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UN NUEVO PARADIGMA DE REVELACION

Resumen:

Ante la crisis de fe, consecuencia de una concepción tradicionalista de la revelación, se


presenta un nuevo paradigma de revelación, que desde la nueva concepción en el Vaticano II, el
nuevo papel de la Biblia, la experiencia del creyente, la apropiación histórica y gnoseológica
de la revelación, así se proyecta la elaboración de una teología, que enfrentando la
impugnación a esta, continúe ligada a los procesos históricos de liberación y salvación de los
pobres.

Vulgarmente la revelación se ha entendido como que Dios habló hace unos dos o tres
mil años a Israel, pueblo elegido, los demás pueblos en su religión natural esperan que
algún día les llegue la revelación. Dios ha creado a todos pero se revela a una minoría,
este hablar de Dios se ha completado con los apóstoles y tenemos la Biblia, esta ha sido
interpretada y aplicada fundamentalistamente, se da un dualismo en la vida humana que
es reforzado por una mentalidad deísta, el resultado es una mala conciencia, una
división entre teoría y práctica, una incompatibilidad entre fe y cultura moderna. No se
puede mantener esta concepción tradicionalista, toca revisar la concepción de
revelación, cambiar la idea de Dios y la vivencia de la fe, que como lo enuncia Torre
Queiruga: La experiencia religiosa implica que Dios se nos comunica aquí y ahora a
todos y cada uno, de modos siempre nuevos1.

Ante la secularización y el ateísmo, signos mayores de la crisis, se trata de reorganizar


de una manera nueva y más acorde con el estado actual de la humanidad, no anulando lo
anterior sino comprendiéndolo y viviéndolo de otra manera, no tratándose de reajustes
puntuales sino moviendo la totalidad y la estructura, buscando una nueva comprensión
de lo global, estamos ante un cambio de paradigma. Para situarnos en el nuevo
paradigma partamos de los más conocido que hemos sabido de Dios que “Dios es
amor”; por amor Él nos ha creado, por amor vive como un Padre y nosotros somos
salvados en nuestra historia. Dios con todo su amor por toda la humanidad lucha contra
nuestra ignorancia y pequeñez, para ir abriéndonos su corazón, para manifestarnos la
profundidad de nuestro propio ser y la esperanza de nuestro destino. Desde esta nueva
perspectiva, la Biblia cobra una luz nueva; es la lucha amorosa de Dios por hacer
comprender su designio salvador. Así también se entiende que Dios no había
abandonado a los demás pueblos, sino que siempre ha estado manifestándose según las
posibilidades culturales, las religiones son el resultado de esta presencia; según la
fenomenología de la religión todas se consideran revel|adas, el Vaticano II lo ha
reconocido.

En este mismo horizonte, la revelación en el Vaticano II no aparece como un cuerpo de


verdades doctrinales contenidas en la escritura y enseñadas por la Iglesia. Se presenta
como una automanifestación de Dios, es decir, como el acto por el cual Dios se da a

1
http://www.servicioskoinonia.org/relat/243.htm, p 2.
conocer a sí mismo a través de su acción salvífica histórica, cuyo centro y culminación
es Jesús el Cristo (D.V. No. 2, 4,6). La revelación no es directa e inmediata, sino
mediada por los acontecimientos de la historia incluyendo el mundo como parte de este
acontecer, que como dice Carlos Bravo: Los acontecimientos son ya palabra de Dios en
cuanto que son portadores de sentido como constitutivos del desarrollo de la historia
(obras y palabras intrínsecamente ligadas), incluyendo el mundo como parte de este
acontecer2.

Por otro lado, Fernando Olvani3, propone que el punto de partida del quehacer teológico
no es el enunciado teológico, sino el teologal “experiencia del creyente”, normalmente
se ha concebido que el punto de partida para hacer teología sea la Biblia, como algo
seguro, pero no lo es, porque el objeto de la teología no estaría dado por el depósito de
la fe a custodiar, sino por la experiencia creyente de ayer y de hoy que se hace texto,
cuyo sentido habrá que explicar, comprender, actualizar, cuestionar y reorientar. El
creyente que se acerca al texto y puede conocerlo como texto, accede a la experiencia
fundante y su horizonte de sentido, se ve remitido desde su experiencia al encuentro con
esa experiencia fundante y, se descubre llamado a configurar su existencia desde el
mundo posibilitado por ese encuentro.

Así: “El esquema de revelación histórica alimenta hoy modelos teológico-pastorales


históricos, políticos y sociales, de acción y de compromiso en obediencia al Señor que
se autodesvela por hechos interpretados por la palabra”4, en las apropiaciones:
gnoseológica de la revelación y de la fe, e histórica de la revelación, y que van ligados a
los procesos de implicación histórica de liberación y salvación de los pobres. Sin
embargo éste camino no estará exento de la tentación de la inercia de negarse al cambio
o de defenderse de él con meras acomodaciones, resulta prácticamente inevitable la
impugnación de la historia en el providencialismo falso, el teleogismo, la visión
apocalíptica de la historia, positivismo histórico, idealismo histórico, materialismo
histórico, etc. Pero a ejemplo de la teología de la liberación, superando estos obstáculos
se logra lo decisivo: una presencia de una fe viva y operante en el mundo.

Finalmente, la revelación como categoría fundamental, en cuanto implicada en todas las


demás, acaba influyendo en todas, colaborando así en la retraducción global.

BIBLIOGRAFIA.

Olvani, Fernando. ¿Qué significa afirmar que Dios habla?. Bogotá: Ed. Bonaventuriana,
2007.

Parra, Alberto. Textos, contextos y pretextos. Bogotá: Javegraf, 2003

http://www.servicioskoinonia.org/relat/243.htm
2
Bravo, Carlos. La revelación, cambio de perspectiva del Vaticano I al Vaticano II, p. 264
3
Olvani, Fernando. ¿Qué significa afirmar que Dios habla? P. 99-102
4
Parra, Alberto. Textos, contextos y pretextos. P 73