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Mariela

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Mae
Prólogo

Capítulo 11

Capítulo 1

Capítulo 12

Capítulo 2

Capítulo 13

Capítulo 3

Capítulo 14

Capítulo 4

Capítulo 15

Capítulo 5

Capítulo 16

Capítulo 6

Capítulo 17

Capítulo 7

Capítulo 18

Capítulo 8

Capítulo 19

Capítulo 9

Capítulo 20

Capítulo 10

Capítulo 21

¿Casarme con la chica de la cual he estado enamorado toda mi vida? Listo.

¿Heredar una compañía billonaria? Listo.

Producir a un heredero... Espera, ¿qué?

Tengo noventa días para embarazar a mi nueva y falsa esposa. Pero hay un
problema. Ella me odia.

¿Y en las letras pequeñas del contrato? El requerimiento que produzcamos un

heredero.

Ella no soporta estar en la misma habitación que yo. Dice que nunca estará en mi

cama. Pero nunca me he echado para atrás ante un reto y no comenzaré ahora.

Recuerden mis palabras. La tendré rogándome y no tardaré noventa días.

Traducido por Mariela

Corregido por Valentina95

Noah

—¿Otra cerveza? —pregunta mi mejor amigo Sterling.

—Mejor no.

Él sonríe. —¿Así que realmente vas a ir a través de eso, huh, amigo?

—¿Cuál es el gran problema? Tú llevaste una cita falsa al baile de graduación.

Me rio para mí, recordando el año en que Sterling llevó a su prima al baile. Él

pensó que era un genio en ese entonces; no tenía que comprar un ramillete, no

necesitaba impresionarla con un restaurante fino o un paseo en limosina. Hasta el


final

de la noche, cuando todos los demás estábamos disfrutando el contacto de piel con
piel

con nuestras citas, se dio cuenta de la horrible decisión que había tomado. La
única

acción de piel con piel que tuvo fue con su propia mano.

—Una esposa falsa es infernalmente diferente. Es un jodido gran asunto.

―Sterling me mira por encima del borde de su cerveza.

Mirando hacia el mar desde nuestro lugar en el porche de la cabaña en la playa,

aflojo mi corbata, que se siente demasiado apretada alrededor de mi cuello, y lo


nivelo

con una mirada oscura.

—De hecho, es una unión legal, así que ella será realmente mi esposa. Hasta que

nos divorciemos, o tengamos nuestro matrimonio anulado, o lo que sea.


—¿Siquiera te has escuchado? Es demencial. No puedes casarte con una chica que

ni siquiera te gusta.

—¿Quién dice que no me gusta?

Sus ojos se amplían. —No estoy hablando del deseo no correspondido alimentado

por la lujuria que has tenido por ella desde que eras un adolescente cachondo.

Sobo mi nuca, sintiendo el tirón de un dolor de cabeza. —¿Qué esperas que haga?

Es parte de los deseos de mi padre. Esto es mí… no, nuestra condición para tomar el

control de la compañía. Sin matrimonio significa sin herencia, punto. Para ninguno
de

nosotros.

Algunas personas pueden decir que estar en tal lujo desde el principio te hace

inmune a todo, pero eso no es verdad. Nunca he dado un solo día por sentado, y no

hay manera en el infierno que vaya a renunciar a ello sin luchar.

Sterling deja salir un fuerte suspiro, y su mirada sigue la mía hacia el agua más

allá. —Sólo creo que realmente deberías pensar en esto, hombre. El matrimonio es un

gran asunto. No es algo para tomarse a la ligera.

Entre nosotros dos, Sterling siempre es la voz de la razón. Para cada idea

descarada e imprudente que he tenido, cada vez que he saltado a la profundidad sin

pensar, él me ha ayudado a dirigirme de nuevo al camino correcto y estrecho. Ha


sido

mi mejor amigo desde que teníamos catorce años. Como los dos niños nuevos en un

prestigioso internado en Connecticut, nos hicimos inseparables.

—Créeme cuando te digo que entiendo la gravedad de la situación.

La muerte de mi padre el año pasado fue una enorme llamada a despertar. El

destino de su compañía de 100 billones de dólares de repente cayó justo en mis


manos.

Tuve que estar listo para hacerme cargo. Y lo estoy… y haré cualquier cosa que sea

necesaria. Por supuesto, no hace daño que mi futura novia sea la mujer que siempre
he
deseado.

—Debe haber otra forma —dice Sterling después de tomar un trago de su

cerveza—. Además, con tus ojos errantes y tu polla dura perpetuamente, serás un

terrible esposo.

Auch. No soy tan malo, ¿o sí?

Él me está dando una conferencia sobre algo, pero en todo en lo que me puedo

concentrar es en las tumultuosas olas y en los incómodos sentimientos agitándose

dentro de mí.

—Ah, una cosa más —digo volviéndome hacia él—. Tengo que embarazarla.

Sterling escupe su bebida.

Traducido por Anna

Corregido por Mariela

Noah

Un mes antes

Apreté mis dientes y revisé mi Rolex por tercera vez. Toda esta cosa es una gran

pérdida de tiempo.

—¿Dónde está? —Le lanzo una mirada al padre de Olivia, Fred Cane, que está

sentado a la cabeza de la gran mesa en la sala conferencias.

—Ella estará aquí —me asegura. Luego, en voz baja, añade—: Tiene que hacerlo.

Mi sentimientos exactamente.

Esta reunión es un último y desesperado esfuerzo por tratar de convencer a Olivia

de firmar el contratado. Pero me preocupa que hoy sea sólo una repetición de la

semana pasada. Ella se negó por completo a firma cualquier cosa que nos pusiera a

ambos en la misma frase, y dijo demonios, no.

En realidad, puede que lo haya dicho con más gusto. Creo que incluso hubo una J

bomba involucrada.
Pero necesitamos casarnos antes de que la propiedad de Empresas Tate & Cane

pueda transferirse a nosotros. Y con la fecha límite de la junta directiva


acercándose,

tenemos que hacerlo para ayer. No voy a perder la compañía de 100 billones de

dólares que mi padre construyó porque la reina de hielo no quiere jugar a ser

agradable.

Tengo un ingreso de seis gordas cifras, disfruto de las mejores indulgencias que el

dinero puede comprar, y sé malditamente bien que vivo una buena vida. Sólo porque

no lo tome por sentado no quiere decir que no lo aproveche.

¿Primera clase gratis en todos los mejores hoteles? Absolutamente. ¿El champagne

más fino enviado a mi mesa, cortesía del sommelier? ¿Por qué no? ¿La guardavidas en

nuestro club de campo dejándome inclinarla en los vestuarios todo el verano?


Seguro.

¿La bonita anfitriona rubia en La Chample que quiere darme una mamada en el baño

antes de mi cena de negocios? Demonios, sí. Ser rico y atractivo tiene sus
ventajas.

Pero si Olivia no aparece hoy, y si no aceptamos los términos de este contrato, mi

estándar de riqueza sufrirá inmensamente. Como lo harán los trabajos y vidas de


seis

mil empleados de Tate & Cane, incluyendo una de mis personas favoritas en el

planeta, Rosita Hernández. Ella es una madre soltera de seis niños. Y si este trato
va

mal, sólo puedo imaginar qué le pasaría a alguien como Rosita. Cristo,
probablemente

terminaría mudándola a ella y a sus hijos a mi penthouse. Lo cual obviamente


pondría

un gran calambre en las ya mencionadas mamadas y champagne que regularmente

disfruto.

Me estremezco ante el pensamiento.

—Sé que es poco convencional, que el contrato es… —Fred hace una pausa y

frunce el ceño. Tamborilea sus dedos en la mesa, pareciendo avergonzado.


¿Poco convencional? Por decir lo menos jodido. Si la situación no fuera tan
tétrica,

podría reír.

Él y mi padre elaboraron su última voluntad el año pasado, describieron lo que le

pasaría a su bebé multimillonaria si ellos debieran estirar a pata. La enorme pila


de

papeles frente a mí detallaba en toda la jerga legal como Olivia y yo heredaremos


la

propiedad de la empresa como co-propietarios en un cincuenta-cincuenta… pero sólo

si estamos legalmente casados.

Con la salud de Fred decayendo y la compañía por si misma sufriendo seis

trimestres en rojo, una reunión de emergencia fue convocada la semana pasada. A

Olivia y mí se nos fueron presentadas nuestras opciones.

Desde mi punto de vista, no había opciones. Allí estaba lo correcto. Teníamos que

casarnos para salvar no sólo nuestros propios trabajos, sino el legado de nuestros

padres y los trabajos de seis mil personas en las oficinas de Manhattan, Chicago,
San

Diego y Bruselas.

Olivia se sintió diferente. A ella no le encantó la idea de estar atada a mí, e


insistió

que tenía que haber otra manera.

Incluso si nos las arreglábamos para persuadirla de atar el nudo, no había forma de

que Olivia estuviera en algún lugar cerca de mi cama. Maldita vergüenza.

Fuimos cercanos una vez… sólo una vez. Antes, cuando ella era una universitaria

borracha en las vacaciones de primavera.

Su familia se estaba quedando con la mía en la casa de playa en Puget Sound. Nos

habíamos escapado de la Costa Este al Oeste ese verano. Observamos ballenas,

caminamos con el aire salado del mar y pasamos las noches comiendo langosta y

bebiendo chardonnay como si fuésemos adultos reales y no chicos de diecinueve con

anhelo en nuestra mirada.


Ella se escabulló de la litera en la habitación que estaba compartiendo con su

hermana, Rachel, y entró en mi dormitorio esa noche. Y cuando se arrastró a mi lado

y puso la cálida palma de su mano contra mi pecho desnudo, estuve acabado. Siempre

había querido a Olivia. Siempre la deseé, desde incluso antes de que supiera que
esos

extraños sentimientos estaban en mis entrañas, en mi pecho. Nos besamos en la

oscuridad, nuestras lenguas explorando, las manos probando, corazones latiendo

salvajemente.

Pero entonces la realidad se estrelló en mi interior. Hubieron un montón de

razones por las que le dije que no esa noche. Su mamá había sido recientemente

diagnosticada con cáncer, y sabía que Olivia se arrepentiría de usarme para hacerle

frente. Además, sabía por un reciente juego de Verdad o Reto que ella aún era
virgen.

Así que la besé una última vez y luego la envié lejos. Fue la cosa más dura que he

hecho jamás.

Y ahora ella me trata como si fuera un pedazo de chicle pegado en la suela de sus

tacones Louboutin favoritos.

—Realmente creo que esto es lo mejor —añade Fred, halándome de vuelta al

presente.

—Es lo que tu padre quería, Noah —dice Prescott. Antes de la muerte de mi

padre, Prescott fue su más confiable concejero. También es un total y jodido


imbécil.

Justo en ese momento, la puerta de la sala de conferencias se abre, y sé que es


ella

incluso antes de levantar la mirada del contrato.

Un fresco aroma florar con claras notas de madreselva me saluda. No tengo idea

de donde consigue Olivia esa mierda, pero hace que mi boca se vuelva agua. Siempre

lo ha hecho. Una vez pasé todo un sábado en el mostrador de fragancias de una


tienda

departamental tratando de averiguarlo, tratando de probar que era sólo alguna


manufacturada versión de la atracción, que no era nada especial en ella. Nunca la

encontré.

—Estoy aquí —dice Olivia, ligeramente sin aliento.

Levanto la mirada justo a tiempo para ser recompensado con la vista de ella

suavizando su blusa de vestir sobre sus curvas. Pechos exuberantes y un estómago

plano que lleva a caderas llenas. Su chaqueta está colgando sobre su brazo, como lo

está su portafolio de cuero marrón, con el monograma de sus iniciales en costura


negra

cursiva.

—Señorita Cane —digo alegremente—. Luce excepcionalmente refrescada esta

mañana.

A ella le gusta hacer ejercicio en la mañana antes del trabajo, dice que le da la

agilidad mental que la mantiene concentrada en los negocios por las dieciséis horas

que sabe que atravesará. Me gusta que eso le dé a sus mejillas un resplandor rosa…

muy parecido a lo que supongo que el sexo haría. Sólo el pensamiento hace que mi

polla se sacuda en mis pantalones de vestir.

—Ahórratelo, Noah. Esto es puramente negocios —dice ella, parpadeando hacia

mí con esas exuberantes y oscuras pestañas.

Sin sonrisa. Sin risa. El opuesto de la usual reacción que evoco en el sexo
opuesto.

Y eso saca la mierda en mí.

Es como si sólo Olivia Cane poseyera un antídoto para mi encanto. Y eso sólo me

hace desear verla rendirse ante mí mucho más. La idea de ella sobre su rodillas,
con

sus labios rosados abiertos, tomando mi pene profundamente en su garganta, pidiendo

más incluso mientras se atraganta con mi impresionante miembro, es más que sólo

calentura sexual. Es prácticamente una meta de vida. Para mí, el sexo es un deporte

competitivo. Conozco las reglas, juego duro, y siempre gano.

Me doy cuenta que todos están aún viéndome, tomo una profunda respiración,

tratando de forzar a mi polla a que se comporte, y levanto mis manos. Ella nunca
toma
ni una onza de mi mierda, y la respeto como el infierno por eso.

—Sólo estoy tratando de hacer lo que es mejor aquí.

Ella deja salir un suave suspiro de exasperación y coloca su bolso en la mesa. —

Vamos a proseguir con esto.

Su padre le da unas palmaditas al dorso de su mano. —Siéntate, cariño.

Ella obedece, serenada incluso en derrota, baja hasta el asiento con la confianza

que fue inculcada en ella desde su nacimiento. Preston desliza una copia del
contrato

hacia ella, y lo ojea con desinterés.

—Sólo no veo por qué tiene que haber una cláusula de matrimonio en el

testamento.

La mujer tiene un punto. ¿Mi suposición? Porque nuestros padres siempre han

querido jugar a casamenteros cuando se trata de nosotros. Nos han emparejado juntos

desde que estamos en pañales. Demonios, inclusos tenemos una vieja foto de nosotros

con toda la ropa de boda en una boda falsa de hace algunos veinte años.

—Te he explicado esto, cariño. Es la única forma en que mantendremos la

compañía en la familia. Pensé que eso era lo que querías… Una oportunidad para

dirigir este lugar algún día.

—Lo quiero, papá —dice ella suavemente. Luego su mirada se levanta hasta la

mía—. Sólo que no creí que sería forzada a algo como esto.

—Nadie te está forzando —digo, mantengo mi tono ligero mientras entrelazo mis

dedos detrás de mi cabeza—. La decisión es tuya, Olivia. Ya te lo dije, estoy en el

juego.

Ella muerde la uña barnizada de color rojo de su pulgar por sólo un segundo antes

de doblar sus manos en su regazo y dispararme una mirada de hielo. —Soy bastante

consiente de tu posición.

Demonios, al menos está dispuesta a escucharnos de nuevo. Sé que en el fondo

ella entiende la racionalización de nuestros padres. Somos fuertes juntos. Nuestras


familias juntas construyeron esta compañía. Ninguno de nosotros puede darse el lujo

de construir otra, así que necesita permanecer junta en un cincuenta-cincuenta


dentro

de la familia. Por ahora.

Pero para mí, se trata de más que sólo dinero. Olivia y yo crecimos juntos;

nuestros padres siempre nos imaginaron terminando juntos. Siempre supe que ella

estaría en algún lugar de mi futuro, incluso si era sólo trabajando lado a lado,
con ella

reventando mis bolas en cada oportunidad que tuviera. Fue algo que esperaba.

Fred continuó—: La confianza y la lealtad son la cosa más importante en los

negocios. No podemos meternos en la cama con alguien que no conocemos. Tenemos

que mantener todo esto en esta habitación. Sólo entre familia.

Olivia suspira, dándole una mirada escéptica. —Pensaré en ello.

Al menos no está diciendo no de plano esta vez, aunque su tono todavía era

amargo.

Prescott deja salir un resoplido de molestia. —Nos reuniremos nuevamente el

jueves.

Ella mete el contrato en su portafolio y se levanta de la mesa, aparentemente con

prisa por escapar. —Hasta entonces.

—Gracias por mantener una mente abierta —dice su padre—. Estas cosas tienen

una manera de funcionar por sí mismas en formas que no puedes anticipar.

Acepto la sacudida de mano de Fred y Prescott en despedida. Cuando Olivia se da

vuelta, ella extiende su mano hacia mí, claramente queriendo acabar con esto… y

tengo un destello de inspiración malvada. Tal vez debería sacudir las cosas. Probar

cuan gruesa es su coraza de hielo realmente.

Sosteniendo su mirada, levanto su mano hasta mi boca y la beso. —Un placer

hacer negocios contigo… Señora Tate —bromeo con una voz ronca, dejando que mis

labios acaricien sus nudillos.

Sus ojos se ensanchan y toma una bocanada de aire. ¿Es mi imaginación, o hice
que sus mejillas se vieran un poco más sonrosadas que antes? Pero antes de que
pueda

estar seguro, su expresión se endurece con una expresión de muerte.

Arrebatando de vuelta su mano, bruscamente dice—: No te adelantes. No he

aceptado casarme contigo todavía, e incluso si lo hago, nunca voy a tomar tu


apellido.

Y luego se va, dejándome de pie allí con una estúpida sonrisa en mi rostro.

—He visto esa mirada antes —dice Fred con una pequeña sonrisa—. Estás en

problemas, hijo.

Me rio de su advertencia. No hay forma de que Olivia Cane pueda tenerme

envuelto alrededor de su dedo.

Sin embargo su dulzura única perdura en mis fosas nasales. Ella debe haber

retocado ese intoxicante aroma en sus muñecas, tan cerca de mi nariz cuando besé su

mano. Todavía puedo sentir su suave y lisa piel en mis labios. Una intimidad tan

pequeña, apenas rozándola mientras hablaba, no debería haber extendido ese

cosquilleo sobre mí. Pero no puedo negar que esta habitación se ha vuelto un par de

grados más caliente.

Esto va a ser interesante. Diablos, podría incluso ser divertido.

Traducido por Dee y Anna

Corregido por Xei07

Olivia

Camryn casi derrama su mojito de pera y jadea. —¿Tienes que hacer qué? ¿Con

quién?

Asintiendo gravemente, tomo un fortificante trago de sangría. Sólo explicar toda

esta horrorosa situación me hace sentir que me estoy volviendo loca.

Estamos comiendo el almuerzo en una mesa para dos en Banderilla, nuestro bar
favorito de tapas en todo Manhattan. Este restaurante ha sido nuestro lugar

frecuentado desde que éramos compañeras en la universidad.

Hemos hablado sobre un sinnúmero de decisiones aquí. Si debería romper con mi

primer novio de mierda (lo hice), si Camryn debería dar su virginidad anal a su
novio

aspirante a músico (lo hizo), si deberíamos conseguir tatuajes iguales de amistad


(me

acobardé), si ella debía aceptar la oferta de trabajo de Tate & Cane después de las

prácticas en que la metí (lo hizo).

Pero esta decisión es probablemente la más grande de mi vida. Necesito el consejo

de la cabeza fría de mi mejor amiga ahora más que nunca.

Camryn da un suspiro simpático. —Jesús. Sabía que la compañía no estaba yendo

muy bien, pero no tenía ni idea de la cantidad de problemas en los que estábamos.

—Sí, resulta que deberíamos haber invertido más en redes sociales.

Al igual que todas las otras grandes empresas de mercadotecnia. Papá se había
apegado a

las viejas estrategias y ahora los clientes pensaban que éramos un dinosaurio.

—Entonces, ¿qué crees que debo hacer con este contrato? —le pregunto de nuevo.

Trato de no parecer impaciente, pero mi cabeza ha estado dando vueltas desde que

papá anunció su retiro, y descubrí exactamente lo que había que hacer para ocupar
su

lugar.

—Quiero estar segura que entiendo. Es necesario para heredar y arreglar T & C, o

de lo contrario la junta la venderá. Antes del siguiente trimestre financiero.

—Sí.

—Pero la voluntad de Bill Tate dice que no puedes heredar hasta que te cases con

su hijo.

—Uh-huh.

Ella chupa sus dientes. —Así que... por el pasillo en cuestión de días, ¿eh? Suena

como que la junta es la espada y la voluntad de Tate la pared.


—Exactamente. —Aunque es el lugar duro de Noah de lo que realmente necesito

preocuparme en este momento—. Y entre las dos, mi vida personal está a punto de

volverse polvo.

—No sabía que tenías una vida personal. —Ella levanta una mano ante mi

exasperada mirada—. Es broma, es broma. Lo siento.

—No, tienes razón. En realidad no la tengo. —Suspiré pesadamente—. Pero,

maldita sea, ¿por qué debería renunciar a lo poco que tengo? No es justo. Al final
de

un largo día de trabajo, quiero volver a casa a mi propio espacio por un poco de
paz y

tranquilidad.

Por no hablar del vino. Y el helado. Y ahogar el silencio con televisión cutre, así

no puedo pensar en lo sola que estoy.

—No podría soportar tener a ese idiota en la cara las 24 horas del día, los 7 días
de

la semana. Lo aguantaría todo el día en el trabajo, y luego tendría que ver sus

calcetines sucios por todas partes. — Joder no.

—¿Quién dice que tienen que compartir su espacio?

Resoplo cuando levanto un bocado de papas bravas a mi boca. —¿Esposo y esposa

que no viven juntos? Sí, eso luciría muy bien para la publicidad. —Una de las
muchas

razones por que papá nunca me deja escuchar el final de ello.

Camryn se encoge de hombros, con las palmas arriba. —Mi punto de vista es, que

no necesariamente tienes que perder toda tu vida.

—Sólo las partes con independencia y privacidad.

—Vamos, trata de pensar en la situación como cualquier otra decisión de

negocios. Este matrimonio es sólo un trozo de papel. Después de que tú y Noah


lidien

con el panorama general, pueden negociar los detalles como adultos y encontrar algo

con lo que ambos puedan vivir. Ustedes dos están en la misma página aquí, haciendo
un enorme sacrificio personal para salvar a su empresa.

—No estoy tan segura de eso. Noah parece mucho más cómodo con la idea que

yo. Estuvo a bordo desde el principio.

Froto mi mano donde él la besó, pensando en la ronca forma en que murmuró

señora Tate. Su idea del matrimonio claramente no es muy santa.

Camryn levanta una ceja perfectamente depilada. —¿Ah? ¿Crees que le gusta la

idea de compartir una cama contigo?

—Creo que le gusta compartir la cama con cualquier cosa que tenga pulso.

Aunque sus costumbres de mujeriego hacen parecer aún más extraño que él esté

tan ansioso de atarse. Uh, eso fue una mala elección de palabras. Pero ¿quién puede
decir

que no va a seguir acostándose con cualquiera?

Como dijo Camryn, este matrimonio es estrictamente de negocios. Una mera

formalidad legal. Y Noah probablemente explotaría si estuviera más de una semana

sin sexo.

Puede que sea la hija del jefe, pero todavía escucho mi parte justa de los chismes

de oficina. Noah atrapó a seis internas el verano pasado. También se ha acostado


con

varias secretarias a lo largo de los años, y todo el mundo se hizo de la vista


gorda. Los

chicos serán chicos…

Bueno, el recreo ha terminado. Si él espera cambiar esta empresa, estamos listos

para este trabajo.

—Pero, ¿cómo te sientes tú acerca de todo esto? Noah Tate es jodidamente

caliente.

—Camryn —gimo.

—¿Qué? Tengo globos oculares funcionales. Su atractivo es un hecho objetivo. Al

igual que el Papa siendo católico y los carbohidratos haciéndote engordar. Él

simplemente lo es. ¿Sería realmente tan malo verlo desnudo? —Su sonrisa maliciosa
dice que está sugiriendo mucho más que ver—. Mientras estamos sopesando los pros y

los contras aquí…

Hago una pausa para considerar la imagen, a continuación, a regañadientes

admito—: No.

De hecho, probablemente sea jodidamente fantástico. Ya he recibido un adelanto

de su cuerpo tonificado, pecho firme, y abdominales. Siempre que nuestras familias

veraneaban juntas en los Hamptons, tomaba cada oportunidad para pavonearse sin

camisa. Maldición, cuando tenía diecinueve años, estuve a punto de follar con él.
Pero

yo era joven y estúpida y estaba caliente en aquel entonces. Ahora soy más vieja,
más

sabia... y sigo increíblemente caliente. Maldición.

Es ridícula la facilidad con la que Noah llama mi atención. Cualquier cosa que

haga, incluso la más pequeña puede dejarme aturdida. Como en el cierre de nuestra

reunión de negocios de ayer. Tan cortés, el más brusco adiós posible, le tendí la
mano,

sólo para que Noah se inclinara ligeramente y la llevara a su boca para un beso.

—Un placer hacer negocios con usted… señora Tate —bromeó él con voz ronca.

Mi boca se secó y mi estómago se agitó. O tal vez esa agitación fue en alguna zona

un poco al sur de mi estómago. De repente recordé exactamente cuántos años, meses,

días y horas habían sido desde la última vez que había echado un polvo.

Traté de recuperarme. ¿Quién demonios se creía que era? Estábamos de pie en un

rascacielos de la Avenida Madison, no un castillo del siglo XVI. Este era un

comportamiento descabelladamente inadecuado en el lugar de trabajo. Podría darle

una palmada en su culo apretado con una demanda por acoso si quisiera. En cambio,

sólo le di al bastardo arrogante una mirada de muerte y la réplica más glacial que
pude

pensar.

Pero era demasiado tarde. No hubo rechazo en la reacción de mi cuerpo. El

escalofrío al rojo vivo que había corrido por la espalda cuando sus labios suaves y

llenos tocaron mis nudillos, rozando mi piel mientras hablaba.


Incluso ahora, me encuentro repitiendo la imagen de Noah Tate mirándome con

una sonrisa pecaminosa, sus oscuros ojos iluminados…

Alejo el caliente recuerdo. ¿Y qué si Noah sabe cómo coquetear como el descarado

prostituto que es? Conversar es todo para lo que es bueno. Y los hombres guapos los

hay a montones, especialmente en Nueva York. Maldición, un vibrador de cincuenta

dólares podría hacer su trabajo, y yo no tendría que escuchar su mierda. No me


rompí

el culo en la escuela de negocios sólo para convertirme en la pequeña mujer de


Noah.

Por otra parte, tampoco me rompí el culo para ver la empresa de mi padre irse por

el desagüe.

Mis pensamientos me ponen sobria, enfriando mi enojo con melancolía. Pasé mi

infancia en la oficina de mi padre, jugando a sus pies mientras él dirigía una nave

financiera de miles de personas. Todos los niños ven a sus padres como dioses, y yo
no

era una excepción. Incluso desde que tomé mi lugar como su mano derecha, con mi

propia voz en el negocio familiar, todavía lo respeto más que a cualquier otro
hombre.

Y luego los diagnósticos de cáncer. Diagnósticos, en plural. Primero mi mamá en

mi primer año de universidad, luego papá apenas el año pasado.

Pero a pesar de que tuve un asiento en primera fila a la mortalidad de mi madre, lo

de papá aún me tiene conmocionada. Él es tan sabio y orgulloso como siempre, y lo

afronta con valentía por el resto de nosotros, pero puedo decir que el cáncer está

trabajando. He sido su hija por veintiséis años; sé en dónde mirar. En esos


pequeños

momentos, como cuando sus manos se sacuden cuando hablamos del futuro, o cuando

pone esa mirada lejana en sus ojos.

Papá tiene tan poco tiempo. Todavía es difícil recordar eso a veces. Muy pronto,

Rachel y yo seremos la única familia que le queda a la otra. Y estoy segura como el

infierno de que mi hermanita no dirigirá Tate & Cane Enterprises. Ella nunca ha
estado interesada en el mundo de los negocios; ama la moda, no las finanzas. Aunque

tal vez debería pedirle asesoramiento en diseño gráfico, para renovar nuestro
estilo en

la campaña de mercadotecnia…

Frunzo el ceño a mi sangría. Maldición, estoy pensando como si Tate & Cane ya

fuera mía. Como si inconscientemente hubiera tomado mis responsabilidades por

concedidas.

Bueno, ¿por qué no debería? Papá siempre dijo que su puesto sería mío algún día.

Esta compañía es mi derecho de nacimiento. Es el legado de papá, el fruto de toda


su

sangre, sudor y lágrimas. Él no debería pasar sus últimos días preocupándose por
qué

le pasaría a ella. Y pronto, esta compañía será todo lo que quede de él. Asumiendo
que

realmente me las arregle para mantener en pie la maldita cosa.

Dejando los sentimientos personales de lado, T & C también emplea a más de seis

mil personas. Seis mil vidas que quedarán de cabezas si nuestros rivales toman el

control.

Mierda. No puedo creer que esté siquiera considerando este ridículo contrato.

Pero mi carrera es todo para mí. Siempre lo ha sido. Mientras que otras chicas

disfrutaban una vida social normal, yo estudiaba por horas cada noche. Mientras que

ellas escogían vestidos para el regreso a clases y escondían bebidas del gabinete
de licor

de sus padres, yo hice pasantías. Mientras que ellas corrían a las hermandades, yo
fui

co-presidenta del Club de Empresarias de mi universidad. Aprobé todas y cada una de

mis clases de licenciatura y MBA1. Sin salir de fiesta y apenas algunas citas.
Nunca me

valí de la reputación de mi padre; cuando fui lo suficientemente mayor para


entender

que una gran responsabilidad esperaba en mi futuro, quise estar preparada para
ello.
Bueno, estoy lista ahora. He trabajado duro toda mi vida, y me he ganado el

derecho a probarlo mientras dirijo Tate & Cane. Estoy segura de que puedo llenar
los

zapatos de papá.

No puedo decepcionarlo. No puedo decepcionar a mi yo más joven. Esta

compañía es mía; el pensamiento de perderla por un rival es incluso peor que la


idea de

Noah haciendo comentarios sugestivos hacia mí el resto de mi vida.

Esta compañía no puede deslizarse entre mis dedos, no lo permitiré, incluso si eso

significa que tengo que colaborar con Noah. No sólo colaborar, sino querido Dios,

casarme con el hijo de puta. Nuestros padres debieron haber quedado temporalmente

locos cuando escribieron sus testamentos. Sin embargo, ellos siempre tuvieron raras
y

anticuadas ideas sobre las citas y el cortejo.

Pero ninguna situación es imposible. Si puedo calmarme y pensar con claridad,

una solución óptima surgirá. Cualquier objetivo aparentemente imposible puede ser

manejado dividiéndolo en elementos viables del tamaño de un bocado.

Respiro profundamente para calmarme e intentar permitirle a mi entrenamiento

tomar el control.

Camryn ha destacado dos puntos importantes. El primero, ambos, Noah y yo,

queremos salvar Tate & Cane Enterprises. Esta compañía es nuestro derecho de

nacimiento, el legado de nuestros padres, y los empleados son nuestra


responsabilidad.

1 MBA: Se refiere a Master in Business Administration (Maestría en Administración


de Negocios).

Y segundo, este matrimonio es sólo otra forma de asociación legal. Lo cual


significa

que es un contrato abierto a negociación.

Sí, es una mierda real que no vaya a casarme por amor. Mi lado romántico se

hunde con la idea. Pero trato de poner a un lado mi parte emocional tanto como
puedo. No todos los matrimonios tienen que ser como los romances de Hollywood

después de todo. Noah y yo no necesitamos enamorarnos para co-dirigir exitosamente

una compañía.

Lo pregunta de los 100 billones aquí es: ¿Cuán bien trabajaríamos juntos?

¿Podemos siquiera llevarnos bien? ¿Nuestra asociación será estable y productiva? ¿O


se

desplomará… llevándose a Tate & Cane abajo con nosotros?

Esta decisión no descansa enteramente sobre mis hombros. Nuestros padres

siempre han dicho que somos más fuertes juntos, lo cual es el porque nos
emparejaron

en primer lugar. Así que Noah debe cargar con algo pesado también. De hecho, puedo

argumentar que es su trabajo convencerme, puesto que él ya está abordo.

Entonces, le permito hacer su oferta de venta. Lo dejo probarse a sí mismo. Lo

dejo demostrar cómo y por qué esta relación realmente podría tener éxito. Haré mi

parte también… trataré de mantener la buena fe y permanecer receptiva a la idea de

nosotros volviéndonos amigos. Pero no soy del tipo que se compromete con algo a

menos que sepa que puedo atravesarlo. Si voy a casarme con Noah, entonces por Dios,

quiero ganar en ello.

El final de mi debate interno debe mostrarse en mi rostro, porque Camryn se estira

a través de la mesa y aprieta mi mano.

—Voy a pedirnos postre.

—Te quiero —digo con un suspiro. Incluso con mi recién encontrada

determinación, necesitaré verdaderamente algo de chocolate para atravesar esto.

—Por si sirve de algo, creo que eres muy valiente.

Fuerzo una sonrisa. —Gracias.

Refunfuñando para mí misma, saco mi teléfono de la cartera y llamo a papá para

programar otra reunión con Noah y Prescott. Tengo que darles mi respuesta tan
pronto

como sea posible.

***
Más tarde, casi al cierre de la jornada de negocios, abro la puerta de la misma
sala

de conferencias en la que entré ayer. Nadie se gira en respuesta; los tres hombres

sentados en la mesa levantan la mirada con el sonido de mis pasos en el pasillo.

La sonrisa torcida de Noah es un poco demasiado presumida. ¿Qué fue eso que dijiste

antes? ¿Algo sobre no casarte conmigo? Parece regodearse. ¿A qué te sabe ese pay de

humillación?

Un músculo se tensa en mi mandíbula. Él ni siquiera ha dicho una palabra y ya

estoy irritada por completo de nuevo. Maldita sea, es tan molestamente atractivo,
con

su traje gris carbón, crujiente camisa blanca, y corbata color vino, todo
expertamente

adaptado a medida a su metro ochenta y cinco, y el hecho de que puede meterse bajo

mi piel tan fácilmente me molesta incluso más.

Su actitud entera grita confianza. Desde sus profundos e inquisitivos ojos que ven

demasiado, a sus fuertes manos con cuidadosamente recortadas uñas, hasta la gruesa

columna de su garganta que me mueve cuando me sonríe. Es la cosa de la que mis

fantasías adolecentes estaban hechas. Aroma a madera masculino… Una estructura

musculosa aunque elegante… Un rápido ingenio que siempre encuentra la forma de

adentrarme en un debate.

Ignorando los latidos de mi corazón, obligo a mis ojos a alejarse de Noah y

dirigirse a la habitación.

—Gracias a todos por reunirse en tan poco tiempo. Tengo una propuesta que

hacer.

—Pensé que ese era mi trabajo —interrumpe Noah.

Deliberadamente ignorando su broma, explico—: Firmaré el contrato de herencia

al final del mes…

Todos parpadean hacia mí. Papá y Prescott parecen gratamente sorprendidos. La

molesta sonrisa de Noah se ha ido, remplazada con un ligero ceño fruncido.


—Pero sólo —continuo—, si Noah puede mostrarme que una relación entre

nosotros puede funcionar. Después de todo, el destino de Tate & Cane reside en

nuestra habilidad de cooperar como socios de negocios y conyugues.

—¿Un periodo de prueba? —pregunta papá.

—Puedes describirlo así. También creo que lograr conocernos mejor el uno al otro

ayudará a la imagen pública de la compañía. Necesitamos hacer nuestra relación

creíble, se verá extraño si nadie nunca nos vio juntos antes de casarnos.

También es una oportunidad de probar el agua con mis dedos antes de sumergirme

en la parte profunda. Un intento por inyectar un poco de normalidad en una


situación

completamente anormal.

Pero no digo eso en voz alta. No quiero admitir justo ahora que el matrimonio aún

me asusta un poco. No con Noah parpadeando curiosamente hacia mí, y Prescott

pareciendo frustrado ante la posibilidad de aun más retrasos.

Noah finalmente habla. —Así que, básicamente, estás pidiéndome que te invite a

salir.

Asiento. —Sí, esa es la idea. Al menos invítame a salir para tomar una bebida

antes de considerar tomar tu apellido. —Miro directamente hacia él, esperando ver
su

reacción antes de golpearlo con mi siguiente clausula—. Oh, y otra cosa. Abstenerse
de

tener sexo… con alguien más.

Traducido por Rosewin

Corregido por Xei07

Noah

¿Ella quiere que yo la corteje?

De todos los escenarios que imaginé, desde el más probable, donde Olivia
rasga el contrato, al más loco, en que de hecho lo firma, este no era uno de ellos.

Ella ha establecido sus propias estipulaciones, asegurando que voy a tener que

trabajar para conquistarla. Aunque probablemente debería haber esperado una

curva. Esta es Olivia Cane, después de todo.

—Si no hay más preguntas, debería volver a trabajar —dice Olivia. Cuando

nadie responde, se gira y sale de la sala de conferencias, su redondo culo

balanceándose mientras sus tacones suenan sobre el suelo. La puerta se cerró.

—Eso fue interesante —digo en voz baja.

Fred se detiene a mi lado mientras estoy de pie, tratando de procesar lo que

acaba de ocurrir. —Parece que el balón está en tu cancha, hijo. Pero no te

preocupes. Sé que puedes sacar esto adelante.

—Gracias. —Asiento con la cabeza, y luego voy hacia su oficina. Ella no va a

dejar caer una bomba así y luego retirarse.

Está adentro, en su silla de cuero color crema, sus tacones de aguja

asomándose debajo de su escritorio. Sus uñas están pintadas de color azul claro, y

ella está moviendo su pie al ritmo de una melodía cualquiera que está tarareando.

Algo en la pantalla de su ordenador tiene su completa atención.

Sorprendida al oír el sonido de la puerta abriéndose, mira hacia arriba, sus

grandes ojos azules cristalinos encuentran con los míos. —¿Necesitas algo? Tengo

trabajo que hacer.

Ella mencionó que tomáramos una copa. Lo cual es perfecto, teniendo en

cuenta que necesito demostrarle el grado de compatibilidad que podemos tener.

Pero primero, necesito que ella vea algo. Esto no es sólo un juego; necesito que

entienda exactamente lo que está en juego si no tenemos éxito.

—Ven conmigo. Hay algo que necesito mostrarte.

Tiro de ella levantándola de la silla de su escritorio, permitiéndole un

momento para deslizar sus delicados pies de nuevo en sus tacones, entonces la
saco de la oficina antes de que pueda discutir.

—¿A dónde me llevas?

Yo gruño y murmuro—: Ya lo verás.

—No seas como un cavernícola, utiliza tus palabras.

—Vamos a la sala de correo.

Ella se burla. —¿Para qué diantres?

No contesto, simplemente aprieto el botón del ascensor. Vamos hasta el piso

del sótano en el edificio con un extraño silencio sobre nosotros. Cuando las

puertas se abren al sótano, tomo una respiración profunda.

—Ahh… ¿hueles eso? —Le sonrío.

Su boca se frunce en una mueca. —¿Moho? —Su mirada mordaz va por todo

el gran espacio abierto con cajas apiladas—. El departamento de salud tendría un

día de campo aquí abajo.

Este es mi lugar favorito en todo el edificio, así que no tomo con amabilidad

que Olivia tenga su nariz en él. —No seas tan cascarrabias. Vamos.

Entrelazo mis dedos con los suyos una vez más y tiro de ella más lejos por el

pasillo iluminado con luces fluorescentes. Cuando llegamos a la sala de correo, me

pregunto por un momento si Rosita estará en su descanso.

—Ahora, ¿qué es lo que querías mostrarme? —Olivia levanta sus cejas y

coloca una mano en la cadera, obviamente, no impresionada.

Anchos estantes bordean las cuatro paredes. Están numerados con las

correspondientes plantas del edificio y tienen varios sobres y paquetes. No es una

operación de alta tecnología, pero hace el trabajo.

—No qué, sino quien. —Apunto mi barbilla hacia la latina tarareando

alegremente una melodía para sí misma. La espalda de Rosita esta hacia nosotros,

mientras ordena el correo al otro lado de la habitación.

—Rosita —digo en voz alta.

Ella gira alrededor, claramente no esperando a nadie, y su cabello cae hasta


los hombros. Una mirada de sorpresa se pintó en todos sus rasgos agradables,

especialmente sus grandes ojos de color marrón oscuro, y un toque de color rosa

viene a sus mejillas redondas.

Rosita emigró aquí desde México cuando tenía sólo dieciocho años, aprendió

por a sí misma inglés, y trabajó duro para mantener a su creciente familia. Ahora,

ella es una fuerza a tener en cuenta.

Una empresa de este tamaño por lo general cuenta con un personal de sala de

correo de tres o cuatro personas. Pero Rosita dijo que sólo se ponían en su camino,

así que ejecutó la operación ella misma. Tomó la propiedad tanto de la posición y

el espacio, y la hizo suya, incluso colgó carteles alegres en la pared. Uno de un

baile del mono. Otra de unas amapolas de color naranja brillante.

—¡Mi amor! 2 —grita, caminando hacia nosotros—. Abrazo. —Ella abre los

brazos a mí, esperando nuestro abrazo habitual.

—Gracias, mamacita —respondo, dándole un ligero apretón.

Es la misma forma en que me ha estado saludando durante los últimos seis

años. Sé cuatro grandísimas palabras en español, pero siempre las uso con ella.

Quiero que se sienta como en casa, supongo.

Coincidentemente, Rosita y yo empezamos a trabajar aquí en el mismo día.

Incluso asistimos a la orientación juntos. Yo era un recién graduado de la

universidad, sin experiencia, y Rosita, siendo quince años mayor que yo, era

2 Originalmente en español.

escéptica sobre el hijo del dueño. A diferencia de Olivia, no he trabajado aquí

desde que podía caminar. Tuve otros puestos de trabajo durante la universidad e

hice un punto de internar en otra firma para poder ver cómo funcionaba la

competencia.

Cuando la conocí, pensé que Rosita podría asumir que yo era un rico y
privilegiado mocoso, quien no tenía que ganar su sueldo. Eso me hizo aún más

decidido a demostrar que estaba equivocada. Y papá siempre fue grande en el

aprendizaje del oficio desde el principio, de todos modos. Así que para mis

primeras dos semanas en Tate & Cane, empecé a trabajar justo al lado de Rosita

en la sala de correo.

Fue durante ese tiempo que cimentamos nuestra relación. Hemos entregado

paquetes y notas uno al lado del otro, y compartimos chistes e historias. Pero

cuando me enamoré fue cuando ella compartió sus empanadas conmigo en el

almuerzo.

Los ojos de Rosita se ensanchan ligeramente a medida que oscilan de los míos

a los de Olivia. —Señorita Cane —dice ella, con voz suave y burlona. No todos los

días la hija del Director General se pasa por la sala de correo.

—Por favor, llámame Olivia —dice ella, corrigiéndole a Rosita con una

sonrisa destinada a relajar las cosas—. Encantada de conocerte.

Todo el mundo en la empresa sabe de Olivia, incluso si no la han conocido.

—¿Ustedes… necesitan algo? —Rosita mira entre Olivia y yo de nuevo.

Sacudo la cabeza. —No. Sólo vine a saludar.

La postura de Rosita se relaja y sonríe. —¿Recibiste mi invitación para la

fiesta de cumpleaños de María?

—Por supuesto. Dos semanas desde el sábado, ¿verdad? Ya está en mi

calendario.

—¿Ya has tenido el almuerzo? —Ella sonríe y extiende la mano para suavizar

una mano sobre mi corbata de seda—. Me preocupas, sabes.

Yo sonrío. —He comido. Gracias.

A veces, cuando estoy ocupado, es conocido que me salte el almuerzo, es

decir, hasta que Rosita entra en mi oficina con un bocadillo de la tienda de

comestibles de la calle. Es como si ella pudiera sentir cuando me he perdido una

comida. Muchas veces borra la línea entre el compañero de trabajo, amigo y


madre.

He traído a Olivia aquí hoy porque quiero que ella vea que hay más en esta

empresa de lo que dicen los números. Hay cosas que no se pueden aprender a

partir de una hoja de cálculo. La perspectiva que Olivia en su silla de oficina


todo

el día es muy diferente de la perspectiva que se obtiene en la planta baja de esta

operación.

Aquí de pie, mirando a los ricos ojos caoba de Rosita y sintiendo la calidez y

la atención que brota de su alma, es imposible que no seamos conscientes de la

importancia de nuestra responsabilidad. No podemos fallar en esto. Si fracasamos,

hundiremos a todas estas personas con nosotros.

Y yo, por mi parte, no permitiré que eso ocurra.

Después de intercambiar bromas, Olivia y yo nos dirigimos de nuevo hacia el

ascensor. —Es importante para ti, ¿verdad? —pregunta Olivia.

—Mucho.

Ella asiente, pareciendo contemplativa.

Compruebo mi reloj a medida que avanzamos adentro del ascensor y dejo

escapar un suspiro. Olivia se ve tan abrumada como yo me siento. Hemos estado

bajo una montaña de estrés últimamente, y tengo la sensación de que sólo va a

volverse más intenso.

—Hoy ha sido inesperado —digo—. Al igual que, después de semanas de

negociación, en realidad vas a considerar esto, ¿eh?

—Voy a hacer esto a mi manera, siempre y cuando esté lista, Noah. Considera

las próximas semanas un período de prueba.

—Eso va a ser fácil, cariño.

—Ah, no va a ser fácil —dice ella, corrigiéndome—. Y no me llames cariño.

—¿Está segura de eso, señora Tate?

—Te dije que no me llames así, tampoco.


—Lo sé. Me dijiste que te llevara a tomar una copa antes de que consideres

tomar mi nombre. —Le sonrío—. Lo que creo que es una excelente jodida idea.

Brillante, de hecho.

Recibo mi primera sonrisa y siento como golpea mi pecho. Aunque tengo un

escritorio lleno de trabajo por hacer, la idea de sentarme frente a Olivia y

escucharla hablarme de este supuesto período de prueba suena mucho más

divertido. Hora de presionar un poco más fuerte.

—A las cinco en algún lugar, ya sabes.

—Tenemos mucho que hacer. Creo que podríamos usar un cóctel —dice ella,

sorprendiéndome que en realidad estuviera de acuerdo.

—¿Te veo en el vestíbulo en quince? —Sé que nunca estará de acuerdo en

dejar sin concluir el último de sus correos electrónicos.

—Por supuesto.

Entonces miro su culo mientras se aleja hacia su oficina.

* * *

Una vez que estamos sentados en el elegante Stanton Room, un elegante bar

al otro lado de la calle de nuestro edificio de oficinas, Olivia y yo hacemos


nuestro

pedido con la camarera, un vodka martini extra sucio para ella, y un whisky en las

rocas para mí.

—Extra sucio, ¿eh? —le guiño.

—¿Sorprendido? —Hay un atisbo de sonrisa en sus labios.

—¿Qué a la puritana Olivia Cane le guste extra sucio? Porque, sí, lo estoy.

—No pienses eso, Noah. No me gustaría ver que reventaras una neurona.

Frunzo el ceño hacia ella. Si hay una cosa que Olivia y yo hacemos bien, es

bromear. Y a pesar de que le gustaría creer lo contrario, la tensión sexual es

incontrolable justo debajo de la superficie.


Me inclino hacia ella, los codos sobre la mesa. —Así que, ¿cómo va todo este

trabajo, exactamente? ¿Tú y yo? A mí me gusta ser claro sobre las expectativas

para poder excederlas.

Su mirada es fría. No helada, al menos, pero todavía lejos de donde yo la

quiero. —Bueno, no he puesto mucho pensamiento en ello todavía, pero vas a

tener que ganarme. Muéstrame que esta cosa loca en realidad podría funcionar.

Si hay una cosa que sé sobre Olivia, es que ella se niega a fallar. Algo me dice

que con todo lo que está en juego, Olivia necesita saber que no voy a follar y

avergonzarla como esposo. Tenemos que trabajar juntos, vivir juntos y de hecho

sacar toda esta convivencia en pareja de una manera grande.

—Así que, ¿dijiste que quieres salir? No hago lo de las citas, Copo de Nieve.

—Conquistar no significa necesariamente tener citas.

Ella toma un sorbo de su copa de martini y pone abajo con una mirada

inquisitiva en sus delicadas facciones. Ella puede parecerse a su promedio, dulce

chica de al lado, pero en su centro, Olivia es una rompe bolas. Una triple amenaza

total. Atractiva, inteligente y talentosa. Lo cual es perfecto, ya que esas son las

cualidades que siempre soñé que mi futura esposa poseyera. Bueno, esas, junto

con un apretado…

Olivia se aclara la garganta, interrumpiendo el hilo de mis pensamientos.

Mierda.

—Conquistar significa que podemos estar en la misma habitación juntos sin

necesidad de sacarle la garganta al otro.

Asiento. —Está bien, seremos civilizados al respecto.

—Está bien —dice ella—. Y debemos averiguar qué demonios tenemos en

común.

Creo que ya sabemos lo que tenemos en común, a mi entender, se trata de una

larga lista. Pero voy a ir por cualquier definición que ella quiera. Voy a ganar,
no

importa lo que sea.

—En vista de que tenemos que montar un espectáculo, estoy de acuerdo.


Debería saber un poco acerca de mi futura prometida —digo—. Por ejemplo, su

posición sexual favorita…

Ella tose y escupe, asfixiándose con la aceituna de su bebida. Por un minuto,

creo que voy a tener que realizar la maniobra de Heimlich3, hasta que ella traga la

maldita cosa y me mira.

—¿Qué tiene eso que ver eso con algo? —gruñe, con la voz aún ronca.

Me río. —Establecerlo. Sólo quiero saber cómo complacer a mi futura esposa,

es todo.

—Tú puedes complacerme no cediendo a la presión y empezar a trabajar en la

oficina en lugar de tomar estos almuerzos de tres martinis a tu favor.

—¿Cariño? —Parpadeo hacia ella. Ya que más de una ex-novia me ha dicho

que mis pestañas son envidiables, estoy esperando que tenga el efecto exagerado

porque voy por ello—. Se suponía que íbamos a discutir lo que tenemos en común.

—Cierto. Bueno… —Ella comienza el listado de ítems en sus dedos—.

Veranear en los Hamptons. Trabajar en Tate & Cane, obviamente. Nuestras

familias son amigas.

—Ambos perdimos a nuestras madres —señalo.

Su mirada cae a la mesa frente a ella, pero yo no me siento mal. Es sólo un

hecho de la vida, uno que hemos discutido antes, y prefiero omitir la mierda

superficial y llegar a un nivel real.

—Sí. ¿Qué más? —Ella tamborilea sus dedos sobre la mesa.

—Yo, por mi parte, anal. ¿Tú?

Maldición. De nuevo con la asfixia. Me paro y golpeo la espalda de mi futura

prometida hasta que sus vías respiratorias se aclaran.

—¿Otra copa? —pregunto, notando que la suya está vacía ahora.

Ella se ve nerviosa, la bebió tan rápido… pero señalo a la camarera para otra

ronda.
3 La Maniobra de Heimlich, llamada Compresión abdominal es un procedimiento de
primeros auxilios

para desobstruir el conducto respiratorio, normalmente bloqueado por un trozo de


alimento o cualquier

otro objeto. Es una técnica efectiva para salvar vidas en caso de asfixia por
atragantamiento.

—Yo sé lo que estoy haciendo, Noah. Además, mi enfoque va a ser la

salvación de esta empresa, no pretendo ser la esposa feliz con mi esposo falso.

—Corrección. —Me inclino más cerca—. Pronto va ser el esposo real. Te

conquistaré, Copo de Nieve. Eso sucederá.

Traducido por Mariela

Corregido por Xei07

Olivia

Conquístame, dice Noah. Un esposo real.

No hay nada real en esto. Él puede llamarle a este período de prueba “tener citas”

si quiere, pero todo lo que busco es la malla de seguridad como Co-Director


General.

No hay necesidad de confundir este asunto con amor o sexo, sin importar cuan

peligrosamente atractivo sea. Sólo tengo preguntas que necesitan respuestas.

Por ejemplo, ¿qué fue lo que lo hizo llevarme hoy a la sala de correo? Él

prácticamente me arrastró escalera abajo. Cualquiera que sea su razón, él piensa


que es

importante. ¿Estaba tratando de darme una visión de la realidad recordándome que no

soy la única con problemas por aquí, así que debería aguantarme? ¿O simplemente

estaba tratando de mostrarme su confuso lado cálido?

Si este es el objetivo, que tipo de trabajado. Tengo que admitir que Rosita y Noah

actúan adorables juntos. Casi como madre e hijo. A la persona con la cara más seria
de
la tierra podrían hacerla sonreír con su afecto. Y no es que alguna vez haya
pensado

que Noah careciera de integridad o bondad, sólo los puntos más finos de

autodisciplina. Tengo un montón de pruebas para creer que acercarse a él no será


tan

malo.

Pero mientras puedo aventurar conjeturas durante todo el día, quiero escuchar la

explicación de Noah según sus propias palabras. Y estamos atrasados para un cambio

de tema de todos modos.

—¿Por qué me presentaste a Rosita? —pregunto.

—Para mostrarte lo que está en juego.

A pesar de la anticipación completamente, su tono “más santo que tú” todavía

hace que mis labios se curven. —Como si no tuviera ni idea de la gravedad de


nuestra

situación. Ese es todo el punto de estar haciendo este periodo de prueba, para ver
lo

bien que podemos jugar a este juego antes de comprometernos a seguir en el equipo.

Estoy haciendo mi mayor esfuerzo para llegar a ser amigos, así que…

Él inclina su cabeza con media sonrisa. —¿Sólo amigos? Tengo mis ojos puestos

en algo un poquito más alto.

Caramba, nunca me lo hubiera imaginado, que con sus constantes intentos de

desviar la conversación hacia el sexo.

Levanto una ceja con escepticismo. —Amistad es todo lo que necesitamos para

sacar esto adelante. Y estamos mucho menos que partir de cero… iba a llamarnos

conocidos, como mucho. ¿No te parece que estás siendo un poco demasiado

ambicioso?

—No —contesta, con una sonrisa arrogante todavía en su lugar.

Ruedo mis ojos. —Guau. Tu arrogancia realmente no tiene límites.

—Si puedo poner mi dinero donde pongo mi boca… —Su sonrisa lujuriosa deja
claro exactamente donde le gustaría poner su boca—. Entonces no es arrogancia. Sólo

confianza.

—¿Qué te hace pensar que me gustaría algo más contigo? No eres exactamente mi

tipo.

Esperaba que sólo me diera una mirada de complicidad, o tal vez me regresara una

insinuación leve. Lo que absolutamente no esperaba fue. —Porqué tengo un pene de

casi veintitrés centímetros.

Casi me ahogo con el martini por tercera vez. Balbuceo—: ¿Se supone que el

número debe impresionarme? —¿En serio espera que crea ese tipo de mierda de actor

porno?

—Es la verdad —ronronea, inclinándose un poco más cerca—. Y sé cómo usarlo.

Junto con mi lengua, mis manos… sólo hay que preguntarle a cualquier mujer con la

que he estado.

—Ahórrate el juego por juego. Has jodido a la mitad de la ciudad de Nueva York.

Estoy dispuesta a creer que has aprendido algo en el proceso.

—En primer lugar, no he follado a medio Nueva York. Lo creas o no, soy bastante

exigente. En segundo lugar, en vez de oídas, ¿por qué no lo ves por ti misma?

Le doy una mirada escéptica. —¿Quieres mostrarme tu pene?

—Sí, ayudará a convencerte. —Se toma las últimas gotas de su whisky y se

levanta—. Vamos.

Me le quedo mirando mientras camina lejos.

¿Es enserio? ¿Sólo va a sacarlo? Miro a mi alrededor para ver si alguien está

mirando, entonces me levanto y lo sigo por el pasillo posterior del bar, cerca de
los

baños, incapaz de comprender por qué demonios le estoy siguiendo la corriente. Esto
es

ridículo.

Una vez que estamos en una esquina privada, Noah desata su cinto, se abre la

bragueta… y saca una maldita manguera de bomberos.


Santa madre de Dios. Mis manos vuelan a mi boca. Quiero jadear de la impresión,

pero no hay forma de que le esté dando el visto bueno.

Él tiene razón. Su pene no es nada pequeño como el de la mayoría, y ni siquiera

está completamente erecto ahora. Veintitrés centímetros puede ser en realidad un

estimado considerativo de cómo se debe ver estando duro. Debe destrozar el ego de
los

hombres cada vez que camina en un vestidor. Y ni siquiera quiero pensar de lo que

destruye con una mujer…

—Naa. Las he visto más grandes. —Me forcé a decir, luchando por mantener mi

compostura.

Noah se ríe. —No lo creo, cariño.

—Bueno, es… ese monstruo no está viniendo a ningún lugar cerca de mi útero. No,

gracias. Prefiero mantener mis órganos intactos.

La sonrisa de Noah se amplia. —Lo dudo, pero sólo para estar en el lado a salvo,

puedo hacerlo agradable y despacio. Pan comido. Además, tienes un buen seguro de

gastos médicos, ¿cierto?

—Eso no es gracioso, Noah. Ahora pon esa cosa lejos o te la removeré.

Trato de sonar severa, pero mi voz temblorosa y mis mejillas de color rojo
brillante

me delatan. ¿Por qué no puedo dejar de mirar?

Se ríe, sí, el idiota puede definitivamente ver a través de mí, pero se comporta,

metiendo la bestia de nuevo a su madriguera.

Trato de calmarme mientras nos dirigimos de vuelta al bar. Una vez sentados, con

la misma frialdad con la que puedo, le digo—: Eso no cambia mi opinión, lo sabes.

—¿Segura? ¿Para nada? —Él alza sus cejas.

Claro que ver su pene causo una impresión. ¿Cómo puede ser que no? Pero que

me aspen si acaricio su… ego más de lo que ya lo hago.

—Mira, todo esto de las citas es sólo para demostrar que podemos vivir y trabajar
juntos. Tú necesitas ir por crédito extra.

—¿Pero que si lo quiero también?

—Noah…

—¿Pero por lo menos estarías dispuesta a intentarlo? Podemos comenzar muy

despacio. Establecer límites estrictos. Como, digamos… —Él mueve su mano

vagamente—. Nada más allá de primera base.

—Un periodo de prueba sin ensayo —le digo lentamente, saboreando la idea. Soy

un poco escéptica, pero supongo que no estaría de más el perder el tiempo un poco.

Siempre puedo pedir que se termine si me estoy sintiendo insuficiente.

—Exactamente. Sólo tanteando el agua. Podemos fingir que estamos de vuelta en

la secundaria o algo así.

Tomo un largo sorbo de mi bebida, considerándolo. Luego, le contesto—: Voy a

pensarlo.

Traducido por Cili

Corregido por Xei07

Noah

Que empiece el juego…

Traducido por Valentina95 y Anna

Corregido por Xei07

Olivia

Oh, alegría. La renombrada empresa de mercadotecnia Wessom, Burke y Barsol ha

enviado un buitre. Y por alguna razón dejada de la mano de Dios, nuestro consejo

directivo accedió a dejarle soplar aire caliente a través de sus dientes


amarillentos por

una hora y lo llamarón "reunión de negociaciones".

Tate y Cane ha sido rival de WBB desde el primer día. Así que, naturalmente, su
director ejecutivo empezó a salivar tan pronto como olió la sangre. Oficialmente,
el

buitre es un “representante de adquisiciones” pero la formalidad del título es sólo


una

cortina de humo. Está aquí para tratar de recoger la carcasa antes, incluso, de que

dejara de moverse.

Conteniendo un agravado suspiro, me muevo en mi asiento en la mesa de

conferencias. No tengo tiempo para esta mierda, tengo toda una empresa para

rehabilitar. El “encuentro con compradores potenciales” está tan alejado en mi


lista de

tareas pendientes como se puede. Especialmente desde que no tengo ni idea de lo que

está haciendo aquí este idiota, aparte de hacer perder el tiempo de todo el mundo y

subiendo mi presión arterial por las nubes. Son noventa días… no, ochenta y seis

ahora… hasta que el consejo decida si va a vender Tate & Cane, y mucho más

importante a quien venderla.

Tal vez todo este estrés sólo me está poniendo histérica a mí, pero no puedo evitar

fruncir mi boca al ver el cabello del representante. Tiene, sin lugar a dudas, uno
de los

más grasientos y ásperos peinados que haya visto en mi vida. Y he sido parte de la
élite

del mundo corporativo desde que fui lo suficientemente mayor para sostener la mano

de papá en las cenas de la compañía. Confía en mí, conozco los malos peinados.

Que apropiado… un buitre calvo. Quizás debería cambiar sus manos por garras. Tomo
un

sorbo de café sólo para esconder mi sonrisa.

Papá se aclara la garganta para interrumpir el divague del representante.

―Disculpe, Señor Valmont, pero sólo me gustaría aclarar algunos puntos.

El representante parpadea un par de veces, como si hubiera olvidado que había

otras personas en la habitación. ―Sí, ¿señor Chairman?

―Su oferta de compra parece muy baja. El valor total de nuestra compañía se ha

estimado en más del doble de esa cifra. Y sus planes para cambiar las políticas son
bastante extensos. ―Papá mira por encima de las gafas a su copia de la propuesta de

WBB―. Sin mencionar los despidos universales, seguramente ¿no tiene que despedir a

todos nuestros actuales empleados?

―Las compañías recién adquiridas siempre se someten a algún tipo de

reestructuración. ―El representante ajusta su corbata―. Es una práctica de la

industria, como estoy seguro que ya sabe. Los compradores tienen que asegurarse de

que su nuevo activo encaja en su, ah… cultura corporativa.

―Por supuesto ―dice papá―. Sólo me aseguro de que la junta lo entiende.

Ah sí, la junta entiende, todo bien. Nadie de los sentados en la mesa de


conferencias

tiene incluso un trazo de una sonrisa.

Robé un vistazo de Noah, que está sentado justo a mi izquierda. Se ve

absolutamente miserable con el ceño fruncido, los labios apretados, los hombros se

tensaron alrededor de las orejas. Su lenguaje corporal es sorprendente, sobre todo


para

un hombre que normalmente está tan fresco como un pepino.

Una punzada de compasión aprieta mi pecho. Siento la inesperada urgencia de

buscar y agarrar la mano de Noah. Se ha ido tan rápido como llegó, pero el dolor

subyacente permanece. Dios sabe que no soy su mayor fan, pero con compradores

potenciales en la sala, mi elección es una obviedad. Por supuesto voy a estar firme
con

Noah. Después de todo, el enemigo de mi enemigo es mi amigo.

Excepto que Noah no es sólo el enemigo de mi enemigo. Realmente, aquí estamos

en el mismo lado. Los dos estamos haciendo esto por las mismas razones, por
nuestros

padres, nuestros futuros, por todas las personas en T & C que dependen de sus
trabajos

para alimentar a sus familias. Y vamos a perder en las mismas apuestas elevadas. Sé

que Noah no se dará por vencido sin luchar.

El dolor en mi pecho se profundiza, se ablanda en algo que se siente casi como la

lealtad. Solidaridad.
Los ojos de Noah se posan sobre los míos, debe haber sentido mi mirada en él.

Tan sutilmente como puedo, inclino mi cabeza y le doy una pequeña sonrisa de labios

apretados. No quiero que ni el buitre, ni siquiera que mi padre vea lo que estoy

haciendo. Este mensaje es sólo para nosotros dos.

No te preocupes. Vamos a ser más astutos que esos hijos de puta. Lo juro sobre la
tumba de

nuestras madres, ganaremos.

El buitre se levanta de la silla con un crujido. Noah le devuelve la mirada,

rompiendo nuestra breve conexión.

―Mis jefes los instan a considerar el comprometerse con esta venta tan pronto

como sea posible ―dice Valmont―. Nuestra oferta es muy generosa, y no va a estar

sobre la mesa indefinidamente.

―Nos aseguraremos de tener en mente a WBB si decidimos vender ―responde

papá suavemente, haciendo caso omiso del intento lamentable de amenaza―. Gracias

por la visita de hoy.

Doy una pequeña porra mental. ¡Claro que sí! Papá dijo si, no cuando. Pequeñas

victorias.

El representante no parece impresionado, por la cuidadosa sonrisa no neutral de

papá. Probablemente porque sabe que ese “lo vamos a tener en cuenta” es sólo una

traducción educada de “váyanse a la mierda”. ¿Pero que esperaba WBB?, ¿tratando de

colocarse en cabeza de la competición de esta forma?

Se levanta la sesión. Papá se excusa, probablemente para lavarse después de

estrechar la viciosa mano del representante. Mientras me dirijo de vuelta a mi


oficina,

Noah me alcanza en el pasillo.

―¿Estás bien? ―pregunta.

¿Noah me está preguntando eso a mí? Él era el que parecía a punto de estrangular

a ese idiota antes que volver allí.

―Sí, estoy bien. ―Suspiro―. Sólo estoy enfadada.


―Pensé que siempre estabas enfadada ―bromea.

―Sólo cuando estoy a tu alrededor. ―Devuelvo el fuego de forma automática,

pero sin ningún sentimiento real. Todavía estoy muy distraída y estresada.

Noah sólo se ríe, como si estuviéramos jugando al tenis en lugar de

intercambiando insultos. Tengo que admitirlo, su risa es un agradable sonido y me

gusta más verlo de esta manera que de la forma en que lo vi en la reunión. Incluso
si

puede ser una pequeña molestia de mierda cuando está alegre.

Caminamos juntos por un minuto, con sólo el suave sonido de nuestras pisadas y

el murmullo de la charla en las oficinas de fondo.

―¿Qué pasa contigo? ―le pregunto finalmente―. ¿Estás bien?

―Me siento mucho mejor ahora que estoy hablando contigo.

Más flirteo. ¿Por qué tiene que seguir jugando conmigo de esta manera? ¿Y por

qué mi estómago da este pequeño salto en respuesta? Odio la facilidad que tiene
para

hacerme reaccionar.

―Pero allá, no tanto ―continúa Noah―. Pensé que iba a golpear a ese idiota en

su presumida cara. Esta compañía no son sólo números en una hoja de cálculo. Estas

son las vidas de personas a las que planean joder.

―Correcto… como Rosita. Te preocupas mucho por ella. ―Desde ayer, aunque

ya sabía que eran cercanos, pero al ver tan molesto a Noah realmente me di cuenta
de

lo importante que es para él.

Su suspiro es profundo y frustrado. ―¿Cómo no iba a hacerlo? Ella es una de las

personas más dulces que han caminado sobre la Tierra. Y tiene una familia de la que

preocuparse.

De repente se detiene y me enfrenta, las comisuras alzándose de nuevo, pero sus

ojos me dicen que todavía está preocupado por la reunión y lo que aprendimos.

―Bueno, este soy yo. Creo que es hora de volver al trabajo.


Miro alrededor y veo que tiene razón, estamos de pie fuera de la puerta de su

oficina.

¿Aquí ya? ¿Cuándo caminamos hasta aquí? El tiempo debe de haber pasado

volando.

Siento una extraña punzada de decepción, no dispuesta a poner fin a esta

conversación todavía. No sé qué más decir, siento como que quiero hablar con Noah

un poco más.

O quizás, es sólo que no quiero estar sola en este momento. Quiero enmarcar ese

momento que compartimos en la reunión. El tranquilizador y vigorizante sentido de

que estamos luchando juntos lado a lado. Aliados en las trincheras. La miseria ama
la

compañía, supongo…

Pero mi lista de tareas es demasiado larga para prestar atención a un pequeño y

nebuloso sentimiento. Así que sacudo mi resistencia y asiento en un adiós a Noah.

―Te veré más tarde.

―No demasiado tarde, espero. ―Con un guiño, Noah desaparece en su oficina.

Gah. . . salto en mi panza, en el momento justo. Joder con él, no, espera, no joder
con él.

Quiero decir, olvídalo. Y a su monstruoso pene. Tengo un millón de cosas que hacer
y

ya he perdido la mitad del día.

Me vuelvo sobre mis tacones y me dirijo hacia mi oficina. Tal vez mis

sentimientos se establecerán una vez que empiece a trabajar. Voy a enterrarme a mí

misma en difíciles momentos financieros, poner un gran flujo en marcha, y dejar que

todas las distracciones se escapen.

Pero la idea de la soledad, normalmente agradecida, todavía me roza de manera

incorrecta por alguna razón. Y con mi mente distraída, también lo están mis pies.
Me

encuentro delante de la puerta de mi papá en lugar de en la mía.

Entro a su oficina, saboreando un silencio como a iglesia, los olores calmantes de


madera lacada, café y papel. Desde que puedo recordar, siempre me he sentido como

en casa en esta oficina. Prácticamente fui criada aquí, después de todo. He leído
cada

volumen de todos los libros y revistas de negocios de sus estantes. Conozco cada

rincón de esta habitación, y su familiaridad alivia mis nervios alterados.

La puerta se abre de nuevo con un suave clic y papá dice―: Sabía que te

encontraría aquí.

Puedo escuchar la sonrisa en su voz sin ni siquiera darme la vuelta. Lo cual es

bueno, porque de repente estoy tan cansada para hacer algo más que respirar.

―¿Algo de lo que desees hablar?

Pasando su escritorio de madera y el imponente trono detrás de él, papá se sienta

en cuclillas en el sillón de cuero junto a la mesa de café. Tomo el sillón a su


otro lado.

Hace el mismo sonido incómodo de pedos que ha hecho durante los últimos dieciocho

años.

―No. Quiero decir… ―Suspiro―. Quizás.

Ni siquiera sé lo que necesito en este momento. Mis pensamientos todavía están

volando en todas direcciones: el buitre, de algún modo desdeñoso y hambriento al

mismo tiempo. La miseria en la tensa postura de Noah. El rostro preocupado de papá,

con sus arrugas profundizándose día a día. La loca fecha límite del consejo. Todo
el

trabajo que queda por delante de mí, de nosotros. La mera palabra “nosotros”, la
idea

de que pronto, va a haber un nosotros en lugar de un yo.

Pero eso tal vez no es un destino tan terrible. La sociedad tiene puntos tan buenos

como malos. He visto esa sinergia de primera mano en la manera en que papá y Bill

Tate llevaron esta compañía juntos.

Y recuerdo la mirada que compartí con Noah en la sala de conferencias. Esa

fracción de segundo de mutuo entendimiento, donde vi directamente a través de los


ojos de Noah. Podía decir exactamente cómo se sentía él, solo y abrumado, y

repentinamente no me sentí tan sola y abrumada yo misma. Poner una expresión

valiente para él, reafirmó mi propio valor. Incluso ahora, me siento fuerte y en
calma

por haberle sonreído.

Es realmente una cosa increíble cuan poderosa puede ser una mirada. Cuanto

puede comunicar. Cómo puede sacarte de la desesperación, incluso desacelerar mi

corazón… o acelerarlo. Como lo que pasó entre nosotros en el pasillo hace unos

minutos. O la reunión en donde él beso mi mano.

Por el amor de Dios, ¿mi libido nunca se va a callar? Ahora no es realmente el

jodido momento. Ugh, espera. Mala elección de palabras.

—¿Sigues aquí, cariño? —pregunta papá.

Parpadeo de vuelta a la realidad. Mierda, me perdí en mis pensamientos de nuevo. Es

bastante fácil perderse en mis pensamientos en estos días.

—Lo siento. Es sólo… que no sé en realidad por dónde comenzar. —Eso

definitivamente no es una mentira.

—Voy a servirnos algo de café. —Él se inclina hacia adelante con un gruñido.

—No, papá, no te levantes. Puedo hacerlo. —Me pongo de pie y camino hacia la

mesa para encender la cafetera de una sola taza.

Él deja escapar un pequeño suspiro por su nariz. —Sé que ya no soy ningún

jovencito, pero…

—Está bien. No me importa.

Papá es orgulloso y no quiero hacerlo sentir indefenso, pero sé malditamente bien

con cuanto dolor y fatiga está lidiando. Y para ser honesta, estoy desesperada por
sacar

mi culo y hacer algo. Cualquier cosa. Sólo necesito acción.

Así que me ocupo con el café. Con avellana para mí; colombiano, tostado y oscuro

para papá. Con azúcar pero sin crema para mí, con crema pero sin azúcar para papá.

El ritual por si solo es casi tan relajante como los ricos aromas que salen de
nuestras

tazas.

Espero que hablar se haga tan fácil como esto, con mis manos ocupadas y mi

espalda girada, así no puedo preocuparme por lo que cruza mi rostro, o lo que
podría

cruzar el de papá. Pero las palabras que saltan de mi boca nos toman a ambos por

sorpresa.

—¿Por qué Bill Tate nos hizo esto a nosotros?

Papá suspira de nuevo. Esta vez uno fuerte y pesado, subiendo desde la

profundidad de su pecho.

Mi boca se abre para disculparme. Pero luego la cierro de nuevo. Porque ¿sabes

qué? Incluso si mi intención nunca fue exigir respuestas, joder, realmente quiero

algunas. De hecho, tengo derecho a ellas. Soy la que fue forzada a escoger entre el

sartén y el fuego después de todo.

—Lo siento, cariño —dice papá—. Nosotros nunca imaginamos que terminaría de

esta manera. Escribimos esas cláusulas juntos, en ambos testamentos, porque

queríamos mantener T & C en la familia, y los dos sabíamos que ustedes estaban

destinados a estar juntos.

Asiento un poco impacientemente mientras le entrego su taza de café y me siento

con la mía. Ya conozco la mayor parte de esa historia. Una empresa unida, en más de

un sentido.

Él toma un sorbo. —Sin embargo, tratamos de asegurarnos de que ustedes

tuvieran otras opciones. Si tú y Noah no querían casarse para el momento en que

nosotros nos retiráramos, un día que pensamos que estaba lejos en el futuro,
entonces

el control por defecto sería de la Junta. E incluso así, no perderían la compañía.


Se les

habría sido concedidos puestos en la junta y con una buena paga de las ganancias de
T

& C. Así que no tomamos esta decisión a la ligera. Pero nunca anticipamos…
—Que no habría ganancias —digo suavemente. Y tal vez ninguna compañía en

absoluto.

—Correcto. Porque todo sucedió a la vez, en el peor momento posible. La

temprana muerte de Bill. Mi cáncer… y lo rápido que avanzó. T & C quedándose

detrás de la competencia, cayendo en rojo. La crisis de fe de la junta. —Otro


profundo

suspiro—. Siempre pensamos que ustedes chicos tendrán muchos más años para darle

vueltas a la idea.

Sé el duro trabajo que ha hecho papá para tratar de salvar esta compañía por su

cuenta. Trabajó hasta que su cuerpo no se lo permitió más. Para el momento en que

admitió la derrota, los problemas habían alcanzado el nivel de hacer-o-morir. No


estoy

molesta con él por eso, porque sé que no habría hecho ninguna diferencia. Estamos

cortados de la misma orgullosa y terca tela.

Papá baja su taza de café apenas tocada con un suave clunk. —No voy a estar aquí

para siempre, cariño.

Levanto la mirada, sorprendida por el cambio de tema. Repentinamente luce tan

demacrado, rompe mi corazón.

—Yo… yo sé eso, papá, pero…

—Casarte con Noah no es sólo para el bien de la compañía. ¿A quién le importa

una compañía si mi hijita es infeliz? Confío en que Noah cuidará de ti.

—No necesito que me cuiden —digo automáticamente.

—Todos necesitan a alguien alrededor. No estoy hablando de dinero o poder…

estoy hablando de amor. Un oído que escuche, un hombro sobre el que llorar. Un

compañero con quien compartir la cargas de la vida. Si sé que tienes eso, cariño,

entonces puedo descansar mucho más fácil.

Trago un bulto en mi garganta, pasándolo con café caliente. No quiero pensar en

papá descansando.

—A pesar de todo, aún creo que tú y Noah deberían estar juntos —continúa

papá—. Están hechos el uno para el otro. Y necesitarán la fuerza del otro para lo
que
viene. El testamento de Bill Tate sólo le ha dado a las cosas un pequeño empujón en
la

dirección correcta.

Bajo la mirada a mi taza, el líquido oscuro brillando bajo las luces fluorescente.

Esto todavía se siente tan… irreal. No tengo idea de qué esperar. ¿Cómo es estar

casado?

Ni siquiera estoy segura de qué clase de respuesta quiero escuchar. Cual linda

anécdota o perla de la sabiduría podría tranquilizarme. Todo va estar bien. El


matrimonio

no se tragará toda tu vida. Aún puedes ser tú misma, una mujer de negocios en
primer lugar y

una esposa en segundo.

—Bueno, en mi experiencia, fue maravilloso. —Papá sonríe con cariño—. Tu

mamá fue la cosa más grande que me pasó. Mi roca, mi sol, mi mejor amiga. Éramos

dos mitades de un todo, éramos cada uno nuestras propias personas, y eso es lo que
lo

hizo tan increíble cuando nos unimos. —Sacude su cabeza—. No soy ningún poeta,

así que todo lo que puedo decir es que… fue mágico.

Mágico, ¿eh? Tendría que tomar su palabra. Mi único novio a largo plazo resultó

ser un manipulador narcisista, y nunca me he acercado lo suficiente a cualquier


otro

hombre para conseguir el tipo de vínculo que mi padre está tratando de describir.

Papá se inclina hacia adelante en la silla, los codos en sus rodillas y los dedos

entrelazados. —Sé que las circunstancias están lejos de ser ideales, cariño. Pero
trata

de al menos darle una oportunidad a Noah. Nunca te pondría en una situación que no

crea que puedas manejar. Eres mi niña… sólo quiero verte con un buen hombre. Y ese

hombre es Noah.

No comparto totalmente la brillante opinión que tiene papá de Noah. No todavía,

aunque espero que cambie para el final de este mes. Pero recuerdo cuan ferozmente
se

preocupa por Rosita y el bienestar de su familia. No hay duda de la fuerza de su

convicción.

Sin nada más, sé que puedo contar con Noah para mejorar la coraza y luchar por

T & C. Puedo confiar en él para trabajar tan duro como yo lo haré. Lo cual es
bueno,

porque pasaremos los próximos tres meses trabajando horas extras en el infierno

juntos.

Al menos voy a tener unos ojos caramelo que comerme durante todas esas noches

en la oficina. Pero ahora que sé sobre el poste de teléfono entre sus piernas, no
sé cómo

si quiera lo miraré de la misma manera.

Que el cielo me ayude.

Traducido por Dee

Corregido por Valentina95

Noah

¿Sabes cómo se supone que los hombres son más directos y contundentes,

mientras que las mujeres son más suaves y más en sintonía con las emociones? Eso es

mierda. Como socios de negocios, Olivia y yo desdibujamos los estereotipos de


género.

Soy la “cara”, el carismático que complace a las personas, mientras que ella es la

profesional del tipo haz las cosas. Jugar con nuestros puntos fuertes nos permite
dividir

y conquistar.

Por supuesto, no hace daño que los hombres, especialmente los aburridos y ricos

vejestorios, tiendan a escuchar mejor a otros hombres. Puedo cerrar negocios


durante

un partido de golf, atraer clientes masculinos y femeninos por igual, y en general,


endulzar cualquier situación a mi manera. Que es exactamente lo que he pasado

haciendo esta última semana.

Hoy, sin embargo, estoy de vuelta en la oficina. Y en este momento, estoy

rechinando los dientes al ver a Harrison Ridgefield del departamento de


contabilidad

mirando de reojo el escote de Olivia.

—¿Algo con lo que te pueda ayudar, amigo? —espeto mientras entro en el

despacho de Olivia y me detengo justo al lado de él.

Sacude la cabeza y sonríe con timidez, como si supiera que ha sido atrapado. —

Ah. Hola, Noah. No te vi —dice, con la voz temblorosa.

—Eso se debe a que estabas ocupado mirando… las hojas de cálculo de mi novia.

Olivia y yo no hemos anunciado nuestro noviazgo todavía, pero los rumores no

conocen límites. La noticia no oficial se ha extendido como jodida pólvora por todo

nuestro edificio.

Harrison traga saliva y da un paso atrás. —Felicidades por todo, por cierto.

Mi mirada en blanco dice te tengo en la mira, imbécil. Incluso inflo un poco mi


pecho

por si acaso. Harrison no es un tipo mal parecido. Escucho el cotilleo de la


oficina; sé

que por aquí es el sueño húmedo de al menos algunas damas. Pero le llevo unos 3

centímetros a su cuerpo de un metro ochenta y dos, y también más músculo.

—Bueno, parece que lo tienes cubierto aquí, Olivia. —El imbécil le obsequia una

sonrisa cariñosa y se aleja de su escritorio.

—Gracias, Harrison —dice Olivia mientras lo observa irse.

—¿Qué estás haciendo? —Bajo la mirada al monitor de Olivia. Hay páginas y

páginas de datos en su pantalla. No tengo idea de lo que es, pero sí sé que luce

estresada, y quiero solucionarlo.

—Sólo trato de cuadrar las facturas que enviamos a los clientes el año pasado con

el monto real recibido. —Ella golpea una pila de cuatro pulgadas de espesor de
impresiones sobre su escritorio—. Algo se siente fuera de lugar en ello.

—Olivia… —exhalo lentamente.

Sus ojos se mueven de golpe hasta los míos. —¿Qué?

—No deberías estar gastando tu tiempo en mierda de baja categoría como esta.

Tenemos demasiadas estrategias y consolidación que hacer para que tengas tu cabeza

enterrada en trabajo improductivo.

—Disculpe, Señor Cascarrabias, pero “enterrar mi cabeza” podría terminar

ahorrándonos una jodida tonelada de dinero. —Sus ojos azules arden, y sé que estaré

en una pelea si presiono demasiado.

Bueno, mala suerte. Voy a agarrar al tigre por la cola, si eso es lo que se
necesita

para detenerla.

—Lo que estoy tratando de decir es que tus talentos se desperdician en esto. Tu

tiempo es valioso. Esto es lo que quiero decir cuando digo que trabajas demasiado

duro. Tareas como éstas necesitan ser delegadas. No tienes que hacer todo tú sola.

—Harrison estaba ayudándome…

Alzo una mano. —Harrison estaba disfrutando del espectáculo erótico. Nada más.

―Remarco mi punto dejando caer mi mirada lentamente hacia abajo a la parte

delantera de su blusa. La visión de la parte superior de sus firmes y redondos


pechos

acunados en un delicado sujetador de color carne hace mi boca agua. Ignoro el

cosquilleo en la base de mi columna y la sangre disparándose hacia mi ingle, y tomo

una respiración profunda.

La mirada de Olivia salta de la mía hacia abajo a su escote, y levanta su camisa

más arriba. —Oh, por el amor de Dios, no lo estaba.

Ella es en serio ilusa. Harrison ha tenido un retorcido flechazo por ella durante
tres

años. Y él es un culo de bajo rendimiento, si me preguntas.

—Dios, hoy estás gruñón. ¿Por qué no vas a conseguir una de esas mamadas que
te gustan de Jenni de Recursos Humanos?

—Eh. Me sorprende que sepas de eso. —Disfruté de un puñado de encuentros

orales de una linda asistente de administración a principios de este año, pero todo
eso

ha terminado.

—Yo sé todo lo que pasa por aquí. —Ella sonríe.

Maldición. —En primer lugar, Jenni ya no trabaja aquí.

—Oh, maldición. —Ella chasquea los dedos con fingida indignación.

—En segundo lugar… —Apoyo la cadera contra su escritorio—. Incluso si lo

hiciera, no tendría ningún interés en ver sus labios alrededor de mi polla en este

momento.

—¿El infame Noah Tate, no está interesado en perseguir un culo? ¿Es necesario

que llame a una ambulancia? —se burla—. ¿O simplemente te estás divirtiendo

demasiado molestándome y manteniéndome alejada del trabajo?

Con mi temperamento creciendo, me pongo de pie. —Porque ahora pienso en mí

mismo como un hombre tomado.

Sus cejas se disparan hacia arriba. —¿Lo dices en serio? ¿En verdad no vas a

enredarte con nadie?

—No con alguien que no seas tú —digo suavemente.

—Yo, um… Así que, ¿la monogamia realmente es parte del trato? —tartamudea—

. He tenido una cosa el miércoles por la noche quedando con un chico del gimnasio.

¿Debo cancelarlo por un rato?

Mis fosas nasales se ensanchan y hago retroceder mi temperamento. ―Infiernos

que sí, lo es, y sí, deberías hacerlo. Lo que vale para mí, vale para ti. No puedes

enredarte con alguien que no sea yo. Ni siquiera quiero pensar en otro hombre
tocando

lo que es mío. —Me inclino y gruño la última parte cerca de su oído.

Ella inhala una respiración, sus pupilas dilatándose, y luego se recompone. —

Siempre y cuando sepas que esto funciona en ambos sentidos. Si encuentro tu tótem
junto a cualquier otra persona, considérate castrado. Piensa en Lorena Bobbitt4,
pero

sin la parte de encontrarlo.

En la superficie, su reacción no es exactamente prometedora. Pero sé que en el

fondo, la he afectado. He visto la forma en que me mira cuando piensa que no estoy

viendo.

—Y para que conste, estaba bromeando sobre el chico en el gimnasio, Noah.

Gracias a Dios, porque ya estaba planeando ir a su gimnasio después del trabajo y

encontrar al jodido inútil para darle un puñetazo en la boca.

Me alejo de su escritorio y observo como los ojos de Olivia se estrechan en mi

silueta. Metiendo las manos en mis bolsillos, casi me río entre dientes cuando su

mirada sigue el movimiento, sus ojos vagando hasta mi entrepierna. Pero se alzan de

nuevo y deja escapar un frustrado resoplido.

—Si estás tan segura, ¿qué tal si hacemos una apuesta? —pregunto.

—Nombra tus términos.

Ella me sonríe, pretendiendo no estar afectada. Lástima que sé exactamente el

efecto que tengo sobre una mujer cuando enciendo el encanto.

Me inclino más cerca. —Te daré cuatro días hasta que estés pidiendo que llene tu

pequeño coño caliente —murmuro.

Su mandíbula cae, pero se recupera rápidamente. —Ni siquiera en cuatro años.

4 Lorena Bobbitt: se hizo famosa mundialmente por cortarle el pene a su marido


mientras dormía.

—Iba a decir cuatro horas, pero no quería sonar engreído —bromeé.

—Créeme. Puedo esperar por un largo tiempo. —Olivia se recarga en la silla de su

escritorio, su pose casual y confiada.

—¿Período de sequía?

Ella rueda los ojos. —Perpetuamente.


Joder. Eso me hace desearla mucho más, sabiendo que está reprimida e

insatisfecha.

—Sin novios que funcionan con baterías.

Su mirada se oscurece. —Bien. No hay pajas tampoco, entonces.

Mi mandíbula se tensa. Así pasará. —Siempre existe el paseo de prueba que

propuse en la hora feliz.

Ella se muerde la uña del pulgar. —No he tenido tiempo para considerarlo

todavía, pero te informaré cuando lo decida.

Un golpe en la puerta atrae nuestra atención. Es Fred.

—Oigan, niños, hora de la reunión.

Olivia comprueba su reloj. —Estaremos allí de inmediato, papá.

Sabiendo que nuestra conversación no está ni siquiera cerca de terminar, le ofrezco

una mano para ayudarla a levantarse de su asiento, nivelando su mirada conmigo. —

Terminaremos esto más tarde, Copo de Nieve.

Ella se burla y se pavonea por el pasillo frente a mí, su hermoso y redondo culo

balanceándose mientras se mueve.

—Cuatro días —le grito mientras la alcanzo.

Traducido por Valentina95

Corregido por Carilo

Olivia

A última hora de la tarde del día siguiente, un golpe en la puerta de mi oficina me

sobresalta del trance de mi trabajo. ―Adelante ―digo automáticamente.

La puerta cruje abriéndose y mi papá asoma la cabeza. ―Hola cariño. Lo siento si

estoy interrumpiendo algo, pero ¿podríamos hablar un minuto en mi oficina?

Parpadeo primero hacia él, y luego a la pantalla de mi computadora antes de

cerrar el portátil. ―Claro, papá. ¿Qué necesitas?

―Son buenas noticias, lo prometo. ―Es todo lo que dice.

Sigo a papá hacia su oficina, donde Noah ya está sentado en uno de los sillones.
Se pone de pie cuando entramos.

Echo un vistazo entre él y papá con desconfianza. ¿Qué nuevo infierno es este?

Papá recoge un delgado fajo de papeles de su escritorio. ―Con todo el reciente

alboroto, me olvidaba de decirles, chicos, acerca de mi regalo de bodas. ―Entrega


el

documento con una sonrisa orgullosa.

Escaneo la primera hoja y mi corazón cae en picada. Es un contrato de alquiler

firmado por un ático amueblado en el corazón de la ciudad, con el depósito de

seguridad pagado, al igual que la renta del primer y último mes. Y sólo hay un

dormitorio.

De ninguna manera.

Dándome cuenta de que probablemente no debería quedarme aquí en estado de

estupor, digo―: Ah. Um… ¡vaya!, papá. Esto es tan generoso.

Papá se ríe y me aprieta el hombro. ―Lo que sea por mi chica. Me imaginé que

ustedes no tendrían mucho tiempo para buscar casas en este momento, así que les

encontré un lugar por mi cuenta.

―Muchas gracias, señor. Estoy seguro de que nos va a encantar ―interviene

Noah.

Imbécil. Él siempre sabe exactamente qué decir, como suavizar cualquier situación.

Mientras que yo estoy luchando por recordar como respirar.

Fuerzo una sonrisa con los labios apretados hacia mi querido y dulce futuro

marido. ―Sí, Noah, ¿podemos hablar de esto en tu oficina? Hay una gran cantidad de

arreglos por hacer.

***

Tan pronto estamos a solas con la puerta cerrada, dejo que mis emociones se

liberen.

―¿Qué diablos vamos a hacer? Ya ha gastado mucho dinero, que T & C


realmente no puede permitirse, por cierto, espera que nos mudemos, y… ¡Menudo

desastre!5 ―Meto mis manos en mi cabello, sin preocuparme en que mi moño

perfectamente peinado se convirtió en un lío caliente.

Noah levanta las manos. ―Guau, eh, cálmate. Vivir juntos no es un

problema tan grande, ¿verdad?

―Por supuesto que es un gran problema. No quiero mudarme con nadie,

especialmente, contigo.

Entrecierra los ojos. ―¿Qué se supone que significa eso?

―Oh, supéralo. Estoy segura de que tampoco quieres vivir conmigo.

―El hecho es que sí, lo hago.

5 Menudo desastre: del inglés "clusterfuck", término militar designado para una
operación en la cual

muchas cosas salen mal.

Lo miro fijamente. —¿Por qué? ¿No estaría esto en medio de tu consumo de

alcohol y de putas?

―Te dije que ya no iba a hacer eso. ―Noah pasa sus dedos entre su cabello,

irritado―. Está bien, sólo escúchame por un segundo. Incluso si ignoramos el hecho

de que eres sexo con piernas y que cualquier hombre cuerdo daría su huevo izquierdo

para pasar una noche contigo…

Mi risa suena ligeramente histérica. ―¿Realmente estás tratando de ligar en este

momento? ¿Es esa la única forma en que sabes comunicarte con las mujeres?

― Incluso si, ignoramos ese hecho ―gruñe―, todavía tenemos que considerar la

imagen pública de Tate & Cane. ¿Qué tan mal se vería si ni siquiera vivimos bajo el

mismo techo?

Froto mi frente, en parte para bajarme a la tierra y en parte para ocultar mi

expresión. No puedo llorar frente a Noah. No lloro, punto.

¿Por qué incluso estoy sintiéndome tan molesta? Ya sabía que tendríamos que vivir
juntos tarde o temprano. Lo he visto venir desde el primer día. Esa era una de las

razones por las que no quería firmar el estúpido contrato en primer lugar. Y
todavía

me siento optimista sobre Noah y nuestra incipiente amistad. No estoy en la luna


sobre

compartir otra vez, mi espacio privado con un compañero de piso, pero sobreviviré.

Demonios, incluso podría ser divertido. Tengo un montón de recuerdos increíbles de

vivir con Camryn.

En realidad, Noah tiene razón. No es un gran problema. Pero por alguna razón, se

siente monumental. Como si estuviera a punto de perder otro trozo de mí misma.

Simplemente odio las sorpresas. El regalo de boda de papá tiró por la borda mi

compostura y salpicó todo tipo de emociones incómodas por todos lados. Necesito un

momento para recomponerme.

―Realmente no tenemos opción, Copo de Nieve ―dice Noah. —Todos, los

medios de comunicación, nuestros empleados, nuestros rivales, nuestros accionistas,

todos ellos tienen que vernos juntos. La romántica joven pareja, a punto de hacerse

cargo de una de las compañías más grandes la nación. Eso es lo que tenemos que ser.

—Bajo la mirada, mordiendo mi labio con fuerza. Finalmente, lo admito―: Sí, lo

sé. Tienes razón… nuestras manos están atadas. Lo siento, yo sólo me cabreé por un

minuto.

Medio espero a que Noah hiciera alguna broma pervertida sobre manos atadas.

Pero, en cambio, sólo me toca la barbilla, lo más suavemente posible oye, anímate.

Me encuentro con sus ojos mientras sus dedos acercan mi cara a la suya. ¿Puede

decir cuan estúpida y frustrada me siento? ¿Por qué no puedo esconder nada de este

hombre? ¿Por qué no puedo dejar de exponer mis puntos débiles?

La expresión comprensiva de Noah es a la vez, reconfortante y humillante. Estoy

dividida entre el deseo de relajarme, de dejarlo apoyarme, y la necesidad de


guardar

celosamente mi dignidad.
―No, yo también lo siento ―dice Noah, en un tono mucho más suave que

antes—. Sé que esta situación realmente apesta para ti, pero vamos a encontrar una

manera de hacer que sea más fácil. Como nuestros padres siempre decían, podemos

lograr cualquier cosa si estamos juntos.

Tomo una respiración profunda, y entonces, lentamente la dejo salir. Ya mi mente

está empezando a calmarse. En el camino de regreso a mí fresca y tranquila forma de

ser.

―Tienes razón ―digo—. Tenemos que hacer que este noviazgo parezca real. Así

que, vivir juntos matará dos pájaros de un tiro; mantendremos las apariencias y nos

permitirá familiarizarnos el uno con el otro.

Noah ladea su cabeza con una media sonrisa zalamera. ―¿De verdad? ¿Entonces

has cambiado de idea sobre…?

―No lo he hecho, así que saca tu mente fuera de la cuneta ―jadeo. Dejando que

el inmaduro hombre caliente me malentienda a propósito—. Quise decir que hay

ciertas cosas que necesitamos saber el uno del otro. Curiosidades, hechos
divertidos,

cosas que podrían surgir en una conversación. ―Podríamos haber crecido juntos, pero

no hemos pasado mucho tiempo juntos para llegar a conocernos como adultos.

―Como ayer, cuando tú sólo asumiste que tomo café. ―Noah alza las cejas con

fingida indignación.

―Cierto. Si alguien hubiese estado mirando, hubiésemos lucido como unos totales

extraños. ―Entonces, trato de bromear—: aunque sigo pensando que era una

suposición razonable de mi parte. Quiero decir, ¿quién diablos sólo toma té? El té
es

para relajarse, el café es para despertar.

―Discúlpame, Copo de Nieve. ―Noah sonríe torcidamente, en la forma que he

aprendido que significa que está jugando—. ¿Preferirías que fuera un adicto
nervioso

como tú? He visto el lodo que bebes. Negro… al igual que tu corazón.
―En realidad, no lo es ―respondo con frialdad, sonriendo a pesar de mí

misma―. Lo tomo dulce. Sólo porque no puedas verlo, no significa que no esté allí.

―Buen punto. Los dos tenemos algunas cosas que aprender el uno del otro.

―Mete sus manos en los bolsillos y mira hacia otro lado por un segundo—. Sobre la

cosa del té… mi mamá era inglesa, y realmente estaba a la altura de ese estereotipo
en

particular. Amaba “una buena taza de té”. ―Su voz se alza para imitar su acento

cantarín—. Supongo que se podría decir que, bebo té para… honrar su memoria. Es mi

forma de tomarme un tiempo cada mañana para pensar en ella.

Mi mandíbula casi cae. Su madre murió cuando sólo tenía diez años. Dios,

recuerdo ese año como si fuera ayer. Fue un tiempo tan sombrío. Tan tranquilo y

oscuro, como si toda la vida hubiera sido succionada de Noah y de su padre en un

instante.

Abro la boca para responder, pero no sale nada. Sé que su madre era británica,

pero de alguna manera nunca se me ocurrió que él puede tener una conexión especial

con el país de origen de su mamá.

Noah sacude su cabeza, luciendo un poco avergonzado, y me rodea para apoyarse

sobre el borde del escritorio. Dejando que me sienta como una perra total.

Mordiendo mi labio, giro mi cara para mirarlo de nuevo. ―Lo siento mucho. No

fue mi intención burlarme de ti de esa manera. Pienso que el pequeño homenaje de

beber té es… realmente dulce.

Se encoje de hombros. ―Gracias, pero no te preocupes por eso. No estaba

ofendido. Especialmente porque sé que también has perdido a tu mamá.

―Sí, pero yo ya era prácticamente una adulta cuando murió. Tú solamente tenías

diez años. Sólo un niño pequeño. Necesitabas a tu madre. ―Un dulce recuerdo de él

en su regazo, cuando era demasiado grande para caber, pero no demasiado grande

como para no querer estar allí, destelló en mi mente.

―Podrías argumentar que al ser mayor sólo hace más fresco al dolor. ―Suspira

Noah—. Mira, no vamos a entrar en una especie de Juegos Olímpicos de Pesar ahora,
¿bien? Por supuesto que extraño a mamá, pero tú experiencia no fue ni mejor ni peor

que la mía, sólo diferente. Lo que importa es que nos podemos entender el uno al
otro.

Él siempre tan suave y seguro de todo… incluso de la muerte. Antes de que pueda
decir

nada más, Noah cambia de tema.

―Sobre el apartamento, probablemente deberíamos empezar a pasar las noches

allí tan pronto como sea posible. Tengo planes para cenar con Sterling en este

momento pero, ¿qué te parece si nos encontramos de nuevo en el lugar a las…? ―Mira

su reloj―. ¿A las ocho?

Teniendo en cuenta todos los preparativos que tengo que hacer, asiento

lentamente. ―Claro. Eso me dará tiempo para tomar algo de comida y empacar.

―Me giro para irme pero Noah me interrumpe.

―Oye, Copo de Nieve… ¿Me podrías hacer un último favor?

Me detengo, mirando hacia atrás. ―¿Sí?

―¿Podrías sonreír de nuevo?

Por alguna razón, su franqueza me pone tan nerviosa que me ruborizo. ―¿P… por

qué debería? ―Entonces quiero que la tierra me trague.

¿Qué demonios, Olivia? Suenas como una adolescente malcriada.

―Porque no quiero que te vayas infeliz. ―Noah se acerca para rozar mi

mandíbula con el dorso de su mano. El fugaz y más ligero toque se ha terminado


antes

que pueda decir una palabra—. Y porque luce bien en ti. Me gustaría ver esa sonrisa

más a menudo.

Mi cara está en llamas. No estoy segura de cuánto de ese calor se debe a que

simplemente me avergoncé y cuánto se debe a la ardiente mirada de Noah.

―Yo… supongo que tendrás muchas oportunidades, ahora que vivimos juntos.

―Mi intento de responder ágilmente sale en un tartamudeo.

Inclina su cabeza sin romper nuestra mirada. ―Estupendo. Estoy esperando por

ello.
Tragó el bulto en mi garganta. ¿Él realmente está esperando por ello?

―Oye, ¿Noah?

―¿Sí? ―dice dulcemente.

―¿Por qué me llamas Copo de Nieve?

Da un paso acercándose y corre un dedo a lo largo de mi mejilla, haciendo que mi

piel cosquilleé a su paso. ―Porque eres igual que un copo de nieve. Hermosa y
única,

y con un toque estarás mojada.

Noah se voltea para salir, caminando conmigo mirando fijamente sus anchos

hombros y su culo apretado, con la boca abierta.

Atónita, cerré la puerta detrás de mí. ¿Fue ese último comentario dirigido a

provocarme? ¿O pensaba que estaba coqueteando?

¿ Estaba coqueteando? Pensé que sólo estaba siendo amargada, pero… tal vez un

poquito. Ni siquiera lo sé. Y no ayuda que mi mente todavía esté recuperándose de


la

apuesta que hicimos ayer.

***

Ceno sola en un pequeño bistró italiano a la vuelta de la esquina del edificio de

Tate & Cane. Supongo que estaba deseando algo de comida reconfortante. Espaguetis

con albóndigas y una copa de merlot hacen bien el truco.

Tomo un taxi a casa, y cuando llego, mando un correo electrónico a mi casero

para llegar a poner en marcha lo de terminar mi alquiler antes de tiempo. Entonces

comienzo a empacar una bolsa de viaje. Arreglaré para que el resto de mi ropa y
otros

artículos personales se entreguen a nuestro nuevo lugar más tarde. Mis muebles

tendrán que ser vendidos.

Una hora después, mi pequeña maleta marrón está completamente llena. No tengo

ninguna excusa para quedarme más. Pero lo hago de todos modos, caminando
lentamente, mirándolo todo por última vez.

Este apartamento ha sido el escenario de mi vida durante los últimos cuatro años,

desde que tuve el título de mi licenciatura y dejé de compartir alojamiento con

Camryn. Todo dentro de estas paredes es producto de mis decisiones y sólo mías.

Escogí este lugar por su etérea arquitectura, sus piso de madera color miel,
incluso el

patrón de mosaico de diamantes azules en la cocina y el baño. He comprado todos los

muebles, alternando el equilibrio ideal entre elegante y acogedor. Decoré sus


paredes

con cuadros enmarcados que se adaptaban a mis gustos. Llené la nevera y la alacena

con mis aperitivos favoritos. Atesté el baño con mis productos de belleza, sin

preocuparme de dejar espacio para las cosas de otra persona. Organicé todo de

acuerdo con el sistema que mejor me ayuda a recordar dónde lo puse. Ahora… puedo

darle unos besos de despedida a toda la soberanía.

Claro, puedo llevar algunas cosas más al ático, pero también puede hacerlo Noah.

Él va a añadir su sabor único a nuestro nuevo hogar.

Nuestro nuevo hogar… Me pregunto cuánto me tiempo me tomará

acostumbrarme a eso. Y está completamente amueblado, lo cual significa no llevar mi

amado sofá blando de terciopelo gris. Lo más importante, hay una sola habitación.
No

voy a tener un lugar que sea mi propio dominio nunca más.

Pero Noah debe de sentirse de la misma forma. También está sacrificando la

privacidad y libertad de su piso de soltero. De hecho, él tiene más que perder, ya


que

en realidad tiene una vida sexual. Y a partir de lo que dijo ayer, parece que va en
serio

acerca de renunciar a todo su estilo de vida mujeriego. A pesar de que


probablemente

no ha sido monógamo en toda su vida.

Hombre, verlo tratando de mantenerlo en sus pantalones va a ser hilarante. ¿Y


cuál es su plan si yo hiciera algo con otro hombre? ¿Comenzar una pelea como un par

de adolescentes?

Niego con la cabeza. Eso nunca va a suceder, de todos modos. El trabajo es mi

vida entera, no tengo tiempo para invertir en citas. Y a pesar de que nunca voy a

admitírselo a Noah, no tengo estómago para una sola noche. No puedo imaginarme

disfrutando de la intimidad física sin intimidad emocional. A diferencia de Noah,


que

parece tener cero problemas en sacudirla a la menor provocación.

Al menos, lo hacía hasta que empezamos a salir.

En serio, no entiendo lo que está pasando por la cabeza de ese hombre. Todo lo

que yo quería para nosotros era pasar de conocidos a amigos. ¿Por qué tiene que

presionar para lograr algo excesivo? ¿Por qué está tan determinado a jugar al novio

perfecto, incluso cuando no hay nadie alrededor para presenciar su actuación? ¿Por

qué siente que tiene que serme fiel?

¿Sólo para mantener las apariencias para el público? ¿Para gratificar su orgullo

masculino? O porqué… ¿Él realmente quiere cortejarme de verdad?

Me doy cuenta de que he estado mirando por la ventana durante casi cinco

minutos enteros. Ni siquiera he estado observando la oscuridad, las luces


parpadeantes

del movimiento de los coches en el paisaje urbano, los estáticos para las oficinas

trabajando hasta tarde o las familias relajándose juntas. Un vistazo a la vida de

millones de personas, repartidas en estrellas como un reflejo del cielo nocturno.


De

repente me siento muy pequeña… y solitaria.

Me toma un momento reconocer la sensación porque, por lo general, estoy sola en

lo abstracto, soñando despierta con la fantasía de un amante sin rostro. Un dolor

confuso por contacto humano. Alguien para rozar sus dedos a través de mi cabello y

susurrarme cosas dulces al oído. Alguien que me abrace y me diga que todo estará

bien. Alguien para investigar cuando hay ruido en la noche. Ahora, sin embargo, mi
soledad es específica y aguda.

Quiero ver a Noah.

Él es la única persona en el mundo que entiende como me siento ahora mismo.

Camryn puede tratar de simpatizar, y ella, definitivamente ha hecho mucho para

ayudarme a atravesar esto, pero no está en las trincheras conmigo. Noah lo está.

No estoy segura de sí quiero hablar con él ahora mismo, pero al menos, quiero

verlo. Quiero saber que sigue allí, a mi lado. Necesito escuchar su optimismo y ver
esa

sonrisa en su boca para saber que tal vez, sólo tal vez, puedo atravesar esto.

Agarro mi maleta, apago las luces y salgo de mi apartamento por última vez.

***

Incluso a esta hora de la noche, el tráfico de Manhattan no es divertido. Mientras

el taxi se arrastra por las calles de la ciudad, de repente se me ocurre una idea.

―¿Hay alguna tienda de té cerca? ―le pregunto al taxista.

Me da una mirada confusa en el espejo retrovisor. ―¿Qué, como una cafetería?

―No, me refiero a un lugar donde pueda comprar… ¿equipo? Teteras, hervidores

de agua y esas cosas.

Comienza a golpear ligeramente la pantalla de su GPS. Afortunadamente,

estamos parados en un semáforo en rojo, pero me da la sensación de que no le

importaría si no lo estuviéramos.

―Cerca de tres cuadras al oeste ―dice después de un minuto―. ¿Tiene algunas

compras que hacer allí?

―Sí, por favor.

Él gira rápidamente en el carril de a la derecha, haciendo caso omiso de unos

gritos y el dedo del medio de los otros conductores, y acelera a través de ellos.
De

alguna manera llegamos a la tienda sin causar ningún accidente vehicular.

Mientras cuento mi tarifa, digo―: ¿Puede esperarme? No deberían ser más de


veinte minutos.

Alza sus tupidas cejas. ―¿Tanto tiempo? ¿Estás segura? Voy a tener que conducir

por la manzana, y con el indicador corriendo…

―Me lo puedo permitir. ―Por ahora, por lo menos. Tate & Cane aún no está

totalmente bajo el agua.

Se encoje de hombros. ―Está bien, señorita, lo que quiera.

Salgo del taxi y se ha ido antes de que llegue a la puerta principal.

La pequeña tienda tiene una pared entera dedicada a útiles para té; tazas, ollas,

teteras, infusores, coladores, filtros de papel, bastidores de alambre pequeños


para

organizar las cajas, frascos herméticos y latas para almacenar hojas sueltas.
Considero

el exhibidor, tocando mis labios con un dedo.

Por último, elijo una tetera, de estilo japonés con un esmaltado de color verde

bosque moteado. En su etiqueta en la estantería se lee: Ao-Oribe ushirode kyuusu,


esmalte

tenmoku, flitro sasame.

No tengo ni la más remota idea de lo que eso significa. Y el precio es ligeramente

horrible. Sin embargo, su color y elegante forma son de buen gusto, pero llamativo,
ni

demasiado masculina ni demasiado femenina. Un símbolo de compromiso, una

esperanza para la armonía. Un regalo que he elegido por mí misma, pero en

reconocimiento de un ritual en el que Noah está muy interesado.

Sólo por el placer de hacerlo, tomo un par de tazas a juego, también. Sin duda me

quedo con el café por las mañanas. Pero, tal vez, por la noche, no sería tan malo

compartir una taza caliente de té con Noah.

Me dirijo a la parte delantera de la tienda, sonriéndome a mí misma, sintiendo

calma al fin.
Traducido por Rosewin

Corregido por Valentina95

Noah

—Estoy de humor para carne roja —dice Sterling mientras caminamos por la

acera llena de gente después del trabajo.

—Maldición. ¿Racha seca, amigo? —Froto mi barbilla, pensativo.

—¿Qué? —Él me mira de reojo en la penumbra de la tarde.

—Un deseo por la carne roja por lo general significa una falta de sexo. El deseo de

tener ciertamente otro tipo de carne, si quieres decirlo. —Sonrío hacia él.

—Detenlo.

Oh, sí, él está muerto de miedo. Sé que es un hecho que ha estado pasando por

algún tipo de período de sequía, pero no tengo ni idea de la causa. Antes de que
pueda

entrometerme, él se está riendo junto a mí.

—¿Qué? —pregunto.

—Estás tan equivocado, que ni siquiera es gracioso. Tú eres quién tendrá el mayor

caso de bolas azules del mundo, ¿casarse con alguien tan caliente como Olivia Cane
y

no conseguir follarla? —Él hace un ruido lamentable—. Eso es sólo una maldita

vergüenza.

—¿Quién ha dicho algo acerca de no conseguir follarla? —Abro la puerta del

Grassland Steakhouse y gesticulo para que entre.

Él me lanza una mirada extraña, pero se acerca a la anfitriona para solicitar una

mesa.

Una vez que estamos sentados con nuestras bebidas, un whisky puro para mí, una

pinta de cerveza importada para él, Sterling se inclina. —¿Tú y tu preciosa novia

avanzaron más en su relación de lo que me haya dado cuenta?

Me encojo de hombros. —Todavía no. —Ella está lejos de ser mi novia, por una
cosa—. Pero yo, por mi parte, no estoy renunciando a la esperanza. —Tomo otro

sorbo de mi bebida―. De hecho, después de la cena, me encontraré con ella en


nuestro

nuevo apartamento. Un regalo de su padre.

—¿No me jodas?

Asiento con la cabeza.

—Vivir juntos, eh. Eso es un gran paso.

—Ciertamente.

Por un momento, me pongo en los zapatos de Sterling y me pregunto si él siente

como si estuviera repentinamente perdiendo a su mejor amigo y compañero. Solíamos

salir cada fin de semana juntos buscando coños y diversión, en ese orden. Ahora,
soy

prácticamente un hombre casado con una nueva compañera de piso, y probablemente

con un toque de queda.

Pero cuando miro de vuelta a Sterling, está sonriéndome como el gato que se

comió al canario, y estoy seguro de que él sabe algo que yo no.

* * *

Después de la cena, llego primero al penthouse. Es un impresionante apartamento

en el corazón de la ciudad.

Me tomo mi tiempo mirando alrededor, encendiendo interruptores a medida que

avanzo. Una amplia vista de un espacioso balcón en el vigésimo piso, una cocina

moderna con una pequeña cafetera italiana sobre el mostrador que estoy seguro que

Olivia amará, y acabados caros dondequiera que miro, desde la moldura gruesa de las

encimeras de mármol, al suelo de roble pulido a mano. Se ve cada fragmento como un

retiro matrimonial. Las paredes y muebles, alfombras y sábanas son todas en varios

tonos de blanco y crema. Se siente puro y sin tocar.

Honestamente, se siente un poco como caminar por un museo. Tomará un tiempo

para pensar en este lugar como casa. Me he aferrado a mi pequeño departamento de

soltero cerca de la Línea F durante tanto tiempo, que no me gusta la idea de


abandonarlo. Pero sé que todo esto es lo mejor. Un futuro con Olivia es lo que mi

padre quería para mí.

Y hablando de padres… una botella de vino tinto y dos copas han sido dejadas en

el mostrador con una nota del padre de Olivia.

Noah

Gracias por hacer esto, hijo. No voy a estar ahí para siempre, y se siente tan bien
saber que

estarás allí para cuidar de mi niña. Sé que no me defraudarás. No hay otro hombre
en que confíe

tanto mi compañía y mi hija. Espero que lo sepas.

De verdad,

Fred Cane.

Doblo el papel en un cuadrado y lo meto en mi bolsillo. Me doy cuenta de que el

padre de Olivia siempre confió en mí con ella. Incluso cuando yo era un chico

cachondo de dieciséis años de edad con una nueva licencia de conducir, y a ella no
se

le permitía tener citas, sólo a mí se me concedió el privilegio de llevarla a


pasear.

Paseamos en bote, jugamos mini golf, fuimos al cine, lo que sea.

Abro la botella para dejarla respirar y cruzo la habitación para mirar sobre el

horizonte de la ciudad debajo. No puedo evitar pensar de nuevo en todos los buenos

momentos que Olivia y yo hemos compartido. Y los difíciles también. Hemos estado

allí el uno para el otro a través de la pérdida de nuestras madres y viendo a


nuestra

empresa desmoronarse.

Me quedo aquí pensando durante tanto rato que pierdo la noción del tiempo.

Sorprendido, parpadeo de nuevo a la realidad y miro el reloj. Ella llega tarde.

Con una sensación de hundimiento, me pregunto si ella incluso está viniendo.

¿Por qué carajo me importa si ella quiere vivir aquí o no? Ella ha dejado claro lo
que

siente por mí, como lo mucho que odia la idea de estar atrapada conmigo. Soy
similar

a un pedazo de mierda de perro en la suela de sus tacones de quinientos dólares.

Pero sé que hay mucho más que eso. Estaré muy decepcionado si ella decide no

aparecer.

Finalmente, hay un clic en la cerradura. Trato de no correr hacia la puerta como

un golden retriever.

Olivia entra. No estoy seguro de lo que esperaba, pero ella ha cambiado su ropa de

trabajo por unos pantalones vaqueros ceñidos al cuerpo y un suéter ligero.

—Oye. —Dejando su maleta junto a la puerta, ella cruza la sala hacia mí.

—Llegas una hora tarde —digo mientras hago mi camino hacia la cocina.

—Estaba recogiendo algo. —Ella coloca una bolsa de compras de colores

brillantes sobre el mostrador—. Algo para ti, en realidad. —Ella me da una rara y

cálida sonrisa.

Miro mientras ella saca una caja desde el interior de la bolsa y la coloca sobre el

mostrador.

—Bueno… ¿vas a abrirlo? —pregunta.

Imaginé que querría ver el apartamento en primer lugar, pero me obligo, llegando

a estar de pie junto a ella. Puedo oler las ligeras notas de madreselva en su piel.

Maldición, eso va a ser una distracción si ahora estaremos viviendo juntos. Voy a
estar

en un constante estado de excitación. Fantástico.

Alzo la tapa de la caja de cartón y cavo a través de ella hasta que lo encuentro.

—Es una tetera —digo, levantándola en el aire e inspeccionándola con curiosidad.

Luego el significado tras su regalo me golpea. La conversación que compartimos

sobre nuestras madres viene corriendo de nuevo. No creo que alguien alguna vez me

haya dado un regalo tan reflexivo antes.

Olivia mete la mano en la bolsa, saca dos tazas pequeñas, y las pone sobre el

mostrador.
—Podemos tomar el té juntos alguna vez… si quieres.

Hay un toque de incertidumbre en su voz. ¿Pensaba que podría no gustarme esa

idea?

Bueno, no lo hace. Jodidamente me encanta.

—Eso fue muy amable de tu parte, Copo de Nieve.

Pensé que mi amigo Sterling era el único quien entendió mi obsesión con el té,

siendo él británico, pero al parecer Olivia también está a bordo.

Pongo la tetera sobre el mostrador y tiro de ella para estrecharla en un abrazo.

Espero que Olivia se ponga rígida en mis brazos, o incluso retroceda con un

comentario sobre el contacto físico inapropiado. Pero en cambio es suave y cálida,


y su

cuerpo se amolda al mío. Sus manos descansan en mis hombros y ella me mira con los

ojos abiertos.

—Gracias —le digo, rozando mi pulgar a través de su mandíbula.

—No hay problema.

—Sabes que voy a besarte en algún momento, ¿verdad?

Estamos tan cerca, que puedo escucharla tragar. La punta de su lengua se empuja

hacia fuera, en una rápida y nerviosa relamida que ni siquiera parece notar.

Maldición, tan lindo… eso es un sí, si alguna vez vi uno. Pero quiero más que

simplemente señales inconscientes. Espero a ver cómo decide responder Olivia.

Finalmente, ella me da una pequeña inclinación de cabeza. —Tal vez —dice ella,

tratando de sonar impertinente.

Me río y libero mi control sobre ella. —Venga. Tienes que conocer este lugar. Es

increíble.

—Mi padre exageró, como de costumbre. —Ella se aparta de mí y mira hacia

fuera al balcón.

—¿Copa de vino primero?

—¿Por qué no?


Con una copa de vino tinto en mano, caminamos a través del apartamento. Olivia

señala los detalles arquitectónicos y discute el programa de ducha para un baño que

compartiremos, mientras yo asiento con la cabeza a lo largo de ello, y la observo.

Estando aquí con ella, escuchando sus ideas para decorar, compartiendo este

espacio con ella… se siente como un comienzo. Tal vez incluso el comienzo de algo

real.

—Esto no es tan malo, ¿verdad? —bromeé.

Ella me da una mirada. —El hecho de que casi tuve un ataque de pánico ante la

idea de vivir juntos no significa que tengas que regodearte.

—Está bien. No lo haré. Pero es un buen lugar. Tu padre lo hizo bien.

Ella asiente. Luego mira lejos por un segundo. —Hay algo que quería decirte.

Empezamos por el pasillo, y la moví para que continuara frente a mí.

—He tomado tu propuesta bajo consideración, y esto es lo que propongo. —El

tono de Olivia es confidente, sus hombros rectos.

—¿Mi propuesta? —pregunto. Ella está siendo tan clínica, no puedo esperar para

escucharla explicar esto.

Se detiene a mirarme. —Sabes, he tomado la idea que sugeriste en el bar la semana

pasada. Yo estaría dispuesta a intentarlo alguna vez.

Infiernos, sí. Por fin estoy haciendo algún progreso real aquí.

—Por supuesto. Podríamos hacer eso. — Empezando tan pronto como sea

humanamente posible.

—Mientras que haya parámetros —continúa.

Parámetros. Reglas. Directrices. ¿Por qué no estoy sorprendido? Esta mujer es

diferente a cualquiera que haya conocido antes. Desde luego me mantiene adivinando.

—¿Cómo?

—Sólo primera base, como creo que has dicho. Y con la ropa puesta. —Ella

entrecierra sus ojos en mi entrepierna―. Lo que significa que vas a mantener esa
cosa
gigante en tus pantalones.

—¿Crees que soy gigante? —No puedo evitar la sonrisa que se forma en mi boca.

—Oh, por amor de Dios, deja de pescar cumplidos. Sabes que es impresionante,

de lo contrario no lo habrías metido en mi garganta. —Tan pronto como las palabras

salen de su boca, su rostro se ruboriza de un rosa brillante, su desliz Freudiano6

hundiéndola.

—Oh, Copo de Nieve. —Toco su mejilla caliente con mi pulgar—. No lo he

empujado en tu garganta todavía, pero tengo muchas ganas de eso.

—Va… vamos a olvidar que dije eso. Nadie empujará nada en ninguna parte.

Primera base. ¿Entendido?

Me río. —Estoy feliz de ir tan lento como tú necesites.

Y es la verdad. Lento puede no ser mi estilo habitual, pero hay una cierta

satisfacción en saber que estoy ganando su confianza y preparándola para más. La


idea

es muy gratificante. Esto hará mi victoria más dulce.

—Esto va a funcionar, tú y yo —le digo, mientras nos acercamos al dormitorio.

Sí, un puto dormitorio. Y antes de que te emociones, convoco a mi fuerza de

voluntad para decirle que dormiré en el sofá de mierda.

—Puedes tener la cama —le digo, deteniéndome en el pasillo.

Es lo más caballeroso que hacer, no hay duda. Y ya que acabo de decir que estaba

deseando meter mi pene en su garganta, imagino que tengo que hacer un poco

acondicionamiento en el departamento de modales.

—¿Seguro? —Su voz está llena de sorpresa.

Trago. —Por supuesto. Voy a tomar el sofá.

Nuestras miradas se desvían juntas desde el moderno y estiloso sofá de la sala, a


la

enorme cama de tamaño king al fondo del pasillo tendida cómodamente, y de vuelta al

sofá. No hay manera de mi cuerpo de un metro ochenta y ocho incluso encaje en ese

sofá.
—¿Sabes qué? —dice Olivia alegremente—. Somos dos adultos crecidos. Es una

enorme cama. Podemos manejar compartirla, ¿verdad?

—Voy a ser un gatito —le sonrío.

6 Freudiano: por Sigmund Freud, en este caso, Olivia dice "meter en mi garganta"
refiriéndose al hecho

de mencionarlo, no de hacerle una mamada.

—Eso es lo que me da miedo —murmura.

Traducido por Carilo

Corregido por Jeniff

Olivia

Permito que Noah tome el baño para cepillarse los diente primero. Todavía no

alcanzamos el nivel de familiaridad para ver al otro escupiendo en el lavabo.


Mientras

tanto, tomo la habitación para cambiarme a mi pijama de algodón favorito.

Cuando salgo, Noah está recargado sobre la pared afuera de la puerta de baño. Él

ladea la cabeza con una sonrisa divertida que me detiene en mi camino.

—¿Qué? —pregunto un minuto después.

Sus ojos se arrugan en los bordes. —Nada. Sólo te ves linda.

¿Linda? Mis mejillas se sonrojan y sus palabras revolotean a través de mi

estómago. De pronto me siento avergonzada por tener pequeñas mariposas lavandas

impresas por todo mi cuerpo. De alguna manera no esperaba que Noah tuviera alguna

opinión sobre mi pijama. O si la tenía, que él se burlaría sobre ellas. No decir


cosas

dulces que me hacen temporalmente olvidar como hablar.

—¿Dónde está tu pijama? —pregunto. Sacudiéndome la emoción.

Pone una particular sonrisa traviesa. —Bueno. Por lo general duermo desnudo.
Claro que sí. ¿Por qué no estoy sorprendida?

—No. Ya no lo haces —digo rápidamente, interrumpiéndolo—. Encuentra

algunos pantalones de chándal o algo así. —A medida que intercambiamos lugares,

pasando por el pasillo, sobre mi hombro añado—: ¡Y mejor incluye una camiseta!

La vista del esculpido paquete de seis de Noah, mientras aún intento estar cómoda

con la idea de compartir un apartamento con él ¿por no hablar de una cama? De

ningún modo sobreviviré.

Cuando casi termino de cepillarme los dientes, llama desde el dormitorio. —¿Oye

Copo de Nieve? Ya que estamos pasando la noche juntos, ¿estarías interesada en


tomar

nuestra primera prueba de conducción?

Mi corazón salta en mi garganta. Se calma un poco; pero sólo un poco cuando me

doy cuenta de que está hablando de nuestra idea de enrollarnos. Por Dios… Dale al

chico una pulgada y él estará preguntando por una milla.

Sorprendentemente, sin embargo, no me siento ni un poquito reacia sobre besar a

Noah. Sólo curiosidad, una descarga de calor, un aleteo de excitación nerviosa.


Pero,

de nuevo, nuestro acuerdo se limita estrictamente a besuquearnos como una pareja de

tímidos estudiantes de preparatoria, lo que técnicamente ya hemos hecho hace siete

años atrás. Y no hay ninguna razón para reevaluar mi postura contra el sexo casual,
lo

que planeo es un largo camino desde la base. La idea es tanto un gran alivio como a
su

vez un poquito decepcionante.

—Seguro —le respondo finalmente, tratando de sonar indiferente. Después de

todo, yo fui quien sugirió intentarlo. Aunque supuse que sería un poco más
adelante.

Pero esta noche es tan buena como cualquier otra.

Por fin, el momento de la verdad llega. Trago duro, tiro de las mantas, me siento,

y me deslizo hacia abajo. Las sábanas crujen cuando Noah hace lo mismo del otro
lado de la cama.

Lo puedo oír cómo se mueve y respira. Estoy en sintonía con cada pequeño

sonido, tengo plena conciencia de lo cerca que esta de mí.

Ha pasado tanto tiempo de que dormí en la misma habitación con otra persona, y

mucho menos en la misma cama. Y esto no es compartir cuarto como con mi hermana

o Camryn. Mi nuevo compañero de cama es un hombre. Un hombre muy guapo que

ha dejado claro que quiere joder mis sesos con su enorme polla. Sólo estamos

durmiendo juntos, no haciéndolo, pero aun así… Estoy compartiendo cama con el

jodido de Noah Tate. Y estoy aproximadamente a treinta segundos de besarlo.

Una extraña energía cosquillea sobre mí, nerviosismo se mezclan hasta que ya no

puedo distinguirlos. Siento un repentino impulso de moverme más a mi lado de la

cama y voltearme a la pared hasta que se duerma, entonces me reprendo por ser

ridícula. No somos niños inocentes, pero tampoco somos adolescentes que se sonrojan

y ríen frente a la más mínima mención sobre sexo. Somos dos adultos maduros, libres

que muy sensatamente han decidido…

Otra ola de mareos, ésta claramente más cálida. Me obligo a dejar de ser un

manojo de nervios y me volteo.

Noah se apoya sobre su codo. Su sonrisa cae levemente cuando busca mi cara. —

Oye, ¿estás bien?

¿Mi miedo es tan evidente?

—Ah, s… sí, estoy bien —respondo. Tal vez eso no es totalmente cierto, pero no

es una mentira. Realmente quiero probar esto. Lo que significa que necesito dar el

paso ahora—. Vamos.

Noah asiente y se acerca. Extiende la mano y saca el cabello de mi cara, y me

relajo en una fracción de segundo, sintiendo cosquillas con su toque.

—¿Aún conmigo? —pregunta.

Asiento.
—Porque no tenemos que hacer nada que no quieras.

—Lo sé.

Sus toques son más suaves de lo que esperaba. Sus dedos son tan ligeros en mi

mejilla, en mi cuello, metiendo el cabello detrás de mí oreja. Es… agradable.

Entonces, por fin, cambia su peso y se inclina.

Ese primer roce es tan suave, apenas pude sentirlo. Es más como una pausa antes

de un beso que un beso en sí mismo. Pero mi ritmo cardiaco aún va a toda velocidad.

—¿Está todo bien? —murmura él, su cálido aliento a menta sopla sobre mi boca.

Levanto mi mentón y respondo a su pregunta con un casto beso.

Roza contra mis labios con una sonrisa. Desliza un brazo bajo la almohada que

hay en mi cabeza, él se acuesta frente a mí, cubriendo con su otro brazo alrededor
de

mi hombro y espalda. Mantiene sus manos en alto y su parte inferior por lo menos a

una pulgada del mío. Un caballero… Por ahora, de todos modos.

Su boca se comienza a mover suavemente. Sin lengua, sin dientes, sin presionar

mucho, sólo sentir el dar y recibir de nuestros labios uno contra otro. Mi
nerviosismo

de apoco se va escurriendo y es reemplazado por algo diferente, un zumbido

energético mucho más agradable.

Es obvio lo que está haciendo. Está tratando de tomar las cosas con calma y

asegurarse de que estoy cómoda. Me siento aliviada con su cuidadosa consideración…

pero también estoy un poco avergonzada de que en primer lugar esta fuera necesaria.

Es tiempo de subir la apuesta un poco.

Extiendo mi brazo alrededor de su cintura, sintiendo lo firme que sus músculos

son, y abro la boca para él. Con un ruido bajo y tranquilo de aprobación, él me

responde inmediatamente a mi invitación. Mueve la punta de su lengua sobre mis

labios. Regreso el movimiento, determinada para que coincida con su audacia, y


luego

dejo escapar un pequeño jadeo cuando desliza su lengua sobre la mía. Es como si

pudiera sentir ese hábil toque mucho más abajo. Mis bragas se ponen húmedas, y este

estúpido pijama de tela polar comienza a sofocarme. Sus labios son tan llenos, tan

suaves, y su boca se mueve con experiencia sobre la mía.

Inesperadamente, mi cuerpo se impulsa más cerca… Sus hábiles besos son mucho

mejor de lo que incluso recuerdo.

Y entonces lo siento. Su longitud medio dura roza contra mi muslo.

El pensar en Noah, quien protagonizo cada una de mis más escabrosas pesadillas

adolecentes, duro y listo para mí, ahora, aquí, con su atractivo cuerpo es casi

demasiado. Una oleada de pulsaciones calientes bajan por mi vientre y estoy a punto

de balancear mis caderas contra él cuando la realidad me golpea.

¿Qué demonios estoy haciendo?

Este es Noah Tate, quien se ha acostado con la mitad de Manhattan, quien

probablemente está haciendo esto para ganar nuestra apuesta, y añadir otra muesca
al

poste de su cama.

Me congelo con el pensamiento, y él se retira.

—¿Qué está mal? —pregunta confundido.

—Creo que es tiempo de parar por ahora. —Me las arreglo para decir sin tropezar

con mis palabras.

Frunce el ceño con molestia. —¿De verdad?

—Sí, en serio. Buenas noches. —Me desenredo de sus brazos y me volteo—. Pero

gracias, eso fue divertido.

—¿Sólo divertido? —Su tono es de incredulidad—. Vaya. Deja uno de veinte en

mi mesita de noche mientras estas estas en esto.

—¿Me estás diciendo que estas familiarizado con este tipo de situación?

—¡Oh, qué te jodan!


Se da la vuelta y lo escucho levantarse y caminar hacia el pasillo.

Me fuerzo a cerrar los ojos y practico respirar profundamente para calmarme. En

serio. ¿Cómo nunca antes noté lo caluroso que son estas pijamas?

Pero unos quince minutos más tarde, comienzo a preguntarme donde fue.

¿Cambio de idea y fue a dormir al sofá? Espero que no…. me sentiría culpable,
aunque

fuera su propia elección. Tal vez debiera ir a buscarlo.

Suspirando, me levanto para comprobar la sala de estar. Está vacía. Pero la puerta

del baño está cerrada. Por debajo se ve luz. Me siento un poco estúpida por no

adivinar en primer lugar. Al mismo tiempo, sin embargo, ha pasado un rato ¿se habrá

caído o algo?

Me acerco, levantando mi mano para llamar a la puerta… Entonces me detengo,

mis mejillas se sonrojan cuando lo escucho. Un inconfundible sonido de placer.

Mis ojos se abren ampliamente. No puedo creer lo idiota que soy. ¿Qué demonios

creía que haría un hombre después que le di una erección?

Debo irme. Ahora mismo. Debería volver a la cama y pretender que no oí nada.

Entonces… ¿Por qué no estoy moviéndome?

En lo bajo, un gruñido ronco viene desde el interior del cuarto de baño, y mi

respiración se traba. Sin querer, me inclino más en la puerta.

Puedo oír su pesada respiración. Es ruidoso... ¿me pregunto si está cerca de

acabar? Debe estarlo, ha estado haciendo esto durante casi quince minutos. A menos

que tenga una gran resistencia.

Otro gemido, este es más fuerte y más inestable. Es demasiado fácil imaginar la

escena al otro lado de la puerta del baño. No puedo detener las imágenes
mentales.....

Noah con sus pantalones de chándal empujados hacia abajo de sus muslos y su

camisa arrugada revelando su tenso abdomen y un rastro de vello oscuro. Su pecho

agitado y sus piernas temblando. Sus ojos oscuros y medio cerrados o cerrados por
la
concentración. Enrojecido y sudoroso, con la cabeza hacia atrás, mordiéndose los

labios para mantener silencio o separándolos para jadear. Y su enorme polla dura,

incluso más emocionante que cuando lo vi en el bar hace unos días. Debe estar tan

largo y grueso en este momento, curvándose hacia arriba con orgullo, hinchada y

venosa, la cabeza púrpura y mojada, estrangulándose en su apretado puño con tirones

rápidos y ásperos.

Mi ropa interior nada en humedad.

Ahora está jadeando duro y ruidoso, cada vez que respira suelta un gemido que

casi suenan como palabras a medio formar. ¿Que está diciendo? ¿En qué está

pensando? Me muevo, frotando mis muslos ligeramente.

—Olivia… —gime él.

Mi mandíbula cae. Mi coño aprieta con fuerza en el vacío ahora esta empapado.

Noah diciendo mi nombre de ese modo, tan desigual, tan desesperado, es la cosa más

caliente que he oído en mi vida.

Sus ruidos de placer van en aumento, luego disminuyen. Finalmente, él se queda

en silencio. Mi boca está seca y puedo sentir mi corazón latiendo en la garganta.

Entonces me doy cuenta de que probablemente va a estar saliendo del baño

pronto. Y si él me descubre escuchando tras la puerta como una especie de fisgón,

nunca me dejará oír el final de esto.

Me apresuro de vuelta por el pasillo, voy a la cama, y doy un tirón a las mantas

sobre mí justo cuando se abre la puerta del baño. De golpe cierro los ojos. Siento
los

pasos de Noah más cerca, rápido y silencioso. El colchón se sumerge con un pequeño

crujido mientras se mete en la cama.

Haciéndome la dormida, trato de mantener mi respiración lenta y constante como

sea posible. Lo cual no es fácil cuando estoy inundada con tanto deseo y
adrenalina.

Pero si Noah se da cuenta de que estoy fingiendo dormir, él no actuará como él.

Fingiendo me siento como una completa idiota, mi corazón sigue martilleando, mi


cuerpo preparado y listo; mientras Noah, satisfecho, se desvía en un sueño
tranquilo.

***

A la mañana siguiente, la alarma me despierta en una cama vacía. Extraño… No

habría tomado a Noah por un madrugador.

Lejos al final del pasillo, puedo oír distante tintineo de metal, y algunas
olfateadas

confirman el olor de café preparado. Noah debe estar cocinando. Él ni siquiera bebe

café: sólo lo hizo para mí. Mi estómago aprueba esa idea. Se encuentra demasiado

tranquilo, lo tomo como una señal de que no está demasiado molesto por la forma en

que corte las cosas anoche.

Ruedo de la cama para cepillarme los dientes rápidamente, ducharme y vestirme,

no queriendo perder un desayuno caliente.

Cuando entro en la cocina, Noah está de pie junto a la estufa como pensaba. Pero

yo no predije que estaría sin camiseta y todavía húmedo por la ducha, su cabello

oscuro despeinado, sus músculos tonificados marcado sutilmente bajo la piel

bronceada. No puedo dejar de mirar un poco. Fanfarrón… el imbécil sabe

exactamente lo bien que se ve.

Él mira hacia atrás con una sonrisa, interrumpiendo mi ensoñación cachonda. —

¿Dormiste bien?

—Sí, como un tronco —le contesto con tanta naturalidad como es posible. Justo

después de que me quedará despierta durante una hora, más húmeda que el maldito

Río Hudson.

Quizás podría haber tomado el ejemplo de Noah y haber encontrado mi propio

alivio, pero en ese momento, yo era estaba paranoica a que se despertara y me

atrápese. Y entonces tendría que aguantar a sus bromas quién sabe cuánto tiempo.

Toda la eternidad, lo más probable.

La tetera suena, salvándome de necesidad de decir cualquier otra cosa que no sea

—: Yo me encargo.
—Gracias —habla Noah sobre su hombro mientras se concentra en el sartén en

los huevos silbando, y mi estómago gruñe; nuestra comida parece casi hecha—. Ya

puse las hojas en el colador.

Vierto el agua caliente en nuestra nueva tetera, me sirvo una taza de café, y llevo

todo a la mesa. Noah sirve dos platos, cada uno teniendo una mitad de una perfecta

tortilla de espinacas y champiñones.

Comemos donde se encuentran los ventanales en el comedor, disfrutando de la luz

del sol luminoso de la madrugada y la vista de Manhattan que se extiende debajo de

nosotros. Nuestra conversación es sorprendentemente agradable, platicamos, lanzamos

ideas para nuestro nuevo plan de negocios entre ambos. Comienzo a relajarme. Tal
vez

ser compañeros de cuarto ira sin ningún problema después de todo. Sólo hemos

compartido una noche, pero este lugar ya está empezando a sentirse como casa.

Termino mi último bocado de huevos con un suspiro de satisfacción. Un desayuno

fresco, caliente es sin duda una buena manera de empezar mí mañana. Mi rutina

habitual consiste en agarrar un bagel o panecillo mientras corro fuera de la


puerta. Si

Noah está tratando de adularme, está funcionando.

Una chica podría acostumbrarse a esto….

Por desgracia, hemos demorado el tiempo suficiente. Tenemos que llegar a la

oficina pronto. Pongo mi plato y taza en el lavavajillas y comienzo a dirigirme al


baño

para poner en mi maquillaje.

Pero cuando me doy vuelta, Noah me agarra por los hombros y me hace girar

alrededor de nuevo. Sus fuertes brazos se envuelven fuertemente a mí alrededor.


Antes

de darme cuenta, aplasta nuestros labios.

Jadeo. No es nada como el beso de la noche anterior. Ese era suave y dulce, el

toque más ligero posible, como tratar de no asustar a un animal nervioso. Se trata
de
un tipo diferente de posesión, áspera, ardiente. Los guantes de seda han salido.
Noah

me ha atrapado, y las llamaradas de excitación reclaman a través de mi cuerpo como


el

calor de una marca.

Tomada por sorpresa, no puedo contener un gemido. Estoy sorprendida de como

mis músculos convierten en gelatina. Me aferro a él sólo para mantenerme en pie.

Todo acerca de Noah se vierte en mis sentidos. Estoy empapada de su calor

corporal, el deja un rastrojo de besos alrededor de mi barbilla, las fragancias

masculinas jabón de pino y el picante de la crema para después de afeitar.

Devora mi boca y me deja mareada, tratando de recuperar el aire. Sus dientes

cortan y raspan mis labios. Su lengua lame profundo, patina sobre la mía, una

tentadora vista previa de como ese músculo ágil y caliente podría pasar por encima
de

mi clítoris. Una promesa del placer que podría tener… si sólo le permitiera
dármelo.

Recuerdo cómo gemía mi nombre en el baño la noche anterior. El recuerdo de

esos ruidos profundos, necesitados envía otra ola de calor a través de mí. Tal vez
no

soy sólo otra conquista para él; tal vez es igual de impotente a su manera.

De repente, no puedo entender por qué estoy dudado. Tengo un hombre caliente,

dispuesto pidiendo prácticamente golpear mi mente. ¿Cuál es el punto de negarme a

mí misma un buen momento? Me arqueo, presionando nuestras caderas juntas, y

siento un doble destello de hambre y triunfo con la larga dureza que empuja en mi

vientre.

Entonces Noah da un paso atrás. Todo el toque que ansío, su caliente y musculoso

cuerpo, y la boca caliente y húmeda simplemente desaparece. Me toma un momento

para registrar lo que pasó.

Todavía aturdida por la lujuria, parpadeo hacia él. —¿Qué… ?

—Es hora de salir. Vamos a llegar tarde al trabajo


—¿Trabajo? —La palabra sale como un gemido decepcionado.

Él sonríe como si acaba de ganar el Super Bowl. —Tú eres la que estableció

nuestros límites a primera base. Aunque, si quieres más, creo que la oficina podría

sobrevivir a otra hora sin nosotros. Pero vas a tener que pedirlo con educación.

A medida que la niebla de la calentura se borra de mi mente, me doy cuenta de lo

que está pasando aquí. Ah, hijo de puta…

Noah estaba jugando conmigo todo este tiempo. Su plan desde el principio era

burlarse de mí hasta que llegué a estar lo suficientemente desesperada como para

aflojar las restricciones de nuestro acuerdo. Está tratando de tentarme para que
admita

que yo quiero ser algo más que amigos. Cree que puede probarse a sí mismo y también

echar un polvo, matando dos pájaros de un tiro.

Bueno, él sólo puede olvidarlo. Olivia Cane no ruega. Nunca.

Estoy más enojada conmigo misma que con él. ¿Qué demonios estaba pensando?

No mucho, eso es seguro. Mi libido me arrancó sólo totalmente fuera del asiento del

conductor. Nunca me he sentido tan fuera de control antes. Y si no tengo nada que

decir al respecto, esta primera vez, también será la última.

Maldición, mis labios aún hormiguean con su beso. Mi cara quema con la

vergüenza y los últimos rastros persistentes de la excitación.

Tratando de serenarme, doy a Noah el aspecto más sucio que pueda reunir. —Eres

el diablo.

—Estoy bastante seguro de que eso te haría la reina del infierno, entonces. —Hace

una pausa—. En realidad, tal vez eso no es tan inexacto…

—Felicidades, sabelotodo, consigue terminar los platos mientras me pongo el

maquillaje. —Me vuelvo sobre mis talones y camino la distancia al baño.

—Como quieras —dice por el pasillo detrás de mí.

Presiono mi mandíbula, tratando de calmar mi irritación y calentura persistente.

Sólo conozco una manera segura para silenciarlo. Por desgracia, como acabo de
aprender, él podría cambiar un beso a su favor nuevamente.

No puedo olvidar el alarde de Noah acerca de cómo estaría rogando antes del

cuarto día. Al principio, pensé que no había manera de que se lo daría tan
fácilmente.

Pero ahora, sólo un día después, no estoy tan segura.

Traducido por Lili-ana

Corregido por Mariela

Noah

Cuando llegamos a la sala de conferencias, está llena a su capacidad con casi todo

el personal de oficina en el edificio. Todos los asientos a lo largo de la mesa de

conferencia tomados, y de pie al fondo de la sala.

Veo a Rosita metida en la esquina más alejada y me da un saludo alegre. Ella no

estaba invitada a la reunión, pero le envié un mensaje para estar aquí. No hay
manera

que permitirá se perdiera de escuchar la gran noticia. Sé que esta tan orgullosa de

como mi propia madre hubiera estado.

El padre de Olivia esta se pie al frente de la sala, charlando casualmente con

Prescott y algunos miembros de la junta quienes optaron por aparecer. Sé que son

menos que optimistas sobre los alentadores resultados de Oliva y yo.

Mientras esperamos por el gran anuncio para comenzar, las personas están

hablando en pequeños grupos. Algunos charlan sobre el trabajo, son tan apasionados,

mientras otros simplemente hacen una pequeña charla con amigos del trabajo que han

desarrollado en los últimos años. Estas son todas las personas quienes perderían
sus

empleos si no tenemos éxito. Las personas reales. Con problemas reales y vida
reales.

Y todo eso está sobre la línea.

Mi estómago se contrae.

—Necesito una bebida —se queja Olivia a mi lado.


—Buena idea —murmuro.

Me pregunto si aún está molesta por dejarla plantada y seca esta mañana.

Probablemente. ¿Pero después de la forma que rodo su apretado trasero en la cama

anoche después de darme una erección con sus suaves, húmedos besos y pequeños

gemidos de aliento? ¿Obligándome a ocuparme de la bestia si quería alguna esperanza

de conciliar el sueño? Sí, la revancha es una perra.

Su mirada se pasea a la mesa lateral cerca de las ventanas, donde garrafas de café
y

bandejas de bollos daneses han sido colocadas.

—No veo ningún té. ¿Quieres café? —pregunta ella, ya dirigiéndose hacia allá.

Niego con la cabeza. —Gracias por preguntar, pero estoy bien.

Momentos más tarde, Olivia regresa con una taza de papel de humeante café

negro.

—Vamos a comenzar —anuncia Fred, en una estruendosa voz. Silencio se instala

en la habitación, y todos los ojos se centran en él.

Da un paso hacia a delante. —He llamado a esta reunión hoy para compartir un

anuncio especial. —Mira hacia mí y Olivia y sonríe antes de regresar su atención


sobre

la multitud—. Es con gran honor que anuncio la próxima generación de Tate &

Cane… mi hija, Olivia, y el hijo de Bill, Noah, están tomando las operaciones como

Co-Directores Generales.

Un murmullo de susurros estalla por todas partes.

—Lo sé, lo sé —silencia a la multitud Fred, con un gesto con la mano—. La

familia decidió rechazar la propuesta de la junta, al menos por ahora, y


demostrarles

que podemos convertir en rentable esta compañía bajo su dirección al final de este

trimestre financiero.

Vemos algunas cabezas asintiendo, pero la mayoría de las personas lucen

inseguras. No los culpo. Sus empleos están en juego, y ¿qué prueba tienen ellos que
Olivia y yo en realidad podemos sacar esto adelante… y tan rápido? Ninguna.

—Por favor, pongan sus manos juntas y den la bienvenida a sus nuevos Co-

Directores Generales. —Aplaude con entusiasmo y todo el mundo sigue su ejemplo,

obsequiándonos una ronda de aplausos.

Después que el ruido desaparece, Olivia da un paso adelante con un breve pero

elocuente discurso sobre cuán devotos somos para tener éxito, y como necesitaremos
la

cooperación y trabajo duro de todos en esta sala para ganar juntos. Honestamente,
no

estoy seguro exactamente de lo que ella dice, porque veo a Harrison follándose con
los

ojos a Olivia desde donde él se encuentra de pie en la parte posterior de la sala,


y

sangre truena en mis oídos.

Cuando Olivia termina, doy un paso adelante y tomo su mano en la mía. Ese

idiota de contabilidad está a punto de saber con certeza a quien le pertenece ella.

—Tengo un anuncio familiar, en realidad. Bien podría sacarlo todo, desde que no

tengo nada que ocultar. —Sonrió a Olivia, quien luce como si esta lista para

asesinarme—. Los rumores son verdad. Olivia y yo estamos saliendo.

—Pero no apartara nuestra atención del negocio —dice ella, interrumpiéndome.

Maldita sea. Todo acerca de esta mujer es duro e implacable. Lo que necesito

conseguir es que se afloje y se relaje. Está demasiado apretada. Necesita aprender


a

detenerse y oler las rosas de vez en cuando. Trabajo a un lado, eso se convierte en
mi

siguiente prioridad.

Además, todavía tengo que encontrar como ganare la apuesta que hemos hecho.

Sólo tres días más para conseguirla húmeda, desnuda y rogando para mí… y al igual

eso, se mueve a la parte superior de mi agenda.

Lucho contra la ola de excitación que me golpea y sonrío a medida que

respondemos las preguntas de los empleados.


***

Tan pronto como la reunión termina y toda la empresa no está mirándonos. La

tormenta de Olivia se aleja sin una palabra y se niega a responder mi llamada en la

puerta de su oficina. Supongo que mi pequeño anuncia espontaneo la molesto incluso

mucho más de lo que pensaba.

Pero ¿por qué? Estamos saliendo, ¿verdad? Maldición… si quiero conquistarla,

necesito averiguar que me hace su enemigo. No estoy por encima de pedir ayuda. Y

¿quién conoce a una mujer mejor que su mejor amiga?

Ya sé que Camryn trabaja en el departamento de mercadotecnia. La localización

de su cubículo es fácil desde allí. Cuando lo encuentro, veo que es un lio de


papeles y

carpetas, uno de esos sistemas caóticos donde estoy seguro ella trataría de

convencerme que sabe dónde está todo.

Está tecleando, y cuando me aproximo, sus dedos de repente paran y sus ojos se

elevan a los míos.

—¿Cómo puedo ayudarle?

Casi me rio. Es tan formal. Ella y Olivia están definitivamente cortadas por el

mismo patrón; puedo ver porque son tan buenas amigas.

—Necesito hablar con usted sobre Olivia —digo, y la frente de Camryn se arruga.

Cruza por mi mente que tal vez ella no quiera ayudarme. Decido poner todas mis

cartas sobre la mesa y ver su mi franqueza le hace morder.

Bajo mi voz y me inclino más cerca. —Sabes todo acerca del contrato

matrimonial, ¿verdad?

—Sí, y no le ayudaré a tratar de convencerla, si eso es por lo que está usted aquí,

Olivia es una chica grande, y puede tomar su propia decisión.

—No es por eso que estoy aquí.

—Bien. ¿Qué necesita? No soy exactamente del equipo Noah, ¿sabe?


—Eso está bien, porque ambos somos del equipo Oliva.

Gira la silla lejos del teclado y me enfrenta. —Tiene cinco minutos.

—¿Por qué Olivia se opone a esto? Odio ser tan arrogante, pero la mayoría de las

mujeres dejan caer sus bragas a mi menor interés.

—Olivia no es la mayoría de las mujeres.

—Créeme, me he dado cuenta.

—Así que, ¿cuál parece ser el problema, donjuán? —Cambia su peso en el asiento,

mirándome con una expresión divertida. Está disfrutando de mi desesperación

demasiado—. Nunca imagine que Noah Tate, el legendario dios del sexo, tendría

ningún problema seduciendo a una mujer.

—Dios del sexo, ¿eh?

Se encoge de hombros. —Son ciertos lo rumores o ¿no?

—Depende a que rumores está refiriéndose.

—¿Qué tiene un polla mágica de veintitrés centímetros que sabe cómo a fresas?

Me eché a reír a pesar de mí mismo. Estamos en una poblada área de trabajo con

personas sentadas al alcance del oído, y ella está discutiendo de mi polla como si

estuviéramos recogiendo muestras de la alfombra.

—Por mucho que me duela decir esto, dejemos fuera mi polla y vamos al tema en

cuestión.

Cuadra sus hombros. —Correcto. Olivia.

—Dime que le gusta. Pasatiempos. Intereses. Cosas que disfruta.

Camryn toma un segundo para pensar. —Trabaja su culo toda la semana, lo cual

estoy segura sabes. Así que si está refiriéndose a los fines de semana, le gusta
ver

comedias románticas y tiene un lado romántico secreto. Le gusta comprase un ramo de

peonias en el mercado de agricultores los sábados.

—Eso es bueno —Saco mi teléfono y escribo peonias en la aplicación de notas—.

¿Qué más? ¿Color favorito? ¿Comida? —Ya sé que le gusta el martini sucio y el vino
tinto, pero cautivar a Olivia tomara mucho más que licor.

—Verde. Como el dinero. —Sonríe Camryn. Olivia siempre sobrepasa las

expectativas—. Y le encantan las tapas.

—¿No es eso sólo un aperitivo para la cena?

—Básicamente —dice Camryn encogiéndose de hombros.

—Lo tengo. ¿Algo más?

Mira a otro lado por un momento. —Bueno, no es una cosa, pero no creo que

quiera escuchar esto.

—Cuéntamelo todo.

—Tiene este álbum de recortes de su boda de ensueño. Ha estado añadiéndole

desde que era una niña.

—¿Olivia? —Mis ojos se abren—. ¿La misma Olivia Cane quien protesto de tener

el sueño de una gran boda?

—Exactamente. Siempre soñó con una boda grande y hermosa. En realidad es

muy blanda debajo de ese duro caparazón. Lo que su mamá y su papá compartieron

fue especial, y ella está en última instancia buscando la misma cosa. La boda
perfecta.

El esposo perfecto.

Todo me golpea a la vez. —Y este arreglo aplasta su sueño de toda la vida.

—Bueno, sí.

Camryn parece no darse cuenta de la enorme bomba que acaba de dejar caer sobre

mí. No importa si conozco el color o cena favorita de Olivia. Ella quiere la única
cosa

que nunca podré darle… un verdadero felices-para-siempre.

Mi corazón se hunde un poco. No importa lo bien que nos llevemos, no soy tan

tonto para pensar que podría reemplazar a su alma gemela. A menos que… trago saliva

mientras una ola de nervios me golpea. Santo matrimonio. ¿Estoy listo para eso?

—Una cosa más —le pregunto a Camryn—. ¿Porque no sale a citas alguna vez?
Desde el imbécil de un ex en la universidad no he visto a Olivia con otro hombre.

—¿Básicamente? Es una perra escrupulosa —dice con una sonrisa afectuosa.

—Está esperando a que su príncipe azul caiga a sus pies.

—Algo como eso.

—Gracias, esto ha sido de gran ayuda.

—Buena suerte —dice Camryn mientras me dirijo hacia mi oficina. Deja el

tácito la vas a necesitar sin decirlo.

Joder… tengo trabajo duro que hacer.

Traducido por Watson

Corregido por Mariela

Olivia

Del brazo de Noah, envuelto de esmoquin, entro al Clair de Lune, un restaurante

francés de cinco estrellas que tiene vistas al East River. Escargot7, caviar,
manteles

blancos, botellas de cien dólares, el lote completo.

Aunque esta reunión es puramente negocios (una cena destinada a ganarse un

nuevo cliente), Noah me trajo un ramo de peonías cuando vino a mi oficina a

recogerme. Fue educado y atento, y casi me hizo perdonarlo por sacarme de mis

casillas el otro día.

¿A quién engaño? El hombre me saca de mis casillas cada cinco minutos.

La anfitriona nos guía a nuestra mesa reservada, donde la señorita Estelle

Osbourne, la directora ejecutiva de mercadotecnia de Calzado Parrish, de cuarenta y

tantos años, ya está sentada con una copa de champán enfrente de ella. Luce regia
en

su vestido de raso color lavanda y gris, sus mangas transparentes en la parte


superior

tienen apliques de encaje plateado; un toque sexi, pero sofisticado. Repentinamente


me

siento vestida inapropiadamente y desaliñada con mi vestido entallado que me llega


a
la rodilla.

Leí el perfil de negocios de la señorita Osbourne en línea mientras estudiaba sobre

su compañía para esta cena. Después de completar su educación en la Liga Ivy,

consiguió un trabajo con el gigante de la moda Luxor Brands y ha estado ascendiendo

por la escalera corporativa desde entonces. Apenas se hizo cargo del apreciadísimo
rol

de jefa de mercadotecnia de Parrish el año pasado, y hasta ahora está haciendo


cosas

grandiosas.

7 Escargot es un platillo a base de caracoles proveniente de Francia.

Talentosa, exitosa, hermosa, con agudo instinto en los negocios… ella es

exactamente la clase de mujer que yo me esfuerzo por ser. Lo que sólo hace el

prospecto de intentar impresionarla mucho más estresante.

—¿Llegó aquí temprano? Ahora parece como si hubiéramos llegado tarde —siseo

entre dientes.

—Relájate, Copo de Nieve —murmura Noah mientras saca la silla para mí.

Es fácil para él decirlo. ¿Cómo siempre permanece tan calmado? Yo estoy

balanceándome sobre el filo de un cuchillo de emoción y ansiedad. Hacernos con este

nuevo cliente en primer lugar fue un golpe de buena suerte increíble. Si


conseguimos

encantar a esta mujer, los contratos de su compañía nos ayudarán muchísimo para

salir de números rojos. Tate & Cane necesita desesperadamente que esta cena de

negocios resulte sin ningún obstáculo.

Después que todos estrechan manos y se presentan, Noah y yo nos sentamos. El

camarero se materializa con la lista de vinos y tres menús. Yo ordeno el file

bourguignon y una copa del nouveau Beaujolais del año pasado. Traigan el vino
tinto.

El mesero se marcha y yo doy un sorbo de agua helada para aclararme la garganta

seca. No te preocupes, lo tienes cubierto.


—Así que, como estaba diciendo más temprano en el teléfono, Tate & Cane

actualmente está implementado un plan sólido para…

—Ah, seguramente los negocios pueden esperar hasta después del plato principal.

—La señorita Osbourne, o Estelle, como nos ha dicho que la llamemos, interrumpe

con una sonrisa que dice que está claramente acostumbrada a salirse con la suya—.

¿Durante cuánto tiempo han estado juntos?

—Uh…

¿Cómo demonios explico que estamos en la fase de prueba de un matrimonio

arreglado? Sólo empezamos a salir desde hace unos pocos días, pero en cierto
sentido

estamos algo así como… ¿pre-comprometidos? Probablemente solamente debería

inventar algo. Y tengo que hacerlo rápido porque ya he callado durante demasiado

tiempo. Pero también tengo que asegurarme que mi mentira no regresará a mordernos

el culo después.

—Desde que podemos recordar —dice Noah, cubriendo ágilmente el silencio

incómodo—. Nuestros padres eran amigos cercanos y compañeros de negocios, así que

pasamos juntos la mayoría de nuestra niñez. Estaba destinado a ser.

—Que dulce. —Estelle sonríe tontamente, mirando entre ambos con curiosidad.

—De hecho, eso me recuerda una historia de cuando nuestras familias pasaban

juntas los veranos…

Oh Dios, aquí viene. Noah hace uso de una de sus armas secretas: una anécdota

tierna sobre cómo una vez él salvó un cachorro de ahogarse en la bahía Shinnecock.
Es

un cuento viejo, embellecido salvajemente a lo largo de los años, garantiza que las

mujeres se desmayen y las bragas se desintegren.

Empiezo a desconectarme en favor de concentrarme en la comida fragante que

acaba de llegar. Por ahora permitiré que Noah tenga su tiempo de recreo. De todas

formas, probablemente es una estrategia decente dejar que nuestro prospecto de


cliente
tome unos cuantos tragos antes de dar el discurso sobre nuestro negocio.

Eventualmente, Noah termina su historia entre los murmullos de aprobación de

Estelle. Yo empiezo a escuchar de nuevo cuando él se inclina ligeramente hacia


ella,

con ademán conspiratorio, como si estuviera a punto de decir algo íntimo y


profundo.

Pero todo lo que dice es—: Dime… ¿será que te nombraron por Estelle Carmen, la

diseñadora de Hollywood?

Estelle suelta verdaderas risitas. —Tú y yo sabemos que soy demasiado vieja para

que sea así. Ella sólo era una niña cuando yo nací. Pero aprecio el intento de
halago.

—¿En serio? Habría jurado que no era así. —Él le lanza una sonrisa de mil watts.

—Detente —dice ella con un deje tímido que le dice que no haga semejante cosa—

. Pero me sorprende que conozcas ese nombre en absoluto. ¿Es un estudiante de la

moda, señor Tate?

—Siempre estoy interesado en lo que las mujeres hermosas visten… o no.

—Debes ser más cuidadoso con esa boca impertinente tuya —dice ella,

regañándolo juguetonamente.

¿Qué demonios está sucediendo aquí? ¿Repentinamente me volví invisible ante

ellos?

Le disparo una mirada a nuestro mesero, quien se ha llevado la vajilla del plato

principal y ha preguntado dos veces si nos gustaría postre. Él luce casi tan
irritado

como yo me siento, lo que es tanto consolador como aterrador.

Al menos sé que no me estoy desquiciando en esto, pero odio que las gracias de

Noah y Estelle sean tan visibles. Con la forma en que lo llevan, cualquiera
asumiría

que eran viejos amigos… o incluso una pareja. Yo soy el mal tercio. Mis únicos

acompañantes son una copa de vino vacía y los primeros rastros de un dolor de
cabeza
próximo.

—Siento eso —le digo al mesero—. Sí, por favor vaya y tráiganos el menú de

postres. Y también el menú de cocteles. Gracias. — Debo conseguir tiempo para


volver a

encauzar esta cena…

De verdad no tengo idea de lo que está sucediendo. Noah y yo revisamos nuestro

plan de juego en la oficina apenas unas horas antes; nombrar cifras, explicar por
qué

Estelle debería confiar las campañas de publicidad de su compañía a Tate & Cane, y

conseguir un contrato, incluso uno informal. Pero él se ha salido completamente del

guion.

Ellos han cubierto un amplio rango de temas, desde su barra de sushi favorita

(comparten la misma) hasta los mejores hoteles de las Vegas, hasta la caída del

mercado de valores el año pasado (que Calzado Parrish sorteó bastante bien, gracias
al

pensamiento progresista de Estelle), pero nada que ver con asegurar el negocio. Sin

hechos concisos, sin argumentos persuasivos, sin reconocimiento de la maldita razón

por la que vinimos aquí esta noche.

Hasta ahora, yo no he conseguido emitir una sola oración del discurso de ventas

que pasé tres horas preparando. Sin mencionar que la forma en que él está

coqueteando con ella me hace querer vomitar. ¿No se supone que somos novios?

Porque Noah, demonios, no ha estado interpretando el papel.

No podemos marcharnos esta noche hasta que tengamos una firme idea de si

Parrish está o no con nosotros, lo que significa que tengo un camino malditamente

largo por recorrer. Y lo primero que necesito hacer es cruzar una palabra con mi

querido y dulce novio. Preferiblemente en algún lugar privado, donde nuestro


cliente

no pueda escucharme arrancándole las pelotas.

Reviso mi teléfono, fingiendo que lo escuché sonar, luego interrumpo su festín de

amor con una sonrisa pegada. —Cariño, ¿puedo robarte durante un momento? Mi

padre acaba de mandarme un mensaje con una pregunta importante.


Sin esperar una respuesta, empujo mi silla y me levanto, sujetando la mano de

Noah. Lo arrastro todo el camino hasta el fondo del restaurante, cerca de las
puertas

batientes de la cocina. Un mesero que pasa nos dirige una mirada de curiosidad.

—¿Qué demonios crees que estás haciendo? —gruño, intentando mantener baja la

voz a pesar de arder de furia.

Noah parpadea con sorpresa. Luego una sonrisa de suficiencia empieza a aparecer

en su cara. —No me digas que estás celosa de que le preste atención a otra mujer.
Eso

es muy lindo. No te preocupes, Copo de Nieve. Tú eres la única chica para la que

tengo ojos.

Lo corrijo con furia apenas controlada. —No intentes coquetear para salirte de

esta, imbécil egocéntrico. No podría importarme un carajo a dónde van tus ojos.
Estoy

molesta porque estás haciendo lucir nuestra relación como una broma, y no aprecio
ser

el chiste. ¡Prácticamente estabas lamiéndole la salsa béarnaise de los dedos!

Otro mesero pasa. Este luce divertido. Realmente no lo culpo… lucimos muy

ridículos, un par de miembros de la alta sociedad vestidos de punta en blanco y

riñendo afuera de la cocina.

Aprieto los dientes. Ya estoy lo bastante humillada y enojada para que todo

sencillamente me haga sentir peor.

Noah se mofa de mí. —Oh, vamos. Se llama red de contactos. Engrasar las

ruedas. Ella sabe que no es nada serio. He hecho esto un millón de veces.

¿Por qué no me sorprende? —Eso difícilmente me hace sentir mejor. Y nuestro

camarero parecía confundido sobre quién era la pareja aquí, tú y yo o tú y ella.

—¿A quién le importa una mierda lo que él piensa? Ella es la que tiene el control

del dinero. Ella es a quien estamos aquí para impresionar.

—Te estoy pidiendo que te importe una mierda lo que yo pienso.

Él parpadea. —¿Qué? Por supuesto que me…


—No, claramente no, porque de otra forma estarías escuchando con atención

ahora mismo.

Él lanza las manos al aire. —De acuerdo, bien. Estoy escuchando. Sólo explica

cuál es el problema.

Inhalo una respiración profunda a través de la nariz, intentando calmarme lo

suficiente para poner mis pensamientos en orden. —Déjame que lo deletree para ti.

eres el que dio mucha importancia a que hiciéramos una buena representación,

mantuviéramos las apariencias, hiciéramos lucir real nuestra relación. Y ahora


estás

actuando como el mismo gigolo que siempre has sido. Excepto que, ahora, estoy aquí

para recibir el daño colateral, y es vergonzoso. Me faltas al respeto.

Él abre mucho los ojos. —Nunca tuve la intención…

—¡No importa! Tu intención no cambia los resultados. Tal vez nunca se te ocurrió

que yo tendría un problema con tu mierda. Puedo darte ese beneficio de la duda.
Pero

estoy aquí parada ahora, diciéndote cómo me siento. Así que, por favor, basta ya.

Él se cubre la boca con una mano, bajándola con fuerza, y deja escapar un suspiro

alto y agobiado. —Yo… no lo vi de esa forma. Sólo estaba intentando atraer al


cliente.

Como siempre lo hago.

Vaya, realmente luce desconcertado.

De alguna forma sorprendida, permito que mi voz se suavice. —Bueno, si estoy en

tu vida ahora, eso no puede suceder más.

—En mi vida, ¿eh? —Me considera con una expresión que no puedo leer del

todo—. Entonces eso va en ambos sentidos, supongo. ¿Yo también estoy en tu vida?

—Así parece. —Suspiro—. Estamos en esto juntos durante un buen tiempo, al

menos.

Ahora puedo leer su cara… los primeros titileos de esa familiar sonrisa pecadora.

Estira la mano y al principio pienso que me va a tomar por la barbilla. Pero


entonces

solamente pasa el dedo por mi cuello, esa franja larga de piel expuesta, hasta la
curva

de mi hombro. No puedo evitar estremecerme.

—Lo haces sonar como una sentencia de prisión —se burla.

Yo sonrío. Sólo ligeramente, pero ahí está.

Él se inclina más cerca y pregunta—: ¿Estás segura que no estabas para nada

celosa?

Mis dos copas de vino me han bajado la guardia. Esa es mi excusa del porqué, en

lugar de decirle que se calle, admito—: Tal vez un poquitito. —Entonces recupero
mis

sentidos y añado—: Pero eso no cambia mi punto original.

Él levanta las cejas, pero no dice nada.

Mis mejillas empiezan a calentarse mientras me observa. ¿Por qué el imbécil

preguntó, si sólo iba a quedarse allí parado mirándome fijamente?

—¿Qué? —Estoy empezando a avergonzarme de nuevo, pero es diferente de

antes… un retorcijón cosquilloso, casi emocionado en mi estómago, en lugar de un

apretón doloroso y molesto. Y el tono defensivo de mi propia voz sólo intensifica


la

sensación.

—Nada. Solamente estoy un poco sorprendido, eso es todo.

Ruedo los ojos en un intento para dejar de mirar fijamente los suyos. —Vamos, no

me des esa mirada. Sabes el efecto que tienes sobre las mujeres.

Esa sonrisa está a pleno de nuevo. —¿Por qué no me lo dices tú?

—No. Me rehúso a ser la agente de viajes para tu viaje de ego.

—Si quieres, puedo tomar mi turno primero. —Antes que pueda detenerlo, Noah

empieza a enlistar mis puntos a favor—. Eres la persona más inteligente y más

diligente que he conocido. Observarte trabajar es increíblemente ardiente; en tu

elemento, serena y confiada, la forma en que tus bonitos ojos azules destellan
cuando
estás a punto de destrozar a algún pobre mequetrefe. No puedo evitar preguntarme si

eres tan fiera e incansable y creativa en la cama. Eres honesta hasta la


exageración…

¿Tu cuerpo también es honesto? ¿Llevas el placer en la mano? ¿O intentarías

contenerte, hacerme esforzarme por él? Créeme, estoy dispuesto a aceptar el


desafío.

Sus palabras me dejan sin aliento de golpe. ¿Qué demonios acaba de suceder? ¿Y

por qué tiene que hacerme cosquillear de la peor forma?

Las palabras mitad halago, mitad charla sucia golpean un punto débil que ni

siquiera sabía que tenía. O tal vez sólo siento esto porque es Noah el que está
diciendo

esas cosas tan dulces, sucias, mirándome tan fervientemente. Su voz ronca se
suaviza y

me calienta, y repentinamente me siento expuesta. Al descubierto. Pero no de forma

mala, no como una pesadilla de estando desnuda en la reunión importante, porque sé

que Noah nunca me lastimaría. Él nunca se aprovecharía de mi vulnerabilidad.

O tal vez lo haría, pero sólo en formas que yo deseo secretamente.

Noah toma mis manos, gira mis palmas hacia arriba en rendición, sus pulgares

frotan ligeros círculos sobre la suave piel bajo mis muñecas. Cuando no puedo
reprimir

el estremecimiento que me recorre, él sonríe como un lobo. Oh, él vio esa reacción,

muy bien. Él sabe exactamente lo que está haciendo, y yo lo odio y lo amo.

—Y haría prácticamente cualquier cosa para poner mis manos sobre tu increíble

cuerpo —continua sin piedad—. Nunca he visto una mujer más perfecta… cada

centímetro de ti, culo firme y tetas voluptuosas y piernas hechas justo para
envolverse

alrededor de mi espalda. Besarte la otra noche no fue para nada suficiente. Me

encantaría observar tu expresión cambiar mientras embisto dentro de ti. Observarte

ceder el control, apagar tu cerebro y sólo sentir.

—N-no juegas limpio —finalmente consigo tartamudear.


—Ey, así no es cómo funciona esto. Halagos, no insultos. Créeme, ya tengo una

idea bastante buena de cuáles piensas que son mis puntos malos.

—Eh… —Trago—. Tú también eres bastante genial, pero en una forma diferente.

Bueno con la gente, las palabras y esas cosas, en lugar de números y estrategia.

—¿Es por eso que te estás sonrojando ahora mismo?

De alguna forma, sí. Pero su mandíbula esculpida, labios carnosos y penetrantes


ojos

oscuros son lo que hace sus palabras verdaderamente embriagadoras. Y el hecho de

que aún no me ha soltado las manos.

—Tú te haces cargo, y a veces odio eso, pero a veces… es agradable tener un

descanso.

Su sonrisa se vuelve traviesa. —¿Oh? Me aseguraré de tomar nota de eso. ¿Algo

más?

Retrocedo a terreno seguro y familiar. Palabras rudas, algo que pueda negar

después como sólo una broma. —¿Estás intentando hacer que admita que tienes un culo

lindo?

Pero cuando su única respuesta es una risita sedosa y oscura, me doy cuenta de mi

error. Él no se dejó engañar para nada (¿Por qué creí que lo haría?) y ahora me he

arrinconado yo misma. Literal y figurativamente. Mientras yo hablaba, Noah

lentamente se inclinaba más cerca, poco a poco, hasta que apenas puedo sentir el

cosquilleo de su respiración.

Repentinamente, plenamente consciente de la temperatura que se eleva entre

nosotros, me aparto. —¿No deberíamos regresar? Es grosero dejar a la señorita

Osbourne esperando.

La mirada de Noah es demasiado intensa para que yo aparte la mirada. —La

única mujer que me interesa entretener ahora mismo es a ti.

Me remuevo una fracción, necesito marcharme, pero deseo quedarme, y me doy

cuenta que mis bragas están completamente empapadas. Todo lo que nunca me
permití sentir o pensar sobre Noah se apresura a emerger a la superficie. A mi
cuerpo

no le importa que sea un imbécil inmaduro. Odio que mi libido esté tan

completamente fuera de mi control. Odio que siempre he tenido un retorcido

enamoramiento por Noah. El destino debe estar riéndose a morir ahora mismo.

Noah se inclina incluso más cerca, deteniéndose a punto de hacer contacto. Casi

puedo sentir el rozar de sus labios contra los míos, y mi estómago se aprieta del
deseo.

—¿Aún sólo la primera base? —susurra él contra mi piel—. ¿O quieres más?

No respondo. Ni siquiera estoy segura de poder hablar. Sólo me humedezco los

labios.

Ese diminuto movimiento es como aflojar un resorte apretado. Noah se lanza a

devorar mi boca. Mis rodillas se debilitan ante su arremetida experta. Sus brazos

fuertes me envuelven y sus manos están por todas partes, encendiendo mis nervios,
las

puntas de sus dedos rozan lo que se siente como cada centímetro de piel desnuda.

Siento un destello de frustración de que mi vestido sea tan modesto; quiero su


toque

por todo mi cuerpo, sin restricciones.

Él junta nuestras caderas de un tirón y siento su erección presionada contra mi

vientre. Algo salvaje se dispara por mi interior, una satisfacción fiera y


territorial. Esa

dureza lo es todo para mí. No Estelle, ni ninguna de sus conquistas anteriores. Soy
yo

la que lo está haciendo sentir así ahora mismo. Una necesidad tan poderosa y
primitiva

dirigida directamente a mí y solamente a mí.

Él es todo mío. El pensamiento espontáneo se encaja con fuerza en una parte animal

de mí que nunca me di cuenta que tenía.

En llamas, acuno la protuberancia a través de sus pantalones, deseando reafirmar

el control y demostrar mi poder sexual. Pero ese fue un gran error… énfasis en
el gran. Sentir lo impresionantemente acerado y duro que está sólo me hace incluso

más desesperada. Gimo y lo aprieto en la palma de mi mano.

—Si no te detienes, vamos a tener un problema —gruñe.

Yo suelto una risita, sintiéndome casi ebria de lujuria. —¿Estás seguro que

es nuestro problema y no sólo tuyo?

Él se echa hacia atrás abruptamente, sacando un involuntario sonido de decepción

de mi garganta. Pero mi fervor aumenta de nuevo cuando él toma mi mano y me lleva

apresuradamente hacia el sanitario cercano. Me mete de un tirón y cierra la puerta.

Dejo caer mi bolso en la esquina justo cuando me empuja contra la pared.

Nuestras bocas se estrellan de nuevo, labios y lengua moviéndose como si

estuvieran hechas para esto. Nuestro besuqueo se intensifica mientras sus dedos

tantean con la espalda de mi vestido. Él encuentra la cremallera, lo baja a la


mitad,

luego lo abandona para bajarme las mangas por los hombros, atrapándome los

antebrazos.

Grito de sorpresa, luego rápidamente me pongo la mano sobre la boca cuando él

se arrodilla para dar vueltas con su lengua alrededor de un pezón y pellizca el


otro…

con fuerza.

—¿Sin sostén esta noche? —murmura entre lametones, chupetones y suaves

mordidas—. Chica traviesa.

Quiero explicarle que este vestido no funciona con un sostén. Quiero decirle que se

calle y me folle. Pero todo lo que puedo hacer es temblar ante las chispas de
sensación

que se disparan desde mis pechos directamente hasta mi clítoris.

—Dios, son hermosos —dice con un gruñido, tomando mi pezón en su boca.

Sólo puedo observar, desesperada, mientras besa mis pechos y dejo escapar

gemidos impotentes.

—Y tan sensible. —Se mueve al otro, dándole un beso húmedo que termina con

un audible sonido de succión. Me levanta la falda y pasa los dedos a lo largo del
centro

de mis bragas—. Justo como pensé —murmura—. Muy mojada para mí.
Abro la boca para discutir, pero Noah elige ese momento para besarme de nuevo.

Entonces levanta el costado de mis bragas y sus dedos se deslizan en el interior.

Sin tantear ahora, sin tontear, sin molestar… él sabe exactamente por qué me estoy

muriendo. Un dedo largo me separa, acariciándome, poniendo justo la cantidad

precisa de presión sobre esa protuberancia hinchada. Murmuro con un gemido

ininteligible. La lengua de Noah continúa trabajando contra la mía. Luego dos dedos

hábiles se curvan en mis profundidades y la parte baja de su mano frota mi clítoris

hinchado y anhelante. El calor se eleva en mi centro y me ahogo con un grito de

alivio. Sí…

Noah gruñe con posesiva satisfacción. —Eso es lo que me gusta oír, nena. Este

coño es mío ahora, y ambos lo sabemos. Voy a encargarme muy bien de mi esposa…

Su charla obscena me molesta y prende mi cuerpo en llamas al mismo tiempo. No

sé qué sentir. No puedo pensar en absoluto. Sólo me aferro a Noah, luchando por

permanecer de pie mientras el placer incandescente me domina más y más. Me

muerdo el labio con fuerza para amortiguar mis gemidos.

—Joder… Noah… —gimo, girando las caderas con fuerza contra su mano. Estoy

agonizantemente cerca. Sólo unos segundos más…

Alguien golpea en la puerta.

Ambos nos congelamos en el sitio, yo desnuda de cintura para arriba y apretando

los hombros de Noah, Noah con su mano debajo de mi falda. La absurdez de la

imagen me golpea repentinamente. Podría haberme reído, si no estuviera tan

apabullada por el terror… y estuviera al borde de un clímax de infarto. Incluso con


el

miedo de ser atrapados que envía hielo molido a través de mis venas, aún estoy

ardiendo.

—Si mueves los dedos, te mataré —susurro frenéticamente a Noah. Es imposible

que sea capaz de mantener este orgasmo en silencio. Han sido seis largos meses en

ciernes. Y quiero esto más de lo que quiero mi próxima respiración.


—¿Hola? ¿Hay alguien allí adentro?

Oh Dios mío. Esa es la voz de Estella. Nuestra clienta está parada a menos de un

metro de distancia, y la mano de mi estúpido y sexi novio está aún bajo mis bragas.

—Somos Noah y Olivia —dice Noah, logrando una voz perfectamente casual—.

Sólo teníamos unas cuantas cosas de qué hablar.

—¿En el baño? —pregunta ella con obvio escepticismo.

¿Sospecha o sólo está confundida? Demonios, sencillamente debería arrojarme por

la ventana ahora mismo.

—Asuntos familiares privados, tú entiendes. Saldremos en un minuto.

Después de una pausa de paro cardiaco, finalmente escucho que sus pisadas se

alejan.

—Deja de tocarme —siseo entre dientes.

Noah me dirige una mirada de ey, no es justo. —Me dijiste que no moviera mi…

—¡Sabes a qué me refería, listillo! ¡Ahora sal de mis bragas!

Soltando risitas, se retira. —Creo que esa es la primera vez que una mujer me ha

dicho eso alguna vez.

—Si quieres escuchar cosas peores, puede arreglarse. Ahora, súbeme la cremallera.

Después que Noah me ayuda a colocarme la ropa en su lugar, me reviso en el

espejo sobre el lavabo. Jesús, luzco como un choque de trenes. Con el labial

embarrado por todas partes, el cabello revuelto. Mi apariencia prácticamente

grita ¡Acabo de follarme a un chico en el baño! Que gran trato… toda la vergüenza
pública

del sexo sin nada de la parte de “realmente llegar a tener un orgasmo”.

Recupero mi bolso del rincón, me paso el cepillo de viaje por el cabello unas

cuantas veces, luego empiezo a limpiarme los labios. Mientras aplico una capa
fresca

de labial, noto que Noah aún no se ha movido de su lugar. Se ha enderezado la


corbata

y vuelto a abotonar su chaqueta, pero aparte de eso, tan sólo ha estado esperando
pacientemente por mí.

Al menos podría tener la decencia de lucir avergonzado por tentarme a este


desastre…

—¿No te vas a lavar las manos? —le espeto. Después de todo, una de ellas estuvo

enterrada en mí ya-sabes-qué hace un instante.

Con una sonrisa malévola, levanta esa mano a su nariz y se huele exageradamente

los dedos, inhalando mi esencia, y mi cara se pone de un rojo brillante.

—Para nada —dice sencillamente.

Aparto mis ojos hambrientos y bufo—: Lo que sea. Tan sólo regresemos a la mesa

y esperemos que no hayamos arruinado este trato.

—Uh, dulzura…

Lo miro. —¿Qué?

Él suelta una profunda respiración lentamente por la nariz. —Si salgo allí afuera

así, me arrestarán por indecencia.

Sigo su mirada, que ha caído a la parte delantera de sus pantalones.

Diablos. Parece como si estuviera contrabandeando una piña en su ropa interior.

—Pon esa cosa bajo control.

Él aprieta los ojos y respira hondo otra vez. Cuando sus ojos se abren de nuevo,

luce ligeramente más compuesto. —Andando.

Cuando dejamos el sanitario, intento volver a recomponerme. Con Estelle a la

vista de nuevo, pongo mi cabeza de vuelta en modo trabajo.

Claro, Noah puede ser injustamente atractivo… y ahora sé que también es bueno

con sus manos, además de ser un besador habilidoso, pero aun así necesito
permanecer

helada en esto. Él es un mujeriego arrogante, presumido, inmaduro que no se toma


los

negocios con la bastante seriedad.

Así que mantén la cabeza en el juego, Olivia, me recuerdo a mí misma.

Pero el dolor insatisfecho entre mis muslos es casi demasiado de soportar. Esta
cena definitivamente calificará como la tarde más larga de mi vida.

Traducido por Watson

Corregido por Jeniff

Noah

—Bueno, eso fue bien —digo mientras maniobro mi elegante Tesla negro fuera del

estacionamiento subterráneo. Le doy al acelerador un modesto golpecito y volamos

por la calle.

Me siento de tres metros de alto, tan engreído como puedo estar, y nada me

importa una mierda ahora mismo. Ni siquiera la forma en que mi polla está punzando

como una jodida, puede arruinar mi buen humor.

Olivia me dispara una fulminante mirada interrogante, y sé que se está

preguntando a qué me estoy refiriendo… la reunión de negocios con el nuevo cliente

que probablemente lograremos atrapar, o mi parte favorita, casi hacerla correrse en


el

baño. Mi cuerpo aún está preparado y listo para entregar.

—No puedo creer que no te lavaras las manos —espeta ella.

—Puede que nunca vuelva a lavarme esta mano. —Sonrío y hago un gesto lascivo

con mis dedos.

Ella me da la espalda con un bufido y mira por su ventana en silencio el resto del

camino a casa.

Cuando llegamos, el penthouse está oscuro y silencioso y mis hormonas aún están

embravecidas. Olivia deja su bolso y teléfono celular en la mesita de entrada,


luego se

gira, dándome la espalda.

—¿Me bajarías la cremallera?

Le bajo la cremallera por la espalda, dejando que mis dedos rocen su piel,
apreciando los hoyuelos gemelos en la parte baja de su espalda y la parte superior
de su

tanga de encaje.

Tortura. Esto es pura tortura.

Aprovechando la oportunidad, me inclino hacia delante y coloco un suave beso

contra su nuca. —Podríamos terminar lo que empezamos en el restaurante.

Su respiración se ha vuelto superficial y prácticamente puedo oler su excitación.


que sus bragas aún están empapadas. La idea de tocarla de nuevo casi me tiene

abrumado de deseo.

—Probablemente no es una buena idea. Deberíamos mantener esto estrictamente

profesional de ahora en adelante. Necesitamos enfocarnos en el negocio, ¿no crees?

Pero suena un tanto insegura, y eso es todo lo que necesito. Eso me dice que sólo

es una cuestión de tiempo hasta que yo consiga lo que deseo. Y lo que deseo es su

coño estrecho envuelto alrededor de mi miembro, donde pueda embestirlo durante

horas. Días, incluso.

—Estabas muy cerca antes. Podía sentir tu coño aferrando mis dedos, ese pequeño

clítoris hinchado pulsando al ritmo de cada latido. Estabas a punto de correrte —

susurro.

El calor de mi aliento envía una erupción de escalofríos por su nuca. Conozco bien

el cuerpo de una mujer, cómo leer todos los signos y señales, y todo en Olivia está

atronando que ella necesita ser follada. Desvestida, colocada sobre la cama, y
venerada

como la diosa que es.

—Noah… —Su voz es casi un gemido, y mi polla se endurece instantáneamente.

—¿Qué haces para divertirte, Copo de Nieve? No todo puede ser sobre trabajo. A

veces desahogarse es algo bueno.

—Para todo hay una razón. —Endereza su postura. —Y está es nuestra temporada

para aplicarnos y enfocarnos en los negocios, no en jugar a meternos mano. Estoy

segura que ese es un concepto desconocido para ti, pero…

—Créeme, soy mortalmente serio sobre Tate & Cane. Pero los negocios son para
el día laborable. Después de horas de trabajo es tiempo de juegos. Y en caso que

fallaras en notarlo… —Paso la punta de un dedo por su columna, deteniéndome ante

la cinturilla de sus bragas. —Está oscuro afuera. Y somos dos adultos en edad de

consentimiento.

—¿Dos? Intenta contar de nuevo.

La princesa de hielo se aleja un paso de mí y se dirige al dormitorio, donde yo me

embebo de un último vistazo de su espalda desnuda y sus caderas antes que ella
cierre

la puerta. Sólo puedo imaginarla dejando que el vestido se deslice por sus largas

piernas, la tela amontonándose alrededor de sus pies aún con tacones, su culo firme

cubierto sólo por una tira de encaje…

Dios. Joder. Demonios.

Me paso los dedos a través del cabello y soplo un suspiro frustrado. Durante un

segundo, no sé si estoy frustrado porque estoy caliente y desquiciadamente atraído


a

ella, o porque ella está haciéndome imposible ganar nuestra apuesta.

No. Al diablo con eso. Es sólo porque la deseo. Deseo tomarla en mis brazos y

entender que realmente podríamos tener algo aquí. Ella es tan malditamente

obstinada. Y su sueño secreto de una boda romántica… puede que yo no sea su

primera elección, pero al menos quiero encontrarla a mitad de camino, como más que

amigos. Sólo tendré que encontrar una forma de sacar esto adelante y mantener a

todos felices.

Por ahora, entro al baño y cierro la puerta detrás de mí. No la cierro con seguro…

sólo en caso que haya una remota posibilidad de que Olivia cambie de opinión. Me

desabrocho el cinturón y me bajo los pantalones de un tirón, lo suficiente para


liberar

mi pene anhelante. Entonces me rocío algo de su loción aromática en la palma y

empiezo a frotarme.

Su aroma ligero y femenino me rodea, y las sensaciones que cosquillean por mi


columna significan que esto no tardará mucho. Por segunda vez esta semana, desplazo

mi gran mano arriba y debajo de mi polla, deseando que fuera en su lugar, la mano

pequeña y delicada de ella.

Recuerdos de esta noche en el baño del restaurante destellan por mi mente como

un sueño erótico. Dios, ella estaba tan lista después de sólo unos minutos de
manoseos

y besos. Sus pezones erectos estaban apretados en pequeñas protuberancias, y cuando

succioné y lamí, se pusieron como piedra contra mi lengua. Ella sabía tan dulce y

hacía los mejores gimoteos jadeantes que hubiera escuchado.

Y entonces cuando deslicé mis dedos dentro de sus bragas… esperaba a medias

que ella me dijera que me detuviera, sólo que no lo hizo. En su lugar, separó aún
más

sus pies en tacones. El movimiento más diminuto posible, pero yo estaba tan

sintonizado con ella, que lo noté. Ella deseaba que yo la tocara. Lo anhelaba tanto

como yo. Ella era cálida y húmeda, dulce, sedosa perfección. Y cuando deslicé dos

dedos en su interior, casi me corrí justo entonces. Su coño estaba tan estrecho,
sujetó

mis dedos y los succionó, ansiosa porque yo la follara.

Me estremezco ante el recuerdo. Tan perfecta. Hermosa. Inteligente. Sexual. Ella

es todo el paquete.

Unos cuantos tirones más y me corro con fuerza con un gruñido.

***

—¿Estás seguro sobre esto? —pregunta Olivia.

Su mirada viaja sobre un par de docenas de fiesteros desperdigados en el patio de

Rosita. La gente está riendo y charlando en pequeños grupos, y un alegre pop

mexicano suena desde una grabadora en el patio. La cerca de malla separa su jardín
de

una tienda de autoservicio detrás de su casa. Un árbol solitario está en el centro


con
una piñata festiva colgando de una rama.

—Por supuesto. Esto va a ser grandioso. Vamos. —Tiro de ella hacia Rosita y la

cumpleañera, María.

Me dejo caer sobre una rodilla enfrente de ella. —Vaya. Treinta y seis hoy, ¿eh?

Ella sacude la cabeza, sus trenzas se agitan salvajemente. —No. ¡Tengo siete! —

presume.

—Ah, siete. Bueno, feliz cumpleaños. —Le dirijo un guiño y ella arruga la nariz.

Definitivamente aún está en la edad en que los niños resultan repugnantes—. Es un

vestido muy bonito el que traes puesto hoy.

Ella mira hacia su vestido rosa intenso con costuras decorativas color mandarina.

—Gracias. Mi mami lo hizo. —Le sonríe a Rosita.

Cuando me pongo de pie, le doy a Rosita un abrazo. —Todo luce genial. Gracias

por invitarnos.

—Por supuesto, mi amor. Gracias por venir —nos dice tanto a mí como a Olivia.

Era un viaje de una hora hasta Jersey, pero bien lo valía.

—Por supuesto —repite Olivia, su sonrisa es un poco cautelosa. Obviamente está

fuera de su elemento aquí, pero dando su mejor esfuerzo por intentar encajar.

—Por favor, diviértanse. Hay mucho que comer, y las bebidas están adentro.

Escaneo la mesa de picnic que está sobrecargada, no se ve ni un centímetro de

mantel. Empanadas, carne asada, arroz con pollo, un montón de cosas que no

reconozco, pero estoy dispuesto a probar, y un hermoso pastel de tres leches en el

centro de todo.

—Hiciste suficiente para alimentar a un ejército —digo con una risita.

—Mi familia tiene gran apetito. —Rosita me sonríe irónicamente.

Le tiendo mi bolsa de regalo a Rosita. Tiene un par de libros infantiles en español

para María. Sé que mantener viva la cultura de su familia y asegurar que sus niños

sean bilingües es importante para Rosita. Es algo de lo que ella y yo hemos hablado

antes, y creo que es malditamente inteligente. Cualquiera que conozca dos idiomas
tendrá una ventaja en el mundo laboral cuando llegue el momento.

—Oh, no tenías que traer un regalo. Tu presencia aquí es suficiente.

Sacudo la cabeza. —Por supuesto que traje un regalo. ¿Qué fiesta de cumpleaños

está completa sin una gran pila de regalos?

La sonrisa de Rosita decae ligeramente. —Las cosas están un poco ajustadas ahora

mismo. Este año hice los regalos de María yo misma.

¡Oh, mierda! Tenía la intención de hacer un comentario banal juguetón, no llamar

la atención hacia la pila pequeña de regalos.

—¿Todo está bien?

Rosita asiente. —Con toda la incertidumbre en el trabajo ahora mismo, estoy

intentando estirar nuestro presupuesto y ahorrar algo. Sólo por si acaso.

Su mirada viaja entre Olivia y yo como si estuviera buscando respuestas. Al tener

seis hijos, sé que su presupuesto no tenía mucha flexibilidad para empezar.

Tomo las manos de Rosita en las mías y les doy un apretón. —Todo estará bien, lo

prometo. Yo me aseguraré de ello.

Olivia se remueve incómoda junto a mí. Incluso con toda la tensión sexual que

zumba entre nosotros, aún tenemos un trabajo que hacer. Y eso nunca antes ha sido

tan evidente como ahora.

—Suficiente de todo eso —dice Rosita, reforzando su sonrisa de nuevo—. Ustedes

dos vayan a divertirse. —Se aleja, dirigiéndose a su primo, a quien conocí en la


fiesta

de navidad del año pasado.

—¿Tienes hambre? —le pregunto a Olivia. La comida huele increíble, y Rosita es

una cocinera maravillosa. Planeo probar cada platillo sobre la mesa. Tal vez dos
veces.

Ella asiente. —Me muero de hambre, en realidad, pero no estoy segura. —Frunce

el ceño mientras mira los coloridos platillos de comida humeante.

—¿Qué pasa?
Ella mira alrededor. —Sólo estoy buscando un cuchillo y tenedor.

Me doy cuenta que le preocupa derramar comida sobre su blusa costosa.

—Vamos, te ayudaré. La primera vez que vine aquí, mordí un burrito y derramé

su contenido por todos lados. Lucía como si un bebé me hubiera cagado sobre la

camisa de Armani. No podíamos dejar de reír.

Ella me mira escépticamente.

—Rosita me enseñó la forma correcta de doblar mi burrito. Hay un truco. Te lo

mostraré.

Ella asiente y me sigue a la mesa.

Llenamos nuestros platos con carnes marinadas, cebollas asadas, arroz, frijoles y

tortillas. Luego regresamos por una segunda ración de nuestros platillos favoritos.

Olivia me impresiona con su apetito sano y espíritu aventurero.

Después del almuerzo, nos mezclamos y hablamos con la familia y amigos de

Rosita. Aunque Olivia dice que está disfrutando la fiesta; y le creo, permanece
pegada

a mi lado toda la tarde, intentando hacer conversación educada y sonriendo

nerviosamente. De todas las cosas maravillosas que ella es, “persona social” no es
una

de ellas.

Puedo notar que se siente fuera de lugar en sus sandalias de seiscientos dólares,

blusa de seda y reloj de pulsera incrustado de diamantes. Aún no estoy seguro de


por

qué no se puso algo menos formal. ¿O este es el atuendo más casual que tiene en su

armario? Tal vez sencillamente es incapaz de vestirse informal; siempre está pulcra
de

la cabeza a los pies, el epítome de la belleza sofisticada. Ciertamente no me


quejaré.

Ella y yo no crecimos así, con fiestas de jardín informales y platos de papel y


latas

de cerveza Sauza. La vida de lujos definitivamente tiene sus ventajas, pero de


tener que
elegir entre beber el mejor escocés a solas y beber cerveza barata entre risas
amigables,

yo elegiría esta sensación cálida de familia cada vez.

Después, cuando el baile termina, guío a Olivia hacia la casa.

—Ahora necesitamos unas Cubas libres. —Me dirijo adentro, manteniendo una

mano sobre su espalda baja para asegurarle que no la dejaré para que se las arregle
a

solas.

—¿Eso no es sólo ron y Coca? —pregunta, escéptica.

—Sí, pero es Coca mexicana, hecha con azúcar real, no esa mierda falsa de sirope

de maíz, y el ron… Diablos, espera hasta que lo pruebes.

Lleno dos vasos con hielo y luego la mezcla de ron y Coca que Rosita ha

premezclado de antemano en una jarra.

—Mmm. —Olivia gime mientras traga su primer sorbo gaseoso.

—Salud. —La miro desde arriba y toco el borde de mi vaso con el de ella.

—¿Ah? —pregunta.

—Nosotros —digo, mis ojos persisten sobre los suyos.

—Noah… —Se mordisquea el labio inferior—. Sabes que esto podría ni siquiera

funcionar, ¿verdad? —Su tono es sombrío.

—Con un demonio que no. De hecho, realmente necesitamos comprometernos

pronto.

Tal vez es porque me estoy sintiendo jovial y ligeramente achispado, pero

mantengo mi postura, mis ojos aún persisten sobre los de ella. Me he preguntado qué

clase de propuesta planearé… Sólo una reunión de negocios directo al punto donde

acordemos los términos, o una velada romántica donde me ponga sobre una rodilla y

le prometa hacerlo lo mejor que pueda para ella.

Olivia mira hacia el piso. —Sólo que aún no estoy lista para eso.

—Percibí eso… pero podrías intentarlo. —Me inclino más cerca, dejándola sentir

el calor de mi cuerpo, mi altura cerniéndose sobre ella.


—¿Intentar?

—Sí , intentar.

—¿Y cómo propondrías que haga eso? —está haciendo su mayor esfuerzo para

sonar confiada, pero su tono se ha vuelto tembloroso.

Sintiéndome audaz, le sonrío. —Te alejaste anoche. Podrías besarme, tocarme,

abrirte a mí, hacerme el amor.

—¿Qué, aquí mismo? —Su voz se eleva y frunce las cejas.

—Me conformaría con un beso.

—He hecho eso antes, ¿o lo has olvidado?

—¿Olvidado? Copo de Nieve, me masturbo regularmente ante el recuerdo.

Sus mejillas se ponen de un rosa brillante. —Se serio, ¿quieres?

—Estoy siendo serio. ¿Te incomoda saber que, en la noche, en la oscuridad,

bombeo mi miembro ante los pensamientos de tu actitud atrevida, boca sabihonda y

tetas increíbles?

Abre la boca de golpe. Sus mejillas están llameando ahora.

Prosigo—: Un beso. Diablos, puede que incluso termines teniendo algo de

diversión hoy. —La estoy molestado porque puedo notar que, aunque ella estaba tensa

e incómoda cuando llegamos, se ha divertido hoy. Sólo necesitaba un poco de tiempo

para sentirse como en casa.

Colocando una mano sobre su cintura, la atraigo una fracción más cerca.

Su respiración se hace superficial y abre los labios, ya sea en sorpresa o porque


se

está preparando para mi beso, no estoy seguro.

Bajo mi boca hacia la suya, sintiendo la calidez de su respiración flotar sobre mis

labios, mi miembro empieza a hincharse, cuando un grito alto atraviesa el silencio.

—Piquete de abeja. Voy pasando —grita Rosita, cargando a una cumpleañera

llorosa a través de la cocina.

Apartándome de Olivia, despejo un espacio sobre la encimera. —Ponla aquí.


Las lágrimas caen de los ojos de María mientras unos sollozos silenciosos le agitan

el pecho.

—Shh. Te dejaré como nueva, princesa —le digo a María.

Olivia y Rosita reúnen suministros de primeros auxilios mientras yo distraigo a

María con una historia de la vez que me topé con una colmena. Olivia me observa

trabajar con una mirada contemplativa y silenciosa, y no puedo evitar preguntarme


si

me permitirá besarla.

Traerla aquí hoy no fue un error. No hace falta decir que gente como Rosita y esta

niñita son una de las razones principales por las que Olivia y yo tenemos que
seguir

adelante con esto.

Tenemos que seguir adelante.

Traducido por Cili

Corregido por Mariela

Olivia

Querido Dios, ver a Noah con Rosita, e incluso, ¿con la pequeña María? Siento

mis ovarios derretirse.

Tengo que mantenerme fría. ¿Porque de lo contrario? Podría verme fácilmente

perdiendo la cabeza por este hombre.

Traducido por Mae

Corregido por Jeniff

Noah

Olivia está siempre tan arreglada, con faldas y blusas a medida, cuidadosa de pies

a cabeza. Sólo me dan ganas de desordenarla y ensuciarla. Actúo como si no la


notara

en su ropa de negocios, pero por supuesto que me afecta. Sólo soy un hombre. Un
hombre que ha tomado al parecer un voto de celibato desde que comenzamos fingir

estar saliendo, o lo que sea que estamos haciendo.

Dios, ¿qué estamos haciendo? Cualquier noche del viernes normal, estaría fuera

con Sterling buscando chicas. En vez de eso estoy sentado en casa en pantalones de

chándal con una cerveza y mi tablet, haciendo cosas que nunca hago, como buscar la

genealogía de mi ascendencia familiar y leer artículos al azar en CNN. Es


gratamente

relajante.

Pero tener a Olivia aquí, en mi espacio personal, en nuestro espacio compartido

todo el tiempo es cada vez más distractoramente difícil. Como ahora, que está en
una

silla de comedor, las piernas dobladas debajo de ella, hay un par de gafas de
montura

negra cuadradas sobre su delicada nariz mientras mira a su portátil.

Es jodidamente adorable. Siempre lleva sus lentes de contacto, y rara vez la he

visto así. Se siente bien saber que está lo suficientemente cómoda para bajar la
guardia

conmigo.

¿Y el ajustado Henley que abraza las curvas de ella, con los pequeños botones

recorriendo entre sus pechos? No me refiero a esos pequeños botones. Quiero


deshacer

hasta el último, desnudarla y mordisquear mi camino desde el primer redondo, pecho

alegre al otro.

—¿Qué debemos hacer para la cena, Copo de Nieve? —digo hacia el comedor,

donde está tecleando, ocupada en su portátil.

—¿Hmm? —pregunta, se toma un momento para dirigir su mirada a la mía.

—Son las siete —le digo.

—Oh, bueno, no tienes que quedarte en casa y atenderme. Puedes salir o lo que

sea.

Se muerde el labio mientras dice esto, sin embargo, y algo en mí sabe que se
enojaría si saliera sin ella. Maldición, me siento de la misma manera. Hay una
cierta

paz al trabajar duro con ella durante toda la semana, y ahora relajarnos juntos.

—Estoy en pijamas. No voy a salir. —Me río.

—Bien. —Ella me da una mirada astuta—. Así que. . . ¿Pizza?

Ella normalmente come de manera saludable, y yo también, para el caso, pero me

gusta que no le importe hacer trampa y disfrutar de algo sólo porque sí.

—Hmm, no sé. —Me froto la barbilla—. Creo que esa es la verdadera prueba de

un matrimonio, ponerse de acuerdo sobre los mismos ingredientes de la pizza.

—Está bien. —Ella hace un gesto para que continúe—. Tú primero.

Niego con la cabeza. —Al mismo tiempo.

Nuestras miradas se encuentran y ella abre la boca. —Al… —empieza.

—Alcachofa— le digo.

Ella me sonríe. —Exactamente.

—¿Y tal vez salchichas?

Ella se ríe. —Por supuesto. ¿Por qué no? La variedad es el sabor de la vida.

Tal vez de eso se trata el matrimonio, no estar de acuerdo en todo, pero aprender a

ceder.

La aparto de su computadora cuando llega la pizza, agitando la caja tibia y dos

botellas de cerveza fría en frente de ella.

—Dios mío, esto es genial —dice ella momentos después, gimiendo alrededor de

una porción de pizza estilo Nueva York.

Asiento de acuerdo. ¿Quién sabe? Las alcachofas no son del todo malas.

—Ten. —Le doy una servilleta para la mancha de salsa en su labio inferior.

—¿Lo quité? —pregunta.

—Claro que sí.

Cada uno disfruta de una segunda rebanada y el silencio cómodo que se instaló

entre nosotros. Cuando terminamos, tomo los platos a la cocina y vuelvo a la sala.
Olivia se lame el dedo pulgar, apoyando la espalda en el sofá.

La estudio en la forma en que un artista estudia a su musa. Durante todo este

tiempo, sigo buscando signos, sigo preguntándome si esto realmente podría


funcionar,

y si bien no estoy más cerca de una respuesta, algo nuevo ha tomado forma. Me gusta

estar cerca de ella. Anhelo nuestro tiempo juntos.

Antes de que me vuelva jodidamente blando, decido cambiar el tema a algo más

ligero.

—Así que... —Me acerco más—. Este período de prueba, estar juntos, y todo esto

¿qué piensas hasta ahora?

—¿Objetivamente hablando? —pregunta, su boca se tensa.

—Por supuesto. Me gustaría medir mi rendimiento hasta ahora como un novio

falso.

—No ha sido tan malo como lo que hubiera imaginado. —Su voz es suave, y está

mirando hacia abajo a sus manos.

Las palabras de Camryn, acerca de que Olivia quiera más, que se enamore y

pierda la cabeza, resuenan ruidosamente. Puede que no sea capaz de darle todo, pero

sé que puedo ser un buen Co-Director General, un buen amigo y un buen amante. Si

me lo permite.

Tal vez eso no sea suficiente, pero es lo que tengo que ofrecer.

—Ven aquí —murmuro, atrayéndola sobre mi regazo.

Olivia obedece, colocándose a horcajadas entre mis muslos, y coloca su centro

justo en línea con mi pene muy interesado y semi-erecto.

Me pregunto si todavía está procesando mis palabras de la fiesta de cumpleaños,

cuando le pedí que lo intentara.

—Más cerca.

Se inclina hacia adelante hasta que nuestros labios están a pulgadas de distancia y

su cálido centro se encuentra a ras de mi ingle.


Me acerco a su boca y la tomo, empezando suavemente al principio, para no

asustar a mi princesa tímida. Sus labios se abren para mí y me tomo mi tiempo,

explorando su boca con la lengua, chupando sus labios y mordisqueando ligeramente.

El diminuto gemido de satisfacción de Olivia hace que mi orgullo se eleve, así

como otras cosas. Tomando confianza, me rodea las caderas, y planto ambas manos

en su cintura, instándola a rozarse contra mí. Ella lo hace, más fuerte esta vez, y
gruño

cuando mi eje ahora totalmente duro se fricciona con su calor.

Apartando mi boca de la suya, la miro. Esas pequeñas gafas posadas en su nariz,

su pecho agitado, y esos botones tentadores sobre sus pechos. Es hermosa así.

—¿Qué pasa? —pregunta, un poco sin aliento—. ¿Por qué paras?

—Estaba pensando. Tal vez pueda ser de utilidad.

Entrecierra los ojos. —¿Sentido?

Agarro sus caderas y la coloco sobre la dura elevación en mis pantalones. —Si

deseas montar esto, quitar toda la frustración del trabajo al retorcerte sobre mi
polla,

me apunto.

—¿Lo quieres ahora?— Su tono es ligero, burlón.

Me encojo de hombros. —Me ofrezco como tributo.

Ella se ríe, profundo y gutural, y es maravilloso.

—¿Y que ganes nuestra apuesta? De ninguna manera. —Ella niega con la cabeza.

—Está bien, entonces, declaremos empate, porque ya rompimos esa regla de

primera base cuando tuve mis dedos en tu delicada flor en el restaurante.

—¿Crees que mi flor es delicada?

—En realidad, sí. Creo que a pesar de ese acto de chica dura eres realmente dulce,

tierna y suave en el interior.

Sus mejillas se vuelven rosa y baja la mirada.

—Sabes que no haría nada para lastimarte, ¿verdad?


Asiente sin dudar.

Eso es bueno. Significa que está empezando a confiar en mí.

Tal vez es un comienzo.

Traducido por Cili

Corregido por Dionne

Olivia

Todo nuestro edificio vibra con actividad. Incluso con la puerta cerrada de mi

oficina, puedo oír los constantes murmullos de conversación y pisadas rápidas y el

sonido de teléfonos. Me gusta ese sonido blanco; me ayuda a entrar un ritmo

productivo, y me dice cuánta gente trabaja arduamente junto conmigo.

Contra todo pronóstico, ganamos el pequeño contrato de Parrish Footwear, más

que nada era un periodo de prueba, y también nos las arreglamos para recuperar un

antiguo cliente. Pero, ¿será suficiente? No tenemos tiempo para dar ningún paso en

falso.

Y no todos están dando lo mejor de sí mismos.

Actualizo mi bandeja de entrada y frunzo el ceño. Maldición, Harrison aún no me

ha enviado el resumen de gastos. Se lo pedí ayer en la tarde, y lo volví a hacer


cuando

llegué a las siete de la mañana. ¿Qué demonios ha estado haciendo todo este tiempo?

Esa información está en sus manos; debería haberse tardado unos quince minutos tal

vez en juntarla.

Considero enviarle un correo por tercera vez, entonces mejor decido no hacerlo. El

tiempo de fastidiar ya pasó. Quiero que él mismo se explique en persona. Tal vez

Noah tenía razón sobre él todo este tiempo.

Llamo al departamento de contaduría y le pido a la secretaría de Harrison que me

lo mandé acá arriba. Y mientras espero su llegada, tengo una plática muy

esclarecedora con ella acerca de su horario más reciente.

Él toca mi puerta cinco minutos después. Harrison está en sus veintes, y estoy
segura de que muchas chicas lo encuentran atractivo. Pero para mí, él no tiene nada

especial. El tipo de chico que la gente ve en la calle todos los días y ni siquiera
lo

recuerda. Buen trabajo. Un atractivo discreto. Inteligencia promedio. Nada del


ingenio

o encanto de Noah.

Un minuto, ¿por qué estoy pensando en Noah?

Cuando Harrison entra, cierra la puerta de mi oficina. ¿Sabrá que está a punto de

ser reprendido? ¿O sólo quiere algo de privacidad para intentar otra cosa conmigo?

—Hola, Olivia —saluda—. Te ves hermosa como siempre.

Debí imaginarlo. —¿Hay alguna razón por la que no has terminado el trabajo que te

pedí ayer? —le preguntó, fríamente.

Parpadea. —Yo… tenía otras cosas que hacer.

—¿Más importantes que la petición de máxima prioridad de tu Directora General?

—¿Máxima prioridad? No tenía idea de que era tan urgente.

Le doy clic a mi carpeta de correos enviados, giro la pantalla de mi computadora

para enseñarle a Harrison nuestra reciente cadena de correos, y señalo mi última

oración.

—¿Puedes leerme eso en voz alta?

Se inclina para ver la pantalla. A regañadientes, recita—: Por favor envíalo de

inmediato. Necesito este reponte para terminar de hacer nuestro nuevo presupuesto

antes de la junta del jueves con el consejo de progresos. —Regresa su vista hacia
mí—.

Mira, lo siento, pero tengo que terminar las solicitudes conforme van llegando. Las

primeras que llegan son las primeras en salir, es la única forma justa de…

—Si puedes llegar tarde, tomar descansos de dos horas para comer, e irte

temprano todos los días, puedes tomarte quince minutos para enviarme un reporte que

te pedí dos veces. —Regreso la pantalla a su posición—. Dada la crisis actual de la

compañía, la mayoría de la gente en tu nivel de gestión ha estado trabajando horas


extras últimamente. No te pediré que hagas lo mismo, porque respeto las vidas

personales de mis empleados, pero si deseas seguir recibiendo un salario de tiempo

completo, tendrás que cumplir con tu horario. ¿Le quedó claro, Sr. Ridgefield?

Con los ojos como platos, se lame los labios nerviosamente. —S-sí, señora.

—Y la próxima vez que no puedas terminar algo a la velocidad que necesito,

deberías decirme para que encuentre a alguien que sí pueda. No te limites a dejar
mis

mensajes se queden sin respuesta en tu bandeja de entrada mientras me pregunto qué

demonios está pasando en tu departamento.

—Sí, señora —repite—. Así lo haré. Lo siento. Tendrá su reporte antes de que

acabe el día.

Asiento en señal de reconocimiento. —Gracias. Para la hora de la comida, si es

posible. — Y si no puedes, es mejor que tengas una buena excusa.

Él se gira y empieza a alejarse. Pero al último segundo, con una mano sobre la

perilla, hace una pausa para mirar hacia atrás.

Suprimo un destello de irritación. Solo ve a hacer tu trabajo y déjame hacer el


mío.

—Um, hablando de la comida… —Se frota el cuello, avergonzado, como si su

obvia actuación de tímido me fuera a apaciguar—. Me siento mal por este

malentendido. Permítame invitarla a salir hoy para compensarlo.

Le doy una mirada cansada y en blanco. —Esta es la quincuagésima cuarta vez

desde que nos conocimos que me has invitado a comer. Las he contado. Mi respuesta

siempre ha sido y siempre será un no. Así que en lugar de tratar de distraerme de
tus

errores con tus coqueteos, te sugiero que desvíes parte de esa energía a tu
trabajo.

Cuadra los hombros y ensancha sus fosas nasales peludas. —¿Disculpe?

¿Coquetearle? No puede andar por ahí lanzando ese tipo de acusaciones. El acoso

sexual es un...

—Puedo hacer lo que a mí me parezca necesario —chasqueo—. He tolerado tus


excusas el tiempo suficiente. Esta compañía está tambaleando en el borde, y si

queremos tener la oportunidad de sacarla de ahí, necesito ver algo de trabajo


serio.

Miré a Harrison a los ojos, retándolo a desafiarme. Necesita entender que ya no

sólo soy la hija del jefe, y mucho menos una pasante ingenua cuyo escote puede
mirar

mientras finge que la ayuda.

—Pero si no estás interesado en que te ayude a salvar tu trabajo, entonces por

favor, continúa poniendo a prueba mi paciencia.

Nuestra competencia de miradas dura veinte segundos por lo menos. Finalmente,

su mirada de un café profundo vacila. Parece un poco confundido y más que irritado,

pero creo que logré meterle un poco de temor a Dios. Sin embargo, sólo el tiempo
dirá

si de verdad le llegó el mensaje.

Dejo salir un suspiro de alivio en cuanto se va. Mi primera vez reprendiendo a un

empleado fue tan bien como puede esperarse. Pero el encuentro me ha dejado
irritable

y alterada.

Con mi presión sanguínea ya alta, reprimo una rabieta cuando veo un nuevo

mensaje en mi bandeja de entrada del correo electrónico. Es Camryn, la nueva jefa


del

nuevo equipo de redes sociales de Tate & Cane, ofreciéndome que contrate uno de sus

“diez mejores opciones” de consultores especializados en capacitación.

Nunca había escuchado de ese proyecto. De haberlo hecho, me hubiera gustado

estar a cargo de él. ¿Cómo es que ya están en la etapa de la lista corta? ¿Y cómo
es que

llega primero que la estimación de gastos que pedí en realidad?

¿ Qué el universo no quiere que termine este presupuesto hoy?

Un minuto… tal vez sí tengo una idea de qué va esto. Noah y yo volvimos a visitar

el tema de entrenamiento de las redes sociales hace un par de días, pero creo que
no
tomamos una firme decisión al respecto. Esa discusión solamente era una lluvia de

ideas… ¿cierto? Evidentemente él no lo vio de esa forma.

Llamo a la secretaría de Noah, sólo para que me recuerden que ha salido a un

desayuno de negocios, intentando recuperar más clientes antiguos. Demasiado

impaciente para esperar, lo llamo a su celular.

Suena seis veces antes de que Noah me conteste fríamente—: ¿Sí, querida? —

Puedo oír motores de autos y ráfagas de viento en el fondo; ya debe estar


regresando.

—¿Desde cuándo el equipo de Camryn busca consultores? —pregunto.

—Desde que necesitamos contratar algunos. Y desde que su equipo está, la última

vez que comprobé, a cargo de los asuntos de las redes sociales.

—Sabes lo que quiero decir. ¿Por qué le diste luz verde a un proyecto del que

nunca terminamos de hablar? ¿Por qué le dieron más importancia a esto que a mis

otras tareas? ¿Y por qué ella está a cargo de él y no yo?

Noah hace un sonido de incredulidad que se parece mucho a una carcajada. —¿Es

en serio? ¿Quieres ser una cazatalentos?

—¿Por qué no? Es una decisión importante. ¿Por qué te ríes de mí?

Lanza un suspiro al teléfono junto con una ráfaga de interferencia. —Déjame

hacerte una pregunta. ¿Crees que Camryn es tonta?

—Por supuesto que no —jadeo—. ¿Cómo puedes siquiera decir eso? Es mi mejor

amiga.

—Porque no pareces tenerle mucha fe a su capacidad. Por el amor a Dios, Olivia,

aprende a delegar. Tu tiempo es mucho más valioso que esto. Uno de los dos tiene
que

firmar la decisión final así que, ¿cuál es el problema?

—Papá siempre me dijo que la mejor manera de hacer algo bien es haciéndolo tú

mismo.

Otro sonido de incredulidad, este era más como una burla descarada. —Increíble.
Eres una controladora compulsiva.

—¡No tendría que serlo si pudiera confiar en que la gente me mantendría

informada! —En algún lugar de mi mente sé que estoy siendo irracional, pero

temporalmente he perdido mi habilidad para que me importe.

—Sólo tranquilí… —Alguien hace sonar su claxon y Noah maldice por lo bajo—.

Mira, no puedo hablar en este momento. Llego en quince minutos y podemos discutir

esto.

Cuelga. Dejo el teléfono en su base y me masajeo la frente. Dios, no sé cuánta

desorganización podré soportar en un día. Este desastre va a hacerme una úlcera.

Después de unos minutos intentando calmarme, me rindo y me echo el cabello

hacia atrás. Con suerte, una pequeña caminata y un cambio de escenario me ayudaran.

Camino hacia la nevera cerca de la recepción y me sirvo un vaso de agua helada.

Una burbuja de plata enorme se eleva por el tanque con un ruidoso bloop. No por

primera vez, me pregunto cómo es que se hace una burbuja tan grande por dar tan

poquito líquido.

Mi tiempo está por terminarse, y sigo sin estar cerca de averiguar si Noah y yo

funcionaremos como una pareja de casados. Seguro, hemos compartidos algunos

momentos tiernos, y otros muy calientes también.

Hubo algunos de estos dos en la fiesta de cumpleaños de María este fin de semana.

Al principio, me sentí como si estuviera metiéndome en una reunión familiar


privada.

Después de todo, no me habían invitado exactamente. Sólo era la novia de Noah… ¿y

quién lleva una cita a una fiesta de niños?

Sin embargo Noah me había tranquilizado, y todos me recibieron con los brazos

abiertos. Algo del carisma de Noah debió habérseme pegado. Aunque no me hacían

falta los guiños de felicitación de Rosita.

Una vez más presencié el cariño que una madre le daba con orgullo a su hijo. En

definitiva Noah era parte de su familia. Él se decidió a ponerse al día con todas
las
personas de la fiesta, no sólo el típico “¿cómo va el trabajo?” para romper el
hielo, sino

preguntas específicas como “¿ya le quitaron el yeso de la pierna a tu sobrino?” o


“¿Te

dieron el ascenso que planeabas pedir?”. Obviamente se esfuerza en recordar los

detalles de sus vidas.

Pero tal vez eso no sea tan sorprendente. Aunque a veces Noah pudiera ser

egocéntrico, es una persona real. A veces esa facilidad de palabra me pone celosa…

cuando no me vuelve loca como a todos con los que interactúa. Siempre está cómodo

en su propia piel, tan a gusto en cualquier situación. Se veía tan natural con
short y un

tonto sobrero de papel, jugando a las peleas con los niños en el jardín enlodado,
como

cuando usa un traje de tres piezas hecho a la medida en una comida de negocios.

Verlo reírse ese día… en definitiva me persuadió para dejarlo acercarse.

Está bien, así que Noah es un hombre decente. Incluso uno increíble. Pero, ¿eso

significa que tengo que abandonar mi sueño de enamorarme perdidamente algún día?

Lo que necesito es una señal.

Mi mirada vaga por el área de la recepción mientras bebo agua. La puerta

principal se abre y, por un segundo, pienso que Noah debió haber regresado en
tiempo

récord.

Entonces reconozco al hombre y casi me ahogo. Ay no. No, no, no…

Mi estómago se aprieta cuando cada nervio se ilumina con un impulso de pelear-o-

huir. Ni siquiera sé si estoy asustada o furiosa… este sentimiento es crudo,


adrenalina

e indiferenciada.

Es Bradford Daniels, mi maldito ex novio, parado a unos metros de distancia.

¿Qué demonios está haciendo aquí? Pensé que había terminado con él para siempre.

Pensé que había escapado. Pero ahora está en mi edificio, mi santuario, sin
advertencia alguna y no estoy para nada preparada.

Atónita, con el corazón martillándome el pecho, lo observo como un venado

frente a unos faros mientras él se registra en la recepción. Se acerca a la


recepcionista.

No puedo oír lo que dice, pero puedo adivinar por su sonrisa coqueta y la risita
tonta

de ella.

No es su culpa. El rostro atractivo de Brad y sus modales de club campestre

también me engañaron una vez. Ella no podría saberlo. No puede ver el alma viscosa

que se esconde debajo.

Empecé a salir con Brad en la universidad porque era guapo, venía de una familia

prestigiosa, y fue el primer chico que conocí que compartía mi gran ambición. Pero
me

di cuenta demasiado tarde que su espíritu competitivo no estaba templado por algún

sentido de juego limpio. Todo ese privilegio con el que nació, tan asombroso como
era,

seguía sin satisfacerlo. Se sentía con el derecho de más… por todos los medios

necesarios.

Era su padre la única persona por la que sentía lealtad. Todos los demás

existíamos para su propio beneficio. Y lo que lo hacía realmente peligroso era su

habilidad de disfrazar su egoísmo depredador. Usaba a sus inferiores descaradamente

porque sabía que podía salirse con la suya, pero les hacía la pelota a sus
superiores y

manipulaba a sus colegas con tanta agilidad que nadie con el poder de detenerlo

quedaba atrapado en sus juegos.

Todavía odio admitir el tiempo que dejé a Brad usarme. Me convenció de que él

hacía su mejor esfuerzo por amarme y yo era la “difícil”. Me aferraba a las migajas
de

afecto que racionaba para cuándo y solamente cuando quisiera algo de mí.

Me tomó dos años darme cuenta de que Brad; y no mi personalidad “difícil”, ni el

estrés por mis clases y pasantías y responsabilidades del club, era la razón por la
que

me sentía miserable todo el tiempo. Pasaron otros seis meses para hacer algo con
esa
revelación. Rompí con él en nuestra ceremonia de graduación para así no tener que

verlo nunca más.

O eso pensé.

Brad se gira y me ve. Notando mi mirada horrorizada, me da un saludo sarcástico

con la mano.

La furia le gana al pánico. Mi parálisis se hace añicos. Después de clavar mi vaso

de papel en el bote de basura, me voy contra él como una madre loba defendiendo mi

madriguera.

—Lárgate —gruño.

La recepcionista parpadea, sorprendida por mi odio desenfrenado.

Brad, por supuesto, no se ve para nada asustado. Sabe con exactitud lo que siento

por él, y las razones. Pero nunca dejará pasar la oportunidad para hacerme quedar

como una bruja loca.

—¿Qué, ni siquiera un hola? —pregunta, fingiendo sentirse herido.

Es una lástima que no me importe cómo me veo. Todos en este edificio son leales

a mi familia; me puedo permitir lidiar con Brad primero y luego explicarme.

—No te mereces uno. Vete ya.

Él baja la mirada con una sonrisa condescendiente. —Siempre tan hipersensible…

qué poco profesional. Tengo derecho a estar aquí. Mi padre quiere comprar una nueva

sucursal, así que estoy aquí para darle una visita a tu junta.

—Esta compañía aún le pertenece a las familias Tate y Cane. Aún no puedes

comprar un solo ladrillo de nuestro edificio, y hasta que ese día llegue, sólo
estás

husmeando. Espera tu turno como todos los demás. —Ya es malo de por sí que WBB

fuera permitido… y no tengo una sangrienta historia personal con ellos.

Su mueca se intensifica y cambia a un evidente desdén. —No puedes tratarme así.

Fui invitado a venir.

—Y tengo el poder de desinvitarte. Así que puedes escabullirte a tu oficina y


subirte al regazo de tu papi como haces siempre.

Brad estrecha los ojos de forma peligrosa. —¡Perra frígida…!

Suelto un bufido audible. Si alguna vez fui frígida, ¿de quién cree Brad que fue la

culpa? Debió haber buscado “juegos preliminares” en el diccionario alguna vez.

Con una punzada de satisfacción infantil, noto que la recepcionista ahora ve con

sorpresa a Brad y no a mí. Entonces me avergüenzo de mi mezquindad. A esto me

reduce Brad. Un minuto en su presencia y me he rebajado a su nivel. Como si los


años desde

nuestra separación no hubiesen pasado.

Ante mi sonido burlón, Brad vuelve a su expresión arrogante y fría, bajo el

pretexto de enderezar su corbata. Recuerdo, demasiado bien, su necesidad insegura


de

mantenerse bajo control todo el tiempo, incluso si sólo lo aparenta.

—Tal vez quieras ser más cuidadosa con la forma en que me hablas, Olivia.

La amenaza abierta me asusta un poco. Pero no puedo dejarle saber lo mucho que

aún me afecta su voz venenosa. Fuerzo una carcajada, sabiendo que eso lo
enfurecerá.

—¿O qué? ¿Me matarás del aburrimiento?

Para mi sorpresa, su sonrisa no cae ni por un segundo. —Confía en mí. Te

conviene cooperar con mi compañía.

¿De verdad tiene algún truco debajo de la manga? Por un lado, no quiero ser

arrastrada a sus juegos mentales. Por el otro lado… siento curiosidad.

Pero antes de que me decida si me atrevo a hacerle una pregunta, la puerta

principal se abre y Noah entra. Se detiene a media zancada, alternado su mirada


entre

nosotros, sintiendo algo podrido en el aire.

—¿Qué pasa aquí? —demanda.

—Nada —contesta Brad antes de que pueda explicar nada, con tono ligero y una

sonrisa educada—. Sólo hablamos de trabajo.


—¿Ah sí? ¿Es por eso que pude oír a un hombre gritando desde el elevador?

La sonrisa de Brad cae de inmediato.

—¿Y tú quién eres? —pregunta, como si Noah fuera el intruso.

—Soy Noah Tate. El prometido de Olivia y Co-Director General. Ahora, ¿quién

demonios eres tú?

Mentalmente pongo los ojos en blanco ante la falta de sutilidad de Noah.

Especialmente la forma en que dijo prometido y no novio. Pero sobre todo, me siento

aliviada de tener apoyo, no importa lo tonto que es su exhibición territorial llena


de

testosterona.

Brad mira con desdén a Noah por un segundo, no queriendo darse la vuelta y

reconocer su autoridad de inmediato. Finalmente, él contesta—: Bradford Daniels.

Vice-presidente de Daniels Multimedia Enterprises.

—Y ya se iba —interrumpo.

Veo que un músculo de la quijada de Brad se contrae, pero continúa hablando con

Noah como si yo no hubiese dicho nada.

—He oído de ti, Noah. El hijo del difunto Bill Tate. Ustedes parecen haberse

juntado un poco antes de que las noticias de las… dificultades de Tate & Cane
salieran

a la luz.

Las siguientes palabras de Noah son un eco de mis pensamientos.

—¿Estás insinuando algo?

—Para nada. Sólo comento un golpe da mala suerte. —Brad baja su voz a un

murmullo conspiratorio; aunque claro que no es lo suficientemente bajo para que no

escuche cada insulto—. En más que un sólo aspecto. Aquí entre nosotros, mi amigo,

no te envidio. Ella es tan excitante como una toalla mojada en la cama.

Noah abre los ojos como platos y su rostro se pone rojo. Por instinto, me echo

hacia atrás; nunca lo he visto así de enojado.

Confundiendo su furia por sorpresa, Brad continúa—: Oh, ¿aún no lo has


averiguado? Aunque tal vez no debería sorprenderme. Siempre ha sido una frígida…

En un destello, Noah tiene a Brad contra la pared con un brazo torcido detrás de

su espalda. Y yo sólo puedo quedarme ahí viendo, paralizada por la sorpresa.

Traducido por Mariela

Corregido por Dionne

Noah

¿Este es el pendejo que rompió el corazón de Olivia en la Universidad? Sin pensar,

salto a la acción, torciéndole su brazo detrás de su espalda y estrellándolo contra


la

pared.

Él deja escapar un gruñido y resopla—: ¿Qué demonios? ¿No has oído quién soy?

—Sé exactamente quién eres. Tú eres el pene de lápiz en el que Olivia invirtió

años, sólo para descubrir el niño egoísta que eres.

Tira contra el agarre que tengo sobre él. No, no vas a ningún lado, amigo.

—Ahora discúlpate con ella, con la promesa de que nunca dirás nada como eso de

nuevo, y voy a pensarlo sobre dejarte ir.

—Carajo —gruñe.

—Rosita —digo en voz alta. Ella está pasando con su carrito lleno de entregas—.

Llama a seguridad. —Asiente una vez y se escabulle. Giro el brazo de Bradford con

más fuerza, y más arriba de su espalda, luego lo inclino bien y cerca—. Dije que te

disculpes.

Sopla un profundo suspiro, su voz tensa por el dolor. —Lo siento, ¿está bien?

Cuando Olivia alza su nariz, niego hacia el pobre idiota. —Deberías saberlo mejor

al joder a una mujer tan poderosa.

Dos guardias de seguridad aparecen en ese instante. —Saquen a este idiota de mi

propiedad —les digo.


Ellos flanquean a Bradford y lo escoltan de vuelta al elevador. Me preparo para

otro insulto por encima de su hombro; no hay manera que se vaya sin luchar.

En el momento justo, Bradford se vuelve hacia nosotros antes de entrar en el

ascensor. —Cuando sea el dueño de esta empresa, seré el que tenga la última
palabra,

y ninguno de ustedes va a trabajar en esta ciudad —grita, escupiendo sus palabras

como veneno.

Enderezo mi postura y acerco a Olivia a mi lado. —No vas a volver a entrar en mi

edificio a insultar a mi chica nunca más. Sáquenlo antes de que le quite de forma

permanente la opción de tener hijos.

Momentos después, la puerta del elevador se desliza cerrándose, y Olivia se

acurruca a mi lado aliviada.

—¿Estás bien? —Me giro para enfrentarla, corriendo mis manos en suaves

movimientos de arriba hacia abajo por sus brazos.

Ella asiente una vez, sus labios en una línea apretada.

Me inclino y presiono mis labios en los de ella, necesitando borrar ese puchero.

—Se ha ido, nena —susurro, acariciando su cabello.

Ella toma una respiración profunda y deja escapar el aire lentamente. —Es un

gran pendejo —murmura, sacudiendo su cabeza—. ¿Qué es lo que vi él?

Su tono gotea menosprecio enfadado, pero puedo escuchar el temblor debajo. Brad

debe de haberla sacudido realmente. Aprieto los dientes. Tal vez no debería de
haber

dejado que ese hijo de puta se escapara ileso de todo.

—No voy a dejar que se acerque a ti de nuevo. Es una promesa.

Ella asiente. —Gracias, Noah.

Los dos estamos en silencio por un momento, como si ninguno estuviera dispuesto

a separarse y volver al trabajo. Olivia me mira con alivio, gratitud… y ¿algo más?
Hay

una nueva luz en sus ojos. Una mirada que nunca me había dado antes.

—No es que te necesite para defender mi honor ni nada, pero… —Me da una

pequeña sonrisa—. Estoy agradecida de que lo hicieras.


Orgullo y protección se hinchan en mi pecho. Trato de sacudírmelo con una

broma. —Oye, no hay problema. Su cara estaba rogando por un golpe de cualquier

forma.

Ella me da una palmada en el pecho, y me vuelvo para dirigirme al pasillo hacia

mi oficina.

—¿Noah?

Esa única palabra me detiene en seco. Su voz es suave, casi tímida, pero llena de

emoción. Nunca he escuchado a Olivia hablar de una manera tan… no sé la palabra.

¿Tierna? Lo que sea, me hace flotar como un barco en una marea creciente.

—¿Sí? —Me giro para verla.

Su rostro está inundado de luz como si acabara de ser golpeada por un

pensamiento. —Creo que estoy lista.

¿He oído bien? Casi no me doy oportunidad de esperar. —¿Te refieres…?

Ella asiente, reprimiendo su primer indicio de sonrisa.

Mi corazón arde. —Entonces jodidamente vamos a hacer esto.

Me sonríe como si estuviéramos en el interior de una broma privada. Y tal vez lo

estemos.

—Vamos a malditamente casarnos —dice con una risita.

Traducido por Gisenid

Corregido por Dionne

Olivia

Di un vistazo al reloj sobre mi mesita de noche y reprimí un gemido. Tres de la

maldita mañana y todavía estoy despierta. Las sábanas se mueven ligeramente detrás

de mí.

—¿No puedes dormir? —pregunta Noah. Su voz es clara, en absoluto aturdida.


Por lo visto, no soy la única con insomnio. Suspiro, y niego con la cabeza.

—Ven aquí —dice él suavemente.

Me doy la vuelta para mirarlo. Noah está acostado de lado, frente a mí. Su brazo

extendido hacia arriba. Todavía me estoy acostumbrando al contacto casual con él.

Pero enseguida me deslizo en su cálido abrazo, apoyando mi cabeza en su bíceps.

El tira de mí aún más cerca con un brazo alrededor de mis hombros. Inhalo su

masculina esencia, no menos placentera y excitante por lo familiar que se ha

convertido, y trato de no darme cuenta de lo bien que encajo acurrucada contra su

cuerpo.

—¿Cómo te sientes? —pregunta.

—Un poco nerviosa —confieso.

Noah ofrece el suave murmullo de una risita. —No te culparía. Es normal tener un

poco de nervios antes de la boda.

La palabra boda se posa extrañamente en mi estómago. A pesar de todo el

pensamiento que he puesto en la idea del matrimonio durante el mes pasado, se


siente

totalmente diferente cuando está en el horizonte. En menos de dieciséis horas, ya


no

seré soltera. Voy a ser la esposa de alguien.

Siempre me he imaginado a mí misma casándome algún día. Pero en esa fantasía,

mi padre me acompañaría por el amplio pasillo de la iglesia, los bancos decorados


con

peonias, con mis amigos eufóricos y extensa familia mirando. Mi marido sería un

hombre que me amara tan profundamente que no podría soportar vivir un solo día sin

mí.

Pero la realidad de mi vida no es como esa dulce historia. En cambio, llevo la

presión de un contrato legalmente vinculante, seguido de una larga y difícil


batalla

para mantener Tate & Cane lejos de las manos enemigas.

Definitivamente las circunstancias dejan mucho que desear. Mis sentimientos


sobre el propio novio, si bien… esos son mucho más ambiguos.

Las cosas entre nosotros solían ser simples. Noah era sólo un simple y llano dolor

en el culo. En lo mejor, un conocido; en lo peor, un rival o una plaga. Su actitud

despreocupada a veces todavía me enfurece. Y odio la forma en que sabe exactamente

lo apuesto que es, y descaradamente usa su buena apariencia para conseguir lo que

quiere. Aunque lo que de verdad odio puede ser el hecho de que su encanto también

funciona en mí, me guste o no. No importa cuánto me esfuerce, nunca he sido capaz

de enterar completamente mi gran enamoramiento por él.

Sin embargo, últimamente, todo está cambiando. Estamos en el buen camino de

convertirnos en amigos ahora. Y viéndolo saltar en mi defensa en contra de Brad, me

dio indiscutibles mariposas.

Noah ha cumplido con mi desafío y me ha convencido que una relación entre

nosotros es posible. No de inmediato, y no sin esfuerzo; este no es un cuento de


hadas

donde chasqueamos nuestros dedos y vivimos felices para siempre, pero si seguimos

tratando de buena fe…

Incluso estoy comenzando a preguntarme si mis sentimientos por él cuando era

adolescente no eran totalmente infundados. Tal vez mi yo más joven estaba en lo

cierto. Quizás ella no estaba solamente caliente; está bien, la calentura


definitivamente

fue un factor, pero aun así. Ella sintió una especie de feroz y apasionado latido
del

corazón debajo de su fachada de mujeriego. He aprendido que sólo porque Noah no se

tome todo seriamente no significa que no se tome nada en serio. Sus prioridades y

estrategias son diferentes a las mías, pero no necesariamente mejores o peores.

Una docena de emociones diferentes se arremolinan a través de mí, algunas

buenas y otras malas. Pero a pesar de que Noah me preguntó, soy reacia a revelarles

todo a ellos. ¿Porque no quiero mostrar vulnerabilidad… o porque no quiero herir


sus
sentimientos? No estoy segura.

Finalmente, incapaz de decidir cómo responder, sólo murmuro en su pecho—:

Todavía es un poco surrealista para mí, ¿sabes?

—Sí. —Noah me da un apretón tranquilizador... y presiona sus labios en mi

frente.

Parpadeo ante su suave beso. La inesperada ternura confundía más mis

sentimientos.

Ajeno a mi confusión, Noah yace sobre su espalda, atrayendo mi brazo alrededor

de su cintura. Intento apartar mi distracción, lejos de inquietantes pensamientos y


me

relajo en él. Me acurruco más cerca, empujando mi cabeza sobre su pecho y

descansando mis piernas sobre las suyas. Es tan cálido, como acostarse junto a una

chimenea.

El constante latido de su corazón me calma para dormir.

Traducido por Lili-ana

Corregido por Dionne

Noah

En lo que respecta a los medios de comunicación, una pareja de nuestro estatus

debería tener una boda con brillo y fanfarronería, pero Olivia decidió que se
sentía más

cómoda teniendo nuestra ceremonia en la casa de playa de su padre en Nantucket. Es

una boda puramente legal. Sin fanfarria, sólo un puñado de familiares y amigos

cercanos. Incluso la casa de playa en si es un lugar singular, con sólo dos


dormitorios,

una cocina y sala de estar abierta, y un amplio porche que da a la playa.

Ese tramo de playa es donde ataremos el nudo proverbial en una hora

aproximadamente. Bebiendo cerveza en la cocina con Sterling, miro las gaviotas

aterrizando en las sillas plegables que colocamos más temprano, asustando a unos

diminutos cangrejos de regreso a sus agujeros.


Todo este asunto es el polo opuesto de lo que Camryn me dijo sobre el libro de

boda de Olivia. Y no sé cómo se siente al respecto. ¿Olivia sólo quiere mantener


las

cosas convenientes y baratas? Ella es del tipo práctico, y ha estado jalando su


cabello

sobre los gasto de Tate & Cane recientemente.

O ¿está tratando de preservar su romántico sueño manteniéndolo tan lejos de la

realidad como sea posible? No estoy seguro que me guste esa idea, considerando que

soy parte de su realidad…

—¿Otra cerveza? —pregunta Sterling.

—Mejor no. —Echo un vistazo al reloj colgado en la pared de la cocina—.

Cincuenta y ocho minutos hasta que diga acepto.

Mi padrino sonríe. —¿Crees que ella realmente seguirá adelante con esto?

—¿Tú no?

Se encoge de hombros. —Se encerró en su habitación hace dos horas y no ha

salido desde entonces. Le ofrecí el desayudo esta mañana, y dijo que estaba
demasiado

inquieta para comer. No sé, compañero. Es muy posible que ella se arrepienta.

—El contrato esta todo redactado. Firmaremos el lunes cuando regresemos a la

oficina. ¿Por qué va a arrepentirse ahora? Olivia es una mujer de palabra. Es


confiable.

Deja escapar un gruñido de desaprobación.

—¿Cuál es el problema? Tú llevaste una cita falsa al baile de graduación —le

recuerdo.

Me rio para mí, recordando el año en que Sterling llevó a su prima al baile. Él

pensó que era un genio en ese entonces; no tenía que comprar un ramillete, no

necesitaba impresionarla con un restaurante fino o un paseo en limosina. Hasta el


final

de la noche, cuando todos los demás estábamos disfrutando el contacto de piel con
piel

con nuestras citas, se dio cuenta de la horrible decisión que había tomado. La
única

acción de piel con piel que tuvo fue con su propia mano.

—Una esposa falsa es infernalmente diferente. Es un jodido gran asunto.

―Sterling me mira por encima del borde de su cerveza.

Mirando hacia el mar desde nuestro lugar en el porche de la cabaña en la playa,

aflojo mi corbata, que se siente demasiado apretada alrededor de mi cuello, y lo


nivelo

con una mirada oscura.

—De hecho, es una unión legal, así que ella será realmente mi esposa. Hasta que

nos divorciemos, o tengamos nuestro matrimonio anulado, o lo que sea.

Me aclaro la garganta, mi crecente malestar. —Oh, una cosa más...

Después que el padre de Olivia nos presentó el contrato esta mañana durante el
desayuno,

tome una copia conmigo hasta el porche, mientras Olivia se retiró al dormitorio. No
lo vi como

una mala señal, sólo que ambos estábamos tomando esto seriamente y necesitaba un
momento

para absorberlo.

Con una taza de café, leí el contrato con todo detalle. Página catorce, sección
veintiocho,

parte B declara que el cumplimiento de nuestras obligaciones contractuales como


nuevos

propietarios del conglomerado de miles de millones de dólares también depende de


Olivia

quedando embarazada. Dentro de noventa días.

Irrumpí dentro para hablar con Fred inmediatamente.

—¿Un heredero como cláusula? ¿Es esta tu manera enferma de garantizar que el
apellido de

la familia continúe? ¿En realidad esperas que la embarace?

—Es parte del deseo de tu padre, Noah. Bill y yo queríamos un nieto antes de morir.
Sin

duda puedes entender eso.


—¿Y qué es lo que tiene que decir Olivia sobre eso? —le pregunté.

Hizo un rudo evasivo en su garganta. —No hemos discutido eso aún.

Eso fue esta mañana. Y estoy bastante seguro que es la razón que Olivia se encerró

dentro de su dormitorio y no ha salido desde entonces.

Tomando un suspiro profundo, veo a mi padrino cuidadosamente mientras dejo

caer la noticia. —Necesito embarazarla.

Sterling escupe su bebida.

—Hay un heredero como clausula en el contrato —digo secamente.

Limpiando la cerveza de sus labios, entrecierra sus ojos en los míos. —¿Me está

diciendo que necesitas preñarla?

—Uh-huh

El hijo de puta en realidad se ríe de mí, luego toma otro trago de su cerveza. —Si

se una sola cosa sobre Olivia, es que no va a querer a tu bollo en su horno.

—Oh, hombre de poca fe. —Sonrío hacia él.

—¿Ella aun ni siquiera ha tocado tu polla?

Además de agarrarla a través de mis pantalones una vez en el restaurante, no. Pero

eso no significa nada. Estamos construyendo algo bueno aquí. Es sólo cuestión de

tiempo.

—No sea un imbécil.

Me levanto y cruzo el porche a la barandilla, apoyándome en ella, mirando hacia

la piscina azul sin fin chapoteando en la costa. Podría estar montando una genial e

inafectada fachada sobre todo esto, pero en realidad, he estado perdiendo mi mierda

desde que me enteré de la cláusula en el contrato esta mañana. Puedo imaginar cómo

se siente Olivia. Ni siquiera sé si ella quiere ser madre. Probablemente no, viendo

como come, duerme y respira su carrera.

—Eres bueno, amigo, te daré eso, pero incluso tú no eres capaz de tirar esto fuera.

—Ya lo veremos.

Mirar el agua es hipnótico. Me hace sentir ligeramente más tranquilo. Pero sólo
ligero. Probablemente necesito tranquilizante para caballo para llegar a alguna
parte

con un ritmo cardiaco normal.

—¿Y qué hay de ti? ¿El animal de la fiesta reinante seriamente va a tener un bebé?

Me vuelvo para enfrentar a Sterling. Él lanza un puntapié hacia una mecedora

curtida en el porche, una pierna enganchada sobre el brazo de la mecedora. Sin una

buena respuesta para él. Simplemente le doy un giño engreído.

—Lo averiguare. — Espero.

Su boca se abre por un segundo. Luego levanta sus manos en un dramático

encogimiento de hombros. —Es tu vida, amigo.

—Tomaré mis oportunidades. Ahora, si me disculpas, voy a ver a mi novia.

Llamo a la puerta cerrada del dormitorio de Olivia y escucho las dos voces

femeninas dentro guardar silencio.

—¿Sí? —Abre la puerta una rendija Camryn.

—¿Puedo tener un minuto con Olivia? —pregunto.

Camryn frunce el ceño. —Es de mala suerte ver a la novia antes de la ceremonia.

—Está bien —dice Olivia desde el interior.

—Bien. Puedes hablar con ella por cinco minutos. —Camryn echando un vistazo a

su reloj y luego me rodea hacia el pasillo,

Cuando empujo la puerta abriéndola, encuentro a Olivia sentada en un tocador, y

nuestros reflejos se encuentran en el espejo. Sus ojos están enrojecidos, y me


pregunto

si ha estado llorando.

La culpa apuñala mi pecho y de repente siento la falta de aliento. —¿Estas bien?

No puedo creer lo mucho que mi relación con Olivia ha crecido, lo real que mis

sentimientos se han convertido. La idea de ella tan molesta se siente como un


empujón

físico.

Asiente. —Creo que sí. Hoy ha sido extrañamente emocional. Todas estas cosas
que no había pensado desde hace tiempo, como mi mamá no estando aquí, la salud de

mi papá… todo me golpeó esta mañana.

—Ven acá.

La levanto y la empujo a mis brazos. Cuando la llevo cerca de mi pecho, sus

manos se posan en mi espalda. La sostengo por algunos minutos, ninguno de los dos

habla. Cuando la dejo ir, Olivia luce más tranquila. Me pregunto cómo se siente
sobre

la cláusula del heredero, si está a bordo, indiferente o atemorizada. Supongo lo


último.

—Estoy bien. Lo prometo. —Me da una pequeña sonrisa.

—Te vez hermosa —le digo, queriendo decir cada palabra.

Ella mira hacia su sencillo vestido de tirantes color crema con encaje adornando el

pecho, y liso sobre sus caderas. —Gracias. —Su cabello color miel en ondas sueltas

sobre sus hombros, y su maquillaje es ligero y natural. Luce como la perfecta novia

casual de playa, apta para aparecer en la portada de una de esas revistas de


novias.

—¿Estas segura que no vas a arrepentirte de esto? —pregunto, el momento

tomando un giro serio. Probablemente no amaré su respuesta, pero aún quiero conocer

sus sentimientos sinceros.

Niega con la cabeza. —Todo lo que siempre he querido es administrar esta

compañía. Mi papá me ha preparado para este momento durante quince años.

Asiento, comprendiendo perfectamente. Estamos en la misma posición.

—Y si tengo que hacer esto contigo a mi lado, que así sea.

Olivia desplaza la barbilla hacia arriba en el aire, y soy de nuevo golpeado por la

culpa. Está poniendo un frente valiente, pero necesito saber que ella está bien. De
lo

contrario, no estoy seguro que pueda seguir con esto.

—Necesito saber si realmente estás de acuerdo de hacer las cosas de esta manera.

¿No todas las chicas sueñan con un vestido blanco y una gran fiesta en una carpa? —
Conozco el hecho que Olivia lo hace. Pero no menciono eso; ella puede no haber

querido que Camryn me dijera algo tan personal.

Me da una mirada de simpatía. —Haremos que esto funcione.

—Podría no ser la boda que imaginaste, pero quiero que sepas lo que esto es para

mí. Realmente me preocuparé de ti si cualquier cosa mala pasara. Sé que lo que

tenemos no es amor, y que merecer ser amada y apreciada por tu esposo, pero
necesito

que sepas que siempre estaré un paso adelante y estar allí para ti. Así que en ese

sentido, mis votos serán verdaderos.

Ella traga saliva, y me pregunto si hay un bulto atrapado en su garganta como

existe en la mía. Ese pensamiento alivia algo de la culpa aunque sea un poco.

—Gracias por eso. Sé que estarás allí para mí en lo que más importa —dice, con

tono suave.

—Malditamente correcto, lo estaré.

—Gracias, Noah. —Sonríe hacia mí.

Saco el contrato arrugado del bolsillo interior de mi chaqueta. —Me adelante y

firme esto. Así que, cuando esté lista. —Le entrego el contrato, y ella lo coloca
sobre el

tocador.

—Gracias.

Llevo su mano a mi boca y la beso. —Nos veremos allí afuera.

Afirma con la cabeza. —Sólo serán algunos minutos más.

—Está bien. Enviaré a Camryn de regreso.

Cuando me dirijo al pasillo, me sorprende la sensación que tal vez, sólo tal vez,

Sterling está equivocado, y todo esto se desarrollará de forma natural entre Olivia
y yo.

Llámame loco, pero demonios, esto puede funcionar.


Traducido por Lili-ana

Corregido por Dionne

Olivia

Estoy en la casa de verano de mi familia en la isla Nantucket, inmóvil mientras

Camryn pone los toques finales en mi maquillaje de ojos. Este dormitorio aún está

decorado de acuerdo a mis gustos en la época de la escuela secundaria, que

aparentemente involucraron un montón de ropa teñida y poster de mándala, fotos de

la selva tropical enmarcadas. Eh… había olvidado que tuve una fase hippie. En este

pequeño escritorio blanqueado, donde me siento ahora, hice mi tarea de verano y

escribí en mi diario.

Gracias a Dios por Camryn. Ella vino a casa temprano para ayudarme antes de la

ceremonia. En la medida de lo posible me las arreglé, realmente no necesito su


ayuda.

No voy a hacer nada especial con mi cabello o maquillaje. Mi única concesión a la

ocasión especial es un vestido color crema. E incluso es bastante sencillo:


simplemente

hasta la altura de la rodilla con un poco de encaje en el busto. Luzco más como la

madre de la novia que la novia por sí misma. Lo que necesitaba, desesperadamente


era

el soporte moral de mi mejor amiga. Su calma, a decir verdad su presencia calma mis

nervios crispados.

Ni siquiera sé porque estoy tan tensa. Nuestra “boda” es solamente Noah y yo

encontrándonos con un juez de paz para firmar el papeleo, mientras papá y algunos

otros miembros de la familia y amigos cercanos nos acompañan. Sin esmoquin y

vestido de boda, sin votos, sin fiesta de recepción. Tan pequeño y simple como es

humanamente posible. Este matrimonio ni siquiera es real… y sin embargo tengo un

caso de pies fríos.

—Y boom —anuncia Camryn, con orgullo—, los ojos están listos. Echa un

vistazo.
Abro mis ojos y parpadeo hacia el espejo. Guau, me veo… caliente. Mi estilo de

maquillaje es bastante minimalista, ya que rara vez voy a ningún lugar además de la

oficina, pero Camryn me ha dado un sutil ahumado que es sensual, sin dejar de ser
lo

suficiente recatado para un evento de día.

—Esto se ve genial. Gracias.

—¿Soy buena o qué? —Sonríe Camryn—. ¿Quieres algo de comer? Ahora es tu

última oportunidad antes de maquillar tus labios.

Los mostradores de la cocina y barra del desayunador están apilados con guisos,

ensaladas y sándwiches de la empresa de catering que papá contrató. Le dije que no

quería una recepción con comida de lujo más tarde. Pero insistió que nuestros

invitados, tan pocos como son, aún tenían que comer antes de regresar a casa. Así
que

esto fue nuestro acuerdo, comida informal de autoservicio en platos de papel.

Niego. —No, gracias. Mi estómago está oscilando como loco.

—¿Tan malo? —pregunta Camryn, su tono ascendiendo en simpatía.

Dejó escapar un profundo suspiro. —¿Honestamente? No estoy segura como me

siento.

Realmente creo que Noah y yo podemos funcionar como una pareja, pero aún

estoy en el borde del pánico. El matrimonio es un compromiso tan grande. Pensando

sobre dar ese paso, oh Dios, y en menos de una hora, me hace sudar frío.

Si Camryn no hubiese estado aquí para calamar mis nervios, podría haber

considerado seriamente salir corriendo. Especialmente cuando papá entrego una copia

del contrato en el desayuno, todo perfilándose oficial con sus dieciséis páginas

numeradas. Aún no he sido capaz de decidirme a mirarlo. Pero ya sé lo que dice, de

todos modos. ¿Cuál es el punto de hacer hincapié a mí misma aún más? Voy a firmarlo

cuando llegue el momento, rápido y fácil, como arrancando un vendaje.

—Pobrecita —suspira Camryn—. Deja que te traiga una bebida. Necesita un poco

de algo para tranquilizarte.

Ella bulle fuera del dormitorio para visitar la cocina y regresa con dos copas de

merlot. Mi mejor amiga me conoce lo suficientemente bien como para renunciar a la


botella de champaña fría anidada en el cubo de hielo sobre la encimera de la
cocina.

Champagne es demasiado de celebración para en estado de ánimo en que estoy.

Acepto la copa agradablemente fría y tomo un trago profundo. La pequeña dosis

de alcohol calienta y floja mis músculos, y dejo escapar un silencioso suspiro.


Ella

tenía razón; necesitaba esto.

—Realmente creo que esto estará bien —dice Camryn—, por lo que he visto,

parece que Noah ha sido bastante agradable y atento contigo.

—Sí, creo que él realmente está tratando. —Tomo otro sorbo de vino—. Incluso si

el objetivo final es conseguir meterse en mis pantalones.

—Y eso sería la peor cosa en el mundo, ¿por qué? —Levanta sus cejas hacia mí

con una sonrisa diabólica. Continuamente está quejándose sobre mi estado de mi

inexistente vida amorosa.

Resoplo, devolviéndole la sonrisa a pesar de mi misma. —Tengo el mismo interés

en montar su pene como lo tengo de saltar desde el puente de Brooklyn.

Excepto cuando el patán hace algo sexy y toda la sangre de mi cerebro de repente

vuela hacia el sur para el invierno. Lo que parece estar sucediendo más y más a

menudo últimamente.

—Damas… —Asoma la cabeza Sterling por el marco de la puerta, sonriendo

como si hubiese escuchado cada palabra—. Montar la polla comenzará después de la

cena. —Luego apunta su barbilla hacia nosotros y se marcha.

Joder. Lo último que necesito es a Noah pensando que esta noche contará con

cualquier travesura de noche de bodas. Frustrada, gruño y cierro los ojos de golpe.

—Necesitamos algo más fuerte que el vino —Camry va de nuevo a la cocina antes

que pueda detenerla. Puedo escuchar su traqueteo cuando busca en los gabinetes.

Pronto regresa sosteniendo una botella de vodka—. Aquí vamos.

—No, eso está bien. —Descarto con mi mano—. Realmente no quiero estar tan
borracha en este momento.

Coloca el vodka en el escritorio. —Buen punto. Deberíamos esperar hasta después

de la ceremonia.

—En realidad… —Suspiro—. Lo siento. No creo que estaré de ánimo para

socializar esta noche. Necesito un poco de tiempo a solas para averiguar cosas. —O

enterrar mi cabeza en el trabajo como una ostra y evitar mi situación por completo
—.

Gracias por venir hasta aquí.

Asiente con la cabeza. —Por supuesto estoy aquí, Olivia. Puedo regresar a la

cuidad temprano, no hay problema. Es un largo viaje de regreso de todos modos. —Su

mirada se pasea hacia la plataforma donde Noah y Sterling se sientan de espalda a

nosotras, mirando hacia la playa—. Por otra parte, Sterling es jodidamente


caliente.

Probablemente podría ocuparme de él esta noche. —Sonríe ella con malicia.

Compartimos un último abrazo tranquilizador antes de que me deje sola en mi

dormitorio de la infancia, tomando su copa con ella.

Empujo la ventana e inhalo el sabor salado de la brisa húmeda del mar. La tarde es

cálida, y la niebla se eleva desde el puerto azul, durante un minuto, observo un


puñado

de veleros distantes, sombríos puntos blancos flotando en el horizonte. Trato de no

obsesionarme con la ceremonia que estará comenzando en sólo media hora. Dejando a

la tranquila vista llenar mi mente, siento la tensión comenzar a derretirse.

Pero el bendito silencio se rompe cuando mi teléfono suena. Refunfuñando,

preguntándome quién demonios me llamaría ahora mismo, excavo sacándolo del

bolso.

Frunzo el ceño hacia la pantalla. Debido a que no conozco el número en la parte

superior de mi cabeza, respondo con un rápido y enérgico—: ¿Hola?

—Buenas tardes, Olivia.

Mi estómago se contrae en una bola apretada y dolorosa. Esa voz… por un


momento no puedo hablar.

—Realmente deberías comprobar tu correo con más frecuencia —dice Brad.

Traducido por Carilo

Corregido por Mariela

Noah

He estado de pie en la playa durante cincuenta minutos. Salpican gotas de sudor

en mi frente, pero no son del sol. Eso se metió hace diez minutos.

—¿Dónde está? —sisea Sterling entre dientes.

—Ella va a estar aquí —digo entre dientes, mirando mi reloj una vez más.

Después de todo lo que hemos construido. . . vivir juntos, trabajar juntos. . .


todo

se siente tan frágil y sin sentido sí Olivia no sigue a través de hoy.

Los invitados están empezando a mirarse unos a otros, y susurros se sienten

ligeramente a través de la pequeña multitud.

El oficiante cambia el peso, viéndose tan incómodo como me siento. Luego se

inclina hacia mí. —Lo siento mucho, pero tengo una cita en veinte minutos. No puedo

esperar mucho tiempo más.

Asiento con la cabeza y miro a Fred. Sus rasgos muestran preocupación. Cuando

él apunta con la barbilla hacia Camryn, ella se apresura hacia la casa. Salgo
después de

ella, pisando las huellas que deja en la arena.

Nos dirigimos directamente hacia el dormitorio. La casa está oscura, y me rompe

la sensación de que algo fundamental ha cambiado. La puerta sigue cerrada, y tengo

miedo de lo que encontraremos cuando se abra. Miedo de lo que significará.

Finalmente, Camryn abre la puerta. Todo está en silencio durante un minuto.

—Se ha ido —dice, con voz temblorosa.

Trago una ola de emoción y miro alrededor de la habitación. Maquillaje y


artículos de higiene personal de Olivia todavía se encuentran dispersos en el
tocador,

pero ella no está en la habitación.

Miro por la ventana a la puesta de sol sobre el océano, y dejó escapar un profundo

suspiro. —Ella se ha ido.

¿Qué diablos pudo haber ocurrido desde la última vez que la vi? Estaba lista. Todo

parecía estar bien. Me doy cuenta que el contrato ya no está en la mesa del
tocador. Se

lo ha llevado con ella. No estoy seguro de lo que eso significa.

Vuelvo mi cara a Camryn. —¿Qué pasó? Fuiste la última persona que la vio.

¿Fueron los nervios?

Camryn niega con la cabeza. —Ella parecía estar bien.

Empujo mis manos por mi cabello. No me gustan las jodidas sorpresas, y nunca he

sido plantado antes. ¿Pero dejado en el altar? Eso está más allá que cualquier
enojo o

pánico que haya sentido.

Quiero salir a beber y encontrar una chica al azar para poder follar mi agresión. Y

sé que Sterling se animaría. Pero entonces pienso en la tímida sonrisa de Olivia y


su

dulce aroma a madreselva y la forma en que sus labios se abren cuando la beso. . .

silenciosamente rogando por más.

—Mierda —dice Sterling detrás de mí—. Vámonos. Anda, Noah.

Su mano se cierra alrededor de mi brazo y empieza empujarme por el pasillo. Sé

que tiene el mismo pensamiento que tuve hace unos treinta segundos exactos.
Alcohol.

Chicas. Gran resaca mañana para enmascarar el dolor de hoy. Pero nada podría borrar

este recuerdo.

Si no fuera por este dolor en mi pecho, este punto vacío que ella había comenzado

a llenar, yo me marcharía y nunca miraría hacia atrás. Pero hay una parte de mí
tiene

que saber el siguiente capítulo de nuestra historia.

Yo he fantaseado con Olivia en los últimos veinte años. Ella es la chica que
arrojaba chorros con la manguera de agua cuando era joven, la mujer que me dio

mariposas en el estómago cuando fui más grande.

Y ahora, justo cuando he empezado a pensar en ella como mía… se ha ido.

Una de las bestseller más exitosas de las listas del New York Times, Wall Street

Journal y USA Today, autora de más de una docena de títulos, Kendall Ryan ha

vendido más de 1.5 millones de libros y han sido traducidos a varios idiomas
alrededor

del mundo. Desde que comenzó a auto-publicar en 2012, ella apareció como #1 en las

listas de Barnes & Noble y iBooks alrededor del mundo. Sus libros han aparecido en

las listas de bestseller del New York Times y USA Today en más de tres docenas de

veces.

Es adicta a la lectura y escribe novelas románticas eróticas llenas de tensión

angustiosa, besos y machos alfa. Recientemente se mudó a Texas con su esposo y dos

jóvenes hijos.

Realizado sin fines de lucro para promover la lectura. Apoyemos a los

autores comprando el original.

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