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Resumen Spinoza: Ética demostrada según el orden geométrico.

Parte tercera: Del origen y naturaleza de los afectos.


Definiciones:
 Causa adecuada: es aquella cuyo efecto puede ser percibido clara y
distintamente e virtud de ella misma.
 Causa inadecuada o parcial: aquella cuyo efecto no puede entenderse por ella
sola.
 Obramos: cuando ocurre algo, de lo que somos causa adecuada.
 Padecemos: cuando en nosotros ocurre algo de lo que somos causa parcial.
 Afectos. Las afecciones del cuerpo por las cuales aumenta o disminuye, es
favorecida o no, la potencia de obrar de ese mismo cuerpo.
Proposición I: “Nuestra alma obra ciertas cosas, pero padece ciertas otras; a saber:
en cuanto que tiene ideas adecuadas, entonces obra necesariamente ciertas cosas, y
en cuanto que tiene ideas inadecuadas, entonces padece necesariamente ciertas
cosas” (p. 125)
Es entonces, que el alma está sujeta a tantas pasiones como ideas inadecuadas tenga,
y por el contrario, obra tantas cosas como ideas adecuadas tenga.
Proposición II: “Ni el cuerpo puede determinar al alma a pensar, ni el alama
puede determinar al cuerpo al movimiento ni al reposo, ni a otra cosa alguna” (p.126).
Todos los modos de pensar tienen a Dios por causa en cuanto que es cosa pensante, y
no en cuanto se explica a través de otro atributo, por esto, lo que determina al alma a
pensar es un modo de pensamiento, y no un modo de la extensión, es decir, no es un
cuerpo. Además, el movimiento y el reposo deben proceder de otro cuerpo, que
también ha sido determinado al movimiento o al reposo, por otro, y, en términos
absolutos, todo en cuanto sucede en un cuerpo debe proceder de Dios, en cuanto se le
considera afectado por algún modo de la extensión.
El alma y el cuerpo son una sola y misma cosa, que se concibe, ya bajo el tributo del
pensamiento, ya bajo de la extensión. El orden de las acciones y de las pasiones en
nuestro cuerpo, se corresponden por la naturaleza con el orden de las acciones y
pasiones del alma.
Proposición III: “Las acciones del alma brotan sólo de las ideas adecuadas; las
pasiones dependen sólo de las inadecuadas” (p. 129).
Todo cuanto se sigue de la naturaleza del alma, y de lo cual es el alma causa próxima
por la que ello debe entenderse, debe seguirse necesariamente de una idea adecuada,
o de una idea inadecuada. Ahora bien, el alma en cuanto tiene ideas inadecuadas, en
esa medida padece necesariamente; luego las acciones del alma se siguen solo de las
ideas adecuadas, y el alma sólo es pasiva porque tiene ideas inadecuadas.
Proposición IX: “El alma, ya en cuanto tiene ideas claras y distintas, ya en cuanto
tiene confusas, se esfuerza por preservar en su ser con una duración indefinida, y es
consciente de ese esfuerzo suyo” (p. 132)
La esencia del alma está constituida por ideas adecuadas e inadecuadas, y así, se
esfuerza por perseverar en su ser tanto en cuanto tiene las unas como las otras, y ello,
con una duración indefinida. Y como el alma es necesariamente consciente de sí, por
medio de las ideas de las afecciones del cuerpo, es consciente de su esfuerzo.
Este esfuerzo, cuando se refiere al alma sola, se llama voluntad, pero cuando se refiere
al alma y al cuerpo a la vez, se llama apetito, por ende, este no es otra cosa que la
esencia misma del hombre, de cuya naturaleza se siguen necesariamente aquellas
cosas que sirven para su conservación, cosas que el hombre está determinado a
realizar.
Además, entre apetito y deseo no hay diferencia alguna, si no es la de que el deseo se
refiere generalmente a los hombres, cuando son conscientes de su apetito.
Proposición X: “Una idea que excluya la existencia de nuestro cuerpo no puede
darse en nuestra alma, si no que le es contraria” (p. 133).
Nada que pueda destruir nuestro cuerpo puede darse en él, y por tanto tampoco puede
darse en nuestra alma, ya que lo que primordialmente constituye la esencia del alma es
la idea del cuerpo existente en el acto.
Proposición XI: “La idea de todo cuanto aumenta o disminuye, favorece o reprime
la potencia de obrar de nuestro cuerpo, a su vez aumenta o disminuye, favorece o
reprime, la potencia de pensar de nuestra alma” (p.133)
El alma puede padecer grandes cambios, y pasar a una mayor o menor perfección.
Estas pasiones son mejor explicadas por los afectos de alegría y tristeza, siendo la
primera “una pasión por la cual el alma pasa a una mayor perfección”, y la segunda
“una pasión por la que el alma pasa a una menor perfección”. Además, el afecto de la
alegría, referido a la vez al alma y al cuerpo como placer o regocijo, y al de la tristeza,
dolor o melancolía. El placer y el dolor refieren al hombre en cuanto una parte de él
resulta más afectada que las otras, y regocijo y melancolía, cuando todas las partes
resultan igualmente afectadas.
El autor reconoce tres afectos como primarios: el deseo, la alegría y la tristeza y los
demás afectos surgen de estos tres.
Proposición XII: “el alma se esfuerza, cuanto puede, en imaginar las cosas que
aumenta o favorecen la potencia de obrar del cuerpo” (p.135)
Proposición XV: “Cualquiera cosa puede ser, por accidente, causa de alegría,
tristeza o deseo” (p. 136)
Si el alma es afectada por dos afectos a la vez, siendo uno de ellos neutros y otro que
si aumenta o disminuye su potencia de obrar, cuando el alma sea afectada por el
primero y más tarde por el segundo, entonces será afectada por la alegría o tristeza. Y
por tanto el primer afecto, será causa, no por sí misma, si no por accidente, de alegría o
tristeza.
Proposición XVI: “En virtud del solo hecho de imaginar que una cosa es
semejante en algo a un objeto que suele afectar al alma de alegría o tristeza, aunque
eso en que se asemejan no sea la causa eficiente de tales afectos, amaremos u
odiaremos esa cosa” (p. 137).
Proposición XVIII: “El hombre es afectado por la imagen de una cosa pretérita o
futura con el mismo afecto de alegría o tristeza que por la imagen de una cosa
presente” (p.138)
La imagen de una cosa, es la misma, ya se refiera a un tiempo futuro, pretérito o
presente: esto es, que la disposición del cuerpo, su afección, es la misma, ya sea la
imagen la de una cosa pretérita, futura o presente.
Proposición XXV: “Nos esforzamos en afirmar de nosotros y de la cosa amada
todo aquello que imaginamos nos afecta o la afecta de alegría, y, al contrario, en negar
todo aquello que imaginamos nos afecta o la afecta de tristeza” (p. 142)
Proposición XXVII: “Por el hecho de imaginar que experimenta algún afecto una
cosa semejante a nosotros, y sobre la cual no hemos proyectado afecto alguno,
experimentamos nosotros un afecto semejante” (p.143)
Si imaginamos a alguien similar a nosotros experimentando algún afecto, esa
imaginación expresara na afección de nuestro cuerpo semejante a ese afecto, por
ende, somos afectados por un afecto semejante al suyo.
Proposición XXX: “Si alguien ha hecho algo que imagina afecta a los demás de
alegría, será afectado de una alegría, acompañada de la idea de sí mismo como causa,
o sea: se considera algo que imagina afecta a los demás de tristeza, se considerara a si
mismo con tristeza” (p.146)
Proposición XXXVII: “El deseo que brota de una tristeza o de una alegría, de un
odio o de un amor, es tanto mayor cuanto mayor es el afecto” (p. 151)
Por ejemplo: Cuando el hombre es afectado por la tristeza encamina todos sus
esfuerzos por apartar esa tristeza, entonces, cuanto mayor sea la tristeza, mayor será
la potencia de obrar de ese hombre para apartar la tristeza. Lo mismo sucede con la
alegría, el hombre se esfuerza por mantener esa alegría, por ende tanto mayor sea la
alegría mayor será el deseo. (Parafraseo)
Proposición LI: “Hombres distintos pueden ser afectados de distintas maneras
por un solo y mismo objeto, y un solo y mismo hombre puede, en tiempos distintos, ser
afectado de distintas maneras por un solo objeto” (p. 160)
El cuerpo humano es afectado por los cuerpos exteriores de diversas maneras.
Proposición LII: “Si hemos visto un objeto junto con otros, o si imaginamos que
no tiene nada que no sea común a otros muchos objetos, no lo consideraremos tanto
tiempo como al que imaginamos que tiene algo singular” (p. 160)
Cuando imaginamos un objeto que hemos visto junto con otros, nos acordamos
también de esos otros y así, de considerar unos, pasamos a considerar otros. Pero
cuando suponemos que imaginamos en algún objeto algo singular que no hemos visto
nunca antes, el alma es determinada a considerar a éste solo.
Proposición LIII: “Cuando el alma se considera a sí misma y considera su
potencia de obrar, se alegra, y tanto más cuanto mayor distinción e imagina a sí misma
e imagina su potencia de obrar” (p. 163)
El hombre no se conoce a sí mismo sino a través de las afecciones de su cuerpo y las
ideas de esta. Cuando el alma puede considerarse a sí misma, se supone
inmediatamente que pasa por una perfección mayor, esta alegría es tanto más alentada
cuanto más alabado por los otros se imagina el hombre. Entonces, él resulta afectado
de una alegría mayor, acompañada por la idea de sí mismo.
Definición general de los afectos (p. 182)
Un afecto o pasión de ánimo, es una idea confusa (inadecuada), en la que el alma
afirma que en su cuerpo o en alguna de sus partes hay una fuerza de existir que puede
ser mayor o menor que antes, esto ya que todas las ideas respecto de los cuerpos
revelan la constitución actual del cuerpo, entonces la idea que constituye la forma del
afecto, asegura que el cuerpo tendrá una mayor o menor realidad que antes (p. 183) Es
así que luego de determinada esa idea confusa, el alma es determinada a pensar una
cosa en vez de otra.
Parte cuarta: De la servidumbre humana, o dela fuerza de los afectos.
Proposición V: “La fuerza y el incremento de una pasión cualquiera, así como su
perseverancia en la existencia, no se definen por la potencia con que nosotros nos
esforzamos por preservar en existir, sino por la potencia de la causa exterior
comparada con la nuestra” (p. 192)
Proposición VI: “La fuerza de una pasión o afecto puede superar las demás
acciones del hombre, o sea, puede superar su potencia, hasta tal punto que ese afecto
quede pertinazmente adherido al hombre” (p. 192)
Dado que la fuerza de una pasión depende de la potencia de la causa exterior
comparada con la nuestra, esta puede superar la potencia del hombre.
Proposición VII: “Un afecto no puede ser reprimido ni suprimido sino por medio
de otro afecto contrario, y más fuerte que el que ha de ser reprimido” (p. 192)
Dado a que un afecto es una idea con la que el alma afirma una fuerza de existir de su
cuerpo mayor o menos que antes, es que para poder reprimir o suprimir un afecto se
necesita al mismo tiempo otra afección que aumente o disminuya su potencia de obrar.
Proposición VIII: “El conocimiento del bien y el mal no es otra cosa que el afecto
de la alegría o el de la tristeza, en cuanto que somos conscientes de él” (p. 193)
Proposición XXXII: “En medida en que los hombres están sujetos a las pasiones,
no puede decirse que concuerden en naturaleza” (p. 207)
Los hombres que están sujetos a las pasiones, no pueden concordar en potencia, pues
solo concuerdan en lo negativo, es decir en algo que no tienen.
Proposición XXXIII: “Los hombres pueden diferir en naturaleza en la medida en
que sufren afectos que son pasiones; y, en esa misma medida, un mismo hombre es
voluble e inconstante” (p. 208)
La esencia de los afectos se define por la potencia, es decir, la naturaleza de las
causas exteriores comparada con la nuestra, por ende, el que distinos hombres sean
afectados de maneras distintas por un mismo objeto, y que un solo hombre sea
afectado de distintas maneras por el mismo objeto, significa entonces que es voluble e
inconsistente.
Proposición XXXIV: “En la medida en que los hombres sufren afectos que son
pasiones, pueden ser contrarios entre sí” (p. 208)
Esto es que si un mismo afecto que son pasiones en dos hombres que difieren de
naturaleza, serán contrarios entre sí, ya que no concuerdan en no concuerdan en la
naturaleza de su afecto.
Proposición LIX: “A todas las acciones a que somos determinados por un afecto
que es una pasión, podemos ser determinados, sin él, por la razón” (p. 229)
Obrar según la razón no es otra cosa que hacer aquellas cosas que se siguen de la
necesidad de nuestra naturaleza, considerada en sí sola, y, dado que ninguna acción,
es considerada en sí sola como buena o mala, sino que es una misma acción que
puede ser a veces buena o mala, es que la razón es quien determina la acción.