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INICIAL.

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Universidad Central de Venezuela


Centro de Investigaciones Post-Doctorales
Para toda comunicación: Apartado Postal 50.626 / Caracas 1050-A Venezuela
e-mail: relea-cipost@cantv.net / cipost@cantv.net

© Juan Barreto Cipriani

Diseño Gráfico: Gustavo Velásquez Purroy


Impresión: Publigráfica 66, C.A.

ISBN: 980-12-1936-X
Depósito Legal Nº: lf25220060702192

Distrito Metropolitano de Caracas


República Bolivariana de Venezuela
2006
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Juan Barreto

Crítica
de la Razón
Mediática
Ensayos sobre biopolítica y potencia política del cuerpo
(Pre-textos para un debate por el socialismo)

Caracas, 2006.
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En un libro, como en todas las cosas, hay líneas de arti-


culación o de segmentaridad, estratos, territorialidades;
pero también líneas de fuga, movimientos de desterrito-
rialización y de desestratificación [...] Un libro es una
tal composición y como tal inatribuible. Es una multipli-
cidad [...] Nunca se preguntará lo que quiere decir un
libro, significado o significante, no se tratará de compren-
der nada en un libro, sólo se preguntará con qué funcio-
na, con qué conexiones hace o no pasar intensidades [...]
La mayoría de los libros que citamos son libros que
amamos (a veces por razones secretas o perversas). Poco
importa que unos sean muy conocidos, otros poco conoci-
dos y otros olvidados. Sólo quisiéramos citar con amor.
No pretendemos reconstruir una memoria, sino más bien
proceder por olvido y sustracción, hacer así un rizoma,
hacer máquinas sobre todo desmontables, formar medios
que dejen sobrevivir bien esto, bien aquello: cuadernos
desmenuzables en las sopas [...] Cuando se le pregunta a
Michel Foucault qué es un libro, responde: una caja de
herramientas.

G. Deleuze y F. Guattari.
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Índice

AGRADECIMIENTOS.....................................................................................11

PRO(LOGOS).......................................................................................................15
COMUNICACIÓN: EL CLÍMAX
DE LA ERA POSMODERNA. Rigoberto Lanz.......................................17
LOS NUEVOS MUNDOS SIMBÓLICOS. Nelson Guzmán.................25
TRAYECTOS CLAVES PARA PENSAR
EL SOCIALISMO COMO PASIÓN. Magaldy Téllez..............................33

UN INTENTO PARA HACERSE CARGO DE LA


MASSMEDIÁTICA. A MODO DE PREÁMBULO...................................43
Profecías y realidades tecnológicas.......................................................44
La era de las conexiones.........................................................................56
Las urgencias de la teoría.......................................................................64
Cuestión de Método: La aventura de hablar y escribir
sobre lo múltiple (O cómo dar con el problema)..............................68
El drama de la escritura (El cómo de la forma o estilo)...................72
Algo sobre nosotros mismos.................................................................74

Primera Parte
APROXIMACIÓN A UNA CAJA DE HERRAMIENTAS....................87
I . CRISIS DE LA TEORÍA DEL VALOR Y NUEVO
DISPOSITIVO INFORMACIÓN-COMUNICACIÓN.................89
II. UN EJERCICIO SOBRE MATERIA OSCURA
Y AGUJEROS NEGROS, VIRUS Y ADN.....................................111
III. UN ACERCAMIENTO CRÍTICO A LAS TRADICIONES
Crítica de la Razón Mediática

TEÓRICAS EN EL CAMPO DE LA COMUNICACIÓN........123


La Escuela de Frankfurt y sus críticos...............................................126
Masas e Industria...................................................................................130
La ilusión como preformativo.............................................................132
Juan Barreto
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8 El espíritu americano............................................................................144
Influencia, inoculación y efectos.........................................................146
Problema de modelos...........................................................................155
Otros aportes.........................................................................................162
Tendencias y aportes desde América Latina.....................................169
Segunda Parte
CULTURA(S), CAMPOS Y MASSMEDIÁTICA....................................177
I. CAMPOS HÍBRIDOS Y LECTURAS TRANSVERSALES..........179
II. ¿UNA TEORÍA LINGÜÍSTICA DEL VALOR?...........................195
Las interacciones lingüísticas como soporte de relaciones
de poder simbólico...............................................................................195
Poder oblicuo y metafórico.................................................................198
III. UNA INCURSIÓN EN LA ESTÉTICA........................................211
Una estética............................................................................................212
Pérdida o extravío del aura..................................................................217

Tercera Parte
UNA VISIÓN DEL SIGNIFICANTE-SIGNO
Y DEL LENGUAJE..........................................................................................233
I. CAMINOS DE LA SEMIÓTICA.......................................................235
La implicación significante-signo-sentido-lenguaje..........................235
El significante-signo como pliegue.....................................................240
La construcción simbólica...................................................................247
Lenguaje y hegemonía..........................................................................254
El sentido como preformativo............................................................256
II. LOS FANTASMAS DEL SENTIDO:
EN EL GIRO HERMENÉUTICO DE LA SEMIÓTICA...........259
Hermenéutica y reconstrucción..........................................................259
Hermes, el ladrón..................................................................................267
Por una semiótica hermenéutica.........................................................270
Una aproximación a la opacidad.........................................................275
III. EL MITO: PASAJE NARRATIVO
DEL SIGNIFICANTE-SIGNO AL SÍMBOLO...........................279
Simbolizar: ¿una tarea del lenguaje?...................................................279
La interpretación, o la comprensión de un significante-signo
Crítica de la Razón Mediática

que se hace símbolo..............................................................................284


El mito como agenciamiento...............................................................287
El sentido fuera del sentido.................................................................289
Juan Barreto
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Cuarta Parte 9
SUBJETIVIDAD, DISPOSITIVOS Y MASS-MEDIA...........................299
I. MASSMEDIÁTICA Y CONSTRUCCIÓN
DE SUBJETIVIDAD.............................................................................301
La subjetividad: heterogénesis descentrada del sujeto.....................301
Masmediática: una lógica de sentido..................................................309
II. LA SUBJETIVIDAD MASSMEDIÁTICA......................................323
Las marcas de los signos massmediáticos.........................................323
Entre operadores y operaciones.........................................................327
III. TV: ¿DISPOSITIVO O APARATO?...............................................343
TV: Un collage de lo social y un tinglado de sentido......................343
La forma y lo sagrado...........................................................................360
La superabundancia del signo mediático...........................................362
IV. ENTONCES LO MEDIÁTICO:
MANUAL PARA VER TV...................................................................373

Quinta Parte
DE LA OPINIÓN PÚBLICA
A LAS DEMOCRACIAS MASS-MEDIÁTICAS......................................381
I. LA MEDIÁTICA EN LA HEGEMONÍA
DE LA PRODUCCIÓN INMATERIAL...........................................383
Una lectura de la opinión pública como régimen............................383
Aún Marx................................................................................................391
Por qué el poder de la mediática.........................................................395
La sobredeterminación mediática de la producción inmaterial.....398
II. LA SOCIEDAD MEDIÁTICA..........................................................407
El predominio del significante en la forma-signo............................407
La colonización de la democracia.......................................................416
III. LA MASSMEDIATIZACIÓN DE LA POLÍTICA:
SU DEVENIR HOY............................................................................425
La banalización de la política: una tecnología del biopoder...........426
La massmediática y los procesos de desintegración........................436
Problemas de legitimación en las democracias mediáticas.............440
El aura no desaparece, se desplaza.....................................................445
IV. LA MEDIÁTICA EN SU OCURRENCIA POLÍTICA..............455
Crítica de la Razón Mediática

La mediática como dispositivo de captura........................................455


Líneas de fuga a la máquina total del sentido hegemónico............465
Juan Barreto
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10 Sexta Parte
LA APUESTA POR LA DISTOPÍA DE LAS MULTITUDES:
HACIA UNA REFUNDACIÓN DE LA POLÍTICA............................473
I. SUBJETIVIDAD Y POLÍTICA: DEL CONSENSO
A LA VOLUNTAD POLÍTICA DE LA MULTITUD..................475
Otra idea de Estado: entre lo efímero y lo permanente.................476
La aporía del proceso constituyente:
una nueva subjetividad política...........................................................489
II. DE LA REVUELTA
A LA REINVENCIÓN DEL PUEBLO..........................................497
Adiós a la sociedad civil.......................................................................497
La resistencia, o el poder constituyente del pueblo.........................503
III. EL FINAL DE LA MOSCA: LA TELA ARÁCNIDA
AL HILO DEL CUERPO-POTENCIA..........................................527

EPÍLOGO. ¿Se pueden cartografiar los mass-media?...........................561


Tejiendo ciertas inquietudes.........................................................................563
Mediática para principiantes: Un alfabeto de signos incompletos......566

Post-scriptum. Por el socialismo


(Con un ensayo de Javier Biardeau: Entre dinosaurios y unicornios)......587
Primer movimiento: Homenaje a la memoria........................................588
Segundo movimiento: Sobre lo escrito.....................................................591
Tercer movimiento: Entre dinosaurios y unicornios.
Un ensayo de Javier Biardeau....................................................................602

BIBLIOGRAFÍA................................................................................................621

GLOSARIO.........................................................................................................643

ÍNDICE ONOMÁSTICO..............................................................................691
Crítica de la Razón Mediática
Juan Barreto
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11

AGRADECIMIENTOS

uchos investigadores cuentan con un grupo de apoyo que


M recoge el material para la mezcla. Un instituto de investiga-
ciones u otra institución que le acompaña. Yo he corrido con la
suerte de contar con el instinto solidario de un puñado de cama-
radas, empeñados en el debate; en hacer posible y suyo el esfuer-
zo de cada cual. Nada como las apuestas por las ideas, nada
como la amistad para levantar la plaza desde donde fundarse.
Doy todo mi afecto y reconocimiento a ellos, sin los cuales la
vida transcurriría de una manera insípida. De alguna manera
también son responsables de que este libro viera la luz, pues sin
ellos, carecería de sus más críticos lectores.
Al amigo entrañable, mi tutor, Rigoberto Lanz. Me ha
enseñado el camino sin atajos que lleva a intentar el pensamien-
to. A Daisy D´Amario, por su dedicada y desinteresada entrega,
por la seriedad y el rigor de su trabajo, por todo lo que significa
su modesta y siempre humilde sabiduría.
A Magaldy Téllez, por su tesón, agudeza y desprendido
afecto. Sin ella no hubiese sido posible algo del tono de este
libro, pues puso todo su empeño para ello. Me regaló la torren-
cial pasión de su felina inteligencia, logró transmutarse con algu-
nas astucias, en cada línea y entregó muchas de sus horas y de su
Crítica de la Razón Mediática

conocimiento, para ayudarme a darle forma final al texto, parti-


cularmente en lo referido a la elaboración del aparato concep-
tual, "la caja de herramientas" expuesta en el glosario.
Juan Barreto
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12 A mi hermano y camarada de siempre, Yahvé Álvarez,


quien me acompañó todos los días de escritura de este libro y lo
hizo suyo, siempre con fe en mí, con una irrenunciable capaci-
dad de paciencia, siempre dado para ayudar sin pedir nada, un
hermano que no conoce límites.
Héctor Sánchez, Néstor López y Robert Galbán por
aportar la inteligente pericia de sus divertidas madrugadas. Su jui-
cio crítico y su precisión a la hora de construir cada idea, con cada
taza de café negro, o la frase que llenó de humo, trozos de pizza
y carcajadas el debate, es un tesoro que no puedo transferir, son
ya, parte de los recuerdos que nos deja la aventura de escribir.
A María Eugenia, por su aporte, por su presencia, por la
paciencia de su espera desde la dulce ironía de su sonrisa. Si, a
todos ellos, siempre divertidos, amables y solidarios, porque
comprendieron la soledad del gesto mismo de escribir un texto
y se sumergieron con entusiasmo conmigo en los meandros pro-
fundos de la amistad verdadera que podemos sin ningún tropie-
zo llamar amor.
Pero sobre todo, a la multitud de camaradas con los que
compartimos la intemperie, el devenir, la apuesta de los sueños,
el afán por traducir en teoría la experiencia, las prácticas y la
memoria, a los que luchan por fundar la emancipación humana
desde una subjetividad ético-política hecha-en-común.
A los camaradas que desde su propio cuerpo, construyen
el cuerpo común del poder constituyente. Puede ocurrir que el
devenir acabe materializando su despliegue social en un rostro-
proceso. Aquello que Deleuze llamó personaje conceptual y al
que todos y todas nombramos-tal vez por la cómoda cotidiani-
dad de repetirlo- Chávez, para decir en voz alta, lo que los sig-
nos asoman al referirnos a nuestros propios sueños, esperanzas
Crítica de la Razón Mediática

emancipatorias y pasiones.
Juan Barreto
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La belleza con agudeza y rigor


Michel Maffesoli
Profesor de la Universidad La Sorbona

onocí la distinción entre el científico y el político, de la


C mano de Max Weber. Él me permitió entrar a los mundos
que distinguen entre el erudito y las dos categorías anteriores. El
erudito resume al científico y al político, alumbrándose e infor-
mándose mutuamente. Es dos y sin embargo uno. La vida del
sociólogo alemán es un buen ejemplo de esto. A veces existe una
íntima vinculación entre esas dos funciones en una misma per-
sona.
Quizá sea así como se debe leer el libro de Juan Barreto
Cipriani. Me pareció un texto al que no dudo en calificar de
Magistral, desde el punto de vista estrictamente académico uni-
versitario. En él uno presiente las tensiones interiores del pensa-
miento y en qué medida la teoría puede iluminar una acción de
las más originales.
El recorrido de su obra jamás es plano. Se apoya con éxito
en autores clásicos y de allí se despliega por una multiplicidad de
circuitos de inspiración moderna. Pero lo que está en juego va
mucho más allá. La obra cruza con fuerza a la política tal como
ha sido elaborada desde El Iluminismo, tal como ha sido afirma-
Crítica de la Razón Mediática

da por el devenir de los cambios, como por ejemplo, la


Revolución Francesa; tal como ha sido teorizada por los grandes
modelos y sistemas sociales desde el siglo XIX hasta hoy.
Juan Barreto
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Permítanme muy modestamente, sugerir, de hecho, que


algo mucho más radical se escribe y mejor aún, se lee en este libro.
Radical en el sentido más etimológico: lo que va y se instala en la
intimidad de la raíz de las cosas. En esta materia, él sugiere cla-
ramente no sólo que el consenso social es para nada racional;
sino que se basa más bien en el hecho de afiliarse para compar-
tir emociones, compartir el sentimiento. A los herederos de la cul-
tura moderna se nos ha olvidado, pero es exactamente esto lo
que significa consenso: Com-sensualis. El compartir un estado o
momento sensual.
En sus principios griegos, el político (el ciudadano de la
ciudad), se basaba en el amor por esta polis, que era el hogar, la
casa común, el lugar comunal.
Sin embargo, poco a poco, por un movimiento de sepa-
ración y abstracción, propio de las cosas humanas, la política se
alejó completamente de su base natural: el pueblo. Entonces,
como explicara Weber, se fue volviendo el asunto-objeto, digno
de especialistas, quienes como respetables y responsables admi-
nistradores de un saber, se piensan obligados a hablar en nombre
de, y sobre todo, en lugar de este pueblo. A la manera del
Ministerio de Guerra de 1984, quien en la obra de Orwell, tiene
nombre de Ministerio del Amor. Despropósito que encubre de
alguna manera su propósito en la producción de una simple
anti-frase.
Por eso me gustó mucho encontrar a un Juan Barreto
hablando de estética, recordándonos que el único lazo social es
el erótico, en el buen sentido de un término temido, pero que
abarca toda relación. Uno puede o no, estar conciente de esto,
pero es realmente allí donde reside la transfiguración de lo
social en lo político. No es necesario negar o denegar esta afir-
Crítica de la Razón Mediática

mación, hacerlo sería ya el ejercicio de una pasión, de una eró-


tica del discurso.
Juan Barreto
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Para definir el carácter esencial de las tribus postmodernas,


yo, en mi momento, he recordado que estas se basaban en una ética
de la estética. Yo quería hablar de una armazón, de un tipo de cemen-
to, un lazo tejido, hecho por emociones, por pasiones de afectos
compartidos. ¿No es esto lo que podemos encontrar en la acción
cotidiana de la expresividad política, la dirección multi-lineal de las
comunidades de base organizadas? ¿De esta acción que en su
hacer sensual y con-sensual, toma en serio la vida diaria en su
aspecto extremadamente más concreto? Es decir, la realización del
si mismo en un nosotros. Estar a la altura del cotidiano, esta con-
minación de Max Weber, recorre como un hilo conductor rojo,
muy rojo, la reflexión de nuestro científico-político: el amigo Juan
Barreto.
Según una expresión francesa que demuestra bien la agu-
deza de la sabiduría popular, se dice: Hay que saber leer entre líneas.
El pueblo sabe hacer este ejercicio de reconocimiento. Esto ade-
más, es lo que incita toda obra, todo pensamiento de envergadu-
ra. La torsión de sus líneas, el cruce que de ellas encontramos en
lo que puedo calificar como una Bella Obra. Y en esta Bella
Obra, hay una visión, uno puede develar la importancia de la pro-
ximidad. Es decir, saber tomar en cuenta con la piel aquello que
está cercano y sólo así, como lo dijera Walter Benjamín, el concre-
to más extremo, para poder contestar de manera radical, a su vez,
al desafío más extremo que la postmodernidad naciente nos lanza.
Esta fuerza impugnadora de lo concreto, este materialis-
mo, es el elemento que imprime radicalidad a la obra de Juan
Barreto. Este texto invita a las pasiones a tomar partido, incita a
enrumbarse por el bullicio de las calles; a tomarse en serio el
momento cultural de la época, propio de toda gran mutación
social. Él prepara, con coherencia y rigor, la lectura del terreno
Crítica de la Razón Mediática

del devenir para pensar la transfiguración de lo político, desde la


auto construcción de un político transfigurado.
Juan Barreto
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PRO(LOGOS)

Crítica de la Razón Mediática


Juan Barreto
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Pro(Logos)

17

COMUNICACIÓN:
EL CLÍMAX
DE LA ERA POSMODERNA
Rigoberto Lanz

esde hace ya mucho tiempo las investigaciones más prome-


d tedoras en el campo socio-cultural se han planteado de
diversas maneras esta doble tensión que gobierna al pensamiento
crítico en esta época: hacerse cargo de la tremenda complejidad
de fenómenos inéditos para la experiencia de transformación de
la sociedad y cargar al mismo tiempo con la pesada responsabili-
dad de reformular buena parte de una herencia intelectual que se
convirtió en obstáculo para comprender el mundo de hoy.
Este conflicto intelectual y humano es vivido en todo el
mundo de maneras muy variadas. Los trayectos individuales
hablan de esta tensión al compás de las biografías que tienen
finalmente algo de intransferibles y otro tanto de fondo común
en el que compartimos los avatares del “pensar juntos”.
Es este itinerario justamente el que perfila mejor la den-
sificación de las propuestas que desde algún tiempo viene
haciendo el amigo Juan Barreto en el campo de una reproblema-
tización de las teorías de la comunicación, y más aún, en el cam-
bio radical de la mirada que intenta dar cuenta de la emergencia
de nuevas prácticas en la reconstitución de lo social mismo.
Crítica de la Razón Mediática

No es para nada casual que hace ya un par de décadas,


cuando todavía Juan Barreto ejercía la experimentación intelec-
tual de su Tesis de licenciatura, la cuestión central que goberna-
Juan Barreto
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Pro(Logos)

18 ba la agenda de aquellos días era justamente el debate en torno a


una epistemología de la comunicación (ese trabajo de grado derivó en
un libro que ilustra bien las preguntas que revoloteaban en aque-
llos espíritus febriles de los años ochentas).
Luego vendría una intensa travesía por los programas
doctorales que fue alimentada por una circunstancia definitiva-
mente crucial: la creación del CENTRO DE INVESTIGACIO-
NES POST-DOCTORALES (CIPOST) por allá en 1989 en el
que Juan Barreto estuvo muy involucrado hasta nuestros días.
Es evidente que esa enorme ebullición intelectual que ha
significado la impronta del CIPOST marca de un modo emble-
mático, no sólo la agenda de un nutrido grupo de intelectuales
de Venezuela y América Latina, sino la “caja de herramientas”
que distingue de manara muy neta las formas de investigar, los
estilos intelectuales, las tribus de pertenencia, los contenidos teó-
ricos en disputa, el talante humano que apuesta por una impla-
cable crítica de todo status quo.
Cada quien transita esta valiosa experiencia intelectual de
manera personalísima, es decir, con las cadencias y modulaciones
que son propias de las maneras como las personas se aventuran
en el mundo de la producción teórica. En este caso particular es
evidente la honda huella que ha ido dejando en la trayectoria
intelectual de Juan Barreto el estilo de debate teórico que carac-
teriza a la gente del CIPOST: voluntad crítica que no se negocia,
rigor epistemológico intransigente, empeño por democratizar el
quehacer intelectual a través de las más variadas modalidades de
diálogo.
Son muchos años los que hemos compartido de
Seminario en Seminario librando “peleas” intelectuales en todos
los rincones de Venezuela (habría que recordar que el CIPOST en
Crítica de la Razón Mediática

ciertas épocas realizaba un promedio de treinta y cinco


Seminarios nacionales y al menos dos Seminarios Internacionales.
Juan Barreto
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Pro(Logos)

Sea como parte de la organización, como Ponente o como ani- 19


mador de los debates, el amigo Juan Barreto fue siempre uno de
los más consecuentes participantes de estos fecundos encuentros
donde se aprende a discutir, a conocer a los demás, a descubrir
nuevos problemas).
Esa febril actividad ha bañado el temperamento teórico
de muchos jóvenes investigadores que se han formado en la cultu-
ra del debate, en la lidia de los posicionamientos de las diferen-
tes tribus, de las delimitaciones teóricas y políticas de los grandes
problemas que atraviesan las agendas que hemos ido constru-
yendo en común.
El pretexto de animar un proyecto de investigación o
realizar un programa doctoral es el conector que permite dispa-
rar estos rumbos diversos de la experiencia intelectual de cada
compañero. Ninguna es igual a la otra. Los nombres propios
hacen la diferencia; las peguntas que atormentan a cada colega
delinean las rutas y los tiempos que van perfilando el espesor
teórico de los desempeños de cada quien.
El terreno de lo comunicacional ofrece numerosas venta-
jas para el despliegue de prácticas teóricas de nuevo tipo y por
ello mismo abre distintas sendas para las búsquedas intelectua-
les que empiezan por cuestionar la herencia teórica que ha mar-
cado tan fuertemente las maneras de mirar un asunto tan
impregnante como el de los “medios” (una primera versión de
la tesis doctoral de Juan Barreto se convirtió en su libro: Los
medios de los medios. Allí quedaba reflejado claramente el filo crí-
tico de una posición intelectual que intenta demarcarse del
peso abrumador de las tradiciones positivistas que anulan la
capacidad de comprensión de estos nuevos tiempos, y distan-
ciarse también del dogmatismo de un marxismo empobrecedor
Crítica de la Razón Mediática

que malograba a su turno el chance de entender lo que estaba


ocurriendo con el fenómeno de la massmediática).
Juan Barreto
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Pro(Logos)

20 Una segunda versión más elaborada y mutante fue pre-


sentada y aprobada con honores como tesis doctoral y lo que
tenemos ahora entre manos es un estadio de maduración intelec-
tual en el que se expresa, mucho más visiblemente, el itinerario
–escapado ya de compromisos puramente académicos– de esas
incesantes búsquedas que ponen en tensión las usuales conven-
ciones sobre las teorías sociales y los procesos socio-políticos de
los que intentan dar cuenta esos modelos teóricos. Se trata ahora
de un salto, para ahondar en la investigación de los procesos
comunicacionales de cara a la complejidad misma de la cultura
que los porta y prestando la mayor atención al lugar epistemoló-
gico desde donde se están pensando estos problemas: “la comu-
nicación-información como nuevo dispositivo articulador del
sentido de realidad que hace posible los nuevos ajustes y meta-
bolismos de la lógica del capital”, dice el autor.
En este sentido el pensamiento se juega hoy en el terre-
no movedizo de la incertidumbre, la hibridez de temporalidades,
mezcla de ritmos históricos, como tempo, y toda suerte de efec-
tos de empatía más allá de la noción de contrato social, fuerte-
mente articulada a una visión estética. Todo esto vinculado a un
nuevo tipo de relacionamiento, un estar juntos, imbricado con
los equipamientos tecnológicos y la expansión impresionante de
los tejidos comunicacionales.
Procesos tales que hacen posible el vaciamiento massmediá-
tico del espacio público y reducen las relaciones de identidad políti-
ca al juego de la competencia publicitaria fuera del marco de com-
portamiento de los contenidos normativos de la sociedad moderna.
La posmópolis o comunidad virtual, puede ser la metá-
fora urbano-espacial de la mutación de lo político hacia una
tecno-cultura, lo cual supone de suyo, una transición epocal, lo
cual supone también nuevos dispositivos discursivos y otro equi-
Crítica de la Razón Mediática

pamiento intersubjetivo. Lo cual define profundamente los crite-


rios de realidad y redefine en profundidad las lógicas relaciona-
les y comunitarias vinculadas a lo comunicacional.
Juan Barreto
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Pro(Logos)

Es justamente, el aventurarse en este territorio, lo que ha 21


ocurrido con la definitiva tesis doctoral que ha adquirido la
forma de este libro. Lo que está en juego -en medio de una
amplísima diversidad de conexiones teóricas con discusiones de
ayer y de hoy- es la intensa reflexión sobre la significación actual
del fenómeno de la posmodernidad al interior de las prácticas y
discursos que hacen a una nueva visión de los procesos comu-
nicacionales.
En particular, una atenta investigación teórica sobre los
complejísimos -y vitales- nexos entre comunicación y política
(ambos polos de este binomio en pleno proceso de transfigura-
ción por los devastadores efectos de la crisis de la Modernidad y
el advenimiento de las nuevas realidades que son inherentes a lo
posmoderno como cultura, como transición epocal).
Justamente la dimensión política de la vida intelectual de
Juan Barreto constituye una poderosa fuente de inspiración para
el trabajo de recreación teórica que estamos comentando y fuen-
te también de numerosas tensiones y conflictos que se han vuel-
to consustanciales a los modos de pensar los agudos problemas
de las sociedades latinoamericanas. Ha de suponerse lo que han
significado todos estos años de creciente involucramiento en la
vida pública al tiempo que se agudizan los efectos de la crisis de
paradigmas y el desmantelamiento de los viejos modelos ideoló-
gicos. Pensar a la intemperie y tener que lidiar intensamente con
la construcción de opciones políticas en contextos como los que
se han conocido en la Venezuela de la última década es una expe-
riencia excepcional que plantea desafíos humanos e intelectuales
demasiado exigentes.
Desde luego, nadie “elige” por caprichos temperamenta-
les estos cursos históricos de la vida. Las cosas han ocurrido así
Crítica de la Razón Mediática

y en ese torbellino el amigo Juan Barreto ha toreado a su mane-


ra los retos de una militancia política protagónica con el tempo de
la creación intelectual (que no van siempre juntas ni pueden
Juan Barreto
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Pro(Logos)

22 superponerse burocráticamente). De esa amalgama humana, dis-


cursiva y teórica está impregnado todo el texto que ahora
comentamos.
El balance de esta singular concurrencia de factores es
altamente positivo, no sólo porque introduce un importante ele-
mento de corrección al academicismo incontaminado de las tra-
dicionales Tesis Doctorales, sino porque a la vez irrumpe con
fuerza frente al modelo reinante en la élite política desde hace
décadas que consiste en una letal combinación de ignorancia
enciclopédica y arrogancia pantallera.
A contrapelo de este estado de cosas el amigo Juan
Barreto emblematiza otro perfil de operador político, es decir, la
exigente articulación de un desempeño comprometido hasta las
últimas consecuencias con una férrea voluntad de aquilatamien-
to intelectual (que se expresa no sólo en las modalidades acadé-
micas de formación doctoral sino también en un estilo personal
de trabajo reflexivo en el que la indagación está siempre presen-
te en medio del tropel de una vida cotidiana tan endemoniada-
mente saturada de compromisos radicalmente militantes).
Para un centro de investigaciones como el CIPOST es
una fortuna contar con la singular participación de colegas como
Juan Barreto. Para quienes hemos estado cerca -por carambolas
de la vida- de este particular trayecto de evolución intelectual
resulta muy gratificador poder celebrar el advenimiento de este
libro. Celebración ésta que es en el fondo un homenaje a la amis-
tad de tantas maneras cultivada en este transitar por la experien-
cia de lo sueños, de las travesuras, de las entregas sin recompen-
sas a la vista.
Por lo que hay que decir también, que la Tesis doctoral
de Juan Barreto, fue aprobada y calificada por unanimidad, por
Crítica de la Razón Mediática

un jurado legítimamente constituido por cinco doctores electos


por el Consejo de Facultad de FACES-UCV y refrendado por el
Juan Barreto
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Pro(Logos)

Consejo Universitario de esta misma Universidad, logrando la 23


máxima calificación de 20 puntos, el reconocimiento de EXCE-
LENTE, “por aportar elementos novedosos a las ciencias socia-
les y por su amplitud y rigurosidad”, además de recibir una recomen-
dación para el Comité Académico de postgrado, para que le fuera conferida
una Mención Honorífica y su publicación, por sus aportes al conocimiento.
Cosa rara en esta casa de estudios, al menos a nivel doctoral en
mucho tiempo, por lo cual, el CIPOST ha decidido sacar a la luz
su contenido en forma de libro.
Lo que nunca queda de forma acabada es el caprichoso
sentido que las pasiones le imprimen a la vida y que a veces se
expresa en libros, como grandes estallidos del lenguaje.
Lo dicho, dicho está. Para qué agregarle otros indumen-
tos a las palabras y conceptos que se pondrán a prueba en las
inteligencias de cada lector. Lo que nunca está definitivamente
dicho, es el caprichoso curso de los afectos y de las querencias.
Los recuerdos, lo vivido y el porvenir. Por ello aprovecho esta
ocasión para celebrar lo que de todo queda, lo que en verdad vale
la pena: la amistad, dejarse afectar por el otro.

Crítica de la Razón Mediática


Juan Barreto
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Pro(Logos)

25

LOS NUEVOS
MUNDOS SIMBÓLICOS
Nelson Guzmán

a investigación que nos ofrece Juan Barreto en su libro Crítica


l de la razón mediática, hunde su escalpelo en las redes vivencia-
les en las cuales se confecciona la cultura moderna. El autor sien-
te que todo se ha conmovido, no existe ayer. El mundo ha sido
tomado por la profundidad de la velocidad.
Nuevos mundos simbólicos van engarzando y separando
a la vez a las generaciones. La riqueza consiste en que estamos
en el estar y el no ser. La noción de fijeza ha desaparecido. La
máquina ha invadido al hombre, pero a la vez le ha proporciona-
do un poder inusitado, y sobre todo una disposición: la creación.
La mediática en un solo instante puede hacer aparecer y
darle forma a discursividades que, en las viejas disertaciones, tar-
daban años en conformarse. El mundo dispone de una nueva
tecnología que ha concedido fuerza a lo demoníaco, criaturas de
la imaginación y de los sueños están allí rastreando laderas y veri-
cuetos inusitados de lo imaginario y las seguimos a todas las par-
tes a donde debamos ir.
El cine, y la televisión han hecho posible la ficción. El
mundo telemático nos ha convocado, somos demonios y ánge-
les a la misma vez y en esos cartabones de la acción debemos
decidir constantemente. Nunca como hoy ha existido una civili-
Crítica de la Razón Mediática

zación en donde lo inconsciente esté allí frente a nuestras pro-


pias narices, jamás el hombre había tenido la garantía de ser su
propio redentor.
Juan Barreto
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Pro(Logos)

26 El libro de Barreto deslindándose desde un acercamien-


to-paradoja del discurso-de La Escuela de Frankfurt nos sumer-
ge en el cuadro de la subjetividad del hoy. El clima cultural del
presente nos acerca con gran velocidad al otro, sus noticias, sus
acciones de vida no nos son ajenas, el mundo satelital, las redes
de información han creado otra memoria. Claustro de lo eficaz,
de lo banal, dependiendo todo del uso que le demos, es allí
donde se manifiesta la noción de atributo y sentido que una civi-
lización va adquiriendo.
No estamos sólo en la mediatización de la técnica, sino
en algo más profundo, la probidad de los hombres. La razón ha
rebasado todas las limitaciones, ciencia y ficción han comenzado
a encontrarse, pero un riesgo subsiste como siempre, el estallido
de las pasiones. Esta vez como nunca una rabieta, la vileza, y el
odio pueden llevar a que todo sea Physis, polvo de los polvos,
camino original, disgregación, diseminación.
El problema crucial que aborda este escrito viene dado por
la relación entre ética y política. En las sociedades de la moderni-
dad tardía, los medios jugaron un papel extraordinario, prospecti-
vamente diseñan las conductas de los hombres; éstos mueren por
el mensaje, yacen en el lecho de Procusto, lo más importante son
las visiones del mundo que inoculan a los hombres.
Las guerras son mediáticas, los adherentes son con-
quistados en sus emociones. El proyecto que se juega está
atado al mundo de las sensaciones. Los medios han reseman-
tizado el sentido de Occidente, la tábula es la mercancía, la
realidad surge como una promesa, y es desde ese imaginario
que cobran fuerzas las temáticas y propuestas de un tipo de
sociedad.
La modernidad comprendió con rapidez que la industria
Crítica de la Razón Mediática

cultural no era sino emoción, roce, crinejas de los olvidos. Lo


simbólico, lo imaginario se le da a las sociedades y a los hombres
Juan Barreto
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Pro(Logos)

como cura, como catarsis, sin ese vahído que son las mercancías 27
de la industria cultural, ante la miseria, los hombres morirían
sofocados, tristes, procelosos. No siendo el sentido de la legiti-
midad propuesta, la industria cultural trabaja con el acicate de la
felicidad.
Barreto toma distancia de las interpretaciones sociológi-
cas que estudian el mundo de los medios de comunicación como
simple técnica de dominio. A su juicio lo que está en disputa son
las guerras de las interpretaciones, no es al relativismo cultural a
lo que se refiere, tampoco a la concepción del arte como estéti-
ca pura, ni al fragor del caos. Lo que está en disputa es el cuadro
de construcción de la subjetividad como discurso, como argu-
mento, como poder y en esa simbólica los hombres ocupan luga-
res preferenciales.
Barreto nos presenta las disputas históricas en lo relativo
a la construcción del concepto de comunicación. Se ha pretendi-
do situar a los individuos y a las sociedades en relación a sus refe-
rencias, al grupo, a los estímulos. La comunicación planteada
como logro, como técnica, como necesidad de conformar una
ingeniería de lo social ha generado un discurso que apunta hacia
la estabilización.
Barreto da cuenta en su trabajo del pensamiento haber-
masiano y de su gramática de conformación de lo social.
Habermas se reclama de la modernidad, considera que ésta es un
proyecto inconcluso, y en su afán de darle coherencia al Logos
propone el diálogo perlocutorio.
Los argumentos deben servir para la paz, y para dar
raciocinio hacia lo que amenaza con caerse. Los argumentos de
Habermas se sostienen en la ideología universalista; este autor
confía en la razón, trata de rehabilitarla. Sabe que el caos está en
Crítica de la Razón Mediática

todas partes y que será necesario bridarlo. El autor se mantendrá


sujeto a las grandes promesas de la modernidad.
Juan Barreto
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Pro(Logos)

28 Barreto nos muestra en la articulación de su escrito la


aparición de otras circunstancias, la ordenación de una nueva
arquitectura simbólica que atiende básicamente a la aparición de
un mundo del entretenimiento en donde los medios actúan para
homogenizar, para sintetizarnos en una dialéctica del sujeto que
en el fondo no plantea otra cosa que la aparición de una filoso-
fía de la pragmática en donde la globalización tendrá la tarea de
hacernos uno, y de prepararnos un mundo de la felicidad, y a la
vez de la angustia y de la separación.
Hijos de los medios y entrampados en un universo mole-
cular, se estructura la gramática y la política como iracundia,
como placer, como posibilidad y como síntesis. El paraíso ha
desaparecido y ha dado paso a lo cinético, a las elucubraciones
nocturnas, diurnas, impresas, y oníricas que nos señalan y nos
pautan la vida. Todo va cambiando y adecuándose a aquello que
Habermas llamó en sus primeros libros una filosofía del interés.
Las producciones del capitalismo se han universalizado, se ha
impuesto una estética de los gustos.
El gran refugio de los hombres y de las masas parecen no
ser ya parte de la calle. El concreto lo invadió todo y quedan los
lenguajes, las metafísicas del éter que no son sino los medios.
Derrida invocando a Heidegger se quejaba de ese espíritu cerni-
do que es la modernidad.
Los medios en ese rumbo habrían de reconducir la vida
hacia la virtualidad. Hoy la cinética son los fangos, las espesuras
por donde debemos transitar; existencias diseminadas al lado de
la hojalata, pero no obstante son palpitar. Entre el limo, la fun-
gosidad, y las balas de desintegración del cine de horror está el
hombre transmutado.
El medio es la memoria de su memoria, es su propia indi-
Crítica de la Razón Mediática

gencia del futuro, no se sabrá lo que ocurrirá, los hombre boste-


zan en el aliento del miedo, los medios están allí incitando las
pasiones con promesas de paz insertas en mensajes de guerra.
Juan Barreto
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Pro(Logos)

Juan Barreto abre con este libro un universo de discusión 29


que no se puede dar sino en el territorio de las imágenes, los ejes
de conocimiento indican la recuperación de otra perspectiva
desde donde dar el debate, éstas son las metáforas.
El hombre postmoderno sabe que debe emanciparse, el
problema siempre ha sido el cómo, y dónde, y desde qué territo-
rio. La modernidad demostró la confiscación que hizo el capita-
lismo con las conciencias contestatarias. Herbert Marcuse lo avi-
zoró bien pronto, el ideal de confort estaba diseñado en los
Estados Unidos de Norteamérica para arrebatar las banderas a
los movimientos sociales y étnicos, sin embargo éste radicó
como una instantaneidad, el libre mercado seguiría diseñando la
espesura del mal y hundiendo al hombre en la herrumbre del
siniestro.
La interrogación que se planteaba era si seguía teniendo
vigencia el marxismo con su teoría de la alineación; teóricos de
distintas pelambres como lo diría el finado Ludovico Silva
irrumpieron, unos para condenarlo otros para vindicarlo hasta el
sectarismo. Hoy encontramos un problema serio planteado para
toda utopía y es el de la eficacia.
Sin un lenguaje plural las utopías son irrealizables. Está
planteada la reingeniería de los lenguajes, la dignificación de los
procesos y esa es la expresión y la convocatoria que nos formu-
la Barreto desde la riqueza comunicacional de la expresión.
La comunicación debe expresarse como enunciado de lo
más raigal que tiene el hombre y esto es la dignidad. No obstan-
te nuestra autobiografía social como cultura nos ha sido lacera-
da hasta la saciedad, las historias de vida de los medios nos afi-
lian definitivamente a la producción de un mundo cuyas tecno-
logías apuntan al mercado, y a la venta de productos por TV.
Crítica de la Razón Mediática

La tele se ha vuelto un gran supermercado. Una industria


de imbecilidades en el país siente la amenaza de ser desplazada
por lógicas argumentativas que prevean la formación y la puesta
Juan Barreto
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Pro(Logos)

30 al día de un hombre que en su condición de ciudadano reclame


lo que le corresponde, el derecho de ser informado con certeza.
El Estado debe asumirse como ético y ejecutante responsable-
mente de la fundación de un mundo mejor.
Los medios producen el discurso y convocan a un
mundo fractal. En Venezuela subsiste una idea de modernidad
mal entendida. Los intelectuales conservadores -los de medio
cachimbo, y los críticos que dejaron de serlo- se reclaman del
positivismo sin darse cuenta. Se sigue invocando una moderni-
dad más tecnológica que modernidad, más gringa que moderni-
dad. Los medios reclaman un nuevo lenguaje, el de la experimen-
tación con contenido y ese lenguaje somos nosotros como pue-
blo, inéditos pero con la necesidad de manifestarnos con nues-
tra epidermis.
La política ha resurgido en nuestro país como monstruo-
sidad. Nunca se había sido tan insincero en nuestra historia. El
reclamo es que se debe recomenzar y esto implica la rotura de
los viejos goznes. Los barcos no pueden permanecer anclados
en la distancia. Para utilizar una frase muy cara a Jacques Poulain
estamos ensayando un lenguaje de la experimentación.
Los medios han invadido la subjetividad. Diseñada una
política de la conquista del poder el lenguaje actúa como instru-
mento, como un saber, para evocar a Foucault, que produce una
tecnología del yo. Desde allí la tríada: poder -saber- subjetividad,
crea los tropos de la conciencia, hundidos en un mundo que cul-
tiva la estupidez; la cual seguimos repitiendo sin el menor arre-
bol de vergüenza.
La cultedad ha devenido en complejo de cultismo, no
de lo mejor de la cultura de los imperios, como puede ser su
literatura, su arte, su cine y pare de contar, sino de lo demen-
Crítica de la Razón Mediática

cial. El exceso de maquillaje en los mass medias deviene en mal


gusto, proclamar la muerte del pasado reinventa un lenguaje
Juan Barreto
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Pro(Logos)

que se sitúa más allá de los hombres, de sus emociones históri- 31


cas para instalarse en lo que no puede ser, la aniquilación de la
memoria.
Este libro, Crítica de la razón mediática, nos convoca a la
discusión del sentido que han tomado los saberes. Atrapados
por este nuevo clima cultural estamos avisados de que debe-
mos dar la batalla por conformar una nueva utopía en sintonía
con un mundo que sufre a cada instante grandes cambios y
convulsiones.

Crítica de la Razón Mediática


Juan Barreto
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Pro(Logos)

33

TRAYECTOS CLAVES PARA PENSAR


EL SOCIALISMO COMO PASIÓN
Magaldy Téllez

ay invitaciones que resultan tranquilizadoras y confortables


h para los invitados y para quien invita, porque de alguna
manera anticipan para ambos lo sabido, los resultados de un
encuentro previsto para el sosiego que produce la seguridad de
los interlocutores y de los lugares en los que se da el encuentro.
Y hay invitaciones que pudiéramos llamar intranquilizantes y
riesgosas para los invitados y el invitante, pues no hay manera de
anticipar, de prever, de programar lo que ha de ocurrir en el
transcurso de la fiesta, de modo que ante ellas y en ellas, el gesto
del titubeo y del desconcierto.
Particularmente, y especialmente en el terreno del debate
intelectual cruzado por el talante político, me gusta optar por este
último tipo de invitaciones, aunque, sin duda, me lance a ellas no
sin ciertos tartamudeos. Así que cuando mi imprevisible e incata-
logable amigo Juan Barreto me extendió esta invitación no pude
menos que recibirla como un don, porque sé que Juan no espera
elogios tranquilizadores y reconfortantes, no puede esperarlos,
porque Juan es el nombre de un cuerpo singular que se hace y
rehace con un lenguaje liberado del lenguaje legitimado y legiti-
mador del orden, y el nombre de un lenguaje hecho cuerpo libe-
rado del cuerpo orgánico y dócil. Pero también la recibí con agra-
do, pues su invitación no me fue hecha como la prologuista de su
Crítica de la Razón Mediática

libro sino como una singularidad más cuya voz entra en las múl-
tiples voces de este libro, como se entra a una fiesta sin más pro-
pósito que la fiesta misma, por lo que ella ofrece.
Juan Barreto
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Pro(Logos)

34 Así entré en Crítica de la razón mediática, el libro de Juan


Barreto encontrándome a la entrada con su epígrafe inicial: un
fragmento de Gilles Deleuze, en el que dice que en un libro no
se busca «comprender nada», sino preguntar «con qué funciona»,
«con qué conexiones hace o no pasar intensidades», porque un
libro, y agregaríamos, un libro que no sea libro en el sentido
canónico, no hace sistema, sino «rizoma», «máquinas desmonta-
bles», o «medios desmenuzables… que dejen sobrevivir bien
esto, bien aquello». Como una cita con la que se abre un libro es
remisión a lo que, de cierta manera, se puede intuir que encon-
traremos luego en sus trayectos, me parecía que el umbral ya era
promisorio. Aunque la mala fe me hizo pensar: veremos si el
experimento de Juan funciona como un rizoma, como una
máquina desmontable, como una escritura nómada y paradojal
cuyas líneas de sentido sean disparadas en múltiples direcciones.
Con esta mala fe, aunque también, y sobre todo, suspendiendo
mis supuestos saberes, me adentré en su lectura y en mi escritu-
ra, pues no se lee sabiendo lo que se lee, ni se lee si aquello que
se lee no va provocando ruptura en nuestras propias escrituras.
Como no leí este libro para hacerle un prólogo, debo decir
que fui adentrándome en él, saliéndome de él, perdiéndome en él,
todo poco a poco a la vez. No podía hacer otra cosa, pues Crítica de
la razón mediática evoca las imágenes del Minotauro y del Laberinto
cuando éstas dejan de representar lo monstruoso y lo extraño, que
generan rechazo, para hacer que despierten en nosotros una curio-
sidad asociada al reconocimiento de la complejidad del mundo, a
nuestra extraña condición en él, a nuestras relaciones con los otros
y con nosotros mismos, opacada por el lenguaje que da por supues-
to el saber como un camino lineal conducente a la verdad original,
como si el saber condujera a la salvación, al afuera del laberinto en
Crítica de la Razón Mediática

el que, sin embargo, como el Minotauro, se vive.


Asterión, el minotauro borgiano, es quien teniendo el habla,
describe su morada: «sin puertas cerradas, sin cerraduras, sin cen-
Juan Barreto
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Pro(Logos)

tro, en la que todas las partes están muchas veces [y] cualquier 35
lugar es otro lugar», un lugar múltiple que se bifurca delante de
sus pasos, de sus juegos y de sus deseos de ser otro Asterión. Así,
desmiente la creencia de que él es un prisionero. Y, también,
quien al meditar sobre su morada, dice del otro, de los que fin-
gen que van a visitarlo y les muestra la casa, de los que entran y
corren alegremente a buscarlo, del que espera como su redentor
haciendo resonar estas preguntas: «¿Cómo será mi redentor?
¿Será un toro o un hombre, será tal vez un toro con cara de hom-
bre? ¿O será como yo? », cuya fuerza debilita la de Teseo: «¿Lo
creerás Ariadna?... El minotauro apenas se defendió».
Asterión, en efecto, habla de la exploración de su propia
morada, en la que percibe que no hay un centro ni un camino fijo
y recto, que no es el prisionero de la construcción de Dédalo
sino el viajero perenne que no requiere del hilo de Ariadna, sino
de sus recorridos, que importan no por su inicio y su fin sino por
ellos mismos como experiencia en y con el laberinto. Porque en
el laberinto cada camino desemboca en otros, cada bifurcación
conduce a otras y ningún punto está desligado del otro.
Así me hizo recorrer Juan Barreto su libro, de modo que,
al menos por mi singular exploración en él puedo decir que sí
acudió a la cita con Deleuze, inscrita como marca a la entrada de
su libro, su transitoria morada. De hecho, el (la) lector(a) podría
comenzar y continuar por cualquier parte o ensayo, pero cada
parte o cada ensayo les hará invitaciones para ir a otros y entrar
en ese vasto y plural campo de relaciones que se abren entre la
massmediática, la construcción de subjetividad y la política.
Y, así, me imagino que Juan recorrió sus propios laberintos
para elaborar su Crítica de la razón mediática, seducido por la inquie-
tud acerca de cómo funciona el dispositivo información-comuni-
Crítica de la Razón Mediática

cación en la trama de fuerzas, límites, posibilidades, peligros y


potencias que contiene el instante espacio-temporal que habita-
mos, eso que llamamos el presente. Pero precisemos, una inquie-
Juan Barreto
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Pro(Logos)

36 tud a su vez seducida por la voluntad política, lo que fue haciendo


que su escritura discurriera por el entrecruzamiento entre mass-
mediática y consumo como lógica de sentido inherente a la forma-
capital hoy, y a las sociedades de control; por el papel de la mediá-
tica en la inmaterialidad del capital, basada en la precesión del con-
sumo respecto de la producción; por el dispositivo mediático en la
construcción de subjetividades, por lo que ocurre con la massme-
diatización de la política -su ausencia-, por las territorializaciones,
desterritorializaciones y reterritorializaciones que hoy tienen lugar
en la máquina de máquinas que es la biopolítica y la modalidad de
las relaciones de poder que le son propias; por la refundación de
la política, el cuerpo de la política -no el cuerpo biopolítico- la
multitud, la potencia-poder constituyente y la reinvención del pue-
blo, entre otras cuestiones. O, mejor dicho, entre otros trayectos.
No es casual que Juan haya surcado estos recorridos ape-
lando a diversas herramientas donadas por pensadores como G.
Deleuze y F. Guattari, M. Foucault, J. Derrida, U. Eco, T. Negri,
G. Balandier, J. Baudrillard, G. Vattimo, P. Bourdieu, R. Debray,
E. Laclau, M. Maffesoli, P. Virilio, I. Mészáros, S. Mezzadra, A.
Piscitelli, J. Ramoneda, J. Rancière, y P. Virno, entre otros.
Tampoco, que en tales trayectos hayan surgido los espectros de
Spinoza, Nietzsche y Marx. Nada más y nada menos que los pen-
sadores malditos cuyos cuerpos de palabras siguen dando qué
pensar y qué decir para hacer vibrar-trastornar nuestros cuerpos.
Digamos, entonces, que la búsqueda de Juan Barreto en
este libro es, en un mismo, movimiento teórica y política, tal vez
aceptando la invitación deleuziana: pensar es crear, crear es resistir.
La fecundidad de esta búsqueda, se expresa en indudables apor-
tes, entre los cuales, podría señalar gruesamente los que me pare-
cen de mayor valor e importancia.
Crítica de la Razón Mediática

El primero de ellos, sin que esto suponga el estableci-


miento de una jerarquía, es que aquí se ensayan respuestas a pre-
Juan Barreto
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Pro(Logos)

guntas nuevas, como las que reclama la emergencia de una con- 37


dicional epocal cruzada por la lógica massmediática. Por esto
puede decirse que Crítica de la razón mediática da espesor epistemoló-
gico al abordaje de la comunicación como campo de conocimien-
to, es decir, una cierta autonomía por la cual la dimensión comu-
nicacional deja de ser subsidiaria de enfoques sociológicos, poli-
tológicos o psicológicos, para tornarse un lugar desde el cual
entrar en el análisis de la complejidad de lo social, hoy. Vale seña-
lar que lo social ha sido leído desde distintos ángulos, económi-
co, político, cultural, etc., donde lo comunicacional no ha conse-
guido un estatuto propio. Pero en este libro se logra con la cre-
ación del concepto del dispositivo información-comunicación.
Es lo que hace, por ejemplo, que este libro fluya por el
modo en que somos constituidos por el lenguaje, el funciona-
miento de los mass media en la red capital-comunicación-infor-
mación, la construcción de subjetividad en y desde las mediacio-
nes massmediáticas, la massmediatización de la política.
Cuestiones sin las cuales sería imposible comprender el mundo
actual y nuestras maneras de relacionarnos en él y con él.
El segundo aporte se expresa en las hipótesis desarrolla-
das respecto de la co-implicación subjetividad y política, a la que
Juan Barreto dedica buena parte de su búsqueda. Insistamos, con
Juan, en este asunto. Decir subjetividad y política es nombrar la
dimensión subjetiva de la política y la dimensión política de la
subjetividad, con lo cual estamos remarcando que la subjetividad
es un proceso constitutivamente político, pues se construye en el
despliegue de las relaciones con otros, implicando discursos y
acciones de los cuerpos, sus afectaciones y sus intensidades. Lo
que supone que la subjetividad no es algo dado, sino que se pro-
duce entre las prácticas sociales de sujeción y las prácticas de
Crítica de la Razón Mediática

resistencia a ellas, lo no sujetado que se construye en acto y cons-


truye sus potencias en su propio accionar.
Juan Barreto
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Pro(Logos)

38 En estas hipótesis se invita a considerar las líneas dese-


antes de la política y las líneas políticas del deseo, cuya obtura-
ción ha sido una operación propia de diversos registros discursi-
vos de lo social que han funcionado como dispositivos en el
paso de las sociedades disciplinarias a las sociedades de control.
Obviar una y otra de estas dimensiones comporta, insistiendo de
nuevo con Juan, seguir acarreando las consecuencias prácticas
del discurso totalitario de la política, venga de donde venga.
Hacerse cargo de la co-implicación entre política y subje-
tividad, como lo hace Juan Barreto, es abrir(se) el espacio para
pensar procesos que interpelan e, incluso, pueden llegar a subver-
tir la lógica capitalista y sus dispositivos de control, sin que los mis-
mos quepan ser interpretados como procesos homogéneos y esta-
bles. Y, con ello, para repensar lo político, que siempre se juega en
la potencia de los cuerpos. Así pues, no es casual, ni es un mero
ejercicio intelectual, que los ensayos de la sexta y última parte del
libro -La apuesta por la distopía de las multitudes: hacia una refundación
de la política -, sean las que, a modo de bisagra, cierren y abran los
trayectos recorridos, pues la textura de ellos densifica las interro-
gantes teóricas y políticas que conforman el terreno que Juan
explora. Se trata de interrogantes vinculadas con la cuestión con-
cerniente a las búsquedas que iniciemos o prosigamos en términos
del pensamiento que Foucault definiera como una ontología históri-
ca del presente, o una ontología histórica de nosotros mismos.
El replanteamiento de los vínculos entre subjetividad y
política, la incursión en las diferencias irreductibles entre el cuer-
po biopolítico y el cuerpo político, en el tejido multitud-cuerpo-
potencia-poder constituyente, en el cual inscribir la reinvención del
pueblo como modo de subjetivación política. Todo ello, traduce
un serio esfuerzo por abrir cauces para comprender, por ejem-
Crítica de la Razón Mediática

plo, lo que se pone en juego en movimientos sociales que conju-


gan resistencia e invención, en cuya comprensión radica, en buena
parte, el desafío de repensar lo político.
Juan Barreto
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Pro(Logos)

La importancia y el valor que, para este desafío, tiene 39


hacer intervenir el entrecruzamiento entre política y subjetivi-
dad, se vinculan fundamentalmente con el hecho de que tanto
los dispositivos de poder como los de resistencia operan, no sólo
construyendo imaginarios sociales, sino también sobre los cuer-
pos. En un sentido, produciendo cuerpos dóciles que actúan de
manera rutinaria y con movimientos limitados y fragmentarios.
En el otro, el de las resistencias, propiciando cuerpos capaces de
percibir y desplegar las potencias que surgen con el estallido de
sus luchas, de enfrentar las sutiles y no tan sutiles formas de
dominio. Cuerpos que deliberan, cuerpos alegres en el accionar
de sus potencias, en las libertades que se construyen con este
accionar, siempre asediadas por los poderes instituidos, en los
diversos espacios de lo social.
Aquí entroncamos el tercer aporte de este libro y que da
razón a su subtítulo “Pre-textos para un debate por el Socialismo”.
Porque, a fin de cuentas, de eso se trata en este libro, si entende-
mos que dicho debate, hoy, no puede hacerse al margen de la
comprensión de las complejas condiciones que definen el capi-
talismo en su configuración actual, ni de lo que se pone en juego
en la construcción de nuevas subjetividades políticas. Porque,
entre las cuestiones que resultan insoslayables está, sin duda, la
emergencia de otra pasión política, la pasión hecha cuerpo en suje-
tos que inventan sus formas de resistencia, organización y crea-
ción, que con su coraje y alegría rechazan mandar y ser manda-
dos, desmantelando la lógica de dominantes y dominados, en lo
cual radica una de las condiciones insoslayables para la transfor-
mación de lo dado. Es lo que Juan Barreto nos da a pensar y a
decir desde sus planteamientos.
Quizá no sea del todo inoportuno recordar aquí la
Crítica de la Razón Mediática

noción de autonomía propuesta por C. Castoriadis, quien en su


libro La exigencia revolucionaria, plantea que es un colectivo el que
inviste la voluntad política de darse sus propias leyes, pues sus
Juan Barreto
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Pro(Logos)

40 procesos y prácticas resultan incompatibles con los sistemas


jerárquicos y representativos. Desde esta noción, la democracia
directa basada en relaciones de horizontalidad, no sólo constitu-
ye formas de organización de colectivos, sino también, en lo fun-
damental, otro modo de construcción política y de cuerpos polí-
ticos. Por ello, es instituyente de otras formas de vida política que
interrumpen la biopolítica. Es esto lo que está en la base del
poder constituyente de la multitud de lo múltiple, en cuyo des-
pliegue plural y singular también se despliegan transformaciones
en los modos de pensar el mundo y de pensarnos a nosotros
mismos, así como la posibilidad de imaginar una sociedad justa,
de iguales, solidaria, y libertaria. Pero no como un ideal utópico
sino como una idea fuerza inscrita en las resistencias cotidianas
que inauguran modos de interrumpir las estrategias biopolíticas
de dominación, visibles e invisibles, brutales e imperceptibles.
Como Juan, sin ingenuo optimismo pero, también, sin
instalarnos en la comodidad de lo imposible, diremos que la
constatación de la eficacia de las estrategias de poder no debe
impedirnos mostrar que esta eficacia no ha podido impedir las
voluntades políticas de libertad, en las que late la emergencia de
nuevos devenires en los modos de pensar, decir, hacer y sentir
eso que llamamos otra política y otra democracia. Que estos
devenires no tengan que responder a nuestros propios anhelos
libertarios, no desmiente su efectivo despliegue en la reinvención
de la política, una apuesta que compartimos y vivimos con todos
aquellos quienes, desde cualquier lugar del mundo, rechazamos
la indecencia de lo que en el mundo impide a millones de seres
humanos vivir una vida digna de ser vivida.
¿Podríamos construir un socialismo otro sin subjetivida-
des socialistas, sin cuerpos dolientes y deseantes, cruzados por la
Crítica de la Razón Mediática

pasión que hace posible resistir a toda forma de dominio?


Juan Barreto
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UN INTENTO
43

PARA HACERSE CARGO


DE LA MASSMEDIÁTICA
A MODO DE PREÁMBULO

Siempre he experimentado internamente


el hecho de que la noción de realidad está
indisolublemente ligada a los problemas del tiempo y
del devenir. Es sorprendente que este lazo constituya,
desde los griegos, uno de los temas centrales
del pensamiento occidental. Antes de venir a
Cerisy releí lo últimos Diálogos de Platón; no se puede
sino estar sorprendido por su insistencia en retomar el
tema del devenir y de su correlato dialéctico:
la inmovilidad. Es así que en el Sofista ,
el Extranjero evoca, para mostrar los límites,
una posición típica de la problemática platónica:

Y es por medio del cuerpo, decís,


que por la intermediación de la percepción
nos comunicamos con el Devenir, mientras que es por
la intermediación del razonamiento que, por medio de
alma, nos poneos en relación con la realidad de la
existencia, de una existencia que, decís,
siempre compone habitualmente las mismas relaciones,
el Devenir desarrollándose por su lado, tanto de una
forma como de otra.Lo que encuentro conmovedor en
Platón es que pone permanentemente en duda sus
propios enunciados, un poco más lejos,
¿no es el propio Extranjero quien estima
que hablemos «a imitación de los niños pequeños»,
Crítica de la Razón Mediática

porque queremos a la vez el Ser y el Devenir?

I. Prigogine
Juan Barreto
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A modo de preámbulo

44 Profecías y realidades tecnológicas

ue pasado el medio día, en 1965, en el transcurso de un


f almuerzo, cuando surgió la frase:
En el futuro, por supuesto que una ciudad como ésta [Nueva York],
no tendrá ningún sentido, será algo superado, será en todo caso, otra
Disneylandia, una especie de parque de atracciones.1

Tal vez, todavía se discuta en algunos círculos académi-


cos, si Herbert Marshall McLuhan fue un visionario o un charla-
tán. Las frases por las que se hizo famoso (“el medio es el men-
saje”, “la luz eléctrica es pura información”, “vivimos en una
aldea global” o “desde la invención del tambor el hombre se
comunica por vía artificial”) son hoy calificadas de clichés, slo-
gan o aforismos afortunados.
Sin embargo, todas ellas y sus conocidos textos La Galaxia
Gutenberg y Para comprender los medios2 son muy anteriores al “fax
digital”, a la era de las máquinas binarias, al boom de las computa-
doras3. Y lo más importante es que en su momento estas afirma-
ciones no pasaban de ser premoniciones especulativas y optimis-
tas, que apenas se acercaban al proceso entonces naciente.
La ahora creciente singularidad de la informatización glo-
bal de la producción y todo su campo de efectos asociados: la
sobreaceleración del tiempo de trabajo, del proceso de valoriza-
ción y de realización del capital en la circulación en el mercado,
como ya explicaremos cuando demos cuenta de la aparición del
nuevo dispositivo Información-Comunicación; red de dispositi-
vos, plano de consistencia, aparato ordenador de la mercancía
como lógica dominante del momento de la totalidad social, no
Crítica de la Razón Mediática

1 T. Wolfe, “McLuhan and his friend [Crónica]”, en revista Vanity Fair, Nº


123, Nueva York, 7 de junio de 1971, p. 29.
2 Publicados originalmente en 1962 y 1964, respectivamente. M. McLuhan,
La Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores, Barcelona, 1993; Para comprender los
medios, Paidós, Barcelona, 1996.
Juan Barreto

3 A. Piscitelli, Ciberculturas, Paidós, Buenos Aires, 1995.


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A modo de preámbulo

era vista siquiera como un posible asomo, al punto que la cien- 45


cia ficción de la época se queda corta ante los arrasadores alcan-
ces tecnológicos del presente actual.
McLuhan no alcanzó a experimentar las amplias conse-
cuencias de este hecho tecnológico: hablar por telefonía móvil
celular, escribir en un micro procesador personal, ver programas
en televisores con pantalla plana con alta definición, asistidos
por el cable y la parabólica o cualquier nueva hipertecnología de
las que hoy inundan la vida cotidiana, estaban ausentes hace
unos 30 o 40 años atrás; por eso no llegó a conversar ni a traba-
jar “en línea”.
Sin embargo, sin conocer los cambios que se estaban
produciendo en los modos y relaciones del capitalismo tardío, ya
intuía que “los medios mismos son el evento”, que su materiali-
dad es lo significativo, y no única y necesariamente sus discursos,
tal como veremos en este texto.
Tal vez este comienzo parezca algo frívolo a algunos.
Pero veamos: En las últimas décadas, las llamadas “nuevas tec-
nologías” han creado de todo: cintas magnéticas de audio y luego
digitales, open-drive, recepción casera de satélites, periódicos
personales, tele interactiva y cable por microondas, fibra óptica
de banda ancha, capaz de transmitir millones y millones de bits
por segundo.
Ya es corriente adquirir cada vez menos películas de
tapa blanda o VHS, a favor del mercado del disco compacto,
CD ROM, DVD; el acceso a Internet y televisión en línea a la
telefonía móvil; el consumo de TV-móvil manual e hipermedia
o TV digital en línea, y en días apenas, a como van las cosas,
computadoras tan pequeñas como una agenda manual con
funcionamiento de millones de ciclos por segundo, con un
Crítica de la Razón Mediática

consumo de energía mínimo y billones de bites, es decir, supe-


radoras de las rudimentarias y obsoletas máquinas móviles que
estamos usando ahora.
Juan Barreto
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A modo de preámbulo

46 Y ni hablar de los logros de la cibernética, la ingeniería


genética y la termodinámica, que ya experimentan con clones y
células madres para completar implantes que conecten al cerebro
con los programadores. El sueño de la IA (Inteligencia Artificial)
se hace realidad y comienza a pensar la VA (Vida Artificial).
Stuart Sim, en su libro Lyotard y lo inhumano, reflexionan-
do sobre los virus cibernéticos, sostiene que ya no tienen nece-
sidad de activación humana, sino que operan autónomamente,
de ahí que estemos «en presencia del eclipse de lo humano, por
medio de la tecnología de avanzada y sólo queda la política»
como apelación ética, como alternativa ante una sociedad indife-
rente que es testigo del impacto de la tecnociencia y sus resulta-
dos inhumanos, con toda su narrativa escenográfica y el secuestro
que desde allí acecha.
En este mismo sentido, como también lo ha advertido J. F.
Lyotard, desde una visión considerada por algunos de neoconser-
vadora, dice que ya es tiempo de reconsiderar hacia dónde nos
dirigimos cultural y globalmente hablando y cuál es el imperativo
de nuestras vidas. Debemos saber si es el momento de cambiar de
rumbo o de aceptar que éste es el único modo de conducirnos.
Tenemos que saber, por ejemplo, dice este autor, cuántas
partes de nuestro cuerpo pueden ser sustituidas antes que deje-
mos de ser nosotros mismos. Qué pasará con la piel, sus place-
res y la variedad de operaciones o habilidades del pecado en la
corporeización del mal, ahora tecnológico. Y se responde, que en un
mundo cyborg, no habrá demonización. La tecnología determina-
rá también una nueva ética del cuerpo, pues «la máquina somos
nosotros mismos». Quedarán sin embargo, algunas cosas sueltas:
¿Cuánto de sintético es posible incorporar sin afectar la concien-
cia de ser naturaleza?
Crítica de la Razón Mediática

Lyotard dice: «El tiempo humano es ya pasado mítico.


En pocas palabras, somos cyborg, es nuestra ontología, nos pro-
porciona nuestra nueva manera de ser y hacer política…
Juan Barreto
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A modo de preámbulo

Abolición de los sexos y transfiguración del deseo-máquina 47


como devenir del cuerpo»4.
La fuerza de trabajo, en ese sentido, también será impac-
tada en su sustancia constitutiva hasta superar el intelecto, susti-
tuido mansamente por el artefacto presentido por William Gibson
en Neuromante. Así es, se han creado las condiciones de posibili-
dad para todo eso y más. Concurrimos a la aparición de sofisti-
cados dispositivos y aparatos que se sobre pliegan sobre sí mis-
mos y sobre las puestas en escena del cuerpo y la subjetividad,
ellos son noticia cada día. Ya nadie se sorprende de nada. Pero,
¿para qué servirán?
Los tecnócratas quieren que sirvan para casi todo. Se
podrán reparar motores a distancia, ir al supermercado sin salir
de la oficina, manejar autos por control remoto y hasta cocinar
en casa desde el trabajo. Incluso, algunos creen que muchas sen-
saciones íntimas pueden ser sustituidas y que esto tiene también
sus ventajas. Desde esta perspectiva, la idea de una ciudad inteli-
gente ya no es una utopía mcluhaniana. La profecía de aquel
almuerzo no luce tan descaminada.
Para T. Roszak, el culto a la información se ha instalado
en nuestras vidas y Dios dejó de ser el relojero, el eterno arquitec-
to del universo, para convertirse en un nerd del Silicón Valle. Ya que
la inteligencia puede ser artificial, entonces el hombre ha cedido
uno de sus principales atributos y el cerebro-pensamiento progre-
sivamente deviene prótesis del arsenal tecnológico y no al contra-
rio. Al respecto, este científico de Harvard University, comenta:
Los comerciantes de datos, como los he llamado, se dan cuenta de
que sus carreras-o sus inversiones- están vinculadas a las promesas
extravagantes que acompañan a los ordenadores; alegan cualquier
razón para creer que nada hay que los ordenadores no puedan hacer
ni deberían estar haciendo. El resultado de ello, es que se haya crea-
Crítica de la Razón Mediática

do una mística de la información que hace imposible una distinción


fundamental entre datos, conocimiento, juicio, comprensión, infor-
mación y sabiduría.5

4 J. F. Lyotard, Lo inhumano, Manantial, Buenos Aires, 1998.


Juan Barreto

5 T. Roszak, El culto a la información, Gedisa, Barcelona, 2005, p. 15.


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A modo de preámbulo

48 Ahora bien, el impacto de estas tecnologías también pro-


mete un nuevo mapa social configurado por relaciones de pro-
piedad, manejo de información, nuevas destrezas del cuerpo y su
relación con la máquina, control político de la sensibilidad y el
gusto, nuevos fines de los poseedores y propietarios a partir de
nuevos usos y consumos. Además de una profunda brecha entre
los que las poseen y usan y los que no las tienen, hoy llamados
analfabetos tecnológicos (que conforman casi dos tercios de los
habitantes del planeta, que no saben si quiera leer y escribir y
mucho menos qué cosa es un teléfono).
Así mismo, supone nuevos problemas legales, estéticos,
culturales, internacionales y el paso de la civilización actual hacia
otras instituciones, en donde la dominación se metamorfosea en
aparatos y prácticas de control ejercidas a través de nuevos rudi-
mentos políticos, los cuales implican otras máquinas subjetivas y
sus equipamientos que dejan atrás al fordismo y se instauran en
la sociedad de la información-comunicación, entendida ésta
como forma o modo de articulación de la explotación del traba-
jo y la acumulación-circulación (postfordismo). Mientras tanto,
en general, la teoría sobre los medios sigue hablando de efectos y
mensaje.
La nueva ciencia de los ordenadores ha impactado con tal
fuerza el terreno epistemológico, que ya desde hace algún tiem-
po la relación de dependencia o la idea de colonialismo cedie-
ron el paso a la dominante noción neoliberal de subordinación
interdependiente. Así mismo, por el lado impugnador y radical,
va tomando forma el discurso que ensambla la idea del capitalis-
mo mundial integrado como un Imperio, como totalidad estra-
tégica del movimiento del capital en una nueva fase superior.
Así, el concepto Imperialismo (que de una vez anuncia-
Crítica de la Razón Mediática

mos, no trabajaremos en este texto) pasa poco a poco, a partir


del efecto de la globalización, a ser subsidiario de relaciones pun-
tuales y de tácticas esquizofrénicas, como denuncia Žižek, cuan-
Juan Barreto
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A modo de preámbulo

do afirma que, mientras los movimientos alternativos piensan 49


localmente y actúan globalmente, el imperialismo es una prácti-
ca del capital que piensa globalmente y actúa localmente6.
Independientemente de sus propias contradicciones, el
capital mundial se integra y subordina a un nuevo régimen, y el
imperialismo va dejando de ser un momento, una fase, para
transfigurarse en una estrategia que no deja de ser ejercicio de la
fuerza brutal como puro momento, ejecutoria de movimientos
tácticos y contingentes a sí mismos. Forma expresiva de la coer-
ción del capitalismo global integrado.
Por eso, a pesar de sus infinitas contradicciones internas,
no deja de ser hoy en día, cada vez más, un efecto de superficie
de la condición globalizada del capital, una puesta en escena de
su funcionamiento como totalidad social concreta, que unifica
fuerzas y pasa a ser una táctica de poder, allí donde se presentan
tensiones; una suerte de operación de poder sobre los Estados
nacionales subordinados o Estados periféricos.
Marx decía que el capital en su movimiento extensivo
hacia la mundialización, coloniza y recupera por territorializa-
ción. No tiene patria y borra las fronteras. No respeta la confor-
mación de los Estados nacionales y liquida por medio del ejerci-
cio de la fuerza hegemónica de la monopolización de los merca-
dos y por sobreproducción, reduce las contradicciones intercapi-
talistas, acoplándola a una red extensa y contradictoria de rela-
ciones integradas.
Esta lógica recuperadora, producto del cambio tecnoló-
gico, a partir de la construcción de un nuevo dispositivo hege-
mónico (información-comunicación), impacta por aceleración el
espacio epocal y se reproduce, no sólo en el terreno de las lógi-
Crítica de la Razón Mediática

cas administradas de dominación y control, también crea unida-


des discursivas y matrices epistemológicas de nuevo signo, que
tensan y producen cambios en las construcciones de las ciencias
Juan Barreto

6 Véase: S. Žižek, La revolución blanda, Atuel, Buenos Aires, 2004.


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A modo de preámbulo

50 sociales, alterando también la relación de saberes fundantes de


las llamadas “ciencias duras”.
El campo de tensión de dichos dispositivos de conoci-
miento crea nuevos lugares para otros conceptos que se abren
paso como régimen dominante de verdad. Por ejemplo, el con-
cepto cibernético de “información”, en tanto dispositivo de acu-
mulación racional y organizada de datos, saltó de la informática
a otras disciplinas y colonizó, desde la década del 40, a parte del
mundo paradigmático de la Física y la Biología.
Por ejemplo, Se define ahora del ADN como una “cinta”
de memoria proteica, ordenadora de fragmentos de datos de
información descifrable y reproducible; o se habla de células
madre, como banco de información matriz. Es decir, se reduce
un evento y un proceso a una matriz de conceptos hegemónicos,
sin pensar que el ADN es una construcción-proceso cuya com-
plejidad alcanza a una explicación que puede tocar, desde ese
espacio matricial, varios mundos y modelos de conocimiento,
construyendo nuevos saberes, pero hoy queda atrapado al inte-
rior del dispositivo de saber de la informática, lo que impide una
visión que va más allá de tal límite.
La llamada revolución de la biología, va de la mano con
el universo conceptual de la cibernética y de este modo, el mode-
lo organicista-mecanicista fue reducido a favor de los ordenado-
res. Para algunos, una célula humana y un micro chip son más o
menos lo mismo. Todo puede ser replicado y sólo es cuestión de
tiempo e inversión en investigación. Aboliendo así, desde esta
epísteme, toda la complejidad en la comprensión de la potencia
de la sustancia de la existencia de aquello que llamamos “mate-
ria” y el asombroso milagro de la vida sobre la tierra.
Ello, al punto en que reputados científicos como J.
Crítica de la Razón Mediática

Pfeiffer, del ITM, en su libro The thinking machine (1962), ya habla


de la automatización del nivel molecular como límite para avan-
zar en la construcción de un modelo más eficiente de compren-
Juan Barreto
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A modo de preámbulo

sión que limita el esfuerzo científico, en la medida que se descifra 51


“la información” del “código genético” y otras barbaridades fun-
cionalistas que no valen la pena repetir. Este científico, con gran
influencia en el mundo de las élites políticas norteamericanas,
llegó a asegurar que la revolución informática era parte de la evo-
lución de la especie humana y como tal no podía ser regulada por
ninguna ley del hombre, ni ninguna otra, así ésta fuera natural.
Esto permitió años después (1987), a J. Kemeny, asegurar
que se podría programar a los seres humanos como se programa
un ordenador, llenando el cerebro, con «una capa de informa-
ción básica», a la que llamó «evolución simbiótica» o «evolución
cibernética». Podríamos agregar cientos de nombres y argumen-
taciones a esta lista de nuevos cruzados, dotados de un discurso
cada vez más aceptado y difundido, que asegura la eficacia del
mito y el optimismo sobre el progreso tecnológico.
Tal dispositivo de saber es ya una excrecencia proliferan-
te, que actúa por contaminación y chantaje sobre la producción
de nuevos conocimientos y se erige en obstáculo epistemológi-
co. Hay para todos los gustos. Desde los desmelenados y vocife-
rantes defensores del nuevo dispositivo, hasta los discretos
observadores que, como F. J. Dyson, guardan distancia pruden-
cial en relación a la presunta universalidad del nuevo dispositivo
de saber, con argumentos ambiguos, como el relativo al metabo-
lismo y la duplicación, en tanto dos funciones primarias de las
células vivas, pero observándose que la duplicación en el caso
de los virus depende del metabolismo de otra célula, la recepto-
ra, de modo que no existe separación absoluta entre el hardware
y el software.
Esto implica que no existe una ley que impida a las pro-
teínas ser base de la información, ni que éstas sean procesadas
Crítica de la Razón Mediática

por los ácidos nucleicos. Aunque, de todas maneras, la metáfora


continúa siendo acertada «para describir la organización de la
célula»7. Por ejemplo, se olvida o deja a un lado los experimen-
Juan Barreto

7 F. Dyson, El infinito en todas direcciones, Metatemas, Barcelona, 2004.


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A modo de preámbulo

52 tos llevados a cabo sobre el comportamiento emocional del


agua, recogidos en “el mensaje del agua” (de la cual estamos for-
mados en un 80%), por Masatu Emoto (1992) en numerosas
universidades japonesas y americanas.
No es de extrañar, por ende, que en el discurso de la vida
ordinaria, mucha gente haya adoptado términos como “progra-
mación neurolinguística”, “cerebro triuno”, “auto programa-
ción” y toda una suerte de discursos que circulan sin ninguna
alcabala ético-política. Para R. Jastrow, por ejemplo, otro pro-
hombre de las nuevas tecnologías, la evolución de la especie
humana ya terminó y ahora viene el ordenador. Lo cual significa
la posibilidad de que emerja una “especie ciberg” que surja del
hombre, pero que supere sus logros, del mismo modo en que fue
superado el homo erectus, y que con tal posibilidad sea el silicio
el que haga la nueva forma de vida inteligente.8
Lo mismo ocurre a partir de los últimos descubrimientos
sobre el átomo, el electrón y el universo de partículas que lo con-
forman. Allí se ha instalado un debate fuerte que también está
cruzado por las mismas tensiones producto de la epísteme domi-
nante que amenaza, incluso, sólidas investigaciones como la teo-
ría de Schrôdinger, de 1943, sobre la duplicación mecánico-
cuántica del gen.
Tan sólo 5 años después, en 1948, John Von Neumann
dio una conferencia en Princenton, en la cual introdujo la metá-
fora de la célula viva como ordenador autómata. Esto bastó para
que se produjera una desbandada científica y nadie más conti-
nuara el camino iniciado por Schrödinger. Nosotros creemos
que es igualmente peligrosa la aplicación de una tecnología sin
fundamento ético, asumiéndola como un paradigma universal
neutro, que critica sin fundamentos cualquier nuevo dispositivo
Crítica de la Razón Mediática

de saber poder.
Pero resulta que toda idea con pretensiones de verdad
proviene de un universo en el que intervienen además de los
8 R. Jastrow. Citado por Dyson, en El infinito en todas las direcciones, Metatemas,
Juan Barreto

Barcelona, 2004.
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A modo de preámbulo

conceptos, el azar, el caos, las pasiones, la experiencia, la memo- 53


ria, el olvido, las necesidades, los intereses dominantes, las ten-
siones sociales y hasta la percepción reticular más íntima, en fin,
la voluntad humana como subjetividad general o “genio de la
especie”, diría Nietzsche.
Esto implica advertir que las emociones y los deseos,
como ya se sabe, son la base de las operaciones del hipotála-
mo en cuanto máquina de producción de hormonas y grupos
de proteínas complejas que conforman los polipéptidos, suer-
te de llaves químicas que se asocian a las células, se disparan
para producir estados de ánimo que convertimos en percep-
ciones y en cadenas de asociaciones, de donde surgen las
ideas-emociones.
En esa dirección y desmintiendo cualquier aproximación
puramente informático-funcional, Antonio Damasio construye,
desde la noción spinoziana de afecto, una teoría neurobiológica
de las emociones y los sentimientos. Este investigador concluye
que el dolor y el placer se asocian en nuestras mentes de mane-
ras no programadas, en estados emocionales no siempre corre-
lacionados. Sentimientos concretos «y hasta el comportamiento
ético», pueden ser afectados por la pérdida de un sector especí-
fico de los circuitos cerebrales que lo contenían, o por micro
alteraciones físico-químicas del mismo.
Así, cada cerebro tendría un mapa común y a su vez, una
configuración específica, tal cual ocurre con una huella digital.
Lo que sugiere la localización física de la emoción-sentimiento y
la imposibilidad de replicar el tipo de conexión neurológica que
lo hizo posible. Así, proceder a cartografiar la geografía del cere-
bro, sostiene Damasio, comporta admitir la asociación de su fisi-
calidad constituyente y las expresiones singulares que ocurren en
Crítica de la Razón Mediática

el cuerpo entero de la experiencia de cada ser humano. Lo que


significa que el misterio sobre cómo sentimos-pensamos, deven-
ga cada vez menos misterio.9
Juan Barreto

9 A. Damasio, En busca de Spinoza, Crítica, Barcelona, 2005.


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A modo de preámbulo

54 Tal perspectiva abre un abanico de preguntas: ¿Puede una


teoría general de La Información-Comunicación, tener preten-
siones universales y dar cuenta de dicha complejidad? ¿Será que,
como predijera M. Foucault, hemos llegado a la muerte del hom-
bre y al surgimiento de otro espacio de saber-poder-lenguaje,
capaz de designar nuevas figuras de sentido superadoras de lo
humano como discurso dominante, gracias a la hegemonía del
nuevo paradigma tecnológico? ¿Podremos replicar en términos
puramente maquínicos las emociones-sentimientos prescindien-
do del encuentro con la experiencia?
Otros autores que intervienen en esta polémica son G.
Edelman y G. Tononi, para quienes la conciencia o estado de
subjetividad, fue evadido durante mucho tiempo por las llama-
das “ciencias concretas”, abandonadas a la especulación de la
filosofía, sin dar cuenta de las múltiples inteligencias humanas.
Razón por la cual estas ciencias no dieron lugar al hecho de que
la experiencia conciente emerge como efecto del modo de fun-
cionamiento de cada cerebro individual10.
Por lo que las conexiones neuronales aleatorias que reco-
gen la experiencia quedan articuladas a emociones. Ello explica
que procesos bioquímicos y eléctricos activados emocionalmen-
te, que proceden a almacenar y a recordar de manera unitaria e
indivisible, pueden, sin embargo, expresarse en estados concien-
tes distintos, infinitos e ingentes.
Sobre este asunto, E. Beauport sostiene que la materia
del cerebro es energía en movimiento continuo y para D. Bohm,
en sintonía con D. Chopra, los procesos que almacenan la emo-
ción-experiencia de la conciencia son de carácter cuántico, una
creación del mundo siempre original. Es decir, una misma expe-
Crítica de la Razón Mediática

riencia puede derivar en distintos estados emocionales subjetivos


que deciden la realidad individual o colectiva.
Juan Barreto

10 G. Edelman y G.Tononi, El universo de la conciencia, Crítica, Barcelona, 2002.


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A modo de preámbulo

Son los llamados qualia neuronales que resultan de un afue- 55


ra no dependiente únicamente del cerebro. Dicho de otro modo,
los cuantos de memoria son fractales y rizomáticos, lo que
Shopenhauer denominó «el nudo del mundo» de la razón suficien-
te. ¿Podrá esta compleja operación: conciencia-realidad-emo-
ción-sentimiento, ser algún día reproducida? Žižek, en su estilo
provocador, asegura:
Si la próxima década produce la unificación de los múltiples medios
de comunicación, en un sólo aparato que combine las características
de una computadora interactiva, un televisor, un equipo de video-
audio, y si Microsoft, realmente consigue convertirse en el dueño casi
monopólico de ese nuevo medio universal, controlando no sólo el
lenguaje que se emplee en él, sino también las condiciones de su apli-
cación, entonces es obvio que nos enfrentaremos con una situación
absurda en la que sólo una gente, libre de todo control público,
dominará la estructura comunicacional básica de nuestras vidas, y
será, por lo tanto, más poderoso que cualquier gobierno.
Lo que da pie para más de una intriga paranoica. Dado que el len-
guaje digital que todos usaremos habrá sido hecho por hombres y
constituido por programadores, ¿no es posible imaginar a la corpo-
ración que lo posea, instalando en él un ingrediente de programación
secreto que le permita controlarnos, o un virus que ella misma podrá
detonar, interrumpiendo nuestra posibilidad de comunicación?
Cuando las corporaciones de biogenética firman su propiedad sobre
nuestros genes, patentándolos, lo que también hacen es plantear la
paradoja de que son dueños de las partes más intimas de nuestro
cuerpo. De modo que todos, sin ser concientes de ello, ya somos
propiedad de una corporación.11
Crítica de la Razón Mediática

11 S. Žižek, Conferencia, Universidad de Buenos Aires, Abril 2003.


Juan Barreto

(Mimeografiado).
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A modo de preámbulo

56 La era de las conexiones

…Impera una idea fija, surgida de una pulsión


atávica concentrada en la posesión y en
la acumulación de bienes, pero hoy día desfasada,
pues ya no se le vincula a percepciones tangibles, a
operaciones en las que subyacen activos reales o
incluso simbólicos, sino a fluctuaciones virtuales
de la especulación, de apuestas alucinantes… En
nuestro tiempo, la riqueza ya no estriba
en la posesión de especies palpables, como el oro o
incluso la moneda. Ahora se ha desviado, es móvil
e inmaterial y se agita, abstracta y furtiva, en los
intersticios de las transacciones especulativas, a
tenor de su velocidad. Procede más de los flujos
especulativos que del objeto de esa especulación.
Esa avidez orientada hacia frenesíes virtuales
engendra la acción devoradora instituida de todos y
de todo por unos pocos, y es una avidez que se
pretende universal, autónoma, exenta de todo
control, al tiempo que se revela incapaz
de dominarse siquiera.

V. Forrester.

Tal como lo analiza Fernando Mires, en La revolución que nadie


soñó12, la naturaleza de los cambios está impactando a la civiliza-
ción de manera transversal y ya lo estamos contemplando. Esto
es tan cierto que incluso algunas minorías avanzadas política-
mente, como los zapatistas, además de organizaciones delictivas
como el narcotráfico, grupos fundamentalistas de diverso tipo y
cualquiera que quiera ser escuchado, sabe cómo hacer uso de
estas tecnologías y está metido en las redes. Sin entrar en ningún
tipo de consideraciones de otra índole, hay que usar la tecnolo-
gía “superior” porque está allí como un destino, y punto.
Crítica de la Razón Mediática

Además, otros grupos y actores sociales distintos a las


clases tradicionales, están apareciendo y creando nuevas costum-
Juan Barreto

12 F. Mires, La revolución que nadie soñó, Nueva Sociedad, Caracas, 1995.


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A modo de preámbulo

bres que no tienen nada que ver con lo que se ha conocido hasta 57
ahora13. Lo que supone la aparición de problemas éticos y polí-
ticos más peliagudos que las discusiones que hoy todavía, aun-
que nada desdeñables, preocupan a algunos sobre los contenidos
de La TV, sin entrar en otras consideraciones de mayor o distin-
ta profundidad.
Los eventos de nuevo tipo también son el producto del
trabajo vivo y en ese sentido trabajo subjetivo y subjetividad
general, por eso son condiciones generales de producción de
sentido que pueden ser leídas y asimiladas por las nuevas gene-
raciones humanas como diagramas de fuerzas que operan desde
su propia existencialidad, como generadores de actualidad que
obran produciendo obsolescencias humanas no adaptadas al
cambio tecnológico.
Es decir, el nuevo dispositivo también crea una nueva
fragmentación y corte, un nuevo pliegue intersubjetivo como el
ocurrido entre el hombre del campo y el de la ciudad. Se trata de
un dinamismo que en un mismo espacio territorial, actúa despla-
zando a numerosos contingentes sociales no habituados o entre-
nados en la comprensión y uso de la nueva tecnología. A este
efecto se le conoce bajo el lugar común de brecha social o brecha
generacional tecnológica.
La tendencia es a que los cambios profundicen la diferen-
cia respecto a los usos y consumos del dispositivo información-
comunicación-actualidad, por ejemplo, que el mundo de los lla-

13 Uno de estos nuevos actores son las nuevas tribus sociales que se están agru-
pando alrededor de los hipertextos y del cyberespacio. Los cyberpunks contie-
nen en su interior a los hacker, cyfer, cyberhippies y demás especies que hoy pulu-
lan alrededor de la tecnología. Tienen sitios en donde se reúnen, realizan
encuentros mundiales, congresos, peticiones a los gobiernos y los más radica-
Crítica de la Razón Mediática

les practican nuevas formas de terrorismo y piratería que desconciertan a la


banca mundial y a los gobiernos creándoles verdaderos dolores de cabeza.
Estos actores, casi todos muchachos menores de 30 años, son capaces de
generar crisis planetarias parecidas a los conflictos de la ciencia ficción.
Algunos de ellos ya se están planteando novedosas formas de participación
política y comienzan a hablar de los problemas de la subjetividad a la luz de
estos cambios. Al respecto véase: J. Mayo, La contra cultura digital, Gedisa,
Juan Barreto

Buenos Aires, 1999


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A modo de preámbulo

58 mados adultos, quienes siguen creyendo que lo más avanzado en


tecnología es un automóvil, sea cada vez más distante en relación
con los nuevos usuarios y consumidores de tecnologías.
Pero más preocupante aún, resulta el lugar de la tecnolo-
gía en la profundización de la brecha entre pobres y ricos, además
de la crisis institucional y las tensiones que se proyectan entre
países y continentes. Para asimilar este proceso acelerado, los gru-
pos políticos y las clases dirigentes de siempre no están suficien-
temente preparados y sus discursos no le dicen nada al porvenir.
«Un paisaje de acontecimientos acelera el tiempo de las for-
mas de memoria y de olvido»14. El delirante golpe de estado
mediático cotidiano crea un desequilibrio entre el mundo de la
vida tradicional y el de la producción de la información-mundo.
Tal como lo dijera McLuhan, «el medio mismo es el aconteci-
miento», que no el mensaje. Esta perspectiva cruza de algún
modo la preocupación de Antonio Pasquali, un teórico que, en
su Bienvenido Global Village, siente que los intelectuales sufren de
una fatiga bostezante ante los cambios; sin embargo, asume una
postura ambigua y dual, que es fiel reflejo del debate y de todo
lo que se juega en torno a los nuevos desarrollos de la comuni-
cación y sus efectos:
Internet, una feliz disolución en interactividad de las viejas dictaduras
unidimensionales, políticas y de mercado, en el campo de las comuni-
caciones. El último tranquilizante universal, con desvío automático de
contestadores exhibicionistas al archivo muerto del anonimato un
avance tecnológico ‘con hormonas’ sobrecargado de ciberexplicacio-
nes efectistas. El arma final de la mercantilización globalizadora. El
instrumento definitivo de la democratización del saber.15

Una de las aristas más importantes que se abre en este


debate es la referida al papel de la tecnología en cuanto nueva
Crítica de la Razón Mediática

forma de control social, o sea, como nuevo diagrama del poder.


En tal sentido, investigadores de todas las latitudes se preocupan
por la naturaleza de este nuevo diagrama que comienza a anun-

14 P. Virilio, Un Paisaje de acontecimientos, Paidós, Barcelona, 1998.


Juan Barreto

15 A. Pasquali, Bienvenido Global Village, Monte Ávila, Caracas, 1998, p. 285.


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A modo de preámbulo

ciarse, al que llamamos sociedad del control y que iremos expli- 59


cando entrado el texto. Carlos Colina, en un ensayo sobre el
tema, dice:
Las nuevas formas de control social están relacionadas con los
desa-rrollos tecnológicos de las últimas décadas. Pero hemos de
aclarar en principio que estamos lejos de sostener una postura
determinista, ora tecnológica, ora sociológica. Si intrínsecamente
las tecnologías telemáticas y digitales parecen ‘evitar’ la intensifica-
ción de la vigilancia, también, y no en menor medida, abren nove-
dosos y expeditos canales de participación y lectura-escritura. Las
sociedades actuales y su infraestructura tecnológica de información
combinan potencialidades democráticas y también autoritarias de
manera simultánea.16

El trabajo de David Lyon17, sirve para comprobar que


mucha gente comienza a inquietarse por lo que denominan la era
Orwell. La data vigilancia, el sondeo, la televigilancia, las redes
de conexión que posibilitan la convergencia tecnológica estarían
preconizando tiempos panópticos. Aunque admite, en la onda de
M. Galbraith, el surgimiento, también, de contra poderes y nove-
dosas formas de resistencia. No es un azar que en nuestro país,
y en otros tantos, la legislación se apresure a poner al día temas
como la firma electrónica, el registro de documentos y de marca
en redes electrónicas, y de datos, como prioridades de los
Estados, a fin de evitar la canibalización.
Los linderos entre público y privado se corren en la
medida en que algunas tecnologías tienden a la verificación y el
control. ¿Quién tiene derecho a incorporar, modificar o añadir
datos sobre una persona en sus archivos o acceso a sus registros
informáticos? ¿Son los bancos de datos, los nuevos genes socia-
les, la memoria digital es individual o social?, y en ese sentido, ¿es
posible una diferenciación que cree un campo de delimitación de
Crítica de la Razón Mediática

espacios regulables, en el momento en que la llamada “lucha

16 C. Colina, “Nuevas formas de control social: ¿panopticismo electrónico o


seducción postmoderna?”, en Anuario del ININCO, Nº 11, Caracas, 2000, p. 25.
Juan Barreto

17 D. Lyon, El ojo electrónico, Alianza, Madrid, 1998.


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A modo de preámbulo

60 mundial contra el terrorismo” interviene estos nuevos territo-


rios sin discusión ni consideración alguna?18
Recientemente, la agencia española de noticias EFE,
reportó la instalación de micro-chip en seres humanos para el
control de actividades del personal que labora en la empresa de
video-vigilancia Citywatcher.com, de Cincinati, Ohio. Así, dice su
presidente, Sean Darks, cuentan con una pieza de silicona del
tamaño de un grano de arroz y con ella sabrán donde se encuen-
tra cada trabajador a cada hora y que actividades realiza, incluso
podrán rastrear enfermedades y otros comportamientos de su
organismo.
Estos microcircuitos son por ahora, obra de la empresa
Verichip, filial de Applied Digital Solutions de Florida, presidida por
John Procter. Esta empresa, en octubre de 2004, recibió el con-
sentimiento por parte de la Dirección de Alimentos y Farmacias
de EEUU, La FDA, para comercializar masivamente el produc-
to, el cual ya está a prueba en el Departamento de Justicia de
México y en discotecas en España, para evitar fraudes.
La empresa calcula que para finales de esta década,
habrán millones de seres humanos con distintos implantes elec-
trónicos en el cuerpo. Aparatos que pueden, o no apagarse. En
este mismo sentido Genoma Dinamic, empresa dedicada a la inge-
niería genética, avanza en investigaciones y patentes para la masi-
ficación comercial de productos, en donde la conformación de
la sustancia de la vida humana es el principal mercado.
A propósito de la ingeniería genética, S. Žižek advierte
que el problema último no reside en sus consecuencias impre-
visibles al clonar personas (¿qué ocurrirá si creamos mons-
truos-digamos-humanos sin responsabilidad moral?), sino en la
manera en que la ingeniería biogenética afecta fundamental-
Crítica de la Razón Mediática

mente nuestra noción de “educación”, pues en lugar de educar

18 Véase también de C. Colina, “Telemática y control social”, en Anuario del


ININCO, Nº 8, Caracas, 1996-1997, pp. 151-188. Y a J. Sulston. El genoma y
Juan Barreto

la división de clases, Tebeo, Bogotá, 2005


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A modo de preámbulo

habría que programar genes para lograr, por ejemplo, “espon- 61


táneamente”, un niño con tendencias “naturales” a la música o
a obedecer órdenes.
¿Surgirían dos clases de personas y distintos regímenes
de derecho? ¿Quién será más “perfecto” o “superior”?
¿Podremos escapar -y en todo caso, es o no deseable- a este
nuevo modo de producción de lo humano como técnica de
desidentificación y nueva frontera?
Procesos en acto como este, plantean interrogantes ante-
riormente no asumidas por las ciencias sociales. Estas tecnologí-
as aparentemente inofensivas, nos permiten retomar las reflexio-
nes de investigadores como Langdon Winner19, para quien la
tecnología moderna es una forma omniabarcante de organizar al
mundo y de reificar el poder.
Y agregamos, que un potente artificio que transforma
todo lo que está a su alcance, sea material, espiritual o humano
-y esto no necesariamente, dice, es una postura moral, sino una
constatación-, pues el conjunto tecnológico crea sus propias
necesidades, modificaciones, reificaciones, usos, costumbres,
síntesis; en fin, define el alcance de una lógica de sentido.
Y no se trata sólo de la lógica instrumental weberiana-
frankfurtiana, sino también de muchas otras formas de relacio-
nes perceptivas, afectivas, estéticas, políticas, que producen el
llamado y preocupante efecto de adaptación inversa, es decir,
los fines humanos al servicio de los modelos y los medios tec-
nológicos disponibles, hasta convertirlos en valores universa-
les, legitimados por la presunta neutralidad tecnológica.
Asistimos, entonces, a una suerte de inversión de la carga del pre-
supuesto tecnológico.
Crítica de la Razón Mediática

Al respecto, J. Rancière sostiene que el sobrepliegue tec-


nológico pone en cuestión el concepto mismo de igualdad y de
inteligencia, al proceder por desmaterialización informática de
Juan Barreto

19 L. Winner, La ballena y el reactor, Gedisa, Barcelona, 1987.


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A modo de preámbulo

62 ambos conceptos, y en la medida en que desmaterializa los pro-


cesos de producción de riqueza, también aumenta el embruteci-
miento masivo, por sobre-exposición a la superabundancia infor-
mativa, o por sobre-explotación del tiempo y el trabajo, como
ocurre actualmente en buena parte de Asia. Manejo especulati-
vo de los precios de la energía y su creciente importancia para
sostener el complejo industrial militar del mundo de las nuevas
tecnologías.
Esto define la época, sus formas de poder y de construc-
ción de la subjetividad. Conocer, pensar, almacenar y saber se
confunden de manera indiferenciada, pasando a ser emplaza-
mientos estratificados anclados y dirigidos al consumo de infor-
mación y a la circulación de la comunicación así planteada.
Es la nueva razón instrumental tecnológica como impe-
rativo sistémico dominante, actuando desde la razón técnica.
Entonces, el problema de los usos, emplazamientos, estrategias y
momentos de la tecnología pasan a ser también problemas éti-
cos, políticos y por supuesto, de la epistemología matricial de
cualquier teoría.
Tiene razón Winner cuando dice: «Más que un neo-
ludismo tecnológico, lo que estaría planteado sería preguntarse
la cuestión del significado de las tecnologías de la información
sobre nuestras vidas y qué cosas ocurren en y con nosotros
mismos».20
Que nadie se escandalice, no estamos planteando que
todo tiempo pasado fue mejor y que la rueca y el machete supe-
ran al computador y al teléfono móvil. También somos usuarios
de Internet y consumidores de cuanta oferta tecnológica salga al
mercado; por cierto, mientras más mega bites tenga el objeto,
pues mejor.
Crítica de la Razón Mediática

Pero también quisiéramos dejar claro que en cada acto


aparentemente inocente de cada nueva práctica, se juega el
Juan Barreto

20 Ibid., p. 123.
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A modo de preámbulo

futuro y que guardamos distancia prudencial del fanatismo 63


extremo que de ambos lados se instala para celebrar todo lo
que sea digital.
Como expectantes observadores de los prodigios tecno-
lógicos, queremos decir que nosotros también estamos doble-
mente sorprendidos: por un lado por la conmoción escéptica
que produce la falta de reflexión sobre el tema, y por el otro,
por el asombro que concita que tantas y tantos se dejen sedu-
cir sin remedio por la promesa tecnológica, la cual, en términos
generales, ya es de suyo un dispositivo de poder y control de los
mundos de la vida.
Sin embargo, muchas propuestas teóricas no terminan de
construir un campo de definiciones que permita una lectura
compleja del asunto y se contentan con alegatos que no son más
que un ejercicio contemplativo del devenir tecnológico.
Tal situación hace oportuno recordar que Marx inicia el
intento de una epistemología radical en relación a la tecnología,
cuando en El Capital, afirma que la gran industria obliga a la
sociedad a reemplazar al individuo fraccionado, de modo que la
frase “¡Zapatero a sus zapatos!”, sensata en el período artesanal
y manufacturero, se torna locura después que el relojero Watt
inventa la máquina de vapor, el barbero Arkwright el telar conti-
nuo y el platero Fulton, el barco de vapor.
El abandono de una teoría crítica del fenómeno tecnológi-
co ha repercutido en el oportunismo intelectual de aquellos que
optan por una retórica indefinida que asume como natural el
impacto de el cambio, y por ello mismo, no es capaz de decir hacia
dónde va y qué mundos pretende o puede construir a partir de si
misma, ¿Será acaso, un universo más allá o más acá del mercado?
Crítica de la Razón Mediática

Mientras esto pasa, grandes y sonadas empresas gastan


cientos de millones de dólares al año y un alto porcentaje de sus
ingresos en investigación tecnológica y así logran dar a luz a nue-
Juan Barreto
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A modo de preámbulo

64 vos dispositivos de sobrepliegue hiper-tecnológico: cada vez más


aplicables, veloces, inteligentes y “sensibles” como la autoesteros-
copia, o mirada simultánea por aplicación tecnológica.21
Así mismo, millones de seres humanos se la juegan apos-
tando a la democratización de las redes y al acceso a la tecnolo-
gía de la información. ¿No estaremos aceptando positiva o nega-
tivamente el cambio sin chistar y saltándonos algunos pasos en
la comprensión del fenómeno y en sus rumbos posibles?

Las urgencias de la teoría

Es imaginable y exigible una razón mucho más


compleja, una razón perversa y polimorfa, que no
considere el absurdo como algo ajeno a su gestión
ni anatematice el éxtasis por ‘improductivo’; una
razón dispuesta en todo caso a volverse contra sí
misma, contra sus principios ‘inmutables’
y a recuperar todas las dimensiones de que
ha prescindido en favor del aumento
de la producción y de la eficacia industrial.

F. Savater.

El tiempo en el que se escriben las cosas, en el que se leen, en el


que se piensan y en el que se distribuyen entre los lectores, así
como las angustias y las alegrías del material ahora expuesto, no
son las mismas en cada momento: las pasiones de un texto no
son un tiempo simultáneo. Las mediaciones que se crean entre lo
que se quiere decir y lo que finalmente se dice, también están cru-
zadas por numerosas intercepciones e interpretaciones tecnológi-
Crítica de la Razón Mediática

21 “El proceso a una economía informática necesariamente implica un cam-


bio en la calidad y la naturaleza del trabajo. Esta es la implicación sociológica
y antropológica más inmediata de la transición de un paradigma económico a
otro. Hoy la información y la comunicación han llegado a desempeñar una
función esencial en los procesos de producción…El proceso que estamos
describiendo no es meramente formal, es material y se realiza en el terreno
Juan Barreto

biopolítico. T. Negri. Imperio, Paidós, Barcelona. 2002, pp. 269 y 327.


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A modo de preámbulo

cas, o de otra índole, por eso a veces, lo escrito no siempre coin- 65


cide con las intenciones esperadas –o aspiradas– desde “el autor”,
ni con las lecturas posibles de los “receptores”.
Quisiéramos, con Derrida, un texto que se coloque fuera
de sí mismo, escrito, producido, diría Nietzsche, «a golpes de
martillo y olvido de paraguas». A punta de fragmentos, interro-
gantes no resueltas y mucha idea suelta vagabundeando por allí
en el texto, como angustia expresiva o tal vez líneas de fuga que
pretenden otro alcance aquí no realizado, pues escribir es un
gesto de un cuerpo con sus mezclas de pasiones. He aquí el des-
propósito y la pretensión de estas líneas.
De todos modos, en un mundo en donde tiempo, espa-
cio, soporte y representación están siendo cuestionados por las
nociones de contexto, intertextualidad, simultaneidad, hiperrea-
lidad, virtualidad, simulacro, mediación, actualidad y aconteci-
miento tecnológico, por citar algunas nociones todavía en proce-
so de ser descifradas, aparece como necesario decir que desea-
mos un texto que pueda ser leído en tiempo presente y que sea
capaz de agregar algo contra el consenso desde donde se piensa
la esfera de realidad mediática y su dispositivo dominante: la
Información-comunicación.
Otro punto que quisiéramos tocar, es el referido a la
extensión de la lógica organizadora de la producción, el consu-
mo, los mercados y la circulación de dicho dispositivo informa-
ción-comunicación, y su metástasis que hace prótesis al interior-
exterioridad, del territorio espeso de la subjetividad, haciendo de
él un espacio de instauración y operación de un régimen de sen-
tido que, por ahora, diremos, funciona como mercado instalado
y subsumido en el mundo de la vida, gobernando desde las men-
Crítica de la Razón Mediática

talizaciones, expresándose en la esfera de lo privado, en la inti-


midad y hasta en los pensamientos oscuros de la individuación:
el biopoder, en términos de Foucault.
Juan Barreto
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A modo de preámbulo

66 Partimos de la idea de que el sentido actúa en los sujetos


como conjunto de energías modelizadoras de su imagen y como
móvil de la acción de los mismos, proliferando desde allí, discur-
sividades al infinito, vaciando y reformateando para decirlo en para-
doja cyborg, el destino, marcando la actualización y obsolescencia
de las cosas, acelerando y delimitando procesos, estableciendo
movilidades y recomposiciones en forma de recortes.
Lo que llamamos producción, consumo y tráfico en el
universo de los massmedia es, de alguna manera también, la pro-
pia existencia de lo social en el acto de su propia representación
y en su configuración como nuevo sentido. Es a este proceso
concreto, a esta forma del biopoder, al que llamamos performati-
vidad massmediática, es decir, una dinámica nueva en la escena de
lo social, con alcances teóricos ilimitados.
Para nosotros, lo massmediático no es sólo la industria
del ocio (efecto de superficie), entendida como los lugares cono-
cidos institucionalmente como medios de comunicación de
masas. Es, en cambio, una dimensión de lo real regodeada en las
técnicas relacionales de los sujetos, en sus discursividades y en
sus prácticas. Lo mediático está implícito de manera consustan-
cial al nuevo modelo asumido por la reconfiguración del modo
de producción de la civilización del capital.
El gusto22, por ejemplo, en la subjetividad, es la fase ter-
minal, el efecto de superficie de un dinamismo energético de
naturaleza nueva: la mediación, de la producción de realidad-
actualidad-instantaneidad, como forma continua de la circula-

22 “Sin duda las vueltas y revueltas de la moda no pueden ser separados del
inmemorial ethos del despilfarro demostrativo de las luchas simbólicas que
acompañaron la expresión de los nuevos focos de riqueza… una nueva relación
con la individualidad se abre paso, la moda conjuga siempre el gusto por la imi-
Crítica de la Razón Mediática

tación y el gusto por el cambio, conformismo e individualismo, aspiración a


fundirse en el grupo social y deseo de diferenciarse de él, siquiera sea en peque-
ños detalles… dichas exigencias vienen sencillamente a remontar el consumis-
mo, la consagración de los goces privados, el derecho democrático a la felici-
dad. Es la cultura de masas materialista y psicológica lo que ha constituido el
gran vector de la democratización sufrida por la relación con el lujo”. G.
Juan Barreto

Lipovestsky y E. Roux, El lujo eterno, Anagrama, Barcelona, 2004, pp. 45-67.


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A modo de preámbulo

ción23. La mediación es un interfaz, un instante-acontecimiento 67


que determina el gusto, efecto de superficie del gesto, expresión
materializada de la relación mítica entre el objeto y el consumo,
asumidos en un mismo movimiento de fusión y simultaneidad.
Es un ejercicio, una práctica de la voluntad de la subjeti-
vidad, una puesta en escena. El gusto de los tiempos que corren,
acelerado también por el dispositivo información-comunicación,
es definido por Omar Calabrese24 como confuso y fragmenta-
rio: un “aire de tiempo” que invade a los fenómenos culturales y
compromete la existencialidad material de los campos de saber
de manera diferente a como ocurría antes, y sólo comprensible
desde la catástrofe, lo fractal, los eventos rizomáticos y las
estructuras disipadoras no lineales o complejas.
Este fenómeno crea nuevas filiaciones y lecturas del
mundo que impactan con fuerza al universo simbólico de la
modernidad. Afirmamos con Calabrese, que los fenómenos
estéticos, los saberes, las tecnologías y hasta el pensamiento, son
parte del nuevo espacio informativo, y en consecuencia el nuevo
lugar de lo comunicativo, al que podemos aproximarnos, más
desde una mecánica cuántica de lo social, que desde otros modelos:
Consideramos tales objetos como fenómenos de comunicación, es
decir, como fenómenos dotados de una forma y una estructura sub-
yacente. La idea es, la de que se pueden encontrar ciertas formas
‘profundas’ como caracteres comunes a objetos diferentes y sin apa-
rente relación causal entre ellos.25

¿Pero como llegar a la comprensión de este momento sin


entender la lógica interior de los intercambios, la circulación, las
transformaciones de “forma”, la actualización? Para ello consideramos
necesario, aunque sea de pasada, sentar las bases de lo que luego afir-
maremos como lógica del nuevo -y en proceso- dispositivo informa-
ción-comunicación y su excrescencia material: La mediática.
Crítica de la Razón Mediática

23 “La mediación se impone ahora como realidad absoluta del sistema infor-
mativo. Tal mediación aspira incorporar al individuo a una reedición de los
procesos primordiales de apropiación de sentido“. J. Martín-Barbero,
Pretextos, Gedisa, Barcelona, 1999, p. 83.
24 O. Calabrese, La era neobarroca, Cátedra, Madrid, 1993.
Juan Barreto

25 Ibid., p. 26.
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A modo de preámbulo

68 Cuestión de Método: La aventura de


hablar y escribir sobre lo múltiple
(O cómo dar con el problema)

El acontecimiento está allí antes que nada.


El acontecimiento y la imagen están allí primero,
simultáneamente, inextricablemente.
Acontecimiento-imagen. Imagen-acontecimiento.
Habitualmente, en nuestro universo mediático,
la imagen está allí en lugar del acontecimiento, esta
lo sustituye, y el consumo de la imagen agota
el acontecimiento por procuración. Esta visibilidad
de sustitución es la estrategia misma
de la información, es decir, de hecho, el intento de
alcanzar la ausencia de información por todos los
medios. De la misma manera, la guerra actual, es la
búsqueda de la ausencia política por otros
medios… Más allá de todas estas hipótesis, no veo
más, en efecto, que esta hipótesis soberana, en el
sentido en que Nietzsche hablaba de hipótesis
soberana del devenir (hay una hipótesis cero de la
inercia, la hipótesis mínima del cambio, la hipótesis
máxima de la historia y la hipótesis soberana
del devenir.

J. Baudrillard.

Lo múltiple es concreción de la potencia de la sustancia en su


devenir, diría Spinoza26. O «Proliferación de fuerzas y de poten-
cias singulares», como lo define Colson27. Entendemos lo múl-
tiple como sustantivo que desplaza al pensamiento a zonas ines-
tables, sustituyendo la noción dialéctica uno-múltiple, por las
diferencias tipológicas entre las distintas multiplicidades, más allá
de las simples cuantificaciones numéricas.
Es el momento-acontecimiento que da cuenta de los
repliegues de lo real, en su movimiento divergente y en su con-
figuración. Es la genealogía del objeto que, en nuestro caso abor-
Crítica de la Razón Mediática

da lo mediático, o lo que se ha dado en llamar la nueva cultura

26 B. De Spinoza, Ética demostrada según el orden geométrico, Orbis, Madrid, 1980.


27 D. Colson, Pequeño léxico filosófico del anarquismo, Nueva Visión, Buenos
Juan Barreto

Aires, 2001.
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A modo de preámbulo

de la mediación tecnológica, fundamentalmente en lo que se 69


refiere a la “figuración”, es decir, el mundo de un nuevo régimen
de sentido, esto es, régimen de expresión y régimen de conteni-
do de los medios, los algoritmos y el imperio del símbolo como
destitución del signo puro.
Todo esto lo hemos considerado a la luz de distintas
corrientes de investigación: desde los llamados postestructuralis-
mos y la semiótica hermenéutica, hasta enfoques que se cruzan
con estudios del caos (Balandier) en escenarios de alta incerti-
dumbre, que han sido planteados para abordar los problemas
desde una genealogía de la subjetividad (Del Búfalo).
Sin una revisión de la dimensión de este nuevo régimen
de sentido del signo mediático, sería inútil abordar el problema
de las teorías que pretenden dar cuenta del fenómeno comunica-
tivo, vinculadas a un despliegue de enunciados que operan en el
momento época conocido como el de las tecnodemocracias o
sociedades con déficit de lo político.
Desde esta revisión, intento dar cuenta de los eventos
discontinuos de este estado de ánimo de la cultura que algunos
teóricos llaman postmodernidad, marcado por el despliegue de
nuevas tecnologías de poder y nuevas tecnologías del yo
(Foucault), vinculadas al mundo telemático y a toda la lógica de
mercado asociada con esta realidad. Mas, cabe observar, que
este intento involucra el reconocimiento de que la cultura
mediática supone nuevos sujetos de sentido, nuevos actores y
nuevos escenarios.
Foucault, al hablar de dichos emplazamientos, se intere-
sa particularmente por aquellos que crean o hacen dispositivos,
aquellos que tienen la curiosa propiedad de actuar también
como agenciamiento al estar en relación con todos los demás,
Crítica de la Razón Mediática

pero de tal modo que suspenden, neutralizan, desplazan,


potencian o intervienen el conjunto de relaciones que, a través
Juan Barreto
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A modo de preámbulo

70 suyo, se encuentran designadas, reflejadas o pensadas, en luga-


res o no lugares.
Además, hemos considerado que la civilización
mediática también supone nuevos sujetos de sentido, nuevos
actores, nuevos escenarios y pliegues, polivalentes, mutantes.
Por eso quisiéramos una reflexión que cruce e impacte, en
primera instancia, al universo de sentido de lo mediático y
uno de sus resultados y mezclas finales en: los procesos de
subjetivación.28
La cuestión de las subjetividades colectivas y, también,
del sujeto colectivo, tiene que ver con ciertas condiciones de
enunciabilidad en un tiempo determinado y un grupo deter-
minado de individuos, sus prácticas, reglas, principios de vali-
dez, efectos, procedimientos y resultados. Es el problema del
quién en sus múltiples juegos de verdad, es decir, estrategias de
sobrevivencia y legitimación sin una ley cerrada e inmediata-
mente imperativa en estos juegos de verdad, pero si, unas
lógicas que se van haciendo dominantes. Siendo las alcabalas
y el punto de partida de cada orden nuevo de discurso y su
legitimación.
Por supuesto que en la refriega, siempre cabe la posibili-
dad de descubrir algo diferente y de cambiar más o menos tal o
cual regla, e incluso, en movimientos de fractura y de estratifica-
ción, de cambiar o hasta alisar el tejido estriado de todo el con-
junto del juego de verdad.
Entonces ¿Quién dice la verdad? Individuos o colectivida-
des capaces de hacerlo, libremente, en y dentro de la organiza-

28 "Y finalmente, ¿qué soy yo? ¿Qué es uno mismo? Y ante esta pregunta, la
Crítica de la Razón Mediática

subjetivación nos es mostrada entonces como un pliegue, como la forma


resultante de una fuerza que se afecta a si misma, mediante ella, ese afuera se
constituye en un adentro coextensivo que nada tiene que ver con la interiori-
dad. Y hay que atender con sumo cuidado a esta caracterización que Deleuze
hace del análisis foucaultiano de la subjetividad en sus últimos textos, como un
tercer dominio, derivado del poder y el saber, pero independiente, un tercer
dominio que es tanto condición de posibilidad del pensar como del resistir”.
Juan Barreto

M. Morey, "Prólogo" a G. Deleuze, Foucault, Paidós, Barcelona, 1987, p. 19.


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A modo de preámbulo

ción libre de determinado régimen de sentido que, desde sus 71


lógicas, organiza cierto diagrama de posibilidades, cierto consen-
so inserto en redes de prácticas y de instituciones coercitivas.
Pero, también, en esta compleja trama, surgen anomalías que se
comportan como aleatoriedad y línea de fuga. Ello entraña, asi-
mismo, un abordaje de las cuestiones relativas al método, que
irán apareciendo a lo largo del texto, cruzadas en los momentos
en que vaya apareciendo la conceptualización de lo mediático,
desde perspectivas teóricas que abren la posibilidad de pensarlo
de otro modo.
Me refiero a las perspectivas trazadas por pensadores
como Deleuze, Guattari y Foucault, así como a las expuestas
por la hermenéutica de Gadamer, Vattimo, Heidegger,
Cassirer, entre otros, cuyos aportes permiten replantear radi-
calmente la cuestión de la mediática como esfera productora
de sentido, de representaciones con pretensiones de verdad,
de los conflictos entre los enunciados tenidos como verdade-
ros en la construcción de los consensos, como agenciamien-
to y como dispositivo cruzado por líneas de poder-saber y
subjetividad.
Todo lo cual posibilita actualizar la pregunta por la polí-
tica, considerando el papel de las mediaciones massmediáticas en
la construcción de lo real, de las representaciones colectivas que
configuran el imaginario social, así como en la dimensión de los
procesos de formación de opinión pública, de la esfera de lo civil
y la ciudadanía.
Crítica de la Razón Mediática
Juan Barreto
INICIAL.qxp_iniciales 7/25/14 10:42 AM Page 72

A modo de preámbulo

72 El drama de la escritura
(El cómo de la forma o estilo)

Las preguntas, como cualquier otra cosa,


se fabrican… El arte de construir un problema es
importante, antes de encontrar una solución, se
inventa un problema, una posición ante ese
problema. Escapar a las mismas preguntas
de siempre es ya de suyo parte del problema, es
difícil. Es un parloteo incesante hasta que surge la
pregunta nueva que debe ser devenir de una teoría,
un bloque de devenir . Los devenires son fenómenos
de doble captura, no de imitación ni de síntesis o
evolución; son fenómenos desbordados entre
distintos reinos. No son bodas con el objeto, pues
toda boda es contra natura en relación con las
parejas. Son enjambres de palabras impuras e
inexactas, donde no caben palabras limpias, pero si
señas dispuestas a señalar las cosas exactamente.
El reto es crear palabras extraordinarias desde
donde brote el estilo , es decir, aquello que se dice
extra palabra, en lengua extranjera, para nombrar
lo innominado, de lo que no tiene estilo, pues no
ha sido dicho; este objeto debe ser pronunciado
muchas veces, en multitud de lenguas, e incluso en
una sola lengua múltiple.

G. Deleuze.

Este libro ha sido escrito como un compendio de ensayos, es


decir, una “forma” que, en palabras de Adorno, nos permite
«inflamarnos sin escrúpulos […] apelando a la fortuna y al juego,
que son esenciales»29, para la creación. Y, también, ser escépticos,
ya que «el dogmático no ensaya», según dice Fernando Savater,
quien bellamente describe el ensayo como «una escritura doble,
Crítica de la Razón Mediática

crítica y jubilosa […] donde brotan de una misma raíz la protes-


ta contra el sistema total y el júbilo del texto»30.

29 T. Adorno, Minima moralia, Amenar, Barcelona, 1983, p. 112.


Juan Barreto

30 F. Savater, Apología de sofistas, Taurus, Barcelona, 1988, p. 32.


INICIAL.qxp_iniciales 7/25/14 10:42 AM Page 73

A modo de preámbulo

Existe otro elemento que quiero destacar en relación con 73


el manejo de las fuentes, y es el comentario que desarrolla H.
Arendt a propósito de un ensayo que escribiera Benjamin sobre
Goethe. En su comentario, la autora adivina las pistas que son
posibles en un mosaico en el cual son citados y concurren con
fuerza diversos actores, diciendo: «prevalece entonces la sensa-
ción de que los autores citados y el texto pertenecen a una
misma tribu»31.
Esta misma inquietud aparece en el espíritu de Nelly
Richard: «Creo que el procedimiento de la cita tiene varios sen-
tidos... crear zonas de intersecciones... que pongan en relación
materiales que no habían tenido mucha oportunidad de inter-
cambiar sus señas»; y en la misma línea de Benjamin: «trabajar
con fragmentos del pensamiento»32. Recordemos que
Benjamin, en su ensayo sobre Baudelaire, apelaba a las fantas-
magorías del lenguaje, a las cuales atribuía la síntesis de un
tiempo alrededor de imaginarios centrales, llamados por él, ins-
tituciones imaginarias.33
Además, es bueno agregar que sumamos algunas citas, sin
referencia al pie de página, para no abusar de este recurso meto-
dológico. Sí colocamos la referencia bibliográfica entre parénte-
sis, para aquellos minuciosos lectores que quieran comprobar su
veracidad, o profundizar en la indagación del tema, creando su
propia línea de inmersión y de fuga. Estas citas son un pliegue, un
sonoro acompañamiento de conceptos o frases que ya hemos
hecho propias, que nos susurran permanencias al oído y que qui-
simos incorporar al texto sin omitir a sus creadores originales.
Es bueno y urgente destacar también la naturaleza teóri-
ca de este debate y su pertinencia, en cuanto a la construcción
Crítica de la Razón Mediática

metodológica; pues nos referimos a la dimensión de actualidad

31 H. Arendt, Hombres en tiempo de oscuridad, Gedisa, Barcelona, 2001, p. 87.


32 N. Richard, "Zonas de cruce", en Redes, Revista de Estudios Sociales, Vol.
3, N° 7, Buenos Aires, mayo 1997.
Juan Barreto

33 Cfr. W. Benjamin, Discursos interrumpidos, Taurus, Madrid, 1973.


INICIAL.qxp_iniciales 7/25/14 10:42 AM Page 74

A modo de preámbulo

74 de nuevos problemas que escapan al alcance de la teoría social


convencional. Lo cual debe suponer también otros modos de
situar al pensamiento en términos formalizables. En este senti-
do, el ensayo como forma del estilo en la escritura, es el punto
de partida, la intuición, una ventana hacia la construcción de un
nuevo campo específico de problemas y es la formalización que
intentamos en cada trazo.

Algo sobre nosotros mismos

Sólo estamos interesados en el


subconjunto de historias que desarrollan
la vida inteligente en algún planeta, la
for ma como este fenómeno curioso se
produciría. Esta no tiene por qué ser
parecida a lo que comúnmente se aprecia
a si misma como especie humana. La vida
humana es pasional e intensamente
a f e c t iva , e n o p o s i c i ó n a o t r a s f o r m a s d e
vida menos interesadas en la ética, como
p o r e j e m p l o, l o s g u s a n o s d e s e d a . Po r
c i e r t o q u e, s i d e c a r a c t e r í s t i c a s s e t r a t a r e,
la for ma de vida llamada humana,
n o b r i l l a p r e c i s a m e n t e y d e m a s i a d o,
p o r s u c o n d u c t a i n t e l i g e n t e.
R. Feynman.

Quiero advertir, sin embargo, que me voy a detener muy breve-


mente, en lo que considero un recorrido necesario, porque debo
explicar algunos vericuetos de los periplos de este texto. Mi
amigo y maestro Rigoberto Lanz, en su presentación de este
libro, asegura que desde hace 20 años transitamos juntos un
similar discurrir, pero en mi caso, además de la amistad que nos
Crítica de la Razón Mediática

une, atesoro un regocijado agradecimiento eterno por sus ense-


ñanzas, influencia y su tenaz forma de ser y darse en los otros,
por ser la vida que es.
Juan Barreto
INICIAL.qxp_iniciales 7/25/14 10:42 AM Page 75

A modo de preámbulo

Y porque él ha sido el motor de muchas horas, días y 75


años de desvelos acumulados para los demás, a favor de la
angustia del pensamiento que sembró -en algunos para siempre-
en un numeroso grupo de hoy reconocidos y respetados intelec-
tuales que ha moldeado -dentro y fuera de nuestro país-
También es mucha la deuda que sostengo con buena parte de
ellos, mis compañeros del CIPOST, de los que también mucho
he aprendido.
A todos aquellos, que sin pretender formar parte de una
corriente o “tendencia” intelectual, nos mantenemos unidos, a
veces sin vernos ni comunicarnos por años, por el afecto y las
ideas comunes del hilo invisible de la pasión emancipadora.
Por eso espero que este libro no los defraude (todas las
inconsistencias son del autor, mi pura y llana responsabilidad) y
si les parece, que lo sientan suyo, pues de algún modo también es
un reconocimiento a la perseverancia de tantos que no han aban-
donado el camino que marcó aquel esfuerzo inicial del maestro
Rigoberto, quien, luego de la crisis del final de la década de los
70, del derrumbe la izquierda radical, no se resignó al bostezo.
Rechazó con vigor el puesto ofrecido por la cómoda pol-
trona de la frustración en la que se quedaron detenidos para siem-
pre los numerosos oportunistas que hoy utiliza y desecha a gusto
la maquinaria opinática dominante, e inició un recorrido de rup-
tura crítica de todo el andamiaje intelectual que acompañó a la
izquierda, mientras publicaba polémicos textos y caminaba por
todo el país. Hasta que a principios de los 80, organizó un grupo
de estudio comprometido (¿será eso acaso el intelectual orgánico?)
y se preguntó públicamente, cuando otros se acomodaban al
gobierno del capital en voz baja: ¿Podemos cambiar la vida, podemos
vivir de otra manera?” Casi todos los que fueron tocados por su
Crítica de la Razón Mediática

magia hoy acompañan el proceso de cambios que vive Venezuela


y que lidera H. Chávez, de manera que creo que valió la pena.
Juan Barreto
INICIAL.qxp_iniciales 7/25/14 10:42 AM Page 76

A modo de preámbulo

76 En esa época lo conocí y tras la irrupción que anunciaba


la aventura de responder a estas provocadoras interrogantes, ini-
ciamos la ruta de los Talleres de Investigación Militante. En esos días
también traté (quizá inútilmente, juzgue usted) el avatar de ir
escribiendo lo pensado.
Por eso, el libro que ahora expongo tropezó en su cons-
trucción con varias escrituras, caminos, pausas y algunas publica-
ciones anteriores, son casi 20 años de experiencias compartidas
y de dificultades comunes en el tránsito descrito, en el encuentro
que pretende hacer un pensamiento colectivo.
El tiempo que infiltra, empuja e inflama con paciencia,
madurando las cosas, creando su posibilidad, también forma
parte de la intención de quien lo escribe, lo que hace de estos
papeles, ruptura y discontinuidad continua con textos anteriores,
además de una suerte de síntesis y captura de lo vivido. Pues más
allá de la tesis doctoral, también existen decenas de relatorías, de
debates que he conservado con celo, conversatorios, consultas,
entrevistas con intelectuales invitados por el CIPOST, cursos
académicos, trabajos de seminarios, 19 talleres postdoctorales,
escritos para concursos, papeles de especialización, conferencias
nacionales en todas las universidades del país, e internacionales,
en institutos de investigación y Universidades, como La
Sorbona, el MIT, Harvard, Lovaina, Quito, UNAM, etc., algunas
publicadas y otras en tránsito. Así mismo diversos otros materia-
les que conservo con celo, llenos de tiempo y de memoria,
impregnados y salpicados por los resquicios pasionales del
mismo torbellino en el que tantos, entre ellos los señalados en
los agradecimientos, hemos participado.
Entonces surgió el dilema acerca de si publicar la tesis doc-
Crítica de la Razón Mediática

toral íntegramente, sin más, o someterla, sin desnaturalizarla y res-


tarle competencias académicas a una segunda escritura, a una tor-
sión cualitativa que conservara, incorporara y negara, para ponerla
Juan Barreto
INICIAL.qxp_iniciales 7/25/14 10:42 AM Page 77

A modo de preámbulo

al servicio de un doble movimiento: el propósito jubiloso empren- 77


dido por el colectivo iniciado por mi maestro R. Lanz. Que, tengo
entendido, no es otro que el combate a favor de la transformación
radical de todo lo existente de la mano de una Teoría Crítica, y la
lucha por formar una corriente intelectual y moral que de cuenta
de la crisis del pensamiento de la Modernidad.
¿Con la tijera de qué criterio, incorporar y sustraer simul-
táneamente, hurgando dentro de lo escrito, sin dañar o desdibu-
jar el núcleo de lo expuesto y ya aprobado ante un jurado nom-
brado libremente por la Academia en su más alto nivel, y a su vez
publicar un texto para el combate?
En estos casos y para ser justo con uno mismo, lo mejor
es confiar y dejárselo a los demás, para que ellos, mis compañe-
ros de ruta, quienes comparten los mismos sueños libertarios
que llevo a cuestas, hagan el trabajo. Mis hermanos y camaradas,
sin alterar una sola coma (,) seleccionaron en lo escrito y asumie-
ron el devenir como método.
Es decir, me aliviaron la tarea cuando con delicado
humor y cruda franqueza me preguntaron sinceramente: ¿Qué es
lo que quieres decir en este momento? Y de allí partimos.
Entonces todo lo demás fue coser y cantar. El asunto fue algo
así: “Esto no va y punto”; “a esto le falta consistencia, trabájalo
más; “ya va, si trabajaras un par de años más, con esmero, tal o
cual tema, tal vez salga algo digno de ser leído y después publi-
cado”; o, “mira, este documento está muy bien como para publi-
carlo por separado en una revista o como base de otro texto,
pero no tiene nada que ver con el material central”.
Y luego: “¿Porqué no vas preparando otro libro, que por
lo demás disfrutes un poco en el tiempo y que aparezca cuando
sea su momento?”. Creo que fue lo mejor. En todo ello, ha teni-
Crítica de la Razón Mediática

do mucha responsabilidad la perversa, amorosa y delicada opi-


nión de la mano amable de Daisy D’amario y especialmente de
Magaldy Téllez.
Juan Barreto
INICIAL.qxp_iniciales 7/25/14 10:42 AM Page 78

A modo de preámbulo

78 Cuento esta historia para los amigos y por respeto a los


lectores, si los hay, y también para decir con toda humildad que
estas ideas no son propiamente mías, también pertenecen a refle-
xiones individuales y colectivas de muchos cruces, porque sin los
otros, no serían posibles. Es decir, pertenecen a la voluntad poé-
tica y política de un colectivo; a un proceso, a un método, a una
memoria, a una costumbre de estar juntos mientras a veces escri-
bimos por separado. Mientras las soledades acompañan. Son
parte de la tradición y de la contundente, constancia de un
esfuerzo anudado en una ética común a un puñado de camara-
das, y su transcurso, aún en devenir.
Es la obra de un debate de personas, con sus aportes,
voluntades, voces, contradicciones, ideas y años. Nada de esto,
por supuesto, otorga ningún privilegio, ni reclama ninguna
recompensa. Es tan sólo parte de una historia que quería contar
como homenaje a la gente que quiero. Tan sólo pretende ser un
registro, un rastro, una humilde evidencia de lo que son capaces
los encuentros felices y sus mezclas al lograr transformarnos.
Espero que lo expuesto, si es que sirve de excusa, me per-
mita explicar por qué, parte del encabezado de este libro sufrió una
muy pequeña mutación en relación con el subtitulo del texto doc-
toral original; gracias a una recomendación del jurado examinador.
Después de todo, lo que quiero decir, es que este mate-
rial es el mismo y es otro. Dicho de otro modo, sigue la línea de
una misma escritura pero es transformación que opera como
reflexión crítica, de manera que se niega y afirma, en la medida
que se conserva pero se traslada a otro movimiento del pensa-
miento. De manera que lo importante del libro ahora expuesto,
es la intervención de una lectura de lo real que algo intenta en
tanto que voluntad de una memoria y no su contenido.
Crítica de la Razón Mediática

Lo que en nada desnaturaliza su contenido académico,


pues lo conserva en el estricto sentido de su consistencia y
voluntad ético-política, en la naturaleza de la lectura que opera
Juan Barreto
INICIAL.qxp_iniciales 7/25/14 10:42 AM Page 79

A modo de preámbulo

desde la máquina de sus enunciados y en la conservación de la 79


mayoría de sus capítulos. La tesis inicial soportaba una carga que
inclinaba la reflexión hacia elementos más asociados al paradig-
ma de los campos culturales y los dispositivos massmediáticos de
subjetividad política como centro, para desde allí desplegarse e
instalarse en los problemas de la producción de biopoder.
Esta versión, insisto, sin perder ninguna relación con el
primer texto, intenta más bien un abordaje más certero, multi-
centrado en dispositivos y funcionamientos del cuerpo político y
del dispositivo biopolítico, leídos desde la mediática, sus lógicas
y sus distintos -si los hay- modos de producción de subjetividad.
Es decir, sin perder sus núcleos iniciales, el libro se des-
plaza unos grados hacia los equipamientos colectivos de la sub-
jetividad político-mediática y sus operaciones, deslizando su
campo gravitatorio y arrastrando también con él, otras líneas de
fuerza en la intención de conseguirnos con el proceso político
hoy en curso. Ni esta vez, ni nunca, me acompañan “razones
académicas puras”. Testigo y partidario de las mixturas confieso,
como A. Bretón, que el texto siempre es el mismo y es otro. Por
eso construye y conserva el título y reconstruye el subtítulo; lo
que cualquiera que cambia mientras permanece, entiende.
Esta posibilidad de decir permite, como afirma Rorty,
múltiples escrituras dibujadas sobre un mismo texto. Es una
decisión política responsable a la que Derrida llamó autodecons-
trucción. Pues es a mi a quien corresponde en primer movimien-
to, la crítica de mí mismo, el reconocimiento de la falta y la
incompletitud en un ajuste de cuentas infinito de la re-flexión
con el Otro lacaniano.
Por eso, algunos capítulos con pretensiones eruditas y,
Crítica de la Razón Mediática

por qué no decirlo, apegados al rigor intelectual, elaborados para


el debate en el seno de la siempre respetada Academia; como por
ejemplo, el dedicado por entero a los debates al interior de la teo-
Juan Barreto
INICIAL.qxp_iniciales 7/25/14 10:42 AM Page 80

A modo de preámbulo

80 ría de las ciencias complejas y la transdiciplinariedad -escrito para


darle consistencia y profundidad de método- fue alejado por
ahora, tanto de la tesis como del libro, pues se trata de un deba-
te que, aunque muy interesante, se acomoda mejor en el seno de
los debates en los círculos de práctica de los mundos de estudios
epistemológicos.
Otro, interesado en develar el impacto que podría tener
la física teórica, como material de base de nuevos modelos, que
empujen en el camino del desvanecimiento de las corrientes
empírico-analíticas, también fue suspendido para los efectos de
este libro, pues podría desviar el intento más inmediato que nos
proponemos y derivar las pre-tensiones del texto.
Así mismo, omitimos un ensayo casado con la actualidad
de la teoría del valor, aunque conservamos su espíritu, disolvien-
do parte de él en algunas fracturas de lo escrito, llenando así las
hendiduras; saltando de aquí para allá dentro del texto, por la
misma razón anterior, creando la sutura. Y también sustrajimos
algún ensayo que otro, empeñado en descifrar las metamorfosis
de La Forma-Estado, la tradición cívico-repúblicana y su ajuste
al nuevo momento del capital, (“una de las más ingeniosas inven-
ciones humanas y también la más terrible”, a decir de Foucault)
tras el impacto de la mediática.
Preferimos entonces referirnos con frecuencia a la
influencia que tenemos del pensamiento de T. Negri y E. Laclau,
en este sentido. ¡Ah!, también prescindimos de otro capítulo
más, éste vinculado a la crítica filosófica que va de Descartes a
Bergson, pasando por Kant, Hegel, Leibniz y Nietzsche, el cual
intenta ser una crítica de la presencia y uso de estos autores en
las corrientes vinculadas al liberalismo en la política y su mode-
lo de gobierno como “forma administrada” (Weber), dentro de
Crítica de la Razón Mediática

la tradición del Estado liberal moderno y el discurso de la cons-


titución cívico-republicana. De todos modos conservamos algu-
nas referencias necesarias.
Juan Barreto
INICIAL.qxp_iniciales 7/25/14 10:42 AM Page 81

A modo de preámbulo

Decidimos dejar para después (hay que confiar en el 81


tiempo azares y sus oportunidades) una reflexión sobre distintos
clásicos de la Modernidad, como Maquiavelo, Hume,
Montesquieu, Locke, Hobbes, Rousseau, Tocqueville, Schmitt y
otros. Porque de alguna manera ya el tema ha sido tocado en
publicaciones anteriores y no queríamos tampoco dos polos
dominantes en el trabajo, uno hacia la epistemología de la comu-
nicación y otro hacia la epistemología crítica de la política. Todos
estos escritos fueron sustraídos con el sano propósito de ser
corregidos y actualizados a la luz de los tiempos que corren y
para que alumbren otro libro más específico sobre tales temas, si
el destino y el tiempo dan para el caso.
Además, para restarle aire de sermón enciclopédico a este
libro (también, por la influencia y según la opinión de un amigo
editor, quien nos sugirió un libro con menos de 600 páginas, para
ahorrar costos y quitarle “peso” físico al texto y que no alejara al
“consumidor”) y permitir así una lectura más ligera y concentra-
da en menos temas, opté por colocar el acento en el dispositivo
información-comunicación del universo mediático, así como su vínculo con el
campo de producción de lo político y sus lógicas, garantizando de algún
modo un instrumento más cercano al ensayo sobre “el terreno”
y el campo de delimitación específico del discurso comunicoló-
gico-político que hace la sensibilidad subjetiva.
De todas maneras, el trabajo que hoy exponemos está
fuertemente cruzado y salpicado de lo otro, su incompletitud y su
falta. Contiene una nostalgia por lo que se va y se queda, la
misma que habita en el corazón del editor de una película cuan-
do selecciona las escenas. Esperamos no habernos equivocado
en la escogencia y la mezcla, o en todo caso “haber incorporado
a voluntad el error correctamente”.
Crítica de la Razón Mediática

Por eso, después de meditar un poco, no sólo “actuamos


por substracción y olvido”, también pudimos incorporar un
breve y último capítulo sobre el cuerpo y su corporeidad, en
Juan Barreto
INICIAL.qxp_iniciales 7/25/14 10:42 AM Page 82

A modo de preámbulo

82 clave de Spinoza, como punto de cruce, síntesis, si la hay, del


Poder y La Potencia, “destino final de todo” y punto de partida
para mi investigación postdoctoral que comenzó hace ya algún
tiempo de la misma mano del CIPOST y de mis amigos, eternos
maestros.
Espero que las presuntas omisiones no llenen de lagunas
al texto en sus manos. Además, este libro ha nacido para ser cri-
ticado hasta el punto de su abolición, por eso mismo, quisiera
darle por anticipado la bienvenida y pedirle a los amables refu-
tadores y a los críticos de oficio, que tengan paciencia en la lec-
tura, pues las palabras incompletas hoy exhibidas, forman parte
de una serie de varias obras antes publicadas y de otra hoy en
proceso que, sin intentar una suerte de “totalidad” dentro de
nuestra investigación, sí contienen alguna continuidad.
Así que no se justifica por ahora la ansiedad, por el con-
trario, hace rato que comenzó el debate, aunque algunos no se
hayan enterado. Todo lo que se diga será aceptado y servirá de
motivación para el pensamiento y, tal vez, para construir las res-
puestas a las observaciones críticas que puedan concurrir como
apoyo o excusa para un próximo otro libro, que quizá in-corpore
“la falta” al debate y que pronto vea su momento -si hay buen
tiempo-, lo cual permitirá añadir y añejar mejor el esperado,
necesario lugar de constricción ante el obligado y siempre bien-
venido ensañamiento del rigor intelectual.
De todos modos, creo que este modesto libro no tiene
otra pretensión que instalarse como punto de observación y de
obsesión en la discusión sobre los contenidos de los problemas
de las así llamadas ciencias sociales; reconocerse en las inflexio-
nes del presente, así como en la forma que adquieren sus con-
ceptos y sus prácticas, las cuales se debaten hoy en la arena de la
Crítica de la Razón Mediática

discusión epistemológica más actual. Temática que resulta fun-


damental para la formación de los comunicadores que, aunque
no quieran, enfrentarán los retos del futuro.
Juan Barreto
INICIAL.qxp_iniciales 7/25/14 10:42 AM Page 83

A modo de preámbulo

Advertimos además, con el permiso de los lectores ama- 83


bles y pacientes, y explicamos, que hemos incorporado unas
cuantas citas para indicar líneas de fuga, porque ellas pueden ser
leídas transversalmente con este u otro texto y que, a su gusto,
pueden actuar también como resonadores u ondas vibratorias de
otras voces al oído, ocultas cual fantasmas, conversaciones de
otros contenidas en el libro, laberintos, trozos de ADN viral que
“infectan” el sentido de lo escrito.
¿A que viene todo este giro? No tenemos nada que temer
ante la crítica, de ello estamos hechos. Es más, estas confronta-
ciones saludables las promovemos siempre con ardorosa cos-
tumbre, la aspiramos con humildad y forma parte de nuestra cul-
tura política y nuestras prácticas más cotidianas y familiares, son
piel del cuerpo, junto al deseo que nos mueve.
Sin embargo, como es de esperarse, vemos con agrado y
sin sorpresa, cómo, más allá de la crítica y la refutación intelec-
tual de profundidad, ya comienza a sacudirse la charca putrefac-
ta de las oscuras alcantarillas del periodismo amarillo y se lanzan
conjuras, infamias y blasfemias desde algunos medios, sobre
nuestra impecable tradición intelectual y académica. De veras
esto nos recompensa, ¡Gracias!
A estos seres poblados de pasiones extravagantemente
tristes que tanto nos alegran, llenando nuestras vidas de razones
para la perseverancia revolucionaria, recomendamos la sentencia
con la cual fue en 1656, acusado de blasfemo, expulsado de La
Sinagoga y excomulgado, Baruch De Spinoza; de manera que
puedan ahorrarse la lectura del libro y la salud de sus resecas y
resentidas neuronas:
Excomulgamos, maldecimos y separamos a Baruch Spinoza, con el
consentimiento de Dios bendito y con el de toda esta comunidad;
Crítica de la Razón Mediática

delante de estos libros de la ley, que contienen 313 preceptos; lo


excomulgamos con la misma excomunión que Josué lanzó sobre
Jericó, y con la maldición que Elías profirió sobre los niños de este
pueblo y con todas las maldiciones escritas en el libro de la ley; mal-
Juan Barreto
INICIAL.qxp_iniciales 7/25/14 10:42 AM Page 84

A modo de preámbulo

84 dito seas de día y de noche; maldito seas al acostarte y levantarte;


maldito al salir de tú casa y cuando a ella regreses; que Dios no te
perdone jamás; que la airada cólera de Dios se inflame contra tal
hombre y le envíe todas las maldiciones que en el libro de la ley hay
escritas; que Dios borre su nombre de el cielo y lo aparte de las tri-
bus de Israel, con todas las maldiciones de los pergaminos sagrados.
Los que permanecéis en El Señor vuestro, vivid eternamente. Que
nadie tenga trato con él, ni escrito ni hablado; que nadie permanez-
ca con él bajo el mismo techo, y ante todo, que nadie lea lo por él
escrito.
Ahora bien, si con esto no es suficiente, junto al asesina-
to moral del autor, también recomendamos el asalto de las libre-
rías y la hoguera de toda edición de este libro, incluido con ella,
por supuesto, al escritor del mismo. ¡Qué así sea! Amén!
Crítica de la Razón Mediática
Juan Barreto
87

Primera Parte

APROXIMACIÓN A UNA
CAJA DE HERRAMIENTAS

Entender la teoría como una caja


de herramientas quiere decir:
- que no se trata de construir un sistema
sino un instrumento; una lógica propia a las
relaciones de poder y a las luchas
que se comprometen alrededor de ellas;
- que esta búsqueda no puede hacerse más que
poco a poco, a partir de una reflexión
(necesariamente histórica en algunas
de sus dimensiones) sobre situaciones dadas.

M. Foucault.
Crítica de la Razón Mediática
Juan Barreto
I 89

CRISIS DE LA TEORÍA DEL VALOR Y NUEVO


DISPOSITIVO INFORMACIÓN-COMUNICACIÓN

El dinero no hiede.

C. Marx.

n las páginas que siguen realizaremos una suerte de des-


e pliegue de otra parte de nuestra “caja de herramientas”,
refiriéndonos a las plataformas, a ciertos lugares de colocación
de nuestra búsqueda.
L. Boltanski y E. Chiapello1, nos hablan de una necesaria
redefinición «mínima del capitalismo» y proponen retener esta
fórmula: «La exigencia de acumulación ilimitada del capital
mediante medios formalmente pacíficos», lo que sugiere una afi-
liación más o menos voluntaria de los sujetos actores al modelo
de transformación constante del capital como proyecto autóno-
mo2. Es, pues, el desapego vergonzoso e infeliz que muestra el
capital respecto de las formas materiales de la riqueza, lo que le
otorga su carácter verdaderamente abstracto, por el que se
reproduce la acumulación.
El capitalismo, según esta definición de herencia weberia-
na, debe ser distinguido de la autorregulación del mercado, que
descansa sobre convenciones e instituciones, así como en el dis-
curso de la transparencia y la simetría de la información, o la igual-
Crítica de la Razón Mediática

dad de fuerzas entre los operadores, es decir, en el discurso que


supone sujetos afiliados a unas reglas de juego mínimas, capaces

1 En: Una definición mínima del capitalismo, Akal, Barcelona, 2002.


2 Véase E. J. Palti, Verdades y saberes del marxismo, Fondo de Cultura
Juan Barreto

Económica, México, 2005.


Primera Parte / Ensayo I

90 de dirimir libremente, en la competencia leal, sus diferencias y difi-


cultades. Lo que podríamos vulgarmente denominar como la pre-
tendida libertad e igualdad intrínseca a su metabolismo.
Nada de esto se cumple en lo absoluto y, sin embargo,
funciona como mentalidad instalada en el cuerpo, gobernando
los procesos de construcción de subjetividades y de mediación
intersubjetiva. Por eso, los autores anteriormente citados dicen
que, el «capitalismo es, en muchos aspectos, un sistema absur-
do».
En primer lugar, porque los asalariados pierden la pro-
piedad sobre el producto de su trabajo y, con ello, la posibilidad
misma de una vida activa que trascienda la subordinación; y en
segundo lugar, porque los capitalistas están sometidos a un pro-
ceso totalmente abstracto, insaciable, sin fin y separado de la
satisfacción de las necesidades de consumo, incluso las de lujo.
Por ello, para la adhesión de asalariados y capitalistas, la
lógica del capital requiere de justificaciones que, estos autores lla-
man espíritu del capitalismo-en honor a Weber-concibiéndolo como
la ideología que justifica el compromiso con el capitalismo, porta-
dor de un nuevo ethos que rompe con las prácticas tradicionales y
establece una disociación entre la moral y la economía, en el sen-
tido más weberiano del término.
Justicia, bienestar, salud pública, empresas productivas y
competitivas, lucro, privatización y mercado total que reduce el
despilfarro y se adelanta a lo esperado por los clientes, ávidos
de nuevos productos para una vida saludable y feliz; y en fin,
todo un arsenal de razones utilitarias que hacen una razón instru-
mental, tejiendo las madejas discursivas que funcionan como
dispositivos de legitimación y reproducción del capitalismo.
Legitimar el capitalismo, dar razones para justificarlo, supone
Crítica de la Razón Mediática

aceptar un régimen de sentido, que no es natural a ninguna sustan-


cia, sino un cuerpo sin órganos, autónomo y auto-asumido
Juan Barreto
Primera Parte / Ensayo I

como no ideológico. Pero nada más ideológico que la matriz 91


constitutiva de éste régimen, su gran relato o relato maestro, en
términos de Lyotard.3
Por ejemplo, conceptos “naturalizados por el lenguaje”
como ritmo de vida, obsolescencia y modernización, actualidad,
recompensa o premio; o la actualización social por aprendizaje
acumulado, el ejercicio del placer como realización emocional
dentro de los anteriores parámetros, el individualismo como
principio organizador de la acción o de las prácticas, los usos
específicos y diversos del tiempo y el espacio, la naturalización
de la división técnica del trabajo y las jerarquías, la vida dentro de
un concepto de calidad y la democracia como su masificación, el
acceso libre a la competencia justa, entre otros.
Todos ellos configuran un dispositivo de red que hace
cuerpo en un conjunto de cadenas discursivas articuladas en un
diagrama, una lógica (un sentido) que hace de sí misma una tota-
lidad ideológica funcionando desde el lenguaje. Un nuevo cuerpo
de consistencia epocal instalado en la subjetividad, que Guattari
llama «excrescencia capitalística» y origen del plano sin órganos
de la actual biopolítica o gobierno del capital sobre los cuerpos
individuales y colectivos. Un mito, en los términos que vamos a
definir con Laclau, como mera creencia.4
Pero, en cuanto lógica contradictoria en sí misma, el capi-
talismo opera como su propio límite al enfrentarse con su pre-
sunta eticidad, pues desarrolla un doble discurso tal y como lo
plantean Boltanski y Chiapello, para quienes una consideración
seria de las justificaciones constitutivas del espíritu del capitalismo,
permite sostener que «no toda acumulación es necesaria», que
«no todo beneficio es legítimo», que «no todo enriquecimiento es
justo», y que «cualquier operación financiera no es necesariamen-
Crítica de la Razón Mediática

te más lícita». Es decir, como Dorian Gray mirando su retrato.

3 J. f. Lyotard, La condición posmoderna, Paidós, Barcelona, 1.989.


Juan Barreto

4 E. J. Palti, Op. cit.


Primera Parte / Ensayo I

92 Para decirlo de otra manera, el capitalismo contiene lími-


tes productivos, tecnológicos, político-institucionales, ideológi-
cos, éticos, que limitan su desenfrenada expansión. Su conciencia
infeliz, para utilizar un término que gusta a los hegelianos, evita
su propia metabolización del mundo y es su propio obstáculo.
Esta situación, tiende a cambiar, como veremos más adelante.
El capitalismo, diría Marx, crece en las orillas de sus pro-
pios límites, no solamente productivos, y, así, obstaculiza su suer-
te, al asumirse como moderación racional de sus propios impulsos
o instintos, por medio de dispositivos constrictivos capaces de res-
ponder a las demandas implícitas en las denuncias que surgen en
su propio seno, pues en su dispositivo legitimador contiene su
propia crítica. Por ejemplo, leyes que pretenden proteger a la
naturaleza o los derechos de los trabajadores.
Pero esta «conciencia infeliz del capital», esta confusión,
no podrá obstruir la explotación del trabajo y la extracción de
beneficios, aunque su lógica trastoca los referentes materiales
obligando a la sociedad a asumir una gramática ilegible de este
proceso constitutivo de dicha formación social.
De este modo, obliga a la producción de opacidad para garan-
tizar su auto-realización, legitimada como la producción de un
bien común y de justicia social, como razón de su eficiencia nor-
mativa. Es decir, en la misma medida que el capital engulle al
mundo y exprime al trabajo general abstracto, produce también
una espesa bruma, un misterioso espesor discursivo que evita
que su lógica se muestre de manera desnuda. De ahí que su régi-
men de sentido nace escindido de sí mismo, es esquizofrénico.
Estos principios de equivalencia, o dispositivos de traduc-
ción, son designados por Boltanski y Chiapello mediante el tér-
mino, tomado de Rousseau, como «principios superiores comu-
Crítica de la Razón Mediática

nes». ¿Pero, como es el “nuevo espíritu del capitalismo”? Para


estos autores es «mundializado» y se sirve de nuevas tecnologías,
Juan Barreto
Primera Parte / Ensayo I

los dos aspectos más resaltados para caracterizar el capitalismo 93


contemporáneo.
Para mayores precisiones, el capitalismo opera como un
“Tangram”, o antiguo rompecabezas chino, es decir, es el juego
de un conjunto de piezas sueltas, capaz –a veces incorporando o
desincorporando partes– de producir distintas figuras cambian-
tes, millares de recombinaciones, en un universo finito y cerrado,
siempre dentro de una misma lógica.
Con esta metáfora en mente, podemos suponer al nuevo
modelo productivo con base en el dispositivo comunicación-infor-
mación, operando desde una lógica mutante que se mueve de
manera fragmentadora y acelerada que permite estrategias de
recomposición desde una mecánica de múltiples posibilidades
del valor, como forma pura, presente dentro de una racionalidad
compleja que, como en un rompecabezas, no deja ver la figura
completa que contiene la suma organizada de cada una de sus
partes. Es decir, la explotación del trabajo y la producción de
riquezas como fin último y sin máscaras. A esta lógica la llamó
Marx, movimiento de separación. Producción de opacidad.
El capital es intermediación entre “el puro flujo del tiem-
po-devenir y la realidad corporal, es falso performativo, siempre
promesa, «futuro actual»”, pensaba Marx; y, en términos de
Lacan, es castración simbólica permanente. Es un: “no más allá”, un
mito auto-realizado, pura representación, y esto ya lo sabían los
liberales incluso antes de Marx.
Asumamos la recomendación anterior de N. Richard y
pensemos por un momento en un Marx lacaniano, imaginando
al capital como “un campo de concentración simbólico” y al
mercado como el “significante amo” de una cadena de sentido,
satisfaciendo el deseo. El significante amo como el factor que orga-
Crítica de la Razón Mediática

niza y dirige los modos de satisfacción del deseo, es decir, la rea-


lización simbólica donde todo otro significante es esclavo, pues
Juan Barreto
Primera Parte / Ensayo I

94 no hay solución discursiva fuera del mercado; evento de sutura y


paralelaje traductor.
Es decir, agenciamiento que crea la realidad, capaz de
generar opacidad, que borra el miedo y la precariedad: es la segu-
ridad que otorga la afiliación a la lógica de un régimen de senti-
do. Es una lástima que Marx, culpa del tiempo, no conociera a
Lacan.
Desde los aportes de Marx –de este Marx–, concebimos
el valor como un vector de sutura, un agenciamiento o tensor que
no se deja reducir a una sola operación o dimensión, es línea de
fuerza que ordena una dirección (significante puro), que de
manera sarcástica contiene a lo político como una línea de cruce
y a su vez de fuga, una entidad articuladora, una frágil síntesis
social del trabajo, fuente que, en doble articulación de su movi-
miento, «produce y valoriza» en un juego de equilibrismo, como
relación alquimista y temporaria de interrelaciones dinámicas de
transformación de la sustancia humana que se debate entre uso
y cambio, y que depende de la circulación, al final de la cual no
hay nada más que pura representación.
«Es el vano deseo de convertir el hierro en oro», escri-
bió Marx al hablar del intercambio, como realización alquimis-
ta del deseo en la circulación pura de la sustancia del trabajo abs-
tracto (es decir, socialmente considerado). Por eso, el valor es
también una entidad siempre en tránsito, puramente relacional
y sin sustancia en sí misma y, por eso también, debe establecer
siempre un paralelismo parasitario y dependiente con el traba-
jo para evitar su opacidad a costa de la opacidad del trabajo,
que sí es sustancia pura.
El valor y todo el proceso de valorización, se crea en una
cadena de producción para su realización en la circulación como
Crítica de la Razón Mediática

lógica ininterumpida que no puede ser atajada. El paralelaje, o el


así también llamado problema de la transformación (los sistemas de
Juan Barreto
Primera Parte / Ensayo I

traducción y homogeneización: valor-trabajo; valor-dinero; tra- 95


bajo-tiempo; valor-precio-mercancía), no es más que movimien-
to simbólico de «la riqueza acumulada», abstracta, sobre sí
misma; pliegue del valor medido en “quantos” de tiempo u otro
indicador convencional que reduzca a un referente de paquetes de
energía la sustancia del trabajo como subjetividad general.
Pues, en la medida en que el trabajo, como Marx lo sabía,
se sobrepliega sobre sí mismo por aceleración tecnológica y divi-
sión acelerada de las funciones y los saberes, el valor, a su vez,
reproduce este comportamiento (plusvalía); es decir, también se
repliega sobre sí mismo, reduce y aplana el tiempo, al punto en
que este no puede ser medido ni deducido inmediatamente de
ningún momento específico del proceso de la cadena producti-
va. De manera que, cada vez con más fuerza, la relación valor-
trabajo, va deviniendo fractal al infinito, separando al trabajo de
sí mismo y alejándolo de su sustancia, haciendo opaca cualquier
relación que vincule trabajo y capital. Una mecánica cuántica de
la relación valor-trabajo podría explicar este devenir y ayudar a
solucionar la crisis de la teoría del valor. Pero, además, la teoría
de la incertidumbre de W. Heinsenberg, nos permitiría explicar
la doble relación entre movimiento, velocidad y posición del
electrón, que podemos hacer extensiva a la relación valor-traba-
jo-capital-trabajo.
Desde 1896, ya se habla de crisis de la teoría del valor de
Marx (Blôhm-Bawerk), y se le tilda de toma de partido ético, ade-
más de referente metafísico para justificar una postura política.
Para nosotros, en cambio, esto no es una descalificación, por el
contrario, es el eje o punto crítico central para fundar los postu-
lados de una teoría que parta de una epistemología materialista
de la potencia de la vida humana reducida a «tiempo de trabajo»
Crítica de la Razón Mediática

(para nosotros, quanta de trabajo-valor fractal) extorsionado en


su explotación intensiva.
Juan Barreto
Primera Parte / Ensayo I

96 No hay, aquí, otra cosa que materialismo: concreción de la


naturaleza de la sustancia humana sustraída y separada del tiem-
po de su propia existencia, devenida forma-valor. Es decir, «tra-
bajo social general abstracto» capturado en el límite de un modo,
en una formación social concreta y a partir del impacto de la tec-
nología sobre el cuerpo: El capitalismo, es el lugar en donde el
«fetichismo» actúa organizando el intercambio de «quantos» de
trabajo/valor abstracto y no de “cosas”. Por eso, podría incluso
aplicársele a la relación trabajo-valor, la teoría de la incertidum-
bre. Esta es la naturaleza general abstracta de la mercancía trabajo y
de su generalidad concreta, dada determinadas condiciones.
Para nuestro Marx (por la multiplicidad de Marx), no se
trata de bienes, dinero o producción, sino de una economía del
tiempo y de su opacidad, del uso del cuerpo y su sustancia exis-
tencial, de “su potencia de existir”, de la vida; y la circulación
metamorfoseada en mercancía, “un extraño objeto” anónimo
producido y organizado en condiciones dadas, sobre el agencia-
miento de un dispositivo: La relación trabajo-valor. Habría que
seguir diciendo, con Marx: «los hombres no lo saben, pero lo
hacen».
¿Es así?: ¡claro que si! Entonces, se trata de una cuestión
que debe ser asumida por la teoría, un problema ético-político y,
en ese orden, también un asunto epistemológico. Comprender la
autonomía de este proceso, y las subjetividades derivadas volcadas
hacia fuera como exterioridad de «la potencia de la sustancia
humana» en su devenir trabajo social, y subjetividad general del traba-
jo, que reduce la vida humana a «tiempo de trabajo», a «lugar
donde desaparece la vida» (Marx)5, es un imperativo vital.
Así mismo, es necesario debatir cómo es el funciona-
miento de la ocurrencia, el momento específico del nuevo perso-
Crítica de la Razón Mediática

5 En El Manifiesto comunista, el trabajo es visto más allá del tiempo como


medida. Es una mercancía cualquiera vinculada a los devenires de los gastos
de producción y a su propio coste: "para mantener su capacidad de trabajo y
evitar que el obrero se extinga". Pero, en El Capital y en Los Grundrisse, esta
idea la profundiza, agregando nuevas formas de valorización en la medida en
Juan Barreto

que el trabajo se va haciendo cada vez más inmaterial.


Primera Parte / Ensayo I

naje conceptual de Marx: el proletariado. ¿Cómo discurre este per- 97


sonaje singular? A pesar de algunos marxistas dogmáticos que
pretenden seguir cosificándolo, sostenemos que tal discurrir nos
remite «al análisis concreto de la situación concreta», como diría
Lenin, en su dimensión de campo y territorialización del capital
en su límite sobre el cuerpo, lo que implica colocarse “allí en el
terreno”, cruzando y cabalgando los dispositivos, parafraseando
a Foucault. Esta es también la única manera de salir de la tram-
pa jaula de la sociedad del Estado del bienestar y la “dignificación
del trabajo”, como alternativa, tal cual veremos. Aunque cabe
precisar que, desde este punto de vista, el proletariado es el
campo de territorialización de la relación trabajo/valor y su
metamorfosis en capital. E decir, la fuerza de una relación sim-
bólica ejercida sobre el cuerpo individual y colectivo, o, dicho de
otra forma, el proletariado es el metabolismo del capital engu-
llendo la potencia de la vida.
Recordemos que el Marx que hoy puede ayudarnos, es un
plano de consistencia que recién está apareciendo. Pues buena parte
de su obra es descubierta y aparece a la luz pasada la mitad del
siglo XX. Es aquel que guarda distancia de Hegel, cuando ante-
pone la materia al sujeto y recupera la noción spinoziana de modos
de la materia extensa, o también, sustancia extensa pensante que actúa con
independencia. Esto lo encontramos en los Grundrisse, pero además
en La Introducción de la Critica de la Economía Política de 1857, texto
que no llegó a publicarse hasta bien entrado el siglo pasado. Lo
mismo ocurre con muy buena parte de su pensamiento.
Además, tenemos que agregar que nuestro Marx plan-
tea la diferencia entre génesis histórica de una situación o un fenóme-
no, en oposición con la génesis conceptual del conocer. Allí desta-
ca la especificidad de una epistemología de lo abstracto como
Crítica de la Razón Mediática

«un ascender por fragmentos y mediación, a un método de


realidad».
Juan Barreto
Primera Parte / Ensayo I

98 Experiencia y conocimiento asumidos como «un recons-


truir produciendo materialmente a lo concreto», un doble movi-
miento capaz de «ascender de lo abstracto a lo concreto» y vice-
versa; tesis distinta al empirismo y a la metafísica idealista de la
que se reclaman algunos pretendidos defensores del marxismo;
que creen que, si se desprenden de los dogmas, también lo hacen
de la esperanza de cambio. No entienden que cada fase del pro-
ceso de acumulación del metabolismo del capital, implica a su
vez, nuevas formas de lucha y resistencia y también una nueva
fase de acumulación de fuerzas. En ese sentido, el devenir es
siempre oportunidad.
Por eso Marx, este Marx6, para aproximarnos con él y desde
allí propagarnos, intentando una deconstrucción crítica de su teoría
del valor que nos lleve hasta «una historia crítica de la tecnología»
como: «proceso inmediato de producción de la vida» y de «las repre-
sentaciones de su espiritualidad» (todos éstos, términos de Marx en
El Capital).
Es decir, intentando hacer una «ontología de lo técnico», un
análisis del modo, una genealogía de la explotación de la actividad de
la sustancia humana convertida en trabajo; en que un sistema de
máquinas actúa como «conjunto de órganos productivos del ser
humano social» y va desplazando al trabajador que pasa de ser el
lado activo, a un personaje lateral que “observa, regula y controla”
dentro de un modo y unas condiciones de producción, un proce-
so que cada vez más discurre autónomamente, en un sí mismo ite-
rativo y renovado. Aquí, «el obrero parcial» del que hablaba Marx,
se disuelve en un «obrero total» de carácter cada vez más social.
El trabajador entrado en máquina, deriva pieza de mante-
nimiento de un funcionamiento que implica una enorme sociali-
zación de la producción, un inmenso estriaje del trabajo fragmen-
Crítica de la Razón Mediática

tado en una subjetividad social general del saber, cada vez más pri-
vado y separado, pero paradójicamente cada vez más colectivo.

6 "Para decirlo en términos lacanianos: un Real. Es decir, un significante que


Juan Barreto

resiste absolutamente cualquier otra significación". E. J Palti, Op. cit., p. 107.


Primera Parte / Ensayo I

Es el momento de lo que Marx denominaba el adveni- 99


miento del «general intelect», síntesis de la separación y resultado de
toda la opacidad producida, dentro del cual se incluyen también
las formaciones sociales de poder administrado por el Estado.7
Este estriaje por sobredeterminación tecnológica resitúa
y desajusta los conceptos y obliga a un ejercicio de reconstruc-
ción, pues coloca a los antiguos referentes, legítimamente socia-
lizados por la secularización del conocimiento, en una situación
crítica, ya que su alcance queda limitado por el nuevo momento
del capital en su aceleración, sobrepliegue y sobredeterminación.
En otras palabras, en su (re)producción como un hacer
incesante de agenciamientos de su propia existencia, en tanto
que movimiento perpetuo de la circulación separada de toda otra
materialidad que no sea las condiciones de realidad y realización
de su propio metabolismo.
Por ejemplo, los continuos movimientos de desterritoria-
lización y sobre-reterritorialización en la bolsa y en todos los jue-
gos especulativos, el narcotráfico como base de buena parte de
las operaciones de la banca mundial, el estímulo a la corrupción
por parte del modelo globalizador a favor de una economía para-
lela sin asiento contable, el establecimiento del rumor como
variable de las economías bursátiles, donde el dinero por sí
mismo se multiplica y engendra más dinero. Por vía de hecho, el
capitalismo termina resolviendo su conciencia infeliz, asumien-
do su doble naturaleza.
En este momento, hasta los economistas más neoliberales
alertan sobre la crisis de la «economía sustancial productiva», a favor
de la «economía especulativa», o capitalismo de acumulación rápida,
pero lo que pasan por alto es que ambas están hechas de ilusión, tal
cual lo explica Marx, pues esa es la lógica, o sustancia ontológica, del
Crítica de la Razón Mediática

capital. El desvanecimiento del trabajo en significante y en relación


pura o estado de dominio.

7 Ver C. Castoriadis, El progreso técnico en la encrucijada, Comunicación, Madrid,


Juan Barreto

1970.
Primera Parte / Ensayo I

100 Después de esta digresión volvamos al valor, pero ahora


como relación ilusoria, como sentido. Imaginemos por un
momento que se cumple la profecía del “síndrome del milenio”
y que todo el dinero acumulado como valor facial se borra; que
se pierde toda la “información-comunicación” acumulada en uni-
dades Bit; que el valor nominal del capital virtual queda al descu-
bierto; y que, al fin el mercado descubre su secreto: que el capital
no reconcilia al valor y al trabajo, que no devuelve su sustancia, ni
resuelve su antagonismo. Imaginemos que los chinos quieren reti-
rar de la banca sus 500 billones de dólares en reservas internacio-
nales, un día y de una sola vez. ¿Qué recibirán a cambio? Ese día
tendría razón Baudrillard con su concepto de simulacro del simu-
lacro. Producción cero y vacío, reproducción de sí mismo, o más
bien producción del dispositivo información-comunicación como
principio de realidad al infinito.
Es la única lógica que aun permite la existencia del meta-
bolismo del capital en su nueva fase, que para autores como I.
Mészáros8 es de carácter terminal, pues lo que se acumula no es
otra cosa que la fuerza de una lógica de sentido. Ello, en contra-
dicción con la noción de las corrientes troskistas-mandelistas,
que hablan de crisis sistémicas de carácter cíclico, que negarían
cualquier determinismo histórico y liberaría la voluntad política,
antes de que cada ciclo crítico se cierre, o al menos, nos permi-
tiría ser capaces de producir y manejar los momentos de crisis.
Pues ellas ocurren en un arco de tiempo del modo de produc-
ción, que podrían ser atenuadas o superadas, por la lógica del
capital, llevándonos directamente a la barbarie y negando de una
8 Este autor plantea, al respecto, lo siguiente: "… sin embargo, esta posibi-
lidad es muy real por ser no-simétrica la relación capital y trabajo. Eso quie-
re decir que, mientras el capital depende absolutamente del trabajo -dado que
Crítica de la Razón Mediática

el capital nada es sin el trabajo, y de su explotación permanente-, la depen-


dencia del trabajo en relación con el capital es relativa, históricamente creada
e históricamente superable. En otras palabras, el trabajo no está condenado a
continuar eternamente preso en el círculo vicioso del capital…. El tiempo se
está agotando. Así, solamente una alternativa radical al modo establecido de
control de la reproducción del metabolismo social puede ofrecer una salida
de la crisis estructural del capital". I. Mészáros, Socialismo o Barbarie, Pasado y
Juan Barreto

presente, México, 2005.


Primera Parte / Ensayo I

vez la alternativa socialista; a menos que una voluntad política 101


construya una hegemonía (asunto de lo que hablaremos más
adelante), como sostienen los llamados “neoutopistas”, entre
ellos, I. Wallerstein9.
El trabajo es un modo específicamente determinado de
organización del tiempo y de la actividad humana, que sólo
puede acumularse como producción, aunque no puede reali-
zarse sólo como valor a través de la acumulación sin circula-
ción y sin intercambio, sin relación simbólica de equivalencias forma-
lizadas.
Es decir, sin mercado, el trabajo no se realiza como valor
ni como producción y es en sí mismo un sin-sentido, aunque,
paradójicamente, el mercado no realiza ni al trabajo, ni al valor.
Es un sitio en el que el trabajo debe volver a sí mismo, pero no
lo hace sino en forma ilusoria, metafórica, reducida al significante
salario; una fracción del esfuerzo humano general, devenido en
un mundo como mercancía total; una forma que no devela o revela la
realidad del trabajo. El consumo es en sí mismo precariedad, par-
cialidad de la riqueza total, el lugar del trabajo como exterioridad
de una sustancia ajena, fuera de sí mismo.
Allí, en el mercado, la especificidad del trabajo subjetivo
como generalidad de la sustancia, pierde toda especificidad, ésta
se ha extinguido subsumida en el dinero. Pues el mercado es
opacidad del trabajo, o con Marx, «es el lugar en que el hierro
deviene oro», pero en una relación alienada o salto mortal que
debe hacer un producto para transformarse afirmándose como
mercancía (Marx), que contiene lo imaginario y lo verdadero del
trabajo abstracto general.
Por eso, en un momento (entre el Tomo I y el Tomo II de
El capital), Marx deja de lado el proyecto de “deducir” únicamen-
Crítica de la Razón Mediática

te del trabajo el concepto valor. En los Grundrisse y en El Capital,


habla entonces de separación y del «carácter dual de la mercancía»:

9 Veáse I. Wallerstein, Utopística o las opciones históricas del Siglo XX, México,
Juan Barreto

2003.
Primera Parte / Ensayo I

102 M-D-M, relación que tensa de manera contradictoria producción


y circulación, como modo de actualización del valor, una vez más,
contenido en la mercancía como futuro anterior.
Para decirlo de otro modo, el valor no siempre medible o
inmediato al producto del trabajo y mucho menos equivalente,
formal o igual. Es un movimiento que nunca se reconcilia ni se
alcanza a sí mismo. Pues, como sostuvo Adorno «la realidad de
dicha circulación es trabajo no verdadero». De ahí que la relación
trabajo necesario-plustrabajo, como muestra Negri, es la que dicta la
articulación del proceso del momento de la expansión del capi-
tal en el límite de la máxima explotación, según ciertas condiciones
tecnológicas concretas, reduciendo al máximo, también, el llama-
do «tiempo socialmente necesario».10
Marx lo comprendió al afirmar que «el capital obliga al
trabajador a pasar por encima del límite del trabajo necesario y a
crear plustrabajo», de forma tal, que el capital se valoriza y crea
plusvalor, como estrategia. En ese momento, el capital es organi-
zación total de la vida material y espiritual, ya que deviene lógica
de sentido que cambia y combina el capital ya socializado con las
materializaciones formales del poder de mando y las redes institu-
cionales de ello derivadas. Por eso Marx afirma que en este
punto o grado de desarrollo de las relaciones de producción:
«decir Estado es otra forma de decir capital».
El capitalismo desterritorializa y reterritorializa, y en
este movimiento, surge la separación que es el límite de la acu-
mulación y de la aceleración de la circulación. Por eso decimos
que el capitalismo actúa al borde de sus propios límites. Y uno
de sus límites es la subjetividad del trabajo, la cual es recuperada
en la fetichización de la mercancía, momento del valor que «nunca
Crítica de la Razón Mediática

puede ir más allá de sus propios límites», como sostuvo


Adorno. Pues la fetichización reduce todo valor, al valor de
Juan Barreto

10 T. Negri, Marx más allá de Marx, Bourgois, París, 1979.


Primera Parte / Ensayo I

cambio y subsume para siempre, al valor de uso, atrapándolo y 103


disolviéndolo en la moda, el gusto y las prácticas asociadas al
consumo y la obsolescencia de la mercancía por sobre acelera-
ción de los mercados.
El capital en el proceso de valorización, expropia al traba-
jo de su sustancia, “en un crédito que nunca puede pagar”.
Tomando siempre el trabajo actual para pedir prestado al futuro. Tiempo
que al acelerarse por el impacto tecnológico, se hace instante de la
explotación y ya no pide prestado sino que arranca la sustancia del
trabajo social general, succionando la potencia de esa sustancia y sim-
plificando el proceso de circulación, simultáneamente.
Sobrepliegue y multiplicidad de sí mismo que como una bola de
nieve produce una avalancha, el capital actúa desde toda materia-
lidad inmaterial atravesando el cuerpo, todo cuerpo, con su lógica
recuperadora y autoritaria de una nomenclatura.
Por eso mismo, por la aceleración, multiplicidad y sobre-
posición, mezcla o solapamiento de cada fase del proceso de
acumulación y de circulación; por eso el dinero también sufre
una metamorfosis y actúa sobre sí mismo formando capas de
estratos. Estas estratificaciones contienen distintas estrategias
que se despliegan siguiendo unas reglas como en un juego de
naipes.
Al respecto, no creemos, como sostiene Žižek11, que per-
manezcan existiendo cuatro posiciones teóricas básicas respecto
al dinero, sino una superposición estratificada de todas ellas, vea-
mos: 1) la idea fetichista del idealismo sobre el dinero como
«cosa especial»; 2) la clásica, que lo supone medida de la cantidad
de trabajo inherente a la mercancía; 3) la que se tranza por el mer-
cado como centro donde se dirime el «valor real», dependiendo
de la oferta y la demanda; y 4) La idea expresada por Bailey y
Crítica de la Razón Mediática

Marx, acerca del estatuto puramente relacional del valor expresa-


do en el dinero como «algo no natural, signo secundario», natu-
11 S. Žižek, La revolución blanda, Atuel, Buenos Aires, 2004. Reiterando aquí lo
planteado al respecto en: Ideología, Fondo de Cultura Económica, Buenos
Juan Barreto

Aires, 2003.
Primera Parte / Ensayo I

104 ralizado en el intercambio de la forma valor, para hacer posible el


mercado y sus mercancías. Esta última idea es la más próxima a
la constitución de un Real, pero:
Todas estas ideas hoy se mezclan, se superponen por sobre-
pliegue y aceleración, formando estratos, o, en términos más pre-
cisos, en la medida que surge y se despliega el dispositivo información-
comunicación, la estratificación sustituye, por mezcla, los espacios
puros del dinero creando una nueva formulación del proceso de
valorización, D-D-D (dinero-dinero-dinero… al infinito, cuya
única materialidad es su referente virtual, una memoria, un progra-
ma, un archivo, un mito).
Por eso, para nosotros, hoy, no es posible una teoría del dine-
ro, que no sea a su vez una semiótica de la circulación. Al respecto, Žižek
apelando a Lacan dice, de manera provocadora, que ha surgido
una contradicción entre plusvalía valor y plusvalía deseo, y con esto
podemos estar de acuerdo, pues de lo que se trata es de la natu-
raleza de una lógica autónoma de la reproducción del capital,
alojada en cada objeto como inmaterialidad dominante. ¿Espíritu
absoluto alojado tal vez como dispositivo catalizador, como ace-
lerador de lógica viral, como forma comunicación-información?
Nos preguntamos.
En toda esta operación de «disgregación o disolución de
los elementos constitutivos del capital» (C. Marx), ¿dónde que-
dan el trabajo, el valor, la acumulación y la circulación, si el
tiempo se acelera y hace simultánea cada esfera y se pierde la
continuidad y el carácter sucesivo de la producción en el sobre-
pliegue? Si tomamos en cuenta que la producción, indepen-
dientemente de sus formas sociales, debe ser continua, ella está
forzada «a transformar y a transformarse consumiéndose a sí
misma», como advierte Žižek. ¿Pero qué pasa entonces en la
Crítica de la Razón Mediática

sociedad de la información-comunicación, en donde todo lo


Juan Barreto
Primera Parte / Ensayo I

que se produce es acotación del tiempo y aplanamiento, simul- 105


taneidad del tiempo en la inmediatez, en donde ya, de suyo, la
producción, la circulación y el consumo se funden en un solo
movimiento? ¿Se resuelve la tensión o se sobrepliega aún más?
¿Y qué ocurre cuando dicho dispositivo información-comuni-
cación, subsume al resto de la economía y también a la políti-
ca en su lógica? ¿Será qué la base del nuevo capitalismo es lo
que antes fue llamado superestructura en un movimiento de
inversión de la carga?
Podemos afirmar que ha surgido y se instaura a nivel
global (teniendo en cuenta las particularidades regionales) un
nuevo dispositivo dominante, el cual nace del impacto tecno-
lógico, de la informatización del modo de producción y la con-
siguiente hegemonía de la producción inmaterial sobre cualquier
otra formalización. Asimismo que este movimiento desplaza,
descentra y arrastra a todas las demás formas de materializa-
ción del capital como modo y formación, subordinándolas.
Es por eso que el dispositivo información-comunicación
no sería debidamente comprendido si ignoramos todo su des-
pliegue, esto es: las relaciones simbólicas que contiene, sus mitos
fundacionales, los discursos y sus regímenes de verdad, su carga
ritual e imaginaria y las relaciones no lineales de la que está con-
formada.
En tal sentido, pensar el presente implica atender la
incorporación (in-corpore) de los sucesos y dramas del mundo
por parte de la mediática y su campo de efectos de superficie:
los medios, como nuevos dispositivos de la lógica del capital
en su reactualización. Pues los medios constituyen un ele-
mento del nuevo imaginario social epocal, una nueva pieza
que se integra al rompecabezas: «En mayor o menor grado,
Crítica de la Razón Mediática

todo proceso comunicativo se da con base a ciertas llaves


Juan Barreto
Primera Parte / Ensayo I

106 predeterminadas que organizan nuestras percepciones en


conformidad con modelos míticos, recortes nominales y cla-
sificatorios fundamentados, inclusive, en nuestra memoria
biológica».12
Pero muchas categorías usadas para entender al mundo
se han resquebrajado y parecen obsoletas ante la fuerza de estos
cambios13. Hoy se habla de crisis de los saberes consagrados y
de la reducción a la nada de antiguas formulaciones y bitácoras
de pensamiento. Esto es particularmente cierto en el terreno de
la comunicación. A decir de Deleuze, la cultura de la civilización
del capital, no se puede pensar sin la mediática como forma
Terminal de su dispositivo de punta, y nunca como algo inmó-
vil. Sería necesario algo así como una etnografía molecular que
tendría que variar continuamente y que devuelva la potencia a los
conceptos.
12 A. Esté, "Periodismo y ritual". Mimeografiado. Caracas, 1992. p. 50.
13 Me refiero a los cambios que involucra el paso de una sociedad disciplina-
ria a una sociedad de control, que Negri caracteriza magistralmente de la
siguiente manera: "La sociedad de control, en cambio, debería entenderse
como aquella sociedad (que se desarrolla en el borde último de la modernidad
y se extiende a la era posmoderna) en la cual los mecanismos de dominio se
vuelven aún más 'democráticos', aún más inmanentes al campo social, y se dis-
tribuyen completamente por los cerebros y los cuerpos de los ciudadanos, de
modo tal que los sujetos mismos interiorizan cada vez más las conductas de
integración y exclusión social adecuadas para este dominio. El poder se ejerce
ahora a través de maquinarias que organizan directamente los cerebros (en los
sistemas de comunicación, las redes de información, etcétera) y los cuerpos (en
los sistemas de asistencias social, las actividades controladas, etcétera) con el
propósito de llevarlos hacia un estado autónomo de alienación, de enajenación
del sentido de la vida y del deseo de creatividad. En este sentido la sociedad de
control podría caracterizarse por una intensificación y una generalización de los
Mediática

aparatos normalizadores del poder disciplinario que animan internamente


nuestras prácticas comunes y cotidianas, pero, a diferencia de la disciplina, este
control se extiende mucho más allá de los lugares estructurados de las institu-
ciones sociales, a través de redes flexibles y fluctuantes. En segundo lugar, la
Crítica de la Razón

obra de Foucault nos permite reconocer la naturaleza biopolítica del nuevo


paradigma del poder. El biopoder es una forma de poder que regula la vida
social desde su interior, siguiéndola, interpretándola, absorbiéndola y rearticu-
Juan Barreto

lándola. El poder sólo puede alcanzar un dominio efectivo sobre toda la vida
de la población cuando llega a constituir una función vital, integral, que cada
individuo apoya y reactiva voluntariamente. Como dice Foucault: 'Ahora la vida
Primera Parte / Ensayo I

El impacto de los grandes medios (nuevas tecnologías vin- 107


culadas a la electricidad, microchip, satelización, redes, tecnología
militar, etc., lo que se conoce como eco-comunicación o ecosiste-
ma mediático), aún no ha terminado, se encuentra más bien en
plena expansión y no ha sido considerado en toda su magnitud. No
obstante, la teoría sigue aferrada a los modelos de La Escuela
Norteamericana que apuesta su suerte a los sondeos y a los estu-
dios de efectos.
Pero los campos de delimitación (Foucault) se han
desplazado y surgen saberes dionisiacos y nuevas tribus urba-
nas (Maffesoli) que llaman a redimensionar las prácticas teó-
ricas. Sería incluso propicio pensar en “clave brujérica”
(Guattari) para comprender la naturaleza de los desplaza-
ha llegado a ser […] un objeto del poder'. La función más elevada de este poder
es cercar la vida por los cuatro costados y su tarea primaria es administrar la
vida. El biopoder se refiere, pues, a una situación en la que lo que está directa-
mente en juego es la producción y la reproducción de la vida misma. Estas dos
líneas de pensamiento de la obra de Foucault encajan perfectamente entre sí en
el sentido de que sólo la sociedad de control puede adoptar el terreno biopolí-
tico como su terreno exclusivo de referencia. En el paso de la sociedad discipli-
naria a la sociedad de control queda establecido un nuevo paradigma de poder
definido por las tecnologías que reconocen a la sociedad como la esfera de
influencia de biopoder. En la sociedad disciplinaria, los efectos de las tecnolo-
gías biopolíticas eran aún parciales, en el sentido de que el disciplinamiento se
desarrollaba siguiendo una lógica relativamente cerrada, geométrica y cuantita-
tiva. El poder disciplinario mantenía a los individuos en instituciones pero no
lograba absorberlos completamente en el ritmo de las prácticas productivas y la
socialización productiva, no lograba penetrar enteramente en las conciencias los
cuerpos de los individuos, ni llegaba a tratarlos y organizarlos en la totalidad de
sus actividades. En la sociedad disciplinaria, la relación entre el poder y el indi-
viduo continuaba pues siendo una relación estática: la invasión disciplinaria del
poder correspondía a la resistencia del individuo. En cambio, cuando el poder
llega a ser completamente biopolítico, la maquinaria del poder invade el conjun-
Crítica de la Razón Mediática

to del cuerpo social que se desarrolla en su virtualidad. Esta relación es abierta,


cualitativa y afectiva. La sociedad, absorbida dentro de un poder que se extien-
de hasta los ganglios de la estructura social y sus procesos de desarrollo, reac-
ciona como un solo cuerpo. El poder se expresa pues como un control que se
hunde en las profundidades de las conciencias y los cuerpos de la población y,
al mismo tiempo, penetra en la totalidad de las relaciones sociales". T. Negri,
Juan Barreto

Imperio, Paidós, Barcelona, 2002, pp. 38 y 39.


Primera Parte / Ensayo I

108 mientos que se operan en el tejido social y las turbulencias


que se producen.14
Por ello, a contracorriente de las dominantes maneras de
abordar el problema de la esfera mediática, sostenemos que las prác-
ticas mediáticas conforman un campo de autonomía, una subcultu-
ra de un tinglado teatral que marca de manera nueva a toda la
máquina cultural.
Pues, el despliegue temporal y espacial de dichas prácti-
cas es divergente y caótico, constituyendo una cultura de lo múl-
tiple, lo diverso y lo híbrido, un campo de relaciones complejas
que borra identidades y fronteras tenidas como dadas y fijas. O,
para decirlo de otra manera, conformando campos situacionales
complejos que nos obligan a pensar más allá de lo inmediata-
mente útil para el mercado. Tiene razón Ramón Zallo cuando
afirma:
La vieja escuela de Frankfurt -exceptuando a W. Benjamin- no
comprendió el entronque que muchos productos de la cultura
industrializada iban a establecer con la cultura popular soterrada y
menospreciada hasta entonces o el hilo de continuidad existente
entre culturas tradicionales e industrial... Tampoco valoró que
junto a producciones deleznables la nueva industria crearía las
condiciones para nuevas expresiones artísticas y síntesis bien con-
tradictorias.15

14 "Existen, por tanto, universos en los cuales se instaura un consenso social


respecto a la verdad, pero que están sometidos a presiones sociales que favo-
recen el intercambio racional y que obedecen a unos mecanismo de universa-
lización como los controles mutuos; en los cuales las leyes empíricas de fun-
cionamiento que rigen las interacciones implican la puesta en prácticas de
controles lógicos; en los cuales las relaciones de fuerzas simbólicas adoptan
una forma tan absolutamente excepcional que, por una vez, aparece una fuer-
za intrínseca de la idea verdadera, que puede alimentarse de la fuerza en la
lógica de la concurrencia; en los cuales las antinomias normales entre el inte-
Crítica de la Razón Mediática

rés y la razón, la fuerza y la verdad, etcétera, tienden a debilitarse o a abolir-


se. Y… Popper […], sin duda con una intención y una lógica diferentes, sos-
tiene, al igual que Polanyi, que la naturaleza social de la ciencia es responsa-
ble de su objetividad". P. Bourdieu, El oficio del científico, Anagrama, Barcelona,
2003, p. 245.
15 R. Zallo, Economía de la comunicación y la cultura, Akal, Madrid, 1988, pp.
Juan Barreto

10 y 11.
Primera Parte / Ensayo I

Los tiempos que corren contienen eventos de nuevo tipo 109


que dejan huellas de registro, que imponen nuevas configuracio-
nes de sentido al interior de las representaciones colectivas, que
movilizan energías que desplazan visiones y lecturas de lo real.
Esto trae como resultado otros agenciamientos colectivos de
subjetividad, que estallan en subjetividades múltiples, las cuales
no se corresponden en términos de identidad con los diseños
cultural-institucionales de la civilización Moderna, condición de
posibilidad de la razón instrumental del metabolismo del capital.
Es decir, el tiempo de la revuelta está a la mano, como la
idea derrideana de decisión. Como la potencia de un virus
encriptado, la irrupción de lo otro ya se ha gestado y está conte-
nido e inoculado en la naturaleza misma de la mutación tecnoló-
gica que se opera al interior del capital.
Puede que se trate de la crisis terminal de una lógica que
ya no puede crecer más allá de sus propios límites lo cual asegura-
ría su inviabilidad, por lo que ahora se engulle a si misma, proli-
ferando al interior del cuerpo físico como dispositivo biopolítico
del control. O del fin de un arco o ciclo, cuya disyuntiva reside en
su capacidad o no, de renovarse y adaptarse a los desajustes que ha
creado, para entrar a una nueva fase de explotación del trabajo; en
todo caso, nadie puede negar la fractura que padece su lógica. Al
menos podemos asegurar que hay una crisis generalizada en su
metabolismo basal.
Son evidentes el daño al ambiente, el consumo desmesu-
rado, la acumulación y la producción fantasma, además del derro-
che del agua y la energía; la reinstauración de formas de trabajo
esclavo para sobre-intensificar la explotación del trabajo y las nue-
vas y distintas formas de exclusión social asociadas a tal evento; la
creación de un aparato militar pesado, sobretecnológico, costoso,
Crítica de la Razón Mediática

ineficiente, terrorista e insostenible, que además consume buena


parte de los recursos que moviliza la economía que lo produce.
Juan Barreto
Primera Parte / Ensayo I

110 Se trata de un modelo agotado, atrapado en un régimen


de valorización virtual del ciclo de acumulación, cada vez más
alejado de cualquier referente material, que sólo se soporta sobre
la metafísica de un relato mitómano. Ahora bien, nada de esto es
suficiente para que una formación social desaparezca. El régi-
men del capital no se desplomará por si sólo.
Puede proseguir reproduciéndose sobre sí mismo, al infi-
nito, produciendo realidad-actualidad, por medio del dispositivo
información-comunicación, en la misma medida que coloniza
los nuevos territorios de la subjetividad y crece ahora al interior
de otro límite, desde otra reterritorialización del cuerpo.
Bastaría con el esfuerzo por comprender su lógica, sus
funcionamientos y las condiciones de producción del deseo
político con sede en la subjetividad, para construir la voluntad
política otra, que haga pedazos todo lo existente. Esta es tam-
bién una tarea de la teoría que toma partido por y desde las nue-
vas prácticas que se abren paso impugnando los imperativos sis-
témicos de la civilización del capital y anunciando otro mundo
posible.
Crítica de la Razón Mediática
Juan Barreto
II 111

UN EJERCICIO SOBRE MATERIA OSCURA


Y AGUJEROS NEGROS, VIRUS Y ADN

Una manera de buscar agujeros negros, consiste en


conseguir materia que gire alrededor de lo que
parece un objeto compacto e invisible de gran
masa… Para ello, precisaría conocer la parte de
ella que hay ya en su interior. Esta contiene parte
de la información de lo que cayó dentro.
La cantidad de información puede ser grande,
porque un agujero negro de masa y velocidad de
rotación determinadas puede ser formado a partir
de un número muy elevado de diferentes conjuntos
de partículas.
S. Hawking

ara comprender qué es lo que, en fin de cuentas, es la

P (re)producción, necesitamos de nuevos repertorios teó-


ricos y de audaces modelos que nos permitan construir
metáforas interpretativas (Derrida), para la aproximación a los even-
tos. En ese sentido, hemos escogido la polémica idea de la mate-
ria oscura o éter para explicar el fenómeno de funcionamiento de
expansión del dispositivo información-comunicación y su con-
tingente gravedad-antigravedad como lógica de la reproducción.
La idea de actualidad como eterno presente, como futuro
actual desplazado o tiempo actual descentrado, forma parte del universo
mediático y es pieza clave en el dispositivo información-comuni-
cación, lugar-tiempo que crea el concepto de opinión pública y
todo su régimen derivado, el cual se comporta como campo de
Crítica de la Razón Mediática

fuerza en expansión, al que llamaremos gel mediático. Veamos a qué


epistemología nos referimos en esta aproximación por analogía.
Juan Barreto
Primera Parte / Ensayo II

112 Energía y masa son caras de una misma moneda, decía


Einstein, y el cosmos no tiene un reloj universal ni un marco de
referencia común. El tiempo y el espacio son relativos y fluyen
de manera diferente para cada objeto, dependiendo de su movi-
miento, de las fuerzas que lo impactan y de los azares y ocurren-
cias vinculadas en un tejido flexible de cuatro dimensiones al
menos, al cual la materia, por gravedad, curva y deforma. La
atracción de los objetos que llamamos gravedad, es sólo materia
que se desliza por sobre las curvaturas del tejido del espacio-
tiempo por efecto de súper fluidez1. ¿Pero, de qué está hecho ese
tejido?
A la densidad “medible” de dicho tejido, algunos la deno-
minan materia oscura. Sobre la materia oscura, hay muchas especu-
laciones y también recientes descubrimientos que hablan de un
nuevo efecto gravitacional como, por ejemplo, los efectos de los
mundos espejos, los universos paralelos, la radiación electromag-
nética de fondo y toda una gama de nuevas fuerzas que determi-
narían la contracción o expansión del espacio-tiempo y el así lla-
mado efecto inflacionario.
El paisaje del universo es un término recientemente acu-
ñado por el físico Leonard Susskind. Parte del requerimiento de
9 ó 10 dimensiones adicionales para la existencia de las cuerdas
y supercuerdas, con todo y la teoría que la sustenta. Las cuerdas
serían tensores enrollados y envueltos sobre sí mismos, de 10 a
las 500 formas posibles, lo que le da una estable configuración al
espacio-tiempo, número de partículas y a la energía del vacío o
energía oscura (que podría diferir de lugar en lugar y no compor-
tarse como una constante, pero la suma del paisaje si produciría
valores totales).
De modo que la denominada constante cosmológica de
Crítica de la Razón Mediática

Einstein, podría ser de nuevo un elemento para tomar en cuen-


ta, precisamente como constante, como hoy reconocemos la

1 Sugiero, al respecto, la lectura de R. Feynman, La conferencia perdida,


Juan Barreto

Metatemas, Barcelona, 1998.


Primera Parte / Ensayo II

idea del espacio-tiempo y, finalmente, quedar reivindicada; así 113


como el inflatón, por ahora partícula hipotética, que podría ser
una suerte de efecto adicional separador o aglutinador de los
eventos cosmológicos, según se tome. Lo que haría del vacío, al
menos, un tema operacional distinguible de la nada2.
En este sentido, algunos físicos teóricos aseguran que
la materia oscura del vacío, no es eternamente expansiva; es,
por el contrario, equilibrio, pues se cumplen las tres leyes fun-
damentales de Newton: gravedad, fuerza, acción y reacción,
aunque no exista una “masa” inmediatamente “medible”
como objeto cuantificable.
Los laboratorios Bell descubrieron en 1964, que el cos-
mos está inundado por un mar de radiaciones de microondas
espesas. En 1980, Alan Guth, desde el MIT, dio un fuerte impul-
so a la física de partículas, las cuales se comportarían como
enjambre, campo de fuerzas espeso, que aseguran un empareja-
miento entre materia y energía en el universo.
Este es uno de los puntos de partida de la teoría infla-
cionaria o total del universo, que ha permitido entender la idea
de aplanar la curvatura del espacio-tiempo del cosmos, tal y
como Einstein lo predijo. Y hoy los satélites lo comienzan a
detectar, con mediciones precisas de las microondas cósmicas
sueltas y en inflación.
Los así denominados objetos extraños de partículas y de ondas,
descritos por el físico hindú, Subrahmanyan Chandrasekchar, en
1931, comienzan hoy a ser “observados”, lo cual confirmaría la
existencia de objetos comprimidos súper masivos o agujeros negros
por donde «se fuga la energía excedente del universo» para retor-
nar como Quazar, lo que plantea también un desafío al llamado
modelo estándar, que explica las distintas interacciones producidas
Crítica de la Razón Mediática

en el microcosmos.

2 J. Arnau, asegura que una reflexión mucho más compleja que la elabora-
da por occidente, surgió en la India en el siglo II, por el filósofo y monje
budista Nãgarjunã. En La palabra frente al vacío, Fondo de Cultura Económica,
Juan Barreto

México, 2005.
Primera Parte / Ensayo II

114 Así mismo, el llamado campo de Higgs, es todo un reto.


Esta teoría consiste en imaginar partículas de vacío llenos de un
campo de fuerza de nada. Sobre este tema hay un ardoroso debate
que abre al siglo XXI, lugar del tiempo en donde también se
comienza a hablar de «materia blanca».
El físico hindú Chandrasekchar, aplicó a una estrella, las
ecuaciones de la relatividad general especial y, simultáneamente
la mecánica cuántica, advirtiendo que una gravedad especial podría
actuar sobre ella y comprimirla hasta convertirla en un punto
más del universo; un punto aplastado por la energía emanada
por cuásares y pulsares, rayos X y gamma, las partículas de
honda Z, W, destellos de estrellas de neutrones y otros objetos
colapsados; si los mismos dirigen su energía en una misma
dirección precisa.
Este modelo ha servido, desde entonces, para orientar la
búsqueda del contenido del vacío. I. Prigogine, representa en sus
ecuaciones, al vacío «como un campo fluctuante no simétrico
que produce masas ligeras o pesadas» de un tiempo latente que
está siempre aquí actualizándose.
Hoy sabemos que el universo está lleno de fuentes de
energías «extrañas y titánicas» que se debaten entre sí y crean
campos diagramáticos de tensiones. Ha resultado que estos
efectos de campos permiten «pesar galaxias» que contienen a
su alrededor más masa de la que se puede medir y observar a
simple vista. A esta medición se le llama «lente gravitacional» y
hoy se cree que alrededor del 90 % de la masa del universo pro-
cede de ese “allí”, que no se puede encontrar en ninguna forma
conocida de materia, pero existe e influye de manera decisiva
en todo cuanto ocurre, tanto estirando como acelerando los
juegos existenciales del universo. Este efecto no sería otra cosa
Crítica de la Razón Mediática

que un tejido multidimensional de supercuerdas llamadas bra-


nas y p-branas.
Juan Barreto
Primera Parte / Ensayo II

Algunos físicos teóricos toman estas aproximaciones 115


como punto de partida para una teoría unificada de la ciencia. Se
trataría de una fuerza impulsora o antigravedad, en términos del
cosmólogo Macahel S. Turner, que influye en el comportamien-
to de las cosas y que no puede encontrarse ni descubrirse por
ahora a simple vista. La materia oscura así pensada, es la respon-
sable de la arquitectura oculta del universo y el efecto de las len-
tes gravitacionales, es una de las pocas formas prácticas de
“verla”.
Prigogine nos habla también de la confirmación reciente
de descubrimientos realizados en 1965. Se refiere a un universo
formado de la singularidad de fotones por sobre los cuales nave-
gan los bariones, ligados a la radiación de fondo del cuerpo
negro. F. J. Dyson dice que las fuentes de expulsión de rayos X y
los torrentes de emisión de rayos X binarios, nos hablan de mate-
ria oscura, así como evidencian la existencia de agujeros negros en las
galaxias. Estos últimos, son lugares que succionan toda la energía
en cualquiera de sus formas y comprimen el espacio tiempo. Esta
figura, también nos sirve y la utilizamos a la hora de construir
nuestro modelo y de referirnos a la producción y al consumo de
actualidad por sobre gravedad y saturación. La substracción de
las memorias, por ejemplo, obedece a esta lógica.
Las ondas gravitacionales remanentes de la materia oscu-
ra están siendo medidas hoy por gigantescos detectores al sur de
Washington, en Luisiana y al sur de Pisa, en Italia. Estos hallaz-
gos y los modelos analógicos que ellos sugieren, nos permiten
construir un dispositivo teórico nuevo para acercarnos al estudio
de las turbulencias no visibles y las densidades medibles de los
campos o ambientes de opinión de la máquina información-
comunicación que llamaremos éter simbólico, o gel mediático. Nada
Crítica de la Razón Mediática

que llena el vacío en el significante Amo.


Juan Barreto
Primera Parte / Ensayo II

116 Para ello, nuestro punto de partida es el de las reconfigu-


raciones de la dominación en la sociedad actual. Es decir, el
hecho de que las formas de la dominación se van convirtiendo
en diagramas de zonas de gravitación y control generalizado, a
partir de nuevas instituciones blandas, dúctiles y ubicuas, a veces
efímeras, que forman parte del gel mediático en donde ahora
ocurre la semiosis social (Verón) de la significación.
La condición gel de la mediática habla de una zona metaes-
table que llena las distancias y ocupa el vacío social, una tensión,
una intensidad variable de inestabilidad social permanente, una
suerte de gravedad invisible que hace redes de cuerdas de nubes
espesas, espacios turbulentos de opinión, actualidad, informa-
ción; como expresión del efecto de superficie producido por el
dispositivo comunicación-información, actuando como régimen
de sentido dominante.
Esto garantiza la estabilidad inestable, “el equilibrio” gra-
vitacional del capital y su lógica, la inteligibilidad discursiva de
sus significantes devenidos en signos. Podemos imaginar el
magma en el centro de la tierra, o la materia oscura del éter. Dice
también de un espesor sinuoso de líneas de cruce, un espacio-
tiempo social, movedizo y de un conjunto de texturas que se
cruzan y mezclan en el despliegue incesante de la producción de
sentido de la actualidad.
Esta es la materia prima del dispositivo información-
comunicación, en la era en la que la producción inmaterial des-
borda a la llamada producción material, la subsume y la contie-
ne, sin liquidarla, manteniéndola como referente simbólico
opaco, estimulándola de manera que siga siendo el referente
imaginario del simulacro.
Para comprender el movimiento de propagación del dis-
Crítica de la Razón Mediática

positivo información-comunicación, echamos mano de la lógica


de lo viviente, como dijera F. Jacob. Trabajamos el modelo deriva-
Juan Barreto
Primera Parte / Ensayo II

do de la bioquímica de la vida. Esto nos colocó al interior de 117


procesos tales como la intensidad vital de la inmunidad de las
cepas bacterianas lisogénicas, invulnerables a la infección por
contaminación a partir del contacto con nuevas partículas mágicas,
es decir, de cualquier orden distinto a sí mismas.
Así mismo, nos aproximamos también al comportamien-
to de los plásmidos, el descubrimiento del ARN mensajero, en las
células y la síntesis de las proteínas; la reciente secuenciación del
genoma, las llamadas mutaciones y la forma como se rompe de
manera química o mecánica una cadena de ADN, produciendo
trozos más pequeños llamados enzimas de restricción que rom-
pen la lógica del sistema conservativo del ADN, causando cade-
nas mutantes.
Todo ello nos acercó al problema de la reproducción, la
transformación y la conservación de la lógica del capital. Es decir,
afirmamos que, en efecto, el capital y sus formas ampliadas de cir-
culación cubren un arco que obedece a dinamismos que tienen una
lógica metabólica que actúa por infección y propagación, por sínte-
sis y fragmentación, por corte y estriaje. Por lo cual el modelo ante-
riormente apuntado nos servirá en lo adelante para explicar el
momento actual de la mutación de dicho metabolismo hacia otros
tiempos-lugares de auto reproducción del capital como lógica de su
propia existencialidad.
Del mismo modo, penetramos los misterios de las fluc-
tuaciones estadísticas medibles en cada factor de la herencia
(Mendel); las combinaciones posibles de proteínas enzimáticas
que catalizan las reacciones del metabolismo y los fenómenos de
variación de la herencia por efecto de la incorporación o modi-
ficación de un radical químico o una radiación. El fenómeno de
variación, es ampliamente conocido en lo que se acepta común-
Crítica de la Razón Mediática

mente como evolución, salto, mutación o extensión.


Juan Barreto
Primera Parte / Ensayo II

118 Finalmente, la forma semicircular del cromosoma bac-


teriano y su relación con el universo viral, nos dio la clave para
acercarnos a una teoría de la propagación de los agenciamien-
tos informativo-comunicativos; los cuales asimilamos al mode-
lo bioquímico de la vida y a su devenir, como veremos.
Comprendimos así, al dispositivo información-comunicación y
sus distintos agenciamientos de sentido, actuando por lógica de
infección viral. El modo de producción biopolítica apareció
entonces, más claro ante nuestros ojos. Estábamos cerca de
otra mirada.
Lo que pretendemos desde allí, es hacer-nos de un
modelo que tome a su cargo lo real, en el instante en el que la
producción inmaterial y su circulación son el soporte hegemó-
nico del modo de producción; cuando, como dijera Marx3,
«todo lo sólido se desvanece en el aire» y es opacidad e ilusión:
cuerpo social recuperado por un nuevo régimen de sentido y su
dispositivo, con todo y sus campos de prácticas asociados. Este
es el momento de El Capital como (re)producción pura de sí
mismo. Como presente puro, como estado de realidad perma-
nente. Vale la metáfora de Alicia y el espejo, pues detrás de él no
hay nada.
Esto quiere decir que las cadenas de sentido, los reperto-
rios de los aparatos interpretativos, los sistemas de enunciación,

3 La tradición de pensamiento marxista, como cualquier otra, no es algo


homogéneo y estable. Esto es así no sólo en el sentido obvio de que ha sufri-
do reformulaciones cruciales alo largo de su siglo y medio de vida, sino tam-
bién, y de manera fundamental, que su historicidad no responde nunca exclu-
sivamente a sus impulsos y problemáticas inherentes. Esta se ve atravesada de
cabo a rabo por las recomposiciones más vastas en los regímenes de saber que
se produjeron en su transcurso en el pensamiento occidental. El pensamien-
Crítica de la Razón Mediática

to marxista viene, de este modo, a reinstalarse sucesivamente en diversos


nichos epistemológicos, se reconfigura en función de las diversas epistemai
que definen, en cada momento dado, las condiciones de inteligibilidad de los
fenómenos. En definitiva, éstos proveen la red teórica de base a partir de la
cual se relee también retrospectivamente el pensamiento de Marx y se refor-
mula su legado. E. J. Palti, Verdades y saberes del Marxismo, Fondo de Cultura
Juan Barreto

Económica, México, 2005. p. 92.


Primera Parte / Ensayo II

las pretensiones de verdad de la civilización son ya (re)produc- 119


ción, es decir, puro estado de realidad de una lógica de sentido.
El capital lo único que produce es la condición de posibilidad de
la existencia de sí mismo, su propio metabolismo, instalándose
de manera parásita y gobernando todo cuerpo.
Así mismo, a partir de estas afirmaciones, podemos ase-
gurar entonces, que nos encontramos en un momento en que los
pactos sociales de entendimiento se remecen, marcados por nue-
vas eventualidades que devienen en nuevas tecnologías del yo;
descentradoras y disipadoras, energías modelizadoras anuncia-
doras de un nuevo individuo social desafiliado de la performati-
vidad legitimadora de las formas tradicionales de mitificación y
ritualización, que incluso nacen perversamente y en contra de
todo pronóstico del deseo dominante, desafiliadas del poder, tal
y como éste fue entendido en términos tradicionales4.
Se trata, entonces, de hacernos cargo de la existencia de
nuevas fuerzas de descentramiento y desencantamiento y de un
nuevo movimiento en ese sentido que, desde la producción
inmaterial como modelo hegemónico dominante, actúan hoy sin
que la teoría sea capaz de construir los aparatos interpretativos y
traductores para detectar tales objetos.
En ese movimiento, para nosotros, la mediática y sus ope-
radores terminales, los medios, son la expresividad de un con-
junto estriado de campos de efectos de superficie, de producción de
sentido por supergravedad, de la derivación de un gel que hace

4 “En efecto, la coyuntura es cantidad, en tanto la potencia es cualidad. Pero


la una no puede transmutarse en la otra. Es natural que desde la mirada esta-
docéntrica surja, entonces, la pregunta sobre la utilidad de la potencia. Como
la emancipación, la potencia no es útil, no puede metamorfosearse en valor
Crítica de la Razón Mediática

de cambio en el altar del mercado político. Durante los momentos insurrec-


cionales la movilización disuelve las instituciones, tanto las estatales como las
de los movimientos sociales. Las sociedades en movimiento, articuladas desde
el interior de su cotidianidad, fisuran los mecanismos de dominación, rasgan
los tejidos del control social, dispersan las instituciones; dejan, en resumidas
cuentas, expuestas las fracturas societales que la misma sociedad, al moverse,
al deslizarse de su lugar anterior, pone al descubierto.” R. Zibechi, Dispersar el
Juan Barreto

poder. Tinta y Limón, Buenos Aires, pp. 27-33.


Primera Parte / Ensayo II

120 posible el funcionamiento del dispositivo información-comuni-


cación por medio de agenciamientos de propagación por conta-
minación o lógica viral.
Esta lógica reconfigura las nuevas maneras de relacionar-
nos con el mundo, con los otros y con nosotros mismos, pues
toda relación, como lo ha analizado Martin-Barbero, es media-
ción massmediáticamente construida. Por esto, la mediática
también implica la emergencia de nuevas formas de ver, pensar,
decir, hacer y sentir, cambiando radicalmente las experiencias
espacio-temporales, y creando una «nueva cotidianidad», en rela-
ción con las formas administradas de control del gobierno del
capital y sus dispositivos massmediáticos. Los modos y mundos
de la vida nuevamente sufren la presión interior de la gran trans-
formación de las relaciones productivas que impactan el espacio-
tiempo de la construcción de subjetividad.
Al respecto, Žižek asegura que la perspectiva de “la aldea
global” de la información, podría estar también marcando el fin
de las relaciones de mercado, a secas, relaciones que por defini-
ción están articuladas a la lógica de una demanda insatisfecha
debida a la proliferación del deseo sobre la escasez de respues-
tas. Lo que estaría ocurriendo es una mutación en el modo mismo
de producción colectiva de subjetividad, que prepara el terreno
a una nueva forma de mercado, dispuesta a mudarse al territo-
rio de la oferta superabundante, a crecer sobre su propio límite,
como el cáncer cuando hace metástasis.
Momento mutante que hace estallar al deseo sobre sí
mismo, hacia lo otro, por autofagia, por lógica de agujero negro;
en un movimiento que Marx llamó modo. Concepto que sigue
operando desde el fantasma de Spinoza: «…cuanto más me acer-
co a los límites de mi potencia actual de mi condición finita, a la
Crítica de la Razón Mediática

sustancia divina de la cual yo sólo soy un modo» (una expresión de


su geometría de las pasiones).
Juan Barreto
Primera Parte / Ensayo II

Siguiendo en este punto a S. Žižek, puede sostenerse 121


que la condición actual del mundo permite reafirmar la senten-
cia de Marx según la cual el límite del capitalismo es el capital
mismo. El límite intrínseco al propio proceso que coloniza
cada nuevo terreno, ha llegado. Y este límite que no es sólo
geográfico y económico, sino también cultural, político, psíqui-
co, ético; erosiona cualquier contenido sustancial del que busca
alimentarse el capital.
De modo que cuando el capital ya no encuentre fuera de
sí ningún contenido sustancial del cual apropiarse, se desplegará
un proceso que habrá de desembocar en algún tipo de explosión
o implosión. Por esto, como afirma Žižek hay que tomar en serio
«la metáfora de Marx, según la cual el capital es una entidad vam-
pírica». Capaz de devorarse a sí mismo.
Las explosiones ya comienzan a sucederse en todos los
mundos y esferas posibles, pero sobre todo en la proliferación
de micro-físicas socio-culturales con los cambios de rutinas en
las metrópolis, las zonas de tránsito, la reclasificación de los
pobres, los horarios, el trabajo5, las especialidades, las jerar-
quías, el disciplinamiento, los espacios para la mujer y la fami-
lia, la escolaridad, el espacio público y su uso, la diversión y el
entretenimiento, la representación sobre lo que es o no legal o
peligroso, las nuevas sexualidades, las jergas urbanas, los ritmos
estético-kinestésicos, etc.
Contundente señal de tal explosión es la actividad de pro-
ducción y reproducción de los flujos y recortes de lo mediático
al interior de la máquina cultural (Guattari), que atraviesa trans-
versalmente y desde las distintas esferas de sentido que confor-
man lo social. Por ejemplo, problemas de siempre, como la legi-
Crítica de la Razón Mediática

timación y la representatividad, se despotencian y cobran una


dimensión dramática y crítica, en la medida en que lo político,
Juan Barreto

5 A. Gorelik, Adrián, Miradas sobre Buenos Aires, Siglo XXI, México, 2004.
Primera Parte / Ensayo II

122 como escenario cultural de interacción, se reconfigura por las


crecientes mediaciones massmediáticas, particularmente, la
radio, la prensa escrita, Internet, La TV y otras zonas superficia-
les de la mediática que saturan de realidad y actualidad la lógica
de la vida.
Sin detenernos demasiado, todo ello reactualiza a lo polí-
tico mediatizado, como un no lugar (Augé), y a la esfera de lo polí-
tico como un espacio por refundarse. O, en todo caso, como
lugar desplazado y contaminado también por los cambios, como
veremos más adelante. Es decir, como esfera productora de sen-
tido, que ha abandonado sus territorialidades tradicionales, para
existir hoy como espacio desplazado al interior de la subcultura
mediática, o como un parásito del “agregado cultural”.6
Crítica de la Razón Mediática

6 M. Bisbal, Pensar la cultura de los medios, UCAB, Caracas, 1999. Este concep-
to captura sin pretenderlo, la idea de J. L. Borges, quien habla de la realidad
Juan Barreto

como la última y más temida ficción.


III 123

UN ACERCAMIENTO CRÍTICO
A LAS TRADICIONES TEÓRICAS
EN EL CAMPO DE LA COMUNICACIÓN

Muchos de los más sabios y eruditos


se adhirieron al nuevo método de expresarse
por medio de cosas: lo que presenta como
único inconveniente, el de que cuando un
hombre se ocupa de grandesy diversos asuntos
se ve obligado, en proporción, a llevar a espal -
das un gran talego de cosas, a menos que pueda
pagar uno o dos robustos criados que le asistan.

J. Swift.

os cambios ocurridos en el globo son , para algunos entendi-

l dos, anunciadores del fin de los paradigmas sintéticos con los


que nos acostumbramos a pensar el mundo, por lo que pare-
ciera que ya no hay lugares desde donde fundar lo que pensamos
y decimos, ni siquiera en la especulación a muerte, que propone
Baudrillard. Desde la caída de Europa del Este, hace casi tres
décadas, se ha abierto la compuerta a represados charlatanes y
oportunistas de oficio, para el ejercicio de su jerigonza optimista.
Discursos optimistas o la ironía de un escepticismo mili-
tante y conservador, invaden el mapa político y las propuestas
teóricas, paralizando la búsqueda de alternativas críticas, escamo-
teando los problemas y sepultando interrogantes nuevas y viejas
Crítica de la Razón Mediática

que han quedado sin responder. Su resultado es el mismo: todo


esfuerzo queda tapiado bajo el pragmatismo.
Juan Barreto
Primera Parte / Ensayo III

124 Habitamos un mundo massmediatizado y esto ha dispa-


rado el proceso de racionalización que anunciara Weber, de un
modo acelerado1. Toda actividad humana va quedando atrapada
en el interior de ese dominio, hasta colonizar por completo el
«mundo de la vida» (Habermas). Asistimos a un momento del des-
centramiento que se expresa en algunas reflexiones como reali-
zado sentimiento de pérdida.
Tal momento tiene en el proceso de subjetivación e indi-
viduación, su situación terminal. Muchos investigadores se sien-
ten pasajeros de un planeta errante y sin salidas. Es por eso que,
tal vez y paradójicamente, el pensamiento recupera un papel pro-
tagónico en la comprensión del mundo y su devenir. Así mismo,
nuevas formas de resistencia fundan la utopía que se abre paso
en feroz combate con la visión dominante.
1 "Hoy vemos definirse vulgarmente la virtualización como digitalización de
todos los flujos semióticos y signaléticos y su integración cibernética en redes
de cooperación y comunicación socio-técnicas y productivas. De todo esto a
nosotros nos interesa, por un lado, discriminar entre el citado sentido vulgar y
la construcción ontológica del concepto de virtualidad como potencia contex-
tualmente determinada, y, por otro, acercarnos a aquellos aspectos de las tec-
nologías numéricas que arrojan luz sobre los modos de existencia y produc-
ción de general intellect y contribuyen a dilucidar los rasgos pertinentes de una
nueva estética trascendental o de una fenomenología constitutiva de la corpo-
reidad colectiva en las condiciones de lo que Felix Guattari denomina l´age de
L´información planétaire. Simplificando al máximo, diremos que la televisión,
por un lado, así como otras formas de telepresencia, consagran la transforma-
ción del espectador en experto, en "autor" (por más que la realidad dominan-
te del fenómeno televisivo se oponga y minimice esta situación); la continua
recepción simultánea constituye un flujo temporal en continua contracción y
expansión que ritma la cotidianidad, el hacerse del tiempo colectivo -y la indis-
tinción entre lo real y la imagen cobra aquí una durísima realidad-. Esta socia-
lización de la percepción-trabajo colectiva solo despliega sus virtualidades con
la mise en réseau de los dispositivos numéricos y telemáticos, en estos interfa-
ces humano-maquínicos trabajo, percepción, actividad lingüística, imaginación
configuran el esqueleto material de la cooperación productiva (inmaterial y
afectiva) posfordista; pero lo que nos interesa señalar ante todo es cómo en
estos dispositivos e interfaces se trabaja la materia temporal, es decir, cómo la
Crítica de la Razón Mediática

percepción-trabajo opera con cristalizaciones y modulaciones de secuencias


temporales con cristalizaciones y modulaciones de secuencias temporales sin-
gulares, las modifica, reconfigura y suscita construyendo circuitos de coopera-
ción que son además arquitecturas temporales. El contenido mismo de estos
procesos de producción consiste en una modulación continua de singularida-
des temporales ritmadas por configuraciones de secuencias semióticas, signa-
léticas y perceptivas, por las variaciones continuas de su intensidad". T. Negri,
Juan Barreto

Arte y multitud, Simancas, Barcelona, 2000, pp. 11-12


Primera Parte / Ensayo III

En el centro de esta problemática se encuentra la 125


comunicación social. El estudio de los procesos comunicati-
vos está dejando de ser un ejercicio retórico que habla de
“base” y de “infraestructura”, de efectos y de medios de
masas, desde las relaciones de propiedad, para dar paso a un
momento de la discusión donde se juega la suerte de un pro-
yecto ético y político. Para investigadores como Ignacio
Ramonet, el asunto tiene magnitudes aún no calculadas:
El desarrollo actual de la informática y sus implicaciones en el campo
general de la comunicación, constituye uno de los grandes aconteci-
mientos de ruptura social en la historia de la humanidad. Inaugura una
revolución radical comparable a la revolución industrial; de hecho, la
magnitud de esta nueva revolución es muy superior, puesto que se
sitúa concretamente en el punto de intersección de cuatro transforma-
ciones convergentes: social, económica, técnica y cultural.2

Sin embargo, la mayor parte de los teóricos que se recla-


maban de un pensamiento crítico, hoy se baten en retirada,
repitiendo letanías, en el mejor de los casos, o apelando a bál-
samos consoladores, cuando no guardan silencio o se incorpo-
ran jubilosos a las nuevas prédicas que ensalzan las ventajas y
maravillas de las nuevas tecnologías y su capacidad para la
democratización, incurriendo en lo que Marcuse llamaba la
inconsistencia metafísica tecnológica. Para nosotros algunas de
estas formulaciones, particularmente, las corrientes norteame-
ricanas de los años ’40, ’50, ’60 y ’70, no son más que silencio.
Regodeo estético que anuncian un profundo esperar. Actos de
paciencia o de contemplación, nada más, como diría Nietzsche.
Hoy, la visión dominante que gobierna la investigación
sobre la comunicación mira mal todo aquello que no esté referi-
Crítica de la Razón Mediática

do a “las potencialidades de los nuevos medios”, dejando de lado


toda discusión que pretenda asegurarse un espacio de confron-
Juan Barreto

2 I. Ramonet, La golosina audiovisual, Fácil, Caracas, 1993, p. 141.


Primera Parte / Ensayo III

126 tación en torno a problemas como la naturaleza del lenguaje, los


intercambios simbólicos, el comercio y la economía de las rela-
ciones lingüísticas, y, en fin, un sin número de caminos dilemáti-
cos que intentan profundizar la reflexión.
Para ello resulta necesario un acercamiento crítico al
campo de la comunicación y a sus tradiciones teóricas y filosófi-
cas fundamentales: en especial a la constituida por los aportes de
la Escuela de Frankfurt y la llamada Escuela Americana, cada
una en sus cascadas y derivaciones.

La Escuela de Frankfurt y sus críticos

En la producción inmaterial, los productos ya no son más


objetos materiales, sino nuevas formas sociales
(interpersonales); en resumen, la producción
inmaterial es directamente biopolítica, la producción es
de vida social. Fue Marx quien subrayó cómo la
producción material es siempre también (re) producción
de las relaciones sociales dentro de las cuales ocurre.

S. i ek

La Escuela de Frankfurt, en repetidas oportunidades, ha sido


criticada por su presunto exceso de “culturalismo”; por su
escepticismo apocalíptico de carácter nietzscheano, ante las
crecientes demandas de la industria cultural y ante el desborde
de la sociedad de masas; al igual que por cierto psicologismo
al que finalmente quedarían reducidas muchas interpretacio-
nes de dicha corriente.
Crítica de la Razón Mediática

A los teóricos de la Escuela Crítica se les ha cuestiona-


do, casi siempre de manera infundada, otras veces desde el
Juan Barreto
Primera Parte / Ensayo III

oportunismo tradicional y en no pocas ocasiones, con serias 127


formulaciones. La crítica fundamental se refiere a la “esterili-
dad” de sus propuestas, las cuales no serían fecundas para fun-
dar lo alternativo, aunque a veces tras esta crítica se esconde un
interés conservador.
Reseñada la crítica, asumida en su totalidad y con todas
sus consecuencias, hay que decir también que, a nuestro enten-
der, el esfuerzo de Adorno, Horkheimer, Marcuse, Benjamin y
otros investigadores de esta corriente, no parece haber sido
bien leído por los estudiosos de la comunicación de nuestro
terreno concreto que es Venezuela. El esfuerzo de estos auto-
res reside en «una crítica total de la sociedad moderna y de su
cultura»3 y en un replanteamiento de la teoría en su sentido
kantiano de crítica. Veamos un ejemplo: durante los años 70, la
teoría crítica fue cuestionada de buena fe por la izquierda lati-
noamericana, agrupada en lo que se conoció como Escuela
Latinoamericana.
El punto de discordia radicaba en las postulaciones de los
autores de Frankfurt con respecto al abordaje del pensamiento
de Marx y Hegel. En este sentido hay que rescatar algunos tra-
bajos de M. Bisbal, en los que guarda distancia de esta corriente
y, sin embargo, los reivindica como parada obligada en la forma-
ción del comunicador y del investigador de la comunicación. En
este autor, hay una suerte de pensamiento postfrankfurtiano,
más apegado a los aportes de Benjamin.
Se decía entonces, desde el marxismo dogmático, que el
marxismo era particularmente interpretado por el pensamiento
frankfurtiano al destacar, fundamentalmente, los problemas de
la alienación, de la ideología y de los aparatos culturales, sin recu-
Crítica de la Razón Mediática

perar la dimensión crítica de Marx en su construcción del “ser


social” y los momentos de desarrollo histórico de la praxis. Es

3 A. Touraine, Crítica de la modernidad, Fondo de Cultura Económica, Buenos


Juan Barreto

Aires, 1994, p. 153.


Primera Parte / Ensayo III

128 decir, los pensadores de Frankfurt dejaban de lado la lucha de


clases, la mercancía y los aparatos de Estado.
En este sentido, Alberto Aoún en su tesis Sociopolítica de
la comunicación, apunta observaciones importantes sobre las limi-
taciones de algunos autores latinoamericanos en su comprensión
de la Escuela Crítica:
No obstante a esa intención radical, que debía ajustar las hipótesis a
las circunstancias específicas de la tradición histórica y de la tradición
intelectual occidental en las ciencias sociales, aunque bajo el signo
opuesto a la crítica negativa. Esto determinará la persistencia de cier-
tos obstáculos, propios del desarrollo intrínseco del pensamiento ide-
ológico-teórico europeo y posteriormente del norteamericano, y más
aún la persistencia aparentemente inevitable de una dependencia aun-
que fuese con el presupuesto de una racionalidad más adecuada a la
compresión en su totalidad de los fenómenos de nuestra realidad...4
Sin embargo, en una nueva lectura de la Dialéctica Negativa
de T. Adorno, de la Dialéctica del Iluminismo de Adorno y
Horkheimer, y de algunos trabajos de Marcuse, se encuentran
sugestivas ideas para una postura impugnadora, que escasamen-
te fue encontrada por los investigadores del continente. Para
nosotros, la Escuela de Frankfurt promueve una postura “ecoló-
gica” del hombre en conflicto con la naturaleza y este es un
momento de ruptura epistemológica que queremos rescatar:
Lo que La Escuela se propone es la reconciliación entre la humanidad
y la naturaleza, dejando abierta la posibilidad de la existencia de una
razón liberadora. El punto de partida de ese encuentro lo establece en
el imprescindible respeto y reconocimiento de esa parte esencial de la
humanidad, que es la razón subjetiva y el estímulo a la razón crítica.5

Siguiendo con la tradición adorniana, la industria cultu-


ral, es decir, el proceso global de producción-reproducción de
la vida material y espiritual conforme a la naturaleza de la lógi-
ca de mercado, supone la superación de la idea de cultura de
Crítica de la Razón Mediática

masas. La superación de una noción según la cual, espontánea-


4 A. Aoún, Sociopolítica de la comunicación [Tesis de Grado], Escuela de
Comunicación Social / FHE-UCV, Caracas, 1985, p. 257.
5 L. Barrios, "La razón de ser de la teoría crítica o la crisis de la sociedad
Juan Barreto

moderna", en Nueva Sociedad, Nº 110, Caracas, 1995, p.54.


Primera Parte / Ensayo III

mente, ocurre la producción cultural en tanto la sociedad se 129


masifica. La idea de la cultura producida y produciéndose con-
forme a una gramática generadora de sentido, matriz civilizato-
ria de unas relaciones que Marx llamaba mercado, asegura la
existencia de un dispositivo cultural dominante. Este será el
punto de partida para autores como Bourdieu, como veremos
más adelante.
Atrás quedaron los tiempos del optimismo de la metafísi-
ca teleológica de los positivizadores de Walter Benjamin que, en
interpretaciones posteriores, han querido confrontarlo con el
resto de la Escuela y presentan la teoría crítica como un momen-
to superado y un prejuicio esteticista de las elites. No compren-
den el papel de la voluntad ético-política contenida en una
corriente que, por supuesto, no aspira a ninguna homogeneidad.
Adorno y Horkheimer saldaron cuentas con estas posturas, al
anunciar que la lógica estética de la sociedad de masas era una
dimensión distinta que anunciaba el fin del arte y su subsunción,
en términos del primer Marx, al sentido socialmente producido
del mundo industrial, en tanto que generalidad de lo real concre-
to, sin negar la posibilidad de formaciones estéticas de ruptura
que, como zonas de resistencia, pudiesen emerger en contradic-
ción y desde la misma matriz de sentido del mercado.
Decía Adorno que la industria cultural opera con una
lógica doble: la introducción en la cultura de la producción en
serie -con lo cual se tacha todo aquello en razón de lo cual la
lógica de la obra se distinguía de la del sistema social- y la imbri-
cación entre producción de cosas y producción de necesidades,
por la que la fuerza de la industria cultural radica en su unidad
con las necesidades producidas.
En ambos aspectos, la racionalidad técnica es igual a la
Crítica de la Razón Mediática

racionalidad del dominio mismo. Por ello, como advierte Alain


Touraine: «La influencia de la escuela de Frankfurt fue y sigue
Juan Barreto
Primera Parte / Ensayo III

130 siendo considerable, pues una sociedad dominada por la produc-


ción, el consumo y la comunicación de masas tiende a reducir a
los individuos a papeles que otros definieron por ellos».6
En ese sentido, no encontramos, a diferencia de otros
análisis, mayor contradicción entre Adorno y Benjamin, quien
pensaba que los modos de percepción y asimilación del juicio
por parte del público, quedaban mediados por la presencia de las
nuevas formas culturales en lo cotidiano, reivindicando un lugar
de reinvención de un imaginario distinto a la razón instrumental.
En todo caso, entre Adorno y Benjamin hay un debate inacaba-
do que sigue siendo necesario.

Masas e Industria

En los orígenes históricos del régimen capitalista


de producción, y todo capitalista advenedizo pasa,
individualmente, por esta fase histórica, imperan,
como pasiones absolutas la avaricia y la ambición
de enriquecerse; pero los progresos de la
99producción no crean solamente un mundo de
goces. Con la especulación y el sistema de crédito,
estos progresos abren mil posibilidades
de enriquecerse de prisa. Al llegar a un cierto
punto culminante de desarrollo, se impone incluso
“una necesidad profesional” para ”el infeliz”
capitalista, una dosis convencional de derroche,
que es a la par ostentación de riqueza y, por tanto,
medio de crédito. El lujo pasa a formar parte
de los gastos de representación del capital.

C. Marx

Adorno se pregunta en qué medida las reacciones del público


masivo son generales o específicas, y «en qué medida el hábito de
Crítica de la Razón Mediática

mirar la televisión sirve a la postre a la necesidad de matar el tiem-


po libre carente de sentido»7, advirtiendo que la industria de la
cultura:

6 A. Touraine, Op. cit., p. 157.


Juan Barreto

7 T. Adorno, Mínima moralia, Amecar, Barcelona, 1983, p. 87.


Primera Parte / Ensayo III

…reduce aún más a los hombres a un comportamiento inconscien- 131


te, en cuanto pone en claro las condiciones de una existencia que
amenaza con sufrimientos a quien la considera, mientras promete
premios a quienes la idolatran. Los límites entre lo que es imagen
real y lo que es fantasía son borrados de la conciencia: la imagen es
tomada como un trozo de realidad, como una especie de habitación
suplementaria que se compra con el aparato.8
Partiendo de la idea de caos cultural -la pérdida del cen-
tro, la dispersión y diversificación de los niveles culturales, el
desencantamiento weberiano-, los fundadores de la Escuela de
Frankfurt, afirman la existencia de un sistema que produce y
regula esa dispersión. Esta sería su lógica de sentido. Así, redu-
cido a cultura producida -merced de la doble lógica de la indus-
tria cultural-, en los mismos términos del mercado, el arte
mismo, en una visión absolutamente radical, se hará «accesible
al pueblo como los parques». Es decir, el arte se hace mercancía
ofrecida al disfrute de todos, introducida en la vida como un
objeto más, desublimado, de modo que con la degradación de la
cultura a bien cultural también se degrada su expresión filosófi-
ca como valor cultural, «su razón de ser».
Es posible que esta visión urticante pueda ser preterida
por su absolutismo maniqueísta; sin embargo, una lectura des-
prejuiciada puede permitir extraer la intención contenida en su
fuerza expresiva. En un mismo movimiento, Adorno observa
cómo la industria cultural banaliza la vida cotidiana y positiviza
el arte: «Contra toda estética idealista hemos de aceptar que el
arte logra su autonomía en un movimiento que lo separa de la
ritualización, lo hace mercancía y lo aleja de la vida».9
La creación del concepto “industria cultural”, supone un
avance sobre las anteriores teorías de la cultura y abre la posibi-
lidad para el estudio de las formas de producción y consumo
Crítica de la Razón Mediática

como formas generales de la constitución del sentido, pues, per-


mite analizar «la producción industrial de bienes culturales como

8 Ibid., p. 30-31.
Juan Barreto

9 Ibid., p. 89
Primera Parte / Ensayo III

132 movimiento global de producción de la cultura como mercan-


cía»10, entendido este movimiento como la racionalidad de las
formas de dominación propias de la formación social capitalista.
Sin estos pasajes, sería imposible una lectura crítica de
Benjamin, quien destaca en sus observaciones los residuos de his-
toria que contiene la fibra contradictoria de la Industria Cultural,
desde donde se puede restituir la totalidad perdida a partir de los
efectos de superficie que se manifiestan como rasgos culturales.
Junto a Husserl y su fenomenología, Benjamin consigue exponer
un nuevo campo de teoría crítica, que lleva a Marcuse a su con-
cepto de hombre unidimensional o instrumental, junto a todas
sus creaciones.

La ilusión como performativo

La ilusión es un fantasma y como todo fantasma está


destinado a desvanecerse de un momento a otro.

R. Goubern

La pregunta, antes de rechazar de plano a los frankfurtianos es:


¿qué es la forma-mercancía, qué es un objeto-signo, en qué
movimiento se produce esta doble articulación y surge un régi-
men de sentido?:
Hay que reconocerle a Adorno el haber sido el primero en plantear,
de forma explícita, la relación de los medios masivos con la economía
de mercado a través del concepto de industria cultural. Con él,
Adorno hace pedazos el culturalismo y su intento de abstraer ‘los
productos del espíritu’ a la lógica de la mercancía como objetos
puros, separados del proceso social. Pues la lógica de la mercancía es,
Crítica de la Razón Mediática

desde luego, otro principio organizador de lo real y, tal vez, un prin-


cipio dinámico y totalizador.11

10 A. Mattelart y M. Mattelart, Historia de las teorías de la comunicación, Paidós,


Barcelona, 1997, p. 54.
Juan Barreto

11 D. Volpe, Crítica de la ideología contemporánea, Icaria, Barcelona, 1995, p. 118


Primera Parte / Ensayo III

Lejos de funcionar como un giro del lenguaje, la noción 133


de sociedad industrial, implica la de industria cultural como
herramienta que revela exactamente que lo mercantil no es algo
que venga a añadirse a los productos o a las técnicas ya construi-
das, sino que es la forma misma de su producción, pues «en la
industria cultural los productos del espíritu ya no son también
mercancía sino que lo son integralmente»12. A este comentario,
algunos teóricos han tratado de añadirle un condimento cultura-
lista o elitesco de carácter aristocrático por parte de los frankfur-
tianos. Pero, para nosotros, estas críticas no han sido capaces de
hacer énfasis en la carga ético-política de dicha categoría, a lo
que invita Zallo cuando afirma: «A pesar de la dificultad para
trazar un límite que defina lo que es o no cultural, y lo que es o
no industria en el ámbito de la comunicación, se adoptará el tér-
mino industria cultural propuesto por Frankfurt, pues es lo sufi-
cientemente amplio y preciso al mismo tiempo, como para cons-
truir un punto de partida».13
De lo que se trata, entonces, es de asaltar el sistema de
representaciones a partir del cual cada civilización se asegura su
reproducción. Eso que Maffesoli y Balandier llaman domina-
ción. Es decir, control por parte del sistema de representaciones
colectivas y violencia simbólica sobre el mundo estético-percep-
tivo de los individuos. Por ello, con toda la precaución para la
comprensión de este tiempo, es útil recordar la reflexión del

12 J. Martín-Barbero, Comunicación masiva: discurso y poder, Época, Quito, 1978,


p. 26.
13 R. Zallo, Economía de la comunicación y la cultura, Akal, Madrid, 1988. Al res-
pecto, también es pertinente citar el siguiente planteamiento de Martín-
Barbero: "La envergadura cultural de los medios no se halla en la cultura-con-
tenido que difunden (único objeto de atención de la crítica ilustrada), sino en
Crítica de la Razón Mediática

el cambio cultural que ellos catalizan y potencian: ese que conecta las nuevas
difusas condiciones del saber, carácter limitado del conocimiento y horizonte
ilimitado de la información, con las nuevas maneras de ver-narrar (la profun-
da complicidad de la oralidad que perdura como experiencia cultural primaria
como 'la oralidad secundaria' que tejen las gramáticas tecnoperceptivas de la
radio, TV, cine, video), y de ambos con los nuevos modos de estar juntos, esto
es, con las nuevas maneras de habitar la ciudad". J. Martín-Barbero, Mediaciones
Juan Barreto

urbanas y nuevos escenarios de comunicación, Fundarte, Caracas, 1994, p. 134.


Primera Parte / Ensayo III

134 Martín-Barbero de los ’70 acerca de la «forma mercancía» que


encierra un discurso ritual y un principio organizador que trans-
forma sistemáticamente las cosas, operativizándolas al interior
del modelo de representaciones como máquina productora de
dispositivos:
Y ello a través de un proceso de lenguaje, de semantización en el que
los juegos de palabras, las hipérboles, los procedimientos de adjetiva-
ción, son aparentemente inocentes en proceso, pero sin poder ocultar
del todo la ‘marca de fábrica’ esa ideología que se empeña en zanjar
semánticamente las diferencias sociales a la vez que las ensancha.14

Ningún bien le hace a la teoría crítica pensar en términos


positivistas los postulados de Frankfurt, es decir, suponer que
Adorno, por ejemplo, se escandalizaba por la banalización de la
cultura o por la excrescencia de algunos productos, más allá de la
ironía. En la Teoría Crítica hay una toma de partido, por supues-
to, pero, sobre todo, un modelo de aproximación a lo mediático
como sistema global de mediaciones a la que no escapa el arte.
Modelo y circuito, dispositivo y objeto referencial del “gusto”.
Elemento sobre el que reflexiona Adorno: «El gusto es el sismó-
grafo más preciso de la experiencia histórica; a diferencia de casi
todas las demás facultades, es capaz de registrar aún su propio
comportamiento reaccionando contra sí mismo, reconoce su
propia falta de gusto»15. Conseguimos aquí otro punto de parti-
da para los posteriores trabajos de Bourdieu, por ejemplo.
Habría que releer –siempre es buena una segunda lectu-
ra– a Marx, para comprender el proceso de fetichización de la
mercancía. Saber de nuevo, cómo la mercancía aparece en su
forma abstracta, separada del proceso social y cómo el trabajo
pasado que contiene, se desdibuja de la forma valor, es decir, la
opacidad. La forma mercancía es, en sí misma, opacidad genera-
Crítica de la Razón Mediática

lizada y dispositivo organizador del tráfico social. Bajo esta ópti-


ca, Eliseo Verón describe el proceso de producción de los dis-

14 J. Martín Barbero, Comunicación masiva: discurso y poder, p. 27.


Juan Barreto

15 T. Adorno, Mínima moralia, p. 145.


Primera Parte / Ensayo III

cursos y da cuenta de la manera como se comporta el campo de 135


representaciones como producción16, recordando al respecto
que Marx, en La Sagrada Familia, aborda los productos de la cul-
tura con timidez, pero es capaz de reconocer «el momento mate-
rial-cultural de la civilización en su forma sublimada», es decir,
como discurso social producido y produciéndose.
Andy Warhol, por ejemplo, no tenía el problema que tie-
nen algunos con el aura, pues sabía que en la obra de arte existe
un doble movimiento: dentro de lo social, pero separada a la vez
de toda relación social, toda vez que ella misma es su espacio
metafísico, porque es una mercancía peculiar que sintetiza la
relación social abstrayéndola y aboliendo al trabajo como sustan-
cia. Es el momento de la sacralización y mitificación de la opa-
cidad. Lo abstracto-concreto del arte es un trance que se resuel-
ve en el mercado del gusto.
Puede sostenerse, así, que la discusión prejuiciada sobre
el arte y su massmediatización viene dada por el desconocimien-
to o la incomprensión del concepto foucaultiano de dispositivo y,
más específicamente, de campo de dispositivos, donde cabe el
mediático-cultural, tal y como veremos más adelante.
El problema de la originalidad de la pieza de arte o de la
obra que sea, hay que verlo a la luz de la relación social, es decir,
de la entrada en acción de dispositivos de territorialización y des-
territorialización puestos en juego en los campos culturales, sean
estos lisos o estriados, de los residuos de proposiciones didácti-
cas, los escenarios y los procedimientos de los discursos y del
universo referencial de los principios desde donde se le otorga
validez a los registros materializados en objetos-signos y a sus
foliaturas. Por eso, la obra de arte es también objeto y por más
que se produzca a través de distintos instrumentos técnicos, en
Crítica de la Razón Mediática

masa o individualmente, sigue siendo la misma: relación social


encubierta en su forma banalizada, o sea mercancía, que depen-
Juan Barreto

16 E. Verón, Semiosis social, Gedisa, Barcelona, 1987.


Primera Parte / Ensayo III

136 de de unas prácticas, ciertas performatividades y fuerzas que


ponen en acto (actualizan) al discurso estético dentro de un
juego de legitimidades. Por supuesto, esto tiene sus bemoles en
cada fase del debate estético propiamente dicho.
Sin embargo, hay quienes siguen pensando en la existen-
cia de exquisitos productos únicamente para el espíritu, instala-
dos en una mentalización que supone la separación entre agen-
ciamiento material y equipamiento de los dispositivos subjetivos.
Indudablemente, la creación estética es más o menos arbitraria,
pero siempre mediada como queda demostrado en la historia del
arte. De todos modos, se pueden conseguir momentos de rup-
tura y separación, que nos permiten explicar las tensiones pro-
ducidas con el tránsito de un campo cultural a otro.
Llegados a este punto puede comprenderse que las prác-
ticas sociales massmediáticas van más allá de la simple constata-
ción de un buen o mal cuadro, o de un mediocre o interesante
programa de TV, según se vea. Pongamos un ejemplo para libe-
rarnos de la falsa oposición: El rectángulo de la TV, de las foto-
grafías o de las pinturas es un hecho cultural. Un espacio conven-
cional que obedece a una operación de economía del signo que
ya ha sido cartografiada por numerosos autores. De manera que
aquí nada es natural, ni viene dado como determinación, pues se
trata de una invención que obedece a la lógica de la racionalidad
geométrica y a los imperativos de la civilización técnica occiden-
tal: «El cuadro rectangular no corresponde en nada al campo
natural de la visión».17
Sin embargo, este hecho impregna a la cultura de un
nuevo momento de simbolización y de nuevas propuestas
estéticas de reconocimiento, un nuevo tiempo de lectura de la
imagen y del movimiento, un sistema de encuadre y recorte, y
Crítica de la Razón Mediática

una gramática de la huella que pasa de lo emblemático a lo


semiótico y crea nuevas posibilidades de fuga e incluso de rup-

17 G. Gauthier, Veinte lecciones sobre la imagen y el sentido, Cátedra, Barcelona,


Juan Barreto

1992, p. 23.
Primera Parte / Ensayo III

tura del adentro y del afuera, y es de suyo línea de enunciación 137


y demarcación. Es decir, una investigación que quiera ceñirse
firmemente a la compresión de lo massmediático tiene que
tomar en cuenta la nueva configuración de mundo que se pro-
duce a través de sus múltiples relaciones. Hablar de un men-
saje positivo u objetivo y demás jerigonzas consoladoras es
una referencia que no mira más allá del modelo lasswelliano y
que sólo es permitido en el discurso político cotidiano para
abreviar las cosas.
Algunos teóricos perspicaces se apartaron de este debate
estético y la emprendieron por el derrotero de la crítica política
de la alienación, pero se dieron cuenta que seguir hablando de
los medios como aparatos técnicos de manipulación era dema-
siado táctil y, tal vez sensual, o constituía un psicologismo con-
ductista que dejaba muy mal paradas las intenciones críticas. Por
eso han desplazado sus análisis al territorio de las capacidades
estéticas y poliperformativas de los massmedia.
El problema está en que la idea de sentido no es consi-
derada por Benjamin de manera consistente, menos aún cuando
supone que el individuo es quien actualiza lo producido y que la
reproducción técnica separa la obra de arte del ritual y la eman-
cipa liberándolo de lo social. Habría que preguntarse si algún
producto cultural preexiste fuera del ritual universal del merca-
do y de los procesos de valorización de los dispositivos maquí-
nicos culturales. Esto no es un determinismo, es una determina-
ción de lo real. Sin embargo, a este respecto dirá Benjamin, coin-
cidiendo con Adorno en que: «No existe documento de cultura
que no sea a su vez documento de barbarie, no es tampoco el
proceso de la tradición a través del cual se pasa de lo uno a lo
otro. Por eso el materialista histórico se distancia de él en la
Crítica de la Razón Mediática

medida de lo posible. Considera cometido suyo pasarle a la his-


toria el cepillo a contrapelo».18
Juan Barreto

18 W. Benjamin, Discursos interrumpidos, p. 160.


Primera Parte / Ensayo III

138 Benjamin entiende la crisis de la cultura moderna como


el producto de la modernidad tecnológica que termina por
implicar también a las formas de producción de arte19. Dirá que
el aura es un evento no mediable pues es en sí misma historia,
experiencia y ritual, y:
… la reproducción perfecta de una obra de arte carece de un ele-
mento, su presencia en el tiempo y en el espacio, su existencia sin-
gular en el lugar que acontece... La autenticidad de una cosa es todo
aquello que es comunicable desde su origen, recorriendo desde su
duración sustantiva hasta el testimonio ante la historia que ha expe-
rimentado... y lo que verdaderamente arriesga cuando el testimonio
histórico resulta afectado es la preeminencia del objeto.20

Pero Benjamin también reconocía que la obra de arte


queda en una disyuntiva, pues la reproducción hace añicos su
estructura original, la sumerge en otra lógica de distribución sim-
bólica y ritual que transforma radicalmente su circunstancia exis-
tencial. Más adelante aclararemos esto cuando hablemos del
signo, sus estrategias al interior de un régimen de sentido y del
modo como se produce su significado en la medida que se rete-
rritorializa.
Baudrillard, en su libro El sistema de los objetos, tiene
claro el papel del ritual en el proceso de circulación de la mer-
cancía y particularmente de esa mercancía-cliente, reproducto-
ra, que es el consumidor mediático. La idea del simulacro es
aquí una pista para pensar la reproducción. Claro que la per-

19 "Para Benjamin, la obra de arte de nuestra época asume una tendencia


radicalmente nueva; es el producto de la reproducción mecánica,
que transfigura el ser auténtico de la obra de arte a la vez que lo multiplica
Crítica de la Razón Mediática

difundiéndolo y esto supone nuevas problemáticas que compartimos.


Benjamin vislumbra que la obra de arte ha sido siempre potencialmente
reproducible, pero esta nueva era rompe su cualificación singular". G.
Friedman, La filosofía política de la Escuela de Frankfurt, Fondo de Cultura
Económica, México, 1982, p. 151.
20 W. Benjamin, The work of art in an age of mechanical reproduction, Manchester
Juan Barreto

Museum, Nueva York, 1987, p. 183.


Primera Parte / Ensayo III

cepción de la obra de arte, desde su producción y circulación, 139


cambia en la era de la reproducción en masa, pero también ha
cambiado la naturaleza de los sujetos colectivos y de los proce-
sos perceptivos y de intercambio. Por ejemplo, las antigüedades
recrean la paradoja de la pieza de arte. A esto hay que agregar
que todo objeto contiene lo social, es texto y contexto, valor y
relación sublime.
Omar Calabrese asegura por eso que la estética de la
mediática y del mundo cultural propiamente tal, se reduce de
este modo a un mismo sistema de sentido. Y Jaques Attali, en
1492, explica, por ejemplo, el papel del artista en el renacimien-
to y por qué surge la obra de arte como necesidad social de las
representaciones colectivas en la primera modernidad, su forma
de significar y lo que ahora pasa con ella.
Considerando, pues, los desarrollos teóricos posteriores,
puede sostenerse que lo que Frankfurt anuncia es la manera por
la cual la estética como construcción de discurso de la distinción
llegó a su fin, en cierta forma, con la Industria Cultural, al mutar
y entrar en una nueva lógica.
Por ello, seguir pensando desde un Benjamin positiviza-
do, implica no comprender por qué el shock cultural que se le
asignaba a la obra de arte, es ahora sustituido por la forma valor
que puede atribuírsele a cualquier lata o contenido mediático. Es
decir, el aura ha dejado paso al stock del valor cultural como mer-
cancía acumulada, donde lo cotidiano del goce no se juega como
espacio estético sino como lugar de reproducción y consumo de
valor, sustrayendo la idea de goce estético a la de la subsunción
a la forma mercancía, sujeta a la lógica de mercado, síntesis de la
separación y subsunción del trabajo concreto. O, para decirlo de
Crítica de la Razón Mediática

otra manera, síntesis del surgimiento de la subjetividad del traba-


jo, en su forma abstracta: valor-capital, capital-valor, tal y como
Juan Barreto
Primera Parte / Ensayo III

140 lo planteara Marx en su teoría del valor21 lo que involucra la


recuperación de la subjetividad por la lógica de sentido de la
totalidad y la incorporación de todo lo existente a determinados
circuitos de mercado.
Hay que admitir, entonces, que la cultura de masas en su
mutación hacia la industria cultural desdibuja y asimila en su
interior a todos los bienes socialmente producidos en el orden
fantasma de la mercancía. En este sentido, son igualmente inge-
nuos los que piensan que el relativismo cultural es positivo, los
que piensan que es negativo y los que siguen creyendo en el arte

21 Decidimos incorporar esta larga cita de Toni Negri, pues ella habla por sí
sola de la importancia de la teoría del valor de Marx: "Es por ello: 'la sustan-
cia comunal de todas las mercancías, es decir, su sustancia no como materia,
como carácter físico, sino su sustancia comunal como mercancías y por lo
tanto, valores de cambio, es esta, que son trabajo objetivado'; 'la única cosa dis-
tinta del trabajo objetivado es el trabajo no-objetivo, el trabajo que aún se está
objetivando a sí mismo, el trabajo como subjetividad' (Grundrisse, p. 271-72;
182-83). Es la primera vez que encontramos esta caracterización del trabajo.
Con ella hemos entrado en una fase central del análisis de Marx. La separación
capital-trabajo fue el primer momento: este es ahora el segundo- el trabajo
como subjetividad, como fuente, como potencia de toda riqueza. Es sólo
sobre la base de estos pasajes que la teoría de la plusvalía puede ser elaborada:
estos pasajes son partes de la teoría de la plusvalía. Leamos entonces una pági-
na que nos parece más importante que cualquier comentario: 'La separación
de la propiedad y el trabajo aparece como la ley necesaria de este intercambio
entre capital y trabajo. El trabajo colocado como no-capital es: (1) trabajo no-
objetivado (nicht-vergegenstandlichte Arbeit), concebido negativamente (el
mismo aún objetiva, el sí mismo no-producto-bruto: trabajo separado de
todos los medios y objetivos de trabajo, de su entera objetividad. Este trabajo
viviente, existente como una abstracción desde estos momentos de su actual
realidad (también, no-valor); esta completa denudación, existencia puramente
subjetiva del trabajo, arranca toda objetividad. El trabajo es pobreza absoluta:
pobreza no como escasez, sino como exclusión total de la riqueza absoluta. O
también como el no-valor existente, y, por lo tanto, valor de uso puramente
objetivo, existiendo sin mediación, esta objetividad sólo puede ser una objeti-
vidad no separada de la persona: sólo una objetividad coincidiendo con su
Crítica de la Razón Mediática

inmediata existencia corporal. Como la objetividad es puramente inmediata, es


justamente, no-objetividad directa. En otras palabras, no una objetividad que
cae fuera de la presencia inmediata (Dasein) del mismo individuo. (2) Trabajo
no-objetivado, no-valor, concebido positivamente, o como una negatividad en
relación consigo mismo, es lo no-objetivado, por ello, no-objetivo, es decir, la
existencia subjetiva del mismo trabajo. El trabajo no como objeto sino como
Juan Barreto

actividad; no como, él mismo, valor, sino como la fuente viviente del valor. (A
Primera Parte / Ensayo III

sin más. Pero también están los que apuestan al caos de la diver- 141
sidad como posibilidad emancipatoria, al estilo de García
Canclini o de Vattimo. Cada una de estas propuestas es intere-
sante desde el punto de vista de la desterritorialización que ellas
producen respecto del debate iniciado por la Escuela de
Frankfurt.
Ciertamente, desde tales propuestas, puede sostenerse
que la lógica de sentido dominante organiza por caotización,
saturación, exceso, diferenciación y por ley del olvido y actuali-
zación. La homogeneización reterritorializa la proliferación de la

saber, es) riqueza general (en contraste con el capital en el cual ella existe obje-
tivamente, como realidad) como la posibilidad general de la misma, quien se
demuestra como tal en acción. Por ello, no es totalmente contradictorio, o, en
realidad, los postulados mutuamente contradictorios referidos a que el traba-
jo es pobreza absoluta como objeto, por un lado, y es, por otro lado, la posi-
bilidad general de la riqueza como sujeto y como actividad' (Grundrisse, p.
295-96). Pero esto no basta. La subjetividad del trabajo es la del 'trabajo puro
y simple, trabajo abstracto; absolutamente indiferente a su particular especifi-
cidad (Bestimmtheit), pero capaz de todas las especificidades', es también 'una
actividad puramente abstracta, una actividad puramente mecánica, por ende,
indiferente a su forma particular; una actividad meramente formal, o, lo que
es lo mismo, una actividad meramente material (¿stofflich?), actividad pura y
simple' (Grundrisse, p. 296-97-204). La paradoja se complica; y ya no es más
paradoja, es un desarrollo dialéctico de una intensidad excepcional: la oposi-
ción determina subjetividad y esta subjetividad del trabajo es definida como
una abstracción general. La abstracción, la colectividad abstracta del trabajo es
poder subjetivo (potenza). Sólo este poder subjetivo abstracto (potenza), este
prolongado refinamiento del poder del trabajo en su integridad, que destruye
la misma parcialidad del trabajo, puede permitirle al trabajo presentarse como
poder general (potenza) y oposición radical. En este pasaje, la separación del
trabajo y el capital se vuelve la cualidad que define al trabajo. Los dos signifi-
cados de "abstracto", el de "general" y el de "separado", se hallan reunidos y
reforzados en esta creativa subjetividad de los trabajadores, en la potenciali-
dad por poseer, de ser la fuente de toda riqueza posible. Por otro lado, el valor
de uso, en cuanto-trabajo, se halla absorbido en este primer intento de definir.
¡Algo muy distinto a las definiciones naturalistas y humanistas del valor de
uso! En verdad, se requiere una gran ignorancia o una completa mala fe para
Crítica de la Razón Mediática

reducir el "valor de uso" (en el sentido de Marx) a un residuo o un apéndice


del desarrollo capitalista. Aquí, el valor de uso no es otra cosa más que la radi-
calidad de la oposición del trabajo, que la potencialidad subjetiva y abstracta
de toda la riqueza, que la fuente de toda posibilidad humana. Toda multiplica-
ción de la riqueza y la vida se halla unida a este tipo de valor: no hay otra fuen-
te de riqueza y poder. El capital succiona esta fuerza por medio de la plusva-
Juan Barreto

lía". T. Negri, Marx más allá de Marx, Bourgois, París, 1979, pp. 129-130.
Primera Parte / Ensayo III

142 diferencia, es decir, la diferencia y la diversificación se incorpo-


ran a la lógica de sentido que desdibuja su potencia para el res-
cate de las zonas malditas y de los discursos bastardos y margi-
nales. Esto no hace más que hacerle gracias a la lógica de merca-
do. Y así como hay quienes siguen pensando que una ópera es
un valor social más elevado que una pieza de merengue, hay
quienes aspiran a unos medios dúctiles desde donde la voz de lo
diverso, que sería ahora lo democrático, a falta de otra utopía, sea
la referencia emancipatoria. Aunque puede admitirse que eso ya
sería algo en un momento tan unánime.
Rorty diría que las fuerzas desencantadas de la moderni-
dad han tocado el aura de la obra de arte y por eso se funda un
“todo vale”. Para nosotros, las cosas son de otro modo. Las esfe-
ras ética, estética y política, nunca habían estado tan juntas.
Precisamente, lo massmediático actúa como catalizador, pues se
trata de un fenómeno que gramaticaliza al orden de sentido den-
tro de un régimen, dándole dimensión y espesor al dispositivo
maquínico que llamamos cultura. Acercarse a este estado de la cul-
tura significa ver el fenómeno mediático de una manera un tanto
weberiana, entenderlo como fase terminal del destino del arte y de
buena parte de los objetos culturales. Los destinos que toman las
prácticas y sus distintos meandros no contradicen esta lectura
general, por el contrario, afirman la posibilidad emergente de los
consumos culturales que pueden, o no, ser zonas lisas de resisten-
cia o de ruptura, ante el orden estriado del corte mediático.
Entonces, ¿qué leen los benjaminianos positivistas? En
el fondo son habermasianos que siguen apostando a la comu-
nicación-acción como alternativa, al acto de habla que nos
autorice como locutores legítimos, a la transparencia del senti-
do y a lo mediático como prolongación sensorial de la subjeti-
Crítica de la Razón Mediática

vidad. Defienden la posibilidad de que la civilización le otorgue


a los medios actuales la posibilidad de auto-emanciparse, en un
Juan Barreto
Primera Parte / Ensayo III

último movimiento. Por eso, precisamente, siguen atados, de 143


algún modo, a la teoría de los efectos.
La apuesta a que los distintos grupos sociales puedan
resistir o refundarse desde sus mundos de vida -que el marketing
llama estilos de vida, es decir, organización de los hombres por su
decisión de consumo-, para que hagan uso del medio de “otras
maneras” o, en el mejor de los casos, aseguren un espacio que
les otorgue legitimidad, creando lugares de sobrevivencia y
hasta nuevas formas de intervención y acción, significa una
posibilidad que sólo se asoma.
Paul Virilio diría que hay que ponerse la máscara de
Casandra para mostrar la cara oculta del mercado massmediáti-
co como lógica técnica en toda su negatividad. Una lectura de los
media sólo como máquinas técnicas, como aparatos, puede ser
peligrosa, pues los reduce a “comodines” que se comportan de
acuerdo a los intereses individuales del portador, lo que no niega,
por supuesto, que puedan ser perversamente utilizados. Sobre
esto, hay numerosas experiencias documentadas.
Al respecto, suscribimos la reflexión de Martín-Barbero:
«… los ‘aparatos’ son la parte visible, pero su espeso tejido en
malla también contiene el urdimbre de otras zonas menos mani-
fiestas»22. Estas otras zonas remiten a los espacios y formas de
ejercicio del poder, y de las resistencias. Ya lo decía Foucault,
«donde hay poder hay resistencia» y se abren caminos que res-
ponden al poder23. Deleuze agregaría que «la última palabra del
poder es que la resistencia es primera, en la medida en que las
relaciones de poder se mantienen intactas en el diagrama, mien-
tras que las resistencias están necesariamente en una relación
directa con el afuera del que proceden los diagramas».24
Existe, por ende, un juego complejo donde los discursos
Crítica de la Razón Mediática

refuerzan el dominio, pero en su paradoja también lo minan, lo

22 J. Martín-Barbero, Comunicación masiva, discurso y poder, p 45.


23 M. Foucault, Historia de la sexualidad 1. La voluntad de saber, Siglo XXI,
México, 1987, pp. 116-117.
Juan Barreto

24 G. Deleuze. Foucault. Paidós, Barcelona, 1987, p. 119.


Primera Parte / Ensayo III

144 exponen, lo vuelven frágil y permiten oponérsele. Lo que sugie-


re que, ante la sobre abundancia de visibilidad del diagrama de
poder, siempre habrá formas de contestar al poder. Por ello, que-
darse en la crítica de las maneras perversas de usar los mass
media empobrece la capacidad para asumirlos como espacio de
articulación, aldaba, bisagra o eslabón de cruce entre los campos
y el sentido que atraviesan, por ejemplo, al dispositivo visiónico
del poder del capital: «El problema de la comunicación deja de
ser de contenidos significativos ya que esa perspectiva en su
reducción del discurso a relaciones de significación, de lengua,
de estructura, descarta su hacer, su movimiento, su trabajo...».25

El espíritu americano

El término medios de comunicación de masas


procedente de la sociología funcionalista
norteamericana de la escuela de ‘Investigación de la
Comunicación de Masas’, hace referencia descriptiva a
las formas preferentes de la comunicación en nuestros
días, dicha escuela de práctica empírica, se ha centrado
en la hora de formular nociones generales, en la ela -
boración de modelos parcelados de los flujos
comunicativos sociales con un acento particular en los
efectos de la comunicación, y de forma subordinada,
al sujeto receptor, pasando por alto fenómenos que
hoy son objeto de atención... tales como
la reinterpretación variada de los mensajes
o la resistencia del público a los mensajes dominantes.

R. Zallo.

Mientras los pensadores de Frankfurt sostenían que la masifica-


ción industrial representa nuevas lógicas de sentido que atravie-
san, incluso, a la expresión estética, reduciéndola a producción
Crítica de la Razón Mediática

en masa -condición de la cual puede o no emanciparse y buscar


Juan Barreto

25 J. Martín-Barbero, Comunicación masiva, discurso y poder, p. 47.


Primera Parte / Ensayo III

canales alternativos-, para los teóricos norteamericanos de los 145


años 40, 50, 60 y 70, con un leve giro en los 80, la cultura de
masas representa la afirmación y la apuesta por la sociedad de la
plena democracia. Como lo expone Martín-Barbero:
… fue necesaria toda la fuerza económica del nuevo imperio y todo
el optimismo del país que había derrotado al fascismo y toda la fe
en la democracia de ese pueblo, para que fuera posible la inversión
-de capital y de sentido- que permitió a los teóricos norteamerica-
nos asumir como la cultura de ese pueblo, la producida en los
medios masivos: la cultura de masa.26
Para los teóricos norteamericanos (llamados por Eco
“integrados”), lo que empezaba a cambiar no se situaba en el
ámbito de la política, era un fenómeno apolítico que pertene-
cía al terreno de la cultura y la tecnología. Desde allí tocaba al
resto de las esferas de la vida, interviniéndolas definitivamente.
No se trataba solamente de una lectura que entendía a la cultu-
ra aristocráticamente, sino como «los códigos de conducta de
un grupo o de un pueblo».27
Con los nuevos medios ocurrirían cambios culturales
democráticos en el sentido de la masificación de nuevos disposi-
tivos entre los que destaca el de la información-actualidad. Así, la
función mediadora se muda de la familia a la escuela y de la
escuela a los medios de comunicación, para volver a la familia.
La crítica social también cambia de lugar: ya no es la crítica polí-
tica sino la crítica cultural la que explica al mundo:
Aquella que es capaz de plantearse un análisis que va más allá de las
clases sociales, pues los verdaderos problemas se sitúan ahora en los
desniveles culturales como indicadores de la organización y circula-
ción de la nueva riqueza, esto es, de la variedad de las experiencias
culturales.28
Al respecto, Edward Shills asume que el advenimiento de la
Crítica de la Razón Mediática

cultura de masas incorpora a la mayoría de la población a la socie-

26 J. Martín-Barbero, De los medios a las mediaciones, Planeta, Bogotá, 1988, p. 43.


27 D. Bell, The end of ideology, The Free Press, Chicago, 1963.
28 E. Shills, "Más allá de las clases sociales", en revista Times, enero de 1959,
Juan Barreto

p. 28.
Primera Parte / Ensayo III

146 dad y revitaliza al individuo, suscitando e intensificando la indivi-


dualidad. La cultura de masas es la primera en posibilitar la comu-
nicación entre los diferentes estratos de la sociedad. Y puesto que
es imposible una sociedad que llegue a una completa unidad de sus
campos culturales, entonces, lo importante es que haya circulación
para que todo el mundo tenga acceso y pueda ascender socialmen-
te. Este pensamiento fue dominante y sigue teniendo influencia en
los que aspiran a la democratización de los medios.

Influencia, inoculación y efectos

La historia de las técnicas muestra que


una herramienta no es nada al margen
del agenciamento maquínico variable que le da
total relación de vecindad con el hombre, los ani -
males y las cosas… Es la máquina la que hace las
herramientas y no a la inversa. Una línea evolutiva
que fuera del hombre al instrumento y de éste a la
máquina técnica, es puramente imaginaria.
La máquina es fundamentalmente social y anterior
con las estructuras que atraviesa, a los hombres
que distribuye, a las herramientas que selecciona,
a las técnicas que promueve.

C. Parnet

De estudios realizados por Abraham Moles -que en 1940 traba-


jó los campos de transferencia cibernéticos-, sobre la manera
como una emisión llega a su destino sin mayores interferencias,
empleando un repertorio de códigos comunes, surge la llamada
Fórmula o Esquema Canónico: E–R (emisor-receptor). Más
tarde, en 1949, los laboratorios Bell conseguirán que Shannon y
Weaver perfeccionen este diseño incorporando la idea de ruido
Crítica de la Razón Mediática

o interferencia. El así llamado modelo lineal pasa también por las


Juan Barreto
Primera Parte / Ensayo III

manos de W. Shcramm quien le da forma circular, naciendo la 147


famosa Tuba de Shcramm.
Paralelamente, inspirados en los principios liberales apli-
cados al terreno de la información-comunicación, en el año 44,
aparecen los llamados padres fundadores. Ellos son: Félix Paul
Lazarsfeld, Carl Hovland y Harold Laswell, cuyos planteamien-
tos constituyen un paradigma que es el punto de partida de la
corriente empírico funcionalista. Lazarsfeld, venido de Europa
con profundos vínculos con la corriente crítica, abandona estos
postulados y se propone hacer de las mediciones un método que
venga en relevo de las especulaciones. Escribe The people choice, un
libro sobre sondeos de opinión en tiempos electorales y el uso
de los medios, y desarrolla la llamada teoría de la influencia o
modelo hipodérmico, que supone un efecto directo e inmediato
luego de la inoculación de los mensajes en las audiencias, tesis
que luego es refutada. Havland es un psicólogo social que estu-
dia la persuasión dependiendo del tiempo de exposición de los
individuos a los medios. Mientras Laswell elabora el concepto
acción de comunicación o paradigma de funcionamiento de los
medios de comunicación de masas. Es decir, ellos trabajan la
influencia, la circulación de los mensajes y el rol de los medios.
Luego, en los 50, Parsons, desde los modelos sistémicos,
y Merton, desde el estructuralismo positivista, se encargan de
darle mayor consistencia al modelo. Así, entusiastas investigado-
res como Berelson y Wright, llevan a cabo numerosas investiga-
ciones cuantitativas. De Fleur29 crea la noción de retro alimen-
tación (feed-back) o modelo isomórfico, y Dance30 le da circulari-
dad en un espiral dinámico que sirve a Gerbner para crear el
modelo psicológico conductista de la percepción.
Hovland, Lazarsfeld, Merton, McPhee, Casey, Lasswell,
Crítica de la Razón Mediática

Wright y otros, dieron forma a un pensamiento que, desde la


sociología positivista, fundaba la necesidad de abordar la comu-
29 M. L. De Fleur, Occupational roles or portrayed on television, Public Opinion,
Quarterly, Nueva York, 1956.
Juan Barreto

30 F. Dance, Teoría de la comunicación, Tusquets, Buenos Aires, 1973.


Primera Parte / Ensayo III

148 nicación de masas como un fenómeno surgido con la aparición


de los grandes medios, contribuyendo así a la construcción de un
enfoque que privilegia el estudio de las características e impactos
de estos nuevos aparatos, considerados como soportes que pue-
den ser estudiados separándolos del contexto que los produce.
Esta corriente trata de responder a una interrogante gene-
ral que actúa como paradigma en los estudios sobre comunica-
ción. Se trata de un enfoque “científico”, que recogía los efectos
de los medios, las actitudes de los públicos, e intentaba el estudio
de los contenidos y su influencia en la creación de opinión públi-
ca, por medio del análisis de la emisión. Tal aspiración refería
como método el paradigma de Lasswell: ¿quién dice?, ¿qué dice?, ¿a
quién? y ¿con cuáles efectos? La intención de todo esto era lograr obje-
tivos prácticos medibles:
Las premisas teóricas del proceso, sus elementos invariables y la cober-
tura genérica del mismo, han estado ligados, en los diferentes momen-
tos de su estructuración, a diversas propuestas de ‘legalidad’ como
modelo lógico formal, casi siempre desde los conceptos del racionalis-
mo empírico. A título de ejemplo podemos citar los modelos matemá-
ticos de Shannon, quien por allá en los años 50 acuñó el término ‘socie-
dad de la información’ en un esquema sistémico; el cibernético de
Wiener, el etológico-conductista de Skinner, Schramm... 31

El énfasis en los vehículos, la circulación, las audiencias


y su comportamiento, el alcance, la penetración y la exposición
a los mensajes y al medio, son algunos de los tópicos tratados.
Para muchos representantes de la Escuela Americana las nocio-
nes durkheimianas son familiares y, en general, le otorgan a los
contenidos un valor heterogéneo, disperso y efímero. Autores
como Janowitz, Schramm y Schulze32, reducen la comunicación
de masas a los procedimientos difusivos de los especialistas que
se sirven de los dispositivos técnicos para distribuir contenidos
Crítica de la Razón Mediática

simbólicos a audiencias anónimas, heterogéneas y dispersas, por


31 M. Janowitz y T. Schulze, Tendences de la recharche dans les dominedes comunica-
tions de masse, Cultura, Massachusets, 1982, p. 89.
32 Ibíd. Ver también: W. Schramm, Mass communication: A book of readings,
Juan Barreto

Urbana-University Press, Chicago, 1961.


Primera Parte / Ensayo III

ello la necesidad de la redundancia, pues el contenido es irrele- 149


vante. Janis piensa, en el mismo sentido, que los medios de
masas son preparatorios en el proceso de modificación de los
marcos de referencia y, de allí, la teoría del refuerzo.
Carl I. Hovland33 postuló desde la corriente conductista,
la revisión de los efectos de la comunicación de masas, estudios
que consideró como irregulares. Pero fue Walter Weiss quien
creó la llamada Escuela de los Efectos, a fin de conocer los cam-
bios de actitud en la opinión pública34. Y luego Schcramm
incorpora elementos como los de codificación, decodificación e
interpretación, y descubre que es un proceso social que se des-
arrolla en el grupo de referencia, antes que en el individuo.
Paradoja de la comunicación de masas, dirán, el receptor no
puede argumentar frente al contenido, por eso es más vulnerable
que cuando lo puede hacer, pero el comunicador puede perder
la audiencia cuando ignora la existencia de puntos de vista dis-
crepantes.
Ya Fredman y Sears35, sabían que los mensajes son flujos
que entran al mercado especulativo de la información y desde allí
pueden ser rechazados, distorsionados y, sólo a veces, producir
cambios. Por eso, Fredman y Lartwright señalan que los cambios
son producto, principalmente, de las emociones y, luego, de las
áreas cognitivas, razón por la cual el todo no cambia si no cam-
bian las creencias periféricas teñidas de emocionalidad. En todo
caso, la información es un elemento importante a la hora de la
elección. Aquí, la información discrepante sólo consolidará las
creencias ya existentes, de ahí que la evidencia experimental
puede ser contradictoria. Luego vendrán los aportes de Feather
sobre el soldado americano, en donde, por primera vez, se habla
de efectos en términos de tendencias. Estas ideas serán reivindi-
Crítica de la Razón Mediática

cadas posteriormente por Robert y McCoby.

33 C. Hovland, Hand Book of social psychology, University of Cambridge,


Massachusets, 1954.
34 W. Weiss, The country newspaper, University of North Caroline, 1969.
Juan Barreto

35 J. L. Fredman y D. O. Sears, How comunications work, University of Illinois, 1965.


Primera Parte / Ensayo III

150 A lo que otros llaman efectos, McGuire36, también desde


el conductismo, le da un carácter más abierto, lo llama nivel de
influencia. Postula que debe ser estudiado el entorno individual,
grupal, organizativo, social y cultural de la recepción, para desde
allí establecer los impactos cognitivos, emocionales y grupales
de la comunicación de masas. A este modelo lo llaman también
modelo de incitación y centra su esfuerzo en los procesos con-
ductuales de las actitudes y los sentimientos de identificación
que conforman la opinión. Desde esta postura, J. T. Klapper
habla de los efectos de profundidad a los que designa como
modelajes.
Para Klapper, los medios actúan como agente de refuer-
zo y el cambio de actitud viene dado en un proceso más lento,
sobre el cual es muy difícil obtener una evidencia empírica. Por
eso, rechaza la influencia inmediata. Siempre opera (McGuire) la
resistencia al cambio, que sólo puede ser vulnerada por la per-
suasión y la intensidad de la exposición al medio (Chaffe). Por
su parte, Imán y Sheatsley aseguran que, a pesar de la evidencia,
muchos investigadores creen que las audiencias son ignorantes
crónicos que pueden ser manipulados a placer por los medios.
La conversión o cambio inmediato y cualitativo de actitud no es
producto de la reacción de una audiencia como un todo y
depende de las experiencias personales, las preferencias y hasta
de la comprensión del mensaje. De manera que, con Hovland,
asumen que no se puede hablar en general sino de un conjunto
de respuestas particulares. Ahora bien, el temor, el prestigio de
algunos actores y la credibilidad de algunos medios, pueden
crear ciertos efectos en las audiencias.
De manera que la comunicación de masas, no es causa
necesaria y suficiente de la ocurrencia de efectos, omisiones o
Crítica de la Razón Mediática

refuerzos37. En todo caso el nexo entre factores e influencias


mediadoras es el que facilita el cambio en el proceso. Surge así

36 W. J. Mc Guire, Order of presentation as a factor in conditioning persuasive, Yale


Juan Barreto

University Press, New Haven, 1985, p. 114.


Primera Parte / Ensayo III

la figura del líder de opinión y la influencia personal. Los 151


medios, entonces, sólo podrían crear conversión en situaciones
de debilidad, o crear actitudes allí donde no existen, o reforzar
las ya existentes, a partir de la aprobación mediática que allí sí
produciría influencia.
Schramm trata de suavizar estas afirmaciones situando
la discusión en el estado de preparación para la acción que
promueven los medios. Los estados aprendidos son variables
a la hora de la generación de actitudes, por lo cual, los
medios son espacios de condiciones para el refuerzo, la gene-
ralización de mensajes y el olvido. Katz y Lippman, desde la
antropología social, introducen la noción de estereotipos y
los hábitos perceptivos en la consistencia y estabilidad de los
prejuicios. Se trata del enfoque funcional que entiende la
acción como agregado de actitudes instrumentales, adaptati-
vas, utilitarias, defensivas, expresivas y cognitivas.
En la misma dirección Cooper y Johoda38 introducen la
problemática, siempre presente, de las condiciones en las que se
presenta cierta información, por lo que no puede haber resulta-
dos a corto plazo. En todo caso, lo que sí se puede establecer,
dicen, es la actitud de ciertas personas ante ciertos efectos. De
ahí la necesidad de seleccionar la muestra, dado el sesgo percep-
tivo de las audiencias. Estas lecturas fijan las condiciones de lo
que va a llamarse anclaje de opinión, el cual reduce los impactos
de la comunicación masiva gracias al ruido que producen los
intereses que se forman en torno a la información, dados los
prejuicios y los mecanismos de evasión de los individuos.
A partir de aquí, De Fleur, Ball y Rokeach39 comienzan
a valorizar las alternativas que prelan para evaluar la influencia y
Crítica de la Razón Mediática

37 J. T. Klapper y W. Schcramm, Efectos de las comunicaciones de masas, Aguilar,


Madrid, 1974.
38 E. Cooper y G. Johoda, "The evasión of propaganda", The Journal of
Psychology, University of New York, 1972.
39 M. L. De Fleur y S. Ball-Rokeach, Teorías de la comunicación de masas, Paidós,
Juan Barreto

Buenos Aires, 1982.


Primera Parte / Ensayo III

152 establecen tres momentos estructurales, condicionados por la


política, la economía y la cultura general. Luego McGuire habla
de tres planos o niveles analíticos de la forma de los efectos: 1)
la dinámica interna del proceso, 2) la conducta de masas, y 3) el
nivel cultural general. De donde los medios sólo son agencias de
producción de cultura de masas40, o mecanismos de distribución
de las ideas legitimadoras.
En general, casi todos concuerdan en lo que llaman las
funciones normativas de la cultura de masas41: 1) distribución de
conocimientos; 2) estructuración simbólica de las relaciones de
poder; 3) elaboración y reconstrucción del entorno de la opinión
pública; 4) entretenimiento. De ahí que G. Gerbner hablará
entonces de indicadores culturales, clima de opinión y cambio de
actitud.
Otros autores, como E. Noëlle-Neumann, ponen el énfa-
sis en los medios como productores de evasión, más que como
argumentadores políticos, reivindicando las primeras investiga-
ciones de Lasswell, quien en El lenguaje de la política42, ya asigna-
ba a los medios el papel de actualizadores de la agenda pública,
pero poniendo en duda la influencia automática o la aparición de
una conducta manifiesta en las audiencias a partir del contenido.
Neumann habla de la espiral del silencio levantada por algunos
medios alrededor de algunos temas y personajes, a fin de evitar
una masa crítica de opinión pública, como forma de censura.
El llamado organicismo de Lasswell establece distintos
niveles en el organismo social mediático: (a) función de equili-
brio, (b) respuesta a las transformaciones del entorno, (c) proce-
so esencial en la vida de cualquier organismo. Este organicismo
está presente en casi todos los exponentes de la corriente, para
quienes los medios serían también instrumentos de poder en
Crítica de la Razón Mediática

40 W. J. McGuire, Order of presentation as factor the persuasion, Yale University


Press. 1957.
41 Ver: D. Bell, The end of ideology.
Juan Barreto

42 F. P. Lasswell, El lenguaje de la política, Pirámide, Madrid, 1948.


Primera Parte / Ensayo III

relación con categorías fácticas de valor, así como símbolos de 153


identificación.
Recogiendo el trabajo de Laswell, en un intento de eclecti-
cismo interdisciplinario, Lang y Lang43, establecen que la informa-
ción contenida en la comunicación de masas es un dispositivo de
búsqueda de correspondencia entre el conocimiento ya existente,
la motivación y los intereses de grupo primario, que intervienen las
actitudes, siempre difíciles de cambiar. La influencia de los medios
debe conseguir repercusión en el grupo primario para que haya
cambio, pues el grupo es un entorno de juicios y en él hay un clima
de opinión dado. El grupo produce comportamientos especulati-
vos e imitativos. En ese sentido, los medios ofrecen alternativas al
mostrar formas de canalizar la violencia, invitan a la catarsis, per-
miten la sobre inclusión al grupo y refuerzan las expectativas, por
la vía de la resonancia de los mensajes en la continua dramatiza-
ción del mundo de la vida que produce la mediática.
Lazarsfeld y Stanton, a pesar de ser los más pragmáticos,
nunca se opusieron a admitir que toda la acción mediática opera
sobre valores y creencias ya existentes, y sobre el papel de los
grupos. Mientras que Berelson agrega que las funciones perso-
nales de los individuos en la sociedad producen la diferenciación
de las percepciones y la forma de utilizar los medios. La “moti-
vación” da el rango de filtro aprobador o desaprobador de la
influencia de los medios y el uso de la información para la adap-
tación social.
La influencia de Merton y su estructuralismo se manifies-
ta en las corrientes normativas que estudian la correlación entre
la percepción mediática y la interiorización de las influencias
externas, más allá de los grupos de referencia; y particularmente
en Lazarsfeld, quien desde el 48 desarrolló y sostuvo el llamado
Crítica de la Razón Mediática

modelo hipodérmico o de impacto. A él se le atribuye el uso, por


primera vez, del término manipulación, tan en boga en los años

43 G. E. Lang y K. Lang, Mass communication and public opinion, Basic Books,


Juan Barreto

Nueva York, 1981, p. 653.


Primera Parte / Ensayo III

154 70 y 80. Se trata de un entorno del cual es imposible sustraerse.


Es decir, un sistema ubicuo de influencia, de tránsito de la coer-
ción directa a la indirecta y el mejor exponente de la evolución de
la estructura de control. Aunque admite que el suministro de estí-
mulos no constituye el equivalente de la producción de actitudes
y conductas, sí puede explicar cosas como la aceptación o el
rechazo de situaciones y actores. Estas ideas vinculadas luego a
categorías marxistas, como la de la alienación, formaron parte de
una amalgama de conceptos usados y mal usados por la izquier-
da intelectual latinoamericana hasta hoy.
La teoría de la aguja hipodérmica no tuvo mayor repercu-
sión en otros investigadores. Siempre se pensó que no eran los
discursos propiamente tales los que causaban efectos, sino la atri-
bución de estatus, la visibilidad de los actores, la relevancia y la
sanción social, la legitimidad de los actores y sus prácticas, lo que
se difunde como contenido. Es decir, la capacidad de compeler a
formas de la acción en la ejecución de normas sociales, a riesgo
de producir cierta narcotización más allá de las funciones latentes
o inesperadas y las manifiestas o planificadas. Lo que podría con-
ducir a la inhibición social colectiva ante las alternativas.
Advirtiendo la orientación hacia formas de consenso, Hall
señala que los liderazgos mediáticos se generan a partir de la pro-
44
gresiva colonización (Weber) de la esfera ideo-cultural. Los medios,
dice, construyen y distribuyen la imagen de modelos y formas de
existencia, cuyo significado está contenido en prácticas, formas de
existencia llenas de significado valorativo. Así, el líder no es más
que la síntesis recuperadora de lo fragmentario en la producción de
una apariencia de totalidad. Sin embargo, la influencia de los
medios es selectiva.
Janowitz, por su parte, insiste en que la mediática es un
Crítica de la Razón Mediática

marco de referencia que permite definir, en términos liberales, las


alternativas personales y, junto con Katz, plantea que todo depen-

44 S. Hall, La cultura de los medios de comunicación, Fondo de Cultura Económica,


Juan Barreto

Madrid, 1982, p. 46
Primera Parte / Ensayo III

de del rol del comunicador, su credibilidad en cuanto que comu- 155


nicante, pues también podría el medio, crear el no deseado efecto
de adormecimiento, entre los distintos tipos de influencia posibles.
En el esfuerzo de síntesis selectiva, los medios socializan ciertas
ideas políticas y construyen realidades ocultando algunas otras al
interior de una espiral de silencio. Para Klapper, la opinión públi-
ca no es otra cosa que la voz de una reducidísima, pero muy acti-
va, porción de la población que se rige como modelo de los
demás. Por eso, son expresión de la hegemonía y el ejercicio del
poder, para, como dijera Durkheim, evitar la disgregación. Pero
para Blumer, los medios también contienen un conjunto de orien-
taciones, mensajes y formas de sentido que articulan el deseo en
formas de recompensa, placer, usos y gratificaciones que tienen un
rol activo en el proceso de la comunicación de masas.

Problema de modelos

Llaves en el viento, incluso cuando


no nos movemos, para que mi
mente huya y proporcionar a mis
cerrados pensamientos una
corriente de aire puro y fresco.

S. Beckett.

Como podemos ver, estos aportes no están exentos de contra-


dicciones. Gerbner afirma, que las complejas interacciones de lo
social con lo mediático, propiamente tal, hacen del concepto
público, un lugar muy anodino para la teoría, y con Tarde, advier-
te también sobre el papel de otras formas de comunicación.
Crítica de la Razón Mediática

Ello reduciría los efectos al modelo de Katz-Lazarsfeld,


que concibe el impacto de los medios como dinamizadores de
Juan Barreto
Primera Parte / Ensayo III

156 influencias personales, al poner a circular las opiniones domi-


nantes que se transforman luego en poder. Berelson incorpora la
idea de instrumentos para la creación de referentes valorativos y
controvertidos que pueden expresarse, incluso, en espirales de
silencio sobre determinados temas. Es decir, estos referentes son
una comunidad de juicios y puntos de vista que neutraliza o ace-
lera los conflictos alrededor de la metafísica del interés común.
Además, Berelson y Kurt Lewin también establecen que la
comunicación social formal se ve intervenida por los circuitos de
la comunicación informal.
En este sentido, son importantes los trabajos de
Gustavo Hernández, del ININCO-UCV, particularmente su
ensayo ¿Y dónde está la audiencia?, aparecido en: Televisión, pan nues-
tro de cada día, una recopilación llevada a cabo por Marcelino
Bisbal45. En dicho escrito, Hernández reflexiona sobre el con-
cepto de audiencia y el uso dado por distintos autores de varias
corrientes, especialmente la Escuela Americana, además de esta-
blecer el salto epistemológico ocurrido a partir de Martín-
Barbero y Orozco y sus mediaciones. Hernández asegura que el
uso de cada concepto tiene implicaciones epistemológicas dis-
tintas, además de contener una concepción de mundo y una
manera de proceder desde el punto de vista del itinerario de
método. Por lo que propone, entre otras cosas, una revisión crí-
tica de las catedrales institucionales de las ciencias de la comu-
nicación, para así acudir al rescate de la subjetividad. Esto coin-
cide con lo expuesto por Roda.
Para la llamada Escuela Americana, según Rafael Roda46,
no existe una teoría general de la comunicación social. La mediá-
tica sería una suerte de ambiente cultural producto de las opera-
ciones continuas de algunos investigadores. Operaciones que
Crítica de la Razón Mediática

podrían ser estudiadas desde sus consecuencias generales, entre


las que destacan, a primera vista, la de extender los sentidos de

45 M. Bisbal, Televisión, pan nuestro de cada día, Alfadil, Caracas, 2005.


Juan Barreto

46 R. Roda, Medios de comunicación de masas, Siglo XXI, Madrid, 1989.


Primera Parte / Ensayo III

los analizadores individuales, creando un hábeas compartido de 157


conocimientos, experiencias y sentimientos.
En fin, una subcultura de nexos con el sistema cultural
amplio en donde la formación de opinión pública y la orienta-
ción del consumo sería su principal función, junto con la crea-
ción de ideas genéricas, estereotipadas, reducidas a tópicos.
Sobre esto, mención aparte merecen los trabajos sobre la persua-
sión de Hovland47 y los de W. Schramm, desde la óptica inter-
disciplinaria de las ciencias sociales, mientras que C. Metz refle-
xiona sobre la manera como esta corriente configuraba los cam-
pos de delimitación del objeto mediático. Sin embargo, a pesar
del interesante esfuerzo de esta corriente:
Los estudios de efectos, los análisis de contenidos y las mediciones
actitudinales por sondeos, no han pasado de ser buenos intentos
‘demográficos’, que no han aportado demasiado en la comprensión
de los folios del mundo. Por eso queremos anunciar desde esta
humilde tarima, que no comulgamos en el altar de las determinacio-
nes mediáticas que construyen sus registros desde la muestra.48

El campo de estudio de las significaciones y las “comuni-


caciones” es un terreno explorado, casi siempre, en una sola
dirección. La mayor parte de las teorías sobre el asunto pasan
por alto los dominios de la vida social, donde se establecen las
relaciones simbólicas y comunicativas que hacen la subjetividad.
El terreno del deseo, por ejemplo, no es tomado en cuenta a la
hora de producir teoría sobre el universo mediático, «y esta dese-
abilidad escapa al orden de la información y de la significación,
de hecho, cuanto más deseable resulta una imagen, más se detie-
nen en ella la mirada más allá del tiempo necesario para agotar
su contenido informativo y significativo».49
La mayor parte de las investigaciones en pie, no toman dis-
Crítica de la Razón Mediática

tancia del lenguaje en su forma mitificada presentado como espa-


47 C. I. Hovland, The generalization of conditioned responses, Yale University
Press, 1948, pp. 63-78.
48 C. Metz, Más allá de la analogía, la imagen, Tiempo Contemporáneo, Buenos
Aires, 1972, p. 38.
Juan Barreto

49 A. Ortiz y J. Gómez Requena, El spot publicitario, Cátedra, Madrid, 1995.


Primera Parte / Ensayo III

158 cio “consensual”. Por eso, desde la lingüística estructural (pasan-


do, por supuesto, por la semiología y sus derivados), hasta las más
recientes investigaciones comunicológicas, herederas del mcluha-
nismo y de las corrientes positivas norteamericanas, quedan atra-
padas en el laberinto funcional de lo massmediático. Lo específi-
camente teórico no existe en muchas propuestas. El empirismo
místico, la brujería y la alquimia ha sido por mucho tiempo el
terreno de unas pretendidas “ciencias de la comunicación”, que
apelan siempre a los modelos clásicos sin revisarlos siquiera.50
La coherencia formal de estas fórmulas, se funda en un
modelo de simulación que se desploma ante cualquier relación
que postule la ambivalencia. Es bueno destacar que varios mode-
los (Lasswell, Schramn, Berlo, Westley, etc.) presentan diferen-
cias en el orden terminológico, «pero fundamentalmente mantie-
nen el paralelismo con el proceso cibernético: quién dice-qué-en
qué canal-a quién-con qué efectos».51
Independientemente de las intenciones (confesadas o
inconfesadas) con que estas teorías llegan al mercado, cuando
entran en contacto con otros segmentos discursivos sufren
mutaciones y pasan a formar parte de la dinámica propia de
estos procesos, que los facilitan en calidad de préstamo a múlti-
ples lecturas. Algo así ha pasado con el aforismo macluhaniano
«el medio es el mensaje», pues al llamar la atención sobre el medio
como aparato, para desgracia de sus apologetas, permite que éste
sea interpelado en su virtualidad como objeto-signo, dejando de
lado las demás relaciones presentes en el proceso de simboliza-
ción. Lo que, entre otras cosas, habla de su intransitividad. En
este sentido, McLuhan, sostiene Baudrillard:

50 "En el marco de la teoría y sociología de la comunicación funcionalista se


Crítica de la Razón Mediática

ha impuesto como el modelo lasswelliano de la comunicación, inspirado en


la estructura: fuente de información-transmisor-mensaje-receptor-destino; de
Shannon y Weaver. Gradualmente los conceptos de la electrónica y la ciber-
nética fueron trasladados al campo de la comunicación humana sin una alte-
ración crítica". J. M. Aguirre y M. Bisbal, La ideología como mensaje y masaje,
Monte Ávila, Caracas, 1981, p. 79.
Juan Barreto

51 Ibid., p. 80.
Primera Parte / Ensayo III

…está mucho más cerca de una teoría cuando dice que ‘el medio es 159
el mensaje’… [aunque] totalmente ciego a la forma social de la que
hablamos (la forma general del intercambio), exalta los media y su
mensaje planetario con un optimismo tribal y delirante. Medium is
messages no es una proposición crítica, pero, bajo su forma paradóji-
ca, tiene valor analítico...52

Al respecto, veamos lo que opinan Morris Janowitz y


Robert Schuize, animadores de esta corriente: «…pero confesar
que nuestros esfuerzos empíricos han estado poco nutridos de
consideraciones teóricas, y sí en cambio de consideraciones
prácticas, no equivale a afirmar que hayan carecido forzosamen-
te de referencias sistemáticas».53
Estos autores critican inclusive a Parsons, por excesiva-
mente teórico. Así, la investigación de medios privilegiaba, desde
esta óptica pragmática, el estudio de objetos aislados, con los cua-
les se pueda experimentar. La recopilación del dato, o el levanta-
miento de cuadros, son los puntos de partida para elaborar posi-
bles predicciones, aunque su tendencia fundamental sea presen-
tar resultados. Esto ha llevado –según muchos conocedores de la
materia– a generalizar los resultados de algunas experiencias con-
cretas, producidas en momentos y situaciones particulares, hacia
otras. A pesar de ello, la investigación específica que propugnan
sigue siendo, hoy por hoy, el norte de las indagaciones de medios
y de los sondeos electorales. A decir de Miguel de Moragas Spá:
«...muchas veces surgen [contradicciones y limitaciones] de ele-
mentales marginaciones de su tema de estudio y de sus formula-
ciones. Así aparecen, mejor sería decir desaparecen, una serie de
temas de cuya importancia social no puede dudarse».54
Los resultados de esta corriente siempre son presentados
como “científicos” y “objetivos”, con lo que estaría garantizada
Crítica de la Razón Mediática

52 J. Baudrillard, Crítica a la economía política del signo, Siglo XXI, México,


1986, pp. 205-206.
53 Citado por M. De Moragas Spá (ed.), Sociología de la comunicación, Gustavo
Gili, Barcelona, 1986, p. 28
Juan Barreto

54 Ibid., p. 17.
Primera Parte / Ensayo III

160 su imparcialidad y apego a la verdad. Pero hay que tomar en cuen-


ta el marco histórico dentro del cual aparece esta sociología de los
medios: la crisis económica de 1929 y, con ella, la necesidad de
intervenir en la opinión pública norteamericana y ganar el favor
ciudadano para la participación en la guerra mundial. Por ello:
Puede admitirse que esta fórmula elude las cuestiones sociales más
importantes. Además, la investigación ha llevado a la parcelación del
proceso de comunicación de masas. Los investigadores se concentra-
ron en la respuesta a preguntas individuales. De este modo, las cues-
tiones de la producción se estudiaron con independencia de las de
recepción de efectos, con independencia de las de la producción.55

Dada su historia, buena parte de la producción de esta


corriente intenta dar cuenta de la estructura y contenido de la
comunicación referido al subsistema político y el ejercicio del
poder, incluso echando mano de algunos elementos de la filoso-
fía del significado. Aquí, la escuela de los efectos y su rama vin-
culada a la psicología social, es la de mayor trayectoria. La des-
cripción de las características del sistema de comunicación de
masas es importante por la formalización de un modelo sistémi-
co, donde es posible la diseminación de mensajes, no producidos
al azar, sino al interior de una pauta cultural estricta.
A pesar de los aportes de las corrientes que se reclaman
del estructural-funcionalismo norteamericano en la solución y
dilucidación de muchos problemas puntuales de la comprensión
sociológica de lo real, su influencia en las investigaciones latinoa-
mericanas en comunicación es, en gran medida, responsable de
buena parte de la inconsistencia y de la frivolización temática de
muchos de los trabajos que se consiguen en el campo de la comu-
nicación. Uno se sorprende y casi pierde la capacidad de asom-
bro cada vez que se encuentra ante presuntas investigaciones que
Crítica de la Razón Mediática

repiten más de lo mismo. En este sentido, Zallo advierte:

55 L Bisky, La teoría burguesa de la comunicación de masas, De La Torre, Madrid,


Juan Barreto

1982, p. 45.
Primera Parte / Ensayo III

Hoy es comúnmente aceptado que el tratamiento cuantitativo del 161


análisis de contenidos despoja a los mensajes de su propia significa-
ción al descontextualizarlos. Esta técnica se convierte, por un lado,
en un modo indirecto de estudios de efectos sobre el público con-
vertido en mero receptor de mensajes y, por otro lado, al tomarse las
representaciones simbólicas de la realidad como la misma realidad,
aquellas adquieren un valor normativo.56

Con la conceptualización de la corriente norteamericana,


tuvo que ver Nikos Poulantzas, quien afirmó que esta visión se
queda en la producción escindida por el efecto mercancía. El
fenómeno de separación y unificación que opera entre la odisea
del trabajo y su conversión en su forma abstracta, el valor. Es
decir, esta teoría también es simulacro y opacidad. Tal como ocu-
rre con las teorías que mitifican a la llamada sociedad civil sepa-
rada del estado, en cuanto manifestaciones fenoménicas e ideo-
lógicas de la producción de las formas relacionales contenidas en
el fetichismo jurídico, el cual hace aparecer a los hombres como
individuos aislados y representados por sí mismos, miembros de
una sociedad ideal y unificada. Ello puede ser comprensible,
pues la verdad de la naturaleza de clases no es nada evidente en
el proceso de la separación y la unificación del trabajo y la mer-
cancía. Así mismo, la teoría se presenta como neutral y verdade-
ra, presumiblemente neutral en sus conceptos, que intentan
hablar de audiencias y públicos como abstracción policlasista.
Wright57, es un buen ejemplo de cómo en esta escuela se
confunden ideas del estructuralismo, el funcionalismo y las
corrientes sistémicas, cuando habla de los cambios que introdu-
cen los medios en la sociedad. Por supuesto que no podían fal-
tar en el mundo del debate, los manuales vulgarizadores como el
de D. Berlo.58
Crítica de la Razón Mediática

56 R. Zallo, Economía de la comunicación y la cultura, p. 13.


57 C. R. Wright, Functional analysis and mass communication, Quarterly, Chicago,
1960, pp. 605-620
Juan Barreto

58 D. Berlo, El proceso de la comunicación, Ateneo, Buenos Aires, 1999.


Primera Parte / Ensayo III

162 Otros aportes


Ahora o nunca es el momento de ejercer
el método: Tú y yo podemos servirnos de él en
otro lado, en otro bloque,
bloque, y con tus ideas producir
algo que no esté en ninguno de los dos, sino entre
2, 3, 4… n. Y no ya, no será: x explica y, firmado x .
G. Deleuze.

Pero donde el asunto se torna más ecléctico, es entre los llama-


dos neomarxistas como Curran, Gurvitch, Murdok, Golding y
otros, que intentan conciliar, en una supuesta interpretación
holística, lo aportado por la corriente Americana, con categorías
de supuesto origen marxista como ideología, estructura de poder
y, en general, conceptos económicos. Al respecto, son significa-
tivos los esfuerzos de investigadores como Edward Shils, cuan-
do expone argumentos críticos contra la sociedad industrializada
y masificada, junto a Vance Packard y sus desarrollos sobre la
industria publicitaria, a la cual acusa de manipuladora de las
motivaciones y de contener formas ocultas para la inducción del
consumo. Igualmente, tiene un gran impacto el estudio de Hans
Mágnus Ensensbeergeer en la búsqueda de una comunicación
sin dominio. Más tarde, en los 80, Noam Chomsky trabaja la
dimensión imperial en las relaciones de comunicación, y en los
90, se suman otros autores como Sergei Moscovici, reivindican-
do una suerte de psicologismo, convocando a una lectura de los
individuos como conglomerado de agregados que pueden ser
persuadidos desde adentro, por medio de una identidad sugeri-
da, símbolos estereotipados y conductores mediáticos.59
La influencia de esos teóricos llegó lejos. En nuestro con-
texto latinoamericano, el más famoso exponente ha sido
Armand Mattelart, quien en una amplia bibliografía reciente60,
59 No es el momento ni el espacio para saldar cuentas con esta corriente de pen-
Crítica de la Razón Mediática

samiento. Nuestra investigación y algunos otros modestos trabajos anteriores,


han abordado las distancias con la Escuela Norteamericana y con su versión
neomarxista. Valga entonces lo planteado, más bien para significar el sentido de
la propuesta en la que intentamos avanzar en relación con estos contenidos.
60 Son importantes en el estudio del itinerario del autor: La comunicación mundo,
Fundesco, Madrid, 1993; La mundialización de la comunicación, Paidós, Barcelona,
Juan Barreto

1998; Así como: A. Mattelart y M. Mattelart, Historia de las teorías de la comunicación.


Primera Parte / Ensayo III

ha avanzado hacia posiciones críticas del proceso de globaliza- 163


ción incorporando un análisis que se desplaza hacia el poses-
tructuralismo, al identificar los dispositivos de la comunicación
como espacio de relaciones de poder, sin abandonar su crítica a
los norteamericanos y manteniendo su apego a la teoría frank-
furtiana. Mattelart nos habla de «la gestión invisible de la socie-
dad» como acción indirecta y modelo de gestión de lo social y el
mundo de la vida. La ideología de la comunicación total y el
mercado único de la información y la imagen, han sustituido a
las ideas del desarrollo, del crecimiento y el progreso, en la medi-
da en que las propias concepciones del proceso de la comunica-
ción sufren metamorfosis.
Entre los 70 y los 80 fue muy difundida la psicología
social de inspiración marxista de Castilla Del Pino61, quien
habla de los medios de comunicación masiva como antimedia-
dores. Piensa que ellos son operadores de las circunstancias y
expropiadores de ciertas formas de la práctica a la que llama
experiencia. Estas operaciones actúan como imposición. El
cuantum del comunicar de cada época, dice, viene dado por los
imaginarios colectivos y no únicamente por las necesidades
productivas de la formación social. El presente multidetermi-
nado queda abolido en los medios y sujeto a la lógica de la
mercancía, la cual sólo es específica en un rango de fenóme-
nos y valores sociales que condicionan la historia individual de
cada uno de nosotros. Los individuos serán igualados en tér-
minos de lo que dicen y de lo que se les dice, desde un solo y
determinado circuito cultural.62

61 C. Castilla Del Pino, La incomunicación, Península, Barcelona, 1975.


62 "Cada estructura social permite implícitamente hablar de determinadas
cosas, lo cual supone su reverso, la no permisión de otras, es la dialéctica entre
Crítica de la Razón Mediática

la necesidad de decir algo y su imposibilidad dadas las imposiciones normati-


vas de la diferenciación social que delimita con claridad lo que es o no permi-
tido, que puede aludir o no a una situación de consenso, pues lo que digo está
estrechamente relacionado con lo que no digo y con lo que me es permitido,
con lo que conozco y con lo que desconozco, por lo que no es posible decir
o se me es negado. Cuando los medios masivos orientan la agenda en una sola
dirección entonces refuerzan el orden de la exclusión y de la prohibición y
Juan Barreto

violentan la subjetividad". Ibid., p. 143.


Primera Parte / Ensayo III

164 A partir de los 90, comienza a hablarse de nuevo de


antropología social. Un modelo que ya en los 40 tenía cierto
desarrollo, siempre desde el modelo estructural funcionalista.
Desde las etno-metodologías para comprender el impacto cul-
tural de los medios, surge entonces el interaccionismo simbóli-
co o fenomenología social. G. H. Mead y Alfred Schutz acuñan
el término «existencias de conocimientos», para referirse a los
saberes contenidos en el mundo de la vida, pues la existencia se
da en mundos concretos.
Blumer, por su parte, asume, en su teoría de la significación,
que la comunicación se somete a un proceso de interpretación efec-
tuado en una relación con las cosas y los ritos de interacción que se
producen. Lugar desde donde Habermas consigue el actuar comu-
nicativo de su teoría de la acción y el actuar estratégico. Para este
autor, el cual hemos trabajado en abundancia en publicaciones ante-
riores, una comunidad de diálogo constituida por sujetos perlocu-
cionarios en condiciones de igualdad, capaces de llegar a acuerdos
desde sus posiciones estratégicas, abre las puertas para una teoría de
la argumentación y de los consensos dialógicos. 63
A diferencia de otros, A. Mattelart64 en su afán por
encontrarse con la teoría crítica, incluso ve en Habermas un
continuador, a su manera, de esta corriente. En su itinerario teó-
rico, ubica las formas asociadas que adopta el capitalismo como
formación social con los distintos momentos de la comunica-
ción de masas y la expansión del capital, por eso estudia la infor-
mación masiva y el desarrollo del capitalismo globalizado en un
mismo movimiento.65

63 "Ahora bien, toda descripción de las estructuras generales de los actos de


habla en términos de pragmática formal tienen que basarse en nuestro saber
preteórico, es decir, en el saber preteórico de unos hablantes que pertenece-
mos a un mundo de vida moderno, o en un sentido que aún hemos de diluci-
Crítica de la Razón Mediática

dar de forma más precisa: a un mundo de la vida racionalizado". J. Habermas,


Teoría de la acción comunicativa, Tomo II, Taurus, Madrid, 1998, p. 111.
64 A. Mattelart, Comunicación y transición al socialismo, Era, México, 1981.
65 En torno a la globalización mediática hay una extensa bibliografía entre la
que destaca el trabajo de Ramonet, La tiranía de la comunicación, Temas, Madrid,
2000; y los estudios de E. Hermann y R. McChesley, Los medios globales,
Juan Barreto

Aguilar, Madrid, 2002.


Primera Parte / Ensayo III

Así pues, el “ambiente cultural” que instauran los 165


medios, que nosotros llamamos gel mediático, no puede ser leído
sólo desde el recorte de la corriente empírico-analítica. La
incompatibilidad epistemológica denunciada por la Teoría
Crítica, se apoya en lo dicho por Horkheimer:
La necesidad de limitarse a datos seguros y ciertos, la tendencia a
descalificar y desacreditar como metafísica toda investigación
social no empírica, a restringirse a lo no esencial en nombre de
lo que no puede ser objeto de controversia. A la investigación se
le imponen con demasiada frecuencia sus objetivos en virtud de
los métodos de los que se dispone, cuando lo que habría que
hacer es adaptar los métodos al objeto.66

Por otro lado, las ideas de mediación y de universo mass-


mediático, aportadas por autores como Martín-Barbero y
García-Canclini, tienen alcances insospechados, ya que en ellos,
sin haber una clara ruptura con el paradigma frankfurtiano, hay,
sin embargo, un esfuerzo de reconocimiento de aportes puntua-
les de las corrientes empírico analíticas que, según estos autores,
hoy van más allá de las aproximaciones de la primera teoría que
haya pretendido dar cuenta del fenómeno mediático.
Lo dicho implica incluso nuevas formas de interacción,
modos distintos de pertenencia, otros criterios de realidad, de
afiliación y de realización de la vida material y espiritual, así
como la producción de opiniones que este proceso genera.
Martín-Barbero convoca otras potencias de lo popular masivo
del campo mediático, que recolocan estrategias y dan forma a
procesos efímeros, nuevas identidades, modas con efecto de cal-
comanía, mutaciones en el lenguaje. Al respecto, dice:
No hay que perder de vista los recorridos de lo mítico y lo sim-
bólico en su relación con las dramatizaciones de la mediática y la
manera como esto impacta los mundos de la vida... Es decir, la
manera como la cultura mediática se hace mediación entre el
Crítica de la Razón Mediática

deseo, la seducción y los imaginarios y permite vivir los mitos que


le dan sentido a la vida como actos metafóricos desplazados, que
le dan sentido a la pobre vida de las mayorías durante la mayoría
de los días de nuestra pobre vida.67

66 M. Horkheimer, Teoría crítica, Barral, Barcelona, 1973, p 72.


Juan Barreto

67 J. Martín-Barbero, Pretextos, p. 32.


Primera Parte / Ensayo III

166 Desde nuestro punto de vista, la mediación no es un


concepto nuevo, se instala desde la tradición de Bergson, pasan-
do por distintos modelos teóricos hasta llegar a Barbero. La
mediación contiene un movimiento que resitúa lo popular y lo
mediático en campos convergentes, secularizando prácticas,
ritualizaciones, memorias y formas de producción, asimilación,
recomposición y consumo cultural, dislocando las culturas tradi-
cionales e interviniéndolas de manera definitiva.
Este movimiento recupera distintos fragmentos de senti-
do, perturbando el sentido dominante al dar forma a nuevos dia-
gramas de identidades que reemplazan asentamientos estancos,
disolviéndolos en momentos difusos e inestables. La pertinencia
de este hallazgo asegura una lectura no lineal de lo mediático. El
tráfico de sentido de lo mediático a lo popular también implica
nuevas sensibilidades y actitudes, formas de ver y de articular las
narrativas en un juego de filtros de intereses intersubjetivos y en
el choque de máquinas abstractas de sentido.
También suponen la arborescencia de material residual
que conforma un mosaico de sentido de distinta densidad y
tamaño, que implican nuevas coordenadas y derivas de usos
sociales de los dispositivos colectivos de enunciación, que des-
materializan direccionalidades del sentido dominante, desespa-
cializando y desterritorializando imaginarios, y reterritorializan-
do el deseo en nuevas lecturas, a veces perversas, del devenir. En
todo caso el medio es un sitio de referencia para la teoría que
intenta explicar la relación de los individuos con los medios, con-
siderando, como lo hace Martín-Barbero, razones asociadas a la
afiliación de la gente a los medios:
La gente se siente compelida a resguardarse en el pequeño espa-
cio de lo privado y hogareño, y proyectar sobre él un imaginario
Crítica de la Razón Mediática

de seguridad y protección. Si la TV atrae es en buena medida por-


que la calle expulsa. Es la ausencia de espacios -calle y plazas- para
la comunicación lo que hace de la TV algo más que un instrumen-
to de ocio, un lugar de encuentro. 68
Juan Barreto

68 Ibid., p. 34.
Primera Parte / Ensayo III

En este mosaico de sentidos, se entrecruzan líneas de 167


captura y líneas de fuga que pueden expresarse en formas de
resistencia y de ruptura con el orden de sentido dado, pero que
también pueden ser reterritorializadas como parte de los agen-
ciamientos dominantes. Es lo que ocurre, por ejemplo, con
malas lecturas de lo mediático que se instalan y a veces gobier-
nan los imaginarios, mas allá de la evidencia que puede ser cons-
tatada empíricamente. Los nuevos imaginarios así surgidos pue-
den invadir, incluso, zonas intersticiales de la subjetividad, hasta
los registros profundos del archivo y el devenir nuevos cuerpos
sin órganos69. Para Martín-Barbero, se nos podría escapar el
efecto de los medios en cuanto actualizador de demandas y
modelizador de las formas de consumo cultural, si nos limita-
mos a los estudios de audiencias.
Pero el camino de la teoría no es tan fácil. Las posibilida-
des que asoma Martín-Barbero se complejizan cuando entran en
contacto con Paul Virilio -quien por cierto, en su método privi-
legia la cita y el aforismo-, para justificar su dromología o teoría
de la velocidad, la ubicuidad y la instantaneidad, sumada a la
hiperpercepción y la sobre-estimulación de la información. O
cuando se cruzan con las sugerencias pesimistas de Baudrillard,
quien postula la pérdida de lo real ante el imperio de los simula-
cros de la sociedad del control, la proliferación de signos sin sen-
tido que ya no representarían nada, ni a sí mismos, frente a la
optimista sociedad transparente de Gianni Vattimo y su ideal de
emancipación caótica relativa, en donde la pluralidad, la oscila-
ción y, en definitiva, la erosión del propio principio de realidad,
pueden hacer surgir nuevas esperanzas.
La idea de simulacro va más allá de la postulada por
Baudrillard a lo largo de su obra. Empalma también con un
Crítica de la Razón Mediática

69 "La institución informal de la mediática es una capacidad de interpelación


que no puede ser confundida con los rating de audiencias, pues la verdadera
influencia que ejercen reside en la construcción de los imaginarios colectivos,
esto es, una mezcla de imágenes, discursos y representaciones de lo que vivi-
mos y soñamos. De lo que esperamos y deseamos y eso va más allá de lo
Juan Barreto

medible en horas". Ibid., p. 59.


Primera Parte / Ensayo III

168 replanteamiento de la noción de realidad en tanto que verdade-


ro. «El simulacro es, en cambio, efecto de verdad». Esta idea es
heredera de la propuesta por Deleuze en Diferencia y repetición,
donde expone que «el simulacro es el sistema donde lo diferen-
te se relaciona con lo diferente mediante la diferencia como
tal»70. Para el filósofo, los sistemas de distinción son mundos
simbólicos mutantes y diferenciales que producen series dispa-
res. Por eso los denomina simulacros o fantasmas:
Pues el simulacro o fantasma no es simplemente una copia de copia,
una semejanza infinitamente laxa, un icono degradado... El simula-
cro es precisamente una imagen demoníaca, desprovista de semejan-
za; o más, bien, al contrario que el icono, ha puesto su semejanza en
el exterior, y vive de la diferencia. Si llega a producir un efecto exte-
rior de semejanza, es como ilusión, y no como principio interno...71

De ahí que su característica sea la de contar varias histo-


rias a la vez, la de portar múltiples relatos.
Dicha noción tiene que ver con la estructura de rizoma de
Guattari, fundada como creación vagabunda, es decir, paradoja
que no sigue una lógica de conexión con las raíces de su produc-
ción, sino que cada segmento es enlazable con otro segmento y
en que cada recorrido es libre y posible. Los famosos seis prin-
cipios rizomáticos son indicativos: la posibilidad de conexión
múltiple de cada punto, la heterogeneidad de los componentes
del sistema, la multiplicidad sin unidad generadora, la ruptura
asignificante, la cartograficidad y la decalcomanía.
En tal sentido, los sugestivos aportes de Regis Debray,
quien pretende una medialogía general, pueden ayudar en el
camino de establecer la correlación entre las actividades de pro-
ducción simbólica, los campos y los consumos culturales, así
como las formas materializadas del poder político y los sistemas
Crítica de la Razón Mediática

de autoridad, por un lado, y las formaciones de memoria, archi-


vo, tráfico y circulación de la información, por otro.

70 G. Deleuze, Diferencia y repetición, Universidad Júcar, Madrid, 1988, p. 438.


Juan Barreto

71 Ibíd., pp. 217-218.


Primera Parte / Ensayo III

Debray es otro que admite que debemos hacernos acom- 169


pañar por G. Deleuze y F. Guattari al enunciar los nuevos dispo-
sitivos de las máquinas que «operan en el corazón de la subjetivi-
dad humana no sólo en el seno de sus memorias heterogéneas y
de su inteligencia, sino también de su sensibilidad, de sus afeccio-
nes, de su inconsciente»72. Será posible una reapropiación de la
comunicación masiva en la medida que también se resingularice
la propia esfera interior de las máquinas de sentido, en la perspec-
tiva de la construcción de complejos de subjetivación múltiple.
Este camino sugiere también nuevas posibilidades a la teoría.

Tendencias y aportes
desde América Latina

La tragicómica historia de Cristóbal Colón, que


parte de Europa en búsqueda de las Indias
orientales, y por error se topa con América, es una
metáfora que puede servir para comprender el
devenir objetivo de algunos protagonistas
del pensamiento, quienes actuando en una
dirección, terminan irremediablemente recalando
en costas de puertos opuestos. Es curioso con qué
frecuencia ocurre esto desde los centros de saber
de América Latina.

G. Labica.

La pregunta en este lugar es: ¿hay una identidad que se exprese en


términos de la teoría? En todo caso, la respuesta se acerca a la refle-

72 R. Debray, Vida y muerte de la imagen, Paidós, Barcelona, 1992, p. 169. Vale


la pena también incorporar esta reflexión de Toni Negri, a propósito de
Deleuze y Guattari, sobre la constitución de campos complejos de subjetiva-
ción por máquinas abstractas: "En cambio, Deleuze y Guattari nos presentan
un enfoque del biopoder propiamente postestructuralista que renueva el pen-
Crítica de la Razón Mediática

samiento materialista y se asienta sólidamente en la cuestión de la producción


del ser social. La obra de Deleuze y Guattari desmitifica el estructuralismo y
todas las concepciones filosóficas, sociológicas y políticas que hacen de la
rigidez del marco epistemológico un punto de referencia ineludible. Dirigen
claramente nuestra atención a la sustancia ontológica de la producción social.
La máquina produce. El funcionamiento constante de las máquinas sociales
en sus diversos aparatos y montajes produce el mundo a través de la produc-
Juan Barreto

ción de los sujetos y los objetos que lo constituyen". T. Negri, Imperio, p. 42.
Primera Parte / Ensayo III

170 xión de Jesús María Aguirre, quien sostiene que hay una variación
cultural discontinua, o sea, que existen comunidades de investiga-
ción con distintos matices y motivaciones, y algunas líneas de cruce
comunes que dotan al subcontinente de una presencia modesta en
el terreno teórico más general. Mario Sambarino asimila esta idea a
la producción de hetero-conocimientos que obedecen a distintos
cortes o fronteras identificatorios.
Indoamericanismo, afroamericanismo, panamericanismo,
pensamiento nacional, globalización y su invitación a los sende-
ros evanescentes del universalismo, y el cruce de las corrientes
tradicionales de las escuelas europeas y americanas, se reflejan en
las tempestades de las estrategias levantadas por los investigado-
res de la “región”. Y, aquí, el término entra en juego en la dimen-
sión considerada por Anthony Giddens: las sociedades no son
un espacio tiempo unificado, coincidente con James Halloran
cuando observa que la universalidad es, en todo caso, el resulta-
do de las respuestas a componentes y variables del desarrollo
paradójico de cada situación concreta, y su proyección contra-
dictoria en relación con otras realidades como, por ejemplo, las
regionales.
De manera que, con Aguirre73, compartimos que no se
puede hablar de un cajón de sastre, haciendo de las lecturas regio-
nales un pensamiento unificado a la medida del territorio, y apos-
tamos por una óptica transdiciplinaria. En efecto, la situación,
como admite Oswaldo Capriles, no ha variado mucho desde los
años 70 a esta parte, excepto honrosas propuestas personales y
esfuerzos colectivos como el ININCO y la revista Comunicación,
en Venezuela. Esto quiere decir que no se puede hablar propia-
mente de corrientes, escuelas o colectivos. Sin embargo, la mayo-
ría sigue vinculado (por lo menos hasta los años 80) a la psicolo-
Crítica de la Razón Mediática

gía o a la sociopolítica o a doctrinas neomarxistas. Así mismo, se


sigue privilegiando al mercado, la TV, la opinión pública, los estu-

73 J. M. Aguirre, De la práctica periodística a la investigación comunicacional, Polar-


Juan Barreto

UCAB, Caracas, 1996.


Primera Parte / Ensayo III

dios de audiencia y de efectos, y la propaganda, entre otros obje- 171


tos discursivos, que independientemente de sus aportes y actuali-
zaciones forman parte de tradiciones ya recorridas. Por supuesto,
que la actual crisis latinoamericana no es igual a la desesperada
situación planteada por Berelson en EEUU en los años 50, cuan-
do afirmó que la investigación en comunicación había llegado a
su final en el camino. Con Aguirre, nos encontramos a mitad de
camino entre la interdisciplinaridad y la posibilidad de un paradig-
ma menos arborescente. «Me imagino dos escenarios -dice- el
arborescente y el rizomático».
Para Aguirre el primero es un momento conceptual ya que:
…la necesidad de una concepción unificada del campo científico lle-
varía a exigir una visión retrospectiva coherente... imaginaría a las
ciencias de la comunicación como un árbol de portafolio en que es
posible congregar todas las disciplinas, que se desprenden del tallo,
de una metáfora metateórica y el segundo más ajustado a la teoría del
caos, principio de incertidumbre, apoyaría la tesis de que las diversas
ciencias de la comunicación se constituyen con cierta autonomía,
estableciendo relaciones rizomáticas según los problemas, los enfo-
ques y las interpretaciones disciplinares. 74

En el primer renglón, encontramos investigadores y teó-


ricos que abrazan las ideas de Luhmann, la filosofía de las cien-
cias y, de alguna manera, a Maturana, Habermas y Martín Serrano.
En una segunda posibilidad, se abren series de teorías fragmenta-
rias, cuya integración no es inmediata ni tampoco deseable. En
todo caso, sus posibilidades de encuentro dependerán del univer-
so de problemas y de la conformación de espacios de confronta-
ción que lleven a cabo con las verdades que postulan. Los torren-
tes se abren y las agendas se renuevan y, más allá de los tópicos,
ya no hay nada más absolutamente americano o europeo, sino la
posibilidad de transitar otros caminos del conocimiento.
Crítica de la Razón Mediática

Las líneas dominantes en los estudios de la comunicación


son el resultado de convenciones académicas, dictadas desde la

74 J. M. Aguirre: "Ciencias de la Comunicación: Identidades y Fronteras. El pensa-


Juan Barreto

miento latinoamericano", Anuario del ININCO, Vo 1, No 10, 1999, pp. 13-36.


Primera Parte / Ensayo III

172 tradición de la UNESCO y CIESPAL, así como las coordenadas


dejadas por los fundadores: Fuentes Navarro, A. Pasquali, Luis
Ramiro Beltrán, E. Verón, Martín-Barbero, Bisbal, Kaplún,
Mata, lo cual es alentador pues habla de una tradición, una con-
tinuidad y unos puntos de partida. Pero también alerta sobre lo
que Beltrán mismo llamaba el desdibujamiento de las investiga-
ciones, por excesivo formalismo conservador, por extranjerismo
o por influencias que no permitían detectar la naturaleza de las
nuevas variables contextuales, aunque estuvieren frente a nues-
tros ojos. Pero así tampoco avanzamos demasiado. El pensa-
miento podría encasillarse si desde lo local no aspira a una mayor
repercusión general. Por su parte, muchos otros investigadores,
han tomado el camino de Pasquali al intentar vincular a los estu-
dios generales a datos y procesos detectados y reportados desde
la investigación empírica.
Ya hay intelectuales que postulan una latinoamericani-
dad caribe, postcolonial, neobarroca y hasta posmoderna,
desde aquella lectura que sitúa al continente a caballo entre las
tradiciones y la modernidad, pues no acabaría de salir de una
para entrar en otra y esta sería parte de nuestra especificidad.
Estas corrientes apelan también al estudio de lo tecnológico y
lo cultural como determinaciones de unos rasgos distintivos.
La emergencia de la teoría quedaría desbordada por los proble-
mas de la exclusión, la fragilidad institucional, las crisis políti-
cas y económicas que franquearían las fronteras de los saberes
occidentales dominantes, sin intentar ignorarlos.
Las nuevas identidades culturales fundadas en otros ima-
ginarios colectivos y en nuevos equipamientos de subjetividad
con agenciamientos inéditos, permitirían otras fuentes de apro-
ximación al conocimiento, emplazado a producirse de otra
Crítica de la Razón Mediática

manera. En esta dirección, puede compartirse con Aguirre «la


hipótesis de que en Latinoamérica se están gestando actualmen-
Juan Barreto
Primera Parte / Ensayo III

te un conjunto de transformaciones de honda repercusión, luego 173


de la aparentemente perdida década de los 80»75. La existencia
de centros de investigación y de exponentes como Martín-
Barbero, García-Canclini, Renato Ortiz, Piscitelli, Ford,
Mazziotti, Bisbal, Aguirre y otros, son señales significativas en
esa dirección.
En los últimos años, las investigaciones sobre efectos
de la TV, se han profundizado y surge la corriente de la edu-
cación para los medios. Esta subcorriente parte de la siguien-
te premisa:
Los niños pasan más horas frente al televisor que en un aula de
clases, recientes estudios en EEUU, aseguran que un niño normal
desde la escuela hasta concluir el bachillerato, ha presenciado 11
mil horas de clase y sólo 25 mil de TV. En nuestro país los jóve-
nes entre 5 y 15 años han dedicado 6 mil horas más al visionado
de TV que a la propia escuela.76

Este crecimiento y expansión de las nuevas tecnologías


y su impacto concreto, es desigual de región en región y estos
desajustes hacen que las estrategias del mercado tengan que
adecuarse a la realidad de cada localidad. El asunto del uso de
los mercados se siente de manera más acusada en la publicidad
comercial y en sus usos a la hora de insertar nuevos productos
con éxito en cada situación particular.
Por ejemplo, el uso o no de publicidad exterior, la colo-
cación de hipermercados o la venta por afiliación y por TV, ade-
más de los estudios de marca y completísimos trabajos sobre
perfiles de consumidores, que ocupa al sector de la publicidad.
Lo que supone nuevas posibilidades para los estudios de marke-
ting que han acaparado a buena parte de los intelectuales latino-
americanos. En el caso venezolano, la publicidad de tecnologías
Crítica de la Razón Mediática

de comunicación abarca casi el 30% de la torta de inversión


publicitaria, así mismo, la publicidad de cultos religiosos y la de

75 Ibid.
76 O. Capriles, "El debate sobre políticas de comunicación en América Latina",
Juan Barreto

Anuario ININCO, Vol. 1, Nº2, 1989, pp. 13- 40.


Primera Parte / Ensayo III

174 productos de entrega inmediata por TV, ascienden al 13% de la


misma, lo que ha determinado un movimiento migratorio de
muchos profesionales hacia la especialización en la colocación
de estos productos.
Un nuevo acceso teórico, que descubre a las multitudes
como matriz de producción cultural y al consumo como produc-
ción secundaria, construye una combinatoria que avanza hacia
nuevas mediaciones del saber. El horizonte de esta alteridad con-
sigue trabajar desde lo que, hasta hoy, habían sido los márgenes
de antiguas formaciones epistemológicas.
Crítica de la Razón Mediática
Juan Barreto
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177

Segunda Parte

CULTURA(S), CAMPOS Y
MassMediática

No se olvide que Nietzsche elaboró


una teoría de la cultura en la que
‘con el conocimiento del origen aumenta la
insignificancia del origen’,
en la que la cultura está pues toda ella en las
transformaciones (urdimbres de leyes de
desplazamiento, condensación, sublimación)
y, si se quiere en la retórica que sustituye
completamente a la lógica.

G. Vattimo
Crítica de la Razón Mediática
Juan Barreto
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I 179

CAMPOS HÍBRIDOS
Y LectURas tRaNsVeRsaLes

En realidad existe una forma de lucha que implica


un consenso sobre aquello por lo cual se lucha y
que se observa de forma especialmente clara en el
ámbito de la cultura.

P. Bourdieu

a cuestión de cómo se constituyen las nuevas sensibilidades

l colectivas es, sin duda, una de las aristas fundamentales para


intentar comprender la cultura massmediática, propia de nues-
tro tiempo. En el particular abordaje de esta cuestión recurriremos,
fundamentalmente, a García-Canclini y Bourdieu, quienes, quizá,
llevaron la saga tan lejos como Maffesoli, que ha descifrado los dis-
tintos momentos de constitución espacio-temporal de los núcleos
de filiación, enclasados y no enclasados, en prácticas sociales cuyas
formas, en la condición cultural posmoderna, ya no pueden ser
explicadas desde las claves de inteligibilidad de la teoría social
moderna. En efecto, en la actualidad, estas prácticas muestran nue-
vas formas de afiliación que el autor analiza recurriendo a la metá-
fora de las tribus urbanas, para dar cuenta de la emergencia de nue-
vas formas de socialidad que materializan nuevos habitus y que tam-
bién podrían ser incorporadas a determinados campos.
El punto de partida son los estilos de vida, entendidos
Crítica de la Razón Mediática

como la materialización de representaciones, juicios enclasa-


dos, prácticas, condiciones materiales de vida, gustos, sueños y
aspiraciones, mentalizaciones y consumos. Todo esto forma el
Juan Barreto
2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 180

Segunda Parte / Ensayo I

180 habitus. Y como dice Bourdieu en La distinción: «El campo de


producción... no podría funcionar si no contara con unos gus-
tos existentes, propensiones más o menos intensas, unos bien-
es más o menos estrictamente definidos, es lo que permite al
gusto realizarse»1. Pero es la sociedad la que brinda un reper-
torio para la búsqueda y clasificación de sistemas estilísticos
posibles: «No es, pues, necesario recurrir a la hipótesis del
gusto soberano que impone el ajuste de la producción a las
necesidades».2

1 P. Bourdieu, La distinción, Taurus, Madrid, 1998, p. 228.


2 Ibid.
3 Dada su importancia para la comprensión de este asunto, transcribimos la
extensa cita de Bourdieu, en la que se inscribe su concepto de habitus y el
valor que este tiene no sólo para comprender la acción económica, sino toda
acción social: "La ciencia que llamamos 'economía' se sustenta en una abstrac-
ción inicial que consiste en disociar una categoría particular de prácticas, o
una dimensión particular de cualquier práctica, del orden social en el que toda
práctica humana está inmersa. Esta inmersión, aspectos o algunos efectos de
la cual se manifiestan cuando hablamos, siguiendo a Karl Polanyi, de 'embed-
dedness' obliga, incluso cuando, debido a los propios requerimientos del
conocimiento, no nos queda más remedio que tratarla de otro modo, a con-
cebir cualquier práctica, empezando por la que se puede ver, de la forma más
evidente y estricta, que es 'económica', como un hecho social total, en el sen-
tido de Marcel Mauss. Así pues, los estudios particulares que he llevado a
cabo, hace casi cuarenta años, en Argelia, sobre la lógica de la economía del
honor y de la "buena fe" o sobre los determinantes económicos y culturales
de las prácticas de ahorro, de crédito o de inversión, o, a mediados de los años
sesenta, con Luc Boltanski y Jean-Claude Chamboredon, sobre la banca y su
clientela, o, más recientemente, con Salah Bouhedja, Rosine Chistin, Claire
Givry y Monique de Saint-Martin, sobre la producción y la comercialización
de viviendas unifamiliares, se distinguen de la forma más corriente de la eco-
nomía en dos aspectos esenciales; intentan en cada caso movilizar el conjun-
Crítica de la Razón Mediática

to de los conocimientos disponibles en las diferentes dimensiones del orden


social, es decir, generalizando, la familia, el Estado, la escuela, los sindicatos,
las asociaciones, etcétera -y no sólo la banca, la empresa y el mercado-, y se
dotan de un sistema de conceptos, elaborado con el propósito de dar cuenta
de los datos de la observación, que podría presentarse como una teoría alter-
nativa para comprender la acción económica: el concepto de habitus, fruto
Juan Barreto

del afán por dar cuenta de la práctica de unos hombres y de unas mujeres que
2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 181

Segunda Parte / Ensayo I

El juicio experto del cinéfilo, por ejemplo, que supone 181


una cierta mirada especializada sobre la cosa no significa sino la
expresividad de una práctica legitimadora, la puesta en escena del
habitus3, es decir, la materialización de ciertas destrezas que con-
sagran el sentido de pertenencia a determinadas formas de con-
sumo cultural: «No existe, pues, nada que distinga de forma tan
rigurosa a las diferentes clases como la exposición objetivamen-
te exigida por el consumo legítimo de obras legítimas...».4

se han visto arrojados a un cosmos económico extraño y foráneo, importado


e impuesto por la colonización, con un bagaje cultural y unas disposiciones,
económicas en particular, adquiridos en un mundo precapitalista; el concep-
to de capital cultural, que, elaborado e introducido más o menos cuando Gary
Beker proponía la noción de "capital humano" -tenue y vaga, y lastrada con
el pesado gravamen de unos presupuestos sociólogos inaceptables-, pretendía
dar cuenta de unas diferencias de otro modo inexplicables en los rendimien-
tos escolares de niños con una desigual dotación cultural y, desde una pers-
pectiva más general, en todos los tipos de prácticas culturales o económicas;
el concepto de capital social, que elaboré en mis primeras investigaciones de
etnología en Cabilia o en Bearne, para dar cuenta de unas diferencias residua-
les relacionadas, grosso modo, con los recursos que se pueden reunir, por
delegación, mediante redes de "relaciones" más o menos numerosas y más o
menos ricas, y que, con frecuencia asociado en la actualidad con el nombre de
James Coleman, responsable de su lanzamiento en el protegidísimo mercado
de la sociología estadounidense, suele utilizarse por corregir, a través del efec-
to de las "social network", las implicaciones del modelo dominante, el con-
cepto de capital simbólico, que he tenido que elaborar para dar cuenta de la
lógica de la economía del honor y de la "buena fe" y que he podido precisar
y madurar mediante el análisis de la economía de los bienes simbólicos, muy
especialmente de las obras de arte; por último, y, sobre todo, la noción de
campo, que ha alcanzado un éxito relativo, aunque con una forma algo reba-
jada y a menudo harto deslavazada, en el "New Economic Sociologv". La
introducción de estas nociones sólo es un aspecto de un cambio más global
Crítica de la Razón Mediática

de lenguaje (caracterizado, por ejemplo, por la sustitución del léxico de la


decisión por el de la intención o del adjetivo "racional" por el de "razonable"),
que es imprescindible para expresar una visión de la acción radicalmente dife-
rente de la que fundamenta, de forma las más de las veces implícita, la teoría
neoclásica." P. Bourdieu, Las estructuras sociales de la economía, Anagrama,
Barcelona, 2003, pp. 13-14.
Juan Barreto

4 Ibid., p. 229.
2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 182

Segunda Parte / Ensayo I

182 Pero el habitus5 es incomprensible sin su remisión a los


campos culturales concebidos como emplazamientos estratégi-
cos, territorializaciones, plazas que hay que defender, espacios de
luchas simbólicas entre lo liso y lo estriado que permiten objeti-
vaciones de la cultura. Se trata de trayectorias de sentido de cada
fracción social, lugar de mediaciones y elecciones que permiten
formas diversas de relacionarnos con el mundo, con los otros y
con nosotros mismos. Diferenciar y apreciar, permite integrar
enjambres de valores que derivan incluso en técnicas del cuerpo
y modelos de pensamiento:
Por eso, la disposición estética es una dimensión de una relación dis-
tante y segura con el mundo y con los otros que a su vez supone la
seguridad y la distancia objetivas; una manifestación del sistema de
disposiciones que producen los condicionamientos sociales asocia-

5 "Según Pierre Bourdieu los habitus dan cuenta, tanto de la inclusión plena de
los cuerpos en la organización de los espacios sociales, como de la inclusión
plena del espacio social en al organización de los cuerpos. En tanto sistemas de
disposición para la práctica en opciones disyuntivas de los "versus".
Cuerpo Vs. Discurso. Pulsión Vs. Representación. Intensidades Vs.
Significación. Cuerpo pulsión Vs. Cuerpo significante. Flujos Vs. Sentido.
Cuerpos reprimidos Vs. Cuerpos liberados. Discurso Vs. Juegos dramáticos.
Cuerpo Vs. Mente. Razón Vs. Pasión. También las apelaciones apresuradas a una
unidad psicosomática que presenta la ficción simplificadora de una articulación
que nunca puede dar cuenta de sí misma. ¿Cuánto del resto enigmático que los
cuerpos plantean a las disciplinas no es afecto inevitable, necesario, de las formas
binarias, dicotómicas, con las que se ha abordado la problemática?
En tal sentido, para pensar los cuerpos no sólo es necesario un atravesamiento
disciplinario que cree condiciones de transversalidad conceptual e institucional,
sino también revisar los a priori lógicos desde donde los cuerpos han sido cate-
gorizados, clasificados, ordenados, teorizados, instituyendo las condiciones de
posibilidad de los saberes sobre el cuerpo, delimitando sus áreas de visibilidad e
invisibilidad, sus principios de ordenamiento, sus formas de enunciabilidad y sus
regímenes de verdad. Y aquí pareciera que el antiguo ordenamiento platónico
alma-cuerpo aún despliega sus efectos, renueva sus eficacias, renaciendo de
pequeñas muertes que nuestro ingenuo positivismo creyó infligirle.
Crítica de la Razón Mediática

Pensar los cuerpos hoy desde una perspectiva desdisciplinaria implica atrave-
sar algunos impensados de los instituidos o sentidos comunes disciplinarios
de las "ciencias de la sociedad" ya que abordar las intensidades maquínicas no
discursivas que ellas componen es pensar los cuerpos como impensados del
lenguaje, las intensidades como impensados de la representación. Problema
filosófico, político y subjetivo ¿cómo pensar las lógicas de la multiplicidad?"
A. M. Fernández, Política y subjetividad, las fabricas recuperadas y asambleas barria-
Juan Barreto

les, Tinta y Limón, Buenos Aires, 2006, pp. 253-254.


2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 183

Segunda Parte / Ensayo I

dos con una clase en particular de las condiciones de existencia, 183


cuando aquellos toman la paradójica forma de la mayor libertad que
pueda concebirse, en un momento dado del tiempo, con respecto a
las coacciones de la necesidad económica... el gusto es el principio de
todo lo que se tiene, personas y cosas, y de todo lo que se es para
todos, de aquello por lo que uno clasifica y por lo que lo clasifican...
Los gustos son la afirmación práctica de diferencias inevitables.6

Las distintas competencias culturales engendran mercados


diferenciados, dotados de distintas instancias de consagración. A
esto lo llama Bourdieu la economía de las prácticas, es decir, efectos de
clase más habitus-capital, más campo de prácticas que conforman
lo invisible y lo visible de los universos posibles en cada campo
cultural y sus dinámicas constituyentes de los distintos estilos de
vida, impactados, incluso, por formas específicas de producción
del conocimiento que suponen de suyo, condiciones de existencia
y modelos que funcionan en la práctica y para la práctica.
La solicitud de incorporación al campo, así como las deri-
vadas que se desprenden de los choques de sentido, configuran
cuerpos sociales, actores, performatividades específicas y, por
supuesto, desterritorializaciones y campos lisos, energías modeli-
zadoras que van dejando su huella de inscripción en los indivi-
duos. Los llamados actos metafóricos desplazados, en donde los
hombres producen sus acercamientos al mundo estético, sensual
y afectivo, quedan marcados, en la civilización en curso, por sus
momentos de encuentro con cada discurso:
Tanto esta sensibilidad, como las distintas representaciones en la que
cristaliza (la música, la pintura, la poesía, el teatro, etc.) están interve-
nidas por la racionalidad burocrática: en la propia configuración psí-
quica de la mentalidad, en el lenguaje clasificatorio imperante, en la
Crítica de la Razón Mediática

división del trabajo, en la imposición de valores explícitos de ‘lo bello’


(institución del gusto), en la articulación funcional del arte a las rela-
ciones de dominación.7

6 Ibid., p. 53.
Juan Barreto

7 Ibid., p. 54.
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Segunda Parte / Ensayo I

184 El sentido del gusto, como advierte G. Lipovetsky, queda,


así, fuertemente cruzado por los enunciados de la moda y del
discurso dominante que prima como criterio social. Para el gusto
burgués la elección de "efectos" realizada por los sectores que
habitan al margen, es decir, la selección de objetos baratos y lla-
mativos por los sectores desplazados socialmente, es considera-
da como expresión de lo vulgar, lo que permite avalar la afirma-
ción de Bourdieu, conforme a la cual: «aún las elecciones aparen-
temente suntuarias tienen por regla el gusto de la necesidad»8.
Es, desde luego, una afirmación inscrita en su concepción de la
cultura:
… como un conjunto de campos relativamente autónomos donde
sus miembros interactúan de acuerdo con su posición respecto al
sector dominante, ya como elemento para la conservación de un sta-
tus quo o como factor subversivo que busca desplazar las jerarquías,
más no disolver el sistema del campo, que es un sistema simbólico,
aunque en raras circunstancias podría ocurrir un sacudimiento en el
régimen de signos. Se dice que los campos son relativamente autó-
nomos en tanto llevan en forma inmanente la precondición de un
campo más general, que es el de la lucha de clases, el cual preestruc-
tura los demás campos en al menos tres niveles, específicamente, el
cultural, en tres ‘gustos’: un gusto legítimo o dominante, uno medio
y uno popular como oposición al primero, pero subordinado a éste.9
La cultura queda entendida, en la teoría de los campos,
como una praxis y un conjunto de relaciones y mediaciones en las
que los seres humanos se autodefinen y se proyectan como signo.
Así, va definiendo la cultura a través de los problemas donde se
hace patente que la cultura es fundamental para entender las rela-
ciones y las diferencias sociales. Bourdieu comprendió que la
sociología de la cultura era un capítulo, y no el menor, de la socio-
logía del poder, viendo en las estructuras simbólicas, más que una
Crítica de la Razón Mediática

forma particular de poder, una dimensión de todo poder, es decir,


otro nombre de la legitimidad, producto del reconocimiento, del

8 P. Bourdieu, Sociología de la cultura, Grijalbo, México, 1994, p. 9.


Juan Barreto

9 Ibid., p. 10.
2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 185

Segunda Parte / Ensayo I

desconocimiento, de la creencia en virtud de la cual las personas 185


que ejercen la autoridad son dotadas de prestigio.
Para responder a sus interrogantes, Bourdieu retoma
dos ideas centrales del marxismo: la estructuración de la
sociedad en clases sociales y las relaciones entre las clases
como relaciones de lucha. Además, su teoría social incorpora
otras corrientes dedicadas a estudiar los sistemas simbólicos y
las relaciones de poder. Por esto y por su propio trabajo de
investigación empírica y de reelaboración teórica, establece
una relación polémica con el marxismo tradicional.
Bourdieu reconoce que el consumo es también un espa-
cio decisivo para la constitución de las clases y para la organiza-
ción de sus diferencias, cuestión que en el capitalismo contem-
poráneo adquiere una relativa autonomía. Las clases no sólo se
diferencian por su relación con la producción y la propiedad de
ciertos bienes, sino también por el aspecto simbólico del consu-
mo, por la forma en que emplean los bienes transmutándolos en
estratos de signos de un Régimen de Sentido.
Para este autor, las relaciones económicas entre las clases
son fundamentales, pero siempre están vinculadas con las otras
formas de poder -simbólico- que contribuyen a la reproducción
y a la diferenciación social. La clase dominante puede imponer-
se en el plano económico y reproducir esa dominación, siempre
que al mismo tiempo, logre hegemonizar el campo cultural. Las
clases sociales no pueden ser definidas, por una suma de propie-
dades -origen social + ingresos + nivel de instrucción-, «sino por
la estructura de las relaciones entre todas las propiedades perti-
Crítica de la Razón Mediática

nentes, que confiere a cada una de ellas y a los efectos que ella
ejerce sobre las prácticas, su valor propio».10 Por ello se hace
Juan Barreto

10 P. Bourdieu, La distinción, p. 218.


2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 186

Segunda Parte / Ensayo I

186 necesario, dice Bourdieu, «romper con el pensamiento lineal que


no conoce más que las estructuras de orden simple de determi-
nación directa y tratar de reconstruir en cada investigación las
redes de relaciones encabalgadas, que están presentes en cada
uno de los factores».11
De una manera particular, Bourdieu afirma el carácter
indisoluble de lo material y lo cultural, de modo que su teoría de
la sociedad, en franca distancia con la división entre estructura y
superestructura, tiene como hilo conductor su teoría de los cam-
pos culturales.
El concepto de campo tiene la utilidad de liquidar las
consecuencias reduccionistas generadas por la asunción de las
nociones de estructura y superestructura que, durante un tiem-
po, constituyeron referentes claves de los análisis de la social y
lo cultural, si se vincula al concepto de Laclau de sutura laca-
niana. Es decir, sirve para construir máquinas de captura de los
significantes flotantes12. En el campo cultural artístico, por
ejemplo, obviar el concepto de campo ha tenido como conse-
cuencia que los sociólogos de la cultura se vean impedidos de
percibir lo peculiar en el arte. Recuérdese la ironía sartreana de
la Crítica de la razón dialéctica: el marxismo demuestra que Valery
era un intelectual pequeño burgués, pero no puede explicarnos
por qué todos los intelectuales pequeños burgueses no son
Valery.
En las sociedades modernas, la vida social se reproduce
en campos -económico, político, científico, artístico-, que fun-
cionan con una fuerte independencia, de manera tal que se des-
Crítica de la Razón Mediática

taca la importancia de estudiar la dinámica interna de cada


campo. De ahí que, en vez de deducir del carácter general de

11 Ibid., p. 218.
Juan Barreto

12 J. E. Palti, Op. cit.


2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 187

Segunda Parte / Ensayo I

la lucha de clases el sentido particular de los enfrentamientos 187


políticos o artísticos, Bourdieu indaga cómo intervienen los
grupos en la lucha por la apropiación del capital que cada
campo genera. La sociedad y, por tanto, la confrontación entre
las clases, es el resultado de la manera en que se articulan y
combinan las luchas por la legitimidad y el poder en cada uno
de los campos.
¿Qué constituye un campo? La existencia de un capital
común y la lucha por su apropiación. A lo largo de la historia,
el campo científico o el artístico han acumulado un capital -de
conocimiento, habilidades, creencias, entre otros- respecto del
cual actúan dos posiciones: la de quienes detentan el capital y
la de quienes aspiran a poseerlo. Así, la comprensión de una
obra -un libro de economía, una escultura, una pintura, por
ejemplo- es posible si se logra conocer la historia del campo de
producción de la obra.
Al hilo de esta idea de campo, Bourdieu hace una crítica
respecto de las «antiguas alternativas» de la revolución, basadas
en las opciones o polaridades como conflicto/consenso, estáti-
ca/dinámica, individuo/sociedad, señalando que éstas son el
principal obstáculo para el conocimiento del mundo social, ante
lo cual precisa: «En realidad existe una forma de lucha que
implica un consenso sobre aquello por lo cual se lucha y que se
observa de forma especialmente clara en el ámbito de la cultu-
ra»13. Se piensa con demasiada frecuencia en forma de dicotomí-
as simples: « ‹O cambia o no cambia›, ‹Estático o dinámico›…
Augusto Comte pensaba de esta manera, y esto no es una excu-
Crítica de la Razón Mediática

sa. Lo que trato de demostrar es que hay algo invariante que es


producto de la variación».14

13 Ibid., p. 220.
Juan Barreto

14 Ibid.
2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 188

Segunda Parte / Ensayo I

188 Al igual que en el campo de las clases sociales y de los esti-


los de vida, Bourdieu explica en su ensayo Alta costura y alta cultura,
que el campo de la producción cultural tiene una configuración que
es producto de su historia anterior y, a la vez, productora de su his-
toria posterior. El principio de su cambio es la lucha por el mono-
polio de la «distinción», es decir, el monopolio de la imposición de la
última diferencia -la última oposición- legítima, la última moda, y
esta lucha termina con la progresiva caída del vencido al pasado. Y
cuanto más complejo e imperceptible sea el ciclo de la consagración,
tanto menos reconocible será su estructura y mayor será el efecto
de la creencia -o ignorancia- colectiva en el juego.
Los que dominan el capital acumulado, fundamento del
poder o de la autoridad de un campo, tienden a adoptar estrate-
gias de «conservación y ortodoxia», en tanto los más desprovis-
tos de capital, o recién llegados, prefieren las «estrategias de sub-
versión», de «herejía», son heterodoxos.
Aunque un tanto lineal y tradicional, también es impor-
tante tomar en cuenta el desarrollo que hace Néstor García-
Canclini acerca de la cuestión cultural15, en la cual iremos abun-
dando más adelante. Pero, antes de seguir avanzando, quisiéra-

15 N. García Canclini, Culturas híbridas, Grijalbo, México, 1990. En otro texto,


este autor sostiene, al respecto: "Al mismo tiempo que admitimos como una
tendencia irreversible la globalización, queremos participar con este libro en
dos movimientos actuales de sospecha: los que desconfían de que lo global se
presente como sustituto de lo local, y de que el modo neoliberal de globalizar-
nos sea el único posible. Si consideramos las maneras diversas en que la glo-
balización incorpora a distintas naciones, y a distintos sectores dentro de cada
nación, su trato con las culturas locales y regionales no pueden ser pensado
Crítica de la Razón Mediática

como si sólo buscara homogeneizarlas. (…) Responder a esta pregunta requie-


re, evidentemente, profundizar el debate económico sobre las contradicciones
del modelo neoliberal. Pero también hay que examinar lo que la globalización,
el mercado y el consumo tienen de cultura. Nada de esto existe, o se transfor-
ma, sino porque los hombres nos relacionamos y construimos significados en
sociedad. Aunque parezca trivial evocar este principio, demasiado a menudo
los problemas del consumo y el mercado se plantean sólo como asuntos de efi-
Juan Barreto

ciencia comercial, y la globalización como la manera de llegar rápido a más


2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 189

Segunda Parte / Ensayo I

mos hacer algunas precisiones útiles para respaldar afirmaciones 189


posteriores relacionadas con un abordaje de lo cultural, conside-
rando el despliegue del dispositivo de los campos culturales de
una forma más fundada, es decir, a la luz del surgimiento del
hipercampo de entrecruzamiento cultural de los dispositivos
maquínicos mediáticos de biopoder.
Es pertinente recordar que el Siglo de las Luces constitu-
yó el momento en el que la cultura surge como espacio autóno-
mo fuertemente vinculado al mercado, a las conquistas de terri-
torio y al desplazamiento humano sobre el mismo. La idea de
patrimonio cultural, en tanto acervo de obras reconocidas como
valiosas desde un punto de vista estético, espiritual o científico, es
la territorialización de este discurso y su estrato de superficie, en
el que la cultura es igual a patrimonio y, por ende, igual a valor-mer-
cancía. Tal concepción viene tomada de la mano de la vieja noción
de Bellas Artes, la concepción de cultura como oposición a natu-
raleza, o como arquitectura humana, ésta última nacida con las
disciplinas humanísticas. Entendida así, la cultura se constituye en
un plano donde se dibuja o estructura el mundo instituido de sig-
nificado, que posibilita el representar-decir social.

ventas. Son interpretaciones posibles de que los hombres vivimos juntos si se


mira todo desde los negocios y la publicidad. (…) Para vincular el consumo
con la ciudadanía, y a ésta con aquél, hay que desconstruir las concepciones
que encuentran los comportamientos de los consumidores predominantemen-
te irracionales y las que sólo ven a los ciudadanos actuando en función de la
Mediática

racionalidad de los principios ideológicos. En efecto, se suele imaginar al con-


sumo como lugar de lo suntuario y superfluo, donde los impulsos primarios
de los sujetos podrían ordenarse con estudios de mercado y tácticas publicita-
rias. Por otra parte, se reduce la ciudadanía a una cuestión política y se cree que
la gente vota y actúa respecto de las cuestiones públicas sólo por sus convic-
Crítica de la Razón

ciones individuales y por la manera en que razona en los debates de ideas. Esta
separación persiste aun en últimos textos de un autor tan lúcido como Jurgen
Haberlas, cuando realiza la autocrítica a su viejo libro sobre el espacio público
Juan Barreto

buscando "nuevos dispositivos institucionales adecuados para oponerse a la


clientelización del ciudadano". N. García-Canclini, Consumidores y ciudadanos.
Conflictos multiculturales de la globalización, Grijalbo, México, 2005, p. 34.
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Segunda Parte / Ensayo I

190 Ante tal concepción, es preciso acotar que la cultura es,


fundamentalmente, un campo de disputas desde donde se espe-
cifica el sentido general de la reproducción social y el conflicto
entre las clases, un campo vinculado en la estrategia unificada de
cada clase. Por ello, Bourdieu amplía su concepto de tres niveles
culturales (culto, medio, popular) con una expresión que incluye
el aspecto subjetivo de los comportamientos: los gustos. Así dis-
tingue el gusto legítimo, el gusto medio y el gusto popular.
Por otra parte, para Bourdieu, el mercado de bienes sim-
bólicos incluye, básicamente, tres modos de producción cultural
diferenciados por la composición de los públicos (burguesía, cla-
ses medias y clases populares), por la naturaleza de las obras pro-
ducidas (obras de arte/bienes y mensajes de uso masivo) y por
las ideologías político-estéticas que circulan en dicho mercado
(aristocratismo, esteticismo/ascetismo y pretensión/pragmatis-
mo funcional). Dado que hay una unidad manifiesta en el hecho
de que «los mismos bienes son, en muchos casos, consumidos
por distintas clases sociales», la diferencia se establece, más que
en los bienes que cada clase apropia, en el modo de usarlos. Los
usos son zonas de delimitación.
El gusto de la elite, la estética burguesa, por ejemplo, es
abordado por Bourdieu colocando el énfasis en los museos,
donde aparece más exacerbada la autonomización del campo
cultural. Allí el goce del arte requiere desentenderse de la vida
cotidiana, oponerse a ella, pues la disposición estética del arte
moderno supone el conocimiento de los principios de división
autónomos del campo artístico. Y los objetos poseen un carác-
Crítica de la Razón Mediática

ter intocable, imponiéndose un silencio religioso, una decoración


solemne y decorosa, de modo que el espacio artístico es un espa-
cio diferencial de los que comprenden sus mensajes:
Juan Barreto
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Segunda Parte / Ensayo I

Al fijar un modo correcto y hermético de apreciar lo artístico, 191


supuestamente desvinculado de la existencia material, el modo bur-
gués de producir y consumir el arte organiza simbólicamente las
diferencias entre las clases, del mismo modo que las divisiones del
proceso educativo, las del campo artístico consagran, reproducen y
disimulan la separación entre los grupos sociales.16

Las concepciones democráticas de la cultura, muy en boga


hoy, suponen que las acciones pedagógicas ejercidas en la forma-
ción social colaboran armoniosamente en la reproducción de un
capital cultural que se imagina como propiedad común. Pero según
Bourdieu sólo accederán a ese capital cultural -artístico o científi-
co- quienes cuenten con los medios económicos y simbólicos, para
hacerlo suyo. Las prácticas culturales de la burguesía tratan de
simular que sus privilegios se justifican por algo más noble que la
acumulación material17. Se crea la ilusión de que las desigualdades
no se deben a lo que se tiene, sino a lo que se es.

16 Ibid., p. 24.
17 "Continuando el análisis de esta oposición encontramos otra determinación
del trabajo, en tanto está separado y es antagónico. El valor de uso de este tra-
bajo necesario y viceversa. ¿En qué sentido? En el sentido de que cuando el
valor de uso de los trabajadores se encuentra cambiado por el capitalismo en
valor de cambio, cuando las dos entidades autónomas deben confrontarse, y
están firmemente atadas entre sí, se establece una relación que contiene una
medida específica; la medida de trabajo necesario para la reproducción de la
fuerza de trabajo adquirida por el capitalista y sometida a las relaciones genera-
les del capital. El valor de cambio de su mercancía no puede ser determinado
por el modo en que su comprador la usa, sino sólo por la cantidad de trabajo
objetivo contenida en ella; luego, aquí, por la cantidad de trabajo requerida para
reproducir al propio trabajador. Porque el valor de uso que él ofrece existe sólo
como una habilidad, una capacidad (Vermogen) de su existencia corporal; no
posee existencia aparente de esa. El trabajo objetivado en ese valor de uso es el
trabajo objetivado necesariamente corporizado para mantener no sólo la sus-
tancia general en la cual su poder de trabajo existe, es decir, el propio trabaja-
Crítica de la Razón Mediática

dor, sino aquel requerido para modificar esta sustancia general a fin de desarro-
llar su particular capacidad. Esto, en términos generales, es la medida de la can-
tidad de valor, la suma, que obtienen en el intercambio. El desarrollo ulterior
donde se miden los salarios, como otras mercancías, por el tiempo de trabajo
necesario para producir al trabajador como tal, no es el punto que considera-
mos aquí. El hecho de que el valor de uso del trabajo es reducido por el capital
a este límite de intercambio, no modifica ni su calidad ni su relación: el trabaja-
Juan Barreto

dor, de hecho no está unido a objetos particulares, ni a una forma particular de


satisfacción. La esfera de su consumo no está restringida cualitativamente, sólo
cuantitativamente". T. Negri, Marx más allá de Marx, p. 134-135.
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Segunda Parte / Ensayo I

192 La estética de los sectores medios está constituida por


obras que se distinguen por el uso de procedimientos técnicos y
efectos estéticos inmediatamente accesibles, por excluir los
temas controvertidos en favor de personajes y símbolos estereo-
tipados que facilitan al público masivo su proyección e identifi-
cación. De modo que las clases medias y las populares «en tanto
tienen como referencia y aspiración el gusto dominante, practi-
can la cultura a través de actos metafóricos desplazados». La
adhesión a estos productos es propia de una relación «ávida y
ansiosa» que la pequeña burguesía tiene con la cultura, «de una
buena voluntad pura, pero vacía y desprovista de las referencias
o de los principios indispensables para su aplicación oportuna»,
dice Bourdieu.18
Finalmente, la estética popular se hallaría organizada por
la división entre actividades y lugares técnicos, funcionales y otros
espaciales, propicios para el arreglo suntuario. Se plantea la antí-
tesis entre lo decorativo y lo práctico en las relaciones cotidianas,
como la decoración de la sala de estar o el vestido de domingo y
el de diario. Con Bourdieu reiteramos: «Aún las elecciones apa-
rentemente suntuarias tienen por regla el gusto de la necesidad».
Esta afirmación coincide con lo expresado por Baudrillard en su
libro El sistema de los objetos y con las investigaciones de R. Barthes
sobre la moda19. Con ironía, Bourdieu sostiene:
… el gusto por las bagatelas de fantasía y los accesorios impactan-
tes que pueblan las salas de casas modestas se inspira en una inten-
ción desconocida por los economistas y los estetas ordinarios, la de
obtener el máximo efecto al menor costo (esto impresionará
Crítica de la Razón Mediática

mucho), fórmula que para el gusto burgués es la definición misma


de la vulgaridad.20

18 P. Bourdieu, La distinción, p. 222.


19 Ibid., p. 226.
Juan Barreto

20 Ibid., p. 222
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Segunda Parte / Ensayo I

Este discurso esteticista intenta demostrar que el con- 193


sumo popular se opone al burgués por su incapacidad de sepa-
rar lo estético de lo práctico. Los sectores subalternos tendrán
el “buen gusto” de subrayar los objetos que consideran más
valiosos, colocándolos en el centro de la sala y depositando
sobre ellos paños tejidos y mucha porcelana.
De alguna forma es cierto que la dinámica energética del
gusto es un campo de fuerzas que crea oposiciones y espacios
de encuentro que no dejan de estar subordinados a las legitimi-
dades consagradas. La estructura simbólica de la cultura está
determinada por esta oposición, fijada por la burguesía, entre el
ámbito de “la libertad, el desinterés, la pureza de los gustos
sublimes” y el de la “necesidad, el interés, la bajeza de las satis-
facciones materiales”.

Crítica de la Razón Mediática


Juan Barreto
2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 195

II 195

¿UNA teORÍa LiNGÜÍstica


DEL VALOR?
Locke, en el siglo XVII, postuló (y reprobó)
un idioma imposible en el que cada cosa individual,
cada piedra, cada pájaro y cada rama tuviera un nombre
propio; Funes proyectó alguna vez un idioma
análogo, pero lo desechó por parecerle demasiado
ambiguo. En efecto, Funes no sólo recordaba cada
hoja de cada árbol, de cada monte, sino cada una de
las veces que lo había percibido
o imaginado. Resolvió reducir cada una
de sus jornadas pretéritas, a unos setenta mil
recuerdos, que definiría luego por cifras.
Lo disuadieron dos consideraciones: la conciencia de
que la tarea era interminable, la conciencia de que era
inútil. Pensó que en la hora de la muerte no habría
acabado de clasificar todos los recuerdos de la niñez.

J. L. Borges.

Las interacciones lingüísticas como


soporte de relaciones de poder simbólico

El cuerpo del lenguaje es ahora también


«cuerpo social». La extensión de su «veneno»
nos convierte en psiquiatrizables, bajo el signo
valorizado y temido de una locura posible que
puede sorprendernos a todos en todas partes.

A. Gabilondo.
Crítica de la Razón Mediática

n el camino de reinterpretación semiótica vinculada con la


e urdimbre de la teoría de los campos y de los mercados
Juan Barreto
2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 196

Segunda Parte / Ensayo II

196 culturales, de Bourdieu y García- Canclini, encontramos que el


concepto de mercado, entendido como lógica de sentido, puede
ser extendido como modelo para la comprensión1, pues en lo
social no circula la “lengua” como entelequia abstracta, sino dis-
cursos jerarquizados en función de capacidades de producción,
apropiación y actualización de actores.
Los actos de habla se efectúan en la conjunción de ele-
mentos al interior de una semiótica compleja. Por un lado,
encontramos, desde luego, la propia capacidad lingüística del
hombre, cultural y socialmente moldeada, y unas competencias
comunicativas propias del acto de comunicación. Por otro lado,
la estructura del mercado lingüístico va legitimando nuevos
productos.
Es en este universo jerarquizado donde se asigna el valor
de cambio de los productos efectuados más o menos conforme
a la gramática, más o menos conforme a la situación social espe-
cífica. O, para decirlo de otra manera, más o menos adecuados a
un sistema de sanciones y censuras objetivas, pues, haciendo
nuestras, las palabras de Rigoberto Lanz: «El reconocimiento de
la legitimidad de la lengua oficial existe ya en estado práctico en
la mentalización del individuo».2
Las condiciones del mercado simbólico, al tiempo que
prescriben la jerarquía de los actos coyunturales, condicionan la
jerarquía del propio locutor. Las interacciones lingüísticas son el
soporte de relaciones de poder simbólico en atención a una len-
gua legítima y autorizada.3
A su vez, habría que agregar lo que E. Morin desarrolla
en su trabajo Introducción al pensamiento complejo, en cuyo desarro-
Crítica de la Razón Mediática

1 Ver: P. Bourdieu, Lo que hablar quiere decir, Akal, Madrid, 1992.


2 R. Lanz, Razón y dominación, CDCH-UCV, Caracas, 1988, p. 79.
3 Ver al respecto, J. Barreto y A. Esté, Ideas para una epistemología de la comuni-
cación [Tesis de Grado], Escuela de Comunicación Social / FHE-UCV,
Juan Barreto

Caracas, 1990.
2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 197

Segunda Parte / Ensayo II

llo se destaca el papel de la cultura en la programación de los 197


individuos, quienes son en última instancia hologramas que con-
tienen todos y cada uno de los elementos de lo social4. Cada
efectuación simbólica se confronta tanto con las disposiciones
de la lógica de unificación del sentido y jerarquización de los esti-
los, como con la capacidad de cada locutor para anticipar un
beneficio simbólico y una jerarquía.
De este modo, la valoración del locutor va referida a su
capacidad para ubicar las sanciones del mercado (no se trata nor-
malmente de un cálculo consciente) y de mantener una relación
conveniente con el sistema de la lengua legítima. Cada acto de
palabra adquiere valor en el proceso de jerarquización de quien
habla y se asegura en la autoridad de su propio discurso, y en la
coyuntura específica que demanda determinadas estrategias. El
mercado establece las reglas de aceptación social del discurso y
del locutor.
La jerarquía de cada locutor depende de su «capital simbó-
lico» y de su posición en el mapa social, lo que es decir, del reco-
nocimiento, institucionalizado o no, que se recibe del grupo.
Desubjetivar la lengua sin tomar en cuenta estos prerrequisitos
que actúan como determinaciones de lo real, supone ignorar
que el “precio” de sus productos se establece en la relación de
las condiciones de quien habla con las condiciones de quien
escucha.
Crítica de la Razón Mediática
Juan Barreto

4 E. Morin, Introducción al pensamiento complejo, Gedisa, Barcelona, 1994.


2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 198

Segunda Parte / Ensayo II

198 Poder oblicuo y metafórico

Hay aún otro modo en que la oblicuidad de


los circuitos simbólicos permite repensar los
vínculos entre cultura y poder. La búsqueda
de mediaciones, de vías diagonales
para gestionar los conflictos,
da a las relaciones culturales un lugar
prominente en el desenvolvimiento político.

N. García-Canclini.

García Canclini dice que es necesario:


… reformular la concepción de Bourdieu, en muchos sentidos útil
para entender el mercado de bienes simbólicos, a fin de incluir los pro-
ductos culturales nacidos de los sectores populares, las representacio-
nes independientes de sus condiciones de vida y la resemantización
que hacen de la cultura dominante de acuerdo con sus intereses.5
Y advierte que es preciso evitar generalizaciones rotun-
das ante tanta evidencia de inflexiones y entrecruzamientos que
sintetiza en su concepto de hibridación.
Este concepto refiere a la aparición de un espacio semán-
tico que conjuga, al mismo nivel simbólico, lo culto con lo popu-
lar y lo mediático. No es una desacralización, como en un princi-
pio lo plantearon los teóricos de la Escuela de Frankfurt, sino una
resemantización, una lectura propuesta desde la multiplicidad, una
reubicación de significaciones, que plantean otro encuentro entre
el público y el arte. Implica reconocer que entre cada uno de los
campos surge una dinámica de emancipación, democratización,
renovación, reconversión y fragmentación, que provoca no pocas
contradicciones a la hora de evaluar las continuas reterritorializa-
ciones de las fronteras oblicuas y el surgimiento de sistemas com-
Crítica de la Razón Mediática

plejos de articulación de fronteras difusas y flexibles entre distin-


tos mundos de significados. Por ello, García-Canclini sostiene:
5 N. García Canclini, Culturas híbridas, Grijalbo, México, 1990, p. 31. Es
recomendable leerse también: Las industrias culturales en la integración latinoame-
Juan Barreto

ricana, Grijalbo, México, 1999.


2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 199

Segunda Parte / Ensayo II

La cuestión es entender cómo la dinámica propia del desarrollo tec- 199


nológico remodela la sociedad, coincide con movimientos sociales o
los contradice... Hay sectores sociales con capitales culturales y dis-
posiciones diversas para apropiárselas con sentidos diferentes: la
descolección, desterritorialización y la hibridación no son iguales
para los adolescentes populares que van a los negocios públicos de
video juegos y para los de clase media y alta que los tienen en sus
casas. Los sentidos de las tecnologías se construyen según los
modos en que se institucionalizan y se socializan.
Pero aclara:
No quiero decir que esta circulación más fluida y compleja haya eva-
porado las diferencias entre las clases. Sólo afirmo que la reorgani-
zación de los escenarios culturales y los cruces constantes de las
identidades exigen preguntarse de otro modo por órdenes que siste-
matizan las relaciones materiales y simbólicas entre los grupos.6

Tal óptica ya no separa los productos culturales de los


medios de producción folklórica. Todo forma parte del torren-
te de estratificación del mercado simbólico, lo que cambia es la
contextualización de la obra. Pero, como analizaremos más
adelante, cada signo que se produce, lo hace en un sistema de
significación, así como cada texto propone unas intenciones
propias de su tiempo, pero a su vez invita a una nueva seman-
tización en donde tiene lugar la subjetividad/objetividad del
sujeto en relación a lo que percibe. Una relación abstracto-con-
creta cifra al objeto y lo significa, pero a su vez el proceso social
lo recupera y lo resemantiza, dándole posibilidades multívocas.
«El incremento de procesos de hibridación vuelve evidente
que captamos muy poco del poder si sólo registráramos los enfrenta-
mientos y las acciones verticales»7. De ahí la importancia de tener pre-
sente que las relaciones que se entretejen y superponen, generan zonas
de alta interculturalidad entre campo y campo, es decir, que «hoy todas
Crítica de la Razón Mediática

las culturas son de frontera»


Con esta contribución, quedan atrás especulaciones mecá-
nicas como las de Herbert I. Schiller, de la Universidad de
6 Ibid., pp. 287-288.
Juan Barreto

7 Ibid., p. 324.
2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 200

Segunda Parte / Ensayo II

200 California, cuando aseguraba que la sociedad capitalista desarrolla-


da se sustenta en un sistema cultural que genera a la clase dominan-
te y «una estructura de valores, cuya finalidad es conseguir que la
población mantenga un sistema de expectativas en sintonía con el
status quo dominante»8. Como se ve, el asunto no es tan sencillo.
Retomando a Bourdieu, encontramos el desarrollo de
una teoría de los símbolos que ve al poder simbólico como «un
poder de construcción de la realidad que tiende a establecer un
orden gnoseológico»9. Tendencia y tensión, dirá, para enfati-
zar ciertas predisposiciones de lo cultural. Por ser supercon-
ductores de conocimiento y comunicación, los símbolos hacen
posible el lugar del consenso, el sentido del mundo y la apari-
ción de campos integrados. Así, los sistemas simbólicos cultu-
rales tendrían tres funciones primordiales: a) la integración
real de la clase dominante, asegurando la comunicación entre
todos sus miembros y distinguiéndolos de las otras clases; b)
la interpretación ficticia de la sociedad en su conjunto; c) la
legitimación del orden establecido por los distintos registros
de distinciones o jerarquías, y por la legitimación de esas dis-
tinciones.
Pero habría una función con capacidad gramaticalizado-
ra del mundo, uniformando a éste al interior de una lógica de
sentido. La división social quedaría subordinada a la forma
“comunicación”, es decir, a la producción masiva de estándares
culturales de consumo masivo. Pero la cultura que une al comu-
nicar es también la que separa al dar instrumentos de diferencia-
ción a cada clase, la que legitima esas distinciones obligando a
todas las culturas (o subculturas) a definirse por su distancia res-
pecto de la dominante. Esto hace que el espacio comunicativo
asuma para sí buena parte de la labor reproductora en un dina-
Crítica de la Razón Mediática

mismo infinito.
La teoría de los símbolos parte del hecho de que, en las
sociedades divididas en clases, la cultura es también violencia sim-
8 M. de Moragas Spá, Sociología de la comunicación, p. 85.
Juan Barreto

9 P. Bourdieu, La distinción, p. 331.


2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 201

Segunda Parte / Ensayo II

bólica. No hay relaciones de comunicación o conocimiento que 201


no sean, inseparablemente, relaciones de poder. Se trata, como
puede advertirse, de una concepción que sigue la estela de la
concepción foucaultiana del poder, en la cual éste es pensado
como una relación social diseminada de individuación y subje-
tivación, por medio de técnicas relacionales.
El poder está lejos de ser contenido solamente en una
institución, o en el Estado, o en los medios de comunicación.
El poder es, como afirma Foucault, «el nombre que se pres-
ta a una situación estratégica compleja en una sociedad
dada»10. Las comunicaciones entre los miembros de la socie-
dad y el conocimiento de lo real por parte de los individuos
requieren de la producción de consensos en condiciones
específicas y de campos de legitimación de prácticas. Estas
condiciones crean el pacto social de entendimiento entre los
concurrentes a una civilización, que se realiza en las relacio-
nes culturales. Es por ello que éstas operan como relaciones
de poder que se comunican en un ambiente espeso (gel) de
intersubjetividad.
Pero Bourdieu quiere ir más allá (aunque no se des-
prende de la carga estructuralista). No le basta decir que los
sistemas simbólicos son instrumentos de dominación, en
tanto son estructurantes y están estructurados: «hay que anali-
zar cómo la estructura interna de esos sistemas, o sea el campo
cultural, se vincula con la sociedad global»11.
Para él, es aquí donde se vuelve decisivo investigar el pro-
ceso de producción y apropiación de la cultura, teniendo presen-
te que los campos culturales nunca son totalmente autónomos,
pues existe en cada uno de ellos una cierta dosis de homologa-
Crítica de la Razón Mediática

ción con un campo más general que es el gran relato de toda civi-
lización. Es esta correspondencia la que permite que los sistemas

10 M. Foucault, Historia de la sexualidad 1. La voluntad de saber, Siglo XXI,


México, 1987, p. 112.
Juan Barreto

11 P. Bourdieu, La distinción, p. 232.


2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 202

Segunda Parte / Ensayo II

202 clasificatorios, las construcciones intelectuales, entre otros


aspectos, del campo cultural sean aceptados como naturales y
apropiados a las estructuras sociales.12
Según García-Canclini, Bourdieu trata en forma deficien-
te las estructuras institucionales, por ejemplo, al no situar el
poder simbólico en relación con el Estado:
La ausencia del papel del Estado va junto con la sobreestimación del
aspecto simbólico de la violencia y el desinterés por la coerción
directa como recurso de los dominadores. Por más importante que
sea la cultura para hacer posible, legitimar y disimular la opresión
social, una teoría del poder simbólico debe incluir sus relaciones con
lo no simbólico, con las estructuras -económicas y políticas- en que
también se asienta la dominación. Uno de los méritos de Bourdieu
es revelar cuánto hay de político en la cultura, que toda la cultura es
política; pero para no incurrir en reduccionismos [...] es necesario
diferenciar los modos en que lo artístico, lo científico o religioso se
constituyen en político como reconocer los lugares en que lo políti-
co tiene sus maneras específicas de manifestarse.13
Esta teoría presupone otro concepto adicional, sobre el
que ya hablamos, y es el de habitus, que «recoge la interacción
entre la historia social y la del individuo. La historia de cada
hombre puede ser leída como una especificación de la historia
colectiva de su grupo o su clase y como la historia de la partici-
pación en las luchas del campo».14
En el centro de la teoría se coloca la problemática del con-
senso, es decir, la pregunta por la articulación entre las desigual-
dades materiales y culturales, entre la desigualdad y el poder. El
combate político es simultáneamente por y contra un capital (cul-
tural) institucionalizado en las organizaciones sociales, objetivado
bajo la forma de bienes culturales, e incorporado en el habitus de
los sujetos. Por ello, resulta «ilusorio pretender cambiar sólo una
Crítica de la Razón Mediática

12 "La acción ideológica de la cultura se cumple entonces mediante la impo-


sición de taxonomías políticas que se disfrazan, o se eufemizan, bajo el aspec-
to de axiomáticas propias de cada campo (religiosas, filosóficas, artísticas,
etcétera). En el poder simbólico se transfiguran las relaciones básicas de
poder para legitimarse". Ibid, p. 41.
13 Ibid., p. 42.
Juan Barreto

14 Ibid., p. 118.
2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 203

Segunda Parte / Ensayo II

de estas estructuras o esperar que la fuerza coyuntural de un 203


movimiento reemplace mágicamente, como a veces se sustituye
un gobierno por otro, la lógica profunda de lo social».15
García-Canclini participa de esta concepción “hojaldra-
da” del mundo de la cultura y propone averiguar si «su hibrida-
ción puede leerse con las herramientas de las disciplinas que los
estudian por separado: la historia del arte y la literatura, que se
ocupan de lo culto; el folklore y la antropología, consagrados a
lo popular; los trabajos sobre comunicación, especializados en la
cultura masiva».16
Según la perspectiva de culturas híbridas, la moderniza-
ción ha disminuido el papel y la brecha entre lo culto y lo popu-
lar tradicional, sujetándolo a un conjunto organizador de todo el
sentido que es el mercado simbólico, pero esto no significa que
los haya suprimido. Sólo ha reubicado el arte y el folklore, el
saber académico y la cultura industrializada, bajo condiciones
más o menos semejantes.
Por esto, García Canclini se pregunta: «¿Acaso no se ase-
mejan el artista culto y el artesano popular en el momento en
que su obra se ve mediada por la lógica del mercado que rede-
fine sus particulares órdenes simbólicos de referencia y les resta
autonomía?»17. En otro texto18, este autor ratifica su enfoque
utilizando categorías democratizadoras del mundo cultural en
los tejidos de intercambios que se aceleran a partir de la interac-
ción de los campos con los escenarios mediáticos.
Hoy, investigadores de la talla de Martín-Barbero, plante-
an serias dudas sobre el papel de algunas definiciones de cultura
que aparecen como limitadas, al definir el campo heterogéneo de
la producción de sentido:
Crítica de la Razón Mediática

15 Ibid., p. 47.
16 N. García Canclini, Culturas híbridas., p. 15.
17 Ibid.
18 N. García-Canclini, Imaginarios urbanos, Editorial Universitaria, Buenos
Juan Barreto

Aires, 1997.
2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 204

Segunda Parte / Ensayo II

204 …la información ha entrado a simular lo social, la participación. Al


sentirme enterado de lo que pasa tengo la tramposa sensación de estar
participando, actuando en la sociedad, de ser protagonista cuando
‘sabemos’ que los protagonistas son otros y bien pocos. Pues si es ver-
dad que las nuevas tecnologías descentralizan, lo cierto es que no están
haciendo nada contra la concentración del poder y el capital, que es
cada vez mayor. Tenemos información pero se nos escapa el sentido,
vivimos en la euforia de una participación que la vida misma se encar-
ga de mostrarnos lo que tiene de simulacro.19

Sucedió hace décadas, pero es ahora cuando las ciencias


sociales comienzan tímidamente a admitir que las tecnologías
comunicacionales y la reorganización industrial de la cultura, no
sustituyen las tradiciones, los mitos y las creencias; que las pene-
tran, incorporando nuevos atributos, resemantizando los conte-
nidos verbales y actualizando los discursos, recuperando las tra-
diciones para los massmedia, pero no masifican homogénea-
mente ni democratizan, «sino que cambian las condiciones de
obtención y renovación del saber y la sensibilidad [...] Reordenan
las relaciones de dramatización y credibilidad con lo real»20.
Todo esto, explica García-Canclini, está relacionado con la
remodelación de la cultura en términos de inversión comercial,
aún cuando el peso de lo económico no explique en forma sufi-
ciente la profundidad y el alcance de los cambios simbólicos.
Aunque los aportes de este autor esclarecen el papel de lo
mediático y constituyen una buena refutación de la omnipotencia
del Leviatán comunicacional de los medios de masas, no han con-
ducido en último término a esclarecer la forma en que éstos se arti-
culan con la recepción de demandas sociales, y con los demás siste-
mas complejos de los campos culturales -cultos, populares, tradicio-
nales- de organización de sentido. Tal esclarecimiento reclama, a
nuestro juicio, tener presente que las prácticas mediáticas son tota-
Crítica de la Razón Mediática

lizadoras y que en su dinámica surgen propuestas retóricas mediati-


zables que no corresponderían exactamente con la discursividad

19 J. Martín-Barbero, "Comunicación y ciudad, entre medios y miedos", en


revista Comunicación, Nº 82. Caracas, 1993, p. 74.
Juan Barreto

20 N. García Canclini, Culturas híbridas, p. 244.


2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 205

Segunda Parte / Ensayo II

dominante, pero sí inscritas en un registro de significación capaz de 205


ser recuperado por el medio, es decir, asimilable a la misma lógica
de sentido de lo mediático. Sería posible, entonces, construir espa-
cios alternos efímeros, o más o menos permanentes, que luego son
reterritorializados en correspondencia con lo establecido.
Los medios serían, pues, un escenario de semantización
de lo real, un catalizador semiótico del régimen de sentido. Los
escenarios semánticos determinan las unidades de sentido de
una cultura y construyen una estructuración (o visión) del
mundo, un régimen de visibilidad y enunciabilidad, como
ambiente cultural dominante gobernado por dispositivos como
la noticia, la moda y la actualidad que disparan agenciamientos
productores de distintas territorializaciones, desterritorializacio-
nes y reterritorializaciones de sentido.
Los medios se instalan como un producto cultural (relato o
texto). Es decir, un discurso que en sí mismo es un imaginario social
organizado en la dinámica interior de cada campo, como un virus
que, a su vez, demanda la elección de nuevas redes simbólicas para
nuevas prácticas y acelera o introduce mutaciones. Paul Virilio,
alumno de Guattari, lo dice así:
Después de las imágenes de síntesis, productos de una lógica info-
gráfica, después del tratamiento de imágenes numéricas en la con-
cepción asistida por ordenador, ha llegado el tiempo de la visión sin-
tética, el tiempo de la automatización de la percepción ¿cuáles serán
los efectos, las consecuencias teóricas y prácticas de nuestra propia
‘visión del mundo’?.21

Con esto va quedando atrás la noción, dominante durante


mucho tiempo, que leía “el efecto ideológico de los medios en una
cultura” como producción de la cultura dominante, que impon-
dría sus valores al disimular la función de la división del trabajo
Crítica de la Razón Mediática

socialmente necesario para producir la vida material, bajo la forma


sublimada en texto mediático, simplificando el proceso cultural y
subordinándolo sólo a la dominación.
Juan Barreto

21 P. Virilio, La máquina de visión, Cátedra, Madrid, 1989.


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Segunda Parte / Ensayo II

206 Según esta lectura, la cultura une al comunicar y tam-


bién separa al dar instrumentos de diferenciación a cada clase,
lo que legitima esas distinciones, obligando a todas las culturas
o subculturas a definirse por su distancia respecto a la domi-
nante y, en este sentido, en relación a su postura frente al
medio. Es decir homogeneiza por dispersión y separación, tal
cual se distribuyen los productos en los estantes del supermer-
cado.
Esto supone que, en última instancia, el medio no es neu-
tral aunque sí es susceptible de ser intervenido por los campos.
Y, desde luego, que el medio no es, en sí mismo, parte de un
campo, sino más bien un hipercampo ambiguo que intenta per-
manentemente un movimiento ininterrumpido de recuperación
de los campos, produciendo un excedente de sentido. Sobre esto
volveremos más adelante.
Con base en lo hasta aquí expuesto, cabe decir que ya no
podemos acompañar a P. Kostas cuando afirma: «Bajo su forma
esotérica la teoría marxista de la ideología postula que la cultura
es una emanación, un reflejo, o un efecto del mundo de la acción
y de la producción de materiales...»22. Lo cierto es que las comu-
nicaciones entre los miembros de una sociedad y el conocimien-
to de lo real se realizan en las relaciones culturales y, por ello, en
su interior se construyen relaciones de poder en las cuales tiene
lugar la producción del sentido.
Una de las consecuencias teóricas de este planteamiento
es que los medios de comunicación no son soportes del poder
que pueden ser transmutados (de hecho, la idea de soportes es
muy cuestionable). Concebirlos de esta manera implica una lec-
Crítica de la Razón Mediática

tura del poder como suma de aparatos y de lo ideológico como


falsa conciencia y como conciencia del opresor, desconociendo
el alcance de la lectura de lo ideológico como campo de repre-
Juan Barreto

22 P. Kostas, De Marx et du marxisme, Gallimard, París, 1983, p. 95.


2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 207

Segunda Parte / Ensayo II

sentaciones fundantes. El poder23 es también un espacio de pro- 207


ducción de referencia de sentido que tiene cabida dentro de los
escenarios significantes, como polígono de sentido que cruza
horizontalmente toda la dinámica social y reproduce los conte-
nidos legitimados del mundo.
Cabe destacar que todo contenido es la formalización de
un régimen de signos y constituye una semiótica (forma-conte-
nido). Energía modelizadora: luz-materia-discurso. Deleuze, refi-
riéndose a la filosofía de Bergson, asegura un lugar material para
la imagen al afirmar que no hay dualidad entre la imagen, el tiem-
po, el movimiento y lo que seguimos considerando como mate-
ria. No sería verdad que la imagen está en el cerebro y el movi-
miento en las cosas. A esto lo denomina Bergson, la verdadera
unidad de la experiencia.
Un conjunto ilimitado de multiplicidad de imágenes en
movimiento sería el universo. La imagen es lo que actúa y reac-
ciona como fenómeno y devenir. La imagen es lo que aparece,
el fenómeno es su devenir actuando en todas sus caras como
estremecimiento, ocurrencia, estado y vibración. La materia no
tiene virtualidad, por definición, lo que tiene son zonas oscuras
u ocultas que aún no vemos. Por ejemplo, en las cosas sólidas,
vibraciones y movimientos, estableciendo así la triple identidad:
Imagen=movimiento=materia, que dan fruto a un universo
infinito de posibilidades según la relación, la vibración y el estre-
mecimiento.
23 "¿Qué puedo? ¿Qué es el poder? Y aquí la respuesta nos invitará a aten-
der a las relaciones de fuerza, a la capacidad de ser afectado o de afectar,
entendidas respectivamente como materia de la fuerza (un cuerpo, una pobla-
ción cualquiera), y función no formalizada de la fuerza (la anotomopolítica, la
Crítica de la Razón Mediática

bio-política); y siempre en enigmática relación con un Afuera: le Dehors.


Y, entre ambas series, entre saber y poder, la institución el inevitable factor de
integración, donde las relaciones de fuerzas se articulan en formas: formas de
visibilidad, como aparatos institucionales, y formas de enunciabilidad como
sus reglas. En tanto que figura intersticial, la institución será el lugar eminen-
te donde el ejercicio del poder es condición de posibilidad de un saber, y
donde el ejercicio del saber se convierte en instrumento del poder." M.
Juan Barreto

Morey. "Prólogo" a Deleuze, Foucault, p. 18.


2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 208

Segunda Parte / Ensayo II

208 Pero el sentido común no capta estas dimensiones, se


instala en las representaciones, una suerte de mundo intermedio
de la opacidad de la imagen pura, desdeñando todo movimien-
to de afectación externo e interior de la cosa-imagen en el esta-
do de un instante y no en su ocurrencia, más en su retórica que
en su devenir. Para Bergson, y también para Deleuze, la imagen
es material y dinámica, lo que le otorga un carácter maquínico
(no mecanicista).
Estas ideas podrían ser enlazadas con las de Leibinz acer-
ca del universo como una «composibilidad», es decir una composi-
ción de posibilidades en donde los viejos principios de inclusión
y sustancia adquieren un nuevo dinamismo, dentro de la palabra
virtual, como la verdad de esencia de la existencia de la materia-
lidad de las cosas. Es decir, la virtud como la forma en que se
muestra la cosa en su formación e intervención en conjuntos
infinitos de continuidades y discontinuidades, de cantidades con-
mensurables e inconmensurables no necesariamente traducibles
o convertibles unas a otras, de donde se derivaría el cálculo dife-
rencial y todas las micro-matemáticas, y más recientemente,
hasta llegar a las formulaciones complejas de la mecánica cuán-
tica (es decir una maquínica de la materialidad).
Por eso, podrían darse discursos no convencionales
expuestos dentro de un escenario convencional, como por ejem-
plo la televisión. Esto significaría la articulación de un discurso
dentro de un dispositivo no correspondiente, pues una red
semiótica puede, en ciertos límites, abrirse cierto espacio o per-
vertir con una nueva gramática y con la disposición de sentido
que implica la discursividad de las representaciones, no suscepti-
ble de ser transmitida inmediatamente de forma mediática, aun-
que luego de algunos juegos maquínicos de operaciones, que
Crítica de la Razón Mediática

hacen pasar el objeto imagen a la existencia por medio de un


máximo de continuidades de efectos, capaces de presentar un
grado máximo de realidad en un momento.
Juan Barreto
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Segunda Parte / Ensayo II

Así pues, la imagen quedaría ajustada, sujeta a las formali- 209


zaciones estriadas del corte mediático e inmediatamente pasaría a
formar parte de la retórica mediática, por lo que no es obvio que
puedan existir presencias bastardas allí donde lo massmediático es
lógica de construcción de sentido. Y siguiendo con Bergson, una
tal imagen que es capaz de seleccionar alguna de sus caras y de
dividir la excitación que recibe, eligiendo también el movimiento
de la acción que realiza, será llamada imagen subjetiva.
Es decir, dada por un sujeto que se produce en el mundo
como centro de indeterminación, que sustrae, divide, recorta,
selecciona y muestra partes de una realidad temporal que mues-
tra muy poco y brevemente las cosas, pues al eliminar parte de la
continuidad de la ocurrencia del devenir- imagen, sustrae por eli-
minación distintas caras y, de esta manera, anula también la per-
cepción de ellas.
En esta contradicción se juega hoy la suerte de lo alternativo. Ya
Girardin lo ha dicho en relación con la máquina de captura y
producción de recorte-imagen:
Los media alimentan nuestra complicidad y nuestra indignación
cotidianas y acaban por completar, resignándola, la tarea de reifica-
ción del signo... la televisión es desesperadamente una palabra sin
respuesta. Sistematización de la no comunicación, código técnico y
cultural, la televisión es un orden que es ilusorio pretender democra-
tizar e ingenuo, porque esta democratización sólo puede alcanzar el
sentido y no la forma.24

Precisamente por ello es necesario insistir en la subver-


sión de la forma comunicación de dicho dispositivo de corte y
asegurar la emancipación de las caras de la imagen, así como su
multiplicidad de tiempos y movimientos.
Crítica de la Razón Mediática
Juan Barreto

24 E. Girardin, Signos para una política, Cuadernos Anagrama, Barcelona, 1976, p. 22.
2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 211

III 211

UNA INCURSIÓN EN LA estÉtica

En lugar del intelectual con I mayúscula de


la Ilustración, creo en el desarrollo de
agenciamientos colectivos de intelectuales.
La intelectualidad y la sensibilidad se
desarrollan siempre más en el cuerpo social.

F. Guattari

unque este texto no pretende en ningún momento ser una


a reflexión sobre la estética –o las estéticas, diría
Maffesoli–, en su sentido más amplio, lo cual significaría una
obra en sí misma, no quisimos dejar pasar la oportunidad sin
puntualizar algunos elementos que nos permitan indicar el sen-
tido de los cambios producidos en este terreno y de las impli-
caciones que ello tiene, tanto en la percepción como en la con-
figuración de los discursos que dan cuenta del mundo. Por ello
quisimos acompañar este discurso incorporando y salpimen-
tando con algunas ideas tomadas de nuestro libro Los medios de
los medios1. Lo que quiere decir que en este ensayo encontrare-
Crítica de la Razón Mediática

mos algunas pocas referencias a párrafos “ya leídos”, a fin de


entablar un enlace entre los distintos momentos de nuestra
escritura y nuestra propia crítica.
Juan Barreto

1 J. Barreto, Los medios de los medios, Planeta, Caracas, 1995.


2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 212

Segunda Parte / Ensayo III

212 Una estética

La línea de separación entre lo sublime y


lo ridículo, entre un acto noble y un
gesto patéticamente vacío es en última
instancia imposible de trazar.
S. i ek.

Las cualidades del objeto son, en última instancia, los ámbitos


racionales desde donde se funda una imagen-visión del mundo.
Por esto, una aproximación al discurso estético-representativo de
la época, no vendría mal a propósito del análisis de un universo
de obras textuales, como lo son las determinadas desde el campo
cultural mediático. Así, categorías como lo bello, el goce estético, el
estilo, el gusto e incluso la moda, también se fundan en los prerre-
quisitos del discurso estético. De modo que no podríamos avan-
zar un palmo sin saldar cuentas, siquiera de pasada, con este uni-
verso de simbolización y sus campos derivados de representacio-
nes.
En este sentido Fernando Abad, en su libro Filosofía de la
comunicación, asiente que la estética comunica las “tácticas hermo-
sas” de cada hegemonía, es un gesto que afirma su dominio y
jerarquiza desde la legitimación de una barrera que sutura y en
ese mismo sentido autoriza el uso de un presunto “saber” y el
disfrute específico del uso del cuerpo-la mirada y el oído espe-
cialmente-, para modos de consumo, por lo cual el objeto puede
separarse con comodidad de cualquier significado, pues su pro-
pia existencia viene dada por la naturaleza de las prácticas pro-
ductoras de la que es resultado. Así, el discurso estético será el
resultado de la opacidad general producida por el último movi-
miento de la separación, que hace del significante, contenido de
sí mismo, objeto-mercancía sin punto de referencia, existiendo
como puro valor de cambio.
2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 213

Segunda Parte / Ensayo III

Para el pensamiento de la época clásica, por ejemplo, en 213


la belleza hay perfección y no exceso. La belleza era un paráme-
tro desde donde definir al objeto y una condición de posibilidad
de la experiencia sensible del goce. Es decir, la raíz de lo bello
sería objeto y, en este sentido, natural. Para Aristóteles, por
ejemplo, la belleza tenía su principio en la naturaleza de las
cosas2. Sería su condición sensible y su vínculo de realidad con
el universo. El sentido externo y visual de la belleza viene dado
por su forma.
Armonía y síntesis, composición y ritmo, van a ser los primeros
parámetros dentro de los cuales el discurso estético se funda
como objetivación de la belleza. Se trata de una relación singular
donde el color, la figura, el tamaño, el detalle, dan forma a la
armonía de la pieza. A esto se irán sumando criterios cinéticos
como el de movimiento, ductilidad e incluso resistencia y super-
ficie. Elementos estos que conjugados tienen la capacidad de
suscitar en el espíritu «dulzura y alegría».
El carácter intrínseco de lo bello, puede prescindir de su
relación con lo otro y con la razón. Sin embargo, evoca sensacio-
nes que impregnan al entendimiento. Esta metafísica del gusto
aún se mantiene presente en buena parte de los representantes
de las Bellas Artes que siguen apelando, en términos clásicos, a
la belleza como concepto único generador, así como al efecto
que ésta producirá: la contemplación, lo sublime y la grandeza.
Incluso, hasta en la teoría crítica de D. Hume se encon-
trarán estos mismos principios, a pesar de su sensualismo y de su
objetivismo escéptico. Para él, el espíritu vasto y complejo de las
formas crean en el hombre una sensación grande y elevada. Es
lo que denominará la profundidad de la impresión. La elevación se
Crítica de la Razón Mediática

produce ante la grandeza y es una fuente de emociones huma-


nas. De allí surgirán categorías estéticas que se mantendrán
durante mucho tiempo inalteradas, incluso al interior del pensa-
miento de las vanguardias del siglo XX. Unidad y variedad,
2 Cfr. M. Beardsley y J. Hospens, Estética, historia y fundamentos, Cátedra,
Juan Barreto

Madrid, 1984.
2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 214

Segunda Parte / Ensayo III

214 armonía y congruencia, propiedad y relación con el espacio, el


ritmo y la dignidad, son los pares abstractos de esta configura-
ción. Sin embargo, le pertenece el mérito a Hume de haber plan-
teado de manera sistemática el problema del gusto, definido
como emoción subjetiva, cuyo fundamento primero es el placer,
que hace aparecer el principio de la empatía/simpatía.
En esta misma tradición, Hegel, Fichte y Schelling, par-
ten de Kant. La noción de idea absoluta (como molde platónico)
será el punto que orientará la percepción. Todo lo que se halla
fuera de la idea es imperfección, manifestación imperfecta de la
idea (Schopenhauer, ironizando con muy mala intención, sostu-
vo que le interesan las mujeres sólo como concepto). La idea no
es más que la manifestación del ser absoluto realizado en la odi-
sea de la síntesis. Es decir: Se propone, se expone y se sintetiza
en la forma, de una manera trágica.
El ser siempre permanece en el devenir del proceso, afir-
mó Hegel, quien a pesar de la influencia kantiana, intentó llenar
el vacío dejado entre la sensibilidad y el entendimiento, por lo
que pensó que el arte es algo así como un "ambiente" entre
ambos. Es lo mismo que decir que la subjetividad se reconcilia
en una dialéctica naturaleza-espiritualidad-realidad. Sin embargo,
para este efecto y para las cadenas que se abren desde los fenó-
menos a los sentidos, es una producción autónoma del Ser.
Pero luego, el gusto tendrá que ver con el discernimiento
y la inmediatez, es decir, algo como un efecto de superficie que
se expresa subjetivamente como juicio sintético a priori, que lo
dota de relatividad objetiva, o sea, discernible en el reconoci-
miento del buen gusto. Es decir, el gusto apegado al criterio del
bien, de modo que lo bueno y lo bello son anudados como pro-
yecto de la realización estética del mundo humano. Este juicio
Crítica de la Razón Mediática

será dominante, aunque aparezcan ideas residuales como las de


escepticismo de Swift, para quien dicha discusión es inútil, pues
todos los hombres son a fin de cuentas unos necios, por lo cual
Juan Barreto
2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 215

Segunda Parte / Ensayo III

no es posible el ejercicio de la libertad de pensamiento. O las del 215


conservadurismo de Berkeley, quien sostuvo que el arte debe ser
preservado de los ignorantes y sólo sometido al juicio de los que
tienen capacidad de goce estético pues es necesario esconder las
verdades peligrosas que pueden contener algunas obras.
Con Nietzsche se produce un giro lúdico y también trá-
gico, expresado en la propuesta de que los instintos y las pasio-
nes crean una voluntad de saber, la cual se manifiesta en una
voluntad de poder y esta, a su vez, se materializa en ciertas con-
sagraciones. Es la voluntad de poder la que actúa en el mundo como
representación. Expresar lo desconocido, capturándolo en la
voluntad, es el origen de la tragedia humana que rompe con el
pasado natural por medio de la experiencia.
Entonces, la razón se libera de sus ataduras cuando se
hace pasión y el cuerpo participa de la obra por medio del deseo.
La clave nietzscheana es la idea de eterno retorno entre la volun-
tad y lo desconocido. Así pues, el arte abre un horizonte eterno
y prepara las condiciones para el futuro que se hace porvenir y
genera una espera. El creador es un héroe que realiza una obra
desde la voluntad.
Más adelante, será el pensamiento de los librepensadores
el que dará importancia al discernimiento y a la capacidad del jui-
cio público de crear referencias universales en el consenso de un
entendimiento colectivo. Es decir, la obra, el creador y lo bello
serán juicios de consenso, legitimados por una práctica social
integradora que hace del reconocimiento y de la opinión el lugar
del arte. En este momento, conceptos muchos más políticos
como el de “educación estética” aparecen en la arena del debate.
Con el racionalismo, la belleza queda asociada a la evolu-
Crítica de la Razón Mediática

ción cultural de un pueblo, al espíritu histórico de un proceso, a


la “la filosofía como obra de arte”. La revolución burguesa
impregnará el concepto de arte y éste quedará asociado al de las
fuerzas opuestas del espíritu y a una nueva categoría: la sensibili-
Juan Barreto
2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 216

Segunda Parte / Ensayo III

216 dad. Es decir, una capacidad de percepción en síntesis de los pro-


cesos, capaz de transfigurarse en obras, y el artista será la encar-
nación de esta sensibilidad.
El romanticismo recoge toda esta herencia de la estética
expresiva. Sin embargo, el arte sigue siendo ideal. El nacimiento
de la obra de arte como prefiguración de esta subjetividad va a
encontrar un piso sólido: el concepto según el cual las destrezas,
el carácter y la inteligencia son capaces de moldear el objeto,
dándole forma expresiva e incluso conceptual. Ambientes, mate-
rial y estado de espíritu se conjugan en la obra. Es decir, en “la
idea del artista”, la cual a su vez queda sujeta a la presión del jui-
cio público, y por supuesto al ojo crítico del experto, capaz de
discernir en relación al sentido del gusto.
Será con Baudelaire cuando estas ideas unitarias experi-
mentan un punto de fractura. Por eso se considera a Baudelaire
como precursor de las vanguardias. Su romanticismo, influido
por el espíritu de la ciencia y de la historia, sugiere una poética
más intelectual que abandone la idea de belleza y se asocie más a
la filosofía de lo eterno y lo transitorio. Lo absoluto y lo parti-
cular darán forma a un concepto de belleza multiforme, capaz
de dar cuenta de procesos subjetivos complejos, y de ciertas
pasiones intransferibles. «Lo bello es siempre raro», afirma. Una
pequeña extrañeza, universos singulares y cierta opacidad en la
capacidad de impresionar, son rasgos descubiertos por este pen-
samiento de la incertidumbre que no pretende ser regulado ni
corregido.
Sin embargo, Baudelaire seguirá considerando a los artis-
tas como una raza irritable y separada del gusto vulgar incapaz
de comprender el simbolismo de la obra. De esta manera, el piso
de las vanguardias queda echado, y Breton o Tzara, pasan a ser
Crítica de la Razón Mediática

algo más que continuadores de la brecha del simbolismo, por la


vía del descubrimiento del subconsciente como área subjetiva de
la realidad.
Juan Barreto
2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 217

Segunda Parte / Ensayo III

Pero es particularmente la Escuela de Frankfurt, la que 217


pone de nuevo en la agenda la discusión sobre lo bello como pro-
ducto social y, por ende, sobre la obra de arte como síntesis
social de un aura de autenticidad que se pierde con la penetra-
ción de la lógica de la mercancía al interior del proceso creador,
que quedaría reducido, al decir de Adorno en su Estética, a la lógi-
ca de la producción y de la vida diaria3. Pérdida del aura o muer-
te del arte, este debate abre las compuertas represadas por déca-
das de hegelianismo cultural y crea las condiciones de posibilidad
para una explosión estética y subjetiva que desemboca en nuevas
propuestas que comentamos a continuación.

Pérdida o extravío del aura

En el noble pecho del capitalista individual, se va


amasando un conflicto demoníaco entre instinto de
acumulación y el instinto de goce.

C. Marx.

Como ya afirmamos en Los Medios de los medios4, lo bello, el arte, la


estética, constituyen la trilogía exuberante, vaciada y superada de
3 "El capitalismo nos había arrebatado lo concreto de la vida; hoy, lo concre-
to, lo singular se hacen con la abstracción, la mercancía, el valor. Se los arre-
bata al capital y lo hacen a través de la ingenuidad de cuerpos potentes.
Algunos (Foucault, en primer lugar, más tarde Deleuze y otros a continua-
ción) llaman biopolítica a esta inversión de la subsunción: con bastante razón,
ya que, a decir verdad, biopolítica (es decir, implantada en los cuerpos y en su
relación con la multitud) es la operación a cuyo través el producir, después de
haber sido arrebatado hacia la abstracto, es capaz ahora de trastocarlo y man-
tenerlo aferrado en el singularidad. Aquí se muestran las verdaderas mutacio-
Crítica de la Razón Mediática

nes, las metamorfosis: las que se han producido en forma de prótesis, esto es,
como excedente de la potencia física de los cuerpos a través de la adquisición
de nuevas herramientas; éstas crecen en forma de red, esto es, se fijan en la
comunicación y la cooperación de los cuerpos; y, por último, las que se cons-
tituyen en el éxodo, en la movilidad espacial y la flexibilidad temporal, en la
capacidad de mestizar cuerpos y lenguas, por la dignidad del animal-hombre".
T. Negri, Arte y multitud, p. 73.
Juan Barreto

4 J. Barreto, Op cit.
2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 218

Segunda Parte / Ensayo III

218 la esfera de sentido de lo político, en una primera instancia, como


otra opacidad que luego recuperará su relación de realidad, cuan-
do gramaticaliza su “otro sentido” en la dirección crítica de T.
Adorno. Esta trilogía parece resumir elementos fundamentales de
las producciones culturales a través de la historia. Gianni Vattimo,
en sus consideraciones sobre el fin de la noción moderna de his-
toria teleológica, unitaria y lineal, se pregunta «¿Qué es, en efecto,
lo que se transmite del pasado?». Y responde: «No todo lo que ha
acontecido, sino todo lo que parece relevante»5. (¿Sigue lo bello
existiendo en términos de Valery?).
Al referirse a todo lo relevante, Vattimo sostiene que es
aquello que parezca importante para la burguesía, la clase
poderosa, puesto que será ella quien determine qué formará
parte de la historia. De esta manera, nos exhorta a preguntar-
nos si la historia del arte y la de los lineamientos estéticos de
cada época, no corren la misma suerte. Y a tener presente que
la obra de arte y el artista, en busca de alcanzar una máxima
universal de belleza, son representaciones típicas de la moder-
nidad, del sujeto soberano emancipado o de la idea unitaria y
sintética del concepto como principio organizador del caos, al
interior de una razón unitaria. Es así como el sujeto monádi-
co constituye de algún modo el sentido organizador, alrededor
de las ideas de magnitud, número, semejanza, repetición y
serie.
Las referencias históricas al concepto de arte, correspon-
dientes a la antigüedad, están constituidas en su totalidad por
obras creadas con otra finalidad y consideradas “arte” por la cul-
tura moderna (piras funerarias, tumbas, objetos pertenecientes a
ritos). Ahora bien, está concepción moderna de la obra de arte
como producto de la actividad creadora individual, única y de
Crítica de la Razón Mediática

alto valor, ha sufrido grandes transformaciones debido a la ero-


sión de los paradigmas que fundaron tal concepción. ¿Qué es del
artista en estas sociedades altamente informatizadas, donde las
Juan Barreto

5 G. Vattimo, En torno a la posmodernidad, Anthropos, Barcelona, 1990, p. 11.


2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 219

Segunda Parte / Ensayo III

creaciones se realizan a través de computadoras? ¿Será el artista 219


de este momento un diseñador o un técnico en computación?
¿Tendrá el mismo valor aquella obra fruto del trabajo manual
que éstas, producto de las computadoras y susceptibles de ser
reproducidas infinitamente? ¿Se puede llamar arte a los textos de
la industria massmediática?
H. Arendt6, nos arroja una pista al vacío cuando indicó
que no existe un significado diferente entre el proceso de cons-
trucción de objetos, sean de uso, o, incluso de arte, y el signi-
ficado que se pone de manifiesto en el producto acabado, el cual
no muestra sino lo visible al final de dicho proceso. De manera
que se trata ahora de un nuevo desafío para una epistemología
de lo estético. Veamos de pasada, cómo ha sido abordado el
asunto hasta ahora.
El movimiento de las vanguardias impuso un nuevo
orden, una nueva mirada. Como sostiene Agustín Martínez,
«el vanguardismo artístico europeo es tanto la culminación del
moderno mundo burgués, como el examen crítico en profun-
didad de los principios últimos sobre los cuales se ha edifica-
do ese mismo mundo»7. De ahí que la vanguardia rompiera
con la estética anterior a la modernidad, aunque a su vez creó
el germen reinante de la propia modernidad, hasta vaciar la
obra de arte de sentido, eliminando las fronteras y convirtien-
do todo en una potencial obra de arte (construcciones con
electrodomésticos, entre otras).
¿Pero está implícita la muerte del arte (Marcuse) en esta
autonomización de las esferas de valor de las manifestaciones
artísticas contemporáneas?
Crítica de la Razón Mediática

6 "Desde la humilde fabricación de objetos de uso, hasta la imposible crea-


ción de obras de arte, no tiene más significado que el que se revela en el pro-
ducto acabado y no intenta mostrar lo claramente visible al final del proceso
de producción… de lo público, lo común, la esfera privada y la propiedad
social o privada, caben en esta categoría. H. Arendt, La condición humana,
Paidós, Barcelona, 1993.
Juan Barreto

7 A. Martínez, Ruido de fondo, Tropykos, Caracas, 1995, p. 146.


2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 220

Segunda Parte / Ensayo III

220 Josetxo Beriain8, apuesta a la vida del arte como poiesis -


«en tanto experiencia básica estética-productiva»- según la cual el
hombre puede, mediante la creación artística, satisfacer su nece-
sidad general de ser y estar en el mundo y sentirse en él como en
casa (Heidegger), al quitarle al mundo exterior su fría extrañeza
y convertirlo en obra propia, alcanzando en esa actividad un
saber que se diferencia tanto del conocimiento científico como
de la praxis utilitaria de la manufactura en serie.
El arte es vida, también, en tanto aisthesis, «como la expe-
riencia básica estético-receptiva que corresponde a las diferentes
definiciones del arte», como «pura visibilidad» en «la compleja exac-
titud perceptiva» (D. Heinrich), como un observar desinteresada-
mente la plenitud del objeto (Geiger), o como «experiencia de la
densidad del ser (Sastre)»9. Por último, Beirian le da vida al arte en
tanto catarsis, puesto que le permite al observador de la obra recre-
ar otras realidades y desligarlo de la suya propia, pues establece
una comunicación expropiadora de la experiencia ajena.
Aún cuando para algunos es posible afirmar que el arte
continúa vivo en tanto poiesis, aisthesis y catarsis, también lo es que
cada época histórica genera un conjunto de textos culturales, que
se expresan bajo mecanismos diversos y que son originados a
partir de diferentes modos de producción de regímenes de sig-
nos y semióticas particulares funcionando al interior de un régi-
men de enunciados10. Y es allí donde nos dirigimos. Si existe el
8 J. Beriain, Representaciones colectivas y proyecto de modernidad, Anthropos,
Barcelona, 1990.
9 Ibid., p. 112.
10 Tenemos presente aquí el planteamiento deleuziano: "Un enunciado siempre
representa una emisión de singularidades, de puntos singulares que se distribuyen
en un espacio correspondiente. Las formaciones y transformaciones de esos espa-
cios plantean problemas topológicos que se expresan muy mal en términos de
Crítica de la Razón Mediática

creación, comienzo o fundamento. Con mayor motivo, en un espacio determina-


do, poco importa que una emisión se realice por primera vez, o que sea una repe-
tición, una reproducción. Lo fundamental es la regularidad del enunciado: no una
media sino una curva. En efecto, el enunciado no se confunde con la emisión de
singularidades que supone, sino con el aspecto de la curva que pasa por su entor-
no, y más generalmente con las reglas del campo en el que se distribuyen y se
reproducen. Una regularidad enunciativa es eso. …el enunciado no remite a nin-
Juan Barreto

gún cogito ni sujeto trascendental que lo haría posible, ni YO que lo pronunciaría


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Segunda Parte / Ensayo III

arte es por que existen ciertos preceptos estéticos que lo delimi- 221
tan. ¿Cuáles son los que dominan en la posmodernidad? Para
Georges Balandier11, el desorden, el caos, son principios organi-
zadores manejables que inciden transformando los sistemas de
interpretación. Pues ha llegado el momento de la complejidad,
de las nuevas formas del Ser, donde «orden y desorden se entre-
mezclan inextricablemente en desórdenes concurrentes».12
Al respecto, Habermas plantea en sus últimos trabajos
-fundados en las críticas a las teorías francesas sobre posmoderni-
dad estética- las contradicciones entre modernidad cultural y
modernidad social13. Para este autor, la modernidad cultural com-
por primera vez (o lo recomenzaría), ni Espíritu del Tiempo que lo conservaría, lo
propagaría y lo recuperaría. Para cada enunciado existen "emplazamientos" de
sujeto, muy variables por otro lado. Pero precisamente porque diferentes indivi-
duos pueden ocuparlos en cada caso, el enunciado es objeto específico de un
cúmulo según el cual se conserva, se transforma o se repite. El cúmulo es como la
constitución de un stock; no es lo contrario de la rareza, sino un efecto de esa
misma rareza.” G. Deleuze, Foucault, Paidós, Barcelona, 1987, p. 30.
11 G. Balandier, El desorden, Gedisa, Barcelona, 1989.
12 Ibid., p. 56.
13 J. Habermas, Facticidad y validez, Trotta, Madrid, 1998. Sobre este asunto, tam-
bién sostiene: "Kierkegard fue el primero que respondió con un concepto pos-
metafísico 'poder ser si mismo' a la pregunta ética fundamental por el logro o
el malogro de la propia vida. (…) Con todo, los filósofos existenciales, obliga-
dos al ateísmo metódico, reconocieron en Kriekegard al pensador que renovó
la cuestión ética de una manera sorprendente innovadora y suficiente tanto sus-
tancial como formalmente (formalmente suficiente para un pluralismo cosmo-
visivo legítimo, que desautoriza toda tutela en cuestiones ética genuinas. (…)
No sin simpatía, pinta Kriekegard con los atractivos colores del primer roman-
ticismo el cuadro de una existencia frívolamente egocéntrica, negligente e iró-
nica, prendida del placer interesado y del momento. El contraste deseado a este
hedonismo lo constituye una guía de vida decididamente ética, que exige del
particular recogerse y desligarse de las dependencias de un entrono abrumador.
El particular tiene que concentrarse en ser conciente de su individualidad y
libertad. Emancipándose de la autoinfligida cosificación, gana al mismo tiempo
distancia frente a sí mismo. Se recupera de la anónima dispersión de una vida
sin respiro y fragmentada, dando así continuidad y transparencia a la propia
Crítica de la Razón Mediática

vida. En la dimensión social, una persona así puede asumir la responsabilidad


de sus propias acciones y establecer lazos vinculantes con los demás. En la
dimensión temporal, la preocupación por sí mismo crea la consciencia de la his-
toricidad de una existencia que se consuma en el entrecruzamiento de los hori-
zontes del futuro y del pasado. La persona que es consciente de sí misma de
esta manera 'se tiene a sí misma como una tarea que se le ha puesto, aunque
haya llegado a ser suya porque la ha elegido'". J. Habermas. El futuro de la natu-
Juan Barreto

raleza humana, Paidós, Barcelona, pp. 17-18.


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Segunda Parte / Ensayo III

222 prende tres esferas de valor: la teoría, la práctica y la estética, las


cuales se vuelven autónomas entre sí, a fines del siglo XVI. La
modernización social va a estar entonces definida por la diferen-
ciación tripartita de la esfera cultural, de modo que la autonomiza-
ción de esta esfera constituye una consecuencia negativa de la
modernidad. Y es a partir de esta crítica donde inicia los cuestio-
namientos a las posiciones de los intelectuales franceses en torno
a la posmodernidad, puesto que los mismos centran sus trabajos
en el ámbito estético, lo cual parecería indicar que no toman posi-
ción respecto a las teorías de la acción social.
Scott Lash, en su trabajo Posmodernidad y deseo, inicia su
estudio a través de la obra de Michel Foucault en torno al len-
guaje no discursivo y sus nociones de exceso y transgresión14. El
mismo y el otro son la base del modelo estético de la trasgresión,
característico de Foucault, que puede acercarnos a una noción de
posmodernidad a través de la estética, en la misma medida en
que se enfrenta veladamente a las críticas de Habermas en este
sentido: «El espacio del mismo se fundamenta por la luz; es el
espacio del discurso. Los elementos que caracterizan el espacio
del otro, el ámbito de la oscuridad para Foucault, son los que han
sido excluidos de estos discursos (y por el mismo): son figuras de
locura, sexualidad y muerte».15
En el período clásico (1650-1800), tal como refiere Lash
y establece Foucault, los discursos estaban enraizados en el espa-
cio de la luz, del sí mismo. En el período moderno «se inventa a
sí mismo un nuevo y tercer mundo, del que la estética de Kant
establece la posibilidad y Sade la realización»16. Para Sade, el
orden estético es la producción del goce triste o alegre de las
pasiones en el bode del límite, en los extremos de la experiencia
y nada tiene que ver con nociones éticas de bien y mal.
Es en ese espacio entre el mismo y el otro, entre el len-
Crítica de la Razón Mediática

guaje discursivo y el no discursivo, entre la luz y la oscuridad,

14 S. Lash, Posmodernidad y deseo, Amorrortu, Buenos Aires, 1998, p. 123.


15 Ibid., p. 126.
Juan Barreto

16 Ibid., p. 121.
2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 223

Segunda Parte / Ensayo III

donde se levanta la condición de posibilidad del discurso de la 223


posmodernidad. Las prácticas culturales posmodernas estriban
en la locura y la sexualidad para poder mantener y elevar una crí-
tica contra los tipos de subjetividad constituidos por las seguri-
dades del discurso anterior.
Cabe recordar que en la Historia de la locura, Foucault
recurre a la historia como genealogía para romper con el orden
del discurso, de ese discurso de la luz que relegaba al espacio del
otro a la locura, la muerte y la sexualidad17. El lenguaje no dis-
cursivo y su correlato en la acción social, puede caracterizarse en
términos de simulacro, por cuanto ausencia y fenómeno, signifi-
cante y significado, han perdido su relevancia. Foucault capta la
posmodernidad cultural a través de sus figuras de muerte y
sexualidad, sustentadas en un modelo de trasgresión y exclusión
que se asienta en la grieta de lo que en el pasado fueron dos
extremos profundos: la luz y la oscuridad, lo mismo y lo otro.
Foucault no es el único, según Lash, en introducir en su
obra una posición estética posmoderna. Lyotard y los impulsos
libidinales, Deleuze y la sociedad como una máquina deseante,
son ejemplos de ello. Pero, aunque en estos trabajos se pueda per-
cibir una posible propuesta estética posmoderna, todavía está en
discusión la existencia de lineamientos generales en este sentido.
Es pertinente, pues, preguntar con Calabrese: «¿Puede
bastar un programa genérico (la reacción al proyecto moderno)
para definir el conjunto de fenómenos artísticos, científicos y
sociales tan complejos como los contemporáneos?»18. Si toda
época cultural expresa un gusto dominante que se manifiesta a
través de las formas y figuras de los textos producidos en el inte-
rior de esa formación social, aún cuando la posmodernidad
Crítica de la Razón Mediática

implique un vacío de valores universales, de proyectos trascen-


dentales, el descrédito de la “razón universal” y la presencia de

17 M. Foucault, Historia de la locura en la época clásica, Fondo de Cultura


Económica, México, 1967.
Juan Barreto

18 O. Calabrese, La era neobarroca, p. 28.


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Segunda Parte / Ensayo III

224 ese espacio de lo otro -en Foucault, o de los impulsos libidinales,


en Lyotard- que pueden denominarse como posmodernos, tam-
bién es cierto que debe ser posible determinar los lineamientos
de ese gusto dominante.
¿Cuál será el gusto de esta época, marcada por la presen-
cia del dispositivo mediático? Es una interrogante ante la cual
Omar Calabrese responde recurriendo a la noción de neobarroco,
expuesta no como un nuevo barroco, ni como un término abso-
luto que logre enmarcar las diversas manifestaciones de la época:
«Es simplemente un aire de tiempo que invade muchos fenóme-
nos culturales de hoy en todos los campos del saber»…y «con-
siste en la búsqueda de formas-y en su valorización- en la que
asistimos a la pérdida de la integralidad, de la globalidad, de la
sistematización ordenada a cambio de la inestabilidad, de la poli-
dimensionalidad, de la mudabilidad».19
En la configuración de ese aire de tiempo, de las figuras
subyacentes que conforman el gusto neobarroco, se encuentran
en primer lugar, el ritmo y la repetición. Superado el concepto de
unidad de la obra de arte, la repetición conforma una de las figu-
ras más recurrentes del gusto posmoderno, evidenciándose a tra-
vés de diferentes figuras: de un modo icónico estricto (caracte-
rísticas del héroe), de modo temático (series televisivas, film de
acción), de un modo narrativo de superficie, de naturaleza diná-
mica (secuencia de persecución, por ejemplo).
En este sentido, Calabrese nos dice: «Como conclusión,
diremos sólo que la estética de la repetición encuentra también
una posible explicación filosófica. El exceso de historias, el exce-
so de lo ya dicho, el exceso de regularidad no pueden producir
sino disgregación»20. Es por ello que la repetición nos lleva al
ritmo, puesto que en el interior del film la repetición induce a la
Crítica de la Razón Mediática

rapidez y al frenesí de imágenes y efectos, en la búsqueda por


añadir elementos diferenciadores del proceso de repetición que

19 Ibid., p. 136.
Juan Barreto

20 Ibid., p. 145.
2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 225

Segunda Parte / Ensayo III

perpetúan los mass media y que constituyen fundamento de la 225


estética de estos tiempos.
Límite y exceso, definen otro dueto para las figuras del
gusto neobarroco propuesto por Calabrese. Tender al límite sig-
nifica ubicarse en la zona de tensión en la cual la norma aún no
se rompe, pero se tensa: «El límite es la tarea de llevar a sus extre-
mas consecuencias la elasticidad del contorno sin destruirlo. El
exceso es la salida desde el contorno después de haberlo quebra-
do».21
Límite y exceso son fenómenos, acciones culturales de
intensidad variada. En determinadas épocas históricas existe una
estabilidad dentro del sistema cultural que hace menos agresivas
las tendencias a crear tensión en los límites y la búsqueda de la
ruptura con éste. Por el contrario, existen aquellos momentos
cuya característica fundamental es el exceso, el rompimiento de
los límites. A este último pertenece el gusto de este tiempo, en el
cual todo rompimiento de los límites es un elemento desestabi-
lizador que se constituye como un exceso22.
Pero el exceso no sólo está referido al sistema cultural en
su totalidad, determina una cierta tendencia de los textos que
van desde sus formas hasta los contenidos y estructuras discur-
sivas. Esta ruptura de los límites no implica el desorden del sis-
tema, sino que estimula la flexibilidad de los límites, el desplaza-
miento de las fronteras de lo no permisible.
Junto a estos dos elementos -la repetición-ritmo y el lími-
te-exceso- señalados por Calabrese como característicos de las
producciones culturales contemporáneas, también el detalle y el
fragmento son lineamientos básicos de lo que podría ser una esté-
tica neobarroca o posmoderna. Por ello es importante resaltar
Crítica de la Razón Mediática

que el estudio del detalle parte del supuesto referido a la existen-

21 Ibid., p. 163.
22 "Todo orden produce un autoaislamiento y define, intimándolo, todo exce-
so. El enemigo se hace enemigo cultural, 'bárbaro', gran invención de la época
Juan Barreto

clásica". G. Deleuze y F. Guattari, Rizoma, Pre-Textos, Valencia, 1977, p. 23.


2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 226

Segunda Parte / Ensayo III

226 cia de un sistema, una unidad constituida por fragmentos, cuyo


análisis puede ofrecernos importantes herramientas en función
de la comprensión de la estética neobarroca.
El detalle permite establecer singularidades y fragmentos,
rupturas de tiempo y espacio. Este elemento toma especial rele-
vancia dentro de una estética contemporánea, al ser trasladado a
los textos massmediáticos. Ejemplo de ello es el manejado por
Calabrese, en relación con la cámara lenta. La misma es una
magnificación de la búsqueda de detalle, del momento cumbre
donde es posible establecer todos los elementos y en el cual el
tiempo real se alarga hasta perder su relación.
Los detalles de las escenas de violencia tanto en los noticie-
ros como en los filmes de este estilo, son otras de las manifestacio-
nes de esta obsesión por el detalle, que termina profiriéndole auto-
nomía con respecto al cuerpo al que pertenece. Y esto es así, pues
vivimos un tiempo de lo social que no presenta una forma única,
monótona «la de la repetición, de la reproducción o del progreso
unilineal, o incluso de la degradación, denominada entonces deca-
dencia o declinación. Los tiempos sociales son múltiples, ya están
ligados unos con otros según modalidades complejas».23
Con relación al fragmento, puede destacarse que éste
también se convierte en fundamento de una estética massmediá-
tica, al constituirse en un puntal en la construcción de textos: «El
fragmento como material responde así a una exigencia formal y
de contenido. Formal: expresar lo caótico, el ritmo, el intervalo
de la escritura. De contenido: evitar el orden de las conexiones,
alear el monstruo de la totalidad»24.
Esta recurrencia a la fragmentación del texto y la obse-
sión por el detalle, conforma otra de las figuras que nos permi-
Crítica de la Razón Mediática

ten recomponer una cierta estética de la posmodernidad, en la


medida en que se enfrentan a la totalidad del texto y se mueven
entre el orden y el caos que exhortan. El caos, despreciado y

23 G. Balandier, El desorden, p. 63.


Juan Barreto

24 Ibid., p. 176.
2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 227

Segunda Parte / Ensayo III

sometido a estrictos ordenamientos metodológicos, se ha situa- 227


do, dados los resultados de las últimas investigaciones en todas
las áreas (desde las matemáticas hasta los estudios de los mass-
media), como un elemento relevante y esto ha tocado a la estéti-
ca contemporánea. El desorden, el caos, han alcanzado rango de
componente fundamental de ciertos procesos, para los cuales el
orden está determinado por eventos caóticos.
Los estudios sobre la teoría del caos25 y, con ello, la esté-
tica que dicha posición implica, han tenido un fuerte impulso a
través de los estudios de los objetos fractales, los cuales, atentan-
do contra métodos y fórmulas, guardan condiciones dispares y
no codificables. Estos estudios han establecido tres características
fundamentales de los objetos fractales. En primer lugar se
encuentra su carácter aleatorio, ante el cual se recurre a la rando-
mización: «Randomizar una colección de objetos significa, por
ejemplo, reemplazar su original con otro orden cualquiera elegi-
do al azar, pero siempre ordenado y previsto estadísticamente»26.
En segundo lugar, su carácter gradual, lo que significa que
a pesar de su irregularidad, ésta se repite en todo el cuerpo de su
objeto. En tercer lugar su carácter teragónico, lo que significa que
posee un inmenso número de lados. Desde esta perspectiva,
ciertos productos massmediáticos son considerados objetos
fractales con una importante tendencia a procesos caóticos.
Todos estos dispares lineamientos de la estética posmo-
derna están apoyados en un interés predominante por el enigma,
el laberinto. Podemos tratar de cohesionar estas determinaciones
a través de las proposiciones de Guattari y Deleuze respecto de
la estructura rizomática, entendida «como la paradoja de la natu-
raleza de la raíz a un tallo, que no sigue una lógica de conexión
Crítica de la Razón Mediática

de árbol, sino que en cada segmento es enlazable con otro seg-


mento y en que cada recorrido es libre y posible».27

25 S. Rametal, Teorías del desconcierto, Urano, Barcelona, 2004.


26 O. Calabrese, La era neobarroca, p. 167.
Juan Barreto

27 Citado por O. Calabrese, Ibid., p. 138.


2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 228

Segunda Parte / Ensayo III

228 Precisando, son seis los principios rizomáticos que esta-


blecen Deleuze y Guattari:
1. La posibilidad de conexión múltiple de cada punto. Este prin-
cipio refleja el efecto de recorrido de los discursos que el
texto genera. Convierte a los eventos culturales en even-
tos aleatorios.

2. La heterogeneidad de los componentes del sistema. En este


punto, cada componente del sistema es, a su vez, un sub-
sistema. Por esta razón, un texto cultural se rellena cons-
tantemente de nuevos contenidos que convierten a los
procesos en mutantes y dinámicos, y a las explicaciones,
en provisionales.

3. La multiplicidad sin unidad generadora. Aquí se parte de la


subjetividad como proceso generador y autogenerador
de la conciencia de los sujetos: la idea de centralidad
queda desplazada, ahora la naturaleza es la determinación
y la unidad generadora es un concepto.

4. La ruptura asignificante. Este principio parte de que el


significante consta de materias interiores, de rupturas y
de cambios. Por consiguiente, un evento puede traducir-
se en distintos significados, en concordancia con los dis-
tintos niveles de significación del signo.

5. La cartograficidad. Representa el mapa del mundo inte-


rior de un personaje dado: las multisubjetividades.

6. La decalcomanía. Este principio hace hincapié en cómo


se pueden manejar dos o más situaciones a la vez. En
Crítica de la Razón Mediática

tanto el efecto de superficie sea o no efímero, va un plie-


gue o un rostro, etc. 28
Juan Barreto

28 G. Deleuze y F. Guattari, Rizoma, p 14.


2a PARTE_segunda parte 7/25/14 4:21 PM Page 229

Segunda Parte / Ensayo III

Estos diversos principios constitutivos de una estética 229


neobarroca, retomados por Calabrese, son figuras expresivas de
la cultura posmoderna enraizada en la llamada cultura massme-
diática, que nos permiten establecer un mínimo de criterios de
análisis para subsiguientes consideraciones, bien sea desde su
concepción estética, desde sus formas, hasta estructuras más
profundas correspondientes al nivel de contenidos.
Tal como dijimos ya en la Introducción a este libro, lo
que nos planteamos es el acercamiento a un modo de pensar la
esfera massmediática que recupere para sí las herramientas de la
hermenéutica y de la deconstrucción del signo, que apele a la
semiótica como recurso para la comprensión, e intente el abor-
daje de algunos problemas de la comunicación en tanto que
dimensión constitutiva de lo socio-cultural.

Crítica de la Razón Mediática


Juan Barreto
3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:43 PM Page 231
3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:43 PM Page 233

233

Tercera Parte

UNA VISIÓN DEL


significante-signo
y del lenguaje

Yo vivo un poco y sin embargo, / vivo existo


arrinconado / entre un sillón donde murió mi
padre / y un poco de cerveza. / Mi padre
aprendió en la Televisión / la manera
de morirse solo / soñando que se sueña. / Yo
veo en la pantalla del recuerdo / una manera de
morir mil veces. / ¡Qué soledad entre la
mercancía! / ¡Que soledad, Jesús de filisteos /
en tu templo futuro! / ¡Qué soledad, Oh Karl,
entre las ruinas de / tus propios misterios!

L. Silva.
Crítica de la Razón Mediática
Juan Barreto
3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:43 PM Page 235

I 235

CAMINOS DE LA seMiÓtica
… hacer de la lengua un trabajo …, actuar
en la materialidad de lo que,
para la sociedad, es un medio de contacto
y comprensión, ¿no es, de golpe, hacerse
extraño a la lengua? El acto llamado
literario, a fuerza de no admitir distancia
ideal en relación a lo que significa, introduce
la extrañeza radical en relación a lo que se
piensa que es la lengua portadora de sentido.

J. Kristeva.

la implicación
significante-signo-sentido-lenguaje

El lenguaje es una piel:


yo froto mi lenguaje contra el otro. Es
como si tuviera palabras a guisa de los
dedos, o dedos en la punta de mis
palabras. Mi lenguaje tiembla de deseos.

R. Barthes.

ue con Saussure cuando se realizaron esfuerzos de com-


f prensión que llevan a establecer tres distinciones al inte-
rior de la lengua: parole (habla), como la actividad del sujeto
Crítica de la Razón Mediática

parlante; langue (lengua), como la institución y langage (lengua-


je), como el tratado de reglas y estatutos. Una armazón de dis-
tintos lenguajes, hacen y median la realidad del signo.
Juan Barreto
3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:43 PM Page 236

Tercera Parte / Ensayo I

236 Esto posibilita el entendimiento del lenguaje más allá


de la sumatoria de los modos de producción simbólica. La
actividad de simbolización permite la actualización del con-
cepto, es decir, la aparición de esos momentos singulares en
los cuales, excepcionalmente, se produce el plano que los
define, se trazan imágenes y permiten su empleo dentro de un
conjunto de recursos que instalan la diferencia. Este movi-
miento supone planos convergentes y divergentes que se
oponen y sustraen simultáneamente, creando zonas de replie-
gue, de encuentro y de ruptura simbólica.
Wittgenstein, en su primera etapa, planteó que la expli-
cación apriorística de la constitución ontológica del mundo
-teoría que se viene desarrollando desde el nominalismo grie-
go- debe ser sacada del mundo en sí, y descargada en el lengua-
je, aunque es, de suyo, parte de él. Y en consecuencia, vemos a
este último convertido en un instrumento del conocimiento.
Esta lectura dotaba a la lengua de una capacidad infi-
nita de significar y, visto su instrumental como sistema de sig-
nos comunes, manipulables y constituibles a placer, el lengua-
je se construye como objeto de disciplinas como la sintaxis y
la semántica lógica que, bajo la influencia del positivismo lógi-
co, tratarían de asimilarse al saber del mundo. Pero esta
corriente no pudo dar cuenta del proceso del signo y una
nueva problematización del lenguaje se abrirá paso.
Los primeros en llamar la atención sobre esto, estuvie-
ron vinculados a los desarrollos lingüísticos de Jakobson, y
poco a poco se fue configurando un espacio semiótico para
la interpretación de lo simbólico como una esfera autónoma
de saber. En este espacio, “la lengua” pasó a ser el corpus más
famoso de las estructuras simbólicas establecidas en los esce-
Crítica de la Razón Mediática

narios legitimadores y legitimados, con el papel de lograr la


interacción social. Y el lenguaje, como mediación de signos,
pasó a ser concebido como un sistema producido de relacio-
Juan Barreto
3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:43 PM Page 237

Tercera Parte / Ensayo I

nes semióticas que modela la expresión y el contenido, desde 237


el azar de la arbitrariedad. Esta relación arbitraria tolera la
configuración de nuevas propuestas sígnicas y de significa-
ción individuales que pueden ser compartidas.
La lengua, escribió Saussure, «… no es más que una
determinada parte del lenguaje, aunque esencial. Es a la vez
un producto social de la facultad del lenguaje y un conjunto
de convenciones necesarias, adoptadas por el cuerpo social
para permitir el ejercicio de esa facultad en los individuos».1
La lengua ofrece la estructura organizada y jerarquiza-
da por excelencia, a través de la cual el sujeto ordena lo que
aprende dentro de sí, activando la máquina de conceptos que
es el pensamiento.
Hoy, la semiótica funciona más como disciplina que
como una ciencia, en el sentido comprendido por el método.
Es decir, una disciplina en cuanto orden y rigor de la consis-
tencia interior del discurso, elemento sustantivo de una teoría
con pretensiones de verdad que intenta dar respuestas satis-
factorias. La semiótica describe el movimiento de las máquinas discur-
sivas y sus relaciones con los engranajes de éstas.
En su Tratado de semiótica general2, U. Eco afirma que los
conceptos con los cuales trabaja esta disciplina provienen
-por génesis- de la filosofía y la medicina clásica, amén de los
presocráticos: Hipócrates y Parménides, e inclusive Platón y
Aristóteles -aunque no eran plesocráticos-, dice, plantearon
los cimientos de lo que hoy se denomina semiótica. Eco sos-
tiene que estos pensadores discutían en torno a las significa-
ciones que emanaban de signos trans-lingüísticos. Al igual
que los pensadores y escritores del medioevo y de la moder-
nidad que teorizaron sobre el conocimiento, bajo el supuesto
Crítica de la Razón Mediática

de que toda teoría se apoya en el significado del lenguaje.

1 F. Saussure, Curso de lingüística general, Latinoamericana, Buenos Aires,


1972, p. 51.
Juan Barreto

2 U. Eco, Tratado de semiótica general, Lumen, Barcelona, 1991.


3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:43 PM Page 238

Tercera Parte / Ensayo I

238 Por su parte, Casetti considera que entre los presemió-


ticos se encuentra Heráclito, quien proclamaba la «naturalidad
del signo» porque en el lenguaje se decía la realidad nombrán-
dola3. Este nominalismo no establece aún una relación entre
la palabra y la cosa, sino más bien plantea “la motivación” del
discurso. En tanto que Parménides considera que la palabra
es falsa y se refiere a una realidad aparente.
Otra postura interesante es la esbozada por los sofis-
tas, quienes se apertrechaban en la “retórica” -arte de persua-
dir a través de los discursos-4: «El medio por el que nos
expresamos es la palabra, y la palabra no es el objeto, aquello
que realmente es; no es, por tanto, la realidad existente, la que
expresamos a nuestro vecino, sino sólo la palabra que es otra
cosa que el objeto»5. Bajo este razonamiento, la palabra no
requiere de realidades sino de consistencia en el discurso
como base para el convencimiento.
Ya Aristóteles decía en su tiempo que las cosas que
son, se verifican en la voz y en los símbolos, lo que supone
asumir los escritos como símbolos de las cosas que aparecen
en la voz, los signos gráficos como signos de las formas fóni-
cas y que ni los signos gráficos ni las formas fónicas son los
mismos para todos6. Aristóteles establece, pues, una relación
afectiva entre las cosas que son y que se verifican en la voz.
Esta relación, a su vez, promueve la escritura. Y si voz y escri-
tura se estimulan, la “afectividad” del hombre se ve motivada
de igual forma tanto por los signos de las cosas, como por las
cosas en sí.
Aún cuando muchos pensadores han establecido rela-
ciones entre la voz, la palabra y el discurso, y su articulado
Crítica de la Razón Mediática

3 F. Casetti, Introducción a la semiótica, Fontanella, Buenos Aires, 1988.


4 Véase al respecto, F. Savater, Apología de sofistas, Taurus, Barcelona, 1988.
5 Gorgias, citado por F. Casetti, Introducción a la semiótica, p. 31.
6 Al respecto, AA. VV., La cultura del 900, Fondo de Cultura Económica,
Juan Barreto

México, 1983, p. 70 y ss.


3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:43 PM Page 239

Tercera Parte / Ensayo I

conceptual, “el mundo de lo real”, es necesario admitir la pro- 239


fundidad de la semiótica -ya como disciplina reconocida- a
partir de las teorías de Saussure y Peirce, cada uno a su tiem-
po. Desde ese momento se acepta que la expresión de la gran
mayoría de los sistemas semióticos está sometida al lenguaje,
pero necesariamente este lenguaje no está limitado a la pala-
bra, sino más bien a la naturaleza del signo.
Roland Barthes es mucho más radical en su plantea-
miento sobre la importancia del lenguaje:
…pese a la invasión de imágenes, la nuestra es más que nunca
una civilización de la escritura. Generalmente además, parece
cada vez más difícil concebir un sistema de imágenes o de obje-
tos cuyos significados puedan existir fuera del lenguaje; para per-
cibir lo que una sustancia significa, necesariamente hay que recu-
rrir al trabajo de articulación llevado a cabo por la lengua; no hay
sentido que no esté nombrado y el mundo de los significados no
es más que el mundo del lenguaje. 7

Para Barthes la subjetividad vive en lo emotivo, en “la otre-


dad”, lo no inmediatamente decible, no porque no pueda ser dicho.
Hoy la semiótica es el producto del cruce o intercepción
de dos corrientes: La que va desde la lingüística de Saussure
hasta R. Barthes, y la que va desde Peirce hasta Eco. La prime-
ra, más vinculada a la semiología, es decir, al estudio de los sig-
nos a partir del lenguaje, entiende la lengua como un hipersiste-
ma de signos desde donde sería posible una crítica de las con-
notaciones, incluso translingüísticas. Mientras para Pierce y su
tradición hasta llegar a Eco, pasando por Meats, lo simbólico
tendría una historia autónoma desde el origen de la filosofía:
sema, semeion, nous, serían puntos de partida para una clasificación
a priori de lo sígnico lingüístico y no lingüístico. Ambas corrien-
Crítica de la Razón Mediática

tes denotan una relación ansiosa por obtener estatuto de titula-


ridad y siempre vinculan al signo el aspecto lingüístico.
Juan Barreto

7 R. Barthes, Elementos de semiología, Paidós, Barcelona, 1986, p. 14.


3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:43 PM Page 240

Tercera Parte / Ensayo I

240 el significante-signo como pliegue

Una moneda desmonetarizada no tiene rumbo ni curso.

C. Marx.

La cuestión de la argumentación no sólo depende de las for-


mas proposicionales de la retórica, como dijera Derrida, sino
que contiene una micrología de relaciones gramatológicas
protocolares, condiciones, recursos, afinidades, diferencias,
derivas y líneas de delimitación (Foucault), que hacen la dimen-
sión ficcional y performativa. Esta sería la singularidad mos-
trada desde su orden secreto y su régimen de enunciados
autorizados.
Pero todavía queda por establecer la consistencia del
juicio, su racionalidad El signo sería entonces una «forma de
huir siguiendo una línea pendiente», dice Deleuze; un paque-
te de contenidos, un sistema de reenvío abierto siempre refe-
rido a otro signo, o como dicen los lacanianos en relación al
significante ya como signo: «aquello que está presente cuan-
do algo se encuentra en el lugar de otra cosa»8. La función del
signo del significante, vendría dada por sistemas de inferencia
de un S a otro S. Inducción, deducción y abducción son, para
los estructuralistas de la semiótica, las herramientas para leer
los signos como texto (lingüístico).
La idea del signo como pliegue y modo estratificado
de significar, es decir, como un sistema de cortes y articula-
ciones de sentido, es una lectura que arranca con Foucault y
Deleuze. Para estos autores, asistir al momento del signo es
asumir que significar no es más que un plano de consistencia
en el cual tiene lugar un número de enunciados circunstancia-
Crítica de la Razón Mediática

les dados por el contexto de las marcas y pliegues de lo real,


es decir, el signo como momento del significado, en el que el
significante deja de tener un estatuto de existencia vacía.
Juan Barreto

8 Ver: U. Eco, Tratado de semiótica general, p. 29.


3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:43 PM Page 241

Tercera Parte / Ensayo I

Se trata, así, de un diagrama abstracto, fragmentos de 241


sentido, desde donde es posible una arqueología de las formas
de saber-poder y de las articulaciones múltiples de sentido
que hacen posible objetivaciones, es decir producciones de
objetos de discurso, lo que es capaz de significar el discurso,
pues un sistema de significación no es un conjunto de signos.
Los signos son estrategias en donde el devenir signo es un
plano de consistencia del contenido del sentido en un contex-
to o formación discursiva.
El signo articula varios niveles, no necesariamente
remitiendo a otro signo sino más bien a distintas formas de
sentido, como bien lo enfatiza Derrida, en su libro Espolones,
donde habla del estilo en Nietzsche para dar cuenta de esta
relación múltiple9. Relación respecto de la cual, por ejemplo,
Pierce sabía que la terceridad era el sujeto articulado como
signo en sí mismo, pues el sujeto es signo en tanto forma
parte de la relación que hace la cadena de reenvío del sentido.
Es el signo que interpreta, y aquí, sí, como texto abierto. El
sujeto es el signo de encuentro entre la materia del mundo
como forma de la sustancia -en el sentido de Spinoza- que
hace al objeto.
Es lo que muestran los análisis de Foucault en Vigilar
y castigar, donde desarrolla la idea de la prisión como materia-
lidad de una sustancia discursiva (poder como relación de
enunciación) que se hace objeto. El signo aquí connota, deno-
ta y refiere al sentido de un discurso en tanto que relación de
un conjunto orgánico de formas y sustancias discursivas.
Esto es lo que llamaba performatividad, el momento de
la forma del objeto que se hace visible para ser dicho. Aquí
aparecen materializadas distintas líneas de articulación, líneas
Crítica de la Razón Mediática

de fuga, de segmentaridad, recortes específicos de sentido,


líneas de luz y visibilidad, entre otras. En fin, la constitución
del dispositivo de enunciación del que hablara Foucault y por
Juan Barreto

9 J. Derrida, Espolones, Pre-Textos, Valencia, 1997.


3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:43 PM Page 242

Tercera Parte / Ensayo I

242 el que afirma que no hay distancia entre las palabras y las
cosas, pues el signo es el eslabón de fusión entre unas y otras.
Los distintos estilos semióticos del signo son dados
por las pasiones dominantes en la subjetividad de los mundos
de la vida, donde las reservas de sentido revelan sus efectos
de superficie. Los signos son sinuosos laberintos que mani-
fiestan ciertas sustancias ontológicas. El signo es de materia
rizomática en tanto no comienza ni termina y, como la hier-
ba, crece por el medio dependiendo de sus articulaciones. Los
signos son, pues, estrategias para hacer que funcione el senti-
do, para articular la significación.
Desde luego, seguir pensando el signo desde la semió-
tica estructural y sus trayectorias históricas, lo coloca en esta-
do de inactualidad con relación a los problemas de la teoría10.
Un proyecto de inteligibilidad del signo supone un giro
semiótico, tal y como lo plantea Paolo Fabbri:
En los últimos años se ha producido un giro en el modo de estu-
diar los problemas de la significación. Este giro no es como se
había dicho hace pocas décadas una ruptura epistemológica... es
como un nuevo pliegue en la semiótica, otro modo de plegar la
tela muy compleja formada por el modo estratificado que tene-
mos de significar.11

El signo es entonces una realidad hojaldrada, forma-


da por pliegues al interior del significante, estratos y huellas
de superficie, zonas lisas de desterritorialización o estriadas

10 "Derrida es quien habrá de hacer más claramente manifiestos los


supuestos ‹metafísicos› (más exactamente, fenomenológicos) que subya-
cen en el estructuralismo. Para ello parte de la propia idea estructuralista
del lenguaje como sistema relacional, es decir, como un campo integrado
de relaciones en el que cada término toma su sentido por referencia a otro,
y así sucesivamente. Dicho concepto tiene siempre implícito, pues, el peli-
Crítica de la Razón Mediática

gro del ‹vértigo de la hipérbole› (Baudelaire) estos es, el deslizamiento per-


manente en la cadena de los significantes, la remisión eterna de un signo
a otro, sin un punto en el cual anclara el juego de las referencias mutuas.
Según muestra Derrida, lo que evita este peligro es la existencia de un cen-
tro fijo, un núcleo estructural que garantiza la determinabilidad del senti-
do del signo. La idea de un significado trascendente (una referencia inme-
Juan Barreto

diata objeto) provee ese anclaje que pone un término al deslizamiento


3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:43 PM Page 243

Tercera Parte / Ensayo I

por la reterritorialización de la máquina de corte del poder. 243


Fabbri recomienda que: «No nos fiemos de los signos, ellos
sólo son sucesos determinados históricamente y variables en
función de las distintas historias en las que son implicados»12.
Y agrega que dependiendo del plano de consistencia y de la
pertinencia del discurso que lo conlleva., puede ser leída
desde la perspectiva de la semiótica del significante lacania-
no13, anunciando un nuevo escenario que podría ser un no-
lugar de intercepción, tensión y aspectualización de lo simbó-
lico, el cual borre la separación entre valor, eficacia, pasión y
creencia contenida en la afectación de cada signo.
La traducción intrasemiótica de esta propuesta nos
permitirá estudiar el signo a través de los recorridos del signifi-
cante en el sentido de una lógica al interior de un régimen. Las
sustancias de la expresión inscritas en el signo, como lo subra-
yó Bajtin, son sentido en cuanto procedimiento de la significa-

entre significantes, indica ese agujero en la trama del lenguaje que apunta
hacía más allá de ella, quebrando el juego de sus referencias recíprocas y,
al mismo tiempo, fundándolo. El postulado de un significado trascenden-
te es, en definitiva, constitutivo del estructuralismo, puesto que le provee
el núcleo a partir del cual todo sistema puede articularse como tal. Pero, a
la vez, es destructivo de aquél, dado que, para ello, debe sostenerse en una
premisa que escapa, por definición, a su concepto; esto es, disloca el prin-
cipio estructuralista de la inmanencia del sistema de referencias mutuas
entre signos o elementos. Este postulado señala, en fin, el punto en que el
estructuralismo entronca con la tradición metafísica occidental. Ambos
comparten una misma ansiedad por una presencia total (cuya matriz fun-
damental Derrida la descubre en el intuicionismo fenomenológico husser-
liano), la ilusión de una referencia inmediata al objeto, no mediada por la
materialidad del lenguaje". E.J. Palti, Op. cit., pp. 95-96.
11 P. Fabbri, El giro semiótico, Gedisa, Barcelona, 1999, p. 57.
12 Ibid., p. 36.
13 «Un discurso es ‹la totalidad estructurada resultante de la práctica arti-
culatoria›. Sin embargo, la premisa en que descansan tales prácticas articu-
Crítica de la Razón Mediática

ladoras y desencadena el mecanismo hegemónico es, precisamente, la


imposible reducción plena de los elementos a momentos, es decir, el hecho de
que ningún orden pueden realizar jamás su vocación de instituirse como
un sistema autocontenido y autorregulado.
En efecto, la totalidad, según vimos, sólo puede representarse en la medi-
da en que encarna en un elemento particular, con lo que éste se ve tras-
Juan Barreto

cendido como tal, convirtiéndose en un locus de efectos universales. Pero


3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:43 PM Page 244

Tercera Parte / Ensayo I

244 ción. Parece oportuno, pues, recuperar la noción de J. Lotean,


quien entiende al significado como traducción del signo.
Esta noción nos permite comprender el lenguaje asu-
miendo su elasticidad y su doble virtud respecto de las formas
y del contenido, a saber, la de referir a otros y a sí mismo. Nos
permite, también, entroncarnos con la articulación que pos-
tula Eliseo Verón en los siguientes términos:
también en el punto en que dicha totalidad se fisura: el carácter particular
del agente teñirá inevitablemente también todos sus efectos, frustrando su
vocación de universalidad. ‹Entender la realidad social no consiste, por lo
tanto, en entender lo que la sociedad es sino aquello que le impide ser›. El
espacio de este exceso (marcado por la presencia de elementos no reduc-
tibles a la lógica estructural, no asimilables a ésta como momentos suyos)
define el campo de discursividad en que tienen lugar las prácticas hegemóni-
cas. Para decirlo con las palabras de Derrida, ‹la ausencia de un significa-
do trascendente extiende infinitamente el dominio y el juego de la signifi-
cación›, dando lugar a la emergencia de significante flotantes.
‘El estatus de los ‹elementos› es el de significantes flotantes, que no logran
ser articulados a una cadena discursiva. Y este carácter flotante penetra
finalmente a toda identidad discursiva (es decir, social). Pero si aceptamos
el carácter incompleto de toda fijación discursiva y, al mismo tiempo, afir-
mamos el carácter relacional de toda identidad, en ese caso el carácter ambi-
guo del significante, su no fijación a ningún significado, sólo puede existir
en la medida en que hay proliferación de significados. No es la pobreza de
significados, sino, por el contrario, la polisemia que desarticula una estruc-
tura discursiva […] La sociedad no consigue nunca ser idéntica a sí misma,
porque todo punto nodal se constituye en el interior de una intertextualidad
que lo desborda. La práctica de la articulación consiste, por tanto, en la construcción
de puntos nodales que fijan parcialmente el sentido: y el carácter parcial de esta fijación
procede de la apertura de lo social, resultante a su vez del constante desbordamiento de
todo discurso por la infinitud del campo de la discursividad.’
Todo significante flotante tiende hacia su vaciamiento significativo, el cual
no es resultado de una carencia de sentido, sino, por el contrario, de un
exceso, de la proliferación semántico-referencial. Pero ésta constituye una
noción límite: al igual que la compleja fijación, tampoco es jamás la com-
pleta disolución significativa. La primera alternativa, definida por el prima-
do de la lógica equivalencial, implicaría la presencia de un sistema de regi-
mentación total (la “jaula de hierro” de Max Webber). La segunda, marca-
Crítica de la Razón Mediática

da por la pura lógica de la diferencia (que es aquella en que se funda el pro-


yecto multiculturalista), equivaldría a la disolución de todo orden. Entre
ambos límites (imposibles) se extiende el espacio para la práctica hegemó-
nica (la fijación, siempre parcial y precaria, de sentidos). La proliferación de
los significantes flotantes como producto de dicha práctica constituye el
campo de discursividad como un espacio agonal, y la permanente deses-
tabilización de las fijaciones identitarias». E. J. Palti, Op. cit., p. 102. (El ter-
Juan Barreto

cer párrafo corresponde a una cita de Derrida)


3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:43 PM Page 245

Tercera Parte / Ensayo I

La teoría de los discursos sociales es un conjunto de hipótesis 245


sobre los modos de funcionamiento de la semiosis social.
Entendiendo por ésta la dimensión significante de los fenóme-
nos sociales: El estudio de la semiosis es el estudio de los fenó-
menos sociales en tanto proceso de producción de sentido. Una
teoría de los discursos sociales reposa sobre una doble hipótesis
que, pese a su trivialidad aparente hay que tomarse en serio: a)
toda producción de sentido es necesariamente social... b) todo
fenómeno social es en una de sus dimensiones constitutivas, un
proceso de producción de sentido...14.

Se da, entonces, un universo de discurso que aporta


ciertas condiciones de producción y de reconocimiento, de
modo que la distinción entre un discurso y sus condiciones de
producción se establece siempre a partir de la identificación
de tal o cual conjunto discursivo anterior como campo de
efectos. Como orden de partida o nuevo régimen, dirá
Deleuze encontrándose con Verón.15
Forma de contenido y forma de expresión son insepa-
rables, pues remiten a agenciamientos comunes, no necesaria-
mente lingüísticos. Al obviar este aspecto, la semiología se
queda en una semiótica del significante, de ahí que Deleuze
recomiende la necesidad de volver a una pragmática, en la que
el lenguaje nunca tenga universalidad, ni formalización sufi-
ciente. El signo remite al signo y remite al signo, al infinito.
Así, el signo va alcanzando operaciones de desterritorializa-
ción allí donde la significancia supera al signo, es decir, en un
movimiento en el que se hace símbolo.
Por eso, denotación y connotación se superponen
como pliegues dependiendo de la situación estratégica del
signo en el sistema de interpretación que sea. Se trata de una
red de umbral amorfo a la que llamamos significado y que no
Crítica de la Razón Mediática

14 E. Verón, La semiosis social, Cedisa, Barcelona, 1987, p. 125.


15 "Llamamos regímenes de signos a toda formalización de expresión
específica, al menos en el caso en el que la expresión es lingüística. Un
régimen de signos constituye una semiótica". G. Deleuze y F. Guattari, Mil
Juan Barreto

mesetas, Pre-Textos, Valencia, 2000, p. 117.


3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:43 PM Page 246

Tercera Parte / Ensayo I

246 cesa de recomponerse ni de «deslizarse bajo el significante».


A ello lo llamaron Deleuze y Guattari, mundanización o
atmosferización de los contenidos de signo:
Al eje sintagmático del signo que remite al signo se añade un eje
paradigmático en el que el signo así formalizado se labra un sig-
nificado conforme (así pues, una vez más, se hace abstracción del
contenido, pero de una nueva forma). El sacerdote interpretati-
vo, el adivino, es uno de los burócratas del dios déspota. Surge
así un nuevo aspecto de la trampa, la trampa del sacerdote: la
interpretación se prolonga hasta el infinito y nunca encuentra
nada que no sea ya de por sí una interpretación. Como conse-
cuencia, el significado no cesa de restituir significante, de recar-
garlo o de producirlo. La forma procede siempre del significan-
te. El significado último es, pues, el significante en su redundan-
cia o su ‘excedente’. Es totalmente inútil pretender superar la
interpretación incluso la comunicación por la producción de sig-
nificante, puesto que la comunicación de la interpretación siem-
pre sirve para reproducir y producir significante.16

Es decir, devenires, reterritorializaciones o rostricida-


des cuando el signo se territorializa en la cara. Por eso postu-
lamos que no puede haber una lectura de lo mediático que no
sea a su vez una deriva, una reterritorialización de las líneas de
fuga de esta lectura del signo en cuanto régimen y orden del
enunciado.
La plasticidad de las figuras semióticas y su carácter
procesual están vinculadas fuertemente a su naturaleza
maquínica y funciones diagramáticas, no técnica ni orgánica,
aunque las vicisitudes técnicas generen semióticas sociales
parciales que operan desde prelaciones y entidades que gene-
ran ciertas territorialidades semióticas, técnicas y sociales
como es el caso del campo mediático. El mundo semiótico
viene dado por las narratividades que aportan los discursos,
Crítica de la Razón Mediática

por la dimensión del signo en tales lugares y por la lógica de


sentido del aparato técnico.
Juan Barreto

16 Ibid., p. 120.
3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:43 PM Page 247

Tercera Parte / Ensayo I

la construcción simbólica 247

Lo que hacemos es servirnos de términos


desterritorializados, es decir, arrancados de su
dominio, para reterritorializar otra noción, crear
el rostro, la rostricidad como función social…
Enunciar por ejemplo, un agujero negro , es un
buen ejemplo de multiplicidad
con por lo menos tres dimensiones: astrofísica,
estética, política.

G. Deleuze, F. Guattari.

A través de la historia, las formas particulares del habla pre-


ceden a la lengua como corpus organizado. Si bien la lengua
es necesaria para entender el habla, el habla en su propia diná-
mica hace posible que la lengua se consolide en el “pacto
social de entendimiento”. Es en esta dialéctica interdepen-
diente que la lengua es acogida como forma de traducción del
pensamiento. Así pues, el habla se define por su ejecución,
por su uso, por su individualidad –voluntad y selección– y por
su arbitrariedad, al articular múltiples combinaciones sígnicas,
siempre atendiendo a una gramática que hace inteligibles los
enunciados, ordenándolos como elementos de una lógica.
Dicha gramática es una legitimidad inscrita en la pra-
xis individual y social, y en la realidad sígnica. Las mentaliza-
ciones que hacen los individuos de las reglas producen nue-
vas lecturas aprehendidas a las condiciones de mediación síg-
nica que permiten la interpretación de la realidad.
La semiótica busca que el signo desnude “las verda-
Crítica de la Razón Mediática

des” de los hechos sociales, es decir, del sentido construido.


Pero, con Casetti y Deleuze, cabe precisar que no se puede
Juan Barreto
3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:43 PM Page 248

Tercera Parte / Ensayo I

248 hablar de semiótica, sino de semióticas que tienen en común


un campo de problemas, a saber: 1) una auto-revisión episte-
mológica constante en el proceso de rigurosidad de método
–o como un intento por descubrir mentiras–; 2) el trabajo en
función de cualquier signo, distinguiéndolos en motivados o
inmotivados; 3) la puesta en ejercicio del análisis lógico com-
plementado con el análisis semántico; 4) el reconocimiento de
«la facultad metalingüística del lenguaje (de los lenguajes),
hasta el punto de que la propia teoría semiótica se proyecta
como un metalenguaje descriptivo de los diferentes lenguajes-
objeto»17. Esta puesta en común permite que el universo sim-
bólico derivado del espacio del signo trabaje en lugares fini-
tos, uniendo las coordenadas culturales que hacen posible
fuerzas nuevas en las formas de apropiación de las cosas, dán-
doles resonancia en el lenguaje. Se trata, como hemos visto,
de la construcción de nuevos objetos.
Ahora bien, existen divergencias entre las corrientes
que trabajan los modos de producción semiótica. Según
Casetti, las semióticas «... responderán al proyecto de intentar
-como diría Greimas- dar cuenta de la articulación y de la
manifestación del universo semiótico como la totalidad del
sentido de orden cultural o personal»18. No obstante, hay que
considerar que el universo simbólico es construcción de sen-
tido y búsqueda inacabada de sentido tras el sentido, con el
objeto de arribar a las condiciones discursivas y no discursi-
vas que hacen posible las construcciones simbólicas. Esta
característica de lo simbólico es ahora una posibilidad de arri-
bar a lo que podemos llamar una semiótica-hermenéutica, razón
por la cual recurrimos a algunos planteamientos de Foucault
que apuntan en esta dirección.
En Las palabras y las cosas, Foucault distingue herme-
Crítica de la Razón Mediática

néutica y semiología de la siguiente manera:

17 G. Deleuze, y F. Guattari, Mil mesetas, p. 119.


18 F. Casetti, Introducción a la semiótica, p. 12. Véase también: P. Guiraud,
Juan Barreto

La semiología, Siglo XXI, México, 1988.


3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:44 PM Page 249

Tercera Parte / Ensayo I

Llamamos hermenéutica al conjunto de conocimientos y técnicas 249


que permiten que los signos hablen y nos descubran sus sentidos;
llamamos semiología al conjunto de conocimientos y técnicas que
permiten saber dónde están los signos, definir lo que los hace ser
signos, conocer sus ligas y leyes de su encadenamiento...19

Siguiendo esta distinción, advertimos que el mundo del


código y sus convenciones explícitas no se enfrenta a la her-
menéutica y al descubrimiento de los signos implícitos y laten-
tes, puramente contingentes, o incluso con otro tipo de valo-
raciones posibles20. El sentido incluido en la producción sim-
bólica sería la contradicción entre la imagen y lo representado,
entre la equivalencia y la semejanza, que son los temas de
Foucault en Esto no es una pipa21, texto en el cual la línea fron-
teriza entre la diferencia y la similitud es estudiada a partir del
enunciado de las series, y su disparidad caótica, que devela el
misterio de lo incompatible y la mismidad de las cosas donde
lo semejante y lo diverso se enfrentan fundando al símbolo.
Esta es la historia de un devenir: «una historia cósmi-
ca y humana en la que existen fracturas entre el mundo como
escritura divina (o sea el mundo visible como expresión inter-
pretable de la propia esencia) y la escritura como transcrip-
ción del mundo»22. En esta historia, las palabras y las cosas
interrumpen su antigua y arcana correspondencia, dando
lugar a una crisis de representación que rompe la fascinación
alienada del sueño analógico de la enunciación y se pasa al
terreno simbólico. Pero para adentrarse en el universo simbó-
lico hay que:
…considerar el símbolo y lo simbólico -el simbolismo- como un
nuevo totemismo cultural, en cuyo ámbito es posible ‘mediar’
existencia y esencia, así como obviar la nueva identidad del hom-
bre en el mundo como un ser que repite los arquetipos (univer-
Crítica de la Razón Mediática

sales) de un modo típico, diferenciado y autóctono: pues el sim-

19 M. Foucault, Las palabras y las cosas, Siglo XXI, México, 1968, p. 38.
20 Ver: P. Guiraud, La semiología, p. 112.
21 M. Foucault, Esto no es una pipa, Anagrama, Barcelona, 1993.
Juan Barreto

22 Ibid., p. 10.
3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:44 PM Page 250

Tercera Parte / Ensayo I

250 bolismo media lo universal y lo particular, el destino -lo dado- y


nuestra respuesta (libertad), la urdimbre y la estructura.
Podríamos decir que el simbolismo media implicación y explica-
ción, al modo como el lenguaje musical ‘acuerda’ (en un acorde)
las diferentes ‘notas’ o tonos dispersos a través de una relaciona-
lidad co-ímplice. En tal ‘acuerdo’ (musical) se destaca el consen-
timiento (axiológico), el cual responde mejor a la esencia senti-
mental del hombre como intersección del sentimiento y la mente,
eros y logos, materia y forma.23

En esta perspectiva es importante mantener «una


rigurosa mala fe, una técnica de severa incomprensión»24, a
la que invitaba Foucault, que lleve a convencer a la escanda-
losa voluntad de la importancia de las malas lecturas, de los
circuitos de equívocos que ponen en crisis la relación, por
ejemplo, entre representación visual y referencia lingüística,
y todo el nominalismo clásico, pues el campo relacional de
la diferencia ahora funda constelaciones de cosas y nubes de
significado.
Es lo que llamaremos configuración significativa, en
donde el tránsito traumático entre la letra y la imagen hacen
el sentido. Aquí, el texto aparece como un campo de fuerzas,
un tinglado de efectos múltiples y de operaciones, más allá de
la idea de espacio discursivo. La semiosis que se produce en
el texto es el verdadero significado del signo y no hay signo
sin relación textual con el significado.
Es por eso que Deleuze se pregunta sobre el cuerpo sin
órganos de un texto y responde que obedece a las leyes de una
composición maquínica dirigida hacia los estratos inatribui-
bles al sujeto, es decir, al signo. Es el momento de intensida-
des múltiples y de partículas asignificantes, sitio de prácticas y
de fechas, es decir, materias diversas que transcurren en rit-
Crítica de la Razón Mediática

mos y velocidades diversamente formadas, por el estriaje o

23 A. Ortíz-Osés, "Una hermenéutica simbólica del sentido", en revista


Anthropos, Nº 153. Barcelona, 1995, p. 24.
Juan Barreto

24 M. Foucault, Esto no es una pipa, p. 15.


3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:44 PM Page 251

Tercera Parte / Ensayo I

alisamiento del espacio-tiempo social y las formas como 251


interviene el poder y las resistencias a él. Lo que viene a decir
que el texto es articulación y segmentaridad, pero también
líneas de fuga y de circulación de flujos, de interioridades y
exterioridades, que comparten un mismo plano de distintos
signos.
Para decirlo de otra manera, el texto es una máquina
de captura de cadenas de substancias y delgadas franjas de
relaciones que, de otra forma, serían flotantes a no ser que
queden encadenadas a un régimen de sentido y un orden del
enunciado25. O, lo que es lo mismo, el texto es un mapa de
recorridos y transferencias que se efectúa en cualquier com-
posición, un juego de analogías y de instancias lúdicas de des-
doblamiento en horizontes de sentido en el que lo simbólico
adquiere relevancia, pues asegura la multiplicidad de las lectu-
ras que hacen del texto un lugar de entrecruzamientos de
líneas de objetivación y subjetivación, de saber y poder, de
prácticas discursivas y no discursivas.

25 Al respecto, es oportuno citar ampliamente los comentarios de


Deleuze a propósito de la problematización foucaultiana del enunciado:
"Así, no sólo cada enunciado es inseparable de una multiplicidad "rara" y
regular a un tiempo, sino que cada enunciado es una multiplicidad: una
multiplicidad y no una estructura o un sistema. Topología de los enuncia-
dos que se opone tanto a la tipología de las proposiciones como a la dia-
léctica de las frases. Nosotros pensamos que un enunciado, una familia de
enunciados, una formación discursiva, según Foucault, se define por líne-
as de variación inherentes o por un campo de vectores que se distribuyen
en el espacio asociado: es el espacio como función primitiva, o el primer
sentido de "regularidad". La segunda porción de espacio es el espacio
correlativo, que no hay que confundir con el asociado. En este caso se
trata de la relación del enunciado, no ya con otros enunciados, sino con
sus sujetos, sus objetos, sus conceptos. Aquí existe la posibilidad de des-
cubrir nuevas diferencias entre el enunciado por un lado, y por otro las
palabras, las frases o las proposiciones. En efecto, las frases remiten a un
Crítica de la Razón Mediática

sujeto llamado de enunciación que parece tener el poder de hacer comen-


zar el discurso: se trata del YO como persona lingüística irreductible al Él,
incluso cuando no es explícitamente formulada. El "Yo" como conecta-
dor o sui referencial. La frase es, pues, analizada desde el doble punto de
vista de la constante (la forma del Yo) y de las variables extrínsecas (el que
dice Yo viene a ocupar la forma). Muy distinto es lo que ocurre en el caso
Juan Barreto

del enunciado: éste no remite a una forma única, sino a posiciones intrín-
3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:44 PM Page 252

Tercera Parte / Ensayo I

252 El texto es, asimismo, un territorio de efectuación y


reconocimiento del símbolo26. Y para Foucault, la importan-
cia de la concepción del texto como espacio de simbolización
viene dada por su capacidad para ubicarse al exterior de sus
límites. Nos encontramos de repente ante una ciencia enten-
dida como un hiato, una abertura, una grieta27, en la cual la
naturaleza del signo, o bien del gesto, del icono, de la mueca,
del símbolo, o de la señal, sufre mutaciones que transfiguran

secas muy variables que forman parte del propio enunciado…éste tiene
un "objeto discursivo" que no consiste en modo alguno en un estado de
cosas al que hace referencia, sino que deriva, por el contrario, del propio
enunciado. Es un objeto derivado que se define precisamente en el límite
de las líneas de variación del enunciado como función primitiva. Al mismo
tiempo, de nada sirve distinguir tipos de intencionalidad diferentes de los
cuales unos podrían ser cumplidos por estados de cosas, y otros perma-
necerían vacíos, siendo en ese caso ficticios o imaginarios en general […]
Si los enunciados se distinguen de las palabras, de las frases o de las pro-
posiciones, es porque comprenden en si mismo, como sus "derivadas", las
funciones de sujeto, las funciones de objeto, las funciones de concepto.
Sujeto, objeto y concepto sólo son precisamente funciones derivadas de la
primitiva o del enunciado. Por eso el espacio correlativo es el orden dis-
cursivo de los emplazamientos o posiciones de sujetos, de objetos y de
conceptos en una familia de enunciados. Es el segundo sentido de "regu-
laridad": esos diversos emplazamientos representan puntos singulares. Al
sistema de las palabras, frases y proposiciones, que procede por constan-
te intrínseca y variable extrínseca, se opone, pues, la multiplicidad de los
enunciados, que procede por variación inherente y por variable intrínseca
[…] Queda, por último, la tercera porción de espacio, que es extrínseca: el
espacio complementario, o de formaciones no discursivas (instituciones,
acontecimientos políticos, prácticas y procesos económicos). En este
punto Foucault esboza ya la concepción de una filosofía política. Una ins-
titución implica enunciados, por ejemplo, una constitución, una carta,
contratos, inscripciones y registros. Y a la inversa, los enunciados remiten
a un medio institucional sin el cual no podrían formarse ni los objetos que
surgen en tales localizaciones del enunciado, ni el sujeto que habla desde
tal emplazamiento (por ejemplo, la posición del escritor en un sociedad,
la posición del médico en el hospital o en sus consulta, en tal época, y las
nuevas emergencias de objetos" G. Deleuze, Foucault, pp. 33-36.
Crítica de la Razón Mediática

26 Con Pierce: "...los símbolos son la urdimbre y la trama de toda inves-


tigación y de todo pensamiento, y que la vida del pensamiento y de la cien-
cia es la vida inherente a los símbolos; por tanto, no es acertado afirmar
solamente que el lenguaje es importante para el buen pensamiento, por-
que es parte misma de su esencia". C. S. Peirce, La ciencia de la semiótica,
Nueva Visión, Buenos Aires, 1986, p. 26.
Juan Barreto

27 M. Foucault, El pensamiento del afuera, Pre-Textos, Barcelona, 1993.


3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:44 PM Page 253

Tercera Parte / Ensayo I

sus matices, por lo que no es posible a veces reconocerlos 253


inmediatamente en las palabras.
El signo es en sí mismo un acontecimiento que se
efectúa por medio de operaciones productoras de sentido. La
forma en la que el signo participa de la contingencia narrati-
va del mundo va dando forma al mundo instituido de signifi-
cados. Es lo que se denomina el hacer del signo, en el cual:
«Una sucesión de estados producida por una transformación
constituye un programa narrativo [...] Es interesante notar
que el estado final revela el sentido del proceso, y que es
desde el final desde donde hay que proceder a efectuar la lec-
tura de todo discurso.»28
Llegados a este punto, cabe subrayar que el signo es
un discurso en sí mismo, en los términos en que Greimas
entiende el proceso de interpretación: enunciación, refe-
rencialización, sentido y producción de figuras sémicas o
de apariencia icónica e intermediaciones técnicas que van
fraguando los roles temáticos del uso del signo en cada
caso.
Por ello, hay signos que no funcionan sino al interior
de determinado texto, o que no tienen traducción idiomáti-
ca, como es el caso de algunos efectos de superficie de la
audiovisión mediática. Son signos que se reproducen en
determinadas condiciones de posibilidad de cierta semiosis
social (Verón), que abarca todo signo. Y todo objeto es
signo, un recorrido simbólico que queda articulado a un ins-
tante que es lenguaje y, a su vez, constituye un discurso, pero
siempre vinculado a una máquina abstracta, cuyo funciona-
miento implica un tiempo de paso de movimientos, cortes,
energías, deseos sígnicos y una dimensión variable de flujos
Crítica de la Razón Mediática

materiales continuos.
Juan Barreto

28 D. Blanco, Claves semióticas, Comunicación, Lima, 1989, p. 177.


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Tercera Parte / Ensayo I

254 lenguaje y hegemonía

… en toda sociedad la producción del discurso


está a la vez controlada, seleccionada y redistri -
buida por un cierto número de procedimientos
que tienen por función conjurar los poderes y
peligros, dominar el acontecimiento aleatorio y
esquivar su pesada y terrible materialidad.

M. Foucault.

E. Laclau y Ch. Mouffe, proponen una teoría de lo social


constituido discursivamente. Ante tal presunción surge la
acusación inmediata de que se trata de un par de pensadores
que pretenden restituir la metafísica. Nada más alejado de la
verdad, pues se trata, por el contrario, de restituir lo discursi-
vo al reino de los hechos, de toda materialidad, contravinien-
do las habituales deformaciones e incomprensiones respecto
del discurso.
Lo discursivo, dicen estos autores, no se reduce al len-
guaje, sino que se extiende y cruza todo el conjunto de la vida
humana. La materialidad del arte, las instituciones, la guerra;
es decir, toca incluso el universo de la vida y la muerte produ-
cidos, diría Wittgenstein, en cadenas de juegos de lenguaje. Lo
social discursivo es la sutura entre la materialidad de las cosas
y su vida comprensiva.
Se trata de un juego político de tensiones y antagonis-
mos. El lenguaje es sede de las diferencias, identidades y equi-
valencias siempre renovadas por su carácter inseparable de
catalizador en la construcción del bloque histórico. Es un terre-
Crítica de la Razón Mediática

no de luchas hegemónicas que viven resignificando lo real,


creando condiciones para un amplio mundo de relaciones
materiales e inmateriales de producción y reproducción de la
Juan Barreto
3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:44 PM Page 255

Tercera Parte / Ensayo I

vida social, en los términos de Marx, leído por la idea de polí- 255
tica en Laclau. 29
Al respecto, no deja de ser oportuno recordar que en
el campo semiótico lo real deja de ser tal, para convertirse en
una cadena articulada de esferas de sentido –configuración,
estado de cosas, parámetros, expresividad– unidas en la cons-
trucción de lo real. Sobre esta cuestión, Foucault plantea que
cada cultura en la civilización occidental ha dispuesto de su
sistema de interpretación, con lo cual expresa que el lenguaje
siempre dice algo distinto de lo que se dice, que hay lengua-
jes fuera del lenguaje mismo, de manera que pudiera llevarse
a cabo un proyecto para elaborar un análisis de estos sistemas
de interpretación30.
Puede sostenerse, entonces, que la riqueza cultural del
mundo social dinamiza los escenarios de interacción simbóli-
ca, ajustando los lenguajes y sus representaciones en cadenas
de sentido socialmente arraigadas, tal y como lo enfatiza
Rigoberto Lanz:
Las representaciones ideológicas demandan imperativamente
una colocación por encima de cada fenómeno o situación. Esta
tendencia a trascender los ‘hechos’ otorga a cada relación un
sentido. Independientemente de las modalidades concretas que
adquiere este fenómeno de conciencia, en la vida real, los hom-
bres son modelados por conductas prescritas, por valoraciones
socialmente enraizadas, por un discurso clasificatorio que con-
tiene anticipadamente una gramática de jerarquías.31
Crítica de la Razón Mediática

29 Véase al respecto, J. E. Palti, Op. cit., pp. 73-74


30 M. Foucault, Sobre Nietzsche, Freud y Marx, Anagrama, Barcelona, 1970.
Juan Barreto

31 R. Lanz, Razón y dominación, CDCH/UCV, Caracas, 1988, pp. 47, 98.


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Tercera Parte / Ensayo I

256 el sentido como performativo

No es el régimen de sentido el que remite a los


signos, es el signo el que remite a tal régimen.
A partir de esta constatación parece, pues, poco
probable que un signo revele una primacía de la
significancia o del significante.

G. Deleuze.

No hay lenguaje sin dimensión performativa, dice Derrida. La


promesa y la esperanza, al menos de ser escuchado, entendido
y, más aún, dado por cierto, está en la raíz incluso de toda men-
tira o ironía. «En el momento en que abro la boca ya estoy en
la promesa», asegura, en su polémica con Rorty sobre la verdad.
Hablar encierra una decisión, una experiencia mesiánica aquí y
ahora, pues al decir advertimos el futuro, asevera Derrida. Lo
dicho es irreductible, aun luego de asumir su negación.
Esa inestabilidad performativa es consustancial al
carácter ético-político de cada discurso con pretensiones de
verdad. Aquí Derrida se entronca con Levinas y su concepto
de discurso responsable, aunque remarcando el hecho de que
todo acto performativo deconstruye, al seguir caminos y
códigos políticos, es decir, al tomar decisiones discursivas que
nos permiten seguir hablando.
En este punto, es pertinente señalar, con Bourdieu, que
las prácticas se significan, en la medida en que adquieren senti-
do como veredictos de lo real, en el habitus32, es decir, en el sis-
tema de disposiciones para las prácticas y las conductas regula-
res en ciertas circunstancias. La relación del lenguaje con lo
Crítica de la Razón Mediática

vago y lo impreciso, a fin de producir discursos -es decir, liga-


zones de sentido-, nos remite a la noción de performativo, que es
lo que funda los niveles de determinación de lo real.
Juan Barreto

32 P. Bourdieu, Cosas dichas, Gedisa, Barcelona, 1988, p. 142.


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Tercera Parte / Ensayo I

La naturaleza de los fenómenos dados por ciertos al 257


interior de una gramática de sentido, viene dada por la inter-
vención performativa. Los verdaderos performativos no son
más que «la convencionalidad de resultados», lo dado en con-
diciones dictadas por las normas con poder causal. Los falsos
performativos vienen dados por juegos de lenguaje que rom-
pen la naturaleza convencional de los discursos en los actos
de lenguaje.
Los pseudo-performativos son fórmulas de lenguaje
que no son necesarias para el cumplimiento de las prácticas,
pero están revestidos de inteligibilidad. Los performativos
contienen unidades descriptivas y denotativas de la acción
que contiene un enunciado.
Aquí, la percepción como sistema diacrítico permite
diferenciar los signos de lo principal y de lo secundario, lo
que supone un trabajo de deconstrucción que llamaremos
decodificación, pues toda codificación ofrece un espectro de
elementos formalizados y expresados en prácticas sociales.
Se tiene, pues, presente que un orden simbólico es un esta-
do de objetivación, o de control de la producción simbólica
y de formalización, es decir, de determinación de un sistema
de diferencias, homologaciones y repeticiones, desde donde
es posible hacer desaparecer lo impreciso y lo vago, para
hacer aparecer la inteligibilidad clasificatoria y los sistemas
interpretativos.
Existe, pues, una organización maquínica de sentido
-conjunto consolidado de materias-funciones, del aparato
de producción de sentido-, que no opera en el vacío o sobre
el exterior solamente, toda vez que se trata de una fábrica
que actúa como exterioridad-interioridad, adentro-afuera,
Crítica de la Razón Mediática

destruyendo y restituyendo en un complejo maquínico


megamórfico.
Juan Barreto
3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:44 PM Page 258

Tercera Parte / Ensayo I

258 Al respecto, es pertinente subrayar que toda máqui-


na es una máquina de máquinas, no segmentos separados
sino cadenas de diagramas mentales de materialización del
deseo –siempre en creación y en expansión política y auto-
poiética–, de flujos humanos (deseantes)33 y de universos de
valor, que van supliendo las carencias generativas de algunas
máquinas, por medio del mestizaje de fragmentos de la
megamáquina que forma pieza con el cuerpo. Es el caso de
los signos y de los conceptos, aunque también de los dispo-
sitivos de otro tipo.

33 "De hecho, ¿dónde, sino en el cuerpo, desde dentro del cuerpo, como
si conociera danzando, puede experimentar mejor esa mutación?, ¿cómo
podría percibirla si no aferrase el aumento (y la metamorfosis) de poten-
cia del cuerpo? Por supuesto, ya los modernos sabrían que el cuerpo es el
punto central y final de toda constitución del mundo, su sola entele-
quia…Spinoza, en su estupor ante la potencia del cuerpo, pero ya
Maquiavelo y Galileo, recorriendo las geometrías de la ciudad y del cos-
Crítica de la Razón Mediática

mos, por no hablar de los poetas y los pintores, de los arquitectos y los edi-
tores del Renacimiento mediterráneo y nórdico…todos nos relataban en
sus fábulas una "creación" por el hombre. Pero hoy el cuerpo ya no es solo
un sujeto que produce y que, produciendo arte, muestra el paradigma de
la producción en general, la potencia de la vida: en lo sucesivo el cuerpo
es una máquina en la que se inscriben producción y arte. Es todo cuanto
Juan Barreto

sabemos, nosotros, posmodernos". T. Negri, Arte y multitud, p. 73.


3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:44 PM Page 259

II 259

LOS FANTASMAS DEL SENTIDO:


en el giRo HeRMenÉutico
de la seMiÓtica

Así pues, una semiótica es de suyo ejercicio


hermenéutico, y no puede ser otra
que un estudio de los Regímenes de Sentido, de
sus deficiencias y de sus transformaciones.

G. Deleuze.

Hermenéutica y deconstrucción

Los enunciados no tienen como causa un sujeto


que actuaría como sujeto de enunciación, ni
tampoco se relacionan con los sujetos como
sujetos de enunciado. El enunciado es el
producto de un agenciamiento, que siempre es
colectivo, y que pone en juego, en nosotros y
fuera de nosotros, poblaciones, multiplicidades,
territorios, devenires, afectos, acontecimientos.

G. Deleuze.

os conceptos del entendimiento dependen de la compren-


Crítica de la Razón Mediática

l sión de lo que es sentido y valor. Ambos, como puede des-


prenderse de la propuesta nietzscheana, se pueden explicar en
relación de correspondencia con una misma episteme crítica.
Juan Barreto
3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:44 PM Page 260

Tercera Parte / Ensayo II


I

260 En efecto, para Nietzsche, sólo una genealogía, es decir, la


comprensión diferencial del valor de origen y del origen de
los valores, de sus proximidades o distancias, puede dar naci-
miento a cualquier interpretación como principio de la
acción. Por ello, podemos decir que en Nietzsche hay una
visión del entendimiento como crítica.
En cambio, la materia nuclear del entendimiento es,
con Pierce, terceridad, es decir, contemplación, acción, rela-
ción, pensamientos, interioridad, relación signo-signo como
cadena de articulación tal, que no son ni cualidades ni hechos;
es, a decir del autor, lo que ocurrió, lo que está ocurriendo y
lo que está por ocurrir, sólo discernible por el pensamiento.1
El entendimiento como fenómeno, suscita intentos
por discernir los “discursos simbólicos”. Pero lo más impor-
tante al respecto es tener presente que época, carácter y
umbral del entendimiento constituyen los lugares desde
donde se articulan las distintas entidades que concurren al
vertiginoso cruce de los resortes de relación que hacen posi-
ble el entendimiento.2
Estas dos perspectivas del conocer siempre se contra-
dicen y contienen en un mismo movimiento. Como dice
Deleuze: «En general, la historia de una cosa es la sucesión de
fuerzas que se apropian y hacen su naturaleza y lo hacen o no
cambiar de sentido»3. Por eso nunca encontraremos el sentido
de “algo”, sino el sentido de las fuerzas y las apropiaciones que
se expresan en la cosa. Ni apariencia ni aparición, sino un sig-
nificante que se hace signo, que contiene una fuerza actuando.
El propio objeto es despliegue de fuerza. Aconte-
cimientos de sentido, eventos plurales, múltiples, hacen el pai-
saje de los signos que se expresan como discurso enunciando
Crítica de la Razón Mediática

1 Es oportuno, al respecto, sugerir la lectura de C. González Ochoa, Imagen


y sentido, UNAM, México, 1986
2 A tal efecto recomendamos decididamente el libro de F. Capra, Las
conexiones ocultas, Anagrama, Barcelona, 2003.
Juan Barreto

3 G. Deleuze, Nietszche y la Filosofía, Anagrama, Barcelona, 1974.


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Tercera Parte / Ensayo II


I

un deseo, una voluntad que actúa sobre otra voluntad. Es 261


decir: Voluntad de saber-voluntad de poder. Voluntad que
entra en relación con otras fuerzas y crea o destruye. Este es
el principio de cualquier hegemonía y la base gramsciana del
concepto discurso hegemónico.
En esta perspectiva, Deleuze se pregunta: «¿Qué es el
cuerpo?», y responde en Nietzsche y la filosofía, «Es un campo
de fuerzas, un medio nutritivo formado por una variedad de
fuerzas en batalla». Obedecer o mandar, he aquí la dominan-
te en un campo de fuerzas, y una relación de fuerzas consti-
tuye un cuerpo, de la naturaleza que este sea. Las fuerzas
siempre son empresas materiales, emplazamientos. Marx
decía: «Una convicción popular, a menudo tiene la misma
energía que una fuerza material». Y, en tono similar, Gramsci,
sostuvo que forma y contenido de la fuerza, tienen sólo una
diferencia didáctica, por lo que la construcción del bloque
histórico pasa por imponer la actividad real de la fuerza a las for-
mas de conciencia contradictorias que afirman la opacidad.
Esta perspectiva del conocer, hace transitar a los para-
digmas por una dimensión estética y política que supone pro-
ducción, distribución y variación de los ritmos y de los reco-
rridos de escenarios y materias primas por coordenadas que
van recogiendo nuevos elementos y abriendo un entender
epistemológico distinto, que se hace en clave hermenéutica: «la
clave hermenéutica radica en la nueva inteligibilidad del Ser: el
ser como acontecimiento -como historia- el ser como lengua-
je... como verdad»4. Se trata de una crítica de la crítica, o meta-
crítica, la cual se asume dependiendo de nuestra relación con
las cosas y con los signos que simbolizan lo real. Por ello:
Crítica de la Razón Mediática

4 J. López, La música de la posmodernidad, Anthropos, Barcelona, 1988, p.


61. "Dentro de ese intento por fundamentar metodológicamente el modo
de conocimiento sociohistórico, surge el método hermenéutico. Un
método cuyos orígenes históricos arrancan precisamente de los intentos
de Kant, Hegel, Dilthey, Husserl, Heidegger, por romper la distinción
cartesiana sujeto-objeto, con el fin de poder penetrar en el mundo de 'lo
Juan Barreto

otro', y en su posible interpretación". Ibíd., p. 59.


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Tercera Parte / Ensayo II


I

262 La hermenéutica parece constituir la koiné de la cultura hoy. Ello


entraña el riesgo de una serie de equívocos, que plantea proble-
mas, y obliga a que la hermenéutica se precise y radicalice, en
orden a evitar por un lado, la interpretación demasiado ‘cómoda’
y superficial que la convierte en una mera apología de la multipli-
cidad irreductible de los universos culturales, y por otro a impe-
dir que pueda ser reconducida a una nueva metafísica, por
mucho que ésta se fundamente sólo en lo ‘trascendental’ de la
comunicación.5
Para Derrida, la interpretación debe ser abusiva:
La desconstrucción irrumpe en un pensamiento de la escritura,
como una escritura de la escritura, que por lo pronto obliga a
otra escritura: no ya imantada a la comprensión hermenéutica del
sentido que quiere decir un discurso, sino atenta a la cara oculta
de éste y en el límite, a su fondo de ilegibilidad...6

Lo que explica el reconocimiento crítico de la inter-


pretación como forma de la experiencia humana entendida
en términos de un experimento lingüístico, es el hecho de
que el lenguaje, como advierte Gadamer, es «el verdadero
centro del ser humano si se contempla en el ámbito que sólo
él llena: el ámbito de la conciencia humana, el ámbito del
entendimiento [...] Todo lo humano debemos hacerlo pasar
por el lenguaje».7
Para la hermenéutica contemporánea, pues, el mundo
expresado en las ideas es auto-reflexivo y va tejiendo otro
mundo de opacidades que se encuentra en el terreno de los
símbolos y en su interpretación8. La palabra así construida,
desde la interpretación, es la expropiación, el rapto de senti-

5 G. Vattimo, Ética de la interpretación, Paidós, Barcelona, 1991, Prefacio.


6 J. Derrida, La desconstrucción en las fronteras de la filosofía, Paidós, Barcelona,
1989, p. 16.
7 H. G. Gadamer, Verdad y método, Tomo II, Sígueme, Salamanca, 1992, p. 152.
Crítica de la Razón Mediática

8 "El intérprete va sustituyendo la forma inmediata del lenguaje por otro


lenguaje que se encontraba presente aunque en estado latente [...] La inter-
pretación, diremos, es el trabajo del pensamiento que consiste en desci-
frar el sentido oculto en el sentido aparente, desplegar los niveles de sig-
nificación implicados en la significación literal, guardando así la referen-
cia inicial a la exégesis, es decir, a la interpretación de los sentidos ocul-
Juan Barreto

tos". J. López, La música de la posmodernidad, pp. 62-63.


3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:44 PM Page 263

Tercera Parte / Ensayo II


I

do segundo, el develado de la foliatura íntima del texto, es la 263


metáfora epistemológica del sentido.9
La construcción, lo que queda, el fundamento que
persiste en la interpretación, es la ofrenda que queda después
del robo, es el intérprete encarnado mediante el texto, y el
robo a uno mismo, como parte del conocer antropológico.
Es, digamos, lo verdaderamente trascendental y fértil, lo fun-
dante. De ahí que Vattimo, siguiendo a Nietzsche, escriba:
… el mundo verdadero (las ideas platónicas, las esencias esta-
bles) ‘al final ha devenido en fábula‘, con el mundo verdadero
también desaparece el mundo aparente, que, no teniendo ya nin-
gún término de confrontación, no puede tampoco venir a ser
‘desmentido’ a partir de sí mismo.10

Y fábula ha sido la pretensión de concebir el lenguaje


fuera de su radical pluralidad y multiplicidad, la creencia de
que existe el lenguaje idéntico a sí mismo, independientemen-
te de la pluralidad de las lenguas particulares e históricas.
Fábula de la que ha formado parte la convicción relativa a la
existencia de un sujeto que comprende e interpreta, que quie-
re comprender e interpretar, que está investido de la voluntad
de comprender e interpretar, convencido de su capacidad de
comprender e interpretar. O la que se expresa en la concep-
ción instrumental del lenguaje como puro medio de comuni-
cación y como objeto de conocimiento.
Es, justamente, a contracorriente de estas concepcio-
nes del lenguaje que apunta el pensamiento de la diferencia, un
pensamiento que, reconociendo el carácter lingüístico de la
comprensión y de la interpretación, advierte en estos actos, la
pluralidad y el conflicto de interpretaciones provenientes del
carácter polisémico de la lengua y de la pluralidad de contex-
Crítica de la Razón Mediática

tos en los que ella se despliega.

9 "Heidegger encara estos problemas intentando definir el pensamiento


no-fundacional; pensar es re-memorar-retomar-aceptar-distorsionar". G.
Vattimo, Ética de la interpretación, p. 29.
Juan Barreto

10 Ibid., p. 45.
3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:44 PM Page 264

Tercera Parte / Ensayo II


I

264 Se trata, pues, de un pensamiento que da cabida a


esfuerzos que profundizan estrategias diseminadoras y plura-
lizadoras de la lengua como resistencias al poder del lenguaje
del poder, el cual cobra cuerpo en procedimientos de regula-
ción, control y normalización del lenguaje para hacerlo fun-
cionar constantemente como engranaje de prácticas que con-
sagran la palabra legítima y el poder de la razón del que la len-
gua es portadora. Ya lo decía Foucault, quien subrayó en sus
análisis la relación entre discurso y poder, constituyente de
los sujetos y sus formas de comprensión:
… el punto importante será saber en qué formas, a través de qué
canales, deslizándose a lo largo de discursos llega el poder hasta
las conductas más tenues y más individuales, qué caminos le per-
miten alcanzar las formas infrecuentes a apenas perceptibles del
deseo, cómo se infiltra y controla el placer cotidiano... 11

También Deleuze, quien muestra que al interior del len-


guaje funciona la máquina binaria que determina las formas
dicotómicas de nombrar y de nombrarnos: lo bueno/lo malo,
la verdad/el error, lo racional/lo irracional, la sabiduría/la
ignorancia, lo normal/lo patológico, la locura/la cordura, lo
objetivo/lo subjetivo, significante/significado:
Siempre hay una máquina binaria que preside la distribución de
los papeles y que hace que todas las respuestas deban pasar por
preguntas prefabricadas, puesto que las preguntas ya están calcu-
ladas de antemano en función de las posibles respuestas a tenor
de las significaciones dominantes.12

Por eso, la invitación del pensamiento deconstructivo


es a romper con la pretensión de homogeneidad del lengua-
je y del sentido único, ejercer resistencia al régimen discursi-
vo establecido, desestabilizar la normalidad del lenguaje y
Crítica de la Razón Mediática

toda pretensión de objetivarlo y controlarlo, desfamiliarizar


nuestra habitual percepción de los objetos (hombre, enfer-

11 M. Foucault. Historia de la sexualidad, 1. La voluntad de saber, Siglo XXI,


1987, p. 19
Juan Barreto

12 G. Deleuze, Diálogos, Pre-textos, Valencia, 1997, p. 27-28


3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:44 PM Page 265

Tercera Parte / Ensayo II


I

medad, locura, razón, delito, entre otros), de los discursos 265


que los sostienen (disciplinas humanas, medicina, disciplinas
psicológicas, derecho, etc.) y de las instituciones en que fun-
cionan (hospitales, asilos, tribunales, prisiones, etc.). Se trata
de experiencias de lenguaje y con el lenguaje que irrumpen
en el campo mismo del lenguaje, trastocando el régimen de
la significación y de la representación, la identidad y univoci-
dad del sentido, de experiencias que implican descubrir,
como afirma Deleuze, que:
… en una lengua hay varias lenguas, y en los contenidos emiti-
dos todo tipo de flujos, conjugados, prolongados... que uno
puede tartamudear en su propia lengua, ser extranjero en su pro-
pia lengua, es decir, llevar cada vez más lejos las puntas de deste-
rritorialización de los agenciamientos. 13

De ahí que toda obra sea, por ende, un reto a la inter-


pretación, pues, como dijera Breton, cada vez que trazamos
unas líneas, ellas escapan de nosotros y ya no somos autores
de las mismas. El texto opone resistencia a la interpretación y
el signo se opone a la reducción del concepto. La plena pose-
sión y auto conciencia sólo es posible desde lo que Heidegger
llamara arrojamiento (El Heidegger de Ser y Tiempo14, el del estar
allí preguntándose por el hombre y el ser), es decir, por la
confrontación del adentro y el afuera de la obra y de su rela-
ción con el otro, en la que el intérprete es parte del proceso
como horizonte tercero.
Por esto, siguiendo a Vattimo, la hermenéutica va
situándose en contra de la pretensión (aunque sólo sea implíci-
ta) de neutralidad positivista y estructuralista, reivindicando la
pertenencia del sujeto al juego de la comprensión y al evento de
la verdad. Más allá de cualquier metafísica del diálogo, como en
el caso de Benjamin o el último Habermas, a decir de Vattimo,
Crítica de la Razón Mediática

no podemos aferrarnos a la literalidad misma del texto o al dis-


curso en su superficie, pues esto produce un efecto mitificante

13 Ibid., p. 130.
Juan Barreto

14 M. Heidegger, Ser y tiempo, Fondo de Cultura Económica, México, 1951.


3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:44 PM Page 266

Tercera Parte / Ensayo II


I

266 que sustituye el diálogo por las condiciones de producción del


plano de consistencia o cuerpo sin órganos de la verdad. Ya que
al «no pensar el ser como evento sino como estructura» quedan
atrapados en la red del fenómeno inmediato.
Por ello la imposibilidad de un sistema de interpreta-
ción, pues de lo que se trata no es de descubrir un sentido,
sino de problematizar el sentido como lo ha hecho notar
Deleuze, cuando señala que «la noción de sentido reemplaza
la noción de esencia»15. El sentido, escribe Deleuze, ha sido
entendido como:
Principio, Depósito, Reserva, Origen. Principio celeste, se dice de
él que está profundamente tachado, desplazado, alienado. Pero,
tanto bajo la tachadura como bajo el velo, se nos invita a reen-
contrar y restaurar el sentido, sea en un Dios al que no se habría
comprendido lo suficiente, sea en un hombre al que no se había
sondeado suficientemente.

Pero el sentido no es nada de ello:


Es pues agradable que resuene hoy la buena nueva: el sentido no
es nunca principio ni origen, es producto. No está por descubrir,
ni restaurar ni reemplazar; está por producir con nuevas maqui-
narias. No pertenece a ninguna altura, ni está en ninguna profun-
didad, sino que es efecto de superficie, inseparable de la superfi-
cie como de su propia dimensión. 16

Producto o efecto de superficie quiere decir que los


sentidos que damos a las cosas, no son cuerpos sino incorpo-
rales, acontecimientos que «subsisten o insisten, con ese míni-
mo de ser que conviene a lo que no es una cosa»17. No son
las proposiciones ni los objetos que ellas designan, tampoco
la vivencia, la representación o la actividad mental de quien se
expresa en las proposiciones, ni los conceptos, o la significa-
Crítica de la Razón Mediática

ción; aunque tenga caras hacia ambas series, la de las cosas y


las de las proposiciones.

15 G. Deleuze. Lógica del Sentido. Paidós, Barcelona, 1969, p. 90


16 Ibid
Juan Barreto

17 Ibid., p. 28
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Tercera Parte / Ensayo II


I

Por ello, el sentido es, en sí mismo, objeto de una 267


paradoja fundamental que consiste en el hecho de que si lle-
gamos a descubrir el significado de un acto humano, enton-
ces cuando queremos dar sentido a este significado, él se nos
escapa. Y dado que el sentido permite que exista el significa-
do pero no puede ser confundido con el significado, entra-
mos en una paradoja infinita cuando con palabras queremos
dar el sentido de otras palabras.
Una paradoja que recoge las figuras del sinsentido.
Como ha escrito Deleuze, el sentido no tiene como condición
de posibilidad el absurdo, sino el sinsentido. Es decir, para que
el sentido se produzca, es necesario que exista, no el absurdo
sino el sinsentido. Multiplicidad de sentido, multiplicidad de
dispositivos de sentido, multiplicidad de máquinas de sentido,
en donde, como lo ha mostrado Deleuze, el significante remi-
te siempre a un régimen particular de signos, que sin duda no
es, necesariamente, ni el más importante ni el más abierto.

Hermes, el ladrón

El litigio, la diferencia entre Dionisos y Apolo,


entre el impulso y la estructura, no se borra en
la historia, pues no está en la historia.

J. Derrida

La hermenéutica comprende al sentido y viceversa. Por ejem-


plo, algunos personajes conceptuales (Guattari y Deleuze) permi-
ten subjetivar el papel de la interpretación como modo de pro-
ducción de significados. Hermes trasciende el sentido, plantea
Crítica de la Razón Mediática

el o los metalenguajes. El significado connotado. En la mito-


logía, es Hermes quien destaca por la intención que imprimía
a sus recados, por la forma en que los exponía y por las guías
Juan Barreto
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Tercera Parte / Ensayo II


I

268 y consejos. Negociar, conectar, dialogar y robar: verbos detrás


del verbo y diversidad de predicados.
El Nietzsche de Aurora y de La Gaya Ciencia, o el de los
escritos sobre la tragedia, problematiza la radicalización y el
desenmascaramiento de la superficialidad del yo, «sobre todo a
través del reconocimiento del juego de fuerzas de las relacio-
nes sociales, y, en particular de las relaciones de dominio»18,
desde donde es posible abordar el mundo de la conciencia.
Hermes roba a su hermano Apolo. El robo: quitar
algo a alguien sin permiso. Pero dentro del ámbito de la rela-
ción de hermandad es parte del llamado hermenéutico o de
la propuesta de las muchas hermenéuticas: robar el discurso,
apropiarse de él para realizar un parentesco con los relatos, de
modo que quien interpreta sólo puede hacerlo en la medida
que el texto se vuelva parte del “yo” intérprete o del sujeto
como constructo agregado a la interpretación.
Este parentesco entre el ladrón y su víctima, tiene
mucha importancia para el enfoque junguiano desarrollado
por Rafael López Pedraza en Hermes y sus hijos.19 Hermes -nos
lo muestra Homero- ha sido el dios tanto de los ladrones y de
los comunicadores (Mercurio en la tradición romana), como
de los comerciantes. Es el príncipe de los ladrones, conjuga la
estrategia, la saña, los subterfugios y la capacidad discursiva,
lo que hace decir a Ortiz-Osés:
No en vano Hermes, el dios-intérprete del que la hermenéutica
toma su nombre, aparece primitivamente en la mitología griega
como el mensajero del mundo inferior matriarcal femenino y,
por lo tanto, como el representante-libertador de los esclavos
oprimidos.
Se trata de rearticular una realidad en sí misma articulada,
pero desarticulada respecto a la totalidad de su sentido.
Crítica de la Razón Mediática

Interpretar es lograr una comprensión crítica y metodológica


de nuestra realidad. 20
18 G. Vattimo, Ética de la interpretación, p. 123.
19 R. López Pedraza, Hermes y sus hijos, Ateneo de Caracas, Caracas, 1980.
20 A. Ortíz-Osés, Antropología hermenéutica, Ricardo Aguilera, Madrid,
Juan Barreto

1973, p. 67.
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Tercera Parte / Ensayo II


I

Su figura mítica encierra una doble configuración: 269


matriarcal y patriarcal. Por un lado, al borde de la Moira grie-
ga y con aspecto dionisíaco; por otro, hay también un Hermes
masculino, al lado de las luces de Zeus, interpretando lo que
el lenguaje nos dice. Los diálogos de Hermes con Zeus y con
Apolo, evidencian el alma performativa del discurso. Es bien
sabido que las cualidades olímpicas de los dioses les vienen de
su significación característica y son arquetípicas. Hermes
posee la libertad, el aliento y el brillo que lo emparentan con
su progenitor y, entre los dioses, es el más amistoso con los
hombres. Es por ello el mensajero por excelencia.
Hermes es un ladrón que luego ofrenda a los demás
dioses el sacrificio de animales del rebaño de Apolo. Es así
como el hermeneuta se interesa en los saberes, se descubre a
sí mismo en el texto y, en la interpretación múltiple e intertex-
tual, busca persistente hasta desconocer con sorpresa, casi
por completo, al objeto y la multisubjetividad que funda cada
propuesta del sentido. Esta relación hermenéutica está cruza-
da por la ironía, pero, como dice Derrida, en sus conversacio-
nes con Ortíz-Osés: «… en la ironía que da a entender lo con-
trario o diferente descubrimos un ir y venir peripatético, del
sentido oculto de nuestra existencia»21. Claro que esto podría
confundirse con un dialogismo romántico, al que Foucault le
sale al paso en Las palabras y las cosas, aunque también resul-
ta de interés observar que Gadamer vincula el ejercicio her-
menéutico con el acto de mentir:
Pero en las condiciones hermenéuticas de nuestra conducta lin-
güística aparece aún, a nivel más profundo, otra forma de refle-
xión hermenéutica que no afecta sólo a lo no dicho, sino a lo
encubierto por el lenguaje. Que el lenguaje puede encubrir con
el acto mismo de su ejecución es obvio en el caso especial de la
Crítica de la Razón Mediática

mentira.22

21 J. Derrida, "Drama e identidad [Debate]", en revista Anthropos, Nº


123, Barcelona, 1991.
Juan Barreto

22 H. G. Gadamer, Verdad y método, p. 176.


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Tercera Parte / Ensayo II


I

270 Robar es una forma de mentir y de encubrir, y toda


estrategia de poder es una revelación y un encubrimiento a
la vez. De hecho, si no hay co-implicación entre el texto y
el intérprete, difícilmente se podrá “robar”. Sin esa co-
implicación sujeto-sentido-texto, como basamento de una
pretendida comprensión, se hace aún más distante la posi-
bilidad a una apertura de sentido que “robe” toda idea pre-
concebida. Este es un llamado a la imaginación que hace
experiencia, y a decir de Gadamer, la experiencia es siempre
conocimiento de lo conocido y un camino para el conoci-
miento del mundo.

Por una semiótica hermenéutica

Un signo no tiene compromiso ni contenido


específico, no remite a nada específico que no
sea a su propia transformación al interior de los
regímenes de sentido con los que juega, en los
que entran también, las variables del deseo.

G. Deleuze.

Hermes propone al símbolo como un objeto lúdico, una


estrategia de conexión y defensa, desde donde es posible el
sentido nuevo. Por el contrario, Apolo y Zeus son más bien
la episteme dominante. Ambos dioses constituyen los sopor-
tes arquetipales de «la conciencia colectiva, del ‘establish-
ment’ u orden imperante, del espíritu de la época, reflejando
en gran parte la moral colectiva»23. En este choque de fuer-
Crítica de la Razón Mediática

zas performativas va surgiendo el modelaje de sentido de la


interpretación. Heidegger plantea, refiriéndose a la herme-
néutica, que:
Juan Barreto

23 R. López Pedraza, Op. cit, p. 75.


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Tercera Parte / Ensayo II


I

…en ella queda definida la ideología en su sentido fuerte o redu- 271


plicativo, como atenerse inmediato al presente o aceptación acrí-
tica de la realidad- ante-los-ojos frente a la que sólo cabe una vía
[...] Y eso a base de una distinción ya clásica entre lo que se dice
y lo que yace co-dicho, o sea, entre dirección y condición, entre
lo que se dice y se quiere decir.24

Por tanto, hay que admitir a un Heidegger ontológico


que afirma la vinculación entre ser y lenguaje, con el análisis
del Dasein como totalidad hermenéutica. Es decir, conexión
entre la pregunta por el hombre y el final del ser, entendien-
do su alteridad, eventualidad y mismidad en un corte trans-
versal de su antropología y de su carácter retórico.
Entonces: ¿Cómo entrar en el símbolo? Recordemos,
lo señalado por Eco, quien plantea que un signo es todo lo
que sirve para mentir. O volvamos a Durand, quien propone
que el símbolo se complementa con la subjetividad o el sen-
tido sugerido y más que sugerido, explícito. Construir el enga-
ño y desmontarlo es una estrategia de sentido.
En esta dirección, Gadamer apunta que la hermenéu-
tica es «ante todo una praxis, el arte de comprender y hacer
comprensible», pero rompiendo con el dogmatismo del con-
cepto, «para no sucumbir al capricho de la definición».25
Aquí, la relación entre el estado de yecto y la dimensión de
proyecto, entre el pasado y el futuro que se realiza
(Heidegger), queda dada por lo que Gadamer nominara como
Sensus comunis intersubjetivo. De donde la hermenéutica, el her-
meneuein -que significa interpretar- es la fuente de los discur-
sos, como lo entendieron también Dilthey y Nietzsche.
Por otra parte, sentido de la realidad y sin-sentido se
debaten en el mundo del consenso gentium, y fuera de allí, en
Crítica de la Razón Mediática

el Dasein de la auto-comprensión y una teoría del sentido. En


la medida en que la hermenéutica se reconoce como proce-

24 M. Heidegger, Ser y tiempo, p 146.


Juan Barreto

25 H. G. Gadamer, Op. cit, p. 389.


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Tercera Parte / Ensayo II


I

272 dencia y destino, como pensamiento de la época final de la


metafísica y del nihilismo, accede a encontrar «en la ‘negativi-
dad’, en el ‘disolverse’ como destino del ser [...] un principio
orientador que le permite llevar a cabo su propia vocación
ética originaria»26, sin necesidad de restaurar la metafísica de
la subjetividad, ni de abandonarse a la futilidad de ser una
mera filosofía relativista de la cultura.
Así pues, sólo parece quedar la interpretación para
refundar la consistencia de la verdad, movimiento en el cual
tiene lugar una semiótica del mundo y un proceso de simbo-
lización del mismo que, luego, será intersubjetivamente vali-
dado en los discursos que dan cuenta de la sexualidad, la ver-
dad o la muerte.
Esto ocurre mediante el ejercicio de un pensamiento
rizomático, en el que no existe un fundamento central, pues
el proceso surge de lateralidades y lugares polimorfos, multi-
céntricos, autónomos; de discontinuidades y líneas de fuga
diversas y cambiantes que pasan de una serie a otra y de un
estado a otro, y cuyos productos nunca son estados finales
sino materia prima para nuevas combinaciones espontáneas
de subjetividades intercambiables, definidas sólo en un esta-
do momentáneo inestable. Materia que puede ser en sí misma
lateral y rizomática, en el estilo de Deleuze y Guattari. Por
eso:
… la interpretación no se limita a los textos y a la comprensión
histórica que se trata de alcanzar en ellos. Todas las estructuras
de sentido concebidas como textos, desde la naturaleza
(Interpretatio naturale, Bacon), pasando por el arte (al que la caren-
cia de conceptos -Kant- convierte en ejemplo preferencial de
interpretación -Dilthey-), hasta las motivaciones conscientes o
inconscientes de la acción humana, son susceptibles de interpre-
Crítica de la Razón Mediática

tación [...] El psicoanálisis y la crítica escéptica o utópica


(Adorno y Marcuse), deben someterse aún a una reflexión her-
menéutica.27

26 G. Vattimo, Ética de la interpretación, p. 224.


Juan Barreto

27 Ibid., p. 372.
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Tercera Parte / Ensayo II


I

De este modo, el sujeto que surge no es más que un 273


universo de máquina subjetiva, es decir, producción y corte
de energías y deseos, ensamblajes de partes-imágenes
(Bergson) que hacen el mapa y no el calco, pues el mapa se
opone al calco en cuanto susceptible al cambio al ser des-
montable y modificable en múltiples campos de experien-
cias y en prácticas discursivas y no discursivas. En G.
Durand, los símbolos humanos recobran la dimensión míti-
ca más allá de la interpretación dualista y se proyectan hacia
el principio de identidad, drama de verdad, error y concep-
ción de las ideas.28
Habría que agregar a la comprensión de estas prác-
ticas, las reflexiones nietzscheanas alrededor del asunto del
error, es decir, su papel multiperformativo en el conoci-
miento y la reflexión que hace posible la genealogía fou-
caultiana que describe la odisea de la voluntad de poder ins-
crita en el proyecto de cualquier saber. Es lo que Ortíz-
Osés llama el «carácter crítico proyectivo de barreno semió-
tico» de la interpretación como mediación de saber. Para
decirlo con E. Cassirer: «Mientras que el signo es parte del
mundo cósmico del ente, el símbolo participa del mundo
humano de la significación, o mientras que el signo signifi-
ca o consigna significado, el símbolo simboliza o consigna
un sentido».29
Otro aspecto a destacar es el referido a las subjetivida-
des que alimentan las significaciones, desde la llamada crisis
semiótica, y fundan una sospechosa certeza de la existencia de
una crisis de sentido. Al respecto, es menester recordar la
intrínseca articulación entre los modos de interpretación de
Crítica de la Razón Mediática

los textos y las formas de ser de quienes interpretan los tex-


tos, como bien lo ha subrayado Garagalza:

28 G. Durand, La imaginación simbólica, Anthropos, Barcelona, 1990, p. 152.


29 E. Cassirer, Filosofía de las formas simbólicas, Tomo I, Gedisa, Madrid,
Juan Barreto

1987, p. 110.
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Tercera Parte / Ensayo II


I

274 El modo de comprender el texto, se encuentra íntimamente vin-


culado al modo de ser de quien lo interpreta, puesto que el sen-
tido oculto, místico, es una realidad viva que afecta en el presen-
te al que lo reencuentra, de manera que, en cada caso particular
de interpretación, se mostrará actualizado en un aspecto peculiar
e irreductible.30
La hermenéutica está siempre apelando a la subjeti-
vidad, razón por la cual, como ha planteado Gadamer,
todo diálogo entablado con las ideas de un pensador en un
intento de comprensión, es un dialogo inacabado, en el
que buscamos encontrar nuestro lenguaje, en términos de un
lenguaje común. Esto es lo que Gadamer llama la compren-
sión personal o camino de la experiencia sensible. La motivación
del pensamiento de Gadamer puede encontrarse en este
fragmento:
La identidad del yo y la identidad del sentido que se construye
entre los interlocutores no quedan erosionadas por eso. Es cier-
to que la comprensión de uno por otro no cubre todo el ámbito
de lo comprendido. Aquí el análisis hermenéutico tiene que eli-
minar claramente un falso modelo de comprensión y de acuerdo.
En el acuerdo, además, la diferencia nunca se disuelve en la iden-
tidad. Cuando se dice que hay acuerdo sobre algo, ello no signi-
fica que uno se identifique en su opinión con el otro. Hay co-inci-
dencia.31
Hay una figura fundamental sobre Hermes como
imagen creadora: la creación del fuego. Él es el primero
que hace del fuego algo primordial, lo cual responde a su
naturaleza mediadora que conecta lo divino con lo huma-
no, los contrarios y las posiciones binarias. En razón de
esta conexión se logra la experiencia del sentido. El fuego
inicial, el del conocimiento, proviene de la sospecha, la
Crítica de la Razón Mediática

curiosidad, la pasión libre de compromisos y la liberación


de la subjetividad.
30 L. Garagalza, La interpretación de los símbolos, Anthropos, Barcelona,
1990, p. 110.
Juan Barreto

31 H. G. Gadamer, Verdad y método, p. 23.


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Tercera Parte / Ensayo II


I

una aproximación a la opacidad 275

-Demóstenes: ¿Qué estatuas? ¿De verdad crees en los


dioses?
-Nicocias: Yo sí.
-Demóstenes: ¿Que pruebas tienes?
-Nicocias: Que los dioses me odian. ¿No tengo yo la
razón?
-Demóstenes: Muy bien, me has convencido.

Aristófanes.

Hay que liberar a los fantasmas para que jueguen con el pen-
samiento. La apreciación de las cosas siempre remite al fan-
tasma y ésta a su vez a la función de la imaginación. C.
Castoriadis, en Los dominios del hombre, sostiene que el fantas-
ma no es simplemente mediación entre las categorías y lo
dado empírico, es también resonancia y reminiscencia, resi-
duo y fragmento de memoria. Es sobre todo soporte del pen-
samiento y de lo inteligible, pues toda enunciación dice algo
de otra cosa.
Por eso dice que «el alma nunca piensa sin fantasmas».
Los fantasmas son noemas pioneros del pensamiento y nada
puede el pensamiento sin ellos. Por ello, cuando alguien nos
habla de amor o del color rojo nos asaltan los fantasmas aso-
ciados a cada uno de ellos. De ahí el lenguaje como mitología
de lo cotidiano. Como dispositivo con que se narra al mundo,
nos narramos a nosotros mismos y somos, también esos rela-
tos. Desde este enfoque, se encuentra Prometeo como arque-
tipo del lenguaje que oscurece o enciende.
Crítica de la Razón Mediática

Prometeo es el titán que robó el fuego “por el bien de


la humanidad”, decía Esquilo. Hermes lo enciende y Dionisos
juega con él mientras Apolo lo mira. Recordemos que ambos
Juan Barreto
3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:44 PM Page 276

Tercera Parte / Ensayo II


I

276 héroes, Prometeo y Hermes, están vinculados a la naturaleza


humana en términos arquetipales, aunque provienen de dis-
tintas estirpes. Prometeo es titánico y Hermes es olímpico.
Los primeros son los viejos dioses derrotados, cuyo delito,
cuenta Hesíodo, fue superar la medida humana de la estatura olím-
pica, es decir, su falta de ley y emprendedora rebeldía.
Lo más titánico de Prometeo es que, aún atado a la roca,
se mantiene más fuerte y paciente que la roca y el buitre, siem-
pre puesta la fe en el hombre. Prometeo es conocido por pre-
ver, y éste apunta a que los hombres serán los próximos dioses.
«¡Oh, Justicia, oh, madre!», grita Prometeo, «bien ves
lo que me hace sufrir». Y Hermes, burlándose, le dice: «Me
maravilla el que siendo divino no hayas previsto el suplicio
que padeces». «Lo sabía», responde el rebelde. Hermes y
Prometeo, rescatan la mirada idealista y la óptica sagaz. La
hermenéutica contiene a la figura mítica de Hermes: el viejo
sabio, reconciliador de los contrarios e intermediario entre lo
humano y lo divino en el espacio reconciliador de la palabra,
en los términos en que Gadamer entiende el sentido de la dis-
cusión en la formación de la verdad y de la opinión.
Respecto de la interpretación en Freud, Marx y
Nietzsche, Foucault plantea una duda acerca de su rompi-
miento con la episteme moderna, pues, a su juicio, estos pen-
sadores no se liberaron del tipo de interpretación vuelta sobre
sí misma, constituyendo sobre nosotros y nuestras relaciones
con el mundo, el tipo de imágenes cuyas huellas hacen parte
del narcisismo de hoy. Sin embargo, Foucault reconoce que
ellos no le dieron un sentido nuevo a las cosas y que el valor
de sus aportes en este ámbito consiste en que cambiaron la
naturaleza del signo, al modificar la forma en que éste era
Crítica de la Razón Mediática

generalmente interpretado: «los signos son interpretaciones


que tratan de justificarse y no a la inversa», pues la «interpre-
tación precede al signo»32.
32 M. Foucault, Sobre Nietzsche, Freud, Marx, Anagrama, Barcelona, 1970,
Juan Barreto

pp. 38-39.
3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:44 PM Page 277

Tercera Parte / Ensayo II


I

Nos encontramos aquí con la sospecha de que el len- 277


guaje no dice exactamente lo que dice, de que el lenguaje reba-
sa lo propiamente verbal, por lo que no cabe sino constatar la
inexistencia de una hermenéutica general y, por ende, la exis-
tencia de teorías opuestas que determinan reglas de interpre-
tación y deconstrucción. En última instancia, nos enfrentamos
al hecho de que lo real es afectado por los diversos modos de
interpretarlo, deviniendo mezcla. Y es en este sentido que
Foucault subraya el carácter inacabado de la interpretación:
Esto quiere decir simplemente que no hay nada que interpretar.
No hay nada absolutamente primario para interpretar, porque en
el fondo ya todo es interpretación, cada signo es en sí mismo no
la cosa que se ofrece a la interpretación, sino la interpretación de
otros signos.33

Esta concepción de la hermenéutica revela que si no se


puede abarcar la totalidad hasta los límites, entonces, nunca ha
existido un objeto de interpretación, sino interpretaciones
interpretadas, es decir, cadenas de sentido construidas desde
un proceso continuo e ininterrumpido de interpretación.
Ya Nietzsche apuntaba que no había un significado
original en las palabras, sino una historia de sus interpretacio-
nes, esto es, una praxis simbólica. Para Nietzsche lo “verda-
dero” se encuentra en el intérprete, quien es gestor de la
forma y del significado que desea expresar en una función
simbólica recubierta por su interpretación34. Por lo tanto, si
33 Ibid., pp. 35-36.
34 A decir de Jesús María Aguirre, "no puede haber comprensión de la rea-
lidad y menos explicación o pretensión de verdad, sin la autoafirmación de
un sujeto que se determina y se compromete en su acto expresivo; ni tam-
poco intervención social y consiguientemente praxis social, donde no son
explícitos el deseo de ser y el esfuerzo por existir que nos caracteriza. El
sujeto instaurado en su 'agencia', es el que articula la posibilidad de auto
designarse en la instancia del discurso y de posicionarse con referencia
práctica al mundo, correlacionando experiencias y expresiones en el inter-
Crítica de la Razón Mediática

cambio con otros sujetos… La identidad de la historia…, es la que la hace


la identidad del personaje, y por ello sostenemos que el carácter durable de
los personajes y la representación de los sujetos sociales, se sostiene simbó-
licamente por la identidad narrativa de unos actores, cuya comprensión le
es posible por la referencia a unos agentes esforzados en construir una rea-
lidad significativa". J. M. Aguirre, "Interpretar la comunicación", en revista
Juan Barreto

Comunicación, Nº 82. Caracas, 1994, pp. 65-67.


3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:44 PM Page 278

Tercera Parte / Ensayo II


I

278 la interpretación precede al signo, esto implica que el signo no


se presenta inocentemente como un retrato original del obje-
to en estado bruto, sino que, por el contrario, consiste en una
interpretación que intenta justificarse mediante una configu-
ración de sentido.
Esta cuestión atraviesa sustancialmente las discusiones
entre la semiótica y la hermenéutica, como terreno en el cual
la hermenéutica prefiere asumir al símbolo en tanto elemento
más adecuado para enmarcar el juego de contradicciones y
fuerzas reactivas que suscita la función significante primaria de
aprehensión de la realidad. Asimismo, el signo no puede, ni
debe dejarse de interpretar a sí mismo y el acto interpretativo
debe ser continuo y recircular sobre sí mismo. En otras pala-
bras, la hermenéutica analiza al intérprete y al signo.
Se trata, para decirlo con Foucault, que el signo aspira
a deificarse mientras la hermenéutica no ceñida a la semióti-
ca, le recuerda su destino35. De modo que si no se compren-
de el papel dinámico del juego de sentido de la tarea interpre-
tativa y la capacidad resignificadora de la interpretación, sólo
haremos metafísica a la hora de estudiar los sucesos de la
comunicación y sus lenguajes.
Al respecto, hay que tener presente la reflexión de J.
Derrida36 sobre los bordes del lenguaje, sus irrupciones vol-
cánicas o sus líneas de inmersión, pues hay momentos
sociales, por ejemplo, en que los lenguajes actúan como
emergencias, como aporías en búsqueda de un cauce alter-
nativo al lenguaje captura, que funciona en el poder de cen-
sura. Me refiero al poder de enunciación presente en el
poder de la potencia constituyente, es decir, a la traducción,
búsqueda de otra técnica, o infiltración de cualquier forma
Crítica de la Razón Mediática

de lenguaje-acontecimiento.

35 M. Foucault, Nietzsche, Freud, Marx, ya citado.


Juan Barreto

36 En: El lenguaje y las instituciones filosóficas, Paidós, Barcelona, 1990.


3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:44 PM Page 279

III 279

EL MITO: PASAJE NARRATIVO


del significante-signo
al sÍMBolo

…los regímenes de signos no están


determinados ni por las funciones orgánicas del
lenguaje ni siquiera por un “organon” de la
lengua. Al contrario, son los propios regímenes de
signos (pragmática) los que fijan en una lengua
como flujo de expresión los agenciamientos colec-
colec-
tivos de enunciación, y a la vez los agenciamientos
maquínicos de deseo en los flujos de contenido.

G. Deleuze.

simbolizar:
¿una tarea del lenguaje?

No existen funciones del lenguaje, lo único que


existe son regímenes de signos que conjugan a la
vez flujos de expresión y flujos de contenido,
determinando sobre éstos, agenciamientos de
deseo, y sobre aquéllos, agenciamientos
de enunciación, los unos imbricados en los otros.
El lenguaje nunca es el único flujo de expresión; y
un flujo nunca está solo, sino que siempre está en
relación con flujos de contenidos determinados por
el régimen de signos.

G. Deleuze.
Crítica de la Razón Mediática

evisemos: Heidegger, refiriéndose a la reflexión sobre la


R comprensión del mundo, explicaba que el lenguaje no
Juan Barreto
3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:44 PM Page 280

Tercera Parte / Ensayo III


I

280 era sólo un modo de conocer sino un modo de ser del hom-
bre que, a la vez, asume una reflexión sobre el sentido. A esta
visión del lenguaje se articula el llamado círculo hermenéuti-
co, que se plantea el sentido del sentido.
Con ello, la hermenéutica puede visualizarse como la
búsqueda de un lenguaje intertextual que complemente las
acepciones de posibles sentidos de todos los lenguajes, en
donde el signo juega el papel de transporte natural de las
representaciones y de los intereses simbólicos que se materia-
lizan en ellas. La hermenéutica es, en tal perspectiva, una dis-
ciplina que abarca el máximo contexto y advierte la singular
conexión con la lengua como garante de transmisión y ema-
nadora inmanente de sentido.
Por esta razón, podemos afirmar que la hermenéutica
es posibilidad de transversalidad en el método, que también
habita en los espacios de la filosofía, la cual renace aquí como
el lenguaje de todos los lenguajes, como mediación entre el
mundo cultural y el universo simbólico. En cuanto a la capa-
cidad del lenguaje, Ortíz-Osés ha expresado que éste es más
abarcante que el propio Ser: «mientras que no todo pasa por
el Ser (por ejemplo, la nada), por el lenguaje pasa todo, pues
incluso puede hablarse con sentido de la nada».1
Y aún más trascendente nos lo muestra Cassirer, al
considerar al lenguaje como el «lugar de tránsito o mediación
entre el inframundo mítico y el supramundo lógico-racional»2.
De ahí que el lenguaje funcione como mediador entre la origi-
nal función mítica y la derivada función semántica (o referen-
cial), sin embargo, como ente aparte no se identifica con nin-
guna de sus dos funciones. El momento de la comprensión
hermenéutica, o el proceso de explicitación, se inician en el
Crítica de la Razón Mediática

lenguaje, pero éste no es capaz de abarcarlos en su “totalidad”.

1 A. Ortíz-Osés, El inconsciente colectivo vasco, Antrhopos, Barcelona, 1990,


p. 209.
Juan Barreto

2 Citado en L. Garagalza. La interpretación de los símbolos, p. 129.


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Tercera Parte / Ensayo III


I

Esta postura de Cassirer, en aras de alcanzar el verdadero sen- 281


tido desde y entre el lenguaje, se encuentra con limitaciones:
El concepto puro, comparece así como el destino, hacia el que
tiende asintónicamente el lenguaje en su desarrollo espontáneo,
como una ‘tierra prometida’ hacia la que se encamina pero que, en
cuanto lenguaje nunca podría alcanzar. La palabra, en cualquier
caso, cumple a este respecto una función de capital importancia,
pues sienta las bases y prepara las condiciones necesarias a partir
de las cuales, se podrá realizar esa conquista reservada a la ciencia.3

Ahora bien, la tarea de liberar al signo del peso muerto


del estructuralismo, es posible. Al respecto, el espacio fractal
del signo es una invitación a un salto, por eso, los hermeneutas
consideran secundario al signo de los estructuralistas, el signo:
…detenido, fijado, pues ha perdido su pregnancia, su virtualidad
de mantener reunidos lo sentido y el sentido, se ha convertido en
un simple rótulo, en una etiqueta para, y de un modo convencio-
nal y arbitrario, designar a la cosa a la cual se refiere o sustituir a
aquello que representa.4
Apoyándonos, fundamentalmente en el análisis de
Garagalza, comentaremos seguidamente algunos plantea-
mientos de G. Durand y Corbin, relacionados con el tránsito
del signo al símbolo. Durand, es partícipe de colocar al signo
al nivel de estratificación del símbolo, como el medio que
puede mantener y manifestar el sentido, por lo tanto, funge
como mediación de la verdad, puesto que la verdad es confi-
guración de sentido.
En el símbolo (para la corriente de La Escuela de
Eranos, a partir de la teoría junguiana), se cristaliza la necesi-
dad de sentido por su dualidad como «mediador o interme-
diario, que complementa y totaliza la conciencia y lo incons-
ciente, la subjetividad y la objetividad, el pasado y el futuro»5.
Crítica de la Razón Mediática

3 L. Garagalza. Op. cit, p. 136.


4 Ibid., p. 11.
Juan Barreto

5 Ibid., p. 26.
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Tercera Parte / Ensayo III


I

282 Por ello, Durand se resiste a la reducción semiótica del len-


guaje como sistema cerrado de signos que comporta un valor
relacional, de igual forma se enfrenta al estructuralismo por
ofrecer explicaciones separadas del contenido, en las que el
intérprete debe reconstruir, o redescubrir, en las bases de las
relaciones de los elementos. No obstante, reconoce cierta
validez en el estructuralismo como sistema de orientación
que delimita diferentes tipos de estructuras. El término
estructura, según el uso de Durand, procede con mayor fuer-
za en tanto que conjuga la materialidad con la forma.
Tal postura se expresa en dos postulados. El primero,
es el del uso, que cuestiona la función del lenguaje como mera
comunicación y entiende a éste, al lenguaje, «como forma de
vida» que evoca, expresa y representa, es decir, organiza la fun-
ción simbólica de la cual, la comunicación podría ser una de las
consecuencias. Es así como una palabra sin contexto tiene un
significado de difícil determinación.
Por esta razón, el lenguaje, andamiaje significante, diría
Lacan, no es una emulación de la realidad, sino que su objeto
es simbolizar, aproximarnos a un sentido que deja de ser obje-
tivo para asumir lo que de subjetivo presenta, mediante una
«subjetividad trascendental o intersubjetividad» que enmarca a
la palabra dentro de las múltiples formas en que puede ser con-
figurada y que, además, genera sentido tras un contexto que
habla de la significación. Así pues, cada palabra dentro de cada
discurso muestra la ambición de la significación, de lo que se
quiere decir. Admite, no sólo un sentido, sino que incluye tam-
bién la develación de un personaje. La palabra “encarnada” evi-
dencia una situación pragmática específica, y más, una expe-
riencia antropológica subyacente.
Crítica de la Razón Mediática

El segundo postulado es el de la apertura en profundidad,


en donde la significación desborda el orden superficial de los
significantes. Es decir, entre la forma del discurso (arquitectu-
Juan Barreto
3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:44 PM Page 283

Tercera Parte / Ensayo III


I

ra visual, articulación, organización, fonética o buena escritu- 283


ra) y la ambición de sentido, hay una ruptura de nivel. El sen-
tido es la propia subjetividad en el trabajo de una interpreta-
ción simbólica, contextualizada dentro de parámetros antro-
pológicos-vitales.
Según Durand, es sólo desde un metalenguaje que se
podría tomar alguna perspectiva que aborde el sentido del
lenguaje, pues el sentido simbólico tiene primacía sobre el
literal. El lenguaje, mientras interpreta al hombre, lleva el aná-
lisis de la realidad en sus formas simbólicas, por ello la sim-
bolización es constitutiva de la propia experiencia, entendida
también como construcción mítica.6
Desde la hermenéutica corbiniana, analizada por
Garagalza, la comprensión del sentido es implicativa, «con lo
cual, la penetración en el sentido místico del texto, viene a
coincidir con la profundización en el aspecto de la propia vida
del hermeneuta (o la exégesis del texto como exégesis del
alma)»7. Toda diferencia entre el conocedor y aquello que se
conoce, queda abolida y deviene en común realidad, pues
como dice Corbin, «una vez allanada la montaña de la indivi-
dualidad cerrada, ya no hay más un único Sujeto Absoluto
que se conoce a sí mismo -Sujeto absoluto y trascendental
que, al conocerse, conoce o reconoce una realidad arquetípi-
ca común».8

6 "En definitiva, la tragedia (la apuesta, que es lo que cuenta) supone una
creencia que se conoce que es tal, que sabe que no puede aspirar a ser más
que ello -esto es, una mera creencia privada ya, una vez quebrado el tipo
de transparencia que proveía el determinismo, de toda garantía objetiva -
pero que, para serlo, no puede tampoco, sin embargo, resignarse a no ser
algo más que ello: indudablemente, no tiene sentido apostar si no contá-
Crítica de la Razón Mediática

semos más que con una mera creencia, esto es, si existiera la posibilidad
de alguna evidencia (ya sea de que Dios existe o de que no existe) pero,
inversamente, no sería razonable apostar si aceptáramos que se trata de un
mera creencia ‹un pura ‹construcción discursiva›, ‹un ‹mito›, en palabras de
Laclau y Mouffe." E. J. Palti, Op. cit. p. 85.
7 L. Garagalza. Op. cit., p. 110.
Juan Barreto

8 Citado en L. Garagalza, Op. cit., p. 111.


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Tercera Parte / Ensayo III


I

284 la interpretación, o la comprensión


de un significante-signo que se
hace símbolo

Estamos definiendo un régimen en el que el signo


no cesa de remitir al signo, de un círculo a otro;
como los electrones en el modelo atómico de la
mecánica cuántica , actuando por saltos energéticos.
Desde un significante móvil y un conjunto de
significados posibles, y en el que la interpretación,
la asignación de significado, no cesa de restablecer
al significante; como para recargar al sistema y
vencer la entropía por medio de un conjunto de
intensidades y de flujos; que como el átomo,
dibujan el mapa particular de su existencia en cada
posibilidad.

C. Parnet.

Hay quienes sostienen que el signo es fijado como término


que “economiza” lo real, ya que relaciona la alegoría y el sig-
nificante abarcando a las categorías abstractas, mientras el
símbolo -de interés para la hermenéutica- es el mediador por
excelencia. Para nosotros se trata de planos, segmentos, estra-
tos y relaciones de sentido desde donde el lenguaje funciona
o se deja funcionar de manera fecunda. Es el movimiento
que va de la posición a la velocidad y, como la música y el
pensamiento, ocurre en el espacio-tiempo.
El signo, como materia abstracta que se hace símbo-
lo, siempre podrá renovarse en una suerte de dialéctica, en un
dasein que supone negación, conservación y superación, que pro-
mueve su configuración trascendente: el sentido simbólico.
Lo inmanente es la figura sensible. En palabras de Garagalza:
«Lo inmanente y lo trascendente, lo profano y lo sagrado, lo
Crítica de la Razón Mediática

consciente y lo inconsciente quedan por tanto, reunidos, vin-


culados por el símbolo como mediación, que inaugura una
dialéctica inextinguible... como el mensajero de la trascen-
Juan Barreto
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Tercera Parte / Ensayo III


I

dencia en el mundo de la encarnación y de la muerte».9 285


Desde este enfoque, para Durand, el símbolo no reco-
noce la arbitrariedad, porque la figura manifiesta un sentido y
obtiene una consistencia propia que les otorga la familiaridad
entre la figura sensible y el sentido, gracias al «trayecto antro-
pológico». Esta dialéctica interna al símbolo y su apertura fun-
dante, admite la lectura hermenéutica que asimila la seducción
interiorizada de sentidos, los cuales no se instauran en una tem-
poralidad, sino en la convergencia de símbolos que apuntan
hacia una significación. Por ello, dice Garagalza, en Durand:
El espacio comparece así, como la condición a priori de toda
intuición de imágenes, como el lugar de la imaginación que en
cuanto reserva infinita de la eternidad, se presenta como un anti-
destino, empeñado en la eufemización del tiempo y de su actuali-
zación y la muerte, reintegrándola en un tiempo reencontrado.10

La metáfora simbólica tiene, así, una función de descu-


brimiento, un poder de poner ante los ojos. Es el poder ver her-
menéutico. Es el decir metafórico, un ver como que implica, a la
vez, ser y no ser de la cosa, y mutación continua del objeto,
entendido éste como lo que cambia, un lenguaje en sí mismo y
una posibilidad de saber, de la cual formamos parte en un
juego de complicidades.11 En esta perspectiva, para Corbin:
… comprender el Libro, significa por tanto, redescubrir y reacti-
var el sentido espiritual que se manifiesta, ocultándose al mismo
tiempo en la literalidad del texto... Ser más bien una experiencia
vital, en el curso de la cual, el alma del hermeneuta sufre una
transformación o transmutación, regenerándose, de la misma
manera como el sentido esotérico o ‘caído’ se ‘transgrede’ para
dejar paso al sentido esotérico profundo. Esta transmutación del
alma, como ‘transgresión’ de la letra, que se corresponde con la
interiorización del sentido, podría ser comparada con lo que Jung
Crítica de la Razón Mediática

denominó, el ‘proceso de individualización’, cual proceso de ini-


ciación al sentido oculto...12

9 Ibid., p. 53.
10 Ibid., p. 56.
11 P. Ricoeur, La metáfora viva, Trotta, Madrid, 2001, p. 332.
Juan Barreto

12 Citado por L. Garagalza, Op. cit., p. 111.


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Tercera Parte / Ensayo III


I

286 Durand, por su parte, considera que la cultura y la vida,


es decir, lo que motiva la reflexión y la ensoñación, es lo que
sobredetermina con una especie de finalidad, el proyecto natu-
ral proporcionado por los reflejos dominantes que hacen las
veces de tutores instintivos13. Se debe declarar una matriz fecun-
da de las intersubjetividades, genética de la naturaleza humana
y del inconsciente colectivo. Siendo así, la vía humana para
descargar la intensidad simbólica reprimida relativamente por
un ideario totalizador, es la otorgada por el recurso imaginati-
vo, explicado por Bergson como parte de la inteligencia huma-
na, como reacción natural (reacción que, entre otras cosas,
promueve hechos como la fatalidad de la muerte).
Durand, a partir de la imaginación como Intelecto
Agente, establece dos regímenes de sentido para encarar lo
real: el diurno y el nocturno. El primero es una suerte de estruc-
tura esquizomorfa heroica: «aquí la imaginación funciona
polémicamente, sirviéndose de la antítesis como figura retó-
rica fundamental que establece, en un intento de eufemiza-
ción, una interpretación dualista, basada en el juego de figu-
ras y de imágenes antagónicas»14.
En el régimen nocturno, la imaginación organiza y
mide el tiempo, o -sublimando la líbido- lo puebla con mitos.
Entonces, se divide en dos tipos de símbolos: los místicos,
que constituyen las inversiones eufemizantes de las valoracio-
nes dominantes, y los sintéticos, «polarizados por la búsque-
da de lo que hay de intemporal en el seno mismo de la flui-
dez del tiempo, se esfuerzan por conciliar el deseo de eterni-
dad con las intuiciones del devenir».15
Crítica de la Razón Mediática

13 G. Durand, Las estructuras antropológicas de la imaginación, Verjat,


Barcelona, 1989, p. 458.
14 L. Garagalza, Op. cit., p. 74.
Juan Barreto

15 Ibid., p. 79.
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Tercera Parte / Ensayo III


I

el mito como agenciamiento 287

El mito es un engranaje funcional. Así pues, una


semiótica debería tener un primer elemento generati -
vo de un punto de subjetivación, que muestre cómo
un agenciamiento pone en juego a varios regímenes
de signos, o varias máquinas abstractas; haciendo
que cada una juegue en el engranaje de las demás.
Un segundo componente transformacional,
que muestre cómo un régimen de signos puede
devenir en otro, desde residuos de archivos aparen -
temente inasimilables y cómo jugar con nuevas
variaciones e innovaciones.

F. Guattari.

¿Cómo explicar la abundancia de textos, discursos e historias


que pueblan la gramática del sentido? ¿De dónde salen las
materias primas del relato teleológico de la modernidad?
Haciendo nuestras las palabras de Georges Gusdorf16, desde
siempre, el mito ha sido constitutivo de la elaboración del
modelo perfecto de todo ser del mundo. Por ello la tarea del
hombre vuelve siempre a personificar a los héroes míticos,
como si la conciencia mítica le ofreciera una especie envoltu-
ra protectora dentro de la cual el hombre imagina su lugar sin
peligros en el universo.
Vivir el mito, cosa que siempre ocurre, pues está ins-
crito en la piedra del lenguaje con el que desciframos el
mundo, no impide estar prevenidos. Cassirer nos advierte
sobre el devenir y la intuición mítica que nos conecta con lo
sagrado, la fe en el futuro, siempre incierto, siempre promesa,
siempre falso performativo, siempre optimismo presente ante
lo desconocido. Dionisios, por ejemplo, en palabras de J. L.
Crítica de la Razón Mediática

Mujica, sirve de antídoto «para romper con el patetismo infe-


liz de las Hades»
Juan Barreto

16 G. Gusdorf, Mito y Metafísica, Nova, Buenos Aires, 1960.


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Tercera Parte / Ensayo III


I

288 Mythos, es lo que no pude existir en la realidad, es la


Teogonía como totalidad que no se puede concebir ni como
objeto pensado ni como forma existente. Sólo es posible
como relato que funda la separación irreductible del mundo
profano con el espacio de lo sagrado (el deseo). Por esto el
mito es, entonces, una estructura permanente que se refiere
de manera simultánea al modo de conjurar la muerte y de
organizar la vida: presente, pasado y futuro se funden en
dicha genealogía para la aprehensión de las cosas. El mito
ordena el sentido del ser en el mundo dándole una visión cós-
mica que lo dota de relación con el infinito, autorizándolo
para actuar e intervenir en nosotros mismos.
Mitos y ritos se cruzan creando el espacio de lo sagra-
do, lo negativo, las positividades y los ritos de paso que mar-
can el tiempo del signo y de su significado. Este diacronismo
viene emparentado por la forma en que se presenta, que lleva
una densidad semiótica. Como artificio y momento de articu-
lación simbólica, que unifica al texto del mundo.
J. Derrida nos habla, en Márgenes de la Filosofía, de la
diferenciación, determinación y cualificación que hace la rela-
ción entre el tiempo y el espacio como lugar del transcurrir de
la subjetividad. Diferencia o identidad, el punto, la línea, la idea
de superficie, todos los seres y objetos espaciales son objetos
de relaciones rituales. «La verdad y la negación de ser y no ser
otro» fundando, entrelazando o desbastando el lenguaje.
En ello podemos advertir que las contradicciones inser-
tas en un mito permiten una correlación entre opuestos, en el
caso de sus antagonismos fundantes bajo los dos tipos de regí-
menes esbozados: diurno y nocturno. Algo que la semiótica
más conservadora obtura, pues procede a nombrar y categori-
Crítica de la Razón Mediática

zar por oposiciones binarias en niveles de valor informativo.


La importancia de los mitos y de los ritos de todo tipo
-de paso, de confirmación, negativos, positivos- en la reifica-
Juan Barreto
3a PARTE.qxp_Maquetación 1 7/25/14 3:44 PM Page 289

Tercera Parte / Ensayo III


I

ción del sentido, viene dado por la necesidad de un sentido de 289


pertenencia en la cual el despliegue metahistórico de signifi-
caciones ideales actúa creando un marco de significación para
los objetos preexistentes (Foucault). En este marco, la bús-
queda del origen, esencia irreductible pero susceptible de ser
resignificada, como sostiene Del Búfalo «es un vacío de la
razón reificadora en el cual se centra la tentación del dominio
de la metafísica».17
Por esto, cualquier discurso es, en sí mismo, una visión
del mundo que ordena el universo, es una terminal de un uni-
verso simbólico centrado en sí mismo y auto-referido, lo que
nos relaciona con una cierta cantidad de mitos fundantes, gran-
des relatos e imaginarios culturales totalizadores de la generali-
dad social, que otros llaman «sistema de mitos compensados».

el sentido fuera del sentido

Desde el punto de vista intelectual, se trataba, y se


trata todavía, de atacar por todos los medios, y
procurar se reconozca a todo precio, el engañoso
carácter de las viejas antinomias hipócritamente
destinadas a impedir cualquier insólita inquietud
humana, dándole al hombre una pobre idea de los
medios de que dispone, y haciéndole desesperar de
la posibilidad de escapar, en una medida aceptable,
a la coacción universal. El espantapájaros de la
muerte, los cafés concierto del más allá,
el naufragio de la más sólida razón en el sueño, el
aplastante telón del porvenir, las torres de Babel,
los espejos de inconsistencia, el infranqueable
muro de dinero con sesos contra él aplastados,
estas imágenes harto impresionantes de la catástro -
fe humana quizá tan sólo sean imágenes.
Crítica de la Razón Mediática

A. Breton.

En el Tractatus Logico-Philosophicus, Wittgenstein adelanta una crítica


al lenguaje que intenta explicar desde dentro su naturaleza y límites.
Juan Barreto

17 E. Del Búfalo, Genealogía de la subjetividad, Monte Ávila, Caracas, 1992, p. 18.


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Tercera Parte / Ensayo III


I

290 «El sentido del mundo tiene que existir fuera de él», dice. Es al
interior de la proposición, pero también fuera de ella, que el sen-
tido se manifiesta.
De ahí que el mundo sea la totalidad de los hechos,
no de las cosas, y en Wittgenstein, un hecho es algo en el
mundo. Un estado de cosas es la manera de manifestarse
del mundo18. Para él, los objetos forman la sustancia del
mundo y su conexión (estado de cosas) es una relación
inestable que produce la representación figurada en el len-
guaje que les da nombres. En sintonía con este plantea-
miento, Barthes afirma, en Fragmentos de un discurso amoroso,
que sujeto y objeto llegan a la palabra en el momento
mismo en que es proferida y que el sentido es constitutivo
de la enunciación.19
El sentido de la proposición depende de la existencia
de los objetos nombrados, aunque otra proposición de senti-
do haya designado nuevos objetos de sentido. Al respecto,
Wittgenstein escribió: «Una proposición sólo puede decir cómo es una
cosa, no lo que es». Lo que viene a decir que la figura es un mode-
lo de realidad que encuentra expresión en modelos de pensa-
miento. La manera «como se comportan las cosas» es el hablar
de los modelos que pueden ser verdaderos o falsos.
Figura-lenguaje y mundo son inefables. Wittgenstein
no cree, como los positivistas lógicos, que la significación y
el sentido son físicos en primera instancia. Para él, el senti-
do está asociado a colecciones de sensaciones, a experien-
cias sensibles, a observaciones interpretadas.

18 "Los sentidos posibles deben estar prescritos en el objeto, pues de otra


Crítica de la Razón Mediática

manera, el objeto podría asumir posteriormente un sentido nuevo como


por azar. El objeto sólo puedo representárselo en la trama del estado de
cosas, en la posibilidad de esa trama (que se encuentra prejuzgada en la
cosa) y por lo cual resulta imposible que las palabras aparezcan de dos
modos diferentes, solas en la proposición". L. Wittgenstein, Tractatus logi-
co-philosophicus, Alianza, Madrid, 1979, p. 122.
Juan Barreto

19 R. Barthes, Fragmentos de un discurso amoroso, Siglo XXI, México, 1988.


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Tercera Parte / Ensayo III


I

Por otra parte, las expresiones formales son entendi- 291


das como puramente arbitrarias deliberadamente construi-
das, y ésta es su relación con el mundo. El símbolo queda,
así, fundado como una proposición que caracteriza su sen-
tido en una expresión esencial, en una forma y un conteni-
do. De esta manera, el sentido configurado, es decir, en la
figura de lenguaje, tendrá una dimensión significativa y una
condición de verdad en forma de demostración, sea premi-
sa o conclusión.
«En la lógica -afirma Greimas- encontramos la expre-
sión ‘desprovisto de sentido’ que caracteriza, según el deseo
explícito de sus autores, una determinada clase de palabras
inventadas o seleccionadas para hablar de otras palabras»20.
Esta idea de sentido choca con la hermenéutica gadameriana,
que se presenta como una teoría filosófica de la comprensión,
no como metodología para la comprensión, sino como un arse-
nal de planteamientos sobre la comprensión e interpretación.
Pero, si el papel del lenguaje es establecer límites y, a
la vez, sobrepasarlos en la comprensión, entonces la interpre-
tación hermenéutica quiere decir al mismo tiempo: modo de
ser y modo de conocer; lenguaje que articula (apalabra) obje-
to y sujeto, proto-relación de hombre y mundo al encuentro:
«El comprender las circunstancias y las estructuras de nuestro
mundo, el comprendernos unos a otros en este mundo, pre-
supone tanto la crítica e impugnación de lo anquilosado o lo
enajenado como el reconocimiento o la defensa del orden
establecido»21. La tensión vacío-sentido.
Gadamer plantea la pregunta: ¿cómo es posible la
comprensión?, y su interpelado «es el conjunto de la expe-
riencia humana del mundo y de la praxis vital»22. Recupera,
Crítica de la Razón Mediática

de este modo, el concepto dialéctico de verdad, a partir de


sensibilidades objetivas o subjetivas paralelas que fundan el

20 A. J. Greimas, En torno al sentido, Ensayos, Madrid, 1973, p. 11.


21 H. G. Gadamer, Verdad y método, p. 185.
Juan Barreto

22 Ibid., p. 142.
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Tercera Parte / Ensayo III


I

292 sentido. Tales pretensiones llevan la discusión hacia la para-


doja de la circularidad hermenéutica:
… no podemos hablar de lo real como algo ‘en sí’, separado e
independiente del conocimiento interpretación, ni de un sujeto
sin mundo que se conociese a sí mismo; no podemos tampoco
distinguir absolutamente el conocimiento (como algo objetivo) de
la interpretación (subjetiva), ni de las ideas (logos) de las creencias
(mythos)... Todos los pares de opuestos que constituyen el univer-
so del discurso humano, aparecen ahora como interrelacionados,
mostrándose en su mutua correlatividad en tanto que manifesta-
ciones contrapuestas de la misma compleja realidad emergente.23
Entonces, la teoría de Gadamer no apunta hacia la
trascendencia o a la finitud humana sino, como en los griegos,
pretende asumir reflexivamente esa finitud. De una vez, admi-
tir la naturaleza interpretativa al captar la realidad, aún en los
detalles más mínimos. Para este autor, la comprensión es el
sentido mismo de cualquier saber racional24, y, por eso mismo,
va más allá de la necesidad de dar cuenta del estar allí.
Hablando de su círculo hermenéutico, el maestro
apunta que la vinculación del investigador con la situación es
parte misma del texto, pues el reconocimiento no es más que
una mediación entre lo histórico y el presente. De ahí que
Garagalza sostenga:
Desde esta perspectiva neohermenéutica, la comprensión del
sentido del pasado no puede ya ser abordada como si se trata-
ra del conocimiento de un objeto (separado y ajeno al historia-
dor), puesto que el mismo está dentro de la historia y, al com-
prenderla, se está comprendiendo a sí mismo. Correlativamente
el sentido de un texto del pasado no se puede reducir al “senti-
do original”, que tuvo en su momento, ni al sentido literal de
“lo que dice”, sino que se encuentra abierto a lo “que quiere
decirle” al intérprete. Pues la obra, toda obra humana, es pen-
sada por el autor como formando una unidad con sus efectos
en la historia, con las interpretaciones que provoca. Así, el sen-
Crítica de la Razón Mediática

23 L. Garagalza, La interpretación de los símbolos, pp. 143-144.


24 "La reflexión hermenéutica ha elaborado así una teoría de los prejui-
cios que, sin menoscabar el sentido de crítica de todos los prejuicios que
amenazan al conocimiento, hace justicia al sentido productivo de la pre-
Juan Barreto

comprensión, que es premisa de toda comprensión". H.G. Gadamer.


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Tercera Parte / Ensayo III


I

tido original comparece ya siempre penetrado por el sentido 293


propio del intérprete […] La hermenéutica de la tradición…sin
quedar anulada, deja así paso a la hermenéutica de lenguaje: la
fusión de horizontes, que caracteriza a la comprensión, no es ya
vista como un producto de la historia misma, sino como resul-
tado o un rendimiento del lenguaje. La historia quedará, en ade-
lante, relegada a un segundo lugar frente al lenguaje, que pasa-
rá a un primer plano.25
Para la hermenéutica, lo real es un texto cuyo sentido
no está dado, ni inmediatamente presente en su mera materia-
lidad externa, sino que co-depende del modo de ser del que
lo comprende, que es correlativo al grado de la comprensión
misma, que se lo manifiesta a partir y a través del sin-sentido
conjurado. Presencia y ausencia, develación y ocultamiento,
sentido y sin-sentido, son ahora términos que no se excluyen
sino que se encuentran siempre en relación dialéctica, mutua-
mente co-referidos, pues nuestra comprensión está marcada
por la finitud del acontecer lingüístico en el que se concreta y
realiza la contingencia interpretativa.
De allí surgen mundos posibles que conducen a dife-
rentes historias. El sí mismo del individuo se encuentra y se
niega en esas historias zigzagueantes que conducen de un
problema a otro y de allí a planos diversos. Por ello G.
Deleuze y F. Guattari26, sostienen que el concepto obedece
a múltiples historias y «las más de las veces, contiene trozos
procedentes de otros conceptos» y de la experiencia de
numerosos sujetos.
Derrida, por su parte, apunta que la hermenéutica es
una manera de abrir la historia a su posible lectura, rom-
piendo la orfandad, el silencio de sus signos y fundando
Crítica de la Razón Mediática

Verdad y método, p. 371. Así, el sabio fija los parámetros desde los cuales es
posible una toma de partido desde la posibilidad de la comprensión des-
prejuiciada, es decir, la fundación del juicio sin la carga argumentativa de
la descalificación.
25 L. Garagalza, Op. cit., p. 146.
26 G. Deleuze y F. Guattari, ¿Qué es la filosofía?, Anagrama, Barcelona,
Juan Barreto

1993, p. 23.
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Tercera Parte / Ensayo III


I

294 conceptos27. Por esto, la cuestión del signo es a su vez la


interrogación sobre el sentido de una época. Hay un plano
o campo en la palabra que emancipa y libera al signo y crea
un horizonte de fuerzas, es el sentido contenido en el signo:
«Se trata entonces del sentido representado en la forma-
signo, y la estructura es la unidad formal de la forma y del
sentido»28.
Desde aquí, la hermenéutica es la conciencia destruc-
tora y recombinatoria del signo, es la amenaza, pues: «se
puede entonces amenazar metódicamente la estructura para
percibirla mejor, no solamente en sus nervaduras sino en ese
lugar secreto en que no es ni erección ni ruina sino labilidad.
Esta operación se llama en latín suscitar o solicitar. Dicho de
otra manera, estremecer».29
Acabar con el disfraz del origen y tener conciencia de la
debilidad inveterada, endémica, de toda idea, es la tarea del
pensamiento deconstructivo, lo que implica cambiar el rostro,
fundar al Otro dentro del problema, extender los conceptos
hasta el infinito en la multiplicidad (Guattari), acelerar la velo-
cidad del pensamiento, generar las constelaciones de aconteci-
mientos futuros, colonizar los paisajes de la mente y, por sobre
todo, dar curso a los «personajes conceptuales», que hacen posible
imaginar el mundo: «Gracias a nuestros personajes nos conver-
timos siempre en otra cosa, y renacemos parque público o jar-
dín zoológico».30

27 Por ello se pregunta: "¿Se ha comprendido bien el signo mismo, en sí


mismo? Dicho de otra manera, ¿se ha entendido bien lo que ha dicho y que-
rido decir Descartes? Esta comprensión del signo en sí mismo, en su mate-
ria inmediata de signo, si puede decirse así, no es más que el primer momen-
Crítica de la Razón Mediática

to, pero es también la condición indispensable al significado. En términos


generales, cuando se intenta pasar de un lenguaje patente a un lenguaje
latente, hay que asegurarse primero con todo rigor del sentido patente". J.
Derrida, La escritura y la diferencia, Anthropos, Madrid, 1989, p. 49.
28 Ibid., p. 12.
29 Ibid., p. 13.
Juan Barreto

30 F. Guattari y G. Deleuze, ¿Qué es la filosofía?, p. 75.


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Tercera Parte / Ensayo III


I

En este punto, Guattari muestra como se mezclan las 295


semióticas en la interpretación construyendo máquinas abs-
tractas de producción de devenires, nuevas líneas de fuga
mutantes que inspiran nuevos agenciamientos.

Crítica de la Razón Mediática


Juan Barreto
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299

Cuarta Parte

SUBJETIVIDAD,
DISPOSITIVOS
Y MASS-MEDIA

El ojo de una época es la mente de una época:


¡Dime cómo ves y te diré qué piensas!
Los cambios perceptivos se ven multiplicados por
los condicionamientos a los que nos
somete nuestro horizonte tecnológico, y por la
metamorfosis de los medios de representación que
conforman nuestra historia perceptiva.

A. Piscitelli.
Crítica de la Razón Mediática
Juan Barreto
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I 301

MASSMEDIÁTICA
Y CONSTRUCCIÓN DE SUBJETIVIDAD
Los medios sobreviven a punta de golpes
simbólicos que imponen sustantivos
y calificativos para el uso colectivo. Cuestión
de palabras se diría, pero hay algo más:
la imposibilidad de los medios de sostener
un discurso coherente y crítico sobre
sí mismos, mientras su mirada siempre
expone y enjuicia a los otros.

P. Bourdieu.

La subjetividad:
heterogénesis descentrada del sujeto

Todo lo que veo por principio se encuentra a mi alcance


(al menos al alcance de mi mirada), destacando en
puedo”. En esta importante frase,
la tar jeta del “yo puedo”.
Merlau-Ponty describe precisamente lo que va a ser
arruinado por la teletopología convertida
en habitual. Lo esencial de lo que veo ya no está,
en efecto, por principio, al alcance de mi mirada,
no se inscribe ya forzosamente en la tarjeta del “yo
puedo”. La logística de la percepción destruye,
de hecho, lo que los antiguos modos de
representación conservaban de ese gozo original
idealmente humano, de ese “yo puedo” de la mira -
da, que hacía que el arte no pudiera ser obsceno.

P. Virilio.
Crítica de la Razón Mediática

a máquina teatral de la que habla Derrida, tal vez no sea el


l mejor concepto que de cuenta del espesor simbólico de la
Juan Barreto
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Cuarta Parte / Ensayo I

302 subjetividad. Es posible que la dimensión de lo otro, del espectro


como fantasmagoría faltante pero presente, quepa también
sobre las tablas del escenario dibujado por el autor. El mundo
convertido en su propio espectáculo habla de un retorno agóni-
co que «hace pasar las relaciones entre personas a relaciones
entre cosas», diría Marx. Una relación que aparece como fuera de
ellas, un fantasma buscando donde alojarse. La cosa niega al tra-
bajo pero reaparece espectralmente en cada nuevo marco rela-
cional. «Entra en escena como mercancía», tal y como apunta
Marx refiriéndose a la mesa como representación de la subjetividad
del trabajo.
Siguiendo a Benjamin y a Derrida, esta subjetividad tiene
una potencia mesiánica débil, hasta que no consigue su devenir polí-
tico en un nuevo tiempo dislocado. La apelación marxiana a Hamlet
y al tiempo fuera de quicio, nos habla de un trastorno que socava la
subjetividad general de la razón de Hamlet.
Las formaciones discursivas de un bloque histórico, también
contienen cadenas espectrales de misterios respecto de sí mismas
que «reflejan a los hombres su propio carácter», como advirtió
Marx irónicamente. Por ejemplo, en Marx, «la tela habla de manera
extravagante, desde el fondo de su alma e invoca el alma de la mercancía»,
mientras desenmaraña el misticismo de su propia trama hasta dar
con la urdimbre del misterio, hasta hacer materializarse los
espectros: La opacidad del trabajo, la «suprasensual y sublime» obje-
tividad del trabajo en el valor.
El objeto nombrado vive fetichizado en el lenguaje y
habita desde allí la gramática de la subjetividad, «en donde
valor y trabajo no coinciden y se relacionan en forma absur-
da», como escribió Marx en el Tomo I de El Capital, agregan-
do que las formas fetichizadas en el lenguaje «informan preci-
Crítica de la Razón Mediática

samente de las categorías de la economía burguesa. Son for-


mas de pensamiento socialmente válidas, o sea, objetivas, para
las relaciones de producción de este modo de producción
Juan Barreto
4 a PARTE.qxp_cuarta parte 7/25/14 4:04 PM Page 303

Cuarta Parte / Ensayo I

social e históricamente determinado, de la producción de 303


mercancías».
Quizá hemos olvidado, por comodidad u otros motivos,
que en este otro nuevo tiempo dislocado, las resonancias de la ape-
lación marxiana a Hamlet y al tiempo fuera de quicio, nos haría
posible otear las condiciones que se entrecruzan en la disolu-
ción de la pretendida subjetividad general de la modernidad y,
desde luego, en la emergencia de otras formas de subjetividad.
Porque hay una autopoiesis que va formando sistemas abiertos
de autoproducción, que va cambiando el mapa desde donde se
recomponen numerosas fuerzas que afectan las superficies de
los cuerpos1. Este proceso de autoproducción discursiva de los
sujetos asegura su dimensión actual y es capaz de anteponer el
futuro.
La subjetividad queda fundada como voluntad afirmativa
del ser, en su continua y permanente expansión, desde conglo-
merados o constelaciones de sustancias y saberes que fundamen-
tan su intencionalidad (máquinas de recorte, producción y acele-
ración de flujos), que intervienen los cuerpos y van produciendo
huellas y rastros que rompen con la inmediatez. A partir de aquí,
surge la diferenciación y la creación de registros entre los tipos
de saber de cada individuo, sus foliaturas, desterritorializaciones
y reterritorializaciones, o a la inversa.
Con la publicación de Las palabras y las cosas, M. Foucault
se propuso una arqueología de los signos. Sacar de la oscuridad
esos «códigos fundamentales de una cultura» desde los cuales se cons-
truyen los objetos de conocimiento y se determina la jerarquía y
legitimidad de los saberes dentro de la modernidad. Período en
que también aparece ese desgarrón en el orden de las cosas, esa
Crítica de la Razón Mediática

1 Para Spinoza, Sabiduría "Es pues, no meditar sobre la muerte sino sobre la
vida". Liberarse buscando lo útil a su conservación, la alegría del cuerpo ente-
ro en su capacidad de activar, pues, "El hombre es un cuerpo, máquina com-
pleja, un alma"…orden de las acciones y pasiones del cuerpo, orden de las
acciones y pasiones del alma". B. Spinoza, Ética, Alianza, Madrid, 1987,
Juan Barreto

(Prólogo).
4 a PARTE.qxp_cuarta parte 7/25/14 4:04 PM Page 304

Cuarta Parte / Ensayo I

304 configuración trazada por la nueva disposición de saberes y dis-


cursos que se ensamblan en el cuerpo de «ese objeto singular»
que es el hombre.2
La memoria de signos del mundo, entre ellos, el hombre,
el sujeto, actúa desde una cadena de resortes, reglas concretas y
máquinas abstractas, que van configurando un mapa de soportes
que se desplazan unos a otros cual placas tectónicas de distintos
estratos. De ello depende el uso polívoco que puede hacerse de
los signos desde cada subjetividad. En efecto, la marca de los sig-
nos se graba en el cuerpo y conforma su segunda naturaleza, que
es la que dispara los dispositivos de sentido desde donde actúan
los sujetos. De allí, dice Guattari, aparecen las instituciones o
máquinas autoconscientes con lógica propia y, en el caso del
capitalismo, producen ciertos laminados sociales de subjetividad
de donde se desprenden continentes de conceptos.
Miles de máquinas de sentido van actuando para crear el
«cuerpo sin órganos». El hombre a caballo de la Edad Media forma-
rá una máquina o plan de consistencia. En la medida en que se
complejiza lo social irán apareciendo máquinas más especializa-
das como la máquina escritural y luego la imprenta -a decir de

2 "… Existe en toda cultura, entre el uso de lo que pudiéramos llamar los
códigos ordenadores y la reflexiones sobre orden, una experiencia desnuda
del orden y sus modos de ser. Se trata de mostrar en qué ha podido conver-
tirse [esa experiencia], a partir del siglo XVI, en una cultura como la nuestra:
de qué manera, remontando, como contracorriente, el lenguaje tal como era
hablado, los seres naturales tal como eran percibidos, los cambios tal como
eran practicados, ha manifestado nuestra cultura que hay un orden y que a las
modalidades de este orden deben sus leyes los cambios, su regularidad los
seres vivos, su encadenamiento y su valor representativo las palabras[…]
Ahora bien, esta investigación muestra dos grandes discontinuidades en la
episteme de la cultura occidental: aquella con la que se inaugura la época clá-
sica (hacia mediados del siglo XVII) y aquella que, a principios del XX, seña-
Crítica de la Razón Mediática

la el umbral de nuestra modernidad […] De la experiencia límite del Otro a


las formas constitutivas del saber médico y de éste al orden de las cosas y al
pensamiento de lo Mismo, lo que se ofrece al análisis arqueológico es todo el
saber clásico o, más bien, ese umbral que nos separa del pensamiento clásico
y constituye nuestra modernidad. En ese umbral apareció por primera vez esa
extraña figura del saber que llamamos el hombre y que ha abierto un espacio
propio a las ciencias humanas". M. Foucault, Las palabras y las cosas, Siglo XXI,
Juan Barreto

1978. (Prefacio).
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Cuarta Parte / Ensayo I

Guattari, máquina meretriz, que acompañará la labor maquínica 305


de la mano y la pluma. Luego la revolución radioeléctrica hará
posible la máquina de la voz, el teléfono-voz que supone la
ausencia del cuerpo3 y nuevas técnicas del tiempo y de la presen-
cia, hasta llegar a la audiovisión de la máquina que sustituye al
cuerpo por su fantasmagoría de imagen y deseo, la TV. Todo este
proceso altera y replantea la actividad del pensamiento sobre sí
mismo y va complejizando y estriando el tejido reticular de los
saberes que se construyen sobre los individuos.
El cuerpo, así visto, es una superficie de inscripción
donde la información es un fluido que no es ni tiempo ni espa-
cio. La información va recomponiendo en la máquina, los órga-
nos sueltos, en campos específicos de relatos que son ya compo-
nentes maquínicos. Dichos cuerpos afloran continuamente pre-
figurando nuevos escenarios subjetivos y creando un sin núme-
ro de dispositivos4.

3 "Spinoza propone a los filósofos un nuevo modelo: el cuerpo. Les propo-


ne instituir al cuerpo como modelo "No sabemos lo que puede el cuerpo".
Esta declaración de ignorancia es una provocación: hablamos de la concien-
cia y de sus decretos de la voluntad y de sus efectos, de los mil medios de
mover el cuerpo, de dominar el cuerpo y las pasiones pero ni siquiera sabe-
mos lo que puede un cuerpo. Parloteamos a falta de saber. Como dirá
Nietzsche, nos asombramos ante la conciencia pero ‹lo sorprendente es más
bien el cuerpo›. Sin embargo una de las tesis teóricas más celebres de Spinoza
es conocida con el nombre de paralelismo: no consiste tan sólo en negar toda
relación de casualidad real entre la mente y el cuerpo, sino que incluso venga
cualquier eminencia de uno sobre otro (…) Buscamos adquirir un conoci-
miento de las potencias del cuerpo para descubrir paralelamente las potencias
de la mente que escapan, el modelo del cuerpo, según Spinoza, no implica
ninguna desvaloración del pensamiento con respecto a la extensión, sino, lo
que es mucho más importante, una desvaloración de la conciencia con respec-
to al pensamiento: un descubrimiento del inconsciente, y de un inconsciente
del pensamiento, no menos profundo que lo desconocidos del cuerpo". G.
Deleuze, Spinoza, Kant, Nietzsche, Labor, Barcelona, 1974, p. 59.
Crítica de la Razón Mediática

4 Deleuze afirma que "Pertenecemos a ciertos dispositivos y obramos en


ellos... En todo dispositivo hay que distinguir lo que somos (lo que ya no
somos) y lo que estamos siendo: la parte de la historia y la parte actual, lo natu-
ral y lo fractal. La historia es el archivo, la configuración de lo que somos y deja-
mos de ser, en tanto que lo actual es el esbozo de lo que vamos siendo. De
modo que la historia o el archivo es lo que nos separa de nosotros mismos, en
tanto que lo actual es eso otro con lo cual coincidimos". G. Deleuze, "¿Qué es
Juan Barreto

un dispositivo?", Michel Foucault, filósofo, Gedisa, Barcelona, 1990, pp. 159-160.


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Cuarta Parte / Ensayo I

306 El dispositivo supone una especie de ovillo o madeja


multilineal. Líneas de diferente naturaleza (el objeto, el sujeto, el
lenguaje). Hay que distinguir en el dispositivo, las líneas de visi-
bilidad y las de enunciación. También contiene un régimen de
luz y líneas de fuerza y de objetivación. Cada dispositivo es a su
vez un orden de dispositivos que hacen estallar los conceptos y
los sumergen en un ambiente nuevo.
El dispositivo es un ordenador de sentido, funcionando
desde la subjetividad y la objetividad del mundo, desde el afuera
y el adentro –todo afuera supone y remite a un adentro–. Hay
que observar que el adentro en Foucault también es un dispositi-
vo, es decir, un mosaico de donde entran y salen, como delgadas
películas, relaciones dinámicas de fuerzas y de poderes que se
entrecruzan y sobreponen, en forma de tecnologías de poder y
de tecnologías del “yo”. De esta manera, cada dispositivo garan-
tiza formas concretas de producción y recorte de subjetividad.
Por ejemplo: ciertos mecanismos se despliegan desde el disposi-
tivo del cuerpo para hacer la experiencia y «producir sexualidad
en un modo cultural determinado que produce placer».5
Las experiencias sensibles ocurren en el cuerpo, quedan
inscritas en la corporeidad, penetran la superficie de los objetos
y del cuerpo mismo, por resonancia, por afinidad:
De este modo, tanto en el interior de los cuerpos como en sus rela-
ciones recíprocas se produce una síntesis que compone el orden
social, de acuerdo al cual cada cuerpo individual y todo el conjunto
social opera seleccionando el saber-hacer más eficaz en cada circuns-
tancia... El fenómeno de la subjetividad está inextricablemente rela-
cionado con la síntesis social que transforma la producción incons-
ciente de los cuerpos en trabajo.6
Para Foucault, se trata de prestar atención, como los epi-
cúreos, a las tensiones que hacen el afuera-adentro en delgadas
Crítica de la Razón Mediática

películas que penetran las miradas y recomponen el orden de los


5 J. G. Merquior, Foucault o el nihilismo de la cátedra, Fondo de Cultura
Económica, México, 1988, p. 227.
6 E. Del Búfalo, Genealogía de la subjetividad, p. 39.
Juan Barreto

7 M. Foucault, El orden del discurso, Anagrama, Barcelona, 1967.


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fantasmas de interior7. Distintas prácticas van fraguando exis- 307


tencias residuales y una corporeidad intercambiable, en trance de
modificar el cuerpo en la medida en que el mundo produce dis-
cursos que desordenan y reordenan el sentido.
Así surgen los componentes prepersonales de la subjeti-
vidad y sus rasgos etológicos en tanto que naturaleza interpreta-
da en signos y reabsorbida por la cultura. Recurriendo a Guattari,
los objetos residuales u órganos parciales de cada práctica se
mueven en la superficie de la tierra recíprocamente articulados
por flujos de energías que van construyendo en su condensación,
los distintos dispositivos de las máquinas subjetivas. Estos com-
ponentes subjetivos van modelando las piezas heterogenéticas y
ortogenéticas de las marcas, van construyendo las rostricidades.
Lo visible, el enfrente, se hace desde esta gramática8.
Las subjetividades que surgen de este proceso, son
refundaciones del pensar, un ejercicio que consiste en afectar-
ser afectado y ocurre por máquina abstracta. La fuerza que
gobierna tal acontecimiento va generando pactos de entendi-
miento con el mundo que suspenden el caos semiótico, hacien-
do de lo vivido un objeto de afirmación que luego debe ser nega-
do. Este proceso va cumpliendo un itinerario nómada que deja
registros de inscripción y de enunciación. A la deriva, van apare-
ciendo momentos y direcciones de subjetividad que hacen que el
mundo se haga mundo y el individuo parte de él.
La síntesis como constructo será, entonces, el trabajo de la
subjetividad, en la medida que ella es, en sí misma, la relación que
funda lo humano. De ahí que la subjetividad vaya adquiriendo
modalidades históricas de las cuales emergen formas de concien-
cia como momentos de la subjetividad: «El pasado se conoce, en
cada caso, según las reglas de ordenamiento del pensamiento
presente y los intereses específicos de las figuras sociales propias
Crítica de la Razón Mediática

de un determinado cuadro estratégico»9. Por eso, no hay mensa-


je que no quede sometido a esta dimensión maquínica y hay que
separarse de la metafísica de los efectos de los mensajes.
8 Ver: F. Guattari, Las tres ecologías, Minuitt, París, 1998.
Juan Barreto

9 H. Rheingold, Multitudes inteligentes, Gedisa, Barcelona, 2004, p. 15.


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Cuarta Parte / Ensayo I

308 Lo expuesto supone reconocer que un mismo concepto


cruza y deja su huella en diferentes umbrales, con historias dis-
tintas; que un mismo concepto va haciendo encrucijadas hete-
rogéneas en la relación de los componentes de la lógica de cada
discurso. Razón por la cual, las instancias de discursividad no son
más que señas que superan el caos semiótico que nos separa de
la catástrofe del desorden. La hipercomplejidad de este proceso
de lo subjetivo que se hace concepto en las figuras conceptuales
es posible, casi siempre, por medio de selecciones poco razona-
bles, ya que tal proceso opera rizomáticamente, como huella,
desprendimiento y procedimiento de simbolización del deseo y
la experiencia. De modo tal que toda decisión, alrededor de la
comprensión de un signo, es coyuntural, depende del campo del
orden de enunciado y del régimen de signos.
La heterogeneidad de los componentes de subjetividad
constituye un campo de selección e interpretación que crea sen-
tido y reorganiza los conceptos del caos en un campo de fuerzas
comprensible en diversos estratos, es decir, surge en cada quién
una máquina de afirmación cuyo propósito es la singularización
de la subjetividad en cada ambiente.
Ahora bien, cabe insistir en que toda subjetividad es, en sí
misma, una marca, un registro singular, pues, hombre, herramien-
tas y piezas del lenguaje forman una máquina única que se acopla
a otras máquinas por sistema de semejanza, formando alteridades
con poder singular de enunciación. A lo cual cabe agregar que la
función existencializante de los universos de valor, compartidos por
cada dominio de subjetividad, es un acontecimiento semiótico que
forma parte de los discursos como unidad significativa de existen-
cia del plano que define a cada cual en su diferencia.
Así pues, podemos explicar el pensar como experimenta-
ción titubeante donde se exploran múltiples caminos de inter-
Crítica de la Razón Mediática

subjetividad. Es lo que llamamos antes refundación y, a veces, de


manera más profunda producción de espacios lisos y desestrati-
ficaciones. O, para decirlo de otra manera, el cruce de modelos
Juan Barreto
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Cuarta Parte / Ensayo I

de aparición de subjetividad y sus agenciamientos es cambiante 309


y los cambios pueden ser profundos, siendo una genealogía valo-
rativa le que le da sentido diagramático a dichos agenciamientos.
Se trata aquí, del trabajo del pensamiento sobre sí mismo
que hace posibles nuevas constelaciones de sentido, por fractales
de carácter infinito, delimitando, así, lo que vamos siendo como
efecto que se deja redistribuir por expansión o por corte. La sub-
jetividad aparece entonces como cruce de corrientes que se
interceptan y refunden sus perímetros. Para decirlo en breve, la
genealogía de la subjetividad nos invita a reconocer, no una sus-
tancia de origen sino la heterogénesis descentrada del sujeto.
Al respecto, Guattari sostiene que los dispositivos de
producción de subjetividad pueden existir a nivel de megalópo-
lis, y que su proceso es transversal, ambiguo y reversible, pero
siempre sujeto al sistema de piezas, estrategias, cortes y flujos de
esencias, es decir, «de fuerzas que dominan mayormente». Por
eso, para este autor, en la recomposición de la subjetividad y los
saberes, no hay diferencias entre lo discursivo y lo material, y de
hecho se pregunta «qué hay de ello en una y otro».

Masmediática: una lógica de sentido

… la subjetividad mass-mediática hace precisa -


mente lo imposible para hacernos olvidar la
finitud, para hacernos creer que somos
eternos... que la ética, la responsabilidad
y el compromiso no existen, que basta con
apretar el botón y luego somnolear, dejando
las imágenes correr solas hacia el abismo.

F. Guattari.
Crítica de la Razón Mediática

Resulta ocioso, de más está decirlo: los medios están allí, delan-
te de nosotros, o nosotros dentro de ellos, disueltos. Tomárselo
en serio significa dar cuenta del pasmoso e insistente proceso
Juan Barreto
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Cuarta Parte / Ensayo I

310 que esto supone. Los distintos lugarejos y callejones hacia donde
nos conducen los media son, también, verdaderos containers de
cotidianidad, sitios de des-encuentro, lugares comunes y refugios
seguros; la única referencia de obligación y de ciudadanía para la
realización simbólica de mucha gente.
Giovanni Sartori ve en el progreso tecnológico una rup-
tura con las antiguas prácticas sociales y el surgimiento de un
nuevo modelo de humanidad caracterizado por el tele-ver y el
video-vivir, en donde todo acaba por ser mediatizado por la
visualización: «La imagen es pura y simple representación visual»10, en
donde el