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INTRODUCCION

En esta introducción ofrecemos un esbozo de aquello de lo que se ocupa la ontología o


metafísica y situaremos esta disciplina en el mapa del conocimiento. Esto es necesario,
porque la palabra ontología se puede interpretar de diferentes maneras. Y también a causa de
la mala fama-merecida en la mayoría de los casos-que ha tenido hace poco.

1. LOS PROBLEMAS ONTOLOGICOS

Las concepciones ontológicas (o metafísicas) son respuestas a preguntas ontológicas. Y las


preguntas ontológicas (o metafísicas) son preguntas con un alcance extremadamente amplio,
como en el caso de “¿El mundo es material, ideal o talvez neutral?”, “¿Existe la novedad
radical y, si es así, como se produce?”, “¿Existe el azar objetivo o solo una apariencia de este
debido a la ignorancia humana?”, “¿Cuál es la relación entre lo mental y lo físico?”, “¿Una
comunidad es algo más que el conjunto de sus miembros?” y “¿Hay leyes de la historia?”.
Del mismo modo que la religión nació de la vulnerabilidad, la ideología del conflicto y la
tecnología de la necesidad de dominar el entorno, es probable que la metafísica –al igual que
todas las ciencias teóricas- sea hija del sobrecogimiento y la perplejidad ante la ilimitada
variedad y aparente caos del mundo fenoménico, vale decir, de la totalidad de la experiencia
humana. Como los científicos, los metafísicos buscaban- y buscan- la unidad en la diversidad,
las pautas en el desorden, la estructura entre el amorfo montón de los fenómenos y, en algunos
casos, hasta un sentido, dirección o finalidad en la realidad como totalidad. Por consiguiente,
la metafísica y la ciencia tienen el mismo origen. No obstante, se las puede distinguir en
cierta medida por el alcance de sus problemas. Mientras que el científico se dedica a
cuestiones de hecho bastante específicas, el ontólogo se ocupa de todos los dominios facticos;
se trata de un generalista, no de un fragmentarista. Su empresa es más ambiciosa y, por ello,
también más arriesgada que cualquier proyecto científico. Pero ambas empresas no son
mutuamente excluyentes y, en realidad, en ocasiones son imposibles de distinguir: una
pregunta científica muy general puede ser una pregunta ontológica especial.
No es fácil caracterizar las preguntas ontológicas, ni siquiera los es reconocer que tienen
sentido, aisladamente de los marcos conceptuales o las teorías correspondientes. Piénsese en
los siguientes ejemplos:

(i) ¿Por qué hay algo en lugar de nada?


(ii) ¿La esencia precede la existencia?
(iii) ¿Qué es ser?
(iv) ¿Qué es el uno?
(v) ¿Qué existe?
La primera pregunta tiene sentido en todos los sistemas de creacionista de teodicea, tal como
el de Leibniz, pero solo en ellos. La segunda, ininteligible a primera vista, es muy razonable
en una metafísica platónica, para la cual las esencias son ideales y previas a los existentes
físicos. La siguiente pregunta adquiere significado si se la reformula del siguiente modo:”
¿Cuáles son las características comunes a todos los existentes?”. La cuarta preguntas me la
hizo mi hijo Eric cuando tenía 18 meses de edad. Para él debe de haber tenido sentido en su
propia weltanschauung y reescribiendo “uno” con U mayúscula es posible atribuírsela sin
riesgo a Parménides. La quinta-que es como quien parece entender la tarea de la ontología-
existe bien un inventario exhaustivo de los existentes-una empresa para científicos de
orientación baconiana- o bien una respuesta simplista, tal como “Hay cuerpos y personas”.

2. ¿Es posible la ontología?


Hasta la primera revolución científica, a comienzos del siglo XVII, la metafísica se daba
por sentada y, habitualmente, se la consideraba adjunta a la teología. A partir de entonces,
el éxito formidable de la ciencia y el fracaso de los grandes sistemas metafísicos-
principalmente los de Aristóteles, Tomas de Aquino, Descartes y Leibniz; pero después los
de Hegel y Heidegger- sugirieron, pero no “demostraron”, que la metafísica se había
tornado imposible y que había sido reemplazada por la ciencia.

3. El método de la ontología
La ontología que queremos es tanto exacta como contigua a la ciencia. Desde luego,
“exacta” significa que es lógica y matemática en su forma. En consecuencia, la metafísica
exacta es el conjunto de teorías metafísicas construidas con ayuda explicita de la lógica o la
matemática. Por ejemplo, una teoría matemática de la síntesis de las totalidades, a partir de
unidades pertenecientes a niveles inferiores, cumpliría los requisitos para considerarla un
trabajo de metafísica exacta. No así una teoría que, independientemente de lo interesante
que fuera, abordase el mismo problema en términos de conocimiento corriente:
permanecería en el nivel de la metafísica inexacta, a causa de la ambigüedad e imprecisión
del lenguaje ordinario.