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TOTEM Y TABÚ

Juan Manuel Herrera Moreno

Juan Manuel Herrera Moreno

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1. EL HORROR AL INCESTO
La vida de los salvajes es un estadio previo de nuestro propio desarrollo cultural. Si esto es cierto,
encontraremos notables concordancias entre la psicología del salvaje y la psicología del neurótico, y podremos
comprender ambas bajo una nueva luz.

Freud toma el ejemplo de los actuales salvajes de Australia. Ellos se rigen por el totemismo: cada clan tiene su
tótem, un antepasado benefactor y protector que une a los miembros más que los mismos lazos de sangre.
En cada tótem está siempre la norma de la exogamia, no estando permitido el vínculo sexual entre miembros
del mismo clan totémico. Totemismo y exogamia aparecen muy unidos. Si alguien viola la norma, toda la tribu
lo castiga enérgicamente como si estuviese defendiéndose de una seria amenaza, aunque la violación implique
un amorío pasajero que engendra hijos. Si el tótem se hereda de la madre, entonces los hijos no podrán tener
comercio sexual ni con su madre ni sus hermanas, ya que son del mismo tótem. Todos los descendientes del
mismo tótem son considerados parientes consanguíneos (de la misma sangre), aun cuando sean de distintas
familias. Tienen horror al incesto. Así, la estirpe totémica reemplaza a la familia realmente consanguínea, tanto
que un hijo llama 'padre' no sólo a quien lo engendró, sino a cualquier otro hombre que pudiera haberse
casado con su madre. Tal parece ser la herencia del viejo sistema del matrimonio grupal, donde un cierto
número de hombres pueden fecundar otro cierto número de mujeres. La rigidez de la prohibición del incesto
se podría entender como forma de prevenir el incesto grupal.

El clan o estirpe totémica junto a otros clanes forman una unidad mayor llamada subfratia, y dos de éstas
últimas forman a su vez una fratria. Fratrias y sub-fratrias son exógamas entre sí. Pero sin embargo alguien
de un clan totémico de la fratria 1 sólo puede tener comercio sexual con alguien de un clan totémico de la
fratria 2 y no con una sub-fratria de su misma fratria, lo cual limita mucho la exogamia. Se impuso tal
organización quizá porque la prohibición totémica original del incesto empezaba a relajarse.

De todo esto importa destacar el horror que tienen los australianos al incesto, quizás porque en ellos la
tentación es mayor. Además de la prohibición totémica, el incesto también se combate con 'evitaciones', o
sea una serie de normas para no cometer incesto y encontrables también en otras tribus no australianas. Tales
mandamientos suelen ser también muy estrictos, debido a las tentaciones derivadas de las vicisitudes
matrimoniales, que pueden llevar incluso a cometer incesto con la suegra. Si bien ésta puede ser exogámica,
la norma de la evitación combate las fantasías de incesto, que son inconscientes.

El psicoanálisis nos permite entender el horror al incesto como un rasgo infantil, que concuerda
llamativamente con la vida anímica del neurótico, ya que éste inhibió su desarrollo regresando a la etapa
infantil en una fijación incestuosa, que la persona normal reprimió.

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2. EL TABÚ Y LA AMBIVALENCIA DE LAS MOCIONES DE SENTIMIENTO
Tabú significa algo sagrado, pero sobretodo algo prohibido, y no por algún dios, sino que es la norma misma
quien prohíbe. Tabú significa también algo que protege, a jefes, niños, mujeres, etc. Si investigamos desde la
psicología estos tabúes, también podremos comprender los nuestros propios.

Wundt habla del tabú de los animales (prohibición de matarlos y comerlos), y que es el núcleo del totemismo.
También pueden ser tabúes seres humanos (niños, mujeres, etc.) y otros objetos como plantas, casas, etc.

Wundt cree que el tabú obedece al miedo a un poder demoníaco supuestamente escondido en el tabú. Su
contagio se evita mediante ceremonias expiatorias. Con el tiempo el tabú pasó poco a poco a prohibir por sí
solo, pasando lo demoníaco a un segundo plano. Sin embargo Wundt no llega a las raíces últimas del tabú,
que son raíces psicológicas y no demoníacas.

El psicoanálisis nos muestra el tabú en los enfermos obsesivos, llenos de tabúes a los que obedecen tanto
como los salvajes. Hay concordancias entre las prohibiciones obsesivas neuróticas y los tabúes, como por
ejemplo que son igualmente inmotivadas y de enigmático origen, y además impuestas desde dentro del sujeto.
Además, no sólo prohíben cierta acción sino también el mismo pensar en hacerla. Los enfermos obsesivos se
portan como si las personas tabúes fueran portadoras de una enfermedad contagiosa, y mediante
ceremoniales buscan anular la nefasta influencia de lo prohibido. En suma, las concordancias son 4: carácter
inmotivado, convencimiento interno, desplazabilidad (contagio) y acciones ceremoniales.

Freud da el ejemplo de la persona que reprimió su placer al contacto, creándose así un conflicto (deseo tocar
pero está prohibido hacerlo, es tabú). Las prohibiciones tabú son ambivalentes: en lo inconsciente les gustaría
violarlas, pero al mismo tiempo temen hacerlo. Las más antiguas e importantes prohibiciones-tabú son las dos
leyes fundamentales del totemismo: no matar al animal totémico, y evitar el comercio sexual con los
miembros del sexo opuesto del mismo clan totémico. Consiguientemente, estas debieron ser las apetencias
más fuertes del hombre, el fundamento del tabú es un obrar prohibido para el cual hay una intensa inclinación
inconsciente.

El hombre que violó un tabú se vuelve él mismo tabú porque da el mal ejemplo a los demás, los cuales deben
entonces evitarlo. También se vuelve tabú el ser humano que tienta a violar lo prohibido, como por ejemplo
una mujer, o también el hombre que despierta envidia. Esta transferibilidad del tabú refleja la inclinación de
la pulsión inconsciente, ya indicada para la neurosis, a desplazarse siempre sobre nuevos objetos siguiendo
diferentes caminos asociativos.

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Hasta aquí resumimos: el tabú es una prohibición antiquísima impuesta desde afuera por alguna autoridad, y
dirigida hacia las más intensas apetencias del hombre. El placer de violar el tabú subsiste en este
inconscientemente, y quienes obedecen el tabú tienen una actitud ambivalente hacia aquello sobre lo cual el
tabú recae: objeto, persona, etc. ya que despierta tentación y también temor. La violación del tabú se expía
mediante una renuncia.

Si entre los primitivos encontráramos la ambivalencia que vemos en los neuróticos entre un deseo y su
contrario, quedaría prácticamente certificada o asegurada la concordancia psicológica entre el tabú y la
neurosis obsesiva.

Para investigar si existe tal ambivalencia de sentimientos, Freud estudia en detalle los tabúes de los pueblos
salvajes en relación con: a) el trato dispensado a los enemigos; b) el tabú de los gobernantes; y c) el tabú de
los muertos.

Es raro observar una crueldad sin inhibiciones en el trato a los enemigos. El conquistador suele seguir una
serie de preceptos subordinados a un tabú, y que pueden agruparse en cuatro: apaciguar al enemigo
asesinado, restricciones para el matador, acciones expiatorias o purificaciones para el matador, y ciertas
medidas ceremoniales. Corrientemente tales preceptos se explican desde dos principios: la prolongación del
tabú hacia todo lo que tuvo contacto con él, y el miedo al espíritu del asesinado. Freud prefiere explicarlo por
la existencia de una ambivalencia de las mociones de sentimiento hacia el enemigo.

La conducta de los pueblos primitivos hacia sus gobernantes (jefes, reyes, sacerdotes) está regida por dos
principios: el pueblo debe cuidar a los gobernantes, y por otro lado debe cuidarse de ellos. Ambas cosas se
logran mediante muchos preceptos-tabú, como por ejemplo evitar el contacto inmediato y directo con ellos
(para cuidarse de estos). Todas estas actitudes también se entienden a partir de la existencia de una
ambivalencia, ya que al gobernante por un lado se lo venera, pero por el otro, inconscientemente, se siente
una intensa hostilidad hacia él. La desconfianza hacia el gobernante ('hay que cuidarlo') expresa esta
hostilidad, y el hecho de tener que cuidarlos (no vigilarlos), expresa el sentimiento opuesto de veneración. Lo
mismo encontramos en el delirio de persecución, donde la figura perseguidora paterna es al mismo tiempo,
ensalzada o estimada, y criticada u odiada. Cabe entonces pensar que también el vínculo del salvaje con su
gobernante proviene de la actitud infantil del niño hacia su padre.

En el caso del tabú a los muertos, todo aquel que haya tenido algún contacto con ellos es impuro, y se vuelve
a su vez tabú. Incluso hasta quien pronuncia el nombre del muerto. Esto mismo ocurre con los neuróticos
obsesivos, que temen pronunciar ciertos nombres, o escucharlos. El tabú de los muertos encierra también una
ambivalencia hacia estos, pues hacia el muerto se siente ternura y hostilidad.

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El duelo se cumple porque queríamos al muerto, pero nuestra hostilidad hacia él la proyectamos fuera de
nosotros sobre la figura del muerto y él es ahora el peligroso. Esta proyección de la hostilidad es inconsciente
y existía aún desde antes del fallecimiento, Sólo con su muerte se actualiza este conflicto amor-odio hacia el
fallecido. En general, la proyección sirve para resolver un conflicto de sentimientos ambivalentes, es decir
como defensa, pero también puede usarse cuando no hay conflicto alguno, como cuando mediante la
proyección organizamos el mundo exterior en base a nuestro mundo interior.

En los salvajes primitivos la ambivalencia es más intensa que en el hombre de nuestra cultura actual. Es decir
la ambivalencia fue disminuyendo, lo que explica por qué poco a poco fue desapareciendo el tabú, entendido
éste como síntoma de compromiso del conflicto de ambivalencia. Los neuróticos recibieron la herencia de los
salvajes, por cuanto en ellos el conflicto de ambivalencia está también muy agudizado.

El tabú explica la conciencia moral: es su antecedente histórico, pues hay culpa cuando el tabú es violado. En
el neurótico encontramos también el conflicto moral, donde uno de los opuestos es reprimido y el otro
gobierna despóticamente en la conciencia. Se trata, nuevamente, del conflicto de ambivalencia de
sentimientos, habiendo entonces una identidad esencial entre la prohibición del tabú y la prohibición moral.

Hay no obstante diferencias entre los salvajes y los neuróticos obsesivos. Si el salvaje viola el tabú el castigo
lo recibirán todos, pero si el neurótico lo viola, otro será quien sufrirá el castigo (generalmente un ser
allegado) y no él mismo.

El neurótico es un 'altruista', pues no quiere hacer algo prohibido ya que sufrirá otra persona. En realidad no
hace otra cosa que desplazar su angustia de la muerte propia sobre un otro. Otra diferencia es que en la
neurosis la prohibición recae sobre pulsiones sexuales, mientras que en los salvajes recae sobre una pulsión
social: el contacto prohibido no tiene sólo un significado sexual sino también el de agarrar, apoderarse, hacer
valer su persona sobre los otros, dominar. La esencia asocial de la neurosis radica en que el sujeto se refugia
en una realidad fantaseada para huir de una realidad insatisfactoria.

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3. ANIMISMO, MAGIA Y OMNIPOTENCIA DE LOS PENSAMIENTOS
Para el animismo, el universo está poblado de seres espirituales y demonios que animan y generan animales,
plantas y cosas inertes. Los primitivos creen además que los hombres poseen almas que moran en ellos
mismos, y que en cierta forma son independientes de sus cuerpos. El sistema animista gira en torno a estos
seres autónomos: es una forma de explicar el universo, reemplazada luego por los sistemas religiosos y más
tarde por las teorías científicas. Pero además de ser una forma de explicar el universo, es también una forma
de dominarlo, mediante las técnicas del ensalmo (brujería) y la magia. Son técnicas que movilizan a los
espíritus para que estos cumplan la voluntad del hombre: proteger, dañar, etc. Entre estos procedimientos
está el daño hecho a un muñeco que representa al enemigo (similitud), o también actuar sobre algo
perteneciente al enemigo como un cabello, o comer su carne, etc. (contigüidad). Tanto la similitud como la
contigüidad implican contacto. Son relaciones entre cosas, pero en el animismo las relaciones existentes entre
las representaciones (palabras o pensamientos) se presuponen también entre las cosas, de forma tal que lo
que hagamos con nuestras representaciones se supone que ocurrirá también con las cosas. Esto se llama
'omnipotencia de los pensamientos', como el neurótico que cree que al pensar en la muerte de alguien, esta
muerte ocurrirá realmente.

Los enfermos obsesivos son así supersticiosos, aun cuando reconozcan ellos mismos lo absurdo de su actitud.
La omnipotencia de los pensamientos se aprecia en el animismo, donde el hombre mismo se atribuye
omnipotencia. Si bien en las cosmovisiones religiosas el poder es atribuido a los dioses, el hombre se reserva
la posibilidad de influir de alguna forma sobre ellos. En cambio en las cosmovisiones científicas el hombre
acepta su pequeñez, pero confía en que dominando las leyes naturales podrá ser omnipotente. En todos aflora,
y especialmente en los neuróticos, este narcisismo intelectual u omnipotencia de los pensamientos.
Originalmente esto viene de la magia, donde el hombre mismo es omnipotente; después pasó al animismo
(omnipotencia de los espíritus), y luego a la religión (omnipotencia de los dioses). En tales casos Freud explica
esta proyección de la omnipotencia en otro ser, para que en el hombre no coexistan dos tendencias
conflictivas que luchan por ser omnipotentes, pues evidentemente ambas no pueden serlo. La proyección
permite aliviar este conflicto.

En realidad lo proyectado no está afuera sino que está reprimido, latente, o sea es inconsciente. A este
material latente accedemos interpretándolo, por ejemplo a través de los sueños, las fobias, las obsesiones y
los delirios. Psicoanalíticamente, aquellos motivos escondidos existen también entre los salvajes en su
animismo y su magia, pero en ellos, a diferencia del caso neurótico cuyo síntoma es improductivo, sus
invocaciones mágicas tienen un sentido racional: por ejemplo el precepto-tabú de que los guerreros al pelear
deben olvidarse de sus esposas, es para que puedan luchar despejados sin la añoranza de los ausentes.

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4.EL RETORNO DEL TOTEMISMO EN LA INFANCIA
El totemismo es tanto un sistema religioso como social. Religioso porque apunta al vínculo de mutuo respeto
y protección entre un hombre y su tótem, y social porque regula las relaciones entre los hombres. Dos son las
prohibiciones importantes en el totemismo: matar (o comer) al tótem, y comerciar sexualmente con los
mismos miembros del clan totémico.

Tres tipos de teorías intentaron explicar el origen del totemismo: las nominalistas, las sociológicas y las
psicológicas. Según las primeras, los antepasados dieron nombres de animales a sus jefes porque tenían
algunas cualidades de ellos. Con el tiempo, sus descendientes terminaron creyendo que su antepasado, el
tótem, fue un animal.

Según la teoría sociológica (Spencer y Guillen), el tótem representa a la sociedad en su conjunto, corporiza a
la comunidad que es el genuino objeto de veneración. La sociedad es venerable porque permite unirse
armónicamente a los hombres y cooperar entre sí para poder subsistir.

En cuanto a las teorías psicológicas, hay varias, como las de Wilken, Boas, Wundt y Frazer. Este último, en un
primer momento sostuvo como teoría que el tótem es sentido como un refugio seguro del alma del primitivo
para protegerla de los peligros. Después adhirió a la teoría sociológica antes indicada, y por último, Frazer
buscó identificar la fuente última del totemismo en la ignorancia de los salvajes acerca del proceso de la
reproducción sexual, especialmente respecto del papel del macho. El totemismo resulta ser así una creación
de la mujer, quien cree que algo (el tótem) la fecunda y le da hijos. Freud critica esto, diciendo que los salvajes
no son tan ignorantes como para creer en una concepción sexual mágica.

Respecto de las relaciones entre totemismo y exogamia, hay quienes dicen que ambas instituciones están
juntas por azar y que en realidad son independientes, mientras otros sostienen que la exogamia es una
consecuencia lógica del totemismo. Freud no estará de acuerdo con ninguna de las teorías expuestas para
explicar el origen de la exogamia (es decir, el origen del horror al incesto).

Freud intentará una teoría de tipo histórico-conjetural, es decir que supondrá que hace mucho tiempo se
produjo un cierto acontecimiento primordial, a partir del cual puede luego deducirse el horror al incesto. Tal
acontecimiento se relaciona con una hipótesis darwiniana según la cual los monos superiores vivieron en
hordas, dirigidos por un jefe que acaparaba las mujeres y que por celos impedía la promiscuidad sexual dentro
de su horda. De esta exigencia exogámica vino después el tótem imponiendo su prohibición del incesto. Otra
teoría sostiene lo contrario, al sostener que la exogamia es consecuencia (y no origen) de las leyes totémicas.
No parece cosa simple unificar ambas concepciones.

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Los niños se interesan más por los animales y se sienten más cerca de ellos que de los adultos, pero sin
embargo desarrollan zoofobias (terror a ciertos animales), y el análisis mostró que tales animales
representaban al padre, en tanto temido oponente de sus intereses sexuales, en tanto fuente de amenazas
de castración. Estos niños también se identifican con el animal temido, siendo ellos mismos quienes son
peligrosos. Encontramos aquí hasta ahora dos rasgos comunes entre estas zoofobias infantiles y el totemismo:
la plena identificación con el animal totémico, y la actitud ambivalente de sentimientos hacia él (porque tanto
el padre como el tótem son a la vez temidos y amados). Freud aclara que estas zoofobias aparecen en los niños
varones.

Los mismos miembros del tótem ven en éste a su antepasado y padre primordial. Este es el núcleo de la
explicación psicoanalítica del totemismo. En efecto, las dos prohibiciones del tótem (no matar al animal
totémico y no cometer incesto) son justamente los dos crímenes cometidos por Edipo (mató a su padre y tomó
por mujer a su madre). Si estos dos deseos no son adecuadamente reprimidos, darán lugar a la neurosis. Se
concluye hasta ahora: el sistema totemista resultó de las condiciones del complejo de Edipo.

W. Smith destaca como característica universal de toda cultura los sacrificios en el altar como medio para
reconciliarse con la divinidad o simpatizar con ella. El sacrificio de animales es el más antiguo, donde estos
eran el alimento tanto del dios como de sus adoradores, es decir que ambos eran comensales del mismo
banquete. Se trata de un lazo de unión que debe repetirse siempre para hacerlo duradero: comer juntos une
a la divinidad con sus adoradores, y a estos entre sí. Matar al animal para el sacrificio sólo se permite cuando
todos lo hacen para ofrendarlo, estando prohibida la matanza individual. Vale decir, sólo era permitida cuando
todos juntos asumían la responsabilidad. El animal sacrificado era considerado de la misma sangre (y por tanto
del mismo clan) que los adoradores y el dios divinidad. El lazo que los une no es entonces simplemente el
banquete, sino el hecho que tanto los adoradores como el dios comían el mismo animal, con lo cual la vida de
este pasaba a morar en la sangre y la carne de todos ellos.

La religión totemista se funda así en la matanza y devoración periódica del tótem. Consumada la muerte, el
animal es llorado y lamentado compulsivamente por temor a una represalia, pero inmediatamente después
viene un festejo jubiloso donde se liberan todas las pulsiones. El tótem, desde el psicoanálisis, es el padre,
pues hacia él hay sentimientos ambivalentes: se lo odia (por eso es matado) y se lo ama (por eso es llorado).
Uniendo esto con la hipótesis darwiniana de la horda primordial, cabe pensar que esta horda es el origen de
los sistemas totémicos. Ello se debe a un acontecimiento que conjeturalmente según Freud tuvo que haber
ocurrido: los hermanos se unieron para darse fuerza y poder matar al jefe de la horda, severo y celoso. Luego
comieron su cadáver para identificarse con él y que cada uno tuviese un poco de la fuerza del padre.

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El banquete totémico recuerda periódicamente este acontecimiento. Pero como los hermanos también
amaban al padre vino luego el arrepentimiento, naciendo así el sentimiento de culpa en la humanidad,
volviéndose el muerto más fuerte de lo que había sido en vida. Desde esta conciencia de culpa de los hijos
varones nacieron las dos prohibiciones totémicas: no matar al animal totémico, y no tener vínculos incestuosos
con mujeres del mismo clan (ya que era lo que el padre originalmente prohibía). Ambas cosas fundaron la
eticidad del hombre, y mientras la primera solo tenía su razón de ser en un simple sentimiento, la segunda
tuvo además un valor práctico: la prohibición del incesto impedía que los hermanos se peleen entre sí por las
mujeres de su clan, lo cual implicaba el riesgo de que apareciera nuevamente un padre tirano y celoso entre
ellos.

En suma: el psicoanálisis nos lleva sostener un nexo íntimo y un origen simultáneo entre totemismo y
exogamia. Es esto también el origen de las religiones. La comunión cristiana es en el fondo una nueva
eliminación del padre, una repetición del crimen que debía expiarse. El complejo de Edipo está así en el origen
de todas las religiones e instituciones sociales, así como también en el origen de las neurosis. Los procesos
psíquicos en las masas son entonces asimilables a los procesos psíquicos individuales. La conciencia de culpa
generada por el parricidio primordial no se ha extinguido aún en nosotros. La hallamos en los neuróticos,
quienes actúan en función de una cierta realidad psíquica (expiar una culpa) y no de una realidad objetiva.
Para el neurótico, como para los primitivos, meros deseos e impulsos tienen el valor de hechos. No obstante
hay diferencia entre unos y otros: el neurótico sustituye las acciones por pensamientos, y el primitivo convierte
los pensamientos en acciones.

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