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ORACIÓN DEL SILENCIO

Dios quiere extenderse desde el espíritu a nuestra alma


(Autor: Molinos)
Para que Dios descanse en el alma (mente, emoción y voluntad), primero debemos
negar nuestro yo y pacificar siempre el corazón en cualquier inquietud, tentación o
tribulación.
Has de saber que es tu alma el centro, la morada y reino de Dios que El desea; pero para
que el gran rey descanse en ese trono de tu alma, has de procurar tenerla limpia, quieta,
vacía y pacífica. Limpia de culpas y defectos, quieta de temores, vacía de afectos,
deseos y pensamientos, y pacífica en las tentaciones y tribulaciones.
Debes, pues, tener siempre pacífico el corazón para conservar puro ese vivo templo de
Dios, y con recta y pura intención has de obrar, orar, obedecer y sufrir sin ningún tipo
de alteración cuanto el Señor considere enviarte. Porque es cierto que por el bien de tu
alma y tu provecho espiritual, Dios ha de permitir al envidioso enemigo que turbe esa
ciudad de quietud y trono de paz con tentaciones, sugestiones y tribulaciones, y por
medio de las criaturas, con penosas molestias y grandes persecuciones.
Sé constante y pacifica tu corazón en cualquiera inquietud que te ocasionaren estas
tribulaciones. Entra allá adentro en tu interior para vencerlas, que allí está la divina
fortaleza que te defiende, te ampara y por ti pelea. Si un hombre tiene una fortaleza
segura, no se inquieta aunque le persigan los enemigos, porque al entrar allá dentro,
quedan burlados y vencidos. El castillo fuerte para triunfar sobre tus enemigos visibles e
invisibles, y sobre todas tus asechanzas y tribulaciones, está dentro de tu misma alma,
porque allí reside la ayuda divina y el socorro soberano; entra allá dentro y todo quedará
quieto, seguro, pacífico y sereno.
Tu principal y continuo ejercicio ha de ser pacificar ese trono de tu corazón para que
repose en él el soberano rey. El modo de pacificarlo ha de ser entrándote dentro de ti
mismo por medio del recogimiento interior [fe y silencio ante Dios]. Todo tu amparo ha
de ser la oración [una oración de recogimiento: fe y silencio ante Dios] y recogimiento
amoroso en la divina presencia. Cuando te vieres más combatido, retírate a esa región
de paz, donde hallarás la fortaleza. Cuando estés más temeroso, recógete a ese refugio
de la oración, única arma para vencer al enemigo y sosegar la tribulación. No te has de
apartar de ella en la tormenta, hasta que experimentes, como otro Noé, la tranquilidad,
la seguridad y serenidad, y hasta que tu voluntad se halle resignada, devota, pacífica y
animosa.
Finalmente, no te aflijas ni desconfíes cuando estés temeroso; él vuelve a quietarte
siempre que te alteres, porque esto es todo lo que quiere este divino Señor de ti, para
reposar en tu alma y hacer un rico trono de paz en ella, que busques dentro de su
corazón, por medio del recogimiento interior y con su gracia divina, el silencio en el
bullicio, la soledad en la compañía, la luz en las tinieblas, el olvido en el agravio, el
aliento en la cobardía, el ánimo en el temor, la resistencia en la tentación, la paz en la
guerra y la quietud en la tribulación.
(Nota: La oración que él recomienda es silencio, no palabras habladas o pensadas; él le
llama discurso a los pensamientos y las palabras, lo cual él dice claramente que debe ser
evitado y se debe usar el silencio en vez. Molinos define claramente los beneficios de la
oración silenciosa en esta obra. Para ver la extensa confirmación bíblica de la necesidad
del silencio, vea ¿Por qué el Silencio?
Aguas refrescantes 22 de octubre
El que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿Cómo puede amar a Dios a quien no ha
visto? 1 Juan 4:20.
Podemos agregar quizás a las palabras de Juan: "Si no podemos amar a nuestros
hermanos a quienes podemos ver, ¿cómo podremos amar a los hermanos a quienes no
podemos ver?" Pablo les escribió a los corintios acerca del amor porque el amor unifica.
En Corinto había envidias y divisiones, y es por eso que Pablo les escribió que "el amor
no tiene envidia... no busca lo suyo", etc. En otras palabras, el amor no divide ni separa.
Todo el capítulo trece fue una exhortación a los corintios a que se amaran en forma
íntima.
Muchos de nosotros podemos practicar el amor fraternal a la distancia, o cuando no
vemos a los hermanos, pero nuestro amor al Señor se pone a prueba por el amor que
tenemos hacia los hermanos con quienes nos vemos a diario. Los corintios debían amar
en primer lugar a los hermanos que estaban en Corinto. Después, quizás, podrían ir a
Efeso y amar a los miembros del cuerpo de Cristo allí. Recién después de esto podrían
ascender al cielo y contemplar al cuerpo de Cristo en su plenitud. Este es el orden
correcto y el más difícil, pues pone aprueba nuestra sinceridad.

Jesús es el Señor! - Jesus is Lord - Jesus ist der Herr - Yeshua adonai - Gesù è il Signore - Jésus est Seigneur - Ιησους ειναι ο
Λορδος - Иисус – Господь - ‫ يسوع هو الرب‬- 耶稣是主 - 主イエスは - Jesus é o Senhor - Jesus är lorden