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“Micropolítica y subjetividades deseantes: cartografías del feminismo en la Argentina actual”

Autora: Lic. Rocío Moltoni. ​Filiación institucional: Centro de Investigaciones Feministas y Estudios de
Género (CIFEG - UNR). Facultad de Ciencia Política y RR. II. (Universidad Nacional de Rosario). ​Mail:
romoltoni@gmail.com.

Eje propuesto: ​4) ​Feminismos y capitalismo neoliberal. ​“Tsunami violeta o la organización feminista de
la resistencia”.

INTRODUCCIÓN

Primero que nada, me parece sumamente importante destacar que el conjunto de instituciones que
conforman “la Academia” han sido espacios que nos han sido históricamente negados y/o resistidos a las
mujeres e identidades feminizadas. He ahí la importancia de ocuparlos y transformarlos cada vez más en
lugares de resistencia y ofensiva feminista y antineoliberal. Esto me lleva directamente a la pregunta
¿desde qué lugar escribo entonces en esta Academia? Escribo siempre desde un nosotras, desde un algo
colectivo, desde la teoría pero que hizo la lucha y el movimiento, desde la praxis política. Soy de las que
cree que no hay teoría feminista sin praxis política feminista. Cuestión que nos lleva a la importancia de
generar estos encuentros como lo es este Congreso de “Debates actuales de la teoría política
contemporánea”. Justamente me parece que no podemos hablar de teoría política contemporánea sin
feminismos, algo que se ha invisibilizado en las carreras de ciencia política por ejemplo y sus troncales
“teorías políticas”. En este sentido, considero que usar autoras mujeres y otras identidades feminizadas ya
de por sí es una resistencia académica en un campo de conocimiento minado de varones y machismos, o
como diría Amparo Moreno Sardá (1988) en una institución completamente androcéntrica.
Ahora bien, para meterme de lleno en la temática que elegí para esta realizar este texto, también me
parece sumamente relevante poder desarrollar su contexto político en la región. En la última década en
América Latina se viene sucediendo un fenómeno político que podríamos denominar de “restauración
conservadora” pero esta vez al mejor estilo de ​remake neoliberal​. Esta nueva cara del neoliberalismo hace
a su caracterización como periodo diferente del que podríamos resumir como propio de la década de los
‘90, ya que si bien se mantienen sus constructos teóricos base, sus premisas más conocidas, también
adquiere nuevas formas de desarrollarse e inculcarse en la ciudadanía. En este sentido, reconozco que uno
de estos aspectos novedosos es cómo impacta este modelo económico, social y político al nivel de las
subjetividades, como alega Guattari (2006):

1
Lo que caracteriza a ​los modos de producción capitalísticos1 ​es que no funcionan únicamente en el
registro de los valores de cambio, valores que son del orden del capital, de las semióticas monetarias o
de los modos de financiación. Éstos también funcionan a través de un modo de control de la
subjetivación [...] Desde este punto de vista el capital funciona de modo complementario a la cultura en
tanto concepto de equivalencia: el capital se ocupa de la sujeción económica y la cultura de la sujeción
subjetiva ​[...] La propia esencia del lucro capitalista está en que no se reduce al campo de la plusvalía
económica: está también en ​la toma de poder sobre la subjetividad ​(Guattari y Rolnik, 2006: 27).

Basta tener en cuenta sus resultados para comprender en profundidad al ​neoliberalismo salvaje hoy: la
gestión de la economía mundial conduce actualmente a cientxs y miles de personas al hambre, a la
desesperación, a un modo de vida totalmente imposible, y esto a pesar de los progresos tecnológicos y de
las capacidades productivas extraordinarias que se están desarrollando con las actuales revoluciones
tecnológicas (Guattari y Rolnik, 2006). Todxs conocemos los efectos devastadores de lo que fue para
América Latina el ciclo neoliberal de los ‘90 y en particular en Argentina, no solo los salarios eran
demasiado bajos y la inflación demasiado alta, sino que las subjetividades comenzaron a ser cada vez más
precarias (Butler, 2017), a tolerar la flexibilización laboral y todas sus consecuencias por la amenaza
constante de la ya muy famosa premisa “es esto o el desempleo”.
Asimismo, lxs sujetxs, según toda una tradición de la filosofía y de las ciencias humanas, es algo que
encontramos como un être-là, algo del dominio de una supuesta naturaleza humana. Por el contrario,
Guattari (2006) propone la idea de una subjetividad de naturaleza industrial, maquínica, esto es,
esencialmente fabricada, modelada, recibida, consumida (Guattari y Rolnik, 2006: 37). De esta manera,
tales subjetividades no funcionan únicamente desde las ideologías, sino en el propio corazón de las
personas, en su manera de percibir el mundo, de articularse con el tejido urbano, con los procesos
maquínicos del trabajo y con el orden social que soporta esas fuerzas productivas. Esto nos lleva entonces
a considerar que una revolución, una transformación a nivel macropolítico y macrosocial, concierne
también a la producción de subjetividad, lo que debería ser tomado en cuenta por los movimientos de
emancipación, en este caso de estudio, los feministas (Guattari y Rolnik, 2006).
En sintonía con esto último vemos que es posible desarrollar modos de subjetivación singulares, lo que
Guattari (2006) llamó “procesos de singularización”: una manera de rechazar todos esos modos

1
​Guattari agrega el sufijo «ístico» a «capitalista» porque le parece necesario crear un término que pueda designar no sólo a las
llamadas sociedades capitalistas, sino también a sectores del llamado «Tercer Mundo» o del capitalismo «periférico», así como
de las llamadas economías socialistas de los países del Este, que viven en una especie de dependencia y contradependencia del
capitalismo (Guattari y Rolnik, 2006: 27).
2
capitalísticos de codificación preestablecidos, de manipulación y de control a distancia, rechazarlos para
construir modos de sensibilidad, modos de relación con lxs otrxs, modos de producción, modos de
creatividad que produzcan una subjetividad singular. Una singularización existencial que coincida con un
deseo, con un determinado gusto por vivir, con una voluntad de construir el mundo en el cual nos
encontramos, con la instauración de dispositivos para cambiar los tipos de sociedad, los tipos de valores
como los patriarcales que no queremos que sean los nuestros (Guattari y Rolnik, 2006).
Aparece como posible entonces observar estas modificaciones al nivel de las subjetividades en la
cuarta ola del feminismo. Aquí las ​subjetividades deseantes2 como las he llamado y los
saberes-del-cuerpo (Rolnik, 2018) se ponen en el centro de la escena de la política feminista y debaten
hasta los vericuetos más profundos de las marcas que nos deja el patriarcado en nuestras subjetividades y
cuerpxs. Otra de las particularidades de esta cuarta ola es que contrariamente a lo que ha pasado con las
otras tres olas de teoría feminista, no proviene de la tradición occidental del pensamiento, eurocéntrica y
de América del Norte, sino todo lo contrario, se origina en los márgenes del capitalismo funcional, del
sur, y específicamente nace en Argentina para expandirse al resto de América Latina y el sur global. Esto
pudo constatarse en el #NiUnaMenos, en el Paro Internacional de mujeres que se replicó en muchísimos
países del mundo y puso en jaque la economía del espacio público y el privado en Argentina, el
#VivasNosQueremos perteneciente a México y finalmente el #​EleNão en Brasil, una movilización
gigantesca que parieron organizaciones feministas y de mujeres/identidades feminizadas contra la
candidatura del ultraderechista Jair Bolsonaro, por mencionar algunas de las más grandes y movilizantes.
De esta manera, se abordará específicamente la cuarta ola de feminismo al nivel de las subjetividades
en Argentina a través de tres dimensiones de análisis (desarrolladas en los siguientes subtítulos) que
tienen que ver con los que considero son los temas centrales que organizan los ejes de debate de esta
etapa política reciente en nuestro país: violencias de género, economía feminista y aborto legal, seguro y
gratuito.

No es el largo de mi pollera, ¡Es lo corto de tus ideas!

Este subtítulo hace referencia a una de las frases que se hicieron ultra-visibles en las pancartas de la
primera movilización protagonizada por el grito de “Ni Una Menos”. El 3 de junio de 2015, miles de
personas salieron a la calle, en distintos puntos de la Argentina, movilizadas con la consigna NI UNA
MENOS (Rodríguez, 2015). El acontecimiento producido en esos días quedó de alguna manera grabado

2
​Hace referencia a la construcción del DESEO como motor del movimiento político feminista.
3
en el imaginario colectivo argentino y como una fecha institucionalizada en el calendario político de la
movilización popular.
Los femicidios, la cara más cruenta de las violencias de género, empezaban a aparecer reiteradamente
en una secuencia mediática espectacularizada durante el año 2014, enfocando los crímenes de jóvenes
mujeres como Ángeles Rawson, de 16 años, asesinada por el portero de su edificio; Melina Romero, que
desapareció el día que cumplía 17 años en San Martín y apareció muerta un mes después a orillas de un
arroyo; Lola Chomnalez, de 15 años, hallada muerta en la costas de un balneario de Uruguay. El 11 de
mayo de 2015 fue la noticia de Chiara Páez, de 14 años, asesinada y sepultada en el jardín de la casa de su
novio en la localidad de Rufino, la que llenó de saturación la pantalla y agudizó la indignación social.
Podría pensarse que esa fue la última gota que rebalsó el vaso, luego de ese suceso, se inicia la
convocatoria a la primera y más masiva marcha contra los femicidios que se vivió en las principales
ciudades del país el 3 de junio de 2015 (Rodríguez, 2015).
Así, la problemática de las violencias de género ejercida principalmente contra las mujeres (pero
también contra distintas identidades de género u orientaciones sexuales), venía alcanzado altos niveles de
visibilidad tanto por su presencia en los medios masivos de comunicación, como en la opinión pública en
general. Las condiciones objetivas y subjetivas para que dicha cuestión adquiriera tales grados de
centralidad no responden únicamente a cuestiones azarosas, voluntades políticas de funcionarixs,
directorxs de prensa, entre otros. Más bien, el principal factor que hace que las violencias sexistas se
“distingan” por sobre otras problemáticas sociales son los accionares producidos tras años de lucha del
que quizá sea actualmente uno de los movimientos más dinámicos, heterogéneos y horizontales de los
últimos años: el movimiento de mujeres, feminista y de disidencias sexuales. Como remarca la periodista
Luciana Peker (2017), ni la irreverencia y la masividad salida a las calles con la consigna “Ni Una
Menos”, ni la pelea por la paridad en el Congreso de la Nación salen de un repollo. El movimiento de
mujeres de la Argentina es parido por una forma de encuentro masiva y horizontal única en el mundo, que
lleva treinta y tres años del pogo feminista más grande del mundo: los Encuentros Nacionales de Mujeres
(Alcaraz, 2016).
Es así que el movimiento de mujeres se constituyó, a partir de las marchas de Ni Una Menos - Vivas
nos queremos y del Paro de Mujeres, en una forma de rebelarse a no ser vistas y a la naturalización de esa
ausencia. El 19 de octubre de 2016 se convirtió en el 17 de octubre contra las violencias machistas. Y el
movimiento de mujeres demostró ser el actor político más activo, irreverente, inesperado y potente de la
Argentina, incluso por sobre otros actores políticos, sociales, de derechos humanos y sindicales
(Colectivo Ni Una Menos, 2015).

4
De esta forma, el clima de época se condensó en el movimiento sintetizado con el ​hashtag
#NiUnaMenos en el año 2015 y agendó la problemática de las violencias machistas en la política
contemporánea. El llamado caló de manera profunda en las subjetividades de la ciudadanía en general, y
en el trabajo tenaz de grupos de militantes y activistas que crearon y forjaron los sentidos y las palabras
para nombrar el problema en sus diversas formas, es decir, las violencias sexistas en todas sus
manifestaciones, no solo en las más cruentas como los femicidios. “No es el largo de mi pollera” explica
de alguna manera esta transformación, estas micro revoluciones (Guattari y Rolnik, 2006), que ponen el
foco de la cuestión en la violencia machista ejercida muy mayoritariamente por varones; y no en el cuerpo
de las mujeres como territorio de conquista por usar pollera o cualquier vestimenta considerada
“provocativa”.
Sumado a esto, las redes sociales, Twitter y Facebook, fueron (y son) un canal fundamental de esta
revolución en las subjetividades. Las mismas fueron claves en la difusión, con el carácter multiplicador y
expansivo que adquieren los mensajes al viralizarse. Las multitudes ingresan así a la vida política
nacional (Colectivo Ni Una Menos, 2015).
Sin embargo, estas demandas no se tradujeron en más y mejores políticas públicas estatales que
aborden la prevención y erradicación de las violencias sexistas, tampoco se aumentó el presupuesto en
este sentido, sino todo lo contrario, en muchos casos hasta disminuyó o se eliminaron Programas y
refugios destinados a combatir esta problemática. Dichos accionares son dables de ser analizados como
consecuencias de un gobierno como el de Macri, neoliberal y con disminución constante del “gasto
público” y las premisas del ya viejo y querido ​Welfare State​.
A pesar de esto, tengo la impresión de que nuestrxs aliadxs están ya por ahí, que se nos han
adelantado, que hay mucha gente que está harta (de los femicidios, de la violencia de género), que
piensan, sienten y trabajan en una dirección análoga a la nuestra: no se trata de una moda como se nos ha
acusado a nosotras las feministas, sino de algo más profundo, una especie de atmósfera que se respira y
en la que se llevan a cabo revoluciones convergentes e imparables (Guattari y Rolnik, 2006).

Eso que llaman AMOR es trabajo NO PAGO

Otra dimensión de esta cuarta ola feminista podríamos sintetizarla con el concepto de “economía
feminista”3. Su noción de “economía del cuidado” ha contribuido a actualizar el debate feminista sobre
las formas de organización de la reproducción social y a reconocer el impacto de estas en la reproducción

3
​La economía feminista es una corriente de pensamiento heterodoxo preocupada por visibilizar las dimensiones de género de
la dinámica económica y sus implicancias para la vida de las mujeres (Rodríguez Enríquez, 2015: 1).
5
de la desigualdad. Así, el rol del cuidado en el funcionamiento del sistema económico reviste una forma
injusta de la actual forma de organización social de las tareas domésticas (Rodríguez Enríquez, 2015).
La economía feminista se caracteriza por poner en el centro del análisis la sostenibilidad de la vida,
descentrando los mercados, por lo que puede considerarse actualmente también una resistencia
anti-neoliberal. Por lo mismo, la economía feminista tiene como una preocupación central la cuestión
distributiva. Y en particular se concentra en reconocer, identificar, analizar y proponer cómo modificar la
desigualdad de género como elemento necesario para lograr la equidad socioeconómica. En este sentido,
y aquí va lo que interesa para este análisis, la economía feminista es un programa académico pero
también político (Rodríguez Enríquez, 2015). Tiene el objetivo de transformar la realidad en un sentido
feminista, de modificación de las relaciones sociales y económicas patriarcales/neoliberales de la mano
del movimiento de mujeres, feminista y de diversidad sexual.
Esta economía hace además una contribución extensa a la desigual participación económica de las
mujeres, a la discriminación en el mercado laboral, a la existencia de brechas de género en los ingresos4
laborales (¡igual salario por igual trabajo!), a la concentración de mujeres en diferentes espacios de
precariedad laboral y desprotección laboral y al proceso de feminización de la pobreza y pobreza del
tiempo.
El lema “eso que llaman amor es trabajo no pago” alega entonces al trabajo doméstico no remunerado,
el cual ha cavado históricamente en nuestras subjetividades creyendo que ese trabajo sin paga lo hacíamos
por amor, por constitución en el deber de una familia (capitalista y patriarcal). Cuando en realidad es
completamente funcional a la acumulación de capital (tanto por parte de los capitalistas como de ​los
maridos​), sin este trabajo doméstico lxs trabajadorxs no podrían “salir” a sus puestos de empleo. Hay aquí
entonces una tensión entre el “afuera” y el “adentro”, la ya típica dicotomía que ha teorizado largamente
el feminismo entre esfera pública y esfera privada, el espacio de los iguales, de los hombres versus el
espacio de las desiguales, de las sujetadas a los hogares, las mujeres. Sin embargo, ellas no se quedaron
de brazos cruzados:
8 de Marzo de 1911, veinte mil mujeres sublevadas y organizadas en la fábrica textil ​Triangle Waist​,
Nueva York, Estados Unidos. Casi cien años después, 2017, Paro Internacional de Mujeres como medida
común en 55 países alrededor del mundo, “nosotras paramos el mundo”. Nosotras ponemos nuestras
cuerpas y hacemos política: formamos un cuerpo común, el cuerpo de una es el cuerpo de todes. En
Argentina, medio millón de mujeres movilizadas (Gago y otras, 2018).

4
​Corina Rodríguez Enríquez (2015) distingue entre procesos de segregación de género horizontal (por rama de actividad) y
vertical (por jerarquía de las ocupaciones).

6
#NosMueveElDeseo fue en esa ocasión la premisa que conectó con #NosotrasParamos. Otra vez un
hashtag, otra vez la aparición consciente en múltiples redes sociales en simultáneo. De nuevo las
subjetividades deseantes haciendo política colectiva. Se despliega un deseo de autonomía de las cuerpas
que desconoce la autoridad patriarcal, lo cual trae aparejado una respuesta viril, un recrudecimiento de las
violencias. La violencia femicida no es sólo doméstica, ya no puede considerarse “íntima”, en ella se
traman y expresan nuevas formas de explotación laboral, violencias económicas, violencias estatales y
violencias políticas (Gago y otras, 2018).
Reaparece aquí entonces el concepto de ​huelga,​ el cual nos permite politizar las vivencias de las
mujeres e identidades feminizadas y tomarla como una herramienta que nos pone en condición de ​sujetas
políticas frente al intento sistemático de reducir nuestros dolores a la posición de víctima a ser reparada.
La huelga posibilita también hacer un mapeo de la heterogeneidad del trabajo en clave feminista, dando
visibilidad y valorizando las formas de trabajo precario, informal, doméstico, migrante, maneras actuales
de explotación y extracción de valor capitalístico (Gago y otras, 2018).
En el caso de Argentina, las mujeres e identidades feminizadas revolvieron los cimientos más
enquistados de los sindicatos que se resistían a compartir la herramienta de lucha del paro general. Esto
empoderó a muchas mujeres sindicalistas y obligó a abrir espacios de democratización y ha reconfigurar
la herramienta sindical. En este sentido, fue por demás importante la imposición de las mujeres de la
economía popular5, que a la vez exigieron ser reconocidas como trabajadoras (Gago y otras, 2018).
Así, el paro se ha multiplicado, el horizonte organizativo repone la dimensión clasista, anti-colonial,
diversa y masiva al feminismo (Gago y otras, 2018). Podríamos pensar que en el paro aparece el “sujeto
imprevisto”, estas sujetas se impusieron sobre el escenario del mundo, se (re)hicieron sujetas políticas
(​Menéndez Díaz en Gago y otras, 2018), empoderadas, poniendo en juego subjetivaciones que elaboraron
una radicalidad de nuevo tipo al encontrarse, una micropolítica que se cruza con una macro, una política
que actúa en lo molecular, en cada barrio, cada ciudad, cada país, pero a su vez a nivel regional y global.
“Si nuestras vidas no valen, ¡ produzcan sin nosotras !” fue otra gran orientadora de este ciclo de
movilización. La frase reúne la prioridad de la vida en la economía feminista (en vez del mercado), con la
“salida” al mercado laboral de las mujeres, en otras palabras, si #NosotrasParamos no hay economía que
subsista ni en las casas ni fuera de ellas.

5
​Trabajadoras de venta ambulante, costureras a domicilio, recolectoras de basura, cocineras y cuidadoras comunitarias, etc.
Quienes no podían parar porque perdían un día de ingresos, esta precariedad y complejidad respecto al paro también se muestra
en las trabajadoras del hogar, las presas o trabajadoras freelance. Sin embargo, más que “laborizar” las luchas, el paro de
mujeres desafía las fronteras del trabajo y el no trabajo, se paralizan los roles de la división sexual del trabajo (Gago y otras,
2018).
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¡ Y ahora que si nos ven ! El pañuelo verde como simbología de una lucha.

Una marea verde azota las costas del Congreso en la ciudad capital de Argentina, Buenos Aires. Allí se
reúnen el 13 de Junio del 2018 lxs diputadxs elegidxs democráticamente para votar el Proyecto de Ley de
“Interrupción Voluntaria del Embarazo” presentado siete veces consecutivas por la ​Campaña por el
aborto legal, seguro y gratuito6. Sin embargo, no son lxs únicos partícipes de la jornada, miles y miles de
mujeres y personas con capacidad de gestar se nuclean alrededor del Congreso con sus pañuelos y brillos
verdes. El color ya está establecido, el aborto legal será verde para siempre. Este símbolo cuelga ahora de
todo tipo de mochilas, bolsos, carteras, cuellos y se transforma en cuellitos, cuelleras, vinchas, brazaletes,
lo llevamos a todos lados, ningún espacio público puede quedar sin el “verde aborto legal” pensamos,
asique cuando podemos también elegimos prendas de ese color para vestirnos.
Si bien sería incorrecto ponerle cortes temporales a cada una de las dimensiones de análisis trabajadas,
si podemos reconocer un marco de profundización y radicalización de las luchas feministas en Argentina
en los últimos cuatro años. Se pasó del ¡BASTA DE MATARNOS Y DE VIOLARNOS! al
cuestionamiento a las raíces más profundas del entramado de violencia patriarcal, en instituciones antes
completamente impensadas como las Universidades por ejemplo con sus novedosos Protocolos de
actuación, se continuó desnaturalizando que las tareas domésticas corresponden solo a las mujeres y que
las mismas no cobramos los mismos salarios que nuestros “pares” varones. Se pusieron en jaque los
estereotipos de belleza, la elección sobre el propio cuerpo y las vestimentas que queremos usar, y en este
sentido se logró lo que parecía imposible: que el aborto legal se convierta en premisa nacional, en un
código de interpretación simbolizado por el pañuelo verde en todo el país e incluso en otras latitudes. Se
estrenaron pañuelos de diversos colores en países hermanos latinoamericanos en favor de esta causa, en
Chile se logró la legalización del aborto por tres causales (la que actualmente existe en Argentina, pero
que en Chile no existía ni siquiera esa posibilidad).
El aborto dejó de ser un tabú y pasó a estar en las pantallas más importantes de la televisión y en todos
los medios de comunicación más consultados, se transformó en la “nueva grieta” de la política dicen
algunxs analistas. Muchísimos debates en escuelas, Facultades, nuevas cátedras para discutirlo (como la
de Medicina aquí en la UNR), hospitales, centros de salud, en las plazas, en murales e intervenciones
artísticas, en las verdulerías, las peluquerías, los sitios de trabajo, en todos lados, ya nadie quedó fuera de
este debate social y político. Hubo quienes lo intentaron, pero considero que fue casi imposible dada la
cantidad de meses que duró el debate, la profundidad del mismo, y el gran número de lugares y sectores

6
La Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito (Argentina) es un colectivo que cuenta actualmente
con 500 integrantes entre organizaciones, grupos y personalidades.
8
donde se produjo. Sin embargo, todo esto no nació por arte de magia, 33° Encuentros Nacionales de
Mujeres (donde nació la ​Campaña Nacional por el derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito en el
2005) sientan un enorme precedente de debates, marchas y talleres que pusieron al aborto desde hace ya
muchos años en el centro de la escena y posteriormente las estrategias que había que poner en juego para
lograr su efectiva aprobación como Ley. Tampoco podemos olvidar los precedentes en materia de
políticas públicas, como por ejemplo el Programa de Salud Sexual y Procreación Responsable (2002) y su
famoso ILE (procedimiento para la Interrupción Legal del Embarazo, también conocido por el concepto
de “aborto no punible”).
De todas maneras, Programas como el anteriormente mencionado evoca a la mujer madre como
principal figura y pone al cuidado de la familia en primer lugar. Esta premisa es justamente la que ha sido
revolucionariamente cuestionada por este feminismo que va por la transformación de todos los ámbitos,
es decir, se pasa de poner el eje en la responsabilidad de la constitución de la familia a priorizar el propio
cuerpo como territorio de decisión que además pone en primer lugar el ​deseo y el ​placer por sobre la
opresión sexual patriarcal. Claramente, esto también constituye un modo diferente de percibir las
subjetividades y se volvieron los estandartes actuales del feminismo argentino, “ya no haremos nada que
no queramos hacer” dice la conocida artivista bonaerense Claudet García, “mi cuerpo, mi decisión”, una
frase que se ha viralizado muy velozmente. Sin embargo, encarna algunos riesgos, los de fomentar una
individualidad subjetiva, imperante en el sistema neoliberal que tenemos y por eso no muy difícil de
impregnar. Nuestro desafío será entonces, como feministas comprometidas con la realidad social, que este
reclamo se convierta en un derecho para todas, todes, pues “las ricas abortan, las pobres mueren”, la
cuestión de clase atraviesa el debate por el aborto y no podemos darle la espalda, no podemos mirar solo
nuestro ombligo, para seguir revolucionándolo todo al mejor ​style feminista tenemos que hacerlo
colectivamente.

(In)conclusas:

Inconclusos quedan entonces algunos tópicos de análisis que hemos tomado en este texto, pero por
supuesto otras conclusas. En primer lugar las advertencias, los límites del movimiento feminista. En este
caso, se torna sumamente relevante no quedar encerradas dentro de las paredes del capitalismo “realmente
existente” (​Fraser en Di Marco, 2011: 149), ir más allá de la politización de las necesidades dentro del
sistema para generar una alternativa superadora para nuestro pueblo (feminista).
Necesitamos nuevos ​Estados de Bienestar,​ o mejor aún, más ​Socialismos del siglo XXI para progresar
en derechos, un ejemplo histórico de ello es el acceso de las mujeres a la educación superior, la cual se

9
dio en contextos de Estados de Bienestar, nunca se lograron dar grandes avances históricos en contextos
neoliberales (De Miguel, 2015). Si bien aquí en Argentina podemos decir que el debate más grande por el
aborto legal se dio en un contexto político de este estilo, como ya se ha aclarado aquí, esta lucha no ha
nacido con el macrismo ni mucho menos, son luchas por la soberanía de nuestras cuerpas históricas e
históricamente invisibilizadas por los saberes y prácticas patriarcales.
Por otro lado, una conclusa: como anticipábamos en la introducción de este trabajo, no quedan dudas
de que los feminismos son hoy en día imprescindibles para cualquier agenda de gobierno y para la teoría
política contemporánea. Un actor de la arena política al cual ya no se puede desoír, la marea verde y
violeta es enorme y puede generar un tsunami si sus demandas no son escuchadas.
Para finalizar, parafraseando a Guattari (2006), podemos decir que el movimiento feminista se nos
aparece entonces como un pueblo de potencialidades. Que aunque me tilden de exagerada, bestial,
estúpidamente optimista, de no ver las miserias del pueblo; puedo verlas pero también a la productividad
allí, esa proliferación, creación y revolución no viene nada menos que del feminismo y sus proclamas de
la cuarta ola. Él la llama ​revolución molecular porque no es solamente una consigna, un programa, sino
algo que sentimos, vivimos; en encuentros, en algunas instituciones, en los afectos y en reflexiones como
las de este Congreso y específicamente este Eje de debate sumamente necesario para los tiempos que
corren (Guattari y Rolnik, 2006).
Se trata entonces de la invención de estrategias para la constitución de nuevos territorios, otros
espacios de vida y de afecto, una búsqueda de salidas hacia afuera de los territorios sin salida (tales como
la macrisis y la pesadilla neoliberal que parece nunca acabar). El feminismo es entonces nuestro refugio,
es el que ha vuelto a poner la revolución como condición histórica afirmativa de nuestras vidas frente a la
energía vital del capitalismo. Y no olviden, el primer paro a Macri se lo hicimos las mujeres. Fin.

Referencias bibliográficas:

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escénicas. Recuperado de:
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