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EDUCACIÓN Y POBREZA: UNA RELACIÓN DISFUNCIONAL

-Miguel Ángel Pardo B.-

El presente ensayo se encuentra circunscrito al tema de marginalidad, y sobre la base de la


bibliografía sugerida, correspondiente al texto de Alicia Zizzardi: Pobreza, desigualdad social y
ciudadanía, publicado en CLACSO –en formato digital-, del que se extraerá el articulo de Miguel
Bazdresch: Educación y pobreza: una relación conflictiva, que servirá de fundamento para la
construcción del escrito.

Es de común opinión, entre entendidos y no entendidos sobre educación, que el nivel de


escolaridad se presenta como una oportunidad para mitigar la pobreza, combatirla, o salir de tal
situación, asegurando de paso una vida mejor. Esta relación que pareciera ser directa o natural entre
educación –escolaridad- y pobreza es la que Miguel Bazdresch cuestiona, entendiéndola como
constructo del imaginario social, preguntándose a lo largo de su ensayo si hay posibilidades de que
no exista relación entre educación y pobreza.

El autor pone atención al marco teórico sobre el cual tiende a centrarse la investigación
educativa, siendo la relación educación-pobreza, quizás errónea –a juicio de Bazdresch- por cuanto
el concepto de pobreza englobaría indistintamente terminologías de diferente significado;
desigualdad, marginalidad, equidad y exclusión, los que al fin y al cabo intentan explicar una
situación de pauperización vinculada directamente a un ingreso o salario que no permite niveles de
vida aceptable. Por lo tanto, la medida representativa de pobreza -o “línea de pobreza”- guarda
estrecha vinculación con el ingreso que los individuos obtienen y que les permiten asegurar la
cobertura de sus necesidades, entre las que se encontrarían la escolarización y el acceso a bienes
culturales. De lo anterior, se obtiene como primera conclusión, que la escolaridad sería un índice
para resolver quien es pobre y quien no, por lo que la definición de pobreza –desde la economía- no
la vincula directamente con educación, sino sólo como indicador de ésta. De esta forma, el autor
obtiene respuesta a su inquietud, aunque paradojalmente da origen a una nueva: ¿Cuál es la relación
entre educación e ingreso? Para dar respuesta a esta nueva cuestión, Bazdresch recurre a las teorías
disponibles y usadas por la investigación educativa, entendiéndolas como teorías “producto”, o
resultado de la relación educación-pobreza sobre las que desprenden la desigualdad, la equidad, y la
marginalidad.

Las teorías “producto”, surgidas de la relación entre educación y pobreza, darían origen a
cuatro puntos de referencia teórica, o marcos conceptuales de análisis usadas no sólo por los
investigadores educativos, sino también por los Estados para articular sus políticas educativas, dar
validez a ellas y orientar objetivos y estrategias, a la vez que propone alternativas para resolver el
problema de la educación-pobreza. Éstas, de forma sucinta son las siguientes:

-La teoría del capital humano: Se basa en el pensamiento filosófico liberal. Sostiene que la
educación tiene tres roles esenciales: socialización, adquisición de conocimiento y acreditación, las
que tienen por intención habilitar el “capital humano”, resultado de la escolaridad, preparándolos
para la competencia por el trabajo e ingreso. Una mejor situación socioeconómica y mayor
movilidad social se alcanzaría, según este enfoque, en la medida en que se alcance un mayor grado
de habilidades o destrezas –conocimiento- a fin de conseguir mayores niveles de producción. Por
consiguiente, la pobreza se entendería como la escasez de habilidades cognitivas básicas presentes
en la fuerza de trabajo. Para resolver esta situación, bastaría con proporcionar acceso o habilitar a la
población “desacreditada”. La política educacional pública se orientara hacia la consecución de
mayor igualdad de oportunidades y de acceso al conocimiento. No obstante, la actividad la calidad
educacional sería diferente entre clases sociales, lo que reproduciría la desigualdad, toda vez que se
refuerza a sí misma.

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-Teoría de la elección natural: Basada en la crítica del “Estado de bienestar”; promotor de
educación para todos. Fundamenta su acción en la evidencia de que el Estado ha malgastado el
dinero de los contribuyentes, por ello promueve que la educación sea una decisión de los
individuos, a los que se les debe proporcionar los ingresos necesarios para que elijan donde y como
educarse, los que a su vez supervisarían la educación “comprada”, todo momento que adecúan el
tipo de educación a las necesidades del mercado de trabajo y a la productividad. Se entiende de
igual manera que la pobreza es individual, y por lo mismo, el Estado, quien se orientado hacia el
bien común, no tiene por qué resolver carencias individuales. El problema de éste enfoque radica
en que el objetivo de la educación es la formación orientada al mercado de trabajo por sobre los
estrechos lazos que el Estado intenta construir entre los ciudadanos y entre éstos con el Estado.

-Teoría social-demócrata: Es una versión modificada de la teoría del capital humano, con énfasis
en la participación dual de los ciudadanos y del Estado para proporcionar cobertura educacional, al
tiempo que la ciudadanía cumple un rol vigilante de la calidad y equidad del sistema educativo. La
tarea de la superación de la pobreza es asumida por una nueva organización social que educa no
sólo con objetivos cognitivos individuales, sino como logro de la misma sociedad.

-Teoría marxista: Sustenta su análisis desde una sociología que se condice con el materialismo. En
este sentido, la Educación es vista como una actividad consiente y tendiente a la mantención de un
orden social estructurado en función del dominio de una clase hegemónica, y por lo mismo, como
reproductora las formas de vida dominante Desde este punto de vista, la escolaridad no es vista
como promotora de cambio social y económico, pues como extensión del Estado sólo busca
conservar el orden y desigualdad establecidas, por lo que no pretende terminar con la pobreza. Para
acabar con ella, es necesario ofrecer “educación alternativa” de actores sociales desvinculados del
Estado e independientes de éste, con motivo de preparar la transformación social, educando a
actores que ejerzan el poder que ponga fin al sistema social opresor de la clase dominante y el
Estado desde el cual descansa su opresión. Conseguida la transformación, toda desigualdad, e
injusticia acabarían, entre ellas, la pobreza. Caso curioso es el que se propone, pues son las escuelas
burguesas las que preparan a aquellos que toman conciencia de la inequidad entre clases, lo que
quiere decir que no se hacen necesarias escuelas alternativas que preparen a los futuros actores de la
transformación social, pues fue la misma “educación dominante” la que toma conciencia de las
injusticias, entendiendo que el problema no es la “educación reproductiva”, sino que la calidad,
eficiencia y cobertura.

Se concluye que la relación educación-pobreza, mediada por los particulares, el Estado, o


una combinación entre ambos, presenta una significativa complejidad, y aún más, al comprender
que dicha relación sólo versa en análisis teóricos y resultados que sólo se reducen a aspectos
económicos, principalmente al ingreso como validador de pobreza o no pobreza.

La relación educación-pobreza hasta el momento, mantiene una dependencia extrema con la


economía, tanto en lo que se refiere a su origen –el ingreso-, sus indicadores –acceso o pertenencia
de bienes y servicios de primera necesidad-, como su superación –obtención de ingresos superiores
que generen movilidad social y un aumento sustantivo de la calidad de vida, alejada de la “línea de
la pobreza”-. El problema a mi juicio se refiere a que una mayor escolaridad no sólo tiene como
objeto resolver la relación educación-pobreza, en sentido de superación de esta última, sino que
fundamentalmente “habilitar socialmente” a los individuos, transformándolos en actores
protagónicos también en lo político, en el ejercicio de sus derechos ciudadanos, apropiándose más
allá de los espacios productivos –trabajo- del que ha sido acreditado, sino que fundamentalmente,
propiciando relaciones laborales, sociales y familiares más estrechas, significativas, y con sentido
ético, sobre el entendido de que en sociedades altamente especializadas, el fruto del trabajo y el
conocimiento es un bien por sobre todo social, un tributo de hombre para hombres.

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