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BOLETÍN No. 58
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centrodehistoriatulua@gmail.com

YOLANDA QUINTERO ALZATE


Presidente

JAIME ARENAS BARÓN


Vicepresidente

HUGO BOLÍVAR HINOJOSA


Secretario

DIEGO ALBERTO RIVAS CORRALES


Tesorero

EFRAIN MARMOLEJO VARELA


Relaciones Públicas

FABIO HERNÁN GÓMEZ POTES


Comunicaciones

MIEMBROS DEL CENTRO DE HISTORIA DE TULUÁ


Aura Flórez de Grajales Maryluz Sarmiento O.
Alba Lucía Tamayo G. Nelson Viscay Q.
Diego Alberto Rivas Corrales Norberto Izquierdo G.
Efraín Marmolejo Varela Olga Marina Sandoval
Fabio Hernán Gómez Potes Omar Franco Duque
Henry Álvarez Osmiro Colonia R.
Hugo Bolívar Hinojosa Yolanda Quintero Alzate
Jaime Arenas Barón Oscar Londoño Pineda
Jorge Armando Russi Rojas Carlos Ochoa Martínez
José Edier Gómez Espinal Herney Victoria Lozano
Julio C. Díaz

Adda Esperanza Rincón Muriel - Contadora

Publicación apoyada por el Departamento


de Arte y Cultura del Municipio de Tuluá

FOTO PORTADA Y AFICHE IV SOMPOSIO


F. Gómez Potes

GRAFIARTES LTDA.
Diagramación - Pre prensa - Impresión
ÍNDICE

Prólogo: Los Uribe en Tuluá 5


Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

En Tuluá Renace la palabra iluminada de Rafael Uribe Uribe 11


Por: Vicente Pérez Silva

Heraclio Melitón Uribe Uribe, el fundador de Sevilla, Valle 21


Por: Pbro. Rodrigo Gallego Trujillo

Tomas Uribe Uribe. El médico que transformó a Tuluá 37


Por: Efraín Marmolejo Varela

Enrique Uribe White, un tulueño universal 52


Por: José Edier Gómez Espinal

Luis Uribe Restrepo, Creador de Capital Social 60


Por: Juan Guillermo Vallejo Ángel

La grandeza trágica de Bolívar 73


Por: Carlos Ochoa Martínez
“Tulua y el centro del Valle:
una historia por contar”
IV SIMPOSIO
BOLETÍN No. 58
5 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

Prólogo
Los Uribe en Tuluá

No han podido ponerse de acuerdo cual fue el primer Uribe


que llegó a Tuluá. Unos dicen que primero llegó Pedro
Antonio, más conocido como “el rápido”, decimero mayor
del pueblo generador del repentismo en el mundillo poético
de Tuluá, y que ejerció desde que llegó hasta que murió
como maestro de escuela mientras se aguantaba a Josefita
su mujer, que no era Uribe pero botaba más corriente que
él.
Otros afirman que fue Federico Alejandro, que ya había
sido rector de la Universidad de Antioquia cuando se
arrimó, meses después de la Guerra de 1885 y compró la
Hacienda de Sajonia, que lindaba entonces con el sur del
casco urbano y sentó reales y respondió por el tronco más
arraigado en la memoria tulueña. Unos más,
patrocinadores del mito de Uribe Uribe, dicen que quien
primero arribó desde su natal Titiribí fue el padre de
Rafael,el general y del médico Tomás, Que compró la
finca de Los Caimos pero se fue a vivir a Buga, porque aquí
no había donde poner a estudiar a los muchachos. Es
entonces cuando el general que haría todas las guerras
durante los siguientes 40 años y todas las perdió, estudió
en el Académico hasta que se involucró en la Guerra de Los
Chancos.
6 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

Cualquiera que hubiese sido el primero que asomó a esta


tierra tulueña no importa, lo cierto es que todos descendían
del mismo tronco y de Titiribí y que de su estirpe se nutrió
hasta transformarse esta ciudad de villorrio pobretón a
poblado con pretensiones. La presencia de Federico
Alejandro, quien años después terminaría siendo el primer
presidente de la Asamblea del Valle, debió haber sido
fulminante gancho para que el resto de Uribes volviera y
para que todos se solidificaran con sus costumbres, su
desbocada inteligencia y su estrambótico ritmo de vida y
se convirtieran en el motor del progreso de Tuluá.
Debió haber sido como un remolino porque los que
llegaban no era solo unos paisas aventureros sino unos
a n t i o q u e ñ o s c u l t o s , c o n a m b i c i o n e s p e ro c o n
conocimientos. Y como al lado de ellos vinieron los troncos
familiares con los cuales había matrimoniado, llegaron las
oleadas del imperio británico en la caras de caballos viejos
de las White de don Roberto y más Restrepo, como los de
Josefita, en las mulas de doña Leonor, la segunda esposa
de Federico Alejandro.
Era Tuluá en vísperas de todo. Del ferrocarril que estaba
construyendo Cisneros y que demoraría casi 40 años en
funcionar. Del acueducto que nunca habían sido capaces
de levantar teniendo dos ríos a la mano. De la educación
formal, que a duras penas brindaba una escuelita de los
hermanos maristas. Pero era el Tuluá de los guerrilleros
liberales que quedaban como saldos bajo el mando de
Rubén Vélez, escondiéndose en el monte de El Sastre y era
la Colombia en donde el hermano del médico Uribe, que
tenía su botica en la esquina del Parque Boyacá, hacía las
guerras civiles de verdad.
7 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

Tal vez porque los godos no eran muchos o porque el único


de los jefes territoriales del partido conservador en este
pueblo de mestizos, que aún llamaban “pardos” era el
prospecto del cruel general Alejandro Henao, el criterio
liberal les sirvió a los Uribes para comandar al poblado
desde que llegaron y ya fuera patrocinando las obras de
empeño o mandando sus hijos a estudiar en Bogotá o en el
extranjero, se hicieron a los símbolos del poder y lo
ejercieron a plenitud por casi medio siglo.
Alrededor del tronco de Federico Alejandro se consolidan
las inteligencias puestas al servicio público. Ya muerto el
viejo presidente de la Asamblea Departamental, el
presidente Abadía Méndez nombra Ministro de Obras
Públicas a Germán Uribe Hoyos el hijo que había tenido de
su primera mujer en Medellín. 50 años después, ocupa el
Ministerio de Hacienda su bisnieto Antonio Urdinola Uribe
que ya había sido presidente de Ecopetrol. Antes, su
madre, Maritza Uribe de Urdinola, la gran promotora
cultural del Valle, fundadora que fue del Museo La Tertulia
en Cali,había sido Secretaria de Educación y congresista
de la república.
Don Luis Uribe Restrepo, el papá de Maritza, fue la tea
encendida que alumbró los cambios fundamentales en
Tuluá y desde la década del 20 del siglo pasado siempre
estuvo presente en los actos fundamentales que
desarrollaron al pueblo en ciudad.
Igual lo había sido su primo el médico Tomás Uribe Uribe,
quien sentó principios de ética ejerciendo su profesión de
médico, de liberalismo actuando como el hermano del
8 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

general y llegando ser candidato presidencial en la


Convención de Ibagué en 1923. Unido férreamente a sus
ideas liberales manchesterianas que reforzaba con la
sangre inglesa de su mujer, doña Luisa White, quien por
más colombiana que fue siempre, nunca dejó de creerse
parte del imperio británico.
En alguna de mis novelas está la historia cuando ella, tan
fea como energúmena, se opone a que la recién
inaugurada Empresa de Luz colocara un poste de madera
para el alumbrado público en la esquina del Parque Boyacá
que daba frente a su casa cuando ella lo exigía de metal o al
menos de los sobrantes de riel del ferrocarril y para lograrlo
siembra la bandera de la Gran Bretaña haciendo presencia
de su rey .
De ese tronco surgen los Uribe White, donde Enrique, el
más precoz en inteligencia y vivacidad termina convertido
en el ingeniero constructor de las carreteras imposibles, en
el maestro de muchas generaciones, en el editor de
revistas de poesía y en el sabio nacional en Santa Eulalia,
su último refugio en lo que sería después la calle 100 en
Bogotá.
De Uribes y locos, decía mi madre, todos tenemos un
poco.Y como la historia de Tuluá la cincelaron ellos y la
proyectaron sin ambages, por el mismo lado de Federico
Alejandro surgen los mellizos Uribe Restrepo que
adobados a la tierra con igual afecto, pero cargados de
extrema luminosidad prefieren el suicidio a seguir viviendo
con quienes se casaron, pero siembran la semilla de los
que después fundarán Levapán con su yerno Ponce de
León y engendrará con la maestra González a Beatriz Uribe
9 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

de Borrero, la otra mujer que fue alcaldesa de Tuluá. La


primera lo había sido Gertrúdiz Potes, amamantada en el
tronco de los Uribes, unos dicen que con pasión lésbica,
otros que como amante perfecta de la pareja Uribe White, lo
que la hizo actuar como una de ellos así ejerciera
solamente el oficio de joyería.
Cuando llegó la violencia, de la que estaban vacunados
con el general Uribe Uribe, los restos de estos troncos
emigraron a Cali o Bogotá y solo Federico, siempre sereno,
siempre reposado en sus decisiones, pero siempre Uribe,
siguió viviendo en Tuluá hasta el final de sus días al lado de
Yolandita Quintero, la directora mágica de la Biblioteca
Municipal, que hoy acoge este texto.

Gustavo Álvarez Gardeazábal


Septiembre del 2017
10 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

Rafael Uribe Uribe


11 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

En Tuluá Renace
la palabra iluminada de
Rafael Uribe Uribe

Por: Vicente Pérez Silva


Miembro de la Academia Colombiana de la Lengua

Gracias a la muy generosa invitación del Centro de


Historia de Tuluá, retorno a este lugar, considerado desde
antaño “El corazón del Valle del Cauca”, no para
corresponder a sus nobilísimos deseos de que yo sea el
mejor apologista de Rafael Uribe Uribe. Jamás en mi
ánimo tamaño emprendimiento. Por fortuna, a mí no se me
escapa quién fue, a todas luces, este hombre superior,
considerado sin hipérbole por quien bien lo sabía y
conocía “El hombre más popular que ha tenido Colombia,
después del Libertador”. Pero, además, qué talento, qué
carácter y qué entereza la de este héroe, apóstol y paladín
de la democracia.
Ante una lumbrera de semejante magnitud, debo ser
sincero y sobremanera responsable en guardar el sentido
de las proporciones: Uribe Uribe es el roble, yo soy el
arbusto. Así lo calificó su coterráneo, el versado
historiador Laureano García Ortiz: “¡Formidable roble,
pero roble bueno!, a quién respetó el rayo y a quién las
tormentas no abatieron; pero que derribó súbitamente el
hacha traidora de malhechores furtivos”. Ante este
12 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

infausto episodio de nuestra historia, las palabras y los


sentimientos no alcanzan para adentrarnos en la crudeza
de semejante acto de tan denigrante y desmedida
barbarie.
Quién ahora les habla, ¿apologista de Rafael Uribe Uribe?
Una y mil veces, jamás. Como bien lo reconoce un fiel
seguidor de los pasos de nuestro amo y señor Don Quijote,
por las legendarias tierras de La Mancha: “Yo soy un pobre
hombre que, en los ratos de vanidad, quiere aparentar que
sabe algo, pero en realidad no sabe nada”. Aún más. Su
coterráneo y compañero de fatigas en el combate de Los
Chancos, en cercanías de esta comarca, Juan de Dios
Uribe, más tarde llamado con el remoquete familiar de El
Indio Uribe, cuando su pluma acerada de libelista y de
maravilloso estilo nos trae el recuerdo de Uribe Uribe, y en
tres palabras define su personalidad: Grave, altivo,
imponente; pero lo hace con esta franca advertencia:
“Nada de circunloquios, ni apólogos, ni charadas”. No
olvidemos que, en dicho combate, en el despuntar de su
juventud, Uribe Uribe había recibido el bautismo de sangre.
No obstante la referida advertencia, es preciso reconocer y
recordar brevemente que no son pocos los apologistas,
biógrafos, historiadores y escritores de renombre que se
han ocupado de la vida intensa y fecunda, que sería largo
enumerar. Una vida de luminosa y ejemplar trayectoria que
resplandece por sus virtudes y conocimientos, por sus
actuaciones y realizaciones de eminente ciudadano en las
luchas cívicas y en las contiendas bélicas. Profusas
páginas en las que nos es dado apreciar y valorar a este
exponente en su calidad de patriota, estadista, orador,
13 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

militar, diplomático, periodista, humanista; en fin, un


escritor de finos quilates y un ciudadano ejemplar.
Pero si de apologista se trata, imposible desconocer ni
olvidar la atinada y muy sentida que hizo desde un campo
ideológico opuesto, el eminente don Marco Fidel Suárez.
Una apología ciertamente extraordinaria, que conmueve
aún el espíritu más desprevenido e indiferente. Así mismo,
la que en contadas líneas nos hace el sabio médico Luis
Zea Uribe al final de la desgarradora descripción Los
últimos momentos del General Uribe Uribe:

“Así murió este paladín colombiano, que llenó con su


nombre durante treinta años de historia de la República.
Hombre de energías incomparables, de una voluntad que
no flaqueaba, metódico y disciplinado en todos los
momentos de su existencia, poseía las virtudes que
conducen a los más altos destinos y aseguran el éxito de
las empresas. Dotado de privilegiada inteligencia,
estudioso sin tregua ni descanso, entendía a fondo todos
los problemas administrativos y políticos de su país.
Había recorrido palmo a palmo el territorio de Colombia,
conocía a todos y a cada uno de sus hombres, y era centro
de un colosal movimiento de voluntades, orientadas
francamente hacia el progreso de la Patria…”

Y recordar, así mismo, con la más íntima desazón del alma


que, en alguna de sus intervenciones, pensando en la
tristeza de una muerte gloriosa, el heroico combatiente, de
recio temple, que se juega la vida en cien batallas, había
dicho:
14 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

“Triste muerte, señores, para quien como yo había soñado


caer en un campo de batalla, enrojecer con mi sangre el
verde césped, y vuelta hacia el azul del ancho cielo la cara
moribunda, exhalar por la causa liberal el último suspiro".

Doblemos las páginas de este infausto episodio, y ante la


premura del tiempo, volemos presurosos hacia el portento
de una imagen revivida, con miras a que sea el mismo
Rafael Uribe Uribe quien nos transmita, en esta magnífica
ocasión, todo el fuego de sus ideas, pensamientos y
sentimientos. Para este cometido, nada mejor que
escuchar su palabra sapiente, constructiva y visionaria. Y
para lograrlo plenamente, ya quisiéramos detenernos,
entre otras, en aquella Oración por la tolerancia. ¡Ah! La
tolerancia, que conforme a sus deseos “debe ser elevada a
la categoría de virtud individual social. La intolerancia solo
debe ser permitida contra los intolerantes”. Y como Uribe
Uribe, se ha escrito, “actúa siempre mucho más con el
ejemplo que con la palabra, esa virtud fue una de sus
características primordiales”; virtud que tanta falta nos
hace en los tiempos que corren.
Sin embargo, en las actuales circunstancias de crisis moral
y social, de confusión y atolondramiento que vive y padece
nuestro país, nada más oportuno y conveniente que
reivindicar el contenido de dos textos que consideramos de
sumo interés y actualidad. Antes de hacerlo, deleitémonos
con esta expresiva anécdota que Uribe Uribe nos cuenta al
comienzo de su autobiográfico y antológico escrito titulado
El mayor flagelo:

Fui discípulo del Dr. José Ignacio Escobar en varias de las


asignaturas que dictaba en San Bartolomé; más cuando
15 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

la Regeneración invadió el Colegio, pasé al del Rosario,


donde me gradué de abogado. Al despedirme entonces
del Dr. Escobar, a cuya mesa hospitalaria me sentaba
todos los domingos, le dije:

- Bueno, Doctor: yo le aprendí cuanto puede de lo que


U. tuvo a bien enseñarme. Ahora ya me voy para las
luchas de la vida. ¿Tiene U. algún consejo práctico
que darme?

- Cómo no, Rafael, tengo uno muy bueno que me


dictan mi experiencia y mi cariño por U. y es éste:
Guarde los códigos en el fondo del baúl, o mejor
véndalos, o regálelos, y tome otro oficio.

- Pero Sr. Doctor, entonces más valía no haber venido


a cursar en Bogotá.

- No rehúyo la consecuencia, me contestó. Para la


educación que se da en nuestros colegios, mejor
sería que los jóvenes de provecho no la recibieran.
Pero en fin, ya vino y ya se graduó. Si así no hubiera
sido, probablemente Ud. Se habría quedado toda la
vida lamentando su mala estrella, que le habría
negado seguir su inclinación. Pero ahora con
conocimiento de causa, insisto en que le conviene
dejar la abogacía, antes de que ella lo deje a Ud. Y
dedicarse a otra cosa.

Y en realidad, así aconteció, como nos lo demuestra el


intenso y variado discurrir de su vida; no sin antes destacar
que Uribe Uribe hablo y escribió de política, guerra,
costumbres, minería, justicia, paz, libertad; y, quien lo
creyera, de agricultura. En este aspecto, tanto se había
16 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

familiarizado con las labores del campo que, en alguno de


sus discursos parlamentarios se vanagloriaba de llamarse
a sí mismo montañés y agricultor. Nada que extrañar
entonces de su obra sobre el café en todos sus temas.
El primero de los textos enunciados en su punto medular
dice así:
“Combatid sinceramente por las ideas, pero no ataquéis a
los hombres. No descendáis a la serena región de los
principios a los fosos infectos del insulto. No calumniéis a
nuestros adversarios, porque ellos son también mis hijos,
y al deshonrarlos a ellos, me deshonráis a mí y os
deshonráis vosotros. No esperéis para uniros, a que el
enemigo golpee a mis fronteras, porque esa unión
obligada y de última hora ya no será la fuerza. Haced
política a campo abierto y al aire libre y cerrad esos
contubernios donde se deslizan las babosas alimañas de
la envidia, a prender siniestros odios en pobres y oscuros
cerebros donde germina el asesinato. Acordaos de que
las lides de la prensa, en que se usa la difamación y se
busca el desprestigio personal del adversario, y que para
vosotros son simples deportes verbales, al caer en ciertos
recipientes populares se convierten en destructores
explosivos, cuyo estrago seguramente vosotros no
quisisteis producir, pero del cual no seréis menos
responsables. Pensad que la ya célebre frase agresiva de
ayer puede mover la mano homicida de hoy, y que el
vituperio matinal puede convertirse en el huérfano o en la
viuda de la tarde. Si os falta la gracia para ser cristianos,
tenéis la obligación de ser caballeros”.
17 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

El otro hace referencia al curioso artículo que lleva por título:


“La adulación exploradora”, que data del año de 1.912,
título tan sugestivo como sugerente que no obstante el
tiempo transcurrido, más de 100 años, me parece que
cobra entera vigencia en esta época de vísperas
preelectorales, en la que pululan los prevaricadores,
picaros, petardistas, leviatanes, farsantes y ambiciosos
politicastros embusteros y ensoberbecidos.
Escuchémoslo:
Los intereses morales y buen nombre de los partidos
políticos son afectados por la casta parasitaria de los
aduladores del pueblo. Ni abrigan propósitos nobles ni
emiten ideas de bien tales elementos acostumbrados a
producir en lenguaje de renegados. Todas sus
preocupaciones y afanes se reducen a la nivelación por lo
bajo, a pintar un cuadro lamentable en el que ellos,
únicamente ellos, aparecen como hombres
desinteresados amigos sinceros del pobre, en contraste
con los demás –todos los demás copartidarios- que así se
pretende exhibir como indolentes y desalmados
explotadores de las clases trabajadoras.

La clase del político adulador del pueblo constituye


realmente el espécimen que lo explota. El canto de su
amistad y su cariño al pobre, ponderativo de que sabe
padecer en la miseria con los menesterosos, no es sino el
batir de alas del murciélago en el momento en que se
ocupa de sacar la sangre de su víctima. Son harto
conocidos los casos de tales falsos apóstoles aplicados a
explotar sin misericordia las clases trabajadoras. Adulan
para succionarlas con facilidad, haciéndose así a la
confianza del hombre desposeído e ignorante. Tal ralea
18 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

de políticos deslenguados no ideó nunca explotar al rico.

Es lo más curioso. Finge aborrecerlo, porque le queda


más fácil sacarle al pobre el dinero, de peso en peso, en
forma de honorarios por servicios que no le presta, por
defensas que no hace, por diligencias que nunca practica
en su favor. La explotación al rico no está al alcance de los
escasos recursos mentales de los deslenguados y
detractores profesionales.

Allí donde aparece un adulador desaforado del pueblo,


hay un explotador desalmado. Su táctica da resultados
seguros. Comen y beben, en una palabra viven con sus
vicios, de la explotación inicua a las clases desheredadas
de la fortuna. Por eso las adulan, por eso presentan a los
demás, por quienes sienten odio de émulos, como gentes
perversas y enemigas del proletariado.

Los verdaderos servidores del pueblo están en otras


partes. Son los hombres circunspectos, benévolos, que
estudian los problemas y procuran las soluciones de
exacto provecho colectivo. No adulan a las multitudes, en
forma torpe, mucho menos concitan en ellas los instintos
depravados, pero en cambio las sirven con la
cooperación perseverante en todo lo que tiende al
mejoramiento social, en el conjunto armónico de la buena
convivencia de todos los intereses económicos.

Nuestra experiencia política expone un postulado de


admirable substancia: el que adula al pueblo lo explota. El
que le sirve habla siempre en el lenguaje severo de la
verdad.

***
19 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

Señores miembros del Centro de Historia de Tuluá y muy


apreciada audiencia:
Hemos tenido a bien llamar esta intervención “En Tuluá
renace la palabra de Rafael Uribe Uribe”. Así lo he
considerado y así tiene que ser, con nuestro más fincado
anhelo de que sus palabras, como ya lo hemos dicho,
sapientes y visionarias, en aras de la bienandanza del
pueblo colombiano, constituyan el faro que nos guie por
despejados caminos de justicia social, paz, libertad y
tolerancia.

Tuluá, Valle del Cauca, 23 de noviembre del año 2.017


20 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

Heraclio Melitón Uribe Uribe


21 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

Heraclio Melitón Uribe Uribe


El fundador de Sevilla, Valle

Por: Pbro. Rodrigo Gallego Trujillo


Rector del Seminario Mayor Diocesano de Buga
Ad Maiorem Dei Gloriam

«[…] Yo no sabía nada de las montañas neblinosas que se metían por


los cuartos e invadían los corredores y el patio, como una bandada de
pájaros grises. Aprendí a cambiar arañazos en la cara y las manos por
el premio de las moras maduras y siempre miré en la distancia, con una
mezcla de respeto y de cariño, un techo que a veces blanqueaba en la
lejanía: era la casa de “Los Alpes”, en donde vivía el fundador y patricio
Don Heraclio Uribe Uribe […]»¹.

La historia es un modo, no sólo de leer el pasado, sino una


posibilidad de valorar en el presente las acciones del
pretérito, para proyectarlas al futuro pensando en el
crecimiento integral de la comunidad, pues un pueblo que
relee su historia con el lente objetivo de la gratitud,
conserva lo genuino, purifica lo perfectible y se lanza a
conquistar lo que es noble, justo y verdadero, pensando en
el progreso de todos.
En este sentido, vale la pena traer a la actualidad la figura
de don Heraclio Uribe Uribe, ya que representa la síntesis

1. Libardo Victoria Santacoloma, citado por Ulises Vásquez Vargas, Sevilla,


Valle del Cauca, Otro hito de una concepción colonizadora, Imprenta
Departamental del Valle del Cauca, Cali, 1998, pág. 70.
22 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

de una época, la concretización de un ideal que forjaron


muchos entre las penurias de su momento y los sacrificios
necesarios para que naciera una aldea donde vivir
dignamente y tener un hogar para reclinar la cabeza.
Don Luis J. Echeverry -tronco de ilustre y raizal familia
sevillana-refrenda lo dicho al expresar: «No es nuestra
pluma desmedrada la ungida para decir con verdad
ecuánime, algo siquiera, de la valiosa personalidad del
ínclito varón republicano, de procera estirpe de
luchadores, Don Heraclio Uribe Uribe, cuyas virtudes
corren pareja con los méritos conquistados en las gloriosas
justas en que alternaron durante casi diez lustros, o tal vez
más, el hacha y la pala con la pluma y el libro, el cerebro y el
brazo, el esfuerzo y el sacrificio, la consagración al culto de
la verdad y el regadío de los efluvios de la frente sobre el
cafeto y los surcos en donde cada día natura premió ese
amor con gayas flores, anémonas, miosotis, claveles,
pensamientos, dalias, rosas y amapolas»².
1. Algunas notas biográficas de Don Heraclio Uribe Uribe
Don Heraclio nació en Fredonia, Antioquia, el 8 de marzo de
1852 y falleció el 8 de noviembre de 1941 en Sevilla, Valle
del Cauca, donde recibió sepultura³; había sido bautizado

2. Luis J. Echeverry,Boletín de Estadística de Sevilla, Tipografía Sevillana, 7 de


agosto de 1928, pág. 45 y citado por Esponda, Ricardo; Muñoz José
Dolores, Monografía de Sevilla, Sevilla, 1943, pág. 34. Cf. Efemérides y
Documentos Sevillanos, Editora Prometeo, Sevilla, Valle del Cauca, junio 7
de 1964, pág. 3.
3. Basílica de San Luis Gonzaga, Sevilla, Valle del Cauca, Libro 8 de
defunciones, Folio 189, Número 577.
23 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

en la parroquia Santa Ana de Fredonia el 12 de marzo de


18524, fueron sus padrinos Heraclio Uribe y María del
Rosario Uribe. Era hijo de Tomás Uribe Toro y María Luisa de
las Mercedes Uribe Uribe. Sus hermanos fueron: Julia,
Rafael, Susana, María Teresa, Paulina, Tomás, Carlos y
Emilia5.
«El tronco de la familia Uribe fue Don Martín Uribe, natural
de Vizcaya, donde se conoce lo que allá se llama
“merindad de Uribe” […] de Vizcaya vinieron tres hermanos
Uribe, uno fue a morar al Socorro, Santander, otro pasó a
Chile, y el tercero, Don Martín, formó el tronco de la familia
6
Uribe en Antioquia» .
Así, «hijo de la vieja e ilustre tierra antioqueña, donde las
crestas de los montes se yerguen desafiantes, don Heraclio
[Uribe Uribe] tuvo desde niño ante sus ojos el espectáculo
de la fortaleza de ese pueblo orgulloso y altivo, arrogante y
aventurero; pueblo de dura cerviz y ambición insaciable,
que se esparce por el mundo en busca de la riqueza, el
amor y la aventura”. En aquella tierra, en aquel ambiente
nació don Heraclio Uribe Uribe. Allí mismo se deslizo su
niñez, en época ya lejana, llena de perturbaciones

4. Parroquia Santa Ana, Fredonia, Antioquia, Libro 6 de bautismos, folio 51,


número 181. Da fe el Pbro. Benito Jaramillo
5. Eduardo Santa. Rafael Uribe Uribe, pág. 19.
6. Del semanario “Dios y Patria” del Pbro. Alfonso Zawadzky
Colmenares, citado por Echeverry, Luis J. Boletín de Estadística de
Sevilla, 1928, pág. 45 y Ricardo Esponda, Ricardo, José Dolores
Muñoz, Monografía de Sevilla, 1944, pág. 35.
24 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

políticas, en que a diario estallaba una revuelta de medio


país contra la otra mitad y los gobiernos estaban
constantemente amenazados por la inquietud
revolucionaria que en todo momento sus opositores vivían
desvelados fraguando para su mal. Allí mismo, en la
adolescencia, asistió a los precarios colegios de aquellos
tiempos, y luego, en la universidad de la guerra, templó su
carácter para la batalla por la vida, libre, independiente,
altiva, constructiva.
Sus padres, «Tomás Uribe Toro y María Luisa Uribe Uribe
fundaron Valparaíso -Antioquia-. En sus afueras se
encontraba la hacienda 'El Palmar', donde vivían; eran
tierras pobres, escarpadas, con una extensión de cuatro
leguas […]»7.«Tomás Uribe Toro donó la tierra en la que se
fundó a Valparaíso. Fijó los ojos en el horizonte y
recreándose en el valle paradisíaco que extendía al frente
encontró el nombre apropiado para la nueva población. En
las afueras, cerca del camino que lleva a Caramanta, en la
hacienda El Palmar, levantó su casa y su familia, e hizo el
capital que quince años después le permitiría establecerse
en el Gran Cauca»8.
«En 1867 don Tomás envió a doña María Luisa y a sus hijos
a Medellín, pues se había hecho urgente la necesidad de

7. María Eugenia Domínguez M., Tomás Uribe Uribe, Cali, 2006, pág.
23.
8. ---, Tomás Uribe Uribe, pág. 110.
25 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

buscar un colegio apropiado para Julián y Rafael, quienes


asistieron primero a varios establecimientos privados antes
9
de entrar en el colegio del Estado» .«Ya en Medellín,
Heraclio fue nombrado Visitador y posteriormente, Prefecto
de Oriente (Ríonegro), cargo del que tuvo que poner, al
poco tiempo, pies en polvorosa ya que los conservadores le
hicieron la vida imposible; además no tenía intenciones de
correr la suerte de su abuelo Heraclio, a quien lo mataron en
el mismo sitio y en el mismo cargo»10.
«El éxodo de la familia Uribe Uribe al Gran Cauca comenzó
11
en diciembre de 1873 […]» .«La muerte temprana de la
madre dejó huérfanos a nueve hermanos que quedaron
bajo el amparo de un padre destrozado por la pérdida de su
esposa amada»12.
«Heraclio, el mayor, estudió en Bogotá literatura y letras y,
en Medellín en la Escuela de Minas. En 1876 tomó parte en
la guerra como ayudante del general Julián Trujillo y lo
acompañó a Manizales, donde el General procedió a
organizar civilmente la ciudad, y para ello nombró prefecto
a Heraclio, quien se desempeñó con admirable
diplomacia, contemporizando y negociando con la mayoría
conservadora. Más adelante fue nombrado Diputado a la
Convención o Asamblea Constituyente por el general
Trujillo, Jefe Militar y Civil del Estado. En 1877 estaba
integrado a las fuerzas comandadas por los generales

9. ---, Tomás Uribe Uribe, pág. 23.


10. ---, Tomás Uribe Uribe, pág. 25.
11. ---, Tomás Uribe Uribe, pág. 112.
12. ---, Tomás Uribe Uribe, pág. 117.
26 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

Eliseo Payán y David Peña, como Jefe de un destacamento


en el paso de Cañaveral. En ellas alcanzó el grado de
capitán […] Atendió a su familia con gran devoción y
generosidad, no obstante las precarias condiciones en las
que tuvo que vivir durante el resto de su vida. De Medellín
se trasladaron a La Rita, donde vivió cerca de su padre;
más adelante se instalaron en San Pablo y finalmente en
Los Alpes, cerca de Sevilla, ciudad que fundó. Desde
entonces mantuvo una prolífica correspondencia con su
familia y publicó artículos en todos los periódicos del país;
colaboró estrechamente con su hermano Tomás en la
actividad política»13.
Don Heraclio Melitón
contrajo matrimonio en la
parroquia “Nuestra
Señora de La Candelaria”
de Medellín el 22 de enero
de 1879 con María Isabel
Matilde Prieto Pinillo, hija
de Rafael Prieto y María
Maximiliana Pinillo14; ella
nació el 5 de noviembre
15
de 1859, en Medellín . La
esposa de don Heraclio

13. ---, Tomás Uribe Uribe, pág. 119.


14. Parroquia “Nuestra Señora de la Candelaria” de Medellín, Libro 31
de Matrimonios, Folio 91, Número 2.
15. Parroquia San Nicolás, Ríonegro, Antioquia, Libro 51, folio 177.
27 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

falleció en Bugalagrande el 11 de septiembre de 1931 y fue


sepultada en el cementerio de Tuluá, al día siguiente16. Del
matrimonio de Heraclio con Matilde Prieto Pinillos, nacieron
diez hijos: María Luisa, María Isabel del Pilar, Antonio, Rita,
Tomás, Adriano, Simón, Carlos, Teresita y Julia.
2. Sobre su formación académica
Dice don Heraclio: «Cursé primeras letras en la escuela
que regentaba en Ríonegro doña Felicidad Sanín, tía de
Baldomero Sanín Cano […] después pasé a la escuela de
Don Miguel […] en 1864 entré al Colegio del Estado […]. Yo
era malísimo estudiante, acaso el peor de todos […] En los
años de 1876 y 1877 fui ayudante del general Julián Trujillo,
desde “Los Chancos”17 a Manizales y llegué a obtener el
grado de coronel en las milicias del Cauca […]. Fui Prefecto
en Manizales en 1877, tan sólo un mes y en Ríonegro […] Lo
poco que no ignoro se lo debo a una lectura constante, mal
servida por la pérdida de la memoria. Sin embargo
traduzco pasablemente del inglés y no me es desconocido

16. Parroquia San Bernabé, Bugalagrande, Libro8 de Defunciones,


Folio 94, Número 70.
17. Tuvo lugar el 13 de septiembre de 1876. «La revolución comenzó en
el estado del Cauca, donde gobernaba el señor César Conto,
c o n s i d e r a d o e n e m i g o a c é r r i m o p o r c o n s e r v a d o re s e
independientes. El Obispo de Popayán, Carlos Bermúdez, puso
condiciones para la enseñanza católica en las escuelas oficiales
[…] Los católicos crearon sociedades, que al lado de la defensa de
su fe hacían política […]». Tomado de semanario “El Tabloide”,
Tuluá, septiembre 3 de 1976, pág. 5.
28 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

el latín […]. La filosofía de Balmes fue siempre para mí un


jeroglífico, pero en cambio la epicúrea de las odas de
18
Horacio, fue fácilmente asimilada por mi intelecto» .
Además, fue Redactor del periódico El Pueblo, semanario
de Medellín. Al igual que Luis Eduardo Villegas, José María
Baraya y Antonio José Restrepo, apoyó la publicación El
C i n c o d e A b r i l . Ta m b i é n c o l a b o ró e n d i v e r s a s
publicaciones fuera de Antioquia, tales como El Relator, de
Cali, El Tiempo, El Espectador y El Diario Nacional, de
19
Bogotá .
Julián Uribe Uribe -su hermano- dice de él:« Por la época
del arribo al Valle, de su familia, Heraclio estudiaba en
Bogotá. Su primaria la había cursado en Ríonegro y
20
Medellín» . Cursó su bachillerato en Colegio Académico
en Buga. En Bogotá estudió becado por el Estado
Soberano de Antioquia. En el Colegio de San Bartolomé y
en la Universidad Nacional (1879) quedan los registros

18. Diccionario Biográfico y Bibliográfico de Colombia, Tomo III, por el


Doctor Joaquín Ospina, 1939, citado por Ulises Vásquez Vargas,
Sevilla, Valle del Cauca, Otro hito de una concepción colonizadora,
Imprenta Departamental del Valle del Cauca, Cali, 1998, pág. 68-
69.
19. http://www.academia.edu/1511327/Diccionario_biografico
_y_genea logico_de_la_elite_antioquena_y_viejocaldense, página
197.
20. Julián Uribe Uribe, Memorias. Banco de la República, Bogotá,
1994, pág. 15-16.
29 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

académicos sobre sus estudios. Cursó varios semestres de


Ingeniería Civil. Interrumpe su carrera al morir su señora
21
madre […] .
«Heraclio estudió matemáticas en el Colegio de Estado
(Antioquia) y luego en la Escuela de Ingeniería de la
Universidad Nacional, llegó a tal punto que, habría bastado
un pequeño esfuerzo para coronar su carrera de ingeniero;
pero la muerte de mi madre lo desconcertó de tal manera,
que abandonó sus estudios y se vino al lado de la familia
[…] Don Roberto sabía esto, y de allí que lo llamara en
primer término; pero Heraclio desdeñó desgraciadamente
esa oportunidad para volver sobre sus pasos en su
profesión que habría cosechado muchos frutos, tanto por
su bagaje teórico de que disponía, como por su claro
22
talento» .
3. Don Heraclio y Sevilla
El doctor Heraclio participó en la última guerra civil, la
Guerra de Los Mil Días. Actor fue en ella, y también su
arteria contribuyó a signar de púrpura las tierras de la
patria. La bondad espiritual no desarma la mano cuando
ésta se armó para combatir el combate de la libertad y la
justicia […]. Cuando serenáronse los torbellinos
revolucionarios, dejando todo el país en completo

21. Raúl Flórez Duque, Sevilla. Bocetos históricos. Litocolor


Impresores, Cali, Valle del Cauca, 2003, pág. 12-13.
22. Julián Uribe Uribe, Memorias, pág. 188-189.
30 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

desconcierto, don Heraclio buscó la tranquilidad de los


dominios nemerosos. Se internó entonces en las selvas
vírgenes como lo hicieron los conquistadores, seguido de
unos cuantos compañeros, aventureros y resueltos.
Buscando el reposo de la soledad, halló la necesidad de la
acción constructiva. Fue por ello por lo que decidió fundar
una ciudad y sobre una alta meseta hallada en su camino,
inició la empresa en 1903.
De esa aventura estupenda surgió Sevilla, de en medio de
la selva. Grande fue su odisea de luchas en aquella
empresa. La soledad, la lejanía, la insalubridad, la escasez,
todo conspiraba contra el éxito del empeño aquel. Más a
pesar de las vicisitudes sin cuento que le salieron al paso, el
fundo primitivo fue creciendo rápidamente hasta hacerse
un notable centro urbano. Y su creador, al verlo con
arrogancia de ciudad bien plantada, se enamoró de su
fortaleza y hermosura y le juró fidelidad eterna. Se subió
entonces a la cima de una colonia y se puso a velar por ella
como un dios tutelar. Al amparo del viejo patricio, Sevilla
llegó a ser una activa plaza comercial y centro de grandes
promesas futuras23.
De la fundación de Sevilla dice don Heraclio: «Empecé a
explorar las montañas de Sevilla un poco antes de la guerra

23. Revista Cincuentenario, Número 78, febrero de 1959, páginas 20 –


22.
31 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

24
civil de 1885 , año en que hice la primera rocería a la orilla
del río San Marcos, por donde actualmente cruza el camino
que de Sevilla conduce a Ceilán [...] En la guerra de los tres
años me comprometí con los señores Alejandro Henao y
Próspero Roldán, de Tuluá, a hacer algunas exploraciones
en lo que hoy llaman “El Canadá” y a montar la salina de ese
nombre. Entonces conocí la localidad donde hoy se asienta
Sevilla. Entraba por la cuchilla de “Canoas” que separa las
aguas del río Bugalagrade de las del río de La Paila
siguiendo todas sus inflexiones y luego descendí a dicha
salina. Debo declarar que ya existía en parte una trocha, y
que hice ampliar el camino en toda su extensión, desde El
Paují, hasta El Canadá, por donde entraron en bueyes los
fondos para el beneficio de la sal. Fue en una de estas
correrías cuando, de regreso del Canadá, vine en
compañía del señor Manuel García, hijo de don Cenón
García, hasta el punto de “Los Alpes”, donde ya tenía una

24. Departamento Administrativo Nacional de Estadística —Dane— y


Cámara de Comercio de Sevilla, Monografía del Municipio de
Sevilla, Bogotá, 1982, pág. 11: «Revolución o guerra que se verificó
durante la segunda administración de Rafael Núñez (1884-1886),
provocada por la inconformidad del bando radical. […] la lucha
comenzó como local en Santander, se extendió luego a
Cundinamarca donde se alzó en armas el coronel Ricardo Gaitán
Obeso. Los ministros radicales se retiraron de sus cargos, optando
su grupo por la guerra. Los conservadores, en vista de lo anterior,
ofrecieron al Gobierno todo su apoyo en la contienda. Concluyó la
cruenta guerra, después de diferentes acciones bélicas, con la
capitulación de “Los Guamos” pactada en el mes de agosto de
1885».
32 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

derriba y un rancho, construido por el señor Jesús


Ceballos. Me quedé solo esa noche y al día siguiente,
tomando hacia el norte, di con el sendero por donde bajó
Manuel García. Siguiendo ese sendero pasé por lo que hoy
es la ciudad de Sevilla y con algún trabajo descendí a
Saldaña, donde había una abertura hecha por mi finado hijo
Carlos, que yo ensanché después […] Feliz edad esa en
que uno no teme a lo desconocido y no hace caso ni de la
brújula, arriesgando a perderse en la soledad y no regresar
al lado de la familia.
Al principiar el año de 1903 residía ya, cerca de Totoró, el
señor Cenón García con su esposa y sus hijos: Manuel,
Emiliano, Jesús y Cenón. Nos pusimos de acuerdo y el día 3
de mayo nos juntamos en lo que es hoy la plaza principal de
Sevilla, los señores Cenón García, padre, Emiliano García,
Antonio Carmona, yerno de don Cenón, Francisco Eladio
Hoyos, Francisco Albarán o Alvarado y yo. Y nadie más. Yo
había traído del Paují un taquímetro y con él tracé la plaza
en un guadual espeso, a que daban sombra corpulentos
lembos. Nada más se hizo ese día porque yo tenía que
regresar al Paují antes de la noche […]»25.

25. De “Dios y Patria”, citado por Echeverry, Luis J. Boletín de


Estadística de Sevilla, pág. 47 y Ricardo Esponda y José Dolores
Muñoz, Monografía de Sevilla, pág. 35-38. Cf. Pbro. Alfonso
Zawadzky Colmenares, Bisemanario Dios y Patria, edición especial
para la conmemoración de las Bodas de Plata de la fundación de
Sevilla, Número 267, pág. 2 y 3, Tipografía Sevillana,
33 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

Don Heraclio fue para Sevilla su ninfa egregia. La sombra


de su espíritu fue siempre escudo, faro y consejo; y
seguirán flotando sobre la ciudad siempre como signo de
inspiración, ejemplo de entereza y rectitud, y espejo de
ciudadanos. Como dato curioso: «Las primeras rosas y
claveles que nuestros ancestros vieron en Sevilla fueron
cultivados por don Heraclio Uribe Uribe, en su casa de
habitación, situada en aquellas época en el Alto de la Cruz,
o muy cerca de este lugar»26.
En su retiro se entregó don Heraclio al trabajo del campo, a
la par que a la meditación, a la dilucidación y estudio de los
problemas nacionales, escribiendo sobre todo aquello
prolijamente. Hasta los últimos días de su existencia lo
inquietaron los problemas nacionales: sus vías, puertos,
economía, política, etc… Largos años vivió de aquel modo,
sin buscar nunca las prebendas y honores; sirviendo sólo
humildemente, desinteresadamente. En los postreros años,
cuando la noche de la ceguera cayó sobre él y el oído se
negó a seguir registrando los ruidos externos, dictaba a un
amanuense sus artículos periodísticos y se hacía leer las
noticias del estado del mundo.
«A los ochenta y nueve años falleció Don Heraclio,
constituyendo tal noticia un infausto acontecimiento

26. Pedro Emilio Gil Jaramillo, Revista Horizontes, No. 256, pág. 3.
1941.
34 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

nacional. Su cadáver fue honrado en cámara ardiente, en el


Colegio General Santander, y allí concurrió el pueblo, que lo
27
amaba y respetaba, a rendirle el postrer homenaje» .
4. A modo de conclusión
Los hombres pasan pero sus acciones quedan. El río del
tiempo nos arrastra al mar de la nada, pero quien hace obra
grande perdura en la gratitud de las almas. Aquellos que
consagraron su existencia al bien, a la edificación, a la
enseñanza, nunca mueren en la conciencia de los hombres
s e n s a t o s y p ro b o s . E s c i e r t o q u e l o s g r a n d e s
depredadores, los grandes perversos tampoco son
olvidados, pero aquellos se les recuerda para ser honrados
y a éstos para su execración. Lo dice el Salmo 111: “la
memoria del justo será bendita, más el nombre de los
impíos se pudrirá”. Cada cual deriva el fruto de lo que
siembra y quien buena semilla planta, cosecha de bien
recoge. En la memoria de los pueblos, el recuerdo de sus
grandes servidores es eterno. Honrarlos es honrar a Dios
28
en sus mejores criaturas» . De esta manera, recordar la
vida y obra de don Heraclio Uribe Uribe, no es más que
reconocer con gratitud la existencia de un hombre, un
ciudadano, un cristiano, un intelectual, un padre y un amigo
que hizo época con su coraje y fuerza interior.

27. Ulises Vásquez Vargas, Almanaque histórico sevillano, Sevilla,


1971, pág. 53.
28. revista Cincuentenario, Número 78, febrero de 1959, pág. 20 – 22.
35 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

Dr. Tomás Uribe Uribe


y Heraclio Melitón Uribe Uribe
36 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

Tomás Uribe Uribe


37 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

Tomas Uribe Uribe


El médico que transformó a Tuluá

Por: EFRAÍN MARMOLEJO VARELA


Miembro de la Academia de Historia del Valle
Miembro del Centro de Historia de Tuluá

“A Nelson Marmolejo mi padre, quien fuera su ayudante en


la Botica”

Hablar de Tomas Uribe Uribe, es rememorar a la figura más


importante de Tuluá a finales del siglo XIX y principios del
Siglo XX. Fue sin lugar a dudas la persona que lideró la
transformación del Tuluá que era un pequeño poblado a
ciudad y cimentó su desarrollo con las grandes
realizaciones políticas, económicas, educativas y de salud
pública por él lideradas.

Tomas Uribe Toro


María Luisa Uribe Uribe

Heraclio Uribe Uribe


Matilde Prieto Pinillos

Rafael Uribe Uribe


Sixta Tulia Gaviria Sañudo

Julián Uribe Uribe


Sara Restrepo Lindo
38 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

Julia Uribe Uribe


José Joaquín Azcarate

Paulina Uribe Uribe


Manuel Zuluaga

Susana Uribe Uribe

Teresa Uribe Uribe

Tomas Uribe Uribe


María Luisa White Uribe

Carlos Uribe Uribe

Emilia Uribe Uribe


Ascario Rebolledo Martínez

En la historia familiar encontramos el ejemplo del empuje y


del trabajo que caracterizaron
a los Uribe. Su abuelo
Cristóbal Uribe Mondragón fue
el fundador de Nueva
Caramanta. A su padre Tomas
Uribe Toro se le atribuye la
fundación de Valparaíso en
Antioquia, mismo que fuera
casado con la matrona
MaríaLuisa Uribe Uribe, quien
fuera hermana de don Federico
Alejandro Uribe Uribe, el primer
presidente que tuvo la Asamblea del Valle del Cauca en
1911, y Presidente del Concejo de Tuluá.
39 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

Pero así como fueron pioneros y pujantes, también sufrieron


los rigores de la violencia partidista:El padre de María Luisa
Uribe Uribe, don Heraclio Uribe Echeverri fue asesinado
en Rionegro en 1857 cuando ejercía como prefecto de
Rionegro. El mismo don Don Tomas Uribe Toro sufrió un
atentado a peinilla por parte del Alcalde de Nueva
Caramanta, que casi le cuesta la vida y lo obligó a
trasladarse a Valparaiso y luego fue perseguido por el
presidente del estado soberano de Antioquia Pedro Justo
Berrio, quien los despoja del ganado y de los insumos del
almacén que tenían en Medellín.
Frente a este difícil panorama político, unido a la crisis
económica de la región, deciden trasladarse al Cauca en
diciembre de 1873. Al llegar allí adquieren la famosa finca
de Morillo que iba de la carretera a la cordillera cerca de
Sevilla. Luego de una temporal estadía en ella, se
aposentan en la ciudad de Buga y la tragedia de nuevo los
persigue: El día que llegan a la ciudad un 14 de enero de
1874, muere doña María Luisa, dejando una profunda
huella de dolor en la familia, continuada con la muerte en
1875 de tres miembros de la familia Carlos, Teresita y
Susana. Y para 1876 los sorprende la Batalla de los
Chancos, en donde interviene el joven Rafael Uribe Uribe,
siendo herido en combate en una rodilla.
La familia asume con estoicismo y dignidad estas grandes
tragedias y don Tomas Uribe Toro para enfrentar la pena,
asume el reto de Fortunato Cabal de construir un
acueducto para la ciudad, logro que consiguió tras cinco
años de arduo trabajo, lo que dejo grandes sinsabores
40 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

pues no recibió la retribución económica prometida y lo


despidieron con la frase lapidaria“que en esa ciudad no
tomaban agua de liberal” y es así como se regresan al
Caimo, potrero que pertenecía a Morillo.

TOMAS URIBE URIBE


Nació un 21 de
diciembre de 1864 en
Va l p a r a i s o y f u e e l
antepenúltimo de los
Uribe Uribe. Afrontó las
viscitudes familiares ya
relatadas y después de
haber estudiado en Buga
en la Escuela Normal,
dirigida por Don Marcial
Cruz y luego en el
Colegio Académico, y
gracias a su buen
rendimiento, le es otorgada una beca, razón por la cual se
traslada a Bogotá con Rafael su hermano, en donde
estudiaría medicina logrando su título el 17 de marzo de
1887 en la Universidad Nacional de Colombia, a los 23 años
de edad.
Al llegar empieza a ejercer en la ciudad de Cali, donde
goza del respeto y reconocimiento de sus colegas y es
invitado a formar parte de la sociedad de medicina del
Cauca de la cual fue socio de número. Decide trasladarse a
Tuluá, para estar más cerca de su padre y allí adquiere la
41 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

casona esquinera en el parque Boyacá que le sirvió de


residencia, de botica y de consultorio, donde se
caracterizó por su sapiencia, su bondad y su entrega por
los pacientes y atendía a todos sin distingo de filiación
política o condición socioeconómica. Un ejemplo de ello
fue don Manuel Sinisterra, Prefecto y Jefe Civil y Militar de
Tuluá, antagonista político de Tomas, quien contaría en sus
memorias, que su familia se trasladó primero a esta ciudad
antes que él y uno de sus hijos enfermó gravemente y fue
salvado gracias a sus buenos oficios, sin importar las
diferencias políticas.
Aprovechando la estadía de su hermano Julián en 1895,
decide irse a especializar a Paris y a la despedida en el
puerto de Cartagena lo
acompaña su padre, quien
también visitaría a su hijo
Rafael que estaba preso en
esta ciudad. Tomas viaja a
Europa en barco y
casualmente Rafael es
liberado. Rafael y su padre
Tomas Uribe Toro, regresan
a Bogotá y posiblemente
por lo inclemente del viaje
se le agrava el tumor de
cuello que tenía y luego de una operación fallecería, noticia
que afectó ostensiblemente a Tomas Uribe Uribe. En
Francia, líder en ese entonces de la medicina en el mundo
se capacitó en Cirugía, enfermedades del sistema nervioso
y bacteriología entre otros conocimientos que lo
42 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

acompañarían toda la vida y que los puso al servicio de una


pequeña ciudad como lo era el Tuluá de ese entonces.
Al regresar a su patria se
casa el 8 de julio de 1897
con Doña Luisa White,
dama inteligente y de un
gran carácter que sería su
compañera y apoyo
durante el resto de su vida.
Obsérvese en la fotografía
de estudio la importancia
que tenía para la pareja el
conocimiento, junto con los
trajes de la época y los
grandes cortineros, están como elemento central de la
mesa los libros y revistas que cada uno tiene.
Junto con doña Luisa tendrían una familia que le daría lustre
a Colombia, en especial su hijo Enrique quien fuera
graduado en el MIT, trabajó en el laboratorio de Tomas Alba
Edinson y alrededor del cual giraría la cultura del país por
más de dos décadas, por lo cual se le considera el más
universal de todos los tulueños.

Tomas Uribe Uribe


María Luisa White Uribe

Enrique Uribe White

Manuel Uribe White

Tito Uribe White


43 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

Julia Uribe White

Emilia Uribe White

Marta Uribe White

Inés Uribe White

María Teresa Uribe White

Tomás Uribe Uribe en lo social:


Era tal el reconocimiento de su figura que para celebrar el
primer centenario del grito de independencia en nuestra
ciudad, el jurado para hacer nuestro primer libro de historia
estuvo a cargo entre otros del Dr. Uribe Uribe e igualmente
fue el presidente del comité que lideró la construcción del
parque Juan María Céspedes, que curiosamente para
1.910 tenía como parque una estructura, urbanísticamente
hablando, más sólida que la que tenía la plaza principal.
Posteriormente esta última plaza se llamaría Parque
Boyacá, realizada sobre planos elaborados por Enrique
Uribe White, hijo de don Tomas.
44 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

Su aporte en lo económico:
El amor por el campo fue una de sus grandes pasiones y su
finca de Valparaíso fue el sitio donde pudo desarrollar todo
este potencial, que venía siendo forjado desde muy
pequeño, porque siempre en las fincas que tuvo su padre,
todos los Uribe Uribe tenían labores asignadas. Durante
las guerras el hato familiar estuvo a punto de desaparecer
por los tributos de guerra que debían pagar los liberales y
que de una manera arbitraria fueron cobrados tal como
quedo consignada en la correspondencia con el General
Henao. Después a punta de esfuerzo lograron volver a
levantarla y se convirtió en el refugio de don Tomas y de
Doña Luisa en sus últimos años, al punto que un accidente
en esta finca fue la que al final hizo que se perdiese la vida
de este ilustre medico
Su aporte en la salud:
Por su formación en la Universidad Nacional y en Francia,
Tomas Uribe Uribe se convirtió en el hombre que empezó a
hablar de salud pública en esta región; son muy
recordados las famosas conferencias sobre prevención de
enfermedades de trasmisión sexual y de control de
mosquitos como vector de enfermedades, dictadas en el
Teatro Sarmiento Y qué decir de su labor como médico,
que fue un verdadero apostolado, pues no solamente se
hacia el diagnostico, sino que en su famosa botica se
preparaban todas las fórmulas magistrales para combatir
las enfermedades de entonces y algunas de ellas fueron de
su propia inspiración como las píldoras caucanas.
Se recuerda con especial énfasis su presencia semanal en
la cárcel municipal, a quienes atendía sin cobrar nada por
45/ IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

sus honorarios, ni por los medicamentos entregados, a la


que era acompañado por varios de sus hijos. Esto lo hizo
en honor de estos seres olvidados, tal como le sucedió a él
cuando fue apresado en tiempos de la guerra.
Si esto fuera poco lideró junto con su esposa Luisa, eventos
para recaudar fondos para la construcción del primer
hospital de esta ciudad y luego en compañía de varios pro
hombres de la ciudad dedicó su vida hasta entregar el
Hospital de Caridad San Antonio, que se volvió un referente
de la salud en esta región centrovallecaucana.
46 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

Queremos destacar igualmente que sin importar la orilla


política en que estuviesen los dos grandes médicos de la
ciudad Tomas Uribe Uribe Uribe y José Antonio González,
se unieron en la practica de la cirugía en nuestra ciudad,
primero en casa de salud del Dr González (Hoy Coomeva) y
luego en el recién construido hospital San Antonio.
Fomentó el deporte, como una práctica beneficiosa de la
salud, y lo encontramos al lado de una figura del
conservatismo de la ciudad Manuel Victoria Rojas,
apoyando un antiguo equipo de la ciudad.
47 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

Fue tan importante su aporte en materia de salud de la


ciudad, que la gota de leche que era el pabellón infantil,
recibió su nombre y posterior mente el Hospital
Departamental también llevaría su nombre, quedando
como eterno recuerdo de agradecimiento de una ciudad
que supo apreciar su valía.
Su aporte en la educación:
Uno de los centros educativos más reconocidos de nuestra
ciudad fue el Espíritu Santo, que fundara junto con su tío
Federico Alejandro Uribe, quien tenía el honor de haber
sido rector de la Universidad de Antioquia antes de
radicarse en nuestra ciudad y en la que fueron
acompañados por Leonor Restrepo esposa de este último.
Al decir de los que le conocieron, él era un hombre sabio en
todo lo que hacía y que transmitía este conocimiento a
quien lo requiriera. Recordaba Nelson Marmolejo, que
cuando estuvo a su lado trabajando, uno de sus oficios era
barrer y que don Tomas le enseñaba las posturas más
eficientes para este trabajo y las que menos daño a la salud
podían causarle, adelantándose en muchos años en lo que
conoceríamos posteriormente como ergonomía. Evocaba
también que este trabajo, en especial de la parte de afuera
de la botica lo hacía muy temprano, antes de que pasaran
las estudiantes del Colegio de las Madres. El Dr. Uribe
observó este detalle y se puso a barrer él, justo a la hora de
entrada de las alumnas, saludando a todo el mundo.
Después le diría a su novel ayudante, que el trabajo no era
ninguna deshonra.
48 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

Su aporte en la política:
Fue el adalid de liberalismo en el Valle del Cauca. Cuando
en todas las regiones del país estaba atomizado este
partido, él en este departamento, aun por encima de los
líderes de la capital recoge sus banderas y con sus
famosas circulares lo posiciona y lo cohesiona
ideológicamente. Por su actitud vertical y por ser una figura
representativa fue perseguido, estando inclusive en la
cárcel de Palmira en las más miserables condiciones y toda
su familia perdió gran parte de su fortuna por ser defensor
de esta causa política. Fue tan grande su contribución que
estuvo siendo considerado como candidato presidencial
de esta colectividad en la famosa convención de Ibagué de
49 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

1922, recibió el más grande reconocimiento por parte de su


colectividad.
Tomás Uribe Uribe muere el 6 de octubre de 1934 y la
ciudad se volcó a rendirle homenaje a este patricio, que
tanto hizo por Tuluá y así mismo todos los estamentos
cívicos, institucionales, municipales, departamentales y
nacionales hicieron presencia durante su sepelio en
memoria de uno de los grandes hombres, que dejaron
huella indeleble en la historia de este municipio.
EPÍLOGO
“Tener en la ciudad el líder más connotado del liberalismo
de la región, el mismo que fuera visitado por las figuras más
representativas del
país como los
expresidentes
Alfonso López
P u m a r e j o y
Eduardo Santos;
haber estudiado en
la Nacional, la
mejor universidad
del país y haber ido
a E u r o p a a
completar su
educación, toda
una proeza para la
época; el ser
reconocido como un excelso médico y un excelente
boticario y miembro de la asociación más importante de
50 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

medicina de la región; el haber liderado proyectos que le


permitirían a nuestra ciudad tener su primer hospital y
construir el más moderno parque para su época; hacen del
Dr. Tomás Uribe Uribe la figura más importante de nuestra
ciudad de principios del siglo XX.

BIBLIOGRAFÍA
1.- Monografía de Tuluá. 1810 – Centenario – 1910
Guillermo E MartínezNúñez
2.- Tuluá Historia y Geografía 1947 – Guillermo E Martínez M
Joaquin Paredes Cruz
3.- Carta a mis nietos. Leonor Uribe de Villegas
4.- Tomas Uribe Uribe – 2006 María Eugenia Domínguez M
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5.- Álbum de recuerdos tulueños 2009
6.- Vallecaucana Democracia – Revista institucional de la
Asamblea Departamental Año 7, No 9 Diciembre de
2011. 100 años de la Asamblea Departamental
7.- Archivo de la Parroquia de San Bartolomé de Tuluá
8.- Archivo del Concejo Municipal
51 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

Enrique Uribe White


52 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

Enrique Uribe White,


un tulueño universal

Por: José Edier Gómez Espinal


Escritor, Periodista y Caricaturista
Miembro del Centro de Historia de Tuluá

Que un tulueño, nacido en la hacienda Valparaíso, 1889-


1983, hijo del ilustre doctor Tomás Uribe Uribe y de doña
Luisa White Uribe, de quienes heredó la doble hidalguía
vasca y británica, alcanzara tantos méritos al punto de ser
llamado el “Leonardo Da Vinci del Siglo XX”, a más de
llenarnos de orgullo, nos señala una vergüenza al
reconocer que no hemos estado a la altura de nuestro
coterráneo, ni siquiera en el empeño de estudiar y ponderar
su vida y sus alcances científicos, artísticos y culturales.
Ingeniero de la Escuela de Minas de Medellín, fundada por
Francisco José de Caldas y otro ilustre tulueño, Juan María
Luis Ceferino Céspedes Vivas y del MIT Michigan Institute
of Technology, pasó luego a Menlo Park donde tuvo
oportunidad de colaborar al lado de Thomas Alva Edison en
la gloriosa actividad de inventores. Uribe White regresó a
Colombia y tras una peligrosa aventura marítima en aguas
cercanas a Cuba, se encendió en él un nuevo fervor por los
conocimientos náuticos, sumado a sus pasiones por la
astronomía, la música, la poesía, el arte, la arquería y otra
53 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

colección de saberes que le dieron esa fama de incansable


en sus investigaciones, lecturas, tertulias con otros
científicos y literatos de su tiempo; al punto de, así como la
casa de sus padres, el médico Tomás Uribe y doña Luisa
White, en Tuluá aquí no más, -donde está la panadería
Nancy-, era un epicentro de visitas de personalidades de la
política nacional, buscando la sabia consejería del médico
y su esposa, así “Santa Eulalia”, llamada así en memoria de
la patria chica de los Uribe en la España vasca, la casa de
Enrique en Bogotá era un permanente hervidero de
contertulios donde se hablaba de todo lo maravilloso que al
hombre honra en su fugaz periplo por la Tierra.
Lo que se hereda no se hurta, dice el refrán, y Enrique,
sobrino de ingenieros británicos que trazaban la vía férrea a
Buenaventura y otras obras en el país, fue también
diseñador de obras en todo el país. Fue encargado del
trazo de la carretera Zarzal-Sevilla, ciudad fundada por su
tío Heraclio Uribe y otras vías aledañas. En 1932, con
ocasión de la desfachatada guerra de Colombia contra
Perú, Enrique Uribe es encargado del trazo de la carretera
Popayán-Pasto, pues no había manera de enviar tropas al
Putumayo, río desde donde saldrían las tropas a enfrentar
al enemigo en Tarapacá.
Su estadía en Popayán le permitió entablar amistades y
eruditas rivalidades con los connotados literatos Guillermo
Valencia y Rafael Maya, entre otros, de cuyos diálogos se
fortaleció la realización de la revista Pan. Ya antes, en
Medellín, había trabado amistad con los maestros Otto y
León de Greiff y su nutrida correspondencia con otros
innumerables intelectuales del mundo, le permitirían nutrir
54 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

esta publicación, ideada como su nombre lo indica como el


summum de la cultura universal, sin descartar las
trivialidades del uso cotidiano que le permitirían llegar a
todos los lectores: avezados, eruditos o ignaros.
En esta publicación y en su compendio de escritos sobre
los más diversos temas científicos, astronómicos, náuticos,
matemáticos, literarios, históricos, políticos, artísticos,
pasaba su vida; al tiempo que construía aparatos
novedosos de los cuales se conservan algunos. Sus
iconografías del Libertador Simón Bolívar y de la
Anunciación le costaron miles de horas de disciplinada
búsqueda en todo lo que el mundo del arte, la literatura y la
historia han producido sobre el Genio de América y sobre
ese sublime y tierno momento en el que la doncella María es
anunciada de su misión maternal.
Sus traducciones de obras literarias de autores como
Charles Baudelaire, Omar Khayyan, Oscar Wilde, Jackes
Prevert, Pierre Louÿs, le merecieron elogios y disputas por
su rigurosidad. Su trabajo literario y editorial, con una
extensa obra publicada por él mismo, abarca temas que,
como escribimos antes, son el índice de sus
preocupaciones intelectuales.
No gustó de la política. Aunque era un personaje cuya
atmósfera era la política: de formación liberal, sus padres
eran faros de luz en las decisiones de algunos dignatarios
nacionales, y hasta llegaron a soñar con verlo investido con
la máxima dignidad de la República. Su tío Rafael, ese
insigne político-militar inmolado miserablemente, cuando
era uno de los más firmes candidatos a ocupar el solio de
55 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

Bolívar, influyó mucho en su convencimiento de que la


política sólo servía para enemistar a los humanos, es
conocida su fraternidad con su oponente ideológico
Guillermo Valencia. Para él, su tío Rafael, diseñó el
monumento que en un principio estuviera en el Parque
Boyacá, -que él mismo trazó- y hoy, para corroborar lo
dicho anteriormente, se encuentra, inadvertido, en un
parquecito al lado de la Avenida Cali. Fue concejal en
nuestro municipio y representante a la Cámara; pero
rechazó un ofrecimiento del presidente Alfonso López
Pumarejo de ser Ministro; lo que sí le aceptó fue la dirección
de la Biblioteca Nacional, cargo más afín con su vuelo.
Como sus padres, Enrique también fue faro político y a su
extraordinaria casa Santa Eulalia, llegaban personalidades
de la política nacional en busca de sus conocimientos.
No hay actividad, dentro del mundo intelectual, que no
quisiera abordar Enrique Uribe White, al punto que, ante la
novedad en el país de la emisión por televisión, presentó un
programa de corte cultural; pero dadas sus condiciones de
exacerbada erudición, el espacio se consideraba lo que
llamamos un “ladrillo”, para los televidentes. Al punto que
su dilecto amigo Otto de Greiff publicó un aviso en primera
página de El Tiempo que decía: “Motivo Uribe-White,
véndese televisor”. También incursionó, ahí sí con éxito, en
la radio y se conservan cintas con su voz.
El Boletín Bibliográfico del Banco de la República, publica
esta definición:
“El doctor Uribe White fue ingeniero, escritor,
poeta, fotógrafo, dibujante, conocedor de varias
56 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

lenguas -entre ellas el griego-, traductor de


Baudelaire y Oscar Wilde. Era un amante loco de
las letras, de las palabras impresas, del olor del
papel. A lo largo de su vida coleccionó una
cantidad enorme de material bibliográfico,
descuartizado de revistas de todo tipo que
recibía periódicamente desde los rincones del
mundo y que él mismo marcaba con su letra
gótica y ordenaba en carpetas y ficheros que
acumuló en número exagerado y que, por
supuesto, utilizó.”
Sería interminable esta reseña, que pretendemos corta,
para nuestro Boletín del Centro de Historia de Tuluá, por lo
que hemos de cerrar con dos acotaciones:
Primera: vale la pena indagar en todo el universo “Uribe-
White” en el que podremos encontrar múltiples universos
de la creatividad de este inmenso hijo de la ciudad, al que le
debemos su merecido reconocimiento y por qué no, erigirle
ese museo anhelado con toda su obra y sus inventos, entre
los que podemos citar: perfeccionamiento de la máquina
calculadora; un instrumento, un método de navegación
astronómica; un instrumento computador de
observaciones astronómicas y el famoso Clino-sextante, un
extraño aparato de su invención para ubicar las estrellas.
Como segunda acotación les comparto dos poemas de
Maruja Vieira White:
57 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

ENRIQUE URIBE WHITE

En el amanecer del dieciocho de mayo


zarpó el "Santa Eulalia".

El capitán
iba en el puente de mando.

El viejo marino sabio


volvió a encender su pipa
y consultó su antiquísimo astrolabio.

Allí estaban sus libros intactos.


El arco y las flechas,
los juegos, los discos,
los gatos...

Nos quedamos en tierra


mirándolo partir
en su último viaje
inesperado.
.¿Va rumbo al Artico,
donde el bisabuelo buscaba
58 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

la expedición perdida
del Capitán Franklin?

Navegará siempre en la noche,


recorriendo la Vía Láctea,
señor de sombras y de música,
de rompecabezas y máquinas.

Después anclará en una estrella


de la constelación de Tauro
y cuando miremos al cielo
en las noches claras
veremos brillar las luces
del "Santa Eulalia".

A Ana Mercedes Vivas


Tomado del Libro: LOS NOMBRES DE LA AUSENCIA
(Ediciones San Librario, Marzo 2.006)
De: ANA MERCEDES VIVAS VIEIRA *

SAGA DEL NAVEGANTE


A Enrique Uribe White:

Aquí estaban tus pipas


de viejo marinero.
59 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

Por tus manos esperan


rompecabezas, juegos...

El té aguarda en la mesa
y el carrillón invade
con su canto
el silencio.

Pero tú ya no estás
argonauta de estrellas
y esta casa es el barco
fantasma de tus sueños.

Tomado del libro LA NOCHE DEL GIRASOL (1.996)


*Hija de Maruja Vieira.

Como pueden leer, son muchas las razones para conocer,


estudiar, reconocer y valorar en su grandeza al tulueño
universal que fuera llamado el “Leonardo Da Vinci del Siglo
XX”.
60 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

Luis Uribe Restrepo,


Creador de Capital Social

Por: Juan Guillermo Vallejo Ángel


Presidente Ejecutivo
Cámara de Comercio de Tuluá

Luis Uribe Restrepo


61 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

Las primeras décadas del siglo pasado significaron para


Tuluá un fuerte proceso de transición hacia la consolidación
de su vocación cosmopolita. La ciudad apenas rebasaba
los diez mil habitantes a comienzos del siglo y cuatro
décadas después, en 1945, se estimaba una población de
44.125 habitantes.Una importante dinámica de inversión
empresarial, especialmente en las actividades agrícolas y
ganaderas, fue el motor de un desarrollo que trajo consigo
un fuerte incremento en el ritmo de poblamiento, al tiempo
que la ciudad comenzaba a tener una vida comercial más
intensa.
Diversos factores contribuían a ello, como las migraciones
que años atrás, a principios del mismo siglo XX, habían
llegado. A la ciudad fueron llegando palestinos, israelíes,
turcos, libaneses. Ellos, junto al empuje de los raizales y de
personas llegadas de Antioquia y el viejo Caldas en gran
medida, y del altiplano cundiboyacense y del Cauca en
menor escala, imprimieron una dinámica particular a Tuluá,
hecho que contrastó con los municipios del entorno, pues
el auge agroindustrial y comercial empezó a notarse y la
ciudad a crecer a ritmos más que proporcionales en
relación con el resto de los municipios del centro y norte del
Valle del Cauca.
Desde Antioquia, uno de los troncos familiares que más
influencia e identidad prodigaron a la Villa de Céspedes fue
el de los Uribe, del cual varias ramas familiares se
establecieron en estas tierras. Con el propósito de conjurar
una fuerte crisis económica familiar, don Tomás Uribe Toro y
doña María Luisa Uribe Uribe decidieron trasladarse con
62 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

sus once hijos pequeños al entonces Estado del Cauca,


buscando ampliar en estas tierras los horizontes de una
1
familia fundadora de pueblos . Se establecieron en Buga,
donde montaron una nueva hacienda, validos de todo el
esfuerzo de su economía doméstica.
De esta familia se destacaron el General Rafael Uribe
Uribe, el médico Tomás, Julián y Heraclio,el hermano
mayor. En una crónica sobre el General Uribe
Uriberegistrada en el Boletín de la biblioteca Virtual Luis
Ángel Arango se hace referencia a sus años mozos en el
Valle del Cauca:
El joven Rafael se matriculó en el colegio de
Buga en procura de continuar sus estudios.

1. Don Tomás Uribe Toro, nacido en la vereda El Uvital [Fredonia], en


el año de 1820, época en la cual apenas se gestaba la fundación
de la población de Fredonia, resulta ser uno de esos grandes de
Antioquia, enraizado en una familia de colonizadores y fundadores
que extendió sus raíces por gran parte de nuestra geografía.
Es, sin duda, uno de esos hombres que aprendió de sus más
inmediatos antepasados la lección completa de fundar pueblos
que, en su momento, contribuyeran a conformar los primeros
tejidos sociales de varios de los hoy pujantes municipios de
Antioquia (Amagá, Itagüí y Fredonia) y quien la transmitió también
completa, con inmenso sacrificio y sudor invaluable, como
ciudadano ejemplar pero, además, con inmenso amor de padre, a
sus descendientes para que se proyectaran en el ámbito social
fundando y refundando la Nación en las distintas latitudes de la
geografía nacional. Tomás le dio vida a Valparaíso con la
construcción del primer camino desde el paso de La Pintada hasta
la cabecera del municipio que fundó. (Tomado de: Gaviria Correa,
Iván y Gonzalo (2015). Don Tomás Uribe Uribe: estirpe de
fundadores.Valparaiso, Antioquia).
63 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

Se encontraba de colegial cuando estalló la


guerra religiosa de 1876, alistándose con
juvenil entusiasmo en los ejércitos liberales
del Estado Soberano del Cauca, presidido
por Cesar Conto, enfrentado con el ejército
conservador de Antioquia. Esta fue la primera
participación que tuvo Uribe Uribe en las
guerras civiles; contaba entonces 17 años de
edad, cuando en la batalla de los Chancos
recibió su bautizo de fuego, resultando
herido en una rodilla por la acción de una
bala2.
De los otros tres hermanos, Tomás, Julián y Heraclio, el
primero, médico especializado en Francia, se vinculó
estrechamente al desarrollo social y cultural de Tuluá con
un gran sentido humanitario; el segundo fue
Representante a la Cámara y el tercero, que había ocupado
el cargo de diputado a la Asamblea Legislativa del Estado
Soberano de Antioquia en el año de 1876, fue el fundador
del municipio de Sevilla, Valle del Cauca en 1903.
Leonor Uribe Rebolledo, hija de Luis Uribe Restrepo,
3
cuenta en su libro “Carta a mis nietos” :

2. Banco de la República, Boletín de la Biblioteca virtual Luis Ángel


Arango.
(Disponible en http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/
biografias/uribrafa.htm)
3. Uribe de Villegas, Leonor (sf). Carta a mis nietos. Ed. Prensa
Moderna, Cali (Colombia). 192 pp.
64 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

Animados por esta vida más fácil que la de


los viejos antioqueños en esas breñas tan
distintas a este fértil Valle, vinieron don
Tomás y doña María Luisaen un viaje largo, a
lomo de mulas y de caballos, con sus hijos
pequeños. Ella se enfermó en el camino y
prácticamente llegó moribunda a Buga,
donde se instalaron. De esos hijos
excepcionales oí hablar de Rafael, muerto en
1914. Heraclio, el mayor, fundador de Sevilla,
Valle. Tomás, médico especializado en París,
quien ejerció con sabiduría y bondad en
Tuluá, fue político activo, casado con una
prima suya, doña Luisa White, de donde
procede la rama Uribe White, de la cual se
destacó Enrique, multifacético y extraño
personaje.
De igual manera, el tío materno de Rafael, Tomás y Heraclio
Uribe Uribe, el doctor Federico Alejandro Uribe Uribe4,
quien había sido uno de los primeros rectores de la
Universidad de Antioquia, después de enviudar en
Medellín se instaló en Tuluá donde se casó con una de sus

4. Federico Alejandro Uribe Uribe es hermano de María Luisa Uribe


Uribe,nacida en Rionegro, Antioquia, el 28 de marzo de 1842, quien
contrajo nupcias con don Tomás Uribe Toro, fundador de
Valparaíso, Antioquia, nacido el 21 de diciembre de 1820. (Tomado
de Genealogías de Colombia, disponible en
f a m i l i a / I n d i v i d u o . a s p x ? r = To m % C 3 % A 1 s - U r i b e -
Toro_1GG0G59G62G67G62G62)
65 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

alumnas, doña Leonor Restrepo, hija de otro inmigrante


antioqueño, Juan Jacobo Restrepo. De esa unión nacieron
seis hijos: Leonor, Luis, Adán, Alejandro, Martín y Juan de
Dios. Luis se casó con Matilde Rebolledo, Adán con Sofía
Urdinola, Alejandro con Paulina Sarmiento y Juan de Dios
con Rosario González.
Luis Uribe Restrepo hace parte, pues, de esa estirpe de
fundadores de pueblos, de la cual heredó su espíritu de
líder, aventurero y empresario. Se casó con doña Matilde
Rebolledo con quien tuvo trece hijos.Su hija Leonor relata
que era don Luis un hombre tenaz, un líder querido y
respetado por los tulueños. Dedicado a la ganadería, fue
propietario de la Hacienda Belén ubicada en las
estribaciones de la cordillera central, separada por el río
Morales de la Hacienda Jerusalén, propiedad de su
hermano Adán; también tuvo inversiones en la Hacienda
Corozal, a orillas del río Cauca, entre Zarzal y Roldanillo; así
mismo, estaba vinculado a la empresa Construcciones
Urbanas de Tuluá S. A. con la cual se inició el proceso de
urbanización de la hacienda Sajonia, de su propiedad,
cuya casona principal estaba ubicada en lo que hoy es la
carrera 24 con calle 31 en el barrio del mismo nombre.
Como hombre cívico que era, Luis Uribe Restrepo fundó en
el año 1933 el primer Club Rotario de Tuluá, del cual fue su
presidente. La Junta Directiva la conformaban, además,
Simón Pérez Bonilla como vicepresidente, Rafael Serrano
como secretario, Ramiro Lozano como Tesorero, Elías
Quijano como Censor y, como vocales, Célimo Mejía y Luis
Carlos Delgado. Eran miembros del club Alberto Naranjo,
Alejandro Uribe Restrepo, Aureliano Echeverry, Eduardo y
66 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

Federico Restrepo White, Julio Escobar, Miguel Figueroa,


Miguel Zúñiga, Roberto Daza, Vicente Escobar y Manuel
Victoria Rojas que, además, era el Gobernador del Distrito
428 de Rotary International.
En la década de los años 40s Tuluá mostraba ya una
dinámica empresarial que la posicionaba en el
depar tamento como un impor tante proveedor
agroalimentario del departamento del Valle del Cauca. Para
la época se estimaba la siguiente producción semestral,
5
expresada en Cargas de 10 Arrobas,para estos productos :
Arroz: 30.851; Cacao: 2,240; Trigo: 20.250; Yuca: 200.000;
Panela: 12.252; Papa: 8.000; Maíz: 38.000; Fríjol: 12.000;
Arracacha: 360.000; Harina de Trigo: 15.000.
El inventario empresarial reportaba un total de 880
empresas registradas en la Cámara de Comercio de Buga,
entre las cuales se destacaban las siguientes estadísticas6:
Tuluá cuenta con dos fábricas de gaseosas,
con 2 fábricas o elaboración de café molido
de excelente calidad, con 1 fábrica de
cigarros, con 3 de tubos de cemento, con 1
de hielo, con dos trilladoras de café, la de

5. Cifras contenidas en el Informe presentado por la Junta pro Cámara


de Comercio al Ministerio de Economía el 7 de julio de 1945 y que
sirvió de soporte al memorando mediante el cual se solicitaba la
aprobación para la creación de la Cámara de Comercio de Tuluá.
(Archivo Histórico de la Cámara de Comercio de Tuluá)
6. Ídem.
67 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

Villegas Hermanos y la de J, M. López y Cía.,


con una fábrica de loza, con dos empresas o
talleres de fundición en grande escala, con 7
trilladoras de maíz, con 4 empresas de artes
gráficas, dos de las cuales están dotadas
como las mejores del país en su género. En lo
referente a la industria panelera se cuentan
más de 10 empresas elaboradoras de la
caña, entre las cuales podemos citar la del
acaudalado señor Carlos Sarmiento que
produce 3.200 arrobas de panela para el
consumo fuera del municipio de Tuluá, ya que
para este produce 800 bultos mensuales, de
4 arrobas c/.u/.
Por esta razón se hacía necesaria la creación de una nueva
Cámara de Comercio con sede en el municipio de Tuluá. En
la región ya existían las de Cali, creada en 1915, y la de
Buga en 1926, desde la cual se regentaba todo el centro y
norte del Valle del Cauca. La misma dinámica comercial
que había tomado la ciudad hizo necesaria la creación de
este organismo gremial en el que, además del sector
comercial, se animara el fortalecimiento de otras
actividades económicas florecientes en la región, como la
incipiente agroindustria panelera que luego dio origen a los
ingenios azucareros.
Iniciando el año 1945, Luis Uribe Restrepo, haciendo gala
de sus atributos de hombre influyente en el entorno del
centro y norte del Valle del Cauca, toda vez que tanto su
excelente desempeño como síndico del Hospital como su
68 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

condición de ganadero y empresario le permitieron contar


con el reconocimiento en toda la región, lideró el grupo de
ciudadanos con los cuales se creó la Junta pro Cámara de
Comercio, de la cual fue su presidente, en compañía de
Eduardo Toro, Alberto Blanco, Roberto Daza y Fidel Botero.
El 24 de abril de ese año, con la presencia de cerca de
medio centenar de comerciantes en el recinto del
Honorable Concejo Municipal, a instancias su presidente,
Julio CaycedoPalau y del alcalde municipal, Luis Mario
Orjuela, mediante el Acta número 01 se materializó la
creación de la Junta pro Cámara de Comercio para la cual,
además de los ciudadanos elegidos por unanimidad por
los asistentes a la reunión, se designó como secretario al
señor José Hugo Ochoa, quien actuaba como secretario
del Concejo Municipal.
Esta iniciativa fue apoyada por diversas entidades como la
Sociedad de Mejoras Públicas, el Concejo Municipal, la
Asamblea Departamental, el Club Colonial, el Banco de
Bogotá, el Banco de Colombia, la Caja de Crédito Agrario,
el Banco Central Hipotecario y el Centro de Exalumnos
Salesianos, entidades que suscribieron una declaración de
apoyo que acompañó el memorando de solicitud de
creación de la Cámara de Comercio, dirigido al Ministerio
de la Economía dos meses más tarde.
Los miembros de la Junta pro Cámara de Comercio
designaron como asesor técnico al señor Alejandro Gómez
Arbeláez, quien contaba con la experiencia suficiente para
acompañar a la Junta en las tareas y diligencias necesarias
69 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

para acceder a la aprobación del Ministerio de la Economía


para la creación de la Cámara de Comercio de Tuluá,
puesto que había cumplido esa misma función en la
creación de la Cámara de Comercio de Armenia.
Dos meses de arduo trabajo siguieron para los integrantes
de la Junta pro Cámara de Comercio. Para la aprobación de
su creación fue necesario investigar y compilar una gran
cantidad de información estadística, socioeconómica,
demográfica y de infraestructura vial, logística y dotacional
sobre los municipios de la región, que sirviera de soporte al
concepto de viabilidad que debería emitir el Departamento
de Industria y Comercio.
Así mismo, fue necesario animar a las fuerzas vivas de cada
uno de los municipios7 que integrarían la jurisdicción de la
nueva Cámara de Comercio, para lo cual se obtuvieron
declaraciones de adhesión de los comerciantes de cada
localidad, así como los compromisos de apoyo financiero e
institucional suscritos por cada uno de los alcaldes y
concejos municipales.El mismo Luis Uribe Restrepo,
acompañado del asesor Alejandro Gómez Arbeláez, fue
quien dedicó intensas jornadas a visitar a los comerciantes,
empresarios, agricultores y ganaderos de los 11 municipios
con el propósito de sustentar la iniciativa de creación de la
Cámara de Comercio y lograr, como en efecto sucedió, las
masivas declaraciones de adhesión que reforzaron los

7. Los municipios que conformarían la Cámara de Comercio de Tuluá


son: Tuluá, Andalucía, Bugalagrande, Zarzal, Sevilla, Caicedonia,
La Victoria, Obando, Cartago, Alcalá y Ulloa.
70 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

argumentos técnicos que se presentarían con la solicitud


ante el gobierno nacional.
Así, el 7 de julio de 1945 se presentó ante el Ministerio de la
Economía el memorando de solicitud de creación de la
Cámara de Comercio de Tuluá. Muy rápidamente,
mediante el Decreto 1748 del 19 de julio de 1945 firmado
por el Presidente de la República Alfonso López Pumarejo y
el Ministro de la Economía Nacional, Luis Tamayo, se creó la
Cámara de Comercio de Tuluá.
El decreto ordenaba al alcalde municipal la realización de
la convocatoria para la elección de los miembros de su
junta directiva, reunión que se llevó a cabo el día 11 de
septiembre de 1945, fecha en la cual fueron elegidos como
miembros principales de la Junta Directiva Carlos
Sarmiento Lora, Luis Uribe Restrepo, Julio CaycedoPalau,
Pedro Rubiano, Alonso Villegas, Alberto Montoya, Miguel J.
Zúñiga, Jesús María Giraldo, Lucio Sandoval, Eduardo Toro
Correa y Juan B. Giraldo, y como miembros suplentes Luis
López Mesa, Luis María Libreros, Luis C. Durán, Alberto
Arbeláez, Javier Victoria, Ignacio Montoya, Camilo
Echeverry, Gabriel Ángel, Manuel Osorio, Jorge Ospina y
Miguel A. Figueroa.
Tres días después, el 14 de septiembre, la junta eligió sus
dignatarios, recayendo la responsabilidad de la
presidencia en Luis Uribe Restrepo, la primera
vicepresidencia en Carlos Sarmiento Lora y la segunda
vicepresidencia en Pedro Rubiano, ciudadano de Cartago.
71 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

Hasta el año 1949 estuvo Luis Uribe Restrepo en la


presidencia de la Junta Directiva de la Cámara de
Comercio. La violencia política arreció en Tuluá y, pese al
trato deferente que don Luis y  su familia tuvieron de parte
de León María Lozano8, las condiciones de seguridad se
tornaban precarias al tiempo que los hijos buscaban
nuevos horizontes, lo que propició el traslado de la familia a
la ciudad de Cali, donde la siguiente generación inició un
nuevo ciclo de vida, en el que se destacan especialmente
sus hijas Maritza Uribe de Urdinola, conocida como la
decana cultural de Cali, fundadora de Museo de Arte
Moderno La Tertulia e impulsora del Museo de Ciencias
Naturales Federico Carlos Lehman, y Leonor Uribe de
Villegas, abogada y periodista, quien fue Concejal de Cali,
fundadora y directora de El Ángel del Hogar, primera
institución de Cali que se dedicó a la erradicación de
tugurios, y directora del Instituto Colombiano de Bienestar
Familiar.
Los últimos años de Luis Uribe Restrepo transcurrieron en
Cali, repartiendo sus atenciones entre el apoyo a los
proyectos de sus hijos y los mimos y cuidados a sus nietos,

8. Relata Leonor Uribe de Villegas en su libro “Carta a mis nietos, pág.


32: “Mi papá fue un líder cívico respetado y querido por los
tulueños. León María Lozano se casó con una señora que había
trabajado en el servicio doméstico en Sajonia t él iba cada día a
recibir leche que mamá Leonor le daba. Así cuando lo convirtieron
en El Cóndor, advirtió a sus secuaces: Quien se meta con don Luis
Uribe y su familia las tiene que ver conmigo. Sin embargo, ante esa
policía Chulavita él perdía todo control.
72 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

además de la administración de la finca Guadual del Cuero,


una tierra cercana a Puerto Tejada, la que compró al vender
la Hacienda Belén cuando decidió irse de Tuluá a Cali con
su familia. Falleció el 12 de febrero de 1963 después de una
larga y penosa agonía. Él mismo se resistía a aceptar su
inminente partida, a entender que ya no era el eje alrededor
del cual giraban todos los acontecimientos de cada
miembro de su familia.
Tuluá debe reconocimiento y gratitud a este hombre que se
entregó a las causas cívicas de la ciudad en una época de
grandes complejidades políticas y económicas,
propiciando con su constante diligencia y compromiso
personal ejemplar la creación de la Cámara de Comercio
de Tuluá, tal vez la entidad de carácter privado que
constituye uno de los más valiosos capitales institucionales
para la región del centro del Valle del Cauca.
73 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

La grandeza trágica
de Bolívar

Por: Carlos Ochoa Martínez


Escritor e Historiador
Sociedad de Amigos de Tuluá en Bogotá y
Miembro del Centro de Historia de Tuluá

Simón Bolívar
74 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

PRESENTACIÓN
Escribir este libro tuvo su origen hace mucho tiempo.
Desde mi primera infancia tuve por el Héroe gran
admiración. Admiración que fue alimentada por mi padre
quien me contaba en la noches, al borde de la cama, antes
de dormir, las enormes hazañas de Bolívar y su ejército, mal
alimentado y mal vestido, buscando siempre darnos la
libertad soñada y prometida.
Mi padre, quien fue un lector silencioso, disciplinado,
seguramente leía y se preparaba para las noches de
historia, antes de dormirme, con las que indudablemente
despertó alta devoción y gusto por la materia.
Guillermo Eduardo Martínez, hermano de mi madre,
escritor e historiador reconocido, me inició en su estudio y
en el amor por los libros. Fue él, quien aportó la cuota inicial
de lo que hoy es mi biblioteca, lugar de mi casa en el que
mejor me siento, porque es allí en donde encuentro,
indiscutiblemente, la más encantadora compañía y
protección.
Ya en mis primeros años de colegio, se iniciaba, no sé si
formando parte de los programas del Ministerio o por
iniciativa de los directores del Colegio Salesiano, de Tuluá,
un curso de Cátedra Bolivariana, tal vez mal diseñado o
encomendado a profesores, que poca huella y motivación
dejaron entre sus alumnos acerca del Padre de la Patria.
Recuerdo bien sí, porque por esa época se sucedió el
Bogotazo, año de 1948, que mi padre, de regreso de uno
de sus frecuentes viajes a Cali, me llevó de regalo un libro
75 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

maravilloso, que aún conservo como un tesoro, como es de


deducir, por obvias razones: “Bolívar – Caballero de la
gloria y de la libertad”, del insigne escritor alemán, biógrafo
consagrado, historiador, Emil Ludwig. Libro que me ubicó,
de verdad, en la ruta del estudio del Libertador. Años más
adelante, exactamente el 14 de julio de 1954, con sobria
dedicatoria, el tío Guillermo me llevó de regalo un hermoso
libro, que igualmente conservo, titulado “Anecdotario del
Libertador”, libro en el que su autor, el profesor Juan Manuel
Saldarriaga, antioqueño, nos muestra a Bolívar en todo lo
que fue. Como bien lo dice el prologuista, doctor Fernando
Gómez Martínez: “como creyente, como héroe, como
militar, como legislador, pensador y poeta. Aquí está en sus
virtudes y en sus vicios, <grande en la gloria y en el
infortunio> de esa carrera fulgurante que subyugó la
admiración y el afecto de los pueblos. Aquí está con su
recia personalidad que domina a los espíritus más recios.
Aquí en sus largas correrías, en sus horas de peligro o de
placer, en la intimidad de la vida y en la esplendidez de su
gesta”.Y así, fueron llegando a mis manos, libros, folletos,
revistas y artículos de prensa sobre el Libertador, que
fueron engrandeciendo con firmeza la enorme admiración
por el Grande Hombre Americano.
Como fue siempre mi costumbre en mi vida de estudiante
en Medellín, todos los domingos en la mañana llegaba
hasta el Parque Bolívar para asistir a la misa en la Catedral
Metroplitana y disfrutar del concierto de la banda municipal
dirigida por el Maestro Joseph Matza, comprando
previamente el periódico El Colombiano. Después del
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concierto venía el almuerzo, y justamente, un domingo, el


1o. de Mayo de 1960, mientras me servían el almuerzo en el
mismo restaurante de siempre, encontré que el Suplemento
Dominical “El Colombiano Literario”, estaba dedicado al
Valle del Cauca, precisamente como un homenaje en el
cincuentenario de su creación como Departamento. Y entre
los diferentes artículos allí consignados, descubrí un bello
artículo escrito por el también tulueño, importante jurista y
prominente intelectual, doctor Luis Enrique Romero Soto. El
título, “Alegría y tristeza de BOLÍVAR”. Este escrito,
magistral, me conmovió profundamente y me dio con el
tiempo, el tema y me puso en la tónica de escribir sobre el
Genio de América. Y el tema no era y no fue otro que la
“trágica grandeza de Bolívar”. Entonces, después de más
de medio siglo de haber leído este maravilloso artículo de
mi coterráneo el doctor Romero Soto, tomé la decisión de
sentarme y cumplir con mi cometido. Han corrido los días
después de ello, y creo haber encontrado con acierto el
título para este esfuerzo, que no he dudado en llamar: “LA
GRANDEZA TRÁGICA DE BOLÍVAR”.

La grandeza, como tal, es una condición sublime de ciertos


seres humanos, es una condición inestimable que hace
que estos sean diferentes como que son bien diversas sus
manifestaciones.
Hay grandeza en aquellos seres buenos que se entregan
de lleno, hasta su muerte, a la caridad silenciosa para
mitigar el dolor de los desvalidos. Hay grandeza también en
los que movidos por la pasión y apegados a sus
77 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

convicciones se han atrevido a intentar cambiar la historia


del mundo en beneficio de la humanidad.
La hay también en aquellos hombres de ciencia que
entregan su vida para con sus hallazgos aliviar la de sus
semejantes. Y la hay también en quienes luchan con
denuedo en devolver o conquistar la libertad para aquellos
que han vivido subyugados por la injusticia y la
mezquindad, convirtiéndose en héroes y figuras de
leyenda.
Pero la máxima expresión de la grandeza es aquella, sin
duda, la grandeza trágica de los perseguidos, de los
incomprendidos, de los envilecidos, de los difamados, de
los calumniados, de los traicionados. En suma, la grandeza
trágica de los mártires, sumidos al final en una inmensa y
profunda tristeza.
El doctor Romero Soto, dice: “pero antes de ser tristes,
todos los héroes fueron alegres. La alegría es una etapa
necesaria de la suprema tristeza. Antes del fracaso final,
todos los héroes se entregaron con júbilo a la creación.
Cuando se levantaron contra el destino, esto es, contra lo
rutinario de la condición humana, un divino entusiasmo los
impulsaba a las alturas. Crear produce alegría. Casi
pudiera decirse, que el crear es una de las formas de la
alegría. Se vive entonces armonicamente. Lo que se piensa
se convierte en obras. Hay equilibrio entre el ser interior y el
ambiente porque a la fuerza creadora corresponde la obra
creada. A veces ésta pasa los límites de lo real y se
convierte en delirio. La mente cradora exulta entoces.
78 / IV Simposio Centro de Historia de Tuluá

Rompe, en un ímpetu visionario, los lindes del tiempo y del


espacio y mira, cara a cara, el infinito. Pero después viene
el fracaso. El desajuste entre la fuerza creadora y la obra.
Aquella no produce más. Esta comienza a estremecerse, a
romperse y a caer con estrépito. Entonces llega la tristeza . .
. .”

“La primera de esas épocas es de alegría, de creación; la


segunda de tristeza. La primera es la grandeza eufórica. La
segunda, la grandeza trágica”

En Bolívar, como en todos los grandes hombres, su lucha


fue contra el destino. Ese destino que no permite salirse de
la linea, que no admite se atente contra el equilibrio
instaurado. Pero el destino cobra, de alguna manera,
temprano o tarde, el desafío a realizar cambios, el
pretender alterar los ezquemas establecidos.
Y el destino de Bolívar se manifiesta de manera clara y
contundente en las etapas que marcaron su vida. La de
dicha y de gozo de su juventud atrevida y creativa,
enmarcada entre 1812 y 1825. Esta es sin dudas, la etapa
alegre de la vida del Libertador, plena de victorias y gloria
por doquier. Entre 1826 y 1830, la vida del Grande Hombre
se torna amarga, incomprensible y definitiva; se rompe
entonces el equilibrio de la etapa anterior, se ve amenazada
su gloria y le invade una tremenda tristeza, la misma tristeza
que lo exalta. “Es la tristeza la que lo hace grande”.“Es lo
terrible de su destino”. “Es la desproporción de lo que
anheló y de lo que hizo con lo que a la postre consiguió”,
dice Romero Soto. Aflora, pues, en esta etapa, con mucho
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dolor, la “GRANDEZA TRÁGICA”del Padre de la Patria,


cuyo nombre he adoptado para titular esta obra.

“Grande en el pensamiento, grande en la acción,


grande en la gloria, grande en el infortunio;
grande para magnificar la parte impura que
cabe en el alma de los grandes, y grande para
para sobrellevar, en el abandono y en la muerte
la trágica expiación de la grandeza”.
JOSÉ ENRIQUE RODÓ
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Fotografía: F. Gómez Potes