SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.

- Domingo de la Santísima Trinidad 1 Forma Extraordinaria del Rito Romano

FIESTA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD
SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA 2 Gloria Iesu in Maria!

GLORIA IESU IN MARÍA!
Estimados lectores del Rincón Litúrgico: Ofrecemos a continuación una selección de textos para ayudar a preparar la liturgia del domingo según la forma extraordinaria del Rito Romano. La liturgia de este domingo I después de Pentecostés nos invita a meditar y celebrar el misterio central de nuestra fe: la Santísima Trinidad. La Epístola (Rm 11, 33-36). El apóstol nos sitúa ante el misterio de la trascendencia de Dios. La razón humana es incapaz de conocer el ser más íntimo de Dios. Ha sido él el que se nos ha dado a conocer. El Evangelio (Mt 28, 18-20). El texto del Evangelio nos presenta la aparición de Cristo resucitado a los discípulos en Galilea. Allí, Cristo le da el mandato de bautizar. Mandato que al mismo tiempo es revelación: Bautizad a todas las gentes en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Esperamos que el material ofrecido os sirva para la preparación de la homilía; y también para vuestra meditación y enriquecimiento espiritual.

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.- Domingo de la Santísima Trinidad 3 Forma Extraordinaria del Rito Romano

TEXTOS DE LA SANTA MISA
Introito. Tob. 12.6.- Bendita sea la santa Trinidad y la indivisible Unidad; alabarémosla porque usado de misericordia con nosotros. Salmo, 8,2.- Oh, Señor, Señor nuestro. ¡Cuán admirable es vuestro nombre en toda la tierra! Gloria al Padre. Oración.- Oh, Dios todopoderoso y eterno que concedisteis a vuestros siervos que, por la profesión de la verdadera fe, alcanzasen la gracia de conocer la gloria de la Trinidad eterna y la de adorar la unidad en la omnipotencia de la Majestad: os suplicamos que perseverando firmes en la misma fe, deseamos defendidos contra toda adversidad, Por nuestro Señor Jesucristo. Epístola. Rom.11,33-36.- ¡Que abismo de riqueza es la sabiduría y ciencia de Dios! ¡Qué insondables son sus juicios y qué irrastreables sus caminos! ¿Quién ha conocido jamás la mente del Señor? ¿Quién ha sido su consejero? ¿Quién le ha dado primero, para que Él le devuelva? Él es el origen y camino y término de todo. A Él la gloria por los siglos. Amén. Gradual. Dan.3,55-56.- Bendito eres, Señor, que miras los abismos, y te sientas sobre los Querubines. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo, digno de alabanza por los siglos. Aleluya-. Aleluya. Dan 3,52.- Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza por los siglos. Amén Evangelio. Mat 28,18-20.- En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Ofertorio. Tob. 12.6.- Bendito sea Dios Padre, y el Hijo Unigénito de Dios, y también el Espíritu Santo, porque ha usado de misericordia con nosotros. Secreta.- Os rogamos, Señor, que acepéis benigno los sacrificios que a vos hemos consagrado; y concedednos que nos sirvan de perpetuo socorro. Por N.S. J.C.. Prefacio de la Santísima Trinidad.- En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que con tu unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor, no en la individualidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancia. Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De suerte, que confesando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la propiedad en las personas, la unidad en la esencia, y la igualdad en la majestad, la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines, que no cesan de cantar a diario, diciendo a una voz. Comunión. Tob.12,6.- Bendigamos al Dios del cielo y glorifiquémosle delante de todos los vivientes, porque ha usado de misericordia con nosotros. Poscomunión.- Haced, Señor y Dios nuestro, que la recepción de este Sacramento y la confesión de la eterna y santa Trinidad y de su indivisible Unidad nos sirvan para salud del alma y cuerpo. Por N. S. J. C. Poscomunión. – Alimentados, Señor, con tus sacramentos, danos vivir en continua acción de gracias.

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.- DOMINGO DESPÚES DE LA ASCENSIÓN 4
Forma extraordinaria del Rito Romano

TEXTO I CATENAE AURAE
(almudi.org) Beda .- Después que fue anunciada la resurrección por el ángel, San Mateo aseguró que los discípulos también se encontraron con el Señor, diciendo: "Y los once discípulos se fueron a Galilea, al monte, a donde Jesús les había mandado". Porque cuando el Señor iba a padecer había dicho a sus discípulos: "Después que resucite os precederé a Galilea" ( Mt 26, 32). El ángel también había dicho a las mujeres: "Decid a sus discípulos, que va delante de vosotras a Galilea" ( Mc 16, 7). Por lo que los discípulos obedecieron el mandato del Maestro. Puntualmente los once se presentan y le adoran; uno de los discípulos ya había perecido y fue el que había entregado a su Señor y Maestro. San Jerónimo .- Por lo tanto, Jesús fue visto en el monte de Galilea después de su resurrección y allí fue adorado y aun cuando algunos lo duden, su duda aumentará nuestra fe: "Y cuando lo vieron, le adoraron; mas algunos dudaron". Remigio .- Esto lo refiere más extensamente el evangelista San Lucas. Dice, pues, que cuando el Señor resucitó de entre los muertos y se apareció a sus discípulos, ellos asustados creían que veían un espíritu. Beda .- El Señor se les apareció en un monte, para dar a entender que el cuerpo que había tomado de la tierra al nacer -como sucede con todos los hombres- ya estaba elevado sobre todas las cosas terrenas cuando resucitó y enseñaba a los fieles que si deseaban allí ver la magnificencia de su resurrección, debían esforzarse por pasar de las más bajas pasiones a los más elevados deseos. Además, Jesús precede a sus discípulos en Galilea porque Jesucristo resucitó de entre los muertos constituyéndose en primicias de los que mueren. Siguen también los que son de Jesucristo y pasan a su imitación, de la muerte a la vida, contemplando a la divinidad en su esencia. Por esta razón sucedió todo esto en Galilea, que quiere decir revelación. .San Agustín, de consensu evangelistarum 3, 25 .- Pero debe considerarse cómo pudo ser visto el Señor en Galilea de una manera corporal, siendo así que no fue visto en el mismo día en que resucitó, a no ser que alguien diga que no fueron los once discípulos que ya entonces se llamaban apóstoles, sino que estuvieron allí otros once discípulos del gran número de los que Jesús tenía. Porque el Señor fue visto en Jerusalén el mismo día, pero fue al principiar la noche, como dicen claramente San Lucas y San Juan, que en esto están conformes. Tampoco fue visto en los ocho días siguientes, después de los cuales dice San Juan que el Señor se apareció a sus discípulos. Esto fue cuando se apareció por primera vez a Santo Tomás que no le había visto en el día de su resurrección. Pero en todo esto hay una dificultad. San Juan cuando lo refiere, no dice que estaban los once en el monte, sino junto al mar de Tiberíades y que fueron siete los que vieron al Señor cuando estaban pescando: "Ya era ésta la tercera vez en que Jesús se aparecía a sus discípulos" ( Jn 21, 14). Esto debe entenderse respecto del número de días y no respecto del número de manifestaciones y si queremos entender que dentro de los ocho días antes que Santo Tomás le viese, el Señor fue visto por los once discípulos, ésta no era la tercera manifestación, la que tenía lugar junto al mar de Tiberíades, sino la cuarta y por esto debemos comprender que después de todas estas cosas sucedió el hecho de los once discípulos que vieron al Salvador en el monte de Galilea. Encontramos también que los cuatro evangelistas están conformes en decir que el Señor fue visto diez veces después de su resurrección: una por las mujeres en el sepulcro; otra por las mismas cuando salían del sepulcro y en el camino; la tercera vez por San Pedro; la cuarta, por los dos discípulos que iban a Emaús; la quinta por muchos en Jerusalén donde no estaba Santo Tomás; la sexta, cuando fue visto por Santo Tomás; la séptima, junto al mar de Tiberíades; la octava, en el monte de Galilea, como refiere San Mateo; la novena, cuando estaban a la mesa, -

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.- Domingo de la Santísima Trinidad 5 Forma Extraordinaria del Rito Romano como cuenta San Marcos- porque ya no pertenecían a la tierra sino que debían ser invitados por el Señor; la décima, en el mismo día, no ya sobre la tierra sino elevado en las nubes cuando subía a los cielos, como refieren tanto San Marcos como San Lucas. Es importante tener presente en todo esto lo que dice San Juan, que no fueron escritas todas las cosas, de donde se deduce que el trato del Salvador con sus discípulos era frecuente en el espacio de cuarenta días antes de su ascensión a los cielos. Remigio .- Y cuando los discípulos vieron al Señor, lo reconocieron y postrándose en tierra lo adoraron. Por esto el piadoso y clemente Maestro, se aproximó a ellos para arrancar de sus corazones toda clase de dudas y los confirmó en la fe. "Y llegando Jesús les habló diciendo: se me ha dado toda potestad en los cielos y en la tierra". San Jerónimo .- Le había sido dada esta potestad a Aquél que poco antes había sido crucificado, que había sido encerrado en su sepulcro y que resucitó después. Beda .- No puede decirse esto en cuanto a la divinidad, por la que es coeterno con el Padre, sino respecto de la humanidad que había tomado en la tierra y en virtud de la cual se había rebajado hasta ser poco menos que los ángeles. San Severo .- Por lo tanto, el Hijo de Dios comunicó al Hijo de la Virgen, Dios al hombre, la divinidad a la carne, lo que siempre posee con el Padre. San Jerónimo .- Se le dio toda potestad en el cielo y en la tierra, porque Aquél que antes sólo reinaba en el cielo, por la fe de los creyentes debía reinar ahora en la tierra. Remigio .- Esto ya lo había dicho el Salmista cuando se refería a la resurrección del Señor: "Lo has constituido sobre todas las obras de tus manos" ( Sal 8, 7) y esto es lo que ahora dice el Señor: "Me ha sido dada toda potestad en el cielo y en la tierra". Y aquí debe entenderse que los ángeles ya sabían que estaban sujetos al Dios hombre antes que el Señor resucitase de entre los muertos. Y queriendo Jesucristo dar también a conocer a los hombres que se le había dado toda potestad en el cielo y en la tierra, les mandó predicadores para que anunciasen la palabra divina a todas las naciones. Por esto sigue: "Id, pues y enseñad a todas las gentes". Beda .- El que había dicho antes de su pasión: "No vayáis por el camino de los gentiles" ( Mt 10, 5), cuando resucitó de entre los muertos, les dijo: "Id y enseñad a todas las gentes", por lo que se equivocan los judíos diciendo que Jesucristo había de venir únicamente para su salvación. Avergüéncense también los donatistas 1, que deseando encerrar en una localidad la misión de Jesucristo, dijeron que únicamente había venido para salvar a los africanos y no a los habitantes de las demás naciones. San Jerónimo .- En primer lugar enseñan a todas las gentes y después de instruirlas las bautizan con agua. No puede suceder que el cuerpo sea quien reciba el sacramento del bautismo, a no ser que el alma reciba antes la verdad de la fe 2. Por esto dice: "Bautizándolas en el nombre del Padre,

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA 6 Gloria Iesu in Maria! del Hijo y del Espíritu Santo". Porque siendo una misma la divinidad de las Personas, debía ser una misma la gracia que concediesen. La palabra Trinidad significa un solo Dios. San Severo .- Por lo tanto, todas las naciones son dirigidas hacia su salvación por la misma potestad que las creó para la felicidad eterna. Dídimo, De Spiritu sancto, l. 2 Aun cuando puede existir algún demente que se empeñe en bautizar suprimiendo algunos de los tres nombres antedichos -esto es, oponiéndose a la ley de Jesucristo- bautizará pero sin validez y por eso no podrá librar del pecado a aquellos a quienes creyese bautizados. De esto se deduce cuán indivisible es la esencia de la Trinidad y que el Padre es verdadero Padre del Hijo, que el Hijo es verdadero Hijo del Padre y que el Espíritu Santo es verdaderamente el Espíritu del Padre y de Dios Hijo y que además lo es de la Sabiduría y de la Verdad, que es el Hijo. Este es el fundamento de la felicidad de los creyentes y todo el Plan de la salvación está basado en esta Trinidad. San Hilario.- ¿Qué hay que pueda contribuir a la salvación de los hombres que no esté contenido en este sacramento? Todo lo necesario está pleno en él, pues proviene de Aquel que es pleno y perfecto. En efecto, dicho sacramento tiene el nombre de su naturaleza en el Padre, en el sentido en que sólo el Padre es padre, porque su paternidad no proviene de otro al modo humano: El es ingénito, eterno y subsiste siempre en sí de modo que sólo es conocido por el Hijo. Y el Hijo es como la descendencia del ingénito, uno del uno, verdadero del verdadero, vivo del vivo, perfecto del perfecto, potencia de la potencia, sabiduría de la sabiduría, gloria de gloria, imagen de Dios invisible, forma 3 del Padre ingénito. El Espíritu Santo no puede separarse de la confesión esencial del Padre y del Hijo y en verdad, en ninguna parte falta este consuelo de nuestra esperanza. En los efectos de sus dones está la prenda de las futuras promesas. Es la luz de las inteligencias y el esplendor de las almas. Todo esto, aun cuando los herejes no pueden cambiarlo, lo quieren acomodar a la humana inteligencia, porque Sabelio 4 dice que el Padre está en el Hijo y cree que la distinción entre el Padre y el Hijo es cuestión de nombres más que de realidades, porque imagina que el Hijo es el mismo que el Padre. Ebión 5 se esfuerza en demostrar que en María está exclusivamente el origen del Hijo de Dios, y en realidad no hace proceder al hombre de Dios sino a Dios del hombre. Los arrianos dicen que la forma, la sabiduría y el poder de Jesucristo, en cuanto Dios, proceden de la nada y han principiado en el tiempo. ¿Qué de extraño tiene que piensen también del Espíritu Santo de diferente modo, si son tan temerarios que invierten y cambian tales cosas respecto del Hijo de quien también procede el Espíritu Santo? San Jerónimo .- Este orden se considera como esencial. Mandó a sus Apóstoles que enseñasen primero a todas las gentes, después que los bautizasen con el sacramento de la fe y que después de la fe y del bautismo les enseñasen todo lo que debían hacer. Por esto sigue: "Enseñándolas a observar todas las cosas que os he mandado". Rábano .- Así como el cuerpo está muerto cuando carece de espíritu, la fe está muerta cuando carece de obras. San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 90, 2 .- Y como les había hecho encargos de mucha importancia, queriendo animarlos les dice: "Y mirad que yo estoy con vosotros todos los días, hasta la consumación de los siglos". Como diciendo: "y no digáis que es difícil cumplir lo que se os manda, porque estoy yo con vosotros, que todo lo facilito". No dijo que estaría con ellos, sino con todos los que creyesen después de ellos. Por lo tanto, hay que decir que los Apóstoles no vivirían hasta la consumación de los siglos, en atención a que estas palabras deben entenderse como dirigidas a todo el cuerpo de fieles. Rábano .- De aquí se desprende que no habrán de faltar fieles que sean dignos de la eterna felicidad hasta la consumación de los siglos. San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 90, 2 .- Les recuerda la consumación de los siglos para atraerlos mejor y para que no sólo vean lo presente, sino que además conozcan

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.- Domingo de la Santísima Trinidad 7 Forma Extraordinaria del Rito Romano aquellos beneficios que habrán de permanecer siempre, como diciendo: "la aflicción que sufriréis concluirá con esta vida, pero vendrá después la otra que no tendrá fin y los beneficios de que disfrutaréis, subsistirán siempre". Beda .- Se pregunta cómo dice: "Yo estoy con vosotros", cuando dice en otro lugar: "Voy a Aquél que me envió" ( Jn 16, 5). Porque unas cosas son las que pertenecen a la humanidad y otras las que pertenecen a la divinidad. Irá al Padre por la humanidad y permanece con sus discípulos, en cuanto a la divinidad. Respecto de lo que dijo: "Hasta la consumación del siglo", pone lo finito por lo infinito. Porque el que en la vida presente permanece con sus escogidos protegiéndolos, también estará con ellos después que ésta haya concluido, premiándolos. San Jerónimo .- El que promete estar con sus discípulos hasta el fin de los tiempos, manifiesta que ellos habrán de vencer siempre y que El nunca se habrá de separar de los que crean. San León Magno, sermones 72 .- Y el que sube a los cielos, no abandona a los adoptados sino que los alienta a la paciencia, a la vez que los invita a la gloria; de cuya gloria nos haga participantes el mismo Jesucristo, Rey de la gloria, que es Dios bendito, por todos los siglos. Amén.

TEXTO II
CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
"En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" 232 Los cristianos son bautizados "en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" (Mt 28,19). Antes responden "Creo" a la triple pregunta que les pide confesar su fe en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu: Fides omnium christianorum in Trinitate consistit ("La fe de todos los cristianos se cimenta en la Santísima Trinidad") (San Cesáreo de Arlés, Expositio symboli [sermo 9]: CCL 103, 48). 233 Los cristianos son bautizados en "el nombre" del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y no en "los nombres" de éstos (cf. Virgilio, Professio fidei (552): DS 415), pues no hay más que un solo Dios, el Padre todopoderoso y su Hijo único y el Espíritu Santo: la Santísima Trinidad. 234 El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Es el misterio de Dios en sí mismo. Es, pues, la fuente de todos los otros misterios de la fe; es la luz que los ilumina. Es la enseñanza más fundamental y esencial en la "jerarquía de las verdades de fe" (DCG 43). "Toda la historia de la salvación no es otra cosa que la historia del camino y los medios por los cuales el Dios verdadero y único, Padre, Hijo y Espíritu Santo, se revela a los hombres, los aparta del pecado y los reconcilia y une consigo" (DCG 47). 235 En este párrafo, se expondrá brevemente de qué manera es revelado el misterio de la Bienaventurada Trinidad (I), cómo la Iglesia ha formulado la doctrina de la fe sobre este misterio (II), y finalmente cómo, por las misiones divinas del Hijo y del Espíritu Santo, Dios Padre realiza su "designio amoroso" de creación, de redención, y de santificación (III). 236 Los Padres de la Iglesia distinguen entre la Theologia y la Oikonomia, designando con el primer término el misterio de la vida íntima del Dios-Trinidad, con el segundo todas las obras de Dios por las que se revela y comunica su vida. Por la Oikonomia nos es revelada la Theologia; pero inversamente, es la Theologia, la que esclarece toda la Oikonomia. Las obras de Dios revelan quién es en sí mismo; e inversamente, el misterio de su Ser íntimo ilumina la inteligencia de todas sus obras. Así sucede, analógicamente, entre las personas humanas. La persona se muestra en su obrar y a medida que conocemos mejor a una persona, mejor comprendemos su obrar. 237 La Trinidad es un misterio de fe en sentido estricto, uno de los misterios escondidos en Dios, "que no pueden ser conocidos si no son revelados desde lo alto" (Concilio Vaticano I: DS 3015).

LA TRINIDAD

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA 8 Gloria Iesu in Maria! Dios, ciertamente, ha dejado huellas de su ser trinitario en su obra de Creación y en su Revelación a lo largo del Antiguo Testamento. Pero la intimidad de su Ser como Trinidad Santa constituye un misterio inaccesible a la sola razón e incluso a la fe de Israel antes de la Encarnación del Hijo de Dios y el envío del Espíritu Santo. II La revelación de Dios como Trinidad El Padre revelado por el Hijo 238 La invocación de Dios como "Padre" es conocida en muchas religiones. La divinidad es con frecuencia considerada como "padre de los dioses y de los hombres". En Israel, Dios es llamado Padre en cuanto Creador del mundo (Cf. Dt 32,6; Ml 2,10). Pues aún más, es Padre en razón de la Alianza y del don de la Ley a Israel, su "primogénito" (Ex 4,22). Es llamado también Padre del rey de Israel (cf. 2 S 7,14). Es muy especialmente "el Padre de los pobres", del huérfano y de la viuda, que están bajo su protección amorosa (cf. Sal 68,6). 239 Al designar a Dios con el nombre de "Padre", el lenguaje de la fe indica principalmente dos aspectos: que Dios es origen primero de todo y autoridad transcendente y que es al mismo tiempo bondad y solicitud amorosa para todos sus hijos. Esta ternura paternal de Dios puede ser expresada también mediante la imagen de la maternidad (cf. Is 66,13; Sal 131,2) que indica más expresivamente la inmanencia de Dios, la intimidad entre Dios y su criatura. El lenguaje de la fe se sirve así de la experiencia humana de los padres que son en cierta manera los primeros representantes de Dios para el hombre. Pero esta experiencia dice también que los padres humanos son falibles y que pueden desfigurar la imagen de la paternidad y de la maternidad. Conviene recordar, entonces, que Dios transciende la distinción humana de los sexos. No es hombre ni mujer, es Dios. Transciende también la paternidad y la maternidad humanas (cf. Sal 241 Por eso los Apóstoles confiesan a Jesús como "el Verbo que en el principio estaba junto a Dios y que era Dios" (Jn 1,1), como "la imagen del Dios invisible" (Col 1,15), como "el resplandor de su gloria y la impronta de su esencia" Hb 1,3). 242 Después de ellos, siguiendo la tradición apostólica, la Iglesia confesó en el año 325 en el primer Concilio Ecuménico de Nicea que el Hijo es "consubstancial" al Padre (Símbolo Niceno: DS 125), es decir, un solo Dios con él. El segundo Concilio Ecuménico, reunido en Constantinopla en el año 381, conservó esta expresión en su formulación del Credo de Nicea y confesó "al Hijo Único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado no creado, consubstancial al Padre" (Símbolo NicenoConstantinopolitano: DS 150). El Padre y el Hijo revelados por el Espíritu 243 Antes de su Pascua, Jesús anuncia el envío de "otro Paráclito" (Defensor), el Espíritu Santo. Este, que actuó ya en la Creación (cf. Gn 1,2) y "por los profetas" (Símbolo Niceno-Constantinopolitano: DS 150), estará ahora junto a los discípulos y en ellos (cf. Jn 14,17), para enseñarles (cf. Jn 14,16) y conducirlos "hasta la verdad completa" (Jn 16,13). El Espíritu Santo es revelado así como otra persona divina con relación a Jesús y al Padre. 244 El origen eterno del Espíritu se revela en su misión temporal. El Espíritu Santo es enviado a los 27,10), aunque sea su origen y medida (cf. Ef 3,14; Is 49,15): Nadie es padre como lo es Dios. 240 Jesús ha revelado que Dios es "Padre" en un sentido nuevo: no lo es sólo en cuanto Creador; Él es eternamente Padre en relación a su Hijo único, que recíprocamente sólo es Hijo en relación a su Padre: "Nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar" (Mt 11,27).

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.- Domingo de la Santísima Trinidad 9 Forma Extraordinaria del Rito Romano Apóstoles y a la Iglesia tanto por el Padre en nombre del Hijo, como por el Hijo en persona, una vez que vuelve junto al Padre (cf. Jn 14,26; 15,26; 16,14). El envío de la persona del Espíritu tras la glorificación de Jesús (cf. Jn 7,39), revela en plenitud el misterio de la Santa Trinidad. 245 La fe apostólica relativa al Espíritu fue proclamada por el segundo Concilio Ecuménico en el año 381 en Constantinopla: "Creemos en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre" (DS 150). La Iglesia reconoce así al Padre como "la fuente y el origen de toda la divinidad" (Concilio de Toledo VI, año 638: DS 490). Sin embargo, el origen eterno del Espíritu Santo está en conexión con el del Hijo: "El Espíritu Santo, que es la tercera persona de la Trinidad, es Dios, uno e igual al Padre y al Hijo, de la misma sustancia y también de la misma naturaleza [...] por eso, no se dice que es sólo el Espíritu del Padre, sino a la vez el espíritu del Padre y del Hijo" (Concilio de Toledo XI, año 675: DS 527). El Credo del Concilio de Constantinopla (año 381) confiesa: "Con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria" (DS 150). 246 La tradición latina del Credo confiesa que el Espíritu "procede del Padre y del Hijo (Filioque)". El Concilio de Florencia, en el año 1438, explicita: "El Espíritu Santo [...] tiene su esencia y su ser a la vez del Padre y del Hijo y procede eternamente tanto del Uno como del Otro como de un solo Principio y por una sola espiración [...]. Y porque todo lo que pertenece al Padre, el Padre lo dio a su Hijo único al engendrarlo a excepción de su ser de Padre, esta procesión misma del Espíritu Santo a partir del Hijo, éste la tiene eternamente de su Padre que lo engendró eternamente" (DS 13001301). 247 La afirmación del Filioque no figuraba en el símbolo confesado el año 381 en Constantinopla. Pero sobre la base de una antigua tradición latina y alejandrina, el Papa san León la había ya confesado dogmáticamente el año 447 (cf. Quam laudabilitier: DS 284) antes incluso que Roma conociese y recibiese el año 451, en el concilio de Calcedonia, el símbolo del 381. El uso de esta fórmula en el Credo fue poco a poco admitido en la liturgia latina (entre los siglos VIII y XI). La introducción del Filioque en el Símbolo Niceno-Constantinopolitano por la liturgia latina constituye, todavía hoy, un motivo de no convergencia con las Iglesias ortodoxas.

248 La tradición oriental expresa en primer lugar el carácter de origen primero del Padre por relación al Espíritu Santo. Al confesar al Espíritu como "salido del Padre" (Jn 15,26), esa tradición afirma que éste procede del Padre por el Hijo (cf. AG 2). La tradición occidental expresa en primer lugar la comunión consubstancial entre el Padre y el Hijo diciendo que el Espíritu procede del Padre y del Hijo (Filioque). Lo dice "de manera legítima y razonable" (Concilio de Florencia, 1439: DS 1302), porque el orden eterno de las personas divinas en su comunión consubstancial implica que el Padre sea el origen primero del Espíritu en tanto que "principio sin principio" (Concilio de Florencia 1442: DS 1331), pero también que, en cuanto Padre del Hijo Único, sea con él "el único principio de que procede el Espíritu Santo" (Concilio de Lyon II, año 1274: DS 850). Esta legítima complementariedad, si no se desorbita, no afecta a la identidad de la fe en la realidad del mismo misterio confesado. III La Santísima Trinidad en la doctrina de la fe La formación del dogma trinitario 249 La verdad revelada de la Santísima Trinidad ha estado desde los orígenes en la raíz de la fe viva de la Iglesia, principalmente en el acto del Bautismo. Encuentra su expresión en la regla de la fe bautismal, formulada en la predicación, la catequesis y la oración de la Iglesia. Estas formulaciones se encuentran ya en los escritos apostólicos, como este saludo recogido en la liturgia eucarística: "La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros" (2 Co 13,13; cf. 1 Co 12,4-6; Ef 4,4-6). 250 Durante los primeros siglos, la Iglesia formula más explícitamente su fe trinitaria tanto para profundizar su propia inteligencia de la fe como para defenderla contra los errores que la deformaban. Esta fue la obra de los Concilios antiguos, ayudados por el trabajo teológico de los Padres de la Iglesia y sostenidos por el sentido de la fe del pueblo cristiano. 251 Para la formulación del dogma de la Trinidad, la Iglesia debió crear una terminología propia con ayuda de nociones de origen filosófico: "substancia", "persona" o "hipóstasis", "relación", etc. Al hacer esto, no sometía la fe a una sabiduría

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA 10 Gloria Iesu in Maria! humana, sino que daba un sentido nuevo, sorprendente, a estos términos destinados también a significar en adelante un Misterio inefable, "infinitamente más allá de todo lo que podemos concebir según la medida humana" (Pablo VI, Credo del Pueblo de Dios, 2). 252 La Iglesia utiliza el término "substancia" (traducido a veces también por "esencia" o por "naturaleza") para designar el ser divino en su unidad; el término "persona" o "hipóstasis" para designar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo en su distinción real entre sí; el término "relación" para designar el hecho de que su distinción reside en la referencia de cada uno a los otros. El dogma de la Santísima Trinidad 253 La Trinidad es una. No confesamos tres dioses sino un solo Dios en tres personas: "la Trinidad consubstancial" (Concilio de Constantinopla II, año 553: DS 421). Las personas divinas no se reparten la única divinidad, sino que cada una de ellas es enteramente Dios: "El Padre es lo mismo que es el Hijo, el Hijo lo mismo que es el Padre, el Padre y el Hijo lo mismo que el Espíritu Santo, es decir, un solo Dios por naturaleza" (Concilio de Toledo XI, año 675: DS 530). "Cada una de las tres personas es esta realidad, es decir, la substancia, la esencia o la naturaleza divina" (Concilio de Letrán IV, año 1215: DS 804). 254 Las Personas divinas son realmente distintas entre sí. "Dios es único pero no solitario" (Fides Damasi: DS 71). "Padre", "Hijo", Espíritu Santo" no son simplemente nombres que designan modalidades del ser divino, pues son realmente distintos entre sí: "El que es el Hijo no es el Padre, y el que es el Padre no es el Hijo, ni el Espíritu Santo el que es el Padre o el Hijo" (Concilio de Toledo XI, año 675: DS 530). Son distintos entre sí por sus relaciones de origen: "El Padre es quien engendra, el Hijo quien es engendrado, y el Espíritu Santo es quien procede" (Concilio de Letrán IV, año 1215: DS 804). La Unidad divina es Trina. 255 Las Personas divinas son relativas unas a otras. La distinción real de las Personas entre sí, porque no divide la unidad divina, reside únicamente en las relaciones que las refieren unas a otras: "En los nombres relativos de las personas, el Padre es referido al Hijo, el Hijo lo es al Padre, el Espíritu Santo lo es a los dos; sin embargo, cuando se habla de estas tres Personas considerando las relaciones se cree en una sola naturaleza o substancia" (Concilio de Toledo XI, año 675: DS 528). En efecto, "en Dios todo es uno, excepto lo que comporta relaciones opuestas" (Concilio de Florencia, año 1442: DS 1330). "A causa de esta unidad, el Padre está todo en el Hijo, todo en el Espíritu Santo; el Hijo está todo en el Padre, todo en el Espíritu Santo; el Espíritu Santo está todo en el Padre, todo en el Hijo" (Concilio de Florencia, año 1442: DS 1331). 256 A los catecúmenos de Constantinopla, san Gregorio Nacianceno, llamado también "el Teólogo", confía este resumen de la fe trinitaria: «Ante todo, guardadme este buen depósito, por el cual vivo y combato, con el cual quiero morir, que me hace soportar todos los males y despreciar todos los placeres: quiero decir la profesión de fe en el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo. Os la confío hoy. Por ella os introduciré dentro de poco en el agua y os sacaré de ella. Os la doy como compañera y patrona de toda vuestra vida. Os doy una sola Divinidad y Poder, que existe Una en los Tres, y contiene los Tres de una manera distinta. Divinidad sin distinción de substancia o de naturaleza, sin grado superior que eleve o grado inferior que abaje [...] Es la infinita connaturalidad de tres infinitos. Cada uno, considerado en sí mismo, es Dios todo entero[...] Dios los Tres considerados en conjunto [...] No he comenzado a pensar en la Unidad cuando ya la Trinidad me baña con su esplendor. No he comenzado a pensar en la Trinidad cuando ya la unidad me posee de nuevo...(Orationes, 40,41: PG 36,417). IV Las obras divinas y las misiones trinitarias 257 O lux beata Trinitas et principalis Unitas! ("¡Oh Trinidad, luz bienaventurada y unidad esencial!") (LH, himno de vísperas "O lux beata Trinitas"). Dios es eterna beatitud, vida inmortal, luz sin ocaso. Dios es amor: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dios quiere comunicar libremente la gloria de su vida bienaventurada. Tal es el "designio benevolente" (Ef 1,9) que concibió antes de la creación del mundo en su Hijo amado, "predestinándonos a la adopción filial en Él" (Ef 1,4-5), es decir, "a reproducir la imagen de su Hijo" (Rm 8,29) gracias al "Espíritu de adopción filial" (Rm 8,15). Este designio es una "gracia dada antes de todos los siglos" (2 Tm 1,9-10), nacido inmediatamente del amor trinitario. Se despliega en la obra de la creación, en toda la historia de la

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.- Domingo de la Santísima Trinidad 11 Forma Extraordinaria del Rito Romano salvación después de la caída, en las misiones del Hijo y del Espíritu, cuya prolongación es la misión de la Iglesia (cf. AG 2-9). 258 Toda la economía divina es la obra común de las tres Personas divinas. Porque la Trinidad, del mismo modo que tiene una sola y misma naturaleza, así también tiene una sola y misma operación (cf. Concilio de Constantinopla II, año 553: DS 421). "El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no son tres principios de las criaturas, sino un solo principio" (Concilio de Florencia, año 1442: DS 1331). Sin embargo, cada Persona divina realiza la obra común según su propiedad personal. Así la Iglesia confiesa, siguiendo al Nuevo Testamento (cf. 1 Co 8,6): "Uno es Dios [...] y Padre de quien proceden todas las cosas, Uno el Señor Jesucristo por el cual son todas las cosas, y Uno el Espíritu Santo en quien son todas las cosas (Concilio de Constantinopla II: DS 421). Son, sobre todo, las misiones divinas de la Encarnación del Hijo y del don del Espíritu Santo las que manifiestan las propiedades de las personas divinas. 259 Toda la economía divina, obra a la vez común y personal, da a conocer la propiedad de las Personas divinas y su naturaleza única. Así, toda la vida cristiana es comunión con cada una de las personas divinas, sin separarlas de ningún modo. El que da gloria al Padre lo hace por el Hijo en el Espíritu Santo; el que sigue a Cristo, lo hace porque el Padre lo atrae (cf. Jn 6,44) y el Espíritu lo mueve (cf. Rm 8,14). 260 El fin último de toda la economía divina es la entrada de las criaturas en la unidad perfecta de la Bienaventurada Trinidad (cf. Jn 17,21-23). Pero desde ahora somos llamados a ser habitados por la Santísima Trinidad: "Si alguno me ama —dice el Señor— guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él" (Jn 14,23). «Dios mío, Trinidad que adoro, ayúdame a olvidarme enteramente de mí mismo para establecerme en ti, inmóvil y apacible como si mi alma estuviera ya en la eternidad; que nada pueda turbar mi paz, ni hacerme salir de ti, mi inmutable, sino que cada minuto me lleve más lejos en la profundidad de tu Misterio. Pacifica mi alma. Haz de ella tu cielo, tu morada amada y el lugar de tu reposo. Que yo no te deje jamás solo en ella, sino que yo esté allí enteramente, totalmente despierta en mi fe, en adoración, entregada sin reservas a tu acción creadora» (Beata Isabel de la Trinidad, Oración) Resumen 261 El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Sólo Dios puede dárnoslo a conocer revelándose como Padre, Hijo y Espíritu Santo. 262 La Encarnación del Hijo de Dios revela que Dios es el Padre eterno, y que el Hijo es "de la misma naturaleza que el Padre", es decir, que es en Él y con Él el mismo y único Dios. 263 La misión del Espíritu Santo, enviado por el Padre en nombre del Hijo (cf. Jn 14,26) y por el Hijo "de junto al Padre" (Jn 15,26), revela que él es con ellos el mismo Dios único. "Con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria". 264 "El Espíritu Santo procede principalmente del Padre, y por concesión del Padre, sin intervalo de tiempo procede de los dos como de un principio común" (S. Agustín, De Trinitate, 15,26,47). 265 Por la gracia del bautismo "en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" (Mt 28, 19) somos llamados a participar en la vida de la Bienaventurada Trinidad, aquí abajo en la oscuridad de la fe y, después de la muerte, en la luz eterna (cf. Pablo VI, Credo del Pueblo de Dios 9). 266 "La fe católica es ésta: que veneremos un Dios en la Trinidad y la Trinidad en la unidad, no

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA 12 Gloria Iesu in Maria! confundiendo las Personas, ni separando las substancias; una es la persona del Padre, otra la del Hijo, otra la del Espíritu Santo; pero del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo una es la divinidad, igual la gloria, coeterna la majestad" (Símbolo "Quicumque": DS, 75). 267 Las Personas divinas, inseparables en su ser, son también inseparables en su obrar. Pero en la única operación divina cada una manifiesta lo que le es propio en la Trinidad, sobre todo en las misiones divinas de la Encarnación del Hijo y del don del Espíritu Santo.

TEXTO III EL SACRAMENTO DEL BAUTISMO Catecismo de la Iglesia Católica
252. ¿Con qué nombres se conoce el primer Sacramento de la iniciación? El primer sacramento de la iniciación recibe, ante todo, el nombre de Bautismo, en razón del rito central con el cual se celebra: bautizar significa «sumergir» en el agua; quien recibe el bautismo es sumergido en la muerte de Cristo y resucita con Él «como una nueva criatura» (2 Co 5, 17). Se llama también «baño de regeneración y renovación en el Espíritu Santo» (Tt 3, 5), e «iluminación», porque el bautizado se convierte en «hijo de la luz» (Ef 5, 8). 253. ¿Cómo se prefigura el Bautismo en la Antigua Alianza? En la Antigua Alianza se encuentran varias prefiguraciones del Bautismo: el agua, fuente de vida y de muerte; el arca de Noé, que salva por medio del agua; el paso del Mar Rojo, que libera al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto; el paso del Jordán, que hace entrar a Israel en la tierra prometida, imagen de la vida eterna. 254. ¿Quién hace que se cumplan estas prefiguraciones? Estas prefiguraciones del bautismo las cumple Jesucristo, el cual, al comienzo de su vida pública, se hace bautizar por Juan Bautista en el Jordán; levantado en la cruz, de su costado abierto brotan sangre y agua, signos del Bautismo y de la Eucaristía, y después de su Resurrección confía a los Apóstoles esta misión: «Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28, 1920). 255. ¿Desde cuándo y a quién administra la Iglesia el Bautismo? Desde el día de Pentecostés, la Iglesia administra el Bautismo al que cree en Jesucristo. 256. ¿En qué consiste el rito esencial del Bautismo? El rito esencial del Bautismo consiste en sumergir en el agua al candidato o derramar agua sobre su cabeza, mientras se invoca el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. 257. ¿Quién puede recibir el Bautismo? Puede recibir el Bautismo cualquier persona que no esté aún bautizada. 258. ¿Por qué la Iglesia bautiza a los niños? La Iglesia bautiza a los niños puesto que, naciendo con el pecado original, necesitan ser liberados del poder del maligno y trasladados al reino de la libertad de los hijos de Dios. 259. ¿Qué se requiere para ser bautizado? A todo aquel que va a ser bautizado se le exige la profesión de fe, expresada personalmente, en el caso del adulto, o por medio de sus padres y de la Iglesia, en el caso del niño. El padrino o la madrina y toda la comunidad eclesial tienen también una parte de responsabilidad en la preparación al Bautismo (catecumenado), así como en el desarrollo de la fe y de la gracia bautismal. 260. ¿Quién puede bautizar? Los ministros ordinarios del Bautismo son el obispo y el presbítero; en la Iglesia latina, también el diácono. En caso de necesidad, cualquiera puede bautizar, siempre que tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia. Éste derrama agua sobre la cabeza del candidato y pronuncia la fórmula trinitaria bautismal: «Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo». 261. ¿Es necesario el Bautismo para la salvación? El Bautismo es necesario para la salvación de todos aquellos a quienes el Evangelio ha sido anunciado y han tenido la posibilidad de pedir este sacramento. 262. ¿Hay salvación posible sin el Bautismo? Puesto que Cristo ha muerto para la salvación de todos, pueden salvarse también sin el Bautismo todos aquellos que mueren a causa de la fe (Bautismo de sangre), los catecúmenos, y todo aquellos que, bajo el impulso de la gracia, sin conocer a Cristo y a la Iglesia, buscan sinceramente a Dios y se esfuerzan por cumplir su voluntad (Bautismo de deseo). En cuanto a los niños que mueren sin el Bautismo, la

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.- Domingo de la Santísima Trinidad 13 Forma Extraordinaria del Rito Romano Iglesia en su liturgia los confía a la misericordia de Dios. 263. ¿Cuáles son los efectos del Bautismo? El Bautismo perdona el pecado original, todos los pecados personales y todas las penas debidas al pecado; hace participar de la vida divina trinitaria mediante la gracia santificante, la gracia de la justificación que incorpora a Cristo y a su Iglesia; hace participar del sacerdocio de Cristo y constituye el fundamento de la comunión con los demás cristianos; otorga las virtudes teologales y los dones del Espíritu Santo. El bautizado pertenece para siempre a Cristo: en efecto, queda marcado con el sello indeleble de Cristo (carácter). 264. ¿Cuál es el significado del nombre cristiano recibido en el Bautismo? El nombre es importante porque Dios conoce a cada uno por su nombre, es decir, en su unicidad. Con el Bautismo, el cristiano recibe en la Iglesia el nombre propio, preferiblemente de un santo, de modo que éste ofrezca al bautizado un modelo de santidad y le asegure su intercesión ante Dios.

TEXTO IV Comentarios a la Epístola
1. D/TRASCENDENCIA: Dios es un misterio insondable que nos sobrepasa, a pesar de que al mismo tiempo nos penetra por todas partes.. "¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos!". "Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros" (/Is/55/09). ¿Quien no ha experimentado, alguna vez, la grandeza de Dios? Jesús la expresa también así, en respuesta al joven que le había llamado "Maestro bueno": "¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios" (Mc/10/18). La grandeza de Dios es, por tanto, también una grandeza de bondad: a su lado nadie es realmente bueno. Este sentido de la admiración y el respeto es sanamente saludable. No podemos reclamarnos de Dios, como si lo tuviésemos al alcance de la mano y lo conociésemos. Acerquémonos a él con respeto. Pongámonos en la escuela de Dios: "A Dios nadie lo ha visto jamás: El Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer" (Jn 1. 18). "Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Quien me ha visto a mí ha visto al Padre" (Jn 14. 6/9). J. TOTOSAUS MISA DOMINICAL 1987/16 2. D/ADORACIÓN/ADMIRACIÓN Estos vv. finales del tema tratado en los tres capítulos precedentes son como la reacción ante lo expuesto. No son doctrinales, porque no siempre en la Biblia hay un mensaje ideológico o conceptual, sino son más un ejemplo de reacción humana ante Dios. Para que aprendamos a reaccionar también así Realmente es un acto de adoración, de reconocimiento y aceptación de la forma de proceder de Dios. Un proceder muy suyo, de justificar a quien no lo merece, al lejano. Modo de proceder muy diferente del humano, incomprensible desde nuestras categorías comerciales, que solemos también aplicar a Dios. Pero se nos escapa. No vemos por qué habría de salvar a Israel ni al pecador, pero lo aceptamos agradecidos, porque también nosotros somos Israel y pecadores. Esto sería importante. No considerarse fuera del plan de Dios expuesto antes, como espectadores de Israel y su historia, no concernidos por ella. Porque, aparte de la vinculación histórica nuestra con los judíos (vg.: Jesús era miembro de este pueblo, y María, y los apóstoles, etc), su historia es la nuestra como veíamos anteriormente. Por lo tanto, damos gracias y reconocemos un plan de Dios que nos afecta.

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA 14 Gloria Iesu in Maria! También es acto de contemplación, de sobrecogimiento y de glorificación. Uno mira y admira. Pero también agradece y glorifica, se mete dentro de ese plan de Dios y se siente contento de estar allí. Da gloria a Dios y con eso mismo entra dentro de ella y participa. Deberíamos ejercitarnos en esta actitud religiosa. FEDERICO PASTOR DABAR 1990/43 3. P/PLAN: DIOS PERMITE A CADA HOMBRE PASAR POR EL PECADO CON EL FIN DE EXPERIMENTAR LA VANIDAD DE SU VOLUNTAD PROPIA. La historia de la Humanidad se le presenta a Pablo como una carrera entre judíos y paganos. Unos fueron los primeros en obedecer, pero después desobedecen; los otros, que empezaron por desobedecer, terminaron obedeciendo (vv. 30-31;cf. /Mt/21/28-32). Pero, dominando este ir y venir y dando la clave de todo ello está la misericordia de Dios (v. 32), que permite a cada hombre pasar por el pecado con el fin de experimentar la vanidad de su voluntad propia y abrirse a la gracia del amor divino, única salida posible a la situación en que estaba envuelto el hombre.
MAERTENS-FRISQUE NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA V MAROVA MADRID 1969.Pág. 296

4. Continuamos aquí la lectura del domingo anterior, tomada de la carta de Pablo a los romanos. En todo este capítulo 11, Pablo ha desarrollado su pensamiento en torno al problema de la desobediencia de Israel al evangelio de Jesucristo. Ya hemos visto cómo espera que un día, al final de los tiempos, también alcancen misericordia los judíos que, por no aceptar el universalismo de la salvación, se han excluido de ella. Pues Dios ha querido encerrarnos a todos, judíos y gentiles, en la desobediencia, para tener de todos los pueblos una misma misericordia. Pablo concluye este capítulo y este tema alabando una misma misericordia y la generosidad de Dios, la insondable misericordia divina. Por unos caminos inescrutables, Dios conducirá a Israel a la salvación prometida. Y esto es motivo de admiración y de alabanza para el creyente. Para trazar sus planes, Dios no ha pedido a nadie consejo; por eso nadie conoce sus pensamientos, y sus caminos son inescrutables. El misterio de la salvación está por encima de toda sabiduría humana, excede todo conocimiento humano. Dios tampoco ha recibido ayuda de nadie para realizar sus planes de salvación; por eso nadie puede exigirle una recompensa. De ahí que sea insondable su generosidad, pues da antes de recibir nada y salva simplemente porque quiere y es bueno. La salvación es un misterio que excede también todas las exigencias de la humana voluntad. Dios está por encima del conocimiento y de la voluntad humana; es un misterio de gracia. En la historia de la salvación Dios es el que tiene la iniciativa y el señor de los acontecimientos, hasta conseguir lo que se propone. Todo el universo se mueve según el designio y la divina misericordia. Así que es preciso dar a Dios todo el honor y toda la gloria por los siglos de los siglos.

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.- Domingo de la Santísima Trinidad 15 Forma Extraordinaria del Rito Romano EUCARISTÍA 1987/41 5. -Todo es de él, por él y para él (Rm 11, 33-36) San Pablo nos ofrece un bellísimo modelo de oración de acción de gracias. Anteriormente ha desarrollado todo lo que Dios ha hecho por los judíos y los paganos. Si todos han sido arrojados en el pecado, él los libera y los renueva para que se manifieste el amor de Cristo. Ante esta actitud de Dios, nos vemos llevados a reconocer la profundidad de su sabiduría y de su ciencia. El amor de Dios es para nosotros como un abismo, hasta el punto de que resulta imposible valorarlo en toda su profundidad y su naturaleza. La riqueza de Dios es uno de los temas predilectos de Pablo, que nos pone en guardia contra lo que podría ser menosprecio de la riqueza de la bondad de Dios (Rm 2, 4). Jesús nos ha colmado de todo tipo de riquezas: la de la palabra y todas las de la ciencia (1 Co 1, 5). Es preciso anunciar esta riqueza a los paganos (Ef 3, 8). Nunca estamos en situación de abandonar, porque, en la medida de su riqueza, Dios atiende a nuestras necesidades (Flp 4, 19). El misterio de la salvación, oculto en Dios desde todos los tiempos, ha sido desvelado. Dios ha querido que los paganos conozcan la riqueza de la gloria de este misterio (Col 1, 27). La Palabra de Cristo permanece en nosotros en toda su riqueza (Col 3, 16). Esta riqueza de Dios es una posesión destinada a expandirse en nosotros. Del mismo modo, la sabiduría de Dios es un abismo y a veces se nos presenta como una locura (1 Co 1, 25). Esta sabiduría de Dios es, en definitiva, el mismo Jesucristo. Es en él en quien están escondidos los tesoros de la sabiduría (Col 2, 3). Igualmente están escondidos en él todos los tesoros de la ciencia; porque todo lo que se aplica a Dios se encuentra en Cristo. El pasaje finaliza con una breve doxología: Todo es de él, por él y para él. En su carta a los Colosenses leemos una doxología parecida, Pablo tiene suficiente talento para reunir en unas cuantas palabras la riqueza de una teología que debe ser orada y nos revela el estilo de oración que debía ser de su agrado: Porque en él fueron creadas todas las cosas... todo fue creado por él y para él. El existe con anterioridad a todo y todo tiene en él su consistencia (Col 1, 16-17). ADRIEN NOCENT EL AÑO LITURGICO: CELEBRAR A JC 6 TIEMPO ORDINARIO: DOMINGOS 9-21 SAL TERRAE SANTANDER 1979.Pág. 163

TEXTO V Comentario a la Epístola (2)
1. La Sabiduría del Altísimo 1.1 San Pablo en la primera lectura de hoy nos invita a reflexionar sobre la sabiduría divina, que desborda cuanto podemos decir de ella. Un autor del siglo IV escribió con señalada inspiración sobre el conocimiento de Dios y sus planes. 1.2 Si alguien aleja un poco del cuerpo la facultad de conocer, si se libera de la servidumbre de sus impresiones irracionales, y mira su alma desde arriba por medio de una reflexión sincera y pura, ése verá claramente en su misma naturaleza la caridad de Dios para con nosotros, y la voluntad del Creador hacia nosotros. En efecto, por medio de esta reflexión encontrará que existe en el hombre el impulso

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA 16 Gloria Iesu in Maria! connatural e innato de un deseo que lo lleva hacia lo bello y lo excelente; y que existe en su naturaleza el amor impasible y feliz de esta "Imagen" inteligible y bienaventurada cuya imitación es el hombre. 1.3 Pero si el alma está despreocupada y no se mantiene en guardia contra sus distracciones, una carrera errante, de una a otra de las cosas visibles y efímeras va a seducirla y a encantarla. Con una pasión descabellada y un amargo placer la arrastrará hacia un mal temible, que nace de las voluptuosidades de la vida, y que engendra la muerte para cualquiera que se prenda de ellas. 1.4 Ahora bien, la gracia de nuestro Salvador concede, a aquellos que la reciben con un ardiente deseo, un remedio salvífico para sus almas: el conocimiento de la verdad. Por ella, la carrera errante que encantaba al hombre termina; el sentido menospreciable de la carne se apaga; el alma es conducida hacia lo divino y hacia su propia salvación por medio de la luz de la verdad: recibe la revelación del conocimiento.

TEXTO VI LA IGLESIA PASCUAL EN EL EVANGELIO DE S. MATEO
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d. 1. LA PROMESA DE JESÚS. 2. EL PODER DE JESÚS. La última página del Evangelio según S. Mateo sólo nos la transmite él y es la clave de todo su Evangelio: nos presenta el Misterio Pascual, el poder de Cristo muerto y resucitado en su Iglesia. Nos encontramos en el momento culminante de la vida de Jesús (que ha predicado, muerto y resucitado) y de la vida de la Iglesia (que debe empezar su obra, que se prolongará hasta el final de los tiempos). LA PROMESA DE JESÚS. Termina el Evangelio con la afirmación de Jesús: "Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo". Empecemos por las últimas palabras, que hacen referencia al tiempo de la promesa: "hasta el fin del mundo". Expresión que se encuentra en otras escenas del Evangelio de Mateo, como cuando los discípulos preguntan a Jesús, frente al Templo: "¿Cuándo ocurrirá esto y cuál será la señal de tu venida y del fin del mundo?" (24, 3). La consumación de nuestra vida y de nuestra historia, del correr del tiempo, se pone en relación con la Parusía del Señor, con su retorno glorioso. Las mismas palabras aparecen en dos parábolas. En la parábola de la cizaña mezclada con el trigo bueno se nos dice que en nuestro tiempo se siembra y se debe crecer, aunque no nos falten contradicciones y dificultades. Sólo cuando llegue la siega, el fin del mundo, desaparecerá la cizaña (13, 39). Lo mismo nos indica la parábola de la red que recoge peces de toda clase. Nosotros hemos de vivir una experiencia de mezcla y convivencia entre lo bueno y lo malo dentro y fuera de nosotros. Esto terminará en el fin del mundo (19, 34). En esta experiencia temporal, histórica, confusa, ambigua, en la que nos encontramos, en la que es muy difícil distinguir el bien del mal, ahí el Señor está con nosotros. Las palabras de Jesús nos garantizan su presencia, no para un mundo ideal, ya hecho y terminado, sino para este mundo real, en crecimiento, lleno de confusiones y de ambigüedades. Jesús promete su presencia "todos los días". Por lo tanto, en ningún momento, ni en los más terribles, nos deja solos. Las últimas palabras se refieren al tiempo de la promesa. Un poco antes encontramos el contenido de la promesa: "He aquí que yo estoy con vosotros". En numerosos textos del Antiguo y del Nuevo Testamento encontramos afirmaciones similares, desde los tiempos de Moisés: "He aquí que yo estoy contigo" (Ex 3, 1214). La promesa a Josué es similar: "Yo estaré contigo como estuve con Moisés" (Jos 1, 5-9). La Alianza es la continua promesa de Dios de estar con su pueblo y la podríamos resumir en la siguiente afirmación: "Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo".

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.- Domingo de la Santísima Trinidad 17 Forma Extraordinaria del Rito Romano Estas palabras resumen toda la experiencia de Israel y también todo el Evangelio de S. Mateo, hasta el punto de que encontramos, al inicio del mismo, la siguiente profecía: "La Virgen concebirá y dará a luz un hijo, al que pondrá por nombre Enmanuel, que significa Dios con nosotros" (1, 23). Y eso que poco antes había dicho "le pondrás por nombre Jesús, porque salvará al pueblo de los pecados" (1, 21). Si Mateo subraya la profecía del nombre del Mesías (Dios con nosotros) al inicio de su Evangelio es para ponerlo en paralelo con la promesa de Jesús al final del mismo (Yo estoy con vosotros). Todo el Evangelio narra cómo Jesús fue el Dios con nosotros, la manifestación y la presencia de Dios entre los hombres. Hemos visto el tiempo y el contenido de la promesa. Veamos ahora los destinatarios: "Yo estoy con vosotros". Ese "vosotros" no es algo genérico e indeterminado, sino un grupo de personas muy específico, que acaba de recibir de Jesús una misión muy concreta: "Id y haced discípulos míos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándolos a guardar todo lo que yo os he dicho" (28, 19). Jesús está en y con la Iglesia confesante y evangelizadora, que continúa su obra, que cumple su misión entre los hombres. Jesús se hace presente cuando anunciamos el Evangelio y celebramos los sacramentos, dando sentido y valor a lo que hacemos. Notemos la expresión de Jesús: "enseñándoles a guardar", a cumplir. No basta con que aprendamos y transmitamos ideas, teorías (por muy ortodoxas que sean). El Señor nos manda guardar, cumplir, vivir su palabra (recordemos la parábola de la casa construida sobre la roca o sobre la arena. 7, 21-27). Se nos pide algo superior a nuestras fuerzas: que cumplamos las palabras de Jesús, expuesta en el Sermón de la Montaña y resumidas en su "Sed perfectos como vuestro Padre del Cielo es perfecto" (5, 48). Si comprendemos que estas exigencias superan nuestras capacidades, aceptaremos que todo esto no depende principalmente de nosotros, sino de aquél que había dicho "Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra" (28, 19). EL PODER DE JESÚS. Pensemos en el acto de fe que Jesús pide a los discípulos cuando les dice esto. Ellos habían sido testigos de la debilidad de Jesús, de su fracaso en la cruz. Ahora Jesús les invita aceptarlo como quien tiene poder para salvarles y salvar a todos los pueblos y por eso les envía entre los hombres: "Yo tengo poder... por tanto id a todos los pueblos... que yo estoy con vosotros en esta misión". Para comprender mejor el texto, veamos otros momentos en que se habla del poder de Jesús. Después de curar y perdonar al paralítico, "las gentes glorificaban a Dios, que había dado ese poder a los hombres" (9, 8). Aquí se ve ya el poder de Jesús y de su Iglesia (a los hombres) para perdonar. Por tanto, Jesús está con nosotros en la función reconciliadora y purificadora. El Evangelio nos dice que Jesús transmite a sus discípulos el poder "para expulsar demonios y curar toda clase de enfermedades" (10, 1); es decir, para hacer lo mismo que él hacía, para salvar.

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA 18 Gloria Iesu in Maria!

TEXTO VII Comentario al Evangelio (1)
La plena manifestación de Jesús tiene lugar en Galilea. Allí habían sido encaminados repetidas veces los discípulos (26,32; 28, 7-10). ¿Por qué en Galilea? Probablemente para significar que Jerusalén había dejado de ser el centro del culto y de la religiosidad. Desde ahora el acceso a Dios, el verdadero templo, no se hallaba circunscrito a un lugar -ni aquí ni en Jerusalén (Jn 4, 21)- sino a una persona, a la persona de Cristo. La plena revelación tiene lugar "en el monte que Jesús les había señalado". Mateo no nos informa de este detalle en su evangelio. No sabemos de ningún monte que Jesús les hubiese indicado previamente. El monte (MONTE/REVELACION) es mencionado únicamente por razón de su simbolismo. El monte es el lugar de la revelación. La revelación de Dios en el Antiguo Testamento tuvo lugar en el monte Sinaí. La revelación de Jesús (nuevo Moisés; aspecto de Jesús particularmente querido y destacado por Mateo) tiene lugar también en el monte: en el de la transfiguración (donde manifiesta su naturaleza), en el de las bienaventuranzas (donde manifiesta su enseñanza y sus exigencias morales) y en el de Galilea (donde manifiesta su autoridad y misión). La resurrección de Jesús es un misterio inasequible e increíble desde la lógica humana. Afortunadamente el temor y la duda -no sólo la alegría- fueron vividos en la carne misma de los que más cerca estuvieron de Jesús. Es maravillosa la acotación de Mateo; "al verlo lo adoraron, aunque algunos aún dudaron". La resurrección de Jesús introdujo un cambio radical en la relación de sus discípulos con él. Durante su vida terrena tenían frente a él la deferencia que el discípulo debe al Maestro. Ahora aparece la relación del creyente frente a su Señor. La postración -gesto reservado para el encuentro con los grandes monarcas divinizados o considerados con categoría divina- de los discípulos, significa claramente que los discípulos habían descubierto la divinidad en él (ver He 2, 36). La duda de algunos es explicable, y hasta plausible. Mientras no llega la convicción profunda de la fe no resulta fácil, resulta imposible, descubrir en Jesús a Dios. Este detalle de la duda de algunos resulta particularmente significativo en la pluma de Mateo, que procura siempre que puede, e incluso a veces forzando los textos, presentar a los discípulos como modelos perfectos. Tal vez porque, cuando se constata la duda, el modelo resulta más humano y atrayente. Aunque no es seguro que Mateo lo haya pensado así. La autorrevelación de Jesús se centra en su autoridad y la misión que encomienda a sus discípulos. Su autoridad es la misma que la del Hijo del hombre. Y, para formularla, recurre a las mismas palabras de Daniel: "Se le dio imperio, gloria y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le servían. Su imperio es un imperio eterno que nunca pasará, y su reino, un reino que no será destruido jamás" (Dn 7, 14). El siervo de Yahveh, doliente y humillado es el Hijo del hombre glorificado. Así se definía la verdadera categoría de Jesús después de resucitado. Pero, a continuación, la naturaleza de su autoridad. Una autoridad no impuesta sino aceptada libremente por la inserción en su misterio, el misterio pascual, mediante la recepción del bautismo y manifestada en el esfuerzo permanente por asimilar sus enseñanzas y cumplir sus exigencias. Autoridad ejercida en el ámbito de un discipulado voluntario y comprometido. Discipulado adquirido de entre todos los pueblos de la tierra. Si durante su ministerio terreno había estado limitado por el tiempo y el espacio -particularismo- ahora caían todas las fronteras. Se inauguraba el universalismo total. De hecho, cuando Mateo escribe su evangelio, se habían roto ya muchas fronteras. La actividad encomendada a sus discípulos se centra en introducir a los hombres en el misterio de Cristo mediante el bautismo -actividad sacramental- y en la enseñanza de cuanto el Señor dijo e hizo como norma vinculante del discípulo al Maestro, del siervo a su Señor. El evangelio termina como comenzó. Al principio nos fue anunciado el nombre de Emmanuel (ASC/EMMANUEL), Dios con nosotros, que había sido anticipado por el profeta Isaías (Is/01/23). Ahora se nos asegura que aquella profecía se ha hecho permanente realidad: "estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo". En otras palabras, sigue siendo Emmanuel, Dios con nosotros. COMENTARIOS A LA BIBLIA LITURGICA NT EDIC MAROVA/MADRID 1976.Pág. 1101

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.- Domingo de la Santísima Trinidad 19 Forma Extraordinaria del Rito Romano

TEXTO VIII Comentario al Evangelio (2)

Benedicto XVI, 7 de junio de 2009

Después del tiempo pascual, que culmina en la fiesta de Pentecostés, la liturgia prevé estas tres solemnidades del Señor: hoy, la Santísima Trinidad; el jueves próximo, el Corpus Christi, que en muchos países, entre ellos Italia, se celebrará el domingo próximo; y, por último, el viernes sucesivo, la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. Cada una de estas celebraciones litúrgicas subraya una perspectiva desde la que se abarca todo el misterio de la fe cristiana; es decir, respectivamente, la realidad de Dios uno y trino, el sacramento de la Eucaristía y el centro divino-humano de la Persona de Cristo. En verdad, son aspectos del único misterio de salvación, que en cierto sentido resumen todo el itinerario de la revelación de Jesús, desde la encarnación, la muerte y la resurrección hasta la ascensión y el don del Espíritu Santo. Hoy contemplamos la Santísima Trinidad tal como nos la dio a conocer Jesús. Él nos reveló que Dios es amor "no en la unidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancia" (Prefacio): es Creador y Padre misericordioso; es Hijo unigénito, eterna Sabiduría encarnada, muerto y resucitado por nosotros; y, por último, es Espíritu Santo, que lo mueve todo, el cosmos y la historia, hacia la plena recapitulación final. Tres Personas que son un solo Dios, porque el Padre es amor, el Hijo es amor y el Espíritu es amor. Dios es todo amor y sólo amor, amor purísimo, infinito y eterno. No vive en una espléndida soledad, sino que más bien es fuente inagotable de vida que se entrega y comunica incesantemente. Lo podemos intuir, en cierto modo, observando tanto el macro-universo —nuestra tierra, los planetas, las estrellas, las galaxias— como el micro-universo —las células, los átomos, las partículas elementales—. En todo lo que existe está grabado, en cierto sentido, el "nombre" de la Santísima Trinidad, porque todo el ser, hasta sus últimas partículas, es ser en relación, y así se trasluce el Diosrelación, se trasluce en última instancia el Amor creador. Todo proviene del amor, tiende al amor y se mueve impulsado por el amor, naturalmente con grados diversos de conciencia y libertad. "¡Señor, Dios nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!" (Sal 8, 2), exclama el salmista. Hablando del "nombre", la Biblia indica a Dios mismo, su identidad más verdadera, identidad que resplandece en toda la creación, donde cada ser, por el mismo hecho de existir y por el "tejido" del que está hecho, hace referencia a un Principio trascendente, a la Vida eterna e infinita que se entrega; en una palabra, al Amor. "En él —dijo san Pablo en el Areópago de Atenas— vivimos, nos movemos y existimos" (Hch 17, 28). La prueba más fuerte de que hemos sido creados a imagen de la Trinidad es esta: sólo el amor nos hace felices, porque vivimos en relación, y vivimos para amar y ser amados. Utilizando una analogía sugerida por la biología, diríamos que el ser humano lleva en su "genoma" la huella profunda de la Trinidad, de Dios-Amor. La Virgen María, con su dócil humildad, se convirtió en esclava del Amor divino: aceptó la voluntad del Padre y concibió al Hijo por obra del Espíritu Santo. En ella el Omnipotente se construyó un templo digno de él, e hizo de ella el modelo y la imagen de la Iglesia, misterio y casa de comunión para todos los hombres. Que María, espejo de la Santísima Trinidad, nos ayude a crecer en la fe en el misterio trinitario.

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA 20 Gloria Iesu in Maria!

TEXTO IX Comentario al Evangelio (3)
Benedicto XVI

En este domingo, que sigue a Pentecostés, celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad. Gracias al Espíritu Santo, que ayuda a comprender las palabras de Jesús y guía a la verdad completa (cf. Jn 14, 26; 16, 13), los creyentes pueden conocer, por decirlo así, la intimidad de Dios mismo, descubriendo que él no es soledad infinita, sino comunión de luz y de amor, vida dada y recibida en un diálogo eterno entre el Padre y el Hijo en el Espíritu Santo, como dice san Agustín, Amante, Amado y Amor. En este mundo nadie puede ver a Dios, pero él mismo se dio a conocer de modo que, con el apóstol san Juan, podemos afirmar: "Dios es amor" (1 Jn 4, 8. 16), "hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él" (Deus caritas est, 1; cf. 1 Jn 4, 16). Quien se encuentra con Cristo y entra en una relación de amistad con él, acoge en su alma la misma comunión trinitaria, según la promesa de Jesús a los discípulos: "Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos morada en él" (Jn 14, 23). Todo el universo, para quien tiene fe, habla de Dios uno y trino. Desde los espacios interestelares hasta las partículas microscópicas, todo lo que existe remite a un Ser que se comunica en la multiplicidad y variedad de los elementos, como en una inmensa sinfonía. Todos los seres están ordenados según un dinamismo armonioso, que analógicamente podemos llamar "amor". Pero sólo en la persona humana, libre y racional, este dinamismo llega a ser espiritual, llega a ser amor responsable, como respuesta a Dios y al prójimo en una entrega sincera de sí. En este amor, el ser humano encuentra su verdad y su felicidad. Entre las diversas analogías del misterio inefable de Dios uno y trino que los creyentes pueden vislumbrar, quisiera citar la de la familia, la cual está llamada a ser una comunidad de amor y de vida, en la que la diversidad debe contribuir a formar una "parábola de comunión". Obra maestra de la santísima Trinidad, entre todas las criaturas, es la Virgen María: en su corazón humilde y lleno de fe Dios se preparó una morada digna para realizar el misterio de la salvación. El Amor divino encontró en ella una correspondencia perfecta, y en su seno el Hijo unigénito se hizo hombre. Con confianza filial dirijámonos a María, para que, con su ayuda, progresemos en el amor y hagamos de nuestra vida un canto de alabanza al Padre por el Hijo en el Espíritu Santo.

TEXTO X
Comentario al Evangelio (4)
Juan Pablo II, 15 de junio de 2003

Este domingo, que sigue al de Pentecostés, celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad. La unidad y la trinidad de Dios es el primer misterio de la fe católica. Llegamos a él al final de todo el camino de la revelación, que se realizó en Jesús: en su encarnación, pasión, muerte y resurrección. Desde la cumbre de la "santa montaña" que es Cristo, se contempla el horizonte primero y último del universo y de la historia: el amor de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dios no es soledad, sino comunión perfecta. Porque Dios es comunión toda la humanidad está llamada a formar una única y gran familia, en la que se encuentran las diversas razas y culturas y se enriquecen recíprocamente (cf. Hch 17, 26). 2. A la luz de este horizonte universal de comunión, resalta como grave ofensa a Dios y al hombre cualquier situación en la que personas o grupos humanos se ven obligados a huir de su tierra para buscar refugio en otros lugares. Nos lo recuerda la anual Jornada mundial del refugiado, que se celebrará el próximo viernes 20 de junio, y que este año invita a prestar atención a la realidad de la juventud refugiada.

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.- Domingo de la Santísima Trinidad 21 Forma Extraordinaria del Rito Romano

Casi la mitad de los refugiados en el mundo son niños y muchachos. Muchos de ellos no van a la escuela, carecen de bienes esenciales y viven en campos de refugiados o, incluso, se hallan detenidos. El drama de los refugiados exige que la comunidad internacional se comprometa no sólo a afrontar los síntomas del problema, sino ante todo sus causas, es decir, prevenir los conflictos promoviendo la justicia y la solidaridad en todos los ámbitos de la familia humana. 3. Nos dirigimos ahora a la Virgen María, y la contemplamos como admirable criatura de la santísima Trinidad: "Término fijo de eterno consejo", como canta el gran poeta Dante Alighieri (Paraíso, XXXIII, 3). Le pedimos que ayude a la Iglesia, misterio de comunión, a ser siempre comunidad acogedora, donde toda persona, especialmente si es pobre y está marginada, encuentre acogida y apoyo.

TEXTO XI SANTÍSIMA TRINIDAD
Juan Pablo II, Audiencia General, 9.X.85 1. La Iglesia profesa su fe en el Dios único: que es al mismo tiempo Trinidad Santísima e inefable de Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y la Iglesia vive de esta verdad, contenida en los más antiguos Símbolos de la Fe, y recordada en nuestros tiempos por Pablo VI, con ocasión del 1900 aniversario del martirio de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo (1968), en el Símbolo que él mismo presentó y que se conoce universalmente como 'Credo del Pueblo de Dios'. Sólo el que se nos ha querido dar a conocer y que 'habitando en una luz inaccesible' (1 Tim 6, 16) es en Sí mismo por encima de todo nombre, de todas las cosas y de toda inteligencia creada puede darnos el conocimiento justo y pleno de Sí mismo, revelándose como Padre, Hijo y Espíritu Santo, a cuya eterna vida nosotros estamos llamados, por su gracia, a participar, aquí abajo en la oscuridad de la fe y, después de la muerte, en la luz perpetua (Cfr. Pablo VI, Credo). 2. Dios, que para nosotros es incomprensible, ha querido revelarse a Sí mismo no sólo como único creador y Padre omnipotente, sino también como Padre, Hijo y Espíritu Santo. En esta revelación la verdad sobre Dios, que es amor, se desvela en su fuente esencial: Dios es amor en la vida interior misma de una única Divinidad. Este amor se revela como una inefable comunión de Personas. 3. Este misterio es el más profundo: el misterio de la vida íntima de Dios mismo nos lo ha revelado Jesucristo: 'El que está en el seno del Padre, ése le ha dado a conocer' (Jn 1, 18). Según el Evangelio de San Mateo, las últimas palabras, con las que Jesucristo concluye su misión terrena después de la resurrección, fueron dirigidas a los Apóstoles: 'Id y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo' (Mt 28, 18). Estas palabras inauguraban la misión de la Iglesia, indicándole su compromiso fundamental y constitutivo. La primera tarea de la Iglesia es enseñar y bautizar; y bautizar quiere decir 'sumergir' (por eso, se bautiza con agua) en la vida trinitaria de Dios. Jesucristo encierra en estas últimas palabras todo lo que precedentemente había enseñado sobre Dios: sobre el Padre, sobre el Hijo y sobre el Espíritu Santo. Efectivamente, había anunciado desde el principio la verdad sobre el Dios único, en conformidad con la tradición de Israel. A la pregunta: '¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?', Jesús había respondido: 'El primero es: Escucha Israel: el Señor, nuestro Dios, es el único Señor' (Mc 12, 29). Y al mismo tiempo Jesús se había dirigido constantemente a Dios como a 'su Padre', hasta asegurar: 'Yo y el Padre somos una sola cosa' (Jn 10, 30). Del mismo modo había revelado también al 'Espíritu de verdad, que procede del Padre' y que aseguró 'yo os enviaré de parte del Padre' (Jn 15, 26). 4. Las palabras sobre el bautismo 'en nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo', confiadas por Jesús a los Apóstoles al concluir su misión terrena, tienen un significado particular, porque han consolidado la

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verdad sobre la Santísima Trinidad, poniéndola en la base de la vida sacramental de la Iglesia. La vida de fe de todos los cristianos comienza en el bautismo, con la inmersión en el misterio del Dios vivo. Lo prueban las Cartas apostólicas, ante todo las de San Pablo. Entre las formulas trinitarias que contienen, la más conocida y constantemente usada en la liturgia, es la que se halla en la segunda Carta a los Corintios: 'La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios (Padre) y la comunión del Espíritu Santo esté con todos vosotros' (2 Cor 13, 13). Encontramos otras en la primera Carta a los Corintios; en la de los Efesios y también en la primera Carta de San Pedro, al comienzo del primer capítulo. Como un reflejo, todo el desarrollo de la vida de oración de la Iglesia ha asumido una conciencia y un aliento trinitario: en el Espíritu, por Cristo, al Padre. 5. De este modo, la fe en el Dios uno y trino entró desde el principio en la Tradición de la vida de la Iglesia y de los cristianos. En consecuencia, toda la liturgia ha sido y es por su esencia, trinitaria, en cuanto que es la expresión de la divina economía. Hay que poner de relieve que a la comprensión de este supremo misterio de la Santísima Trinidad ha contribuido la fe en la redención, es decir, la fe en la obra salvífica de Cristo. Ella manifiesta la misión del Hijo y del Espíritu Santo que en el seno de la Trinidad eterna proceden 'del Padre', revelando la 'economía trinitaria' presente en la redención y en la santificación. La Santa Trinidad se anuncia ante todo mediante la sotereología, es decir, mediante el conocimiento de la 'economía de la salvación', que Cristo anuncia y realiza en su misión mesiánica. De este conocimiento arranca el camino para el conocimiento de la Trinidad 'inmanente', del misterio de la vida íntima de Dios. 6. En este sentido el Nuevo Testamento contiene la plenitud de la revelación trinitaria. Dios, al revelarse en Jesucristo, por una parte desvela quién es Dios para el hombre y, por otra, descubre quién es Dios en Sí mismo, es decir, en su vida íntima. La verdad 'Dios es amor' (1 Jn 4, 16), expresada en la primera Carta de Juan, posee aquí el valor de clave de bóveda. Si por medio de ella se descubre quién es Dios para el hombre, entonces se desvela también (en cuanto es posible que la mente humana lo capte y nuestras palabras lo expresen), quién es El en Sí mismo. El es Unidad, es decir, Comunión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. 7. El Antiguo Testamento no reveló esta verdad de modo explícito, pero la preparó, mostrando la Paternidad de Dios en la Alianza con el Pueblo, manifestando su acción en el mundo con la Sabiduría, la Palabra y el Espíritu (Cfr., p.e., Sab.7, 22-30; 12, 1: Prov 8, 22-30; Sal 32, 4-6; 147, 15; Is 55, 11; 11, 2; Sir 48, 12). El Antiguo Testamento principalmente consolidó ante todo en Israel y luego fuera de él la verdad sobre el Dios único, el quicio de la religión monoteísta. Se debe concluir, pues, que el Nuevo Testamento trajo la plenitud de la revelación sobre la Santa Trinidad y que la verdad trinitaria ha estado desde el principio en la raíz de la fe viva de la comunidad cristiana, por medio del bautismo y de la liturgia. Simultáneamente iban las reglas de la fe, con las que nos encontramos abundantemente tanto en las Cartas apostólicas, como en el testimonio del kerigma, de la catequesis y de la oración de la Iglesia. 8. Un tema aparte es la formación del dogma trinitario en el contexto de la defensa contra las herejías de los primeros siglos. La verdad sobre Dios uno y trino es el más profundo misterio de la fe y también el más difícil de comprender: se presentaba, pues, la posibilidad de interpretaciones equivocadas, especialmente cuando el cristianismo se puso en contacto con la cultura y la filosofía griega. Se trataba de 'inscribir' correctamente el misterio del Dios trino y uno en la terminología del "ser"', es decir, de expresar de manera precisa en el lenguaje filosófico de la época los conceptos que definían inequívocamente tanto la unidad como la trinidad del Dios de nuestra Revelación. Esto sucedió ante todo en los dos grandes Concilios Ecuménicos de Nicea (325) y de Constantinopla (381). El fruto del magisterio de estos Concilios es el 'Credo' niceno-constantinopolitano, con el que, desde aquellos tiempos, la Iglesia expresa su fe en el Dios uno y trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Recordando la obra de los Concilios, hay que nombrar a algunos teólogos especialmente beneméritos, sobre todo entre los Padres de la Iglesia. (_). 9. Del siglo V proviene el llamado Símbolo atanasiano, que comienza con la palabra 'Quicumque', y que constituye una especie de comentario al Símbolo niceno-constantinopolitano. El 'Credo del Pueblo de Dios' de Pablo VI confirma la fe de la Iglesia primitiva cuando proclama: 'Los mutuos vínculos que constituyen eternamente las tres Personas, que son cada una el único e idéntico Ser divino, son la bienaventurada vida íntima de Dios tres veces Santo, infinitamente más allá de todo lo que nosotros podemos concebir según la humana medida' (Pablo VI. El Credo): realmente, ¡inefable y santísima Trinidad - único Dios!.

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.- Domingo de la Santísima Trinidad 23 Forma Extraordinaria del Rito Romano

TEXTO XII Unidad y distinción de la eterna comunión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo
Juan Pablo II, 27 de noviembre de 1985
1. Unus Deus Trinitas... En esta concisa formula el Sínodo de Toledo (675) expresó de acuerdo con los grandes Concilios reunidos en el siglo IV en Nicea y en Constantinopla, la fe de la Iglesia en Dios uno y trino. En nuestros días, Pablo VI en el "Credo del Pueblo de Dios", ha formulado la misma fe con palabras que ya hemos citado durante las catequesis precedentes: "Los lazos mutuos que constituyen eternamente las tres Personas, siendo cada una el solo y el mismo Ser divino, son la bienaventurada vida íntima del Dios tres veces Santo, infinitamente superior a lo que podemos concebir con la capacidad humana" (Insegnamenti di Paolo VI, vol. VI, 1968, pág. 303). Dios es inefable e incomprensible, Dios es en su esencia un misterio inescrutable, cuya verdad hemos tratado de iluminar en las catequesis anteriores. Ante la Santísima Trinidad, en la que se expresa la vida íntima del Dios de nuestra fe, hay que repetirlo y constatarlo con una fuerza de convicción todavía mayor. La unidad de la divinidad en la Trinidad de las Personas es realmente un misterio inefable e inescrutable. "Si lo comprendes no es Dios". 2. Por esto, Pablo VI, continúa diciendo en el texto antes citado: "Damos con todo gracias a la Bondad divina por el hecho de que gran número de creyentes puedan atestiguar juntamente con nosotros delante de los hombres la Unidad de Dios, aunque no conozcan el misterio de la Santísima Trinidad" (ib).

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA 24 Gloria Iesu in Maria! La Santa Iglesia en su fe trinitaria se siente unida a todos los que confiesan al único Dios. La fe en la Trinidad no destruye la verdad del único Dios: por el contrario, pone de relieve su riqueza, su contenido misterioso, su vida íntima. 3. Esta fe tiene su fuente —la única fuente— en la revelación del Nuevo Testamento. Sólo mediante esta revelación es posible conocer la verdad sobre Dios uno y trino. Efectivamente, éste es uno de los "misterios escondidos en Dios, que —como dice el Concilio Vaticano I— si no son revelados, no pueden ser conocidos" (Const. Dei Filius, De Fide cath., IV). El dogma de la Santísima Trinidad en el cristianismo se ha considerado siempre un misterio: el más fundamental y el más inescrutable. Jesucristo mismo dice: "Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el hijo quiera revelárselo" (Mt 11, 27). Como enseña el Concilio Vaticano I: «Los divinos misterios por su naturaleza superan el entendimiento creado de tal modo que, aún entregados mediante la revelación y acogidos por la fe, sin embargo permanecen cubiertos por el velo de la misma fe y envueltos por una especie de oscuridad, mientras en esta vida mortal "estamos en destierro lejos del Señor, porque caminamos en fe y no en visión" (2 Cor 5, 6)» (ib.). Esta afirmación vale de modo especial para el misterio de la Santísima Trinidad : incluso después de la Revelación sigue siendo el misterio más profundo de la fe, que el entendimiento por sí solo no puede comprender ni penetrar. En cambio, el mismo entendimiento, iluminado por la fe, puede, en cierto modo, aferrar y explicar el significado del dogma. Y de este modo puede acercar al hombre al misterio de la vida íntima del Dios uno y trino. 4. En la realización de esta obra excelsa —tanto por medio del trabajo de muchos teólogos y ante todo de los Padres de la Iglesia, como mediante las definiciones de los Concilios—, se demostró particularmente importante y fundamental el concepto de "persona" como distinto del de "naturaleza" (o esencia). Persona es aquel o aquella que existe como ser humano concreto, como individuo que posee la humanidad, es decir, la naturaleza humana. La naturaleza (la esencia) es todo aquello por lo que el que existe concretamente es lo que es. Así, por ejemplo, cuando hablamos de "naturaleza humana", indicamos aquello por lo que cada hombre es hombre, con sus componentes esenciales y con sus propiedades. Aplicando esta distinción a Dios, constatamos la unidad de la naturaleza, esto es, la unidad de la Divinidad, la cual pertenece de modo absoluto y exclusivo a Aquel que existe como Dios. Al mismo tiempo —tanto a la luz del solo entendimiento, como, y todavía más, a la luz de la Revelación—, alimentamos la convicción de que Él es un Dios personal. También a quienes no ha llegado la revelación de la existencia en Dios de tres Personas, el Dios Creador debe aparecerles como un Ser personal. Efectivamente, siendo la persona lo que hay de más perfecto en el mundo ("id quod est perfectissimum in tota natura": Santo Tomás, S.Th., I, q. 29, a. 3), no se puede menos de atribuir esta calificación al Creador, aún respetando su infinita transcendencia (cf. Santo Tomás, ib., in c. et ad 1 m.). Precisamente por esto las religiones monoteístas no cristianas entienden a Dios como persona infinitamente perfecta y absolutamente transcendente con relación al mundo. Uniendo nuestra voz a la de todo otro creyente, elevamos también en este momento nuestro corazón al Dios viviente y personal, al único Dios que ha creado los mundos y que está en el origen de todo lo que es bueno, bello y santo. A Él la alabanza y la gloria por los siglos.

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.- Domingo de la Santísima Trinidad 25 Forma Extraordinaria del Rito Romano

TEXTO XIII Sobre el sacramento del Bautismo
TRATADO SOBRE LOS SACRAMENTOS EN PARTICULAR § 1. EL SACRAMENTO DEL BAUTISMO 1. NOCIÓN Y SACRAMENTALIDAD DEL BAUTISMO 1. Noción.- El bautismo es el sacramento por el cual el hombre renace espiritualmente mediante la ablución con agua y la invocación de las tres divinas personas. El Catecismo Romano, siguiendo las expresiones de Ioh 3, 5, Tit 3, 5 y Eph 5, 26, da la siguiente definición de este sacramento : «Baptismum esse sacramentum regenerationis per aquam in verbo» (II 2, 5). 2. Sacramentalidad del bautismo . El bautismo es un verdadero sacramento instituido por Jesucristo (de fe; Dz 844). El racionalismo moderno niega que Cristo haya instituido el bautismo. Según Harnack, el bautismo cristiano, que remitía los pecados, se habría derivado por evolución del bautismo de penitencia de Juan. R. Reitzenstein intentó mostrar que el bautismo cristiano era imitación del bautismo de los mandeos, antigua secta gnóstica de bautizantes. Probablemente ocurrió lo contrario: que el bautismo mandeico sufrió la influencia del bautismo cristiano. El papa Pío x condenó la doctrina de los modernistas, los cuales enseñaban que la comunidad cristiana introdujo la necesidad de bautizarse tomando del judaísmo el rito bautismal, como símbolo externo de la recepción en la comunidad cristiana, y vinculando a este rito la obligación de llevar vida cristiana; Dz 2042. Prueba a) El bautismo aparece ya, en figura, en el Antiguo Testamento. Fueron figuras del bautismo, según doctrina de los apóstoles y los padres, aquel moverse del Espíritu de Dios sobre las aguas (cf. la consagración del agua bautismal), el diluvio (1 Petr 3, 20 s), la circuncisión (Co] 2, 11 s), el paso del mar Rojo (1 Cor 10, 2), el paso del Jordán (Ios 3, 14 ss) y las siete veces que tuvo que bañarse en el Jordán el sirio Naamán (4 Reg 5, 14). En Ez 36, 25, hallamos una predicción formal del bautismo : «Esparciré sobre vosotros agua limpia y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias, y de todos vuestros ídolos os limpiaré» ; cf. Is 1, 16 ss ; 4, 4; Zach 13, 1. El bautismo de Juan fue una preparación inmediata del bautismo de Cristo (Mt 3, 11) ; aquel bautismo debía mover a los pecadores a penitencia, obrando así («ex opere operantis») la remisión de los pecados. El concilio de Trento declaró expresamente, contra los reformadores, que el bautismo de Juan no tenía la misma eficacia que el bautismo de Cristo; Dz 857; cf. S.th. In 38, 3: 'baplismus Ioannis gratiam non conferebat, sed solum ad gratiam praeparabat (el bautismo de Juan no confería la gracia, sino únicamente preparaba para ella). b) Cristo mismo hizo que Juan le bautizara en el Jordán (Mt 3, 13 ss) y dio a sus discípulos el encargo de administrar el bautismo (Ioh 4, 2), explicó a Nicodemo la esencia y necesidad del bautismo (Ioh 3, 3 y 5) y antes de subir al cielo ordenó a sus apóstoles que bautizaran a todas las gentes (Mt 28, 19) ; Ioh 3, 5 : «El que no nacuere [Vg: renaciere] del agua y del Espíritu [Vg: del EspíSanto] no puede entrar en el reino de Dios» ; Mt 28, 18 s :«Me sido dado todo poder en el cielo y en la tierra ; id, pues, enseñad todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Mijo y del Espíritu Santo»; cf. Mc 16, 15 : «Id por todo el mundo y predicad el. Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado se salvará, mas el que no creyere se condenará». La autenticidad de Mt 28, 19, está garantizada por el testimonio de todos los manuscritos y todas las antiguas versiones. En la Didakhé, c. 7, se cita dos veces este mismo pasaje.

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA 26 Gloria Iesu in Maria! Las pruebas clásicas de Escritura — Ioh 3, 5, y Mt 28, 19 — nos permiten verificar en ellas todas las notas esenciales del bautismo del Nuevo Testamento. El bautismo aparece como un signo externo de la gracia que consiste en la ablución con agua y la invocación de las tres divinas personas, produce la gracia interior (a saber, la regeneración) y fue instituido por Cristo para todos los tiempos. c) Los apóstoles cumplieron, con respecto a la Iglesia primitiva, el mandato que Cristo les diera de bautizar a todas las gentes ; Act 2, 8y41;8,12s;8,36ss;9,18;10,47s;16,15y33;18,8;19,5; 1 Cor 1, 14 ss. Los más antiguos documentos eclesiásticos, como la Didakhé (c. 7), la Epístola de Bernabé (11, 11), el Pastor de HERMAS (Sim. ix 16) y SAN JusTINO MÁRTIR (Apol. i 61,), dan testimonio de la no interrumpida tradición apostólica. La más antigua monografía sobre el bautismo se debe a Tertuliano (sobre el 200). 3. Momento en que fue instituido el bautismo Las noticias que nos proporciona la Sagrada Escritura no nos permiten fijar con exactitud cuál fue el momento de la institución del bautismo. Los pareceres de los teólogos no están de acuerdo a este respecto. Unos suponen que el bautismo quedó instituido al hacerse Jesús bautizar en el Jordán (PEDRO LOMBARDO, .Sent. Iv 3, 5; SANTO TOMÁS, S.th. III 66, 2; Cat. Rom. u 2, 20) ; otros creen que en la conversación que el Señor mantuvo con Nicodemo (Pedro Abelardo; cf. SAN BERNARDO DE CLARAVAL, A'P. 77), y otros, en fin, opinan que el momento de la institución tuvo lugar cuando el Señor promulgó su mandato de bautizar a todas las gentes, poco antes de su ascensión a los cielos (HUGO DE SAN VÍCTOR, De sacr. II 6, 4; Mag. Rolando). Las dos primeras sentencias parten del supuesto probable de que el bautismo practicado por los discípulos de Jesús (loh 4, 2) era ya el bautismo sacramental cristiano. Contra la primera sentencia, tenemos ante todo el silencio de la Sagrada Escritura; y contra la segunda, las circunstancias externas en que Jesús habló de la necesidad del bautismo para salvarse. El punto esencial del argumento escriturístico en favor de la institución del bautismo lo tenemos en Mt 28, 19; pero notemos que este mandato de bautizar a todas las gentes no excluye que la institución de este sacramento hubiera tenido lugar con anterioridad. SAN BUENAVENTURA (Com, in loh., c. 3, n. 19) procura armonizar las distintas opiniones de la siguiente manera: El bautismo fue instituido, en cuanto a su materia (materialiter.), cuando Cristo se hizo bautizar; en cuanto a su forma (formaliter), cuando el Señor resucitó y nos dio la fórmula (Mt 28, 19); en cuanto a su efecto (efective), cuando Jesús padeció, pues por la pasión de Cristo recibe el bautismo toda su virtud; y en cuanto a su fin (finaliter), cuando predijo su necesidad y sus ventajas (Ioh 3, 5). § 2. EL SIGNO EXTERNO DEL BAUTISMO 1. La materia a) Materia remota La materia remota del sacramento del bautismo es el agua verdadera y natural (de fe). El concilio de Trento se opuso a la doctrina de Lutero, que en caso de necesidad. juzgaba lícito emplear cualquier líquido apto para realizar una ablución ; a este propósito hizo el citado concilio la

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.- Domingo de la Santísima Trinidad 27 Forma Extraordinaria del Rito Romano siguiente declaración : «Si quis dixerit aquam veram et naturalem non esse de necessitate baptismi...», a. s.; Dz 858; cf. Dz 696, 412, 447; CIC 737, § 1. Se habla de una supuesta declaración del papa Esteban II (754) según la cual sería válido el bautismo administrado con vino en caso de necesidad ; pero tal declaración es de muy dudosa autenticidad y, en todo caso, no representa una definición ex cathedra sobre esta materia. I,a Sagrada Escritura y la tradición conocen sólo el agua como materia del bautismo; Ioh 3, 5: «renacido del agua» ; Act 8, 36: «Aquí hay agua ; ,.:qué impide que sea bautizado?»; cf. Act 10, 47; Eph 5, 26; Hebr 10, 22. .La Didakhé nos ofrece uno de los testimonios más antiguos de la tradición. Veamos el c. 7: «Bautizad en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo con agua viva [= corriente]. Si no tienes agua viva, bautiza con otra claso de agua; si no puedes hacerlo con agua fría, hazlo con agua caliente. Si no tuvieras ninguna de las dos [en cantidad suficiente], entonces derrama tres veces agua sobre la cabeza en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» ; cf. Epístola de Bernabé 11, 11: SAN JusTINO, Apol. 61; TERTULIANO, De bapt. 1; S.th. III 66, 3. Para administrar lícitamente el bautismo solemne está estrictamente prescrito el empleo de agua consagrada; CIC 757. SAN CIPRIANO nos da ya testimonio de la consagración del agua bautismal (Ep. 70, 1). b) Materia próxima La materia próxima del sacramento del bautismo es la ablución del cuerpo realizada por el contacto físico del agua (sent. cierta). La ablución puede realizarse de tres maneras : por inmersión (sumergiéndose en la piscina bautismal), por infusión (derramando agua), o por aspersión (rociando con agua). Contra la Iglesia ortodoxa griega, que antes no reconocía la validez del bautismo de infusión (que es el empleado generalmente en la Iglesia de Occidente), y que todavía tiene la costumbre de volver a bautizar a los occidentales que pasan a su fe, declaró el concilio de Trento : «Si quis dixerit, in Ecclesia Romana... non ese veram de baptismi sacramento doctrinam», a. s.; Dz 859; cf. Dz 435; CIC 758. En la antigüedad cristiana y en la edad media hasta el siglo xIII, se administraba generalmente el bautismo bajo la forma de inmersión, haciendo que el bautizando se sumergiera tres veces en la piscina (TERTULIANO, De cor. mil. 3). También se reconocía como válido el bautismo de infusión, como vemos por testimonio de la Didakhé (c. 7) y de SAN CIPRIANO (Ep. 69, 12), el cual aprueba la práctica del bautismo clínico (= bautismo de enfermos); cf. S.th. III 66, 7. Los padres interpretan la triple inmersión como símbolo de las tres divinas personas (TERTULIANO, Adv. Prax. 26; Dz 229) y de la permanencia del cuerpo del Señor durante tres días en el sepulcro (SAN CIRILO DE JERUSALÉN, Cat. myst. 2, 4). En la iglesia española, durante los siglos VI y vli, se practicaba (con autorización del papa SAN GREGORIO MAGNO, E p. i 43) una sola inmersión, para simbolizar la consustancialidad de las tres divinas personas, contra la herejía de Arrio. 2. La forma La forma del bautismo son las palabras del que lo administra, las cuales acompañan y determinan la ablución. Para que la forma sea válida es necesario invocar a las tres divinas personas, y — según doctrina de la mayor parte de los teólogos — es necesario expresar la acción presente de bautizar. El Decretum pro Armeniis enseña : «Si exprimitur actus, qui per ipsum exercetur ministrum, cunl Sanctae Trinitatis invocatione, perficitur sacramentum» ; Dz 696. La iglesia latina bautiza con la siguiente fórmula : «N. Ego te baptizo in nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti». La fórmula bautismal de la iglesia griega es de este tenor. a) La invocación de la Trinidad La forma trinitaria del bautismo se funda bíblicamente en Mt 28, 19. En la literatura patrística más antigua dan testimonio de ella la Didakhé (c. 7), SAN JUSTINO (Apol. I 61), SAN IRENEO (Adv.

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA 28 Gloria Iesu in Maria! haer. III 17, 1; Epideixis 3 y 7) y TERTULIANO (De bapt. 13). En la Sagrada Escritura se nos habla de un bautismo «en el nombre de Jesucristo» (Act 2, 38; 8, 12 [Vgl ; 10, 48) o «en el nombre del Señor Jesús» (Act 8, 16; 19, 5) o «en Cristo Jesús» (Rom 6, 3), es decir, «en Cristo» (Gal 3, 27). Pero, contra lo que opinó la teología escolástica, tales expresiones tal vez no deban entenderse en el sentido de que se usara en tales casos la invocación a Jesucristo en lugar de la invocación a la Santísima Trinidad. Muy probablemente lo que se pretende significar es el bautismo administrado por encargo de Cristo y con el poder que Él otorgara, es decir, el bautismo instituido por Cristo, por contraposición al bautismo de Juan o al bautismo proselitista judío. Que estas expresiones no se refieren a ninguna fórmula bautismal con la invocación a Jesucristo lo sugiere, además, la alternancia de las denominaciones. Según la Didakhé 9, 5, el bautismo «en el nombre del Señor» se refiere al bautismo trinitario instituido por el Señor, como resulta evidente por las instrucciones que se nos dan en el c. 7. También Act 19, 2-5, nos sugiere que el bautismo «en el nombre del Señor Jesús» encerraba la mención del Espíritu Santo. El magisterio de la Iglesia no ha dado ninguna definición en este problema. El papa Nicolás i, citando en su favor a SAN AMBROSIO (De Spiritu S. 13, 42), afirmó (866) la validez del bautismo administrado «en el nombre de Cristo», es decir, bajo la invocación de Cristo; Dz 335; cf. Dz 229. Santo Tomás sostiene la opinión de que los apóstoles, en virtud de una particular revelación de Cristo, bautizaban bajo la invocación del nombre de «Cristo» (no del nombre de «Jesús»). Pero en la época postapostólica juzga que es inválido el bautismo administrado bajo la invocación de Cristo, a no ser que un privilegio especial de Dios permita esta excepción. La razón en que se funda el santo doctor es la positiva ordenación de Cristo, claramente testimoniada en Mt 28, 19; S.th. iii 66, 6. b) La expresión de la acción de bautizar. Fundándose en una decisión del papa Alejandro III (115981), en la condena de una proposición del teólogo belga F. Farvacques por Alejandro vIII (1690) y en la declaración del Decretum pro Armeniis (1439), se requiere, para la validez del bautismo, que se designe la acción presente de bautizar usando las palabras : (Ego) te baptizo; Dz 398, 1317, 696. No obstante, muchos teólogos de la escolástica primitiva (v.g., Hugo de San Víctor, Esteban de Tournai) sostuvieron la validez del bautismo administrado con la omisión de las palabras citadas. Santo Tomás y la mayor parte de los teólogos del apogeo de la escolástica declararon que tal bautismo era inválido basándose en los decretales de Alejandro III; cf. S.th. ni 66, 5 ad 2. Pero existe una dificultad muy seria contra esta última opinión, y es el hecho histórico, atestiguado por TERTULIANO (De cor. mil. 3; Adv. Prax. 26; De bapt. 2, 1), HIPÓLITO DE Ron (Traditio Apost.), SAN AmBROSio (De sacr. II 7, 20), el Sacramentario Gelasiano, etc., de que en la época paleocristiana el bautismo se administraba de la siguiente manera : el ministro, siguiendo el símbolo apostólico, hacía al bautizando tres veces la pregunta de si creía las verdades que en él se contenían, y a cada confesión de fe por parte del bautizando le sumergía en la piscina bautismal. No tenía lugar en toda esta ceremonia ninguna expresión formal de la acción de bautizar, bastaba la intención del que administraba el sacramento. Si tenemos en cuenta la gran difusión que alcanzó esta forma de bautizar, difícilmente podremos considerar la expresión de la acción de bautizar como pertinente a la esencia misma de la fórmula sacramental. Será más acertado considerar esa expresión como una condición fijada por la Iglesia para la administración válida o lícita del sacramento.

TEXTO XIV VIVIR EL MISTERIO DE LA TRINIDAD
BENEDICTO XVI, 30-05-2010 Después del tiempo pascual, concluido el domingo pasado con Pentecostés, la Liturgia vuelve al "tiempo ordinario". Esto no quiere decir, sin embargo, que el compromiso de los cristianos tiene que disminuir, al contrario, una vez que hemos entrado en la vida divina a través de los sacramentos, estamos llamados diariamente a abrirnos a la acción de la Gracia para avanzar en el amor hacia Dios y al prójimo. El domingo de la Santísima Trinidad, en cierto sentido, recapitula la revelación de Dios que tuvo lugar en los misterios pascuales: muerte y resurrección de Cristo, su ascensión a la

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.- Domingo de la Santísima Trinidad 29 Forma Extraordinaria del Rito Romano derecha del Padre y efusión del Espíritu Santo. La mente y el lenguaje humanos no son capaces de explicar la relación entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y, sin embargo, los Padres de la Iglesia trataron de ilustrar el misterio de Dios Uno y Trino, viviéndolo en su propia existencia con profunda fe. La Trinidad divina, de hecho, establece su morada en nosotros el día del Bautismo: "Yo te bautizo --dice el ministro-- en el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo". Recordamos el nombre de Dios, en el cual hemos sido bautizados, cada vez que hacemos la señal de la Cruz. El teólogo Romano Guardini, en referencia a la señal de la cruz, escribe: "la hacemos antes de la oración para que [...] nos ponga espiritualmente en orden; concentre en Dios pensamientos, corazón y voluntad; después de la oración para que permanezca en nosotros lo que Dios nos ha dado [...]. Esto abarca a todo el ser, cuerpo y alma [...], y todo queda consagrado en el nombre de Dios, uno y trino" ("Lo spirito della liturgia. I santi segni", Brescia 2000, 125-126). En la señal de la cruz y en el nombre del Dios vivo queda contenido, por tanto, el anuncio que genera la fe e inspira la oración. Y como en el Evangelio Jesús promete a los apóstoles que "cuando venga el Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad completa" (Juan 16,13), lo mismo sucede en la liturgia dominical, cuando los sacerdotes dispensan, semana tras semana, el pan de la Palabra y de la Eucaristía. También el santo cura de Ars lo recordaba a sus fieles: "¿Quién ha recibido vuestra alma apenas nacidos? --decía-- El sacerdote. ¿Quién la nutre para que pueda terminar su peregrinación? El sacerdote. ¿Quién la preparará para comparecer ante Dios, lavándola por última vez en la sangre de Jesucristo? [...] siempre el sacerdote" (Carta para la convocación de un Año Sacerdotal). Queridos amigos: unámonos a la oración de san Hilario de Poitiers: "Mantén incontaminada esta fe recta que mora en mí y hasta el último aliento dame también esa voz de mi conciencia para que siempre sea fiel a lo que profesé en mi regeneración, cuando fui bautizado en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo" (De Trinitate, XII, 57, CCL 62/A, 627). Al invocar a la Virgen María, primera criatura plenamente habitada por la Santísima Trinidad, pidamos su protección para continuar bien nuestra peregrinación terrena.

TEXTO XV LA GLORIA DE LA TRINIDAD EN LA VIDA DE LA IGLESIA EUROPA
Catequesis del Papa Juan Pablo II, 14 de junio de 2000 1. La Iglesia en su peregrinación hacia la plena comunión de amor con Dios se presenta como un "pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo". Esta estupenda definición de san Cipriano (De Orat. Dom., 23; cf. Lumen gentium, 4) nos introduce en el misterio de la Iglesia, convertida en comunidad de salvación por la presencia de Dios Trinidad. Como el antiguo pueblo de Dios, en su nuevo Éxodo está guiada por la columna de nube durante el día y por la columna de fuego durante la noche, símbolos de la constante presencia divina. En este horizonte queremos contemplar la gloria de la Trinidad, que hace a la Iglesia una, santa, católica y apostólica. 2. La Iglesia es, ante todo, una. En efecto, los bautizados están misteriosamente unidos a Cristo y forman su Cuerpo místico por la fuerza del Espíritu Santo. Como afirma el concilio Vaticano II, "el modelo y principio supremo de este misterio es la unidad de un solo Dios, Padre e Hijo en el Espíritu Santo, en la Trinidad de personas" (Unitatis redintegratio, 2). Aunque en la historia esta unidad haya experimentado la prueba dolorosa de tantas divisiones, su inagotable fuente trinitaria impulsa a la Iglesia a vivir cada vez más profundamente la koinonía o comunión que resplandecía en la primera comunidad de Jerusalén (cf. Hch 2, 42; 4, 32).

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA 30 Gloria Iesu in Maria! Desde esta perspectiva se ilumina el diálogo ecuménico, dado que todos los cristianos son conscientes del fundamento trinitario de la comunión: "La koinonía es obra de Dios y tiene un carácter marcadamente trinitario. En el bautismo se encuentra el punto de partida de la iniciación de la koinonía trinitaria por medio de la fe, a través de Cristo, en el Espíritu... Y los medios que el Espíritu ha dado para sostener la koinonía son la Palabra, el ministerio, los sacramentos y los carismas" (Perspectivas sobre la koinonía, Relación del III quinquenio, 1985-1989, del diálogo entre católicos y pentecostales, n. 31). A este respecto, el Concilio recuerda a todos los fieles que "cuanto más estrecha sea su comunión con el Padre, el Verbo y el Espíritu, más íntima y fácilmente podrán aumentar la fraternidad mutua" (Unitatis redintegratio, 7). 3. La Iglesia es también santa. En el lenguaje bíblico, el concepto de "santo", antes de ser expresión de la santidad moral y existencial del fiel, remite a la consagración realizada por Dios a través de la elección y la gracia ofrecida a su pueblo. Así pues, es la presencia divina la que "consagra en la verdad" a la comunidad de los creyentes (cf. Jn 17, 17. 19). Y la liturgia, que es la epifanía de la consagración del pueblo de Dios, constituye el signo más elevado de esa presencia. En ella se realiza la presencia eucarística del cuerpo y la sangre del Señor, pero también "nuestra eucaristía, es decir, nuestro agradecimiento, nuestra alabanza por habernos redimido con su muerte y hecho partícipes de su vida inmortal mediante su resurrección. Tal culto, tributado así a la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, acompaña y se enraiza ante todo en la celebración de la liturgia eucarística. Pero debe asimismo llenar nuestros templos" y la vida de la Iglesia (Dominicae Coenae, 3). Y precisamente "al unirnos en mutua caridad y en la misma alabanza a la santísima Trinidad, estamos respondiendo a la íntima vocación de la Iglesia y tomando parte en la liturgia de la gloria perfecta degustada anticipadamente" (Lumen gentium, 51). 4. La Iglesia es católica, enviada para anunciar a Cristo al mundo entero con la esperanza de que todos los príncipes de los pueblos se reúnan con el pueblo del Dios de Abraham (cf. Sal 47, 10; Mt 28, 19). Como afirma el concilio Vaticano II, "la Iglesia peregrinante es, por su propia naturaleza, misionera, puesto que tiene su origen en la misión del Hijo y la misión del Espíritu Santo según el plan de Dios Padre. Este designio dimana del "amor fontal" o caridad de Dios Padre, que, siendo principio sin principio, del que es engendrado el Hijo y del que procede el Espíritu Santo por el Hijo, creándonos libremente por su benignidad excesiva y misericordiosa y llamándonos, además, por pura gracia a participar con él en la vida y la gloria, difundió con liberalidad y no deja de difundir la bondad divina, de modo que el que es Creador de todas las cosas se hace por fin "todo en todas las cosas" (1 Co 15, 28), procurando al mismo tiempo su gloria y nuestra felicidad" (Ad gentes, 2). 5. La Iglesia, por último, es apostólica. Según el mandato de Cristo, los Apóstoles deben ir a enseñar a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo lo que él ha mandado (cf. Mt 28, 19-20). Esta misión se extiende a toda la Iglesia, que, a través de la Palabra, hecha viva, luminosa y eficaz por el Espíritu Santo y por los sacramentos, "se cumple el designio de Dios, al que Cristo amorosa y obedientemente sirvió, para gloria del Padre, que lo envió a fin de que todo el género humano forme un único pueblo de Dios, se una en un único cuerpo de Cristo y se edifique en un único templo del Espíritu Santo" (Ad gentes, 7). La Iglesia una, santa, católica y apostólica es pueblo de Dios, cuerpo de Cristo y templo del Espíritu Santo. Estas tres imágenes bíblicas señalan de modo luminoso la dimensión trinitaria de la Iglesia. En esta dimensión se encuentran todos los discípulos de Cristo, llamados a vivirla de modo cada vez más profundo y con una comunión cada vez más viva. El mismo ecumenismo tiene en la referencia trinitaria su sólido fundamento, dado que el Espíritu "une a los fieles con Cristo, mediador de todo don de salvación, y les da, a través de él, acceso al Padre, que en el mismo Espíritu pueden llamar

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.- Domingo de la Santísima Trinidad 31 Forma Extraordinaria del Rito Romano "Abbá, Padre" (Comisión conjunta católicos y evangélicos luteranos, Iglesia y justificación, n. 64). Así pues, en la Iglesia encontramos una grandiosa epifanía de la gloria trinitaria. Por tanto, recojamos la invitación que nos dirige san Ambrosio: "Levántate, tú que antes estabas acostado, para dormir... Levántate y ven de prisa a la Iglesia: aquí está el Padre, aquí está el Hijo, aquí está el Espíritu Santo" (In Lucam, VII).

TEXTO XVI SOBRE EL BAUTISMO Santo Tomás de Aquino
Artículo 5: ¿Es ésta la forma adecuada del bautismo:yo te bautizo en el nombre del

Padre y del Hijo y del Espíritu Santo?lat
Objeciones por las que parece que la forma adecuada del bautismo no es yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. 1. Una acción debe atribuirse más al agente principal que al ministro de esa acción. Ahora bien, en el sacramento el ministro actúa en calidad de instrumento, como se ha dicho más arriba (q.64 a.1); y el agente principal del bautismo es Cristo, como se dice en Jn 1,33: Aquel sobre quien veas que desciende y permanece el Espíritu Santo ése es quien bautiza. Luego es inadecuado que el ministro diga: Yo te bautizo. Además de que la palabra bautizo, de suyo, presupone el yo, en cuyo caso este pronombre es superfluo. 2. No hace falta que quien hace una cosa diga que hace esa cosa, como quien enseña no hace falta que diga yo os enseño. Ahora bien, el Señor transmitió conjuntamente el precepto de bautizar y el de enseñar cuando dijo en Mt 28,19: Id, enseñad a todas las gentes, etc. Luego no hace falta que en la forma del bautismo se mencione el acto de bautizar. 3. Quien recibe el bautismo a veces no entiende las palabras, como, por ej., si es sordo o es un niño. Pero es inútil dirigirle a él la palabra, según aquello de Eclo 32,6:Cuando no se te escucha no te extiendas en palabras. Luego inadecuadamente se dicejote bautizo, dirigiéndose al bautizado. 4. Puede acontecer que simultáneamente sean varios los bautizandos y varios también los ministros, como es el caso de los Apóstoles, que bautizaron en un solo día tres mil, y en otro, cinco mil, como se dice en Act. 2,41 y 4,4. No debe, por tanto, ir la forma del bautismo en singular: Yo te bautizo, sino que se puede decir: Nosotros os bautisamos. 5. El bautismo recibe su poder de la pasión de Cristo. Pero la santificación del bautismo viene de la forma. Luego parece que en la forma del bautismo deberá hacerse mención de la pasión de Cristo. 6. El nombre designa la propiedad de una cosa. Pero las propiedades personales de las divinas personas son tres, como se ha dicho en la Primera Parte (q.32 a.3). Luego no se debe decir en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, sino en los nombres. 7. La persona del Padre puede ser designada no sólo con el nombre de Padre, sino también con el nombre de Innascible y Genitor. El Hijo, con el nombre de Verbo, Imagen yEngendrado. Y el Espíritu Santo, con el nombre de Don, Amor y Procedente. Luego parece que utilizando estos nombres también se puede bautizar. Contra esto: el Señor dice en Mt 28,19: Id y enseñad a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Respondo: La consagración del bautismo se realiza por su forma, según las palabras de Ef 5,26: Purificándola mediante el baño del agua con la palabra de vida. Y San Agustín dice en el IV De Único Baptismo que el bautismo es reconocido como sagrado por las palabras evangélicas. Por eso es conveniente que en la forma del bautismo se mencione su causa. Pero esta causa es doble: una, principal, y de la que el bautismo recibe su poder, la santa Trinidad; otra, instrumental, o sea, el ministro que realiza externamente el sacramento. Y por eso, de ambas debe hacerse mención en la forma. Al ministro se alude con las palabras yo te bautizo; y a la causa principal, cuando se diceen el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Por tanto, la forma del bautismo: Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo es una forma adecuada. A las objeciones: 1. La acción se atribuye al instrumento como agente inmediato, y al agente principal como principio en virtud del cual el instrumento actúa. Por eso, en la forma del bautismo se designa adecuadamente al

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA 32 Gloria Iesu in Maria!
ministro ejerciendo el acto del bautismo con las palabras yo te bautizo, y el mismo Señor atribuye a los ministros el acto de bautizar cuando dice:bautizándoles, etc.; y se designa la causa principal, como principio en virtud del cual el instrumento actúa, con las palabras: en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.Porque Cristo no bautiza sin el Padre y el Espíritu Santo. Los griegos, sin embargo, no atribuyen el acto del bautismo a los ministros para evitar el error antiguo, que atribuía la virtud del bautismo a los bautizadores, cuando decían:Yo soy de Pablo, y yo, de Cefas (1 Cor 1,12). Y por eso dicen: Sea bautizado tal siervo de Cristo en el nombre del Padre, etc. Con esta fórmula se confiere el sacramento, ya que expresa el acto realizado por el ministro con la invocación de la Trinidad. El pronombre yo que se añade en la forma nuestra no atañe a la sustancia de la forma, sino que se usa para intensificar la expresión. 2. Puesto que la ablución de un hombre con agua puede hacerse por diversas razones, es necesario que las palabras de la forma expresen el fin concreto de esa ablución. Mas para esto no bastan las palabras en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, porque todas las cosas debemos hacerlas en su nombre, como se enseña en Col 3,17. Por tanto, si no se expresa el acto del bautismo con la forma nuestra o con la forma de los griegos, no se realiza el sacramento, como advierte Alejandro III: Si alguien sumergiese tres veces en el agua a un niño en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Y no dijera: yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén, el niño no quedaría bautizado. 3. Las palabras que se emplean en las formas de los sacramentos no se destinan sólo a significar, sino también a causar efecto, ya que tienen la eficacia de aquella palabrapor la que todas las cosas han sido hechas (jn 1,3). Este es el motivo de dirigirlas no sólo a los hombres, sino también a las creaturas insensibles, como cuando se dice: Yo te exorcizo, creatura. 4. Varios ministros no pueden bautizar simultáneamente a una misma persona porque las acciones se multiplican según la multiplicación de los agentes, si cada uno de ellos ejecuta su acción de manera integral. Y así, si se juntasen dos ministros, uno de los cuales fuese completamente mudo, y el otro completamente manco, no podrían bautizar conjuntamente, pronunciando uno las palabras y el otro realizando las acciones. Pueden, sin embargo, si la necesidad lo exige, varias personas ser bautizadas simultáneamente porque ninguno de ellos recibe más que un bautismo. Pero entonces será necesario decir yo os bautizo. Esto, en realidad, no hace variar la forma, porque osequivale a te y te. Pero cuando se dice nosotros no se sobreentiende yo y yo, sino yo ytú, y esto sí que hace variar la forma. Igualmente se cambiaría la forma si se dijera yo me bautizo. Por eso, nadie puede bautizarse a sí mismo. Y por esto también, Cristo quiso ser bautizado por Juan, como se lee en las Decretales. 5. La pasión de Cristo es causa principal con respecto al ministro, pero es causa instrumental con respecto a la santa Trinidad. Y por eso se menciona la Trinidad en lugar de la pasión de Cristo. 6. Aunque son tres los nombres personales de las tres personas, es único su nombre esencial. Ahora bien, la virtud divina que actúa en el bautismo pertenece a la esencia. Y por eso se dice en el nombre, y no en los nombres. 7. De la misma manera que se utiliza agua en el bautismo porque es el líquido más usado para lavar, así para mencionar a las tres personas en la forma bautismal se utilizan los nombres más comúnmente usados para designar a las personas en una lengua. Y con otros nombres no se realizaría el sacramento. Artículo 6: ¿Se puede bautizar en el nombre de Cristo?lat Objeciones por las que parece que en el nombre de Cristo se puede bautizar. 1. En Ef 4,5 se dice que hay una sola fe y un solo bautismo. Pero en Act 8,12 se dice que en nombre de Jesucristo se bautizaban hombres y mujeres. Luego también ahora se puede bautizar en el nombre de Cristo. 2. Dice San Ambrosio: Si nombras a Cristo indicas también al Padre que le ungió, y al Hijo que recibió la unción y al Espíritu Santo con el que fue ungido. Pero en el nombre de la Trinidad se puede bautizar. Luego en el nombre de Cristo también. 3. El papa Nicolás I, respondiendo a una consulta de los búlgaros, dice: Quienes fueron bautizados en el nombre de la Santa Trinidad o tan sólo en el nombre de Cristo, como se lee en los Hechos de los

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.- Domingo de la Santísima Trinidad 33 Forma Extraordinaria del Rito Romano
Apóstoles, no deben ser rebautizados, pues, como dice San Ambrosio, las dos fórmulas son idénticas. Ahora bien, habrían sido rebautizados si no hubiesen recibido el sacramento del bautismo con la segunda fórmula. Luego se puede bautizar en el nombre de Cristo con esta forma: Yo te bautizo en el nombre de Cristo. Contra esto: dice el papa Pelagio II al obispo Gaudencio: Si quienes viven cerca de tu amado territorio confiesan haber recibido el bautismo sólo en el nombre del Señor, los bautizarás al venir a la fe católica, sin ningún género de dudas, en el nombre de la santa Trinidad. Y Dídimo en II De Spiritu Sancto escribe: Si hubiera alguno tan insensato que, al bautizar, omitiese cualquiera de los nombres anteriormente dichos, o sea, de las personas,no bautizaría en realidad. Respondo: Como ya se ha dicho anteriormente (q.64 a.3), los sacramentos tienen eficacia por la institución de Cristo. Por tanto, si se omite alguno de los elementos establecidos por él para cada sacramento, ese sacramento pierde su eficacia, a no ser que lo dispense el que no ha vinculado su poder a los sacramentos. Ahora bien, Cristo estableció que se diese el bautismo con la invocación de la Trinidad (Mt 28,19). Por consiguiente, todo lo que falte de la plena invocación de la Trinidad destruye la integridad del bautismo. Y no vale decir que el nombre de una persona supone el de la otra, como el nombre del Padre supone al Hijo; o que quien nombre una persona puede tener fe verdadera en las tres. Porque el sacramento, de la misma manera que requiere una materia sensible, requiere también una forma sensible. Por consiguiente, no es suficiente la nominación implícita, o la fe en la Trinidad, para la realización del sacramento, si la Trinidad no se hace explícita con las palabras sensibles. Por eso, también en el bautismo de Cristo, donde tuvo origen la santidad de nuestro bautismo, estuvo presente la Trinidad de forma sensible: el Padre en la voz, el Hijo en la naturaleza humana, el Espíritu Santo en la paloma. A las objeciones: 1. Por una especial revelación de Cristo, los Apóstoles bautizaban en la Iglesia primitiva en el nombre de Cristo, para que el nombre de Cristo, que era odioso a los judíos y a los gentiles (1 Cor 1,23), llegase a ser honrado por el hecho de que se daba el Espíritu Santo en el bautismo, invocando su nombre. 2. San Ambrosio da la razón por la que fue conveniente esa dispensa en la Iglesia primitiva, o sea, porque en el nombre de Cristo se entendía toda la Trinidad. De esta manera se salvaba, al menos con una integridad conceptual, la forma que Cristo nos dio en el evangelio. 3. El papa San Nicolás fundamenta su decisión en los textos de las dos primeras objeciones. Por lo que la respuesta se encuentra en las dos primeras soluciones.

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