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La diabetes se cura eliminando la ira y las emociones inferiores, ansiedades y actos de

violencia. Tómese además tisanas o té de la planta llamada “lágrimas de san pedro”, en


México.

El diabético que quiera curarse debe eliminar de su psiquis la ira, preocupaciones, angustias,
tristeza, preocupaciones, miedos, etc. estos defectos psicológicos alteran el sistema nervioso.
Un sistema nervioso alterado, destruye el páncreas y produce diabetes.

Existen algunas plantas que resultan el enfermo más favorables que otras.
Se puede tomar té de: apio cimarrón o de sarandí blanco, morera negra, nogal, pezuña de
vaca, berros, alcaucil, lágrimas de san pedro, etc.

El agua miel extraído del tronco del maguey sirve también para curar la diabetes. Tómese tres
vasos diarios uno antes de cada comida durante un año.

Té antidiabético: pezuña de vaca (hojas) un puñado de estas; apio cimarrón, cualquier cantidad
(hojas) morera negra, un puñado de hojas taraxacon (hojas) una buna cantidad. Sarandí
blanco, un puñado de hojas.

Se cocina todo esto entre agua, se cuece muy bien.


Todo esto debe cocerse entre olla de agua y se toma como bebida ordinaria para la sed. Si
algunas de estas plantas no se consiguiere de todas maneras se puede preparar el té
antidiabético.
Se deben bendecir las plantas y ordenarle a los elementales que curen el páncreas.
Él se te toma diariamente sin cansarse jamás hasta sanar.

El examen de orina de una persona demuestra presencia de azúcar en la eliminación renal.


Ante este síntoma el facultativo diagnostica diabetes azucarada y al enfermo se le prohíbe
ingerir alimentos que tengan esta substancia, prescribiendo drogas que eviten la eliminación
del azúcar (por ej.: hipoglucin) elemento esta tan necesario para la nutrición orgánica.
Examinando el iris del sujeto se observa un estado inflamatorio crónico y grave de la zona
correspondiente a estomago e intestinos. Generalmente de esta región se desprenden
inflamaciones del tejido iridial que comprometen las zonas que corresponden al hígado,
riñones, páncreas.
El estado inflamatorio, crónico y grave, del estómago e intestinos, en este caso alterando la
temperatura normal, degenera la digestión en fermentaciones acidas, que, recargando el
trabajo del hígado y páncreas, irrita, congestiona y degenera a estos órganos.
Como el azúcar es un producto que, mal digerido favorece la producción de estos ácidos
malsanos, las defensas orgánicas las expulsan del cuerpo, para evitar el aumento de acidosis
en la sangre, característica del diabético. El mal que hay que remediar no es pues la
eliminación del azúcar sino que debe procurarse su aprovechamiento mediante una buena
digestión, que se fundamente en el equilibrio de las temperaturas del cuerpo.
Vemos pues, que el origen y naturaleza del mal que se clasifica con el nombre de diabetes, no
es sino una manifestación especial, generalmente determinada por predisposición hereditaria,
de graves y prolongados desarreglos digestivos