fama de las minas hispanas se extendió por todo el Mediterráneo.000 libras de oro al año. al de­ cir de Lewis y Jones. el oro se llamaba e l e c t r o (Plin.000 libras de peso (Plin. que tenía también dos acueductos y tanques. En la mina Al- bucrarense. y Silio Itálico. en el año 44. y comenta: «pero la producción de Asturias es la más abundante». . de la que Plinio (III 28) afirma que era una gran ciudad. Una alusión al oro de lusitanos y cántabros se lee en el historiador judío Flavio Josefo. como que la Bética regaló al emperador Augusto una estatua de cien libras de oro. En el triunfo sobre Brita- nia. XXXIII 80). en el último cuarto del siglo x en Roma su G uerra Judaica (II 374). que escribió su poema sobre la Guerra Civil. celebrado por Claudio. en Galicia. cuya naturaleza e importancia se desconoce (CIL VI 31267). que escribió. una octava.El centro minero de todo el noroeste era Astúrica Augusta. agradecida por la pacifica­ ción de unos disturbios. Plinio (XXXIII 78) calculaba la producción del nor­ oeste en 20. coinciden con Plinio en asignar a Asturias el primer lugar en la explotación del oro. unas ve­ ces una décima parte. Lucano. que cantó la Segunda Guerra Púnica entre los años 88-89.250 Historia de la Hispania romana En Asturias. siendo en este aspecto la mina más importante. la Farsalid (XIV 27 ss. figuraba una corona procedente de la Hispania Citerior de 7. la plata se presentaba en una treinta y seisava parte. entre los años 60 y 65. Dada la fabulosa explotación de oro de prin­ cipio del Principado. la explotación minera más importante es la de la Puerta del Palo.

después de la ática. La plata en el interior de Hispania se oxi­ daba fácilmente (X X X III 158). cuya presencia en el noroeste no tiene explicación posihle si no es aceptando que se encontraban allí en función de las explotaciones mineras. 15) se llama M ons Marianus. que es el que ha transmitido esta noticia. como Rostovtzeff. Astorga y Villalís (León) ha aparecido una serie de lápidas. En el Itin erariu m Antonini 206 se men­ ciona un M on s M ariorum.4. Economía y sociedad 251 Júpiter. Sobre la plata hispana. 1). menciona el oro de Bilbilis (X II 18. que achicaban noche y día el agua. según Tácito {Ann. 1). Plinio (XXXIII 96-97 ) ha re­ cogido unos datos muy interesantes. en castigo. El nombre de Mario lo lleva hoy la Sierra Morena. que las minas se locali­ zaban en terrenos estériles y en las montañas. pero esta tesis difí­ cilmente es aceptable. 9). en la región de Hispalis. poseedor de minas de oro. La espuma de plata más apreciada. Se ha supuesto por algunos investigadores. Otras regiones hispanas tenían tam­ bién minas de oro. que en al­ gunas explotaciones mineras se empleaban aquitanos. que se unían más abajo de la ciudad (X 13. VI 19. lo que explicaría en parte la conquista de Dacia por Trajano. que en Ptolomeo (II 4. era la procedente de Hispania (XXX 106). plata y cobre. sin duda procedente de pepitas recogidas en las orillas de los ríos Jalón y Ribota. que citan personal imperial administrativo. que las minas de oro de Hispania debían encontrarse ago­ tadas a comienzo del siglo ii. Se conoce el nombre de un hispano. Marcial. Tiberio. En el año 33 se le acusó de incesto con su hija. fue despeñado de la Roca Tar- peya. . muy rico. Galb. Sexto Mario. lo que parece indicar que las minas de S. aunque débía haberlas transferido al Senado romano. se incautó de las minas. no relevándose sino a medida de la dura­ ción de las lámparas. en época flavia. como son: que la plata hispana era la más bella. Mario abarcaban una gran extensión. fechadas en época de los Antoninos y de los Severos. 12. 1). fa­ mosos mineros del sur de la Galia. pues en León. que el emperador ordenó fundir inmediatamente y exigió la restitución del peso perdido por la fundición (Suet.

inscripción que debe datarse a co­ mienzos del Principado. el cobre mariano era el preferido. Mario aún vivía. que continuaron con el nombre del primer propietario. Contribuyó a ello la falta de mano de obra esclava. intendente de la Hispania Citerior. y que indica que Córdoba era el centro de la'explotación de sus minas. un esclavo imperial. fechada en . Un dato verdaderamente significativo de la riqueza de plata es que. de las que se obtenía plata. Las minas de plomo hispanas. con la competencia intensa de la producción de Britania. En las minas héticas y del sureste el trábajo debía de haber descendido mucho. También han aparecido hornos de fun­ dición. se explotaba en los alrededores de Córdoba. a su decadencia alude Plinio (XXXIV 164). p r o c u ­ rator massae Marianae (CIL XIV 52). 4). sin cesar del todo su explotación. El proceso no fue más que un pretexto para confiscarle los bienes. C. Las ins­ cripciones han conservado los nombres de algunos pro­ curadores imperiales de estas minas. en el reinado de Claudio. hasta el 383. las minas mencionadas de Diógenes y las de Carthago Nova. Las monedas recogidas en estas últimas minas prueban que fueron explotadas en el siglo i a. y en esta ciudad ha aparecido una inscripción que menciona a C orinthius Sexti Marii s e r v u s (CIL II 2269). C. debieron de entrar en decadencia en épo­ ca flavia. 195). En las minas de El Centenillo. tenía un plato argénteo de 500 libras de peso (Plin. cuando S. y en los dos o tres siglos siguientes. y un segundo en Ostia. y en Coto Fortuna. que tuvo que ser sustituida por libre en época antoniniana y después. a juzgar por el material suministrado por la arqueología. a las que alude al final del siglo r Silio Itálico (XV.252 Historia de la Hispania romana que era el administrador de la Bética. desde los cartagineses hasta los tiempos de Honorio. Una inscripción hallada en Aljustrel. XXX III 145). En época de Plinio (III 4. lo que prueba que el mineral se exportaba. En la época fia via se conoce un liberto imperial. que es p r o cu r a to r m on tis Mariani (CIL II 1179). Seguían en explotación en todo el siglo i. prueba de que el plomo se copelaba en la boca de las minas. las monedas recogidas van desde el año 45 a.

ya que se le llama restitu to r m etalloru m . que además era vicarius rationalium.5 millones de toneladas. la directiva. el momento de máximo esplendor en la época de los An toninos. Riotinto ha proporcionado de 18 a 20 millones de toneladas de escorias antiguas. Las fuentes sobre Hispania posteriores a Plinio. Economía y sociedad 253 el año 173 o en el 235. Las tablas de bronce de Aljustrel. erigida por los co lo n i de la ex­ plotación minera.4. de 6 a 7 millones. Hay también cierta abundancia de lá- . Tarsis. Los datos sobre las minas del suroeste arrojan información muy significativa sobre la intensidad de su explotación. como las lucernas. Varios documentos hablan de una explotación intensa de las minas del suroeste a partir del auge de la vida municipal y del impulso que a la eco­ nomía de las provincias dieron los emperadores flavios y Trajano. que murió con ocasión de la erupción del Vesu­ bio. lo que remonta el comienzo de su explotación a finales del siglo i. con una oscilación de 95 años. indica que las minas dejaron de explotarse algún tiempo. son el código minero más im­ portante de todo el Imperio Romano. pertenecen en su casi totalidad al si­ glo il. Las minas del suroeste tuvieron su momento de máxima actividad a partir del último cuar­ to del siglo i. Las tumbas de los mineros en Riotinto. Lusitania. La gran mayoría de las escorias del suroes­ te son de metalurgia de plata. que tanto abundan en las minas de Riotinto. suelen ser mejores que las de otras comunidades de trabajadores. En estas minas se comenzó a trabajar a partir de los años del gobierno de Augusto 16. para estas minas. de época de Adriano. La curva estadística de las monedas indica. por lo que los datos sobre las explotaciones mine­ ras del siglo I I son escasas. y aproximadamente un cuarto de escorias son de metalurgia del cobre. con sus vasos de cerámica sigillata y vi­ drios. en el año 79. en honor de un p r o cu r a to r m etallorum . Gracias a las aportaciones de la arqueología y de la epigrafía es posible conocer bastante bien el trato dado a los traba­ jadores.810 años. las sociedades y asociaciones de los mineros y su procedencia 17. de 1. de 1 a 1. dejaron de interesarse por la Penín­ sula. en Lusita­ nia. Las lucernas. el análisis de radiocarbono da una fecha.

Alvito. do Sever.—20.—16. Domingos.—25.—9.—30.—31. Folgadoura. Adiça. Alguezur. Braçal.—6.—8.—2.—18.—7. Aluv. R.— 27.—11. Penedono. do Sabor. Aluv. Loulé. Tresminas- Jales.—33. Gaia.—14.—28.—26.—3. S.—24. Lousaa. do Zezere. O urique. Mon- chique. França.—13.—5.—21.—15. do Tejo. M irandela. S. . Aluv. do Douro. (Según F. Val-Mou. A ljustrel.—17. S. Gomes.—12. do Tejo.—29.) 1.a de Arga. Aluv.—23. Aluv. Aluv. Castro Marxm.a das Banjas.—4. Chaves. U rrós. de Almeida. Guadram ii.—32.Fig.—19. 15.— 22. M acedinho. Caveira.—10.—Zonas portuguesas de minería romana. Penamacor-Rosmani- nhal.

a su ama. llamado Paternus. Los compañeros de la tribu encargaron la lápida. En la zona minera de Riotinto aparecen mujeres celtíberas. de finales del siglo i i . lo que indica que eran varios. en doble fila. La cuadrilla camina dentro de una galería de pared irregular y estriada. y varios talabrigenses. Lleva en su mano derecha unas tenazas de doble lazo y en la izquierda posiblemente una campana. Relieves de mineros se conocen varios. procedente de Baños de la Encina. la citada Licina Materna. Esta emigración de tra­ bajadores no sólo era de varones. sino también de mu­ jeres. muerto a los cuatro años de edad. En Despeñaperros se encon­ . Re­ presenta al hijo de un minero con martillo y cesta de juguete. y el tercero lleva una lucerna. un Camalus —que por su nombre ha de ser lusitano o gallego— . Firmia Epiphania. en territorio de los límicos. Este relieve pa­ rece ser de la época de los Antoninos. ara- brigensis (CIL II 967). un Reburrinus de Castellum B er e n s e (¿VerínP). bien probadas por inscripciones como la de Theodorus Diogenes. en las proximidades de la localidad anterior. En las minas de Cástulo se ha hallado última­ mente una inscripción dedicada a un joven de veinte años. que tra­ bajaba con su hermano. y que del norte emigraron a Cástulo en busca de trabajo. ciudad lu­ sitana entre Coímbra y Brácara. o de otros señores a sus esclavos. El más conocido es el de Palazuelos (Linares). El capataz cierra la marcha y está representado a tamaño mayor. El minero que le precede lleva el hombro un pico-martillo. que pertenecía a la gentilitas de los cántabros orgenomescos. De la misma es la estela sepulcral del niño Quintus Artulus. una familia de Emé­ rita Augusta.4. La ' condición de los esclavos mejoró sensiblemente en las minas del suroeste en el siglo n . Los documentos epigráficos sugieren unas buenas relaciones entre los siervos y amos. Las lápidas de la región del suroeste tienen la importancia de señalar casi siempre la procedencia de los mineros. Viste sa gu m corto. así aparece cerca de Aroche una Vibia Crispa. Economía y sociedad 255 pidas funerarias. que representa una cuadrilla de mineros con sus instru­ mentos de trabajo. Visten calzón corto cubierto con un mandil de tiras de cuero. libres.

en el año 97. dan los nombres de dos nuevos explotadores de las minas. durante el gobierno de Nerva. A partir del comienzo del Imperio estos car­ gos burocráticos los desempeñaban generalmente liber­ tos dé confianza del emperador. que están descalzos.256 Historia de la Hispania romana tró un bronce ibérico de un metalúrgico con sus utensi­ lios de trabajo. Fuscus. estaba al mando del distrito minero de los m etalla A lbocolensia. es­ clavo de Marinus. Los co g n o m in a griegos de los dos últimos libertos indi­ can su procedencia oriental. Una probable repre­ sentación de minero se halla sobre una tésera de plomo del Archivo Municipal de Sevilla. viste sagum hasta los pies. en territorio vacceo. un ungüentarlo y algún otro útil de aseo personal. a los veintidós. Peñaflor. Flavius Augusti libertus Polychrysus. Augusti libertus. de época de los Antoninos. Germanus. este último liberto. tres de ellos de origen griego. y Paternus. a los veinte. Los datos que aportan las inscripcio­ nes del suroeste son bien significativos. a los treinta. Ulpius Augusti libertus Eutyches. La primera autoridad del distrito minero era el p r o c u ­ rator m eta llo ru m : Las personas documentadas en estos cargos son libertos del emperador. y hacen referencia a un procurador que controlaba la ex­ plotación. que parece ser una presa de plomo. Delante de él se ve un aro con estrigilos. Sutrius. En una de sus caras lleva una inscripción. grandes tenazas y martillo. . debajo hay un objeto con mango. posible­ mente liberto de’ Trajano. murió a los quince años. L. como las encontradas en Riotinto. La vida de los mineros era corta. como Pudens. Marsella. Pri­ mulus Silo y Cossinus .Crasus. y M. Celti. Eran libertos del empera­ dor. En el reverso de la tésera un hombre en pantalón camina hacia la derecha llevando al hombro una ancha pala. Posiblemente es una tésera para entrar libremente a los baños de la localidad. administraba el M on s M arianus a principios del siglo n y residía en His­ palis. Dos lingotes de cobre de Planier. que posiblemente eran administradores de las explotacio­ nes auríferas de Las Médulas. A estos nombres hay que añadir los p ro cu r a to res A ugústi de las lápidas de Villalís.

como lo indi­ can las marcas laterales. como que están he­ chos con moldes. dan los nombres de dos poseedores: M Lici­ nius y Ausua. Los galápagos de Mallorca proporcionan algunos datos curiosos sobre su fundición. MANLI y Q. como lo indican los lingotes de Mallorca. Las minas eran ex­ plotadas por particulares. diferente. los cuales llevan en el fondo una matriz en relieve. que se habían con­ vertido en arrendatarios. como en Britania. CORNUTI. Huellas de esta transformación se documentan en los galápagos de Mallorca. sobre la cual iba grabado en hueco el nombre. Va­ rios lingotes llevan las marcas P. L. pero en Hispania el régimen de explotación era diferente. Conservan los pesos y la longitud de los lingotes hispanos de época republicana. por tanto. Una lápida de Capua (CIL X 3964) menciona a un villicu s . Ocho lingotes de plomo de época augústea hallados en un pecio de la isla de Cabrera (Baleares). que se suponen eran de arcilla refracta­ ria cocida a altas temperaturas. Los ex­ plotadores ponen su nombre sobre los lingotes. además de confirmar el camino marítimo hacia Italia del mineral híspano. Estos lingotes confirman —lo que ya se sabe por otras fuentes— que en el siglo i la casi totalidad de las minas las poseía el emperador. Este descubrimiento mar­ ca el camino marítimo que los cargamentos de plomo seguían desde las costas del sureste español a Italia.4. y en algunos casos se añade AVG. N. porque ellos producían el metal. en forma de cartela apai­ sada. Son de época imperial y sobre los laterales llevan la marca IMP CAES. a juzgar por las distintas capas que se aprecian en la masa de los lingotes. ÀEMILI GALLICI. quién era el dueño de la mina y el sistema de explotación. pero este metal. Economía y sociedad 257 Entre los años 1959 y 1961 se han extraído del mar en la región de la Colonia de Sant Jordi (Mallorca) unos cincuenta lingotes de plomo 18. a veces acom­ pañado de VESP. Un lingote de la primera marca apareció en Pompeya (CIL X 9339). p o ss ess o r es. el último muy probablemente es un liberto de Cabra (CIL II 1619). pero su forma es troncopiramidal y. MEVI: APRI. La fundición tenía lugar en varios tiempos. que formaban una sociedad. pertenece al emperador.

El tesoro imperial percibía de las minas hispanas la partida más grande de ingresos. inscrip­ ción que prueba que. Procedente de Riotinto se conserva una inscripción dedicada por el C ollegiu m Sa­ lutare a I o v i O p tim o Maximo. 6-7). en esta última loca­ lidad han aparecido galápagos de plomo con la marca CATO. Estos co lle g ia eran enti­ dades de derecho público. cuando era . so cii y o ce u p a to r e s formaban el sector que con­ tribuía con su dinero a las explotaciones mineras.000. se interrumpió su ex­ plotación y después lo fue en 255. Los puertos de embarque del mineral de Sierra Mo­ rena central eran Hispalis y Gades. entierro dentro del ce­ menterio común y cuidado de las tumbas. La arqueología y las tablas de Vipasca 19 suministran algunos datos importantes sobre los sistemas de explota­ ción. XXXIV 165). parece ser el fin primordial de la institución. y administrar los fondos allegados al funeral. cuyas actividades eran muy varia­ das: organizar fiestas en honor de los dioses patronos. 1). La renta de la mina Antoniniana se cifró en 400. en la Bética. similar al de las modernas funerarias. aunque de propiedad estatal. la mina Samariense. así. III 4. A una mujer de esta clase pertenece la lápida hallada en Rio- tinto de Licinia Materna Novaugustana. se arren­ dó en 200. una asociación con cuantas personas lo solicitansen.258 Historia de la Hispania içm ana so cio ru m Sisaponensium ex P ro vin cia U lteriore. Este carácter. las minas de Almadén estaban arrendadas a una sociedad. y se regu­ lan las relaciones de la corporación y los socios.000 libras (Plin.000 denarios anuales. Los sistemas de desagüe de las minas romanas de la provincia de Huelva han sido bien estudiados reciente­ mente. El ocupante de un pozo estaba autorizado a formar. Estos co lo n i. Se conocen las cifras de arrendamiento de algunas minas hispanas. banquetes en común ciertas fechas del año. El método más sencillo de desagüe. A los arrendatarios de las contribuciones públicas de minas de oro y salinas se les autorizaba a formar corpo­ raciones (Dig. según la ley de Vipasca (2. asociaciones. Los obreros metalúrgicos y peones de las minas poseían también collegia.

con una suave incli­ nación. que elevaban el agua a 29 metros de altura. X 5). Sólo en la primera mina se han encontrado cuarenta. Este procedimiento se utilizó en las minas de El Centenillo. muy usada en las minas del suroeste: Thar- sis. en el siglo pasado se descubrió un con­ junto de catorce ruedas. Santo Domingo y Riotinto. Esta galería subterránea se encontraba a una profun­ didad considerable. descri­ tos por Vitruvio (X 4). La Fortuna (Mur­ cia) y en El Filón Dehesa en Riotinto. Riotinto (Huelva) y Santo Domingo (Portugal). 4. La disposición de estas máquinas está bien documentada por los hallazgos de Tharsis. o a una instalación para lavar minerales. El p r o cu r a to r podía permitir hacer calicatas a partir de la galería de desagüe. vertía el agua al exterior. también descrita . y caía en la fosa del piso superior para ser recogida por el par si­ guiente. de los qye en las minas his­ panas se utilizaron tres. que abastecería de agua a la región minera de Vipasca. cuyo rápido curso reducen encauzándoles en galerías inclina­ das. Economía y sociedad 259 posible. El Museo de Riotinto guarda una en excelente estado de conservación. Si la cantidad de agua que había que extraer era poca. La pareja de norias vertían el agua en el canal siempre en la misma dirección. colocadas de manera sucesiva. Estaban construidas de madera de pino y de encina. en esta última región se encontró un conjunto de ocho parejas de rue­ das. El primer ingenio es la noria (Vitr. Los que trabajaban pozos de cobre debían realizar las labores a una distancia mínima de quince pies unos de otros para evitar los desplomes. El eje de la rueda es el único elemento metálico. En las minas de Tharsis. en el criadero del Filón Norte.» Cuando era imposible sacar el agua con este proce­ dimiento se empleaban mecanismos de elevación. según la reciente interpretación que se ha propuesto. y no a un acueducto. Diodoro de Sicilia (V 37) alude a este sistema de desagüe en las minas hispanas cuando escribe: «Encuentran a veces ríos subterráneos. A este canal de desagüe alude la segunda tabla de Aljustrel. consistía en un canal que. dispuestas por parejas. se colocaba una única rueda. La segunda máquina empleada era la polea con cangilones.

y en Riotinto. a la misma rueda anterior se acoplaba una doble cadena de hierro.·—Utensilios de mina.—2. Tornillo de Arquímedes de la mina Sotiel-Coronada (según Gonzalo y Tarín). Sistem a de escaleras en una contramina de A justrel (según Abel Viana).—4. de la que colgaban cangilones de cobre.—3. a juz­ gar por los hallazgos. . en vez de ser una polea. pero también se documenta. 1. 16. con una capacidad de 3.5 litros. que vertían el agua en la parte más alta sobre un canal o depósito a ese nivel. En la mina Sotiel Coronada (Huelva) los cubos de cobre iban atados por una cuerda a una polea! Otras veces han aparecido sólo los cubos. la rueda. Esta máquina. La ventaja dé este ingenio era que extraía el agua de lugares más profundos. Esquema de la colocación de norias romanas en Riotinto (se­ gún Palmer). Lavadero romano de Mazarrón (M urcia) (según Villasan- te).260 Historia de la Hispania roiñana por Vitruvio (X 5). fue menos usada que la noria. era una noria completa con travesaños horizontales de madera F ig. Era una variante de la máquina anterior. incluso con variantes no descritas por Vitruvio.

procedente de la mina Sotiel Coronada. 17.—4. y al que ya se ha aludido. cuya invención atribuyó la antigüedad a Arquímedes. se conserva en el Museo Fig.—2. Ruedas hidráulicas de Riotinto (según Palmer). Noria romana p ara desagüar la mina (según Luzón). Un ejemplar.4. La tercera máquina para extraer el agua es un tornillo hidráulico. Torno de madera encontra­ do en una bocamina de A justrel (según Abel Viana). 1. Este ingenio elevaba el agua a gran altura. La bomba de Ctesibio fue descrita en la antigüedad por Plinio (VII 37) y por Vitruvio (X 7). .—Utensilios de mina. Bomba de Ctesibio hallada en la m ina Sotiel-Coronada (según Gossé). Economía y sociedad 261 para la sujeción de los cubos.—3.

Derrumbamientos de galerías de minas mal apuntaladas eran frecuentes. la antigua Vipasca. desde el punto de vista jurídico y técnico. trituración. y persigue las explotaciones ciandes- . y percibía la mitad del mineral extraído. Examinemos un poco más detenida­ mente cada una de las tablas. la bomba. la zapa­ tería. que impelen el agua a través del tubo central. Consta de dos recipientes gemelos de bronce unidos por un tubo en forma de hor­ quilla. preparación y segmenta­ ción de lingotes. Existía la posibilidad de comprar la concesión definitiva del pozo a un precio fijado por el fisco. los baños públicos. el arriendo del impuesto en las subastas. al comienzo. La ley gravaba a los que importaban de otra zona mineral para preparar en Vi­ pasca. Pa- pinio Estado (T heb. En los recipientes ci­ lindricos hay sendos pistones. criba y lavado. a este hecho alude el poeta de la segunda mitad del siglo i P. VI 880-885). De. Un impuesto gravaba la compra de mineral y de piedra para su elaboración. la inmunidad de los maestros de Vi­ pasca y el impuesto sobre la ocupación de los pozos mi­ neros. como lo indican los cadá­ veres hallados en algunas minas de Huelva. de un dis­ trito minero y se da una información única sobre re­ glamentación fiscal y administración de las minas de cobre y plata. con un denario cada 100 libras. la barbería. Los recipientes y los tubos llevan un juego de válvulas que abren o cierran el paso del agua. la tintorería y el impuesto sobre el mineral extraído. La tabla segunda legisla. Las operaciones de elaboración se clasifican en depuración. y las medidas de policía. el pregón. unos 35 Kg. al que se ajusta un conducto vertical. como hemos dicho. fundición al fuego. aproximadamente. sobre los precios de los pozos de cobre en disfrute temporal. El fisco daba un permiso de explo­ tación. con­ tienen la reglamentación.262 Historia de la Hispania romana Arqueológico Nacional de Madrid. Las citadas tablas de Aljustrel. Estaba sujeto al suelo por una obra de manipostería. la primera fija los derechos de los diversos arrendatarios de los servicios de la localidad. La tabla segunda determina el régimen de explo­ tación. las dos tablas que se conservan. que se accionan por medio de barras y palancas.

El castigo era. Termina la segunda tabla con una serie de previsiones técnicas para el buen mantenimiento de los pozos. si era esclavo. condenados a trabajos forzados. Se sancionaba a los que arruinaban los pozos. referentes al ser­ vicio del canal de las minas. La ley admitía estas sociedades y no limitaba el número de socios. y se sancionaba el robo. sobre la traída de agua a la localidad o al canal para el lavado del mineral. El precio obtenido por la venta se entregaba al amo del esclavo. El ocupante no podía fundir el mineral antes de haber pagado al fisco. que enu­ mera la tabla. Entre ellos cabe recor- . No se podía vender un pozo a una persona de fuera de Vipasca. la confiscación de bienes y la prohi­ bición perpetua de volver a Vipasca. Si el ladrón era una persona libre. se concedía un plazo de inactividad de seis meses. y también de obreros libres. Los pozos debían estar bien apuntalados y sujetos. el p r o cu r a to r le mandaría azotar y vender bajo condición de estar siempre atado y de no vivir nunca en un distrito minero. Si se trata de un pozo comprado. Economía y sociedad 263 tinas. También legisla la tabla segunda la venta de un pozo comprado y la parte que correspondía al socio. los ocupantes de los pozos constituían sociedades mineras. También da una serie de prescripciones técnicas la ley. La mano de obra era de esclavos. Para buscar la cantidad necesaria para comprar el pozo. el p r o cu r a to r confiscaba su patrimonio y le desterraba. Plinio da una lista muy completa de los principales minerales explotados en Hispania. Cada concesión estaba señalada mediante estacas y maderos. El fisco tomaba una serie de medidas encaminadas a que las explotaciones no se in­ terrumpieran.4. La interrupción era considerada abando­ no. y el fisco concedía el derecho de explotar el pozo al que lo encontrase abandonado. si era libre. Si el ladrón era un esclavo. bajo multa de mil sestercios. Tam­ bién estaba prohibido amontonar el mineral a los lados del canal. Posiblemente. Se prohibía fuera de las horas de sol el transporte del mineral extraído. el ocupante tenía varías posibilidades. azotes a juicio del p r o cu r a ­ to r y venta con la condición de no vivir más en una mina.

El método de obtención consistía en lavar la arena. El horno separaba el oro del estaño (XXXIV 156-158). Ca­ beza del Griego. También se encontraba en los yacimientos de oro llamados alutiae. esta sal era la preferida en medicina. de la que se extraía . el procedente de Hispania. por medio de una corriente de agua se dejaban posar los cálculos ne­ gros. Sicilia y Africa (XXXVI 160-161). de un color más suave que el de Armenia. empleado en medicina para el crecimiento del pelo y de las pestañas. La piedra de afilar instrumentos de hierro em­ pleada en las barberías procedía de la Hispania Citerior. que se. del que se obtenía plata. 264 Historia de la Hispania romana dat las minas de sal. posiblemente en la provincia de Murcia (XXI 80).149). en Egelasta. y plomo negro (XXXIV 58). descendiese a seis denarios (XXXV 47). hierro: junto al mar había un monte al­ tísimo (Somorrostro. Las islas Baleares produ­ cían bermellón (XXXV 31). Se empleaba para la fabricación de tubos y láminas (XXXIV 164). El plomo argen­ tífero se exportaba para mezclarlo con el famoso cobre de Campania. la sal bética se utilizaba para las enfermeda­ des de los ojos en caballerías y en bueyes (XXXI 86. 100).por decantación el mineral. XXXIV 127). Alhambra (Ciudad Real) . que luego se transportaba a los hornos. todo él de este metal (IV 112. volvían ligeramente blanquecinos. y tenían el mismo peso que el oro. Cantabria producía piedra imán. en forma de arenas negras reconocibles por su peso. que aparecía en los núcleos dispersos llamados b u lb a tio n es (XXXIV 148. Capadocia. El vitriolo se obtenía de pozos o de charcas (XXXIV 123). mezclado con guijarros pequeños. uti­ lizado por los tintoreros (X XX III 89). para tostarlo. que se obtenía en pozos muy profundos. en la proporción de 10 a 100. de 30 ses- tercios la libra. era preferido al hallado en Chipre. de la ciudad de Laminium. y de este modo hacerlo más dúctil y de mejor color (XXXIV 95). Cuenca. La aparición de arenas de lapislázuli en Hispania. en las proximidades de Bilbao). Hispania era el país que producía más bórax. hizo que este último. El espejuelo se obtenía en la región de Segóbriga. El estaño que había en Lusitania y Galicia estaba a flor de tierra.

que la región de Tarragona tenía campos de trigo tan ricos como los de Italia. de Jerez (Marc. Economía y sociedad 265 (XXXVI 165). X VIII 80). La cebada más productiva era la tre­ meeina sembrada en Carthago Nova. It. Apicultura. Las orillas del Betis producían grandes cantidades de cereales y de aceite (Sil. 7). Agricultura. X V III 68). Fábricas de vidrio. con predominio de la vid. 2. en el que entraba como parte principal una arena muy blanca y blanda. También menciona Pli­ nio (XXXVII 150) algunas piedras raras. al igual que en Capadocia. el trigo complementa esta economía20. M ontes. XV 196-7). Las fuentes citan varias cla­ ses de trigo y de cebada. 2). P. III 402-5). por su parte. como la esme­ ralda veteada de blanco. así de los alrededores de Carthago Nova (Sil. La costa atlántica pro­ ducía obsidiana (XXXV 197). 5) afir­ ma. más ligero que en otras partes. sino una bebida usada para suavizar el cutis de las mujeres. Annio Floro (186. en el mes de abril. pero no se desarrolló en estas provincias una industria de fabricación de bronces. Hispania y Britania produjeron grandes cantidades de minerales. Africa y Tracia. de Galicia (XXXVI 163). olivo y árboles fruta­ les. De algunas regiones señalan las fuentes su fertilidad. IX 61. Plinio (X VIII 306) da algunas particularidades sobre es­ .4. como en Campania. en la que se empleaba como fermento una levadura de­ cantada (Plin. Los granos se conserva­ ban en silos. VI 73) y de Córdoba (Marc. It. Plantas textiles La costa mediterránea ofrecía una agricultura de tipo itálico. Tarento e incluso en Galia. había en Hispania (XXXVI 194). en el mismo mes se sembraba en Celtiberia y daba dos co­ sechas al año (Plin. Del trigo no sólo se hacía pan. Trigo tremesino menciona Co- lumela (II 9. Roma vivía de los pueblos que dominaba y necesitaba grandes can­ tidades de excedentes de cereales. Los datos men­ cionados ya de Estrabón sobre la agricultura de Hispania en gran parte pueden aplicarse a los años del principado de Augusto también y a épocas posteriores.

El trigo guardado de esta forma duraba cincuenta años. otras veces el grano se guardaba en es­ pigas. En la región de Mérida las aceitunas eran muy dulces. de pie. El aceite his­ pano se obtenía de aceitunas blancas y no maduras. III 6. Pli­ nio (XV 1) conserva un dato interesante sobre la intro­ ducción deí olivo en Hispania. ya que en época de Augusto y de sus sucesores se des­ arrolló enormemente la viticultura y la oleicultura. y un segundo procedente de Cástulo. según Marcial (X II 63. y que el de Istria. XV 17). 1) el río Betis lleva corona de olivo. coronada de torres y cogiendo unas espigas. La confirma­ ción de esta riqueza cerealista hispana son las monedas de Antonino Pío. En la Bética los olivares se plantaban en cerros medianos (Colum. en Italia. 5) y en suelos cascajosos (Plin. cuando escribe que. lo cual es una evidente exageración por parte del poeta hispano. en el que un labrador ara un campo. 5). historiador latino de la época de Augusto. afirmación que es un tanto chocante. por lo que no lo recomienda para darse masajes (d e sanit. según el gran médico del siglo n Galeno. El naturalista latino (X XII 120) menciona también el hórreo. Más que en la riqueza cerealista insisten los escritores imperiales en la riqueza aceitera y vinícola de Hispania. según Fenestella. y en su época se estaban plantando olivos por vez primera en el interior de Hispania y de la Galia. hallado en Carthago Nova. que se excavaban en terreno seco y se echaba un lecho de paja. La producción aceitera de las orillas del Guadalquivir era más importante que la cerealista. 1). llegando a veces a aventajar a las uvas pasás (Plin. se introdujo en Hispania. era mejor que el de Venafro. con la efigie de la Península. y de la afirmación de Plinio (XVII 93) de que la Bética recoge las más ricas cosechas de sus olivos. como se desprende de que en la poesía de Marcial (X II 98. según Varrón. tuend. . Atellius. Magnífica­ mente han representado algunos relieves funerarios la labra de la tierra. XVII 31).266 Historia de la Hispania romana tos silos. La Bética no sólo producía gran­ des cantidades de aceite. sino también de calidad. como el de Cn. Italia y Africa en el siglo v il antes de Cristo. El aceite de Córdoba. y el mijo cien. V 8.

es de forma discoidal. en las que el ramo del olivo. y distribuye la aceituna en un recipiente de madera. Los cestos de esparto. de ancho y 16 cm. de altura. lo que indica bien claramente el producto hispano más codiciado por Roma. complementarias de la le­ gislación vigente sobre el particular. Se conocen algunos buenos ejemplos de ellas. Está fabri­ cada de arenisca. posiblemente de época hadrianea. rescrip tu m sa cru m d e r e olea­ ria. acompaña a la imagen de Hispania. sus dimensiones son: 52 cm. 36 cm. 19) en el siglo n el hispano. como la mención de prensas en la Bética. con una concavidad regular en el centro y una meseta plana ro­ deada de un ancho surco con desagüe lateral. Economía y sociedad 267 Entre los aceites finos. eran sometidos a la pre­ sión de una viga. de lon­ gitud. hoy perdidas. Tales disposiciones. En un mosaico de Ostia. llenos de aceitunas. ceñido por tres aros. Algún dato sobre la obtención del aceite se puede espigar en los autores clásicos. según las va vaciando de un saco un compañero. El personaje de la derecha viste túnica vulgar corta.4. de mediados del siglo i. propia de los menestrales y esclavos. seguirían en otras lápidas. como en las almazaras actuales. del Atica. figura Hispania. Sobre la riqueza vinícola es posible recoger algunos datos significativos en las fuentes literarias. con corona de olivo. Se trataría de una serie de aclaraciones emitidas por el emperador para la recogida del aceite por los funcionarios de la annona romana. Un relieve hallado en Córdoba representa la recolección de la aceituna. Es una obra po­ pular y labrada con seguridad en la ciudad. como la áparecida en los Cas- tellones de Ceal (Jaén). En páginas . cita Pausanias (X 32. hecha por Marcial (VII 28. como símbolo. junto a las personifica­ ciones de las provincias agrícolas por antonomasia (Si­ cilia. 3). cilindrico. Africa y Egipto). Otros datos confirman esta im­ portancia del aceite para la economía. Sición y el de Istria. En Cástulo ha aparecido últimamente el título de un rescripto imperial sobre la hacienda olivarera. como las monedas de Adriano. La importancia de la explotación aceitera para la eco­ nomía romana queda bien patente en el interés de los emperadores por la recogida del aceite.

Lo mismo afirman Silio Itálico (III 369-370. que son los actuales del Priorato. y el de la dulce se volvía seco con el tiempo. y aun dispuso arrancar la mitad de los viñedos existentes en las pro­ vincias. XV 177) y Floro (186. M. que producía cantidades elevadas de vino. su vino era muy fuerte. lo menciona Ovidio (Ars am. de uva oblonga. También se cultivaban cepas de inferior calidad (X IV 41). El vino de Jerez es elogiado por Marcial (X II 129) y alude a él indirectamente Columela (III 3. 5).268 Historia de la Hispania romana anteriores ya se han adelantado algunos. 3. La Bética también producía mucho vino (Marc. Los vinos más famosos eran los lacetanos. X II 98. 3). una. Suet. y que competía con los vinos etruscos. El vino de la de gusto acerbo se endulzaba al envejecer. de la región de Barcelona. VI 42. Cornelio . 9. 6). y se empleaba en las enfermedades de la vejiga (XIV 29-30). los caldos de las islas Baleares eran compa­ rables con los mejores de Italia (X IV 71). El vino de Tárraco lo menciona Marcial (V II 53. V 29). Vita Apoll. Se vendimiaban sólo las últimas. al aconsejar a los enamora­ dos emborrachar ' al guardián de la amante con mucho vino. un amigo le regaló una botella de él. I l l 645-6). Esta ley no se debió cumplir ya que M. 6). Se cul­ tivaban dos clases de vides. D omit. de redonda. 2) prohibió que se plantasen viñas en lugar de trigo. La ley del año 92 promulgada por el emperador Domiciano (Phi- lostr. y una segunda. con exageración patriótica es­ cribe el poeta (X III 118) que sólo es inferior al vino de Campania. los tarraconenses. lo que indica que se exportaba a Italia. y los de la comarca de Lauro (Valencia) eran famosos por su finura. El vino de esta última era tan bueno como el de los montes Albanos. en general. 1-4) lo cita entre los vinos extran­ jeros. Cor­ nelio Frontón (115. El vino de Sagunto estaba considerado como de mala calidad (Juv. De nuevo es el escritor latino Plinio el Viejo el que ha transmitido los datos más completos y significativos sobre los vinos hispanos y las diversas clases de vides. El vino hispano. aunque sea de Hispania. 7. La vid llamada c o c c o l o b i s tenía la ventaja de ser muy resistente a los calores y a los vientos.

Una larga lista de árboles frutales se menciona en los escritos de época imperial. posiblemente desde época de los cartagineses. porque en otoño la tierra se remueve al ararla. Ebusus producía los higos más grandes y mejores. obteniéndose la amigdalina (XV 42). Una bo­ dega de época hadrianea. Grecia. 2) y añade que se puede prescin­ dir de este trabajo. Las peras más famosas eran las procedentes de Numancia (XV 55). Toda la costa de la Bética era un hermoso plantel de árboles frutales. Los escritores del siglo i de la Era han dado algunos datos sobre el cul­ tivo de la vid en la Península Ibérica. Se . es un conjunto de cuatro habita­ ciones mayores de pisa y prensa de uva. Hay otras ha­ bitaciones vecinas y grandes tinajas. La superficie excavada es de unos 700 metros cuadrados. con técnicas muy avanza­ das. entre los años 100 y 175. que en lugares regados crecía incluso una vid con pámpanos hasta en verano. se ha descubierto en Fu­ nes (Navarra). Se fecha en el siglo i. dando un pro­ ducto llamado malina. Otros datos sobre la viticultura hispana los reco­ ge Plinio (XVII 170). a juzgar por las monedas del año 119-122 en ella aparecidas. De nuevo es Plinio el que ofrece los datos más numerosos y completos. Algunos re­ lieves funerarios se conservan relacionados con la explo­ tación del vino. En Mérida ha aparecido uno que re­ presenta un bodeguero escanciando el vino de una cuba en una jarra. y que los viñedos y arbustos. en la Bética se injertó un ciruelo en manzano. debían mirar al viento norte (X V III 336). El ricino alcanzaba la altura de un olivo (XV 25). Columela escribe que los viticultores ibéricos tenían la costumbre de reti­ rar la tierra antes del invierno de las raíces de las cepas. con el objeto de que las lluvias invernales se filtrasen más fácilmente (IV 14.4. También se injertó en almendro. en época del naturalista. vivió después de la promulgación de la ley. como en Asia. Campania y Apulia. Economía y sociedad 269 Frontón. Es una fábrica de gran capacidad. con lagares y trujales. como son que la vid plantada con raíz no medraba en terreno árido. que denota un cultivo muy intenso de la arboricultura. que cita el vino de Sagunto. que se regaban las vides (X VII 249).

Bosques cubrían gran parte de Lusitania a juzgar por algunas ex­ presiones de Silio Itálico (III 354-5). 7. Hispania producía exquisita miel: se empleaba. después de las de Damasco. Encinares rodeaban la ciudad de Bilbilis (Marc. sobre todo. se utilizaban como purgante (Gal. En las regiones ricas en esparto la miel sabía a él. tuend. m alisq ue suc. También había bosques de castaño (XV 94). Tos­ tada. XVI 198). 48. Peal de Becerro. entre los vacceos (Plin. En la cercanía de Tugia. 13). X II 18. estaba el Saltus T u gien sis (Plin. III 76). d e sanit. X II 18. 3). Sat. donde nace el Guadalquivir. para rociar tor­ tas de queso (Petr. En tiempos de escasez de cereales se obtenía harina del pan de las bellotas. por ejemplo. III 9). La palmera datilera se daba bien en la His­ pania romana (X III 26). VI 9. fac. V 15). d e co n tr o v . Entre los olivares había siempre muchos enjambres . 2-3. XVI 71) y enebros muy altos. se les daba forma de estrellas o de flores y se les amasaba en forma de pan. Se conoce la localización de al­ gunos de estos montes. es de suponer que en la costa levantina y meridional. Las mejores ciruelas eran las pro­ cedentes de Hispania. Colyimela (V III 17. Bien secos. 5). Un paraje delicado y abundante en fuentes era Boterdo. se comía como postre (XVI 15). y que se secaban al sol. .16). Bos­ ques y prados públicos existían en las proximidades de Mérida (Front. 15) completa esta información sobre los higos al afirmar que se empleaban en la Bética para cebar a los peces en los viveros. Un bosque famoso de bojes había en los Pirineos (Plin. X III 15. 66. que debe ser la campiña del Campiel.11). Ya se ha indicado que los habitantes de las Baleares la utilizaban también en pastelería. En Bélgica y en el Rhin la cereza lusitana era la más estimada (XV 103). IV 55. al norte de Bilbilis (Marc. I I '31.270 Historia de la Hispania romana guardaban en cajas (XV 82). Las explotaciones mineras mencionadas presuponen unos extensos bosques en los alrededores. Los pinos abundaban en las islas Baleares (Plin. 23. I 49. ya que el re­ vestimiento de las galerías y la fundición necesitan gran­ des cantidades de madera. d e alim. 4. d e bon. se metían en vasos (Colum. En tiempos de Tiberio se introdujo el cultivo del alfóncigo o pistacho (XV 91).

). Campos de alcachofas rodeaban Carthago Nova y Córdoba. XX 199). XI 18). Sólo se conoce su número. X III 26). Se cultivaban en las riberas maríti­ mas plantas que daban ungüentos perfumados (Plin. de la que habla Plinio (XXI 74). El comi­ no más buscado era el de Carpetania (Plin. a lo que se añade vino melado. de ahí su nombre de la ctu ca T artes sis. Las cebollas se plantaban en las islas Baleares y en otras regiones (Plin. Había ya entonces algunas variedades de lechuga. Economía y sociedad 271 (Plin. 55. y añade: «Tampoco ha faltado nunca en Hispania la recolección de hierbas. que era una mata espinosa (Plin.000 ses- terciós la cosecha de ellas (Plin. lo que parece indicar que se cultivaban en invernaderos. Se fabricaba con ella un vino y un vinagre que tonificaban el estómago y aclaraban la vista. XIX 161). Sus hojas secas y pulverizadas servían para mu­ chas cosas. bien descrita por Plinio (XXV 84). 140. Se conocen algunas plantas raras hispanas. Una noticia interesante es la trashumancia de las colmenas a hombros de mulos. que florecían a principio de invierno. XIX 94). hasta tal punto que actualmente en los con­ vites alegres. se sirve una bebida de cien hierbas. Como ungüento entre los perfumistas se empleaba el espalato.4. convenía plantarla én marzo (Colum. I 3. XIX 3). Las alusiones a la floricultura son escasas en las fuen­ tes. citadas por los autores clásicos. etc. muchas utilizadas en farmacopea. 155. En Lacetania . una muy blanca se cultivaba en las proximidades de Cádiz. X 185-192. 26). El opio se obtenía de la adormidera (Plin. que suele ser costumbre celebrar. aunque se han conservado pocos datos concretos. m ed . en esta última ciudad rentaba 6. 166. XIX 152). citadas todas por Dioscúrides {De mat.» Se tiene noticia del cultivo o recolección de una serie de plantas. En­ tre las hierbas procedentes de la Península Ibérica más co­ nocidas estaba la vetónica. XI 3. Plinio (XXI 19) menciona las rosas de Carthago Nova. Se ignora qué ingredientes tiene y su proporción. La horticultura debió de ser muy floreciente. Plinio (XXV 85) menciona igualmente la cantábrica. bebida que se tiene por muy sana y agradable.

y esa torre blanca que alberga aves del mismo color (palomas). Se ha propuesto una extensión media de 1. esos prados y plantíos de rosales no inferiores a los de Paestum. podría decirle a Alcínoo: ‘prefiero los míos’. que dan dos cose­ chas al año. XXV 7-8. esas anguilas criadas en casa.» Las fincas. Cyn. Si Nausicaa me diese como presente los jardines de su padre. este pequeño reino. y lo mismo debió suceder en Hispania. son los regalos de mi dueña. esa verdura que madura en el mes de enero y que no sufre las heladas. eran trabajadas por esclavos. era el más codiciado en Hispania (Catul. al frente de los cuales se encon­ traba el uilicus. Los veteranos no engrosaban el número de campesinos generalmente. XIX 9). Se seguían cultivando las plantas textiles. Játiva. por sus cosechas de lino.500 a 2. también esclavo. Aurelio. IX 10). Famosa fue la tribu de los zoelas. esta sombra que nos brindan. este venero en­ cauzado de agua para el riego. A partir de M. X II 14-16. Los tepartos. 41. Vuelto al hogar después de siete lustros. En las explotaciones agrícolas debieron tener mucha importancia los repartos de tierra llevados a efecto du­ rante las guerras civiles y después. Plin.272 Historia de la Hispania romana (Plin. los colonos se asentaron en las tierras de labor. Marcela me ofreció esta morada. que nadan en los acuarios. El lino de Saetabis. como indica otra composición poética del mismo Marcial. Marcial (X II 31) ha descrito maravillosamente *una finca de Celtiberia en su Bilbilis natal: «Este bosque. fueron el factor más poderoso de la historia de la romanización y latinización de Italia. Estos repartos de tierras a ve­ teranos tendieron cada vez más a crear nuevas fincas rús­ ticas para gente que vivía en las ciudades. como un tejido. e . en Galia (Plin. es­ tas fuentes. según Rostovtzeff. También se explotaba en los alrededores de Tarragona. 17) había malvas silvestres que se empleaban contra la rabia. para las fincas béticas dedicadas a olivar y cereales. Gratt. los pámpanos suspendidos en la altura. donde era de extraordinaria blancura y se establecieron los primeros talleres de carbaso.500 Ha. sino el de los habitantes de las ciudades.

3. La abundancia de ganado bo­ vino queda bien patente en algunas estelas. Celtiberia tenía una raza de asnos muy buena. como indica Columela (X II 52-12). Un mismo propietario poseía muchas fincas. necesitaba un desarrollo grande del ganado mayor. Levante y la Meseta. prohíbe que se les aguijonee (II 2. hubo pra­ dos o bosques comunales. Economía y sociedad 273 incluso se piensa que debió de existir una cierta oposición entre la pequeña y media propiedad alrededor de las ciu­ dades. o en las proximidades de la costa. 1). es atar el yugo a los cuernos de los bueyes (Colum. Caza Una explotación agrícola intensiva. 35). este autor. En época de Nerón el nombre de asturcón se había ex­ tendido ya a cualquier caballo que tuviera las mismas ca­ racterísticas (Petr. Estelas con figuras de toro no son raras en el norte de la provincia de Soria. Se criaban estos caballos. donde el olivar dominaría. en su poema C y n eg etica (513-517). Bueyes para las faenas agrícolas en la Bética menciona Columela (II 10. como la de la Bé­ tica. En algunas colonias. II 2. Ñ ero 46. así. 22). V III 170). Eran más pequeños que los tieldones. a las que aluden frecuentemente los escritores imperiales. como se deduce de varias marcas de ánforas vinarias pu­ blicadas por Callender. que era un excelente agricultor. que ha pervivido hasta hoy. según este poeta. Costumbre hispánica.000 sestercios (Plin. El asturcón era el caballo favorito de Nerón (Suet. que también se criaban en estado sal­ vaje en Asturias y Galicia. como en Emérita y en la Colonia Genetiva Iulia (Urso). Sat. a ellas alude Grattio. 4). bien atestiguada su existencia por las representaciones de las monedas. Hispania criaba muy buenas razas de caballos. poeta de la- época de Augusto. y la gran pro­ piedad. . como los asturcones. alguna cría llegó a valer hasta 400.4. Hispania tenía muy buenas razas de ganado ovino. Ganadería. 26). 86. Pesca. en una procedente de Hontoria de la Cantera (Burgos) se re­ presenta à un pastor que sigue a dos bueyes. en Galicia.

Po­ llux (VI 63). Marcial (I 96. Criaderos de ellas había en la costa de Elche (Plin. 8) o blanca (Marc. a la que compara con el color del oro. las ovejas de la campiña de Córdoba. 5. obteniendo excelentes resul­ tados. creía el poeta hispano que era producto de las aguas del Betis. que se debía. En Ebusus el pez preferido era la salpa. Galeno ( d e alim. Marcial (I 49. XXXI 94).). XXXII 60). La raza de ovejas· más frecuente en Hispania tenía la lana negra (Plin. 3. 4). a la hierba y al aire de la comarca. buen labrador y ganadero. 7. 9-10). V III 191. por su parte. 4). XXXII 146). Marc. y Juvenal (X II 40). IX 61. y la murena tartesia (Colum. La caza con . pero. uno de los peces más apreciados en Cádiz. según se dijo ya. X II 18. que es el gallo. Los alrede­ dores de Bilbilis constituían un paraíso para los caza­ dores. para cuya cap­ tura se utilizaban redes. de que habla Plinio (VII 2. I 96. La caza continuó en época imperial siendo muy abun­ dante. 5) y por el profesor de filosofía en Atenas. jabalíes y liebres. III 30. pero no tuvo importancia económica. etc. 4) cita de pasada el atún hispano. Esta última raza también se criaba en la Bética y de ella se confeccionaban togas. citada esta última por el gramático del siglo n Aulo Gelio en sus N o ctes Atticae (VI 16. era el resultado de una cuidadosa selección y cruzamientos. V 37. 5). 23-24. X XII 63). como el faber. de color rojizo. que cruzó carneros africanos con ovejas béticas. además de al agua del Guadalquivir. El pescado era muy abundante en calidad y en canti­ dad. 13) alude frecuente­ mente en sus composiciones a la caza. Las fuentes literarias mencionan los pecés más importantes.274 Historia de la Hispania romana Famosas eran por la calidad de su lana. V III 16. V III 28. El pez eolias se pescaba en aguas'de Sexi (Plin. en realidad. También se pescaban en la Bética y en Cartela al entrar en el Me­ diterráneo (Plin. como el que hizo un tío de Columela (V II 2. alaba repetidas veces el color y calidad de su lana. Entre los anima­ les menciona el poeta él corzo o ciervo. que para guisar había que apalearla (Plin. Las ostras de Hispania eran de color rojizo (Plin. El escombro se pescaba en el sureste y se le utilizaba en Carthago Nova para la fabricación del garum . IX 68). fac.

como escribe Rostovtzeff. no es de extrañar que hubiera una buena raza de perros. Tullius Maximus. confeccionadas de lino (Gratt. hallada en Villatuerta (Navarra). I 397). lleva escudo pequeño y espada. El cazador. XIX 10). Industria Aparte de la agricultura. 37) alaba igualmente los perros hispanos. y la de los Zoelas en el norte (Plin. a veces acompañado de perros o de ún sirviente. En una inscripción dedicada a Diana por Q.-de León. leg a tu s A ugusti L egionis VII G e­ m inae F elicis (CIL II 2660). como lo indica la industria de redes de caza de Saetabis. un ciervo solo se representa en una de Na­ varra. un ciervo en la de Aelius. Economía y sociedad 275 redes estaba extendida en la Península. aquí el cazador va acompañado del caballo. que era posiblemente un siervo. junto a alusiones a faenas agrícolas. Feroces jabalíes y huidizos ciervos menciona una inscripción mé­ trica de Clunia (CIL II 6338). los jabalíes y los caballos. procedente de San Juan de Beleña (Oviedo).4. Siendo la caza tan estimada por los hispanos. El grupo de estas estelas procede de Lara de los Infantes (Burgos). el factor principal de la vida económica en los albores del . el realismo y la novedad de las composiciones indica cla­ ramente que los lapicidas copiaban escenas a las que estaban acostumbrados. los ciervos. Los galgos hispanos los menciona Oppiano en su poema (C yn . Una escena de caza se representa en la estela de Octavia. 41). Representan cacerías de ciervos y jabalíes a caballo. La afición de los hispanos a la caza queda bien patente en una serie de relieves funerarios. Animales salvajes aparecen en otras estelas. 4. y Póllux (O nom . Banca. seguido dei perro. fechada entre los años 162 y 166. así. C om ercio. Sin negar el carácter funerario del tema de la caza en todo el mundo antiguo. y ciervos y jabalíes en la de Lucretius del Museo de San Marcos. se mencionan como animales salvajes de caza las cabras. La fiera perse­ guida es un oso.

pescado. En Astigi se conoce un M. hay noti­ cia de compañías de comerciantes que traficaban en Brácara (CIL II 2423). Otras inscripciones de Roma o de las provincias men­ cionan los nombres de varios mercaderes. cáñamo. que pertenecía a un c o r p u s n e g o tia to r u m Ma- lacitanorum (CIL VI 9677). La vida económica si­ guió su propia evolución. n ego tia n s salsarius. se trata de una comunidad dedicada a la exportación. sino el intercambio de artículos de primera ne­ cesidad: trigo. El comercio sólo estaba gravado por los derechos de aduanas de cada provincia y de dis­ tribución. L. lo que facilitaba enormemente su desarrollo. vino. En la vida económica. cuya juventud coincide con los primeros decenios del Imperio. La inscripción no tiene fecha y hoy está perdida. que parodia en un episodio lo que podía ser la vida de un liberto imperial de origen oriental. Muchos debieron de ser los comerciantes orientales afincados por sus negocios en Hispania. d iffu s s o r olearius ex B aetica (CIL VI 29722). 251). llamado Trimalción. sirios y asiáticos en ge­ neral.276 Historia de la Hispania romana Imperio Romano fue seguramente el comercio. estas últimas gemelas a las anteriores. el ramo mercantil más importante no era el comercio de objetos de lujo. ya que en Roma vivió un cierto P. Una inscripción griega de Málaca cita a una co­ munidad de negociantes orientales. maderas de construcción. Sentius R egulinus. posible­ mente de salazón o quizá también de minerales. y más concretamente con Siria. Según se desprende del Satiricon. lanas. entre los años 42-44. Clodius Iulianus (CIL II p. Un intenso tráfico comercial con el Oriente. Málaca y Carthago Nova. como los nego­ ciantes en aceite héticos: n e g o tia to r e s olearii ex B aetica (CIL VI 16256). M arius P h o e b u s . de Petronio. Iulius H erm esianus. aceite. presidida por T. ni el emperador ni el Estado intervinieron directamente. m er ca to r o lei His­ pania ex pro vin cia B aetica (CIL V II 1935) y C. d iffu ss o r . indican las anclas de varios naufra­ gios en los puertos de Huelva. metales y productos manufac­ turados. con nombres de dioses ' sirios. C lodius Athenius. Ya a comienzos del Imperio. de donde proceden. lino. Posiblemente exportaban estos barcos mi­ nerales.

natural de Aeminium. Economía y sociedad 277 olearius (CIL II 1481). en Roma. El gigantesco comercio de importación y exportación. requiere una gran banca bien organizada y bien distribuida en los centros claves de la economía. p r o cu r a to r m assae Marianae (CIL XIV 52). al igual que un Hispa­ nus (CIL XIV 4316). y los pocos fragmentos de sigillata His­ pa na aparecidos en las excavaciones de Ostia. entre otros. y el liberto. como en Putéoli. En Ostia no hay noticia de la existencia de una corpora­ ción de comerciantes hispanos. Todo el comercio bético de aceite. 6110). Testigo de este co­ mercio hispano a través de Ostia son las ánforas del Monte Testaccio. X III 6). natural de la Hispania Citerior (CIL XIV 481). baste recordar sólo a A. La importancia de Ostia para el comer­ cio peninsular queda bien patente en la presencia de una serie de gentes hispanas en la ciudad dedicadas al co­ mercio de productos peninsulares. an. a final del si­ glo I I o comienzos del siguiente. que desembarcaron en el puerto de Ostia. posiblemente un liberto imperial. que se documenta a finales de la República y durante el Imperio. como el mencionado D orotheu s. Numisius Agathemerus. argenta- . a juzgar por el cognomen. el lusitano M. Los banqueros aparecen en varias ins­ cripciones. Dos inscripciones de Tárraco ci­ tan también a dos comerciantes de la localidad (CIL II 4317. quizá la administración de este comercio estuviera en manos de comerciantes procedentes de otras regiones imperiales. y princi­ palmente los sellos de ánforas. dedica­ da a la importación del vino. importa­ das de Hispania seguramente. como. d e nat. Caesius Maximus (CIL XIV 4822).4. tenían un almacén donde guardaban salazones (Elian. Vergilius. que hablan de una intensa actividad mercantil hasta la primera mitad del siglo m inclusive. desarrollo de la industria en sus más variados aspectos. aceite y salazones hispanos. de garu m y de minerales iba a Roma a través del puerto de Ostia. Los comerciantes hispanos de Putéoli. dedicados a la administración de los productos imperiales procedentes de Hispania. L. explotación de las minas. Varios son los hispanos residentes en Ostia.

que era esclava del Occidente. En el siglo n el satírico Luciano (Nav. El garu m de la com­ pañía lo cita también Marcial (X III 102). costaban por lo menos mil monedas de plata. Sobre el precio de la salazón de Carthago Nova da Plinio (XXXI 94) un dato muy significativo: que dos congios. al igual que los prestamistas particulares y los bancos. En la explotación por parte de Roma de las provincias. fundamentalmente mi­ nerales y productos alimenticios. ya no produce el suficiente trigo y vino. que en otro verso alude a un plato compuesto de huevos y de salsa de escombros (XXXII 40). a pesar de ser tan fértil. Para el aprovisio­ namiento de la industria y para alimentar la población itálica. atesoraba moneda acu­ ñada y realizaba numerosas operaciones financieras. como antes lo había hecho durante la República. II 8). Es suficiente entresacar algunos testimonios. co­ rresponde el primer puesto. El fisco era el mayor banquero del Imperio. Hispania exportaba en época imperial. Columela (I praef. En época imperial Hispania continuó exportando pro­ ductos de todo género. de Galia e Hispania. 23) cita la salazón y el aceite hispano entre los bocados exquisitos. se deduce que continuaba siendo uno de los pro­ ductos hispanos de exportación. unos 6. el principal producto de exportación fueron las con­ servas pesqueras. dentro del ramo indus­ trial. De las menciones de salazones hispanas que se pueden espigar en los autores griegos y latinos de época impe­ rial.fac. los tex­ tiles. por ser las provincias mi­ neras dignas de este nombre en el Imperio Romano. . Al comienzo del Imperio la salazón hecha de peces ibéricos la menciona Horacio (Serm. Roma dependía de las provincias de tal modo. más que de Oriente. él era el que prestaba di­ nero a crédito. y en este mismo siglo alude a la salazón el médico Ga­ leno ( d e alim. III 30.4). a la Península Ibérica y a Britania. que tiene que importar de las islas cicládicas. y en mucho menor cantidad. 20) se queja de que Italia.5 litros. como el emperador.278 Historia de la Hispania romana ñ u s de Carthago Nova (CIL II 3440).

Silio Itá­ lico (III 369-70. a juzgar por la cronología de los yacimientos donde aparecen las ánforas. se generalizó a comienzos del Imperio. lo que indica que la exportación de vinos de la Tarraconen­ se a Roma debió de comenzar hacia la mitad del gobierno de Augusto. Rossbach). Las ánforas vinarias tarraconenses aparecen en Os­ tia y. Es- trabón (III 144) y Ovidio (Ars aman. 42). Aug. XV 177). Exportaba grandes cantidades de vino y aceite. y el poeta Floro (186-1. En los últimos años del siglo i.4. Su origen español queda bien atestiguado por la gran difusión de estampillas con el . Hispania. el contenido de un ánfora era vino. como las estampillas de C. lo que prueba que todavía se exportaba. por tanto. Se han es­ tudiado las ánforas y marcas de ánforas de la Bética encon­ tradas en Pompeya y Stabiae. De nuevo ha sido la arqueología la que ha confirmado lo escrito por Estrabón (III 144). Hacia el cambio de Era continúan apareciendo en la costa catalana unos tipos de ánforas imitaciones de las ánforas itálicas de época republicana. indicando la proce­ dencia hispana del vino importado (CIL IV 5558). co­ menzó a exportar grandes cantidades de aceite a principios del Imperio. de la exportación de vino que contenían coincide con el rei­ nado de Adriano. La des­ aparición de estos tipos de ánforas y. por tanto. Economía y sociedad 279 Hispania exportaba textiles manufacturados. Son muy numero­ sas en los niveles de época de Tiberio y de Claudio. ed. como los citados pañuelos de Saetabis y las redes de caza de los Zoelas. también en Roma entre los años del gobierno de Tiberio y de los Flavios. Antonius Quietus y M IM '21. III 645-6) ates­ tiguan en la época de Augusto la exportación de vinos héticos a Roma. La exportación de los vinos layetanos. y más concretamente la Bética. comparan todavía el vino de la Tarraconense con el itálico. Tres ánforas de Pompeya y Roma llevan escrito L au r(on ense vinum ). pues los vinos itálicos no cubrían la demanda de vino en la capital del Imperio (Suet. ya que coinciden las fechas de las fuentes y la de las án­ foras. En Badalona. bajo Adriano. por lo que cabe pensar que estas ánforas exportaban al sur de la Galia los vinos laye- tanos y tarraconenses de los que hablan las fuentes.

280 Historia de la Hispania romana mismo nombre halladas en el valle del Guadalquivir: Al- colea del Río y Peña de la Sal.—Distribución de la cerámica en sello de «C. pero recientemente se ha Fig. Algunas conclusiones importantes cabe extraer de la distribución. Estas estampillas no se documentan sólo en Campania. Las ánforas con la marca MIM están más . los historiadores fechan. Britania y Germania. Roma. Antonius Quietus». la difusión del aceite bético en ánforas estampilladas en el siglo I I o al final del siglo i. Galia.) propuesto una cronología para las dos estampillas men­ cionadas más alta que la tradicional. (Según Callender. sino también en Mauri­ tania Tingitana. La fecha de esta marca es de principio del primer cuarto del siglo i de la Era. 18. Gene­ ralmente. en su mayoría.

Desde principio del siglo i el sur de Hispania reemplazó. Hispania exportó grandes cantidades de aceite bético también a Mauritania Tingitana. todo lo cual indica la gran estabilidad económica y social de la Bética du­ rante los. de­ dicadas a la exportación del aceite bético. más concretamente de la zona comprendida entre Córdoba e Hispalis. datos muy importantes sobre la organización de las casas exportadoras. Antonius Quietus se dedicó al comercio y transporte durante cincuenta años. que formaban verdaderas compañías. transporte. en admitir este comercio de exportación de aceite bético. Se le documenta en toda Britania y en Ratisbona. H. que son los lugares más distantes de venta del aceite hispano. Es posible de­ ducir del libro de M. al que aluden los autores clásicos. urbana y militar. según se indicó . llamados navicularii. La distribución de las ánforas corría a cargo de los transportistas m aríti­ mos. Algunas de estas empresas exportaron durante muchos años. y de los exportadores de aceite. de la que habla Estrabón. o mezclado con el bético. Antonius Quietus en Roma y en el lim es germánico. sobre las ánforas romanas. La distribución de los productos de C. la localización de las zonas aceiteras. así. alguna mayor dificultad lleva la exportación a Campania. que casi todas las recogidas son de procedencia hispan#. etc. Antonius Quie­ tus parece señalar un espíritu más osado. envase. lo mismo se puede decir de la marca DD Caecilii H ospitalis e t M aternus. durante unos cuarenta. Muchas de las estampillas tienen variantes que son muy importantes para conocer las familias de los exportadores. distribución y relaciones comerciales muy complicadas y perfeccionadas. Callender32. y la de MIM. . Todo lo cual requería una organización de producción. Economía y sociedad 281 representadas que aquellas de C.4. pues los hallazgos arqueológicos lo confirman. que son los lugares tradi­ cionales de la annona. No hay dificultad. y el aceite de esta zona posiblemente lo exportaban como bético las casas expor­ tadoras del sur. precisamente en el siglo de oro del comercio y de la agricultura campanas.dos primeros siglos del Imperio. qüe lo hizo durante setenta y cinco. la citada de C.

según se ha afirmado ya. confirmando lo dicho por Estrabón. El más impresionante testimonio de la exportación hispana a otros lugares occidentales es el gran número de ánforas globulares halladas en las ciuda­ des excavadas. de haber sido nacionalizadas después del 197. Callender acertada­ mente escribe: «L a enorme extensión del comercio del sur de Hispania queda confirmada por las numerosas ánforas globulares. lo que prueba que en el Occidente europeo hacen su apari­ ción los productos hispanos desde poco después del cam­ bio de Era. llegó a la conclusión de que la mayoría procedían de la Bética y de la Tarra­ conense. Este comercio comenzó a decaer a fi­ nales de los Severos. Galia y Roma. y por la gigantesca masa del Monte Testaccio. En el libro de Μ. año de la muerte de Alejandro Severo. quizá en gran parte debido a las confiscaciones de que fue objeto por el fundador de la dinastía. Esta exportación es de capital importancia para la historia económica del Occidente. Unos años después. pues ánforas globulares fabricadas en la Bética se documentan en Colchester en un nivel fechado entre los años 10-43. H. el vacío que en la exportación dejó Italia lo llenó la Bética desde principio del siglo i. Algunas ánforas llevan indicaciones de encontrarse bajo confiscación imperial. la Bética se había apoderado de los mercados de Britana. La inscripción . La exportación hispa­ na desapareció hacia el año 257 con las invasiones de francos y alam anes23. Hasta la época de los Severos fue empresa privada. la población de Roma y el ejército del limes. Como Μ. y más concretamente del valle del Guadalqui­ vir. H. ha­ lladas en el Occidente. Germania. a Italia como región exportadora de productos.» Ya Dressel. Callender no hay marcas que se puedan fechar con posterioridad al año 235. e indica el papel im­ portante desempeñado por Hispania en los dos primeros siglos de la Era. que estudió en el siglo x ix las ánforas del Monte Testaccio. es decir. lo que implica la decadencia de la agricultura y vinicultura itálicas.282 Historia de la Hispania romana ya. La αηηοηα imperial era el principal consumidor del vino y aceite hispano. es decir. estampilladas y sin estampillar. Hispania exportó muy poco aceite entre los años 160 y 200.

A juzgar por las inscripciones pintadas procedentes del Monte Testaccio. a juzgar por la exportación del aceite y las explotaciones de las minas de Riotinto. el momento mejor de Hispania fue el reinado de Anto­ nio Pío. el auge del comercio aceitero hispano se puede situar entre los años 140 y 165. era un inspector de la calidad del acei­ te. en general. Desde el punto de vista de la economía. como se deduce de la inscrip­ ción de Ostia. o libres que tenían sus propios negocios. que serían esclavos o uilici. como sugiere Rostovtzeff. Las aduanas estaban en Córdoba. según se deduce del libro de Μ. 2) de que bajo su mando todas las provincias florecieron. etc. 7. En las marcas figuran con cierta frecuen­ cia nombres de griegos.4. El aceite de Bri- tania (los grandes centros receptores del aceite hispano en Britania son Cirencester. Las mismas inscripciones indican que en Híspa- lis. En His­ pania.άάά. El Estado romano-no ponía ningún impuesto a sus propios productos. sino como Van Nostrand sugiere. confirmando lo escrito por su biógrafo (SHA. normalmente incluyen las letras άά. y ayudante en la inspección del aceite de Africa e Hispania. que menciona el impuesto de 2 Vz por 100 (CIL X IV 4708). Astigi y Corduba estaban las fábricas del valle del Betis para la fabricación de ánforas. quien cree que el aceite ex­ portado a Roma era un impuesto en especie pagado por la hacienda imperial en las provincias. sociales y religiosas que en el resto del Imperio romano. Corbridge y Richborough) . Las ánforas hispanas con tituli picti. Yita Anton. que durante los años 161-169 fue procurador imperial del valle del Betis. que trabajaban en las fincas. Los productos hispa­ nos pagaban un impuesto.. En Hispania había una tendencia no muy gran­ de hacia el gran latifundio. Economía y sociedad 283 de Sextus Iulius P o ss ess o r (CIL II 1180). Callender y de los recientes estudios de M. posiblemen­ te hacen referencia a un impuesto. que han podido ser datadas. indica que posiblemente su cargo no tenía por finalidad controlar el comercio aceitero por el Estado. Ponsich. As- tigi e Hispalis. se acusaron las mismas corrientes eco­ nómicas. H. Las tres ciudades están muy bien comunicadas entre sí.

llamada t e n a sigillata hispanica. respectivamente. en su casi totalidad procedentes de Hispania. ya que la capacidad media de cada ánfora es de.200 millones de sestercios. Dión Crisóstomo (Orat. lo que suma unos ingresos de 60 y 24 millo­ nes de sestercios. Ha calculado T. respectivamente. Ya se ha alu­ dido a los fragmentos de sigillata hispanica recogidos en las excavaciones de Ostia. Hispania exportaba otros productos alimenticios como hortalizas. LXXIX 5) alude al coste ele­ vado de las importaciones hispanas en Italia y a la san­ gría de dinero que costaban. siendo todavía mayor la importación de aceite. Hispania exportó también cerámica. A estas cifras hay que sumar el consumo de Britania. se exportó a partir de finales del siglo i fuera de la Península durante todo el Imperio. que en parte debía quedar en Italia. También se han hallado en Germania. en total. Frank que el Monte Testaccio tiene unos cuarenta millones de ánforas aproximadamente. después el comercio se debió dirigir a Roma. T. hay casi 400 estampillas de proceden­ cia hispánica.284 Historia de la Hispania romana es prácticamente todo hispano hasta el fin del siglo ii. en poco más de un siglo. pues en Andújar ha aparecido recientemente un horno con las mismas . Frank ha calculado el consumo anual de vino y aceite entre ciento doce y siete millones de litros anuales.unós 50 litros. y que el 50 por 100 o algo más del vino gastado en Roma pro­ cedía de Hispania. una lechuga de la Bética tardaba siete días en llegar desde Cádiz a Ostia. El precio del ánfora oscilaba entre 20 y 40 sestercios. El valor total del Monte Testaccio puede calcularse en 1. Cálculos sobre el volumen de las exportaciones hispanas son muy difíciles de hacer. sur de la Galia y Numidia. Galia y Germania. pero no en grandes cantidades. Sobre un millar de ejemplares de di­ versa procedencia. con predominio del vino y aceite sobre el garu m . también exportaba caba­ llos para el circo. unos dos mil millones de litros. Mauritania Tin- gitana fue la región del Imperio que importó más terra sigillata hispanica. posiblemente de la Bética. La cerámica his­ pana. debido al absentismo de los grandes terrate­ nientes y a su permanencia en Italia.

Arezzo. La cerámica itálica más re­ ciente (la llamada tardo-aretina o tardo-itálica) es rara en 'Hispania. como lo indican las cerámicas aretinas de la necrópolis de Herrera del Pisuerga. llamada sigillata sudgálica. C. concretamente los encontrados en Ampurias y Lucentum. Putéoli. y son las últimas importaciones de Italia. Pamplona. 30 a. que reciben el nombre del lugar de origen. aunque también llegó al interior. De talleres del centro de Italia llegaron algunos vasos megá- ricos. que recibe el nombre de la ciudad que la fabricaba en el norte de Italia. Elvas. Imitaciones locales de esta cerámica hay en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Importadas son también las cerámicas vidriadas. procedentes de Baelo y de Ilerda. Centcelles (Tarragona). también se ha hallado en Portugal. Cerámica aretina. pero un frag- . La Península Ibérica tampoco ha dado hasta el momento presente muchos vasos puteolanos. hacia mediados del siglo i. para desapare­ cer en la segunda mitad del siglo m . hásta la deca­ dencia de estos talleres. esto mismo se deduce de la abun­ dancia de aretina en Pollentia. Hasta Regia y Conimbriga. des­ de el comienzo de su fabricación. sigue con el siguiente. de época augustea. Esta cerámica hispana en Mauritania comenzó en la segunda mitad del siglo i. y más en la costa que en el interior. Carmona.. que desplazó pronto la producción de Arezzo en His­ pania. Economía y sociedad 285 marcas de alfareros que aparecen en Mauritania. La Península Ibérica importó cerámicas de diferentes regiones del Imperio Romano 24. 4. en el norte de Italia. El número de hallazgos de cerámica aretina es mucho mayor en la Tarraconense que en la Bética. Pollen­ tia. de finales del siglo i o comienzos del siguiente. lo que parece señalar una importación por mar. Está muy escasamente representada la cerámica de Acó. A ta­ lleres del norte de Italia pertenecen posiblemente los ejemplares de Ampurias. llamados así del lugar donde primero se fabricó esta cerámica. recogidos en la Península. aun­ que en número siempre menor que la procedente de los talleres del sur de la Galia. aparece en Hispania en todos los estratos de excavaciones de época cesariana-augustea. y la hallada en Mon- turque (Córdoba).

que repiten los mismos temas decorativos. por la competencia de los ta­ lleres hispanos. es abundante en época claudia-vespasiana y dismi­ nuyó en tiempos de Domiciano. Lucernas vi­ driadas han aparecido en Elche. estas nuevas fábricas serían como sucursales. Estas primeras producciones sud- gálicas están ya documentadas en la Península Ibérica. A mediados del siglo i comenzó la cerámica sudgálica a imitarse en Hispania. quizá en tiempos de Vespasiano. al principio. En el interior de Hispa­ nia posiblemente desciende antes la importación. copiando. Pérgamo y Samos. Jávea y Pollentia. que en Hispa­ nia aparece en Mahón. norte de Africa y del Oriente.286 Historia de la Hispania romana mento de molde prueba la existencia de posibles talleres locales en Ampurias. data ya del siglo n . La cerámica sudgálica vino por transporte terrestre. posiblemente fabricada por arte­ sanos venidos de Galia acá. la cerámica con decoración típicamente hispana es poste­ rior. . quizá el norte de Africa. aunque todavía en esta época abundan algunas formas. Dos cuencos vidriados se han hallado en Pollentia y un vaso en Cádiz. como la llamada « sigillata de Corin- to». proviene la llamada presigillata. del siglo ix. Otras cerámicas proceden del Me­ diterráneo oriental. como la cerámica renana. fa­ bricada en un lugar no identificado del Mediterráneo occidental. son de época augus- tea. La cerámica sudgálica debía venderse por piezas sueltas y no por vajillas completas. Alrededor del año 20 comenzó a fabricarse terra sigillata en el sur de Francia. En el siglo II se importó la llamada terra sigillata clara. siendo sustituido por el del sur de Galia. Là importación de la cerámica sud- gálica. en general. encontrada en Bilbilis. lo que contribuyó a que el comercio de cerámicas itálicas des­ cendiera rápidamente en Hispania. También se do­ cumentan esporádicamente cerámicas germanas. se en­ cuentra en grandes cantidades en la Tarraconense. Hispania importó igualmente lucernas de Italia. las piezas aretinas. que cubre prácticamente toda la Península Ibé­ rica. Del Mediterráneo oriental. que aparece en Barcelona y Tarragona. y su importación era por mar. La presencia de lucernas de talleres griegos en Lusita­ nia se superpone a los vasos de sigillata de Corinto.

Se ha pensado en que fueran el lastre de los barcos. difunto y dos damas. con la marca Anida / Sidon. fechado a mediados del siglo n . 10. llegó ei asa de vidrio de Hasta Regia. dé Egipto. al igual que varios sarcófagos. La mayoría de las esculturas halladas en Itálica proceden de talleres de Roma. directamente. seguramente. Medina Sidonia y Valencia. Las importaciones de productos de lujo más importantes son las de obras de arte. que se documentan en toda la costa medi­ terránea desde Nápoles hasta Elche. famosa por sus fábricas de vidrio. con representaciones fe­ meninas que proceden. La presencia de otros productos itálicos en Hispania tiene más difícil explicación. que confirma las relaciones directas entre Hispania y Alejandría. De Sidón. de que hablan las fuentes de época de Galba (Suet. propiedad de un único dueño. pues resulta difícil aceptar la hipótesis de distintos talleres locales. Ante­ quera. Tampoco está explicada satisfactoria­ mente la presencia de las tejas con las marcas M ARI o LHER OPT. etc. 4. Economía y sociedad 287 lo que indica muy posiblemente unas relaciones comer­ ciales de Grecia directamente con Lusitania. Varias proceden de talleres ate­ nienses ya directamente. como las piezas neoáticas encontradas en Itálica. eran muy posiblemente la carga de retorno de los barcos que exportaban de la Península Ibérica minerales o productos alimenticios. del siglo i. pues no hay motivos para aceptar la existencia de un taller de mosaicos en Ampurias de este . 4). como el de la Orestíada. africanas y del Oriente. al igual que las cerámicas itálicas. ya por intermedio de Italia. cuentas de vidrio. y el de Córdoba con las puertas del Hades. de comienzo del Imperio. o a través de Campania muy posiblemente. La distribución costera de la mayoría de las piezas indica que llegaban por vía marítima y fluvial y. Hispania importó también objetos de lujo. filósofo. que representa a Belerofonte sobre Pegaso saltando sobre la Quimera. fechado en el segundo tercio del siglo n. como las tejas de talleres romanos halladas en Itálica y Tarragona. encontrado en Husillos (Palencia). Galb. De ori­ gen alejandrino es probablemente el bronce de Lentejue­ la (Ecija). Del Oriente.

como lo indica el gentilicio P ublicius. Málaga y Villa Vieja. Quizá fuera un vivero de peces. con canal de desagüe hasta el mar. posiblemente co­ merciantes con negocios de importación o exportación con Oriente o con Italia. Los patronos son cinco. Torrox. y posiblemente parientes entre sí. de dieciséis fábricas de salazón. que indican un gusto refinado por los mode­ los griegos en ciertas clases pudientes. es la más septentrional. situadas en la costa mediterránea. La importancia de la industria de salazón queda bien indicada por los hallazgos arqueológicos. Restos de fábri­ cas hay también en Santa Pola (Alicante).época de Augusto hasta el Bajo Imperio. como cardador. Torremolinos.288 Historia de la Hispania romana tipo. donde Plinio (IX 48) menciona talleres de salazón. El colegio lo forman quince varones y seis mujeres. con las mujeres de aquéllos. Los cuatro últimos miembros son esclavos. Hay también fábricas de estructura similar a las anteriores en Villa- ricos (Almería). San Pedro de Al­ cántara. debida a la crisis de la anarquía militar. por lo menos. comunicados con el mar. La inscripción se fecha en el año 239. La costa del sur de Portugal está llena igualmente de ruinas de antiguas fábricas. De la industria textil ya se han citado algunos datos. con una interrupción en el siglo III. en la costa alicantina. Los cinco primeros hombres son libertos públi­ cos. La fábrica de Calpe consta de varios depósitos excavados en la roca. zapatero. La de Jávea. entre ellos hay una mujer. Un régimen de industria colectiva familiar (CIL II 5812) indica la inscripción de Sasamón (Burgos). Se conoce la existencia. Se conoce también la existencia . en ella aparece un gremio. etc. la antigua M ellaria. Semejante es la fá­ brica de Tossal de Manises (Alicante). Algunos nom­ bres van seguidos de la indicación del oficio respectivo. En la Bética existía una industria textil muy alabada por Marcial (XIV 133). Trabajó esta fábrica desde la. vinieron también los mosaicos ampuritanos de arte helenístico. batanero. formado por libertos y esclavos de familias. Baelo. De ella se con­ servan numerosos depósitos y una gran piscina tallada en la roca. fabricante de clavos.

Los fabricantes de lonas hechas de retazos cosidos (c e n t o n e s ). fábricas de armas (Marc. De los arquitectos. Guadalajara y de Santanyí (M a­ llorca). De los primeros. en su mayoría. en el siglo n. se empleaban para extinguir incendios. 4. son cuarenta y siete. El colegio está constituido directamente por el emperador. dos hispanos y quince siervos o libertos. tres griegos. Cuatro mosaístas son latinos y cinco griegos. empapadas en vinagre y agua. y de ahí el término centonarii. dada la tradición de la forja de armas. que erigió un ara a los dioses L u g o v es (CIL II 2818). en Hispalis (CIL II 1967). fábricas dedicadas a trabajar el hierro. 13). En otro pasaje cita el poeta el puñal ibérico forjado (XIV 33) con el hierro del Moncayo y templado con el agua fría del río Jalón. como la de Uxama. lo cual no es de extrañar. y las Minervas de Sigüenza. que dedicaron un ara al emperador Antonio Pío. y de ellos son latinos treinta y grie­ gos diecisiete. y en Bilbilis. Entre estas piezas hay que destacar las cabezas de Tiberio. Los escultores de nombre griego son siete. «bom­ beros». 4). I 49. la cabeza feme­ nina de Ampurias. ciudad en la que trabajaba un gremio de zapateros. igualmente. Los dos orfebres conocidos son griegos. La epigrafía ha suministrada los nombres de artistas de diversos oficios localizados en la Península Ibérica. Hispania contó. Los dos pintores documentados son latinos. de Mahón y de Termancia. con buenos talle­ res de broncistas. en tiempos de Marcial (IV 55. cuatro son latinos. quince son siervos o libertos con nombres latinos. cerca de Bilbilis. que. que produjeron obras excelentes. Los artistas musivarios trabajan. Un segundo colegio de fabricantes de lonas se documenta en Tarragona (CIL II 4318). del último cuarto del siglo i. había. Economía y sociedad 289 de algunas asociaciones de carácter industrial. y los de nombre latino sólo tres. Aurifices menciona Marcial (II 57-9). En Valencia funcionaba una fábrica dedicada a la fabricación de armas y de estatuas (CIL II 3771) en época imperial. que ba­ tían las pepitas de oro con el martillo. en la provincia Tarraconense. En Platea. en los si- .

los escultores. sin haberse podido localizar el lugar. como el de «La gaditana». de época augustea o julio- claudia. que comienza en el siglo i con buenos retratos. esposa del citado emperador. El grupo navarro-alavés se caracteriza por tener motivos vegetales. mal supuesto retrato de Antonio Pío. lo cual tiene fácil explicación: se trata de la capital de Lusitania y de una ciudad rica. de mediados del siglo i. Mérida e Itálica son las localidades que han proporciona­ do más nombres. a lo largo de toda la época imperial. Su arte. Varios talleres de escultores anónimos están bien do­ cumentados en Hispania. De él salieron las esculturas del M ithraeum. obliga a pensar en un taller provincial. En Carmona hubo uno. en el siglo i. . de época severiana. de ellos. y otras muchas piezas. que produjeron obras de carácter funerario. los arqui­ tectos. como la de desconocido. al corriente de los gustos de Roma. de él procede el sarcófago con bucráneos y guirnaldas de Granada. y el del Rapto de Proserpina.) Carthago Nova tiene veinte nombres de capataces. (Ultimamente han aparecido varias firmas en griego en el teatro. quizá se encontraba en Córdoba. El taller que más tiende a la de­ coración figurativa relivaria es el burgalés. once son griegos. Itálica. His­ palis o Itálica. Al taller de Tarragona se deben los sarcófagos de las Musas y Apolo. el retrato femenino con el peinado de Annia Galería Faus­ tina. al­ gunas de ellas carentes de todo arte. de un gran vigor. de fecha algo posterior. Coetáneo es el taller de Mérida. Mérida ha proporcionado catorce nombres de artistas. Los principales talleres son conocidos con los nombres de leonés. Una gran actividad tuvieron los talleres escul­ tóricos. Junto a estos talleres trabajaron otros típicamente in­ dígenas. Un segundo trabajó en el sur.290 Historia de la Hispania romana glos n i y IV . en los siglos i y n. que trabajó desde época augustea hasta los tiempos de Tra­ jano. junto a otras obras inferiores. sólo tres. y los restantes. sobresaliendo el llamado de «El panadero». de Tarragona y Barcelona. A este último pertenece una serie de cabezas empotradas en la muralla de Barcelona. burga- lés y navarro-alavés. en los siglos i y i i . no muy cuidado y algo esquemático.

la industria cerámica25 estaba muy extendida en la Península. documentadas prin­ cipalmente en Galicia. al lado de objetos de uso doméstico. En Cataluña (La Roqueta. Dada la gigantesca producción de sigillata hispanica. A talleres locales pertenecen las estelas funerarias de togado bajo hornacina. 4. En el nor­ oeste. Economía y sociedad 291 como la vid y los arbustos. en general. hay representaciones de figuras completas. y Guadalete. lo que parece indicar que se exportaban los vinos de la comarca jerezana. como los espejos. En la provincia de Cádiz hay documentados bastantes alfares. El ánfora más corriente en estas fábricas es la llamada vina­ ria. Había gran cantidad de talleres dedicados a la fabricación de envases. de laboratorio rectangular o circular. como en las de Vigo. etc. en plena zona aceitera. Todos estos alfares se encuentran en las inmediaciones del mar o de los es­ teros. Jerez de la Frontera. principalmente en la Bética. Recientemente se ha excavado el horno de Andújar. tres en la actual provincia de Valencia y >cuatro en la de Castellón. En la provincia Tarraconense también están localiza­ das varias fábricas de cerámica importantes. Torrox. como los de Puerto Real. La tipología es muy variada. Se co­ . de planta ovalada. de planta rectangular con un solo hogar. las estelas están llenas de signos astrales. en toda la Lusitania. Baste recor­ dar que en las proximidades de Cástulo hay localizados catorce hornos. de época de Claudio. como el toro. y de animales. con pilastras centrales o con muro central. en algunas estelas. en número de cinco. Ampurias. Hornos de alfarero han apare­ cido. idéntico al de Puerto Real.) se conocen estos hornos. Para la gigantesca exportación de vinos. que juegan un papel deco­ rativo importante. Baste citar unos cuantos. como en Vitoria. Trebujena. aceite y ga­ rum. donde se han recogido marcas desconocidas. Reus. como. lo que facilitaba el transporte de los envases. Sabadell. ya que los hay de hogar circular. cuyas piezas están aún inéditas. de planta rectangular con dos hogares. en Villaseca (Córdoba) y en Lora del Río (Sevilla). el número de hornos debía ser muy numeroso.

19.—8. las de Abella y de Solsona. que apareció en mal estado de conservación y no es posible reconstruir bien. dos. Pocas son las fábricas de sigillata hispanica docu­ mentadas. I. Torrox. Borriol. En la provincia de Lérida se tiene noticia de Fig. Moldes que indican la pre­ sencia de talleres en los alrededores se han descubierto .— 6.292 Historia de la Hispania romana noce bien la fábrica de Abella (Lérida). H igueruelas.—Plantas de hornos de cerámica.—5. descubierta por la existencia de varios moldes.—2.—7. A m purias.—4. en la provincia de Logroño. Tarragona. una tercera hubo en Tricio. Fontscaldes. Ecija. Am purias.—3.

4. El molde de Corella debe ser del siglo n . mencionan los cálices y botellas saguntinos. Los vasos de este taller son de gran calidad artística. En la villa de Liédena ha­ bía una industria de tipo casero. 2-3) y Juvenal (Sat. que permiten una datación segura. Jávea y Sagunto. Varios autores del siglo i. En contra de esta opinión está el hecho de la esca­ sez de sigillata hispanica en la región levantina y el que hasta hoy no han aparecido moldes y hornos en Sagundo. alcanzando los primeros años del siglo II. y el de Solsona trabajó desde finales del siglo i hasta el siglo iv . por lo menos en el este de la Península. en la provincia de Teruel. Se hace más escasa . durante los siglos i y ii. fechada en el siglo m . ya que Plinio la menciona junto a la de Arezzo. existe enorme abundancia de cerámica sudgálica. pues la fecha de aparición en el mercado sería posterior a Plinio. El hecho de mencionar el barro saguntino tres autores de la segunda mitad del siglo i parece indicar que la cerámica era contemporánea de ellos. ya que en toda la costa mediterránea. lo que no parece probable. comenzando a trabajar a finales del siglo IV. La fábrica de Tricio trabajó a finales del. Esta última identificación no es aceptable. La sigillata hispanica. 5. siglo i y en la primera mitad del siglo n . que es el taller más importante de sigillata hispanica. como Plinio (XXXV 40. que penetró siguiendo la Via H ercúlea. Los talleres de sigillata hispanica debían estar situa­ dos en el interior. Este taller y los de Lérida ofrecen abundantes moldes y vasos. que es la cerámica típica del siglo n i. 20). aparece más abundante en los establecimientos costeros. como Po­ llentia. de los restantes talleres sólo se co­ nocen unos pocos fragmentos de molde. Liédena y Pamplona. Economía y sociedad 293 en Corella. y otros con la sigillata clara. el de Bronchales comenzó a pro­ ducir hacia el año 70. Otros autores la identifican con la cerámica ibérica. La fábrica mejor cono­ cida es la de Bronchales. Se ha pensado que aluden estos au­ tores a la sigillata hispanica. desde Ampurias hasta Málaga. llamada así por su color más claro que la sigillata sudgallica o hispanica. Valencia. El taller de Abella es del siglo m .

El número de consumidores es muy gran­ de. El poeta prefería la vida frugal y barata de Hispania a la de Roma. Vías Uno de los elementos geopolíticos de mayor impor­ tancia para el conocimiento del panorama económico- social de la España antigua lo constituye. y los de Mérida. C oste d e la vida Marcial (X 37) da un dato significativo del coste de la vida en Hispania: era mucho más barato que en Roma. Los alfares no sólo producían vajillas caseras. la red viaria. T eren tiu s L (eg. sin duda. lo que impide establecer una división de estilos por talleres. quizá porque las piezas artísticas las consume sólo gente rica que vivía en las ciudades. 62 denarios (CIL II 1163). . en Elche. sino muchos otros objetos en terracota. como los llamados sellos de panadero.5. como lo indican las estampillas de L. con jabalí y aves. 6. pero la mayoría de la población demanda artículos baratos.) I I I I M a(cedonica) halladas en el norte de la Penín­ sula. Una inscripción de Hispalis de época traja- nea parece señalar los ingresos anuales del dedicante. . Los distritos militares también tenían su propia sigi­ llata. La abundancia de talleres indica una descentralización industrial. los pro­ ductos cerámicos están ya estandardizados. En el siglo ir. Los pequeños talleres se copiaban e inter­ cambiaban los punzones. uno de ellos con las cuatro estaciones. a través de la cual se realizó el intercambio de ideas y mercancías que habrían de transformar por com­ pleto la España indígena hacia la nivelación de estructu­ ras que conocemos con el nombre de romanización. con escenas eróticas. Los motivos hispánicos se repiten hasta la mo­ notonía. 294 Historia de la Hispania rottiana en los siglos n i y iv. que han aparecido en Córdoba.

sus direccio­ nes y líneas generales de trazado. Sin embargo. Para ello disponemos de una serie de fuentes antiguas que es necesario ir revi­ sando poco a poco mediante una paciente labor arqueo­ lógica y con métodos técnicos modernos. difícil en extremo. es decir. obra cuya redacción hay que situar en los comienzos del siglo m y en la que. entre puntos que indicaban jornadas de marcha y que servían de lugar de descanso y cambio de tiro para las caballerías. y por la labor demoledora de los siglos. marca­ das en millares de pasos (aproximadamente. ha recogido fielmente la serie de ciudades que este mapa marcaba como m an sion es de las principales vías. Son estas fuentes. como una pre­ cisa cartografía y la utilización sistemática de la fotogra­ fía aérea. desgraciadamente se ha perdido. su estudio es. con sus dis­ tancias totales del punto de partida al de término y las parciales entre m ansio y mansio. Una tercera fuente del máximo interés es el llamado Mapa M undi d e Castorius o Tabula Peutingeriana.4. donde venían expuestos de forma gráfica los principales caminos del Imperio. con sus correspondientes m a n sio n es y distancias parciales. sin embargo. entre las Aquae A pollinares (Toscana) y Cádiz. y dejando . el A nónim o d e Ravenna o Ra- ven n ate. dentro del contexto general de la red viaria del Imperio. Se trata de unos exvotos ofrecidos por viajeros españoles que habrían hecho este camino en el siglo i o i i d. C. Sin embargo. por la imposibilidad en muchos casos de distinguir un camino romano de otro también antiguo.481 me­ tros). en primer lugar. ha sido posible su reconstrucción gracias a que una fuente tardía. En fin. correspondiente a Hispania y Britannia. Economía y sociedad 295 Pero si su conocimiento es de sumo interés. 1. seguramente del siglo vn. no contamos con las distancias parciales entre m ansiones. se mencio­ nan treinta y cuatro vías de la Península. La primera hoja. el llamado I tin e ­ rario d e A ntonino. En este caso. al menos estamos en condiciones de recons­ truir las principales vías de comunicación. Los llamados va sos Apollinares o d e Vicarello son cuatro cilindros de plata en los que está grabado el iti­ nerario. pro­ bablemente del siglo IV . en cambio.

el puente de Martorell sobre el Llobregat y tantos y tantos otros que más o menos re­ construidos y desfigurados aún prestan servicio activo y dan clara muestra de la perfección técnica y cuidados que los romanos dieron a este importante medio auxiliar de conquista y explotación. es decir. y todavía en época republicana (guerras de Sertorio). En la primera toma de contacto de Roma con Hispania y en la posterior conquista fueron utilizadas las vías de penetración naturales y las antiguas pistas cuyo origen se pierde en los tiempos prehistóricos. Por ello hemos de considerar como una de las más antiguas vías.296 Historia de la Hispania romana aparte documentos fragmentarios o dudosos. llevaba por la costa mediterránea al antiguo centro fenicio de Gades. por una parte. como las llamadas tablas d e burro d e Astorga. los grandes hitos cilindricos de dos metros de altura por casi medio de diámetro. los miliarios. tendidos para salvar los obstáculos hidrográficos con los que el trazado de las vías tropezaba. que fueron acondicionadas. ' No hay que imaginarse. ni mucho menos. A necesidades de la conquista. el camino que. así como sus bifurcaciones hacia la zona minera de Sierra Morena y sus ramificaciones por el valle del Guadalquivir. consignando además el nombre de la autoridad a quien se debía su construcción o repa­ ración. que mar­ caban las distancias en millares de pasos desde el punto de partida de la calzada. el de Mérida sobre el Guadiana. a través de los Pirineos. la llamada via H ercu lea o Au­ gusta. de acuerdo con las necesida­ des de cada momento. ya propiamente romana. el de Sala­ manca sobre el Tormes. como tal pensada y conducida a término por las autoridades romanas. el de Córdoba en el Guadalquivir. y entre los que basta citar los de Alcántara y Segura sobre el Tajo. la primera zona de contacto y la más fre­ cuentada por soldados y colonos. el conjunto de vías romanas de la Península como una red sistemá­ tica. las dos fuentes más interesantes son. La otra son las magníficas obras de ingeniería que constituyen los puentes romanos. para prestar servicio al paso de los ejércitos y al posterior de la explotación. habría que adscribir la apertura progresiva . sin duda alguna.

los datos para reconstruir la historia de la formación de la red. e incluso entre éstas la redacción de los miliarios varía entre los distintos conventos en los que la provincia estaba dividida a efectos jurídicos. todavía. si tiene el carácter de interprovincial. Una ojeada de conjunto al mapa general de vías ro­ manas tal como nos lo presentan el Itin erario d e A ntoni­ n o y el R a ven n a te muestra cómcf existe una comunica­ ción continua a lo largo de toda la costa. con la indicación del empe­ rador bajo el que se hizo la nueva construcción o repa­ ración. mejor. como decimos. en un tanto por ciento muy elevado de casos. y definitivamente sis­ tematizada a lo largo del Alto Imperio.4. producto de la administración provincial o del esfuerzo conjunto de los municipios de cada circunscripción administrativa. nos muestran el resultado final. Economía y sociedad 297 —o. Roma. su factura material de eje­ cución cambia completamente de provincia a provincia. que se conexio­ na en el interior con unos puntos neurálgicos de los cuales irradian otros caminos que los comunican entre sí. de esta labor. Los miliarios. y éstas con el centro del Im­ perio. en cam­ bio. camino empedrado). antes ci­ tados. en sus arterias principales. En efecto. La reorganiza­ ción administrativa llevada a cabo por Augusto y la de­ finitiva división provincial tripartita de Hispania hicie­ ron de la construcción de vías un asunto provincial que en sus directrices generales trataba de unir entre sí las capitales de provincia. De hecho. . Finalmente. uña auténtica red de vías sólo puede conside­ rarse comenzada a partir de César. completan la red general una serie de caminos debidos a iniciativa privada. naturalmente. cuyo carácter romano. que conocemos vulgarmente con el deformado nombre árabe de Camino d e la Plata (balath. acondicionamiento. nos dan. el Itin erario d e A ntonino y el Ravennate. aunque fragmentariamente. Son de éstos los principales: Em erita Augusta (Mérida). en el término de los municipios. ya que la ruta es muy anterior a los tiempos romanos— de un camino por el oeste peninsular a través de la Lusitania hasta las ricas fuentes de explotación mineral del noroeste peninsular. no es fácil señalar. se observa cómo en una misma vía.

Bar­ celona. a Córdoba y a Asturica. puede decirse que este camino'era una enor­ me circunvalación de la Península. la capital de la Baetica. tocaba Ampurias. De Mérida irradiaban. por lo demás bastante mal cono­ cida. la más antigua vía.298 Historia de la Hispania romana la capital de Lusitania. pasando por Córdoba y Sevilla. en una gran parte anterior a la dominación romana. el más importante centro del valle del Ebro. siempre cerca de la costa. recogiendo otros caminos procedentes de Astorga y Zaragoza. En Zaragoza. comunicaba la Península cón las Galías por Ronces valles a Dax. ésta la más famosa de todas las calzadas españolas por haberse con­ servado hasta la actualidad en muchos de sus tramos y . Desde allí continuaba hasta Cádiz. hasta lle­ gar a Cartagena. punto de empalme con la gran vía septentrional de Astorga a Pamplona. Asturica Augusta (Astor- ga). que con el del Guadalquivir fueron los territorios a los que Roma dedicó mayor interés en la Península. nacían caminos que se dirigían a Pamplona (ya citado). Tres de estas rutas alcanzaban por distintos puntos los Pirineos y conexionaban la red con el resto del Imperio. y por el interior. Sagunto. a través de Almería y Málaga. en el oeste. que bordeaba la costa desde el Pirineo (paso por la Junquera). a Mérida. H ispalis (Sevilla). llegaba hasta Ossaron (Oyarzun) y Pamplona. a las Galias por el Pirineo Central. cruzando diagonalmente la Península por Complutun^XAlcalÁ). puesto que desde Cádiz. en el sur. otra vía costera a lo largo del Cantábrico. en el noroeste. a Astigi (Ecija). un sexto a Briviesca. es la H ercu lea o Augusta. que se atravesaba por el Coll de Somport hacia B eneharn (Pau). C astulo (cerca de Linares) y Corduba. a Sagunto. Como ya hemos mencionado. a Tárraco. y. a través de Sierra Mo­ rena y del importantísimo distrito minero de Cástulo. por la costa. la capital de la provincia. en el noroeste. además de la ya citada que ve­ nía de Zaragoza. se alcanzaba Otísipo (Lisboa) y La Coruña. En realidad. finalmente. tres calzadas a Lisboa y otras a Hispa- lis. Caesaraugusta (Zaragoza) y Potnpae- lo (Pamplona). Desde aquí. Tarragona. Valencia y Elche. nudo que.

hacia el este. y de ahí a Cádiz. por Castulo y Sierra Morena. Hispalis. Pax Iulia. Lugo y Braga. hacia el centro. aunque también sólido. la v ía d e la Plata. como capital. llegaba a Astúrica (la vía d e la Plata). Hasta R egia y G ades. se explica perfectamente por tratarse de la vía de conduc­ ción de las riquezas minerales del noroeste hacia los puertos del sur. tenía comunicación también directa con Zaragoza y empalmaba por el sur con Hispalis. . era la espina dorsal de todo el occiden­ te peninsular. Hispalis. Córdoba y Cádiz. contaba con ■vías a Córdoba. de Segura: arrancaba de la m ansio de Norba (Cáceres) para termi­ nar en Braga. y otro a Zaragoza a través de la región vaccea y la Cel­ tiberia. a Pamplona. Aún en ésta habría de citarse como ramal secundario —entre una treintena localizados perfectamente como romanos— e) que ha hecho famoso el importante puente de Alcántara. por su parte. cuyos nudos se encontraban en Hispalis-Italica. especialmente del siglo n. Economía y sociedad 299 por la excepcional riqueza de sus miliarios. Su importancia y el cuidado que atestiguan sus numerosas reparaciones. son las causas de que en Astúrica se encontra­ ra otro importante nudo de comunicaciones. Málaga y. cuya cercanía sólo se explica por la tarea de protección de estas minas. con la gran vía diagonal Zaragoza-Mérida. quedaba bien comuni­ cada con los principales centros de la provincia y con el resto de Hispania a través de vías que se tendían hacia Mérida. De hecho. y el menos conocido. a través de Mé­ rida. Espe­ cialmente Córdoba. La densidad mayor de comunicaciones lógicamente co­ rrespondía a la rica y urbanizada Bética. al mismo tiempo que era principalísimo centro de la gran vía occidental que por el norte. puesto que desde Astúrica se continuaba hacia el noroeste. del que partían caminos hacia las capitales de los otros conventos del noroeste.4. y hacia el sur en la ya citada vía de la Plata. hacia la vía Augusta. para empalmar en Titulcia (cerca de Madrid). Antequera. Precisamente este carácter de centro de la zona mi­ nera que tiene Astorga y la vecindad del único campa­ mento legionario imperial de la Península en León.

como es el caso de los puentes de Alcántara. En la Hispania Citerior. Córdoba o Mérida. Se conocen también algunas acuñacio­ nes no municipales.300 Historia de la Hispania romana Este esqueleto. no así Carteia ni Gades. como tampoco las emisiones de la Hispania Citerior. Patricia. Salamanca. Fue­ ron todas de segunda categoría. M on eda Una economía tan floreciente como la de la Península Ibérica a comienzos del Imperio necesitó gran cantidad de moneda. hay ciertos áureos y denarios. Sin embargo. Constituyeron más tarde la base de los caminos medievales —el famoso «camino francés» no es otra cosa que la vía Tarraco-Asturica—. De la época de las guerras cántabras se datan unas monedas en las que se representan las armas de los cán­ tabros: dos lanzas cruzadas. sin nombre de ceca. pues tenían una circu­ lación restringida a las provincias o comarcas en que ra­ dicaban las ciudades donde se acuñaban las monedas. de curso general. como hemos dicho. como un áureo con la cabeza desnuda de Octavio. en Lusitania. Rómula y Tra­ ducta. y aun hoy prestan servicios en algunos casos como cañadas ga­ naderas. falcata y espada de antenas o escudo y máscara. cuando muchas de sus obras de fábrica no se han insertado en el servicio activo de la moderna red de carreteras. y Emérita y Evora. de uso general hasta bien entrado el siglo x ix. así aluden al permiso imperial de acu­ ñación las ciudades de Itálica. atribuido a Patricia o a Emérita. posiblemente para pagar a las tropas que intervinieron en la contienda. hay tam­ bién unos denarios que son réplica de este áureo. Las emisiones hispánicas imperiales comienzan en el reinado de Augusto y terminan en el de Claudio. Debieron acuñarse en el norte o quizá en Emérita. en la Bética. 7. La acuñación en muchísimos casos era mo­ nopolio imperial. las . se completaba con caminos públicos y privados que se interconexionaban y que fueron el vehículo por donde la romanización pudo alcanzar a toda la Península.

el exce­ lente estado de la economía hispana. Economía y sociedad 301 cecas del gobierno de Augusto son las siguientes: Acci. du­ rante los años de Tiberio se cerraron muchos de estos talleres. D ertosa. salvo en las emi­ siones de unas pocas colonias. En las monedas de época imperial han quedado bien reflejadas la preocupación constante de Augusto por ase­ gurar la sucesión y las combinaciones que la muerte de los candidatos obligó a introducir en los planes del fun­ dador del Principado. Druso y Caligula. Carthago Nova. Italica y R om ula. en la Lusitania. G raecurris. pero las ra­ zones debieran ser más bien económicas. La cabeza radiada de tiempo de Tiberio indica que Augusto está ya divinizado. O sicerda. a juzgar por las repre­ sentaciones de las monedas. Consignan el permiso imperial de acu­ ñación: Emerita. Ercavica. Augusto. Agripa. y Emerita. no pueden ser más que económicas.4. como Lépido. el elemento militar asentado . pues. Bilbilis. Cartela. Ilici. con la cabeza del emperador en el anverso y en el reverso el dios B es acompañado de un signo púnico. Osca y Ta­ m o . Los bustos de los personajes son casi. sin duda. Calagurris. es decir. Los tres primeros emperadores apare­ cen en las monedas de todas las cecas. Saguntum y Segobriga. De la época de Claudio se conoce sólo un semis anepígrafo. Italica y Romula. En esto desempe­ ñó un papel importante. Las causas de este notable au­ mento de cecas. Sin embargo. Ebusus. Nerón. Se ha dado como causa de la desaparición de las acu­ ñaciones en Hispania el hecho de que en época de Claudio no se necesitara de la propaganda dinástica. Celsa. casi el doble que en el período augústeo. De la Hispania Ulterior acuñaron monedas sólo cua­ tro cecas: Abdera. Caesaraugusta y Tarraco. que pertenece a la ceca de Ebusus. Clunia. Tiberio. en Carthago Nova. bien reflejada la pro­ paganda dinástica y fil culto imperial. no lo hacen: Carteia y Abdera. En las acuñaciones queda. siempre los de la familia imperial o los de los altos magistrados o protectores de las ciudades. Los talleres de la Hispania Citerior que acu­ ñaron monedas bajo el gobierno de Tiberio fueron die­ cinueve: las citadas de Augusto más Cascantum.

a las familias numerosas. etc. los consulados. 4) indica que se seguía un criterio cualita­ tivo. De las monedas se desprende que prime­ ro hubo una intensa propaganda dinástica. como serían las de los cam­ pesinos. Frank calcula que Hispania tributaba en época imperial al fisco anual­ mente unos cincuenta millones de sestercios. que según una inscripción de Carthago N ova (CIL II 3424) se pagaba independiente de la vigesim a. No se conservan datos sobre la aplicación en Hispania del trib utum soli y el trib utum capitis. como el nombramiento de Augustus. como la Bética. T. la tribunitia p o testa s. El Digesto (L 15. por el contra­ rio. las explotaciones mineras y las familias de esclavos. También la tasa personal sobre el rendimien­ to de la propiedad rural. En las monedas se señalaron los principales acon­ tecimientos de la vida de los miembros de la dinastía. Los impuestos. Las provincias senatoriales. ya antes quedó constancia en las monedas de la divinización de César. encontrada en . El primero gravabá con la misma contribución al gran terrateniente que al labrador pequeño. Se cree generalmente que debía ser bajo en Hispania. vectigalia. como los impuestos por Catón sobre las minas. El trib utum capitis favorecía. pagaban el stipendiu m . El trib utum capitis variaba de unas provincias a otras. 8. En relación con la administración fiscal es importante una inscripción en bronce del siglo n . de p a ter patriae. llamada tributum . pero la ci­ fra es discutible por carecer de datos. salvo algunas oscilacio­ nes. más de un siglo. y resultaba más gravoso para los se­ gundos. establecidos por este emperador se mantuvieron. C o n trib u cio n es aduaneras La reforma de las contribuciones data de los tiempos de Augusto. valorando la calidad de las tierras. e inmediata­ mente después de la muerte de Augusto comenzó a flo­ recer con gran pujanza el culto al emperador. Debieron de renovarse a comienzos del imperio algunos impuestos de época republicana.302 Historia de la Hispania romana en las colonias. y el stipendiu m .

Ilipa. en rea­ lidad. Los pobres de Hispania en tiempos de Plinio (XVI 32) pagaban la mitad de sus tributos con el producto del grano tintóreo de las encinas. en Tárraco. en Valentía. menos uno. como en Carthago Nova. como un s e r v u s tabularius. de nombre G raecinus. 1178. Este impuesto se arrendaba a los publi­ canos. eran bajos y gravaban a las clases económicamente débiles. así. Una inscripción de Ilíberis (CIL II 5064). hizo creer a Mommsen que la tasa del portoriu m . en Hispania era más baja (2 por 100) que en otras provin­ cias del Imperio. que aparecen citados varias veces en las inscripciones. Estos puertos de aduanas son los siguien­ tes: Iliberris. Economía y sociedad 303 Clunia (EE V III 141). etc. o de aduana. con indicación de su valor y de la renta que proporcio­ nan al fisco. también siervo. los ciudadanos del municipio latino de los Ebusitanos (CIL II 3664) pagaban unos tributos que no se especifican en la inscripción. Como es sabido. están situados en la Bética. de gran importancia. como el p r o c u ­ rator p r o v in cia e Lusitaniae e t V ettoniae (CIL II 484. como la Galia. posiblemente se trata de un registro de tienes hereditarios confiscados como caduca.5 por 100. donde la tasa era de 2. para celebrar su na­ talicio con fiestas. del siglo n.000 sestercios anuales. que parece ser del 1 por 100 mensual.000 sestercios. y tenían a sus órdenes una serie de sub­ alternos llamados tabularii y p ro cu ra to res. en Villaviçosa (CIL II 5210). a pa­ garlos dedica un testador la renta de 84.4. pero posiblemente los había en otros puertos. en Astigi (CIL II 1480) y un adiu- to r tabularii. la actual Alcalá del Río — al frente del po r to r iu m se encontraba un es­ . de los que todos. También mencionan las inscrip­ ciones otros cargos inferiores. 1267) y el tabularius p r o v in cia e Lusitaniae e t Vet­ to n ia e (CIL II 485). y el resto. 6. que se refiere a los s o c ii q u in q u a gen (sim a e). Los impuestos. Se tiene noticia de algunas contribuciones cuyo carácter se desconoce. los q u a es to res desempeñaban funcio­ nes financieras. En Hispania se han localizado ocho puestos de p o r­ toriu m marítimo.

las legiones que habían participado en ella abandonaron poco a poco . Años antes. y de un 2. en el de la ba­ talla de Actium. En el límite con Galia. La supresión del p o r to r iu m está bien señalada en los ases y en los sestercios. Hispalis. El primer caso documentado de franquicia aduanera conocido en Hispania data de tiempos de Galba. Astigi. y el 2.5 por 100.5 por 100 según una de Ostia (CIL XIV 4708). El p o rtoriu m fue restablecido por Vespasiano. Portus —esta última localidad quizá sea Cádiz y es la que apa­ rece con más frecuencia en las marcas de las ánforas— y Ostia. 9. como concesión del nuevo emperador por su victoria sobre Nerón. quedando el paso libre para las mercancías en una y otra dirección. G asto pú b lico Después de la terminación de las guerras cántabras.. percibiéndose el 2 por 100 para las mercancías destinadas a la Península. C. ya que la mayor partida del gasto público se dedicaba al mantenimiento de aquéllas. lo que señala una perfecta organización contable y administrativa. las dos aduanas documentadas se hallan en Ili­ berris (hoy Eine) y Lugudunum Convenarum (actual Saint Bertrand de Comminges). el principal capí­ tulo del gasto público se redujo considerablemente. 31 a.5 por 100 para las exportadas a la Galia. que debió abandonar pronto la Península. con una aduana especial para el control de las mercancías hispanas. en la Península Ibérica se encontraba la Legio XX. con la leyenda Q u adrage- sim a remissa. La tasa percibida era de un 2 por 100 según la citada inscripción de Iliberris. Terminada la guerra cántabra. en las que participaron siete legiones. pertene­ cientes al taller de Tárraco. Córdoba.304 Historia de la Hispania romana clavo imperial— (CIL II 1085). sin poderse por el momento determinar la fecha en que la tasa pasó del 2 al 2. citado en las ánforas del Monte Testaccio. En las oficinas adua­ neras se percibían tasas diferentes según la dirección del tráfico comercial. quien suprimió la Q uadragesim a Galliarum al hacerse cargo del poder.

. En el año 70 las legiones X Ge­ mina y VI Victrix dejaron definitivamente Hispania. C. en la VI Victrix.1). Ann IV 5. la segunda. que se cubría con el producto de sus prados. /■ 10. y la construcción y conservación de las carreteras y de algunas obras pú­ blicas. dos años después. La Legio VII Germina. que. y de participar en la Guerra Civil. III 156. Hacia el año 18 a. hacia finales del año 74.000 denarios. De la Legio I augusta no se tienen noticias. -al Uírico. que partió para Roma.000 denarios anuales. La primera partió para Ger­ mania. Economía y sociedad 305 la Península. donde su fundador se hizo con el poder. En H is­ pania se conocen los límites de los prados de la Legio IIII Macedónica y los de la Cohors IIII Gallorum. a juzgar por los numerosos libertos y esclavos imperiales que aparecen en las inscripciones. después de una estancia en Panonia. acuarteladas en el norte (Str. se apoyó Galba en el 68 para sublevarse contra Nerón.800. partió para Germania. Unos cincuenta años después de las guerras cántabras sólo permanecían en Hispania dos legiones: la VI Victrix y la X Gemina. lo hicieron la V Alau­ dae y la V IIII Hispana. P a trim onio im perial Debió ser grande en la Península. Tac. siendo enviada acá la Legio I Adiutrix. Se han calculado los estipendios de los seis mil hom­ bres de una legión en 1. En el año 65 partió la X Gemina para el Danubio.4. En tiempos de Tiberio había en Hispania sólo tres legiones. esta ' última hacia el año 39. que con Domiciano ascendieron a 1. Hacia el año 10 se tras­ ladaron al frente renano la Legio II Augusta y la IIII Macedónica a Germania. vol­ vió a Hispania. Galba creó entonces la Legio V II. gra­ cias a una serie de inscripciones. la única que permanecía en la Península.350. En el gasto público entraba también el mantenimien­ to de todo el personal administrativo. El ca­ rácter estable de los campamentos disminuyó esta canti­ dad.

un caso como éste sólo se documenta en las regiones más pobres de Gre­ cia. debieron ser administrados a través de la Ratio Privata y solamente a partir del 217 pasaron al fisco. mencionado en las ánforas. como consecuencia de las confiscaciones de los partidarios de Albino. después de las gue­ rras cántabras. que ascendían entre un 25 y un 33 por 100 de alquiler. como las mencionadas de S. quizá el impuesto que gravaba a los fo­ rasteros residentes en las colonias o municipios. por las minas descubiertas o conquistadas. La carta de Vespa­ siano a los saborenses. Finanzas m un icipales La situación de algunas finanzas municipales la cono­ cemos a través de las inscripciones. como las del noroeste. que consiste en la autorización de trasladar un municipio al llano sin aumentar los impuestos fijados por Augusto. los embargos de las propiedades por falta de pago en los impuestos. Como ha demostrado recientemente E. según se in­ dicó ya.306 Historia de la Hispania romana El patrimonio imperial se vio continuamente engro­ sado por el a g er p u b licu s. como sugiere Dión. del año 77. el sabio ruso alega este caso como indicio de la po­ . durante la dinastía de los Severos. confiscadas por Tiberio. el mayor latifundista era en Hispania el emperador. Mario en la Bética. hace una concesión especial. los productos olearios hispanos. impuesto este último que fue aboli­ do por Marco Aurelio. Con estas confiscaciones de Septimio Severo. Después de la muerte de Caraca- lia se creó. 11. Como indica Rostovtzeff. siguiendo a A. las arrendadas a particulares durante la República. Baldacci. posiblemente la capitación. Rodrí­ guez Almeida. o expropiaciones. las contribuciones sobre los jue­ gos de gladiadores. La causá del desplazamiento de la población era la mala situación económica (CIL II 1423). La citada inscripción de Ebusus habla de donativos de un particular para pagar el tributo de los ciudadanos. el fisci rationis pa trim onii p r o ­ vin ciae B eticae. También incrementaron el patrimonio imperial las donaciones tes­ tamentarias.

de lo que ya se ha hablado. como la de O stippo (Este­ pa). no indica la situación general. que men­ ciona los agri d e cu m a n i. el transporte que hacían sería también un mono­ polio estatal. A partir de los Se­ veros lo fue también la explotación del aceite bético. Se apoya esta tesis en algunas inscripciones. fue el más afectado por las cargas muni­ cipales. y el sector económicamente débil. En época de Marco Aurelio se crea un nuevo cargo para administrar las fincas de Vegetiano. pero este caso. como son: la ley olearia adrianea y la mencionada inscripción hispalense consa­ grada a un cu ra to r de la Colonia Aruensis. y en la de Villasidro. 66). del año 161-169. que cita (CIL II 2916) los prata lég io n is I I I I e t agri I u liob rigen ses. Economía y sociedad 307 breza de la ciudad. Con anterio­ ridad a esta fecha no hay constancia de tales cargos. situadas en la Béti- .. que alude a los prata leg io n is I I I I y a los agri S egisa m o n en ses (CIL II 5807). en la Bética (CIL II 1438). que alude al cargo de p r a e fe c tu s an nona e ad o leu m A frum e t Hispa­ nu m r e cen sen d u m . Las inmunidades se redujeron. A las finanzas municipales iban a parar las multas impuestas por los magistrados (Lex Mal. El citado autor añade algunos datos más que completan esta hipótesis. la de Retortillo (Santander). en ge­ neral. se inclina a ver una cor­ poración de carácter semioficial en los naviculari y. etc. como algún otro que se podría recordar. los duun- viros y los ediles. 12. M o n o p o lio s El principal monopolio en época imperial fue la mi­ nería. por tanto. del año 49. Recientemente se ha propuesto la hipótesis de que en el proceso de formación del patrimonio imperial en Hispa­ nia hubo una lenta pero progresiva penetración de la producción del Estado en el mercado aceitero y.4. en los productos agrícolas. a pesar de los esfuerzos de los Severos. por su parte. Las fi­ nanzas municipales se vieron engrosadas por los donati­ vos de los habitantes. La tesis es perfectamente aceptable: Rostovtzeff.

regaló al municipio unas termas. En el siglo n . Licinio Sura. Baste recordar al­ gunas. mientras viviese. Minucius Natalis hizo una fundación en forma de legado modal con un capital de 100. En Murgi. y prometió otro tanto dinero en el aniversario. Liberalidades Para el estudio de la estructura económica y social de Hispania es muy significativo el estudio de las libera­ lidades privadas. y para la conservación de las termas. Los 450 de­ narios. un denario a cada uno de los ciudadanos.000 sestercios. Ae­ m ilius Daphttus. En Barcelona (CIL II 6145). El capital legado se colocó a un interés del 5 por 100.000 sestercios para un re­ parto de sp ortu lae. de cuatro dena­ rios a cada uno de los decuriones'. que había desempeñado diversos cargos.308 Historia de la Hispania romana ca. a en­ grosar el patrimonio imperial.500 de­ narios legados por Caecilius Optatus. en época de Trajano. lugarteniente de Tra­ jano. Por la primera. dos personajes del mismo nombre. y un banquete a los incolae. interés del capital colocado al 6 por 100. que habían desempeñado gran número de cargos oficiales. que componían la aristocracia local. El arco de Cáparra fue levantado a expensas de Marcus Fidius Macer. 13. La distribución se haría sólo entre los presentes. y en época severiana fueron patrimonio imperial. no se sabe por qué motivo. 104 y 107 (CIL II 4208). cónsul en los años 102. a sus expensas levan­ taron unos baños con pórticos y un acueducto. En Barcelona se conocen dos fundaciones en favor de la ciudad. con los nombres de las familias ricas. centurión de dos legiones en época de Marco Aurelio y Vero. que habían pasado. de época de Antonio Pío. y tres a los sevi­ ros augustales. L. las fábricas de ladrillos de Ampurias cayeron en manos del empera­ dor. se in- . y en el día de la dedicación. El arco de Bará lo costeó L. junto a Almería (CIL II 5489). los intereses ascendían anualmente a 5. en época flavia. el día del natalicio. La segunda recoge la fundación de 7. 150 dena­ rios anuales.

y que Hispania.4. El beneficiario era posiblemente un co lleg iu m de iu v e n e s de ambos sexos. Tiene cabida para 26. el legado pasaría a la ciudad de Tarragona. e ins­ cripciones que los mencionan. aunque la mayoría de las veces los datos son muy escuetos en ellas. y en el suyo propio. La fundación fue de carácter ali­ menticio. y con el capital restante se compraría aceite para las termas públicas. posiblemente. en gran parte. Estas gentes fueron la base de la monarquía de los An toninos. el 10 de junio. era. con capacidad para 5. país de fortunas medias. 25 de abril. Se conservan bastantes edificios que estaban dedicados a ellos.000 espectadores. Fabia Hadrianila dejó una fundación de 50. aunque la gradería en parte ha desapare­ cido. 14. con la condición de liberar a sus li­ bertos y a los libertos de sus libertos de los m un era del sevirato. unos juegos de pugilato en los que se gastarían 250 denarios. En caso de incumplimiento de esta cláusula. como Africa. es el de Mérida. Economía y sociedad virtieron en organizar anualmente. donde se celebraban las carreras de carros. que en muchos casos presidían la vida social de sus ciudades. mejor conservado es el de Mérida. lo cual indica que en Hispania. -En Hispania se conocen una veintena de teatros. E spectácu los p ú b lico s Los espectáculos públicos desempeñaron un papel importante en la sociedad hispanorromana. como en el resto del Imperio.500 espectadores. este siglo fue una época de gentes acomodadas. La riqueza se encontraba algo reparti­ da.000 sestercios para distribuir dinero en el día del natalicio de su esposo.000 ses­ tercios anuales. El circo. En el siglo II. Se conservan bien las tres gradas para los asientos de las autoridades. el 1 de mayo. Tiene trece puertas . Se ha calculado sobre la base de un 6 por 100 que el interés ascendía a 3. La mayoría de las liberalidades documentadas en las inscripciones y fechadas pertenecen al siglo II. El mejor.

El primer m u rm illo combatió trece veces. que dan datos muy interesantes sobre su vida. y su capaci­ dad es de unos 3. Satur y Bas­ su s. Todas se fechan en el siglo i. C. con escudo y con defensas en las piernas). que siguió bajo administración imperial y que actuó en Pómpeya. El teatro y el circo de esta ciudad se han supuesto. fecha que es muy posible. El de Carmona no tuvo. El de Acinipo está tallado en la roca. Sevilla. Córdoba. Conservado está el de Pollentia. el de Clunia está igualmente tallado en la roca. muy-bien conservado. alternando con hojas de acanto y máscaras teatrales. Como los teatros. Se conservan los restos del de Barcelona. Cádiz y en otros lugares hubo también anfiteatros. En Ampurias. Augusto construyó el de Mérida en el año 8 a.310 Historia de la Hispania romana de ingreso. con espada. El de Tarragona está construido junto al mar. El segundo era un gladiador libre de compromiso. con sus correspondientes entablamentos de már­ moles. más dos para la orquesta.000 es­ pectadores. El de Itálica consta de tres pisos y es de época de la dinastía severiana. En la Bética se tiene noticia de teatros en Baelo. Segóbriga. Regina. con un friso esculpido con triglifos. . Antequera. y debía ser de ma­ dera. Córdoba ha dado un conjunto de once inscripcio­ nes dedicadas a gladiadores muertos. La escena está com­ puesta por dos órdenes superpuestos de 28 columnas co­ rintias.. por Hübner. superestructura. Córdo­ ba. tiene capacidad para 15. En curso de excava­ ción se encuentra el de Segóbriga. En la meseta. creado por César posiblemente en Capua. Roma y Venafro. debido a que en estos años se construyeron muchos. el primero pertenece al lu d u s gladiatorius Itilianus. En la provincia Tarra­ conense el teatro mejor era el de Sagunto. al parecer. Una de las inscripciones menciona a dos m u rm illo n es (luchaban con un casco adornado con un pez. Cáparra. obras del paso del siglo n al n i. y se conoce también el de A rcobriga (Monreal de Ariza). la mayoría de los anfiteatros docu­ mentados en Hispania. donde se celebraban los comba­ tes de gladiadores. pertenecen a la Bética y se les ha supuesto de finales del siglo i.000 espectadores. que se cons­ truyó en la ladera de la montaña. Astigi y dos en Itálica. en una pendiente.

I 15. Erigieron el ara su esposa. 70). también de la familia neroniana. 26. que dedicó la inscrip­ ción. C erinthus era esclavo y de origen griego. llamadas pu ella e gaditanae. indirecta­ mente a veces. explotadas por maestros de bai­ le. Marcial (V 78. VI 71. muerto a los veintiún años y que luchó dieciséis veces. También se celebraban en Hispania otros tipos de espectáculos. XIV 203. era libre. pasando después a la ne­ roniana. 12). la Hispania Citerior está dividida.4. suministra la mayoría de los datos refe­ rentes a las otras provincias hispanas. a comienzos del Principado. 1). . que estaba también en Capua y que fue instituido por Nerón. 2. Una tercera inscripción de Córdoba cita a Amandus. Faustus fue también m urm illo. Mu­ rió a los veinticinco años y combatió dos veces. lucho doce veces y murió a los treinta y cinco años. XI 162) y PÚnio el Joven (Ep. de Egipto. En la Roma del siglo i fueron famosísimas las bailari­ nas gaditanas. Economía y sociedad 311 posiblemente esclavo. 15. su esposa. P o b la ció n y urbanización Sobre la densidad de población hispana a principios del Principado se dispone de algunos datos. esclavo nacido en Placentia. era esclavo oriundo de Alejandría. pertenecía al lu d u s gladiatorius N eronianus. documentados por las inscripciones. Así. A ellas aluden frecuentemente los escritores del siglo x Estacio (Silv. como una competición de barcas y de pugilato en Balsa (CIL Π 13). 3). Su pre­ sencia era número obligado en los banquetes de las casas licenciosas. como el citado por Marcial (I 41. I 6. Ya se han citado los que dan Estrabón y Plinio sobre el número de ciudades que siguieron habitadas todas ellas en épo­ ca imperial. además de 293 civ ita tes subordinadas a . que formaban compañías ambulantes. De nuevo es Plinio el autor que. también esclava. en siete c o n v e n tu s . pertenecía a la familia neroniana. y un compañero que pertenecía a los gladiadores tracios. posiblemente se educó en la famosa familia gladiatoria llamada Cae­ sarea Alejandrina. Juve­ nal {Sat.

Esta concesión difundió el régimen municipal por la Península y contribuyó a la unificación del régimen polí­ tico-administrativo local. La urbanización y la romanización dio un gran avance durante el siglo i. como el resto del Imperio. Flavióbriga (cerca de Bil­ bao) y Caesaraugusta (Plin. el c o n v e n t u s lucense con­ tenía 18 pueblos. Iulióbriga (Reinosa). tenía 179 op p id a (Plin. con una población de 166. que habitaban también en las ciudades y desarrollaban una actividad económica. 11. A Tárraco acudían a dirimir sus pleitos 42 pueblos de la comarca. Había cinco colonias. III 24. Ga­ licia y el norte de Portugal sumaban una población de 691. III 18). por la peste. C. A Carthago Nova concurrían 65 pueblos. que presupone ambas co­ sas. no se comprende la concesión del tus Latii por Vespasiano. re­ partidas en tres co n v e n tu s . Edetania contaba con 55 pueblos. es decir. En época imperial se hicieron fundaciones mixtas. . de una clase de terratenientes.312 Historia de la Hispania romana otras. Vita Marc. de comerciantes y de industriales. Desde el punto de vista econó­ mico. todas las ciudades. La población total de los astures ascendía a 240. baste recordar las dos Augustóbrigas (Muro de Agreda y Talavera la Vieja). antes Salluia).000 individuos libres. En la época de Marco Aurelio (SHA. el c o n v e n t u s bracaraugustanus tenía 24 civita tes y 285. La impresión que se obtiene de estas fuentes es que Hispania se encontraba relativamente poblada. La vida media de la Hispania romana se ha calculado últimamente en unos cincuen­ ta años. gozaban dél status jurídico romano. que entre Asturias. había 46 agru­ paciones político-administrativas. Hispa­ nia debió de quedar en parte despoblada. según los datos suministrados por Plinio (III 117). Estos datos son muy importantes por proceder de los obtenidos por Agripa (Plin.000 hombres libres.000 tributarios.000 hombres libres. la urbanización suponía la aparición de gentes ricas que vivían en las ciudades. si no. com­ puestas de población romana y de nativa. 7). sin contar los esclavos. tres municipios romanos y treinta y siete ciudades estipendiarías. En Lusitania. funda­ da por Augusto en el año 24 a. III 23-28).

Pli­ nio menciona. al igual que los Narbasi. hacia el año 70. 220 Ha. . y Aven- ches. La política de Vespasiano de crear municipios en la provincia. en el F orum Narbasorum y los Lemavi en el futuro Monforte de Lemos M. En el siglo i. 37). además de favorecer la romanización y la urbanización. 4. 293. Guinzo de Limia (Pt... concentración urbana de la tribu vecina de los Gigurri (Pt. que llevaron la vida urbana a regiones rurales. 43). Cada ciudad poseía en sus alrededores un territorio que forma­ ba una unidad política. 179 centros urbanos y 114 rurales o pop u - 4i. La crea­ ción de concentraciones urbanas destruía poco a poco la vida indígena tradicional y favorecía la introducción de la cultura romana.. tales como el Forum L im icorum . 150 Ha. Vespa­ siano incrementó la vida urbana en Hispania considera­ blemente. facilitó el reclutamiento de tropas. disminuido a 87. los lla­ mados por los romanos fora. el F orum G igurrorum . Hacia mediados del siglo I I . Los Bibali se asentaron en el núcleo urbano del Forum Bibalorum. en la provincia Tarraconense. Estos núcleos urbanos se crearon prin­ cipalmente en el noroeste y en el norte de España. aunque sus principales fuentes son contemporáneas de Augusto. origen de Valdeorras. y los popu li. se crearon numerosos núcleos urbanos indígenas. donde predominaba la población rural. Hay datos muy significativos del avance de la urba­ nización y destrucción de las estructuras indígenas. donde se concentraron los habitantes del naci­ miento del río Limia. Nîmes. En total. Economía y sociedad 313 La urbanización presupone también la introducción en grandes sectores de Hispania y Galia de una economía análoga a la prevaleciente en Italia y en Oriente. Vienne o Autun. el de las comunidades rurales había descendido a 27. social y económica. al norte del río Duero y en todo el norte. 200 Ha. Ptolomeo catalogó 248 nombres de ciudades. donde Lyon alcanzó unas 40 Ha. antes de Plinio. Esta revo­ lución urbana muy posiblemente ha de suponerse en el noroeste de Hispania. Las ciudades habían as­ cendido a 105. II 6. La extensión de las ciudades peninsulares nunca igualó a la de las Galias. II 6.

medía unas 9 Ha. lo que prueba el crecimiento de las ciudades hispanas a principio del Imperio.. Medellin y Salamanca.. Uxama Argaela y Termantia. En Lusitania se conoce cpn bastante precisión la urbanización de Emérita. en sus comienzos. un templo dedicado a la Eternidad de Augusto y un ara a la Providencia de Augusto. que tiene las escaleras exterio­ res. con cuatro puer­ tas. citado en monedas e inscripciones. costeado por Agripa y reparado por Adriano. algunas ciudades.. Seguramente pertenecen a estos años-uno de los templos de Augustóbriga. en los mismos años se tiene noticia de la existencia de varios importantes edificios. Existían otras muchas ciudades cuya extensión era pequeña. En Carthago Nova. çomo lluro. como la muralla de la ciudad. Tárraco medía unas 40 Ha. como un circo. Lucus Augusti tenía 9 ó 10 Ha. llegó a contar con 26 Ha.. localizado en la Vega. bien de carácter urbano. cuyas ruinas se conservan bajo la actual plaza de toros. con 50 Ha. era Caesaraugusta. Emérita. y Córdoba 50 Ha. Barcino. Aún hubo otras ciudades de superficie más reducida.. La ciudad contó con un magnífico teatro. y el teatro de Celsa. los acueductos — conocidos en sus restos actuales— .314 Historia de la Hispania romana Carmona tenía 49 Ha. sólo medía 24 H a. La ciudad más importante del interior. bien puentes y calzadas. fueron aún más pequeñas. a los comienzos del Imperio. Obras hidráulicas se efectuaron en la ciudad poco antes del . como el de Pompeya.. Baetulo y Barcino. Ampurias. que después se ampliaron a 70 en tiempos de Augusto.. consagrado a la diosa Juno. 30 y 20 Ha. en cuyas monedas aparecen representaciones o alusiones a monumentos de época de Augusto. pues Caparra sólo alcanzó 16 H a. cuya es­ tructura obedece a un prototipo arcaico. en la época de Augusto. la su­ perficie de la ciudad amurallada es de 12 H a. las dos Augustóbrigas y Pamplona tenían una extensión de alrededor de 50 H a. respectivamente. Augusteo es el templo tetrástilo de Ilici. el circo de Tole­ do. Augusto dio un gran impulso a la construcción de edi­ ficios. A comienzos del Principado se datan los puentes de Mé­ rida..

de Medinaceli. de este siglo se conservan bue­ nos edificios. el puente de Cáparra. de época nero­ niana. Vita Hadr. Baste recordar Cór­ doba. el de Cáparra. De época trajanea es el arco de Bará. con terrazas escalonadas. situado en la divisoria entre España y Portugal. rodeado de . Trajaneos son el puente de Alcántara y su compañero. con otro templo también consagrado al culto imperial. Trajaneo es el acueducto de Segovia. Economía y sociedad 315 cambio de Era.3) con ocasión de su visita a la Península Ibérica. dedicado al culto al emperador. obedece al mismo prototipo que el de Leptis Magna. De época adrianea es el templo de Augustóbriga. muy parecido al de Benevento. fechado en el año 110. en la Tarraconense. Vestigios de un plan urbanístico han quedado en esta ciudad en la construcción de una de las cloacas y de su piso. Ya a los comienzos del siglo. sobre el río Segura. Barcelona. posiblemente. con su templo de Augusto. Las principales ciudades hispanas debían de contar con hermosas edificaciones en el siglo i. que es el único con cuatro puertas conservado en His­ pania. Vita Sev. la época de mayor florecimiento de la ciudad durante el Imperio romano coincide con el si­ glo II. En la Península. Sin embargo. es del siglo n. a pe­ sar de ciertos rasgos de arcaísmo y del parecido que guarda con algunos arcos augústeos. que. ambos levanta­ dos por el arquitecto Lacer. y Tarragona. que con posterioridad fue restaurado por Adriano (SHA. que tenía un templo del que se conserva todo el p o d i u m . 12. 37) du­ rante su pretura en el año 178. y los de Alconétar y Martorell.4. como el San­ tuario de Fortuna en Preneste. se levantaron muchos edificios en todo el Imperio. y posiblemente se mejoraron los male­ cones del puerto. durante los años del gobierno de Trajano y Adriano. Su paralelo más próximo es el arco adrianeo de Gerasa. De los años compren­ didos entre los gobiernos de los emperadores Claudio y Nerón datan el anfiteatro de Ampurias y la palestra. y por Septimino Severo (SHA. que posi­ blemente data del gobierno de Tiberio. conocidos por las monedas. De época flavia es el gigantesco monumento de Munigua (Sevilla).

cuyo uso aparece en piezas de Barcelona. Sagunto. . En los últimos años se ha excava­ do en Pamplona. de Emérita. donde aparecen calles porticadas. Desgraciadamente. consagrado a Antoni­ no Pío. y el llamado de Diana. como en Córdoba (mosaico de Polifemo y Galatea). Mosaicos de o p u s sign in u m apa­ recen con frecuencia en las ciudades. San Baudilio y Tarragona. se fecha en época de la dinastía de los Severos. De época de los Antoninos quizá es el templo corintio de Evora (Portugal). de Cáparra. Al mismo taller o a la misma influencia pertenece el mosaico de las Tres Gracias. sobre alto podium con columnas acanaladas. magní­ ficas mansiones con buenos mosaicos policromados. intuir el nivel de vida de la población por una serie de elementos. como las pinturas y los mosaicos. en época augústea. De la segunda mitad del siglo I I es el templo de Jú­ piter. La existencia de unas cuantas mansiones de lujo no prueba que toda la ciudad tuviera el mismo nivel. como en Baetulo. Ampurias y Carthago Nova. La urbanización de las ciudades fue acompañada de un embellecimiento de las casas. como se deduce del hecho de que los mosaicos fechados entre los años 193 y 235 son frecuentes en las ciudades hispa­ nas. las ciudades romanas en Hispania han sido poco excava­ das hasta el presente. con buenos resultados. De época severiana son las termas de Alhange. Barcelona. de Barcelona. Ampurias. Ampurias. El barrio de la ciudad de Itálica que se excava en la actualidad. pero las casas se embellecieron mucho. tuvo casas decoradas como en Pompeya y en Roma.316 Historia de la Hispania romana un pórtico. en Tarragona. Córdoba e Itá­ lica. y probablemente lo que queda del de Marte en Mérida. de Baelo. Es necesario. Durante el gobierno de estos emperadores hubo en todo el Im­ perio una gran inflación. Buenos ejemjflos de la calidad alcanzada en los talleres provinciales de Hispania en la pintura son las pinturas de tipo pompeyano de Astúrica. y el Capitolium. pues. la moneda se devaluó en un 50 por 100. se fe­ chan en los siglos i y n. en las proximidades de Emérita. Severianos son los mosaicos polícromos con partes en blanco y negro.

en la Bética28. en . Los mosaicos en esta época tienden a ser mayores. en que va desapareciendo el absentismo de las grandes fa­ milias. La policromía y composición figurativa encareció. seguir la evolución de la situación econó­ mica en los siglos i y n. En zonas rurales no se generalizó antes de finales del siglo n . y la análoga de Vespasiano del 77 a la villa de Sabora. dirigida por Tito a los qu attu orviri y d e cu r io n es de Mu- nigua. 16. el mosaico. Economía y sociedad 317 Mérida (mosaicos de la casa junto al teatro). en el estado actual de nuestros conocimientos. alude a un levantamiento de los astures. para reprimir el cual se enviaron fuerzas de la L egio VI. dedicada al prim ipilu s M arcus V ettius Valens. Se indican otros in­ dicios de esta crisis. Crisis en lo s s ig lo s I y II Todavía no es posible. pues. Para ello se apoyan algunos autores en las dificultades financieras que expresan la carta del 7 de septiembre del año 79. no hay huellas de mosaicos. a la que ya hemos aludido. Estos son los siguientes: una ins­ cripción del año 66 (CIL XI 395) hallada en Rímini. Se desconoce la impor­ tancia de este levantamiento de los astures y las causas que lo motivaron. Itálica. después acusan influencias africanas muy fuertes. se generaliza su empleo. El estudio de los mosaicos indica un primer momento de una fuerte influencia itá­ lica bien patente en los mosaicos de Mérida y de Itálica. El uso del mosaico comenzó siendo un fenóme­ no exclusivamente urbano. Aparece al fin del siglo i l y a lo largo del siglo n i. Se ha supuesto que hubo una crisis financiera en época flavia. mide 100 metros cuadrados. en una villa urbana de época flavia. etcétera. Algunos hechos se han presenta­ do recientemente por algunos investigadores. sin duda. con la época severiana. como que la ciudad de Cárbula. El mosaico estaba. como indicio de crisis económicas. antes sólo al alcan­ ce de la gente rica de las ciudades. como el de los peces de Tarragona27. En Cáparra. en Sagunto. El de Circe.4.

la de Cástulo. Vita Sev. de ciudad pasó a aldea. 2015). la reconstrucción d e . al parecer menos importantes. Evora y. y no proba­ rían la situación general de la Península. el c o n v e n ­ tu i convocado en Tárraco expuso al propio emperador sus temores de un alistamiento continuado. También repercutieron desfavorablemente en la Bética las inva­ siones de moros. años 172-173. 3-4. cf. 2. quizá. que suponen la ma- . como las de Hipa. como parece desprenderse de la concentración de tropas en Villalís. Otro foco de inquietud. lo que indica que las ciu­ dades pagaban difícilmente estos espectáculos. pero todos estos testi­ monios son escasos en número y aislados. eligiendo los itali- censes como patrono a C. pues. prolegado de Mauritania. años 122-123. a las que se pueden añadir las de Baelo. His­ pania sufrió. Las invasiones tu­ vieron lugar en época de Marco Aurelio. y las zonas rurales con el de auxilia. La mala situación financiera de algunas ciudades que­ dó bien patente avanzado el siglo n con la disposición de época de Marco Aurelio y Cómodo limitando el coste de los combates de gladiadores. 2. Adriano y Marco Aurelio. Iulius Pacatianus. con el consiguiente saqueo de villas y gastos en la defensa de las ciudades. En el siglo n r amenazaron a la Bética nuevas invasio­ nes. Al comienzo de la visita a Hispania de Adriano. Itálica y Cartela. CIL II 1120.318 Historia de la Hispania romana el año 74. a la que ya hemos aludido. Las ciudades eran las afectadas principalmente con este reclutamiento de legionarios. en los últimos años de Septimio Severo. Las fuentes ya in­ dicadas son bastante significativas. Profunda huella en la economía debieron dejar se­ guramente los reclutamientos de legionarios y tropas au­ xiliares a lo largo del siglo i y principalmente bajo Trajano. Vita M arci 21. por cuanto expresamente afirma que se de­ vastó toda la Península (SHA. era el noroeste. probablemente. El texto de la vida del emperador es especialmente sig­ nificativo. Con las invasiones africanas en la Bética se ha puesto en relación la existencia de una serie de murallas. una profunda sangría de hombres du­ rante todo el siglo i y II.

Su presencia obedece a la proximidad de la zona aurí­ fera. en la Bética. acosado por las guarniciones imperia­ les. Quizá los galaicos y astures. al aflojarse la presión de Roma intentasen salir de la órbita del Imperio. en el Bajo Imperio. Economía y sociedad 319 yor parte de la guarnición de auxilia de la provincia. 2). siempre poco romanizados. pues. M in a s29 En el siglo xv. ya que sitió y destruyó ciudades. Posible­ mente hay que relacionar con esta invasión la presencia de una vexillatio de la L egio VII G em ina en Ampurias (CIL II 6183). seguían explotándose. el cual. Economía de Hispania en el Bajo Imperio 1. SHA Vit. todavía se explotaban a buen ritmo. No se conocen detalles de esta invasión dedicada al pillaje. libertando a los malhecho­ res. lo que indica su vinculación con la hacienda impe­ rial. cuyo impacto en la economía debió de ser im­ portante (Herodiano I 10-11. en el siglo iv. algunos investigado­ res. 16. Com. Es importante poder determinar con seguridad la exis­ tencia de explotaciones mineras en Hispania. que engrosaban las filas de sus partidarios. pues abundan las monedas de Constantino . Las minas de la provincia de Huelva. pero esta concentración grande de tropas parece indicar que su misión no era sólo servir de policía al dis­ trito minero. III. como el alemán Delbrueck y el inglés Davis. En los últimos años del reinado de Cómodo se pro­ duce la penetración desde la Galia de las bandas de Materno. expli­ can la decadencia del Imperio Romano por el declinar de las explotaciones mineras. se pasó a Italia con la intención de asesinar al em­ perador. que eran monopolio estatal todavía. citada en una inscripción de la segunda mitad del siglo ii.4. las minas hispanas de oro y plata. como es bien sabido.

320 Historia de la Hispania romana y demás emperadores del siglo IV. IX 12). tenía por finalidad posiblemente vigilar las próximas ex­ plotaciones de estaño. con la decadencia de las ciudades. Las minas de plata de la región de Cástulo todavía se explotaban en el siglo iv. como parece desprenderse del castro de Las Merchanas. Palazuelos y La Caro­ lina llegan hasta el año 383. Pacato. La conclusión que cabe de­ ducir de la existencia de los miliarios concentrados en el noroeste es que todavía en el siglo iv Gallaecia era una pieza importante en la economía minera imperial por sus minas de oro. principalmente las calzadas que llevaban a Brácara Augusta y Astúrica. 4). a juzgar por algún formulario de alquimia apa­ recido allí y fechado hacia el año 400. también se vendía estaño hispano en Egipto. A gricultura La forma de propiedad territorial típica del siglo iv son los'fundos. como Nostrand y Ruggini. 2. pero ello puede ser una de las clásicas alaban­ zas de España. a comienzos del siglo v deja de tra t íjarse en ellas. en su panegírico al emperador Teo- dosio (28. y en otro pasaje (4. En el siglo iv. La sal procedente de la Tarraconense la menciona a finales del siglo iv Sidonio Apolinar (E pist. a la riqueza minera de Hispania en general. en las conti­ nuas reparaciones de que fueron objeto las vías romanas de este distrito. en la actual provincia de Salamanca. pues las monedas recogidas en las llamadas de El Centenillo. 50) alude a la exportación de minio de Sísapo a Cart ago. destrui­ do totalmente por la invasión germana del siglo v. donde el destacamento militar asentado en la localidad. los latifundios adquirieron importancia y oca­ . 2). La confirmación de la existencia de explotaciones mi­ neras de oro en Gallaecia en el siglo iv la han visto al­ gunos autores. alude a las minas de oro de Gallaecia. En el siglo iv los yacimien­ tos superficiales de estaño de Lusitania continuaban en explotación. San Agustín (Epist.

etc. pues no han aparecido hasta el momento presente villas del tipo de las de la meseta. algunas ya citadas al hablar de la invasión de francos y alamanes. a este último grupo pertenecen algo más de cincuenta topónimos hispanos. así. ni la epigrafía. etc. también habrá.000 Ha. en Hispania se documentan más de cien topónimos terminados en -én. arqueológico uno: las ruinas de las lujosas villas. sin duda. que en su mayoría derivan de antropóni- mos. como en Italia y en Galia. La base de la vida económica. Para la reconstrucción del latifundio se dispone de dos tipos de documentos. principalmente en el centro y en la costa mediterránea. -ena. lingüístico el segundo: la conservación de topónimos. Caro Baroja ha realizado investigaciones lingüís­ ticas que arrojan mucha luz sobre la vida económica y social de las poblaciones de la zona navarroalavesa en el Bajo Imperio. Economía y sociedad 321 sionaron un cambio fundamental en la estructura social y económica de la Península. García y Bellido cree del siglo iv. la constituían los fundos. su transfor­ mación en aldea compleja parece que comenzó a finales del siglo n i. La extensión de estos fundos en la Península debió ser inferior a la de 1. una tercera serie de topónimos acaban en el sufijo -an. . las villas del Cortijo de Fuentedueñas en Ecija. otros nombres de lugar ofrecen el sufijo -in. según indica Thouvenot.4. grandes vi­ llas. ni Ptolomeo. En la Bética posible­ mente la crisis del siglo iv afectó menos que en otras provincias hispanas. la propiedad debía encontrarse algo menos concentrada quizá. ha dado exce­ lentes villas. J. La Tarraconense. a juzgar por su extensión y por la calidad de sus mosaicos. ya que no los mencionan ni Plinio. que prueban la existencia del gran latifundio. como resultado de la invasión de francos y alamanes y la subsiguiente crisis. y que A. conser­ vando su estructura y nombre primitivo. de Torrox en Málaga. El fundo pasó de mano en mano. a juzgar por la supuesta basílica paleocristiana de Ronda. y que las diferencias entre ricos y pobres fuesen menores. y es posible que la ruina de las ciudades no la afectase tan profundamente como a las restantes provincias.

IV . 21. La villa de Fortunatus. pues constaba de 44 habitaciones. era aún ma­ yor. La villa de Tossa de Mar es otro buen ejemplo de este tipo de explotaciones agrícolas. etc.322 Historia de la Hispania romana La proporción de nombres romanos que aparecen en los toponímicos es grande en la zona de los Pirineos.400 metros cuadra­ dos. de villa Fedanti. de las que 11 conservaban pavimentos de mosaicos. de las que 200 se dedicaban a tierras de labor. La villa más importante de las exca­ vadas hasta hoy es la de Liédena. en los Pirineos. en una extensión de 1. con dependen­ cias agrícolas. 500 a prados y 700 a montes. posible­ mente rehecha en época constantiniana. con molino. 100 a viñas.. que miden 500 metros cuadrados. de planta rectangular. La extensión y lujo de algunas villas de la Tarraconense era grande. 16 ss. Vilafrant. de villa C olum bi. Vizcaya y Navarra. Muchas de estas villas debían de ser similares a las que describe Sidonio Apolinar (Epist. lo que indica una gran inseguridad en esta época. de Navarra. lo que obliga a revisar la teoría de la poca o nula roma­ nización de Alava. en Navarra. Mayor luz arrojan sobre los fundos los hallazgos ar­ queológicos y las excavaciones de algunas villas. tiene 22 habitaciones.050 Ha. e incluso con un gran cuartel de 44 habitacio­ nes para tropa. como la pintada en Cent- celles. ya que por Claudiano (In Ruf. tales como Vila- colrn. También se conservan algunas representaciones de villas en mo­ saicos o pinturas del siglo iv. cuya extensión era de unas 1. V III..) y por Sinesio (D e R eg n o 15) se sabe que algunas villas tenían su propia guarnición. II 2. tejado a dos vertientes. así la Arróniz. con mosaicos polícromos geométricos. que puede ser tomada como proto­ tipo. puertas y ventanas rectangulares y de dos pisos. en Tarragona. 4) al otro lado de los Pirineos. como un lagar y trujal para prensar la aceituna. De Cataluña se conoce un gran número de nombres romanos en los que se reconocen claramente la palabra villa seguida de un nombre personal. en la cúpula de este edificio se ve otra gran casa de campo con entrada principal debajo de un frontón y torre rectangular con ventanas. lagar .

escoplos.Aedes.— 3. pun­ zones. etc. . con la base de apoyo de una prensa de aceite. Lagares y almacenes.—5.' así los de Vitalis. Economía y sociedad 323 y almacén de grandes dimensiones. Su carácter de. (Según F. Fig. en Badajoz.—4. hachas. Villa rustica. leznas. etc. algu­ nos de los grandes latifundistas serían ya cristianos. 20. pues sólo la parte excavada ocupa una extensión de 10 Ha. Ί .—^ Termas. án­ foras y molinos. en Fraga. Posee otras construcciones que servirían para la preparación del aceite de oliva. cuchillos. y los fragmentos numerosos de tinajas. Basílica paleocristiana. en Tossa de Mar..—Planta general de Torre de Palma. Nombres de dueños de villas se conocen algunos a través de los mosaicos.4. En el siglo iv .—2. in­ dican una explotación agrícola de gran envergadura. en exploración. de Al­ meida. de Marte. hoces. como rejas de arado. Algunas villas como la de La Cocosa. de fo r tu n a tu s . finca de labor queda bien patente en el gran número de aperos agrícolas recogidos. como lo indican el gran número de fragmentos de tinajas y de ánforas.) 1. Area del cementerio.

II 5-6). Algunos de estos fundos debían ser muy extensos y albergar gran número de colonos y siervos para su ex­ . quien en 383-383 ven­ dió una finca en la Península (Symm. eran los banquetes. que de joven leía a Virgilio {Epist. Melan.. Ricos de fuera de Hispania habían invertido dinero en tierras acá. la de la Alberca. V 56). La cultura mitológica de estos p o s s e s s o r e s era am­ plia. como las fincas que tenía Potamio {Epist. Epist. 10). V 82-83). las representa­ ciones teatrales que se ven en el mosaico de las Musas de Arróniz.. al igual que la intelectualidad hispana del siglo iv: Iuvenco. Torre de Palma. representada en mosaicos de Conimbriga. Pueblanueva y del Prado. Flavio Salustio. Otras diversiones o espectáculos. ade­ más de los juegos de dados documentados en la villa de la Torre de Llauder. Los fundos eran públicos. etc. donde su padre. cuyo padre. y prohibidos en el canon 79 del sínodo de Elvira. Centcelles. como lo confirman los huesos de jabalí o ciervo hallados en algunas villas. incluso con asis­ tencia de judíos. Prudencio. como la que se representó en Puigvert de Agramunt. como en san Paciano. Se dedicaban preferentemente a la caza. era senador y tenía una villa rústica. testimoniados en los mosaicos de Paradas. Merobaudes y Orosio. como las carreras de carros. Otra diversión eran las procesiones de carác­ ter profano citadas en el sínodo de Elvira (canon 57). los juegos circenses. La formación humanista era en algunos ciu­ dadanos buena. en el de San Julián de la Valmuza el de Pegaso. a que alude este concilio y los prohíbe (canon 50). Ramalete. el de Orfeo en Torre de Palma. de Fortuna­ tus en Fraga. en el año 364. según la tradición. obispo de Lisboa. La Alberca y Arnal.324 Historia de la Hispania romana como lo señalan las villas de «L a Cocosa». las cacerías en el anfiteatro. y Helpidio. cristianos son la familia de Teodosio y de Eulalia de Emérita. hacia el año 350. privados y eclesiásticos. II 32). Epist. así se representa en mosaicos de Ucero el mito de Belerofonte. Salustio poseía fincas y yeguadas de caballos en Hispania (Symm. como Melania ( vita S. etc. etc. había sido vicario.

que recibirían tierras para cultivar a cambio de sus servicios de defensa. como lo indican bien los huesos recogidos en las villas. en las mencionadas de la provincia de Soria está bien docu­ . algunas villas tenían también fábricas de salazón. donde han aparecido reciente­ mente unos soberbios mosaicos de época teodosiana. con la leyenda de Aquiles en Esciros. VIÏ 40. y no se producía fundamentalmente para vender. 3. muy posiblemente en Saldaña. pero no en número elevado. o a especiales re­ quisas. es decir. 295). se dedicaban a la oleicultura. como en la Bética en los siglos i y u. En la costa.4. con gentes de sus tierras defendieron durante tres años los pasos de los Pirineos (Oros. Wand. en Palencia. Se está mal informado sobre el sistema de cultivo en los latifundios hispanos. La falta de ánforas del siglo iv 'en los hallazgos submarinos y en las colecciones de los museos (las conocidas proce­ den de los cementerios. o. como se desprende del hecho de que los pri­ mos de Honorio. muy posiblemente desapareció el mono­ cultivo: el cultivo de los cereales alternaría con la cría de ganados y el cuidado de pastos y bosques. Barcelo­ na y Tarragona) lleva a la conclusión de que la expor­ tación de productos agrícolas. Su latifundio estaba en tierra de Campos. si bien es verdad que hasta el momento presente han aparecido en la ne­ crópolis armas.8. trigo y quizá aceite. Tampoco aparecen en los latifundios fábricas de envases. Ganadería Los latifundios eran explotaciones agropecuarias. pues había una economía cerrada. como los de Ampurias. como era de esperar. laeti. Hist. viticultura y ganadería. Dídimo y Veriniano. ya que no se dispone de fuen­ tes literarias. se reducía al pago de las contribuciones. Economía y sociedad 325 plotación. Las fincas producían dentro de sí todo lo necesario. Isid. Probablemente a finales del siglo iv hubo en el valle del Duero y otros lugares asentamientos de prisioneros germanos. donde ello era posible.

posiblemente. llegando hasta el iv. cantida­ des grandes de cerámica fina y vajilla corriente de mesa. como lo prueba el escaso número de piezas aparecidas. pues. También lucernas. utilizado para la caza y el transporte. en la Península Ibérica se desarrolló un comercio de importación. que comienza a fa­ bricarse a principio del siglo m . Africa exportó a Hispania. cerca . también se crió el ganado ovino. 4. Ya se ha aludido a los ladrillos estampados paleo- cristianos que proceden de Africa. La gran cantidad de atalajes de carro aparecidos en Hispania. en el siglo iv. recibe Hispania productos prácticamente de todas las regiones del Impe rio. ascendía a 5. Importada de Africa. caprino y de cerda. C om ercio. I m p o rta ció n Durante el Bajo Imperio.326 Historia de la Hispania romana mentado el ganado bovino. Abun­ daba Hispania en ganado. con el que Diocleciano intentó. frenar el alza. Existían latifundios con yeguadas. La lana asturiana la cita el Edicto sobre los precios (XXV). que traficaba con Hispania. es la cerámica de relieves aplicados. El ganado que alcanzó más justa fama en Hispania en el siglo iv fue el caballar. así lo indica. como se deduce de la correspondencia de Sí- maco a Eqfrasio. a los que nos referimos más adelante. aunque posiblemente después se fabricasen acá.000 sólidos. El comercio con el Oriente se deduce del hecho de que la riqueza líquida de un mercader alejandrino. como en Torre Llauder. al decir del autor de la Expo­ sitio to tiu s m u n d i (59). fechada a partir de la primera mitad del siglo m y durante todo el iv . De origen africano es igual­ mente la llamada sigillata clara D. que fue un autor oriental y escri­ bió hacia el año 357. em­ parentada con los tipos estampados rojos fabricados en el norte de Africa. posiblemente criado como animal de tiro para las faenas agrícolas. en el año 303. Su distribución indica claramente su exportación des­ de la costa de Túnez por mar. cuyos huesos han aparecido.

como los restantes hallados en His­ pania. hallado en Belalcázar. localizados principalmente en la Bé­ tica y en la Tarraconense. y de Am- purias. Economía y sociedad 327 de 70 libras de oro. prueban que en estas provin­ cias existían ricos cristianos. que rivalizaban en gusto con los de la capital del Imperio. prueban unas relaciones comerciales intensas con Roma. que era la que aprovisionaba de ellos a Italia. etc. Hispania y Afri­ ca. De Italia importaba Hispania vidrios de lujo. Estos sarcófagos. Estos sarcófagos. Los talleres romanos enviaron a la Península un buen número de sarcófagos paleocristianos como el que representa a Daniel en el foso de los leones. pues de los veinticuatro sarcófagos paleocristia- nos de la primera mitad del siglo iv . todos fueron importados por mar. como lo indi­ ca en general la distribución de los sarcófagos en la Pen­ ínsula. y el último aparecido en la ciudad. igualmente. datado en el segundo cuarto del siglo iv . 315-330. Una gran parte de los sarcófagos hispanos importa­ dos es de la primera mitad del siglo iv . en Lusitania. igualmente un fragmento de sarcófago hallado en la mezquita de Córdoba. él conservado en la capilla de los mártires de esta ciudad. Laus. Córdoba. y los vidrios puteolanos de Odemira. Del paso del si­ glo n i al IV es el de las estaciones de Ampurias. Hispania importó de Roma. por la fecha constantiniana. . diez proceden de lugares inmediatos a la costa. Los talleres de producción de todos estos sarcófagos se encontraban en Roma. 15). De comienzos del siglo iv es el sarcófago con el mismo tema oriundo de Celsa. época en que Hispania se rehizo de la crisis del siglo n i durante la Tetrarquía. y que importaban a precio costoso las últimas producciones artísticas de la metrópoli. a principios del siglo v (Palad.4. Hist. datado en el siglo iv. como el diatreto de Termancia. un número relativamente elevado de sarcófagos. y datado entre los años 315-320. Han de ser importados.

por el contrario. en la fecha de redacción del Edicto. de no ser producción de talleres hispanos. 18-19). En tiempos de Ausonio ( O rdo urb. 19. se encuentra representada. proceda la cerámica gris. etc. Las monedas abundantes halladas en Hispania procedentes de cecas orientales y los vidrios sirios y chipriotas (dos ampollas de Ampu- rias procedentes de Palencia. Los vi­ drios de procedencia del Rhin son muy escasos. lo que indica. señalan el área e inten­ sidad del comercio hispano. 328 Historia de la Hispania romana De Germania importó Hispania (Guarromán. pueden ser los hallados en la necrópolis de La Lanzada procedentes de las fá­ bricas de Normandía y Poitou. De la Galia. «de Africa a España» (I 58). Narbona mantiene relaciones comerciales con las ciuda­ des de Iberia. El fragmento de Afrodisias. un comercio de importación de mercancías con todas las provincias hispanas desde Africa y Oriente. y del Museo Arqueológico de Mérida. en él se leen frases como «desde el Oriente a España» -(I 38). Ronda de Eresma) el C archesium con hilos serpentiformes de Itálica y vidrios y broches de cinturón renanos. prueba en esta época la existencia de importantes cam­ bios de mercancías. ungüentos tubulares del Museo Arqueológico de Sevilla. y el de Côtfdoba. a pesar de que los influjos cul­ . n ob . «desde el Oriente a la Bética» (I 88). Impor­ tados de la región danubiana son los bronces de carro con cabeza de águila de Miraveche. en cuanto que la designación del Oriente como lugar de partida representaba sólo el punto de vista del redactor oriental. ya la copia del citado Edicto sobre los precios de Afrodisias se refiere a los sobre­ precios de los géneros que se importaban a Hispania. en Burgos. no necesariamente en el sentido de la importación.). como indica Ruggini. muy escasamente en el material publicado. de Ontur. quizás. La ceca de Cartago. que exportaban sus mer cancías por el puerto de Boulogne. El número de productos importados del Oriente fue más numeroso y variado. en Arles y en las proximidades de Marsella. Vidrios modestos. tan abundante en la cuenca del Ebro.

Se les encuentra en Roma y en el Oriente. es el disco de Teodosio. 63). posiblemente alude a la misma industria cerretana. Entre los años 397 y 401. la E x positio to tiu s m u n d o {19) vuelve a mencionar los productos del cerdo. quizá de Tesalónica. 60. allí los menciona Símaco (E pist. representa a la familia imperial (v. Los caballos hispanos corrían también en los hipódromos de Antioquía. que tuvieron lugar el 19 de enero del año 388. 4. cuyos habitantes eran muy afi­ cionados a las carreras. p. En el año 360. lo que pre­ supone una industria que se mantuvo durante varios si­ glos). Símaco gestionó de su amigo Eufrasio. y en otra que los caballos son muy famosos (E pist. concretamente. La pro­ ducción de oro y plata iría íntegra a Roma. . que pesa 15. y con seguridad de los talleres imperiales. 146). XX 8.344 kilogramos de plata y que celebra los diez años de gobierno del emperador. y le prometió enviarle caballos hispanos de carreras para que corriesen en la nueva capital del Imperio (Amm. El citado Edicto de Diocleciano (II 8) nombra los jamones de los cerretanos como producto de exportación (ya a comienzos del Imperio se exportaban. medio siglo después. sin especi­ ficar. Economía y sociedad 329 turales. Símaco le dirigió cuatro cartas so­ bre este asunto. his­ pano. la obtención de algunos animales para correr en el hipódromo de Roma. que se encontraba en la Ga- lia. Juliano. Marc. a juzgar por la inscripción. caballos de carreras. Obra importada de Grecia. Hispania exportaba los metales ya citados. IV 58. con ocasión de las fiestas de la pretura de su hijo. comunicó a Constancio su elección de Augusto. 14). propietario de famosas cuadras de caballos de carreras. 62. Hispania ex­ portaba ganado. en una de ellas le escribe que hay gran expectación entre el pueblo romano por estos animales. IV 62). 5. hallado en Almen- dralejo. E xportación. religiosos y el comercio con Cartago eran muy intensos.

fe­ chada en el siglo IV. según se indicó. pues. indican que los barcos que iban a Roma con cargas destinadas al fisco se veían obligados a otros menesteres extraordinarios. His­ pania exportó a Roma cereales. Hispania seguía siendo una región abastecedora de grano de Italia. a través del puerto de Ostia. 397-398. sin duda. X III 5. Exportaba la península Ibérica igualmente varias hierbas medicinales citadas en los tratados de veterinaria. Las dos constituciones sobre los na­ vicu la rii h isp an os. insiste en lo ya legislado. aun­ que en cantidades muy inferiores a las alcanzadas desde el siglo i al año 258. 37). I 407). R eí. era el es­ parto. que era un monopolio estatal. que en las costas hispánicas no han aparecido hallazgos de ánforas fechables en el Bajo Im­ perio. que se debía enviar ya elaborado. 4 y 8). a juzgar por la expresión de la E x positio to tiu s m u n d i (59). fechada en 19 de mayo del año 336. según se indicó. procede de talleres héticos. La segunda Cons­ titución. vino y garunt. según indicación de Clau­ dio Claudiano (In E utrop.330 Historia de la Hispania romana La lana asturiana parece documentada en el Edicto de Diocleciano. lo que es un síntoma de un descenso casi total en la exportación de aceite. profun­ damente en la exportación. que no debía de cumplirse. La decadencia de la industria y de la artesanía y la economía cerrada de las villas en el siglo iv repercutió. El punto de destino de estos alimentos era Roma. como era . al menos en ca­ sos excepcionales. Ya se han dado algunas referencias a la exportación del aceite. haciendo que su volumen descendiera considerablemente. ya lo había hecho antes en el año 384 (Symm. En los años de la rebelión de Gildón. T h eod . La cerámica estampada de Mauritania Tingitana. ambas de la primera mitad del si­ glo IV (C od. Muy ex­ portado a todas las regiones del Imperio. Se exportaba la púrpura de las Baleares. En este aspecto es significativo. según los investigadores. En el Bajo Imperio. Junto a estos productos exportaba Hispania productos alimenticios como trigo y aceite. lo cual debería de ser muy frecuente. que menciona la E x positio to tiu s m u n d i (79).

el garum . transportado con grandes difi­ cultades. El garu m fue uno de los productos hispanos que se mantuvo más siglos en el mercado y que llegó al Oriente. La exportación de pro­ ductos en el siglo iv. posiblemente en carreta de bueyes. El garum so cio ru m se enviaba desde Cartagena a Galia. el autor' de la Expo­ sitio to tiu s m u n d i (59). y por lo tanto estaban en función de la producción de los lati­ fundios. como el mármol lusitano del sar­ cófago de Pueblanueva. pues la E xpositio to tiu s m u n d i (59) menciona la salmuera hispana en general. descendió considerablemente. presbíteros y diáconos el comercio dentro de su provincia. así Sidonio Apolinar (Cartn. según se señaló ya. No hay fundamento para creer que se exportasen bronces. se exportaba posiblemente la madera. Uno de los principales productos de exportación fue. Estos barcos transportaban muy posiblemente las contribuciones pagadas en especie. Un comercio interior en el ángulo noroeste señala la rueda en bronce del cas­ tro gallego de Seur. refleja la opinión de la masa de la población. Hispania exportaba también otros productos. que por no ser documento oficial. 25). comparada con la del Alto Impe­ rio. probablemente importada y no fun­ dida en la región. C o m ercio in terio r Algún dato suministrado por la arqueología habla de un comercio interior. en cambio. señala que . Economía y sociedad 331 frecuente en esta época. según cita Ausonio (E pist. El grueso de la exportación hispana lo constituían las materias primas y los productos alimenticios como en siglos antes. Importados son los mármoles grises y blancos que formaban los pavimentos de la villa de Albesa. V 49) menciona como el principal producto hispano la madera para construir buques. no el barco acabado.4. Este mismo canon menciona a los que «andan de provincia en provincia en busca de pingües ganancias». la exportación de productos industriales fue muy baja. El Concilio de Elvira (canon 19) per­ mite a los obispos. Años después. 6.

y el del Museo Arqueoló­ gico de Barcelona. Este tipo de bronces hace su aparición en el mundo hispánico del Bajo Imperio como . Eran talleres locales en manos de particulares. A estos dos grupos de bronces de arneses de caballos hay que añadir los que llevan te­ mas figurativos varios. Fabrica­ ban piezas sencillas. y los bronces con estilizaciones zoomorfas.'que eran materia. imitadas también en época visigo­ da. que formaban parte de bocados de ca­ ballos. fechado a finales del siglo IV o principios del v. con la representación de Hércules en lucha con el león de Nemea. en Madrid y en el Museo Ar­ queológico Nacional. y los dos ejemplares de Elche. donde se encontraría el taller. que trabajaban para los dueños de los latifundios. cuya fecha de aparición cae alrededor del año 400. hace pensar con fun­ damento que los talleres de fabricación se encontraban aquí. Su producción. de exportación y de comercio. de los que son buenos ejemplares las piezas halladas en Pollentia y en Cubillas de Cerrato. que pro­ bablemente proceden de Mallorca. y pasa a mencionar los productos en los que abunda. La economía cerrada de los grandes latifundios no acabó. In d u stria m eta lú rgica . conservadas en el Instituto de Valencia de Don Juan. R en a cim ien to in d ígen a En el Bajo Imperio existió en Hispania una artesanía industrial dedicada a la forja de metal. los bronces de caballos. etc. 7. también pertenecen a este grupo los dos ejem­ plares procedentes de Numancia. de cuya existen­ cia son buen testimonio los numerosos bronces apareci­ dos. como las ruedas caladas con decora­ ción geométrica.332 Historia de la Hispania romana Hispania es país apropiado para todo tipo de negocios. totalmente. sin duda. con cacería. como el crismón constantiniano. de Barcelona. todas ellas de procedencia desconocida. En este grupo entran igualmente las ruedas caladas con temas paleo- cristianos. como el del Museo Lázaro Gal- diano de Madrid. mucho más elevada en número que en otras regiones del Imperio. como el hallado en Clunia. con el comercio interprovincial.

—7. Monte do Penouço. Roda de Eresma (Segovia).—22.—6. según Palol). B eja (Portugal).—30. La Olmeda.—10. Mérida (Badajoz). Boca do Rio. Santa M arta de Penaguiao.—27. Budens.—3. Economía y sociedad 333 F ig .—35.—23. Arcóbriga.—20. Liéde- na (Navarra). Yecla.—20. Vila do Conde. San Miguel del Arro­ yo (Valladolid).—14. El Espirdo (Segovia). (Triángulos): 1. Ventosa del Pisuerga.—11.—34. Alcocer do Sal (Portu­ gal).—32. Coimbra (Portugal).—38. Simancas (Valladolid). Corella (Navarra). Castro de Fiaes. Portugal). Peal de Becerro (Jaén). Duratón (Segovia. Montealegre del Castillo (Albacete). Valsadornin (Palencia).—10.— 24. Guimaräes (Portugal). Vila da Feira (Portugal).—2.—25.—17. Noalles.—31.—18. Torrecilla del Pinar (Segovia).— 33. Caballero. Castro de Fontes. Taniñe (Soria).) Necrópolis típicas (1 a 10. Yacimientos similares a los de las necrópolis del Duero o con hallazgos aislados (1 a 9. Las Mercha- nas.—4. Pedrosa de la Vega (Palen- cia). Portugal). Soto de Ramalete. Porto (Portugal). (Círculos): 1.—2. Tarancueña (Soria). Lagos (Portugal). Aguilar de Anguita (G uadalajara). Torre dos Namorados (Fundao.4. Ampurias (Gerona).—37. según Palol).—17. Valongo. Hornillos del Camino (Burgos). Aldeanueva del Monte (Segovia).—11. Lara de los Infantes (Burgos). Ci- tania de B riteiros. Lumbrales (Salam anca).—18. Campillo de Arenas (Jaén).—9.—5.— 16.—22. Suellacabras (Soria).—13.— 29. Cespedosa de Tormes (Salam anca).—12.—19.—15. Santiago de Compos­ tela (La Coruña). Conimbriga. Cueva de Quin- tanaurría (Burgos). Río Tinto (Portugal). Carpió de Tajo (Tole­ do). Cividade de Bagunte (Portugal). Ortimáo (Portugal). Coria (Cáceres). Mon­ real de Ariza (Zaragoza). Valdíos de Portezuelo. Mucientes (Valladolid). Vadillo (Soria).—21. Patencia.—12. 21.—7. Sisante (Cuenca). Tala- vera de la Reina (Toledo). Logos (Portugal).—24.—26. Sobral Pichorro (Fornos de Algodres. Mina do Fojo das Pombas. Douro (Portugal). Villa romana de Valladolid. Tudela (Navarra). Mértola (Por­ tugal). Porcuna (Ciudad R eal). Madrona (Segovia).—13. Calatañazor (Soria).—36.—23. La Lanzada (La Coruña).—14. Montemór (Por­ tugal). Soria. Saldaña (Palencía). Castro de Bagunte.—16.— 28.—4.—15. Castro de Trepa.—6.—25.—19. Peñaforua (Vizca­ ya).—5.—8.— 21.—9. Aldea de San Esteban (Soria). .—Distribución de las necrópolis del Duero y similares (Según L. Nuez de Abajo (Burgos).—3. Silos (Burgos).—8. Fuentespreadas (Zamora).

que también indican un elevado nivel económico y artístico en la sociedad que los utilizaba. Su im­ portancia es grande. Los arneses de caballos señalan bien claramente la importancia de la caballería durante el Bajo Imperio. Un grupo im­ portante de bronces hispanos lo forman los pasarriendas. su romanidad. Constituye un caso muy particular y una temática no documentada en ningún otro tipo de objetos de la mis­ ma época. .334 Historia de la Hispania romana un grupo perfectamente autóctono y muy característico. Quizá eran grupos procedentes del Rhin asentados en la meseta. Vigil y nosotros. En cambio. vascones y cántabros. y entonces estas armas habría que vincularlas con la existencia de ejércitos privados que defendían los latifundios. si­ glo n i. su utilización en los arneses de caballos o carros y su origen hispano. a los que ya nos hemos referido. se entrecruzan corrientes muy diversas en ellos. como eran los dueños de los latifundios. Estas piezas continúan una tradición hispana de pa­ sarriendas bien manifiesta en el ejemplar con león y lobo atacando a cabras de Emérita. cómo animal de transporte. Aparecen en los ajuares de las tumbas elementos de tradición indígena. ya que los ajuares los emparentan muy de cerca con los la eti de las orillas del Rhin. como el pasa­ rriendas con el busto de Attis. pues. pues no señalan decadencia artística. para la caza y para la guerra. de Palol. Un grupo de necrópolis tardorromanas del Valle del Duero y alguna otra más al sur son importantes por los bronces (puñales y hebillas) que guardan en sus sepul­ turas. Desde el punto de vista artístico. junto a otros muy claros procedentes de Germania. aunque son típicos de esta época. lo que obliga a pensar que posiblemente se trate de lim ita n ei y fo ed er a ti. de donde se desprendería la existencia de un lim es contra los pue­ blos del norte. como han sugerido P. en la línea defen­ siva del Duero. sino una sociedad refinada y de alto nivel económico. en Guadalajara. no es tan clara su cronología. M. fechado en el. encontrado en Poyato de Peñacabra. es segura. como cerámicas decoradas.

un moti- .—14. Mucien- tes (Valladolid). Conimbriga.—2. (Según L.— II. Cueva de Quintanaurria (Burgos). corrientes en 1$ musivaria romana hispana.—23.—3. Silos (Bur­ gos).—6. Hornillos del Camino (Burgos). Las Merchanas.4. Madrona (Segovia). como círculos cruzados formando flores geométricas. Caballero.— 22. J u n to a una evidente y clara tradición céltica protohistórica local. Economía y sociedfad 335 F ig .—18. La vaina era una funda de cuero o una plancha de madera decorada con elementos de metal. Falencia. hay indicios de relaciones con los tipos usados por las tropas romanas del lim es renano en los puñales. Guima- râes (Portugal). Citama de Briteiros.— 20.—21. Monreal de Ariza (Zaragoza). El tipo de cuchillo.—12. San Miguel del Arroyo (Valladolid). Aguilar de Anguita (G uadalajara).—10. Duratón (Segovia). Simancas (Valladolid).—17.—Distribución de broches de cinturón.—5. forjados de una sola pieza. Taniñe (Soria). Soria. Liédena (Navarra).—19. Nuez de Aba­ jo (Burgos).—24. Aldea de San Esteban (Soria). Las placas decorativas tienen elementos claramente ro­ manos. confirma estas influencias.— 9. bronces de cinturón y vidrios. Roda de Eresma (Segovia).—15. Ampurias (Gerona). tan característico de estas gentes. Fuentespreadas (Zamora). Los cuchillos son siempre de hierro.—8.— 13. Lumbrales (Salam anca).—4. Castro de Trepa (Portugal). Santiago de Compostela (La Coruña). Coimbra (Portugal).—16. Arcóbriga. cuchillos y puntas de lanzas. 22.—7. Yecla.) I.

copiados tan fielmente que se puede pensar en contactos e influjos llevados por los movimientos de tropas romanas. La misma técnica se documenta en el gla d iu s romano. Monte Bernorio y Alpanseque. Nada parecido se encuentra en las sepulturas del resto de Europa a finales del Imperio. También se encuentran estilizaciones humanas o simplemente vegetales. El origen hispano y romano de esta arma es seguro. donde una uex illatio de la Legio V II Gemina figura en Germania en tiempos de Alejandro Severo. Coincidencias técnicas claras existen entre los bordes de las vainas de los puñales hispanorromanos y algunos de la necrópolis de La Osera. al igual que las- placas ornamentales con temas de círculos o de líneas rectas de la cara anterior. La Osera (A vila) y Uxa­ ma. Estos ofrecen también un parentesco con la serie romana de puñales cortos. o motivos lineales y decoración llamada «en escaleras».. se documentan también siglos antes en las espadas tipo Alcácer-do-Sal.336 Historia de Ia Hispania romana vo «sin fin». con vainas decoradas mediante la técnica del nielado. . característica de la sigillata hispánica del siglo IV . como los des­ plazamientos de la Legio X Gemina desde Hispania al Rhin. en Lusitania. Los antecedentes lejanos de estas armas hay que buscarlos en los puñales celtibéricos de Las Cogotas. en las ne­ crópolis de Las Cogotas. Los puñales de Si­ mancas del siglo IV ofrecen coincidencias técnicas e in­ cluso de temática ornamental con piezas de Las Cogo­ tas y de Uxama. La decoración de las vainas de los cuchillos en círculos hace su aparición en armas de la necrópolis de Las Cogotas. El tema reaparece en los puñales cortos romanos de la primera mital del siglo i. Es típica de un área geográfica reducida. igualmente los temas se distribuyen en líneas horizontales o se imi­ tan motivos vegetales o círculos incluyendo otros más reducidos. Sus vainas. A veces la decoración es reti- culada con un tema punteado y en estrella. centrada en el valle del Duero. en los hallazgos romanos del Rhin medio y bajo. con predominio de ornamen­ tación nielada. Las vainas de los puñales tipo Simancas tienen los mismos refuerzos periféricos que los renanos.

poniéndose cuernos de ciervo y cubriéndose con una piel. La industria metalúrgica del siglo iv es en Hispania una artesanía industrial no montada para el comercio. al dis­ minuir la presión de Roma. de cuya existencia es buena prueba las numerosas pesas de telar recogidas en las villas del siglo iv. Existía una industria casera de confec­ ción. 8. renace una serie de técnicas y motivos decorativos de tradición indígena. 9.4. In du stria cerá m ica Las villas producían todo lo necesario para el consu­ mo de los asentados en el latifundio. Este renacimiento de costumbres y modas indí­ genas se observa incluso en las ciudades. atestiguada también en relieves de la terra sigillata del siglo i. como la denunciada por san Paciano en su opús­ culo C ier v o : en el día de año nuevo había la costumbre. como B arcino en el siglo iv. que era un intendente de la tintorería imperial. donde vuelven a aparecer costumbres in­ dígenas. cordero. LXXI 7). como en la de Bayugas de Abajo. Mantos confec­ cionados con lana de oveja hispana y un abrigo rega­ laron a san Jerónimo (E pist. Disfraces semejantes también había en la Galia. Economía y sociedad 337 Con la crisis del siglo m y durante el siglo iv. ciervo o no­ villo. ! In d u stria tex til La N otitia D ignitatum . cuando el es­ critor vivía en Belén. que se ma­ nifiestan en las cerámicas de tradición indígena que aparecen frecuentemente en las villas del siglo iv de toda la meseta. en Soria. de disfrazarse de animales. en las estelas de la meseta del siglo n i (con la aparición durante la primera mitad del siglo n i de mu­ chos nombres de dioses indígenas) y en los puñales del siglo IV . lo que ya de por sí es indicio cla­ ro de crisis económica y de una gran regresión. lo que da a entender que eran tejidos conocidos. Debieron de existir . ni para la exportación. Occ (X I 71) menciona un p r o ­ cu ra to r ba fii Insu laru m B alearum in H ispania.

. o con deco­ ración a ruedecilla. No se exportan sus productos. durante el siglo iv se circunscribe a la meseta. fabricada a torno. como esta cerámica es abundantísima en la costa de la Tarraconense. En la Península se conoce una buena colección de hornos cerámicos30. en Burgos. Se ha supuesto que estos hor­ nos podían producir la llamada sigillata clara. etc. a menudo no localizados aún. de supuesta procedencia norteafricana. y sin el empleo de moldes. como palomas. y después se fabricaron en grandes cantidades en la Bética. lo que indica que las fábricas se encuentran por esta zona. al parecer en la región tunecina. el crismón. al mismo tiempo que la pérdida de gusto artístico y la existencia de gran nú­ mero de talleres locales. se entrecru­ zan en la Península otras dos potentes corrientes cerá­ micas. Esta cerámica es casi siempre lisa. En His­ pania predominan los decorados con dibujos geométri­ cos y símbolos cristianos. como las recogidas en las ne­ crópolis de Hornillos del Camino. a los que ya se ha aludido. propios de una industria cerámica artesanal privada. castro de Las Merchanas. etc. y siguen aún fabricándose en época poste­ rior. la Lanzada. en Pontevedra. junto a buenas cerámicas decoradas. como los de Olocau. Villalpando. y aquí se alinean numerosos hornos cerámicos. En el siglo iv . pavos reales y el cáliz. Al mismo tiempo. principalmente en su mitad norte.338 Historia de la Hispania romana alfares locales. que es la típica de esta época. A un taller bético occidental hay que atribuir la fabricación de ladrillos estampados de clara raíz africana. la difusión y formas de estos ladrillos indican claramente que se utilizaron primero en el norte de Africa. todo parece indicar que procede de estas fábricas. todo lo cual indica un nivel económico y social de grandes masas de población muy bajo. llegadas de fuera. que debieron de ser pronto imi­ tadas acá: una. Se data su producción en los siglos IV y V. de las que son un exponente el vaso de Clunia o el de Cespedosa de Tormes. que no llegan a la costa mediterránea. . y que en origen era de procedencia africana. La llamada sigillata hispánica. lo comente son cerámicas de baja calidad. en Salamanca.

Un arte muy decadente y bárbaro muestra el busto de un em­ perador de finales del siglo iv. a juzgar por la baja calidad. sin embargo. In du stria s a rtesa m s No existen en el siglo iv talleres de retratos. Se encontraban influjos orientales en la segunda mitad del siglo iv. predominando las de origen norteafricano. Al mismo taller pertenece el sarcófago con la Visión de Santa Per- . hallado en la capital de Lusitania. de color gris o piezas de menor tamaño. Estos talleres no compiten en calidad con los de Roma. son del Antiguo Testamento. Los temas representados. Ambas cerámicas se venden en la costa. ya citada. Están decorados en los cuatro lados. como los sarcófagos griegos y los de Ravena. hay alguna obra de calidad. Economía y sociedad 339 es una cerámica de color rojo y formada por grandes piezas con motivos estampados en el fondo. en Sevilla. entre sar­ cófagos y fragmentos con figuras ejecutados en piedra granítica local para una clientela poco exigente. y más concretamente de la región de Cartago. como el B uen p a sto r de la Casa de Pilatos. del siglo IV. pero tienen gran interés para estudiar las distintas co­ rrientes artísticas y religiosas a que está sometida la Península. y el de Tárraco. se documenta otra de origen provenzal. de época constantiniana. 10. Junto a esta cerámica de origen norte- africano. Las cerámicas estampadas llegan al norte de la Penínsu­ la: Irufia en Vitoria. Algunas de estas piezas podían pertenecer a talleres his­ panos.4. Como típica obra de arte provincial cabe citar el Atlante de Bárcino. es muy abun­ dante en el valle del Ebro. y el de Gádor. salvo la figura del Buen Pastor. influenciados por los prototipos de Cartago. en Soria. con decoración estampillada casi siempre en el borde. En este siglo trabajan dos talleres de sarcófagos pa- leocristianos: el de Bureba. Santívez del Burgo o Los Villa­ res. en Burgos. Al primero pertenecen seis piezas. Estas ce­ rámicas estampadas se localizaron más bien en la costa.

En Tarragona trabajó un taller local de sarcófagos paleocristianos.340 Historia de la Hispania romana petua y los de Briviesca. cuando ya la producción de la propia Roma había cesado.—Mosaicos y sarcófagos paleocristianos en la P en ín su la Ibérica.23. Trabajaba en los siglos IV y V. Una imitación local de un sarcófago orien- . sin duda. San Míllán de la Cogolla (Museo Mares de Barcelona) y el fragmento de cubierta de Cameno. éste último de fecha posterior— . siendo la producción de este siglo la de mejor calidad. el de Tarragona es. Las formas estilísticas e iconográficas de este taller recuerdan todavía las de otras regiones del Imperio. Poza de la Sal. F ig . el más importante. De los tres talleres que trabajaron los sarcófagos paleocristianos en la Península —Bur­ gos. Tárraco y Bética.

el hoy perdido de Beleroforonte. lo que no tiene nada de extraño.4. Son muy interesantes a este respecto las conclusiones a que ha llegado H. lo que ya es posible en Hispania. y que fue el ejecutor. Segura­ mente había varias tendencias entre los musivarios dentro de una zona. los talleres ambulantes de musivarios eran muchos y trabajaban bien. Los mosaicos de Teseo y Ariadna. muy elevado. que responde a modelos orientales y fue hallado en la provincia de Sevilla. Todavía no se ha intentado establecer talleres de musivarios. 11. como los mosaicos con leones de las basílicas de Es Fornás de Torelló. . Santa M aría del Camí. bien manifiestas en los vidrios aparecidos en las islas Baleares. de mosaicos del siglo IV aparecidos en las villas de Hispania. de Gerona. del siglo IV . T a lleres d e m o sa ico s y d e pin tu ra A juzgar por el número. de los mosaicos de la cúpula y de los muros. y el de escenas de circo firmado por C ecilian us ofrecen unas semejanzas tales que se puede pensar no sólo que son contemporáneos. sino que pertenecen al mismo taller. La influencia africana es muy marcada en la mayoría de ellos. responden a ico- grafías tardías de las sinagogas palestinas. Economía y sociedad 341 tal es el de la Colección Casa Loring. teniendo en cuenta las relaciones con Siria. del hecho de que hasta el momento presente no haya elementos de comparación con otros hallados en la Península Ibérica se deduce la existencia de un taller ambulante que trabajaba por encargo de altos personajes. Algunos de las islas Baleares. de esta misma localidad. con conexiones extremas de Huesca a Mérida. posiblemente por proceder los artistas de allí. de la Illeta del Rei. de Málaga. y concreta­ mente la de M a’on en Nirim. Schlunk en el estudio de los mosai­ cos de Centcelles. Recientemente se ha señalado cierta perso­ nalidad de los mosaístas dentro de tendencias comunes en toda la meseta norte.

Varios testimonios se conservan de la pintura tar- dorromana. En la de Bayugas de Abajo. La ornamentación consiste en grandes recuadros.342 Historia de Ia Hispania romana La costumbre de pintar estaba extendida en Hispania. La costumbre de pintar con episodios bíblicos todas las iglesias estaba muy extendi­ da. La arqueología ha pro­ porcionado pruebas de que algunas fábricas trabajaban . In d u stria d e salazón Esta industria. Una idea aproximada de lo que eran las pinturas de las iglesias la proporcionan las de la ba* silica paleocristiana de Barcelona. de gran tradición en épocas prerromana y romana. compuestas para ex­ plicar las diferentes escenas en los muros de una iglesia desconocida. En otro plafón se ve un conjunto de edificaciones con cubiertas de doble vertiente. mediante cenefas. otros dos cuadros tienen figuras de ani­ males. según se dijo. las paredes estaban decoradas con anchas franjas de color rojo oscuro y negro en su parte superior. En el primer recuadro hay restos de una figura femenina de cuerpo entero. En la cúpula de mosaicos de Centcelles. 12. en una serie de recuadros divididos por columnas también pintadas. Las paredes de las villas es­ tarían todas pintadas. que representan una villa. ya que desde el nivel del suelo hasta un metro de altura ofrece un tono ocre uniforme. co n líneas onduladas en la parte alta del panel. pues el d itto ch a eu m de Prudencio no es más que una colección de inscripciones poéticas. muy semejantes a la del mosaico con escena de caza. El sínodo de Elvira (canon 36). prohíbe las pinturas en las iglesias. quizá del siglo xv. de la que sólo se ha conservado parte del busto y del ros­ tro. posiblemente es una imitación de mármoles. La parte su­ perior tiene una cenefa de grecas. corre una faja pintada dis­ tribuida. El arte es excelente. todavía continuaba en el siglo iv. Ya se han adelantado algunos datos al hablar de la exportación. de tono ocre-sien a . de­ bajo del friso de la cacería. pero se conocen algunos otros. Representan veinticuatro episodios del Anti­ guo Testamento y veinticinco del nuevo. A la derecha.

de la existencia de villas tan abundantes relativamente. debido a la economía cerrada que caracteriza el Bajo Im­ perio. de los mer­ cados bárbaros y de la corte. La no exis­ tencia en el siglo xv de co lleg ia — tan sólo se conocen de esta época los transportistas y unos fa b ri S ubidiani (CIL II 2211) de Córdoba— . La tendencia evolutiva de la industria fue. en otras fue escasísima. sobre todo en la meseta. pero que. como se deduce de un texto algo más tardío. Así. las fábricas de Baelo fueron rehechas con materiales reutilizados procedentes del ca­ pitolio. es muy significativa a este res­ pecto. Posiblemente influyó en que en Hispania no se desarrollara una industria poderosa. sin duda. como lo indican los tesorillos de . las restantes no están monta­ das para el comercio y exportación. Economía y sociedad 343 aún en el Bajo Imperio. V 39). En Hispania están docu­ mentados unos sesenta y dos tesorillos del siglo iv. refleja una situación que se daba ya en el siglo iv (Casiodoro Var. 13. Hispania estaba alejada del eje Rhin-Danubio-Balkanes-Asia Menor. hacia una artesanía.4. Las no­ ticias sobre tesorillos de moneda están mal publicadas en general. y tan poderosos y grandes propietarios de hecho qué podían ofrecer el patronato a las clases bajas. lo que indica ya de por sí una gran crisis económica. la textil en parte. después de la invasión de francos y alamanes. En la costa atlántica (L usitania ÿ G allaecia). referido al año 523-526. la minera y la de púrpura. El comercio e industria se encontraban estancados y en retroceso. como en otras pro­ vincias. el alejamiento del comercio militar. La circu la ció n m onetaria La circulación monetaria fue intensa en algunas zonas durante todo el siglo iv . como de la escasez de circulación monetaria interna en gran parte de Hispania. Salvo la industria conservera. La economía cerrada se deduce de algunos indicios. lo que prueba que siguieron trabajando. la tesau- rización fue grande. por lo que no es posible sacar todo el partido posible de estos documentos. y de la presencia de vílicos antepuestos a los siervos.

expresan magnífica­ mente la crisis del siglo xv. Varios autores. una del tercer taller de Car- tago. las restantes del primero). por no decir que es la única que circulaba. . los hallazgos. Así. Monte de Santo Ovidio (pequeños bronces). Estos datos coinciden con lo que se sabe de Galia o Germania.344 Historia de la Hispania romana Lugo. en Alava. y aumentan las piezas batidas en diversos puntos del Imperio. consta de 47 pequeños bronces legibles. regular en once. al publicar . que eran los que usaban y amontonaban estas monedas. Los que más sufrían sus con­ secuencias eran las clases bajas de la población. Monte Castelo (pequeños bronces). que se encuentran en cantidades crecidas en cada hallazgo. San Tirso (cua­ trocientas monedas de cobre). por lo que se necesitarían grandes cantidades de ella. Abunda. el tesorillo dé Solacueva. la moneda mala. una de Tesalónica y dos del taller primero de Tréveris. como el so lid u s a u reu s. y en los restantes es mala. cuatro de Roma (una del taller quinto. Esta moneda había perdido su poder adquisitivo.acuñadas las monedas. lo que favorecería la tendencia a la economía de inter­ cambio. expresamente hacen constar el mail estado en que se encuentran las piezas. Estos medianos bronces. los medianos bronces. etcétera. es buena en nueve ejemplares. los llama­ dos humildes. lo que indi­ ca un nivel bajo de vida en la mayoría de la población. que en los siglos m y iv disminuyen las acu­ ñaciones hechas en Roma. dos de la oficina segunda de Aquileya. Se dispone de algunos datos para determinar las cecas donde fueron . En cuanto a la conserva­ ción. dos de Constantinopla (talleres tercero y séptimo). tres de la primera de Arles (otra es dudosa en­ tre Constantinopla y Arles). Braga (cuatro tesorillos diferentes). y abarca una lista de emisiones efectuadas en un ámbito de algo más de ochenta años. Todo ello coincide con lo que se sabe por otros tesorillos. De diecisiete monedas se puede determinar el taller o ceca de acuña­ ción: una es de Antioquía. Se nota la ausen­ cia casi total de moneda fuerte. tan sólo hay once tesorillos que la tengan.

posiblemente. de los ejércitos y de la corte». muy superior a los hallazgos del Alto Imperio. considera floreciente en el siglo iv. «acabaron por gravitar los grandes capitales de los altos funcionarios. M eta les p r ecio sa s y a cu ñ a cion es Si bien es verdad que los museos arqueológicos pro­ vinciales muestran un número relativamente grande de monedas áureas. de los sesenta tesorillos documentados del Bajo Imperio se deduce que la circulación de este tipo de moneda era escasa. y del lim es danubiano y renano. El hecho de que la legislación referente a Hispania. En este aspecto es muy significativo que de cuarenta y seis monedas halla­ das en Clunia. de los oficíales palatinos. toda la actividad y el comercio ligado a su consumo. His­ pania no tenía ni un fuerte ejército. pues sus monedas aparecen en Retia. de Palol. ni numerosos funcionarios estatales. incluso en la meseta. No se relaciona. justinianeo. re­ cogida en los códigos teodorino y. en una ciudad que su excavador P. Economía y sociedad 345 14. No funcionaba ninguna ceca en Hispania. lo que explica la ausencia de usurpadores. no ha aparecido ni una sola moneda de oro. no aluda a los grandes problemas del siglo iv. con una disminución notable en la producción de metales preciosos. ya que las minas del noroeste y de Riotinto se explotaban. como indica R uggini31. Los te­ sorillos con monedas de oro se encuentran en zonas mi­ neras o próximas. Metales preciosos no aparecen en las tumbas. sur de Germania e Italia septentrio­ nal. donde. ya que la supuesta ceca de Tarragona en realidad se encontraba en Ticinum. El tesoro más importante de joyas es el de Deiro (Pontevedra). como Britania. adonde se ha­ bía desplazado el eje económico. como el régimen . Hispania quedaba lejos de las zonas neurálgicas desde el punto de vista estratégico-militar. ni la corte en su territorio. La ausencia de una ceca quizá se pueda explicar por la presencia de un mercado monetario débil y por la exis­ tencia de una economía de intercambio fuerte. después de ocho campañas ele excavaciones. ni tampoco en las más ricas villas de la meseta.4. del Bajo Imperio.

15. al principio. El importe global. de los funcionarios estatales y de la Iglesia. con esta ocasión se recuperaron muchas tierras abandonadas. Es la sociedad hispana del siglo iv una sociedad re­ plegada sobre sí misma. las propiedades y contribuyentes. La ca p ita tio se pagaba en metálico y la iu ga tio en especie. el despoblamiento. parece confirmar que la Península queda a transmano de los grandes intereses y problemas del Im­ perio. Cada quince años se revisaron las tarifas de las unidades de riqueza impo­ nible. Todos los bienes raíces pasaron a ser imponibles. lo que oca­ sionó una verdadera reforma agraria. de grandes contrastes sociales y económicos. las evasiones fis­ cales. desde el Oriente (Dial. el Imperio. T ribu tos Diocleciano unificó la legislacion^fiscal' de todo. 15. en todo el imperio comenzó el empa­ dronamiento de hombres y de bienes. las ciudades. según la valoración de la riqueza imponible.. como las provincias. PL X X III 177). con una concentración de riqueza en las manos de los latifundistas. Los decu­ riones fueron en las ciudades los encargados de la recau­ dación de las contribuciones. A san Jerónimo. o las tierras cultivadas. En la época de la Tetrarquía aumentó considerable­ mente el gasto público en todas partes. le parecía una provincia pobre. Ambas con­ tribuciones tenían recaudadores diferentes. Toda la población agraria fue gravada medíante un impuesto que combinaba el hombre y la tierra. La unidad del impuesto personal se llamaba el ca p u t y la de la tierra el iugum . co n tra L ucif. los pueblos. se repartió entre las diversas unida­ des encargadas de su co b r o . En el año 298. etc. ya que respondían con sus haciendas. ruralizada. de la comunidad ju­ día. Era una zona rural y estancada en gran parte.346 Historia de la Hispania romana de los latifundios. lo que motivó que los ricos prefiriesen vivir en las villas y abandonasen los cargos municipales. A esta época per­ tenecen en Hispania el amurallamíentó de muchas ciuda­ . lo mismo el campesino que las cabe­ zas de ganado.

D ei V 5. Gracias a las noticias recogidas en la N otitia D ignita­ tum se conoce la organización burocrática del Fisco. VI 2. XI 9. Economía y sociedad 347 des. 22-23.1). en el siglo IV . y no querían ser romanos. ván­ dalos y alanos en la Península en el año 409. T h eod . hasta el año 398 (C od. Des­ taca el administrador de los monopolios. T heod. Otra ley del año 337 ordena que. 37).2) menciona en la Bética el o fficiu m su m ­ m ae re i p u b lica e y un p ro cu ra to r pa trim on ii. además de los tributos comunes y de las v esta e ca n o n ica e. T heod. Se llamaba co m e s sacrarum largition u m (XI 3). un decreto de los emperadores Va­ lentiniano. lo que in­ dica que el patrimonio" estatal era grande en esta pro­ vincia. Una constitución del año 317 (C od. que se llamaban los ra tion a les rei p riv a ­ ta e H ispaniarum . dirigido al vicario de H is­ pania. debido a la presión fiscal. 2).1). la construcción de algunos de los acueductos de Mé- rida. T h eod . la restauración del teatro de esta ciudad y las re­ paraciones de la red viaria. T heod. la Bética debía en­ tregar anualmente al fisco oro y plata (C od. XI 9. Los datos referentes a contribuciones en el C ó d igo T eo d o sia n o son escasos. XI 9. se refiere a la revisión de los ingresos del Estado en las provincias (C od. Ello favoreció la entrada de suevos. 1) cita los más altos empleados de la Hacienda. T heod. como para requerir la existencia de estos cargos. se vio libre del gravamen sobre las posesiones de los sena­ dores y decuriones. Otra constitución del año 337 (C od. La presión tributaria era muy fuerte y gravaba a las clases económicamente débiles del campesinado. El C ó d igo d e T eo d o sio recoge algunos datos sobre la hacienda pública en Hispania. los hispanos se refugia­ ban entre los bagaudas y entre los bárbaros. expresamente afirman que. . Tanto Orosio (V II 41) como Salviano. Hispania. lo que favoreció a los terratenientes. obispo de Marsella (D e gu b ern . X 11. Una ley del año 323 se refiere a las prestaciones obli­ gatorias de vestidos y de caballos (C od. A sus órdenes trabajaban los ra tion a les (X I 9. Valente y Gratiano. 17) y en las islas Baleares el p ro cu ra to r b a fii (XI 71). de los impuestos y de las aduanas. X I 26. En el año 369. V 8. 11).4.

Lugo. en Ad co h o r tem G allicam acampaba la co h o r s I I G allica. En la reforma militar iniciada por Diocleciano y continuada por Constantino se crearon dos clases de tropas. en Paeta- on io. a la milicia de Pamplona ofrece ascensos y condecoraciones a la tropa. Los palatini y co m ita ten ses no tenían cuartel fijo. y los lim ita n ei. quizá.348 Historia de la Hispania romana 16. compuestos por once auxilia palatina. Rosillos de Vidríales —en el norte de la provincia de Zamora— . tropas selectas de los co m ita ten ses. (V II 119-134). en la diócesis de Hispania éste tenía a sus órdenes cuerpos de tropa en número de dieciséis. Retortillo —en Santander— e Iruna —en Alava— . que debió ser la co h o r s I I I L u cen siu m . Los jefes militares llevaban el título de c o m e s . en Iu liob riga . lo que indica que acampaba por esta zona. en V eleta. la co h o r s C el­ tibera. los c o ­ m ita ten ses. Estos cuerpos de tropas eran lim i­ tanei. . lo que demuestra su movilidad. El emplazamiento Ad co h o r tem G alli­ cam es desconocido. La N otitia D ignitatum conoce también los nombres de las unidades (X LII 26-32)32. tropas móviles. en Lugo. El segundo cuerpo de tropas estaba distribuido en el norte. tropas de fron­ tera. La N otitia D ign itatum dis­ tingue claramente los cuerpos de tropa acuartelados en Hispania. Una carta del emperador Honorio di­ rigida. y cinco le g io n e s co m ita ten ses. antigua co h o r s I C eltib ero ru m . El e jé r cito en H ispania d u ra n te e l B ajo I m p erio La principal fuente de información militar para esta época es la N otitia D ignitatum O cc. mientras los segun­ dos estaban acuartelados en campamentos fijos: León. En León continuaba la L egio VII G em ina. la co h o r s I G allica. Ia co h o r s I I Flavia P acatina. que se puede iden­ tificar con la Ala I I Flauta H ispanorum ciu iu m R om a­ n o ru m . la co h o r s L u censis.

1922) la hoja 8 de la sección romana. 196b y Valerio Máx. Bosch y Aguado. . la a Batbeia y Badia son plausiblemente interpretadas por Schulten como corregibles en Baria. se refiere al estudio del escenario de la lucha que hicieron él y el general Lammerer. Schulten. se inclina a la época de la primera guerra púnica. lo sitúan. Hübner. Notas Primera parte 1 A. III 6. Fenicios y Cartbagineses en Occidente. Garda y Bellido. entre 264 y 237. Madrid. 4 Las referencias de Plut. FHA III 122 s. fecha a partir de 240 el hundimiento del dominio cartaginés en España. 59 s. yá que Polibio I 10.. de una tumba en las cercanías del Metauro.) 3 Véase E. inscr. 30. en el Atlas de Kromeyer-Veith (Schlachten-Atlas. Scul- lard. EAE 30.5 atestigua que en 270 los cartagineses aún dominaban muchas re­ giones de España.. FHA III 9. núme­ ro XLII. (Véase infra página 224. HE II 5. Monumenta linguae Ibericae. 2 M. 7 Aguado y Bosch. mai. creen hallar en un pasaje de Zo- naras (IX 10. Leipzig. HE II 42. Ribas Beltrán. I 433) huellas del encargo del senado a Escipíón.. 5 Schulten. v. a falta de noti­ cias concretas.19-23. JRS 26. 6 Una explicación topográfica de la batalla en Howard H. 3. 1964. Apophth. Scip.

cita Iliturgi. MJSEA 27. e interpretar como re­ dacción repetida con variantes los dos episodios. así Wilsdorf 101. en las balas de plomo allí . en vez de Iliturgi. Livio Pap. Schulten habla de identificar este lugar con llorci. Ibér. es demasiado com­ plejo para resolverlo aquí. en que se complican inscripciones sobre plomo en que se habla del mont(is) llucr(onensis).10. M No se debe conservar. Serra Vilaró. Simon. el nombre Axeinon que se lee en Apiano. 67.halla­ das. FHA IV 118. 71 ss. lo que podría corregirse tal vez cambiando el nombre por el del Ebro. V 1. desconocida por lo demás. FHA III 144 s„ ha propuesto entender aquí.350 Notas ya antes de la batalla de Ilipa. De uir illustr. Simon. 17 Schulten. * A.. Polibio (en Apiano. alguna hallada hacia Mazarrón. como hace H. Ox. Floro I 33. XXVIII 19. llorci. interpreta las discrepancias de Diodoro como resultantes de una falsificación favorable a Pompeyo. VII 5. El problema. acepta el dato de Apiano. a «todas las ciudades aquende el Betis». Simon. XXXII 27.) 11 J. Anón. Bosch y Aguado.5. FHA IV 44. una provincia. 198. pues sólo las acuñaron los celtíberos sometidos. Roms Kriege in Spanien 110 n. mencionado por Plin. FHA III 174. Staatsrecht I I 3 (Leipzig. según propone Schulten. con las formalidades que más tarde. No es creíble que en aquel momento los numantinos accedieran a en­ tregar las armas. 1887. Roms Kriege in Spanien 13. 9 Cf. si­ guiendo a Druman.4. Otros autores creen que es una equivocación y que se trata ya aquí de Metelo. véase Wilsdorf 65 y 67. Roms Kriege in Spanien 28 s. por Plutarco (§ 10). III 9. Simon. 10 Liv. FHA III 185. 18 Referencias en Val. 160.. propone. Téngase en cuenta que entonces todavía no se instituía oficial­ mente. Schulten. op. de poner orden en los asuntos de España. . cit. como lugar de la muerte de Gneo Escipión. sobre la cuestión H. en que se sitúa llorci a orillas del Betis. 32) Ilyrgía y Zonaras IX 10 llitergía. 14 Blanco y La Chica. 20 Schulten. que señala que en ninguna otra parte aparece tan clara esta distinción. basándose en Polibio. 19 H. las huellas de esta campaña de Catón. v.193-196. Roms Kriege in Spanien 12 n . identificar la ciudad de Malia. 15 H. con Lagni (hacia Almazán).. es incompatible con la pretensión de Schulten de identificarlo con Lorca. Mommsen. 61. HE II 49 s. AEA 33. Simon. 13 Véase H.35 y 44. 12 La historia del desmantelamiento de las murallas se aplica en la vida de Catón.2. pero ese texto pliniano. 102 ss. Máx. 15. cree descubrir en los Castros de la región de Solsona. y que es una simple corruptela. Pero mien­ tras Livio. la cual se confirma por la falta de monedas numantinas. Hermes LXIII (1928 ) 298 ss. Ibér. Schulten.

núm. FHA V 198. Gabba. Del reino de Tolosa. Orígenes sociales.7. 237 ss. Stroheker. por lo que no aceptamos la indicación de Schulten de que el Medullius estuviera hacia Tuy. (todas de la región de Valencia). 23 Seguimos a E. Durius I 133. 3 Étienne. . Harmand. v. 24 Que Orosio. ili . Alföldy. no se puede excluir que el parecido de Médulas y Medullius sea casual. 269 ss. passim. passim. HAE. y que éste estuviera en otro lugar. 7 Spanische Senatoren. Castilla la Vieja entre el Imperio romano y el reino visigodo. Legio V II Ge­ mina 187 s. 3 Tenemos pruebas del celo que la administración de este em­ perador demostró por las vías de Hispania. 6 Les Empereurs espagnols. Fasti 133. 3737. 25 Schulten. I 39. VI 21. como en Pompeyópolis. v. con la palabra vasca que tenemos en Irún. las inscripciones miliarias CIL II 4919 y 3993. 55 ss. 8 Barbero-Vigil. iri. En este momento pudo Pompeyo dar su nombre a la vascona Pompaelo. Legio V II Gemina 134 s. 2 García y Bellido. pero es muy probable la corrección que propone Schulten y que seguimos en el texto. 4 Blázquez. 22 César Civ. 30 ss. Die Mythologie. Iruña. : 9 Abadal. Posible origen africano.1. 5 Blázquez. que muchas veces se consideraba el Miño. La crisis del siglo iii en Hispania. Palol. uri. uli ‘ciudad’. L'inscription du Cabeço das Fraguas. 4 CIL II 3619. uniendo su nombre. Les senateurs espagnols. 2 A. Quizá hay otra hacia Gerona. Balil. 107 ss. con referencia a K. passim. Tovar. Tercera parte 1 Blázquez. Les religions orientales. 4505 (Barcelona).Notas 351 21 El texto de Plutarco dice Vacceos. 278. J. Pamplona. Le culte imperial. Segunda parte 1 Étienne. 33 ss. para el problema textual de la cifra de las cohortes. FHA V 35. Por lo demás. diga que el Medullius es mons Minio flumini imminens se basa en la imprecisión que siempre hubo sobre el Sil. 3833 s. Schulten. cf.

. 7 ss. 24 Comfort. 3 ss. 497 ss. 21 Tchernia. Les Planii. 31 Ruggini. 7 Domergue. 201 ss. 25 ss. passim. 142 ss. passim. Las minas y el arte minero. 2 Beltrán. 22 ss. 19 Veny. 29 ss. 16 Domergue. 201 se. 18 A. El Cerro del Plomo. 13 Roman Gold-Mining. Dieciséis lingotes. Los «mercatores» y «publicani»... Minas Romanas. 11 García y Bellido. 191 ss. 22 Roman Anforae. Die wirtschaftlichen Voraussetzungen. Las minas antiguas del Centenillo.. Roman ceramic. Los sistemas de desagüe. Industrie miniere. Instrumentos mineros. Luzán- Ruiz Mata. . Introduction. 29 Blázquez. 191 ss. 293 ss. Les amphores du Testaccio. 24 Nierhaus. Les lingots de plomb romain. Blanco. 73 es. 189 ss. passim. passim. 199 ss. 9 Ponsich-Tarradell. LIX ss. 422 ss.352 Notas Cuarta Parte 1 Blázquez. 20 Blázquez.. 10 Blázquez. Economía de los pueblos prerromanos. Do­ mergue. 169 es. 29 ss. Mezquiriz. 253 ss. El urbanismo en España. passim. 3 ss. Garum et industries antiques de salaison. La mine de Diógenes. 8 Blázquez. Roma y la explotación económica. Numismática Ibérica e Ibero- Romana. Luzón. 25 Martín. 41 ss. 151 ss. Amphores et marques d’amphores de Bétique à Pompei et à Stabies. Los Balbos y el Imperio Romano. 26 García y Bellido. Historia Social y Económica. passim. 13 Rubio. Mineros antiguos españoles. Mosaicos anti­ guos. Explota­ ciones mineras.. 17 Blanco-Luzón. 12 Beltrán.. Epigrafía jurídica. y i ss. Gossé. 30 Fletcher. Exportación e importación de Hispania. 6 Dometgue-Taraain. 14 Explotations auriferes. Gil Farrés. 125 ss. d’Ors. Economía de Hispania. 9 ss. Strutture socioeconomice. Orígenes sociales.57 ss. 107 ss. El poblado minero de Riotinto. 419 ss. Terra sigillata hispánica.. 608 ss. 265 ss. 170 ss. Comercio y producción. 43 ss.. 273 ss. 331 ss. 151 ss. Las escuelas musivarias. 23 Etienne. 3 Domergue. Estructura económica de la Bética. Curso de Numismática. 286 ss. 58 ss. 14 ss. passim. 32 Barbero-Vigil. Tamain. 5 Le Origini della Guerra Sociale. 4 Colonización Suritálica de España... La Mo­ neda Hispánica. Hornos cerámicos. 27 Balil. Guadán.. Note sur le district minier de Linares.

12 .

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v. HE. v. Ammiano Marcelino. Ma­ drid. AEA = Archivo Español de Arqueología. Pseudo-Aristóteles. militar y gran historiador del siglo rv. Bosch Gimpera. referente a la conquista de la Península y los libros de la Guerra civil entre César y Pompeyo.). Biblioteca. 1929. P.C . autor de obras históricas como la Anábasis. Anciano de Nicomedia (siglo n d. Paris. manual de mitología escrito en griego. v.). Anthologia Palatina. AHDE = Anuario de Historia del Derecho Español. con texto bilingüe. Buenos Aires. sobre las conquistas de Alejandro Magno. Oviedo. Se citan entre otras las de San Fructuoso y las de Santa Justa y Santa Rufina. se citan aquí sobre todo la Ibérica. Aguado Bleyè y P. Madrid. y otras. AHES = Anuario de Historia Económica y Social. Knopf-G. 371 . resu­ men de literatura perdida. Madrid. Madrid. 1951. Ausgewählte Märtyrerakten.. Apiano (siglos i-ii): de su gran obra histórica en griego. colección muy extensa de la literatura epi­ gramática griega. C. Ruiz Bueno. Krüger. Apolodoro (siglo i d.Abreviaturas bibliográficas e indicaciones sobre fuentes Actas de los mártires. De mirabilibus. también R. Archivum. tercera ed. AE = VAnnée êpigrapbique. hay una edición de D. Anales del Instituto de Literaturas Clásicas.

breve resumen de historia romana. C. así como sus tratados De re­ pública. etc. autor de la Ora maritima. Mommsen en los Monumenta Ger­ maniae historica. Julio César. gramática. ed. Chronica minora. Ateneo de Naucratis (siglo ii d. B(R)AH = Boletín de la (Real) Academia de la Historia. CAN = Congreso Arqueológico Nacional. Aurelio Víctor (siglo iv) escribió los Césares. las Verrinas. poeta del siglo iv. descrip­ ción geográfica en verso que transmite fuentes muy antiguas. De lege agraria.) y Bellum civile (b.): se cita de él su bre­ ve tratado De agri cultura y fragmentos de sus discursos y dé su obra histórica titulada Orígenes. M. suplemento 1892).). . De re rustica. Ausonio.. de emperadores. Zaragoza. CIL = Corpus Inscriptionum Latinarum·. Buenos Aires. Valerio Catón el Censor (siglo n a. Coli.). etc. Cod. G. C. Rufo Festo Avieno (siglo iv). Hispaniense. M. y de sus discursos el Pro Balbo. 1869. C. Bellum Alexandrinum. en el tomo II se reco­ gen las inscripciones de Hispania (Berlín. Casiodoro. los Deipnosophistai. donde en forma de diálogo se tratan cuestiones de antigüedades. Rennes. Columela (siglo í d. Tulio Cicerón: de las numerosas obras del gran orador y es­ critor se citan especialmente sus colecciones de cartas (Ad familiares y Ad Atticum). autor de comentarios de mucho interés histórico a discursos de Cicerón. Madrid. etc. c. C. C. = Código en que se coleccionaron leyes por orden del emperador Teodosio II. CHE = Cuadernos de Historia de España. continuaciones de los comentarios de César. Claudiano. senador de la época del rey ostrogodo Teodorico. el último poeta pagano. debidas a oficiales suyos. autor de una extensa com­ pilación en 15 libros. Bellum Gallicum (abreviado también b. de Th. colección de cartas. Compuso poesías dirigidas a personajes de las cortes imperiales. de una colección de decretos (Va­ riae) y de obras piadosas. etc. magistrados y obispos de Roma entre 367 y 553. lite­ ratura. Celticum. BSÁA = Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueo­ logía. edictos. Avell. Theod. = Collectio Avellana.). que murió joven. autor de obras históricas. S.) compuso un extenso e importante tra­ tado.372 Abreviaturas Asconio Pediano (siglo i d. Africanum. Valladolid. De natura deorum. poco des­ pués del afio 400. y de una Descriptio orbis que es una traducción libre de Dio­ nisio el Periegeta.

Escimno (siglo II a. de Aurelio Víctor. obra incluida en el Corpus aristotélico. y frag­ mentos de los restantes hasta el XL. en el que se da brevemente una descrip­ ción de la tierra conocida. C. sofista y autor de discursos y diversos tratados. De mirabilibus. Riese. escrito en el siglo iv. o bien por la páginas de la edición de Cramer.). C. analista romano de la segunda mitad del siglo i a.). autor de una historia univer­ sal. Festo.). Flaco (época de Augusto). Barcelona-Madrid. des­ cripción en 17 libros de la tierra conocida. Claudio Cuadrigario. ed. de Preneste.). C. Coimbra. trata de fenómenos curiosos de la natu­ raleza. correspondientes a la época entre 69 a. y 46 d. C. a veces fútiles. C. . T. a su vez la obra de Festo fue de nuevo reducida a compendio por Paulo Diácono. De viris illustribus. EC = Etudes Celtiques.). Julio Exuperancio. Eutropio. a veces de mucho interés. gran colección de textos de tratadistas de derecho dis­ puesta por el emperador Justiniano. autor en el siglo v de un resumen de Salustio sobre las guerras civiles de Mario y Sertorio. autor del gran manual Geographica. traducción latina de un original griego perdido del siglo IV. autor de un extracto de la gran obra lexicográfica perdida de Verrio. Se cita aquí por libros y capítulos. titulado Breviarium ab urbe condita. Contmbriga. 1878. Sus fragmentos pueden verse en HRF . Claudio Eliano (siglo ii d. Véase en Geogr. Sus libros De natura animalium y Varia historia contienen curiosidades y anécdotas con escaso espíritu científico. C. Dioscórides de Anazarba (época de Nerón). edición de J.). C. autor en tiempo del emperador Valente de un resu­ men de historia romana. al que se atribuye falsamente una Periegesis que ha llegado a nosotros. París. aunque sin duda posterior. de los que tenemos casi completos del 36 al 60. Expositio totius mundi. Figura en una colección con los Césares. en el siglo vin. Su De materia medica es una botánica que gozó de inmenso crédito. Lat. Digesto. Q. el más famoso far­ macólogo de la Antigüedad. Dión Casio (siglo ii -iii d. Marín y G. Madrid. autor de una extensa historia romana en 80 libros. geógrafo de Quíos. Berlín. A. 1963. EAA = Estudios de Arqueología Alavesa. Diodoro de Sicilia (siglo I a. C. Vives. de la que se conservan los libros I-V y XI-XX. Vitoria. Martínez. Estrabón (siglo i a. minores. sofista. breve resumen de biografías de romanos. Dión Crisóstomo o de Prusa (40Ί12 d. C. EE = Ephemeris Epigraphica.Abreviaturas 373 Concilios visigóticos e hispano-romanos. EAE = Excavaciones Arqueológicas en España.

Torres. Pericot y otros. M. en la que narra los comienzos del monacato. dirigida por R. Herodiano. C. . monje en Egipto y Palestina. v. en la bibliografía general Boseh-Gimpera y M. autor. tratado de astu­ cias militares. de un poema en hexámetros titulado Cynegetica. San Isidoro. HA = Hispania Antiqua. en palimp­ sestos se descubrieron piezas de su retórica correspondencia con Marco Aurelio y otros príncipes de la dinastía. HE = Historia de España. C. obispo de Sevilla (t 636). La edición completa de C. P. Grattius. C. HAE = Hispania Antiqua Epigraphica. Philostratos.) escribió las Noctes Atticae. Historia Lausiaca. sobre la caza. Madrid. autor de una breve y retórica his­ toria de' Roma. Sevilla. suevos y vándalos. bajo la dirección de A.374 Abreviaturas FHA = Fontes Hispaniae Antiquae. en publicación por la Uni­ versidad de Barcelona. Habis. Granio Liciniano (siglo ii d. San Gregorio de Tours (siglo vi) escribió. C. G. obra publicada en 419-20 por Paladio. Cornelio Frontón (siglo ii d. . IA — Itinerarium Antonini. Aulo Gelio (siglo n d. 1883. y una crónica universal. además de obras pia­ dosas. Schulten. guía de las vías del Imperio. está editada en las Cbron. Frontino (siglo j d. autor de una historia en griego de los emperadores romanos entre 180 y 238. autor gallego del siglo v. Annio Floro (siglo n d. Vitoria.) escribió una verdadera enci­ clopedia médica compuesta de muchas monografías. min. historiador del que se recuperó en un palimpsesto una exposición sobre la república romana entre 163 y 78 a. Kühn comprende 22 tomos (1821-1833. editados por H. v. ' Galeno de Pérgamo (siglo ii d.). L. Hídacio o Hydatius. Leipzig. que en la forma que ha llegado a nosotros se atribuye a época de Diocleciano. Menéndez Pidal.). retórico africano. aparte de su gran enciclopedia Origines o Etymologiae. C. contemporáneo de Ovidio. Pe­ ters. gran compilación de materiales de gramática y literatura presenta­ dos en forma de diálogo. Bosch Gimpera. A la pri­ mera de estas obras se le añadió un IV libro apócrifo. HRF = Historicorum Romanorum fragmenta. escribió también de agrimensura.). que escribió una continuación de la Crónica de Eusebio.). etc. escribió las historias de godos. autor de Strategemata. Filóstrato. reimpresa hace poco). C. y se ocupó también de filosofía. una gran historia de los francos en 10 libros. C. el más importante escritor hispano de época visigoda.

Ç. De su gran obra histórica sobre Roma se han salvado los libros I-X y XXI-XLV. Orosio. en la que había tomado parte. Oribasio de Pérgamo. De él citamos La nave o los votos y otros diálogos. Pomponio Mela (siglo i d. autor.). y la compilación de J. donde explica apologética­ mente la historia de su pueblo. Julio Obsequens. Nonio Marcelo. MJSEA = Memorias de la Junta Superior de Excavaciones y An­ tigüedades. Obsequens.). que tenía hasta 142 libros. y gran escritor. Olimpiodoro escribió en la primera mitad del siglo v una histo­ ria del imperio de Bizancio. París. v. militó con Escipión Emi­ liano contra Numancia. terminada en 418. C. probablemente del siglo iv. Madrid. Notitia dignitatum. Justino (quizá del siglo n i). 31. de Antioquía (siglo vi). médico de Juliano el Apóstata. Flavio Josefo (siglo i d. Ogam. que estuvo en relación con san Agustín y escribió una obra de interpretación cris­ tiana de la historia titulada Historiarum adversus paganos libri VII. San Pacíano. MM = Madrider Mitteilungen. de la que poseemos fragmentos. . creador de la sátira romana. Livio. Luciano. en el que recoge maravillas y se­ ñales interpretadas supersticiosamente en la obra de Livio. gramático.) escribió un breve tratado de la tierra conocida: De chorographia. de la Historia universal de Trogo Pompeyo. tenemos también 'Periochae o resúmenes de los libros de toda la obra. lista de cargos y dignidades de las cortes imperiales compuesta a comienzos del siglo v. obispo de Barcelona a fines del siglo iv y autor dp varios opúsculos religiosos. JRS = Journal of Roman Studies. unas Antigüedades judaicas. y un número de fragmentos. historiador que escribió sobre la Guerra judaica de Vespasiano y Tito. autor de un resumen. que ha lle­ gado a nosotros. en época desconocida. de un resumen titulado Prodigiorum liber. C. autor de una crónica universal en la que se combina la historia sagrada judeo- cristiana con la tradición clásica. escribió una enciclopedia médica en griego que fue muy estudiada. y otras obras. con los que se editan también los que nos han llegado por el Papiro de Oxy- rhynchus núm. del Instituto Arqueológico Alemán. podemos leer sólo fragmentos de la gran colección de sus versos. sofista del siglo n d. Londres. Rennes. Papiro de Oxyrhynchus.Abreviaturas 375 Jordanes (siglo vi) extractó a Casiodoro y nos transmitió la historia de los godos bajo el título de De origine actibusque Getarum. sacerdote cristiano de Gallaecia. Lucillo. Ioannes Malalas. M A R = Mélanges d’Archeólogie et ¿'Histoire. que en su De compendiosa doctrina recogió como curiosidades gramati­ cales abundantes fragmentos de literatura romana perdida. C. Tito Livio (siglo i a.

tenemos fragmentos más o menos extensos. sobre las edifica­ ciones emprendidas por orden del mismo. C. autor de una interpretación cristiana de la historia titulada De gubernatione Dei. . v. diccionario purista por materias. tos de su Historiae.). Philadelphia. profesor de retórica en Roma. C. REA = Revue des études anciennes. C. hasta el 40. Frontino.). PG = Patrología Graeca. colección de biografías de emperadores desde Adriano hasta Caro y sus hijos. Procopio de Cesarea (siglo vi). Polibio (siglo ii a. au­ tor de un Onomasticon. de otros libros.376 Abreviaturas San Paulino de Nola. con la época de las dos primeras guerras pú­ nicas. SHA = Scriptores Historiae Augustae. discípulo de Plotino y autor de obras de filosofía y religión. Maurenbrecher. G.). Marco Antonio. es uno de los más grandes poetas cristianos de su tiempo. el gran historiador de la época de Justiniano: escribió sobre las guerras de este emperador (contra los persas. Sacamos referencias de sus Vidas paralelas. editada por el Abate Migne. Pyrenae. según la edición de B. Porfirio (siglo n i d. miembros de la misma familia de Lemnos. Se conservan de su genial obra histórica los libros I-V. Plinio (siglo i d. Leipzig. Wissowa y otros. nacido en Burdeos en 353. y una Anécdota o historia secreta. C. los Gracos. los vándalos y los godos). Plutarco (siglo i-ii d. C. Pauly. Julio Pólux de Náucratis (segunda mitad del siglo π d. de C. Salustio (siglo i a. Petronio (siglo i d.). principalmente de los personajes que intervinieron en Hispania: Catón. ·* RE = Realencyclopädie der Altertumswissenschaft. Sertorio. historiador del que citamos los fragmen- .). Mario. Uno de ellos escribió en la corte de Julia Domna las Vidas de sofistas y la de Apolonio de Tiana. que se atribuye a seis autores. Flavius Philostratos: así se Ua/naron tres escritores. de obras teológicas en prosa y de una crónica. autor de poemas religiosos. que florecieron entre los siglos il y n i. Pamplona. d. Fue compuesta en los primeros dece­ nios del siglo IV. PPbSA = Proceedings of the Philosophical Society of America.).). Príncipe de Vtana. Salviano (siglo v).). 1891-93. Pompeyo. cuya Historia natural en XXXVII libros es una vasta enciclopedia del saber antiguo. C. Burdeos. Pseudo-Frontino. C. C. Próspero de Aquitania (siglo V). autor del manual Institutio oratoria en 12 libros. autor de la novela titulada Satíricón. C. Quintiliano (siglo I d. César. También de otras obras. Barcelona. PL = Patrología Latina. editada por el Abate Migne.

. Vitruvio (época de Augusto). Zósimo (siglo v-ví). escritor y político. Apolinar Sidonio.). M. Terencio Varrón (siglo i a. con referencias a Hispania. de obras en prosa y de un epistolario de gran interés histórico. autor de una obra titulada Pactorum et dictorum memorabilium libri IX . Escribió numerosas obras de polémica y doctrina. Escribió las biografías de los doce primeros emperadores. polígrafo de la época de Trajano y Adriano. v. Symmachus. . Silio Itálico (siglo i d. que contiene noticias.). Estrabón. autor de una crónica universal que a veces utiliza fuentes perdidas. Abreviaturas 377 C. y los fragmentos de sus Sátiras Menipeas (ed. vidas de grandes escritores y muchas obras de erudición que se han perdido. Str. cónsul en 391. a pesar de sus inclinaciones neoplatónicas.-i d. Valerio Máximo (comienzos del siglo i d. primero como ortodoxo. en que se ocupa de la agricultura. que contienen a veces datos históricos. gran escritor cristiano. Synesius de Cirene (t 413-414). Sus poesías y sus cartas con un testimonio precioso de la época de las invasiones. autor de discur­ sos y cartas. desde Augusto hasta la toma de Roma por Alarico. Tertuliano. Bücheier). Salamanca. desde César hasta Domiciano.): sus Anales y sus Historias per­ tenecen a los más grandes monumentos de la historiografía antigua. más o menos seguras. por ejemplo. C. nacido en Cartago en 160. sobre la Hispania de la época de Aníbal. Cornelio Tácito (siglo i-xi d. C. Suetonio Tranquilo. poeta galo-romano del siglo v. Dión Casio. C. Zephyrus. Justino. escribió otras muchas obras. v. salvo algunos libros de su De lingua Latina. perdidas. Ioannes Zonaras (siglo x i i ). autor de himnos. C. obispo de Ptolemaida. autor del poema Punica en 16 libros. autor de un tratado De arqui­ tectura. de F. C.): de él citamos su tratado Re­ rum rusticarum libri III.). C. Trogo Pompeyo (siglo i a. autor de una historia romana que comprende en seis libros. . colec­ ción de anécdotas para uso de los retóricos. luego como partidario de la herejía mon­ tañista.

Indice .

..... El choque entre las dos grandes potencias de Occidente: Sagunto. 32. Galba en la Ulterior.. 66. El . 62. 50.. 35..... 58.. 23...—19.. C.... .. Nueva sublevación de Hispania: Catón. Là Península sometida. 13. 72. guerra con los vacceos. C..).—10...—23.. La situación de Hispania a finales del siglo n i a... sus comienzos (82-77 a..—6.—12..... 9...—14.—La rebelión: Indíbil y Mandonio.......—3.. ' desastres ante Numancia.—20.. Sumisión de Hispania...... Hacia la consolidación de las fronteras. 16. 82.. Hispania entra en el horizonte político de Roma.. 87... 49.... Publio Cornelio Escipión..—24.. Primera parte: La conquista romana I. II. 29.... C.. La guerra de Viriato se extiende a Cel­ tiberia.. La respuesta romana en España. C.. 21... 14.—7. 24..—2.—5.—8......—4. 68.... Campaña de Bruto en Galicia.. 55..—17. fin de Numancia.... Paz en Celtiberia... Los comienzos de la guerra de Numancía... Los lusitanos...—11. 41. Los problemas del dominio de Hispa­ nia.. La guerra de Ser- torio..—22.). Escipión.. 77... Aníbal marcha a Italia. La guerra se recrudece: fin de Viria­ to. La toma de Cartagena.. 45. 38..—16.. Se completa la sumisión de la Hispania cartagi­ nesa.Prólogo ...—18. aparición de Vi­ riato....).. Sertorio frente a Metelo y Pompeyo (77-75 a.—15. La úl­ tima resistencia cartaginesa en' España (208-206 a.

....ota la guerra civil cesariana (71-50 a........ Industrias... 167.—8... Desplazamientos.... Constantino y sus hijos........ 95.. Los siglos IV y v . Hispania bajo la dinastía julio-claudia.. Ganadería y caza........ 146... 122 1.... Re­ ligión romana...... 128....... 112........ Comercio.. 240.—5...)... La guerra de los cántabros y astures (29-19 a... Diocleciano.. El cristia­ nismo I..... 123.. 131......—2...— 6..... Moneda. Segunda parte: La romanización I.. C. Minería... has­ ta la guerra de cántabros y astures.... 9....—3.—2..... Senadores hispanos e influjo his­ pano.... 218. Población. 172. 181.......—3. 126.—27.. Apicul­ ... 236.... 224. Culto imperial........... Montes. Urbanismo....—10.—4.—2....... 192 1. 213. Origen del cristianismoen Hispania ......—4.... 136.. Ta­ lleres de orfebrería y de escultura....... La religión indígena en Hispania... 143....... 2......—5..... Olivo.... Adriano y los Antoninos.... Arboles frutales.......... Revueltas sociales............ Minerales....... III. 244...—29. 115..... 133.... Las invasiones......... 193..—11... .... Las religiones paganas..—25......... 221....... des­ de Sertorio h. 99.. Miel........—3.. 106... II.. Los pompeyanos en Hispa­ nia..... Hispania en la guerra civil entre César y Pom- peyo (49-47 a.....—3........).. I........ 237....—26....... II.... C... La administración romana enHispania .....382 Indice fin de la guerra sertoríana. la decadencia.... Agricultura.. Hispania desde el 43 a. Munda.. 150.... Pesca y salazones.—6......Agricultura. Los Flavios. La historia externa bajo el Imperio hasta Diocle- ciano ... Economía de Hispania desde Augusto a los Severos 244 1.. La era de Trajano... C.—12... C....—28... Las Híspanlas.. Pro­ blemas sociales.... Epoca republicana . Tribu­ tos... 91.. 233.. Coste de la vida.. 162 Tercera parte: Las religiones paganas.... Acontecimientos históricos en la Hispania pacificada.... 185 Cuarta parte: Economía y sociedad .... Vías terrestres y marítimas.. Los Severos...). La romanización....... 167 1. 241. 232.......—2... 246... 143 1..............—7... . II........ Deida­ des mistéricas y semitas.. Las invasiones de francos y alamanes en el siglo m y sus consecuencias... Vid.. La época de Teodosio. 159 TV..

.... Industria cerámica.. 306.. 341..... Renacimiento indígena....Indice tura... Liberalidades. Importación..—16. Plantas textiles. 331.... 1.... Metales pre­ ciosos y acuñaciones....... 343.. Abreviaturas bibliográficas e indicaciones sobre fuentes . 319. 307........ 345..—16.... Economía de Hispania en el Bajo Imperio . Gas­ to público.— 5. El ejército en Hispania durante el Bajo Imperio..—8.. 326.—7....— 13..— 13...... Caza. . Industria de salazón.. Contribuciones aduaneras.. Comercio.... 325. Industria. Población y urbanización. 273.. Mone­ da... 348. Coste de la vida... 2 9 4 ....—2. Indus­ tria textil. 337... Patrimonio imperial. Minas..... 304...—6.....—7.—12..—4...—-15 Tributos.. Bibliografía.....—14...-6 .. Comercio interior... 265. 302.......... Exporta­ ción.....—10.—5.... 308.—9. Ganadería.....—9......... 15......... Crisis en los siglos i y π.. Finanzas municipales.....—3...—10..... 339. 309....... In­ dustrias artesanas. 300........... 320... 294. Notas .... 275....—3. 337....—Espectáculos públicos.... 317 III.. Comercio. Ganadería... Talleres de mosaicos y y de pintura......—4.... La circulación monetaria. Banca. 305*—11.... 342... 329. Vías. Pesca.... 311..—12 Monopolios. 346. Industria metalúrgica. Agricultura.....—8.. 332.—11.......