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El San Valentín Trujillano

Hace 399 años, un 14 de febrero (1619) Trujillo sufrió la peor calamidad de su historia, un terremoto
redujo a escombros la ciudad. Ese día “San Valentín” se convirtió en su Santo Patrón. Hoy lo
recordamos..
Detrás de esta fecha muy significativa para el mundo occidental por ser el día del “amor y la
amistad”, nuestra ciudad tiene un vínculo trágico con este día. Trujillo que fue fundada como villa en
1534 por Diego de Almagro, complementada de manera cívica por Pizarro en 1535, y trazada por
Martín de Estete, en forma de cuadrícula o tablero de ajedrez característico de las ciudades
hispanoamericanas, compuesta por manzanas rectangulares y con una plaza como centro geométrico.
Inicialmente estuvo compuesta por 80 vecinos, cuarenta años después su población ascendió a
4.109, de los cuales: 1.017 Blancos, 925 Mestizos, 1.094 Indios y negros 1.073. No obstante, para1604
la población descendió a 3 mil 400 personas, seguramente debido a la fundación de la villa de Saña.
Trujillo empezaba a asentarse como la ciudad más importante del norte del virreinato del Perú
a nivel político (Cabildo), económico (valles, ejidos), social, arquitectónico y religioso (en 1577 a través
de la Bula “Illius fulciti praesidio” emitida por el Papa Gregorio XIII, se creó la Diócesis de Trujillo).
Sin embargo, el terremoto del 14 de febrero de 1619 cambio drásticamente su configuración
(el virrey de entonces era el Príncipe de Esquilache y el obispo Don Fray Francisco de Cabrera). El
padre-cronista Antonio de la Calancha en su obra “Corónica moralizadora”, refiere que, “el infausto
acontecimiento se produjo un jueves (como caerá este año) a las 11 y 30 de la mañana. (…) Día claro y
agradable”. Por su parte Miguel de Feijoo (Corregidor de Trujillo en 1763) señala que el “formidable
temblor en menos de un minuto derribó todos sus hermoso edificios, dejando únicamente algunas
paredes y muros de las iglesias (…) En los quince días subsiguientes, cada hora se conmovía la tierra (…)
Corrió el movimiento de Norte a Sur, quinientas leguas, y sesenta de Este a Oeste”. También afecto a
Piura, Saña, Santa, entre otras localidades.
El resultado de este lamentable suceso que asoló a Trujillo dejó 350 fallecidos y decenas de
heridos, que de ocurrir en horas de la noche las víctimas se hubiesen multiplicado. Calancha agrega
que se oían gemidos “debajo de la tierra y por no saber por dónde se daban, o por no tener ayuda con
que se buscasen, gemían a voces los vivos, viendo el dolor de no poder socorrer a los sepultados”. Así
mismo, trajo consigo perdida de cultivos, graves enfermedades, plaga de grillos, ratas y pestilencia por
las aperturas en la tierra, por los escombros, por el rebalse de las sequías, y posteriormente por la falta
de agua y ayuda. Durante quince días consecutivos continuaron las réplicas dos o tres veces cada hora.
Este trágico acontecimiento siguió generando incertidumbre semanas y meses después entre
vecinos y autoridades, por ello, se trasladó La Sede Episcopal a Lambayeque y se planteó en una primera
instancia la reubicación de la ciudad a un lugar más seguro (posiblemente en Miraflores). Además, se
solicitó al virrey Esquilache la exoneración por 30 años del pago de tributos, concediéndoles sólo 12
para que la reconstrucción de la ciudad fuera más rápida, la misma que duró cerca de 10 años por lo
cual se solicitó a mil indios, durante el invierno los de Huamachuco, Cajamarca, Huambos y
Conchucos y en verano los de Motupe hasta Guañape.
Ocho años después un 12 de febrero de 1627, el Cabildo de Trujillo aprobó la propuesta de
don Juan de Lozada y Quiñones declarando a San Valentín como Patrono y Protector de Trujillo, desde
entonces según Feijoo, la ciudad nombró como su patrón y abogado “al glorioso San Valentín,
asistiendo ambos cabildos a la misa y sermón en que se hace recuerdo de semejante sensible memoria,
saliendo el santo en la tarde del mismo día en procesión, la que dá vuelta por toda la plaza, venerándose
de este modo el azote de la ira divina, cuya justicia se vale de estos efectos naturales, o para castigo de
nuestros delitos o para sacar copiosos frutos de arrepentimiento y resignación”. Esta tradición y
procesión en el que se pedía que la ciudad no sufriera una tragedia similar se fue diluyendo con el
transcurrir de los años. Sin embargo, Davison Castillo señala que, en 1984 exalumnos del colegio San
Carlos y San Marcelo reflotaron esta fiesta que recibió el apoyo de notables vecinos y autoridades, pero
se desarrolló 5 años consecutivos con actividades religiosas, con música y folclor.
Si bien con el transcurso de los años la procesión de San Valentín se fue perdiendo en el
tiempo, el diario la Industria relata que la imagen del patrón de la ciudad estuvo a un costado del atrio
de la catedral, en su nave derecha y que de vez en cuando recibía alguna visita de parejas enamoradas
que colocaban en sus pies un cirio y la renovación de sus promesas de “amor eterno”.

Sin duda la historia remota y reciente nos vincula como ciudad e individuos a San Valentín. Más allá
de credos aquí les comparto el himno compuesto por Alicia Ponce Cabanillas a nuestro patrón:

“¡Gloria y honor a San Valentín!,


Patrón insigne de la ciudad
Gloria y honor a San Valentín
¡Que nos ampara en la adversidad!
A raíz del fatal terremoto
Que en tu día Trujillo asoló
El Cabildo, en unánime voto,
Por Patrón tutelar le escogió
Con auténtica fe de cristianos
Con civismo sagrado y amor,
La ciudad fue confiada a tus manos,
Aclamándote su protector...
Si Trujillo está a tu cuidado
No le niegues jamás protección…”

Fuentes:
- Alberto Pinillos, “Trujillo: 450 años”, 1985.
- Centro de Estudios de historia Eclesiástica del Perú, “Monografía de la Diócesis de Trujillo, 1931
- Miguel Feijoo de Sosa, “Relación descriptiva de la ciudad y provincia de Trujillo, 1763.
- Antonio de la Calancha en su obra Corónica moralizadora del Orden de San Agustín en el Perú,
con sucesos ejemplares en esta monarquía, 1638.
 Por Jorge Nureña Plasencia