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ARGOS AREQUIPENSIS

LIBRO DE HOMENAJE A RAÚL BUENO CHÁVEZ


ARGOS AREQUIPENSIS
LIBRO DE HOMENAJE
A RAÚL BUENO CHÁVEZ
Compilación y edición de José Antonio Mazzotti

Latinoamericana Editores / CELACP /


Revista de Crítica Literaria Latinoamericana

Boston, 2014
© de esta edición:
Latinoamericana Editores
Centro de Estudios Literarios Antonio Cornejo Polar
Revista de Crítica Literaria Latinoamericana

Primera edición, 2014

Al cuidado de José Antonio Mazzotti


Revista de Crítica Literaria Latinoamericana
Department of Romance Languages
Tufts University
180 Packard Street
Medford, MA 02155, USA

ISBN 978-0-9747750-7-4
ARGOS AREQUIPENSIS. LIBRO DE HOMENAJE A RAÚL BUENO CHÁVEZ
Boston: RCLL, CELACP y Latinoamericana Editores, 2014, pp. 7-10

SUMARIO

José Antonio Mazzotti


Presentación 11

Primera parte
Sobre crítica y teoría literaria

Mirian Pino
Raúl Bueno Chávez: genealogía y aportes
epistemológicos para una teoría cultural latinoamericana 19

Elena Altuna
El sujeto migrante y la conformación
de una historia cultural alternativa 31

Dorian Espezúa Salmón


Ingredientes para preparar un sabroso ajiaco
conceptual según la receta de Raúl Bueno 49

Carlos García-Bedoya
La noción de sistema literario: los aportes de Raúl Bueno 71

Mauro Mamani Macedo


Raúl Bueno: la colisión epistémica.
Pensar y sentir desde Latinoamérica 83

Aymará de Llano
Un trabajo crítico heterogéneo 101

Mirla Alcibíades
De aprendiz a maestro. El tránsito caraqueño
de Raúl Bueno Chávez 113
8 ARGOS AREQUIPENSIS

Jorge Valenzuela
Raúl Bueno y la crítica de la poesía
hispanoamericana de vanguardia 129

Pedro Ángel Palou


Raúl Bueno, el oficio de lector 145

Luis Beltrán Almería


Raúl Bueno y la crítica cultural 151

José Gabriel Valdivia


Premio para un latinoamericanista 163

Carlos Arturo Caballero-Medina


Reseña de Promesa y descontento de la modernidad 167

Segunda parte
Sobre la poesía de Raúl Bueno Chávez

Carlos Orihuela
Rasgos diferenciales de la poesía de Raúl Bueno
en el contexto de los 60 179

Goyo Torres
Viaje de Argos y otros poemas: naturaleza y lógica del mercado.
Una aproximación hermenéutica a la poesía de Raúl Bueno 195

José Gabriel Valdivia


Viaje de Argos 211

José Gabriel Valdivia


La voz reclusa del vigía 215

José Gabriel Valdivia


Diálogo e intimidad en la poesía de Raúl Bueno 219

Giancarla Di Laura
La poética de la ensoñación en Lengua de vigía
& Memorando europeo de Raúl Bueno 235
SUMARIO 9

Róger Santiváñez
Vigilia poética: sobre los tres primeros libros de Raúl Bueno 243

Paolo de Lima
La violencia política peruana en cuatro poetas del 60: Marco
Martos, Rodolfo Hinostroza, Antonio Cisneros y Raúl Bueno 255

Rocío Ferreira
El des/arraigo del sujeto migrante: memoria y ecocrítica
en Misivas de la Nueva Albión de Raúl Bueno 277

Beatriz Pastor
Zurcidores del alma 297

Tercera parte
Sobre el maestro y colega

Juan Zevallos-Aguilar
Remembranzas sobre Raúl Bueno Chávez 313

Manuel Liendo Seminario


En San Marcos los profesores eran poetas 317

José Castro Urioste


Raúl Bueno en Chicago 321

Sandro Chiri Jaime


Palabras buenas para Raúl Bueno 325

Rodolfo Franconi
A Raúl Bueno 327

Cuarta parte
Estudios dedicados a Raúl Bueno Chávez

Christian Fernández
Política y mecenazgo en la publicación de la segunda parte
de los Comentarios reales o Historia general del Perú 331
!" ARGOS AREQUIPENSIS

Marcel Velázquez Castro


El acto de lectura y las identidades criollas,
indias y negras en Juan de la Rosa (1885) 347

Miguel Ángel Rodríguez Rea


Contribución a un diccionario personal de Ricardo Palma 361

Isabel Lozano Renieblas


Metáforas de la cultura en el “Romance de la luna, luna”
de Federico García Lorca 377

Carlos Vargas
Teoría inductiva, heterogeneidad migrante y ciudad oral:
desafíos teóricos para entender la Fiesta de Paucartambo
como performance cultural 393

Quinta parte
Entrevista a Raúl Bueno Chávez

Sergio R. Franco
Memorando de vigía: una entrevista con Raúl Bueno Chávez 413

Apéndice

Bibliografía selecta de Raúl Bueno Chávez 427


ARGOS AREQUIPENSIS. LIBRO DE HOMENAJE A RAÚL BUENO CHÁVEZ
Boston: RCLL, CELACP y Latinoamericana Editores, 2014, pp. 11-16

PRESENTACIÓN
RAÚL BUENO CHÁVEZ, MARCANDO CAMINO EN LA POESÍA
Y LA CRÍTICA LATINOAMERICANA

José Antonio Mazzotti


Tufts University y Revista de Crítica Literaria Latinoamericana

Argo-: del griego !"#$%, o argos, luminoso, brillante, plateado. Dícese tam-
bién de la nave parlante construida por Argos y que transportó a Jasón y sus
argonautas (entre ellos el mismo Argos) a las tierras de la Cólquide o País del
Sol para capturar el vellocino de oro. En la mitología griega también se
consigna otro Argos, un príncipe argivo que tenía cien ojos, cincuenta de
los cuales estaban siempre abiertos. Algunas versiones afirman que Hera o Juno
lo convirtió en ave; otras, que sembró sus cien ojos
en la cola del pavorreal en homenaje a su memoria.

IV
Este es el mar.
Por sus aguas circulan transparentes los peces
luminosos
como faroles chinos atados al coral.

Este es el viento.
De sus helados dedos se escurren las gaviotas.

Esta es la playa.
Aquí finaliza el viaje del mar
en una débil onda que humedece la arena.
Este es el mar
sacudiendo feroz las suaves ostras
los encendidos peces
las medusas
(Raúl Bueno, Viaje de Argos y otros poemas, 1964).

Para quienes han tenido la suerte de cursar alguna materia con


Raúl Bueno, no debe ser sorpresa que sus antiguos discípulos y hoy
12 JOSÉ ANTONIO MAZZOTTI

colegas, junto con quienes han conocido a Raúl en el día a día de la


convivencia laboral, se reúnan para rendir homenaje a este verdade-
ro maestro y amigo, que, además –y como si fuera poco–, es uno de
los más importantes exponentes actuales del pensamiento crítico
latinoamericano y un poeta de calibre mayor. Y es que Raúl Bueno
ha sido y sigue siendo una fuente de ideas y un modelo de intelec-
tual y artista como rara vez puede hallarse en la academia, no diga-
mos ya peruana, sino internacional. A sus numerosos libros y artícu-
los de crítica y teoría literaria se suma una obra poética importante
que sólo en años recientes (y esperamos que también gracias a este
volumen) empieza a ser reconocida y estudiada con el detalle y la
dedicación que se merece.
Nacido en la cálida y acogedora ciudad andina de Arequipa, la
segunda más grande del Perú, en 1944, publicó su primer libro, Via-
je de Argos y otros poemas, apenas veinte años después, evidenciando
un precoz talento que lo alejaba de las habituales efusiones confe-
sionales de la mayoría de poetas jóvenes. A los pocos meses, y a
punto de graduarse en su alma mater, la Universidad Nacional de San
Agustín, comenzó su carrera docente. Se juntan, pues, entre los
años 2014 y 2015, algunos aniversarios clave: los setenta del Maes-
tro y los cincuentenarios de su obra édita y del inicio de su magiste-
rio. Nada desdeñable es haber logrado una carrera tan brillante con
la solidez y la vocación pedagógica que lo caracterizan, y en condi-
ciones muchas veces adversas.
Fue con motivo de un evento en su homenaje en la Casa de la
Literatura Peruana en Lima, en diciembre del 2013, que un grupo de
exdiscípulos suyos entendimos la necesidad de dar mayor difusión a
la obra de Raúl Bueno, no sólo como un gesto largamente demora-
do de agradecimiento por su legendaria generosidad intelectual, sino
también porque creemos firmemente que el conocimiento de su
producción sólo puede resultar beneficioso para el debate académi-
co y literario en el Perú y la región. A nombres de prestigio tan in-
discutible como los de Ángel Rama, Antonio Cornejo Polar, Ale-
jandro Losada, Nelson Osorio, Roberto Fernández Retamar o
Antônio Cândido, hay que añadir ahora el de Raúl Bueno, de apari-
ción ligeramente posterior, pero que ha teorizado como pocos las
literaturas latinoamericanas desde un aparato verdaderamente inter-
disciplinario y con meticulosa conciencia de los aportes de las gran-
des escuelas provenientes de Europa y los Estados Unidos, mante-
PRESENTACIÓN 13

niendo la mesura sobre lo que resulta aplicable y adaptable a la hete-


rogeneidad cultural latinoamericana.
Su crítica más reciente al esquema rizomático de Deleuze y Gua-
tari, por ejemplo, su desmontaje del modelo radial de cultura (pilar
de la colonización intelectual de nuestros países), su aguda percep-
ción de los fenómenos poéticos, su evaluación de los riesgos y be-
neficios de la modernidad en contextos actuales de (an)globaliza-
ción, su desarrollo particular del concepto de sujeto migrante, entre
otros aportes fundamentales, tienen todos el mismo rigor que carac-
teriza a su obra desde sus estudios iniciales de semiótica en los años
70. Como dice él mismo en la esclarecedora entrevista que cierra
este volumen: “Vi con fascinación cómo las mismas virtudes que
me llevaron a fantasear con una carrera en física cuántica –el uso de
un lenguaje especializado, la experimentación con las estructuras, la
formalización de ciertas frecuencias e infrecuencias y la construc-
ción de modelos sobre la realidad observada, por ejemplo– podían
aplicarse a la comprensión del cómo y el porqué del fenómeno lite-
rario”. Este deslumbramiento inicial, ocurrido durante una clase con
Antonio Cornejo Polar, quien fuera su maestro en aquel arequipeño
1962 al que se refiere la anécdota, y que luego se convertiría en uno
de sus más entrañables amigos, hizo que Raúl Bueno explayara su
curiosidad científica en el estudio de la literatura, quizá como una
forma de complementar la vocación poética, pasión que lo ha
acompañado a lo largo de su vida. Así, vena y arte se juntan en una
sola persona, como ocurría con los clásicos. Y es que, según dijo
alguna vez su compañero de generación Rodolfo Hinostroza: “el
que se sale de la poesía es que nunca estuvo”. Y Raúl Bueno nunca
se salió. Prueba de ello son los espléndidos volúmenes Ensayo gene-
ral, que reúne su obra poética hasta 1994, y Misivas de la Nueva Albión
(2014), un desgarrado testimonio sobre el exilio y el deterioro del
mundo contemporáneo a expensas del medio ambiente y los secto-
res marginados de la sociedad.
Por eso, hablar de él supone un triple esfuerzo. Al riguroso y
original crítico y teórico se une el exquisito autor de versos de impe-
cable factura. Y a ellos, el ejemplo del docente que no escatima es-
fuerzos por hacer llegar no sólo nuevos conocimientos a sus alum-
nos, sino, especialmente, nuevas formas de pensar y entender la lite-
ratura y los fenómenos culturales de América Latina.
14 JOSÉ ANTONIO MAZZOTTI

Viaje de Argos y otros poemas, su primer libro, ya trazaba las líneas


de lo que sería su carrera como intelectual. Argos era un príncipe
griego de cien ojos que terminó convertido en ave. Argos o Argo se
llamaba asimismo la propia la nave que en el mito griego llevaría a
los valientes viajeros hacia tierras desconocidas para obtener el ve-
llocino de oro, con cuyas virtudes el príncipe Jasón recuperaría el
trono de Yolcos. Otro Argos era el constructor de la mítica nave
parlante y uno de sus tripulantes. Todas estas acepciones funcionan
muy bien como alegoría del quehacer intelectual de Raúl Bueno.
Quizá el entonces joven poeta no previó las consecuencias de esa
selección en el título de su primer libro. Mientras sus coetáneos se
embarcaban tímidamente por los rumbos de otro lenguaje poético,
más abiertamente conversacional y comunicativo, Raúl Bueno pre-
fería la densidad semántica y la preocupación por problemas am-
bientales y por el pensamiento mítico, apostando por una actualidad
que no sería la de la inmediatez política y social de su momento (al
menos en lo que se refiere al lenguaje poético). A la vez, abrir nue-
vos caminos, sortear peligros insondables, negociar con lo descono-
cido y crear formas de entendimiento son virtudes que representan
bien el papel iluminador que sus estudios críticos han tenido a lo
largo de varias décadas. Testimonio de ello, aunque no exclusiva-
mente, es el importante Premio Especial de Ensayo “Ezequiel Mar-
tínez Estrada” otorgado por Casa de las Américas de Cuba el 2012 a
su libro Promesa y descontento de la modernidad.
Como se verá por los valiosos testimonios de sus antiguos
alumnos y colegas, y por los estudios críticos acerca de sus ensayos
y de su poesía, así como las aplicaciones ofrecidas en su honor den-
tro de este volumen, Raúl Bueno ha venido produciendo una obra
de alta calidad desde sus primeros años de labor intelectual, tanto en
Arequipa como en Lima, en París, en Caracas y en Hanover (New
Hampshire), donde ahora reside. Desde su inicial y muy útil Meto-
dología del análisis semiótico (1980, en colaboración con Desiderio
Blanco), Raúl Bueno mostró un instinto natural por la precisión y el
cuidado en el tratamiento del lenguaje de la literatura. No se trataba
tanto de comentar temas sociales o políticos, usando los textos co-
mo medios, sino de considerar que en todo momento los discursos
literarios se distinguen por su capacidad inherente de condensar
sentidos de una manera particular, que trasciende la mera referen-
cialidad y potencia los recursos visuales, sonoros y connotativos del
PRESENTACIÓN 15

lenguaje. La crítica debe llegar, por eso, a un grado de especializa-


ción que le permita desbrozar aquello que es específico de la litera-
tura. Aplicando esta metodología, pero encontrando nexos con el
mundo histórico y social del que finalmente se nutre toda obra,
publicó en 1985 Poesía hispanoamericana de vanguardia. Procedimientos de
interpretación textual, en el que demuestra la especificidad de la poesía
hispanoamericana a partir de su materialidad textual. A diferencia de
distintos lenguajes como el fílmico, el teatral, el pictórico, etc., a los
que puede aplicarse análisis narratológico indistintamente, el len-
guaje poético de autores como Vallejo, Neruda, Cardenal y otros
resulta una veta de exploración riquísima dentro de sus propios
términos, que son los de la “particularidad de su forma”.
A partir de entonces, Raúl Bueno fue ampliando su radio de
análisis para hasta llegar a Escribir en Hispanoamérica. Ensayos sobre te-
oría y crítica literarias (1991), en que resalta la necesidad de desarrollar
un lenguaje crítico que corresponda a una realidad única en su hete-
rogeneidad como la latinoamericana. Un ejercicio crítico no debe
ser estrictamente deductivo, es decir, no debe partir de ideas pre-
concebidas que limiten los rasgos de los textos literarios según las
necesidades del modelo, sino al revés: se trata de forjar un lenguaje
inductivo que parta de la realidad concreta de la literatura latino-
americana, destilando así “nuestro [propio] vino [teórico]”.
Esta apuesta por una perspectiva latinoamericana se enmarca en
una tradición intelectual que asume un compromiso con la realidad
del continente considerando el valor de las culturas “marginales”,
que representan indudablemente a la mayoría de la población. Surge
así Antonio Cornejo Polar y los avatares de la cultura en América Latina
(2004), que rinde homenaje al gran crítico peruano, fallecido prema-
turamente en 1997, y explica y desarrolla sus lineamientos generales.
Rescata también la antigua data y la originalidad de los estudios cul-
turales latinoamericanos, implícitos e inherentes a la crítica que se
venía desarrollando desde los años 70 del siglo pasado, si no antes.
La falacia de las metáforas de cultura en la literatura latinoamericana
(2010) obedece al mismo impulso por encontrar una definición
adecuada al quehacer crítico sin hacer concesiones a las figuras li-
terarias, muchas veces provenientes de otras disciplinas, que suelen
usarse en la definición de los procesos culturales que se desarrollan
en la región. Este texto contiene el discurso de aceptación del título
16 JOSÉ ANTONIO MAZZOTTI

de Profesor Honorario que le otorgó la Universidad Ricardo Palma


en Lima.
Por último, su obra crítica mayor, Promesa y descontento de la
modernidad. Estudios literarios y culturales en América Latina (2010), reúne
en su mayoría ensayos publicados en las últimas décadas, pero arti-
culados de tal manera que constituyen una propuesta coherente para
pensar los fenómenos culturales latinoamericanos desde una pers-
pectiva propia y original. Sin caer en un nacionalismo epistemológi-
co latinoamericanista, el libro insiste convincentemente en lo que
muchas veces se olvida: la necesidad de un empapamiento, incluso
personal, en los procesos sociales e históricos de la región, en sus
numerosas lenguas y manifestaciones culturales específicas, para
poder elaborar una crítica válida y duradera sobre una literatura y
una cultura sui generis en su multiplicidad y profundos contrastes.
Me cupo la suerte de tener a Raúl Bueno como profesor en no
menos de tres seminarios de pregrado en la Universidad Nacional
Mayor de San Marcos a fines de los años 70 y principios de los 80, y
desde entonces hemos mantenido un diálogo abierto, sin jerarquías
y con amistad, del cual tanto yo como muchos otros discípulos nos
hemos beneficiado por más de treinta años. A eso inevitablemente
se suma su valiosa labor como director de la Revista de Crítica Litera-
ria Latinoamericana entre 1998 y 2009, años en que supo mantener el
rigor y la línea que Antonio Cornejo Polar le diera a esta señera pu-
blicación desde su fundación en 1975.
Los colaboradores entusiastas de este volumen expresan mucho
más elocuente y detalladamente que yo los méritos del homenajea-
do. Gracias a ellos, el lector podrá apreciar la magnitud de su obra,
que se coloca entre lo mejor que ha producido el pensamiento críti-
co y el rico acervo poético peruano en las últimas décadas. Que esta
navegación del Argos Arequipensis siga marcando el rumbo de mu-
chos otros caminantes en el mar de las definiciones identitarias que
hacen, gracias a Raúl Bueno y otros pocos como él, más inteligible y
esperanzada la reflexión sobre nuestro continente.

Boston, setiembre del 2014.


PRIMERA PARTE
SOBRE CRÍTICA Y TEORÍA LITERARIA
ARGOS AREQUIPENSIS. LIBRO DE HOMENAJE A RAÚL BUENO CHÁVEZ
Boston: RCLL, CELACP y Latinoamericana Editores, 2014, pp. 19-30

RAÚL BUENO CHÁVEZ: GENEALOGÍA Y APORTES


EPISTEMOLÓGICOS PARA UNA TEORÍA CULTURAL
LATINOAMERICANA

Mirian Pino
Universidad Nacional de Córdoba, Argentina
Introducción.

Corrían los tumultuosos años del nuevo milenio cuando los ava-
tares de la vida universitaria en la Universidad Nacional de Córdoba
en Argentina quisieron regalarme la oportunidad de tomar contacto
con Raúl Bueno Chávez por la intermediación de Nelson Osorio, a
quien conocí durante mi carrera doctoral y en su exilio venezolano;
por entonces estaba dedicada a la escritura de mi tesis sobre literatu-
ra chilena luego del Golpe de Estado. No pasó demasiado tiempo
en saber que Osorio y Bueno Chávez habían formado un equipo
intelectual como un punto axial para entender la producción cultural
latinoamericana problematizada, enriquecida y difundida por Anto-
nio Cornejo Polar desde la década del 60 del siglo XX. Lecturas y
más lecturas se sucedían por aquel entonces donde no fue difícil en-
tender la presencia de Raúl Bueno y sus aportes en el campo de la
teoría cultural latinoamericana.
Bueno Chávez recupera las directrices teóricas de Cornejo Polar
y avanza hacia otros marcos conceptuales que operan como una
onda expansiva desde la placenta andina hacia América Latina como
una entidad sociocultural heterogénea. Formado en las universida-
des de San Marcos, Nacional de San Agustín en Perú y en la acade-
mia francesa, Bueno Chávez con gesto metabolizador toma, articula
y remueve la Teoría Literaria; disciplina cuyos centros de irradiación
europeo y americano no pusieron en duda su legitimidad en cuanto
tal frente a las llamadas “ciencias duras”, sino todo lo contrario,
evolucionaron de acuerdo con el ritmo de los tiempos históricos ba-
20 MIRIAN PINO

jo el reloj unidireccional de Occidente. El lugar de América Latina


frente a dicha disciplina fue la de importar sus discursos y bajo esa
luz analizar el haz de objetos de estudios. En este sentido, es lícito
acotar que la historia de la segunda mitad del siglo XX nos muestra
la violencia de las dictaduras en nuestra América; de modo tal que
no es posible pensar dicha importación sin analizar las condiciones
del campo académico en el Cono Sur ya que implicó el exilio de
numerosos académicos. Asimismo, la educación universitaria en
Humanidades estuvo ajena a toda teoría que hiciera visible nuestra
historia traumática, de allí que precisó de teorías que funcionaran
como garante de estas omisiones bajo la presunta objetividad y rigor
metodológico. El advenimiento de las democracias en la segunda
mitad de la década del 80, y el retorno de numerosos investigadores
a la universidades públicas, dio como resultado el conocimiento de
aportes teóricos desconocidos hasta ese entonces, entre los que se
cuentan las investigaciones de Antonio Cornejo Polar y posterior-
mente de Raúl Bueno Chávez.
No menos importante es su paso por la Universidad Central de
Venezuela y posteriormente en Estados Unidos como profesor de
Dartmouth College, donde enseñó literatura latinoamericana y se
desempeñó como director de la prestigiosa Revista de Crítica Literaria
Latinoamericana (1998-2010). Si el suelo desde donde enunciamos es
importante, infiero que la estancia en las entrañas de Próspero dota
al maestro de un conjunto de condiciones objetivas para la difusión
de la cultura latinoamericana. Particularmente receptivo a recibir
abordajes críticos de académicos del Sur de las Américas, Bueno
impulsa la difusión de las letras y de las investigaciones con la con-
ciencia de que publicar en dicha revista implica evidenciar los resul-
tados de los estudios desde uno de los centros hegemónicos de di-
fusión del conocimiento como es EEUU.

La potencia epistemológica y hermenéutica de una perspecti-


va transculturadora.

Itinerario biográfico y labor intelectual son dos dimensiones


conjuntas e importantes para entender el aporte de Bueno Chávez.
En primer lugar, cabe preguntarse, sobre todo los que nos dedica-
mos a la investigación literaria desde América Latina, qué teorías y
qué objetos de estudio son importantes para el maestro y por qué
RAÚL BUENO CHÁVEZ: GENEALOGÍA Y APORTES EPISTEMOLÓGICOS 21

optamos por su legado. Estos interrogantes surgen dada la impor-


tancia que porta considerar a nuestro continente como vertedero de
un conocimiento alterno con respecto a la tradición euroamericana
y la importancia de su visibilidad muchas veces negada. Y este es un
sesgo que implica desarmar las lógicas de la investigación en el cam-
po de la cultura continental, es decir, hacer intervenir la articulación
indisoluble entre sujeto y objeto de conocimiento, y por consiguien-
te en el clivaje de los procesos históricos. Esta es la lección de Cor-
nejo Polar que retoma y profundiza Bueno Chávez a través de la
construcción de objetos de estudios que parten de nuestra situación
de culturas nacidas tras el trauma de la colonización. Aquellas son
leídas e interpretadas, por ejemplo, desde el siglo XIX a través del
complejo paradigma civilización/barbarie sarmientino, y cuyo desa-
rrollo continúa hasta la actualidad, sin abandonar la relación entre
vanguardia y Modernidad, bajo la lupa problemática de la tradición
europea, entre otros objetos de estudio.
Quizá al tomar la opción cultural para el estudio de América La-
tina y tras su formación en el estructuralismo y la primera escuela
semiótica greimasiana, Raúl Bueno articula, en un gesto transcultu-
rador, categorías que son de naturaleza dinámica como las de siste-
ma, sistema cultural, heterogeneidad, sujeto migrante en tanto que
sujeto “perfomativo, heterogéneo y heterogeneizante” (Bueno, An-
tonio Cornejo Polar y los avatares de la cultura latinoamericana 55), y tras los
pasos de su maestro no abandona hasta la actualidad la heterogenei-
dad primaria, fuente de la “la totalidad contradictoria” (Bueno, ibid.
26). Esta opera como núcleo fuerte incluso para hacer avanzar otras
como “ciudad letrada” de Ángel Rama; Bueno Chávez dimensiona
la importancia de las ciudades del ajiaco y las comarcas orales donde
advierte en su base la relación entre heterogeneidad/totalidad con-
tradictoria y sujeto migrante, cuestión a la que regresaré más adelan-
te. Dicho marco teórico es el resultado de un lector socialmente si-
tuado, la de un académico atravesado por comprender y problema-
tizar las categorías ajustadas a nuestras necesidades socioculturales.
Esta perspectiva me ha permitido realizar investigaciones en temas
escasamente abordados y problematizar categorías al uso como el
realismo mágico y/o lo real maravilloso en las ciudades de comien-
zo del nuevo milenio en narrativa y poesía de Chile y Argentina. Es
decir, comprender que una tendencia estética, un estilo, un género
discursivo, etc. en la investigación literaria son la expresión de un
22 MIRIAN PINO

todo histórico complejo con el cual guarda las más de las veces una
relación convulsa.
Así, libros tales como Antonio Cornejo Polar y los avatares de la cultu-
ra latinoamericana (2004), dedicado a leer y ordenar la teoría de Cor-
nejo Polar bajo la forma del homenaje, potencia el tema de la colo-
nización política cultural; esto implica también conferir un lugar
destacado a la teoría que se produce en América Latina, nudo axial
en el pensamiento de Bueno Chávez. En el año 2008 publica La fa-
lacia de las metáforas de cultura, que es la conferencia en virtud de su
doctorado honoris causa en la Universidad Ricardo Palma; ambos tex-
tos trazan, desde mi perspectiva, un recorrido dialógico al interior
de la Teoría Literaria continental. Asimismo, es posible reconocer
en su itinerario una fase anterior que abarcarían los libros dedicados
a la metodología del análisis literario como Poesía hispanoamericana de
vanguardia. Procedimientos de interpretación textual (1985) y Metodología del
análisis semiótico (1980) en colaboración con Desiderio Blanco.
Las metáforas de cultura a las que alude en Las falacias… son
centrales para comprender el orden epistemológico con el que el
catedrático postula un pensamiento que dialoga con la matriz euro-
pea y americana. La primera se establece, como anticipé, a partir del
paradigma normalizador civilización/barbarie bajo la lógica del de-
nominado modelo radial de cultura. Si es importante comprender
que Occidente se autoerigió como la cuna del conocimiento, cuánto
más significativa es la importación de discursos de cuño europeo
para hablarnos de nuestra cultura. Por esta razón es importante se-
ñalar la perspectiva de Bueno Chávez en torno a Facundo (1845), de
Domingo F. Sarmiento; la fluidez del análisis literario conduce a los
lectores a observar una malla ideológica insoslayable relacionada
con la dependencia económica y cultural, acuciante en nuestros días.
Así, expresa:
Sin embargo, la civilización que propone radiar Sarmiento parece meramen-
te cosmética: insiste hasta la saciedad en trajes, imágenes, maneras, costum-
bres y otras formalidades occidentales […]. Y cuando habla de artes,
comercio, educación y leyes su discurso se empeña otra vez en la Europa
central, mientras tiende una mirada oblicua hacia el mestizaje del interior
–las poblaciones gauchas o aguachadas de la Argentina– y un cabal desdén
hacia las instituciones indígenas. Esta actitud produce varias contradic-
ciones, que sólo pueden resolverse si revelamos la verdadera índole de su
civilización: es jerarquizante, neocolonial y explotadora. (Las falacias de las
metáforas de cultura 17).
RAÚL BUENO CHÁVEZ: GENEALOGÍA Y APORTES EPISTEMOLÓGICOS 23

Sin embargo, desde en Escribir en Hispanoamérica. Ensayos sobre teo-


ría y crítica literarias (1991) y sus numerosos textos dedicados al análi-
sis de diferentes obras, ya es posible visualizar que la elección teóri-
ca a partir del estudio estilístico va en busca del clivaje histórico que
posee un texto. Con un lenguaje profundamente sencillo, la estilísti-
ca suaviza el rigor semiótico para entregar hipótesis de lectura que
invitan a preguntarnos cuál es el lugar de América Latina en la Mo-
dernidad. Y este interrogante surge de los propios textos en un mo-
vimiento que se inicia desde la inmanencia hacia fuera de aquel y
viceversa. El gesto hermenéutico rompe con la lógica dentro/fuera,
texto/contexto para pulsar un análisis riguroso y profundamente
historizado, desmontando y enriqueciendo las categorías marcadas
por Occidente.

Ética y teoría en las indagaciones latinoamericanas.

Desde mi perspectiva, esta genealogía que intento trazar en


torno a los aportes de Bueno Chávez compromete la importancia de
la ética como valor sustancial en la docencia y en la investigación. Su
posición frente a la tradición que avala paradigmas teóricos incues-
tionables frente a los cuales el maestro potencia el gesto metaboli-
zador es posible definirla como ética del distanciamiento necesario.
En esta dirección, sus textos comprometen a quien suscribe este es-
crito a postular la objetividad a través de la asunción de teorías que
entienden por aquella no ya al distanciamiento del sujeto investiga-
dor con respecto al objeto de estudio, sino también la ética como
vector y lugar igualmente epistemológico. Es decir, la articulación
entre el objeto de estudio y los marcos teóricos encargados de “con-
trolar” un correcto camino metódico que hunda sus raíces en la cul-
tura de América Latina. Esta posición implica asumir que la historia
de la Teoría Literaria fue la negación de nuestros saberes, ocultos
tras la semiosis colonial. Así, el resultado es la apropiación de los
marcos conceptuales ajustados a las necesidades hermenéuticas que
permitan comprender en profundidad una obra literaria ya sea del
mundo andino u otro sistema.
Es por lo antes señalado que cada escrito es una lección de có-
mo trabajar los órdenes epistemológicos, es decir, atravesando suti-
les capas de un fruto para acceder al corazón. Sin dudas, esto exige
un conocimiento exhaustivo de nuestras culturas. En el texto Escri-
24 MIRIAN PINO

bir en Hispanoamérica, Bueno Chávez no duda en recuperar a Pierre


Macherey, a Umberto Eco y a Thomas Lewis, en incorporar los
cuadrados semióticos para convertirlos en otra categoría, pregnada
de historicidad y desde allí acceder a la representación literaria. In-
fiero que la denominada “imagen cultural ideológica”, categoría de
base semiótica, es un núcleo epistémico transcultural de alto valor
heurístico para emprender investigaciones referidas a problemas de
representación en literatura. Esta unidad de análisis en su doble va-
lencia social y literaria, resuelve la presencia del referente textual y
extratextual y es definida como signo al expresar que “la obra postu-
la su referente, al modo de una imagen cultural ideológica que las
sociedades o las culturas tienen construidas a propósito de lo real”
(Bueno Chávez, Escribir en Hispanoamérica 44-45). Es importante
también destacar que la relación con la Teoría Literaria se instala a
partir de hacer dialogar a ésta con el contexto histórico social. Esta
perspectiva es acuciante para las investigaciones en nuestro conti-
nente e implican en la estela de Bueno superar el sociologismo y el
impresionismo que engendra la hipóstasis de vida de autor e incluso
de marcos conceptuales extranjeros; de allí que la cuestión de la re-
presentación sea un núcleo fuerte que logra resolver a través de la
imagen cultural ideológica. La relación entre ésta y la Modernidad es
central y es por esta razón que la figura de Calibán de Roberto Fer-
nández Retamar es una metáfora epistémica, nacida del seno mismo
de una cultura central como la inglesa, pero desplazada para articu-
larse con América Latina. En este espacio sociocultural pudo confi-
gurarse como nodo teórico que arranca ante la primera pregunta-
pórtico ¿existe una cultura latinoamericana? Esto implica, al decir de
Fernández Retamar, ¿ustedes existen? (Calibán. Ensayos de Nuestra
América).
La conciencia de teorías, y en sentido amplio de una cultura en
América Latina, implica también decisiones a tomar en la enseñanza
de la investigación. Así, tanto Mijaíl Bajtín como Iuri Lotman no
son lecturas ajenas a Bueno Chávez; a la inquietud de cierto mecani-
cismo y funcionalismo lotmaniano, el catedrático le confiere una
mirada dialógica, una lectura que opera como tanza transculturadora
para articular a los objetos de estudio. De allí que la Teoría Literaria
desborda, en el pensamiento de Raúl Bueno, sus propios límites ya
que no renunciará al texto literario del Inca, o la obra arguediana, o
los textos de Vargas Llosa, pero estos también son el acceso para
RAÚL BUENO CHÁVEZ: GENEALOGÍA Y APORTES EPISTEMOLÓGICOS 25

comprender la sociedad latinoamericana. De este modo su preocu-


pación por el indigenismo implica al mismo tiempo una superación
para discutir con la categoría de estado nación y plantear una di-
mensión sustancial para los marcos interculturales como es la posi-
bilidad de destabicar la relación entre ciudad letrada y ciudad real a
través del carácter “heterogeneizante” que poseen los sujetos mi-
grantes. Para ello parte de la corriente indigenista, desde Guaman
Poma, atraviesa la obra de José María Arguedas, José Carlos Mariá-
tegui hasta llegar a nuestros días. Esta perspectiva revela su posición
ética frente a los objetos de estudio y una invitación a los investiga-
dores a observar la literatura o los objetos inscriptos en ella como
un magma activo, en constante redefinición.
Para los estudiosos que dirigimos trabajos en torno a literaturas
de fronteras en América Latina la categoría de sujeto migrante es
eficaz porque ensambla con la de heterogeneidad primaria. Es decir,
en corpus como la literatura chicana o bien la literatura del norte de
México o los flujos migrantes internos en el Cono Sur se visualizan
personajes que son refracciones sociales de un nuevo orden conti-
nental por efecto de la globalización; los sujetos migran y con ellos
movilizan una red de signos que abarcan el santoral, la música, la
lengua que nos traducen semióticamente otras formas de analizar
los estados naciones en el interregno problemático de la moderni-
dad y la posmodernidad alternativa que Bueno Chávez denomina
también “contramodernidad”, término que lo adopta de K. L. Wal-
ker (Bueno, Promesa… 100). Esta perspectiva implica la existencia de
una realidad como “totalidad contradictoria” o heterogeneidad pri-
maria, núcleo teórico que describe y explica los procesos de referen-
cialidad, código, mensaje, representación y sujeto como dimensio-
nes que arrancan desde la conquista y la colonización. Esta perspec-
tiva desestima el uso muchas veces indiscriminado por parte de la
crítica de la identificación entre transculturación, mestizaje e hibri-
dación que no se comportan en las sociedades ni en los textos litera-
rios de forma idéntica. El estudioso expresa:
Así, en contraste con otras categorías aquí consideradas, como transcul-
turación, mestizaje, diversidad, alternatividad o hibridez, que aluden a pro-
cesos meramente culturales o raciales, el concepto de heterogeneidad re-
fiere a procesos históricos que arraigan en la base misma de las diferencias
sociales, culturales, literarias, etc., de la realidad latinoamericana. Incluso, en
la base de las diferencias culturales y raciales que funcionan como estable-
26 MIRIAN PINO

cedoras de clases en América Latina: el indio, el negro, el mestizo (Bueno,


Promesa… 21).
En esta dirección, al potenciar la propuesta teórica de Cornejo
Polar, Bueno le incorpora dos dimensiones nuevas a la heterogenei-
dad primaria o básica: el carácter macro o masivo de la migración en
su dimensión del hacer o performativa, es decir, el sujeto migrante
observado desde su condición colectiva, “nosotros”, y su carácter
heterogeneizante. Estas dos condiciones inducen a mirar no sólo los
textos literarios, sino incluso nos permite analizar las condiciones
del campo cultural latinoamericano como un magma activo de des-
plazamientos tanto endógenos como exógenos, problematizar qué
sucede con los migrantes desde el campo a la ciudad y el espesor
cultural que su llegada acarrea.
La preocupación por hacer visible la crítica literaria en América
Latina como el resultado de un hacer académico que articula teoría e
historia de las ideas presupone un conjunto de categorías que ope-
ran como metáforas epistémicas. Estas arraigan de un latinoameri-
canismo criollo y metabolizador en el cual el movimiento es impor-
tación y exportación de las teorías y/o de marcos conceptuales para
el estudio de la literatura e in extenso de la cultura. No es casual su
esfuerzo por trazar esta articulación a todas luces problemática fren-
te a la corriente de estudios culturales americanos. Las hipótesis de
trabajo de Raúl Bueno son anteriores y paralelas a dicho adveni-
miento, registrable en los primeros años de la década de los 90 en
nuestro continente, con lo cual el resultado también es inspirador en
el sentido que los estudios culturales occidentales marcaron un ca-
mino a seguir que sobresaturó el discurso crítico académico, mien-
tras que las reflexiones del profesor peruano perduraron en el tiem-
po al no desestimar las obras literarias, sino que las hizo dialogar
con los compases de un todo heterogéneo. A las diferentes metáfo-
ras del mundo natural que arranca con Andrés Bello y el trasplante
cultural y de José Martí con el injerto le suceden otras, como la an-
tropofagia de Oswald de Andrade, que muestran a todas luces la
complejidad que implica el discurso crítico registrable en un número
considerable de investigadores latinoamericanistas. Esta condición
nos concede la posibilidad de pensarnos como productores de una
potente teoría cultural; y por efecto de la globalización, poder con-
ferirle a nuestra constelación teórica una visibilidad que antes no
poseía. Este proceso de reconocimiento implica leer a Bueno Chá-
RAÚL BUENO CHÁVEZ: GENEALOGÍA Y APORTES EPISTEMOLÓGICOS 27

vez en clave teórica y como un eslabón de aportes en el siglo XX y


el nuevo milenio que reconocen en nuestra América Latina la pre-
sencia del legado de Cornejo Polar, Nelson Osorio, Alejandro Lo-
sada, Ana Pizarro, Carlos Rincón, entre tantos otros.
Lejos de las modas por las que suele estar atravesado el campo
académico latinoamericano, escribir desde América Latina no signi-
fica sólo vivir en el continente, sino sobre todo estar atravesado por
las preocupaciones acuciantes de nuestra cultura. Así, en su texto
Antonio Cornejo Polar y los avatares de la cultura latinoamericana es posible
deslindar dos dimensiones: una es la relacionable al legado de Cor-
nejo Polar y la otra implica recuperar dicho legado a través de nue-
vas hipótesis de lecturas para avanzar hacia un mapa teórico que
echa las bases de una tradición copresente y que arranca desde An-
drés Bello, José Martí, Pedro Henríquez Ureña, José Carlos Mariá-
tegui, entre otros, conjugándolas con otras líneas europeas y ameri-
canas. Uno de los temas acuciantes para reflexionar en torno a la
contramodernidad lo constituye la impronta de una migración glo-
bal donde el sujeto, como expliqué más arriba, no sólo traslada refe-
rentes sino signos, en una situación en la cual se instituye en hablan-
te y no en hablado, camino emprendido por Cornejo Polar en Escri-
bir en el aire (1994). Así, es posible avizorar que todo corpus que se
conjuga en torno al yo enunciador desde la autobiografía en Améri-
ca Latina encuentra en estos marcos conceptuales la riqueza que
implica el diálogo entre objeto de estudio y teoría de la producción
cultural latinoamericana. Asimismo, y al hacer un recorrido por la
historia del equipo de investigación que dirijo, los aportes de Bueno
han sido y son sustanciales a la luz de problematizar lo que enten-
demos por “cultura popular”, enunciado poco tranquilizador a la luz
del carácter heterogéneo de nuestras sociedades. Esta condición po-
tencia el reconocimiento de que la denominada “cultura popular” es
una categoría definida dentro de los límites de las élites letradas. En
consecuencia, es preciso regresar a ella a través de objetos de estu-
dios que visibilicen su dinamismo; me refiero a corpus literarios en
los cuales la poesía “mapurbe” chilena, o la narrativa argentina de
las villas de emergencia, son comarcas orales que enuncian por sí
mismas, sin mediación alguna e incluso en géneros como el relato
policial que codifica otra urbe a la luz de las categorías de Bueno
Chávez, entreveros del mundo oral y oculto, una sopa de signos en
ritmo simultáneo que la literatura refracta para echar por tierra la
28 MIRIAN PINO

homogeneidad de las urbes en el nuevo milenio; ellas son las res-


puestas simbólicas que el arte latinoamericano da a ver en la era
global.

Raúl Bueno Chávez en clave intercultural: del rizoma a la sel-


va de signos.

Mientras escribo esta aproximación a los aportes teóricos de


Bueno Chávez vienen a mi mente el rostro de los alumnos primero
de la Facultad de Filosofía y luego los de la Facultad de Lenguas de
la Universidad Nacional de Córdoba, ante la lectura en grado y
postgrado de los textos de estudioso peruano. Las miradas se ilumi-
nan porque los textos les hacen ver desde dónde estudian las len-
guas y culturas extranjeras. Ávidos estudian la cultura de frontera,
llegan a Gloria Anzaldúa o la narrativa del mexicano Eduardo Parra
o la del argentino Leonardo Oyola y comienzan las preguntas. Así,
el conocimiento se construye en el diálogo con los objetos de estu-
dio y la teoría. Advierten que la heterogeneidad no es tener real
conciencia que toda sociedad es armónicamente diversa, sino sobre
todo descubrir cómo y qué grados de problematicidad porta la
misma; implica también asumir que la agenda intercultural a la luz
de los marcos teóricos latinoamericanos es algo más que el contacto
entre dos o más culturas, y que la extranjería no es sólo el afuera,
aquel sujeto que viene de lejos, o de una cultura la más de las veces
prestigiada. La intercultural en tanto agenda y agencia teórica se en-
riquece porque inmigración, heterogeneidad primaria y sujeto mi-
grante son unidades de análisis de alto valor heurístico porque indu-
cen al reconocimiento de los otros, pero también a la sospecha que
los sujetos estamos habitados de plurales. Bueno nos conduce al
diálogo con otras teorías como la de Ángel Rama, Carlos Pacheco o
Cornejo Polar, y se anima a dialogar con el advenimiento de un dis-
curso crítico ecológico. Las propuestas del maestro en cada escrito
invitan a desplazarnos hacia otros cordones, mesetas y selvas de
significación que potencian la importancia que porta el locus, nuestro
lugar para pensar objetos y pensarnos en nuestra labor de docentes
e investigadores. Es decir, tomar conciencia de la geopolítica del
conocimiento, en su distribución en el capital académico latinoame-
ricano.
RAÚL BUENO CHÁVEZ: GENEALOGÍA Y APORTES EPISTEMOLÓGICOS 29

La interpelación a la lógica radial, dará como resultado que en el


año 2010 publique Promesa y descontento de la modernidad, premio espe-
cial de ensayo “Ezequiel Martínez Estrada” de Casa de las Américas
el año 2012. Allí deshilvana en cada capítulo el orden epistémico
montado sobre metáforas cristalizadas, tales como rizoma, por un
lado, al tiempo que, por otro, promueve la rentabilidad de la se-
miótica de la cultura de cuño lotmaniano para pensar América Lati-
na, ya anticipada en trabajos como “Modernidad alternativa y debate
cultural en el Perú y América Latina” (1999). Al “efecto teórico” de
rizoma en lecturas críticas latinoamericanas, Bueno Chávez opta re-
emplazarlo por el de “selva”; las razones de esta operación radica en
la reproducción del unum tras la apariencia heterogénea de la catego-
ría de Gilles Deleuze y Félix Guattari, ya que la proliferación no su-
pone la variedad, común al dinamismo cultural, sino la repetición a
modo isomorfo, mientras que la selva expresa “por su profusión de
objetos y fenómenos, su intrincada red de relaciones asociativas y
opositivas, y sobre todo, su incesante actividad generadora y regene-
radora de materiales” (Promesa… 64). La rentabilidad de la categoría
para objetos literarios y la teoría en campos específicos tornan más
comprensibles los fenómenos culturales en América Latina, pero
fundamentalmente es una metáfora epistémica que abre camino pa-
ra constelar y entender las nuevas textualidades en un mundo globa-
lizado, diverso y dinámico. Asimismo, coloca el acento en la nueva
oleada crítica de la ecología cultural que intenta hegemonizar los ob-
jetos de estudios, incluso en literatura, adensando su espesor teórico
a través de la cultura digital y las nuevas tecnologías en un mundo
que genera globalizaciones desiguales y que admite una larga historia
en América Latina. A un festejo feliz de encuentro del hombre con
el mundo natural, América Latina, mirada desde la ecología cultural,
atraviesa la lucha incesante de agrotóxicos y minas a cielo abierto
que generan respuestas convulsas de hombres y mujeres que resis-
tan al implante de los dispositivos de un nuevo colonialismo socio-
económico. Entre medio, el lugar del arte y la cultura es resimboli-
zar lo real, activando nuestra performance de resistencia.

Conclusión.

Este recorrido quiso ser el reconocimiento del legado de Raúl


Bueno que se refleja en la vigencia de sus aportes al rico campo de
30 MIRIAN PINO

los estudios latinoamericanos. En nuevo milenio nuestro continente


se dinamiza con la presencia de bolsones culturales que como pe-
queñas selvas enmarañadas y heterogéneas se desparraman y esta-
blecen por el mundo. La lectura de sus posiciones teóricas desde la
academia argentina como es la Universidad Nacional de Córdoba
también significa la invalorable relación de un hacer y construir co-
nocimiento en situación. Cuánto más profundo es poder observar que
la enseñanza de la metodología de la investigación literaria para
alumnos que estudian las lenguas y culturas extranjeras se enriquece
cuando toman cabal conciencia de lo que es estudiar en América La-
tina y cuánto más importante es leer a Shakespeare a través de Fer-
nández Retamar y su metáfora calibánica, a Edouard Glissant y su
caoscosmos a la luz de la heterogeneidad, o Junot Díaz a través de
sujeto migrante. Sin duda, la riqueza epistémica está acompañada
del quehacer de la ética. La complejidad de las teorías implica tam-
bién el reconocimiento que el mundo es más diverso de lo que su-
ponemos, la abstracción un tanto más rica si la hacemos dialogar
con nuestro suelo desde el cual enunciamos, desde nos pensamos
enmarañados, enredados felizmente en la selva de signos que somos
y en la que habitamos. La Universidad Nacional de Córdoba tuvo el
honor de recibirlo en el año 2003 y tanto mis alumnos como quien
suscribe esta aproximación sabemos que aún transita entre nosotros
cuando estudiamos e investigamos a través de su obra. A partir de
allí pensamos que otra América Latina puede ser posible.

BIBLIOGRAFÍA CITADA

Bueno Chávez, Raúl. Poesía hispanoamericana de vanguardia. Procedimientos de interpre-


tación textual. Lima: Latinoamericana Editores,1987. 2da. edición,
—. Escribir en Hispanoamérica. Ensayos sobre teoría y crítica literarias. Pitts-
burgh/Lima: Latinoamericana Editores, 1991.
—. Antonio Cornejo Polar y los avatares de la cultura latinoamericana. Lima: Fondo
Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2004.
—. Las falacias de las metáforas de cultura. Lima: Universidad Ricardo Palma, 2008.
—. Promesa y descontento de la modernidad. Lima: Universidad Ricardo Palma, 2010.
Fernández Retamar, Roberto. Calibán. Ensayos de Nuestra América. Buenos Aires:
La Pléyade, 1973.
Pino, Mirian. “Aproximaciones a la teoría intercultural para el estudio de las
culturas periféricas”. En El español: territorios de encuentros. Bulgaria: Ed. Uni-
versitaria “San Clemente de Ojrid”, 2012. 619-627.
ARGOS AREQUIPENSIS. LIBRO DE HOMENAJE A RAÚL BUENO CHÁVEZ
Boston: RCLL, CELACP y Latinoamericana Editores, 2014, pp. 31-48

EL SUJETO MIGRANTE Y LA CONFORMACIÓN


DE UNA HISTORIA CULTURAL ALTERNATIVA

Elena Altuna
Universidad Nacional de Salta, Argentina

Voy a ocuparme de una de las líneas de pensamiento más ricas


que Raúl Bueno viene desarrollando a propósito del examen de las
diversas modernidades, en tiempos postmodernos. Con mayor pre-
cisión y delimitación del área, él prefiere hablar de “modernidad al-
ternativa”, fenómeno que caracterizaría la dinámica de la diversidad
cultural de América Latina desde hace unas cinco o seis décadas.
Sus indagaciones comienzan a perfilarse a propósito de la crítica al
modelo “radial” de cultura (1998) y el proyecto de occidentalización
impuesto a través de ese modelo por los españoles durante la colo-
nia y continuado por los criollos en la república (José Luis Romero,
Latinoamérica: las ciudades y las ideas; Ángel Rama, La ciudad letrada).
Los acercamientos que el crítico ensaya acerca de este tema se en-
cuentran diseminados a lo largo de su producción hasta su más re-
ciente libro, Promesa y descontento de la modernidad (2010), y apuntan a
la necesidad de una “historia cultural alternativa”. Esta, en conso-
nancia con el tipo de modernidad que nos compete como latinoa-
mericanos, estaría ocupándose de un amplio sector de discursos ac-
tuales, que no rozan siquiera las historias literarias tradicionales. Co-
mo se ve, nos encontramos frente a un tema perteneciente al campo
de la historiografía, aunque en este caso no exclusivamente “litera-
ria” –tal como ésta fue pensada desde el siglo XIX en nuestros paí-
ses–, sino inclusiva de una amplia gama de discursos culturales.
En este sentido, indaga asimismo en las posibilidades interpreta-
tivas de un instrumental teórico-crítico capaz de llevar adelante esa
historia cultural alternativa que, entre sus postulados de mayor peso,
propone recuperar un pensamiento propio, independiente de las
teorías emanadas de los centros académicos de poder. También en
32 ELENA ALTUNA

este ámbito se destaca la persistencia del estudioso, que tanto amplía


como incorpora categorías a la agenda del latinoamericanismo1. Así,
puede considerarse que hace suyo el movimiento que caracteriza las
reflexiones de su maestro, Antonio Cornejo Polar (Sobre literatura y
crítica latinoamericanas) pues, tal como éste lo expresara en varias
oportunidades, la categoría de la heterogeneidad sociocultural, pen-
sada para interpretar la conflictividad inherente a la situación colo-
nial en el área andina, fue objeto de varias revisiones y ampliaciones,
las que tendrían su culminación en el iluminador ensayo de 1994,
Escribir en el aire, y en sus dos artículos sobre el sujeto migrante
(1995 y 1996).

1. El huracán globalizador.

El tema de la globalización posee una actualidad innegable y


–diríamos–, cada vez más desgarrada, en la medida en que el ingreso
al nuevo milenio no atenuó, sino que profundizó las políticas socia-
les y económicas neoliberales implementadas a partir de la década
de 1980 en el continente. La problemática contiene varias aristas;
entre ellas, la tendencia homogeneizadora que impone la globaliza-
ción, las economías “migrantes” y la precarización del empleo, el
crecimiento de los índices de pobreza estructural, la marginalidad y
sus secuelas de violencia, la migración ininterrumpida hacia los
grandes centros urbanos. Pensada en términos de políticas cultura-
les, la globalización impone desafíos y promueve transformaciones
novedosas, aunque no neutrales.
Observa Raúl Bueno en “Modernidad alternativa y debate cultu-
ral” (2001) ante la requisitoria acerca de los efectos de la globaliza-
ción, que ésta es concebida como una gran fuerza modernizante que
conlleva el peligro de arrasar con culturas más apegadas a valores y
formas de vida tradicionales, con lo cual se produciría la tan temida
homogenización. El crítico objeta este preconcepto, afirmando que
“la dinámica del traslado cultural no ocurre como un mero trasiego

1
Pensamos en las discusiones coordinadas por Ana Pizarro y recogidas en
dos volúmenes: Hacia una historia de la literatura latinoamericana (1987) y La litera-
tura latinoamericana como proceso (1985). A casi tres décadas de la aparición de es-
tos libros, muchas de las discusiones allí recogidas conservan su vigencia, aun-
que otras problemáticas posteriores no podían, por fuerza, incluirse en esa
agenda.
EL SUJETO MIGRANTE Y … UNA HISTORIA CULTURAL ALTERNATIVA 33

unidireccional de contenidos” (Promesa… 91), como un impulso


aculturador; por el contrario, se conforma como un proceso que
opera en términos de una negociación de valores favorables a las
culturas en contacto, es decir, una transculturación. En segundo lu-
gar, considera que las culturas cuando se sienten amenazadas gene-
ran estrategias de supervivencia, aun en condiciones adversas, como
ha ocurrido, por ejemplo, con la cultura judía. La tercera razón adu-
cida es que el impulso modernizador no es reciente en América: en
realidad tiene una larga historia de quinientos años. Todo ello pare-
ce indicar que los diversos intentos de globalización promovidos
por los imperialismos han fracasado en su impulso homogeneizante.
Pues, en efecto, a esa tendencia suele responderse con una exalta-
ción de las particularidades regionales –o nacionales– que afirman
valores identitarios, acudiendo incluso a elementos residuales o re-
convirtiendo aspectos del pasado. Así, pues, en opinión de Bueno,
la globalización no produjo modificaciones profundas en las cultu-
ras, sino sólo en sus capas superficiales o bien en ciertas zonas, pero
no en la totalidad cultural.

2. Migraciones.

Entre las cuestiones enunciadas más arriba, la que tal vez ofrezca
más y diversas miradas, desde el cine a la música y la literatura, son
las migraciones, que en las últimas décadas han aumentado en pro-
porciones muy altas. En diferentes zonas del planeta, que suelen ser
las elegidas por centenares de migrantes, es notoria la ausencia de
políticas migratorias que atenúen o reviertan la violencia que entraña
este fenómeno (las alambradas o los muros fronterizos, el tráfico
ilegal de personas en condiciones infrahumanas, la trata de mujeres
y niños, las deportaciones en masa, los campos de refugiados), sin
contar con reacciones decididamente xenofóbicas de parte de quie-
nes se sienten amenazados ante la llegada del “otro”.
Ese rostro oscuro de las migraciones convive con otro menos
cruel, que tiene ya una historia secular y que se viene produciendo
en los países de habla hispana del continente desde el siglo XVI.
Por cierto, sería completamente inoperante considerar en bloque
este tipo de migraciones, así como continuar utilizando nociones
34 ELENA ALTUNA

perimidas, como la que distancia al colonizador del migrante2. En


este punto, entonces, nos centraremos en las migraciones andinas.
Existe consenso de parte de los investigadores de que se trata del
hecho sociológico más importante del siglo pasado y lo que va del
presente. Una somera revisión de las migraciones producidas en el
área durante el siglo XX indica que los primeros desplazamientos se
producen en las décadas de 1920 y 1930, cuando se abandonan las
zonas rurales para pasar a habitar la ciudad de Lima y las capitales
de provincia. Desde 1950 el proceso se acelera, como resultado de
la crisis del modelo económico dominado por la oligarquía y sus
métodos feudales y el surgimiento de la burguesía capitalista. En es-
te momento se conforman poblaciones periféricas, las “barriadas” o
“Pueblos Jóvenes”, cuyos habitantes inician a través de la denomi-
nada “cultura informal” un trabajoso movimiento de incorporación
a los sectores educativos, burocráticos e industriales de los centros
urbanos –Lima, Arequipa o Trujillo–, o bien transforman brusca-
mente con su presencia pequeñas aldeas o poblados.
Pero es a partir de los años 80 cuando los migrantes atraviesan
las fronteras nacionales, como consecuencia de la guerra interna
desatada en los Andes peruanos y las crisis económicas de los países
de la región. Este último tipo de migración de carácter transnacional
conforma actualmente lo que Ulises J. Zevallos-Aguilar denomina el
“archipiélago cultural andino” (101). Señala este estudioso que los
flujos migratorios se dirigen principalmente a países del hemisferio
norte como Estados Unidos y Canadá; también a algunas naciones
europeas y Japón y a países sudamericanos como la Argentina, Chi-
le, Colombia y Venezuela.
Han transcurrido casi cien años desde aquellos primeros despla-
zamientos andinos. El desarraigo, el desconcierto, el agudo racismo
de la sociedad criolla hacia indios, cholos y mestizos no ha logrado,

2
Citamos las esclarecedoras palabras de Rolena Adorno: “Quiero plantear
aquí algo que compagina con nuestra pasión por el presente. Quiero pensar en
migraciones e inmigraciones, en ficciones y falsificaciones. Mi hipótesis es que
las inmigraciones al exterior y las migraciones internas definen la experiencia y
el legado coloniales y producen variantes significativas hasta el presente. Me
explico: el colonizador, antes de ser dueño de nuevas tierras, es en primer lugar
inmigrante. Me refiero igualmente a las colonizaciones precolombinas, entre los
pueblos americanos, como a las colonizaciones europeas en todas partes del
mundo” (15).
EL SUJETO MIGRANTE Y … UNA HISTORIA CULTURAL ALTERNATIVA 35

sin embargo, detener las migraciones. La Lima Metropolitana es una


prueba concreta de cómo las gentes se fueron organizando y trans-
formaron inmensos arenales y cerros en barriadas que cuentan con
centros de salud y con escuelas, con clubes y organizaciones cultura-
les que recrean permanentemente las antiguas tradiciones, porque se
trata de un legado concebido en términos identitarios, una herencia
que redefine a la comunidad en un espacio diferente.
Un abanico de problemáticas refieren a identidades tan dinámi-
cas como las de los migrantes. Así, por ejemplo, los efectos que
produce en los individuos el parcial abandono de la lengua madre y
la adaptación a la lengua de la cultura que los recibe y que puede ca-
racterizarse como una situación de “diglosia cultural” 3. O bien las
modificaciones advertibles en un eje diacrónico, cuando ya no se
trata de un solo sujeto que realiza su periplo sin ataduras familiares,
sino de un grupo de sujetos que nucleados en el nuevo ámbito atra-
viesan diferentes experiencias de acuerdo con su edad y expectati-
vas. Nos referimos tanto al migrante que inicia la traslación fincan-
do su proyecto vital en el reencuentro futuro con su grupo de per-
tenencia, cuanto a los sujetos nacidos en el espacio de arribo y en
dominio de al menos dos lenguas, que se reponen en circunstancias
enunciativas diversas para obtener un máximo beneficio existencial.
Otra cuestión refiere a qué tradición o qué memoria elige cada quién
de su primitivo entorno cultural, puesto que al recrearla el sujeto de-
linea en buena medida su identidad en función de ese relato y no de
otro. Desde luego no son decisiones conscientes, sino opciones que
se presentan ante nuevos desafíos; ellas parecen ampliar su variedad
cuando el migrante abandona el lugar de origen y se instala –con to-
das sus incertidumbres, con todas las respuestas que no le fueron
otorgadas en su momento– en el espacio de llegada.

3. El sujeto migrante.

En el estudio “Heterogeneidad migrante y crisis del modelo ra-


dial de cultura” (1998), Raúl Bueno se propone mostrar un ángulo
novedoso del fenómeno de las migraciones masivas del campo a las
ciudades. En efecto, encuentra en esos sujetos que convocaron las

3
Martín Lienhard (70), Noriega. Este último toma de Luis E. López el tér-
mino “diglosia” para remitir al mismo fenómeno.
36 ELENA ALTUNA

últimas reflexiones de Antonio Cornejo Polar un “modelo alternati-


vo de cultura”, que revierte el modelo radial impuesto en América
desde la conquista, de acuerdo con el cual la cultura se concentraba
en las ciudades y desde ellas debía expandirse a las zonas rurales.
Para dar cuenta de esta dinámica inversa que viene a proponer la
migración, Bueno acude a una genealogía que supo imprimir un se-
llo diferente a las cuestiones propias del continente, así como a no-
ciones fundacionales de los estudios culturales latinoamericanos:
baste nombrar a José Martí y su dicotomía entre el hombre “natu-
ral” y el “libresco”, a la “ciudad letrada” y la expansión liberadora de
los márgenes de Ángel Rama, y las categorías de “heterogeneidad
sociocultural” y “sujeto migrante” de Cornejo Polar. Estas nocio-
nes, entre otras, permiten repensar el impulso centrífugo y hegemó-
nico que impone la lógica radial de la cultura, para ahondar en una
serie de situaciones que cuestionan la tradicional relación ciudad-
campo, así como otras dualidades de peso. Considerada desde esta
perspectiva, se comprende que la migración masiva de campesinos
desde la periferia hacia los centros profundice en aspectos que inci-
den en la heterogeneidad sociocultural de base y discursiva a través
de contactos más cercanos. La sola presencia de sujetos migrantes,
sus transacciones y sociolectos modifican los escenarios ciudadanos,
oponiendo diferentes resistencias al orden urbano clásico.
Cornejo Polar encontró que en los sujetos migrantes primaba un
“discurso descentrado”, que los llevaba a hablar desde varios “luga-
res”. Esos lugares de la memoria tanto referían al “allá-entonces” co-
mo al “aquí-ahora”; por eso los migrantes podían transitar sin las
mediaciones del relato de formación tradicional entre la nostalgia y
el sentimiento de plenitud de quien ha obtenido ciertos logros en su
vida. Lo que el crítico estaba indagando era, en términos de una ma-
yor amplitud hermenéutica, en la fractura de la concepción unitaria
de sujeto (y, de hecho, en las consecuencias de una generalización
del “sujeto latinoamericano”), como anota en Escribir en el aire:
En el fondo, para acortar camino, ¿realmente podemos hablar de un sujeto
latinoamericano único o totalizador? ¿o deberíamos atrevernos a hablar de
un sujeto que efectivamente está hecho de la inestable quiebra e intersec-
ción de muchas identidades disímiles, oscilantes y heteróclitas? Me pregun-
to, entonces, por qué nos resulta tan difícil asumir la hibridez, el abiga-
rramiento, la heterogeneidad del sujeto tal como se configura en nuestro
espacio. Y sólo se me ocurre una respuesta: porque introyectamos como
única legitimidad la imagen monolítica, fuerte e inmodificable del sujeto
EL SUJETO MIGRANTE Y … UNA HISTORIA CULTURAL ALTERNATIVA 37

moderno, en el fondo del yo romántico, y porque nos sentimos en falta,


ante el mundo y ante nosotros, al descubrir que carecemos de una identidad
clara y distinta (21).
Bueno plantea, a propósito de la noción de sujeto migrante, dos
objeciones, que entiende limitantes de las reflexiones de su maestro:
“La primera tiene que ver con una disposición individualizadora del
sujeto migrante a lo meramente lingüístico y aun a lo exclusivamen-
te literario” (“Modernidad alternativa y debate cultural…” 254).
Proponemos centrarnos en este punto y realizar un excurso sobre
José María Arguedas, puesto que es a propósito de esta figura que
Cornejo Polar comienza a indagar en la índole heterogénea de este
sujeto.

4. Migración y cambio social.

La condición, a la vez privilegiada y dramática, de hablante de


quechua y de español, de antropólogo y de escritor, situaba a Ar-
guedas en una posición ideal para captar los cambios producidos en
los Andes a causa de las migraciones. El tema puede seguirse en sus
artículos periodísticos de difusión etnológica, que cubren un exten-
so arco temporal iniciado en 1935 y continuado hasta su muerte4.
Muchos de estos textos están atravesados por la urgencia que emana
de la necesidad de testimoniar los procesos de modernización de los
pueblos andinos, lo que lo obliga a enfrentar la discordancia entre la
irrupción de lo nuevo y la vigencia de las prácticas tradicionales. En
varias oportunidades, Arguedas representa el cambio cultural con la
imagen lograda de la teja y la calamina. El señalamiento de las trans-
formaciones, que no oculta por momentos cierto desasosiego o ex-
trañeza por parte del descriptor, elimina toda posibilidad de consi-
derar ancladas en el pasado a las culturas andinas. Arguedas registra
las contradicciones del momento y a la vez demuestra que los cam-

4
Dos volúmenes iniciales editados por Ángel Rama recogen esa produc-
ción: Formación de una cultura nacional indoamericana (1975) y Señores e indios. Acerca
de la cultura quechua (1976). Años después se publicó Indios, mestizos y señores
(1989) con introducción de Sybila Arredondo, que suma a los veintiún artículos
recopilados en 1976, otros nueve. El más relevante en cuanto al papel del mes-
tizo es, sin duda, “Entre el kechwa y el castellano. La angustia del mestizo”,
publicado en el diario La Prensa de Buenos Aires en 1939.
38 ELENA ALTUNA

bios afectan a una parte del sistema, pero no a la totalidad. Dos ar-
tículos ejemplifican estos aspectos:
En “La danza de los sicuris” (1943) el par memoria/olvido consti-
tuye el eje alrededor del cual se presentan los cambios, producidos
por contacto interétnico. Arguedas observa que mientras el sicuri va
desapareciendo en algunas regiones de la sierra peruana, donde los
indios “han olvidado” su fabricación, sustituyéndolos por instru-
mentos de origen español, ocurre lo contrario en Puno, donde el
instrumento conserva su impronta en fiestas y procesiones. Y desde
Puno se proyectan las danzas y la música del altiplano; las bandas
bajan al Cuzco o a los pueblos de las quebradas para honrar a los
santos patronos, para obtener prestigio en las fiestas y en los agasa-
jos, actuando como embajadores de los indios kollas:
En los últimos años los conjuntos de bailes indios han ido perdiendo su
pureza. La tradición perdió su rigurosa autoridad y surgió una nefasta liber-
tad de mezclar los personajes de unos bailes con los otros. Aunque parezca
contradictorio, el interés demostrado por los turistas y viajeros ha con-
tribuido no poco a esta degeneración de las formas genuinas de las danzas,
por el afán de improvisar y ostentar; por otra parte, la campaña incansable
de los adventistas contra las danzas y fiestas ha contribuido al relajamiento
de las formas puras y antiguas. A esto hay que agregar la influencia de las
carreteras y de la civilización. El indio pierde la mítica conciencia de sus
bailes, se desintegra del contenido religioso y profundo de las danzas, de su
valor ritual; y cuando no ve ya sino la forma externa, trata de acomodarla a
su sentido nuevo de las cosas, vacío, intrascendente y ostentoso, y adultera
los disfraces, mezcla los personajes de las danzas; atenta, con toda la auda-
cia de su inconsciencia, contra las formas esenciales de las antiguas y sagra-
das costumbres y ritos (Señores e indios 14).
Esta especie de mirada desencantada alerta acerca de un fenó-
meno que en esos años se presenta en estado de emergencia. Se tra-
ta de la “descomposición” que produce la migración, pero también
de los factores externos que contribuyen a la pérdida del sentido de
pertenencia originaria: las carreteras y la civilización. Pero algo más
percibe el lector en este artículo; es la búsqueda de expresión de al-
go que todavía no cuaja como estado reconocible y describible en el
marco de ese “sentido nuevo de las cosas”. En el mismo sentido, la
captación de este amasijo sin identidad, como se lee en uno de los
artículos más interesantes de la serie publicada en La Prensa de Bue-
nos Aires: “El valor documental de la fiesta del Señor de la Caña”
(1942).
EL SUJETO MIGRANTE Y … UNA HISTORIA CULTURAL ALTERNATIVA 39

El espacio descrito corresponde a los valles costeños del norte


del Perú; ello significa que “es una fiesta típica de hacienda: fiesta de
peones procedentes de infinidad de pueblos serranos y costeños,
tanto de las ‘lomas’ y de la altura, y gente nacida en el mismo caserío
de la hacienda, propia de ella, sin instinto de su lar nativo” (Señores e
indios 151). La heterogeneidad se presenta en las escenas de un desfi-
le desarrollado por las callejuelas del caserío:
Es una corriente polícroma, frenética, contradictoria e impresionante de
danzarines auténticos e improvisados, de verdaderos conjuntos, venidos del
corazón de la sierra y de torpe gente disfrazada que baila sin ton ni son […]
un gran tumulto informe que danza al compás, cada cual de música distinta,
tocada a todo vuelo o al mismo tiempo en toda clase de instrumentos
indígenas y modernos […] al primer golpe de vista el espectáculo es
desconcertante, un poco absurdo y loco (Señores e indios 151).
La mención a la indiferencia de quienes observan la escena deja
ver la ruptura del clima de los pueblos serranos, que admiran a los
danzantes cuando bailan en las plazas. Arguedas destaca ese rasgo
ante una escena que se reduce a la evocación de lo que fue vivencia
auténtica en el pasado y hoy es
un espectáculo exótico, una caravana advenediza y sin arraigo, un poco ex-
traña incluso para los mismos indios, que contribuyeron a formularla y de
cuyos pueblos de origen fueron copiados o traídos la mayoría de los con-
juntos; porque al haber cambiado de ambiente y de indumentaria y en su
propio modo de vivir, esos indios cambiaron lo suficiente como para ver
un poco azorados esas formas genuinas, las más tangibles en que se mues-
tra la íntima entraña del ser indio, el alma nativa de la que fueron arranca-
dos para ingresar a esta otra multitud de peones, a este otro torrente
igualmente gris y más grande, aunque acaso más seco de espíritu, y en ese
sentido, más pobre (Señores e indios 153).
En buena medida, la descripción de lo que ocurre en el espacio
de la casa-hacienda evoca en el lector algo de ese “hervidero hu-
mano” que años más tarde el escritor observará en el puerto de
Chimbote5. El zorro de arriba y el zorro de abajo (1971) nos proporciona
el calibre de la violencia que entraña todo proceso de migración6. En
5
Algunas reflexiones volcadas en esta sección forman parte de mi artículo
“’De su cuerpo a mi sangre’: relectura del Arguedas etnólogo” (2011).
6
Julio Noriega lo expresa con mayor contundencia: “actualmente millares
de jóvenes migrantes, hombres y mujeres de origen quechua, invaden las gran-
des metrópolis y allí se enmascaran con otras máscaras de identidad aún más
complejas. Estos jóvenes vienen de un mundo en destrucción, violencia y ex-
40 ELENA ALTUNA

el “Segundo Diario” escribe con desasosiego: “Pero ahora no puedo


empalmar el capítulo III de la nueva novela, porque me enardece y
no entiendo a fondo lo que está pasando en Chimbote y en el mun-
do. [...] Sí, pues. Creo no conocer bien las ciudades y estoy escri-
biendo sobre una. Pero qué ciudad? ¡Chimbote, Chimbote, Chim-
bote!” (El zorro… 89 y 91). En efecto, tiempo después de que tuvie-
se lugar el encuentro de científicos sociales y críticos literarios en
junio de 1965 en el IEP, y a pesar de la incomprensión que percibió
esa tarde hacia su obra (Espezúa Salmón), Arguedas había presenta-
do a la Universidad Agraria, donde trabajaba, el “Proyecto de Estu-
dio en Chimbote sobre Migraciones y Relaciones entre la Población
de la Sierra y de la Costa”.
El proyecto de José María Arguedas, gestado en el seno de la
tremenda inestabilidad emocional que lo fisura, se lleva a cabo y re-
viste las notas de “una moderna etnografía urbana” (Monte Alto
80). Chimbote, el puerto de pesca de anchovetas más grande del Pe-
rú y del mundo, concentra, por la década del 60, una inmigración de
múltiples proveniencias, que va poblando desordenadamente los
arenales de barriadas precarias.
¿Cómo se otorga forma novelística a este producto de la moder-
nidad que representa Chimbote, su organización económica, política
y social, la circulación del dinero, las mafias, la llegada de migrantes
que, a esas alturas, se deben contentar con trabajos eventuales; en
fin, cómo surge una nueva e inestable identidad “barrial”? Para tra-
tar estos temas, Arguedas acude a dos personajes: el jefe de planta
de la fábrica de harina de pescado y un joven “visitante”, un interpe-
lador risueño y enigmático –un zorro–, a quien aquel explica de qué
modo se manipula a los obreros: “Entonces ‘calculamos y dijimos’:
los criollos son todavía más ansiosos de vicios que los serranos. Son
como yo, pero no tienen frenos. A los pobrecitos serranos les ha-
remos enseñar a nadar, a pescar. Les pagaremos unos cientos y has-
ta miles de soles y ¡carajete! Como no saben tener tanta plata, tam-
bién les haremos gastar en borracheras y después en putas y tam-
bién en hacer sus casitas propias que tanto adoran estos pobrecitos”
(El zorro… 103). Estas palabras dejan ver la mezcla de desprecio y

trema pobreza en ciertas zonas, de un mundo como el andino donde para algu-
nos, ya sea por razones sociales, familiares o íntimas, no hay otra alternativa
más que morir o partir a tierras desconocidas” (53).
EL SUJETO MIGRANTE Y … UNA HISTORIA CULTURAL ALTERNATIVA 41

condescendencia con que son considerados y tratados los serranos


en el nuevo espacio; la inversión de los valores tradicionales de los
pueblos andinos se produce por un nuevo factor de presión: ya no
los hacendados, sino los industriales, las grandes compañías interna-
cionales, deforman la faz indígena del Perú.
La otra cuestión –cómo se conforma una nueva identidad luego
de la migración–se noveliza a través del personaje de Balazar, presi-
dente de la barriada de San Pedro, quien ha alcanzado popularidad
entre los vecinos debido a su mejor conocimiento del castellano,
lengua de prestigio incorporada a retazos en un proceso del que no
está exenta la violencia, si se atiende al hecho de que se migra desde
un espacio no prestigioso. En el afán de incorporarse socialmente,
Balazar acude a cultismos o a términos a los que atribuye un signifi-
cado distinto, basándose en su sonoridad, e interpola en el caste-
llano adaptado giros que responden al patrón sintáctico quechua.
Ese pastiche de lenguas revela su trabajosa internalización en el pa-
saje espasmódico donde el “yo” que enuncia es, a la vez, un “noso-
tros” y un “él”:
Desde el discurso que pronunció en el nuevo cementerio para pobres, fe-
lizmente “habelitado” allí, al pie del médano de San Pedro, él creía haber
progresado mucho en los manejos del “política actuación”, y de la “labia
contundencia”. “Yo, quizás –pensó; ya no podía pensar en quechua– puede
ser capaz, en su exestencia de mí, no seré ya forastero en este país tierra
donde hemos nacido. Premera vez e premera persona colmina ese hazaña
defícil en so vida exestencia” (El zorro… 237-238).
La reflexión del personaje expresa la pérdida de un sentido de te-
rritorialidad tradicional y la formación en ciernes de una “pertenen-
cia”, a través de una lengua forzada a dar de sí lo que el vocabulario
(ausente) no provee. No obstante, es ésta la misma lengua que per-
mite decir la esperanza que anima a los pobladores y su deseo de
emergencia. De este modo, puede considerarse que uno de los lo-
gros mayores de El zorro de arriba y el zorro de abajo radica en la pre-
sentación de una situación casi sin desarrollo, un estado existencial
irresuelto, una densa espera.
Retornando ahora a la primera observación de Raúl Bueno res-
pecto del sujeto heterogéneo y migrante, entendemos que las refle-
xiones de Cornejo Polar no podían sino haber seguido ese derrote-
ro. Desde el estudio integral Los universos narrativos de José María Ar-
guedas (1973) el crítico ya repara en las modulaciones que ofrecen las
42 ELENA ALTUNA

figuras del huérfano, el viajero, el forastero –y sus mecanismos de per-


cepción, esos que remiten al descentramiento del sujeto al plantear
una crisis en el sistema de significatividades–. De otro lado, si no
hubiese señalado los dos fenómenos definitorios del siglo XX: la
violencia y la migración (“Condición migrante e intertextualidad
multicultural: el caso de Arguedas” 103), podríamos no haber arri-
bado a la figura del migrante, en los términos en que la transforma en
literatura Arguedas. Más aún: sin la mención a don Felipe Guaman
Poma de Ayala y su capítulo “Camina el autor” (ibid. 107), proba-
blemente se hubiese diluido en padroncillos fiscales ese personaje
característico de la situación colonial: el forastero.
En su último artículo, al presentar las oposiciones implícitas en
La tía Julia y el escribidor, en especial la correspondiente a dos ámbi-
tos, la biblioteca y el mercado, observa Cornejo Polar: “el austero
silencio de las salas de lectura y el orden escrupuloso de índices y
catálogos frente al ruido y al caos de la calle-mercado. Más incisiva-
mente aún: la biblioteca es el espacio de la escritura y su entorno
popular-migrante el de la voz, lo que adquiere una dimensión adi-
cional si queda claro –como es obvio– que allá prima el español y
aquí el de la voz y aquí ‘no era raro […] oír hablar en quechua’”
(“Una heterogeneidad no dialéctica: sujeto y discurso migrantes en
el Perú moderno” 838). Estas palabras no dejan dudas respecto de
esa marca que Bueno encuentra en el universo semiótico notoria-
mente más complejo de los migrantes, compelidos a desplazarse por
el ámbito del ruido y el caos de la calle o el mercado, donde por
fuerza se imponen signos no verbales. También allí se agudiza la
“condición plural” del sujeto migrante, “un sujeto esencialmente co-
lectivo” (“Heterogeneidad migrante…” 255) que, como observa
Bueno, no podría realizar en soledad acciones como “migrar, des-
bordar, invadir, fundar, urbanizar y repoblar” (“Heterogeneidad mi-
grante…” 255).
Esta última observación nos conduce a un tipo de textos relati-
vamente novedoso y eficaz para dar cuenta de esas acciones: el tes-
timonio. Cornejo Polar alcanzó a ocuparse de este género en los ar-
tículos de 1995 y 1996, al indagar en la migración y la raigal hetero-
geneidad que atraviesa los discursos que dan cuenta de esta expe-
riencia. Sin embargo, en Escribir en el aire (1994) dedica el segmento
titulado “Las voces subterráneas” a comentar el traspaso de las ca-
pas medias como productores culturales característicos de mediados
EL SUJETO MIGRANTE Y … UNA HISTORIA CULTURAL ALTERNATIVA 43

del siglo XX a las clases populares. Toma como ejemplos (muy di-
versos entre sí) los testimonios de Domitila Barrios de Chungara y
de Gregorio Condori Mamani (y su mujer, Asunta). Entiendo que es
en la confrontación entre la obra de Arguedas y los testimonios ac-
tuales donde Cornejo Polar vislumbra una radical diferencia: “La
colectivización del sujeto, entonces, tiene un signo muy distinto aquí
que en la obra de Arguedas: en ésta la socialización del sujeto lo fi-
sura y pluraliza, dramatizando su constitución, mientras que en el
testimonio el sujeto es una instancia englobante, sintetizadora, que
discurre más bien por las rutas de los himnos proletarios” (Escribir
en el aire 224).
Retornemos ahora al artículo de Raúl Bueno. Sostengo que de
las dos indagaciones referidas a las categorías elaboradas por Anto-
nio Cornejo Polar, la segunda es la de mayor peso en cuanto a las
posibilidades de abordar múltiples textos heterogéneos. Ella radica
en el carácter “heterogeneizante” del sujeto migrante, en consonan-
cia con la índole colectiva que le adjudica. Dice Bueno:
Propongo también entender al sujeto migrante no sólo como heterogéneo
sino como heterogeneizante, porque impulsa las distintas heterogeneidades
periféricas hacia los centros de América Latina, donde, adensadas, se encar-
gan ellas de destacar la heterogeneidad de más bulto: la que opone las cultu-
ras aborígenes e indomestizas a las culturas occidental y occidentalizadas.
Es decir, porque pone de relieve los extremos y el amplio espectro de ten-
siones de la heterogeneidad, y trae al canto un inequívoco argumento de
cambio político y social (“Heterogeneidad migrante…” 255).
Es, pues, este desplazamiento del sujeto migrante con sus urgen-
cias lo que permite comprender su calidad heterogeneizante, al con-
tribuir en tanto sujeto colectivo a promover las periferias en las ur-
bes latinoamericanas. Esta “performatividad” de los migrantes no
sólo presiona sobre la ciudad letrada por medio de acciones no re-
glamentadas (como ocupar terrenos fiscales), sino que también re-
crea tipos específicos de formas de comercio (el caso de “La Salada”
en Buenos Aires) o introduce sus cultos originarios sin propiciar el
sincretismo. Otro aporte de Raúl Bueno que se enhebra perfecta-
mente con la serie de desplazamientos planteados consiste en la no-
ción de “ciudad migrante” o “ciudad alternativa”. Pues, en efecto,
en el momento en que el modelo radial de cultura se descentra o se
diluye se produce un movimiento constante en las ciudades. No só-
lo porque la modernidad alternativa alteró y transformó los rostros
44 ELENA ALTUNA

urbanos, sino porque los migrantes lograron a fuerza del trabajo te-
sonero y comunitario transformar –ellos también– esos rostros. Es-
to significa que procesos que décadas atrás se realizaban en tiempos
largos, hoy requieren de periodos muy breves.
Las derivaciones de este segundo aporte enriquecen el proyecto
de la historia cultural alternativa, al producir desplazamientos entre
lo que fue el ámbito primero de la heterogeneidad sociocultural: el
campo o las regiones aisladas y este nuevo emplazamiento en las
urbes latinoamericanas.

5. Los discursos de la ciudad.

Impactantes, por la amplitud del fenómeno, son los testimonios


que giran alrededor de la transformación de Lima, a propósito de la
migración masiva de serranos. Algunos títulos revelan la tensión en-
tre dos términos: la ciudad y los migrantes. Es el caso de Habla la
ciudad, de varios autores, editado por la Universidad de San Marcos
y la Municipalidad de Lima en 1986. También de Taquile en Lima.
Siete familias cuentan..., de José Matos Mar, publicado por la
UNESCO y el Banco Internacional del Perú en 1986, así como del
más reciente y excepcional libro de Víctor Vich, El discurso de la calle.
Los cómicos ambulantes y las tensiones de la modernidad en el Perú, del 2001.
En este libro, Vich se interpela a sí mismo como investigador,
relata su propio itinerario por Lima, su amistad con los cómicos
ambulantes y el descubrimiento de los mensajes que trasmiten en
sus performances. Los textos recopilados dialogan con la interpreta-
ción que realiza Vich en función de cómo estos ex migrantes gene-
ran un discurso de resistencia, de tácticas de inserción en la socie-
dad, de estrategias para sobrevivir en un medio y un oficio cargados
de altibajos, de su capacidad de organización y también de adapta-
ción a las situaciones cambiantes de la vida en Lima. Varios precon-
ceptos son desconstruidos en El discurso de la calle. Entre los de más
peso, señalo éste:
En conclusión, la modernidad no es aquí un discurso negado ni mucho
menos que se pretenda evadir proponiendo una alternativa radical, extrema
y autónoma [...] Como lo demuestran las performances que he analizado, el
proyecto de la modernidad tiene que ser visto como parte integral de las
dinámicas de la cultura latinoamericana y no como una fuerza extraña a ella
[...] Por ello, para los sectores populares, se trata de utilizar algunas her-
ramientas de la modernidad pero intentando combinarlas con elementos
EL SUJETO MIGRANTE Y … UNA HISTORIA CULTURAL ALTERNATIVA 45

que vienen de distintos órdenes culturales y de esa “heterogeneidad mul-


titemporal” que es característica de la identidad latinoamericana (Vich 64).
El autor considera que la migración andina hacia las ciudades es
un acto de modernización que recoge “fragmentos” (o residuos) de
valores culturales de varios sistemas y que supone la construcción
de identidades grupales complejas; así, por ejemplo, el “progreso”
no es entendido desde un individualismo neoliberal, sino como un
sentimiento de solidaridad con raíces en la reciprocidad andina y
con lazos parentales o de paisanaje. En el mismo sentido, el acceso
a la cultura “letrada” puede ser una opción dable, pero no es la úni-
ca, como sostiene uno de los cómicos ambulantes al afirmar el co-
nocimiento aprendido en la “universidad de la calle”. En suma, se
trata de un discurso menos sujeto al disciplinamiento de las institu-
ciones. Señala Vich:
la complejidad de este discurso radica en que todas las dicotomías que re-
presenta (antes/ahora, aquí/allá, oralidad/escritura, costa/sierra, español/quechua,
biblioteca/calle, etc.) se asocian más con la reproducción de un discurso social
letrado que con prácticas personales, nada excluyentes, de un sujeto que las
maneja simultáneamente, no en síntesis, no sin tensión, con un discurso a-
biertamente político y mostrando el espesor de una densa capa de significa-
dos (Vich 87-88).
La heterogeneidad de mundo, aquella que exponía a una comu-
nidad a su desaparición, hoy se ve reducida por la experiencia de vi-
da en un Pueblo Joven, donde confluyen gentes de todas partes. Pa-
ra algunos migrantes la barriada es el destino final. Para otros, el
proceso se reinicia cuando emerge el deseo de retorno al lugar de
origen, ya transformado por acción de los propios migrantes. Son,
como se advierte, “sujetos heterogéneos y heterogeneizantes”. El
retorno no se proyecta como una utopía pues, en la mayoría de los
casos, los viajes periódicos, las visitas de los familiares, han ido dan-
do cuenta de los cambios ocurridos en la comunidad, de la que na-
die espera que permanezca cristalizada en el tiempo. Julio Noriega
Bernuy ha observado a propósito de este tipo de migración que un
sector ingresó casi clandestinamente al mundo letrado:
Dejando de ser personajes estereotipados o simplemente motivos noveles-
cos, los viajeros quechuas en la ciudad se convierten en productores literar-
ios […] Los que se valen de […] intermediarios o escribientes en la escritu-
ra de sus textos –testimonios– son en su mayoría analfabetos, contadores
de experiencias heroicas y trasmisores que reactualizan viejos mitos y
leyendas orales quechuas. En cambio, aquellos que lograron educarse bajo
46 ELENA ALTUNA

el modelo occidental –el único, en realidad– escriben poesías en quechua,


adaptando el alfabeto español y, no pocas veces, alterando o transgrediendo
las normas del sistema de escritura occidental de acuerdo con sus nece-
sidades y las exigencias del idioma nativo (Noriega 314).
6. Identidades recientes.

En la actualidad, tres millones de peruanos residen en el extran-


jero. Argentina, Chile, Colombia, Venezuela, Estados Unidos, Ca-
nadá, algunos países europeos y Japón son elegidos como destinos
por ciudadanos pobres o de clase baja en procura de trabajo, de me-
joras materiales y escolarización para sus familias. Ulises Juan Zeva-
llos-Aguilar señala que esta última ola migratoria asume orgullosa-
mente una identidad cultural indígena o indigenizada. La asunción
consciente de una identidad (y no su imposición por parte de otros)
se manifiesta en las prácticas culturales y en los discursos.
Así, hay quienes acuden al discurso incaísta, rechazando el califi-
cativo de “indios”; otros prefieren centrarse en la multiculturalidad
que transita por el bilingüismo (quechua y castellano) o por una tri-
culturalidad en quechua, castellano e inglés, estableciendo paralelos
entre sus vidas y las de su héroe cultural José María Arguedas. Un
tercer grupo se autorrepresenta a través de sus etnicidades locales y
un cuarto grupo asume y practica la cultura andina recién cuando se
establece en el extranjero. Las prácticas sociales de la familia exten-
dida y las relaciones comunitarias contribuyen a una rápida y mejor
inserción en el extranjero. Liberados del racismo que los estigmati-
zaba como “indios” en sus países de origen, transitan con mayor
libertad en sociedades más cosmopolitas. De esta manera, hallamos
un novedoso proceso de “reandinización” en lo que Zevallos-
Aguilar propone denominar el “archipiélago cultural andino”
(2000). Si bien estos migrantes suelen escribir sus propios testimo-
nios (el caso de Fredy Roncalla y sus Escritos mitimaes. Hacia una poéti-
ca andina postmoderna), la tendencia de esta cultura andina masiva es
“cada vez menos literaria y cada vez más audiovisual”, tal como
puede advertirse en el campo de las dinámicas transnacionales de la
más reciente migración.
Un elemento que parece haber alterado el formato clásico del
testimonio es la desaparición del “traductor” o mediador entre la
oralidad y la escritura. Hoy es más fácil, en correspondencia con las
ventajas que brinda internet y con la asunción orgullosa de la identi-
EL SUJETO MIGRANTE Y … UNA HISTORIA CULTURAL ALTERNATIVA 47

dad, que sea el propio migrante quien ofrezca un testimonio de su


vida. Lo que nos llevaría a preguntarnos por el destino futuro del
“testimonio” etnográfico.
Este somero recorrido da cuenta, finalmente, de cómo Raúl
Bueno nos ha enseñado a buscar los indicios de esa “historia cultu-
ral alternativa” a través de su propio quehacer, pues recupera una
fructífera tradición y cada tanto vuelve sobre los críticos que aposta-
ron a una historia de raigambre latinoamericana. En un segundo
sentido, no trata de agotar un catálogo de nombres y de categorías,
sino de rever y volver a pensar en ellas, adecuándolas a las urgencias
del momento en el continente. Por último, nos incita a pensar en
qué medida esta historia cultural puede ser alternativa a otras histo-
rias de cuño tradicional. Tal vez porque Raúl Bueno tiene la secreta
esperanza de que aprendamos a diferenciar entre escribir sobre y desde
América Latina.

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Roncalla, Freddy. Escritos mitimaes. Hacia una poética andina postmoderna. New
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Vich, Víctor. El discurso de la calle. Los cómicos ambulantes y las tensiones de la moderni-
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Zevallos-Aguilar, Ulises Juan. “Hacia una topografía del archipiélago cultural
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ARGOS AREQUIPENSIS. LIBRO DE HOMENAJE A RAÚL BUENO CHÁVEZ
Boston: RCLL, CELACP y Latinoamericana Editores, 2014, pp. 49-69

INGREDIENTES PARA PREPARAR UN SABROSO AJIACO


CONCEPTUAL SEGÚN LA RECETA DE RAÚL BUENO1

Dorian Espezúa Salmón


Universidad Nacional Mayor de San Marcos

Basado en un corpus constituido por todos los libros publicados,


que reúnen la casi totalidad de su producción intelectual, vamos a
intentar mostrar un derrotero más o menos coherente sobre las
preocupaciones y propuestas del crítico peruano Raúl Bueno Chá-
vez. Para cumplir con lo propuesto voy a utilizar una metáfora gas-
tronómica que hace alusión al modo en que debemos preparar
nuestro “ajiaco conceptual”. Que sea el propio Raúl Bueno quien
nos introduzca al tema a través de una cita extraída de su libro La
falacia de las metáforas de cultura en la literatura latinoamericana (2010):
“los mejores de entre nosotros están cocinando su gran ajiaco con-
ceptual, en la diversidad de heterogéneos ingredientes ya están en
franco y productivo proceso de asociación, incluso de transcultura-
ción, para dar cuenta de la vastedad y riqueza de nuestro complejo
horizonte cultural” (54). La cita concuerda plenamente con el pro-
yecto de autonomía intelectual impulsado por Antonio Cornejo Po-
lar que augura un tiempo en el que podamos pensarnos a nosotros
mismos con conceptos, metáforas y categorías preparadas aquí no
sólo con ingredientes propios. Pero no es fácil guisar el ajiaco con-
ceptual y no cualquiera puede hacerlo porque se requiere explicar
quiénes y por qué son los encargados de la preparación, quiénes y
por qué son los proveedores de los ingredientes que vienen priorita-
riamente de nuestras chacras, quiénes y por qué serán los comensa-
les de tan apetitoso manjar; demanda también conocer cómo se se-

1
Este artículo está basado en las conversaciones que tuve con los estudian-
tes de literatura inscritos en el curso de Seminario de Literatura Peruana I dic-
tado en el primer semestre del 2014 en la Universidad Nacional Federico Villa-
rreal. Debo a todos y cada uno de ellos un especial agradecimiento.
50 DORIAN ESPEZÚA SALMÓN

leccionarán y mezclarán los ingredientes y cuál será el procedimien-


to para darle su sabor único e inconfundible; se necesita saber con
urgencia cuándo y dónde se cocinará nuestra vianda y cuándo estará
en su punto y listo para ser devorado; finalmente, requiere que el
cocinero sepa por qué, para qué y para quién prepara tan imprescin-
dible alimento.
No se piense que la producción intelectual de Raúl Bueno resol-
verá todos los interrogantes planteados, pues la tarea de cocinar
nuestro propio aparato teórico-crítico trasciende la actividad de un
solo cocinero. Sin embargo, podemos encontrar en sus textos los
esbozos (ensayos) de una receta para que un día cercano nos poda-
mos sentar entre todos a preparar el ajiaco conceptual que luego se-
rá disfrutado y compartido con todos los que vengan invitados a
nuestra mesa. Empecemos buscando los ingredientes en Metodología
del análisis semiótico (1980), escrito al alimón con Desiderio Blanco.
Este libro pone en jaque la mirada sociológica de los estudios litera-
rios y desactiva los estudios estilísticos y filológicos en el Perú. Por
eso forma parte de los libros que intentan dotar a los estudios litera-
rios de un método “científico” que permita demostrar las opiniones
vertidas sobre los textos en los textos mismos. Antes, Alberto Es-
cobar había planteado un singular método con iguales pretensiones
en su célebre libro La partida inconclusa (1976). Sin embargo, el libro
de coautoría no es el primer texto de estudio y aplicación de la se-
miótica en el Perú dado que esta disciplina, antes fuertemente an-
clada en ambientes académicos cerrados, tiene ya difusores a partir
de los años 70 como Enrique Ballón o José Luis Rivarola. Sí es, sin
lugar a dudas, el libro que más ha difundido la semiótica y el prime-
ro con un claro fin didáctico y divulgador por la exposición, expli-
cación y aplicación didáctica de conceptos, procedimientos y es-
quemas de no fácil comprensión. No se trata de un traspase mecá-
nico y dogmático de procedimientos y esquemas que funcionan
como una plantilla, sino de una adaptación que entra en diálogo con
postulados de otras disciplinas humanísticas con el objetivo de acla-
rar la significación. Aunque en esta primera etapa se propone un
método que prioriza el inmanentismo sobre el contextualismo, se
expone más bien un método heterodoxo que toma en cuenta los
contextos de los textos.
Los coautores tienen muy claro que la metodología está relacio-
nada con la didáctica cuando se trata de hacer fácil lo difícil sin dejar
INGREDIENTES PARA PREPARAR UN SABROSO AJIACO CONCEPTUAL… 51

de ser rigurosos. Bien se puede decir que la complejidad de la se-


miótica está explicada aquí de un modo que puede ser comprendido
por cualquier estudiante que vea en esta disciplina no sólo una prác-
tica que aplica fórmulas, preceptos, esquemas o recetas metodológi-
cas, sino, y sobre todo, un método hipotético deductivo que indaga
en los procesos de significación del discurso. Este claro afán didác-
tico está plasmado en la esquematización del texto dividido, por ra-
zones pedagógicas, en dos partes. La primera corresponde a la ex-
plicación teórica donde se definen, delimitan y precisan los distintos
términos de la semiótica con un lenguaje que transparenta mas no
oscurece la teoría y el texto. En la segunda parte, se presenta la apli-
cación, a través de diferentes ejemplos, de los postulados antes ex-
puestos de manera teórica. Este interés por enseñar y difundir los
desarrollos teórico-metodológicos recientes demuestra que la activi-
dad crítica de Raúl Bueno tiende a impactar en el lector común y no
exclusivamente en el lector académico. La semiótica de corte estruc-
tural aplicada a los estudios literarios ha dado excelentes y alentado-
res resultados pues es, como hemos dicho antes, un método riguro-
so y objetivo que, además, permitió ampliar el corpus de lo que se
entiende por literatura. Por tal motivo, el libro se constituye en el
más importante e influyente manual para el estudio de la semiótica
como disciplina científica en el Perú.
El afán didáctico y la búsqueda del método adecuado para dar
cuenta de la literatura latinoamericana también se puede percibir en
Poesía hispanoamericana de vanguardia. Procedimientos de interpretación tex-
tual (1985) donde se aplica con mucha rigurosidad el instrumental
teórico y metodológico de un estructuralismo heterodoxo (en el que
se combinan postulados de la semiótica, la estilística, la retórica, el
formalismo ruso, el círculo de Praga y la lingüística) a la poesía de
vanguardia con el objetivo de evidenciar la función poética del dis-
curso literario. Pero, si en su primer libro Bueno y Blanco demos-
traron que la semiótica también se podía aplicar al estudio de los mi-
tos, ahora, el interés es probar que la semiótica se puede aprovechar
para el estudio de la poesía en su forma y contenido. En efecto, du-
rante los años 70 y 80, el marco teórico de la semiótica fue utilizado
para dar cuenta básicamente de textos narrativos con importantes
resultados. No es sino hasta la aparición del segundo libro de Bueno
que la poesía también se convierte en objeto de estudio también con
resultados alentadores. Así, este libro, que ofrece una nueva lectura
52 DORIAN ESPEZÚA SALMÓN

de la poesía vanguardista con un método formal que presta más


atención a la estructura del lenguaje poético, es pionero, por ejem-
plo, en el estudio sistemático de los 5 metros de poemas del poeta pu-
neño Carlos Oquendo de Amat. Sin dejar de lado la perspectiva di-
dáctica, y a diferencia del primero, este segundo libro está dirigido a
un público lector más especializado, familiarizado con los postula-
dos de los estudios literarios.
En el segundo libro se encuentra el germen de una de las preo-
cupaciones principales de Raúl Bueno que está relacionada con el
proyecto inconcluso de construir una teoría literaria latinoamericana
que dé cuenta de lo singular, peculiar o único de los discursos lati-
noamericanos que no pueden ser explicados por conceptos y mode-
los nacidos para dar cuenta de la literatura europea: “Ocurre que, así
como la vanguardia latinoamericana comparte algo –en ciertos casos
bastante– con la europea, también tiene mucho de peculiar y único,
mucho de una singularidad que no puede ser asumida por los con-
ceptos y modelos nacidos precisamente de la observación del fenó-
meno europeo” (Poesía hispanoamericana de vanguardia 108). No de
otro modo se debe entender el interés de Bueno por reformular o
ensamblar métodos estructuralistas, pues es éste un primer estadio
en la tarea de construir nuestro propio método y nuestra propia teo-
ría. No obstante –dice Bueno–, nuestra teoría literaria no debe
construirse en oposición a las otras teorías porque de lo que se trata
es de mezclar, combinar, fusionar, fundir, articular o ensamblar los
postulados venidos de otras propuestas teóricas con los postulados
elaborados por nuestros teóricos, surgidos obviamente del estudio
de nuestra literatura. Digamos, para abreviar el asunto, que los in-
gredientes de nuestro ajiaco conceptual no son, ni tienen que ser
todos de origen nativo, pues de hecho utilizamos muchos ingredien-
tes venidos o traídos de otras tradiciones culinarias sin los cuales es
imposible pensar e imaginar nuestro aderezo.
El tercer libro del crítico peruano titulado Escribir en Hispanoamé-
rica. Ensayos sobre teoría y crítica literaria (1991), compuesto por siete
textos que articulan teoría, crítica e historia literaria, se inscribe ple-
namente dentro de la tradición teórico-crítica de la literatura lati-
noamericana y dentro del paradigma texto-contexto. En efecto, la
teoría y la crítica en términos de Bueno deben contribuir al conoci-
miento de la realidad latinoamericana para favorecer su indepen-
dencia. En este sentido, la actividad creativa, donde tanto Borges
INGREDIENTES PARA PREPARAR UN SABROSO AJIACO CONCEPTUAL… 53

como Arguedas contribuyen al conocimiento de la realidad latinoa-


mericana, debe estar en sintonía con la actividad teórico-crítica que
debe tener el mismo fin: “Toda obra literaria producida en Hispa-
noamérica contribuye en menor o mayor grado, explícita o implíci-
tamente, al conocimiento de la realidad hispanoamericana en su he-
terogeneidad cultural e histórico-social” (Escribir en Hispanoamérica
46). La literatura, entonces, no sólo contiene imágenes en las que es
posible reconocer la realidad latinoamericana, sino también concep-
ciones y propuesta ideológicas sobre lo latinoamericano. Se trata de
constatar la existencia de América Latina como una realidad diferen-
te aunque no necesariamente opuesta a la europea; el siguiente paso
será estudiar y conocer dicha realidad de manera que podamos evi-
denciar las peculiaridades de sus manifestaciones literarias para, en
un cuarto momento, proponer un aparato teórico-crítico que dé
cuenta de sus singularidades. Hago notar aquí que todo este plan-
teamiento se hace en periodos en que el pensamiento postmoderno
había casi borrado del mapa el proyecto optimista y la posibilidad de
continuar con nuestro propio metarrelato.
Si tenemos una realidad singular con manifestaciones literarias
únicas, entonces tenemos la imperiosa necesidad de realizar una teo-
ría y crítica literaria contextualizada y comprometida con Latino-
américa que se aleje del pensamiento hegemónico imperante. No se
trata, sin embargo, de cerrarse a los aportes eurocéntricos, sino más
bien de integrarlos en la construcción de herramientas teóricas y
críticas que den cuenta de las particularidades de los discursos
latinoamericanos de modo que salgamos de una incómoda posición
subordinada. Tampoco se trata de borrar, cancelar o dar por
muertos a los aportes del inmanentismo o del contextualismo: “Ni
inmanentista ni trascendente, nuestra critica prefiere hoy vincular
dialécticamente los métodos de ambas corrientes dentro de un mé-
todo analítico-explicativo que restablece el texto literario al texto de
la historia” (Escribir en Hispanoamérica 35). Se trata de tomar en cuen-
ta la situación histórica, social y cultural del texto. Así, Bueno se in-
clina por una propuesta creadora que integre sistemas teóricos y crí-
ticos acordes con la especificidad latinoamericana a partir de la
constatación de que en nuestro quehacer valorativo hay una hege-
monía de métodos y postulados provenientes de Europa y Nortea-
mérica que contribuye a la división entre un canon literario elitista
de corte occidental y un corpus asumido como exótico, folclórico o
54 DORIAN ESPEZÚA SALMÓN

etnológico. En teoría y crítica literaria (para seguir con la metáfora


gastronómica) suele ocurrir lo contrario de lo que pasa en la
tradición culinaria. Así, mientras en la teoría la mayoría consume
postulados transplantados de manera acrítica, en la cocina son una
minoría los que consumen platos de tradiciones culinarias
extranjeras transplantadas en la medida de lo posible respetando su
sazón originaria; mientras en la teoría y crítica la minoría está
inscrita en el proyecto de preparar nuestro ajiaco conceptual, en la
cocina la minoría consume productos enlatados y listos para
servirse. A diferencia de la teoría y crítica literaria, en la cocina la
mayoría, por necesidad o creatividad, experimenta, fusiona o mezcla
ingredientes locales con ingredientes foráneos para crear nuevos y
variados platos.
Es evidente que no existe una teoría literaria latinoamericana
como un organon o conjunto de postulados sistemáticos, pero sí exis-
ten dispersos postulados, categorías, conceptos, propuestas metodo-
lógicas, costruidos por y desde el campo literario latinoamericano.
Estos postulados, sumados a las categorías extranjeras, aplicables a
nuestra literatura, conformarían el esbozo de una teoría literara
latinoamericana. Bueno tiene claro que una teoría literaria latinoa-
mericana debe formular categorías, principios, leyes y métodos que
puedan ser utilizados en otras latitudes de modo que pasen a formar
parte de la teoría literaria general, pues: “Así puede llegar el caso de
un aporte significativo de nuestra parte al campo de la teoría literaria
(general), de tal modo que todo el sistema adquiera –por nuestra in-
tervención, que buscaba sólo hacerse cargo de un sector de la litera-
tura general– una ganancia fenoménica, un nuevo orden y una nue-
va fisonomía histórica” (Escribir en Hispanoamérica 77). La teoría lati-
noamericana existe como una praxis individual más que como un
cuerpo teórico articulado y acabado. Si los ingredientes de nuestra
teoría existen y están dispersos, entonces hay que meterlos en la
misma olla de una buena vez para que se articulen en nuestro ajiaco
conceptual.
¿De dónde “sacar” la teoría literaria latinoamericana y cómo
proceder para evidenciarla? En Promesa y descontento de la modernidad.
Estudios literarios y culturales en América Latina (2010) Bueno propone
un procedimiento inductivo dado que los elementos que componen
una teoría no se inventan ni aparecen de la nada. Por el contrario,
toda teoría es producto de un trabajo sistemático y racional a partir
INGREDIENTES PARA PREPARAR UN SABROSO AJIACO CONCEPTUAL… 55

del cual se extraen sus componentes: “Las teorías de la literatura no


se ‘inventan’. Quiero decir que no son el producto de una racionali-
dad operante en el vacío. Parten de una materialidad objetual y, más
aún, se desprenden de los objetos reales a los que describe concep-
tualmente” (Promesa… 24). Es tarea del teórico hacer evidente e in-
ducir dicha teoría, es decir, concretizar los conceptos, modelos, mé-
todos, que expliquen, describan y representen mejor las literaturas
latinoamericanas. Siguiendo el modelo de Aristóteles, primero hay
que dar cuenta de un corpus representativo sobre el cual hay que
realizar un serio y arduo ejercicio crítico. De lo anterior se deduce
que no existe la teoría literaria latinoamericana porque o hay miedo
a emprender tremenda tarea o porque no hay un trabajo sistemático
de nuestros teóricos ocupados básicamente en la difusión de mode-
los teóricos que vienen de la metrópoli. Sólo de un estudio sistemá-
tico de los discursos latinoamericanos se pueden extraer los concep-
tos, categorías, postulados o métodos que permitan dar cuenta de
un modo más adecuado de los discursos latinoamericanos. No se
puede cocinar el ajiaco conceptual si no se conocen las propiedades
de los ingredientes que vamos a utilizar. Ocurre, sin embargo, que
muchos teóricos desconocen las diversas y múltiples literaturas lati-
noamericanas por lo cual estarían fácticamente imposibilitados para
hacerla. La tarea entonces más que individual deviene en colectiva.
Por otro lado, muchos teóricos carecen de compromiso, de metas,
de criterio, de proyectos por un afán protagónico individual que ha
desplazado a los proyectos compartidos. Bueno hace suyas las refle-
xiones de Fernández Retamar cuando dice que, en los últimos años,
sólo se ha reflexionado, debatido y discutido sin ningún objetivo
claro. En otras palabras, todavía no hemos puesto la olla en el fo-
gón para que allí se cocine nuestro ajiaco conceptual.
Las tareas pendientes para concretizar el proyecto de organiza-
ción de la tan ansiada teoría literaria latinoamericana, en términos de
Bueno son: acopiar, relacionar y sistematizar la información concep-
tual, teórico, epistemológica contenida en el ensayo como género
predilecto en América Latina para dar cuenta de las singularidades
de nuestras literaturas; tomar en cuenta las propuestas de las teorías
literarias generales escritas por latinoamericanos o no que conten-
gan aspectos que pueden ser acondicionados o recuperados; hacer
“decantar la teoría de base que ilustra cada sistema o modelo crítico
56 DORIAN ESPEZÚA SALMÓN

practicado –y aun a veces explicitado– en Nuestra América”2 (Prome-


sa… 101); cuestionar los criterios dominantes de y sobre literatura
que circulan “en el ambiente” que por ejemplo se manifiestan en
categorías y modelos heredados del paradigma literario europeo;
ampliar el canon literario hasta convertirlo en un corpus representa-
tivo de la heterogeneidad de las literaturas latinoamericanas para
pensar modelos que tomen en cuenta las diversas formaciones so-
ciales y culturales; establecer y difundir el material textual base para
el desarrollo de la teoría y critica latinoamericana como lo vienen
haciendo la Fundación Biblioteca Ayacucho o la editorial Casa de
las Américas; dialogar e intercambiar pareceres, criterios, propuestas
a través de revistas especializadas o congresos literarios que difun-
dan sus conclusiones en el ámbito de la región.
Pero si la teoría literaria existe básicamente como praxis cuyos
postulados están dispersos, la crítica literaria también merece
algunas observaciones. Por ejemplo, Bueno se opone a una crítica
elitista que usa un lenguaje complejo, casi hermético, lejos de la
comprensión popular, que privilegia un tipo de literatura escrita,
erudita, ilustre, conónica, considerada “buena literatura” y que ve
con ojos imperiales las manifestaciones literarias populares y margi-
nales. No hay que olvidar que lo más sabroso de nuestra tradición
gastronómica ha salido de la cocina popular. El crítico arequipeño
de origen puneño advierte sobre lo que puede llamarse “latinoa-
mericanismo en inglés” entendido como la excesiva producción de
textos académicos escritos en la lengua del Imperio que sólo consi-
deran a la literatura latinoamericana como materia prima. Es cues-
tionable la actitud del crítico, que cuando compara las literaturas
locales o “provincianas” con la literatura “universal”, contribuye,
casi sin darse cuenta, a reescribir la dominación hegemónica del
canon imperante y a someter los discursos marginales con métodos
y esquemas eurocentricos a pesar de su pretensión de hablar por,
hablar sobre o hablar del subalterno. Bueno también se opone a una
crítica personalista y egoísta que busca beneficios personales con un
afán figurativo que linda con la patería y el compadrazgo. Por el
contrario, hace suyos algunos “llamados” del maestro Antonio Cor-

2
Bueno se refiere aquí a los sistemas críticos elaborados por pocos de nues-
tros estudiosos y no a las propuestas aisladas de conceptos aplicables a casos
particulares que pueden o no adquirir validez más amplia.
INGREDIENTES PARA PREPARAR UN SABROSO AJIACO CONCEPTUAL… 57

nejo Polar que en su texto de Guadalajara propone: romper con el


desinterés y la dejadez de los académicos que no encuentran “bene-
ficioso” realizar estudios de las literaturas amerindias y marginales;
avanzar con el latinoamericanismo sin dejarnos avasallar por la cul-
tura dominante; aprender –y esto es un deber ineludible– las lenguas
aborígenes para comunicarnos con los nativo-hablantes en su pro-
pio código y para no tergiversar el trabajo académico cayendo en los
vicios de la traducción; y promover la formación de intelectuales in-
dígenas que ejerzan su derecho a expresarse en sus propias lenguas.
Raúl Bueno señala los obstáculos que la crítica literaria tiene que
sortear para valorar las obras literarias. En un esquema gradual po-
demos graficar el tema, primero en factores ideológicos que, por
ejemplo, hacen que los críticos del sistema literario “culto” presten
mayor atención a la producción literaria centralista y cosmopolita de
acuerdo con criterios occidentales y que, por lo tanto, marginen o
minusvaloren a las literaturas periféricas. A esto se suma un factor
funcional por el cual la crítica prefiere la cómoda tarea de describir e
interpretar sin valorar: “La función valorativa ha dejado de consti-
tuirse en un discurso específico para quedar implícita en los valores
que resaltan las otras tareas de la crítica” (Escribir en Hispanoamérica
36). En la propuesta de Bueno se puede rastrear un esquema meto-
dológico gradual muy útil para acercarse a un texto literario: lectura,
descripción, interpretación, explicación y valoración. La descripción
da cuenta de los elementos funcionales y constitutivos del texto tan-
to en el plano de la expresión como en el plano del contenido. La
interpretación permite la profundización de las estructuras de senti-
do y en los sistemas que gobiernan la composición de la obra. La
explicación inserta la obra literaria dentro del proceso histórico-
social dado que ningún texto está aislado de la realidad. La valora-
ción permite otorgar un valor a los textos literarios a partir del papel
que cumplen dentro del proceso histórico-social. El valor de un tex-
to estaría dado por su impacto social. Además, está el factor estruc-
tural del sistema educativo que difunde la caduca idea de que hay
valores universales e inamovibles, valores relacionados al canon oc-
cidental, cuando debería difundir, más aún en una realidad hetero-
génea en lenguas y culturas, la apertura al reconocimiento y valora-
ción de las otras literaturas. La crítica ha olvidado su función social
y el impacto efectivo que las obras literarias ejercen en el devenir
histórico y social de los pueblos, pues: “Olvidan también nuestros
58 DORIAN ESPEZÚA SALMÓN

críticos que las obras literarias, aunque de efectos no predecibles


con certeza, suelen tener formidable impacto en el curso de los he-
chos sociales, al extremo de variar sensiblemente, en no pocos ca-
sos, la historia de naciones y países” (Escribir en Hispanoamérica 67).
No se trata de considerar a los textos literarios como simples mani-
festaciones artísticas, sino como textos constructores de ideología,
formadores de la nación, influyentes en la conciencia ciudadana.
Desde su primer libro hay una constante preocupación de Raúl
Bueno por ampliar el corpus literario latinoamericano de modo que
se incluyan las manifestaciones literarias populares y marginales ge-
neralmente estudiadas por disciplinas ajenas al campo literario: “En
Latinoamérica la producción mítica y la literaria popular (mitos, le-
yendas, relatos orales; rituales narrativizados; canciones, refranes,
etc.), de las que hasta hace poco se habían ocupado casi exclusiva-
mente la etnografía, la antropología y el folklore, comienzan a ser
consideradas como parte del fenómeno literario, por ende, como
campo o dominio de los estudios literarios latinoamericanos” (Escri-
bir en Hispanoamérica 27). La ampliación del corpus ha permitido la
extensión de los límites de lo que tradicionalmente se ha entendido
como literatura hasta el punto de que todo discurso puede ser con-
siderado literario, pero ha contribuido también a la pérdida del hori-
zonte estético indispensable para distinguir la paja del trigo. La valo-
ración estética (ciertamente no sólo con criterios o paradigmas eu-
rocéntricos) tiene que ser un criterio prioritario en el momento de
evaluar un texto cualquiera que debe ser complementado con crite-
rios sociales, culturales, étnicos o ideológicos. Esa es la orientación
para no confundir un texto de la cultura con un texto literario aun-
que éste sea también parte de la cultura. La ampliación del corpus es
una tarea inevitable y necesaria, pero eso no nos da derecho a con-
siderar cualquier discurso oral, cualquier performance, toda inscrip-
ción, todo relato como literatura.
Es en Escribir en Hispanoamérica (1991) donde aparece por prime-
ra vez una opinión de lo que posteriormente se llamará estudios cul-
turales que, por lo menos en teoría, constituye un campo de estu-
dios interdisciplinario en el que se cuestiona las relaciones de poder.
El origen de esta preocupación se puede encontrar en su adhesión a
los estudios que vinculan el texto con el contexto que se oponen al
enfoque inmanentista o textualista. Así, los estudios literarios pasan
a vincularse con las otras disciplinas de las humanidades y ciencias
INGREDIENTES PARA PREPARAR UN SABROSO AJIACO CONCEPTUAL… 59

sociales: “Y hasta hay personas e instituciones que, sintiendo el


cambio como una amenaza, defienden la tradición impidiendo lo
que llaman una intromisión de las ciencias sociales […] en el terreno
de las humanidades. Sin embargo, son cada vez más las universida-
des de prestigio de América Latina que incorporan en sus progra-
mas de estudios literarios cursos y aun especialidades dedicados a las
formas antes relegadas” (Escribir en Hispanoamérica 130). En términos
de Bueno no sólo los estudios literarios deben incluir cursos de
ciencias sociales, sino también las ciencias sociales deben incluir ma-
terias de estudios literarios para un mejor conocimiento de la reali-
dad. El riesgo de esta propuesta es que la literatura se diluya o sea
utilizada como pretexto para hablar de algo tan ilimitado como la
cultura. Se trata, entonces, de incorporar postulados y métodos de
otras disciplinas a una disciplina base con todo el rigor disciplinario
necesario. Otros son los estudios culturales que usan todo de cual-
quier modo para producir orgasmos discursivos.
Las opiniones sobre este tema continúan en el cuarto libro titu-
lado Antonio Cornejo Polar y los avatares de la cultura latinoamericana
(2004) donde el crítico peruano, siguiendo la línea de su maestro,
dice: “Para enmarcar mi tarea adelanto que los ee.cc. a que adhiere y
contribuye nuestro autor no discuten las tensiones de los componentes
(de elite, marginales, contestatarios, insurgentes, etc.) al interior de
una cultura, sino la pluralidad de culturas” (Antonio Cornejo Polar y los
avatares… 116). Tenemos entonces una clara diferencia entre los es-
tudios culturales de corte norteamericano que enfocan sus estudios
en los conflictos que se dan al interior de culturas más homogéneas
que heterogéneas desde una posición multiculturalista y los estudios
culturales de filiación latinoamericana que dan cuenta de las relacio-
nes de poder y, por lo tanto, del conflicto entre culturas heterogé-
neas desde una posición intercultural.
De lo anterior se deduce que existe un desarrollo autónomo de
los estudios culturales en Latinoamérica, que se diferencian de los
estudios culturales hegemónicos. En Promesa y descontento de la moder-
nidad (2010), Bueno sostiene que la tradición latinoamericana es más
antigua porque tiene una larga tradición que se remonta al momento
del choque de civilizaciones y siempre ha evidenciado los conflictos
surgidos a partir de ese acontecimiento. Pero, no veo la razón para
denominar estudios culturales a la tradición latinoamericana. Es
como decir que siempre hemos hecho estudios culturales sin darnos
60 DORIAN ESPEZÚA SALMÓN

cuenta de que los hacíamos o, peor aún, que necesitamos el rótulo


para saber que hacemos estudios culturales. Bueno es consciente de
la moda académica culturalista: “Yo no creo que haya ahí realmente
una ruptura epistemológica sino más bien una modificación del campo y
una parcial reformulación del objeto, lo que genera nuevas discipli-
nas sobre lo cultural (la sociología, la antropología y la semiótica
culturales, por ejemplo, más interesados en generalizaciones teóricas
que en análisis en concreto)” (Promesa… 113). Creo, para resumir las
cosas y para sentar posición, que en Latinoamérica tenemos una
tradición, no una moda, de estudios inter-multi-disciplinarios que
no deben vincularse con los estudios culturales, que sí son una mo-
da, aunque se parezcan mucho. Y no deben llamarse estudios cultu-
rales (ningún nombre es gratuito dado que da existencia a la “cosa”)
porque nos colocamos en una posición subordinada reclamando un
nombre que no encaja con lo que venían y vienen haciendo nues-
tros intelectuales. Llamar estudios culturales a nuestra tradición crí-
tica es, en buena cuenta, desmerecerla y minusvalorarla porque nos
inscribimos en una tradición académica hegemónica que no nos co-
rresponde aunque inevitablemente participemos de ella. Si es verdad
que “[…] los ee.cc constituyen una larga tradición en América Lati-
na, que en muchos aspectos, anticipan, rebasan, matizan o diversifi-
can, los programas batientes de la hora” (Promesa… 111), no hay
motivo para inscribirnos en esta “onda intelectual” reciente que se
práctica fuera de Latinoamérica y que responde a una agenda que no
es nuestra. Hay que tomar en cuenta, además, que evaluar nuestra
tradición desde la perspectiva de los estudios culturales, implica evi-
denciar la dependencia y trasplantar modelos teóricos hegemónicos
de modo que podemos entrar en contradicción con el proyecto de
hacer nuestra propia teoría literaria.
Otra de las características del trabajo intelectual de Raúl Bueno
es su capacidad de trabajar en conjunto dejando de lado protago-
nismos personales. Así lo demuestra la escritura compartida de tex-
tos con Desiderio Blanco o Beatriz Pastor. Además, nada le impide
a Bueno reconocer y explicar la valía de la sistemática obra de su
amigo, colega y maestro Antonio Cornejo Polar a quien le ha dedi-
cado un libro que recopila nueve artículos. En efecto, el libro es a la
vez un homenaje al maestro y un medio para valorar en su exacta
dimensión los alcances y propuestas del más importante crítico pe-
ruano. El método crítico de Antonio Cornejo Polar es claramente
INGREDIENTES PARA PREPARAR UN SABROSO AJIACO CONCEPTUAL… 61

opuesto al textualismo extremo pues para él “el texto no sería el re-


sultado de meras operaciones con la palabra, sino del ‘tejido’ de la
palabra con las múltiples hebras de la historia y la cultura. […] ‘leer’
textos no es agotar los mensajes lingüísticos, sino hacer visibles los
sentidos que producen los textos en sus profundas relaciones con la
historia y al cultura que las concierne” (Antonio Cornejo Polar y los ava-
tares… 90). A partir de esta concepción del texto, el método analíti-
co-explicativo-referencial desarrollado para leer las literaturas hete-
rogéneas pasa de ser un procedimiento de lectura a ser un aparato
crítico sistémico aplicable, en la medida de lo posible, a toda mani-
festación discursiva heterogénea.
El crítico arequipeño revisa sesudamente la categoría de sujeto
migrante planteada por Cornejo Polar dada su utilidad para com-
prender lo que ahora se conoce como el síndrome de Odiseo. Así, el
sujeto migrante es producto de los procesos migratorios desde las
periferias hacia los centros metropolitanos y se constituye como un
sujeto que conecta el lugar de origen con el lugar de destino. Este
sujeto se caracteriza por el desarraigo, el descentramiento, la oscila-
ción, el desplazamiento, la inestabilidad, la mirada oblicua. El mi-
grante (no el viajero) se enfrenta al desempleo, la segregación, el ra-
cismo, la falta de oportunidades, la marginación y los retos porque
su desplazamiento es definitivo. Este sujeto produce discursos nue-
vos como el discurso chicha en el caso del Perú. Es necesario recono-
cer aquí que Raúl Bueno es uno de los primeros críticos que recla-
maron la necesidad de estudiar el discurso chicha caracterizado co-
mo antiestético, desterritorializado, genéricamente impuro, marginal
o híbrido. Para abreviar la cuestión, debemos decir que son los suje-
tos migrantes los que están experimentando con los ingredientes de
todas las tradiciones con las que se conectan y están transformando
las cartografías culturales de un modo impredecible.
Sin dejar de tomar en cuenta la noción de totalidad contradicto-
ria también propuesta por Cornejo Polar, Bueno se ocupa minucio-
samente de la heterogeneidad, categoría pensada en un inicio para
dar cuenta del discurso indigenista, que se ha convertido –a decir de
Bueno– en un poderoso recurso conceptual con el que Latinoamé-
rica se interpreta a sí misma. No es posible pensar esta categoría sin
la noción de colisión continua de las matrices culturales que eran ya he-
terogéneas en su composición lingüística, social y cultural. Las fala-
cias de unidad, homogeneidad y quietismo cultural no pueden ser
62 DORIAN ESPEZÚA SALMÓN

aplicadas a las matrices culturales que de ningún modo eran cuerpos


unitarios y coherentes. De modo que la invasión europea acrecienta
y potencia una heterogeneidad ya existente. Bueno hace la necesaria
distinción entre una heterogeneidad de base o del mundo y otra he-
terogeneidad discursiva. No viene al caso explayarnos aquí sobre la
poderosa herramienta conceptual propuesta por Cornejo Polar. Lo
que quiero destacar es la relación estrecha que Bueno establece en-
tre los conceptos de heterogeneidad y transculturación. Aclara, no
obstante, que la transculturación no debe entenderse de manera
acrítica porque las culturas no pueden verse como recipientes llenos
o vacíos que pierden o ganan contenidos, sino como sistemas que
se extienden, aumentan, crecen o decrecen, disminuyen o reducen.
Así, tenemos también dos niveles de transculturación que a saber
son: una transculturación de la materialidad tangible referida al tras-
lado de objetos, tecnologías y costumbres de una cultura a otra y
una transculturación de orden –digamos– discursivo-cultural en el
que se intercambian valores, concepciones, categorías, discursos,
referentes. Las propuestas de Antonio Cornejo Polar y Ángel Rama
no son contradictorias, sino por el contrario son categorías com-
plementarias que deben integrarse a un solo modelo de interpreta-
ción: “Ello no obstante, ambas nociones son complementarias en
no pocas funciones. Dicho in nuce: la heterogeneidad de mundo (no
la discursiva) es condición previa a la transculturación, pues en el
estado virtual de una cultura aislada y homogénea no habría necesi-
dad de ningún intercambio transculturador” (Promesa… 213). De lo
anterior se colige que en el trabajo de Raúl Bueno hay una firme in-
tención de hacer dialogar las diferentes propuestas de intelectuales
provenientes de diferentes regiones y tiempos con el objetivo de
formar un solo sistema conceptual integral.
La permanente referencia a la producción intelectual latinoame-
ricana pone en evidencia que Bueno dialoga permanentemente con
dicha tradición. Esto se demuestra en la revisión crítica de las prin-
cipales categorías planteadas por el latinoamericanismo para dar
cuenta de su complejidad. Estas categorías son evaluadas en sus li-
mitaciones y virtudes. Este es el caso del concepto e ideología del
mestizaje propugnado por Vasconcelos que lleva en su entraña un
claro proyecto homogeneizador. Otro tanto ocurre con el personaje
conceptual Calibán que nos remite inmediatamente a los problemas
y posibilidades de expresión del sujeto latinoamericano. Lo mismo
INGREDIENTES PARA PREPARAR UN SABROSO AJIACO CONCEPTUAL… 63

ocurre con la propuesta de ciudad letrada planteada por Ángel Ra-


ma que tiene como un antecedente directo el libro de José Luis
Romero titulado Latinoamérica: las ciudades y las ideas (1976). A las ciu-
dades hidalgas de indias, las ciudades criollas, las ciudades patricias,
las ciudades burguesas y las ciudades masificadas propuestas por
Romero hay que agregar la ciudad letrada de Rama de donde Bueno
desprende las ciudades real, oral, ideal, utópica, migrante, sumergi-
da, rechazada y alternativa. Para hacer un esquema simple de tanta
complejidad hay que tener en claro que es la ciudad real el lugar del
conflicto caracterizado por la heterogeneidad y las luchas socio-
culturales donde se asientan los migrantes, donde existen los subur-
bios, donde habitan los abyectos. La ciudad letrada es una ciudad
simbólica construida dentro de la ciudad real con tareas específicas
para dominar los diferentes barrios de la ciudad real y los alrededo-
res de la misma. La ciudad letrada necesita construir una nueva ciu-
dad ideal donde la heterogeneidad de la ciudad real termina por di-
luirse a través de un proyecto homogeneizador hasta el punto de
volverse una ciudad utópica. Obviamente a este proyecto de ciudad
se le contrapone una ciudad alternativa. La ciudad oral como con-
traparte de la ciudad letrada tiene sus propios códigos semióticos
(informales o tradicionales) que se contraponen al código de la es-
critura y que responden a una pulsión colectiva y a una epistemolo-
gía distinta.
La ciudad letrada es el lugar desde donde se irradia la civilización
y las normas homogeneizadoras hacia la periferia. Bueno llama a es-
to el “modelo radial” ya en su libro La falacia de las metáforas de cultura
en la literatura latinoamericana (2010) donde explica los proyectos de
construcción de las naciones latinoamericanas que se deshacen del
otro indígena o negro exterminándolo o incluyéndolo dentro de los
proyectos civilizadores. Nuestra ciudad letrada fue creada para re-
producir conocimientos que venían de otras latitudes y todavía no
tenemos la fuerza suficiente para deshacernos de ese designio. En
este mismo libro, Bueno realiza una exploración de las implicancias
significativas de las llamadas “metáforas agrícolas” (transplante, in-
jerto, cosecha) propuestas por Bello, Martí y de Andrade para pen-
sar la cultura latinoamericana. No deja por supuesto de revisar las
propuestas sobre nuestra (in)dependencia intelectual y toda la tradi-
ción de metáforas que funcionan como conceptos o modelos des-
criptivos (abigarramiento, polirritmo, criollización, hibridez, etc.)
64 DORIAN ESPEZÚA SALMÓN

para explicar América Latina. Por lo dicho, es evidente que Bueno


conoce muy bien los beneficios y defectos de todos y cada uno de
los ingredientes necesarios para cocinar nuestro ajiaco conceptual.
El marco general que engloba toda la reflexión de Raúl Bueno
está dado por los procesos de modernidad, modernización y globa-
lización o postmodernidad propios del periodo histórico en el que
se desarrolla su actividad intelectual. Lo que haré en este apartado es
vincular el concepto de heterogeneidad planteado por Cornejo Po-
lar con las reflexiones que sobre la modernidad me han sugerido los
artículos de Bueno para plantear mi propio esquema que indica cua-
tro maneras de entrar en contacto con la modernidad y postmoder-
nidad. Antes es preciso decir que Bueno confronta dos modernida-
des. La primera es la modernidad del llamado primer mundo con las
características que todos conocemos. La otra modernidad, la nues-
tra, es fragmentaria, parcial, polarizada, contradictoria, de resisten-
cia: “Así es como los latinoamericanos nos encontramos en la co-
yuntura de una modernización polarizada, y mostramos la otra faz
de la modernidad: la sucia, la subdesarrollada, la mal desarrollada y
la modernizada desigual y contradictoriamente. La nuestra es, pues,
un modernidad sumergida o de patio trasero, suerte de submoder-
nidad […] o de inframodernidad” (Promesa… 51). En nuestra mo-
dernidad se verifica el fracaso de un modelo que ha hecho de los
ricos más ricos y de los pobres más pobres. El estado de los segun-
dos permite el bienestar de los primeros. Los sectores económicos o
de poder más modernos están rodeados de cinturones de pobreza
extrema. Así es nuestra modernidad de asimétrica y fragmentada
donde la cultura de supervivencia o de vida sólo cubre sus necesi-
dades básicas mientras la otra modernidad, minoritaria y segrega-
cionista, engorda con el trabajo de los de abajo a quienes expulsa de
sus calles alumbradas con luces de neón. En estos barrios exclusivos
(que son la excepción de un paisaje donde falta educación, salud,
trabajo y seguridad), a pesar de los serios intentos por ocultarlo,
muy a menudo irrumpe lo real, es decir, se hacen presentes las pro-
testas de los obreros, aparecen los niños trabajadores, surgen los en-
fermos mendigos, emergen los jubilados como sobrevivientes del
sistema, florecen los comedores populares. Tenemos, para resumir
las cosas, una modernidad aparente o una maquillada. Siguiendo es-
ta orientación, es lógico definir la postmodernidad no como la su-
peración de la modernidad, sino como la revisión del sentido y los
INGREDIENTES PARA PREPARAR UN SABROSO AJIACO CONCEPTUAL… 65

valores de la modernidad o, peor aún, como el perfeccionamiento


de los postulados y objetivos de la modernidad.
Desde el ámbito latinoamericano, el primer modo de enfrentar la
modernidad está dado por lo que yo llamo una homogeneidad homoge-
neizante entendida como una estrategia de supervivencia cultural o
práctica de resistencia, asociada con el fundamentalismo, por la cual
una cultura decide no entrar en contacto con la modernidad por el
temor a que la cultura local termine desapareciendo o diluyéndose
en la vorágine modernizadora. Esta actitud parte de una conciencia
de la asimetría cultural en la que una cultura impone sus paradigmas
frente a otra cultura diferente. No se trata de cerrarse hermética-
mente puesto que el otro está presente siempre aunque sea como
una amenaza, pero se trata de resistir en lo posible al embrujo atra-
yente de una modernidad que nos incluye para luego desaparecer-
nos. Bueno sostiene que se puede ser moderno y étnico al mismo
tiempo y José María Arguedas opinaba que la cultura quechua sub-
siste gracias a su capacidad de cambio y adaptación a lo moderno.
Sin embargo, todos saben que la subsistencia es una cuestión gene-
racional y, por tanto, la desaparición de las culturas minoritarias es
una cuestión de tiempo. En términos generales, son los abuelos los
encargados de mantener las tradiciones culturales y por lo tanto de
oponer resistencia; los jóvenes, en cambio, son más propensos a
transculturarse y asimilarse a los patrones culturales dominantes.
Es cierto que las culturas indígenas han sabido sobrevivir a siglos
de dominación y explotación, pero eso no nos garantiza que conti-
núen sobreviviendo. El costo de esa subsistencia ha sido el cambio,
la transculturación, la hibridez y la modernización. No es nada ca-
sual que el propio Arguedas se haya definido a sí mismo como un
quechua moderno. Como dice bien Bueno: “ninguna cultura, por
más pequeña que sea, se resigna a morir, pues cuando se siente más
amenazada despliega más razones y estrategias de supervivencia”
(Promesa… 91). Toda estrategia de supervivencia cultural, en el esce-
nario de la modernidad, implica una mutación de las culturas. Es
utópico pensar que el indígena americano utilizará estrategias para
su inclusión en el mundo global sin descuidar la defensa de su pa-
trimonio cultural. Los escenarios que nos ofrece la modernidad han
cambiado de modo que los sujetos actuales están siendo arrasados
por los avances tecnológicos, la industria, la banca o los medios de
comunicación. El “genocidio virtual” que aparece en los textos ex-
66 DORIAN ESPEZÚA SALMÓN

presa el deseo de que las razas indeseables sean eliminadas con el


argumento de “mejorar las razas”. Lo mismo podemos decir del
culturicidio virtual que precede al culturicidio real. El avance de la
modernidad está replegando cada vez más a las culturas nativas so-
bre sí mismas. La modernidad expresada en represión y dominación
duradera ha cambiado y seguirá cambiando las culturas hasta el pun-
to de hacerlas perder toda su esencia. Si las oleadas modernizadoras
(que son cada vez más fuertes, penetrantes y dominantes) persisten,
llegará un punto en que las otras culturas desaparecerán y darán pa-
so a un escenario monocultural universal. En otras palabras, desde
esta perspectiva, no hay manera de entrar y salir de la modernidad
como sostiene Néstor García Canclini.
El segundo modo de entrar a la modernidad se da a través de lo
que llamo homogeneidad heterogeneizante, es decir, como el proceso por
el cual la cultura eurocéntrica abre sus fronteras al sujeto migrante
para que este se integre a la cultura dominante o sea asimilado por la
cultura receptora. Esta actitud tolerante (aguantadora, pero no so-
portadora del otro) corresponde con la política multicultural. Sin
embargo, el sujeto invitado a participar de la modernidad nunca será
considerado un ciudadano de primera categoría. En efecto, la mo-
dernidad no puede ser entendida sin tomar en cuenta los procesos
migratorios que son vistos desde el punto de vista de los que reci-
ben a los migrantes y desde el punto de vista de los migrantes que
dejan atrás sus culturas de origen. En este escenario hablamos de
una convivencia conflictiva en la que más se benefician los primeros
que los segundos. Puede aplicarse aquí la dicotomía usada por Raúl
Bueno de sujeto central y sujeto periférico. El primero de ellos criti-
ca una modernidad que se abre al otro desde el centro de poder; el
segundo, lo hace a partir de la marginalidad en la que se ve envuelto.
El sujeto central opina sobre la modernidad desde la posición de
colonizador y desde la comodidad, la ciudadanía y el discurso euro-
céntrico; el segundo lo hace desde la posición del colonizado y des-
de la necesidad, la ilegalidad y la acción. No voy a ejemplificar aquí
la enorme contribución de los migrantes al desarrollo de los países
desde donde se domina a sus lugares de origen.
Una tercera forma de conectarse con la modernidad es el de la
heterogeneidad homogeneizante entendida como la uniformización (o
desaparición) de lo diverso a través de procesos globalizadores. Se
trata de que todos hablemos la misma lengua, pensemos igual, ten-
INGREDIENTES PARA PREPARAR UN SABROSO AJIACO CONCEPTUAL… 67

gamos los mismos gustos y las mismas costumbres y, por lo tanto,


vivamos bajo el mismo esquema aunque con menos dinero. Hay
que recordar que la globalización no tiene una voluntad en sí misma
humanista y solidaria porque, por ejemplo, no se globalizan los sala-
rios ni los derechos de los trabajadores. La idea es que sin moderni-
dad no hay desarrollo y que sin economía neoliberal no hay progre-
so. En otras palabras, la única salida es integrarnos al moderno sis-
tema mundo. El costo: la desaparición de todo pensamiento, acción,
lengua, costumbre que no encaje dentro del paradigma globalizador.
Según esta lógica, las culturas indígenas, locales o populares son un
obstáculo para el desarrollo de la modernidad. Por eso es que, en la
práctica, no se les reconoce derechos elementales. Y no son pocos
los escritores que defienden este paradigma:
El escritor Mario Vargas Llosa, por ejemplo, ve las cosas con un fatalismo
cerrado, y una exacerbada reverencia a la globalización modernizante, uni-
direccional. En referencia concreta a las culturas andinas y amazónicas […]
ha dicho en distintos sitios que a ellas no les queda más remedio que mod-
ernizarse, y modernizarse para él significa transformarse culturalmente, esto
es, dejar de ser lo que son, para entrar en el concierto de la cultura global
(Promesa… 91).
No obstante, Bueno ve un lado positivo en la globalización
cuando dice que: “Esta globalización puede y debe ser –con las es-
trategias de apropiación selectiva que los casos requieran– útil a las
culturas menores del mundo, ayudándolas a defenderse y a desarro-
llarse. Pero no va a homogeneizar el mundo, ni acabar con la plura-
lidad de culturas, ni con sus contradicciones internas o externas”
(Promesa… 209). No puedo dejar de anotar aquí el tono esperanza-
dor e idealista de esta propuesta. Más objetiva es la opinión del críti-
co arequipeño respecto de las estrategias de resistencia cultural aso-
ciadas a la transculturación y la hibridez de las culturas con todas las
consecuencias que estos procesos acarrean.
El cuarto modo encaja con la heterogeneidad heterogeneizante que
obedece a la celebración (y supervivencia) de la diversidad. Este
proyecto corresponde con la política intercultural en la que cada cul-
tura tiene derecho a desarrollar su propia modernidad alternativa. El
proyecto de modernidad latinoamericana necesariamente debe tener
en cuenta nuestra diversidad cultural. No se trata de colaborar con
una modernidad monológica, sino de propiciar nuestra propia mo-
dernidad dialógica y plural. Tampoco se trata de participar o colabo-
68 DORIAN ESPEZÚA SALMÓN

rar con la modernidad central. Se trata de hacer nuestra propia mo-


dernidad y para eso tenemos que, primero, permanecer como cultu-
ras diferentes. El proyecto intercultural implica una democracia cul-
tural donde todas las culturas tienen derecho a la expresión y el
desarrollo. La tarea entonces es conservar las culturas no desde una
posición paternalista, sino desde el fortalecimiento de las propias
culturas:
De lo anterior resulta que las culturas dominadas, como son las del mundo
andino, se debaten entre la conservación y el cambio […] La conservación
busca sortear las amenazas de la aculturación para asegurar la permanencia
y el traslado de valores propios a través del tiempo: permite la existencia de
culturas tradicionales e identidades alternativas (Promesa… 97).
Así, la supervivencia de la cultura andina, por ejemplo, va a de-
pender de su adaptabilidad o de su capacidad para resistir. Las cultu-
ras locales “saben que se puede resistir, y resisten. Una parte sustan-
cial de ellas ya ha sobrevivido, por quinientos años, una primera
globalización genocida, con extirpadores de credos, lenguas, tradi-
ciones, tecnologías, usos y costumbres. Así, podrá sobrevivir esta
nueva onda globalizadora” (Promesa… 100). Este paradigma con-
cuerda con lo que Bueno llama “ecología cultural” que hace alusión
al enorme campo cultural en el que las culturas, que ocupan un lu-
gar, “nicho” o proporción de ese campo, evolucionan constante-
mente haciendo uso de sus estrategias de sobrevivencia. La ecología
cultural no existe sin el denominado equilibrio táctico entendido
como la dependencia mutua de unas y otras culturas que se necesi-
tan para existir.
Pensar la identidad latinoamericana, la independencia intelectual,
la expresión americana, la originalidad o la autonomía es una tarea
declarada desfasada por quienes están encantados de ser reclutas de
la postmodernidad y los procesos globalizadores. Estos críticos sue-
len recomendar restaurantes de comida internacional cuando han
sido criados y alimentados con platos de la cocina popular latinoa-
mericana. Han olvidado lo sabroso que es comer platos preparados
en casa con productos cosechados en nuestras tierras.
Quiero terminar este artículo trayendo a colación la palabra ay-
mara “chuma” que es usada para indicar la falta de sal, de azúcar o
de sabor en algún alimento. Chuma sintetiza todo aquello que sea
insípido. Una crítica chuma es una crítica neutral, aséptica descon-
taminada, no comprometida con los problemas del latinoamerica-
INGREDIENTES PARA PREPARAR UN SABROSO AJIACO CONCEPTUAL… 69

nismo actual; una crítica chuma, sin la sazón de la tradición, es una


crítica no arraigada en una identidad culinaria conceptual; una crítica
chuma es una crítica en la que no reconocemos los ingredientes de
una gastronomía cultural e intelectual sin los cuales sería imposible
cocinar nuestro propio “ajiaco conceptual”.

BIBLIOGRAFÍA CITADA

Bueno Chávez, Raúl, y Desiderio Blanco. Metodología del análisis semiótico. Lima:
Universidad de Lima, 1980.
Bueno Chavez, Raúl. Poesía hispanoamericana de vanguardia. Procedimientos de interpre-
tación textual. Lima: Latinoamericana Editores, 1985.
—. Escribir en Hispanoamérica. Ensayos sobre teoría y crítica literarias. Lima: Latinoa-
mericana Editores, 1991.
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—. Promesa y descontento de la modernidad. Estudios literarios y culturales en América
Latina. Lima: Universidad Ricardo Palma, 2010.
—. La falacia de las metáforas de cultura en la literatura latinoamericana. Lima: Univer-
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Escobar, Alberto. La partida inconclusa o la lectura literaria. Lima: Instituto Nacio-
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Romero, José Luis. Latinoamérica: las ciudades y las ideas [1976]. Medellín: Editorial
Universidad de Antioquia, 1999.
ARGOS AREQUIPENSIS. LIBRO DE HOMENAJE A RAÚL BUENO CHÁVEZ
Boston: RCLL, CELACP y Latinoamericana Editores, 2014, pp. 71-82

LA NOCIÓN DE SISTEMA LITERARIO:


LOS APORTES DE RAÚL BUENO

Carlos García-Bedoya
Universidad Nacional Mayor de San Marcos

1. Introducción.

El presente texto constituye un avance inicial de un proyecto que


aborda la elaboración conceptual de algunas categorías teóricas por
parte de la ciencia literaria de América Latina. Se busca examinar en
particular dos nociones: la de sistema y la de totalidad. La categoría
de sistema ha sido trabajada por autores como el brasileño Antônio
Cândido1, el uruguayo Ángel Rama2 o el peruano Antonio Cornejo
Polar3. La de totalidad ha sido empleada por Rama y principalmente
por Cornejo Polar, que acuñó la noción de totalidad contradictoria4.
Por otra parte, se busca vincular estas propuestas teóricas con las
reflexiones procesadas por teóricos de otras latitudes.
En la introducción a su importante libro Formação da literatura
brasileira; momentos decisivos, Antônio Cândido establece una diferencia
esencial entre manifestaciones literarias aisladas y un sistema lite-
rario orgánico, que involucra no sólo textos, sino también autores,
público, etc., siguiendo un modelo semejante al clásico esquema de
la comunicación elaborado por Jakobson. En un artículo posterior,
“Sistema literario y sistema social en Hispanoamérica”, Ángel Rama,

1
Ver sobre todo la introducción a su Formação da literatura brasileira.
2
“Sistema literario y sistema social en Hispanoamérica”.
3
Véase en especial “El indigenismo y las literaturas heterogéneas: su doble
estatuto socio-cultural” y “Los sistemas literarios como categorías históricas.
Elementos para una discusión hispanoamericana”.
4
Ver sus trabajos “Unidad, pluralidad, totalidad: el corpus de la literatura la-
tinoamericana”, recogido en Sobre literatura y crítica literaria latinoamericanas, y “La
literatura peruana: totalidad contradictoria”.
72 CARLOS GARCÍA-BEDOYA

partiendo implícitamente de los planteamientos de Cândido, entien-


de que toda literatura, concebida como sistema literario, supone una
complejidad interna, un espesor; distingue así diversas secuencias
(de naturaleza diacrónica) y diversas capas (de índole más bien sin-
crónica) al interior del sistema literario. Antonio Cornejo Polar da
un paso más, al entender que una literatura nacional, la peruana en
primera instancia, es una totalidad, internamente conflictiva o con-
tradictoria, conformada por al menos tres sistemas literarios distin-
tos: un sistema de la literatura “culta” (o canónica), otro de la litera-
tura popular y un tercero de las literaturas en lenguas aborígenes.
Estas propuestas evidencian afinidad con los planteamientos teóri-
cos de los formalistas rusos, en especial Jakobson5, Eichembaum6 y
sobre todo Tinianov7. La noción de totalidad contradictoria, pro-
puesta por Cornejo, puede a su vez correlacionarse con la noción de
polisistema trabajada por el teórico israelí Itamar Even-Zohar8.
Cabe además incorporar al debate la noción de campo literario,
desarrollada por Pierre Bourdieu9, que implica la idea de una
autonomía de la actividad literaria y sus diversas instancias.
En esta primera aproximación al tema, quiero partir de algunas
sistematizaciones planteadas por Raúl Bueno, que se entroncan con
las líneas de pensamiento arriba comentadas. Singulariza a Bueno
una acendrada vocación teórica. Cabe destacar la seriedad y el rigor
con que asume el análisis de las categorías y nociones, así como la
claridad y precisión de sus exposiciones. En esto marca un obvio
contraste con los indigestos flujos de galimatías discursivos que cir-
culan con abundancia en algunos medios académicos bajo la deno-
minación notoriamente inadecuada de “teoría”.

5
Ver sus análisis sobre el circuito de la comunicación verbal en Ensayos de
lingüística general.
6
“La teoría del ‘método formal’”.
7
“Sobre la evolución literaria”.
8
“Polysystem Studies”.
9
Véase “El campo literario. Prerrequisitos críticos y principios de método”
y Las reglas del arte. Génesis y estructura del campo literario.
LA NOCIÓN DE SISTEMA LITERARIO: LOS APORTES DE RAÚL BUENO 73

2. El recorrido teórico de Bueno10.

La trayectoria intelectual de Raúl Bueno resulta particularmente


representativa e interesante. En las aulas de la Universidad Nacional
de San Agustín de Arequipa, uno de sus maestros fue el entonces
jovencísimo profesor Antonio Cornejo Polar y por ello Raúl Bueno
gusta proclamarse el primero de los discípulos de Cornejo. Inició
muy pronto su colaboración con el maestro Cornejo Polar y por
ejemplo lo acompañó en la organización del importante y siempre
recordado Primer Encuentro de Narradores Peruanos, realizado en
la blanca ciudad en 1965, con la participación de casi todas las figu-
ras más notables de la narrativa peruana de la época, entre ellos Ciro
Alegría y José María Arguedas. La colaboración intelectual entre es-
tos dos destacados estudiosos de la literatura fue constante desde
esos años aurorales hasta el fallecimiento de Antonio Cornejo Polar
en 1997. En su etapa de formación inicial, gracias en gran medida al
magisterio de Cornejo Polar, Bueno se familiarizó con las corrientes
teóricas entonces en boga, en particular la estilística y la fenomeno-
logía. Luego, sus estudios en Francia le permitieron conocer de
primera mano toda la nueva ola del estructuralismo francés y en
particular adscribirse a los postulados de la escuela semiótica de Pa-
rís que lideraba Algirdas Julien Greimas. A su retorno al Perú, Raúl
Bueno se constituyó en uno de los cultores más representativos de
la entonces novísima ciencia semiótica en el país. Pero para él, y
quizá ése es uno de los rasgos más interesantes de su pensamiento,
la adscripción a los planteamientos de la semiótica no implicó una
cancelación, una ruptura con otras escuelas de pensamiento, ni mu-
cho menos un dogma exclusivo y excluyente. Bueno supo integrar
creativamente el arsenal de la semiótica a su concepción del estudio
de los fenómenos literarios y culturales. Es apoyándose en ese sóli-
do bagaje teórico que Raúl Bueno se inscribe luego con mucha cla-
ridad y entusiasmo en la corriente que juzgo más productiva de los
estudios literarios latinoamericanos, aquella que busca conjugar el
examen riguroso de los textos literarios y la atención igualmente ri-
gurosa a sus contextos culturales y sociales, corriente representada

10
En esta sección se recogen ideas planteadas en mi texto “Semblanza de
Raúl Bueno Chávez”, Revista de Crítica Literaria Latinoamericana 71 (2010): 339-
344.
74 CARLOS GARCÍA-BEDOYA

por grandes figuras intelectuales como el uruguayo Ángel Rama, el


brasileño Antônio Cândido y por cierto el peruano Antonio Corne-
jo Polar. Bueno articula su sólida formación teórica y su conoci-
miento de las diversas escuelas teóricas mundiales con una larga y
fecunda tradición de pensamiento latinoamericano, a cuyo enrique-
cimiento contribuyó así significativamente.
Para apreciar cabalmente este recorrido, vale la pena hacer breve
referencia a dos de sus libros más valiosos, publicados a pocos años
de distancia, y cuyo examen permite rastrear ese tránsito teórico.
Poesía hispanoamericana de vanguardia. Procedimientos de interpretación tex-
tual (1985) es un libro que reúne un conjunto de estudios que abor-
dan textos poéticos de autores de lengua española inscritos en la co-
rriente del vanguardismo literario, como Vallejo, Borges, García
Lorca, Ernesto Cardenal, Pablo Neruda u Oquendo de Amat. Cabe
anotar que, sobre todo por esos años, la semiótica había brindado
frutos importantes en el análisis de textos narrativos, pero no tanto
en el de textos poéticos, por lo que el esfuerzo de Bueno adquiría
una particular relevancia y originalidad. En este importante libro,
Bueno logra con maestría aprovechar de modo productivo y creati-
vo el instrumental teórico y metodológico de la semiótica. Para
Bueno, el enfoque semiótico es mucho más que un simple modelo
que hay que aplicar disciplinadamente. El optar por un modelo o un
enfoque teórico no supone para él una cerrazón frente a otros apor-
tes. Como lo evidencia en sus finos análisis de textos, pero quizá en
particular en las sistematizaciones teóricas introductorias al libro y
en las que acompañan los análisis textuales, Bueno sabe enriquecer
el enfoque semiótico con los aportes procedentes de otros paradig-
mas teóricos, como por ejemplo la estilística, que le brinda instru-
mentos muy adecuados para abordar el análisis del plano de la ex-
presión en la poesía. Bueno opta por un pluralismo metodológico,
que le permite emplear herramientas procedentes de diversas co-
rrientes teóricas, en función de los requerimientos planteados por la
especificidad de los propios poemas, por supuesto velando por el
necesario rigor que posibilite conjugar aportes epistemológicamente
compatibles. Así, además de los de la estilística, aprovecha aportes
de la fenomenología, del formalismo ruso y del estructuralismo
francés, sin olvidar la imprescindible contribución de una disciplina
como la lingüística.
LA NOCIÓN DE SISTEMA LITERARIO: LOS APORTES DE RAÚL BUENO 75

El siguiente libro de Bueno, Escribir en Hispanoamérica. Ensayos so-


bre teoría y crítica literarias (1991), evidencia un giro de gran importan-
cia en su producción intelectual, fruto de esa opción pluralista que
hemos destacado. En efecto, en los estudios que conforman este
libro, se aprecia un deslizamiento, desde el paradigma semiótico y
textualista (aunque por cierto asumido con gran apertura y flexibili-
dad) hacia un paradigma texto-contexto o paradigma sistémico, de
gran influencia en la crítica literaria o más propiamente en la ciencia
de la literatura de América Latina. Pero este tránsito no implica una
renuncia o un abandono de las herramientas semióticas, sino más
bien su integración dentro de esa gran corriente de los estudios lite-
rarios latinoamericanos. Bueno procesa un acucioso balance sobre
el fecundo debate en torno a la posibilidad de una crítica literaria, de
una ciencia literaria latinoamericana autónoma, pero en modo al-
guno autista, señalando los logros, pero también las limitaciones de
ese proyecto intelectual. Bueno contribuye sustantivamente a forta-
lecer ese proyecto autonómico con su característica solvencia teóri-
ca, que le permite respaldar algunas de las propuestas más significa-
tivas de esta corriente de pensamiento latinoamericano con muy di-
versos aportes procedentes de los más variados horizontes de la
teoría literaria mundial.

3. En torno a la noción de sistema.

3.1. El circuito de la comunicación y las funciones del lenguaje.


En su etapa semiótica, y desde un paradigma en principio de
corte más textualista-inmanentista, Bueno desarrolla algunas refle-
xiones teóricas que incidirán en sus posteriores elaboraciones en
torno a la noción de sistema, tal como es manejada por la corriente
teórica latinoamericana a la que luego se adscribirá.
Concretamente, cabe prestar atención a dos calas conceptuales
contenidas en su ya comentado libro Poesía hispanoamericana de van-
guardia. Bueno explicita algunas de las premisas sobre las que basa
su trabajo hermenéutico, en especial en dos momentos: en el
capítulo introductorio “El uso poético del lenguaje” y en el estudio
“El análisis semio-narrativo de textos líricos”. En este último
trabajo, Bueno aplica el modelo semiótico de análisis textual a un
poema de Federico García Lorca y a otro de Ernesto Cardenal. En
los planteamientos introductorios de este trabajo, busca definir el
76 CARLOS GARCÍA-BEDOYA

estatuto poético de la lírica y para ello recurre destacadamente al


esquema jakobsoniano de la comunicación verbal y de las funciones
del lenguaje. El propósito de Bueno es esclarecer la naturaleza auto-
rreferencial de la función poética, componente estructural decisivo
en el tipo de discurso llamado poesía, pero al hacerlo, siguiendo a
Jakobson, pone en evidencia la articulación del texto (el mensaje)
con las otras instancias que articulan el circuito comunicativo: el
destinador, el destinatario, el contacto o canal, el código y el con-
texto11. Con esta precisión nocional, Bueno señala pistas que relati-
vizan cualquier instrumentalización inmanentista del arsenal semió-
tico, al situar al texto en un proceso comunicativo ineludiblemente
social, y al apuntar al vínculo insoslayable del texto con el contexto.
En el capítulo inicial, “El uso poético del lenguaje”, incide
justamente en ese aspecto. Después de analizar la función poética y
de constatar que no existe un “lenguaje poético” distinto del “colo-
quial” u “ordinario”, sino más bien usos poéticos del lenguaje, arri-
ba a la conclusión, entonces quizá polémica, de que la poesía impli-
ca un uso de la función poética que instaura un referente autónomo,
un mundo ficticio12 al que denomina referente interno, en oposición
al referente externo, que es el que remite a la realidad extratextual.
Esta reflexión sobre la noción de referente, y en especial la
distinción entre un referente interno y otro externo resultará clave
en la evolución teórica posterior de Bueno. Así como en esta etapa
inicial, ciertas disquisiciones semióticas se conectan con preocupa-
ciones teóricas posteriores, cabe apreciar cómo más tarde sabrá
aprovechar aportes de la semiótica para desarrollar nuevas líneas de
pensamiento. Es el caso de la noción de referente, que se abordará
inmediatamente, o el uso de herramientas semióticas como el cua-
dro greimasiano de la veridicción, al que recurre en un análisis sobre
Borges13.

11
Una sistematización también elaborada a partir de Jakobson puede en-
contrarse en el trabajo de Even-Zohar “The ‘Literary System” incluido en sus
“Polysystem Studies”.
12
Un enfoque convergente sobre el estatuto ficcional de la poesía es el que
propone Pozuelo Yvancos en “Lírica y ficción”.
13
“Borges: crítica de la modernidad, narrativa postmoderna y desafueros de
la postmodernidad”. En este trabajo, cuyos objetivos están ligados con otra
agenda teórica, Bueno aprovecha el aporte semiótico para esclarecer ciertos
sentidos de los discursos narrativos borgesianos.
LA NOCIÓN DE SISTEMA LITERARIO: LOS APORTES DE RAÚL BUENO 77

3.2. El objeto de estudio y el referente.


Uno de los objetivos teóricos que persigue Bueno en su libro Es-
cribir en Hispanoamérica es arribar a una definición rigurosa del objeto
de estudio de la ciencia literaria latinoamericana: es su particular
contribución a la tarea de redefinir el campo de la literatura latinoa-
mericana, motivo de arduos debates desde los planteamientos ini-
ciales de Roberto Fernández Retamar14. Bueno es muy enfático en
definir a la nuestra como una disciplina científica que apunta a
producir conocimientos sobre la práctica literaria, no exclusiva-
mente sobre los textos literarios: su objeto de estudio consiste en
“la producción de conocimientos que ponen de relieve la relación
entre el texto y la producción social” (Escribir… 30). En las tareas de
estudio del texto, Bueno, siguiendo en especial a Lucien Goldmann
(Para una sociología de la novela), distingue el momento de la inter-
pretación, que “profundiza en las estructuras de sentido y los siste-
mas que gobiernan la composición de la obra” (Escribir… 32), del
momento de la explicación: “una obra es explicada cuando inserta-
mos su todo estructural dentro del proceso histórico-social en que
ella se da” (Escribir… 34)15.
En ese segundo momento resulta imprescindible recurrir a la
noción de referente. Bueno retoma la dimensión autónoma de la
obra literaria, que consiste en la construcción de lo que ha denomi-
nado su referente interno o mundo representado (hoy muchos
preferirían hablar de mundo posible)16, que a su vez remite a un
referente externo. Estas mediaciones resultan clave para entender la

14
Algunos de sus trabajos más importantes fueron recogidos en su libro Pa-
ra una teoría de la literatura hispanoamericana y otras aproximaciones. Unos años des-
pués, Mignolo retomará esos debates desde nuevas perspectivas en el estudio
“Entre el canon y el corpus”.
15
Es interesante anotar que otro importante pensador francés, el filósofo
Paul Ricoeur, maneja una concepción similar, pero usa una terminología dife-
rente: llama explicación al primer momento y comprensión al segundo (véase
su libro Du Texte de l’ action: essais d’ herméneutique II). Bueno destaca un impor-
tante antecedente latinoamericano de este tipo de enfoques: los planteamientos
de Alfonso Reyes en su ensayo “Aristarco o anatomía de la crítica”, incluido en
La experiencia literaria. Añado que Reyes siguió desarrollando esa línea reflexiva
en las páginas que dejó inéditas de sus interesantísimos “Apuntes sobre la cien-
cia de la literatura”.
16
Sobre la noción de mundo posible, ver en especial el libro de Dolezel,
Heterocósmica. Ficción y mundos posibles.
78 CARLOS GARCÍA-BEDOYA

compleja relación de la serie literaria con la serie social. Para Bueno,


tales referentes, tanto el interno como el externo, constituyen
imágenes culturales ideológicas17. Para elaborar esa noción, recurre a
la contribución de la semiótica, pero esta vez no a la que frecuentó
más, la de orientación greimasiana, sino en cambio a la que se inspi-
ra en Peirce y Umberto Eco, reelaborada por Thomas E. Lewis18, en
gesto característico del pluralismo teórico grato a Bueno.
A partir de estas precisiones en torno al objeto de estudio de
nuestra disciplina y en torno a la noción de referente, llega Bueno a
la siguiente conclusión: corresponde a la ciencia de la literatura “in-
vestigar no solamente textos, sino lectores, autores, escritura, lectu-
ra, espacios de referencialidad y otros elementos de lo que se puede
llamar el sistema general de la literatura” (Escribir… 128). Esta
inflexión de los estudios literarios latinoamericanos resulta en su
opinión convergente con el giro procesado a nivel mundial por los
enfoques anti-textualistas o anti-inmanentistas.

3.3. El sujeto migrante: las instancias de la heterogeneidad.


Bueno se ha esforzado con ahínco en afinar la noción de hetero-
geneidad, introducida en los estudios literarios por Antonio Cornejo
Polar. No sólo ha clarificado con notorio acierto la distinción entre
una heterogeneidad de base y una heterogeneidad discursiva, sino
que ha mostrado las articulaciones entre las dinámicas de la hetero-
geneidad y las de la transculturación, a contracorriente de algunos
empeños que buscaban antagonizar estos dos conceptos teóricos19.
Por otra parte, Bueno ha buscado desarrollar otra categoría teó-
rica propuesta por Cornejo Polar, la de sujeto migrante, evidencian-
do una aguda conciencia de las vastas posibilidades heurísticas que
aporta esa noción en un contexto planetario marcado por procesos
de globalización y/o mundialización, en los que las dinámicas mi-

17
Esta distinción entre referente interno y referente externo resulta muy
similar a la que establece Harshaw entre campo de referencia interno y campo
de referencia externo en su conocido trabajo “Ficcionalidad y campos de refe-
rencia. Reflexiones sobre un marco teórico”.
18
Ver su estudio “Hacia una teoría del referente literario”.
19
Ver el estudio “Sobre la heterogeneidad literaria y cultural de América La-
tina”, incluido en su libro Antonio Cornejo Polar y los avatares de la cultura latinoame-
ricana.
LA NOCIÓN DE SISTEMA LITERARIO: LOS APORTES DE RAÚL BUENO 79

gratorias desempeñan un papel de enorme gravitación20. Explica


Bueno con mucho acierto las vinculaciones de esta categoría con el
paradigma de la heterogeneidad, y es en ese marco que pone en jue-
go la noción de sistema, ligándola con la problemática de los estu-
dios culturales, en particular en su vertiente latinoamericana21. Parte
Bueno enfatizando la naturaleza heterogénea del sujeto migrante, ya
puesta de relieve por Cornejo Polar. Mostrando la coherencia de su
personal recorrido teórico, destaca la utilidad imprescindible del
modelo de la comunicación lingüística de Jakobson para entender
las diversas instancias que configuran la heterogeneidad discursiva,
subrayando además que cada una de esas instancias es internamente
heterogénea, como el propio sujeto migrante. En un extenso acápite
del referido estudio, “Surcando heterogeneidades”, examina la con-
dición heterogénea de esas diversas instancias. Aborda primero el
nivel de la referencialidad, apuntando que la función referencial
opera en las literaturas heterogéneas un desdoblamiento que remite
a dos contextos culturales diversos: el contexto de producción del
mensaje y el propio contexto referencial22.
En seguida aborda la heterogeneidad de los códigos, que implica
tanto cruce de lenguas, como el caso del quechua y el español en
Arguedas, pero también, con otros matices, en el Inca Garcilaso, así
como de modo semejante el de variedades dentro de una misma
lengua: cruces dialectales o sociolectales, o fenómenos de diglosia,

20
“Sujeto heterogéneo y migrante. Constitución de una categoría de estu-
dios culturales”, en el ya citado libro Antonio Cornejo Polar y los avatares de la cultu-
ra latinoamericana.
21
Bueno ha dedicado un consistente esfuerzo a destacar la especificidad de
los estudios culturales latinoamericanos y su autonomía –que no excluye el diá-
logo– respecto a los practicados en la academia anglosajona. Véase en especial
su trabajo “Notas sobre los estudios culturales en y sobre América Latina: el
proyecto de Antonio Cornejo Polar”, recopilado en su libro Antonio Cornejo Po-
lar y los avatares de la cultura latinoamericana, o también los estudios “Indagaciones
conceptuales en los estudios literarios y culturales del lado de acá” y “En defen-
sa de una larga tradición intelectual: los estudios culturales de América Latina”,
incluidos en el libro Promesa y descontento de la modernidad.
22
De paso, Bueno clarifica las diferencias entre las nociones de contexto y
referente: “el referente es la parte del contexto a la que expresamente señala el
mensaje mediante su función referencial; el contexto, aunque no directamente
referido por el mensaje, es el conjunto significativo que le da sentido y espesor
semántico al referente” (Antonio Cornejo Polar y los avatares… 42).
80 CARLOS GARCÍA-BEDOYA

sin olvidar los entrecruzamientos de códigos propiamente literarios,


tanto los que proceden de la tradición letrada escrituraria como los
que proceden de las tradiciones populares. Examina luego el medio
o canal, constatando fenómenos de heterogeneidad discursiva en los
que se imbrican oralidad y escritura, como ocurre en la obra de Ar-
guedas, en especial en Los ríos profundos, esa “ópera de pobres”, al
decir de Rama23. Bueno destaca en especial el minucioso análisis que
Cornejo dedica a la “escena primaria”, el famoso diálogo de Caja-
marca, que marcó simbólicamente el encuentro –mejor el desen-
cuentro– entre españoles y andinos24. Pasa después revista a los suje-
tos del discurso, en especial destinador y destinatario (o productor y
receptor), que son heterogéneos no sólo por su adscripción a diver-
sos ámbitos socioculturales, sino que son incluso sujetos interna-
mente escindidos, como es el caso notorio del sujeto migrante.
Concluye Bueno poniendo de relieve la propia heterogeneidad de
los discursos: “Constatar heterogeneidades en todas y cada una de
las instancias del discurso lleva a concebir un modelo en que varios
discursos se cruzan en un mensaje plural” (Antonio Cornejo Polar y los
avatares… 47). El lector atento podrá fácilmente establecer las corre-
laciones entre tales planteamientos y las nociones de heteroglosia o
polifonía discursiva que desarrolló Bajtin25. Nos habla así de textos
excepcionalmente complejos, en los que puede detectarse una “me-
ta-heterogeneidad”. Cierra estas reflexiones con una cita de Cornejo
Polar: “la sincronía del texto, como experiencia semántica que teóri-
camente parece bloquearse en un solo tiempo resulta siquiera en
parte engañosa. Mi apuesta es que se puede (y a veces se debe) histo-
riar la sincronía” (Antonio Cornejo Polar y los avatares… 48, énfasis en el
original)26.

23
Véase su clásico libro Transculturación narrativa en América Latina.
24
Ver su fundamental libro Escribir en el aire.
25
Estas convergencias entre los enfoques de la heterogeneidad y de la
transculturación y las propuestas bajtinianas ya las había destacado Françoise
Pérus en su estudio “El dialogismo y la poética histórica bajtinianos en la pers-
pectiva de la heterogeneidad cultural y la transculturación narrativa en América
Latina”.
26
Desde una perspectiva distinta, Marc Angenot propone también trabajar
una historiografía literaria en corte sincrónico en su estudio “L’ histoire en
coupe synchronique: littérature et discours social”. Sería interesante explorar
más ampliamente estas conexiones.
LA NOCIÓN DE SISTEMA LITERARIO: LOS APORTES DE RAÚL BUENO 81

Con estas breves calas, creo haber mostrado la importancia y el


rigor de los aportes teóricos de Raúl Bueno en torno a la categoría
de sistema, que de diversos modos acompaña el devenir de su reco-
rrido teórico.

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RAÚL BUENO: LA COLISIÓN EPISTÉM ICA .


PENSAR Y SENTIR DESDE LATINOAMÉRICA

Mauro Mamani Macedo


Universidad Nacional Mayor de San Marcos

1. Planteamiento.

El objetivo de este artículo es evidenciar que los aportes teóricos


y críticos de Raúl Bueno provocan una colisión epistémica; la cual se
produce porque en el campo se confrontan, básicamente, dos
sistemas teóricos: uno que se elabora y enuncia desde Latino-
américa, y el otro que proviene de las teorías occidentales. Bueno se
sitúa en la primera propuesta. Esta posicionalidad del sujeto y su
discurso en un espacio semiotizado evidencia vinculaciones ideoló-
gicas con proyectos que explican la especificidad de la expresión
latinoamericana. Para explicar esta hipótesis interpretativa, propo-
nemos tres puntos. Primero lo ubicamos en el concierto crítico
latinoamericano; luego nos centramos en la metáfora tectónica de
La colisión cultural (epistémica); finalmente, estudiamos El modelo
radial de la cultura y la ciudad oral.

2. Raúl Bueno y la renovada afirmación de la posibilidad de


nuestra teoría.

Los intelectuales en América Latina han mostrado básicamente


dos orientaciones. Primero, los que contempla al exterior celebran-
do las culturas del primer mundo como los modelos que se deben
seguir, ubicándose como consumidores y reproductores de catego-
rías exógenas, estudiosos que aplican acríticamente una epistemolo-
gía foránea con teorías raras que vuelven raros nuestros textos más
claros, práctica subordinada que cancela su capacidad productiva
reconociendo su oficio como meramente aplicativo. Segundo, los
84 MAURO MAMANI MACEDO

que parten del principio que si hay una literatura particular debe y
puede haber una teoría y crítica literaria particular, reconociendo
una epistemología alterna con categorías que pueden explicar con
mayor eficacia la especificidad de nuestra compleja literatura;
producción teórica que puede extender su aplicación a otros
contextos como ocurre con la categoría heterogeneidad de Antonio
Cornejo Polar, que ha alcanzado contextos internacionales. En estas
propuestas se encuentran también los proyectos severos de Pedro
Henríquez Ureña, Roberto Fernández Retamar, Ángel Rama,
Antônio Cândido, Néstor García Canclini y Nelson Osorio. En este
grupo y espacio reflexivo alterno está ubicado Raúl Bueno, quien ha
contribuido con la reflexión crítica y con propuestas conceptuales
que ayudan a explicar tanto los procesos culturales como los
productos verbales de nuestra América.
Raúl Bueno, luego de su incursión textualista, donde nos pro-
porcionó libros fundamentales como Metodología del análisis semiótico
(1980) y Poesía hispanoamericana de vanguardia. Procedimientos de inter-
pretación textual (1987), realiza un giro trascendental hacia la crítica
literaria latinoamericana, que sigue la dinámica relacional texto-
contexto; lo que no implica que el momento anterior haya quedado
en el olvido, sino que aquellos conocimientos semióticos los
incorpora a los estudios latinoamericanos (García-Bedoya, “Elogio
de Raúl Bueno Chávez” 10). A esta nueva orientación pertenecen
cuatro libros fundamentales para entender el debate epistémico
latinoamericano: Escribir en Hispanoamérica. Ensayos sobre teoría y crítica
literaria (1991); Antonio Cornejo Polar y los avatares de la cultura en
América Latina (2004); La falacia de las metáforas de cultura en la literatura
latinoamericana (2010) y Promesa y descontento de la modernidad. Estudios
literarios y culturales en América Latina (2010). De este último explica
Raúl Bueno que el título proviene de las líneas del importante libro
Seis ensayos en busca de nuestra expresión (1928) de Pedro Henríquez
Ureña, quien escribe que en cada generación se da la renovación del
descontento y la promesa; fórmula que obliga a revisar críticamente
nuestros desaciertos para solidificar nuestra práctica y discurso
crítico, para luego continuar con la esperanza de lograr una
modernidad latinoamericana que atraviese las distintas vidas (social,
cultural y real), construyendo un pensamiento propio de acuerdo al
ritmo de nuestras culturas.
RAÚL BUENO: LA COLISIÓN EPISTÉMICA 85

Raúl Bueno enmarca su discurso crítico dentro de la concreta


tradición de Latinoamérica. Por esta razón, el estudio de las cate-
gorías y metáforas latinoamericanas son vitales para el desarrollo de
su proyecto crítico; asimismo, las asimila a su orientación, pero
también los remueve, pues se constituye en uno de los más escla-
recedores estudiosos y profundizadores de estas categorías, en espe-
cial las de Ángel Rama y Antonio Cornejo Polar: transculturación,
ciudad letrada, plasticidad cultural, heterogeneidad, totalidad contra-
dictoria, pluralidad, sujeto migrante. Al mismo tiempo, hurga en la
tradición crítica latinoamericana y encuentra diversos tipos de metá-
foras explicativas –tales como las agrarias, digestivas y culinarias–
que valora, sistematiza y aplica provechosamente al mo-mento de
estudiar la literatura latinoamericana, demostrando su eficacia
hermenéutica y crítica.
En efecto, observando el campo de la naturaleza, se han
cosechado varias categorías. Dentro de estas, el mismo concepto de
cultura, cuyo significado primigenio es cultivar las plantas; luego, el
concepto migra hasta significar el cultivo del espíritu, distanciándose
de su espacio de procedencia. Más aún, llega a constituitrse como
polo de oposición cuando se establece el díptico naturaleza/cultura.
Esta fertilidad, aunque sin tradición conceptual, ha sido advertida
por los estudiosos y teóricos latinoamericanos; por ello, la naturale-
za se comporta como engendradora y paridora de conceptos, cate-
gorías y metáforas que posibilitan su explicación.
Dentro de las metáforas agrarias que estudia Raúl Bueno están
transplante1 (Bello), que entiende a los procesos culturales como la
importación de una planta para hacerla crecer en tierra americana;
injerto (Martí) que es la adhesión, en brote cultural exógeno, al
tronco americano; cosecha (Andrade), difusión mundial de la cultura
propia, exportación de nuestra producción cultural como una
cosecha de ideas que pueden irradiarse a otros contextos; planta

1
Este concepto es utilizado en forma creativa e inteligente por García-
Bedoya cuando formula una tipología de las colonias: “Las colonias de trans-
plantación son aquellas en las que se impone una homogenización cultural y
étnica de raíz europea, con una casi aniquilación de los pueblos y las culturas
nativas, relegadas a una extrema marginalidad e invisibilidad. Una cultura y una
población de orígenes europeos son transplantadas a nuevas tierras, como Es-
tados Unidos o Australia” (García-Bedoya, Indagaciones heterogéneas 55). Explica
que este no sería el caso peruano, sino una colonia de implantación.
86 MAURO MAMANI MACEDO

proyectada (Henríquez Ureña), que se orienta hacia horizontes


globales desde lo local, universalizando el sabor local, porque se
nutre de la tierra americana. En esta lógica, la raíz da cuenta del
origen de donde se proviene.
También estudia las metáforas digestivas, como la antropofagia;
o la metáfora culinaria, como el ajiaco propuesta por Ortiz. Respecto
a esta última, explica Bueno que es una metáfora que actúa como un
poderoso mecanismo transculturador. En efecto, es un concepto
que representa una mezcla de ingredientes de distinto origen que
mediante el mecanismo de desculturación y neoculturación apunta a
una nueva cultura (La falacia… 50). Bueno extiende la metáfora del
ajiaco para explicar las prácticas teóricas conceptuales latinoameri-
canas, pues también allí se está cocinando un inmenso ajiaco con-
ceptual que es resultado de las mezclas más heterogéneas, sin caer
en el caos, anarquismo o anomías conceptuales; por el contrario,
son rescatadas por su carácter proteico como resultado de la fusión.
En cuanto a su proyecto intelectual, sostiene que el fenómeno
literario debe estudiarse en diálogo con lo cultural, lo social y lo
histórico, en tanto que el texto es un producto sociocultural al igual
que el hombre que lo escribe y lo lee; por ello sus estudios no se
ciñen a un textualismo mutilador, sino que practica un lectura
integral que involucra las dimensiones históricas con la finalidad de
revelar la riqueza de nuestra expresión literaria y cultural americana2.
Su práctica crítica está del lado del hombre natural (José Martí) que
a su modo responde a sus necesidades y enfrenta a los “falsos
letrados” que los sojuzgan y vejan (Bueno, La falacia… 36). Esto
para desmitificar, a los sabios de la apariencia, al hombre artificial
que enreda y embruja con su alquimia lingüística, palabrería o jerga
seudocientífica; sujetos que instauran su poder a partir de un
supuesto saber excluyente, descalificador de la producción reflexiva
que vincula el sentimiento con el conocimiento, combinación
nutritiva, ya que esta “[…] inclusión no es solamente simpática o
voluntariosa, [también] está basada en una operación maestra, la del
conocimiento” (Bueno, id. 36). Es común en los subsidiarios de la
postura exógena resaltar su condición argumentativa, descriptiva y
2
Bueno sostiene: “Las literaturas, lo sabemos, no son de ningún modo aje-
nas a la realidad (las incluyen y refieren, a la vez que la constituyen)” (Escribir en
hispanoamérica 9). De esta forma, se sacude de todo purismo literario y propicia
un diálogo transdisciplinario.
RAÚL BUENO: LA COLISIÓN EPISTÉMICA 87

normativa como si el sentimiento, la intuición y la voluntad fueran


negativos. Raúl Bueno no las desprecia; por el contrario, las asume y
agrega el componente extratextual, extraverbal, donde el hombre y
su dimensión sociohistórica son fundamentales para configurar su
saber; de esta forma integra a la fría crítica textólatra el aliento
humano.
Este discurso cuestionador y aclarador dialoga con la propuesta
de Oswald de Andrade quien sostiene que la poesía y la cultura no
están en la “erudición libresca, en las frases hechas de los doctores
de hablar difícil”, porque allí sólo encuentra imitación y copia
(Bueno, La falacia… 29). Advierte que “el enemigo no es el europeo,
sino el docto latinoamericano, europeizante, mimético y conser-
vador” (id. 30); grupo de intelectuales latinoamericanos que contem-
plan con ojos de esclavo las categorías producidas en otros contex-
tos y aplican acríticamente prolongando perniciosamente la depen-
dencia epistémica. La posición intelectual de Raúl Bueno no es una
negación ciega del saber producido en otros contextos; por el con-
trario, esos conceptos pueden servir, pero deben pasar por procesos
de aclimatación, adecuación que se afinaría a las condiciones del
nuevo objeto.
Raúl Bueno, en estas investigaciones, despliega su “difícil y
hermosa tarea de desvelamiento”; por ejemplo, cuando pone en
evidencia los solapados mecanismos de blanqueamiento literario
que siguen al más ortodoxo positivismo. Para ello realiza una
revisión minuciosa de textos como Pueblo enfermo o Raza de bronce de
Alcides Arguedas, o las propuestas reflexivas de Andrés Bello o
Sarmiento, quienes miran embelesados para el otro bando porque
consideran que en estas tierras no puede brotar nada y que toda la
luz debe venir del lado de allá. Por ello tienen que trasplantar y a
veces se sienten defraudados porque no logra prender la planta en
este terreno3.

3
De la misma forma, explica la intención de Rodó, quien invoca el “ocio
clásico”, cuando realmente los únicos que podían gozar del tiempo libre eran
los dueños de la riqueza, mientras que los otros tenían que trabajar, ganar el
pan de cada día con el sudor de su frente. Por ello, su ocio es de las clases do-
minantes. Agrega Bueno: “De manera que su identidad simbolizada en el espíri-
tu del aire, no es otra cosa que una construcción basada en una selectividad ex-
trema y en la necesidad de conservar el poder y otros privilegios” (Bueno, La
falacia… 39-41).
88 MAURO MAMANI MACEDO

Frente a este escenario epistémico concesivo, amistoso, depen-


diente y resignado, Raúl Bueno parte de una afirmación rotunda:
“La teoría literaria latinoamericana existe”. No es un enunciado
espontáneo producto de la curiosidad, el entusiasmo y la improvi-
sación. Esta idea tiene en él una historia de más de veinte años de
férreo sostenimiento. En su primer libro, de esta orientación,
exponía la pertinencia y eficacia de las categorías propias en el
estudio de nuestra literatura, recordando una frase de Martí:
“Nuestro vino”, como resultado sustancioso de nuestra tierra,
porque: “Nuestra universidad debe estar destinada a ‘crear’ un
conocimiento nuevo y original de la realidad latinoamericana”
(Bueno, La falacia… 37). Para los tiempos de desaliento, sobre todo
para los que exhiben su fe quebrada, aclara “que el hecho de que
ciertos proyectos por constituirla hayan quedado aparentemente
estancados no quiere decir que haya que proclamar su inexistencia,
aunque sea de modo tentativo o estratégico” (id. 24). Nos indica el
camino inductivo que debemos seguir para continuar forjando
nuestra teoría. Afirma que: “Las teorías de la literatura no se
‘inventan’. Quiero decir no son producto de una racionalidad
operando en el vacío. Parten de una materialidad objetual y, más
aún, se desprenden de los objetos reales a los que describen
conceptualmente” (ibid. 24). De esta forma, la teoría se vincula con
su materia, sus hechos literarios; así, las teorías literarias las
producen las culturas, porque ellas producen textos y en ellos está la
teoría. Explica que el deber ético de los teóricos y críticos es
desprender la teoría mediante la descripción de sus objetos, tal
como se ha hecho en otros contextos; por ejemplo, Vladimir Propp,
quien indujo su teoría del relato. Aquí viene el llamado a observar
nuestros objetos estéticos con nuestros ojos, con nuestras palabras,
y volver evidente lo implícito, en una clara confrontación con otro
tipo de acercamientos o distanciamientos con lo que se lee. Sostiene
enérgicamente “Si no tenemos suficiente material para hablar de la
teoría de la literatura latinoamericana como un conjunto orgánico,
depositado en un específico texto metalingüístico, no es porque esa
teoría no exista, sino porque no se le ha inducido suficiente primero
y, por consiguiente, no se le ha hecho explícita en toda su
extensión” (La falacia… 25). Argumenta que la teoría literaria viene
desde su literatura propiamente dicha a través de los ramales de la
RAÚL BUENO: LA COLISIÓN EPISTÉMICA 89

crítica y de la historia literaria. Estas vinculaciones fortalecen el


discurso latinoamericano.
Propone, como ejemplo inapelable, el trabajo de Antonio
Cornejo Polar, quien observando, estudiando y describiendo la
literatura indigenista, encuentra constantes explicativas como la
categoría heterogeneidad, que nos reconoce en lo diferente y no en
la unidad inexistente, porque somos en conflicto y en tensión antes
que en armonía, lo cual se revela en nuestra literatura, que sufre el
impacto de su referente, por lo que tiene un doble estatuto
sociocultural. Añade que “la teoría literaria se construye para
proponer ciertos inteligibles, de distinto alcance y nivel, de los
conjuntos de objetos y fenómenos empíricos de los que se hacen
cargo” (Promesa… 26). Explica que no hay una o la teoría, porque
siempre está sujeta a remodulaciones. En consecuencia, debe ser
entendida como un campo de reflexiones relativamente definido.
En ese sentido, la teoría literaria latinoamericana es y debe ser
entendida como “un campo de actividades cognoscitivas y no como
un organismo conceptual. Un campo que se moviliza constante-
mente, produciendo la incesante agitación de modelos y conceptos
que todos conocemos” (Promesa… 27). Por esta razón, siempre
retorna con sus “indagaciones conceptuales” para advertir el carác-
ter delimitado y relacional de cada categoría a fin de no caer en
superposiciones semánticas que oscurecen su potencia hermenéu-
tica. Así, aclara la diferencia entre transculturación y heterogeneidad:
mientras ésta tiene que ver con el doble estatuto sociocultural de
origen, con la distinción y la diferencia, aquélla tiene que ver con la
negociación de niveles y sistemas literarios y con su vocación
conciliadora y armonizadora. Mientras una es proceso, la otra es
estado. Estas explicaciones metacríticas evitan el uso “borroso” que
hacen algunos investigadores (Promesa… 105) con su práctica reduc-
cionista y empobrecedora de estas categorías. Por ello, Bueno se
ocupa de explicar tanto las metáforas de la naturaleza como semilla,
trasplante o injerto, como las metáforas digestivas de la antropofa-
gia brasileña; es decir, pone en su punto el ajiaco conceptual.
En su investigación encuentra varias metáforas y categorías que
ayudan a explicar la especificidad de la literatura latinoamericana.
Explica que esta proliferación de metáforas surge como una
necesidad expresiva y de comprensión. Esto lo lleva a formular una
90 MAURO MAMANI MACEDO

aclaración a su maestro Cornejo Polar4, quien advertía del riesgo de


usar las metáforas como categorías y las consecuencias que podría
traer el uso y el abuso de las mismas. Bueno considera que Cornejo
Polar no tenía razón, porque las metáforas que se han creado logran
retener, describir y explicar lo sustancial; además, ellas no están
aisladas, sino articuladas en forma orgánica (La falacia… 54). Consi-
dera que de esta forma las metáforas suplen la ausencia de concep-
tos5 y surgen de “las verdaderas necesidades expresivas locales”.
Con respecto a los estudios culturales latinoamericanos, Bueno
parte del principio relacional entre literatura y cultura en Latino-
américa, ya que éste tiene una larga tradición; además, explica que
algunos han tratado de explicitar estos contactos mediante los
conceptos de “transculturación crítica” o la “figura de la antropofa-
gia” (Antonio Cornejo Polar y los avatares… 102), esto para nutrir los
conceptos propios, sin abandonar el proyecto latinoamericano.
También sustenta que esta tradición textual se vincula directamente
“con la diversidad cultural de nuestra amplia geografía étnica,
acentuada y puesta en crisis por el contacto de dos civilizaciones
sustancialmente opuestas” (La falacia… 49). En la pluralidad,
sumada a una convivencia conflictiva, se vuelven más complejos los
productos estéticos, pues estos revelan el carácter fibrilar de la
cultura latinoamericana.
Cuando se ha ocupado de los estudios culturales, ha dejado en
claro que esta área en Latinoamérica tiene una larga data que ha
superado las temporalidades fugaces de las modas con las que nos
mal acostumbran en el “mercado intelectual”. Antes que llegue esta
propuesta, en nuestra América ya se venían desarrollando reflexio-
nes que buscaban lo inter y transdisciplinario. De esa naturaleza es
nuestra crítica literaria, a la que una parte de la crítica desconoce
porque consideran que hay una antropologización de la teoría y
crítica literaria latinoamericana. Esta es un propuesta ciega que
rechaza la tradición valorativa de Latinoamérica.
En ese sentido, Raúl Bueno es un crítico trascendental que jamás
abandonó la reflexión de la peculiaridad de nuestra literatura y

4
Cfr. Cornejo Polar, “Mestizaje e hibridez” 341-344.
5
Bueno precisa que: “Así, si la metáfora sola no agarra una noción de cuer-
po entero, el conjunto conceptual la agarra de todos modos, con la ventaja de
visualizarla en su puesto y funciones dentro del vasto panorama cultural” (La
falacia… 54).
RAÚL BUENO: LA COLISIÓN EPISTÉMICA 91

cultura. No se dejó seducir por las oleadas postmodernas; por el


contrario, sus artículos y libros son respuesta a los procesos de
homogenización, globalización o invisibilización, respondiendo a la
colonialidad del saber (v. Lander). Impulsa y trabaja para que el
proyecto epistémico latinoamericano siga su curso natural, con su
descontento y promesa, aunque a veces accidentado o estancado,
pero siempre propenso al avance. Por ello, es que muestra siempre
para nuestras culturas el “instinto afirmativo de vida”, porque
explica cómo la memoria colectiva recuerda que antes han resistido
los intentos homogenizadores, de reducirlos a la unidad, pero nunca
llegaron a homogenizar o aculturar completamente, pues nuestra
cultura siempre ha instrumentado mecanismos de resistencia
cultural haciendo uso de su “dinamismo cultural”. De esta forma,
escribe que: “Una parte sustancial de ellas ya ha sobrevivido, por
quinientos años, una primera globalización genocida, con extirpa-
ciones de credos, lenguas, tradiciones, tecnologías, usos y costum-
bres. Así, podrá sobrevivir esta nueva onda globalizadora” (Prome-
sa… 100). Por ello, se resiste a los “genocidios virtuales” que utili-
zan el mestizaje y la modernización como mecanismo de desarrollo
en una clara orientación que busca extinguir un tipo de raza para
que pueda sobrevivir una raza cósmica, como la proponía José
Vasconcelos con una sana intención, pero de finales funestos,
porque su incesante mezcla traía una inexorable desaparición de los
otros componentes, en “una suerte de blanqueamiento ideológico”,
como demuestra Raúl Bueno6.
Otra de las categorías que estudia es la hibridez, propuesta por
Néstor García Canclini, que explica las asociaciones verticales y
horizontales: en tanto que las primeras mezclan niveles al interior de
una cultura o matriz cultural (como la cultura erudita, la cultura de
masas y la cultura popular), en el caso de las segunda, lo hacen a
través de la contigüidad de las culturas (La falacia… 53)7.

6
Bueno dice: “Entendidas así las cosas, podemos decir que el mestizaje
propuesto por Vasconcelos es, pues, un recurso ideológico de inocultable filia-
ción racista, engañosamente revestido de una retórica celebratoria del mestizaje.
Es un arma intelectual empeñada en disolver las pieles morenas de la nación
por medio de cebar el deseo de las pieles más claras” (Promesa… 134).
7
También existe la metáfora digestiva que propone el movimiento de an-
tropofagia de Brasil, quienes postulaban fagocitar la cultura extranjera y asimilar
lo nuestro.
92 MAURO MAMANI MACEDO

Cuando revisa los aportes de Antonio Cornejo Polar, encuentra


que estos son varios; por ello le dedica todo un libro para destacar
las propuestas de su maestro: Antonio Cornejo Polar y los avatares
de la cultura latinoamericana (2004), donde compulsa el proyecto
integral del maestro sanmarquino para reconocer el valor y la plena
vigencia de sus reflexiones. Con admiración, celebra los aportes de
Cornejo Polar: heterogeneidad, totalidad contradictoria, pluralidad y
sujeto migrante; categorías que no sólo son aplicables al caso
peruano, sino a todos los contextos que hayan sufrido el impacto
que provocó la diferencia como reconocimiento. Raúl Bueno
expone cada una de estas categorías y las hace dialogar con el
desarrollo actual de los estudios latinoamericanos y con ello
demuestra su plena vigencia. Así, al precisar las características de la
heterogeneidad, por ejemplo, destaca las diferencias culturales. Mide
y representa la distancia existente entre las culturas en contacto,
afirma que la heterogeneidad es un choque cultural; además,
enfatiza la dimensión espacial y conflictiva de un momento dado
(sincronía) (Promesa… 213). Todo ello parte de “la diversidad
cultural y social de las regiones sometidas a conflictos históricos,
cuando los discursos que refieren, desde el conflicto” (id. 212).
Advierte Bueno que desde las posturas postmodernas hay intentos
de diluir la heterogeneidad; ya que “así como todo es relativo,
también todo es heterogéneo” (ibid. 212). Deslinda que a la
heterogeneidad literaria la precede una heterogeneidad de mundo
(La falacia… 52) y de esta forma reconoce niveles explicativos de
esta categoría. Siempre con profundidad hermenéutica, analiza la
categoría de sujeto migrante, donde incorpora la heterogeneidad en
el sujeto cuando este migra: “El sujeto, así, es internamente
heterogéneo” (Antonio Cornejo Polar y los avatares… 37), en la medida
que se desplaza por espacios y tiempos.
Uno de los tópicos en los que está reflexionando desde hace
algunos años es la traducción. “Mediaciones transculturales: traduc-
ciones” (2011) es un artículo donde realiza una revisión sobre la
teoría de traslados de los contenidos, de los textos o de las transfe-
rencias con volúmenes más amplios como las mismas culturas;
además, explicita los mecanismos de manipulación en las traduc-
ciones culturales.
José María Arguedas decía que Alejo Carpentier con su inteli-
gencia todo lo atravesaba de afuera hacia dentro como un rayo, esto
RAÚL BUENO: LA COLISIÓN EPISTÉMICA 93

en reconocimiento a la lucidez con que auscultaba los fenómenos


culturales; mientras que Arguedas tenía una vocación revulsiva de
adentro hacia afuera, de la raíz al florecimiento. En Raúl Bueno
convergen estas dos dinámicas. Su discurso crítico exhibe un
mecanismo sincrético que se afirma en la tierra latinoamericana y
toma distancia de ella para completar su entendimiento. Esa distan-
cia genera una adecuada interpretación. La dinámica de convergen-
cia, siempre conflictiva entre el sentimiento y la razón, potencia su
trabajo crítico; por ello lo ha llevado a plantear conceptos como la
colisión cultural, la ciudad oral o el modelo radial, con los que
aborda eficazmente el estudio de nuestra literatura.

3. La metáfora tectónica: colisión cultural y epistémica.

Explicando los alcances de la categoría “heterogeneidad”,


encuentra que la causante de todo esto es la colisión cultural que
experimenta América Latina con el descubrimiento y conquista.
Este impacto escinde y fragmenta la realidad y cultura de nuestra
América, lo que provoca una heterogeneidad de fondo y radical
“que trasciende y desborda todas las demás heterogeneidades regio-
nales, nacionales, parroquiales, sociales, verticales u horizontales de
América Latina” (Antonio Cornejo Polar y… 20). Este impacto crea
una enorme brecha cultural sobre la cual tenemos que explicar la
especificidad de nuestra cultura y sus productos discursivos.
Para entender la especificidad de nuestra literatura, hurga en el
pasado y encuentra que tiene su origen en lo que eufemísticamente
se ha denominado el “encuentro” de dos mundos, que revelan una
intención armonizadora y encubridora; ya que lo que produce es un
impacto de dos matrices culturales: la occidental y la indígena.
Contra las lecturas invisibilizadoras, propone Raúl Bueno la
metáfora tectónica de colisión, con toda la complejidad que implica
este fenómeno. Esta colisión cultural tiene efectos que surgen a
nivel social, cultural y literario en estos mundos impactados; de esta
forma, se puede advertir la presencia de dos sistemas epistémicos
que se oponen y pugnan por resistir con sus principios e ideas. El
impacto de esta naturaleza crea una crisis de identidad debido a que
los imaginarios son removidos por el alcance del impacto. Un
resultado es la configuración de una identidad agrietada, que marca
su reconocimiento por la diferencia. Mientras otras naciones orga-
94 MAURO MAMANI MACEDO

nizan su reconocimiento a partir de la unidad identitaria, porque hay


una lengua, símbolos compactos a través de los cuales se reconocen;
para el caso latinoamericano no puede existir tal unidad, no hay una
“nación imaginada”, sino múltiples naciones imaginadas8. En efecto,
nuestra identidad está en la diferencia; a su vez, las producciones
discursivas también son impactadas, por ello es que se resquebrajan
sus gramáticas en el lenguaje y se producen los sincretismos reli-
giosos. Estas dispersiones tectónicas son homologables a los proce-
sos culturales, porque fue: “Un choque sangriento de civilizaciones,
culturas, racionalidades y, en el fondo, de distintas epistemes de
conocimiento y acción” (Promesa… 31); pues no sólo chocaron dos
sistemas monolíticos, sino toda su densidad internamente plural y
conflictiva. Esta drasticidad del cambio nos lleva a sostener que,
desde la visión andina, se produce un Pachakuti, un mundo al revés,
porque se trastocaron las posiciones; en este sentido, el plantea-
miento de Raúl Bueno representaría los alcances de un Pachakuti,
pero sus remezones y ondas continúan con su fuerza desestabili-
zadora, en la medida que todavía se persiste incrédulamente en la
idea de una cultura que pretende desaparecer a otra. Así, seguirán
existiendo los ondas subterráneas que se visibilizan en la práctica
opresivas y de exclusión; además, se siguen manifestando en las
múltiples culturas peruanas que resisten a estos choques, como el
ocurrido en el denominado baguazo, o matanza de indígenas awajún
y policías el 5 de junio del 2009 en Bagua, en la selva peruana, cuyo
resultado causó muertes por no entender que los hombres de estas
comunidades tienen visiones de mundo que se deben respetar. La
misma colisión continua la podemos observar cuando se quiere
explotar una veta de mineral que, sin importar que es una divinidad,
un Apu, lo llenan de agujeros; pues, desde una visión urbana, creen
que es un simple “cerro”, imponiendo de esta forma la “explosión
de la codicia”.
Considera Raúl Bueno que esta colisión es continua porque,
aunque hayan cambiando los actores, el grado de violencia es el
mismo; pues: “Ahora, como en el comienzo, sucede que nos
desconocemos, despreciamos, desencontramos” (Promesa… 31).
Esto muestra que “la colisión está viva y robusta”; pues esa colo-

8
Para ver un cuestionamiento al concepto de comunidad imaginada, consúlte-
se Chatterjee.
RAÚL BUENO: LA COLISIÓN EPISTÉMICA 95

nización o conquista espiritual fue y es más radical y violenta, como


la que ahora se puede percibir en la dependencia epistémica. Así,
puntualiza, junto Aime Césaire, que la descolonización mental debe
preceder a los otros tipos como la económica, política, social y
educacional (Promesa… 116). Esta liberación podría modificar los
falsos esquemas axiológicos, que se construyen con la mirada
oblicua que forma impresiones negativas del otro cultural a través
del desconocimiento y la representación inadecuada (Promesa…
139), que no miran directamente, sino que prefieren presuponer
antes que indagar.

4. Metáfora focal: el modelo radial y la ciudad oral.

Raúl Bueno enfatiza el valor explicativo de las categorías latinoa-


mericanas, luego de hacer una práctica hermenéutica, contextual e
histórica. Disfruta de la cosecha, pero también siembra y cultiva sus
propias metáforas y categorías, como el “modelo radial de la
cultura”, esquema conceptual que le permite orientar su lectura y
donde propone un centro focal que irradia el poder a través de
distintos mecanismos, como el envío de profesionales, teorías,
metodologías, modos de vida que tienen una finalidad homogenei-
zadora. Con un espíritu aculturador, sigue un carácter unilineal que
excluye toda manifestación a través de la indiferencia o de procesos
“civilizadores”, cuyo resultado es predecible: imposición y desapari-
ción. De esta forma, la ciudad letrada construye un paradigma y lo
irradia a las provincias en una especie de colonialismo interior: “En
el Perú, como en el resto de América Latina, se impuso desde la
conquista un modelo radial y radiante de cultura […], cuyo proyecto
básico era la progresiva occidentalización de las naciones” (Antonio
Cornejo Polar y los avatares… 63). Con este esquema, estudia la
propuesta de José Faustino Sarmiento, quien planteaba un modelo
paradigmático que debería imitarse e imponerse. Dentro de esta
lógica, una categoría que ha estudiado con atención es la transcul-
turación. Bueno ha indagado en su origen mismo; es decir, desde las
propuestas iniciales de Fernando Ortiz, ha seguido la inteligencia y
acertada asimilación que realiza Ángel Rama a los estudios literarios.
Luego la hace dialogar con otras categorías como la heterogeneidad,
donde señala sus diferencias y su carácter complementario.
96 MAURO MAMANI MACEDO

Precisa Bueno que las características de la transculturación, por


ejemplo, se refieren a la plasticidad cultural, a las negociaciones y los
cambios de las culturas en contacto con renuncias y adopciones
para disminuir las diferencias culturales, buscando la convivencia
pacífica de los repertorios culturales en contacto; por ello es
reconocida como un proceso (Promesa… 212-213)9. Además, señala
los aportes que hace Rama a la propuesta orticiana, tales como la
selectividad y la invención que, si bien se vinculan con la acultu-
ración y neoculturación, no se reducen a ella. Para el caso de la
primera, se tiene que seleccionar qué elementos son transcultu-
rables, qué elementos deciden escoger para asimilar, o escoger
aquellos elementos que no han sido elegidos para ser transcultura-
dos. Y en el caso de la invención, donde la creatividad e imagina-
ción juegan un rol importante para generar nuevos productos (La
falacia… 50). Explica cómo Rama establece una relación entre
culturas externas e internas y cómo a veces lo externo no pasa por
las ciudades capitales que actúan como mediadoras, pues su
influencia a veces es directa. Todo ello está sustentado en la
plasticidad cultural que muestra un intenso dinamismo.
La metáfora de la ciudad letrada explica que esta tiene como
sustento y fortaleza a la letra, parte de un modelo radial. Esto se da
cuando una ciudad tiene la capacidad de ejercer domino desde el
centro y de allí irradiar el poder y controlar el sistema. Además de
esta ciudad, Raúl Bueno reconoce toda una tipología de ciudades
(Promesa… 216-217). La ciudad sumergida, que es la ciudad marginal
que Flores Galindo encuentra en la urbe colonial, pero que se puede
ver actuante hasta nuestros días. Está constituida por una
subespecie ciudadana caracterizada por la marginalidad, la carencia y
la ilegalidad. La ciudad rechazada, que está compuesta por los
sectores de la ciudad sumergida que son expelidos hacia los márge-
nes, la expulsada físicamente hacia el acantilado del basural. La
ciudad migrante, que se desplaza del campo a la urbe, pero también
la que se desplaza de las habitaciones decorosas hacia los intersticios
urbanos, en una dinámica cruzada. La ciudad alternativa, aquella que
integra los nuevos espacios, los llamados “pueblos jóvenes”, y que
9
En otro estudio ha precisado que “En efecto, sin mucho trabajo se puede
ver que la heterogeneidad se refiere a estados, mientras que la transculturación
a los procesos que se desprenden de esos estados, y el mestizaje cultural a los
resultados a los que arriban esos procesos” (La falacia… 52).
RAÚL BUENO: LA COLISIÓN EPISTÉMICA 97

son los contingentes de las ciudades migrantes, rechazadas y están


marcadas por la oralidad. Los anillos que rodean a la ciudad letrada
tiene a grupos que se constituyen en “enemigos de la letra, como la
plebe, los desclasados y, más allá, las masas que funcionan en lengua
aborigen y transacciones orales” (La falacia… 51). La ciudad ideal de
entrada es la ciudad que imaginan mantener antes de su fundación,
cuando se prevé una convivencia armónica de los sometidos, sin
conflicto; es decir, cuando en la ciudad todo funciona sin oposición
en beneficio del poder. La ciudad ideal de salida, según Bueno es
una nueva ciudad que se proyecta como consecuencia de haber
sitiado la ciudad letrada y haberla atacado en el centro. Se presenta
como totalizadora: no excluye, sino que alberga la pluralidad,
además de redefinir los códigos (Promesa… 22).
Bueno también propone la ciudad transcultural y la ciudad
heterogénea. La primera sirve para de entender que “la ciudad
letrada es un lugar de intensas transacciones transculturadoras”; por
esta razón, una cultura minoritaria utiliza una estrategia de adecen-
tamiento para incursionar en nuevos espacios, para lo cual acoge
formas de la cultura dominante vinculadas al lenguaje y las formas
literarias y de esa manera asimila expresiones que no corresponden a
su repertorio lingüístico con la finalidad de conectarse con otros
ámbitos ajenos al suyo, como ocurre con las expresiones modernis-
tas (Promesa… 224-225). La segunda es una ciudad más distintiva,
que busca hacer notorias las diferencias10. Hace dialogar las catego-
rías de Cornejo Polar y Ángel Rama, en algunos casos al interior de
sus propios modelos, como es el caso de este último y sus con-
ceptos de ciudad y transculturación.
Dentro de este universo de ciudades, Raúl Bueno propone la
ciudad oral11, que confronta al modelo radiante de la ciudad culturi-
10
Al respecto, Carlos Monsiváis, en el prólogo a La ciudad letrada de Ángel
Rama, propone que “la ciudad visual (virtual) y la producción incesante de imá-
genes notifica con precisión el debilitamiento de la ciudad letrada que retiene (y
no es poco) la producción de ideologías a favor del neoliberalismo” (cfr. Rama,
La ciudad letrada 28).
11
Explicando las dinámicas del sujeto migrante, encuentra Antonio Cornejo
Polar una cultura oral que ingresa, confronta y domina a la cultura letra y la vuelve
extraña. La irrupción altera drásticamente la identidad de la ciudad. De esta
forma, apoya la idea de Raúl Bueno, quien percibe una ciudad sitiada por las
oleadas migratorias que atacan el centro mismo. Precisa Cornejo Polar: “De
esta manera la cultura letrada aparece agresivamente rodeada por la cultura
98 MAURO MAMANI MACEDO

zadora (Promesa… 17-22); ya que encuentra un vacío conceptual y


propone su categoría. Primero estudia esta categoría indagando en
sus características y luego articula las modulaciones conceptuales.
En efecto, la ciudad oral se resiste a la letra y en forma intensa
explora la palabra viva. Es una ciudad bucal y viva, que de alguna
manera revelaría a una ciudad sitiada por la voz amenazante que se
impone en las urbes. La ciudad oral es el resto del sistema: lo
integran las masas analfabetas que el poder subyuga, como a los
sectores analfabetizados que el poder ignora o relega. Se trata de
una ciudad premoderna o mitológica que desconfía de la letra.
Por todo lo expuesto, con acierto señala García-Bedoya (“Elogio
de Raúl Bueno Chávez” 7) que Raúl Bueno es “sin duda una de las
figuras más relevantes en el campo de los estudios de la literatura y
cultura”; sus trabajos tienen un alcance internacional. En ese
sentido, sostenemos que libros valientes sólo pueden provenir del
coraje de un crítico que se afirma en su tierra y desde allí enuncia su
discurso, porque siempre vive y siente la tierra latinoamericana. Raúl
Bueno es un crítico militante de nuestra literatura y cultura. Muestra
una escritura combatiente, pertinaz contra la división internacional
del trabajo intelectual12. Enfila su crítica contra los discursos que
buscan extirpar la raíz de la diversidad. Un maestro que nunca
perdió su norte, porque estamos plenamente seguros de que para él,
como para nosotros, nuestro norte es el sur.

oral”. De esta forma, desestabiliza la dicotomía centro-periferia; ya que puede


existir una “versión de los vencedores” cuando el migrante se impone en la
ciudad, aunque “también hay migrantes instalados en la nicho de la pobreza
absoluta, desde donde opera la nostalgia sin remedio” (cfr. Cornejo Polar, “Una
heterogeneidad no dialéctica” 837-844).
12
Carlos García-Bedoya explica, con respecto a esta división: “En el ámbito
que ahora nos interesa más directamente, el académico, ello implica que la teo-
ría, la ciencia, se produce en las sociedades del norte, en los países centrales,
mientras que en las sociedades periféricas del sur quedan relegadas a la mera
condición de productoras de materia prima cultural. Las reflexiones procesadas
en estas sociedades no alcanzan el estatuto prestigioso de la teoría o de la cien-
cia, supuestamente universal (desde una concepción excluyente de lo univer-
sal)” (Indagaciones heterogéneas 65).
RAÚL BUENO: LA COLISIÓN EPISTÉMICA 99

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UN TRABAJO CRÍTICO HETEROGÉNEO

Aymará de Llano
CeLeHis (Centro de Letras Hispanoamericanas)
Universidad Nacional de Mar del Plata

Preliminares.

Delimito dos cuestiones desde el inicio. La primera se refiere a


una cuestión que planteó Antonio Cornejo Polar en sus trabajos,
aunque especialmente cito uno muy cercano a mí, ya que lo leyó en
ocasión de estar invitado a un Congreso del CeLeHis en 1994 en mi
Universidad. En esa conferencia planteaba que la condición migran-
te funciona como un locus enunciativo que remite a un sujeto disgre-
gado, difuso y heterogéneo para diferenciarlo del paradigma del su-
jeto mestizo y su modelo sincrético (“Tradición migrante e intertex-
tualidad: el caso Arguedas” 45-55). Esto me parece esclarecedor pa-
ra entrar en este trabajo cuyo objetivo está condensado en el título
puesto que alude al trabajo metacrítico que pretendo hacer sobre los
estudios de Raúl Bueno, centrado en el modo en que la heterogeneidad
lo lleva a producir una crítica heterogénea. También considero que
su discurso funciona como locus de enunciación y, de ahí, la posibi-
lidad de entrar en el campo discursivo de lo político.
En segundo término, me permito iniciar una relación personal al
tener el primer contacto con un texto de Raúl Bueno. En el año
1987 me encontré con una RCLL, la número 23, en la que Raúl pu-
blicó “Escribir en Hispanoamérica: escribir Hispanoamérica”. En
Argentina, por aquel entonces no era fácil conseguir las revistas pu-
blicadas en otros países. Estaba comenzando mi doctorado sobre
José María Arguedas y todo lo que proviniera del Perú era material
para leer con avidez y premura. En ese texto vi el concepto de hete-
rogeneidad cultural e histórico-social por vez primera, puesto que
todavía no había leído a Cornejo Polar. Encontré un artículo con un
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objetivo bien definido, referencias teóricas compartidas (Barthes,


Genette, Todorov, Gramsci, Eco y otros) y una disquisición que fue
muy enriquecedora para mí: la diferenciación entre referente interno
y referente externo. Recuerdo que lo dábamos como bibliografía de
la cátedra con mucho entusiasmo, veíamos en ese texto la idea de
que podría haber una teoría de la literatura latinoamericana, idea que
interesaba al grupo de investigación. Esas conceptualizaciones me
incumbieron y, varios años después, conseguí en Lima la obra de
ACP y otros artículos de Raúl Bueno. Con el recuerdo de esa expe-
riencia y explicando el consenso que provocó ese artículo quiero
decir que luego llegaría la lectura de Martín Lienhard, de Antonio
Cornejo Polar, por supuesto de Ángel Rama y otros tantos que nos
fueron señalando el camino para interpretar Nuestra América.

Los modos de la crítica.

El mundo de la crítica se ha transformado en parte en un gran


campo discursivo, en muchos casos, aséptico en tanto que la fer-
viente adhesión a corrientes teóricas y críticas lleva al discurso a
agotarse en el análisis o la interpretación y valoración literaria de los
textos sin llegar a evaluar otros aspectos atinentes a las políticas cul-
turales que se desprenden de ellos mismos. Por otro lado, se obser-
va un eclecticismo al tomar una u otra teoría según el tipo de textos
trabajados; esto tiende más a una aplicación que a una decisión éti-
ca. Si bien éstos no son parámetros comprobables en estadísticas
globales, ni es una práctica mayoritaria, esta tendencia se pone en
evidencia en publicaciones recientes, quizá como fruto de la obliga-
ción ante la que se enfrenta el investigador instado por los múltiples
sistemas de evaluación académica impuesta por la globalización. No
estoy proponiendo que el compromiso debe explicarse y explicitarse
(la responsabilidad ética se puede leer en líneas de investigación, en
la elección de teorías literarias y críticas), sino que debería haber pa-
radigmas críticos o modos de la crítica en el que el investigador (ya
especialista, experto, investigador y/o futuro intelectual) se inscriba
eligiendo una forma de vida (noción que retomo hacia el final),
además de ser una profesión, un trabajo o un empleo. La pregunta
es por qué ese modo de hacer crítica no siempre se adentra en el
mundo histórico y social en el que tiene lugar esa literatura. Quizá
algunas posibles respuestas sean: por desconocimiento, por desinte-
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rés, por exceso de un profesionalismo mal entendido, por falta de


compromiso o, tal vez, por un apremio temporal externo al propio
sujeto de la crítica u otras razones semejantes que no le permiten
establecer ese contacto entre su crítica y un más allá del texto.
Puesta a observar la práctica de Raúl Bueno, es inobjetable su
modo de insertarse en campo, nos ofrece un ejercicio que represen-
ta un aporte proteico al campo de las ideas. Su crítica es precisa, pe-
ro abierta a la discusión, la cual es incitada, siempre con sustento
teórico; detrás de su texto hay trabajo bibliográfico profundo y re-
flexivo/interpretativo. Considero necesario ante esta tarea metacrí-
tica que me he propuesto, pensar a partir de lo que otros investiga-
dores e intelectuales prestigiosos y con experiencia han argüido
acerca de los modos de la crítica. Para ello reviso El mundo, el texto y
el crítico de Edward Said y Panorama histórico de la literatura argentina de
Noé Jitrik.
El primero de ellos, publicado hace más de treinta años, describe
cuatro formas de la crítica literaria: la crítica práctica (reseñas y pe-
riodismo literario), la historia académica de la literatura (erudición
clásica, filología e historia cultural), la valoración e interpretación
literarias y, como cuarta categoría, la teoría literaria. Luego adelanta
su contribución al campo que se centra en el “intento de ir más allá
de estas cuatro formas tal como” (11) las define y llega a enunciar lo
que para él es la conciencia crítica, situada entre dos fuerzas interre-
lacionadas: “la cultura a la que los críticos están ligados por filiación;
[…] la otra es un método o sistema adquirido por vía afiliativa” (41).
Este último caso es relativo a la convicción social y política, a las
circunstancias económicas e históricas o al esfuerzo voluntario o a
la reflexión deliberada. En el segundo caso, Jitrik establece tres
campos en los que se podrían dividir los trabajos críticos en Argen-
tina; sin embargo, a mi entender, pueden ser conceptos extendidos,
por lo menos, a la crítica en América Latina: 1) la crítica inmanentis-
ta, es decir, la atención a lo escrito, sea por el estilo, o por la estruc-
tura; 2) la crítica histórico-sociológica, que trata las corrientes signi-
ficativas entre la obra y lo exterior a ella y 3) finalmente, la crítica
semiótica, a la que el autor caracteriza como la relación que hay en-
tre el interior textual y el exterior real; este tipo de crítica lleva a “la
búsqueda de significación inherente a la materia verbal, que consti-
tuye, en definitiva, la literatura” (Panorama histórico… 20). La bús-
queda podría ser exhaustiva, no es el objetivo que persigo, en cam-
104 AYMARÁ DE LLANO

bio me interesa pensar a partir de estas elucubraciones motivadoras


desde dónde y cómo opera el discurso de Raúl Bueno.
En principio, si bien es cierto que es aconsejable ser cauteloso en
la transposición de condiciones contextuales propias del sujeto que
ejerce la crítica en su discurso, también es cierto que no se pueden
dejar de lado porque, de una u otra manera, determinan al sujeto.
Me siento habilitada en esta relación al leer a Auerbach quien, en el
“Epílogo” a su Mímesis, declara aceptar que podría estar disminuida
su condición como crítico/estudioso por la situación socio-política
que implicaba su contexto de producción (plena guerra con restric-
ciones de toda índole). Para ello, me interesa traer a colación nue-
vamente el texto ajeno, desde lo cultural, el de Edward Said. En ese
texto, trata de comprender qué significa tener conciencia crítica y se
pregunta si el intelectual debería hacer algo más que afirmar la cultu-
ra o someterse a ella. Su hipótesis es que dicha conciencia crítica,
en el mundo contemporáneo, está entre dos “las tentaciones que
representan dos formidables fuerzas interrelacionadas que atraen la
atención crítica” (40). Una de ellas es la de los críticos ligados a una
cultura por filiación, se refiere a nacimientos, nacionalidad o profe-
sión y, la otra, por afiliación cuando la relación se establece por con-
vicción social, política, económica e histórica o a la reflexión delibe-
rada. La relación con la cultura en Raúl Bueno cumple con los dos
tipos de relaciones y en todos sus puntos. Lo que se interrelaciona,
en otro paradigma, con un concepto central, el de sujeto migrante y,
por lo tanto, heterogéneo o viceversa. No me atrevo a valorar jerár-
quicamente estas dos condiciones del sujeto, creo que una se incluye
en la otra y viceversa, se interpenetran en el caso de Bueno. Para
ello me remito a su propio discurso, en el que aun advirtiendo que
el referente no era el yo/sí mismo, es casi impensable que el lector
no interprete, ahora sí, la filiación (por origen cultural, migración
geográfico-cultural y profesión) y la afiliación (por lo socio-
económico-político y escritura) entre el texto y el sujeto existente,
Raúl Bueno. Cuando describe el proceso de migrancia, nuestro críti-
co discurre: “Así, cuerpo, actitud, acciones, lengua, creencias, cos-
tumbres y otros signos se filtran por entre los esfuerzos que hace el
migrante para ser funcional en la cultura que […] lo enmarca”.
Agrega, luego, al relacionar ambas condiciones: “Su experiencia […]
se hace también cada vez más heterogénea en la medida en que ab-
sorbe los códigos y signos que le permiten ser funcional, con un
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mínimo posible de elaboración sobre su diferencialidad, en la nueva


cultura” (“Sujeto heterogéneo y migrante” 188). En ambas citas se
ve en imagen a Raúl Bueno moviéndose en los Departamentos de
Español en las universidades de EEUU, tratando de no ser succio-
nado por el sistema capitalista más radiante del planeta, y apostando
a América Latina en el seno del centro, sosteniendo y exponiendo
entornos heterogéneos. Vuelvo a pensar en su crítica cuando nos
dice que “el discurso fragmentado que […] (se) produce deja leer
siempre una historia, a menudo más que individual” (“Sujeto hete-
rogéneo y migrante” 189). Su crítica remite a lo comunitario/co-
lectivo, en el sentido de entrar desde lo puntual en lo profundo, que
es muy diferente de lo general, que indicaría el pasaje por el pano-
rama, el sobrevuelo acerca de ciertos textos y autores.
Bien, siguiendo esta senda y aumentando el foco, vuelvo a ingre-
sar (considero sin temor a equivocarme) en otro pensador, en las
nociones de Jitrik acerca de lo que él denomina la crítica semiótica:
aquella que intermedia entre el texto y el contexto, pero (y aquí resi-
de lo distintivo respecto de otros ordenamientos) persiguiendo la
significación de la “materia verbal”, es decir de lo que diferencia a la
literatura de los otros discursos. Advierto en el discurso crítico de
Raúl Bueno la intención de penetrar en la materia verbal y desde ese
lugar ser un mediador entre el texto y su contexto de producción.
Advierto ese movimiento desde sus primeros trabajos, por ejemplo,
en el artículo en el que sistematiza los conceptos referente interno y ex-
terno (cfr. Bueno, “Escribir en Hispanoamérica: escribir Hispanoa-
mérica”) insistiendo en la idea de complejidad para describir el sis-
tema latinoamericano y la heterogeneidad en todos los ámbitos.
También cuando trabaja con los textos de Cornejo Polar, ahondan-
do y abriendo su significado, desde la “heterogeneidad básica o
primaria a la heterogeneidad discursiva” (“Sobre la heterogeneidad
literaria y cultural de América Latina” 29), aparece, desde una pers-
pectiva semiótica, esa noción del signo heterogéneo, es decir, en pala-
bras de Jitrik, trabajando desde la materia verbal:
Nuestra tarea de estudiosos de la literatura consiste en hacer visibles los
sistemas teóricos del conjunto llamado literatura latinoamericana. Consiste
en extraer de los fenómenos y sistemas literarios latinoamericanos los dis-
positivos conceptuales y modelos que mejor los representan, describen y
explican (Promesa y descontento de la modernidad 25).
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Además, Bueno reivindica una tradición crítica latinoamericana


como parte del rescate de líneas que insistieron en un discurso in-
teresado en incluirse en una crítica semiótica. No desconoce la rele-
vancia de la escuela de Birmingham y la tarea de los estudios cultu-
rales en EEUU, sin embargo considera que, en América Latina, los
estudios culturales tienen un origen anterior y que muchos, como
Martí, Mariátegui, Rama y otros los han transitado como un campo;
con esto se refiere a la interdisciplinariedad con la historia, antropo-
logía y otras disciplinas de las Humanidades y Ciencias Sociales:
Los estudios culturales […] constituyen un campo no sólo de encuentro de
distintas disciplinas establecidas, sino de origen de diversas aproximaciones
y teorías, para las que reclamo la retroactividad del nombre; los estudios
culturales latinoamericanos [...] tienen antigua data, necesidades y pro-
gramas propios y un futuro que trasciende los vencimientos cortos a que
nos ha acostumbrado el mercado intelectual (Promesa… 109).
Esta necesidad de reivindicar una tradición desde América
Latina de la que él es parte implica la idea de construcción de un
campo discursivo que sume las responsabilidades de ese armado sin
rendirse miméticamente a los estudios provenientes de otras latitu-
des. De ahí la insistencia que se evidencia en sus trabajos (cfr. los
dos volúmenes publicados en 2010 como ejemplo de ello) en la im-
portancia de revisar los textos fundacionales de Andrés Bello, José
Martí, José Enrique Rodó, Pedro Henríquez Ureña, José Vasconce-
los, José Carlos Mariátegui, Oswald de Andrade, Fernando Ortiz,
Ángel Rama, Roberto Fernández Retamar, Aimé Cesaire, José María
Arguedas, Néstor García Canclini y, obviamente, Antonio Cornejo
Polar ya no como revisión, sino como escenario del que parte para
ahondar en sus reflexiones y enriquecer esa línea de tradición crítica.

¿Políticas de la heterogeneidad o heterogeneidad de la políti-


ca?

Como hemos insinuado, la noción de sujeto migrante le resulta


operativa a Bueno al relacionarla con la de mirada oblicua o la de for-
maciones imaginarias del discurso a la hora de ampliar, profundizar y ar-
mar un proyecto crítico ya que participan de la condición de la hete-
rogeneidad y le permiten vislumbrar aristas diferentes (Promesa… 155-
171). Estos conceptos interrelacionados conllevan y plasman en el
discurso crítico una mirada oblicua que intenta dar cuenta de la
UN TRABAJO CRÍTICO HETEROGÉNEO 107

imagen inestable que los sujetos tienen de sí mismos y de su mundo,


cosmovisiones que se construyen desde el prejuicio, la humillación y
el menoscabo. Para no repetir y parafrasear a Bueno en los ejemplos
literarios (José María Arguedas, la música chicha del Perú, Juan Rul-
fo, Fernando Vallejo, Rigoberta Menchú, Rosario Castellanos y
otros), traigo a colación la poesía de Efraín Miranda:
Nos gritan que son la sociedad histórica;
La asociación viviente, elegida y selecta
Del porvenir humano.
Nos golpean con sus instituciones trasplantadas,
Nos entrecruzan con las cadenas de su jurisprudencia,
Nos doblan con las imágenes de sus religiones,
Y nos gritan a la razón, diciendo que somos taciturnos,
Enigmáticos, misteriosos para que lo seamos (EG de Choza).
Los poemas de Efraín Miranda polemizan con el discurso esta-
blecido, se apropian de formatos, léxico y conceptualizaciones. Se
trata de una voz cuyo referente es su comunidad y los peligros a los
que se enfrenta por el mal uso del proceso modernizador (De
Llano, Calentar la tinta). También podemos mencionar la formación
imaginaria que se desprende de los diversos personajes de En octubre
no hay milagros de Oswaldo Reynoso, en quienes la vida transcurre
como dádiva entre las promesas y el descontento.
Me interesa especialmente observar cómo Raúl Bueno resignifica
la categoría heterogeneidad, acuñada por el maestro Cornejo Polar, en
su relación con una función programática del texto. En dicha pro-
yección discursiva empiezan a interactuar propiedades interpelantes
que nos llevan a pensar en una dimensión política del discurso. Cap-
tamos una primera aproximación a esta idea a partir del reclamo de
Bueno por el “derecho a la heterogeneidad” para los estudios litera-
rios latinoamericanos (Promesa… 41). Así hace una puesta en valor
de nuestra diversidad. Para ello propone
entender el estado actual de las estudios literarios latinoamericanos como el
resultado de una colisión permanente y necesaria de paradigmas científicos
y culturales de distinto tipo […] y asumir esa colisión, y la diversidad con-
flictiva que genera, como la base epistemológica necesaria para producir
(como se está haciendo ya, en no pocos esclarecidos casos) los discursos
críticos más ajustados a la índole complejísima del proceso de nuestras li-
teraturas, mejor aún, para producir un cuerpo teórico que argumente y re-
vele, como uno de los rasgos distintivos de nuestra cultura, la colisión con-
108 AYMARÁ DE LLANO

tinua de sistemas y paradigmas a todo nivel (…sería una episteme) de la de-


sarmonía, la contradicción y lucha (Promesa… 42).
Es evidente que, en el derecho a la heterogeneidad también está
incluida la crítica contemporánea y la necesidad de que los críticos
acepten una crítica heterogénea, que no discrimine entre literatura
culta y popular y pueda vislumbrar a todas las literaturas latinoame-
ricanas (en plural como lo enunció Cornejo Polar) como sistemas
interactuantes y enriquecidos entre sí, sin menosprecio de ninguno.
En el artículo “Sujeto heterogéneo y migrante. Constitución de
una categoría de estudios culturales” (2002), incluido en Antonio
Cornejo Polar y los estudios latinoamericanos, un tomo en homenaje a An-
tonio Cornejo Polar, Raúl Bueno asume su responsabilidad y riesgos
como crítico al tomar las categorías de sujeto migrante y heterogé-
neo yendo más allá de lo conceptualizado al respecto por Cornejo
Polar. Bueno consideraba ya en su artículo de año 1996 que la cate-
goría heterogeneidad acuñada por Antonio Cornejo Polar “es uno de
los más poderosos recursos conceptuales con que América Latina se
interpreta a sí misma” (“Sobre la heterogeneidad literaria y cultural
de América Latina” 21). Por otro lado señala que, si no se posicio-
nara de tal modo, “ninguna reflexión crítica (o metacrítica) podría
avanzar siquiera un mínimo” (“Sujeto heterogéneo y migrante”
174). Vuelve sobre la cuestión de los contextos heterogéneos a los
que alude Cornejo Polar, es lo que le interesa para ampliar el campo.
Pero no se queda sólo en eso, avanza con otra idea del maestro.
Bueno subraya la dimensión que Cornejo Polar prefigurara para el
futuro, “la tarea es política, ya no meramente literaria, ni cultural”, y
completa:
Yo añadiría que todavía cabe desarrollar una cultura política que allane el
paso a una política de la diversidad cultural sin conflictos sociales. Esa po-
dría ser una de nuestras contribuciones a la sociedad humana. Tenemos las
condiciones materiales y conceptuales para realizarla; y la realizaremos,
siempre que persistamos en una heterogeneidad de signo enderezado y po-
sitivo (“Sobre la heterogeneidad…” 23).
A esta altura nos insta revisar algunas particularidades del campo
discursivo en el que hemos penetrado. Jitrik ha caracterizado al dis-
curso político según tres condicionantes: 1) la calificación del enun-
ciador, 2) las características del contexto en el que se enuncia y 3) el
efecto que logra el enunciado (Conocimiento, retórica, procesos 13-30).
Nuestro enunciador es calificado en el campo de la crítica, en el
UN TRABAJO CRÍTICO HETEROGÉNEO 109

contexto se reúne un campo de intereses comunes: la Academia, los


estudios literarios latinoamericanos. Ahora bien, en cuanto a lo per-
formativo (el efecto que se puede lograr) “van del realismo a la uto-
pía” (Conocimiento, retórica, procesos 16). El efecto es imprevisible, pero
indispensable, porque los otros dos no tendrían razón de ser. Sos-
pecho que este tomo en homenaje es parte de una performatividad
que se viene dando a partir de acciones como la continuación de la
tarea de Cornejo Polar en varios y amplios sentidos: la RCLL, Lati-
noamericana Editores, las JALLA y otras tantas acciones que com-
pletan estas políticas.
Después de analizar la posición del sujeto heterogéneo moderno,
los pro y los contra, Bueno llega a la conclusión de que todavía las
mayorías políticas de América Latina aspiran a ser
agentes […[ de una modernidad distinta, “otra”, humanizadora, verdade-
ramente democrática, […] respetuosa de la tradición, las heterogeneidades,
la pluralidad, y […] el bien común.
El hallazgo de ese diseño complejo y justiciero, que nos ofrezca salidas
de las insatisfactorias premodernidades y submodernidades y que, a la vez,
nos impida recaer en los excesos de la modernidad central, es la tarea pri-
mordial –el sentido y la justificación– de nuestra posmodernidad sui generis
(Promesa… 58).
Nuevamente la apuesta política (¿utópica?) para controlar los
desajustes y excesos de la modernidad y de la postmodernidad en
América Latina. Esa convivencia con las pre, sub y postmodernida-
des, que implican conflicto, desencanto e injusticia, operan en los
sistemas simbólicos que son heterogéneos. De ahí el estado de vigía
que Bueno reclama a los críticos como la ética de nuestro trabajo:
Quienes nos dedicamos a leer los discursos literarios y culturales de Améri-
ca Latina tenemos la misión de revelar la verdadera índole ideológica de
esos discursos. No es sólo una facultad, sino un deber moral y una nece-
sidad política. […] Nuestro trabajo nos obliga a mantenernos alerta: descu-
brir por dónde el enemigo está asomando su oreja peluda (Promesa… 136).
En mi opinión, los sistemas ejecutados por la Academia van en
una dirección contraria a estas cuestiones. Las modas impuestas,
que subyugan a jóvenes investigadores, a las que adhieren para en-
trar rápidamente en el sistema, la velocidad que se le imprime a los
doctorandos para terminar sus tesis, la rapidez que imprimen los sis-
temas de evaluación (a los que ya me he referido) e involucran a in-
vestigadores jóvenes, medios y consagrados, la avidez por llegar a
110 AYMARÁ DE LLANO

un producto simbólico (sea artículo, capítulo, libro, tesina, tesis) sin


pensar en el efecto de ese discurso en el campo (muy a pesar de las
mediaciones de impacto según normas internacionales) operan como
parte de ese enemigo de “oreja peluda” (lástima que no se trate de
uno de los zorros de Arguedas). Las posturas se redoblan cuando la
estrategia entra en una semiosis política, la dimensión utópica está
presente como en toda propuesta futura, hay una decisión ética; pa-
ra Bueno la heterogeneidad es
[u]na apuesta de afirmación positiva y optimista, que redima un presente y
un pasado más que satisfactorios, y que tienda ya no a la cancelación de la
pluralidad socio-cultural de estas patrias, sino a su regeneración, es decir a
su preservación dentro de una perspectiva descolonizada y justiciera (“So-
bre la heterogeneidad…” 24-25).
En este punto, recojo una pregunta de Cornejo Polar en Escribir
en el aire: “por qué nos resulta tan difícil asumir la hibridez, el abiga-
rramiento, la heterogeneidad del sujeto tal como se configura en
nuestro espacio” (21). Pareciera que Rául Bueno le contesta al decir
que es de suma importancia la fuerza hermenéutica de la categoría
heterogeneidad, por lo cual hay que “situarla correctamente en el
contexto conceptual de los estudios literarios y culturales de Améri-
ca Latina” (“Sobre la heterogeneidad…” 25), pero también abrirlos
hasta llegar a acciones políticas concretas. La intención de sus traba-
jos es “desactivar proyectos antihistóricos y antihumanitarios” (Pro-
mesa… 136). De ahí que antes hablara de la crítica como una forma
de vida, retomando el concepto de Wittgenstein en sus Investigaciones
Filosóficas: “los hombres concuerdan en el lenguaje. Ésta no es una
concordancia de opiniones, sino de forma de vida” (241). La mori-
geración de nuestro lenguaje crítico debe responder a una forma de
vida, así se constituye en discurso crítico, ése es nuestro modo de
asumir una responsabilidad como intelectuales. Raúl Bueno trabaja
en ese sentido, haciéndole honor a su maestro e involucrándose en
nuestra diversidad cultural.

BIBLIOGRAFÍA CITADA

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ARGOS AREQUIPENSIS. LIBRO DE HOMENAJE A RAÚL BUENO CHÁVEZ
Boston: RCLL, CELACP y Latinoamericana Editores, 2014, pp. 113-128

DE APRENDIZ A MAESTRO. EL TRÁNSITO CARAQUEÑO


DE RAÚL BUENO CHÁVEZ

Mirla Alcibíades
Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, Caracas

I.

Conocí a Raúl Bueno Chávez en 1980, cuando llegó al Centro de


Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg) como inves-
tigador visitante. Estuvo con nosotros el primer semestre de ese
año. En ese tiempo el departamento de investigaciones del Celarg
estaba conformado por tres secciones: ciencias económicas y socia-
les, filosofía e historia del pensamiento latinoamericano, y literatura.
Nelson Osorio estaba al frente de esta última. Como parte de la ac-
tividad que se adelantaba, estaba el funcionamiento de un seminario
que convocaba al equipo de investigadores, auxiliares y becarios una
vez a la semana (si no recuerdo mal, los días miércoles).
El recién llegado colega peruano se sumó al grupo cuando está-
bamos en trance de concluir el estudio de la denominada para ese
entonces nueva crítica literaria latinoamericana. Pasaban frente a
nosotros los escritos de Roberto Fernández Retamar, Antônio Cân-
dido, Carlos Rincón, Mario Benedetti, Ángel Rama, Noé Jitirik, Saúl
Sosnowski, Antonio Cornejo Polar (profesor visitante en la escuela
de Letras de la Universidad Central de Venezuela desde 1979), Hu-
go Achugar (quien, entonces, coordinaba el departamento de inves-
tigaciones), el mismo Nelson Osorio, y un amplio etcétera. Muchas
veces esos intelectuales (ya convertidos en referencia internacional),
visitaban la institución y disponían un par de horas para interactuar
con el grupo del Celarg.
Estoy persuadida de que mis colegas de aquellos tiempos estarán
de acuerdo con la apreciación que guardo: el centro de aquel grupo,
la persona que orientaba, aclaraba dudas, estimulaba el trabajo de
114 MIRLA ALCIBÍADES

todos, era Nelson Osorio (el Maestro, como me acostumbré a lla-


marlo). Desde la cátedra universitaria y, desde luego, en el Celarg,
era insistente al plantear los estudios literarios en América Latina
como disciplina del pensamiento, vale decir, como discurso científi-
co en sus campos constitutivos.
Los años como estudiante de Letras en la UCV tuve la fortuna
de dar, primero, con Ángel Rama (infelizmente en su último año en
Venezuela), poco después con Osorio y, el curso final de mis estu-
dios, con Cornejo Polar. De manera que, en el Celarg, encontraba el
espacio que armonizaba con mis hallazgos y deslumbramientos de
estudiante.
De las orientaciones que venían del profesor de la universidad y
jefe de nuestra sección de literatura, creía estar convencida hasta
que, una tarde, en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB),
escuché la conferencia del doctor Raúl Bueno Chávez, el profesor
peruano, que había sido invitado ese día a hablar de su(s) línea(s) de
investigación. Lo veía en el Celarg todos los miércoles en nuestro
seminario. Por sus preguntas y otras intervenciones me parecía que
estaba entendiendo lo mismo que yo y, de repente, sembró en mí el
desconcierto.
Era, básicamente, la orientación que guiaba su libro (en co-
autoría con Desiderio Blanco, Metodología del análisis semiótico) de pró-
xima aparición. Mientras trataba de posesionarme de lo que el expo-
sitor iba desplegando ante el auditorio, no encontraba manera de
armonizar lo que escuchaba en ese instante con lo que leía en los
autores a los que he hecho referencia. Pero si el análisis es el paso
previo –me decía– y no la crítica y, sobre todo, si la condición natu-
ral del orden científico descarta la aplicación deductiva, ¿por qué el
conferencista pone en activación lo que no debe hacer?
Mientras tanto, seguían las lecturas críticas, orientadas a explorar
en nuestra tradición teórica, crítica e histórico-literarias y, por otro
lado, a indagar en los aportes venidos de varias latitudes y que esta-
ban en capacidad de auxiliar las búsquedas latinoamericanas. Esas
lecturas y posteriores debates de los días miércoles, nos llevaron a
piezas como las de Thomas Lewis (que, en esos momentos, traducía
otro de nuestros compañeros, Carlos Pacheco), Susana Reisz de Ri-
varola (que nos proporcionó el mismo Bueno Chávez), M.M. Bajtin,
Norton Frege, etc., etc.
DE APRENDIZ A MAESTRO. EL TRÁNSITO CARAQUEÑO DE RAÚL BUENO 115

Ahora me queda claro que la mente del investigador visitante no


estaba quieta. Se miraba, se autoexaminaba, sopesaba la significa-
ción de sus avanzadas lecturas. No sé si lo habló con alguien (muy
probablemente lo conversó con Cornejo Polar, su amigo). Pero el
hecho cierto es que su próximo escrito (o, cuando menos, el que
tengo por tal) expresaba un cambio en su concepción inicial, sobre
todo si lo ponemos en diálogo con su conferencia en la UCAB.
La nueva avanzada analítica se publicó en Fragmentos, un más que
modesto medio de acopio institucional, con el que contaba el depar-
tamento de investigaciones del Celarg para dejar registro periódico
de los avances de proyectos en curso. En el número 8 (septiembre-
diciembre de 1980: 63-99) se recogió “Para la interpretación del
poema vanguardista (lectura intertextual de ‘El reloj caído en el mar’
de Neruda)”1.
¿Cómo calificaríamos el nuevo ejercicio de acercamiento textual?
Pues como un salto significativo en relación con lo aportado pre-
viamente por el autor. Es verdad que no renuncia del todo a las
fuentes que había seguido hasta entonces (Greimas, sobre todo),
pero es evidente que ya no se regodea en mostrar paso a paso deta-
lles del análisis. Por el contrario, ahora prefiere establecer las líneas
matrices que sellan el pacto del poema con el discurso mayor en el
cual se inscribe (Residencia en la Tierra). Ha meditado que el poema
no es independiente del conjunto que le da sentido, interesa ver su
intimidad textual desde luego, pero ello no implica descuidar la tota-
lidad. Para llamar la atención en ese doble carácter puntualizará:
“Todo poemario organizado según la voluntad del poeta entraña
dos tareas de composición, en niveles diferentes. La primera apunta
a la constitución del poema; la segunda, a la construcción del poe-
mario” (Poesía hispanoamericana 86). Me identificaba con esa idea por-
que la había escuchado varias veces por boca de Osorio.
En ese ensayo, y a partir del ítem que titula “3. El juego de las
metáforas”, no puede escamotearse un desarrollo que lo acerca a la
genialidad. Ese valor radica tanto en el mérito que entraña como
modelo para el abordaje de la poseía de vanguardia hispanoamerica-
na, como en la atención que presta al “proyecto ideológico que
anima el texto” (104). Ello le permite concluir: “Sí es interés nuestro

1
Incluido en Poesía hispanoamericana de vanguardia 77-106. Cito por esta últi-
ma edición.
116 MIRLA ALCIBÍADES

remarcar cómo en la siguiente época de la poesía de Neruda, cuyo


inicio coincide con el estallido de la Guerra Civil Española, vivida
más o menos directamente por el poeta chileno, su proyecto ideoló-
gico –y su práctica– cambió de manera radical” (106).
Plantados en este punto, pienso que, así como él había determi-
nado otra perspectiva en la obra nerudiana a partir de su estada en
España, me atrevo a asegurar un cambio en la concepción intelec-
tual de Raúl Bueno Chávez a partir de su primera visita a Caracas en
1980. El aprendiz está en trance de agudizar sus búsquedas intelec-
tuales.

II.

En 1982 volvió Bueno Chávez como profesor contratado por la


Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela. Desde
luego, retomó el contacto y la participación con el grupo de la sec-
ción de literatura del Celarg. En esa oportunidad tuvo la gentileza de
obsequiarme su Metodología del análisis semiótico. Ahí supe que nunca
me sumaría a los cultores de esta propuesta. Sobre todo por eco-
nomía de papel: me decía que el análisis solía ser más extenso que la
obra estudiada. No me imaginaba la cantidad de carillas (resmas, tal
vez) que tomaría poner en evidencia los semas, lexemas, clasemas,
sememas, metasememas, modelos actanciales y paro de contar en
Palinuro de México, del mexicano Fernando del Paso (725 pgs. en 10
puntos) que ganó ese 1982 el Premio Internacional de Novela Ró-
mulo Gallegos, otorgado por el Celarg.
Pero al leer con más cuidado la “Introducción” supe las razones
de los autores. Andaban en la búsqueda de un método “caracteriza-
do por su rigor científico” (9). En la página siguiente vuelven a la
misma idea al insistir: “La Semiótica es una disciplina de carácter
científico”. De manera que el meollo del asunto –pensé para mí–, la
demanda que inquietaba los afanes de hallazgo de, cuando menos,
uno de los autores, Raúl Bueno Chávez, era la ansiedad científica de
su operación profesional. Bien visto, hablar de método científico en
el ámbito de los estudios literarios de nuestro continente no era
moneda corriente en aquellos tiempos2.

2 Nuestras indagaciones en el Celarg nos llevaron en ese tiempo al examen

del punto, desarrollado a partir del volumen de Ermatinger et al., Filosofía de la


DE APRENDIZ A MAESTRO. EL TRÁNSITO CARAQUEÑO DE RAÚL BUENO 117

Sin embargo, y a pesar de la reserva que generaba en mí aquella


aplicación deductiva, no dejaba de advertir la sutileza lectora de
quien analizaba los textos de literatura. Más aún, al incursionar en la
segunda parte del libro de 1980 –la dedicada a la aplicación metodo-
lógica–, tuve la certeza de que, en realidad, la penetración analítica
del exégeta era entorpecida por el instrumental que aplicaba. En ese
momento imaginé que lo habría hecho mejor sin ese aparato al que
echaba mano. Además, lo había visto actuar en coordenadas más
productivas en el artículo aparecido en Fragmentos.
Pocas semanas más tarde, y como parte de nuestra rutina de tra-
bajo, uno de los compañeros de nuestra sección, Javier Lasarte, hizo
presentación de un borrador de trabajo. En escasas páginas aborda-
ba la narrativa del venezolano Guillermo Meneses (1911-1978). To-
davía tengo la escena ante mí: tropecé con Bueno Chávez en la an-
tesala del lugar asignado a nuestras reuniones. Recuerdo el brillo de
la mirada del colega venido de la Universidad Nacional Mayor de
San Marcos cuando, con los ojos exaltados de animación, me pre-
guntó: ¿Leíste el texto de Javier? Antes de escuchar mi respuesta me
soltó exultante: ¡Es brillante! Lo era.
Puedo decir qué elementos de la avanzada del colega Lasarte
conmocionaron y estimularon, al punto que describo, a mi interlo-
cutor de aquel instante. Releo el texto para esta ocasión (v. Lasarte)
y traigo con claridad el impacto de las finezas de un lector penetran-
te, agudo, incisivo. Era un examen que privilegiaba el texto (las es-
tructuras lingüística y narrativa) tanto como la recepción venezolana
y latinoamericana de esa producción. A su vez, abordaba todo el
despliegue ficcional del autor (de 1930 a 1962), sin descuidar la
puesta en diálogo con autores del continente y sin olvidar las cone-
xiones entre el sistema literario nacional con la realidad representa-
da. Entre esos aciertos, era también un alarde de capacidad de sínte-
sis con máximo de irradiación significativa.
En lo que dice relación con la elaboración analítica, esquivaba la
aplicación deductiva, para ejercitar –en correspondencia con lo que
habíamos aprendido en nuestros escritos orientadores de entonces
(René Jara y Fernando Moreno; la tradición checa, representada por
Felix Vodicka y Oldrich Belic; Carlos Sabino; el mismo Osorio; Fé-

ciencia alemana. Sin olvidar, desde luego, al Dilthey que ya se había planteado la
necesidad de una ciencia literaria en 1887.
118 MIRLA ALCIBÍADES

lix Martínez Bonati; René Wellek y Austin Warren; Wolfgang Kay-


ser; etc., etc.)– la opción inductiva (era el texto que imponía cómo
leerlo, desde qué coordenadas establecer un diálogo con él). Pero,
además, Lasarte lograba el aspecto que a los iniciados (cuando me-
nos a mí) resultaba más difícil: valoraba.
Pero no se trataba de una valoración mecánica, írrita, que en
aquellos tiempos se descalificaba con la (para nosotros) expresión
más temida que cabía imaginar: “sociologismo vulgar”. Era una pro-
sa fina, cuidada, que, para más elogios, ponía en evidencia de qué
manera se cumplía aquella acertada definición que diera Humberto
Eco al definir el discurso estético-literario como “metáfora episte-
mológica del mundo”.
En verdad, ese sentido último del texto que plantaba ante nues-
tros ojos el esfuerzo exegético del colega Lasarte, se nos hacía más
evidente porque habíamos seguido los derroteros de sus búsquedas.
Antes que la suya, nos eran familiares ejercicios de acercamiento al
discurso literario en las avanzadas de Osorio y Achugar, para hablar
de personas que nos eran cercanas pero, quizás, lo que nos sorpren-
día ahora era que se trataba de uno de nosotros: de los aprendices.

III.

Probablemente, ese otro aprendiz que era Raúl Bueno Chávez


había calibrado, mejor que los demás integrantes del grupo, el tipo
de demanda que debía atender en el corto plazo. Ese reto (ahora lo
veo claro) consistió en organizar los trabajos sobre crítica que se
exponían en sucesión ininterrumpida por diversas vías (libros, revis-
tas, apuntes de clase, disertaciones en encuentros académicos, en-
trevistas) en Latinoamérica. Tenía que apropiarse de la agenda de
problemas que se debatían. Muy pronto comenzó a publicar en esta
línea. Son de 1981 los dos primeros textos que podemos valorar
como aporte de significación en esa etapa. Cuando menos dos escri-
tos del año que indico recoge en su libro de 1991 (Escribir en Hispa-
noamérica. Ensayos sobre teoría y crítica literaria).
He recordado que Bueno Chávez regresó a la ciudad venezolana
en 1982. También había estado en 1981, de ese año recuerdo dos
eventos en los que tuvo participación destacada. Uno de ellos se
concretó en el Celarg; de ese tiempo conservo las notas de una
reunión con los integrantes de la sección de literatura. El colega
DE APRENDIZ A MAESTRO. EL TRÁNSITO CARAQUEÑO DE RAÚL BUENO 119

sanmarquino –ya devenido en amigo, debo decir– hacía parte de un


grupo formado por otro sanmarquino, Antonio Cornejo Polar,
además de Jorge Ruffinelli y Saúl Sosnowski. Era el 10 de junio en
la mañana. Al momento de hablar sobre su urgencia intelectual más
inmediata, se refirió a la relación entre literatura y sociedad, más
puntualmente a la orientación adoptada por los estudios literarios en
el continente. Contaba pocos meses de enrumbarse por esa vía
cuando, en octubre de ese año de 1981, tuvo lugar la segunda figu-
ración que destaco. Ese mes participó en la Casa de Bello como po-
nente en el II Congreso de Lengua Española. Allí presentó un mate-
rial que tituló “Escribir en Hispanoamérica: escribir Hispanoaméri-
ca” (incorporado en Escribir en Hispanoamérica 47-63).
Todavía no sabíamos (bien, yo no lo sabía) que estaba compro-
metido de lleno con la materia asociada a los estudios literarios, por
cuanto no había publicado una reflexión previa (de febrero de 1981)
y que, extraviada, sólo vio la luz en 1988. Este último material abre
su oferta de 1991 y es titulado “Planteamientos de (y sobre) la actual
crítica literaria latinoamericana” (Escribir en Hispanoamérica 19-45).
En la “Introducción” dirá que es “un ensayo de iniciación en el te-
ma, de tentativa y error, voluntarista y algo soñador, que se explica
en cierto modo como el discurso de un converso reciente” (10).
Tal vez lo lleve la razón en lo de soñador, pero, la verdad, cole-
ga, es que los alumnos que se le acercan en el presente lo agradecen.
Sobre todo porque les dibuja el panorama del campo hasta esa fecha
y, sobre todo, les provee las necesarias lecturas que deben consumir.
Todo el volumen está dedicado a los estudios literarios en Latinoa-
mérica. Le interesan varios abordajes: teoría y crítica más reciente,
cientificidad de la disciplina y, como resultado de esa demanda, la
función histórico-social que satisfacen esas indagaciones. Nótese
bien. El debate anterior que apuntaba al compromiso de la produc-
ción estética (la literatura) con la sociedad deviene, ahora, en una
demanda sobre la que no se reflexiona como es lo deseado: cómo
hacer para que esos discursos que indagan sobre la literatura arrojen
luces sobre esas dispares maneras de interpretar lo que (por econo-
mía de lenguaje) llamamos “realidad”. Para decirlo en otras palabras,
hay que llamar la atención sobre “la falta de compromiso de algunos
críticos” (Escribir en Hispanoamérica 13). A final de cuentas, añado,
para poder cambiar nuestras condiciones histórico-sociales debemos
120 MIRLA ALCIBÍADES

(tenemos), ante todo, que conocer lo que vamos (o pretendemos)


transformar.
En un volumen tan cargado de revisiones y proposiciones
–imposible de presentar en estas menguadas carillas– quiero apuntar
a un aspecto que juzgo fundamental en este ensayo de 1981. El
enorme afán de síntesis para recuperar los aportes que, en la década
del 70 en el pasado siglo, exigieron un nuevo estatuto epistemológi-
co de los estudios literarios en América Latina. Y más todavía, la
puesta en diálogo con los aportes europeos, pero no en términos de
sumisión cultural, sino de diálogo entre pares. Y es que, como re-
cordaba Bello, tampoco “se quiere que cerremos los ojos a la luz
que nos viene de Europa” (249). Es así como en el pequeño volu-
men de 1991 no vemos a un autor que renuncia a sus lecturas euro-
peas, mas sí tomar de ellas lo que cabe recuperar para su propia uti-
lidad. Ello en lo que concierne a categorías válidas para una teoría
general de la literatura dentro de la cual, obviamente, cabe situar las
literaturas latinoamericanas.
Y hay un último elemento que quiero destacar de esas 147 pági-
nas ricas en contenidos: el paso de la desesperanza al entusiasmo.
Me explico. El ensayo “Sentido y requerimientos...” (85-106) toma
como inicio una afirmación que solía escucharse con insistencia a
finales de la década de los 80. De acuerdo con un peregrino parecer,
corridos tres lustros no se habría concretado la anhelada constitu-
ción de una teoría de la literatura latinoamericana. La respuesta que
ofrece el autor a este enfoque desesperanzado pasa por establecer la
sintaxis histórica de esa búsqueda continental. El recorrido toma en
cuenta nombres, publicaciones y tendencias que dieron justificación
a esas demandas. Al final establece las “tareas”, la agenda de pro-
blemas por enfrentar.
Pero queda aleteando la idea de que no hay una posición frontal
de su parte. Quizás al valorar esto que señalo, lo condujo a ofrecer
el último texto (“Nuestro vino...”, inédito hasta esa fecha). En esas
páginas, si habían quedado dudas en relación con una pretendida
desesperanza en el campo que cultiva, la puesta de orden no podía
ser más entusiasta. Lo hace a partir de la conocida expresión del cu-
bano que Bueno Chávez invoca en el título del ensayo, de ahí que
concluya: “Por eso, cuando leemos la invocación de José Martí en el
sentido de crear los latinoamericanos nuestros propios sistemas,
nuestras propias teorías, no podemos menos que pensar que el
DE APRENDIZ A MAESTRO. EL TRÁNSITO CARAQUEÑO DE RAÚL BUENO 121

tiempo no ha transcurrido en vano, y que en el campo de los estu-


dios literarios ya estamos produciendo –para decirlo con la metáfora
martiana–: nuestro propio vino” (Escribir en Hispanoamérica 147).
No perdamos de vista tampoco que los textos reunidos en el vo-
lumen de 1991 fueron escritos entre 1981 y 1989, y vienen precedi-
dos de una “Introducción” fechada el año de publicación. Un pro-
ceder similar encontramos en el libro de 1985, Poesía hispanoamericana
de vanguardia. En esta oportunidad el radio temporal cubre de 1978 a
1984. Son datos que ponen en evidencia las dos líneas de trabajo
que se ha impuesto: la crítica ejercida en el discurso poético (resul-
tado de sus jornadas en el aula) y la exploración teórica.
De ese volumen de 1985 merece la pena destacar las coordena-
das que evidencian un cambio radical de sus mecanismos de valora-
ción. En ese sentido, es singularmente importante el último aporte
del conjunto. Aludo a “La interpretación del poemario (Aproxima-
ción teórico-metodológica e ilustración sumaria mediante el estudio
de 5 metros de poemas de Oquendo de Amat)”, 107-137, escrito en
1984. En los apartados que concede a las consideraciones teóricas
queda asentada la premisa fundamental: “Nuestros cursos universi-
tarios de interpretación nos han llevado en los últimos tiempos a
trabajar con poesía hispanoamericana del siglo XX, en especial con
la de vanguardia, y a constatar su originalidad y su resistencia a ser
tratada totalmente con los cánones teóricos y las metodologías críti-
cas europeas, por muy estimables que estas sean” (Poesía hispanoame-
ricana… 107-108). Con esas líneas queda de manifiesto la clausura
de una etapa.
Pero este ensayo centrado en la pieza de Oquendo de Amat está
alimentado de otras significaciones que van mucho más allá de las
pocas (muy pocas) que puedo comentar en este momento. Entre
ellas, la adhesión a exigencias del Maestro, por cuanto esta avanzada
“quiere corresponder al requerimiento de Osorio y aquellos otros
estudiosos de la literatura y la crítica literaria latinoamericana...”
(Poesía hispanoamericana… 109)3; el valor operativo del poemario (y
no del texto aislado, según aplicaba en su primer libro); la categoría
de “hablante básico” en tanto depositaria de la significación última
del texto mayor.

3
De donde resulta la reorientación de la etapa previa en términos de abor-
daje al enunciado poético.
122 MIRLA ALCIBÍADES

Y hay un elemento que no puedo dejar de mencionar en este en-


sayo de 1984 sobre 5 metros de poemas: aventura sus primeros aportes
teóricos. Si bien en términos modestos todavía, pues se trata de la
acuñación de la fórmula “voluntad constructiva” para diferir el uso
de “hablante básico” (110), revela que busca soltarse de los criterios
de autoridad. Ello supone, desde luego, que comienza a asumirse
auctoritas.

IV.

Dos características formales particularizan su prosa ensayística


ofrecida en volumen. La primera de ellas: son libros que resultan de
compilaciones. No es una mácula, debo recordar. La práctica tiene
tradición ilustre en el continente si pensamos, por citar pocos (po-
quísimos) nombres, los Seis ensayos... de Henríquez Ureña, los 7 ensa-
yos... de Mariátegui, la Transculturación narrativa... de Rama o Sobre lite-
ratura y crítica... de Cornejo Polar. La segunda de ellas: cada volumen
reúne resultados ofrecidos en el lapso aproximado de una década.
Es así como el siguiente libro marcado con su personalísimo se-
llo mantiene la primera de esas particularidades, acopia propuestas
salidas con el correr de los años. Pero esta vez (un ligero cambio en
la segunda característica que relievo) los ensayos cubren un lapso de
ocho años, pues fueron escritos entre 1996 y 2004. El tema central
de la reflexión, está expresado en el título, Antonio Cornejo Polar y los
avatares de la cultura latinoamericana.
Tanto como profundiza en el concepto que define la praxis re-
flexiva de Cornejo Polar, la heterogeneidad, también toma en cuenta
meditaciones “epistemológicas y de método” (13), a partir de la ca-
tegoría que diseñó el ex rector de San Marcos. No descuida, desde
luego, exigencias que estimula desde sus años caraqueños en el or-
den epistemológico y de método. De no menos valor son las dos
avanzadas que centra en “aspectos de la cultura popular, a la que
estuvo tan entrañablemente ligada la vida de nuestro investigado”
(14). Cierra el volumen un testimonio de la íntima cercanía emocio-
nal e intelectual que sostuvo (y sostiene) con el amigo ausente.
Este libro es una invitación a la loa. Desde los tres primeros en-
sayos que llevan al autor a extremar los alcances de formulaciones
de Cornejo Polar, al llevarlas a dimensiones de más amplio alcance.
Por ejemplo, al tratar de heterogeneidad migrante o al formalizar el
DE APRENDIZ A MAESTRO. EL TRÁNSITO CARAQUEÑO DE RAÚL BUENO 123

contrapunteo entre heterogeneidad, mestizaje y transculturación, el


libro es una demostración de madurez intelectual. Es así como po-
demos decir que el aprendiz, el sujeto que enuncia, ha devenido en
Maestro.
Atrás ha quedado la etapa de exploración: de apropiación refle-
xiva de las coordenadas y los términos del debate que atrapó su mi-
rada inquieta allá, en 1980. A partir de la década de los 90, Bueno
Chávez suma las afirmaciones y concreciones latinoamericanistas. Y
este libro es expresión de esto que señalo. Es decir, la instalación de
una perspectiva propia (que insinuaba en el texto de 1984 cuando,
tímidamente aún, daba acuñación a la fórmula “voluntad construc-
tiva”) alcanza plena madurez en los 90. Una de esas avanzadas es de
1993 (en texto publicado en 2012 por Casa de las Américas: 17-23)
cuando enriquece la propuesta ramiana con el impecable análisis de
la “ciudad oral” (binomio letrada/oral que valida nuevamente en
2004: 70; 2012: 17 y sigs., 107 y 242)4.
Durante la década de los 90 también ha ido construyendo Bueno
Chávez su propio método crítico. Si me sitúo en trance de definirlo,
optaré por precisarlo con los mismos términos que el homenajeado
de esta hora dispone para hacer lo propio con el artífice de la cate-
goría “heterogeneidad”: “El método crítico de Antonio Cornejo Po-
lar es analítico-explicativo-referencial” (Antonio Cornejo Polar y los ava-
tares… 83).
Pero también los años 90 lo definen por la construcción lati-
noamericanista de su discurso reflexivo en el acercamiento a las cul-
turas del Caribe y el Brasil. Como también suma a sus méritos la re-
cuperación de los estudios culturales, en tanto tradición propia de
América Latina. A partir de sus planteamientos sobre el particular
los latinoamericanos (y latinoamericanistas) sumamos una nueva
conquista.
Un estado de plena conciencia le lleva a advertir que no puede
seguir ocultando su autoridad detrás de la inveterada (y, en mi opi-
nión, desprestigiada) falsa modestia. De tal manera, lo vemos dejar
atrás el “nosotros” o la tercera persona para asumir plena y retado-
ramente la responsabilidad que entraña la primera persona del sin-

4
Ese artículo de 1993 abre su compilación de 2010, Promesa y descontento de la
modernidad (que aquí refiero por la edición cubana de Casa de las Américas del
2012).
124 MIRLA ALCIBÍADES

gular. Sobre este particular, adviértase el contraste entre el “Prefa-


cio” a Poesía hispanoamericana de vanguardia (escrito en 1984) y la “In-
troducción” a Escribir en Hispanoamérica (de 1991).
Desde el punto de vista cronológico, recordemos que la mayoría
de los trabajos que acoge el libro de 2004 marchan a la par de los
compilados en el conjunto fechado inicialmente en 2010. Pues en
este último ofrece propuestas que cubren el lapso 1992-2009, siendo
la mayor parte de los ensayos producidos la última década del siglo
XX. Por tal razón, en muchos momentos hay cercanías temáticas y,
en otras, como se espera de su parte, hay nuevas acometidas.
Su último volumen remece las coordenadas mentales del mejor
plantado con la admirable lectura de la narrativa borgeana, en un
escrito de 2009, o la puesta en diálogo complementario y producti-
vo de Ortiz, Rama y Cornejo Polar. También persuade al ampliar el
binomio ciudad letrada/ciudad oral para llevarlo a dimensiones más
complejas con la adición de la ciudad sumergida, la rechada, la mi-
grante y la alternativa (107). No son pobres los argumentos cuando
“reclama para los estudios literarios latinoamericanos [...] el derecho
a la heterogeneidad” (Promesa y descontento de la modernidad 46). Así
como alienta desarrollos futuros en su defensa de la diversidad ínsi-
ta a los Estados que dan forma a nuestro continente. Y ya deja en
claro una de sus actuales preocupaciones, al poner en ejercicio los
conceptos de sujeto migrante y mirada oblicua. Precisamente la
puesta en clave destacada de esta última línea de trabajo lo ha lleva-
do a plantear la necesidad de volver a explorar los archivos (id. 188).
No en vano este conjunto de resoluciones (de las que he destacado,
como en momentos anteriores, sólo algunas pocas), ha merecido el
premio Ezequiel Martínez Estrada que otorga la comunidad cultural
cubana.

V.

En un intento de valoración de conjunto, puedo observar algu-


nos rasgos propios del acontecer intelectual de nuestro colega are-
quipeño. Uno de ellos es la honestidad. Es una premisa fundamen-
tal que lo ha guiado en todo momento y que, desde luego, le ha
permitido revisarse en la búsqueda de opciones más legítimas. De
esa manera procedió con sus primeros acercamientos críticos, los
que dejó atrás por cuanto reconocía las limitaciones que le impo-
DE APRENDIZ A MAESTRO. EL TRÁNSITO CARAQUEÑO DE RAÚL BUENO 125

nían. No guarda timidez a la hora de decir que ha abandonado de-


terminado enfoque o que ha ampliado ideas que ameritaban refor-
mulación. Es así como no elude el asunto, lo plantea con sencillez y
claridad para continuar en lo suyo: seguir explorando la cultura lati-
noamericana y regalándonos sus ininterrumpidos aportes. No me-
nor es su disposición a reconocer los méritos académicos de deter-
minada/o colega (práctica, por cierto, harto infrecuente entre nues-
tros pares del orbe).
Desde luego, su firmeza de criterio me resulta proverbial: por
ejemplo –y contra baratas opiniones, como diría Mariátegui– al de-
fender la validez de la semiótica en tiempos de desprestigio de la
disciplina (id. 196), pues la juzga aplicable en una sociedad como la
actual, acosada de signos. Por cierto, de esos años de preeminencia
semiótica en su hacer letrado, conserva la preferencia por los es-
quemas o “cuadros”, como el Maestro suele conceptuarlos.
El valor ético (vale decir, político) con el que carga de sentidos
su trabajo es otro de sus sellos legitimadores. En esa línea, es inocul-
table su preocupación constante –desde los tiempos de aprendiz–
por cargar de valor social (en favor de las mayorías olvidadas, cabe
precisar) el trabajo que realiza con tan denodado empeño.
Desde el punto de vista histórico, no menos valor le concedo a
sus inocultables afanes por construir tradición. Es para relievar esta
línea que particulariza su trabajo, por cuando se desplaza en un es-
pacio académico que está más ganado al mercado intelectual que a
las necesidades de conocimiento que demanda América Latina. La-
mentablemente, el participar de ese mercado muchas veces lo dis-
trae de exploraciones y aportes que serían mucho más redituables
(en términos intelectuales, se entiende) para nosotros. Pero también
es verdad que en el diálogo polémico con el otro, se afinan argu-
mentos y se plantean proyectos que, de otra manera, no serían defi-
nidos con suficiente rigor.
Ese aporte a la sustentabilidad de la tradición crítica del pensa-
miento latinoamericano me parece uno de los aportes fundamenta-
les de Raúl Bueno Chávez. Toma el pasado, lo vitaliza, lo sitúa en
diálogo con el presente y, con ello, lo torna permanente. Es lo que
está haciendo (tomando como medida el corto plazo) con el legado
de Ángel Rama y Antonio Cornejo Polar, por citar una estación más
que evidente en su recorrido como pensador. O su persistencia en
126 MIRLA ALCIBÍADES

mantener como valor sustentable la apuesta crítica de Roberto Fer-


nández Retamar.
No son todas las responsabilidades que ha echado sobre sí el
Maestro. En este momento me gustaría abundar en otras explora-
ciones que se ha impuesto. Sobre todo la que atiende a la produc-
ción estética de las diversas ciudades, distintas a la letrada, que ha
ido definiendo en el tiempo, pero no quiero cerrar estas páginas sin
tocar un aspecto que, en el momento dedicado a un homenaje, juz-
go fundamental.

VI.

Este parágrafo que he destinado para el final tiene que ver con
mis propias necesidades intelectuales. Me refiero al deseo que me
guía de ayudar (en cuanto me sea dado) a la consolidación del pen-
samiento latinoamericano, que no puede ser otro sino el que se ins-
cribe dentro de las coordenadas que definen el trabajo del Maestro
sanmarquino. En este instante y, precisamente, llevada por el impe-
cable rigor de su discurso, no puedo ignorar esas acotaciones.
Me refiero a algunos momentos fugaces que se observan en uno
que otro pasaje de su trabajo. Uno de ellos tiene que ver con el titu-
beo para definir lo que llama repetidamente “descubrimiento”. Hay
que decir que el término le incomoda, de lo contrario no se deten-
dría a enjuiciar la opción representada por la palabra “encuentro”
(Promesa… 33), que como recordamos adquirió validez a partir de
las diversas reuniones internacionales convocadas a partir de 1992.
Precisamente, de ese año es el ensayo que inaugura Promesa y descon-
tento de la modernidad; en ese momento, no sin sarcasmo, asoma “en-
contronazo”. Pero con el paso de los años ha validado la primera
opción que señalo5. En realidad, cuando revisamos la teoría sobre
hechos similares que ha desplegado la ciencia política no nos queda
más que admitir en 1492 un acto de invasión. A partir de ahí no
procede sino hablar de la invasión española a partir de ese año. Pues
tampoco podemos ignorar que la voz “descubrimiento”, de suyo,
anula la capacidad cognoscente del Otro.

5
Como cuando menciona “las crónicas del descubrimiento” en texto de
2007-2008 (Promesa… 246).
DE APRENDIZ A MAESTRO. EL TRÁNSITO CARAQUEÑO DE RAÚL BUENO 127

Otra circunstancia que genera “ruido” (para usar la metáfora


tecnológica que el Maestro aplica en determinado momento) es la
fórmula Primer Mundo. Confieso que siempre me ha molestado la
expresión, sobre todo si tomamos en cuenta que la tecnología no
puede ser aceptada como la categoría histórica que defina las rela-
ciones entre los integrantes de la Humanidad, pues visto así la espe-
cie humana deja de serlo al pretender que su entidad depende de la
tecnología que aplique. Y el argumento que no tenía a favor de mi
planteamiento me lo provee el mismo Bueno Chávez al parafrasear
un texto que mi frágil memoria había olvidado. Son palabras de los
vencidos que toma de Garibay-León Portilla y que glosa así: “Para
los naturales, no pueden ser superiores estos que traen una mejor
tecnología de guerra, pero que destruyen todo lo que es precioso,
porque funden los artefactos de oro y queman los tejidos y tocados
de plumas” (Promesa… 184). Cambiemos lo que haya que cambiar y
meditemos.
Como también merece consideración especial la noción de sub-
continente, utilizado en muchos momentos para definir América
Latina6. Aquí merece la pena recordar las circunstancias históricas
que llevan a definir este vasto territorio como una entidad con ca-
racterísticas propias y que, en tanto tal, se define a partir de sí mis-
ma y no en cuanto tajada de una extensión geográfica mayor lo que,
por tanto, obligarían a acudir al prefijo “sub” para autonombrarse.
Para que veamos un ejemplo que puede ilustrar sintéticamente lo
que señalo, Europa que, bien mirada, es, geográficamente, una pe-
nínsula de Asia, no ha encontrado problemas mayores para definirse
como totalidad continental.
La lista que invita a estos excursos podría sumar otros momen-
tos. Entre ellos, meditar la idea martiana que formula en demoledo-
ra síntesis el párrafo final de “Nuestra América”: “No hay odio de
razas, porque no hay razas” (32), a la luz de los plateamientos refe-
ridos a la diversidad continental. O pensar si, después de quinientos
años, es legítima la expresión “resistencia cultural” y no “afirmación
cultural”, como sugiere uno de los caribeñistas más lúcidos que co-
nozco, el cubano Emilio Jorge Rodríguez, al abordar la literatura y

6
Por ejemplo, en escrito generado en 2002, aun cuando (quizás por sospe-
char el autor la ilegitimidad del uso) se entrecomille el término (Antonio Cornejo
Polar y los avatares… 101).
128 MIRLA ALCIBÍADES

cultura en el área de su competencia. O, en una de sus preocupacio-


nes más recientes, la historia cultural oblicua de América Latina,
cuando pide rescatarla “de los archivos, de las cartas y testimonios
que aún pueden recuperarse” (Promesa… 188), siendo que, en reali-
dad, hasta el siglo XIX, mientras no se hubo entronizado la cultura
del libro, debe hacerse una exigencia similar en términos de amplia-
ción del corpus. Y, en última instancia, de lo que se trata es de in-
cluir discursos olvidados y releer el que contamos en la actualidad,
con la misma agudeza y criterio como el Maestro viene haciendo
con Borges, Oquendo de Amat o Neruda.
En todo caso, nada de lo que pueda señalar en este ítem oscure-
ce la impecable trayectoria de un intelectual al que conocí en 1980 y
al que, en esta fecha, no vacilo en tributar mi caluroso respeto.

BIBLIOGRAFÍA CITADA

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Casa de Bello, 1981, t. XXIII.
Bueno, Raúl. Poesía hispanoamericana de vanguardia. Lima: Latinoamericana Edito-
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—. Escribir en Hispanoamérica. Ensayos sobre teoría y crítica literaria. Li-
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Martí, José. “Nuestra América”. En Nuestra América. Caracas: Biblioteca Ayacu-
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ARGOS AREQUIPENSIS. LIBRO DE HOMENAJE A RAÚL BUENO CHÁVEZ
Boston: RCLL, CELACP y Latinoamericana Editores, 2014, pp. 129-143

RAÚL BUENO Y LA CRÍTICA DE LA POESÍA HISPANOAMERICANA


DE VANGUARDIA

Jorge Valenzuela Garcés


Universidad Nacional Mayor de San Marcos

Las aproximaciones a la vanguardia poética hispanoamericana


constituyen un corpus crítico cuya presencia ha sido creciente en los
últimos treinta años. Uno de los libros fundadores en este ámbito
de investigación entre nosotros es Poesía hispanoamericana de vanguar-
dia. Procedimientos de interpretación textual de Raúl Bueno, publicado en
Lima en 1985.
Este artículo se propone examinar el método crítico del texto
poético de vanguardia propuesto por el autor y evaluar los aportes
de su aproximación, destacando, entre ellos, el concepto de poema-
rio, cuya ampliación supone una importante contribución a la teoría
del texto y a las aproximaciones a la poesía desde la semiótica.

1. El uso poético del lenguaje.

El libro de Raúl Bueno repara inicialmente en el uso poético del


lenguaje y en los códigos y la retórica que lo constituyen como una
práctica social. Para el efecto, Bueno se vale de los aportes (de allí la
riqueza de esta aproximación) de la lingüística, la teoría literaria, la
semiótica, la poética y la narratología. Algunos aspectos centrales de
la discusión en torno al uso poético del lenguaje lo llevan a reafir-
mar, con Jakobson, que el lenguaje poético no es cualitativamente
diferente del lenguaje común o coloquial y que la función poética es
propia de todas las lenguas naturales.
Respecto de la función poética Bueno parte del principio de que
la “materialidad del signo lingüístico hace que todo lenguaje co-
mience por ser algo sensible” (Poesía hispanoamericana… 11) y que esa
130 JORGE VALENZUELA GARCÉS

materialidad es irrelevante o es menor cuando nos situamos frente


al lenguaje científico que se pretende objetivo, hecho que no sucede
con el lenguaje cuando es empleado para construir textos literarios.
En estas circunstancias “el signo o los signos de un mensaje, retie-
nen y entretienen la atención del usuario” (11), ya sea porque se
opera sobre el significado o sobre el significante. Es importante des-
tacar, en este punto, que Bueno le atribuye a los discursos translin-
güísticos la misma capacidad poética que los lingüísticos.
En la propuesta del autor la idea del “incremento” de la función
poética resulta relevante. Este incremento se explica sobre la base
del empleo del lenguaje para la trasmisión de “contenidos afectivos,
tangenciales, secundarios y adyacentes” (13) asociados a la capaci-
dad connotativa del lenguaje que “le hacen perder transparencia al
signo, desdibujan su univocidad y le otorgan cierta densidad semán-
tica que demora la atención del usuario y la desvía momentánea-
mente de la referencia de realidad” (13). En esta dirección Bueno
establece una ley a partir de la idea de que la connotación intensifica
la función poética del signo: a mayor connotación, mayor efecto
poético.
A partir de los aportes de Hjelmslev y Greimas, Bueno remarca
que la literatura, y dentro de ella la poesía, “no constituye un domi-
nio semántico y que el lenguaje poético no es sino un conjunto de
estructuras lingüísticas y reglas de funcionamiento” (14). Por lo tan-
to, para Bueno el lenguaje poético se “resuelve a nivel de formas”,
es decir, en la forma de la expresión y en la del contenido.
A partir de estas conclusiones Bueno pasa a referirse a un aspec-
to central del discurso poético valiéndose de Algirdas Greimas. Nos
referimos al isomorfismo, categoría que le permite establecer rela-
ciones entre los planos de la expresión y del contenido del poema.
Esta categoría, según Greimas “tiende a establecer un paralelismo
de regularidades formales y de ciertas homologías que bien podrían
servir para definir la especificidad del lenguaje poético” (14). Bueno
lo dice en sus propios términos: el isomorfismo es “una circularidad
referencial en que un plano remite al otro y viceversa” (14).
Pero Bueno no cree que esta sea la única facultad de la función
poética. Para el crítico peruano “el lenguaje poético a diferencia del
lenguaje cotidiano instaura su propio referente, funda la realidad
con distintos grados de extensión y autonomía” (15). Esta posibili-
dad de lenguaje poético lo lleva a sostener que “cuando un discurso
RAÚL BUENO Y LA CRÍTICA DE LA POESÍA HISPANOAMERICANA 131

funda su(s) referente(s) lo que hace es añadir opacidad y, por ende,


función poética. Más claro: para nosotros la instalación de referen-
tes inventados es facultad de la función poética del (de los) lengua-
je(s)” (15).
Bueno privilegia la poesía en el afán de “crear o proponer mun-
dos alternativos, ficticios, autónomos, parientes o no del mundo
que habitamos” (15) y la confronta con otro tipo de discursos como
el científico en el entendido de que la función poética le es común a
todos los discursos, pero que en la literatura y en especial en la poe-
sía se produce ese movimiento del intelecto ya identificado por los
griegos como poesis, cuyo sentido esencial se da en los términos de la
creación de mundos.
De este modo, la relación simbólica que se establece entre el
mundo real y el mundo creado por la palabra afectada por la fun-
ción poética, no es gratuita, sino que responde a una necesaria arti-
culación. En ese sentido, para Bueno, el referente interno del poema
se “erige en algo así como signo del segundo, del mundo que habi-
tamos” (16). Es, pues, gracias a esta articulación, que los mundos
creados por la ficción poética pueden ayudarnos a comprender y a
enriquecer el mundo que nos rodea. Bueno hace extensiva la fun-
ción poética a los relatos y de este modo rompe con la tradición crí-
tica que sólo le atribuía a los poemas esa función. Bueno establece
que cuando “la estructura narrativa en sí salta a un primer plano de
evidencia, por sobre las historias mismas y el modo de contarlas”
estamos ante un efecto poético (16).
Las ideas de opacidad asociada a la función poética y la de in-
vención referencial creada por el poema serán esenciales en los aná-
lisis de Raúl Bueno sobre la poesía hispanoamericana de vanguardia.
A partir de ellos explicará dos de sus características esenciales: la
importancia del medio o instrumento para la representación y su ca-
rácter autoreferencial.

2. Bases semiológicas: el estatuto poético de la poesía.

Después de haber reconocido que lo poético es un fenómeno


presente en diversos campos de la actividad humana (teatro, cine,
sueños), Bueno se resiste a aceptar que lo poético pueda separarse
de la sustancia que lo expresa, es decir del lenguaje que lo manifiesta
y sustenta (46). Bueno reafirma el estatuto poético de la poesía sos-
132 JORGE VALENZUELA GARCÉS

teniendo que “lo poético no puede ser trasladado de una sustancia


de expresión a otra, sin atentar seriamente contra su propia natura-
leza”. De hecho, Bueno considera que cuando se intenta trasladar lo
poético a otras sustancias expresivas lo que resulta de ello son “me-
ras impresiones promovidas por la contemplación de un arte de otra
índole” (46). Es más, deja de ser poesía.
Al comprobar que lo poético se explaya en el nivel de los conte-
nidos, pero que fundamentalmente es una particularidad de la for-
ma, Bueno confirma la tesis greimasiana de la “circularidad referen-
cial” que remite a la relación de dependencia entre el significante y
el significado poéticos. Por esta razón, Bueno sostiene algo esencial:
“la semiótica poética no puede constituida como un sistema homó-
logo al de la semiótica narrativa” (47), en tanto esta última aísla los
componentes del signo lingüístico y los estudia independientemente.
Dadas esta razones, Bueno considera todo un desafío constituir
una semiótica poética en el entendido de que “para conformar su
objeto” es necesario atender a manifestaciones discursivas de diver-
sa índole que cumplen con la función poética.
Bueno destaca como una de las características propias de la poe-
sía la llamada opacidad del signo. Partiendo de Wellek y Warren, esta-
blece que esta opacidad consiste en que el signo no remite de una
manera directa al referente y por ello lo obliga a reparar en la natu-
raleza del significante, sin embargo considera que esta manera de
ver las cosas no es suficiente para aislar lo poético pues esta opaci-
dad puede ser advertida en otras prácticas.
Esto lleva a Bueno a identificar por lo menos “dos líneas de in-
vestigación de la semiótica poética: la que estudia el fenómeno poé-
tico general y la que analiza el discurso llamado poesía” (50). Con
respecto a la última, Bueno parte de una constatación ineludible: el
lenguaje poético es cuantitativamente distinto del lenguaje coloquial
pues el lenguaje coloquial hace “una referencia casi directa a la reali-
dad inmediata mientras que el lenguaje poético crea su propio refe-
rente” (51). La idea es que al crear su propio referente el lenguaje
poético “subvierte los datos de la experiencia e instaura un mundo
física y fenomenológicamente “extraño” al real. De ese modo au-
menta o amplía la realidad. Sin embargo, Bueno llega a la conclusión
de que la capacidad de “instaurar mundos extras sea privativa del
lenguaje literario” (51).
RAÚL BUENO Y LA CRÍTICA DE LA POESÍA HISPANOAMERICANA 133

Llegado a este punto, Bueno decide volver a lo poético en tanto


función. De allí considera esencial que “a diferencia de lo narrativo,
en que se suele detectar un código (con elementos propios y reglas
de combinación), en la poesía se pone en tela de juicio la existencia
de un código (no hay elementos propios, sino ciertos modos y, a ve-
ces, reglas de combinación de elementos variados)” (52). Desde este
punto Bueno está listo para “ajustar el estatuto semiótico de la poe-
sía” y concluir que “la poesía es el discurso lingüístico en que se ex-
trema la función poética (sobre todo en su dimensión ligada al signi-
ficante) del mensaje” (52). De esta manera, la función poética se
consolidaría en un rechazo de las convenciones y de las normas co-
dificadoras y formalizaría “una infrecuencia dentro de la frecuencia
de los mensajes” (53). Por ello, sólo será posible hablar de un “efec-
to poético” o de la realización de la poesía en el horizonte de una
lengua natural “cada vez que el trabajo codificador replantee creati-
vamente las relaciones entre los planos de la expresión y del conte-
nido, cada vez que se logre una distribución inusitada o un juego
imprevisto de los elementos constitutivos de un X código” (53).

3. Raúl Bueno y la experiencia de la vanguardia. Para la inter-


pretación del poema vanguardista.

Luego de reconocer que la interpretación de textos líricos reviste


dificultades por la atención que el crítico debe prestar a las estructu-
ras fónica y gramatical, Bueno destaca el hecho de que las dificulta-
des se acrecientan cuando nos situamos frente a un poema vanguar-
dista. ¿Las razones? Esta poesía halla su fundamento en la desvia-
ción y destrucción de la norma lingüística y en la experimentación,
en la búsqueda, a través del lenguaje, de nuevas formas de expre-
sión. Ante la agramaticalidad, el fragmentarismo, el absurdo, lo caó-
tico y hasta lo ininteligible, Bueno demanda la necesidad de un mo-
delo ad hoc capaz de dar cuenta de varios niveles, es decir, de dar
“cuenta de la estructura básica del sentido textual, del sistema de re-
laciones existentes entre los diversos componentes estructurales y
del poema y del funcionamiento de los recursos poéticos” emplea-
dos (77).
El modelo de interpretación presentado por Bueno, a propósito
de un poema de Neruda, se presenta como provisional o en proceso
de consolidación. En estrecha relación con aquel modelo, lo que se
134 JORGE VALENZUELA GARCÉS

propone el autor es “ilustrar el funcionamiento del algunos recursos


practicados por la vanguardia poética hispanoamericana”, en espe-
cial aquellos recursos relacionados con las figuras básicas del conte-
nido poético: la metáfora y la metonimia. Pero no sólo eso, la lectu-
ra crítica de la poesía vanguardista debe proponerse para Bueno
“revelar las operaciones lógico-semánticas que organizan el sentido
textual” del poema, por un lado y, por otro, exponer “el trabajo lin-
güístico productor de la significación” (78).
El procedimiento analítico-explicativo desarrollado por Bueno
se propone, en esta dirección, diversas tareas:
detectar aquellas agrupaciones semánticas denominadas por Greimas “con-
figuraciones discursivas”; establecer luego los modos de relación significa-
cional entre ellas; revelar a continuación sus articulaciones en diferentes
estructuras sintagmáticas del contenido; proyectarse deductivamente hacia
el estudio de algunas formas lingüísticas y poéticas destacadas por el con-
tenido; considerar los aspectos intertextuales (palabras, versos, construc-
ciones, sentidos de otros poemas del libro) que refuerzan o precisan la ac-
tuación de ciertos elementos de la expresión o del contenido textual; y, por
último, con todo lo analizado proyectarse hacia la definición de todas las
categorías ideológicas que gobiernan la organización discursiva y la instan-
cia de la lectura “natural” del poema (78).
En la aplicación del procedimiento de análisis, Bueno empieza
por establecer las líneas de sentido que nos permiten la legibilidad
del texto. Para ello establece las nociones principales que articulan el
poema (presentes incluso en el título) cuyo protagonismo se dará a
lo largo del texto a través de figuras y tropos. Así puede aislar las
configuraciones discursivas que estructuran el poema.
Continúa Bueno con el análisis de los versos en los que le intere-
sa identificar las variantes figurativas que ilustran la relación entre
las nociones principales presentes en el poema, además de realizar
un acercamiento a las condiciones que las caracterizan. A esto se re-
fiere Bueno con el análisis de las estructuras sintagmáticas del con-
tenido.
El análisis de las figuras le permite al autor observar el modo en
que las nociones principales del poema aparecen en el texto y qué
nuevos significados portan al ser configurados de una manera parti-
cular por el poeta dentro de una corriente estética específica. Sólo
luego de la identificación de las figuras que integran el componente
semántico del poema, puede acceder al sentido general del texto.
RAÚL BUENO Y LA CRÍTICA DE LA POESÍA HISPANOAMERICANA 135

Bueno continúa con el análisis estableciendo relaciones entre el


poema analizado y los que, dentro del poemario, refuerzan la unidad
general de sentido. Así advierte la iteración de elementos, objetos,
nociones en otros poemas y establece lo que denomina “la semanti-
cidad global” del poema (85).
En este punto, el crítico peruano hace referencia a un aspecto
importante de su proyecto de investigación: su acercamiento a la ca-
tegorización de “poemario” (central en sus indagaciones como se
verá más adelante) y a las posibilidades de interpretación intratextual
que genera. Este acercamiento le sirve a Bueno para profundizar
más en el análisis y llegar a conclusiones más generales que las obte-
nidas a través del análisis de un solo poema.
El análisis, visto así, tiende a ampliar o como dice Bueno a re-
formular las conclusiones del primer análisis. La idea es que el hori-
zonte intertextual generado poema a poema amplíe el sentido de las
nociones comprometidas en cada uno de ellos.
Para la aproximación al proyecto ideológico del poema, Bueno
apela a conceptos propios de la vanguardia, a principios que permi-
ten la comprensión del poema desde el conjunto de supuestos que
motivaron a los poetas de la época a escribir. De este modo, princi-
pios como el de negación de la historia, individualismo, memoria
personal, subjetivismo exacerbado, estatismo, contemplación disfó-
rica del presente y de un pasado irrecuperable, clausura del proyecto
de futuro son empleados por el crítico para entender mejor la pro-
puesta del poema vanguardista.

4. El aporte de Raúl Bueno. Hacia una nueva concepción e


interpretación del poemario vanguardista: el caso de 5 metros
de poemas de Carlos Oquendo de Amat.

4.1. El modelo crítico.


Raúl Bueno empieza la sección de su libro destinada a la inter-
pretación de 5 metros de poemas de Carlos Oquendo de Amat con una
demanda compartida con el crítico chileno Nelson Osorio: ¿Cómo
es posible que una literatura original y pujante como la latinoameri-
cana sea tratada con categorías válidas para otras literaturas, como la
europea o la norteamericana, como si aquella continuara siendo la
manifestación provinciana o epigonal de esas otras? (107).
136 JORGE VALENZUELA GARCÉS

Este reclamo se sustenta en el hecho de reconocer el carácter


peculiar y original de nuestra poesía de vanguardia y de la imposibi-
lidad de interpretarla con los conceptos y modelos nacidos de la ob-
servación de otra poesía, en este caso, la europea.
Bueno empieza por reconocer que “de la misma forma que la li-
teratura latinoamericana –por estar en gran medida inscrita en la li-
teratura occidental– no es ajena a los recursos técnicos de las litera-
turas de otras latitudes” (110), el modelo que propondrá aprovecha-
rá aquellas categorías útiles a la interpretación sin que eso suponga
“desnaturalizar la condición latinoamericana del texto investigado”
(110). En este punto conviene destacar que la aproximación herme-
néutica que realizará Bueno a la poesía hispanoamericana tendrá
como objetivo central, a partir de los 5 metros de poemas de Carlos
Oquendo de Amat, el análisis y la construcción de una categoría
operativa que se constituirá en su aporte. Nos referimos al concepto
de poemario. De esta manera, Bueno contribuye a los estudios so-
bre la teoría del texto trabajando con un texto latinoamericano des-
de el que se producirán y organizarán sus reflexiones.
En esta dirección, Bueno empieza haciendo referencia a la “vo-
luntad constructiva plasmada” como un hecho poético, objetivo,
constante, que permanece en el texto como el texto mismo, porque
es su orden, su estructura, sus distintos contenidos, su voces…; la
razón de su coherencia y sentido, la clave de su inteligibilidad”
(111). A esa voluntad constructiva Bueno la denomina “hablante
básico” y la hace responsable de los “proyectos o supuestos estéti-
cos e ideológicos del texto” (111).
Desarrollando el concepto de poemario, Bueno lo define como
“el conjunto de poemas cuyo ordenamiento depende del hablante
básico original” (111). Además, sostiene que “todo poemario orga-
nizado según la voluntad del poeta entraña dos tareas de composi-
ción, en niveles diferentes. La primera apunta a la constitución del
poema; la segunda, a la construcción del poemario. En la segunda
son vinculados poemas y secciones de poemarios entre sí, de modo
que una corriente semántica unificadora y genérica circule en el con-
junto y le otorgue unidad. Por eso determinados contenidos tras-
cienden los límites del poema y redundan periódicamente a lo largo
del poemario” (86).
Bueno repara en las dificultades que la construcción de un poe-
mario ocasiona en el poeta comenzando por aquella que supone la
RAÚL BUENO Y LA CRÍTICA DE LA POESÍA HISPANOAMERICANA 137

integración de un conjunto de poemas que sean consecuentes con el


sentido genérico del poemario, y “que no se repelan hasta el punto
de cancelar el progreso y la integralidad de una significación inten-
cional, y que más bien contribuyan a su perfeccionamiento, a su ro-
tundidad” (112). Por ello es importante comprender, con Bueno,
que el poema “sea un elemento vocabular que se integra dentro de
una ‘frase’, esto es, el poemario, que es la articulación más amplia
realizada por el poeta en la constitución del objeto poético cabal”
(112). Es más, este enfoque le permite a Bueno reconsiderar las tra-
dicionales concepciones del poema al punto que lo lleva a sostener
que “el poema no es más que el elemento de un texto mayor, al que
le tributa su semántica particular y del que dependen sus funciones
significativas y poética más amplia” (112). Es más, el poema posee
“una condición léxica que lo hace tender a su integración en una
“frase” de otra jerarquía dentro de una suerte de tropismo hisper-
semántico” (112).
Para Bueno la interpretación del poema fuera del poemario esta-
ría marcada por una gran insatisfacción, la de no poder descubrir ni
la “índole ni la función reales del texto” dentro de la unidad mayor a
la que pertenece y que lo sostiene.
En la conformación del concepto de poemario Bueno desarrolla
ideas interesantes y muy útiles para el análisis. La primera idea se
corresponde con lo que denomina “sentido global del poemario”.
Bueno lo define como “la orientación semántica impresa por el dis-
curso (por el hablante básico, más exactamente) al conjunto de sig-
nos y enunciados textuales” (113). Esta orientación es propia, cons-
truida por el texto y no supone apego alguno al significado léxico ni
a la semanticidad textual apoyada en aquel. Esta orientación al decir
de Bueno “reordena todos los significados (y los significantes que
los contienen) y los polariza hacia un efecto semántico” determina-
do por el hablante básico (113).
Bueno advierte que el concepto de “poeta” también se ve afec-
tado cuando se interrelaciona pragmáticamente con el concepto de
“poemario”. El poeta en esta interrelación es visto como un orde-
nador de poemas y como un comprobador de que el sentido global
o la corriente de sentido del poemario se mantenga. Sin este sentido
es imposible comprender la pertinencia de la forma de los poemas,
desde su estructura estrófica hasta su estructura versicular. De allí
que el papel del poeta para Bueno deba rebasar largamente el de
138 JORGE VALENZUELA GARCÉS

simple productor de poemas aislados para asumir el del constructor


de una ideología textual capaz de impregnar y diseminar en cada
texto las señales de un patrón general constructivo.

4.1.2. El objeto-poemario en 5 metros de poemas de Oquendo de Amat.


Los 5 metros de poemas de Carlos Oquendo de Amat le sirven a
Raúl Bueno para reconfirmar sus hallazgos hermenéuticos.
Bueno advierte que la materialidad del poemario, sobre todo del
poemario vanguardista, forma parte de la voluntad constructiva del
poeta. Lo explica del siguiente modo: los poetas “entienden que la
construcción del sentido poético no se atiene a la frontera propia-
mente lingüística del texto, sino que la rebasa y compromete la ma-
terialidad del medio de expresión, haciéndola parte significativa del
hecho estético literario” (115).
Bueno justifica la plasmación del poemario en sus términos ma-
teriales por la poeticidad puesta en juego a través del conjunto de
poemas, aunque reconoce que no siempre suceda de este modo.
Puede ocurrir que la forma física del poemario no guarde relación
con la poeticidad o con el sentido global del poemario. Lo cierto es
que en el concepto de “poemario” desarrollado por Bueno, el for-
mato del mismo es poseedor de ciertos contenidos que dialogan con
la materia propiamente textual del libro y producen un efecto en el
lector. El medio de expresión es esencial para comprender el men-
saje poético y no se constituye sólo en su soporte.
De hecho, según Bueno, la simple observación del objeto-
poemario en el caso de la vanguardia, permite el surgimiento de
“unidades de contenido tales como las de extrañeza, novedad, no
tradicionalidad, ruptura, infracción, audacia, etc.” (116), unidades
que establecen, ya, un primer desafío interpretativo para el lector.
Los poemas, por lo demás, no harán sino confirmar esas unidades
desde la intuición que advierte lo nuevo y que se abre paso en la
mente del lector.

4.1.3. El título en el poemario vanguardista.


Bueno postula que en la poesía vanguardista (allí están los 5 me-
tros de poemas de Oquendo para probarlo) el título rompe con la con-
vención y se constituye en “una infracción a la norma poética de las
titulaciones afirmadas por la tradición” (116). Bueno refiere el modo
RAÚL BUENO Y LA CRÍTICA DE LA POESÍA HISPANOAMERICANA 139

en que el título del poemario de Oquendo se enfrenta a la poética


modernista.
Bueno considera que la constitución del título de un poemario es
la más difícil operación constructiva realizada por el poeta porque
debe darle al lector los elementos necesarios para que se produzca
“la instauración inequívoca de un ámbito en el que la significación
habrá de jugar todos sus efectos, desde el más abarcador hasta los
de menor jerarquía” (117). De otro lado, cuestionando a Barthes,
Raúl Bueno considera que el título le presta al poemario no un “an-
claje” de sentido, concepto muy estático para los fines de la decodi-
ficación del sentido general del poemario, sino un “pivotaje” cuya
función sería más dinámica como el mismo proceso de significa-
ción. La idea clave es que el poemario no sea un cuerpo de textos a
la deriva y que el título permita la articulación de cada poema dentro
del conjunto.

4.1.4. Las redes asociativas, la sintagmática semántica y el sistema de enuncia-


ción ficticia en el poemario vanguardista: el caso de 5 metros de poemas de
Oquendo de Amat.
Para el establecimiento de los grandes temas o configuraciones
discursivas, Bueno apela, en primer término, a una lectura lineal. Lo
que busca es la identificación de articulaciones y recorridos de sen-
tido más amplios.
Para el caso del poemario 5 metros de poemas de Oquendo, Bueno
identifica el campo y la ciudad como los dos ejes de sentido respon-
sables de tender las redes asociativas en las que natura y cultura es-
tablecerán vínculos y relaciones nuevas. Esta primera identificación
es ya un aporte significativo a la tradición de las interpretaciones so-
bre el poemario de Oquendo y servirá a futuros acercamientos al
texto.
Bueno caracteriza la relación de estas configuraciones discursivas
como de complementariedad y no de conflictividad y apunta un he-
cho esencial para entender el poemario de Oquendo: la naturaleza
no es utilizada por el hablante básico como un medio para referir
“una situación humana o cultural poetizadas”, como es tradicional
en el empleo de este tópico. Bueno insiste en que la naturaleza en el
poemario de Oquendo es texto y no pretexto. Este es el momento
en que Bueno desarrolla otra etapa de su modelo crítico: construir
una sintagmática semántica que le permita destacar con mayor clari-
140 JORGE VALENZUELA GARCÉS

dad la relación entre naturaleza y cultura propuesta en el poemario.


Para Bueno lo que sucede en 5 metros de poemas es que “la naturaleza
concita elementos culturales para adjetivarse o revestirse de figuras
pintorescas, hacerse parte de un universo familiar ante miradas con-
dicionadas por la visión de la ciudad” (120). Con la cita de versos
como “los árboles cambian/ el color de los vestidos” o “los árboles
romperán sus amarras” Bueno concluye que “la naturaleza aparece
animada en estos versos –mediante un recurso metafórico denomi-
nado prosopopeya– para poder desempeñar un rol activo, y no sólo
decorativo en el ámbito de la ciudad” (120). De esa forma, el poeta
puneño rompe con la tradición respecto del uso del tema de la natu-
raleza y “produce una inversión en la norma del proceso metafóri-
co-simbólico” a que era sometido.
En este punto, Bueno determina un aspecto central del poema-
rio que le servirá para el acercamiento al nivel ideológico del mismo:
campo y ciudad establecen relaciones de reciprocidad, convivencia y
fraternidad.
Otro aspecto que concita la atención del crítico peruano en esta
etapa descriptiva del proceso de significación del poemario es el re-
lacionado con la enunciación ficticia. Bueno establece que cuatro de
los poemas del libro no poseen señas del enunciador ni del destina-
tario, de modo que nadie prefigura un tú discursivo de la recepción
ficticia, pero que todos los demás poemas configuran una enuncia-
ción ficticia en primera persona y que suele aparecer la segunda per-
sona como destinataria del mensaje (121). Bueno determina que son
dos los poemas que teniendo enunciador no poseen enunciatario y
que este hecho es decisivo ya que el discurso queda como a la bús-
queda de un asidero que le permita el flujo del mensaje “o bien gi-
rando sobre sí mismo para recalar en el propio ‘yo’”. A partir de es-
ta constatación, Raúl Bueno determina que esta situación enunciati-
va revela un aspecto central del poemario: la relación deceptiva exis-
tente entre el yo poético y el mundo (121) que, sin embargo, entraña
simultáneamente un movimiento de afirmación del sujeto, de defi-
nición de una personalidad (121). Bueno suma a esta descripción la
de cuatro poemas que ostentan una enunciación “vacilante” y la de
ocho restantes que construyen con claridad una dinámica entre un
tú y un yo que finalmente construyen un nosotros. Desde esta últi-
ma descripción-base Bueno realizará su acercamiento a la relación
amorosa del poeta con su amada.
RAÚL BUENO Y LA CRÍTICA DE LA POESÍA HISPANOAMERICANA 141

4.1.5. La ideología de la naturalización en 5 metros de poemas de Oquendo de


Amat.
Luego de haber identificado lo que Bueno denomina “intromi-
sión de la naturaleza en la cultura” a partir del análisis de “Poema”,
uno de los textos más emblemáticos del libro de Oquendo, el crítico
pasa a describir la “conducta naturalizadora” desarrollada en el
poemario, la misma que se da en dos direcciones. Bueno hace refe-
rencia, en primer término, a un proceso de renaturalización de lo
humano y sus manifestaciones (tan simples como un beso o el can-
to) despojándolos de la carga de pragmatismo, mercantilismo y va-
lor económico que la cultura utilitarista de Occidente (la sociedad
industrial y de consumo que empezaba a florecer en Hispanoaméri-
ca) ha terminado por imponerles. En el libro, este proceso es descri-
to como un proceso de biologización en el que la ciudad y sus mani-
festaciones son afectadas a través de la “vegetalización” del discurso
que hace convivir dos elementos naturales cuya conjunción potencia
aún más lo natural en un contexto construido por coordenadas cita-
dinas. Bueno cita varios ejemplos. Tomemos algunos versos: “rosa
del día”, “por la magnolia de tu canto” o “la luna crecerá como una
planta”.
Por otro lado, a este proceso de renaturalización, esencial en la
obra de Oquendo, habría que sumar un proceso de naturalización o
hasta humanización de la cultura. Para Bueno este elemento supone
una revolución al proponer un acercamiento “consistente en inver-
tir, tan tempranamente como en 1925, la fuerza centrífuga que apa-
rataba a la civilización de la naturaleza, para hacerla una fuerza que
atrajera más bien la naturaleza a la ciudad, de modo que ambas
realidades se prodigaran beneficios” (126); acercamiento que con-
cluirá, dentro del poemario, en una feliz conjunción. En este proce-
so de naturalización de la cultura, según Bueno, la mujer cumple el
papel de ser una deidad bienhechora, la yuntora “cordial de realida-
des que la modernidad había cada vez más enemistado” (127). Ci-
temos algunos ejemplos en los que es visible el matrimonio entre lo
natural y lo cultural: “Hoy la luna está de compras” o “el sol como
un pasajero lee la ciudad”.
Por otro lado, Bueno identifica a otras dos configuraciones tex-
tuales que apoyan este proceso de ideologización que guía a todo el
poemario. Ellas son “arte cinematográfico” y “paisaje”. Es intere-
sante la forma en que Bueno advierte que la explotación y amplia-
142 JORGE VALENZUELA GARCÉS

ción semántica del concepto de paisaje, tradicionalmente empleado


para referir circunstancias relacionadas con el campo, funciona en el
poemario para la captación estética de la ciudad. Es gracias a esta
ampliación que la dureza y lo inerte del concreto de la ciudad es
animado por “un toque eufórico de bucolismo floral” hasta el punto
de otorgarle un nuevo significado (128).
En lo que respecta a lo cinematográfico, Bueno considera que
este elemento cumple con una función “aproximadora, complemen-
tadora, en fin sintetizadora de campo y ciudad, de natura y cultura”
(128). No es gratuito que Bueno haya reconocido, desde el inicio de
sus análisis, que la materialidad del poemario de Oquendo iconiza la
secuencia de imágenes de la cinta de celuloide y que este hecho es
central para comprender el papel que juega el discurso de la moder-
nidad en el poemario desde el momento en que lenguaje y la imagen
se articulan en cada poema del libro.
Este apartado se cierra con dos conclusiones notables. La prime-
ra es que “El proyecto de Oquendo […] propone una incursión de
la naturaleza (de sus valores, por cierto, no meramente de sus obje-
tos) en la ciudad. Propone no el abandono de un ámbito en pro del
acomodo en otro, sino la conciliación interactiva de ambos ámbi-
tos” (128). La segunda conclusión nos permite entender que los be-
neficios que la naciente y pujante ciudad nos proporciona deben ser
humanizados en un diálogo con lo que Bueno denomina “régimen
connotativo” de los objetos de la cultura.

Conclusiones.

El libro de Raúl Bueno Poesía hispanoamericana de vanguardia pro-


porciona al crítico las herramientas necesarias para un análisis se-
miótico del poema de vanguardia hispanoamericano. El modelo
propuesto por el crítico peruano desarrolla una secuencia de accio-
nes que posibilitan el asedio al texto desde la propia materialidad
textual, incluyendo el formato y el objeto libro (esenciales en la van-
guardia) hasta la ideología puesta en funcionamiento en cada uno de
los poemas, pero sobre todo en el poemario, concebido como una
unidad discursiva por la que se desplaza una corriente de significado
que ordena a cada poema dentro del conjunto.
El aporte de Raúl Bueno al reconceptualizar y ampliar la catego-
ría “poemario”, a partir de los 5 metros de poemas de Oquendo, busca
RAÚL BUENO Y LA CRÍTICA DE LA POESÍA HISPANOAMERICANA 143

precisamente aportar a esa teoría del texto propia, hispanoamerica-


na, que en los años 70 y 80 fue una tarea autoimpuesta por críticos
como Antonio Cornejo Polar o Nelson Osorio. Conceptos como
“hablante básico” o “sentido global del poemario” le permiten a
Bueno enfrentar las peculiaridades de un poemario de vanguardia
como el de Oquendo y de ese modo refundar los estudios sobre la
poesía latinoamericana entre nosotros.

BIBLIOGRAFÍA CITADA

Bueno, Raúl. Poesía hispanoamericana de vanguardia. Procedimientos de interpretación


textual. Lima: Latinoamericana editores, 1985.
Greimas, A. Julien. “Pour une theorie du discours poétique”. En Essai de se-
miotique poétique. Greimas et al. Paris: Larousse, 1972.
Hjemslev, Louis. Prolegómenos a una teoría del lenguaje. Madrid: Gredos, 1962.
Jakobson, Roman. Essais de linguistique génerale. Paris: Points, 1963.
Wellek, R., y Warren, A. Teoría literaria. Madrid: Gredos, 1953.
ARGOS AREQUIPENSIS. LIBRO DE HOMENAJE A RAÚL BUENO CHÁVEZ
Boston: RCLL, CELACP y Latinoamericana Editores, 2014, pp. 143-148

RAÚL BUENO, EL OFICIO DE LECTOR

Pedro Ángel Palou


Tufts University

Entre nosotros hay poco arrojo teórico, aunque tenemos una


larga tradición crítica e historiográfica. Algunos conceptos, sin em-
bargo, han corrido con singular suerte. Pienso, por ejemplo, en la
transculturación de Ángel Rama, en la de sistema literario de Alejandro
Losada y en la heterogeneidad de Antonio Cornejo Polar. No se me
escapa que en ciencias sociales y humanas los conceptos no resuel-
ven los problemas, están ahí para plantearlos, para dimensionarlos,
para esclarecer. Son hipótesis de lectura que prueban una y otra vez
su eficacia sólo en relación con las prácticas culturales que buscan
desbrozar, si se me permite el muy agrícola verbo que es útil, pues
hay algunos conceptos que logran eso, eliminar la maleza y limpiar
el terreno. Raúl Bueno (Arequipa, 1944), otra rara avis, viene de esa
tradición de lectores de oficio, si se quiere, que igual divulgaba y ha-
cía aplicable toda una disciplina en su libro con Desiderio Blanco,
Metodología del análisis semiótico (Lima, 1980) que le abría las entrañas a
la poesía coloquial en su Poesía hispanoamericana de vanguardia: procedi-
mientos de interpretación textual (Lima, 1985). Poeta él mismo (Viaje de
Argos, 1964; De la voz y el estío, 1966; Lengua de vigía & Memorando eu-
ropeo, 1986; y más recientemente Misivas de la Nueva Albión, 2014; y
su obra reunida bajo el título de Ensayo general, 2014) recoge algunas
de sus reflexiones en otro volumen importante, Escribir en Hispanoa-
mérica (Lima/Pittsburgh, 1991) y presenta, no sin discusión amplia a
su maestro en Antonio Cornejo Polar y los avatares de la cultura latinoame-
ricana (Lima, 2004). Más recientemente, sus dos libros de madurez
crítica, La falacia de las metáforas de cultura en la literatura latinoamericana
(Lima, 2010) y del que me voy a encargar en estas páginas por con-
siderarlo una especie de suma y ampliación de sus preocupaciones
teóricas todas, Promesa y descontento de la modernidad (Lima, 2010). La
146 PEDRO ÁNGEL PALOU

estrategia retórica de Bueno consiste, siempre, en avanzar una hipó-


tesis arriesgada de lectura y luego ejemplificarla para corroborar su
valor epistémico, pero es en ese andamiaje que va del modelo teóri-
co al concepto opera ensayísticamente con la cautela de un profe-
sor, la actividad a la que ha dedicado tantos años. Presenta, contra-
dice, sintetiza, en un juego dialéctico en ocasiones enormemente so-
fisticado, pero siempre asequible al lector. Parte en general de la
idea de que cada generación latinoamericana repite el descontento y
la promesa de la modernidad, como sugiriera Henríquez Ureña. Una
modernidad que es de larga duración y que comienza, por supuesto
con los descubrimientos y conquistas. Una modernidad que desde
siempre se impone y choca y produce, por ende, tensiones particula-
res a las que el autor se aboca. La sugerente lectura de Raúl Bueno
parte de una intuición lectora que enuncia rápido:
la modernización es bipolar y jerarquizante, que tiene una faz presentable y
desarrollada, retenida por las metrópolis colonizadoras y sus enclaves en el
resto del mundo, y otra irritante y subdesarrollada, la cual ha sido impuesta
y luego sostenida por los colonialismos externos e internos, pues es la con-
dición necesaria para la existencia de la modernidad orgánica, cosmética y
deseable del primer mundo y sus emulaciones (12)1.
Pero no sólo hay esa fractura, por supuesto, sino la posibilidad
de resistir e incluso responder activamente mediante lo que llama la
modernidad contestataria.
Esta toma de posición le permite leer la cultura latinoamericana
como una contramodernidad, pero Bueno no se queda en enunciarla,
como han hecho muchos, sino que busca cómo interpretarla. Del
modelo al concepto, decíamos. Aquí es esencial su lectura de dos ya
mencionados: transculturación y heterogeneidad, que en su lectura son
complementarios, aunque provengan de regiones distintas del pen-
samiento (y expliquen realidades diferentes, por supuesto). No es
gratuito que Bueno trabaje en las coordenadas de Rama y Cornejo
Polar, pero lo interesante es lo que hace utilizando y ampliando esas
indagaciones. Él mismo lo aclara: “…no quiero decir que haya que
solidificar reverencialmente los conceptos. Creo, más bien, que hay
que hacerlos evolucionar, pero dentro del espíritu de sus fundado-
res” (105). Y eso es precisamente lo que hace al penetrar honda-
1
Todas las citas corresponden, a partir de ahora al libro que he menciona-
do: Promesa y descontento de la Universidad. Lima: Universidad Ricardo Palma, Edi-
torial Universitaria, 2010.
RAÚL BUENO, EL OFICIO DE LECTOR 147

mente en los términos. Gracias a la clarificación conceptual de


Bueno vemos a la heterogeneidad comprendiendo la “diversidad cultu-
ral y social de regiones sometidas a conflictos históricos, cuanto los
discursos que refieren, desde el conflicto esa diversidad” (212) y a la
transculturación como la plasticidad “del cambio cultural en zonas de
contacto, en que ciertas renuncias del paquete cultural propio (par-
cial desculturación) dan lugar a adopciones de elementos del paque-
te ajeno, con vistas a una neoculturación mitigadora de la brecha cultu-
ral” (212). Si la heterogeneidad ilustra las diferencias culturales y la
transculturación trata de diluirlas –sigue Bueno–, es porque la pri-
mera enfatiza toda suerte de dificultades de los sujetos al filo de la
diferencia y la segunda intenta salvar las distancias mediante transaccio-
nes que consiguen que los repertorios culturales en contacto convi-
van. Bueno es preciso aquí: la heterogeneidad es un proceso (que des-
taca su dimensión temporal, es una diacronía) y la transculturación
un resultado (que destaca su dimensión espacial, sincrónica). Aún
más: “…la heterogeneidad de mundo (no la discursiva) es condición
previa a la transculturación” (213)2.
Si la ciudad le sirve a Rama como vehículo de aprehensión de
nuestra modernidad contrahecha, colonial (incluso en la colonialidad
interna de las Repúblicas), a Raúl Bueno se le convierte en el centro
del modelo interpretativo a condición de implicar varias otras ciu-
dades. Recapitulando trabajos anteriores puede desmantelar el con-
cepto al hablar de la ciudad real latinoamericana como aquella que
no sólo es la ciudad letrada, con su cogollito de letrados y su impe-
rio de signos impresos, sino una ciudad contraria, que llama oral, in-
tegrada por usuarios analfabetos cuyos signos enraízan en la memo-
ria y la tradición y su humanidad subalterna a quienes la letra ignora
o no les es útil para su oficio3. Se trata de complejizar el concepto,

2
La labor consiste, piensa, en desmantelar esa heterogenidad de estado pues
es jerarquizante y hegemónica. Bueno, un poco más adelante en su ensayo ilus-
tra con las biografías de sus maestros el contacto que tuvieron entre 1979 y
1981 en Caracas cuando Cornejo se encontraba pensando su Escribir en el aire y
Rama La ciudad letrada, al punto en que pueda afirmarse que este último libro es
un acercamiento a la heterogeneidad y el primero una aproximación a la trans-
culturación. Muestra, claro está, de la complementariedad de los conceptos.
3
Bueno enumera a esos subalternos orales: “esclavos, sirvientes, obreros-
indígenas […] trabajadores eventuales, artesanos menores, prostitutas, contra-
bandistas y otros marginales” (216) que ya Rama preveía en los, cita Bueno,
148 PEDRO ÁNGEL PALOU

decíamos, y por eso Raúl Bueno percibe el choque y suma de ciuda-


des imbricadas: letrada, oral, sumergida, rechazada, migrante y alterna-
tiva a la que llama brillantemente sumergida que incluso produce otra
más marginal, la ciudad rechazada.
Hasta aquí la ampliación del campo de batalla, si se me permite
el juego, que consiste en desmantelar la ciudad letrada de Rama. La
operación intelectual de Bueno es aún más convincente al incluir la
heterogeneidad. Una, dice, aguda y raigal condición heterogénea ca-
racteriza a todas las ciudades superpuestas, desde la letrada a la mar-
ginal. Heterogeneidad de mundo que ya decíamos con él, pero tam-
bién de sujetos, pues “…cierta gente pertenece a dos o más mundos
o ciudades, como la ciudad oral y la migrante, la letrada y la sumer-
gida” (218) y por último de representación, “…que buscan representar
al Otro de la ciudad para su debido consumo cultural” (218).
La ciudad letrada, heterogénea y transcultural es también para
Bueno migrante, de masivos sujetos migrantes cuya condición es el con-
traste permanente, de tiempos, mundos, y sujetos, como afirma en
otro de los ensayos del libro. Porque le interesa no sólo la obvia mi-
gración externa que irrita a la ciudad letrada y su orden precario,
sino otra que describe como menos visible que avanza desde la ciu-
dad decente, “…de los espacios decorosamente habitables de la
ciudad hacia sus intersticios” (221): una ciudad intersticial que ha sido
ampliamente cantada en la lírica popular (Bueno apunta al Tango, al
vals criollo, como ejemplos). Cuando los intersticios se saturan ocu-
rre un desborde popular en el sentido físico en una
ciudad transida de movimientos poblacionales, en que angustiadas masas
buscan realizar aunque sea una mediocre utopía urbana… la ciudad letrada
es un lugar de intensas transacciones transculturadoras, y ya no solo de dis-
cursos heterogéneos que intentan tender un inteligible o una valoración del
Otro cultural (223-224).
Hasta aquí me he ocupado de ciertas ampliaciones teóricas fun-
damentales para entender la enorme contribución de Raúl Bueno a
la teoría latinoamericana. Ahora me ocuparé de su crítica a los mode-
los de lectura de esa realidad y su propuesta convincente de un mo-
delo alternativo que dé cuenta de la complejidad no sólo discursiva,
sino de mundo, para usar sus términos. En uno de los ensayos más

“anillos de ibéricos desclasados, extranjeros, mulatos, zambos, mestizos”. El


mundo indígena y sus lenguas también son extraterritoriales a esa ciudad letrada.
RAÚL BUENO, EL OFICIO DE LECTOR 149

lúcidos de su libro, “Teoría y práctica de lo complejo (y una crítica


al modelo rizoma del mundo)”, Bueno se las ve con Deleuze y Gua-
ttari y su idea de rizoma. No sólo cuestiona por completo la adecua-
ción del término a nuestra realidad, sino que propone otro más útil
a lo latinoamericano fenoménico, si así podemos llamarlo. Vale la
pena, nuevamente, detenernos en la que he llamado estrategia retórica
de Bueno. Va al modelo –en este caso el rizomático que ya mencio-
nábamos– y lo expone en el sentido literal de la palabra, lo deja ex-
puesto, para luego debatir desde la especificidad de lo latinoameri-
cano y causar una profunda retorsión conceptual. El desbroce puro
no le agrada, lo suyo es encontrar la productividad interpretativa de
la teoría. Entonces, para seguir, aparenta estar de acuerdo con el
modelo rizomático en tanto rompe con la lógica binaria aristotélica
que no da cuenta de la complejidad de lo real. Pero, particularmen-
te, de lo real no cartesiano o por así decirlo denso, no occidental. En
América Latina todas las culturas, piensa Bueno, están en fricción,
son constitutivamente heterogéneas. Si el rizoma quiere superar la
idea arbórea de la lógica cartesiana mediante otra metáfora del
mundo vegetal no lo logra, además, pues se equivocan sus autores al
pensarlo como modo de proliferación no jerárquico y desordenado
cuando, nos ilustra Bueno: “…el rizoma significa la proliferación de
la unidad bajo la apariencia de la diversidad” (62), algo totalmente
distinto a lo que buscaban los teóricos franceses al utilizar el tér-
mino. Lo rizomático puede ser abundante, qué duda cabe, pero “sus
relaciones son siempre mediadas y descendentes, por más abundan-
tes que éstas sean, y ejecutan un modelo vertical de ramificaciones
jerárquicas por más horizontal que sea el terreno donde se expan-
den y prosperan los rizomas” (62)4.
La propuesta de modelo de Bueno es entonces una amplia metá-
fora ecológica –así la llama–, la selva. O mejor, por impenetrable y
difícil: la jungla5. Una jungla que implica una toma de posición, una,
como diría Bourdieu, objetivación del sujeto objetivamente. El que

4
Y esto además porque el rizoma es: “…en el fondo, un medio asexuado
de propagación de ciertas plantas, por el cual copias genéticamente exactas de
la planta original proliferan en torno a ella, y así con cada una de las nuevas
plantas hasta cubrir densamente un terreno ¡con ejemplares del mismo paquete
genético!” (62).
5
Aunque como ilustra con un ejemplo de Carpentier para los habitantes de
la jungla el espacio no es sino casa, orden familiar sin enigmas de fondo.
150 PEDRO ÁNGEL PALOU

mira la jungla desde la jungla encuentra en ella su divisadero, y esa


es para Bueno la actitud a seguir en este momento, aún formativo,
de las teorías literarias latinoamericanas:
A partir de lo anterior sostengo que los latinoamericanos se hallan en el
proceso de completar los niveles digamos primarios de sus teorías literarias,
es decir, los de las abstracciones de primer o segundo orden. Saben que no
están descritos todos los sistemas y sub-sistemas literarios que les con-
ciernen. Y más aún, saben que no tienen una imagen fiel del panorama de
sistemas que las distintas regiones del subcontinente compiten por espacio,
supervivencia y aun expansión. En otras palabras, saben que deben en-
sanchar un campo todavía no bien delimitado para ser fieles a la compleja
fenomenología literaria latinoamericana, y que deben diversificar las her-
ramientas cognoscitivas, y sus grados para proponer distintos niveles de
comprensión teórica de esa fenomenología (67).
Aquí Raúl Bueno expone, por supuesto, su propio derrotero y el
de todos aquellos que buscan contribuir a la construcción de ese
edificio aún endeble que es la teoría literaria latinoamericana. La su-
ya, como la adjetiva más adelante, es una subjetividad controlada, tem-
poral –pues aún estamos en una etapa de desbroce de campo y de
replanteo conceptual– que supone una familizarización con respec-
to a la cosa descrita. Familiarización que: “no impida el ejercicio de
una conciencia crítica tendente a la objetividad, un estado de alerta,
que lleve a saber cómo y por qué se producen los objetos y fenó-
menos, y en qué medida las relaciones y las analogías pueden llevar
a un enriquecimiento de los dispositivos críticos y teóricos” (69). La
obra ya señera de Raúl Bueno nos permite pensar en un futuro más
promisorio de los estudios literarios latinoamericanos. Se trata,
huelga decirlo, de una contribución también ética, pues seguir pen-
sándonos y debatiéndonos es también pensar en cambiar para bien
la realidad, o como él dice: “progresar dentro de la justicia y la equi-
dad”, hacia ciudades alternativas no excluyentes de lo oral, lo Otro,
lo no por distinto marginal. Y ese es el acto político por excelencia
de la crítica latinoamericana, el que desmantela y cuestiona, el que
indaga y descubre. El curioso lector que ha sido todas estas décadas
Raúl Bueno reconoce que hay que atreverse a interpretar y que esa
es su mejor contribución a una modernidad contestataria, alternati-
va, contramodernidad necesaria e inaplazable que amplía a la ciudad
letrada, la reconoce heterogénea y transcultural. La sabe jungla. Y
esa metáfora de ecología cultural le permite seguir indagando, sin pau-
sa, en sus lugares más escondidos, menos expuestos al sol.
ARGOS AREQUIPENSIS. LIBRO DE HOMENAJE A RAÚL BUENO CHÁVEZ
Boston: RCLL, CELACP y Latinoamericana Editores, 2014, pp. 151-161

RAÚL BUENO CHÁVEZ Y LA CRÍTICA CULTURAL

Luis Beltrán Almería


Universidad de Zaragoza

De entre las varias facetas de la obra de Raúl Bueno Chávez,


tengo para mí que la primera ha de ser su contribución a la crítica de
la cultura latinoamericana. Creo que es la primera porque a la crítica
cultural ha dedicado Bueno Chávez los que quizás sean sus mejores
libros: Escribir en Hispanoamérica. Ensayos sobre teoría y crítica literarias
(1991), Antonio Cornejo Polar y los avatares de la cultura latinoamericana
(2004) y Promesa y descontento de la modernidad (2010). En general, pue-
de decirse que toda su obra está consagrada a un mismo objetivo:
comprender la idiosincrasia de la cultura latinoamericana. Ocurre
además que, a lo largo de las dos décadas de amistad sostenida, he-
mos tenido numerosas charlas y no pocas veces hemos ido a parar a
momentos de incomprensión. Esa incomprensión tiene que ver con
el carácter especial y diferencial que Bueno Chávez otorga a la cultu-
ra latinoamericana y que mi concepción europea –y me temo que
eurocéntrica– de los asuntos culturales no termina de aceptar. No-
velas, poemas y cuentos son, para mí, momentos de la cultura que
han de ser contemplados en un mismo plano en Europa y en Amé-
rica, ya sea ese plano el de la cultura elevada, el de la cultura popular
o el intermedio de la cultura de masas. Esto choca frontalmente con
la autarquía cultural que tan extendida está en Latinoamérica. Y to-
davía más me resisto a aceptar la sempiterna interrogación sobre la
identidad latinoamericana. Como este asunto de mi incomprensión
se repite con las obras de otros colegas latinoamericanos cuyos tra-
bajos aprecio y que me honran también con su amistad, he creído
que la mejor contribución que puedo hacer al homenaje al amigo y
admirado colega es precisamente la de indagar en el hecho diferen-
cial que supone la cultura latinoamericana, y hacerlo desde la pers-
pectiva de la evolución de la teoría de la cultura.
152 LUIS BELTRÁN ALMERÍA

Comenzaremos por situar el problema de la relación entre la his-


toria literaria y la historia cultural. La tendencia a situar la literatura
en el marco de la serie cultural emergió con fuerza en Rusia a me-
diados del siglo XX, pero ha tenido su expresión diferenciada en
otras áreas del mundo. En Francia la escuela de los Annales creó un
método histórico que pretendía explicar los fenómenos históricos
en el marco de la mentalidad de su época. También en Francia, pen-
sadores postestructuralistas como Deleuze y Foucault plantearon
una lectura trasversal de la cultura. En Norteamérica los seguidores
de Foucault dan lugar al movimiento que conocemos como nuevo
historicismo, que disuelve la literatura en el sistema de la cultura. En
Gran Bretaña –y después en EEUU– el marxismo anglosajón –de
fuerte impronta empirista– ha articulado la corriente llamada materia-
lismo cultural, muy próxima en sus resultados al nuevo historicismo
de Greenblatt. En Latinoamérica se desarrolló en la misma época la
crítica de la cultura de Ángel Rama y Antonio Cornejo Polar, entre
otros. Esta línea latinoamericana tiene su perfil propio y, también,
su propia dinámica, aunque en las últimas décadas su autonomía se
ha visto amenazada por el nuevo historicismo anglosajón.
El resultado de esta constelación de teorías culturales suele ser la
subordinación y la disolución del dominio literario en el panorama
cultural. Algunas de estas corrientes proclaman abiertamente la di-
solución de la frontera que separa la literatura de los demás discur-
sos culturales –es el caso del nuevo historicismo anglosajón–. La
crítica cultural latinoamericana se resiste a estos excesos. Para esta
corriente, cualquier fenómeno social es susceptible de una lectura
estética, pero el campo específico de la estética es la literatura y las
artes. La esfera de lo estético tiene su propia dinámica histórica, que
se mueve por los grandes impulsos histórico-antropológicos que
mueven la cultura, pero se mueve según su propia dinámica, lo que
en una percepción sincrónica puede producir el efecto de la auto-
nomía respecto a los acontecimientos de la historia política y social.
Los culturalismos más radicales ignoran esa autonomía relativa y
tratan de reducir los efectos a meros fenómenos sociales, con la ex-
cusa del materialismo (los marxistas) o de un nuevo concepto del
poder y sus flujos (los foucaultianos).
En un primer momento, cabe señalar el acierto de estas corrien-
tes al apuntar a la inserción de la literatura en la cultura como el
gran debate actual, ya madurado, si bien debe ajustarse mucho más
RAÚL BUENO CHÁVEZ Y LA CRÍTICA CULTURAL 153

certeramente el diagnóstico de la relación entre literatura y cultura.


Y es precisamente ahí donde viene a parar la contribución de Bueno
Chávez a la crítica de la cultura y, en particular, su intervención so-
bre la dinámica de los estudios culturales latinoamericanos.

Un proyecto dual.

Mi propósito no es, pues, otro que situar la concepción de los


estudios culturales latinoamericanos en la perspectiva de la teoría de
la cultura y, de paso, considerar la posición al respecto del teórico
peruano. El mismo Bueno Chávez nos ha provisto de una inmejo-
rable síntesis de su proyecto de crítica cultural articulada en cuatro
tesis y una conclusión, que nos va a servir de punto de partida para
este estudio. Veámosla:
que los estudios culturales latinoamericanos tienen antigua data y nece-
sidades propias;
que por ello mismo presentan un desarrollo autónomo, en que sus objetos
pragmáticos y teóricos –los que podemos discernir de esas prácticas intelec-
tuales– son en mucho particulares al área y hasta sui generis en su enfoque;
que su campo de acción se sitúa mayormente en el lugar del conflicto entre
culturas de extrema otredad –que suelen estar vinculadas por relaciones de
poder y dependencia–, no simplemente entre variantes sociales o históricas
de una misma cultura; y
finalmente, que estos estudios atienden las formas de la cultura popular sin
necesidad de degradar las formas tradicionales canónicas, sino, en mo-
vimiento casi inverso, revalorando las formas que echan raíces en las culturas
alternativas y exponen su honda alteridad y, en el proceso, desjerarquizando
hacia arriba el sistema de lo cultural. Y, como corolario de las consta-
taciones anteriores, este trabajo sostiene que la obra de Antonio Cornejo
Polar se sitúa en el meollo mismo de una tradición latinoamericana y latino-
americanista de estudios culturales (Antonio Cornejo Polar y los avatares… 113-
114).
Quizá sea conveniente empezar por el final. La crítica cultural de
Bueno Chávez es un proyecto indisociable de la obra de Cornejo
Polar. Ambos autores forman un proyecto dual y dialogal, en el que
Bueno Chávez asume el papel de discípulo. Pero se trata de una
dualidad activa y emprendedora por ambas partes. Conviene subra-
yar que Cornejo Polar no escribió tratado alguno sobre teoría de la
cultura o sobre los estudios culturales. Sus opiniones han sido des-
tacadas tras atenta lectura por Bueno Chávez, que se remite en va-
154 LUIS BELTRÁN ALMERÍA

rias ocasiones a sus conversaciones con el maestro para ilustrar el


alcance y sentido de sus posiciones. Es Bueno Chávez quien cumple
el papel de teórico de este proyecto, mientras que a Cornejo Polar le
cabe recibir el reconocimiento de la iniciativa. Es lo que hoy suele
llamarse en el mundo de los negocios un emprendedor.
La tesis que defiende Bueno Chávez viene a decir que los estu-
dios latinoamericanos han sido culturalistas desde sus orígenes en el
siglo XIX y que lo han sido con un perfil distinto del que ha emer-
gido en el mundo anglosajón, tanto en la escuela californiana de la
representación (Greenblatt y otros) como en la escuela británica ya
señalada. La diferencia esencial que se aprecia entre los culturalis-
mos anglosajón y latinoamericano tiene que ver con el papel que
juega la literatura en el marco general de la cultura. Mientras que el
culturalismo anglosajón reduce la literatura a un papel meramente
documental, en todo caso, un documento ideológico que contiene
las representaciones de clase, sexo y raza de un ordenamiento social,
la corriente que representan Cornejo Polar y Bueno Chávez defien-
de una dimensión especial para la obra literaria que le concede una
especial relevancia en el sistema de la cultura y no admite la subor-
dinación anecdótica, sino que es su expresión destacada (Antonio Cor-
nejo Polar y los avatares… 121). Una de las metáforas más atinadas de
nuestro autor se funda precisamente en este problema:
Es obvio que representar la cultura no es función primaria de la literatura,
pero tal como los árboles terminan registrando en sus troncos los cambios
ambientales a lo largo del tiempo, así la literatura revela las marcas de am-
biente que la condiciona y nutre y es, por ende, un buen lugar de acceso a la
dinámica cultural. Ello a condición de que se parta del análisis de la litera-
tura y no del trampolín-literatura, esto es, que a la literatura no se la tome
como mero pretexto o dato referencial, según hacen algunos estudiosos
culturales, sino como el lugar donde el análisis literario puede revelar la
matriz cultural que origina y sostiene la obra (Promesa... 11).
No niega Bueno Chávez por eso el interés de los estudios cultu-
rales latinoamericanos por la cultura popular y por la literatura no
canónica. Por el contrario, reivindica en el pensamiento de Cornejo
Polar su sensibilidad por las cuestiones populares y por el recono-
cimiento de las enormes grietas sociales que atraviesan América La-
tina. Pero no está dispuesta esta corriente a admitir la equiparación
entre la literatura clásica y las manifestaciones literarias de lo que la
escuela de Birmingham suele llamar la cultura popular y de masas.
Bueno Chávez se revela contra el intento neohistoricista de poner al
RAÚL BUENO CHÁVEZ Y LA CRÍTICA CULTURAL 155

mismo nivel documental los clásicos del pasado y del presente y la


literatura y documentación de la cultura popular y de masas. El an-
tielitismo, posición hoy obligada en los estudios culturales, no debe
suponer la erradicación de toda noción de valor como encubridora
de intereses políticos y sociales antipopulares.
Pero conviene que vayamos repasando el proyecto de Cornejo
Polar/Bueno Chávez paso a paso. El punto de partida de este en-
tramado teórico es el concepto de heterogeneidad. “Heterogeneidad
es la condición esencial de América Latina” dice Bueno Chávez
(Antonio Cornejo Polar y los avatares… 23). Este concepto queda con-
trapuesto al de mestizaje –tan frecuente en la crítica latinoamerica-
na– e, incluso, parece cuestionar el de transculturización que propusie-
ra Ángel Rama. El argumento a favor de heterogeneidad frente a
mestizaje es que el mestizaje es soluble y, en cambio, la heteroge-
neidad es insoluble. Cinco siglos de convivencia entre culturas han
producido un mestizaje, pero también una conflictividad irresoluble
hasta el momento. Esa conflictividad es percibida como un trauma
insuperable, esto es, una línea roja que la cultura –y la sociedad– la-
tinoamericana no puede borrar. Se trata de “la pervivencia de los
llamados ‘distintos tiempos históricos’ del área, y de los agudos con-
trastes que ellos generan” (Promesa... 49). Esta idea tiene dos vertien-
tes. La primera es una crítica al uso cultural del mestizaje. Esa crítica
proclama que el mestizaje es un proyecto social estancado. Inmen-
sos islotes étnicos y culturales han resistido el proceso de mestizaje.
Esta situación es nueva y diferencial. No se corresponde ni con los
dominios en los que las etnias resistentes han sido reducidas a la
mínima expresión –como es el caso de Norteamérica y Australia– ni
con los dominios en los que la presencia europea es anecdótica –
África o Asia–. La segunda vertiente es su dimensión sociopolítica:
en palabras de nuestro autor “una apuesta a favor de una sociedad
futura” y de regeneración descolonizadora y justiciera (Antonio Cor-
nejo Polar y los avatares… 23). Se trata de una utopía: “hacer que esa
heterogeneidad deje de ser base de desigualdades y de explotación
[…] y hacer que se viva […] fraternal y jubilosamente” (ibidem). La
referencia de esta utopía es el pensamiento de Arguedas, que se tras-
luce en las líneas citadas y del que se reivindica “la posibilidad de
vivir feliz todas las patrias” (Antonio Cornejo Polar y los avatares… 35).
156 LUIS BELTRÁN ALMERÍA

Quizá no sea tan errado vincular esa utopía con la propuesta de una
Alianza de Civilizaciones que se ha propugnado desde la ONU1.
Pero volvamos a la dimensión traumática de la heterogeneidad.
Este punto de vista subraya la violencia y las tensiones extremas que
recorren la vida y la cultura latinoamericanas. Por desgracia, es lógi-
co que así sea a causa de las enormes diferencias entre la cultura
criolla y occidentalizante y las culturas vernáculas que han sobrevi-
vido a la colonización. La diferencia entre culturas suele llevar al ex-
terminio de la más débil. Así lo hemos visto en Norteamérica y en
otros dominios –el Cono Sur y la Amazonía– en los que se daban
encuentros entre culturas de cazadores-recolectores y culturas occi-
dentales. Donde la distancia cultural es menor –porque se da un en-
cuentro entre occidentales y culturas agrarias imperiales, como es el
caso de México y la región andina– la coexistencia cultural es posi-
ble a costa de que no sea una coexistencia pacífica sino problemáti-
ca y, como dicen nuestros autores, violenta. El conflicto entre cultu-
ras puede ser contemplado de dos formas antagónicas. Desde el
punto de vista de la actualidad, se trata de un problema de opresión
colonial que apunta al genocidio. Desde el punto de vista de la filo-
sofía de la historia, en cambio, no queda otra solución que admitir
que las culturas complejas devoran a las más elementales. Así avan-
za la Humanidad hacia su destino. Nuestro tiempo añade una nueva
sensibilidad a este proceso, al incorporar la necesidad del respeto a
los derechos humanos y a los derechos de las minorías. Para Améri-
ca Latina ese es el reto: hacer compatible el crecimiento cultural con
el respeto a los derechos de las culturas aborígenes. Y en eso consis-
te en esencia el proyecto dual para los estudios culturales latinoame-
ricanos de Cornejo Polar y Bueno Chávez. Por eso los objetivos de
este proyecto son de doble sentido: preservar las culturas oprimidas
e investigar la cultura popular para generar proyectos de desarrollo
social (Antonio Cornejo Polar y los avatares… 129).

1
Se trata de una idea propuesta por el Gobierno de España en septiembre
de 2004 y adoptada por la 59ª Asamblea General de Naciones Unidas el 26 de
abril de 2007. En principio iba dirigida a crear un espacio de convergencia entre
Occidente y el mundo árabe y musulmán para detener el terrorismo y la con-
flictividad militar. El proyecto obtuvo el respaldo de una veintena de países de
Europa, Latinoamérica, Asia y África, además de la Liga Árabe, lo que da idea
de la envergadura de un proyecto que busca el entendimiento entre las culturas
y los pueblos.
RAÚL BUENO CHÁVEZ Y LA CRÍTICA CULTURAL 157

El debate sobre los estudios culturales.

El debate sobre la situación actual de los estudios latinoamerica-


nos se sitúa en el centro de la propuesta dual en versión de Bueno
Chávez, más sensible al debate teórico que su maestro. Se trata de
abordar los modelos que deben asumirse hoy en el campo de los
estudios culturales. Tanto Cornejo Polar como Bueno Chávez co-
menzaron su andadura investigadora bajo la influencia de la estilísti-
ca hispánica. Pero su preocupación social hizo derivar pronto esa
orientación hacia lo que bien podríamos llamar la semiótica de la
cultura y la relevancia que para América Latina tiene el concepto de
heterogeneidad cultural. En las últimas décadas esa línea de estudios
semiótico-culturales ha encontrado en su camino la imparable
emergencia de los estudios culturales anglosajones y, más en concre-
to, de la llamada escuela de Birmingham (formada en torno a Ri-
chard Hoggart y Raymond Williams, y liderada después por Stuart
Hall). Tal emergencia ha atraído a numerosos investigadores lati-
noamericanos, que se han apresurado a renegar de la crítica cultural
autóctona. Cornejo Polar denunció esa aptitud. Bueno Chávez ha
dado un paso más, ajustando cuentas con la corriente anglosajona.
Nuestro autor encuentra una serie de puntos comunes entre el pro-
grama de la crítica cultural latinoamericana y el programa de los es-
tudios culturales anglosajones. Esos puntos comunes son:
• el desmantelamiento del elitismo cultural y literario,
• el tratamiento desjerarquizado de lo que el elitismo ha dejado en la pe-
riferia,
• la demolición del proyecto homogeneizador y universalizante,
• la resemantización de lo identitario sobre la base de pluralidad, etc. (Anto-
nio Cornejo Polar y los avatares…116).
Pero también observa importantes diferencias. Ya han quedado
apuntados los momentos fundamentales en la síntesis citada más
arriba. Pero merece la pena que los despleguemos. Los estudios cul-
turales toman la literatura como pretexto o, en el mejor de los casos,
como contexto. En cambio, nuestros autores toman el hecho litera-
rio no como un mero documento, sino como un fenómeno tras-
cendente. La literatura es la expresión destacada de la cultura. Y los
estudios culturales latinoamericanos, lejos de subordinar lo literario
a lo cultural, tratan de trascenderlo y diversificarlo (Antonio Cornejo
Polar y los avatares…121; y Promesa... 104). Otros valores que permi-
158 LUIS BELTRÁN ALMERÍA

ten refirmar la trayectoria del culturalismo latinoamericano son su


carácter vertical y etnocultural, su pluralidad de perspectivas frente a
la perspectiva única de los anglosajones (una lengua, una ideología,
…), el carácter profundamente popular del objeto de estudio lati-
noamericano frente al carácter de masas del objeto anglosajón; y,
por último, la dimensión heterorreflexiva de los estudios latinoame-
ricanos frente a la posición autorreflexiva de los anglosajones.
A este respecto adquiere particular interés la polémica que
Bueno Chávez sostiene con los autores que colaboraron en el nú-
mero 203 de Revista Iberoamericana (2003)2. Estos autores compren-
den los estudios culturales latinoamericanos como un episodio re-
ciente en la onda de los cultural studies y no postulan ningún esfuerzo
por desatar realmente el campo de las agendas hegemónicas, ni por
retomar una tradición de estudios que tiene antigüedad y multitud
de discursos (Promesa... 111).
El concepto de estudios culturales que maneja Bueno Chávez es
muy amplio. Lo entiende como un abanico de posibilidades, que
van desde una aproximación a la cultura del Otro a la crítica cultural
orientada a analizar los mecanismos de poder; y, consecuentemente,
lo remonta hasta Colón –por la “Carta a Santángel”– (Promesa y des-
contento... 112-113). “Cultura es la información necesaria para que
una sociedad o asociación […] exista como tal; […] la información
necesaria para que una sociedad se reproduzca, con vistas a su per-
manencia en el tiempo” (Promesa... 117). Y, en último término, la
cuestión sobre los estudios culturales la resuelve Bueno Chávez ape-
lando a la autarquía: “enfocando siempre desde acá –esto es, desde
esta problemática, y no desde agendas externas– las peculiarísimas y
complejas circunstancias de lo cultural en América Latina” (Prome-
sa... 122). Todo esto no impide que nuestro autor asuma que asun-
tos como los de raza, cultura y clase son obligados en los estudios
culturales latinoamericanos, que han de estar alerta para desactivar
proyectos antihistóricos y antihumanitarios (Promesa... 136). El colo-
fón de este discurso es una propuesta que se sitúa más allá de las
luchas entre escuelas y metodologías:

2
Bueno-Chávez menciona a los siguientes: John Beverley, Román de la
Campa, Daniel Mato, Walter Mignolo, Mabel Moraña, Alberto Moreiras, Nelly
Richard, George Yúdice y Marc Zimmermann (Promesa... 111).
RAÚL BUENO CHÁVEZ Y LA CRÍTICA CULTURAL 159

Propongo, entonces, entender el estado actual (y los estados anteriores) de


los estudios literarios latinoamericanos como el resultado de una colisión
permanente y necesaria de paradigmas científicos y culturales de distinto
tipo, consecuencia del llamado encuentro de dos mundos. Y propongo
asumir homológicamente esa colisión, y la diversidad conflictiva que gene-
ra, como la base epistemológica necesaria para producir (como se está ha-
ciendo ya en no pocos esclarecidos casos) los discursos críticos más ajusta-
dos a la índole complejísima del proceso de nuestras culturas y, mejor aún,
para producir un cuerpo teórico que argumente y revele, como uno de los
rasgos de nuestra cultura, la colisión continua de sistemas y paradigmas a
todo nivel (Promesa... 42).

Autonomía e identidad nacional

Bueno Chávez termina reivindicando América Latina como un


lugar productor de teoría, y no sólo de materias primas. De ahí su
oposición a sustituir el modelo autóctono, apegado a los valores,
por un modelo británico o californiano, que trae consigo el prestigio
neocolonialista de la cultura occidental, pero que aplica el rasero con
el criterio unificador y reduccionista de Procusto, el igualitario de-
moníaco. La defensa de Bueno Chávez de su propia tradición teóri-
ca frente al relativismo culturalista anglosajón también tiene para
nosotros un sentido: recordarnos que América Latina todavía tiene
algo que decir en el campo de las ideas. Y, no sólo eso, nos permite
apreciar que también en el papanatismo de la subordinación a los
productos ideológicos anglosajones estamos hermanados los hispa-
nos de uno y otro lado del Atlántico.

* * *

Quizá sea el momento de volver sobre mis cuestionamientos ini-


ciales. Es evidente mi acuerdo sustancial con las propuestas de
Bueno Chávez, pero quedan algunas zonas de sombra, espacios pa-
ra discrepar o aclarar. Tanto en Europa como en Latinoamérica hay
conflictos culturales, pero es verdad que esos conflictos revisten dis-
tintas intensidades. No conviene despreciar el universalismo. En to-
dos los continentes de este planeta hay cultura académica y cultura
popular, y, por último, cultura de masas. Ciertamente las relaciones
entre las tres culturas pueden ser distintas y, de hecho, lo son. Y se
dan esos tres niveles culturales en todo el orbe porque sólo se han
160 LUIS BELTRÁN ALMERÍA

dado dos tipos de cultura hasta la fecha: la cultura oral –que hoy es
cultura popular– y la cultura escrita –que es la base de la cultura
académica–. En la Modernidad ha aparecido una forma mixta, que
es la cultura de masas, con sus propias señas de identidad. McLuhan
explicó este fenómeno parcial pero categóricamente. Es cierto que
en Europa no hemos conocido las bolsas de culturas resistentes a la
cultura de masas occidental que señala Bueno Chávez. Pero sí se
han conocido situaciones similares en la India, en China y en el
mundo árabe o islámico. Y esas resistencias suelen ir acompañadas
de violencia. Sucede también que los fenómenos migratorios en Eu-
ropa y en Norteamérica están alimentando estas actitudes de resis-
tencia cultural a la occidentalización y no sería tan extraño que en el
futuro encontráramos situaciones traumáticas similares a las de
América Latina. Quiero decir con todo esto que se da en nuestro
tiempo una tendencia quizá excesiva a poner el acento en lo dife-
rencial y a olvidar que todos somos humanos y que las diferencias
son productos culturales de los diferentes ritmos históricos y no son
nunca eternas, aunque sus velocidades no coincidan.
¿Dónde veo, pues, el problema? El problema, a mi juicio, es eso
que he denominado autarquía y que parece tener por principal expo-
nente el pensamiento de Fernández Retamar. No es cierto, nunca es
cierto que una cultura sólo pueda ser comprendida por los indivi-
duos que viven insertos en ella. Esos individuos sólo pueden tener
una comprensión pasiva y limitada de su propia cultura. No pueden
entender el porqué de sus limitaciones y dinámicas –porque eso
precisa comprender la gran evolución cultural de la humanidad y,
por tanto, una perspectiva general de las culturas a la que no se
puede acceder desde una sola cultura–. Como dice el chiste, los
griegos antiguos ignoraban de sí mismos una cosa: que eran anti-
guos. El proceso de comprensión de las culturas es complejo y no
se pueden reducir a posiciones dogmáticas. La autarquía lo es. Tam-
poco sirve el relativismo. Ese proceso exige un diálogo entre el pun-
to de vista ajeno y el propio. Los estudios culturales latinoamerica-
nos caminan por esa vía. De hecho, han introducido un punto de
vista occidental sin renunciar al punto de vista latinoamericano. En
las genealogías que Bueno Chávez ha expuesto de los estudios cul-
turales latinoamericanos –y que remonta al mismo Colón– echo en
falta un aspecto: por muchos autores que citemos algo falla si no
tenemos en cuenta que esta disciplina es hija de la gavilla de disci-
RAÚL BUENO CHÁVEZ Y LA CRÍTICA CULTURAL 161

plinas que sustentan el mundo académico occidental. La existencia


de culturas aborígenes estimuló esa disciplina, pero no es su ger-
men.

BIBLIOGRAFÍA CITADA

Bueno Chávez, Raúl. Antonio Cornejo Polar y los avatares de la cultura latinoamericana.
Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2004.
—. Promesa y descontento de la modernidad. Estudios literarios y culturales en América
Latina. Lima: Universidad Ricardo Palma, Editorial Universitaria, 2010.
ARGOS AREQUIPENSIS. LIBRO DE HOMENAJE A RAÚL BUENO CHÁVEZ
Boston: RCLL, CELACP y Latinoamericana Editores, 2014, pp. 163-165

PREMIO PARA UN LATINOAMERICANISTA*

José Gabriel Valdivia


Universidad Nacional de San Agustín, Arequipa

En enero del año 2012, la Casa de las Américas de La Habana-


Cuba otorgó el premio especial de ensayo Ezequiel Martínez Estra-
da al libro Promesa y descontento de la modernidad, escrito por el poeta,
crítico y docente universitario Raúl Bueno Chávez, nacido en Are-
quipa en 1944 y actual profesor de literatura hispanoamericana y es-
tudios latinoamericanos en el Darmouth College de los Estados
Unidos.
El libro fue publicado el año 2010 por la Editorial Universitaria
de la Universidad Ricardo Palma, Lima, Perú. En el reciente Jalla-E,
2013, el doctor Raúl Bueno estuvo presente para tributar un home-
naje al desaparecido crítico Antonio Cornejo Polar, dando una con-
ferencia sobre la traducción cultural.
En este evento nos alcanzó el texto premiado, que ya circula en
la versión cubana, y luego de una rápida lectura les hacemos llegar
algunas virtudes de este relato crítico –multifacético y fragmentario–
de hondas raíces en los estudios culturales latinoamericanos.
El texto nos trae quince artículos o ensayos que abarcan un pe-
riodo de escritura y reflexión de 15 años (junio 1992-abril 2007). La
mayoría de ellos han circulado en revistas especializadas y sólo dos
son estrictamente inéditos. Esto hace suponer que han sufrido un
proceso de reescritura permanente y una revisión final antes de ser
presentados en conjunto.
En la Introducción, el autor nos ilustra acerca del contenido y
perspectiva de los diversos artículos, ubicándolos en el contexto

*
Artículo publicado en el diario El Comercio (Arequipa), p. 10, sábado 24 de
agosto del 2014.
164 JOSÉ GABRIEL VALDIVIA

teórico y crítico, reconociendo el gran legado de los investigadores


del descontento y creadores de la promesa latinoamericana.
El título es un préstamo del ensayista Pedro Henríquez Ureña,
cuando afirma que en nuestra literatura cada generación de escrito-
res “renueva permanentemente el descontento y la promesa”. Raúl
Bueno Chávez traslada esta expresión al contexto de la anhelada
modernización latinoamericana en cada una de sus áreas de desarro-
llo, trazando una sutil perspectiva de los descontentos y las prome-
sas a través de los diferentes discursos producidos en nuestro conti-
nente, especialmente los literarios.
La reflexión sobre la modernidad latinoamericana fue motivada
por la celebración del V centenario del descubrimiento de América
(1992). Los artículos no escapan a esta motivación, además de ser
producidos en el espacio correspondiente a la cultura andina de la
cual su autor procede.
Una de las hipótesis fundamentales de los ensayos de Raúl
Bueno, plantea que la literatura latinoamericana es la mejor repro-
ductora de los avatares de la inserción de América Latina en la mo-
dernidad, entendida esta última como un tiempo largo originado en
el momento de los descubrimientos y las conquistas.
Según Bueno Chávez, los países latinoamericanos hemos ingre-
sado en ella por la puerta falsa, probando su lado más deslucido e
indeseable. Esto nos ha depositado en el patio trasero del mundo
desarrollado, con una modernidad bipolar y jerarquizante que ha
generado dualidades irreconciliables: metrópolis-aldeas, capitales-
provincias. Antifaces de una modernidad que por un lado se exhibe
presentable, avanzada, y por otro se muestra irritable, calamitosa.
Hay otros hilos conductores de su reflexión sobre la modernidad
de América Latina. Entre ellos destacan: la ciudad como símbolo de
la complejidad cultural de nuestro continente, o el cuestionamiento
a los modelos de análisis aplicables a la literatura desde una perspec-
tiva de los estudios culturales: el de la colisión, el rizoma y el ecolo-
gista. Este último es presentado como una propuesta más adecuada
para la comprensión de la realidad latinoamericana.
Un libro denso, complejo, vario y parcial, pero muy atento a la
circunstancia e historia del desarrollo latinoamericano, en el que la
literatura es la praxis más representativa de toda cultura y por ende
el espacio donde las matrices culturales fluyen, convirtiéndose en el
origen y sostén de la misma.
PREMIO PARA UN LATINOAMERICANISTA 165

En síntesis, para el autor del libro premiado, la literatura ha dado


pie para el surgimiento de una forma de ser contestatario, es decir,
se ha convertido en el espacio donde los escritores han registrado,
con alto espíritu crítico y artístico, la aspiración a una modernidad
alternativa, menos lacerante y más efectiva en nuestro continente.
ARGOS AREQUIPENSIS. LIBRO DE HOMENAJE A RAÚL BUENO CHÁVEZ
Boston: RCLL, CELACP y Latinoamericana Editores, 2014, pp. 167-175

RESEÑA DE P ROM ESA Y DESCONTENTO DE LA M ODERNIDA D .


E STUDIOS LITERA RIOS Y CULTURA LES
*
EN A M ÉRICA L ATINA

Carlos Arturo Caballero-Medina


Universidad Nacional de Córdoba, Argentina

Luego de once años al frente de la Revista de Crítica Literaria Lati-


noamericana, fundada en 1975 por Antonio Cornejo Polar, Raúl Bue-
no (Arequipa, 1944) dejó en 2009 la dirección de una revista a todas
luces emblemática en América Latina en el área de los estudios lite-
rarios. Si bien su producción ensayística ha sido la más difundida
–Metodología del análisis semiótico (1980), Poesía hispanoamericana de van-
guardia. Procedimientos de interpretación textual (1985), Escribir en His-
panoamérica. Ensayos sobre teoría y crítica literarias (1991), Antonio Cornejo
Polar y los avatares de la cultura latinoamericana (2004) y Promesa y descon-
tento de la modernidad. Estudios literarios y culturales en América Latina
(2010)– también ha publicado libros de poesía: Viaje de Argos y otros
poemas (1964), De la voz y el estío (1966), y Lengua de vigía & Memorando
europeo (1986). Bueno es “sin duda, una de las figuras más relevantes
en el campo de los estudios de la literatura y la cultura, no sólo en el
Perú, sino en América Latina” (García-Bedoya 2010: 339). El
reciente premio otorgado por la Casa de las Américas al crítico y
poeta arequipeño ofrece una excelente oportunidad para comentar
Promesa y descontento de la modernidad, conjunto de ensayos en los que
reflexiona acerca de la teoría, crítica, cultura y literatura latinoameri-
canas.

*
Apareció en la revista Lexis XXXVI, 1 (Lima, 2012): 165-174. Se repro-
duce con el permiso del autor y de la revista. El libro en cuestión fue publicado
en Lima: Universidad Ricardo Palma, Editorial Universitaria, 2010, 253 pp.
Recibió el 2012 el Premio Especial de Ensayo Ezequiel Martínez Estrada de
Casa de las Américas, Cuba.
168 CARLOS ARTURO CABALLERO-MEDINA

El libro inicia con una revisión de la “ciudad letrada” de Ángel


Rama. A decir de Raúl Bueno, la “ciudad” de Rama conjuga la ciu-
dad letrada ideal y la real, entendidas tradicionalmente como
opuestos irreconciliables y más bien antagónicos. El aporte de Rama
habría consistido en advertir lo contrario, es decir, la interdepen-
dencia entre la ciudad letrada y sus extramuros, pues esta ciudad se
construyó sobre la base de todo aquello que confinaba hacia sus
márgenes. De este modo, la ciudad letrada apunta hacia un ideal
(utopía) contrario a la ciudad real que se resiste al influjo de aquella
que la excluye: “detrás de la ciudad real existe otra ciudad significa-
da, cuya polaridad es justamente la del signo opuesto al de la ciudad
letrada. Es otra más bien oral, hecha de pactos, de implícitos acuer-
dos, de normas ahora llamadas “de la informalidad”, de tradiciones
a veces milenarias, de signos que rehúyen la escritura y que afloran
el sentido de una utopía distinta, a menudo cooperativa y comunal”
(18-19). Se trata de una ciudad cuyos actores quedaron desde el
principio en la periferia,
fuera de las grandes agencias previstas por la ciudad ideal: todos aquellos
naturales que ayudaron a fundar y sostener la ciudades hispanoamericanas
(albañiles, carpinteros, alarifes, obreros, domésticas, etcétera), sus des-
cendientes y aquellos que a lo largo de la historia se les han sumado: los hi-
jos de los variados cruces de razas y culturas, destinados a cumplir roles
modestos en la sociedad prefigurada por el ideal y las letras (19).
Es una ciudad que posee una existencia de hecho pero marginal
al reconocimiento y el prestigio; y que, sin embargo, suele ser evo-
cada por las élites como depositaria de la identidad esencial de las
metrópolis latinoamericanas.
Bueno señala que la categoría de “ciudad letrada” de Rama com-
plementa la “heterogeneidad” de Antonio Cornejo Polar, pues
aquella socava la idea de una ciudad culturalmente homogénea “de
tal modo que el poder central homogenizador ha sido dinamitado
en su propio lugar, desde el inicio, hasta el momento actual en que
las periferias estrangulan el centro, con su presencia masiva, y lo re-
definen con los signos evidentes de la alteridad y la pluralidad” (19).
De esta manera, se reconfigura una nueva ciudad más incluyente
como modelo para el futuro de América Latina, ya que los extramu-
ros de la ciudad letrada ya no se perciben como una amenaza, sino
como la expresión innegable de la diversidad cultural latinoamerica-
na.
RESEÑA DE PROMESA Y DESCONTENTO DE LA MODERNIDAD 169

Luego, aborda un tema largamente discutido: la posibilidad, al-


cances y límites de una teoría literaria latinoamericana. Al respecto,
Raúl Bueno sostiene, no obstante el pesimismo de un sector de la
crítica regional, que sí existe una teoría literaria latinoamericana. Una
buena razón es que el objeto de estudio precede a la teoría. Esta no
surge en el vacío. Prueba de ello es que en Latinoamérica poseemos
un vasto corpus de investigaciones sobre nuestros propios objetos
de estudio. En suma, los teóricos de la literatura diseñan abstrac-
ciones sobre la base del discurso que estudian; en consecuencia, hay
una teoría literaria regional sencillamente porque existen discursos
sobre los que se ha teorizado con amplitud.
Asimismo, si partimos de la premisa anterior –que en Latino-
américa existe una teoría sobre sus literaturas toda vez que existe
reflexión sobre sus objetos de estudio– lo que se necesita es indu-
cirla (abstraerla) y luego evidenciarla mediante categorías que no as-
piren a instalarse sino a renovarse continuamente.
Nuestra tarea de estudiosos de la literatura consiste en hacer visibles los
sistemas teóricos del conjunto llamado literatura latinoamericana. Consiste
en extraer de los fenómenos y sistemas literarios latinoamericanos los dis-
positivos conceptuales y modelos que mejor los representan, describen y
explican. [...] Y caben no sólo los modelos de vocación netamente teórica, a
los que designaríamos de teoría “pura”, sino aquellos que se orientan al ser-
vicio de la crítica o la historia literarias (25).
En tal sentido, quienes consideran que en Latinoamérica no e-
xiste una teoría literaria de raigambre regional porque no hallan co-
rrientes, escuelas o ismos teóricos como en Europa olvidan que las
teorías literarias no son cuerpos terminados ni indiscutibles: “más
que un sistema conceptual uniforme, totalizador y coherente es un
campo de reflexiones relativamente definido, sostenido por una
base epistemológica más o menos cambiante” (26). Nuevamente,
Raúl Bueno establece una distinción fundamental entre el deseo de
conformar un cuerpo sólido de categorías fundacionales con ideó-
logos y seguidores que las perpetúen, y la fugacidad de los plantea-
mientos teóricos, contraria a la solidificación de saberes.
Otra evidencia a favor de su postura es que las teorías literarias
están determinadas por la extensión de su corpus y por los objetivos
que las articulan. La producción teórico-crítica latinoamericana da
cuenta de una apreciable variedad de intelectuales y categorías que
surgieron como resultado de reflexiones acerca de nuestra cultura:
170 CARLOS ARTURO CABALLERO-MEDINA

ciudad letrada (Ángel Rama), hibridismo (Néstor García Canclini),


heterogeneidad (Antonio Cornejo Polar), entre-lugar (Silviano San-
tiago), transculturación (Fernando Ortiz), colonialidad del poder
(Aníbal Quijano), etc. Todos estos intelectuales latinoamericanos no
solo aportaron conceptos fundamentales para la comprensión de la
cultura latinoamericana, sino que mantuvieron, algunos más que o-
tros, un diálogo fluido, pues de las teorías y de los críticos hay que
esperar diversidad, diálogo y cambio constante, lo cual existe en
América Latina, no en el grado deseado, pero ahí está:
El carácter fragmentario o no, tentativo o no, superado o no de sus distin-
tos dispositivos no niega la presencia de una polifonía conceptual que, por
acuerdo o simple coincidencia, de pronto produce sus acordes. No se nece-
sita, a estas alturas, documentar con nombres y proyectos que todos cono-
cemos esa variedad presente de nuestro campo (27).
Uno de los ensayos más importantes del libro es el dedicado a
los estudios literarios y culturales latinoamericanos. Raúl Bueno
propone entenderlos como un cuerpo heterogéneo que demuestra
las tensiones entre sus objetos de estudio, para lo cual se apoya en la
noción de colisión cultural, un encuentro violento entre culturas
con cosmovisiones diferentes que aún continúa “con el mismo
grado de violencia. Unos tratando de destruir, en beneficio propio,
laboriosos ordenamientos ancestrales y otros intentando tenaz-
mente defenderlos”. Racismo, ecologismo, movimientos indígenas,
etc. “La colisión [...] es un proceso inacabado, actuante todavía y,
para mal de muchos, todavía robusto” (31).
Las culturas en colisión nunca fueron homogéneas, sino pre-
viamente totalidades heterogéneas y conflictivas. Pensemos en la
variedad lingüística peninsular y europea y en la amerindia, y en la
estratificación sociocultural de los conquistadores y de los pueblos
americanos. El resultado de la colisión cultural es la hegemonía de
una de la partes, pero, al mismo tiempo, se reconfiguran materiales
culturales y se potencia la diversidad precedente. Guamán Poma y
José María Arguedas son símbolo “ya no sólo de resistencia y afir-
mación de identidades, sino de una fuerza interior que eruptiva-
mente busca salir a la superficie, permeando los estratos culturales
de la dominación y marcándolos sustancial y perdurablemente” (41).
Aceptar la heterogeneidad de los estudios literarios latinoame-
ricanos en virtud de las cualidades de su objeto de estudio implica
aceptar la posibilidad de su enriquecimiento con teorías foráneas. La
RESEÑA DE PROMESA Y DESCONTENTO DE LA MODERNIDAD 171

colisión cultural también se observa notoriamente en los conflictos


entre modelos locales e importados. Sobre esto, Bueno señala que
no hay inconsistencia en incorporar esas reflexiones a nuestro cor-
pus siempre que se haga de manera crítica como es de suponerse en
cualquier actividad de reflexión científica. Que exista diversidad de
enfoques en la teoría literaria latinoamericana y no una teoría unifi-
cada y sólida no es un defecto, es evidencia de heterogeneidad.
Propongo entonces entender el estado actual (y los estados anteriores) de
los estudios literarios latinoamericanos, como el resultado de una colisión
permanente y necesaria de paradigmas científicos y culturales de distinto
tipo, consecuencia del llamado encuentro de dos mundos. Y propongo
asumir homológicamente esa colisión, y la diversidad conflictiva que gene-
ra, como la base epistemológica necesaria para producir [...] los discursos
críticos más ajustados a la índole complejísima del proceso de nuestras li-
teraturas y, mejor aún, para producir un cuerpo teórico que argumente y
revele, como uno de los rasgos distintivos de nuestra cultura, la colisión
continua de sistemas y paradigmas a todo nivel (42).
Otro ensayo fundamental del conjunto es “En defensa de una
tradición intelectual: los estudios culturales de América Latina”.
Bueno considera que los estudios culturales no deberían ser toma-
dos como una moda (una onda pasajera) o una novedad (una súbita
aparición sin tradición ni precedentes), pues en América Latina
aquellas reflexiones precedieron a las que tuvieron lugar en la es-
cuela de Birmingham, Inglaterra, donde canónicamente se considera
el lugar de nacimiento de los Cultural Studies. Además, destaca su
intención inter y transdisciplinar y una agenda particular de investi-
gación:
Los estudios culturales [...] constituyen un campo no sólo de encuentro de
distintas disciplinas establecidas, sino de origen de diversas aproximaciones
y teorías, para las que reclamo la retroactividad del nombre; los estudios
culturales latinoamericanos [...] tienen antigua data, necesidades y pro-
gramas propios y un futuro que trasciende los vencimientos cortos a que
nos ha acostumbrado el mercado intelectual (109).
El ensayo permitió a los pensadores latinoamericanos desarrollar
una hipótesis propia sin el corsé de procedimientos metodológicos
rígidos. Que este haya sido el género privilegiado por la reflexión
sobre la cultura en América Latina –especialmente durante los siglos
XIX y XX, correspondientes a la constitución de los Estados
nacionales y a su modernización– es un hecho que no debe perderse
de vista, pues evidencia que nuestros estudios culturales ya discutían
172 CARLOS ARTURO CABALLERO-MEDINA

una noción positivista de ciencia a inicios del siglo XX y que con-


formaban un campo de estudio compartido por distintas for-
maciones que admiten diversos modos de interpretación. Dicho de
otra manera, se trata de una heterogeneidad epistémica distante de
toda pretensión homogenizadora que integra y sirve de puente entre
las ciencias sociales y las humanidades.
Para buena parte de los críticos culturales latinoamericanos,
[éstos] son relativamente recientes, surgieron a partir de los
planteamientos de la academia anglosajona (Cultural Studies), se
ejercen mayormente fuera de América Latina combinados con los
estudios de área (Hispanoamérica, Brasil, Caribe, Cono Sur, área
Andina, componente latino en EEUU, etc.) e introducen una agen-
da de investigación de otras comunidades académicas: clase, género,
raza, poscolonialidad, subalternidad. Bueno crítica esta caracter-
ización porque en ella no “se ve un esfuerzo por desatar realmente
el campo de sus agendas hegemónicas, ni por retomar una tradición
de estudios culturales que ya tiene antigüedad” (111). Añade que los
estudios culturales latinoamericanos asumen críticamente los apor-
tes de los Cultural Studies, por lo cual reclama un reconocimiento
de esta trayectoria propiamente latinoamericana. Y si bien nuestros
estudios culturales preceden a los anglosajones –en América las re-
flexiones sobre otredad existen desde el descubrimiento en las
crónicas de la conquista a través de un filtro transdisciplinario (his-
toria, literatura, teología, etc.)– ello no niega que la escuela de Bir-
mingham haya revitalizado los estudios culturales latinoamericanos.
De igual modo, no sería posible sostener que la interdisciplinariedad
nació con los estudios culturales euronorteamericanos. Los plantea-
mientos de Freud, Lévi-Strauss y Barthes, por mencionar algunos
ejemplos, demuestran que no fue así.
El antropólogo Carlos Reynoso puntualizó los mayores reparos
de los científicos sociales frente a los estudios culturales de la si-
guiente manera: 1) falta de un objeto de estudio definido, 2) caren-
cia de un método científico sistemático; y 3) ausencia de un corpus
teórico estable, debido a su desmesurado eclecticismo teórico-
metodológico. Sobre lo anterior, habría que mencionar que los es-
tudios culturales latinoamericanos no podrían circunscribirse a un
exclusivo objeto de estudio si es que asumen como premisa una no-
ción amplia de cultura, y mucho menos podrían hacerlo en América
Latina, donde la diversidad cultural obliga a replantear los modelos
RESEÑA DE PROMESA Y DESCONTENTO DE LA MODERNIDAD 173

teóricos concebidos en Europa. Ante un objeto de estudio tan


complejo y diverso, no queda más que “ensayar” múltiples aproxi-
maciones y métodos, constantes asedios desde todas las perspec-
tivas posibles para intentar desentrañar su naturaleza. De allí que la
transdisciplinariedad de los estudios culturales no representa para
Bueno una ruptura epistemológica, sino una modificación del cam-
po de estudio, un desplazamiento hacia lo cultural:
Pero sirva la metáfora de las barreras rotas para poner un énfasis en la
ensayística cultura, que libera al estudioso de los cepos de la argumentación
–los rigores del método y la prueba– y le permite libertades intra-, trans- y
aun a-disciplinarias, para tender hipótesis e interpretantes de variado al-
cance sobre lo cultural (111).
¿Y es que acaso el rigor de una reflexión teórica descansa sólo en
la metodología y no en la consistencia de las ideas expuestas?
Para comprender el afán inter y transdisciplinario de los estu-
dios culturales latinoamericanos, es necesario precisar que la noción
de cultura en la cual se enmarcan comprende los conceptos más ele-
mentales y pragmáticos (cotidianos), así como los más intelectuales.
Los Cultural Studies se concentran en lo popular; los estudios subal-
ternos, en las jerarquías socioétnicas en relación con lo hegemónico;
los estudios poscoloniales, en analizar el proceso de descolonización
y el influjo colonial en las sociedades poscoloniales. Todas estas o-
rientaciones teórico-críticas comparten una noción general de la cul-
tura: “cultura es la información necesaria para que una sociedad o
asociación [...] exista como tal; es decir, como conjunto, con una
identidad determinada [...], la información necesaria para que una
sociedad se reproduzca a sí misma, con vistas a su permanencia en
el tiempo” (117). La cultura es también la información que una so-
ciedad desarrolla para adaptarse a las circunstancias, interactuar con
otras, dominarlas y resistir. Los estudios culturales latinoamericanos
exploran estos cuatro puntos, lo que les da un mayor panorama que
a los estudios subalternos y poscoloniales.
Los estudios culturales latinoamericanos contienen “toda nues-
tra producción discursiva sobre el Otro y la necesidad de coloni-
zarlo o descolonizarlo” (118). Esto se rastrea en las cartas de Colón,
las crónicas del Inca Garcilaso, en el testimonio de Guamán Poma
de Ayala, en el llamado descolonizador de Viscardo y Guzmán, en
Sarmiento, Palma, etc. Son aproximaciones a la cultura latinoame-
ricana que encajan en lo que hoy se llama estudios culturales que
174 CARLOS ARTURO CABALLERO-MEDINA

han indagado en el encuentro, choque, dominación, resistencia y


subversión culturales. Bueno agrega a Martí, Mariátegui, Cesaire,
Fanon y Arguedas, entre otros, a la tradición de nuestros estudios
culturales.
El problema es que esta tradición en conjunto no es lo suficien-
temente visible para todos los que de alguna manera u otra se dedi-
can a los estudios literarios en Latinoamérica; sí lo son en tanto
pequeños cuerpos de investigación pertinentes a áreas específicas de
estudios: historia, literatura, sociología, etc., pero no como un cuer-
po heterogéneo de pensadores abordables desde perspectivas que
superen las barreras disciplinarias antes mencionadas. Bueno precisa
que urge una historiografía de los estudios culturales latinoamerica-
nos que dé cuenta de los aciertos y desaciertos de su desarrollo, y
que diseñe su agenda futura, e invoca asumir la tradición de los es-
tudios culturales latinoamericanos con “autonomía y originalidad,
enfocando siempre desde acá [...] las peculiarísimas y complejas cir-
cunstancias de lo cultural en América Latina” (122).
El último ensayo lo dedica a la vigencia de Fernando Ortiz, Án-
gel Rama y Antonio Cornejo Polar mediante el contraste de las ca-
tegorías de transculturación y heterogeneidad. Así, por un lado, la
heterogeneidad de Cornejo Polar comprende la diversidad cultural y
social de regiones sometidas a conflictos históricos, y los discursos
surgidos allí sobre esa conflictividad. De otro lado, la transcultura-
ción de Ortiz y Rama se refiere a la plasticidad del cambio cultural
en zonas de contacto, en que ciertas renuncias del paquete cultural
propio (parcial desculturación) dan lugar a adopciones de elementos
del paquete ajeno con vistas a una “neoculturación” mitigadora de
la brecha cultural. Es una transferencia cultural en doble sentido.
La heterogeneidad pone énfasis en las diferencias; la transcultu-
ración trata de diluirlas. Aquella es resultado, esta es proceso. Sin
embargo, Bueno recalca que ambas categorías son complementarias:
la heterogeneidad de hecho es condición previa a la transcultura-
ción, pues de existir homogeneidad no habría necesidad de trans-
culturar: “La transculturación [...] busca reducir los conflictos en las
zonas de choque cultural, pero en el proceso termina originando
complejos culturales alternativos que añaden diversidad a la hetero-
geneidad inicial”. Ello da lugar a una heterogeneidad jerarquizante
de la cual Cornejo Polar estuvo consciente y buscó desmantelar.
RESEÑA DE PROMESA Y DESCONTENTO DE LA MODERNIDAD 175

Rama y Cornejo Polar construyeron un sistema conceptual co-


herente cuyas categorías se complementan. La ciudad letrada y Escribir
en el aire representan esfuerzos de mutua comprensión entre ambos
críticos. La ciudad letrada hace referencia a un sistema jerarquizado
donde la letra somete a otros sectores (ciudades). Siguiendo a Rama,
Bueno apunta que la ciudad real está constituida por la ciudad letra-
da y la ciudad oral: “La ciudad letrada es la punta del iceberg que
Rama destaca porque es la sede del poder que controla o busca con-
trolar el resto del sistema” (216). La ciudad oral es el resto del
sistema. De esta manera, tenemos que en la ciudad letrada de Rama
confluyen transculturación y heterogeneidad porque aquella ciudad
es heterogénea (de hecho, no discursiva) migrante y transcultural.
El conjunto de los ensayos posee una doble intención, divulga-
dora por un lado y reflexiva por otro. Bueno no se limita a sumillas,
panoramas o balances, sino que valora, discute y propone ideas con
claridad. Muestra una particular preocupación por reevaluar la pro-
ducción teórico-crítica latinoamericana y por superar las barreras
disciplinarias que encorsetan la investigación en temas de literatura y
cultura latinoamericana. Promesa y descontento de la modernidad nos invi-
ta a repensar la manera en que América Latina construyó su propia
modernidad a través de una indagación en nuestra conflictiva histo-
ria de rupturas y continuidades teóricas, sociales y culturales, cuyo
balance confirma que la heterogeneidad es la marca distintiva de
nuestra latinoamericanidad.
SEGUNDA PARTE
SOBRE LA POESÍA DE RAÚL BUENO CHÁVEZ
ARGOS AREQUIPENSIS. LIBRO DE HOMENAJE A RAÚL BUENO CHÁVEZ
Boston: RCLL, CELACP y Latinoamericana Editores, 2014, pp. 179-193

RASGOS DIFERENCIALES DE LA POESÍA DE RAÚL BUENO


EN EL CONTEXTO DE LOS 60

Carlos L. Orihuela
University of Alabama at Birmingham

El estudio de la obra poética de Raúl Bueno Chávez constituye


una tarea de especial importancia. Además de profundizar en un
conjunto de textos de reconocido protagonismo en el desarrollo de
la nueva poesía peruana a partir de la década de los 60, resulta un
paso indispensable para entender de manera aún más profunda la
amplia y sólida contribución que Raúl Bueno ha hecho, en las
últimas décadas, en la crítica literaria, la semiótica y los estudios
culturales.
Raúl Bueno publica su primer poemario, Viaje de Argos y otros
poemas, en 1964, a la edad temprana de veinte años, y desde enton-
ces, con intervalos más o menos prolongados, ha llevado a prensa
colecciones como De la voz y el estío (1966) y Lengua de vigía &
Memorando europeo (1986). Este proceso creativo, que sin duda
materializa las virtudes de un poeta de genuina vocación, marca
igualmente el derrotero de un intelectual cuya sistemática aproxima-
ción a los cambios y giros históricos de su época, le ha permitido
mantenerse con perfecta lucidez entre los territorios de la reflexión
metódica y científica, y los de la compleja e intuitiva tarea de la
creación literaria y artística. Es de destacarse que este esfuerzo
intelectual que, como vemos, se desarrolla en espacios textuales
paralelos y aparentemente contrarios, ha sido uno de los factores
más importantes para la realización de una obra personal caracte-
rizada por una sostenida unidad y hábil coherencia, esto es, un
conjunto variado de publicaciones que dentro de los parámetros de
la indagación académica y el acto creativo ha respondido siempre a
las mismas grandes cuestiones y desafíos artísticos.
180 CARLOS L. ORIHUELA

Basado en estas observaciones, el presente análisis de la obra


poética de Raúl Bueno Chávez parte de las siguientes conside-
raciones: a) iniciada en el contexto de la década de los 60 y desa-
rrollada bajo características formales más o menos invariables hasta
nuestros días, la poesía de Raúl Bueno Chávez opta por una escri-
tura notablemente distinta a la de sus coetáneos. Distante del verti-
ginoso avance del verso conversacional y narrativo, Bueno Chávez
parte de la relectura de los aportes modernos ya desarrollados hasta
mediados de siglo para optar por una escritura centrada más en la
experimentación semántica y en lo que podríamos llamar la rese-
mantización cultural; b) subyace en su poesía un impulso formal
vinculado directamente con los avances de la lingüística más re-
ciente, en especial con la semiótica y su aplicación textual, que da
como resultado un lenguaje emanado de la exacerbación signifi-
cativa de la palabra escrita; y c) sus contenidos profundos se enri-
quecen y dinamizan con la nueva experiencia cultural e ideológica
del intelectual de la segunda postguerra; se sostiene, por ende, en la
configuración de un hablante básico que testimonia su inserción en
un universo humano cosmopolita, globalizado y con mayor acceso a
las fuentes directas de la cultura de su tiempo.
Bueno Chávez viene, ciertamente, a integrar, de manera nítida, el
grupo representativo de las nuevas voces de la poesía peruana de la
segunda mitad de siglo, y tipifica la actitud rebelde y reformista
frente a la agotada tradición literaria que venía culminando en la
llamada Generación del 50. Sin embargo, como ya se ha venido
diciendo, la Generación del 60 no representa una comunidad de
creadores integrados por una poética común, ni menos identificados
por proclamas o principios teóricos y/o ideológicos a la manera de
las vanguardias de inicios de siglo. La Generación del 60 brota de
manera espontánea entre intelectuales y artistas jóvenes que, desen-
tendiéndose de los debates y propuestas de sus antecesores inme-
diatos, enfrentan e interpretan los rasgos inéditos de la época a la
que saben y sienten pertenecer. En un ensayo nuestro ya publicado
sobre las particularidades de esta generación explicamos lo
siguiente:
El ingreso a la segunda mitad del Siglo XX conllevaba así una tarea de
asimilación de las nuevas confrontaciones ideológicas, teóricas y artísticas, y
no porque urgía la sola necesidad de actualizar el ambiente académico
según las corrientes más de moda, sino porque se acusaban los efectos de
RASGOS DIFERENCIALES DE LA POESÍA DE RAÚL BUENO 181

las notables transformaciones en el circuito de producción y consumo lite-


rario del país. La difusión informativa por fuerza de una mayor utilización
de los sistemas modernos de comunicación, el relativo impulso de la edu-
cación a niveles populares, y la masiva migración campesina y provinciana a
las grandes urbes del país como efecto del desarrollo de la modernidad
periférica, habían incrementado el público lector, y habían alentado una
nueva promoción de escritores. Un contexto intelectual marcado por un
mayor acceso a las literaturas metropolitanas del momento; un público con
más variados intereses; y una promoción sustancialmente joven y renovada
de escritores venían a determinar la aparición de un movimiento poético
que la crítica ha venido a denominar “Generación del 60” (Orihuela 151-
152).
Carlos López Degregori y Edgar O’Hara reconocen la marcada
diversidad de estilos y propuestas poéticas durante estos años, y
especifican la existencia hasta de tres corrientes (o “líneas”) que
mejor representan este nuevo espíritu literario. Una primera, que se
ubica aún dentro de los lineamientos de la Generación del 50, en
especial en la asimilación de la poesía peninsular (la Generación del
27 y la poesía de la postguerra civil), y que muestra entusiasmo por
los tonos nerudianos y retoma el dolor y la solidaridad vallejianos1.
La segunda (en la que se conglomeran los representantes más
connotados de esta generación) se define más bien por su cauteloso
distanciamiento de las influencias peninsulares, y opta por las co-
rrientes vanguardistas anglosajonas más recientes, lo que les despier-
ta la preferencia por la narratividad, la cotidianidad, la disolución del
lirismo puro, y la experimentación con el lenguaje coloquial y el
desarrollo funcional de la ironía y la parodia2. Y una tercera línea
1
“La primera línea prolonga un espacio importante de la Generación del 50
que asimila la tradición peninsular, principalmente los aportes de la Generación
del 27 y de la poesía de postguerra española (léase Blas de Otero, por ejemplo).
De igual manera confía en Neruda, en el contexto latinoamericano; y en la
tradición peruana reencuentra el dolor y la solidaridad vallejianos de Los heraldos
negros y los poemas escritos en Europa (no sucede lo mismo con Trilce, poco o
nada incorporado a esta praxis textual)” (López Degregori y O’Hara 18-19).
2
“La segunda línea recusa el canon peninsular y también la herencia
simbolista y vanguardista en el Perú –léase surrealismo, principalmente–, que
fuera trabajada por Sologuren, Eielson, Bendezú, la primera Varela. Se acoge,
en cambio, al proyecto de la vanguardia anglosajona de este siglo. Esto no
quiere decir, de ninguna manera, que su propuesta parta de cero respecto de
nuestra tradición. […]Estos poetas trabajan la narratividad, la cotidianidad, la
disolución del lirismo puro, y están interesados en experimentar con un
lenguaje que acoge lo coloquial, buscan la ironía y se vuelve parodia. Hablan de
182 CARLOS L. ORIHUELA

que estaría conformada por voces que, a diferencia de las dos


anteriores, “reelaboran” el legado de la modernidad literaria
(simbolismo y vanguardias), y renuncian a la objetividad tanto emo-
cional como social y al facilismo declarativo a cambio de conver-
tirlos en una actividad trascendente3. López Degregori y O’Hara
consideran que la poesía de Raúl Bueno se encuentra circunscrita en
esta tercera línea, un espacio textual poco reconocido, “casi no
recogida en antologías”, pero que demuestra que en los 60 se había
actualizado toda la poesía peruana moderna (20).
Esto último, sin duda, goza de aciertos, pero, en este caso, sólo
como una distinción general de la poesía de Bueno frente al grueso
de poetas de su generación. Bueno Chávez ciertamente guarda
marcadas afinidades con la retórica moderna que hasta la década de
los 50 había mantenido hegemonía. A lo largo de toda su poesía en-
contramos frecuentes indicios de esta herencia, y haberla mantenido
dentro de su poética personal, como lo veremos, respondía a una
decisión que tenía sus propias explicaciones. Con respecto a Bueno,
creemos que el concepto de “reelaboración” del legado de la
modernidad, que López Degregori y O’Hara utilizan para definir la
tercera línea o corriente en los 60, resulta, sin duda, impreciso.
“Reelaborar” sugiere una actitud de repetición y de insistencia
conservadora, y lo que Bueno hace es más bien decodificar y
reinterpretar el imaginario moderno de principios de siglo dentro de
las nuevas coordenadas culturales puestas en juego en el contexto
de la segunda postguerra. En su poesía hallamos, en efecto,
construcciones y resonancias que nos remiten a Eguren, Vallejo y a
la experimentación formal típica de las vanguardias:
Que nos sorprenda este invierno abrazados
y nos deje blancos como esas
antiguas marionetas ¿las recuerdas?

la historia desde la vida diaria de un individuo que necesita rostro y un nombre”


(López Degregori y O’Hara 19-20).
3
“Puede detectarse una tercera línea, de menor peso reconocido, aunque
no por ello deje de ser importante. Se trata de la reelaboración del legado de la
modernidad literaria (simbolismo y vanguardismo), Adán, Westphalen, más
Eielson y Sologuren (es decir, el lado no específicamente hispánico de la
Generación del 50). Para los poetas ubicados en esta línea, la poesía renuncia a
la objetividad (tanto a nivel de emociones del yo como a nivel del testimonio
social) y al facilismo declarativo; busca en cambio, convertirse en una actividad
trascendente” (López Degregori y O’Hara 20).
RASGOS DIFERENCIALES DE LA POESÍA DE RAÚL BUENO 183

diciéndose: te amo, te amo, te amo (Viaje de Argos y otros poemas 34).

A esta hora, madre, ¿dónde tu voz hermana?


¿Y tus pasos?

¿Y la manera tuya de peinarme,


de librarme del frío, protegerme
de pensativas lluvias que tu voz extinguía?
(Lengua de vigía & Memorando europeo 36)

me invitas conocerla
vivir bajo su rosa
tras de sus risas dagas
relojes sombras mieles
y sobre la oficiosa luciérnaga
su red de luces con que
muriendo el día el corazón
embriagas
(Lengua de vigía & Memorando europeo 63).
Pero la pulsión íntima y el entretejido filosófico sobre el que
elabora su discurso corresponden a las condiciones existenciales del
hombre encaminado en una etapa inédita de la modernidad, esto es,
en una modernidad redireccionada hacia periodos críticos poco
advertidos por sus antecesores. No se afana en rupturas radicales
con la tradición, ni pretende el momento cero en la reinvención de
la poesía peruana con el que pudiera autorrepresentarse y repre-
sentar a su generación, porque no le urgen ni tientan las agonías
cancelatorias de la Europa finisecular, ni menos las rebeldías lúdicas
de las vanguardias. Antes bien, le interesa identificar desde nuevas
perspectivas y renovado instrumental hermenéutico el territorio
sociocultural que le ha tocado para su realización artística, y desde
allí releer y reinterpretar la biblioteca moderna. Esto explica que su
primer poemario, Viaje de Argos y otros poemas, equivalga literalmente
a una travesía, a una odisea por el piélago de sus tiempos, es decir,
una visión tangible y transparente de la realidad inmediata. En este
espacio poético y a muy temprana edad, Bueno se propone un
repaso de su morada terrestre y su propia existencia, y se desplaza
asomándose a las formas más detalladas de la vida, como lo explica
Antonio Cornejo Polar (6):
184 CARLOS L. ORIHUELA

ésta es una poesía marcadamente sensorial, escrita y elaborada a partir de


un aguzado, lento y riguroso mirar sobre el mundo, y del hallazgo inespera-
do de los pequeños seres que lo habitan como huéspedes olvidados:
Son
seres pequeños en la verde tierra
en la tierra girante, globo azul
(Viaje de Argos, II).
De aquí la deleitosa preferencia del poeta por los peces, lo pájaros, los ba-
tracios; por las abejas, caracoles, orugas, luciérnagas, que largamente desfi-
lan en sus versos, fina, plástica, dinámicamente descritos:
De los enormes robles caen como precipitadas sombras
Los pájaros.
(Viaje de Argos, II)

Por sus aguas circulan transparentes los peces


Luminosos
Como faroles chinos atados al coral
(Viaje de Argos, IV).
Y así, con el mismo énfasis, dirige la mirada a su propia especie,
a los instantes prístinos de la historia humana para en ella
reconocerse y definir sus roles existenciales:
Recordamos a un antiguo pariente:
se cubría con pieles de león.

Sus manos hacendosas descubrían el fuego.


Y sus piernas de ciervo fatigaban la tierra.
Sus dientes, como castores fieros, roían la corteza
del hueso.

Recordamos a un antiguo y hábil pariente


cuyos ojos eran tigres solitarios y prestos
(Viaje de Argos y otros poemas 41).
De este modo su poesía se constituye en los peldaños iniciales
de una resemantización del imaginario moderno, para desde él
ascender al contexto de su época. Raúl Bueno no lo realiza sólo a
través de la reconfiguración significativa de los términos y símbolos
culturales, sino también revisitando la experiencia formal habida en
la poesía occidental hasta ese momento. La textura general de su
escritura, sus diseños sintácticos, el aprovechamiento de la espacia-
lidad de la página en blanco, la utilización de las unidades del código
lingüístico y, en general, la peculiaridad con que selecciona cada uno
RASGOS DIFERENCIALES DE LA POESÍA DE RAÚL BUENO 185

de sus recursos formales nos muestran a un autor de actualizada


formación académica y de gran conocimiento y asimilación de los
autores de mayor influencia en su generación. En su poemario
inicial, Viaje de Argos, se observa una preocupación cuidadosa por la
concisión, la brevedad, la frase medida, y todo esto en favor de la
sugerencia y las construcciones polisémicas:
Oh plata laboriosa entre las hojas,
oh guijarro encendido entre las rosas,
dejad el salmo
pasa el anciano fatigando su asno
pasa cantando
“fauna, faunita, azulverde, flora” (Viaje de Argos y otros poemas 14).
En su segundo poemario, De la voz y el estío, que mantiene la
misma técnica de versificación, predomina el proyecto del libro
como un conjunto unitario de textos, en este caso de nueve
estancias que conforman finalmente un largo poema, en una
secuencia gráfica comparable a la de Cinco metros de poemas de Carlos
Oquendo de Amat, poeta por el que Bueno ha mostrado siempre
un vivo entusiasmo. En su tercera publicación, Lengua de vigía &
Memorando europeo, volumen que contiene dos poemarios escritos en
diferentes años (1974 y 1979), encontramos una variedad de expe-
riencias formales que concuerda con la diversidad temática y el
notable énfasis en la reflexión metalingüística y filosófica que por
esos años Bueno ha venido incorporando a su poética. Encontra-
mos un texto en prosa poética en el que excepcionalmente decide
experimentar con el coloquialismo y la narratividad4, formas vincu-
ladas más con la poesía conversacional muy propia de lo más repre-
sentativo de la poesía de los 60 y 70:
(Se llamaban Christiane, Elena, Margarita, Brigitte, Susana, Gladys, Rhonda,
Glenda… ¡Muchachas inventadas, entrevistas, abrazadas, soñadas, confun-
didas, reales, trastocadas! Una cantaba su voz pequeña, velar, ubicua: Judas,
eres un Judas… Otra nos requería desde un cinematógrafo –juvenil, mali-
ciosa– ciertas noches de fuga y canes que olfateaban rabiosos nuestras
sombras. Estas, casi niñas, lograban escuchar nuestro reclamo azorado y
furtivo […] (Lengua de vigía & Memorando europeo 42).

4
Este segmento de prosa poética constituye la estrofa final del poema “La
semana del búho”, del poemario Lengua de vigía. Reiteramos que es el único
caso, en toda la poesía publicada de Raúl Bueno, en que encontramos una
experimentación directa con la poesía conversacional.
186 CARLOS L. ORIHUELA

Se trata de poemas escritos con el molde de las tragedias griegas,


reproduciendo la estructura dialogal de la versificación clásica
antigua (incluyendo a sus protagonistas prototípicos), pero esta vez
para el desarrollo dramático de reflexiones metafísicas:
Corifeo
¿Qué por sí se decanta y en dónde es retenido
por arcano cedazo, por mano diestra en uno (no la de uno),
lejos de voluntad no obstante voluntad, qué,
ayer, ahora, fuera
de un tiempo parroquial, dentro
de un eterno suceso (muta y no muta), qué?

Coral
-Zodíaco lejano
blandiendo irremediable todas
sus falsas/certeras predicciones.
-Ciega fuerza
sin dirección ni oficios
inmediatos
que al agua mansa enerva
y al agua furia apaga.
…………………………………………………….
Epodo
Y así
mano desorientada gerundias y cabalgas por doquiera.
Encuentras
campos redondos –el fin es el comienzo– un mismo abrevadero
(Lengua de vigía & Memorando europeo 49-50);
estrofas bajo el diseño de los caligramas de Apollinaire o la poesía
visual de Octavio Paz y otros poetas latinoamericanos influyentes
en la época
RELOJ DE ARENA
Como una fuerza, como lo súbito rodeado
de puñales o alondras, como nuevo
misterio para viejas
palabras (1929
anuncia
su
bandera
inicial, su
engañosa y clarísima
trompeta), como salvaje rito
-fertilidad o sangre-, como mano
RASGOS DIFERENCIALES DE LA POESÍA DE RAÚL BUENO 187

feliz en su ceguera, como lo que


sorprende y es nuevo pese al verbo: fuiste
(Lengua de vigía & Memorando europeo 28).
El estudio de la poesía de Raúl Bueno debe tener en cuenta,
igualmente, la dedicación disciplinada y profesional del autor al
estudio de la semiótica y la lingüística, detalle que puede no tener un
efecto inmediato y necesario en su trabajo creativo, pero que no
pierde importancia para la explicación de algunos rasgos sustanciales
de su poética. A lo largo de toda la poesía de Bueno están presentes,
por un lado, el minucioso trabajo por el aprovechamiento de los
mecanismos del sistema de la lengua en la elaboración de
expresiones de rica significación, como lo es en la exploración de las
unidades mínimas morfosintácticas y semánticas, así como en la
producción de neologismos y la diversidad de ejes sintagmáticos:
ATALAYA DE SAGUNTO
pendulante
abando-
lento
vacila-
gira
cae
sorprendido
incontinútil
grita
que no sabe
que no cae
que no grita
(Lengua de vigía & Memorando europeo 61).
Y, por otro lado, en la reiterada reflexión metalingüística, esto es, en
las frecuentes alusiones a la complejidad de la naturaleza de la
creación poética, que dotan a su poesía el tono característico de
discurso introspectivo y filosófico:
Pero es mi oído aquel que se percata
aguzando sutil el trato entre las cosas,
es mi oído el que recuerda, a veces,
deteniendo zumbidos entre voces ya fijas:

Oh inventor de fantasmas, resonancias


de invertebradas contexturas,
transparentes sonidos que burlan nuestros ojos,
faunos que danzan
188 CARLOS L. ORIHUELA

y que perturban con su aliento si reposan,


voces,
voces cundiendo en la expansión del aire
como una hinchada espuma de convulsos fulgores,
cual esta sucesión de obstinadas vocales:
(De la voz y el estío s. p.)

Amada cantilena, todavía


nos urges desde sueños, pulsando como fuerte zodíaco,
prefijando tus remos sobre agua mansa y calva,
sobre agua furia y ebria; todavía
el tacto de tus sílabas repasa labios, verbos,
como impulsado pez, cual reclamada mano,
todavía,
reunida luz nos tienta desde una suerte ciega,
desde un tiempo sin tiempo que cifra a lo impalpable,
desde una voz sin voz detrás de los sentidos
(Lengua de vigía & Memorando europeo 31).
No es materia del presente trabajo, por razones de extensión, el
estudio minucioso de la diversidad temática, el sistema simbólico y,
en general, la riqueza de contenidos de la poesía de Raúl Bueno. Sin
embargo, debemos mencionar que la concurrencia temática densa
de su escritura se canaliza, se constituye una totalidad armónica y
entrelazada, gracias al hilo conductor del hablante básico que desde
la perspectiva de su generación, la del 60, –como ya lo indicamos–
se propone una relectura de los códigos culturales que le llegan
como herencia: la decodificación universal dentro de las condicio-
nes interpretativas en un nuevo periodo en su realidad local y en el
contexto del mundo moderno. En la poesía de Raúl Bueno, el
desarrollo argumental de los viajes –los recorridos por áreas que en
etapas pretéritas de la literatura hispanoamericana aludían a lo
exótico, a territorios idealizados por el anhelo del cosmopolitismo
modernista– resultan la alegorización de la compleja experiencia
intelectual del autor (por ende, la identidad del hablante básico) en
el contexto de su tiempo. En Viaje de Argos, como lo sugiere el
título, rige la representación de un yo (un Argos contemporáneo)
que recorre las instancias de la vida terrestre, de su realidad y
misterio, pero en el que igualmente subyace una visión dialéctica
universal: el viaje no sólo es el de Argos y su nave, sino también el
del propio mar, que tiene un destino, un rumbo propio, y también
una muerte:
RASGOS DIFERENCIALES DE LA POESÍA DE RAÚL BUENO 189

Viaje del mar bajo el vacío cielo,


bajo el viento que arde en la piel del agua.
Viaje del mar junto a la noche láctea
con su débil latido celular
¡Oh mar!
palidecidos peces te siguen mansamente
(Viaje de Argos y otros poemas 35).
Esta es la playa.
Aquí finaliza el viaje del mar
en una débil onda que humedece la arena
(Viaje de Argos y otros poemas 19).
En el poemario Memorando europeo, esta alegoría se hace aún más
evidente: la casi totalidad de poemas conforman una secuencia de
imágenes de ciudades y lugares emblemáticos a lo largo de países
como Francia, España, Italia e Inglaterra. El poemario deviene en
una crónica de viajes, en el testimonio de un itinerario a través del
cual el yo poético, en pinceladas rápidas y directas, describe, hace
remembranzas históricas y reflexiona en tonos críticos y filosóficos:
IMAGEN DEL TÍBER
barandal

hacia abajo
el río se disuelve

no hay cantos de sirenas


inventando suicidas ningún rostro
allí se desfigura

tampoco hay agua


(hablo de agua heracliteana)
no hay baranda
(del primer puente de arco
-romántico-
sobre este viejo río
y quien miró
miró sin ojos
(Lengua de vigía & Memorando europeo 64).
Al tratarse de una poesía de viajes cuyo referente entrelaza
desplazamientos por las profundidades del espíritu y la imaginación,
y experiencias reales por diferentes puntos del mapa, los testimonios
del yo poético dejan igualmente al descubierto los sentimientos
190 CARLOS L. ORIHUELA

naturales del sujeto que añora el hogar, y las pesadumbres del exilio
y el desarraigo:
PORT DE GENTILLY
tarde
sin rastro
locuras repentinas alguien

silba por el camino a lyon


evita las sorpresas del viento
hace crujir las voces del otoño

alguien
que se acuerda de lima
la casa a la deriva

y los hijos
(Lengua de vigía & Memorando europeo 54).
Estas confesiones, basadas en su mayoría en experiencias reales
del autor, pueden, de manera extraliteraria, completar la imagen del
nuevo intelectual de los 60 en adelante: un sujeto en contacto
vivencial con otras realidades culturales, por muy lejanas que éstas
hubiesen parecido (como sucedió en muchas de las generaciones
pasadas), incorporado en la academia internacional, estudioso y
creador, hecho que, sin duda, da una calidad inédita al proceso de
inserción de la cultura peruana en las complejidades de la metrópoli.
Este mundo representado, que se esboza desde la perspectiva de
un navegante que descubre y evalúa, que crea y estudia, lleva
consigo con igual coherencia otros temas ancilares que completan el
tinglado significativo tan personal con que Bueno formula su
poética. Son constantes los recuerdos de la niñez, la familia, el
paraíso perdido de la tierra natal:
¿Qué distancia me niega a los hermanos
con quienes construía fortines y palacios,
a quienes liberaba de fauna torva y brujas?
(lobo, ¿estás?)
(Lengua de vigía & Memorando europeo 37).
RASGOS DIFERENCIALES DE LA POESÍA DE RAÚL BUENO 191

En alguna ocasión, para intensificar aún más la nostalgia, acude


al intertexto con canciones populares, como es el caso de estos
versos que refieren a un yaraví arequipeño 5 que alude a la ausencia:
Yo me voy a una tierra
lejana donde nadie… (hay una cruz arriba
de antorchas perseguida y nuevos arrayanes)
donde nadie me espere
(Lengua de vigía & Memorando europeo 36).
El símbolo de las “manos”, frecuente en la poesía de Bueno,
también se constituye en un leitmotiv con el que se reiteran, según sea
el contexto temático, reflexiones metapoéticas y existenciales:
Yo entonces fui aquel alucinado
sorprendido del voluntario movimiento de su mano
y del susurro de su corazón (De la voz y el estío s. p.).

Mi mano era olvidada al torrente del agua


dejando a ella desprenderse inanimada
aunque propia, viva (De la voz y el estío s. p.).

Pero he vuelto a retener el latido de mi mano.


– había dicho
(De la voz y el estío s. p.).
Una poesía compacta y sugerente como la de Bueno, constituida
por un regular y nutrido flujo de imágenes, diseños formales diver-
sos y reflexiones iluminantes, no deja de mostrarnos, de igual modo,
el trasfondo de un espíritu agónico y místico que no pierde de vista
las grandes incógnitas de la existencia y la vida: el tiempo, la soledad,
el olvido y la muerte. El yo poético, que nos despliega los detalles de
un universo dinámico y fascinante, culmina su entusiasmo recordán-
donos el inevitable final del gran viaje:
Junto al roble crece la hierba azul
Ustedes descubren el viento: pasa
y gime

5
Nos referimos al texto del yaraví arequipeño “La partida”, del compositor
Mariano Lino Urquieta. Los versos están en la siguiente estrofa:
Ya me voy a una tierra lejana,
a un país donde nadie me espera,
donde nadie sepa que yo muera,
donde nadie por mí llorará.
192 CARLOS L. ORIHUELA

como una lenta abeja cargada con su polen.


Ahora cesa: ¡Oh!
es una abeja muerta
(Viaje de Argos y otros poemas 33).
Empero, entre las rosas se agitan los insectos
(como dragones dulces que desecan la tierra)
simulando revolear sobre animales muertos
(Viaje de Argos y otros poemas 44).
En esta red significativa, donde prevalece la noción de la muerte
como destino existencial definitivo, se desarrolla, con igual
intensidad, la de la vida como un devenir agónico y de lucha, tópico
tan característico de la filosofía existencialista de posguerra:
El tiempo echa langostas y termitas
como cigarros o almanaques con que
–océanos de papel, densa niebla– fracasa la memoria
más obstinada. Así un día
y otro día
y luego
y entonces y después y entre tanto
y otro día (Lengua de vigía & Memorando europeo 14).

Aquí se vive.
Aquí nos entregamos dóciles al óxido
de los años;
y aquí nos es posible esperar
identificar
apurar
la suma de los días como licor ardiente
que luego el tiempo neutraliza
y apaga
(Lengua de vigía & Memorando europeo 26).
Raúl Bueno Chávez, sin duda, es uno de los integrantes más
destacados de la Generación del 60 de la poesía peruana. Su poética
personal, su proyección intelectual que combina de manera comple-
mentaria la investigación y la creación, y la dedicación exclusiva de
su vida a esta compleja tarea lo hacen una de las personalidades
culturales de mayor prestigio y ejemplaridad de las últimas décadas.
La profundización en su poesía, el análisis detenido de sus aportes
en la reinvención de la poesía peruana a partir de la segunda mitad
del siglo, es un campo de investigación aún muy abierto. La poesía
peruana de los 60 en sí guarda una complejidad y riqueza que
RASGOS DIFERENCIALES DE LA POESÍA DE RAÚL BUENO 193

requiere estudios valorativos que conduzcan al mejor entendimiento


del proceso literario peruano actual. El caso de Raúl Bueno viene a
ser, con toda seguridad, una de las expresiones que mejor explican e
ilustran este importante periodo.

BIBLIOGRAFÍA CITADA

Bueno Chávez, Raúl. Viaje de Argos y otros poemas (1963-1964). Arequipa: s. e.,
1964.
—. De la voz y el estío. Lima: Ediciones de La Rama Florida, 1966.
—. Lengua de vigía & Memorando europeo. Lima: Instituto Nacional de Cultura,
1986.
Cornejo Polar, Antonio. “Prólogo”. En Viaje de Argos y otros poemas (1963-1964).
[v. supra]: 3-9.
García Bedoya, Carlos. “Semblanza de Raúl Bueno Chávez”. Revista de Crítica
Literaria Latinoamericana XXXVI, 71 (Lima-Boston, 1er semestre de 2010):
339-344.
López Degregori, Carlos y Edgar O’Hara. Generación poética peruana del 60.
Estudio y Muestra. Lima: Fondo de Desarrollo Editorial, Universidad de
Lima, 1998.
Orihuela, Carlos L. Abordajes y aproximaciones. Ensayos sobre literatura peruana del
Siglo XX (1950-2001). Lima: Hipocampo Editores, 2009.
ARGOS AREQUIPENSIS. LIBRO DE HOMENAJE A RAÚL BUENO CHÁVEZ
Boston: RCLL, CELACP y Latinoamericana Editores, 2014, pp. 195-210

V IA JE DE A RGOS Y OTROS POEMA S : NATURALEZA Y LÓGICA


DEL MERCADO. UNA APROXIMACIÓN HERMENÉUTICA
A LA POESÍA DE RAÚL BUENO

Goyo Torres Santillana


Universidad Nacional de San Agustín, Arequipa

I. Introducción.

Raúl Bueno Chávez (Arequipa, 1944) es una de las figuras más


relevantes en los estudios literarios y la cultura latinoamericana. Na-
die que transite estas disciplinas desconoce su aporte y descollante
trayectoria en el Perú, América Latina y el mundo académico esta-
dounidense. La profundidad de su pensamiento, el rigor en sus in-
vestigaciones y la hondura de juicio crítico lo caracterizan en artícu-
los, ponencias, ensayos y libros. Sin embargo, su quehacer poético
ha sido poco difundido y menos estudiado. Ya lo adelantó José Ga-
briel Valdivia: “La faceta esencial y primigenia de su figura intelec-
tual es su creación poética que se inicia el año 1964 con la publica-
ción de Viaje de Argos y otros poemas, y que continúa silenciosa hasta
hoy” (10). Raúl Bueno tiene publicados cuatro poemarios: Viaje de
Argos y otros poemas (1964), De la voz y el estío (1966), Lengua de vigía &
Memorando europeo (1986) y Misivas de la Nueva Albión (2014). Algunos
de sus poemas aparecen en la Antología de la poesía peruana, tomo II,
de Alberto Escobar (1973) y la Antología de la poesía arequipeña, de
Jorge Cornejo Polar (1990). Generacionalmente, nuestro autor per-
tenece a aquella surgida en los 60 del siglo pasado, junto a figuras
como Antonio Cisneros, Rodolfo Hinostroza o Luis Hernández. A
diferencia de los vates nombrados que vivían en Lima, Bueno Chá-
vez se forjó en Arequipa, entonces una pequeña ciudad sureña, aun-
que de fuerte tradición poética e intelectual desde la época colonial.
En todo tiempo el arte ha producido discursos contestatarios
que suelen ir a contracorriente de lo hegemónico. Basta echar una
196 GOYO TORRES SANTILLANA

mirada a la historia del arte para constatar esto. Cada movimiento o


tendencia intentó, en su momento, cuestionar los postulados esta-
blecidos. Así obró el romanticismo, el realismo y la vanguardia por
mencionar algunos casos. No sólo eran propuestas de renovación
formal. La tendencia emergente legitimaba un nuevo paradigma,
una episteme diferente que significaba renovación de la estética y
una mirada nueva del mundo. Las nuevas ideas ingresaban en una
dinámica de ida y vuelta. En otras palabras, el arte construía discur-
sos que influenciaban en la sociedad y viceversa. Ese rol inconfor-
mista del arte continúa ejerciéndolo hoy que vivimos, a decir de
Bauman, una modernidad líquida. Desde esta perspectiva, el arte se
convierte en la conciencia crítica de una sociedad. Dentro de este
pensamiento, el poemario de Raúl Bueno Viaje de Argos y otros poemas
no es la excepción. Su lectura me sugiere una serie de interrogantes
que pueden resumirse en dos: ¿Qué representa la persistente pre-
sencia de la naturaleza en el poemario? ¿Qué rol juega en el proceso
de significación el yo poético?
Un poema debe entenderse como artefacto simbólico que siem-
pre dice más que lo evidente. En ese sentido, parto de la idea que el
poemario Viaje de Argos y otros poemas presenta al yo poético como
intermediario crítico entre la naturaleza y el mundo moderno que
imagina el ecosistema como mercancía. El tema exige una entrada
interdisciplinar. Por esta razón me serán útiles la retórica, el psicoa-
nálisis lacaniano y algunas categorías pragmáticas. Metodológica-
mente procederé del siguiente modo: primero revisaré, de manera
concisa, lo señalado por los críticos sobre el poemario en mención;
luego haré una descripción bastante somera de la arquitectura for-
mal de los poemas que conforman el volumen. Después, me aboca-
ré a desarrollar mi hipótesis inicial. No está de más indicar que para
este trabajo estoy utilizando la edición de 1964 que, por cierto, es la
única existente hasta donde he podido indagar1.

1
N. del Ed.: Al momento de escribirse este artículo, aún no había salido de
la imprenta el volumen Ensayo general (Lima: Hipocampo, 2014), que reúne la
poesía completa de Raúl Bueno hasta 1994.
VIAJE DE ARGOS…: NATURALEZA Y LÓGICA DEL MERCADO 197

II. Voces y otras voces.

No es mucho lo que se ha escrito sobre la poesía de Raúl Bueno


más allá de lo señalado en antologías o artículos periodísticos. La
razón es que su actividad como crítico literario ha opacado su ac-
cionar como poeta. También se explica porque la publicación de su
poesía no ha seguido la continuidad ni frecuencia de los libros de
teoría o crítica. Entre el primer poemario y el tercero transcurrieron
veintidós años. Y desde aquel al que acaba de salir el 2014 (Misivas
de la Nueva Albión), treinta. Sin embargo, quienes han opinado sobre
la poesía de Bueno han coincidido en reconocer la calidad de la
misma. Antonio Cornejo Polar ha dicho: “Poesía marcadamente
sensorial, escrita y elaborada a partir de un aguzado, lento y riguroso
mirar sobre el mundo, y del hallazgo inesperado de los pequeños
seres que lo habitan como huéspedes olvidados” (en Bueno, Viaje de
Argos, s. p.). Por su parte Jorge Cornejo afirma que “Raúl Bueno,
[es] cultor de una exquisitez formal que no es obstáculo para la pro-
fundidad de su mensaje” (en el “Estudio preliminar” de La poesía en
Arequipa en el siglo veinte). A su vez, Tito Cáceres Cuadros concluye
que “Bueno nos sorprendió con la idea de viajes a tierras ignotas,
donde los descubrimientos de paisajes fantásticos son vistos a través
de sorprendidos giros, de figuras claves para armonizar el misterio
de los parajes con la visión del poeta que sigue obrando como un
vidente, un afiebrado marinero en pos de la Cólquida, del futuro
glorioso de una mirada y el rostro de una mujer que se despierta ella
misma de un sueño místico”2.
José Gabriel Valdivia agrega: “Un libro de formato bolsillo, seco
en su carátula pero intenso en los poemas[, que] optan por la co-
municación sugestiva y sugerente que encierra la palabra como sím-
bolo, como logos, como mito, como un vaso comunicante de la in-
tensidad, de la intimidad que observa y vigila el mundo pero que
teme consentirlo en ella” (10). Más adelante añade: “En el contexto
del desarrollo de la lírica arequipeña, Viaje de Argos es un libro inusi-
tado que inaugura con franca y honda sensibilidad una ruta más
contemporánea y de corte cosmopolita, que abandona la tradición

2
Aunque el estudio de Cáceres no es exclusivamente sobre la obra de
Bueno, en la sección sobre la Generación del 60 de su libro Literatura arequipeña
dedica al autor un par de páginas.
198 GOYO TORRES SANTILLANA

poética marcada por los trazos indigenizantes de Guillermo Merca-


do, los vanguardistas de Alberto Hidalgo, los bucólicos de Alberto
Guillén y los metafísicos de César Atahualpa Rodríguez” Valdivia
10). Antonio Cornejo Polar ve en el poemario influencia de T. S.
Eliot, quizá llevado por “La muerte de San Narciso” en que hay alu-
sión al mar, los acantilados, la pradera o el árbol. Tiene más sentido
dicha influencia en el poemario De la voz y el estío. En efecto, en el
poema “El primer coro de la Roca” de Eliot se lee: “Oh mundo del
estío y del otoño” (en La tierra baldía). Desde mi perspectiva, Viaje
de Argos y otros poemas se distingue por una economía del lenguaje, la
construcción de una mirada atenta al gesto más mínimo en los ele-
mentos del mundo. Formalmente mantiene cierto influjo vanguar-
dista, aunque no del vanguardismo a ultranza, sino de aquel mesu-
rado que afronta la renovación de la estructura sin descuidar la pre-
cisión. Esto se percibe en la arquitectura formal, en el uso de letras
del alfabeto combinado con numeración romana, además del juego
de metáboles de distinta naturaleza. Lo que sí hay que destacar en
Bueno es su línea poética personalísima alejada del coloquialismo en
que andaban algunos de su generación o del hiperrealismo en que se
enfrascaron otros. Me refiero a su preocupación por simbolizar la
naturaleza en su poesía. Esa actitud lo hace único en su propuesta.

III. Las formas de la forma.

A continuación haré una revisión formal rápida de los nueve


poemas que conforman el volumen. “Viaje de Argos” consta de 85
versos libres en cinco partes enumeradas con romanos. Es el poema
más extenso del conjunto y que merecería un estudio aparte por sí
solo. Iniciaré mi recorrido hablando de este texto. El título del
poema ya implica más de lo que aparenta. La figura de viaje que
presenta se repetirá en otro texto del conjunto. Stefano Arduini dice
que “las figuras son los medios con los que ordenamos el mundo y
lo podemos relatar, con lo que nosotros mismos nos construimos y
nos relatamos” (145). El diccionario de español tiene hasta tres en-
tradas para el sustantivo Argos: Persona muy vigilante. Argos:
(Geog.) C. de Grecia. Fue la capital de la Argólida e importante cen-
tro artístico. Ante sus muros halló Pirro la muerte. ARGOS: (Mit.)
Príncipe griego que tenía cien ojos, cincuenta de los cuales estaban
siempre abiertos. Juno lo convirtió en pavo real (Diccionario ilustrado
VIAJE DE ARGOS…: NATURALEZA Y LÓGICA DEL MERCADO 199

Open 7000). Parece evidente que en el poemario Argos se utiliza en


el sentido último. Un personaje que vigila eternamente. ¿Qué vigila?
La Tierra. Entonces “Viaje de Argos” sugiere el viaje de este perso-
naje mítico, ahora convertido en ave, que observa el globo terrá-
queo desde un espacio privilegiado: la estratósfera. De allí ve el pla-
neta Tierra y observa con ojos de halcón:
Seres pequeños en la verde tierra
en la tierra girante, globo azul
(Viaje de Argos y otros poemas 16).
La visión del planeta como un “globo azul” sólo es posible des-
de una altura considerable. Argos (yo poético) proviene desde algún
lugar del cosmos y contempla el planeta desde esa distancia y lo mi-
ra “verde azul”. Conforme se aproxima, comienza a divisar la flora,
la fauna, otros elementos del ecosistema. Entonces los versos del
poema se ven plagados de naturaleza. Argos hace un vuelo rasante
sobre la superficie de la tierra y descubre el estado en que se en-
cuentran los elementos. Aparecerán referencias a los reinos natura-
les: animales, plantas, móneras, hongos, protistas y minerales. Seres
vivos y objetos inertes que le dan movimiento, dinamicidad en una
dialéctica entre eros y tánatos. Así se dice:
… hacia el árbol acuden las mariposas.
Bajo el árbol crece la hierba como
bajo una sombra pura
(Viaje de Argos y otros poemas 13, 14).
En otra parte se explayará con mayor detalle. Los versos se lle-
nan de metasememas que tornan fulgurantes las palabras, haces de
luz, febriles figuras que encandilan la obviedad:
(Nube, lluvia, esplendor del agua
¡tímidas gacelas detenidas sobre el cristal!)

Oh guijarros encendidos entre las rosas

“fauna, faunita, azulverde, flora”
(Viaje de Argos y otros poemas 14).
La lista de especies animales que emergen de este mundo repre-
sentado por el poema es prolija: gorriones, mariposas, gacelas, asno,
pájaros, batracio, insecto, luciérnagas, orugas, aves, búhos, pelícano,
golondrinas, cuervos, peces, hormigas, dragón, tordo y finalmente el
hombre. Tampoco faltan los provenientes del reino vegetal: árboles,
200 GOYO TORRES SANTILLANA

algas, hierba, rosas, robles, helechos, juncos, hojas, flor, algas. Lo


propio ocurre con algunos minerales: plata, bronce, tierra, arena, lo-
do, vidrio, lluvia. Toda esta enumeración revela un complejo siste-
ma de signos que el enunciador del poema lee en la naturaleza. Lo
curioso es que el yo poético tiene como alocutario figural a elemen-
tos del reino mineral. No elige para entablar diálogo componentes
del reino animal ni vegetal. Lo hace con la “plata” y el “guijarro”:
Oh plata laboriosa entre las hojas
oh guijarro encendido entre las rosas
dejad el salmo
(Viaje de Argos y otros poemas 14).
La “plata entre las hojas” es el rocío de la mañana y el “guijarro”
una piedra. Ambos son elementos sin vida orgánica. ¿Acaso esto
implica que son los únicos componentes del ecosistema que sobre-
viven? La solicitud es, además, implorante. El yo poético pide “de-
jad el salmo”, vale decir el canto porque quizá la situación no da pa-
ra eso. Es como si mirara una escena en ruinas. El tono que usa es
de alarma por lo que observa. En los versos no hay una descripción
aparatosa, pero todo transmite un aire de tragedia y desconfianza.
Tal parece que lo que percibe Argos no le agrada. Hay algo en la na-
turaleza, el ecosistema que lo alarma y para expresar esa sospecha se
vale de metasememas que transmiten ese afilado temor:
Como una extensa nota de tamizado timbre
como una vaga flor
eterizada
(Viaje de Argos y otros poemas 16).
“Flor eterizada” es una flor sin sensibilidad o equivalente a natu-
raleza muerta. La conexión con los “gorriones secos” o “la pintura
china”, la presencia del “anciano fatigado” y “las manos en secas
actitudes” construyen narrativas de enigmas: naturaleza en peligro.
¿De qué huyen las “negras golondrinas electrizadas”? Argos ha infe-
rido algo y describe estas aves con una metáfora contundente: elec-
trizadas. Estas pequeñas aves tienen el cuerpo huidizo, tiemblan,
están asustadas. Eso sugiere la figura.
Argos rodea la tierra en su vuelo vigilante. En la parte III del
poema indica a su alocutario:
Aquí el cielo
el cielo extenso de amarillas aves
cuyos ojos son vidrios fijados en el viento (Viaje de Argos y otros poemas 18).
VIAJE DE ARGOS…: NATURALEZA Y LÓGICA DEL MERCADO 201

Otra vez la presencia de imágenes. ¿A qué se refiere con esos


“ojos son vidrios fijados en el viento”? Quizá se trata de ojos trans-
parentes, gastados. Los cien ojos de Argos en permanente vigilia. El
viajero prosigue su recorrido hasta llegar al mar en la parte IV. Ob-
serva el vaivén de las olas, el ir y venir de la marea, percibe la brisa
marina y entonces prorrumpe:
Este el mar

Este el viento

Esta es la playa
aquí finaliza el viaje del mar
en una débil onda que humedece la arena
(Viaje de Argos y otros poemas 19).
Aunque en esta sección el tono parece llenarse de entusiasmo,
está lejos de ser animado. Señala el mar, el viaje como metáfora de
movimiento, traslado, pero podría entenderse también como trans-
currir del tiempo. El ir y venir del mar sugiere esa idea. El mar vuel-
ve a la orilla una y otra vez, pero no es el mismo mar, no es la mis-
ma agua salada. Inmediatamente prosigue su discurso en la parte V.
Este apartado es culminante. Allí se refiere al hombre como “el
rey”, “su cuerpo de hormiga”, “de robusto dragón”:
Es aquí donde el hombre
(oh sordo cromosoma fértil entre las algas)
se subdivide en pálidas membranas.

Vive aquí entre milagros celulares
entre corpúsculos de plata,
entre furiosos toques
aquí
donde briznas de lodo son músculos ardientes
(Viaje de Argos y otros poemas 21, 22).
¿Por qué el hombre es un sordo cromosoma? El viajero no ha
quedado satisfecho con lo contemplado durante su recorrido. Todo
anda mal. Después de enumerar a los otros seres y elementos de la
naturaleza, deja para el final al hombre y lo nombra con rasgos muy
particulares que llaman la atención: “cuerpo de hormiga”, quizá por
lo insignificante ante la amplitud de la naturaleza; “robusto dragón”,
por lo destructivo con su propio hábitat, el ecosistema; “sordo cro-
mosoma fértil”, alusión a la masificación de la población humana
202 GOYO TORRES SANTILLANA

que implica explotación indiscriminada de los recursos naturales pa-


ra satisfacer los deseos de millones de bocas que devoran la biodi-
versidad.
En el poema “Tres cuentos” se presentan diálogos narrativos en-
tre dos actantes que charlan plácidamente (a esto alude la expresión
“prenden pipa”) durante un viaje marítimo (“a babor”) hacia la An-
tártida. Esta conversación va poblándose de espacios naturales y
animales diversos:
Los ciervos beben agua entre el follaje.

Oh sí, yo he visto algún mañana


los amarillos ojos del león
atisbando…
(Viaje de Argos y otros poemas 23; cursivas en el original).
Son evocaciones de sujetos que en algún momento de sus exis-
tencias han estado en el continente africano. Por la forma como se
expresan hace suponer que son cazadores, participantes de algún
safari común, por cierto durante el siglo XIX y parte del XX como
lo ficcionalizó el cine norteamericano y la literatura de aventuras.
Prosigue el relato y el locutor presenta una escena. El barco arriba a
la Antártida y ve “aves de inútiles alas” (pingüinos), el viento es una
espada que troza la piel. ¿A qué llegan los protagonistas de esta his-
toria a esa remota zona? En el texto poético no hay marcas que in-
diquen a los individuos como estudiosos de la naturaleza, botánicos
o geólogos preocupados por estudiar y descubrir espacios descono-
cidos para la ciencia. Por el contrario, todo hace suponer que son
hombres dedicados a la aventura y buscan sacar ventaja económica.
Esta conjetura aflora de los propios versos:
Allí
ágiles focas
no mueren
entre colmillos de león
[…]
Cuando la noche tiemble eternamente
la tierra
será en el firmamento una gigante arruga.
[…]
Y aún
permanecen los niños
junto a un leño pardo…
con extraños juguetes (Viaje de Argos y otros poemas 27).
VIAJE DE ARGOS…: NATURALEZA Y LÓGICA DEL MERCADO 203

Si las focas no mueren entre los colmillos del león, ¿cómo mue-
ren? El verso parece sugerir que lo hacen en manos de los hombres.
Los sujetos ya han estado antes en África y probablemente cazando
leones. Ahora arriban a la Antártida a continuar el saqueo. “La tie-
rra/ será en el firmamento una gigante arruga” indica destrucción,
depredación, explotación, irrupción de humanos en espacios vírge-
nes que la envejecen, la arrugan. Y llegan con su saber, un saber re-
conocer recursos que proporciona ganancia económica, saber muy
propio del mundo moderno dominado por la lógica del mercado.
¿Qué es ese “extraño juguete” en manos de los niños? ¿Es un arma?
¿Una herramienta? Lo cierto es que el texto insinúa que el juguete
no les es familiar a los niños y que llega con los visitantes. Esa es la
razón para poner énfasis en resaltar la palabra “extraño juguete”,
ajeno al hábitat cotidiano de aquellos pequeños.
En “Orilla”, el poema más breve del conjunto, tampoco es ajena
la presencia de elementos naturales. Por el título se deduce que hay
una escena única, la orilla del mar. Pero es una escena marcada por
una mirada de tristeza porque la naturaleza se muestra sin vida. Un
halo de muerte enmarca el cuadro, los versos son contundentes:
A veces, aves marinas derribadas y resecas
estíranse sobre la extensa arena.
Y patas de crustáceos
raros vegetales y caracolas huecas
quedan de las más fuerte ola…
Luego, tras el último caminante
salen los cangrejos a merodear por la playa
(Viaje de Argos y otros poemas 26).
Aquellas aves marinas derribadas y secas están sin vida, como es-
tán sin vida las patas de crustáceos, los raros vegetales y caracolas
huecas arrastrados por el ir y venir de las olas, arrastrados desde
otros mares, desde otras orillas. Sólo cuando el último de los cami-
nantes (humanos) se marcha del lugar, los cangrejos salen a mero-
dear como husmeando la destrucción dejada por el hombre. El
poema insinúa que donde el hombre pone un pie siembra destruc-
ción y muerte. Esto lo dice la voz neutra del yo lírico.
En “Cantiga del amor” vuelve a aparecer la naturaleza. Una can-
tiga es una antigua composición poética destinada a ser cantada
(Marchese y Forradellas 49). De hecho, es una canción de amor. El
yo poético se dirige a su alocutario marcado en el poema por los
204 GOYO TORRES SANTILLANA

pronombres “usted” y “ustedes”. A pesar de la aparente forma


amorosa del texto, creo que el eje semántico central se encamina
hacia otro lado. La presencia del “roble”, “la luna”, “el agua del
mar”, “la arena” no refuerza la idea de amor romántico, sino de
alarma:
Ustedes descubren el viento; pasa
y gime
como una lenta abeja cargada con su polen.
Ahora cesa: ¡oh!
es una abeja muerta.
[…]
Que nos sorprenda este invierno abrazados
y nos deje blancos como esas
antiguas marionetas ¿las recuerdas?
(Viaje de Argos y otros poemas 33, 34; cursivas en el original).
La presencia de la “abeja muerta” y la estación de “invierno” ha-
ce que el tema amoroso pase a segundo plano. En este poema, co-
mo en los otros, tiene más importancia lo que no se dice. El silencio
es un discurso elocuente. El verdadero significado brota de la lectu-
ra de metáboles y de las implicaturas. Cuando menos, el halo natural
de alegría propia del amor no es determinante y sí esa sombra dolo-
rosa, una escena fría por la presencia invernal. Los versos parecen
exudar amores acabados o viejos, amores del pasado, caducos. La
mirada hacia el recuerdo reafirma esta idea:
Recordemos cómo fue ese verano:
una noche, la luna
se vio girar en el agua del mar
(Viaje de Argos y otros poemas 32; cursivas en el original).
El tiempo frío con nieve crea una atmósfera melancólica y triste.
En definitiva, el amor no es rebosante. Es un presente que evoca un
pasado mejor. ¿Quién hizo que la abeja perdiera la vida? ¿Fue muer-
te natural o provocada? Esa abeja sin vida es una alegoría de la des-
trucción. La imagen de la muerte se filtra por los resquicios del
amor y lo hace explosionar.
En el poema “El viaje” volverá a aparecer la figura del viaje co-
mo en el primer caso. Ahora es el viaje del mar con la explosión de
sus olas. Es una descripción plagada de metasememas:
Viaje del mar por sus frías ranuras,
por sus venas azules como lentas serpientes
(Viaje de Argos y otros poemas 35).
VIAJE DE ARGOS…: NATURALEZA Y LÓGICA DEL MERCADO 205

Sin duda que las metáforas son sugerentes, acentuadas por la


neutralidad del locutor. La imagen del mar indica la inmensidad de
vida que contiene este espacio, la vida bulle allí y en gran medida es
desconocida. Un síntoma importante en el poema es la ausencia de
la figura humana. Pero como ya indiqué antes, los metalogismos son
discursos elocuentes. Donde no está el ser humano la naturaleza si-
gue su ritmo sin alteración, sus ciclos se dinamizan sin traumas y los
“palidecidos peces” siguen al mar “mansamente”. El ciclo de la vida
no está modificado como en otros espacios. Por lo menos no en el
tiempo que construye el poema.
En “Poema”, el yo poético personaje se presenta en plural, “no-
sotros”, y describe la escena en que se nombra el “canto del grillo”,
“la luna”, “el césped”, “el sol”, pero luego prefigura una escena dan-
tesca: ¿qué temen estos interlocutores al extremo de estar despavo-
ridos?:
Nosotros que aspiramos
el momentáneo resplandor del agua
y la reiterada actitud del grillo
(del lunar grillo adormecido)
debemos olvidar cuando de pronto
sorpréndenos el sol despavoridos
(Viaje de Argos y otros poemas 38).
¿Qué los asusta? Algo ha provocado que el canto del grillo suene
como una “vaga nota, ahora tensa y rota”. Han debido de suceder
cosas para que el yo poético se encuentre en ese estado. La palabra
“mano” que acaricia el césped filtra la presencia humana. Algún ac-
to del ser humano pone en tensión al yo poético y su interlocutor e
implosionan sus pulsiones. El adjetivo “despavoridos” significa que
están espantados. ¿Por qué?
En “Setiembre austral” sigue la antología natural, “el cielo”, “vie-
ja arena”, “caballos adiestrados”, “oruga”, “una hoja”:
Como una oruga muerta
colgada de una hoja (Viaje de Argos y otros poemas 39).
Austral hace referencia al hemisferio sur. Setiembre en el hemis-
ferio sur, equivalente a afirmar que es primavera. Sin embargo, los
“caballos adiestrados” semejan a naturaleza dominada y donde los
humanos son metaforizados como “ciegos actores de teatro”. Es
decir, hay alguien más que guía a esos ciegos y que tiene dominada
la naturaleza, incluyendo a los propios humanos. Llama la atención
206 GOYO TORRES SANTILLANA

ese pronombre “Nadie” con mayúscula. Asumo que esa fuerza des-
conocida “como la voz de Nadie3 librando la ventana” es una fuerza
superior al propio ser humano. Es un sistema de valores, una ideo-
logía que inunda todo, que contamina todo y que convierte en obje-
tos o mercancía a cualquier componente del ecosistema. Es el sím-
bolo de eso que Fredric Jameson llama la lógica cultural del capita-
lismo avanzado.
“Homo”, penúltimo poema, hace referencia al homo sapiens de los
primeros tiempos. El yo poético y su interlocutor rememoran ese
estadio de armonía entre el hombre primitivo y la naturaleza, entre
el primate y su hábitat natural:
Recordamos a un antiguo pariente:
se cubría con pieles de león.
Sus manos hacendosas descubrían el fuego.
[…]
Recordamos a un antiguo y hábil pariente
cuyos ojos eran tigres solitarios y prestos
(Viaje de Argos y otros poemas 41).
Hay un tono de nostalgia por ese “antiguo pariente”, como si
añorara aquellos tiempos en que la relación con la naturaleza tenía
otras características y en el que intervenir en ella significaba hacerlo
de acuerdo a las necesidades y no por la lógica de la plusvalía. En-
tonces era un mundo ecocéntrico. ¿Pero qué no le agrada al yo lírico
que hace evocar el pasado? Sin duda cosas que andan mal en el
tiempo de enunciación, en el aquí y el ahora, en ese presente con-
flictivo y no deseado.
Finalmente, de todo el poemario, “Escorpio” es el único texto
en el que se habla del hombre y aparece este sustantivo hasta tres
veces. El hombre es el protagonista del poema. Despierta curiosidad
el título: Escorpio. La palabra puede tener hasta tres acepciones se-
gún el diccionario del español. ESCORPIO: Alacrán. // Pez de co-
lor rojo. // Constelación zodiacal. Por las marcas del poema es evi-
dente que el paratexto alude al arácnido venenoso muy propio de
zonas desérticas y áridas como Arequipa. Creo que la intención del

3
Nadie es el pronombre que usa Odiseo para engañar al cíclope Polifemo
en la Odisea de Homero. Al utilizar este pronombre se invisibiliza ante un cie-
go. Es decir, es más invisible que la propia invisibilidad. En el poema que anali-
zo, Nadie es la alegoría de una ideología oculta bajo varias capas.
VIAJE DE ARGOS…: NATURALEZA Y LÓGICA DEL MERCADO 207

yo poético es hacer un símil: hombre = alacrán. En efecto, describe


en tres versos la condición humana:
La celeste oquedad bajo la que camina erecto
a la tierra violenta donde hasta un pie florece,
vive el hombre.
(Viaje de Argos y otros poemas 43).
Ese caminar erecto es una posesión de soberbia frente al ecosis-
tema y otros elementos de la biodiversidad. Como el insecto inde-
seable, el hombre inyecta su veneno en todo lo que toca. Y su com-
portamiento no ha variado en el transcurrir del tiempo. Por eso se
anhela el tiempo de los hombres primitivos, el tiempo del “antiguo
y hábil pariente”. Pero con los siglos este “homo” se ha convertido
como el alacrán en un ser venenoso, no deseado. Este metasemema
se configura en los versos finales:
Y así, ¡la sonata! Pasa diciembre.
Y vuelve enero: la lluvia inserta lilas en
el huerto.
Y llega otoño: retirar las hojas o el polen seco.
Humedecer las raíces del cacto hasta lograr
espinos blandos.
Madrugar: viene lunes cual un telón que se abre.
Espero, entre las rosas se agitan los insectos
(como dragones dulces que desecan la tierra)
simulando revolvear sobre animales muertos
(Viaje de Argos y otros poemas 44).
¿Qué ha vuelto al hombre un ser venenoso con el transcurrir del
tiempo y que a su paso deja “animales muertos”?

IV. Naturaleza y lógica de mercado.

Viaje de Argos y otros poemas se publica en la década del 60 del si-


glo pasado. El contexto que vive Latinoamérica y el Perú es muy
particular. Los países del Primer Mundo y los de la órbita socialista
estaban enfrascados en la guerra fría, en una carrera armamentista y
la competencia por el dominio tecnológico. Los enclaves económi-
cos de capital estadounidense se convirtieron en hecho cotidiano. El
objetivo de las compañías transnacionales era la extracción de mine-
rales y petróleo. Valgan como ejemplo las dos grandes compañías
que se establecieron en territorio peruano: la Southern Peru Copper
Corporation y la International Petroleum Company.
208 GOYO TORRES SANTILLANA

En otras áreas del mundo hacía lo propio la Unión de Repúbli-


cas Socialistas Soviéticas (URSS). Esta encarnizada lucha tecnológi-
ca e ideológica tuvo repercusión directa en los países del Tercer
Mundo. Sus recursos naturales comenzaron a ser esquilmados por
ambos lados, sin tomar en cuenta el cuidado del medio ambiente ni
la biodiversidad. Tanto un bando como el otro, en la práctica, te-
nían los mismos objetivos: hacerse de los recursos naturales, dando
como resultado la depredación del ecosistema. Si la salud del planeta
está al borde del colapso se debe a malas prácticas, la sobreexplota-
ción de los recursos naturales, hecho que se ha agudizado en los úl-
timos 60 años. A consecuencia de ello se sufre el calentamiento glo-
bal, el efecto invernadero y la alteración de los ciclos naturales del
planeta.
Viaje de Argos y otros poemas parece denunciar precisamente esta
situación mediante un proceso de simbolización literaria. Hay un
hilo conductor en el poemario y es enfatizar la condición de la natu-
raleza. La antología de vegetales, animales y minerales a lo largo de
los nueve poemas no es gratuito. El yo poético se presenta descri-
biendo la situación del ecosistema. Argos, ese ser mitológico de cien
ojos que vigila eternamente, se erige como el guardián de la natura-
leza. Vigilante, convertido luego en ave, inicia vuelo y describe la
situación de animales, plantas, móreras, hongos, protistas, minera-
les. Señala al ser humano como el responsable de esta situación na-
da agradable. Es entonces que el yo poético se presenta como in-
termediario entre el hombre “alacrán” y la naturaleza, un interme-
diario crítico. Denuncia al hombre moderno que caza leones en
África y llega hasta lugares recónditos del planeta (la Antártida) en
su afán de continuar depredando la biodiversidad. Pero al mismo
tiempo condena ese mundo moderno que es guiado por la lógica del
mercado y que convierte todo en mercancía. Para esta lógica, la na-
turaleza se vuelve espectáculo y puede ser explotado con programas
como el ecoturismo, el llamado turismo de aventura que significa lo
mismo que explotar bosques o minerales. El cuerpo de animales y
plantas adquieren la calidad de objetos, mercancía que produce goce
en quienes pueden comprarlo.
El responsable directo de esta situación es el ser humano, que,
sin percatarse, cae en el juego y acaba como un objeto más. He ahí
la paradoja. Sólo para enfatizar esta propuesta es que se introduce al
Homo, como un ser venenoso que busca goce y cuya actividad pri-
VIAJE DE ARGOS…: NATURALEZA Y LÓGICA DEL MERCADO 209

mordial es aprovechar la biodiversidad que también se convierte en


espectáculo. Destruir la naturaleza es un espectáculo para el sujeto
moderno que no controla su goce. Quizá esto quiere transmitir los
versos finales de “Setiembre austral”:
Recuerda este setiembre
en una candileja
iluminando ciegos actores de teatro
(Viaje de Argos y otros poemas 39).
A manera de conclusión: en la tradición poética latinoamericana
existe una larga lista de autores que han tomado a la naturaleza co-
mo temática. Destaco aquellos que asumieron la naturaleza como
metáforas para esbozar proyectos ideológico-culturales para Améri-
ca Latina. Quizá los más conocidos sean José María Heredia con
“Oda al Niágara”, Andrés Bello con “A la agricultura de la zona tó-
rrida” o Rafael Landívar con Rusticatio Mexicana. A diferencia de es-
tos textos que exaltan el paisaje y la naturaleza para construir un
imaginario de lo americano, Viaje de Argos y otros poemas, dos siglos
después, no propone una mirada entusiasta del paisaje ni una exalta-
ción de los productos americanos. Más bien es una mirada escépti-
ca, descreída y crítica. La mirada del poeta se extiende a todo el pla-
neta. En ese observar el mundo y nombrar la naturaleza el yo poéti-
co expresa pesimismo y preocupación por el deterioro del ecosiste-
ma. Hay un cuestionamiento al modelo social-económico que utiliza
y destruye la biodiversidad. Estos poemas pretenden crear en el lec-
tor implícito del siglo XXI conciencia ecocéntrica y biocéntrica.

BIBLIOGRAFÍA CITADA

Arduini, Stefano. Prolegómenos a una teoría general de las figuras. Murcia: Universidad
de Murcia, 2000.
Bauman, Zygmunt. Modernidad líquida. Buenos Aires: Fondo de Cultura Eco-
nómica, 2004.
Bueno, Raúl. Viaje de Argos y otros poemas. Arequipa: s. e., 1964.
Cáceres Cuadros, Tito. Literatura arequipeña. Arequipa: Centro de Ediciones
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Cornejo Polar, Jorge. La poesía en Arequipa en el siglo veinte. Lima: CONCYTEC/
UNSA, 1990.
Diccionario Ilustrado Open 7000. 1988.
Eliot, T. S. La tierra baldía [1922]. Lima: El Comercio Ediciones, 2001.
Escobar, Alberto. Antología de la poesía peruana. Tomo II (1960-1973). Lima: Peisa,
1973.
210 GOYO TORRES SANTILLANA

Jameson, Fredric. El posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado. Bue-


nos Aires: Paidós, 1992.
Lacan, Jacques. Seminario 17. Buenos Aires: Paidós, 1992.
Marchese, Angelo, y Joaquín Forradellas. Diccionario de retórica, crítica y terminología
literaria. Barcelona: Ariel, 1994.
Valdivia, José Gabriel. “Viaje de Argos”. Diario El Comercio. Arequipa, 7 de ju-
nio, 2014, p. 10.
ARGOS AREQUIPENSIS. LIBRO DE HOMENAJE A RAÚL BUENO CHÁVEZ
Boston: RCLL, CELACP y Latinoamericana Editores, 2014, pp. 211-213

V IA JE DE A RGOS *

José Gabriel Valdivia


Universidad Nacional de San Agustín, Arequipa

En el discurso de orden por el Día del Poeta (15 de abril) hice


un breve homenaje a la poesía de Raúl Bueno Chávez (Arequipa,
1944), recordando los cincuenta años de la aparición de Viaje de Ar-
gos y otros poemas (1964).
Hace un par de semanas, el destacado maestro universitario y
crítico literario visitó furtivamente nuestra ciudad por cuestiones
familiares que llegaron a su fin con el fallecimiento de su anciana
madre.
La obra ensayística de este ilustre arequipeño ha tenido un vasto
reconocimiento continental. El premio Casa de las Américas de La
Habana, Cuba, obtenido en el 2012, fue la cima de esta valoración
que ubicó su reflexión entre los estudios culturalistas de honda vo-
cación latinoamericanista, tratando de encontrar una salida a los
avatares de los pueblos entrampados entre una tradición de raigam-
bre andina y una modernidad de horizonte occidental.
Esta faceta de su labor intelectual no ha dejado entrever al críti-
co literario que desde su formación estilística se desplazó hacia la
semiótica y luego hacia una comprensión del fenómeno poético no
sólo desde las implicancias del código, sino también relacionadas
con las matrices culturales en conflicto.
De la misma manera, está oculta su labor docente en varias uni-
versidades peruanas, sudamericanas y norteamericanas. Además, su
papel como director de la Revista de Crítica Literaria Latinoamericana.
Este cargo, que desempeñó con acierto, suma dedicación y honesti-
dad académica, llenó con creces el enorme vacío dejado por su

*
Artículo publicado en el diario El Comercio (Arequipa), p. 10, el sábado 7
de junio del 2014.
212 JOSÉ GABRIEL VALDIVIA

maestro y amigo Antonio Cornejo Polar (1936-1997), sin descuido


de la línea latinoamericanista y culturalista que le imprimiera su des-
parecido fundador desde el año 1975.
Pero la faceta esencial y primigenia de su figura intelectual es su
creación poética que se inicia el año 1964 con la publicación de Via-
je de Argos y otros poemas, y que continúa silenciosa hasta hoy, cuando
nos anuncia su próxima publicación: Misivas de la Nueva Albión. Tex-
to que se sumaría a De la voz y el estío (1966) y Lengua de vigía & Me-
morando europeo (1986). Además, con el título de Ensayo general se
compilará toda su poesía editada.
Este 2014 se cumplen 50 años de la irrupción de un breve poe-
mario hecho con las manos artesanales de los afamados tipógrafos
arequipeños de los años 60. Un libro de formato bolsillo, seco en su
carátula pero intenso en los poemas que presentaba a un joven de
20 años en los predios de la literatura arequipeña.
La poesía peruana, pasado el agitador momento de las discusio-
nes entre los puros y los sociales, reflexionaba sobre su ruptura o su
continuum sobre todo en los jóvenes que se acercaban con mucha
vocación y seriedad a ella.
Los continuadores de la tradición nerudiana o vallejiana tuvieron
que aceptar la presencia de cierto tono anglosajón, inspirado en
Ezra Pound y T. S. Eliot, o una vuelta al simbolismo francés de
Paul Valéry, actualizado por Saint Jonh Perse, cuando no por Rainer
María Rilke.
Algunos críticos afirman que los jóvenes poetas de entonces de-
bían optar entre dos rutas. La primera encaminada hacia un objeti-
vismo y la segunda por un subjetivismo. Los dos caminos líricos, el
de la palabra ventilada por un aire público, externo, o los que alza-
ban el poder de la palabra envuelta por un manto de ensimisma-
miento. Holderlin y Baudelaire redivivos y contrapuestos para re-
plantear una forma diferente de hacer poesía en el Perú.
Raúl Bueno en su primer libro optará por la comunicación su-
gestiva y sugerente que encierra la palabra como símbolo, como lo-
gos, como mito, como un vaso comunicante de la interioridad, de la
intimidad que observa y vigila el mundo, pero que teme consentirlo
en ella.
Esta apuesta que seguía el magisterio renovado del romántico
alemán F. Holderlin, abandonaba los trazos del simbolista francés,
Charles Baudelaire, considerado como el padre de la lírica moderna.
VIAJE DE ARGOS 213

El artículo juvenil de Bueno sobre el gran poeta anglo norteame-


ricano T. S. Eliot, aparecido en el diario El pueblo el año 1964, ya
nos anuncia su comprensión primigenia de la poesía, oscilante entre
la expresividad personal y la intimidad del sentido. Allí se ubica Via-
je de Argos…, con una nueva sensibilidad en el lenguaje y una distinta
contemplación del mundo, deudoras del autor de ese célebre poe-
mario Tierra baldía (1922) y Premio Nobel 1949.
En el contexto del desarrollo de la lírica arequipeña, Viaje de Ar-
gos es un libro inusitado que inaugura con franca y honda sensibili-
dad una ruta más contemporánea y de corte cosmopolita, que aban-
dona la tradición poética marcada por los trazos indigenizantes de
Guillermo Mercado, los vanguardistas de Alberto Hidalgo, los bu-
cólicos de Alberto Guillén y los metafísicos de César Atahualpa Ro-
dríguez.
Un poemario al que los jóvenes poetas deben volver, como se
vuelven los ojos a: Enrique Huaco, Antonio Cisneros, Rodolfo Hi-
nostroza, Luis Hernández o Juan Ojeda, conspicuos representantes
de la lírica peruana en los años 60 del pasado siglo XX.
ARGOS AREQUIPENSIS. LIBRO DE HOMENAJE A RAÚL BUENO CHÁVEZ
Boston: RCLL, CELACP y Latinoamericana Editores, 2014, pp. 215-218

LA VOZ RECLUSA DEL VIGÍA*

José Gabriel Valdivia


Universidad Nacional de San Agustín, Arequipa

Raúl Bueno Chávez (Arequipa, 1944) integró en su juventud el


grupo POESIA 64, que apareció por los años 60 en nuestra ciudad.
Egresado de la UNSA, donde se doctoró en Letras, y luego de lar-
gos años de estudio convertido en un prestigiado crítico de reso-
nancia continental, ha desarrollado con el transcurrir del tiempo una
triple actividad intelectual: la docencia universitaria, la crítica literaria
y la creación poética.
En la primera, ha trabajado como profesor en diversas universi-
dades nacionales y extranjeras, desempeñándose en la actualidad
como profesor principal de la Universidad Nacional Mayor de San
Marcos y director de la Escuela de Literatura de la misma. Fruto de
esta labor como maestro universitario publicó Metodología del análisis
semiótico (1980) en colaboración con Desiderio Blanco, docente de la
Universidad de Lima. Este libro, que ya forma parte de la bibliogra-
fía fundamental de todo estudiante de Literatura o Lingüística, nos
introduce con precisión didáctica en la Semiótica, especialidad que
estudió en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de Pa-
ris, como alumno de A. J. Greimas y Roland Barthes.
En el ejercicio de la crítica literaria ha publicado casi medio cen-
tenar de artículos en diversas revistas especializadas nacionales y ex-
tranjeras. El año 1985 nos entregó el libro Poesía hispanoamericana de
vanguardia, con el cual introduce el método de análisis semiótico al
estudio de poetas como: Vallejo, Neruda, Borges, Cardenal, García
Lorca, etcétera, demostrando su conocimiento y dominio semióti-

*
La primera versión de este artículo apareció en la sección cultural de la re-
vista DINÁMICA, el año 1986. Esta segunda versión se publicó con algunas
modificaciones en la página 2 del suplemento VIVA LA VIDA del diario
CORREO-Arequipa, el domingo 2 de agosto de 1987.
216 JOSÉ GABRIEL VALDIVIA

cos así como su dedicación disciplinada por el estudio en sus agudos


y certeros comentarios. De la lectura de este libro, se desprende que
el doctor Bueno Chávez es en el Perú, la persona más relevante para
elaborar un estudio antológico de la poesía peruana contemporánea.
En su actividad de creación poética, obtuvo el segundo premio
en los Juegos Florales de la UNSA de 1963 y una mención especial
en los Juegos Florales de San Marcos de 1965. Está considerado en
la Antología de la poesía arequipeña del siglo XX, preparada por Jorge
Cornejo Polar, y su nombre figura también en la Antología rodante de
la Literatura Peruana de la década del 60 –elaborada por Antonio Cor-
nejo Polar– que auspicia el Banco Continental y ha recorrido casi
todo el país. También aparece en el segundo tomo (1960-1973) de la
Antología de la poesía peruana, hecha por Alberto Escobar para la Bi-
blioteca Peruana, auspiciada por el Gobierno Revolucionario del
Perú, gracias a Editorial Peisa el año 1973.
Su primer libro de poesía, Viaje de Argos y otros poemas (Edición
del autor, Arequipa, 1964) lleva prólogo de Antonio Cornejo Polar.
En este, nos dice: “… extraña poesía la de Raúl Bueno, hermosa sin
duda, tal vez de fría corteza, esmeradísima e increíblemente madura
para los 20 años del poeta…”. En 1966 publica De la voz y el estío
(Ediciones de La Rama Florida, Lima-Perú). De este libro, sólo co-
nozco los poemas seleccionados por Jorge Cornejo Polar en la An-
tología antes mencionada.
A casi 20 años de la publicación del libro anterior, aparece sor-
presivamente en 1986, un libro doble: Lengua de vigía & Memorando
europeo (Ediciones Instituto Nacional de Cultura. Colección Las Vo-
ces. Lima, Perú, 73 pp.), sin olvidarnos de su poema Lección de Ana-
tomía que apareció en la revista LLUVIA 8/9 en 1981.
Lengua de vigía (1968–1974) es el poemario más extenso y mues-
tra en un tono dialógico, un contar del vigía sobre los acontecimien-
tos que presencia y esencialmente sobre los que vive, piensa y siente
desde su morada. La poesía es la voz secreta que grita interiormente
al poeta para disuadirlo de la realidad y la rutina en que se desen-
vuelve. Es a través de ella que se permitirá especular sobre la vida y
mostrarla con sutil desencanto y aguda crítica. Los versos son con-
cebidos sin alarde de metáfora y la conmoción estética acude a otras
fuentes y recursos –en muchos casos deudores de T. S. Eliot– como
la descripción narrativa de una situación que de pronto aparece con
una seria reflexión sobre la visión de lo escrito, o una imagen senci-
LA VOZ RECLUSA DEL VIGÍA 217

lla desposeída de boatos que sólo en algunas ocasiones se cubre de


recursos retóricos.
A través del libro, la intención comunicativa del sujeto poético
es presentar lo cotidiano de la existencia humana, lo rutinario que
propone la urbe, y el entorno social que muestra al hombre capita-
lino en la atmósfera sombría de su diario vivir que incesante lo des-
gasta, y que en la voz del poeta se resume así: “…pierdes un poco el
nombre, algo de juventud y entras pobre de voluntad al remolino donde animales
y cosas se vuelven una especie tratable, doméstica, paciente…”.
Paralelamente a esta muestra de desasosiego y desazón, el poeta
nos habla de su “amada cantilena” (la poesía) como necesaria recu-
rrencia para competir con el mustio paisaje. La poesía se convierte,
en estas circunstancias, en la fuerza que aún conmueve al universo,
al hombre y que le permite amar, soñar, hasta transformarse final-
mente en la voz emergente de los días, de los años, de las ciudades y
de los acontecimientos humanos “que impulsan al ser humano hasta su
infalible viaje”.
A pesar de la afirmación de la poesía en el corazón del hombre,
el poeta muestra dudas y eclecticismos, ambivalencias propias de los
sistemas de vida contemporáneos que entrampan al ser humano.
Este ser y no ser, donde no hay alternativa manifiesta y que el tiem-
po vivido no ha permitido definir, ubicándonos en uno u otro lugar
muy a pesar nuestro: porque el buey que inicialmente pesaba en la
“lengua reclusa del vigía”, con el correr de los años termina pesando en
la “lengua prohibida del vigía”.
El aliento que muestra el libro está marcado por un tono perso-
nal, íntimo y familiar que desarrolla muchos temas del poemario.
Los poemas hablan de su padre, de su madre, a quienes recuerda
desde la infancia y reclama en el mundo que ahora habita, porque ha
dejado el terruño y ha tenido que partir, como dice el yaraví: “a una
tierra lejana donde nadie me espere”. Nostalgia romántica que rememora
y reafirma el tradicional espíritu arequipeño ya perdido. Ese espíritu
que hace ver a la propia tierra en los paisajes de cualquier país del
mundo.
Del mismo modo, los abuelos, como elementos representativos
del pasado ya muerto, son inolvidables para el poeta, pero las con-
diciones de vida y los sentimientos de época, reducen estos recuer-
dos a fotos, objetos y souvenirs en cofres de metal o en los empolva-
dos muebles del hogar. La familia, la mujer, los hijos, son también
218 JOSÉ GABRIEL VALDIVIA

parte del libro y de la problemática personal del escritor, ya que ellos


son la repercusión sustancial de la situación social que las cobija y
precede.
Finalmente, Memorando europeo (1974-1979), segundo libro que
aparece en la edición, es como su nombre lo indica una especie de
resumen de las impresiones del poeta en su recorrido por el viejo
mundo. Aunque es más breve que el anterior, dando la impresión
de haber sido recortado para su publicación, es preciso mencionar
las calidades del poema Solitario de Londres, impregnado de profunda
nostalgia por la patria (esa Muchacha Lejana) y por el hogar dejado
en el Perú. Los poemas de este último libro, son breves y en ellos
figuran nombres de ciudades y ambientes europeos que ha visitado
el vate y que lo han cautivado por su belleza, su importancia históri-
ca o por algún detalle anecdótico.
Lengua de vigía & Memorando europeo, significan para Raúl Bueno el
retorno oficial a la poesía peruana, y sin dejar de ser libros de honda
expresión y aporte, constituyen la muestra de la madurez del estilo
de un poeta que no ha perdido el oficio, sino por el contrario, re-
afirma la inicial sensibilidad plasmada en sus primeros libros.
ARGOS AREQUIPENSIS. LIBRO DE HOMENAJE A RAÚL BUENO CHÁVEZ
Boston: RCLL, CELACP y Latinoamericana Editores, 2014, pp. 219-233

DIÁLOGO E INTIMIDAD EN LA POESÍA DE RAÚL BUENO

José Gabriel Valdivia


Universidad Nacional de San Agustín, Arequipa

Oscura, cerrada, parece a menudo la interioridad del mundo,


Sin esperanza, lleno de dudas el sentido de los hombres,

Friedrich Hölderlin

1.

La rebelión romántica tiene en Friedrich Hölderlin (1770-1843)


un antecedente importante que transita por el clasicismo y se apea
por momentos en el romanticismo, dadas su intensa subjetividad y
sus cualidades expresivas que desencadenan en el uso del verso li-
bre. Atributo de la poesía contemporánea puesto en boga por las
vanguardias y exhibido en Latinoamérica como estandarte de rebe-
lión contra la lírica modernista.
En una carta dirigida a su madre el año 1799, el poeta alemán
afirmaba que poetizar es la más inocente de todas las ocupaciones. A partir
de esta expresión, Martin Heidegger (1889-1976) realiza su reflexión
sobre la esencia de la poesía. En esta sostiene que la poesía es un
simple juego de palabras sin lo serio de la acción y también un sue-
ño, pero sin ninguna realidad.
Sin embargo, lo que le llama más la atención al filósofo existen-
cialista, en la medida que la poesía se constituye en el dominio y la
materia del lenguaje, es que en otro escrito fragmentario de 1800, el
autor de la novela Hiperión, 1797-1799, considere a ese don de los
dioses otorgado al hombre para que cree y destruya, como el más pe-
ligroso de los bienes.
La aparente contradicción entre lo inocente y peligroso de este
bien llamado lenguaje no la resuelve el filósofo alemán, pero le
permite darse cuenta del ser de la poesía y descubrir su parecido con
220 JOSÉ GABRIEL VALDIVIA

el de la conciencia del hombre: confiada y dubitativa, transparente y


oscura, vulgar y divina ante la comprensión e interpretación del
mundo que contempla.
El producto de esta contemplación es la palabra, pero también
es el medio para alcanzarlo y el propio mundo que nomina. Pero
este don es para hablar con la divinidad no con los hombres, porque
es un decir auténtico, impropio a los seres comunes, a los mortales.
En este sentido, poetizar es dar nombre original a los dioses y por lo
tanto la actividad del poeta resulta trascendente, histórica, mundana.
Sólo con el habla es capaz de decir, de comunicar verdaderamente
lo que le acontece y de coger las cosas que le rodean sin sentirse ex-
traño ni abandonado, menos un retazo de olvido o una canción de
dolor.
Esta facultad que Hölderlin llama “intimidad” es nuestro libre
albedrío, nuestra libertad de tomar decisiones, nuestra posibilidad de
existir más allá de nosotros mismos en el tiempo y en el espacio. Y
esta gozosa libertad no le concierne a la razón un alto protagonis-
mo, sino al poder de soñar y la necesidad de traducir y transmitir
estos sueños con palabras para abandonar la condición de lo mortal.
Los poetas en el siglo XX han comprendido que el ser de la poe-
sía tiene una función en la historia y también fuera de la historia.
Brota la palabra de la mismedad, deambula por la cotidianeidad y se
instala en el mundo con la aspiración de no sólo patentizarlo, sino
de aparentarlo o representarlo. Lo mortal que ha sido percibido fue-
ra de él, se refugia en su interioridad y enrarecido fuga como un ha-
bla poderosa hacia la página en blanco. La poesía en estas últimas
décadas se atrevió a ser sencilla, vulgar, mundana, ilusa, pero sa-
biendo que era esencial, pura, compleja, auténtica. Se desprendió de
lo eterno y se hizo mortal porque aspiraba pertenecer al hombre y
no a los dioses, arriesgando su autenticidad a cambio de convertirse
en parte de la publicidad y ser el símbolo de la humanidad a fin de
afirmarla como acontecimiento histórico.
Pero este afán se interrumpió con la destrucción provocada por
las guerras que devinieron en el gran sentido de la historia. Enton-
ces se hizo necesario recuperar lo esencial, más allá de las formas
léxicas y sintácticas, y retomar la asunción del habla como diálogo
más allá de esa historia, y volver a oírnos mutuamente.
Entonces acude la preocupación por el destino de la humanidad.
Y la poesía retoma una función que va a constituir su ser. En ella el
DIÁLOGO E INTIMIDAD EN LA POESÍA DE RAÚL BUENO 221

hombre posa sus plantas deshechas y su búsqueda nueva. El inte-


rrogatorio se inicia en todos los campos y sentidos, porque la pala-
bra parece haberse perdido como signo e instrumento del diálogo
entre los hombres, o indescifrable repositorio del mundo. El hom-
bre nuevamente solo, sin mundo y sin palabra, como una ausencia
de sí mismo o fantasma sin sueños ni dioses.
La refundación de la humanidad se posa en los andenes de la
poesía. En las manos de los poetas, en los nombres que ellos conci-
ban está el anhelo y condición de lo humano, de lo poético, para
restaurar los bienes perdidos e instaurar con palabras la razón de ser
de los hombres y el mundo levantado a los pies de sus raciocinios
como sueños.
Así la palabra se tornó primitiva y fundacional de todo lo exis-
tente, porque con su ingenua apariencia condujo al hombre a la ca-
tástrofe y no a la plenitud, a la gloria poética que los dioses le tenían
reservada en la tierra.
La mezcla de romanticismo y clasicismo llevó a Hölderlin a con-
cebir la poesía como un divino legado: ingenuo y peligroso, mortal y
agónico, límpido y tenebroso, firme y volátil, en un tiempo indeter-
minado entre lo pretérito y lo venidero, pero marcado por la indi-
gencia.
Muchos poetas desde la segunda mitad del siglo XX asumieron
la poesía desde este paradigma poético holderliniano: un reino in-
termedio entre lo celeste y lo terrestre, un limbo de signos tanto di-
vinos como humanos, un mundo celeste como un cielo mundano,
un tiempo herido de espera impaciente.

2.

A la gran renovación moderna de la poesía también contribuye-


ron los simbolistas. Aunque Hegel ubicó en los inicios de la civiliza-
ción a lo simbólico y creyó que el arte romántico era el final y defi-
nitivo, porque había logrado superar y sepultar al clasicismo, los
poetas simbolistas emprendieron un camino que sería atisbado en el
futuro como la apuesta por lo exclusivamente literario, diálogo au-
téntico y verdadero.
La crítica demoró demasiado en otorgar un lugar de privilegio a
la poesía simbolista. Algunos vieron en ella una mística por su per-
manente búsqueda espiritual. Otros la consideraron una extraña ex-
222 JOSÉ GABRIEL VALDIVIA

ploración del lenguaje, que competía con la música y los elementos


más inexplicables de la naturaleza. Y finalmente, la gran mayoría in-
tentó develar su secreto desde reflexiones estéticas o metafísicas por
su ímpetu de trascendencia.
La poesía simbolista pretendió –sin ser psicoanalítica– pulsar las
experiencias interiores a partir de la captura de sonoridades o ritmos
estilísticos. Por eso vieron en la tinta y en la pluma los símbolos de
la escritura. A diferencia de los románticos que aspiraron roles épi-
cos, los simbolistas apostaron en convertirse en los modernos litera-
tos que sólo miraban en las palabras puras, la única fuerza de la
poesía.
En cuanto su tarea se realiza en torno a una especie de laborato-
rio verbal, los simbolistas se van alejando de toda participación polí-
tica, crítica moral y destierran toda expresión vulgar de sus poemas.
De allí que se los imaginara como habitantes de una torre de marfil
que realizaban una actividad eminentemente subjetiva.
Entre los antecedentes del simbolismo se considera a Charles
Baudelaire (1821-1867), célebre autor de Las flores del mal, 1857. En
sus elucubraciones poéticas hace competir a la idea, producto del
pensamiento, con el símbolo, producto de la aprehensión de nues-
tros sentidos. En este conflicto, el poeta es una especie de mago o
iluminado que puede captar las cambiantes apariencias de los más
diversos objetos que componen el universo.
En su conocido y estudiado poema Correspondencias, postula que
la creación poética nace y se organiza de la misma manera que la
creación cósmica. Ambas surgen de una oscuridad profunda y abso-
luta. El poema se engendra en el abismo interior del poeta, igual que
un organismo vivo se gesta en las entrañas insondables del universo.
En consecuencia, el Dios que ha construido los objetos reales, se
parece al Poeta que inventa otro mundo con sólo palabras.
El artista reside en un paraíso artificial, alucinado e imaginativo.
Su lengua es rara porque es habla interior y habla del mundo. Por
eso huye de la métrica y la rima para posarse en el verso libre, puro,
abstracto. A veces parece un místico por su reflexión espiritual, en
otras, un aire metafísico corroe su conciencia, pero finalmente lo
asiste un humanismo escéptico, una súper realidad invisible, verbal y
patética. Para Baudelaire, poetizar será crear un mundo de símbolos.
DIÁLOGO E INTIMIDAD EN LA POESÍA DE RAÚL BUENO 223

3.

Una descripción estética del concepto poesía en los últimos años


ha devenido en una imprecisa descripción fenomenológica o una
audaz interpretación hermenéutica, como la sugirió Heidegger.
Pero tanto Hölderlin como Baudelaire poseen una mirada poéti-
ca trascendente. Tanto las palabras como los símbolos sirven para
inventar, hablar o comunicar la experiencia de la creación poética,
desde cualquier plano: historia, vida, intimidad, mundo.
En este marco, los poetas en el siglo XX retomaron el hablar
consigo mismos como una antigua forma de diálogo con los dioses,
con el mundo y con los demás hombres.

4.

Uno de los panoramas antológicos de la poesía peruana más


completo y juicioso, es el preparado en dos tomos por Alberto Es-
cobar. En el segundo, que incluye a poetas nacidos entre 1937 y
1950 y abarca publicaciones aparecidas entre 1960 y 1973, el desapa-
recido crítico sostuvo que existen razones valederas para considerar
que con la década del 70 se inicia un nuevo ciclo en la evolución de
nuestra poesía y del país.
Esta observación hecha aproximadamente cuarenta años atrás,
tomó en cuenta las relaciones que podían establecerse entre los
acontecimientos sociales y políticos, ocurridos en los años 60 del
pasado siglo XX, y los cambios ocurridos en el campo estrictamente
literario. Muchos de aquellos sucesos han pasado a formar parte de
la historia general del Perú y los autores crecidos bajo su influencia
así como las obras producidas en esos contextos, se han convertido
en referentes de la historiografía literaria para los momentos finales
del periodo que abarca de 1920 a 1980, siguiendo los presupuestos
de periodización de la literatura peruana planteados por Carlos Gar-
cía Bedoya.
Un mayoritario convencimiento generacional de muchos jóvenes
del momento, estableció que existía una estrecha relación entre lite-
ratura y revolución. De este modo, la poesía y casi toda manifesta-
ción cultural no existen al margen de la sociedad ni de la política.
Este aprendizaje no sólo fue consecuencia de las lecciones marxistas
o izquierdistas, sino también del triunfo de la revolución cubana y
224 JOSÉ GABRIEL VALDIVIA

de la irrupción del campesinado como una nueva fuerza social bus-


cadora de la liberación nacional.
La situación global del país estuvo signada por la inestabilidad y
la crisis política y cultural. Esta encontró en los cuarteles una res-
puesta extraña pero efectiva, a través de un grupo de militares que
iniciaron reformas extremas de corte populista que contuvieron el
despertar del pueblo urbano y el advenimiento de una nueva con-
ciencia indigenista.
Desde fines de la década del 50 se agudiza el debate entre poesía
pura y poesía social con incidentes que no sólo testimonian la épo-
ca, sino que sirven para demostrar la pasión con que se asumía la
poesía desde estas dos orillas, abanderadas por Gustavo Valcárcel y
Javier Sologuren. Los puros y los sociales, o los puros y los contamina-
dos, como solía ironizar el desaparecido poeta Pablo Guevara, de-
mostraron la vitalidad de un género literario que debatió entre otros
tópicos: el compromiso del poeta, la militancia partidaria del poeta,
las relaciones entre política y poesía, historia y poesía, revolución y
poesía.
En esta antología, Alberto Escobar escribe un breve comentario
acerca de la poesía de Raúl Bueno publicada hasta ese momento,
destacando su excepcionalidad por no corresponder a la corriente
hegemónica del momento y no interesarle la poesía “como experi-
mento verbal” sino como “especulación en torno al discurso poéti-
co”. Agrega que los elementos “retóricos, mitológicos e históricos,
asedian al lenguaje y lo impregnan de signos que remiten a imágenes
trascendentes”.
También se incluye un poema inédito, “los padres de los padres”
que aparecerá posteriormente en el libro Lengua de vigía, 1986.

5.

En Arequipa el debate no fue tan intenso, pero sí tuvo sus mati-


ces entre unos y otros. Algunos jóvenes poetas de entonces escribie-
ron poemas al triunfo de la revolución cubana, las guerrillas y la he-
roica muerte de Javier Heraud.
Pero también hubo quienes habían loado a Ezra Pound, preso
doce años en un pabellón psiquiátrico, autor de Cantos, 1970, y falle-
cido en 1972. O recordado la desaparición de Thomas S. Eliot,
muerto en 1965, autor de Tierra baldía, 1922, y Premio Nobel de Li-
DIÁLOGO E INTIMIDAD EN LA POESÍA DE RAÚL BUENO 225

teratura 1948. Los menos, dado su acercamiento a la poesía france-


sa, hubieron olisqueado al antillano Alexis Leger, conocido por el
seudónimo Saint John Perse, autor de Anábasis, 1924, y Premio No-
bel de Literatura en 1960.
El año 1955 apareció un grupo de poetas en torno a la publica-
ción de un libro firmado por Luis Yáñez y titulado Nueva poesía are-
quipeña. En este no aparecen Gustavo Valcárcel, José Ruiz Rosas ni
Edgar Guzmán Jorquera, poetas que alcanzarán notoriedad en los
años posteriores. Este grupo quiere marcar distancia con la anterior
generación de la vanguardia personificada en la ciudad por Guiller-
mo Mercado, César Atahualpa Rodríguez y –de algún modo– Alber-
to Hidalgo, radicado en Argentina, pero que visitó Arequipa en esos
años por una candidatura política.
Hay otros eventos dignos de mención que pueden citarse. Uno
es la presencia de Pablo Neruda, que dio un recital en el Teatrín de
la Municipalidad de Arequipa. Otro, un encuentro de poetas organi-
zado por Jorge Cornejo Polar que contó con varias voces represen-
tativas de la Generación del 50 en el Teatrín de la Cultura de la Uni-
versidad Nacional San Agustín.
En el discurso de homenaje tributado a la figura de Raúl Bueno
Chávez, realizado por la FIL Arequipa 2010, aparecido con el título
“El sentido de la escritura” en la revista La Casa verde (Nro. 1. Are-
quipa, setiembre 2011, p. 12), el renombrado crítico y poeta recordó
un incidente donde los jóvenes arequipeños del 60 fueron inte-
rrumpidos en un recital por alguien que les reclamaba la necesidad
de una literatura vinculada con la realidad.
Esta súbita invasión no hizo más que afirmar en ellos que su lite-
ratura “era libre, al margen de sus sentimientos sociales y que no
obedecería a consignas ni mandatos de ningún tipo”. De este modo,
ese grupo de jóvenes se sintió atraído por una escritura donde la
preocupación social no era lo más importante ni lo más notorio en
sus libros futuros.
Este espíritu de los jóvenes del 60, que irrumpen en el panorama
de la poesía en Arequipa, va a ser distinto y se vinculará a los poetas
puros de Lima. Todos reconocen el momento de Cuba, de las gue-
rrillas, de los movimientos campesinos y revisan a los poetas del pa-
sado inmediato y a sus contemporáneos.
A pesar de la muerte de Javier Heraud y la derrota de las guerri-
llas de 1965, sienten una auténtica necesidad de reconocer la fun-
226 JOSÉ GABRIEL VALDIVIA

ción estética de la praxis artística que discute sus vínculos con lo so-
cial y con el subjetivismo romántico. Esta actitud poética los obliga
a rebelarse contra ciertos dogmatismos y compromisos revoluciona-
rios que tergiversaban la condición esencial de la poesía, tornándola
vociferante y panfletaria.
En este contexto, la irrupción de Raúl Bueno y otros poetas are-
quipeños de entonces resulta rebelde y contestataria. No se trata de
esquivar lo social, sino más bien lo político; entonces la simpatía por
ciertos vientos cosmopolitas venidos de Europa y la asunción de
una palabra que construye una doble mirada: hacia fuera y hacia
adentro, permite el surgimiento de una poesía más personal e íntima
que establece una relación con el mundo más distante pero más
poética y sugestiva que la emparenta con el neosimbolismo francés
o los modernismos ingleses y norteamericanos, alejándola de las
vanguardias latinoamericanas inspiradas en César Vallejo, Pablo Ne-
ruda o la Generación de 1927 española.
En el discurso antes mencionado, Raúl Bueno repara que en el
Perú “ese debate se vivió con especial beligerancia”, logrando algu-
nos poetas salir del impase de la función de la literatura con solu-
ciones alternativas, como es el caso de Manuel Scorza quien fue “in-
tensamente puro en Los adioses y densamente comprometido en Las
imprecaciones”. Pero también reconoce la solución de Washington
Delgado “más conducente y de mayor efecto estético, al practicar
una línea sutilmente lírica y a la vez comprometida”.
Esta mirada del poeta hacia la función del arte los hace hurgar
hacia la experiencia interior y les permite incorporar un reencuentro
con el hombre universal y la crisis de la civilización occidental a tra-
vés del lenguaje. La palabra huye del mundo y se refugia en la con-
ciencia del individuo como para protegerse. Es así como se percibe
la comprensión de la poesía en los dos primeros libros de Raúl
Bueno: Viaje de Argos y otros poemas, 1964, y De la voz y el estío, 1966.

6. Viaje de Argos, 1964.

Los poemas del libro se escribieron entre 1963 y 1964, tal como
se indica en la portada interior del poemario. En setiembre de 1964,
Raúl Bueno publicó un artículo de tono elegiaco y laudatorio a pro-
pósito del fallecimiento de T. S. Eliot, en el que examina la predilec-
DIÁLOGO E INTIMIDAD EN LA POESÍA DE RAÚL BUENO 227

ción por el tema de la muerte en la poesía del Nobel de Literatura


1948.
En este breve artículo también reconoce la asociación que hace
Eliot entre los referentes griegos (Agamenón) y los contemporá-
neos. Además, destaca que La tierra baldía y Los hombres huecos, “son
textos que paralizan y aniquilan el mundo, destruyendo toda la sor-
da realidad por la que ha transitado y transita el hombre, desechan-
do lo hasta ahora hecho y mostrando lo intrascendente y vacuo de
nuestro mundo mecanicista y calculador”, citando los versos: abril es
el más cruel, engendrando lilas en la tierra muerta.
Esta juvenil comprensión e interpretación de la poesía de T. S.
Eliot, se puede constatar también en su primer libro, Viaje de Argos y
otros poemas, publicado en diciembre de 1964, con prólogo de su
amigo y maestro Antonio Cornejo Polar.
El título de este primer poemario tiene tres componentes: viaje,
Argos y poemas. Los dos primeros son los principales y aluden al
famoso mito griego que cuenta la travesía de los argonautas en la
nave Argos en la búsqueda del vellocino de oro. Aunque el mito no
se manifiesta concretamente en el poema que da título al libro, la
presencia de algunos elementos marinos ligados al relato de Jasón y
Medea, son suficientes para asociar las lecturas de Eliot en su inau-
gural estilo poético.
Esta influencia tiene un carácter generacional en algunos jóvenes
poetas peruanos de los 60. La revisión del mundo griego, como
buscando una explicación en el mundo helénico para entender la
destrucción del mundo moderno europeo, después de la Primera
Guerra Mundial, y replantear un nuevo orden para la decadente civi-
lización occidental.

6.1.

Los procesos literarios y exclusivamente poéticos, tendientes a


construir una actitud de corte universalista y cosmopolita, se inician
plenamente en la vanguardia. Pero también –de algún modo– se
manifiestan las de carácter nativista, denominadas indigenistas, ins-
piradas en idearios anarquistas o comunistas, perfilando un perfil
contrastivo de sabor nacional.
El discurrir de la tradición poética peruana, desde entonces, ha
ido trasgrediendo los presupuestos imitativos o reproductivos de lo
228 JOSÉ GABRIEL VALDIVIA

foráneo, forjando un derrotero propio, bifurcado en dos grandes


vías y luego en una diversidad de posibilidades expresivas que se
han esforzado por congregar lo peruano, lo nacional, sin menosca-
bo de lo extranjero.
En cuanto a las actitudes cosmopolitas, calificadas como for-
mantes del proceso de occidentalización o europeización de la cul-
tura peruana, a partir de este universalismo y cosmopolitismo, han
sufrido una permanente recusación que ha orientado los debates en-
tre nacionalismo y cosmopolitismo a lo largo del siglo XX, teniendo
en cuenta la forja de las literaturas nacionales y las propuestas de la
corriente indigenista.
En este sentido, la actitud creadora de los poetas ha ido paulati-
namente transformándose y recuperando la enorme tradición oral
de nuestra cultura hasta alcanzar las más preciadas cumbres líricas
de la poesía latinoamericana y mundial. Escribir poesía desde la ora-
lidad ha sido un permanente desafío de los poetas peruanos, sean de
corte cosmopolita o nacionalista. Así, la función de la poesía y el
propio oficio de poeta alcanzaron marcas peculiares y distintivas.

6.2.

Este primer libro de Raúl Bueno manifiesta ese afán cosmopolita


con la sana intención de renovar o modernizar el discurso poético y
afirmar lo puro a través de José María Eguren, sin desdeñar lo social
de César Vallejo. Esta confrontación perjudicó el desarrollo de am-
bas vertientes, pero alimentó su complementariedad ante la sensibi-
lidad de los futuros poetas.
En el contexto de la poesía en Arequipa, sirvió para liquidar la
praxis del telurismo localista aldeano, tan bien expresado en las
obras poéticas de César Atahualpa Rodríguez, Guillermo Mercado y
el último Alberto Hidalgo, o la extraordinaria sensibilidad bucólica
que Alberto Guillén ha inmortalizado.
La presencia de la naturaleza en Viaje de Argos es consustancial a
la sensibilidad de quien lo escribe. Son los árboles, las aves, el cielo,
el mar, el viento, los peces, los insectos, los crustáceos, quienes van
a sostener el canto íntimo del poeta hasta identificar la poesía con la
vespertina voz del grillo o el resplandor de la luna en el agua o la
oscuridad que invade el verde césped. Todos ellos son el poema:
Es el canto del grillo aguzando su viola
DIÁLOGO E INTIMIDAD EN LA POESÍA DE RAÚL BUENO 229


La luna
Oh temblorosos hilos rielan el lago.

La noche
Cual una mano blanda acariciando el césped (“Poema”, Viaje de Argos 37).
Esta visión de la naturaleza como matriz forjadora de la vivencia
y experiencia poéticas, pertenece a un mundo rural, eglógico, que
hay que abandonar, o del cual se debe huir ante la violenta presencia
de un nuevo mundo que adviene con el sol:
Nosotros que aspiramos
el momentáneo resplandor del agua
y la reiterada actitud del grillo

debemos olvidar cuando de pronto
sorpréndenos el sol despavoridos (“Poema”, Viaje de Argos 38).
De la misma manera, la nostalgia invade cuando se pide que re-
cuerde a la aldea iluminada por una candileja y que semeja:
… una oruga muerta
colgada de una hoja (“Setiembre austral”, Viaje de Argos 39).
En los dos últimos poemas se plantea una concepción humanista
que alegoriza el paso del hombre desde el momento primitivo hasta
el contemporáneo concentrando su poética en las manos, las pier-
nas, los dientes y los ojos:
Recordamos a un antiguo pariente:
se cubría con pieles de león.

Recordamos a un antiguo y hábil pariente
cuyos ojos eran tigres solitarios y prestos (“Homo”, Viaje de Argos 41).
O cuando compara al hombre con un floripondio y resalta la
contemplación de la naturaleza o la constitución de una familia co-
mo las acciones fundamentales de su vida en la tierra. Pero, parale-
lamente a este discurrir humano ocurren otros sucesos donde los
protagonistas son otros seres insignificantes que también forman
parte de la vida natural y son la existencia:
Empero, entre las rosas se agitan los insectos
(como dragones dulces que desecan la tierra)
Simulando revolear sobre animales muertos (“Escorpio”, Viaje de Argos 44).
230 JOSÉ GABRIEL VALDIVIA

Y finalmente el poema Cantiga del amor que muestra varios ele-


mentos románticos y simbólicos para expresar el sentimiento amo-
roso: mano, roble, verano, abeja, viento. Pero lo esencialmente poé-
tico radica en la recuperación de la sensibilidad amatoria como un
cántico íntimo bajo la sombra del roble y llevado por la brisa del ve-
rano.
La cantiga o cántiga era una antigua composición poética desti-
nada al canto. El poema presenta al canto como algo auténtico y na-
tural que desplaza a la escritura, porque la mano está ocupada en
expresar la ternura de los amantes en un auténtico gesto emociona-
do que representa un estado de pureza espiritual:

Y echamos a correr,
destruyendo la viva humedad de la arena
(“Cantiga del amor”, I, Viaje de Argos 32).

Este es el amor que se alza y canta
(“Cantiga del amor”, II, Viaje de Argos 34).

Que nos sorprenda este invierno abrazados
y nos deje blancos como esas
antiguas marionetas ¿las recuerdas?
diciéndose: te amo, te amo, te amo”
(“Cantiga del amor”, II, Viaje de Argos 34).

7. De la voz y el estío, 1966.

El libro apareció en las Ediciones de La Rama Florida que tan


devotamente promovió Javier Sologuren. Es más breve que el ante-
rior. En él persisten las mismas preocupaciones por el lenguaje y los
temas se enlazan a partir del amor y la existencia duradera que esta
experiencia graba en el ser humano cuando se acompaña de la sen-
sibilidad expresiva que provoca en el sujeto.
Los epígrafes –en alemán– de Rainer María Rilke (1875-1926) y
–en francés– de Paul Valéry (1871-1945), nos indican no sólo las
claves para plantear un sentido, sino también las preferencias litera-
rias que inducen al poeta hacia una actitud poética instalada en el
libro. Del poeta checo-alemán, cuya poesía mezcla elementos ro-
mánticos y simbolistas, inserta un verso que abre el primer poema
(I) y de Paul Valéry, el gran poeta puro y ebrio de la belleza marina,
DIÁLOGO E INTIMIDAD EN LA POESÍA DE RAÚL BUENO 231

refiere otro que inicia el último poema (IX): “Siehe, ich lebe./ Le
vent se leve! … il faut tenter de vivre!”.
Tanto el poema inicial como el terminal se relacionan por estos
epígrafes y también por la estructura sintáctica de los primeros ver-
sos de ambos, en la que sólo cambia la forma verbal:
Puedo subsistir bajo este cielo que a veces oscurece (poema I).

Puedo existir bajo este cielo que a veces oscurece (poema IX).
Entre ambos recorre el poemario una ruta existencial en la que el
sujeto se descubre a sí mismo como una amorosa forma espiritual y
se afirma tan sólo en su voz, sus labios y su mano para compartir la
vida al menos un instante del verano como un viento sigiloso, tierno
o pensativo, o como un latido en medio de la multitud:
Corazón, mi corazón
aquel renuevo
Iluminando a diario el movimiento de mi mano (poema IV).

Ah, este corazón,


este otro corazón
que aquí está intentando vivir (poema VII).

7.1.

La característica esencial del texto es que habla de la poesía co-


mo lo sugirió Alberto Escobar. Y son la mano y el labio las partes
del cuerpo que representan la actividad de escribir o sentir:

y bajo el que mi mano es
una constelación apenas perceptible (poema I).

También mi labio atiza suaves voces
cual otro corazón que a veces despertara (poema I).
La imagen que utiliza para encomiar la mano como instrumento
de la escritura y hacedora del mundo es extraordinaria. Lo diminuto,
lo insignificante, los pequeños seres –advertidos ya por A. Cornejo
Polar– se hacen grandiosos, se tornan en la infinitud constelaciones.
Pero ante esta sumisión de lo elemental y fútil, de lo que se resis-
te a no ser ignorado, irrumpe la mayor ternura, no expresada en la
232 JOSÉ GABRIEL VALDIVIA

escritura, sino en el habla, en lo oral, en ese labio que se ha conver-


tido en corazón, en latido que anima la existencia sobre la tierra.
Mano en movimiento y corazón en sonido son los personajes
simbólicos de la dualidad del ser y de los dos tópicos que encierra el
poemario: voz y estío. Voz olvidada y brazo huérfano, deambulan-
do y sobreviviendo:
Mi mano era olvidada al torrente del agua

Era mi voz igualmente olvidada

Y humedecido,

era mi brazo sentimental y pasivo (poema III).
Pero el desconcierto atónito aparece cuando el poeta confunde
el parpadeo con un grito. Este conflicto sólo se resuelve en el oído
sensible, atento al mundo de las voces y que guía luego la expresión
poética. Es la memoria auditiva quien guarda fielmente la intimidad
y después la transfiere en cadenas de sonidos transparentes e indes-
cifrables hacia la escritura:
Oh inventor de fantasmas, resonancias

transparentes sonidos que burlan nuestros ojos,

voces,
voces cundiendo en la expansión del aire

cual esta sucesión de obstinadas vocales (poema IV).
Pero de pronto el reclamo del poeta es grandioso e inusitado, esa
voz se torna múltiple, violenta, permanente y reclamante de un
tiempo nuevo, un espacio distinto y una forma de decir diferentes.
Es una voz tenue y cálida que se ha impregnado en el viento y en el
calor el verano. Voz de triple intensidad: amorosa, contestataria y
poética:
(…
Nuestras voces son apenas el viento
o son
la más débil arteria del verano) (poema VIII).
Y entonces, el final no es dramático, sino esperanzador y exis-
tencialista, porque la razón se alimenta de una convicción amorosa y
DIÁLOGO E INTIMIDAD EN LA POESÍA DE RAÚL BUENO 233

sencilla. El labio ha vencido a la voz, el amor a la poesía, y la mano


hacedora del mundo pueda aniquilar la escasa belleza sonora y pri-
mitiva.
Porque
puedo encender el labio a voluntad
y puedo modularlo conteniendo su grito y su calor (poema IX).

BIBLIOGRAFÍA CITADA
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San Agustín, 2007.
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LA POÉTICA DE LA ENSOÑACIÓN EN L EN GUA DE VIGÍA


& M EM ORANDO EUROPEO DE RAÚL BUENO

Giancarla Di Laura
Prairie View A & M University

Desde su etapa inicial, la obra poética de Raúl Bueno se ha


caracterizado por un lenguaje que combina lo abstracto con lo
cotidiano, lo elegante con lo popular, lo versátil con lo estático. Una
poesía que se construye por medio de recuerdos y de nostalgia por
la infancia. Todas estas imágenes han sido creadas a través de un
gran hilo conductor que se basa en la contemplación de un tiempo
anhelado y tal vez idealizado, así como también es el espacio idílico
y algunas veces utópico donde la voz poética se refugia para seguir
con su pasión, de crear a través de las palabras ese sentimiento
arraigado y obstinado como el de la ensoñación.
El trabajo en curso analizará la poética de la ensoñación en el
poemario Lengua de vigía & Memorando europeo (1986). Para esto
usaremos como base teórica el libro de Gaston Bachelard La poética
de la ensoñación, publicado en 1960. Notamos que la ensoñación, a
diferencia del sueño, es un estado de contemplación hacia un
sentimiento anhelado cuyo control posee el alma. El temple de
ánimo expresado es nostálgico hacia un momento –tiempo o
espacio– vivido o pensado. Asimismo, vemos una obstinación con
el recuerdo, la memoria hacia la infancia captada a través del
hablante poético, donde olores y colores son percibidos. Gastón
Bachelard nos dice sobre la ensoñación: “Para comunicarla, hay que
escribirla, escribirla con emoción, con gusto, reviviéndola tanto más
cuando se la vuelve a escribir” (19). Es decir, la ensoñación se crea a
través de un lenguaje de añoranza y de nostalgia que inspira a crear
un mundo idílico.
Lengua de vigía & Memorando europeo está constituido por poemas
escritos entre 1968 y 1979. El libro alude a una etapa inicial del
236 GIANCARLA DI LAURA

poeta cuando sale de su ciudad natal, Arequipa. Encontramos un


epígrafe de Esquilo que reza:
Lo demás lo callo: un enorme buey pesa sobre mi lengua. A poder hablar,
bien claramente se explicaría este palacio. Por lo que hace a mí, de buen
grado hablaría con quien me entendiera; para los que no, como si nada su-
piese (7).
La inserción de este texto ilumina el poemario ya que, al igual
que Esquilo, que se caracterizó por escribir la mayoría de sus obras
en trilogías, Bueno divide el poemario en tres partes: dos de Lengua
de vigía y una de Memorando europeo. Asimismo, en este poemario lo
prevalente es la situación de viajero que vemos en el traslado del
hablante poético y las descripciones de lugares ajenos a él. De la
misma manera, Agamenón demora diez años en regresar a Esparta,
al igual que la cantidad de años que evocan los poemas escritos
entre 1968 y 1979. Sin embargo, el factor más importante que
ilumina el epígrafe es la condición de viajante, de emigrante y tal vez
dejar al lector con la reflexión de que para llegar al conocimiento se
tiene que sufrir.
Como ya hemos mencionado, el texto se divide en “Lengua de
vigía” (1968-1974) compuesto de dos partes: “I. Principios y fina-
les” y “II. Campos redondos”, y “Memorándum europeo” (1974-
1979). En todos estos poemas percibimos como tema recurrente,
tanto en tiempo y en espacio, la ensoñación. Es decir, tanto el
recuerdo del espacio vivido como el tiempo –pasado y presente–
serán utilizados para mostrar el sentimiento del alma en una
posición de anhelo por algo que ya no está presente.
Desde el título mismo, Lengua de vigía & Memorando europeo,
advertimos un estado de alerta y observación ante algo nuevo y
diferente. Además el término, “vigía” se refiere a vigilar, a estar
atento, a captar. “Lengua” puede indicar comunicación, como si la
voz poética buscara un estilo propio en un sitio nuevo para poder
expresarse. Justamente, es en esa época cuando el poeta emigra de
Arequipa a Lima, y luego a Europa. Por esa razón, se podría afirmar
que el título, “Memorando europeo” se refiere a la estadía del poeta
en Francia, España e Inglaterra ya que los poemas llevan
referencias, a plazas, lagos, ríos, bosques, puertos, castillos de
mencionados países.
La banalidad del tiempo, lo efímero de la existencia, el desva-
necimiento de lo concreto son motivos concurrentes en este texto.
LA POÉTICA DE LA ENSOÑACIÓN EN… RAÚL BUENO 237

Las imágenes descriptivas que encontramos perciben a un mundo


ambivalente donde lo añorado se mezcla con lo nuevo y las impre-
siones permiten ser expresadas a través de manifestaciones del alma.
Lengua de vigía está compuesto por 29 poemas. Pertenecen a la
primera sección, subtitulada, “I. Principios y Finales”, 15 textos
líricos. A la segunda, subtitulada “II. Campos redondos” correspon-
den 14 poemas. A menudo encontramos que la voz poética se diri-
ge a una segunda persona. En el poema “Diariamente”, la voz poé-
tica se refiere al paso del tiempo usando la segunda persona y bajo
un tono reflexivo, afirma: “pierdes un poco el nombre/ algo de ju-
ventud (11)”, a la rutina diaria, “... vuelves/ por el mismo canal con
su agua poderosa” (11) y a la reflexión de un día que se va, “La
próxima/ es tu esquina; el ómnibus vacila/ se detiene” (11). Estas
constantes se hallan mediante imágenes recreadas en donde el
tiempo es el más importante.
Además, las descripciones de espacios, al nombrar un recinto
nuevo, inusual o captado dentro de su imaginación, es decir, lugares
concurridos y públicos, como “plazas, parques, monumentos, igle-
sias, avenidas y ciudades” permite que la voz poética muestre un
sentimiento arraigado, pero a la vez asombrado. De la misma razón,
encontramos alusiones a tiempos específicos como el poema
“Domini Dies”, donde se hace un recuento del día domingo, en una
plaza con animales y con diferentes colores y olores que permiten al
hablante poético recordar su infancia.
1
¿En qué instante el domingo
Nos sorprende? Extiende
Su invariable tapiz con memorias y risas (12).
La actitud nostálgica por el temple de ánimo del hablante nos
lleva a reflexionar sobre el paso del tiempo al echar mano de la
memoria para captar imágenes infantiles que definitivamente
marcaron la infancia del poeta. Luego nos describe, “Organiza
jirafas y elefantes/ (con niños que nos tiran de la mano), globos,
/Manzanas y maní tostado” (12). Estas descripciones permiten que
pensemos en un estado de ensoñación hacia esa etapa infantil, la
que a la distancia es añorada e idealizada. La plaza con animales, con
globos, con dulces que podrían evocar nuevamente una etapa
infantil es recordada emocionalmente. Bachelard afirma que la
ensoñación es producto del reconocimiento de
238 GIANCARLA DI LAURA

la permanencia en el alma humana de un núcleo de la infancia, de una in-


fancia inmóvil pero siempre viva, fuera de la historia, escondida a los
demás, disfrazada, de historia cuando la contamos, pero que sólo podrá ser
real en esos instantes de iluminación, es decir en los instantes de su existen-
cia poética (151).
Es decir, la infancia cumple una función primordial en la
memoria del poeta para producir un estado del alma, conocido
como la ensoñación. A través de los sentidos, tanto visual como del
olfato, colores, olores y sabores son los que captan imágenes
vividas, experimentadas o anheladas de un pasado remoto.
Esta primera parte del poemario concluye con un poema
titulado “Reloj de arena”, el cual se encuentra diagramado de la
misma forma que el nombre que lleva como título. Obviamente, el
poema trata del tiempo y su complejidad ya que a pesar de que hay
nuevas tendencias y ocurrencias, la circularidad del tiempo en
cuanto a situaciones tiende a repetirse, “... como salvaje rito/
–fertilidad o sangre–, como mano/ feliz en su ceguera, como lo
que/ sorprende y es nuevo pese al verbo: fuiste” (28). A pesar de
que encontramos un tono melancólico, siempre hay una esperanza
percibible en este poema también.
En la segunda parte de Lengua de vigía, “II. Campos redondos”, el
poeta otorga todavía una gran importancia al tiempo y el espacio,
pero expresa también una inquietud por reflexionar en la esencia del
ser. La musicalidad, la eternidad, la esencia del ser humano y la
comunicación que pueda establecer como expresión en su totalidad,
son algunas características de esta sección. Una clara influencia de
los clásicos griegos se puede notar en ciertos poemas. “Ser y no ser”
que empieza con la pregunta, “¿Qué culpa, qué delito se esconde y
pesa/ como el enorme buey en la lengua reclusa del vigía?” (33).
Estos versos evocan el epígrafe que inicialmente comentamos y que
se refiere a la situación de Agamenón, ya que en los versos, la voz
poética se identifica con ese personaje y se describe como: “Así soy
asesino y traidor y tirano/ y destruyo y construyo sin posibilidad/
alguna de perdón o regreso/ al momento en que pude y no pude“
(33). Es decir, confundida la voz poética comparte el sentimiento de
Agamenón, sin saber qué hacer después de estar diez años a la
distancia. Por medio del lenguaje, el hablante puede llegar a un
momento de ensoñación, donde encuentra la libertad, ya que como
afirma Bachelard, “el ensueño nos daba la libertad” (152).
LA POÉTICA DE LA ENSOÑACIÓN EN… RAÚL BUENO 239

En “Trilogía del alfabeto” encontramos la trayectoria de un hijo


en su paso por la vida. Desde la etapa de la niñez, subtitulada (A) el
hablante dice: “Desenvolvías, padre, sentidos que traían/ resinas
memoriosas, como orientales biombos y pañuelos/ llenos de histo-
rias y dibujos las etapas “(35). Este pasaje descrito por ciertas imáge-
nes que evocan la niñez e infancia, para luego insertarse en la etapa
juvenil, la cual marca a la voz hablante ya que nos dice en la segunda
parte del poema: (B) “Golpe de realidad alteró nuestros mundos:/
Tuvimos que partir. Casi tierra extranjera, y los lobos del alma
buscando sorprendernos/ y abatirnos” (36). La condición del ha-
blante de haberse quedado solo frente a una tierra lejana y ajena
hace que en la última sección del poema, y bajo un verso de César
Vallejo que usa como epígrafe, nos demos cuenta de su situación:
“... y no he tenido/madre, ni súplica, ni sírvete, ni agua...” (cit. en
36). La carencia de amor, de compañía, la falta de de calor humano
se dejan ver a través de estos versos:
A esta hora, madre, ¿dónde tu voz hermana?
¿Y tus pasos?
¿Y la manera tuya de peinarme,
De librarme del frío, protegerme
De pensativas lluvias que tu voz extinguía?
(cantaba la rana
debajo del agua) (36).
A través de estos versos donde se mezclan las reflexiones del
hablante y cantos populares infantiles “(cantaba la rana/ debajo del
agua)“, notamos la sensibilidad y la nostalgia por esta época infantil,
obviamente recreada mediante un lenguaje que yuxtapone lo clásico
con lo popular. Bachelard dice sobre la ensoñación,
... esa profundización que sentimos cuando soñamos con nuestra infancia,
explica que en toda ensoñación, incluso en esa en que nos sume la contem-
plación de una gran belleza del mundo, en seguida nos encontremos en la
pendiente de los recuerdos (154).
Es decir, la memoria de la niñez y el regreso a una época cuyo
valor ha sido el de formación hace que el tiempo y el espacio sean
idealizados y magnificados.
En “Memorándum europeo (1974-1979)” encontramos textos lí-
ricos que llevan por título espacios europeos, “parc de mont-
souris”, “port de gentilly”, “chatteau gaillard”, “flandes”, “floren-
cia”, “primera venezia”, entre otros. La voz poética, asombrada e
240 GIANCARLA DI LAURA

impresionada describe estos recintos nostálgicamente, asociándolos


con un pasado perteneciente a la niñez. Las estaciones, el verano y
el otoño, así como el tiempo transcurrido a diario, la tarde y la
noche, permiten evocar situaciones vivenciales, donde el espacio
foráneo recuerda recintos conocidos y habitados. En “port de
gentilly”, notamos que la voz lírica describe una tarde cotidiana, sin
ningún suceso extraordinario, pero que por medio de la estación del
año, que es el otoño, hace que se recuerde de Lima, “tarde/sin ras-
tro sin/ locuras repentinas alguien/silba por el camino a lyon/ evita
las sorpresas del viento/ hace crujir las voces del otoño/ alguien/
que se acuerde de lima” (54). Esta identificación entre Lima y el
puerto de Gentilly recae en la condición de ciudades porteñas don-
de el otoño gris y las hojas crujientes permiten evocar una con-
dición de nostalgia hacia su familia y ciudad.
La mención de diversos términos que aluden al agua –“laguna”,
“pozo”, “río”, “canal”– permite que la poesía se construya a través
de experiencias vividas en la infancia del poeta. Sitios visitados,
descripciones hechas a medida que el tiempo va pasando, crean una
nostalgia por un pasado remoto al cual se regresa a través de estas
imágenes creadas por la ensoñación. En el poema, “imagen del
tíber” se encuentra una descripción de esa corriente acuática. El
poema se construye a base de la negación, de la no existencia. En
ese sentido, la voz hablante describe:
barandal
hacia abajo
El río se disuelve
no hay cantos de sirenas
inventando suicidas ningún rostro
allí se desfigura

tampoco hay agua


(hablo del agua heracliteana)
no hay baranda
(del primer puente de arco
–románico–
sobre este viejo río
y quien miró
miró sin ojos (64).
La ambivalencia o ambigüedad de estas imágenes que permite
que este espacio histórico y de comercio sea visto de distintas mane-
LA POÉTICA DE LA ENSOÑACIÓN EN… RAÚL BUENO 241

ras, hace que pensemos en la pluralidad de voces y de usos que


tienen ciertos espacios. La nostalgia por un pasado embellecedor de
este lugar y que en la actualidad no tenga ni el uso ni la fama de an-
tes, crea un tono melancólico en el poema, propio de la ensoñación.
El último poema que cierra este poemario se titula “solitario de
londres”. Un poema ocasional, dirigido fraternalmente a amigos que
ha ido dejando a través de los viajes. Nuevamente nos encontramos
con un texto dividido en tres partes. Utilizando nuevamente la
figura de Agamenón y comparándola al estado de la voz lírica en la
actualidad, el poema se construye a través de imágenes ejecutadas
tanto por el héroe clásico espartano y por la condición de viajante
de la voz poética. El retorno de la voz lírica a su país natal, “te hace
afirmar la planta/ (como todas las tardes/ llegando al paradero)/ en
la sumisa arena/ de la patria” (67), y presenciar actos cotidianos
como “una vez más tu gato/ sentado en la escalera/ desgastadas las
nalgas/ y llena de polillas/ la pelleja” afirman el paso de los años y
la trayectoria del tiempo ausente de la voz hablante. Sin embargo,
invadidos con nostalgia, los objetos inanimados pueden constatar la
familiaridad del hablante poético en los siguientes versos: “tu hogar
se despereza/ con la llave casi/ te reconoce/ cuando abres la ven-
tana”(68). Mediante un tono celebratorio, la voz hablante finaliza el
poema, “(la chaqueta colgada/ flojos el cuello y los zapatos)/
proyecta en la pantalla/ sus sueños/ y no sueños/ su imprecisa
esperanza/ de algún día/ tener una esperanza” (69). Es decir, la
culminación del texto por medio de imágenes oníricas las cuales
sumergen al lector en un estado de ensoñación y brindan una
esperanza en el reconocimiento de ciertos objetos que han
encontrado familiaridad en el retorno del hablante poético. Asi-
mismo, vale recalcar que en todo el Memorando europeo no se
encuentra el uso de letras mayúsculas, lo cual hace pensar los
poemas como reflexiones del alma y estados sentimentales evocados
en ciertos sitios mediante la libre asociación de palabras. Este acto
se utiliza generalmente para representar los sueños y, por qué no, la
ensoñación.
A modo de conclusión, hemos notado que la poesía de Raúl
Bueno se caracteriza por combinar diferentes mundos, tiempos y
espacios creados mediante un lenguaje poético que se nutre en el
recuerdo y la memoria de un pasado perteneciente a la infancia.
Además, cada descripción conlleva una carga sentimental propia de
242 GIANCARLA DI LAURA

un estado anímico, con la cual el hablante poético se identifica para


poder evocar esa infancia que encarna la patria del poeta y el mundo
primordial en que se forma el lenguaje . La poesía de este gran autor
nos lleva a indagar más sobre nuestras raíces y nuestra infancia,
nuestras provincias y la conflictividad de crecer en el Perú, las cuales
son tan importantes en la caracterización de un amplio sector de la
población. Pero más allá de esa experiencia general, el
cosmopolitismo de estos poemas muestra también la faz de un
intelectual en el exilio, un migrante él mismo, en busca de su origen
como herramienta para los sinsabores del destierro. En este sentido,
Raúl Bueno es uno de los grandes exiliados de la Generación del 60,
con una obra rica y original que lo coloca una y otra vez en el
espectro de nuestra mejor poesía.

BIBLIOGRAFÍA CITADA

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Boston: RCLL, CELACP y Latinoamericana Editores, 2014, pp. 243-253

VIGILIA POÉTICA: SOBRE LOS TRES PRIMEROS LIBROS


DE RAÚL BUENO

Roger Santiváñez
Temple University

Raúl Bueno es un prestigioso crítico y estudioso de la literatura


hispanoamericana. Nacido en la sureña ciudad peruana de Arequipa
en 1944, es también un magnífico poeta. Miembro de la llamada ge-
neración del 60, integró en su ciudad natal el grupo Poesía 64, año en
el que justamente dio a conocer su primer libro denominado Viaje
de Argos y otros poemas, el cual incluye un breve, pero muy sugerente
prólogo del maestro Antonio Cornejo Polar. En efecto, empecemos
este viaje por el conjunto –hasta antes de Misivas de la Nueva Albión
(2014)– de su obra poética publicada, con una incursión en la ópera
prima, tomando en cuenta –junto a nuestra lectura– las observacio-
nes del entonces joven crítico.
Lo primero que resalta Cornejo Polar es la precocidad de nues-
tro autor: “Extraña poesía la de Raúl Bueno, hermosa sin duda, tal
vez de fría corteza, esmeradísima e increíblemente madura para los
veinte años del poeta” (3). Este aspecto –nuevamente sostenido por
el crítico al final de su nota– nos parece de vital importancia. Vea-
mos en qué consiste la madurez del joven poeta Raúl Bueno de me-
diados de los 60. Todo parece indicar que dicha señalada caracterís-
tica está basada en la elusividad de esta poesía: “escapa como pocas
a los siempre toscos instrumentos de la crítica” (4), afirma sagaz y
modestamente Cornejo Polar. Pero observemos –en close reading– lo
difícil de esta forma.
Se trataría de una poética de la atmósfera o del “clima”, como
dice Cornejo, que se plasma “mediante una palabra adelgazada, te-
nida más como un instrumento mágico de sugestión que de men-
ción enunciativa; palabra de sutil timbre, esbozadora rápida de mati-
ces tenues” (7). Citemos los versos iniciales de la sección a) de la
244 RÓGER SANTIVÁÑEZ

parte primera del poema que da título al libro y verifiquemos perti-


nencias: “(Aves, flora, verdiazul, fauna)/…/ Árbol de plata, oh sa-
cudida lenta./ Oh insistencia de algas, raros redobles./ Gorriones
secos, oh la pintura china./ Ágiles movimientos fijados en la hier-
ba/ así/ hacia el árbol acuden las mariposas” (13). Descripción de la
naturaleza
–incluyendo el mar– en su secreto esplendor, lograda en finos tra-
zos instantáneos, celebratorios, producto de una meditada contem-
plación. Sugerencia sutil que pronto alude al tiempo y a la poesía
misma: “Y el anciano sentóse/ extendió la barba sobre sus blancas/
aún altas rodillas/ y cantó” (14). Aparentemente próximos a la lla-
mada poesía pura; leamos estos versos: “(Nube, lluvia, esplendor del
agua/ ¡Tímidas gacelas detenidas sobre el cristal!)” (14), y nos en-
contramos con una tríada cuyo sabor campesino arequipeño es in-
dudable en su dicción étnica: “pasa el anciano fatigando su asno/
pasa cantando/ ‘fauna, faunita, azulverde, flora’” (14).
Otro aspecto interesante en relación con lo señalado por Corne-
jo Polar en su prólogo es que en nuestro poeta “tal vez pudiera en-
contrarse la huella de Eliot” (8), pero acota inmediatamente: “Estos
temas, en todo caso, no han encontrado en Raúl Bueno su más efi-
caz modo de expresión al requerir una plasmación lingüística tal vez
más directa y más emocional” (8). Notable acierto del gran crítico
que fue Cornejo ya que –en un momento tan temprano como
1964– nos está anunciando el pronto arribo de la poesía conversa-
cional mediante la asimilación del denominado británico modo en
nuestra lírica. Recordemos que es el año de Comentarios Reales de An-
tonio Cisneros y de la póstuma Estación Reunida de Javier Heraud,
libros donde ya está sembrada la semilla coloquial proveniente del
gran creador de The Waste Land. Sin embargo son detectables –en
Viaje de Argos– ciertas marcas, diremos modernas: “una vaga flor/
eterizada” (16) por ejemplo, o también “negras golondrinas huyen-
do electrizadas” (18), lo cual no es óbice para el imperio de un tono
general –como queda dicho– de índole mallarmeana: “juncos suaves
al soplar el viento” (15) o la tersura plástica de esta muy visual y re-
frescante imagen clásica para el tema: “Esta es la playa./ Aquí finali-
za el viaje del mar/ en una débil onda que humedece la arena” (19).
Antes de pasar a De la voz y el estío (1966), su segundo poemario,
quisiera incidir en algún rasgo del estilo de Raúl Bueno: su sentido
del ritmo, por ejemplo. Cito estos versos para demostrar su capaci-
VIGILIA POÉTICA: SOBRE LOS TRES PRIMEROS LIBROS DE RAÚL BUENO 245

dad de encabalgamiento prosódico, sobre todo en el remate: “Este


es el mar/ sacudiendo feroz las suaves ostras/ los encendidos pe-
ces/ las medusas” (20). También su particularidad metafórica: “El
cielo extenso de amarillas aves/ cuyos ojos son vidrios fijados en el
viento” (18). Finalmente, un no escondido hermetismo, para tratar
el tema del ser humano en tanto rey y señor de la creación y la natu-
raleza: “Y es entonces que el hombre/ vive aquí entre milagros celu-
lares/ entre corpúsculos de plata,/ entre furiosos toques/ aquí/
donde briznas de lodo son músculos ardientes” (22).
De la voz y el estío, publicado –como queda dicho– en Lima en
1966, bajo el entonces muy prestigioso sello Ediciones de La Rama
Florida creado y dirigido por el poeta Javier Sologuren, consiste en
un solo poema de nueve cantos. O, si se quiere, nueve poemas que
conforman un libro breve, pero, como veremos, de conseguida fac-
tura. Al parecer, construido a la sombra de una atenta lectura de
Rainer María Rilke –dicho esto no sólo por el epígrafe que abre el
conjunto sino por el tono imperante– el texto linda con el autorre-
trato de un yo que sobrevive en el adverso mundo que nos rodea.
Los primeros versos del poema I rezan: “Puedo subsistir bajo este
cielo que a veces oscurece/ y bajo el que mi mano es/ una constela-
ción apenas perceptible” (s. n.). El cuerpo y sus manifestaciones se
hacen presentes aquí a través de menciones a las extremidades, el
efluvio natural, la dermis, la boca y la cara; planteando así una poéti-
ca de nuestra materialidad física cuya finalidad sería la expresión vo-
cal: “También mi labio atiza nuevas voces/ cual otro corazón que a
veces despertara” (s. n.). Estaríamos ante la voz adquirida de la que
habla Francine Massiello –siguiendo a T. Adorno– al señalar que “la
lírica representa la transformación de la materia hasta que la materia
adquiere una voz y, al mismo tiempo, transforma la materia dentro
del cuerpo y el alma del lector dado que al descubrir la voz del
poema, estamos en condiciones de escuchar la nuestra” (12). La voz
–la poesía– que Bueno atiza ocurre en dos corazones simultáneos: el
del propio poeta y el nuestro en tanto lectores.
Un profundo estupor ante la existencia nos transmite la voz poé-
tica. El Yo se autodescribe alucinado, sorprendido, perdido, remoto;
y sin embargo tonante –por no decir cantante o cantor– quien “des-
cubre el sol/ diseminado en su epidermis” (s. n.), es decir sumido en
la contemplación del cuerpo (del ser) atento al “voluntario movi-
miento de su mano” (s. n.); referencia a la escritura quizá, y al “su-
246 RÓGER SANTIVÁÑEZ

surro de su corazón” (s. n.), o sea, otra vez y siempre la voz, pero en
este caso convertida en una suave expresión brotada desde el centro
de los sentimientos y al mismo tiempo nido latente de nuestra respi-
ración, músculo de la existencia corporal. La contraposición es el
olvido que campea en el poema III, en el que la mano, la voz, los
oídos desaparecen “como el aire que muere tras zumbar en la viola”
(s. n.), según escribe Bueno con singular belleza en este verso. La
secuencia continúa aludiendo a los sentidos, principalmente el oído,
y su escucha y –como ya estamos notificados– la presencia de la
voz, o voces en este caso, que cunden “en la expansión del aire/ co-
mo una hinchada espuma de convulsos fulgores,/ cual esta sucesión
de obstinadas vocales” (s. n.). Bordeando el hermetismo, el poeta
juega con el verbo y la naturaleza dotándola de raras características,
ya que, como afirma Pierre Reverdy,
la naturaleza no es bella ni fea, ni triste ni alegre –sólo aquello que, por ca-
rambola, ponemos en ella–. Somos nosotros los que nos sentimos alegres o
tristes ante tal o cual espectáculo; a lo sumo podría decirse que un paisaje es
o no entristecedor, y es el sentido de lo bello cultivado en nosotros el que
concuerda o no con tal espectáculo natural que tenemos bajo los ojos (14).
Así entendemos la plasmación poética de Bueno en su contem-
plación del mundo exterior. Elaboración verbal que conecta los sen-
timientos con lo físico del cuerpo: “Corazón, mi corazón/ aquel re-
nuevo/ iluminando a diario el movimiento de mi mano” (s. n).
La mano adquiere entonces un lugar central en esta poesía: el sen-
tido del tacto, vía para el mejor conocimiento de las cosas. Esto
quedará claro en el poema VI, en el que tras una veloz travesía his-
tórica –entre gladiadores y amantes medievales– son nuevamente
los sentidos –ojos y oídos– y el cuerpo en sí –los brazos– “aquellos
miembros que aún ceñíanse a una naturaleza” (s. n.) los que le per-
miten afirmar al poeta que, después de todo aquello, “nos ha que-
dado, persistiendo, una extraña virtud: Ubicamos nuestros dedos o
los perdemos en la bruma” (s. n.). Clarísimo: el tacto. Se trataría de
una de las “respuestas biológicas” (Massiello 10) que nos exige la
poesía, según dicha estudiosa, en su reciente e interesante libro El
cuerpo de la voz (poesía, ética y cultura). Del pasado no queda casi nada, y
es sólo la memoria la que nos confiere la posibilidad de “sustentar
un ser exterior” (s. n.), leemos al final del poema ya que “somos tan
pálidos en los puertos que algunos pájaros/ quizá no logren descu-
VIGILIA POÉTICA: SOBRE LOS TRES PRIMEROS LIBROS DE RAÚL BUENO 247

brirnos” (s. n.), escribe Raúl Bueno con rítmica dicción que lo em-
parenta a sus pares generacionales: Hernández, Cisneros o Calvo.
El poema VII de la secuencia presenta una novedad: las deidades
desconcertadas. En efecto, estamos ante una relación entre nosotros
y los dioses; aunque no sabemos cuáles ni quienes. Pero entende-
mos que el texto plantea una vinculación anterior y primordial con
estas deidades (como se les nombra) que interceptaban “nuestros gri-
tos” (s. n.) y estaban “prohibidas de escucharnos” (s. n.). Vale decir,
no había comunicación con ellas y dicha situación permanece tal
cual hasta la actualidad del poema. Estamos, pues, abandonados por
los dioses, como sostiene una teoría clásica. Esa es la desgracia y
tragedia del hombre moderno; pensamiento al que Bueno parece
remitirse. Y en medio de esta desolación el poema VIII nos insta a
caminar, a buscar –por el Norte y por el Sur– “una forma adecua-
da/ para un labio continuo” (s. n.), sin duda la poesía que mejor nos
exprese: a nosotros y al tiempo que nos ha tocado vivir. Esto parece
nítido en el reclamo de una forma “para la súbita violencia de la
voz” (s. n.), alusión posible a las guerrillas guevaristas de 1965 que
impactaron hondamente a la generación poética peruana de los 60.
Y también en el pedido de “establecer la luz que inicia el hundi-
miento/ de aquellas cosas propias que olvidan equilibrios” (s. n.).
Es decir el principio de la decadencia de un sistema que no posee
un equilibrio –en el sentido de lucidez y verdad- y que precisamente
requiere luz; o sea la instauración de una etapa histórica más justa y
más luminosa.
El resto del poema es interesante porque alude al título del libro
De la voz y el estío. La voz aparece como el tema esencial, y en íntima
relación con el viento, símbolo de la poesía desde tiempo inmemo-
rial. Aquí la voz es obsequiada al viento aunque –paradójicamente–
es también pertenencia de él. Y el estío –nombrado ahora con un
más cotidiano verano– cobra mayor sentido al tener la capacidad de
suprimir con su fuego aquella voz. Pero al mismo tiempo es “algo
de la brisa del inmenso verano” (s. n.). Dominio de la contradicción,
“Nuestras voces son apenas el viento/ o son/ la más débil arteria
del verano” (s. n.) con lo cual sólo sabemos que el sonido humano
que emitimos es un hecho de nuestra respiración, vale decir un rit-
mo que implica la sangre circulando por el cuerpo y así el latido del
corazón, aunque ese incógnito verano sea también nuestro indesci-
frable hábitat. El libro termina con el poema IX, que es una suerte
248 RÓGER SANTIVÁÑEZ

de respuesta al primer poema del conjunto. Si allá el poeta difícil-


mente subsistía, aquí afirma rotundo la vida: “Porque/ puedo existir
bajo este cielo que a veces oscurece;” (s. n.) y reivindica la voz a tra-
vés de los labios así como –otra vez y siempre– la mano, con la que
puede “en un vaivén de primitivo intento/ digamos, trizar las rosas,
decir/ anonadados ¿qué es esto?, ¿qué es?, ¿qué?” (s. n.). Interroga-
ción metafísica, meollo de toda verdadera poesía; Raúl Bueno la
responde acudiendo a un sesgo étnico que se complementa y cierra
con la proposición del amor: “la piel es todavía sonorosa y permea-
ble/ como vivos tambores de acústica nativa: Amo” (s. n.). Apos-
tando por un neologismo que implica al sonido, queda el sentimien-
to más alto de que es capaz el ser humano y celebrado por una per-
cusión terrígena. Aunque la muerte finalmente nos derrote, pode-
mos “brillar un instante, con ese brillo astral/ que sorprende a los
ojos más tenaces” (s. n.) sobre todo porque –a tono con la esperan-
za política de su generación– “intentamos surgir de intensas muche-
dumbres” (s. n.), dice el poeta en un verso cercano a Wáshington
Delgado, maestro de la generación poética peruana anterior.
De la voz y el estío constituye “una poesía de corte filosófico, me-
ditativo” (O’Hara 240) y que “gana en construcción verbal (IX tex-
tos unitarios)” (240) habiendo sido “concebida como un discurso
racional e incluso demostrativo, la poesía de Raúl Bueno se despoja
de lo declarativo y cotidiano para ofrecer, a cambio, la enseñanza de
la parábola” (López Degregori 241). Adecuada esta última cita para
entrar al volumen doble Lengua de vigía & Memorando europeo, tercer
libro de nuestro poeta, publicado veinte años después, en 1986, en
el que como veremos lo cotidiano y la narratividad, elementos pun-
tuales de la poesía conversacional aparecerán con renovado frescor.
Al abrir la primera página de la sección inicial de Lengua de vigía
denominada “Principios y finales” nos encontramos con el poema
nombrado Diariamente –cuya aparición original fue en la revista
TEXTOS del Centro de estudiantes de Literatura de San Marcos en
1973– y que enlaza directamente con su primer verso: “pierdes un
poco el nombre, algo de juventud. Entras/ pobre de voluntad al
remolino donde/ animales y cosas se vuelven una especie tratable/
doméstica, paciente: vuelves/ por el mismo canal con su agua pode-
rosa/ que revuelve destinos como envuelve semáforos/ vitrinas su-
cesivas, anuncios parpadeantes” (11). Como señalamos en el párrafo
anterior, aquí está la ciudad, la vida de todos los días y la sensación
VIGILIA POÉTICA: SOBRE LOS TRES PRIMEROS LIBROS DE RAÚL BUENO 249

de irse volviendo viejo en un mundo que se torna un poco más


amable que el retratado en los dos libros primigenios de Raúl
Bueno. En efecto, se ha producido un notable cambio: de un tono
cercano al de la poesía pura y hermético-metafísica se ha pasado al
modo coloquial imperante en la poesía latinoamericana desde me-
diados –y en adelante– de la década de 1960. Los versos finales del
poema leen: “Arden/ brújulas infinitas, dípteros de neón, el tacto de
otra noche/ naufragada no bien es percibida. La próxima/ es tu es-
quina; el ómnibus vacila/ se detiene” (11). Como escribió Jorge
Cornejo Polar en su reseña por la aparición del volumen: “Temas
recurrentes en la poesía actual son estos, sin duda, pero pocas veces
dichos en este temple suavemente reflexivo y melancólico y con un
lenguaje de tan preciso rigor, de tan reiterada belleza” (21).
Todo el poemario gira en torno a la vida cotidiana de la clase
media en nuestra América , y junto a ello el absurdo y sinsentido de
la existencia. El día domingo, por ejemplo, único rescoldo a salvo
de la alienación del trabajo de todos los días, es escenario de varios
poemas, aunque de todos modos posea “esa paz que a sí misma se
tortura” (12). Desesperada y desesperante situación que lleva al poe-
ta hasta a burlarse de la cultura y del arte. El paso del tiempo es re-
tratado como una suerte de condena ineludible, con singular proso-
dia como aquí “Así un día/ y otro día/ y luego/ y entonces y des-
pués y entre tanto/ y otro día” (14). El tono se vuelve narrativo y
los poemas están escritos en un lenguaje común –caro al conversa-
cionalismo imperante– casi prosaico, en el que sentimos la lección
de Eliot: “Primavera/ con su intensa esmeralda de fragancias/ y re-
cuerdos/ se instala blandamente en el parque” (16). Y en el mismo
poema más adelante: “donde la tarde se hunde como una brisa iner-
te” (17). La ciudad atenazante –tópico de la lírica moderna– tam-
bién aparece en Lengua de vigía con lograda aliteración: “Hora de
pervertir sentidos, ensayar extravío/ entre la fácil fiesta de tiendas
sucesivas,/ en aquella floresta de neón/ que ya tiende su red,/ su
preciosa celada” (26).
La segunda parte del libro, “Campos redondos”, principia con
Los motivos del canto, especie de ars poética que, a despecho de su tono
coloquial, indaga con metafísico interés en el destino humano y el
de la poesía: “todavía/ reunida luz nos tienta desde una suerte cie-
ga,/ desde un tiempo sin tiempo que cifra a lo impalpable,/ desde
una voz sin voz detrás de los sentidos” (31). Dicha indagación me-
250 RÓGER SANTIVÁÑEZ

tafísica continúa en el poema hamletianamente titulado “Ser y no


ser” y que lee: “¿Qué culpa, qué delito se esconde y pesa/ como el
enorme buey en la lengua reclusa del vigía?” (33). No sólo com-
prendemos mejor el nombre del poemario, sino que somos notifi-
cados de la reclusión de que es objeto el poeta y su instrumento líri-
co. He aquí las razones de su detención: “Así soy asesino y traidor y
tirano/ y destruyo y construyo sin posibilidad/ alguna de perdón o
regreso/ al momento en que pude y no pude” (33). Entendemos
entonces que la poesía es una lengua prohibida y el poeta una con-
tradicción permanente, gesto en el que Raúl Bueno se entronca con
la gran tradición romántica y maldita de Occidente. Dominio de la
“interior región” (40) que es el espacio de esta poesía.
Siguiendo esta línea, nuestro poeta profundiza su visión en un
texto llamado “La semana del búho”, que cierra con una memoria
adolescente del despertar de Eros: “(Se llamaban Christiane, Elena,
Margarita, Brigitte, Susana, Gladys, Rhonda, Glenda… ¡Muchachas
inventadas, entrevistas, abrazadas, soñadas, confundidas, reales,
trastocadas! Una cantaba su voz pequeña, velar, ubicua: Judas, eres
un Judas…” (42) aludiendo a la ansiedad del descubrimiento del se-
xo opuesto y a la sensación de una inminencia que no se concreta,
quedando –al final– resonando en su interior región la invectiva nega-
tiva que en el ámbito ideológico cristiano tiene esta cadencia: “Eres
un Judas,/ eres un Judas,/ eres un Judas” (42). Completa el poema-
rio una serie dedicada a la familia: el padre, la madre, los abuelos; la
condición de ser profesor, y una “Carta” dirigida a la esposa, com-
pañera de todos los avatares –cuyo título prefigura las misivas–, pala-
bra que años más tarde usará Bueno para el último libro de su crea-
ción hasta el momento. La poesía ocupa los textos finales del Vigía
y también el tiempo y/o la interrogación ontológica aun cuando la
realidad cotidiana está rodeando al poeta: “Aquí y ahora,/ (mientras
el radio esfuerza sus anuncios de vida y juventud)” (47), y éste se
autointerpela ante el estupor de la existencia: “¿A dónde voy?/
(exactamente/ las cuatro y un minuto/ de la tarde)” (47). Queda
claro que la única certeza que poseemos es el inexorable andar de
las horas ininterrumpidas. Hasta la hora final que nos interrumpe
para siempre.
Memorando europeo es el conjunto que completa el volumen publi-
cado por el Instituto Nacional de Cultura en 1986. Al respecto con-
viene señalar que nuestro poeta viajó a París en uso de una beca pa-
VIGILIA POÉTICA: SOBRE LOS TRES PRIMEROS LIBROS DE RAÚL BUENO 251

ra estudiar semiótica, permaneciendo en la Ciudad Luz de 1974 a


1976. Al volver de Francia, Raúl Bueno retomó su cátedra en la
Universidad Nacional Mayor de San Marcos, destacándose como
uno de los principales doctos de la materia en el Perú. Pero volvamos
al poemario que nos ocupa. Como su nombre lo sugiere, el Memo-
rando reúne poemas de viaje –recordándonos Poesía de paso (1966) de
Enrique Lihn o Canto ceremonial contra un oso hormiguero (1969) y Como
higuera en un campo de golf (1972) de Antonio Cisneros– es decir, tex-
tos que dan cuenta de su experiencia vital en Europa. Diversos luga-
res de París o de Francia –el Parc de Montsouris, el Port de Genti-
lly, Saclay, o el castillo medieval de Gaillard– así como del continen-
te europeo –Flandes, Andalucía, Sagunto, Pisa, Florencia, Venecia,
Londres– desfilan ante nuestros ojos. Su lenguaje adquiere un tono
asordinado: “alguien/ silba por el camino a lyon/ evita las sorpresas
del viento/ hace crujir las voces del otoño” (54) en el que –de súbi-
to– una memoria lejana asalta al poeta: “alguien/ que se acuerda de
lima/ la casa a la deriva/ y los hijos” (54).
Es el exilio el tema que campea por estos catorce poemas. Lo in-
teresante es que podemos encontrarnos aquí con textos en los que
no hay una “narrativa más o menos lineal de la vida diaria” (Palmer
4), sino el “desplazamiento a organizaciones alternativas de espacio
y tiempo” (4) que conlleva “toda poesía lírica exploratoria y signifi-
cativa” (4). Se trata de una “condición del exilio” (4) diseñada para
“alcanzar una mayor intimidad con ese desplazamiento en el cora-
zón” (4) que este tipo de expresividad entraña, incluyendo la expe-
rimentación con neologismos. Así leemos en atalaya de sagunto:
“pendulante/ abando-/ lento/ vacila/ gira-/ cae/ sorprerido/ in-
continútil/ grita/ que no sabe/ que no cae/ que no grita” (Bueno
61). O unas voces de alguien o algunos no nombrados que en el cha-
teau gaillard: “llaman/ resuellan soplan/ gimen/ apagados/ inaudi-
bles/ invisibles/ sin voz/ sin saberlo/ sin quererlo/ sin ser” (57).
Estos versos nos remiten a una entrevista que Raúl Bueno concedió
a Dalmacia Ruiz-Rosas, José Antonio Mazzotti y quien redacta estas
líneas, para el suplemento cultural Asalto al Cielo de El Nuevo Diario
(1986) inmediatamente después de la publicación del volumen doble
Lengua de vigía & Memorando europeo, en la que ante la pregunta ¿Qué
es la poesía? el poeta respondió: “Lenguaje, un lenguaje concentrado.
La poesía es condensación semántica. Es hacer revivir en un míni-
mo de palabras un máximo de contenido. Para decirlo de otro mo-
252 RÓGER SANTIVÁÑEZ

do: es una clave que contiene múltiples y diferentes posibilidades de


sentirla” (VV.AA. 10).
Por los días de la edición de este libro, el crítico Jorge Cornejo
Polar escribió en la reseña atrás mencionada, a propósito de los
veinte años de silencio que separan la obra de su producción ante-
rior, que “se trata de un poeta auténtico para el que esta larga etapa
ha sido de maduración personal y decantamiento de sus medios ex-
presivos” (21). Efectivamente, lo fue. Con la perspectiva del tiempo
transcurrido y la fidelidad de Raúl Bueno a su primordial vocación
poética, podemos afirmar que su obra es una estrella fija en el fir-
mamento de la poesía peruana y latinoamericana; prueba de esto
–por lo demás– es el hecho que un libro suyo denominado Concierto
fuera uno de los cinco finalistas del famoso Premio Maldoror que
conovocó Barral Editores para todo el ámbito hispánico en 1970.
En relación con su silencio editorial, nuestro poeta le confesó a
Guillermo Niño de Guzmán, quien lo entrevistó para la revista Oiga
de Lima: “Dejé de publicar porque me di cuenta que este tipo de
poesía [el suyo original] no era precisamente el que se hacía en los
60s y 70s, ligada a lo conversacional, a lo cotidiano” (61). Hemos
visto, sin embargo, que el tono coloquial entró en sus versos, aun-
que ciertamente de manera sintética y concisa, así como siempre in-
teresada en la dimensión ontológica del ser humano y su devenir en
la inasible historia; como es nítido en esta autorreflexiva estrofa que
culmina el Memorando: “al fondo/ en la humedad del tiempo/ un
hongo –tú–/ (la chaqueta colgada/ flojos el cuello y los zapatos)/
proyecta en la pantalla/ sus sueños/ y no sueños/ su imprecisa es-
peranza/ de algún día/ tener una esperanza” (69). Creemos que el
día de aquella esperanza ha llegado para el genuino poeta –hondo y
sincero– que es Raúl Bueno.

BIBLIOGRAFÍA CITADA
Bueno, Raúl. Viaje de Argos y otros poemas. Arequipa: s. e., 1964.
—. De la voz y el estío. Lima: Ediciones de la Rama Florida, 1966.
—. Lengua de vigía & Memorando europeo. Lima: Instituto Nacional de Cultura,
1986.
Cornejo Polar, Antonio. “Prólogo”. En Bueno, Viaje de Argos y otros poemas [v.
supra]. 3-8.
Cornejo Polar, Jorge. “La vuelta de un poeta”. Hipocampo 30 (Lima, agosto de
1986): 21.
VIGILIA POÉTICA: SOBRE LOS TRES PRIMEROS LIBROS DE RAÚL BUENO 253

López Degregori, Carlos. “Nota”. En Generación poética peruana del 60. Estudio y
muestra de Carlos Lopez Degregori y Edgar O’Hara. Lima: Universidad de
Lima, 1998. 240-241.
Massiello, Francine. El cuerpo de la voz (poesía, ética y cultura). Rosario: Beatriz Vi-
terbo Editora, 2013.
Niño de Guzmán, Guillermo. “La vuelta de un poeta”. Oiga (Lima, junio de
1986): 61-62.
O’Hara, Edgar. “Nota”. En Generación poética peruana del 60. Estudio y muestra de
Carlos Lopez Degregori y Edgar O’Hara. Lima: Universidad de Lima, 1998.
240.
Palmer, Michael. “Sobre Bei Dao”. El poeta y su trabajo 5 (México, DF, otoño
2001): 3-6. Traducción de José Luis Bobadilla.
Reverdy, Paul. “Esa emoción llamada poesía”. El poeta y su trabajo 3 (México,
DF, primavera 2001): 11-24. Traducción de Néstor Leal.
VV.AA. “Raúl Bueno: Poeta insular”. Asalto al Cielo, suplemento cultural de El
Nuevo Diario (Lima, junio de 1986): 10.
ARGOS AREQUIPENSIS. LIBRO DE HOMENAJE A RAÚL BUENO CHÁVEZ
Boston: RCLL, CELACP y Latinoamericana Editores, 2014, pp. 255-275

LA VIOLENCIA POLÍTICA PERUANA EN CUATRO POETAS DEL 60:


MARCO MARTOS, RODOLFO HINOSTROZA, ANTONIO CISNEROS
Y RAÚL BUENO*

Paolo de Lima
Universidad Nacional Mayor de San Marcos
y Universidad de Lima

En el presente ensayo voy a centrarme particularmente en cuatro


destacados escritores de la denominada generación del 60: Marco
Martos (Piura, 1942), Rodolfo Hinostroza (Huaraz, 1941), Antonio
Cisneros (Lima, 1942) y Raúl Bueno (Arequipa, 1944), a través de
un corpus de poemas que me permitirá abordar, para el caso de los
tres primeros, tanto la violencia política de los años 80 como las
guerrillas de corte guevarista de los 60, y los inicios del PCP-
Sendero Luminoso a finales de esa misma década del 60. ¿Cómo
expresan estos autores en su poesía ambos momentos históricos?
Respecto a Raúl Bueno, este mismo año de 2014 acaba de publicar
un poemario, Misivas de la Nueva Albión, con dos poemas que tratan
este tema y plantean una mirada crítica y novedosa frente a él y el
sistema que lo genera.

Marco Martos: la miseria mendigando en las casonas

A continuación, abordaré cinco poemas de Marco Martos, tres


de los cuales (“Último informe…”, “Relaciones peligrosas” y “Por
encargo”) guardan estrecha relación con hechos relativos a los

*
Este ensayo, salvo la parte dedicada a Raúl Bueno, se publicó en el libro
Marco Martos. Obra reunida. Homenaje. Tomo V (Lima: Academia Peruana de la
Lengua y Editorial San Marcos, 2012, 15-33) con el título “Del canto al
desencanto. La violencia política peruana en tres poetas del sesenta: Martos,
Hinostroza y Cisneros”. Aquí lo adaptamos para obtener una imagen más
amplia y comparativa de la importante generación del 60.
256 PAOLO DE LIMA

inicios de Sendero Luminoso en los años en los que el poeta se


desempeñaba como profesor en la Universidad Nacional San Cris-
tóbal de Huamanga.
En su segundo poemario, Cuaderno de quejas y contentamientos, de
1969, Martos pone sobre el tapete en poesía, primero que nadie, la
bullente situación político-social en Ayacucho que, como iremos
viendo, posteriormente desembocaría en la lucha armada senderista,
agrupación que se fundaría bajo el nombre de PCP-SL en diciembre
de ese mismo año. Martos lo hace a través del siguiente poema:
Último informe de don Damián de la Bandera sobre las condiciones
objetivas en la muy noble y leal ciudad de Guamanga, en el año del
Señor de mil novecientos sesentainueve
De baba diminutos esteros, de orines,
tierras cortadas a cuchillo, por centurias
jamás visitadas por el agua.
Para quien busca compañía,
para quien busca soledad, dura es la tierra de los molles;
vocingleros crecen junto a las pencas
y poco más tarde canes acezantes vigilan tu morada.
A piedra y loco (con qué agua)
cerradas las mansiones coloniales,
cerradas las iglesias,
cerradas las puertas de las casas;
en Burgos un oscuro temor
se guarece y difumina en los pliegues de las sotanas.
Modosas, genuflexas, sibilinas
lenguas osan hablar con desenfado, se adjudican favores,
advierten tus pasos, adivinan tus sueños;
amarus venenosos, no sólo canes, lenguas
tienen por oficio vigilancia, vigilancia.
Trotamundos nacido en las cascadas, dime,
qué conjuro, qué maleficio tan bien hecho,
qué mago de la costa, qué Naylamp
endulzó tus oídos, cerró tus ojos tambaleantes
y como a infante recién nacido
te condujo a la tierra de los molles,
donde el agua llega con cebada, con fermento de maíz
y no es agua,
donde peces disecados o leprosos por los años
se rematan en las plazas.
Para quien busca compañía,
para quien busca soledad, dura es la tierra de los molles;
vocingleros crecen junto a las pencas
LA VIOLENCIA POLÍTICA PERUANA EN CUATRO POETAS DEL 60 257

y poco más tarde canes acezantes vigilan tu morada.


La cárcel espera, con las puertas bien abiertas
a quien quiera cambiar la miseria de Huamanga (15-16).
Los dos versos finales aluden a un movimiento social ocurrido
durante el mes de junio de 1969 en Ayacucho y Huanta por la gra-
tuidad de la enseñanza, que había sido recortada en marzo de ese
año por un decreto supremo dictado por el Gobierno Revoluciona-
rio de las Fuerzas Armadas de Juan Velasco Alvarado (1968-1975),
el cual reprimió fuertemente este movimiento (toque de queda,
aviones de guerra, helicópteros, ráfagas de metralla, incendios), mu-
riendo decenas de personas. A esta situación y a la pobreza reinante
en el campo alrededor de Ayacucho es a lo que se refiere el poema.
Carlos Iván Degregori toma a dicho movimiento como base de
su importante estudio de 1990 El surgimiento de Sendero Luminoso.
Ayacucho 1969-1979. Del movimiento por la gratuidad de la enseñanza al
inicio de la lucha armada1. En relación con este surgimiento de SL en
1969 hay que mencionar a Bandera Roja, partido maoísta nacido en
1964 cuando el Partido Comunista se fraccionó en dos, al mismo
tiempo que Mao Tse Tung rompió con la URSS, lo que derivó en la
división de todos los partidos comunistas del mundo. Es tras su ex-
periencia en Bandera Roja que Abimael Guzmán en diciembre de
1969 funda bajo el conocimiento de muy pocas personas su propio
partido: Sendero Luminoso. “Último informe…” es un poema que
forma parte del clima anterior a este último hecho, pero en el que el
1
En un pie de página de este libro, Degregori señala que “sobre lo ocurrido
en Ayacucho y Huanta, nuestra fuente principal de información es la crónica
que con el título de ‘1969. Los sucesos de Huanta y Ayacucho’, apareció en el
suplemento Nueva Crónica y Buen Gobierno de[l segundo número de] la revista
Narración, de 1971” (52). Páginas más adelante, Degregori vuelve a mencionar el
uso “profuso” de esta crónica, a la que denomina como “brillante”, y
puntualiza que “como director del suplemento figura Miguel Gutiérrez, quien
fuera profesor de literatura en la Universidad Nacional San Cristóbal de
Huamanga entre 1968 y 1970 y vivió también de cerca el estallido popular de
1969” (202). A su vez, afirma que si bien dicha crónica “no expresa un punto
de vista partidario, sí recoge un ‘clima’, una sistematización e incluso algunos
tics senderistas (el énfasis en el descubrimiento de espías y delatores, por
ejemplo)”; todo lo cual, puntualiza Degregori, “no disminuye la riqueza del
texto, ni la veracidad de los datos que recoge” (204). Valga mencionar que la
revista Narración por entonces participaba en el “Círculo de Trabajo Intelectual
José Carlos Mariátegui”. Miguel Gutiérrez se ha valido de la ficcionalización
para dar cuenta de los sucesos de 1969 en su novela Una pasión latina (2011).
258 PAOLO DE LIMA

poeta (entonces cercano a Bandera Roja) ya establece claramente la


división entre “quien quiera cambiar la miseria” y el Estado peruano
(“la cárcel espera, con las puertas bien abiertas”). La separación no
puede ser más radical: Martos no está compartiendo los lineamien-
tos políticos del nacionalismo velasquista. De hecho, Cuaderno de que-
jas y contentamientos termina con un poema, “Relaciones peligrosas”,
en el que se hace explícita mención a su distancia ideológica respec-
to al velascato, a las muertes que provocara para debelar los sucesos
de junio del 1969 y, sobre todo, a la manera atroz en que ellas fue-
ron efectuadas:
Relaciones peligrosas
La música no importa dícese:
hay que bailar al son que nos toquen;
y hay otras formas más sutiles, más burdas, más extrañas.
No es el caso: existen, las vemos.
Mañana será hora de decir: “que no fue con nosotros,
nosotros nunca fuimos a bailes, nosotros sólo música clásica”.
Algún dedo acusador habrá, alguna conciencia
y ojos desmesurados manifestarán sorpresa,
serán ojos en manos, ojos en gritos,
ojos en cartas, hermosísimas cartas
listas a desmentir cualquier sospecha
y listas para encontrar el aplauso y el sexo de pulcrísimas esposas.
Aviso a mis amigos: no es bueno este baile,
no se engañen, intuyo trampa, veo trampa,
cómo va a ser bueno esto,
en Ayacucho he visto matar gente como a perros,
Ayacucho es como Macondo, quieren echar tierra,
mostrarse buenos, magnánimos, buscadores de genuflexiones.
Pero tengo fama de loco y alguien me contesta:
“No hay que dividir al pueblo peruano.
El que no apoya al gobierno, apoya a la Cia.
Firma el comunicado y déjate morir”.
Y no me dejo morir:
vengo corriendo a escribir este poema (35).
Este poema gira en torno a la discusión, muy a la orden del día,
durante el gobierno velasquista, entre la gente de izquierda marxista
(campo en el que se encontraba Martos) y otros izquierdistas que
participaban de las reformas del velasquismo. Estos argumentaban
que si no se apoyaba al gobierno era porque se estaba con “la CIA”,
es decir con lo más sucio del imperialismo norteamericano. Se tra-
LA VIOLENCIA POLÍTICA PERUANA EN CUATRO POETAS DEL 60 259

taba de una manera de ejercer presión, puesto que se buscaba un


apoyo cerrado al proceso iniciado por Velasco (“quieren echar tie-
rra,/ mostrarse buenos, magnánimos, buscadores de genuflexio-
nes”, “firma el comunicado y déjate morir”). Entonces, este poema
sobre no firmar un “comunicado” expresa una posición de izquier-
da radical en contra del gobierno de Velasco; opción muy extendida
en la izquierda marxista peruana de entonces, sobre todo la del inte-
rior del país. Paralelamente, “Relaciones peligrosas” da cuenta tam-
bién de la posición personal del poeta, el lugar aparte de la poesía
(“vengo corriendo a escribir este poema”) en tanto testimonio de
que, a pesar de las presiones, uno debe defender su postura y hacer-
lo, incluso o sobre todo, desde el lugar (el propio acto de escritura)
de la poesía.
En su tercer libro, Donde no se ama, de 1974, Marco Martos inclu-
ye el poema “Por encargo”2, ubicado temporalmente en “setiembre
de mil novecientos setenta”, y en el cual habla, entre otros, por los
“vilipendiados/ escarnecidos”; pero en particular se dirige a un tú
(“Hablo de ti. De mí”) con el cual el poeta observa “una realidad
demasiado evidente”, aquella ya descrita en “Último informe…”
(“cerradas las mansiones coloniales,/ cerradas las iglesias,/ cerradas
las puertas de las casas”) y en “Relaciones peligrosas” (“en Ayacu-
cho he visto matar gente como a perros”). Ese tú (“Hablo de ti”) es
nombrado al final del poema: “Osmán/ Cordero de Dios, carne de
presidio”. Es decir, la referencia es a Osmán Morote, hijo del histo-
riador, antropólogo y folklorista cuzqueño Efraín Morote Best, Rec-
tor de la Universidad de Huamanga entre 1962 y 1968, y quien
compartiera gran amistad con el joven profesor Martos cuando éste
dictaba clases en esa universidad. El hecho es que Osmán Morote
cae preso el 21 de junio de 1969 por su participación en los sucesos
de Huanta y Ayacucho junto con Abimael Guzmán, también cate-
drático en la UNSCH. Morote era considerado desde entonces el
brazo derecho de Guzmán en Ayacucho, y posteriormente ambos
serían los principales dirigentes del PCP-SL. Se estima que esa fue la
primera acción de Sendero Luminoso, que por entonces se articula-
ba a través de Bandera Roja, cuya publicación del mismo nombre se

2
Este poema (junto con otro más de Martos titulado “Dictado”, e incluido
también en Donde no se ama) se publicó inicialmente en 1970 en la revista Amaru.
Por un error de edición, ambos poemas aparecieron con el título trastocado.
260 PAOLO DE LIMA

declaraba como “Órgano del Comité Central del PCP”3. Sin embar-
go, fue luego de los sucesos de 1969 que Sendero Luminoso se
constituiría como tal.
Por encargo
Por encargo, en Lima, en setiembre de mil novecientos setenta
Hablo de ti. De mí. De otros –solos o juntos– vilipendiados,
Escarnecidos. Hablo de todos éstos, a pesar suyo, encanallados.
Hablo de los que pululan poco sonrientes alrededor de los
Prostíbulos.
Hablo, escribo:
Alguien da vueltas alrededor
De un parque, de una plazuela como me gusta decir a mí,
Se hace lustrar los zapatos, se deja mirar las líneas de la
Mano por una gitana. Al frente: un edificio. Alguien. Y tú piensas:
“Pobre niño, pobre hombre, pobre gitana, gitanilla, mujer
De camino polvoriento de España, ahora buena suerte de manos
Sudorosas y calmas, cansadas de sestear a pesar suyo día y siempre”.
Día y siempre mira cómo suben rápidas las hormiguitas que
Trabajan, mira este trozo de mar recortado del mapa, míralo
Bien: es nuestro. Ahora, cierra los ojos, ya que la vida es sueño,
Sueña un poco: mira esta escala, escalera del triunfo, escala
De haberes, lee este periódico, vibra, mira y mira, no hagas nada.
Salvo leer, caminar, llegar temprano.
Mientras tus y mis otros
Ojos pululan en una realidad demasiado evidente, Osmán,
Cordero de Dios, carne de presidio (58).
“Por encargo” es consecuencia de esa protesta colegial y univer-
sitaria en Ayacucho, violentamente reprimida, y sus versos finales se
refieren al amigo preso. Martos, pues, escribe este poema en solida-
ridad con su amigo (leían poesía, jugaban ajedrez) y con la causa po-
lítica (la gratuidad de la enseñanza) que lo había llevado ahí. Es de-
cir, lo hace en defensa de su amigo, pero también porque había una
semejanza ideológica de base maoísta4. En ese sentido, estos tres

3 Carlos Iván Degregori publica como apéndice de su libro sobre El

surgimiento de Sendero Luminoso un artículo de Bandera Roja referido al movimiento


por la gratuidad de la enseñanza: “¡Abajo la represión! ¡Viva la Revolución!”
(225-229).
4
En prisión desde 1988, Osmán Morote ha publicado el 2011 el poemario
Ya no soy, simplemente somos. Salvo el primero, los demás poemas están fechados
entre mayo de 1994 y marzo de 2011 en las cárceles de máxima seguridad de
Yanamayo y Piedras Gordas. El primer poema del libro fue redactado en
LA VIOLENCIA POLÍTICA PERUANA EN CUATRO POETAS DEL 60 261

poemas de Marco Martos (“Último informe…”, “Relaciones peli-


grosas” y “Por encargo”) están dando cuenta de lo que podemos
denominar como un proto Sendero. Se está testimoniando la lucha de
los “vilipendiados/escarnecidos” contra la explotación y la miseria
en un espacio y tiempo específico peruanos (Huamanga, 1969) y
atestiguando sobre “las puertas bien abiertas” de las prisiones y el
crimen indiscriminado (“he visto matar gente como a perros”) por
parte de los aparatos represivos del Estado contra la población or-
ganizada. Y es precisamente a uno de los líderes encarcelados tras
los sucesos (“carne de presidio”), el ya incubado futuro número dos
de Sendero Luminoso (“Osmán”), que el poeta nombra como víc-
tima ofrecida en sacrificio para la redención de los hombres (“Cor-
dero de Dios”).
Veinte años después de estos sucesos, en 1990, Marco Martos
publica “Retablo”, poema en el que asume una posición de testigo
de los hechos producidos tras “la hecatombe” (catástrofe, calami-
dad, matanza) que se inicia en 1980, es decir, el levantamiento en
armas de Sendero Luminoso, tras “la miseria” presenciada en el
Ayacucho de sus años como docente universitario:
Retablo
En un tiempo viví en Ayacucho,
rincón de muertos que lo llaman.
Salí de allí, por azar, en 1970,
diez años antes de la hecatombe.
vi la miseria con mis propios ojos
en el Parque Sucre, San Juan Bautista,
Acuchimay, en el mercado,
y penetrando por las rendijas
a las mismas casas de los ricos,
mendigando. Algunos
de mis conocidos de esos años
están muertos o en prisión
o andan por el mundo
como kamikazes locos
matando y dejándose matar
por los soldados.

Huamanga en abril de 1965, año en el que Morote ingresara al Partido


Comunista del Perú en Ayacucho. Se titula “Estas manos”, a las describe como
“hijas/ del pueblo,/ de la Clase,/ del Partido” (27), con lo que la identificación
entre su quehacer poético y militancia partidaria resulta incuestionable.
262 PAOLO DE LIMA

No hablo de los jefes. De ellos no hablo.


Conocí un niño que murió
en la isla El Frontón en 1986, siendo hombre,
con trescientos de los suyos, asesinado.
Tuve un amigo periodista
que fue a Ayacucho en 1983
en misión de servicio y junto
con siete compañeros,
en Uchuraccay, murió asesinado.
Pero los hombres de la costa cuando mueren
tienen un nombre, una lápida,
recuerdos, flores; los campesinos
cuando mueren son números asesinados.
pienso también en los soldados
que los llevan desde tan lejos
(Saposoa, Iquitos, Tumbes)
hasta Ayacucho a morir baleando.
No me hables de la música de Huamanga,
ni de la tersa piel de sus mujeres,
ni del cielo lapislázuli.
Ayacucho es la sombra de la muerte,
una escalera interminable de cadáveres,
la muerte misma trepando hasta mi corazón
que vive todo el tiempo agonizando
(Cabellera de Berenice 43-44).
Contado desde el testimonio personal (“viví en Ayacucho”, “salí
de allí, por azar”, “vi la miseria con mis propios ojos”, “conocí un
niño que murió”, “tuve un amigo periodista”), “Retablo” no sólo
muestra a un espectador pasivo de los hechos que relata, sino tam-
bién un participante activo en tanto desempeña el papel de una con-
ciencia lúcida, afectada por el devastador espectáculo de la guerra
interna (el asesinato de periodistas en Uchuraccay, la matanza del
penal de El Frontón, “conocidos de esos años” y soldados matando
y muriendo, “la muerte misma trepando hasta mi corazón/ que vive
todo el tiempo agonizando”). En este poema, Martos está señalando
que su compromiso implícito es con los desposeídos (“No hablo de
los jefes. De ellos no hablo”), con los personajes de los sectores po-
pulares y empobrecidos, así pertenezcan a los grupos levantados en
armas o a los que representan a las fuerzas represivas del Estado.
Propone que el conflicto armado es producto de la desigualdad
económica (“vi la miseria con mis propios ojos […] penetrando por
las rendijas/ a las mismas casas de los ricos,/ mendigando”) y da
LA VIOLENCIA POLÍTICA PERUANA EN CUATRO POETAS DEL 60 263

cuenta, con tono amargo, de lo que Luis Fernando Chueca ha de-


nominado como una “lógica invisibilizadora” (73) respecto a la ma-
yoría de los muertos de la guerra, es decir los campesinos andinos:
“Los hombres de la costa cuando mueren/ tienen un nombre, una
lápida,/ recuerdos, flores; los campesinos/ cuando mueren son nú-
meros asesinados”. Recientemente, en su poemario Vespertilio (mur-
ciélago en latín), del 2012, Marco Martos ha vuelto a abordar el te-
ma de la violencia política. Lo hace en el siguiente texto:
Primavera atroz
Berrea el cielo azul desaforado
en mañana sutil de primavera.
Pánico en las montañas y gusanos,
pedazos de ventanas herrumbrados
y una perla que cae de tus ojos.

Tiemblas. Tiemblas. Cadáveres de niños


raquíticos ya llenan horizontes
y rozan tus mejillas cuando duermes.

¿Quién disparó primero sus mil balas?


¿Quién mató a los infantes de alborada?

Mañana habrá tal vez paz en el campo.


Nunca en tu corazón alucinado,
nunca en el documento con tus señas:
sargento de la patria acongojada (62).
Este poema se sitúa en la subjetividad de un “sargento” (subofi-
cial, grado intermedio entre las clases de tropa y la oficialidad), cuyas
tribulaciones no lo hacen menos responsable, aunque al mismo
tiempo es víctima de lo que “la patria” le ordena. Es un poema que
se sitúa en ese delicado borde que no exculpa, sino más bien huma-
niza al militar de bajo rango, el cual ya había formado parte de la
congoja y preocupación del poeta en “Retablo” (“pienso también en
los soldados/ que los llevan desde tan lejos/ (Saposoa, Iquitos,
Tumbes)/ hasta Ayacucho a morir baleando”). “Primavera atroz”
corporiza al soldado de la guerra interna (ojos, mejillas, corazón),
pero sobre todo busca transmitir su dolor esencial (“nunca [habrá
264 PAOLO DE LIMA

paz] en tu corazón alucinado”) como agente represor del Estado


(“el documento con tus señas”)5.

Hinostroza y Cisneros: las guerrillas y la guerra

Me centraré ahora en Rodolfo Hinostroza y Antonio Cisneros.


Hace no mucho, Hinostroza ha contado que “a fines de julio de
1961 yo me fui, por mi propia voluntad, y con mi propia plata, a
Cuba, fascinado por el ideal revolucionario y con intenciones de
quedarme a estudiar en la Isla” (“La difamación” 206). Luego, co-
menta que en 1962 volvió nuevamente a Cuba, esta vez becado jun-
to a 74 estudiantes más, de los cuales “poco menos de la mitad es-
cogió las guerrillas, y se distribuyeron así: unos 20 para el Ejército
de Liberación Nacional, unos 10 para el Movimiento de Izquierda
Revolucionaria y el resto eligió los estudios, o sea que fuimos 40 los
que jamás tuvimos entrenamiento, ni fundamos el ELN, ni fuimos
guerrilleros” (“La difamación” 20). Lo que sí, prosigue comentando
Hinostroza, es que pocos años después dirigió más bien “el aparato
de Prensa y Propaganda clandestino del MIR, que yo creé a pedido
de Luis de la Puente Uceda, hacia 1965, antes y durante la insurrec-
ción” (“Rechazan afirmaciones” 20)7.

5
Resulta sintomático que este poema coincida con un momento en el que
un ex capitán del ejército que combatió a Sendero Luminoso, Ollanta Humala
Tasso, ha cobrado protagonismo en la política nacional a través de prédicas
nacionalistas, resultando elegido el 2011 como Presidente de la República.
Como se sabe, la prédica nacionalista ha quedado en los hechos desmentida por
el flagrante seguimiento de su gobierno a las políticas económicas neoliberales
implantadas en el Perú desde antes incluso de la dictadura fujimorista de la
década del 90.
6
Hinostroza escribe este artículo como respuesta a una polémica que tuvo
con el narrador Gregorio Martínez (“La cuadratura del círculo”, “Suave Camay,
Rodolfo Valentino”) a propósito de un artículo suyo respecto a la figura de
Javier Heraud (“El burgués guerrillero”).
7
Hinostroza afirma que militó en el MIR, pues creyó “en los
planteamientos serios y maduros de Luis de la Puente Uceda” (“Rechazan
afirmaciones” 20). Al enterarse, por las noticias de la radio, de la muerte de Luis
de la Puente ocurrida el 23 de octubre de 1965, Hinostroza afectado por este
hecho escribió el poema “Canción de la inglesa” en el que incluye los siguientes
versos: “‘Han matado a Luis de la Puente’. Y nosotros, y la muchedumbre/
dónde estábamos que no nos arrojamos a las calles” (Poemas reunidos 83). Julio
Ortega, escritor de la misma generación de Martos, Lauer, Cisneros e
LA VIOLENCIA POLÍTICA PERUANA EN CUATRO POETAS DEL 60 265

Entre esos 20 guerrilleros del ELN se cuentan los poetas Javier


Heraud y Edgardo Tello, compañeros generacionales de Cisneros e
Hinostroza, así como sus fundadores Alaín Elías y Héctor Béjar, a
quien Antonio Cisneros dedica su “Poema sobre la moral y el pro-
vecho de los viajes” incluido en su quinto poemario Agua que no has
de beber, de 1971. En “Crónica de Chapi, 1965” Cisneros recuerda la
figura de Edgardo Tello. Rodolfo Hinostroza hace lo propio en su
poema “Horacio” de Consejero del lobo (1965). Y en Comentarios reales
(1964), Cisneros dedica los dos poemas finales a Javier Heraud, fi-
gura que es asociada por el crítico inglés William Rowe a la poesía
de Hinostroza en tanto difícilmente opuesta al “discurso del he-
roísmo y del martirio” representado por el primero (“Para llegar”
152-153).
En relación con estas experiencias guerrilleras de los 60, Cisne-
ros incluyó como texto final de su cuarto poemario de 1968 Canto
ceremonial contra un oso hormiguero el mencionado “Crónica de Chapi,
1965”, que en palabras de Julio Ortega es “el mejor poema que se
ha escrito sobre las guerrillas peruanas y que no casualmente es, en
verdad, una elegía al costo humano de esa experiencia, verdadero
horizonte trágico de la década” (“La poesía” 281). Por último, valga
señalar una opinión de Mirko Lauer formulada en 1972, en la que
sostiene que Consejero del lobo de Hinostroza (escrito en Cuba y pu-
blicado por vez primera en dicho país) gira “alrededor de un tema
central que puede describirse como los avatares del combatiente,
concebido como víctima de la burocracia que lo lanzó a la batalla”
(Los poetas en la república 70). Finalmente, Carlos López Degregori
incluye “Crónica de Chapi, 1965” y Consejero del lobo como parte de

Hinostroza (los cinco más Carlos Henderson están incluidos en la antología


poética Los nuevos de Leonidas Cevallos), publicó en 1971 una obra teatral en
cuatro actos (o ensayos, como su autor los denomina) centrada en la
insurrección guerrillera del MIR liderada por Luis de la Puente Uceda en Mesa
Pelada (Cuzco), y en la que Ortega trata de “recuperar, de algún modo, una
experiencia que fue común a los escritores peruanos jóvenes hacia los primeros
años de la última década” (“Mesa Pelada” 29). En ella se pregunta “por la
experiencia misma de una pasión que se levantó en armas –como cualquier otra
pasión digna de elogio– y se asumía sin ninguna retórica en la muerte. Esta
muerte sólo puede ser una forma múltiple de vida: siempre me obsesionó que
sobre la muerte de Luis de la Puente se contaran varias versiones contrarias; en
esa diversidad creo compartir el nacimiento y la añoranza de un mito” (“Mesa
Pelada” 29).
266 PAOLO DE LIMA

“un discurso que reflexiona en la poesía escrita en esos años sobre


la experiencia guerrillera desde una clave principalmente ética” (65).
Es desde esta clave ética, como señalara en 1987 Antonio Cornejo
Polar, que “Cisneros hizo pública su adhesión al movimiento guerri-
llero peruano (1963-1965)” (620). Precisamente, respecto a esta
“adhesión” y experiencia concreta del poeta Cisneros como miem-
bro no armado de las guerrillas del ELN, Alaín Elías y Jorge Salazar
insertan el siguiente pasaje en su novela-testimonio Piensan que esta-
mos muertos (1976):
Alaín, tras sonreír, sale al jardín de su casa, mira los árboles frutales, unos
niños juegan al lado brillante del sol: sus sobrinos.
–Debo ir a Ayacucho a establecer contactos en la ciudad, ya tenemos a la
gente por el campo, necesitamos una infraestructura en la ciudad:
coordinación, apoyo, víveres, etc.
César pregunta a medias:
–Pero ¿tienes a alguien?
–Sí. Toño Cisneros. Estoy citado con él, en Huamanga (136).
Ahora bien, una vez que he dado cuenta de esta relación directa
de Cisneros e Hinostroza con las guerrillas peruanas de los 60, re-
sulta lógico señalar que existen radicales diferencias entre la violen-
cia política peruana de esa década (agrupaciones guerrilleras de es-
tirpe guevarista, protestas ciudadanas en las que actúan células
maoístas) y la del 80 (una guerra civil, como ya apunté). El propio
Hinostroza expresa en sus propios términos esta diferencia. Lo hace
a través del narrador de su cuento “El muro de Berlín”, cuando se-
ñala que Georges Mandel, el crítico literario francés protagonista de
este cuento, y quien “había vivido mayo del 68 cuando estudiaba en
La Sorbona y había participado en la toma de Odeón con gases la-
crimógenos” (94), reflexiona en la Lima de 1989 que lo que venía
ocurriendo en el Perú no “se trataba de una guerrilla romántica co-
mo la de los años 60”, dado que “bastaba con abrir los periódicos
locales para ver la diferencia: coches-bomba, atentados dinamiteros,
masacres a cuchillo, aquello nada tenía nada que ver con el Che
Guevara y los mitos de su juventud, y más se parecía a una guerra
civil asiática” (97); por lo que en suma, sentenciaba Mandel, “nada
tenía que ver la guerrilla romántica de épocas del Che con las barba-
ridades que se estaban viviendo en el Perú” (99).
Precisamente, respecto a esas “barbaridades” Hinostroza escri-
bió en junio de 1989 “Procesiones negras”, poema publicado ese
LA VIOLENCIA POLÍTICA PERUANA EN CUATRO POETAS DEL 60 267

mismo año en el catálogo de la exposición homónima de Armando


Andrade dado que es resultado de la observación de los catorce
apocalípticos cuadros del artista plástico ahí expuestos8. Se trata de
un diálogo arte/literatura, interesante por la precisión y destreza con
que Hinostroza calza cada imagen literaria a la expresividad visual
de Andrade.
Procesiones negras
Ellos no se dan cuenta
De lo que se viene
Ellos no quieren mirar
A través de las ventanas
El olor de la Muerte
En un atardecer de lágrimas
Viejo muro de quincha
Ellos no quieren oír
Ciega desesperanza
Las torres derribadas
Tumbas, osarios,
Desde el centro del desierto
Ellos no quieren oler
La destrucción.
En el plano de la realidad inmediata, este poema refiere a la gue-
rra interna por la que atravesaba el país. En el plano del discurso, el
poeta hace alusión a un “ellos” ajeno a la realidad de la guerra (“no
se dan cuenta”, la “no quieren mirar”, “no quieren oír”, “no quieren
oler”) que es caracterizada por “el olor de Muerte”, la “ciega deses-
peranza”, “las torres derribadas”. El poema está referido a un
“ellos”, atribuible a la clase dirigente, representada en “las venta-
nas”, el “viejo muro de quincha” y “el centro del desierto”, y de la
cual se enfatiza su condición de no “darse cuenta”, ni “mirar”, “oír”
u “oler” la violencia política, mencionada en las imágenes “a través
de las ventanas/ el olor de la Muerte”, las “torres derribadas”, las
“tumbas, osarios” y, por último, en “la destrucción”. El poema lo
que está resaltando es la nula orientación de los sectores privilegia-
dos para encarar una situación cada vez más apremiante (“lo que se
viene”). Es la negación de la evidencia (“no quieren mirar”) lo que
8
La exposición de Andrade se realizó en la galería de arte “Camino Brent”,
ubicada en el distrito limeño de San Isidro. Veinte años después, el 2008,
Hinostroza incluyó este poema en la sección “Catálogos” de su poemario Nudo
Borromeo y otros poemas perdidos y encontrados.
268 PAOLO DE LIMA

posibilita el rompimiento de las estructuras sociales vigentes, tal


como lo indica la imagen de “las torres derribadas” que presagian en
el texto de Hinostroza las tumbas, los muertos y la destrucción.
En esta misma línea de reflexión poética, Antonio Cisneros es-
cribió un conjunto de diez poemas bajo el título de “Drácula de
Bram Stoker”, colección aparecida en 1991 en Uruguay en formato
de libro. En relación con estos poemas, en unas declaraciones dadas
en 1994 para la Revista Chilena de Literatura, Cisneros señalaba que
“Drácula es la mejor metáfora que yo encontré […] viviendo en un
país donde había un movimiento mesiánico que creía que para so-
brevivir tenía que chupar la sangre de los demás: Sendero Lumino-
so” (Saldías 153, citado por Albada-Jelgersma 157). En otra entre-
vista, del 2001, para El Dominical de El Comercio, Cisneros también
manifestó lo siguiente: “Yo creo que el vampiro que apareció como
una obsesión en mis poemas era una respuesta inconsciente, honda,
a lo que sucedía en el Perú: ese terrorismo organizado que necesita-
ba sangre para seguir viviendo, como objetivo y como fin” (Otero
10). Estamos, pues, ante un tratamiento muy metafórico del tema
recurriendo a una figura ampliamente difundida en el campo litera-
rio y en el imaginario popular como la de Drácula. En 1992, Cisne-
ros publica, tanto en Lima como en Madrid, el poemario Las inmen-
sas preguntas celestes, en cuya sección cuarta incorpora los poemas so-
bre Drácula. El último poema de este libro, incluido a modo de
“Epílogo”, está íntimamente relacionado con la guerra interna:
Un perro negro
Un perro. Un prado.
Un perro negro sobre un gran prado verde.

¿Es posible que en un país como éste aún exista un perro negro sobre un
gran prado verde?

Un perro negro ni grande ni pequeño ni peludo ni pelado ni manso ni


feroz.

Un perro negro común y corriente sobre un prado ordinario. Un perro. Un


prado.

En este país un perro negro sobre un gran prado verde es cosa de maravilla
y de rencor.
(Las inmensas preguntas celestes 71)
LA VIOLENCIA POLÍTICA PERUANA EN CUATRO POETAS DEL 60 269

El crítico italiano Antonio Melis ha dedicado un análisis a este


texto en el que señala que Cisneros “a través de una estructura reite-
rativa en apariencia sencilla consigue concentrar de manera eficaz,
con una gran economía de medios expresivos, todo el horror de una
situación intolerable” (79). Y enseguida añade: “Cisneros, como se
ve, escoge el camino de la alusión. No nombra directamente el fe-
nómeno de la violencia, pero lo sugiere a través de la evocación de
una escena sencilla de la vida cotidiana y normal que resulta paradó-
jicamente extraordinaria en un contexto dominado por el horror.
De allí que el rencor, en el final, se acompañe a la maravilla frente a
ese espectáculo corriente, que se ha vuelto en cambio descomunal”
(80). Melis concluye argumentando que en “Un perro negro” Cisne-
ros busca “rechazar el espíritu de muerte y destrucción que ha inva-
dido el país, a través de la evocación de una realidad alternativa,
fundada en el valor de la vida” (87). Esta actitud mostrada en el
poema “se transforma en un llamado nostálgico a lo cotidiano, a
una existencia normal que aparece ya perdida” (87). Se trata, en su-
ma, de “una poesía que no habla de paz, sino que en sí misma, por
el hecho mismo de existir, es una afirmación de paz” (87). Desde
una perspectiva cubista, que extrema en un par de elementos (“Un
perro. Un prado”) las contradicciones máximas por las que venía
siendo procesada la nación peruana, la sola presencia del perro seña-
la la discordancia entre él y el espacio en el que habita. La incon-
gruencia, como Antonio Melis se ha encargado de subrayar, no
puede ser fortuita. ¿Qué hace, pues, ese perro, negro como cierta
imagen de la muerte, en el verde del gran prado? El verso final del
poema, a modo de pregunta (“¿Es posible que en un país como éste
aún exista un perro negro sobre un gran prado verde?”), puede to-
marse en consideración con el título del poemario del cual “Un pe-
rro negro” es, como señalé, epílogo: Las inmensas preguntas celestes,
que nunca son tan exorbitantes y excesivas como cuando se formu-
lan en periodos sobrecogedoramente intensos para una comunidad
nacional.

Raúl Bueno: el intelectual como enemigo principal

El crítico Alberto Escobar fue uno de los primeros atentos lec-


tores de la poesía de Raúl Bueno. Lo incluyó en su célebre Antología
de la poesía peruana (1973), cuando había publicado Viaje de Argos y
270 PAOLO DE LIMA

otros poemas (1964) y De la voz y el estío (1966). Escobar vio en su es-


critura “un signo definido que la aparta de la corriente mayor de es-
tos días” (100), refiriéndose al llamado británico modo de la poesía que
tuvo una consagración plena con la generación del 609. Para Esco-
bar, la poesía de Bueno se caracteriza más bien por “la retórica y la
mitología y lo histórico [que] asedian al lenguaje y lo impregnan de
signos” (100), elementos que están presentes en “Excurso dos: ca-
ballo muerto” y “El enemigo principal”, dos significativos textos de
su nuevo poemario Misivas de la Nueva Albión (2014).
“Excurso dos: caballo muerto” (35-37) es un poema construido
a partir de la alusión a dos textos: “Cavalo morto” del poeta brasile-
ño Ledo Ivo, el cual habla de los amores de las mujeres con los sol-
dados en un pueblo llamado Cavalo Morto (“En Cavalo Morto las
muchachas acostumbran a salir de paseo/ con los soldados. Y luego
a quererse. Sucede entonces algo inverosímil:/ después de hacer el
amor, bordan en las nubes, con un/ alfabeto, azul y blanco, el
nombre de los enamorados: José, Antonio, Manuel, Joao”), y el
poema en prosa de título homónimo del español Juan Carlos Mes-
tre, del cual se insertan algunos versos, y que dialoga con el poema
de Ivo (“Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Ledo
Ivo. Un poema de Ledo Ivo es una luciérnaga que busca una
moneda perdida”). En su poema, Bueno ofrece una gama de posibi-
lidades de lo que significa la expresión caballo muerto en relación con
la muerte para hablar así de su propia muerte, es decir la muerte del
poeta, pero sobre todo de la violencia estructural de la sociedad. El
texto concluye afirmándose a sí mismo que se trata de “un poema
de Raúl Bueno escrito por Mestre Juan escrito por Ledo Ivo”, con
lo que la clave intertextual emerge para sostener la escritura poética,
y a su vez dar una mirada crítica de la represión política a través de
la figura del “caballo muerto”.
En este sentido, la imagen del caballo muerto continúa constru-
yendo el texto a partir de usos dados a la expresión misma por parte

9
Dos de los más destacados exponentes de esta vertiente son los poetas
estadounidenses Ezra Pound (uno de cuyos poemas de Misivas de la Nueva
Albión, “Excurso uno: canto pisano”, es desde su título una clave intertextual
con el autor de Cantos) y T. S. Eliot. El Perú, y el habla hispana en general,
cuenta como diestros representantes de esta corriente a Rodolfo Hinostroza y
Antonio Cisneros, a quien el “Excurso uno” de Raúl Bueno está precisamente
dedicado: “Al modo de Cisneros, in memoriam” (25).
LA VIOLENCIA POLÍTICA PERUANA EN CUATRO POETAS DEL 60 271

de los aparatos represivos de diversos países de Sudamérica como


Ecuador (cuando se mata a una persona a puntapiés), Argentina
(asesinato a golpes de manopla), Chile (matar con picana eléctrica) y
en el propio Perú, en particular en los dos tristemente célebres
centros de detención y tortura durante la guerra interna peruana, en
Huamanga.
Caballo muerto
se dice así de una persona muerta a puntapié en el ecuador
o a golpes de manopla en la escuela de la armada en buenos aires
o a punta de picana en el estadio nacional de chile
o con penetración de mangos de martillo
en la casa rosada y los cabitos de huamanga (36).
Con la estructura paralela de los versos que denotan de manera
seca y directa las acciones brutales que se cometen en los centros de
detención, tanto como el uso de minúsculas para nombrar países y
ciudades, Bueno hace hincapié en que Latinoamérica ha sufrido
propiamente lo que entendemos como violencia política, y efectúa
una explícita denuncia de las violaciones a los derechos humanos de
sus ciudadanos. Siguiendo esta línea de reflexión, el poeta procede a
escarbar las metáforas de violencia en distintas culturas y conti-
nentes de “El caballo, cavalo, cavall, cheval mort”. Ahora bien, para
denotar la violencia innata de la historia universal, Bueno continúa
con la mención de autores y artistas de procedencia tan disímil co-
mo los franceses Baudelaire (poeta) y Flaubert (novelista), el poeta
británico Niall Binns, los españoles Calderón de la Barca (drama-
turgo) y Francisco de Goya (pintor), el pintor y grabador holandés
Rembrandt y la cantante brasileña Gal Costa a través de un tema
suyo evocado por la novelista argentina Luisa Valenzuela en uno de
sus cuentos sobre la represión y secuestro de mujeres durante la
guerra sucia argentina (“–a noite eu so seu cavalo morto–”). Pero las
relaciones no se agotan dentro de la esfera literaria, sino que se
mencionan otros usos como es la donación de cuerpos de delin-
cuentes a la ciencia para ser estudiados. Las connotaciones que estas
imágenes y expresiones impulsan aluden a una forma violenta de
muerte. La naturaleza muerta (el caballo) violenta la cultura a través
del lenguaje coloquial y la expresión artística. En este contexto,
Bueno elaborará más aún este tema en el siguiente poema.
“El enemigo principal” (52-56) es un extenso texto en el que el
poeta se dirige a un amigo bajo el apelativo de “Don”, pues “otra
272 PAOLO DE LIMA

vez han venido a mi cuarto/ los sabuesos del odio y la metralla”.


Este poema de rememoración abre una perspectiva insospechada en
el libro, pues nos revela las motivaciones del exilio del poeta: la
violencia política que atravesó el Perú entre 1980 y 1992. En el poe-
ma, explica Bueno, por igual senderistas (“así mueren los lacayos del
imperialismo”) y militares (“un indio muerto es un terrorista muer-
to”) se pelean y tienen “en medio” al poeta y su interlocutor, Don,
cuya “familia toda tuvo que abandonar el valle de altura” y “huir”.
El “enemigo principal” de ambos bandos, sin embargo, vendría a
ser el propio poeta, en tanto profesor universitario, cuyas clases son
interrumpidas por Sendero Luminoso para exigirle se sume a la
guerra pues “el intelectual que no se suma es el enemigo principal”.
El amigo, Don, por su parte, es torturado por los militares “por ser
hermano de quien eres”, tanto como el enunciador “por ser cuñado
de quien eres, por haber sido alumno de quien fuiste”. La guerra
interna, pues, es la que motiva el exilio en los Estados Unidos (la
Nueva Albión del título del poemario) del poeta y su mujer (“ese
avión que a mi mujer y a mí nos trajo a este bosque”).
Además, Bueno se asegura en diferenciar lo que fue vivir la
guerra en los poblados andinos frente a la capital. El poeta describe
de manera coloquial la destrucción del país, los asesinatos y abusos
de poder de ambos lados de la contienda frente a una población que
quedó desamparada.
porque el ejército del pueblo necesita comer
porque el ejército de la patria necesita comer
o estás con la revolución o estás contra ella
y si los alimentas eres un cochino terruco
que merece morir como todas las sabandijas subversivas (54).
Lo interesante de este largo texto es que Bueno habla desde
adentro, desde una mirada introspectiva, sobre lo que ocurrió en los
años de la guerra civil peruana; pues lo vivió en carne propia, como
expresa en el mismo poema.

Conclusión

Entre 1989 y 1992, durante los años más duros de la guerra in-
terna, Marco Martos, Rodolfo Hinostroza y Antonio Cisneros, tres
fundamentales poetas peruanos con una participación política radi-
cal activa durante la década del 60, revelan una mirada atenta al con-
LA VIOLENCIA POLÍTICA PERUANA EN CUATRO POETAS DEL 60 273

texto de la guerra interna, incorporándola en el temario literario pe-


ruano desde una conciencia que interioriza con enorme sorpresa “la
sombra de la muerte” (Martos), “la destrucción” (Hinostroza) y la
desmesura de lo simple en medio del “rencor” (Cisneros). Se trata
de una generación poética cuyo discurso social pasa del canto de los
60 al desencanto de los 80, marcando explícitamente la diferencia de
subjetividades entre los ya consagrados, como ellos, y los poetas
más jóvenes del 80 en adelante que harán de ese desencanto señal
distintiva de su propia critica a la institucionalidad representada por
sus mayores.
Raúl Bueno, por su parte, testimonia de manera directa el horror
de la guerra interna vivida en los 80, pero desde la mirada del exilio
y con un fuerte componente crítico frente al actual neoliberalismo
galopante tanto en los Estados Unidos como en el Perú. Esa mirada
desde el exilio lo distingue de sus congéneres del 60, que no logran
articular del mismo modo una distancia frente al presente “triunfan-
te” del supuesto bienestar económico de la clase media limeña, den-
tro de la que viven o vivieron (Cisneros, lamentablemente, falleció
el 2012). Así, Raúl Bueno representa una alternativa no sólo al len-
guaje del conversacionalismo imperante entre sus congéneres, sino
también a la mirada romántica que idealiza la guerrilla de los 60 sin
cuestionar el presente del que surgió la violencia de los 80 en ade-
lante. La crítica peruana aún tiene una enorme deuda por saldar con
este valioso poeta y una reflexión pendiente sobre los nuevos cami-
nos que ha abierto la experiencia de la migrancia y el exilio debido a
la represión política en la producción poética de los últimos lustros
en el país de Vallejo.

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EL DES/ARRAIGO DEL SUJETO MIGRANTE: MEMORIA


Y ECOCRÍTICA EN M ISIVA S DE LA N UEVA A LBIÓN
DE RAÚL BUENO

Rocío Ferreira
DePaul University

Ese avión que a mi mujer y a mí nos trajo a este bosque, donde


tanto ha llovido todos estos años, donde
tanto ha caído la olvidadiza nieve que a su pesar engendra
los bulbos de la memoria en el abril más cruel, donde
cada noche se ahoga, trastabilla y busca levantarse
una sombra de enigmas como esferas de inercia o de preguntas
un largo latido quebrantado
aun ahora
cuando ya apenas llueve.
Raúl Bueno, “El enemigo principal”.

Cincuenta años después de haber publicado su primer poemario,


Raúl Bueno, reconocido poeta y crítico literario, hace entrega de un
novísimo libro, Misivas de la Nueva Albión (Ventanas al Sur – 1987-
2007) (2014), en el que reúne poemas escritos en el extranjero.
Bueno se inició como poeta en Arequipa, su ciudad natal, cuando a
los veinte años integró el grupo “Poesía 64”, colaboró en la revista
de poesía y cultura Homo, y publicó su primer poemario, Viaje de Ar-
gos y otros poemas (1964). Dos años después, ya en Lima, dio a la luz
De la voz y el estío (1966), y veinte años más tarde, Lengua de vigía &
Memorando europeo (1986). Desde entonces, hubo un aparente silencio
poético (Bueno guarda celosamente algunos poemarios inéditos)
que acaba de ser roto. Estamos hablando, entonces, de una obra
que abarca medio siglo de ejercicio poético y que en este nuevo li-
bro culmina un ciclo que regresa significativamente a su punto ini-
cial, pues contiene claves relacionadas con la trayectoria vivencial y
escrituraria del autor con sus permanentes referencias nostálgicas a
un pasado irrecuperable.
278 ROCÍO FERREIRA

Ya desde el título, Misivas de la Nueva Albión (Ventanas al Sur…),


Raúl Bueno le hace un guiño al lector adelantándole que de lo que
se trata es de reflexionar sobre la experiencia del des/arraigo del su-
jeto migrante, la recuperación de la memoria y la escritura poética.
Entre estos rasgos es preciso subrayar una categoría conceptual que
resulta sumamente útil para entender este poemario de Bueno: la del
sujeto migrante. Antonio Cornejo Polar ha expuesto lúcidamente
esta noción, al señalar que este sujeto se instala “en dos mundos de
cierta manera antagónicos por sus valencias: el ayer y el allá, de un
lado, y el hoy y el aquí, de otro, aunque ambas posiciones estén
inevitablemente teñidas la una por la otra en permanente pero cam-
biante fluctuación. De esta suerte, el migrante habla desde dos o
más locus y –más comprometedoramente aún– duplica (o multiplica)
la índole misma de su condición de sujeto” (Escribir en el aire 209).
La condición de sujeto migrante de Bueno, en tanto autor y voz
poética, articula en el poemario una continua fluctuación entre los
dos universos: el externo del presente (Nueva Inglaterra) y el in-
terno del pasado (Sur Andino).
A partir de su experiencia vital en ambos hemisferios de Améri-
ca, el Imperio y Nuestra América, Bueno traduce con un lenguaje
referencial y lírico una cultura a otra textualizándola en el ejercicio
poético. Con esta práctica, la materia de la vida se hace verso. El
poeta recurre al género epistolar de las “misivas” para dialogar a
través de sus interlocutores con esos dos mundos que se yuxtapo-
nen; el de la Nueva Albión, territorio donde reside en el presente de
la escritura, y el del Sur Andino peruano, su lugar de origen. Desde
el interior de la habitación de su casa donde se resguarda y evoca, a
través de la memoria, acontecimientos ocurridos en el Sur, el poeta
observa por las ventanas el mundo exterior del Norte. El distancia-
miento y el éxtasis que el sujeto poético siente al contemplar, desde
su refugio, el paisaje subliminal de la naturaleza que, aunque le es
ajeno, admira, le sirve para entrar por los intersticios del olvido a la
memoria que alberga ese lugar otro de su pasado. En este sentido, no
es gratuito que el autor use el nombre más antiguo de las Islas de
Gran Bretaña con el que Sir Francis Drake llamó a toda Norte
América cuando arribó a dichas tierras en 1571 para referirse a los
Estados Unidos, y más exactamente a la región de la Nueva Inglate-
rra (que hoy comprende los estados de Maine, New Hampshire,
Vermont, Massachusetts, Rhode Island y Connecticut). La lejana y
EL DES/ARRAIGO DEL SUJETO MIGRANTE: MEMORIA Y ECOCRÍTICA 279

antigua toponimia que Bueno escoge para titular su poemario, nos


remite a otro tiempo y lugar, al de la historia de un territorio privile-
giado por su pasado colonial y al de su rica tradición poética. Por
siglos, los poetas de la Nueva Inglaterra le han cantado a su tierra y
a la relación entre la naturaleza y el hombre. Bueno entabla un diá-
logo con dicha tradición poética, especialmente del romanticismo y
modernismo norteamericano, y se nutre de ella. A su vez, mediante
el uso de epígrafes y referencias en los poemas, dialoga intertex-
tualmente con la literatura latinoamericana y europea. Asimismo,
mediante la mención al color blanco, significado etimológico de Al-
bión, tiende un puente con la “blanca ciudad” de Arequipa y apunta
indirectamente a la carga emocional que implica el desplazamiento.
Sin duda, la experiencia vital del des/arraigo como condición hu-
mana en la sociedad moderna articulada desde una mirada ecocríti-
ca, a través de la relación del hombre con la naturaleza y con los
animales, es el eje central de los poemas reunidos en Misivas de la
Nueva Albión.
El libro comienza con dos epígrafes de dos grandes poetas con-
temporáneos. El primero contiene cuatro versos (“camino/ sin mis
pasos, con otros,/ allá lejos, y allí/ estoy besando flores, luces, ha-
blo”) de La voz a ti debida (1933) del poeta español Pedro Salinas
(1891-1951), y el segundo un verso (“y en el tórax, un óxido pro-
fundo de tristeza”) de “Sombrero, abrigo, guantes” de Poemas huma-
nos (1939) de César Vallejo (1892-1938). Ambos epígrafes y poemas
aluden a la experiencia del dislocamiento, ya sea debido a una rela-
ción amorosa distante o a la desterritorialización como una suerte
de desdoblamiento vivencial. En La voz a ti debida, poemario con-
ceptual sobre la experiencia amorosa, Salinas apunta a “la verdad
transvisible” por la cual el sujeto poético acepta que mira al mundo
con otros ojos (“Rendirse/ a la gran certidumbre, oscuramente/ de
que otro ser, fuera de mí, muy lejos,/ me está viviendo”). Además,
la cercana relación que el sujeto poético establece con la naturaleza
es, precisamente, lo que le permitirá hablar (“estoy besando flores,
luces, hablo”). Mientras que en “Sombrero…”, el sujeto poético dis-
tópico, desde la tristeza y la nostalgia, y a través del acto de contem-
plación, es capaz de injertar el otoño (el presente = París) en los
otoños (el pasado = Perú) sin saber cuándo volverá a ellos (“Impor-
ta que el otoño se injerte en los otoños,/ importa que el otoño se
integre de retoños,/ la nube, de semestres; de pómulos, la arruga”).
280 ROCÍO FERREIRA

En Misivas de la Nueva Albión, Raúl Bueno poetiza, como lo hacen


Salinas y Vallejo, el sentimiento de desolación del sujeto migrante
que conlleva el acto de estar en uno y otro lugar sin estar en nin-
guno y estar en los dos.
El poemario consta de dieciocho poemas que incluyen tres
poemas sin destinatarios, doce misivas y tres excursos en los que
Bueno explora, desde su condición de migrante, su propia propues-
ta teórica expresada en su ensayo “Mediaciones transculturales: tra-
ducciones”, en el que busca responder cómo la materia de la vida se
hace ficción, o autoficción, y, a la inversa, cómo la ficción ilustra y
organiza la vida del autor, y cómo la traducción cultural y vital (indi-
vidual) va más allá de la mera traducción lingüística, o transtextual.
Las misivas que conforman el poemario están dedicadas a diferentes
personas cercanas al poeta. Como suele suceder en toda creación,
los “personajes” interlocutores son ficciones con cierta base de
realidad. En el caso de este poemario, dicha base la dan miembros
de la familia y amigos del autor cuya evocación hace que los poemas
adquieran su orden y sentido. Al estar textualizadas, estas personas
sufren un proceso de apropiación (la ficción que las simbolizaciones
poéticas demandan) que las convierte en extensiones del poeta y su
particular sensibilidad. Así, Glaudia evoca a Gladys Susana, su espo-
sa. Su nombre se sitúa a medio camino histórico entre Claudia y
Gladys. Eloísa y Reginaldo son nombres que refieren a los dos her-
manos que, en edad y experiencia, el poeta ha tenido siempre más
cerca. Raúl Ernesto es su nieto, en su niñez. Selena es una persona
recuperada de la mitología familiar. Beatrix, Isabella, Carloalberto,
Christina, Montserrat y Don son amigos cercanos, en distintas lati-
tudes y circunstancias. Así por ejemplo, las escritoras y críticas lite-
rarias feministas Montserrat Ordoñez (1941-2001), catalana-colom-
biana, y Christina Dupláa (1954-2001), catalana, fueron colegas de
Bueno en Dartmouth College (Hanover, New Hampshire), donde
enseña hasta el día de hoy. “Don” es un apelativo de cortesía usado
a un migrante andino avecindado en la ciudad de Lima.
Los tres poemas sin destinatarios de Misivas tienen como propó-
sito ordenar el derrotero que seguirá el libro. En primer lugar,
Bueno establece una relación entre el hombre, la naturaleza y el
mundo animal desde un posicionamiento pro-ecológico para abor-
dar la memoria como matriz de su experiencia vivencial a la vez que
activa la escritura poética. En la introducción de The Ecocriticism
EL DES/ARRAIGO DEL SUJETO MIGRANTE: MEMORIA Y ECOCRÍTICA 281

Reader, una importante y ya clásica antología que estudia la ecocrítica


norteamericana, Cherryl Glotfelty define la ecocrítica como “el es-
tudio de la relación entre la literatura y el medio ambiente” y se
ocupa de analizar “el postulado fundamental de que la cultura hu-
mana está conectada al universo físico, afectándolo y siendo afecta-
do por él. La ecocrítica estudia las interconexiones entre la naturale-
za y la cultura, específicamente los artefactos culturales del lenguaje
y de la literatura” (xviii-xix; mi traducción). Es, pues, desde una
conciencia ecocrítica que el autor, como sujeto migrante, logra con-
jugar una relación entre el país donde reside en el presente y el país
que dejó al sur1.
El primer poema, “La noche de los topos”, establece un parale-
lismo entre el mundo exterior y el mundo interior del sujeto poéti-
co. Bueno recurre a la imagen de la naturaleza local de la pradera
que el yo mira desde la ventana para escribir sobre el proceso de re-
cuperación de la memoria. Así, “las inocentes bestezuelas” diestras
que trabajan en la noche excavando la tierra para encontrar insectos,
es decir, los topos que en la noche minan el prado junto a la casa,
devienen símbolos de “las espantosas alimañas del sueño” que per-
foran los túneles a la memoria o al olvido. De ahí que el libro em-
piece con la llegada de la noche, momento primordial de la escritu-
ra, cuando los topos y las alimañas perforan los surcos necesarios
para destapar el olvido y recobrar el pasado del sujeto poético. La
comunión entre el hombre, la naturaleza, el mundo animal y lo espi-
ritual, los “topos del alma”, le proporcionan la posibilidad de la
creación poética. En La poética del espacio, Gaston Bachelard propone
que “la relación entre una imagen poética nueva y un arquetipo
dormido en el fondo del inconsciente” no es “causal”. Para el filóso-
fo francés, “la imagen poética no está sometida a un impulso. No es
1
Raúl Bueno estudia esta relación en su ensayo “Globalización y nueva
ecología cultural” (193-210) de su libro Promesa y descontento de la modernidad
(2010). En él, Bueno señala que “en los términos de la ecología cultural, la lla-
mada globalización se vive como una catástrofe[, pues] se siente como una
amenaza”; por ello, “las culturas minoritarias y dependientes del mundo, como
las andinas que me son relativamente cercanas, desarrollan una performance
especial, cargada de estrategias, denominada resistencia cultural” (198). De lo
que se trataría, entonces, es de “domesticar la globalización”, apostar por “ser
moderno y étnico al mismo tiempo” (como “los zapatistas de Chiapas”) y deri-
var la globalización “hacia funciones propias y favorecedoras de lo local y étni-
co” (205-206).
282 ROCÍO FERREIRA

el eco de un pasado. Es más bien lo contrario: en el resplandor de


una imagen, resuenan los ecos del pasado lejano sin que se vea hasta
qué profundidad van a repercutir y extinguirse. En su novedad, en
su actividad, la imagen poética tiene un ser propio, un dinamismo
propio. Procede de una ontología directa” (7). Es decir, “la imagen
surge en la conciencia como un producto directo del corazón, del
alma, del ser del hombre captado en su actualidad” (8). Este proce-
so de recuperación de la memoria se produce de manera visual, es-
pacial y escritural en todo el poemario. Las imágenes del mundo na-
tural que el poeta observa desde la ventana de una habitación de su
casa en la Nueva Inglaterra serán las que evoquen los recuerdos del
pasado vividos en su añorada Arequipa. Y, a su vez, la representa-
ción del pasado parecerá ser la de una imagen.
A partir de esta interpelación bachelardiana de la memoria, el
poeta escribe el segundo poema, “Casi un arte poética”, en el que
establece que la poesía es el “lumen de la memoria” y se alista a “ta-
llar la enmudecida piedra”. Como los poetas de la Nueva Inglaterra,
Bueno le canta a la naturaleza de la región a través de la poetización
del cambio de una estación a otra. El poema detalla el final del in-
vierno mencionando a la nieve que “ha huido” y “se ha llevado/
trechos de sombra” y la deseada llegada de la primavera, metáfora
del advenimiento de la poesía. De este modo, describe la relación de
cambios de la naturaleza con “hojas secas” y “hierba” y, con ello, la
relación con la poesía vista como “lumbre de la memoria”. A su
vez, tal “lumbre” es posibilitada por la naturaleza y fauna del Norte
que le permiten al poeta llegar a la “miel y juventud” del Sur. A tra-
vés de imágenes del medio ambiente, de árboles con ramas desnu-
das que, con la llegada de la primavera, comienzan a poblarse de ho-
jas, paralelamente se cristaliza el nacimiento de la palabra poética.
En su ensayo “Migrancia: memoria: modernidá” Abril Trigo, si-
guiendo los postulados de Antonio Cornejo Polar, explica que “el
discurso del migrante yuxtapone lenguas y sociolectos diversos en
una dinámica centrífuga, expansiva, que dispersa el lenguaje, conta-
minándolo con tiempos y espacios otros, con experiencias otras que
lo atraviesan en múltiples direcciones, mientras reivindica la múlti-
ple vigencia del aquí-ahora y del entonces allá, ‘casi como un acto
simbólico que en el instante mismo en que afirma la rotundidad de
una frontera la está burlando’ (‘Condición’, p. 106)” (278). Cornejo
Polar desarrolló este concepto en dos de sus últimos ensayos:
EL DES/ARRAIGO DEL SUJETO MIGRANTE: MEMORIA Y ECOCRÍTICA 283

“Condición migrante e intertextualidad multicultural: el caso de Ar-


guedas”, de 1995, y “Una heterogeneidad no dialéctica: sujeto y dis-
curso migrantes en el Perú moderno”, de 1996. En el primer traba-
jo, Cornejo Polar apuntaba que “la condición del migrante, si bien
se vive en un presente que parece amalgamar los muchos trajines
previos, es en algún punto contraria al afán sincrético que domina la
índole del mestizo” dado que el migrante es un “sujeto disgregado,
difuso y heterogéneo” (103-104). En el segundo, señalaba que “el
discurso migrante es radicalmente descentrado, en cuanto se cons-
truye alrededor de ejes varios y asimétricos, de alguna manera in-
compatibles y contradictorios de un modo no dialéctico” (841) y
añadía que “tal vez en la deriva del curso metonímico el migrante
encuentre lugares desiguales desde los que sabe que puede hablar
porque son los lugares de sus experiencias. Serían las voces múlti-
ples de las muchas memorias que se niegan al olvido” (843). El pro-
pio Raúl Bueno ha comentado este concepto de Cornejo Polar en
su ensayo “Sujeto heterogéneo y migrante. Constitución de una ca-
tegoría de estudios culturales”, incluido en su libro Antonio Cornejo
Polar y los avatares de la cultura latinoamericana (37-57). En él, Bueno
explica por ejemplo que “el sujeto en cuestión internaliza la hetero-
geneidad de mundos y asume una doble pertenencia: aquí y allá,
ahora y antes, pero de manera descentrada y conflictiva” (51). De tal
modo, Bueno construye un imaginario “descentrado y conflictivo”,
que estará presente a lo largo del poemario, en el que las circunstan-
cias concretas del presente (el aquí en la Nueva Inglaterra) hacen
repercutir las vivencias del pasado (el allá en el Sur Andino), que, sin
embargo, no dejan de confundirse unas con otras (“Hay un error de
mundo, las cosas/ o los sentidos se enrevesan/ se pierde el musgo
entre el tacto o las sombras/ se curva la línea de los pinos hacia el
olfato/ o las ranas/ una fronda de rojos helechos se instala/ entre
los tímpanos o la roca/ (la roca que inmutable dormita bajo un
manto/ de greda y sustancias en constante/ putrefacción, en cons-
tante/ renovación)”).
Así, en el tercer poema sin destinatario, “La noche de los pe-
queños aprendices de brujo”, dividido en tres secciones, el yo poéti-
co se cuestiona si su identidad cultural ha cambiado o no, al compa-
rar cómo se celebra “la noche de las brujas”, el Halloween en el
Norte y las “fechas de muertos y todos los santos” en el Sur. En
“Niños de bizcocho y confitura” que de alguna manera remite a la
284 ROCÍO FERREIRA

poesía de tono infantil de José María Eguren (“Marcha fúnebre de


una marioneta” o “El duque”), el poeta toma conciencia que, a lo
largo de su larga permanencia en el Norte, ha internalizado una
nueva destreza para “tallar los grandes zapallos” y para “juntar dul-
ces de todos los colores”, y preguntarse desde cuándo ocurrió ese
cambio (“Cuándo aprendí a tallar los grandes zapallos/a cavarles
horrendas oquedades/como bocas desdentadas y fieros ojos rojos?).
Esta inquietud lo lleva a un recuerdo de su niñez arequipeña (“Yo
estaba preparado para otras ceremonias”) en el que “sin ningún
asomo de culpa” se comía junto con otros niños los bizcochos a los
que “descuartizábamos con el diestro cuchillo pastelero”. “Peque-
ños aprendices de brujo”, la segunda sección, relata las costumbres
de los niños disfrazados que llegan a la casa del poeta en Halloween
para pedir caramelos “con toda compostura”. La última sección,
“Ceremonia de hojaldre y mazapán”, ocurre cuando acaba la fiesta y
han quedado “los canastos casi llenos de dulces”. Aquí, el poeta se
pregunta si tirarlos “aunque haya tantos niños pobres allá donde sa-
bemos” para, finalmente, llegar a la conclusión de que no quiere ser
parte de una cultura despilfarradora que no le pertenece (“Nunca
aprendí a tallar impunemente los grandes zapallos./ Tal vez a causa
de remotas/ ceremonias de hojaldre y mazapán/ o la visita imposi-
ble al cementerio de los viejos abuelos/ o los hijos distantes ensa-
yando sus propias ceremonias/ o los niños de otras latitudes igno-
rando/ esta inútil cornucopia de dulces”). Bueno usa temas relacio-
nados con su vida en Nueva Inglaterra para extrapolar su propia
condición migrante y hacer aflorar un asomo de duda: “Tal vez ya
es tiempo de olvidar”, se pregunta evidenciando, así, un descentra-
miento identitario.
La primera misiva,“Memoria del porvenir, año 51”, da comienzo
a la introspección y ficcionalización poética de la vida del autor a
través de la recuperación de la memoria. El poema se inicia con un
epígrafe clave, (“¿Qué alborota cuadernos, espejos/ abalorios y
otros cinematógrafos de la memoria?/ ¿Qué nos levita y lleva hacia
una rauda habitación/ que es suma y detalle de todas las habitacio-
nes/ vividas y previstas?”), que pone de relieve la conciencia y expe-
riencia dislocada del poeta en su búsqueda existencial de identidad
social. En este sentido, Bueno juega con la propuesta de Bachelard
en la que advierte que “todos los refugios, todos los albergues, todas
las habitaciones tienen valores de onirismo consonantes. Ya no se
EL DES/ARRAIGO DEL SUJETO MIGRANTE: MEMORIA Y ECOCRÍTICA 285

vive verdaderamente la casa en su positividad, no es sólo ahora


cuando se reconocen sus beneficios. Los verdaderos bienestares tie-
nen un pasado. Todo un pasado viene a vivir por el sueño, en una
casa nueva. La vieja expresión ‘transportamos allí nuestros dioses
lares’ tiene mil variantes” (28-29).
Esta primera misiva está conformada por tres secciones a modo
de estampas dirigidas a Raúl Ernesto. La primera relaciona el re-
cuerdo de una imagen del pasado con su migración posterior del
Sur al Norte; la segunda, se refiere a la confusión de estar en los dos
lugares, y la tercera critica el ejercicio de la caza a partir de la preo-
cupación que el yo poético comunica por el destino que los ciervos
padecen. Las estampas van a ir marcando el cambio espacial de la
migración del Sur al Norte. Al mismo tiempo, éstas relatan las
“memorias del porvenir” en tanto se van a ir recreando en la propia
escritura. En la primera, “Láminas de almanaque”, el sujeto poético
asocia el recuerdo de su niñez en Arequipa, del peluquero que le
corta el pelo y en cuyo establecimiento hay “dos láminas de almana-
que como/ ventanas al sueño o al olvido: flora y fauna/ de las frígi-
das tierras del norte”, con la realidad del momento en el que escribe
en una “boreal habitación/ con sus ventanas de fauna y flora”. El
almanaque anuncia el destino del poeta (“yo lo había previsto todo,
antes que todo existiera ante mis ojos”) ya que en el presente se en-
cuentra mirando la misma naturaleza que vio en el pasado (“en
aquel oscuro y pobre/ salón de peluquería”). La segunda estampa,
“Estaciones”, yuxtapone la temporalidad y la naturaleza de la Nueva
Inglaterra con la de Arequipa a través del trabajo de la agricultura.
En el poema se confunde el aquí (la primavera de “múltiples y largos
brazos desperezados”) y el allá (el verano “de múltiples y torpes
brazos agotados”). La tercera estampa, “Tardía ventana de otoño”,
es un eco-poema en el que el poeta habla del sufrimiento y temor
que sienten los ciervos hacia los humanos. Le canta a la cierva, al
gran ciervo y a un nonato cervatillo advirtiéndoles contra el peligro
que encarnan los fusiles y balas de los cazadores (“No nazcas cerva-
tillo, al final de la nieve/ destinado a las balas”). El poeta describe al
hombre como destructor y depredador de la naturaleza y de los
animales, dando inicio así a una escritura ecocrítica. Pues el poeta
muestra la inutilidad de la extraña pasión humana por la cacería de
los animales a quienes defiende (“¡Huye, ciervo, huye!/ Corre veloz,
286 ROCÍO FERREIRA

señor de músculos y nervio./ Piérdete pronto en el bosque encen-


dido/ de tupidos abetos”).
“Albores de primavera en Lyme, NH”, segunda misiva, se divi-
de también en tres secciones breves que están dirigidas en esta oca-
sión a Beatrix. La primera parte, “Un horizonte de colinas azules”,
se inicia con un epígrafe de dos versos de “Nocturno de Vermont”
(Ausencias y retardos, 1963) del poeta loretano César Calvo (1940-
2000) con quien abre un diálogo y responde la pregunta que Calvo
hace: “¿Es cierto que allá en Vermont cuando sueñas,/ el silencio es
un viento de jazz sobre la hierba?”.
En la primera parte, “Un horizonte de colinas azules”, le cuenta
a su interlocutora qué es lo que puede ver desde su ventana, que “es
más amplia que nunca”. Alude nuevamente al prado, aunque con
una referencia más concreta, pues cerca “se asoman todas las coli-
nas azules de Vermont”, lo que da pie a la inclusión confusa de
imágenes de los volcanes del pasado. El texto menciona explícita-
mente “la remota infancia arequipeña”. Así, la segunda sección, “Un
horizonte de montañas blancas”, se inicia con una sugerente cita del
intelectual y político liberal arequipeño Francisco Mostajo (1874-
1953) con la que se asienta el carácter del sujeto poético a partir de
la geografía: “No se nace impunemente al pie de un volcán”. Esta
parte del poema se centra en la descripción de la campiña arequipe-
ña poblada de los pinos de la niñez (“Entonces tendrías frío aquí
dentro/ y seis años de edad/ y buscarías leche y hogazas de pan re-
cién horneado”), pero, a su vez, aparecen las menciones a poblado-
res de la Nueva Albión que viven otra temporalidad, lejos de la mo-
dernidad, como “las rosadas lecheras de Thetford”, el “triciclo pedal
de Orford” y el “tranvía colorado de Lyme Center” que trae a “sus
campesinas cargadas de canastos y verduras” que se van mezclando
con “los niños que marchan a la escuela/ forrados de bayetas…” y
“los perros mostrencos” del pasado. En la tercera sección, “Una
memoria rota”, el sujeto poético ha salido “al fin al prado” donde
ahora él es observado por niños “desde el confort de su cereal lac-
teado” que esperan el “autobús amarillo que los lleva a la escuela” a
confrontar la realidad del presente, el aquí que no es el allá, con el
pasado (“Hubo un error, perdona, todo acá respira/ un denso aire
vegetal que emana de los bosques. Perdona/…/ me he quedado un
instante suspendido/ intentando zurcir los cristalillos del alma”).
EL DES/ARRAIGO DEL SUJETO MIGRANTE: MEMORIA Y ECOCRÍTICA 287

“Alimañas de afuera y adentro”, tercera misiva, también está


conformada por tres secciones esta vez dirigidas a Reginaldo. Se tra-
ta de un texto en el que el poeta da cuenta de su guerra contra la co-
tidianidad de la vida del Norte y en el que aparece un paralelismo
entre la vida externa y el mundo interior del sujeto poético. Como el
título anuncia, este debe luchar con toda suerte de alimañas que ata-
can las frescas hojas que comienzan a brotar. En la primera, “Ha-
blando de resurrección”, nuevamente se pueblan el “bosque, el pra-
do, el patio” de verdura con la llegada de la primavera que, sin em-
bargo, están asediados por duendes y “alimañas de toda catadura” y
“un vértigo de infierno” que vuelve inhabitable “el pequeño jardín
(el trabajo, la casa)”. En la segunda, “Molinos interiores”, el sujeto
poético, imitando a Don Quijote de La Mancha, sale a “luchar con-
tra los molinos de viento”, la vegetación creciente, con “sierra me-
cánica, podadora de gas, desyerbadora eléctrica y otros/ artilugios
de muerte”, aunque en realidad lo que hace es librar su “inútil y
anacrónica guerra/…/ contra las huestes de la rabia/ y del olvido/
impuesto por la agenda del día”. Así compara la actividad que esta-
ría haciendo “allá” donde “estaría guardando los pasos de la jorna-
da”. Esta actividad se explicita en la tercera sección, “El afanoso ol-
vido”, que trae primero el agotamiento de trabajar en el jardín: “en-
tonces corto, limpio, podo, trozo/ desinfesto, aniquilo, barbecho/
vuelvo a podar/ y riego…/ caigo finalmente rendido”. Pero al final
del día, después de dominar la vegetación, se despliega un senti-
miento de confusión de no saber cómo lidiar con su presente (“Y ya
no sé, Reginaldo, si busco acallar los signos de la hora/ abandonar-
me a la corriente de la costumbre/ involuntaria y pasiva/ o con-
fiarme al afanoso olvido/ a base de una antigua memoria buena”).
“Duendes de acá y de allá”, cuarta misiva, también está confor-
mada por tres secciones, esta vez dirigidas a Eloísa. En “Los veci-
nos de la calle Lowe”, Bueno marca las diferencias culturales de los
habitantes de la Nueva Inglaterra frente a las propias que lo hacen
distinto del resto de la comunidad. Los vecinos se describen como
“gente buena en su religión/ austera en sus costumbres” y resalta-
das “sus voces [que] repercuten en el bosque y en el aire” y que al
pasar por la casa del poeta miran hacia su ventana, pues lo conocen
y saben que escribe una escritura en la cual “no doy mi memoria a
torcer” y que se empeña en sacarse del interior, o, como diría Ba-
chelard, del corazón, del alma, “viejas imágenes”. En “Los vecinos
288 ROCÍO FERREIRA

de la calle de Arces”, el poeta yuxtapone el retrato de los vecinos


estadounidenses con el de dos vecinos, Genaro y Domitila, en Are-
quipa, para resaltar las diferencias entre los modos de vida. Estos
últimos son dos campesinos que se encuentran bajando la cuesta
con “sus burros cargados de alfalfa y cañas de maíz/ para alimentar
sus vacas y conejos”, acompañados de sus perros que, como en la
novela Los perros hambrientos (1939) de Ciro Alegría (1909-1967) se
llaman “Güeso” y “Pellejo”. La sección final, “Búhos de aquí y de
allá”, incorpora la confusión espacial y temporal del sujeto poético.
La fauna común lo desorienta al no saberse si es en el Norte o en el
Sur que “vuela un grito de lechuza de un bosque a otro”. “¿Dón-
de?” se pregunta, sin encontrar respuesta.
“Interludio en la costa de Maine”, quinta misiva, breve, dirigida a
Glaudia, es un poema lírico de añoranza y amor (“amanece ahora
sobre tu sueño inmune/ a los cambios del cielo y de la tierra”) que
alude a espacios propios que el poemario ha venido registrando
como “bosque de pinos”, “una imponente montaña de altura”, así
como la asociación entre el mundo natural y los animales. En este
poema el “aquí” de la memoria está marcado por la presencia de
“palomas”, “gaviotas”, “cormoranes”, “ballenas” y “delfines”. Estas
asociaciones activan el profundo desarraigo que el desplazamiento
del Sur al Norte provoca en el poeta: “Pudimos haber sido también
aquí felices/ si no nos fuera ajena esta línea de agua”.
El poema “La tumba de Saint-Exupéry”, sexta misiva, está con-
formado por tres secciones dirigidas a Carloalberto. La primera lleva
como título “P-38”, el nombre de los cazas estadounidenses más
poderosos de la Segunda Guerra Mundial utilizados tanto para
bombardear como para realizar misiones de registro fotográfico. La
sección es una larga pregunta sobre la presencia inquietante “de un
aeroplano de combate perdido entre mis libros”; es decir, en el pro-
pio espacio del poeta. La nave proviene “de lejos, de una guerra que
no hicimos”, específicamente desde Arequipa, como se explicita en
la segunda sección, “El diablo de dos colas”, apelativo con el que se
conocía a los P-38, y en el recuerdo del poeta estos aviones son
“hastiados dinosaurios aéreos todavía/ cargados de su infamia gue-
rrera”. La tercera sección, “El vuelo submarino”, es un explícito
elogio al escritor francés Antoine de Saint-Exupéry, muerto en
1944, el mismo año del nacimiento de Bueno, cuando piloteaba un
P-38 (“vuela la eterna noche líquida que le facilitaron/ el temerario
EL DES/ARRAIGO DEL SUJETO MIGRANTE: MEMORIA Y ECOCRÍTICA 289

riesgo/ y el combate sin nombre”) como parte de las fuerzas fran-


cesas libres a favor de los países aliados contra la Alemania nazi. El
poema acentúa la distancia entre el aquí de “colinas de pinos y aler-
ces y abedules” y el allá del “Sur profundo, de nuestro/ pequeño
planeta de volcanes y desiertos/ y praderas en eterna contienda”. La
mediación entre los bombarderos y la muerte de Saint-Exupéry le
permite al poeta continuar tendiendo puentes con su ciudad natal
como parte de su autoexamen emocional de sujeto desplazado que
posibilita la conciencia ecocrítica alerta de la destrucción de la natu-
raleza por parte del hombre civilizado: la “infamia guerrera” de los
P-38 “ya han intentado aquí levar la línea del horizonte/ y colinas
de pinos y alerces y abedules/ asustadizos”. La asociación entre lite-
ratura y medio ambiente, como señala Glotfelty, enfatiza la manera
en que la cultura occidental afecta a la naturaleza y, por lo tanto, al
propio destino humano.
Esta asociación se presenta nuevamente, a través de la figura de
un cachorro de oso, en “Trofeos de caza”, sétima misiva, dirigida a
Isabella, dividida en tres partes y un epílogo. La primera sección,
“El jardín del osezno”, da cuenta de la visita de “un oso juvenil”
que “ha cavado un hoyo en el arbolado jardín”. Se presenta la rela-
ción natural del oso con su medio ambiente buscando refugio ante
la inminente llegada del invierno. Pero en la segunda parte, “La jaula
del oso adolescente”, el “inocente animal” ha sido ya cazado “con
cepos y con cuerdas”, pues “los vecinos no podían tolerar[lo] en es-
ta pastoral Nueva Inglaterra”. Bueno establece una correspondencia
entre la feroz sociedad moderna (“hombres, barras, cepos, cuerdas,
palos, jaulas, carros”) y un hábitat adaptado a la naturaleza por esta
misma sociedad (“jardines que son bosques, bosques que son huer-
tos/ huertos entre prados de césped y flores/ flores entre caminos
de grava/ y setos, setos entre bosques nuevos y viejos/ sin valla-
dos”). Esta adecuación, sin embargo, no puede permitirse la presen-
cia de la bestia, que termina siendo sacrificada. Por ello en la tercera
sección, “Ursus Americanus”, el cadáver del osezno de “asustadizos
ojos” es exhibido disecado “en la pared de los trofeos/ sobre alguna
tranquila chimenea de la rural/ Nueva Inglaterra”. Por último, en el
“Epílogo” el poeta contrapone al oso “príncipe destronado” con la
gente vulgar y sucia que le ha dado caza: “sus palabras y risas con-
gratulatorias retumban todavía/ mascadas de tabaco, henchidas de
cerveza/ sucia de escupitajos/ y otras obscenidades”. El reproche
290 ROCÍO FERREIRA

de Bueno continúa señalando al hombre como depredador, a la vez


que recupera imágenes y evocaciones del pasado desde su condición
de des/arraigo (“en mi juventud, Isabella,/ vi una fuga de volcanes
y desiertos/ y montañas de afilada piedra y turbulentos/ ríos ali-
mentados por deshielos y mínimos huertos/ suspendiéndose entre
las nubes y el abismo.// Idos son ahora sus días”).
“La canción triste de Selena”, octava misiva, dirigida a la propia
Selena, es un hermoso canto a una mujer que agobió sus días con
un rencor sin límites disfrazado de beata piedad y que alberga en su
pecho un “animal cautivo” y “hambriento” que “ha tomado [s]u co-
razón” y le hace llorar “su nunca mitigada soledad”. El poema nace
del descubrimiento de sus fotografías juveniles, que le dieron al au-
tor una versión completamente distinta de su vida. El encuentro
fortuito con estas imágenes despierta la sensibilidad y solidaridad del
poeta ante un ser desvalido.
El poema “Bolas de nieve en Puno o los huesos del alma”, no-
vena misiva, está dividido en tres secciones dirigidas a Eloísa, tal
como sucedió en el poema “Duendes de acá y de allá”. “La escuela
de ruedas amarillas” habla sobre unos niños que juegan a tirarse
nieve mientras que esperan el bus que los llevará a su escuela. “El
invierno de los niños de altura” contrapone a los niños del primer
mundo del poema anterior con otros niños, “grises y sin escuela”,
realizando el mismo juego, pero esta vez despertando inquietudes
en Eloísa por su duro destino sin “pan, madre, una moneda”. Y es
que Puno es uno de los departamentos más pobres del Perú, en el
cual cada año mueren decenas de niños producto de las nevadas y el
desamparo consuetudinario del Estado. La tercera sección, “Y gen-
tes de color detrás de la ventana”, comienza mencionando una no-
che tempranera, a las “cuatro de la tarde”, hora en la que regresan
los niños de la escuela y observan la casa del poeta con cierta des-
confianza (“no son indios salvajes, ni gitanos/ ni roban a los niños,
ni les dan manzanas/ envenenadas. Solamente miran/ silenciosos
detrás de la ventana”), hecho que lo motiva a concluir su texto con
dolor y pena (“me duelen mucho los huesos del alma últimamen-
te”), pero sin excluir la clave irónica (“debo cerrar esta página/…/
con gitanos y gentes de color detrás de la ventana”). De este modo,
el poeta traduce en su textualidad evocativa las enormes distancias
estereotípicas que el Norte, a través de los niños escolarizados, es
EL DES/ARRAIGO DEL SUJETO MIGRANTE: MEMORIA Y ECOCRÍTICA 291

decir en proceso de sujeción por los Aparatos Ideológicos del Esta-


do, crea con sus propios vecinos de la inmigrancia tercermundista.
El poema “Nosotros, los de ahora”, décima misiva, está con-
formado por dos secciones dirigidas nuevamente a Glaudia, como
en el caso de “Interludio en la costa de Maine”. Ambos textos in-
cluyen referencias intertextuales a los poetas Eliot, Neruda y Kava-
fis en las que desmitifica sus conocidas sentencias. “Sean veinte los
años” rememora el amor inicial y “sí, eterno” cuando el poeta tiene
“dieciocho años y una camisa azul/ y un suéter verde”. La siguiente
sección, “Sean treinta, cincuenta”, repite el mismo motivo “dicién-
donos lo mismo/ (triunfalmente lo mismo)/ del inicio”. El amor,
pues, acerca el pasado al ser del poeta (“No cuenta el tiempo que
urde/ las trampas del continuo movimiento/…/ porque somos los
mismos, porque/ nosotros los de ahora siempre somos aquéllos”)
conduciéndolo a un instante gozoso y triunfal, y contradiciendo la
referencia explícita al pesimista y adolorido “Poema 20” de Neruda,
que decía “nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”.
“Sílabas de invierno” onceava misiva, está conformada por dos
secciones dirigidas a Montserrat y Christina. “Mientras cae la nieve”
asocia la nieve con la página en blanco en medio del “camino, el
prado pequeño, el bosque, la universitaria villa” en Nueva Inglate-
rra, lo cual lleva al poeta a evocar a las palabras, sus amigas, “en esta
hora/ de música invertida e idiomas ensayados hacia adentro”. La
segunda sección, “Como patos salvajes”, evoca a las dos mujeres
desde la conciencia de la escritura poética. Lo interesante, aquí, es
que esta práctica nunca llega a concluirse, pues “no alcanza su pri-
mera / pal[abra]” (“Como patos salvajes que viajan hacia arriba las
palabras/ se me pierden una a una, con su ternura en ciernes/ su
fallido propósito, su balbuceante idea”). Vida y escritura literaria se
conjugan, desde la evocación de dos colegas muertas, con la propia
condición de desarraigo (“Se me pierden las sílabas una a una/
(mientras viajan a esa región donde/ tal vez –es súbita la esperanza-
-/ la voz humana os esté dando alcance)”). No existe una primera
palabra (“Se me pierden los sentidos uno a uno”), pues la página en
blanco y la nieve, la escritura y la naturaleza, se conjugan cual “síla-
bas de invierno” en medio de un “bosque tenazmente en blanco”.
En este poema, Raúl Bueno asume su radical condición dislocada
(“su primera/ pal”) como consustancial a su propia persona poética.
292 ROCÍO FERREIRA

En “El enemigo principal”, decimosegunda y última misiva, diri-


gida a Don, el sujeto poético hace un fuerte e inesperado cambio en
el registro discursivo, en el tono y la estructura del poema: este pasa
directamente del sentimiento de nostalgia y añoranza del pasado,
evocado a lo largo del poemario con imágenes pastoriles, a uno de
odio, acompañado de imágenes pobladas de sangre y muertes.
Finalmente, logra acceder a una memoria oculta que le ha sido
difícil de confrontar y revelar, ya que, como nos relata, esta es la
causa real de su destierro. Es decir, el poeta es ahora capaz de
habitar lo inhabitable. El poema permite entender que su desplaza-
miento físico del Sur al Norte se debe a motivos políticos relaciona-
dos con la guerra civil peruana (1980-2000) entre el PCP Sendero
Luminoso (SL) y las fuerzas del orden. Tanto del poeta como de se-
res queridos y cercanos, como su amigo y paisano Don, quienes se
encontraron en el medio de la lucha, “entre dos fuegos”, se vieron
obligados a migrar (Don, allá/ tu familia toda tuvo que abandonar el
valle de altura/ huir”). En este poema, el más largo del poemario,
sin secciones, la fuerte tormenta que se desata en el Norte con “el
viento que enloquecía”, que “[y]a impartía relámpagos de miedo y
aguas en trallazo” y “el lejano tronar”, será la que detone aquellos
recuerdos escondidos de su experiencia personal relacionada a la
difícil coyuntura que significó esta época. El poeta recobra la me-
moria del sujeto migrante desterrado desde una imagen de pesadilla:
“otra vez han venido a mi cuarto/ los sabuesos del odio y la metra-
lla”. Los sucesos luctuosos de la historia peruana que provocaron su
exilio, tienen al poeta en un inquietante presente en el que “cada
noche se ahoga, trastabilla y busca levantarse/ una sombra de enig-
mas como esferas de inercia o de preguntas/ un largo latido que-
brantado/ aun ahora”. Con este poema, Bueno se ocupa de dar
cuenta de la irrupción de SL y de las fuerzas del orden en los pue-
blos andinos y la capital durante las décadas de los años 80 y 90, las
más violentas y traumáticas del conflicto de la guerra interna, a
partir de su experiencia personal. Asimismo, la imaginación poética
es la que le proporciona una reconciliación con su pasado que,
según las premisas de Bachelard antes expuestas, se interpretaría
como “una cura de ritmoanálisis en el poema que teje lo real y lo
irreal que dinamiza el lenguaje por la doble actividad de la
significación de la acción y de la poesía” (21).
EL DES/ARRAIGO DEL SUJETO MIGRANTE: MEMORIA Y ECOCRÍTICA 293

Los tres excursos reunidos en el poemario, como el significado


de la palabra indica, son poemas digresivos que se apartan de la
temática principal de Misivas, aunque solo sea de manera superficial,
ya que como veremos siempre existe una relación.
“Excurso uno: Canto pisano” es un poema escrito en homenaje
al poeta peruano Antonio Cisneros Campoy (1942-2012) cuyo
poemario Canto ceremonial contra un oso hormiguero (1968) ganó el pre-
mio Casa de las Américas en 1968 y revolucionó el lenguaje poético
peruano y latinoamericano. Precisamente, la dedicatoria indica que
el texto será escrito “al modo de Cisneros, in memoriam” y, efecti-
vamente, se aleja del tono marcadamente lírico de la primera parte y
adopta un tono coloquial y narrativo y una temática de corte coti-
diano en el que están presentes “gritos/ y risas de soldados que en-
frente/ se caen de cerveza/ y un penetrante olor de orines desde/
los rincones de la calle”. En el poema, el yo poético se dirige al lec-
tor en segunda persona formal para contarle de manera anecdótica e
irónica un viaje de fin de semana de calor sofocante a la ciudad ita-
liana de Pisa donde “es usted pasto de cien millones de mosquitos”
pese “que está Ud. limpio”. Bueno, siguiendo el estilo cisneriano, se
burla de la opinada elegancia de los antiguos hospedajes europeos
(“Para pasar la noche es de piedra la casa/ es de mármol la escala,
de madera/ quejosa el piso y la tabiquería donde/ seguros en los
suyo, furtivos/ aguardan los mosquitos”) donde no hay solución a
la incomodidad (“ni pata de conejo/ ni mantra alguno/ que pueda
eliminarle de un plumazo esta tortura”). A su vez, el sujeto poético
asocia la experiencia italiana en Pisa con un recuerdo de “veranos
mollendinos”, poblado costero en Arequipa, y su próximo viaje a
Florencia con una expresión coloquial peruana (“Mañana hacia Flo-
rencia, como quien dice/ me voy mañana a Canta (otra vez el Perú/
pero otro paralelo”). De este modo la dialéctica memoria/migrancia
se mantiene activa.
“Excurso dos: Caballo muerto” es un poema en el que Bueno
juega con la intertextualidad a partir del homenaje que el poeta es-
pañol Juan Carlos Mestre (1957-) le rinde al poeta social brasileño
Lêdo Ivo (1924-2012), autor del poema titulado “Cavalo Morto”.
Por su parte, Juan Carlos Mestre escribe su versión del poema bajo
el mismo título y hace de Lêdo un personaje poético. Bueno crea
una tercera versión, en la que Ivo, Mestre y él mismo son persona-
jes: “Es un poema de Ivo en que las muchachas vuelven del prado/
294 ROCÍO FERREIRA

con estrujadas flores debajo de la falda…./ Un poema de Carlos


Juan en que las sandías acogen las llaves doradas de la felicidad…/
Caballo muerto es un poema de Bueno…). “Así pues/ caballo
muerto es un poema de Raúl Bueno escrito por Mestre Juan/ escri-
to por Lêdo Ivo”. Además, en su versión de “Caballo muerto”,
Bueno profundiza la mirada ecocrítica del poemario al plantear la
imagen de un animal trascendental en la historia de las civilizacio-
nes: el caballo. El poeta revisa los símbolos del caballo a partir de la
connotación negativa que tiene “el apelativo” “caballo muerto” ha-
ciendo referencias a otros textos literarios, a canciones, a pinturas
clásicas y a expresiones coloquiales ligadas a la violencia política y la
tortura. El poeta considera su poema como una escenificación lite-
ral de asuntos expresados de manera directa: “como si al pan pan y
al vino vino,/ es decir, con una cuchilla en la garganta/ un torrente
de sangre desbocado/ o la garganta en la cuchilla”. El caballo, sím-
bolo por antonomasia de vitalidad, fuerza y virilidad, sinónimo de
transporte y de reconocido espíritu guerrero, sirve a Bueno para
cargar su des/arraigada voz poética con un elemento de la naturale-
za que explícitamente alude a múltiples historias de injusticias de las
que no es ajeno como se vio en la decimosegunda misiva, “El
enemigo principal”.
El libro finaliza con “Excurso tres: Cenizas al viento”, poema en
el que el sujeto poético, al ser “el último de la estirpe”, regresa a su
lugar de origen “a pulir la escondida memoria de los huesos abuelos
Francisco, Eulalia/ María y Mariano”, quienes tienen a “los hijos y
sus hijos en distintas latitudes” y a “los nietos y sus nietos en disper-
sas memorias”. Al haber iniciado una familia de migrantes y ya estar
en edad madura, el poeta se preocupa por no darle a nadie “la res-
ponsabilidad de sobrellevar/ el peso de rotos calendarios y fallidos
intentos”. Así, el poeta concluye, “a esta edad en que ya casi llego a
codearme con ellos”, “he decidido cargar con todos de una sola
buena vez:/ que mi ceniza sea la suya, tras el fuego que concita y
desvanece sus historias”. De este modo, el poeta, fiel a su propues-
ta, representa como un valor la relación del hombre con su medio
natural al prefigurar que, después de su muerte, sus restos oscilarán
en un espacio neutro donde se conjugue su ser con el medio am-
biente en un entorno ecocéntrico: “Polvo de polvo/ viajando entre
las nubes más altas/para terminar morando en tierra sin residencia
EL DES/ARRAIGO DEL SUJETO MIGRANTE: MEMORIA Y ECOCRÍTICA 295

fija/ en bosque, o llano, o río, o mar insospechados”. Sin duda, el


poeta busca fundirse con su entorno natural.
En Misivas de la Nueva Albión, Raúl Bueno traza una cartografía
personal y autobiográfica que, como presagiarían las dos láminas de
la peluquería que mira de niño en Arequipa, se desdobla a través de
la contemplación del aquí, de la recuperación de la memoria del allá,
y de la escritura poética, entre un ir y venir del Norte al Sur y del Sur
al Norte de manera descentrada y compleja. Sin duda, hay una vo-
luntad evidente de asentar su condición de sujeto migrante en la
misma estructura paralela de los poemas donde se yuxtaponen los
dos espacios de su experiencia vivencial y que se repite a lo largo del
poemario. A su vez, tal cartografía se amplía con los tres poemas-
excursos, digresiones que llevan al autor a otros lugares de la memo-
ria que no son parte de la Nueva Inglaterra, pero sí de su propio
imaginario. No por eso dejamos de observar que, en todos los
poemas, yace la presencia de la voz de un sujeto poético
des/arraigado que habla desde la experiencia del desplazamiento y el
dislocamiento identitario y que está fuertemente imbricado con el
mundo natural.

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ZURCIDORES DEL ALMA

Beatriz Pastor
Dartmouth College

Me he quedado un instante suspendido,


intentando zurcir los cristalillos del alma
Raúl Bueno

“La muchacha vio los ojos de su agresor. Pero no sintió la heri-


da. No supo de la mancha. Sólo más tarde, ya en la penumbra del
zaguán de su piso, sintió el dolor agudo de la desgarradura al sacarse
el tapado, arrancando con él el puñal que el agresor le había clavado,
minutos antes, en la espalda.
Más tarde, averiguamos que en la tintorería borraron la mancha
de sangre, y que un zurcidor retejió las fibras del tapado, remendan-
do el tremendo desgarrón” (Valenzuela 116). Él fue quien “suturó la
herida del tapado y supo de la mancha”. Él fue el “zurcidor invisi-
ble” que “le dejó el tapado como nuevo” a la muchacha herida.
Pero no estaba en la mano de ese zurcidor maravilloso el suturar
la herida misma, el terrible desgarrón dejado por el puñal en la carne
y en la conciencia de la muchacha. Esa es tarea que comparten en el
cuento de Luisa Valenzuela las tres líneas maestras del relato: la na-
rración de la maestra, el relato oral de la muchacha, el breve texto
escrito que entrega la estudiante al final del taller de escritura. Como
hilos mágicos, las tres líneas se entrelazan formando el tejido repa-
rador de un texto que duplica, por analogía, el trabajo del zurcidor
invisible. Ni hilo ni aguja aquí: sólo la imagen y la palabra pueden
aproximarse a la herida, suturando sus bordes en un intento –inútil–
de dejar a la muchacha “como nueva”, haciendo “un zurcido no in-
visible… tratándose como se trata de letras negras sobre la blanca
página” (ibid. 113).
La herida del cuento de Luisa Valenzuela nos remite a la agre-
sión y a la violencia. A un mundo de verdugos y de víctimas orde-
298 BEATRIZ PASTOR

nado por el miedo. A la literatura como exorcismo. “Escribí el mie-


do” le dice la maestra a la estudiante. “No sé escribirlo, no sé decir-
lo, el miedo no tiene palabras” contesta la muchacha. “Todas las pa-
labras son del miedo. Todas. Y no hay nada que no pueda ser escri-
to. Ahuyentá ese miedo escribiéndolo”, sentencia la maestra (ibid.
113). Aquí, el texto exorciza el miedo, suturando la herida.
Pero el epígrafe de Raúl Bueno nos recuerda que hay otras histo-
rias y otros cuentos. Hay otras heridas. Y hay otros zurcidores que
tejen otros textos, prolongando la labor del zurcidor invisible, de la
maestra zurcidora, y de su aprendiz herida.

I.

Nada parece prepararnos para esa minuciosa y dolorosa labor de


Raúl, el poeta, al inicio de su trayectoria. En los distintos poemarios
que integran Ensayo general (1962-1994), su poesía reunida publicada
el 2014, su mirada descubridora se acerca al mundo como a un fes-
tín, buscando en los signos de la naturaleza y en las modulaciones
de la emoción vivida las claves de un orden poético y de una subje-
tividad creadora. Se esbozan las líneas maestras de una poética que
prolonga ecos de la visión de “Arte poética” de Huidobro. Aquí
también el verso es “una llave/ que abra mil puertas”, y el poeta re-
nueva la fe sin fisuras en el poder de la poesía y en la centralidad del
sujeto en el universo que afirmaba Huidobro: “cuanto miren los
ojos creado sea/ y el alma del oyente quede temblando/…Sólo para
nosotros/ viven todas las cosas bajo el sol” (“Arte poética”).
Pero, al contrario de lo que sucedía en “Arte poética”, el sujeto
poético no es, en la poesía de Raúl Bueno, un dios. Es un viajero.
Un movimiento doble de exploración y búsqueda recorre las colec-
ciones de Ensayo general. Viaje y recorrido como metáfora de expan-
sión del sujeto y exploración de su lugar en el mundo, y del lugar del
mundo en la propia conciencia. Y la mirada que recorre e ilumina el
mundo y la propia subjetividad es una mirada plenamente conscien-
te de su propia fragilidad y aún, a veces, escéptica.
Recorridos incesantes, con las palabras como arma y única com-
pañía; palabras que
salen al acecho de las cosas
–un gesto
un grito
ZURCIDORES DEL ALMA 299

una mirada
a orientar los peces y las aguas
los vientos y las alas
(Ensayo general, Crónica de Babel, “Las palabras”).
Recorridos de la búsqueda como quehacer renovado y como amule-
to:
¿Qué fuerza, qué destino
De vegetal pujante nos urge hacia la luz?
nos pregunta el poeta desde “Phylacterion”. Todo el poema se afa-
na por capturar el sentido de esa búsqueda ineludible: “con ansiedad
buscamos un destino y un orden”, declara. Es búsqueda de una luz
que “abraza a la tierra”, de una luz que no es ya metáfora heredada
del iluminismo donde razón y entendimiento nos revelan el mundo
y la verdad. Esta, por el contrario, es luz.
…donde todo sentido
–la voluntad de amar, el fuego
en que se empeñan las pasiones, la memoria
que otorga filacterias al tiempo–
se confunde.
La claridad y la verdad residen aquí en un ámbito “donde todo
sentido se confunde”, y en esa paradoja se ancla una poética que
conjuga el anhelo de permanencia:
Así
Con ansiedad buscamos un destino
Y un orden perseguimos
Lo fugaz de lo eterno y la perennidad
Del pasajero anhelamos
Adherirnos a formas, signos, verbos,
con la lucidez de un balance desolador frente a la amenaza ineludi-
ble del paso del tiempo:
…conseguimos
la nobleza del mico en su efímera butaca
el grito del delfín cuando acechan las orcas
la sonrisa clavada de marfiles
de aún el franciscano lobo
(Ensayo general. Crónica de Babel, “Phylacterion”).
Recorridos de voces, de diálogos interminables, escuchando
otras voces, delineando en búsqueda renovada las modulaciones de
una voz propia.
300 BEATRIZ PASTOR

Id al Sur …
O al Norte…
Mas id buscando una forma adecuada
Para un labio continuo
Para la súbita violencia de la voz.
Voz propia que es única –“Tu voz que es regalada al viento”– o
compartida: “Nuestra voz es pertenencia del viento”. Voz que se
afirma en la conciencia de su propia fragilidad:
Nuestras voces son apenas el viento
O son
La más débil arteria del verano
(Ensayo general. De la voz y el estío, VIII ).
Voz cálida y tierna. Voz de cuerpo y de vida:
puedo existir bajo este cielo que a veces oscurece

porque
puedo encender el labio a voluntad
y puedo modularlo conteniendo su grito y su calor.
Voz que resuena como la piel en la caricia y que, como ella, se quie-
re:
… todavía sonora y permeable
como vivos tambores de acústica nativa
(Ensayo general. De la voz y el estío, IX ).
Voz en donde convergen todas las otras voces, “la diaria, simple,
llana voz del hombre” con “la duradera suave y violenta voz” en un
gran estallido de alegría:
Todas las voces ahora realizan su concierto
y elevan brazos como redes lanzadas
o zarzas jubilosas…
Todas las voces danzan
Un pentagrama de nuevos apetitos
Y sentidos despiertos.
Convergen en canto y danza, donde se funden y confunden el
éxtasis amoroso con la pasión de la creación, deshaciendo cadenas,
abriendo corredores, invirtiendo el paso del tiempo, alumbrando
una voz poética, ahora ya sí, única, que es simultáneamente origen
de la vida y de la creación:
Todas las voces ahora
En una sola voz
ZURCIDORES DEL ALMA 301

En esta sola voz que las enreda


(Ensayo general. Viaje de Argos).
Al filo de esos recorridos, las amenazas insoslayables: el olvido
que “asciende como lento escarabajo/ escarabajo calmo o lumino-
so”; el poder corrosivo del “ácido del tiempo” (Ensayo general. Mester
de aprendizaje, “Distancia”), las múltiples derrotas inevitables. Pero
también el amor.
El primer amor, apenas descubierto en “Cantiga del amor”,
donde la estructura dialogada crea un juego de distancias y acerca-
mientos que ahonda en la ternura. El uso de “usted” y “ustedes”
para hablar de los amantes crea como un desdoblamiento en el que
el poeta es, a la vez, sujeto y espectador del milagro del amor.
Y ahora gentilmente
usted toma su mano.
…..
Usted le habla
Ama sus manos apretadas y finas.
Usted le habla:
Este es el amor que se alza y canta.
El uso del “tu” para interpelar a la amada, por otra parte, rompe
esa distancia, anulando el espacio, suspendiendo el tiempo y convo-
cando el milagro del encuentro:
Espera, tomaré tu otra mano.
Te estoy amando
(Ensayo general. Viaje de Argos, “Cantiga del amor”).
Y el amor que triunfa calladamente del paso del tiempo en “Car-
ta” donde, a la luz de una vida compartida –Vives…/ bajo la misma
luz con que yo vivo/ bajo la misma luz con que yo muero”– el paso
de los años ahonda y enriquece el amor, como un buen vino:
enciende, apaga, aviva
siempre esta cara hoguera
lograda con el lento
o presuroso
alcohol de los años.
Quizá el poema que mejor ilumina las vueltas y revueltas de la
trayectoria poética de Raúl Bueno anterior a Misivas de la nueva Al-
bión es “Lección de anatomía”, sin duda uno de sus mejores poe-
mas. Con una narración directa y sencilla el poeta va enumerando la
302 BEATRIZ PASTOR

serie interminable de manos que ha contemplado. Manos “comple-


tas”, “realizadas”, “seguras”. Manos “de piel severa y fuerte”, ma-
nos “que nacen y ya crecen”, “manos que han perdido un dedo/ o
dos; “manos enviudadas”. Cada mano es una puerta que remite a un
ámbito de la experiencia, a un recorrido posible, a formas de pleni-
tud, o de carencia. Es metáfora del modo de hacer de un sujeto
creador. Pero toda la estructura dramática del poema se apoya en un
contraste fundamental: el que contrapone el recorrido maravilloso
por la serie interminable de manos y la visión que inicia la primera y
la segunda estrofa:
Hoy he visto unas manos completas
realizadas seguras.

Hoy he visto unas manos completas


Y vi en ellas las manos verdaderas,
con la estrofa que cierra el poema:
Vi manos, tantas manos de igual fisonomía
que ya no pude ver mis propias manos
(que ya no quise ver mis propias manos)
en su afán de lograr esta escritura
que pueda subsanarlas
que pueda defenderlas.
En el espacio que a la vez une y separa los dos términos del con-
traste se inscribe todo el oficio del poeta enmarcado por la conver-
gencia angustiada de identidad y creación.

II.

Pero, ya desde los epígrafes, se anuncian en Misivas de la nueva


Albión algunas de las claves temáticas una nueva poesía. El dolor:
“en el tórax, un óxido profundo de tristeza”, y el desdoblamiento
del sujeto poético: “camino/ sin mis pasos, con otros, allá lejos”
como estrategia de neutralización de una pérdida radical, nos remi-
ten a la herida interminable que recorre de punta a cabo este nuevo
poemario. Poco tiene que ver esta herida con la del cuento de la es-
tudiante herida. No se origina en la agresión, ni en la violencia, sino
en la ausencia y la pérdida. Pero no es por ello menos dolorosa. Es
la herida del exilio que Edward Said describe, acota, y recorre minu-
ciosamente en sus propios escritos: “La herida incurable que separa
ZURCIDORES DEL ALMA 303

a un ser humano de su lugar natal, la escisión que arranca de forma


irreparable al yo de su verdadero hogar” (49). Y es la herida que fun-
da, dentro de la trayectoria de la poesía de Raúl Bueno, nuevo zur-
cidor invisible de “los cristalillos del alma”, una nueva poética: una
poética del exilio.
Se inicia con un juego de cotejos e inversiones. El paseo matinal
de los vecinos de la calle Lowe –austeros, virtuosos, puritanos– de-
linea entre los rododendros y las lilas un paisaje de orden perfecto.
Estampa fiel de una comunidad académica y bien pensante. Pero la
voluntad del sujeto poético borra esa estampa de un plumazo, dan-
do entrada a la memoria de una realidad alternativa:
Yo los olvido. Es decir
yo no doy mi memoria a torcer. Es decir
yo me empeño en llevarlos a un futuro pasado
para abrazar estas viejas imágenes que estaban ahí
aquí adentro, aguardando esta hora
(Misivas de la nueva Albión, “Los vecinos de la calle Lowe” 23).
Y entran, desde otras geografías, Domitila y Genaro, los vecinos
de la calle de Arces, arreando sus burros y sus vacas, seguidos de sus
perros, recorriendo quién sabe qué caminos. Y el contrapunto del
olvido y del recuerdo inscriben frente a la pérdida y la ausencia la
voluntad de hacer ingresar el pasado en un presente que se vive co-
mo carencia, dando vida a las viejas imágenes. También “La noche
de los pequeños aprendices de brujo” muestra la pugna intermina-
ble entre aquí y allí, el vaivén renovado entre el ritual de acá y el de
allá, la fiesta infantil de Halloween y el ritual del Día de los muertos.
El balance está claro: no se quiere aceptar la celebración prestada,
no se puede puede “tallar impunemente los grandes zapallos”. De
hecho, los grandes zapallos que intentan desde este ámbito cultural
diferente desplazar “las guaguas de bizcocho, las “ceremonias de
hojaldre y mazapán” se vuelven figuras inquietantes de la propia an-
siedad con sus “horrendas oquedades/ como bocas desdentadas y
fieros ojos” y acaban transformándose en horrendos zapallos pu-
driéndose a la puerta/por todas sus heridas” (Misivas de la nueva Al-
bión, “La noche de los pequeños aprendices de brujo” 40-42). En
“Memorias del porvenir”, (el contrapunto entre) las “ventanas al
sueño o al olvido” de las estampas de almanaque que adornaban el
taller del peluquero del barrio de la Antiquilla en Arequipa con es-
cenas de flora y fauna nórdica, prefiguran la ventana de la “habita-
304 BEATRIZ PASTOR

ción boreal” desde la cual el sujeto contempla la naturaleza de Nue-


va Inglaterra. Pero las imágenes de las ventanas del sueño se desva-
necen ante una realidad destructora, donde lobos y cazadores ame-
nazan al ciervo, hermoso en las estampas pero destinado aquí a las
balas o el colmillo. Y el poeta intenta, inútilmente, conjurar el des-
tino de quien pasa del otro lado del espejo con una súplica:
No vengas, te lo pido
desde aquella antigua ventana
hacia esta
mi tardía ventana de otoño
(Misivas de la nueva Albión, “Memorias del porvenir” 51).
El ciervo dramatiza, por analogía, el destino del propio poeta,
trasplantado como él del ámbito del recuerdo y las imágenes de la
peluquería a la realidad del norte frígido e inhóspito, inscribiendo la
amenaza de la propia destrucción en el marco de “esta pastoral
Nueva Inglaterra”. Al igual que el oso adolescente capturado y en-
viado “en viaje hacia los bosques inhóspitos del Norte” duplica el
viaje análogo del poeta y su alejamiento vertiginoso del origen:
no entendía [el oso] nada. Es decir, habría intentado entender…
pero todo se alejaba sin sentido
esfumándose como una patria sin retorno.

Como cuando en mi juventud, Isabella,


Vi una fuga de volcanes y desiertos
y montañas de afilada piedra y turbulentos
ríos (Misivas de la nueva Albión, “La jaula del oso adolescente”).
Y prefigura tal vez, como una pesadilla, su triste destino de ani-
mal disecado.
Es hermosa la naturaleza de Nueva Inglaterra en la poesía de
Raúl Bueno. Captura con lirismo exacto el ritmo de las estaciones, el
deshielo, la sombra de sus bosques, el rumor de prados y de hele-
chos. Despliega panoramas de colinas. Sabe del pino, el arce, del
rododendro, la lila y el arándano. Observa el paso cauteloso de los
ciervos y el ondular sedoso de la oruga; escucha el canto de los gri-
llos y las ranas, y atisba la llegada de los gansos. Es hermosa, sí, pero
nunca un hogar, nunca una patria. Como en una visión de David
Lynch, algo horroroso se esconde bajo la apariencia amable de jar-
dines y céspedes. Los topos, “inocentes bestezuelas del césped” al
ZURCIDORES DEL ALMA 305

inicio de “La noche de los topos”, se metamorfosean de pronto en


“espantosas alimañas del suelo” que con
Gubias de acero y navajas de obsidiana
le han perforado túneles a la memoria
o al olvido.
El paisaje exterior se funde con el interior, y la destrucción de las
alimañas del suelo no es aquí, como era en Lynch, metáfora de una
realidad atroz escamoteada por fachadas convencionales, sino signo
de la destrucción del mundo interior, del alma del poeta”
Toda la noche han minado la noche
los implacables topos del alma
(Misivas de la nueva Albión, “La noche de los topos” 9-10).
En “Hablando de resurrección”, toda la celebración del rito cí-
clico de regeneración de la primavera se vuelve campo de batalla
donde se juega la supervivencia misma de ese mundo interior, el
triunfo improbable de una presencia que sólo la memoria puede ya
convocar, sobre las fuerzas de la rabia y del olvido que inscriben en
el poema la vivencia atormentada del exilio. No es dulce aquí la
primavera. La hierba que retorna es “la hierba de la rabia”. El bos-
que, amenazador, “se regenera con vértigo de infierno”, y “exhala
una respiración profunda/ de animal prehistórico”. Vuelven las ali-
mañas a socavar el césped y los cimientos del mundo del poeta en
infatigable trajín de destrucción. Aquí, la primavera es minuciosa
escenificación de la destrucción implacable:
Alimañas de toda catadura resucitan,
alentadas por una convocación maligna.
Ya trajinan sus senderos bajo el césped como
dentro de maderos rendidos por la podre.
Ya tienden sus telares entra las ramas nuevas
y arruinan sus renuevos, reducen a pólvora inútil sus mejores hojas
vuelven desaliñado, hirsuto, inhabitable
el pequeño jardín (el trabajo, la casa)
y temible el bosque que lo avasalla.
Hay que hacerle la guerra, quién lo duda, y así lo hace el poeta.
Como un nuevo Don Quijote sale a librar su “inútil y anacrónica
guerra” armado de herramientas de jardín. Guerra renovada y feroz,
guerra implacable contra el exilio y la pérdida:
Tú sabes que es la guerra contra las huestes de la rabia
y del olvido
306 BEATRIZ PASTOR

impuesto por la agenda del día.


Guerra que intenta desesperadamente recuperar la vida anterior
a la escisión del exilio, la de allá, la de otro espacio y tiempo –luna
redonda, pata de conejo, libros y cuadernos de la suerte– derrotan-
do de una vez por todas la presencia de esta realidad, la de acá, que
no es más que una “nueva invasión de mi vida” (Misivas de la nueva
Albión, “Hablando de resurrección”)1.
Escindido entre dos mundos, el sujeto se desdobla, interpela,
dialoga consigo mismo entre Arequipa y Lyme, entre Hanover y
Puno. Es la escisión elemental de la conciencia del exiliado. La
misma que capturan las palabras de Mahmoud Darwish, el gran
poeta palestino:
El diálogo que entablo conmigo mismo en este lugar –dice Darwish– es un
diálogo con la parte ausente de mi mismo. Veo la ausencia con tanta clari-
dad que podría tocarla. Podría abrazarla, o mantenerla a distancia, como si
estuviera allí. Como si desde aquí, desde este lado, mi propia sombra inter-
pelara a mi esencia allá, en el otro lado (Mahmoud Darwish, en el docu-
mental As the Land is the Language, dirigido por Simone Bitton, 2000).
El sujeto apresta sus armas y herramientas, refina estrategias para
detener la invasión de la realidad destructora. El jardinero de “Ali-
mañas de adentro y afuera” tiene sus armas de contraataque:
Acudo a mi armadura y me aplico
ungüentos contra el mal (y los mosquitos).
Provisto de mis máquinas de ataque (sierra mecánica,
podadora de gas, desyerbadora eléctrica y otros
artilugios de muerte)
(Misivas de la nueva Albión, “Hablando de resurrección” 20).
Y el poeta zurcidor tiene las suyas para neutralizar distancias y
borrar escisiones, suturando los bordes de la herida. En primer lu-
gar, el juego de vaivenes y desplazamientos entre espacios de allá y
de acá. Se puede, tal vez, abolir el espacio, como en “Bolas de nieve
en Puno, o los huesos del alma”. Aquí, de nuevo, la visión, desde la
ventana, de los niños que se tiran bolas de nieve esperando el auto-
bús amarillo que ha de llevarlos a la escuela desde la calle Lowe,
convoca otra ventana, la de Puno, y otra realidad: la de otros niños,
grises y sin escuela. La intensidad de la evocación de la memoria re-
fuerza el sentimiento de separación radical, la alienación ineludible:

1
Todas las citas anteriores son de este poema, pp. 19-21.
ZURCIDORES DEL ALMA 307

el yo aislado detrás de su ventana, reducido desde la óptica de los


bien pensantes vecinos, a la categoría de extranjero incomprensible
y, hasta peligroso. Pero un mismo dolor incurable tiende un puente
entre los dos espacios, aboliendo la distancia que los separa: “me
duelen mucho los huesos, madre”, se queja el niño en Puno; “me
duelen mucho los huesos del alma, últimamente”, reitera el poeta
desde su ventana.
O se puede, tal vez, abolir el tiempo, como intenta el poema
“Nosotros los de ahora” para borrar distancias y neutralizar “el des-
tierro” cotidiano. Aquí es el amor el arma de elección, la fuerza
prodigiosa que derrota a Neruda –“y no cuenta Neruda, nunca
cuenta”– y desafía el poder destructor del tiempo y la distancia:
Nunca cuenta
entre nosotros el tiempo o la distancia[,]
declara el poeta,
pero por sobre todo
entre nosotros nunca cuenta el tiempo transcurrido
(sean veinte años los años transcurridos)
porque somos los mismos, porque
nosotros los de entonces siempre somos los mismos
reitera enfáticamente.
Sólo el amor es aquí arma capaz de abolir el tiempo, de afirmar
una permanencia que convierte ilusoriamente el paso del tiempo en
simples “trampas del continuo movimiento”. Sólo el amor logra,
ilusoriamente, abolir el tiempo y la distancia, haciendo que el poeta
vuelva a tener veinte años y una camisa azul y un suéter verde, su
amada dieciocho y un camisero azul, logra que el juramento de
amor eterno de entonces, de allá, se funda con el mismo juramento
triunfal de ahora, acá:
y estamos junto al fuego
diciéndonos lo mismo
(triunfalmente lo mismo)
del inicio.
Pero dos imágenes simétricas cuestionan un triunfo que, más
que triunfo, es tregua: la lluvia que cae durante el primer juramento
de amor, la nieve que cae durante el segundo.
(no contaba la lluvia
y ahora si que cuenta para siempre) […]
308 BEATRIZ PASTOR

(no contaba la nieve y sin embargo


si que cuenta la nieve para siempre
(Misivas de la nueva Albión, “Nosotros los de ahora” 48-50).
Ambas socavan sutilmente la aritmética del poeta y afirman,
frente a su voluntad de que no cuenten, la realidad irreductible del
tiempo y la distancia.
Todo el arte sutil del zurcidor, todas las estrategias del poeta,
convergen en el poema que admite la escisión desde su mismo títu-
lo: “Albores de primavera en Lyme (o los cristalillos del alma en
Arequipa)”. Todo el arte de ambos se conjuga en un zurcido magis-
tral que, fibra a fibra, hilo a hilo, verso a verso, intenta, una vez más,
suturar la herida del exilio. Desde la casa de Lyme, una ventana, sólo
una, se abre esta vez hacia los dos espacios:
La ventana es más amplia que nunca y a ella
se asoman todas las colinas de Vermont.
Beatrix:
¿podrías figurar aquí mismo un cerco de volcanes tropicales
y un aire azul, de altura
y un cielo de tenues respiraciones?
La elección reiterada del condicional del verbo –podrías, po-
drían, tendrías– abre un espacio de posibilidad nueva. No es este un
condicional de duda, sino de esperanza. Indica como un dedo un
ámbito imaginario donde sí que sería posible juntar esos dos mun-
dos, reparar el tejido, juntar, de una vez y para siempre, los bordes
de la herida. El mundo perdido se instala firmemente en el presente,
el frío de la infancia, el calor de sus hogazas de pan recién horneado
son ya de aquí, de ahora; los personajes que poblaban el mundo de
Arequipa desfilan por el paisaje del valle de Nueva Inglaterra que se
despliega más allá de la amplia ventana:
Mas aún es temprano, no han cruzado
en sus burros las rosadas lecheras de Thetford
con sus raídos mitones y sus dedos rojos,
ni ha venido el triciclo pedal de Orford
oliendo a panadería reciente, falta mucho
para que el tranvía colorado de Lyme Center aporte
sus campesinas cargadas de canastos y verduras. Esperar.
Cruzan los niños que marchan a la escuela
Forrados de bayetas y crudas chaquetas de oveja.
ZURCIDORES DEL ALMA 309

Sólo hay que esperar tantito, y el zurcido milagroso verificará la


realidad deseada: ya no dos mundos, sino uno solo, ya no separa-
ción, ya no distancia, ya no mundo perdido, ya no escisión de sujeto
ante la ausencia. La herida, finalmente, suturada.
Pero la última parte del poema es inequívoca:
He salido por fin al prado. Nada
recuerda aquí desnudas geografías lunares
ni mínimos huertos arrancados con uñas
a la vasta tierra sequiza.
Se ha roto el sortilegio. La dura realidad del exilio se impone
nuevamente, con sus niños otros, su “denso aire vegetal que emana
de los bosques”. Se impone, una vez más, el fracaso del zurcidor
invisible, volcado en su tarea imposible de suturar la herida, inten-
tando “zurcir los cristalillos del alma”.
Yo conozco esa casa: es la casa que habito. Y conozco sus pra-
dos, su jardín y su bosque, el cielo luminoso de su invierno, las no-
ches de verano. También, como Raúl, me asomo a sus ventanas. Pe-
ro veo otra cosa. No veo la Arequipa de su infancia, sus niños, sus
volcanes, sus calles pedregosas. Veo otros pueblos, calles, montañas
escarpadas del verde Pirineo, el río que recorre un valle interminable
de prados y manzanos. Veo el Cadí, la cresta de la ola de piedra mi-
lenaria que el tiempo allá detuvo. Veo también mis manos, rojas,
congeladitas, de jugar en la nieve con los niños del pueblo.
Paisaje diferente pero… ¿es el dolor el mismo?
Como Raúl y Gladys me siento en mi terraza a mirar el otoño.
¿Siento la misma herida?
Como Raúl y Gladys veo, al fondo del valle, el río, sus prados y
sus granjas, las nieves del invierno, y la llegada de los gansos salva-
jes, que traen la primavera.
Y más allá veo aún, igual que ellos, aquel otro paisaje, semejante
y distinto, cercano y tan remoto: el siempre doloroso paisaje del exi-
lio.

Lyme, 24 de junio, 2014

BIBLIOGRAFÍA CITADA

Bueno Chávez, Raúl. Ensayo general (poesía reunida). Lima: Hipocampo Editores,
2014.
310 BEATRIZ PASTOR

—. Misivas de la nueva Albión. Arequipa: Editorial Cascahuesos, 2014.


Said, Edward. The Mind of the Winter. September issue of Harper Magazine,
1984.
Valenzuela, Luisa. “El zurcidor invisible”. En Prisma: Análisis critico de textos en
español. Antonio Sobejano, ed. Wilkes Bare, PA: Panda Publications, 2008.
105-120.
TERCERA PARTE
SOBRE EL MAESTRO Y EL COLEGA
ARGOS AREQUIPENSIS. LIBRO DE HOMENAJE A RAÚL BUENO CHÁVEZ
Boston: RCLL, CELACP y Latinoamericana Editores, 2014, pp. 313-315

REMEMBRANZAS SOBRE RAÚL BUENO CHÁVEZ

U. Juan Zevallos-Aguilar
The Ohio State University

Conocí a Raúl Bueno Chávez en 1981, dos años después de ha-


ber ingresado a la Escuela de Literatura de La Universidad Nacional
Mayor de San Marcos. Él volvía de Venezuela donde había sido
profesor visitante. Me matriculé en su curso de Interpretación de
Textos Literarios. Nos enseñó una interpretación de textos desde
una perspectiva semiótica. El año anterior había publicado junto
con Desiderio Blanco la primera edición de su Metodología del análisis
semiótico (1980). Debo decir que el curso desde la primera clase satis-
fizo mi curiosidad intelectual y analítica. El análisis semiótico tenía
sentido en mi mente disciplinada por los cursos de matemáticas y
lógica de mis iniciales estudios de ingeniería. Además esta materia,
que estaba muy bien organizada, hizo que recobrara mi atracción
por la crítica literaria amenazada por varios cursos donde primaban
el impresionismo y la historiografía. En otras palabras, me recuperó
para los estudios literarios. Era la época en la que se quebraron va-
rias vocaciones por las huelgas de trabajadores y de docentes que
nos hacían avanzar tres semestres cada dos años. Más tarde llevé
otros cursos de teoría literaria con él. Su clasificación de las teorías
en “inmanentistas” y “trascendentistas” hasta ahora sigue teniendo
mucha utilidad.
Raúl Bueno Chávez ha sido muy generoso con sus recursos y su
tiempo. A los estudiantes que demostraban interés en los temas de
sus cursos nos ofrecía bibliografía poco accesible por las obsoletas
colecciones de las bibliotecas peruanas o por simple carencia de in-
gresos. Sus libros y artículos de revistas especializadas eran fotoco-
piados por estudiantes ávidos en leer novedades teóricas y críticas.
También nos llevaba en su Toyota Corona rojo a varios estudiantes
y jóvenes catedráticos que vivíamos cerca de la ruta de retorno a su
314 U. JUAN ZEVALLOS-AGUILAR

hogar. Sus clases terminaban a las 10 pm. En el recorrido de la Ciu-


dad Universitaria a CORPAC, San Isidro, la mayoría de las veces
continuaban las discusiones sobre los contenidos de sus cursos o
dialogábamos sobre otros temas de actualidad. Otras veces nos ha-
cía escuchar casetes con las novedades o piezas clásicas de música
contemporánea francesa y pedía nuestra opinión. Las animadas
conversaciones y audiciones de música eran interrumpidas cuando
nos tocaba bajar. Recuerdo que Manuel Liendo y yo éramos los pe-
núltimos en salir de su automóvil. Raúl Bueno paraba a la altura del
cine Orrantia, cruce de las Avenidas Javier Prado y Arequipa, para
que dejemos su automóvil. Manuel tomaba su microbús a Miraflo-
res y yo el mío con destino a San Luis. Hasta ahora me acuerdo de
algunas de las entrañables conversaciones sobre literatura, cine, mú-
sica y teoría literaria que teníamos. Eran reveladoras y esclarecedo-
ras tertulias, en movimiento y sin vino, donde también se reía y can-
taba en castellano y francés. Fueron los cimientos imprescindibles
para que desarrolláramos carreras docentes y artísticas los afortuna-
dos pasajeros de ese Toyota Corona rojo.
A mediados de los 80 tuve que empezar mi investigación para
redactar la tesis de licenciatura. Raúl Bueno junto con Antonio Cor-
nejo Polar me hablaron de la necesidad de explorar la vanguardia
andina de provincias. Escogí como tema de tesis la gestión del gru-
po cultural y artístico Orkopata. Le solicité a Raúl Bueno ser mi ase-
sor. Aceptó con gusto. Hizo el comentario de que gracias a mi in-
vestigación iba a profundizar el conocimiento de sus orígenes pune-
ños. Me contó que su padre era de la ciudad lacustre y que él vivió
en Puno entre los cinco y siete años. Luego fijamos un cronograma
de reuniones para informarle de los avances de mi trabajo. En estos
encuentros, que se llevaban a cabo en su domicilio, conocí a su es-
posa, la escritora Gladys Guzmán, y a sus dos hijos, Raúl Eugenio y
Alonso. Desafortunadamente, las reuniones de asesoría fueron inte-
rrumpidas. Raúl Bueno aceptó ser profesor visitante en Dartmouth
College por dos años. Iniciamos un intercambio epistolar. En sus
cartas daba testimonio sobre su renovación teórica y metodológica.
Me contagió su entusiasmo por la teoría cultural y literaria neomar-
xista. Le pedí el favor de comprarme los últimos libros de Terry Ea-
gleton, Fredric Jameson y Raymond Williams, que me los envió por
correo o trajo en sus visitas a Lima. Continuó nuestro intercambio
epistolar y lo seguía visitando cada vez que volvía a Lima. En uno
REMEMBRANZAS SOBRE RAÚL BUENO CHÁVEZ 315

de sus retornos, me honró al encargarme transcribir los debates del


simposio “Latin America: New Directions in Literary Theory and
Criticism” que tuvo lugar en abril de 1988 en Dartmouth College,
Hanover. El pago que obtuve por este trabajo hizo mi vida más lle-
vadera en tiempos en que el neoliberalismo se asentaba en el Perú y
sus secuelas afectaban a los jóvenes.
En agosto de 1989 empezó mi larga estadía en los Estados Uni-
dos como estudiante de maestría. En este país que nos acoge lo he
reencontrado muchas veces en diversas ocasiones. Los reencuentros
siempre han sido gratos y fructíferos. Debo decir que he sido afor-
tunado en conocerlo. Él ha sido uno de los responsables de que si-
guiera adelante en esta carrera. Sin su generosidad intelectual y hu-
mana quizás hubiera tomado otro camino en mi época de estudiante
de pregrado. Más tarde su incondicional apoyo ayudó a que iniciara
mis estudios de doctorado y me estableciera como docente en el sis-
tema universitario norteamericano.
Asimismo, he continuado aprendiendo mucho de él luego de
haber sido su estudiante en San Marcos. Sus artículos y libros me
han servido enormemente como docente e investigador. Entre los
más importantes, recuerdo sus investigaciones sobre las metáforas
de la vanguardia hispanoamericana que son una gran contribución.
Su reflexión sobre el concepto radial de cultura me ha abierto cami-
nos para repensar la cultura peruana y latinoamericana. Por último,
sus indagaciones teóricas, en marcha, sobre la traducción cultural se
vienen constituyendo en un nuevo aporte a la teoría cultural lati-
noamericana. Estoy muy agradecido por todo ello.
ARGOS AREQUIPENSIS. LIBRO DE HOMENAJE A RAÚL BUENO CHÁVEZ
Boston: RCLL, CELACP y Latinoamericana Editores, 2014, pp. 317-320

EN SAN MARCOS LOS PROFESORES ERAN POETAS

Manuel Liendo Seminario


Colegio Santa María-Marianistas, Lima

A finales de los años 70 decidirse por una profesión era todo un


problema, sobre todo, cuando se trataba de seguir una profesión
vocacional, es decir, aquella que no te garantizaba ningún futuro
promisorio en lo económico. De plano, seguir la profesión de litera-
to te sentenciaba a ser, por siempre, la oveja negra de la familia. Sin
embargo, nunca falta un recuerdo, un deseo o quizá el sueño de un
ser amado, del cual formas parte y no te queda más que aferrarte a
esa fantástica razón que te alivia y apoya ante las miradas condena-
torias de la familia.
Ingresé a la Escuela de Literaturas Hispánicas en la Universidad
Nacional Mayor de San Marcos en el año 79. Nuestra base en un
principio fue numerosa, dividiéndose en dos turnos, uno en la ma-
ñana y otro en la noche. Esa división duró dos ciclos, ya que eran
prerrequisitos para cualquier traslado a otra facultad y por otro lado,
permitía que los del turno nocturno pudieran trabajar durante el día.
Eran tiempos violentos y las huelgas indefinidas se daban reitera-
damente, lo que ocasionó que cada ciclo durara un año.
El grupo de la mañana tuvo la suerte de contar con profesores a
los que unía un detalle importantísimo; todos ellos eran poetas:
Carmen Luz Bejarano recibió una Mención Honrosa en el Premio
El Poeta Joven del Perú de 1960. El Primer Premio fue compartido
por Javier Heraud y César Calvo. Carlos Garayar publicó dos poe-
mas memorables en la revista Hipócrita lector. Esther Castañeda nos
sorprendió años después con libros de poesía como Interiores y Piel.
José Alvarado Sánchez publicó poesía bajo el seudónimo de Vicente
Azar. Y Raúl Bueno era autor de Viaje de Argos y otros poemas (1964) y
De la voz y el estío (1966) hasta ese entonces; más tarde, en 1986, pu-
blica Lengua de vigía & Memorando europeo. Formó parte de la antolo-
318 MANUEL LIENDO SEMINARIO

gía de poesía peruana de Alberto Escobar (1973). A este distinguido


grupo se sumaron un par de profesores que provenían de las Cien-
cias Sociales1.
Una mañana de invierno vimos venir a un desorientado joven
que lucía una cabellera ordenada cuyo terco cerquillo volvía rápida-
mente a cubrir su frente cada vez que era llevado hacia atrás, entró a
clases como un alumno más y nos preguntó si éramos los alumnos
de la base 79, luego alzó un pupitre y lo llevó al centro del salón y
sentándose nos dijo: mi nombre es Raúl Bueno y seré su profesor
de Interpretación de Textos. Entre sorprendido e incrédulo de ver
tantos alumnos nos preguntó si estábamos seguros de seguir la ca-
rrera de Literatura, en todo caso, nos habló de nuestra terca persis-
tencia de continuar en esa locura de vivir leyendo de por vida.
De todos nuestros primeros profesores nos atrajo la confianza
sobre todo en su pasión por el texto poético y nos trasmitía esa
constante sensación de que la poesía participa en todo lo que se
mueve sobre la tierra, Raúl mostraba esa fuerza como fuego escon-
dido bajo la ceniza y salía de pronto como una espada enajenada
por la palabra.
Tuve la suerte de estar junto a él durante algunos años como su
alumno y compañero de ruta, ya que a un grupo de alumnos termi-
naba acercándonos a casa en su escarabajo celeste después de clase.
En esos regresos las conversaciones eran interminables, nos llamaba
la atención la avidez con la que nos escuchaba y nos sorprendía más
aún cuando reparaba en detalles que no olvidaba. Para él nuestras
historias siempre eran importantes y más aún no tenía reparo alguno
en consultarnos inexplicablemente si nos parecía acertado el nom-
bre de su próximo poemario, de hecho nos sentíamos importantes
aunque en realidad éramos parte, sin saber, de una coloquial praxis
poética que más tarde asumimos como nuestra.
Nos preguntaba por nuestras preferencias poéticas y nos reco-
mendaba a autores de similar tradición. Para nosotros era un espec-
táculo cuando se apasionaba con un poema o con una categoría lite-
raria, de pronto veíamos la esencia de un joven poeta arequipeño
que solía pasearse por las calles con cigarro en mano y cenicero.

1
Menciono al paso a los poetas profesores del turno de noche, no menos
importantes: Antonio Cisneros, Marco Martos, Washington Delgado, Hilde-
brando Pérez Grande, Carlos Germán Belli y varios más.
EN SAN MARCOS LOS PROFESORES ERAN POETAS 319

Veíamos al joven universitario arequipeño en un post doctoral en


semiótica en l’École des Hautes Études en Sciences Sociales en Pa-
rís. Su sencillez, su dicción apasionada y su condescendencia ayuda-
ron para definir nuestro camino colmado de literatura.
A lo largo de nuestra vida universitaria llevamos con Raúl Bueno
cursos como Teoría Literaria I, II y III, Seminario de Teoría Litera-
ria donde escuchamos por primera vez las disquisiciones sobre la
teoría literaria de Walter Mignolo, la dialogía y los enunciados de
Bajtín, el idealismo de Spitzer, el estilismo de Dámaso Alonso y
Kayser, la posición semiótica de Barthes y Kristeva, el panorama
teórico de R. Wellek y A. Warren en su diversidad en cuanto a la
teoría del relato, las incompatibilidades y oposiciones en la teoría del
narrador de A.J. Greimas, entender que no hay un acuerdo tangible
entre las teorías, ya que jamás sería menester la coherencia para con-
siderarse como un concepto, sino como un espacio de acciones de
orden cognitivo en procesos que nunca llegan a consolidarse y fi-
nalmente, nos brindó información de muchos otros teóricos de los
que no he vuelto a escuchar.
He tratado de seguir sus lecturas y cada vez Raúl es más consis-
tente en la demostración de que nunca habrá unidad cultural en
América Latina, en tanto que las relaciones locales o regionales es-
tán conformadas por realidades heterogéneas que desde que han si-
do culturalmente registradas se han visto desnaturalizadas por la
otredad conformada por ideas ajenas a nuestras realidades.
Igualmente nos introdujo al estudio de la poesía hispanoameri-
cana de mediados del siglo XX y así también a Antonio Cornejo Po-
lar, Ángel Rama, Roberto Fernández Retamar, Nelson Osorio, Ale-
jandro Losada, entre otros.
El magisterio de Raúl Bueno se entrelazó con el magisterio de
San Marcos en cada una de sus clases sobresalía su marca que nos
enseñaba a abordar la teoría literaria con creatividad, él nos enseñó a
ver nuestro continente, a sentir la sutileza de las poéticas hispanoa-
mericanas sonando en las ciudades transpiradas, palpitantes y voci-
ferantes. Hallar la geometría de los versos, armonizar el secreto jue-
go de los lenguajes.
Con los años, el Maestro Raúl Bueno nos sigue motivando con
los retos que debemos asumir ante nuestra cultura a través de los
estudios literarios y culturales en América Latina.
320 MANUEL LIENDO SEMINARIO

Raúl Bueno continuó la labor fundacional de su maestro Anto-


nio Cornejo Polar por muchos años con la dirección de la Revista de
Crítica Literaria Latinoamericana. La calidad de la revista conservó sus
principios y hoy en día es un referente obligado en la bibliografía de
toda cátedra de Literatura Latinoamericana.
Hace muchos años que radica en los Estados Unidos y regresa
cada cierto tiempo a Lima donde aún conserva muchos discípulos.
Realmente fue un lujo tenerlo como profesor y más como amigo
poeta: porque nunca me cansaré de repetir que en San Marcos los pro-
fesores eran poetas.
ARGOS AREQUIPENSIS. LIBRO DE HOMENAJE A RAÚL BUENO CHÁVEZ
Boston: RCLL, CELACP y Latinoamericana Editores, 2014, pp. 321-323

RAÚL BUENO EN CHICAGO1

José Castro Urioste


Purdue University, Calumet

Me es muy grato y un honor poder presentar a Raúl Bueno en


esta oportunidad, aquí en las aulas de DePaul University, y confieso
haber tenido la suerte de ser uno de sus discípulos de la Universidad
de San Marcos hace un buen tiempo (en aquella época tenía unos
veinte años y el profesor Raúl menos de los que ahora yo poseo).
No voy a repetir la trayectoria intelectual de Raúl Bueno, que es
bien conocida. Prefiero, en todo caso, centrarme en la columna ver-
tebral que se expresa a lo largo de esa trayectoria y para ello quisiera
referirme al título de un libro clásico de Jean Paul Sartre, ¿Qué es la
literatura? En tal sentido, y a partir del título de ese libro de Sartre
me gustaría preguntarme ¿qué es la literatura para Raúl Bueno? Al
releer sus textos en estos días, al recordar sus clases en nuestros
tiempos sanmarquinos, y al rememorar también nuestras conversa-
ciones aquí, en los Estados Unidos, llego a la conclusión –sin arries-
gar demasiado– de que para Raúl Bueno la literatura es una pasión,
una pasión por la cual se vive y para la cual se vive.
Tengo la impresión que detrás de sus explicaciones racionales
sobre cualquier modelo teórico-literario, desde la semiótica de
Greimas hasta la heterogeneidad literaria planteada por Antonio
Cornejo Polar, o detrás de las explicaciones de sus propios modelos
teórico-metodológicos, se instala, subyace y sirve de sustento una
pasión por la literatura que se plasma en diferentes quehaceres rela-
cionados con su práctica.

1
Discurso pronunciado como presentación a Raúl Bueno en el “Spring
Cultural Program 2013” organizado por el Departamento de Lenguas Moder-
nas de DePaul University y la “Peruvian Arts Society” el 14 de abril del 2013 en
DePaul University, Chicago.
322 JOSÉ CASTRO URIOSTE

Inicialmente, esa pasión se plasma en su poesía. Porque origi-


nalmente Raúl Bueno es un poeta y sus textos han sido incluidos en
las más exigentes antologías de la literatura peruana, como por
ejemplo la realizada por Alberto Escobar en 1973. Y poesía, como
bien sabemos, es creación, y todos los otros quehaceres en los que
Raúl Bueno plasma esta pasión por la literatura posee también, co-
mo eje conductor, la creación.
El otro quehacer es la docencia y su capacidad de comunicar los
más oscuros conceptos de teoría literaria con gran claridad. Y creo
que mi generación de San Marcos, si hoy en día ejerce la crítica lite-
raria utilizando con comodidad y certeza más de un aparato teórico
–desde la semiótica a la sociología de la literatura pasando por los
estudios culturales–, se lo debe, en buena parte, al magisterio de
Raúl Bueno.
El tercer quehacer que debo mencionar es su capacidad adminis-
trativa/organizativa en asuntos de orden literario. Raúl Bueno, sien-
do muy joven, participó en el Encuentro de Narradores organizado
en la década de los 60 en Arequipa por Antonio Cornejo Polar, al
que asistieron José María Arguedas y Ciro Alegría, entre otros escri-
tores peruanos. A partir de allí, Raúl Bueno ha tenido una activa
participación en la organización y administración de asuntos cultu-
rales: como Director del Programa de Literatura de la Universidad
de San Marcos, como Director del Departamento de Lenguas en
Dartmouth College, como director de la Revista de Crítica Literaria
Latinoamericana, como Presidente del New England Council of Latin
American Studies.
Definitivamente, el ejercicio de la crítica literaria es uno de los
quehaceres en los que Raúl Bueno ha desarrollado y enfatizado su
pasión por la literatura. El discurso pronunciado por el Dr. Carlos
García Bedoya, cuando a Raúl se le confirió el rango de Profesor
Honorario de la Universidad Ricardo Palma, ha resumido el proceso
de su obra crítica. Una primera etapa en que predomina el análisis
textual, la explicación del funcionamiento del texto especialmente a
partir de la semiótica (libros como, por ejemplo, Metodología del análi-
sis semiótico junto con Desiderio Blanco, y Poesía hispanoamericana de
vanguardia); y la segunda etapa, que implica un cambio en la perspec-
tiva de anáisis que puede sintetizarse por darle predominio al cotejo
entre el texto y contexto socio-histórico. Creo que dentro de este
quehacer habría que hacer mención especial a su pasión por la teoría
RAÚL BUENO EN CHICAGO 323

literaria llevada a cabo tambén como un acto de creación, como una


reflexión sobre las culturas latinoamericanas.
Cuando el Dr. García Bedoya pronuncia su discurso en la Uni-
versidad Ricardo Palma, Raúl Bueno no ha publicado Promesa y des-
contento de la modernidad, libro ganador con toda justicia del Premio
Internacional de Crítica Ezequiel Martínez Estrada en Cuba. Promesa
y descontento de la modernidad posee la virtud de ser incisivo y original
tanto en los análisis y observaciones puntuales de los textos (desde
Colón, pasando por Borges, o las novelas indigenistas), como en las
propuestas panorámicas. A no dudar, Promesa y descontento de la moder-
nidad es una profunda reflexión sobre las culturas de América Lati-
na.
Hace varias décadas atrás, el crítico cubano Juan Marinello se re-
firió a las novelas Don Segundo Sombra, La vorágine y Doña Bárbara
como “novelas ejemplares”. Creo que hoy en día en el campo de la
crítica literaria latinoamericana se puede hablar de “críticas ejempla-
res” y, definitivamente, Promesa y descontento de la modernidad es un ca-
so de crítica ejemplar. Finalmente, deseo agradecerles a las autorida-
des de DePaul University por haberme permitido presentar a Raúl
Bueno, y le agradezco a Raúl Bueno por haberme tolerado en sus
clases, y después también, en nuestras largas conversaciones aquí en
Estados Unidos.
ARGOS AREQUIPENSIS. LIBRO DE HOMENAJE A RAÚL BUENO CHÁVEZ
Boston: RCLL, CELACP y Latinoamericana Editores, 2014, pp. 325-326

PALABRAS BUENAS PARA RAÚL BUENO

Sandro Chiri Jaime


Casa de la Literatura Peruana, Lima

Lo primero que debo decir es que Raúl Bueno es un hombre


bueno. Fue mi profesor desde mi primera experiencia sanmarquina,
experiencia que compartí con compañeros venidos de lugares re-
cónditos del Perú. Sus clases –ágiles, entusiastas y sabias– me con-
firmaban que mi interés por la literatura se correspondía largamente
con el encanto de su prédica. Se trataba de un profesor joven, orde-
nado y que sentíamos como el mejor y primer discípulo del maestro
Antonio Cornejo Polar. Más aún, lo sentíamos como un primo ma-
yor con muchas lecturas y presto a compartir lo que sabía.
Para entonces, Raúl –formado en las aulas de la Universidad de
San Agustín– no habría cumplido los 40, pero parecía siempre de
25. A pesar de su mocedad, en sus clases, el joven catedrático evita-
ba salirse del guion del sílabo, pero como buen poeta, se desbarran-
caba a veces. Sin embargo, a los minutos se volvía a componer y re-
gresaba al valor y al sonido del poema que abordaba con un entu-
siasmo extremo en cualquiera de sus clases. Entonces entendíamos
que el texto lírico era múltiple; dramático, a veces; trágico, otras;
tenso, siempre. Lo sentíamos en vena poética, con agitada respira-
ción que sólo la buena poesía otorga, más todavía, cuando el maes-
tro enfrentaba un texto conversacional, alguno de Cardenal o Cisne-
ros o Fernández Retamar, por ejemplo.
Mi generación fue testigo de su primera producción ensayística.
Me refiero al trabajo Metodología del análisis semiótico (1980), que publi-
có con Desiderio Blanco, y su muy útil Poesía hispanoamericana de van-
guardia. Procedimientos de interpretación textual (1985). También celebra-
mos su continuación como poeta cuando entregó a la colección Vo-
ces del Instituto Nacional de Cultura los originales de Lengua de vigía
& Memorando europeo (1986).
326 SANDRO CHIRI JAIME

Raúl Bueno Chávez (1944) pertenece a la generación de profeso-


res de literatura que marcó a muchos sanmarquinos que ahora ejer-
cen la docencia, la gestión cultural, el periodismo o el trabajo edito-
rial. Entre sus colegas estuvieron Tomás Escajadillo (1939), Hilde-
brando Pérez Grande (1941), Marco Martos (1942), Luis Fernando
Vidal (1943-1993), Esther Castañeda Vielakamen (1947-2010),
Eduardo Hopkins (1947), Carlos Garayar de Lillo (1949) o Antonio
González Montes (1949). Todos ellos, sin excepción, entablaron re-
laciones de igualdad con sus discípulos y supieron estimular en ellos
el fuego de la literatura para que continúen en la brega humanística
y creativa.
No hace mucho encontré algunas otoñales fotografías donde di-
visé a Raúl y a su esposa Gladys acompañándome en mi boda; en
otra se le veía a él, en un callejón de Barrios Altos, rodeado de los
fundadores de Lluvia Editores; y en una última, acaso tomada al
azar, con sus guapas alumnas de entonces Michelle Zumarán, Lilia-
na Prado, Nérida Adrianzén y Esther Espinoza. Esos daguerrotipos
nos devuelven a todos los personajes en la plenitud de sus vidas, pe-
ro tengo la certeza de que el maestro y amigo Raúl es el único que
no ha envejecido ni un ápice.
ARGOS AREQUIPENSIS. LIBRO DE HOMENAJE A RAÚL BUENO CHÁVEZ
Boston: RCLL, CELACP y Latinoamericana Editores, 2014, pp. 327-328

A RAÚL BUENO

Rodolfo Franconi
Dartmouth College

Conhecemo-nos em setembro de 1987, quando cheguei a Dart-


mouth College como Visiting Assistant Professor, o primeiro em-
prego logo após terminado o doutorado na Vanderbilt University.
De meados de setembro a inícios de junho foram nove meses de
gratas recordações. Entre elas, a de ter convivido com Raúl Bueno.
Nossa aproximação aconteceu pelas semelhanças e diferenças
que nos caracterizam, o peruano e o brasileiro observando-se, co-
nhecendo-se. Raúl me surpreendia com o que sabia do Brasil. Eu,
apesar dos autores lidos na universidade, o Peru continuava sendo
destino visionário da minha juventude, ao qual se chegava de caro-
na, mochila e cuia. Na outra mão, Raúl falava-me do presente. Nos-
so encontro fez-me repensar nossa latinidade e a mim próprio.
Terminado o nono mês fui-me de Dartmouth, mas o carinho pelo
lugar e pelas pessoas permaneceu. Quis o destino que eu retornasse
em 1991. Foi então que à história do amigo juntou-se a do colega e
do mentor. Amigo, colega, mentor; nesta ordem.
Agora Assistant Professor em tenure track, no dia a dia dos corre-
dores, do cafezinho na sala 218 e nas reuniões departamentais, o
amigo-colega mostrava a mesma gentileza e generosidade. Nos seis
anos que precederam a tenure, seu apoio e incentivo ajudaram-me a
levar o track adiante. Como não lembrar-me da aula que veio avali-
ar? Terminávamos Macunaíma. Os alunos traziam suas conclusões
sobre as peripécias do herói sem nenhum caráter. Ali Raúl, entre
eles, e eu, entre todos: prova de fogo. Até hoje Raúl se refere a essa
ocasião quando fala do modo que ensino.
Nas apresentações sobre os programas no estrangeiro, várias fi-
zemos juntos: ele as do México ou Espanha, eu as do Brasil. Ter in-
teressados no espanhol e no português na mesma sala era a estraté-
328 RODOLFO FRANCONI

gia de fazer “espanhois” interessar-se por “brasileiros”. Assim con-


quistamos não poucos “hermanos”. Quanto aprendi e quanto nos
divertimos. Os anos do track, como sabemos, afunilam-se em ten-
são, e Raúl prescutava o que passava no espírito do colega junior. A
tranquilidade chegava-me através de incentivos e atenciosa disponi-
bilidade. Das conversas ao longo desses anos estabeleceu-se o diá-
logo necessário para despertar em mim a semente do que viria a ser,
mais tarde, o conceito do olhar oblíquo, o qual passei a desenvolver
a partir de curso ministrado na Vanderbilt University, agora como
Visiting Associate Professor, em 1997: “Brasil e Hispanoamérica: la
mirada oblicua”. Nesse mesmo ano, Raúl propôs-me fazer parte do
Comitê Editorial da Revista de Crítica Literaria Latinoamericana como
coordenador da área de literatura brasileira. O diálogo informal dos
anos anteriores passou a ter estofo de maior envergadura, implican-
do compromissos e responsabilidades. Esse novo relacionamento
pôs-me diante do profundo conhecimento e aguçada visão de Raúl
sobre o ser latino-americano. No conceito do “olhar oblíquo”, Raúl
viu uma categoria cultural, aplicável não apenas ao objeto de minha
investigação, ou seja, o modo pelo qual nos percebemos, brasileiros
e hispano-americanos, uns aos outros, vizinhos que somos, mas de
costas voltadas um para o outro. Seu entusiasmo pelo conceito le-
vou-o a utilizá-lo em dois estudos, assim divulgando-o um maior
público, em gesto de profunda generosidade.
Interlocutor atento a quem sempre recorro, Raúl é o mentor
presente com quem todos sonhamos. Fundamentos teóricos, refe-
rências, sugestões estão-lhe à mão para compartilhar com alunos,
colegas, amigos, quem dele precisar. Conhecimento e generosidade
nele convivem. Professor vigilante, a muitos tem inspirado e conti-
nua inspirando. Certa vez assisti, sem ser notado, a alguns minutos
de sua aula. Raúl não ministrava uma aula, conduzia-a como um
maestro diante de sua orquestra. Todos atentos e atuantes, em har-
monia. Afastei-me paulatinamente, extático na emoção que acabava
de viver. Nunca falei disso a ninguém. Deve ter ficado guardado pa-
ra este momento.
- Raúl, amigo, colega, mentor, professor, crítico, poeta, este tex-
to tinha de ser na língua que nos diferencia e que nos une, herma-
nos que somos nesta América Latina em Nueva Albión, lugar mágico
onde se deu “um poema de Raúl Bueno escrito por Mestre Juan es-
crito por Lêdo Ivo”. Obrigado (Setembro de 2014).
CUARTA PARTE
ESTUDIOS DEDICADOS A RAÚL BUENO CHÁVEZ
ARGOS AREQUIPENSIS. LIBRO DE HOMENAJE A RAÚL BUENO CHÁVEZ
Boston: RCLL, CELACP y Latinoamericana Editores, 2014, pp. 331-346

POLÍTICA Y MECENAZGO EN LA PUBLICACIÓN


DE LA SEGUNDA PARTE DE LOS C OM ENTA RIOS REA LES
O H ISTORIA GENERA L DEL P ERÚ

Christian Fernández
Louisiana State University, Baton Rouge

A Raúl Bueno, por sus enseñanzas


e invalorable amistad

El consenso de la crítica es que la segunda parte de los


Comentarios reales o Historia general del Perú fue publicada de manera
póstuma en 1617, un año después de la muerte del Inca Garcilaso
de la Vega ocurrida en abril de 16161. Sin embargo, también es
sabido que existen algunos ejemplares con fecha de publicación de
1616 en la portada, y a pesar de que sobre esta obra del Inca existe
la mayor cantidad de información y de documentos relacionados
con el proceso de su escritura y de su contrato de publicación, esto
ha creado cierta confusión sobre el mismo proceso, y sobre el
hecho de si existieron dos ediciones, una de 1616 y otra de 1617.
Tanto Aurelio Miró Quesada en su fundamental El Inca Garcilaso y
otros estudios garcilasistas (1971), como John Grier Varner en El Inca:
The Life and Times of Garcilaso de la Vega (1968)2, dos de los garci-
lasistas más importantes, han concluido que hubo sólo una edición
publicada en 1617, pero no han explicado de manera lógica la
existencia de los ejemplares con fecha 1616 en la portada. Por otro
lado, sus hipótesis sobre el proceso de edición de la obra adolecen
de vacíos e inconsistencias, e incluso contradicciones cuando se

1
Aunque se conmemora la muerte de Garcilaso el día 23 de abril, no se ha
establecido nunca a ciencia cierta que haya fallecido este día. El último codicilo
que Garcilaso autoriza es del día 22 de abril de 1616.
2
La versión de 1971 del libro de Miró Quesada es una versión comple-
tamente revisada y aumentada de las de 1945 y 1948. Varner usa la de 1948.
332 CHRISTIAN FERNÁNDEZ

comparan las dos versiones vertidas por ambos críticos; esto a pesar
de que cuando Miró Quesada escribió su versión conocía la de
Varner, y no tomó en cuenta los datos que éste da para compulsar
lo que el historiador peruano llama con mucha seguridad su
“hipótesis con bases concretas de verdad” (252)3.
El problema principal es que ni Miró Quesada ni Varner leyeron
detenidamente los documentos existentes en los preliminares de la
obra, ni la abundante cantidad de documentos publicados por José
de la Torre y del Cerro en su libro de 1935. Por las contradicciones
en ambas versiones, éstas no son satisfactorias para explicar el
problema y vale la pena una nueva lectura que si bien pudiera no ser
conclusiva, al menos sería más completa y no se contradiría con los
documentos existentes. Para esto es necesario: 1) leer los prelimi-
nares de la edición príncipe de la obra de manera cronológica; 2)
leer cuidadosamente el contrato para la publicación del libro entre
Garcilaso y el librero cordobés Francisco Romero; 3) tener en cuen-
ta la cronología tanto del proceso legal de la solicitud de licencias
para la edición del libro como del proceso en la composición e
impresión del mismo; 4) leer todo lo anterior teniendo en cuenta el
contexto biográfico, social, político, cultural y las metas que se pro-
ponía Garcilaso para asegurarse el honor y la fama eterna al cerrar
su carrera con la publicación de la segunda parte de los Comentarios
reales. Creo que si seguimos estas pistas podremos tener una versión
distinta de las propuestas de Miró Quesada y Varner. Pero antes de
llevar a cabo esta lectura vale la pena explicar de manera sucinta las
dos propuestas existentes.
Varner empieza la sección de su libro que trata sobre este asunto
con una falsa premisa:
¿Y cuál fue el destino del incendiario manuscrito que a la muerte de Garci-
laso todavía estaba en las manos de un cauteloso tribunal de Madrid? A pe-
sar de que no hay nada en el testamento de Garcilaso que indique que él de-

3
Miró Quesada menciona con datos precisos que conoce la “otra
interpretación” de John Varner, pero no explica por qué no la toma en cuenta
(nota 17, 252). Para este estudio utilizo sólo a estos dos autores porque son
quienes más conocen la vida y la obra de Garcilaso, y son los más serios, pues
recientemente Edgar Montiel ha difundido en internet su artículo “Las
‘ediciones’ de los Comentarios Reales y sus lectores en el siglo de la indepen-
dencia” en donde también trata algunos de estos temas, pero es claro que
escribe de segunda mano.
POLÍTICA Y MECENAZGO … EN LA HISTORIA GENERAL DEL PERÚ 333

jó planes para la publicación póstuma de su crónica, es inconcebible que no


lo hubiera hecho así (376, traducción mía).
En realidad, a la muerte de Garcilaso en abril de 1616 este libro
ya no estaba en las manos de ningún tribunal de censura en Madrid,
como afirma Varner; por el contrario, ya había pasado por las dos
primeras etapas de las aprobaciones necesarias hasta ese momento
de acuerdo con la pragmática para la publicación de libros en
España, y ya se encontraba en manos del impresor, o impresora, en
Córdoba. Es cierto que ni en el testamento del 18 de abril de 1616
ni en los cinco codicilos y el memorándum agregados los días sub-
siguientes hasta el 22 de abril antes de su muerte, el Inca se refiere a
la publicación de este libro, pero eso no era necesario porque entre
los documentos que dejaba encargados a los albaceas testamenta-
rios y herederos encargados de su obra pía se encontraba el contrato
para la publicación de su libro y los pagos que había venido hacien-
do al librero desde la firma del contrato. Este documento y los
recibos de pago aparecen en el inventario de documentos de fines
de abril. Por otro lado, en su último intento por conseguir mercedes
de la Corona en un documento del 4 de mayo de 1615, Garcilaso, al
hacer recuento de sus obras y de los Comentarios reales en particular,
dice: “que la primera parte de ellos ha salido a la luz y lo demás se
está imprimiendo” (Torre y del Cerro 79). Esto indica que para esa
fecha (1615) su último libro estaba en el proceso de impresión.
Como puede verse, Varner yerra en su hipótesis y esto invalida todo
el razonamiento posterior con respecto a este aspecto de la edición
del libro del Inca.
Por otro lado, Miró Quesada hace una descripción más detallada
del caso. Después de valorar los hechos nos dará su “hipótesis con
bases concretas de verdad”:
Esa hipótesis es que con la muerte del Inca Garcilaso se produjo una
paralización de la labor. Posiblemente una de las razones fue la cláusula que
establecía que el papel y los gastos de impresión se abonarían a medias por
Garcilaso y por el librero Francisco Romero. Es de presumir que la
dificultad producida con el fallecimiento del Inca Garcilaso indujera a sus
albaceas a cancelar el antiguo contrato y a entenderse en forma exclusiva
con la viuda de Andrés de Barrera, Lucía de Leerie, que fue en realidad la
encargada de la impresión porque con ella trabajaba su yerno Romero. La
impresora con toda probabilidad tomó la obra totalmente a su cargo y
asumió las obligaciones –consecuentemente los derechos– que de haber
vivido Garcilaso hubieran recaído sobre él. Esto puede explicar la dife-
334 CHRISTIAN FERNÁNDEZ

rencia en las portadas de 1616 y 1617; ya que en las de la primera se lee


solamente: “En Cordoua, por la viuda de Andrés de Barrera”, y en las de la
segunda se añade, muy significativamente: “En Córdoua, por la viuda de
Andrés Barrera, y á su costa” (252).
Es probable que a la muerte del Inca Garcilaso se hubiera dete-
nido la labor en la composición tipográfica del libro, pero, si es que
se detuvo, no debió ser por las razones que alega Miró Quesada,
sino porque los albaceas testamentarios estaban resolviendo los a-
suntos legales sobre la hacienda dejada por el Inca y haciendo cum-
plir lo estipulado en el testamento, codicilos, y memorándum del
Inca4. Como veremos posteriormente, y por el testamento de Lucía
Leerie encontrado y citado por Varner, el contrato con Francisco
Romero no se canceló, pues la viuda de Andrés Barrera, como el
mismo Miró Quesada reconoce, no sólo era la suegra de Romero,
sino también su socia en el negocio de la impresión. Por otro lado,
ni Garcilaso ni su heredera universal –en la práctica la Catedral de
Córdoba– podían perder ni perdieron los derechos sobre el libro
otorgados por cédula real del 20 de enero de 1614 en la que
dirigiéndose al autor, Garcilaso, se especifica, como era normal en
estos casos, que: “Por lo cual, por hazer bien y merced, os damos
licencia y facultad para que por tiempo de diez años, primeros si-
guientes que corran, y se cuenten desde el día de la fecha della, vos,
o la persona que vuestro poder hoviere, y no otro alguno,
podáis imprimir y vender el dicho libro” (Preliminares, 5, énfasis
agregado). Por el testamento de la viuda de Barrera también pode-
mos saber que el principal heredero de Garcilaso, la Catedral de
Córdoba, recibió los 750 ejemplares que, de acuerdo al contrato
firmado con Francisco Romero el 23 de octubre de 1614, le corres-
pondían a Garcilaso o a sus herederos. Todos estos errores en la
lectura de los documentos descalifican la hipótesis de Miró Quesa-
da. Tampoco explican la diferencia de fechas en las portadas cono-
cidas de 1616 y la de 1617, considerada como la definitiva.

4
Garcilaso demuestra hasta los últimos días de su vida que era una persona
que planeaba las cosas con sumo cuidado, y que además, corregía sus errores,
de allí que después de dar su testamento el día 18 de abril, los días subsiguientes
hasta el 22 los dedicó a corregir su testamento por medio de cinco codicilos los
días 19, 20 21 y 22. Incluso hizo dos codicilos el día 21 y un codicilo y un
memorándum el 22. No está de más decir que probablemente los albaceas y
herederos influyeron para hacer cambios en estos documentos.
POLÍTICA Y MECENAZGO … EN LA HISTORIA GENERAL DEL PERÚ 335

Garcilaso había terminado su segunda parte de los Comentarios


reales a fines de 1612, y debía empezar el largo proceso para la ob-
tención de las licencias para la impresión del libro. No era algo nue-
vo para el autor mestizo, pues había ya editado sus Diálogos de amor
(1590) en Madrid, y La Florida del Inca (1605) y la primera parte de
los Comentarios reales (1609) en Lisboa, costeadas con sus propios
medios. En líneas generales, y por la temática del libro, éste era me-
nos polémico que los anteriores, y quizá por ello decide publicarlo
en España. Por otro lado, para esa época Garcilaso había adquirido
prestigio y quizá sabía que esta vez tenía a personas que lo apoyarían
en el proceso de la aprobación en los lugares adecuados. De todas
formas, el proceso de la aprobación era tedioso y finalmente no
había seguridad de que se aprobara la publicación. Pues, por todos
estos inconvenientes, y en busca de una censura más flexible había
editado sus dos primeros libros sobre América en Lisboa.
Siguiendo fielmente la secuencia ordenada por la pragmática
sobre la publicación de libros vigente en ese momento, el manus-
crito, antes de ser enviado al Consejo Real de Castilla para obtener
las licencias, debía obtener la aprobación de la autoridad eclesiástica
de su provincia. Es así que el 13 de diciembre de 1612 Garcilaso
escribirá al obispo de Córdoba, fray Diego de Mardones, el petitorio
en el que dirá que “ha escrito la segunda parte de los Comentarios
reales, y la tiene ya acabada” (Preliminares). El obispo, cumpliendo
con su deber, envió el manuscrito para ser juzgado por el padre
Francisco de Castro, de la Compañía de Jesús. Esta parte del
proceso debió ser la más fácil y pronta, pues el Inca tenía muy bue-
nas relaciones tanto con Francisco de Castro como con el obispo de
Córdoba. Así es que el 26 de enero de 1613 Francisco de Castro
emitirá su evaluación positiva sobre la obra, y semanas después, el 6
de marzo de 1613, el obispo Mardones dará su aprobación. Así
Garcilaso podrá enviar su manuscrito al Consejo Real de Castilla en
Madrid por la licencia para la impresión. Desde la pragmática
vigente de 1558 que había hecho el proceso más estricto, esta licen-
cia tenía dos etapas. La primera es la censura por la inquisición que
emitía la aprobación que juzgaba si la obra no estaba reñida con la
fe ni buenas costumbres. En el caso de esta obra, la misión fue en-
cargada a Pedro de Valencia, quien no halló nada reñido con la fe ni
buenas costumbres y la aprobó en Madrid el 6 de enero de 1614.
Dos semanas después la obra del Inca recibirá la cédula real con
336 CHRISTIAN FERNÁNDEZ

licencia para poder imprimir y los derechos por diez años con fecha
de 20 de abril de 1614. Este documento está firmado por Jorge de
Tovar. Pedro de Valencia (1555-1620), aunque nacido en Zafra,
tenía estrecha relación con Córdoba debido a que su padre era cor-
dobés, y él mismo había vivido allí por unos años entre 1568 y 1573,
en que asistió al colegio de los jesuitas en la ciudad. Por otro lado,
Valencia tenía relación no sólo con los jesuitas, sino con otros
religiosos e intelectuales. Es bien sabida su relación con el poeta
cordobés Luis de Góngora y Argote, a quien escribió la primera
crítica conocida sobre sus obras Las Soledades, y el Polifemo; además, y
sobre todo, era amigo del obispo de Córdoba, Diego de Mardones,
y es más que probable que el aval del obispo Mardones hiciera la
aprobación de la obra en Madrid más expeditiva. Con esta licencia
la obra estaba lista para empezar con el siguiente proceso: la
búsqueda de editor e impresor. Entre fines de abril y principios de
mayo, en que probablemente recibirá noticias de las aprobaciones
dadas en Madrid, hasta octubre, cuando firma contrato con el libre-
ro Francisco Romero, hay un vacío en que no sabemos qué pudo
haber pasado. La mayoría de escritores, faltos de recursos econó-
micos, buscaban un mecenas que les ayudara o asumiera los costos
de la edición. Pero este no era el caso de Garcilaso, que como
podemos ver por su testamento y codicilos, a la hora de su muerte
era un hombre con bienes suficientes como para pagar la edición de
su libro. Por otro lado, si revisamos la historia de la publicación de
sus libros anteriores, el pagar por la edición de sus libros no era una
novedad. Los Diálogos de amor (1590) está dedicado al rey Felipe II y
a Maximiliano de Austria, sin duda por protección por el tema del
libro y no por subvención económica para la publicación5. De La
Florida sabemos que la quiso dedicar al Marqués de Priego y que al
final terminó dedicándola al príncipe de Portugal, y la primera parte
de los Comentarios a la princesa Catalina de Braganza de Portugal.
En los últimos años de su vida, mientras escribía la segunda
parte de los Comentarios reales, Garcilaso sabía que estaba jugando
contra el tiempo, de allí que al finalizar la obra sienta gran alivio y
agradezca a Dios por haberle permitido terminar aquella empresa.
No cabe duda de que a Garcilaso le interesaba mucho la posteridad

5
Como es sabido esta traducción de Garcilaso del libro de León Hebreo
fue expurgada en español por la inquisición en el índice de 1612.
POLÍTICA Y MECENAZGO … EN LA HISTORIA GENERAL DEL PERÚ 337

y en los últimos años había adquirido prestigio, holgura económica


y muchos amigos importantes en puestos clave de la administración
española. Garcilaso era un hombre meticuloso en sus cosas, y si
seguimos sus movimientos durante los últimos años que coinciden
con todo el proceso de la publicación de su obra, nos daremos
cuenta de que estaba preparando todo para que no hubiera obstácu-
los para la publicación, incluso después de su muerte, como ocurrió.
Es un hecho sabido que Garcilaso tenía relaciones con la inte-
lectualidad de Córdoba, e incluso con personas en Madrid, Sevilla y
otros lugares de España y América. Pero en los últimos años Garci-
laso se dedica a cultivar las autoridades más poderosas y que ten-
drían mucho que ver en el proceso de la publicación de su libro.
Este es el caso de fray Diego de Mardones, obispo de Córdoba, y
del jesuita Francisco de Castro, entre otros personajes que inter-
vinieron en este proceso. Como sabemos, el jesuita Francisco de
Castro, quien aprobó el manuscrito en primera instancia en 1613 en
Córdoba, era amigo del Inca y tenían similitud de ideas. La relación
de Garcilaso con la orden jesuita es bastante sabida, pero debemos
enfocarnos particularmente en su relación con el padre Francisco de
Castro, catedrático de Retórica y Prefecto del Colegio de Santa
Catalina de Córdoba. Es conocido que es él quien le proporcionó
las cartas anuas de la Compañía de Jesús correspondientes a 1602.
Garcilaso le daba sus escritos a leer antes de ser publicados, así es
que en mayo de 1605 este padre hará de intermediario entre el Inca
y Pedro Vaca de Castro, arzobispo de Granada en aquel momento,
y a partir de 1610, hasta su muerte en 1623, arzobispo de Sevilla.
Pedro Vaca de Castro era hijo del licenciado Cristóbal Vaca de
Castro (1492-1566), gobernador del Perú. Francisco de Castro le
informa que en Córdoba vivía el Inca Garcilaso y que estaba escri-
biendo una historia sobre la conquista del Perú; más aun, que por
esos días se encontraba escribiendo la parte en que trataba sobre el
gobierno de su padre en el Perú. Como es sabido, el arzobispo Vaca
de Castro, además de su campaña por demostrar la autenticidad de
los llamados libros plúmbeos de Granada, tenía, al igual que el Inca,
mucho interés sobre lo que se escribiera sobre el gobierno de su
padre en el Perú. Es de suponer que el Inca y el arzobispo estu-
vieron en contacto, pues Garcilaso trata muy bien al licenciado
Cristóbal Vaca de Castro. Pero además, no debemos olvidar que
Francisco de Castro también era autor de un libro en latín titulado
338 CHRISTIAN FERNÁNDEZ

De arte rhetorica: dialogi quatuor publicado en 1611, y que este libro


está dedicado nada menos que al Inca Garcilaso. Ahora bien, como
ya sabemos, en la España de la época los libros se dedicaban o para
obtener protección de un poderoso, o porque la persona apoyaba
económicamente la publicación del libro. Como el Arte Rhetorica de
Francisco de Castro no era un libro que se le hubiese podido llamar
peligroso, podemos descartar que éste haya sido dedicado al Inca en
busca de protección: el Inca Garcilaso no tenía ese poder inquisi-
torial, de manera que lo más probable es que Garcilaso hubiera
financiado la edición del libro convirtiéndose en el mecenas del
padre Francisco de Castro un año antes de que éste emitiera su
dictamen sobre la segunda parte de los Comentarios reales. El libro de
Castro se publicó en Córdoba por Francisco de Cea, pero estaba
terminado y en proceso de la aprobación desde 1609, y aunque la
dedicatoria al Inca no tiene fecha, es de suponer que fue escrita en
1609, y acompañó al manuscrito a pedir las respectivas licencias pa-
ra su publicación ese año. En esta dedicatoria Castro no sólo llama a
Garcilaso “Principi viro” y “peruano clarissimo”, sino que además
de mencionar las obras ya publicadas por Garcilaso, también a-
nuncia la próxima publicación de la segunda parte de los Comentarios.
Por otro lado, el obispo Diego Mardones no sólo era una de las
personas más poderosas e influyentes en Córdoba, sino en toda
España, pues había sido confesor del rey Felipe III entre 1604 y
1606, cuando fue nombrado obispo de Córdoba. Vale la pena acla-
rar que el cargo de “confesor del rey” no sólo era un cargo religioso,
sino principalmente político y de tanta o más importancia que la de
un ministro de estado. En sus funciones como confesor del rey,
Mardones había estado a cargo del tema de la hacienda de la Coro-
na, y su salida del cargo y nombramiento como obispo de Córdoba
tiene que ver con los entretelones de la política palaciega del mo-
mento. La relación de Garcilaso con el obispo no sólo venía de las
amistades comunes que frecuentaban, sino que ya como clérigo
asistía a la Catedral de Córdoba y se relacionaba con todos los
religiosos allí. Pero es de suponer que la relación se consolida con
uno de los actos más importantes en la vida del Inca Garcilaso. El
18 de septiembre de 1612 el obispo Mardones firma la escritura de
venta de una capilla en la Catedral de Córdoba que Garcilaso había
decidido sería su sepultura y donde descansaría eternamente. El 29
de octubre del mismo año el cabildo de la Catedral en pleno
POLÍTICA Y MECENAZGO … EN LA HISTORIA GENERAL DEL PERÚ 339

aprueba la venta de esta capilla al Inca Garcilaso. Como sabemos


por su testamento y codicilos, Garcilaso dejará al cabildo de la Cate-
dral de Córdoba como los herederos universales de su hacienda,
con la única misión de que preserven y mantengan su tumba en la
Capilla de las Ánimas del Purgatorio que él había fundado. Es claro
que cuando en 1612 el obispo Mardones le vendió la capilla de la
Catedral de Córdoba, el mestizo peruano debió prometer, por lo
menos oralmente, que dejaría todos sus bienes a la Catedral, de otra
forma no se explican las constantes modificaciones en el testamento
para decidir quién tendría la última palabra en casos en los que no se
llegara a un acuerdo en los asuntos de su hacienda, el cabildo de la
Catedral o alguna otra persona. De esta forma, Garcilaso había con-
seguido en Córdoba la protección y apoyo más importante para la
publicación de su libro. Es de suponer que no sería ningún proble-
ma cuando semanas después de esta compra-venta, el 13 de diciem-
bre, Garcilaso envíe su manuscrito junto con la petición de su apro-
bación para poder mandar su libro a la corte. Diego de Mardones,
que tenía la potestad para elegir a quien él creyera conveniente para
evaluar una obra, asignó al “Padre Francisco de Castro, de la Com-
pañía de Jesús, para que le vea y dé su censura” (Preliminares 5). El
26 de enero de 1613, Francisco de Castro emitirá su censura posi-
tiva (Preliminares 3-4), y el 6 de marzo el obispo Diego de Mardo-
nes dará su licencia para que Garcilaso pueda proceder con el
pedido de la licencia real en Madrid.
El libro llegará al Real Consejo de Castilla en Madrid con el
importante aval del obispo de Córdoba. Según la aprobación de
Consejo de Castilla publicada en los preliminares de la obra, el Con-
sejo pidió a Pedro de Valencia que censure la obra y será él quien
emita el fallo en que afirma que no había problema para la publi-
cación. La verdad es que Pedro de Valencia era el Cronista Real
nombrado por Felipe III, y seguramente tomó interés personal en
esta obra, pues además de que eran asuntos que a él le interesaban
en su función de Cronista Real, también era el Cronista de Indias y,
como ya hemos dicho, tenía estrechas relaciones con Córdoba y con
los jesuitas en donde había hecho estudios en su colegio. Por otro
lado, el aval del obispo Mardones debió ser muy importante, pues
Pedro de Valencia y el obispo Mardones se conocían bastante bien
desde los días en que ambos habían convivido en la corte, Pedro de
Valencia como Cronista Real y Mardones como confesor del rey, y
340 CHRISTIAN FERNÁNDEZ

tenían constante comunicación epistolar sobre temas relacionados a


los asuntos de la Corona. Mardones incluso le había aconsejado a
Valencia escribir uno de sus libros y redactó una carta-prólogo para
esta publicación. Es así que el Cronista Real aprueba la obra del
Inca en Madrid el 6 de enero de 1614. Sólo restaba la cédula real
para terminar con esta parte del proceso. Después de haber pasado
las censuras, generalmente éste era un trámite burocrático, aunque a
veces el rey se interesaba por algún libro o algún autor en particular
y negaba la licencia. Sin embargo, un libro sobre la conquista del
Perú que venía con el aval de su confesor y de su Cronista Real no
debió haber sido ningún problema para ser aprobado. Jorge del
Tovar por encargo del rey emitió la cedula real para la publicación
del libro el 20 de enero de 1614.
Mientras Garcilaso esperaba la aprobación real para la publi-
cación de su libro, tenía pendientes otras tareas igualmente impor-
tantes con la construcción de su capilla en la Catedral de Córdoba,
siguiendo todas las estipulaciones en el contrato de compra-venta.
En 1614 todavía tenía cosas pendientes respecto a esto. El 5 de
marzo firma contrato con el cerrajero Gaspar Martínez para la cons-
trucción de una reja de metal para su capilla en que se estipulaba
que estuviera lista para Pascuas. El 9 de julio de ese año contrata al
escultor Felipe Vázquez de Ureta para que le hiciera un Cristo de
madera también para su capilla, el cual también debía estar termi-
nado para Pascua (Torre y del Cerro).
Es de suponer que mientras Garcilaso continuaba con los
preparativos para su capilla en la Catedral, ya había recibido la
noticia de la licencia para imprimir su libro y seguro estaba bus-
cando con quién editarlo. Es así que el 23 de octubre de ese año
1614 firma contrato para la publicación de su libro con el librero
cordobés Francisco Romero. Como ya dijimos, Garcilaso no era
ajeno a los menesteres de la edición de libros, pues había ya editado
antes todos sus libros. Por otro lado, tenía buenas relaciones con los
libreros, impresores y editores de Córdoba. Además de la edición de
sus libros, en Córdoba en 1612 había editado un sermón de fray
Alonso Bernardino con una dedicatoria de su pluma y dedicado a su
pariente y eterno deudor el marqués de Priego. El impresor de este
sermón era el librero Francisco de Cea, quien también había editado
la Retórica que su amigo el padre Francisco de Castro le había
dedicado. Como dije anteriormente, la publicación de este libro fue
POLÍTICA Y MECENAZGO … EN LA HISTORIA GENERAL DEL PERÚ 341

financiada por Garcilaso. No debemos olvidar que, según él nos


dice en La Florida del Inca, un impresor de Córdoba le había
proporcionado la versión que había escrito de Juan Coles sobre la
expedición a la Florida que, según él, usó en la etapa final de la
escritura de su libro6. Sin embargo, Garcilaso no da el nombre del
impresor, pero es probable que haya sido Cea o el mismo Francisco
Romero, a quien encargará la edición de su última obra.
El contrato para la edición de su última obra era bastante
específico en cuanto al número de ejemplares a imprimir, el tipo de
papel, el tipo de letra, las fechas de la impresión y la fecha de la
entrega de los ejemplares impresos y la forma en que se pagaría y
vendería el libro:
Quel dicho Francisco Romero se obligo de imprimir e que imprimirá vn
libro “Segunda parte de los Comentarios Reales del Piru” quel dicho Garzia
Laso tiene sacado y compuesto y licencia y prebilegio de su Magestad para
lo imprimir, de la cual imprision se an de hazer mil quinientos cuerpos, los
quales començara a imprimir desde oy en vn mes primero, en buena letra y
de buena imprision, y que los dara ffechos y acabados de oy en diez meses,
y primeros siguientes, y por rraçon de la dicha imprision a de tener la mitad
de los dichos libros el dicho Francisco Romero y la otra mitad la a de tener
el dicho Garzia Laso de la Bega, y asi impresos los dichos libros el dicho
Francisco Romero se obligo que como los fuere imprimiendo e acabados
de imprimir los ira vendiendo, asi en esta çivdad como en las partes y
lugares donde tenga mejor salida y pudiere, asi a dinero como a trueque de
otros libros, y la cantidad que por ellos dieren asi al contado como al ffiado
a de llevar dello la mitad el dicho Garzia Laso de la Bega y la otra mitad a
de ser para el dicho Francisco romero, porque siempre se a de vender de
por medio (Torre y del Cerro 172-173).
Como puede verse, el contrato indicaba claramente que debía
empezar a imprimirse inmediatamente y la obra debía estar termi-
nada diez meses después de haber empezado la impresión, es decir

6
Si no fue este librero quien le proporcionó el manuscrito, debió haberle
hecho algún favor muy importante, pues Garcilaso en los últimos días de su
vida lo libera de una deuda que le tenía pendiente. En el memorándum del 22
de abril pide a sus albaceas que dejen sin efecto una deuda que un librero tenía
con él, y que en vez de cobrarle debían entregarle el contrato. Es de suponer
que sus albaceas cumplieron con sus deseos, pues este documento no aparece
en el inventario de bienes que se hace a fines de abril, después de la muerte del
Inca. Otra posibilidad es que la deuda hubiera sido por la edición del libro de
Francisco de Castro, que, como hemos dicho antes, es muy posible que
Garcilaso hubiera pagado.
342 CHRISTIAN FERNÁNDEZ

que para agosto de 1615 ya debería haber estado listo el libro. No se


sabe por qué la obra no se había terminado en 1615 como esti-
pulaba el contrato. Lo cierto es que a la muerte del Inca en abril de
1616 el libro no estaba impreso, o la enfermedad del Inca no le
había permitido atender el último proceso para la autorización para
la publicación del libro, o faltaba escribir los preliminares y dedi-
catorias que obviamente no habían acompañado al cuerpo de la
obra y fueron escritas posteriormente. Pero Garcilaso, como ya he-
mos dicho, en un poder que otorga a Cristóbal de Burgos en su
último intento por conseguir recompensa del Consejo de Indias
fechado el 4 de mayo de 1615, después de enumerar todos sus méri-
tos y publicaciones dice: “Y en los Comentarios de los Yncas, rreyes
que fueron del Piru, que la primera parte de ellos a salido a la luz y
lo demás se esta imprimiendo” (Torre y del Cerro 179). Esto indica
que para esa fecha se estaba avanzando en la impresión del libro.
No parece haber ningún problema y Garcilaso seguía en buenas
relaciones con Francisco Romero hasta antes de su muerte porque
éste aparece como testigo en los últimos días de vida del Inca y
también aparece como testigo en el segundo codicilo del 20 de abril,
e incluso firma a nombre del Inca porque este “dijo que no puede
ffirmar por cavsa de su enfermedad” (Torre y del Cerro 202). Por
otro lado, meses después de su muerte, cuando se estaban resol-
viendo los asuntos de la herencia dejada por el Inca, el 8 de agosto
de 1616, en una escritura otorgada por Francisco Sevillano en la que
se comprometía a cumplir por dos años los cargos de sacristán y
mayordomo de la Capilla de las Ánimas del Purgatorio fundada por
Garcilaso en la Catedral de Córdoba, salían como fiadores de
Sevillano y se comprometían a pagar en caso que Sevillano no cum-
pliera con sus funciones: Francisco Romero, Diego de Vargas, Bea-
triz de la Vega, y Marina de Córdova. Como se sabe, Sevillano había
sido el hombre de confianza de Garcilaso, Beatriz de Vega era su
antigua sirvienta y madre de Diego de Vargas, hijo del Inca, y
Marina de Córdova había sido esclava de Garcilaso. A todos ellos
Garcilaso les había dejado una pensión de por vida y algunas
propiedades de su casa. De todos los firmantes de este documento,
el único que no era parte de la servidumbre que había vivido con el
Inca era Francisco Romero. Esto demuestra que este librero era
allegado a la casa. Si el libro estaba terminado y listo para ser envia-
do de vuelta al Consejo de Castilla por la última parte del proceso
POLÍTICA Y MECENAZGO … EN LA HISTORIA GENERAL DEL PERÚ 343

de la licencia: la revisión y comparación con el original, más la tasa


que era obligatoria, pero por la enfermedad del Inca esto se fue
postergando, es algo que no se puede saber. Si la composición e
impresión fue terminada después de la muerte del Inca y el trámite
se detuvo mientras los herederos finiquitaban los asuntos más ur-
gentes relacionados con la herencia del Inca, tampoco se puede sa-
ber. Lo que es cierto es que sólo el 29 de octubre de ese año 1616
en reunión de Cabildo se aprobó que el racionero de la Catedral,
Andrés Fernández de Bonilla, diera dineros de la obra pía de
Garcilaso para enviar el libro a Madrid por las últimas aprobaciones.
Al parecer el libro viajó rápidamente a Madrid, pues pocos días
después, el 12 de noviembre, el licenciado Murcia de la Llana daba
fe que el libro intitulado Historia general del Pirú correspondía al
manuscrito original e incluía una corta fe de erratas7. Cinco días
después, Jerónimo Núñez de León, escribano de cámara del rey,
tasará el libro para la venta en seiscientos veintiocho maravedíes.
El libro fue tasado en Madrid en 12 de noviembre de 1616, pero
si se agregan unos días más para el regreso de la persona encargada
de Madrid a Córdoba con estas últimas aprobaciones, y otros días
para la composición y ordenamiento de las últimas páginas del libro,
éste muy bien pudo haber salido el año siguiente, 1617, como se
asume que debió haber sido. El problema es que hay por lo menos
dos ejemplares con dos carátulas diferentes con fecha de 1616.
¿Cómo explicar esto? Miró Quesada, que es quien ha compulsado
estos ejemplares dice:
Comparando unos y otros ejemplares, se ve que tienen el mismo texto, la
misma foliación, idéntico número de páginas, y sólo discrepan en algunas
(sic) detalles del pliego preliminar: tipografía de la portada, pie de imprenta,
diversas viñetas de la virgen, diferencias en la escritura del nombre
Garcilaso (con una o con dos “s”), pequeñas variantes en la Tasa y Erratas.
No se trata, por tanto de una nueva edición distinta y un año anterior a la
conocida de 1617, sino de una ligera variación que permite formular una
hipótesis con bases concretas de verdad (251-252).
Con esta información es que Miró Quesada formula la hipótesis
que, como hemos explicado anteriormente, pensamos que está erra-
da. De manera que hay que buscar otra explicación a este problema.

7
La lista de erratas es mínima, pues está comprobado que de las obras de
Garcilaso ésta es la que más erratas tiene. Esta corta lista demuestra la compla-
cencia con la que se revisó el libro.
344 CHRISTIAN FERNÁNDEZ

Las ediciones que ha visto y compulsado Miró Quesada están com-


pletas, y esto descarta que alguno de estos ejemplares con fecha de
1616 haya sido el que se envió para su aprobación final en octubre
de 1616, que debió ir ya con la portada con el nuevo título de
“Historia general del Pirú”, porque así lo nombra el licenciado
Murcia de la Llana en la revisión para la fe de erratas el 12 de no-
viembre de 1616, y es el único lugar en todo el libro en donde apa-
rece este nuevo título, pues Garcilaso la había llamado siempre Se-
gunda parte de los Comentarios reales y así se había ido imprimiendo. Sin
embargo a este ejemplar debía faltarle la Tassa y la Fe de erratas, e
incluso las dedicatorias que debían imprimirse como parte del pri-
mer pliego, y que debían incluirse después de haberse tasado y
compulsado el libro. Entonces es claro que ninguno de los ejem-
plares existentes corresponden a estos ejemplares o al ejemplar que
se envió para la última licencia para imprimir. De manera que los
ejemplares con fecha de 1616 deben ser posteriores a la fecha en
que se otorgó la licencia para imprimir y la tasa en noviembre de
1616, pues estos ejemplares ya llevan todos estos textos.
Al regreso de la persona a cargo de llevar el libro para su apro-
bación a fines de noviembre o principios de diciembre, después de
componer los últimos textos de la “tasa” y la “fe de erratas” corres-
pondientes al primer pliego debieron empezarse a imprimir los pri-
meros ejemplares en noviembre o diciembre de 1616. Como ya sa-
bemos, los cambios más notables están en las portadas, y aunque el
texto es el mismo, el cambio más importante está en la imagen de la
Virgen y luego en el pie de imprenta. El pie de imprenta en las dos
carátulas de 1616 no cambia: “En Cordoua, por la viuda de Andres
de Barrera”. Con respecto a la imagen de la Virgen en estas dos
carátulas de 1616, hay una que es muy pequeña en proporción a la
página y estéticamente no es buena y esta debió haber sido la razón
para cambiarla por la segunda que es mejor estéticamente, pues el
resto de información es el mismo. La carátula con fecha de 1617 sin
duda es la mejor estéticamente, y la imagen de la Virgen es la más
trabajada de las tres, pero lo más importante en esta carátula es que
hay dos cambios importantes en la información del pie de imprenta:
“En Cordoua, por la viuda de Andrés Barrera, y á su costa. Año
M.DC.XVII”. Por un lado, es claro que ha cambiado el año, ya que
en las anteriores decía claramente 1616, repartido en la imagen de la
Virgen. En ésta no sólo se cambia de posición al pie de imprenta,
POLÍTICA Y MECENAZGO … EN LA HISTORIA GENERAL DEL PERÚ 345

sino que incluye “y á su costa”, lo que indica que la viuda de Andrés


Barrera había pagado la edición. Después de haber explicado el
proceso de la solicitud de privilegios para la impresión de la obra y
la composición de la misma, explicar el cambio de año no es tan
complicado. Se acabó el año y se cambió la carátula con los nuevos
datos acorde con el año en que se imprimía la obra. Sin embargo,
esto no era necesario si los editores así lo hubiesen querido. Más
importante es el cambio con respecto a quién pagó la edición, y aquí
discrepo con la interpretación de Miró Quesada y Varner. Ya he
dejado establecido que el contrato firmado entre Garcilaso y Rome-
ro no se invalidó, sino, por el contrario, se hizo cumplir. Como
hemos visto, el contrato establecía que la edición iba a ser pagada a
medias entre Garcilaso y Romero. La explicación más lógica es que
en 1616 se imprimieron los 750 ejemplares que le correspondían a
Garcilaso, o en este caso, a sus herederos. Así decía el contrato y así
es como se hizo, según el testamento de la viuda de Andrés de
Barrera en que afirma que entregó los 750 ejemplares del Inca. La
segunda mitad de la edición, es decir, el primer pliego de los 750
ejemplares, debió terminarse de imprimir en 1617, ya con la nueva
fecha y con la aclaración de que era la viuda de Barrera la que estaba
costeando la edición, lo cual tiene sentido si es que ya se habían
entregado los 750 ejemplares correspondientes a Garcilaso, y ella
tendría autorización para poner esta aclaración en la carátula, pues
de otra manera los miembros de la Catedral de Córdoba, como
herederos de Garcilaso, no lo hubieran permitido. Esto también le
permitía cambiar la imagen de la Virgen por una mejor, más
llamativa estéticamente para el comprador, no sólo por la imagen,
sino también por el tipo de letra utilizado en la carátula de estos
ejemplares. De manera que tanto los ejemplares de 1616 como los
de 1617 no pertenecen a dos ediciones diferentes, sino a una edición
que por diversas razones se publicaron con portadas diferentes.
No debió haber ningún conflicto entre los herederos de Garci-
laso y la viuda de Barrera, pues los cambios realizados en la carátula,
aunque son significativos para la fecha del libro y deducir quién
pagó la edición, en lo sustancial no cambia nada: el texto es el mis-
mo, excepto que se cambió el tipo de letra en esta portada, proba-
blemente por motivos comerciales. Pero, como dije, el texto es el
mismo, y sobre todo, se sigue manteniendo la imagen de la Virgen,
aunque distinta, y se sigue colocando con el mismo moto en latín a
346 CHRISTIAN FERNÁNDEZ

ambos lados, izquierda y derecha de la imagen: “Mariam non teti-


git/Primum pecatum”. Todo esto indica que los herederos de
Garcilaso estuvieron al tanto de estos cambios y de alguna manera
controlaron esta edición. De otra manera, la viuda de Barrera o
Francisco Romero no hubieran podido cambiar la carátula a su
gusto. Garcilaso debió haber dejado instrucciones para los paratex-
tos de su obra, como hemos analizado en el caso de la primera parte
de los Comentarios reales, ya que tenía cierta predilección sobre la
imagen que incluía en los preliminares de sus obras. En mi libro Inca
Garcilaso: imaginación, memoria e identidad (2004) dije que en la Historia
general del Perú a Garcilaso ya no le importaba mucho dedicar su obra
a ninguna persona viva y por eso la dedica a la Virgen María8.

BIBLIOGRAFÍA CITADA

Fernández, Christian. Inca Garcilaso: imaginación, memoria e identidad. Lima: Fondo


Editorial de la Universidad Nacional de San Marcos, 2004.
Garcilaso de la Vega, Inca. Historia general del Perú (Segunda parte de los Comentarios
reales de los incas). Ed. Ángel Rosenblat. Buenos Aires: Emecé Editores,
1944. 3 vols.
—. Historia general del Perú. Córdoba: Viuda de Andrés de Barrera, 1617.
Miró Quesada, Aurelio. El Inca Garcilaso y otros estudios garcilasistas. Madrid:
Ediciones Cultura Hispánica, 1971.
Porras Barrenechea, Raúl. El Inca Garcilaso en Montilla (1561-1614). Lima:
Instituto de Historia/Editorial San Marcos, 1951.
Torre y del Cerro, José de la. El Inca Garcilaso de la Vega (Nueva Documentación).
Madrid: Imprenta de José Murillo, 1935.
Varner, John Grier. El Inca: The Life and Times of Garcilaso de la Vega. Austin:
University of Texas Press, 1968.

8
Algunos aspectos sobre la portada todavía dejan algunas dudas, y son te-
mas a los que dedicaré un futuro trabajo.
ARGOS AREQUIPENSIS. LIBRO DE HOMENAJE A RAÚL BUENO CHÁVEZ
Boston: RCLL, CELACP y Latinoamericana Editores, 2014, pp. 347-360

EL ACTO DE LECTURA Y LAS IDENTIDADES CRIOLLAS,


INDIAS Y NEGRAS EN J UAN DE LA R OSA (1885)

Marcel Velázquez Castro


Universidad Nacional Mayor de San Marcos

Para Raúl Bueno y


sus lecturas latinoamericanistas

La ficcionalización del acto de lectura en las primeras novelas


andinas no es sólo un tópico del Romanticismo1, sino la puesta en
escena de un perturbador espejo que ofrece siluetas diversas y mo-
delos morales diferentes a los lectores de su época. La representa-
ción de esta escena puede revestir un lenguaje original o adoptar
una codificación estereotipada; se observan diversas formas de lec-
tura (intensiva o extensiva, sentimental o política) que pueden estu-
diarse desde una perspectiva de género; la escena puede tener mayor
o menor peso en las tramas de cada novela; los personajes leen pe-
riódicos, libros, cartas, proclamas, entre otros, soportes materiales
impresos. Cualquiera sea la modalidad de la representación y la
perspectiva del narrador, esta escena constituye una variable clave
para pensar las figuras de autor y lector al interior del mundo ficcio-
nal y su diálogo mediado y a veces conflictivo con las prácticas so-
ciales de la lectura de su tiempo histórico. Sin embargo, existen
otras organizaciones de la palabra oral que remiten también a textos.
Por ejemplo, los cantos, los relatos orales, las proclamas políticas,
los discursos religiosos; en todos ellos se observa la franja rica y
conflictiva de interacciones entre el mundo privilegiado de la escri-

1
Susana Zanetti ha sido una de las primeras en analizar la ficcionalización
del acto de lectura en novelas latinoamericanas decimonónicas como una privi-
legiada vía para comprender la formalización y disciplina de los lectores y ob-
servar el funcionamiento de los horizontes socioculturales y morales que dotan
de sentido al acto de leer en un periodo determinado (14).
348 MARCEL VELÁZQUEZ CASTRO

tura y las prácticas de una cultura oral dominante en las sociedades


decimonónicas.
En contraposición a la representación de la competencia con la
palabra escrita y oral, la novela decimonónica configura a ciertos
personajes definidos por su no-saber leer y escribir. En muchos ca-
sos, ellos representan la barbarie desde la perspectiva de la élite,
pues pertenecen al temido mundo popular poblado de indios y ne-
gros. El no saber leer se configura como una falta, una ausencia que
anticipa los males morales de esta población.
En la novela boliviana Juan de la Rosa (1885), de Nataniel Agui-
rre, se presentan diversos, complejos y múltiples actos de lectura
que adquieren relevancia no sólo en la configuración de los persona-
jes, sino en la revelación del origen del personaje-narrador. Gustavo
V. García identifica las siguientes obras escritas aludidas en el mun-
do representado: “el Quijote, comedias de Moreto y Calderón, el
Ollantay, la Eneida, las Odas de Horacio, la Divina Comedia, La educa-
ción de las madres, la Biblia y otras de tipo religioso” (29). Este crítico
postula como una característica central la intertextualidad de esta
novela y, por ello, las diferentes relaciones que el texto establece con
las fuentes literarias meramente aludidas o citadas directa o indirec-
tamente. Más que trazar las relaciones entre estos textos o establecer
las características del archivo literario verosímil de los personajes,
nos interesa analizar en detalle dos aspectos asociados con la lectura
y con los usos de la palabra codificada: a) la representación de las
diferentes formas de lectura y sus usos como medio de saber y de
memoria histórica o privada; b) la representación del no-saber leer
asociada a la pertenencia a una cultura oral valiosa y viva entre los
personajes indios y a la ignorancia y al mal moral en los personajes
afrobolivianos.

1. La lectura como fuente del saber cultural y del autoconoci-


miento.

En la novela Juan de la Rosa se representan innumerables actos de


lectura en los que el personaje principal tiene un papel preponderan-
te. Por ejemplo, lee en voz alta fragmentos del Quijote ante su tío
Fray Justo, se refugia en los libros de la biblioteca de su familia pa-
terna y revisa documentos y proclamas políticas para comprender el
sentido de la vertiginosa historia de su ciudad. A la vez, el personaje
EL ACTO DE LECTURA … EN JUAN DE LA ROSA 349

niño accede a su identidad y al relato completo de la vida privada de


su familia mediante la lectura de los papeles de su tío Justo.
Como plantea Alba María Paz Soldán, “la novela proyecta una
tensión continua entre una cara intimidad o familiaridad, a la que
construye con todo detalle, y la vida pública y todo lo que ella impli-
ca desde los orígenes de la nación hasta la frustración contemporá-
nea del autor” (XIV). Sin embargo, desde la variable de los actos de
lectura, los textos escritos asociados al espacio público y al saber
convencional ofrecen satisfacción personal y pertenencia cultural al
personaje principal; en contraposición, la lectura de los papeles pri-
vados que cuentan su historia familiar es dolorosa y lo dotan de una
identidad conflictiva.
Estas dos formas de lecturas (públicas y privadas) cumplen fun-
ciones diferenciadas en la formación del personaje y su descripción
en la diégesis también varia significativamente como veremos en lo
que sigue.

1.1. La lectura como fuente de saber y educación.


Como es muy conocido, la figura del letrado presupone una alta
capacidad en la lectura y en la escritura como condición indispensa-
ble para la administración de la res pública. En esa misma dirección,
Gustavo V. García, respecto de los criollos que construyeron las re-
públicas nacionales, sostiene que en ellos predominaba “un feti-
chismo de la escritura: lo escrito garantizaba la verdad, ordenaba el
presente y fundaba el futuro” (35).
En la novela se narra cómo aprendió a leer el personaje princi-
pal: el maestro señala con el dedo índice las palabras y el alumno
pronuncia las palabras bajo su tutela y vigilancia. Ese dedo alude
metonímicamente a la mano que guía al aprendiz, pero también po-
see una dimensión fálica de poder y control, un ejercicio soterrado
de violencia, que incluso llega a pronosticar su futuro:
Su descarnado dedo señalaba una tras otra las palabras que yo leía en alta
voz, deteniéndose en aquellas que tardaba en descifrar o no pronunciaba
correctamente. Satisfecho de la lección, algunas veces, repetía las palabras
que oí a don Francisco de Viedma:
– Será un hombre de provecho (Aguirre 9).
Fray Justo le enseña a leer a Juanito y asume así un papel pre-
ponderante sobre su vida futura, pues le abre las posibilidades del
desarrollo cultural: se convierte en su “padre” intelectual. Por otro
350 MARCEL VELÁZQUEZ CASTRO

lado, que se elija el Quijote como libro de aprendizaje de la lectura


tiene gran relevancia, pues se deja entrever un homenaje en dos di-
mensiones: a) el reconocimiento a una novela fundadora del género,
que juega con el trastrocamiento del orden de la realidad y de la
imaginación; b) la identificación del personaje principal y la perspec-
tiva del narrador con la trayectoria idealista del Quijote que mantie-
ne unos valores y una cosmovisión que la sociedad ya no comparte.
El aprendizaje de la lectura posee connotaciones políticas en la
Cochabamba representada en la novela, pues Fray Justo en su largo
discurso sobre los males coloniales recuerda que durante algún
tiempo “era crimen de lesa majestad el enseñar a leer a los varones”
(33). La lectura aparece constituida como una actividad subversiva,
una condición necesaria para el conocimiento, la conciencia política
y la crítica al orden colonial. En síntesis, un saber peligroso.
Cuando Juanito ya vive en la casa de la familia Márquez y Alta-
mira, descubre un día la biblioteca. La narración de este episodio
posee todos los tópicos de un motivo de la novela de aventuras: in-
dicio, excitación, peligro y finalmente, el placer. Como sostiene el
narrador con evidente pasión: “Aquellos libros eran un tesoro sin
precio para mí” (58). El primer libro que abre y lee es una crónica
de Antonio de Herrera. No deja de ser paradójico que la filiación
cultural con el mundo hispánico del personaje principal se ratifique
constantemente a través de sus lecturas (Cervantes, Herrera, Calde-
rón, Moreto, etc.) mientras que en su accionar él se pliega a la
emancipación política de la misma España.
Juanito reprocha a la cocinera que utilice los libros como fuente
para aprovisionarse de papel para la cocina y aquí comete un equí-
voco significativo porque ella le informa que en esa lujosa casa a
nadie le interesaban los libros. Posteriormente, los otros criados y
miembros de la casa se enteran de la afición por la lectura de Juanito
y la juzgan inútil. Este antagonismo respecto de la valoración de los
libros sirve para reforzar la exclusión y la soledad de Juanito, pero
simultáneamente fortalece su refugio en los libros: “tenía ya al fin
un consuelo en mi orfandad y en el ocio a que estaba condenado; y
desde entonces visité con frecuencia el cuarto de los libros y fui lle-
nando de ellos mi larga mesa” (58). Nótese el papel de los libros
como sustitutos de los padres y como actividad material que conde-
na el ocio, es decir, se resalta su carácter fecundante y productivo.
EL ACTO DE LECTURA … EN JUAN DE LA ROSA 351

1.2. La lectura como revelación personal o la anagnórisis mediante la palabra


impresa.
Uno de los puntos centrales en el drama personal del personaje
es el momento de la revelación plena de su identidad y de su historia
familiar. La novela presenta ese proceso de autoconocimiento me-
diante el acto de la lectura de la siguiente manera:
Un cuaderno quemado por una de sus esquinas, cubierto de borrones, de
huellas redondas de lágrimas indudablemente, llamó sobre todo mi
atención en aquellos momentos; y fue este el que yo devoré con mis ojos,
hasta la última palabra, inundándose mi alma de amargura, rugiendo algunas
veces de dolor, como si me aplicaran ascuas encendidas al corazón (Aguirre
256).
En ella el personaje principal está leyendo la historia de su fami-
lia en un cuaderno de Fray Justo que contiene textos de diversa ín-
dole, pero todos de carácter autobiográfico. Esta lectura revela la
conexión íntima entre el personaje de la escritura (Fray Justo) y el
joven lector (Juan de la Rosa). La exaltación de la subjetividad pro-
pia del Romanticismo se vive en una identificación emocional y
afectiva entre el lector y el personaje referido en la escritura. Esta
escena proyecta físicamente en el soporte material (el cuaderno) las
huellas de las lágrimas del autor y el fuego que dañó al texto. Lágri-
mas y fuego aparecen como figuras de dos campos semánticos
complementarios que se asocian con los efectos de la lectura en
Juan (“inundándose”, “ascuas”). La lectura afecta al lector de la
misma manera como la escritura afectó al autor, esta comunión en
el dolor compartido acentúa más la identificación/filiación entre
ambos, que no sólo son tío/sobrino, sino, fundamentalmente, per-
sonaje/lector. “Devoré con mis ojos” es una figura que revela la in-
tensidad del acto de lectura en solitario y en silencio, típico de la
modernidad, que sin embargo puede provocar reacciones primor-
diales, sonidos no-verbales y propios de no-humanos (rugidos) en el
lector. La fuerza afectiva de lo leído es tal que desestabiliza al sujeto
y su capacidad de simbolizar la experiencia mediante palabras o acti-
tudes racionales.
Se puede argumentar que Fray Justo le deja esos papeles al per-
sonaje para que éste pueda descubrir cabalmente su origen, es decir,
experimente mediante la lectura un proceso de anagnórisis, de reco-
nocimiento de sí mismo. Desde otra perspectiva, se puede sostener
que la vida de Fray Justo fue descoyuntada, fragmentada y que sus
352 MARCEL VELÁZQUEZ CASTRO

papeles dejan constancia de esa situación, pero que la lectura de


Juan restablece la unidad de su querido tío, es decir, reconstruye o
recrea al sujeto que cumple la función del padre ausente o, para de-
cirlo brevemente, recrea ficcionalmente mediante la lectura a su pa-
dre en la ficción.
Este otro fragmento posterior de la novela nos permite comple-
tar la interpretación del papel de la lectura en la anagnórisis del per-
sonaje.
Esta “historia de una familia criolla en los buenos tiempos del rey nuestro
señor” se hallaba escrita sin orden, unas veces en forma de diario, otras en
fragmentos sueltos, sin ilación, en el cuaderno de donde la he compen-
diado. Hay páginas que una pluma ejercitada y más diestra que la mía ex-
plotaría con ventaja para hacer una novela. Yo me contento con lo dicho,
que basta y sobra para la inteligencia del sencillo relato de mi prosaica vida
(Aguirre 265).
En esta cita se hace referencia a un tiempo posterior al acto de
lectura, Juan edita los textos que componen el cuaderno, compen-
diándolos y ordenándolos, en una secuencia diacrónica. Obviamente
ya no es el Juan niño personaje, sino el sujeto de la enunciación. El
sentido de la trayectoria vital del cura ilustrado se restablece median-
te un acto de lectura, acto que se transforma en otra escritura mu-
chos años después, la que deja constancia de su carácter secundario
y de su falta de potencia literaria (carece de destreza y de experien-
cia) para crear una novela. En el presente de la escritura de la novela
o en el tiempo de la enunciación (el anciano que escribe sus memo-
rias), se quiere advertir a sus lectores que su vida sólo ha sido un
“prosaico relato”, no una novela; su trayectoria vital ha sido sencilla
a diferencia de la de su tío; basta algunos elementos para la com-
prensión (“inteligencia”) plena de su propio relato de vida; en con-
secuencia hay otros fragmentos narrativos del cuaderno que quedan
fuera de la estructura textual de la novela, pero operan sobre ella: un
suplemento de sentidos que las memorias de Juan de la Rosa no
pueden o no quieren simbolizar.
Que dentro de la ficción novelesca se represente una forma de
lectura distinta y casi opuesta a la intención pragmática pedagógica
de la novela para con sus lectores reales y que se afirme en ella la
naturaleza no-novelesca de lo narrado y la “vida prosaica” como ob-
jeto de la narración constituyen dimensiones paradójicas propias de
la compleja legitimación de la escritura novelesca del siglo XIX.
EL ACTO DE LECTURA … EN JUAN DE LA ROSA 353

2. Los iletrados: entre la mirada compasiva y el mal moral.


!
El mundo social representado en la novela es muy extenso ya
que incluye a diferentes sectores: la aristocracia colonial, los letrados
criollos, los artesanos, campesinos, sirvientes negros, indios. Aun-
que el centro de la trama remite a personajes letrados y la perspecti-
va del narrador coincide con la de los criollos ilustrados, cumplen
también papel significativo en las historias secundarias los indios y
los negros, ambos definidos por su pertenencia a una cultura de lo
oral y su no-saber leer ni escribir en castellano.
Los dos personajes indios más relevantes en la novela, el tío Ale-
jo y la abuela, son configurados con una serie de elementos positi-
vos entre los que se destacan el patriotismo y el amor por la libertad
de Cochabamba. Ellos pelean hasta morir o quedar gravemente he-
ridos, es decir, forman parte de la alianza social dirigida por los crio-
llos en pos de la emancipación política y así tienen un lugar en la
historia local. Desde las variables que nos interesan, ambos persona-
jes se inscriben en un mundo oral y con escaso o nulo trato con la
escritura; sin embargo, sus tratos con la palabra y los relatos orales
son muy significativos en la novela.
Como ya ha sido destacado por varios críticos (como Cecilia
Méndez y Gustavo V. García), en las representaciones discursivas
decimonónicas de la región andina se observa el interés por incluir
simbólicamente el pasado amerindio; por ello, la paradoja de la idea-
lización positiva del pasado incaico y la degradación en términos
muy negativos del presente indio. Mariaca sostiene que en la novela
se formaliza una nación culturalmente criolla y socialmente mestiza
que conserva la dicotomía de las dos repúblicas (indios y criollos)
(citado en García 35). Esa fractura entre el pasado imaginado épico
y glorioso y el presente degradado de los indios en la novela se ma-
terializa en la incapacidad del artesano indio (el tío Alejo) de hacer
suya la tradición cultural incaica: “Mil veces se hizo repetir los ver-
sos de la despedida del Inca, o de algún fragmento del Ollantay sin
conseguir nunca retenerlos por completo en la memoria. Confesaba
humildemente su torpeza” (12). Este pasaje revela el deseo de
aprender y memorizar esos versos por el personaje, pero ésta es una
misión imposible por la poca capacidad intelectual del personaje
–resaltada en varios momentos de la novela– que impide que él se
convierta en vínculo vivo con su pasado e implícitamente justifica el
354 MARCEL VELÁZQUEZ CASTRO

papel de mediadores de los criollos letrados y la subordinación cul-


tural del grupo indígena al proyecto criollo. Es significativo observar
que a diferencia de Alejo, Juanito puede recordar y reproducir oral-
mente el último discurso de Murillo. Además, la producción de sig-
nificados en la novela correlaciona el campo de lo íntimo y lo feme-
nino con el pasado oral quechua pues son las mujeres las que actúan
como depositarias de ese saber cultural como ocurre con Rosita y
Clara que conocen y cantan harawis.
Alejo encarna la fuerza y el trabajo físico y aparece con evidentes
marcas que buscan asociar sus rasgos físicos externos con su carác-
ter y su capacidad intelectual, procedimientos ideológicos propios
del tiempo de la producción de la novela:
Cobrizo […] de cabeza al parecer pequeña enclavada en un cuello de toro
[…] sus ojos e ingenuo y franco mirar, revelaban un alma naturalmente
bondadosa, a no ser que los animase la cólera, en cuyo caso tomaban una
expresión bestial, espantosa.
[…] No se obstinaba en sostener sus juicios y opiniones, cuando alguna
persona querida los refutaba con calma y dulzura, y comprendiese o no los
razonamientos contrarios, parecía quedarse convencido […] [no dejaba de
tener] la astucia y socarronería que suelen distinguir en alto grado hasta a
los indígenas embrutecidos (Aguirre 11-12).
Esta configuración del personaje se halla inscrita en una red de
sentidos que combina valores extremos: tierno/bestial; bondado-
so/colérico; fuerza física/debilidad mental. Los modos de la des-
cripción también alternan desde la simpatía (“alma naturalmente
bondadosa”) hasta la distancia jerárquica (“indígenas embruteci-
dos”). Aunque es un personaje singular por los valores que posee
no puede librarse de las marcas sociales colectivas, construidas des-
de los ojos de los sectores dominantes, asignadas a los indios (“as-
tucia” y “socarronería”).
Para pensar las formas de configuración del otro grupo de per-
sonajes disjunto del mundo de la lectoescritura (los afrodescendien-
tes), emplearemos el concepto de sujeto esclavista. Como lo establecí
en mi libro Las máscaras de la representación. El sujeto esclavista y las rutas
del racismo en el Perú (1780-1895) (2005), esta categoría sirve para de-
nominar los rasgos comunes del discurso y las estrategias cognosci-
tivas en la percepción del otro afrodescendiente. El sujeto esclavista
es un presupuesto conceptual que no se define según quién es, sino
por el lugar desde donde enuncia y cómo lo hace. Su función es de-
limitar la mirada, la palabra y la sensibilidad del intérprete de la es-
EL ACTO DE LECTURA … EN JUAN DE LA ROSA 355

clavitud y la cultura afro. Durante el siglo XIX, el sujeto esclavista


se desplegó fundamentalmente en dos grandes campos discursivos:
el literario y el político-jurídico. Su operación cognoscitiva predo-
minante es la oposición, con la cual crea una red epistemológica de
antagonismos vinculados donde destacan los siguientes valores: eu-
ropeos/africanos, blancos/negros, libres/esclavos, humanos/ani-
males, civilización/barbarie, alma/cuerpo, voz/alaridos, vestidos/
desnudos, hermosos/horribles, lenguaje/jerga, racionalidad/supers-
tición, religión/idolatría, escritura/oralidad, razón/instintos, ho-
nestidad/deshonestidad, verdad/mentira. En síntesis, el discurso
sobre la esclavitud, mediante la construcción de la alteridad, contie-
ne implícitamente una idea de las fronteras imaginarias de cualquier
sociedad americana del siglo XIX.
En la novela Juan de la Rosa, los personajes afrodescendientes
(esclavos domésticos) están asociados a la aristocracia colonial y
forman un binomio social que se opone decididamente al proyecto
emancipador criollo. Ellos están configurados, como ocurre con ca-
si todas las novelas decimonónicas americanas, desde la perspectiva
del sujeto esclavista. Por ello, desde sus primeras intervenciones se-
cundarias en la trama de la novela, los varones aparecen como me-
ros cuerpos serviles y las mujeres como seres horribles. Por ejem-
plo, “un criado negro de gigantesca estatura” (8). Estamos ante la
representación tradicional del cuerpo del esclavo que combina la
fortaleza física imponente con la subordinación social y el servilis-
mo. Más adelante, “el portón se entreabrió lo bastante únicamente
para que saliese una cabeza de negra con tupido y menudo vellón
entre rojizo y cano, frente muy deprimida, ojos pequeños y bizcos,
nariz achatada, pómulos muy salientes y boca desdentada” (51). Ella
es una criada, pero en su descripción se destacan aspectos físicos
negativos para instalarla en el campo semántico de lo /horrible/.
La configuración discursiva de Clemente es emblemática pues en
ella se observa una lectura racialista propia de los años de la escritu-
ra de la novela. Una visión pseudocientífica que asigna característi-
cas físicas y morales a los diferentes grupos humanos y establece
una jerarquía entre ellos. Las palabras del narrador son las siguien-
tes: “Zambo […] es decir mestizo de indio y de negra, tenía cuanto
de malo puede reunirse de ambas razas: astucia, bajeza, holgazane-
ría, egoísmo, crueldad” (56). El personaje Clemente, nombre irónico
en este caso, porta las conductas sociales negativas de ambos grupos
356 MARCEL VELÁZQUEZ CASTRO

subalternos (negros e indios) desde los ojos de las élites dominantes,


punto de vista que adopta el narrador sobre este aspecto. Nueva-
mente aparece la ambivalencia de la sumisión y el ejercicio descon-
trolado de poder como manifestaciones extremas de un personaje
que no posee control ni moderación, pues se instala “naturalmente”
en los extremos. Por ello, se sostiene que “sumiso a las órdenes de
Feliciana, a quien había entregado los calzones, era el tirano de los
demás y especialmente del pobre pongo, a quien atormentaba de to-
dos modos, sin motivo alguno” (56). Los conflictos raciales entre
negros e indios durante todo el periodo colonial están documenta-
dos tanto en expedientes judiciales como en dibujos y textos litera-
rios. Sin embargo, lo que la novela quiere remarcar es que el perso-
naje afrodescendiente actúa con violencia y maldad inmotivadas
contra el pongo, el último eslabón dentro del orden social indígena.
Hay dos escenas en las que los personajes afrobolivianos cobran
relevancia por su carencia, su falta de literacidad. En la primera,
cuando la dueña de la casa quiere rendir homenaje a Goyeneche por
sus actuaciones militares. La esclava Feliciana lleva el conjunto de
presentes, pero no percibe que el mensaje que lleva en un papel el
granadero de almendras ha sido cambiado y que la inscripción dis-
cursiva en la fuente de manjar real ha sido sustituida por otra de
signo opuesto. En vez de los versos elogiosos del licenciado servil a
Goyeneche, el papel del granadero contiene la declaración francesa
de los derechos del hombre; y en vez de “Viva España” los clavos
de olor forman la frase “Viva la patria”. Todo esto enoja grande-
mente a Goyeneche, que la considera una broma de mal gusto y
frustra las pretensiones de doña Teresa de congraciarse con el ven-
cedor de los alzados.
Aunque puede parecer que estamos sólo ante un incidente joco-
so, este episodio contiene una fuerte carga ideológica. A través de
esos manjares y dulces, la aristocracia cochabambina y sus aliados
(cura y licenciado) pretenden establecer un vínculo con Goyeneche,
pero añaden a estas ofrendas materiales palabras de celebración y un
poema encomiástico. En consecuencia, le ofrecen al general vence-
dor productos materiales y espirituales combinados. Los mensajeros
de estos productos desconocen los signos de las palabras porque
son analfabetos. Los esclavos domésticos no pueden percibir la sus-
titución de los mensajes y son finalmente objeto de castigo y escar-
nio tanto por Goyeneche como por el ama Teresa: “¡Sal de aquí,
EL ACTO DE LECTURA … EN JUAN DE LA ROSA 357

negra espantosa! ¡Llévate a esas bestias!” (131). En conclusión, los


esclavos aparecen como cuerpos que portan siempre mensajes de
otros que no entienden: su no saber-leer los condena no sólo a estar
fuera del mundo de los signos, sino a impedir una comunicación
plena entre los sujetos competentes en el campo de la escritura.
La explicación del afrodescendiente Clemente ratifica su perte-
nencia al mundo popular regido por creencias y narraciones sobre-
naturales: “Su merced, nuestra ama, no quiere creer en el duende.
¡Es el duende, el mesmenísimo duende de la otra vez, hijas mías! Nadie
pudo entrar al corredor del jardín donde pusimos al fresco los dul-
ces” (Aguirre 131).
El otro segmento narrativo tiene que ver con un relato oral tra-
dicional que la abuela cuenta a Juanito. “La Quintañona” constituye
una narración pedagógica que critica las fórmulas vacías de la reli-
giosidad y afirma la conducta práctica de solidaridad y respeto por el
otro como vías para obtener la gracia divina. Nótese que es la vieja
indígena la que transmite dicho relato al niño y así preserva esa na-
rración en el tiempo, además dota de un arma cultural a su nieto pa-
ra derrotar al narrador afrodescendiente.
En un episodio anterior, el niño ya había mostrado una gran ca-
pacidad de memoria y una elocuencia depurada (cuando recuerda
con precisión las palabras del insurgente Murillo y las hace suyas).
Su cuerpo se instauró como texto viviente; por ello, en la revuelta se
dirige al grupo de los niños y repite las palabras de Murillo (25): su
elocuencia verbal provoca que el Overo lo designe como “jefe del
escuadrón”. Por consiguiente, el personaje Juanito aparece como un
sujeto competente tanto en el mundo de la lectura como en el mun-
do de la oralidad, como quedará refrendado más adelante.
El zambo Clemente poseía el monopolio de los relatos orales en
el espacio privado de la casa, él asumía las funciones de un narrador
oral y su auditorio estaba formado por los niños de la casa. Poseía
un saber-hacer que gozaba de reconocimiento; pero esta posición va
a ser socavada por Juanito.
El narrador explica su conducta mediante este razonamiento:
“La vanidad, el deseo de distinguirme sobre mi enemigo Clemente y
arrebatarle sus lauros […]”. En otras palabras, hay una voluntad de-
liberada y una estrategia particular para desplazar al experimentado
narrador oral afrodescendiente. El niño letrado que irrumpe en los
predios del relato oral gracias al saber de su abuela indígena lo hace
358 MARCEL VELÁZQUEZ CASTRO

con gran éxito: “concluí el cuento en medio de una salva general de


aplausos, tanto de los niños como de las criadas; pero concitándome
más que nunca el odio del narrador destronado” (Aguirre 174-175).
En este pequeño episodio se ratifica la ideología de la novela: el
niño criollo ilustrado no es sólo competente en el saber leer y escri-
bir, sino que también se impone en los predios del mundo oral: toda
actividad social vinculada con la escritura o una performance oral
codificada debe quedar en manos de los criollos y los afrodescen-
dientes deben ser expulsados de esos terrenos. Adicionalmente, la
abuela indígena por medio de su nieto venga al pongo (indio) que
era maltratado injustificadamente por Clemente. El texto parece de-
cirnos que aunque haya un predominio físico del negro sobre el in-
dio, la cultura de este último grupo se impone sobre la del primero.
Cabe mencionar que las manifestaciones culturales afrodescendien-
tes son casi inexistentes en el mundo representado de la novela.
La jerarquía cultural que asigna a los criollos el primer lugar, el
segundo, a los indios, y el último, a los afrodescendientes queda re-
frendada en un pequeño episodio. En la casa, Clemente agrede ver-
balmente a Juanito y este en un acto inverosímil lo golpea feroz-
mente sin recibir respuesta alguna:
– ¿No es verdad, hijo del aire?
No pude contenerme. Aquellas injurias, después de sus últimas humil-
laciones y del pasado martirio que le debía, me hicieron perder toda pacien-
cia. Le azoté fuertemente la cara de mono con la mano, y seguí a pasos len-
tos el camino de mi cuarto (Aguirre 92).
El uso del verbo /azotar/ no es casual, pues remite al campo
semántico de la esclavitud; la imagen “cara de mono” forma parte
del imaginario tradicional para marcar la alteridad y remarcar la des-
humanización ejercida por el sujeto esclavista ante el fenotipo afro-
descendiente.

Conclusiones.

El análisis de las imágenes de la lectura que provee esta novela


ofrece dos grandes modelos: a) la lectura por el saber y el conoci-
miento asociados a la conciencia política y a los espacios públicos; y
b) la lectura como anagnórisis del propio lector y, en consecuencia,
asociada a la formación conflictiva de una identidad subjetiva. El
primer modelo consolida la formación cultural del personaje y lo
EL ACTO DE LECTURA … EN JUAN DE LA ROSA 359

filia con una causa política colectiva; el segundo modelo desestabili-


za psicológicamente al personaje y lo dota de una identidad familiar
y personal conflictiva, pues está atravesado por múltiples culturas.
Desde el modelo de una sociedad disciplinaria, el personaje Jua-
nito recibe libros religiosos que se le ofrecen como mecanismos de
disciplina moral y sujeción espiritual. Por el contrario, cuando actúa
con libertad, el varón lector (Juanito o Fray Justo) elige sus libros y
mediante ellos conoce su historia y su sociedad; la lectura lo trans-
forma drásticamente y lo compele a escribir la Historia, a ser agente
de su tiempo, como en el caso de Fray Justo o de Juanito que más
tarde será Coronel Juan de la Rosa que peleará con el Mariscal Sucre
en Ayacucho. En todas estas representaciones subyace la confianza
en el poder de la escritura sobre el carácter moldeable de todos los
lectores, incluso los de papel.
En las lecturas de Juanito se observa una contradicción, pues
muchas de ellas pertenecen a la literatura española con cuyos valo-
res él se identifica, pero, simultáneamente, él está luchando contra la
opresión colonial de España. Esta fractura condensa cabalmente la
dependencia cultural que se conservó incluso cuando la indepen-
dencia política fue alcanzada completamente en todo el continente.
Aunque la población indígena permanece fuera del campo de la
lectoescritura, son competentes en el campo de la cultura oral y
dominan el quechua, principalmente las mujeres. Ellas son portado-
ras de un saber ancestral que se manifiesta en el canto de harawis, la
transmisión de relatos tradicionales y en su memorización de pasajes
de la escritura del quechua colonial como el del Ollantay. Por su par-
te, Alejo, varón indígena se demuestra incapaz de memorizar, de
cantar e incluso de relatar con claridad sus propias experiencias. Es-
ta diferencia de género implica la necesidad del papel de mediadores
de los criollos ilustrados que se convierten en portavoces de los in-
tereses públicos de los varones indígenas que aparecen como aliados
subordinados en la causa emancipadora.
La población afrodescendiente está configurada desde la pers-
pectiva del sujeto esclavista; por ello, está regida por lo /horrible/
en el campo físico y por la /ignorancia/ en el campo de lo cultural.
El texto la presenta mediante las figuras de sirvientes que actúan
como complemento de la aristocracia colonial con cuyos intereses
ellos se identifican. Además, los sujetos afrodescendientes quedan
descalificados por estar completamente fuera del campo de la escri-
360 MARCEL VELÁZQUEZ CASTRO

tura e incluso pierden sus posiciones como narradores orales ante el


sujeto criollo letrado.

BIBLIOGRAFÍA CITADA

Aguirre, Nataniel. Juan de la Rosa. Memorias del último soldado de la Independencia.


Prólogo, cronología y bibliografía de Alba María Paz Soldán. Caracas: Bi-
blioteca Ayacucho, 2005.
García, Gustavo V. ”Introducción”. En Juan de la Rosa. Memorias del último solda-
do de la Independencia. La Paz: Plural editores, 2010. 11-60.
Paz Soldán, Alba María. “Prólogo”. En Aguirre, Nataniel, Juan de la Rosa IX-
XXX [v. supra].
Velázquez Castro, Marcel. Las máscaras de la representación. El sujeto esclavista y las
rutas del racismo (1775-1895). Lima: Fondo Editorial de la Universidad Na-
cional Mayor de San Marcos / Banco Central de Reserva del Perú, 2005.
Zanetti, Susana. La dorada garra de la lectura: lectoras y lectores de novela en América
Latina. Buenos Aires: Beatriz Viterbo, 2002.
ARGOS AREQUIPENSIS. LIBRO DE HOMENAJE A RAÚL BUENO CHÁVEZ
Boston: RCLL, CELACP y Latinoamericana Editores, 2014, pp. 361-376

CONTRIBUCIÓN A UN DICCIONARIO PERSONAL


DE RICARDO PALMA

Miguel Ángel Rodríguez Rea


Universidad Ricardo Palma
y Universidad Jaime Bausate y Meza

Para Raúl Bueno Chávez, gran profesor y mejor amigo

Como puede entenderse, este no es un diccionario elaborado


por el tradicionista. Pues él ya había dado a las prensas –en sendos
volúmenes– sus investigaciones lingüísticas: Neologismos y americanis-
mos (1896) y Papeletas lexicográficas (1903). El fragmento que damos a
conocer lo hemos elaborado considerando el perfil que Palma
muestra en sus Tradiciones: el humor, la ironía y el sarcasmo. Com-
ponentes fundamentales de la “magia verbal” (Escobar) de su lega-
do narrativo.
Este es un proyecto que esperamos concluir cuando se haya re-
visado la totalidad de su obra escrita1. Por ahora, incluimos un cen-
tenar de papeletas que ofrecen una muestra de su espíritu inquisitivo
y observador privilegiado de la época. No obstante que sus Tradicio-
nes peruanas muestran una diversidad de fuentes (histórica, política,
artística, etc.), su irrupción en nuestras letras se asemeja –más por el
propósito que por el género– a la huella de Balzac en la ficción
francesa (Flores Galindo). No obstante ello, el eje fundamental resi-
de en el tratamiento de esa información, con el escalpelo de una
lengua literaria que reinventó, para un lector avisado y de fértil ima-
ginación como él.

1
La Universidad Ricardo Palma tiene en preparación, bajo mi dirección, las
Obras completas de Palma. De estas, han aparecido en los años 2005-2006 tres
volúmenes de su correspondencia (Epistolario general [1846-1919]), y en julio del
2014, los dos primeros volúmenes (de un total de nueve) de las Tradiciones pe-
ruanas.
362 MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ REA

Indudablemente, estas papeletas son sino una aproximación al


caudal que su prosa, poesía, o el fervor de la escritura en asuntos
privados, contiene en esos trazos que proponemos como un Diccio-
nario personal, que ha de servirnos como derrotero para disfrutar sin
medida sus fabulaciones. En rigor, es un Diccionario cuyas entradas
están dispersas, pero tienen la virtud de ser coherentes. En ese en-
tramado, Palma convierte lo efímero en algo intangible.
Queremos, pues, contribuir a que se difunda esta herencia pal-
miana con los chispazos de Don Ricardo.

ADÁN
…¡pícaro goloso!
[“Un libro condenado”. 7ª Serie.]

ADULACIÓN, LISONJA
Para surgir con adularte basta; / la lisonja es un jabón que no se gas-
ta.
[“A nadar, peces”. 3ª Serie.]

ALBACEA
… esas hambrientas sanguijuelas que el Diccionario de la lengua llama
albaceas.
[“El Nazareno”. 1ª Serie.]

AMAT
1/
–¡No! Pues como a mí se me encaje entre ceja y ceja, he de confun-
dir el orgullo de esa pindonga [la Perricholi]. Pues mi querido no es
ningún mayorazgo de perro y escopeta, ni aprendió a robar como
Amat de su mayordomo, y lo que gasta es suyo sin que tenga que
dar cuenta al rey de donde salen esas misas.
[“Pues bonita soy yo, la Castellanos”. 1ª Serie.]
2/
Los maldicientes decían en Lima que, durante los primeros años de
su gobierno, el excelentísimo señor virrey don Manuel de Amat y
Junient, caballero del hábito de Santiago y condecorado con un ce-
menterio de cruces, había sido un dechado de moralidad y honradez
administrativas. Pero llegó un día en que cedió a la tentación de ha-
cerse rico, merced a una casualidad que le hizo descubrir que la
CONTRIBUCIÓN A UN DICCIONARIO PERSONAL DE RICARDO PALMA 363

provisión de corregimientos era una mina más poderosa y boyante


que las de Pasco y Potosí.
[“Pues bonita soy yo, la Castellanos”. 1ª Serie.]

AMIGOS
Los amigos se parecen a las navajas de barba: sale una buena entre
diez.
[“Predestinación”. 1ª Serie.]

AMOR
1/
Dijo bien el que dijo que el amor es un envenenamiento del espíritu.
[“Dos millones”. 1ª Serie.]
2/
que es amor una araña /que con cautela, / en un rincón del alma, /
forma su tela
[“Al hombre, por la palabra”. 3ª Serie.]
3/
Para librarse de lazos, antes cabeza que brazos.
[“Una aventura del virrey poeta”. 3ª Serie.]
4/
Es una hoguera respecto a la cual cada palabra, cada sonrisa, cada
mirada, es como una arista o un esparto lanzado en ella.
[“La muerte en un beso”. 11ª Serie.]

BEATA
1/
… Fray Juan Gutiérrez, que andaba más suelto que lengua de bea-
ta…
[“Entre jesuitas, agustinianos y dominicos”. 11ª Serie.]
2/
… las beatas que diariamente rezan más padrenuestros que pulgas
tiene un perro en verano…
[“Minucias históricas. V. Tirar la banda por el balcón”.11ª Serie.]

BELLAS
El que no ama a las bellas es porque ama a las botellas.
[“El canónigo del taco”. 5ª Serie.]
364 MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ REA

BOCA
Mi boca es una alcancía.
[“La revolución de la medallita”. 4ª Serie.]

BOLÍVAR
1/
El 28 de octubre de 1826, día de San Simón y Judas por más señas,
celebróse con grandes festejos en las principales ciudades del Perú.
Las autoridades habían andado empeñosas y mandaron oficialmente
que el pueblo se alegrase. Bolívar estaba entonces en todo su apo-
geo, aunque sus planes de vitalicia empezaban ya a eliminarle el
afecto de los buenos peruanos.
[“La fiesta de San Simón Garabatillo. 1ª Serie.]
2/
Bolívar era hombre de la síntesis; mas no el hombre de los detalles.
[“Bolívar, Monteagudo y Sánchez Carrión”. 10ª. Serie.]

BRUJAS
…hembras de muy equívoca honestidad…
[“Entre jesuitas, agustinianos y dominicos”. 11ª Serie.]

CARA FEA
… la mocita, tenía una cara más fea que el pecado de usura.
[“Predestinación”. 1ª Serie.]

CASTILLO, FRANCISCO DEL


Un loco más en el manicomio de la literatura peruana.
[“El “Ciego de la Merced”. 11ª Serie.]

CELOS
Los celos se parecen / a la pimienta, / que si es poca, da gusto, / si
es mucha, quema.
[“Cortar por lo sano”. 5ª Serie.]

CONSEJO
… dar un consejo es lo más barato de todo lo que se puede dar…
[“Minucias históricas. II. Puerilidades de la vanidad”. 11ª Serie.]
CONTRIBUCIÓN A UN DICCIONARIO PERSONAL DE RICARDO PALMA 365

CONSEJERO
… pidió consejo a la almohada, que, dicho sea de paso, es mejor
consejero que los de Estado.
[“¡Ijurra! ¡No hay que apurar la burra!”. 4ª Serie.]

CONSTITUCIÓN
… vieja chocha.
[“El chocolate de los jesuitas”. 6ª Serie.]

CONSTITUCIÓN DE 1860
Mi amigo don Restituto con más altos y bajos que la Constitución del
60.
[“Un Maquiavelo criollo”. 7ª Serie.]

CRONISTA
Si en vez de relatar una crónica escribiéramos un romance, aunque
nunca nos ha dado el naipe por ese juego, enjarretaríamos aquí un
diálogo de novela. Afortunadamente un narrador de crónicas puede
desentenderse de las zalamerías de enamorado e irse al fondo del
asunto. [“Justos y pecadores”. 1ª Serie.]

CURIOSIDAD
…la curiosidad, más poderosa en las mujeres que el terror…
[“El encapuchado”. 2ª. Serie.]

DESDEÑAR
Achaque de mujer ha sido siempre desdeñar al que se humilla.
[“Predestinación”. 1ª Serie.]

DINERO
1/
Parece que la mejor piedra de toque es el dinero.
[“Un proceso contra Dios”. 2ª Serie.]
2/
En el cielo manda Dios, / los diablos en el infierno, / y en este pí-
caro mundo / el que manda es el dinero.
[“Refranero I. Estar a tres dobles y un repique”. 7ª Serie.]
366 MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ REA

ESCLAVÓCRATA
Partidario de la esclavitud de los negros.
[“Manumisión!”. 10ª Serie.]

ESCRIBANO
Gómez Pérez fue un pícaro de encargo, díscolo, fanfarrón y que
anduvo siempre más torcido que conciencia de escribano.
[“II. El que se ahogó en poca agua.”. 6ª Serie.]

ESCRIBIR UN LIBRO
No recuerdo dónde he leído que las tres cosas más difíciles son:
tomar la embocadura a una flauta, divertirse cuando lo manda un
médico, y comenzar a escribir un libro.
[“La historia del Perú del Padre Urías”. 11ª Serie.]

FAMA
La mala llaga sana / pero la mala fama / mata.
[“Un capítulo de frailes”. 3ª Serie.]

FANATISMO
1/
Y el pueblo, el sencillo pueblo, creía firmemente en la santidad de
aquel a quien, durante muchos años, había visto cruzar sus calles
con un burdo sayal de penitente, crecida barba de anacoreta, alimen-
tándose de hierbas, durmiendo en una cueva y llevando consigo una
calavera, como para tener siempre a la vista el deleznable fin de la
mísera existencia humana. Y ¡lo que pueden el fanatismo y la preo-
cupación! Muchos de los circunstantes afirmaban que el cadáver
despedía olor a rosas.
[“Justos y pecadores”. 1ª Serie.]
2/
Ya es sabido que el fanatismo por una causa ha hecho siempre los
héroes y los mártires.
[“Los caballeros de la capa”. 2ª Serie.]
CONTRIBUCIÓN A UN DICCIONARIO PERSONAL DE RICARDO PALMA 367

FEÍSMO
Degollación, que tal era el nombre de la mocita, tenía una cara más
fea que el pecado de usura, y una voz de caña rota que el ciego ras-
cador de guitarra sabía hacer soportable por la sal de su punteado.
[“Predestinación”. 1ª Serie.]

FORTUNA
Vino de Andalucía a Lima en busca de la madre gallega (léase fortu-
na).
[“Un caballero de hábito”. 4ª Serie.]

GARÚA
…chipichipi.
[“Prudencia episcopal”. 9ª Serie.]

GENTE DE TEATRO
Créese que no son virtudes muy sólidas las de la gente del teatro; y
aunque nunca han sido los bastidores escuela de moralidad, es con-
solador para la gloria del arte afirmar que no han escaseado en ellos
mujeres dignas y hombres honrados.
[“Predestinación”. 1ª Serie.]

GOBERNANTE
Acostumbraba Amat levantarse con el alba que, como dice un escri-
tor amigo mío, el madrugar es cualidad de buenos gobernantes […].
[“Pues bonita soy yo, la Castellanos”. 1ª Serie.]

GRATITUD
Don Pedro adquirió a dura costa el convencimiento de que, para
muchos corazones, la gratitud es fardo asaz pesado.
[“Un proceso contra Dios”. 2ª Serie.]

HACER RUIDO
Un escritor ha dicho que para que la atención pública se fije en un
individuo, no es preciso que éste sea un portento de saber y erudi-
ción; bastará con que sepa hacer ruido.
[“Don Marcos Jiménez de la Espada”. 11ª Serie.]
368 MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ REA

HOMBRES INÚTILES
Nada abundaba tanto en Lima como los hombres buenos que no
sirven para nada.
[“El baile de la Victoria”. 11ª Serie.]

HOMBRES PÚBLICOS
En otro grupo de menos fuste se ponía de ladrones y de pícaros a
los ministros que no había por dónde cogerlos, lo que a mí me es-
candalizó mucho, porque todavía ignoraba que los hombres públi-
cos se parecen a los urinarios públicos, en lo de estar a la disposi-
ción de todo el que pasa.
[“El baile de la Victoria”. 11ª Serie.]

IGNORANCIA EN POLÍTICA
Mientras más ignorante sea un prójimo en ciencias políticas y admi-
nistrativas, tanto más competente es para hablar sobre ella, y hasta
para ser ministro: así como, echarse a periodista, lo esencial es no
saber gramática ni proponerse aprenderla.
[“Mírense en este espejo”. 6ª Serie.]

INFALIBLES
Pertenecía a la secta de los infalibles que, de paso sea dicho, son los
más propensos a engañarse.
[“Muerta en vida”. 2ª Serie.]

JESUITA
… un jesuita y una suegra saben más que una culebra.
[“Las tres puertas de San Pedro”. 4ª Serie.]

JESUITAS
1/
… búhos ignacianos.
[“El traquido de la Capitana”. 9ª serie.]
2/
En 1568, año en que hubo peste de langostas, nos cayeron como
llovidos de las nubes los jesuitas…
[“Franciscanos y jesuitas”. 11ª Serie.]
CONTRIBUCIÓN A UN DICCIONARIO PERSONAL DE RICARDO PALMA 369

JOROBA
… el abultado pan de azúcar que se llama joroba.
[“Consolación”. 11a Serie.]

JUEZ
Manía de litigante es maldecir de los jueces. Para el que no obtiene
providencia a medida de su deseo, el juez es pícaro, bruto y venal.
[“Delirios de un loco”. 11ª Serie.]

LA MAR, JOSÉ DE
… demócrata tibio.
[“Bolívar, Monteagudo y Sánchez Carrión”. 10ª Serie.]

LATÍN
…lengua, en que las obscenidades parecen menos crudas.
[“Algo de crónica judicial española”. 10ª Serie.]

LEGUÍA, AUGUSTO B.
[B]ellaco.
[Carta a su hijo Ricardo: 19 ago. 1912. Epistolario general.]

LEGUÍA, ROBERTO
[I]nsigne jugador de gallos.
[Carta a su hijo Ricardo: 19 ago. 191. Epistolario general.]

LIMEÑA
Imagínense ustedes una limeñita de talle ministerial, por lo flexible;
de ojos de médico por lo matadores, y de boca de periodista por el
aplomo y la gracia en el mentir.
[“El encapuchado”. 2ª Serie.]

MATRIMONIO
El matrimonio ha de ser como el huevo frito: de la sartén a la boca.
[“Una vida por una honra”. 2ª Serie.]
370 MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ REA

MIEDO
1/
… el miedo es el mejor anteojo de larga vista que se conoce…
[“El encapuchado”. 2ª Serie.]
2/
No hay mayor enemigo del orden que el miedo en una autoridad. El
miedo como consonante para los malos poetas, tiene el privilegio de
tornar en elefantes las hormigas.
[“Las clarisas de Trujillo”. 3ª Serie.]

MUJER
1/
Para esto de sacar los trapitos a la colada, las mujeres han sido
siempre lo mismo, y lo que ellas no sacan en limpio, no lo hará Sa-
tanás con todo su poder de ángel precito.
[“Justos y pecadores”. 1ª Serie.]
2/
Bien dice el Corán cuando dice que la mujer es el camello que Dios
concedió al hombre para atravesar el desierto de la vida.
[“Glorias del cigarro”. 11ª Serie.]

MATRIMONIO
… esa República práctica… que se llama matrimonio.
[“Nadie se muere hasta que Dios quiere”. 2ª Serie.]

MESTIZO
Mestizo educado / diablo encarnado.
“Un obispo de contrabando”. 5ª Serie.]

MIEDO
No hay mayor enemigo del orden que el miedo en una autoridad. El
miedo, como consonante para los malos poetas, tiene el privilegio
de tornar en elefantes las hormigas.
[“Las clarisas de Trujillo”. 3ª Serie.]

MILITAR
Militroncho.
[“Justicia de Bolívar”. 4ª Serie.]
CONTRIBUCIÓN A UN DICCIONARIO PERSONAL DE RICARDO PALMA 371

MUCHACHA
Muchacha, tu cuerpo es tal, / que dicen cuantos lo ven / que en lo
chico es como el bien, y en lo gordo como el mal.
[“Monja y cartujo”. 4ª Serie.]

MUJERES
1/
… a veces las mujeres / son como libros, / que por nuevos se
compran / y… están leídos.
[“Los amantes de real orden”. 4ª Serie.]
2/
las mujeres y cuerdas / de una guitarra / es menester tener talento /
para templarla.
[“Monja y cartujo”. 4ª Serie.]

NAIPE
Librito de las cuarenta hojas.
[“Don Alonso el Membrudo”. 5ª Serie.]

OBRA
No tenía ni palabra mala ni obra buena.
[“Los amantes de real orden”. 4ª Serie.]

OPINIÓN PÚBLICA
… es una señora muy entrometida y casquilucia…
[“El primer toro”. 5ª Serie.]

OPORTUNIDAD
Cuando las cosas se hacen en coyuntura aparente tiene siempre éxi-
to feliz. Aprovechar de la oportunidad es ganar media batalla.
[“III. Agustinos y franciscanos”. 3ª Serie.]

PALMA, CLEMENTE
[L]a mudez que ya es orgánica en él...
[Carta a su hijo Ricardo: 19 ago. 1912. Epistolario general.]
372 MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ REA

PASADO
Literariamente, tengo la manía de vivir en el pasado. El ayer es
siempre poético: es una especie de sol al que apenas se le ven las
manchas, porque está muy lejos
[“Los plañideros del siglo pasado”. 5ª Serie.]

PEDANTERÍA
… era el tipo más perfecto del pedante de la sierra, que en punto a
pedantes es el summun de la especie.
[“Un obispo de Ayacucho”. 5ª Serie.]

PÉREZ, PEDRO BERNARDINO


[E]l burro Pérez.
[Carta a su hijo Ricardo: 31 ago. 1912. Epistolario general.]

PERRICHOLI
La Perricholi, de quien pluma mejor cortada que la de este humilde
servidor de ustedes ha escrito la biografía, era hembra de escasísima
belleza. Parece que el señor virrey no fue hombre de paladar muy
delicado.
[“Pues bonita soy yo, la Castellanos”. 1ª Serie.]

PIEDRAS
El pueblo se defendió lanzando sobre la tropa lágrimas de de San
Pedro, vulgo piedras.
[“Pepe Bandos”. 2ª Serie.]

PÓLVORA
El Perú es el pueblo en que más consumo se ha hecho de pólvora
desde que la inventara el fraile a quien tanta gloria se atribuye. No
hay fiesta cívica, religiosa o doméstica sin cohetes y camaretas, y
proverbial es la respuesta que a Carlos III diera un noble que estuvo
en Indias cuando el soberano le preguntó en qué se ocupaban los
peruleros.
–En replicar y quemar cohetes.
[“No juegues con pólvora”. 5ª Serie.]
CONTRIBUCIÓN A UN DICCIONARIO PERSONAL DE RICARDO PALMA 373

POTOSÍ
1/
Potosí, en el siglo XVI, era el punto de América adonde afluían to-
dos aquellos que soñaban improvisar fabulosa fortuna.
[“Justos y pecadores. 1ª Serie.]
2/
Los últimos años de aquel siglo corrieron para Potosí entre el lujo y
la opulencia, que a la postre engendró rivalidades entre andaluces,
extremeños y criollos contra vascos, navarros y gallegos. Estas con-
tiendas terminaban por batallas sangrientas, en las que la suerte de
las armas se inclinó tan pronto a un bando como a otro. Hasta las
mujeres llegaron a participar del espíritu belicoso de la época; […]
[“Justos y pecadores”. 1ª Serie.]

PROSTITUTA
1/
… mozas del partido…
[“Lucas el Sacrílego”. 2ª Serie.]
2/
… muchacha mal inclinada
[“¡Feliz barbero!”. 4ª Serie.]
3/
Muchachas del genio alegre.
[“El primer cónsul inglés”. 4ª Serie.]
4/
Pecatrices. [“Un libro condenado”. 7ª Serie.]
5/
… hembras de muy equívoca honestidad…
[“Franciscanos y jesuitas”. 4ª Serie.]

REVOLUCIONES
Las revoluciones, como las tortillas, hacerlas sobre caliente o no ha-
cerlas.
[“Las clarisas de Trujillo”. 3ª Serie.]

RIDÍCULO
Arma atroz.
[“Las Cayetanas”. 1ª Serie.]
374 MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ REA

ROMERO, CARLOS A.
[E]l muy canalla Carlos Romero.
[Carta a su hijo Ricardo: 31 ago. 1912.] Epistolario general.]

RUIN
… el que es ruin en su villa ruin será en Sevilla.
[“Traslado a Judas”. 3ª Serie.]

SÁNCHEZ CARRIÓN, FAUSTINO


… republicano ardiente.
[“Bolívar, Monteagudo y Sánchez Carrión”. 10ª Serie.]

SECRETO
Secreto de tres, vocinglero es.
[“Una astucia de Abascal”. 5ª Serie.]

SOLTERONES
Gremio de los solterones, que tengo para mí constituyen, si no una
plaga social, una amenaza contra la propiedad del prójimo. Hay
quien afirma que los comunistas y los solterones son bípedos que se
asimilan.
[“Las orejas del alcalde”. 2ª Serie.]

SONETISTA
… coplero del tres al cuatro…
[“El nazareno”. 1ª Serie.]

SONETORREA
Es epidemia que compite con la peste bubónica, y acaso la aventaja.
[“Fruslerías”. 10ª Serie.]

SUCESOS
Los sucesos, como el agua, deben beberse en la fuente.
[“Los polvos de la condesa”. 2ª Serie.]

SUEGRA
1/
… un jesuita y una suegra saben más que una culebra.
CONTRIBUCIÓN A UN DICCIONARIO PERSONAL DE RICARDO PALMA 375

[“Las tres puertas de San Pedro”. 4ª Serie.]


2/
Si nadie quiere suegra / yo si la quiero, / para a falta de leña / tirarla
al fuego.
[“Los amantes de real orden”. 4ª Serie.]
3/
... boa constrictora...
[“Glorias del cigarro”. 11ª Serie.]

TRABAJAR
En esta tierra caduca, el que no trabaja, no manduca.
[“El alcalde de Paucarcolla”. 4ª Serie.]

TURBAS
Las turbas n raciocinan ni discuten, y mientras más absurda sea la
especie, más fácil aceptación encuentra.
[“Tres cuestiones históricas sobre Pizarro”. 4ª Serie.]

UNANUE, HIPÓLITO
… monarquista solapado.
[“Bolívar, Monteagudo y Sánchez Carrión”. 10ª Serie.]

VERGÜENZA
Todo lo había perdido, menos la vergüenza, que es lo primero que
ahora acostumbramos perder.
[“Un proceso contra Dios”. 2ª Serie.]

VIEJO
1/
… viejo más seco que un arenal…
[“Muerta en vida”. 2ª Serie.]
2/
… los viejos son como los cuernos: duros, huecos y retorcidos.
[“La excomunión de los alcaldes de Lima”. 6ª Serie.]
376 MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ REA

YARAVÍ
1/
… trova del indio, henchida de sentimental perfume, gemido que al
salir desgarra el pecho e himno que respira en el mañana.
2/
… poesía que se desprende de alma con tan íntima ternura…
[“La muerte en un beso”. 11ª Serie.]

ZAMACUECA
… la resurrección de la carne.
[“La conversión de un libertino”. 3ª Serie.]

BIBLIOGRAFÍA CITADA

Escobar, Alberto. “La magia verbal de Ricardo Palma”. Eco IV, 1 (Bogotá,
1961): 20-40.
Flores Galindo, Alberto. “Las Tradiciones una Comedia humana”. Revista 5 (Lima,
Universidad Ricardo Palma, dic. 1982): 138-140.
ARGOS AREQUIPENSIS. LIBRO DE HOMENAJE A RAÚL BUENO CHÁVEZ
Boston: RCLL, CELACP y Latinoamericana Editores, 2014, pp. 377-391

METÁFORAS DE LA CULTURA EN EL “ROMANCE


DE LA LUNA, LUNA” DE FEDERICO GARCÍA LORCA

Isabel Lozano-Renieblas
Dartmouth College

Cuando llegué al Graduate Center de la City University of New


York asistí a la clase de teoría literaria que aquel trimestre impartía
George Yúdice. El profesor Yúdice nos hizo analizar el Lazarillo si-
guiendo el modelo semiótico-semiológico trazado diez años antes
por Raúl Bueno y Desiderio Blanco en Metodología del análisis semiótico
(Lima, 1980). Poco podía imaginar entonces no ya que conocería a
Raúl, sino que lo contaría entre mis amigos más queridos. Llegué a
Dartmouth como profesora visitante para enseñar el curso del Quijo-
te a finales del verano de 1994. Entonces, recién aterrizada y sin
apenas conocer a nadie en lo que sería mi nuevo destino profesio-
nal, Raúl y Gladys se ofrecieron generosamente a llevarme de com-
pras a West Lebanon; ofrecimiento que yo, en mi timidez, rechacé,
pero que no tardaría en aceptar gustosa. El traqueteo de las bolsas
de la compra sería el comienzo de una gran amistad. Andando el
tiempo Raúl me regalaría ese libro sabio que guardo como un tesoro
y que supuso para mí una ventana al mundo de la teoría literaria
desde la planta cuarenta del Grace Building. Hoy he querido recor-
dar las lecciones de aquel libro que me acompañó en mis años de
estudiante graduada y, como si se tratara de una corneja volando a
mi diestra, me auguró los mejores logros en mi periplo americano.
Me he visto obligada a hacer algunas modificaciones cambiando la
semiología lingüística por la hermenéutica simbólica, y las figuras y
configuraciones sémicas del Lazarillo de Tormes por la estructura
simbólica de la iniciación en el “Romance de la luna, luna”, de uno
de los poetas de estas orillas del Atlántico predilectos de Raúl: Fede-
rico García Lorca.
378 ISABEL LOZANO-RENIEBLAS

Uno de los logros del Romancero gitano de Federico García Lorca


es que logra renovar el discurso poético desde la tradición, al con-
vertir lo andaluz en una nueva tradición sobre la que se articula el
poemario. De todos los romances de la colección, el “Romance de
la luna, luna”, por su posición privilegiada de pórtico, ha recibido
una mayor atención crítica (Beltrán Fernández de los Ríos 7-23). La
interpretación símbolica, que ha leído el romance como danza de la
muerte, ha logrado imponerse sobre las demás. Sin embargo, el
consenso no alcanza a homogenizar el sentido simbólico del astro
lunar, que oscila entre la bailarina mortal y la figura materna. Y, a
partir de ahí, las matizaciones se han abierto paso, acogiendo un haz
de posibilidades que van desde explicar el astro lunar como personi-
ficación del viejo culto a Mitra (Blanquat), de la madre (Feal Deibe),
de Diana-Artemis, de Hécate-Perséfone, o de los amores de Selene
y Endimión (Correa Caderón, La poesía mítica de Federico García Lor-
ca), o como ideario poético del poeta (López Guil). Para su autor, el
Romancero gitano era la obra, hasta el momento de su publicación, en
la que había conseguido una mayor unidad y en la que aparecía por
primera vez una personalidad poética propia. El libro –continúa
Lorca– “empieza con dos mitos inventados: la luna como bailarina
mortal y el viento como sátiro” (OC I, 1113), refiriéndose al “Ro-
mance de la luna, luna” y a “Preciosa y el aire”. Y naturalmente que
hay invención, pero habría que matizar esto último, pues Lorca per-
sigue recrear el mundo atávico de Tartessos. Enmendemos pues lo
de “inventados” con el sentido de descubrir algo nuevo y acojámo-
nos a lo imaginado, para abordar el sentido que le da el poeta. Por
eso, haremos nuestras las palabras del propio Lorca en su presenta-
ción del “Romance sonámbulo”: “nadie sabe lo que pasa ni aun yo,
porque el misterio poético es también el misterio para el poeta que
lo comunica, pero que muchas veces lo ignora” (OC I, 1115). Noso-
tros nos aproximaremos a esos misterios que esconde el “Romance
de la luna, luna” desde la naturaleza ambivalente de una tríada sim-
bólica que parece apuntar hacia un ritual de iniciación sexual, esto
es, hacia la muerte simbólica de la niñez.
La luna que recrea Lorca en el “Romance de la luna, luna” ema-
na de la voluntad de restaurar el mito de Tartessos. Es bien sabido
que el primer Romancero gitano se publica en Revista de Occidente y no
menos conocido que allí publicó Lorca poemas varios, entre los que
se cuenta la “Oda a Salvador Dalí”. En 1923, cuando Lorca posi-
METÁFORAS DE LA CULTURA EN EL “ROMANCE DE LA LUNA, LUNA” 379

blemente estaba escribiendo el “Romance de la luna, luna”, Adolfo


Schulten publicó en Revista de Occidente un interesante artículo titula-
do “Tartesos, la más antigua ciudad de Occidente”1. Este artículo
supondría la resurrección de un viejo mito y la consolidación, en el
ámbito hispánico, de las investigaciones sobre la importancia de
Tartessos en la protohistoria de Andalucía. Schulten no solo intentó
demostrar que Tartessos se hallaba sepultada bajo las arenas del Co-
to de Doñana en la desembocadura del Guadalquivir, sino que se
propuso reconstruir su cultura. Pero las investigaciones de Schulten
se sustentaban sobre los frágiles cimientos de la Ora Maritima de
Avieno. Este poema latino que describe la geografía peninsular
constituyó el punto de arranque de sus investigaciones. Poco impor-
ta para nuestro propósito si se confirmaron las hipótesis de Schul-
ten. Lo relevante es que sus escritos nos permiten acercarnos al am-
biente cultural del momento. Como señala Michael Blech en el pró-
logo a la reedición de la obra de Schulten, basta echar un vistazo al
contenido de ese número de Revista de Occidente para constatar el pe-
so que adquiere la preocupación por las culturas sumergidas o evapora-
das, como las llamara Ortega y Gasset (Blech 11-13). Junto al artícu-
lo de Schulten, León Frobenius publicaba otro escrito dedicado a la
Atlántida. Ortega da también la noticia de la excavación de Schulten
entre el Cerro del Trigo y el mar, primero, y, luego, en el Coto de
Doñana, donde se suponía que había estado ubicada Tartessos, a la
vez que se hace eco de la repercusión que las excavaciones estaban
teniendo en la prensa del momento (Revista de Occidente 1, 392). Es
más, el mismo Ortega, en Las Atlántidas y del Imperio Romano (1924),
abre su ensayo sobre la decadencia de la civilización occidental con

1
Conocemos la fecha aproximada de composición del “Romance de la lu-
na, luna”, porque, según el testimonio de José Mora Guarnido, lo transcribe el
poeta, con otro título y con ligeras variantes verbales y adjetivales, en una carta
dirigida a Melchor Fernández Almagro en 1926 con el siguiente texto: “te envío
este que fue el primero que hice y es el más corto” (OC I, 1203 y García-Posada
279). Aunque para Mora Garrido la mayoría de los romances que luego forma-
rían parte del Romancero gitano estaban ya escritos en 1923, no hay consenso en-
tre los críticos al respecto. Para Christian Paepe no hay evidencia escrita cono-
cida hasta julio de 1924, con excepción del “Romance con lagunas” (Paepe 16).
En cualquier caso no es relevante para nuestro propósito la fecha exacta de su
composición, pues nos es suficiente con una referencia aproximada. Sobre el
posible conocimiento de las teorías de Schulten, véase Josephs y Caballero (19
y ss.).
380 ISABEL LOZANO-RENIEBLAS

un excurso sobre la moda de la época. Pero su reflexión no es una


crítica frívola a los vaivenes del gusto, sino una reflexión sobre las
contingencias y preferencias que mueven cada época histórica. Ante
el descubrimiento de las culturas sumergidas o evaporadas, la moda del
momento, según Ortega, descubrió el valor de los restos materiales
en la reconstrucción de culturas desaparecidas tras periodos de es-
plendor, valor del que habían prescindido las épocas precedentes.
Esta moda de las excavaciones en busca de lo que había borrado el
tiempo y languidecía enterrado en siglos de historia a la espera de
una resurrección amplió notablemente el conocimiento del patri-
monio cultural de la Antigüedad, con descubrimientos como la cul-
tura sumeria, la prebabilónica o la hitita, y, desde luego, la cultura
cretense, descubierta por Schliemann, y la tartessa, por Schulten, a la
que Ortega le dedica un capítulo (Ortega 3-13). De esta moda debió
de participar también Lorca, como se desprende del perfil que ad-
quiere la luna en el “Romance de la luna, luna”. En efecto, en una
lectura del Romancero gitano, Lorca vincula el romance expresamente
con Tartessos y lo presenta como: “Mito de la luna sobre tierras de
danza dramática, Andalucía interior concentrada y religiosa y mito
de playa tartesa” (OC I, 1116), palabras que sirvirán de guía a este
lector a la hora de ahondar en las imágenes de sus versos. Es más, el
poeta se resistía a ser encasillado bajo el socorrido marbete de lo
popular. Manifestó en variadas ocasiones su aversión por la inter-
pretación localista del Romancero gitano como poesía de toreo y pan-
dereta. Para Lorca se trataba de un “libro anti-pintoresco […], don-
de las figuras sirven a fondos milenarios” (OC I, 1114).
Esos fondos milenarios quiere evocar Lorca con una imagen de
la luna totalizadora, que abarca tanto a la mujer seductora como a la
madre protectora. Y si es innegable el parentensco entre la diosa
grecorromana Selene y la luna lorquiana2, el trasfondo del romance
apunta hacia una deidad con un dualismo mucho más marcado y
profundo que el de la diosa grecorromana, más afín a la gran diosa
de las antiguas civilizaciones mesopotámicas: a la Istar babilónica, a
la Astarté fenicia, o a la Tanit cartaginesa. Estas diosas concentran

2
Selene, la hija de Hiperión y de Tía, es un producto más tardío y mucho
más depurado que adopta el mundo grecorromano. Son muchas las relaciones
de Selene con dioses y humanos. La más conocida es la que mantuvo con el
pastor Endimión, con quien se unió en una gruta del monte Latmo y de quien
engendró cincuenta hijas (Diccionario de mitología clásica II, 539).
METÁFORAS DE LA CULTURA EN EL “ROMANCE DE LA LUNA, LUNA” 381

en sí el gran misterio de la existencia. Tienen poder de dar pero,


también, de arrebatar la vida, y no sólo la humana, sino “la vida ve-
getal y su fertilidad, los ciclos vitales cósmicos y, en definitiva, el
destino de los seres vivos” (Álvarez de Miranda 64). Todas ellas es-
tán muy próximas a la mitología tartesia, en especial a la luna. Se-
gún la Ora Maritima de Avieno, “bajo el dominio de los tartesios
existe allí frente a la ciudad, una isla consagrada antes por los habi-
tantes a Noctiluca”, esto es, a la luna, como han estudiado Caro Ba-
roja y Blázquez (Blázquez 462)3.
La luna lorquiana reúne en sí la ambivalencia que abona la terri-
ble diosa madre del mundo antiguo. La dualidad que da sentido al
romance hunde sus raíces en lo más profundo de la simbología del
astro lunar. La luna “es asimilada al principio del dos, y de la pasivi-
dad o lo femenino” (Cirlot 291). Tanto el plano expresivo como la
distribución temática se organizan en torno a relaciones binarias pa-
ra proyectar la imagen de un ser, la luna, que oscila y nunca per-
nanece idéntico a sí mismo, frente a la estabilidad de lo masculino
que viene atribuido, en el lenguaje simbólico, al sol (Cirlot 290). En
el plano verbal, el astro lunar se presenta como “lúbrica y pura” (vv.
7). Los gitanos, que harán con el corazón lunar “collares y anillos
blancos”, se definen con sustantivos agrupados en parejas, “bronce
y sueño”, que, unas veces, remiten a la descripción física; otras, a la
manera en que se aproximan los gitanos: con “las cabezas levanta-
das y los ojos entornados” (vv. 27-28). Encontramos repeticiones
de palabras ya desde el mismo título, “Romance de la luna, luna”,
pero también de versos: “el niño la mira, mira/ el niño la está mi-
rando” (vv. 3-4) en construcción paralela a “el aire la vela vela, el
aire la está velando” (vv. 35-36), o “cómo canta la zumaya, ay como
canta en el árbol” (vv. 29-30). Hasta el diálogo entre la luna y el ni-
ño parece adherirse a esta misma correlación, a cada uno de ellos se
le asigna el mismo número de versos (López Guil 2011, 103). La
distribución del contenido se organiza igualmente en torno a dos
mundos: el mundo mítico, dominado por la presencia del astro lu-
nar, y el telúrico, donde se ancla la anécdota, representada por el
mundo gitano. El propio poeta aludía a estos dos planos cuando
explicaba: “Desde los primeros versos se nota que el mito está mez-

3
Según Schulten, el santuario dedicado a la luna estaba en una isla frente a
Mainake (Schulten, Tartessos; Contribución a la historia antigua de Occidente 157-158).
382 ISABEL LOZANO-RENIEBLAS

clado con el elemento que pudiéramos llamar realista, aunque no lo


es, puesto que al contacto con el plano mágico se torna aún más
misterioso e indescifrable” (OC I, 1116).
Junto a la ambivalencia caracterísitca de las deidades del mundo
antiguo aparecen otros rasgos que perfilan un ser de fuerzas oscuras
conectado con la figura de Lilith. Esta divinidad fascinante y terrorí-
fica, que fue compartida por el folclore tanto de pueblos semíticos
como no semíticos, sufrió importantes transformaciones. En el Gil-
gamés es una diosa o demonio alado al igual que en la Biblia (Isaías
34). El Talmud representa a Lilith a la manera de las imágenes babi-
lónicas, como un súcubo que tiene relaciones sexuales con los hom-
bres que duermen solos. Durante la Edad Media, Lilith adquiere una
imagen más siniestra –si cabe– que las anteriores. En el Alfabeto de
Ben Sira, se metamorfosea en un enviado del mal que va diseminan-
do la enfermedad y la muerte por la faz de la tierra. Y, por último, el
Zohar sitúa el nacimiento de Lilith en el jardín del Edén. Dios creó a
Lilith y Adán exactamente igual, pero Lilith se rebeló y se negó a
yacer debajo de Adán4. Tras esta trayectoria extraordinariamente
compleja y que he simplificado al máximo, de Lilith han prevalecido
dos constantes: la mujer seductora y la asesina de niños. Sigmund
Hurwitz en su estudio sobre Lilith ha denominado esta dualidad
como el aspecto Lamashtu y el aspecto Ishtar de Lilith, en referen-
cia a la herencia que ambas diosas de la mitología babilónica han de-
jado en la Lilith judía (Hurwitz 31-62). Uno de los aspectos que
Lamashtu comparte con Lilith es la sed de sangre infantil. Lamashtu
pasa a la mitología grecorromana como Lamia, ese monstruo que
mata a los niños en respuesta a la venganza de Hera, que asesinó al
hijo que había concebido de Zeus. De Ishtar hereda el perfil seduc-
tor que resulta irresistible para cualquier ser vivo. Siempre está pres-
ta a seducir dioses, semidioses, hombres e, incluso, animales para
luego deshacerse de ellos (Hurwitz 61). Lilith ha fecundado la ima-
ginación literaria desde los tiempos remotos con versiones en todas
las lenguas de cultura: desde la empusa de Corinto en la Vida de
Apolonio de Tiana de Filóstrato (4, 25), hasta la mujer fatal de los pre-
rrafaelitas (Lilith de Rossetti), o la belle dame sans merci de los escrito-
4
Primo Levi en Lilith, el relato que da título a la colección Lilith y otros rela-
tos, cuenta que Lilith nació igual a Adán y todavía habita en el Mar Rojo. Por las
noches sale en busca de niños que considera suyos, pues todo el semen que cae
fuera de la matriz de la esposa le pertenece.
METÁFORAS DE LA CULTURA EN EL “ROMANCE DE LA LUNA, LUNA” 383

res decimonónicos (Fausto de Goethe, “El himno a la belleza” de


Baudelare, o la “Lamia” de Keats), por citar un periodo más próxi-
mo a Lorca (Eetessam Párraga 235). Lorca no hace sino sumarse a
una rica tradición que se pierde en los confines de la historia y que
ha sido fuente de inspiración hasta nuestros días, como confirma la
reciente pieza musical “El hijo de la luna”, interpretada por Mecano.
La luna lorquiana comparte con Lilith esa mezcla de seducción y
una atracción mortal por los niños. Pero además está vinculada a
dos elementos identificadores de la diosa judía: el aire y la zumaya.
En efecto, la relación del astro lunar con el niño oscila entre el perfil
erótico y el maternal, perfectamente fijado por esa pareja de adjeti-
vos “lúbrica y pura”. La luna se presenta como una bailarina sensual
al tiempo que produce cierta sorpresa en el niño, como se despren-
de de la repetición “la mira, mira./ El niño la está mirando” (vv. 4-
5), y que parece apuntar no hacia un niño temeroso ante el peligro
inminente que lo amenaza, sino hacia un niño hechizado que con-
templa embelesado la magia del baile lunar. Esta bailarina seductora
también nos conduce a la cultura milenaria del Mediterráneo occi-
dental. Las bailarinas más famosas de toda la Antigüedad fueron las
gaditanas. Cuenta Estrabón que Euxodos de Cícico, posiblemente
con el propósito de entretener a su tripulación, embarcó desde Cá-
diz a muchachas músicas con la intención de circunnavegar el Áfri-
ca. Marcial, Juvenal y Plinio el Joven mencionan en varias ocasiones
a las puellae gaditae, famosas por la ligereza de sus pies, el contoneo
de sus caderas y por sus posturas eróticas, hasta el punto de que su
presencia era obligada en los banquetes de los patricios romanos.
Marcial, que las menciona en varias composiciones, en uno de sus
epigramas, en el que invita a Toriano a una cena modesta pero de
atmósfera cálida y acogedora, escribe que su invitado no tendrá que
soportar las imposiciones impertinentes del anfitrión “ni las mucha-
chas de la licenciosa Cádiz/ menearán en inacabable prurito/ sus
lascivas caderas con estudiados temblores” (Epigramas V, 78). Algo
parecido escribe Juvenal (Sát. XI, 160) de estas bailarinas, capaces
de excitar a los más recatados y cuyo insinuador ritmo se asemeja al
de una danza ritual (Blázquez 341). Los atributos eróticos del astro
lunar son el “polisón de nardos”, el movimiento sensual de los bra-
zos, los senos de “duro estaño” y, sobre todo, los nardos. Cabría
aclarar que el “polisón de nardos”, aunque puede interpretarse co-
mo la vestimenta de la luna, parece sugerir, junto con los cabellos de
384 ISABEL LOZANO-RENIEBLAS

la bailarina, el resplandor lunar. En el perfume intenso, penetrante y


casi empalagoso, así como en el color del nardo, como apunta Co-
rrea Calderón, se concentra la atracción erótica que encontramos en
otros poemas de Lorca. En el poema “Eco” incluido en la sección
“Amor (con alas y flechas)” “el nardo de la luna/ derrama su olor
frío”; en “Serenata” “Lolita lava su cuerpo/ con agua salobre y nar-
dos” (Correa Calderón, “El simbolismo de la luna…” 1064 y OC I,
354, 372); sin olvidar los nardos febriles de la marina que asoman en
“Malagueña”. Y es que la poesía decimonónica y de principios del
siglo XX había cifrado en los nardos el deseo amoroso. Para Juan
Panero la intensidad de su aroma es comparable al dolor5. Emilio
Prados añora desde el exilio el amor de la patria, rememorando la
nostalgia de la niñez cuando “los nardos crecían silenciosos/ dentro
del corazón/ hasta taparnos la garganta...” (Poesías completas II, 598).
Y hasta la anónima florista de la copla popular ofrece una ramita de
nardos a gomosos y pisaverdes para asegurarles la infabilidad en la
conquista amorosa.
Está bailarina sensual exhibe su baile ante la curiosidad infantil y
ante un testigo de excepción: “en el aire comnovido/ mueve la luna
sus brazos” (vv. 5-8). Acaso no esté de más detenerse en el signifi-
cado de conmovido, porque puede tener una doble acepción. Si se in-
terpreta como “enternecido” no parece encajar totalmente en un
contexto erótico. Pero si se lee como “perturbado” o “inquieto”,
entonces adquiere un nuevo sentido. Y la pregunta que se impone
es a qué obedece esa inquietud. El viento conoce de antemano el
desenlace erótico que preludia el baile. Téngase en cuenta que en el
siguiente romance, “Preciosa y el aire”, el envés del “Romance de la
luna, luna”, el aire es el elemento masculino que intenta seducir,
forzar, sería más exacto decir, a Preciosa. En él, Lorca, mediante un
procedimiento sincrético en el que mezcla en proporciones desigua-
les la hagiografía cristiana y la mitología clásica, evoca otro mito de
la Hispania prerromana: el mito de los amores de Fabonio, el viento
fecundador, con las yeguas de la Lusitania, que parían corceles velo-
císimos, sin duda por la ascendencia paterna, según refieren Plinio,

5
“Porque quiero gozar del brío de la sangre extremando el candor bellísimo
del sueño./ Porque quiero endulzar el llanto en el consuelo regalado del pe-
cho,/ donde excede el dolor al aroma del nardo/ y tiembla la pureza del varón
como un fresno”, Manantial de la gracia de Juan Panero (ABC, Madrid, 15 de
junio de 1969, 142).
METÁFORAS DE LA CULTURA EN EL “ROMANCE DE LA LUNA, LUNA” 385

Varrón y Columela como cosa cierta y conocida por todos (Bermejo


cap. V). El viento se erige en el aliado de la luna en su juego de se-
ducción. Los dos últimos versos del poema vuelven sobre esa con-
nivencia: “el aire la vela, vela./ El aire la está velando”. De nuevo
nos contramos con dos versos anfibológicos, pues no se explicita ni
a quién o qué se refiere la, ni tampoco el papel que juega el viento.
Se ha interpretado que el viento cuida, vigila, “vela” al niño, asig-
nando a “velar” la acepción de “vigilar”. Esta interpretación se basa
en la semejanza de los versos del romance con los de la “Nana de
los gitanos de Granada” que Lorca menciona en Canciones de cuna
españolas6. “Tengo una choza en el campo./ Tengo una choza en el
campo.! El aire la vela, vela! el aire la está velando” (apud López Guil
106, n. 44; y Maurer I, 167), en los que la remite a la choza. Por ana-
logía se ha trazado un paralelismo entre choza y fragua7. Sin embargo,
este sentido produce una quiebra sémica que no parece justificada
poéticamente, porque, si en el arranque del poema el viento era el
aliado de la luna, habría que pensar más en una continuidad que en
una ruptura. Pero si hacemos que el pronombre la se refiera a la luna
y no a la fragua, y le atribuimos a “velar” el significado de “cubrir”,
“ocultar parcialmente” a la luna, se pone de manifiesto esa alianza
de complicidad con el erotismo que envuelve la escena. Me interesa
hacer hincapié en este vínculo de la luna y el viento porque nos
conduce, de nuevo, a la figura de Lilith (Sibbald 272). Una de las
formas primigenias de Lilith está relacionada con el viento (Black
Koltuv 1982, cap. I, 3-4 y ss.), pues, aunque los orígenes del nombre
son imprecisos, Lilith parece derivar bien del sumerio lilu o lila que
significa “demonio femenino” o “diosa del viento” o bien del aca-
dio en el que Lalu o Lulu significa lascivia.
Pero además de su relación con el viento, el ave asociada a Lilith
es la zumaya. Su canto aparece al final del romance, como culmina-

6
Lorca en su conferencia sobre “El cante jondo. Primitivo canto andaluz”
es muy explícito al referirse al sentido espiritual del andaluz que abre su intimi-
dad a la naturaleza con la seguridad de que va a ser escuchado y en especial a la
materialización del viento. Cita la siguiente copla: “yo me enamoré del aire,/ del
aire de una mujer, ! como la mujer es aire, ! en el aire me quedé” (OC I, 1018).
7
Christian de Paepe en su edición crítica del Primer Romancero gitano supone
que la solo puede referirse a la fragua si se interpreta velar como “acompañar al
cadáver de una persona muerta”, pero al mismo tiempo reconoce la ambigüe-
dad (Paepe 176).
386 ISABEL LOZANO-RENIEBLAS

ción de la seducción erótica: “Cómo canta la zumaya/ ¡ay, cómo


canta en el árbol!” (vv. 29-30). No parece estar claro si se trata de un
canto celebratorio o portador de malos augurios. El pájaro es
bien conocido por su runruneo nocturno, cuyo tono se eleva un
momento para pronto volver a descender. Tan peculiar manera de
cantar que simula la voz humana hace que Covarrubias lo llame
“engaña pastor”, porque su canto provoca en el pastor una respues-
ta pensando que lo llaman8. Para Corominas-Pascual la zumaya es
una especie de “chotacabras”, cuya etimología hace proceder del
árabe9. Lo cierto es que uno de los atributos distintivos de la diosa
lechuza, como la llama Robert Graves, son las aves nocturnas, a las
que se asimila10. En 1933 se descubrió una tablilla de terracota sume-
ria en la que aparece una diosa alada de gran belleza y formas volup-
tuosas, con pies de águila, que ha sido identificada, no sin contro-
versia, con Lilith. La diosa está rodeada de animales, y flanqueada
por dos aves nocturnas (Hurwitz 79). G. R. Driver (1959) relaciona
el nombre de Lilith con el chotacabras, pues comparten el mismo
étimo. El vocablo pertenece a una familia de palabras, cuya raíz sig-
nifica “cualquier tipo de movimiento giratorio u objeto retorcido”.
Sobre dicha raíz se construye en todas las lenguas semíticas la pala-
bra noche, entendida como lo que envuelve a la tierra. En este sen-
tido, tanto la actividad del chotacabras durante la noche como su
peculiar forma de volar están presentes en el propio nombre del pá-

8
“No sé si es la que llaman engaña pastor, porque parece persona humana
de noche en la voz, y engaña al pastor, porque pensando que le llaman respon-
de” (Tesoro de la Lengua Castellana o Española, bajo çumaya).
9
“Quizá de un ár. vg. *sumáyyi!a, diminutivo de samî! ‘oyente’, que pudo te-
ner además el sentido de ‘cantor’ (la raíz sáma! ‘escuchar’ toma vulgarmente el
sentido de ‘cantar’); por el canto agorero de esta ave”. De hecho los dos poetas
que le sirven de autoridad, Juan de Mena y Luis Barahona de Soto, son, como
Lorca, andaluces. Véase el Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, bajo
zumaya. Sobre el canto de la zumaya en el “Romance de la luna, luna”, remito a
Sibbald (1992).
10
Según Robert Graves: “Las lamias, mujeres bellas que solían seducir,
enervar y chupar la sangre de los viajeros, habían sido las sacerdotisas orgiásti-
cas de Lamia, la diosa-serpiente libia; y las empusas, demonios con una pierna
de latón y otra de asno, eran reliquias del culto de Set; los Lilim, o hijos de Li-
lith, los devotos de la diosa Lechuza hebrea, que era la primera esposa de Adán,
tenían ancas de asno” (177).
METÁFORAS DE LA CULTURA EN EL “ROMANCE DE LA LUNA, LUNA” 387

jaro (Driver 56)11. Lévi-Strauss, que ha estudiado la extensa mitolo-


gía del chotacabras, sobre todo en el continente americano, ha seña-
lado que la diversidad de los mitos del chotacabras abarca un amplio
abanico de significación, que va desde su conexión con la muerte o
guardian del inframundo, a decir del Popol Vub, libro sagrado de los
mayas, hasta considerarlo una de las deidades que rodean la luna pa-
ra la etnia tupí, sin olvidar el éxito amoroso de los codiciados amule-
tos confeccionados con sus plumas entre algunas tribus de la Ama-
zonía (Levi-Strauss 1988, cap. 3). En latitudes geográficamente más
cercanas al poeta, el Bosco pinta, en el panel del Jardín de las Delicias
que representa el infierno, un chotacabras enguyendo a un hombre
desnudo, que expulsa acto seguido por el ano. Acaso Lorca se refe-
ría a estos vínculos de su luna con Lilith cuando hablaba de la pre-
sencia de esa “brisa judía” en sus romances (OC I, 1114). Ahora
bien, dada la vinculación de la zumaya con la luna-Lilith no sería
inoportuno interpretar este canto de la zumaya como una celebra-
ción de la naturaleza al término de un ciclo. Es más, casi me atreve-
ría a decir que puede leerse como una extensión o animalización de
la propia diosa, metamorfosis característica de los ritos iniciáticos en
donde el ser sobrenatural puede adoptar formas animales (Eliade 48
y ss.). El hecho de que la luna lleve al niño de la mano parece más
propio de un gesto maternal, como apuntara Feal Deibe (1971), que
de una agresión mortal. Así, la zumaya no tendría sólo una función
psicopompa, sino, sobre todo, celebratoria del acto de seducción del
niño.
Esta ambigüedad nos sitúa ante una nueva encrucijada, pues la
muerte del niño puede ser también una muerte simbólica. El ero-
tismo que rezuma todo el poema en modo alguno puede limitarse a
la danza lunar. La llegada de los gitanos a caballo y el contacto con
el yunque completan esta atmósfera sensual que dota al poema de
un sentido trascendente.
La presencia de los caballos y, sobre todo, de los jinetes a caballo
anticipan la gradual intensidad del deseo, sentido primero como un
ruido en la lejanía espacial, “que ya siento sus caballos”. Más tarde
se transformará en una presencia cada vez más cercana. García Po-
sada (en Primer romancero gitano de García Lorca, 106, nota 25) ha se-

11
Para un desarrollo detallado de la raíz de la palabra li!lith y su relación con
el movimiento de torsión, remito a G. R. Driver (1959).
388 ISABEL LOZANO-RENIEBLAS

ñalado con acierto que la imagen del hombre como centauro no es


gratuita. El centauro, según Píndaro nacido de Centauro y de las ye-
guas de Magnesia, por encima de todo, representa los instintos in-
controlados, la fuerza cósmica no dominada por el espítitu que le
viene, en parte, de su progenitora la yegua (Cirlot 130). Y es que del
erotismo incontrolable de las yeguas se tiene noticia desde muy
temprano. Aristóteles en la Historia de los animales escribe que de to-
das las hembras son las yeguas las que más enloquecen por copular.
Cuando están en celo en su frenesí por aparearse expulsan una sus-
tancia que se denomina “locura de yegua, lo mismo que la que presen-
ta el potrillo al nacer” (Historia de los animales 572a). Se refiere Aristó-
teles al codiciado hippomanes, utilizado por la magia erótica para ela-
borar filtros y pociones amorosos y así provocar la philocaptio. Pero,
además, centauro era el apelativo que, en la Antigüedad, se les daba a
los pederastas12. Esta necesidad de incidir en el deseo incontrolado
aporta un giro personal del poeta que denuncia la huella del mundo
moderno.
La culminación del deseo desemboca en una muerte simbólica al
entrar en contacto el elemento masculino, el niño, y el elemento fe-
menino, es decir, el yunque, según anuncian las palabras de la luna:
“Cuando vengan los gitanos,/ te encontrarán sobre el yunque/ con
los ojillos cerrados” (vv. 14-16). El yunque es “el símbolo de la tie-
rra y de la materia; corresponde al principio pasivo y femenino”
(Cirlot 470). Sobre él se escenifica simbólicamente el sacrificio ritual
a través de la iniciación sexual del niño. En el “Romance de la pena
negra”, Lorca cifra el valor simbólico del yunque en el deseo erótico
ante la desazón que provoca el apetito amoroso: “Yunques ahuma-
dos sus pechos,/ gimen canciones redondas” (Feal Deibe 286). El
niño duerme sobre el yunque, “con los ojillos cerrados”, en un es-
pacio de purificación dominado por el fuego, para que pueda tener
lugar un hecho trascendente: la muerte simbólica. Esto explicaría la
imagen que celebra el canto de la zumaya: “por el cielo va la luna/
con un niño de la mano” (vv. 31 y 32). Si como venimos mante-
niendo, Lorca intenta evocar el mundo atávico andaluz, la interpre-
tación del poema como un rito de iniciación sexual, como señalara

12
Sócrates llama al hijo de Jenofanto salvaje y centauro aludiendo a la pede-
rastia, como acertadamente anota Rodríguez Adrados en su edición de Las nu-
bes de Aristófanes, nota 66, 49.
METÁFORAS DE LA CULTURA EN EL “ROMANCE DE LA LUNA, LUNA” 389

Murillo, que celebra el final del ciclo de la niñez cobra pleno sentido
en la imagen maternal de la luna caminando por el cielo con el niño
de la mano.
Como ha estudiado Mircea Eliade, la estructura simbólica de to-
da iniciación viene determinada por la triple revelación de lo sexual,
lo sagrado y la experiencia de la muerte (Nacimiento y renacimiento: el
significado de la iniciación en la cultura humana). Esta triada que impregna
el “Romance de la luna, luna” permite explicar el sentido de la mar-
cada ambivalencia de los símbolos utilizados por Lorca en torno a la
sacralidad lunar. La luna como divinidad amalgama en sí esta revela-
ción en su doble papel de mujer portadora de un erotismo irresisti-
ble, pero también de la madre que guía al hijo en su regreso simbó-
lico al útero materno o, lo que es lo mismo, hacia la muerte simbóli-
ca como componente del ritual iniciático. Este ritual indica que el
niño ha superado la etapa de la niñez. Los gitanos, que asumen el
papel de la madre, lloran la muerte simbólica del niño como si de
una muerte real se tratara: “Dentro de la fragua lloran,/ dando gri-
tos los gitanos” (vv. 33-34)13. Es el comienzo de la pubertad, a pesar
de que este momento cae ya fuera del poema y, por tanto, de las
preocupaciones poéticas de Lorca. La luna, como principio de todo
lo inestable, de las grandes transformaciones y ciclos del devenir
cósmico, es el símbolo que elige Lorca para reivindicar “esa Anda-
lucía interior concentrada y religiosa”. Y yo también quiero, para
terminar, reivindicar el impacto que la Metodología del análisis semiótico
ha tenido no sólo en este artítulo, sino también en mis orientaciones
académicas y la deuda de amistad que me une a su autor.

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13
Mircea Eliade, a propósito del rito iniciático kurnai, escribe que “Howitt
vio llorar a una mujer por su hijo como si se hubiera muerto” (32).
390 ISABEL LOZANO-RENIEBLAS

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TEORÍA INDUCTIVA, HETEROGENEIDAD MIGRANTE Y CIUDAD


ORAL: DESAFÍOS TEÓRICOS PARA ENTENDER LA FIESTA DE
PAUCARTAMBO COMO PERFORMANCE CULTURAL

Carlos Vargas Salgado


Whitman College, WA

En la tarea de dar cuenta del valor y vigencia de las llamadas per-


formances culturales de la región andina, concretamente las fiestas
de religiosidad popular, se percibe la creciente necesidad de repensar
la teoría cultural que se produce –y reproduce– en los escenarios
culturales de la academia europea y estadounidense. Tal necesidad
es imperiosa sobre todo si echamos un ojo suspicaz a los intentos
de homogeneizar las tesituras variadas y complejas de lo performa-
tivo que cada sociedad y tiempo han creado en nuestras regiones, y
que por vía de la búsqueda de una teoría central de los Performance
Studies suele extrañar las performances culturales de su territoriali-
dad, su temporalidad, y hacerlas tributarias de un supuesto modelo
genérico que las explica, clasifica y en buena medida, domina.
Así, el propio término performance cultural supone una elisión de
sentidos, un sometimiento de una realidad otra a las ataduras de una
visión etnocentrista de lo performativo. ¿Cómo juzgar, por ejemplo,
las fiestas religiosas populares en los Andes, en particular aquellas
como Paucartambo, Qoillor Riti o La Candelaria en el sur andino,
en las que a ojos vista hallamos todos los elementos de una perfor-
mance, pero cuyo tenor central –el propio concepto de fiesta, cons-
tructo cultural ajeno a las discusiones de los estudios de performan-
ce euroamericanizada– escapa del modelo teórico elegido? ¿Tiene
acaso sentido operar a la manera de aplicadores de teoría ajena,
acomodando la realidad misma a los asertos establecidos desde ya
por la semiología teatral, la fenomenología del espectáculo o el con-
cepto de performatividad, cuando hablamos de sistemas de inter-
cambio sígnico que leídos desde una visión occidentalizante sólo
394 CARLOS VARGAS SALGADO

dan un pálido reflejo de lo que significan en la vida de la comunidad


que las acuna?
Una vez más el campo está abierto y la discusión central radica
en la incorporación y desarrollo de modelos teóricos que no por
parciales y seguramente perfectibles, dejan de ser cruciales en el
proceso de discutir la cultura del lado de acá.

* * *

El magisterio teórico-crítico de Raúl Bueno Chávez exhibe con


claridad su profunda organicidad en la publicación de Promesa y des-
contento de la modernidad (2010). En el volumen se encuentran las múl-
tiples preocupaciones metodológicas, críticas y teóricas del autor
que continúan un extenso diálogo iniciado por pensadores literarios
latinoamericanos, en particular de los últimos cuarenta años. En las
líneas que siguen me propongo –haciéndome eco del propio
Bueno– discutir tres nociones seminales del pensamiento cultural
del maestro arequipeño para relacionarlas, desde una indagación en
las performances culturales andinas, en particular la Fiesta de Pau-
cartambo, con elementos que conllevan una apertura de áreas de
estudio que congreguen a la vez la especificidad del objeto de estu-
dio tanto como la productividad de un acercamiento alternativo a
los performance studies.

Premisa: la inducción performativa.

Como Bueno propone, el asunto inicial, central, radica en la re-


afirmación de las posibilidades de teorías de la literatura latinoame-
ricana, y por extensión, diría yo, de teorías culturales de América La-
tina. “La literatura latinoamericana (sus sistemas literarios) contiene
(n) su teoría, todas sus posibles teorías a condición de que estén ho-
nestamente construidas. Es labor nuestra –de sus críticos y teóri-
cos– el expresarla, es decir el inducirla y hacerla evidente“ (Prome-
sa… 25). Tal reafirmación de las posibilidades y tareas de una teoría
latinoamericana es claramente un desafío metodológico tanto como
una interpelación ética. Conformar teorías de la literatura (o la cul-
tura) latinoamericanas supondrá a la vez un ejercicio de convicción
de parte de los investigadores y críticos para llevarla a un estadio de
mayor visibilidad y desarrollo. Una vez más, el desafío está atado a
TEORÍA INDUCTIVA, HETEROGENEIDAD MIGRANTE Y CIUDAD ORAL 395

una problemática cuya complejidad es tanta como su urgencia. La


heterogeneidad fundacional de las culturas latinoamericanas (Corne-
jo Polar) nos expone con claridad las limitaciones de las teorías pen-
sadas desde Occidente con la sola experiencia euroamericana como
horizonte cultural. Tales limitaciones se hacen más evidentes en ca-
so de repensar formas culturales que extrañándose de las nociones
comunes que maneja la modernidad occidental, son parte del tejido
cultural vivo de los Andes.
Desde luego aquí estoy intentando pensar también inductivamente:
la presencia de sistemas culturales análogos a la llamada en inglés
performance en las zonas andinas anima esta discusión. La fiesta po-
pular, por ejemplo aquella que se abre camino cada julio en el pue-
blo de Paucartambo, alturas del Cuzco, somete la teoría de la per-
formance a su quiebre progresivo y a la necesidad de un pensar al-
ternativo. Permítanme calar un poco más en este modelo, a guisa de
ejemplo.
Muchos elementos hacen de la Fiesta de Paucartambo1 un
asunto de interés para la discusión cultural. En primer lugar, la
Fiesta es parte de un premoderno sistema de relaciones sociales, con
elementos supervivientes de tiempos precolombinos y coloniales en
América Latina y observable en muchos lugares de la región andina.
En segundo lugar, es una clara demostración de cómo hibridación y
transculturación (Rama, García Canclini, Bueno) se expresan en el
ámbito religioso y operan en los Andes peruanos, uniendo a las
creencias cristianas y su visión del mundo occidental con elementos
culturales indígenas observables en música, danza-teatro y comida2,
en un proceso actual y constante.

1
A menudo descrito en los paquetes turísticos como el secreto mejor
guardado del Perú, la Fiesta anual en honor a la Virgen de Paucartambo es uno
de los mayores eventos en el calendario de festividades religiosas en los Andes.
Paucartambo es un pueblo de 1.200 habitantes situado a unos 100 kilómetros
de la ciudad de Cuzco, Perú. Con una elevación de 3,500 metros sobre el nivel
del mar, la ciudad es más conocida por ser la sede de la Fiesta en honor a la
Virgen del Carmen, un festival anual que se ha repetido por lo menos desde el
siglo XVIII. Para una detallada descripción y registro etnográfico, ver Cánepa
Koch; Du Authier.
2
Por último, Paucartambo es actualmente un centro de debates públicos
sobre el futuro de las fiestas populares de los Andes, debido a las crecientes
visitas turísticas y el mayor interés en la localización de los centros comerciales
en la ciudad. Muchos creyentes locales se resisten a la idea de que la Fiesta sea
396 CARLOS VARGAS SALGADO

Como se sabe, la Fiesta de Paucartambo consiste en una serie de


eventos a lo largo de varios días: en primer lugar, se inicia el 15 de
julio con la preparación de grandes grupos de bailarines para
presentar en nombre de sus pueblos de origen, procedentes de
diferentes comunidades rurales cercanas a la localidad de
Paucartambo, la zona aledaña de ceja de selva, el altiplano y valles
de la costa. El número de grupos de danza y la variedad de
coreografías, temas y trajes tradicionales marcan un impresionante
comienzo de la Fiesta. Las compañías ensayan sus bailes en enclaves
que rodean la ciudad, en un ritual constante acompañado de música
a menudo de origen indígena, con el fin de aparecer en el desfile
principal en honor de la Virgen del Carmen, que tendrá lugar el 16
de julio.
Al día siguiente, las actividades comienzan con una misa en
honor de la Virgen, y el espectáculo de calle que representa una
parodia del juicio de los individuos en la comunidad, llamado el
juicio de Siclla Wayra a cargo de los Majta. Luego está la procesión
de la imagen de la Virgen en las afueras de la ciudad. El mismo día
en que hay una “guerrilla ritual” entre las comunidades
representadas como los Capac Colla y los Capac Chuncho. La fiesta
se celebrará hasta el 18 de julio con amplias exposiciones y
demostraciones de bailes en ruedos improvisados u organizados a
través de rituales fijados como el Watatiacuy o Oqaricuy, hasta que
el Walqanche o despedida de los músicos. El último día se despide a
los visitantes, a través del ritual andino de kacharpari.
En los días de la Fiesta, hay manifestaciones en paralelo de
danza, música, teatro, además de bebidas y comida tradicional. Se
estima que cada año cerca de 10 mil personas visitan Paucartambo,
aunque la mayor parte siguen siendo pobladores originarios
migrados que vuelven para bailar en señal de agradecimiento
(volveremos a este punto en el acápite 2). Del mismo modo, la
mayoría de los visitantes no son turistas, sino los creyentes que

tratada como un mero objeto de atracción para los turistas. De esta manera, el
trabajo académico sobre Paucartambo es también una manera de discutir cómo
los procesos de la modernidad y globalización se están desarrollando hoy en día
en América Latina y cómo ayudar a preservar y mejorar la comprensión de las
culturas en un contexto de continuo intercambio cultural que vienen operando
en la región Cuzco hasta convertirlo en el lugar más cosmopolita del territorio
peruano.
TEORÍA INDUCTIVA, HETEROGENEIDAD MIGRANTE Y CIUDAD ORAL 397

vienen de las comunidades rurales. Como sucede en general en las


fiestas religiosas populares peruanas, es una tradición participar para
agradecer a la imagen religiosa por todos los bienes que los fieles
han recibido el año anterior. Debo subrayar que se trata de lo que
llamaría aquí “representaciones-rituales”. Siempre los encargados de
representar a los bailarines, las comparsas y personajes son
pobladores, nunca artistas profesionales. Como veremos, este es
uno de los ejes de sentido que marca el desplazamiento de lo
meramente representacional hacia el camino de lo ritual, y pone en
cuestión la noción de performance.
Aunque hay una gran espectacularidad en la presentación de
color, música y danzas, todos ellos son sólo una prueba del
compromiso de las comunidades andinas con sus creencias
religiosas. No hablamos aquí de espectáculos, en el sentido
occidental, ni de representaciones en el modo del teatro moderno
burgués. La noción de personaje individual, por ejemplo, aparece
desrealizada, subsumida en roles genéricos de valor procesional. Así,
se puede afirmar que la Fiesta es un signo de una hibridación
cultural compleja, en el que la religión, el folclore y las artes
interpretativas se condensan en una serie de "actos performativos”
que se ejecutan bajo el nombre general de Fiesta.
Desde luego, un primer aspecto que salta a la vista inme-
diatamente es la pertinencia del concepto de totalidad contradictoria
acuñado por Antonio Cornejo Polar. Como ha sido observado en
numerosos artefactos andinos, las numerosas tensiones en que se
construye la connivencia cultural peruana (o andina), nos plantea la
óptica de heterogeneidad como una de valor esencial “para dar
razón de los procesos de producción de literaturas en las que se
intersectan conflictivamente dos o más universos socio-culturales”
(Escribir en el aire 16).
En la perspectiva de Cornejo Polar, se trataría de un sujeto social
que encarna la contradicción intrínseca de esa múltiple vertiente
cultural. El sujeto cultural así se mostrará “hecho de fisuras y
superposiciones, (sujeto) que acumula varios tiempos en un
tiempo”. Como bien se conoce, tal situación de heterogeneidad
acarrea una profunda crítica a la continuidad y consistencia del
concepto de identidad cultural peruana. El sujeto cultural andino,
entonces, se convierte en el sujeto concreto en que se encarna la
398 CARLOS VARGAS SALGADO

armonía desgarrada, “convivencia forzosa, difícil, dolorosa y


traumática” (89).
Así, cuando se observa con atención la estructura que subyace a
la fiesta de Paucartambo, se pueden apreciar con claridad estas
fuerzas culturales moviéndose, literalmente, frente al ocasional
espectador. La fiesta está organizada como una confluencia de
comunidades que llegan a un lugar de común peregrinaje. La Virgen
se convierte en el eje alrededor del cual se reconstruye un movi-
miento que es histórico y geográfico a la vez. A Paucartambo llegan
los Chunchos en busca de su posible imagen totémica en madera de
la que se supone fue hecha la primera Virgen. A Paucartambo llegan
los Qollas altiplánicos, algunos de los cuales ya se han encontrado a
bailar en la previa fiesta de Qoillor Riti. También recibe la visita de
los arrieros, comerciantes de la costa, en la comparsa de los
Majeños. Por último, los tiempos históricos se confunden y algunas
danzas como Los Chilenos, o pantomimas como las de la justicia o
la danza del wakawaka, permiten la presencia del sustrato extranjero,
o hispánico como discusión de coyunturas sociopolíticas.
Ahora bien, volviendo a la idea inicial sugerida por Raúl Bueno,
de proceder inductivamente sobre la base de una realidad cultural
expresada en artefactos concretos que necesitan ser expresados y
luego teorizados; nos encontraremos con una lectura crucial sobre
Paucartambo. Apreciada como un conjunto de imágenes históricas
y culturales, la fiesta es el lugar en que se escenifica la heteroge-
neidad fundante de la experiencia andina. Sus múltiples simboli-
zaciones se encuentran alrededor de una circunstancia temporal (los
días de la Fiesta) y una espacialidad concreta (el pueblo que es
puente que conecta Altiplano y ceja de selva), lo que genéricamente
recuerda la teatralidad occidental, desde luego. Pero Paucartambo
funciona como un microcosmos simbólico. Y la cualidad simbólica
de la Fiesta está conectada a la peripecia cultural. En otras palabras,
esta multiplicidad de corrientes culturales simbolizadas en las
danzas, escenificaciones, música e incluso comida, están sujetas a un
principio organizador que habría que llamarlo, quizás, contingente. Por
contingencia me refiero aquí al hecho de que la Fiesta religiosa sea
en esencia un gesto comunitario, gesto que se recrea a sí mismo, sin
ninguna relación directa con las formas artísticas que parece
invocar, y menos aún con el mercado del arte a la manera moderna
occidental.
TEORÍA INDUCTIVA, HETEROGENEIDAD MIGRANTE Y CIUDAD ORAL 399

Me detengo en este aspecto, pues no será difícil plantear un


paralelo con la identidad cultural peruana y la respuesta tensional de
las comunidades. Agrupadas bajo una imposición, la nacionalidad,
las comunidades responden a la imposición incorporándola a un
discurso heterogéneo, donde la contradicción irresuelta es la norma,
y donde la armonía de la identidad nunca se resuelve. O se resuelve
sólo de manera simbólica, a través de la Fiesta. La Fiesta, al igual
que la nacionalidad, opera como catalizador de los múltiples
discursos que responden a ella, pero no alcanza a responderlos en
su totalidad inabarcable. En Paucartambo, el tiempo y el espacio
son comunes, pero las agudas contradicciones no aspiran a ser
superadas, siguen suspendidas en el tiempo, magma cultural que se
repite año tras año. La memoria histórica, como había atisbado
Cornejo Polar, aquí es danzada, es decir, encarnada, simbolizada a
través del cuerpo y corporizada a través del símbolo. Dicho de otro
modo, el discurso simbólico de la Fiesta està hecho no para repre-
sentar o connotar figurativamente, sino para denotar comunita-
riamente.
Si a esto agregamos una lectura focalizada en el contexto de las
teorías de la performance y la teatralidad, apreciar Paucartambo su-
pondrá volver a poner sobre el tapete la productividad de lo que
llamaremos los espectáculos o performances culturales en los Andes (y en
América Latina), para indagar si a partir del rescate de tales manifes-
taciones culturales homologables somos capaces de indagar en nue-
vos caminos de teorización para la performance. El resultado de tal
búsqueda casi siempre ha dado como resultado el someter un arte-
facto cultural a los designios de una teoría aplicada de forma deduc-
tiva.
Precisamente por sus falencias, una teoría culturalista de la per-
formance3 aplicada simplemente a una realidad performativa como

3
Una cita de Patrice Pavis puede ayudarnos a auscultar esta materia: “Aho-
ra no basta ya describir las relaciones de los textos (o incluso de los espectácu-
los), aprehender su funcionamiento interno; es necesario también y sobre todo,
comprender su inscripción en los contextos y las culturas y apreciar la producción
cultural que resulta de esos traslados inesperados” (91). La cita del teórico francés
es muy pertinente en dos sentidos: primero por su clara advertencia de la nece-
sidad de una perspectiva cultural para complementar los estudios performati-
vos. A la vez resulta una curiosa certificación de la imposibilidad de control so-
bre la producción de conocimiento performativo desde una sola perspectiva
400 CARLOS VARGAS SALGADO

la Fiesta en Paucartambo nos llevaría a seccionar el continuum de una


ritualidad parateatral, performativa a su propio modo, y a tratarla
por separado como performance de segunda clase, no deliberada, es
decir, performance cultural4, o bien como una secuencia de formas
preteatrales, pre expresivas y en general, performances parcialmente
artísticas que no pueden ser homologadas al mercado de las per-
formances modernas.
Así, uno de los errores comunes al apreciar las poderosas
imágenes escénicas en Paucartambo es considerarlas antecedentes
de teatro, o en perspectivas más recientes, formas prototeatrales5.
Suele observarse el uso de nociones de una teatralidad cultural

occidental. Desde luego, incluso esta declaración multiculturalista es a todas


luces limitada a la hora de ponerla a dialogar con la realidad de una fiesta andi-
na. Recordemos que Pavis en concreto está hablando sobre las performances
que circulan en Europa y los Estados Unidos, y las múltiples tradiciones orien-
tales, en especial, como el Knoh, el Butoh, Khata Khali, etc. que cuestionan,
subvierten y reconstruyen muchas de las convenciones escénicas occidentales.
Pero la óptica continúa siendo la de una posibilidad de traducir culturalmente,
en categorías occidentales, aquellas experiencias culturales que exceden sus pa-
rámetros performativos.
4
El concepto de “performance cultural”, en la perspectiva de los Performance
Studies, supone un ejercicio público que se sitúa como contraparte a la vida de
todos los días y como reiteración de la identidad. En contraste con la performance
del mercado cultural occidental, la performance cultural ocurre en el día a día y
en el contacto cotidiano. Aunque su valor es altamente reconocido, sobre todo
desde un ángulo antropológico, es claro que las formas culturales que no supo-
nen una profunda conciencia individual del ejercicio de las formas artísticas se
encuentran en una cuerda separada, degradada, respecto de las performances
artísticas centrales. Ver Goffman.
5
Así, Roberto Sanchez-Piérola (2008) propone leer la fiesta en pleno
sentido teatral: “Podemos encontrar todas estas características (del teatro) en
las representaciones de Paucartambo. La comparsa que mejor encarna esto es
quizá la de los Qhapaq Qolla. En ellos se encuentra lo sagrado y lo profano, lo
serio y lo gracioso, lo cómico y lo trágico. Son personajes que en determinado
momento imitan a las llamas y en otro le cantan a los muertos con un
sentimiento sobrecogedor. De repente están lanzando naranjas o cerveza al
público, y luego están azotándose sin tregua. En un momento pueden usar
representaciones de órganos sexuales masculinos para bromear con el público y
en otro estarán defendiendo a su imilla de los Qhapaq Chuncho. O leerán la
coca con gran solemnidad pero para burlarse de las autoridades. Antagonismos
de estos y otros tipos vemos también en las acciones de las comparsas más
teatrales, como los Maqtas, Saqras, Wayras, Waka-waka, Chukchu y Majeño” (s.
p.).
TEORÍA INDUCTIVA, HETEROGENEIDAD MIGRANTE Y CIUDAD ORAL 401

concreta, que es la representacional europea realista: antagonismos,


personaje, representación.
También en este aspecto, Paucartambo es un desafío. Considerar
“teatro” las formas de representación que reúnen elementos de
lenguaje visual y corporal en un hecho concreto, puede resultar
siendo un espejismo cultural. Dicho en sentido general, cualquier
segmentación de la vida social podría ser considerada “teatro”, si la
voluntad del espectador es precisamente la de leerlo en tal sentido,
con los ojos de un espectador, precisamente, de teatro. Leer los
elementos visuales y corporales en una fiesta como Paucartambo
como simples performances nos somete a la visión eurocentrista-
colonialista de teatro representacional euroamericano. Sin duda es
una tendencia relativamente cómoda. Ha sido llamado el “teatro de
los padres”, en una figura retórica que no oculta la preeminencia del
presente (moderno, occidental) proveniente de una específica
noción de teatralidad con la que se mide las formas análogas.
Para tal efecto, entonces es necesario moverse fuera del espejis-
mo universalista, –y la teoría performativa occidental– hacia una perspec-
tiva que permita un espacio para la discusión de las bases mismas de
lo performativo, desde experiencias culturales diferentes, en nuestro
caso en la región andina y América Latina. De esa manera, estas ca-
tegorías nuevas como “fiesta”, en el caso que pongo de ejemplo, al-
canzarán el estatus definitivo de conceptos performativos que permitan
abarcar realidades presentes en la América toda y que se mueven
todavía en la periferia de la conceptualidad euroamericana.
Estoy apelando por lo tanto, de manera más amplia, a la revisión
de los paradigmas epistemológicos en que aparecen construidos los
discursos teóricos sobre performance, enfocándolos desde lo que se
ha llamado una geopolítica del conocimiento, aseverando que “es posible
pensar más allá y contra la filosofía y las ciencias sociales como en-
carnaciones de la Epistemología occidental. Es necesario hacer esto
para impedir reproducir la totalidad compartida por sus promotores
y sus críticos. En otras palabras, las críticas a la modernidad, el lo-
gocentrismo occidental, el capitalismo, el eurocentrismo, pueden no
ser válidos para aquellos que piensan y viven en Asia, África y Lati-
noamérica” (Mignolo 86; mi traducción ).
Se deja así la puerta abierta a la incorporación de esquemas de
relación ejecutantes-audiencia que la cultura occidental ha separado
del universo de lo espectacular: en particular, el rito tradicional y la
402 CARLOS VARGAS SALGADO

teatralidad social y política, como formas de expresión identitarias


de comunidades con necesidades simbólicas alternativas. Es eviden-
te, entonces, que la tarea central de una teoría de la performance
desde América Latina implica un esfuerzo de deconstrucción de la
teoría occidental, y a la vez un gesto descolonizador o de liberación
intelectual de nuestras propias prácticas y modelos críticos. La expe-
riencia latinoamericana, compleja y rica, requiere una recuperación
de su propia memoria performativa, y un proyecto comprehensivo
de las constantes culturales de hibridación expresadas en productos
no sólo canónicamente performativos, para incluir la función y va-
lor que otorgan culturas híbridas a las expresiones comúnmente
llamadas performances culturales.
Por mi parte creo que no se trata en este caso de adecuar las
formas reales a los modelos pensados en realidades diferentes, sino
precisamente la operación inversa: recrear conceptos que pudieran
dar cuenta de estas realidades mejor que los ajenos. Así, si Paucar-
tambo no es, como se anticipa, una performance cultural simple y a la
manera occidental, si su sistema de relaciones culturales excede lo
representacional para adentrarse en formas rituales y de agregación
comunitaria, en donde danza, teatro, música traspasan sus supuestas
fronteras, y narración oral y comida conviven sin perder su sentido,
sino acrecentándolo en el contexto; lo lógico es llamar a este evento
performativo como ha sido llamado por la propia comunidad andi-
na: fiesta, categoría cultural andina que subsume lo que occidente
divide en rito, espectáculo y narración, juego y religiosidad, todo de
un modo que solo es posible apreciar en estas formas a menudo
admiradas sin mayor conciencia en los Andes del Perú.
Como he buscado dibujar a grandes rasgos aquí, un primer ejer-
cicio crítico sobre la experiencia performativa andina, ejemplificada
en la idea de la Fiesta de Paucartambo, nos prueba la razón de un
modelo inductivo como única vía realmente productiva para el cuestio-
namiento de los modelos críticos con que operamos, y para la nece-
saria discusión de los presupuestos teóricos con que operan nues-
tros análisis culturales. Sin duda también se avizora la pertinencia
del modelo crítico propuesto en Promesa y descontento, en especial
cuando afirma que la tarea “consiste en extraer de los fenómenos y
sistemas literarios latinoamericanos los dispositivos conceptuales y
modelos que mejor los representan, describen y explican” (25).
TEORÍA INDUCTIVA, HETEROGENEIDAD MIGRANTE Y CIUDAD ORAL 403

La migración como traducción.

El significado cultural de la Fiesta andina sobrepasa largamente


su realización eventual. La fiesta como evento “real” puede acaso
durar unos pocos días, pero esos días se engarzan en una secuencia
mayor de años continuos, un tiempo psicológico de conexión del
poblador con su Fiesta, de manera que la verdadera duración de ella
en tanto constructo social y mecanismo de cohesión comunitaria,
puede implicar la vida completa de una persona. Es harto conocida
la mecánica de relación personal, de pago y promesa, que los parti-
cipantes de las fiestas andinas realizan, y la impostergable necesidad
de honrar la imagen religiosa mediante la presencia corporal, real,
cada año, presencia corporal percibida en su sentido más material:
comer, danzar, beber.
Ahora bien, es más que interesante que la estructura de las fies-
tas religiosas andinas, en particular aquella triada sur andina que
conforman Qoillor Riti, Paucartambo y la Candelaria, esté hecha
sobre la base de un proceso multidireccional de migraciones. En el
caso concreto de Paucartambo, por ejemplo, es claro que la Fiesta
misma congrega varios miles de visitantes cada año, muchos de los
cuales son antiguos vecinos de la pequeña ciudad, migrados a ciuda-
des más grandes como Cuzco o Arequipa, o incluso más lejanas
aún. Estos viajeros regresan para los días de la Fiesta de la Mamacha
Carmen, reanudando un periplo que los hace ir y venir cíclicamente
hacia sus orígenes y sus puntos de desplazamiento, en ciclos de va-
rios años. Del mismo modo, hay una presencia importante de co-
munidades rurales de la región, que se desplazan durante los días de
la Fiesta, también de manera anual. Ahora bien, no es casual obser-
var que las tres fiestas, en especial Paucartambo esté estructurada a
manera de una peregrinación de naciones indígenas, comparsas que
viajan desde los valles interandinos o la puna altiplánica, o la ceja de
selva, para reencontrarse en la ritualidad que se repite cada mes de
julio. La base histórica de la Fiesta nos hace percibir, en sucesivas
capas, otros procesos migratorios que subyacen: la llegada de la Vir-
gen del Carmen, como imagen de la colonización española que fue,
vista aquí, un proceso migratorio en sí mismo, del mismo modo que
las hordas invasoras de la Guerra del Pacífico que luego vuelven
malamente a Chile. Incluso la conocida guerrilla ritual entre Qapaq
Collas y Qapac Chunchos termina en desplazamientos, movimien-
404 CARLOS VARGAS SALGADO

tos ritualizados que evocan proceso de migración cuya datación pa-


rece hundirse en lo prehispánico6.
En su trabajo sobre las “Heterogeneidades migrantes” (recogido
en Promesa y descontento de la modernidad 157 y ss.) Raúl Bueno desarro-
lla la idea primigenia de Cornejo Polar sobre las características de
enunciación del sujeto migrante. Haciendo coincidir este concepto
con el de mirada oblicua (Franconi), Bueno traza una línea que los
vincula como ejercicios fundados, en perspectivas diferentes, en la
propia heterogeneidad cultural. La heterogeneidad explica el mirar
oblicuo como una prejuiciada, estereotipada indagación en las cultu-
ras ajenas que a la vez son próximas, del mismo modo que organiza
el proceso de culturización más permanente del sujeto que se ha es-
tablecido como migrante en el nuevo espacio cultural:
Lo que distingue a ambas nociones es, entre otros factores, el desplaza-
miento. En el sujeto migrante el desplazamiento es definitivo y definitorio:
en su movimiento, el sujeto atraviesa fronteras culturales y afinca en un
nuevo lugar y tiempo, porque lo anima un proyecto de vida nueva. En el
caso del sujeto de mirada oblicua el desplazamiento no es imprescindible ni
definitorio. Pero puede desplazarse, en la condición de viajero no migrante
para mejor enfocar (o “desenfocar”, en este caso) su mirada (159).
Ahora bien, es interesante observar que el sujeto que mira obli-
cuamente, en un punto determinado, puede andando el tiempo ser
él mismo un sujeto migrante, si es observado oblicuamente por
otro. Del mismo modo, la oblicuidad se expresa en numerosas di-
recciones y situaciones, performances sociales todas ellas, en las
cuales un sujeto migrante puede a la vez ser un sujeto que mira obli-
cuamente a los que no considera de su misma cultura, situación que
varía de acuerdo con el desplazamiento ocurrido.
Como Bueno desarrolla, la mirada oblicua también alcanza al
migrante. Y el migrante recrea su propio mundo social, y resiste
muchas veces la aculturación, por vía de reafirmar las nociones de
una comunidad a la que siente pertenece aunque ya no viva en ella,

6
Aunque el motivo oficial de la Fiesta es rendir homenaje a la imagen de la
Virgen inspirada en el catolicismo español, este homenaje está organizado de
manera que recuerda incluso antiguas festividades indígenas, en la que los
grupos presentan música y danzas de origen precolombino tradicional. Muchos
bailes y rituales pueden ser fácilmente relacionados con los descritos en el inicio
de la colonización (siglo XVI) por autores como el Inca Garcilaso de la Vega y
Guaman Poma de Ayala.
TEORÍA INDUCTIVA, HETEROGENEIDAD MIGRANTE Y CIUDAD ORAL 405

haciendo de las respuestas del migrante “ya entonces irremediable-


mente oblicuas, descalificadoras del aquí y ahora y magnificadoras
del pasado distante” (160).
Volvamos ahora a las heterogeneidades migrantes que nos ofre-
cen Paucartambo y, por extensión, las fiestas religiosas andinas. Un
principio de contradicción multipolar se instala en relación con la
Fiesta. La Fiesta en tanto hecho, performance social, está fundada
como ya se dijo en la noción de migración. El desplazamiento, la
acción central que nos permite reconocer la heterogeneidad de los
participantes, está tejida en todo el sistema significante de la Fiesta:
es parte del ritual mismo, entendido como encuentro de diversos,
de naciones e identidades, algunos incluso en disputa (la guerrilla lo
ilustra mejor que nada). La heterogeneidad migrante forma parte del
sistema de adoración religiosa, pues la Virgen es cortejada por una
diversidad de comunidades cuyas danzas, comidas y música, tam-
bién diversas, se plantean en el espacio simbólico de Paucartambo
como elementos de una competición. El desplazamiento está, en
fin, también matizando los sistemas icónicos del vestuario, hechos
de productos regionales o tipos diferentes de lana.
Sin embargo, como ya advertíamos en el primer apartado, la
tendencia inmanentista a ver la Fiesta como simple espectáculo po-
dría llevarnos a concluir que la heterogeneidad migrante es parte de
un programa narrativo separando ilusión de realidad, ficción de
mundo material. Nada sucede de esa manera en Paucartambo. Por
el contrario, la Fiesta está doblemente simbolizada, pues lo que se
representa es que se presenta, lo representado está en la representa-
ción misma. Dicho de otro modo, la auténtica performance o ac-
ción radica en el desplazamiento de los participantes de la fiesta, pe-
regrinos y migrantes que asisten a una comparsa que los describe
directamente. Así, el ojo del espectador se difumina, y la percepción
de la ficción desaparece: el rito del peregrinaje que está siendo rela-
tado, está también siendo observado por los que asisten. Los hay
que se han desplazado desde comunidades rurales para formar parte
de las comparsas, pero también los que transterrados a espacios de
mayor urbanización, vuelven a Paucartambo a pagar una ofrenda.
Algunos de ellos bailan, otros participan del ritual fuera de las com-
parsas. Pero nunca dejan de ser actores de la situación, pues lo que
los ha traído hasta la Fiesta es un rol que están desplegando en fren-
te de esa audiencia en que ellos mismo se funden: son devotos que
406 CARLOS VARGAS SALGADO

cumplen una palabra empeñada a cambio de bienes y salud. Así, el


hilo de lo representacional se corta, y se pierden todas las paredes
ficcionales que separan a danzantes de no danzantes: el rito de re-
gresar al pueblo refuerza la idea del sujeto migrante que recupera su
mirada directa, que vuelve a inscribirse en un territorio propio.
En uno de los pasajes más impresionantes de la Fiesta, el de la
Guerrilla, la audiencia forma dos círculos alrededor de la Plaza, de-
jando un espacio interior dentro del cual ocurre la narración escéni-
ca de la disputa. A mi modo de ver, el procedimiento expone clara-
mente la cualidad participante de los supuestos espectadores: con-
cernidos en la Guerrilla, actuando como delimitación del territorio
donde ocurre la lucha, el público pierde su cualidad de tal y se funde
en la ritualidad celebratoria. El público ve la escena y ve al público,
es decir, se ve a sí mismo. Después de todo, lo narrado y los narra-
dores se confunden también en el proceso que los ha llevado a pe-
regrinar, tanto en la imaginería de las danzas como en la realidad del
desplazamiento hasta Paucartambo.
Desde luego esta descripción de la simbolización del desplaza-
miento migrante que está inscrita en la estructura misma de la Fiesta
de Paucartambo, no elude las cuestiones de la mirada oblicua y la
conciencia del sujeto migrante que Raúl Bueno anticipa. Por el con-
trario, las ilustran con gran precisión. Así, sólo una conciencia mi-
grante es capaz de mantener la vigencia de un sistema de relaciones
culturales al que hemos denominado Fiesta. Únicamente la presencia
de un componente de resistencia cultural, resistencia al mirar oblicuo
de las grandes ciudades en donde viven (y donde ahorran para via-
jar) los paucartambinos (y los devotos de Qoillor Riti o los de la
Candelaria), puede explicar la naturaleza del ritual espectacular que
se repite año por año. Fiesta del migrante que se recompone de la
migración, Paucartambo recupera la conciencia del sujeto que ha
migrado, y que mantiene “la devoción” más allá del espacio original.
El desplazamiento también reconstruye los procesos de una mi-
rada oblicua. Diríamos que la mirada oblicua se recrea también a
través del regreso a Paucartambo, o lugar de peregrinación. Todavía
se discute, en nuestros días, la pertinencia de abrir Paucartambo
plenamente al turismo, se recela (se mira oblicuamente) al que es
forastero, al que ve con ojos otros aquello que forma parte de la
identidad del pueblo. El mirar oblicuo se expande extraordinaria-
mente y aquellos que defienden la pureza de la Fiesta, incluso su su-
TEORÍA INDUCTIVA, HETEROGENEIDAD MIGRANTE Y CIUDAD ORAL 407

puesta catolicidad pura, recelan de formas ancestrales de jolgorio en


que se combinan las borracheras y los excesos. La Fiesta se multi-
plica en recelos, también.
Aquello también aparece generado en los relatos centrales de las
danzas, en las pugnas territoriales simbolizadas en pugnas por la
Virgen, y sin duda en la guerrilla ritual. Fiesta de castas y privilegios
coloniales, también, Paucartambo como otros cientos, tal vez miles
de fiestas aún vivas, retrata el complejo entramado de la sociedad
andina contemporánea, en tránsito, siempre en tránsito.

Vuelta a la ciudad oral.

¿Entonces, en qué parte del mapa de lo simbólico en el Perú se


encuentra Paucartambo, o cualquiera de estas otras fiestas andinas
multicolores, complejas, densamente articuladas por ritos, costum-
bres, tradiciones, relatos, comidas? ¿Qué lugar de nuestra cultura
artística le hemos reservado, acaso la tradición, la artesanía viva, el
teatro prehistórico, las costumbres incomprensibles del Ande pe-
ruano? ¿Vamos a darle un lugarcito, una esquina mal iluminada, en
nuestra moribunda ciudad letrada?
Como Raúl Bueno apunta originalmente, basándose en una idea
de Ángel Rama, recordemos que
la ciudad letrada apunta hacia un ideal (una utopía) que los últimos cinco
siglos de historia del área han demostrado que es cada vez más inalcan-
zable. Entonces Rama habla de otra ciudad, la real, que subyace a la primera
y ha sido impuesta por los hechos, la cada vez más terrena y resistente al si-
gno y la ordenanza, que a su modo va revelando un sentido distinto de civi-
lización y de historia” (Promesa… 18).
Esa otra ciudad que Rama no alcanzó a plantear y que Bueno re-
coge y nombra para luego desarrollar, es justamente la opuesta a la
ciudad letrada:
es otra más bien oral, hecha de pactos, de implícitos acuerdos. De normas
ahora llamadas “de la informalidad”, de tradiciones a veces milenarias, de
signos que rehúyen la escritura y que afloran el sentido de una utopía distin-
ta, a menudo cooperativa y comunal (19).
Es la ciudad “cuyos actores quedaron desde el principio en la pe-
riferia”, que no forman parte del discurso oficial de la peruanidad.
En este caso, del discurso oficial de la cultura peruana. La ciudad
oral es una ciudad factual, como abunda Bueno; una ciudad donde
408 CARLOS VARGAS SALGADO

“los hechos anteceden a la ordenanza, el analfabetismo suele ser la


norma, la narrativa y la lírica son manifestaciones orales, la tradición
tiene privilegios de ley, las lenguas y los criterios de lengua no suelen
ser los dominantes” (20).
La ciudad oral es la ciudad homenajeada en Paucartambo, así co-
mo en todas las fiestas a lo largo de una espina dorsal inacabable
que llamamos Andes. La Fiesta es una especie de ciudad erigida por
unos días, y vuelta a deshacer en frente de los que se ofrendaron a
ella. Por ello, la ciudad oral de Raúl Bueno tiene en la fiesta andina su
símbolo conspicuo, su territorio desterritorializado, pero no por ello
exento de luchas, jolgorio, reivindicaciones, conflictos y catarsis. La
suma de la aiesthesis. Esa ciudad oral que se expresa en una fiesta
eterna, a pesar del tiempo, sin importar espacios, como un gigante
libreto escrito en el aire que los ejecutantes repiten y repiten sin de-
mora ni corrección, y que está allí precisamente en el momento en
que el mundo ha dado una vuelta completa sobre su eje, para recor-
darles su condición de ciudadanos otros, de ciudades materiales, de
carne y hueso. Ciudad que vive en cada cuerpo que habla, que dan-
za, que come, que se emborracha y se prosterna, todo a la vez, teji-
do, pero jamás cortadas las líneas del tiempo y del espacio. Siempre
en conciencia de lo pasado, de lo por venir. Ciudad del aquí y el
ahora permanentes, nunca del engaño ficcional ni del carnavalesco
olvido. Ciudad del recuerdo, cuerpo que recuerda cuando baila,
cuando intenta olvidar, cuando añora. Ciudad corp(oral) también,
que como la Fiesta, se lleva dondequiera que se va.

BIBLIOGRAFÍA CITADA

Bueno Chávez, Raúl. Promesa y descontento de la modernidad. Estudios literarios y cultu-


rales en América Latina. Lima: Universidad Ricardo Palma. Editorial Univer-
sitaria, 2010.
Cánepa-Koch, Gisela. Máscara, transformación e identidad en los Andes: la fiesta de la
Virgen del Carmen de Paucartambo. Lima. Fondo Editorial PUCP, 1998.
Cornejo Polar, Antonio. Escribir en el aire. Ensayo sobre la heterogeneidad socio-cultural
de las literaturas andinas [1994]. Lima-Berkeley: Latinoamericana editores,
2003.
Du Authier, Martine. Fiesta Andina. Mamacha Carmen en Paucartambo. Cuzco:
Centro de Estudios Regionales Andinos Bartolomé de las Casas, 2009.
Goffman, Erving. The Presentation of Self in the Every Day Life. New York: Dou-
bleday, 1959.
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Mignolo, Walter. “The Geoploitics of Knowledge and the Colonial Diffe-


rence”. SAQ 101, 1 (Winter 2002): 56-96.
Pavis, Patrice. El teatro y su recepción. Semiología, cruce de culturas y postmodernismo
Selección, traducción del francés y prólogo de Desiderio Navarro. La Ha-
bana: Casa de las Américas-UNEAC-Embajada de Francia, 1994.
Sánchez-Piérola, Roberto. “Aproximaciones a la teatralidad de la Fiesta de la
Virgen del Carmen de Paucartambo”. Ponencia presentada en el I Coloquio
de Estudios sobre Teatro y Performance. Lima, Centro Cultural Peruano
Japonés. 2008.
QUINTA PARTE
ENTREVISTA A RAÚL BUENO CHÁVEZ
ARGOS AREQUIPENSIS. LIBRO DE HOMENAJE A RAÚL BUENO CHÁVEZ
Boston: RCLL, CELACP y Latinoamericana Editores, 2014, pp. 413-424

MEMORANDO DE VIGÍA:
UNA ENTREVISTA CON RAÚL BUENO CHÁVEZ

Sergio R. Franco
Temple University

Raúl Bueno Chávez nació en Arequipa en 1944 y fue en esa


misma ciudad, durante una clase de Antonio Cornejo Polar sobre el
barroco español, donde descubrió su interés por la investigación li-
teraria, la cual correría paralela a su vocación poética. Tras obtener
el título de doctor en letras (literatura y lingüística) en la Universidad
de San Agustín de Arequipa, realizó estudios de postdoctorado en la
École des Hautes Études en Sciences Sociales (París).
Bueno ha enseñado en diversas universidades del Perú –es-
pecialmente en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, a la
que llegó en 1971 y en la que considera que se formó como profe-
sor e investigador– y Venezuela. En 1987 se trasladó a los Estados
Unidos. Ha publicado cuatro poemarios, numerosos artículos de
crítica literaria y seis estudios, de los cuales el más reciente, Promesa y
descontento de la modernidad. Estudios literarios y culturales en América Lati-
na, obtuvo el premio de ensayo Ezequiel Martínez Estrada que
otorga Casa de las Américas, en su versión de 2012. Asimismo, diri-
gió la Revista de Crítica Literaria Latinoamericana entre 1998 y 2009.
Esta entrevista se efectuó mediante correo electrónico entre abril
y julio del presente año, cuando Raúl Bueno pudo encontrar el
tiempo para responder a mis preguntas a pesar de sus recargadas
obligaciones en el Department of Spanish and Portuguese de Dart-
mouth College (New Hampshire), del cual es director (SRF, setiembre
del 2014).

1. Me gustaría iniciar este diálogo refiriéndome a algo que


Ud. evoca en el Excurso a Antonio Cornejo Polar y los avata-
res de la cultura latinoamericana (2004). Menciona que fue una
414 SERGIO R. FRANCO

clase de interpretación de textos de Cornejo Polar en la Uni-


versidad Nacional de San Agustín de Arequipa la que decidió
el rumbo de su vida. ¿Qué fue lo que le impactó de esa clase?
¿Cuáles fueron las puertas que se entreabrieron?

En 1962 yo tenía dieciocho años y estaba en segundo año de es-


tudios generales en la Facultad de Letras con vistas a seguir Dere-
cho. No por vocación propia, sino de mi padre, quien ya me había
visto fracasar en ciencias duras en la misma universidad y quería rea-
lizar en mí su sueño diferido. Uno de los cursos obligatorios lo daba
el joven profesor Antonio Cornejo Polar: una introducción a la lite-
ratura que, en verdad, era a la teoría literaria y la interpretación tex-
tual. Él venía de cursar un postdoctoral en Madrid y traía toda la
fuerza analítico-explicativa de la estilística, la fenomenología literaria
y el análisis lingüístico del texto, disciplinas que entonces buscaban
establecer la cientificidad de los estudios literarios. Vi con fascina-
ción cómo las mismas virtudes que me llevaron a fantasear con una
carrera en física cuántica –el uso de un lenguaje especializado, la ex-
perimentación con las estructuras, la formalización de ciertas fre-
cuencias e infrecuencias y la construcción de modelos sobre la reali-
dad observada, por ejemplo– podían aplicarse a la comprensión del
cómo y el porqué del fenómeno literario. En sus clases comencé a
ver, en suma, la razón del orden y la fuerza expresiva de la literatura.
Y la posibilidad de transferir a otras personas esa información, con
objetividad y rigor. Para entonces yo traía desde la niñez un buen
caudal de lecturas literarias, fomentadas por mi propio padre, las
cuales eran mayormente de relatos del realismo y el naturalismo
francés, y hasta había incursionado por cuenta propia en la escritura
poética, algunas de cuyas líneas integrarían tres años después mi
primer libro de poemas. Estaba, pues, bastante sensibilizado por la
literatura –al extremo de ver en la física una equivalente capacidad
poética de contener en una breve formulación todo un universo– de
modo que veía en ese curso una continuidad de mi interés por la
representación y la capacidad expresiva. Entonces una clase de Cor-
nejo Polar sobre el barroco español y el análisis de uno de sus más
conspicuos textos –el soneto “Mientras por competir” de Góngora–
decidieron mi vocación esa clara mañana arequipeña en el claustro
nuevo de la universidad: tenía que hacer profesión de eso que veía
desplegarse ante mis ojos con eficiencia y brillo. Decidí estudiar lite-
MEMORANDO DE VIGÍA: UNA ENTREVISTA CON RAÚL BUENO CHÁVEZ 415

ratura y lingüística, al mismo tiempo que derecho, que nunca termi-


né.

2. Posteriormente, asistió a la École des Hautes Études en


Sciences Sociales de París, que en aquel entonces, años 70 del
siglo pasado, pasaba por un gran momento, ¿verdad?, Bar-
thes, Bremond, Genette, Greimas, Levi-Strauss, Todorov…
¿Qué o a quién desea recordar en particular de esa época?

Para mí lo más importante de esa época post-doctoral en París


(1974-1975) fue la amistad y la colaboración intelectual que logré
cimentar con Desiderio Blanco, cuyo producto visible es el libro de
semiótica que publicamos unos años después. No desdeño para na-
da la relevancia que para ambos tuvo el magisterio de Algirdas Ju-
lien Greimas, a quien seguimos minuciosa y provechosamente en su
seminario de semiótica sobre estructuras poéticas y narrativas. O,
para mí, la docencia de Jacques Leenhard, entonces a cargo del se-
minario de sociología de la literatura (Lucien Goldmann había falle-
cido unos años antes); o, para ambos, la influencia de la obra de Ro-
land Barthes (su seminario sobre el discurso amoroso coincidía con
el de Greimas, del que Desiderio podía sustraerse a veces para asis-
tir al de Barthes) o de Julia Kristeva, quien desde Tel Quel promovía
una revolución del campo semiótico y del lenguaje poético bajo las
perspectivas del psicoanálisis y el estructuralismo. Desiderio tenía
–tiene– la habilidad de ver el campo intelectual en su conjunto, en
su maravillosa –aunque no siempre bien acoplada– maquinaria, y de
divisar las articulaciones y aun desencuentros de los distintos pro-
yectos y teorías. Yo me acercaba más a la particularidad textual y las
micro-estructuras y, mediante los análisis, podía ver el rendimiento y
esplendor explicativo de teorías y modelos críticos. Nos comple-
mentábamos de manera natural, allá en París. Cotejábamos apuntes,
transvasábamos información del uno al otro, accedíamos así a mate-
rias que, de otro modo, no hubiéramos podido acceder plenamente
de manera individual en los pocos meses de nuestra experiencia eu-
ropea. Aunque ambos asistíamos a los talleres conducidos por los
asistentes de Greimas, el de Joseph Courtès sobre narratividad y el
de Jean-Claude Coquet sobre semiótica discursiva y poética, Deside-
rio desbrozaba para ambos el campo Courtès y yo me esmeraba en
el de Coquet. Así, ya de retorno en Lima, pudimos juntos volver a
416 SERGIO R. FRANCO

trabajar en lo semiótico y su inserción en lo semántico discursivo,


en un volumen que tuvo acogida en distintas universidades latinoa-
mericanas, españolas y aun norteamericanas. Hablo de nuestra Meto-
dodología del análisis semiótico de 1980 (1983, 1989).

3. Establecer una periodización de la producción intelec-


tual resulta siempre un tanto artificioso, pero me parece que
ese tratado puede ser agrupado con Poesía hispanoamericana
de vanguardia, Procedimientos de interpretación textual (1985) y
con otros estudios –pienso, sobre todo, en su artículo sobre la
enunciación narrativa en la obra de Manuel Puig, un texto
particularmente logrado no recogido en ninguno de sus li-
bros– en los cuales la impronta greimasiana y las inflexiones
francesas del estructuralismo resultan decisivas. Haciendo las
sumas y las restas, ¿cómo evalúa esa etapa de su producción
intelectual?

Esa etapa la evalúo positivamente. Es más, la considero una eta-


pa personal no concluida, pues aún hoy, al reflexionar sobre particu-
laridades discursivas de la dinámica cultural, acudo a los procedi-
mientos de análisis aportados por la semiótica y los provenientes del
estructuralismo genético y sus derivaciones. No necesito –quizá sea
mejor decir que ya no necesito– mostrar los lenguajes en que ellos
se conducen, sino los resultados que aportan, de ahí que no se ha-
gan visibles, al punto de parecer ausentes de mis trabajos posterio-
res a Metodología y ese estudio sobre las estrategias narrativas de Puig.
Así, lo que hice y hago a partir de Escribir en Hispanoamérica (1991)
tiene que ver de algún modo, en el fondo, con mi formación se-
miótica y estructuralista, que me aporta la disciplina y los materiales
necesarios para examinar con prolijidad –desconfiando de la mera
intuición y descreyendo de generalizaciones y ancilares extrapola-
ciones, tan caros a no pocos estudios culturales basados en las hu-
manidades– textos y procesos literarios y culturales concretos. Me
infundió también la necesidad de desmontar los andamiajes del aná-
lisis una vez terminada la indagación: se trataba, según los mejores
modelos ya entonces a mi alcance –de Barthes, Goldmann, Mache-
rey, Todorov, Vernier y otros– de presentar los resultados del análi-
sis, no el fatigoso proceso de adquisición de la información, y con
ellos montar la comprensión que allega el sentido trascendente de la
MEMORANDO DE VIGÍA: UNA ENTREVISTA CON RAÚL BUENO CHÁVEZ 417

obra estudiada. Cierto que no todos los críticos de mi generación se


entregaron a esta profilaxis metodológica y conceptual. Hubo quie-
nes incluso llegaron a sentir que la función de la crítica estaba preci-
samente en el uso en sí y para sí de las terminologías de moda, ma-
reando el verdadero proceso crítico. Sin embargo, hay trabajos míos
que, aunque decididamente se alínean dentro del “reencuadre” a que
se refiere la siguiente pregunta, no pueden menos que hacer eviden-
tes ciertas estructuras semióticas para mejor sostener una interpreta-
ción de alcance. Ello se ve claramente en mis ensayos sobre relatos
andinos (los publicados sobre “Achiqué”, “Mamá Galla”, “El lagar-
to” y otros aún inéditos o inacabados) y en mis trabajos más recien-
tes sobre los cuentos de Borges que se empeñan en el relativismo de
la verdad como rasgo destacado de posturas posmodernas.

4. En 1991, publica Escribir en Hispanoamérica. Ensayos


sobre teoría y crítica literarias. El cambio es evidente: hay un
reencuadre de la tarea analítica que incide ahora mucho más
en las diversas interacciones entre texto y contexto, entre obra
y sociedad, en una línea afín a la del último Ángel Rama,
Antônio Cândido o el mismo Cornejo Polar. ¿Podría resumir
las etapas que siguió ese tránsito, si acepta la premisa de esta
pregunta?

Necesito responder esta pregunta acudiendo al esquematismo


“un tanto artificioso” al que ya se hizo referencia. Aunque nunca me
sentí cómodo haciendo una “crítica inmanentista”, como entonces
se la denominaba, pues mi formación lingüística me atenía a la con-
dición social del lenguaje y, por ende, de la literatura, y mi condición
de docente universitario me llevaba a profesar sobre, entre otros
campos, la sociología de la literatura, el estructuralismo genético y la
productividad textual, el cambio de rasante me sobrevino al entra-
ñar la lección de maestros y amigos latinoamericanos en sus textos
entonces más conspicuos: había que hacer ya no sólo crítica, por
más alcance socio-cultural que esta ésta tuviera, sino teoría de la
compleja literatura latinoamericana. Me refiero, en enumeración al-
go arbitraria por restringida, al Cândido de Literatura e Sociedade
(1965), el Fernández Retamar de Para una teoría de la literatura latinoa-
mericana (1975), el Losada de Creación y praxis (1976), el Rama de La
novela en América Latina (1981) y el Cornejo Polar de Sobre literatura y
418 SERGIO R. FRANCO

crítica latinoamericanas (1981). Me refiero también al magisterio absor-


bido directamente –en el Centro de Estudios Latinoamericanos
“Rómulo Gallegos” de Caracas y en otros foros de la época– de los
entonces jóvenes maestros Nelson Osorio, Carlos Rincón, Hugo
Achugar, Noé Jitrik, Néstor García Canclini y otros. En 1973, en
Lima, asistí al seminario que en el Instituto Porras daba Nelson so-
bre problemas de la crítica literaria latinoamericana: ya entonces pu-
de ver clara una proyección socio-histórico-cultural del estudio de
nuestras literaturas. Si no me enrolé de inmediato o a fondo en la
movida contextual fue porque ya tenía los contactos hechos en París
para un post-doctoral en semántica estructural y semiótica poética.
No era cuestión de quemar las naves, claro, pero tampoco de tirar
por la borda una gestión en la que me había empeñado a partir de
un desafío intra-universitario.

5. Fue por esta época, también, cuando Ud. asumió la di-


rección de la Revista de Crítica Literaria Latinoamericana.
Entiendo que esta puede ser una pregunta una tanto extensa
de responder, pero me interesa saber cómo ve Ud. el desarro-
llo de esta publicación desde el inicial proyecto de Antonio
Cornejo Polar hasta nuestros días.

No necesita ser extensa la respuesta. Creo que sus tópicos saltan-


tes –en qué circunstancias surge la revista, cuáles fueron sus propó-
sitos originales, por qué mi dirección se impuso continuarlos– se
encuentran esbozados con claridad en el texto de propósitos de la
RCLL expuesto en el frontis de su página de internet. Asumí la di-
rección de la revista en el segundo semestre de 1998, esto es, con el
No. 48 de la revista. Antonio, el director fundador, había fallecido
en mayo de 1997, pero, pese a su extremadamente delicada salud,
había adelantado suficiente material para que pudieran salir a la luz
pública los números 45 a 47. Al tomar las riendas me propuse, sim-
ple y llanamente, darle continuidad a la revista, pero enfatizando al-
go que habría escapado, creo, al recato del fundador: aproximarla
más claramente a su modelo crítico, esto es, fomentando la necesi-
dad de que los artículos y notas incluidas observaran la relación en-
tre literatura y cultura y, más aún, elucidaran el modo cómo los tex-
tos reproducen –y hasta producen– los procesos culturales de Amé-
rica Latina. A fines de 2009 entregué la revista a una nueva sede,
MEMORANDO DE VIGÍA: UNA ENTREVISTA CON RAÚL BUENO CHÁVEZ 419

Tufts University, y a un nuevo Director, José Antonio Mazzotti,


quien no sólo le ha insuflado nuevo y entusiasta aliento, sino tam-
bién le ha tendido nuevos campos de acción al proyecto crítico-
teórico original. La interacción bidireccional entre literatura y cultu-
ra sigue siendo ahí la piedra de toque, pero José Antonio ha diversi-
ficado el universo de lo discursivo cultural (han quedado incluidos
las efemérides nacionales, el cine, la ecología y la etnicidad, por
ejemplo, y ya se vislumbran los espacios intelectuales que ese hilva-
nado traza) para un proyecto crítico de alcance en que la explicación
trascendente apunta hacia y se sostiene en una amplia y comprehen-
siva historia social de América Latina. De esta manera hay RCLL
para mucho y para rato.

6. En sus textos más recientes –Promesa y descontento de la


modernidad. Estudios literarios y culturales en América Latina
(2012) y La falacia de las metáforas de cultura en la literatura
latinoamericana (2010)– parece más interesado por explorar
formas de acercamiento a la heterogeneidad cultural de Amé-
rica Latina alternas a lo que Ud. denomina “modelo radial de
la cultura”, cuyo isótopo sería la adopción acrítica de esque-
mas y modelos teóricos forjados o consagrados en academias
foráneas. ¿Sería ésta una primera descripción adecuada de su
proyecto?

Es, creo, una descripción más que adecuada; es precisa y aun bri-
llante. Excede lo que yo había imaginado. Llamé modelo radial de
cultura al que tiene que ver, en nuestra América, con el papel que el
colonizador le otorgó a las ciudades españolas fundadas o refunda-
das como tales en estas zonas: hacer que sean cabeceras civilizado-
ras e irradien la cultura que aquél trae. Así se fundan y refuerzan las
ciudades centrales para desde allí lanzar las avanzadas destinadas a
nuevas fundaciones, esta vez de ciudades secundarias, desde donde
salen nuevos destacamentos fundadores de villas y pueblos, y así su-
cesivamente hasta saturar un ámbito geográfico. Así la colonización
buscó –y aún busca, cuando se habla de colonizar la jungla y abrirla
a la modernidad– establecer la base material para la extirpación de
dioses, lenguas y culturas y su sustitución por los signos y valores
europeos. Se trata de un modelo rizomático de cultura, no en el sen-
tido deleuzeano de rizoma, según expliqué en un ensayo de 1997,
420 SERGIO R. FRANCO

sino en el sentido estricto del tenor vegetal de la metáfora: la satura-


ción de un campo y su reducción a la unidad por exclusión de la di-
versidad de especímenes. Empero, con la gran migración del campo
a la ciudad que caracteriza a América Latina durante la segunda mi-
tad del siglo XX tenemos un modelo civilizador contrario, esto es
anti-radial: los pueblos periféricos –los hombres naturales que diría
Martí– están trayendo a las ciudades sus prácticas, discursos y valo-
res y, en el proceso, están rediseñando la cultura urbana. Tal es uno
de los temas centrales en mi libro Promesa y descontento de la modernidad
(2010, 2012). La pregunta ahora le añade una dimensión nueva al
modelo: las universidades europeas y norteamericanas lanzan sus
avanzadas culturales hacia América Latina y otros lugares en desa-
rrollo y establecen ahí las agencias repetidoras de sus sistemas teóri-
cos. Mas éste no es, hoy por hoy, el modelo dominante en nuestro
campo, pues, desde la observación y el estudio de lo local y propio,
a los que se suma un consumo violento –caníbal– pero recreativo
–digestivo– de los enlatados conceptuales, están surgiendo sistemas
que enrarecen la supuesta validez universal de lo hegemónico y has-
ta lo desplazan para establecer aposentado lugar en el concierto glo-
bal de los modelos culturales: así se hacen moneda circulante con-
ceptos y sistemas tales como heterogeneidad, transculturación, hi-
bridación, canibalismo cultural, calibanización, tropicalismo, negri-
tud, creolización y colonialidad, entre otros. Se puede visualizar esta
pulsión teórica anti-radial en la migración de intelectuales –o sus li-
bros– hacia universidades norteamericanas y europeas. En los otro-
ra consagrados reductos de la hegemonía conceptual, en el proceso
de investigar y hacer docencia sobre sistemas culturales y literarios
alternativos, estos intelectuales vienen afianzando un paradigma ca-
da vez más heterogéneo y, por ende, más completo y válido de lo
cultural en el mundo.

7. Hablemos de su poesía. En 1964 publicó su primer poe-


mario, Viaje de Argos. Hay una clara impronta mítica y litera-
ria que es casi una marca de época en algunos de los poetas
más importantes de la “generación” a la que se le adscribe, la
del 60, pero, en su caso, la mirada opta por la minuciosidad
en la representación y el tono sobrio.
MEMORANDO DE VIGÍA: UNA ENTREVISTA CON RAÚL BUENO CHÁVEZ 421

Es cierto, hace cincuenta años que se publicó mi primer libro de


poesía, Viaje de Argos y otros poemas. El libro tiene, en efecto, un claro
componente mítico, como lo tienen ciertos poemarios de poetas pe-
ruanos de mi generación –Heraud, Cisneros, Martos, Hinostroza,
entre otros–, pero en otra dirección. No es que se desentienda de la
historia, sino que le interesa una historia más vasta, que raudamente
quiere recrear la evolución de la vida en el planeta hasta la llegada de
la especie humana –“Recordamos a un antiguo pariente:/ se cubría
con pieles de león”–, a la que luego abandona a un destino oscuro.
No es que rechace la utopía social, a la que se entregó en cuerpo y
alma mi generación a raíz de la Revolución Cubana, sino que apunta
a descifrar el individualismo y la desafección –en el fondo la falta de
solidaridad– que atentan contra los mejores proyectos y valores. No
es que ignore el aquí y el ahora –se me acusó de un universalismo
despreocupado del terruño–, sino que deja trascender los símbolos
que emanan de mis entrañables campiña arequipeña y el cercano
mar mollendino, sin atarme a una condición vernácula. En este sen-
tido es, efectivamente, un libro minucioso en las descripciones,
“marcadamente sensorial”, como escribió Antonio Cornejo Polar
en su “Prólogo”, y extremadamente sobrio en su afectividad. Cuan-
do escribí el segundo libro vi cuánta exterioridad había en mi primer
poemario: el yo poético está prácticamente ausente, nada está dicho
en primera persona, los asuntos de lo representado, incluido el
amor, ocurren ahí fuera y los refiere una voz en tercera persona, y la
presencia del hombre deja, al final, notas de inutilidad e intrascen-
dencia. No suele ser la actitud típica de un poeta de veinte años. Tal
vez ahí estaba la razón de su novedad. Y de su subsiguiente olvido
–o casi–.

8. Posteriormente, apareció De la voz y el estío (1966), en


Ediciones de la Rama Florida, una verdadera joya bibliográfi-
ca. ¿Cuál fue el camino que lo llevó de su primer poemario a
este segundo texto?

Ese es un libro casi en su totalidad escrito en primera persona,


que responde a un sujeto poético absolutamente consciente –y aun
maravillado– de su condición vital. Consciente en un doble sentido:
como sujeto que siente su vivir y que sabe que su modo de existen-
cia es, ante todo, material y, para más señas, fisiológico. El epígrafe
422 SERGIO R. FRANCO

del primer poema, “¡Mira, yo vivo!” de Rilke, le da el tono central al


conjunto. Y el del texto final, “Se eleva el viento: ¡hay que intentar
vivir!” de Valéry, le añade una entusiasta razón de ser a esa vida
condenada a la temporalidad: el amor. Es obvio que ahí se cuelan
influencias del existencialismo francés. Es menos obvio que el con-
junto obedece a un vitalismo sensorial y voluntarista que casi tiene
su fuente en el pensamiento de Scheler: amar es trascender.

9. Lengua de vigía & Memorando europeo (1986) se publica-


ron conjuntamente, pero se trata, en realidad, de dos textos
que corresponden a momentos distintos. Del primero al se-
gundo encuentro un trabajo de purificación del lenguaje para
filtrar la experiencia europea, y un verso más económico. Hay,
además, una ironización de la dimensión mítica que aparecía
en su primer poemario.

Es cierto, esos textos corresponden a dos momentos, actitudes y


lenguajes distintos. El primero le concede especial atención al tiem-
po generacional, el de abuelos, padres e hijos. También a lo que se
pierde irremediablemente en lo que va de unos a otros y a lo poco
que se puede retener de ese tránsito gracias a la fotografía y la con-
servación de algunos pequeños objetos emblemáticos. Es la época
de nuestra problemática mudanza familiar de la idílica Arequipa a la
vasta y compleja ciudad de Lima. Su lenguaje es, por eso, melancóli-
co, algo desalentado y circular como una cinta de Moebius. El se-
gundo libro corresponde a mi estancia europea a mediados de los
70. Como yo llevaba de Lima un ánimo entonces revanchista, el tex-
to acoge una actitud iconoclasta y, tal como lo insinúa la pregunta,
desmitificadora. No hay ni grandeza ni épica duraderas en ese peri-
plo, sino anodina rutina, viejos y nuevos emblemas de lo deleznable
y un desencanto que todo lo trasmina. El lenguaje por eso llega a ser
rápido, económico, fustigante. Se trata, en suma, de dos estéticas
distintas que conviven en un solo volumen por razones de contraste
(y de economía editorial).
Los cuatro libros de poesía en referencia, cabe observarlo, pare-
cen obedecer a un deliberado proyecto estético que evoluciona con
una precisión casi maquinaria. Salió así, sin proponérmelo intencio-
nalmente. Veamos: El paso de Viaje de Argos a De la voz y el estío
marca un cambio de foco en la mirada, desde un mundo exterior,
MEMORANDO DE VIGÍA: UNA ENTREVISTA CON RAÚL BUENO CHÁVEZ 423

natural, hacia un mundo interior, de autoconciencia enfocada en la


voluntad y las posibilidades de acción. El paso de este segundo libro
a Lengua de vigía desliza esta vez la mirada hacia las limitaciones hu-
manas en el afán de retener el tiempo vivido, y la autoconciencia
hacia las condiciones existenciales de responsabilidad y culpa insta-
ladas en la memoria del tiempo: una pérdida de voluntad. El paso
final hacia Memorando europeo retiene la responsabilidad, desvirtúa la
culpa y, en el proceso, ironiza, en efecto, la impronta mítica que era
un valor al inicio de todo el ciclo. Así se cierra un círculo. La poesía
que he escrito después, si se me permite la digresión, tiene otros
signos: lo generacional, histórico y social; la migración, el exilio, la
heterogeneidad cultural… Estas inquietudes están registradas, en
gran medida, en mi reciente libro Misivas de la Nueva Albión (2014) y
en otros que tengo en preparación o en vías de publicación.

10. ¿Cuál es su proceso de escritura poética?

Yo, en verdad, no escribo poesía: yo solamente doy fe. Es decir,


no me siento a la mesa intencionalmente para escribir poesía. Poesía
es algo que me ocurre cuando ocurre y de lo que hago ciertos regis-
tros: palabras, imágenes, algún verso un día, otras imágenes y versos
de contigua experiencia, otro día, y de pronto su necesidad –sí, de
los versos, más que mía– de lograr una secuencia que podamos lla-
mar estrofa, o poema. Se trata de procesos asociativos que bien co-
nozco como profesor, pero que no racionalizo ni estoy en condi-
ciones de entender cuando me tocan, sino mucho tiempo después,
cuando alguien me hace la pregunta. La expresión “acordeones ve-
loces”, por ejemplo, no nace con un fácil referente exterior, de ins-
trumentos que apresuran una melodía, sino como imagen de objetos
volantes en un insondable viaje onírico. En ese ambiente no pueden
tener una mera función musical, de modo que requieren sonidos
agrestes: clamar o rugir. Y todo eso en el contexto de la noche en
que a veces se hunde el alma de uno. Entonces surge el verso “y
acordeones veloces que rugen a lo negro” como parte de un conjun-
to que indaga las desventuras de la vida interior. Las estrofas y los
poemas en sí llegan cuando los conjuntos de palabras demandan un
orden, una “narrativa”. Como se comprenderá, es un proceso poco
productivo, en términos cuantitativos. “La noche de los topos”, pa-
ra tocar otro caso, durante mucho tiempo existió sólo a modo de
424 SERGIO R. FRANCO

título. A él se le unieron después imágenes tales como alimañas del


sueño, minar la noche, abrirle túneles a la memoria... Es un poema
que empobrece mucho si aclaro que se ocupa de los tormentos del
insomnio.

11. Finalmente, una pregunta simple: ¿cuál es la tarea del


poeta?

Una respuesta simple, más bien tautológica: la tarea del poeta es


ser poeta. Esto es, decir sus cosas, que siempre son versiones distin-
tas de lo mismo: el mundo y la vida. Cada cultura y tiempo histórico
ha tenido sus “raros”, que tienen la habilidad de ver las cosas con
imaginación y de modo diferente. Su misión es hablar. Y siempre
habrá alguien que los escuche o lea, y para quien lo dicho sea una
cifra imaginativa y nueva de algo de su propia vida. Cada poeta tiene
esta capacidad de trascender el sentido común según su medida. Y
cada lector tiene la posibilidad de sintonizar ese sentido de acuerdo
a su capacidad receptiva. Yo escucho a todos mis poetas favoritos,
universales y locales: todos ellos han escrito para mí. Y todos, de
algún modo, dicen algo de mi vida, o algo que podría haber sido
parte de ella, o algo que sin querer ser parte de ella igual la trascien-
de con una fantasía aparentemente desentendida de la realidad, co-
mo la música pura o los fuegos de artificio. Para felicidad de la es-
pecie, a veces la voz de alguien se vuelve generacional, nacional,
profética. Es la voz de los grandes poetas –Whitman, Valéry, Darío,
Eliot, Rilke, Vallejo, Borges, entre los más recientes–, quienes por
medio de ella logran prestar su sensibilidad a las grandes muche-
dumbres.
APÉNDICE
ARGOS AREQUIPENSIS. LIBRO DE HOMENAJE A RAÚL BUENO CHÁVEZ
Boston: RCLL, CELACP y Latinoamericana Editores, 2014, pp. 427-430

BIBLIOGRAFÍA SELECTA DE RAÚL BUENO CHÁVEZ

Crítica y teoría literaria

Libros

Metodología del análisis semiótico (en colaboración con Desiderio Blanco).


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Poesía hispanoamericana de vanguardia. Procedimientos de interpretación textual.
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Escribir en Hispanoamérica. Ensayos sobre teoría y crítica literarias. Lima/Pitts-
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Antonio Cornejo Polar y los avatares de la cultura en América Latina. Lima: Fon-
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curso de aceptación del título de Profesor Honorario de la Universi-
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Promesa y descontento de la modernidad. Estudios literarios y culturales en América
Latina. Lima: Universidad Ricardo Palma, Editorial Universitaria,
2010. Premio Especial de Ensayo “Ezequiel Martínez Estrada” otor-
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José Castro Urioste”. En Hechizo (cuentos), de José Castro Urioste.
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Libros de poesía

Viaje de Argos y otros poemas: 1963-1964. Prólogo de Antonio Cornejo Po-


lar. Arequipa: s.e., 1964.
De la voz y el estío. Lima: Ediciones de La Rama Florida, 1966.
Lengua de vigía & Memorando europeo. Lima: Instituto Nacional de Cultura,
1986.
Ensayo general (poesía reunida). Lima: Hipocampo Editores, 2014.
Misivas de la Nueva Albión (Ventanas al Sur). Arequipa: Editorial Cascahue-
sos, 2014.
Este
libro se
terminó
de editar
en Boston
y se imprimió
en el mes de octubre
del 2014 en los talleres gráficos de
Cushing- Malloy, Inc.,
Ann Arbor,
Michigan,
USA

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