BUENAS PRÁCTICAS DOCENTES DE LA FACULTAD DE CIENCIAS JURÍDICAS Estimado/a colega: ¡Bienvenido a la Facultad de Ciencias Jurídicas!

Nos alegra contar con Ud. en nuestro cuerpo docente y valoramos su disposición a trabajar y colaborar con nosotros en la formación de nuestros estudiantes, la que cumple con estándares de calidad, según lo confirma la reciente decisión de acreditación por tres años (14 de julio 2011 - 14 de julio 2014). Como es natural, nos interesa no sólo conservar los rasgos de calidad que permitieron esta positiva evaluación, sino que también aumentarlos, a fin de participar en un nuevo proceso con antecedentes suficientes para aumentar los años de acreditación. En razón de lo anterior, uno de los objetivos a conseguir este año se relaciona con el mejoramiento del proceso de enseñanza-aprendizaje, lo que tiene que ver con la estricta observancia de buenas prácticas docentes. Algunas de éstas se encuentran específicamente reguladas por la Universidad y otras son reglas de conducta razonables y exigibles por razones pedagógicas y deontólogicas (en cuanto referidas a la actividad docente). Nos asiste la convicción de que en la medida de que estas buenas prácticas sean observadas por todos, sin excepción, se estará asegurando la calidad del proceso de enseñanza-aprendizaje y se estará, al mismo tiempo, retribuyendo el esfuerzo personal y familiar de nuestros estudiantes. Exponemos a continuación una lista de buenas prácticas que le permitirán orientar su labor docente dentro de los cánones exigidos por esta facultad. Agradecemos desde ya su disposición a ejecutarlas. I. Buenas prácticas relativas la realización de las clases programadas Las actividades lectivas correspondientes a un semestre o año académicos constituyen uno de los pilares del proceso de enseñanza-aprendizaje. Puede considerarse, por lo mismo, que un curso exitoso depende, en gran medida, de la regularidad de la realización de las clases presenciales. Sólo en circunstancias excepcionales éstas pueden ser reemplazadas por otras realizadas a través de plataformas informáticas y cuando así se solicita por la autoridad universitaria correspondiente. Por lo mismo, constituyen buenas prácticas:

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1. La realización de la totalidad de las clases previstas para el semestre o año académicos. 2. La comunicación oportuna a las autoridades de la facultad, de los inconvenientes que impidan la asistencia del docente a sus clases, de modo de permitir a dichas autoridades tomar conocimiento de la situación y adoptar las medidas que juzguen apropiadas. 3. La recuperación oportuna y acordada con las autoridades de la facultad, y oyendo a los estudiantes, de las clases que sean suspendidas por el docente. Debido a su relevancia para el proceso de enseñanza-aprendizaje, la inobservancia de estas buenas prácticas, en particular cuando es reiterada, constituye un antecedente grave, que vuelve incompatible su desempeño con el del resto del cuerpo docente de esta facultad. II. Buenas prácticas relativas a la planificación de la asignatura Cada asignatura se funda en el plan de estudios de la carrera de Derecho y su desarrollo se expresa a través de un programa. Los contenidos fundamentales de aquella son entregados por la carrera, pero cada docente ha de proponer la forma de desarrollarlos. A lo anterior se agrega que cada asignatura debe estar planificada en su realización, por medio de un documento (Planificación de la asignatura), en el cual se desglosan los contenidos a examinar en cada semana y se señalan los documentos de apoyo y mecanismos de reforzamiento de la actividad del estudiante, tales como ejercicios, documentos y otros. La planificación permite columbrar el de avance de una asignatura a lo largo del semestre o del año y, ello es un dato valioso a la hora de establecer un calendario de pruebas y exámenes. Desde este punto de vista, constituyen buenas prácticas: 4. La publicación oportuna -esto es, al comienzo del curso- del Programa y de la Planificación de la asignatura, en los sitios oficiales. 5. Recomendar bibliografía básica y complementaria actualizada y, en lo posible, previniendo que en la Biblioteca universitaria exista un número suficiente de ejemplares. Si no fuere el caso, se deberá señalar por escrito esta situación a la Jefatura de Carrera. 6. El registro clase a clase de los contenidos explicados, las horas de docencia realizadas y el tipo de actividad de enseñanza aplicado (clase teórica, seminario, exposiciones, lectura guiada y otras más). 7. El mantenimiento de estos registros a disposición de las autoridades de la facultad, en todo momento y siempre dentro del campus universitario.

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III. Buenas prácticas relativas a los conocimientos a transmitir o competencias a desarrollar La transmisión de conocimientos y el desarrollo de aptitudes está en el centro de la formación, en tanto en cuanto el desempeño futuro de los actuales estudiantes depende en buena medida del hecho de que los conocimientos adquiridos sean pertinentes, relevantes y significativos. La pertinencia de los conocimientos se refiere a su conexión con la disciplina; su relevancia se aprecia en el peso que se le atribuye en la comprensión del sistema jurídico; finalmente, su significatividad tiene relación con la capacidad de producir sentido. Constituyen buenas prácticas las siguientes: 8. La preparación de las clases sobre la base de la consulta de materiales actualizados y solventes desde el punto de vista de su capacidad para resolver problemas, pero también para promover nuevas preguntas. 9. El empleo, para su lectura y análisis, especialmente en las asignaturas dogmáticas, tanto de las fuentes del derecho como de instrumentos de aplicación, tales como sentencias, contratos, testamentos, dictámenes y otros que sean propios de la disciplina enseñada. 10. La producción de materiales de docencia apropiados para la explicación de aspectos tradicionales o novedosos, particularmente en los casos en que el docente proponga interpretación propia o existan interpretaciones divergentes de la doctrina. Esta buena práctica es complementada por su envío al Departamento de Derecho para su examen y visación. 11. La utilización de manuales como apoyo razonable y no en sustitución de las explicaciones de clases. IV. Buenas prácticas relativas a la planificación y comunicación de las actividades evaluativas Las actividades evaluativas son de diferente naturaleza: pruebas escritas, pruebas orales, trabajos de investigación, seminarios, trabajo de campo, exposiciones, redacción de ensayos. La elección de las actividades evaluativas conforme a las cuales se medirá el proceso de enseñanza-aprendizaje está confiado al buen criterio del docente. Con todo, la libertad para elegir las actividades evaluativas apropiadas está condicionada por dos exigencias. La primera se relaciona con la planificación de las actividades evaluativas, así como de su ponderación y la segunda con la realización de un número mínimo de ellas (tres, en las asignaturas anuales y dos, en las semestrales). Adicionalmente, la reglamentación vigente de la universidad establece plazos máximos de comunicación de resultados y la publicación de la pauta de corrección. En este aspecto, constituyen buenas prácticas:

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12. El envío con antelación de los archivos electrónicos de las pruebas escritas, en particular cuando éstas requieran fotocopiado o preparación de cuadernillos. 13. La entrega de los resultados de las actividades evaluativas dentro de un máximo de 15 días (corridos) para las pruebas escritas y un máximo de 30 días (corridos) para los trabajos de investigación. 14. Convertir la comunicación de los resultados de evaluación en una oportunidad para el aprendizaje, por medio de la dedicación de una parte del tiempo de clase al conocimiento y eventual discusión de la pauta de corrección de la misma, con respeto al derecho de los estudiantes de solicitar una nueva corrección, cuando existen buenas razones para ello. 15. La aplicación de las actividades evaluativas (incluso las que tienen por objeto dar la posibilidad a quienes no pudieron rendirla en la fecha ordinaria) en la fecha señalada por la Jefatura de Carrera y sólo a los alumnos habilitados para rendirla, conforme a la información oficial de la Universidad. Al tenor de lo señalado en la buena práctica 15, debe señalarse que existen dos prácticas absolutamente reñidas con ella: a) establecer o modificar, con o sin acuerdo del curso, fechas de pruebas o controles, sin someterlo previamente al parecer de la Jefatura de Carrera; b) someter a evaluación a estudiantes que no están en las listas oficiales de cada curso y conservar sus notas. V. Buenas prácticas relativas a la realización de pruebas y exámenes orales La enseñanza del derecho está tradicionalmente asociada a la examinación oral de los estudiantes. Este tipo de actividad evaluativa trae aparejadas tanto ventajas como desventajas, por lo que parece conveniente delimitar algunos aspectos de su realización. Constituyen buenas prácticas las siguientes: 16. La examinación basada, fundamentalmente, en razonamientos y en la articulación de argumentos, antes que en la repetición memorística de contenidos. 17. La evaluación basada en estándares previamente comunicados (por ejemplo, a través de rúbricas). 18. Utilizar la calificación exclusivamente como medida del rendimiento del estudiante durante el examen y no como instrumento de evaluación del desempeño del estudiante a lo largo del semestre o año académicos. En este sentido, la práctica consistente en calcular la nota de examen que sea necesaria para provocar la reprobación final del estudiante debe desterrarse definitivamente. 19. Utilizar exclusivamente los recintos universitarios para realizar las pruebas o exámenes, garantizando su publicidad. Constituye una conducta reñida con esta

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buena práctica el examen de los estudiantes en las oficinas particulares de los docentes.

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