You are on page 1of 3

CAPITULO 16 – LA ENFERMEDAD DEPRESIVA EN LA ADOLESCENCIA

El sentimiento depresivo durante la adolescencia se presenta como un fondo común que


impregna todas las manifestaciones emocionales y conductuales. Aunque no aparece
clínicamente de manera clara y definida, se lo puede inferir. Consideramos en general a
la depresión como manifestación normal de este periodo; cuando adquiere características
patológicas lo hace de manera atípica respecto de la enfermedad depresivas que estamos
acostumbrados a ver los adultos.

El duelo por las pérdidas que el adolescente tiene que afrontar (cuerpo infantil vínculos
infantiles, identificaciones primitivas) puede tener connotación depresiva a nivel clínico.

Rota la estructura infantil, la ansiedad persecutoria se reactiva intensamente (por perderse


el control sobre lo “malo”) y se hace difícil para el yo comenzar la crisis con mecanismos
defensivos normales.

En estos casos las defensas del yo para superar la crisis difícilmente pueden llevar a la
enfermedad depresiva.

Un ambiente excesivamente protector debilita al yo, éste pone la segunda afuera y, ante
el incremento de pulsiones y sentimientos de odio y amor disociado, se ve indefenso y
debe recurrir a la enfermedad para compensar su ansiedad.

Tanto la depresión como la persecución dependen de la situación externa pues ésta


funciona como continente para elaborar la infinidad de proyecciones tan necesarias para
los adolescentes, que tienen que reorganizar su caos interno. Una situación caótica,
persecutoria o rechazante, dificulta el intercambio elaborativo fundamental en esta edad.

En la pubertad las fantasías que priman tienen caracterícticas preedípicas: la relación es


con objetos parciales, se incrementan el poliformismo libidinal, el odio y las tendencias
bisexuales. Alrededor de los 15 años, en cambio, las fantasías toman los caracteres
edípicos pregenitales; relaciones objetales totales, primacía libidinal genital, mayor
fusión instintiva, heterosexualidad incrementada.

Estas diferencias en las fantasías, hacen que la depresión en la pubertad tenga


características más regresivas.

El duelo en un nivel profundo se relaciona con la perdida de la posesión fantaseada de la


bisexualidad.
La utilización de la bisexualidad cómo defensa individual y grupal, permite una
postergación necesaria hasta el afianzamiento de la identidad sexual alrededor de los 18
años, cuando al asumir de pareja y el rol social se incrementa.

La adolescencia media es el periodo depresivo por excelencia. La persecución y la rabia


disminuyen notoriamente con respecto a la pubertad, también hay una mayor aceptación
por parte de la sociedad y del yo de la nueva identidad. El fracaso de esta elaboración
favorecería la prolongación del periodo de “protesta”.

Por ser la adolescencia un período de extremo narcicismo y de gran deterioro de la


autoestima, pone al yo en una situación específicamente propensa a hacer depresiones de
una manera casi natural o ante circunstancias que en otro período de la vida no serían
causa suficiente.

Cualquier herida narcisista es una fuente de odio, imposible de elaborar por la intolerancia
a cualquier ambivalencia: la debilidad de la autoestima sólo soporta suministros
narcisistas.

Estas depresiones esporádicas tienen algunas características que las diferencian de la


enfermedad depresiva y las asemejan a las depresiones reactivas de los adultos ante una
pérdida real importante (pero aquí la perdida no tiene por qué ser importante).

El síndrome depresivo es de grado moderado, si hubo una personalidad previa no


depresiva, comienzo rápido y duración breve se calma con distracciones que el mismo
adolescente se propone y demás no deja temor a que vuelva.

Prima la sintomatología ligada a los procesos mentales, depresiones reactivas ante la


adolescencia.

Las depresiones sintomáticas ligadas a cualquier enfermedad orgánica que duran lo que
la enfermedad.

Una fijación oral y frustración oral, que incrementa el sadismo y la fuerte ansiedad
persecutoria. Todo esto favorece la ambivalencia, la identificación proyectiva y la
formación de un superyó sádico, bases para el desarrollo de un cuadro depresivo.

Reacción depresiva prolongada como una expresión de duelo patológico.


La personalidad depresiva está especialmente expresada en la desvalorización, el
sometimiento a un superyó sádico proyectad en la madre, en la poca autonomía por
necesidad de conservar la autoestima y necesidad de autocastigo.

La periocidad y progresión son notables y el control obsesivo aparece clínicamente en los


intervalos libres de depresión. Estos cuadros son los percusores de la melancolía adulta.
No son frecuentes y a veces pueden aparecer como hipomanías graves.

Tres diagnósticos depresivos en la adolescencia

1) Depresión reactiva prolongada como expresión de duelo patológico: la personalidad


previa no coincide con la enfermedad depresiva, aunque se encuentra el conflicto básico
oral. El comienzo es más o menos brusco y con algún desencadenante (pérdidas de
objeto). Se detecta una pérdida objetal importante.

2) Depresión neurótica: Aparece en personalidades depresivas que compensan por la


adolescencia o por factores desencadenantes (pérdidas). El comienzo no es tan brusco,
pero cuando se instala el cuadro depresivo, es más fácil sacar de él a estos pacientes

3) Permelancolía adolescente: Se caracteriza por la intensidad periocidad e importantes


manifestaciones somáticas de la depresión. Nunca llega a tener caracteres tan dramáticos
como la melancolía adulta.

Los tres cuadros no aparecen como episodios, sino más bien como enfermedad
progresiva.

Detectar en caracteropatías fálico-narcisistas que se prolongan más allá de los 15 años,


episodios depresivos que dejan mucho temor ante su posible repetición. Son índices de
una verdadera enfermedad depresiva subyacente por mala elaboración del duelo
adolescente.

Cabe agregar que los episodios depresivos en adolescentes mujeres de 15 años estarían
estructurando una caracteropatía corresponden más bien a la depresión. Son los únicos
cuadros depresivos que en la adolescencia se acompañan de mucha ansiedad y miedo a
su repetición.

Suponemos que las depresiones secundarias de la adultez corresponden a las consideradas


como reactivas por nosotros; la depresión neurótica coincidiría y la melancolía tendría su
expresión en lo que llamamos pre-melancolía.