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Los 7 Campos de

Batalla en los que


Transcurre Tu
Guerra Espiritual
El escepticismo sobre el demonio tiene un alto costo.
Los cristianos – evangélicos, católicos u ortodoxos – se han
ido separando de las bases sobrenaturales del
cristianismo.
Al punto que resulta común oír a un cristiano decir que
no cree o tiene dudas que el demonio o los ángeles existen.
Las explicaciones psicologistas han reemplazado
totalmente a las sobrenaturales cuando se evalúan
fenómenos como obsesiones o trastornos de conducta.
Y un indicador de este cambio es que hoy hay más
especialistas en derecho canónico que exorcistas en la
Iglesia.
Paralelamente dondequiera que hoy se mire, parece que
nuestra sociedad quiere lanzarse por un precipicio a mil
kilómetros por hora.
.
Los gobiernos promueven la aceptación cultural del aborto, la
fornicación, la pornografía, el sexo, las películas violentas y el
llamado “matrimonio homosexual, el control natal artificial, lo
oculto, la marihuana recreativa, el suicidio asistido por
doctores, etc.

Los programas de la televisión menosprecian a los cristianos


que se oponen a estas cosas, y glorifican a la gente mundana
que celebra estos horrores.
El demonio está a sus anchas.
Para él la tierra es un vergel con toda clase de delicias al
alcance de su mano, porque quienes debieran alertar o
hacerle frente descreen que esto esté sucediendo.
EL “PARAÍSO” DEL
DEMONIO ES LA TIERRA
La principal manifestación de los demonios es psicológica.
.
Obsesionan. Oprimen. Deprimen. Atormentan mentalmente.

Una y otra vez, insertan pensamientos negativos.


No soy bueno. No le gusto a nadie. No puedo hacer esto. Es
demasiado para mí. Nunca llegarás a nada.
Los primeros signos de su presencia suelen ser confusión o
tensión.
Ellos encuentran la entrada en errores que cometemos o heridas
que tenemos, y debilitan hasta que logran una gran entrada (y
pueden ingresar más oscuridad).
Una vez que ellos entran, lamentablemente la mayoría de los
cristianos -incluyendo a muchos católicos- están indefensos
contra ellos.
La mayoría de los cristianos no se dan cuenta que los
espíritus están allí.
Porque no se les enseña casi nada acerca de ellos en la Iglesia,
que ha puesto a la psicología y a la filosofía en el lugar histórico
de la teología mística.
El engaño demoníaco es cada vez mayor, incluso dentro de
las iglesias cristianas.
Demasiadas iglesias y parroquias están en camino de
convertirse en museos espiritualmente muertos y es hora de que
los soldados cristianos se pongan de pie y luchen por la fe.

Si Dios permite que la actividad demoníaca aumente hasta su


regreso, es muy probable que Él entrene y equipe a un número
cada vez mayor de sus hijos con la fe y la eficacia para luchar
contra los poderes de las tinieblas que se oponen a sus planes y
su gente.

Hay muchas preguntas en este ámbito.


Pero, ¿por qué tantas personas en la Iglesia – laicos,
consagrados, sacerdotes – se resisten a la demonología?
El miedo y la posibilidad de ser identificado con el
extremismo teológico y emocional, contribuyen
significativamente al aparente boicot o rechazo y a ridiculizar
este tema, fuera de los círculos carismáticos.
Al igual que los guerrilleros, los demonios quieren distraer,
destruir y molestar directamente bajo nuestras narices.
Como no se les puede ver, tal vez la gente piensa que su trabajo
se debe a miedos patológicos, coincidencias, paranoia, fobias,
enfermedades mentales, peculiaridades de la personalidad,
o inestabilidad emocional.

El miedo al estigma social o la asociación con el


fundamentalismo teológico ha ridiculizado y silenciado muchas
voces cristianas.

Las opiniones negativas acerca de la liberación se basan


generalmente en especulaciones propias con respecto a un tema
del que tienen poco conocimiento de primera mano o
experiencia.
En los seminarios esto no se enseña, más bien se enseña lo
contrario, el prejuicio, de modo que cuando los sacerdotes
preparan sus homilías van a leer autores y textos refractarios a
esta realidad y se la trasmiten de buena fe a sus fieles.
Es aquí donde se alimenta el círculo vicioso.
¿Es posible que médicos y sacerdotes sinceros y bien
intencionados, que rechazan la realidad de lo sobrenatural, a
priori, estén en realidad condenando, por lo menos a algunos de
sus pacientes y fieles, a tormentos mentales y emocionales a
causa de su propio sesgo anti-sobrenatural?
¿Cuántos sacerdotes son conscientes de funcionamiento
demoníaco? ¿Cuantos exorcistas hay?
Estamos en un punto donde tenemos mucho menos
exorcistas que especialistas en derecho canónico, y esto un
indicador de la crisis.
De modo que nos tenemos que proteger a nosotros
mismos en la medida que las propias estructuras eclesiales
fallan, y si no pregúntenle a nuestra colaboradora Susana que
tiene a su hijo poseído, ver aquí.

7 CAMPOS DE BATALLA
EN LA GUERRA
ESPIRITUAL CONTRA LA
NUEVA ERA DE LA
OSCURIDAD
Efesios 6 es el mejor ejemplo bíblico sobre cómo manejarse
en la guerra espiritual:
“Por lo demás, fortalezcanse en el Señor con la fuerza de su
poder.
Revístanse con la armadura de Dios, para que puedan resistir
las insidias del demonio.
Porque nuestra lucha no es contra enemigos de carne y
sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los
Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del
mal que habitan en el espacio.
Por lo tanto, tomen la armadura de Dios, para que puedan
resistir en el día malo y mantenerse firmes después de haber
superado todos los obstáculos.
Permanezcan de pie, ceñidos con el cinturón de la verdad y
vistiendo la justicia como coraza.
Calcen sus pies con el celo para propagar la Buena Noticia de
la paz.
Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, con el que
podrán apagar todas las flechas encendidas del Maligno.
Tomen el casco de la salvación, y la espada del Espíritu, que es
la Palabra de Dios”. (Efesios 6: 10- 17)
Entonces, ¿cómo hace uno todo lo anterior?
Veamos cada uno de los campos de batalla.

1 – LA SAGRADA COMUNIÓN
Para empezar, la Sagrada Comunión diaria es la mejor manera
de ponerse la armadura de Dios, porque Ella es Cristo mismo.

El diablo tiene siete días a la semana para trabajar en tu alma;


¿por qué no dar a Dios siete días a la semana para contrarrestar
todo eso?
Y, por supuesto, la razón por la que Jesús vino al mundo
fue “destruir las obras del diablo.”
La Eucaristía es Cristo, por supuesto, y cuando lo ingerimos en
nuestro templo (nuestro cuerpo), Jesús limpia nuestro templo
de las cosas malas, al igual que Él hizo una vez en el Templo
en Jerusalén.
La Sagrada Comunión frecuente permite a Jesús librar esta
batalla espiritual dentro de nosotros, lo que significa que no
tenemos que luchar solos contra satanás.
San Pedro también habla de resistir al diablo, porque lucifer
anda como león rugiente, buscando a quién devorar.
Parece que el diablo nos mira como ganado en engorde para
el sacrificio; en lugar de heno para ganado, nuestra comida de
engorde es el pecado.
Cualquiera que alguna vez haya pasado por un corral de ganado
de engorde, inmediatamente percibe el hedor.
El pecado en nuestras vidas es muy parecido a eso, porque
realmente apesta estar cerca del enemigo y lejos de Dios.
Al diablo le gusta el olor de fuego y del azufre.
San José de Cupertino podía literalmente oler el pecado en
sus penitentes en el confesionario.
En lugar de dejar que un león rugiente nos devore, Jesús, el
León de Judá, se convierte en nuestro alimento en la Eucaristía.
Así que, cuando obedecemos Su mandamiento de comer Su
carne y beber Su sangre, tenemos, literalmente, Su preciosa
Sangre fluyendo por nuestras venas y Su carne Sagrada en
nosotros.
Y esto, en cambio, nos hace muy desagradables al paladar de
satanás.
2 – SOMETERSE A DIOS

Santiago 4: 7 es otro gran consejo de las Escrituras:


“Así que sométanse a Dios. Resistan al diablo, y huirá de
ustedes”

Cuando nos sometemos a Dios, esto no sólo significa que nos


arrepentimos de nuestros pecados, sino que estamos
firmemente decididos a no cometerlos más.

Esto significa que confiamos totalmente en que Dios cuida


bien de nosotros, incluso cuando las cosas son horribles en
nuestras vidas.
Significa que le decimos a Dios, tan a menudo como sea
posible, que Lo amamos.
Significa que Le pedimos a Dios que tome nuestra voluntad
y la aplaste y que, en su lugar, ponga Su Santa Voluntad.
Significa que Le pedimos a Dios que derrita nuestro corazón
en Su Sagrado Corazón, para que lleguemos a ser humildes,
castos, amorosos y valientes, como Él.
Esto significa que oramos día a día para ser cada vez más
como Jesús, con el poder del Espíritu Santo.
Significa que pedimos humildemente la intercesión de los
santos en el cielo y de las almas en el purgatorio por el
bienestar de nuestra familia, amigos, enemigos y parientes
políticos.
Esto significa que empezamos rezando por las santas almas
del purgatorio, por los pobres pecadores en la tierra, y por
los enfermos y los moribundos.
Significa que empezamos a practicar las obras corporales y
espirituales de misericordia. Dios nos habló de esto en Mateo
25: 31-46.
Esto significa que podemos desarrollar una fuerte devoción a
Su Madre, al igual que Jesús la tiene.
Esto significa que tenemos tiempo para arrodillarnos frente al
Tabernáculo con más frecuencia.
Esto significa que empezamos a leer y estudiar las
Escrituras todos los días.
Esto significa que empezamos a ser testigos de Jesús ante los
demás.
Todo lo anterior son las cosas que satanás no quiere que
hagamos, y estamos, por tanto, “resistiendo al diablo”.

3 – LAS ORACIONES

Si ir a misa todos los días no es posible, entonces se puede


rezar la Comunión Espiritual tan a menudo como sea posible.
El rezo diario del Santo Rosario es una fantástica manera de
mantener la fe como un escudo contra satanás, porque ningún
otro humano tiene más fe en Cristo que María.
Ella es la Primera Cristiana, y el evangelista San Lucas dice
de Ella que Su alma proclama la grandeza de Jesús, y ¡esto es
algo grande!
Al rezar el Santo Rosario, estás invocando a la archienemiga
humana de satanás (Génesis 3:15 y Apocalipsis 12: 13-17)
para que libre esta batalla para ti.
Consagrarte a Jesús por María es una gran manera de añadir
armadura en ti.
Cuando eres tentado, simplemente repite el “Ave María” una y
otra vez, hasta que pase la sensación.

Nuestro cerebro no tiene oportunidad contra el intelecto


superior del diablo, pero ya que no tiene corazón, María lo
derrota siempre con su Corazón Inmaculado.
Meditar la Pasión de Cristo, mientras se reza cualquier
oración, también es una gran forma de protegernos de los
malvados engaños de Satanás.
En otras palabras, no libramos esta batalla solos: suplicamos y
recibimos ayuda celestial.

4 – LOS SACRAMENTALES

Los sacramentales como la Medalla de San


Benito, el Escapulario, o la Medalla Milagrosa en nuestro cuello
son otra gran manera de ponerse la armadura de Dios.

Éstos no son amuletos de la buena suerte, sino que tienen la


bendición de la Iglesia de Jesucristo.
Las bendiciones son un poder real y crean miedo en los
demonios.
El uso frecuente de agua bendita sobre nuestra persona, así
como rociarla en nuestros hogares y los coches también
ahuyenta a los espíritus malignos. Sta. Teresa de Ávila testificó
esto.
La sal y el aceite benditos son grandes sacramentales, también.
5 – EVITAR LOS ESCENARIOS PECAMINOSOS

Los guerreros espirituales saben que una gran parte de la


batalla contra el mal consiste en evitar las ocasiones de pecado.

Esto significa que si tenemos conocidos que cuentan chistes


groseros, o que son mundanos, o que aman el dinero más que a
Dios, etc., entonces debemos evitar a esas personas.
¿Por qué? Porque, como dice el refrán, “las manzanas podridas
pudren a las sanas.”
Y los que hacen esto, son almas que luchan por la santidad y no
quieren que sus esfuerzos se vean obstaculizados por
influencias negativas.
Tampoco debemos ver películas groseras o leer revistas
que excitan negativamente nuestra imaginación.
No hay que ir a los lugares en los que sabemos que la
tentación abunda.
Para algunos de nosotros, estos lugares pueden incluir bares de
copas (la embriaguez y todo lo malo entra al alma por los ojos)
y los bufets – todo lo que quieras comer (gula).
Unirse a un grupo en la iglesia con cristianos de ideas afines
es la solución a estos problemas.

6 – LA CONFESIÓN

La confesión frecuente también es otra gran manera de


fortalecer nuestra defensa contra satanás.
.
Él odia cuando confesamos nuestros pecados y somos
perdonados por Cristo en el confesionario.

Nuestros pecados no perdonados son su punto de apoyo en


nuestras almas, y cuando son perdonados en este gran
sacramento de la reconciliación, el diablo tiene que empezar de
nuevo con nosotros.
Trata de pensar en el confesionario como la tumba en la que
Jesús fue colocado después de morir.
Al igual que Su cuerpo resucitó de entre los muertos en esa
tumba, nuestra alma muerta (si hemos cometido un pecado
mortal) resucita de entre los muertos en el confesionario cada
vez que recibimos la absolución del sacerdote.
7 – EVITAR VINCULACIÓN CON LO SATÁNICO

Hay pasarelas satánicas que pueden abrir la puerta a los


demonios en nuestra vida.
.
Alguien podría poner una maldición sobre nosotros, por
ejemplo (tanto las maldiciones como las bendiciones son reales y
poderosas).

Otras formas incluyen incursionar en lo oculto, frecuentar la


pornografía, la fornicación, el adulterio, el uso de drogas
ilegales, jurar en vano en el nombre del Señor, tener un aborto,
y cualquier otro pecado mortal.
Lo demoníaco adquiere generalmente una de tres formas: la
desnudez, la violencia o personalidades múltiples o a veces
las tres cosas.
Bajo ninguna circunstancia vamos a iniciar contacto con los
demonios, o conversar con ellos. Esto incluye la ouija,
prohibida por la Iglesia.
Algunos adolescentes practican “juegos” como “charlie,
charlie”, que invoca a un demonio, todo en nombre de la
“diversión”, pero de nuevo, esto está estrictamente prohibido
por la Iglesia.
Un demonio es como un velcro satánico, y no se irá
fácilmente una vez conjurado.
Lo que esto significa es que la vida de una persona se verá
influenciada muy negativamente hasta que se renuncie a estas
prácticas, a través de la confesión, la penitencia y la expiación.
No sólo es suficiente dejar de practicar lo oculto; hay que
confesarlo y alejarlo enérgicamentede nosotros con verdadero
arrepentimiento.
Pero también hay otros, grados menores, de interferencia
demoníaca que son posibles en nuestra vida, además de la
posesión completa, como la tentación, la opresión, la
obsesión, y la infestación. Para obtener información sobre esto,
haz click aquí.
Los laicos no están facultados para realizar exorcismos, pero
están facultados para rezar oraciones de liberación, como el
“Padre Nuestro” y otras. Un exorcismo sólo lo puede llevar a
cabo un sacerdote católico, y sólo con el permiso del obispo
local.

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