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Sinopsis
Un perro loco, un torpe veterinario, un tipo desnudo en la piscina, y un mes
en la California que cambia la vida, para hacer amigos, enamorarse y
cambiar el destino. ¿A quién se le paga por pasear a un perro y recostarse
junto a la piscina todo el día? A Sydney Montgomery, aspirante a curadora
de museo y cuidadora profesional de casas. Solo a ella.
Cuando su tía y su tío necesitan una cuidadora de casas y una niñera de
perros durante treinta días en Palo Alto, Sydney no puede rechazar la
oportunidad de estar más cerca de su hermana en Los Ángeles. Dentro de
las veinticuatro horas de su llegada, Sydney está limpiando caca de perro,
llevando a un perro que no coopera con un veterinario apuesto pero
torpe, y siendo rescatada del fondo de la piscina por un "chico de la
piscina" desnudo.
Lautner, "el chico de la piscina", tiene un cuerpo caliente y una
personalidad genial. Con ojos azul océano fluorescente, es hipnotizante,
sexy y adictivo. Lo que no es, el tipo de la piscina.
El Dr. Lautner Sullivan es un residente universitario que se volvió residente
pediátrico. Sabe cómo cortejar a una mujer con flores, pasteles y té dulce.
Lautner es el sueño de todas las chicas, pero Sydney no es todas las chicas.
Ella es inmune al arco iris, a los cuentos de hadas, al polvo de hadas y a la
palabra con "A". La atracción es inmediata, la amistad se gana, y el amor
es innegable. Treinta días es para siempre, pero para siempre no es
suficiente.
¡Una novela de romance contemporánea independiente!
* Este libro contiene situaciones de adultos y contenido explícito 17+
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Prólogo
Índice
Capítulo 30
Capítulo 1 Capítulo 31
Capítulo 2 Capítulo 32
Capítulo 3 Capítulo 33
Capítulo 4 Capítulo 34
Capítulo 5 Capítulo 35
Capítulo 6 Capítulo 36
Capítulo 7 Epílogo
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 18
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Capítulo 23
Capítulo 24
Capítulo 25
5

Capítulo 26
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Capitulo 27
Capítulo 28
Capítulo 29

Prólogo
La boda
Un millón de capas de tul engullen mi cuerpo de metro y medio y
cincuenta kilos. Me pregunto cuántos novios se pierden la noche de bodas
buscando a sus novias bajo un vestido inspirado en el cuento de la
Cenicienta. Mis pechos y mis costillas protestan porque el peso de esta
bestia sin tirantes exige su soporte completo durante las próximas cinco
horas o más. Largos rizos oscuros sujetos a un lado caen en cascada por mi
hombro. Dulces aromas florales se mezclan en el aire por mi ramo de rosas
rosado claro y el rocío corporal de lavanda aún fresco sobre mi piel.
Un golpe en la puerta me sobresalta de mi abatida evaluación del
reflejo en el espejo.
—Adelante —llamo.
—Oh, Sam, te ves increíble. —La mano de mi hermana descansa
sobre su pecho mientras su boca abierta rezuma celos dentro de mi
conciencia reprimiéndome con una firme bofetada de culpa.
Este es el sueño de toda chica: el vestido, el apuesto novio, el centro
de atención. Solo pocas mujeres están genéticamente ausentes del gen
de cuento de hadas. Ese es el raro y exclusivo grupo al que pertenezco.
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—Gracias, Avery —murmuro, centrándome en su mirada azul acuosa


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en el espejo.
—Desearía que mamá estuviera aquí para verte. —Su boca se
hunde en un ceño fruncido.

Las palabras de Avery me llevan de regreso a cuando tenía trece


años. No es que esas mismas palabras no hayan pasado por mi mente hoy,
pero Avery lo dice todo el tiempo. "Ojalá mamá estuviera viendo esta
película con nosotras. Ojalá mamá pudiera probar esta increíble sopa.
Ojalá mamá pudiera escuchar esta canción”.
Lo entiendo. Realmente lo hago. Avery es dos años más joven que
yo, pero se sienten como diez. Incluso hoy, ella todavía me recuerda a la
hija de ocho años perdida sin su madre, nuestra madre. Los recuerdos
frágiles de sentirme dependiente de mi madre son manchas de arena que
se desvanecen de un reloj de arena en mi mente. Eso es lo que hace el dar
el salto emocional de los diez a los catorce en cuestión de semanas para
llenar ese vacío de "madre".
Agarrando dos puños llenos de tul, levanto mi vestido y me giro hacia
ella.
—Ella está aquí. Estoy mirándola ahora. —Los largos rizos rubios Barbie
de Avery y sus descoloridos ojos azules tienen un parecido fantasmal con
nuestra madre. Conforta mi corazón y dibuja en mis labios una sonrisa.
—¡Oh, Sydney! —Mientras las lágrimas llenan sus ojos, ella viene hacia
mí con los brazos abiertos y la fragilidad infantil.
¡Mierda! Avery solo me llama por mi nombre cuando quiere ser
mimada.
—Uh, uh, uh... —levanto mis palmas para bloquear su
acercamiento—... vestido blanco, velo blanco... retrocede lejos de la
novia.
Avery se detiene abruptamente. Su rostro afligido se funde en una
sonrisa suave mientras se frota las comisuras de los ojos con los dedos.
—Lo siento. Siempre sabes cómo decir lo correcto en el momento
adecuado —dice mientras juguetea con sus pendientes de lágrima de
diamantes.
Ofreciendo mi mano, ella la mira por un momento antes de tomarla.
Apretando, miro esos ojos azules, labios carnosos y cabello rubio recogido
con unos rizos en espiral que enmarcan elegantemente su rostro. No lo diré
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en voz alta, pero también lo estoy pensando. Dios, te extraño, mamá.


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—Te ves hermosa, hermanita —le susurro.


Su sonrisa exuberante y llena de dientes se refleja en sus ojos.
—Gracias, amo mi vestido. —Al soltar mi mano, se da vuelta con su
vestido de sirena de tafetán púrpura pálido.
—Deberías, ya que lo elegiste —murmuro sin ninguna respuesta de
ella.
—¿Chica de las flores? —pregunto con las cejas levantadas.
—Persiguiendo al portador del anillo detrás de la iglesia... o tal vez
sea al revés —comenta Avery con un encogimiento de hombros.
Retrocediendo hacia el espejo, tomo una respiración profunda y
exhalo lentamente.
—Voy a ver cómo está tu novio. —Avery abre la puerta, pero hace
una pausa y se da la vuelta con una sonrisa tranquilizadora—. Él es único,
Sam. Guapo, amable... y Dios, te ama mucho. Es el destino.
La puerta se cierra. Destino. La palabra hace eco en el aire.
¿Existe tal cosa como el destino?

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Palo Alto
¡Mierda! Está en todas partes y apenas llevo aquí tres horas. Gracias
a Dios que está contenido en los pisos de madera. Me esfuerzo por
encontrar una bolsa de basura en la despensa mientras suena mi teléfono.
Deslizándolo del bolsillo trasero de mis pantalones cortos de mezclilla,
deslizo mi dedo por la pantalla.
—¿Hola?
—¿Sydney? —Suena una voz desconocida de mujer.
—Sí —confirmo con el teléfono sujeto contra mi oreja con mi hombro
mientras abro la bolsa de basura.
—Es Kimberly de la oficina del Dr. Abbott, devolviéndote la llamada.
Mientas paso por delante de las puertas de vidrio del patio, me
encuentro con dos ojos azul grisáceo en el otro lado siguiendo cada uno
de mis movimientos. Entrecerrando los ojos e hirviendo de desprecio, sigo
con la primera pila de mierda humeante.
—Oh, sí, gracias por devolverme la llamada. Estoy cuidando la casa
y el perro de mi tío y mi tía, Trevor y Elizabeth Worthington. Su perro... uh…
—Swarley.
—Sí, Swarley ha estado cag…, quiero decir, dejando caca en todas
partes desde que se fueron temprano esta mañana.
—Él podría estar nervioso o aprensivo por su partida. Los perros
perciben más de lo que pensamos. Son mucho más inteligentes de lo que
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les damos crédito.


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Sí, ¡este perro es realmente inteligente!


—De todos modos, el Dr. Abbott tiene una vacante a la una en
punto si quieres traer a Swarley solo para asegurarte de que no sea nada
grave.
El olor a alcantarilla que flota cerca de mi nariz me obliga a contener
la respiración mientras me apresuro a envolver mi mano en toallas de
papel y limpiar el desastre.
—A la una, gracias. Nos vemos entonces. —El mordaz olor me roba la
voz.
***

Cuidar la casa es un gran trabajo interino, especialmente para


alguien con una licenciatura en historia del arte. Cuidar mascotas... no tan
glamoroso, pero viene con el territorio. Mi sueño de ser curadora de museo
será un largo viaje. Es virtualmente imposible conseguir una oferta sin una
maestría, y realmente, se prefiere un doctorado, especialmente entre los
museos más grandes y prestigiosos. Sintiéndome en quiebra y
ahogándome en deudas desde la graduación, he decidido trabajar unos
años antes de completar mis estudios. Sin embargo, si continúo
metiéndome en este tipo de "mierda", posiblemente decida vender mi
cuerpo en lugar de mi tiempo.
Los primeros trabajos que tomé fueron en el Medio Oeste, a una
distancia manejable desde donde crecí en Rock Island, Illinois. Después de
depositar algo de efectivo, obtuve mi pasaporte y solicité posiciones en el
extranjero. Durante el año pasado viajé a Río de Janeiro, Qatar, Irlanda,
Australia y el Reino Unido. Visito todos los museos que puedo y sueño con
algún día ser la persona afortunada a cargo de supervisar todo. Es una
posibilidad remota, en el mejor de los casos, pero una chica puede tener
esperanza.
Cuando Avery tomó un trabajo en L.A. como masajista, decidí
buscar algo en la costa oeste para poder vernos durante el verano. Según
el destino, la hermana de nuestro padre y su esposo, que viven en Palo
Alto, decidieron viajar a Europa en junio. Estaban encantados de escuchar
que estaba disponible para cuidarles la casa y vigilar a su nuevo perro. Se
trata de una unidad a cinco horas y media de L.A., pero al menos Avery y
yo estamos en la misma zona horaria.
—¡Entra, Swarley! —Mantengo abierta la puerta trasera de la
Escalade blanca de Elizabeth y Trevor.
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Su Weimaranier de dos años es exasperante y nos conocemos desde


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hace menos de veinticuatro horas. Va a ser un mes largo.


Miro la hora en mi teléfono: 12:45 p.m.
—¡Uf! Eres un perro terco, entra. —Me acerco y le doy un abrazo de
oso a su cuerpo, rezando porque nada salga de su trasero mientras lo
empujo al asiento trasero. Después de otros cinco minutos de lucha
tratando de pasar el cinturón de seguridad a través de su arnés, nos vamos
al veterinario.
Veo otros dos automóviles en el estacionamiento, así que espero que
no tengamos que esperar mucho. En el momento en que desabrocho a
Swarley, él se sale del asiento trasero tratando de arrancarme el brazo
mientras la correa se enrosca alrededor de mi muñeca.
—¡Swarley! ¡Maldita sea, detente! —Me arrastra por la hierba a lo
largo del costado del edificio. Creo que está persiguiendo a una ardilla o
un pájaro. Demonios, podría estar persiguiendo su cola por lo que sé. Estoy
demasiado ocupada tratando de evitar todas las minas de tierra
humeantes. ¿Qué pasó con la costumbre de recoger la mierda de los
perros?
Swarley se detiene para levantar su pierna hacia un árbol, dándome
un respiro. Extrayendo la correa embebida de mi piel, me trago las ganas
de estrangular su cuello.
—¡Vamos! —Levanto su correa.
Al acercarse a la puerta, mi rostro se arruga. No estoy segura de si
estoy oliendo algo nuevo o si el olor acre de esta mañana aún persiste en
mi nariz. Agarrando la manija de la puerta para mantener el equilibrio,
levanto mi pie derecho para inspeccionar la parte inferior de mi zapato.
Limpio. levanto el izquierdo.
—¡Mierda!
Literalmente, por todo el fondo de mi sandalia. Swarley tira de la
correa, poniéndose necio, así que me quito la sandalia y lo llevo adentro.
—¡Swarley! —La mujer detrás del escritorio vitorea mientras salta a
saludarnos, bueno... a él—. Debes ser Sydney. Soy Kimberly, hablamos por
teléfono.
—Sí, hola. —Sonrío.
—Vamos adentro. El Dr. Abbott está por terminar. No debería tardar
demasiado. —Kimberly nos acompaña a una sala de examen—. Toma
asiento. Haré pesar a Swarley y lo traeré de vuelta.
Se lo lleva mientras yo me siento en un pequeño sillón junto a la
ventana que da al patio de la basura. Mirándome a los pies, me doy
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cuenta de lo ridícula que me veo con una sola sandalia. ¿Me veré mejor
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sin zapatos? Estar descalza dice que soy una de esas personas sucias y
raras que nunca usan zapatos. Un zapato dice que, o perdí mi otro zapato
o pisé mierda de perro. Cualquiera de las explicaciones es factible.
Después de todo, he perdido la cuenta de cuántas veces he conducido
por la calle y visto solo un zapato en el medio de la carretera. Es una
evidencia sólida de que hay toda una población de personas corriendo
con un solo zapato. Supongo que esos serán de ciclistas o motociclistas
que perdieron sus zapatos. Es demasiado inverosímil pensar que traje a
Swarley al veterinario en una Harley o Schwinn, así que creo que me
quedaré con la Opción B: la mierda pasa.
—Aquí vamos —anuncia Kimberly mientras guía a Swarley de vuelta
a la habitación.
Siguiéndola a través de la puerta está el Dr. Buenazo, Veterinario.
Una espesa mata de cabello oscuro roza sus cejas justo por encima de los
ricos ojos marrón claro que se arrugan en las esquinas, haciendo juego con
su brillante sonrisa amistosa. Pantalones negros de ajuste perfecto cuelgan
de su alto y delgado cuerpo. La camisa de botones gris claro debajo de su
bata de laboratorio blanca expone una provocación de vello oscuro en el
pecho donde los botones superiores están abiertos casualmente. Swarley
le da un amable saludo a su entrepierna mientras el veterinario me ofrece
su mano.
—Buenas tardes, soy el Dr. Abbott... o... Dane. —Sus dedos largos son
cálidos y su agarre es nerviosamente firme.
—Sydney, y creo que ya conoces… —Intento ocultar mi sonrisa,
gesticulando hacia Swarley quien continúa dando un rudo olisqueo a la
entrepierna del Dr. Abbott.
—Swarley. Sí, lo he estado viendo desde que era cachorro.
La atracción magnética de Swarley hacia cierta entrepierna distrae.
Aunque no es mi perro, y estoy segura de que el Dr. Abbott está
acostumbrado, siento la necesidad de explicar su comportamiento.
—Debe pensar que tienes una gran pieza de carne allí.
Las palabras salen de mi boca y mi cerebro -que aparentemente
tiene una demora de dos segundos- se pone al corriente mientras me
pongo color carmesí. El Dr. Abbott está visiblemente avergonzado por mi
comentario porque el color de su rostro refleja el mío mientras desvía la
mirada hacia la tabla que sostiene. Kimberly tose y nos da la espalda. Es
obvio que también está tratando de sofocar su reacción.
—¡Oh Dios mío! No quise decir... o lo que quise decir… —Swarley
tiene diarrea en el culo y yo tengo diarrea en la boca. ¿Podría empeorar
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este día?
Página

—Sídney, está bien —se recupera con rápida compostura—. Cuánto


tiempo Swarley ha… —Hace una pausa y noto que está mirando mis pies.
Sí, este día acaba de empeorar. Muevo los dedos de los pies y cubro
el descalzo con el que tiene sandalia.
El Dr. Abbott sonríe y sus ojos se encuentran con los míos. Exuda una
sutil timidez que supongo está enmascarada por su autoridad de bata
blanca y el Dr. antes de su nombre.
—¿Cuándo comenzó Swarley a tener diarrea? —pregunta con una
sonrisa genuina.
—Esta mañana. Llegué tarde anoche, pero no conocí a Swarley
hasta que esta mañana temprano, Elizabeth y Trevor se marcharon. No
mencionaron que tuviera ningún problema, así que supongo que ha sido
solo hoy.
—¿Trajiste una muestra de heces? —pregunta, anotando algunas
cosas en la tabla.
—Mmm no. Lo siento.
—Está bien. Voy a hacerle un examen rápido, pero lo más probable
es que sea solo un caso de nervios y ansiedad. Que yo sepa, por lo general
él sigue un estricto horario de alimentación, así que dudo que sea algo que
haya comido.
Asiento y observo mientras el Dr. Abbott guía a Swarley hacia una
mesa elevadora hidráulica. Kimberly lo pone en una especie de
agarradera mientras el buen doctor hace su examen.
—Todo se ve bien. Asegúrate de que tenga agua y mantenlo
alejado de la comida hasta mañana. Tal vez para entonces se asentará. Si
persiste o empeora, llama a la oficina. De hecho, podría pasar durante mi
trote por la mañana y ver cómo está.
Kimberly levanta una ceja en su dirección. Está toqueteando la
tabla con su pluma.
—Oh, eso no es... necesario. Quiero decir, solo llamaré si hay algún
problema. No hay necesidad de que se desvíe.
—En realidad, no lo hago. En verdad troto por allí todas las mañanas.
Vivo a apenas unas cuadras.
Pasa los dedos por su cabello y baja la mirada a sus pies, pasando su
peso de uno al otro. ¡Santa mierda! Está coqueteando conmigo y Kimberly
está tan babeada por él.
—Si tiene tiempo, pero en realidad, no se desvíe. —Sonrío mientras lo
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miro.
Página

Mira mis pies otra vez. Doblo mi rodilla y escondo mi pie descalzo
detrás de la otra pierna mientras me encojo de hombros.
—Pisé mier… popó afuera.
—Oh, ¿dónde lo dejaste?
—Afuera.
—Kimberly terminará la documentación e incluirá la factura en la
cuenta de los Worthington. Haré que limpien tu zapato.
—¿Qué? ¡No!
Levanta la mano y niega con la cabeza.
—Insisto. Es lo menos que puedo hacer. Creo que tienes las manos
bastante llenas con este tipo. —Rasca a Swarley detrás de las orejas—.
Regresaré en unos minutos.
Él se va y miro a Kimberly mientras llena algunos papeles.
—¿El Dr. Abbott es tan amable con todos?
Ella sonríe, pero no levanta la vista.
—¿Amable? Sí. ¿Pero si preguntas si rutinariamente limpia la mierda
de los zapatos? No.
Kimberly se pone el cabello castaño largo hasta la barbilla detrás de
la oreja. Parece tener unos cuarenta, pero no soy el mejor juez de edad.
—Si tu próxima pregunta es si el Dr. Abbott está casado o no, la
respuesta es no.
Ahora estoy oficialmente incómoda y tan ansiosa como este perro
necio por salir de aquí.
—Eso es interesante, pero no iba a preguntar. No vivo por aquí y me
voy en un mes. Créeme, no estoy buscando... —Mis pensamientos se
desvanecen. ¿Buscando qué? ¿Romance? ¿Una cita? ¿Sexo?
—Como digas. Pero realmente sería un buen prospecto.
La tensión nerviosa está creciendo. Esta visita es por Swarley, no
para encontrar un arreglo para mi inexistente vida social. Giro mi largo
cabello castaño oscuro alrededor de mi dedo mientras el Dr. Abbott
regresa con mi sandalia.
—Bien, como nueva. —Me la entrega.
—Gracias, eh... realmente no era necesario, pero gracias, Dr. Abbott.
—Me inclino y me la pongo. Poniéndome de pie, noto que el señor Buen
Prospecto me está mirando, pero no a los ojos.
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Me aclaro la garganta y su mirada encuentra la mía otra vez.


Página

—Oh, um, es un placer, y llámame Dane. Hasta mañana. —Asiente y


se hace a un lado.
Swarley no pierde el tiempo arrastrándome de vuelta a la sala de
espera. Antes de abrir la puerta, miro hacia atrás y me despido.
—Gracias de nuevo, adiós.
Salimos del estacionamiento, mi mente tambaleándose. Hasta
mañana. ¿Quién dice eso?
***

Al mirar al reloj de la cocina, me doy cuenta de que han pasado


más de cinco horas desde la última vez que Swarley soltó los chorros. Está
descansando en su lujosa cama de “soy el perro más mimado en el
mundo” frente a la mesa de café en la sala de estar. Elizabeth y Trevor no
tienen hijos y eso se nota en su inmaculada casa. Es espaciosa, pero no
abrumadora como algunas en las que me he alojado. El piso principal
tiene un vestíbulo abierto con un comedor formal en un lado y una oficina
en el otro. Todos los pisos son de madera o azulejos, con grandes alfombras
de lana tradicionales en cada habitación.
Las paredes oscuras en tonos tierra no son como las que recuerdo
en nuestra casa cuando era más joven. Les faltan los dibujos artísticos con
crayones y las obras maestras en rotuladores grabadas en la mitad inferior.
Las amplias y blancas puertas arqueadas están libres de abolladuras y
arañazos causados por colisiones con juguetes con ruedas y partes
metálicas.
En la parte trasera de la casa hay una cocina y una gran
combinación de habitaciones que da a mi parte favorita de la casa: una
enorme cubierta y una gran piscina rectangular. Esta no es una terraza
promedio. Tiene una bañera de hidromasaje en un lado y una zona de bar
al aire libre cubierta de pérgola con una gran parrillera de acero
inoxidable y horno de pizza cubierto de piedra en el otro.
Avery se volverá loca cuando venga de visita. Esta es nuestra
primera vez en la nueva casa de Elizabeth y Trevor aquí en Palo Alto.
También es mi primera vez cuidando la casa de un familiar. Ya puedo
vernos descansando junto a la piscina, bebiendo margaritas y escuchando
música que fluye de los parlantes al aire libre.
Son casi las cuatro en punto. Abro la puerta del refrigerador para
tomar un té helado y suena el timbre de la puerta. Dirigiéndome hacia la
entrada, veo a través de las ventanas a un tipo con el cabello rubio corto y
dorado de pie con las manos metidas en los bolsillos de sus pantalones
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cargo color caqui. Lleva una camiseta roja de Stanford que parece
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demasiado pequeña, pero por la forma en que abraza sus brazos y su


pecho definidos, me resulta difícil desear que fuera del tamaño correcto.
No espero a nadie hoy, pero tengo un vago recuerdo de algo sobre
un chico que vendría a revisar la piscina el miércoles. Pensé que era la
próxima semana, pero podría estar equivocada.
Al abrir la puerta, los ojos azules más espectaculares enmarcados en
largas pestañas absorben el aire de mis pulmones.
—Hola —susurro, incapaz de encontrar mi voz completa.
—Hola. —Arrastra la palabra en dos largas y sedosas sílabas. Ojos
iridiscentes azul océano con la intensidad de un zafiro brillantemente
cortado y algunas suaves manchas de nomeolvides de verano viajan por
todo lo largo de mi cuerpo.
Mi piel hormiguea y me siento hiper consiente de cuán cortos son mis
vaqueros desteñidos, y no puedo recordar de qué color es el sujetador que
llevo debajo de mi camiseta tipo tanque blanca, pero no creo que sea
blanco. Me siento desnuda bajo su mirada mientras roza sus perfectos
dientes blancos sobre su labio inferior provocando un enrojecimiento
inmediato de mi piel y un poco de aturdimiento. Soy una muñeca vudú y
con una sola mirada me está aplicando su magia negra sexual.
Tomando un lento y exagerado trago, cierro los ojos y niego con la
cabeza.
—Debes ser... ¿eh... Aaron? —Cruzo los brazos sobre mi pecho
porque su mirada sensual tiene mis pezones en atención.
Con la cabeza inclinada hacia un lado, su mirada audaz hace un
recorrido hacia abajo y hacia atrás por toda la longitud de mi cuerpo.
—El chico de la piscina, Aaron, ¿verdad? —Su silencio calculado me
vuelve loca.
Me asiente lentamente.
—El chico de la piscina.
—Tendré que mirar el cronograma, pero estoy bastante segura de
que se supone que no deberías estar aquí hasta el próximo miércoles. —
Jugueteo con mi cabello y me regaño internamente por mi voz
entrecortada y mi mirada fija de niña de escuela.
Se encoge de hombros y me muestra una inocente sonrisa infantil.
—Supongo que debería volver la semana que viene, o podría revisar
la piscina ahora.
Reflejando su actitud casual, me encojo de hombros.
16

—Está bien. Si no es demasiado pronto. Tú eres el experto.


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Dando un paso atrás, le hago un gesto para que entre. Todo su rostro
es una gran sonrisa.
—¿No necesitas nada de tu camión?
Pasa junto a mí y miro hacia fuera, al camino de piedra circular.
Estacionado al final de la caminata está un Toyota 4Runner negro.
—¿No manejas un vehículo de la compañía?
Sin dar marcha atrás, camina a través de la cocina hacia la terraza
como si fuera el dueño del lugar. —Es probable que los suministros hayan
quedado allá afuera y que la camioneta del chico de la piscina se haya
averiado —su voz hace eco.
Cerrando la puerta, me detengo un momento y niego con la
cabeza. —¿Probablemente allá fuera? ¿Camioneta del chico de la
piscina?
Por la ventana trasera veo sus chanclas en la terraza. Mientras
camina hacia la casa de la piscina, se quita la camisa con un solo suave
movimiento.
Oh. Dulce. Infierno.
¿Qué pasa con los muchachos aquí en Palo Alto? No crecen así allá
de donde soy. Sacando mi teléfono del bolsillo trasero, llamo a Avery pero
presiono Finalizar de inmediato.
—No, mejor aún —me susurro con una sonrisa astuta tirando de mis
labios.
Cuando Aaron sale con la red limpiadora de piscinas de mango
largo, le tomo una foto y se la envío a Avery.
3 palabras: Mantenimiento de Piscina - 4 palabras: La vida es buena.
Pasan dos segundos antes de que mi teléfono vibre con un mensaje
de texto.
¡NMJ!1
Me río y luego le devuelvo el mensaje.
¡Jodo!
Mi teléfono suena con "Single Ladies" de Beyonce, lo cual es
apropiado para mi hermana amante de las fiestas.
—¿Celosa? —Respondo.
17
Página

1NMJ: no me jodas.
—¡Sam! Oh Dios mío. Los chicos de mantenimiento de la piscina no
se ven así en la vida real. ¿Es una broma? —Su grito entusiasta me perfora
los oídos.
Aaron camina con movimientos lentos y calculados alrededor de la
piscina corriendo la red a través del agua. Irónicamente, cuando salí
temprano el agua parecía clara, prístina y libre de insectos y hojas.
—No lo creo, pero podría ser. Él no está realmente haciendo nada.
¿No debería estar revisando los químicos o cambiando un filtro o algo así?
Avery resopla.
—¿Cómo debería saberlo? Vivo en un edificio de apartamentos con
un chico de la piscina que se parece a Shamu. Salgo de mi camino para
no mirar lo que está haciendo. Dile que crees que hay una película viscosa
en el fondo de la piscina.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Obvio... para que tenga que entrar y echarle un vistazo.
Cuando Aaron rodea la esquina de la piscina, levanta la vista y me
sonríe. Me retiro rápidamente de la ventana.
—Uh, no creo que trajera sus bañadores.
—¿Y? —pregunta Avery en su tono de obvio.
—Y no va a saltar a la piscina completamente vestido.
—O…
—O desnudo.
—Agh. Mi próximo cliente está aquí. Tendrás que contarme más
tarde. Y, por cierto, liberé mi agenda por unos días a partir del viernes, para
poder ir hasta allá y quedarme contigo.
—¡Estupendo! Te va a encantar este lugar. Hablaré contigo más
tarde.
Vierto un vaso de té helado y comienzo a caminar hacia la cubierta.
Luego me doy vuelta y sirvo otro vaso. "La hospitalidad es algo bueno", me
digo, solo necesito convencer a la parte racional de mi cerebro.
—¿Té? —Le ofrezco, caminando hacia la piscina.
Aaron coloca la red a lo largo del lado de la piscina.
—Gracias. —La sonrisa en su rostro es sospechosa y me hace sentir
18

que me estoy perdiendo una broma interna. Me quita el vaso y me muevo


para mirarlo más de cerca porque no puedo mirarlo sin su camisa y no
Página

comenzar a sudar.
—¿Qué estás sacando?
—Nada en realidad. Estoy revolviendo el agua —dice con
naturalidad.
Este chico no es real. ¿Qué quiere decir con "removiendo el agua"?
Está tramando algo. Es obvio por qué la tía Elizabeth lo contrató. Ella debe
limpiar apropiadamente la piscina después de que él se vaya para que
Trevor no sospeche y despida su culo... un muy buen culo, lo confesaré.
—¿Y por qué es necesario remover el agua? —Me giro hacia él y mis
ojos se dirigen directamente a su amplio pecho musculoso y sus bien
definidos abdominales besados por el sol. Dios, él es demasiado perfecto y
yo soy... algo. ¿Distraída? ¿Mentalmente letárgica? ¿Loca? ¿Cachonda?
¡BINGO!
—Para que haya una consistencia uniforme de los productos
químicos cuando pruebe el agua.
Tengo la boca abierta y no puedo dejar de mirarlo. Él se inclina para
capturar físicamente mi atención. ¡Mierda! No muestro vergüenza mirando
su pecho desnudo.
—¿Hola? —dice, obligando a mis ojos a mirar a los suyos.
Sacudiendo los pensamientos inapropiados de mi cabeza, tomo un
sorbo rápido de mi bebida para ocultar mi vergüenza.
—¿Debo volver a ponerme la camisa?
Me atraganté con mi té.
—No… —No puedo parar de toser—. Quiero decir… —Aclarándome
la garganta, noto su sonrisa engreída—. Ponte la camisa o déjalo. ¿Por qué
me importaría?
Dios, Sydney, ¿podrías ser un desastre mayor hoy? La solapa de la
puerta del perro me distrae. Swarley baja por la escalera de la cubierta.
Aaron se inclina como un liniero en anticipación de su saludo
excesivamente entusiasta. El problema es que, a medida que Swarley se
acerca, me doy cuenta de que no apunta a Aaron. Él está buscando…
—¡Oh, mierda! —Me catapultó hacia atrás en la piscina.
Mi cuerpo hace su descenso al fondo mientras abro los ojos para ver
la ampliación borrosa del chico de la piscina Sr. Sexo sobre Piernas de pie
en el borde mirándome. Estoy considerando ver cuánto tiempo puedo
contener la respiración. Tal vez él decida irse y yo pueda salir de las
19

profundidades de mi propio infierno personal sin audiencia.


Página

¡Sí! Eso es. Puedo hacer esto.


Todavía tengo muchos records de mi carrera de natación en la
escuela secundaria. Aguantar la respiración hasta que se vaya debería ser
fácil. A menos que él decida ser heroico y salte para salvarme. No es un
mal escenario tampoco. Entonces, al menos, ambos estaremos
empapados en nuestra ropa.
Como una balsa con goteras, libero mi aliento una burbuja a la vez y
me siento en el fondo de la piscina. ¡Ja! Él está vaciando sus bolsillos.
Parece que no seré la única rata ahogada. Espera. ¿Qué demonios? No,
no lo está haciendo. Oh, querido Dios, sí lo está. Sexo sobre Piernas se
sumerge en la piscina, sin pantalones cortos ¡ni ropa interior! Las dos
inquietantes notas de Jaws suenan en mi cabeza mientras salgo a la
superficie en la dirección opuesta, desesperada por alejarme de él.
El dulce alivio del aire que llena mis pulmones es aplastado por la
ansiedad de ser perseguida por un extraño desnudo.
—¡Oh Dios mío! ¿Qué estás haciendo? —Un grito frenético estalla
con el aliento que queda en mis pulmones mientras me dirijo hacia la
escalerilla, apenas escapando de él. Salto de la piscina con velocidad
sobrehumana. Envolviéndome con mis brazos, corro hacia la casa de la
piscina, mi corazón se acelera y todo mi cuerpo tiembla mientras busco a
tientas una toalla.
—El agua se siente genial hoy. —Su voz suena detrás de mí.
Me giro y jadeo, con los ojos muy abiertos. Un cuerpo mojado,
desnudo, pecaminoso como un helado de chocolate caliente me saluda
a unos pocos metros de distancia. Con las manos en puños, sus brazos se
cruzan casualmente en sus muñecas cubriendo parte de su basura en el
frente. La portada perfecta para Sports Illustrated se encuentra delante de
mí, y todo lo que quiero hacer es golpearlo en la cara para borrar su
estúpida sonrisa. Luego, por supuesto, quiero saltar sobre él y frotar cada
parte sensible de mi cuerpo contra el suyo, porque ahora estoy tan
enojada y tan excitada, que necesito sumergirme en la piscina antes de
quemarme.
—Termina y vete —murmuro mientras le tiro una toalla y camino
hacia la casa. En mi camino, paso a Swarley varado en una tumbona junto
a la piscina.
—¡Perro demonio malvado! —Le frunzo el ceño.
***
20

Con la esperanza de que él se haya ido, recojo mi largo y mojado


Página

cabello en una cola de caballo mientras bajo las escaleras con un par de
pantalones cortos secos y una camiseta verde de Irlanda que dice Dublín
es un placer. Desafortunadamente, la camisa no imparte la suerte de los
irlandeses. Él todavía está aquí, sentado en un taburete de la cocina.
Viéndome aparecer, se levanta.
—Oye, creo que empezamos mal —dice con una sonrisa de
megavatios.
—¿Ya acabaste? —pregunto, apoyándome en los gabinetes con la
mano apoyada en la cadera.
—¿Acabé?
—¿Con la piscina? —digo con exasperación.
Pone los ojos en blanco.
—Claro, ya terminé.
—¿Qué se supone que significa eso?
Su rostro se arruga como si estuviera listo para decirme algo mientras
mi teléfono vibra en mi bolsillo trasero.
—¿Hola?
—Hola, Sydney. Es Elizabeth. Acabamos de bajar del avión y quería
asegurarme de que te aclimatases bien a la casa o saber si tienes algún
problema con Swarley.
—Um, Swarley tuvo algunos... eh... problemas estomacales esta
mañana así que lo llevé con el Dr. Abbott. Él piensa que solo son nervios o
algo así, y Swarley ha estado bien desde entonces. —Creo que es
demasiado pronto para decirle que Swarley podría estar encadenado a
una estaca en el patio cuando lleguen a casa.
—Oh querida, lamento que hayas tenido que lidiar con eso, pero
gracias. ¿Algún otro problema hasta ahora?
—Realmente no. Aaron vino hoy a hacerle el servicio a la piscina —
digo con mis ojos entrecerrados.
Se está mordiendo los labios, evitando el contacto visual y
frotándose la parte posterior de su cuello. Este comportamiento es
totalmente opuesto al chico que apareció en la puerta hace una hora.
—¿Aaron? ¿De verdad? Se suponía que no estaría allí hasta la
próxima semana. Pensé que todavía se estaba recuperando de su cirugía
de derivación gástrica. El pobre tipo tiene mucho sobrepeso. Creo que es
por eso que Trevor lo contrató. Ya sabes, amas de casa desesperadas,
21

chicos de piscinas sexys. De todos modos, supongo que es una distracción


Página

menos que tendrás la próxima semana. Tienes nuestros números de celular.


No dudes en llamar si tienes alguna pregunta.
Aaron cambia su mirada de ojos abiertos a la mía mientras escucho
a Elizabeth y me abro paso por la cocina. Sin apartar mis ojos de él,
alcanzo detrás de mí en cámara lenta y agarro el mango de un gran
cuchillo de carnicero en un bloque de madera dura.
—Gracias, Elizabeth, disfruta de tu viaje.
Sosteniendo mi teléfono con una mano y el cuchillo con la otra para
que pueda verlos claramente, continúo moviéndome más lejos.
—Escucha, no sé quién diablos eres, pero te sugiero que salgas de
aquí antes de que llame a la policía o... ¡te corte!
Sus ojos se clavan entre los míos y el cuchillo, pero su mirada es de
diversión con los labios curvándose en las esquinas.
—¿Cortarme? —dice levantando una ceja.
Agitando el cuchillo con imprudente abandono gruño.
—Sí, te corte, te apuñalé, te castre.
Los ojos azules entrecerrados brillando con malicia, me miran.
—¿Castrarme?
—¡Sí, cortar tu pene! —Hago una X en el aire con el cuchillo.
—La castración sería eliminar mi testic…
—¡Fuera! —Me lanzo en su dirección.
Saltando hacia atrás, levanta sus manos.
—Está bien, está bien, cielos, tómalo con calma. Me voy.
Manteniéndome a una distancia segura, lo sigo hasta la puerta. Se
cierra y con rápidos dedos cierro el cerrojo. Me congelo a media vuelta
ante el sonido de un golpe en la ventana. Ahuecando los lados de su
rostro, él está mirando dentro. Su sonrisa es sexy pero, dadas las
circunstancias, un poco espeluznante.
—¿Quieres ir a la playa mañana?
Frunciendo el ceño, apuñalo con el cuchillo en el aire en su
dirección. Negando con la cabeza, camina hacia su 4Runner. Espero
hasta que se haya ido y luego me retiro a la cocina.
22
Página
2
Swarley me despierta demasiado temprano. Su horario de comidas
es adecuado para madrugadores. Algo que no soy.
—¡Vete, perro! —gimo mientras intenta lamerme los párpados.
Son las seis y media y el sol se asoma a través de las sombras. Extraño
las cortinas de oscurecimiento motorizadas que he experimentado durante
algunas de mis aventuras cuidando casas. Las cortinas transparentes aquí
sugieren que Elizabeth y Trevor se levantan con el sol.
—Está bien, vamos a alimentarte. —Es difícil estar demasiado molesta
con Swarley, por esto de todos modos. No ha comido en veinticuatro horas
por orden del Dr. Abbot, lo que me recuerda que podría estar haciendo
una visita a domicilio esta mañana. Se supone que Swarley da un paseo o
trota una hora después de que come, así que me pongo los pantalones
cortos para correr y un top con espalda deportiva.
Sujetando mi cabello en una cola de caballo, miro los ojos color
avellana que me miran en el espejo. Mi mente errante ve un reflejo
diferente: el iris azul más llamativo que he visto en mi vida. Su sonrisa, el
desordenado y rubio cabello, y ese cuerpo... oh dios. Músculos ondulando.
Fuerte mandíbula. Labios llenos.
Sacudiendo mi cabeza, trato de desterrar de mi mente lo absurdo
de todo esto. Hoy es un nuevo día y tengo que creer que va a ser menos...
de mierda.
Me desplazo por mi correo electrónico y mensajes de texto mientras
tomo agua de coco en la terraza. Por supuesto que hay uno de Avery.
Oye, Sam, lo siento, no te devolví la llamada anoche. Salí con
algunos amigos y terminé bebiendo demasiado y despertando... bueno,
23

estoy segura de que puedes adivinar :) Llámame más tarde, creo que
tienes una historia que terminar ;D
Página
—Está bien, perro, son las siete y media. Hagamos esto para poder
regresar y plantar nuestros culos en la piscina por el resto del día.
No solo estaba en el equipo de natación en la escuela secundaria,
también jugaba fútbol. En la universidad, participé en fútbol intramuros,
voleibol y fútbol americano. Correr, sin embargo, nunca ha sido mi
actividad preferida. Golpear el pavimento por kilómetros y kilómetros no
"despeja mi mente". Estoy segura de que los cirujanos ortopédicos adoran
a los corredores: reemplazo de cadera a los cincuenta años. Voy a pasar,
muchas gracias.
En el porche delantero meto a Swarley en su arnés.
—Trotamos por tres kilómetros y luego caminamos a casa. Si
necesitas más ejercicio que eso, amarraré tu culo hiperactivo a la cinta de
la planta baja por el resto de la tarde. ¿Capiche?
—Podrías atar su correa al parachoques y conducir por la ciudad.
Con los ojos muy abiertos, giro. El Dr. Abbot está detrás de mí y
Swarley da un salto inmediato para saludar a su entrepierna.
—¡Mierda! Me asustaste. Yo... yo solo estaba…
—¿Bromeando? Espero. —Sonríe. Su camisa para correr azul está
mojada y se aferra a su delgada figura de corredor, y sus pantalones
cortos son demasiado cortos para sus largas piernas. Por otra parte, los
míos probablemente son demasiado cortos para correr en público en
absoluto. Su oscura mata de cabello está pegada a su frente y gotea
sudor por su rostro enrojecido.
Su irresistible encanto inocente me trae una sonrisa al rostro.
—Sí, al menos hoy estoy bromeando.
—¿Un día difícil ayer? —Se ríe.
—Definitivamente hubo algunos eventos inesperados, comenzando
con el viaje a tu oficina. —Ofrezco una sonrisa de labios apretados con mis
manos cruzadas sobre mi pecho.
Él se agacha y le da a Swarley un masaje juguetón detrás de las
orejas.
—Te ves bien hoy, grandote. —Swarley se vuelve loco lamiéndole.
Todo su cuerpo se mueve de emoción.
—No hemos tenido más líos desde la mañana de ayer y él inhaló su
desayuno hace una hora.
24

—Así que tres kilómetros ¿eh? —pregunta.


Página

—Sí, ese es mi límite hoy. —Asiento.


—Bueno, eso es todo lo que me queda antes de tener que
prepararme para el trabajo. ¿Deseas compañía?
—Dr. Abbott, no quiero ralentizarte.
—Es Dane y ya corrí doce kilómetros. Creo que una desaceleración
estaría bien. —Se mueve de un lado a otro, estirando la parte interior de sus
muslos.
Apretando mi coleta, considero su oferta. Con veintinueve días más
por delante y un perro callejero completamente impredecible, no sería
una mala idea hacer las paces con el lindo veterinario que vive en el
vecindario.
—Vamos, es solo un trote. —Apoya las manos en las caderas y ladea
la cabeza.
Asiento.
—Bien, pero hablo en serio. Las piernas en este cuerpo de uno
sesenta y cinco tienen que trabajar dos veces más para mantener el paso
a ese marco de uno noventa y ocho.
—Uno noventa y dos y voy a ir despacio.
Nos dirigimos hacia el norte al final del camino, y Dane comienza a
jugar a las veinte preguntas.
—Entonces, ¿cómo conoces a Trevor y Elizabeth?
—Elizabeth es la hermana de mi padre.
—¿De dónde eres?
—Illinois.
Se ríe.
—Chica del medio oeste, ¿eh?
—Sí, sí, chica del Medio Oeste. —Trato de mantener mi sonrisa
contenida, pero no puedo.
—¿Fuiste a la universidad?
—Sí.
—No elabores. —Su voz es profunda con sarcasmo y no forzada en
absoluto después de su recorrido de doce kilómetros.
Normalmente no soy conversadora mientras corro, no hay suficiente
oxígeno.
25

—Universidad de Iowa. Historia del Arte. Mamá murió. Papá es un


Página

ministro. Hermana menor. Tu turno.


Dane se ríe.
—Es como correr con un robot. Swarley tiene más entusiasmo que tú
en este momento.
Me detengo cuando Swarley me empuja hacia un lado para dejar
caer una carga.
—El popó se ve bien. —Sonríe Dane.
Recojo el popó en una bolsa, y continuamos.
—Medicina veterinaria. UCD. Padres en Los Ángeles. Hermano menor
en Seattle. Hermana mayor en San José.
Me da una mirada de lado, pero no digo nada en respuesta ni él
añade nada más mientras trotamos en silencio.
—Este soy yo. —Señala hacia la derecha a una casa de ladrillos rojos
con techo a dos aguas.
Inclinándome, con las manos descansando en mis rodillas, tomo
aliento mientras Swarley levanta la pata en cualquier cosa y todo.
—¿Puedo ofrecerte un poco de agua antes de que regreses?
—Gracias, pero estoy bien. Vamos Swarley
—Disfruté nuestro trote. ¿Tal vez podamos repetirlo en otro
momento? —Dane cambia su peso de un pie a otro. Debe ser un hábito
nervioso, o tal vez tiene que ir al baño.
—Seguro. A Swarley le encantaría. Bueno, ya sabes dónde
encontrarnos.
—Adiós, Sidney.
—Hasta luego.
***

Tan pronto como giramos la esquina en la entrada de Elizabeth y


Trevor, me detengo. Una conocida Toyota 4Runner negra está
estacionada en la acera del frente. ¡Mierda!
—Bueno, perro, cuando digo ataca, mejor que obedezcas.
Avanzo por la calzada y cuando doy la vuelta a la esquina de su
4Runner me devuelve la vista en el porche. El Pseudo chico de la piscina
está sentado en los escalones con un gran ramo de flores silvestres y junto
26

a él hay un contenedor de bebidas con vasos y una bolsa blanca.


Página

—Ataca —le susurro, soltando la correa.


Swarley sube los escalones y comienza a lamer la cara del chico de
la piscina.
Perro estúpido.
La sonrisa de "no puedo esperar a verte otra vez" que adorna su
rostro derrite mi resolución y esos irises azules... Dios mío, me dejan sin
palabras.
—Pensé que deberíamos hacer una tregua antes de que tengas
acceso a cualquier cubertería. —Él lame esos labios rojos y mi lengua
refleja la suya.
Aguantándome, los muerdo con una sonrisa tensa.
—Mmm... sabio. —Me acerco.
Swarley encuentra un parche de sombra cerca de la puerta
principal y se derrumba.
De pie, me ofrece las flores.
—¿Tregua?
Este tipo es terriblemente irresistible con esos pantalones cortos de
rayas negras y grises y una camiseta musculosa negra con sus gafas de sol
de aviador colgando del frente. Todo sobre él grita peligrosamente sexy.
Hoy, sin embargo, soy sorda.
Acerco las vibrantes flores a mi nariz, caminando a su lado.
—¿Cómo debo llamarte?
Girando la cabeza, levanto una ceja inquisitiva y su sonrisa se
duplica.
—Lautner Sullivan.
Sigo caminando y abro la puerta sin mirar hacia atrás otra vez.
Swarley salta y se dirige a la cocina.
—¿No me vas a invitar a entrar?
Deteniéndome en el medio de la puerta, contemplo la cordura de
invitar a un completo desconocido a una casa que no me pertenece. De
acuerdo, lo hice ayer, pero completamente bajo falsas pretensiones.
Torciendo mis labios hacia un lado, me encojo de hombros.
—Depende. ¿Qué hay en la bolsa?
—Galettes de cereza y almendra.
27

Agarro la bolsa y miro adentro. Es un trato hecho. Ha sido invitado


Página

oficialmente, y si una de esas cuatro tazas es un té chaicon leche, me


pondré de rodillas y le daré la mejor maldita mamada que haya tenido.
—Después de ti. —Sonrío y me muevo para dejarlo entrar.
—Gracias, ¿…?
—Sydney. —Nuestros ojos se encuentran.
—Tal como sospeché. Un hermoso nombre para una hermosa mujer.
Oh dios, esto no es bueno… no es bueno en absoluto.
En la cocina Lautner toma asiento en el mostrador mientras yo saco
platos del gabinete.
—Espero haber traído algo que te guste. Tengo café descafeinado,
granizado, té verde y te chai con leche.
¿Te chai con leche? ¡Dios Santo querido!
Uno de los platos se resbala de mis manos y choca contra el
mostrador. Por alguna clase de milagro, no se rompe.
—¡Mierda!
—Lo lamento. Probablemente seas la clase de chica de jugo de
naranja, ¿verdad?
¡Sydney! Contrólate…. Figurativa y literalmente.
Todo mi cuerpo se calienta y sé que mi rostro se enrojece. No puedo
mirarlo sin pensar en darle una mamada. Estoy casi segura de que nunca
beberé otro te chai con leche sin pensar en darle a Lautner un trabajo oral.
¡Mierda! Espero que no pueda leer mentes.
—¿Pasa algo malo?
—No. —Me aclaro la garganta recuperándome rápidamente,
acomodando las gallettes en los platos sin hacer contacto visual.
—¿Estás segura? Pareces… sonrojada.
—Bien, estoy… simplemente bien. Té chai por favor. —Recupero algo
de compostura y lo miro mientras le doy un mordisco a la gallete. ¡Está tan
buena!
Pareciendo satisfecho con mi persuasión, desliza mi té hacia mí y
comienza a comer.
—¿Supongo que estás cuidando al perro por los dueños?
Tragando, asiento.
—Cuidando la casa. El placer de cuidar al perro es solo un bono.
28

—¿No eres amante de los perros? —pregunta con una sonrisa


Página

conocedora.
—No. Me encantan los perros. Solo no estoy segura si soy una
persona a la que le encanta Swarley.
—Tal vez es un gusto adquirido, como yo.
Me atraganto con mi té porque no puedo creer que haya dicho eso.
Estoy tratando desesperadamente de no imaginármelo desnudo, lo cual es
difícil, porque en realidad lo vi desnudo. ¿Por qué tuvo que decir eso?
¿Está leyendo mi sucia mente?
—¿Estás bien?
Asiento, tapando mi mano y sofoco la tos. ¿Quién demonios es este
tipo y por qué me afecta tanto?
Recuerda, Sidney… los chicos son distracciones como las serpientes,
las historias de hadas no existen y eres alérgica al polvo de hadas.
—Estoy… bien. Swarley, en un mundo en el que los perros son
considerados miembros de la familia, es mi primo. Los dueños de la casa,
Elizabeth y Trevor son mis tíos. Resultó que tenía que venir a la Costa oeste,
más cerca de mi hermana, más o menos al mismo tiempo que ellos
necesitaban a alguien que cuidara su casa y a su perro mientras viajan por
Europa este mes.
Lautner sorbió su bebida y asintió.
—Bien, suerte para mí.
—Sí, respecto a eso… Hagamos consiente el elefante en la
habitación. ¿Quién eres y por qué estabas aquí ayer? —pregunto,
tomando asiento en la barra de la cocina, asegurándome de dejar una
silla vacía entre nosotros. Todavía no confío en él, pero peor que eso… no
confío en mí a tan corta distancia.
Él termina de masticar mientras una sonrisa astuta se asoma por las
comisuras de su boca.
—Cosa curiosa en realidad, mi amigo se mudó a una casa en 1109
SW Vine. No escribí la dirección, confiaba en mi memoria y, como sabes,
esta casa es...
—1109 NW Vine, —terminé—. ¿Entonces estabas en la dirección
equivocada?
—Loco, ¿eh?
—No. Loco es hacerse pasar por el chico de la piscina solo para
poder acechar a una joven desprevenida que se queda sola en la casa
29

de otra persona.
Página

Tuerce sus labios hacia un lado y se rasca la barbilla.


—Mmm, cuando lo pones así, me haces sonar como una especie de
depredador.
—¿Cómo exactamente explicarías los eventos de ayer? —Levanto
una ceja y bebo de mi té.
Asomando la lengua por la comisura de su boca, gira sus ojos hacia
el techo por un momento. Irises azules brillantes se encuentran con los míos
y su rostro se suaviza.
—Chico conoce a chica. Chico siente como si estuviera físicamente
jadeando porque la chica que tiene delante es simplemente
impresionante, absolutamente... impresionante. Una sensación
desconocida se apodera del chico: miedo. Miedo a que hubiese tomado
un giro equivocado por todos los motivos correctos. Miedo a que el
momento se le escapara y a vivir por el resto de su vida con la insoportable
agonía nacida del ¿y qué tal si…?
Labios separados, mis ojos parpadean rápidamente.
Sin palabras.
¿Y qué tal si…?
El silencio flota en el aire como una nube espesa esperando estallar.
Lo miro fijamente, pero su cabeza está inclinada mirando su plato mientras
empuja algunas migajas con el dedo. Sus ojos se arriesgan a dar un vistazo
y veo algo en su sombría expresión que aún no he visto: vulnerabilidad.
Arrugo mi rostro y entorno los ojos.
—La peor línea de levante jamás usada.
¡Mierda! ¡La mejor línea de levante jamás usada!
Estoy perdida en sus irises azules, pero no sostiene mi mirada. Vuelve
a mirar su plato y se encoge de hombros con solo una leve sonrisa.
—No se puede culpar a un chico por intentarlo.
—Cierto. Pero tú cursi —en realidad, anuncio-en-una-pancarta-en-el
cielo-que-dice-ningún-otro-chico-jamás-podrá-comparársele—explicación,
no explica por qué casi me dejas ahogar antes de saltar en la piscina
detrás de mí... completamente desnudo.
Esta vez son sus ojos entrecerrados los que miran a los míos. Su
cabeza se mueve hacia adelante y su mandíbula cae.
—¿Ahogarte? Sí, claro. —Se ríe—. Porque las personas que se están
30

ahogando se sientan con las piernas cruzadas en el fondo de una piscina


con las manos dobladas en su regazo.
Página
—Como sea. —Agito mi mano en un gesto desdeñoso—. Todavía no
explica por qué saltaste en la piscina desnudo.
—Estabas jugando, así que pensé que yo también podía hacerlo. No
actúes toda santurrona e inmaculada. Me estabas follando con la mirada
desde el momento en que abriste la puerta, y cuando me quité la camisa,
fue como si no existiera nada sobre mi cuello.
—¿Follándote con la mirada? No te halagues. —Me levanto y llevo
nuestros platos al fregadero.
Es cierto, estaba follándolo con la mirada, pero vamos... qué poco
caballeroso de su parte sacarlo a relucir.
—Supongo que tendremos que estar de acuerdo en estar en
desacuerdo. Sin embargo, admitiré que podría haberme sobrepasado al
saltar desnudo en la piscina. —Levanta el pulgar y el índice a un par de
centímetros de distancia.
Un bufido muy poco femenino escapa de mí.
—Dios, ¿qué te hace pensar eso?
Mordiendo su uña, sonríe.
—Tendría que decir que el cuchillo de carnicero. ¿De verdad creías
que yo era una amenaza?
Apoyada contra el mostrador, sonrío.
—No. Estabas jugando, así que pensé que yo también lo haría.
—Touché, Sydney. —El trémulo reflejo en sus ojos y la sonrisa
desenfrenada en sus labios me consume.
Se levanta y se mueve con lenta cautela hacia mí. Cada músculo de
mi cuerpo se contrae. Estoy congelada, entumecida y completamente
embelesada por irises azules. Estamos tan cerca que puedo sentir el calor
de su aliento en mi rostro. Salto con el toque de su pulgar en mi barbilla.
—Migaja —susurra, quitándomela.
Mi cerebro está gritando, ¡di algo!
—Vámonos.
—¿Qué? ¿Dónde? —Sacudo mi cabeza para aclarar la confusión
que su proximidad ha creado en mi desordenada cabeza.
Retrocede y respiro rápidamente para evitar derretirme en el suelo.
31

La forma en que mi cuerpo responde involuntariamente al suyo es


magnética y alarmantemente peligrosa.
Página
Retrocediendo unos pocos pasos, se apoya contra el mostrador
opuesto.
—A la playa.
—No puedo ir a la playa contigo —replico sin dudarlo.
—¿Por qué no?
¿Por qué no puedo ir a la playa con Lautner? No lo sé, pero mis
instintos me dicen que tiene algo que ver con la auto-preservación. Eso, y
que es la respuesta correcta ante una persona que conozco desde hace
dos segundos. ¿Quién en su sano juicio haría algo tan imprudente como
decir "qué demonios" y saltar al vehículo de un extraño porque dijo "¿y qué
tal si…?”
Yo. Eso es quién.
Apenas capaz de contener mi excitación nerviosa, giro mi largo
cabello alrededor de mi dedo y sonrío de la forma en que dices podrías-
ser-Ted-Bundy-pero-maldición-voy-contigo-de-todos-modos.
—Tomaré mi traje de baño.
***

—Esto es una locura. —Saltando por las escaleras del porche, tiro mi
bolso sobre mi hombro. Lautner se apoya contra el frente de su 4Runner
con una pierna cruzada casualmente sobre la otra. Una punzada de
decepción amenaza mi radiante sonrisa cuando veo sus gafas de sol
escondiendo esos hipnóticos irises azules. Me recupero rápidamente
cuando sus labios forman parte de la sonrisa más contagiosa.
—Difícilmente podría llamar locura a un día en la playa. —Abre la
puerta del acompañante y toma mi bolso, pasándome los dedos por el
hombro desnudo. Mi aliento se contrae por su toque eléctrico y mis labios
se tensan para ocultar mi nerviosismo.
—Gracias —susurro, renunciando a mi bolso. Lo arroja hacia el
asiento trasero y luego cierra mi puerta. El hombre al que amenacé con un
cuchillo de carnicero hace menos de veinticuatro horas me lleva a la
playa. Él ha secuestrado mi habilidad para razonar. Voy en un impulso y es
estimulante, liberador y loco. ¿Qué pasa si me está alejando de la
seguridad para violarme, cortarme en pequeños pedazos y arrojar mi
cuerpo al océano? Tal vez he visto demasiado a Dexter.
32

El golpe de la puerta del conductor envía un escalofrío de duda a


través de mi cuerpo. Mi corazón se acelera en mi pecho, mi estómago se
Página
anuda, mis pulmones jadean por aire. Su mano descansa sobre la mía, la
cual tiene los nudillos blancos en el descansabrazos de cuero color carbón.
—¿Todo bien?
Mi mirada se fija en su mano. La sensación abrasadora de su toque
debilita mi enfoque. ¿Tiene fiebre? ¿Por qué se siente tan caliente? Quizás
estoy enferma. Me siento fría y ligeramente desorientada.
Arrastro mis ojos a su rostro. Desliza sus gafas sobre su cabeza.
—¿Sydney?
Irises azules. Son tan indescriptibles. Son más un sentimiento. Mis
escalofríos se evaporan y la sangre sube a través de mi cuerpo calentando
la superficie hasta que brilla. No hay palabras que puedan escapar, solo el
débil susurro de un suspiro de satisfacción mientras mi postura se relaja. Es
como si todas las maravillas y nostalgias de los lugares más surrealistas de la
Tierra hubieran sido capturadas y luego liberadas de su mirada. Es una
locura, lo sé, pero hay ojos azules y luego hay ojos azules. Es como si Dios
hubiera decidido darle a un hombre irises infinitamente bellos, un pasadizo
para siempre, una visión del Cielo, y los estoy mirando. Es la única
explicación porque no es posible, o justo, en este caso, tener unos ojos tan
fascinantes.
—Bien... —Es todo lo que tengo. Una palabra.
Colocando de nuevo sus gafas de sol sobre sus ojos, retira su mano
de la mía y enciende el motor.
¡Malditos ojos de Medusa! Contrólate, Syd.
—Pareces un poco nerviosa, eso es todo. —Pone el 4Runner en
marcha.
—¿Nerviosa? ¿Por qué estaría nerviosa? No es como si fuera a la
playa con un completo extraño que podría violarme, cortar mi cuerpo y
alimentar con los pedazos a los tiburones.
Una profunda risa staccato reverbera de su pecho.
—Sydney, no voy a violarte.
¿Y...?
Un silencio espeluznante se cierne entre nosotros cuando lo miro de
reojo. Centrado en el camino, su sonrisa ligeramente torcida está llena de
travesuras.
33

—¿Y...? —Inclino mi cabeza en su dirección esperando una


respuesta más tranquilizadora.
Página

—¿Y qué?
—¿Y se supone que debo consolarme sabiendo que mi virginidad
será preservada cuando me masacren y alimenten conmigo a los
tiburones?
Lautner dirige la cabeza en mi dirección.
—¿Eres virgen? —Enfatiza la última palabra con un tono agudo.
—No claro que no. Es solo un dicho.
Sacude la cabeza.
—Estar “nerviosa como un gato de cola larga en una habitación
llena de mecedoras” es solo un dicho. "Mi virginidad será preservada" no es
un dicho. Es una declaración, un anuncio, una revelación... una gran
revelación. Pero no es un dicho.
Me encojo de hombros y miro por la ventana.
—Sí, bueno, tal vez no de dónde eres.
—Sydney, está bien si eres vir…
—¡No soy virgen! ¡Dios! ¿Qué tengo que hacer para que me creas?
—Bueno… —Su nueva sonrisa está entrelazada con intenciones
diabólicas mientras su lengua se suaviza para humedecer sus labios
carnosos antes de morder el borde de su labio inferior.
—No va a suceder —afirmo.
—Está bien —murmura.
—Lo digo en serio. No voy a dormir contigo.
—Dije que está bien. —Se ríe, moviendo la cabeza hacia adelante y
hacia atrás.
—No, no dijiste un simple “está bien”, dijiste “está bien” —me burlo—,
pero lo que querías decir es “lo que sea, cariño, sabes que nunca serás
capaz de resistir mi hipnotizante atractivo sexual.
La risa estalla en lo profundo de su vientre, como si acabara de
escuchar la broma más divertida de todos los tiempos.
—Dios, Sydney, eres verdaderamente explosiva.
Una brisa cálida se retuerce y hala mi cabello mientras tomamos
velocidad fuera de la ciudad. Quitándome la banda para cabello de mi
muñeca, tiro mis mechones salvajes y los aseguro en una cola de caballo.
—Podemos subir las ventanas —ofrece Lautner.
34

—De ninguna manera. Ya que no vamos a la playa en un


Página

convertible, las ventanas son imprescindibles. Por cierto, ¿a qué playa


vamos?
—No estoy seguro todavía. Solo pensé que nos dirigiríamos hacia el
oeste hasta La Autopista Uno y luego veríamos qué olas nos llaman entre
allí y Santa Cruz.
La visión cambiante de picos verdes y valles salpicados con
remanentes coloridos de flores de primavera a lo largo del sinuoso camino
es espectacular. He visto el océano innumerables veces, pero todavía me
marea con nerviosa anticipación mientras nos aventuramos hacia la línea
costera de California.
—Entonces, Sydney, ¿tienes un apellido o eres una celebridad
conocida por un solo nombre? —La sedosa voz de Lautner se infiltra en el
zumbido del viento en mis oídos.
—Montgomery. —Sonrío, mirando por mi ventana.
—Bueno, Sydney Montgomery, ¿eres de California? —Su voz formal
de entrevistador es divertida.
—Illinois. He estado viviendo en el mundo entero durante el año
pasado desde que me gradué. Pude ver los lugares más increíbles, pero
como dije antes, quería estar más cerca de mi hermana este verano. Ella
es una terapeuta de masajes en Nueva York, por lo que las vacaciones de
Trevor y Elizabeth estuvieron perfectamente sincronizadas.
—Mmm... ¿En qué universidad obtuviste tu título en cuidado de
casas?
Encuentro su mirada de reojo y su sonrisa tonta con una mirada fija.
—Universidad de Iowa. Tengo una licenciatura en historia del arte,
pero el trabajo de mis sueños requiere un poco más de escuela y mucho
más dinero, así que me tomaré un par de años para ahorrar.
Manteniendo la mirada en el camino, asiente.
—Sí, es una locura cuánto dinero se necesita para conseguir un buen
trabajo, o el trabajo de tus sueños… —me mira con las cejas levantadas—,
¿el cuál es…?
Es imposible ocultar mi entusiasmo y mi amplia sonrisa lo muestra.
—Curadora de museo.
—Ah, ¿entonces eres del tipo artístico?
—No necesariamente artístico, quiero decir, me gusta dibujar y me
encanta la fotografía, pero la historia del arte es mi pasión. Podría pasar
todo el día investigando y nunca cansarme. Mis instructores de la
35

universidad decían que tengo una habilidad especial para la organización


Página

y ojo para lo único. Lo cual es irónico porque soy un desastre en casa. De


todos modos, en algún momento del camino decidí convertirme en
curadora y nunca miré hacia atrás. —Me quito las sandalias y apoyo los
pies en el tablero.
Lautner está callado, como si estuviera procesando lo que le acabo
de decir.
—Entonces, ¿cuál es tu historia? ¿Cómo es que un hombre adulto no
tiene nada mejor que hacer un jueves que ir a la playa con un extraño?
—Buena pregunta, y tienes razón... eres un poco extraña.
—¡Cállate! —Pellizco la tensa piel de su brazo con mis uñas. Solo
puedo fingir que me ofende cuando tiene una sonrisa tan sociable en su
rostro.
—Estoy en un descanso, al menos durante la próxima semana y
media.
—Descanso, eh... estamos hablando de descanso en la cárcel o…
Con un rápido agarre, me aprieta la rodilla. El estridente sonido que
se escapa de mí amenaza con romper el parabrisas. Suelta mi pierna, pero
el calor de su toque aún persiste en mi piel.
—Para tu información, me estoy preparando para comenzar mi
residencia en medicina pediátrica.
No podría estar más sorprendida si el auto tuviera alas y nos llevara a
la luna.
Lautner tiene una sonrisa juguetona, no arrogante, solo confiada.
—¿Eres médico? —No puedo ocultar mi mirada de ojos muy abiertos.
—Sí. —Me lanza otra mirada de reojo y pone los ojos en blanco—. No
luzcas tan sorprendida.
Redirigiendo mi mirada hacia la carretera, suspiro.
—Mmm, eso es…
—¿Asombroso? ¿Increíble? ¿Fascinante? ¿Maravilloso?
Frunciendo mis labios, sacudo la cabeza.
—No… iba a decir inesperado.
—Oh, bueno, odiaría ser predecible. Sin embargo, estoy un poco
decepcionado por tu reacción. Después de todo, ¿no estás entrenada
para ver un diamante en bruto?
Me río.
36

—¡Oh dios! ¿Te consideras un diamante en bruto?


Página

Se encoge de hombros.
—Seguro. ¿Por qué no? Al menos tengo que ser considerado un
buen prospecto.
¿Un buen prospecto? ¿Es posible encontrar dos "buenos prospectos"
en menos de veinticuatro horas?
Cruzo los brazos sobre mi pecho y veo pasar el terreno montañoso.
—Podrías ser. No es que me importe. No busco atrapar nada ni a
nadie.
—Podrías tener problemas entonces. Todos somos peces
desprevenidos en el mar atraídos por la tentación.
Resoplo.
—Si te estás llamando cebo, entonces concedo que eres distractor,
problema, malas noticias... ¿pero tentador? No. De buen grado entraré a
la red cuando esté lista, pero eso no será pronto. No es por sonar como
una almeja egoísta, pero no tengo tiempo para el pescador en este
momento.
Ruge en una risa bulliciosa.
—¿Almeja? Dios, Sydney, eres demasiado.
Una cálida sensación de contención me inunda. Lautner no se está
riendo de mí. Capta mi peculiar sentido del humor, lo que lo ubica en un
pequeño grupo de personas de élite. La autenticidad es a menudo una
ilusión, pero en este momento, nunca me he sentido tan real siendo yo.
—No te preocupes, Sydney, tampoco estoy buscando distracciones.
Tengo tres años de más de cincuenta horas de trabajo por delante con
mucho tiempo de guardia. Alguien como tú no sería algo bueno.
—¡Auch! —Finjo estar ofendida, presionando mi mano plana contra
mi pecho.
Sacude la cabeza.
—Sabes a lo que me refiero. Las mujeres pueden ser pequeñas y
malvadas seductoras, y creo que eso es exactamente lo que eres debajo
de esa impecable e inocente personalidad de niña del medio oeste.
Es mi turno de reír.
—Lo que sea.
No puedo conseguir control mental. Él es emocionalmente intenso
en un minuto, diciendo cosas que solo escucharía en las películas, luego es
37

arrogante y distante al siguiente.


Página

—Bueno. ¿Qué estarías haciendo hoy si no nos hubiéramos visto


ayer?
Se encoge de hombros.
—Eso es fácil, surfear.
—¿Así que no planificaste este día especial para mí?
—No te halagues. Como dije, tengo muchas cosas sucediendo en mi
vida. No hay tiempo para grandes gestos románticos.
Oh, él es suave. Inhalo un poco y me muerdo el labio superior para
mantener neutral mi reacción. Definitivamente está demostrando ser un
digno adversario.
—Entonces, ¿cómo llamas a las galettes y el té esta mañana? —
Levanto una ceja.
Manteniendo la vista en el camino, sonríe.
—Desayuno.
—¿Y las flores?
—Un lapso momentáneo de cordura. —Me mira con una sonrisa—.
Pero estoy bien con eso. La línea entre la locura y la genialidad a menudo
es borrosa.
—Sí, eso es lo que pensé cuando accedí a venir hoy contigo.
Sosteniendo la parte superior del volante con su mano izquierda,
mueve su brazo derecho detrás de mi asiento con su mano en la parte
posterior de mi reposacabezas.
—¿Eso fue genialidad?
Intento no mirar hacia atrás a su hercúleo brazo.
—O locura —murmuro, tensa por su proximidad.
El resto del viaje en auto es tranquilo. Ninguno de los dos dice
mucho, pero no es un silencio incómodo. Una mezcla de música resuena
por los parlantes, y me da ganas de cantar, pero no confío en mi voz o en
la reacción de Lautner. Eso podría ser muy real. El paseo costero por la
Autopista Uno está lleno de una impresionante vista panorámica del
Pacífico. Las olas de cresta blanca se estrellan en playas de arena suave.
Garzas y golondrinas de mar hurgando en las aguas poco profundas.
Barcos de pesca y veleros a lo lejos se mezclan con la ocasional moto de
agua o parasail. ¿Alguien podría cansarse alguna vez de esta vista?
Lautner sale y se detiene en un área llana de tierra en la parte inferior
de una colina cubierta de hierba.
38

—¿Qué playa es esta?


Página

Se desabrocha el cinturón de seguridad y abre la puerta.


—Es nuestra playa por el día de hoy.
Lo escucho abrir el pestillo trasero, así que me pongo mis sandalias y
salgo. No hay otros autos alrededor y no puedo ver más allá de la colina
hasta la playa, pero supongo que también está vacío.
Cuando llego a la parte de atrás, me entrega mi bolsa y luego
agarra una hielera con dos bolsas de Whole Foods encima.
—¿Se nos permite estar aquí? —Agarro uno de los sacos de la
hielera.
Lautner gira en un total de trescientos sesenta grados.
—Parece que la costa está despejada.
—Jaja. No tengo a nadie para sacarme de la cárcel si somos
arrestados. —Arrastro mis pies por la arena detrás de él mientras agarra el
enfriador hacia la colina.
—No vamos a ser arrestados. Solo mantén puesto tu bikini... o no —
dice por encima del hombro.
—Sí recuerdo correctamente, ese es tu MO, no el mío.
Me preparo para subir la colina hasta que lo veo bajar por un
sendero estrecho que serpentea hasta la playa. Deja caer el refrigerador
en la arena.
—Conseguiré las tablas. Sírvete una bebida.
Dado el aspecto del desgastado camino de tierra, más que solo
nuestros pies han pisado aquí para jugar bajo el sol y la arena. Me quito las
sandalias, la camiseta tipo tanque y los pantalones cortos de jean. No
hubo tiempo suficiente para pensar mucho sobre mi elección de bikini. Es
un simple halter negro con un lazo en la parte delantera y corte bajo en la
parte inferior. Nada llamativo, una vez más, ¿a quién estoy tratando de
impresionar? ¡Sí claro!
La arena se aleja del agua hacia las líneas sinuosas de la loma
cubierta de hierba, haciendo que esta zona de la costa se sienta aislada,
como una playa privada. Buscando en mi bolso de lona, saco mi bolso de
la cámara. Rara vez voy a algún lugar sin eso. Es la primera inversión real
que hice después de ahorrar dinero trabajando como salvavidas durante
los veranos de mi penúltimo y último año de la escuela secundaria. Mi
padre sugirió una Canon usada de ochocientos dólares en Ebay después
de mi primer verano, pero esperé hasta el próximo año y dejé casi tres mil
39

en una Nikon. La mejor decisión de todas.


—Ah, la amante de la fotografía.
Página
Me vuelvo mientras Lautner deja las tablas de surf. Ya se quitó la
camisa, y una vez más tengo el reto de mantener mis labios cerrados y
jadeando al mínimo.
—Sí —respondo, jugueteando con los diales para parecer como si
estuviera haciendo algo más que mirarlo fijamente.
Se quita las gafas de sol y las arroja sobre su camisa que ha sido
arrugada y dejada en la arena. Justo cuando creo que sus ojos no pueden
ser más impresionantes, lo hacen. Tal vez es la iluminación, o tal vez es solo
la forma en que me mira, pero estoy tan perdida en sus ojos.
—¿Te aplico si me aplicas? —En su mano hay una botella de
protector solar.
Estupendo. Casi me derrito cuando tocó mi mano antes. Bien
podríamos ver si mi cuerpo puede vaporizarse por completo.
—Está bien. —Le saco algunas fotos. En caso de que termine muerta,
al menos mi cámara tendrá pruebas de ello.
—Déjame poner mi cámara de nuevo en su bolso. —Mis manos
tiemblan; esto no está bien.
—Aquí. —Me da la botella.
—Protector solar biodegradable Reef Safe.
—Tengo que proteger la vida marina. Mi padre es biólogo marino, es
todo lo que sé. —Sonríe y luego me da la espalda.
Me alegro de que no pueda verme porque todavía me tiemblan las
manos cuando aprieto la botella. Sale mucho más de lo que espero. Le
entrego la botella y luego comienzo a aplicarla a su espalda. Mi boca se
vuelve de algodón y siento las perlas de sudor en mi frente y entre mi
escote, pero no es a causa del sol. Su espalda es un terreno accidentado
de firmes músculos. Con movimientos lentos, amaso cada uno.
—Tienes manos fuertes.
El sonido de su voz me paraliza. Por Dios, no he estado aplicando
protector solar, lo he estado masajeando... sintiéndolo.
—Uh-um-tengo demasiado bloqueador y solo trato de frotarlo.
Levanta los brazos y entrelaza los dedos sobre su cabeza. Gimoteo,
sí, en realidad lloriqueo, mientras su cuerpo cambia y sus músculos se
flexionan. Mis manos pican por mi cámara. Es una obra maestra y me
muero por capturarlo desde todos los ángulos.
40

—Solo frótalo al frente —sugiere, afortunadamente sin reconocer mis


Página

ruidos necesitados.
Mis manos, todavía fuertemente cubiertas de bloqueador solar, se
abren camino hacia su pecho y sus abdominales tan firmes. En este
momento, me hago hiper consiente de lo poco que llevo puesto. No era
un gran problema cuando estábamos a una distancia segura, pero ahora
me siento desnuda ante su mirada ardiente a solo centímetros de mi
cuerpo. Arriesgo una mirada hacia arriba, imaginándolo con una sonrisa
engreída. En cambio, me encuentro con ojos firmes y labios separados y
húmedos.
¡Mierda! No está bien.
—Ahí. —Miro hacia otro lado.
—Date la vuelta —exige.
El sonido chirriante de él apretando la loción hormiguea mi piel. Estoy
nerviosa, esperando su toque.
Mi aliento se atrapa con el momento del impacto. Sus grandes
manos se deslizan sobre mi espalda en movimientos lentos y circulares. La
sensación de sus dedos rozando justo debajo del borde de mi bikini me
hace girar en un rápido movimiento reflexivo.
—Eso está bien... gracias. Uh, en realidad no me quemo tan
fácilmente, así que no hay necesidad de aplicar más.
Frota el exceso en sus manos sobre sus brazos mientras me apresuro a
terminar de aplicarlo al resto de mi cuerpo.
—¿Has surfeado antes? —pregunta.
—Sí, pero no soy tan buena. —Una sobrestimación. Apesto. La última
vez que intenté surfear terminé con cinco puntos en mi cabeza cuando mi
tabla me rechazó por completo dos segundos después de que me subiera
en ella.
—Hagámoslo. —Me da una tabla.
—Uh... tal vez debería verte por un rato. Quiero decir, ¿no
deberíamos vernos el uno al otro o algo así?
—Sí, deberíamos. Te observaré primero. —Sonríe, todavía sosteniendo
mi tabla.
—Oh, bueno... bi-en. —Tomo la tabla y me arrastro por la arena. El
pobre tipo no tiene idea. Cada fantasía que ha tenido sobre chicas sexys
en bikinis atrapando la gran ola está a punto de ser destrozada y arruinada
para siempre. Nunca podrá olvidar lo que está por suceder.
41

Remo sobre mi estómago, tratando de sumergirme en las olas. No es


Página

bueno. Giro y me vuelvo a arrojar a la arena bajo la implacable sucesión


de olas. Rehusándome a mirar a Lautner, comienzo mi segundo intento.
Esta vez lo hago más allá de las olas rompientes y me ubico en la tabla con
mi trasero situado justo detrás del punto central. La ola perfecta me llama
la atención. Giro la punta de mi tabla hacia la playa y comienzo a remar.
¡Brillante!
Mi estómago se agita al sentir que me elevo con la ola.
—Eres mía, perra. —Remo, remo, remo… Supongo que no era mi ola
después de todo. Atraparé la siguiente. Aquí viene... Bien, tampoco es la
mía. Esto continúa por una eternidad. Finalmente, luego de
aproximadamente quince intentos, cinco vueltas y siete vueltas más tarde,
atrapo una. Dejándome caer en el túnel, me recuerdo ser paciente y
esperar hasta que esté en el agua plana al frente de la ola—. ¡Oh, sí! —
Salgo y miro hacia la playa para regodearme. ¡Movimiento equivocado!
Picado vertical.
No entres en pánico. Cierra tu boca. Ve con la corriente.
Estoy gateando, sí, gateando, en la arena con la cabeza gacha.
Tengo el cabello pegado a la cara, y tengo tanta arena en el trasero de
mi bikini que se siente, y me imagino que se ve, como si me hubiera
cagado en los pantalones. Balanceándome sobre mis rodillas y una mano,
intento retirar el cabello de los ojos con la otra mano. Dos grandes pies
aparecen en la arena con olas espumosas sobre ellos. Me siento de rodillas
ante él con ondas rítmicas fluyendo sobre mis piernas. Después de apartar
el resto de mi cabello enmarañado y mojado lejos de mi cara, miro a
Lautner. Ya no usa sus gafas de sol y sus manos descansan casualmente
sobre sus caderas.
—Eso fue... —La sonrisa en su rostro es tensa, como si estuviera
sufriendo. Asiente, pero luego cambia de dirección y ahora es un
movimiento de ida y vuelta—. Wow, debes estar... exhausta... ¿y esta no es
tu primera vez?
Sacudo la cabeza con una sonrisa de nariz arrugada, entrecerrando
los ojos a la luz del sol. Él busca mi tabla y luego me ofrece su mano.
Tomándola, me puse de pie. Está tratando de ocultar su sonrisa, pero
fracasando miserablemente. Soltando su mano, empiezo a caminar hacia
adelante.
—Sydney, ¿quieres... tal vez deseas un momento privado en el agua?
¡Mierda!
Está mirando mi trasero. Específicamente el montón de arena
42

llenando la parte inferior de mi bikini. No sirve de nada tratar de ocultarlo.


Ya lo ha visto. Entonces, ¿por qué estoy retrocediendo en el agua como un
Página

camión de basura en lugar de dar la vuelta primero? Sencillo. Intento


preservar la pequeña porción de dignidad que me queda.
Estoy a salvo hasta el cuello en el frío Pacífico, así que jugueteo con
mis nalgas para limpiar el torbellino de arena. Lautner actúa como el
caballero perfecto dándome la espalda mientras hurga en lahielera. Tomo
y jalo mi parte superior para enderezarlo y liberar la arena de él también.
Inclinando la cabeza en el agua, trato de enjuagarme el cabello, pero
algo se enreda en los lazos de mi parte superior.
Al ver que Lautner todavía está ocupado con los alimentos y
bebidas, hago movimientos rápidos para desatar las correas del frente y el
cuello de mi traje y desenredar mi cabello. Mi diadema está anudada en
una parte de mi cabello, así que la saco. Sostengo mi parte superior en mis
dientes mientras trabajo para atar mi cabello en un moño para así volver a
poner mi top sin mi cabello en el camino.
—¿Agua o té helado? —grita, por suerte todavía sin mirarme.
—¡Ag- ah-mierda! —Ahí va. La última pizca de mi dignidad acaba
de atrapar una ola y está dando un viaje a la parte superior de mi bikini
hasta la playa con la lengua fuera y las manos cerradas sobre la cabeza,
con los pulgares y meñiques apuntando hacia afuera.
¡Maldita sea, Sydney! Té, te encanta el té.
El té es fácil y natural para decirlo con los dientes apretados. Por
ejemplo, si una persona fuera... oh, no sé, a agarrar la parte superior de su
bikini con la boca mientras dice "té", no hay problema. "Agua"... no tan
natural.
Cuáles. Son. Las. ¿Probabilidades?
—¿Vienes Sydney? Tengo sándwiches de pavo o salmón. Quizás eres
vegetariana. ¿Lo eres?
No, Lautner. No soy vegetariana. ¡Estoy atrapada en el océano sin mi
parte superior!
Mis brazos están cruzados sobre mi pecho con mis manos
ahuecando mis pechos. ¿Puedo correr y capturar mi parte superior y luego
volver al agua antes de que Lautner mire en mi dirección? Tal vez. Tengo
una posibilidad del cincuenta por ciento, está bien, más bien como de
cuarenta - sesenta. Nunca fui tan buena en como para capturar la
bandera, pero las probabilidades deberían estar a mi favor, ya que Lautner
todavía no está al tanto del hecho de que incluso hay un juego en
marcha.
Avanzo lentamente hacia la playa con movimientos sigilosos. Eso es
43

todo, grandulón, sigue centrándote en hacerme un bocadillo mientras


recupero mi fugitivo top. No hay nada que ver aquí. Nop…
Página
—¡TIBURÓN! —grito mientras corro hacia la playa. Tengo las manos
en puños mientras bombeo frenéticamente mis brazos para que el impulso
empuje mi cuerpo fuera del agua. Lautner se mueve hacia mí, y salto
sobre él lanzando mis brazos alrededor de su cuello.
—¡Oh Dios mío! Ti-burón. ¿Lo viste? Es puntiagudo... la aleta está
saliendo del agua. —Mi corazón está acelerado mientras lucho por
recuperar el aliento.
Aún me aferro a él como si el tiburón tuviera piernas y me persiguiera
por la playa. Envuelve sus brazos a mi alrededor y me abraza hacia él
mientras me levanta del suelo y nos gira para mirar hacia el agua cuando
miro por encima del hombro.
—¿Esa aleta? —pregunta.
Entrecierro los ojos, a pesar de que tengo veinte-veinte de vista.
Cerca de la orilla hay una... caja de cartón. La mayor parte está saturada
y debajo del agua, pero una esquina, una esquina de forma triangular,
todavía está seca y se balancea sobre la superficie del agua. Se está
acercando a mí...
¡Mi top!
Evaluación rápida: una caja disfrazada de tiburón flota en el agua;
el top de mi bikini está tomando el sol sin mí a varios metros de distancia; y
mis pechos desnudos se presionan contra el pecho desnudo de Lautner.
—¿Creo recordar haberte sugerido que mantuvieras tu bikini puesto?
No es que me esté quejando.
Ahora soy plenamente consciente de cómo su pecho desnudo está
presionado contra el mío. Estoy rezando, suplicando, ofreciendo a Swarley
como sacrificio porque mis pezones no me engatusen a mí o a él... que su
cosa de chico no... oh, Dios, demasiado tarde.
—¿Qué estás haciendo? —Mi voz es un gemido desesperado.
—Lo siento, no es como si tuviera mucho control sobre... —comienza
a soltarme.
—¡No! —Aprieto mi agarre alrededor de su cuello, lo que también
me acerca a su problema—. No llevo top.
Tengo un don para expresar lo obvio cuando estoy nerviosa, y tal
como va la situación, esto me tiene muy nerviosa.
—Uh... sí, lo sé. Acerca de eso, ¿por qué exactamente te quitaste el
44

top antes de huir de la caja de cartón?


Página
—No me quité el top cuando vi el... tiburón. Ya me lo había quitado
para sacar la arena y atarme el cabello, y luego elegí el agua cuando
debería haber elegido el té y...
—¿Sydney? —Me saca de mi queja nerviosa.
—¿Mm hmm?
—Puedes soltarme ahora. Ya he visto tus pechos.
—Bueno, una vez es suficiente, entonces...
—Tendría que estar en desacuerdo contigo en…
—¡Lautner! Solo cierra los ojos, suéltame y cuenta hasta cien.
Se ríe y me suelta. De repente, estoy colgando de él con mis dedos
en punta rozando la arena.
—Uno dos tres…
Sus ojos están cerrados, así que corro locamente hacia mi top.
—...Treinta y tres... treinta y cuatro...
No trabajo bien bajo presión. Mis manos se enredan con los lazos.
—...Sesenta y seis... sesenta y siete...
—¡Hecho!
Da un vistazo, abriendo un ojo a la vez. Me pongo de pie con los
hombros hacia atrás, la barbilla hacia arriba y las manos plantadas en las
caderas. ¿De qué estoy tan orgullosa?
Lautner tiene una sonrisa de labios cerrados. Asiente hacia nuestras
cosas.
—Comamos.
Hay una gran manta de cuadros en la arena con una bolsa de
papas fritas, uvas verdes, zanahorias y dos platos de papel con sándwiches
de pan artesano.
—¿Pavo o salmón?
—Salmón, gracias.
Con la comida en el medio, nos sentamos en la manta frente al
agua.
—Es un gran día —murmuro a través de mi boca llena de sándwich.
No estoy segura de por qué lo dije, aparte de la incómoda necesidad de
45

una pequeña charla.


Página

Me mira con una sola ceja levantada.


—Me alegra que todavía pienses eso.
Ambos contemplamos el agua y seguimos comiendo. Por el rabillo
del ojo, puedo decir que el cuerpo de Lautner está temblando y escucho
un ruido extraño como si se estuviera ahogando. Dejando mi plato en el
suelo, me inclino y veo que tiene la mano en la boca y ha torcido su torso
lejos de mí. Tuve entrenamiento de RCP, pero ha pasado un tiempo. Si mal
no recuerdo, él es demasiado grande para darle golpes de espalda, así
que voy a tener que rodearlo con mis brazos para empujar sus
abdominales, a menos que se desmaye.
—Oye, ¿estás bien? —pregunto, preocupación evidente en mi voz
temblorosa.
Asiente mientras me inclino aún más cerca para ver su rostro.
—¡Oh Dios mío! ¿Te estás riendo de mí?
Ya no puede contenerlo. Risa incontrolable se escapa mientras trata
de evitar ahogarse con la comida en su boca.
—¡Mierda! —Lo empujo para que se caiga de costado.
—Lo siento... es… —Se está riendo demasiado como para terminar—.
Nunca he visto... —Tose para aclararse la garganta y usa el dorso de su
mano para secarse las lágrimas de los ojos. ¡Santo cielo! Se está riendo tan
fuerte, de mí, que está llorando.
—¿Qué es tan malditamente divertido? —pregunto con mi propia
sonrisa tonta—. ¿Esto es por mi surf o por el tiburón? ¿O te ríes de mis
percances?
Su rostro está rojo y arrugado por la contorsión de tratar de contener
su histeria. Es una risa fea de librito.
—Oh Dios... es todo. —Su aliento es trabajoso mientras su cuerpo
intenta recuperar algo de control—. Quiero decir, no es solo que tengas
problemas para atrapar una ola, o pararte, o incluso simplemente sentarte
a horcajadas sobre tu tabla para ese asunto... —algunas otras risas errantes
se le escapan—... es que estabas tan decidida. Dios... fue doloroso
observarlo. —Continúa respirando profundamente mientras tomo mi
cámara y comienzo a disparar una y otra vez.
—Oye, ¿qué estás haciendo? —Trata de cubrirse la cara con el
brazo.
—Bueno, escuché que había hienas por esta zona, pero esto es lo
46

más cerca que he estado de una, así que pensé que podría obtener
algunas tomas.
Página
—Está bien, está bien, está bien. Lo siento. —Mira por debajo del
brazo que cubre su cara.
Disparo una vez más y apago la cámara. Por mucho que quiera
mantener un enojado ceño fruncido en mi rostro, no puedo.
—Tu turno. Ahora ponte en marcha. —Hago un movimiento de
despedida con la mano—. Mi turno de verte. Aunque, después de tu
exhibición increíblemente grosera, no puedo garantizar que te salvaré si
comienzas a ahogarte. Así que asegúrate de dejar las llaves conmigo para
poder llegar a casa a tiempo para alimentar a Swarley.
Lautner se para y me quita la cámara.
—¡Oye! —grito.
Toma varias fotos mías y luego me la devuelve.
—Mira y aprende. —Sonríe mientras agarra su tabla.
***

Estamos en camino de regreso a Palo Alto después de la actuación


olímpica de Lautner en su tabla de surf. Debo haber tomado más de cien
fotos de él. Era locamente bueno, y se lo dije... menos la parte "buena".
Estoy cansada. El largo día bajo el sol ha reducido mi energía. Bueno,
eso y estar empapada.
—¿Quieres cenar? ¿Pizza o algo así? —Lautner no parece cansado
en absoluto.
—Gracias, pero esta noche no. Tengo que alimentar a Swarley y no
tengo tanta hambre.
Sonríe, pero es débil.
—¿Otro día? —Ofrezco.
Se anima.
—Seguro. ¿Mañana?
Coincido con su sonrisa.
—Bueno.
—¡Estupendo! Traeré pizza y cerveza. Tú proporcionas el
entretenimiento.
47

—¿Entretenimiento? —pregunto con una mirada de soslayo.


Página

—Sí, entretenimiento. ¿Tartamudeé? —Agarra mi pierna otra vez,


provocando otro chillido.
Alejando su mano, sacudo la cabeza.
—Hay una piscina, bañera de hidromasaje, TV satelital y una mesa
de ping-pong en el nivel inferior. El entretenimiento se proporciona solo.
—Buen punto. ¿Debo traer bañadores?
—Solo si planeas entrar a la piscina o al jacuzzi. —Me encojo de
hombros, mirando por la ventana.
—Oh, planeo entrar en ambos. Solo estoy confirmando si necesito o
no usar bañadores.
Girándome, lo golpeo en el brazo, lo cual es el equivalente a un
insecto golpeando el parabrisas.
—¡Cállate! De ahora en adelante, ambos mantendremos nuestra
ropa o nuestros bañadores puestos. ¿Entendido?
—Oye, seguiré las reglas si tú lo haces. —Se ríe mientras nos
acercamos a la calzada.
Apaga el motor y recupera mi bolso de la parte de atrás mientras
me pongo las sandalias y salgo. En lugar de entregarme mi bolso, lo cuelga
sobre su hombro derecho y me sorprende al juntar su mano izquierda con
mi derecha, llevándome a los escalones del porche. Nos paramos en la
puerta. Al soltar mi mano, me mira y me entrega mi bolsa.
—Entonces, ¿mañana... a las cinco?
Asiento. Mis ojos se mueven de sus irises azules a sus labios llenos y de
regreso a sus ojos. ¿Por qué siento que tengo dieciséis años y estoy en mi
primera cita? ¿Me va a besar? ¿Quiero que me bese? ¿Qué demonios es
lo que me pasa? Mi pulso se acelera. Camina lo más cerca que puede de
mí sin realmente tocarme. Tomando un trago profundo, me lamo los labios
que están secos por mi fuerte jadeo.
—¿Puedo besarte? —susurra.
¿Qué?
Nunca antes me han preguntado eso. La mayoría de los chicos lo
hacen.
¡Habla, Sydney!
—Um... me voy en un mes.
Bien… noticia de última hora ¡él ya lo sabe!
48

—Entonces será mejor que no me tarde, ¿eh?


Apoya su dedo debajo de mi barbilla y la inclina hacia arriba
Página

mientras sus labios descienden a los míos. Son cálidos y el beso es suave y
lento. Cierro los ojos y me encuentro apoyándome en él, tratando de
profundizarlo. Lautner termina el beso dejándome con ganas de más. Mis
rodillas están débiles así que me recuesto contra la puerta para
mantenerme erguida.
—Buenas noches, Sydney. —Se da vuelta y baja los escalones del
porche.
Corro la punta de mi lengua sobre mis labios.
—Buenas. —Suspiro.

49
Página
3
Es el tercer día en Palo Alto y he tenido un hermoso veterinario
coqueteando conmigo; un atractivo extraño saltando en mi piscina
desnudo; Surfeé, y juré que nunca volvería a hacerlo; y froté mis pechos
contra el pecho desnudo de ese extraño atractivo. Luego estaban esos
irises azules y... el beso.
—¡Sí, Swarley! Estoy despierta. Dios, ¿debes lamerme toda la
cabeza? —Son las 7:00 a.m., tanto que quería dormir—. No creas que no te
vi lamiéndote el culo anoche. Ahora mi cabeza está cubierta de los
gérmenes de tu culo. ¿Dónde están tus modales? —murmuro, poniéndome
mis pantalones cortos y mi camiseta. Él se deja caer con la cabeza
apoyada en las patas delanteras que están cruzadas. Me está haciendo
ojos de "cachorro".
—No te lo estoy comprando. Vámonos.
Le traigo a Swarley su desayuno y llaman a la puerta.
Acercándome a la puerta de entrada, veo al Dr. Abbott
balanceándose sobre una pierna mientras tira de su otra pierna para
estirar sus cuádriceps.
—Dr. Abbott... quiero decir, Dane.
Se limpia la transpiración de la frente con el brazo.
—Hola buenos días. Espero no estar despertándote.
El nerviosismo en su temblorosa voz es obvio. Como predije, su
confianza es mucho mayor cuando usa su bata de laboratorio blanca.
—Ojalá, pero desafortunadamente ese es el trabajo de Swarley.
¿Quieres entrar? —Gesticulo con mi brazo extendido.
50

—No... o, bueno, sí... o lo que quiero decir es que no puedo. Tengo


que estar listo para trabajar. Solo pensé ver si vendrías... o si querrías...
Página

bueno, si no estás demasiado ocupada, a cenar esta noche... ¿conmigo?


Porque, quiero decir, estoy seguro de que quieres cenar, y a mí también
me gusta cenar... así que tal vez podríamos comer juntos. Si quieres... o no,
quiero decir... lo que sea.
Buscando al Dr. Abbott. Hay un impostor en su cuerpo y tiene diarrea
verbal. Por favor, ponte tu bata de laboratorio blanca y ven a controlarlo,
¡DE INMEDIATO!
Swarley termina su desayuno y saluda a Dane con su afán habitual y
su exclusivo olfateo a la entrepierna.
—Hola, Swarley. —Se inclina y deja que Swarley lo lama por todos
lados.
Swarley no puede tener suficiente de la cara de Dane. Debe saber a
sal después de correr tanto. No confieso los hábitos de limpieza anal de
Swarley al Dr. Abbott. Estoy segura de que en su profesión está expuesto a
más gérmenes que una mosca en un corral.
—Aprecio la oferta, pero tengo planes esta noche. ¿Tal vez en otro
momento?
Dane se pone de pie cuando Swarley sale corriendo por la puerta
para perseguir a una ardilla desprevenida.
—Sí, claro um... absolutamente. ¿Qué hay de un desayuno tardío
mañana?
El doctor torpemente tímido es persistente. Creo que estar cerca de
un animal le da un impulso de confianza.
—¿Desayuno tardío? Bien, ¿por qué no? —Estoy navegando por una
pendiente resbaladiza para ser apenas el día tres, pero él es el veterinario y
no puedo alejar a mí mejor aliado en la Operación Treinta días de Swarley.
—Estupendo. ¿Te recogeré alrededor de las once? —Su rostro se
ilumina.
—Suena bien. —Devuelvo una sonrisa cortés que no muestra mis
dientes.
—Bien, genial... um, te veré luego... mañana. A las once.
Swarley se da por vencido con la ardilla y corre más allá de nosotros
hacia la casa.
—Once. —Cierro la puerta mientras se gira para alejarse.
***
51
Página

Sol, piscina, sillón, buen libro y perro agotado: será un buen día.
Llevé a Swarley en una caminata extra larga esta mañana. Luego
jugamos frisbee en el patio. Ahora se desmayó en el sillón junto a mí. Misión
cumplida.
Busco mi teléfono y llamo a Avery.
—Hola, Sam. ¿Qué pasó con mi llamada telefónica ayer? ¿Estabas
demasiado ocupada haciéndote la desagradable con el chico de la
piscina?
—Avery, hasta donde sé, tú también tenías mi número. Estuve en
casa toda la tarde. ¿Por qué no me llamaste?
—Hmm, déjame pensar... ¿dónde estaba anoche?
—Déjame adivinar. ¿Borracha y desmayada en la cama de un
extraño?
Avery cantó en el coro de nuestra iglesia a lo largo de la escuela
secundaria. Ella y sus amigas llevaban anillos de pureza y se
comprometieron a salvar su virginidad hasta la noche de bodas. Ryan
Michelson, también en el coro de la iglesia, tomó la virginidad de Avery en
su segundo año después del baile de bienvenida. Avery oró por el perdón
y una revirginización espiritual. Desde entonces, ella ha tratado el anillo de
pureza como un anillo de luz de día de vampiro. Mientras ella use el anillo,
no se quemará en el infierno por sus indiscreciones sexuales.
—Ni siquiera justificaré una acusación tan hiriente con una respuesta.
No tiene que hacerlo. Ambas sabemos que ese es el código para
"WTF me pasó anoche".
—De todos modos, suficiente sobre mí. ¿Qué pasó con el chico de la
piscina?
—Bueno, tenías razón. Los chicos de la piscina no se ven así. Para
resumir, apareció aquí por error, dirección equivocada. Aparentemente,
pensó que había tomado un giro equivocado por las razones correctas, así
que siguió el juego con mi suposición de que él era el tipo de la piscina.
—¿Eso dijo? Oh, Dios mío, qué romántico. —La voz cursi de Avery es
estridente.
—Ahora, es exactamente por eso que terminas en las peores
relaciones, Ave. Crees que es romántico si un chico te chupa tequila del
ombligo.
—Sí, bueno, podría no pensar eso si un chico alguna vez me dijera
52

algo así. Así que supongo que le dijiste de su engaño y le pateaste el culo.
Página
Pienso por un momento. ¿Completo todos los espacios en blanco?
La delgada inmersión. La amenaza de castración. Las flores y los pasteles.
Opto por los titulares azucarados.
—Le hice saber que estaba... un poco molesta. Luego me trajo flores
y desayuno ayer como disculpa. Terminamos en la playa surfeando toda la
tarde.
—¡Alto ahí! ¿Has surfeado de nuevo?
—Sí, volví a surfear. Fue... bueno. —Titulares azucarados.
—¿Vas a verlo de nuevo?
—De hecho, esta noche tendremos pizza y cerveza.
—¿Sabe sobre tu incapacidad para comprometerte? —pregunta en
un tono burlón.
—Maceta. Tetera. Negro. Ni siquiera vayas conmigo, señorita No-sé-
donde-desperté-esta-mañana. Sí, él sabe que me voy en un mes y no estoy
buscando una relación. De hecho, tampoco lo hace. Se está preparando
para comenzar su residencia en pediatría.
—¡De. Ninguna. Maldita. Manera!
—Así es... así que no te preocupes por un tipo que se alejará de mi
vida tan rápido como entró.
—Si tú lo dices. Supongo que eso significa que no te molestará que
pruebe a tu compañero de piscina cuando vaya de visita.
¿Me importa si trata de acostarse con Lautner cuando venga de
visita la próxima semana? ¡Sobre mi cadáver, pequeña hermana
cachonda!
—Lo que sea. No es como si fuera mi novio —digo en una voz casual
mientras giro mi cabello alrededor de mi dedo.
—¡Estupendo! No puedo esperar. Te veo la próxima semana.
—Adiós, Ave.
***

Avery tiene razón, aunque nunca diré esas palabras en voz alta. Mi
enfoque severo en nada más que el logro de mis objetivos suele ser un
desvío para la mayoría de los hombres. Estarían bien con una aventura de
53

una noche, pero esa es Avery, no yo. Así que termino siendo la "burla"
inalcanzable. Y por "burlarse" me refiero a los hombres que piensan que si
Página

una chica es atractiva pero no promiscua, es una burla. Raramente me


intereso por los hombres; los veo, pero no los busco activamente. Mi
situación actual es diferente. A decir verdad, no estaba buscando a nadie.
Swarley se enfermó, por lo que la oficina del Dr. Abbott fue un viaje
inesperado pero necesario el primer día, y Lautner... bueno, él también fue
inesperado, pero una agradable sorpresa. Puedo hacerlo informal. El
miedo al compromiso suele ser lo que mata a una relación. Menos mal que
ninguno de nosotros busca compromiso.
Mirándome en el espejo de cuerpo entero, me doy un asentimiento
de aprobación. Elegí un top de bikini con rayas en colores pastel con un
fondo de lazo de corbata. Sobre ella llevo un vestido con tirantes de
espagueti color rosa, por encima de la rodilla, y mis uñas de los pies están
pintadas de un rosa a juego. Mi largo cabello castaño está planchado
recto con un mechón de flequillo a un lado.
—¿Qué piensas, Swarley? —Está tendido en el extremo de la cama
vigilándome—. Estoy de acuerdo. Me veo apropiadamente caliente. No
demasiado cachonda, no demasiado mojigata.
Son unos minutos antes de las cinco en punto y enciendo el sistema
de sonido envolvente. Una lista de reproducción de mi iPhone fluye a
través de los altavoces interiores y exteriores. “Use Somebody" de Kings of
Leon comienza cuando alguien toca la puerta. Estoy nerviosa. Es ridículo
ya que pasamos la mayor parte del día juntos ayer, pero terminó con un
beso y ahí es donde mi cuerpo todavía está congelado.
—Hola. —Saludo a Lautner con una sonrisa nerviosa.
Lleva pantalones cortos rojos y una camisa gris Stanford. Mi brillante
suposición es que asistió a la universidad en Stanford. Sostiene una caja de
pizza en una mano y un paquete de seis botellas de cerveza en la otra. Por
el momento, sus irises azules me beben y mi piel se ruboriza por el calor de
su mirada.
—Hola, tú. Te ves increíble.
—Gracias, um... entra. —Tomo la caja de pizza y me dirijo a la
cocina—. Huele bien. Tengo hambre.
—Me olvidé de preguntar qué tipo de pizza te gusta, así que jugué a
lo seguro y pedí verduras, sin cebolla.
Hmm, ¿está asumiendo que no me gusta la cebolla o que no
necesitamos aliento de cebolla por alguna razón?
—Perfecto. Vamos a comer en la terraza.
Coloco la pizza sobre la mesa mientras Swarley saluda a Lautner,
54

afortunadamente no con la impaciencia que tiene con el Dr. Abbott.


Página

Podría ser solo yo, pero la tensión es espesa. He estado colgando desde
que Lautner me besó anoche, y quiero que se apresure y lo haga de
nuevo para que pueda relajarme y no pasar la noche preguntándome
cuándo o si volverá a suceder.
¡Dios, es mejor que suceda de nuevo!
Mientras pongo una rebanada de pizza en cada uno de nuestros
platos, abre dos botellas de cerveza. Su pierna desnuda pasa junto a la
mía debajo de la mesa mientras él desliza su silla hacia adentro. Doy una
rápida mirada hacia abajo para asegurarme de que mi vestido oculta mis
endurecidos pezones. Soy un desastre. ¿No podemos simplemente
meternos en una entrada rápida primero, donde él llega a la segunda
base y mi cuerpo obtiene un alivio de estar tan alerta?
—¿Qué hicieron Swarley y tu hoy?
Tomo un trago de mi cerveza, esperando que me calme los nervios.
—No mucho. Después de que agoté su trasero con un largo paseo y
Frisbee, nos quedamos holgazaneando junto a la piscina la mayor parte
del día.
—Trabajo duro —responde con una sonrisa.
—Lo sé, ¿verdad? Algún día, cuando vuelva a estar hasta las orejas
de trabajo escolar, recordaré mis días sin preocupaciones siendo
cuidadora de hogares.
—Eres muy determinada. ¿Es eso un rasgo heredado? —Toma un
bocado de pizza, manteniendo sus ojos fijos en los míos.
—Mi madre iba a la universidad a ser arquitecta cuando conoció a
mi padre. Se casaron seis meses después y supuestamente fui un bebé de
luna de miel. Luego, cuando nací, se dio por vencida en la escuela...
Abandonó su sueño. Mi papá le dijo que debía terminar su educación
cuando yo llegara a la edad del preescolar. Pero eso se retrasó debido a
mi hermana. Una cosa llevó a la otra y el dinero era escaso solo con los
ingresos de mi padre, por lo que mi madre siguió posponiendo su
escolarización. Luego, le diagnosticaron cáncer y... —Las palabras son
demasiado crudas. No estoy lista para que Lautner me vea llorar.
—Te preocupa que te desvíes de tus sueños. —No es una pregunta.
Asiento y tomo otro trago de mi cerveza que tanto necesito.
—Lo entiendo. He derramado sudor y lágrimas por mi educación…
mi futuro, y tampoco quiero distraerme. —Sostiene su botella de cerveza
en alto—. Por no distraerse.
55

Sonrío y choco mi botella con la suya.


Página

—Por no distraerse. —Podría deberse al alcohol o a nuestro


entendimiento mutuo, pero me siento más relajada.
—¿Tu madre…?
Asiento y trago duro, pero el nudo sigue estando allí, por lo que bebo
más cerveza y espero el entumecimiento.
—Entonces, tu padre es biólogo marino que salva arrecifes y usa
protector solar. ¿Y tu madre?
Rasca la etiqueta de la cerveza.
—Mi mamá es maestra de educación especial… también es
sobreviviente al cáncer de mama.
Sus ojos azules y suaves se reflejan en los míos. Él no lo dice, pero
puedo oír las palabras no dichas. Compartimos un vínculo. Nuestras
madres tuvieron cáncer. Pero su madre es una sobreviviente y la mía no.
—Por ella me convertí en médico. Originalmente, me iba a
especializar en oncología, pero cuando hice mi ronda en oncología todo
lo que pude ver fue a mi madre luchando por su vida. —Toma un largo
trago de cerveza—. Pero luego hice una ronda en pediatría y trabajar con
niños funcionó. Supe que era mi vocación.
Asiento, preguntándome si tengo una vocación. ¿Ser curadora de
un museo es mi vocación? Todo suena muy “echado a la suerte”, pero no
creo en el destino.
—¿Hermanos? —pregunto, manteniendo la conversación sobre él.
—No. Mi madre tuvo problemas para concebir, por lo que fui, según
sus palabras, “un milagro”. Cuando yo tenía dos años, le diagnosticaron
cáncer de mama en etapa tres. Ahora ella es el “milagro”. —Se recuesta
hacia atrás y entrelaza sus manos detrás de su cabeza—. ¿Quieres seguir
hablando sobre esto?
Mis ojos viajan por su pecho y sus brazos, admirando la flexión de sus
músculos grandes y definidos.
—Nop. ¿Jacuzzi o piscina? —digo las palabras sin pensar, o quizás
subconscientemente quería que Lautner se quitara la camiseta.
—Jacuzzi. Deberíamos hacer la digestión antes de nadar.
—Bien pensado.
Poniéndome de pie, me limpio algunas migajas y me dirijo hasta el
jacuzzi, quitándome el vestido en el camino. Tomo el lazo de mi muñeca y
me acomodo en cabello en un rodete desordenado. Con las manos
todavía sobre mi cabeza, me giro y Lautner está detrás de mí. Su pecho
56

desnudo me saluda. Me humedezco los labios y lo observo a los ojos, pero


Página

él se encuentra explorando cualquier parte de mi cuerpo excepto mis ojos.


—¿Cerveza? —Sostiene otra botella.
—Gracias. —La tomo y me doy vuelta. Sentándome tranquilamente
sobre el borde, meto un pie en el agua caliente por un momento antes
sumergirme por completo—. Dios, se siente bien.
El jacuzzi tiene lugar para al menos ocho personas. Para mi placer,
Lautner toma asiento a mi lado, pero se gira para que tengamos un ángulo
cómodo para conversar.
—Bien, sabes que me gusta surfear. ¿Qué hay de ti?
Nuestros pies y piernas se tocan ocasionalmente, y vuelvo a tener mi
estado nervioso original.
—Surfear, no tanto. —Ruedo los ojos—. Eres mayor que yo, por lo que
debe haber algo más para ti que surfear y la escuela de medicina.
Pasa un dedo del pie debajo de mi pie y salto, provocándole una
risita.
—No mucho mayor. ¿Cuántos años tienes… veintitrés?
¿Veinticuatro?
Pasando el pico de la botella por mis labios, sonrío.
—Veintitrés. ¿Y tú?
—Más.
Le doy un empujoncito y una pequeña patada juguetona en su
pierna.
—¡Dah! Déjame ver… cuatro años de estudios más cuatro años de
escuela de medicina… —Ruego los ojos mientras saco cálculos mentales—
… ¿veintiséis?
—Estuviste cerca… veintisiete.
—Mmm, entonces cumpliste años hace poco o reprobaste un año.
Se muerde el labio inferior con un asentimiento lento.
—Sí… algo así.
Ladeo la cabeza, entrecerrando un ojo.
—Tu turno. Dime más.
—¿Qué? —Mi voz tiembla—. Todavía no has…
—Las damas primero. —Sonríe.
—¡Bien! Sobre mi… fútbol y natación, al menos eso es lo que hice en
57

la secundaria. Jugué voleibol, flag football2 y fútbol en la universidad. Soy


Página

2Flag Football o Futbol bandera: modalidad de fútbol americano, que se juega sin

placajes. En vez de tirar al suelo al jugador contrario para detener una jugada (down) el
como un marimacho. Te mereces un reconocimiento por encontrar un
deporte en el que doy asco. —Ruedo los ojos y le doy otro trago a mi
cerveza.
Las carcajadas vibran de su pecho y sus irises azules brillan con
deleite.
—Mi culpa, tendremos que rectificar esa situación desafortunada
con una actividad elegida por ti la próxima vez.
¿Próxima vez? Me gusta eso.
Deja su cerveza y luego me sorprende tomando la mía y
depositándola detrás de nosotros, junto a la suya. Se acerca, descansando
un brazo detrás de mí sobre el borde del jacuzzi. Mi corazón palpita contra
mi pecho. No se apresura. Cada movimiento que hace es paciente,
calculado y agonizantemente lento. Sus ojos se centran en mis labios y
trago con anticipación mientras se inclina hacia mí.
—Sydney, no pareces un marimacho en lo más mínimo. —Su voz es
un susurro profundo.
Miro su mano izquierda moverse para acunar mi mandíbula. Nuestros
rostros están tan cerca. Su pulgar acaricia mi labio inferior. Mi boca se
relaja y dejo que la punta de mi lengua pruebe su pulgar. ¡Me estoy
muriendo! Está tan cerca y, sin embargo, las pocas pulgadas que separan
nuestros labios se sienten como un océano. ¿Me está esperando? ¿Está
teniendo dudas? ¿Está…?
¡Gracias, Dios! Su boca está sobre la mía. Es lento como la noche
anterior, pero con un trasfondo de intensidad. Mi lengua acaricia su labio
superior y espero que responda, que profundice nuestro beso, pero
retrocede. Nunca me sentí como la agresora. Por lo general, soy quien
pone los frenos, pero Lautner me está provocando, seduciendo. Me está
dando solo lo suficiente para volverme loca. Para este entonces, Avery se
habría quitado la parte superior y estaría sentada a horcajadas sobre él.
Su lengua no pediría permiso. Arremetería y demandaría atención.
—Sydney, eres tan malditamente sexy.
¡Demuéstramelo!
—No estás tan mal, tampoco. —Mi voz apenas es audible.
Retrocede un poco.
58
Página

equipo defensor debe retirar uno de los dos banderines (flags) (ya que simula a una
tacleada) o pañuelos que cuelgan a los lados de la cintura, estos pueden ir ya sea con un
cinturón o dentro del pantalón corto.
—Se está poniendo caliente aquí. —Para mi decepción, sale y le da
un largo sorbo a su cerveza.
Colocando los brazos detrás de mí, me levanto para sentarme en el
borde, dejando mis pies en el agua. Lautner baja las escaleras de la
plataforma y da dos largas zancadas antes de zambullirse en la piscina.
Estoy confundida. No era la primera vez que me liaba en un jacuzzi, pero
fue la más corta de todas. Ni siquiera estoy segura si califica como liar.
Ahora él se alejó y saltó a la piscina. No sé qué pensar o cuál debería ser
mi siguiente movimiento. ¿Me meto en la piscina? ¿Espero aquí?
Las sillas de playa en el lado este siguen recibiendo sol dado que
todavía no se ha ocultado detrás de los árboles. Salgo, agarro mi cerveza y
me recuesto en una de las reposeras con el cálido sol acariciando mi
rostro. Lautner está nadando de acá para allá. El nado de espaldas le
queda bien, ya que muestra sus tensos abdominales. Swarley, tal y como
predije, me encuentra y reclama la reposera a mi lado.
—¿Vas a meterte? —Me llama Lautner. Sus brazos están doblados
sobre el borde de la piscina, con su barbilla apoyada en ellos.
—¿Estás pensando en una carrera? —pregunto, entrecerrando lo
ojos mientras intento ocultar mis ojos del sol con una mano.
—Solo pensaba en un chapuzón, pero si te sientes un poco
competitiva… podríamos hacer una carrera. Ni siquiera usaré las piernas,
solo los brazos.
Me levanto en un santiamén y pisoteo hasta el borde de la piscina,
con los brazos cruzados en defensa.
—Tendrás que saber que fui campeona estatal tres años seguidos.
No solo necesitarás las piernas, también necesitarás una intervención
divina para vencerme.
—Veremos. —Me agarra la pierna y me lanza a la piscina.
Salgo a la superficie y arrugo el rostro en un gesto malvado.
—Eso te costará caro, amigo. —Nado hasta el borde donde está
esperando con una sonrisa engreída.
—¿Qué estilo?
Sus ojos se amplían.
—Estilo pecho, por supuesto, pero dejaremos eso para más tarde.
Ajusto la parte superior de mi bikini.
59

—Lo que sea, eres pura charla y poca acción. Estilo crol, ida y vuelta
Página

cinco veces, ¡ya!


Se queda boquiabierto. Mis acusaciones descaradas lo han dejado
sin habla mientras me meto hasta la barbilla y me impulso de la pared. Está
detrás de mí en un segundo. Mantengo una distancia de medio cuerpo
entre nosotros, pero solo estoy calentando. En el último giro, él comienza a
ganarme. Pataleo con fuerza. Imágenes de él riéndose de mi ayer me
impulsan hasta la meta. Llega un segundo después que yo. Estamos sin
aliento mientras descansamos nuestros brazos sobre el borde.
—¡Demonios, Sydney! Te subestimé.
Mi sonrisa de “te pateé el trasero” lo dice todo. Soy muy competitiva.
Por eso me castigué tanto en el agua ayer. Prefiero lucir patética pero
determinada que retirarme con gracia.
—¿Porque soy una chica? —El marimacho defensivo emerge de mí.
Lautner ríe entre dientes.
—No, porque lucías… incómoda en el agua ayer.
Golpeo la mano contra la superficie, salpicándolo en la cara.
—¡Cállate!
Lanzándose contra mí, me agarra de la cintura y me atrae a él,
sujetándome contra un lado de la piscina. Jadeo. Su piel desnuda está
alineada contra la mía, pero no como ayer. Eso fue avergonzante e
incómodo. Esto es cálido y sensual.
—Entonces, pura charla y poca acción.
Asiento una vez, contemplando sus irises azules mientras mi lengua
traza su labio inferior.
—¿Quieres menos charla y… más acción? —susurra, una respiración
escapa de sus labios.
—Sí —exhalo.
Su boca cae sobre la mía, pero no es lento. Es urgente y
demandante. No está preguntando, está tomándolo todo. Dejo escapar
un gemido suave mientras su lengua se empuja en mi boca, explorándola
con arremetidas eróticas. Mis brazos rodean su cuello cuando desliza las
manos de mi cintura a la parte posterior de mis piernas, levantándome y
guiándome alrededor de su cuerpo mientras lo atraigo más cerca.
Contengo el aliento cuando su boca se separa. Mis dedos se clavan en sus
hombros y sus labios recorren desde mi mandíbula hasta la oreja. Se me
escapa otro gemido mientras su lengua lame bajo mi oído y su mano
60

derecha se desliza en la parte inferior de mi bikini. Su dedo pulgar se queda


fuera mientras sus dedos aprietan mi piel, atrayéndome más cerca.
Página
—Oh, Dios. —Siento sus labios contra mi cuello convertirse en una
sonrisa. Pasa los dientes por mi piel y luego me da un pequeño mordisco,
haciéndome saltar y reírme porque me hace cosquillas. Nuestros ojos se
encuentran.
—¿Esto es lo que estabas pensando? —pregunta, sacando su mano
de la parte inferior de mi bikini—. ¿O tenías algo más en mente? —Con sus
ojos fijos en mis labios, sus manos se mueven hasta el gancho de mi
corpiño.
Lo pienso un momento, pero no soy Avery. Liberando mis piernas de
su cintura, sonrío.
—Has superado mis expectativas. Deberíamos salir de aquí.
Sonríe y saca sus manos de las tiras de mi corpiño.
Subo por la escalera y agarro dos toallas de la casa de la piscina.
Cuando me doy la vuelta, Lautner está de pie en el mismo lugar donde
estaba hace dos días. Solo que esta vez no está completamente expuesto.
Le entrego una toalla. Él se seca el rostro y el cabello y luego se cubre el
pecho.
—Deja de imaginarme desnudo. —Ni siquiera está mirándome, pero
sus labios están curvados en una sonrisa engreída.
Me paro en seco, con la toalla apoyada contra mi parte frontal. Mis
ojos se dirigen a los suyos, que ahora están centrados en mí.
—No-no estoy imaginándote desnudo. —Envuelvo la toalla alrededor
de mi pecho y lo paso rápidamente.
—Está bien si lo haces. Estoy seguro como la mierda que estoy
imaginándote sin la parte de arriba del bikini.
Ignoro su comentario y sigo caminando hacia la plataforma.
—Cerveza, necesitamos más cerveza.

***

Luego de que terminamos nuestra tercera y última cerveza y nuestros


trajes de baño están secos, decidimos ir al piso inferior. Hay una mesa de
ping-pong, un mueble bar con fregadero y un modular marrón frente a
enorme televisor LED. Me pongo mi vestido sobre el bikini y Lautner vuelve a
61

vestir su camisa Stanford, para mi decepción.


Página

—¿El ping-pong se encuentra dentro de tus habilidades maestras,


Sydney? —Levanta una paleta y la golpea contra su mano.
Agarro la otra paleta y la pelota.
—¿Por qué? ¿Perder más de una vez esta noche dañará tu ego?
—Dios, eres casi tan engreída como yo. —Sonríe—. ¿Te parece
apostar?
Inclino la cadera hacia un lado y apoyo el pie opuesto en el suelo
mientras hago picar la pelota sobre la paleta.
—Estoy escuchando.
—Si gano, me quedo esta noche. —La sonrisa de megavatios
aparece.
—Lautner, ya te lo he dicho. No dormiré contigo.
—¿Quién dijo algo sobre dormir? —Su voz es profunda y sexy.
Sacudo la paleta y dejo de rebotar la pelota hacia el techo. Mi
mano, diablos, todo mi cuerpo está temblando. Me aclaro la garganta.
—¿Y si yo gano?
Se encoge de hombros.
—Elige tu premio.
Pellizcando mi labio inferior con los dedos, lo estiro. Mis ojos se fijan en
los suyos y mis labios se curvan en mi propia sonrisa brillante.
—Si gano, tienes que recoger la mierda de Swarley del patio… esta
noche, con una linterna.
Lautner ríe entre dientes y sacude la cabeza.
—Interesante elección, pero como sea, trato hecho. Puedes tener el
primer saque.
—¿El mejor de cinco o de siete? —pregunto.
—Cinco si llevo la delantera. Siete si la llevas tú.
—Entonces siete —confirmo con un guiño.
Fácilmente gano los tres primeros. Lautner se lleva los próximos tres,
pero en partidos parejos. Entonces algo ocurre en el séptimo juego.
Lautner gana diez puntos… consecutivos.
—¡Oh, Dios mío! Me engañaste —grito, arrojándole la paleta. Él la
esquiva echándose al suelo.
—¿Qué? No, solo tuve suerte, o quizás te estabas cansada. —Finge
62

inocencia mientras se pavonea hacia mí.


Página

Lo alejo de un empujón.
—¡Pura mierda! No estaba cansada.
—Está bien, puede ser que te haya engañado un poquito. —Se
rasca la barbilla y se aprieta la nariz.
Cruzo los brazos sobre mi pecho, me dirijo ofuscada hacia el modular
y me desplomo en él. Enciendo la TV y Tom Cruise está escalando el lateral
de un edificio alto en Misión Imposible.
Lautner se arrodilla frente a mí. Mantengo los ojos centrados en Tom.
—Lo siento. ¿Quieres que recoja la mierda y me vaya a casa?
—Sí —suelto con los ojos entrecerrados y los labios haciendo
puchero.
Él desliza las manos por mis piernas desnudas y se inclina para que su
rostro quede en la curva de mi cuello. Me tenso por la respiración caliente
sobre mi piel y sus manos aprietan mis piernas gentilmente. Sus pulgares
trazan círculos en el interior de mis muslos y su lengua caliente y húmeda
recorre mi piel desde mi hombro hasta mi oído.
—¿Estás segura de que quieres que me vaya?
—Quizás —susurro. Sí, mi cuerpo dice otra cosa mientras inclino mi
cabeza para darle más espacio. Mis uñas se clavan en el sofá mientras
lucho por resistirme a su toque.
Con su mano derecha, desliza las tiras de mi vestido de verano por
mi hombro, siguiendo su camino con besos con la boca abierta. Mi pulso
late en mi cuello, mis pechos y entre mis piernas. Cada respiración que
tomo se vuelve cada vez más superficial y desigual. Un estremecimiento
incontrolable vibra a través de mis nervios. Arrastra sus labios hasta mi
pecho. El calor de su respiración revolotea por mi piel, volviéndome loca
por la necesidad. Arqueo la espalda hasta que sus labios me tocan. Su
mano izquierda aprieta mi pierna y su pulgar acaricia el interior de mi muslo
a menos de una pulgada de donde estoy muriendo porque me toque.
Traza su lengua por mi pecho, donde la parte superior de mi bikini se
encuentra con la carne.
—Lautner. —Estoy sin aliento y perdiendo el control. Tomando la
mano que sigue sosteniendo la tira de mi vestido, la muevo a mi pecho. Él
retrocede y encuentra mi mirada acalorada.
—Tócame —susurro.
Sus ojos siguen fijos en los míos mientras su pulgar se desliza bajo mi
63

bikini. Pasa la yema por mi pezón erecto. Espero que ponga la boca
donde se encuentra su mano, pero no lo hace. Me está observando, mi
Página

reacción a su toque. Acuna mi pecho y lo saca del bikini, todavía


mirándome. Sus irises azules brillan con lujuria mientras lo amasa con su
palma y dedos firmes, haciendo círculos con la yema de su dedo sobre mi
pezón.
Malditos ojos azules. Son tan seductores como su toque. Mis
párpados están pasados. Me está intoxicando. Llevo mi otra mano hasta la
parte posterior de su cabeza y lo atraigo a mis labios. Mi gemido suave
invita a su lengua a encontrarse con la mía.
Hay una vibración rítmica. Intento ignorarla, pero no puedo.
Tardamos unos segundos en darnos cuenta que no somos nosotros y que
no es un terremoto. La mano de Lautner se queda quieta sobre mis
pechos. Nuestro beso se rompe y ambos miramos a un lado. Swarley está
fallándose el cojín a nuestro lado. Volvemos a mirarnos y comenzamos a
besarnos nuevamente, pero me agarra un ataque de risa. Lautner, como
todo caballero, vuelve a colocarme el bikini sobre mi pecho.
Ahora ambos nos reímos a carcajadas. Él niega con la cabeza y se
sienta a mi lado en el sofá. Quizás Swarley ha terminado o solo se detiene
porque tiene una audiencia, pero salta del sofá y sube las escaleras.
—Debería recoger la mierda e ir a casa —dice Lautner mientras
cubre un bostezo con su puño.
—No recojas la mierda. Está oscuro y técnicamente ganaste,
entonces llamémoslo un empate. ¿Está bien?
Se pone de pie y nos damos un apretón de manos.
—Bien.
Subimos las escaleras hasta la puerta de entrada.
—Gracias por la pizza y la cerveza.
—Cuando quieras. —Se acerca más a mí y me quita unos mechones
de cabello de mi rostro. Inclinándose, deposita un suave beso sobre mis
labios. Cierro los ojos mientras frota su nariz contra la mía.
—Me iré en menos de un mes —dejo escapar, recordándome tanto
a mí como a él que lo que tengamos solo es temporal.
—Te dejaré ir en menos de un mes. Aunque me ruegues que no lo
haga porque eres una pequeña seductora malvada.
Agarrando su camisa en un puño para atraerlo más cerca, lo beso.
Nunca probé algo tan adictivo. Sin aliento, me aparto.
—Creo que será al revés, amigo. No lo olvides, vengo del mundo
artístico. No tengo que poseer algo para disfrutarlo.
64

Abre la puerta.
Página

—Es justo. Dejaré que disfrutes de mí hasta que yo te deje ir.


—Mi hermana vendrá a la ciudad el viernes próximo y se quedará
una semana. Así que desapareces mientras ella esté aquí o encuentras
otro amigo que la entretenga mientras tanto.
Hace una mueca y entrecierra los ojos.
—¿Cómo luce tu hermana?
—Como yo, con el cabello rubio.
—Considéralo hecho. Te veré en la mañana. —Se inclina para
besarme de nuevo, pero me giro para esquivarlo.
—Uh… sobre mañana. Tengo planes, pero debería regresar a las dos.
Lautner ladea la cabeza.
—¿Qué tipos de planes?
Arrugo el entrecejo.
—Almuerzo con el Dr. Abbott.
—¿El Dr. Abbott?
Asiento.
—El veterinario de Swarley. Me invitó a salir.
—¿Y aceptaste?
Me encojo de hombros.
—Él es bueno con Swarley y ya había necesitado su ayuda una vez,
por lo que…
—¿Y qué? Es veterinario, ese es su trabajo. Estoy seguro que tus tíos
pagarán las facturas del veterinario. No tienes que devolverle el favor.
Doy un paso atrás y coloco las manos en mis caderas.
—Es solo un almuerzo y él es muy agradable. Me gusta hacer amigos
cuando viajo. Me hace sentir menos como una vagabunda.
Lautner acuna mi rostro y me da un beso sonoro en los labios antes
de salir por la puerta.
—¿Dr. Abbott?
—Sí, ¿por qué?
—Lo googlearé cuando llegue a casa.
—¿Y eso por qué?
65

—Para poder evaluar mi competencia.


Página

Negando con la cabeza, lo empujo hacia las puertas del porche.


—Sal de aquí, chico de la piscina.
—Dos en punto —grita mientras se pavonea hasta su 4Runner.
Cierro la puerta y me recuesto contra ella.
—Mierda.

66
Página
4
El Dr. Abbott me recoge precisamente a las 11:00 a.m. Ahí es cuando
toca a la puerta de todos modos. Sin embargo, vi su camioneta Lexus
plateada metálico estacionada afuera a las 10:45 cuando miré por la
ventana del piso superior mientras me cepillaba los dientes.
—Buenos días, Sydney.
—Dr. Abbott.
—Por favor, vamos a tomar desayuno. Llámame Dane.
Dirige el camino por las escaleras del porche. Dane es un chico
guapo. Sus vaqueros desteñidos cuelgan muy bien de su alto y
encuadrado cuerpo, no como algunos tipos a los que les falta por
completo un culo. La camisa de manga corta color azul marino que lleva
de forma casual oculta la definición de la parte superior de su torso, pero
sé que tiene algo porque lo he visto con su atuendo de correr. Me abre la
puerta, y me recuerda que tiene una sonrisa escolar tan adorable y tímida,
y dientes blancos y rectos.
—Gracias. —Me deslizo en el cómodo asiento de cuero y abrocho mi
cinturón de seguridad mientras entra—. ¿Tu auto es nuevo?
—No, tiene cinco años. —Enciende el motor.
Su vehículo huele a nuevo y todo, desde los asientos de cuero y
alfombrillas hasta el tablero y detalles en cromo, luce inmaculado. Me
parece que puedo estar tratando con el Dr. TOC. Ahora estoy
nerviosamente consciente de mí misma. ¿Revisé las sandalias antes de
entrar? Mi falda floral no llega a mis rodillas. ¿La loción de mis piernas se
está frotando en sus asientos?
—Espero que no tengas Celiaquía —anuncia Dane sin más
67

explicaciones.
Página

¿Te gustan los panqueques? ¿Hay algo que no comas? ¿Tienes


alguna alergia a los alimentos? Pero, ¿Espero que no tengas celiaquía?
Dane es un cariño raro, pero creo que su peculiaridad es humorística.
Prefiero que sea sofocante y pretencioso.
No puedo evitar reír.
—No, no tengo Celiaquía. ¿Por qué? ¿Vamos a ir a IHOP?
Con una rápida mirada de reojo, sonríe.
—No... pero eh... podríamos. Quiero decir si tú…
—¿Dane? Donde sea que me lleves está bien.
Su postura perfecta se relaja una fracción.
—Te llevaré a un café justo al salir del campus. La comida es
increíble.
Llegamos quince minutos más tarde y el estacionamiento está lleno,
por lo que aparcamos a lo largo de la calle unas cuadras más abajo.
Dane se apresura a abrir mi puerta.
—Gracias. —Cuelgo mi bolso sobre mi hombro y enderezo mi blusa
sin mangas de color amarillo pálido.
Mientras caminamos hacia el café, Dane se mueve con sus llaves.
Las empuja hacia abajo en su bolsillo y luego retuerce sus manos.
Sorprendiéndome, se inclina y toma mi mano sin mirarme. Su nerviosismo es
palpable. Reprimo una sonrisa porque me hace sentir como si estuviéramos
en la secundaria, y es tan malditamente lindo. Mi conciencia cuestiona el
gesto íntimo, pero es demasiado inocente para preocuparse en este
momento.
Hay una multitud esperando afuera. Algunas personas se paran en
grupos pequeños, otras están sentadas en bancos diseminados alrededor
de los macizos de flores que se alinean en la pasarela hacia la entrada.
—No te preocupes, tengo reserva —me asegura.
Nos abrimos paso entre la multitud.
—¿Sydney?
Giro la cabeza hacia la derecha y luego hacia la izquierda. El agarre
de Dane en mi mano se aprieta a medida que la multitud se congestiona
más cerca de la puerta.
—¿Sydney?
Dane también oye mi nombre, porque se detiene y mira también.
68

Echo otra mirada hacia atrás y veo a Lautner de pie junto a una pareja
mayor. Retrocedo unos pasos con Dane a cuestas.
Página
—Hola, eh... ¿qué estás haciendo aquí? —pregunto con una sonrisa
nerviosa.
La mirada de Lautner está fija en mi mano entrelazada en la de
Dane.
—¿Lautner?
Sus ojos se encuentran con los míos.
—Estoy tomando un desayuno tardío con mis padres. —Hizo un gesto
hacia la pareja que estaba a su lado—. Mamá, papá, esta es Sydney
Montgomery. Nos encontramos inesperadamente el otro día. Está
haciendo de cuidadora en Palo Alto este mes. Sydney, estos son mis
padres, James y Rebecca.
Una cálida sonrisa de invitación me recorre el rostro. No estoy segura
de por qué estoy tan contenta de conocer a los padres de Lautner, pero lo
estoy.
—Encantada de conocerlos. Este es el Dr. Abbott, mi... amigo. Él es el
veterinario de Swarley. Swarley es el perro que también estoy cuidando. —
¡Esto no es incómodo en absoluto!
Dane suelta mi mano y estrecha las suyas.
Lautner le da a Dane un saludo de una palabra mientras le da la
mano.
—Lautner.
Dane sonríe, pero sus ojos están tensos. Luce confundido.
James y Rebecca sonríen y nos ofrecen un cordial saludo a los dos.
Estoy hipnotizada por sus padres. Lautner comparte el físico de su padre,
pero su padre es casi calvo y tiene poco cabello color gris. Los ojos de su
padre son marrones, por lo que es posible que su cabello también fuera
oscuro originalmente. Rebecca es muy pequeña. Su cabello rubio dorado
cortado al estilo hada coincide con el color de Lautner y sus ojos son
azules, pero no tan brillantes e hipnóticos como los de él.
—Bueno, será mejor que nos metamos antes de que regalen nuestra
mesa. —Dane me toma de la mano y le da un suave tirón.
—Encantada de conocerlos. Disfruten su desayuno. —Levanto mi
mano en un gesto amistoso.
—Ustedes también —responden James y Rebecca al unísono.
69

Dando unos pasos hacia la puerta, miro a Lautner. Su rostro es


ilegible. Sonrío, pero su boca está en una línea firme.
Página
El lugar está lleno. Estamos sentados en una pequeña mesa cerca
de la ventana que da a la calle. La mesera nos entrega los menús y nos
pregunta si queremos comenzar con algo para beber. Dane ordena jugo
de naranja y descafeinado. Yo pido un té helado sin azúcar con limón.
—¿Cómo se conocieron tú y Lautner? —El tono de Dane es uniforme
y casual mientras mira su menú.
Pensando por un momento, decido ir con la versión azucarada.
—Apareció en casa de Elizabeth y Trevor por error. Compartimos una
conversación informal antes de irse, luego una cosa llevó a la otra y
terminamos surfeando al día siguiente.
Dane levanta sus ojos para mirar su menú.
—¿De verdad? ¿Sabes quién es él?
—Uh... ¿qué quieres decir? Sé que acaba de terminar la escuela de
medicina y que se está preparando para comenzar su residencia.
Dane asiente, mirando su menú.
—¿Sigues el fútbol?
—Lo seguí un poco en la universidad, pero no obsesivamente. ¿Por
qué?
Sus ojos me miran en la parte superior del menú de nuevo.
—Lautner Sullivan jugó como receptor abierto para Stanford.
Me encojo de hombros.
—Mmm, tiene sentido. Se ve como un receptor abierto. —Mi
reacción externa está controlada, pero interiormente estoy dando tumbos.
¿Por qué Lautner no lo mencionaría? Compartí todas mis actividades de la
escuela secundaria y la universidad con él.
Dane baja su menú y comienza a juguetear con su servilleta.
—Interesante.
—¿Qué? —Frunzo el ceño. Dane está actuando raro, incluso para
Dane.
—Es extraño que Lautner no haya mencionado sus años de fútbol
universitario.
—Tal vez. No es como si estuviera jugando en la NFL.
Los ojos de Dane se ensanchan.
70

—Podría hacerlo. Fue candidato al Trofeo Heisman en su segundo


Página

año y se prevé que sea una selección de primera ronda.


¡Hola!
—¿Qué? ¿En serio? —Estoy empezando a comprender la sorpresa de
Dane por mi falta de conocimiento sobre un tipo que, por aquí, era o aún
puede ser considerado una celebridad.
—Entonces, ¿no fue reclutado?
—Eligió no entrar. Corre el rumor de que fue asustado por una lesión
en la rodilla en su último año. Los médicos le autorizaron jugar después de
la rehabilitación, pero cuando lo entrevistaron, dijo que quería seguir una
carrera en medicina. Fue una gran noticia en ese momento. Simplemente
no rechazas la oportunidad de ser reclutado en la NFL.
—¿Están listos para ordenar? —Interrumpe la camarera mientras
pone nuestras bebidas en la mesa.
—Sí. —Dane me hace un gesto para que vaya primero.
—Tomaré la tortilla vegetariana italiana con tostada de trigo y
Nutella.
Dane señala su menú.
—Tomaré el burrito de desayuno de salchichas con
acompañamiento de frutas y un bollo de arándanos.
—De acuerdo, haré que lo hagan de inmediato. —La camarera
sonríe mientras toma nuestros menús.
Dane agrega crema y azúcar a su café.
—Si no tienes planes más adelante, tú y Swarley podrían reunirse con
nosotros en el parque para perros.
—¿Nosotros?
—Salt y Pepper, mis Jack Russell Terriers blanco y negro.
—Estoy segura de que a Swarley le encantaría, pero tengo planes
más adelante. —Exprimo limón en mi té.
Después de la respuesta conservadora de Lautner al encuentro con
Dane, no estoy segura de si todavía tengo planes más adelante.
—No hay problema, tal vez en otro momento.
—Claro. —Sonrío.
El desayuno es genial. Veo por qué hay tanta gente esperando
afuera. Nuestra conversación es cortés y fácil. Dane es muy atento y su
71

compañía relajante. Las revelaciones de Lautner me dificultan


concentrarme por completo en Dane, pero no creo que se dé cuenta.
Página
Paga la cuenta y decidimos no demorarnos porque hay mucha
gente esperando una mesa. Justo cuando estamos saliendo, veo a Lautner
y sus padres sentados en el extremo opuesto del café. Él y su papá están
hablando, pero su madre nos ve irnos. Ella sonríe y saluda con cortesía.
Devuelvo su gesto mientras Lautner mira en nuestra dirección. Sus labios se
dibujan en una pequeña sonrisa forzada y luego sus ojos se posan en su
plato.
El viaje de regreso es tranquilo, como si nos hubiéramos quedado sin
cosas de qué hablar. Sigo esperando que Dane encienda la radio para
calmar el incómodo silencio, pero no lo hace. Cuando se detiene en el
camino, me alivia que se quede en su asiento.
—Gracias por el desayuno. Fue realmente bueno.
—Me alegra que te guste. Um... ¿deberíamos intercambiar números
o algo, en caso de que decidas que quieres reunirte en el parque para
perros en algún momento?
Muerdo la esquina de mi labio inferior.
—Mmm, está bien. Swarley quisiera eso. En realidad, tengo tu número
de la visita a tu oficina.
Asiente y veo la decepción en su rostro cuando baja los ojos y su
sonrisa se desvanece. Estoy segura de que le gustaría que yo también le
gustara, y de no tener a un chico de la piscina apareciendo en la puerta
me habría entusiasmado más poder estar con Dane.
—Oye, mi hermana vendrá a visitarme el próximo fin de semana.
Probablemente terminaremos teniendo una fiesta en la piscina. Tal vez
podrías venir. —Una vez más, mi boca funciona más rápido que mi
cerebro. ¿Por qué Dane me hace sentir pena por él? ¿Y por qué sigo
cayendo por su mirada picante?
—Eso suena genial. Entonces… ¿esperaré tu llamada?
Asiento mientras abro la puerta.
—Adiós, Sydney.
Cierro la puerta y me despido con la mano.
¡Estúpida, estúpida, estu... pida, Sydney!
***
72

No tengo muchas esperanzas de que Lautner aparezca hoy. Mi plan


de contingencia es perder el cerebro en la piscina. A las 2:00 p.m., hay
Página

veintisiete grados centígrados bajo un cielo soleado pero brumoso lleno de


niebla. Swarley y yo tomamos nuestros lugares habituales en las sillas de la
piscina. Flo Rider me da una serenata a través de los parlantes, y tengo
mezclada a mi lado una margarita de fresa con la condensación
goteando por los lados. ¡La. Vida. Es. Buena!
Swarley me sobresalta con su rápido salto de la silla. Corre hacia la
cubierta. Lautner está bajando los escalones. Se inclina y le da a Swarley
algunas palmaditas firmes a un costado. Contento con el reconocimiento
de Lautner, regresa trotando a su silla junto a la mía.
Me pongo las gafas de sol en la cabeza y levanto la parte de atrás
de mi sillón.
—Oye. —Mi voz es reservada mientras trato de medir su estado de
ánimo.
—Hola. —Se extiende en la silla frente a mí. Llevo mis rodillas hacia mi
pecho.
—No sabía si vendrías. —Tomo un sorbo de mi bebida.
—¿Por qué no lo haría? —Envuelve su mano alrededor de la mía y se
lleva el vaso a la boca—. Mmm, bueno. —Se lame el labio superior.
Dejo el vaso.
—Estuviste muy callado, tal vez incluso celoso esta mañana.
—¿Por qué estaría celoso? —Traza con su dedo desde mi rodilla
hasta mi tobillo, dejando una estela de piel de gallina hormigueando en mi
piel—. No eres mía.
No puedo contener mi risa.
—Jesús, Lautner, es 2010. Estoy bastante segura de que las mujeres
ya no se consideran posesiones.
Sus labios carnosos se levantan con una sonrisa mientras me derrito
en sus irises azules. ¿Cuál es mi obsesión con sus ojos?
—Tienes los ojos más increíbles.
Baja la mirada, como si lo hubiera avergonzado. Agacho la cabeza
para seguir su mirada. Me deja atraparlo de nuevo.
—Lo haces. Hablo en serio, son… impresionantes. Esta no puede ser
la primera vez que lo escuchas.
Me reacomodo, ahora arrodillada en la silla, así que estoy su altura.
Me está dejando caer libremente en el abismo azul. Apoyo mi mano sobre
su mejilla y paso mi pulgar sobre la curva gradual de sus espesas cejas.
73

Envuelve sus dedos alrededor de mi antebrazo y presiona sus labios en el


Página

interior de mi muñeca. Lautner es un hombre grande y fuerte; sin embargo,


su fuerza se magnifica más con su mirada suave y tranquilizadora y la
moderación en su toque gentil.
—Si debes saberlo, recibo más elogios de mujeres sobre algunas de
mis otras partes del cuerpo. —Hay mil notas de insinuaciones sexuales en su
voz. Es un coqueto irresistible.
Hora de cambiar el tema.
Tiro de la pierna de sus pantalones cortos.
—No viniste vestido para la piscina.
—No me detuvo antes. —Mueve las cejas.
Cruzo los brazos sobre mi pecho y entrecierro los ojos.
—Hoy no, grandulón.
—Oh, entonces sí sabes qué parte de mi cuerpo recibe más
cumplidos.
—¡Uf! Eres incorregible. —Resoplo, empujando su sólido pecho.
Se ríe y busca en su bolsillo delantero. Sacando su billetera, teléfono
y llaves los coloca debajo del sillón. Esta escena es demasiado familiar. La
realización de lo que está haciendo me golpea.
—¡No! No te atrevas —le advierto.
La sonrisa juguetona en su rostro crece mientras se quita la camisa.
Luego se para y desabrocha sus pantalones cortos.
Mis manos vuelan a mi rostro, cubriendo mis ojos.
—¡Deja de desnudarte frente a mí!
—Una vez más, no es algo que una chica me haya dicho antes.
Tengo que confesar. Dos de mis dedos se extienden lo suficiente
como para verlo. Sus pantalones cortos caen al suelo y queda en
calzoncillos bóxer negros. Se inclina y engancha su brazo alrededor de mi
cintura y me saca de mi silla.
—¡Detente!
Estamos en el aire. ¡Splash!
Me apresuro a la superficie y me muevo hacia el extremo poco
profundo. Lautner me tiene en sus brazos antes de que pueda escapar.
—¡Suéltame! —Suplico con mis ojos cerrados.
74

—Sydney, abre los ojos. —Se está riendo… otra vez… de mí.
Página

Los abro, pero miro a todos lados menos a él.


—¿Por qué no me miras? No estoy desnudo y de todos modos ya has
visto…
—No miré…
—Oh, miraste…
—No, no lo hice y ahora solo estas vistiendo tu ropa interior y puedo
ver tu… o el contorno de tu…
—¿Pene? ¿Verga? ¿Polla? ¿Madero? ¿Pija? ¿Escoba de útero?
¿Martillo de almeja? ¿Espolón de yogur?
—¡Para! —Me encuentro con sus ojos.
Está amando esto. Sus ojos bailan y su sonrisa es confiada y sí…
arrogante. Cualquier intento de escapar de su control será inútil. Sé lo que
tengo que hacer. Es un poco arriesgado, pero no tengo otra opción. Con
determinación inquebrantable y un agarre firme y tenaz, agarro su
paquete, un paquete ciertamente grande.
Sus ojos se abren y aspira con tanta rapidez que casi se traga la
lengua.
—Está bien, grandullón. Has hecho tu punto. Ahora deja que tu
martillo de almeja sepa que está nadando en aguas restringidas.
El control de Lautner sobre mí se desvanece. Salgo de la piscina
antes de que su cuerpo y su mente vuelvan a ser coherentes.
Con un balanceo exagerado de mis caderas, me giro hacia mi silla
sin mirar atrás. Todo mi cuerpo rebosa de euforia porque nunca había
hecho algo así antes. Me siento segura, fuerte, atrevida, vertiginosa y
extrañamente… excitada.
Swarley se fue a la casa y dejó mi toalla cubierta de pelo de perro.
Gracias por eso. Lo sacudo y vuelvo mi cabeza para secarme el cabello.
—¡Oh Dios! —Me levanto y giro. ¿Por qué me di la vuelta? No lo sé. Di
un vistazo al revés de lo que estaba detrás de mí; No tuve que darme la
vuelta. Pero aquí estoy, mirando a un desnudo Lautner y su… hombre
pequeño… ¡Oh. Mi. ¡Dios! No estoy segura de qué es lo más extraño de
esta situación: Lautner tan informal y cómodo al exponerse a mí, o que no
puedo quitar mis ojos de encima… de eso.
Está retorciendo su ropa interior tan pausadamente como si fuera el
trapo con el que solía secar su auto.
—¿Q-qué…? —Mi boca está seca, completamente reseca.
75

—Oh esto. Bueno, Syd, no puedes usar ese biquini de cuerda a


Página

pocos centímetros de mí mientras agarras mi basura y no esperar que


tenga una salvaje erección. —Pone su ropa interior sobre el respaldo de la
silla y se desliza dentro de sus pantalones cortos. Mis ojos, que nunca
volverán a ser los mismos trepan por su cuerpo hasta su rostro.
—Entonces, ¿qué deberíamos hacer ahora? —pregunta,
abrochándose los pantalones.
Todas las palabras se me han escapado. Tomo mi margarita y trago
hasta la última gota.
—¡Mierda! —Hice una mueca y me froté las sienes. ¡Cerebro
congelado!
Manos desprevenidas acunan mi rostro y labios calientes se funden
con los míos. El calor de su lengua calienta mi boca y mi congelación
cerebral se evapora. Retrocede y frota su nariz contra la mía.
—¿Mejor?
Lautner es completamente loco e impredecible. Es demasiado para
manejar, pero no puedo obtener suficiente.
—¿Qué fue eso? ¿RCP de Cerebro congelado?
—Funcionó, ¿no es así? —Guiña y agarra su camisa poniéndosela—.
¿Qué piensas de los aviones a control remoto?
Envuelvo la toalla alrededor de mi cintura.
—Tendrás que elaborarlo.
Desliza sus llaves, teléfono y billetera en su bolsillo.
—Mi amigo Caden lleva a su hermanito a volar aviones de control
remoto no muy lejos de aquí. Nos invitó a unirnos a ellos.
Lo ha hecho de nuevo, pasando el interruptor de engreído a dulce.
La verdad es que Lautner es todo dulce. Incluso su lado engreído es más
juguetón que cualquier otra cosa.
—En ese caso, creo que debería cambiarme. ¿Quieres que los tire a
la secadora? —Asiento con la cabeza hacia sus calzoncillos mojados.
—No, estoy bien. —Sonríe.
—Por supuesto que lo estas —murmuro mientras doy la vuelta y
camino hacia la casa.
—¿Cómo dices?
—Nada.
***
76
Página
Elijo capris negros y una camiseta sin mangas de color lila. Previendo
ventanas hacia abajo, tiro mi cabello en una coleta alta y luego busco en
mi bolsa de zapatos, que todavía no he desempacado, y encuentro mis
sandalias Keen.
Lautner está esperando en el porche delantero en una silla
Adirondack. Cierro y bloqueo la puerta principal. Se para y me da un
repaso lento y una sonrisa de apreciación.
—Muy malditamente sexy. —Niega con la cabeza.
Siento un cálido rubor emerger en mis mejillas y cuello. Alcanza mi
mano y me lleva a su 4Runner. Abriendo mi puerta, mira hacia el cielo.
—Espero que no nos llueva. Las nubes se están moviendo.
Entra y se abrocha.
—¿Debo agarrar un paraguas? —pregunto.
—Tengo uno. Estamos bien.
En el camino hacia el campo de vuelo, Lautner descansa su brazo
derecho detrás de mí. Esta vez está en mi cuello y acaricia las puntas de
sus dedos sobre mi piel. Las ventanas están abiertas y Jeffrey Gaines está
cantando mi canción favorita de Peter Gabriel, “In Your Eyes ”. Cierro los
ojos y me distraigo con las letras que me tienen perdida en irises azules.
“La luz del calor… estoy completo.”
Hay alrededor de una docena de autos en el estacionamiento
cuando llegamos. Solo veo dos niños en el campo y uno es una niña, así
que creo que será fácil encontrar a Caden y su hermano. A medida que
nos acercamos, el niño que parece tener unos diez años pasa del control
remoto al tipo que está a su lado y luego se precipita hacia nosotros.
—Sully —grita.
—Hola Brayden. —Lautner abre los brazos y Brayden lo abraza.
¿Sully?
Lautner no lo mencionó, pero noté que Brayden tiene Síndrome de
Down. Tiene el perfil facial plano característico, los ojos inclinados hacia
arriba y la lengua que sobresale. Su habla está ligeramente afectada, pero
no lo suficiente como para causar problemas de comunicación.
El tipo con el control remoto camina hacia nosotros con el avión en
su otra mano.
77

—Sully, mi hombre. —Él y Lautner realizan una inusual serie de


Página

apretones de manos—. Y esta debe ser Sexy Sydney.


Levanto una ceja con una mirada de reojo a Lautner, que tiene la
mandíbula apretada, los labios en una sonrisa menos que apreciativa
hacia su amigo.
—Nunca la llamé Sexy Sydney. —Lautner niega con la cabeza.
—Cierto. Pero dijo que eres la cosa más sexy que ha visto en la vida.
Inventé el término Sexy Sydney, y mírate, tenía razón. Soy Caden por cierto.
—Tiende su mano y le devuelvo un apretón firme.
¿Lo más sexy que ha visto en la vida? ¡Mierda! Estoy en problemas.
—Encantada de conocerte. Eres el primero de los amigos de Sully
que he conocido. —Miro a Lautner otra vez.
—Sully es mi apodo. —Se encoge de hombros.
—Sí, porque su película favorita es Monsters, Inc. —Agrega Brayden
con entusiasmo.
Inclino la cabeza hacia un lado con los ojos muy abiertos.
—¿Eso es cierto?
Lautner sacude juguetonamente el cabello de Brayden.
—Si Brayden dice que es así, entonces es así. Brayden, esta es mi
amiga Sydney.
—Sexy Sydney —Brayden lo dice como si fuera mi nombre completo.
Pongo los ojos en blanco, dándole a Caden una bizqueada
juguetona.
—Encantada de conocerte, Brayden.
—Bray, el cielo no parece demasiado prometedor. Si quieres mostrar
tus habilidades como aviador para Sully y Sydney, entonces es mejor que
nos pongamos en marcha.
Brayden es bastante bueno controlando su avión. Lautner y yo nos
sentamos en la hierba y observamos mientras Caden supervisa la
trayectoria del avión.
—Sus habilidades motoras finas son sorprendentes. Lo está haciendo
mejor que algunos adultos por aquí —comento.
—Su madre es terapeuta ocupacional, por lo que está más
avanzado que la mayoría de los demás niños con Síndrome de Down de su
edad. Brayden es un gran niño. Es el chico del agua para el equipo de
78

fútbol de su escuela, y sueña con ser receptor abierto algún día.


—¿Por qué no lo haría? Se rumora que es amigo de una leyenda de
Página

la universidad.
Lautner recoge la hierba entre nosotros.
—Alguien ha estado haciendo su tarea o investigando.
—No esta vez. Pero el Dr. Abbott seguramente sabe tus estadísticas.
—Sí, bueno, estoy seguro de que también te dio el discurso sobre la
“decepción” que fui para los fanáticos del fútbol cuando elegí la escuela
de medicina sobre la NFL.
—¿Por qué lo hiciste?
—Pensé que lo dejaría mientras pudiera, y para mi último año mi
corazón simplemente no estaba en eso. Estaba atrasado en la Escuela… —
me mira—… porque pre medicina establece muchas clases difíciles, no
porque haya suspendido nada. —Empuja mi costado.
Lo empujo de regreso, recordando mi comentario sobre su edad.
—El dinero y la fama no valen el riesgo de una artritis temprana en
mis articulaciones o un posible daño cerebral. No me malinterpretes, me
encanta el juego, pero eso es todo para mí… solo un juego.
Mis ojos escanean sus piernas desnudas y noto una cicatriz desteñida
a lo largo de su rodilla derecha. Me acerco y lo sigo con mi dedo. Se tensa,
sus ojos siguen mi dedo.
—¿Y esto?
—Ligamento cruzado anterior rasgado. —No da más detalles.
—¿Es por eso que dejaste de jugar?
Sus ojos permanecen en mi dedo aun trazando su cicatriz.
—Está en la lista.
Me inclino y presiono mis labios en él. Toma una respiración rápida.
Sentado, me encuentro con ojos firmes y una ceja tensa. Le tomo la mano
y paso su dedo por mi cuero cabelludo justo por encima de mi frente.
Suelto su mano, y continúa sintiendo el área de piel levantada debajo de
la yema de su dedo.
—¿Lesiones en el fútbol? —pregunta.
Niego con la cabeza y sonrío.
—Primera vez surfeando.
El brillo vuelve a sus ojos mientras sonríe y se inclina para besarme la
cabeza.
79

—Brayden está listo, así que nos vamos —dice Caden mientras se
Página

acercan a nosotros—. Además parece que las nubes podrían abrirse en


cualquier momento.
El cielo se vuelve más oscuro. Los dos estamos parados. Lautner le da
a Brayden otro abrazo.
—Buen trabajo hoy, amigo. Hasta luego, hombre. —Pone su mano en
el hombro de Caden y le da un apretón firme—. Recuerda, la fiesta del
próximo fin de semana en casa de Sydney.
Observé a Lautner porque no habíamos hablado sobre una fiesta, a
pesar de que sí invité a Dane a esta supuesta fiesta cuando mi hermana
vendrá la próxima semana.
—Estoy deseando que llegue. Encantado de conocerte, Sexy
Sydney. —Sonríe y se alejan.
Me giro y cruzo mis brazos sobre mi pecho.
—Entonces, Sully, ¿por qué tengo la sensación de que tú y tu amigo
pasaron bastante tiempo hablando inapropiadamente de mí?
Lautner se burla de mí al cruzar sus brazos sobre su pecho.
—¿Ahora por qué piensas eso?
Un trueno retumbante nos distrae de nuestro enfrentamiento y en
apenas un momento nos golpea la lluvia.
—¡Oh, mierda! —grito.
Lautner me toma de la mano y hacemos una carrera loca hacía el
vehículo. Se está metiendo las manos en los bolsillos pero no ha
encontrado nada. Estoy empapada. En este punto, no sé cuál es la prisa.
—Mis bolsillos están muy mojados. ¡No puedo conseguir que mis
manos alcancen las llaves! —grita—. Tal vez deberías intentarlo. Tienes
manos más pequeñas.
—¿Qué? —Entrecierro mis ojos contra la lluvia, mirándolo. No puede
hablar en serio. Está usando pantalones cortos por amor de Dios. Tiene
como… veinte bolsillos en ellos. ¿Por qué no pondría las llaves en uno de los
bolsillos exteriores de las piernas en lugar de en el bolsillo de la cadera?
—¡Ugh! Esto es ridículo —respondo.
Levanta sus manos en señal de rendición. Niego con la cabeza y
meto mi mano en un bolsillo.
Esta vacío.
Luego la meto en su otro bolsillo, pero no puedo sentir sus llaves.
80

—Tal vez deberías moverla alrededor un poco más.


¿Qué?
Página
Escucho el doble pitido de las puertas desbloqueándose. Mirando
hacia arriba, veo las llaves colgando de su dedo y él tiene la mayor sonrisa
de come mierda en su rostro.
—Por qué, hijo de…
Pone su dedo en mi boca.
—Ahora, ahora… es de mi madre de la que estás hablando.
Abro la puerta y me deslizo, golpeándola detrás de mí. Si no tuviera
ya las llaves, dejaría su culo encerrado afuera. Estoy empapada y el agua
gotea y se acumula en todos sus asientos de cuero.
¡Qué mal!
Entra y sacude el agua de su cabeza como un perro. Creo que sería
un acto de Dios borrar esa sonrisa de su rostro.
—¡Eso fue divertido!
Le frunzo el ceño y me alejo.
—Abróchate el cinturón —dice.
No me muevo.
—Sydney, vamos. No nos iremos hasta que te abroches el cinturón
de seguridad.
No hay forma de que lo reconozca en este momento. Se inclina e
intenta agarrar mi cinturón de seguridad. Choco mi hombro contra él.
—¿Qué demonios?
Mi respuesta es una mirada firme. Nuestras caras están a corta
distancia y el crujido del relámpago levanta emociones sin explotar que
están cargadas y fuera de control. Mis ojos enojados caen a sus labios una
fracción de segundo antes de agarrar su cabello en mis manos y atraerlo
hacia mí. No estoy preguntando. Estoy tomando. Mi lengua exigente
alcanza la suya.
Corazón palpitando. Aliento acelerado.
Mis dedos apretados se estremecen de necesidad, y mi carne arde
por su toque. Agarra mi cintura con ambas manos y me arrastra sobre su
regazo para que mis rodillas estén dobladas a horcajadas sobre las suyas.
Sus ansiosos labios continúan atacando los míos mientras su mano
izquierda busca el costado del asiento. Retrocede hasta que no da más.
Muevo mis manos hacia el dobladillo de su camisa y lo araño. Arrastrando
81

y tirando de ella hasta que se inclina hacia adelante, permitiéndome


Página

quitarle el pesado algodón mojado. Rompemos nuestro beso el tiempo


suficiente para quitarle la camisa por la cabeza. Golpea contra el asiento
trasero mientras la tiro a un lado. Mis labios se sienten magullados y
entumecidos, pero no quiero que se detenga. Este deseo es insaciable.
Después de unos momentos, me siento y hacemos una pausa,
completamente sin aliento. Mis manos están ansiosas por tocarlo, así que
paso mis dedos por los baches y curvas de su firme, definido pecho y
abdominales.
—Lautner… —susurro—. Dios, eres tan… —No estoy segura de cuáles
son las palabras.
Sus manos están en mis caderas y las mete lo suficiente para que sus
dedos rocen mis abdominales. Es un toque abrasador. Cruzo los brazos y
doblo los dedos alrededor del borde de mi camisa, tirando de ella por mi
cabeza. Ajusta sus caderas y el ligero cambio tiene su gran erección
forzada contra sus pantalones cortos presionados entre mis piernas. Una
sensación cálida inunda mi núcleo.
La mirada de Lautner se fija en mis pechos. Sus manos se deslizan por
mis costados y sus pulgares trazan la piel debajo de mi sujetador. El
ascenso y caída de mi pecho se intensifica con la construcción de la
anticipación. Su paciencia es agonizante. Miro sus ojos mientras
desabrocho mi sujetador en el frente. Sus ojos se encuentran con los míos
por un momento rápido mientras sus labios se separan y su lengua se
desliza para humedecerlos. Su mirada vuelve a mi pecho mientras quito el
satén rosa y el encaje lejos de ellos.
—Sydney… son… jodidamente perfectos. —Su voz cruda hace que
mis pezones se vuelvan piedras mientras mi piel anhela su toque.
Estoy esperando, ansiosa por su próximo movimiento. Sus manos
están estáticas, simplemente flotando debajo de mis pechos. Siento que se
mueve entre mis piernas. Por fin, ambas manos se mueven hacia mis senos.
—Ah... oh, Lautner —gimo y cierro los ojos, arqueando la espalda. Mis
pechos se sienten llenos y pesados en sus grandes manos cuando
comienza a amasarlos con su firme y sensual agarre. Un suave quejido se
me escapa cuando sus pulgares rozan mis pezones. Me siento en mis
rodillas un poco más y paso mis dedos por su cabello, acercando su
cabeza. Mueve su lengua sobre mi pezón y todo mi cuerpo se estremece.
—¡Lautner! ¡Oh Dios mío!
Mueve su lengua sobre mi otro pezón y luego lo chupa en su boca.
Mis dedos apretados le tiran del cabello con más fuerza. Lanza un gruñido
gutural. Me siento y devoro su boca. Sus manos continúan dando a mis
82

pechos la dulce tortura que he estado muriendo por sentir. Mi núcleo está
Página

repleto y al borde de un orgasmo. Es casi doloroso. Empiezo a luchar


contra él y agarra mis caderas, clavando sus dedos en mi carne.
—Cristo, Sydney, ¿qué estás haciendo? —gime en mi boca.
Su agarre firme detiene mis movimientos.
No quiero parar. No puedo parar. Mis dedos manosean sus
pantalones. Agarra mis manos.
—Sydney, detente. Esto está yendo demasiado lejos.
Cepillo mis labios a lo largo de su mandíbula y deslizo mi lengua por
su cuello. Sabe tan bien y mi hambre de él es voraz.
—Por favor… no te detengas. —Se lo ruego. No puedo creer que
esté mendigando.
Levanta mis manos y las pone sobre sus hombros. Luego me
desabrocha los pantalones.
—¿Estás en control de natalidad? —pregunta.
Su lengua se desliza sobre mi pezón otra vez.
—A veces —exhalo.
Para y tira su cabeza hacia atrás.
—¿A veces?
Le paso las uñas por los hombros.
—La mayoría de las veces… excepto cuando lo olvido. ¿No tienes
condón? —No puedo ocultar la agitación y la necesidad en mi voz.
—¡Jesús, Sydney! No, no tengo condón.
—¿Por qué no? —Me recuesto. Mi cuerpo está zumbando, el
corazón palpitando y estoy sin aliento.
Pone los ojos en blanco y suspira con exasperación.
—Porque no tengo la costumbre de tener sexo al azar en mi
automóvil.
¿Sexo al azar?
Mi pecho está desnudo, pero ya no es sensual y erótico. Ahora estoy
nerviosa y consciente de mi pecho expuesto, y el cambio en la
conversación es vergonzoso. Pongo mi sujetador sobre mis pechos y lo
engancho.
¿Estábamos a punto de tener sexo al azar? Si es así, ¿eso me
molesta? Conozco a este hombre desde hace cuatro días. ¿Es demasiado
83

pronto? En el ámbito de lo que solo puede ser una relación de treinta días,
el cuarto día es como dos meses si tuviéramos un año. La mayoría de las
Página

personas tienen relaciones sexuales en el momento en que han estado


saliendo durante dos meses. Quiero decir, seguramente un chico compra
un paquete de condones para el segundo mes, ¿verdad?
Agarro mi camisa y me la pongo. Está mojada y fría, pero eso es
probablemente lo que mi libido necesita en este momento.
—Tienes razón. Tenemos que reducir la velocidad. —Sin ningún tipo
de gracia, me paso para el asiento del pasajero.
Lautner se acerca y arrebata su camisa. Mientras me pongo el
cinturón de seguridad, apoya su mano en mi pierna y la aprieta.
—¿Estamos bien?
No, no estamos bien.
Me siento como una gran desvergonzada por arrojarme sobre él.
Debe pensar que viajo y duermo con tipos al azar. Dios, no puedo creer
que me haya rebajado tanto como para suplicarle que tuviera sexo
conmigo. Estaba suplicando. ¿Podría ser más patética?
Con una rápida mirada de soslayo, sonrío y le doy una sola
inclinación de cabeza. El viaje a casa es incómodo. Tampoco dijimos
mucho en el camino, pero el aire no estaba lleno de incertidumbre e
inseguridad. La lluvia ha disminuido cuando llegamos al camino de
entrada. Salto del vehículo antes de que estacione.
—¿Sydney? —Me llama persiguiéndome.
Estoy temblando con mi ropa fría y mojada, y mis dedos no
cooperarán mientras busco la llave en la cerradura.
—¿Sydney? —Lautner agarra mi brazo y me da la vuelta—. ¿Qué
sucede? ¿Pensé que estábamos bien?
Salgo de su agarre.
—Mentí. ¡No estamos bien! Me siento como una completa idiota.
Estoy avergonzada… y... enojada… y… — me vuelvo rápidamente y abro
la puerta, luego me deslizo en la casa y la cierro detrás de mí,
bloqueándola rápidamente con los dedos.
Golpea la puerta.
—Vamos, Sydney. Lo siento. ¿Qué quieres que haga? Iré a buscar
algunos condones.
El nervio…
Me inclino hacia mi izquierda disparándole mi mirada de muerte más
84

amenazante a través de la ventana.


Página

—¡Vete! —Subo las escaleras sin mirar atrás.


Página 85
5
Saludos, amiga mensual. Mantengo mi creencia de que tenía todo
el derecho de estar molesta con Lautner ayer. Sin embargo, concederé
que mi reacción pudo haber sido un poco... extrema. El tinte de sangre en
mis bragas esta mañana puede ser una explicación plausible. Son las 5:30
a.m., demasiado temprano, pero no puedo dormir. El atenuante dolor
entre mis piernas me tiene despierta así que bien podría llevar a Swarley a
caminar antes de su desayuno. El ejercicio parece ayudar a mi situación.
También me gustaría evitar a cierto veterinario que trota
convenientemente por la casa entre las 6:30 y 7:00 cada mañana. De
hecho, dado mi estado actual, mezclado con el embarazoso fiasco de
ayer, declaro que los próximos cinco días son libres de hombres.
Caminamos. Comemos. Volvemos a dormir. El domingo se perfila
como un día mejor. Publico una nota en la puerta para mantener alejado
al molesto veterinario y al striptease.
¡Cuidado!
Furiosa perra roja dentro.
¡Evacuar las instalaciones inmediatamente!
Regresa el viernes.
A las 10:00 a.m., suena el timbre. Espió por la esquina y veo a Lautner
alejarse. Me arrastro hacia la puerta mientras él sale del camino. Al abrirla,
veo en el suelo un ramo de coloridas flores, una bolsa de pastelería, una
taza de bebida caliente y una botella de Advil. Llevo los productos a la
cocina y pongo las flores en agua junto al primer ramo que ha empezado
a marchitarse. Hay una tarjeta pegada a la bolsa de pastelería.
LO SIENTO
86

Me trago la galleta de cereza y almendra y me siento en el porche


Página

bebiendo mi te chay con leche con una sonrisa traviesa en el rostro y


pensamientos sucios en mi cabeza.
Cumpliendo con mis deberes, recojo caca, riego el césped, y
preparo la basura y los contenedores de reciclaje antes de retirarme a la
piscina para tomar una siesta en la tarde con Swarley.
***

Dormí mejor. Descubrí que Swarley me dejaría dormir más tiempo si lo


dejaba en la cama conmigo. Un trato justo.
Son las 7:30 a.m. y elijo alimentar a Swarley primero y caminar con él
en una hora. Una vez más, mi estrategia es evitar a Dane en su carrera
matutina. Mientras Swarley está digiriendo la comida, llamo a Avery.
—Dios, Sam, ¿sabes qué hora es? —Su voz está adormecida.
—Sí, son las 8:00 a.m. de un lunes. ¿No tienes trabajo?
Ríe.
—Mira quién habla. Señorita-Me-Pagan-Por-Tumbarme-En-La-Piscina.
De todos modos, mi primer cliente no es hasta las once. No me estás
llamando para decirme que no vaya, ¿verdad?
—No claro que no. Tengo muchas ganas de verte. Hay una
sobrecarga de testosterona por aquí. Necesito que me ayudes a resolver
las cosas.
—¿Oh enserio? Bueno, si hay algo que me gusta es una dosis
saludable de testosterona. No has cercado tu derecho al pseudo chico de
la piscina, ¿verdad? He estado usando su imagen como visual cuando me
encuentro debajo de alguien que... no es tan atractivo visualmente.
—Bien, Ave. ¿Por qué siquiera dormirías con alguien que no te atrae
físicamente?
—Aburrimiento. —Se ríe.
Pongo los ojos en blanco.
—Necesitas un pasatiempo.
87

—Tal vez el sexo es mi pasatiempo.


Página

—Genial, escribe eso en la tarjeta de Navidad que le envías a papá.


—Oh, Sam, no seas tan mojigata. Tal vez si aprovecharas ese
caramelo caliente de la foto, no serías tan prejuiciosa.
¡Lo he intentado!
—Sí, si lo que sea. ¿A qué hora del viernes estarás aquí?
—Me voy por la mañana, así que debería estar allí entre las dos y las
tres.
—Bien, conduce con cuidado. Te amo.
—Yo también te amo, Sam. Adiós.
Tomo a Swarley para su caminata y luego jugamos Frisbee. Me siento
en el sofá revisando mi computadora y correo electrónico,
específicamente oportunidades de trabajo. El timbre suena. Una vez más,
veo a Lautner alejarse. Cuando se va oficialmente, abro la puerta: flores,
una bolsa de panadería y una bebida caliente.
Me siento en un taburete de la cocina y abro el sobre pegado a la
bolsa. Hay dos entradas para el museo, una para De Young y la otra para
Legion of Honor, ambas en San Francisco. También hay una nota.
POR FAVOR
¿Por favor qué? No importa. En este momento estoy demasiado
ocupada investigando otra galleta de cereza y almendra y bebiendo un
té chay con leche. Maldita sea, está bueno y también lo están los
pensamientos sucios que le he asignado.
—Lo siento, Swarley, estarás solo por un tiempo hoy. Me voy a San
Francisco —anuncio con una amplia sonrisa.
***

Disfruté ambos museos ayer. El solo hecho de estar rodeada de lo


que amo me recordó mis objetivos y mi compromiso inquebrantable con
ellos. Me encantaría aceptar una posición de curadora en cualquiera de
los dos. Lo bueno de trabajar en California sería la cercanía a Avery. Una
88

voz débil en mi cabeza también susurra el nombre de Lautner, pero no


Página

estoy lista para pensar en una relación. No me rendiré ante mis sueños. Una
parte de mí siente que seguir mi carrera con enfoque firme es un tributo a
mi madre que perdió su oportunidad. Tengo que creer que ella estaría
orgullosa de mí e igualmente decepcionada si renunciara a mi futuro por
un hombre.
Swarley está encima de mí, lo que debería ser difícil de hacer en una
cama tamaño king. El reloj marca las 7:45 a.m. Estamos ganando en eso.
Para la próxima semana, podría estar durmiendo hasta las 9:00 a.m.,
Elizabeth y Trevor podrían no apreciar el nuevo horario de Swarley, o sus
nuevos arreglos para dormir, pero me ocuparé de eso más tarde.
—Vamos a alimentarte, gran bestia.
Mientras Swarley come, salgo a la gigantesca terraza. Está nublado
nuevamente hoy. Espero que podamos caminar antes de que llueva, de lo
contrario voy a estar atrapada en la casa todo el día con un perro que
tiene más energía de la que yo puedo manejar.
Nos las arreglamos para volver de nuestra caminata justo cuando
algunas gotas comienzan a caer. Estamos caminando por el camino y veo
algo junto a la puerta de entrada. Todavía no puedo descifrar qué es, pero
sonrío con entusiasmo vertiginoso porque ya lo sé. Un ramo de flores, una
bolsa de panadería y una taza de bebida caliente.
Hoy la nota dice:
PERDONAME
Luego, hay una hoja de papel titulada Entretenimiento para Dias
Lluviosos con una larga lista de enlaces a sitios web. Traigo mi
computadora portátil a la cocina y escribo los enlaces mientras me como
mi galleta de cereza y almendra y bebo mi té chay con leche... y por
supuesto, tengo pensamientos sucios.
—¡Oh, Dios! —digo en voz alta, sacudiendo la cabeza. Los enlaces
son a videos de cómo hacer surf en YouTube. Debe haber cincuenta
enlaces enumerados. Lautner me hace sonreír incluso sin su presencia. La
idea es igualmente entrañable y aterradora.
Al final del día, los he visto todos. Llovió la mayor parte del día, pero
mañana se supone que sea soleado y cálido. Espero conocer al verdadero
hombre de la piscina. Estaba programado que viniera hoy, pero la lluvia
cambió esos planes. La descripción que hace Elizabeth de él me lleva a
creer que no habrá fotos embobadoras o furtivas para enviar a Avery. De
la misma manera, tengo las manos bastante llenas como están.
***
89
Página
8:07 a.m. —¡Sí! Buen chico, Swarley. —Froto su barriga—. Ve, duerme
en las rocas. —Me siento con energía esta mañana. Mi hermana vendrá
mañana, y se pronostica un clima increíble para el día.
Swarley come, luego un poco después de las 9:00 salimos a correr. Sí,
correr. Necesito una salida para mi recién encontrada energía, y Swarley
tiene un suministro ilimitado, por lo que hacemos que la mañana cuente.
Tal como se predijo, pero sin embargo un gesto fenomenalmente dulce,
hay flores en la puerta de entrada con una bolsa de panadería, una taza
de bebida caliente, y... oh... mi... Dios... condones.
La nota en la bolsa dice:
YO
LO SIENTO, POR FAVOR PERDÓNAME
Hay otra nota pegada a la caja de condones.
No estoy siendo presuntuoso o insistente, solo preparado.
Los condones en el mostrador hacen que sea más duro, sin doble
sentido, mantener mi cabeza fuera de la alcantarilla mientras tomo mi té
chai con leche y me como mi galleta de cereza y almendra. Decido retirar
el cartel de Furiosa Perra Roja antes de que aparezca Aaron, el chico de la
piscina. Después de cuatro días de entregas especiales de Lautner, la
perra se ha ido, la ira se disolvió, y lo único rojo que queda es el rubor que
se apodera de mi piel cuando tomo mi té chai con leche y pienso en
mamadas de agradecimiento.
Aaron llega justo a tiempo. También es un hombre grande con un
caso severo de mostrar la grieta de su trasero. Me preparo un sándwich en
la cocina mientras él consigue los suministros de la casa de la piscina.
Oh, no, por favor no. ¡No no no! ¡Guácala!
Aaron no recibió el memo. Toma un tiempo conseguir los resultados
de la cirugía de bypass gástrica. No creo que este sea su verano para ir sin
camisa. Él piensa que lo es. Miro mi sándwich con disgusto. Mi apetito se ha
ido, tal vez por el resto del día.
90

—¡Swarley! —Llamo mientras pongo el plato en el suelo.


Página
Otra regla rota con la que Elizabeth y Trevor no estarán muy
contentos. No comida de la mesa. Técnicamente, el sándwich nunca llegó
a la mesa.
Veinte minutos después, Aaron llega a la puerta de atrás y la abre.
—Sydney, ¿sería demasiado pedir un poco de agua con hielo?
Dejo mi libro y tomo un vaso.
—No hay problema. ¿Hace mucho calor afuera? —Le entrego el
vaso.
Mi bikini es fácilmente visible a través de mi puro y blanco vestido. Él
arrastra sus ojos sobre mi cuerpo con descarada desvergüenza. Me
pregunto si ve mis nervios. ¡Yuck!
—Sí, hace mucho calor —dice con voz espeluznante mientras el
sudor le corre por el torso.
Su mirada sigue moviéndose hacia la isla de la cocina detrás de mí y
luego hacia mí con una sonrisa sugerente. Miro hacia atrás.
¡Oh, mierda!
Hay dos cosas en la isla. Mi computadora portátil y la caja de
condones.
Mis ojos saltan mientras respiro.
—Está bien, bueno, tengo que hacer un mandado. Puedes irte
cuando hayas terminado.
Asiente.
—Tal vez te veo más tarde.
Querido Dios, ¡espero que no!
Fuerzo una sonrisa apretada mientras él regresa a la piscina.
Agarrando los condones, corro escaleras arriba para ponerme pantalones
cortos y una camiseta. Iba a esperar hasta más tarde para ir a la tienda de
comestibles, pero ahora definitivamente es el mejor momento para ir.
Mi lista mental consta de todos los elementos esenciales: bocadillos,
bebidas, alcohol y una variedad de cosas para arrojar a la parrilla. Hago
un segundo recorrido por la tienda para asegurarme de que no me olvidé
de nada... y para asegurarme de darle a Aaron suficiente tiempo para
terminar y salir de allí.
91
Página
6
TGIF...3 bueno, para personas con trabajos reales de todos modos.
Me levanto temprano, incluso antes que Swarley. Llámalo karma, pero
levanto su trasero de la cama, lo alimento, lo paseo, y sonrío mientras él se
cae de nuevo en el sillón junto a la piscina. Y son solo las 9:00 a.m. Me
baño y me afeito todo el vello sobre o cerca de las extremidades inferiores.
¿Por qué? Mi subconsciente se escabulle detrás de mis pensamientos
conscientes y se prepara para el "qué pasaría si".
Omito el secarme el cabello dado que saltaré en la piscina de todos
modos. Cuando el timbre suena, mi corazón golpea contra mi pecho y mi
estómago da un giro aéreo frontal con un medio giro. Abro la puerta de
entrada con una sonrisa vergonzosamente grande. A mis pies en el porche
hay un ramo de flores, una bolsa de panadería y una bebida caliente. No
hay vehículo en la acera, ni Lautner. Mi sonrisa se desvanece y una
punzada de desilusión se apodera de mi corazón. Recojo todo y doy
vuelta para entrar.
—Buenos días preciosa.
Me doy vuelta. Irises azules.
—Lo son ahora. —Mi entusiasmo se recupera en un abrir y cerrar de
ojos. Estrechando mis ojos, inclino mi cabeza hacia un lado—. ¿Te estabas
escondiendo?
Sonríe y asiente una vez, moviéndose por el porche un paso lento a
la vez, sosteniendo una taza de café alta.
—¿Por qué? —Guardo mis labios para ocultar mi emoción.
—Quería ver tu rostro cuando abrieras la puerta, para poder medir
mis posibilidades de ser invitado hoy. —Se acerca al umbral.
92
Página

3 TGIF: Thank God Its Friday: gracias a Dios, es viernes


Llevo las flores a mi nariz e inhalo el dulce aroma de la lavanda
fresca.
—¿Y?
Saca una margarita rosa del ramillete y se la mete detrás de la oreja,
luego me pasa el dedo por el cuello.
—Creo que mis posibilidades son bastante buenas.
—¿Dónde está tu vehículo?
—Estacionado en la calle.
Me giro y camino hacia la cocina. Cuando miro hacia atrás, Lautner
todavía está parado en la puerta. Señalando hacia la cocina con mi
cabeza, sonrío. Da un primer paso exagerado y cauteloso. Sacudo mi
cabeza y sigo caminando. El mostrador de la cocina cerca de las
ventanas está lleno de vasos y jarrones de flores.
—Alguien debe pensar que eres muy especial.
—Solo un chico que conocí la semana pasada. Todas estas flores son
odiosamente exageradas. —Agrego el nuevo ramo al agua—. Luego están
todos los pasteles y el té dulce y cremoso. Creo que he ganado cinco
libras.
Todavía sigo sintiendo su cercanía detrás de mí. Tira de mi cabello
sobre mi hombro y roza sus labios a lo largo de mi cuello.
—Sydney —susurra y cierro los ojos—. Lo siento por el otro día. Eres
especial y estar contigo nunca sería aleatorio.
Las sirenas deberían chillar en mi cabeza. ¡Peligro! ¡Chico atractivo
está tratando de descarrilar tu futuro!
Me giro. No estoy pensando en los próximos veintiún días, o en un
futuro impulsado por un pasado robado. Lautner, parado frente a mí, es
dueño de todos mis pensamientos. Descansando mis palmas sobre su
pecho con los dedos extendidos, respiro su aroma único. Se ha vuelto
familiar; es solo él, a veces mezclado con sol, océano y arena, o hierba
terrosa y lluvia. Enrollo mis dedos en su camisa y lo acerco más. Nuestros
ojos se encuentran.
Permitir que mi cerebro analítico robe este momento sería como
volar a París y no ver la Torre Eiffel.
Tengo que experimentar este momento, no es una elección... es
instinto.
93

Poniéndome de puntillas, estiro mi cuello y rozo mis labios contra los


Página

suyos. Sonríe, así que me muerdo el labio inferior, arrastrándolo a través de


mis dientes.
—No me molestes hoy. —Tomo más fuerte su camisa.
Sus manos fuertes se envuelven alrededor de mi cintura y me llevan
al mostrador. Se quita la camisa. Mis manos agarran el borde del mostrador
a los lados.
Irises azules.
Dedos hábiles trabajan los botones pequeños en la parte delantera
de mi vestido amarillo pálido.
Irises azules... son lo único que veo.
Los nervios se calman. El miedo desaparece.
En este momento no hay ningún lugar donde prefiera estar y nadie
con quien preferiría estar.
Cuando saca el último botón, Lautner abre la parte delantera de mi
vestido. Llevo un simple sujetador de encaje blanco y una tanga a juego. Él
aspira una respiración lenta, profunda. Mi carne se calienta bajo su mirada
lujuriosa. Me encanta verlo mirarme. Ningún hombre me ha mirado de esta
manera, y es desgarrador saber que nuestro tiempo está mal porque estoy
segura de que ningún otro hombre me hará sentir de la manera que lo
hago ahora... con solo... una... mirada.
—Sydney, eres impresionante. —Pacientes manos acunan mi rostro.
Deslizándolas hacia atrás y pasando sus dedos por mi cabello con un
suave tirón, junta nuestros labios.
Muevo mis manos a sus bíceps. Se flexionan bajo mi toque mientras
me acerca, profundizando nuestro beso. Mis piernas se envuelven
alrededor de su cintura, y deslizo mis manos alrededor de su cuello. Mi piel
pica con una excitación tintineante bajo su toque. El tirón de sus fuertes
brazos levantando mi cuerpo del mostrador provoca un suave gemido de
mi parte. Él suelta mis labios y me gira, llevándome lejos de la cocina hacia
las escaleras.
Con fuerza natural, me lleva a la habitación. Nuestros ojos se sienten
conectados como nuestros cuerpos, y nos miramos el uno al otro en
silencio. Cerca del pie de la cama, me ayuda a ponerme de pie. Me
estremezco en una anticipación sin aliento. Baja sus manos por mi cuello
hasta mis hombros y luego desliza mi vestido abierto hacia atrás hasta que
cae al suelo. Cada movimiento que hace es lento y medido. Es seductor y
sensual. Soy una bebida fría al sol que se derrite rendida ante su toque. La
plenitud familiar regresa a mis pechos mientras él desengancha mi
94

sujetador, dejándolo caer para unirse al vestido de tirantes a mis pies. Mis
pezones firmes bajo el velo de mi cabello oscuro cubriendo mis senos.
Página
Lautner se arrodilla ante mí, deslizando sus manos por ambos lados
de mi torso. De inclina, tocando sus labios contra mi estómago. Mi
respiración se detiene cuando su lengua se hunde en mi ombligo. Sus
dedos se curvan bajo la cintura de mi tanga, mis rodillas se sienten débiles
mientras tira del material de encaje por mis piernas. Tomo un trago
profundo cuando los irises azules miran hacia mí. Son tiernos y pacientes.
Todo mi cuerpo está vibrando. Me pregunto si nota los suaves escalofríos
de excitación nerviosa que fluyen a través de mí en pequeñas ondas. Se
pone de pie. Me mantiene como rehén en su agarre invisible. Sus
abdominales esculpidos se fusionan hasta un punto en el que cuelgan los
pantalones cortos.
El desabroche de un botón. El descenso progresivo de una
cremallera.
Mientras sus pantalones cortos y calzoncillos se deslizan por sus firmes
piernas, aguanto la respiración. Lo he visto antes, pero con la anticipación
de su cuerpo desnudo contra el mío, es como verlo por primera vez.
Él es... impresionante. Piel tensa y bronceada que cubre cada
centímetro de su fuerte forma muscular. Pechos y abdominales definidos.
Musculosos brazos colgando de sus anchos hombros. La línea baja a lo
largo de su cintura, donde la carne bronceada se desvanece a un tono
más pálido, me despierta, un recordatorio erótico de que estoy viendo una
parte de Lautner que no es vista por los demás.
No se trata de pertenecer a alguien. No pertenezco a nadie. Me
estoy rindiendo a una necesidad física que supera toda razón. El éxtasis
entusiasta de sensación que proviene de ser tomado, controlado por otro
por placer. Quiero que Lautner me lleve, controle, ahogue mis sentidos en
un mar de euforia física.
Perdida en un lento parpadeo. La distancia entre nosotros se
desvanece. Sus manos se enredan en mi cabello. Nuestras lenguas se
reclaman mutuamente. Envuelvo mis brazos alrededor de su espalda y
deslizo mis manos hacia sus glúteos, curvando mis dedos en músculos
firmes que se flexionan mientras su pelvis se inclina hacia delante. Su
erección presiona mi estómago, y mis sensibles pezones se rozan contra los
suaves pelos de su pecho. Mi cabeza cae hacia atrás y cierro los ojos
mientras sus labios y su lengua acarician la delgada carne de mi cuello.
—Dios... —gimo en placer sin aliento—, Lautner...
—Sydney... —susurra debajo de mi oreja.
95

Arrastra el edredón de la cama y nos baja a las sábanas frías. A


nuestros costados, nuestras piernas se entrelazan. La cálida fricción de su
Página

duro cuerpo moviéndose contra el mío es intensamente erótico...


surrealista. Mueve su cabeza por mi cuello hasta mi pecho y captura mi
pecho en su boca.
—Ahh... —lloro, arqueando mi espalda y balanceando mi pelvis para
que mi sexo roce contra su pierna que está dividida en tijera entre las mías.
Nos rueda así que estoy de espalda y se cierne sobre mí sobre sus
manos y rodillas. Su boca está de vuelta en mis pechos y el asalto sensual
está enviando un crescendo de fuegos artificiales directamente a mi
núcleo. Aprieto su cabello y acerco su boca a la mía. Su lengua hace
embestidas profundas y lentas en mi boca. Mantengo una mano en su
cabello y deslizo la otra por su pecho. Gime en mi boca mientras envuelvo
mi mano alrededor de él y aprieto su dura longitud con movimientos
ascendentes.
—Syd-Sydney... oh Dios... ¡para! —Se sienta de rodillas entre mis
piernas. Con los ojos fijos en los míos, los labios separados, rápidas y
desiguales respiraciones fluyen de él—. ¿Condón?
Mojando mis labios, sonrío. Hay una gran satisfacción que proviene
de hacer que él me desee. Miro a mi derecha y su mirada sigue a la mesita
de noche donde he colocado la caja. Se inclina hacia adelante y lo
agarra. Estoy hipnotizada por él enrollando el condón en su enorme
erección. Mis dientes trabajan nerviosamente la esquina de mi labio
inferior. Creo que es demasiado grande. ¿Es eso posible? Seguramente no.
Después de todo, las mujeres expulsan a los bebés a través de la misma
abertura. Miro a Lautner y su expresión acalorada ahora tiene una pizca
de sonrisa. Estoy segura de que se da cuenta de mis grandes ojos mirando
su... contribución considerable para mi placer.
Poniendo sus manos sobre mis rodillas dobladas, las desliza por mis
muslos. Con los ojos conectados alos míos, empuja su dedo entre mis
pliegues resbaladizos y lo desliza sobre mi clítoris.
—¡Uhg! —grito, sacudiendo mis caderas de la cama. Es oficial, mi
sexo está palpitando.
Lautner sonríe y desliza dos dedos dentro de mí. Me estrecho contra
su mano y gimo de nuevo. Mis párpados son plomo y lucho para contener
mi orgasmo, abrumado por las sensaciones más excitantes.
Saca sus dedos y mis ojos se abren. Su cabeza se inclina hacia mis
caderas. Besos lentos y húmedos calientan mi carne mientras mueve su
boca por mi cuerpo. Deteniéndose en mi pecho, cubre mi pezón con su
boca y tira de él con dientes burlones. Continuando más allá de mi cuello,
96

hace una pausa. Se cierne sobre mis labios, y lo siento traer su erección
envainada a mi entrada. Inhalo rápidamente y lo sostengo con
Página

anticipación. Al mismo tiempo, su boca consume la mía y él se abre hacia


mí. Libero un gemido en su boca. Estoy siendo estirada más lejos que
nunca. La plenitud es intensa. Un equilibrio entre el placer y el dolor.
Lautner para y me mira. Mi pecho palpita con jadeos rápidos y poco
profundos.
—¿Estás bien? —pregunta. Cada músculo de su cuerpo se contrae,
como si estuviera luchando contra un impulso primario al tomarlo con
calma.
Asiento.
Él retrocede un poco y luego me empuja.
—¡Gaaahhh! —Lloro. Es placer, es dolor... es alucinante, y no quiero
que se detenga. Vacila de nuevo cuando grito, pero me apresuro y
acerco su cabeza a la mía, atacando su boca mientras muevo mis
caderas hacia él. Eso es todo lo que se necesita. Está estableciendo un
ritmo intenso. Clavo mis uñas en su trasero.
—Sydney... —Mi nombre rezuma de su boca como miel lenta y
dulce.
El sexo con Lautner está más allá de lo que jamás imaginé posible.
No puedo pensar. Mi mente está borrosa. Me siento mareada. Estoy ebria
de él. Su ritmo se acelera mientras su mano se desliza entre nosotros para
tocarme.
—¡Lautner! —lloro, fuera de control con mis ojos rodando hacia atrás
en mi cabeza mientras el orgasmo más inimaginable atraviesa mi cuerpo
en olas implacables.
—¡Oh Dios... Sydney! —Lautner sigue en mi interior luego circunda sus
caderas una vez mientras sus labios encuentran los míos. La habitación
está llena de suaves gemidos de gratitud a medida que murmuramos en la
boca del otro. Mis piernas serpentean a su alrededor, pidiéndole
silenciosamente que no se mueva. Mis manos enmarcan su rostro,
sosteniendo su boca en la mía. El sexo era el plato principal, pero este es el
postre. La urgencia se ha desbocado y estamos perdidos, saboreando el
momento de este beso eterno y lánguido. Todos los antojos que tenga por
el resto de mi vida se compararán con este momento.
Sale y cae sobre su espalda a mi lado. Una risa entrecortada se le
escapa.
—Eso fue...
97

—¿Sam? —Oigo un eco desde abajo.


—¡Mierda! —jadeo saltando de la cama.
Página

Tomo los shorts de Lautner y se los tiro.


—Vístete. Tienes que salir de aquí.
—¿Quién es Sam? —Sigue tendido en la cama.
—Yo soy Sam. Ahora, levántate. ¡Apúrate!
Mis movimientos son rápidos y erráticos a medida que tintineo con mi
sostén y tanga. No puedo abotonar mi vestido con las manos temblorosas,
así que lo tiro a un lado y tomo un par de pantalones cortos y una
camiseta de la pila sucia de ropa en mi maleta abierta en el suelo.
—Dijiste que tu nombre es ¿Sydney? —pregunta mientras camina
presumiblemente al baño adjunto, para deshacerse del condón.
—Es mi apodo —murmuro, abrochando mis shorts.
—¿Sam? ¿Estás aquí?
—¿Es tu hermana? —pregunta, saliendo del baño, afortunadamente
con los shorts puestos.
—Sí. ¿Dónde está tu camisa?
—Está abajo en…
—Te la llevaré más tarde. —Lo empujó hacia la ventana.
—¿Qué estás haciendo? —Su voz está atada a la confusión y sus
cejas se fruncen.
—Tienes que salir por la ventana. No te preocupes, hay un
entramado metálico por el que puedes bajar. —Abro la ventana.
—¿No quieres que tu hermana sepa de nosotros?
—No. Está planeando dormir contigo. —Sostengo las cortinas.
—¿De qué estás hablando?
—Me preguntó si yo planeaba hacerlo, y cuando le dije que no, me
preguntó si podía.
—¡Jesús, Sydney! ¿Estás tratando de involucrarme con tu hermana?
—¡No! Bueno... sí, pero no es lo que piensas. Te lo explico más tarde,
ahora vete.
Niega con la cabeza, moviendo la pierna por la ventana.
—¿Qué pasa con mis zapatos?
—Puedes tenerlos dentro de un rato. Baja y espera unos quince
minutos y luego toca el timbre.
98

Resopla un aliento exasperado y baja.


Página

—Oh... y, ¿Lautner?
Se detiene y mira hacia arriba.
—El mejor sexo que haya tenido nunca. —Sonrío y cierro la ventana.
Todavía está negando con la cabeza, pero no es suficiente para
detener una sonrisa creciendo en su rostro.
***
—¡Avery! —grito, bajando las escaleras. Está encorvada dejando
que Swarley la lama como una piruleta. ¡Gérmenes de trasero! Vaya perro
guardián. Sin embargo, le debo un paseo extra o un regalo especial de la
panadería de perros por ser mi señuelo y darme tiempo extra para tener a
Lautner fuera de la casa.
—¡Sam! —Se pone de pie y nos abrazamos—. Salí extra temprano
esta mañana, y sabes que no soy una persona mañanera, pero quería
sorprenderte.
La libero y destello una sonrisa exagerada con los ojos bien abiertos.
—Misión cumplida.
Frunce los labios e inclina la cabeza. —¿Qué estabas haciendo?
—Umm... nada. ¿Por qué? —Se mete con mi cabello, cepillando
algunas hebras perdidas lejos de mi cara.
—Tú cabello esta desalineado y te ves sonrojada.
—He estado pasando el rato en la piscina durante la semana
pasada. Es solo un bronceado, y no me seque el cabello después de que
me duché esta mañana.
—Mmm, no es un bronceado, pero lo que sea. Si estabas viendo
porno en tu computadora es tu asunto no el mío. Tu secreto está a salvo
conmigo.
—Avery, yo no veo porno en…
—No hay necesidad de explicar. —Agita su mano en el aire mientras
entra en la cocina y mira por las puertas del patio. Silba—. Ahora, eso es un
patio trasero, piscina, jacuzzi, y la cocina al aire libre. Esto es oficialmente la
central de fiestas durante los próximos días.
Mientras está distraída, tomo la camisa de Lautner del suelo y la
meto en el cajón de la cocina justo cuando se da vuelta.
—¿Qué pasa con todas las flores?
99

—Me gusta tener flores frescas alrededor. —Me encojo de hombros


mientras enrosco mi cabello.
Página

—¿Desde cuándo? —Cruza sus brazos sobre su pecho.


—Desde... que he estado cuidando la casa. Es... um... ilumina mi
estado de ánimo cuando estoy sola.
En este momento estoy en un hoyo tal, que nunca podré excavar mi
salida.
—¿Por qué dos tazas? —Se mueve a la isla.
—No he desechado una desde ayer.
Avery toma una, que es la de Lautner. Abre la tapa y olfatea.
—Café. Odias el café.
—Lo sé. Barista estúpido me dio la bebida equivocada, pero no me
di cuenta hasta que ya me había ido.
Baja la taza y levanta un ojo.
—Está medio vacía.
—Se derramó. Sí, en el auto —tartamudeo como la peor mentirosa
del mundo.
Suena el timbre. ¡Gracias a Dios!
—Ave, probablemente es Fedex. ¿Llevas a Swarley atrás?
—Claro, de todos modos, necesito revisar la piscina. Vamos, Swarley
—llama mientras abre la puerta de atrás.
Agarro la camiseta del cajón y corro hasta la puerta principal
recogiendo los zapatos de Lautner antes de abrir la puerta.
—¡Oye! —Exclamo como si no supiera exactamente quién estaba en
la puerta. Saliendo hacia el porche, le paso sus cosas y cierro la puerta
detrás de mí.
—¡Hey! —dice de regreso con un ligero guiño mientras mete su
lengua en su mejilla—. ¿No vas a presentarme a tu hermana? —Se desliza
sus zapatos y tira la camisa sobre su cabeza—. Después de todo, debemos
conocernos antes de que nosotros... —Sugerentemente mueve las cejas
hacia arriba y hacia abajo.
Antes de que pueda responder, la puerta se abre detrás de mí.
—Bueno, bueno, bueno... ¿a quién tenemos aquí? —La voz aguda y
despistada de Avery suena muy aguda. En absoluto esta despistada. Avery
es muy inteligente, pero en algún momento descubrió que la damisela
despistada en apuros recibe la mayor atención del sexo opuesto.
100

Giro con una falsa sonrisa apretada.


—Avery, este es Lautner. Lautner esta es mi hermana…
Página
—Avery, y es un verdadero placer conocerte. —Me golpea a un
lado y le ofrece su mano.
—Avery, el placer es todo mío. Sydney me dijo que eras bonita, pero
eso es una subestimación. Eres sólo... ¡wow!
Se ríe.
—Oh, detente.
¡Qué demonios!
—Sam, no seamos groseras. Deberíamos invitar a Lautner a tomar
una copa o un chapuzón en la piscina.
Gira, todavía sosteniendo su mano, y lo lleva dentro de la casa. Me
destella una sonrisa de esto-debe-ser-divertido y se encoge de hombros.
Frunzo el ceño.
»Sam, deberías hacer margaritas. Sam prepara unas margaritas
asesinas —suelta Avery mientras mueve su taburete más cerca de
Lautner—. Sam trabajó como bartender durante sus últimos dos años de
universidad.
—¡Avery! —gruño entre dientes apretados.
—Cálmate, Sam. No dije que solías emborracharte y bailar en las
mesas... oops, supongo que ahora lo hice. —Se vuelve hacia Lautner,
apoyando la mano en su pierna—. Después de que el amor de la
secundaria de Sam arrebató su virginidad y desapareció en la primera
semana de la universidad, Sam decidió probar el papel de la hija del
predicador, ¿sabes, salvaje y loca? Apestó en eso; ese es mi papel.
Vuelco el hielo en la licuadora, cerrando la tapa y enciendo el
interruptor. Cualquier cosa para ahogar a mi molesta hermana. Estoy
tentada a añadir un chupito extra de tequila en mi vaso para quitarme los
nervios, pero decido que es mejor mantener mis sentidos con mi hermana
seduciendo a Lautner justo delante de mí.
—Gracias, hermanita. —Avery toma un sorbo y lame sus labios como
si estuviera adicionando para una película de triple equis.
—Mmm, deberíamos tomar esto en la piscina. Voy a ponerme mi
bikini.
—Avery, Lautner no tiene traje de baño —interrumpo.
—¿Quién necesita un traje? —Lautner me mira con una estúpida
101

sonrisa. Sus hipnóticos irises azules bailan con emoción. La informante


Wikipedia de Avery parece agradarle.
Página
El ceño fruncido que estaba en mi rostro cuando llegó todavía está
en su lugar. Creo que está aquí para quedarse durante los próximos
torturantes días.
—Me gusta tu forma de pensar —dice Avery desde las escaleras.
Apoyándome contra el mostrador, Bebo mi bebida y tiro dagas a
Lautner.
—¿Divirtiéndote? —reprendo.
Se pone de pie y se pasea hacia mí, tomando mi vaso y dejándolo a
un lado. Apoyando sus manos en el mostrador a cada lado de mí, roza la
punta de su nariz a lo largo de mi cuello e inhala.
—Mmm, hueles a sexo caliente, sudoroso y... a mí.
—¿Qué estás haciendo? —susurro mientras mi pulso empieza a
acelerarse.
—Solo matar el tiempo hasta que su hermana baje en su bikini —
susurra de nuevo.
—No seas idiota y engáñala.
—¿Sam? ¿Tienes una goma para el cabello que me puedas prestar?
—dice Avery desde arriba.
Lautner da un paso atrás.
—¿Quién dijo que la estoy engañando?
Miro de soslayo y me encojo de hombros mientras lo paso.
—Ugh, ¡lo que sea!
***

Avery es la única persona que conozco que aparece en una piscina


usando un bikini y tacones de aguja.
—Gee, Ave, creo que se te olvidó la banda y la tiara. —Pongo los
ojos en blanco cuando sale.
—¿Te gustan? Son nuevos. —Pivotea sus pies para mostrar sus
zapatos, ignorando completamente mi golpe intencional.
La camisa de Lautner está fuera —afortunadamente solo su
camisa— y se está relajando en una silla larga sobre su estómago. Todavía
102

estoy en mis pantalones cortos sucios y arrugados y camiseta,


aparentemente oliendo a sexo, sentada en el borde de la piscina
colgando mis pies en el agua. Está ocurriendo una ley del hielo, pero no
Página
estoy segura de si estoy en el extremo dador o receptor. Lautner y yo no
nos hemos hablado desde que salimos hace unos minutos.
Creo que estoy enojada con él, pero no estoy segura de por qué ya
que básicamente se lo regale a mi hermana antes de que siquiera
apareciera. Tal vez está enojado también y este juego que está jugando
es para marcar un punto. ¿Qué punto? Tampoco estoy segura de eso.
—¿Necesitas loción bronceadora en tu espalda? —Ofrece Avery a
Lautner.
Levanta la cabeza y sonríe.
—Claro.
Se cubre las manos y le masajea la espalda.
—¿Sam te dijo que soy terapeuta de masajes?
—No. Pero puedo decirlo. Se siente tan bien —gime
—Voy a ponerme mi traje —anuncio—. ¡No es que a alguien le
importe! —murmuro para mí.
***

El edredón todavía está en el suelo, así que enderezo las sábanas y


hago la cama. Recojo la caja de condones y giro en círculos tratando de
entender qué hacer con ellos.
—¿Dónde escondo los estúpidos condones?
Comencé a hablar conmigo misma cuando comencé a cuidar
casas hace un año. Puede que no sea el comportamiento mental más
saludable, pero a veces ayuda a evitar la soledad.
—Bien podría ponerlos en la habitación de Avery para que los tenga
cuando Lautner la folle esta noche —hablo con una falsa voz maliciosa.
—No voy a follarme a tu hermana esta noche.
Salto y giro hacia la puerta. Lautner se apoya en el marco con los
brazos cruzados sobre su pecho desnudo.
—¡Mierda! Me asustaste. —Descanso mi mano sobre mi corazón.
—¿Con quién estás hablando? —pregunta cuando entra en la
habitación, cerrando la puerta detrás de él—. ¿Sam? ¿Tu alter ego?
103

Meto la caja de condones debajo de la almohada.


—¿Dónde está Avery?
Página
—Tomando el sol. Le dije que necesitaba usar el baño. Pensé que
deberíamos hablar.
Suspiro mientras me siento en el borde de la cama y miro fijamente
mis uñas. Se supone que esto no sea tan complicado.
—No sé cómo manejar por esto. Si le digo a Avery que tuvimos sexo,
entonces me hará racionalizarlo. Me obligará a etiquetarnos. O estamos
jugando, lo que en sus ojos todavía lo hace juego limpio, o estamos en una
relación comprometida que no es una opción para mí en este momento
de mi vida.
Lautner se sienta a mi lado y sostiene mi mano, entrelazando nuestros
dedos.
—¿Veintiún días?
Asiento y lo miro.
—Lo tomaré, lo que pueda conseguir. No tenemos que llamarlo
nada. Simplemente... es. Entonces, díselo a tu hermana. No se lo digas a tu
hermana. Depende de ti. No la engañaré y no la follaré. ¿De acuerdo?
Sonrío y miro encima de él sin hacer absolutamente contacto visual
porque estoy avergonzada de haber saltado a conclusiones.
—Está bien.
Se pone de pie y me jala hacia él. Me encanta la sensación de estar
retenida contra su pecho desnudo. Tal vez demasiado. Ya siento que mi
pulso se acelera, así doy un paso atrás.
—Uh... deberías bajar escaleras. Necesito cambiarme y Avery se
preguntará dónde estás. —Me deslizo de él y busco en mis cosas por mi
bikini.
—Así que ¿vas a decírselo? Solo necesito saber cómo actuar.
Encuentro mi bikini, me pongo de pie.
—Me encargaré cuando baje.
Se mueve a la puerta y se detiene.
—Sydney, para que conste, fue el mejor sexo que jamás haya tenido.
Se ha ido y estoy volando alto. Es ridículo pensar que podría ser el
mejor sexo que Lautner haya tenido. Era un accidente nervioso. Sin
embargo, todavía estoy burbujeando con vértigo porque incluso pensó en
decirlo.
104

***
Página
Avery está en la cocina rellenando sus vasos de margarita y Lautner
está sentado al lado de Swarley junto a la piscina.
—Hola, Sam, lindo bikini. Estamos drenando el resto de las margaritas.
¿Quieres hacer algo en la parrilla para el almuerzo?
Estoy jugando con mi cabello y masticando el interior de mi mejilla.
Tengo que contarle a Avery sobre mí y Lautner. Va a analizar el lío de la
situación, pero no porque se preocupa por mi vida sexual. Quiere
demostrar que mi intento de controlar mi futuro es absurdo.
Después de que nuestra madre muriera, me convertí en el futuro y
logro mis metas antes de que ocurra algo imprevisto... como el cáncer.
Avery se centró en vivir el momento. Es una locura cómo algo tan trágico
afecta a las personas de manera diferente.
—¿Tierra a Sam? ¿Almuerzo?
—Sí, algo en la parrilla suena bien.
—Genial. ¿Abres la puerta por mí? —pregunta, sosteniendo los vasos
de margarita.
—Ave... umm... sobre mí y Lautner...
Frunce sus cejas.
—¿Sí?
Las palabras están mezcladas en mi cabeza.
—¿Qué, Sam?
Tomo un aliento gigantesco. Aquí va nada.
—Tuve el mejor sexo de mi vida esta mañana; es por eso que mi
rostro estaba enrojecido y mi cabello era un lío y había dos tazas en el
mostrador y una era café, que tienes razón, no bebo, y no lo derramé en el
auto. Era sólo un encubrimiento, y no compré las flores. Han sido
entregadas diariamente en la puerta principal durante los últimos cinco
días mientras estaba teniendo mi período y me negué a ver a los hombres.
—Mi estómago está contraído, los pulmones desinflados, y estoy jadeando
por aire, pero al menos conseguí sacarlo todo a velocidad de subastador.
Los ojos completamente abiertos de Avery se complementan
apropiadamente con su mandíbula en el suelo.
—Vaya... Quiero decir... ¡vaya! No sé qué decir, aparte de, ¿quién es
el tipo?
105

Mientras el oxígeno se infiltra en mi cerebro otra vez, se me ocurre


que en mi discurso apresurado nunca dije el nombre de Lautner.
Página

—Oh, es Lautner.
—Lautner, ¿Lautner? —aclara.
—Por supuesto Lautner, Lautner. ¿Cuántos Lautner crees que
conozco? —Me mantengo firme con los brazos cruzados.
—Sam, no tienes que hacer esto. No es una competencia. —Sus ojos
están rodando mientras sacude la cabeza como si fuera la cosa más
absurda que ha oído.
—¿Qué? —exijo.
—Estás celosa de que estoy aquí ahora, y soy la que está recibiendo
toda la atención. Así que, naturalmente, quieres que retroceda para que
Lautner te preste más atención.
—¿Qué? ¿Estás demente? No lo estoy inventando.
—Entonces pruébalo. —Me mira fijamente.
—Bien, vamos a preguntarle si estoy mintiendo. —Me acerco hacia la
puerta, pero agarra el mango para detenerme.
—De ninguna manera. Ustedes dos probablemente tienen algún
acuerdo o hicieron un trato. Es un buen tipo. Estoy segura de que lo haría
por ti. Entonces, ¿cómo sabré si está diciendo la verdad?
Ahora me toca a mí voltear los ojos.
—Entonces, ¿cómo esperas que te lo demuestre?
Su rostro se arruga mientras mira hacia el techo.
—¡Lo tengo! Quítate la parte de arriba y luego ve y dale un beso
largo y sensual deboca abierta. —Sonríe con travesura.
—¡De ninguna manera! Eso es ridículo y completamente estúpido.
—Lo que digas, pero no te pongas celosa cuando esté encima de mí
más tarde. —Abre la puerta y acerca las bebidas de nuevo.
—¿Por qué tengo que quitarme la parte de arriba del traje de baño?
—Un beso no es más que un guiño íntimo, pero un pecho desnudo
dice “¿me recuerdas?”
—Lo más estúpido que he oído nunca, pero ¡bien! —Desato mi parte
superior y la lanzo al mostrador.
Avery me mira fijamente, sin expresión, como si no estuviera segura
de si estoy mintiendo o no.
106

No lo hago.
Marcho por la puerta y cuando llego a las escaleras Lautner mira
Página

hacia arriba. Sus ojos anchos lo dicen todo: sorpresa. Me acerco y su


mandíbula se mueve como si estuviera tratando de hablar, pero no sale
nada. Está reclinado en la silla y me arrastro entre sus piernas.
—Syd…
Mi boca abierta está en él con mi lengua trazando la costura de sus
labios, pidiendo permiso para entrar. Se impone después de un momento
de vacilación. Sé que Avery está observando. Esto es sólo para probar un
punto, y lo estoy disfrutando más de lo que debería. Hemos ido más allá de
muestras públicas de afecto. El punto fue confirmado antes de ahora, pero
sabe tan bien que tengo que obligarme a detenerme. Libero sus labios y su
mirada de aliens-acaban-de-aterrizar-en-la-tierra no tiene precio, pero no
tanto como la de Avery cuando camino por delante de ella para
recuperar mi parte superior.
—¿Satisfecha? —Destello.
—¡Oh, Dios mío! —Su boca cae mientras jadea detrás de mí en la
cocina—. ¿Tuviste sexo con él?
Asegurando mi parte superior, sonrió.
—Te lo dije.
—Sam, ¿por qué no me lo dijiste antes? —pregunta en una voz
silenciosa mientras cierra la puerta y da un rápido vistazo a Lautner.
—Sabía que lo convertirías en más de lo que es.
—¿Qué es? —Levanta las cejas.
—Me estoy sumergiendo en la cultura local. Ya sabes...observando el
paisaje, tomando unas cuantas excursiones.
Ambas nos rendimos a nuestras sonrisas inminentes y repicamos en
un ajuste de risas.
—Quieres decir que la cultura se está sumergiendo en ti. —Resopla
Avery.
Empiezo a responder, mientras Lautner abre la puerta.
Sus ojos escanean entre nosotras. Me doy la vuelta y aclaro la
garganta, buscando un poco de compostura.
—Estoy... umm... voy a ir... —tartamudea Avery, señalando afuera,
aun sonriendo, pero sin hacer contacto visual con Lautner.
Camina hacia mí y giro, retrocediendo hasta que la pared me
detiene. Con la mirada de un depredador, me captura y estoy atrapada
107

sin ningún lugar a dónde ir. Me muerdo los labios en un medio intento por
ocultar mi sonrisa. Mi actuación afuera era por Avery, pero siento que
Página

Lautner está dispuesto a criticarlo. Está a un suspiro de distancia. Quiero


presionar mis labios en su pecho y trazar cada músculo con mi lengua,
pero no lo hago. En vez de eso, bato mis ojos y espero que haga su
siguiente movimiento.
Pasa su dedo por el oleaje de mi pecho mientras sus ojos me
consumen, bebiendo, un tirón sensual a la vez.
—Interesante forma de decírselo a tu hermana, pero me gusta cómo
lo manejaste.
—Sí, bueno... ya sabes, una imagen vale más que mil palabras.
Ahueca mi pecho sobre el bikini y rueda su pulgar sobre mi pezón
que se endurece inmediatamente.
—Eso es, Sydney, eso es.
Las palabras veintiún días parpadean en mi mente.
¡Al diablo!
Pongo mis manos sobre su pecho y me apoyo en él, besando sus
pectorales y deslizando mis yemas de los dedos sobre sus abdominales
como un auto deteniéndose de la velocidad. Sus dedos se enredan en mi
cabello y un gruñido suave vibra en su pecho.
—Sydney, Dios, quiero arrancar esos trozos frágiles de tela de tu
cuerpo y tomarte contra la pared, pero creo que tu hermana ha visto
suficiente por hoy. Y he estado recibiendo señales mixtas en el código de
vestimenta. No tengo mi traje de baño, que supuse sería un requisito con
Avery aquí, pero entonces saliste sin...
Me rio y empujo su pecho.
—Ve por tu traje. Voy a hacer algo de comer.
¡Después de que acabe de fantasear con que me estás clavando
en la pared!
Agarra mis muñecas y guía mis brazos alrededor de su cuello y luego
sus manos agarran mi trasero levantándome a mis puntas de los pies. Me
derrito con un suave gemido de satisfacción mientras me besa. La caricia
lánguida de su lengua contra la mía es sensual y consumista. Me hace
tambalear a punto de perder el control, pero exhibe una restricción tan
desenfrenada.
—Nos vemos en un rato. —Me aprieta el trasero mientras su nariz roza
la mía.
108

Gracias a Dios hay un muro en mi espalda, de lo contrario Avery


tendría que limpiarme del suelo.
Página

***
En el momento en que Lautner se va, Avery me interroga respecto a
todo, desde el tamaño de su pene hasta como imagino que se verían
nuestros hijos. Ella está tratando de romper mi determinación y
convencerme de que estar empeñada en mi futuro me va a llevar a
lamentarlo. Siento todo lo contrario, pero es un punto que ha sido repetido
demasiadas veces, y ya no estoy de humor para tener la misma discusión.
Decidimos tener nuestra fiesta en la piscina oficial mañana. A
regañadientes, después de mi increíble mañana con Lautner, sigo
haciendo la llamada que prometí hacer. Dane está encantado de venir
mañana. Eso hace solo uno de nosotros... bien, dos, contando a Swarley.
—Así que déjame ver si lo entiendo. Tienes a Lautner, que está
sumamente caliente, y, en tus propias palabras, un “guapo veterinario”
¿ambos suspirando por ti? —Avery corta las verduras mientras corto en
cubos el salmón y los sazono para las brochetas.
—No sé si diría que están suspirando por mí. —Me río.
—Supongo que seré el juez de eso mañana. Hablando de... ¿vendrá
alguien más?
—Hmm, puede ser. Creo que viene el amigo de Lautner, Caden.
—Oh, ¿es sexy? —Todo su cuerpo se anima.
—Él es lo suficientemente sexy. Cabello corto y oscuro, tal vez metro
ochenta, ojos oscuros, y un buen cuerpo... Lo has hecho peor. —No puedo
ocultar la sonrisa en mi rostro.
—¿Qué hace él? —pregunta, ignorando por completo mi último
comentario.
—No sé. ¿Importa?
Avery se encoge de hombros.
—Realmente no. Solo si es feo. Si es así, tiene que ser rico y exitoso
para hacerlo más atractivo.
—Por Dios, eres otra cosa. ¿Alguna vez se te ocurrió que no tienes
que dormir con él? Quizás podrías estar aquí simplemente para visitarme y
hacer amigos... amigos platónicos.
—Está bien, podría intentarlo. Pero tienes que aceptar no follar con
Lautner mientras estoy aquí.
109

—¿Qué? ¡Eso es simplemente estúpido! —Estallo, incluso


sorprendiéndome a mí misma con mi reacción. ¿Es realmente inimaginable
Página

la idea de no tener sexo con Lautner durante unos días? Después de esta
mañana, ¡sí!
—Ves, tú no quieres ir sin sexo, entonces ¿por qué yo debería
hacerlo?
Frustrada, trincho el pincho de bambú fallando la palma de mi mano
por milímetros.
—No se trata de ir sin sexo como si fuera una adicta. Se trata de mí y
de Lautner, pero para ti se trata de ti y del sexo... con cualquiera.
—Golpe bajo, Sam —responde mientras oigo que se abre la puerta
principal.
Levanto mis cejas hacia ella.
—Tal vez, pero es cierto. ¿Estoy en lo correcto? —susurro mientras
Lautner se acerca a la cocina.
Avery pone los ojos en blanco.
—Lo que sea.
—Señoritas —repica Lautner mientras entra a la cocina.
Su sola presencia aumenta la temperatura de mi cuerpo unos
grados.
—Oye, ¿quieres encender la parrilla? Estamos a punto de terminar
con las brochetas.
Lo miro y tiene puestos sus pantalones cortos y una camiseta gris que,
una vez más, parece demasiado pequeña para sus brazos. Al diablo con
las brochetas, tomaré una segunda ración de Lautner y quedaré
completamente satisfecha.
Me guiña.
—Lo tienes.
Durante el almuerzo caemos en una conversación casual,
principalmente sobre Avery y lo mucho que ama a L.A. Lautner nos
pregunta sobre nuestro padre y sobre el estereotipo de la “hija del
predicador”. El resto de la tarde se pasa en o alrededor de la piscina.
Lautner y yo no podemos quitarnos las manos de encima, pero tratamos
de ser discretos para que Avery no se sienta incómoda. Para mi sorpresa y
decepción, Lautner me informa que tiene planes esta noche con algunos
amigos de la escuela. Nos extiende una invitación tanto para mí como
para Avery, pero cuando descubro que seríamos las únicas chicas,
declino... para gran decepción de Avery. Ella no está contenta, pero le
110

aseguro que tendremos una noche de chicas en su lugar y una vez más
está nuevamente a bordo.
Página
7
Son las dos de la mañana y me sobresalto de mi sueño. Avery y yo
estuvimos de bar en bar hasta después de medianoche. Ella se desmayó
en el taxi en el camino de regreso. Afortunadamente, el taxista me ayudó
a llevarla a la puerta. Estuve sola desde allí, así que actualmente está en el
sofá porque no había forma de que pudiera llevarla al dormitorio.
Me froto los ojos y vuelvo a escuchar el sonido que me despertó. Giro
a la derecha. Hay un golpeteo. Echo un vistazo detrás de la cortina.
Lautner está en mi ventana.
—¿Qué estás haciendo? —susurro, abriendo la ventana. Tengo la
cabeza pesada, todavía con un ligero zumbido por mi salida nocturna.
Entra y cierra la ventana. Me siento en el borde de la cama mientras
él se para frente a mí, pateando sus zapatos. Sus ojos codiciosos recorren
mi cuerpo. Agarro la sábana y la sostengo contra mi pecho con una
repentina conciencia de que mis pechos son tan fácilmente visibles a
través de mi delgado top.
—Tenía que verte. —Su voz es ronca y seductora.
Miro con los ojos muy abiertos mientras se quita la camiseta y los
pantalones cortos. ¡Buen señor! Sus calzoncillos son una carpa, no de esas
de una sola persona, sino más bien como una carpa para ocho personas
en la que puedes pararte en el medio. Y sus ojos... malditos ojos de
medusa... me están haciendo cosas malas. Aprieto mis piernas y me
retuerzo nerviosamente.
Cae de rodillas frente a mí y sonríe mientras tira de la sábana que
abrazo a mi pecho, un pecho que sube y baja en rápida sucesión por mi
pulso acelerado.
111

—¿Qué es esto? ¿Escondiendo algo?


Me humedezco los labios secos mientras tira la sábana. Su mirada se
Página

centra en mis piernas expuestas y mi parte superior translúcida.


—Eres sexy como la mierda, Sydney.
Creo que detecto alcohol en su aliento, pero podría ser mío. El
alcohol y Lautner son una mezcla embriagadora, así que no puedo pensar
con claridad ahora mismo.
Sus manos se deslizan por mis piernas desnudas, y sus dedos se
curvan en mis bragas, quitándolas.
—Acuéstate.
Trago saliva y retrocedo, manteniendo las rodillas unidas.
—Relájate, Syd —susurra. Agarrando mis pies, frota sus pulgares a lo
largo de mis empeines con una presión firme. Se siente tan bien. Mis
músculos se suavizan con su toque. Deja mis pies sobre sus hombros y
respiro profundamente. Las luces están apagadas pero la luz de la luna se
filtra a través de las sombras transparentes. Estoy completamente expuesta
a él, y es desconcertante y erótico al mismo tiempo. Su rostro una vez liso
tiene una barba incipiente mientras chupa y lame su camino hasta mi
muslo. Dios, amo y odio cómo me arregla tranquilamente. No quiero que
termine, pero necesito más de lo que me está dando. Mi núcleo está
húmedo y resbaladizo por su toque. Está tan cerca que puedo sentir su
cálido aliento. Me tenso cuando su nariz me roza y él inhala. Estoy
temblando con cada aliento desigual. Ahueca sus manos debajo de mis
rodillas y extiende mis piernas más abiertas. El aire frío en mi sexo expuesto
es reemplazado por su lengua.
—¡Aahh! —Gimo, arañando las sábanas.
Él se retira y presiona sus labios contra mi muslo interno. Siento su
sonrisa contra mi piel. Sabe lo que me hace, entonces lo hace de nuevo.
Esta vez mis caderas se sacuden de la cama, persiguiendo su toque
mientras se aleja.
—Lautner. —Un gemido se escapa de mí mientras mis manos
alcanzan su cabeza. Apretando su cabello, lo atraigo hacia mí. No se
detiene esta vez y perdida en el caos del éxtasis físico, es un rastro de
vergüenza que me venga tan rápido.
Él murmura y se mueve por mi cuerpo, llevándose mi top con él.
Levanto mis brazos y me desvanezco en su mirada mientras desliza mi top
sin mangas. Su gran mano palmea mi trasero, levantando y deslizando mi
cuerpo más hacia la cama. Ahuecando mi pecho, pasa su lengua sobre
mi pezón. Muevo mi pie hasta su cintura, meto el dedo en sus calzoncillos y
112

los empujo hacia abajo. Balanceándose sobre sus rodillas y un brazo,


empuja hacia el otro lado.
Página

—Bésame —le susurro.


Nuestras bocas se engranan. Lenguas explorando. Manos
acariciando. Me siento tan pequeña con su cuerpo grande y fuerte
flotando sobre el mío. Estoy excitada por la idea, pero también me siento
protegida y segura como si el mundo pudiera derrumbarse a nuestro
alrededor y pudiera sobrevivir en la seguridad de sus brazos.
—Sydney... —susurra mi nombre como una oración mientras su boca
se mueve sobre mi carne.
—No me hagas esperar. —Ahogada en la desesperación, lo alcanzo.
No me importa que su lengua experta me haya dado un orgasmo
increíble, ansiosamente quiero más.
Su boca se separa de mi piel y su mentón cae sobre su pecho
mientras lo acaricio. El único sonido que escucho es su aliento pesado
mientras sus caderas se mueven con lentas y deliberadas embestidas en mi
toque.
Sin previo aviso, vuelve a llevarme con él. Me siento a horcajadas
sobre su pelvis. Agarra mis caderas y me desliza hacia adelante y hacia
atrás sobre su longitud. Mis pesados ojos se cierran con la estimulación que
me acerca al límite otra vez.
Lautner clava sus dientes en su labio inferior, mirándome.
—Pon un condón —dice con voz ronca.
Estoy tentada de mirar alrededor de la habitación, pensando que
seguramente no me está hablando. La buena noticia es que no hay nadie
más en la habitación con nosotros. La mala noticia es que me está
hablando. Chupo mis labios y los muerdo juntos por un momento.
—Um... está bien. —Me alejo de él y me siento en el borde de la
cama. Sacando un condón de la caja, lo rasgo. Está mojado, lubricado,
supongo. Mis manos están temblando.
Es un maldito condón, Syd. ¡Simplemente ruédalo!
Lo vuelvo a deslizar en el paquete de papel de aluminio y lo coloco
en la mesita de noche. Lautner está haciendo fantasmas con sus dedos
sobre mi espalda.
—¿Lo tienes? —pregunta.
—Uh... sí, solo un segundo. —Saco las instrucciones pero la luz de la
luna no es suficiente para leerlas. Buscando mi teléfono, lo coloco entre mis
piernas e ilumino la pantalla para ver las instrucciones.
113

—¿Es ese tu teléfono?


Página

—Sí... eh... pensé que había recibido un mensaje. Solo un segundo.


1. Abra con cuidado el paquete, no use tijeras, dientes... bla, bla,
bla.
Bueno.
2. Asegurándose que el anillo rodante esté afuera, coloque el
condón en la cabeza del pene.
Bien.
3. Asegúrese de dejar espacio en la punta para el semen.
Buena idea.
4. Apriete suavemente la punta para evitar que el aire quede
atrapado dentro.
Esto no suena tan fácil como parece.
—Syd, ¿Qué estás...? —Lautner rueda hacia mí, trato de apresurarme
y meter las instrucciones en la caja—. ¿Qué...? ¿Estás leyendo las
instrucciones? —pregunta incrédulo.
—Sí... quiero decir, no. —Le arrebato el condón y me arrastro hacia la
cama. Él se recuesta con los brazos cruzados detrás de la cabeza. Siento su
sonrisa, pero no quiero arruinar el momento así que mantengo mis ojos
enfocados en lo que estoy haciendo. Después de rodar el condón con
éxito, no puedo evitar sonreír ante mi obra. Es el artista en mí.
—No está mal. —Se ríe entre dientes y salgo de mi ensoñación.
—¿Te estás riendo de mí otra vez? —Comienzo a alejarme de él, me
agarra de los brazos y me abraza a su pecho, nuestros rostros casi se tocan.
—Eres adorable —murmura.
Pongo los ojos en blanco.
—Los cachorros son adorables. Soy un desastre. ¿Cómo pasé de ser
"sexy como la mierda" a "adorable"?
Sus labios capturan los míos mientras sus manos se deslizan hacia mi
cabeza sosteniéndome cerca. Nuestros cuerpos cambian de nuevo. Estoy
sobre mi espalda y me está besando con renovada pasión. Con una suave
presión, levanta mi pierna y se hunde, llenándome un centímetro
agonizante a la vez. El profundo suspiro de aprecio que escucho de él se
mezcla con mis propios gemidos suaves. Se mueve en mí y siento que estoy
siendo transportada a otra dimensión. Es una sensación que solo he sentido
con Lautner, su cuerpo leyendo el mío, dándome lo que necesito sin
114

preguntar. No quiero que se detenga nunca.


Cuando encuentra su liberación, me muevo desesperada por
Página

encontrar la mía que está tan cerca pero fuera de mi alcance. Su cabeza
cae sobre mi hombro y mis uñas se clavan en su trasero mientras sus
movimientos se hacen más lentos.
—Te tengo —murmura con los labios rozando mi piel, mordisqueando
y chupando. Una pequeña presión de sus dedos rodeando mi clítoris y me
voy.
—¡Sí, oh, sí! —Jadeo.
***

La luz parpadea cuando mis ojos se abren. No me doy cuenta de la


hora y estoy confundida sobre por qué Swarley no me ha despertado. Lo
que sí sé es que me siento cálida, acogida y que tengo un ritmo relajante
en el oído. Estoy tendida sobre el pecho de Lautner y nunca me he sentido
tan en paz. Muy lentamente, inclino mi cabeza hacia arriba para ver su
rostro. Me encuentro con sus irises azules.
Me sonrie.
—Buenos días.
Sonrío
—Buenos días. ¿Cuánto tiempo has estado despierto?
—Un rato.
—¿Por qué no me despertaste?
—Porque me gusta la sensación de tu cuerpo sexy, pequeño y
desnudo sobre el mío. —Me aparta el cabello de los ojos—. Y luego está tu
largo cabello oscuro desplegado en todas direcciones. Pareces una diosa.
—Hmm, bueno, a mí también me gusta la sensación.
Las puntas de sus dedos rasguean a lo largo de mi espalda.
—Entonces, ¿Sam es tu apodo? ¿Por qué?
—Dr. Seuss, Huevos verdes y jamón. Es mi libro favorito... Soy Sam.
Lautner me hace cosquillas en los costados, haciéndome retorcer y
moverme.
—¡Mentirosa!
Me río.
—Está bien, está bien, son mis iníciales, Sydney Ann Montgomery.
115

Avery comenzó a llamarme Sam cuando tuvo la edad suficiente para


descubrir que mis iníciales son Sam. Mis amigos la oyeron llamarme así, por
Página

lo que después de un tiempo comenzaron a llamarme Sam también.


—¿Pero te gusta más Sydney? —pregunta.
Paso mis dedos sobre el fino bello de su pecho.
—Sí, era el segundo nombre de mi madre.
—Mmm. Sam y Sully. —Se ríe.
—¿Quién comenzó a llamarte Sully?
—Mi entrenador de fútbol americano en la universidad. Uno de los
linieros defensivos también tenía el apellido Sullivan, así que el coach y
todos los demás comenzaron a llamarme Sully. Incluso la prensa usó mi
apodo cuando me entrevistó.
—No voy a llamarte Sully. Me gusta Lautner.
Me aprieta contra él.
—También me gusta Sydney. —Suspira—. Así que la hija de un
predicador, bartender rebelde que fue jodida por su novio de la escuela
secundaria, ¿eh?
—Sí, qué estúpida. Él era mayor y yo pensaba que era Dios.
—¿Ah?
—Caminaba en el agua.
Lautner se ríe.
—Ahh...
—De todos modos, como sabes, gracias a la bocazas, le di todo y él
me dejó. Tenía que aprender la lección.
—¿La cual era?
—No te enamores.
—Auch, un poco extremo, ¿no crees?
—Tal vez algún día lo será, pero no por ahora. El sexo es sexo y el
amor es amor. No necesitas uno para tener el otro.
—¿Así que soy solo sexo?
Beso su pecho.
—No, eres un éxtasis, que está en una clase propia. Pero aún no
puedo amarte.
—Está bien. Solo diviértete sexualmente y vete al atardecer a fin de
116

mes.
—Oh, eso planeo. —Me río.
Página

—Pero hay un problema que creo que deberíamos abordar.


Lo miro de nuevo.
—¿Cómo qué?
—Tú falta de conocimiento profiláctico.
—¡Oh Dios mío! No puedo creer que lo estés mencionando. —Me
levanto de su cuerpo y lo golpeo en la cabeza con mi almohada y luego
me envuelvo con la sábana.
Está cacareando tanto que creo que lo escuché resoplar. La sonrisa
divertida en su rostro es diabólica. Espero ver cuernos emerger de su
cabeza.
—¡Basta, estúpido! El hecho de que seas demasiado perezoso para
ponerte tu maldito condón no significa que tengas que burlarte de mí. No
estamos hablando de poner tu camisa al revés. La aplicación incorrecta
podría resultar en un regalo de dieciocho años que no estoy pidiendo.
Él abraza mi almohada contra su pecho con esa misma sonrisa de
come mierda.
—Además, es típico de hombres descartar la importancia de leer
instrucciones para algo. Me gustaría verte insertar un tampón o un
diafragma en mí.
—Cristo, Sydney, soy doctor. Probablemente podría insertar tu
tampón o diafragma mejor que tú.
Me río y niego con la cabeza.
—Chico, he encontrado mi pareja. Cualquier otro tipo declararía la
derrota ante el tampón y el comentario del diafragma, pero tú no.
Arroja la almohada a un lado y me agarra, inmovilizándome bajo su
enorme cuerpo.
—¿Inclinarme ante un desafío? No hay manera en el infierno. Nunca
he conocido a alguien tan obstinada... —un beso en mi nariz—,
luchadora... —un beso en una mejilla—, competitiva... —un beso en mi otra
mejilla—, y jodidamente excitante como tú. —Un beso en mis labios que se
profundiza.
Girando a un lado con su boca aún presionada contra la mía, miro
el reloj. Son las 9:30 a.m.
—¡Santo cielo! —Empujo su pecho—. Swarley debe estar muriendo
de hambre. No puedo creer que no esté llorando en la puerta. —
117

Aparentemente, bebí anoche más de lo que pensaba. Usualmente no


cierro la puerta. Después de llevar a Avery al sofá, fui en piloto automático
para meterme en la cama.
Página
Saltando de la cama, me pongo la primera ropa que puedo
encontrar. Lautner disfruta del espectáculo con su pose de manos detrás
de su cabeza, es tan sexy. La sábana está baja en su cintura, pero no
cubre completamente su gran erección. O está excitado por nuestro beso
o se avergüenza de mí. Espero que sea lo primero.
—Voy a alimentar al perro callejero. Te veré en la cocina. —Abro la
puerta.
—¿Puedo usar las escaleras esta vez? —Reprende.
Pongo los ojos en blanco sin una respuesta.
***

Avery está boca abajo en el suelo frente al sofá, roncando. Increíble.


¿Es incluso físicamente posible roncar acostado sobre tu estómago?
Swarley está en el sofá, también roncando. Nota para mí: Avery más
Swarley equivale a dormir.
—¡Levántate y brilla! —grito, tirando de las cuerdas hacia las
persianas.
Swarley es un dálmata en un simulacro de incendio que salta del
sofá. Ojos abiertos. Orejas hacia atrás. Moviendo la cola.
—¿Qué... demonios? —gime Avery, rodándose sobre su espalda
mientras cubre sus ojos con su brazo.
—Voy a alimentar a Swarley y vas a levantarte y tomar una ducha.
Luego vas a llevar a Swarley a dar un paseo.
—¿Yo? Ese es tu trabajo. —Se queja Avery.
—Sí, bueno pagué la comida y la bebida que disfrutarás este fin de
semana, así que me lo debes.
Se tambalea sobre sus pies, aun entrecerrando los ojos.
—¿Qué vas a hacer?
—Lautner me va llevar a desayunar.
—¿Lo hará? —pregunta una voz ronca detrás de mí.
Al volverme, mis ojos son recibidos por mi sexy atleta vestido y
luciendo extremadamente delicioso con el cabello desordenado y labios
sensuales que han probado expertamente cada centímetro de mi cuerpo.
118

Me estiro sobre los dedos de los pies y acerco su cabeza a la mía. Empiezo
a tararear en su boca, y él acepta voluntariamente todo lo que ofrezco.
Página

—¿Ahem, hola? Estoy parada aquí —interrumpe Avery.


A regañadientes, despego mis labios de los de Lautner.
—Sí, me llevarás a desayunar. Creo que es hora de que reveles tu
pequeña panadería secreta.
—Entonces no sería un secreto. —Coloca mi cabello detrás de la
oreja en un gesto afectuoso.
Susurro en su oído—: ¿Adivina cuándo vamos a tener relaciones
sexuales otra vez?
—¿Cuándo? —Sus ojos se animan.
—Es un secreto. —Sonrío.
—Iré a tomar una ducha y volveré en treinta.
***

—Hola, culo gordo y brazos flácidos. Este lugar es ridículo. —Estoy


mirando cuatro grandes cajas de vidrio llenas de cada producto de
panadería imaginable: tartas, pasteles, galletas, empanadas, bollos
pegajosos, bollos, muffins, letras holandesas, buñuelos, galletes, y la lista
continúa.
—¿Qué vas a querer? —pregunta Lautner mientras la señora detrás
del mostrador nos sonríe.
—Galletas de cereza y almendra y un té chai con leche mediano.
—Que sean dos. —Agrega Lautner.
Encuentro una cabina mientras él paga.
—¿Qué hay, como más de cien opciones diferentes? Y tú eliges lo
mismo que te he traído durante toda la semana. —Pone nuestras bebidas
en la mesa y la dama trae nuestras galletas detrás de él.
—Gracias. —Sonrío a la dama.
Envolviendo mis manos alrededor de mi taza y soplando al subir el
vapor, me encojo de hombros.
—¿Por qué desechar algo bueno? ¿Por qué tomaste el té hoy?
Toma un sorbo del suyo.
—Pensé en ver de qué se trata todo ese alboroto. Cada vez que lo
bebes consigues ese aspecto seductoramente satisfecho.
119

Mis ojos se ensanchan.


—¿Lo hago?
Página

—Sí, es como porno de cafetería. Incluso ronroneas.


—¡Cállate! No lo hago.
Creo que sí... pero no es lo que estoy saboreando, es lo que estoy
imaginando.
Se ríe.
—Lo haces. Es adorable y caliente, todo al mismo tiempo.
Sin perder el tiempo, me sumerjo en mi galleta celestial.
—Entonces cuéntame sobre Caden.
Se limpia la boca.
—Jugamos fútbol juntos y era mi compañero de cuarto en la
universidad. Es ingeniero de software.
—¿No tiene novia? —Le pregunto, sabiendo que Avery estará al
acecho esta tarde.
—En realidad, estuvo comprometido durante unos seis meses y su
prometida lo terminó hace un par de meses. Ella quería regresar a
Oklahoma de donde era originalmente, pero Caden se negó a dejar
Brayden.
—Hmm, eso apesta. ¿Ya la superó?
—Supongo. Somos muchachos, no analizamos nuestros sentimientos
con una botella de vino y una caja de pañuelos.
—Sí, lo que sea chico duro. Solo les das regalos a las mujeres durante
su ciclo menstrual.
—¿Mujeres? No. —Golpea su pie contra el mío—. ¿A ti? Sí.
—Qué desperdicio. Podrías estar cortejando a tu futura esposa, pero
en cambio estás invirtiendo, sin duda, grandes gestos románticos, en una
relación que tiene fecha de vencimiento.
Se encoge de hombros y sorbe su bebida.
—Tal vez es por eso que lo estoy haciendo. Tal vez eres mi conejillo
de indias. Ya sabes, averiguar qué funciona y qué no. Luego, cuando
aparezca la chica adecuada, perfeccionaré el 'cortejo' y seré irresistible sin
esfuerzo, todo gracias a ti.
¡Jesús! Mírate en el espejo, jodidos ojos de Medusa. Ya eres irresistible
sin esfuerzo
Mi mirada titubea y la sonrisa que intento forzar decae. Me voy de
120

Palo Alto en veinte días. Entonces, ¿por qué estoy experimentando una
punzada de celos por Lautner al hablar de "la chica adecuada"?
Página
—Ya veo, bueno, de todos modos, la razón por la que pregunté por
Caden es porque Avery se va a lanzar sobre su trasero esta tarde. Ella es...
¿cómo decirlo? Coqueta y le gusta pasar un buen rato, pero una relación
comprometida no es realmente su fuerte en este momento, así que...
—Entonces... quieres que le advierta a Caden que ella no es material
matrimonial.
—¡Dios no! Eso no es lo que quiero decir, bueno, no exactamente.
Estoy segura de que ella será material matrimonial algún día. Ella solo tiene
otro depósito o dos de avena loca para sembrar.
Lautner se ríe.
—Gracias por la advertencia, pero en caso de que lo hayas
olvidado, he tenido experiencia de primera mano con tu hermana.
Además, Caden no está buscando una esposa de reemplazo. Creo que
va a estar un poco tímido ante el compromiso por un tiempo.
Asiento.
—¿Es este el verdadero motivo del desayuno? —pregunta.
—Parcialmente. —Tiro mi labio entre mis dientes con nerviosa
aprensión—. Y también necesito decirte que yo... eh... invité a Dane a la
fiesta en la piscina. —Mi rostro se arruga esperando su respuesta.
Se frota la barbilla y frunce los labios.
—El veterinario, ¿eh? No estoy realmente en ese tipo de trío, prefiero
dos chicas y una...
—¡Cállate! —Le pateo la espinilla.
—¡Ay! ¿Qué? —Se ríe—. Según recuerdo, ustedes dos estaban
tomados de la mano y se veían muy cómodos en el desayuno tardío.
Termino mi bebida.
—Sabía que estabas celoso esa mañana.
Su cabeza se mueve hacia atrás.
—¿Celoso? Tienes que estar bromeando. No me pongo celoso.
Me levanto y cepillo unas cuantas hebras de mi cabeza.
—Entonces, cuando te presenté, fue solo un producto de mi
imaginación que echaste hacia atrás los hombros e hinchaste tu pecho
como un maldito gallo antes de que estrechases su mano.
121

—No tengo idea de lo que estás hablando…


—Sí, sí... vamos. Tengo una fiesta en la piscina para la cual
Página

prepararme.
***

Son casi veinte seis grados centígrados con un cielo sin nubes.
Lautner y Caden sirven la parrilla, Avery mezcla salsas y limpia verduras
mientras preparo margaritas mezcladas y en las rocas. Luego, está Claire.
Ella es la "amiga" de Lautner de la escuela de medicina a la que decidió
invitar para igualar los números. También mencionó que habría un hombre
soltero, Dane, a quien le gustaría conocer. Mi veterinario favorito, cobarde
y totalmente torpe, aún no ha llegado, pero no estoy esperando la trampa
de Lautner.
La pequeña rubia de cabello ondulado de Claire, que no se ha
ofrecido a ayudar, está sentada junto a la piscina, a la sombra, con un
sombrero de ala ancha tan amplio que cualquier persona que se
encuentre a un radio de tres metros estará resguardada del sol… Lo que mi
sexy chico de la piscina aún no ha notado es la aversión de Claire hacia
Swarley. No creo que sea Swarley, creo que son los perros en general. Para
mi sorpresa, él ha estado en su mejor comportamiento hoy. Pero cuando
Claire llegó, él olió su mano y supongo que su nariz debió haberla tocado
porque inmediatamente fue al fregadero e hizo un buen lavado quirúrgico
de tres minutos. Luego hubo un espantar y ahuyentar. ¡Fuera perro... shoo,
ya, gran perro callejero! Ahora, lo admito, no fui la fanática número uno de
Swarley cuando llegué, pero mi reacción fue provocada, la de ella es
instintiva.
—¡Sam, abre la puerta! —gritó Avery por encima del sonido de la
licuadora. Enciendo el interruptor y abro la puerta.
—Hola, Dane, me alegro de que pudieras venir.
Él es la imagen de lo cool y casual con su camiseta, pantalones
cortos, gafas de sol y un cartón de cerveza embotellada en cada mano.
—Pensé que podía contribuir. —Hizo un gesto hacia la cerveza.
—Genial, las pondré en la nevera. Pasa.
Mientras me sigue a la cocina, mi curiosidad tiene los ojos muy
abiertos y espero ansiosamente a ver cómo se desarrollará todo esto.
Cuando Caden llegó una hora antes, Avery estuvo sobre él como Swarley
en la entrepierna de Dane. Caden parecía igualmente interesado en
Avery. Sin embargo, la llegada de Dane podría alterar la química de la
tarde. Avery es cualquier cosa excepto predecible. Podía ver a Dane y
122

decidir mantener sus opciones abiertas. El lema de citas de mi hermana es


"igualdad de oportunidades".
Página

Todo el mundo está afuera mientras guío a Dane por la cocina,


dejando allí su contribución de cerveza camino al patio.
—Oigan, todos, este es Dane Abbot. Dane, esta es mi hermana,
Avery.
Ella le ofrece su mano mientras está de pie cerca de Caden.
—Hola, Dane, encantada de conocerte. —Avery es amigable, pero
no divagante y risueña. Mmm interesante.
—Este es Caden —lo presenta Avery como si ella y Caden ya fueran
una pareja.
Él debe tener unos segundos de retraso porque Swarley ahora está
corriendo hacia Dane. Sonrío y entrecierro mis ojos. Entrepierna, recuerdas
la nariz. Nariz, definitivamente recuerdas la entrepierna. Dane debe
comprar sus artículos de tocador en una de esas tiendas especializadas
que ofrecen jabón perfumado con tocino.
—Y ya has conocido a Lautner —continúo.
Lautner asiente, pero no es un asentimiento poco amigable o celoso.
¡De ninguna manera, porque él no se pone celoso!
—Sí, creí reconocerte la semana pasada en el café. Soy un gran
admirador de Stanford y me encanta verte jugar, hombre.
La confesión de fanático por parte de Dane hace que Lautner se
relaje un poco.
—Gracias. Es loco que la gente aún me reconozca.
—No seas tan modesto, Sully. Podrías estar jugando para los 49ers...
¡hubieras sido seleccionado en la primera ronda, amigo! —Caden no tiene
reparos en cantar sus alabanzas a Lautner.
—Sí, lo que sea. —Lautner toma un sorbo de su cerveza.
La belleza temerosa del sol sube por las escaleras. Si gira la cabeza
demasiado rápido, su sombrero con forma de Saturno podría decapitar
aDane. Lo que es interesante, y lo ha sido desde que llegó, parece que
solo tiene ojos para Lautner.
—Ejem... —me aclaro la garganta.
Claire gira y salvo la vida de Dane por unos pocos centímetros.
—Dane, esta es Claire. Se graduó con Lautner.
Dane todavía está frotando la cabeza de Swarley con una mano,
pero le ofrece la otra a Claire.
123

—Un placer conocerte.


Claire ofrece una sacudida débil, solo con las yemas de los dedos.
Página

Como la mano de Dane ha estado en el perro infestado de gérmenes


tóxicos, estoy segura de que Claire se sentirá obligada a entrar y quitarse
otras tres capas de piel.
—Hola, soy la Dra. Brown —responde Clare.
Probablemente soy solo yo, pero estoy luchando contra el impulso
de estallar en carcajadas. ¿Dra. Brown? No pregunté cuál es su
especialidad, pero si se trata de gastroenterología, es posible que solo me
moje los pantalones.
Dane sonríe.
—Bueno, en ese caso, soy el Dr. Abbott.
¡Ay! Buen golpe.
Estoy viendo a Dane a través de una nueva luz, y él no solo actúa de
forma divertida. Realmente tiene un gran sentido del humor.
—¿Bebidas? —Salta Avery para salvar el accidente de tren que está
sucediendo frente a nosotros.
Voy a la cocina a buscar bebidas para todos y Lautner me sigue.
Agarrando mi cintura, me atrae hacia él. Llevo mis manos hasta la parte
posterior de su camisa para tocar los músculos definidos que he llegado a
conocer tan íntimamente.
—¿Te he dicho lo sexy que te ves hoy? —Su voz es baja y cruda.
Estoy usando el infame bikini negro de nuestra excursión de surf y una
falda de vuelo rosa. Sonriendo, sacudo la cabeza. Él no pierde el tiempo
mostrándome. Lanzo un gemido de agradecimiento mientras sus labios
consumen los míos y nuestras lenguas se deslizan juntas. Mi pulso se
acelera. Sus dedos se sumergen debajo de mi bikini, curvándose en mi
culo.
—Bebidas —le recuerdo sin aliento.
Se muerde el labio y mira por la ventana, ajustándose discretamente.
—¡Dios! Ya me tienes duro.
Regreso mi atención a llenar las copas de margarita, sacudo la
cabeza.
—Lo hiciste todo por tu cuenta, amigo. No me culpes.
Agarra algunas botellas de cerveza de la nevera.
—Dane fue un poco idiota con Claire.
124

—¿Qué? —giro para mirarlo—. ¿Acabas de aparecer de algún


universo alternativo? Porque si hubieras estado aquí hace cinco minutos
Página

habrías presenciado lo que hicieron todos los demás. La Dra. Brown se


portó completamente engreída y pretenciosa con un tipo realmente
agradable.
—Oh, entonces ¿ahora Dane es un tipo realmente agradable? ¿Qué
me hace eso? ¿Un idiota?
—Basta, señor yo-no-soy-celoso, te estás perdiendo mi punto.
—¿El cuál es?
Tiro las manos al aire y gruño de frustración.
—Invitaste a una chica que claramente está aquí por ti, no para
Dane. En sus palabras, ella ha estado “tirándote ojo” durante la última
hora. Y obviamente no es una persona de perros. ¿Hola? ¿Por qué
intentarías poner a tu amiga que odia a los perros con un veterinario?
—No es justo. Swarley puede ser un poco dominante...
—¡No hables mierda! Swarley ha estado en su mejor comportamiento
hoy y lo sabes. —Aprieto los dientes mientras empujo su pecho con mi
dedo.
—¿Está... todo bien aquí? —pregunta Avery abriendo la puerta—.
Pensé que ustedes dos traerían las bebidas.
—Lo estamos —respondo con una ira residual que no es para Avery.
Coloco las bebidas en una bandeja y paso junto a Lautner sin mirarlo
a los ojos.
Avery reparte las bebidas mientras Dane y Caden sacan todo de la
parrilla. Lautner sigue con las botellas de cerveza, pero lo ignoro. Todos
encuentran un asiento alrededor de la mesa. Estoy convenientemente
sentada entre Lautner y Dane, pero Claire elige tomar el otro asiento junto
a Lautner en lugar de sentarse junto a Dane. De acuerdo con el patrón
niño-niña, Caden se sienta entre Claire y Avery, que está al lado de Dane.
Avery y Caden entablan con éxito una conversación con la Dra.
Brown, conversación sobre ella, por supuesto. Resultó que su especialidad
es la anestesiología. Supongo que la Dra. Brown no será el blanco de mis
bromas después de todo. Lautner se une, compartiendo su próximo
programa de residencia, que comienza en dos días. Dane decide
comenzar su propia conversación conmigo. Hablamos de Swarley, sus
perros e incluso su nueva ruta para correr.
Lautner logra ignorarme toda la comida, no es que esté compitiendo
por su atención. Dane se recuesta en su silla y bebe una cerveza con una
125

mano mientras la otra descansa tranquilamente en el respaldo de mi silla.


—Tengo boletos de temporada para los Gigantes. ¿Eres fanática del
Página

béisbol? —pregunta Dane.


Oficialmente tenemos la atención de Lautner ahora. Se da vuelta y
se enfoca en la mano de Dane apoyada en mi silla.
—Sí, Syd, ¿eres fanática del béisbol? —La mano de Lautner descansa
sobre mi pierna, dándole un suave apretón. Sus ojos se abren y su boca se
acomoda en una sonrisa desafiante.
Los ojos de Dane se posan en la mano posesiva de Lautner, y retira su
brazo del respaldo de mi silla.
—Por supuesto. Me gusta el béisbol. —Frunzo el ceño a Lautner y me
vuelvo a Dane—. Pero a Avery también. Estaría muy celosa si me llevaras a
un juego.
—¡Jodidamente cierto! —dice Avery entrometiéndose.
—Oh... bueno, tal vez ustedes dos podrían tomar mis boletos y ver un
juego esta semana.
—¡Wut, Wut! Gracias, Dane. —Rebota Avery en su silla, aplaudiendo.
Niego con la cabeza.
—Sí, gracias. Eso es muy amable de tu parte.
Dane toma otro trago de su cerveza y asiente. Estoy segura de que
no anticipó que su propuesta para una cita conmigo se convirtiera en una
donación de entradas para un día de chicas.
—Sí, muy amable de su parte, Dr. Dane —agrega Lautner con una
sonrisa satisfecha.
Empujo su mano y le lanzo una mirada de muerte. De pie, agarro los
platos vacíos y los llevo a la cocina. Para mi completa sorpresa, la Dra.
Brown me sigue con el resto de los platos.
—Gracias. —Sonrío y se los quito.
—Entonces... Lautner me dice que solo estarás en la ciudad hasta fin
de mes.
—Correcto. —Coloco los platos en el lavavajillas.
—¿Entonces sería correcto asumir que lo que está pasando entre
ustedes dos es... temporal?
Obviamente, su intento de trabajo doméstico fue solo una fachada
para estar a solas conmigo.
—¿Por qué preguntas?
126

Ella mira hacia afuera y luego se acerca a mí.


Página
—Lautner es mi amigo y ambos hemos trabajado muy duro para
llegar a donde estamos. Él tiene tres años muy exigentes por delante y
odiaría verlo distraerse.
Cerrando la puerta del lavavajillas, me recuesto contra el mostrador
y cruzo mis brazos sobre mi pecho.
—Distraído o tomado.
—¿Disculpa? —Su voz se eleva algunas muescas mientras su postura
se pone rígida.
Tocan la puerta francesa. Avery está sosteniendo su vaso vacío.
Asiento y tomo el jarro de margarita.
—No se preocupe, doctora. Estaré fuera de su camino en un par de
semanas. —La dejo en la cocina y salgo.
—¿Qué pasa con Claire? —pregunta Avery mientras lleno su vaso.
—Está preocupada porque esté invadiendo su territorio.
—Oh, ¿pelea de gatas?
—Difícilmente, Ave, ella no vale la pena la energía. —Agarro mi
bebida y reclamo mi sillón junto a Swarley.
Los tres chicos están en la piscina. Han extendido la red y están
jugando voleibol acuático. Por supuesto, el Dr. Semental está solo.
Probablemente tomaría tanto a Caden como a Dane para vencerlo.
—Vamos chicas. Vengan. Pongan sus culos aquí —grita Caden.
Avery tiene mucho entusiasmo, así que salta sin titubear.
—Vamos, Sam —grita.
—Estoy bien. Además, si Claire no juega, será desigual.
—Estoy dentro. —Escucho a Claire llamar mientras se dirige a su sillón
en el lado opuesto de la piscina—. Solo necesito un poco de protector
solar en mi espalda. ¿Te importaría, Lautner?
Él me mira, pero desvío los ojos. Me rehúso a darle la satisfacción de
reconocer que escuché lo que ella acaba de preguntar. En cambio,
agarro la cerveza al lado de mi silla y empiezo a tragarla. No estoy segura
de quién es, tal vez de Dane, pero no me importa.
—Sydney Ann Montgomery, pon tu trasero en la piscina —vuelve a
llamar Avery.
127

Me quito la falda y ajusto mi top. El aumento de alcohol de las


margaritas y la cerveza me recompensa con mi propio entusiasmo. Recojo
Página

mi cabello en una cola de caballo y me lanzo en una bala de cañón a la


piscina. Cuando salgo a la superficie, Dane sonríe y Caden y Avery se ríen
al unísono.
—Sam es un pez. —Niega Avery con la cabeza.
—¿Chicos contra chicas? —pregunta Caden.
—Eso no será justo —llama Lautner. Está frotando crema solar en la
espalda de Claire. Recuerdo cuando lo frotó en la mía en la playa, pero el
pensamiento solo me molesta ahora. Estoy enojada porque lo está
haciendo, y estoy enojada porque estoy enojada.
—Lautner tiene razón. Lo último que esta fiesta necesita son tres egos
masculinos magullados. Que es exactamente lo que tendremos después
de que las chicas pateen sus arrogantes traseros masculinos. —
Básicamente me estoy hablando a mí y a Avery porque no estoy segura de
si la Srta. SPF 100 incluso pueda pisar agua.
—¡Acepto! —dice Caden, nadando al otro lado de la red. Dane se
encoge de hombros y sigue a Caden.
—¡Hagamos esto, perras! —grito, sintiéndome un poco más que
achispada.
—Ah, me encanta Sam borracha. Es muy divertida cuando se pone
a hablar como marinero —grita Avery borracha.
No estoy borracha —todavía— pero si Lautner no quita sus jodidas
manos de la niña albina, estaré chupando tequila directamente.
De acuerdo, podría estar un poco borracha.
***

Una zurra, paliza y humillación despiadada resume este juego. Como


se predijo, Claire no ha sido de ayuda. Incluso aplaude a Lautner cada vez
que marca contra nosotras. Dane, mi único y verdadero aliado, tiene que
irse porque recibió una llamada sobre un caniche que se metió en una
bolsa de chocolate. Claire se ha quedado una hora más desde que
Lautner aplicó amablemente otra capa de protector solar después de que
todos salimos de la piscina. Ella me hizo saber que alquila el apartamento
encima de Lautner. Entonces, mientras la acompaña a la puerta, imagino
que ella le recuerda su toque de queda y evitar cualquier distracción que
le impida dormir bien.
—¿Dónde está Lautner? —pregunta Avery, pareciendo muy
128

cómoda sentada en el regazo de Caden.


Tomo un largo trago de cerveza.
Página
—Está despi—diéndose de la Doc—tora Perra... me refiero a Brown.
—Me río. Caliente por demasiado alcohol, me resulta difícil pensar antes
de hablar.
—Claire es solo una amiga —habla Caden en defensa de Lautner sin
dudar.
—Amiga. —Pronuncio la palabra como si la estuviera probando. Mis
ojos están cerrados y estoy absorbiendo el final del sol de la tarde—. Sí,
parecían muy amistosos.
—¿Quiénes parecían muy amistosos? —La voz de Lautner se
amortigua a través de mi cabeza difusa.
—Nadie —ofrece Caden una respuesta rápida.
—Sydney está borracha. No sabe de lo que está hablando.
—Yo… no estoy borracha. T—tú…uu estás borracha, Ave.
—No he tenido alcohol en las últimas dos horas, Hermana mayor...
eres toda tú. Lamentablemente, estás sola. Caden me invitó a salir esta
noche. —Mueve su boca hacia mi oído—. No me esperes —susurra.
Demonios, apenas puedo mantener los ojos abiertos ahora. No creo
que deba preocuparse de que la esté esperando.

129
Página
8
—¡Ay! —Mi cabeza me está matando y también la estúpida luz que
se filtra desde esas malditas cortinas transparentes. Estoy tumbada boca
abajo. Alejando mi cabello de mi rostro, entrecierro los ojos al reloj. 6:05
a.m. Intento moverme pero mis piernas se sienten como plomo.
—Swarley. —Toso a través de mi boca de algodón, dándome cuenta
que está acostado en mis piernas. Salta de la cama y pasa por sus
estiramientos de yoga de la mañana. Por mucho que no quiera, tengo que
levantarme. Por extraño que parezca, me siento deshidratada y, sin
embargo, mi vejiga está lista para estallar. Hago una mueca mientras me
siento y balanceo mis piernas desde el borde de la cama. Qué
demo... Estoy desnuda. A pesar de mi rígido cuello, giro mi cabeza. Lautner
está durmiendo de espaldas con las manos apoyadas en su pecho
desnudo y una pierna en la parte exterior de las sábanas.
Debimos haber tenido sexo anoche, pero no puedo recordarlo. Dios,
eso no pudo haber sido bueno. O tal vez fue bueno. Es posible que sea
bastante tonta en mi estado de ebriedad. Se ve tranquilo, tal vez
incluso... satisfecho. Sonrío hasta que me pongo de pie con un gemido
reprimido. Mis dedos rodean mis sienes con una presión firme para aliviar el
latido en mi cabeza y evitar que explote.
Después de aliviarme y lavarme las manos, bajo la cabeza hasta el
grifo y sorbo un trago tras otro de agua fría. La sensación relajante se siente
como el cielo y con suerte también lo harán dos Advil antes que pase
demasiado tiempo. Mi boca todavía sabe a culo. ¡Asco! Agarrando mi
cepillo de dientes, rocío un mamut de crema dental sobre las cerdas
gastadas y me limpio la boca.
Swarley ha reclamado mi lugar en la cama.
130

—Muévete —susurro. Él esconde su hocico debajo de mi almohada y


suspira—. ¡Ahora, Swarley, muévete! —Le doy un pequeño empujón y
Página

gruñe sin mirarme—. ¡Estúpido perro callejero!


Hay otras tres camas y dos sofás, pero quiero estar al lado de Lautner
cuando se despierte. Después de lo que probablemente fue un sexo
bastante aventurero anoche, no tengo dudas de que querrá despertarse
junto a su Sexy Sydney. Es una cama tamaño king y mientras mi montón
masivo de músculos calientes y sexys ocupan su mitad, Swarley está
enrollado cerca del borde, dejándome un lindo bolsillo para deslizarme
entre los dos. Muevo mi desnudez bajo las sábanas, resistiendo el impulso
de golpear el culo K-9 de Swarley en el suelo. Chupando mi labio inferior
entre mis dientes, levanto las mantas con sigilo para echar un vistazo a
Lautner, todo él. Para mi sorpresa, está usando un par de pantalones
cortos para correr, aunque bien levantado.
De repente, me siento un poco mal vestida. Me aprieto sobre los
codos para salir, pero no antes que las largas pestañas de Lautner se
revuelvan revelando los irises azules que siempre paralizan mi cuerpo y
succionan mis pensamientos. Deslizándome hacia atrás bajo las sábanas
para ocultar mis pechos, renuncio a una tímida sonrisa.
—Buenos días —vibra su voz ronca.
Ruedo para mirarlo, doblo mi codo y sostengo mi cabeza sobre mi
mano mientras agarro la sábana de mi pecho.
—Buenos días.
Apretando los puños, estira los brazos sobre su cabeza y bosteza. Mis
labios se separan y mi lengua traza mi labio inferior mientras veo sus
músculos flexionarse y ondularse con cada movimiento.
—Esa fue toda una noche, ¿eh? —sonríe.
¡Lo sabía! Mis piernas se presionan juntas mientras intento recordar lo
que sucedió anoche. Su sonrisa lo dice todo. Yo fui una diosa del sexo
desinhibida. Ahora, el único inconveniente es que tengo algo espectacular
que cumplir, pero no recuerdo qué. Recorro sus abdominales con la punta
de mis dedos.
—Sí, lo fue —ronroneo seductoramente.
Levanta una sola ceja y se gira sobre su costado reflejándome.
—Digamos que espero que por nuestro bien no vuelva a suceder
pronto.
¡Qué!
Retiro mi mano de él como si me hubiera quemado.
131

—¿Qué parte no te gustó?


Sus ojos se duplicaron.
Página

—Uh... básicamente todo.


Estoy sorprendida, solo sin palabras.
Él sonríe un poco.
—Bueno, excepto por el striptease. Eso fue entretenido.
Quiero arrojar las sábanas sobre mi cabeza y desintegrarme en las
profundidades del infierno de la humillación.
—¿Estaba tan mal? —Mi voz es débil y mis palabras son lentas e
incrédulas.
—Malo es un eufemismo. Me sentí aliviado cuando finalmente te
desmayaste. Honestamente, lo sentí mucho por ti. Si hubieras estado en tu
sano juicio, estoy seguro de que hubieras estado avergonzada.
Él se acerca y aparta algunos mechones de cabello de mi cara.
—No quiero que te preocupes por eso. Después del striptease las
cosas se pusieron un poco desordenadas, pero luego te desmayaste y te
quité la ropa e hice lo que tenía que hacer.
No puedo creer que él esté diciendo esto. Es cierto que he tenido
algo de sexo malo en mi vida, pero nunca castigaría a alguien siendo tan
degradante. ¿Y qué tipo de bastardo enfermo se sale con la suya con una
persona inconsciente?
—Creo que deberías irte —digo con emoción monótona.
—¿Qué? ¿Por qué? —Lautner echa la cabeza hacia atrás.
—¿Por qué? ¿Realmente tienes que preguntarme eso? —Me siento,
trayendo la sábana conmigo. Swarley debe sentir la tensión porque salta y
sale de la habitación.
»Tal vez has estado cerca de demasiados cadáveres o alguna
mierda extraña como esa, pero de donde vengo, tener sexo con una
persona inconsciente sería considerado una violación.
Mi corazón está trabajando una maratón en mi pecho y mi sangre
está corriendo por mis venas, pero el bastardo enfermo que yace a mi
lado tiene la audacia de reírse.
—Oh Dios, Sydney. —Se ríe, doblando la cintura de la manera en que
lo hacía cuando estábamos en la playa.
Me deslizo hacia el lugar cálido donde Swarley había estado, tirando
de más cobertores y aumentando la distancia entre nosotros. Estoy
consternada porque él piense que esto es muy gracioso.
132

—Oh cielos, Syd, no tuvimos sexo. Después de tu pequeño intento de


striptease, vomitaste sobre ti y te desmayaste. Tuve que sacarte el resto de
Página
la ropa y darte un baño. Luego, después que te metí en la cama, tuve que
limpiar el resto de tu desastre y tomar una ducha.
Querido Dios, me siento como una completa idiota. Conozco a
Lautner desde hace once días y ha visto lo peor de mí en más de una
forma.
Niego con la cabeza.
—¿Por qué harías eso? Quiero decir, en serio, ¿qué haces aquí? La
mayoría de los chicos correrían hacia las colinas. ¿Me conoces dos
segundos y estás limpiando mi vómito y metiéndome en la cama? —
Muevo la sábana gesticulando hacia mi cuerpo—. Aunque desnuda. —
Levanto mi frente hacia él y sonríe.
Con un movimiento rápido e inesperado, me agarra de la cintura y
me tira hacia abajo sobre mi espalda, perdiendo la sábana en el camino.
Se cierne sobre mí, apoyando sus antebrazos a cada lado de mis hombros.
—No soy la mayoría de los chicos, Sydney y tú... —Suspira mientras
niega con la cabeza, pero no continúa.
—Lo siento —le susurro.
Frota su nariz contra la mía.
—¿Por qué?
—Todo... beber demasiado, vomitar en todas partes, dejarte con un
desastre para limpiar, y luego acusarte de...
Sonríe y se inclina para besar a lo largo de mi cuello.
—¿Violar tu cuerpo inconsciente? —Murmura sobre mi piel.
Entrelazo mis dedos en su cabello y cierro los ojos cuando su toque
me abrasa la piel.
—Sí, eso.
Su boca encuentra la mía. Nuestras lenguas se deslizan
perezosamente juntas con suaves golpes. Su torso se hunde lo suficiente
como para que mis pezones broten bajo la excitación de su piel. Gimo y
deslizo mis manos sobre sus hombros y su espalda, doblando mis dedos en
su firme carne. Él cambia su cuerpo para que esté acunado entre mis
piernas. Doblo mis rodillas y relajo mis piernas para acomodarlo. El beso se
profundiza. Me hunde la lengua en la boca mientras, al mismo tiempo,
menea las caderas, lo que permite que su erección, dura como una roca,
133

presione justo donde la necesito. Gimo y muevo las caderas, maldiciendo


en silencio sus malditos pantalones cortos para correr.
Página

—Quítate los pantalones. —Rompo nuestro beso.


Desliza sus manos sobre mis caderas, a lo largo de mis costillas y
sobre mis pechos. Trabajando mis pezones entre sus dedos, arrastra su
lengua a lo largo de mi mandíbula hasta mi oreja donde roza sus dientes
sobre el lóbulo de mi oreja.
—No hay tiempo para sexo. Tengo que irme —susurra en mi oído.
—¿Qué? —Mi voz es un gemido patético y desesperado. Clavo las
uñas en su espalda, amenazando con sacar sangre.
Su cuerpo vibra con su sonrisa. Agarrando mis brazos, aparta mis
uñas de su espalda y las clava sobre mi cabeza. Muevo las caderas,
tentándolo a que se quede, pero mece su pelvis firmemente contra la mía,
deteniendo mis movimientos. Sus irises azules brillan y su sonrisa arrogante
se burla de mí.
—Nada me encantaría más que consumir cada centímetro de tu
sexy cuerpo hasta que estés gritando por misericordia... pero tengo que
irme.
¡Mierda! ¿Gritando por misericordia?
Estoy completamente agotada y mi pecho trabaja horas extras para
traer el oxígeno que tanto necesita. Mi núcleo se está derritiendo por su
vara de acero encajada en el vértice de mis muslos.
—¿A… A dónde vas? —Mantiene mi cuerpo desnudo clavado en la
cama debajo de su marco deliciosamente sólido como una roca. Él ha
asaltado mi boca con su lengua experta, empujó sus caderas en mi cálido
y resbaladizo sexo y estimuló mis pezones en picos firmes erectos... ¿Pero
tiene que irse? ¡El infierno!
Su boca cae sobre la mía y muerde mi labio inferior tirando de él
entre sus dientes con un lento arrastre.
—No hagas pucheros. Te lo compensaré más tarde.
Apenas parpadeo y él está fuera de la cama poniéndose la camisa.
Mirando mi cuerpo desnudo, agarro las sábanas y las arrastro sobre mí,
pero él las aparta y sacude su cabeza en señal de advertencia.
—Tengo diecinueve días para mirar tu cuerpo sexy y alucinante.
Puedes taparlo en julio. —Sonríe y entra al baño.
—¡Hum! —Me arrastro fuera de la cama y lo sigo.
Él se mira en el espejo con vanidad, jugando con su cabello, lo cual
es una broma porque hace un desorden sexy. Presiono mi pecho desnudo
134

contra su espalda, serpenteando mis manos alrededor de él y


deslizándolas debajo de su camisa.
Página

—¿No puedo hacerte cambiar de opinión?


Se ríe y se da vuelta para dejar que sus ojos acaricien mi cuerpo
desnudo como un suave pincel que fluye sobre el lienzo. Me siento
cómoda con mi piel, pero por lo general no hasta el punto de dejar que
alguien mire tranquilamente mi figura desnuda. Pero Lautner me hace
sentir hermosa. No es lujuria, es más. Lo reconozco. Es la forma en que veo
una obra de arte y veo algo que nadie más hace.
Me atrae hacia él y desliza sus grandes manos por mi espalda y por
la suave curva de mi culo.
—Indiscutiblemente, podrías hacerme cambiar de opinión. Esa es
exactamente la razón por la que tengo que salir de aquí. —Levanta mi
cabello de mis pechos y lo empuja hacia atrás sobre mis hombros—.
Mmm... mmm... mmm. —murmura meneando la cabeza—, tú y tu largo,
oscuro, sexy cabello de diosa cayendo en cascada sobre tu piel
impecable. Dios, tengo que salir de aquí. —Se inclina y roza sus labios con
los míos—. Te veré más tarde, mi diosa seductora. —Sale y me deja
desanimada y mareada.
Me libero de su hechizo cautivador, agarro mi bata y lo persigo. Está
en la puerta de entrada poniéndose los zapatos y hablando con Swarley
cuando llego al final de las escaleras.
—Nunca dijiste adónde vas... ¿y cómo me comunicaré contigo?
Levanta la mirada hacia mí y me da una sonrisa irresistible.
—Voy a salir un rato con mi padre en treinta minutos. Es su
cumpleaños. —Al abrir la puerta, guiña un ojo—. Estoy en tu teléfono,
hermosa. Nos vemos luego.
***

Caminar con Swarley y escuchar a Avery compartir cada detalle de


su noche con Caden me ha hecho olvidar al Dr. Sexy y su presencia que
distrae en mi vida. Estoy desconcentrada. Tan loco y demente como
suena, necesitaba un Lautner para el tipo retorcido que sin escrúpulos se
aprovechó de mí en mi estado alterado anoche. Tengo veintitrés años y
trabajo para mi futuro, mis sueños. Quiero matrimonio e hijos, pero no por
una década más o menos. Lo peor que me puede pasar sería encontrar al
tipo correcto en el momento equivocado. Me gusta Lautner... mucho, tal
vez demasiado. Esto es preocupante.
—¿Cuál es tu problema, Sam? —pregunta Avery, bajando sus gafas
135

de sol para poder mirar por encima de los marcos.


Me desplomo sobre mi estómago y desabrocho mi parte superior
Página

para equilibrar mi bronceado por la tarde.


—No te estoy siguiendo.
—Acabo de pasar la última hora charlando sobre Caden y el club
de baile al que me llevó y el restaurante increíblemente caro, y el sexo
grandisos que tuvimos, sin embargo, no me has dado el discurso de la
hermana mayor. ¿Qué sucede?
Bizqueando hacia ella, me encojo de hombros.
—Quizás he renunciado a ti. Demonios, has dormido con la mitad de
L.A., era solo cuestión de tiempo antes de aventurarte en un nuevo
territorio. —Me río porque sé lo que viene.
—¡Perra! —Trata de ofenderse pero sabe que es inútil para mí.
—Te vas en unos días y Caden lo sabe. Entonces, si ambos están bien
con... el sexo recreativo, ¿entonces quién soy yo para juzgar?
Se ríe.
—Sí, especialmente después del pequeño espectáculo de anoche.
Me empujo hacia arriba en mis antebrazos.
—¿A qué te refieres exactamente? No estuviste aquí anoche.
—Lautner llamó a Caden porque necesitaba preguntarme sobre
alimentar a Swarley. Le pregunté cómo te estaba yendo y me dijo que
estabas inconsciente, pero que antes lo habías regañado por frotar las
manos sobre la Dra. Promiscua.
—¿Qué? —Salto a una posición sentada, atando mi parte superior
de nuevo—. ¡No!
—Bueno, no estuve aquí para presenciarlo por mí misma, pero le
creo porque antes de que nos fuéramos, estabas ebria y celosa. ¿Por qué
crees que estabas tan borracha?
—¡Oh Dios! —Mi cabeza cae en mis manos.
—Lo tienes mal, hermana. Lautner podría ser un factor decisivo.
Alzando mi cabeza hacia atrás la agito.
—De ninguna manera. Es divertido y bueno en la cama. —¡Es un
genio del sexo!—. Pero no es un factor decisivo. Un desastre natural
catastrófico o un accidente automovilístico dejándome en un estado
vegetativo es un factor decisivo. Ningún hombre será un factor decisivo.
—Mmm hmm —murmura.
136

Entrecierro los ojos y resoplo, caminando hacia la casa.


***
Página
Son las 6:00 p.m. y Avery se ha ido con Caden de nuevo. Me
sorprende que todavía no haya tenido noticias de Lautner, y me estoy
regañando internamente incluso por preocuparme. Después de jugar con
mi computadora y hojear los canales, agarro mi teléfono y veo si
realmente está en mis contactos. Sí, está. Lautner Sullivan. Tengo su número
de teléfono, dirección y correo electrónico. Obviamente se metió con mi
teléfono después de bañarme y ponerme en la cama, desnuda. ¿Me
pregunto qué más hizo el perro fisgón?
Pongo mi teléfono en el mostrador y lo miro fijamente.
—Solo llámalo, no es gran cosa. No, espera a que llame si realmente
no es gran cosa. O simplemente ingrésate al instituto mental más cercano
porque estás hablando malditamente sola. ¡Arg! —grito y paso mis dedos
por mi cabello. Esto es loco. Incluso cuando mi imbécil novio me arrancó la
guinda y corrí con ella, no me preocupó tanto como por esta estúpida
llamada telefónica—. ¡Hazlo! —Lo llamo y cuando suena me siento
increíblemente nerviosa. Su boca ha explorado cada centímetro de mi
cuerpo desnudo. Entonces, ¿por qué estoy literalmente temblando con el
teléfono sosteniéndose en la oreja?
—¿Hola? —Su voz es grogui.
—Hola, eh, ¿te desperté? —Mi dedo está trabajando un giro nervioso
en mi cabello.
—Sí, pero necesito levantarme. —Se aclara la garganta y le da
fuerza a su voz.
—Por Dios, lo siento, ¿eh, día largo?
Se ríe.
—Larga noche con una chica borracha y una mañana de golf con
mi papá seguido de un almuerzo en la casa club.
—Sí, sobre anoche... me ha llamado la atención que quizás estuve
un poco fuera de línea con algunas cosas que hice y dije...
—¿De verdad? Como…
No puedo creer que vaya a hacer que lo diga. Él es tan frustrante. En
un momento está limpiando a la chica borracha, mostrando su lado
amable, y al siguiente está tratando de humillarme. De acuerdo, hago un
muy buen trabajo de prepararme para eso.
—Apesta beber demasiado para empezar, y luego dar la impresión
137

de que estaba... celosa de Claire o de la Dra. Brown.


—¿Te refieres a la Dra. Promiscua?
Página

¡Mierda!
—Sí, quiero decir, no, no es la Dra. Promiscua. No recuerdo haberla
llamado así, pero si lo hubiera hecho, lo siento. No quise decirlo. —Puede
que lo haya dicho en serio.
—No te preocupes, Syd. Creo que eres adorable cuando te pones
celosa.
—¡No estaba celosa! —grito con voz aguda.
—Uh... tu striptease se tituló “Donde las manos de Lautner nunca
volverán a estar si no las mantiene alejadas de la Dra. Promiscua”.
Mátame ahora y nunca me dejen pasar otra gota de alcohol por mis
labios.
—Entonces, ¿cómo estuvo el golf?
Lautner se ríe.
—Supongo que hemos terminado de hablar de anoche.
—No tiene sentido porque es tu palabra contra la mía, a menos que
Swarley se haga con todos los Bush Beans Duke.
—Dios, eres otra cosa. Entonces, ¿por qué llamaste?
—Oh... solo para...
—Solo estoy soltando mierda. Sé por qué llamaste.
¿Lo hace? Yo no estoy del todo segura de saber por qué llamé,
¿cómo puede saberlo?
—¿Lo haces?
—Te dejé en un desastre caliente esta mañana y necesitas que te
sirva. —Su voz gotea de confianza o muy probablemente de arrogancia.
—¿Qué? No, eso no es... um…
—Lo siento, nena. No me di cuenta cuán herida estarías ahora.
Maldita sea, ni siquiera puedes formar un pensamiento coherente.
Desnúdate, te veré en diez.
—Lau…
¡Me colgó!
***
138

—Oye. —Contemplo la puerta con una sonrisa tonta.


Los azules ojos de Lautner escanean mi cuerpo.
Página

—Debo llegar temprano. —Cruza los brazos sobre el pecho.


Me giro y camino hacia la cocina, oigo cómo se cierra la puerta
detrás de mí.
—Que quieres decir…
Estoy en sus brazos y el aire de mis pulmones se libera con un chillido
mientras sube las escaleras de dos en dos.
—¡Lautner! —Lloro.
Me arroja sobre la cama y se quita la camisa.
—Desnuda... ¿corté mi teléfono?
Niego con la cabeza, bebiendo toda la extensión de su pecho
rasgado y abdominales.
—¿Viniste aquí por sexo? —pregunto en voz baja.
Deja caer sus pantalones cortos y excitación rebota en libertad. Mis
ojos se abren y jadeo. ¡Dulce Jesús! Vino aquí estilo comando. Estoy
paralizada pero no por mucho tiempo. Él me agarra de los tobillos y me
arrastra hasta el pie de la cama tirando de mí y apresurándome con la
parte superior.
—Vine aquí por ti. Pero seamos honestos, has estado pensando en
esto todo el día.
Me tiene desnuda y sus frenéticos movimientos se detienen. Irises
azules líquidos fluyen sobre mí. Se para frente a mí, cada músculo
perfectamente cincelado, cada centímetro de él sólido a excepción de su
rostro. Su expresión es suave, labios separados y ojos pesados como si
estuviera ebrio de mí. Con un profundo trago, rompo el silencio.
—Entonces, ¿cómo funciona para ti el cero por ciento de grasa
corporal?
Mi comentario tira de las esquinas de sus labios, y sus ojos bailan con
divertido deleite. Se arrodilla en el suelo y toma mi pie, frotando trazos
deliciosamente firmes con su pulgar a lo largo de mi empeine.
—¿Cómo funciona para ti la cosa de la diosa sexy que cada chica
en la escuela debe haber odiado?
Me inclino hacia atrás y gimo en agradecimiento mientras sus manos
mágicas trabajan todos los músculos en mis pies haciendo trazos lentos en
mis piernas.
—Te lo dije, era una chica poco femenina en la escuela. Nada de mí
139

era sexy, a menos que te exciten las rodillas magulladas, los codos
raspados y el cabello dañado con cloro.
Página

Sus labios acarician a lo largo de mi rodilla.


—Todo sobre ti es sexy.
Mis adentros se aprietan y calientan. Siento el rubor de mi piel.
—Bésame.
Me encanta la forma en que siento su sonrisa contra de mi piel antes
de verla.
—Paciencia, Sydney. —Me voltea y mi carne hormiguea bajo sus
caricias suaves de manos y labios.
—¿Qué estás haciendo? —susurro.
—Memorizarte. —Respira sobre mi espalda, alejando mi cabello de
mis hombros.
—¿Por qué?
—Porque vas a dejarme y esto se va a sentir como un sueño.
Quiero... —Besa mi cuello—... recordar... —Besa el lado de mi pecho—...
cada... —Besa la curva sutil de mi cadera—... detalle.
—¿Lautner? —suspiro con voz temblorosa.
—¿Hmm? —Su boca vibra contra el final de mi espalda mientras sus
dedos bailan a lo largo de mis brazos.
—No. —Mi voz se rompe.
Continúa y giro de espaldas, tirando su rostro al mío, frotando mis
palmas contra su rostro desaliñado. Devuelvo las emociones no
bienvenidas y niego con la cabeza.
—Por favor... no.
Irises azules exploran mis labios, mi cabello, mis mejillas, y finalmente
se encuentran con mi mirada. Asiente y me da una sonrisa tranquilizadora,
pero no llega a sus ojos. Sin decir una palabra, alcanza un condón y lo
rueda. El silencio que nos rodea grita, pero el bulto en mi garganta es
demasiado grande para que las palabras escapen. Sus labios atacan los
míos en una urgencia renovada. Siento desesperación mientras su lengua
se zambulle en mi boca haciendo trazos firmes y profundos contra los míos,
manos ansiosamente reclamando mis pechos llevando mis pezones a
picos firmes.
Se ha ido del animal controlado acechando a su presa al atacante
llevándose todo con un deseo implacable. Estamos sobre la cama,
torciendo y enredando sábanas. Mi cuerpo lucha para coincidir con cada
140

movimiento intenso. Gruñe mientras agarro y tomo su cabello, y el ruido


gutural que libera hace que tire aún más fuerte.
Página
—Lautner... —me quejo mientras clava mis brazos sobre mi cabeza y
da golpes lentos con su lengua sobre mi pezón—. ¡Ahh! —grito cuando lo
chupa en su boca, pasando sus dientes sobre mi carne sensible.
Su mano roza mi estómago y mis piernas se separan invitando su
toque. Pero su mano mantiene firmes mis abdominales, dedos separados a
través de mi piel temblorosa. Mis brazos todavía están atados en el fuerte
agarre de su otra mano y me estoy marchitando debajo de él. Me está
consumiendo a su propio ritmo agonizante con control total sobre mí.
El tirón y las burlas a mis pezones es demasiado. Mis nervios se están
disparando bajo su toque y las chispas de intensidad se están
construyendo en un solo lugar... el punto en el que su mano está a menos
de un centímetro de tocar.
—¡Lautner! —lloro. Mis brazos se retuercen en sus manos mientras mi
pelvis se mece en la cama buscando contacto, cualquier toque.
—Sydney, me estás volviendo loco —murmura en mi cuello.
¿Lo estoy volviendo loco? No... incluso...
Libera mis brazos y no pierdo el tiempo arañando su espalda,
tratando de acercar su cuerpo al mío. Es en vano. No soy rival para su
fuerza. Esto será en sus términos. Sólo espero que sea antes de perder toda
dignidad y empezar a mendigar y suplicar.
Me jala la pierna por encima del hombro y mi aliento se engancha
mientras mis músculos se estiran. No soy contorsionista y su suposición
audaz de que puede doblar mi cuerpo en locas posiciones sexuales me
toma por sorpresa. No tengo tiempo para concentrarme en mi flexibilidad
porque mi mente estalla cuando mete dos dedos en mi canal resbaladizo.
—Oh Dios. —Lanzo mi cabeza hacia atrás y gimo.
Quiero mirar sus ojos llenos de lujuria, pero apenas puedo mantener
los míos abiertos mientras trabaja sus dedos dentro de mí. Quitándolos, se
detiene y arrastro mis ojos abiertos de nuevo. Lo siento en mi entrada y la
expectativa es hipnótica, la manera en que me mira y en silencio me exige
toda la atención mientras se hunde en mí. Me muerdo el labio inferior
hasta el punto de dolor mientras trato de relajar mis músculos para
acomodarlo por completo.
—Dios, esto es perfección, Syd —gime mientras continúa, enterrado
dentro de mí.
Corriendo mi lengua sobre las marcas de los dientes en mi labio,
141

asiento varias veces rápido. Esto es perfección.


Página

Encuentro mi aliento y tiro su cabeza hacia la mía. Nuestras lenguas


reflejan nuestras caderas mientras chupamos y gemimos en la otra. Sale y
luego entra de nuevo unos centímetros con un aliento. Me dejo consumir
por el momento y no me apresuro a la meta, aunque cada parte de mi
cuerpo está queriendo salir frenéticamente adelante. Suelta mi pierna y
mis músculos suspiran. La fuerza del balanceo de sus caderas es un flujo
erótico, y a pesar de mis esfuerzos para calmarme, encuentro mis piernas
trabadas alrededor de su cintura y mis dedos atormentando su cabello.
Siento que sus músculos van rígidos contra mi cuerpo y su polla crece
dentro de mí. Su control se está deslizando, y con cada empuje casi estoy
sobre el borde.
—Déjalo ir, Sydney —gruñe, luchando por el control, pero lo pierde y
todavía enterrado en lo profundo de mí, liberando una cadena de
improperios como castigándose a sí mismo por no aguantar un poco más.
Hace círculos y se balancea en mí y eso es todo lo que toma...
también me he ido.
—¡Oh Dios, Lautner! —Lloro y entierro mi rostro en su cuello,
chupando y mordiendo su piel firme mientras que las ondas de euforia
indescriptible ondulan a través de mi cuerpo.
Se derrumba en mí, lo cual no hace nada para restaurar el oxígeno a
mis pulmones drenados, pero estoy demasiado saciada para
preocuparme por algo tan trivial como el aire.
No estoy segura del conteo de las calorías quemadas, pero es alto.
Los dos estamos cubiertos de sudor y estoy hambrienta.
—Eso fue... —La pila de noventa kilos de peso muerto respira en mi
cuello.
—Sexpectacular. —Me rio.
Su cuerpo se sacude en una carcajada y siento su cabeza
asintiendo. Una ráfaga de viento se filtra en mi pecho mientras se levanta
de mi cuerpo. Apenas puedo mover las piernas. Creo que están
moldeadas permanentemente en la forma de su pelvis. Pasea su sexy
trasero flexionando los músculos hacia el cuarto de baño. La estúpida
sonrisa en mi rostro se siente permanente. Lautner regresa del baño sin
condón.
—Me muero de hambre, pero no creo que tenga la energía para
bajar a buscar comida —digo, yaciendo descaradamente desnuda y
flácida en el caos de sábanas.
—Hmm, bueno, eso podría ser un problema. —Se sienta en el lado de
142

la cama con la espalda hacia mí.


No puedo resistirme a correr la mano sobre sus músculos definidos.
Página

—¿Problema?
Gira con una sonrisa diabólica y un paquete de condones en la
mano que lanza sobre la almohada.
—Sí... problema. No he terminado contigo todavía. —Brazos fuertes
me tiran sobre su regazo.
Estamos cara a cara y mis ojos se ensanchan con excitación.
—¿No?
—Ni de cerca
***

Los dolores de hambre se han ido. He festejado en Lautner por casi


dos horas. Ahora estoy junto a la puerta con una camiseta larga y un
cabello enredado post sexo. ¡Las despedidas apestan! Pero tengo que
acostumbrarme.
—¿Tiene su bata planchada para su primer día, Dr. Sullivan?
Alisa su pulgar sobre mi labio inferior y sonríe.
—Algo así.
—Entonces... Te veré de nuevo antes de irme, ¿verdad? —Estoy
tratando de no sonar nerviosa o desesperada, pero lo casual me está
fallando.
—Voy a tener unas pocas horas de sobra en algún momento. ¿A
dónde vas ahora?
—París. —Hay mediocridad en mi voz que no debería estar allí. He
estado esperando por ir a Francia y al Louvre desde que tomé mi primera
clase de arte en la escuela secundaria. Maldito Lautner por aburrir mi
entusiasmo.
Inclina mi barbilla.
—Me alegro por ti. Vas a conseguir ver más del mundo en un año
que la mayoría de la gente en toda su vida. Estoy seguro de que tu madre
estaría orgullosa.
Me muerdo el labio tembloroso y asiento.
—Te llamaré. —Presiona sus labios en los míos.
—Adiós. —Respiro profundamente y lo dejo salir, luchando por
mantener la compostura.
143

No puedo mantenerme lejos de la puerta. Incluso después de que


sus luces traseras se desvanecen en la noche, sigo mirando fijamente a la
Página

oscuridad.
Página 144
9
Si alguna vez hubo una noche agridulce, fue anoche. Tomé un
montón de fotos de Lautner y algunas de los dos. Estábamos en la cama
desnudos, pero las fotos son para todo público y de buen gusto. La mitad
de ellas eran primeros planos de su rostro. Creo que logré fotografiar casi
todos los músculos de su cuerpo. Se venderían muy bien como fotos, lo
cual ya he hecho antes, pero no las venderé. Estas son solo para mis ojos.
Estoy en el cielo de irises azules hojeando en mi computadora
mientras Swarley se solea en el piso junto a la ventana donde el sol emite
sus rayos. Nuestro trote de cinco kilómetros era justo lo que ambos
necesitábamos. Mis músculos se sentían un poco doloridos esta mañana y
mis partes femeninas se sentían gloriosamente sobre utilizadas. Tendrán un
descanso muy necesario, me guste o no. La residencia de Lautner es
exigente y el tiempo... no está de nuestro lado.
—¡Oye, Sam! —Llama Avery desde la puerta principal.
—Aquí, Ave —grito desde la mesa de la cocina.
Baila como un grácil cisne, toda con ojos soñadores y sonrisas
vertiginosas.
—Sydney…
Levanto una ceja sospechosa. Avery no me llama Sydney. Algo está
pasando.
—Estoy enamorada.
¿Qué demonios?
—Será mejor que hables de un bolso o un par de zapatos y no…
145

—Caden. —Suspira y cierra los ojos.


—Es lunes, Avery. No llevas ni cuarenta y ocho horas de conocerlo.
Página

Estás delirante. —Desprecio su locura y sigo hojeando mis fotos.


Sus ojos se abren de golpe y luego me mira con los ojos
entrecerrados frunciendo el ceño.
—No estoy delirando.
Camina detrás de mí, mirando por encima de mi hombro.
—¡Santo cielo! Eso es…
—Nada. —Cierro mi MacBook.
—Oh… Dios… mío. Esas fotos son de Lautner —gruñe—. Eres tú quien
está delirando, Sam.
Tomo algunas uvas del refrigerador y me meto una en la boca.
—No estoy enamorada —murmuro.
—Es por eso que estás delirando. Has encontrado al indicado y eres
demasiado ciega y testaruda para verlo.
—Cállate, Ave. Él comienza su residencia hoy y me voy en un par de
semanas. Ni siquiera estoy segura de si volveré a verlo.
—Por Dios, Sam. Sí, está comenzando su residencia, no alistándose en
el ejército. Lo verás de nuevo. Además, te estás perdiendo mi punto.
—¿El cuál es...? —digo con exasperación.
—Que estás enamorada de Lautner.
Voy a interrumpir, pero niega con la cabeza y extiende su dedo.
—Uh, uh... déjame terminar. Sam, no puedes culpar al destino y no
puedes controlarlo. Podrías haber encontrado un trabajo en L.A. más
cerca de mí, pero luego llamó la tía Elizabeth y este trabajo cayó en tu
regazo. Destino. Entonces Lautner simplemente aparece aquí por error.
Destino. Y él es perfecto para ti. Es educado, atlético, divertido, caliente
como el infierno... y te adora. Es el destino, Sam. No puedes planear toda
tu maldita vida. Simplemente no estamos destinados a tener ese tipo de
control sobre el universo.
Estoy mentalmente contando las horas hasta que Avery entre en su
auto y regresa a L.A.
—¿Realmente esperas que escuche a alguien que nunca ha tenido
una relación que dure más de una semana y que acaba de entrar por la
puerta hace diez minutos declarando su amor por un chico que conoció
hace dos días? Vamos, Ave. ¿En serio? —Me alejo y me dirijo al piso de
arriba para darme una ducha.
146

—¡Te vas a ir de California con el corazón roto en dos semanas y lo


Página

sabes!
***

Lautner me envió un mensaje tarde anoche. Dijo que su primer día


fue bien, solo largo. No mencioné la loca declaración de amor de mi
hermana por su mejor amigo, lo que nos llevó a estar sentadas junto a la
piscina en silencio la mayor parte de la tarde hasta que se fue a cenar con
Caden. Tampoco mencioné que Swarley y yo nos reunimos con Dane y sus
Jack Russell Terriers, Sal y Pimienta, en el parque para perros para una cita
de juego. Él me dio las entradas de béisbol para el juego de mañana.
Será la despedida para mí y Avery antes que regrese a LA. A pesar
de su reciente molestia sobre mis sentimientos hacia Lautner, en el fondo sé
que voy a extrañarla. Caden se tomó el día libre para pasarlo con Avery.
Supongo que eso debería significar algo, pero después de lo que Lautner
me contó sobre el pasado de Caden, no puse demasiado peso en el
gesto.
La cena consiste en pasta y ensalada para uno en la terraza con las
antorchas tiki encendidas, John Legend fluyendo a través de los parlantes
y una gran botella de Pinot Grigio local. Lo odio tanto como he estado sola
durante el año pasado, nunca me he sentido sola... hasta Lautner. Para
cuando estoy a la mitad de la botella de vino, odio que lo extrañe. Con la
última gota de la botella y un zumbido cálido envolviendo mi cuerpo, odio
que Avery tenga razón. Voy a irme de Palo Alto con el corazón roto. Odio
el mal momento. Odio la idea del destino. Odio sentirme tan perdida. Pero
sobre todo, odio a mi corazón por traicionar a mi cerebro.
***

147
Página
El primer signo de que lo estoy perdiendo... Me levanto y me
encuentro acunando a Swarley. Elizabeth y Trevor no van a estar felices
porque humanice a su perro.
—Vamos, Swarley. Trote, luego el desayuno.
Cuando abro la puerta de entrada, al principio me siento eufórica y
una punzada de decepción me golpea igual de rápido. Hay un hermoso
ramo de flores, una taza de bebida caliente y una bolsa de pastelería...
pero no Lautner. Hay una nota con las flores.
Temprano en la mañana, es posible que tengas que recalentar el té.
No quería despertarte... tacha eso... QUERIA despertarte, pero nunca
hubiera llegado al hospital a tiempo. ¿Qué pasa si digo que te extraño más
de lo que debería? ~Lautner
—Au, Swarley —digo, sosteniendo mi mano protectoramente sobre
mi corazón—. ¿Qué hace una chica?
Corremos más duro y luego me complazco con mi galleta y té chai
con leche tibio que todavía sabe muy bien. Le envío un mensaje de texto
a mi chico de la piscina favorito.
¡Delicioso, gracias xx! ¿Qué pasa si digo que desearía que me
hubieras dado la oportunidad de hacerte llegar tarde al trabajo? ~ Sydney

Estoy sorprendida por su respuesta rápida. Pero me hace sonreír.


Mmm... ¿Y si?
***

Avery y yo hacemos un día en San Francisco: compras, almuerzo y


un gran juego de los gigantes. La tensión entre nosotras se ha aliviado.
Todavía no estoy admitiendo abiertamente que pueda tener sentimientos
complicados por Lautner, no para Avery y ciertamente no para él.
—Entonces, ¿verás a Caden esta noche? —pregunto en el camino
de regreso a Palo Alto.
—Mmm hmm. Pasaré la noche en su casa y luego iré por la mañana
para despedirme antes de regresar a L.A.
—Dudo en siquiera darle la vuelta al tema, pero, ¿ha dicho que te
ama?
148

Se encoge de hombros mientras recorre el tráfico como una


maníaca. —Algo así.
Página

—¿Algo así? ¿Cómo le dices a alguien que lo amas "algo asi"?


Su pequeña sonrisa se ve ensombrecida por la tensa arruga de su
nariz.
—Bueno, lo dijo una vez durante...
Pongo los ojos en blanco.
—¿Sexo? ¿Verdad?
Asiente.
—Sí, pero no lo habría dicho si no lo hiciera en serio, ¿no?
Mi risa no puede contenerse.
—Oh, Ave... si fue en el calor del momento, podría no significar nada.
¿Lo dijo al principio o gritó durante su orgasmo?
—¡No te rías de mí! —Está tratando de hablar en serio, pero veo sus
labios temblar para resistir su inminente sonrisa—. Fue en medio. Dijo: "Te
malditamente amo, Avery".
—Ave, te he oído cerca de un orgasmo comiendo una trufa de
chocolate, y si no recuerdo mal, también declaraste tu amor por ella.
—¿Por qué estás echando a perder mi momento? —Hace una
mueca.
—No estoy tratando de echar a perder nada. Si vuelve a decirlo,
completamente vestido, antes que te vayas mañana, entonces creo que
podrías tener algo en lo que colgar tus esperanzas. Pero si él no...
—Entonces, ¿no crees que debería renunciar a mi trabajo y
mudarme a San Francisco?
Ambas nos reímos y me alegro que ella vea la locura de todo.
—Bien, tu turno. ¿Dónde están Lautner y tú?
—Ave…
—Nada de Ave. Sam, no soy estúpida. Él es más que solo sexo.
Miro por la ventana y veo que los alrededores se transforman en
familiaridad. Estamos casi en casa.
—Me gusta… mucho. El momento simplemente es malo para
nosotros. Será difícil dejar Palo Alto en dos semanas, pero... así es la vida.
***
149
Página
Dane convenientemente nos alcanza a Swarley y a mí en nuestro
trote. Sabía que era posible dado nuestro tiempo de subida temprano,
pero ya no estoy tratando de evitarlo. Estoy realmente feliz de verlo.
—Hola, Dane. Gracias de nuevo por las entradas. Nos lo pasamos
muy bien.
—Y ganaron —agrega, secándose la frente con el brazo y
disminuyendo la velocidad para coincidir con mi ritmo.
Sonrío.
—Sí, lo hicieron.
—Vi el juego en la televisión, pero tú y Avery no llegaron al
Jumbotron.
—Lo cual es sorprendente ya que Avery vestía su sexy atuendo
gigante y le daba a Lou Seal una competencia por la atención.
—Apuesto a que sí —ríe.
Trotamos un poco en silencio hasta que nos acercamos a la casa de
Dane.
—¿Tienes tiempo para venir a tomar algo? —pregunta.
Giro mi cola de caballo y muevo mis labios hacia un lado. Me voy
pronto y nada va a cambiar eso, así que decido simplemente divertirme y
no analizar cada pequeña decisión estúpida.
—Claro, pero no puedo quedarme mucho tiempo. Swarley va a
exigir el desayuno pronto.
—Está bien. Tengo que saltar a la ducha y ponerme a trabajar en
una hora, así que te echaré en quince minutos de todos modos. —Guiña
un ojo.
—Qué hospitalario de tu parte.
Dejamos que Swarley vuelva a estar al tanto de Sal y Pimienta.
150

—Tu casa es increíble. Parece bastante vieja desde el exterior, pero


obviamente has trabajado mucho adentro.
Página
—Fue construida en los años sesenta. La compré de los dueños
originales cuando se mudaron a la vida asistida. Agua, agua de coco, jugo
de naranja...
—El agua está bien, gracias.
Me da agua y me lleva a la cubierta con los perros.
—De todos modos, básicamente destruí el interior una habitación a
la vez. Los propietarios anteriores solo habían actualizado según las
necesidades.
—¿Quieres decir que realmente lo hiciste o que contrataste a
alguien?
Dane traga el resto de su jugo de naranja.
—Hice todo menos la electricidad y la plomería.
Mis ojos se ensanchan.
—Tienes algunas habilidades serias.
—Internet. —Sonríe—. Hay un video de "cómo hacer" algo que
siempre quisieras hacer. Mi padre también me enseñó mucho cuando era
más joven.
Swarley corre hacia mí y se sienta en mi pie.
—Hmm, alguien está hambriento. —Hablo con Swarley como si fuera
un bebe.
—¿A dónde vas después de Palo Alto? —pregunta Dane.
—París. He querido ir allá más que cualquier otro lugar del mundo, y
finalmente va a suceder.
—¿Y Lautner? —Su voz es cautelosa.
Giro la tapa hacia atrás en mi botella de agua vacía y veo a sus
perros perseguirse el uno al otro.
—Lautner comenzó su residencia el lunes. Le quedan tres años
difíciles por delante.
—¿Y tú?
Encuentro su mirada y sonrío con un resignado encogimiento de
hombros.
—Voy a cuidar la casa de alguien por otro año, luego voy a
151

comenzar la escuela de posgrado y terminar lo que me propuse lograr.


—¿Sin distracciones?
Página
—Sin distracciones. —Le entrego mi botella vacía y vuelvo a poner la
correa de Swarley—. Gracias por el agua y gracias de nuevo por las
entradas. Sé que realmente intentabas llevarme a ese juego.
Asiente.
—Es cierto, pero funcionó de la mejor manera.
—Adiós, Dane.
—Nos vemos, Sydney.
Swarley está comiendo su desayuno cuando llega Avery.
—Buenos días. —La abrazo.
—Eso son. —Se está conteniendo. Lo puedo ver por la expresión de
su rostro.
—Desembucha. —Niego con la cabeza y vierto un tazón de cereal.
—Quiere verme otra vez. —Sonríe y agita sus pestañas.
—¿Más declaraciones de amor? —murmuro con un bocado.
—No… pero va a ir a L.A. el sábado y pasará el fin de semana
conmigo.
—Bien, eso es bueno. Sabes que él estaba…
—Sí, sé que estaba comprometido. No estoy pidiendo una
propuesta. Es el primer chico que me hace no querer estar con otros tipos.
Jadeo y golpeo mi mano contra mi pecho.
—Avery en una relación monógama. Rápido, agarra mi chaqueta, el
infierno debe estar congelándose.
—¡Oh, détente! —Golpea mi hombro—. Realmente me gusta.
Ambas estamos lúgubres y en silencio por unos minutos. Amo a mi
hermana y no quiero nada más que verla feliz. Pero también soy
protectora con ella, y últimamente su peor enemigo ha sido ella misma.
Caden cambia todo. Por primera vez en años, Avery se encuentra en una
situación vulnerable. Estoy tratando de ser feliz por ella, pero la madre en
mí, la que ha sido dominante desde que mamá murió, está asustada por
ella.
Ambas nos paramos y nos abrazamos.
—Viaja con cuidado, Ave. Te amo.
152

—También te amo. Si no vuelvo aquí antes de fin de mes, será mejor


que me llames antes de salir del país.
Página

—Lo haré.
Echa sus bolsas sobre su hombro.
—Despídete de Lautner por mí.
Asiento y sonrío.
Cuando cierra la puerta, dejo que algunas lágrimas caigan por mis
mejillas. No sé lo que está pasando, pero todos los días me siento un poco
más sola.
***

Mi nuevo mejor amigo, Swarley, y yo pasamos el rato en la piscina el


resto de la tarde. No he tenido noticias de Lautner en más de veinticuatro
horas. No tengo idea de lo que está haciendo ni de su horario, así que me
abstengo de llamarlo o enviarle un mensaje de texto. En cambio, miro
fijamente mi teléfono durante horas como un patético obsesivo esperando
que llame. He reproducido todas las versiones de “In Your Eyes” que se han
hecho alguna vez, y la he configurado como mi tono de llamada para él.
Tengo una abstinencia intensa del irises azules. No me puedo imaginar
cómo se sentirá cuando haya un océano físico separándonos. Tengo que
creer que sumergirme en todo lo que es magnífico acerca de París me
hará olvidar el inevitable dolor que me llevaré cuando me vaya.
Son las 10:00 p.m. y decido arrastrar mi trasero arriba y caer en el mar
de cobertores que huelen a Lautner. Realmente necesito lavar las sábanas.
Ambos estábamos sudados, pero no puedo dejar de aspirar el olor a jabón
almizclado que asocio con el chico más sexy que conoceré nunca.
Escucho “In Your Eyes” y escupo pasta de dientes de mi boca y corro
hacia la cama. Mi corazón está saltando de mi pecho y respiro
profundamente antes de responder.
—¡Oye!
No escucho nada.
—¿Hola? —digo más lento.
—Dios, tu voz es como el sol saliendo después de días de oscuridad.
Te extraño jodidamente muchísimo.
El dolor de corazón oficialmente… simplemente… comenzó.
—Mmm. —Me estoy tragando todo mi corazón que está atascado
en mi garganta, constriñendo mi aire.
153

—¿Syd?
—¿Hmm?
Página

—¿Está todo bien?


Asiento y parpadeo la inminente inundación como si pudiera verme.
Es demasiado. No puedo hablar y contener las lágrimas, así que las dejo ir y
encuentro mi voz.
—Bien, todo está bien, —respondo con una risa nerviosa,
limpiándome las lágrimas. Esto es ridículo. ¿Cuál es mi problema?—.
¿Cómo es la vida como residente?
Suspira.
—Insana. Sigo diciéndome a mí mismo que mi apretada agenda
mantendrá mi mente fuera de la sexy diosa que ha consumido todos mis
pensamientos.
—Bien, bueno, me iré pronto. Puedes olvidarte de mí y concentrarte
en ser el brillante doctor que sé que eres.
—Sydney… —susurra mi nombre como una oración.
¡No, por favor no! Mi mente grita mientras el silencio misterioso pesa
mucho entre nosotros.
Me aclaro la garganta.
—Entonces, ¿crees que puedes apartarme una taza de café o algo
así en las próximas dos semanas?
—Estoy libre el domingo. Tengo algunas investigaciones que hacer,
pero no me perdería verte por nada.
—Está bien. —Resopló y me chupó el labio superior, saboreando la
salinidad de mis lágrimas.
—Sydney, ¿estás segura de que estás bien?
—Sí. ¿Por qué sigues preguntándome eso? —Me giro para agarrar un
pañuelo en la mesita de noche y allí está… irises azules y una sonrisa de
megavatios en el otro lado de la ventana. Niego con la cabeza y me
limpio los ojos—. Te odio —le susurro por teléfono antes de presionar Fin y
abrir la ventana.
Tomo el teléfono de su oreja y lo tiro al piso.
—¡Idiota! —sonrío.
Sube y cierra la ventana. Su sonrisa de “te atrapé” tiene que irse.
—No me odias.
Lo hago… mucho. Mis brazos vuelan alrededor de su cuello y
154

nuestros labios chocan. Me abraza y me levanta del suelo. La vieja


camiseta que llevo se desliza por mi trasero mientras mis pies cuelgan en el
Página

aire. Las palmas de sus manos van a mi culo desnudo expuesto de mi


tanga. Gimo en su boca. Sabe divino y mi lengua codiciosa no puede
dejar de explorar cada centímetro de él. Soy débilmente consciente de
que me ha bajado al suelo, pero Lautner me hace volar tan alto que estoy
segura de que nunca volveré a encontrar mis pies.
Retrocede y se quita la parte superior. Mis palmas se aplanan
automáticamente en su firme pecho. Siento su dedo debajo de mi barbilla
inclinando mi cabeza hacia arriba para encontrar su mirada hipnótica. Sus
pulgares rozan mis mejillas.
—Estas lágrimas no eran por mí, ¿verdad?
Envuelvo mis manos alrededor de las que están acunando mi rostro.
—Nunca. —Quiero mirar hacia otro lado, pero no puedo.
Sin una sola palabra, me atrae a un lugar en el que nunca he
estado. Agarro el dobladillo de mi camisa y la pongo sobre mi cabeza,
ahora de pie ante él solo con mi tanga de encaje. Mantiene sus ojos fijos
en los míos y espero. Sé que me va a mirar... a mí. Lo hace, y me caliento
bajo su mirada. Me encanta la forma en que me mira. Es un afrodisiaco.
Rezo para que el tiempo me robe las imágenes de mi mente, pero nunca
quiero olvidar cómo esos irises azules me hacen sentir como si estuviera
hecha solo para sus ojos.
En cámara lenta, desabrocho sus pantalones y sus ojos se desplazan
a mis manos. Con los labios separados y el pecho levantándose con una
inhalación profunda, espera con eterna paciencia.
Me agacho tomando sus pantalones y calzoncillos conmigo. Sale de
ellos y apoyo mis manos sobre sus firmes cuádriceps. Le beso las espinillas y
las rodillas, deteniéndome sobre su cicatriz y sintiendo sus músculos
flexionarse bajo mis labios. Mis manos se deslizan hasta sus caderas
mientras mis labios siguen con un rastro de tiernos besos. Miro hacia los irises
azules mientras trazo las almohadillas de mis dedos sobre los abdominales
marcados.
Mis labios rozan levemente toda la longitud de su erección suave y
firme. Sus manos tiemblan a los lados con sus puños en bola y los músculos
de su estómago se vuelven de acero bajo mi toque, mientras que sus
párpados caen pesados sobre sus irises desvanecidos. Bromeo con la
punta de mi lengua sobre la cabeza de su longitud. Sisea mientras sus ojos
se abren. Sonrío mientras niega con la cabeza. Manos grandes y fuertes se
enredan a través de mis largos y oscuros mechones. Continúo mi viaje,
liderando con mis manos y siguiendo con mis labios sobre sus abdominales,
pecho, brazos y cuello. Terminando con su perfecta… sexy… boca. Aun
155

sonriendo, trazo mi lengua a lo largo de su labio inferior.


—No voy a dejarte ir —susurra.
Página
Siento que la alegría en mi rostro se desvanece y mi cabeza cae.
Presionando mi boca en el centro de su pecho, cierro los ojos y me sumerjo
en el ritmo de su pulso contra mis labios. Mis lágrimas sangran por mis
mejillas y estoy indefensa en contra de su necesidad de escapar.
—Mírame, Sydney.
Estoy desgarrada con una vulnerabilidad que me deja
completamente destrozada, y soy débil. En este momento hace la única
cosa que juré que ningún hombre haría jamás… le pertenezco.
Irises azules…
—Te amo —susurra.
Destrozada.
No importa que mis ojos estén inundados y mi nariz sea un desastre.
Nunca me he sentido tan hermosa y… amada.
—Entonces me dejarás ir —me ahogo con un sollozo estrangulado.
Puedo sentir físicamente la angustia en su rostro, pero me rescata de todos
modos con solo un… simple… asentimiento.
Labios hambrientos se encuentran como si hubieran estado
muriendo de hambre por toda la vida. Siento que cada segundo de mi
vida me ha llevado inexplicablemente a este único momento, y estoy
dando todo lo que he tenido que dar en este único beso. Puedo dejarlo
completamente vacío en dos semanas, pero vale la pena... él lo vale.
Nuestros cuerpos entrelazados se funden en la cama y el tiempo se
detiene. No importa que nos hayamos conocido por solo dos semanas…
He conocido su toque por siempre en el cálido sol, su aliento en el viento,
sus ojos en el mar.
—Sydney… —amo mi nombre envuelto en su voz. Se siente como si
estuviera marcando este vínculo entre nosotros en las profundidades de la
eternidad.
Acaricia mi cuello con labios suaves y mis pechos con manos
pacientes. El anhelo de tenerlo dentro de mí, de ser uno con él es
abrumador, pero me niego a apresurar cualquier cosa. Lautner me está
haciendo el amor y nadie me ha hecho el amor. En este momento, estoy
segura de que nadie volverá a hacerme el amor.
—Hermosa… —labios seductores susurran sobre mi ombligo.
Estoy hipnotizada; todo respecto a él es impresionante. Mientras
156

paso los dedos por su espeso cabello rubio, me recompensan los irises
azules.
Página
—Si tuviera que quedarme ciega mañana, la última cosa en el
mundo que quisiera ver son tus ojos —le susurré con una débil voz cruda.
Descansa su barbilla en mi estómago y sonríe—. ¿Quieres saber lo que ves
en mis ojos que es tan sorprendente?
—¿Qué? —susurro, pasando mi pulgar sobre su espesa frente.
—Tu reflejo.
No hay palabras. Lo toco con la rodilla, y voluntariamente rueda
sobre su espalda. Le doy un puñetazo y agarra mis caderas. Exponiendo
mis pechos, paso mi cabello largo sobre mis hombros. Humedece sus labios
y sonríe en reconocimiento.
—He estado tomando mis pastillas. —Lo acaricio desde la base de su
pene con firmeza—. Quiero sentirte dentro de mí… solo tú.
Espero vacilación en su mente analítica de médico, pero si hay
alguna, su cuerpo no ha recibido la señal. Levanta mis caderas y le aprieto
los firmes brazos para estabilizarme mientras me baja sobre él, deslizándose
en un solo aliento de un golpe a la vez. Mis pesados párpados se cierran
sobre mis ojos mientras mi cabeza cae hacia atrás con un suave gemido
vibrando en mi garganta. Estoy completamente llena de él, y se siente
exquisito tener su cálida carne frotándose contra la mía. Es mucho más
íntimo.
—Sydney… te sientes tan malditamente bien.
—Mmm —murmuro, aun absorbiendo la plenitud. Trago saliva y
fuerzo mis ojos a abrirse para encontrar su fuego en mí… y luego
comenzamos a movernos juntos. Es un ritmo lánguido, fácil de saborear. No
estoy pensando en un orgasmo. Estoy extasiada en este momento y no
quiero que termine nunca.
Me inclino hacia adelante.
—Bésame.
Sus manos se posan sobre mi espalda tomando mi cabello con ellas,
luego acerca mi cabeza a la suya. Estamos completamente conectados,
nuestras lenguas se sincronizan con el movimiento de nuestras caderas y
nuestros corazones siguen latiendo a la bella sinfonía de amor que estamos
creando.
El tiempo comienza a marcar nuevamente a medida que nuestros
movimientos se vuelven más urgentes y erráticos. La plenitud en mis senos y
abdomen inferior coinciden con la sensación de hinchazón entre mis
157

muslos. Siento que Lautner se engrosa dentro de mí y su respiración es


rápida y superficial. Por mucho que quiera controlarlo… hacerlo durar, no
Página

puedo. Su mano se mueve desde mi pecho hasta mi clítoris. Pulsó su dedo


medio contra mi apretado manojo de nervios y balanceó sus caderas
hacia mí en varias estocadas cortas y firmes. Fluido caliente me llena y él
respira mi nombre al mismo tiempo que lo llamo y me desmorono a su
alrededor. Rodeando mis caderas, tomo todo lo que tiene y doy todo lo
que me queda.
Agotada y sudorosa, me acuesto sobre su pecho con el rostro
pegado a su cuello. El suave toque de sus dedos acariciando suavemente
mi espalda me adormece.

158
Página
10
4: 00 a.m
Acurrucada en el pecho de Lautner, creo que no me moví toda la
noche. Su confesión aún me obsesiona. El hombre más increíble que he
conocido me ama. Duele tan malditamente tanto. Todo lo que quiero
hacer es amarlo de nuevo. Que se joda el postgrado. Al diablo los sueños
estúpidos. Nada se compararía con lo que siento ahora. Así es como sé
que esto tan bueno pueda ser cierto. Estoy deslumbrada por el amor. Si no
encuentro perspectiva, terminaré chocando en el suelo con las ilusiones
evaporadas.
Me levanto de él y tomo mi laptop. Con la intención de distanciarme
de Lautner, hago clic en iPhoto para eliminar las fotos que me tome con él.
Los irises azules miran hacia mí mientras mi dedo pone el cursor en eliminar.
Girando mi cabeza, miro a Lautner. Largas pestañas descansan sobre sus
mejillas. Labios grandes ligeramente entreabiertos. Una mano descansa
sobre su pecho, subiendo y cayendo con suavidad, apenas respira. No
puedo hacerlo. Se siente como una despedida. No estoy lista para decir
adiós. Nunca estaré lista para decir adiós. Pero lo haré de todas formas,
solo que ahora no.
Hago clic en otro álbum en el que he estado trabajando durante el
mes pasado.
―¿Qué haces? ―La voz atontada de Lautner me asusta. Se incorpora
y se apoya en la cabecera junto a mí.
―Hey, no quise despertarte.
Inclinado hacia mí, frota la nariz en mi cuello.
159

―No lo hiciste. Tengo que irme pronto. Necesito una ducha y una
muda de ropa antes de regresar al hospital. —Inclino mi cabeza hacia un
lado descansando sobre la suya.
Página

―¿De dónde sacaste esas fotos? ―pregunta.


―Yo las tome.
―¿En serio?
Rio.
―Sí, en serio, ¿por qué?
Encoge los hombros.
—Solo… están increíbles. ¿Por qué las tomaste?
―Una pareja tenía una nieta con leucemia. Hicieron calendarios
para regalos de donación. De hecho, se están beneficiando doce niños
con leucemia, uno por cada mes. Quien done obtiene un calendario. Una
impresora local regaló todos los servicios de impresión y yo tomé las fotos
de forma gratuita.
Lautner no habla. Solo mira fijamente la pantalla. Las fotos son de
niños con leucemia. Son imágenes en blanco y negro, pero los accesorios
juguetes, sombreros, ropa de vestir están a todo color. Muchos de los niños
han perdido su cabello por la quimio y tienen un aspecto más delgado y
frágil para ellos. Pero las sonrisas en sus rostros y el brillo capturado en sus
ojos es pura alegría. Recuerdo cada uno de ellos. Sus juegos, sus historias y
su valentía está grabada en mi cabeza y retenida en mi corazón. Los niños
se sintieron como celebridades, vistiendo y posando para la sesión de
fotos. Se sintieron especiales en ese momento. Y por un día, se sintieron
normales.
―Sidney, eres muy talentosa. Quiero decir… son realmente buenas.
Le doy un empujón alegremente.
—Dice el pediatra que obviamente tiene una debilidad por los niños.
―Sí, amo los niños, pero estoy hablando de las fotos. La iluminación,
los ángulos, el color agregado, la candidez de cada una es tan… pura y
captura la esencia. Tu trabajo es… ¡wow!
―Sí, sí, soy la próxima Annie Leibovitz. Lo que sea. Es solo un
pasatiempo. ―Miro hacia él y está sacudiendo su cabeza y frunciendo sus
labios enojado—. Está bien, lo siento. Gracias. Realmente aprecio el
cumplido. Significa mucho viniendo de alguien con muchos talentos
propios.
Una sonrisa tímida se desliza por su rostro.
―Quiero un calendario. Lo pondré en la sala del personal como un
160

recordatorio de porqué estamos allí.


Asiento y sonrió.
Página
―Está bien. —Cerrando mi laptop, lo coloco en la mesa de noche.
Gateo sobre su regazo a horcajadas sobre él con mis brazos alrededor de
su cuello—. No vayas —digo, destacando mi labio inferior.
Se inclina y lo muerde, despacio arrastrándolo por sus dientes.
―Me quedaré si tú te quedas.
Contoneo mis caderas sugestivamente.
―Mmm, está bien. No tengo donde estar.
Sus dedos se enroscan en la piel de mis caderas para acallarme. Una
seriedad se refleja en su rostro.
―No, quiero decir que me quedaré si tú te quedas.
Asiento una vez en comprensión, dejando mis ojos caer sobre su
mirada.
—Entonces será mejor que te vayas. —Me levanto dándole la
espalda y tirando de las mantas. El equilibrio del colchón cambia mientras
se levanta.
―Quiero que te quedes. —Su voz es suave tras de mí mientras se
viste.
―Lo sé ―susurro.
Camina alrededor de la cama y se inclina hacia abajo para que su
rostro este a centímetros del mío.
―Te amo.
―Lo sé. —Cierro mis ojos, aspiró un suave aliento, y lo dejó escapar.
―No estoy esperando que me lo digas. Solo necesito que lo sepas,
para no pasar el resto de mi vida preguntándome que tal si…
Otro asentimiento.
—Lo sé.
Me rehúso a abrir mis ojos. Me tendrá. Una mirada y seré suya.
Demonios, realmente soy suya. Solamente que no le he dicho las palabras
y no lo haré… no puedo.
Cálidos labios rozan mi frente.
―Lo sabes ¿eh? ―Su voz es débil y derrotada—. Está bien entonces,
te llamaré más tarde.
161

Un último asentimiento es todo lo que le doy. Mi corazón se acelera


dentro de mi esternón como una señal de advertencia, pero no es mi
Página

cerebro, así que tengo que ignorarlo. Las emociones no son confiables, son
peligrosas y engañosas. El destino es para los tontos que creen en cuentos
de hadas. No me compré el sueño de princesas cuando era una niña
pequeña. Y estoy segura como el demonio que no voy a saltar dentro de
un carruaje dorado ahora únicamente para encontrarme sentada en una
calabaza rodeada de ratones cuando el baile termine.
***

―Hey, Ave ¿Qué pasa? ―contesto mi teléfono mientras camino a


Swarley.
―Estoy haciendo el desayuno para Caden. Aún está en la cama,
tuvimos el mejor fin de semana. ―Su voz es suave, justo encima de un
susurro.
―¡Wow! ¿Alguna vez le has hecho el desayuno a un chico antes?
―¿Realmente debes preguntar?
Rio.
―Supongo que no. ¿Entonces las cosas se están poniendo serias?
―Eso creo. Él es tan diferente a cualquier hombre que haya
conocido. Es inteligente y dulce y tan atento en la cama. Si sabes a lo que
me refiero. —Se ríe.
Estrujando mi nariz, respondo.
—Si lo sé, pero realmente no quiero.
―Me gusta, Sam. —La seriedad en su voz saca a la hermana
protectora en mí.
―Estoy feliz por ti, solo… sé cuidadosa. Él ha sido quemado y eso
podría hacerlo emocionalmente no disponible durante un rato. Tienes que
considerar la posibilidad de que sea un chico genial que es bueno en la
cama, pero no necesariamente significa algo más que eso. ¿Está bien?
―Debidamente anotado, Sam. Tengo que irme. Te llamo después.
162

―Adiós, Ave.
Página

Suspiro y bajo la mirada a mi compañero caminando.


―Oh, Swarley. Avery está enamorándose de pies a cabeza. Creo
que puedo yo también, ¿algún consejo?
Swarley para y se deja caer en un montón de pasto.
―Genial. ¿Esa es tu respuesta? ¿Qué estas intentando decirme?
¿Cagar o dejar el bote? ¿O solo que estoy llena de mierda?
***

Alimento a Swarley, me ducho, y espero frente al porche con mi


bolso de playa. Este es nuestro último día completo juntos. Estoy ansiosa
porque empiece, pero una vez que lo haga, nunca querré que termine.
Lautner me llamó el viernes después de que llegó a casa. Tuvimos una
pequeña conversación. Sonaba cansado y no estaba segura de qué
decir, así que no hablamos mucho. Ayer me escribió durante su almuerzo
para decirme a qué hora iba a recogerme hoy. Quiero decir que no
esperé despierta por su llamada anoche… pero lo hice. Sin embargo,
nunca llamó.
Desperté con un peso en el corazón esta mañana, así que solo dije
¡jódanse! Sería una locura no disfrutar cada día de las vacaciones solo
porque inevitablemente van a terminar. Lautner y yo vamos a terminar. El
momento no es correcto y no me dejaré engañar por la ilusión del destino.
Pero voy a disfrutar cada segundo que me queda con él. He sobrepasado
la dolorosa línea que cruza el océano. Moriré con las consecuencias
después. Mientras el familiar 4-runner negro aparece en el camino, saltó en
mis pies y agarro mi bolso. No hay tiempo para lo fresco y casual. Vuelo
abajo del escalón y corro a toda velocidad hacia él mientras sale. Estoy
saltando en el aire en sus fuertes brazos, envolviendo mis piernas y brazos
alrededor de él.
―¡Whoa! Alguien está un poco entusiasmada de verme. —Sonríe,
abrazándome fuerte contra él.
Me separo para encontrar mis irises azules. Mi rostro duele de sonreír
tanto.
―Cállate y bésame.
Lautner no duda. Todo respecto a él sobrepasa mis sentidos: su boca
mentolada, su embriagante aroma almizclado, su cuerpo fuerte que
envuelve cada centímetro del mío, sus sexys gruñidos, y esos malditos ojos
de Medusa.
163

Mis piernas lo aprietan con todo lo que tienen mientras mis manos se
extienden por sus mejillas deleitándose con la suavidad de su rostro recién
Página

afeitado. Nuestro beso termina sin aliento.


―Amo cuando eres mandona. —Frota su nariz contra la mía.
―Lo haces, ¿eh? En ese caso llévame a la playa… una playa muy
privada. —Muevo las cejas muy sugestivamente.
Me baja y me da una palmadita en el trasero.
―Entra, tenemos que hacer una parada rápida antes de cruzar la
playa.
Caminando a mi lado, saco la lengua.
―No es divertido.
Llegamos a un centro comunitario donde hay un gran autobús
pintado de blanco y rojo con un corazón en el costado y las palabras:
Dona Sangre Por Vida.
—¿Tomaste desayuno? —pregunta.
—Sí…
—¿Estás hidratada? —continúa.
—Oh, sí. Bebí una botella de agua en mi paseo con Swarley, y
cuando volví tomé una lata de agua de coco. ¿Por qué? ¿Qué estamos
haciendo? —Intento mantener mi voz fuerte y firme a pesar de la aprensión
nerviosa que inunda mi sistema.
—Donando sangre. Mi madre y un grupo de amigos organizaron una
campaña de donación de sangre en honor a su amigo que fue
hospitalizado recientemente después de un accidente automovilístico
grave.
—Ah, está bien.
—¿Has donado sangre antes? —pregunta Lautner mientras
desabrocha se cinturón de seguridad.
—Una vez, en mi último año de secundaria cuando organizamos una
campaña de donación de sangre en la comunidad.
—Genial, entonces sabes qué esperar. —Él sale y se acerca a mi
lado.
Sí, sé qué esperar: visión borrosa, sordera de oídos, mareos y el olor
acre del amoníaco que me saca de la oscuridad.
Él abre mi puerta y mis rodillas ya están débiles.
—Vamos a hablar con mi madre.
164

Caminamos hacia donde un grupo de mujeres están paradas


alrededor de mesas llenas de agua, jugos y galletas.
Página

—Ahí está mi niño. —Llama Rebecca, abriendo los brazos.


Lautner abraza a su madre con afecto.
—Hola, mamá. —La suelta y agarra mi mano otra vez, entrelazando
nuestros dedos—. Recuerdas a Sydney
—Por supuesto. Qué bueno verte de nuevo. Realmente aprecio que
ambos hayan venido a donar hoy.
—Es por una gran causa. Sin embargo, lamento lo de su amigo.
—Gracias cariño. Ha estado en coma durante dos semanas, pero
tenemos muchas esperanzas de que salga pronto.
Asiento y sonrío cortésmente.
—Vamos, nena, vamos a completar nuestra documentación. —
Lautner me acerca a otra mesa con portapapeles y formularios para llenar.
Busco una reacción de su madre después de que él usa su término
cariñoso “nena” pero no parece detenerla en absoluto. Me gusta
Rebecca. Parece genuina y amable. No debería importarme ya que no
estoy planeando regresar a Palo Alto, pero quiero agradarle. No quiero
que me recuerde como la chica que le rompió el corazón a su niño. ¿Es
posible que pueda romperle el corazón a Lautner?
Completamos nuestros formularios y Lautner toma la primera
oportunidad.
—Sydney Montgomery. —Una joven morena de cabello corto me
llama.
Siento la boca seca y mis dientes apretados comienzan a
castañetear.
—Yo. —Fuerzo una sonrisa mientras camino hacia el autobús.
La sonrisa de Lautner brilla en el momento en que entro al Sangre
móvil.
—Justo aquí. —Golpea el asiento junto a él con su mano libre.
Trato de no mirar fijamente la aguja en su brazo o la sangre que
drena en el tubo. No es que normalmente me maree o me maree la
sangre de otra persona, pero la ansiedad sobre lo que estoy segura está a
punto de pasar me hace sentir todo tipo de sensaciones desagradables.
—¿Así que veo en tu formulario que has donado antes, pero te
desmayaste después?
Miro a Lautner mientras ella me pone el torniquete en el brazo. Sus
165

cejas se arrugaron un poco.


—¿Bajo nivel de azúcar en la sangre? —Cuestiona.
Página

Me encojo de hombros con una sonrisa tímida.


—Tal vez.
No tiene nada que ver con mi nivel de azúcar en la sangre, pero
prefiero seguir con esa explicación de todos modos.
—Bueno, has desayunado bien y te daremos un poco de jugo para
que estés bien.
—Sí... estaré bien. —Repito con una sonrisa de labios apretados,
asintiendo con la cabeza varias veces.
Una pasada rápida de alcohol, un pequeño pinchazo, suelta el
torniquete y listo, el tubo transparente se vuelve rojo. Esta es la parte fácil.
Tengo buenas venas y la aguja no me molesta. Es levantarme cuando
termino, ese parece ser el problema. He donado sangre solo una vez, pero
me desmayo cada vez que me toman sangre. No importa si es menos de
una onza o una pinta completa... Estoy fuera de combate.
—No vamos a surfear hoy. Nada de actividad extenuante después
de donar sangre.
Lo miro.
—¿Surfear es una actividad extenuante?
Frunce los labios hacia un lado y sonríe.
—Bueno, lo es para uno de nosotros.
—Una vez más, no es gracioso. —Pongo los ojos en blanco.
Lautner espera adentro conmigo hasta que termino. Me da una taza
de jugo antes de siquiera intentar levantarme.
—Bebe esto y solo date un momento antes de ponerte de pie. ¿Sí?
Asiento y hago lo que me dicen.
—¿Sabías que cada dos segundos alguien necesita sangre donada?
¿Y que por cada donación se pueden salvar hasta tres vidas? —Lautner se
hunde entre mis piernas con las manos en mis caderas.
Amo su pasión por ayudar a la gente. Va más allá de lo obvio, su
título en medicina. No tengo dudas en mi mente de que, si hubiera seguido
su carrera en el fútbol, habría sido uno de esos jugadores que usan su
dinero y su estatus de celebridad para hacer grandes cosas fuera del
campo también. El primer día que me llevó a la playa lo vi recogiendo
basura a lo largo de la costa mientras yo hacía el ridículo en el agua. Él
tiene un deseo innato de hacer el bien.
166

—Eres un buen hombre, Lautner, ¿cuál es tu segundo nombre?


Página

—Asher. —Se inclina y besa mi vendaje—. Significa feliz y bendecido.


—Bueno, eres un buen hombre, Lautner Asher Sullivan.
—Eso significa mucho de parte tuya. —Me guiña un ojo.
—Pff... puedo ser la hija de un predicador, pero no soy exactamente
un misionero para salvar el mundo.
—No, solo renunciaste a tu infancia para ayudar a criar a tu
hermana. Ahora estás trabajando para pasar por la escuela y ofreces
voluntariamente tus habilidades de fotografía profesional para ayudar a las
familias de niños con leucemia. Y acabas de donar sangre.
—Gracias, San Lautner. —Agarro su rostro y lo beso profundamente
en sus labios—. Ahora terminemos con esto.
Se para y extiende su mano.
—Estás bien.
Bien…
Me pongo de pie y Lautner me da la mirada de “te lo dije”. Luego,
con poca advertencia, mi oído se va, mi cabeza se marea y las luces se
desvanecen. Estoy fuera.
***

—Ahora me siento como una mierda —dice Lautner, preparando


nuestro almuerzo en la manta en lo que llamo oficialmente "nuestra
playa"—. Todavía estoy sorprendido de que te hayas desmayado. ¿Estás
segura de que desayunaste?
Me acuesto boca arriba y me pongo las gafas de sol sobre los ojos.
—No es gran cosa. Y sí, desayuné. No puedo creer que sigas aquí. En
serio, soy un desastre. Soy evasiva. Soy muy débil. Soy una borracha
terrible. Y anuncié mi ciclo menstrual después de tener solo cinco días de
conocerte. ¡Cinco días! Deberías haber estado gritando “perra loca” y
corriendo por las colinas.
Me da mi sándwich y niega con la cabeza.
—No cambiaría ni un segundo de tu “locura” por una vida de
cordura.
Tomo un bocado de mi sándwich y miro cómo las olas chocan
contra la orilla. Lautner dice las cosas más increíbles tan casual como si
pidiera un café.
167

—¿Qué tal si nunca vuelves a encontrar locura? —Lo miro.


Página
—¿Qué tal si un completo desconocido nunca salta a tu piscina
desnudo? —Toma un bocado de su sándwich.
Me río.
—¿Qué tal si nunca recibes otro striptease borracho?
Ahora él se ríe.
—¿Qué tal si nunca comes otra galleta de cereza y almendra?
No puedo evitar sonreír, mirando hacia el infinito del océano.
¿Qué tal si nunca veo el mundo en irises azules?
—Sí... ¿y qué tal si...? —susurro.
Comemos el resto de nuestro almuerzo al suave ruido blanco de las
olas rompientes. Hay tantas palabras no pronunciadas entre nosotros.
Compartirlas no cambiará nada, solo causará más dolor. Creo que las
emociones entre nosotros se magnifican porque son muy nuevas. El tiempo
se desvanecerá en viejos recuerdos y los nuevos los reemplazarán. Nunca
imaginé que no sentiría el dolor de la muerte de mi madre pesando sobre
mi corazón, pero ya no es así. Hay y siempre habrá un vacío dentro de mí
que nunca se llenará, pero no duele. Hay una capa de tejido cicatricial
que ha entumecido el dolor. Lautner está dejando su propia marca en mi
corazón. También se convertirá en un recordatorio indolora de una
persona especial que pasó por mi vida.
Me empuja entre sus piernas y yo apoyo mi espalda contra su
pecho.
—Si no te hubieras lastimado, ¿seguirías jugando? —pregunto,
enfocándome en su cicatriz.
—No sé... tal vez.
—¿Alguna vez te arrepientes de no seguir jugando? Quiero decir,
muchos jugadores se lesionan, pero siguen jugando.
Cruza sus brazos alrededor de mí y besa la parte superior de mi
cabeza.
—A veces, cuando voy a juegos o lo veo en la televisión, lo extraño,
pero no puedo decir que me arrepienta. Mucha gente pensó que tenía
miedo de jugar incluso después de que mi lesión sanó, pero la verdad es
que tenía más miedo de no jugar. Era la única cosa en la que era muy
bueno y me encantaba jugar. Era todo lo que sabía.
168

—¿Cómo sabías que estabas tomando la decisión correcta?


—No lo sabía... Todavía no lo sé. Es difícil dejar de lado lo que amas y
Página

es aún más difícil seguir adelante. Pero no mirar hacia atrás es el mayor
desafío. —Besa mi cabeza, otra vez. Los brazos más fuertes que he
conocido me abrazan, todo de mí. Me habla con tacto y me mantiene en
el espacio entre las palabras.
Si esto no es amor, entonces no existe.
Caminamos por la playa tomados de la mano y compartiendo los
momentos más felices de nuestra infancia. No es de extrañar, mucha de la
infancia de Lautner giró en torno a los deportes. Jugó casi todos los
deportes, pero también aprendió a tocar la guitarra. Justo cuando creía
que Lautner no podría ser más caliente, tuvo que agregar un tronco sexy
con una guitarra a mi ya ardiente visión de él que llevo dentro de mi
cabeza.
—Espero una actuación privada antes de irme.
Él desliza su brazo alrededor de mis hombros y me lleva a su lado.
—Tendré que revisar mi agenda de conciertos.
Le aprieto sus duros glúteos.
—Está bien, dime más. ¿Eras el perfecto chico scout, cortés,
encantador, amable?
Está callado, así que no estoy segura de que me ha escuchado.
Mirando de reojo, noto que aprieta los dientes, con los labios apretados.
Se aclara la garganta.
—No todo el tiempo. Mirando hacia atrás, tendría que decir que
hubo algunas cosas que hice o en las que participé que podrían no verse
bien en un currículum.
Mis ojos favoritos me están evitando, haciendo que luzca culpable.
—¿Cómo?
—En el octavo grado mis amigos y yo comenzamos un club. —Hace
una pausa.
—¿Qué tipo de club?
La risa que se le escapa sugiere que no era un club de ajedrez.
—Un club deportista. La casa del árbol en mi patio trasero era
nuestra casa club. Aunque, a esa edad, realmente éramos demasiado
grandes para meternos en esa cosa. Es un milagro que no se estrelló contra
el suelo bajo nuestro peso. De todos modos, discutíamos importantes
asuntos deportivos.
169

—Oh ya entiendo. Esa fue la edad en que tú y sus amigos pensaron


que necesitaban empezar a usar equipo de protección: protectores y
Página

suspensores. Pero no tuvieron el coraje de pedirle a sus padres que los


compraran, así que se reunieron todos los días después de la escuela y
recogieron pequeñas tazas para pene y suspensorios tejidos a mano con
hilo de desecho que robaron de la sala de costura de su madre —chillo
mientras me agarra y me arroja sobre su hombro estilo saco de patatas.
—¿Pequeñas tazas para pene? —gruñe, golpeando mi culo apenas
cubierto.
—¡Detente! ¡Bájame!
Centímetro por agonizante centímetro, deja que mi cuerpo se
deslice por el frente de él, deteniéndose cuando nuestros ojos se
encuentran. Estoy esperando que sus labios atormenten los míos o un
comentario sarcástico, pero solo está sacudiendo la cabeza con una
sonrisa apretada.
Me deja caer.
—Como estaba diciendo… —entrelaza nuestros dedos y tira de mí
hacia nuestras cosas—, nuestro club deportivo discutía sobre chicas.
Específicamente aquellas que planeaban intentar ser animadoras de
primer año. Elegimos nuestras candidatas favoritas en función del aspecto,
la popularidad y la capacidad de rebote.
—¿Capacidad de rebote? ¿Qué tan alto podían saltar?
Sonríe y es muy grande, pero no puedo definirlo.
—Según el tamaño de sus tetas.
No importa. Lo acabo de definir. Es una sonrisa de Era-un-
adolescente-caliente-pervertido-y-todavía-estoy-algo-orgulloso-de-eso.
—Llamamos a nuestro sistema de calificación El factor rebote. Un
cinc osería capaz de causar ojos negros y un uno ni siquiera requiere un
sujetador de entrenamiento.
Demasiado para San Lautner.
No quiero reírme —degradando las mujeres, hacer que las jóvenes se
vuelvan conscientes de sí mismas, y todo eso-- pero no puedo evitarlo. Es
demasiado gracioso.
—¿Te estás riendo? —dice en una voz lenta llena de incredulidad.
—Lo sé... lo sé, debería ofenderme. —Niego con la cabeza y
recupero el aliento—. Tal vez si no hubiera sido una marimacha a esa edad
estaría más ofendida. Si existe algo así como lo contrario de una
170

animadora, entonces esa era yo.


Lautner tira de mi coleta.
Página

—Dime, es mi turno de ensuciarte.


—La suciedad está bien. Durante mi fase de marimacho de cabello
corto, tenía una obsesión por cavar en la tierra detrás de nuestra casa.
Estoy bastante segura de que Fear Factor robó mi idea un año después.
Algunos niños en el vecindario, en su mayoría niños, y yo jugamos nuestra
propia versión. Me he comido uno de cada especie de insecto que hay en
el norte de Illinois, junto con unos cuantos bulds de conejo y un ojo de
rana.
Su rostro arrugado es hilarante.
Asiento, señalando con un dedo mi boca.
—Oh sí, amigo. Has besado esta boca: mierda, ojos de rana e
insectos.
—Desagradable... no hay otra palabra. —Cierra los ojos y hace un
rápido estremecimiento.
Hemos llegado a nuestra área de playa nuevamente.
—Deberíamos volver. Tengo que investigar un poco y tu perro
favorito va a querer cenar. —Lautner me atrae hacia su pecho. El agua
forma espuma alrededor de nuestros pies.
—¿Un chapuzón rápido primero? —Me chupo el labio inferior entre
los dientes y hago un intento patético de ojos de cachorro.
—Hoy está un poco más fresco. Vas a tener frío cuando salgamos.
Me encojo de hombros y lo jalo hacia el agua.
—¡Eek!—grito cuando la fresca marea fluye sobre mis hombros.
Lautner me atrae hacia él y compartimos un beso profundo.
—Mierda, ojos de rana e insectos —murmuro contra sus labios.
—Cállate.
Agarra mi trasero y envuelvo mis piernas alrededor de él. La
sensación de su excitación debajo de sus bañadores me hace querer más.
Con pulgares expertos, retira las copas de la parte superior de mi bikini
sobre mis pechos, sus palmas frotan mis pezones. Esta es de lejos la cosa
más sexy que he hecho. Mi temor es que el cerebro analítico de Lautner
vaya a entrar y robar el momento. Lo aprieto con fuerza, trabajando
contra su polla con la esperanza de evitar la invasión de cualquier
pensamiento racional de su parte o la mía. Nos acerca a la playa y siento
una punzada de desilusión cuando me arroja al agua hasta las rodillas.
171

Comienzo a cubrir mis pechos nuevamente.


—Eh, eh, eh... — Niega con la cabeza y quiero gritar de júbilo
Página

mientras lo miro bajar sus bañadores justo por debajo de sus caderas.
Cayendo de rodillas en las aguas poco profundas, se sienta sobre sus
talones y me tira a su regazo. No hay nadie alrededor, pero el hecho de
que alguien pueda aparecer sobre el montículo cubierto de hierba me
hace sentir mal. El momento es sexy y estimulante.
Su boca cubre un pecho y su mano amasa el otro. Agarrándolo del
cabello, lo tiro más cerca, moviendo una mano hacia su erección y
acariciándola hasta que gime contra mi pecho. Se me corta la respiración
mientras muerde mi pezón. Alcanzando entre nosotros, él tira de mi trasero
a un lado. Excavo mis pies en la arena y empujo lo suficiente para
maniobrar su polla firme entre mis piernas, hundiéndome en él.
—Oh Dios. —Mientras él me llena, soy transportada a un nivel
completamente nuevo de paraíso.
Sus manos agarran mis caderas y su boca toma la mía mientras
comienzo a moverme hacia arriba y hacia abajo sobre él. Por un
momento, mi mente vagabundea por los tiburones que probablemente se
acercan a la costa cuando se aproxima el crepúsculo.
—¡Ahh! —grito mientras Lautner se me acerca. Las visiones de
tiburones se desvanecen en un instante cuando empiezo a sentir la lenta
construcción de mi orgasmo. Los dos estamos trabajando a un ritmo
acelerado mientras el agua cae sobre mi espalda—. ¡Más duro! —Lloro,
lanzando mi cabeza hacia atrás, sintiéndome tan cerca.
—¡Cristo, Sydney! —gruñe con una oleada final y ambos llegamos al
clímax al mismo tiempo.
Nuestras caderas forman unos círculos profundos y lentos que
recorren hasta la última sensación. Siento el océano dentro de mí y a mi
alrededor. Su cabeza se derrumba contra mi pecho, y apoyo mi mejilla en
la parte superior de su cabeza.
—Eso fue... —Exhalo exhausta.
—Jodidamente increíble —termina Lautner.
—Y eso que teníamos que evitar el ejercicio extenuante. —Me río y él
también.
***

Me quedo dormida de camino a casa por los suaves toques de las


puntas de los dedos de Lautner a lo largo de mi antebrazo.
172

—Ya vuelvo, nena —susurra. Escucho que su puerta se cierra y mis


ojos luchan por abrirse. No reconozco dónde estamos, pero parece el
Página

estacionamiento de un edificio de departamentos. Lautner entra por la


puerta inferior, pero lo pierdo de allí. Regresa con una bolsa de lona en
una mano y una bolsa de mensajero colgada del hombro.
—¿Qué estás haciendo? —pregunto mientras abre la puerta del
conductor.
—Quedarme contigo hasta que te vayas. He empacado lo suficiente
por algunas noches de todos modos. —Se abrocha el cinturón de
seguridad y retrocede—. Todavía no voy a poder verte tanto con mis
largas horas, pero incluso arrastrarme a la cama con tu cuerpo dormido es
más de lo que he tenido la última semana.
Estoy emocionada, completamente eufórica.
—¿A menos que no quieras que me quede? —pregunta mientras
salimos del estacionamiento.
Me encojo de hombros.
—Lo que sea. No eres lo peor para despertar. Supongo que puedes
quedarte... si quieres.
—Apestas con despreocupación, nena. Pero eso está bien. Lo jugaré
a tu manera. Oh, por favor, Sydney. Déjame quedarme contigo y poner mi
boca donde más te guste hasta que estés gritando mi nombre, haciendo
aullar a Swarley, y los vecinos alerten a las autoridades.
Le doy un puñetazo en el brazo.
—Por Dios, no puedo creer que caí por completo, ante el papel de
chico donador de sangre, amante de la vida marina, preservacionista de
flores. Pensé que eras un buen tipo. Pero ahora creo que eres como
cualquier otro tipo arrogante. —Cruzo los brazos sobre mi pecho.
—Soy un buen tipo... con un lado malo también. Sabes que te
encanta.
Realmente lo creo, pero estaré condenada si alguna vez lo admito
abiertamente. No hay nada más sexy que un tipo que cree que tiene algo
que probar.

173
Página
11
Pura felicidad. Simplemente no hay otra manera de describir la
semana pasada. Lautner ha trabajado largas horas, pero siempre termina
a mi lado en la cama. Sé que está contando en silencio los días, como yo.
Ya no hablamos del final, pero el aire que nos rodea se vuelve cada vez
más denso y hace que sea más difícil respirar a medida que pasan los días.
No importa a qué loca hora llegue Lautner. Nos tomamos el uno al otro en
una pasión frenética. Las palabras no son necesarias. Lo inevitable se
siente en besos que sacan moretones, manos desesperadas, resistencia
insaciable, gemidos suplicantes, y la forma en que nuestros cuerpos
permanecen entrelazados durante horas.
Siete días. He pensado mucho en quedarme. Es realmente todo en
lo que he estado pensando. Pero a los veintitrés años todavía no puedo
elegir un bolso sin hacer una docena de viajes al centro comercial. ¿Por
qué diablos tendría sentido para mí pensar que encontré el amor de mi
vida en menos de un mes?
Eso es fácil. Él me absorbe, sangra mi cordura, detiene mi corazón y
descubre mi alma. Y eso solo con sus ojos. Malditos ojos de Medusa.
Llaman a la puerta y Swarley se vuelve loco. Su aburrimiento
conmigo es evidente, y no puede evitar la exuberancia que siente ante la
perspectiva de que alguien, cualquiera, sea más interesante que yo
cuando caminando hacia la puerta. Lautner lo ha estado mimando con
golosinas de la panadería para perros. No me puedo quejar. Cuando
Swarley está preocupado por una delicia deliciosa, nos da más privacidad.
No molesta a Lautner en absoluto, pero Swarley se sienta junto a la cama y
llora cuando estamos teniendo relaciones sexuales. Me ha hecho perder
dos orgasmos inminentes la semana pasada. Ambos de los cuales Lautner
174

heroicamente persiguió y capturó después de sacar a Swarley de la


habitación. Quiero creer que la capacidad de Lautner para hacer que
Página

llegue en menos de diez segundos se debe a sus extensos estudios en


anatomía humana y no a años de experiencia sexual.
¡Sigue soñando, Syd!Era un maldito candidato al Trofeo Heisman.
—¡Oh Dios mío! ¿Qué estás haciendo aquí? —grito en estado de
shock abrazando a Avery.
Ella intenta abrazarme con su enorme bolso colgado de un hombro y
una bolsa de una noche colgada sobre el otro.
—¡Sorpresa!
—¿Por qué no llamaste? —pregunto, dando un paso atrás para que
pueda entrar.
—Habría arruinado un poco la sorpresa. ¿No crees? Sí, sí, te veo
Swarley. —Deja caer sus maletas y se inclina para acariciar al molesto
perro.
—Qué dulce, viniste a decir adiós otra vez antes de irme la próxima
semana. —Mi voz es nauseabundamente dulce y estoy trabajando horas
extras batiendo mis pestañas.
Avery me mira con los ojos entrecerrados y luego pone los ojos en
blanco.
—Claro, eso también.
—Caden te tiene atada, ¿eh?
Sonríe.
—Figurada y literalmente.
—DI4... gracias por lo visual. —gruño y camino a la cocina—. ¿Él sabe
que estás aquí, o también vas a aparecer de sorpresa en su puerta?
—Bingo. Encontré trabajo en San Francisco, Sam. Todavía no lo he
aceptado, pero creo que después de este fin de semana tal vez lo haga.
—¿Qué pasó con “Voy a morir en L.A.”?
—¿Qué puedo decir? He crecido. —Endereza sus hombros hacia
atrás como si una mejor postura afianzará su punto.
—Tienes veintiuno. Hace seis meses llevabas una identificación falsa,
¿pero ahora has crecido?
—Entonces, ¿cómo está el Dr. Sexy?
—Buena diversión, Ave. El Dr. Sullivan está bien.
Le doy un vaso de té helado.
175

—¿Bien o bien?
Página

4 Siglas de Demasiada Informacion.


La sonrisa de come mierda que trato de ocultar me gana.
—Bien... muy, muy B. I. E. N.
—Apuesto a que es una maldita máquina en la cama. ¿Estoy en lo
cierto?
—¡Avery! Cuida tu lenguaje. Pensé que estabas aquí para ver a
Caden.
Se ríe.
—Lo hago. Pero Jesús, Sam. Lautner es un Adonis y esos ojos...
—Malditos ojos de Medusa —termino con una mirada en blanco a mi
vaso.
Avery se ríe.
—Buena descripción.
—Mmm... ¿Cuándo vas a sorprender a Caden?
—Pronto. Él trabaja hasta el mediodía los viernes. Pero quería verte
primero.
—¿En serio? —pregunto con incredulidad.
—De verdad. —Se pone de pie y se dirige al vestíbulo, coge su bolso
y se dirige al piso de arriba—. Y necesito refrescarme y convertirme en algo
más sexy después de mi largo viaje.
Por supuesto que sí.
***

Es un viernes pintoresco, así que preparo a mi nuevo amigo de


cuatro patas para hacer un viaje y sacar algunas fotos. Secoyas desde
todos los ángulos posibles. Me apego a la flora porque Swarley no es el
mejor activo de un fotógrafo cuando intenta capturar la vida silvestre. Me
encanta jugar con la luz y diferentes filtros. Es fácil perderse en la lente
cuando estoy rodeada de maravillas de la naturaleza.
Me tomo una foto con mi teléfono abrazando un árbol y se lo envío
a Lautner. Es un arbolito pequeño, así que creo que lo entenderá.
¡Pensando en ti!
Después de tomar a Swarley y mi bolso de la cámara, "In Your Eyes"
176

suena.
—Oye, no tienes que llamarme.
Página
—Estoy tomando un almuerzo rápido. Me gusta la imagen y las
traviesas insinuaciones. — La voz de Lautner es baja y sexy.
—¿Traviesas insinuaciones? ¿De qué estás hablando? Significó
abrazar árboles.
Se ríe.
—Sí, supongo que también podría significar eso, pero me gusta más
mi interpretación.
—¿Cuál? —Me pongo el cinturón de seguridad y enciendo el auto.
—Extrañas mi gran tronco.
—¡Oh Dios mío! ¿Y te dejan trabajar con niños? Eres un pervertido.
—¿Entonces no extrañas mi gran tronco?
—¿Qué-dónde estás? ¿Las personas te están escuchando? ¡Estoy
avergonzada de ti! —suspiro
—Relájate, estoy escondido en la esquina de la cafetería solo. Tengo
unos cinco minutos, así que continuemos. ¿Qué llevas puesto?
—¿Qué quieres decir con qué llevo…? Dios mío, no voy a tener sexo
telefónico contigo mientras estás en el trabajo y yo en el auto con Swarley.
—Como quieras, pero recuerda, lo comenzaste, Syd.
—¡Uf! Estoy colgando ahora, adiós.
—¿Sydney?
—¿Sí?
Hay una pausa de silencio.
—Te extraño.
Mátame ahora.
—Te veré más tarde —le susurro y presiono fin.
Es tarde, tengo mi editor de fotos listo por el día, y Swarley está listo
para una siesta. Al entrar en el estacionamiento, me sorprende ver el
Honda Pilot blanco de Avery. Avanzo con cautela hacia la casa, con la
esperanza de no encontrarme con una película porno junto a la piscina
protagonizada por ella y Caden. Me siento aliviada cuando veo a Ave en
una tumbona junto a la piscina. Está algo apagada. No lleva su traje de
baño y está bebiendo de la cerveza que solo bebe cuando está enojada
177

porque no hará que vomite rápido.


—Hey, Ave. —Las palabras me salen de la boca cuando bajo las
Página

escaleras de la cubierta. Sus grandes gafas de sol negras cubren la mayor


parte de su rostro, pero no ocultan las lágrimas en sus mejillas o la secreción
nasal que ocasionalmente resopla.
—Soy tan estúpida —solloza
Me siento al pie de la silla y le aprieto la mano.
—¿Qué pasó?
—El maldito Caden fue lo que sucedió, o más como Caden follando.
—Se limpia las lágrimas de sus mejillas y vuelve a sorber.
—No entiendo.
—¡Y-yo aparecí y é-él estaba follando a otr-otra chica! —Su cuerpo
tiembla con cada palabra y me duele tanto por ella.
La madre por defecto en mí se encuentra en plena atención y estoy
lista para ir a la guerra por mi hermanita. Dispara primero, pregunta
después.
—¿Qué dijo él?
—Dijo que creía que nos estábamos divirtiendo. ¡Dios! No puedo
creer que me enamoré de su actuación de buen chico. Al menos con la
mayoría de los chicos, sé que son de una sola noche. ¡No llaman, envían
mensajes de texto y se quedan todo el maldito fin de semana en mi casa!
No me cuentan sobre su familia y me presentan al hermanito con síndrome
de Down. No me dicen que me extrañan y que desean que viviésemos
más cerca.
No sé qué decir. Estoy lívida y lista para ir en auto hasta Caden y
arrancarle las pelotas y pulverizarlas con un par de tacones de aguja de
diez centímetros.
—Voy a lidiar con esto. —Una oleada de ira me quema la piel.
—No, Sam. Obviamente no vale la pena. —Avery se quita las gafas y
mi corazón se encoge al ver sus ojos rojos hinchados.
Nunca he visto a Avery tan rota por un chico. Ella se arriesgó y su
corazón fue pisoteado. Sé que extraña a nuestra madre en este momento.
Papá no sabría qué decir y muy probablemente le daría un sermón
condescendiente que solo la haría sentir peor. No mamá. No importaba lo
que pensara sobre el estilo de vida arrogante de Avery, ella consolaría a su
bebé. Mamá siempre fue incondicional con su amor.
—Entonces, ¿qué puedo hacer por ti, Ave? —Me acerco más y la
178

tomo en mis brazos.


—Solo recuérdame que los chicos solo son buenos para el sexo.
Página

Nunca volveré a cometer ese error. De hecho… —Me suelta y se sienta


mientras se limpia los ojos y respira profundamente—. Los chicos buenos
están oficialmente fuera de mi lista. Me voy a quedar con los chicos malos.
Con ellos, lo que ves es lo que hay.
—Ave, no todos los hombres son como Caden. Solo necesitas
desacelerar las cosas en el futuro. No te dejes atrapar por el torbellino del
romance y los cuentos de hadas que no existen.
—Excepto para ti. Lautner nunca te haría esto.
Mi instinto me dice que tiene razón, pero no importa. No me estoy
preparando para reorganizar mi vida para estar con él. Me estoy
preparando para decir adiós.
—Tal vez... pero es irrelevante. Dentro de una semana me iré a París,
mi destino soñado, y tú volverás a L.A. dejando a Caden y toda su mierda.
—Las chicas Montgomery van a ser atrevidas, sexys y solteras de
nuevo —declara con un asentimiento resuelto y seguro.
Me río a pesar del dolor que no dejaré que Avery vea.
—¡Cuídate mundo!
***

Llevo a Avery a cenar y la dejo que ahogue sus penas residuales en


su Riesling5 favorito. Entre el vino y su largo día de completo agotamiento
mental, se estrelló en la habitación de invitados tan pronto como llegamos
a casa. Swarley me hace compañía en la cama mientras reviso todas las
fotos que tomé el día de hoy. Salta de la cama sobresaltándome, y
levanto la mirada para ver a mi sexy doctor en una camiseta celeste y
vaqueros desteñidos de pie en la entrada. Lautner le da Swarley su delicia
diaria, y de inmediato se va corriendo al piso de abajo.
—Hola —digo con una leve sonrisa. Mis emociones han sido
atenuadas por los acontecimientos del día de hoy.
Se sienta junto a mí y presiona sus labios en los míos. Quiero hablarle
acerca de Caden y Avery, pero necesito esto primero. Su lengua se desliza
entre mis labios y la mía le saluda con fervor. Enmarco su rostro con mis
manos y da un suave gemido apreciativo.
Prodigándole a mi mandíbula y cuello besos con la boca abierta,
cierra mi computadora portátil y la desliza fuera de mi regazo.
—Lautner, espera… Necesitamos hablar.
179
Página

5Riesling: tipo de vino


Sus manos se deslizan por mis piernas desnudas. Los músculos se
tensan bajo el toque de sus pulgares que rodean el ápice de mis músculos
internos.
—Estoy hablando. ¿No escuchas lo que estoy intentado decirte? —
murmura contra mi cuello.
Lautner me posee… o al menos mi cuerpo. Los pensamientos se
disuelven. Las sensaciones se rinden. El resto del mundo deja de existir.
—Lo hago… y querido Dios, me encanta la manera en que lo dices,
pero…
Se detiene dejando sus pulgares a un suspiro del botón de fusión de
mi cerebro.
Sus irises azules brillan y me toma un momento recuperar el aliento.
—¿Has hablado con Caden hoy?
Lautner se recuesta en el colchón y la pérdida de su toque es mi
respuesta.
—Se siente como mierda.
Aprieto las manos en el colchón para moverme a un lado y
enderezarme, después cruzo los brazos sobre mi pecho. Sus ojos caen a mis
brazos mientras muerde la esquina de su labio inferior.
—Bueno, pobre Caden. Tal vez deba enviarle mañana algunas flores
para animarlo. Recuérdame hacer eso después de que envié a mi
hermana y su corazón destrozado a L.A. por la mañana. —Mi intención no
era desahogar mi enojo con Lautner, pero no puedo evitar que el
sarcasmo salga de mis palabras.
—Syd, él no tenía idea de que lo vendría a visitar este fin de semana.
—¡Ese no es el maldito punto! —grito con poca moderación.
—¡Jesús, Sydney! —Levanta las palmas en señal de rendición.
Dejo escapar un largo suspiro.
—Lo siento. Estoy tan enojada en este momento. Avery no había
parecido tan rota desde que nuestra madre murió.
Hace una mueca.
—No estoy tratando de parecer insensible, pero… es Avery de la que
estamos hablando.
180

—¿Qué se supone que significa eso?


—Solo estoy diciendo que es como una… —Se detiene en seco y me
Página

mira.
Sé que está tratando de evaluarme como un animal atrapado.
—Es como una, ¿qué? —Levanto las cejas.
Pasa las manos por su cabello y suspira con un leve movimiento de
cabeza.
—Nada. Escucha lo sien…
—¡No! ¡Dilo!
—¡Cielos, Syd! —Gime con exasperación—. Ti hermana estaba sobre
mí dos segundos después de que nos presentaran. Después tú insististe que
te llevara a desayunar para que pudieras advertirme de que iba a
“abalanzarse” sobre Caden. Dijiste que era “coqueta” y que “todavía
estaba viviendo la vida loca”. Entonces, de alguna manera ¿Caden es el
chico malo por no arrojarle un anillo en el dedo y prometerle un para
siempre?
—¡Ella es un ser humano, Lautner! Nadie merece entrar y ver a la
persona que ama follar con alguien más.
—¿Amor? ¿En serio? ¿Le dijo que lo amaba? ¿Él le profesó su amor?
¿Acordaron estar en una relación seria?
—Ese no es el punto. —Aparto la mirada de él.
Se pone de pie y pone las manos en las caderas.
—Entonces, por favor, ilumíname. ¿Cuál es el punto?
—Condujo a L.A. para pasar el fin de semana con ella. Compartió
información personal con ella. La presentó con Brayden. Estaba montando
todo el acto de “el chico bueno”.
—¡Caden es un buen tipo! No es un acto. El pobre tipo fue
abandonado por su prometida y tal vez está teniendo un poco de vida
loca antes de arriesgarse a que su maldito corazón sea arrancado de su
pecho otra vez. No estaba tratando de restregárselo. Ella debió de haber
llamado.
Tiro de mis rodillas hacia mi pecho, necesitando un escudo extra.
Estamos a un metro de distancia, pero sigue de pie sobre mí como una
torre, y su postura es tan defensiva como la mía. La voz de la razón susurra
algo en el fondo de mi mente, pero no puedo escucharla por mi ego
erizado gritando en mis oídos.
—Le ofrecieron un trabajo en San Francisco. Un trabajo que iba a
181

aceptar para estar más cerca de Caden. Avery no lo estaba espiando o


intentando atraparlo en el acto. Estaba tratando de sorprenderlo. Como
“¡Sorpresa! ¿Me recuerdas? La chica que está dispuesta a renunciar a sus
Página

sueños en L.A. para estar cerca de ti”.


Lautner se encoge de hombros y sacude la cabeza.
—Lo siento, Syd. Sé que quieres que me enoje con él. Pero no puedo.
Lo entiendo. Avery es tu hermana, pero Caden es lo más cercano que
tengo a un hermano. Además, esto no se trata de nosotros.
—Tienes razón. Esto no es sobre nosotros. No hay un nosotros porque
me voy la próxima semana. Tal vez deberías ir a follar a alguna chica al
azar esta noche y alegar inocencia porque no arrojaste un anillo
a mi dedo y me prometiste un para siempre.
—Estas siendo ridícula —murmura mientras se frota las manos por el
rostro.
—Estas siendo condescendiente —respondo.
—¡Uff! No estoy siendo condescendiente. ¿Siquiera sabes lo que
significa?
—¡Sí! ¡Sé lo que significa y lo acabas de hacer otra vez! —grito.
Levantándome, paso junto a él para abrir la puerta del dormitorio.
Me está tomando todo lo que tengo mantener mi cena. El nudo en mi
estómago, el nudo en mi garganta, el alambre de púas alrededor de mi
corazón…es demasiado. No se mueve ni yo tampoco.
—Solo vete —suspiro de cansancio.
—No me voy a ir y no voy a ir a follar con una chica al azar. —Se
quita la camisa y los pantalones antes de deslizarse en la cama.
Es tan malditamente obstinado y frustrante. Me acerco a la cama y
agarro mi computadora. Antes de que pueda escapar agarra mis brazos, y
me pone a pocos centímetros de su rostro. Trago y desvío los ojos.
—Mírame, Sydney.
Sacudo la cabeza.
—Te amo.
—¡Solo PARA! —grito.
Libera mis brazos con una expresión de derrota. Voy a la habitación
de Avery, cerrando de golpe y poniendo el pestillo detrás de mí.
***
182
Página
Gracias Swarley. La única mañana que necesito que duermas y no
llores fuera de la puerta es la mañana en que compones el maldito solo
“dame de comer” más largo del mundo.
Avery esta boca abajo, pero sigue respirando. Tiene suficiente
alcohol en su cuerpo para dormir durante toda la pelea que tuve con
Lautner y mis sollozos que finalmente me cansaron y me arrullaron en el
sueño más inquieto de todos. Estoy agotada emocionalmente y
físicamente exhausta. No va a ser un buen día.
Camino de puntillas por el pasillo y echo un vistazo a mi habitación.
Lautner se ha ido. Me pregunto si se fue o se quedó anoche. Swarley está
pegado a mí, meneando la cola y sonriendo. Si, en realidad está
sonriendo. Al menos uno de nosotros va a tener un buen día.
Entrando a la cocina, me recibe un gran ramo de flores, dos tazas de
bebidas calientes, y mi bocadillo de panadería favorito. Le doy al patético
perro su desayuno y leo la carta con las flores.
Te amo. Te amo. Te amo. Te amo… solo a ti… siempre a ti… por
siempre a ti.
Lo odio más cada día. No tiene nada que perder y todo que ganar
diciendo esas dos palabras. Yo, por otro lado, no tengo nada que ganar y
todo que perder.
Cuando mi papá me despertó para decirme que el hospicio llamó
para decir que mi mamá había muerto, no lo quería creer. Y no lo hice,
hasta que vi su cuerpo en el ataúd abierto. Algunas veces creo que, si no
la hubiera visto ahí, una parte de mi habría creído por siempre que no se
había ido realmente.
Por mucho que no quiera vivir mi vida con una mentalidad tan
infantil, no puedo evitarlo. Todavía creo en el poder creativo de las
palabras. Así que, si no digo las dos palabras que quiero
desesperadamente decirle a Lautner, entonces tal vez no sean ciertas. Por
alguna razón contenerlas es como mantenerme lo suficientemente lejos de
mi misma como para no consumirme por completo, romperme, y quitarme
mis sueños. Sin embargo, creo que él sabe que puede. Cada día hace una
grieta en mi resolución.
—Querido Dios, ¿más flores? —La voz ronca de Avery me sobresalta.
Se ve como el infierno y esa no es una tarea fácil para ella.
—¿Café? —pregunto, quitando las tapas de las tazas y reclamando
183

mi té primero.
—Sí, definitivamente café —responde tomando la taza y sentándose
Página

en el taburete.
—Mmm, bueno, pero ya no está tan caliente.
Bebo un sorbo de latte tibio.
—Creo que probablemente estaba en la panadería cuando
abrieron las puertas. Sé que tiene que estar en el hospital muy temprano.
—¿Por qué entraste a mi habitación? —pregunta.
Frunzo la frente en confusión.
—¿Cómo sabes que entré anoche? ¿Te despertaste a mitad de la
noche?
—No. Tu computadora estaba en la mesita de noche. Así que
suéltalo. ¿Qué pasó?
Agarrando una galleta de la bolsa, arranco trozos para alimentar mi
nerviosa frustración.
—Lo confronté por Caden.
Avery deja su taza de café y apoya sus brazos en el mostrador.
—¿Y?
—Y actuó como si no fuera culpa de Caden. Me enojé, él se enojó, y
discutimos hasta que intentó cambiar el tema hacia nosotros, y después
procedí a decirle que no hay un nosotros.
Me da una tensa y dolorida sonrisa.
—Gracias por defenderme, Sam. Pero ahora siento que los he
separado.
—Ridículo —murmuro con la mitad de la galleta metida en la boca.
Termino de masticar y tomo un trago.
—Me voy en menos de una semana. Ambos sabíamos que nuestra…
—hago comillas en el aire—, relación no tenía a donde ir. Estaba
terminada incluso antes de empezarla. No solo te defendí porque eres mi
hermana. Lo hice porque Caden fue un completo idiota. Tomó ventaja de
su falta de comunicación. Usó esto como una excusa para acostarse con
todas. Algunas veces los sentimientos están implicados sin tener que decir
las palabras…
Me acabo de dejar sin habla con mis propias malditas palabras.
—Me sorprendes, Sam. No importa qué tan bajo me hundo, cuantas
relaciones de una sola noche tenga, siempre ves lo bueno en mí y nunca
184

pones mis indiscreciones en mi contra.


Me encojo de hombros.
Página

—Nadie está condenado. Ni siquiera mi molesta hermana de los L.A.


—Ahí está. Bienvenida de nuevo —ríe Avery mientras toma la carta
de Lautner de la mesa. Sosteniéndola puedo ver la expresión “qué
demonios” en su rostro.
—No preguntes —digo inexpresiva.
—¡Oh, caramba! —Levanta la vista después de leerla.
Me echo a reír. ¿Oh, caramba? Miro alrededor.
—¿Papá acaba de entrar o algo así?
Avery ríe.
—Tienes razón. Que me jodan. ¡Esta es una mierda muy profunda!
Pongo los ojos en blanco.
—Podrías necesitar una buena sermonada, eso por seguro.
—Sydney… —saca mi nombre y frunce el ceño.
Las lágrimas pican mis ojos y todo el humor es absorbido fuera de la
habitación.
—Sydney —saliendo de Avery significa que esta vez es algo serio,
pero no quiero hablar en serio.
Agarro la carta de su mano.
—No es nada. Solo se siente mal por pelear anoche así que lo está
compensado en exceso. Estoy segura que está cansado y ni siquiera
estaba pensando en lo que estaba escribiendo.
—Te amo… solo a ti… siempre a ti… por siempre a ti. Una vez más me
sorprendes. Entro en la habitación de él chico de mis sueños y está follando
a otra chica y tu ¿obtienes esto? —Hace un gesto hacia las flores, bebidas,
bolsa de repostería y la nota—. ¡Ganaste la maldita lotería de tipos
elegibles y estas rompiendo el maldito boleto ganador! No tiene sentido.
Mi mandíbula se aprieta. Se malditamente bien que Lautner no
es un buen partido, es el partido. Pero no cambia las circunstancias. Es
como encontrar tus zapatos favoritos de quinientos dólares a mitad de
precio, pero no tienes ni diez dólares en el banco. Es la oportunidad
perfecta en el momento equivocado. Es lo que es.
—Mamá…
—¡No! —Interrumpe—. No te atrevas a darme un sermón acerca de
hacer sentir orgullosa a mamá o vivir la vida que nunca tuvo. Odio cuando
185

lo haces sonar como si su vida fue una decepción. Me hace sentir como si
se arrepintiera de habernos tenido. ¿Es lo que crees que fuimos para ella?
Página

¿Errores?
—¡No! ¡Ese no es mi punto! —Mis músculos se endurecen en
defensa—. Odio cuando tratas de hacerme sentir culpable por ser
ambiciosa.
—¡Bien! Se ambiciosa. Pasa el resto de tu vida yendo a la escuela y
encontrando el trabajo perfecto. Espera hasta que tengas cuarenta para
casarte y empezar una familia, pero hazlo por ti. No lo hagas por mamá.
No lo hagas porque creas que es lo que hubiera querido que hicieras. No
lo hagas porque creas que ella se olvidó de seguir sus propios sueños.
Pongo mis manos en el mostrador y tomo un lento respiro.
—Estoy viajando a Paris la próxima semana, por mí. Me voy a
graduar de la escuela por mí. Estos son mis sueños. Mamá está muerta. Es
demasiado tarde para hacerla sentir orgullosa. —Las palabras saben cómo
ácido en mi boca.
—Eso espero. Porque oficialmente estas arriesgando todo.
—Ve a lo grande o ve a casa —respondo con un toque de sarcasmo
en la voz.
—Sí, bueno, ayer fui a lo grande y hoy voy a casa en peor forma que
cuando me fui. ¿Vale la pena? Diablos no. —Avery lanza las manos al aire.
Me echo a reír porque esta conversación se sumerge en
profundidades filosóficas que ninguna de las dos somos expertas para
tratar.
—Entonces… esto parece referirse a Lautner o a mi futuro. Es un
riesgo de cualquier manera. Pero no creo que el trabajo de mis sueños me
decepcione. Creo que tu punto demuestra que los chicos son
impredecibles y no vale la pena el riesgo.
Avery se levanta y se estira con un gran bostezo.
—Los chicos no valen la pena, pero el amor si lo vale. —Camina
hacia las escaleras.
—Nunca dije que amara a Lautner.
—Nunca dijiste que no lo hicieras.
***

Avery sale a caminar conmigo y Swarley luego se va después del


almuerzo. Ambas nos disculpamos por nuestros arrebatos emocionales y lo
186

atribuimos a los hombres jugando con nuestras cabezas. Lautner ha


deshilachado mis nervios. Me siento al límite y lista para atacar si el viento
Página

roza mi piel. Es una locura, pero envidio las circunstancias de Avery. Estoy
segura de ver a Caden con otra chica fue aplastante, pero hizo que la
decisión de dejarlo fuera fácil. Alejarme de Lautner, sin importar lo mucho
que intente hacerle ver como un tipo malo, no será fácil.
Me dirijo a la piscina y mi teléfono suena en el momento en que me
siento.
—Hola Elizabeth —respondo.
—Hola Sydney. ¿Cómo van las cosas?
—Bien. —Me detengo antes de mencionar que Swarley está fuera de
su dieta normal y su horario de sueño. Ni menciono que duerme en nuestra
cama, una cama en la que he tenido sexo ardiente durante las últimas tres
semanas y las sabanas huelen a Lautner, a mí, y sexo.
—Oh, eso es genial. Digamos… vamos a ir a casa pronto.
—¿De verdad? ¿Qué tan pronto?
—Mañana. Trevor sufrió una intoxicación alimentaria y se ha sentido
miserable los últimos tres días. Se está sintiendo mejor ahora, pero está
exhausto y quiere ir a casa.
—Oh, cielos, eso apesta. No hay nada como sentirse enfermo a un
millón de kilómetros de casa. He estado ahí, y hecho eso.
—Sí, es un poco fóbico a los gérmenes, así que abrazarse al retrete
del hotel y acostarse en el piso del baño casi lo mata.
Me echo a reír pensando en el TOC6 de Trevor. Incluso su apariencia
dice TOC con su cabeza afeitada para una óptima limpieza y su ropa
perfectamente apretada, bien ajustada y abotonada hasta la parte
superior. Elizabeth puede minimizarlo y llamarlo fobia a los gérmenes, pero
lo he visto en su verdadera forma. El pensamiento me paraliza de
ansiedad. Tengo menos de veinticuatro horas para hacer que este lugar
sea apto para su regreso. ¡No está bien!
—Entonces, ¿cuándo llegarán? Y, ¿necesitas que los recoja en el
aeropuerto?
—Llegaremos a las 9:15 de la noche, y no, hemos arreglado el
transporte a casa.
—Está bien entonces. Los veré mañana en la noche.
—Adiós, Sydney.
—Adiós.
La adrenalina me llena y mi día bajo el sol ha sido cancelado
187

oficialmente.
Página

6TOC: trastorno Obsesivo Compulsivo


—Estás por tu cuenta, Swarley. Tengo que hacer una gran limpieza.
Mi bolígrafo mental empieza a hacer una lista de todo lo que se
necesita hacer: lavar la ropa, los baños, barrer, cortar el césped, limpiar el
pelo del perro de la parte posterior de la camioneta de Trevor, y reponer
parte de la comida y el alcohol que consumí. Justo cuando llego al cuarto
de lavado con las sabanas sexuales, recibo un mensaje de texto.
De nada por el desayuno. Estoy seguro que solo perdí tu texto de
“gracias” : ) Porque no hay manera posible de que sigas enojada por lo de
anoche. ¿Verdad?
¿Sigo enojada por lo de anoche? No lo sé. No puedo pensar en eso
ahora mismo. Hay mucho por hacer. Trataré con Lautner más tarde.
Gracias.
Miro el mensaje y considero extenderme, pero no sé qué debería
decir, así solo envío esa palabra.

188
Página
12
Doce horas... tic-tac. Me levanté y Swarley tuvo su caminata y
desayuno. Mi uniforme del día son pantalones cortos de mezclilla viejos,
una camiseta negra sin mangas y guantes de goma amarillos. La
lavandería está hecha, sus sábanas y mi ropa. Elizabeth y Trevor tienen una
señora de la limpieza que viene cada dos semanas, pero les dije que me
haría cargo de la limpieza mientras no estuvieran. Ahora, estoy deseando
no haber hecho esa oferta.
Es un gran culo de casa, o al menos parece grande cuando es hora
de limpiar todo. Me tomó dos horas el desempolvar todo ayer. Déjame
reformular. Me llevó dos horas quitarle el polvo a nivel de las expectativas
perfeccionistas de Trevor. El trabajo de recorte ancho de madera es
hermoso, pero una pesadilla para el polvo. Puede que me tenga que saltar
el almuerzo y el baño, pero creo que puedo tener todo listo para cuando
lleguen a casa esta noche.
El timbre suena mientras estoy de rodillas frotando el inodoro en el
baño del piso de arriba. Con un bufido exasperado, me levanto y bajo las
escaleras. La última persona que necesito ver está de pie frente a la
ventana de la luz del día derritiendo mis bragas con su enorme sonrisa.
Saco el guante de mi mano derecha y abro la puerta.
—Hola hermosa.
Pongo los ojos en blanco.
—Ahora solo estás siendo estúpido. Mírame. —Extiendo los brazos
para que pueda echar un buen vistazo a mi ropa vieja, rostro sin maquillaje
y el cabello recogido en una desordenada cola de caballo en la parte
posterior de mi cabeza.
189

—Me gradué como el mejor de mi clase en la escuela de medicina.


Te aseguro que no soy estúpido. —Su lengua perezosamente roza su labio
Página

inferior mientras sus malditos ojos de Medusa recorren todo mi cuerpo. Él da


un paso adelante y doy un paso atrás.
—¿No tienes que estar en el hospital hoy?
Sacude la cabeza solo una vez. La lujuria en sus ojos es
depredadora.
—Bueno, estoy ocupada, así que te llamaré más tarde. —Retrocedo
un paso más.
—Sydney... —Toma mi mano enguantada y me quita el guante,
dejándolo caer al suelo.
—No tengo tiempo…
Estoy en sus brazos degustando menta, oliendo su loción de afeitar,
sintiendo manos grandes palmadas en mi culo levantándome del suelo.
Me alejo de su beso. Los labios atacan mi cuello.
—Ellos-ellos regresan-esta noche. Tengo que limpiar. —Las palabras
poco convincentes salen con cada aliento laborioso.
Paf.
Mi espalda golpea la pared mientras mis piernas buscan
apalancamiento alrededor de su duro cuerpo. Sus manos se deslizan bajo
mi camisa hasta que encuentran mis pechos.
—Dios, Sydney. ¿Dónde está tu sujetador? —Gime contra mi cuello a
lo largo de la sensible piel detrás de mi oreja. Mueve las caderas hacia
arriba y mi aliento se contrae mientras la erección debajo de sus
pantalones cortos se frota contra el vértice de mis muslos.
—Están todos limpios. Yo no quería ensuciarlos. —Agarro su cabello y
lo tiro hasta que su rostro se nivela con el mío de nuevo.
Un suspiro, solo nos miramos fijamente. Mis pechos llenos son
apoyados por sus manos, pulgares rozando mis pezones. Fuerzo un trago
profundo y humedezco mis labios. Ojos pesados ahogándose por su toque.
Pone sus labios carnosos sobre los míos con calculada moderación.
—Lamento lo de anoche, nena. —Un beso suave—. No estaba
tratando de ser insensible. —Otro beso en la esquina de mi boca—. Dios, te
amo mucho. —El suave deslizamiento de su lengua a lo largo de mi labio
superior relaja mi mandíbula, lo que le permite acceder a mi boca, y no
vacila.
Nuestros cuerpos fluyen sincronizados: su pelvis se mueve una y otra
vez; la mía coincide con la suya, compitiendo por un poco más de fricción
190

cada vez. Está chupando y lamiendo mi lengua, reclamando toda mi


boca. Me molesta cada hilo de ropa que separa nuestros cuerpos
Página

desnudos. Su mano derecha se mueve desde mi pecho para agarrar la


parte superior de mi pierna. Él facilita su pulgar por mi muslo interior
deslizándolo debajo de mis pantalones cortos y sumergiéndolo debajo de
mis bragas muy mojadas.
—Jesús, Sydney... estás empapada —gime en mi boca.
—Hmm... Es todo lo que puedo manejar.
Desliza su pulgar dentro y fuera de mi canal mojado y luego lo pasa
sobre mi clítoris.
—Ahh... —Mi cabeza cae contra la pared con un golpe.
Un golpe en la puerta nos detiene a los dos. Estamos congelados en
el lugar, nuestras respiraciones desesperadas son el único sonido que corta
a través del silencio. Estamos ocultos desde el camino visual de la ventana
de luz del día por apenas centímetros.
—¿Esperando a alguien? —susurra Lautner con una mano todavía en
mi pecho y la otra firmemente plantada en mi pierna, con su pulgar
todavía presionado a mi núcleo.
Mis ojos saltan mientras niego con la cabeza. Entonces recuerdo la
llamada que hice ayer y suspiro frustrada.
—¡Mierda! —Le susurro.
Lautner levanta una ceja, curioso.
—Es Dane.
Rápidamente me dejo caer. Me ajusto mi top y los pantalones cortos
mientras Lautner respira de forma controlada.
—¿Dane?
Camino hacia la puerta.
—Sí, Dane.
Al abrir la puerta, rezo para que mi rostro no se vea tan rojo de
vergüenza como se siente.
—¡Hola, Dane! —sonrío—. Gracias por hacer esto por mí.
Swarley viene corriendo por su solución Dane. Él se agacha para
saludarlo, aceptando su entusiasta lamedura.
—Hola, Dane. —Los brazos de Lautner serpentean debajo de los míos
mientras me empuja hacia atrás contra él.
—Lautner. —Dane levanta la vista y sonríe.
191

Ambos saludos son algunas notas tímidas de amabilidad.


—¿Qué te trae por aquí? —pregunta Lautner.
Página

Dane se pone de pie pero antes de que pueda responder, yo hablo.


—Llamé a Dane anoche para ver si sería tan amable de tomar a
Swarley durante unas horas para yo poder aspirar y trapear los pisos.
Agarro la correa de Swarley por la puerta y se la paso a Dane.
—Bueno, eso es muy amable de tu parte. —Lautner ofrece una
sonrisa tensa.
—Sí, lo es. —Me muevo del apretón posesivo de Lautner,
asegurándome de mirar hacia atrás y darle una mirada de advertencia.
—¿Debes ser parte del equipo de limpieza? —Dane dirige su
atención a Lautner.
—Sí —digo con una gran sonrisa—. Lautner vino a cortar el césped y
limpiar la Escalade. Luego va a ojear la piscina y comprobar los productos
químicos.
Lautner frunce sus labios y entrecierra los ojos con un lento
asentimiento.
—Sí... —deja caer la palabra—. Eso es exactamente por lo que estoy
aquí. —Cruza un brazo sobre el pecho y apoya el codo del otro brazo
sobre él. Él hace un puño y cepilla su pulgar —ese pulgar— sobre sus labios
dejando que solo la punta de su lengua lo roce.
AHORA, estoy roja-rojo brillante.
—Entonces, debería estar lista en un par de horas. —Le ofrezco una
sonrisa nerviosa a Dane y le doy unas palmaditas a Swarley en el costado
unas cuantas veces.
—¡Suena genial! No trabajes demasiado. —Él se da vuelta y conduce
a Swarley escaleras abajo.
Cierro la puerta y Lautner está sobre mí en un abrir y cerrar de ojos,
inmovilizándome firmemente contra él con su cuerpo. Sus manos
presionaron la puerta a cada lado de mi cabeza.
—Ahora... ¿dónde estábamos? —Respira en mi cuello.
Empujo su pecho y bajo su brazo.
—¡De ninguna manera! Yo, --tacha eso—, nosotros tenemos que
limpiar. Elizabeth y Trevor estarán en casa a las diez. —Agarro mis guantes
del suelo—. La cortadora de césped está en el garaje. ¿Necesitas que te
muestre cómo poner gasolina y comenzar? Ah, y no te olvides de recoger
la mierda de perro primero.
192

Me azota el culo provocando un grito y luego se quita la camisa. Mis


ojos hambrientos contemplan el firme terreno cincelado de su torso digno
Página

de babear. Su camisa golpeando mi rostro me saca de mi aturdimiento.


—Si me necesitas o a esto... —hace un gesto hacia su cuerpo medio
desnudo y sonríe—… estaremos afuera.
¡Arrogante!
***

Pisos fregados y aspirados. Baños limpios. Cocina reabastecida y


limpia. Luego está mi apuesto y guapo galán fingiendo ser el chico de la
piscina de nuevo. ¡Desmayo! El patio está perfectamente cuidado; Lautner
también puede tener un pequeño TOC. La Escalade también ha sido
detallada a la perfección y no tiene un solo pelo de Swarley.
—¿Agitando el agua, chico de la piscina? --Bajo mi voz a un suave
tono seductor.
Lautner sonríe y guiña un ojo.
—Retroceda, señora. Odiaría que te cayeras. No hay salvavidas de
guardia, lo que significa que tendré que rescatarte... desnudo, por
supuesto.
Camino detrás de él y deslizo mis manos alrededor de su pecho.
—Mmm... Nunca he querido ser una damisela en apuros con tanta
fuerza en toda mi vida. —Le beso la espalda mientras arrastro las uñas a lo
largo de sus rígidos abdominales.
—No empieces algo que no puedas terminar —advierte mientras
trabaja con la espumadera sobre la superficie del agua.
—¿Quién dijo que no puedo terminar? —Mi mano derecha
comienza a deslizarse debajo de la cinturilla de sus pantalones cortos.
Él la agarra y tira de ella.
—Un “casi” hoy es suficiente. Son casi las cinco en punto y estoy
seguro de que tu veterinario favorito aparecerá con su perro favorito en
cualquier momento. Si insistes en comenzar algo ahora, no me detendré...
Repito, no me detendré sin importar quién nos esté mirando.
Suelta mis manos y deslizo ambas en sus bolsillos delanteros.
—Por qué, Dr. Sullivan, qué descarado de su parte.
—Última advertencia, Syd.
Saco mis manos burlonas y le golpeo en el culo de la misma manera
193

que me hizo antes.


—No eres divertido. —Me contoneo de regreso a la casa.
Página

—Oh, soy muy divertido... solo espera —grita hacia la casa.


Como si fuera una señal, la puerta de entrada se abre y Swarley
corre hacia mí.
—Hola, Swarley. ¿Te divertiste con Salt and Pepper? —Le quito la
correa y él sale corriendo por la puerta del perro para ver a Lautner—.
Gracias, Dane. Realmente aprecio tu ayuda. Hemos hecho mucho.
Esperemos que Swarley no estropee demasiado los pisos en las próximas
dos horas.
Dane se ríe.
—No me preocuparía por eso. Swarley es su perro después de todo.
A menos que lo bloquees fuera de la casa o lo dejes en la jaula, no podrá
mantener todo impecable.
—Es cierto —admito.
—Bueno... —Dane se balancea hacia adelante y hacia atrás sobre
sus pies.
—Sí, bueno... en caso de que no tenga la oportunidad de verte
antes de irme, ha sido divertido. —Me acerco a él y le doy un abrazo.
—Oye, si viajas a occidente de nuevo de visita, llámame y haremos
el almuerzo o algo así.
Asiento mientras él abre la puerta.
—Disfruta Paris.
—¡Lo haré, gracias!
La puerta se cierra y me giro. Lautner está apoyado contra la pared
junto a la cocina con las manos metidas en los bolsillos delanteros de sus
pantalones cortos.
—Quédate conmigo.
No puedo leer su rostro o el tono de su voz. “Quédate” es un poco
vago y no sé hasta dónde leerlo.
—¿Quedarme?
—Hasta que tengas que irte. —Sus ojos caen al suelo. Él es tan
grande y fuerte, pero en este momento, veo una triste vulnerabilidad que
tira de mis emociones, mi corazón, mi determinación.
—Son solo cinco días.
Asiente.
194

—Tomaré todo lo que pueda conseguir.


—Estoy segura de que Elizabeth y Trevor esperan que me quede
Página

hasta que me vaya. ¿Qué se supone que les diga? “Oye, conocí a un
chico que me barrió con flores, pasteles y té dulce. Hemos tenido sexo
alucinante en su cama y, por cierto, me quedaré con él en su casa hasta
que me vaya a París”.
Sonríe.
—Sí, más o menos. Excepto por la parte sobre los pasteles y el té
dulce... eso es algo personal. ¿No te parece?
Estoy luchando por mantener la compostura. Elizabeth y Trevor me
sorprendieron con su regreso temprano, ahora Lautner también me lo está
haciendo.
—Si no me quedo con ellos, debería tratar de cambiar mis boletos y
regresar a casa para ver a mi papá.
Se empuja lejos de la pared y cierra la distancia entre nosotros. Mis
pesados párpados se cierran mientras su mano acaricia mi mejilla. Su
pulgar susurra sobre mi labio inferior.
—¿No quieres quedarte conmigo? ¿O no crees que deberías?
Todavía no lleva la camisa puesta, y te juro que puedo sentir el calor
irradiando de su piel llamándome como el calor del sol. Me inclino,
envolviendo mis brazos alrededor de él. El tiempo se escapa demasiado
rápido. Debería decirle que cinco días no importarán. Debería ir a casa y
pasar tiempo con mi papá. Debería dejar que el dolor ocurra para que
pueda comenzar la curación. Debería... Debería... Debería. Es historia que
se repite. El primer día que Lautner me invitó a la playa mi mente se
desplazó por todas las razones por las que no debería haber ido, y sin
embargo, ignoré a todas y cada una de ellas.
—Voy a empacar mis cosas.
***

Empaco mientras Lautner alimenta a Swarley. La nota que dejo para


Elizabeth y Trevor es breve, pero al menos no se preocuparán por mí. Sin
embargo, mi querida tía Elizabeth no lo dejará pasar. Espero una llamada
de ella a primera hora mañana exigiendo que le cuente todo.
Bienvenida a casa. Espero que Trevor se sienta mejor. Alojada con un
amigo hasta que me vaya a París. Envíame un mensaje de texto cuando
leas esto, para saber que llegaron a casa a salvo, y Swarley se alimentará
por la mañana. Amor, Sydney.
195

—¿Esto es todo? —Lautner hace un gesto hacia mis dos maletas


grandes, un pequeño bolso de mano, el bolso de la computadora y bolsa
Página

todos apilados junto a la puerta principal.


—Sí.
—Los llevaré al auto mientras te aseguras de que las puertas estén
cerradas y que todo esté apagado.
Asiento y me giro hacia la cocina para encontrar a Swarley.
—Oye, amigo. —Me agacho y cae como un árbol de costado,
pateando las patas en el aire. Swarley no muestra vergüenza cuando cree
que se avecina una caricia en el vientre—. Me voy pero regresaré para
despedirme nuevamente dentro de unos días. Recuerda, dormir en la
cama nunca sucedió, así que no me metas en problemas poniendo una
pata en el edredón. ¿Entendido? Y vuelves a comer comida para perros.
Sé que apesta, pero es el precio que pagas por unas pocas semanas de
paraíso.
Libero un suspiro cargado de emoción. —Yo también estoy
renunciando a algo muy bueno, así que no estás solo.
—¿Lista?
Salto al sonido de la voz profunda de Lautner. Me está esperando en
el umbral de la cocina. De pie, me aclaro la garganta.
—Sí, estoy lista. —Respiro hondo y me despido mentalmente de otra
aventura más cuidando casas.
Después de salir del camino, Lautner rompe el silencio que hemos
mantenido desde que salimos de la casa.
—¿Hambrienta?
Me río, preguntándome si él ha estado oyendo mi estómago
enojado gruñendo.
—Muriendo de hambre. Pero me miro y me siento bastante
desagradable después de toda esa limpieza. No hay manera de que vaya
a ningún lado a comer.
Me da su teléfono con un número ya en la pantalla.
—¿Comida china para llevar?
Tomo su teléfono y sonrío.
—Suena perfecto.
En el mejor de los casos, le ganamos al repartidor de Lautner por
treinta segundos. Es la primera vez que estoy dentro de su apartamento.
196

—¿Comer y luego ducharse? —Saca los contenedores de la bolsa.


—Definitivamente. —Me giro en un círculo lento—. Tu lugar es...
Página

sorprendente. —Miro alrededor del gran espacio abierto lleno con un sofá
carbón tapizado con accesorios color ámbar rojo, blanco y almohadones
negros. Una mesa de centro rectangular, blanca con patas de acero
negro se sienta en una gran alfombra persa en blanco y negro. El resto del
piso es de madera ancha y oscura. Las paredes son de un gris claro con
cuadros y fotografías abstractas enmarcadas.
—¿Sorprendente? ¿Cómo es eso? —pregunta, levantando una
botella de cerveza.
Asiento y ambos nos sentamos en el sofá a comer.
—Es todo muy Crate & Barrel.
—¿No te gusta Crate & Barrel? —Toma un largo trago de su cerveza.
—Lo amo. Supongo que imaginé más un departamento de soltero.
Ya sabes, un viejo sofá de cuero, sillas tipo puff con el logo de equipo, un
banco de pesas en la esquina, un televisor diez veces más grande que el
de la pared, camisetas de fútbol enmarcadas, chicas de póster...
Lautner rompe a reir.
—Estás describiendo mi dormitorio de primer año de residencia
universitaria. He madurado un poco desde entonces.
Al tragar un bocado de mi arroz frito con verduras, me limpio la boca
con una servilleta de papel.
—Todo está limpio también. ¿Eres un maniático del aseo?
Sacude la cabeza.
—No. Simplemente no he estado aquí lo suficiente para estropear
nada. Como dos, a veces las tres comidas en el hospital. No recuerdo la
última vez que me senté en este sofá. Cuando llego a casa me voy
directamente a la cama o trabajo en mi computadora en el mostrador.
Verás que mi cama no está hecha e incluso puede haber calcetines en el
suelo de mi armario.
—¿No hay compañero de cuarto?
—Caden y yo solíamos alquilar juntos una casa, pero luego su novia
decidió mudarse también y fue entonces cuando comencé a buscar un
lugar propio.
—¿Tres son multitud?
—Algo así. —Se encoge de hombros.
—¿Ninguna novia con la que hayas vivido? —Estoy entrando en un
197

tema del que no estoy segura de querer hablar, pero no puedo evitar mi
curiosidad.
Página

—¿Concubina? No. He tenido algunas que han intentado mudarse.


—¿Intento? —Inclino mi cabeza a un lado con una sonrisa curiosa.
—Un cambio de ropa por aquí, un cepillo de dientes por allá, luego
una bolsa de maquillaje y un par de zapatos extra... todo a escondidas.
—¿De cuántas chicas estamos hablando?
¡Maldición! Las palabras están fuera y no puedo recuperarlas.
—Syd, ¿me estás dejando en cinco días? ¿Importa? —Sus ojos se
posan en su plato.
La sensación relajada de nuestra conversación ha cambiado. Mi
inminente partida permanente es el constante elefante en la habitación. El
comentario “dejándome” pica un poco también.
Coloco mi caja de comida para llevar medio vacía en la mesa de
café y tomo un trago de mi cerveza.
—No. Y… Lo siento. No sé por qué pregunté. —Me levanto y miro a
mi alrededor—. ¿Dónde está el baño? Creo que tomaré una ducha rápida
¿si está bien?
—Syd…
Sacudiendo mi cabeza, levanto mi mano.
—No lo hagas. Está bien. De verdad. Me voy a duchar.
Su ceño fruncido y su postura abatida me hacen enojar conmigo
misma. Lo he puesto en una posición incómoda, todo por nada. Yo y mis
estúpidas preguntas. Agarro mi maleta más pequeña junto a la puerta y la
llevo conmigo.
—Primera puerta a la derecha. Hay toallas limpias en los estantes
debajo del fregadero —grita.
—Gracias. —Cierro la puerta y me recuesto contra ella. ¿Qué diablos
estás haciendo, Sydney? Por Dios, cinco malditos días hasta que estés en
un avión y ahora decides preguntar sobre sus relaciones pasadas. Levanto
la mirada y veo a la muchacha loca en el espejo hablando sola: el cabello
desordenado, sin maquillaje, completamente perdida. Escaneando el
baño, no puedo evitar sonreír. Todo está limpio, pero no podría haber
sabido que terminaría aquí esta noche.
—Que no es un maniático del aseo, mi culo.
Enciendo la ducha y me desnudo. Llaman a la puerta. Agarro una
toalla y me la pongo frenéticamente.
198

—Uh… ¿Si?
Página

La puerta se abre.
—¿Estamos bien? —Su voz es cautelosa. Espero que ondee una
bandera blanca.
Asiento sintiéndome estúpida por alejarme.
Lautner sonríe y entra para cerrar la puerta detrás de él.
—Pensé que podríamos ahorrar agua. —Tira de mi toalla alejándola
de mí—. ¿Qué es esto? ¿Tímida esta noche?
Pongo los ojos en blanco.
—No todos son tan seguros como el cabecilla del Jock Club.
—Presidente, no cabecilla —dice con una sonrisa arrogante mientras
se saca su camisa por la cabeza.
—¿Cómo me habría calificado su club?
Sale de sus pantalones cortos y calzoncillos. Luego, apartándome el
cabello de los hombros, frunce los labios y cruza los brazos sobre su pecho.
—Bueno, yo diría que…
—¡Espera! Tienes que imaginarme sin estos. —Señalo mis pechos—.
No tenía estos en ese entonces. Tampoco tenía el cabello largo y recuerda
que comía bichos y cosas así.
Sus manos se mueven hacia sus caderas mientras niega con la
cabeza.
—¿Sin tetas, cabello de Peter Pan y patas de grillos entre los dientes?
No habrías superado el corte.
Mi boca se abre.
—¡Cerdo! —Frunzo el ceño y me meto en la ducha.
Su cuerpo desnudo está presionado contra el mío antes de que las
primeras gotas de agua lleguen a mis pies.
—¿Cerdo? ¿Crees que soy un cerdo?
Intento zafarme de su agarre de hierro, pero una risita me despoja de
toda fuerza.
—Solo me quieres por mi cuerpo. Realmente duele.
Una risa fuerte escapa de su pecho y llena la habitación. Me gira
hacia él. Agarrando mis muñecas, las coloca sobre su pecho.
—¿Para qué me quieres? —Una sola ceja elevada dice burro
199

hablando de orejas.
Es un orgasmo visual, una obra de arte erótica. Quiero fotografiarlo,
Página

pintarlo y esculpirlo. Él es mi musa.


—Si pudiera llevarme una parte de ti conmigo serían esos malditos
ojos de Medusa.
—¿Malditos ojos de Medusa? —Se ríe—. Son solo ojos.
—No para mí. —Deslizo mis manos por su pecho y alrededor de su
cuello tirándolo hacia mí. El agua cae sobre nosotros, envolviendo nuestros
cuerpos en intimidad y sensualidad.
Sus manos se deslizan sobre mis curvas: pechos, caderas, espalda.
Aprieto su erección con movimientos lentos. Me encanta el gemido que
suelta en mi boca mientras nuestras lenguas bailan. Me encanta lo que le
hago. Me encanta la forma en que adora mi cuerpo con tierna
apreciación. Amo todo sobre este hombre.
—Sydney… —Su cabeza cae hacia atrás mientras me deslizo por su
cuerpo hasta mis rodillas y lo llevo a mi boca—. Dios. —Su respiración se
detiene y los músculos de su estómago se ponen rígidos. No puedo tomarlo
todo en mi boca, pero no parece importar. Su boca se afloja, y sus manos
presionan contra la pared de la ducha. Mi mirada está fija en su rostro.
Cuando sus pesados párpados se abren, sonrío y giro mi lengua sobre la
cabeza varias veces.
—Detente... Sydney.
Lo tomo lo más profundo que puedo, luego retrocedo y
rápidamente lo repito, chupando y provocando mi lengua sobre cada
centímetro de él. Liberándolo, lamo mis labios.
—¿Estás seguro de que quieres que me detenga?
Sé que se está deshaciendo antes que yo, y nunca me he sentido
tan sexy. Sus ojos encapotados me penetran. Toma mi cabello en un puño
y creo que va a llevar mi boca de nuevo a su pulsante erección, pero tira
suavemente hacia arriba hasta que me levanto.
El control de Lautner ha sido llevado al punto de ruptura. Subo por su
cuerpo y apenas puedo mantener mis piernas cerradas alrededor de su
cintura antes de que él me atraviese. Grito su nombre porque la intrusión
me llena por completo y me estira. Necesito un minuto para adaptarme,
pero ahora él no está en un estado de ánimo paciente en este momento.
Mi espalda está presionada contra la pared y él me empuja. Mis brazos
rodean su cuello y solo aguanto. Su ritmo se acelera, los hombros se
tensan, y una calidez se derrama dentro de mí mientras él permanece
profundamente dentro de mí.
200

—¡Sydney! —Su frente cae sobre mi hombro y estoy balanceando


mis caderas en él.
Página

—Por favor... ¡No te detengas! Estoy tan cerca, pero no del todo allí.
Continúa con movimientos lentos y profundos, chupando mi pezón
en su boca.
—No te detengas, ahí está. —Me aferro a él desesperada mientras
me empuja sobre el borde.
—Ahh... ¡oh Dios! —grito, clavando mis uñas en su espalda. Veo
estrellas y el torrente de sensaciones es vertiginoso—. Eso fue…
—Increíble... —Suspira, arrastrando suavemente besos de mí oreja a
mis labios.
Estoy débil. Mis piernas están doloridas por aferrarme a su cintura, y
no estoy segura de si puedo soportarlo. Me endereza sobre mis pies.
Mantengo mis brazos alrededor de su cuello para apoyarme.
—¿Todo bien? —pregunta con una sonrisa que captura sus piscinas
de azul infinito.
Asiento, soltando su cuello, pero mi cuerpo se desploma en el suyo
de todos modos.
Se ríe, pero no dice nada. Sus manos bondadosas trabajan el jabón
sobre mi cuerpo y el champú en mi cabello. Ocasionalmente, nuestros ojos
se encuentran y compartimos sonrisas nacidas de la adoración completa.
Es hermoso y doloroso, el Cielo y el Infierno, el amor y la tristeza.

201
Página
13
—Despierta, hermosa.
Abro un ojo para ver que aún está oscuro. Debo estar soñando. No
hay razón para que me levante antes del sol.
—Cabello de diosa sexy…
Escucho el susurro de su voz otra vez.
—Piel perfecta…
Labios fantasmas en mi espalda baja.
—¿Qué hora es? —Mi voz soñolienta está cargada con un poco de
lloriqueo temprano en la mañana.
—Cinco y media —susurra sobre mi piel cubierta de carne de
gallina—. Hora del desayuno.
—No tengo hambre —murmuro, escondiendo mi rostro en mi
almohada.
—Ven a desayunar conmigo. Puedes dormir todo el día mientras
estoy fuera.
Desliza sus manos debajo de mi cuerpo y me acuna en sus brazos.
—Me siento codicioso. Quiero cada minuto. Tienes suerte que te dejé
dormir. —Me planta en una posición sentada al pie de la cama, enciende
la luz del armario y hurga en mi maleta.
—Según recuerdo, no lo hiciste. Creo que finalmente me desmayé.
¿Estás tomando viagra o algo así?
Lautner se arrodilla frente a mí y me pone mis bragas y pantalones
202

cortos. Luego me levanta por completo. A regañadientes me sostengo.


—Eres mi Viagra —susurra en mi oído, mordisqueándome el lóbulo de
Página

la oreja.
Levanto mis brazos y él me baja la camiseta.
—¿No necesito un sujetador? —Alzo los ojos a modo de pregunta.
Retrocede y mira mi pecho. Sus manos me cubren los pechos, los
pulgares recorren mis pezones volviéndolos picos vergonzosos.
—Ahí. Perfecto. —Sonríe demasiado feliz consigo mismo.
Pongo los ojos en blanco.
—Pervertido. —Pasando por su lado, saco una liga para el cabello
de mi bolso y pongo mis desordenados mechones en una cola de caballo.
Me golpea el culo y sale de la habitación.
—No lo era hasta que te conocí.
Lo sigo por el pasillo.
—¿A mí?
Él agarra su bolso y llaves. Abriéndome la puerta, se chupa el labio
inferior y asiente.
—Mmm hmm, las cosas que quiero hacerte.
Bajo corriendo las escaleras hacia la salida porque entre la maratón
de sexo de la noche anterior, su comentario y esa mirada depredadora,
me siento como la presa acechada. La intensidad física entre nosotros en
las últimas veinticuatro horas ha sido fuera de serie y fuera de este mundo.
No podemos acercarnos lo suficiente el uno al otro. Anoche parecía como
si estuviera tratando de consumirme físicamente con todo su cuerpo.
Lautner, siempre el caballero, se apresura a pasar junto a mí hasta la
puerta del auto y me la abre.
—Caballeroso... tan caballeroso. —Le guiño un ojo y salto adentro.
Se inclina y me besa. Es suave, lento, paciente y lleno de algo que
simplemente no reconoceré.
Soltando mis labios, me mira, realmente me mira. Jodidos irises azules
que me hacen rasgarme hasta el fondo.
—Te amo.
¡Ay!
¿Por qué esas tres palabras son tan profundas?
Trago el nudo de emoción en mi garganta. No importa cuán fuerte
203

griten las palabras en mi cabeza... y corazón, no puedo decirlas.


Parpadeando para contener el lloroso sentimiento del momento, todo lo
que puedo hacer es asentir.
Página
La triste sonrisa en su rostro magnifica el dolor. Su mirada vacila
mientras la sonrisa se desvanece. Cierra mi puerta y manejamos en silencio
hacia el café. Pedimos nuestras galletas de cereza y almendra estándar,
café caliente para él, té para mí. El hermoso amanecer nos adorna
mientras nos sentamos junto a la ventana.
—¿Todavía te alegra haber elegido pediatría? —Rompo el
incómodo silencio.
Sorbe su café caliente.
—Absolutamente. Los médicos asistentes con los que estoy
trabajando son geniales. Escuchas sobre las pesadillas del primer año de
residencia, pero hasta ahora me siento parte del equipo. Es mucho para
asimilar, pero me encanta. Los niños no lloran todo el día ni nada por el
estilo. Podría tener diez pacientes difíciles, pero aquel con quien me
relaciono, aquel cuya confianza gano, hace que todo lo demás
desaparezca.
Por supuesto que amo a Lautner. Si él no hubiera robado mi corazón,
lo hubiera encerrado y hubiera tirado la llave, entonces esas palabras, por
sí solas, lo habrían hecho. Soy inconmensurablemente ambiciosa o
monumentalmente estúpida por alejarme de él.
Sonrío.
—Podría escucharte hablar así todo el día.
Mira su reloj.
—Nada me gustaría más que pasar el día contigo, pero...
Termino el último bocado de mi galleta y agarro mi bolso y té.
—Pero debes ocuparte de algunos niños que te necesitan.
Levantándose, me lleva a su lado y nos dirigimos a su 4-Runner.
Después de llevarme de vuelta a su apartamento y darme una llave,
me deja con un beso que sentiré en mis labios por el resto del día.
***

Llamo a Elizabeth después de recibir su mensaje de texto anoche, sé


que llegaron a casa y se muere por hablar. Poco después de la una en
punto, ella me recoge en el apartamento de Lautner y me lleva a
almorzar. Es mayor que mi padre por diez años, pero es muy moderna y de
204

mente abierta. En el camino hacia el restaurante hacemos un repaso


rápido de cómo fueron las cosas en la casa y con Swarley mientras
Página

estaban fuera. Pero en el momento en que nos sentamos y tomamos los


menús, Elizabeth solo tiene una cosa de la que quiere hablar.
—Escúpelo, jovencita.
Sonrío y me encojo de hombros despreocupadamente mientras finjo
leer mi menú.
—¿Escupir qué?
Ella agarra mi menú y lo aleja de mi rostro.
—Este "amigo" con el que te estás quedando. ¿Es un él, supongo?
—Sí, el chico de la piscina.
Ella inclina la cabeza hacia un lado y entrecierra los ojos. No puedo
mantenerlo por más tiempo. La historia realmente es genial, excepto el
final que aún no se ha escrito, pero sé a dónde va. Le cuento todo, casi.
Cuando termino, luce sorprendida.
—Sydney Ann Montgomery, por favor dime que te vas a casar con
este tipo.
No puedo mantener el contacto visual. Mis dedos nerviosos giran y se
anudan en mi cabello.
—Me voy a París en unos días.
—¿Y? No es como si te estuvieras mudando allí.
—Cierto. Pero voy a continuar cuidando casas durante el próximo
año, lo que me hará viajar cada mes más o menos, y luego comenzaré la
escuela de postgrado el próximo otoño. Lautner es solo...
Elizabeth aparta su plato del camino y apoya los brazos en la mesa
inclinada hacia adelante.
—¿Solo qué?
Sacudiendo mi cabeza, trazo el patrón del mantel con mi uña.
—El hombre correcto en el momento equivocado.
—Entonces, vas a irte. ¿Te irás porque el tiempo no es perfecto?
Mis ojos se clavan en los suyos.
—¿Perfecto? Ni siquiera está en el mismo espectro que perfecto.
Tengo veintitrés años y probablemente no habré terminado con la escuela
y me ofrecerán mi primer trabajo real hasta que tenga casi treinta. Lautner
va a terminar con su residencia en tres años y estará listo para el
matrimonio, los niños... una vida real. No una relación a larga distancia con
una estudiante universitaria. Probablemente comenzará su propia
205

práctica, y cuando termine con la escuela, ¿Dónde me deja eso?


¿Buscando un trabajo por aquí? ¿Sabes lo difícil que será encontrar el
Página

trabajo de mis sueños si no estoy dispuesta a ir a cualquier parte, mucho


más al restringirme a un radio de ochenta kilómetros? Nunca funcionará.
Finalmente, uno de nosotros se resentirá con el otro. Simplemente no...
Simplemente no funcionará.
—Este trabajo al que vas a volver a la escuela es realmente tu sueño.
—La voz de Elizabeth es suave, vacilante, incluso comprensiva.
—Me encanta el arte, y ser curador en un gran museo o galería sería
una oportunidad increíble... un trabajo de ensueño.
—¿El trabajo de tus sueños?
—Por supuesto, el trabajo de mis sueños. ¿Por qué otra cosa iba a
hacer todo este trabajo para ahorrar dinero para la escuela y luego
someterme a los agotadores estudios y largas horas de la escuela de
postgrado?
Golpea su barbilla con el dedo.
—No estoy segura. Pero eres mi sobrina y te quiero como a una hija,
así que tu felicidad es importante para mí. A veces encontramos la
felicidad donde menos la esperamos. Odiaría verte pasar de largo. Los
trabajos pagan las facturas y nos proporcionan una sensación de logro en
la vida. Pero no te aman y te consuelan. No te llevan a la playa y te traen
flores y pasteles. No te abrazan por la noche y te hacen sentir hermosa.
No sé cómo responder. Sus palabras pueden tener algún mérito,
pero en este momento no son reconfortantes.
Ella deja algo de dinero en efectivo sobre la mesa y se levanta.
—Pero tienes razón, Sydney. Eres joven y tomar una decisión que
cambiará tu vida después de conocer a un hombre durante un mes
probablemente sea una locura.
Me paro y sonrío. Sé lo que realmente quiere decir, pero me está
dando una salida. Una excusa para irme y no sentirme como una tonta.
Me deja en el apartamento de Lautner y me abraza fuerte.
—Te amo cariño. Lo que sea que decidas hacer será la decisión
correcta. No te arrepientas, ¿Está bien?
Asegurada en sus brazos, dejo caer unas cuantas lágrimas. Hay una
gran cantidad de ellas esperando, pero están reservadas para el largo
vuelo a París en cuatro días.
***
206

Paso el resto de la tarde jugando con fotos en mi computadora.


Página

Luego respondo a un correo electrónico de una amiga de la universidad


que me pide que sea la fotógrafa en su boda en el otoño. Resulta que es
un fin de semana en el que estoy en casa entre trabajos como cuidadora
de casas, así que estoy de acuerdo. Es dinero fácil y necesito ahorrar tanto
como pueda.
A las siete vuelvo a tener hambre, pero no estoy segura si comer o
esperar a Lautner. Estoy probando estar con un doctor y es una mierda. Por
otra parte, él es un residente ocupado y estoy desempleada en este
momento. Después de hurgar en los armarios de su cocina, encuentro unas
barras de granola y como una para mantenerme.
Mi aburrimiento se convierte en curiosidad y me encuentro en su
habitación husmeando. Abro el cajón de la mesita de noche y encuentro
algunos libros, novelas de misterio, algo de cambio suelto y una caja de
condones. Una caja abierta de condones. Sé que ninguno de ellos se ha
usado conmigo, así que ahora me pregunto cuánto tiempo los tuvo y con
quién los usó. Antes de que mi cerebro tenga la oportunidad de pensar
racionalmente, estoy contando los condones restantes. Quedan cuatro y
era un paquete de diez. La fecha de vencimiento es lejana por lo que no
puedan ser tan viejos.
—¿Fisgoneando?
Una familiar voz femenina me sobresalta.
—Claire.
Ella está en la puerta, mirando mi regazo. Bajo la mirada y vuelvo a
meter los condones en la caja.
—¿Cómo entraste aquí? —Coloco los condones en el cajón con
manos temblorosas.
Ella sostiene un llavero con varias llaves colgando de él. ¿Por qué
demonios la Dra. Brown tiene una llave?
—¿Lautner sabe que estás husmeando? —Sus labios se tensan, una
línea firme y la presunción mezclada con el toque de advertencia en su
voz me hace sentir como un niño errante.
Me levanto y camino hacia ella. Ella se retira con cada paso que
doy hasta que estamos en la sala de estar.
—¿Qué es lo que quieres? —Agarro mi teléfono y me meto con él
para parecer distraída y no afectada por su intromisión.
—Lautner dijo que podría pedir prestados algunos libros para
207

investigación.
—Bueno, no sé dónde están, tal vez…
Página

Ella regresa al dormitorio otra vez.


—Están en su estante aquí. Estoy segura de que conozco su
habitación mejor que tú.
No estoy tan preparada para esta conversación. Ella tiene una llave
y entra sin llamar. Ahora está haciendo sutiles implicaciones de que hay
más para ellos de lo que sé.
La Dra. Brown retrocede con varios libros en sus brazos.
—Justo donde recuerdo que estaban.
Sacudo la cabeza y me froto la nariz.
—¿Me estoy perdiendo de algo?
Claire se ríe.
—Estoy segura de que te estás perdiendo mucho, así que tendrás
que ser más específica.
—Corta la mierda. Te mueres por decir lo que sea que te enfada
tanto. ¿Esto se trata de que Lautner esté conmigo en lugar de contigo?
Me mira y sé que toqué un nervio, pero se recupera rápidamente y
una sonrisa se dibuja en su rostro.
—No te halagues. No estás obteniendo nada que yo no haya tenido.
La diferencia es que tú te vas y yo me quedo.
¿De qué está hablando? Mi estómago rueda y el dolor en la parte
posterior de mi garganta se ve agravado por la sensación de pesadez en
mi pecho. No sé cómo responder. ¿Estoy enojada con ella por esas
palabras mordaces o con Lautner por no compartir esta información? ¿Sé
siquiera lo que ella está diciendo o estoy llegando a la conclusión
equivocada?
Dios, me siento mareada.
—¿Qué estás diciendo? —Aprieto mis labios, evitando el contacto
visual.
—Oh querida. Él no te lo dijo, ¿verdad? Bien, lástima que haya
dejado al gato fuera de la bolsa.
Me arriesgo a echar un vistazo. Ella está agitando su mano
desdeñosamente en el aire.
—Me encantaría quedarme y compartir todos los detalles, pero
tengo cosas más importantes que hacer. —Su cabeza se da vuelta hacia
atrás cuando alcanza el picaporte, dándome una última sonrisa—. Un
208

placer conocerte.
Página

Mirando mi teléfono, el impulso de llamar a Avery es abrumador.


¿Por qué siento que acabo de entrar para encontrar a Lautner follando a
una chica? Envolver mi cerebro en la idea de Lautner y Claire juntos es
nauseabundo. Él no me engañó. Esto tuvo que haber sucedido antes de
mí, pero todavía duele. ¿Por qué me siento como la intrusa cuando entró
aquí sin llamar? Cuando quedan cuatro días, ¿Por qué es importante?
No llamo a Avery. Esto es algo que puedo manejar por mi cuenta.
Técnicamente, nunca me mintió. No es necesario mencionar la visita de la
Dra. Brown. Lautner tiene veintisiete años, por supuesto que tiene una
historia. Yo también. Todo estará bien. No hay ninguna razón por la cual no
pueda superar estos próximos días sin mencionar el incidente de hoy.
Recordando los condones en el dormitorio, los vuelvo a poner en el
cajón. Seis condones, ¿Y qué? Quizás no los usó con la misma persona. ¡Oh
Dios! No, no me gusta pensar en Lautner como el chico que duerme con
cualquiera. Es mejor pensar que los usó con la misma chica. ¡Mierda! No,
eso tampoco está bien. Eso parecería una relación. ¿La amaba también?
Tal vez la amaba más.
—¡Sydney! Solo déjalo ir. Sí, eso es mejor. Hablando conmigo misma
otra vez como una maldita loca.
Estar atascada en el departamento de Lautner por mi cuenta no es
bueno. Veo un contenedor de plástico en el suelo en la esquina del
armario, así que lo saco y abro la tapa. Está lleno de fotos, trofeos y sus
camisetas de fútbol dobladas, tanto de la escuela secundaria como de la
universidad. Me pongo su camiseta de Stanford que nada sobre mí.
Tirando de la parte delantera de la misma hasta mi nariz, la huelo.
—Sudor, sangre y tierra.
Salto y mi corazón casi se detiene. Lautner está parado en la
entrada. Me siento como una total entrometida. Me sorprendió mirando
sus objetos personales, sobrepasando todos los límites por millas.
—Mierda, me asustaste. Yo... solo... Dios, lo siento. Estaba aburrida y
curiosa y…
Mueve la cabeza y camina hacia mí. Soy torpe para sacarme su
camiseta. Tomándola, ofrece su otra mano. Lo miro por un segundo y la
tomo. Me pone de pie.
—Quítate la ropa—exige.
Frunzo las cejas.
—¿Ah?
209

—Me escuchaste. —Su voz es profunda, pero no enojada.


La maraña de emociones que corre en mi cabeza ha detenido mi
Página

habilidad para razonar.


Me quito la ropa y solo me quedo con las bragas. Su cabeza se
mueve de un lado a otro.
—Continua.
Suspiro y giro mis ojos, pero me quito las bragas. Desliza la camiseta
en mí de nuevo. Que cuelga casi hasta las rodillas.
La tienda en sus pantalones cortos no pasa desapercibida para mí.
—Sí, estoy feliz de verte. —Sonríe y se inclina tomando mi boca
prisionera. Murmuro satisfecha mientras su lengua explora el territorio
conocido. Sus manos me cubren el rostro y se aleja, dejándome aturdida y
sin aliento—. Esa camiseta ha marcado muchos puntos, pero esta noche
va a volver a romper algunos nuevos récords. Comamos.
Otro golpe en mi culo antes de ir a la cocina. Me da vueltas la
confusión, el deseo, la emoción y la vergüenza por ser atrapada. Los Celos,
sin embargo, parecen ser la emoción que está ganando. Visualizo a Claire
con esta camiseta extendida en su cama, interrogándolo para un examen,
mientras sus manos y su boca la tocan de la misma manera que me ha
tocado.
Cerrando los ojos, intento sacudir las imágenes de mi cabeza. El olor
a pizza entra en mi nariz mientras camino hacia la cocina. Lautner toma
dos cervezas del refrigerador mientras levanto la tapa de la caja de pizza.
—Oh Dios mío. Tú. Eres. El. ¡Mejor! Amo la pizza de taco.
Pone las cervezas sobre el mostrador y me empuja a su pecho.
—Y yo amo como te queda mi camiseta... solo mi camiseta. —Sus
manos frías de la cerveza se deslizan por debajo de su camiseta y agarran
firmemente mi culo desnudo.
Seguro amigo, ¿este es tu Modus Operandi también con Claire?
—Dr. Sullivan, eres un bastardo perverso.
Sus manos se deslizan desde mi culo hasta justo debajo de mis
piernas, y con un tirón sin esfuerzo, soy levantada. Mi sexo desnudo se frota
contra el bulto en sus pantalones cortos.
—Tú me vuelves loco. Tengo que alegar locura a tu alrededor. —
Muerde mi labio inferior y lo arrastra a través de sus dientes con un bajo
gruñido. Poniéndome de nuevo en pie, baja la mirada y sus labios se
curvan con su sonrisa sexy y tan arrogante.
210

Todo mi cuerpo se enrojece de vergüenza cuando veo lo que está


mirando. La mancha húmeda en sus pantalones cortos de mí.
Página

—Puede que nunca lave estos pantalones de nuevo.


Mis ojos se disparan a los suyos mientras estoy de pie con las piernas
cruzadas, los dedos jugueteando con mi cabello.
—Realmente sabes cómo avergonzarme.
Me da las cervezas y agarra la caja de pizza, platos y tenedores.
—No deberías estar avergonzada. Eres sexy como el infierno, Syd y...
Llaman a la puerta. Lautner deja todo en la mesa de café junto al
sofá. Me siento rápidamente esperando que la parte de atrás del sofá me
esconda de la puerta de entrada. La camiseta cubre todo, pero no hay
duda de que estoy desnuda debajo de ella.
—Hola, Sully. A Claire la llamaron del hospital. Acabamos de abrir
esta botella de Zinfandel, ¿quieres pasar el rato?
—En realidad…
—Mmm... ¿Huelo pizza?
Me vuelvo hacia la voz detrás de mí. La rubia de cabello ondulado
con pechos grandes, pantalones cortos y un top tipo tubo que deja al
descubierto el ombligo decorado con un tatuaje de rosa se detiene detrás
del sofá. Me levanto y miro sus grandes ojos marrones inspeccionando
cada centímetro de mí.
—Oh... no me di cuenta de que tenías compañía.
Lautner sigue de pie junto a la puerta manteniéndola abierta.
—Sí, tengo compañía. —Parece irritado, pero su sonrisa cortés no lo
muestra.
Ella cruza sus brazos sobre su pecho empujando su escote más cerca
de su barbilla.
—Bueno, ¿no nos vas a presentar?
Miro a Lautner en la puerta con ojos entrecerrados. Mira hacia arriba
y exhala un aliento exasperado que agita sus labios.
—Rose, Sydney, Sydney, Rose.
—Oh, ¿así que tú eres Sydney? —Me mira abiertamente—.
Interesante. —Su boca se tuerce hacia un lado.
Puedo ver cómo ella y la Dra. Brown son amigas. ¿Ella también habrá
estado con Lautner?
—¿Así que eres Rose? He oído mucho sobre ti —digo con una sonrisa
211

falsa y un aleteo extra en mis pestañas.


—¿En verdad? —pregunta con un entusiasmo agudo en su voz, con
Página

la barbilla hacia arriba, los hombros hacia atrás, el pecho hacia fuera.
—Sí, Lautner acaba de decir que esperaba que Claire y Rose se
mantuvieran alejadas esta noche mientras me folla en el sofá, en la
encimera de la cocina, en la pared del pasillo y, por supuesto, atada a su
cama.
Rose jadea fuerte, con la mano cubriéndose la boca, los ojos muy
abiertos que van y vienen entre Lautner y yo.
Los músculos de la mandíbula de Lautnerse agitan, sus labios se
estremecen para contener su sonrisa. Ella se da vuelta y hace clic con los
talones en la puerta.
—Rose espera —llama Lautner, pero ella levanta su mano y resopla
hacia las escaleras.
Lautner cierra la puerta y se recuesta contra ella con los brazos
cruzados sobre el pecho. Levanto mi cerveza y le doy la espalda.
—Te das cuenta que cuando te vayas voy a tener que lidiar con dos
vecinas muy cabreadas.
Me encojo de hombros.
—Estoy segura de que encontrarás una forma de calmar las cosas
con ellas.
Se sienta a mi lado y pasa el dedo por mi pierna desnuda.
—Será mejor que también te des cuenta de que soy un hombre de
palabra. Entonces, si digo que voy a “follarte en el sofá, en el mostrador de
la cocina, en la pared del pasillo y mi favorito... atada a mi cama... —mira
su reloj—… entonces será mejor que empiece.
La paciencia y el autocontrol con la que luché después que Claire
se fuera tambaleaban en el borde cuando Lautner llegó a casa. Ahora ha
pasado al olvido. El golpe de Claire-Rose me derribó, pero estoy de vuelta
y enojada como el infierno.
—No va a pasar. Me voy a correr. —Me levanto y camino al
dormitorio.
—Espera... —Está justo detrás de mí—. ¿Estás enojada?
Lanzando ropa por todos lados, encuentro un par de pantalones
cortos y un sujetador deportivo.
—Solo voy a correr. —Dejando a un lado su camiseta, me pongo la
ropa sin echar un vistazo en su dirección.
212

—¿Ahora? Vas a correr... ¿ahora?


Al encontrar calcetines a juego, meto mis pies en mis zapatillas y
Página

aprieto los cordones.


—No, me voy por la mañana. Solo pensé que podría dormir con esto.
¡Sí! ¡Voy a correr AHORA! Dios, Dr. Sullivan, creí que eras más inteligente.
Está bloqueando la puerta, pero trato de apartarlo. Antes de que
pueda pasar, me empuja hacia la pared, agarrando mis brazos.
—¿Qué demonios te pasa? Me estás sorprendiendo con esta actitud
y no tengo ni idea de ¿qué demonios hice?
Empujo su pecho, pero no se mueve.
—¿Sorprendido? Wow, eso es gracioso. —Lucho de nuevo para
zafarme de su agarre, pero mis intentos son inútiles.
—¿De qué estás hablando? —Las arrugas en su frente continúan
profundizándose.
Mis ojos se amplían y mi cabeza sigue adelante.
—¿Dra. Perra y ahora Rose la atrevida compañera de cuarto?
Niega con la cabeza y me suelta.
—Dios, Syd, estoy demasiado cansado para jugar estas estúpidas
adivinanzas contigo, solo dime por qué estás tan enojada. —Con un
profundo suspiro, pasa las manos por su cabello y se recuesta contra la
pared del pasillo opuesto.
Cruzo mis brazos sobre mi pecho.
—¿Por qué no me dijiste que tú y Claire estuvieron juntos?
Se muerde el labio superior y pone los ojos en blanco hacia el techo.
—No estuvimos juntos, fue una maldita noche hace un año después
de que salimos con algunos amigos. Ambos bebimos demasiado y... fue
solo un error estúpido. Eso es todo. —Me mira—. ¿Cómo lo sabes?
Inclino mi cabeza hacia un lado y sonrío.
—Claire me dijo cuando vino aquí antes. Con. Su. ¡Llave!
Lautner deja caer la cabeza contra la pared, con los ojos cerrados y
las manos atadas a la nuca.
—Esto es solo... estúpido. Por qué estamos...
Camino hacia la puerta.
—Tienes razón. Esto es estúpido. Estar aquí es estúpido.
—¡Syd, espera!
213

Dando un portazo, salgo corriendo del edificio. Sin idea a dónde voy,
solo corro. No estoy trotando, estoy corriendo rápido y duro, alimentada
Página

por emociones tóxicas. Si puedo seguir, quizás pueda dejar todo atrás, el
dolor, la ira, los celos. No quiero nada de eso. Mis pulmones están
ardiendo, las piernas fatigadas, cuando llego a un parque abandonado a
mi derecha. Deteniéndome para caminar, aprieto mis manos sobre mi
cabeza luchando por recuperar el aliento. El sabor salado de mis labios es
una mezcla de sudor y lágrimas.
Hay un banco frente a un pequeño estanque lleno de patos, gansos
y algunas otras aves migratorias. Colapsando en el banco, descanso mis
codos en mis piernas y agacho la cabeza. La represa se rompe. Los sollozos
destrozan mi cuerpo en olas incontroladas. Estoy tan perdida. Mi hermana
está a cinco horas de distancia, mi padre aún más lejos, y mi madre se ha
ido. Mis sentimientos son tan irracionales y crudos. Cuanto más trato de
ignorarlos, más fuerte me gritan. La agonía es paralizante. ¿Cómo puedo
irme y quedarme al mismo tiempo?
—Oye... —la suave voz de Lautner me llama.
Al levantar la cabeza, me saludan su irises azules. Tristes. Irises. Azules.
Está encorvado frente a mí, y tiro mis brazos y piernas a su alrededor.
Cayendo sobre su trasero, me abraza a su pecho con sus fuertes brazos.
Entierro mi rostro en el hueco de su cuello y lloro. Apoya su mejilla en mi
cabeza y me mece suavemente. La última vez que me sentí segura,
consolada y amada fue en el abrazo de mi madre.
—Lo siento, nena. Prefiero morir antes que lastimarte.
Resoplando, sacudo la cabeza.
—No, estoy solo-simplemente ssoy-un desastre. No eres t-tú. —Respiro
hondo, lo mantengo dentro, luego lo dejo salir lentamente—. Tu vida
personal no es de mi incumbencia y…
—¡Para! —Se retira y acuna mi rostro en sus manos, limpiando mis
mejillas manchadas de lágrimas con sus pulgares—. ¿De qué estás
hablando? Esto. Nosotros. Nada se ha sentido más personal. Te desnudaría
mi alma si me dejaras. ¿Lo entiendes? ¿Tienes alguna idea de lo que
realmente siento por ti? —Su rostro está tenso, grabado con dolor.
Mordiéndome los labios mientras mis ojos parpadean rápidamente y
ocultan más lágrimas, asiento.
Presiona sus labios contra los míos, cerrando los ojos.
La Vida. Es. Tan. Cruel.
Liberándome, desliza sus dedos a lo largo de mi mandíbula, ojos
214

brillantes y adoradores.
—Te diré todo lo que quieras saber. Incluso si no es lo que quieres
Página

escuchar. ¿De acuerdo?


—Está bien —le susurro con una débil sonrisa.
—Me estás matando, Sydney Ann Montgomery. —Niega con la
cabeza—. No soy un tipo codicioso, así que este... sentimiento es difícil de
manejar.
—¿Sentimiento?
Asiente.
—Querer algo más que cualquier otra cosa en el mundo, pero saber
que no puedes tenerlo... saber que no puedo tenerte.
***

Estoy borracha de Lautner. Es mi droga de elección. Cuando estoy


drogada con él, el resto del mundo se desvanece. Desnuda, saciada y
envuelta en sus brazos, estoy en paz.
—¿Te duelen los brazos? —Su voz suena a través de la silenciosa
oscuridad de su habitación.
Trazando los músculos en sus brazos alrededor de mi cintura, sonrío.
—Hmm, lo único que siento ahora es felicidad.
Esa sonrisa, que envía escalofríos a través de mi cuerpo, se presiona
contra mi hombro. Me pregunto si sabe que la sonrisa que siento en mi piel
es mi favorita de todos los tiempos. Mis ojos ven lo que quieren ver, mis
oídos escuchan lo que quieren oír, pero ese contacto, esa emoción táctil
es real e innegable.
—Claire tiene una llave porque a Rose le gusta divertirse, así que le
dejo usar mi departamento para estudiar o investigar cuando no estoy
aquí.
Mi cuerpo se pone rígido ante la sola mención de su nombre y me
aprieta más fuerte.
—Y Rose... tuviste...
—No. —Se ríe—. Por Dios, no soy ese tipo.
—¿Ese tipo?
—El que pone marcas en la pata de su cama.
Seis condones. ¿Por qué me molesta eso? Debería preguntarle, pero
me odiaría por ser esa chica.
215

—Lo sé —digo las palabras para tranquilizarme más que a él.


Página

***
El reiterado tono de llamada de mi teléfono me saca de mi sueño.
Ha salido el sol y estoy sola en la cama. Ni siquiera trato de llegar a mi
teléfono, que está en la mesa de café. No soy tan rápida en la mañana.
Robando la sábana de la cama, la envuelvo alrededor de mi cuerpo
desnudo e intento recuperar mi teléfono. No recuerdo haberlo oído sonar
más de una vez, pero hay dos llamadas perdidas, una de Avery y otra de
Elizabeth.
Algo me llama la atención mientras bostezo. Miro dos veces y noto
un gran… no, un gigante… ramo de flores en el mostrador de la cocina. Un
arco iris de colores vibrantes y deben haber costado una fortuna. Lautner
tiene que estar relacionado con una florería porque simplemente no hay
tiendas de flores abiertas cuando se va antes del amanecer. Lo que trae
una enorme sonrisa a mi rostro son los dos vendajes de banda elásticas
atados en arcos alrededor de los tallos. Los mismos vendajes que el Dr.
Bastado Perverso usó para atar mis brazos a su cama la noche anterior. Y
santo coño... me hizo cosas que nunca seré capaz de compartir incluso
con mi grosera hermana. Cómo puede ponerse su bata y atender a niños
enfermos, como la versión masculina de la Madre Teresa, después de
anoche me sobrepasa.
Llamo a Avery, pero va a su buzón de voz, así que dejo un mensaje.
Luego pruebo con Elizabeth.
—Sydney, Avery intentó llamarte, pero no respondiste... —La voz de
Elizabeth se acelera.
—Lo sé. Acabo de llamarla, pero fue directamente a su correo de
voz.
—Probablemente ya esté en el aire.
—¿Qué? ¿A dónde va?
—Sydney, tu papá fue llevado al hospital temprano esta mañana.
216

Piensan que es su corazón.


El fondo de mi mundo acaba de salir y estoy cayendo en picada en
Página

mi propio infierno.
—¿Q-Qué? ¿Está…?
—Está bien ahora mismo. Van a hacerle algunos análisis, pero no
sabremos nada hasta más tarde. Nos reservé un vuelo al mediodía. Fue el
primero que pude conseguir.
Escucho sus palabras, pero no se están registrando. Mi papá está en
forma y saludable. Esto no puede ser.
—Uh... está bien, sí, estaré lista. —Las torpes palabras salen de mi
boca.
—Te recogeré en dos horas.
—Está bien... um, adiós.
Lágrimas caen más rápido de lo que puedo eliminarlas. No puedo
perder también a mi papá. Esto simplemente no está bien. Mis ojos
parpadean nuevamente hacia las flores y pienso en Lautner. Me voy en
dos horas. Entonces la enormidad de toda la situación me golpea. Mi
papá está en el hospital y no puedo llegar a él lo suficientemente rápido.
Se supone que me voy a París en tres días, y no podré ver a Lautner...
nunca.
Merece saberlo, así que le envío un mensaje rápido antes de
empacar mis cosas.
Mi papá está en el hospital. Vuelo al mediodía. Lo siento, tengo que
irme. Te llamo esta noche desde Illinois.
Syd.
Me dirijo al dormitorio, tiro el teléfono a la cama y empiezo a arrojar
cosas a mi maleta. "In Your Eyes" se reproduce desde mi teléfono.
—No te vayas... ¡solo espera!—La voz aterrada de Lautner suena en
mi oído.
—Lo siento. Tengo que irme. No quería terminar las cosas así, pero…
—¡Solo ESPERA!—grita y la línea se apaga.
Mi corazón está siendo destrozado en dos direcciones. Tengo que
estar con mi papá. No era así como quería despedirme de Lautner, pero
ya no tengo otra opción. Después de empacar mis maletas y colocarlas
junto a la puerta, hago una última revisión en la cocina y el baño. Elizabeth
no estará aquí en una media hora más, así que le envío un mensaje de
texto a mi hermana para avisarle que recibí el mensaje y que estoy en
217

camino.
Mi aliento se detiene cuando la puerta de la calle se abre, casi
Página

arrancada de sus bisagras. Lautner se para frente a mí con su uniforme


verde y el pecho agitado. En un abrir y cerrar de ojos, estoy en sus brazos y
toda una vida de emociones brotan de mí: preocupación, angustia,
tristeza, miedo y... amor.
—Shh... Estoy aquí. —Me alivia con su voz.
Siento y escucho su corazón golpeando contra su pecho como si
estuviera latiendo solo para mí en este momento.
—¿Qué le sucede a tu papá?
Me reclino lo suficiente para verlo, encontrando consuelo en los
irisesazules. Me acuna el rostro y limpia las lágrimas.
—Corazón... al-algo con su... corazón —digo entre sollozos.
—¿Está en cirugía?
Niego con la cabeza.
—No creo… creo que no. Están haciendo algunos análisis. —Respiro
hondo y lo sostengo por un momento antes de dejarlo salir lentamente
para calmarme.
Su gran mano ahueca la parte posterior de mi cabeza y descanso
contra su pecho. Presiona sus labios sobre mi cabeza y los deja ahí. Nos
abrazamos sin palabras. No sé cómo pudo abandonar el hospital, pero no
importa. Está aquí y lo necesito. Necesito este adiós para poder seguir
adelante. Necesito un cierre.
—Tu papá estará bien. Estoy seguro de que está en buenas manos.
Le harán los análisis, descubrirán qué pasa y lo arreglarán. ¿De acuerdo?
Retrocedo.
—Dios, eso espero.
Se inclina y me besa. Luego hace una pausa. Lo siento. La emoción
se va formando, la realidad del momento.
—Vuelve. —Roza sus labios contra los míos.
Doy un paso atrás y sacudo la cabeza.
—No puedo. Lo sabes.
—¿Por qué no?—pregunta con palabras vacilantes.
—Porque tengo que trabajar y luego volver a la escuela. Tengo
veintitrés. No puedo tirar mi futuro, mis sueños por un tipo.
Su cabeza se mueve hacia atrás.
218

—¿Un tipo? ¿Es eso lo que soy para ti? ¿Solo un tipo?
Página
—¡No! —Me giro y me paso los dedos por el cabello, alejándome
aún más—. ¡Dios! No eres solo un tipo para mí, Lautner. Probablemente
eres el tipo, pero eso no cambia nada.
—¡Jodidamente lo cambia todo! —Entra y cierra la puerta tan fuerte
que una foto enmarcada cae desde la pared, rompiendo vidrios por todas
partes.
El rugido de su voz y el vidrio golpeando el suelo me da escalofríos en
todo el cuerpo. Nunca he visto este lado de él.
Me volteo y lo miro y luego el desastre en el piso que él no está
reconociendo. Sus ojos están ardiendo dentro de mí.
—¡Jesús, Lautner! Sabíamos que este día llegaría. Nunca te prometí
nada más. Estás viviendo tu sueño. ¿Podrías dejarlo todo por mí? —Mi voz
es un grito total, y me molesta por hacerme perder el control.
—Sí. —Solo una palabra, pero habla con total seguridad y sin
vacilación.
Es un golpe en el estómago, me quita el aliento. ¿Cómo puede decir
eso? Aún más, ¿cómo puede decirlo en serio?
—Mierda —le digo con un tono desafiante a mi voz—. ¿Dejarías tus
sueños por mí?
—Sí. —Sus ojos están llenos de lágrimas que no se han roto, pero las
mías están en mi rostro. He perdido el control de mis emociones. Perdí el
control de mi vida.
Las limpió con el dorso de mi mano.
—Bueno, ahí está la diferencia. Nunca te pediría que lo hicieras. —
No puedo ocultar la derrota en mi voz—. Me odiarías.
—No. —Niega—. Nunca te odiaría.
—Esa es la cuestión. Otra vez, no importa. Me odiaría por todo lo que
renunciarías a estar conmigo. Odiaría que me hicieras sentir tan mal
conmigo misma. —Niego y me chupo el labio superior para luchar contra
mis emociones—. Eventualmente nos separaría.
—Te amo —susurra.
—No —digo con ira en mi voz.
—Siempre te amaré. —Da un paso hacia mí.
—Cállate. —Aprieto los dientes, mirando a cualquier parte menos a
219

él.
Página

—¡Maldita sea! ¡Mírame! —Me toma el rostro y me mira con esos


malditos irises azules—. Te. Amo. Y. Punto. Es un maldito amor que rompe el
alma, que jamás, nunca se igualará. Mi amor por ti es sin complejos y para
siempre.
Llaman a la puerta, pero Lautner lo ignora. Sé que es Elizabeth.
—Me tengo que ir —le susurro y camino hacia la puerta.
— ¡MALDICION! —Su voz estruendosa hace eco.
Giro para verlo arrojar una botella de cerveza vacía a la pared,
seguida por otra. Lloro por él. Lloro por mí. Es como una bomba con la
mandíbula apretada, las cejas fruncidas, los ojos penetrantes, las manos en
puños, el pecho agitado.
La puerta se abre.
—¿Sydney? —Exclama la voz incómoda de Elizabeth.
Estoy segura de que ha escuchado la conmoción y está
preocupada por mí. Me vuelvo y la miro.
—Ya voy. —Intento forzar una sonrisa triste, pero no se puede ocultar
el desastre emocional en el que ha caído.
—Uh... está bien, tomaré una de tus maletas.
Asiento. Todas mis emociones están colisionando y me está
desgarrando por dentro. No quiero amarlo... No quiero odiarlo. Pero la
verdad es que lo odio porque me hizo amarlo. Me hizo detenerme lo
suficiente para dudar de mí misma. Abrió la puerta de mi corazón y susurró
qué tal si.
Lautner está de pie en la cocina de espaldas a mí, con las manos en
el borde del mostrador y la cabeza gacha.
Las palabras son más fuertes que mi control sobre ellas. Siento pesar
antes de que salgan de mi boca.
—Tienes cuatro condones en tu caja. Estoy seguro de que
sobrevivirás sin mí.
Los celos se sienten como la lengua de Satanás. Las palabras se
sienten venenosas. ¿Me amaría menos si lo lastimaba? ¿Lo amaría menos si
me lastimara?
Cuelgo mis bolsas sobre mi hombro y me inclino para tomar mi
maleta de mano y otra maleta.
Me giro y jalo mis cosas hacia el pasillo.
220

El dolor punzante en mi brazo me hace hacer una mueca mientras


me gira.
Página
—¡Los jodidos condones! ¿Es eso lo que tienes en la cabeza desde
ayer?
La tensión alrededor de sus fríos ojos, las palabras furiosas, y su agarre
me asustan. No he visto este lado de él. Mi bolso se cae de mi hombro
mientras me lleva de regreso a su departamento y directamente a su
habitación. Arranca el cajón de la mesita de noche y saca la caja de
condones.
—¿Cuántos condones? —Está sosteniendo la caja frente a mi cara.
Trago, pero no puedo hablar.
—¿CUÁNTOS?
Mi cuerpo tiembla y las lágrimas corren sin control por mi rostro.
—Diez —me atraganto.
Tira los condones restantes en la cama.
—¡Cuéntalos! —No reconozco la voz en mis oídos. Está tan enojado.
—Cuatro —susurro.
Saca su billetera y arroja dos más en la cama.
—¿Ahora cuántos?
Libero un sollozo.
—Seis.
Me tira de nuevo del brazo y me lleva a su armario. Sacando un par
de pantalones cortos de su cesto, los que usó la primera noche que
tuvimos sexo sin condones, saca dos paquetes más de papel de aluminio y
los arroja sobre la cama.
—¿Cuántos? —Exige entre dientes apretados.
Mis sollozos me estrangulan.
—Detente... por favor —suplico.
—¡Cuenta los jodidos condones, Sydney!
—Ocho... ocho... —lloro.
No sé qué duele más, mi brazo o mi corazón. Sí, lo sé... mi corazón. Él
lo está rompiendo.
Me arrastra fuera de su apartamento y pasa junto a Elizabeth
221

sorprendida, que está sacando el resto de mis maletas. Lautner no la


reconoce mientras me baja por las escaleras detrás de él.
Página

—Me estás lastimando... ¡detente! —suplico.


—¡Sydney! —Llama la voz de Elizabeth desde atrás de nosotros.
Lautner abre la puerta del copiloto de su camioneta luego abre la
guantera y saca... dos... condones... más.
—Dilo —dice con voz amenazadora.
Niego con la cabeza, la nariz goteando, los ojos hinchados, las
lágrimas sangrando en un río por mi cara.
—¡Maldita sea, DILO! —Sus rugientes palabras rompen algo muy
adentro.
La voz preocupada de Elizabeth suena como un eco a kilómetros de
distancia, a pesar de que está a solo unos metros. Todo está en cámara
lenta, como si estuviese viendo el último mes con Lautner en cámara lenta:
visiones que se supone que las personas no tienen hasta que mueren. ¿Eso
es lo que está pasando? ¿Me estoy muriendo?
—Diez. —La dolorosa palabra pasa por mi garganta irritada.
Los arroja en el asiento y me mira. Mandíbula apretada y... oh Dios...
lágrimas. Sus ojos están llenos de lágrimas.
—El día... —traga—... el día bajo la lluvia. Me sentí terrible. Te veías
tan rechazada y... Dios, quería estar contigo.
Un. Parpadeo.
Irises azules liberando lágrimas. Nada, nunca, se ha sentido tan
desgarrador.
—Tú... —Se muerde el labio superior con tanta fuerza que creo que le
rompe la piel. Aspirando con dificultad, mueve la cabeza de un lado a
otro. —... Eran para ti, solo tú... siempre tú.
Empiezo a mover mi mano a su cara, pero se estremece y da un
paso atrás cerrando la puerta.
El rechazo y el dolor que siento en este momento es indescriptible.
Camina hacia el lado del conductor.
—Lautner. —Su nombre se rasga de mi garganta.
Un resurgimiento de lágrimas llena mis ojos.
Se detiene, sosteniendo la puerta del conductor parcialmente
abierta dándome la espalda.
Mis brazos están abrazando mi nauseabundo estómago, las uñas
222

clavándose en mi piel.
Página
A través de mi visión llorosa y borrosa, no lo veo acercarse. Sus labios
chocan violentamente con los míos. El dolor físico ciega
momentáneamente lo emocional. Así es como se siente un último beso.
Emoción infinita. Hermoso dolor. Consumiendo todo. Totalmente
devastador.
—Espero que encuentres tus sueños, Sydney... mi... hermosa... Sydney
—me susurra al oído con una voz rota y quebrada.
Una última mirada. Un último momento. Una última oportunidad.
Irises azules que me suplican, rogando por tres palabras. Las tres
palabras que merece escuchar. Las tres palabras que le harían saber que
me posee. Las tres palabras que arruinarían mi futuro.
No dije nada.
Cerrando mis ojos. Un. Último. Asentimiento.
La puerta del auto se cierra. El motor ruge. Llantas chirriando.
Abro los ojos para ver qué tal si me alejo.
—Te amo. —Suelto las palabras; mantenerlas adentro me mataría.

223
Página
14
Elizabeth sabe lo que necesito. No tengo que pedirlo. Las palabras
son muy dolorosas. Cuando llegamos al aeropuerto, saca mis gafas de sol
de mi bolso y me pone un manojo de pañuelos en la mano. Mientras
esperamos en línea, ella frota suaves círculos en mi espalda. Es su forma de
estar aquí para mí y la amo por eso. Nada de "te lo dije", solo amor
incondicional como el amor de una madre.
El viaje a Illinois es tortuosamente largo. De nuevo, cada respiración
se siente como toda una vida. Tiempo... lo gracioso del tiempo es que
pasa volando como un tren de carga cuando me estoy enamorando,
pero se arrastra por un agonizante segundo a la vez cuando está
reparando mi corazón roto. Necesito ver a mi padre y saber que va a estar
bien. Parte de mí murió hoy y no puedo perderlo a él también.
Para cuando llegamos al hospital, estoy completamente destrozada.
Encontramos la habitación de mi padre y él está sentado en la cama con
Avery a su lado. Sé que nota mis ojos hinchados a pesar de las botellas de
agua fría que Elizabeth me hizo presionar contra ellos en el taxi.
—Papi! —lo abrazo y las lágrimas vienen de nuevo. Me siento como
una niña en sus brazos, su pequeña niña a la que se le rompió el corazón
hoy.
—Oh, hola, chiquita. ¿De qué se trata todo esto? Estaré bien. Chicas,
no necesitaban volver corriendo a casa.
Lo libero y me siento en el borde de su cama.
Avery pone los ojos en blanco.
—Por Dios, papá. Tienes una arteria bloqueada en un ochenta por
ciento y el médico dijo que necesitas un stent. No hagas que suene tan
benigno.
—¿Entonces te van a hacer una cirugía? —pregunto con un
resoplido.
—Cirugía menor. Probablemente estaré fuera del hospital dentro de
veinticuatro horas.
224

—¿Cuándo la harán?
—Mañana —dice Avery.
Página

—Voy a cancelar mi viaje a...


—De ninguna manera —mi papá me interrumpe—. Vas a ir a París.
Has estado esperando ver Paris desde que eras una niña pequeña. Si
muero, puedes quedarte, pero cualquier cosa menos que eso y te subes a
ese avión. ¿Entiendes?
—No digas eso, papá. —Arrugo la nariz porque la palabra muerte
me produce náuseas.
—Va a estar bien —dice Elizabeth—. Además, mi hermanito tiene al
Gran Hombre de su lado.
Papá se ríe.
—No tengo miedo a morir. Dios puede llevarme cuando me
necesite. Además, el amor de mi vida me está esperando.
¡Uf! ¿Podría sentirme todavía más como si me hubieran dado un
puñetazo en el estómago hoy?
—Mamá tiene la eternidad ahora. Ella puede esperar por ti. —Se
inclina Avery y besa su mejilla.
La enfermera entra y nos dice que necesita revisar algunas cosas
con mi papá antes de su cirugía mañana. Elizabeth se queda con él
mientras Avery y yo vamos a la cafetería a buscar algo de comida.
—¿No tienes hambre? —pregunta Avery, mirando mi solitaria botella
de jugo de uva.
—En realidad no. —Lucho por encontrar una sonrisa.
—Todo va a estar bien —dice, envolviendo su mano sobre la mía y
dando un apretón.
—Lo sé. Es una cirugía bastante común.
—No estoy hablando de papá. —Su voz es suave y
desgarradoramente comprensiva.
Las estúpidas lágrimas vuelven, pero me niego a parpadear y
dejarlas ganar. Tomo un profundo trago y asiento, centrándome en la
etiqueta de la botella de jugo.
—Me voy a mudar —anuncia.
Dios, la amo por saber cuándo cambiar el tema.
—¿Vuelves a casa?
Avery resopla.
225

—¡Diablos no! Solo más cerca de la playa. Una de las masajistas con
las que trabajo está buscando una nueva compañera de casa. Una que
Página

no toque la gaita.
Ambas nos reímos.
—Bueno, ella te amará entonces. De todos modos, nunca estás en
casa.
Avery se come su sándwich de pollo, y logro terminar mi jugo antes
de volver a ver a papá. Se está haciendo tarde y su cirugía es temprano
por la mañana, así que decidimos ir a casa y dejarlo descansar un poco.
***

Llegamos al hospital a las 7:00 a.m. para ver a Papá una vez más
antes de su cirugía. Avery y Elizabeth van por café mientras yo estoy en la
sala de espera. No dormí una mierda anoche. Me dolía la cabeza y el
Advil no funcionó, probablemente porque no podía dejar de llorar. Avery
se arrastró en mi cama un poco después de la medianoche y me abrazó el
resto de la noche. Sé que es por eso por lo que está desesperada por el
café esta mañana. La operación Sydney Rota es agotadora. Nada sonaba
más atractivo que ahogar mis penas en un paquete de seis cervezas o una
botella de Jack, pero no podía con la operación de papá esta mañana.
No recuerdo haberme quedado dormida. Pero cuando Avery me
empuja para avisarme de que papá salió de cirugía, me tengo que limpiar
una baba de la mejilla.
—Bien, Sam. Realmente atractivo. —Se ríe Avery mientras Elizabeth
me rodea con un brazo y me lleva a la habitación de papá.
La cirugía salió bien y planean liberarlo a la mañana siguiente si
todas sus pruebas lucen bien. Nos quedamos en su habitación la mayor
parte del día hablando sobre la mudanza de Avery, el viaje de Elizabeth y
Trevor, y mi lista de deseos para París. Papá dormita dentro y fuera del
sueño hasta que finalmente nos echa de su habitación de un puntapié
después de comer su delicioso plato de comida del hospital.
—Ustedes tres, gallinas, vayan a casa a terminar su cacareo —dice
en broma. Pero sabemos que está hablando bastante en serio.
226

—Volveremos por la mañana para sacarte —Avery le da un beso.


Página

—Si no estamos despiertas cacareando hasta muy tarde. —Elizabeth


le da un gran abrazo.
—Ya las alcanzo —les digo mientras salen de la habitación.
Empiezo a sentarme en la silla junto a la cama, pero toca una
pequeña área a su lado. Tomando su mano, me siento a su lado.
—Me voy a las seis de la mañana, así que no te veré hasta que
regrese de París.
Sonríe.
—Vive, cariño. Sé inteligente... pero vive. Estoy tan orgulloso de ti. Tu
madre también lo estaría. Trabajaste tan duro en la escuela y continúas
trabajando arduamente para lograrlo. No puedo esperar para verte, mi
niña, como curadora de un museo algún día. Probablemente en el Louvre.
—Me guiña un ojo.
Me río.
—Sin duda. Estoy segura de que probablemente me ofrezcan un
trabajo mientras estoy allí. Una pasantía o algo.
—El cielo es el límite. A pesar de todo, Dios nos ha bendecido de
verdad.
Limpio una lágrima y lo abrazo.
—Si lo ha hecho. Te amo papá. Te llamaré cuando llegue a París.
—Yo también te amo, cariño. Buen viaje.
—Lo tendré.
***

En el camino a casa, nos detenemos en la imprenta. Ayer envié


algunas fotos por correo electrónico para hacer las impresiones. Le digo a
Avery y Elizabeth que son fotos que tomé para un amigo y no me
preguntan. Cuando llegamos a casa voy al sótano y saco unos marcos
que compré hace años en una liquidación. Enmarco las fotos y escribo
inscripciones en la parte posterior. Después de envolverlos en papel
marrón, los dejo con algo de dinero y una dirección para que Avery y
Elizabeth los lleven a la tienda de envío mañana.
—¿Palo Alto? —pregunta Avery.
—Solo haz esto por mí.
Asiente sin más preguntas y me abraza.
227

—Entonces, ¿cuál de ustedes dos gallinas se va a levantar no tan


brillante sino temprano y me llevará al aeropuerto por la mañana?
Página

Avery levanta su mano.


—Saqué la pajita más corta.
Elizabeth sonríe.
—Soy demasiado vieja para levantarme temprano.
—Tonterías, dormí en tu cama. ¿Has oído hablar alguna vez de
cortinas que oscurecen la habitación?
Sacude su mano en el aire.
—Ah, el sol no me despierta.
—Bueno, si no es el sol, entonces tu perro sí.
—Te refieres al perro de Trevor. No me levanto por Swarley a menos
que Trevor esté fuera de la ciudad. Una chica necesita su sueño de
belleza, ¿sabes?
Me río.
—Sabía que era Trevor y su TOC reglamentado.
Avery está ocupada jugando con su teléfono, pero incluso ella se ríe
de esa verdad.
—Él no tiene TOC.
Inclino la cabeza hacia un lado.
—¿De verdad? ¿Esa es tu respuesta?
—Simplemente es... limpio y ordenado.
—Tus especias están acomodadas por orden alfabético.
—Mucha gente hace eso.
—También tus condimentos refrigerados. Salsa de barbacoa,
ketchup, mayonesa, mostaza, salmuera, aderezo ranch, salsa de carne,
aderezo Thousand Island y salsa Worcestershire. En. Ese. Orden.
—Sí, eso no está bien. —Avery se ríe.
—Se pone un poco raro cuando pongo el aliño de pepinillo después
de la salsa ranch.
—Mmm hmm. —Avery y yo asentimos con la sonrisa de labios
apretados.
—No es ni aquí ni allá. Me voy a la cama, cosas jóvenes. Dame un
abrazo.
228

La abrazo con fuerza.


—Que tengas un buen viaje, Sydney. Te amo.
Página

—Yo también, Elizabeth.


Avery me guiña un ojo.
—Buenas noches —respondemos mientras Elizabeth sube las
escaleras.
Nos dejamos caer en el sofá y miramos las imágenes envueltas
apoyadas en la silla. Lautner me persigue. He pasado más de veinticuatro
horas sin ver o escuchar de él, pero fue diferente. Sabía que lo volvería a
ver. Ese ya no es el caso.
Avery sabe dónde está mi mente.
—Por favor dime que vas a emborracharte en el avión mañana y
olvidarte del Dr. ¿Cuál es su nombre?
Sonrío, aun mirando los marcos envueltos.
—No puedo. Viajo sola. Voy a esperar hasta que la familia a la que le
cuidaré la casa se vaya, y luego me emborracharé y me olvidaré del Dr.
¿Cuál es su nombre?
—Será mejor que te folles a algunos franceses calientes también por
si acaso.
Entrelazo mis dedos a través de mi largo cabello.
—Por supuesto. ¿De qué sirve emborracharse si no te despiertas en la
cama de un extraño?
—Eso es, chica —Avery se inclina hacia mí y apoya su cabeza en mi
hombro—. Estoy agotada. Algún bebé gritón me mantuvo despierta toda
la noche.
Inclino mi cabeza sobre la suya.
—Suena realmente patética.
—Totalmente.

229
Página
15

LA BODA
—¿Lista, cariño? —La voz profunda al otro lado de la puerta me
calma.
—Sí. Entra, papá. —Le doy dos puños a mi falda de tul blanca de
bailarina y me doy la vuelta.
Mi papá ha envejecido bien. Su espeso cabello negro tiene algunos
distinguidos reflejos grises, pero su físico en forma le quita unos buenos diez
años de su edad real. Sé que nunca imaginó las circunstancias que lo
llevaron a este día o que hubiera sucedido tan pronto para mí. Cuando
compartí mis noticias con él, la decepción en sus ojos no pudo ser
enmascarada, incluso detrás de todo el amor que me brindó.
Aquí estamos y el tiempo lo ha cambiado todo. Está listo para
llevarme al altar y oficiar sobre la ceremonia. Mi padre, el predicador¸ ha
aceptado la "mano de Dios" en los eventos que han tenido lugar en los
últimos años. Y ahora él también da gracias por las bendiciones que tan
inesperadamente nos han sido otorgadas.
—Impresionante. —Niega con la cabeza y yo lucho contra las
lágrimas.
Mi boca se curva en una sonrisa tensa mientras trago un mar de
emociones que se remontan a la niña de diez años que perdió a su madre
demasiado temprano.
—Gracias, papá.
230

—Tu novio está un poco nervioso.


Inclino mi cabeza hacia un lado.
Página

—¿En serio?
—Nunca pensó que vería este día. Ustedes dos han pasado por
mucho. Me dijo que todavía se siente como un sueño.
Me encojo de hombros.
—Destino.
Se ríe.
—Esto viene de mi hija que no cree en el destino.
—Sí, bueno, a veces es la única explicación.
—Aquí. —Busca en el bolsillo de su abrigo y saca una pequeña caja.
La abro.
—Oh, papá... —No tengo palabras.
—Eran los de tu madre...
—Lo sé —susurro, mirando fijamente los aretes de lágrimas de oro
blanco y topacio azul—. Mi piedra de nacimiento. Mamá me dijo que se
los diste el día en que nací.
Asiente. Siento las emociones alojadas en su garganta.
—Mi algo prestado y algo azul. —Sonrío, sacándolos de la caja.
—Solo algo azul, cariño. Ahora te pertenecen.
Las esquinas de mis ojos arden con lágrimas mientras me pongo los
aretes.
—Estaré justo afuera. Tómate tu tiempo.
Creo que mi papá necesita su propio momento privado para reunir
su compostura. Agarrando mi bolso, lo reviso hasta que encuentro el
pedazo de papel doblado que casi se está desintegrando después de ser
manipulado, doblado y desplegado tantas veces. Con una respiración
profunda, leo las palabras que han quedado grabadas en mi cabeza
durante años... por última vez.
Sydney,
He aguantado escribir esta carta hasta el último minuto posible. Hoy
tengo las manos temblorosas y mi cuerpo débil. Tú y Avery acaban de irse
con tu padre a casa a pasar la noche. Desde que estuve en un hospicio la
semana pasada, cada abrazo se siente como el último. Cada beso se
siente como el último. Cada despedida se siente como la última.
231

Sé lo que creo que sucede después de la muerte, y espero que las


historias sean verdad. Necesito que siempre me veas en un lugar
maravilloso, saludable, feliz y viendo crecer a la hermosa mujer que sé que
Página

serás. Es tan injusto pedirte esto, pero quiero que cuides a Avery. Ella te va
a necesitar, de la forma en que me necesita. Ámala incondicionalmente y
predica con el ejemplo.
Eres demasiado joven para entender esto ahora, pero algún día
leerás esto otra vez y sabrás exactamente a qué me refiero. No tengas
miedo de caer. A veces, la perspectiva que más necesitamos es desde el
suelo. No tengas miedo de triunfar. A veces no disparamos al cielo porque
no nos miramos lo suficientemente alto. Por lo tanto, la vista desde el suelo.
Sigue tus sueños con firme determinación. Nunca te conformes. Abre tu
corazón a un sinfín de posibilidades y arriesga todo por un momento,
cuando sea el momento adecuado.
La vida puede no parecer siempre justa, pero así es como sabrás
que la estás viviendo. Siempre te estaré mirando, y quiero que me lleves
contigo el tiempo que me necesites. Entonces, algún día... tal vez dentro
de cinco años, tal vez veinte, estarás lista para dejarme ir. Cuando llegue
ese día... ¡hazlo! Libérame y sentirás el peso de tu elevación anterior.
Extiende tus alas y vuela, mi dulce niña. Marca la diferencia en el mundo:
deja tu huella.
Sydney Ann Montgomery, SIEMPRE serás amada por mí. Te veré en
las estrellas.
~ Mamá
Doblo la frágil carta por última vez y la dejo en la basura.
—Encontré mis alas, mamá. Incluso ya he dejado mi marca en el
mundo. —Me río—. He leído tu carta cientos de veces y ha sido tanto una
bendición como una maldición. Quería que estuvieras orgullosa de mí. Yo
quería vivir la vida que te fue robada. Quería la redención... para las dos.
Pero luego arriesgué todo cuando el momento fue el correcto. Abrí mi
corazón a un sinfín de posibilidades y encontré lo inesperado... Me
encontré a mí misma. —Me quito la humedad de las comisuras de los ojos
con las yemas de los dedos.
Llaman a la puerta. Miro alto en el cielo por la ventana.
—Adiós, mamá.
—Oye, ¿hablando sola? —pregunta Avery, mirando dentro de la
habitación.
—Solo una conversación entre mis dos mejores amigas.
Avery levanta una sola ceja confundida.
232

Sonrío.
—Yo y yo.
Página

Niega con la cabeza.


—Vamos, princesa. Todos te están esperando.
—¿Cómo está mi novio?
—Nervioso, guapo, inquieto, pero completamente sexy y moribundo
por ver a su bella novia.
—Bueno, entonces, no dejemos que el buen doctor espere más.
—¿Dónde está mi niña de las flores? —Le pregunto a mi papá
mientras me conduce por el pasillo hacia las puertas del santuario.
—Tu hermana la llevó al baño por última vez. Ella estaba bailando un
jig.
—¡Mami! —Escucho mi voz favorita en todo el mundo llamarme
mientras me doy vuelta y veo saltar rizos morenos encima de un vestido de
tul blanco con incrustaciones de margaritas que vienen disparadas hacia
mí.
Me agacho y abro mis brazos para atraparla.
—Hola, niña. —Su sonrisa es contagiosa y sus mejillas son color de
rosa por haber corrido toda la mañana. Le beso la frente como prueba de
toda madre para ver si tiene fiebre. Ha tenido fiebre alta durante las
últimas veinticuatro horas. He considerado posponer la boda, pero el Dr. Lo
sé todo insiste en que es solo una infección viral y que ella estará bien.
Todavía se siente cálida, pero lo atribuyo al correr. Suspiro, mirando más
allá de sus largas pestañas, sus impresionantes irises azules que brillan con
vida.
Los ojos de papá.
—¿Dónde está tu portador del anillo? —pregunto.
—Avy... perrito.
—Aquí está. —La voz de Avery llama desde la puerta lateral.
Swarley, también conocido como el portador del anillo, trota hacia
nosotros. Está vestido con un traje de perro y tiene un collar especial con
una caja que, presumiblemente, tiene los anillos.
—Pequeña señorita Ocean Ann, tome la correa de su perro y siga a
la tía Avy por el pasillo tal como lo practicamos anoche.
—Mami. —Sonríe y me besa en la mejilla, me derrito.
—¿Lista? —Mi papá confirma mientras esperamos los últimos
segundos antes de que el piano comience a tocar "Ella", de Elvis Costello.
233

Asiento, tomo una respiración profunda mientras doy la vuelta a la


Página

esquina y veo que todos se paran y se vuelven para mirarme. Una rápida
mirada a Avery y a Ocean, mis ojos van directamente a mi novio en
espera. Él es el epítome de guapo. No le quito los ojos de encima hasta
que mi padre me suelta y toma su lugar en el altar.
Estoy un poco nerviosa, pero sus grandes manos mantienen las mías
y calman mis nervios. Mi mente está en todas partes. Intento enfocarme en
las palabras que dice mi padre. Ha trabajado mucho en su sermón y ha
elegido las Escrituras apropiadas, pero su voz es un ruido blanco para mí.
Este día es muy significativo. El tejido de eventos que ha llevado a este
momento es surrealista.
¡Enfoque, Sydney!
—Dane, ¿Aceptas a Sydney para que legítimamente sea tu esposa,
en…?

234
Página
16
París no es lo que imaginé que sería. Es más. Una abundancia de
edificios famosos, moda chic, y una mezcla perfecta de la vieja cultura
europea y contemporánea. Luego está el arte. No hay palabras. Libros,
fotos e incluso videos de YouTube no le hacen justicia. Por supuesto, el
Musée du Louvre consumió mi primera semana aquí. Los jardines de las
Tullerías detrás del Louvre son formalmente jardines franceses con
esculturas contemporáneas. Como el almuerzo los tres días en un café allí.
En pocas semanas comienza la Feria de las Tullerías, la segunda feria más
grande de París. Me han dicho que habrá toboganes, trampolines, autos
de choque y rueda de la fortuna. Se dice que es más una evocación de
las ferias en las películas antiguas.
Mi intento de ahogar mis penas en una botella de vino me salió mal,
más de una vez. No estoy segura si atrapé algo en el avión o qué, pero he
tenido problemas de estómago con un bicho persistente. Me he
desmayado en el sofá sintiéndome miserable casi tanto como he estado
revisando cosas de mi lista de cosas por hacer en París. Hoy no parece muy
prometedor para aventurarse. La bendición oculta es que no hay mascota
que requiera atención. Sin embargo, estaría mintiendo si dijera que no
echo de menos a Swarley hasta cierto punto. El loco perro se metió en mí,
o es posible que me hiciera sentir un poco menos loca. Con él alrededor,
no sentía que estuviese hablando sola todo el tiempo.
—Oh, Dios... —corro hacia el baño, arrojando el resto del contenido
de mi estómago, que no es mucho.
Arrodillándome en el suelo, levanto la mirada y aspiro un poco de
aire que tanto necesitaba. Algo me llama la atención.
—De. Ninguna. Jodida. Manera.
235

La caja de tampones que se encuentra sobre la tapa del inodoro es


un letrero de neón parpadeante. No me toma mucho pensar; sé
Página
exactamente cuándo comencé mi último período. Después de todo,
publiqué un cartel en la puerta.
—Oh Dios mío. Estoy retrasada... muy retrasada.
Un viaje rápido a la farmacia de la esquina con la firma de la cruz
verde encima y estoy de vuelta con seis palos.
Pipí. +
—¡No!
Pipí. +
—¡Mierda!
Pipí. +
—¡Mierda, mierda!
Un gran vaso de agua y quince minutos después.
Pipí. +
—¡Demonios!
Pipí. +
¡Joder... no!
Pipí. +
Lágrimas...
***

Entumecida. Nauseabunda pero entumecida. Recuerdo este


sentimiento, o la falta de eso. Nuestros padres nos sentaron a Avery y a mí
en la sala de estar y nos explicaron que "mamá estaba enferma". Fue el
momento en que me di cuenta de que todo lo que creía saber, era
mentira. El viaje a Disney pospuesto... luego cancelado. Todos los padres
en las gradas viendo a su hijo nadar en la reunión estatal, excepto la mía.
Tortas de cumpleaños en una caja de la tienda: no más pelear por
batidores cubiertos de glaseado o cucharas para lamer.
En este momento, todo lo que pensé que sería, era una mentira. No
voy a graduarme de la escuela. Mi padre ya no estará orgulloso de mí.
Aprovechar el futuro que mi madre perdió ahora es solo un recuerdo
empañado. Soy un jodido fracaso a medio mundo de distancia de mi
236

corazón que deje atrás en Palo Alto.


—Jesús, Lautner. —Las lágrimas corren por mi rostro mientras me
Página

siento en una silla con mis rodillas abrazadas a mi pecho.


Él está persiguiendo sus sueños. Tres años exigentes de residencia
pediátrica. Estoy segura de que estará encantado de verme en la puerta
de su casa hasta el momento en que le diga que estoy sin trabajo,
embarazada y con su nueva responsabilidad. Es muy abrumador. Todo lo
que quiero hacer es despertarme de esta pesadilla, pero no puedo. Las
lágrimas no son tan húmedas en los sueños y cuando el dolor es así de
intenso, el sueño termina.
Tengo que llamar a Avery. Es demasiado para asumirlo sola. Siempre
hemos estado ahí para compartir las cargas emocionales de la vida. Esto
sin embargo... esto hará volar su mente.
—¿Te das cuenta de que todavía es temprano aquí, verdad? —
responde su teléfono con su característico comentario de sabionda.
—Ave —solté un sollozo.
—Sydney, ¿qué pasa? —Su tono cambia.
Escucho su preocupación por el teléfono, veo su rostro arrugado,
siento sus brazos a mí alrededor.
—Estoy-estoy-embarazada. —Mi voz se rompe.
Las palabras cuelgan pesadas en el aire. El silencio en la línea lo dice
todo. Ella también está conmocionada, y no hay palabras de consuelo.
Avery me conoce demasiado bien. Entiende que esto es lo peor que me
puede pasar a mí y no solo porque tengo veintitrés años, no estoy casada
y no he terminado la escuela. Es nuestra madre. Tantas veces como se lo
negué a ella, a Elizabeth, a mi padre y a mí misma, quería lograr lo que
nuestra madre nunca hizo.
—Sydney... ¿estás segura?
—Sí, Dios, sí. Oriné en seis malditos palos. Todos son positivos. —Me
limpio la nariz con el dorso de la mano y sorbo por la nariz.
—¿Qué vas a hacer? Quiero decir, ¿vas a que…?
—¡Jesús, sí, lo voy a mantener! Papá acaba de someterse a una
cirugía de corazón, esto lo va a decepcionar más allá de las palabras,
pero... un aborto lo pondría en la tumba.
—No tendría que saberlo —dice Avery con lenta precaución.
—Mamá lo haría... y yo también.
—¿Vas a decirle a Lautner?
237

Hago una pausa como para pensar en mi respuesta, pero no hay


nada en qué pensar.
Página

—Sí.
—¿Cuándo?
—Cuando regrese a casa. Cambiaré mis boletos y volaré a Palo Alto
en lugar de volver a Illinois. Lautner necesita saber antes que papá. Pero no
quiero decirle por teléfono. Esto tiene que decirse en persona.
—Sydney... vas a... —Avery no termina.
Es nuestra regla tácita de no decirnos mentiras. No puede decirme
que todo va a estar bien y no puedo decirle que estaré bien. Entonces
compartimos lo único que sabemos con certeza.
—Estoy aquí para ti, Sydney, y… te amo.
—También te amo, Ave.
***

Mi lista de cosas que hacer en París es una broma. Tres semanas y no


puedo recordar la sensación que tuve cuando tomé el crucero al
atardecer en el Sena viendo cómo los monumentos cobraban vida con
una iluminación lenta. La fría baldosa debajo de mis rodillas, el eco de mi
estómago agitado, el reflejo fantasmal en el espejo, y esos malditos signos
positivos son todo lo que está grabado en mi mente. Claro, tengo tarjetas
de memoria llenas de fotos, pero bien podrían haber sido tomadas por otra
persona porque no recuerdo haber estado en esos lugares.
El viaje de doce horas de regreso a la costa oeste es agotador,
especialmente en un avión abarrotado, con una bolsa para vómito en la
mano en caso de que los baños estén ocupados. Aparte de necesitar
escapar de la claustrofobia, no tengo prisa por llegar... a ningún lado. Por
primera vez que pueda recordar, no tengo dirección. ¿Dónde viviré en una
semana... un mes... un año? ¿Qué trabajo encontraré con una licenciatura
en Historia del Arte y un bebé? ¿Cómo reaccionará mi padre? ¿Cómo
reaccionará Lautner?
Lautner. Hay un vacío dentro de mí por extrañarlo tanto. El tiempo no
alivió el dolor, lo multiplicó. Hay una presentación de diapositivas en mi
computadora con sus imágenes y la voz de Peter Gabriel que me
238

recuerda lo completa que me sentía en sus ojos. La he reproducido al


menos cien veces. Mi cabeza me dice que olvide, pero mi corazón no lo
Página

permite. Ha pasado casi un mes desde que vi su rostro, escuché su voz,


sentí su toque. No hay llamadas, ni mensajes de texto sobre mi padre, París
o yo. El día que me fui, hubo un momento en que sentí como si algo se
rompiera dentro de mí, como si algo hubiera muerto. Fue mi corazón. No
fue el dolor que sentí cuando me gritó, no fue la gran vergüenza de no
confiar en él, fue Lautner soltándome. La conexión entre nosotros siendo
desgarrada... cortada.
***

Los violentos latidos de mi corazón intensifican mi ya nauseabundo


estado. Salgo del taxi y veo un 4Runner negro. Él está aquí. Son poco
después de las nueve de la noche, y hay un bochorno en el aire. Llevo las
maletas que traje a la entrada, las dejo y tomo las escaleras del
apartamento de Lautner un escalón a la vez. Mi pulso es un bajo rítmico en
mis oídos. Respirando tranquilamente, empujo hacia atrás la agitación
inquietante en mi estómago.
—Aquí va todo. —Toco la puerta.
Sin respuesta.
Con más fuerza golpeo de nuevo. Al juntar mis manos, me muerdo el
interior de la mejilla. Justo cuando empiezo a alejarme, la puerta se abre.
Lautner me está haciendo el amor por primera vez, tardes perezosas
junto a la piscina y en la playa. Flores, té y bolsas de la pastelería
esperando en la puerta. Irises azules. Labios presionados contra mi piel.
Condones. Lágrimas. Luces traseras en la distancia.
—Claire. —Su nombre sale de mis pulmones como mi último aliento.
Sus ojos fríos y su sonrisa dura cortan a través de mí, pero es su
cabello mojado y su cuerpo desnudo envuelto en una toalla de baño lo
que me saca cada gramo de vida.
—Llegas demasiado tarde... ¿Samantha? ¿Cierto? —Ajusta su toalla,
metiéndola más fuerte sobre sus pechos.
Si pudiera moverme, físicamente eliminaría esa sonrisa petulante de
su rostro. La perra confabuladora sabe mi nombre, pero no puedo
decírselo. No puedo hablar en absoluto. Las galletas Graham que comí en
el aeropuerto están en camino de regreso. Al volverme, bajo corriendo las
escaleras, salgo por la puerta y vomito en los arbustos.
—¡Oh Dios! —Lloro mientras mi estómago continúa contrayéndose
239

hasta que estoy sin nada.


El concreto implacable se hunde en mis rodillas mientras caigo a la
Página

acera, jadeando, sollozando, rota.


—¿Por qué... por qué... por qué? —Lloro, doblada abrazándome el
estómago.
No puedo respirar; mis pulmones se sienten fuera de control.
Toso. Me ahogo. Me agito.
—¿Estás bien, señorita?
Levanto mi pesada cabeza a la mirada cargada de simpatía que
me mira. Una mujer joven, tal vez de mi edad, descansa su mano en mi
hombro.
—Sí —grazno con una voz apenas audible y me pongo de pie—. Solo
enferma.
—¿Estás segura?
Trago el ácido de mi estómago en llamas.
—Sí. —Asiento.
—De acuerdo... —duda, pero le sonrío débilmente y ella continúa
hacia el edificio, mirando hacia atrás una vez más antes de que la puerta
se cierre.
Hurgando en mi bolso, encuentro mi teléfono y llamo a Elizabeth.
—¡Bonjour! —responde con entusiasmo.
—Elizabeth... —Mi voz es cruda.
—¿Sydney? Qué está mal. ¿Dónde estás?
—¿Puedes venir a buscarme? —Las palabras se sienten como papel
de lija en mi garganta.
—¿Qué? Quiero decir que sí... cariño, ¿dónde estás?
—Donde Lautner. —Aprieto mis ojos y libero un sollozo estrangulado.
—Voy en camino.
Después de tirar mis maletas a la acera, me siento y espero. Tiene
que estar a veintiséis grados, pero escalofríos estremecen mi cuerpo.
—Sydney —me llama la suave voz de Elizabeth.
Ella está parada frente a mí, pero no la escuché detenerse. Todos mis
sentidos están embotados, la conmoción se ha apoderado de mí y estoy
atrapada en un sueño aturdidor.
240

Envolviéndome con sus brazos, me ayuda a levantarme y me mete


en el auto. Tengo la vaga conciencia de que ella carga mi equipaje y
entra junto a mí. Con la cabeza pegada a la ventana, miro cómo la
Página
carretera se desdibuja como las curvas sinuosas de mi vida y los golpes
inesperados.
En el momento en que entramos por la puerta, corro hacia el baño.
Mis abdominales están doloridos, las rodillas magulladas, el cabello
enmarañado por el sudor.
—¿Qué tan avanzado esta? —Elizabeth aparta el cabello de mi
rostro con una mano y me frota la espalda con la otra.
—¿Avery? —Tengo que asumir que Avery le dijo.
Me siento en mi trasero y me apoyo contra la pared opuesta al
inodoro.
Elizabeth mete su cabello oscuro hasta la altura de los hombros
detrás de la oreja, se recuesta contra el tocador y sonríe.
—No, solo una corazonada.
Estirando mis piernas a cada lado del inodoro, suspiro.
—No lo sé todavía. Tal vez un mes.
—¿Y Lautner? ¿Estás listo para hablar de...?
Conteniendo la respiración y mordiéndome los labios, sacudo la
cabeza y parpadeo las lágrimas.
—Está bien, cuando estés lista, estoy aquí.
—Gracias —le susurro.

241
Página
17
Esperanza. Dios, necesito algo... solo un destello de luz para traerme
de mi oscuridad.
Elizabeth y Trevor han estado preparando mis comidas, forzándome
a salir para tomar aire fresco y luz solar, e insistiendo en ducharme y
cepillarme los dientes todos los días. Lo que no han hecho es hacer más
preguntas. Llamé a mi papá y le dije que estoy pasando con Avery unas
semanas antes de volver a casa. Lo que él no sabe es que Avery está en
camino para estar conmigo. Extrañarlo, porque no lo he visto desde su
cirugía, es la parte fácil. Decirle que estoy embarazada va a ser
inimaginablemente difícil.
Avery no sabe más que Elizabeth en este punto. Me apego a mi
mentalidad de diez años de que, si no digo las palabras, si no les cuento lo
que encontré en Lautner, entonces tal vez no sea verdad. Negar que el
hombre que amo, el padre de mi hijo por nacer, haya seguido con una
mujer a la que desprecio no durará para siempre.
—Avery llamó anoche y dijo que trataría de encontrarnos allí a
menos la atrape el tráfico pesado o la construcción de carreteras. —
Elizabeth me da una rápida mirada.
Manteniendo mi mirada enfocada en mi ventana, devuelvo un
movimiento reflexivo de mi cabeza. Nos dirigimos a mi cita de ginecología
y obstetricia que Elizabeth programó para mí el día después de mi regreso
de París. Así no es como me imaginé mi primera visita prenatal. No es por
sonar anticuada, pero imaginé estar en mis treinta, casada, sosteniendo la
mano de mi marido y... feliz.
Llegando quince minutos antes, lleno mi papeleo. Todavía estoy bajo
242

el seguro de mi padre y no tengo idea si tiene cobertura de maternidad.


En el momento en que presentan esta reclamación, el reloj comienza. Solo
serán cuestión de semanas hasta que mi padre reciba una notificación por
Página

correo con respecto a este reclamo. Creo que sería mejor si se entera de
mí boca primero. Por otra parte, tal vez por mensaje mientras estoy todavía
a medio camino a través del condado sería una mejor idea, al menos para
mí.
—Sydney Montgomery —llama la enfermera.
Elizabeth me sigue. Nos detenemos en el pasillo y la enfermera
obtiene mi altura, peso, presión arterial y temperatura. Avery no ha
llegado, pero espero que lo haga pronto. Siento que estoy siendo
preparada para la ejecución en lugar de examinar una nueva vida que
crece dentro de mí. La enfermera nos acompaña a la sala y me hace
algunas preguntas más que no figuraban en el formulario que completé.
Luego me instruye que me desnude de la cintura para abajo, me siente en
la mesa y me cubra con la manta azul de papel desechable. Justo
cuando se va, Avery entra.
—Sydney. —Me abraza fuertemente.
Después de haber desempeñado el papel de madre y protectora
de ella durante años, es una experiencia humillante que invirtamos nuestros
roles.
—Estoy tan contenta de que logradas llegar —le susurro a través de
una gruesa garganta.
Se sienta al lado de Elizabeth mientras me desvisto y me situó sobre la
mesa.
—Entonces, ¿estás nerviosa? —pregunta Avery.
—¿Acerca de? —Inclino mi cabeza, los ojos muy abiertos.
—El ultrasonido. —Pone los ojos en blanco.
—Estoy nerviosa de decirle a papá, encontrar trabajo, lidiar con estas
desagradables nauseas matinales y dar a luz. El ultrasonido no es nada.
—¿Lautner? —Avery me mira con una sonrisa apretada y dolorosa.
Elizabeth la empuja y le da un movimiento de cabeza apenas
perceptible.
Hay dos breves golpes en la puerta.
—Buenas tardes, soy la Dra. Wiggins. —La pequeña doctora con
cabello castaño recogido en un moño apretado ofrece su mano.
—Sydney. —Hago un gesto a un lado—. Mi tía Elizabeth y mi
hermana Avery.
243

La Dra. Wiggins comparte una amable sonrisa y asiente mientras se


sienta en un taburete ajustable. Repite todas las mismas preguntas que la
Página

enfermera ya me preguntó. Estoy tentada de darle respuestas


completamente diferentes solo para ver si realmente está escuchando o
simplemente pasando por un discurso de rutina. La enfermera ya registró
todas mis respuestas; esto parece innecesariamente redundante. No es de
extrañar que los médicos siempre lleguen tarde.
—Bien, echemos un vistazo.
Asegurando mis pies en los estribos, respiro profundamente y trato de
relajarme mientras ella inserta una varita en mí. Hay un poco de presión,
pero no duele.
—Ahí está tu bebé. —Señala la pantalla—. La frecuencia cardíaca es
perfecta y... —haciendo un pequeño ajuste, continúa mirando la pantalla
—... tiene alrededor de unas seis semanas.
Ahí está... el rápido latido rítmico de la esperanza. Avery toma mi
mano y la aprieta. Me vuelvo hacia ella y compartimos algunas lágrimas.
La enfermera golpea y se desliza en la habitación. Escribe algunas
cosas en la computadora antes de que la Dra. Wiggins quite la varita.
—Le conseguiré una receta de vitaminas prenatales y Eileen
imprimirá sus imágenes de ultrasonido y le dará información sobre cómo
cuidarse usted y a su bebé, ya que este es su primer embarazo. ¿Tienes
más preguntas para mí?
Me limpio los ojos y sacudo la cabeza. Tiene que haber un millón de
preguntas por hacer, pero no puedo pensar en nada ahora excepto en la
vida dentro de mí, una combinación perfectamente tejida de mí y Lautner.
***

El viaje a casa es tan silencioso como el paseo hasta allí. No puedo


dejar de mirar la mancha en las fotos. Por el rabillo del ojo, veo que
Elizabeth me mira de vez en cuando. Mi madre me habría atado a una silla
y me hubiera interrogado a estas alturas, pero Elizabeth ha tenido una
santa paciencia conmigo.
Trevor se ha ido con Swarley para hacer algunos recados mientras
Avery y Elizabeth preparan la cena. No he dicho una cosa a ninguno de
ellos desde que volvimos a casa. Elizabeth pone un cuenco de mezcla de
frutos secos en la mesa para que pueda comer mientras se prepara la
cena. Mi computadora está frente a mí, pero mis ojos permanecen
pegados a las dos fotos de la gota al lado de ella.
244

—Él ha seguido adelante. —Mi monótono anuncio silencia la cocina.


Avery y Elizabeth se quedan congeladas en su lugar, una
Página

sosteniendo un cuchillo y la otra con una patata y un pelador. Es como si


fuera la primera vez que hablo. Por sus ojos muy abiertos y sus labios
separados, puedo decir que tienen miedo de decir algo o incluso mover
un músculo. Mi mirada pasa de ellas a la piscina en la parte trasera.
Visiones de Lautner, sin camisa, corriendo la espumadera a través de la
piscina juegan en mi mente. Parpadeo y todo lo que veo es a Claire
envuelta en una toalla mirándome con ojos condescendientes y una
sonrisa satisfecha de “deberías haber permanecido lejos”.
—Llamé a su puerta y Claire, la Dra. Brown, respondió, mojada y
envuelta en solo una toalla. —La risa que se me escapa es pura
incredulidad—. Ni siquiera un mes y él sigue adelante... con ella.
Al final de un profundo suspiro, fuerzo una sonrisa y miro las estatuas
congeladas junto a la isla de la cocina.
—Así que estoy teniendo este bebé por mí misma y vamos a estar
bien. —Expreso tanta convicción en esas palabras como puedo. Una vez
más, si lo digo, entonces es verdad.
Avery deja su cuchillo sobre la tabla de cortar y tuerce sus labios,
pero sus ojos permanecen abajo.
—¿No crees que él tiene derecho a saber? Que tal vez debería
asumir alguna responsabilidad por lo que sucedió. Después de todo, él es
un maldito médico. ¿No ha oído hablar de un condón?
¿Condones? Sí, él tiene una caja entera de condones. Diez para ser
exactos. El cuchillo en mis entrañas se hunde un poco más profundo.
Jugueteo con mi cabello y desvío mis ojos a la ventana.
—Al principio los usamos, pero luego le dije que no los
necesitábamos porque había estado tomando mis pastillas
anticonceptivas.
—¿Lo hiciste? —Elizabeth rompe su silencio.
—¡Sí! —respondo con un toque defensivo en mi voz—. Quiero decir...
no los había estado tomando regularmente, pero la primera vez que casi...
—Las miro y giro los ojos hacia el techo—... ya sabes, comencé a tomarlas
todos los días. Pero no es como si tuviéramos sexo de inmediato. Tuve mi
período durante cinco días antes de volver a ver a Lautner.
Cerrando los ojos, paso mis manos a través de mi cabello y niego
con la cabeza.
—¿Qué importa de todos modos? Estoy embarazada. Cómo,
245

cuándo o por qué no cambia lo que es.


—Sigo pensando que deberías…
Página
—¡Uf! Ave, no voy a decirle. Creí que lo conocía. Pero el tipo que me
hizo creer que le rompí el corazón cuando me fui el mes pasado no estaba
en ese departamento el otro día. Esa era otra persona. No hay forma en el
infierno de que se lo diga ahora.
—¿Porque tienes miedo de que la elija a ella? —pregunta Elizabeth.
—No, porque me temo que me elegirá a mí.
Ambas comparten la misma expresión en blanco.
—Lautner es demasiado boy scout. Me elegirá porque llevo su hijo.
Pero no quiero ser elegida por ser un caso de caridad... y aunque nunca lo
dijera, yo siempre lo pensaría. —Me froto la nuca—. No me casaré con
alguien que prefiera estar con otra persona, y ciertamente no llevaré un
niño a ese tipo de relación.
Avery reanuda su corte, sacudiendo la cabeza.
—Si alguna vez se entera, te odiará por no decírselo.
Recogiendo mi computadora y fotos de la mesa, me encojo de
hombros.
—Sí, bueno, yo ya lo odio en este momento.

***

Avery regresó a L.A. ayer. Ella tiene un trabajo, cuentas por pagar, y
por ahora, no hay nada que pueda hacer por mí. Tengo nauseas la mitad
del tiempo y estoy luchando contra un caso grave de ansiedad. Mi
intención era volver a Illinois para contarle a mi papá, pero volar en mis
condiciones miserables no es una opción en este momento.
—¿Podemos hablar? —Elizabeth me da un vaso de té helado de
jengibre y lima.
Estoy tomando el sol y el aire fresco junto a la piscina y, por primera
vez, hoy mi estómago se siente tranquilo.
246

—Seguro, ¿qué pasa?


Página
—No sé cuáles son tus intenciones para tu... futuro. Pero si decides no
regresar a Illinois para tener el bebé y quedarte con tu padre, entonces
tengo una propuesta para ti.
Empujo mis gafas de sol sobre mi nariz y la miro por encima de los
bordes.
—¿Una proposición?
Bebe de su té.
—Trevor y yo compramos un condominio en San Diego, nos
mudaremos el próximo mes…
Me siento en mi silla.
—Oh cielos, necesitas que me vaya. Puedo estar fuera…
—¡Sydney! —Niega con la cabeza y sonríe—. Déjame terminar.
Como estaba diciendo... no hemos puesto esta casa en el mercado
todavía, y Trevor no aceptará nada menos de lo que quiere de ella, por lo
que podrías estar aquí por un tiempo. Mientras tanto, nos gustaría que te
quedes si quieres, bajo una condición.
—¿Cuál?
Hace una mueca.
—Swarley también se queda.
Miro a Swarley tendido en la silla a mi lado. Él levanta la cabeza, las
orejas se animan.
—La asociación de condominios no permite mascotas grandes.
Estamos buscando un nuevo hogar para él, pero si se queda aquí, nos
dará más tiempo para encontrar a la persona adecuada. Pagaremos los
servicios y todo, solo tendrás que encontrar un trabajo para pagar tu
comida, transporte y otros gastos personales. Cuando se venda,
prometemos darte al menos un mes para encontrar un lugar propio.
Pellizco y tironeo mi labio inferior. Los últimos treinta días han sido un
desastre para mí. Mi vida ha seguido su propio curso sin informar a mi
cerebro.
—No tienes que decidir justo…
—Lo haré.
Realmente tengo que dejar de ser tan agradable. Mirando hacia
atrás, es muy posible que así fuera cómo terminé en esta situación.
247

Me pongo las gafas de sol en la cabeza.


Página
—Quiero decir, es una oferta generosa y estaría loca si no la tomo.
Las molestias matutinas o de todo el día me impide volver a Illinois en este
momento, y la idea de regresar con mi papá para tener a mi bebé fuera
del matrimonio es aterradora. Entonces... lo haré. Estoy segura de que
puedo encontrar un trabajo por aquí y me dará tiempo para descubrir qué
voy a hacer o dónde quiero estar cuando llegue el bebé.
Elizabeth extiende la mano y agarra la mía.
—No sería una mala idea permanecer en esta zona por un tiempo.
De pie, me ajusto mi top y camino al borde de la piscina.
—No importa si Lautner está a cinco o quinientos kilómetros de
distancia. Hemos terminado —declaro, sumergiéndome en la piscina.

248
Página
18
Normalidad. Once semanas desde el comienzo de mi embarazo y
finalmente me siento normal otra vez. La miseria de sentirse enfermo todo
el día se ha desvanecido. Mi barriga se ha expandido solo lo suficiente
como para que yo lo note, y solo cuando intento abotonar mis pantalones
cortos o vaqueros. Las faldas, los vestidos de verano y los pantalones de
yoga son mis trajes de elección. Tuve que comprar sostenes más grandes,
pero no me quejo de eso. De hecho, creo que voy a amamantar a este
bebé hasta que cumpla diez años si conservo las tetas erectas.
Tristemente, he leído que ese no es el caso. Una madre bloguera dijo que
sus hijos le chupaban la vida a sus pechos. Pasaron de pomelos a masilla.
¡Fabuloso!
Elizabeth y Trevor se fueron a San Diego ayer. Por suerte para mí, su
condominio es más pequeño, así que dejaron una buena cantidad de
muebles aquí. Trevor pensó que eso ayudaría a que la casa se viera mejor.
Mi padre se va mañana para conducir mi auto con el resto de mis
pertenencias hasta aquí. Uno de los peores momentos de mi vida fue
llamar a mi padre para decirle que estoy embarazada. Lo ha estado
haciendo muy bien desde su cirugía y no quería provocarle un paro
cardíaco con mi revelación. El agonizante silencio en la línea después de
que le dije duró una eternidad. Luego, uno de los mejores momentos de mi
vida siguió. Él dijo: “Te amo y estoy aquí para ti”. Eso fue todo lo que dijo.
Por el momento era mi corazón el que estaba en peligro. Él me ofreció
amor incondicional y lloré más fuerte y más tiempo que si me hubiera
gritado y expresado su total desilusión. A veces creo que el alma de mi
madre se unió a la de él cuando murió, porque él habla con su voz, pero
con el corazón de ella.
249

No estoy segura de a dónde iré cuando se venda esta casa, pero


me estoy inclinando por ir a L.A. para estar más cerca de Avery. También
Página

me pondría más cerca de Elizabeth y Trevor. Swarley también ha estado en


mi mente últimamente. Todavía no han encontrado el hogar adecuado
para él y mi cerebro controlado por las hormonas del embarazo cree que
debería quedármelo. He hablado más con él en los últimos tres meses que
con nadie más. Qué puedo decir… él me entiende.
Durante el mes pasado, también pude encontrar trabajo como
fotógrafa independiente gracias a las conexiones de Elizabeth. He tomado
fotos de compromiso, fotos de bebés, familiares, e incluso fui la fotógrafa
en una fiesta de cumpleaños para un perro. Sí, algunas personas tienen así
de tanto dinero.
***

Desde que Elizabeth y Trevor se fueron, no tengo transporte hasta


que llegue mi papá en un par de días con mi auto. Swarley es el
destinatario de mi energía recién descubierta, y sin ruedas nuestros
negocios tienen que permanecer a poca distancia. Ambos terminamos la
cena hace una hora y ahora estamos en camino al parque antes de que
se ponga demasiado oscuro.
—Te dejaré sin correa, pero tienes que mostrar algunos modales.
Nada de follar, no mearse en nada que el hombre haya hecho, y
mantener los saludos de entrepierna exclusivos para tus amigos furiosos de
cuatro patas. ¿Entendido?
Swarley asiente porque lo he hecho parte humano en los últimos
meses y estoy bastante segura de haberlo visto rodarme los ojos también.
Supongo que será mejor que empiece a acostumbrarme a la locura y a
echarle el ojo… leí eso también en un blog para padres.
Nota personal. Encontrar más bloggers positivos que pintan la
imagen de la paternidad con arco iris, hadas y polvo de duendes.
—¿Sydney?
Me giro.
—¡Oye, Dane!
Se inclina para dejar a sus perros libres de sus correas.
—Dios, no pensé que volverías. ¿Cómo estuvo París?
¿Qué parte? ¿La vista del techo desde el sofá o el desagüe desde la
parte superior del inodoro?
250

—¡Genial! —Extremadamente azucarado… quizás tambaleándose


en una mentira descarada.
Página

—Entonces, ¿cuánto tiempo te vas a quedar? —Apoya las manos en


sus caderas.
Dane es adorable. Estoy segura de que a los hombres adultos no les
gusta que los llamen adorables; Diablos, no me gustaba cuando Lautner
me lo decía, pero Dane es solo eso. Alto, moreno, y ciertamente guapo,
con una sonrisa infantil que me da ganas de llevarlo a casa, hornearle
galletas y servirle un vaso de leche.
—No estoy segura. Trevor y Elizabeth acaban de mudarse a San
Diego y me quedaré en su casa hasta que se venda o hasta que
encuentre algo más.
Él ladea la cabeza hacia un lado.
—Aun así, ¿dejaron a Swarley?
Girando la mirada para buscar al perrito salvaje, sacudo la cabeza.
—Su asociación de condominios no permite mascotas grandes. Han
estado buscando un nuevo hogar para él, pero por ahora lo tengo.
—Ustedes dos han recorrido un largo camino desde el primer día que
se presentaron en mi oficina.
Agarrando mis manos detrás de mi espalda, miro hacia abajo y le
doy patadas a la tierra.
—Sí, tienes razón. Últimamente, he considerado quedármelo. Pero
hasta que sepa dónde voy a terminar, ofrecerlo sería un poco prematuro si
no irresponsable.
—Escuela de posgrado con un perro. Tendrás que encontrar un lugar
para vivir que permita mascotas.
Hago una mueca cuando lo miro.
—No voy a ir a la escuela de postgrado, al menos no por un tiempo.
Algo ha surgido.
—¿Oh? —Las manos de Dane se mueven desde sus caderas para
cruzar sobre su pecho mientras ensancha su postura.
Respiro profundamente, frotándome el rostro con las manos. Mis
dedos trazan mis cejas cuando encuentro sus ojos otra vez.
—Estoy embarazada.
Los ojos de Dane van a salirse de su cabeza y los perros los
perseguirán si los abre más.
—Lo siiieen... o felici…. O…
251

Sonrío porque su adorablidad se duplica cuando se pone nervioso y


comienza a tartamudear.
Página

—Es una felicitación ahora… Lo siento fue el mes pasado.


Asiente en cámara lenta.
—¿Entonces volviste por Lautner?
—No… bueno, sí, pero me salió mal. Él… siguió adelante.
—¿Siguió adelante? ¿En serio? ¿De ti?
Me encojo de hombros, moviendo la cabeza hacia arriba y hacia
abajo.
—Bueno… él es un jodi… un maldito idiota.
A pesar del dolor que esta conversación me provoca, todavía logro
dejar escapar una risita con una sonrisa acompañante.
—Tienes razón. Él es un jodi-maldito idiota.
Dane sonríe.
—Especialmente porque está con Claire.
Sus ojos se sorprenden otra vez.
—¿La Dra. Brown?
Asiento.
—Dra. Jodi-maldita Brown.
Dane gesticula un Vaya.
—Exactamente.
—Entonces, ¿qué dijo respecto al bebé? ¿Te quedas en Palo Alto
para no tener que arrastrar a un niño de un lado a otro a larga distancia?
Echando la cabeza hacia atrás, entrecierro los ojos.
—¿Qué? No… quiero decir que él no…
Decirle a Lautner y considerar la posibilidad de que criáramos a
nuestro hijo en una situación de custodia compartida nunca pasó por mi
mente. Ahora que Dane lo ha mencionado, no me gusta la idea ni un
poco.
—No se lo dije.
Su boca se abre.
—¿No se lo dijiste? ¿Él ni siquiera sabe que estás embarazada?
Mordiendo con mis dientes mi labio, sacudo la cabeza.
252

—Sydney… —se rasca la parte superior de la cabeza—… no es de mi


incumbencia, pero merece saberlo.
Página

Odio que tenga razón Este temor que tengo me está paralizando y
hace que sea imposible pensar racionalmente.
—Dane, sé lo que hará. Dirá que quiere estar conmigo, pero nunca
sabré si es por mí o por el bebé. Hace dos meses, nunca lo hubiera
cuestionado. Sentí que me amaba más que a nada ni a nadie. Pero
cuando vi a Claire y solo había pasado un mes… todo cambió. No puedo
confiar más en sus sentimientos por mí.
Dane se encoge de hombros.
—Entonces no le digas que estás embarazada… al menos no de
inmediato. Ve si él te elige, solo a ti. Si lo hace, entonces sabrás que no se
trata del bebé.
—¿Y si no lo hace? —Las palabras me cortaron el pecho.
Suspira.
—Si no lo hace, entonces no te casarás con el tipo equivocado por
las razones correctas.
***

Había pasado los últimos dos días pensando en lo que Dane dijo. La
noche que aparecí en la casa de Lautner y Claire abrió la puerta toqué
fondo. Me sentí rechazada por él sin siquiera verlo. La idea de ser
rechazada cara a cara es algo más allá de lo inimaginable. No puedo
empezar a imaginarlo. Sin embargo, tengo que hacerlo. Todos los que
quiero y con los que cuento con su apoyo me han dado su visión crítica
por mi decisión de no decirle a Lautner. Decirle, sin importar el resultado,
eliminará la culpa constante que siento alrededor de todos.
Mi papá llamó cuando estaba a una hora de distancia y eso fue
aproximadamente hace una hora. Me siento en el porche, con la rodilla
rebotando de arriba abajo, con los ojos pegados en la entrada, una
familiar jeep cherokee da vuelta en el camino y me levanto.
—¡Papá! —grito, volando escaleras abajo, mientras él sale.
—Hola, chiquita —me abraza y siento la emoción en su débil voz
mientras lucho por contener las lágrimas.
253

—Estoy tan feliz de que estés aquí —susurro en su oído.


—Yo también —liberándome, ambos sonreímos—. Desempaquemos
Página

tus cosas… o yo lo haré. Probablemente no deberías levantar nada


demasiado pesado. —Sus ojos se dirigen a mi vientre que todavía sigue
plano.
Pongo los ojos en blanco.
—Tal vez en otros tres o cuatro meses, pero por ahora estoy bien.
Además, tú eres el que acaba de someterse a una cirugía de corazón. Me
siento culpable por pedirte que cargaras mis cosas por tu cuenta y las
trajeras aquí.
Agita una mano desdeñosa en el aire.
—Nah… estoy bien. Como nuevo —abre la parte de atrás y ambos
tomamos una carga para arrastrarla.
Para cuando tenemos todo adentro y desempacado ya es tarde.
—Creo que me voy a la cama. Hablaremos más por la mañana —
sugiere.
Lo abrazo.
—Claro, también estoy cansada. Te quiero.
—Yo también cariño.
***

Ambos llevamos a Swarley a dar un paseo. Se supone que mi papá


debe hacer ejercicio de bajo impacto todos los días. Después del
desayuno nos sentamos en la terraza, y después de haber agotado todas
las charlas temprano por la mañana, el tema inminente es planteado.
—Entonces este chico…
—Lautner —lo corrijo.
Papá asiente.
—Lautner… ¿ya ha asumido la responsabilidad?
254

Mis manos frotan mi vientre inexistente.


Página

—No se lo he dicho…
—¿Qué? —La voz de mi papá se eleva.
Levanto la mano.
—Déjame terminar.
Se relaja en su silla, con los labios en una línea firme.
—No se lo he dicho porque necesito decidir qué hacer y decir para
que no me deje volver como su proyecto de lástima. Solo porque mis
sueños se hayan roto como los de mamá, no quiere decir que deba
conformarme con alguien que no me ama.
Las cejas de papá se juntan, fruncidos, y está moviendo la cabeza
de lado a lado.
—¡Caramba! Espera un minuto. ¿Por qué dirías eso?
—¿Decir qué?
—Que los sueños de tu mamá se rompieron. ¿De dónde sacaste esa
impresión?
Trago, sintiendo un nudo creciente en mi garganta.
—La escuché…
Mi papá se inclina hacia adelante poniendo los codos en las rodillas.
—¿La escuchaste qué?
Ha pasado más de una década y era joven, pero sigo escuchando
su voz, su angustia.
—Tú y mamá estaban peleando. Era tarde y Avery estaba dormida,
pero yo no. Me senté en la parte superior de las escaleras, ustedes estaban
en la cocina.
Los hombros de papá se hunden, la cabeza inclinada como si
supiera lo que voy a decir, como si recordara.
—Estaban discutiendo por dinero. Ella dijo que deberías haber
elegido una profesión diferente si esperabas que se quedara en casa
descalza y embarazada. Le dijiste que gastaba mucho dinero en ella… en
mi… y en Avery. —Mi voz se quiebra mientras salen algunas lágrimas.
—Sidney no… —la tensa expresión de angustia en su rostro es casi
tan dolorosa como los recuerdos.
Respiro profundo y miro hacia la piscina.
255

—Bebé de luna de miel. —Rio, limpiando las lágrimas y sacudiendo la


cabeza—. Supongo que en tu línea de trabajo era mejor decir que fui un
bebé de luna de miel que un bebé fuera del matrimonio.
Página

—Por favor, Sidney no…


Levanto la mano.
—Era demasiado joven para comprenderlo completamente. Me
tomó años reunir todas las piezas. Ella dijo que la dejaste preñada y
robaste su futuro, que la hiciste dependiente de ti —más lagrimas salen
rápidas y furiosas—. Dijiste —me ahogo en las palabras, el labio inferior
temblando—, dijiste que estaba actuando como una prostituta antes de
que la salvaras de la condenación. —Un sollozo se escapa—. Después
escuché que algo se rompía y corrí de regreso a mi habitación.
Su mano se extiende hacia mí, pero sacudo la cabeza y me alejo.
—¿Tienes idea de cómo me sentí a medida que el significado de esa
pelea salió a la luz… una palabra a la vez?
Los ojos de papá están rojos y llenos de lágrimas y de
arrepentimiento.
—¡Fue un maldito golpe en el estómago cuando me enteré de lo
que significaba “dejar preñada”, y “prostituta” y “condenación”!
Su mandíbula se tensa. Sé que lo he ofendido con mi lenguaje, pero
no me importa.
—Sidney, lo siento tanto… —llora.
Pasando las manos por mi cabello, suspiro con aliento tembloroso
después limpio mi rostro.
—No lo hagas, ya no estoy enojada. Nunca quise que supieras que lo
sabía, pero ahora las cosas son diferentes. Estoy tan cansada de que nadie
me entienda y de porque estoy tan motivada de hacer por mí misma. No
fue solo el cáncer, era todo. Odiaba a mamá por culparte, y te odiaba por
culparla. Más tarde me di cuenta de que estaba más enojada con los dos
por conformarse con algo menos que asombroso. —Encuentro la mirada
de mi papá otra vez—. Nunca quise ser dependiente de nadie. Nunca
quise sacrificar mi autoestima y sueños. Nunca quise conformarme.
Alcanza mi mano otra vez; esta vez le permito tomarla.
—Lo que escuchaste esa noche fue la culminación de las emociones
que se habían estado construyendo por años. Cuando las cosas no son de
la manera que pensamos que deberían, es más fácil encontrar un chivo
expiatorio que mirar al espejo. Desearía haber sabido que has estado
lidiando con esto durante todos estos años. Has estado intentando armar
un rompecabezas del que no tienes todas las piezas.
256

—¿Qué quieres decir? —Inclino la cabeza a un lado.


—Es difícil de explicar y hay algunas cosas…
Página
—¡Dime! Por Dios, soy un adulto, puedo manejar… la verdad por
favor.
Suspira.
—Tanto tu mamá como yo teníamos asuntos personales con los que
estábamos lidiando cuando nos conocimos. Tal vez eso fue parte de la
atracción inicial. Estaba loco por ella y era una tentación para mí. —Desvía
los ojos como si estuviera avergonzado de admitir que estaba físicamente
atraído por mi mamá—. Fuiste concebida porque sentí que tomar
precauciones era más pecaminoso ya que fue planeado. —Su rostro se
contorsiona en una mueca—. Después, cuando descubrimos que tu mamá
estaba embarazada, quise casarme de inmediato para que pareciera que
eras un bebé de luna de miel. Tu mamá quería…
Baja la cabeza, sus ojos miran a los míos y su dolor es palpable. No
está hablando, sin embargo, escucho su suplica rogándome que lo
entienda para que no tenga que decir las palabras. La comprensión me
da escalofríos y mi corazón se hunde.
Preñada. Salvada de la condenación.
—Ella quería un aborto.
Aprieta mi mano más fuerte y responde con un solo asentimiento.
—¿Fui la primera?
Sacude la cabeza.
Puta.
Mis manos se extienden sobre mi estómago. ¿Podría abortar a mi
bebé?
—El tiempo cambia a las personas, Sidney. —Sus ojos oscuros
capturan los míos—. Todos decimos cosas que no queremos decir. Todos
hacemos cosas de las que nos arrepentimos. Sé lo que escuchaste, pero la
razón por la que peleamos con tanta intensidad fue porque estábamos
enamorados. Eso, lo sé en mi corazón con toda seguridad. Nos amábamos
el uno al otro y las amábamos a ustedes, chicas. Llamar puta a tu mamá es
algo de lo siempre me arrepentiré, y saber que me escuchaste decirlo…
bueno me destripa. Lo que tú no entiendes es que ella fue mi primera, pero
yo no fui el primero de ella. Cuando ella tenía diecisiete se embarazo y
tuvo un aborto. Odiaba que no fuera la virgen “pura” que imaginé
encontrar, pero nuestros corazones no siempre están de acuerdo con
nuestras mentes.
257

Sonríe y mira hacia abajo.


Página
Desearía que hubieras escuchado a escondidas la conversación que
tuvimos después de que tuvo su diagnóstico de cáncer. En la que se
quebró y lloró en mis brazos por horas, comida viva por la culpa. Quería
más tiempo con nosotros, más películas, más paseos en bicicleta, más
campamentos en el patio trasero y tostar malvaviscos en la parrilla. La lista
de arrepentimientos era tan grande y dolorosa de escuchar, pero nunca
dijo que se arrepentía de tenerlas a ti y a tu hermana, y nunca se arrepintió
de ser una mamá en lugar de arquitecto.
Soy un torrente de emociones. La honestidad ardiente que veo en su
mirada encontrando la mía levanta el peso de la culpa que he estado
sufriendo durante años.
Su mano se mueve hacia mi rostro y me apoyo en ella mientras
limpia mis lágrimas.
—Esa, mi dulce niña, es la conversación que deberías haber tomado
muy en serio y poner tus metas y sueños en ella.
Nos abrazamos y siento dos conjuntos de brazos a mi alrededor, los
suyos y los de ella. Leeré la carta que me dejó mi mamá con un nuevo par
de ojos, y empezando hoy, reclamaré mi futuro, no el de ella.

258
Página
19
Dejé a mi papá en el aeropuerto y conduje directamente a Lautner.
Es domingo, así que hay una posibilidad de que él esté en casa.
Preparándome para verlo con Claire cuando llamo a la puerta ha sido
difícil, pero tengo que hacer esto. Es la única forma en que puedo avanzar.
Se lo debo a nuestro bebé y se lo debo a él.
No veo su 4Runner, pero el lote es grande e inusualmente lleno, por
lo que es posible que esté aquí en alguna parte.
Una vez más siento náuseas al subir las escaleras de su apartamento,
pero esta vez todo son nervios. Con una respiración profunda, llamo a la
puerta.
Sin respuesta.
Toco de nuevo.
Sin respuesta.
—¿Puedo ayudarte?
Me vuelvo y vuelvo a mirar el tatuaje de rosa que he visto antes. —
Uh... estoy aquí para ver a Lautner.
Rose se detiene en el último escalón, así que me está mirando. —Está
en el hospital.
Asiento con la cabeza. —Iré allí entonces.
—No te dejarán entrar a menos que seas un familiar.
Entorné los ojos. —¿De qué estás hablando?
—De su madre, duh.
259

Mi arrugado rostro de confusión permanece.


Rose rueda sus ojos. —Su madre se va a operar hoy. El cáncer
Página

regresó, pero ahora está diseminado. Quimio, radiación... todas esas cosas
buenas. De todos modos, ha sido un desastre. Rara vez lo veo, Claire dijo
que entre su residencia y su mamá apenas se sostiene. Ella ha estado con
él noche y día. Le hace la colada, va de compras y visita a su madre
cuando tiene oportunidad. No sé lo que haría sin ella en este momento.
Mi cara se ha relajado. No tengo expresión, y lo único que siento es
conmoción. Es el equilibrio entumecedor entre sentir su dolor y el mío.
—¿Quieres que le diga que pasaste por aquí?
La miro, de vuelta a su puerta, luego a mi mano descansando sobre
mi estómago. —No... No es necesario.
Mi cuerpo está en piloto automático ya que mi mente es papilla. Esa
es la única explicación de cómo estoy en casa y en el sofá. No recuerdo
haber dejado su edificio de apartamentos ni haber manejado hasta casa.
Ya no hay una solución obvia para nada de esto. ¿Cómo vuelvo a su vida
ahora mismo? Si él está pendiente de un hilo, uno que Claire mantiene
unido, ¿cómo puedo romper eso? ¿Qué le hará a él?
Estoy herida, enojada y confundida. Necesito un consejo porque no
puedo confiar en mis instintos si no tengo ninguno.

260
Página
20
—¡Empuja! Sam, puedes hacer esto. —Avery me aprieta la mano y
me anima.
El dolor es una locura y la exclusión de la epidural fue un gran error
astronómico. Muy tarde ahora.
—Puedo ver la cabeza. Lo estás haciendo muy bien, Sydney. —La
voz de la Dra. Wiggins, aunque calmada, es irritante como el infierno.
Ella ha estado "viendo la cabeza" durante los últimos cuarenta
minutos. Estoy empapada de sudor y agotada. Tal vez me quedaré
embarazada para siempre. Este bebé obviamente no quiere salir.
—Estoy demasiado cansada... —Respiro—… No está funcionando.
No hay espacio suficiente.
La Dra. Wiggins se ríe. —Tu bebé está bien y estás bien. Este es un
maratón, Sydney, no un sprint.
Maratón de mierda ¿Tiene alguna idea de cuánto odio correr?
—¡No, no, no! —grito, sintiendo que mi vientre se tensa y que el dolor
hunde sus feas garras en mí a medida que otra contracción se acumula
con una fuerza implacable.
—¡Ahora! Empuja con todo lo que tienes, Sydney. —Instruye la Dra.
Wiggins.
El fuego ardiente es tan intenso. Se siente como si me estuvieran
destrozando.
Al final de la contracción, agito mi cabeza de lado a lado y gimo.
—Dame tu mano, Sydney. —La Dra. Wiggins guía mi mano entre mis
piernas—. ¿Siente eso?
261

Asiento y trago. Es cálido y resbaladizo, pero no soy yo.


—Esa es tu bebé. Sácala, Sydney. Es hora de conocer a tu bebé.
Página
Otra contracción comienza. Con mis dedos todavía sobre la cabeza
de mi bebé, empujo con todo lo que tengo.
—¡Aaahhh! —Lloro de dolor mientras la Dra. Wiggins me dice que
deje de empujar.
—¡Oh, Sam! —Avery tiene lágrimas corriendo por sus mejillas—. La
cabeza está afuera. Es tu bebé. Oh Dios mío.
—Está bien, Sydney, un empujón más, has superado la parte difícil.
Encontrando la fuerza de un lugar desconocido, empujo una vez
más y la sala estalla en vítores, risas y lágrimas.
—¡Lo hiciste! —Avery está extasiada.
Las enfermeras me felicitan cuando la Dra. Wiggins me da al bebé
que di a luz. —Conoce a tu hija, Sydney.
La tomo en mis brazos y ella llora por primera vez. Es el sonido más
hermoso del mundo. Nueve meses de emoción brotan de mis ojos. No
puedo parar las lágrimas. Estoy enamorada, y sin embargo, el momento es
agridulce. Avery ha sido mi roca, pero ella no es la persona que imaginé
sosteniendo mi mano y cortando el cordón.
—¿Tiene un nombre elegido? —pregunta la enfermera.
Con movimientos suaves, paso los dedos por su pelo oscuro y ella
abre los ojos.
Iris azules.
Leí que la mayoría de los bebés nacen con iris azules o grises, pero
en algún lugar dentro de mí solo sé que tiene los ojos de su papá.
—Ocean... Ocean Ann. —Susurro mirando la vista más increíble que
jamás haya visto.
Miro a Avery y pienso en mi madre y su carta para mí.
Acabo de dejar mi huella en este mundo, mamá.
***
262

Hace seis meses tomé la decisión difícil y angustiosa de no contarle a


Página

Lautner. Dos días después de que salí de su departamento con los nuevos
conocimientos sobre su madre, terminé en el hospital después de
desmayarme. Afortunadamente, Dane y yo debíamos encontrarnos en el
parque para perros y él vino a buscarme cuando no aparecí. El doctor dijo
que era una combinación de estrés y deshidratación.
Mis prioridades cambiaron. No podía arriesgarme a añadir el estrés
de Lautner al mío. Lo único que importaba era nuestro bebé. Ahora sé que
ella es lo único que alguna vez importará. Mis manos están hechas para
sostenerla y mi corazón late para amarla.
Trevor y Elizabeth vendieron su casa en noviembre. Consideré
encontrar un lugar para alquilar en L.A., pero ya había contratado puestos
de trabajo freelance en Palo Alto y San Francisco a mediados de febrero.
Entra Dane. Posee varias propiedades de alquiler y una se volvió disponible
en diciembre. Ofreció dejarme alquilarlo mes a mes, una oferta que no
pude rechazar. Es una pintoresca y pequeña casa de ladrillo de dos
dormitorios con un patio trasero cercado perfecto para mi hijo adoptado,
Swarley. Me atengo a la simple verdad... él me entiende, y ahora lo tengo.
—¡Shh... silencio, Swarley! —Avery reprueba su fuerte saludo mientras
deja a la bebé sobre el sofá.
—Él solo está dándole la bienvenida. —Me río, sacando a una
Ocean dormida en su portabebes—. Ella ha estado escuchando su “voz”
por meses. Estoy segura de que no la eliminará.
—¿Qué podemos traerte para almorzar? —pregunta Elizabeth,
siguiendo a mi padre por la puerta principal.
Sentada en el sofá con todo el mundo envuelto en mis brazos, sonrío.
—Lo que sea. No hay mucho aquí.
—Dane está en la tienda mientras hablamos, pero por ahora iremos
a buscar algo. —Mi papá se inclina y presiona un suave beso en la cabeza
de Ocean. La chispa de adoración en sus ojos se mueve.
—Dane ya ha hecho demasiado. Él no debería comprar mis
compras. —Pongo los ojos en blanco.
Avery se sienta a mi lado mientras Elizabeth y mi papá se van a
almorzar. —Sí, tratas de decirle eso. Él sacrificaría su nuez izquierda antes
de que te dejara desear o necesitar algo.
Niego con la cabeza. —Lo sé. Él es un buen amigo. No sé cómo
habría sobrevivido estos últimos meses sin él.
—Pfft... ¿amigo? Lo que sea. Dane tiene una visión completa del
263

túnel de Sydney. Podría estar en una habitación llena de modelos


desnudas y aún elegir frotar la crema para hemorroides en tu trasero.
Página
—Cállate. —Me río—. No tengo hemorroides, y Dane y yo somos solo
amigos.

264
Página
21
Ocean tiene casi tres meses y nunca la he adorado tanto. Sus
hermosos ojos azules son fascinantes e hipnóticos. Avery sigue enviándome
listados de alquileres en L.A. Ella piensa que deberíamos conseguir un lugar
juntas para poder ayudar con Ocean. Es tentador, pero no quiero que su
vida gire en torno a la mía. Por ahora, estoy contenta con mi vida en Palo
Alto. Avery cree que es la proximidad de Lautner, pero no lo es. Al menos,
espero no ser tan patética.
Continúo reservando más trabajos, manteniéndolos por la noche y
los fines de semana según la sugerencia de Dane. Cuando traté de
colocar un anuncio para una niñera a tiempo parcial, se deshizo por
completo. Insistió en que trabajé en mi agenda para poder quedarme con
Ocean, llegando incluso a socorrer a su asistente, Kimberly, para que sea
su refuerzo en caso de que lo llamen para una emergencia.
Lautner ha tomado residencia permanente en mis pensamientos. No
estoy segura de que alguna vez pueda mirar a Ocean y no pensar en él.
Recientemente, he pensado en decirle. No tiene idea de que se está
perdiendo parte de su propia vida, una esencia perfecta y hermosa de
nosotros. Lo que más me ha sorprendido es que Dane, quien jugó como el
defensor de Lautner durante meses después de descubrir que estaba
embarazada, ahora es quien me hace dudar de mi decisión de
contárselo. Él piensa que Ocean no recordará esta vez en su vida, por lo
que arriesgarse a una batalla por la custodia es innecesario en este
momento. No puedo entender la idea de que Lautner y el Dr. Brown
conduzcan con mi bebé un fin de semana, una semana o más. La
protección que siento hacia ella es feroz.
—Hay dos botellas en el refrigerador y leche congelada en el
265

congelador. Los pañales extra están en…


Página
—Ve, Sydney. —Dane se ríe mientras juega con una arrullada Ocean
en el suelo—. Sé dónde está todo. Cuanto antes te vayas, antes regresarás,
así que solo... vete.
Arrodillándome en el suelo, le acaricio el cuello con la nariz y le
pellizco juguetonamente la mejilla a Dane. —Eres demasiado bueno para
mí.
Él guiña un ojo.
Agarro mi bolso y mi bolsa de la cámara. —Llama si ne…
—¡Ve! —grita con una gran sonrisa.
***

Las fotos de la cena de ensayo duran aproximadamente dos horas.


Son más de siete horas que me iré mañana fotografiando la boda y la
recepción que causarán el mayor alejamiento de Ocean.
Son casi las diez en punto cuando entro en el disco oscuro. Al abrir la
puerta de entrada, recibí otra oportunidad irresistible de sacar fotos. Dane
está recostado en el sofá con Ocean abrazando su pecho como un oso
koala mientras ambos duermen. Saco varias fotos rápidas y antes de que
vuelva a colocar mi cámara en mi bolso, Dane se despierta.
—Oye —susurra, relajándose para sentarse.
Sonrío mientras hacemos el cambio de bebé de manera gentil.
Después de acostarla en el dormitorio, regreso a la sala de estar. Dane está
junto a la puerta deslizándose sobre sus zapatos.
—¿Te dio algún problema?
Mete un mechón de mi cabello detrás de mi oreja, dejando su mano
sobre mi piel. —Ella fue perfecta, como su madre.
Estoy paralizada con algo... ¿miedo? Inclinándose, sus labios se
ciernen sobre los míos. Se mueve el último centímetro y me giro lo suficiente
como para ofrecer mi mejilla.
—No puedo... Lo siento. Es solo…
Él sacude la cabeza. —Está bien. No quiero presionarte. Yo solo... me
gustas... mucho.
Fuerzo una sonrisa. Llamar a Dane un tipo increíble suena genérico. Él
es más que eso, pero aún no tengo las palabras adecuadas, así que no
266

digo nada.
Página

—Buenas noches. Estaré aquí mañana al mediodía.


Asiento con la cabeza. —Gracias.
Se da vuelta para irse, pero antes de que salga por la puerta, le
agarro la muñeca. —Lo digo en serio. Lo que has hecho por mí... lo
que estás haciendo por mí es...
Él se encoge de hombros. —Está bien. No lo haría si no quisiera.
Otra sonrisa forzada me tira de los labios, pero mis ojos no alcanzan
los de él antes de alejarse y caminar hacia su auto.

267
Página
22
¿A dónde se ha ido el tiempo? Ocean se está preparando para
celebrar su segundo día de Acción de Gracias. El cabello ondulado de
color marrón oscuro y los ojos azules como el océano me controlan. Ella es
el alfa y la omega de mi vida. Esta niña mía ha tenido más fotos suyas que
cualquier celebridad.
Dane se ha convertido en parte de nuestras vidas tanto como
Swarley. No es que lo compare con un perro. Bueno, tal vez lo hago. La
verdad es que… él es como familia; aún no he definido su papel.
Definitivamente somos amigos, y la línea entre eso y más es borrosa.
Tomarse de las manos en el parque y cenar juntos casi todas las noches es
la parte más importante. También ha habido besos ocasionales, pero no
conducen a nada más. Dane me está esperando, puedo sentirlo. Creo
que esperaría por siempre.
Los persistentes pensamientos de decirle a Lautner sobre Ocean casi
han desaparecido, casi. No me cabe duda de que es la fracción de la
duda, lo quejodidamente me impide seguir adelante por completo. Dane
lo sabe también. Lo veo tratando de cumplir el rol de padre con Ocean,
pero no lo voy a permitir por completo. ¿Quiero que Ocean conozca a su
padre algún día? ¿Me odiará como sé que Lautner lo haría? Estas
preguntas son agonizantes y las respuestas no son tan simples.
Dane estuvo fuera de la ciudad la semana pasada en una
conferencia. Llega a casa esta noche y es patético lo ansiosa que estoy
por una conversación adulta. Mientras tanto, Ocean y yo estamos en
camino hacia el parque, específicamente al parque que Lautner me llevó
a ver a Brayden volar su avión de control remoto. A Ocean le encanta
mirar a los niños, y como hoy hace un calor inusual, no puedo resistirme a
268

tomar aire fresco con ella.


—¿Quieres ver algunos aviones? —Le pregunto mientras la saco de
Página

su asiento.
Su entusiasmo de ojos brillantes coincide con el mío mientras sale
disparada del auto y corre hacia la colina cubierta de hierba. Esos
pequeños pies suyos apenas pueden seguir el ritmo de la energía que
tiene.
—¡Ocean, espera a mami! —Agarro su chaqueta y la persigo.
Agarrándola antes de que llegue a la cima de la colina, maniobro su
cuerpo retorciéndose en su chaqueta de lana rosa.
—¡Mira! —Señalo hacia el cielo donde un avión bajo control remoto
zumba sobre nosotras.
Ella chilla de placer mientras su boca intenta formar la palabra
correcta. —¡Vión! —Su atención es robada rápidamente por la pequeña
pelota de fútbol que es arrojada a sus pies—. Pelota. —Ocean la toma y
comienza a correr con ella, obviamente su gusto por el fútbol es de su
padre, no mío.
El parque está abarrotado hoy; no fuimos las únicas que decidimos
salir y disfrutar del clima cálido. Mantengo una distancia cercana detrás de
mi hija mientras asimilo a la diversa multitud. Familias, parejas, grupos de
chicos con aviones como un caro hobby, e incluso algunas personas
solteras con sus compañeros K-9 están repartidos en la gran área abierta.
Supongo que será mejor que no le diga a Swarley que hay otros perros
aquí.
Algo me llama la atención o alguien me llama la atención. Han
pasados dos años y medio y probablemente haya cincuenta metros entre
nosotros, pero reconocería esa figura en cualquier lugar.
Lautner.
Está usando vaqueros desteñidos y una sudadera con capucha
negra y me está dando la espalda. No veo a nadie más con él. Su cabeza
se inclina hacia atrás mientras sigue a un avión sobre su cabeza. Mi
corazón late en mi pecho. Eso es todo. No estoy segura de por qué, pero
se siente como el momento.
—¿Ocean? —grito y ella corre hacia mí.
La tomo en mis brazos. —¿Quieres conocer a tu papá? —susurro más
para mí que para ella.
Doy un paso tentativo hacia adelante y me detengo. —¡Dios mío! —
Respiro. Mis pulmones luchan por respirar mientras la vida es absorbida de
ellos.
269

Como si saliera de la nada, una mujer con largo cabello negro


Página

aparece y lo abraza y él… la besa. La está sosteniendo en sus brazos y


levantando su pequeño cuerpo del suelo. El beso es íntimo. Lo sé porque
una vez me beso así. Visiones de tormentas eléctricas y Lautner
escondiendo las llaves destellan en mi cabeza. Nuestros cuerpos mojados
moviéndose con entusiasmo y desesperación. Acariciando las manos.
Labios hambrientos. Iris azules.
Luchar o huir toma el control. Estoy corriendo hacia el auto con
Ocean en mis brazos jadeando por cada respiración.
—Pelota —llora ella.
La pelota está de vuelta más allá de la colina, pero no puedo
regresar.
—¡Pelota! —Su voz se intensifica mientras forcejeo con el broche de
su asiento.
—Lo sé, cariño. Mami te conseguirá una nueva. Lo prometo.
Las lágrimas se forman en sus ojos y está luchando contra mis
esfuerzos por sujetarla, patea las piernas, agita los brazos.
Después de que finalmente la tengo, hago que el impulso emocional
llegue en casa. Ocean llora por su pelota. Lloro porque acabo de obtener
el cierre que necesitaba, pero no el cierre que quería. Tenía un momento,
cuando lo vi por primera vez, de nosotros como una familia. Una parte
indulgente y poco realista de mí pensó que se daría la vuelta y nos vería y
se enamoraría de Ocean por primera vez. Pensé que se enamoraría de mí
una vez más. Estaba equivocada.
Ocean ha llorado hasta quedarse dormida. Llevo su cuerpo dormido
dentro y la acuesto en la cama. Estoy tentada a arrastrarme junto a ella e
irme a dormir también. Quizás me despertaré y me daré cuenta de que
todo esto era una pesadilla. Todo este tiempo me he imaginado a Lautner
con la doctora Brown. Debería sentirme aliviada de que no era ella en sus
brazos, pero no lo estoy. Verlo con alguien más es una sensación
insoportablemente dolorosa, una que nunca olvidaré.
La botella de Merlot en la cocina me llama. Me sirvo un vaso, dejo mi
teléfono en la encimera y pongo algo de música. “In YourEyes” suena. De
más de mil canciones, el modo aleatorio elige esta. La vida es cruel.
Cuando termino mi segundo vaso, decido dejarlo. Ocean es mi
mundo ahora, mi primera prioridad, y tengo que ser una madre
responsable y sobria para ella.
—Oye… —Dane llama desde la puerta de atrás.
270

—Aquí dentro. —Mi voz carece del entusiasmo que debería tener.
Después de todo, lo he estado extrañando toda la semana.
Página
Se sienta a mi lado, me toma en sus brazos y me besa a un lado de
la cabeza. —¿Dónde está el pequeño paquete de energía?
—Swarley está fuera. ¿No lo viste?
Dane se ríe y me aprieta más fuerte. —Sabes a quién me refiero.
Deslizo mi mano a lo largo de su pecho, devolviéndole el abrazo. —
Está dormida. Correr por el parque la dejó exhausta. Luego perdimos su
pelota y sufrió un colapso total en el auto.
—Mm, que mal. La extrañaba y no podía esperar para llegar a casa
y verla.
Inclino mi barbilla hacia arriba para mirarlo. Mi cuerpo siente un
ligero zumbido cálido. —Solo ella, ¿eh?
Él traga. —No…
Agarrando la parte de atrás de su cabeza, me encuentro haciendo
un movimiento audaz que nunca imaginé hacer. Lo beso. Comienza a
alejarse, así que trepo sobre él, a horcajadas, y le muestro que no quiero
que se detenga. Hoy, perdí una parte de mí misma y el vacío es crudo.
Necesito esto. Necesito seguir. Necesito… a Dane.

271
Página
23

La boda
—Tú, Sydney, ¿tomas a Dane como tu legítimo esposo?
—¡Ocean! —La estridente voz de Avery envía escalofríos a través de
mi cuerpo.
—¡Ocean! —grito—. ¡Alguien, que consiga ayuda!
Mi hijita, mi corazón, mi mundo entero se encuentra desmayada en
el suelo. Su cuerpo esta rígido los movimiento de convulsiones la sacuden y
sus ojos se revuelven dentro sus orbitas pero están cerrados.
—¡Oh, Dios! ¡Alguien, por favor ayuda! —Mi voz se quiebra.
Sus pequeños labios se ponen azules.
—¡No! ¡No! —Mis súplicas parecen estar cayendo en oídos sordos.
¿Por qué nadie está ayudando?
—Sydney, cálmate. Ella estará bien. —La voz de Dane es calmada
pero se siente como papel de lija ante mis nervios.
—¡Ella no está bien! Sus labios están azules. ¡No está respirando!
—Ha tenido una convulsión. Mira, cariño, está respirando. Todo va a
estar bien.
Todas las voces a mí alrededor se convierten en ecos. Rezo para que
Dios la salve, que me lleve a mí en su lugar. Mi bebé... mi dulce y pequeña
Ocean...
272

El paseo en la ambulancia es un borrón. Me están haciendo tantas


preguntas y mi boca se mueve, pero no estoy segura de lo que estoy
Página

diciendo. Los ojos del Ocean se encuentran con los míos. Iris azul. Es
coherente y respira. El color ha vuelto a sus labios, pero ella está llorando.
Mi bebé está asustada. La parte inferior de mi vestido está sucia, y una
sección de mi falda de tul fue rasgada al subir a la parte trasera de la
ambulancia en mi frenética desesperación.
Me preguntan si tengo una preferencia hospitalaria pero no puedo
responder. Estamos en L.A. Nada es familiar. Dane sugirió que tengamos la
boda aquí desde que Avery vive aquí donde su familia está cerca. Han
sido maravillosos ayudando a planificar todo, pero ahora mismo, desearía
que estuviéramos en Palo Alto. La doctora Erickson, la pediatra de Ocean,
me tranquilizaría. Ha sido más que la doctora de Ocean; ella ha sido una
amiga para mí y me ayudó a pesar de todas mis preocupaciones y la
aprehensión de ser una madre primeriza.
—¡Mami!—Llora Ocean.
—Aquí estoy, bebé. —Me inclino y la abrazo, tratando de calmar sus
nervios. Las luces y los extraños que la miran deben de ser aterradores para
ella.
Llegamos a la entrada de emergencia y los gritos del Ocean se
hacen más fuertes a medida que la llevan al interior. Dane, Avery, y mi
padre están justo detrás de nosotros. La enfermera me coloca un
sujetapapeles y todo lo que quiero hacer es abofetearla en la cara con el.
Por suerte para ella, Dane lo toma y comienza a llenar los formularios.
Mi estúpido vestido llama la atención de todos, las piezas rasgadas
en la parte inferior siguen siendo pisoteadas por mis talones.
—Señorita o Señora... —dice en forma de pregunta la enfermera.
—Señorita, quiero decir, señora, no espere es… Sydney, mi nombre es
Sydney. —El revoltijo en mi cerebro no me deja unir las piezas del
rompecabezas. Yo debería ser la Sra. Abbott, pero no creo que
oficialmente se lograra. Estoy segura de que el gran vestido blanco la tiene
confusa.
—Sydney, vamos a hacer algunas pruebas, entonces un médico
vendrá y hablará con usted.
Asiento. Mi corazón se rompe, el sonido de sus gritos me aplasta. Me
llama, pero no puedo hacer nada. Ahora le harán estas pruebas, sé que
estará asustada y que me necesita.
El tiempo es irrelevante. No he mirado un reloj. Tal vez ha sido una
hora, tal vez han sido diez. Para mí, se siente como una eternidad.
—Hemos terminado con las pruebas. La llevaremos a su habitación
273

—dice la enfermera.
Página

—¡Bebé! —No puedo contener las lágrimas mientras abrazo su frágil


cuerpo. Sus ojos rojos están brillosos y sus párpados son pesados. Beso su
mejilla manchada de lágrimas, cepillo su ocurro cabello alejándolo de su
rostro.
—Ella estaba deshidratada así que le estamos dando fluidos
intravenosos, como sabe, le dimos un suave sedante para las pruebas que
le hicimos. Debería despertar en una hora. El pediatra de guardia estará en
breve para discutir los resultados de la prueba.
—Gracias —responde Dane mientras frota círculos suaves en mi
espalda.
Observo de cerca aOcean, le beso la frente y acerco una silla justo
al lado de su cama.
Mi padre me ofrece una botella de agua. Sacudo la cabeza. —
Tómala. No necesito a mis dos chicas deshidratadas.
A regañadientes, la tomo y bebo unos sorbos. —Deberíamos haber
pospuesto la boda. Sabía que no se sentía bien. Dios, me siento como un
terrible ma…
—Shh... detente. —Dane masajea mis hombros desnudos—. Sé lo
aterrador que parecía, pero es muy probable que sea una convulsión febril
causada por la fiebre y una infección viral. Ella estará bien.
Doblo mis brazos y los descanso en el borde de su cama con la
cabeza hacia abajo. Dane se esfuerza en tranquilizarme, pero no lo
consigue. Este lugar me está volviendo loca. Solo quiero estar de vuelta en
casa con mi hijita. Al diablo con la boda, al diablo con todo. Ayer, cuando
empezó a sentirse enferma, mis instintos me decía que la pospusiera, pero
todos trataron de convencerme de que pasara de ella, diciendo que
estaba exagerando. Bueno, ¿quién está exagerando ahora?
—Hola soy...
Levanto mi cabeza tan rápido que tengo la seguridad de que me he
lesionado el cuello. ¡No. Puede. Ser! La habitación está en silencio a
excepción de los monitores de Ocean.
—Oh, mierda —Oigo susurrar a Avery.
Él aclara su garganta, Lautner se aclara la garganta. —Sullivan, soy el
doctor Sullivan.
Iris azul.
Rápidamente desvía su mirada de la mía a la pequeña imagen
detrás de mí.
274

—Vamos a... esperar fuera mientras el buen doctor hace... Uh... lo


suyo —Sugiere Avery a todo el mundo.
Página
Nuestras familias se arrastran fuera de la habitación en una línea en
un solo grupo. Vuelvo a echar un vistazo a Dane, pero no se mueve.
—¿Nos darías un minuto? —Susurro.
Con el ceño fruncido me demuestra su obvio descontento. Se inclina
hacia abajo y besa mi cuello y luego sale de la habitación sin reconocer a
Lautner.
Me gustaría poder decir que después de tres años no me afecta,
pero no puedo.
—Hola —susurro, con nerviosismo jugueteo con mis manos en la falda
de tul.
Sus ojos caen sobre la lámina de resultados en sus manos, tiene sus
labios en una línea firme. Traga duro. —Ocean Ann Montgomery… tuviste
un bebé.
No es una pregunta. De hecho, no estoy segura si él es incluso
consciente de que está diciendo las palabras en voz alta.
Me muerdo el interior de mi mejilla. Él me mira y le doy un lento
guiño. La tensión es espesa y sofocante.
Sus ojos viajan sobre mí. —Bonito vestido. —Frunce el ceño.
Miro fijamente mis manos. Después de todo este tiempo las palabras
deberían estar aquí, pero no están. Mi último nervio se ha deshilachado
hoy y mi cerebro está listo para explotar.
—El médico de urgencias ordenó pruebas de sangre y orina, una
tomografía computarizada y un EEG[1]. Tuvo una convulsión febril,
probablemente por una fiebre causada por una infección viral. Nada de
qué preocuparse muestran las pruebas. Esto no es un suceso poco común
en niños pequeños y ella estará bien. Sin embargo, como ella esta
deshidratada vamos a mantenerla durante la noche, pero debería poder ir
a casa por la mañana. ¿Tiene alguna pregunta?
Oigo su voz, pero no puedo decir todas las palabras. La frialdad de
su tono y la falta de emoción me han dejado muda.
—Señora Abbott, ¿tiene alguna pregunta?
El golpe es obvio e intencional y es lo que necesito para romper mi
estado de shock. Me coloco con la espalda recta, estoy lista para devolver
el golpe.
275

—Mami. —Suena una voz suave.


—Hola, nena. —Con mis manos le cepillo suavemente su cabello y
Página

beso su frente.
—Hola, Ocean. Soy el Dr. Sully. —Su voz se ha transformado
mágicamente en una calmante armonía—. ¿Quieres escuchar mi
corazón? —Él sostiene su estetoscopio.
Sus ojos apenas están abiertos, pero ella lo sostiene de todos modos.
Ajustándolo suavemente en sus oídos, él sostiene el extremo opuesto en su
pecho. Sus pequeños labios de cereza se convierten en una suave sonrisa.
Agarra algo en el bolsillo de su abrigo.
—¿Puedo mirar tus ojos?
Asiente, todavía luchando para abrir los ojos.
Contengo la respiración mientras usa una mano para sostener el
instrumento con una luz hasta su ojo y con la otra mano levanta el
parpado. Mi mundo entero empieza a colapsar a mí alrededor.
—Tus ojos… son hermosos. —Su voz se quiebra, después se aclara la
garganta y le quita el estetoscopio—. ¿Puedo escuchar tu corazón ahora?
Asiente.
Lautner no me mira, ni siquiera una mirada reconociendo que
todavía estoy en la habitación.
Coloca el estetoscopio alrededor de su cuello y aprieta su mano.
Bien podría estar apretando mi corazón. —Estas perfecta, pero como se
está haciendo tarde creo que deberías quedarte aquí y volver a casa por
la mañana. ¿Eso estaría bien?
Me mira y aprieto su otra mano y sonrío. —Estaré aquí toda la noche.
No voy a ir a ninguna parte.
Asiente.
—Me aseguraré de que tengas algo de comer, después regresaré
por la mañana. ¿De acuerdo? —Todavía sostiene su mano.
Ella le sonríe y apenas puedo respirar. Todos mis lirios azules, es
demasiado.
Me levanto, esperando que me mire, pero no lo hace. Se da la
vuelta y deja la habitación.
¿Qué demonios?
—Dane, tía Avery y el abuelo están afuera. ¿Quieres verlos?
Ocean sonríe. —Sí.
276

Saco la cabeza por la puerta y todos están ahí de pie. No hay forma
de esconder las preguntas que tienen grabadas en sus rostros, listas para
Página

saltar a sus lenguas, pero no puedo responderlas ahora.


—Quiere verlos.
Todos se apresuran a excepción de Dane.
—Entra. Vuelvo enseguida.
El no responde. Sus ojos caen al piso y pasa junto a mí a la
habitación.
Lautner está de pie en la estación de enfermeras, escribiendo algo
en la computadora. Me apoyo contra el mostrador frente a él. Me ignora.
—¿Podemos hablar?
Sigue ignorándome. La enfermera a su lado mira de un lado a otro
entre nosotros.
—¿Lautner?
Me mira con ojos fríos acerados después se da vuelta y camina a
grandes pasos por el pasillo.
—¿Lautner? —grito detrás de él.
Me ignora mientras abre la puerta que conduce a la escalera.
Ya ha bajado el primer tramo de escalera cuando llego a la puerta.
—¡Lautner, detente! —Lo llamo mientras la puerta se cierra con un
fuerte golpe detrás de mí.
Se detiene, con las manos en las caderas, de espalda hacia mí. —Es
mía. —Otra vez, no es una pregunta.
Lo perseguí por el pasillo, y sin embargo las palabras me fallan otra
vez.
Se da vuelta, con el pecho agitado y ojos penetrantes.
El miedo se apodera de mí y el escudo protector de mamá aparece.
Sacudo la cabeza.
—Vi su fecha de nacimiento. ¡No me mientas!
Las lágrimas pican mis ojos mientras continúo negando con la
cabeza.
—¡TIENE MIS MALDITOS OJOS! ¡NO. ME. MIENTAS!
Un sollozo se abre paso fuera de mi pecho. —Yo... yo…
quería…decírtelo.
277

—¿Tu qué? —Mira hacia el techo y sacude la cabeza mientras se


ríe—. Increíble. Querías decírmelo. ¿Cómo es eso posible? He vivido en el
mismo apartamento hasta hace tres semanas. Mi número de teléfono
Página
celular no ha cambiado. Aun así… —me fulmina con la mirada—,
¿…esperas que crea que querías decírmelo?
Me limpio los ojos y puedo ver a través de las manchas negras en mis
dedos que acabo de untarme el rímel en el rostro. —Fui a tu apartamento.
Su frente se arruga en confusión.
Cruzo los brazos sobre mi pecho. —La Dra. Brown abrió la puerta…
En. Una. Bata. De. Baño.
Lautner sacude la cabeza. —Ni siquiera sé de qué demonios estás
hablando.
—¿Ahora quien está mintiendo? No voy a quedarme aquí y dejar
que me hagas sentir culpable. Intenté decírtelo. —Me doy la vuelta, abro
la puerta, y vuelvo al pasillo.
—¡Espera solo un maldito minuto! —Su voz es un gruñido nuevamente
mientras aprieta sus dedos alrededor de mi brazo y me gira hacia él—. No
te vas a salir tan fácil. Inventa todas las mentiras y excusas que quieras,
pero han pasado tres malditos años, y no creo nada de eso.
—¡Sugiero que le quites las manos de encima ahora! —La profunda
voz de Dane suena detrás de mí.
La mirada de Lautner pasa a un lado de mí mientras libera mi brazo.
—Bien jugado Dane. —Sacude la cabeza con una sonrisa sádica en su
rostro—. Pudiste haber dicho algo… pero no lo hiciste. Bueno, puedes
tenerla. —Sus ojos cayeron sobre mí por un breve segundo y después se
concentraron en Dane—. Pero ten por seguro que nunca tendrás a mi hija.
—Se da vuelta y se dirige hacia la escalera.
Me derrumbo en los brazos de Dane, asustada y confundida.
***

Dane y yo no hablamos más de Lautner anoche. Ocean fue nuestro


centro de atención y con nuestras familias rondando, no hubiera sido el
momento oportuno de cualquier forma. Todos están esperando mis
instrucciones. ¿La boda continuara? Si es así, ¿cuándo? ¿Deberían los
278

invitados de fuera quedarse o irse a casa? Después estaba toda la comida


de la recepción, el pastel, y los regalos esperando a ser cambiados a un
nuevo lugar.
Página
Dane ha ido a buscarnos el desayuno y cafeína mientas espero con
mi bebé de ojos brillantes para que sea dada de alta. Ocean parece
sentirse mucho mejor esta mañana. Regresó el color a sus mejillas y su
característico brillo en sus ojos azules.
Está sentada en mi regazo, vestida y lista para irse. El Dr. Sullivan está
tomando su buen tiempo esta mañana, sin duda planeando su próximo
ataque venenoso contra mí ya frágil mente.
—¡Buenos días! ¿Cómo está mi paciente favorita? —La ironía en su
comentario me hace fruncir el ceño de inmediato.
Aunque no puede verlo, porque una vez más, está mirando solo a
Ocean. Extendiendo sus manos, voluntariamente va hacia él y se siente
como si mi corazón fuera arrancado de mi pecho. La acuesta en la cama
y comienza a hablar cosas de bebé con ella mientras la revisa.
—¡Mi niña esta perfecta!
¿Mi? ¡El infierno!
—Vámonos Ocean. —Suelta su cuerpo en mis brazos, me dirijo hacia
la puerta justo cuando Dane entra.
—Está bien. Vámonos. —Intento empujarlo para que salga de la
habitación, mis ojos suplicando con desesperación para que lo acepte.
—¿Sydney? —La fría voz de Lautner me llama.
Suspiro y pongo los ojos en blanco entregándole a Ocean a Dane. —
Ve. Te veré en la puerta.
Lautner se sienta en el borde de la cama, apoyando sus manos a
cada lado. —No quiero pelear contigo, pero no voy a dejar que salgas de
aquí con ella como si nada hubiera cambiado.
Odio las lágrimas rebeldes que llenan mis ojos. —No puedo perderla
—susurro, sacudiendo la cabeza y mordiéndome los labios.
Se pone de pie y camina hacia la puerta. Me estremezco cuando su
mano se acerca a mi rostro. Haciendo una pausa por un momento, me
mira con una expresión tensa y adolorida. Después mueve su pulgar a mi
mejilla y limpia una lagrima. Lucho contra el impulso de apoyarme en su
toque.
—No quiero alejarla de ti, Sidney. —Su voz es suave y amable. Es la
primera pizca de compasión que he sentido de él en tres años—. Lo
prometo. Solo quiero verla. Quiero ser su papá.
279

Sorbo y aclaro mi garganta. —Vivimos en Palo Alto, no aquí en L.A.


Página

Se encoge de hombros. —¿Y qué? Iré a visitarla o tal vez pueda


quedarse conmigo y con Emma algunos días cada mes.
—Espera, ¿qué? ¿Quién es Emma? —Doy un paso atrás. La escena
del parque viene a mi mente. Creo que se quién es Emma.
Muerde la comisura de sus labios. —Es mi prometida.
Sigo usando mi vestido de novia, así que no estoy segura porque la
última palabra duele tanto… pero lo hizo.
Sacudo la cabeza. —De ninguna manera. No te vas a llevar a mi hija
de dos años y la usaras para jugar a la casita con tu prometida. No te
conoce o a Emma, y no es lo suficientemente mayor para entender. —Doy
la vuelta y me dirijo al ascensor.
—¿Sidney? —Llama Lautner.
Las puertas se abren pero antes de que se cierren se las arregla para
pasar a través de ellas.
—No hagas esto. No conviertas esto en una estúpida pelea —
suplica, pero escucho un ligero toque de advertencia en su voz.
Suspiro y miro hacia los números rojos contando los pisos. —Puedes
venir a visitarla y cuando mi horario lo permita la traeré aquí, pero se
queda conmigo. Voy donde ella vaya.
El ascensor suena y las puertas se abren. Salgo y me vuelvo hacia
Lautner. Está desplomado contra la parte trasera del ascensor, con los
brazos cruzados contra el pecho.
—Tómalo o déjalo —digo con voz firme.
—Lo tomaré. Iré el próximo fin de semana. Despeja tu agenda. —No
hay humor en su voz cuando las puertas se cierran.

280
Página
24
Se siente tan bien estar en casa, incluso si mi boda se convirtió en
una catástrofe épica. Los padres de Dane y mi familia trataron de retrasar
los eventos hasta que Ocean salió del hospital ayer, pero no pude. Poner
un pie delante del otro para caminar hacia el automóvil fue difícil. Hablar
era aún más desafiante, por lo que continuar con una ceremonia de
matrimonio estaba fuera de discusión. No puedo pensar en el dinero, ni en
los parientes confundidos, ni en mi prometido, ni en su ego destrozado.
Ocean y Lautner. Eso es todo, eso es todo en lo que puedo pensar.
No hay forma de explicar esto a una niña de dos años. ¿Qué diré sobre la
nueva presencia de Lautner en su vida? La pobre niña pensará que está
enferma todo el tiempo con el Dr. Sully. Necesito encontrar algunos libros
sobre este tema o buscar ayuda profesional. Parece que probablemente
haya oportunidades para introducir a un nuevo padre en la vida de una
niña. El primero, por supuesto, habría sido cuando ella era un bebé. En mi
opinión completamente poco profesional, la próxima oportunidad no
debería ser hasta que sea mayor y pueda entender lo que sucedió, tal vez
en diez años. Estoy segura de que Lautner buscará eso. “Oye, grandullón,
lamento que te haya ocultado esto durante tres años, pero si a ti te pasa lo
mismo, creo que deberíamos esperar otros diez. Te llamaré”.
El viaje de ayer a casa y la instalación es borroso. No estoy segura si
Dane y yo dijimos más de dos palabras el uno al otro. Ahora esta mañana
se ha ido a correr. Ocean todavía está durmiendo y estoy tratando de
encontrar dónde poner todas nuestras cosas. El mes pasado, Dane
encontró un inquilino para la casa en la que vivíamos. Ahora nos mudamos
a su casa, a nuestra casa.
—Oye —dice Dane a pesar de respirar entrecortado cuando se abre
la puerta principal.
281

De pie en el medio de la sala de estar rodeado de cajas, me siento


bastante abrumada.
Página

—Oye. —Sonrío.
—¿Estás pensando en desempacar o despegar?
Su pregunta es un golpe de ventosa.
—Dane... no estoy... solo porque no hice todo no significa que me
vaya.
Él cuelga su cabeza y mueve su peso de lado a lado. —Es solo que...
Vi la forma en que lo miraste y…
—¡Espera! ¿Cómo lo miré? ¿Como si estuviera asustada de que él lo
sabría? ¿Cómo todo mi maldito mundo se derrumbaba a mí alrededor?
¿Me iban a quitar a mi bebé? Porque eso es todo. Cualquier cosa que
creas haber visto está en tu cabeza y no en la mía.
La mueca en la cara de Dane envía oleadas de arrepentimiento a
través de mí. Yo suspiro. —Lo siento. No quiero contagiarte de esto. Mi
cabeza está lista para explotar y lo último que necesito es tener que
preocuparme de que te sientas inseguro. —Me acerco a él y tomo sus
manos en las mías—. Nos casaremos. ¿Bien?
Él asiente y luego camina hacia las escaleras.
—¿Dane?
Él se gira.
—¿Qué quiso decir Lautner con “podrías haber dicho algo”?
Se pasa las manos por el pelo sudoroso y niega con la cabeza. —Lo
vi en una cafetería un mes antes de tener a Ocean. Pero no era mi lugar
para decírselo.
—¿Por qué no me dijiste?
Él se encoge de hombros. —Por la misma razón por la que no se lo
dijiste. No necesitabas el estrés. Ocean era tu prioridad número uno y,
bueno... ustedes dos eran mías.
***

Se suponía que Dane y yo iríamos de luna de miel a México, pero


tiene que haber un matrimonio oficial para que la luna de miel sea
282

legítima. Como de todos modos ha marcado esta semana en su agenda,


ha decidido hacer algunas tareas de mantenimiento necesarias en su
Página

clínica. Ocean y yo hemos estado desempacando y reorganizando. Una


de las habitaciones libres está llena de regalos de boda, regalos que me
niego a abrir o incluso reconocer hasta que sea oficialmente la Sra.
Abbott.
Ocean está en su asiento elevado comiendo mantequilla de maní y
gelatina. "In Your Eyes" se reproduce desde mi teléfono enviando los
escalofríos más desconcertantes por mi espina dorsal.
—¿Hola?
—Hola, Syd. —El sonido de su voz diciendo mi nombre me hace
estremecer.
Hay una pausa incómoda.
—Reformé mi agenda así que tengo el viernes libre. Llegaremos a
casa de mi papá el jueves por la noche. ¿Podemos ir a la playa o algo así
el viernes? Entonces pensé que el sábado podríamos ir al zoológico o a un
museo para niños o...
—¿Lautner?
—¿Sí?
—Solo para. Ella tiene dos años y aún toma una siesta. Una hora en el
parque la desgasta, así que no planees demasiado. —Suspiro—. Además,
no puedes ir dictando nuestro horario por capricho solo porque hayas
reorganizado tu horario.
—Oh, discúlpeme por no querer esperar un minuto más para
conocer a mi hija después de pasar tres años sin siquiera saber que
habíamos concebido una hija y…
—¡Detente! Lo entiendo. ¿Bien? Llámame el viernes por la mañana.
Presiono „Terminar’ antes de que responda.
—Chica tonta. —Agarro la corteza abandonada del plato de Ocean
y me la meto en la boca—. Te estás dejando atrás la mejor parte.
Ella sonríe y toma un trago de agua de su taza para sorber.
Esta no es la vida que imaginé para mí en absoluto. Es una pérdida
de tiempo incluso pensarlo, pero no puedo evitar preguntarme dónde
estaría hoy si se lo hubiera dicho a Lautner. 283
Página
25
Anoche fue una broma. No estoy segura de porque incluso me metí
en la cama. Mi mente funcionó toda la noche mientras mi cuerpo se
sacudía y giraba. Dane parecía igualmente agotado cuando llevó a
Swarley a correr esta mañana. Me sorprende que no me haya sacado de
la cama con un puntapié, pero una vez más, Dane no es así. Él me ama,
sin lugar a dudas, sé que daría su vida por la mía o la de Ocean en un abrir
y cerrar de ojos. Una noche inquieta probablemente no lo detendría.
El día es soleado y agradable con ochenta y tres grados. Dane no ha
vuelto y no he tenido noticias de Lautner, pero anticipo un día de playa.
Desde el comentario que Lautner hizo por teléfono, asumo que Emma se
unirá a nosotros hoy. Lo bueno es que no hay nada incómodo en esta
situación.
—¿Sin noticias? —pregunta Dane mientras él y Swarley arrastran sus
cansados traseros a través de la puerta.
Niego con la cabeza mientras ayudo a Ocean a armar su
rompecabezas de madera de perros en el piso.
—Bueno, recibí una llamada de la Sra. Fitzgerald. Su schnauzer7 tiene
una espina o algo alojada en su pata. Tendré que ponerme al día con
todos más tarde.
—¿Hablas enserio? —Me quejo. La idea de estar con Lautner y
Emma sin mi propia seguridad no es algo que esté demasiado bien
conmigo.
Él se inclina y besa a Ocean y luego a mí. —Lo siento cariño. Tal vez
todos podamos ir a la parrilla más tarde o algo así.
—¿Parrilla? ¿Ahora los invitas a cenar a nuestra casa?
284

Él comienza a subir las escaleras. —Vamos a estar en las vidas de los


demás, también podríamos hacer amigos.
Página

7
schnauzer: es una raza de perro.
¡Ufff! Odio que Dane sea una mejor persona que yo. Sé que sus
inseguridades siguen ahí, pero las esconde muy bien. Debe ser una cosa
de hombres.
Peter Gabriel suena y yo respondo antes de que la letra me paralice.
—Hola.
—Bueno días, ¿os vais todos a la playa hoy?
Estoy teniendo problemas para sentir la emoción que irradia Lautner
con su voz alegre.
—Por supuesto. Ya empaqué nuestro almuerzo. ¿Dónde quieres que
nos encontremos?
—Estaba pensando en la playa a la que solíamos ir…
—¡No! —Respondo mientras camino hacia la cocina, así Ocean no
me escucha.
—¿Qué? ¿Por qué no? —Suena tan estupefacto.
—No llevo ahí a mi hija.
—Nuestra hija… —me interrumpe.
Pongo los ojos en blanco y lanzo un suspiro exasperado. —No voy a
llevar a nuestra hija para encontraros a ti y a tu prometida en la misma
playa donde… —No puedo decirlo.
—Hicimos el amor —susurra.
¿Por qué lo dijo? ¿Por qué lo dijo así?
—Solo elige una playa diferente.
—Tú y Dane eligen entonces. No me importa.
—Dane no va a ir. Él… ha tenido que ir a trabajar. —No menciono la
parrilla porque en ese punto me sentiré muy afortunada si logro sobrevivir
algunas horas en la playa.
—Entonces os recogemos a las dos en media hora.
—Yo conduzco. La sillita de Ocean está en…
—Syd, compre una sillita.
¡Guau! ¿Por qué esa admisión me molesta? No es que pensara que
la vería algunas veces y luego decidiría que ya no quería ser su padre. Pero
por alguna razón, a pesar de lo que dijo, parece que la estoy perdiendo
285

de una a una.
—Uh… está bien, entonces te vemos… en un rato.
Página

—¿Sydney?
—¿Sí? —respondo con voz temblorosa.
—Necesito tu nueva dirección.
—Oh, mm, te envió un mensaje de texto.
—Está bien te veo luego.
***
—Mantente hidratada y usa protector solar. —Dane nos abraza y nos
besa a las dos antes de irse.
Ocean y yo nos sentamos en el columpio del porche y esperamos a
Lautner y Emma. Todo lo que sabe es que vamos a ir a la playa. Como aún
no podemos tener la conversación de quién es su padre, he decido no
decir nada y esperar a que formule sus propias preguntas.
—Aquí están.
Lautner todavía maneja el mismo 4 Runner negro. Tiene dos tablas
de surf atadas a la cima al igual que en nuestra primera cita en la playa.
Nos ponemos de pie mientras salen.
—Hola, Ocean. —La voz de Lautner es suave y sus malditos ojos de
Medusa hechizan a mi pequeña niña.
Otra pequeña parte de mi corazón se desgarra cuando veo el
reconocimiento en sus ojos y ella voluntariamente va hacia él. Él la levanta
y le da un suave abrazo.
—¿Me recuerdas?
Ella solo sonríe.
—Te cuidé cuando estabas enferma. Recuerda, soy el Dr. Sully pero
puedes llamarme… —él duda y entonces mira de mí a Emma.
Estoy conteniendo la respiración. Si dice papi, papá, padre o algo
así, lo voy a perder.
—Sully, solo llámame Sully.
Todo lo que Ocean puede hacer es sonreír.
—Ocean, esta es Emma.
Emma sonríe. —Hola, Ocean. Me encanta tu nombre y tus hermosos
ojos azules.
¿En serio? Ella tiene que mencionar los ojos. Habla sobre las uñas en
286

una pizarra.
—Emma, esta es Sydney.
Página
Excavo tan profundo que es doloroso, pero logro una sonrisa
educada mientras le ofrezco mi mano.
—Encantada de conocerte. —Su voz es suave y dulce; coincide con
su sonrisa.
Reconozco el largo cabello negro del parque. Ella es más o menos
de mi estatura con algunas más curvas pronunciadas, pero aún muy
tonificada y… hermosa. No puede ser mayor que yo. En todo caso, es más
joven con una piel de oliva perfecta, lo que me hace esperar que no sea
mayor y se vea tan bien.
—Estoy encantada de conocerte también. ¿Vamos? —Le indico al
auto.
Lautner asegura a Ocean en su asiento mientras que Emma se pone
delante y le doy las bolsas.
—Esperar, olvidé nuestro refrigerador y botellas de agua. Vuelvo
enseguida. —Salgo corriendo a la casa y a la cocina.
Nuestras botellas de agua están en el refrigerador. Agarrándolas, me
vuelto para cerrar la puerta y mi respiración se detiene. Lautner está aquí,
a centímetros de mí. Casi me tropiezo con él. Mirando hacia arriba,
encuentro sus irises azules y me están derritiendo. Mi corazón lucha por
mantenerse al día. Me está desnudando con sus ojos, pero no físicamente,
es una marca emocional que nunca desaparecerá. Tres años después y
todavía lo siento, todavía lo siento. Él no habla, su cara es de piedra, vacía
de toda emoción. Cierro los ojos y rompo el trance.
—Voy a buscar el refrigerador —susurra tan cerca de mi rostro que
huelo la menta de su pasta de dientes.
Asiento y trago hacia atrás un río de emociones en aumento.
***
—Hola, pequeña nena. —Me inclino y le doy un beso rápido a
Ocean antes de sujetar mi cinturón de seguridad.
Emma se vuelve y sonríe. Entonces veo los iris azules en el espejo
retrovisor cuando estamos de regreso fuera de la unidad.
Malditos ojos de Medusa.
Solo mátenme ya. El hombre que se llevo todo de mí y luego lo
regreso por 100 veces después nueve meses, me está torturando con
palabras tácitas. Mientras la vida que hicimos juntos se sienta junto a mí y
287

su prometida junto a él. Debo de hacer un esfuerzo extra porque la terapia


que voy a necesitar será cara.
Página
—Entonces, Emma, ¿eres de L.A.? —Estoy forzando una pequeña
charla como lo hago con mis nuevos clientes.
—De Hawaii. Mi madre aún vive allí, mi padre y su nueva esposa
viven aquí en Palo Alto. Es jefe de personal en el hospital, así es como
Lautner y yo nos conocimos.
Encantador.
—¿Eres médico o estás en escuela de medicina? —Se ríe y le da a
Lautner una mirada de reojo. Él le guiña el ojo.
—No, tengo un negocio de diseño de sitios Web. Hice un año de
prácticas de tecnología de largo en China. De hecho, mi padre envió a
Lautner al aeropuerto a recogerme cuando llegué a casa el año pasado.
—Ella se acerca y descansa su mano sobre su pierna—. Él estaba
sosteniendo un letrero de cartón tonto, por la sugerencia de mi padre, que
te puedo decir... fue amor a primera vista.
Que se joda la terapia. Voy directo al manicomio.
—Abaa—dice Ocean.
Le doy un sorbo al agua.
—Lautner me dijo que acabas de casarte... con un veterinario. ¿Eres
de las madres que se queda en casa o trabajas fuera?
Hacemos un breve contacto visual en el espejo retrovisor, luego
sonrío a Emma. —En realidad, todavía no estamos oficialmente casados.
Ocean tuvo su ataque durante la ceremonia, así que lo pospusimos.
Veo las cejas de Lautner fruncirse pero mantiene la mirada fija en el
camino.
—En cuanto a mí, soy fotógrafa pero trabajo principalmente en las
tardes y fines de semana así no tengo que encontrar una guardería para
Ocean. Realmente es lo mejor de ambos mundos.
—¿Fotógrafa, eh? ¿De qué tomas fotografías?
Me encojo de hombros y miro fuera mi ventana. —De todo.
—¿Mi papá movió algunos contactos y consiguió que Damon
Michaels aceptara hacer nuestras fotos de la boda? ¿Puedes creerlo?
¿Has visto su trabajo...? Quiero decir, seguramente lo has hecho. Ha hecho
un montón de bodas de celebridades. ¿No es algo... asombroso? —Emma
suena como una chica de diecisiete años que acaba de encontrar el
288

vestido de baile perfecto.


—He visto su trabajo, es… predecible.
Página
Su cabeza de un tirón hacia atrás. —¿Predecible? ¿No puedes
hablar en serio? La única cosa que he visto que supera su trabajo es el
artista cuyo trabajo Lautner tiene en sus paredes. Alguna fotógrafa
desconocida tomó estas increíbles fotos de él para un proyecto de arte.
Son a blancos y negros de su cuerpo... manos, pantorrillas, cada músculo
definido de su abdomen y espalda, yoh. Mi. Dios. Sus ojos. Yo quería que
ella hiciera nuestra boda pero mi prometido olvidadizo no puede recordar
su nombre y no tiene manera de contactarla. Debes verlos alguna vez...
hablar acerca de ese loco talento, simplemente... ¡Wow!
No puedo ocultar la sonrisa que se esconde en las esquinas de mis
labios. Lautner no me mirará en el espejo retrovisor y se está retorciendo en
su asiento.
—¡Se escucha increíble!—Miro hacia atrás por mi ventana y sonrío.
—Una subestimación... pero, si, increíble. —Ella apoya su cabeza
contra el reposacabezas y suspira.
***
No es nuestra playa, pero no está demasiado llena y mi dulce bebé
de playa es toda sonrisas con sus pequeños dedos y pies cavando en la
arena fresca y húmeda.
—Aquí, vamos a ponerte tu sombrero. —Sujeto las correas a su
sombrero floral de color rosa y blanco bajo su barbilla y me siento al lado
de ella y todas sus palas y cubetas.
Emma está tumbada en una toalla en su bikini unos pies detrás de mí
y Ocean. Lautner ha estado agarrando algunas olas pero ahora camina
en nuestra dirección… mojado, bronceado, y apetitosamente atractivo.
Tiro mis gafas de sol sobre mis ojos para que mi mirada descarada no sea
tan obvia.
—¡Eee!—chilla Ocean mientras cae de rodillas a su lado y sacude su
cabeza mojada como un perro, salpicando a ambas con agua fría.
—¿Qué haces? —Le pregunta.
—Arena. —Responde.
—Estas despierta, Em —dice Lautner—. ¿Al menos quieres ir? —Él me
sonríe.
—Estoy bien, gracias. —No le doy a él la satisfacción de actuar
siguiéndole el rollo de la pregunta.
289

—Mira y aprende, cosa caliente. —Emma se pavonea mas allá de


nosotros con su tabla, bamboleando su escultural trasero todo el camino.
Página

Es de Hawai, por supuesto que es una maldita reina de surf.


Lautner golpes en la arena con una de las palas de plástico de
Ocean. —¿Así que no estás casada?
—Todavía no.
No me mira mientras llena un balde y lo golpea con la palma de su
mano.
—Entonces, ¿cuándo?
Me encojo. —No sé. ¿Cuándo es tu boda?
—La segunda semana de agosto, me encantaría que Ocean sea
nuestra niña de las flores.
Hablar con Lautner de su boda con Emma es aplastante. Una parte
de mí todavía pertenece a este hombre y ahora que él ha vuelto a mi
vida, temo que mis sentimientos por él nunca se disuelvan. No puedo estar
cerca de él sin quererlo. Mi cuerpo anhela su tacto y mi corazón duele por
su amor.
—No sé, Lautner. Es tan pronto. La acabas de conocer hace tan solo
una semana.
—La amo. —Me observa con una mirada firme, mandíbula
apretada.
Sacudo la cabeza. —Ni siquiera la conoces.
Observa el agua. Emma está presumiendo, pero no creo que le esté
prestando mucha atención. —¿Cuándo la amaste?
—¿Qué? —pregunto.
—Nuestra hija, ¿cuándo la amaste por primera vez?
Contengo las lágrimas, agradecida de que mis ojos estén
escondidos detrás de mis gafas. —Ella es mi todo. Mi cabeza recuerda no
conocerla, pero mi corazón no puede recordar no amarla.
—Entonces sabe cómo me siento.
Saludo con la cabeza, mordiendo mis labios juntos, rezando que mis
emociones se queden bajo control. —Así que el aeropuerto... amor a
primera vista, ¿Eh? Suena como el destino.
Contiene el aliento. —Syd, no era…
—No importa, he cambiado de opinión. No quiero saber. —Me
levanto y cepillo la arena de las piernas.
290

Lautner se incorpora sobre sus pies y levanta a Ocean. —Vamos a


mojar estos lindos cerditos en el agua.
Página
La lleva al borde del agua y la toma entre sus brazos, balancea su
pequeño cuerpo como un péndulo. Cada vez sus pies arrastran a través
del agua ella chilla de placer. Agarro mi cámara y comienzo a hacer
clic. En un mundo perfecto yo no vería a Emma caminando por la orilla del
mar, o sentiría la necesidad de verificar con Dane. Dejo a mi mente vagar,
solo durante un momento, a lo que podría haber sido si hubiera vuelto acá
después de la cirugía de mi padre en vez de haber ido a París.
La ilusión de ese ensueño desaparece tan rápido como llegó. Emma
establece su tabla y toma a Ocean de Lautner. Ella gira a alrededor
dando círculos y la emoción en la cara de Ocean. Rompe. Mi. Corazón.
Dejo de tomar fotos. La familia feliz que veo a través de mi lente
desencadena celos y miedo, una combinación letal. Alejándome, coloco
mi cámara de nuevo en su bolsa y agarrar mi teléfono.
—Hola, cariño. ¿Cómo va? —contesta Dane.
Suelto una respiración temblorosa. —Bien. ¿Cómo está el Schnauzer?
—Rodney está bien. Era una desagradable espina, pero se la quite.
¿Todavía iremos a la parrillada?
Miro hacia atrás y los veo a los tres sentados en la arena. Cerrando
los ojos, respiro una nueva bocanada de aire. Esto es por Ocean... Esto es
por Ocean...
—Probablemente, pero aún no lo he comprobado. Te enviaré un
mensaje de texto en un momento.
—Está bien... ¿Sydney?
—¿Sí?
—¿Cómo lo llevas?
Puede que nunca ame a Dane de la manera en que él me ama,
pero ahora ocupa un lugar bastante alto.
—Estoy muriendo.
—Lo siento, ojalá estuviera allí.
—También me gustaría.
—Puedes hacerlo. Eres la mujer más fuerte que he conocido.
—Gracias.
—Hablaremos pronto. —Él desconecta la llamada.
291

—¡Mami! —grita Ocean, corriendo hacia mí, sus pequeñas piernas


trabajando arduamente para escapar del agarre de la arena—.
Página

Flor…yo…flor.
—Espero que no te importe, Lautner dijo que habló contigo acerca
de Ocean siendo nuestra niña de las flores —dijo Emma con arrugas de
aprensión en la nariz—. Necesitaré que le tomen medidas para un vestido,
como ayer, quizás podamos hacerlo mañana por la mañana.
Lautner entrecierra los ojos y gesticula—: Lo siento. —Sabe
malditamente bien que no dije si a esto.
—Sí, seguro, lo que sea. —Me doy vuelta y agarro algunas toallitas de
mano y unas uvas para Ocean—. Uh… Dane quería que los invitara a
cenar esta noche. Va a hacer parrillada.
—Oh eso suena divertido. No está sirviendo carne roja o de cerdo, ¿o
sí? —pregunta Emma mientras se acomoda el top.
—No lo sé, probablemente pescado o algo así. —Me alegro de que
mis lentes oscuros escondan mis exagerados ojos en blanco.
—Nos encantaría, gracias —dice Lautner, hurgando en su
refrigerador.
—Entonces, ¿es una gran boda la que tienes?
Lautner se sienta en su toalla y Emma se deja caer entre sus piernas.
—Solo unos quinientos —dice.
Afortunadamente, la uva que acabo de reventar en mi boca no ha
salido de mis dientes o me asfixiaría. ¿Solo quinientas?
—Después nos vamos a Bali por diez días de… —ríe y se inclina hacia
atrás, besando su cuello—… ya sabes.
—Si… bueno, deberíamos regresar. Dane podría necesitar mi ayuda.
—Meto nuestras cosas en nuestras bolsas y sacudo la arena de Ocean. La
daga visual que Emma acaba de lanzarme hace que lloren mis ojos y
sangre mi corazón.
Por el rabillo del ojo, veo a Lautner levantándose. Me está mirando,
pero me niego a mirarlo.
—Vamos a conseguir tus juguetes, cariño. —Sostengo su mano y la
acerco hacia la pila de juguetes de arena.
Lautner se acuclilla junto a mí y ayuda a vaciar la arena y a ponerlos
en la bolsa de malla. —Lo siento —susurra.
No puedo hablar. Si intento hablar, voy a llorar. Y estoy segura como
el infierno que no voy a llorar enfrente de Lautner y Emma.
292

—Sidney… —su voz es suave.


Sacudo la cabeza y aprieto los dientes. Poniéndome de pie, levanto
Página

a Ocean. Lautner toma las bolsas de mi hombro y lo dejo porque siento


que voy a derrumbarme. Me toma todo lo que tengo abrazar a Ocean en
mi cuerpo y llevarla al auto.
—Adentro, cariño. —La sujeto y sacudo la arena de mis pies antes de
entrar. Lautner carga todo mientras Emma coloca su toalla sobre el asiento
delantero.
—Espero que tengamos tiempo de ducharnos antes de la cena. —
Emma ríe mientras saca la arena debajo de sus uñas perfectamente
cuidadas.
Hemos estado en el camino por cinco minutos y Ocean esta fuera.
Emma está jugando con su teléfono y yo estoy desplomada con la cabeza
descansado contra la ventana. Las lágrimas caen por mis mejillas, una a la
vez y las limpio antes de que hagan un sendero debajo de mis lentes
oscuros. Dios, ¿por qué esto duele tanto?
Lautner se aclara la garganta. Me está mirando en el espejo.
Después me doy cuenta de que su mano izquierda se estira hacia atrás
entre su asiento y la puerta. Está sosteniendo un pañuelo. Trago saliva y lo
alcanzo. Mis dedos rozan su palma mientras lo tomo y cierra su mano
alrededor de ellos. Apoyo la cabeza en la parte posterior de su asiento,
todavía sosteniendo su mano, mis dedos se enroscan alrededor de los
suyos. He extrañado tanto su toque. Emma continúa jugando con su
teléfono, completamente ajena a todo y a todos los demás.
—Cariño, mi papá quiere que vayamos a almorzar el domingo antes
de irnos. ¿Qué piensas?
Me siento, tomando el pañuelo de Lautner. Mueve su mano de
regreso hacia el volante. —Estamos en la ciudad para pasar tiempo con
Ocean, no es que no quiera ver a tu papá…
—Tal vez podamos llevar a Ocean con nosotros. Estoy segura de que
a mi papá le encantaría conocerla. —Emma me mira—. ¿Estaría bien para
ti?
Siento que Lautner me observa. —Umm… no lo sé. ¿Podemos ver
cómo va mañana?
—Claro. —Vuelve a mirar hacia adelante—. Le diré que tal vez.
El resto del viaje es bastante tranquilo. Lautner se estaciona en la
entrada y me quito el cinturón de seguridad antes de que se detenga por
completo. Meto el pañuelo arrugado en mi bolso y desabrocho el arnés de
Ocean.
293

Lautner abre mi puerta. —Déjame cargarla. Tú agarra tus bolsas.


Página

Me giro y dudo por un momento después asiento y salgo. Emma se


queda en la camioneta mientras Lautner lleva a una Ocean aún dormida
a la casa. Parece tan pequeña en sus fuertes brazos. Recuerdo sentirme
pequeña en esos mismos brazos protectores.
—Hola —susurra Dane abriendo la puerta.
Lautner asiente y le doy una sonrisa triste. La frente de Dane se
arruga, Me conoce demasiado bien. Lautner me sigue por las escaleras y
hacia el dormitorio de Ocean. La acuesta en su cama y presiona los labios
contra su frente. Respiro profundamente. No hay nada que necesite más
que un baño caliente y una copa de vino.
Lautner se da vuelta y se acerca a mí. —Gracias… por el día de hoy.
Ella es más… de lo que podría haber soñado.
Asiento y me quita los lentes de sol del rostro. Mis ojos se sienten
hinchados, estoy segura de que también están rojos.
—¿Por qué? —susurra, pasando el dorso de su mano por mi mejilla.
Me encojo de hombros y aparto la mirada, mordiendo mi tembloroso
labio inferior y tragando.
—Es solo… es… nada. —Lo miro con una sonrisa tensa—. Solo ha sido
una larga semana, han pasado muchas cosas. Estoy un poco abrumada,
eso es todo.
—Emma no debería haber…
—¿Todo está bien? —la voz tranquila de Dane suena en la puerta.
Me alejo un paso de Lautner y doy vuelta. —Bien. Voy a tomar un
baño. —Miro hacia atrás—. ¿Nos vemos en un par de horas?
Asiente y comparte mi patética sonrisa débil.
***
Ocean se despierta mientras estoy en la bañera. —Mami —llama
con voz atontada.
—Aquí, cariño.
Frotándose los ojos, sonríe. Es una sonrisa familiar, la que dice que
quiere estar en la bañera conmigo.
—Ven aquí. —Extiendo la mano y la ayudo a desvestirse—. Ve al
retrete, después puedes entrar conmigo.
—Baño… patito—se ríe.
Pasamos por esta rutina varias veces a la semana. Le pido a Dane
294

que la mantenga ocupada mientras tomo un baño relajante. Él se distrae y


ella se escabulle y me da una sonrisa que no puedo rechazar. Entonces
Página

tengo que drenar la mitad del agua y agregar agua fría porque me gustan
los baños calientes. En unos cuantos minutos me estoy congelando y salgo
de la bañera rodeada de todos sus juguetes. En un buen día lo logro sin
resbalar sobre un juguete y cayendo de regreso a la bañera, enviado una
marea de agua al piso y evitando que la cabeza de Mr. Ducky quede
atrapada en mi trasero por unos pocos centímetros.
Ocean juega hasta que desaparecen todas las burbujas jabonosas y
se ve la arena en el fondo de la bañera. La ayudo a vestirse y seco su
cabello antes de enviarla abajo con Dane. Mirándome en el espejo,
admiro el bonito color que el sol agrego a mis mejillas hoy. Mis ojos, sin
embargo, todavía están un poco rojos. Después de rociarles algunas gotas,
aplico un poco de delineador, mascara de pestañas, y brillo de labios.
—Sidney, están aquí —llama Dane.
Me apresuro a secarme el cabello después me pongo unos vaqueros
oscuros y una blusa blanca sin mangas. Echando un último vistazo en el
espejo, libero un gran suspiro. —Ronda dos de tortura para Sidney. Ding.
Ding. Ding.
—Hola. —Saludo a Lautner y a Emma mientras abro la puerta de
atrás.
Están sentados en la terraza bebiendo cerveza y vino mientras
observan a Ocean perseguir a tres perros.
—Un mundo pequeño, cariño. El papá de Emma, o los gatos de su
papá son pacientes míos. —Sonríe Dane y da vuelta a las hamburguesas
en la parrilla. Por suerte para Emma son hamburguesas de pavo.
—Sí, no tenía idea de que tu esposo, o el que pronto será tu marido
es el infame Dr. Abbott, o el susurrador de gatos, como lo llama mi papá.
—Emma está sentada en el regazo de Lautner jugueteando con sus uñas a
lo largo de su nuca.
—Dane está dotado de todo —murmuro y sonrío.
—¡Mamá! —El grito espeluznante de Ocean envía mi cuerpo a la
acción.
Corro hacia ella. Ella ha caído en las rocas y se raspó la rodilla.
—Shh... está bien, cariño. —La acuné en mis brazos y la llevé a la
casa.
—Déjame poner esto en un plato y te conseguiré el botiquín de
primeros auxilios —dice Dane.
295

—Está bien. Lo conseguiré —le digo mientras Lautner me abre la


puerta.
Página
Ocean llora en mi pecho mientras la llevo arriba con Lautner justo
detrás de nosotros.
—Shh... es solo un arañazo, bebé. —Le aseguro, colocándola en el
tocador del baño.
—¿Puedo ver? —pregunta Lautner.
Ella asiente entre sollozos estrangulados.
Agarro el pequeño botiquín de primeros auxilios. Lautner limpia el
raspado y le pone ungüento. Le entrego una curita. Él lo mira.
—Vuelvo enseguida —dice.
Abrazándome con Ocean, esperamos.
—Aquí vamos. ¿Mira lo que encontré en mi auto? —Él sostiene una
curita de Winnie the Pooh.
—Pooh. —Ocean se ríe y las lágrimas desaparecen mágicamente.
—Ahí, mucho mejor. —Se inclina y coloca un beso sobre la tirita.
Hasta este momento él era doctor, pero ese beso fue todo papá.
Él la levanta y ella sale corriendo de la habitación y baja las
escaleras como si nada hubiera pasado.
Arrojo los envoltorios a la basura y me apoyo contra el tocador con
las manos a cada lado. —Lo siento por lo de antes. No estoy segura de por
qué estaba tan emocionada.
Él empuja sus manos en sus bolsillos de jean. —Emma no debería
haber dicho lo que dijo sobre... Bali. Sé que no lo dijo para molestarte, pero
todavía no debería haberlo dicho.
Me río y giro los ojos. —Por Dios, Lautner, va a ser tu esposa. No tengo
la menor ilusión de que no vas a tener... o hacer... eso en tu luna de miel.
¡Santo cielo! No puedo creer que tengamos esta conversación, y no
puedo creer que haya dicho eso en lugar de sexo. ¿Qué tengo yo?
¿Doce?
Él se encoge de hombros. —Solo digo que si te molestaran sus
palabras... lo entendería.
—¿Entender qué?
Pasándose las manos por el pelo, sacude la cabeza. —Nada. —Se
da vuelta y se dirige hacia la puerta.
296

—No, no nada. ¿Qué ibas a decir? —Cruzo los brazos sobre mi


pecho.
Página
Lautner se da vuelta y cierra la puerta detrás de él. Antes de que
pueda parpadear, él está sobre mí con sus manos presionadas contra el
mostrador a cada lado de mí. —Iba a decir que entendía si la idea de que
yo estuviera con alguien más te molesta. —Su voz es profunda y exigente.
Me recuesto más para evitar que nuestras caras se toquen.
—Porque a pesar de que no debería hacerlo, ¡me enloquece pensar
en las manos de Dane sobre ti!
Está sin aliento, pero no lo estoy porque estoy sosteniendo el mío. No
hay más espacio para que pueda recostarme, pero continúa
acercándose más. Siento su excitación contra mi estómago. Sus ojos están
en mis labios y su boca casi toca la mía.
—¿Vienes, Sydney? La cena está lista. —La voz alta de Dane sube las
escaleras.
Lautner se pone de pie, pero yo no me muevo. Nos miramos el uno al
otro por un momento, luego me levanto y salgo por la puerta.
—¿Qué estabas haciendo? —pregunta Dane, mientras me da una
cerveza y un plato de comida.
Lautner está solo unos segundos detrás de mí.
—Uh... Lautner solo me estaba dando algunos consejos de primeros
auxilios para lesiones futuras. Vendas de mariposa, limpiar adecuadamente
las heridas... ya sabes, ese tipo de cosas.
Chupando el aire de mis pulmones. Endureciendo mis pezones.
Empapando mis bragas.
—Bueno, la señorita Ocean está fascinada con su tirita de Winnie the
Pooh —dice Emma, poniéndose de puntillas para darle un rápido beso a
Lautner.
Me siento al lado de Ocean y Lautner se sienta al otro lado de ella.
Cuando corté su comida, me arriesgué a echarle un vistazo. Sus ojos son
calientes, azules, como una antorcha que me abrasa.
—¿Qué hay en la agenda para mañana? —pregunta Dane, sentado
frente a mí.
—Estamos llevando a Ocean para que se adapte a su vestido.
¿Sydney te dijo que va a ser la florista en nuestra boda el próximo mes? —El
entusiasmo de Emma es probablemente contagioso para la mayoría de las
personas, pero me da ganas de vomitar.
297

Dane me mira. Sonrío alrededor de mi bocado de comida.


Página
—Creo que será mejor que veamos esa fecha en el calendario. No
nos gustaría elegir el mismo día para nuestra boda. Eso sería un conflicto
real —dice Dane.
No estoy segura de si es sarcasmo en la voz de Dane o un educado
recordatorio para mí de que todavía no estamos casados, pero debería
ser así. Aunque nunca lo terminamos, hemos tenido nuestra boda; No me
siento con ganas de rehacerla. Demasiado dinero ya se ha desperdiciado,
incluyendo mi vestido y el de Ocean. En este punto, un juez de paz se
siente apropiado.
Limpiándome la boca con una servilleta, trago y aclaro mi garganta.
—Estoy segura de que podemos trabajar en su fin de semana.
—Entonces, ¿dónde está teniendo lugar su boda? —pregunta Dane.
—San Francisco en Bently Reserve. Por supuesto, debido al espacio
limitado para la ceremonia, solo trescientos cincuenta de los quinientos
invitados serán invitados tanto a la ceremonia como a la recepción —dice
Emma.
—¿Quinientos? —Dane se atraganta.
Le sonrío y le doy una patada debajo de la mesa.
—La nueva esposa de mi padre proviene de una gran familia
adinerada, luego, por supuesto, están todos los amigos y colegas de mi
papá. Con todos los médicos va a ser como una convención médica. —
Emma se ríe y Lautner niega con la cabeza con una sonrisa vacilante.
—Hecho —dice Ocean.
—¿Quieres un poco más de fresas? —pregunto.
Ella niega con la cabeza.
—Está bien. —La limpio y la ayudo a salir de su asiento elevador.
—¡Columpio! —grita, corriendo hacia el columpio pequeño que
Dane colgó del gran roble.
Pongo los ojos en blanco. —¿Por qué no juegas un rato mientras
terminamos de comer? —La llamo.
Lautner retrocede en su silla, limpiándose la boca. —Tengo esto.
Le brindo una débil sonrisa y un solo asentimiento.
—Entonces, ¿a dónde irán en su luna de miel? —pregunta Dane a
Emma.
298

Esa es mi señal para irme. Cojo algunos juguetes de recolección del


Página

cubo de goma en el otro lado de la plataforma y silbo a los perros. Los tres
vienen corriendo. Los arrojo tan rápido como los recuperan. Cada vez que
miro a Lautner y a Ocean, él le sonríe, pero sus ojos encuentran
rápidamente los míos, como si sintiera mi mirada. Estamos a unos quince
metros de distancia, pero cuando sus iris azules están sobre mí, lo siento tan
cerca como cuando estábamos en el baño.
El cuarto de baño. Dios, ¿qué pasó allí? ¿Cómo es que hace menos
de una semana estaba en medio de mis votos matrimoniales con Dane —y
Lautner se casará en un mes— pero cuando estoy cerca de él, los tres años
que pasamos separados parecen desaparecer? Esto es un desastre.

299
Página
26
El lunes no puede venir lo suficientemente rápido. Necesito alguna
seria ayuda psiquiátrica.
Lautner y Emma se fueron pronto después de la cena y Ocean
estaba dormida para las nueve. Dane, sin embargo, estaba sintiéndose
juguetón como un gato. Parte de mí se preguntaba si él había estado junto
a uno y había atrapado algún virus felino como Peter Parker y la mordida
de araña. Continuaba restregándose contra mí mientras estaba lavando
los platos, y frotó con la nariz mi cuello y lo lamió. Si lengua se sentía seca…
como la de un gato. No bromeo. Cuando tarareaba satisfecho, sonaba
como un ronroneo. Entonces casi me desmayé cuando miré y lo vi
lamiendo la parte superior de su mano. Pensé “¡Mierda! Se está limpiando.”
Pero luego me di cuenta de que había algo de glaseado en su mano de
limpiar los restos de cupcake de Ocean.
Lo estoy perdiendo. Lautner está de regreso en mi vida de la peor
manera imaginable. No puedo sacarlo de mi cabeza. Después de que
Dane salió de su escalofriante fase felina, se convirtió en un perro en la
cama. Más lamidas, pero no lamidas sexys. Era del tipo de lamidas que
hacen a uno sentir la necesidad de lavarse. La situación se sentía como
una del Dr. Brown y Swarley. Dane debía haberse hidratado antes de ir a la
cama porque su lengua seca de gato se volvió resbaladiza, varita
lubricante babosa. Sus manos eran papel de lija arrastrándose en mi piel
con cada toque suyo. La erección moderada pero no del tamaño de
Lautner en sus calzoncillos estaba restregándose en la piel cruda de mi
muslo mientras él follaba mi pierna y acariciaba mis pechos. Incluso mis
pezones estaban aterrorizados mientras se revertían como tortugas
escondiéndose. Me recosté allí y me ablandé como un cadáver hasta que
Dane me preguntó si algo andaba mal. La respuesta que juré que nunca
usaría en la cama salió automáticamente como una desesperada súplica.
300

—Tengo dolor de cabeza.


Sorbiendo mi té mientras espero que Dane regrese de correr y
Página

Ocean despierte, estoy viendo las cosas de manera diferente. Dane usó los
mismos movimientos en mí anoche como desde la primera vez que tuvimos
sexo. Lautner estaba jodiendo mi cabeza. Incluso trato de imaginar a
Lautner teniendo sexo con Emma, esperando que revuelva algo de ira y
me haga desear más a Dane, como la vez que los vi en el parque. Nada
funcionó.
—Buen día, cariño. ¿Cómo está tu cabeza? —pregunta Dane con
voz alegre, quitando la correa de Swarley.
—Mucho mejor, gracias. —Sonrió.
—¿Cuándo es la prueba del vestido, la toma de medidas, lo que sea
que pase?
Me encojo de hombros. —No estoy segura. Aún no he recibido la
llamada.
—¿Es una cosa de chicas o iremos todos?
—No sé eso tampoco. —Sorbo mi té—. Emma quiere llevar a Ocean,
solo a Ocean, con ella y Lautner con su padre para almorzar mañana.
¿Qué te parece?
Dane termina de tragar su agua luego limpia su boca con el reverso
de su mano. —Conozco al Dr. Kane. Es un buen tipo. Depende de ti, pero
no me preocuparía demasiado, a menos que no confíes en Lautner.
—No es un problema de confianza. Ocean es joven y no quiero que
esté asustada.
—Realmente es la niña de mamá, pero creo que le hará bien. Quizás
eso es una buena idea para dejarla ir un par de horas antes de que
decidan que pase su fin de semana con ellos en L.A.
Levanto la cabeza rápidamente. —¿Por qué dices eso? ¿Dijeron
algo?
Dane tira su botella de plástico en el contenedor ecológico. —
Mientras jugabas con los perros y Lautner estaba columpiando a Ocean,
Emma mencionó la posibilidad de que Ocean se quedara con ellos el
próximo fin de semana. Cree que deberían pasar tanto tiempo juntos
como sea posible antes de la boda para que cuando vuelvan de su luna
de miel no sea como empezar de nuevo con ella.
Mi cabeza está gritando “sobre mi cadáver” pero no suelto prenda a
Dane. —Un día a la vez. Aún no puedo prometer nada.
***
301
Página

Recibió una llamada de Lautner poco antes de las diez en punto.


Dane encuentra una pobre excusa para no venir con nosotros, algo sobre
una fuga en la espita del patio trasero. Por lo que para no parecer
antisocial, sugiere cenar de nuevo esta noche en un restaurante Italiano
cercano al campus.
El camino hacia la tienda de novias en San Francisco es tranquilo.
Emma domina la conversación, hablando sobre sus nuevas cuentas y
mucha charla de boda.
—¡Mags! —repica Emma mientras entramos en la lujosa tienda.
Una mujer alta y delgada, probablemente en sus cuarentas, con el
cabello rubio largo hasta la barbilla abraza a Emma.
—Quiero que conozcas a Ocean. —Emma toma su mano y de mala
gana la dejo ir—. Es la hija de Lautner.
Mags la mira y sonríe tanto como su infusión de botox le permite.
—Bueno, no eres un verdadero adorno con botones. —Golpetea la
nariz de Ocean con la punta de su uña acrílica—. Vamos, tomemos tus
medidas y cojamos el vestido perfecto para ti.
Comienzo a seguirlas y se vuelve. —Ella estará bien, si quieres esperar
afuera.
¡De ninguna maldita manera!
Ocean está sonriendo, sus ojos brillan. Es toda una niña, a diferencia
de su madre y los vestidos de encaje y tul que nos rodean la convierten en
modo princesa. A decir verdad, no me importaba ayudar a Lautner y
Emma con su boda, pero ser apartada de mi hija me molestaba.
—Hay una cafetería cruzando la calle. Tómate tu tiempo y
encuéntranos cuando hayas terminado. —Lautner intenta hacer las paces
antes de que mi ira se desate.
Miro una vez más a Ocean y me inclino para darle un beso. —Te
amo. Voy a estar justo cruzando la calle. Bien.
Ella asiente y sigue a Emma a la parte trasera de la tienda.
Me vuelvo y miro a Lautner, incapaz de ocultar el ceño fruncido en
mi rostro.
Él abre la puerta y señala para que salga.
—Estará bien —murmura mientras cruzamos la calle.
Me giro tan pronto alcanzamos el lado opuesto de la calle. —¡No! No
me digas eso a mí. La conoces por dos malditos segundos. Sé que no
302

puedes entenderlo aún, pero más lejos estoy de ella más difícil es respirar.
Así que no te atrevas a intentar y hacerme sentir como si mi preocupación
Página

por ella es de alguna forma exagerada. ¿Entiendes?


Levanta sus manos. —Entiendo.
Paso delante de él y sostiene la puerta de la cafetería abierta. —¿Y
de quien es culpa de que no conozca a mi hija por solo dos malditos
segundos? —dice en mi oído con una voz baja y áspera mientras entro.
—Pregúntale a Claire, ¿o te tuviste que cortar todos los lazos con ella
cuando te decidiste por la monogamia con Emma? —digo con los dientes
apretados mientras forman una falsa sonrisa para la camarera en el
mostrador.
—¿Qué puedo traerte? —le devuelve la sonrisa.
—Té verde pequeño, por favor. —Pongo un billete de diez dólares en
el mostrador—. Y lo que él quiera. —No espero a que Lautner ordene o mi
cambio, antes de irme y encontrar un asiento cerca de la ventana.
Trae nuestras bebidas y lanza mis diez hacia mí. Pongo los ojos en
blanco.
—¿Cuál es tu problema con Claire? —pregunta con un filo de enojo
en su voz mientras quita la tapa de su café.
Me rio. —¿Quieres decir además del hecho de que no esperaste un
mes después de que me fui antes de que empezaras a follarla otra vez?
Entrecierra los ojos. —¿De qué demonios estás hablando?
—Te lo dije. Claire… en tu puerta… —levanto las cejas, esperando
que mis palabras despierten algún reconocimiento en su cerebro—… en
una toalla.
Sacude la cabeza y no puedo creer que esté actuando como si no
recordara.
—23 de julio de 2011, nueve en punto de la noche. Acababa de
bajarme del avión después de un vuelo de doce horas desde Paris,
embarazada y con tantas jodidas náuseas. El taxi me llevó directo a
apartamento.
Sigue pareciendo confundido.
Suspiro y continúo. —Tu camioneta estaba ahí… así que tú estabas
ahí. Me tomó todo lo que tenía llamar a tu puerta, entonces… ella abrió, su
cuerpo desnudo y húmedo envuelto en una de tus toallas de baño. Dijo
que era demasiado tarde. —Miro fuera de la ventana hacia los autos que
pasan. Todavía puedo sentir el dolor de ese día.
303

—Jesus, Sidney… yo… yo no dormí con ella.


Odio que después de todo este tiempo no pueda ser honesto
Página

conmigo.
—No estaba ahí…
Mi cabeza gira rápidamente. —¡Tu auto estaba ahí!
—¡Pero yo no!—Su voz se intensifica y los dos miramos alrededor para
ver si la gente nos observa—. Claire tuvo algunos problemas de fontanería
en su apartamento y no podían ir hasta el día siguiente a arreglarlo. Así
que le dije que podía ducharse en mi casa ¡mientras salía a correr! —Su voz
no es tan alta, pero su tono sigue firme.
Niego con la cabeza. No tiene sentido o tal vez si lo tiene. ¿Quería
ella que pensara que algo estaba pasando? ¿O salté a esa conclusión por
mi cuenta?
—¿Qué dijo después de eso? —pregunta.
—¿Después de que? —susurro, mi mente todavía tambaleando.
—Después de “que era demasiado tarde”.
No puedo parar de sacudir la cabeza. —No… no lo sé. Estaba tan
enferma y salí corriendo del edificio y vomité una y otra vez. Después yo…
Dios, me derrumbé en el piso y lloré. No podía parar, no podía parar de
llorar. Sentí que estaba… muriendo.
Los codos de Lautner descansan sobre la mesa, su frente presionada
contra sus palmas, con la voz temblando. —Lo siento mucho, no sabía que
tu… —Levanta la cabeza. Sus iris azules llenos de lágrimas me golpean
fuerte—… ¿Regresaste?
Creo que es una pregunta pero lo dice con tanta incredulidad que
no estoy segura.
—Regrese —susurro.
—¡Mami! —grita Ocean mientras la puerta de la cafetería suena al
abrirse. Salta sobre mi regazo y me abraza fuerte. Lautner se aclara la
garganta y limpia sus ojos.
—Cariño, parece que has estado llorando. —Emma lo delata.
Se aclara la garganta de nuevo. —El café se fue por la tubería
incorrecta.
Abraza su brazo y se inclina para besarlo. —Pobrecito.
Él se aparta primero. —Así que, ¿a dónde vamos ahora?
—¡Al zoológico! —grita Ocean lo suficientemente fuerte para que
todos lo escuchen.
304

Todos reímos.
Página
—Alguien ha estado poniendo ideas en tu cabeza —le digo mientras
acaricio su suave cuello.
Emma levanta las palmas. —Culpable.
—El zoológico será —declara Lautner, levantándose.
***

—Podría alquilar un cochecito —anuncio mientras salimos del


vehículo—. Si hubiera sabido que íbamos a terminar aquí, habría traído el
suyo.
—Tonterías. —Lautner balancea a Ocean y la deja caer sobre sus
anchos hombros.
Ella suelta su característico chillido feliz. No puedo ocultar la sonrisa
que cruza mi rostro. Verlos juntos es, al menos en parte, un sueño hecho
realidad. Siguiéndolos a la entrada, la realidad me golpea en el rostro otra
vez. Emma envuelve su brazo detrás de Lautner y desliza su mano en su
bolsillo trasero. Somos cuatro así que no debería de haber una quinta
rueda8, pero así es como lo siento.
—¿Qué quieres ver primero? —le pregunta Lautner a Ocean mientras
atravesamos las puertas.
—¡Zoológico! —Vitorea, agarrándose las orejas como manijas.
—Está bien, yo escogeré. —Ríe Lautner, sosteniendo sus pies.
Dos horas después ya hemos visto todas las muestras principales. No
ha habido mucha conversación de adulto. Todo ha sido acerca de
Ocean. Bien por mí. Compramos algunos bocadillos y nos dirigimos al área
de juego.
Lautner me sorprende cuando saca un paquete de toallitas de su
bolsillo y procede a limpiar las manos de Ocean antes de comer su pretzel
suave.
Levanta la vista ante mi mirada aturdida. —¿Qué?
—Nada. —Sonrío y aparto la mirada.
Ocean toma tres bocados rápidos antes de salir corriendo a jugar
con otros niños.
—Dane se siente mal —miento—, por perderse la salida de hoy.
Sugirió cenar en algún lugar italiano cerca del campus esta noche.
305
Página

8
Ser la quinta rueda es alguien que está de más.
Lautner mira a Emma. Se encoge de hombros y asiente con la
cabeza.
—Suena genial. —Me devuelve la sonrisa.
—¿Has pensado en el almuerzo de mañana? —pregunta Emma.
Mantengo mis ojos en Ocean, está en su tercer viaje por el tobogán.
—Si ella está bien con ir, entonces también estoy bien.
—¡Genial! Le avisaré a mi papá. —Emma agarra su teléfono de su
bolso.
El pie de Lautner golpea el mío por debajo de la mesa. Me doy
vuelta.
—Gracias —susurra.
Asiento pero no puedo encontrar una sonrisa. No tiene idea de lo
difícil que será para mí observar a los tres salir de nuestra entrada mañana.
***

—Solía venir aquí todo el tiempo. —Lautner anuncia mientras


estamos sentados en el restaurante italiano que Dane escogió—. Tienen el
mejor pollo toscano a la parrilla.
—Pata —aplaude Ocean mientras Dane la levanta del asiento.
—Sí, pasta para ti, cariño. —Le entrego unos crayones y una página
para colorear.
La camarera nos trae nuestras bebidas y toma nuestro pedido.
Lautner traza las manos de Ocean sobre el papel y ella se ríe como si le
estuviera haciendo cosquillas. Las pequeñas conversaciones sobre nuestro
día en el zoológico llenan el incómodo espacio de tiempo hasta que llega
nuestra comida.
—¡Pata! —Aclama Ocean.
—Shh... sí, pasta. —Me río mientras le corto los espaguetis.
—¿Te gusta la pasta? —Le sonríe Lautner.
Ella asiente con entusiasmo. —Yo como pata. —Recoge algunas
cucharadas y se las mete en la boca. Varios pedazos están pegados a su
barbilla.
—Perdiste un poco. —Lautner se inclina y presiona sus labios contra
306

su barbilla, chupando las piezas perdidas.


Página
Ella se ríe y siento que me estoy enamorando de Lautner una vez
más, pero esta vez es de Papi Lautner. Solo ha pasado una semana, pero
veo la adoración en sus ojos... y en los de ella también.
—¿Volverás a L.A. después del brunch mañana? —pregunta Dane.
—Sí, tengo algunos cuadros para pasar antes del lunes —responde
Lautner entre bocados.
—¿Querías hablar con ellos sobre el próximo fin de semana? —Emma
mira a Lautner con las cejas levantadas.
Se da palmadas en la boca con la servilleta y traga saliva. Antes de
que él pueda decir algo, Emma continúa.
—Dado que todo parece ir muy bien y... bueno, adoramos a Ocean,
así que nos preguntamos si podría quedarse con nosotros el próximo fin de
semana. Ya sabes, mantén el vínculo. Quiero decir, si no te sientes cómoda
hasta que nuestros abogados obtengan todo por escrito, estamos
completamente por debajo de…
—Whoa... —Niego con la cabeza—. ¿De qué estás hablando? —Mi
corazón está en mi garganta, la sangre corre por mis venas.
—Nada... no es lo que tú… —Lautner comienza a hablar.
Empujando mi silla hacia atrás para pararme, se cae de mi
movimiento brusco. —No... No... —Niego con la cabeza en desafío—. Lo
prometiste... —Miro a Lautner y tiro mi servilleta sobre la mesa antes de
irrumpir en el restaurante.
Mi mundo se está deshaciendo. Él me mintió, me hizo confiar en él.
Ahora voy a tener que luchar para mantener a Ocean fuera de una
batalla de custodia. Dios, no puedo respirar. Al salir del restaurante, lucho
por respirar. Un respiro entrecortado a la vez, tropiezo en la acera y me
meto en un callejón. Volví a caer contra el costado del edificio, me deslicé
y tiré de mi cabello. —No... —Lloro. Algo está mal. No puedo respirar. Así
debe de ser como se siente un ataque de pánico.
—Syd... —La voz de Lautner me sobresalta. Él está encorvado frente
a mí.
—No... —Grito, arremetiéndome contra él, golpeándolo y
golpeándolo—. Lo prometiste… —Lloro—. ¡Te odio!
Él agarra mis brazos y los sostiene contra mi pecho, presionándome
contra la pared. —¡Ella-ella-ella es mía! —Trato de aspirar aire, pero siento
307

que no puedo, como si no hubiera aire para absorber.


—Shh... Cálmate, Syd. —Su voz es suave y constante, pero no lo creo.
Página

Sé que me está engañando para conseguir lo que quiere.


—No puedo respirar…
—Disminuye la velocidad. Toma una respiración lenta, Sydney. Siente
tu cuerpo. Comienza con los dedos de tus pies. ¿Puedes mover los dedos
de tus pies?
—¡Vete! —Intento empujarlo hacia atrás—. Ella-es-mi-mía.
—Disminuye la velocidad, bebé. No te la quitaré.
—No me llames así.
Su boca está en la mía. Es difícil y exigente. Peleo contra él. Lucho
por el aire. Luego los siento, mis dedos de los pies, mis piernas, mis dedos,
mis brazos. Finalmente, aspiro aire por la nariz y mis pulmones lo aceptan.
Nuestras lenguas se reúnen; ha sido demasiado tiempo. Él me está
devolviendo la vida y no quiero que se detenga. Mientras sus manos se
relajan alrededor de mis brazos, deslizo mis palmas hacia sus mejillas.
Lo odio.
Me encanta.
Lo necesito.
Lo quiero.
Luego ralentiza sus movimientos y me suelta.
Veo el arrepentimiento instantáneo en sus ojos tensos y me doy
cuenta... No puedo tenerlo. Él ya no es mío.
—No te estoy quitando Ocean. ¿De acuerdo? —Susurra, pasando
sus pulgares sobre mis mejillas manchadas de lágrimas.
—¿Por qué dijo Emma…?
Él niega con la cabeza y cierra los ojos brevemente. —Estaba
enfadado. Esa noche, cuando salí del hospital después de enterarme,
respiré y dije cosas que no debería haber hecho. Emma pensó que
debería conseguir un abogado dadas las circunstancias, y esa noche yo
también. —Traga saliva y veo el dolorido arrugamiento de su frente—. Pero
las cosas son diferentes ahora. Veo la forma en que te mira y te necesita.
Sin abogados. Lo solucionaremos, ¿está bien?
—¿Por qué me besaste? —Le susurro.
Retrocede y deja caer su cabeza mientras desliza sus manos en sus
bolsillos delanteros. —Para calmarte. Yo-lo siento. No debería haberlo
hecho.
308

Lo rechazo. Es un dolor enfermizo, nauseabundo y horrible. Aspiro en


Página

un aliento controlado y lo libero. No hay nada más que pueda hacer, pero
agregue este incidente a la lista "101 razones por las cuales Sydney está
jodida" que llevaré a la terapia tan pronto como la tenga programada.
Empiezo a caminar hacia el restaurante, pero Lautner me agarra del brazo.
—¿Que tal mañana? ¿Puede Ocean todavía...?
Levanto mi brazo de distancia. —Sí, puedes recogerla por la
mañana. —Mi dolor se disfraza de enojo en mi voz. Lautner tiene una
postura derrotada desplomada, pero no me importa. No me importa. Solo
me lastimará más si lo hago.

309
Página
27
Tic Tac. Lautner y Emma deberían estar aquí en cualquier momento.
Ocean parece emocionada, lo que alivia mi ansiedad por su miedo, pero
aún existe la parte irracional de mi cerebro que cree que van a secuestrar
a mi bebé. Son solo las 9:30 a.m. y Dane cree que iré con él y los perros al
parque después de que Ocean se vaya. ¡Incorrecto! Saco el corcho de la
botella de Riesling en el refrigerador y entorpezco los nervios.
—Aquí están —dice Dane, mirando por la ventana.
Me levanto y me meto con el cabello de Ocean. —¿Necesitas ir al
baño una vez más antes de irte?
—No.
—Está bien, ¿estás segura de que quieres ir?
—Sí. —Ella sonríe y me rompe el corazón... un poco.
La llevamos al frente.
—¡Buenos días, mi hermosa niña! —Lautner la toma y la abraza.
No le hemos explicado la situación del padre, pero cada vez que
Lautner la ve, él le dice con su lenguaje corporal que es alguien especial
en su vida.
Los sigo hasta el auto.
—Hola, Sydney —dice Emma desde el asiento delantero.
—Hola —respondo con voz vacilante. Solo puedo imaginar lo que
piensa de mí después de la pequeña exhibición de anoche en el
restaurante.
Lautner asegura a Ocean en su asiento y da un paso atrás. Me
inclino y la beso, resentida por las lágrimas que me pican los ojos.
310

—Te amo, cariño. Nos vemos un poco más tarde, ¿está bien?
Página
—Está bien. —Ella me besa de nuevo. Cierro la puerta y me dirijo a la
casa antes de que mis estúpidas lágrimas se liberen. Lautner agarra mi
muñeca y me da la vuelta.
Enterrando su nariz en mi cabello, me susurra al oído—: Por favor, no
llores. La traeré de vuelta, ¿está bien?
Asiento una vez y continúo caminando hacia la casa. Dane ve las
lágrimas escapándose y me abraza.
—No digas nada —suplico.
—No lo haré. —Apoya su mano en la parte posterior de mi cabeza.
***

Dane frunce el ceño cuando me ve en el sofá con un gran vaso de


vino. Él besa mi mejilla y se va con los perros. Felicitaciones a él por
morderse la lengua con tanta fuerza. No se trata de estar lejos de Ocean
por unas horas. Lo he hecho muchas veces antes. Es por eso que Dane no
me entiende. No puedo decirle que mi miedo por la pérdida de Ocean
mezclado con mis sentimientos desordenados sobre Lautner me ha hecho
perder el control.
Nunca olvidaré lo roto que estaba Lautner el día que lo dejé para
regresar a Illinois. Existe la sensación de que Lautner está buscando
venganza. Soy una polilla para su llama y él me está atrayendo. Es solo
cuestión de tiempo antes de que me queme. ¿Es eso lo que él necesita?
¿Venganza? ¿Necesita ponerme de rodillas para poder sentir lo que
sentía? Él ama mucho, así que sé que él ama a Emma. ¿Preferiría morir
antes que hacerle daño? ¿Su amor por ella es un amor desgarrador que
nunca se igualará?
“In Your Eyes" suena y yo salta y agarro mi teléfono. No es una
llamada, solo un texto.
Me estás MATANDO, una triste lágrima a la vez.
Genial, tiene que ser un código para "agarrarme, patético
perdedor". Estoy segura de que él y Emma se ríen de lo chillona que soy.
Ella probablemente esté en su plan de venganza.
—Sydney, Karma, Karma, Sydney. Oh cielos, ese es probablemente
su plan maestro. Vovler a Sydney loca y luego atrapar a su bebé después
de que ella se haya comprometido. Tengo que entregártelo... —Levanto
311

mi vaso—... Estoy a mitad de camino. Ni siquiera tengo los perros aquí, así
que es oficial... Estoy hablando sola. —Sacudo la cabeza y trago el resto
Página

del vino—. Eres una perra loca, Sydney. —Mis ojos se cierran.
—Sydney... ¡Sydney!
—¿Qué? —Me sobresalto de mi sueño.
—Han vuelto. —Dane hace un gesto con la cabeza hacia la
ventana delantera.
Salto y agarro mi cabeza. —¡Uf!
—¿Demasiado temprano para el vino? —sonríe Dane, manteniendo
la puerta abierta para mí.
—Cállate. —Giro los ojos pero no puedo ocultar mi sonrisa
avergonzada mientras camino al frente.
Lautner está llevando a Ocean hacia la casa. Ella está dormida en
sus brazos.
—¿Alguna vez se queda despierta en el auto? —pregunta.
Niego con la cabeza. —Raramente.
—La llevaré. —Extiendo los brazos.
—La tengo. —Continúa hacia la casa y sube las escaleras.
Dane se queda afuera hablando con Emma.
De pie contra la pared en el pasillo de arriba, espero que él la
acueste. Él se escabulle, cerrando parcialmente la puerta.
—Ella lo hizo genial. El padre de Emma se enamoró de ella.
Me encojo de hombros. —Por supuesto que lo hizo. Ella es alucinante.
—Ella es como tú. —Susurra.
—Detente.
Él entrecierra los ojos, inclinando la cabeza hacia un lado. —
¿Detener qué?
—Todo. —Lo rozo y corro por las escaleras.
Agarrando mi copa de vino de la mesa del sofá, la llevo a la cocina.
—¿Puedes explicar el todo?
Puse mi vaso en el fregadero y me volví hacia él.
—Tocándome, besándome, siendo tan bueno con Ocean,
entregándome pañuelos cuando estoy llorando, diciéndome cuánto te
molesta pensar en las manos de Dane sobre mí, enviándome mensajes de
312

texto sobre “matarte” con mis lágrimas... solo ¡TODO! —Pasé mis manos por
mi cabello—. Lo entiendo. Estás enojado porque te dejé y esta es tu
Página

oportunidad de venganza. Es hora de hacer que Sydney pague. Bueno,


misión cumplida. Trabajo bien hecho. Soy miserable, herida, y una maldita
loca celosa y delirante. Así que deja de intentar que vuelva a amarte solo
para huir con alguien más.
Él tira la cabeza hacia atrás. —¿Amarme otra vez? ¿Otra vez? —Él se
da vuelta y niega con la cabeza—. Tienes que amar a alguien una vez
para amarlos otra vez.
—¿Qué se supone que significa eso? —Lo sigo mientras camina
hacia la puerta principal.
Él agarra la perilla pero no me mira. —¿Por qué iba a pensar que
alguna vez me has amado?
—¿Por qué no lo harías? —Arrugué mi rostro en confusión.
—Porque nunca lo dijiste. —Abre la puerta y sale, cerrándola detrás
de él.

313
Página
28
Me despierto con un terrible dolor de cabeza al terminar el resto del
Riesling después de acostar a Ocean anoche.
Me sirve bien. Es hora de Con.se.guir.lo. Cavé para salir de este pozo
miserable cuando estaba embarazada de Ocean, puedo hacerlo de
nuevo. Voy a enfocarme en mi familia, comenzando por fijar una fecha
para oficializar mi matrimonio con Dane. Entonces voy a ver a un
abogado. Lautner y Emma tienen razón; tiene que haber algunos límites
establecidos. Es la única forma de tener sentido de organización y respeto
por el tiempo del otro.
Agarré mi teléfono de la cómoda, me escabullí de la habitación de
Ocean y bajé las escaleras para tomar un té que tanto necesitaba con un
poco de cafeína. Cuando enciendo mi teléfono, veo un mensaje perdido
de Lautner.
Gracias por el tiempo con Ocean. Lo siento si te guie. ¿No era mi
intención? ¿Estás por casualidad visitando a Avery durante el fin de
semana festivo? Me encantaría volver a ver a nuestra hija, pero estoy de
guardia, así que no puedo irme de la ciudad.
Calentando el agua, decido esperar para responder. Necesito estar
segura de que estoy en mi nuevo estado de ánimo. El 4 de julio se me ha
escapado y, que yo sepa, no tenemos ningún plan. Avery, por otro lado,
muy probablemente tiene algo planeado. La llamo primero, antes que a
Dane.
—Mi cliente estará aquí pronto, ¿qué pasa, hermana?
—Hola a ti también.
—Es broma. —Se ríe.
314

—¿Qué planes tienes este fin de semana?


—Vegas. ¿Cuáles son los suyos?
Página

—¿En serio? ¿Vas a Las Vegas?


—Oh, sí. Es fin de semana de chicas, lo siento, no te invitamos, pensé
que estabas haciendo lo de la familia.
—Lo que sea, no estoy pidiendo una invitación. Solo pensé en venir
de visita y traer a tu sobrina favorita.
—Ocean es mi única sobrina, pero sí, mi favorita. Iré a visitarlas el
siguiente fin de semana si puedo reprogramar a mis clientes. ¿Cómo va la
cosa de "¿quién es tu papá?”
—Loco, confuso, pero sobre todo bueno para Ocean. A ella le gusta
mucho y él está enamorado de ella. Necesitamos averiguar las horas de
visita y todo eso. Oh... y ella va a ser la florista en su boda.
—¡Guau! Nada raro sobre eso. ¿También estarás en la boda?
Buena pregunta. No había pensado en eso. ¿Puedo ver a Lautner
casarse con Emma? Lo dudo.
—Espero que no.
—Entonces, ¿cuándo es tu boda?
—Pronto. Pero no va a ser una boda rehecha. Estoy pensando en un
juez de paz.
—¿El Dr. Dane está de acuerdo con eso?
—No lo he mencionado, pero…
—Pero has tenido sus bolas envueltas en tus dedos durante años, así
que por supuesto que él estará bien con eso.
—Bien, Ave. —Pongo los ojos en blanco.
—Me tengo que ir. Dale un gran abrazo a Ocean. Te llamaré
después de mi salvaje fin de semana.
—Ten cuidado.
—Si mamá.
Por mi propia cordura, necesito entender las cosas con Ocean y
descubrir a Lautner. Este fin de semana sería una oportunidad perfecta
para discutir lo que cada uno espera, así sabremos cómo proceder
cuando nos reunamos con nuestros abogados. Sin embargo, no estoy
segura de que Dane esté demasiado emocionado por pasar otro fin de
semana con Lautner y Emma. Estoy segura de que no estoy deseando que
llegue.
315

Llamo a Dane.
—Oye cariño.
Página

—Hola, ¿estás con un paciente?


—No en este momento. ¿Por qué?
—¿Solo viendo lo que piensas acerca de ir a L.A. este fin de semana?
—No puedo ir. Caminaremos con perros de rescate en el desfile el
sábado por la mañana.
—Mierda, eso es cierto. Lo olvidé.
—Pero si no te importa ir sin mí, entonces creo que deberías ir. Avery
probablemente se muera por ver a Ocean.
—Uh... sí, estoy segura.
—Ve por eso entonces.
Me muerdo el interior de la mejilla, sintiéndome como una mierda
por no ser honesta con él. No estoy segura de cómo se sentiría si llevo a
Ocean a L.A. solo para ver a Lautner. Dane dijo que no debería salir de mi
camino, que si Lautner quiere ver a Ocean, entonces él puede llevarla a
Palo Alto. Mentirle a Dane me hace sentir que Lautner es mi pequeño y
sucio secreto. Pero tal vez después de arreglar las cosas este fin de
semana, no me sienta tan culpable.
—Pienso que iré. Gracias, Dane.
—Adiós cariño.
Le envío un mensaje de texto a Lautner.
Bajaremos el viernes por la mañana. Necesitamos hablar. Envíame tu
dirección.

316
Página
29
Solo nos detuvimos por gas. Estaremos allí en 10.
Ocean se despierta de su siesta y necesita ir a orinar, como… ¡ahora!
Por lo que cargo gas al auto mientras estamos aquí. No podemos
registrarnos en nuestro hotel hasta después de las tres treinta, por lo que
vamos donde Lautner primero. Traigo una linda carga de culpa conmigo
en este viaje. Avery no está en L.A. pero no sabe que yo sí lo estoy. Dane
cree que estoy visitando a Avery, pero no lo estoy. Lautner piensa que me
quedo donde Avery, pero en realidad nos quedaremos en un hotel a
varios kilómetros de la casa de Lautner. Oh, la red que estoy tejiendo.
Serpenteamos nuestro camino en las colinas hasta que alcanzamos
su casa. ¡Vaya! Es una casa gris de dos pisos ubicada en un apartado oasis
urbano con una plataforma que parece envolverse alrededor de toda la
casa. Freno en el empinado camino, asegurándome de poner mi freno de
emergencia.
—Llegamos, dulzura.
Lautner sale por una puerta de entrada Francesa doble con una
sonrisa de un millón de dólares. ¡Ugh! Ya está poniéndomelo difícil. No
puedo evitar mirarlo en sus shorts cargo y ajustada camiseta gris. Abre la
puerta trasera.
—¡Eh, ahí está mi chica! —Él la desabrocha y ella se aferra a él con
una sonrisa entusiasta.
Caminamos hacia la casa.
—¿Dónde está Dane?
—No pudo venir. Su clínica se ofreció a pasear algunos perros del
refugio en el desfile.
317

Entramos a una sala de estar panorámica con una chimenea, pisos


de piedra y paredes de ventanas.
Página
—¡Esto es asombroso! —Sigo las ventanas alrededor de la parte
trasera y estoy sonriendo con la más espectacular vista panorámica de
Hollywood, incluido el cartel en la distancia—. Debe de ser difícil
despertarse ante esta vista cada día.
Él ríe, bajando a Ocean. —No es tan malo.
Ocean corre directa a las ventanas, aplastando sus manos en ella.
—Oh, dulzura, no pongas tus manos en el vidrio limpio. —La jalo
hacia atrás.
Lautner se pone de cuclillas detrás de ella y agarra sus manos,
poniéndolas en la ventana. —Puedes poner tus pequeñas manos aquí… —
Las mueve hacia un nuevo lugar—… o aquí… —Las mueve de nuevo—… o
donde sea que quieras. Veré las adorables marcas de tus manos y nunca
querré limpiarlas de nuevo. —La besa en el cuello y ella se retuerce con
una risita.
—Tu prometida puede no estar de acuerdo, y además, le estás
enseñando malos hábitos. Por cierto, ¿dónde está Emma?
—Su madre tuvo una cirugía en su pie por lo que está en Hawaii con
ella por la semana.
Eso no es bueno… no es bueno en absoluto.
—¿Por qué no fuiste con ella? —pregunto aún asimilando la vista.
—De guardia, ¿recuerdas?
Asiento.
—¿Quieres ver atrás? —Señala con su cabeza.
—Seguro.
Tenía razón. La plataforma envuelve la casa entera con bancas
incluidas.
Escaleras de piedra dirigen a una enorme sección cuadrada de
adoquines con un rústico juego de mesa y sillas de patio. Otro juego de
escaleras de piedra lleva más adelante a un sendero de grava.
—¡Vaya… quiero decir… vaya! —Sacudo mi cabeza.
Lautner sonríe. —Me alegra que te guste.
—¿Dónde lleva el sendero?
—Se enrolla bajo la colina de una manera que trabaja su camino de
318

regreso a un lado de la casa. Ven, te mostraré.


Alza en brazos a Ocean y la lleva hacia abajo por el segundo juego
Página

de escaleras el cual es más o menos empinado.


—Ahí lo tienes. —La baja y ella se agacha para recoger una roca.
Unos pasos más adelante encuentra un palo.
—Esta es su rutina. Cuando damos paseos ella pasa el tiempo en
búsqueda de la mejor roca y palo.
—¿Qué más le gusta hacer?
Sé que está tratando de conocerla mejor, pero siento una punzada
de culpa de que se haya perdido los dos primeros años de su vida y yo
tenga que contarle sobre su propia hija.
—Ama la fruta, cualquier tipo de fruta, y los ponis amarillos. Cuando
la meto en la cama por la noche leemos ¿Adivina cuánto te amo? Y
cuando despierta por la mañana quiere acurrucarse en mi regazo por
unos buenos veinte minutos antes del desayuno. Odia las arañas pero le
intrigan las serpientes. Le he comprado varias pelotas de fútbol americano,
pero ella insiste en correr con ellas como ese otro deporte de fútbol.
Se ríe, lanzando su cabeza atrás y descansando la mano en su
estómago. —¡La adoro! Es la niña de papi.
Sacudo mi cabeza con una boba sonrisa enyesada en mi cara.
Entonces lo empujo juguetonamente. —Es la niña de mamo. Deberías verla
nadar.
Me da un codazo, dándome una mirada de reojo. —Siempre tan
competitiva.
Ruedo mis ojos. —¿Te das cuenta cuán risible es eso viniendo de ti?
—Palo. —Ocean se vuelve y se detiene, apuntando con su palo,
pero sin darle a Lautner el tiempo suficiente para detenerse.
—¡Ahh! —Se detiene con una ligera mueca en su rostro, frotando su
mano sobre su… área.
Mis ojos duplican su tamaño. —Oh, Dios mío, ¿estás bien?
Asiente mientras una sonrisa tira de sus labios. —Solo abolló mi bolsa
es todo.
Río. —Te dije que es la niña de mami.
—¡No, es la niña de papi! —La alza en brazos y la pone en sus
hombros—. ¿Deberíamos jugarle carrera a tu mami?
—¡Juega mami! —chilla Ocean.
Lautner despega con ella, y yo trato de atraparlos pero estoy en
319

chanclas y él en zapatillas, por lo que es una carrera difícilmente justa. Ya


están sentados sobre una banca, luciendo frescos y casuales para el
Página

momento en que llego a la cima de la colina.


—¿Qué te tomó tanto tiempo? —sonríe él.
—¡Mami! —saluda Ocean.
—Tramposos —murmuro, entrecerrando los ojos hacia él.
—¿Qué? Tenía un peso extra de diez kilos en mis hombros.
Niego con la cabeza y continuó entrando. —Agua, necesito agua.
Lautner nos da agua y saca algunas frutillas cortadas. Los ojos de
Ocean se abren con deleite.
—Tutillas. —Agarra una.
Tamborileo el costado de mi vaso. —La llamaste niña d.e. p.a.p.i, y sí
eres su p.a.p.i, pero ¿no crees que es confuso para ella oírte dar una
referencia de ti mismo de ese tipo?
Suspira y aprieta su mandíbula luego la relaja. —¿Ella llama o piensa
en alguien más como su p.a.p.i?
Sé a lo que se refiere por alguien y veo la posibilidad de irritarlo.
—Dane y yo no hemos estado juntos por tanto tiempo… al menos no
de ese modo, por lo cual ella lo llama Dane.
—¿Por cuánto tiempo? —Está mirándome, pero yo me enfoco en
Ocean y su boca llena de frutilla.
—El último noviembre. Vi… —me detengo a mí misma.
—¿Qué?
—Nada.
—Nada no, ¿qué viste? —Su tensa voz tiene una pizca de
exasperación en ella.
Encuentro sus ojos. —A ti —susurro.
—¿A mí? —Echa su cabeza atrás.
Trago e intento decirle que estoy hablando de alguien más… como
si estuviera contando la historia de alguien más. Una historia que no me
abrumaba.
—Llevé a Ocean al parque. En que vuelan los aviones. Ella estaba
llevando su pelota de fútbol americano rosa… —Sonrío—… como una de
fútbol.
Él sonrió también.
320

—Entonces te vi. Estabas muy lejos y me dabas la espalda, pero


sabía que eras tú. Fue la primera vez que usé la palabra papá frente a
Página

Ocean. Le pregunté si quería conocer a su papá. Algo acerca del


momento, la sincronización, se sentía como el destino. Lo que dice mucho,
ya no soy gran creyente del destino. Empezamos a caminar hacia ti
entonces…
—Viste a Emma —dice.
Asiento. —No podía salir de ahí lo suficientemente rápido. Incluso
dejamos atrás su pelota y lloró todo el camino a casa.
Yo también lo hice, pero no necesitaba saber eso.
—No lo sé. Es extraño. Nunca quise que estuviéramos juntos solo
porque estaba embarazada, pero durante mucho tiempo hubo esta parte
de mí que estaba… esperando por ti.
Me encojo de hombros, enfocando mi mirada en el letrero de
Hollywood a la distancia. —En cualquier caso, esa noche fue cuando seguí
adelante. Después de dos años y medio, dejé de aguantar y seguí
adelante… con Dane.
El cuerpo de Lautner esta rígido, completamente inmóvil. Está
mirando algo en el piso junto a él, o tal vez no está mirando nada. No
puedo decir si está confundido, enojado o solo pensando.
—Creo que es la hora de la siesta de alguien.
Ocean bosteza.
Lautner sigue sin moverse.
—Entonces… ¿te importa si la llevo arriba y la acuesto para una
siesta? —Asiente… al menos creo que lo hace. Es demasiado leve para
decirlo. No estoy segura de lo que dije que lo tiene tan aturdido, pero
decido dejarlo.
***

Hay dos dormitorios arriba. Escojo el más pequeño, suponiendo que


el más grande con la cama King-size es la suya o la de ellos. La hago ir al
baño, después nos acostamos y nos acurrucamos. La extraña reacción de
Lautner a mi historia me frustra. ¿Qué dije que fue tan impactante?
Han pasado unos diez minutos y Ocean está dormida. Puedo ir abajo
pero creo que Lautner necesita tiempo o espacio o algo. Justo cuando
decido cerrar los ojos, siento que la cama se mueve. Lautner está
acostado del otro lado de Ocean, frente a mí. Nos miramos el uno al otro
321

por un rato. Desearía saber que está pensando.


El dolor de sus ojos mezclado con el silencio que está gritando algo,
Página

es demasiado. Me levanto de la cama y voy al piso de abajo a sentarme


en la terraza. Hay una brisa ligera y cierro los ojos y me concentro en el aire
en mis pulmones y en el sonido de las hojas crujiendo en los árboles.
Escucho la puerta abrirse y luego cerrarse con un suave clic, pero no abro
los ojos.
—Se lo propuse a Emma esa noche.
Ahora soy yo la que no puede moverse o hablar.
—Por eso sé lo que viste. Tuvimos un picnic en el parque esa tarde,
después se lo propuse esa noche después de llevarla a la sinfónica.
—¿Por qué me estas contando esto? —Abro los ojos, mordiendo mis
labios temblorosos.
—¿No te preguntas que hubiera pasado si…?
—¡No! —Me levanto y apoyo las manos en la barandilla—. No lo
hago. Hay muchos ¿Qué tal si? Ha habido muchas cosas que me han
comido los últimos tres años, pero ese día no fue uno de ellos. Si te hubiera
presentado a Ocean antes de que Emma corriera a tus brazos, igual le
hubieras propuesto matrimonio. Eres un buen hombre Lautner. Nunca
comprarías un anillo de compromiso para alguien que no amaras.
Habíamos terminado y mirando hacia atrás la parte del “destino” de ese
día fue lo que hizo finalmente darme cuenta. —Me echo a reír, sacudiendo
la cabeza—. Debe ser una cosa de fotógrafo... “una imagen vale más que
mil palabras”. No fue como ver a alguna chica en una toalla de baño en
tu puerta. Ese día en el parque fue diferente. Te vi… enamorado.
Se para junto a mí y desliza su mano sobre la mía. —Lo siento.
Tomando aliento temblorosamente, retiro mi mano y limpio algunas
lágrimas perdidas. —No te disculpes por haber encontrado a alguien y
enamorarte. Te dejé. Regresé en el momento equivocado. Supuse que
estabas con Claire. Demonios, yo fui la que se embarazo en primer lugar…
probablemente me salte una maldita píldora o algo así —limpio algunas
lágrimas más—. Pero no me arrepiento de Ocean, ni por un momento. La
parte más loca es… De todas las elecciones estúpidas que hice, ella es la
única cosa que hice bien.
—Sidney…
Sorbo y me limpio los ojos. —Sé… que estás harto de mis lágrimas. Soy
tan patética. —Me dirijo a la casa y me apresuro a subir las escaleras para
ver a Ocean. Sigue dormida. Recordando que olvidé llamar a Dane
cuando llegué, empiezo a bajar las escaleras para sacar mi teléfono de mi
bolso.
322

—Oye. —Mi respiración se detiene alrededor del rellano, evitando


una colisión cercana con Lautner subiendo las escaleras.
Página
Tiene la mandíbula apretada, los labios en una firme línea, y los ojos
fijos en los míos. —No hables.
—Que…
Palmea la parte posterior de mi cabeza y aplasta nuestros labios. Su
lengua exigente se mete en mi boca. Gimo en la suya mientras su otra
mano me cubre el cuello y el pecho.
—Lautner… —protesto, girando mi cabeza a un lado.
—¡No hables! —Devora mi cuello con sus desesperados labios.
Cierro los ojos e intento formar pensamientos coherentes mientras mis
pezones se despiertan bajo su toque. Mis rodillas se debilitan. Extiende una
mano detrás de mí y nos baja de las escaleras. No puedo resistirme… él es
mi droga. Mientras sus labios reclaman los míos, mis manos encuentran su
cabello, apretando y tirando. Sus manos se deslizan por mis piernas
desnudas llevándose mi vestido de playa con ellas. Relajo las piernas,
permitiendo que su cuerpo se acople al mío. Debemos detenernos y lo sé,
pero sus manos se sienten como si estuvieran hechas para tocarme, sus
labios para besarme. ¿Cómo algo tan hermoso y perfecto puede estar
mal?
—Mami —Ocean llama desde el dormitorio.
Su voz, aunque es el sonido más dulce del mundo, es un cubo de
agua fría vertiéndose sobre nosotros. Lautner se sienta sobre sus rodillas. Me
apresuro a acomodarme el vestido y ajustar las correas. Ambos estamos sin
aliento, con los labios hinchados, sin palabras y… jodidamente estúpidos.
—Voy —grito y corro subiendo las escaleras—. Hola, dulzura. ¿Tuviste
una buena siesta? —Asiente, frotándose los ojos. Sentándome en la cama,
la levanto en mi regazo, abrazándola a mí—. Mmm, ¿quién te quiere?
—Tú me quieres —se aferra a mi cuello.
Puede que Lautner sea mi adicción, pero Ocean es mi cura para
todo. Cuando está en mis brazos mágicamente todo tiene sentido otra
vez.
—Pa.
La sostengo para ver su rostro. —¿Qué dijiste?
Sonríe. —Pa.
—Pa, ¿qué? —Arrugo la frente, sin entender de donde viene eso.
323

—Pa. —Señala hacia la puerta.


Página
Dando vuelta, veo a Lautner apoyado contra el marco de la puerta
con una sonrisa de me-gané-la-lotería. Estoy segura que en su mente lo
hizo.
Es oficial y agridulce, ya no es solo mía.
—Sí, dulzura. Ese es tu papá. —Exhalo y dejo que la realidad del
momento se hunda.
Lautner se pasea como si fuera todo y abre las persianas de
California. —Le tomó menos de dos semanas decir mi nombre. ¿Cuánto
tiempo tardó en decir el tuyo?
Pongo los ojos en blanco y la bajo. La levanta y la lanza en el aire
provocando un chillido seguido de una serie de risitas. —Acabas de robar
mi corazón. —La abraza y la besa en la mejilla.
Ambos robaron el mío hace mucho tiempo.
—Estaré abajo. Tengo que hacer una llamada rápida.
La arroja sobre la cama y le hace cosquillas. —Estaremos
estrechando lazos.
El momento es agridulce.
***

Dane no responde, así que le dejo un mensaje.


—Hola, siento no haber llamado antes. Llegamos bien y lo intentaré
más tarde.
Una deslumbrante inundación de iris azules bajan las escaleras
mientras dejo caer mi teléfono en el bolso.
—¡Mira! —Ocean sostiene una pelota de futbol del tamaño de su
torso entero.
—Cariño, eso no va a rodar muy bien cuando la patees.
—¡Ja ja! Tu mamá cree que es graciosa. —Lautner la baja y corre
hacia el sofá y se deja caer en el mientras todavía abraza a pelota.
—¡Toudown! —ríe ella.
Levanto los ojos a Lautner. —Alguien está ampliando su vocabulario
con un montón de palabras inútiles.
324

—Va a necesitar saberlo cuando la lleve a su primer juego de


Stanford este otoño. —Enciende el televisor y le pongo a Dora.
Página

—¡Dora! —Anima Ocean, volviendo al sofá.


—¿Qué deberíamos hacer para cenar antes de los fuegos
artificiales? —dice él desde la cocina.
Me uno a él y me siento en la mesa. —Tenemos que registrarnos en
nuestro hotel, quiero decir…
—¿Qué? —Él cierra la puerta de la nevera—. ¿Hotel? Pensé que te
estabas quedando con Avery.
Jugueteo con mi cabello. —Ella está en Las Vegas.
—¿Viniste a Los Ángeles solo por mí?
—No… quiero decir, más o menos. Pensé que deberíamos hablar.
—Bueno, no te vas a quedar en un hotel. De ninguna forma. Te
quedarás aquí.
Él se da la vuelta y abre la nevera de nuevo. Camino detrás de él
con mis manos en mis caderas. —No creo que sea una buena idea. —
Cogiendo un plato de vidrio, lo coloca en el mostrador y se enfrenta a mí.
—¿Por qué no?
—Bueno para empezar, por lo que pasó antes.
Una sonrisa maliciosa tira de sus labios mientras agarra una olla de
hierro y una sartén que cuelga. —No sé de qué estás hablando. —Vierte lo
que parece sopa en el recipiente de vidrio y en la olla.
—Lautner, sabes muy bien de lo que estoy hablando. La estúpida
sonrisa en tu rostro lo demuestra.
Encendiendo la estufa de gas, se encoge de hombros. —Estoy feliz
porque es la chica más hermosa del mundo, sin ánimo de ofender… —me
mira y me da un guiño—… me llamó papá hoy.
—¡Eres imposible! —Lanzo mis manos al aire—. Bien, nos quedaremos
pero estoy durmiendo con Ocean.
—Yo también —agrega.
—No… tú no.
—¿Ocean comerá sopa de pollo y tortilla o debería hacerle algo
más?
—Ella lo comerá si no es demasiado picante y si tienes aguacate
para ponerle. Y estás cambiando de tema.
Él sonríe sosteniendo un aguacate. —Perdón, ¿cuál era el tema?
325

Porque todo lo que escuché fue a Charlie Brown wah wah wah.
—Te vas a casar. —Le lanzo, esperando que me tome en serio.
Página

—Así como tú. —Él se echa hacia atrás.


La frustrante ironía de esto es que él me está dando en mi propio
juego. Está actuando como si no reconocer lo que sucedió de alguna
manera lo hace menos cierto. Ese es mi modus operandi.
—Lo que sea. —Salgo para verificar a Ocean y cancelar nuestras
reservas de hotel.
Lautner sale de la cocina mientras yo estoy hablando por teléfono y
lleva a Ocean y a jugar a fútbol. Miro por la ventana mientras ella corre
con la pelota mientras él la persigue. Por este pequeño momento, me
permití imaginar al hombre en el patio delantero, el hombre que amo, es
mío. Me imagino lo increíble que se sentiría no cargar con el dolor y la
culpa en mi corazón.
Lautner mira la ventana y hace un gesto para que salga. Saludo y
asiento.
—Piensa rápido —dice, enviando el balón por el aire a mi dirección.
Lo atrapo y pateo mis chanclas.
—¡Consigue a mami! —Le dice a Ocean y ella se acerca a mí.
Troto en la dirección opuesta, pero ella rápidamente pierde el interés
cuando ve a todas las mariposas en los arbustos del frente. Lautner sonríe y
entrecierra los ojos mientras se inclina listo para perseguirme.
—No te avergüences, nunca me atraparas.
Su sonrisa se convierte en una sonrisa completa y él corre hacia mí.
Salgo corriendo, pero él engancha su brazo alrededor de mi cintura y me
tira al suelo encima suya. La pelota cae de mis brazos. Nuestros rostros
están a centímetros de distancia y respiramos juntos. El momento es
demasiado familiar. No debería sentirme como en casa en sus brazos.
—¿Quién está avergonzada ahora? —dice con un suspiro dificultoso.
Me abalanzo sobre la pelota, pero su largo brazo la alcanza primero.
Sosteniéndola con una mano, corre en la dirección opuesta. Me pongo de
pie y lo persigo. Ocean nos ve y se une. Él la deja atraparlo y
dramáticamente cae al suelo. Ella se ríe con deleite y se sube a su gran
pecho robando la pelota y corriendo otra vez. Niego con la cabeza y
extiendo la mano. Él la agarra, dejándome fingir que tengo la fuerza para
ayudarlo a levantarse.
—Gracias —dice.
Pongo los ojos en blanco. —Lo que sea, te levantarías por tu cuenta.
326

—No. —Su voz es grave mientras asiente con la cabeza hacia


Ocean—. Por ella.
Página
Me encojo de hombros. —Estoy segura de que tendrás más hijos
algún día. —Mirándome los dedos de los pies, los estiro en la fresca hierba.
—Eso espero.
Sus ojos están fijos en mí cuando miro hacia arriba. Le sonrío
débilmente y miro a Ocean rodando por el pasto.
—¿Cuándo sabías que ella era la indicada?
—¿Quién? —pregunta.
—Emma.
Se acerca y se sienta en el escalón del porche, apoyando los brazos
sobre las rodillas. —No estoy seguro. Habían sucedido tantas cosas en mi
vida, y un día me di cuenta de que ya no me sentía solo y que ella era la
razón. Me dio esperanza cuando lo necesitaba. Para mí no fue amor al
principio, pero definitivamente fue una amistad especial. Mi corazón sintió
algo de nuevo. Me estaba ahogando y ella me llevó a la superficie. —Se
ríe—. Ella fue implacable. No importaba cuántas horas trabajaba en el
hospital, hizo todo lo posible para estar conmigo. No sé cuantas veces
manejó cuarenta minutos para pasar cinco conmigo. Trate de alejarla,
sintiéndome culpable por no tener tiempo para ella, pero no me dejó.
Surfear, partidos de fútbol, acampada… a ella le encanta todo. Mi papá
piensa que ella es la versión femenina de mí.
Sus ojos encuentran los míos. Cruzo los brazos sobre mi pecho. —
¿Estaba molesta cuando le contaste sobre Ocean?
Él sacude la cabeza. —Molesta, no. Sucedió antes de que nos
conociéramos. Decepcionada, tal vez. Ella imaginó que me daría mi
primer hijo.
—¿Y tú? —Trago saliva.
—¿Si me arrepiento de Ocean? —pregunta con una mueca.
—No Ocean, no me refiero a eso. Quiero decir, ¿es agradable tener
un hijo que sea tuyo pero no suyo?
Ocean agarra mis piernas y me mira. Sonrío y la recojo.
—Comamos. —Sonríe Lautner y se queda sin responder a mi
pregunta.
***
327

—Ehhh… ¡mira! —grita Ocean de placer ante los fuegos artificiales.


Tenemos la vista más impresionante de ellos desde el piso de Lautner.
Página
Ella se arrastra hacia adelante y hacia atrás desde mi regazo hasta
Lautner, hasta que finalmente se sienta en el banco junto a la barandilla.
Me paro detrás de ella, haciendo suaves movimientos con mis dedos a
través de su cabello.
Mi cuerpo se tensa con el toque de Lautner. Desliza su mano
alrededor de mi abdomen y me empuja hacia atrás contra su duro
cuerpo. Su otra mano me aparta el pelo hacia un lado y luego sus labios
presionan contra mi cuello.
—Lautner… —susurro.
—Shh… —respira él en mi oído.
Ocean está fascinada con los fuegos artificiales, pero todavía estoy
nerviosa de que se giré y vea a Lautner tocarme de una manera que pude
confundirla. El problema es que quiero que me toque, necesito que me
toque.
Su mano en mi abdomen se extiende hacia abajo entre mis piernas y
el material delgado de mi vestido y mis bragas no hace mucho para
calmar la sensación de su dedo del medio estimulando mi clítoris con
lentos círculos firmes.
Querido Dios… esto está muy mal pero se siente tan bien. Mis
párpados son pesados y cuando parpadeo, veo mis propios fuegos
artificiales, construyendo un glorioso estallido a la vez. Me está preparando
para mi propio final.
—Hora de dormir. —Mi voz sale entre respiraciones pesadas.
Lautner me libera.
—¡No! —Protesta Ocean.
Afortunadamente comienza el final y se vuelve loca saltando arriba y
abajo y aplaudiendo. Ella se da la vuelta para darnos una mirada rápida y
sus ojos están llenos de emoción. Es una sobrecarga sensorial completa
para ella. Puedo entenderla, gracias al Sr. Manos Mágicas.
Cuando todo lo que queda son las luces de la ciudad a una
distancia borrosa por una neblina humeante residual, la llevo adentro
mientras Lautner trae nuestras bolsas desde el auto. Ha pasado su hora
normal de acostarse, pero ella insiste en un libro. Por suerte para ella
empaqué varios.
—Le leeré a ella. —Me ofrece.
328

Dudo al principio. —Uh... está bien, iré a la ducha. Buenas noches


cariño.
Página

—Noche, mami. —Ella se abraza y me besa.


En la ducha, repito los eventos del día en mi cabeza. Estoy en una
burbuja que sin duda va a estallar en unos días. Hoy, vislumbré cómo sería
una familia con Lautner y Ocean. Cuando estoy con él y me mira de la
manera en que solía, tocándome como solía hacerlo, puedo alejar la
culpa. Sin embargo, Dane me está esperando y Emma regresará en unos
días. ¿Y qué? No soy una tramposa, nunca lo he sido, sin embargo, aquí
estoy permitiendo momentos íntimos con un hombre que está
comprometido con otra persona. Y yo debería estar casada con Dane.
¿Qué estamos haciendo?
Después de deslizarme en algunos pantalones cortos de encaje de
Victoria's Secret y un top ajustado, miro la esquina para mirar a Ocean. La
luz de la mesita de noche todavía está encendida y está metida debajo
del brazo de Lautner apoyando su manita en su amplio pecho. Él tiene una
pierna colgando del borde de la cama, y ambos están durmiendo. Paso
de puntillas por el pasillo y bajo las escaleras para agarrar mi cámara.
Regreso, contenta de que ninguno se haya movido. Hago clic después de
hacer clic, tomo numerosos disparos y luego bajo la cámara hacia abajo.
Caminando una vez más para regresar, llamo a Dane.
—Hola, recibí tu mensaje —responde.
—Bien, espero que no te esté despertando.
—No, solo viendo una película con tres perros tendidos en el sofá
conmigo.
—Hmm, ¿qué estás mirando? —pregunto mientras camino hacia la
habitación opuesta a la sala de estar. Enciendo la luz y me quita la
respiración.
—¿Sydney? —dice Dane.
—¿Oh, sí?
—¿Me has oído?
—No... ¿eh qué?
—Dije que estamos viendo a Marley y yo.
—Uh Huh.
—¿Sydney?
—¿Qué?
—Suenas distraída.
329

Me doy vuelta y Lautner está de pie en la puerta con un par de


calzoncillos azules y nada más. Mis ojos se reencuentran con cada curva y
Página

ondulación de su cuerpo.
—Solo estoy cansada. Largo día de conducción.
—¿Estás segura?
—Mmm hmm.
—Ok, cariño. Buenas noches, te amo.
—Sí... eh... tú también.
Presiono Fin.
—¿Te gustan mis fotos? —pregunta Lautner con una sonrisa.
Apartando mis ojos de su deliciosa carne, reviso las paredes de su
oficina de nuevo. Están cubiertas con las fotos que tomé de él, excepto
que no son las originales que le envié. Han sido ampliados y reformuladas.
Para un extraño parecería que está lleno de sí mismo con todas estas
impresiones en blanco y negro de varias partes de su cuerpo, pero no para
mí. Veo su obsesión con el fotógrafo, no con la musa.
—Están bien. Quiero decir, no son Damon Michaels, pero hay algo de
potencial allí.
Él se ríe. —No, definitivamente no son obras maestras de Damon
Michaels, pero le daré al artista una E por esfuerzo.
Me giro y camino hacia él. —Estoy segura de que hizo lo mejor que
pudo con el modelo de cuerpo cojo con el que tuvo que trabajar.
—Cállate.
—Oye, no me digas que…
Él lo hace de nuevo. Labios, lengua, manos... él agarra mi cuerpo y
mi mente. Dios, me encanta la forma en que me calla. Me tiemblan las
manos, están tan ansiosas por sentir su piel desnuda. Las corro por su
pecho, un músculo a la vez, y luego por su espalda de la misma manera.
La culpa y la conciencia están tocando sus ruidosos tambores en la parte
posterior de mi cabeza y cantando adulterio... trampa... asunto.
¿Por qué mi cuerpo y mi mente no pueden estar de acuerdo? Todo
está fuera de sincronización.
—Lautner... —susurro.
—Cállate —Murmura, muerde, lame y chupa cada centímetro de mi
cuello—. Odio que me haga una especie de pinchazo, pero no es
agridulce tener una niña contigo. —Él chupa mi cuello, rozando sus labios
contra mi hombro—. Es un maldito sueño hecho realidad.
330

Agarrando la parte posterior de mis piernas, me levanta y camina


Página

hacia adelante hasta que estamos en el escritorio. Él me acuesta y arroja


todo fuera del escritorio, excepto la lámpara en la esquina opuesta.
¡Santo cielo!
Solo he visto esto hecho en las películas. Lautner está demasiado
organizado para este tipo de comportamiento. Le puede llevar horas
reorganizar todo lo que acaba de robar en el piso. Me pregunto si su
mente ya está lamentando ese comportamiento precipitado. Tal vez
debería sugerir que nos detengamos y puedo ayudarlo a arreglarlo todo.
—Lautner... —Mi voz necesitada intenta ganar fuerza.
—¡No hables! —Desliza mi top por mi torso y sobre mi cabeza.
Hace una pausa, observando mis pechos expuestos. Su pecho se
levanta y sus ojos encapuchados son más de un azul humeante esta luz. Es
angustioso lo lento que mueve su mano a levantar uno de mis senos,
amasa, acaricia mi pezón.
Mi cabeza cae hacia atrás, ojos cerrados. Su otra mano sigue el
juego.
—¡Ahh! —Gimo.
—Shh...
¿Cómo me hace esto? Cada nervio en mi cuerpo tiene un
desencadenante de cabello para su toque. Moviendo su mano derecha
hacia mi esternón, me hace un gesto para que me recueste. Luego, con
ambas manos, me quita los pantalones cortos y las bragas. Los irises azules
nunca salen de los míos. Descansando mis pies sobre el borde del
escritorio, lo miro empujar hacia abajo sus boxers. Solo la vista de su gran
pene saliendo libre me envía casi a una convulsión.
Oh Dios... realmente estamos haciendo esto. Las olas de culpa
continúan creciendo y las siento extenderse sobre mi cara mientras hago
una mueca. ¿Por qué, por qué, por qué está mal? La fuerza magnética
que nos une tiene una fuerza hercúlea. Tenemos una hija juntos...
deberíamos estar juntos. Entonces, ¿por qué mi mente está envenenando
este momento?
—Lautner... —Me siento.
Él me arrastra hacia su cuerpo, se da vuelta y me golpea la espalda
contra la pared. Con una mano, me sujeta ambas muñecas por encima
de la cabeza.
—Sólo. Para. ¡De hablar! —Gruñe, empujándose dentro de mí.
Grito, sintiéndolo completamente lleno de fuerza bruta. Su boca
331

cubre la mía absorbiendo mis ruidosas súplicas. Lautner nunca ha sido tan
animalista conmigo, exigente, dominante.
Página
Siento su ira, desesperación y... dolor. Mi cuerpo se siente como si
estuviera a punto de romperse cada vez que golpea contra mí, pero no
quiero que se detenga, nunca.
Su boca se mueve hacia mi pecho, chupando mi pezón tan fuerte
que mis dientes se clavan en mi labio inferior para extraer sangre. Quiero
morir en los brazos de este hombre. Incluso si está en el infierno, no me
importa. Solo quiero estar con él. El dolor de que se trata de un momento
robado, un error imperdonable y épico me arranca lágrimas de los ojos.
Con un último empujón, él calla y gruñe arrastrando mi pezón a través de
sus dientes causándome un clímax a su alrededor.
Soltando mis muñecas, él apoya su cabeza en mi hombro. Paso los
dedos por su cabello con la misma ternura que tengo con Ocean. Él
acaba de convertirse en un macho alfa, pero todo lo que siento de él
ahora es una vulnerabilidad infantil.
¿Qué. Estamos. Haciendo?
Él levanta la cabeza.
Irises azules. Están sangrando de dolor. Él mira mis labios y pasa su
lengua por mi sangriento labio inferior, luego suavemente lo chupa en su
boca. Cierro los ojos y me derrito en su toque sensible. Sus labios suaves
rozan mis lágrimas mientras paso mi lengua por mi labio.
Con lentitud, él se desliza fuera de mí y mis pies encuentran el suelo.
Sus ojos se arrastran a lo largo de mi cuerpo y luego se pone los calzoncillos
y los pantalones. Sin explicación. Sin disculpas. Sin palabras.
Una lágrima más solitaria. Eso es todo lo que me permito. Después de
un viaje rápido al baño, me tiro en la cama junto a Ocean. Abrazándola
contra mi cuerpo, cierro los ojos y espero a que mi mundo vuelva a tener
sentido.

332
Página
30
Iris azules.
—Buenos días —susurra.
Ocean ya no está ubicada a mi lado. Ella navega hacia el otro lado
de la cama y se acurruca en el pecho desnudo de Lautner, todavía
durmiendo. No recuerdo que él entrara anoche. Después de nuestro
encuentro en su oficina, mi cuerpo estaba exhausto, así que no es
sorprendente que no lo haya escuchado.
—Buenos días. —Regreso con una sonrisa cautelosa—. Creo que le
gustas.
—Estoy en el cielo ahora mismo. —Él besa su cabeza.
Yo también, pero el mío es una ilusión.
—La naturaleza llama. —Me levanto de la cama.
Por muy tentador que sea volver a deslizarme en la cama de lirios
azules, salgo del baño y bajo las escaleras. Es una hermosa mañana y no
puedo tener suficiente de la vista. Me siento como un Dios, rodeado de
hermosas flores y una tranquilidad pacifica, mirando hacia abajo en el
resto del mundo. Desde aquí, la gran ciudad parece tan pequeña. Tal vez
eso es lo que es este fin de semana, el sabor del paraíso, una porción del
Cielo. ¿Puedo hacerle el amor a Lautner y aun así casarme con Dane?
¿Eso es incluso lo que estábamos haciendo? ¿Fue eso hacer el amor o
simplemente una liberación de emociones, un adiós lento?
—¿Té?
Girándome hacia la izquierda, Lautner me tiende una taza.
—Gracias. ¿Ocean sigue durmiendo?
333

—Sí, ella está fuera. —Él sorbe su café—. ¿Qué deberíamos hacer
hoy? ¿Pacific Park? ¿Estudios Universales? ¿El acuario?
Página
¿Así que así es como va a ser? Como si lo de anoche nunca sucedió.
De la misma manera, el encuentro cercano en las escaleras nunca
sucedió. ¿Es así como va a ser cuando su prometida llegue a casa? ¿La
llevará arriba y le hará el amor como si no me hubiera follado contra la
pared de su oficina?
—Deberíamos hablar.
Suspira y camina hacia la barandilla de espaldas a mí. —Tienes
razón, deberíamos. Yo iré primero.
Uh... está bien...
—¿Alguna vez me ibas a decir que tenía una hija?
¡Whoa! Veo que hemos vuelto a esto. ¿No pensó en preguntarme
esto antes?
—Creo que sí.
Él se da vuelta, apoyándose contra la barandilla. —¿Crees que sí?
¿Qué se supone que significa eso?
—Significa que no sé. Significa que desde que me golpeé las tres
veces fui a decírtelo, pensé que sería mejor esperar hasta que fuera mayor.
—Espera... ¿tres veces? Trataste de decirme dos veces. —Frunce el
ceño, entrecerrando los ojos.
Miro hacia abajo a mi taza, negando con la cabeza. —Tres veces.
Poco después de mi primera cita con el médico fui a tu apartamento. —
Me río—. Honestamente, no iba a decirte exactamente que estaba
embarazada. En el momento en que asumí que estabas con Claire. Lo
último que quería era que la dejaras para estar conmigo porque estaba
embarazada. Pero sabía que si lo hicieras, nunca admitirías que esa era la
verdadera razón. —Tomo un sorbo tranquilizante de mi té—. No quería
conformarme. Pensé que eso era lo que mi madre había hecho y no
quería que así fuera yo.
—¿Sentiste que estar conmigo sería un compromiso?
—Sí... er... no. Quería estar contigo, pero quería que también
quisieras estar conmigo, solo yo, no porque tuviera a tu bebé. Sabía que te
quería, solo que no sabía si todavía me querías.
Él pasa sus dedos por su cabello. —Así que estaba bien que
decidieras que querías estar conmigo después de descubrir que estabas
embarazada de mi bebé, pero tenía que elegirte antes de saberlo.
334

¡Oh, mierda! Él tiene un punto. Nunca pensé en eso de esa manera.


Estúpido cerebro de embarazo.
Página
Él ríe, la risa que evita que alguien se incline sobre el borde de la
locura. —¡Jesús, Sydney! Yo te elijo. Te elegí antes de que te fueras
en primer lugar. Te elegí antes de que ninguno de nosotros supiera que
estabas embarazada. TU, sin embargo, no me elegiste a mí.
—Lo habría hecho —le susurro.
Se inclina ligeramente hacia adelante, colocando su mano
ahuecada detrás de su oreja. —Disculpa, ¿qué dijiste? —Parece que no
puede sacudirse el tono sarcástico de su voz.
Mis ojos encuentran los de él. —Dije que lo haría si hubiese sabido
que todo lo que pensaba que era cierto sobre mis padres era solo una
mentira. Mi madre durmió, quedó embarazada, tuvo un aborto. No era un
bebé de luna de miel, era un niño concebido fuera del matrimonio y mi
madre me iba a abortar. Todo en lo que he pensado durante años era en
hacer algo por mí misma, así que sentí una sensación de logro y nunca
tendría que depender de un hombre como lo hizo mi madre. Sabía que
nos amaba, pero siempre pensé que ella vivía arrepentida. Pero ahora sé
que ella no lo hizo. Tenerme a Avery y a mí cambió su vida, pero en el
buen sentido. Le dimos el propósito de su vida, con nosotros dejó su huella
en este mundo más de lo que cualquier trabajo o cualquier cantidad de
éxito podría tener. —Cierro los ojos, respiro hondo y luego los abro—. Sé
que ahora no importa, pero mi corazón te eligió, mi cerebro simplemente
no me escuchó.
Su boca se abre y se cierra de nuevo cuando el dulce sonido de
Ocean suena a través de la ventana abierta de la cocina.
Salto y me dirijo al interior. —Buenos días cariño.
Ella sonríe, levantando sus brazos. La tomé y la llené de besos y
abrazos.
—¿Waffles con fruta fresca? —pregunta Lautner, mirando
únicamente a Ocean.
Sus ojos felices y brillantes y su sonrisa irresistible es la única respuesta
que necesita.
***

Pacific Park aquí vamos.


—¿Será esta su primera vez en un parque de diversiones? —pregunta
335

Lautner mientras salimos de su camino de entrada.


—Sí. La mía también.
Página
—¿Qué? ¡No puedes hablar en serio! —Los ojos de Lautner salen
disparados y su mandíbula descansa en su regazo.
—Mi madre nunca pensó que los paseos pasaban por una
inspección adecuada, y mi padre asumió que todas las personas que
trabajaban allí eran drogadictas o abusadores de niños. Pero pude montar
en un juego de la alfombra mágica en la feria estatal una vez.
—Yo… Estoy sin palabras. ¿Drogadictos y abusadores de niños? ¿No
sigue los Diez Mandamientos... no juzgarás?
Me río. —Ese no es uno de los Diez Mandamientos.
—Bueno, está en la Biblia en algún lado.
—Lucas 6:37.
—El espectáculo de hija de Predicador.
Pongo los ojos en blanco.
—Bueno, me siento honrado de ser quien las lleva a las dos a su
primer parque de diversiones.
—No lo estés. La alfombra mágica me hizo vomitar.
—Bueno, ya he tratado tu vómito antes. Puedo hacerlo otra vez.
Manteniendo mi mirada por la ventana, no puedo evitar sonreír.
Creo que fue entonces cuando supe que Lautner me amaba. Tiene que
haber sentimientos bastante fuertes para limpiar el vómito de alguien y
quedarse allí para contarles al respecto.
Encontramos nuestro lugar de estacionamiento y, efectivamente,
Ocean está dormida.
—¿Te importa si la dejamos dormir un poco? Se mantendrá de mejor
humor si le permitimos tomar una pequeña siesta.
Lautner baja las ventanas y apaga el vehículo. —Bien por mí. Ustedes
dos son mis planes para el fin de semana, así que haré lo que quieran.
Me quito los Keens y descanso mis pies en el tablero. El teléfono de
Lautner vibra en la consola.
—Hola. —Responde con una voz que dice que sabe quién es—.
También te extraño. ¿Cómo está tu madre?
Mi corazón se acelera mientras mi cuerpo se pone rígido. Es Emma...
y la extraña también. ¿La estaba extrañando la última noche cuando su
336

polla era enterrada en mí?


—Sí, estamos en Pacific Park, pero Ocean se durmió en el camino así
Página

que estamos esperando que se despierte antes de que entremos.


Siento que estoy escuchando a escondidas pero no puedo evitarlo.
¿Debería salir y darles algo de privacidad? Tal vez él debería salir.
—Bien, entonces te veré en el aeropuerto… también te amo, adiós.
¡Golpe de realidad! Golpe en el estómago. Corta mis muñecas. Bala
al corazón.
¿Son todos los hombres o solo de los que me enamoro? ¿Cómo
puede ser tan insensible? Siento como si alguien me apuñalara con una
jeringa e inyectara rabia liquida en mis venas. Mi sangre ha dejado de
hirviendo, está en modo erupción volcánica masiva.
—Emma dice “hola”.
¿Qué…demonios?
Mi cuerpo actúa por si solo ya que mi cerebro hoy tiene una línea de
espera para todos los pensamientos que necesitan una consideración
racional.
¡Bofetada!
Lo golpeo tan duro que espero que Ocean despierte solo por el
sonido. Luego está el gruñido que escapa de él y su mano cubre su mejilla.
—¡Qué demonios! —susurro al mayor decibel posible para seguir
siendo considerado un susurro.
—Emma dice “hola”. ¿De verdad? Me follaste tan duro anoche que
pensé que iba a haber un molde permanente de mi trasero en tu pared y
menos de veinticuatro horas después estas extrañándola y también
amándola justo enfrente de mí. Y entonces tienes el descaro de decir
“Emma dice hola”, ¡como si fuéramos las mejores amigas del mundo!
Ambos miramos hacia atrás. Ocean se ajusta en su asiento, pero se
acomoda en él otra vez sin despertarse.
—Lo siento. —Pasa los dedos entre su cabello.
—¿Lo sientes porque? ¿Por follarme o por amarla?
Apoya la cabeza contra la cabecera y cierra los ojos. —Por ambos…
por ninguno… no lo sé.
—Bueno no te pongas emocional. No vine hasta aquí este fin de
semana para robarte de tu novia. Estabas en lo cierto para empezar.
Debemos hablar con nuestros abogados acerca de un acuerdo legal de
custodia. Si ponemos las cosas por escrito para que ambos sepamos que
337

esperar, será más fácil para todos.


Volviendo a levantar la cabeza, se vuelve hacia mí. —¿Es por eso
Página

que estas aquí… para discutir la custodia?


Deslizando mis pies dentro de las sandalias, me rio. —Bueno, estoy
segura como el infierno que no vine aquí para que me arranquen el
corazón de mi jodido pecho… otra vez. Eso parece que es un extra. Suerte
la mía.
Abro la puerta y salgo, decidiendo que Ocean ha dormido lo
suficiente. Realmente no, pero incluso con las ventanas abiertas, el aire en
el auto es demasiado denso para respirar.
***

El viaje de regreso a la casa de Lautner es tan incómodo como las


tres horas en Pacific Park. Ocean es el foco para los dos. Hablamos con
ella pero no entre nosotros. Es amada cada minuto del día. He tomado
tantas fotos hoy que llevará horas ordenarlas todas. Estoy planteándome
en irme a casa esta noche, pero no parece justo para Ocean. Adora estar
con Lautner, incluso si no soporto estar cerca de él. Si nos quedamos será
por ella y lo agregaré a mi lista de sacrificios maternales.
—No terminaste de contarme sobre la siguiente vez que fuiste a mi
apartamento —Lautner rompe el silencio mientras conducimos por las
colinas cerca de la casa.
—No importa. —Me encojo de hombros, mirando por la ventana.
—Me importa a mí.
—¿Por qué?
Suspira. —Porque estoy tratando de entender cómo llegamos aquí, a
esta complicada situación.
—Mal momento… supongo —sacudo la cabeza. —Fue un poco
después de mi primera cita con el obstetra. No estabas en casa, pero Rose
bajo las escaleras y dijo que estabas pasando por un momento difícil
porque el cáncer de tu mamá regresó. Dijo que estabas pendiendo de un
hilo y que Claire básicamente te estaba manteniendo entero. No quería
ser la que rompiera ese hilo así que decidí esperar. Poco después de eso
terminé en el hospital. Estaba deshidratada y estresada. Fue una llamada
de atención. Supe en ese momento que tenía que poner a mi bebé
primero, así que decidí no intentar contactarte nuevamente hasta que
naciera.
Recuerdo que Lautner dijo que él y Emma se quedaron en casa de
su “papá” el pasado fin de semana. Echándole una rápida mirada de
338

soslayo, me planteo hacer la pregunta.


Página

Asiente pero no me mira ni dice nada.


—¿Tu mamá…? —no puedo terminar.
Su cabeza se vuelve bruscamente hacia la mía. —¿No lo sabes? —
pregunta con tensa confusión en su rostro.
Niego con la cabeza. —No, ¿cómo lo sabría?
Lautner se estaciona en la entrada, apaga el auto y sale. —Increíble.
Debería haberlo sabido. —Saca a Ocean de su asiento y la lleva a casa.
—¿De qué estás hablando? —Voy tras él.
Baja a Ocean y va a la cocina. Pongo su nuevo libro para colorear y
sus crayones en la mesa de café y ella es toda sonrisas, sacando los
crayones de la caja.
Lautner está dando tragos a una bebida deportiva junto al
refrigerador cuando llego a la cocina.
—¿Qué es increíble?
Termina y arroja la botella vacía a la encimera. —Mi madre murió
dos días antes de Navidad de ese año.
—Lo siento mucho —susurro.
—Yo también. —Planta sus manos en sus caderas y mira hacia
atrás—. Dane lo sabía, así que supuse que tú también.
Ahora está diciendo cosas sin sentido. ¿Cómo lo sabría Dane?
—Dane no lo sabía.
—SI, lo sabía. Lo vi la siguiente primavera en la ferretería. Ocean
habría tenido cerca de dos meses.
Mi mente se revuelve con pensamientos confusos. Esto sigue sin tener
sentido.
—Cuando le pregunté a Dane a que te referías en el hospital, dijo
que te vio en una cafetería un mes antes de que Ocean naciera. Dijo que
no le correspondía decirte que estaba embarazada y que no me lo dijo
porque estaba cuidando de mí y de Ocean.
Lautner se da vuelta. —¿En serio? Buen chico el que tienes Syd. Es un
maldito mentiroso.
Levanto la cabeza y hago un gesto con la cabeza hacia los jóvenes
oídos en la otra habitación. Suspira con arrepentimiento y luego vuelve a
salir. Lo sigo.
339

—Dane no me mentiría. —Cruzo los brazos sobre mi pecho.


—Entonces pregúntale sobre nuestra conversación en la ferretería
Página

después de que nació Ocean. Ve si te dice que le dije que estaba


completamente destrozado después de perder a las dos mujeres más
importantes de mi vida en un lapso de seis meses cada una. Le dije que
había pasado casi un año y que ni siquiera podía mirar a otra mujer
todavía porque tú me marcaste profundamente. Después le pregunté si
había tenido noticias tuyas o si Elizabeth o de Trevor habían dicho algo de
cómo te estaba yendo. —Su voz se ha intensificado. Cada palabra está
llena de dolor, pero la emoción detrás es pura rabia.
Me derrumbo sobre la banca, con los hombros caídos, y la cabeza
abajo. —¿Por qué mentiría? ―Es una pregunta para mí.
―¡Porque quería lo que debería haber sido mío! ―grita Lautner.
Frotándome las manos sobre el rostro, niego con la cabeza. ―No, no
tiene ningún sentido. Él fue quien originalmente me convenció de
decírtelo. Él es la razón por la que me presenté ese día cuando Rose
estaba ahí. No tiene ningún sentido que este de tu lado y luego mienta
sobre esto.
Lautner se ríe. —Tal vez después de que se metió en tus pantalones
su conciencia se nublo.
—¡Jódete! —Entorno los ojos hacia él—. Dane fue el que me
encontró desmayada y me llevó al hospital. No ha hecho nada más que
cuidarnos a mí y a Ocean, incluso cuando pasé años obsesionada
contigo, creyendo que por algún milagro podríamos terminar juntos.
Siempre se aseguró que tuviéramos una casa donde vivir y comida en la
mesa. Cuando tuve que volver al trabajo pasó todo su tiempo libre
haciendo de niñera o paseando a mi perro. ¡Así que no te atrevas a hacer
que parezca que el único objetivo de Dane es meterse en mis pantalones!
—Entonces, ¿por qué no me lo dijo? ¿Por qué no te dijo? “¡Oye
Sidney, me encontré con el padre de Ocean y acaba de perder a su
mamá y te extraña tanto que apenas puede concentrase en su próxima
respiración!”.
El rostro de Lautner está rojo, su pecho agitado, cada músculo de su
cuello y sus brazos están tensos. Soy yo esta vez, o quizás seamos solo
nosotros porque cuando estamos juntos es todo o nada. Acorto la
distancia entre nosotros tan rápido que no puedo recordar lo que se sentía
no estar en sus brazos dos segundos atrás. Mis labios lo reclaman y él no me
rechaza. Los sentimientos que tengo por Lautner están en segundo lugar
solo por Ocean, y desde que la he tenido y visto sus ojos en los de ella
cada día por los pasados dos años, mis sentimientos solo se han
340

intensificado.
Página
Rompiendo nuestro beso, presiono mi rostro en su cuello y lo abrazo
tan fuerte que mis músculos empiezan a doler. —¿Por qué pasó esto? No es
justo.
—Lo sé —susurra en mi cabello, sosteniéndome con fuerza.
***

La angustia y el dolor no rodea el resto de la noche es insoportable.


Decimos muy poco, compartiendo la ocasional sonrisa triste en la cena y
durante la película que rentamos para Ocean. Debería ser simple. Decirle
a Dane y Emma que no podemos vivir sin el otro y dejar comenzar la
sanación y empezar a vivir nuestras vidas juntos como una familia. Pero no
es tan simple. Mis sentimientos por Dane son complicados. Luego están los
sentimientos de Lautner por Emma. Los he visto juntos y cuando él la mira
hay amor en sus hermosos ojos azules. Nunca le pediría que me eligiera,
porque no estoy segura de que lo haría. Ya no tiene que estar conmigo
para tener una hija y lo sabe. Emma no es una aventura; sé que lo que
tienen es real.
—Voy a llevarla arriba —susurra Lautner, recogiendo a nuestra bebé
dormida del sofá mientras los créditos de la película corren en la pantalla.
Paso a través de los canales tratando de encontrar algo que quite mi
mente del dolor en mi corazón.
—Ven conmigo. —Lautner extiende su mano.
Miro a sus iris azules. Apagando la TV, tomo su mano. Me guía
escaleras arriba. Puedo ver directo a su dormitorio. Ocean está en el
medio de su cama. Girando a la izquierda, me jala en la habitación de
invitados donde dormimos anoche. Se deshace de su camisa y se sienta
en el borde de la cama, jalándome para que me pare entre sus piernas.
Presiono mis palmas en sus mejillas, rozando mis pulgares bajo sus
ojos. —¿No quieres que Emma descubra que estuve en su cama? —Mi voz
es suave y triste. Muerdo mis labios juntos y parpadeo para apartar las
lágrimas. Mis propias emociones celosas me están destrozando.
Sus suaves dedos cubren mi mano izquierda y presiona sus labios a
un lado de mi cintura. —No es por ella. Es por ti… siempre es por ti, Sydney.
Inspiro temblorosamente y contengo el aliento, luego libero con mis
lágrimas.
341

Roza sus pulgares sobre mis mejillas, atrapando mis agudas


emociones una a la vez. Cierro mis ojos y sus labios tocan los míos con
Página

ternura. Anoche tomó, hoy está dando.


Mantiene sus labios en un baile lento con los míos, sus dedos trabajan
pacientemente los botones de mi camisa antes de empujarla sobre mis
hombros, soltándola en el suelo. Desabrocho mi sostén y se une a la
camisa. Mis brazos se envuelven alrededor de su cuello y los suyos
alrededor de mi cintura mientras caemos en la cama. Nuestras lenguas se
deslizan juntas, saboreándose, provocándose. Sus manos sobrevuelan
sobre mi espalda y se enredan en mi cabello.
—Eres una maldita Diosa. —Sus labios se mueven abajo por mi cuello
mientras me voltea de espaldas.
La apreciación carnal de su voz me vuelve loca. Arqueo mi espalda,
gimo mientras su boca cubre mi pecho. Mis dedos se curvan en su cabello,
mi pelvis se sacude contra él. Continúa bajando por mi cuerpo,
deteniéndose se pone de pie para desabrochar mi short, luego se para a
quitarlo junto a mis bragas. Adoro, me encanta, amo la forma en que mira
mi cuerpo desnudo. Sus ojos hacen una lenta lectura de cada centímetro.
Humedece sus labios, como un hambriento predador listo para atacar.
¿Cómo hace eso? Puedo sentir sus ojos en mí físicamente. Esto nunca
desaparecerá. Lo que teneos es más duradero que el tiempo y más
profundo que a eternidad. Incluso si pasamos el resto de nuestras vidas en
los brazos de otro, tengo que creer que vamos a estar juntos de nuevo…
en algún lugar, algún día.
Comienzo a retorcerme, pero él no se mueve. ¿Está teniendo
segundos pensamientos? Dios, espero que no. Estoy a mitad de esto. ¡Tiene
que tocarme… pronto! Quizás está esperando que le ruegue. ¿Estoy así de
desesperada?
Sí.
Deslizo mis manos bajo mi cabello, lo disperso sobre mi cabeza.
Eso está bien… ven a tomar a tu Diosa. ¡Tócame, demonios!
Muevo mis manos a mis pechos, rodando mis pezones entre mis
dedos.
¡Santa mierda! Eso se siente bien. Nunca me había tocado a mí
misma así. ¡Soy buena!
Su boca se abre y su aliento sale junto. Mis ojos están en los suyos,
pero los suyos están en mis manos. Se está acercando.
—Lautner… —digo en un necesitado gemido.
Sus ojos destellan en los míos y sonríe. Arrogante de mierda cree que
342

esto es un juego. He pasado de las lágrimas a tocarme a mí misma en


cuestión de minutos. Ese el efecto que tiene en mí.
Página

¡Al diablo! He llegado hasta aquí.


Deslizo dos dedos en mi boca y hago un lento y controlado círculo
con mi lengua en ellos, los ojos en él todo el tiempo. Luego los arrastro por
mi cuello, entre mis pechos y más abajo… todo el camino. Deslizándolos
entre mis piernas los froto sobre mi clítoris. Su sonrisa se va, sus ojos caen, sus
manos desabrochan el botón y bajan el cierre de sus shorts.
¡Dios mío! Soy realmente buena.
¿Quién sabe? Todos estos años no me toqué a mí misma porque mis
padres me decían que la masturbación causa ceguera. Siempre he
mirado sentenciosamente la gente ciega preguntándome si se sentían
avergonzados.
Si no se apresuraba, no iba a necesitarlo. —Oh, Dios —gimo cerrando
mis ojos.
Los abro mientras siento que gatea entre mis piernas. Agarra mi
mano y detiene mis movimientos. Con sus ojos en los míos, oscuros y
hambrientos, chipa mis dos dedos.
—Sydney Ann Montgomery, eres bastante tentadora. —Sonríe, sube
besando mi estómago, deteniéndose para darle a mis pechos atención
por igual.
—Lautner… no puedo esperar.
Arrastra su lengua por mi cuello y chupa el lóbulo de mi oído. —Lo sé,
nena —susurra él, hundiéndose en mí.
—Oh, Dios… —gimo, tirando mis rodillas hacia atrás para dejar que
se sumerja más profundo en mí.
Hace una pausa entonces moviéndose lentamente fuera antes de
regresar con un ritmo igualmente lento. Ya no tengo prisa. En este
momento, estoy rogando que nos quedemos congelados en el tiempo. No
quiero olvidar nunca esta sensación. Él me complementa física y
emocionalmente.
—No te detengas… —Y al igual que mis emociones se agitan y el
momento trae de regreso las lágrimas—… No. Te detengas. Nunca.
—Sydney… dilo. —Respira, mirando a mis ojos con algo de…
¿Desesperación?
—¿No lo sientes? —Me besa, dejando que su lengua se hunda en mi
boca al mismo ritmo que su pelvis.
Cerrando mis ojos, trato de controlar la sensación construyéndose
343

que está al borde de explotar. Su ritmo repunta y su respiración es errática.


—Dilo… por favor, nena, dilo.
Página

¿Decir qué?
No puedo pensar. ¿Qué quiere que diga? Las estrellas están viniendo
y es una increíblemente lenta liberación. Lanzando mi cabeza de lado a
lado grito—: Por favor no te detengas… esa sensación… es tan… buena.
Uno, dos, tres empujes más y aún se está vaciando dentro mío
entonces colapsa en mí.
Apenas puedo respirar debajo del peso de su fuerte cuerpo, pero no
digo nada. Estoy acostumbrada a la aplastante sensación en mi pecho y
alrededor de mi corazón cuando estamos juntos.
Mis dedos trazan los músculos de su espalda y giro mi cabeza y lo
beso al costado. Se vuelve y me mira por un momento antes de besarme.
Es paciente, suave, y… perfecto.
Se da la vuelta, saliendo de mí, y reprimo el doloroso suspiro de sentir
el espacio vacío que deja dentro de mí. Jalándome en su pecho,
descanso mi oído contra su esternón y me duermo profundamente ante el
reconfortante latido de su corazón, un corazón que acostumbraba a
pensar que latía solo por y para mí.
—Te amo… siempre a ti. —Sus palabras son suaves, apenas un
susurro. No estoy segura si quiere que las oiga.

344
Página
31
Algunos rayos de luz matutina se cuelan a través de los pequeños
huecos en las persianas. Hay un cuerpo cálido presionado contra el mío,
no aquel contra el que me dormí; este es un cuerpo pequeño y su cabello
desordenado está en mi cara. Inhalo su aroma. Estábamos solas. Lautner
no está aquí. Todavía estoy desnuda debajo de las sábanas. No queriendo
jugar veinte preguntas con mí hija de dos años sobre por qué no llevo
puestos mis pantalones, me levanto de la cama y me pongo una camiseta
y pantalones cortos.
Escucho algo de ruido en la cocina mientras camino de puntillas
escaleras abajo. Al doblar la esquina me congelo.
¡Oh, mierda!
—Buenos días. Espero no haberte despertado corriendo el molinillo
de café. —Emma arrugó la nariz.
Hago lo mejor que puedo para esconder mi ciervo en la mirada
ligera, pero estoy sorprendida e insegura de qué decir. Ahora está
bastante claro por qué puso a Ocean en la cama conmigo. ¿Cuándo
llegó a casa? ¿Dónde está él?
—¿Café? —pregunta, buscando en el armario otra taza.
—Uh... no, estoy bien, gracias. —Arreglo mi cabello, sabiendo que
debo parecer una bruja esta mañana.
—No eres una persona de café, ¿eh? Es mi supervivencia,
especialmente después de mi largo vuelo. Se suponía que debía volar a
casa mañana, pero cancelaron el vuelo, así que mis opciones fueron un
último vuelo anoche o uno hasta el martes. Afortunadamente, Lautner
recibió el mensaje que le dejé antes de subir al avión. Lo regañé por no
responder su teléfono cuando llamé, especialmente porque está de
345

guardia este fin de semana. Dijo que Ocean estaba jugando con eso y
que tardó un poco en encontrarlo después de que ella se durmiera.
Página

Oh, lo hizo, ¿verdad?


La dejo hablar todo el tiempo porque ella conoce la historia, yo no.
Un aviso de Lautner hubiera sido agradable.
—¿Dónde está él? —pregunto, pensando que es una pregunta
segura.
—En el camino de regreso desde el aeropuerto a primera hora de la
mañana lo llamaron para trabajar, por lo que me dejó y se dirigió
directamente al hospital. Me envió un mensaje de texto hace unos minutos
y me dijo que volverá a casa pronto. —Toma un sorbo de su café—. Qué
pena por el lugar de tu hermana.
Mmm, tendrá que dar más detalles. Ojalá hubiera recibido un texto
con un guión para hoy. En cambio, estoy estancada haciendo
improvisación.
—Um... sí... —Asentí con la cabeza.
—Las chinches pueden ser una pesadilla. Debería hacer un mejor
trabajo revisando los colchones del hotel cuando viaje.
—Mmm, sí, ella debería.
¿Chinches? ¿Qué diablos, Lautner?
—Entonces, ¿cómo está tu madre? —Encuentro un tema que no
requiere que pase por un campo minado.
—Lo está haciendo bastante bien. Mi hermano apareció temprano
para quedarse con ella; es por eso que pude tomar el vuelo anterior. Ella
estará bien sola dentro de unos días más.
—Eso está bien. —Sonrío y camino hacia las ventanas—. Tu punto de
vista es espectacular.
—Lo es. Voy a extrañarlo cuando nos mudemos.
Me vuelvo hacia ella. —¿Te estás mudando?
—Tan pronto como encontremos el lugar correcto. Aún en L.A. por
supuesto, solo algo más amigable para los niños. Queremos formar nuestra
propia familia de inmediato y ahora la sorpresa de Ocean nos ha hecho
aún más decididos a encontrar algo tan pronto como podamos. Tal vez
cuando nuestros hijos crezcan intercambiemos en el patio grande y el
columpio para una vista como esta otra vez.
Esto es todo tan asombroso. No he sentido esta náusea desde que
estaba embarazada. ¡Pensar en Lautner y Emma formando una familia y
346

envejeciendo juntos es simplemente... fabuloso!


—Ah, por cierto, ¿mencionó Lautner la vestimenta apropiada para el
Página

próximo fin de semana?


Con una sonrisa tensa, niego con la cabeza.
—El vestido de Ocean estará listo. Solo necesita probarlo para que
puedan hacer ajustes de última hora si es necesario. —Emma pone su taza
vacía en el lavavajillas.
—Claro... um, tengo una boda que estoy fotografiando el próximo
sábado, pero estoy segura de que tu y Lautner pueden llevarla.
—Oh... tendrás una fiesta de bodas, bien por ti. ¿Viste las fotos en su
oficina de las que estaba hablando?
Sí, las miré mientras tu novio me estaba follando contra la pared
opuesta.
—Sí. Tenías razón, ese fotógrafo tiene un verdadero talento.
—Lo sé, ¿verdad? —Ella mira el reloj—. Lautner debería regresar en
cualquier momento. Voy a correr y tomar una ducha rápida si no te
importa.
—Adelante —ofrezco mi sonrisa falsa ganadora de premios.
Tan pronto como escucho el agua subir las escaleras, vuelo hasta el
dormitorio y comienzo a hacer las maletas mientras Ocean sigue
durmiendo. ¡Tenemos que largarnos de aquí lo antes posible!
Apartando un atuendo limpio para Ocean, llevo nuestras maletas a
mi Jeep justo cuando Lautner se detiene.
No voy a llorar... No voy a llorar.
—¿Necesitas ayuda? —Llama, caminando hacia la parte trasera de
mi Jeep.
—No, estoy bien por mi cuenta. —Intentar ser agradable y no
afectada me falla.
Arrojo las bolsas mientras él se sienta en el parachoques trasero.
—Lo siento.
Mirarlo no es una opción en el modo de supervivencia de Sydney. —
No lo hagas. —Comienzo a caminar hacia la casa.
—¿Sydney? —Él me llama, pero no me detengo.
Arrodillándome junto a la mesa de café, metí los libros y juguetes de
Ocean en su bolso.
—Necesitamos hablar.
347

Niego con la cabeza mientras mantengo mis manos ocupadas y mi


mirada lejos de los putas ojos de Medusa. —No hay nada que decir.
Página

—¡Hay todo para decir! —dice con voz baja y firme.


Detengo lo que estoy haciendo y lo miro. —¿Vas a decirle a Emma lo
que pasó este fin de semana?
Él arrugó su frente. —¿V-V-vas a decirle a Dane?
—Sí —inexpresiva.
—¿Lo harás? —Sus ojos son grandes.
—Sí.
—Entonces, ¿no te vas a casar? —Inclina la cabeza hacia un lado.
Me río. —¿Y tú?
Lautner se queda boquiabierto, pero no se escapan las palabras.
—Mira quién acaba de despertarse —dice Emma, bajando las
escaleras en albornoz, sosteniendo la mano de Ocean.
De pie, levanto mis brazos y ella corre hacia ellos. —Buenos días,
niña. —La abrazo—. Vamos a vestirte, nos iremos a casa pronto.
—Le traeré algo de desayunar. —Lautner se dirige a la cocina.
—No te molestes. Le recogeré algo en el camino.
Él se da vuelta frunciendo el ceño, pero no lo reconozco. En cambio,
la llevo arriba y la preparo para irme. Si solo tuviera una varita mágica,
estaríamos de regreso en Palo Alto en este momento en lugar de intentar
escapar de aquí. No sé si voy a decirle a Dane sobre mi infidelidad; fue
más una prueba. Necesitaba ver la expresión de Lautner. Mi respuesta fue
rápida y clara. Tiene miedo de decirle a Emma, lo que significa que no
quiere perderla. Esa es toda la respuesta que necesito.
—Está bien, vámonos. —Camino con Ocean por las escaleras, pero
me detengo por un momento.
—Dios, te extrañé —dice Emma. Entonces la escucho gemir. Creo
que se están besando—. Después de que se vayan, tenemos que volver a
conocernos.
—Mmm... —Tararea.
Una bola que se estrella golpea justo en mi pecho. Es la sensación
que tuve en el restaurante. No puedo respirar. Las lágrimas se hinchan en
mis ojos y. No puedo. Respirar.
—B…baja, voy a estar bien allí. —Me cuesta hablar con Ocean.
Ella no se da cuenta de mi estado. En cambio, sigue bajando las
348

escaleras. Corro al baño, sin querer golpear la puerta detrás de mí.


Sentada en el asiento del inodoro, lucho por frenar mi respiración. Hice
Página

esto. Permití que esto sucediera. Ahora estoy pagando el doloroso precio
por un fin de semana de placer. La puerta se abre, pero antes de que
pueda cerrarla o decir algo, Lautner entra y la cierra detrás de él.
—Respira, bebé... respira. Disminuye la velocidad. —Se sienta en
cuclillas frente a mí, apoyando sus manos en las mías.
Contengo la respiración y luego trato de controlar la liberación,
buscando los dedos de mis pies, pies y dedos, centrándome en un aliento
a la vez y conectándolo con el resto de mi cuerpo. Cuando empiezo a
calmarme, él limpia mis lágrimas.
—Yo no debería tener…
—¡No! No te atrevas a decirlo. Si dices que te arrepientes de lo que
pasó este fin de semana, te odiaré por siempre, así que simplemente... no
lo hagas. —Mi voz todavía es temblorosa.
Él pone sus manos en mi cara y me besa. Puse el mío en el suyo y lo
besé entre sollozos y un torrente de lágrimas.
Descanso mi frente en la suya. —La amas. —No es una pregunta.
—Te amo —susurra.
—La amas también.
Él no dice nada, pero siento su cabeza asentir contra la mía. Me voy
a ir y él le hará el amor. Él se va a casar con ella, y tendré que verlos vivir
felices para siempre porque compartimos una hija.
—Ve y pon a Ocean en el auto.
—Sydney.
—¡Solo ve!
Se para mientras yo hecho un poco de papel higiénico y me limpio
los ojos y la nariz. Agarrando mi bolso del suelo, lo busco y encuentro mis
gafas de sol.
—¡Ve!
Se va y termino de limpiar mi cara antes de ponerme mis gafas de
sol. Me miro en el espejo. —Épico, Syd. Si vas a sumergirte hasta el fondo,
podrías hacerlo en una puta bola de fuego.
Emma todavía está en bata junto a Lautner, que está hablando con
Ocean a través de la puerta trasera abierta del Jeep. Subo y me abrocho
el cinturón de seguridad.
349

—Consultaremos contigo sobre el próximo fin de semana, tengo que


secarme el pelo. —Dice Emma con un gesto de la mano, dirigiéndose a la
Página

puerta principal.
—Adiós, mi pequeña princesa. —Lautner le da a Ocean un último
beso y luego cierra la puerta. Arranco mi Jeep y trato de ponerlo en
marcha, pero no soy lo suficientemente rápida. Lautner abre mi puerta.
—Sydney.
—Cierra la puerta.
—Dilo, ¿por qué no lo dices?
¿De qué está hablando?
—¿Qué? ¿Qué? No sé a qué te refieres, cierra la puerta. Creo que
Emma está esperando volver a conocerse.
Él sacude la cabeza, aprieta la mandíbula y cierra la puerta.
***

Es un agonizante viaje de regreso a Palo Alto. ¿Qué quería que dijera


Lautner? ¿Deja a Emma, elígeme? ¿No vayas adentro y le hagas el
amor? ¿Lo siento? ¿Qué? Me está enviando al borde de la locura que
siempre estoy tambaleando con él.
—Estamos en casa, niña. —Levanté a un atontada Ocean de su
asiento.
Me sorprende que Dane no se apresure a saludarnos. La puerta del
garaje está levantada y su Lexus está aquí. Ocean entra a la casa mientras
yo tomo nuestras maletas.
—¡Oye! —Le sonrío a Dane, que está sentado en el sofá con el ceño
fruncido en la cara que se las arregla para disfrazar con una pequeña
sonrisa solo para Ocean.
—Hola, muñeca. —Él le da un gran abrazo, luego ella corre hacia
atrás para ver a sus perritos.
Pongo nuestras maletas por las escaleras y me siento junto a él en el
sofá. —¿Qué pasa?
Apoya los codos sobre las rodillas y se pasa los dedos por el pelo. —
¿Cómo está Avery? —El tono frío de su voz me dice que él sabe.
—Dane...
—¿Te acostaste con él? —Este es un nuevo lado de Dane. Nunca lo
había visto tan enojado. Sus puños están apretados y sus músculos de la
350

mandíbula se contraen.
—Deberíamos hablar…
Página

—¿Tú. Dormiste. Con. Él?


Mordiendo mis labios temblorosos, asentí y parpadeé para contener
las lágrimas. Él se para y toma las escaleras de dos en dos.
—¡Dane! —Lo persigo.
Se está cambiando a su equipo de ciclismo.
—¿No vamos a hablar de esto?
Tirando de su camisa sobre su cabeza, se ríe. —¿Hablar acerca de
qué? Tú me estás mintiendo. ¿Me estas engañando? No hay nada de qué
hablar.
Me pasa rozando y mis lágrimas no se pueden contener.
—¡Dane, espera!
Antes de llegar a la parte superior de las escaleras, escucho que la
puerta se cierra de golpe.
—¿Mamá? —Llama Ocean.
Limpio mi cara surcada de lágrimas, aspiro profundamente y la
sostengo por un momento antes de soltarla. Ocean no necesita estar en
medio de este desastre. Tengo que juntarlo por ella. Ella es todo lo que
importa.
—Vámonos, cariño.
Después de darle un bocadillo, saludo a los perros. Sería fácil
lamentar lo que pasó con Lautner, especialmente si pierdo a Dane y
Lautner se casa con Emma. Sin embargo, no me arrepiento, ni un
momento. Nada tan malo se ha sentido tan bien. Dañar a Dane, sin
embargo, me arrepiento. No espero que me perdone, e incluso si lo
hiciera, las cosas nunca volverían a ser lo mismo entre nosotros, porque él
nunca olvidaría y yo tampoco lo haría.
Después de dos horas, empiezo a preocuparme. El sol está
poniéndose y Dane no ha regresado todavía. Intento con su teléfono pero
va al correo de voz. Ocean quiere un baño, así que la llevo arriba y la dejo
en la bañera. Mi teléfono suena pero no reconozco el número.
—¿Hola?
—¿Sydney Montgomery?
—Sí.
—Mi nombre es Jillian, soy enfermera en el Standford Hospital. Fuiste
incluida como contacto de emergencia de Dane Abbott en la etiqueta de
351

identificación de la zapatilla de correr.


Página

¡Oh Dios, oh Dios, oh Dios!


—¿Qué pasó? Él está bien…
—Él ha sido herido en un accidente. Un auto lo golpeó en su
bicicleta…
Dejé caer el teléfono y se me paralizó a respiración de nuevo.
Ocean juega en la bañera, ajena a mi alarmado estado.
Respira lento… desacelera…
Karma, esto es el Karma. Hice esto.
—Ven aquí, bebé. —Saco a Ocean de la bañera y la seco.
Mis instintos entran en juego y salgo de la casa y al hospital.
—¿Puedo ayudarte? —La enfermera en el escritorio pregunta.
—Dane Abbott, una enfermera llamó y dijo que…
—Sí, habitación 238.
Recojo a Ocean y la cargo para que no tenga que correr para
seguir mi ritmo acelerado.
Mi estómago está anudado y mi corazón late con un dolor sordo en
mi pecho cuando entramos en la habitación. Dane está durmiendo con un
cabestrillo alrededor de su brazo y hombro izquierdo y su pierna está
elevada con un yeso desde la rodilla hasta los pies.
—Dane —susurra Ocean.
—Shh… cariño, Dane se lastimó en su bicicleta. El necesita dormir.
El alivio que me inunda es indescriptible. Imaginé todo tipo de cosas
desde que dejé caer mi teléfono antes de que la enfermera terminara de
hablar. Lesión masiva en la cabeza, lesión de la médula espinal, incluso
temí… lo peor.
—¿Eres Sydney? —pregunta una voz suave detrás de mí.
Me giro. —Sí.
—Soy Jillian. Te llamé…
—Oh Dios, sí… siento haber entrado en pánico. Mi hija estaba en la
bañera y…
—Está bien. Debería haber empezado con “él está bien”, así que es
culpa mía. ¿Eres su esposa?
Comienzo a levantar mi mano izquierda pero noto que ni anillo no
352

está allí. Es la primera vez que me doy cuenta de que no lo he usado


desde la boda. Nunca llegamos al intercambio de anillos. Sinceramente,
Página

no estoy segura de donde están nuestros anillos.


—Prometida. ¿Qué paso? —Me doy la vuelta y me acerco a la
cama, poniendo a Ocean en la silla y luego sosteniendo su mano libre.
—Los testigos dijeron que estaba cruzando una intersección cuando
un auto giró a la derecha en rojo. Tiene una conmoción cerebral, hombro
dislocado y una fractura en la tibia. Lo mantendremos despierto toda la
noche para controlar su conmoción cerebral, pero él debería poder irse a
casa mañana.
—Gracias.
Ella se va y lucho tan fuerte para contener mis lágrimas. No quiero
que Ocean piense que estoy preocupada por Dane. Aunque eso es parte
de esto, no es la razón principal de mis emociones. La culpa me está
desgarrando por dentro.
La mano de Dane se contrae mientras sus ojos luchan por abrirse.
—Hola… —Me odio a mí misma por no saber qué decir más allá de
“hola”.
—Hola —murmura él.
—Dane —dice Ocean.
La levanto y él fuerza una sonrisa para ella. —Hola muñeca.
—¿Pupa? —pregunta ella.
—Sí, pupa. Me caí de la bicicleta.
Ella se retuerce y trepa hasta la silla buscando mi bolso,
probablemente para un refrigerio.
Las lágrimas llenan mis ojos y los suyos también. Algo me dice que el
dolor emocional que está experimentando es mucho peor que el físico.
—Lo siento —le susurro, secándome una lágrima.
Él niega con la cabeza moviendo sus ojos hacia Ocean. —Ahora no.
Asiento con la cabeza. —¿Quieres que llame a tus padres?
—Los llamare mañana cuando llegue a casa.
—¿Quieres que vea si Heather, la vecina, puede llevarse a Ocean a
pasar la noche así puedo quedarme contigo?
Él cierra los ojos y niega con la cabeza. —Solo iros.
Unas cuantas lágrimas mas se derraman, y las limpió y sorbo. Está
353

enojado y herido. No puedo culparlo ni esperar que se sienta de otra


manera. El rechazo que siento por él es doloroso también, pero me
merezco eso y más.
Página

Aprieto su mano. —Está bien, volveré por la mañana para recogerte.


Él asiente una vez.
—Dale las buenas noches a Dane, cariño. Tiene que quedarse aquí
esta noche como cuando te quedaste en el hospital. Pero él estará en
casa mañana.
Él abre sus ojos para ella. —Buenas noches, muñeca.
La apoyo y ella le da un beso. —Buenas noches.

354
Página
32
Dane no quería que llamara a sus padres anoche, pero lo hice de
todos modos. Es la parte madre que tengo. No puedo imaginarme alguna
vez no preocuparme por Ocean o esperando para saber si algo le pasara,
ya sea que tenga dos o treinta y dos años. Salieron temprano por la
mañana para estar aquí a tiempo para quedarse con Ocean mientras yo
recojo a Dane del hospital.
—¿Estás segura de que no quieres que vayamos a buscarlo? —
pregunta su madre, Shirley.
—No, ya que él no quería que los llamara, no creo que mostrándose
en el hospital para recogerlo sea una buena idea. Le puedo decir en el
auto de camino a casa —agarro mi bolso y abro la puerta—. Volveré
pronto, con suerte.
—Está bien querida. Conduce con cuidado.
—Lo hare.
Llego al hospital y Dane está despierto y viendo televisión.
—Buenos días.
Me mira. Las comisuras de su boca intentan curvarse en una sonrisa,
pero puedo decir que es una lucha.
—Te traje algo de ropa. —Levanto una bolsa.
—Gracias.
No quiere mi ayuda para vestirse, pero no le toma mucho tiempo
darse cuenta de que la necesita. Después de que es dado de alta, voy por
mi Jeep mientras él espera en la entrada en una silla de ruedas con la
enfermera. Su brazo y pierna izquierda están fuera de servicio así que tiene
que usar una muleta bajo su brazo derecho. La enfermera me ayuda a
355

meterlos y nos vamos a casa.


Página

—No te enojes, pero…


—Dios, Sydney, ¿ahora qué? —Refunfuña.
—Llamé a tus padres anoche. Llegaron temprano esta mañana. Ellos
son los que se están quedando con Ocean ahora mismo.
—Genial. Lo que sea. —Gira la cabeza y mira por la ventana.
—Llamé a Kimberly también. Canceló tus citas por la siguiente
semana.
Ríe. —¿Por la semana siguiente? ¡Mírame, Sydney! Va a ser un
infierno mucho más largo de una semana antes de que pueda hacer mi
trabajo de nuevo.
Lucho contra las emociones porque merezco su ira. Pasó de
descubrir que lo había engañado a ser golpeado por un auto, y ahora no
puede hacer su trabajo. Para colmo, va a estar atrapado en casa
conmigo, dependiendo de mí, necesitándome cuando estoy segura que
nada más le gustaría más que decirme que me fuera.
Las palabras lo siento, no quise lastimarte, alguna vez me
perdonaras, están muriendo por escapar, pero sé lo genéricas y patéticas
que sonaran. Lautner intentó disculparse conmigo y me enojo más que
estuviera tratando de decirlas que si no las hubiera dicho en absoluto.
El papá de Dane, Phil, me ayudo a meterlo dentro de la casa. Shirley
estaba sobre él, colocándole almohadas detrás de la espalda y bajo su
pierna, le coloca comida, y alineando los mandos del televisor cerca de él.
Ocean se arrastra a su lado y él envuelve su brazo sano alrededor de ella.
El piensa en ella como su hija y sé que ella lo ama también. A medida que
pasa el tiempo, continúo sintiéndome peor acerca… de todo.
Después del almuerzo, llevo a Ocean arriba para que tome una
siesta. Tan pronto como se duerme, voy a mi habitación, la habitación de
Dane, y llamó a Avery.
—Hola, Sam.
—Hola, ¿estás ocupada?
—Nop, ya no tengo más clientes hasta esta noche. ¿Qué pasa
contigo y Dane? ¿Tuvieron un malentendido el pasado fin de semana?
Dejo un mensaje en mi teléfono y dijo que no estabas respondiendo los
tuyos. Le regresé la llamada y le dije que estaba en las Vegas. Se disculpó y
dijo que solo era falta de comunicación.
—Llevé a Ocean a ver a Lautner.
356

—¿El pasado fin de semana?


—Sí.
Página

—Eso fue muy amable de tu parte. ¿Dane no fue?


—No, no pudo, pero pensó que te estaba visitando así que…
—¡Oh, mierda! Lo siento, Sam. No fue mi intención. ¿Por qué no me lo
dijiste?
—No lo sé. Las cosas son un desastre ahora mismo. —Suspiro.
—¿Qué paso?
—La versión corta es que fui a L.A. para que Ocean y Lautner
pudieran pasar tiempo juntos y pudiéramos hablar sobre algún tipo de
acuerdo de visitas o custodia. Emma estaba en Hawái con su mamá y
terminamos quedándonos en su casa, pero no se lo conté a Dane.
—Bueno no puede estar demasiado enojado, no es como si tu…
Jesús, Sam, por favor dime que no lo…
—Sí, tuvimos sexo.
—¡Oh, Dios mío! ¿Eso qué significa? ¿Su prometida lo sabe?
—No.
—¿Pero Dane lo sabe?
—Sí. Me preguntó y no pude mentirle.
—¿Qué vas a hacer? —Su voz era suave y comprensiva.
—Eso es todo. La historia se pone mejor. Después de que admití lo
que había sucedido, salió con su moto. Unas horas después recibí una
llamada del hospital que había sido golpeado por un auto.
—¡Oh, Dios mío! ¿Esta…?
—Está bien. Pudo haber sido mucho peor. Tiene el hombro dislocado
y fracturada la tibia. Lo retuvieron durante la noche porque también tenía
una conmoción cerebral.
—Sam… no sé qué decir. ¿Quieres que vaya?
—Sus padres están aquí. No sé cuánto tiempo se quedarán. No
puede trabajar y no sé cuánto tiempo pasara antes de que pueda
hacerlo. Yo… lo he estropeado tanto y ¿para qué?
—Amor. Lo estropeaste por amor.
Niego con la cabeza y me apoyo en mi almohada. —No importa.
Lautner ama a Emma. Va a casarse con ella. La realidad hace que este
pasado fin de semana parezca tan egoísta y ahora viendo lo que le pasó
a Dane…
357

—Tú y Ocean deberían venir a quedarse conmigo.


Página

—¡No puedo! Ese es el problema. Los padres de Dane no se van a


quedar para siempre. No saben lo que pasa entre nosotros. Dane necesita
mi ayuda, aunque estoy segura de que no la quiere, la necesita. No puedo
dejarlo… se lo debo.
—¿Se lo has dicho a papá?
—¿Qué? ¡De ninguna manera! —Avery no sabe acerca de la
personal y reveladora charla que tuve con nuestro padre. Lo último que
quiero hacer es decirle que me he convertido en mi madre…una puta—. Y
te agradecería si tampoco le contaras nada en este momento.
—Oye, tú secreto está a salvo conmigo. Sin embargo, prométeme
que me llamaras si necesitas algo.
—Lo prometo. Gracias, Ave.
—Te quiero hermana.
—Te quiero también.
***

Permanezco arriba esperando que Ocean termine su siesta. Si bajo


sin Ocean ahí como distracción, Shirley y Phil notaran fácilmente la tensión
entre su hijo y yo. Mi teléfono vibra, es Lautner. No quiero responder, pero
no puedo evitarlo para siempre.
—¿Si? —respondo con voz sombría.
—Oye, ¿estás bien?
Sí, estoy genial. ¿Por qué no lo estaría?
—¿Qué quieres?
—Tenemos que hablar. —Sus palabras son lentas.
—¿Acerca de?
—Nosotros.
Una risa sarcástica se me escapa. —¿Nosotros? ¿De verdad? ¿Los
nosotros que no podías esperar a olvidar mientras follabas a Emma
después de que me fui? ¿Los nosotros que Dane descubrió antes de llegar
a casa? O ¿los nosotros que llevaron a Dane al hospital después de que
tomó su moto, herido y enojado? ¿A cuál nosotros te refieres?
—Cielos, Syd, ¿Está bien?
—¿Bien? Oh si, definitivamente está bien. Esta fuera del hospital, pero
358

bastante golpeado. No estamos seguros de cuánto tiempo pasará antes


de que pueda trabajar de nuevo. Oh… y no olvidemos. Estoy bastante
segura de que me odia, pero necesita mi ayuda así que estamos
Página

atrapados hasta que su pierna sane y pueda físicamente patearme el culo


a la acera. ¿Así que como van los planes de boda? —Hay una progresión
natural de la ira al sarcasmo y algunas veces va más allá de la completa
locura… esa soy yo ahora mismo.
—Sydney…
—Sydney, ¿qué? ¿Me llamaste para decirme que le contaste a
Emma? ¿Te dejó?
No dice nada.
—Eso es lo que pensaba. Así que estoy segura de la prueba del
vestido todavía continua. No hay problema. Lo que sea. Sabes dónde
estaremos.
Presiono acabar y arrojó mi teléfono sobre la cama.

359
Página
33
Los padres de Dane deciden quedarse la semana. Sigo su liderazgo
en todo. Ha decidido jugar a la pareja feliz y estoy con ello. La verdad
debe aparecer en sus términos cuando esté preparado. La ira en sus ojos
se ha desvanecido un poco, pero el dolor aún está ahí. Ocean ha sido un
buen amortiguador, y he encontrado una gran cantidad de tiempo para
escaparme desde que el rol de perro guía recayó sobre mí. No me estoy
quejando.
Una gran parte de la decisión de Shirley y Phil de quedarse es la
boda que tengo programada para fotografiar esta tarde. Lautner y Emma
deberían estar recogiendo a Ocean en cualquier momento, pero Dane
aún necesita ayuda. Mantengo el ojo cerca del camino. La última cosa
que necesitamos es a Lautner llegando a la puerta. Un encuentro cara a
cara podría ser la gota que colme el vaso para Dane.
Su 4Runner negra aparece en el camino de entrada. Tomo a Ocean
y me dirijo afuera.
—Hola, Ocean. Te extrañé. —La toma de mí y le da un abrazo dulce
y un beso en la mejilla.
El asiento del pasajero está vacío.
—¿Dónde está Emma? —pregunto mientras mira a Ocean.
—Uh… no estaba del todo lista así que decidí venir a recoger a
Ocean y luego detenerme a recogerla. —Cierra la puerta.
Cruzando mis brazos sobre mi pecho, sonrío. —Tienes miedo de que
vaya a decirle, ¿cierto?
Se encoje de hombros. —Nop. Si quieres que lo sepa, entonces
díselo. —Levanta su teléfono—. ¿Quieres que la llame?
360

¡Ugh! ¿Cuál es su punto aquí? ¿Por qué diría eso?


—No me corresponde decirle. Tú deberías decirle.
Página

Ladea la cabeza hacia un lado. —¿Quieres que le diga?


¡Jodidos juegos mentales!
—Dije que deberías decirle.
—Pregunté si tú quieres que yo le diga.
Doy la vuelta y me voy. —Dile, no le digas. No es mi problema.
***

No hay nada como fotografiar una boda para quitar de mi mente a


mi propia boda que no va a suceder o la boda de Lautner que si
sucederá. Para el final de la recepción, había llenado todas mis tarjetas de
memoria así que ahí tenía que haber algunas fotos geniales, pero hoy no
me sentía inspirada; mi lado artístico no lo sentía.
Mientras dejo la recepción, mi teléfono vibra. Es un texto de Lautner
con una dirección y un mensaje diciendo que Ocean aún está con ellos y
puedo recogerla en casa de su padre cuando haya terminado. Estoy
agotada para el momento en que llego a la casa de su padre. Ha sido un
día largo.
—Hey. —Lautner sonríe, abriendo la puerta—. Pasa.
No estoy de humor para visitas, pero ya que tiene a mi hija como
rehén no tengo opción.
—¿Recuerdas a James, mi papá? —dice mientras entramos en el
salón.
James está en un sillón reclinable y Ocean está durmiendo en su
pecho. El sonríe. —Es bueno verte de nuevo. —Besa la cabeza de Ocean—
. Gracias por darme una nieta tan hermosa. Tiene los ojos de Rebecca.
Asiento con una pequeña sonrisa, cansada pero no completamente
inafectada por sus palabras.
—Hey, Sydney. —Emma entra en la habitación—. Aquí. —Me da una
bolsa—. Fuimos de compras luego de los ajustes. Solo algo de ropa
femenina a la que no me podía negar y una nueva muñeca.
Tomo la bolsa sintiendo los ojos de Lautner en mí, pero no lo miro. —
Gracias. Bueno, es tarde y estoy cansada así que…
—Toma sus cosas, la llevaré afuera —dice Lautner, tomando a
Ocean de James.
Digo adiós con la mano a James y Emma mientras sostengo la
361

puerta del frente abierta para Lautner. —Buenas noches.


Página

La abrocha sin despertarla y cierra la puerta. Abro la parte de atrás y


pongo sus bolsas dentro, saltando por la sensación de sus manos
serpenteando alrededor de mi cintura. Miro alrededor preocupada de que
alguien esté mirando, pero estoy estacionada en el camino de entrada al
lado de la casa lejos de todas las ventanas y la línea de altos arbustos al
otro lado del camino.
Girando en sus brazos, coloco mis manos extendidas en su pecho y
susurro. —¿Por qué estás haciendo esto?
Se inclina y besa mi cuello. —Dilo —susurra.
Cierro los ojos, doblando mis dedos en su camisa. —¿Qué diga qué?
—Mi voz es débil.
Sus labios se abren camino a los míos. Su lengua se mete en mi boca.
Gimo. ¿Dónde diablos está mi amor propio? Soy una adicta; sigo viniendo
por más pensando que eventualmente no lo voy a querer… que no lo voy
a necesitar. ¿Qué si Emma o su papa salen? ¿No le importa?
Me aferro a él, deseando tanto que sea mío. —Te quiero. —Susurro
contra sus labios.
—También te quiero —susurra de vuelta, enredando sus manos en mi
cabello. Me besa de nuevo.
Envuelvo mis brazos alrededor de su cuello y devuelvo el beso con
todo lo que tengo. ¿No puede sentirlo?
Tirando de mi cabello, separa nuestras bocas y descansa su frente
en la mía. —Te amo —susurra.
Lágrimas pican en mis ojos. Esto es tortura. —Entonces no te cases
con ella —suplico.
Ahí. ¿Es eso lo que quería que dijera? Bien, lo dije. Mi voz es
desesperada, ¿qué más puedo hacer?
Toma mis manos, quitándolas de su cuello. Apretándolas con fuerza
se inclina hasta quedar a nivel con mi línea de visión. —¿Por qué?
—¿Por qué no deberías casarte con ella? —Mi rostro se contorsiona
con confusión.
Asiente.
—¡Porque me amas! ¡Ese es el por qué! —grito, más fuerte de lo que
debería.
De pie, derecho, deja caer mis manos y se aleja. No hay nada más
que pueda hacer o decir. Le pedí que no se casara con ella. Le pedí que
362

me eligiera. No queda nada más.


***
Página
Dane está dormido en el sofá. No ha dormida arriba desde su
accidente. Sus padres piensan que es por lo mucho que le toma subir las
escaleras. Sé que es porque no quiere compartir la cama conmigo.
Luego de poner a mi medio dormida bebé en la cama, tomo algo
de picar en la cocina. No he comido desde el medio día.
—¿Cómo estuvo la boda? —murmura la voz atontada de Dane.
Tomo mi plato y me siento en el borde de la mesa para café cerca
del final del sofá, donde tiene su cabeza. —Larga. —Muerdo una papa
tostada—. ¿Cómo te sientes?
—Inquieto.
Le doy una triste sonrisa. —¿Tus padres aún planean irse mañana?
—Solo mi papá. —Intenta reacomodarse él mismo hasta que está un
poco más sentado. La mueca muestra el dolor que aún está ahí cada vez
que se mueve.
—¿Por qué solo tu papá? —Tomo un poco de mi sándwich.
Sus ojos fallan en encontrar los míos. —Ella sabe que te estás
mudando.
Me detengo a medio masticar. Su mirada encuentra la mía. Con un
lento asentimiento, continúo masticando.
—Él aún se va a casar con Emma.
Dane niega con la cabeza. —No importa.
—Me preocupo por ti. —Descanso mi cabeza en la suya.
—¿Me amas?
Mi cabeza se mueve hacia atrás. —¿Por qué me preguntas eso?
—Porque nunca los has dicho.
—¿Qué quieres decir? Por supuesto que lo he dicho.
—No, yo lo he dicho y tú has dicho “yo también”.
—Es la misma cosa.
—¿Lo es? —Levanta una ceja.
Miro hacia otro lado. —¿Importa?
—A mi me importa. Si puedes mirarme a los ojos y decirme que me
363

amas, no como a un amigo o un hermano, pero como a un esposo…


como a tu amante, entonces tal vez tenemos una oportunidad.
Página

Lo miro a los ojos, pero no para decir esas palabras. —¿Por qué me
mentiste?
Mira hacia otro lado.
—No viste a Lautner antes de que Ocean naciera. Lo viste después.
Te dijo que su madre murió. Te dijo que no estaba con nadie porque aun
me amaba. Lautner estaba roto y pudiste haber dicho algo… si no por él,
por mí. ¿Por qué, Dane?
Los músculos de su mandíbula se contraen mientras sigue mirando
para otro lado.
—Te quería, entonces vi a Ocean y este lado protector mío se hizo
cargo. Pero lo hice porque te amaba. —Sus ojos encuentran los míos—.
Pude haberte mentido, pero no jodí a nadie.
—¡Me jodiste! —Mi voz se eleva y me detengo un momento para
asegurarme de que no desperté a nadie—. Me jodiste, Dane. Le robaste a
Ocean la oportunidad de tener una familia real, no una situación dividida
donde ella será repartida entre dos casas, y no en una familia real con su
madre y su padre juntos. La vida que tienes que tener. Le quitaste eso y
ahora es muy tarde. Así que, puedes estar enojado conmigo porque hice
un último esfuerzo para recuperar eso para ella y para mí, pero no
estaríamos teniendo esta conversación si tú me hubieras dicho la verdad.
Esta herido. Mis palabras estaban destinadas a herirlo. Estoy
dispuesta a tomar la responsabilidad por mis acciones, pero no lo dejaré
ponerlo todo en mí. Dane me ha dado tanto, pero también me ha quitado
tanto.

364
Página
34
Hace dos semanas empaqué mis pertenencias, mi hija y mi perro y le
dije adiós emocionalmente a Dane. Compartimos algunas lágrimas y
cuando salí de la entrada, las cosas se sintieron mejor entre nosotros. El
hecho de que Dane estuviera dispuesto a siquiera considerar llevarme de
regreso fue un verdadero testimonio de su amor por mí. Un amor que
nunca pude devolver. Mis sentimientos por él pueden no haber sido tan
fuertes, pero me preocupo demasiado por él como para quitarle la
oportunidad de ser feliz. Se merece un amor como el que tuve con
Lautner. Sé que decir adiós a Ocean fue igual de difícil. Ella ha preguntado
por él más de una vez, y sé que con el tiempo el recuerdo de él
desaparecerá de su mente, pero ella siempre estará en su corazón.
En cuanto a mi hermana... nos ha acogido temporalmente. Su
compañera de cuarto aceptó quedarse con su novio hasta que
encontramos nuestro propio lugar. A cambio, asumí el pago de su parte
del alquiler. Swarley ha sido el desafío. A Avery no se le permite tener
mascotas, así que lo hemos estado metiendo dentro y fuera del edificio.
La boda de Lautner y Emma es el próximo fin de semana. Solo me he
comunicado con él a través de textos y esos han sido sobre Ocean. Él no la
ha visto en dos semanas y sé que lo está matando, sobre todo porque no
va a poder verla mientras él está en Bali haciendo cosas con Emma.
De alguna manera le fallé. Lo vi en sus ojos esa noche en casa de su
padre. No estoy segura de si estaba buscando una disculpa, una promesa
de nunca volver a mentirle, o qué, pero mis palabras no fueron lo
suficientemente buenas. Llegué a la conclusión de que, dado que él está
celebrando la boda, debe estar con ella. No voy a aparecer y atravesar
las puertas del Hollywood con drama y suplicarle que no se case con ella
justo antes de que el ministro haga que todos se queden en paz para
365

siempre.
—Así que desde que salió Dane, ¿a quién llevarás a la boda? —
Página

pregunta Avery mientras desayunamos.


—En realidad, no voy a ir.
—¿Qué quieres decir con que no vas? —Ella me lanza una mirada
de desaprobación sobre su taza de café.
Me encojo de hombros y le doy a Ocean parte de mi tostada. —No
fui invitada.
—¿Qué? Por supuesto que estás invitada. Ocean es la niña de las
flores.
—Lo que significa que Ocean está invitada. Lautner me envió un
mensaje de texto y se supone que debo dejarla en la casa de su padre el
viernes por la tarde. Irá al ensayo, luego a la cena de ensayo, y luego
pasará la noche con ellos en casa de su padre para poder ir con las chicas
al salón por la mañana.
—¿Y estás de acuerdo con que ella pase la noche con ellos?
Extiendo la mano y aparto el cabello de Ocean de sus ojos. —No,
pero no tengo muchas opciones. Después de todo, ella lo hará en un
futuro cercano de todos modos.
—Entonces, ¿qué vas a hacer mientras todo esto sucede?
Me río. —Esa es la parte divertida. Aparentemente, la familia rica de
Emma me está hospedando en un lindo hotel e incluso presentando
algunos tratamientos de spa de lujo para mí y un amigo de mi elección.
Entonces, ¿qué dices amiga?
—Uh... diablos, iré a la pantalla de otra persona. —La sonrisa de
Avery es enorme—. ¿Crees que el servicio de habitaciones está incluido?
Sonrío. —Bueno, no les estoy dando mi número de tarjeta de crédito,
así que diría que sí. Comida, champán... lo que queramos.
—¡Cuidado mundo, las hermanas Montgomery van a ser golpeadas!
Niego con la cabeza.

366
Página
35
Estamos a pocas cuadras de la casa del padre de Lautner. Me
gustaría decir que mi ansiedad por Lautner y Emma robando a Ocean ha
disminuido, pero no ha sido así. La parte de la noche es lo que me
preocupa. Ella podría mojar la cama, tener un mal sueño y estar llorando
por mí. ¿Qué pasa si ella se enferma como lo hizo en mi boda?
—Olvídalo —dice Avery con una sonrisa en su rostro.
—¿Qué? —respondo con una rápida mirada de reojo.
—Deja de obsesionarte.
—Qué… No sé de qué estás hablando. —Mi voz salta una octava.
—Puedo escuchar los engranajes girando en tu cabeza. Estás
preocupada por dejarla y quién cortará su comida esta noche, y qué pasa
si ella no tiene una historia para dormir. Mañana podría enfermarse o
asustarse o ser robada por su padre y su nueva esposa.
—Pfft... crees que me conoces pero... eso... no... ni siquiera cerca.
—Tumbado como una alfombra, Sam... Tumbado como una
alfombra. —Se ríe cuando entramos en el camino—. ¿Quieres que vaya
contigo?
Pongo los ojos en blanco mientras abro la puerta. —Gracias por tu
preocupación, pero soy una niña grande. Puedo hacer esto.
Después de sacar a Ocean de su asiento, tiro sus dos bolsas sobre mi
hombro y la llevo hasta la puerta. Es como si la estuviera dejándola en el
campamento.
No llores... no llores.
—¡Ocean! —James responde a la puerta con tanta emoción al ver a
367

su nieta—. Sydney, me alegro de verte también.


Sonrío. —¿Dónde está Lautner? —Intento parecer casual, como si no
Página

importara y no estoy segura de por qué lo hace.


—Él y los padrinos de boda todavía están jugando al golf, pero
deberían regresar pronto. Ofrecí quedarme para estar aquí para Ocean.
Quería hacerlo, pero le dije que sería incorrecto que el novio se pierda su
propia salida de golf con los muchachos.
—Ah, vale… um...
James me da una palmada en el hombro. —Ella estará bien. La
protegeré con mi vida.
Parpadeo las lágrimas y trago duro con un movimiento de cabeza
vacilante. —Ven aquí, niña. Dame un abrazo y un beso.
Ocean me abraza y entra de buena gana en la casa.
—Entonces, ¿me llamarás después de la recepción y la recogeré
aquí?
—Apuesta por ello. Te veremos mañana. —Él va a cerrar la puerta.
—¿Y tienes mi número de teléfono celular?
—Lo tengo.
La puerta se cierra y sé que voy a recibir una ración de mierda de
Avery por mis patéticos ojos llorosos, pero ella solo puede besarme el culo.
***

—¡Santo cielo! ¿Aquí es donde nos quedaremos? —Avery se queda


sin aliento mientras nos detenemos en el servicio de aparcacoches.
—Cierra tu boca. Me estás avergonzando. —Me río, saliendo de mi
Jeep.
El aparcacoches me saluda como si acabara de llegar en un
Bentley. ¡Bonito!
El check-in es simple porque todo se ha manejado antes de tiempo.
Me pregunto si es una distracción. Mantén a la perturbada Sydney
preocupada para que no se presente en la boda y arruine todo. Mirando a
los alrededores elegantes, sonrío interiormente. Por primera vez en mi vida,
mi locura vale la pena.
—¿Ves esto? —Avery corre hacia las ventanas cuando entramos a la
habitación.
Excavo en mi bolso para inclinar al botones, pero él levanta la mano.
368

—Todo ha sido solucionado, señora.


—Gracias. —Sonrío.
Página
No es una habitación, es una suite de lujo más grande que la casa
que alquilé con Dane.
—¡Ven aquí, ahora! —Llama Avery.
Las puertas francesas se abren a un enorme balcón privado con
vistas a la bahía y parte de la ciudad. —No está mal.
—¿No está mal? De acuerdo, señorita. He viajado por el mundo,
pero para aquellos de nosotros que no, déjame decirte que esto es
increíble.
Le sonrío y le doy un ligero empujón. —Estoy bromeando. He visto
mucho del mundo, pero esto sigue siendo increíble.
Ella se da vuelta y salta dentro para ver el resto de nuestro palacio
por la noche. Reviso mi reloj.
—Tenemos que irnos. Tenemos tratamientos de spa en media hora —
la llamo.
Ella baila el vals de una de las habitaciones, farfullando en su ridícula
voz británica. —Ah, sí, ciertamente deberíamos de tener un poco de
mimos.
Pongo los ojos en blanco y abro la puerta. —¿Debemos?
Llegamos temprano y completamos los formularios necesarios
mientras nos ofrecen cualquier bebida imaginable. Avery salta a una copa
de champan, mientras yo opto por el té helado decidiendo esperar para
ahogar mis penas en alcohol hasta después de mis tratamientos.
—Así que no te arrepientes, ¿verdad? —dice mientras bebemos
nuestros tragos esperando que nos lo devuelvan.
—¿Arrepentimiento? —Inclino la cabeza.
—Este fin de semana. El amor de tu vida se está casando con otra
persona, solo digo... ¿no te arrepientes?
—Lo puse en la línea, le dije que no se casara con ella, sin embargo,
aquí estamos. No sé qué más quería que dijera.
Avery asiente y sorbe su champan.
Una joven pareja sale del spa y se detiene a mirar algunos de los
productos en los estantes junto a nosotros. Él la rodea con su brazo y la
besa. —Te amo —dice.
—Te amo —regresa.
369

Sonrío y trato de no mirar. Qué dulce, pienso para mí.


Página

***
Mañana estamos programados para masajes; esta noche tendremos
manicuras y pedicuras. Avery apuesta por el espléndido brillo rosa caliente
con purpurina. Voy por el rojo sexo en las uñas de mis pies y una manicura
francesa.
—¿Trajiste un vestido de cóctel para el elegante restaurante de
aquí? —pregunta Avery mientras nuestras uñas están debajo de los
calentadores.
—Sí, pero probablemente no es lo suficientemente lujoso.
—Tus cejas podrían usar un pequeño retoque. ¿Quieres que vea si
pueden prepararnos para una cera rápida?
Niego con la cabeza. —Mis cejas están bien. Te las adelgazas
demasiado. Debe ser una cosa de L.A.
—Bueno, me levantaré un poco entonces, no voy a dejar de lado los
tratamientos gratuitos.
Le saludo con la mano mientras salgo. —Disfrútalo, no tardes mucho
o voy a cenar sin ti.
Cuando salgo del vestíbulo del spa, pienso en la pareja que vimos
antes y en mi breve conversación con Avery.
Arrepentimientos…
Al ingresar a nuestra suite, dejé mi bolso y saqué mi teléfono.
Arrepentimiento... “Dilo...” La pareja abajo...
Toco las letras en la pantalla. —¿Qué diablos estás haciendo,
Sydney? —pregunto aún loca, todavía llevándome a mí misma.
Con una mano sostengo mi teléfono y con la otra me meto el pelo.
—¡Hazlo! —Mi pulgar roza el botón de enviar y se apaga.
Tiro mi teléfono en el sofá, tomo mi vestido y mi bolsa de maquillaje,
luego me dirijo al baño. Después de aplicar mi maquillaje, me pongo mi
vestido plateado de lentejuelas y me miro en el espejo otra vez.
—¡Oh, mierda! ¿Qué hice? —La realidad de mi texto impulsivo me
golpea. Oigo la puerta de la suite cerrarse.
—Ave... no vas a creer lo que… —Abro la puerta del baño.
¡Oh… Dios… mío!
370

Flores. Luces tenues. Música suave. Lautner.


Página

Está a unos tres metros de distancia vistiendo un traje negro y una


corbata de titanio. Nunca lo había visto disfrazado así. Él es… perfecto.
Sosteniendo su teléfono, él niega con la cabeza. —Recibí tu mensaje...
finalmente.
Mi nuevo maquillaje aplicado está en grave peligro. Hay un nudo en
mi garganta del tamaño de Saturno y me está haciendo llorar... ¡mucho!
Él da un paso más. —Entonces, así es como esto va a pasar... te voy
a sacar todas tus lágrimas porque eso es lo que mejor hago, entonces vas
a decirme estas dos palabras... —Levanta nuevamente su teléfono—...
Luego me arrodillaré y te haré una pregunta muy importante. Entonces vas
a decir que sí. Después de eso, te quitaré tu ropa y te haré gritar hasta que
el Puente Golden Gate se derrumbe, luego vamos a hacerlo lento...
apasionado... con amor... por el resto de nuestras vidas. ¿Bueno?
El sollozo más doloroso escapa ya que mis lágrimas llegan tan rápido
que apenas puedo verlo, pero logro asentir.
Él da otro paso. —Aquí está el problema. No sé cómo vivir si no te
amo. Es como pedirle a mis pulmones que se expandan sin aire, a mi
corazón latir sin sangre, a mis ojos ver sin luz. Simplemente no es posible. Y
sin embargo, eres tan estúpida...
Me río y lloro al mismo tiempo, los ojos hinchados, la nariz resoplando.
—¿Cómo pudiste pensar que amaría a alguien de la manera en que
te amo? —Se acerca un poco más, metiéndose la mano en el interior de
su chaqueta, saca un pañuelo y me seca la cara con suaves palmaditas a
la vez—. Obviamente no me escuchaste la primera vez, así que lo diré de
nuevo.
El sonríe. —¿Estás lista?
Asiento y resoplo.
—Yo. Te. Amo. Es un maldito amor desgarrador que nunca se
igualará. Mi amor por ti no se disculpa y es para siempre. —Se guarda el
pañuelo en el bolsillo y me acuna la cara.
Iris azules.
—Te amo... solo a ti... siempre a ti... por siempre a ti. —Busca en su
bolsillo y saca su teléfono mostrando mi texto en la pantalla—. ¿Terminaste
de llorar? —Él sonríe.
Resoplando, asentí y sonreí.
—Bien, tu turno. —Mueve su teléfono unas cuantas veces antes de
deslizarlo de nuevo en su bolsillo.
371

—Laut…
Página
—Uh, eh... —Niega con la cabeza y pone su dedo sobre mis labios—.
Dos palabras, Syd, eso es todo lo que quiero escuchar. —Desliza su dedo
fuera de mis labios y les presiona un beso casto.
En ese momento, descubrí una verdad que nunca pensé que iba a
creer. El destino es una fuerza real e innegable y no todos los cuentos de
hadas son ficticios.
—Te amo. —Nunca he puesto tanta emoción en dos simples
palabras.
Una vida de felicidad brilla por su sonrisa y bellos iris azules. No puedo
creer que me tomó tanto tiempo decir esas palabras.
Se deja caer sobre una rodilla, busca en el otro bolsillo de la
chaqueta y saca un anillo. —Mi madre me dio su anillo de diamantes antes
de morir. —Lanza sus propias lágrimas rebeldes con un profundo trago—.
Ella me dijo que se lo diera a la chica que capturó mi alma. —Cierra los
ojos mientras yo froto mis pulgares sobre las lágrimas que corren por sus
mejillas—. No le di este anillo a Emma.
Nuestros ojos se encuentran y ya no tiene que decir más. No hay
nada más que decir. Él solo lo dijo todo.
—Sydney Ann Montgomery, amor de mi vida, guardiana de mi alma,
madre de la niña más angelical que haya adornado esta tierra... ¿te
casarías conmigo?
—¿Dónde está mi bebé…?
—¡Sydney! Una palabra, cariño. Te dije cómo iba a ser esto.
Me río y sostengo mi mano izquierda. —¡Sí!
Él desliza el anillo en mi dedo y luego lo besa.
—¿Dónde está mi hermana? ¿Dónde está Ocean? ¿Por qué no
estás…?
Él me silencia de la única manera que sabe cómo hacerlo. Mientras
me relajo y me rindo a su demanda de silencio, él suelta mis labios.
Mirando mis pies descalzos se muerde el labio inferior. —¿Qué aspecto
tienen los zapatos que usarías con esto? —Desliza sus manos por mis
caderas.
—Tacones de aguja color plata, ¿por qué? —Soplo.
—Póntelos.
372

—¿Por qué? Estamos…


—Póntelos. Esos. Úsalos. —Interrumpe con una voz firme, pero una
Página

sonrisa maliciosa tira de sus labios.


Pongo los ojos en blanco, saco los zapatos de mi maleta y me los
pongo. Tienen un tacón de diez centímetros y se ven como algo que una
bailarina de tubo llevaría puestos. Solo los uso cuando salgo con Avery.
Él está de pie junto a las puertas de vidrio del balcón. Mis ojos se
encuentran con su mirada sexy y acalorada. ¿Nos vamos a sentar en el
balcón? ¿Por qué tengo que usar esto para eso? Él me hace un gesto con
el dedo. Sigo su pedido silencioso. De pie frente a él, explora mi cuerpo
con sus ojos mientras se quita la chaqueta del traje.
—¿Nos estamos quedando? —pregunto mientras afloja su corbata.
Él asiente.
Continúo viendo cómo se quita la camisa mientras me mojo los
labios.
—¿Te estás quitando toda tu ropa? —Mis palabras son
entrecortadas.
El asiente.
Me muerdo el interior de la mejilla y jugueteo con mi cabello
mientras pienso en mis tacones de aguja. —Vamos a hacer algo raro, ¿no?
Él sonríe mientras se quita los calzoncillos. Jadeo mientras él se para
frente a mí desnudo y muy excitado. Primero, echando un vistazo por la
ventana, lo miro con los ojos muy abiertos.
—Nadie puede vernos. —Él sonríe, me da vuelta y desabrocha mi
vestido. Mi pequeño número sin tirantes cae al suelo y me queda solo mi
tanga negra y tacones de aguja plateados.
—Sal.
Salgo de mi vestido. Él me toma de las manos y los coloca planas
sobre la ventana.
—Abre tus piernas.
—¿Cuándo te volviste tan pervertido? —Lo miro hacia atrás.
Me aparta el pelo hacia un lado, exponiendo mi cuello y pasando la
lengua por él, luego continúa por mi espalda con besos de boca abierta.
—Dice la chica que se dio placer delante de mí —murmura sobre mi piel.
Ahí está... la sonrisa. Lo siento sonreír contra mi piel y me da
escalofríos por todas partes.
—Fue incómodo. —Suspiro mientras sus manos se deslizan hacia mis
373

pechos.
Página

—Es jodidamente sexy. —Me coge los pechos y me pellizca los


pezones.
—Ahh... —Arqueo mi espalda, empujando mis pechos más lejos en
sus manos y mi trasero hacia él.
—Bebé, eres tan malditamente sexy. —Su polla se desliza entre mis
piernas, frotando contra mi tanga—. Y eres mía... toda mía.
Moviendo su mano derecha hacia abajo por mi estómago, desliza
sus dedos debajo de la parte delantera de encaje de mis bragas. Inclino
mi cabeza hacia atrás junto a la de él mientras rodea mi clítoris.
—Lautner...
—¿Qué pasa, cariño?
—¡Oh... Dios! —Lloro.
—No puedo oírte, Syd. —Pellizca mi pezón más fuerte.
—¡Ahh! ¡Lautner! —grito mientras trabaja mi pezón y mi clítoris.
Él empuña la delicada tela y con una sacudida rápida mi tanga se
desintegra en un pequeño pedazo de encaje de nada. Balanceando su
pelvis, él me empuja. Mis uñas rozan contra el vidrio y mis rodillas dan un
poco.
Miro hacia arriba y veo nuestro reflejo en el espejo, sorprendida por
lo mucho que me excita. Sus manos en mis pechos y luego moviéndose
más abajo, entre mis piernas. Veo que nos mira también. Nuestros ojos se
encuentran en el espejo.
—No bebé rizado-simplemente-sexy. —Su voz es tensa y laboriosa
con cada impulso que hace en mí—. Dios mío... amo... cada centímetro...
de ti.
—¡Lautner! —grito de nuevo, inclinando mi cabeza hacia atrás y sus
dedos expertos me trabajan.
—Estoy cerca... Oh Dios... así de... ¡cerca! —Lloro cuando golpea
cada manojo de nervios sexuales que tengo.
Él choca contra mí más duro, más errático, y empujo hacia atrás
contra él, apretando a su alrededor.
—¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! —grito como si estuviera tratando de despertar a la
ciudad. Me convulsiono a su alrededor en ola tras ola de sensación
gloriosa. Mi frente cae contra la ventana.
Él choca contra mí una vez más. —¡Sydney! Dios, ¡eso es tan bueno!
—Gruñe, vertiéndose dentro de mí mientras me rodea con sus brazos.
374

Mis piernas se han ido. Estoy agradecida de que me tenga fuerte.


Me da la vuelta, me levanta en sus amorosos brazos y me lleva a la cama.
Página
Tirando de las sábanas, me tiende en la cama y me quita los zapatos,
masajeándome los pies.
Sonrío y niego con la cabeza. —Sexy mi culo... di lo que quieras, eso
fue pervertido.
Él besa cada uno de mis pies recién pedicurados. —Sí, tu culo es
sexy, y como te estoy manteniendo oficialmente para siempre, entonces
deberíamos arrojar un poco de vez en cuando para mantener las cosas...
inesperadas.
Extiendo mi mano izquierda y miro mi anillo. —Es bonito. ¿Cómo se va
a sentir tu padre si yo llevo el anillo de tu madre?
Se arrastra por la cama hacia mí plantando besos todo el camino. —
Está encantado.
Levanto mi cabeza. —¿Él sabe?
—Por supuesto.
—Mmm… interesante.
Él me besa en los labios. Es lento, casi vago, como si tuviéramos todo
el tiempo del mundo. Sonrío interiormente porque ahora mismo se está
hundiendo en lo que hacemos. Por favor, no dejen que esto sea un sueño,
y si lo es, no quiero despertarme nunca más.
Le tiro el pelo y él suelta mis labios. —Te amo.
Su sonrisa de ganador de lotería reaparece. Si sonríe tan grande
cada vez que se lo diga, lo oirá al menos cien veces al día.
—Yo también te amo. —Me da vueltas, así que estoy tendida sobre
su pecho, su rostro en mi cabello, su corazón en mi oreja.
—Así que…
—Aquí vamos, veinte preguntas. —Se ríe a sabiendas.
—Está bien, sabelotodo... —Excavo mis uñas en su pecho
provocando un ligero salto de él—... Si eres tan inteligente, entonces no me
hagas preguntar, solo dímelo.
—Donde empezar. Veamos... Ocean está en casa de mi padre esta
noche con... solo digamos familia y mañana descubrirás más.
Comienzo a levantar la cabeza, pero él pone su mano sobre ella,
presionándola contra su pecho. —Solo escucha. La boda fue cancelada
hace dos semanas justo después de que te vi por última vez... —Mantiene
375

mi cabeza firmemente apoyada en su pecho sabiendo que me muero por


mirarlo y pedirle más detalles—... Pero creo que sabía que no me iba a
Página

casar con Emma en el momento en que descubrí que no te habías casado


con Dane. Entonces, para responder a tu próxima pregunta... abogo por la
locura temporal por no romperlo antes, y estoy bastante seguro de que
será mejor que me aferre a mi trabajo actual porque conozco a cierto jefe
de gabinete que ya no me dará una resplandeciente recomendación. Sin
embargo, Emma no me odia. Dijo que envidia lo que tenemos y sabe que
encontrará a un tipo que la mire de la misma forma en que te miro.
Me relajo, aunque mi próxima pregunta no es una que me gustaría
saber y no puede venir nada bueno preguntándola, pero...
Él suelta su agarre sobre mi cabeza y lo miro con emociones
encontradas.
—No —dice.
Arrugué mi frente. —Ni siquiera te he preguntado nada todavía.
—Quieres saber si tuve sexo con Emma después de que Ocean y tú
salieron de mi casa.
Miro hacia otro lado y asiento.
Él tira de mi mentón, obligándome a mirarlo. —Digamos que he
tenido algunos dolores de cabeza inusualmente fuertes y largas horas de
trabajo. —Guiña un ojo.
Mordiéndome los labios, lucho por ocultar mi sonrisa de satisfacción.
—Te amo.
—Sé que lo haces. Siempre lo he sabido.
—Entonces, ¿por qué el drama? ¿Por qué me haces decirlo?
Me mete el pelo detrás de las orejas. —Necesitaba que lo supieras...
admitírtelo para ti misma. No quería que tu amor por mí fuera una emoción
escondida o un placer culpable. Quería que lo dijeras, lo sintieras, lo
demuestres. Entrégate a ello, a mí, a nosotros.
Lo beso. —Me rindo.
—Mmm... Ya era hora —murmura.
Sonrío contra sus labios.
—Planeaste esto sin saber que iba a enviarte un mensaje de texto.
¿Qué harías si no lo dijera primero?
—Digamos que todavía estarías pisándote los talones y pegada
contra la ventana.
376

Mi boca se abre. —¿Me ibas a sacar una confesión?


—Algo como eso.
Página

Apretando mi culo, mece sus caderas dentro de mí.


—Mmm... ¿qué era lo siguiente en la lista? —Me humedecí los labios
y moví mis caderas sobre su erección.
Él me da vuelta en mi espalda, colocándose entre mis piernas y
hundiéndose en mí. —Hacerlo lento... apasionado... con amor... por el resto
de nuestras vidas.

377
Página
36
—Te amo —besos—. Te amo —besos—. Te amo —besos.
—Bebé… ¿qué me estás haciendo? —La voz atontada pero sexy de
Lautner vibra.
Todavía no ha abierto los ojos, pero su boca se torció en una sonrisa
mientras le beso la parte posterior de sus piernas, a lo largo de los firmes
músculos de su culo, y el accidentado terreno de su esculpida espalda.
—Lo siento, no podía dormir. Tenía que asegurarme de que aún eras
mío —le susurró al oído.
—Bueno, no te detengas. Soy tuyo, bebé, todo tuyo.
Me puse en su trasero y le masajeé la espalda. —Entonces,
probablemente debería haber mencionado esto anoche, para que
supieras en lo que te metías, pero ahora estoy sin hogar con un niño y un
perro. ¿Eso va a ser un problema?
Él se ríe. —Lo tengo cubierto. Encontramos un nuevo lugar para que
vivamos después de casarnos.
—Oh. —Me muerdo la lengua, sin necesidad de presionar mi suerte.
Sin embargo, necesito un lugar para vivir, como ya. Es solo cuestión de
tiempo antes de que Avery se meta en problemas por tener un perro en su
casa.
—¿Desayuno y sexo o sexo y luego desayuno o sexo por desayuno?
—pregunta.
Le pellizco los costados y él se revuelca y me tira del colchón. —
¿Qué va a ser? —Él entrelaza nuestros dedos sobre mi cabeza.
—Mmm… ¿qué tal sexo para el desayuno, por lo tanto, el desayuno,
entonces, bueno… más sexo, y para ese momento en realidad podríamos
378

necesitar algo de comida.


Página

Él sonríe. —¿Sexo en la cama, la bañera o la ducha?


—¡Sí, sí y sí! —sonrío.
—Dios, te amo, Syd.
***

Como prometieron el día anterior, recibí un mensaje e incluso me


peiné en el salón. Aunque, me siento mucho más culpable sabiendo que
Lautner es quien paga por esta elaborada estadía y servicios de spa
durante la noche. Estoy ansiosa por volver con Ocean, pero Lautner quiere
mantenerme sola por unas horas más después de que salgamos del hotel.
Conducimos por la costa y disfrutamos de la vista y la compañía de
los demás. Él sostiene mi mano, jugando de vez en cuando con el anillo de
diamantes en mi dedo.
—Te das cuenta de que mi padre te matará cuando descubra que
te propusiste sin antes preguntarle a él.
Él se ríe. —Ahora sé que “No matarás” es uno de los Diez
Mandamientos. ¿Qué religión dijiste que era tu padre?
Sonrío. —Va a enloquecer. Cuando le dije que todo había terminado
con Dane, me sugirió que lo intentara por mi cuenta por un tiempo y que
no me precipitara a una nueva relación.
—Él solo tendrá que lidiar con ello.
—Algún día, eso es lo que el novio de Ocean va a decir sobre ti.
Lautner frunce el ceño. —Sí, bueno, lo discutiremos cuando tenga
treinta años.
—¿Matrimonio?
—Citas —dice con tono serio.
Nos detenemos en un vacío aparcamiento de tierra familiar. Nuestra
playa.
—Mi traje está en la parte de atrás de mi bolso.
Se inclina y besa mis labios, luego desliza su mano debajo de mi
vestido, masajeando mi muslo. —Estoy bastante seguro de que no vamos a
necesitar nuestros trajes para lo que tengo en mente. —Su voz profunda y
seductora me tiene retorciéndome en mi asiento.
Él salta y se acerca para abrir mi puerta.
379

—¿Por qué, Dr. Sullivan, no sabes que no se puede tener sexo en


público? —Salgo y me golpea el trasero.
Página

—Recuerda, un pequeño vicio es algo bueno, bebé.


—Oh, lo recuerdo. Los músculos de mis piernas todavía están
ardiendo. La próxima vez usare los tacones de aguja.
Un rugido de risa se escapa de su pecho mientras me agarra de la
mano y me lleva al sendero que rodea la loma cubierta de hierba. Nuestra
playa privada aparece a la vista y me detengo. Él me aprieta la mano y
me mira con adoración y amor. Miro hacia la playa.
Su papá. Mi papá. Avery. Ocean. Y… Swarley.
Nuestros padres están vestidos con bonitos pantalones cortos y
camisas con botones. Avery y Ocean llevan vestidos de verano y ramos de
flores.
—¡Mami! —Ocean corre hacia mí, la tomo y la abrazo fuerte—. Fores.
—Ella me da un pequeño ramo.
Por supuesto, estoy llorando.
Lautner besa a Ocean y luego a mí. —Lo haremos legal más tarde,
pero cásate conmigo… hoy… aquí mismo.
Ocean se retuerce, así que la bajo y ella vuelve corriendo a la playa.
No tengo palabras.
Lautner me coge y me limpia las lágrimas. —Cásate conmigo,
Sydney —susurra.
Asiento con la cabeza. —¡Sí!
Él me besa y todo se consume.
—¡Eh! —Escuché a mi papá caminando hacia nosotros—. No te he
dado permiso para besar a la novia todavía.
Lautner me suelta y sacudo la mano de mi padre. —Tom.
Entonces mi papá me toma en sus brazos.
—Cómo… cuándo… estás aquí —tartamudeo.
—Recibí una llamada hace diez días. Un tipo que dice ser el padre
de Ocean quería saber si le dejaría que te casaras con él por esta chica
por la que está loco… en la playa.
Lautner camina hacia la playa, pero se da la vuelta y me da una
sonrisa y un guiño sexy. Niego con la cabeza, limpiando mis lágrimas.
Mi padre me besa la frente. —¿Contenta, nena?
380

Asiento con la cabeza. —Todos mis sueños se han hecho realidad.


—¿Puedo? —Él ofrece su brazo y yo lo tomo.
Página
Numerosos corazones han sido tallados en la arena, y hay un rastro
de pétalos de rosa que conduce a donde Avery, Ocean, James, Swarley y
Lautner están esperando.
Mi padre me da una beso en la mejilla y Lautner me toma las
manos… y todo mi corazón.
Mi padre lo hace corto y dulce, luego Lautner dice sus votos para mí.
—Sydney Ann Montgomery, te prometo una larga vida de flores, té
chai lattes y galettes de cerezas y almendras. Prometo enseñarte a surfear
y jugar al fútbol real…
Todos ríen.
—… Prometo escuchar cada una de tus palabras, aunque la
mayoría de las veces estés hablando sola.
Entrecierro los ojos y niego con la cabeza.
Se aclara la garganta y baja su mirada a nuestras manos por un
momento y luego me mira con sus ojos azules llorosos. —He querido
muchas cosas en mi vida hasta que te conocí. Entonces no quería nada…
excepto a ti. Mi existencia es por ti… —mira a Ocean—… cada parte de ti.
Nunca dudes de mi amor por ti. Si estoy respirando, te estoy amando. Solo
tú… siempre tú… por siempre tú.
Extiendo la mano y rozo mi pulgar a lo largo de su húmeda mejilla, y
él se apoya en mi mano. El amor que siento por él no puede expresarse en
palabras, sin embargo, es mi turno de formar algo que sé que será poco
de mis verdaderas emociones.
—¿Qué pasaría si no hubieras tomado un giro equivocado por la
razón correcta? ¿Qué pasaría si el momento se hubiera escapado?
¿Qué pasaría si por el resto de nuestras vidas tuviéramos que vivir con la
insoportable agonía que nace del arrebato del alma? ¿Y sí? —Niego con
la cabeza y sonrío—. LA MEJOR línea jamás recogida.
Lautner sonríe y en este momento no importa que nadie más
entienda nuestros votos. Somos nosotros y el resto del mundo siempre ha
dejado de existir cuando estamos juntos.
—Ojos azules… tenías razón. Veo mi reflejo en tus ojos. Mi todo. Todo.
Mi Mundo. Está en tus ojos. Mi pasado, mi presente, mi futuro… todo está
ahí. Cuando estoy perdida, me encuentro con tus ojos. Veo mi corazón
latiendo en tus ojos. Veo todo lo hermoso de la vida en tus ojos. Veo un
océano de infinito en tus ojos.
381

Miro a Ocean. —Veo a nuestra Ocean en tus ojos. Lautner Asher


Página

Sullivan, si me dan un millón de vidas para vivir, nunca será tiempo


suficiente para mostrarte cuánto te amo, pero lo hago. Te. Amo. A. Ti.
Miró a mi papá y él tiene lágrimas en los ojos. Aclarando su
garganta, continúa—: Lautner, ¿tomas a Sydney para ser tu esposa, para
amarla y quererla hasta que la muerte os separe?
—Sí. —Él sonríe y me aprieta las manos.
—Sydney, ¿tomas a Lautner como tu marido, para amarlo y cuidarlo
hasta que la muerte os separe?
—Sí. —Mi sonrisa vertiginosa rivaliza con la de él.
—Ahora los declaro marido y mujer. Puedes besar a mi hija.
Lautner mira a mi padre y se ríe. —Gracias, creo que lo haré.
Nos besamos y lanzan pequeños vítores hacia nosotros mientras
Ocean se apretuja entre nosotros. Lautner la levanta y ambos la
abrazamos entre nosotros.
—¡Felicidades! —Avery me aparta de Lautner y me abraza.
—¡Tú! Eres una verdadera mentirosa. —La abrazo y niego con la
cabeza—. ¿Cuánto tiempo lo sabías?
Liberándome, ella sonríe. —No mucho, tal vez una semana. Pero me
he estado muriendo al verte enfurruñada, sabiendo que tu Príncipe Azul
estaba preparándose para barrerte los pies.
Cepillo mi dedo sobre sus cejas. —¿Realmente las has encerado?
—¡Diablos que sí, tratamientos gratis!
Pongo los ojos en blanco.
James me toca la espalda. Me giro y él agarra mi mano izquierda y
sonríe. —Perfecto. Rebecca estaría eufórica.
Parpadeo las lágrimas. —Gracias. —Nos abrazamos hasta que una
vez más me sacan, literalmente. Lautner me toma en sus brazos y me lleva
hacia el agua.
—¡Lautner! —grito mientras nos lleva a las olas que rompen hasta que
estamos completamente empapados. Me besa, tomándose su tiempo
para explorar cada centímetro de mi boca. Cuando suelta mis labios, lo
rodeo con mis brazos y deja mi cara acunada en sus amorosas manos—.
Entonces, Sra. Sullivan, me enteré de que tienes un problema de vivienda…
382
Página
Epílogo
Mi sexy esposo, médico y ex-receptor es lo suficientemente caritativo
como para acoger a su novia sin hogar, a nuestra ángel y amorosa hija y
a Weimaraner. Tenemos un gran patio trasero enmarcado en grandes
árboles, un columpio y una piscina. Tengo que mencionar que mi chico de
la piscina no está demasiado caliente… algunos días incluso un poco
travieso.
Mi regalo de bodas para él es una sala extra sobre el garaje que se
ha convertido en un estudio de fotografía. Me siento un poco culpable
porque aún no he encontrado el regalo perfecto para él, pero estoy
segura de que lo sabré cuando lo vea.
El cumpleaños de Lautner es mañana, así que Avery recogió a los
niños, Ocean y Swarley, y se los quedará toda la noche. Él debería estar en
casa en cualquier momento y yo me siento en la mesa, con velas
encendidas, y Ed Sherran suena a través de los altavoces. Mi vestido rojo es
apretado, corto y se combina con tacones negros que pueden dar lugar a
un cierto reconocimiento. Originalmente tenía el pelo recogido, pero a
Lautner le encantaba una diosa de pelo largo, así que lo volví a soltar.
Mi estómago está inquieto, ha estado así todo el día. Hemos sido
íntimos en todas las formas posibles, así que no sé por qué mis nervios
anudan tanto en mi estómago.
¡Él está aquí!
Apago las luces y salto sobre la isla de la cocina con mis piernas
desnudas cruzadas y mi pelo fluyendo sobre mi amplio escote. Él abre la
puerta de atrás y se congela.
383

—Feliz cumpleaños, Dr. Sullivan —digo en un tono bajo y sexy.


Página
Irises azules hambrientos examinan mi cuerpo mientras humedece sus
labios. Lanzando sus llaves sobre el mostrador, sonríe agradecido,
caminando hacia mí como un gato con su presa.
—Sra. Sullivan… —Él descruza mis piernas y se acomoda entre ellas,
subiendo mi vestido más lejos. Sus manos se deslizan por mis piernas
desnudas—… Lindos zapatos. Espero que sean cómodos porque creo que
estarás con ellos por un tiempo. —Labios llenos y codiciosos toman los míos.
Le tiro de la corbata, abrazándolo, y gimo mientras nuestras lenguas
bailan, un saludo de bienvenida después de un largo día apartados.
—Cena… —trato de decir junto sus labios.
—Puede esperar. —Sus manos se deslizan por mis piernas y bajo de
mi vestido.
—No quiero que se…
¡Oh Dios!
Lo empujo, salto y corro al baño, de alguna manera evitando
doblarme un tobillo en el camino. Las manos cariñosas retiran mi pelo
mientras meto la cabeza en el inodoro.
Lautner se sienta en el piso a horcajadas sobre mí, me empuja hacia
su pecho y me da un paño mojado. —¿Cómo está mi bebé?
—¡Uf! No me siento tan bien.
Él se ríe. —Puedo ver eso, pero quiero decir, ¿cómo está mi bebé? —
Siento su mano frotando círculos en mi barriga.
—¿De qué estás hablando? No estoy embarazada. —Inclino mi
cabeza contra su hombro.
Él besa mi cuello. —Hemos tenido sexo todas las noches desde que
te propuse matrimonio. No he visto ningún letrero que diga “quédate
quieto” en la puerta ni tampones en la basura, y tus senos están… bueno,
digamos que no me quejo.
¡Mierda! Tiene razón.
—¡Por el amor de Dios! ¿Por qué siempre tratas de dejarme
preñada?
—¿Yo? —Se ríe—. Tú eres quien toma la píldora la mayor parte del
tiempo.
Me levanto y lo miro con el ceño fruncido y luego me cepillo los
384

dientes. Se apoya contra el marco de la puerta con cara arrogante.


Escupiendo, arrojo mi cepillo de dientes a un lado y me giro. —Para
Página

ser un médico, eres terriblemente irresponsable en lo que respecta al


control de la natalidad. —Entrecierro los ojos y le doy con el dedo en el
pecho—. Si sabes que no se puede confiar en que tome las píldoras, ¿por
qué no has usado un condón?
Agarrando mi mano, besa mi dedo acusador. —Porque pareces
estar empeñada en tener a mis bebés, y sabes que no puedo negarme.
—¿Querías que me quedara embarazada? ¿Las dos veces? —Mi voz
se intensifica con cada palabra.
Él se encoge de hombros con una sonrisa de „Soy el último macho‟.
Lo pasé más allá. —Tienes una mente retorcida, Dr. Sullivan.
Agarrando mi brazo, me da la vuelta y me apoya en su pecho.
La alegría se ha ido, pero sus ojos brillan con amor y adoración. —Te
amo, Sydney. —Se arrodilla frente a mí y me quita los zapatos. Mis dedos
de los pies gritan de alegría. Envolviéndome con sus brazos, me besa el
vientre, con sus irises azules mirándome—. Estamos teniendo otro bebé.
Sonrío y paso mis dedos por su cabello. —Estamos teniendo otro
bebé.
Él acaba de tener su regalo de bodas.
***

Contactar con el Dr. Sullivan


Hace cuatro años, conocí a mi esposa. Ella no lo sabía, pero yo sí.
Sydney aterrizó en Palo Alto por una razón… para estar conmigo. ¿Cuándo
sabía que ella era la mujer para mí? Fácil. El día en que gateó hacia la
playa después de atrapar algunas olas fáciles. ¿Tiburones? Demonios, no
había tiburones en un radio de dos millas. Incluso ellos se alejaron
nadando, avergonzados por ella, después de verla hundirse en el agua
tantas veces. A cuatro patas, se arrastró fuera del agua, deteniéndose a
mis pies: su cabello de diosa sexy un desastre enmarañado y un enorme
tordo de arena colgando de su bikini. Dos pensamientos pasaron por mi
385

mente. Uno: ¡Hombre! Esta es una chica, sexy, torpe, y catastróficamente


testaruda. Dos: Sí, probablemente me voy a casar con ella.
Página
Estar con ella es mi supervivencia; amarla es sin esfuerzo. Ella es el
centro brillante de mi universo y su amor es la luna que tira de la marea de
mi corazón. La mejor parte de mi día es volver a casa con el chillido de
“papá” de nuestra niña de cabello castaño y ojos azules, seguido por el
tirón de mi corbata mientras Sydney acerca mis labios a los suyos y susurra
seductoramente—: ¿Cómo estuvo tu día, Dr. Sullivan?
Perfecto. Así es mi día… todos los días.
—¡Oh Dios! ¡Duele! —grita Sydney apretando mi mano.
—Sé que sí, bebé, pero lo estás haciendo muy bien.
—¡Diablos si lo hago! ¿Cuántos bebés has expulsado de tu vagina?
El Dr. Mackey, nuestro ginecólogo, sentado en su taburete entre las
piernas abiertas de Sydney, me mira, y sé que está sonriendo detrás de su
máscara al igual que la enfermera a su lado.
—Bueno, ninguno pero…
—Entonces. Solo. No. Hables. —Aprieta los dientes mientras otra
contracción se apodera de ella.
—Eso es todo, Sydney. Un empujón más fuerte y la cabeza estará
fuera.
Mmm… ¿por qué el Dr. Mackey si habla?
—¡Ay! —grita Sydney por última vez.
—Está fuera, Dr. Sully —declara el Dr. Mackey mientras levanto mi
mano de Sydney para que termine de dar a luz a nuestro bebé. Sydney no
se detiene a pesar de las instrucciones del Dr. Mackey para dejar de
presionar. Esta fuera. Él está fuera. Lo atrapo con facilidad, la mejor
captura que he hecho… y he hecho muchas. Succiono en su boca
probando un llanto inmediato y se lo entrego a su madre.
—¡Oh, Dios mío! —Ella lo mira y luego a mí con las lagrimas fluyendo
libremente de sus irresistibles ojos color avellana.
Me rompí. Un hombre adulto o no, no puedo ocultar mis emociones.
La mujer más bella del mundo me ha dado otro hijo, un hijo.
Ella extiende su mano libre para limpiar mi cara. —Puedes hablar
ahora. —Sonríe.
—Asombroso. Tú, mi amor, eres increíble. —La beso y luego a nuestro
hijo.
386

—Te amo cariño.


Página

—Sé que lo haces, bebé. Yo también te amo.


Sydney me dice todo el tiempo cuánto me ama. Son solo dos simples
palabras, pero son comida para mi alma. Esperé tanto tiempo para
escucharlas, y nunca me cansaré de la forma en que suenan viniendo de
ella o de la forma en que ella sostiene mi mirada hasta que sonrío en
reconocimiento.
Corté el cordón y sostuve a nuestro hijo, Asher, por primera vez. Lo
coloco bajo las luces de calor y lo miro. Diez dedos, diez dedos de los pies
y un conjunto fuerte de pulmones.
Perfecto. Así es mi día… todos los días.
***

Fútbol real
—Ocean, gira tus espineras, es obvio que tu padre te vistió para tu
primera práctica.
—Escuché eso, y ella se vistió —dice Lautner detrás de nosotros,
llevando la bolsa de malla con balones de fútbol al campo de prácticas.
Saque a Asher de su carro Ergo y trato de entregárselo a Lautner. Él
levanta sus manos.
—No, lo siento, tengo que correr a la práctica, bebé.
—Yo soy la entrenadora, tú eres el entrenador asistente —digo entre
dientes.
Levanta una pelota de fútbol y la lleva hasta las rodillas solo para
demostrar todo eso.
—Bueno, las madres en la reunión del equipo dijeron que les gustaría
verme practicar.
Pongo los ojos en blanco. —Oh, estoy segura de que les encantaría
verte hacer algo. Según recuerdo, tenía que repartir pañuelos de papel en
387

esa reunión para que pudieran limpiarse la baba de la cara.


Le patea la pelota a Ocean cuando más autos comenzaron a entrar
Página

en el estacionamiento.
—No estás celosa, ¿verdad? —Me susurra al oído antes de besar a
Asher en la mejilla—. Porque después de la forma en que te acariciaste
para mí anoche, no tienes ninguna razón para estar…
—¡Lautner! —Lo miro con las cejas levantadas mientras miro para ver
si alguien puede escucharnos.
Él se ríe de mi cara roja. —Ahora si me disculpan, madres, quiero
decir… los niños están esperando.
Niego con la cabeza, pero mi sonrisa contradice la molestia
simulada que trato de mostrar.
Lautner no me ha dado nada de lo que pensé que quería y después
de todo no puedo vivir sin él. El año pasado dominó el arte de hacer
galettes de cereza y almendra y preparó una rece de latte chai de té
“altamente secreto”, que lo llevó a aprender de primera mano por qué los
tomaba con la satisfacción de un orgasmo. Cuando no se está poniendo
sus uniformes como Dr. Sully, está cumpliendo su papel como padre del
año al enseñarle a Ocean sobre el fútbol americano, preservar nuestras
aguas para enorgullecer al abuelo Sullivan y balancearse en una tabla de
surf en nuestra piscina.
Asher, el mini-yo de Lautner, no es tan exigente con su tiempo, ya
que mami sigue siendo la fuente de alimento. Sin embargo, se unieron en
la sala de partos. Yo, al parecer, hice la parte fácil empujándolo; Lautner lo
atrapó, cortó el cordón, y lo controló, provocando su primer grito. Por una
vez, no era la única en la habitación con lágrimas cayendo por mis
mejillas. Los irises azules lloraron mucho ese día.
—¡Mama! ¡Mami! —grita Ocean—. ¡Lo hice! ¡Gol! —Ella ya es atleta a
la tierna edad de tres años.
—¡Increíble! Bien por ti, niña. —Le acarició el pelo mientras abraza
mis piernas.
—¡Pizza! —Ella me sonríe.
—Ah, ¿papá te prometió pizza?
Ella asiente con la cabeza mientras mi asistente de entrenador
camina hacia nosotros y les da a los niños una hora de diversión y a las
mamás un aspecto visual para usar sus vibradores.
—Entonces, ¿cómo lo hice entrenador? —sonríe, tomando la mano
de Ocean mientras caminamos hacia el auto.
388

—Hubo demasiados enfrentamientos.


—No estaban enfrentándose. A veces simplemente se enredan en
Página

los pies de los otros. —Se encoge de hombros.


—Enfrentándose —murmuro.
Sujetamos a los pequeños en sus asientos y, antes de salir del
estacionamiento, ambos los miramos y luego nos miramos.
—Son increíbles, como su mamá. —Lautner se inclina y presiona un
lento beso en mis labios.
Irises azules.
Perdida en la eternidad de sus ojos, su amor, su corazón, sonrío. —
Sois… innegablemente vosotros.

Fin

389
Página
SOBRE LA AUTORA
Jewel es una adicta al romance de espíritu
libre con un peculiar sentido del humor.
Con 10 años siendo dentista, se retiró
temprano de su carrera para quedarse en
casa con sus tres geniales hijos y
administrando el negocio familiar.
Después de que su mejor amiga (casi 30 años
de amistad) le sugiriera algunos libros del
género Romance Contemporáneo, Jewel se
enganchó. Devorando dos y tres libros por
semana pero aún anhelando más, decidió
practicar una lectura sostenible, y escritura.
Cuando no se ponía su capa y salvaba el planeta árbol por árbol, le
gustaba hacer yoga con sus amigos, una buena comida con la familia,
escalar con sus hijos, ver reposiciones de “Cómo conocí a vuestra madre”
y por supuesto… escribir sobre desgarrar corazones, sacudir lágrimas,
abrasar bragas.

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