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LA HERENCIA COLONIAL

PUBLICADO: 2014-11-30

Un viejo tópico de las ciencias sociales es hablar de la herencia colonial,


¿pero en qué consiste esta? A grandes rasgos se trata de aquellos usos y
costumbres provenientes de la etapa de dominación europea. Así, la
República estaría definida en gran parte por el legado colonial español. El
asunto problemático seria delimitar que tradiciones son o no coloniales.
Hobsbawm, afirmaba que las tradiciones que parecen o reclaman ser
antiguas son a menudo bastante recientes en su origen, y a veces
inventadas (La Invención de la Tradición, 1983).

Colonial es nuestro apego a las formas. Somos ceremoniosos y barrocos.


Desde el Te Deum hasta el discurso presidencial por fiestas patrias
(sermones eclesiásticos y civiles). Virreinal fue también nuestra
inclinación al rentismo, depender de únicos ingresos, provenientes de la
herencia familiar. Recordemos que en la España del siglo XVI, los nobles
consideraban el trabajo algo propio de sectores inferiores: campesinos,
artesanos, comerciantes, etc. La aristocracia limeña fue la más importante
del virreinato en Sudamérica, siendo el rentismo una práctica que
prestigiaba antes que censurar. En el siglo XIX surge una pequeña
burguesía nacional, pero bajo un estado rentista (auge guanero). En el
siglo XX, el Perú no puede evitar “la modernización tradicionalista”
(Trazegnies), si bien incorpora formalmente elementos de la modernidad
económica, mantiene prácticas decimonónicas y hasta coloniales como el
servilismo.

Colonial también es el racismo y la discriminación. Sin embargo, el


racismo de la conquista y el virreinato es de carácter religioso. Inspirados
en la doctrina de la “servidumbre natural” de Aristóteles, para el cual
algunos hombres nacen libres y otros esclavos por naturaleza (Nelson
Manrique). En la España de la época, además aún se mantenía la exigencia
de los certificados de pureza de sangre. Pero son más bien, las teorías
racialistas o “racismo científico” del siglo XIX, las que persisten hasta hoy
(determinismo biológico/darwinismo social).

Expresiones coloniales tienen todavía cierta vigencia: “hecha la ley, hecha


la trampa”, “la ley se acata pero no se cumple”. El criollo de la república
conservara ese espíritu advenedizo, el cual quizás tiene su origen en la
picaresca española, donde el arte del embuste o engaño era bien visto. El
Estado Patrimonial, es uno de nuestros grandes males. La creencia de las
autoridades de que los bienes del Estado son suyos y que pueden
disponer de estos a su antojo. La corrupción del encomendero, el cura del
pueblo, los funcionarios reales y hasta el virrey, durante casi tres siglos,
dejaron huella y constituye una de las herencias más odiosas de la colonia
española.

Por otro lado, es común atribuir a la Colonia nuestros grandes males


nacionales. El tema del “mal colonial”, desarrollado por grupos
heterogéneos: liberales, nacionalistas, indianistas, indigenistas,
izquierdistas, etc. constituye muchas veces una trampa que busca ubicar
toda nuestra desgracia en la Colonia, alimentar el antihispanismo o
antioccidentalismo y generar posturas políticas reivindicativas
tendenciosas.

El gran Octavio Paz, sostenía que la diferencia entre las colonias hispanas
y sajonas fue radical: “Nueva España conoció muchos horrores, pero por
lo menos ignoro el más grave de todos: negarle un sitio, así fuere el último
en la escala social, a los hombres que la componían. Había clases, castas,
esclavos, pero no había parias, gente sin condición social determinada o
sin estado jurídico, moral o religioso”.

Increíblemente, el indio fue aún más sojuzgado después de la


independencia. El despojo de sus tierras, eliminación de los caciques, la
institucionalización de un régimen de servidumbre (el gamonalismo), la
discriminación racial y exclusión total frente a un proyecto que prometió
igualdad política. No pretendo defender la Colonia, sólo apuntar que ese
periodo tuvo mucho de negativo, pero tampoco conviene asignarle todos
los males. Existió y existe un “mal republicano”, del cual somos
responsables directos.

Nota: He publicado otro artículo en ese orden, ver en el siguiente


enlace http://hahr-online.com/el-legado-colonial/ (Hispanic American
Historical Review on Line - Duke University)

HISTORIA DE LA CORRUPCION EN EL PERU: VOTAR POR EL QUE ROBA NO ES


CASUALIDAD, ES HERENCIA
Estos días que todos los candidatos a la Presidencia (incluidos los ex-presidentes) se
llenan la boca exponiendo sus "políticas anticorrupción", seria bueno saber si por
casualidad leyeron este libro donde se expone que desde la época colonial: En el Perú la
Corrupción viene de herencia! Alguien se animo a preguntarles algo al respecto?
El autor del libro Alfonso Quiroz sostiene que, uno de los motivos principales del porqué el
Perú no se ha desarrollado es que desde fines del periodo colonial –el libro empieza desde
esa época- hay una especie de patrón de corrupción en el Estado peruano. Él estima que
el 30 o 40% equivalente al 4% del PBI del Estado se ha gastado en corrupción.
HISTORIA DE LA CORRUPCION EN PERU
Este libro: Historia de la Corrupción en el Perú, del fallecido Alfonso Quiroz, “debería ser
texto escolar obligatorio. Así los niños del futuro quizá entiendan que en el Perú el robo
está asociado al Estado, a la empresa privada, al ciudadano común, a los municipios, al
llano y a las cimas”.
la corrupcion tiene un origen, nos dice. “¿Es casualidad? No. Es herencia. Nos viene del
chorreo virreinal, cuando los veleros que venían del Callao declaraban cargas menores
para pagar tasas abreviadas. Nos viene del robo republicano y ancestral de la llamada
‘consolidación’, Comunicore gigantesco que José Rufino Echenique perpetró para
favorecer a un amplio círculo de pendejos”.
César Hildebrandt: Votar por el que roba no es casualidad, es
herencia. http://larepublica.pe/…/cesar-hildebrandt-votar-por-el-que-…
LIBRO LA HISTORIA DE LA CORRUPCION EN EL PERU
La corrupción constituye un fenómeno insidioso, amplio, variado y global que comprende
actividades tanto públicas como privadas. No se trata únicamente del tosco saqueo del
patrimonio del Estado. La corruptela comprende el ofrecimiento y la recepción de
sobornos; la malversación y mala asignación de fondos y gastos públicos; los escándalos
financieros y políticos; el fraude electoral, el tráfico de influencias y otras trasgresiones
administrativas como el financiamiento ilegal de partidos políticos en busca de favores
indebidos.
No obstante sus efectos recurrentes y cíclicos, hasta esta publicación ha sido poco lo que
sabíamos acerca de las causas específicas de la corrupción en el país y sus costos
económicos e institucionales. Desde una perspectiva histórica o de larga duración, el
minucioso trabajo de Alfonso W. Quiroz, basado en una amplia gama de fuentes de
archivos y en interpretaciones sugerentes, nos presenta un país profundamente afectado
por una corrupción administrativa y estatal, que puede medirse desde las postrimerías del
periodo colonial hasta nuestros días. El autor describe y analiza con detalle el abuso de los
recursos públicos y explica cómo la corrupción ha limitado el desarrollo y el progreso del
país.
Libro: Historia de la corrupción en el Perú. http://libros-san-francisco.blogspot.com/…/libro-
historia-d…
LA CORRUPCION IMPIDIO EL DESARROLLO DEL PERU
La intención del IEP es difundir un libro que se hace una gran pregunta sobre el Perú: por
qué no se desarrolló el Perú. Y el autor da una respuesta desde el punto de vista histórico,
más específicamente de la historia económica. Quiroz sostiene que uno de los motivos
principales del porqué el Perú no se ha desarrollado es que desde fines del periodo
colonial –el libro empieza desde esa época- hay una especie de patrón de corrupción en el
Estado peruano. Él estima que el 30 o 40% del Estado se ha gastado en corrupción. Esa
es la gran respuesta del autor e intenta medirla, demostrarla con hechos históricos.
“La corrupción ha impedido el desarrollo del Perú”. http://larepublica.pe/…/la-corrupcion-
ha-impedido-el-desarr…
ALFONSO QUIROZ EL HISTORIADOR DE LA CORRUPCION
Marcos Cueto, quien escribio el Prologo del libro, ha precisado así sus cualidades de
investigador: "Pareciera que estuviera convencido de que la historia es una ciencia exacta
(...). Para Alfonso, el historiador no repite lo que dicen los discursos ni hace una revisión
superficial en los archivos, sino que sustenta sólidamente sus interpretaciones en hechos
irrefutables".
En este libro, Quiroz, desmenuza la corrupción presente en el Estado peruano desde
épocas coloniales hasta llegar al fujimorismo, pasando por los gobiernos de la naciente
república que medraron de recursos como el guano o los empréstitos. Ese prólogo se
llama "El historiador incansable" y le hace justicia a su labor académica.
El libro plantea que históricamente el Perú siempre ha tenido niveles de corrupción
promedio, pero que cada cierto tiempo esos estándares saltan a niveles mayores. "En
nuestro caso, el libro de Alfonso Quiroz identifica tres grandes momentos: la época del
boom del guano; la de Leguía y los préstamos de la banca extranjera; y el régimen de
Alberto Fujimori con la privatización de las empresas estatales", precisa Zapata . En los
tres casos hubo un exceso de dinero en las arcas públicas, y ello dio pie a la corrupción y
el enriquecimiento ilícito de funcionarios estatales y élites empresariales.
Alfonso Quiroz: El historiador de la corrupción. http://larepublica.pe/…/alfonso-quiroz-el-
historiador-de-la…
TESTAMENTO INTELECTUAL SOBRE LA CORRUPCION EN AMERICA LATINA
Más que un libro, el trabajo de Quiroz constituye un verdadero testamento intelectual, la
culminación de una obra pletórica de incontables aportes para la historiografía
latinoamericana, en la que se destacan trabajos como Deudas olvidadas: instrumentos de
crédito en la economía colonial peruana 1750-1820 y La deuda defraudada: consolidación
de 1850 y dominio económico en el Perú, investigaciones que han servido de inspiración
para la labor de académicos que aún consideran que la historia tiene un papel primordial
en el análisis del presente y la construcción de un porvenir más justo, y no como una
disciplina retorica de la contemplación pasiva de las bondades de un pasado repleto de
artefactos y lenguajes o discursos idílicos.
Fiel a su legado y tradición, Alfonso Quiroz, poco antes de morir, nos ha legado no solo un
libro, sino la obligación moral de efectuar ejercicios similares en el conjunto de los países
latinoamericanos azotados por el flagelo de la inequidad, alimentada por la corrupción
rampante.
Alfonso W. Quiroz. Historia de la corrupción en el
Perú.http://www.revistas.unal.edu.co/index.…/…/article/view/48794#PresidentesCorruptos
#CandidatosCorruptos #PeruCorrupto#PaltaComoCancha #DignidadNacional #IndignadosPe
ru#LuchaContraLaCorrupcion #LeyUniversitaria #ReformaUniversitaria#JuecesCorruptos #P
oderJudicialCorrupto

Cultura de la corrupción
Escribe Antonio Zapata

LA LEY SE ACATA PERO NO SE CUMPLE

Desde la época de los españoles se hizo común dictar una norma y


desacatarla a continuación. Toda la época colonial está llena de
ejemplos de esa actitud que se resume en el refrán “la ley se acata
pero no se cumple”. Un caso notable son las llamadas Leyes Nuevas
que fueron dictadas por Carlos V en 1540 ordenando una rigurosa
protección al indio que no se cumplió nunca y que constituye un
monumento a la hipocresía legal.

LA VENTA DE LOS CARGOS PÚBLICOS


Siempre en este período se introdujo otro principio negativo:
consistente en la venta de cargos públicos. Los cargos de
corregidores se remataban en subastas, donde los candidatos
ofrecían alzadas sumas adelantadas por los comerciantes. El cargo de
corregidor significaba concentrar en una sola persona los poderes
administrativo, judicial y policial para una determinada provincia. En
tanto cargo formal del aparato virreinal, el corregidor ganaba un
sueldo por escalafón, aunque normalmente se pagaba por asumir el
cargo cuatro o cinco veces más del total de salarios que devengaría.
Así, se asumía que el corregidor se resarciría de la pérdida
exprimiendo a los indios de su repartimiento.

LA HERENCIA ÉTICA COLONIAL

Así, la era colonial nos dejó dos grandes males éticos que
lamentablemente perduran hasta hoy. Estos son la transgresión de las
normas y el aprovechamiento de los cargos públicos para fines
privados. Estas costumbres son propias de las situaciones coloniales y
se han presentado en diversos países, sucede que entre nosotros no
hemos logrado sacudirnos de ellas, porque la república criolla se
fundó en ellas.

LA VIEJA REPÚBLICA DE LOS PRIVILEGIOS

Nuestra República se fundamentó en la discriminación y el privilegio.


No se generalizó la ciudadanía ni se igualó a la población frente a la
ley. Esas discriminaciones y privilegios se tradujeron en la
perpetuación de la corrupción.
CICLOS DE CORRUPCIÓN REPUBLICANOS. UNO. EL GUANO

Durante la era republicana se han presentado tres grandes casos de


corrupción. Estos son el ciclo de guano, el período de Leguía y el
gobierno de Fujimori. El guano era propiedad pública y produjo una
renta fabulosa equivalente a 80 años de un presupuesto que se
evaporó en diversas obras públicas, en primer lugar los ferrocarriles,
que costaron una inmensidad y por los cuales se pagaron sobornos
monumentales. Todo el proceso ha quedado registrado en las cuentas
de Henry Meiggs, quien fue el empresario principal de los
ferrocarriles.

CICLOS DE CORRUPCIÓN REPUBLICANOS. DOS. LEGUÍA

El gobierno de Leguía igualmente dispuso de cuantiosos fondos y


emprendió un ambicioso programa de obras públicas que fue ocasión
para el pago de cuantiosos sobornos al entorno presidencial
empezando por algunos miembros de la familia del gobernante. En
ese período se cimentó una costumbre altamente negativa que no
proviene de la colonia sino que es creación puramente republicana.
Esto es, el hábito de cobrar coimas por obra pública, habiéndose
establecido incluso tasas que fluctuaban entre el 10 y el 20% de cada
contrato. Asimismo, en época de Leguía cobró forma definitiva la
vinculación de la familia del gobernante con la obra del Estado para
cobrar comisiones ilegales por facilitar trámites y montar empresas
de fachada que contraten con el gobierno.

Se establecieron coimas por las obras públicas


que fluctuaban entre el 10 y el 20% de cada
contrato.
CICLOS DE CORRUPCIÓN REPUBLICANOS. TRES. FUJIMORI

Durante los años noventa, el gobierno de Fujimori práctico una forma


de corrupción más integral. Por primera vez, el aparato del Estado
fue completamente sometido por una mafia cuyo propósito era
maximizar ganancias ilegales para permanecer indefinidamente en el
poder. Durante este período se contó también con ingresos
extraordinarios, en este caso provenientes fundamentalmente de la
privatización de las empresas públicas. Ello confirma una regla de la
corrupción peruana. Esta es, que en cada ocasión cuando se ha
formado un sustantivo tesoro público, un ingreso sustancialmente
superior al habitual, en el aparato del Estado se ha formado un grupo
que emplea el poder y sus resortes para robar en provecho propio.

El gobierno de Fujimori sufrió una corrupción integral que rebalsó


largamente la dimensión de la coima por obra pública que venía del
pasado. Esa forma de soborno no desapareció, pero se vio
empequeñecida por otras modalidades más sofisticadas. Entre ellas
se cuenta el mismo proceso de privatización, donde en algunos casos
se halla escandalosas subvaluaciones, como en Sol Gas, en otras
operaciones de entrega total que permitieron al nuevo operador
esquilmar a la empresa privatizada y encima quebrarla e irse como
acreedores, como fue el caso de Aeroperú. A ello debe sumarse
compromisos de inversión incumplidos que han paralizado a empresas
históricas como es el caso de Sider o las tienen casi en ruinas como
en Marcona. Las compras inútiles y objeto de grandes sobornos han
estado encabezadas por las compras militares que llegaron a costar
mil ochocientos millones de dólares. Pero, lamentablemente, no es el
único caso porque otro plato grande fue empleado por Víctor Joy
Way, quien cobró 22 millones de US$ como soborno por más de 350
millones de compras a la República Popular China.

El gobierno de Fujimori sufrió una corrupción


integral, que rebalsó largamente la dimensión
de la coima por obra pública que venía del
pasado.
LA CORRUPCIÓN COTIDIANA

Estos tres grandes ciclos de la corrupción en el Perú deben


complementarse con otra forma de corrupción más cotidiana y de
menor volumen pero de gran impacto por su extensión. Se trata del
pequeño soborno cotidiano por trámites y autorizaciones que debe
obtener la actividad privada de la población. Ella incluye también a
la coima por vistas gordas ante la violación de las prohibiciones
legales configurando un universo de pagos por transgresiones que
constituyen parte del sentido cotidiano de la gente.

¿Qué nos ha dejado esta historia? Pues una primera constatación es


la degradación de la actividad política. Nadie cree en la honestidad
de los políticos, por el contrario, decir político equivale en la mente
de muchos a decir deshonesto, aprovechador.

EL PAPEL DE LOS PARTICULARES

Pero, en segundo lugar es preciso voltear la mirada sobre la actividad


privada. En realidad, la corrupción aparece en la intersección entre
la esfera pública y la actividad privada. El caso básico, el prototipo,
de la corrupción es un empresario privado que soborna a un
funcionario público que toma una decisión a favor del sobornador.
Ese ejemplo sirve tanto para la corrupción minúscula como por
ejemplo la coima al policía por una luz roja, como a situaciones de
otra magnitud como la decisión de un juez o la resolución de una
licitación etc.

La concepción del Estado como proveedor de


prebendas para quien ocupa los cargos es
común a muchos peruanos que han crecido
oyendo y viendo escándalos sin cesar.
Como queda claro, la corrupción muy pocas veces empieza en el
funcionario público. Una notable excepción es el caso de Vladimiro
Montesinos que soborna a empresarios para plegarlos al proyecto
reelecionista de Fujimori. Pero, incluso en aquel caso y con mucha
mayor claridad en los otros mencionados, el papel de los agentes
privados es crucial. Ellos normalmente son los que pagan los sobornos
para obtener beneficios particulares. Así, el privado que participa de
un arreglo bajo la mesa participa de la misma cultura que permea la
actividad pública. En cierto sentido el agente privado es el agente
dinámico y para terminar la corrupción pública es preciso encararlos.
El problema es que existe una extendida cultura nacional sobre el
sentido de la obra gubernamental como acto de aprovechamiento por
un grupo particular: familia, amigos o partido político. La concepción
del Estado como proveedor de prebendas para quien ocupa los cargos
es común a muchos peruanos que han crecido oyendo y viendo
escándalos sin cesar.

LA TRADICIÓN ÉTICA EN EL PERÚ

Por otro lado, en la historia peruana no existe solamente corrupción.


Por el contrario, siempre ha habido combatientes por el bien
gobierno y la honestidad pública. En cualquier momento de la
historia donde uno quiera situarse, se encuentra gente honrada
actuando y pensando en política. Desde la lejana etapa colonial
donde destaca el cronista indio Felipe Huamán Poma de Ayala,
creador precisamente de la consigna del “buen gobierno”. En el siglo
XIX tuvimos en Francisco García Calderón a un presidente que fue al
cautiverio en una prisión chilena y no se doblegó ni cedió el territorio
patrio. Al comenzar el siglo XX hemos tenido en Manuel González
Prada a un patriarca de la moralidad y del combate épico contra la
corrupción y falta de patriotismo. Asimismo, somos la patria del
padre Gustavo Gutiérrez, un pensador de talla universal del
compromiso y de la solidaridad como virtudes cristianas que llevadas
a su aplicación práctica crearon la Teología de la Liberación.

En suma, el Perú es un país donde coexisten dos tradiciones. Una


corrupta que se ha hecho sentido común. Pero, también tenemos
entre nosotros una segunda cultura, una segunda tradición. Esta
segunda corriente es la nuestra y es preciso empezar asumiendo que
tenemos historia, antecedentes, mujeres y hombres que han dado sus
vidas por el compromiso ético con la política.
ALGUNAS ALTERNATIVAS

A partir de ahí es posible pensar en soluciones para enfrentar la


corrupción. El primer lugar debe ser fortalecer los organismos de
control y fiscalización. Se trata de un conjunto grande de
instituciones públicas empezando por el mismo Congreso de la
República y la Contraloría General de la República, CGR, la SUNAT,
CONSUCODE y otros, que si funcionaran bien reducirían notablemente
las posibilidades de corrupción pública. ¿Qué significa funcionar bien?
En primer lugar, ser autónomos e independientes de quien ocupa el
gobierno central. En realidad un buen gobernante debería tener la
sabiduría suficiente para saber que le conviene una CGR autónoma y
de primer nivel profesional porque le enviaría las señales que le
permitan orientarse para corregir problemas a tiempo y conducir un
gobierno impecable. En segundo lugar, estos organismos deben ser
muy profesionales y responsables con un mandato constitucional
explícito. La nación está depositando en instituciones precisas la
responsabilidad de fiscalizar el manejo del erario público y de actuar
coordinadamente para evitar su mala utilización.

Se debe de fortalecer los organismos de control


y fiscalización, como el Congreso, la
Contraloría, la Sunat, otros.
Una segunda tarea crucial deriva de la reforma del Poder Judicial,
que por su naturaleza resuelve todo litigio entre particulares. Nunca
funcionará bien la economía ni tampoco la vida social si el Poder
Judicial no erradica la corrupción interna. La estabilidad jurídica y la
honestidad en la función jurisdiccional constituyen la esencia de una
reforma verdadera y radical que termine con los vicios de este poder
público. Un tema clave a cargo del Poder Judicial es la sanción a los
responsables de la gran corrupción de los noventa. En ello se halla la
conducción de los juicios contra Fujimori, Montesinos y su mafia.

Otro tema capital son los funcionarios públicos mismos. Ellos están
sometidos a un régimen que propende a la corrupción, puesto que los
cargos de dirección muy frecuentemente son ocupados por personal
de confianza, que ingresa a los altos puestos en base a relaciones
personales o políticas con quien conduce el sector. Así, los altos
cargos del Estado son muy bien pagados, a diferencia de los demás
puestos de funcionarios medios y de base, y sobretodo son altamente
rotatorios. Los que toman decisiones en los ministerios se quedan
poco tiempo y no aspiran a una carrera pública, sino que saben de su
brevedad y con cierta facilidad esta condición los lleva a la
corrupción. Así, el establecimiento de una carrera pública y de la
noción del servicio al Estado y no al gobierno parecen indispensables
para encarar la elevada corrupción nacional.

LA CULTURA NACIONAL Y LA CORRUPCIÓN

En esta dimensión encontramos que se trata de un tema del Estado,


de sus instituciones y funcionarios. Pero, por detrás de estas
indispensables reformas, entre otras, se halla el tema de la cultura
peruana sobre la corrupción. Se ha hecho costumbre engañar y ser
premiado con la benevolencia ajena a condición de no ser
descubierto. Así, el prototipo cultural en marcha es Pepe el vivo, que
aprovecha toda situación para sí, sin hacer el menor esfuerzo,
timando a los incautos, burlando la ley y viviendo de la mentira. Ese
prototipo cultural siempre ha estado con nosotros y en los últimos
tiempos se está haciendo creciente. Después de Fujimori no se ha
mitigado sino que continúa alimentado por los escándalos de
corrupción.