Conflictos Étnicos y Clasistas en Perú
Conflictos Étnicos y Clasistas en Perú
Procesión serrana. Danzantes indígenas rinden homenaje a la Virgen. Cusco. (Foto Víctor
Chambi).
1 No e smateria de este ensayo analizar las razones que llevaron a tal superposición de
lo étnico y (...)
1El análisis de los movimientos sociales en las sociedades terratenientes andinas plantea una
particular dificultad metodológica que se deriva del hecho de que los actores sociales cuyas
acciones se busca entender tienen una doble filiación: étnica y clasista. Aquí no se enfrentan
simplemente dos clases antagónicas: campesinos y terratenientes; los primeros son, al mismo
tiempo, indios, y blancos, los segundos. La lógica de las contradicciones sociales no puede
entonces entenderse si los acontecimientos se juzgan únicamente desde el ángulo clasista.
Tampoco un análisis que se limite a estudiar las contra dicciones étnicas (vgr. derivadas de la
condición de blanco, mestizo o indio) puede dar cuenta de la realidad adecuadamente1.
2 Reiteramos esta doble filiación al designar a estos grupos sociales para remarcar el
carácter obje (...)
2No basta, sin embargo, constatar que ambas dimensiones determinan actitudes y
comportamientos; esta es una constatación trivial. Los problemas decisivos son: 1) determinar
cómo se articulan en la dinámica social concreta lo étnico y lo clasista, cómo interactúan entre
sí; y 2) cuál es el grado de autonomía del que disponen. Debatiremos estas cuestiones
analizando el comportamiento de los indios-campesinos y los blancos-terratenientes de la
sierra central del Perú2 durante la ocupación de la región por el ejército chileno, en la guerra
del Pacífico (1879-1884).
4Durante la guerra del Pacífico, la sierra central fue ocupada en tres ocasiones por el ejército
chileno: entre abril y junio de 1881; entre febrero y julio de 1882; entre mayo de 1883 y agosto
de 1884. Para enfrentar a las fuerzas de ocupación, el general Andrés Avelino Cáceres organizó
el Ejército del Centro, que fue reconstituido varias veces durante la guerra. Fueron también
organizadas innumerables partidas de guerrilleros en las comunidades campesinas (antes
llamadas de indígenas), que sostuvieron la llamada Campaña de la Resistencia o Campaña de
La Breña, entre abril de 1881 y julio de 1884. Como se comprenderá, la guerra agudizó
fuertemente los conflictos sociales que atravesaban a la sociedad andina de la sierra central,
hasta entonces latentes, que salieron con inusitada fuerza a la superficie a medida que
avanzaba el proceso de polarización social provocado por la profunda crisis que golpeó a la
región.
5Es en este periodo de grave crisis social donde mejor puede investigarse la contradictoria
dinámica de la articulación entre los diversos niveles del conflicto social en la región. A los
niveles más importantes de conflicto social anteriormente existentes (étnicos y clasistas), la
guerra añadió un tercero: el de la confrontación nacional contra un enemigo extranjero, cuya
presencia afectaba a todos, aunque fuera en diversos grados y de distintas maneras. Este
nuevo nivel de conflicto interactuaba con los otros, redefiniéndolos y siendo a su vez
redefinido por ellos. Este complejo proceso, cuyo desarrollo sería difícil de seguir en periodos
de relativa estabilidad social, es más fácilmente per ceptible en un periodo de aguda crisis
social porque en momentos como éste el tiempo histórico, que por definición es distinto del
tiempo cronológico, sufre una brusca aceleración. La proposición metodológica formulada por
Marx con relación a las revoluciones sociales, que dice que en tiempos de revolución las
sociedades recorren en días procesos que en tiempos "normales" demorarían años, es
igualmente aplicable a las guerras. Sucede que las con tradicciones sociales se agudizan en un
alto grado. Los intereses de los grupos en conflicto son entonces severamente puestos a
prueba y los antagonismos, que en tiempos de paz social permanecían latentes y velados por
la ideología, estallan abiertamente, casi sin mediaciones.
7Para la sociedad peruana de fines del siglo xix, la guerra con Chile fue un hecho decisivo.
Podría afirmarse que éste fue —sesenta años después de que se fundara la República— el
primer acontecimiento de real resonancia nacional, que comprometió al conjunto de pueblos
que habitaban el territorio patrio. Como nunca, la lucha movilizó hombres desde Tumbes hasta
Tarapacá y desde Iquitos hasta Puno. El trauma histórico de la derrota, por otra parte, sólo
puede equipararse al producido por la Conquista. La guerra, sin embargo, fue vivida de manera
muy diferente en las diversas regiones del país.
8Se puede constatar que la guerra provocó inicialmente una respuesta de unánime adhesión a
la causa nacional entre los terratenientes serranos, que se movilizaron masivamente en
defensa de la patria amenazada. Esta participación se hizo decisiva luego de los descalabros
sufridos por las fuerzas pe ruanas en las campañas del sur. La pérdida del Húascar (8 de
octubre de 1879), primero, y las derrotas en San Francisco, Tacna y Arica, apenas
interrumpidas con la solitaria victoria de Tarapacá, provocaron una grave crisis en el campo de
los derrotados. Esta se expresó en varios hechos: la completa supremacía de los chilenos en el
mar, que puso a la alianza peruano-boliviana a la defensiva; la pérdida definitiva, para el Perú,
de la provincia de Tarapacá y, con ella, de la fuente económica fundamental de la República
(en adelante Chile financió la guerra con la venta del salitre tarapaqueño); la crisis política en
los países aliados, que culminó con la caída de los presidentes Prado y Daza (de Perú y Bolivia,
respectivamente); la destrucción del ejército de línea peruano; y el retiro definitivo de Bolivia
de la guerra. Este último hecho fue provocado tanto por la crisis política ya señalada cuanto
por las maniobras de la diplomacia chilena, que actuó eficazmente sobre prominentes políticos
bolivianos, ilusionándolos con la perspectiva de una alianza entre Bolivia y Chile, por la cual
este último apoyaría a Bolivia para despojar al Perú de Tacna y Arica, que eran ofrecidas al país
del altiplano como compensación por su litoral perdido.
9A apenas un año del inicio de la contienda, el Perú quedó pues completamente solo y en esas
condiciones debió afrontar la guerra que se prolongó por cuatro años más. Nicolás de Piérola,
quien reemplazó a Mariano Ignacio Prado en el poder en diciembre de 1879, luego de que éste
abandonara subrepticiamente el país "para comprar armas", asumió la organización de la
defensa de Lima, que se encomendó a un ejército improvisado en lo que Basadre denominó "la
campaña de las milicias". Piérola organizó las nuevas fuerzas terrestres en base a la promoción
de militares de su confianza, re legando de los cargos de comando a aquellos jefes y oficiales
sobre cuya lealtad política no tenía certeza. Como si ello no bastara, reservó para sí el mando
supremo de las acciones militares, aun cuando no tenía ni los conocimientos ni la experiencia
necesarios para afrontar esa responsabilidad.
4 CACERES, Andrés: La guerra del 79: sus campañas (Memorias), Lima 1973, p. 66.
10La reorganización del ejército que Piérola ejecutó provocó un reacomodo de las fuerzas
políticas de la sociedad peruana. Los terratenientes serranos fue ron convocados a la defensa
de la patria y se distribuyó entre ellos pródiga mente grados militares provisorios y temporales,
que añadieron una nueva fuente de poder a las que controlaban tradicionalmente. A mediados
de 1880, cuando las fuerzas de línea eran destrozadas en el sur, la proliferación de los grados
de coroneles, capitanes y sargentos mayores entre los miembros de las élites provincianas era
proverbial. Cuando con parte de los supervivientes de los desastres del sur y reclutas
apresuradamente enrolados se organizó a fines de 1880 el ejército para defender Lima, fueron
estos jefes improvisados quienes sustituyeron a los jefes y oficiales dejados de lado. "Oficiales
de carrera —narra Andrés Avelino Cáceres— eran sustituidos por individuos sin prepa ración
militar ninguna, pero si muy adictos al supremo jefe (...). Muchos jefes quedaron sueltos,
pasando algunos, y de elevada jerarquía, a integrar el séquito del generalísimo como meros
ayudantes de campo. Crecido número de jefes y oficiales profesionales trataron en vano de
incorporarse al ejército con empleos inferiores a su grado y, más tarde, desencadenada ya la
ofensiva enemiga, pelearon, fusil en mano, como simples soldados rasos"4. Inclusive el cargo
clave de Ministro de Guerra fue entregado a un terrateniente adicto a Piérola: el
flamante coronel Miguel de Iglesias, el propietario de la hacienda Udima, una de las más
importantes de Cajamarca.
11Muchos terratenientes organizaron batallones, en algunos casos conformados por los indios
de sus haciendas, a los que armaron y uniformaron con su propio peculio. Varios
terratenientes, además, entregaron la vida en los arenales de San Juan y Miraflores
combatiendo contra la expedición chilena que atacó la capital peruana. Un artículo elegiaco
publicado en un periódico de Huancayo, pocos meses después de esas jornadas terribles,
rememoraba el papel cumplido por los notables locales en la defensa de Lima (el 13 y 15 de
ene ro de 1881). Su balance podría generalizarse a casi todas las ciudades serranas de alguna
importancia:
"Huancayo en las jornadas de San Juan y Miraflores ha perdido lo mejor de sus jóvenes
valientes (...) allí cayeron los Herrera, los García, Palomino, Basurtos, Zacarías, Montes,
Marcelino Núñez y Luis Román, oficiales todos del Manco Cápac"5.
12La guerra, en cambio, representó una experiencia diferente para los indios-campesinos.
Habían sido enrolados compulsivamente durante las primeras seis décadas de vida republicana
para combatir defendiendo causas que les eran ajenas, guerreando indistintamente bajo las
banderas de cualquiera de los muchos caudillos militares que se disputaban el poder. Esto no
cambió durante las primeras fases de la guerra con Chile. En la defensa de Lima, la mitad del
ejército de línea estuvo constituido por indígenas apresuradamente llevados, a los que no se
pudo instruir siquiera regularmente en los rudimentos de la guerra. Sus oficiales hablaban
castellano; ellos quechua. Manuel González Prada vio, en los momentos culminantes de la
batalla de San Juan, a algunos infelices indígenas, evidentemente recién llegados a la capital,
tratando de cargar por la boca del cañón sus fusiles de retrocarga. El resultado fue que, ante la
carga del ejército-chileno, se dispersaron batallones íntegros, "haciendo fuego contra sus
oficiales cuando éstos trataron de contenerlos", según con signa el parte oficial de la batalla de
San Juan.
6 Manuel González Prada exime de este cargo a los hombres que combatie ron en
Miraflores. "Saquearon (...)
13La noche del 15 de enero de 1881, apenas producida la derrota en Mira-flores, el presidente
Nicolás de Piérola ordenó el desarme y licenciamiento de los restos del ejército nacional.
Abandonó luego apresuradamente Lima acompañado de una pequeña escolta y se dirigió a la
sierra central, "con el propósito de proseguir la resistencia". Esa noche Lima fue saqueada por
los restos de las propias fuerzas peruanas6, mientras al saqueo y los incendios perpetrados en
Chorrillos y Barranco durante los dos días anteriores se sumaba el de Mira-flores. Gracias a la
mediación del cuerpo diplomático Lima se libró de correr igual suerte y fue ocupada
pacíficamente el 17 de enero.
15Luego de abandonar Lima, Piérola se dirigió al interior por la ruta de Canta; permaneció
brevemente en Tarma, donde se enteró de que el comando chileno se negaba a negociar con
él, debido a que había injuriado a los chile nos al compararlos "con los salvajes del Africa y la
Araucanía", luego de la ruptura del armisticio concertado en vísperas de la batalla de
Miraflores. Prosiguió luego a Jauja, donde instaló su gobierno. Allí se enteró de que los
civilistas lo habían desconocido como presidente, constituyendo el 22 de febrero un nuevo
gobierno, presidido por Francisco García Calderón. En adelante Piérola dedicó su atención casi
exclusivamente a la lucha por eliminar asus oponentes políticos. Los pasos que dio para
organizar la resistencia fueron insignificantes.
16En abril de 1881, el coronel Andrés Avelino Cáceres, quien fue herido en una pierna en la
batalla de Miraflores y permaneció oculto durante tres meses en Lima reponiéndose, burlando
la persecución chilena, llegó a Jauja a ponerse a disposición de Piérola. Luego de la ocupación
de Lima, las fuerzas armadas peruanas fueron formalmente divididas en los ejércitos del Norte,
Centro y Sur, colocados bajo el comando de Lizardo Montero, Juan Martín Echenique y Del
Solar, respectivamente. Como veremos después, la existencia de los dos primeros ejércitos era
virtual, pues los únicos cuerpos del ejército realmente existentes estaban acantonados en
Arequipa. Piérola se preparaba para marchar a Ayacucho, donde convocaría a un Congreso
Nacional, y nombró a Cáceres Jefe Político Militar de los Departamentos del Centro en
reemplazo de Echenique, quien debía partir con Piérola. El presidente marchó pues a
Ayacucho, acompañado de su séquito, dejando a Cáceres, para que organizara la resistencia,
únicamente su nombramiento por todo patrimonio.
18Muy parecida fue la opción asumida por Luis Milón Duarte, quien constituía la cabeza
política de la más importante familia terrateniente de la sierra central, los Valladares,
propietarios de alrededor de veinte haciendas, entre las que se encontraban las más grandes e
importantes de la región. Duarte se retiró de Lima aún antes de que se dieran las batallas a las
puertas de la capital, de bido a desavenencias con el presidente Nicolás de Piérola8.
Terratenientes como Iglesias y Duarte permanecieron al margen de la guerra cuando se
iniciaron las expediciones chilenas contra la sierra central. Luego, la agudización de los
conflictos sociales que éstas provocaron los obligó a retornar a la actividad pública, buscando
acelerar el final de la contienda.
19No obstante, la abstención no fue la opción de toda la clase terrateniente y una fracción de
ella decidió continuar la lucha. Cuando las fuerzas chilenas estacionadas en Lima enviaron sus
expediciones contra la sierra central, un grupo de terratenientes, formado mayoritariamente
por los medianos y pequeños propietarios, se alistaron bajo el comando del general Cáceres
para combatir contra los invasores. Algunos de ellos llegaron a integrar su cuerpo de
ayudantes, la famosa Ayudantina, que combatiera hasta el final de la Resistencia.
20La división de opiniones entre los blancos-terratenientes se agudizó cuando las expediciones
chilenas empezaron a asolar la sierra central. En junio de 1881 el alto mando chileno, enterado
de que en la sierra central se organizaban destacamentos militares, envió fuerzas
expedicionarias contra Cerro de Pasco, Huánuco, Tarma y el valle del Mantaro. Tenían
instrucciones de "abastecerse sobre el terreno", y se excedieron en el desempeño de su
cometido. Las acciones de esta expedición degeneraron en bandolerismo. El coronel chileno
Ambrosio Letelier y los demás oficiales que comandaron esta primera incursión fueron
detenidos a su retorno a Lima y enviados a Chile, donde se les acusó de cometer delitos
comunes durante la campaña que realizaron en la sierra central peruana, sentenciándoseles a
prisión9.
22El golpe a la economía de los terratenientes fue demoledor: los rescates que éstos debieron
pagar para evitar que sus propiedades fueran incendiadas fuemuy elevado, lo cual arrojó a
manos de los usureros a varias de las familias más poderosas; algunos vieron sus pertenencias
arrasadas por los invasores y otros optaron por la colaboración abierta con el enemigo como
una forma de salvaguardar sus intereses. Esto agravó las contradicciones que existían desde
antes de la guerra: durante las tres décadas anteriores se había vivido en la sierra central un
acelerado proceso de concentración territorial, gracias al cual unas pocas familias
terratenientes habían logrado acaparar enormes extensiones de tierra a costa del despojo de
los otros terratenientes10. Esto, obvia mente, había escindido profundamente al bloque
terrateniente. Los nuevos conflictos que introdujo la guerra catalizaron pues las
contradicciones subyacentes, destruyendo la precaria unidad del bloque dominante que
trabajosamente se había conseguido cuando se trató de defender la capital.
24La exacerbación del esfuerzo bélico provocó también otros transtornos. Cáceres emprendió
la constitución de sus fuerzas con un dinamismo, amplitud y vigor asombrosos, lo cual afectó
las diversas esferas de la vida económica de la región: el régimen de la fuerza de trabajo estaba
alterado, sucedió algo igual con los circuitos económicos, y el comercio intra y extra regional
sufrieron rudos golpes, tanto por la ocupación de la capital —que sustrajo a la región su
mercado más importante—, cuanto por la crisis del arrieraje, ocasionada por la requisa de
acémilas para el ejército y por la adscripción de los arrieros a las fuerzas regulares y a las
guerrillas. Era necesario, además, organizar el aparato logístico: alimentar al ejército,
proporcionarle leña y forrajes, vestir a las tropas, fabricar uniformes, cantinas, arreos y
herrajes para las acémilas, dotar a los soldados de frazadas, calzado; acopiar armas y
municiones; organizar la maestranza; acondicionar las herramientas de labranza para
transformarlas en picas de combate ("rejones"); etc. Estas tareas exigían el trabajo de un
ejército de artesanos para proveer a los combatientes. A estos problemas se sumaba una
intensa sequía, que había afectado fuertemente a la región en los dos años anteriores.
25La situación descrita puso a muchos terratenientes al borde de la quiebra. Los más
afectados fueron justamente aquellos que antes de la guerra estaban en mejor pie: los nuevos
terratenientes, pues habían expandido anteriormente sus actividades y emprendido múltiples
iniciativas modernizantes que ofrecían muy buenas perspectivas para sus negocios en tiempos
de estabilidad, pero ha cían su situación muy vulnerable cuando transtornos como los
descritos venían a alterar la paz social que era el prerrequisito imprescindible para que sus
vastas inversiones dieran los frutos esperados. La crisis provocada por la guerra no sólo
afectaba sus expectativas de expansión; amenazaba su existencia misma como clase. El
esfuerzo de capitalización desarrollado en los años precedentes había sido muy grande y todo
podría verse comprometido de un día a otro, como se pudo comprobar cuando debieron pagar
el cupo a la expedición Letelier. El curso objetivo de los acontecimientos empujaba pues a los
terra tenientes hacia una opción colaboracionista, pues su supervivencia como clase exigía la
pronta terminación de la guerra a cualquier precio; inclusive al de la colaboración con el
ejercito chileno contra los peruanos partidarios de la resistencia...
26A los problemas económicos se sumó una nueva crisis política. Gracias al apoyo
norteamericano los civilistas pudieron lograr que Piérola renunciara a la presidencia en
noviembre de 1881, lo cual introdujo una grave división en el bloque terrateniente. El
descontento que provocó la caída de Piérola entre sus seguidores añadió a las condiciones de
crisis objetiva que ya hemos seña lado las condiciones subjetivas que preparaban el camino
para la generalización del colaboracionismo, que hasta entonces se manifestaba más como un
fenómeno singular y no como una opción general, de clase. Para que el colaboracionismo se
manifestara abiertamente era necesario un catalizador. Vendría a cumplir este papel la
autonomización del movimiento campesino moviliza do contra el ejército chileno. En efecto, la
organización de las guerrillas, al armar a las comunidades, introdujo un nuevo factor de
debilidad para el bloque terrateniente en su conjunto, y éste no pudo menos que observar la
nueva situación con desconfianza, en tanto era incapaz de controlar directamente las
actividades de los guerrilleros. Esto significó un nuevo motivo de enfrenta-miento entre
Cáceres y los terratenientes, en tanto aquel, para contar con el campesinado en la resistencia
antichilena, estimulaba la movilización que estos últimos condenaban.
27Esta situación se agravó aún más cuando en febrero de 1882 llegó una nueva expedición
chilena persiguiendo a las fuerzas de Cáceres, con instrucciones de ocupar definitivamente la
sierra central. Los abusos cometidos por los indígenas de la región, que se levantaron entre
marzo y abril del 82 en una vasta insurrección, y por otra el reingreso de los terratenientes
abstencionistas a la escena pública, que intentaron acelerar el final de la guerra mediante la
suscripción de acuerdos de paz acordados al margen y contra la decisión del gobierno peruano.
Ellos justificaron su actitud acusando a los gobiernos que hasta entonces se sucedieron de no
haber tomado ninguna iniciativa práctica para concluir la guerra11.
3. EL COLABORACIONISMO TEMPRANO
28En marzo de 1882, mientras las fuerzas del general Cáceres estaban refugiadas en Ayacucho
recuperándose de los desastres sufridos durante los me ses anteriores, Luis Milón Duarte,
quien ejercía el cargo de Alcalde de Concepción —la tercera ciudad en importancia del valle
del Mantaro— pidió la autorización a su Concejo Municipal para entenderse con las fuerzas de
ocupación. Obtenido este permiso, se dirigió a Huancayo y solicitó una entrevista con el
coronel Estanislao del Canto, comandante en jefe de las fuerzas chilenas acantonadas en la
sierra central. A este jefe le propuso, en nombre del municipio de Concepción, suscribir un
acuerdo de paz, como iniciativa particular de la ciudad que representaba. Esta propuesta tomó
de sorpresa a Del Canto, quien arguyó que no tenía atribuciones suficientes para discutir
ofertas unilaterales de paz y le sugirió dirigirse al Estado Mayor chileno.
29Duarte viajó entonces a Lima, donde se entrevistó con el contralmirante Patricio Lynch, jefe
supremo de las fuerzas chilenas de ocupación instaladas en el Perú. En la entrevista que
entonces sostuvieron, Duarte y Lynch decidieron que la municipalidad de Concepción,
actuando por propia iniciativa y sin consultar al gobierno constituido, proclamaría la paz. En
reciprocidad las fuerzas chilenas harían algunas concesiones a Concepción y los demás pueblos
que siguieran su ejemplo. Estas consistirían en el retiro de "la guarnición de toda provincia que
decida la paz, dando, en seguida, salvoconducto a sus habitantes para que sean respetados en
otros lugares ocupados. Sus consecuencias serían: el sosiego y garantías que hoy no tienen.
Vistas estas ventajas por los demás pueblos se generalizarían las adhesiones"12.
13 Idem, p. 48.
31Es claro que la opinión de los indígenas no contaba políticamente para nada en tiempos de
paz y de estabilidad relativa, pero la guerra había cambiado radicalmente la situación. Los
indios de la sierra central estaban armados y organizados en guerrillas, surgidas del seno de las
comunidades. Este hecho originaba temor en la clase dominante regional, puesto que no podía
dejar de considerar la previsible reacción de los indígenas frente a su deserción.
15 FAVRE, Henri: "Remarques sur la lutte des classes au Pérou pendant la guerre du
Pacifique", Grenob (...)
16 Según Favre, los mistis (o petits blancs) constituyen un grupo social étnicamente
ubicado entre lo (...)
17 Idem, p. 64.
32Existe una polémica abierta en torno a los orígenes del colaboracionismo de la fracción
terrateniente de la sierra central durante la guerra con Chile14. En un texto dedicado al
análisis de la lucha de clases en la sociedad peruana durante la guerra con Chile, Henri Favre
planteó la tesis de que el colaboracionismo terrateniente fue provocado por el temor de los
terratenientes a la movilización de los indígenas en armas15. La guerra habría producido una
crisis política que rompió el encuadramiento tradicional de los indígenas en las estructuras de
dominación vigentes. Las guerrillas, inicialmente movilizadas por los mistis16 contra los
invasores, progresivamente se habrían ido autonomizando de este comando para finalmente,
bajo una dirección netamente indígena, orientarse decididamente a una acción reivindicativa
que tendría como blanco no ya a las fuerzas chilenas de ocupación sino a "toda la raza blanca"
(chilena y peruana). "La consecuencia —concluye Favre— es que toda la población no india,
amenazada en su vida y en sus bienes cae en la colaboración con los chilenos, pues sólo este
ejército es capaz de salvarla del exterminio" 17. En síntesis, para Favre, lo que habría obligado
a la élite blanca a colaborar con el ejército chileno habría sido la amenaza que representaba la
movilización de los indígenas contra la vida y las propiedades de la élite blanca.
19 Heraclio Bonilla, con quien tengo radicales discrepancias sobre el tema, comete en
un texto recien (...)
35En este contexto histórico, la movilización indígena no tuvo como objetivo (como piensan
Favre y Bonilla) "a toda la raza blanca", sino a un sector preciso del bloque de los blancos-
terratenientes: aquel que abogaba por el entendimiento con el enemigo. Cuando Luis Milón
Duarte quizo convencer a los notables de Concepción para que firmaran la paz
unilateralmente, el bando decidido a continuar la guerra "aterrorizó a los timoratos de esa
ciudad con los castigos que perpetraría la montonera a las personas, bienes y familia de los
que estuviesen por la paz"20.
37La Exposición... de Duarte, que venimos citando, demuestra la estrecha vinculación existente
entre la aparición del colaboracionismo terrateniente y las movilizaciones indígenas de
represalia. Las guerrillas campesinas no pro cedían contra todos los hacendados sino contra
aquellos cuyo colaboracionismo creían necesario castigar. Tal cosa le sucedió al propio Duarte
en junio del 82, cuando fue detenido por los guerrilleros en su hacienda Ingahuasi.
"Me encontraba tranquilamente con dos compradores de ganado en la mañana del 12 de junio
cuando se presentó la montonera de la que no quise huir porque no había causa. Al penetrar
su jefe me intimó orden de prisión de parte de un pseudo Prefecto de Huanca-velica, cuando
yo estaba en territorio de Junín 'y que mandaba se me capturase porque yo hacía propaganda
de paz'. Se siguieron tropelías mil, hasta dos conatos de asesinato (...).
"Así me encontré entre los guerrilleros, sufriendo el martirio decretado por la suerte, por mi
amor a la paz! (...) No debo quejarme de lo que sufrí en manos de la barbarie, cuando la misma
Providencia, por medios ocultos, me mantenía ileso; a cada paso pedían mi cabeza, pero no
me tocaron un cabello.
"Al fin arribamos al campamento de las fuerzas del General Cáceres, donde me pasaron al
Cuartel de Artillería.
21 Idem, p. 50-52
"(...) Los indios estaban al corriente que desde Miraflores y especialmente desde la tentativa
de Concepción, era yo firme propagandista de la paz, como también sabían que por esa
circunstancia, yo era opuesto a esos guerrilleros, tan ardientes después de nuestras catástrofes
y tan fríos en la verdadera época de la lucha (los subrayados son del original)21.
38De la larga cita transcrita se desprenden varias evidencias importantes. En primer lugar, los
guerrilleros que capturaron a Duarte no actuaban sin con trol: obedecían órdenes del Prefecto
de Huancavelica. En segundo lugar, Duarte fue detenido no porque los indígenas quisieran
aprovecharse de la emergencia bélica para conquistar sus reivindicaciones, o ejercer venganza,
sino porque "hacía propaganda de paz", a favor del entendimiento con los invasores. Por la
misma razón su hacienda fue saqueada: se castigaba su deserción, no su condición de blanco-
terrateniente. En tercer lugar, los guerrilleros no intentaron hacerse justicia por mano propia.
Pese a las afirmaciones contradictorias de Duarte (que se vio "torturado y sentenciado varias
veces", pero, sin embargo, "no (le) tocaron un cabello"), el hecho es que teniéndolo en su
poder, los guerrilleros no procedieron contra él sino lo entregaron a Cáceres, para que él
decidiera su destino. El caudillo de la resistencia decidió liberarlo, decisión que luego
lamentaría, puesto que apenas dos meses después Duarte se embarcó a conspirar con el
partido de Miguel de Iglesias, quien había desconocido al gobierno al que Cáceres reconocía,
proclamando que estaba dispuesto a sus cribir un tratado de paz en las condiciones que exigía
el alto mando chileno. Las posiciones de Favre y Bonilla son pues desmentidas por las
evidencias empíricas.
39La ocupación de la sierra central por 3,200 soldados chilenos en febrero de 1882 agudizó la
crisis hasta límites intolerables. A las calamidades que ya había ocasionado la guerra, y a las
generadas por dos años de sequía continua, se sumó la obligación de contribuir con leña,
víveres y forrajes, exigidos por las fuerzas de ocupación. Aunque, siguiendo las instrucciones
de su alto mando, inicialmente los ocupantes intentaron golpear solamente a los
terratenientes que habían tomado las armas contra Chile, la necesidad de acopiar re cursos
para mantener un contingente tan grande llevó a que se afectara igual mente a los indígenas.
El coronel Estanislao del Canto, jefe de las fuerzas de ocupación acantonadas en la sierra
central, tenía clara conciencia del riesgo potencial que entrañaba la emergencia campesina.
Trató por eso de neutralizar a los campesinos-indígenas, fuertemente golpeados por los cupos
impuestos por los invasores, promoviendo un enfrentamiento contra los blancosterra
tenientes de la región. En una maquiavélica carta enviada a los jefes guerrilleros de la margen
derecha del Mantaro en vísperas de la insurrección de abril afirmaba lo siguiente: "Las fuerzas
chilenas no han venido a hacer la guerra ni a hostilizar a los pobres, y su venida sólo ha tenido
por objeto hacer que los ricos pidan la paz, que es tan necesaria para que los pobres puedan
trabajar libremente (...). Lo que se desea es que los ricos den lo que les corresponde, de
consiguiente, se pide al Jefe de las Comunidades que están reunidas en la otra banda, que
mande comisionados a las haciendas a traer reses, para devolver las que se hayan tomado de
los pobres y puedan quedar algunas para el sostén de las fuerzas chilenas"22. Esta propuesta
fue rechazada de plano y tres días después se inició un vasto levantamiento antichileno. Los
indígenas-campesinos subordinaron pues las contradicciones étnicas y clasistas que los
enfrentaban con los blancos-terratenientes a una contradicción mayor: aquella que los en
frentaba contra "el enemigo común": el ejército chileno de ocupación; los extranjeros. Esta
opción se mantuvo pues incluso cuando el comando chileno in tentó abiertamente promover
el enfrentamiento étnico entre los peruanos. Las opiniones de Heraclio Bonilla sobre el punto
carecen de sustento.
4. EL PARTIDO DE LA PAZ
41En julio de 1882 —por la misma época en que Cáceres salía de Aya-cucho a buscar el
enfrentamiento con la división invasora que ocupaba la sierra central— una fuerza chilena
expedicionó por los departamentos del norte imponiendo cupos. Diversas poblaciones fueron
saqueadas e incendiadas sin que se opusiera a los invasores una respuesta organizada. La
única acción significativa fue el combate de San Pablo, donde fuerzas irregulares dirigidas por
Lorenzo Iglesias, el hermano del caudillo cajamarquino, lograron derrotar a un destacamento
enemigo. Esta acción aislada fue respondida por el comando chileno con el envío de
expediciones punitivas que golpearon con mayor violencia a Cajamarca. Miguel de Iglesias
disolvió sus fuerzas militares y abandonó la ciudad, replegándose al interior acompañado de
una pequeña escolta. El golpe a la economía de la región, y particularmente a las haciendas,
actuó como el detonante para que Iglesias defeccionara definitivamente de la guerra. El 31 de
agosto de 1882, cuando las fuerzas del centro pasaban por su mejor momento, luego de la
derrota de la división Del Canto en las acciones del mes anterior, cuando Cáceres controlaba
nuevamente la región central y concebía el plan de asaltar Lima con el apoyo de un
levantamiento popular en la capital, Iglesias lanzó una proclama conocida como el grito de
Montan, por el nombre de la hacienda donde fue redactada. En este pronunciamiento el
caudillo cajamarquino anunció su decisión de desconocer al régimen de Montero, segregar los
departamentos del norte de su autoridad, erigir un nuevo régimen y em prender por su cuenta
las negociaciones de paz en las condiciones que Chile imponía; es decir, con la cesión territorial
de las provincias peruanas del sur. Su iniciativa fue rápidamente secundada por los
terratenientes serranos del país. Para éstos, la pérdida de los territorios del sur no
comprometía en absoluto sus condiciones de reproducción como clase social; la continuación
de la guerra sí. La importancia del factor clasista no puede obviarse. Aunque en sus orígenes la
iniciativa de Iglesias tuvo un carácter marcadamente regional ella logró arrastrar a los
terratenientes serranos en su conjunto, pese a la profunda disgregación nacional entonces
imperante y a que éstos no constituían, evidentemente, una clase nacional porque la crisis
económica desencadenada por la guerra creó unas circunstancias excepcionales, que hacían
confluir objetivamente sus intereses comunes, más allá de las fronteras regionales, en la
demanda de terminar la guerra a cualquier precio.
42En torno a Miguel de Iglesias se organizó el "Partido de la Paz" que, llevado por el desarrollo
inexorable de los acontecimientos, muy pronto entró en connivencia con el alto mando
chileno. A este grupo se afilió Luis Milón Duarte, quien, como hemos visto, venía tratando
desde febrero de 1882 de llevar adelante una iniciativa semejante desde la municipalidad de
Concepción. A fines del mismo año Cáceres, a quien le preocupaba vivamente que el
colaboracionismo fuera a generalizarse, lo cual resquebrajaría irremediablemente el frente
interno, se vio obligado a ordenar a las guerrillas que capturaran a Duarte y embargaran todos
sus bienes23. Esto provocó la toma de sus haciendas por los guerrilleros del valle del Canipaco.
24 CACERES: Op. cit., p. 231. Entre los asesinados estuvo el coronel Leon cio Prado,
combatiente por (...)
43El caso Duarte es doblemente significativo. Este era al mismo tiempo el jefe político de la
familia terrateniente más importante de la sierra central y el más destacado líder
colaboracionista de la región: fue nombrado por Iglesias Jefe Superior Político Militar de los
Departamentos del Centro, cargo igual al que tenía el general Cáceres, y actuó de guía del
ejército chileno en la campaña iniciada en mayo de 1883, la más amplia emprendida por el alto
mando enemigo, con la intención de acabar definitivamente con el Ejército del Centro. Duarte
colaboró abiertamente en la imposición de las fuerzas invasoras en la región y jugó un rol
decisivo en la campaña militar, lo cual fue resaltado por los oficiales chilenos en diversos
documentos. La campaña culminó con la de rrota de Cáceres y la destrucción del Ejército del
Centro en la batalla de Huama-chuco (10 de julio de 1883). Los colaboracionistas guiaron
después a las fuer zas chilenas, en los días que siguieron a la batalla, en la búsqueda y
exterminio de los sobrevivientes del Ejército del Centro. "Piquetes de caballería chile na —
narra Cáceres— guiados por los adictos de Montán, recorrieron las chozas y cabañas de las
aldeas y caseríos vecinos, asesinando a oficiales y soldados que habíanse cobijado en ellos" (el
subrayado es nuestro)24.
44El caso de Luis Milón Duarte expresa la actitud de una importante fracción de los
terratenientes serranos, enfrentada a muerte contra aquellos que optaron por continuar la
resistencia y marcharon con Cáceres a proseguir el combate. Duarte explica sin subterfugios en
sus Memorias el contenido de las divergencias que lo separaban del jefe de la resistencia, en
torno a la cuestión de la paz: "El General Cáceres y yo —afirma— queríamos que se arriase la
bandera enemiga; él por el camino de la lucha incierta, de la gloria; yo por el derrotero seguro
de la pronta capitulación"25.
45La defección no provino, pues, de los campesinos. Quienes capitularon fueron los miembros
de la clase dominante. Esto mismo fue explícitamente señalado por el propio general Cáceres
en una carta enviada desde Andahuaylas al director de El Comercio, Antonio Miro Quesada, el
15 de octubre de 1883, apenas una semana antes de que Iglesias firmara la paz que determinó
el definitivo retiro de la clase dominante de la guerra:
26 MIRO QUESADA, Aurelio: "El Comercio en la guerra del Pacífico", Lima 1979-1980,
p. 169. Cáceres so (...)
"(...) es preciso hacer constar que la decisión y patriotismo de los pueblos sobrepasa toda
ponderación: esas pobres masas indígenas que siempre hemos mirado con desprecio por su
triste condición y su ignorancia, dan hoy a las clases ilustradas ejemplos de abnegación, de
valor y de patriotismo; si se encuentran partidarios de la paz a todo trance, es sólo entre la
gente acomodada por el deseo de salvar su fortuna que es su única mira. Con esta buena
disposición de los pueblos, con sólo parte de las armas ofrecidas se puede hacer prodigios" (el
subrayado es nuestro)26.
46Queda un problema sustantivo por dilucidan ¿por qué razón se derrumbó el frente
pluriclasista que Cáceres había organizado? En otras palabras, ¿por qué defeccionaron los
terratenientes? Es necesario recordar que mientras el campesinado se pronunció en bloque
por la resistencia, la clase dominante se dividió desde el inicio entre quienes estaban por
continuar la guerra y aquellos que querían firmar la paz al más corto plazo. Lo que queda por
explicar son las razones que provocaron que a fines de 1883 la fracción terrateniente como
clase se hiciera colaboracionista, abandonando al campesinado y enfrentándolo frontalmente,
mientras los campesinos estaban decididos a continuar la guerra nacional hasta el fin.
27 MANRIQUE: Idem.
47En esta opción debió influir ciertamente la evolución desfavorable, para los partidarios de la
resistencia, de los acontecimientos; particularmente la derrota de Cáceres en Huamachuco. Sin
embargo, esta explicación es insuficiente. Cabe preguntarse qué elementos impidieron la
continuación de la alianza, antes existente, entre el sector patriótico de los terratenientes-
blancos y los indios-campesinos. Sin duda esta alianza hubiese permitido derrotar a los
partidarios de la paz, pues el campesinado se había manifestado dispuesto a continuar la
guerra contra los invasores inclusive un mes después de que Iglesias firmara el Tratado de
Ancón27. La reflexión sobre estos problemas vuelve a remitirnos al análisis de las relaciones
entre los indios-campesinos y los blancos-terratenientes en la sociedad terrateniente de la
sierra central a fines del siglo xix. El análisis de los conflictos clasistas existentes es insuficiente
para explicar este desenlace. Es necesario abordar el problema étnico subyacente.
48La sierra central presenta un panorama social muy especial dentro del contexto de la región
andina. Ya José María Arguedas llamó la atención sobre este fenómeno a inicios de los
cincuenta, señalando cómo la ausencia de haciendas en las tierras agrícolas del valle del
Mantaro impidió la generalización de las relaciones de servidumbre. No existiendo haciendas
feudales fue posible una relación "más horizontal" entre indios y blancos que aquella que
existía en las zonas altamente feudalizadas del sur andino28. Este rasgo peculiar explica en
buena medida el éxito que tuvo la prédica del general Cáceres exhortando a organizar la
resistencia antichilena: comunidades formadas por campesinos libres —pequeños propietarios
— eran una firme base para la organización de fuerzas guerrilleras, dispuestas al combate
contra una invasión que golpeaba duramente sus intereses. Por otra parte, la ausencia de
relaciones de servidumbre y la inexistencia de grandes enfrentamientos entre haciendas y
comunidades en el periodo anterior a la guerra explica por qué pudo formarse un frente
común entre los blancos-terratenientes y los indios-campesinos. Esta alianza hubiera sido
imposible si la sierra central hubiese pasado en el periodo previo a la guerra por una coyuntura
de grandes enfrentamientos entre haciendas y comunidades, como sucedía en ese mismo
momento en la sierra sur, como se verá en el capítulo III.
30 FLORES GALINDO, Alberto: Arequipa y el sur andino, pp. 56-57. Para una
sistematización de lo que r (...)
49Sin embargo, la menor distancia clasista existente entre campesinos y terratenientes en la
sierra central no produjo necesariamente un mayor contacto étnico-cultural entre indios y
blancos. Paradójicamente, en las zonas más feudalizadas, donde la explotación clasista
aparecía más acentuada, el gamonalismo propiciaba una mayor cercanía, culturalmente
hablando, entre el mundo blanco y el indígena. Esto es evidente en el caso de la sierra sur. El
gamonal es un personaje complejo, que mantiene una relación autoritaria y vertical con sus
colonos, feudatarios o pongos, pero que comparte con ellos importantes elementos culturales
pertenecientes a la cosmovisión andina; mantiene una relación paternalista con sus
indios pero, por eso mismo, no es ajeno a su mundo ideológico29. Entre gamonales e indios la
mayor distancia clasista se contra pesa con una mayor cercanía étnico-cultural, que en los
casos extremos llega a la asimilación cultural del terrateniente, su "indianización"30.
32 Idem, p. 99.
33 Idem, f. 147.
52El 10 de marzo de 1881, cuando el ejército chileno, que ya ocupaba Lima, preparaba la
primera expedición contra la sierra central y el gobierno de Piérola se había instalado en Jauja,
el alcalde de Huancayo informó haber ordenado la detención de Pedro Osores y de Fructuoso
Alanya, mayordomos de la fiesta de Aza, imponiéndoles una multa de 50 soles, "por haber
infringido la prohibición absoluta de bailar y diversiones públicas". Los sancionados se habían
atrevido a presentar "el baile de Negros"33.
34 Idem, f. 220.
36 Idem, ff. 233, 246. En Pucará, a cuyos habitantes así castigaba el Concejo Municipal
de Huancayo, (...)
38 SOMH 1878-1883: ff. 231-232; SOMH 1883-1887: ff. ff. 101-102, 157, 163, 321, 345,
etc.
54En agosto de 1882, un mes después de la expulsión del ejército chileno de la sierra central
por las fuerzas combinadas del Ejército del Centro y las guerrillas de las comunidades del valle
del Mantaro, el Concejo Municipal de Huancayo impuso una multa de cincuenta soles a cada
una de las cincuenta personas que salieron a bailar en la comunidad de Pucará, "vestidos de
Capitanes". Ante la apelación de los sancionados se resolvió, como máxima con cesión, reducir
el valor de la multa a la mitad, "en atención a la pobreza a que han quedado reducidos
aquellos habitantes, con motivo de la invasión chilena"36. A fines de 1882 hubo una fugaz
flexibilización en el Concejo, autorizándose las festividades programadas en Viques y en Colca,
"previo pago de los derechos respectivos"37. Pero esta actitud tolerante no se mantuvo. A
inicios de 1883 se volvió a decretar multas y condenas de prisión contra los mayordomos y
danzantes de varias de las fiestas tradicionales de las principales comunidades de la región38.
55¿Por qué esta sañuda persecución contra las festividades indígenas tradicionales? Podría
pensarse que era producto de una actitud puritana de los miembros de la Municipalidad de
Huancayo, que hubieran decidido erradicar de la región toda manifestación festiva, pero esta
interpretación es desmentida por los hechos: la municipalidad no puso reparo a conceder
gratis licencia a "los jóvenes de la sociedad huancaína" que pidieron autorización para realizar
un baile de máscaras —presumiblemente por carnavales—, exhortándolos a "conservar el
orden y la moralidad en los días de diversión"39. La represión estaba dirigida pues no contra
toda la población de la provincia sino exclusivamente contra los indígenas.
40 Idem, f. 346.
41 Ibidem.
57Si bien en la cuestión de fondo hubo unanimidad, algunos de los concejales discrepaban, sin
embargo, respecto a la forma como se estaba manejando la situación. "Varios señores —
consignan las actas municipales— opinaron que no era posible quitar de hecho costumbres
arraigadas en los pueblos, y que más bien sería conveniente imponerles una fuerte licencia
para ver si desisten de tales costumbres, y que si no se conseguía esto, por lo menos se hacía
in gresar algunos fondos en la Caja Municipal"41. La tarifa que se aprobó era exorbitante:
cinco soles plata de licencia por bailarín, vigente para toda la provincia. Como la cotización del
billete fiscal estaba a la fecha a 20 soles billete por sol de plata y el Concejo realizaba sus
cobros en base a la cotización del mercado, el cobro de la licencia en billetes (que era el dinero
que efectivamente circulaba), ascendía a la astronómica suma de 100 soles billete por
bailarín42.
58La decisión adoptada por la municipalidad generó entre los indígenas una reacción de una
magnitud inesperada. El 2 de junio de 1887 el Concejo tuvo que retroceder, luego de que el
Inspector de Espectáculos Públicos informara "que sabía de una manera privada la alarma
producida en los indios por negárse les la licencia, al extremo de que se propalaba entre ellos
la voz de sublevación "43. Esta rectificación no cambió, sin embargo, la actitud de fondo. En los
años siguientes se continuó reprimiendo con similar encono las festividades indígenas
tradicionales, lo cual no logró, sin embargo, liquidarlas. Aun hoy continúan celebrándose en el
Valle del Mantaro las más importantes fiestas tradicionales que estaban vigentes hace un siglo.
59Llama la atención, tanto como la actitud del Concejo Municipal de Huancayo, la de los
mayordomos y danzantes de las fiestas tradicionales indígenas agredidos por estas medidas
discriminatorias. Allí donde los mayordomos y bailarines no obtenían la licencia para celebrar
sus festividades, transgredían abiertamente las prohibiciones, afrontando en muchos casos
penas de multas y prisión, ante la perplejidad de los miembros del municipio huancaíno. Esto
demuestra hasta qué punto la élite regional del centro desconocía la significación de las fiestas
para el campesinado indígena.
60Para un indígena comunero ser designado como mayordomo de una fiesta tradicional
implica una grave responsabilidad. Pasar bien el cargo es un imperativo social muy importante,
que pone en juego todo un sistema de valores que compromete profundamente su posición
en la comunidad. En la comunidad campesina todo individuo realiza, a lo largo de su
existencia, una carrera política de servicio a la comunidad, que se inicia con el cumplimiento de
las tareas menores (por ejemplo, barrer el atrio de la iglesia, como alguacil) hasta llegar a las
de mayor responsabilidad. En esta carrera es un componente funda mental el cumplimiento de
ciertas obligaciones cívico-religiosas (como pasar el cargo). De la manera como el mayordomo
cumpla estas obligaciones depende su prestigio social, en el plano profano. En el plano
religioso la cuestión es similarmente imperativa, puesto que el cumplimiento a conciencia de la
obligación es una segura garantía de que el oferente ganará el favor del santo homenajeado.
En cambio, si la fiesta es celebrada de una manera deslucida debe esperarse la perdida del
favor del santo patrono, con la secuela de desventuras que esto puede desencadenar.
44 Esto no quiere decir que en la sierra sur no hubiera campañas contra las
festividades tradicionale (...)
62Resumiendo las observaciones que hasta aquí hemos hecho, se puede afirmar que la clase
dominante de la sierra central, contrariamente a lo que acontecía con los gamonales de la
sierra sur, tenía, en lo clasista, relaciones socioeconómicas menos verticales con los indios
campesinos de su región, debido a la ausencia de haciendas feudalizantes y de relaciones de
servidumbre extendidas en la región. Pero paradójicamente su distancia étnico-cultural con la
población indígena era mayor que aquella que separaba a blancos e indios en la sierra sur. En
la sierra central no sólo no existía una comunidad cultural entre ambos grupos, sino que la
sociedad blanca tenía una actitud de profundo desconocimiento, subestimación y menosprecio
frente a la cultura indígena. Mientras en las haciendas feudalizantes del sur no era extraño que
el propio gamonal fuera padrino de las festividades religiosas indígenas, la clase dominante en
la sierra central estaba abocada a la tarea imposible de liquidar estas festividades44.
63Esta constatación permite enfocar las relaciones entre el general Andrés Avelino Cáceres y
sus huestes indígenas desde un nuevo ángulo: Cáceres procedía de una familia terrateniente
de Huamanga, una zona fuertemente feudalizada. Conocía muy cercanamente el mundo
cultural de sus hombres; en tendía su idiosincrasia, hablaba su idioma, se identificaba en gran
medida con su mundo cultural y su relación paternal con ellos lo transformó en el
idolatrado tayta (padre) por quien estaban dispuestos a entregar la vida, como lo hicieron las
veces que ello fue necesario.
64Como vimos, en la sierra central la barrera étnica que separaba a blancos e indios no cedió
siquiera cuando la región fue ocupada por el ejército chileno. Las comunidades cuyas
festividades reprimía la Municipalidad de Huancayo son las mismas que en ese preciso
momento combatían encarnizadamente con los ocupantes y que constituían la columna
vertebral de la resistencia antichi lena. Justamente cuando la clase dominante huancaína
debiera haber tratado de ganar a su favor a la población indígena para combatir contra el
enemigo común, se expidieron las resoluciones que agredían frontalmente a la cultura
indígena, en nombre de una concepción de la "civilización" que convertía por autodesignio a la
élite blanca en la depositaria de la única "cultura" posible.
65Como hemos visto, esto no fue óbice para que los indígenas prosiguieran su lucha contra los
invasores. Pero cuando el cambio en la correlación de fuerzas en el interior de la clase
dominante dio la hegemonía a los colaboracionistas y debilitó fuertemente a los partidarios de
la resistencia, estos últimos, separados de los indígenas por una barrera de desconfianza e
ignorancia, fueron incapaces de apoyarse en la movilización guerrillera para modificar la
correlación adversa en la que se encontraban. Sobre estas contradicciones, por último, la
generalización del colaboracionismo y la ampliación de la movilización campesina anti-
terrateniente a que ésta dio lugar, llevó a que la totalidad de los blancos-terratenientes
cerraran filas en defensa de sus intereses clasistas amenazados. De allí que para fines de 1883
las contradicciones asumieran una nueva dimensión, que se añadió a las anteriormente
existentes: la de la frontal oposición entre el campo y la ciudad; aquél controlado por los
guerrilleros, este último por los colaboracionistas amparados por el ejército chileno que los
protegía45. Dos mundos hostiles dándose mutuamente las espaldas. Fue la existencia de una
insalvable barrera étnica, y su inevitable secuela de mutua desconfianza, la razón por la cual
fue imposible sostener el frente entre los terratenientes patrióticos y los campesinos
indígenas. En adelante, la lucha anti-terrateniente desplegada por el movimiento pondría en el
primer plano las contradicciones clasistas.
66Se quebró así la posibilidad de proseguir la alianza pluriclasista que se había erigido frente a
la invasión chilena. Se produjo el pleno despliegue del movimiento campesino armado contra
la propiedad terrateniente (que se prologaría hasta dos décadas después) y se liquidó la
posibilidad de que las fisuras producidas por la guerra en la sociedad terrateniente de la sierra
central abrieran un cauce al cuestionamiento radical del orden existente. Todo ello, como
veremos, no impidió que se plantearan otros proyectos políticos, que a su manera intentaban
recoger los mayores logros de la lucha armada campesina desplegada durante la guerra
patriótica.
NOTAS
1 No e smateria de este ensayo analizar las razones que llevaron a tal superposición de lo
étnico y lo clasista. Nos limitaremos a señalar que lo étnico no coincide necesariamente con lo
racial. Así, un individuo definido racialmente como "mestizo" puede ser étnicamente percibido
como "blanco" si es terrateniente, y otro como indio, si es campesino. Es claro pues que en la
definición étnica, sin dejar de jugar un papel la adscripción racial, también intervienen
definitoriamente elementos clasistas, fenómeno que tiende a hacerse más importante durante
el presente siglo.
2 Reiteramos esta doble filiación al designar a estos grupos sociales para remarcar el
carácter objetivo de dicha superposición —clasista y étnica— en la realidad.
3 MANRIQUE, Nelson: Campesinado y nación: las guerrillas indígenas en la guerra con Chile,
Lima 1981.
4 CACERES, Andrés: La guerra del 79: sus campañas (Memorias), Lima 1973, p. 66.
7 MANRIQUE, Nelson: Campesinado y nación: las guerrillas indígenas en la guerra con Chile,
Lima 1981, p. 219.
9 En estas expediciones de depredación las fuerzas chilenas contaron con el apoyo de algunos
extranjeros residentes en la región. Luis Milón Duarte destaca el papel jugado por el francés
Eugenio de Rurange. Este inmigran te tenía múltiples relaciones con la élite dominante
regional, que puso al servicio de Letelier, actuando de informante. "El cicerón Rurange hizo su
agosto en tal grado que solamente de lo que daba publicidad se puede juzgar por sus propias
palabras: En oro tengo doscientos mil fuertes y no he concluido aun de refogar (aquilatar) mis
barras". DUARTE: Op. cit., pp. 17-20.
10 MANRIQUE, Nelson: Mercado interno y región. La sierra central 1820-1830, Lima 1987, pp.
61-91.
13 Idem, p. 48.
14 En la polémica también participó Heraclio Bonilla, sosteniendo posiciones similares a las del
Dr. Favre. Volvemos sobre sus planteamientos más adelante.
15 FAVRE, Henri: "Remarques sur la lutte des classes au Pérou pendant la guerre du Pacifique",
Grenoble 1975, p. 62.
16 Según Favre, los mistis (o petits blancs) constituyen un grupo social étnicamente ubicado
entre los blancos y los indios, que durante el inicio de las movilizaciones indígenas habrían
usufructuado el comando de las fuer zas guerrilleras. Idem.
17 Idem, p. 64.
18 MANRIQUE, Nelson: Op. cit., pp. 266-272.
19 Heraclio Bonilla, con quien tengo radicales discrepancias sobre el tema, comete en un texto
reciente un error cuando, para explicar la subordinación voluntaria de los indígenas-
campesinos de la sierra central a un comando de blancos-terratenientes —Cáceres y su
oficialidad— (la cual deja mal parada su tesis de que existió una guerra étnica de los indígenas
contra los blancos en su conjunto, siendo indiferente que éstos fueran chile nos o peruanos)
afirma que esto fue posible porque los eventos bélicos "no comprometieron los mecanismos a
disposición de la clase propietaria para asegurarle la lealtad y disciplina de sus campesinos que
les estaban subordinados de manera directa e indirecta" (BONILLA, Heraclio: "El campesinado
indígena y el Perú en el contexto de la guerra con Chile", Lima 1984, p. 140). Bonilla comete un
triple error: 1) supone que el grueso de los terratenientes estaban por continuar la guerra, lo
cual es desmentido por múltiples evidencias; 2) ignora que los mecanismos a través de los
cuales los terratenientes podían ejercer su dominación sobre el campesina do indígena
estaban efectivamente destruidos; y 3) cree que es esto último lo que explica por qué el
campesinado indígena se movilizó contra el ejército invasor cuando sucede exactamente lo
contrario: el campesinado indígena no hubiera podido movilizarse si los mecanismos de
dominación al servicio de los terratenientes no hubieran sido destruidos. Recuérdese que la
clase dominante estaba por firmar la paz y cesar de inmediato la resistencia. La refutación de
las principales posiciones de Bonilla y un resumen de la polémica que hemos sostenido se
encuentra en mi artículo "Campesinado, guerra y conciencia nacional", Cusco 1986, pp. 161-
172.
21 Idem, p. 50-52
22 MUÑOZ, C. M.: Historia del patriotismo, valor y heroísmo de la nación peruana en la guerra
con Chile, Arequipa 1908-1909.
23 Carta de Cáceres a Lizardo Montero. Τarma, 23 de diciembre de 1882. Esta orden era
extemporánea, puesto que Duarte se había puesto a salvo con su familia en Lima, bajo la
protección del ejército chileno. Al año siguiente Duarte sirvió como guía al ejército chileno en
la persecución de Cáceres y el Ejército del Centro durante la campaña que culminó con la
derrota de las fuerzas peruanas en Huamachuco. (MANRIQUE: Op. cit., pp. 279-298).
24 CACERES: Op. cit., p. 231. Entre los asesinados estuvo el coronel Leon cio Prado,
combatiente por la libertad de Cuba desde los quince años, jefe guerrillero después en la
guerra con Chile, quien murió tan heroicamente como había vivido.
26 MIRO QUESADA, Aurelio: "El Comercio en la guerra del Pacífico", Lima 1979-1980, p. 169.
Cáceres sostuvo una posición similar, con un juicio mucho más duro sobre el papel de la clase
dominante peruana (compuesta, según escribió, por "comerciantes enriquecidos con la
fortuna pública" y "empleados civiles y militares, sin talento y sin carácter, encumbrados por
su propia miseria a la sombra de las revoluciones injustificables que han desmoralizado la
república"), en una carta enviada a los guerrilleros de Acostambo desde su cuartel general de
Ayacucho el 29 de noviembre de 1883, en la que les agradecía su ofrecimiento de ponerse a su
disposición para continuar la lucha contra los invasores: "las grandes virtudes, que no existían
en las clases directoras de la sociedad, reaparecen con más prestigio y esplendor que nunca en
el corazón generoso de los pueblos; de esos mismos pueblos a los que se titulaba de masas
inconscientes y a los que se menospreciaba, haciendo gravitar sobre ellos en la época de la paz
los horrores del pauperismo y la ignorancia, y en la guerra los sacrificios y la sangre".
MANRIQUE: Op. cit., pp. 343-344.
27 MANRIQUE: Idem.
28 ARGUEDAS, José María: "Evolución de las comunidades campesinas. El valle del Mantaro y
la ciudad de Huancayo: un caso de fusión de culturas no comprometidas por la acción de las
instituciones de origen colonial", México 1977.
29 Este doble matiz ha sido admirablemente recogido por Arguedas en su no vela Todas las
sangres. Bruno Aragón de Peralta, un terrateniente serrano feudalizante, se ve obligado a
entregar los quinientos indios de su hacienda a su hermano Fermín, para que trabajen en la
mina que este último, que representa a las fuerzas de la modernidad, está decidido a sacar
adelante. El temor que obsesiona a Bruno es que la mina puede provocar la perdición del alma
de sus colonos, de cuya salvación se cree responsable: "Estoy seguro que toda esta
modernidad es obra del Anticristo, contra Dios, nuestro Señor (...) Mis mandones y cabecillas
llevan orden de que este trabajo se convierta en una demostración de lo que valen colonos
cuyas almas dependen de la mía, que sufre y respeta a Dios (...) ¡No deben ser ricos jamás! ¡No
deben aprender la ambición que los convierta en cernícalos, furiosos por sacarse los ojos, unos
a otros! ¡Nada de ambición! ¡La humildad y la obediencia de Jesús! ¡Su pureza! Yo me pudro
por ellos, en mi se concentra el pecado. Yo respondo por ellos, Matilde, y arrasaré con todo.
¡Yo mismo!". ARGUEDAS, José María: Todas las sangres, Lima 1983, p. 114.
30 FLORES GALINDO, Alberto: Arequipa y el sur andino, pp. 56-57. Para una sistematización de
lo que representa el gamonalismo véase FLORES GALINDO, Alberto y Manuel BURGA: Apogeo
y crisis de la República Aristocrática, Lima 1982.
32 Idem, p. 99.
33 Idem, f. 147.
34 Idem, f. 220.
36 Idem, ff. 233, 246. En Pucará, a cuyos habitantes así castigaba el Concejo Municipal de
Huancayo, se dieron dos batallas decisivas contra el ejército chileno en los meses anteriores a
este incidente, la última de ellas apenas tres semanas antes.
38 SOMH 1878-1883: ff. 231-232; SOMH 1883-1887: ff. ff. 101-102, 157, 163, 321, 345, etc.
40 Idem, f. 346.
41 Ibidem.
44 Esto no quiere decir que en la sierra sur no hubiera campañas contra las festividades
tradicionales. Pero éstas no eran, por lo general, dirigidas por los terratenientes. Estas fueron
impulsadas muchas veces por las autoridades locales instigadas por los sacerdotes, empeñados
en desarraigar prácticas que consideraban idólatras, pero esta represión no tuvo el carácter
sistemático, general y laico que asumió en la sierra central. Veamos dos ejemplos. Sobre el
valle del Colca (Arequipa), he consignado amplia información sobre la persecución del baile
de los lanlacos en 1884 por el vicario de Caylloma (MANRIQUE, Nelson: Colonialismo y pobreza
campesina..., Lima 1984, p. 183). En el Cuzco, el párroco de Belén solicitó el 31 de diciembre de
1888 al Obispo de la diócesis que interpusiera una solicitud ante el Prefecto del departamento
para que "por respeto a la Religión y sus más Sacrosantos Misterios, y en nombre de la
Civilización se digne U.S. en la parte que le respecta a ese Despacho (sic), ordene la completa
desaparición de la ceremonia bárbara y ridicula de la Adoración de los Reyes en el templo de
Belén de esta ciudad (...) ceremonia que degrada las costumbres puras y sanas del
cristianismo, inculcando a la vez en la masa del pueblo lecciones de inmoralidad" (ADC:
Concejo Municipal del Cusco, Legajo 53, 1888). Más adelante, entrado el siglo xx, se rían los
sectores mestizos modernizantes lo que asumirían la lucha contra las festividades religiosas
indígenas. Recuérdese la lucha de los jóvenes universitarios por suprimir la corrida de toros en
la novela de Arguedas Yawar Fiesta.
45 Esta es la explicación última del porqué el ejército chileno prolongó la ocupación del Perú
hasta agosto de 1884 pese a que el Tratado de Ancón, que consagraba la cesión territorial que
era el objetivo del alto mando chileno, se había firmado casi un año antes, en octubre de 1883.
Patricio Lynch, el jefe de las fuerzas de ocupación, no tuvo el menor empacho en informar a la
prensa extranjera que la permanencia de sus tropas respondía a un pedido de Miguel de
Iglesias, que pagaba su mantenimiento, porque necesitaba su protección frente a las huestes
de Cáceres.
ÍNDICE DE ILUSTRACIONES
Introducción
p. 51-79
TEXTO NOTASILUSTRACIONES
TEXTO COMPLETO
1 AML: Not. Manuel F. Peña, Huancayo. Protocolos Notariales, Tomo ΠΙ 1880-1881, ff. 86-96,
Huancayo (...)
1Como señalamos, la guerra con Chile provocó en la sierra central un ambiente de profunda
inestabilidad social, como consecuencia de las multiples ocupaciones que sufrió la región entre
1881 y 1884. Aun antes de que la primera expedición del ejército chileno fuera enviada contra
la región, los terratenientes estaban preocupados por el cariz negativo que podría asumir la
situación si el conflicto se prolongaba. Esta inquietud se manifiesta incluso en detalles
consignados en las transacciones económicas que, pese a la guerra, continuaban realizándose.
A fines de 1880 Nicolás Aliaga, el propietario de la hacienda Apahuay, consignó la siguiente
cláusula en un contrato de arrendamiento: "Por cualquier eventualidad que hubiera de guerra
nacional, civil o invasión de comunidades, tratarán los locatarios (de) salvar el ganado
empleando (todos) los medios posibles"1.
2Sin embargo, cuando con la invasión chilena la región se vio finalmente envuelta en la guerra,
pese a las aprensiones de algunos propietarios, las comunidades campesinas no desplegaron
ninguna acción reivindicativa contra las haciendas. Esto no ocurrió siquiera cuando la región
fue ocupada definitivamente por una división chilena de tres mil hombres, en febrero de 1882.
La prédica y la acción organizativa del general Cáceres, quien estaba empeñado en la
organización de fuerzas regulares y en el levantamiento de guerrillas contra los invasores en
las comunidades, permitió la formación de un frente antichileno pluriclasista entre indios-
campesinos y blancos-terratenientes. Aunque no eliminó los escasos conflictos que existían
entre haciendas y comunidades desde antes de la guerra logró diferirlos, pues lo urgente en el
momento era la lucha contra "el enemigo común". Sólo por excepción las haciendas Punto y
Callanca fueron ocupadas durante este período, pero como veremos esta acción, por sus
motivaciones, formó parte de la lucha nacional. No fue una movilización clasista
antiterrateniente.
2 APJ: Carta de los jefes de la guerrilla de Comas a Jacinto Cevallos, Acobamba 16 de abril de
1882. (...)
3 El 20 de junio de 1882 Benjamina Ibarra extendió un poder a Benjamín Merino para que éste
tratara (...)
4La ocupación de las haciendas de Cevallos debió producirse entre mayo y junio de 1882.
Probablemente fue precipitada por la sangrienta represión desencadenada por el ejército
chileno contra la insurrección de las guerrillas del valle del Mantaro en la segunda quincena de
abril. Para junio, ambas haciendas estaban ya ocupadas3.
4 En noviembre de 1882 Duarte arrendó sus propiedades a terceros para burlar las represalias
de Cáce (...)
5 En la misma zona donde estaban emplazados los fundos de Duarte, aun el 3 de noviembre de
1882 el c (...)
5El caso de Cevallos fue inicialmente excepcional. Durante ese periodo solamente él y otro
terrateniente, Narciso Giráldez, fueron públicamente sindicados como colaboracionistas. Pero
desde el segundo semestre de 1882 la situación empezó a cambiar con rapidez cuando
comenzó a generalizarse el colaboracionismo con el ejército chileno entre los terratenientes.
Luis Milón Duarte —cuyas actividades colaboracionistas tempranas se han reseñado en el
capítulo anterior— fue identificado como agente colaboracionista por el general Cáceres a
fines de 1882. Como vimos, éste dispuso que las guerrillas de la región embargaran sus bienes,
en represalia por su acción disociadora. Esta medida no consiguió mayores resultados, pues
Duarte había tomado ya sus previsiones frente a esta contingencia4. Aun entonces, en general
las relaciones entre los terratenientes y campesinos seguían siendo pacíficas5.
6Al iniciarse 1883 dos eventos descompusieron aceleradamente la situación. El primero fue la
movilización campesina antiterrateniente desencadenada por la orden dada por Cáceres a las
guerrillas indígenas de invadir las haciendas de los terratenientes colaboracionistas6. El
segundo fue el desbande de los partidarios de la resistencia, luego de la derrota y destrucción
del Ejército del Centro en Huamachuco (10 de julio de 1883).
8Aun después de estos eventos —que fueron decisivos para el final de la resistencia—
prosiguió la acción guerrillera indígena en la sierra central. A mediados de noviembre de 1883
el cabildo de Acostambo se puso a disposición de Cáceres para continuar solos el combate
contra los chilenos, ya que la clase dominante había defeccionado. En los dos meses anteriores
los combatientes de Acostambo, actuando conjuntamente con las demás guerrillas de la
región, habían procedido de motu proprio a expulsar a la división chilena Urriola de los
departamentos de Ayacucho, Huancavelica y Junín, obligándola a replegarse hasta Lima.
10Esta acción, así como las terminantes órdenes que entonces expidió Cáceres para que se
devolviera a sus dueños las haciendas tomadas, no detuvieron las movilizaciones campesinas,
pero sí rompieron la alianza entre el caudillo de la resistencia y los indígenas que hasta
entonces lo habían seguido incondicionalmente. Hasta entonces Cáceres había desarrollado
una sagaz política que buscaba ganar al campesinado a la resistencia antichilena. En adelante
su objetivo sería ganar el apoyo de la clase dominante (cuyas demandas fundamentales eran el
desarme de los guerrilleros y la recuperación de las haciendas ocupadas) para su bando, en la
lucha por el poder contra Iglesias. Por su parte, la movilización campesina antiterrateniente
prosiguió autónomamente, liberada de la conducción de Cáceres y los terratenientes que la
dirigieron durante la guerra nacional.
9 La razón era muy clara, según el Prefecto de Junín: "el mal estado en que se encuentra la
pequeña (...)
12La debilidad del Estado se expresaba, en primer lugar, en su incapacidad para ejecutar
eficazmente su función de coerción. La cobranza de la contribución personal, restablecida
oficialmente al terminar la guerra, sólo pudo hacerse efectiva en algunas zonas, siendo su
cobro virtualmente imposible en otras9.
10 APJ: Oficio del Sub Prefecto de Jauja, B. S. Leyva, al Prefecto del Departamento de Junín,
Jauja, (...)
11 APJ: Oficio del Sub Prefecto de Jauja, B. S. Leyva, al Prefecto de Junín. Jauja, 1° de marzo de
18 (...)
12 Idem. Cáceres exoneró a los guerrilleros del pago de la contribución persona] durante la
guerra co (...)
13 BN: D8460: Expediente seguido por la Prefectura de Huancavelica. Pide envío de fuerzas a
ese depar (...)
14La situación de Jauja era similar a la del resto del departamento de Junín; y no era diferente
la situación imperante en Huancavelica. "No se puede adelantar casi nada con el cobro de las
contribuciones, sin poder imponer tampoco suficiente respetabilidad y cumplimiento con los
doce hombres de Guardia Civil que reconoce el presupuesto vigente de este Departamento",
afirmaba el Prefecto Tomás Patiño13. Finalmente el gobierno optó por dejar al criterio de los
funcionarios gubernamentales subordinados el cobro de la contribución. Estos, basándose en
una evaluación de la situación local, deberían decidir si era posible cobrar o no la contribución
personal a los indígenas.
14 APJ: Oficio del Sub Prefecto de Jauja, B. S. Leyva, al Prefecto de Junín. Jauja, 30 de
noviembre d (...)
15La débil presencia del Estado, además, propició la generalización del bandolerismo, que se
hizo endémico. Los informes de los Sub Prefectos de Castrovirreina, Tayacaja, Huancayo, Jauja
y Cerro de Pasco aluden a este fenómeno como a un flagelo que no podían erradicar por falta
de recursos materiales. "Bandas de malhechores armados —informaba el Sub Prefecto de
Jauja— recorren los pueblos (...), cometiendo todo género de excesos sobre ciudadanos
pacíficos e indefensos sin que baste para contenerlos la vigilancia y el poder de las autoridades
de esos lugares. La escasa fuerza de la que dispongo, destinada exclusivamente al servicio de la
seguridad de la cárcel, y al cuidado de la capital, alarmada con la presencia de bandidos en (su)
seno, no me permite destacar un solo gendarme con dirección de los distritos de Mito y
Orcotuna"14.
16En este contexto el Estado perdió el control sobre determinadas regiones, que se alzaron sin
un programa definido, movilizadas en muchos casos por una combinación extraordinariamente
compleja de demandas sectoriales, así como, excepcionalmente, por proyectos más
ambiciosos surgidos de fuera del movimiento campesino. Los límites a la movilización
campesina durante este periodo inicial de la postguerra provinieron principalmente de las
limitaciones intrínsecas del movimiento campesino mismo. Sería sólo en un momento
posterior, cuando la clase dominante logró recuperar por lo menos una estabilidad precaria,
que la represión desplegada por el Estado jugaría un rol decisivo en la desarticulación de este
levantamiento contra el orden terrateniente.
15 APJ: Oficio de Felipe Coz al Prefecto del Departamento de Junín. Lima, 18 de enero de 1886.
17En diciembre de 1885 el general Cáceres consiguió derrotar a su rival, Miguel de Iglesias,
quien se vio obligado a dimitir. Aun antes de que el caudillo de La Breña asumiera el poder
(gracias a unas elecciones en las que obtuvo una masiva votación), desde el gobierno se
empezó a ejecutar las que serían las líneas maestras de su administración. En enero de 1886 el
Ministerio de Gobierno comisionó al coronel Bartolomé Guerra, quien había sido comandante
general de las fuerzas guerrilleras de la margen derecha del Mantaro, para recoger las armas
existentes en el departamento de Junín, "ya sea en poder (de) particulares o en de las citadas
fuerzas de guerrilleros". Se le recomendaba actuara con la mayor prudencia en la ejecución de
su comisión15.
16 APJ: Oficios del Prefecto de Junín a los Sub Prefectos de Jauja y Huancayo. Cerro de Pasco, 9
de a (...)
17 BN: D1 1941: Expediente seguido para la devolución a sus legítimos propietarios de las
haciendas o (...)
18Bartolomé Guerra tuvo muy escaso éxito. De allí que en el segundo semestre de 1886 el
Prefecto de Junín diera instrucciones a los Sub Prefectos de Jauja y Huancayo para que
ayudaran al terrateniente Manuel Fernando Valladares, quien quería lograr que le restituyeran
sus haciendas ocupadas por los guerrilleros de Comas16. En setiembre del mismo año los
diputados por Huancayo, a pedido del Concejo Provincial, se dirigieron al Ministro de Gobierno
demandando la intervención del Estado para lograr que "se devuelva a sus dueños las
propiedades que permanecen en poder de los indios aún después de pacificada la
República"17.
19La ocupación de las haciendas por las guerrillas de la región, que continuó luego de la
guerra, fue una expresión más de la debilidad del Estado peruano en la postguerra, tal como lo
eran el bandolerismo generalizado o las dificultades para reinstaurar el cobro de la
contribución personal. El problema de fondo era que el Estado no estaba en capacidad de
desplegar medidas coercitivas que permitiesen volver a encuadrar al campesinado en las
rígidas estructuras del orden terrateniente. La recuperación de las haciendas ocupadas y la
reinstauración del tributo exigirían, por lo tanto, combinar sabiamente la coerción, donde ello
era posible, con las transacciones y la negociación, allí donde a la debilidad extrema del
aparato estatal se añadiera una relativa fortaleza del campesinado, producto de la
movilización armada.
18 BN: D8207: Copia especial de los decretos expedidos por la Comisión Especial del Supremo
Gobierno (...)
20La designación de Bartolomé Guerra —quien fue jefe guerrillero durante la guerra— para
desarmar a las guerrillas que se mantenían en armas cuando Cáceres ascendió al poder, no
contribuyó a la recuperación de las haciendas. Tampoco los esfuerzos desplegados por los Sub
Prefectos de la región ayudaron a solucionar el problema. Regiones enteras se mantuvieron en
rebeldía, negándose a devolver las armas que les reclamaban como patrimonio del Estado. La
presión de los hacendados afectados, sin embargo, crecía y dos años después del
nombramiento de Bartolomé Guerra el gobierno optó por nombrar una Comisión Especial,
encargada de la devolución de las haciendas ocupadas por las guerrillas campesinas a sus
primitivos dueños. Se nombró director de la comisión a Emiliano Carvallo18.
21Carvallo logró su cometido entre las comunidades de la margen derecha del valle del
Mantaro. El resultado favorable de sus acciones fue el producto de la confluencia de varios
factores: en primer lugar, estas comunidades están más estrechamente interconectadas con la
zona nuclear del valle del Mantara. Su accesibilidad hace que las posibilidades de una
resistencia guerrillera sean menores, como se pudo constatar durante la guerra con Chile,
durante el levantamiento masivo de los guerrilleros de Chupaca, Sicaya, Chongos Alto y Bajo,
Colca, Huasicancha, Sincos, Mito, Orcotuna, Muqui, Muquiyauyo, etc. En segundo lugar, el
fusilamiento de los jefes guerrilleros de Colca (comunidad que pertenece a esa zona) que
Cáceres ordenara, debió significar un duro golpe para las fuerzas guerrilleras. En tercer lugar,
las evidencias de la historia social del medio siglo anterior muestran que en esa zona no existía
una presión demográfica significativa sobre las tierras, pues existían amplias tierras vacías.
Haciendas y comunidades podían incrementar, pues, su dotación pecuaria sin recurrir a la
expansión territorial. Esto era aún más factible en la inmediata postguerra, pues la
depredación del ganado había aliviado aún más la presión sobre los pastos. El problema mayor
no era pues tanto recuperar las haciendas como recuperar el ganado.
22Es evidente que el gobierno no abrigaba muchas ilusiones sobre lo que pudiera conseguir
una comisión mediadora. Por eso, el 18 de setiembre de 1888, casi simultáneamente con el
nombramiento de la comisión, resolvió enviar una expedición militar contra las comunidades
campesinas de la margen izquierda del Mantaro, las más recalcitrantes; aquellas emplazadas
en los distritos de Comas (Jauja) y Parihuanca (Huancayo), en las estribaciones de la cordillera
oriental de los Andes19. Desde el inicio se combinó pues las negociaciones con el uso de la
fuerza, dando un tratamiento diferenciado a las comunidades de la región. Esta medida fue
acertada, como pudo comprobarse después.
20 BN: D8207: Copia especial de los decretos expedidos... Entre abril y mayo de 1889 Carvallo
falló a (...)
23A inicios de 1889, Emiliano Carvallo logró la restitución pacífica de las haciendas de la
margen derecha del Mantaro a sus antiguos propietarios, gracias a una hábil política de
negociaciones. Carvallo llegó incluso a dar rallos a favor de las comunidades en los reclamos
que éstas tenían frente a las haciendas, "dejando a salvo el derecho de éstas para el respectivo
juicio petitorio"20. Aunque estos fallos fueron mal recibidos por los propietarios, el caso es
que abrieron el camino a la reinstauración del orden tradicional, sustrayendo los conflictos del
terreno del enfrentamiento directo, donde los indígenas en armas estaban en ventaja frente a
un Estado extremadamente debilitado, y remitiéndolos al terreno legal, indudablemente
favorable para la defensa de los intereses de los propietarios.
24Veamos ahora la situación en la región de Comas, sobre la margen izquierda del río
Mantaro. Esta región, a diferencia de la que vimos anteriormente, es accidentada; sus
relaciones con la zona nuclear del valle son mucho menores y resulta, desde el punto de vista
militar, muy favorable para una resistencia guerrillera. Esto se hizo evidente ya durante la
guerra, cuando los esfuerzos del alto mando chileno por expedicionar sobre Comas para
vengar el exterminio de un pelotón de caballería en Sierra Lumi (2 de marzo de 1882)
resultaron infructuosos.
21 APJ: Nota del Sr. Prefecto al Gobernador de Comas con inserción del decreto expedido por
el Presid (...)
25Eran varios los propietarios afectados, y el primero que se movilizó intentando recuperar sus
haciendas ocupadas fue Manuel Fernando Valladares. En julio de 1884, apenas terminada la
guerra con Chile, cuando recién se producían los enfrentamientos que culminarían con la
guerra civil entre Cáceres e Iglesias y a dos semanas del fusilamiento de los jefes de la guerrilla
de Colca, Valladares consiguió que el caudillo de La Breña diera órdenes terminantes para que
se le restituyeran sus haciendas, "el ganado vacuno, lanar, yeguarizo, llamas y demás enseres
que le han sido sustraídos de sus haciendas Runatullo, Pampa Hermosa, Curibamba y Ususqui
que se le harán restituir dictándose a la vez las correspondientes disposiciones para la
aprobación (sic) de los delincuentes que serán sometidos a previo juicio"21. Debido al
desorden imperante después, durante la guerra civil, esta disposición quedó sin efecto, pero
en cuanto la situación se estabilizó Valladares volvió a reclamar, consiguiendo que el Prefecto
de Junín dictara las órdenes a los Sub Prefectos de Huancayo y Jauja que ya vimos
anteriormente.
22 APJ: Oficio de José Meléndez, Juan B. Yupanqui y José Erquenio, en representación de los
habitante (...)
23 Oficio de los residentes del anexo Cochas (Coma) al Prefecto de Junín. Tarma, 8 de julio de
1902.
25 APJ: Oficio del Sub Prefecto de Jauja, B. S. Leyva, al Prefecto de Junín. Jauja, 16 de
noviembre d (...)
28Por su parte, el Sub Prefecto de Jauja intentó tender una trampa a los comasinos, invitando
a las autoridades y las personas notables de Comas a asistir a las festividades en
conmemoración del cumpleaños del Presidente de la República, "con el fin reservado de reunir
en Jauja a los vecinos de Comas para capturarlos". Su plan fracasó, pues los invitados no se
dignaron siquiera contestar el oficio, "que les dirigió la Sub Prefectura de acuerdo con el Sr.
Valladares"25.
27 "Los de Comas (...) hostilizan y hacen sufrir tormentos a los que van allá de esta Provincia y
se (...)
28 "(Los de Comas) se preparan a atacar esa ciudad o esta. Además en este momento he
sabido que una m (...)
29Fracasado este intento, el Sub Prefecto de Huancayo radicalizó su táctica, disponiendo que
se detuviera a todos los comasinos que se aventuraran fuera de su territorio para comerciar,
medida que generó contradicciones con el Poder Judicial, por su evidente arbitrariedad26. El
problema mayor, sin embargo, seguía siendo la resistencia campesina. La estrategia de cercar
a los comasinos fracasó cuando éstos empezaron a ejercer represalias contra los transeúntes
que se aventuraban por su territorio27. Se corrían, además, insistentes rumores acerca de
preparativos que éstos realizaban para atacar las ciudades circundantes, lo cual provocó un
ambiente de angustia y zozobra en la región28. En estas circunstancias, el Sub Prefecto de
Jauja recurrió a la Prefectura departamental, alertándola acerca del inminente peligro que se
cernía sobre la población que custodiaba.
29 APJ: Papeles varios. Figuran varios de los salvoconductos entregados, algunos expedidos a
título p (...)
30El Prefecto decidió entonces optar por la acción directa. En mayo de 1887 envió una
expedición armada que ocupó Comas, al parecer sin encontrar resistencia. Inmediatamente se
procedió a capturar a todos los campesinos que fue posible, para obligarlos a asumir el
compromiso de restituir a Valladares el ganado perdido en sus haciendas. Se obligó a los
detenidos a comprometerse a devolver una determinada cantidad de ganado, que deberían
entregar en un plazo previamente estipulado, a cambio de lo cual se les otorgaba un
salvoconducto para circular. A esta expedición armada le siguió otra, en setiembre del mismo
año, dirigida por el Prefecto de Junín en persona, José María Rodríguez, que empleó idéntica
táctica29.
31¿Tuvo éxito esta política? Las evidencias documentales demuestran su fracaso. El conjunto
de las transacciones económicas realizadas por Valladares y otros propietarios en los años
siguientes consigna que sus haciendas seguían sin ganado, lo cual representó la ruina definitiva
para una buena parte de los terratenientes de la sierra central30.
32Veamos ahora la lucha por la recuperación de las haciendas ocupadas, aquellas contra las
que el gobierno ordenó expedicionar al Prefecto de Junín, en setiembre de 1888.
31 BN: D11466: Parte oficial sobre la expedición a Punto. Huancayo, 15 de enero de 1889.
Dirigió esta (...)
32 Aparentemente había contradicciones entre las comunidades en rebeldía y entre éstas y los
peones d (...)
33 Idem. El Prefecto trató de valerse de las contradicciones existentes para pacificar la región:
"tr (...)
35 APJ: Carta de Jacinto Cevallos a los vecinos de Canchapalca. Punto, 26 de junio de 1902.
Como pued (...)
34El Prefecto de Junín decidió dar un viraje radical en la táctica hasta entonces empleada.
Ordenó el repliegue de las tropas al fundo Llacsapirca, convocó a las comunidades de
Acobamba y Comas y convenció a Cevallos de la conveniencia de vender las haciendas a las
comunidades que las ocupaban. Lograda la anuencia del propietario se firmó un convenio por
el cual la comunidad de Acobamba y sus anexos adquirían la hacienda Punto, con excepción de
la quebrada de Palcacancha, que fue comprada por la comunidad de Comas. Los comuneros de
Acobamba debían entregar como pago 1,000 reses en 60 días, 500 un año después, y otras 500
al cumplirse los dos años. Comas y sus anexos pagarían 250 reses por la tierra adquirida, en el
plazo de seis meses33. Este resultado tuvo como costo "muchos heridos", según una versión
periodística34; 3 heridos, uno de ellos fallecido, según el parte oficial de la expedición; y un
oficial y 2 soldados muertos, según la versión de Jacinto Cevallos35.
36 BN: D5041: Oficio dirigido por el Prefecto del Departamento de Junín al Director de
Gobierno adjun (...)
35El acuerdo tan laboriosamente conseguido no fue cumplido. A Cevallos le fueron entregadas
apenas 130 reses, y algunos años después el Ministro de Gobierno dispuso que las devolviera y
entrara inmediatamente en posesión efectiva de sus haciendas; resolución que, obviamente,
quedó sólo en el papel. En los años siguientes no pudo modificarse el statu quo. Demuestra
que la situación no estaba bajo control el hecho de que en 1896 dos haciendas vecinas a
Punto, Llacsapirca y Patala, fueron ocupadas por sus trabajadores, que obligaron a huir a los
seis gendarmes que marcharon a recuperarlas36.
37 APJ: Oficio de B. S. Leyva al Prefecto de Junín. Jauja, 7 de febrero de 1898. Punto y Callanca
ni (...)
36Recién en febrero de 1898 pudo iniciarse la devolución de algunos de los fundos ocupados
desde la época de la guerra. Así, fueron devueltos Acobamba (distinguirla de la comunidad del
mismo nombre) y Ocorayoc, de José Benza y José María Lora, respectivamente; Huayllamarca y
San Juan de Tacanaco no fueron entregados, por no estar presentes sus dueños. En cambio
Chimpimayo, Paltainioc y Misquipuquio no fueron de la partida, "en razón de que los vecinos
de la inmediata montaña de Curimarca los ocupan actualmente alegando pretensiones sobre
dichos terrenos"37.
38 APJ: Papeles varios. Desde que Piérola triunfó Cevallos estuvo buscando crear las
condiciones que (...)
40 Idem. El Prefecto de Junín se vio obligado a marchar hasta la región a ofrecer garantías a los
pob (...)
38La recuperación de Punto y Callanca cerró el ciclo de las movilizaciones campesinas iniciadas
durante la guerra con Chile. La significación de este hecho trasciende el ámbito estrecho al que
podría reducírsele si sólo se pensara en el carácter localizado del enfrentamiento en tomo a la
posesión de las haciendas ocupadas. Pero es que en los veinte años transcurridos el territorio
de Comas se había puesto de facto al margen del control estatal. La derrota final de los
campesinos debe explicarse, por eso, no sólo por el aislamiento en que había caído el
movimiento, sino también —y esto es lo decisivo— por el radical fortalecimiento del Estado
luego de liquidado el Segundo Militarismo y culminada la reconstrucción por Piérola. Esto
permite entender la importancia que otorgaba a la pacificación de Comas y Pariahuanca el
informe que presentó el Ministro de Gobierno al Congreso en 1902.
(...)
"Las medidas sagaces puestas en práctica por los funcionarios políticos han hecho innecesario
por ahora el empleo de la fuerza (sic). Algunos de los instigadores de aquella situación, se han
sometido a la obediencia del Gobierno, otros han entregado sus armas, los propietarios
despojados han vuelto a la posesión de sus fundos, y debe esperarse que, en este camino de
represión severo, el orden y las leyes serán respetados por los habitantes de los distritos
mencionados" (véase el Anexo No. 2)41.
39Comas y Pariahuanca estuvieron, pues, fuera del control estatal por dos décadas. ¿Qué
sucedió con el campesinado de la región durante ese periodo? Responder a esta cuestión
obliga a analizar el horizonte ideológico de la rebelión; a indagar por los proyectos políticos —
si los hubo— que actuaban tras del movimiento, y su grado de adecuación al nivel de
conciencia social del campesinado; a determinar el grado de organicidad que había alcanzado
la movilización. Intentaremos una aproximación a estas cuestiones.
43 CMH: Libro de Sesiones Ordinarias del Concejo Provincial de Huancayo 1883-1887, ff. 441-
442. Paria (...)
40Cuando en diciembre de 1886 finalizó la guerra civil entre Cáceres e Iglesias, el grado de
incorporación al Estado de los territorios que habían vivido una fuerte agitación social durante
la guerra era muy limitado. La cuestión no cambió cuando se instauró el régimen del caudillo
de La Breña. Como vimos, hubo territorios donde fue imposible restablecer la contribución
personal hasta la década del 9042. Pero el caso extremo es el de los territorios donde no fue
posible restablecer a las autoridades estatales. En una sesión del Concejo Provincial de
Huancayo, celebrada en agosto de 1887, se discutió el caso del distrito de Pariahuanca donde,
pese a todos los esfuerzos desplegados por el Concejo Provincial después de la guerra, no
había sido posible instalar el Concejo Municipal: "la desorganización de ese distrito es tal —
afirmaba el Alcalde de Huancayo— que hoy no funciona autoridad legal alguna"43.
44 APJ: Oficio del Sub Prefecto de Jauja, D. Dulanto, al Prefecto de Junín. Jauja, 9 de julio de
1898 (...)
45 El 10 de julio Enzián solicitaba el envío de 15 gendarmes. El 20 ratificaba su pedido,
sugiriendo (...)
46 APJ: Oficio del Sub Prefecto de Jauja al Prefecto de Junín. Jauja, 11 de agosto de 1898. El
Sub Pr (...)
47 APJ: Oficio del Sub Prefecto de Jauja al Prefecto de Junín. Jauja, 1° de marzo de 1887. El Sub
Pre (...)
43En febrero de 1888, el Gobernador de Concepción envió al Sub Prefecto de Jauja un informe
acerca de la amenazadora marcha de una columna de campesinos dirigida por un tal D.
Osambela. Los campesinos se habían dirigido de Comas a Andamarca; "llevan rifles —advertía
— y harta munición, además, se dice que se ha movido el caserío de 'Punto' "48.
49 Oficio del Gobernador de San Lorenzo al Sub Prefecto de Jauja. Jauja, 4 de febrero de 1888.
45La información del Gobernador sobre las acciones que venía realizando ese grupo armado
era correcta. Se equivocaba, en cambio, en cuanto a los propósitos que le atribuía. Estos eran
más ambiciosos que la simple elevación de Comas a la categoría de provincia, y están
consignados en un extraordinario documento que fue remitido a las comunidades de la región
por el Alcalde Municipal de Comas, Rufino Llanco, el Juez de Paz, Nazario Valero, y el Síndico
de Gastos, Mariano Sánchez (véase el Anexo No. 3). En su parte principal, esta misiva
comunicaba la intención de los comasinos de formar "una confederación o alianza de
Distritos", con el objetivo de formar un Estado Federal:
50 APJ: Circular de las autoridades de Comas a las autoridades, notables y toda la comunidad
de Uchub (...)
"(...) serán libres, se gobernarán por si mismos sus autoridades y nadie podrá atacarlos sin que
todo el Estado Federal salga a la defensa de Uds. En cambio Uds. estarán también obligados a
venir con sus armas cuando los necesitemos. Caso tras hemos tomado ya las armas, nos hemos
hecho tener (¿temer?), y nos haremos tener mucho más. Muy pronto sabremos contener a los
enemigos de Uds. si se adhieren Uds. a nuestra confederación si Uds. conbinen manden sus
Deputados, esto es sus Principales a tratar detenidamente con nosotros, y todo si arreglará
bien. Los que vengan traerán acta poder para que puedan contratar libremente a nombre de
todo Uchubamba"50.
51 Idem. La denuncia fue firmada por Manuel Oré y figura al pie del documento referido.
52 Oficio de Esteban Pontapoma, Santos Mesa y otros al Sub Prefecto de Jauja. Comas, 1° de
febrero de (...)
53 "(...) no habrá habido ni podrá haber persona dentro ni fuera de esta población que siquiera
vagam (...)
46Las autoridades de Uchubamba, a quienes iba dirigida la comunicación que hemos glosado,
denunciaron el movimiento ante el Gobernador de Concepción, lo cual fue decisivo para que
abortara51. Además, la comunidad de Comas, que encabezaba el proyecto, estaba dividida: un
grupo de diez notables comasinos enviaron una comunicación al Sub Prefecto de Jauja, el 1° de
febrero, tomando distancia con relación a los líderes del movimiento52. Puestos en evidencia
por la denuncia, los implicados se vieron obligados a defenderse. A su vez, enviaron una
comunicación a la Sub Prefectura, en la que protestaban su inocencia, alegando ser víctimas de
una calumnia53.
47El documento de descargo de las autoridades de Comas permite entender mejor el contexto
en que era posible esta movilización. De allí se desprende que, tras el enfremamiento con el
Estado, estaba el resentimiento que había provocado en el campesinado la política seguida por
las autoridades gubernamentales para tratar de someter a Comas a la obediencia, obligando a
los comasinos a resarcir el ganado de Runatullo al propietario de la hacienda, Manuel
Fernando Valladares.
48Por otra parte, los comasinos establecían una clara relación de causalidad entre los
acontecimientos que venían dándose y los sucesos vividos durante la guerra con Chile.
49Se insinúan, también las tensiones que signaban la relación con Valladares, que era
partidario de una solución represiva frente a la movilización de los comasinos. Naturalmente,
la inestabilidad social existente era una amenaza para sus expectativas de volver a ocupar
Runatullo. Es evidente, además, la existencia de una abierta beligerancia de las autoridades
políticas contra la comunidad levantisca. Ello se desprende de otros párrafos del documento
citado:
55 Idem.
"Si el Señor Valladares no va o no está en su hacienda creemos sea por atender de preferencia
sus asuntos y negocios en Concepción; pero que de nuestra parte se le ponga obstáculo alguno
es una falsedad crasa. A la presente nos dirigimos a Ud. y por su digno órgano, al Señor
Prefecto del Dpto. para que a su vez se sirva poner en conocimiento de quien corresponda a
fin de que respectivamente se sirvan ordenar que no se abuse de nuestra indigencia y falta de
conocimiento hasta el extremo de proscribirnos nuestro derecho de defensa: que si el Señor
Valladares tiene cargos que hacer a ciertas y determinadas personas, ejercite su acción en la
vía judicial respectiva, y que no se proceda de hecho a capturar indistintamente a personas de
este Distrito que no tengan culpa o cargo alguno que responder. Así se habrá conseguido la
armonía entre el derecho del propietario de un fundo vecino y la Soberanía de un pueblo"55.
50El documento terminaba con una declaración conciliadora, que acaso buscaba mediatizar la
indisimulable altivez, evidenciada líneas atrás. Es claro que aquí estamos muy lejos del tono de
sumisión inicialmente asumido:
56 Idem.
"Tenga Ud. (la) seguridad (de) que este Distrito jamás tomará arma alguna contra persona
determinada; y al hacerlo, si llega el caso, será precisamente para una guerra Nacional, como
lo ha hecho en la época de los chilenos en que nuestra cara Patria necesitaba el concurso de
cada uno de sus hijos"56.
57 APJ: Oficio del Sub Prefecto de Jauja, BS. Leyva, al Prefecto del Departamento de Junín.
Jauja, 14 (...)
51El Sub Prefecto de Jauja disponía de suficiente información sobre los preparativos
insurreccionales de los comasinos como para dejarse convencer por el descargo que le
enviaron. Ordenó pues la captura de Osambela, como instigador de una rebelión. Su orden fue
rápidamente ejecutada, poniéndose al acusado en prisión en la cárcel de Concepción. Esta
medida, que frustraba los preparativos que habían venido realizándose, obligó a los comasinos
a abandonar su actitud de cautela y pasar a la acción directa. En la madrugada del 13 de
febrero de 1888 Mariano Sánchez, Nazario Valero y otros comasinos asaltaron Concepción y
"sacaron de la cárcel a Osambela, haciendo tiros contra los que se oponían, en cuyo motίn casi
asesinan al Gobernador"57.
58 Usamos esta denominación, pese a que tal nombre no figura en el documento, porque
creemos que es e (...)
53En primer lugar, cabe preguntarse por la identidad del enigmático D. Osambela. En el
manifiesto58 que los campesinos de Comas enviaron a las comunidades de la región hay
alguna información útil para esbozar un retrato del personaje. Este era "conocido hace tiempo
en Lima, por lo que ha escrito en los periódicos sobre reformas". Se había manifestado, por
otra parte, decidido a vivir, "para siempre", entre los campesinos de la región. Un documento
enviado al Sub Prefecto de Jauja proporciona otro dato biográfico: Osambcla fue Juez de Paz
en Ica. Como puede verse, no es muy amplia la información que sobre él poseemos.
54Lo que parece particularmente notable es su ideología, sobre la cual es posible señalar
algunos elementos, ya que indudablemente él fue el inspirador del contenido del manifiesto
de Comas. En el documento citado hay expresiones llamativas: "manden sus Diputados, esto
es sus Principales". El programa propuesto, por otra parte, es bastante elaborado: organizar
militarmente la autodefensa campesina; mejorar el comercio, la industria, la instrucción y la
administración de justicia; promover el autogobierno del campesinado coaligado en un Estado
federal (véase el Anexo No. 3).
60 Hay otras interrogantes por plantearse: ¿Cómo organizaron los campesinos su logística?
¿De dónde o (...)
61 En una monografía sobre Huancayo, escrita a fines del siglo pasado, un agudo observador,
al mismo (...)
56Resulta sugestivo el paralelo que puede establecerse entre D. Osambela y Galileo Gall, el
personaje de la novela de Mario Vargas Llosa La guerra del fin del mundo, cuya trama se
desarrolla en el Brasil de fines del siglo xix. Osambela y Gall son intelectuales socialistas —
anarquista Gall— que se dirigen a una zona campesina convulsionada, creyendo ver en ella el
germen de la sociedad utópica que aspiran a construir. Ninguno de ellos llegará a tocar las
puertas del paraíso: G. Gall por su muerte a las puertas de Canudos y D. Osambela por el
aborto del plan subversivo de Comas. Un elemento que aparentemente podría diferenciarlos
es su procedencia —Gall es europeo y Osambcla peruano—, pero tampoco existe allí una
rotunda diferencia; en la sierra central del siglo xix la distancia cultural que separaba a los
indios de los blancos debía ser muy semejante a la que, por la misma época, existía entre un
europeo y los yagunzos del Nordeste brasileño61. Gall resulta, pues, un personaje tan real
como Osambela novelesco.
57Pero allí terminan las semejanzas. El movimiento de Comas no puede explicarse por los
"malentendidos culturales", que tan importante papel juegan para explicar los conflictos
sociales en el universo literario vargasllosiano. Los indígenas de Comas que secundaban a
Osambela se movilizaron por objetivos políticos precisos, aun cuando éstos no fueran
asequibles al conjunto de los comuneros. Aun para un movimiento social producido hace cien
años en los Andes centrales, la tesis de los "dos Perú", sin contacto entre sí, que sostuvo la
Comisión Vargas Llosa sobre la masacre de los periodistas en Uchuraccay, es inconsistente.
61Esta fragmentación resalta aún más si se la compara con la unanimidad sin fisuras alcanzada
durante la guerra con Chile. Esta cohesión, lograda en gran parte por oposición —provocada
por la presencia del "enemigo común"—, se perdió en las movilizaciones de la postguerra;
tendieron a encerrarse en el estrecho marco de los límites locales, fracturándose además
internamente. Si en estas circunstancias el Estado peruano hubiera tenido una mayor
fortaleza, probablemente hubiera recuperado más tempranamente el control de la región. La
debilidad de las clases dominantes permitió, en otras palabras, el mayor fortalecimiento del
campesinado movilizado desde la época de la guerra con Chile.
62Finalmente, pese a que las haciendas continuaron ocupadas hasta más de una década
después, es evidente que el movimiento, tal como lo concebía D. Osambela, no encontró en el
campesinado de Comas una base social suficiente para desarrollarse. El hecho es que este
proyecto estaba más allá del horizonte ideológico de la mayoría de los campesinos. Osambela
logró ganarse a algunos de los líderes de la comunidad de Comas, pero el grueso del
campesinado no respondió a su llamado. De allí que el movimiento abortara al comenzar. No
fue, pues, la represión gubernamental la causa determinante de la derrota —la región
permaneció al margen del control estatal durante más de una década después de abortado el
plan—. Tuvo más importancia un problema interno: el programa político que se proponía al
campesinado estaba por encima del nivel de desarrollo de su conciencia social. No existió pues
un mismo horizonte entre los dirigentes y las masas campesinas que se esperaba representar.
NOTAS
1 AML: Not. Manuel F. Peña, Huancayo. Protocolos Notariales, Tomo ΠΙ 1880-1881, ff. 86-96,
Huancayo 15 de noviembre de 1880. En esa misma fecha desembarcaba en la bahía de Paracas
el ejército chileno que dos meses después tomaría Lima.
2 APJ: Carta de los jefes de la guerrilla de Comas a Jacinto Cevallos, Acobamba 16 de abril de
1882. Hemos publicado el texto íntegro de la carta en nuestro libro Campesinado y nación...,
pp. 393-394. Los guerrilleros habían solicitado 8 reses al mayordomo de Punto para alimentar
a sus hombres, pero no habían ocupado las haciendas. En la carta le enrostraban su falta de
patriotismo y deslindaban tajantemente que el ganado había sido requisado para alimentar a
las fuerzas guerrilleras en campaña: "que eso de cualquier hacendado pueda soportarnos
como a soldados patriotas" (loc. cit.). Cevallos era esposo de Benjamina Ibarra, propietaria de
Punto y explotaba esta hacienda conjuntamente con Callanca, de propiedad de su cuñada,
María Ibarra.
3 El 20 de junio de 1882 Benjamina Ibarra extendió un poder a Benjamín Merino para que éste
tratara de llegar a una transacción con los guerrilleros que habían invadido Punto. AML: Not.
Manuel F. Peña, Huancayo. Prot. Not., Tomo IV, 1882-1883, ff. 46-46v.
4 En noviembre de 1882 Duarte arrendó sus propiedades a terceros para burlar las represalias
de Cáceres. En el contrato dejó expresa constancia de que los arrendatarios deberían
"defender la integridad del territorio (de las haciendas) dando oportuno aviso al dueño de
cualquier amago o invasión irresistible". AGN: Not. José Ramón Castilla. Prot. Not. 992, Lima 2
de noviembre de 1882.
5 En la misma zona donde estaban emplazados los fundos de Duarte, aun el 3 de noviembre de
1882 el cura Manuel Antonio de Vivanco arrendó sin contratiempos la hacienda Río de la
Virgen, de propiedad de la parroquia de Huancayo, a la comunidad de Chongos Alto, pese a
que existían disputas entre la parroquia y la comunidad en torno a la posesión de pastos (AML:
Not. Manuel F. Peña, Prot. Not., T. IV 1882-1883, s/n, inserto para protocolización). Siendo la
comunidad de Chongos Alto una de las que estaban alzadas en armas, cabe preguntarse si este
arrendamiento no fue una sagaz manera de prevenir una invasión que ya se hacía previsible.
9 La razón era muy clara, según el Prefecto de Junín: "el mal estado en que se encuentra la
pequeña fuerza de Gendarmería; casi sin vestido ni calzado; con escaso diario, que iba a faltar
de un momento a otro; sin caballos para expedicionar; y sin remedio alguno para conseguir
dinero". BN: D7164: Acta de las sesiones realzadas por la Junta Departamental de Junín, Cerro
de Pasco, 11 de enero de 1887.
10 APJ: Oficio del Sub Prefecto de Jauja, B. S. Leyva, al Prefecto del Departamento de Junín,
Jauja, 7 de diciembre de 1886.
11 APJ: Oficio del Sub Prefecto de Jauja, B. S. Leyva, al Prefecto de Junín. Jauja, 1° de marzo de
1887.
12 Idem. Cáceres exoneró a los guerrilleros del pago de la contribución persona] durante la
guerra con Chile. Al término de ésta, se inició la guerra civil con Iglesias y la exoneración fue
limitada a "los ciudadanos que abandonando sus hogares e intereses se alistaron en el Ejército
Constitucionalista para reinstaurar el imperio de las leyes". A éstos se les exoneró por los
cuatro semestres correspondientes a 1887 y 1888, mientras que según esta disposición, los
demás indígenas debían sostener las exhaustas arcas fiscales (APJ: Circular del Ministerio de
Guerra y Marina a los Prefectos, Lima 8 de julio de 1886). Iglesias también ofreció la
exoneración del tributo a los indígenas que se alistaran en su ejército.
13 BN: D8460: Expediente seguido por la Prefectura de Huancavelica. Pide envío de fuerzas a
ese departamento para el cobro de la contribución o que (se) le autorice organizaría el número
que indica. Huancavelica, 14 de julio de 1888. El Prefecto Patiño solicitaba se destacasen 50
hombres de infantería y 12 gendarmes a caballo, o que se le autorizara a organizar su propia
fuerza, propuesta que fue desaconsejada por el responsable de policía de Lima.
14 APJ: Oficio del Sub Prefecto de Jauja, B. S. Leyva, al Prefecto de Junín. Jauja, 30 de
noviembre de 1886. El Sub Prefecto solicitaba el auxilio de una fuerza de caballería, la que le
fue prometida en múltiples oportunidades, pero que nunca llegó.
15 APJ: Oficio de Felipe Coz al Prefecto del Departamento de Junín. Lima, 18 de enero de 1886.
16 APJ: Oficios del Prefecto de Junín a los Sub Prefectos de Jauja y Huancayo. Cerro de Pasco, 9
de agosto y 23 de noviembre de 1886, respectivamente.
17 BN: D1 1941: Expediente seguido para la devolución a sus legítimos propietarios de las
haciendas ocupadas por los indios de Jauja y Huancayo a raíz de la última contienda civil. Lima,
3 de setiembre de 1886. Aunque es imposible determinar el número exacto de haciendas
ocupadas, hemos reconstruido una lista de 45 haciendas emplazadas en el territorio
comprendido entre Tayacaja y Cerro de Pasco, entre las que se encontraban las más grandes e
importantes de la región, que aún en 1886 permanecían ocupadas por los guerrilleros.
MANRIQUE: Op. cit., pp. 399-401.
18 BN: D8207: Copia especial de los decretos expedidos por la Comisión Especial del Supremo
Gobierno en el Departamento de Junín, sobre las cuestiones agrarias promovidas por las
comunidades de Putaca y Chongos Alto con la hacienda Antapongo. Huancayo, 26 de abril de
1889. La Comisión especial fue nombrada el 20 de octubre de 1888.
20 BN: D8207: Copia especial de los decretos expedidos... Entre abril y mayo de 1889 Carvallo
falló a favor de las comunidades de Potaca y Chongos Alto, en los conflictos que teman con la
hacienda Antapongo. A favor de la comunidad de Uñas contra el fundo Vilcacoto (Andabamba)
y de Chupaca frente a Apahuay. Medió también exitosamente en conflictos que enfrentaban a
comunidades entre sí: Laria contra Colca y Chongos Bajo contra Cucho ("en apoyo a su
afirmación los de Cucho exhibieron un documento extendido en 1089 o sea cuatrocientos años
antes del descubrimiento de América, por cuya razón la comunidad de Chongos tachó desde el
primer momento el referido documento"). Un informe elaborado por un integrante de la
Comisión Carvallo hacía una vigorosa defensa de los indígenas de Colca, recordando su papel
durante la guerra: "Los indios (que) han (sido) calumniados por los mismos que de ellos viven y
obtienen utilidad corrieron presurosos a las armas: legiones de indios perseguían
incesantemente a las columnas chilenas arrostrando con audacia in finita el fuego mortífero de
su artillería, el ejército que libertó a Lima de la ominosa ocupación (igle)sista se componía casi
exclusivamente de esos indios y sin embargo se les reconoce médicos (¿desconoce méritos?),
se habla de ellos como de empecinados salteadores, se les usurpa las tierras que han obtenido
en legal anticuada reparación (?); se les emplea a la fuerza, en comisiones del público servicio;
se les obliga a servir gratuitamente en calidad de pongos, en una palabra, S.D.G. son los
verdaderos parias del siglo xix (...) (rúbrica) Pérez". MAZ XVI, Juran. Dirección de Reforma
Agraria y Asentamiento Rural: Expediente de reconocimiento de la comunidad campesina de
Colca.
21 APJ: Nota del Sr. Prefecto al Gobernador de Comas con inserción del decreto expedido por
el Presidente Provisorio V.S.G.D. Andrés Avelino Cáceres en la causa criminal que sigue D.
Manuel Fernando Valladares. Huancayo, 31 de julio de 1884. Sobre el contexto histórico
general del periodo véase MANRIQUE: Campesinado y nación..., pp. 364-366.
22 APJ: Oficio de José Meléndez, Juan B. Yupanqui y José Erquenio, en representación de los
habitantes de Parco, al Prefecto de Junín solicitándole se les rebaje la cuota de ganado a
reintegrar al propietario de Runatullo. Jauja, 9 de setiembre de 1887.
23 Oficio de los residentes del anexo Cochas (Coma) al Prefecto de Junín. Tarma, 8 de julio de
1902.
25 APJ: Oficio del Sub Prefecto de Jauja, B. S. Leyva, al Prefecto de Junín. Jauja, 16 de
noviembre de 1886.
27 "Los de Comas (...) hostilizan y hacen sufrir tormentos a los que van allá de esta Provincia y
se preparan a atacar esa ciudad o ésta". APJ: Oficio del Gobernador de Concepción al Sub
Prefecto de Jauja. Concepción, 22 de marzo de 1887.
28 "(Los de Comas) se preparan a atacar esa ciudad o esta. Además en este momento he
sabido que una mujer de Comas compraba en el comercio pólvora y preguntaba si había
plomo". Idem.
29 APJ: Papeles varios. Figuran varios de los salvoconductos entregados, algunos expedidos a
título personal y otros a pequeños grupos de campesinos.
31 BN: D11466: Parte oficial sobre la expedición a Punto. Huancayo, 15 de enero de 1889.
Dirigió esta expedición el coronel Andrés Freyre, antiguo oficial del Ejército del Centro durante
la resistencia antichilena.
32 Aparentemente había contradicciones entre las comunidades en rebeldía y entre éstas y los
peones de las haciendas ocupadas: la comunidad de Canchapalea ofreció negociar, pero
cuando se destacó a un jefe militar para abordarlos, éste "fue atacado por los rebeldes
pudiendo escaparse defendido por la referida comunidad que lo acompañó hasta ponerlo a
salvo". Este incidente obligó al Prefecto de Junín a dirigirse al escenario de los hechos y asumir
personalmente la conducción de las operaciones. Idem.
33 Idem. El Prefecto trató de valerse de las contradicciones existentes para pacificar la región:
"traté de sacar el mayor provecho posible de su sumisión para lograr un resultado favorable al
fin que se perseguía, porque me preocupaba la idea de que al retirarse la tropa se suscitara
una conflagración general con grave perjuicio para los hacendados de esa zona". Valoraba
particularmente el compromiso adquirido por las comunidades, de "respetar las haciendas de
la zona y conservar allí el orden persiguiendo a los rebeldes hasta capturarlos". La paz lograda,
sin embargo, era endeble, pues los operarios de Punto no habían participado en el acuerdo,
puesto que "estaban en armas contra la fuerza pública y no se presentaron ante el Prefecto".
Idem.
35 APJ: Carta de Jacinto Cevallos a los vecinos de Canchapalca. Punto, 26 de junio de 1902.
Como puede notarse, en ningún caso se contabilizan las bajas de los campesinos; las cifras
consignadas corresponden solamente a las bajas de la expedición oficial.
36 BN: D5041: Oficio dirigido por el Prefecto del Departamento de Junín al Director de
Gobierno adjuntándole los documentos relativos a los sucesos acaecidos en la hacienda
Llacsapirca. Τarma, 24 de agosto de 1896. Aparentemente para entonces los operarios de
Punto compartían la explotación de las haciendas con las comunidades vecinas, pues dos
meses después el Ministro de Gobierno, a pedido de Cevallos, ordenó al Prefecto de Junín que
adoptase las medidas adecuadas para que "las comunidades de Acobamba, Yanabamba y
caseríos inmediatos restituyan al remitente las haciendas de Punto y Callanca que
indebidamente retienen en sus poder".
37 APJ: Oficio de B. S. Leyva al Prefecto de Junín. Jauja, 7 de febrero de 1898. Punto y Callanca
ni siquiera fueron mencionados. Evidentemente su recuperación sería mucho más difícil.
38 APJ: Papeles varios. Desde que Piérola triunfó Cevallos estuvo buscando crear las
condiciones que le permitieran recuperar sus fundos. En un informe elevado al Ministro de
Gobierno, en su condición de Prefecto de Junín del régimen insurgente, Cevallos apuntaba:
"manifestaré a Ud. que el Distrito de Comas, comprensión de la provincia de Jauja hace
algunos años se ha independizado de tal manera que allí se hace caso omiso de las leyes —que
en manera alguna cumplen con las órdenes impartidas por las autoridades superiores y que
además de haber desunido y apropiádose de algunas haciendas, cuyos dueños gimen en la
más lamentable orfandad, hoy se hallan en tal estado de desconcierto por la impunidad que
vienen gozando, que será muy raro, si en el transcurso de un mes o menos, no se realizan
algunos crímenes, con todos los errores consiguientes de una horda de semisalvajes como son
los insurgentes del mencionado Distrito; y el único medio de traerlos al orden sería establecer
en aquella zona una guarnición cuyo número pudiera reconquistarla y restablecer el imperio
de nuestras leyes". BN: D4508: Memoria elevada a la Dirección de Gobierno por el Prefecto del
Departamento de Junín, D. Jacinto Cevallos. Tarma 5 de setiembre de 1895 (6 ff.).
40 Idem. El Prefecto de Junín se vio obligado a marchar hasta la región a ofrecer garantías a los
pobladores, debido a los abusos que Cevallos perpetraba. Probablemente provocó esta
decisión el hecho de que Cevallos daba, como premio a sus hombres, el derecho a saquear los
bienes de los indígenas contra los que combatían. El periódico El Comercio, de Lima, dio como
bajas la cifra de 3 campesinos muertos (7 de julio de 1902), pero es probable que la verdadera
cifra no se conozca nunca.
43 CMH: Libro de Sesiones Ordinarias del Concejo Provincial de Huancayo 1883-1887, ff. 441-
442. Pariahuanca colinda con Comas y, como ya vimos, en esta zona las haciendas estuvieron
ocupadas por las guerrillas indígenas hasta dos décadas después de la guerra con Chile.
Similares pro blemas se presentaban en el otro ámbito de la sierra central que vivió una fuerte
movilización guerrillera: "tampoco en Colca —proseguía el Alcalde huancaíno— funciona con
regularidad el Concejo por el desorden que aun existe en estos pueblos, los que podrían
sistemarse (sic) a la venida del Prefecto" (Idem).
44 APJ: Oficio del Sub Prefecto de Jauja, D. Dulanto, al Prefecto de Junín. Jauja, 9 de julio de
1898. Provocó un levantamiento de los indígenas la decisión del gobierno de imponer una
cotización a los colonos que aspiraban a adquirir tierras en la ceja de selva del departamento.
Esto obligó al Sub Prefecto de Jauja a reclamar la represión del movimiento: "como el estado
de esos pueblos es semi-salvaje, se consigue muy poco mediante reflexiones, y casi nada sirven
los procedimientos sagaces que se empleen. El único modo de hacerlos andar por el camino
recto es, Sr. Prefecto, mediante el temor que les impone la presencia de fuerza armada". Esta
demanda fue ratificada por el perito oficial, encargado de mensurar las tierras, Víctor Enzián.
46 APJ: Oficio del Sub Prefecto de Jauja al Prefecto de Junín. Jauja, 11 de agosto de 1898. El
Sub Prefecto concluía, "el envío de la fuerza que U.S. con tanto acierto se ha servido disponer,
ha sido muy oportuno y conveniente". No hay información acerca del desenlace de este
incidente.
47 APJ: Oficio del Sub Prefecto de Jauja al Prefecto de Junín. Jauja, 1° de marzo de 1887. El Sub
Prefecto se reunió con las autoridades de Comas y casi logró convencerlas de suscribir un acta
comprometiéndose a someterse a las autoridades constituidas, "cuando un individuo llamado
Llanco se presentó inesperadamente en medio de ellos, les inspiró desconfianza en la
autoridad y los desanimó de su propósito". En opinión de este funcionario las tropas de la
gendarmería podrían ocupar los pueblos rebeldes, pero ante la imposibilidad de dejar una
fuerza permanente en la región no se podía asegurar el sometimiento definitivo de los
comasinos al imperio de la ley.
49 Oficio del Gobernador de San Lorenzo al Sub Prefecto de Jauja. Jauja, 4 de febrero de 1888.
50 APJ: Circular de las autoridades de Comas a las autoridades, notables y toda la comunidad
de Uchubamba. Comas, 25 de enero de 1888.
51 Idem. La denuncia fue firmada por Manuel Oré y figura al pie del documento referido.
52 Oficio de Esteban Pontapoma, Santos Mesa y otros al Sub Prefecto de Jauja. Comas, 1° de
febrero de 1888. "Los vecinos de esta población —aseguraban— han (re)conocido los primeros
yerros. cometidos, y han hecho promesas solemnes para no volver a resbalar en otros errores,
porque en lo absoluto han aceptado ninguna propuesta ni menos se han acercado a sus
conciliábulos, por consiguiente piden que se como que (sic) a U.S. a fin de que de ninguna
manera pueda acreditar U.S. que excepto cuatro individuos ninguno haya ido (a) acoger los
deseos de estos señores, que seducidos por el referido Doctor (¿Osambela?, N.M.) se dejaron
de guiar, pero esto no quiere decir que todo el pueblo haya deseado cometer tropelías". Es
probable que hubiera conflictos familiares tras la división de los notables de Comas, pues entre
los diez firmantes hubo cuatro miembros de la familia Pantapoma y tres de la familia Meza.
53 "(...) no habrá habido ni podrá haber persona dentro ni fuera de esta población que siquiera
vagamente refiera haber visto ni oido decir que hubiese gente armada ni que remotamente se
hubiese pensado en ello". Oficio de las autoridades de Comas al Sub Prefecto de Jauja. Comas,
1° de febrero de 1888.
55 Idem.
56 Idem.
57 APJ: Oficio del Sub Prefecto de Jauja, BS. Leyva, al Prefecto del Departamento de Junín.
Jauja, 14 de febrero de 1888. El Gobernador de Concepción pedía garantías, pues era
perseguido "de muerte" por los conjurados.
58 Usamos esta denominación, pese a que tal nombre no figura en el documento, porque
creemos que es el que mejor expresa su naturaleza; tiene formulaciones programáticas que
exceden el terreno de las simples propuestas de acción (véase el Anexo No. 3).
60 Hay otras interrogantes por plantearse: ¿Cómo organizaron los campesinos su logística?
¿De dónde obtuvieron las armas y municiones con las que se enfrentaron exitosamente al
Estado durante dos décadas? Aparentemente las opiniones mejor documentadas sobre el
tema fueron las del Ministro de Gobierno, en su informe al Congreso, en 1902: "(los
campesinos de Comas) se apropiaron desde entonces de algunos fundos de dominio particular,
cuyos ganados permutaban con rifles y municiones, que les ofrecían especuladores venidos de
la costa" (véase el Anexo No. 2).
61 En una monografía sobre Huancayo, escrita a fines del siglo pasado, un agudo observador,
al mismo tiempo que dedicaba varias páginas a describir la vestimenta, usos y costumbres de
los indios, señalaba: "la raza blanca vive lo mismo que la europea y tiene más o menos las
mismas costumbres; así que creo inútil ocuparme de ella". RAEZ, Nemesio: "Huancayo (ligeros
apuntes sobre sus límites, constitución física, habitantes, caminos, etc.)" (1892), Huancayo
1977, pp. 27-28.
ÍNDICE DE ILUSTRACIONES
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p. 81-133
TEXTO NOTASILUSTRACIONES
TEXTO COMPLETO
Festividad religiosa en una hacienda serrana. Los indígenas presididos por sus varayoccs
ocupan el patio de la casa-hacienda. El terrateniente y su familia preside la celebración desde
los balcones. (Foto Víctor Chambi).
1Es una paradoja histórica que el sur andino, pese a su proximidad con la zona nuclear donde
se desarrolló la guerra entre Chile, Bolivia y Perú, no se viera fuertemente envuelto en la
vorágine bélica, como sí ocurrió con la costa norte o, en un grado mucho mayor, con la sierra
central. Es que las campañas del sur —que se desenvolvieron durante el primer año de la
guerra, entre abril de 1879 y junio de 1880— se desarrollaron íntegramente en el litoral, no en
los territorios del interior. La sierra sur no fue escenario de combates. Luego de perdidas las
batallas de Tacna y Arica (mayo y junio de 1880), la guerra se trasladó a Lima y, con la mayor
saña por parte de ambos contendientes, a la sierra central.
2Los efectos de la guerra se sintieron pues en el sur andino más bien indirectamente, a través
de las levas de los indígenas, a quienes se enviaba luego a combatir a otras regiones, y de los
cupos y erogaciones. La guerra, en sus aspectos positivos, dinamizó determinadas ramas
productivas, como la talabartería y la industria textil, que debieron responder a una
inesperada demanda de uniformes, monturas, aperos y los demás implementos necesarios
para equipar a los reclutas de los nuevos cuerpos de ejército que se organizaban.
1 GIRALDO, Martha y Ana LIRIA FRANCH: Hacienda y gamonalismo: Azángaro 1850-1920, Lima
1979.
3La guerra con Chile no provocó en el sur andino una alteración significativa de la dinámica
socioeconómica de la preguerra. Aquí no aparecieron nuevas tendencias históricas como
consecuencia de la conflagración, como sí sucedió en el centro. Por el contrario, ella amplió y
profundizó el impacto de determinados procesos sociales que venían dándose desde antes. Tal
es el caso, por ejemplo, de la expansión de los latifundios serranos a costa de la desposesión
de los campesinos indígenas comuneros, fenómeno que ya venía dándose con fuerza desde la
década del cincuenta, bajo el acicate de la siempre creciente demanda de fibras de camélidos
andinos y de lanas por el mercado inglés1.
2 MANRIQUE, Nelson: Mercado interno y región. La sierra central 1820-1930, Lima 1987.
5Lo paradójico es que, luego de la caída de Tacna, cuando el sur dejó de ser un escenario
bélico importante y la guerra se trasladó hacia los Andes centrales, virtualmcnte el único lugar
donde existía un ejército peruano organizado, con abundantes pertrechos y recursos, con
miles de hombres en armas, perfectamente equipados y uniformados, era Arequipa. Y estas
fuerzas, que de lejos constituían la reserva bélica más importante de que disponía el país,
simplemente no entraron nunca en acción. Se mantuvieron inactivas hasta el final de la guerra.
A fines de 1883, cuando el ejército chileno tomó la ciudad del Misti sin disparar un tiro, se
encontraron unos cinco mil fusiles nuevos, perfectamente encajonados, luego de que la
resistencia en la sierra central había sido quebrada y el régimen de Iglesias había firmado el
tratado de paz de Ancón. Mientras tanto, en la sierra central los soldados de Cáceres
combatían descalzos y con un armamento por demás precario. Por falta de armas, el caudillo
de la resistencia dispuso la organización de batallones de honderos, galgueros y rejoneros, de
acuerdo al arma que manejaban: las hondas, las piedras que se despeñaban sobre el enemigo
en los desfiladeros (las temibles galgas) y los rejones, especie de primitivas lanzas formadas
por palos a los que se ataba en la punta la reja del arado. Para que sus soldados, que no
disponían de uniformes, se identificasen entre sí, Cáceres dispuso que ataran una cinta roja
alrededor de su sombrero. Pero en Arequipa había cientos de miles de metros de tela para
uniformes, que no fueron utilizados.
6Podría crearse la falsa impresión de que la sierra sur no tuvo mayor importancia durante el
periodo de la guerra abierto con el estallido de la resistencia en la sierra central. Sin embargo
Arequipa fue, durante el periodo crucial comprendido entre setiembre de 1882 y octubre de
1883, la capital de la República. Allí residía el Presidente; allí se tomaban las decisiones de alta
política que debían guiar la acción peruana para conducir la guerra; allí, finalmente, funcionó
un Congreso Nacional, que en materia de enfrentamientos de menudas ambiciones y
mezquinos intereses, en nada se quedó atrás con relación a los que habían funcionado en los
tiempos de la preguerra. Analizaremos brevemente cómo se dieron semejantes
contrasentidos.
7Cuando el 5 de abril de 1879 Chile declaró la guerra al Perú, la primera medida que adoptó el
alto mando peruano fue ordenar el desplazamiento de los cuerpos de tropa existentes en la
región sur andina hacia las zonas del litoral donde se presumía que las fuerzas chilenas podrían
intentar desembarcar. Tal fue el caso, por ejemplo, del batallón Zepita, que estaba acantonado
en Cusco, bajo el comando del coronel Andrés Avelino Cáceres, quien era adicionalmente
Prefecto del departamento cuando se inició la guerra. El Zepita fue destacado a la zona de
Iquique y por coincidencia se encontraba estacionado en la caleta de Pisagua cuando las
fuerzas chilenas, luego de la caída del Huáscar en Angamos, hicieron su primer desembarco en
noviembre de 1879. Cáceres combatió pues desde la primera batalla de la guerra hasta la
última, con la única excepción de la batalla de Arica.
8El Perú perdió la batalla por el dominio del mar frente a la abrumadora superioridad de las
fuerzas navales chilenas el 8 de octubre de 1879. Muerto Grau y capturado el Huáscar en
Angamos la poderosa armada chilena, a la que el pequeño monitor mantuvo a raya durante
cinco meses, pudo por fin preparar el desembarco de las tropas chilenas. La guerra se trasladó
entonces a los escenarios terrestres. La amenaza de un pronto desembarco enemigo hacía
necesario incrementar continuamente las fuerzas combatientes y se inició apresuradamente la
organización de nuevos cuerpos de tropa a través de un incremento de las levas forzadas de
los indígenas, particularmente de la sierra sur. En noviembre de 1879 las fuerzas peruano-
bolivianas fueron derrotadas en San Francisco, lo que provocó la pérdida definitiva de
Tarapacá, la destitución del presidente boliviano Hilarión Daza por su defección en el frente de
batalla y su reemplazo por Eleodoro Camacho, primero, y Narciso Campero, después. En
diciembre el presidente peruano Mariano I. Prado abandonó subrepticiamente el país con el
argumento de que se dirigía al extranjero "a adquirir armas". El descubrimiento de su partida
provocó el estallido de una crisis política que culminó con el golpe de Estado de Nicolás de
Piérola. Este fue investido el 23 de diciembre con poderes dictatoriales, con la misión de salvar
el país.
3 VARGAS UGARTE, Rubén: Historia General de la República, tomo X, p. 82.
9El ascenso de Piérola al poder representó la culminación de una situación de virtual guerra
civil que se había iniciado una década antes, enfrentando al caudillo arequipeño y los civilistas.
En adelante la política de Piérola combinó los esfuerzos por preparar la defensa de Lima con el
mezquino regateo de recursos al Ejército del Sur emplazado en Tacna, que era comandado por
Lizardo Montero, un conspicuo civilista, enemigo político de Piérola. El cúmulo de
mezquindades que signaron la relación entre ambos llegó a su culminación con la disposición
de Piérola de dividir el Ejército del Sur en dos, para sustraer Moquegua y Arequipa a la
autoridad de Montero. "Montero y su ejército carece de todo: está desnudo, sin víveres;
dinero tampoco tiene. Este titulado dictador no hace la guerra a los chilenos sino a Montero",
afirmaba la esposa del militar civilista en una carta dirigida a su hermana el 8 de marzo de
18803.
10El Segundo Ejército del Sur, que se organizó en Arequipa a partir de la división que Piérola
introdujo en el comando de las fuerzas militares de la región, tenía como misión socorrer a las
fuerzas acantonadas en Tacna y Arica, actuando sobre la retaguardia del enemigo. A estas
fuerzas, que Piérola consideraba suyas y a las que les asignaba el alto destino de revertir la
derrota, si acaso caía el Primer Ejército del Sur —el comandado por Montero—, Piérola le dio
todo el apoyo en armas y recursos que se le había regateado a las fuerzas acantonadas en
Tacna. Según un documento publicado por el coronel Recavarren, quien fue encargado de
organizarlo, para abril de 1880 el ejercito de Arequipa disponía de ocho mil hombres.
Versiones más realistas señalan la cifra de tres mil4. Por los mismos celos partidarios, se
entregó el mando de estas tropas al coronel pierolista Segundo Leiva. Este, luego de un
conjunto de marchas y contramarchas, no acudió a socorrer a las fuerzas peruano-bolivianas
que se batieron en el Campo de la Alianza, a las puertas de Tacna, el 25 de mayo de 1880.
Estas fueron aplastadas pese a que se luchó con denuedo porque las fuerzas invasoras las
doblaban en número y disponían de un armamento muy superior. Tampoco acudió Leiva a
auxiliar a las fuerzas que habían decidido combatir hasta el fin en el Morro de Arica, pese a los
patéticos llamados que le enviara el coronel Francisco Bolognesi y que después se convertirían
en un sangriento sobrenombre: "Apure Leiva"5.
11Las fuerzas que defendían Tacna y Arica fueron pues destrozadas. Como resultado de la
derrota, las tropas bolivianas se retiraron definitivamente de la guerra y el Perú quedó solo. En
adelante, ningún soldado boliviano volvería a combatir hasta el fin de la guerra. El ejército
regular peruano fue diezmado, salvo las tropas acantonadas en Arequipa (que como vimos no
entraron en combate), y de las cuales, al parecer, quedó una gruesa fracción en la región
cuando se preparaba la defensa de Lima. Esto explica el hecho de que después de las batallas
de San Juan y Miraflores, donde las fuerzas peruanas sobrevivientes fueron desarmadas y
licenciadas por órdenes de Piérola, el único lugar en el país donde quedaban fuerzas militares
organizadas y regularmente armadas fuera Arequipa.
6 En un apretado análisis estratégico el general Mercado Jarrín señala: "En 1883, existían tres
grup (...)
7 Las fuerzas que envió hacia la sierra central por la quebrada de Huarochirí fueron capturadas
por (...)
13Luego de la caída de Lima, el alto mando chileno se negó a negociar con Piérola, por juzgar
que éste los había insultado al compararlos "con los salvajes del Africa y la Araucanía", cuando
rompieron la tregua acordada luego de la batalla de Miraflores. En base a esta situación, el 22
de febrero de 1881 se reunieron en Lima 114 civilistas y decidieron formar su propio gobierno
para abrir negociaciones de paz, dando la presidencia de la República a Francisco García
Calderón. Las fuerzas de ocupación decidieron entregar a este gobierno en ciernes el poblado
de La Magdalena, para que desde allí gobernara. Esto dividió al país, donde Piérola seguía
gozando de gran popularidad y era reconocido como el gobernante legítimo, aun después de
los desastres de San Juan y Mira-flores. En los meses siguientes García Calderón trató de ganar
a su causa a los jefes de los ejércitos del interior. Fracasado este intento, quiso ganar
legitimidad por la vía armada, promoviendo levantamientos que fueron rápidamente
sofocados en Cerro de Pasco, Lucanas y Cusco, para terminar enviando luego fuerzas militares
a las que armó el propio ejército chileno, para combatir contra Piérola. Luego de haber sido
derrotado en todos estos intentos7, logró ganar el apoyo de los jefes militares de los ejércitos
del interior cuando consiguió el apoyo de la diplomacia norteamericana. Los [Link]. se
comprometieron a apoyar al Perú para impedir que Chile impusiera como indemnización de
guerra la cesión de los territorios de Tarapacá, Tacna y Arica8. La perspectiva de conseguir una
paz decorosa, con el apoyo norteamericano, en la cual la indemnización de guerra no incluyese
la mutilación territorial, decidió a los jefes militares peruanos a plegarse al gobierno de García
Calderón.
9 Carta del Presidente Francisco García Calderón al general Miguel Iglesias, en VARGAS
UGARTE: Op. c (...)
14Finalmente, con el desconocimiento de Piérola por los ejércitos del Norte, Centro y Sur, éste
se vio obligado a dimitir. El régimen de García Calderón logró unificar en torno suyo al país.
Pero sus intentos de negociar con los invasores con el apoyo norteamericano no prosperaron.
Consciente el alto mando chileno de que la nueva situación podía poner en peligro su objetivo
de lograr la cesión territorial, decidió disolver el gobierno de García Calderón, apresar a éste y
enviarlo exiliado a Valparaíso. Pese a esto, la unidad política se mantuvo. El Perú apoyó al
vicepresidente que nombraron los civilistas, el contralmirante Lizardo Montero, que entonces
ejercía el comando del Ejército del Norte, en Cajamarca. Este no hizo nada durante los casi dos
años que duró su gobierno, ni por impulsar la guerra ni por intentar concluirla. Como dijo años
después García Calderón en una carta enviada a Iglesias: "El señor contralmirante Montero
tenía el firme propósito de no hacer nada, por no comprometer su responsabilidad personal"9.
15En junio del 82 Montero se trasladó a Huaraz para negociar con un enviado norteamericano,
Mr. Trescott. No logró obtener nada positivo, pues la posición norteamericana había variado
con la caída de la anterior administración10. Montero decidió entonces fijar la sede de su
gobierno en Arequipa. Así, abandonó el norte en agosto del 82 y recorrió la sierra,
entrevistándose en Taima con Cáceres. El caudillo de La Breña recibió a Montero con los
honores correspondientes al rango de presidente. En esta reunión, Montero prometió a
Cáceres (que acababa de derrotar a la división chilena dirigida por Estanislao del Canto en las
jornadas de Pucará, Marcavalle y Concepción, expulsándola de la sierra central y aniquilándole
unos seiscientos hombres) apoyarlo con armas y hombres, promesa que luego no cumpliría.
Finalmente Montero entró en Arequipa el día 31 de agosto, siendo recibido en triunfo por un
batallón de artillería, siete batallones de infantería, un escuadrón de húsares, más de trece
batallones y dos regimientos de la guardia nacional. Según informaciones oficiales, el efectivo
total del ejército y la guardia nacional llegaba a la suma de diez mil hombres11.
16En los meses siguientes, el gobierno de Montero no hizo nada, ni por emprender campaña
militar alguna, ni por apoyar a Cáceres, que luego de sus resonantes triunfos de julio
necesitaba desesperadamente armas para pertrechar a los miles de voluntarios de los que
disponía en la sierra central. Es patética la sucesión de cartas que envió a Montero, ora
pidiendo, ora rogando, ora amenazando, reclamando en todos los tonos posibles los dos mil
fusiles que Montero había prometido enviarle. Sin apoyo de ninguna especie, Cáceres tuvo que
afrontar la más grande movilización de las fuerzas chilenas que en mayo de 1883 le obligaron a
replegarse hacia el norte. La sierra central estaba literalmente quebrada económicamente y no
podría soportar una nueva campaña. Por otra parte, Miguel de Iglesias se había levantado en
Cajamarca contra Montero, dividiendo otra vez al país. Cáceres abrigaba la esperanza de llegar
hasta allí y capturar a Iglesias, a quien Montero había nombrado Jefe Político Militar de los
Departamentos del Norte, en su reemplazo, cuando abandonó el norte para dirigirse a
Arequipa. Apresar al caudillo cajamarquino podría haber ahogado al colaboracionismo en su
cuna. Sin embargo, Cáceres no podía hacer milagros. Pese a que hizo todo lo humanamente
posible para burlar al ejército chileno, realizando algunas de sus más extraordinarias
maniobras bélicas, finalmente tuvo que dar batalla en Huamachuco. Sus fuerzas fueron batidas
el 10 de julio de 1883. En Cajamarca, las fuerzas de Iglesias celebraron como propio el triunfo
del ejército chileno12.
13 Véase la carta enviada por Cáceres a Antonio Miró Quesada desde Andahuaylas el 15 de
octubre de 18 (...)
17Derrotado Cáceres y destruido su ejército, el caudillo logró atravesar las líneas chilenas y
retornar a la sierra central. Estaba decidido a retirarse de la vida pública, convencido de haber
hecho lo humanamente posible por el país. El gobierno de Montero, empero, volvió a hacerle
nuevas promesas de apoyo y con renovadas esperanzas Cáceres comenzó a organizar un
nuevo ejército en Andahuaylas. Nuevamente fueron los indígenas de la región central quienes
respondieron a su llamado13.
16 Loc. cit.
20La razón por la que durante todo este tiempo Montero le negó a Cáceres el apoyo que éste
tan desesperadamente necesitaba está explicada por el propio Cáceres en la carta que envió a
Alejandro Miró Quesada, ya citada anteriormente: "Yo reconozco en Montero muy buenas
prendas; pero lastimosamente está dominado por un pequeño círculo de personas que nada
valen ni nada significan, pero que ofreciéndosele como su mayor sostén predominan sus
consejos. Estos no ven más que sus conveniencias y las defienden a costa de lo más sagrado
del país. Le hacen creer que si yo formo un gran ejército, valdré más que él, y estas
necejidades (sic) prevalecen, como si no fueran suficientes las pruebas de desprendimiento
que siempre he dado" (el subrayado es nuestro)16
21Cáceres fue generoso con Montero. En realidad éste estaba tan embarcado en los
degradantes manejos subalternos a los que se limitó la acción de su gobierno como sus demás
colaboradores. La mejor prueba de la descomposición a la que su régimen había llegado son
las actas del Gobierno Provisorio que presidió en Arequipa. Leyéndolas, parece que la guerra
no existía para surégimen. Sólo por excepción figura como tema de los debates. En cambio, en
las actas está patéticamente registrado un vergonzoso derrotero de frivolidad, inconciencia,
mezquindad y pequeñez de miras del gobierno, que desperdiciaba el tiempo en conflictos
cacicales, mientras Lima estaba bajo la ocupación chilena; el centro se desangraba en una
resistencia que representaba inauditos sacrificios y en la lucha con Chile se dirimían cuestiones
que ponían en peligro la propia supervivencia del Perú como nación.
22Una muestra del clima que allí imperaba es el escándalo que se suscitó con motivo de la
instalación del Congreso que fue convocado para discutir la cuestión de las negociaciones de
paz con Chile. Este Congreso había sido sugerido incluso por el propio Cáceres y se instaló el 22
de abril de 1883. Desde su inicio estuvo signado por los vicios de la más negra tradición
parlamentaria oligárquica. La duplicación de actas, los nombramientos fraguados, la intención
de hacer prevalecer los intereses de capilla a cualquier costo, provocaron tal escándalo que
Cáceres tuvo que expresar en una carta su desagrado a Montero por las noticias que llegaron a
la sierra central sobre lo que sucedía en Arequipa: "Las dualidades que allí han surgido, han
producido aquí una profunda impresión, pues no se comprende que hombres que ocupan
puestos distinguidos en la Administración y el Ejercito, apelen a la falsificación continuando las
vías de la antigua corruptela en momentos en que sólo las grandes virtudes cívicas pueden
señalar el camino de salvación"17.
23Lo que Cáceres ignoraba era la responsabilidad que le cabía al propio Montero en los
sucesos que enturbiaron la instalación del Congreso. Parte de sus incidencias están
consignadas en las actas de las Juntas del 22 de marzo de 1883, que reflejan además el clima
allí imperante con tal crudeza que hace innecesarias las glosas explicativas. Aun suprimiendo lo
adjetivo, este texto (véase el Anexo N° 4) constituye todo un diagnóstico sobre una situación
política profundamente anómala, que afectaría gravemente a todo el país:
18 El libro de actas del Consejo de Ministros del Gobierno de Arequipa (1882-1883), pp. 128-
129. Este (...)
"(...) el Sr. Ministro de Relaciones Exteriores dijo, que la opinión pública, los Representantes
que iban llegando de las provincias y hasta los hombres que poco se preocupan de la política,
estaban alarmados, al ver que el General de Jefe del Ejército y de la Guardia Nacional
(Montero, NM), sin haber renunciado previamente el cargo, encabeza un grupo de personas
que quieren ingresar al Congreso, las más de ellas con carácter militar y mando de tropa: que
en el mismo local de la Comandancia en Jefe del Ejército se invita y reune a muchos de los
Representantes de fuera para inclinarlos en el sentido de que presten apoyo a los candidatos
militares: que corría la noticia con el carácter de notoria de que muchas de las actas que
próximamente aparecerían se forjan en Arequipa, sin que los elegidos conozcan las provincias
que los eligen ni sean conocidos en ellas; que en ese mismo círculo se difundía la opinión de
eliminar en el próximo Congreso al Presidente Provisorio Sr. García Calderón (...): que todos
estos antecedentes conducirían necesariamente a falsear la voluntad popular contrariando el
acuerdo del Consejo al convocar al Congreso de que se procurase que viniesen genuinos y
legítimos representantes de los pueblos (...). S(u). E(xcelencia). protestó de que el Sr. Ministro
de Relaciones Exteriores intentase excluir a la clase militar de su participación en los debates
parlamentarios y tratase de negar al general en Jefe del Ejercito el derecho que tiene, en su
calidad de ciudadano, para convocar a sus amigos en las cámaras, como lo hace cualquier otro
de los peruanos que inviste el carácter de Representante. El Sr. Ministro de Relaciones
Exteriores aclaró sus ideas, haciendo constar que no entraba en su ánimo excluir a los militares
que habían obtenido una elección real, sino a los que confeccionando actas apócrifas y
haciendo valer la influencia del cargo militar que desempeñan quieren ingresar a las Cámaras;
y que en cuanto al General en Jefe del Ejército, reconoce el perfecto derecho que tiene como
simple ciudadano para hacerse jefe de un grupo de Representantes, mas no en calidad de
primera autoridad militar (...). S.E. instó para que el Sr. Ministro de Guerra designase a las
personas que suplantaban actas y formulase la acusación correspondiente; a lo que repuso el
Sr. Suárez que no estaba procediendo ante el Poder Judicial, sino examinando la cuestión bajo
el punto de vista de la alta política (...). S.E. agregó que estaba decidido a presentar al
Congreso su renuncia irrevocable; que era para él punto de dignidad personal, tanto para
manifestar que no tenía apego al poder, cuanto porque el Sr. García Calderón procedía como
gobernante dando órdenes y dictando medidas, resultando de aquí un doble Gobierno
Provisorio Constitucional. El Sr. Ministro de Justicia observó que no era prudente en las difíciles
circunstancias de la República presentar esa renuncia irrevocable, que la dignidad de S.E. no se
afectaba de manera alguna por el hecho de continuar prestando sus servicios en el puesto a
que lo llamó el último Congreso, y que los procedimientos del Sr. García Calderón no
menoscaban las facultades del Gobierno, por que servía de una manera confidencial en
provecho del país; mas habiendo manifestado S.E. que el Presidente Provisorio daba órdenes
oficiales, deduciendo de allí que él y sus Ministros no eran gobierno, agregó el Sr. Ministro de
Justicia, que si esto era así, S.E. y sus Ministros estaban de más. El Sr. Presidente del Consejo,
viendo que el debate se apartaba del objeto principal, suplicó a S.E. que prestase toda la calma
y tranquilidad que el asunto requería (...) y como S.E. declarase en estos momentos que él se
retiraría a la vida privada el día en que se reuniese el Congreso ante quien presentaría su
renuncia, concluyó diciendo el Presidente del Consejo que en ese caso el Ministerio llevaba la
ventaja de poder presentar su renuncia en el día, mientras que S.E. tendría que esperar a la
reunión de las Cámaras (...). Los Srs. Ministros de Guerra, Justicia, Relaciones Exteriores y por
fin el Sr. Presidente del Consejo ampliaron sus ideas y reforzaron su argumentación,
concluyendo todos por encarecer a S.E. que se renunciara a toda cuestión personal, que se
procurase la tranquila formación de las Cámaras sin luchas ni escándalos, que se llamase la
atención preferente del Congreso hacia la cuestión internacional, que no se intentase la
eliminación del Sr. García Calderón ni la renuncia irrevocable del Exmo. Contra-Almirante
Montero: éste accedió a todos estos puntos, que fueron unánimamente aprobados por el
Ministerio, que felicitó a S.E. por su patriotismo y abnegación personal"18.
24No es difícil pues comprender ahora por qué Cáceres no podía esperar ninguna ayuda de
semejante gobierno; por qué los recursos acopiados en Arequipa se perderían
irremisiblemente, sin emplearse en sostener la guerra; y por qué el régimen presidido por
Montero desapareció tan fácilmente de la escena, virtualmente vaporizado al primer contacto
efectivo con la guerra.
25Hasta aquí la historia oficial, los manejos en las altas esferas. Veamos ahora qué representó
la guerra para el país real; ese que soportaba la pesada carga de la guerra, mientras la clase
política empleaba todas sus energías en las edificantes labores que hemos visto.
19 Pasar de trabajar los archivos de la sierra central a los de la sierra sur supone
inevitablemente (...)
26Pese a que, como hemos visto, el sur andino no fue escenario de la guerra con Chile, desde
los inicios del conflicto bélico el campesinado indígena de la región tuvo que soportar
frecuentes erogaciones y cupos, principalmente en ganado y víveres para el sostenimiento de
las tropas movilizadas, cuando no fue él mismo movilizado. Esto ha sido repetido más o menos
frecuentemente, pero hace falta un acercamiento concreto, basado en evidencias
documentales, a lo que la guerra significó para la vida cotidiana de los indígenas. Para lograrlo
conviene alejarse un tanto de la escena oficial y buscar las evidencias en fuentes distintas a
aquellas empleadas para hacer una historia política: informes de Sub Prefectos, Gobernadores,
Tenientes Gobernadores, quienes tenían, en general, relaciones con los indígenas
cotidianamente. Entonces surge una nueva imagen de la guerra, no tan vistosa, pero tan o más
importante que la anterior19.
27El sostenimiento de las tropas que salieron hacia los frentes del sur corrió, desde los inicios
de la guerra, en gran medida a costa de los ingresos que las autoridades políticas de los
departamentos del sur obtenían del cobro de la contribución personal que pagaban los
indígenas. De allí que a medida que avanzaba la guerra y los gastos se multiplicaban, la presión
por hacer efectivo el cobro de la contribución se incrementara. Pero no era sólo este pago
monetario, cuyo cobro en última instancia era habitual, el que los indígenas tenían que hacer
efectivo. Como veremos, tan o más importante que esta contribución era la que tenían que
cubrir en víveres.
20 ADC: Comunicaciones 1880, legajo 166. Oficio del Sub Prefecto de Canchis, Eulogio León al
Prefecto (...)
28En marzo del 80 el Sub Prefecto de Canchis (Cusco), defendiéndose de la acusación que le
hacían de no haber hecho efectivo el cobro de las contribuciones atrasadas con suficiente
premura, informaba al Prefecto del Cusco: "por la guerra he hecho grandes sacrificios
remitiendo 140 reses al Ejército, oblación de Canchis, las venidas de Anta y Quispicanchis: más
de 6,000 arrobas de víveres que fueron obsequiados al Ejército por las provincias del
Departamento, la jerga para sacos, y todo esto sin que cueste nada al Erario Nacional,
proporcionando los recursos, conductores y auxilios de toda clase". Informaba,
asimismo,haber implantado el correo de chasquis entre Canchis y el Cusco, naturalmente
utilizando la fuerza de trabajo indígena gratuita (el subrayado es nuestro)20.
21 ADC: Prefectura. Comunicaciones 1825-1891. Oficio del Sub Prefecto de Calca, Rafael
Astete, al Pre (...)
29Existe alguna información más o menos continua que registra las contribuciones de la
provincia de Calca durante el año 1881. El 17 de enero el Sub Prefecto de la provincia informó
del envío de 120 arrobas de coca al Cusco. Se comprometía a enviar otras 180
próximamente21. El 1o de febrero envió otras 26 arrobas de coca. El dinero proveniente de la
venta del producto debería utilizarse en los gastos que ocasionaría la confección de los
uniformes de los soldados del batallón que la provincia había formado22. El 5 del mismo mes
informaba que existían crecientes dificultades para conseguir donativos. Sugería se organizara
una Junta que se encargara de imponerlos, "de un modo moderado"23.A fines del mes
siguiente informaba el envío de diez cabezas de ganado vacuno y 165 ovinos. "Otros
productos, añadía, no hay por estos lugares"24. Dos meses después el Sub Prefecto Rafael
Astete fue nombrado
26 Idem. Oficio del Sub Prefecto Gavino Iberico al Prefecto del Cusco. Calca 21 de setiembre de
1881.
30Segundo Jefe del batallón "Libres del Cuzco", Antes de partir informó que mandaba 4 reses
mayores y que debían esperarse 15 más provenientes del distrito de Hualla25. Finalmente, el
21 de setiembre el nuevo Sub Prefecto, Gavino Iberico, informaba al Prefecto que sus tres
distritos enviaban 5 reses, 20 fanegadas de maíz, 6 de trigo, 20 de harina y 55 arrobas de coca
en cumplimiento del Decreto Supremo del 5 de julio de 188126
27 Idem. Oficio del Sub Prefecto de Chumbivilcas, Eleodoro Huapalla, al Prefecto del Cusco.
Santo Tom (...)
28 Idem. Santo Tomás 15 de abril de 1881.
31 Idem. Santo Tomás 24 de mayo de 1881. El oficio ofrece una buena muestra de como se
trataba a los (...)
31Similares erogaciones tenían que realizar las otras provincias. Aunque no eran los únicos, los
indígenas eran siempre los mayores contribuyentes, incluso si las disposiciones superiores
recalcaban que no deberían ser incluidos en las listas de contribuyentes, atendiendo a las
quejas y reclamos que éstos presentaban alegando que ya habían aportado al pagar su
contribución personal. Así, el Sub Prefecto de Chumbivilcas oficiaba al Prefecto en marzo del
81 para informarle que había oficiado "a las autoridades políticas de mi dependencia con el
objeto de remitir a ese despacho una relación nominal de las personas acomodadas de la
Provincia, sin incluir a los indios" (el subrayado es nuestro)27. Sin embargo, fueron
mayoritariamente estos últimos quienes aportaron las contribuciones enviadas durante los
meses siguientes. En abril fueron enviados al Cusco 14 cargas de lana: 78 arrobas 7 libras de
lana de oveja y 12 arrobas de lana de llama; se incluían 134.30 soles en efectivo. Quedaban en
poder del Sub Prefecto 87 reses, 48 chalonas, 18 quintales de chuño negro y 3 arrobas 15
libras de [Link] días después enviaba 60 libras de harina, donación de Manuel D.
Zúñ[Link] mes después enviaba 3 arrobas 25 libras de trigo, 29 arrobas 15 libras de chuño y
36 chalonas30; 3 cargas de lana y 15 conscriptos tres días después31; y 82 vacunos, luego de
una semana32.
33 Idem. Oficio del Sub Prefecto de Canas al Prefecto del Cusco. Canas 16 de febrero de 1881.
34 Idem. Oficio del Gobernador del Sexto Distrito de la Provincia de Can-chis, Silverio Paiva, al
Pre (...)
35 Idem. Oficio del Sub Prefecto de Anta al Prefecto del Cusco. Anta 27 de abril de 1881.
36 Idem. Oficio del Presidente de la Junta Colectora de Donativos del Tercer Distrito de La
Convenció (...)
37 Idem. Oficio del Teniente Gobernador de Taray al Prefecto del Cusco. Taray 17 de junio de
1881.
38 Idem. Oficio del Prefecto de Apurímac al Prefecto del Cusco. Abancay 15 de abril de 1881.
39 Idem. Oficio del Prefecto y Comandante General del Cusco, José María Jiménez, al Tesorero
de la Al (...)
40 Idem. Oficio del Tesorero de la Alcabala de la Coca, D. Manuel Pío Concha al Prefecto del
Departam (...)
41 Idem. Oficio del Prefecto del Departamento al Tesorero de la Alcabala de la Coca. Cusco 2
de agost (...)
33También desde un comienzo fue necesario utilizar recursos provenientes de otras fuentes
de ingresos fiscales. Así, el l° de agosto de 1880 el Prefecto del Departamento del Cusco envió
una orden al Tesorero de la Alcabala de la Coca, disponiendo que empozara, "en nombre de la
defensa del honor Nacional", los recursos de que disponía. Asimismo, le ordenó que redoblara
los cobros. "Todas las sumas —añadía— que se consigan y empocen de este modo serán
consideradas como préstamos hechos por las rentas de la Alcabala cuya devolución será
exigible después de la guerra"39. Una semana después, el Tesorero informó que había
empozado 3 mil soles en billetes de banco; 400 en moneda de plata, de los fondos
recolectados; 7 mil de un depósito en poder de Don Mariano Vargas; y 2 mil, también en
moneda de plata, "que dio don Juan Locaveratz con prenda anticrética de la hacienda
Acchauata, propia del deudor Don Fabián Gayoso"40. No fue esta la única oportunidad en que
se recurrió a la Alcabala de la Coca para sufragar los gastos de la guerra. Aunque el gobierno
de Arequipa no se ocupaba, como ya vimos, de impulsar la guerra, era, en cambio, muy
puntual para exigir los recursos con que mantener a las fuerzas que tenía inmovilizadas, así
como para exigir el levantamiento de nuevas fuerzas, que teóricamente debían incorporarse a
la guerra. Existe otro oficio del Prefecto y Comandante General del Departamento, enviado al
Tesorero en agosto del 82, en el que volvía a disponer la utilización de los recursos del ramo:
"No existiendo en las arcas fiscales —explicaba— los fondos suficientes para atender el
socorro de los Batallones que se organizan para salir al teatro de la guerra y para la
manutención de las demás fuerzas existentes en esta plaza y teniendo esta Prefectura y
Comandancia General noticias fidedignas de que en poder de Don Martín Pío Concha, Tesorero
de la Alcabala de Coca, existen fuertes cantidades de dinero provenientes de dichas rentas y
de los cobros hechos a los antiguos deudores de este impuesto, se resuelve: que en el día se le
notifique para que empoce en la Caja Fiscal, en calidad de préstamo, todas las sumas de dinero
que le sea posible conseguir"41. Obviamente estos fondos no fueron devueltos luego de la
derrota.
34Durante todo este tiempo en la sierra sur no dejó de cobrarse la contribución personal,
además de los aportes en productos que hemos visto. Esto diferencia la situación de la sierra
sur muy nítidamente de lo que acontecía en el mismo periodo en la sierra central, donde el
general Cáceres eximió a los guerrilleros de su pago por los años de 1882 y 1883, y les condonó
las deudas atrasadas por ese concepto, en atención a que "por consecuencia del alistamiento
voluntario en las filas de las guerrillas y los muchos y continuos servicios que han prestado
durante el tiempo que debían aprovechar para ocuparse de sus cosechas han sufrido con
resignación perjuicios positivos (...) Igualmente se les exonera de contribuir con reses, granos,
pastos y bestias (para) sostener las necesidades del ejército nacional"42.
35Ciertamente esta medida era un acto de justicia, como el propio Cáceres se encargó de
subrayarlo. Pero expresa, asimismo, una diferente correlación de fuerzas entre los campesinos
y la sociedad terrateniente en una y otra región. Esto es particularmente evidente si se
considera que la decisión asumida por Cáceres obligaba automáticamente a que los gastos de
los que se eximía al campesinado indígena fueran asumidos por la clase dominante de la sierra
central. Hubiera sido materialmente imposible imponer tal carga a los terratenientes de la
sierra sur.
43 ADC: Comunicaciones 1880, legajo 166. Oficio del Sub Prefecto de la Provincia de Paruro al
Prefect (...)
44 Idem. Oficio del Recaudador Fiscal de la Provincia de Acomayo, Atanacio Cubas, al Prefecto
del Cus (...)
45 Idem. Oficio del Sub Prefecto cesante de la Provincia de Acomayo, Isidro de la Barra, al
Prefecto (...)
47 Tratamos con más detalle los mecanismos del cobro de la contribución personal en la
sección siguie (...)
48 ADC: Comunicaciones 1880, legajo 166. Oficio del Recaudador Fiscal de la Provincia de
Acomayo, Ata (...)
49 ADC: Prefectura. Asuntos Contenciosos 1880, legajo 166. Oficio del Sub Prefecto de la
Provincia de (...)
50 ADC: Comunicaciones 1884-1885. Informe que el Prefecto del Departamento del Cusco
dirige al Sr. mi (...)
58 Idem. Cusco 24 de diciembre de 1880. La demanda disminuyó en los años siguientes pero
no desaparec (...)
41Pero la repentina prosperidad no sólo alcanzó a los Garmendia Nadal. El mes anterior la Caja
Fiscal del Cusco había celebrado un contrato con D. Juan José Manuel Galdo y Manuel
Fernández, "por 1,770 varas de bayetón para el vestuario del batallón de gendarmes de esta
plaza". El valor de la transacción ascendía a 1,096 soles plata57. Dos meses después el
contratista Manuel Fernández informaba que entregaba 1,258 varas de bayetón de color gris y
plomo, y que entregaría las 500 restantes a inicios de enero, por haberse descompuesto los
baños de tina58.
59 Las cifras publicadas por Heraclio Bonilla, con relación a la exportación de lana de oveja
desde M (...)
60 Cómo y quiénes fundaron la primera fábrica de tejidos de lana del Perú, p. 5. Citado en
FLORES GAL (...)
42¿Cómo afrontaron los productores esta repentina alza de la demanda interna? Un hecho
que favoreció la expansión de la producción fue el bloqueo naval impuesto por la armada
chilena. No pudiendo exportarse libremente la lana durante la guerra, ésta pudo dirigirse a
atender la demanda de los productores de la sierra sur59. En Lucre, que trabajaba en base al
empleo de la fuerza de trabajo de los indígenas colonos de la hacienda anexa a la fábrica, tuvo
que implantarse "el trabajo nocturno o de 'veladas' para lo que se importan decenas de
'reverberos', lámparas a querosene con fanales"60.
43¿Se puede reconstruir lo que significaba equipar un batallón para enviarlo al cuartel general
de Arequipa? En parte la información que hemos ido analizando en este acápite proporciona
una primera aproximación. Se puede encontrar datos complementarios en la correspondencia
oficial de la Prefectura del Cusco. Ha quedado, por ejemplo, testimonio de las penurias
experimentadas para organizar la partida del batallón Libres del Cuzco. A fines de agosto de
1880 el Comandante en Jefe del Segundo Ejército del Sur informó al Prefecto Jiménez que
había dispuesto que el batallón marchara a Arequipa, remitiéndole para el efecto 8 mil soles
para los socorros diarios. Ordenaba que la Prefectura les habilitara movilidad y bagajes61.
44El día 7 de setiembre el Prefecto del Cusco, José María Jiménez, llamó la atención al Cajero
Fiscal porque el batallón debía salir para Arequipa el 11 y aún no se habían liquidado sus
presupuestos mensuales ni abonado sus saldos62. Ese mismo día la Caja Fiscal informó sobre
el gasto de 100 soles plata para la confección de cacerolas para el batallón y anunció que
esperaba contar con 2,500 soles "que el Sr. D. Mariano Pepper debe a la Caja por letra girada
por el Sr. Mariano Vargas y que la aceptó". Pepper sólo había entregado finalmente 500 soles,
alegando "no serle posible cubrirla en plata con la brevedad ofrecida"63. De inmediato el
Prefecto ordenó notificar notarialmente a Pepper responsabilizándolo por la salida del batallón
el día 11. Si éste no partía en la fecha indicada se responsabilizaría a Pepper por su
mantenimiento, que ascendía a más de 800 soles diarios, "a razón de doce peniques por cada
individuo de tropa y veinticuatro peniques para los oficiales"64. Aparentemente la salida se
realizó en la fecha prevista pues no hay más referencias sobre el tema.
66 Idem. Cusco 6 de octubre de 1880. El contrato estipulaba que se abonaría 60 centavos por
temo, com (...)
45El 30 de setiembre el teniente coronel Primer Jefe del batallón Cuzco Huaynaccápac, en
formación, informaba que sus fuerzas ascendían a 90 hombres sin prenda alguna, "en el más
calamitoso estado". Reclamaba le habilitaran vestuario y, sobre todo, calzado, "pues por falta
de él no se pueden verificar los ejercicios doctrinales con la regularidad debida"65. Una
semana después se firmó un contrato con un maestro sastre para la confección de "600 ternos
de bayetón", que servirían para uniformar a los soldados del batallón Cuzco Yupanqui, "que
actualmente se está formando en la provincia de Urubamba"66. Para el mes de noviembre la
situación económica era desesperada. El Prefecto dio órdenes terminantes de que se
suspendiera todo pago, "excepto el abono diario a las fuerzas de la plaza y a los presos de la
cárcel". Todos los fondos existentes deberían dedicarse a la compra de vestuario y equipos67.
Afortunadamente los esfuerzos desplegados se vieron coronados por el éxito. Gracias al apoyo
de la comunidad cusqueña fue posible vestir y dotar de equipo completo al batallón Cuzco
Yupanqui, formado por 600 reclutas, cuya salida para Arequipa se fijó para el día 19 de
noviembre. En una carta circular el Prefecto expresaba su reconocimiento a quienes más
habían aportado al logro del objetivo propuesto: "La respetable Señora Nadal viuda de
Garmendia, que ha cooperado eficazmente en nuestros patrióticos trabajos; los artesanos que
han desatendido su interés particular, dedicando su tiempo a la hechura y construcción del
uniforme y útiles de equipo, mediante una contribución cortísima y desproporcionada a la
extensión de sus tareas (...) ganan el reconocimiento del país"68.
69 ADC: Oficio de la Municipalidad Provincial del Cusco, 1883, legajo 50, 120 ff.
70 Idem. Oficio del Director de Gobierno al Concejo Provincial del Cusco. Arequipa 3 de julio de
1883
71 Idem. Acta del Concejo Provincial del Cusco del 22 de setiembre de 1883.
72 Idem. Acta del Concejo Provincial del Cusco del 17 de octubre de 1883.
47El 3 de julio de 1883 el Director de Gobierno Herrera informó desde Arequipa al Concejo
Provincial del Cusco que se había resuelto incrementar el empréstito municipal que las
municipalidades debían habilitar al Supremo Gobierno del 25 por ciento de los ingresos
municipales que se había indicado el 23 de octubre de 1882 hasta un 50 por ciento, que
deberían depositar mensual-mente en la Caja Fiscal70. El Concejo del Cusco protestó por esta
medida y siguió un largo expediente buscando su revocación. Como el Gobierno no aceptó, y
evaluando que en esas condiciones no estaban en posibilidades de seguir atendiendo a las
necesidades de la ciudad, el Concejo decidió entonces declararse en receso el 22 de setiembre,
"mientras duren los empréstitos municipales"71. Un mes después se decidió reabrirlo, gracias
a la intercesión de una comisión mediadora72.
73 ADC: Comunicaciones 1880, legajo 166. Cusco 5 de agosto de 1880. Por la fecha puede
presumirse que (...)
48Aunque en las áreas que hemos analizado se concentra el grueso de los gastos ocasionados
por la guerra no faltaron tampoco algunos gastos extraordinarios, si bien no significativos por
su monto sí interesantes por los datos que aportan, que permiten incorporar nuevas
dimensiones a la percepción de lo que significó la guerra en los pueblos del interior. Tal es el
caso de la orden dada por el Prefecto del Cusco al Cajero Fiscal, para que abonara el socorro
para seis hombres que marchaban con su oficial hacia Abancay, "escoltando los 25 chilenos
prisioneros que existen en esta plaza"73.
49Es mucho más difícil reconstruir lo que la guerra significó para los indígenas movilizados
hacia los teatros de operaciones, puesto que siendo éstos ágrafos por lo general no dejaron
testimonios documentales sobre lo que representó esa experiencia. Puede permitirnos
hacernos alguna idea el caso del indio Sebastián Valdeiglesias de Andahuaylillas
(Quispicanchis), quien inició en 1893 un trámite solicitando se le eximiera del pago de la
contribución personal basándose en que tenía 65 años de edad y 30 de servicios a la Patria. En
realidad debería haber bastado con la primera causa alegada, pues por ley la contribución sólo
debía abonarse hasta los 60 años, pero es evidente que para las autoridades de la sociedad
terrateniente ese no podía considerarse un argumento suficiente. Esa circunstancia permitió
que quedara testimonio de lo que para un indígena significaba "servir a la Patria".
50Desde que fue movilizado por primera vez en su juventud, Sebastián Valdeiglesias había
formado filas primero en el batallón 9 de Marzo, bajo la dirección del coronel Francisco Vargas;
luego en la Gendarmería del Cusco, bajo el comando del coronel Silva; después en el batallón
Costas, de Puno; luego nuevamente en el Cusco, bajo la conducción del coronel Nicanor
Alvarez; en la siguiente oportunidad bajo la del coronel Valentín Quintanilla; después en el
batallón Ayacucho No. 3, dirigido por el coronel Guión y el comandante Iraola; y finalmente en
el batallón Huáscar. En la batalla de Tacna quedó inválido, "por (ser) atropellado de las bestias
de la caballería chilena". Por fortuna, luego de la comprobación de que su testimonio era
rigurosamente verdadero, su demanda fue positivamente acogida74.
51Hasta aquí los datos acerca de lo que representó el esfuerzo bélico para los pueblos del
interior del sur andino. Una investigación similar llevada adelante en Puno o Apurímac daría
posiblemente parecidos resultados. La imagen de vergonzosa lenidad con que el régimen
instalado en Arequipa asumió la conducción de la guerra no expresa pues sino un aspecto de la
realidad social del periodo. Cabe resaltar que también el pueblo de Arequipa prestó un valioso
contingente de hombres, que combatieron en otros escenarios, y contribuyó también
sacrificadamente a sufragar los gastos de la guerra. Existieron recursos para combatir, no sólo
los enviados desde Bolivia y los disponibles en Arequipa sino también ese enorme contingente
movilizado a costa de grandes sacrificios por las provincias del interior. Hubo recursos: lo que
faltó fue la voluntad política para utilizarlos, la decisión de combatir.
75 "En la guerra con Chile, no sólo derramamos la sangre, enseñamos la lepra. Se disculpa el
encalle (...)
53Se ha señalado correctamente que la experiencia de la guerra con Chile fue determinante
para la formación del ideario político de González Prada y los hechos hasta aquí presentados
aportan una poderosa ratificación a esta hipótesis. La gravedad de una situación como la
descrita tenía inevitablemente que revolver la conciencia de un espíritu tan recto como el de
Don Manuel75. Quizá en otros países de Latinoamérica existieran lacras semejantes a las que
aquí se vieron, pero en ninguna otra parte se dio una crisis social tan decisiva como la que aquí
provocó la guerra con Chile y, por lo mismo, en ninguna parte la pobredumbre del sistema
salió a la superficie de una manera tan brutalmente descarnada. En la tremenda requisitoria
contra la sociedad política de su tiempo que aparece en la base de la prédica de González
Prada está el germen de la reacción de las generaciones posteriores, influidas por el gran
agitador. Y como algunos de los frutos más importantes de esa provechosa siembra la obra de
dos peruanos absolutamente singulares dentro del concierto latinoamericano, tanto como lo
fue el propio González Prada: Mariátegui y Haya. Por fortuna la guerra no dejó, pues,
solamente saldos negativos.
4. LA GUERRA Y LA CONDICION DE LOS INDIOS CAMPESINOS DE LA SIERRA SUR
54Hemos visto que los campesinos indígenas soportaron las mayores cargas de la guerra, tanto
a través de las contribuciones en productos y dinero, cuanto en la provisión de reclutas para la
conformación de los batallones que se formaron en toda la región. Cabría preguntarse ahora si
la realización de estos esfuerzos ayudó de alguna manera a mejorar su condición: es necesario
recordar que en la sierra central el sacrificio que los guerrilleros realizaron tuvo como
compensación un objetivo mejoramiento relativo de su condición en la sociedad terrateniente
regional, dentro de lo que las condiciones de crisis provocadas por la guerra lo permitían.
55En el caso de los indígenas del sur, su situación no mejoró en absoluto durante la guerra; por
el contrario, tendió a empeorar. Las relaciones de poder anteriormente existentes no fueron
cuestionadas; tendieron más bien a fortalecerse. Quienes manejaban los mecanismos a través
de los que se organizaba la movilización bélica eran precisamente los enemigos tradicionales
del campesinado: los mistis, gamonales de toda laya y funcionarios públicos y autoridades
subalternas. Todos ellos, desde sus respectivas parcelas de poder, habían usufructuado desde
siempre el trabajo gratuito de los indígenas y en las circunstancias abiertas por la guerra
aprovecharon la coyuntura, utilizando el nuevo poder que les daba el hecho de controlar los
recursos que deberían utilizarse para la defensa de la patria, en beneficio propio.
76 Véase el capítulo N° I
56Si recordamos lo señalado en una sección anterior sobre la correlación de fuerzas que
existía entre terratenientes y campesinos en la sierra central durante el año de 1882, cuando
las guerrillas indígenas combatían frontalmente contra el ejército chileno de ocupación y su
actuación impedía la generalización del colaboracionismo entre los terratenientes, por el
temor que éstos sentían ante las represalias que los guerrilleros podrían tomar contra sus
personas e intereses si se declaraban partidarios de firmar una paz unilateral76, podremos
medir la distancia que existía entre esa situación y la que imperaba en ese mismo momento en
la sierra sur, de la cual es indicador el caso de los indígenas de Quiñota, que analizamos a
continuación.
57El doce de mayo de 1882 los indígenas Diego Leyccalla, Norberto Pacco, José Jauja, Marcelo
Tam..., Siprian Ccahuana, Andrés Pecca, Miguel Llicahua, Juan Pecca, Mariano Chanco, vecinos
de Quiñota, provincia de Chumbivilcas, presentaron un extenso documento en el que exponían
sus quejas ante la Prefectura del Cusco solicitando amparo. En el recurso indicado exponían la
siguiente situación:
"Que hace largo tiempo somos objeto de la explotación, exacciones y abusos del Cura de este
pueblo. Dn. Sebastián Valdeiglesias y sus agentes, con pretexto del cobro de primicias. Pues
una vez llegada la época de cosechas, el Cura por medio sus agentes o los rematistas de aquel
ramo, nos arrebatan con violencia y a golpes casi todo el producto de nuestro trabajo, sin
asujetarse a lo que era de costumbre cobrar, dejándonos de ese modo reducidos a la miseria, y
lo que es más, exhaustos de todo recurso para soportar las cargas del Estado: pues nosotros
somos los que formamos el contingente de hombres para la defensa de la Patria, hacemos
toda clase de servicios públicos gratuitamente, pagamos contribuciones, damos donativos,
enviamos con frecuencia víveres, especialmente reses para el Ejército"77.
78 Idem.
58Los indígenas de Quiñota, evidentemente asesorados por algún rábula de aquellos típicos de
la sociedad terrateniente y que aunque explotaban también el excedente económico
campesino cumplían para los indígenas un rol clave, como sus intermediarios para relacionarse
con la sociedad mayor y en particular con el Estado, protestaban en primer término contra las
primicias eclesiásticas, cuyo cobro, decían, "se hace todavía más odioso e insoportable con el
abuso; sin embargo de que su cobro no debe ser obligatorio, sino de pura conciencia y de
buena voluntad como sucede en otros departamentos y en otros aún ni se cobran, como el de
Puno. Pues no hay razón para obligarnos a pagar esta onerosa contribución, por que pagamos
bien caro los servicios y ceremonias que nos suministran nuestros párrocos, quienes también
en este sentido abusan demasiado, aprovechando de nuestra ignorancia, sin asujetarse a los
aranceles vigentes. Y esto es general donde quiera que exista nuestra desgraciada raza, cuya
condición no es distinta de la de los parias de la India o de los Ilotas de Esparta" (sic)78.
59En general, la actitud de la Iglesia del sur andino con relación a la guerra aparece menos
comprometida de la que adoptó en la región central. En el centro, el Canónigo de Lima llegó
hasta a excomulgar al general Manuel Baquedano, el comandante en jefe del ejército chileno
que tomó la capital peruana, a raíz de que éste quizo imponer que se entregase la Catedral de
Lima al Capellán Mayor del ejército chileno para que celebrara el 3 de febrero una misa por el
descanso de los soldados y oficiales muertos en San Juan, Chorrillos y Miraflores79. Sacerdotes
como el cura Ríos de Cieneguilla y el párroco Mendoza, de Huaripampa, dirigieron fuerzas
guerrilleras. Al primero Cáceres le otorgó el grado de comandante de guerrillas y el segundo
cayó en combate dirigiendo a sus feligreses durante la insurrección general de las guerrillas de
la margen derecha del Mantaro, en abril de 1882. El Arzobispo de Huánuco, Manuel Teodoro
del Valle, quien radicaba en Jauja, fue un decidido colaborador de Cáceres y fue sometido a
prisión en represalia por el ejército chileno, bajo la instigación de los terratenientes
colaboracionistas de la región.
60La actitud del clero sureño fue menos entusiasta. Aunque al comenzar la guerra el Obispo de
Arequipa, José Bailón, envió una circular a sus párrocos en la que los instaba a incitar el
patriotismo de sus feligreses ("que de ninguna manera está reñido con la religión (...) Dios
bendice el entusiasmo generoso de los que defienden la Patria con caridad y amor"80, no
mostró igual entusiasmo cuando se trató de aportar al sostenimiento económico de la guerra.
Cuando el gobierno de Piérola levantó un empréstito nacional para sufragar los gastos de la
guerra, el Obispo Bailón respondió que la Iglesia tenía su tesoro muy reducido, "a causa del
empréstito forzoso de 1830 y de las ruinas del terremoto de 1868". Autorizó a sus párrocos a
entregar algunos objetos "no necesarios para el culto (...) exceptuando en todo caso las
custodias, cálices, pátenas, vinageras, coronas de las sagradas vírgenes, rayos, copones, paces,
potencias, navetas, incensarios, la Cruz mayor de la Iglesia, crisneras y sitiales del Santísimo
por ser estos objetos de suma necesidad para el Culto". Como al parecer temiera no haber sido
suficientemente exhaustivo, encargó que los recibos se hicieran "con las mejores formalidades
posibles para la garantía de los intereses de esa Iglesia"81. No eran pues sólo los párrocos de
aldea quienes estaban más preocupados por sus intereses inmediatos que por lo que venía
aconteciendo en el país.
61Pero no eran sólo los párrocos quienes aprovechaban de las ventajas que les otorgaba su
función para explotar el trabajo de los indígenas, como seguía exponiendo el documento de los
indígenas de Quiñota:
82 Loc. cit. Pese a que la Prefectura ofreció darles garantías, la situación no se modificó en los
añ (...)
"Por otra parte, somos también víctimas del monopolio y terribles expoliaciones de los
negociantes con lanas de esta provincia, pues, en cierta época del año vienen a nuestras
cabañas de los diferentes pueblos de esta provincia y aun de los de la Unión (Arequipa), como
son: Alca, Cotahuasi, Puicala, y nos votan por la fuerza una cantidad exisibamente diminuta al
precio de este artículo, y al tiempo del trasquilo nos arrebatan caprichosamente, pesando un
quintal por una arroba, cuando por este mismo hecho, no podemos pagar toda la deuda que
por fuerza nos obligan a contraer, nos recargan con usura y por fin acaban por arrebatarnos
clandestinamente todo nuestro ganado" (hemos respetado la ortografía original)82.
62Testimonios como éste, sobre la condición del campesinado indígena de la sierra sur andina,
no son extraños durante los años anteriores a la guerra. Se encuentran también con
lamentable frecuencia en los años posteriores. Lo importante del texto citado es que,
habiendo sido redactado en 1882, demuestra que la condición de los campesinos indígenas de
la sierra sur no cambió durante la guerra con Chile. Aunque, como subrayaban los indígenas
demandantes en el texto citado, en tiempos de guerra ellos formaban mayoritariamente el
contingente de hombres movilizado "para la defensa de la Patria", pagaban contribuciones,
entregaban donativos y enviaban víveres y reses para el sostenimiento del ejército, no se veían
eximidos por esta razón de las antiguas formas de extorsión a las que estaban sometidos desde
siempre. A éstas venían a sumarse las nuevas que la guerra imponía. Su condición pues, lejos
de mejorar en algo, había empeorado radicalmente.
63La cuestión que nos interesa resaltar es que este incremento de las cargas que el
campesinado indígena de la sierra sur tenía que soportar expresa una correlación de fuerzas
sociales muy distinta a la que en ese mismo momento existía en la sierra central. Como ya
vimos, precisamente en 1882 el general Cáceres suprimió las contribuciones en dinero y
productos del campesinado de la sierra central para hacer viable la resistencia. La contribución
personal no pudo ser, tampoco, restablecida en la región central en los años siguientes y fue
precisamente en esta época cuando se desató la movilización indígena antiterrateniente que
en un año descoyuntó la estructura social terrateniente de la región, a raíz de la ocupación por
las guerrillas indígenas del grueso de las haciendas de los territorios comprendidos entre el
norte de Huancavelica, Junín y Cerro de Pasco. Los terratenientes de los Andes centrales nunca
pudieron reponerse completamente de este golpe y dos décadas después fueron liquidados
como clase por la plutocracia limeña, en gran parte debido a que habían sido heridos de
muerte por la movilización campesina durante la guerra con Chile83.
64En estas condiciones, hubiese sido imposible someter al campesinado de la sierra central a
las extorsiones que denunciaban los indígenas de Quiñota. Mientras que en este último caso
estamos frente a una correlación de fuerzas sociales en que el campesinado aparece aplastado
y a merced de la multitud de parásitos de la estructura gamonalista que se disputaban su
excedente económico (el cura, sus agentes, los rescatistas de lanas de Cusco y Arequipa, los
recaudadores de la contribución personal, los reclutadores del ejército, las autoridades
políticas subalternas, etc.), en la sierra central estamos frente a un campesinado armado, que
con la ocupación de las haciendas había desarticulado la estructura social sobre la que
descansaba el orden terrateniente. Mientras que en el sur eran los campesinos quienes pedían
amparo a las autoridades estatales frente a los abusos que tenían que soportar, en la sierra
central fueron los terratenientes quienes durante los años siguientes solicitaron una y otra vez
amparo al Estado, ante una movilización campesina que los había arrinconado y que a la larga
los llevaría a la quiebra definitiva. La correlación de fuerzas sociales imperante en una región
era, pues, exactamente la inversa de la que existía en la otra.
65Lo hasta aquí señalado tiene gran importancia porque permite romper con una imagen
ideológica acerca de la historia de la sierra peruana que tiene una amplia aceptación. Esta
imagen, que fue difundida sobre todo por la literatura de denuncia indigenista de fines del
siglo xix e inicios del xx, asume que la sierra peruana del siglo xix era un mundo homogéneo,
donde las relaciones entre blancos, mestizos e indios eran básicamente similares de una región
a otra. Supuestamente la historia social de la sierra se resumiría en algunos procesos sociales
fundamentales que se desarrollaban en todo el ámbito andino teniendo como telón de fondo
el carácter rector de la hacienda feudal en la organización de toda la dinámica social serrana: la
voraz expansión de las haciendas a costa de las tierras de las comunidades; la explosión social
periódica, desesperada y estéril, de los indígenas arrinconados por el latifundio; la sujeción
servil de los indígenas al yugo feudal y su sometimiento ante una cadena de expoliaciones en
la que jugaban un rol decisivo los mestizos.
66Esta imagen refleja una parte de la realidad de la sierra peruana pero es unilateral. Como
hemos visto, ésta no era en absoluto homogénea, y lo que sucedía en una región no podía
generalizarse a las otras. Es imposible por eso hacerse una idea de conjunto de la dinámica
histórica de la sierra peruana si no se atiende a las diferencias regionales.
84 Es importante recalcar que estas haciendas no se formaron en las tierras agrícolas porque sí
se de (...)
85 Arguedas considera también importante el especial estatus que consiguieron los indígenas
huancas d (...)
67Quienes han reflexionado sobre estas diferencias, en particular José María Arguedas, han
atribuido una importancia decisiva en su generación a la existencia de la hacienda feudal en la
sierra sur. El razonamiento es que si el proceso histórico de la sierra central se diferencia tan
nítidamente del de las regiones serranas del norte y del sur es por la inexistencia de haciendas
feudales en las tierras agrícolas del valle del Mantaro84. No existiendo éstas, el campesinado
del centro no se habría visto sometido a la servidumbre y, por lo tanto, habría podido
desarrollarse una relación más "horizontal" entre blancos, mestizos e indios85.
86 MANRIQUE: Colonialismo y pobreza campesina. Caylloma y valle del Colca, siglos xvi-xx,
Lima 1985, (...)
68La explicación propuesta por Arguedas es básicamente correcta pero es insuficiente, pues
deja sin explicación casos como el del valle del Colca, en Arequipa, donde tampoco se
formaron haciendas en las tierras agrícolas; donde, inclusive, no se formaron haciendas en las
tierras altas hasta avanzada la República. Pese a ello, en esta región se desarrollaron
ampliamente el gamonalismo y las relaciones de servidumbre. Y fue precisamente en el
periodo de la guerra con Chile cuando aquí comenzó la expansión latifundista que culminaría
con la conformación de extensas haciendas ganaderas en las tierras altas de la provincia de
Caylloma86. La ausencia de las haciendas feudales no explica pues por sí sola las diferencias
regionales que presenta la sierra central con relación a la sierra sur.
69Consideramos que tan importante como la existencia, o inexistencia, de las haciendas para
comprender estas diferencias, es la existencia de correlaciones de fuerzas sociales
sustancialmente distintas en una región con relación a la otra. Si en el valle del Colca los mistis
pudieron imponer una típica relación ganionalista con los indígenas incluso antes de que las
haciendas ganaderas se formaran, es porque la correlación social en la que se encontraban
insertos los indios lo permitió. En la sierra central, por el contrario, "la predominancia de las
comunidades, la comprobada ausencia de despotismo señorial de parte de las personas
principales de los pueblos del valle para con los campesinos y, concomitantemente, la ninguna
señal de humillada actitud de parte de los campesinos frente a los principales de los pueblos y
a las autoridades oficiales", que tanto impresionó y entusiasmó a Arguedas87, expresa la
existencia de una particular correlación de fuerzas, ampliamente favorable a los indígenas. La
diferencia está, pues, no tanto en la existencia o inexistencia de determinadas instituciones
como la hacienda señorial, sino fundamentalmente en el proceso histórico particular que llevó
al establecimiento de distintas correlaciones sociales en una y otra región. Está pues no sólo en
la estructura social sino, determinantemente, en la lucha de clases entre terratenientes y
campesinos88.
70Una objeción que podría plantearse a lo hasta aquí expuesto es que el caso de los indígenas
de Quiñota no es suficientemente representativo como para caracterizar lo que acontecía en la
sierra sur en general. Por eso, consideramos necesario ahondar sobre la correlación de fuerzas
imperante en la sierra sur entre los terratenientes y los campesinos durante la guerra con
Chile.
89 Algunos textos básicos son el artículo pionero de BONILLA, Heraclio: "Islay y la economía del
sur (...)
90 RUIZ BRAVO, Patricia: Sicuani, la ciudad en el problema regional, Cusco 1986, pp. 33 y ss. El
ferr (...)
72En la segunda mitad del siglo xix la ciudad de Sicuani (provincia de Canchis, Cusco) se
convirtió en un importante centro de acopio de lanas debido a su estratégica situación
geográfica. Este proceso, que se inició antes de la guerra con Chile, prosiguió luego del
conflicto, consolidándose definitivamente en los años siguientes gracias a que el ferrocarril del
sur articuló a la ciudad con el altiplano puneño y boliviano90. Gracias a esta circunstancia
Sicuani se convirtió en la ciudad más importante del interior cusqueño, en un puerto terrestre
donde confluía un significativo volumen de fibra de alpaca que era enviado después a
Arequipa, para su exportación a los mercados británicos.
91 JACOBSEN, Nils: Op. cit., p. 76. Jacobsen considera que el establecimiento de estos agentes
del co (...)
73La prosperidad de Sicuani estaba indisolublemente unida a los avatares del mercado
internacional de la lana. Su fracción social dominante estaba compuesta por los comerciantes
locales de lana, tanto los agentes de las grandes casas comerciales arequipeñas y británicas
establecidas en la ciudad de Arequipa, cuanto los rescatistas menores. Este era un núcleo
social amplio y dinámico, que estaba conformado por un conjunto de familias misti, varias de
ellas de procedencia foránea. "Muchos de estos 'recién llegados' venían de Arequipa, donde se
habían iniciado en el pequeño comercio o simplemente en el transporte de la producción
lanera del Altiplano. Habiendo establecido contactos en la zona decidieron instalar una tienda
en alguno de los pueblos de reciente crecimiento comercial o centraron en el Altiplano su
comercio itinerante. A menudo esta opción era facilitada por la posibilidad que tenían de
contraer lazos de matrimonio con las familias de los hacendados locales, y sumar así al ingreso
que se originaba en el comercio el que provenía de la ganadería"91.
92 ADC: Archivo del Escribano Público Pedro Sahuaraura Inca. Carta poder extendida por los
comerciant (...)
74Una carta poder, extendida en 1876 por los negociantes de lana de alpaca de la ciudad de
Sicuani a un agente, para que en su representación demandara ante el Concejo Departamental
del Cusco y el Supremo Gobierno, "a fin de que no seamos grabados con la pensión municipal
de un sol en una arroba de alpaca", proporciona la lista de los más importantes comerciantes
que se dedicaban a este giro, que para el año indicado ascendía a 31. La generalidad contaba
con tiendas establecidas en la localidad92. Entre los comerciantes que firmaron la lista no
figura José Cupertino Teves, lo cual puede explicarse porque, aunque éste ya tenía algunos
años en el negocio, fue sólo durante los años siguientes que empezaría a destacar del
conjunto.
93 ADC: Archivo del Escribano Público Pedro Sahuaraura Inca. Escrituras Públicas 1880-1881.
Sicuani 2 (...)
94 Idem. Escrituras públicas 1876-1877. Sicuani 31 de enero de 1876, ff. 12v. - 14.
97 Idem. Escrituras públicas 1886-1887, Sicuani 3 de noviembre de 1886, ff. 65v. - 67; Idem, ff.
111- (...)
"Primera: habiendo liquidado todas mis deudas con el Señor Teves el 15 de marzo del año
1883 procedentes de cantidades que tomé para (pagarle en) lanas resulté a deber la cantidad
líquida de 120 soles en plata sellada según el documento simple que le otorgué afianzado con
dicha estancia con cargo de abonarle el dos por ciento mensual por todo el tiempo que pasare
de un mes de plazo que le pedí para cancelarle el cual me concedió; Segundo: en el transcurso
de ocho meses, en vez de proporcionarle el dinero para cubrir dicho crédito, le pedí ochenta
soles más bajo las mismas condiciones con el objeto de pagar otras deudas a diferentes
personas que me atingían (sic); Tercero: resultándole a deber doscientos soles en suma y
además los intereses, no teniendo cómo pagar este crédito por el mal estado de fortuna en
que me hallo y tampoco hallar quien me de igual cantidad por dicha estancia de terrenos
pastales, en venta u otra obligación; tengo a bien libre y espontáneamente adjudicarle y darle,
como en efecto le doy en clase de cesión en pago al Señor Don José Cupertino Teves la
enunciada estancia (...)"
(...) renunciamos a todas las leyes y excepciones de nuestro favor, en especial las del fuero de
nuestro domicilio, las de error, dolo, fraude, culpa, lesión enorme y enormísima, dinero no
contado y todas las del caso sin exclusión.
77Aparentemente se trata de una transacción normal, aun si se considera leonina las cláusula
final. Un deudor no puede pagar, por desgraciadas circunstancias, el crédito contraído y
consiente en transferir la prenda hipotecaria a su acreedor. Hasta aquí, si descontamos el
hecho de que el vendedor es analfabeto y por lo tanto probablemente suscribe un documento
de venta cuyo exacto contenido desconoce, ésta no es una transacción extraña. Pero la cosa
adquiere otro cariz cuando el mismo tipo de transacción se repite, virtualmente sin variantes,
en decenas de escrituras notariales a lo largo de varios años. De la revisión del archivo notarial
que venimos citando se desprende que José Cupertino Teves realizó transacciones idénticas a
la expuesta durante más de una década, despojando de sus estancias ganaderas a decenas de
campesinos a través del procedimiento de adelantarles dinero para que pagaran en lana de
alpaca con prenda hipotecaria sobre sus propiedades, para después hacerse pago de la deuda
a través de la apropiación de sus tierras, reintegrándoles en algunos casos algo de dinero sobre
el monto del préstamo original. En el cuadro NQ 1 presentamos un resumen de estas
actividades.
99 Idem. Escrituras públicas 1886-1887, Sicuani 16 de junio de 1886, f. 61.
FUENTE: A D C : Archivo del Notario Público de Sicuani Pedro Sahuaraura Inca. Libros
Notariales de Registro. 1881: 80-81. 136- 138v., 178v.-180v., 244-244v. 1883: 5-5v., 82-83,
115v.-118, 130v.-133, 139-141, 143-145. 146-148v., 210v.-212v. 1884- 85: 6-6v., 41-42, 30-32
inserto, 100-100v., 121-122v., 138-138v., 163-163v., 178-178v. 97v.-99 insertos, 176-176v.,
243- 244v., 1886: 9-9v.. 20, 33-34v., 38-41v., 61. 66-66v., 87-88v., 96-96V, 104-104v, 88-91
minutario. 1886-87: l - l v . 5-6, 15- 15v., 30-30v., 1888: 104-105,16-16v. minutario.
100 Idem. Escrituras públicas 1876-1877. Sicuani 16 de noviembre de 1887, ff. 72v.-73 del
minutario an (...)
81Sorprende, por último, la magnitud del monto del dinero movilizado en las transacciones.
Asumiendo que éste fue efectivamente entregado a los indígenas (lo cual es evidentemente
indemostrable) el monto total asciende a 13,621.60 soles plata, que para la época era una
cantidad enorme. De esta suma, se entregó en adelantos el 86.5 por ciento y como pagos
adicionales el 13.5 por ciento del dinero restante. Conviene precisar que el valor teórico de las
deudas de los indígenas era mucho mayor que el que se obtiene de sumar el valor total
atribuido a los predios en la transacciones de transferencia. Muchas deudas venían desde 1874
y, con intereses mensuales que oscilaban entre el 1.5 y el 2 por ciento, en una década se
duplicó e incluso triplicó fácilmente el monto de la deuda original. De allí que sean frecuentes
en los contratos las alusiones a la "generosidad" de Teves, que se conformaba con arrebatar a
los indígenas todo lo que poseían. No es posible conocer la extensión total de las tierras
acumuladas por Teves porque los contratos no incluyen la extensión de los predios. Estos, por
otra parte, debieron ser de magnitudes muy diversas, pues se pagó por ellos cantidades que
oscilaron entre los 30 y los 5,070 pesos. Si sirven los testimonios cualitativos, conviene atender
a la fianza que Teves prestó a José Angel Medina en 1887 para que ejerciera el cargo de Sub
Prefecto; consistió en una hipoteca sobre sus terrenos "denominados Cordillera de Teves,
ubicados en la comprensión del distrito de Sicuani y cuyo valor, según diferentes escrituras de
compraventa que obran en el archivo de documentos públicos de la provincia asciende a más
de veinte mil soles"100.
82Hasta aquí el análisis del caso Teves. El no fue el único que llevó adelante este tipo de
transacciones: familias de rescatistas como los Macedo, Callo y Duran pusieron en práctica en
el mismo periodo una estrategia de expansión semejante, aunque en ningún caso se podría
disponer de tan buena información como la aportada por Teves, con su afán de perfeccionar
legalmente sus apropiaciones. Lo que nos interesa resaltar es que este proceso de expansión
territorial a costa de las tierras de los indígenas se inició más de una década antes de la llegada
del ferrocarril a Sicuani (éste llegó en la década del 90) y, sobre todo, que se desarrolló
durante la guerra con Chile y en los años siguientes. Resalta nuevamente el radical contraste
que señalabamos entre la situación imperante en el sur durante el periodo en relación con lo
que sucedía en ese mismo momento en la sierra central, donde hasta 1888 las haciendas
tomadas por los indios guerrilleros no habían sido recuperadas por sus antiguos propietarios.
101 ADC: Oficios del Concejo Provincial del Cusco, 1896, legajo 53, 360 ff. Circular del Prefecto
del (...)
83¿Eran legales las transacciones realizadas por José Cupertino Teves? Sobre este tipo de
contratos se pronunciaba en 1888 un Prefecto cusqueño excepcional, puesto que intentó —
desgraciadamente sin éxito— proteger los derechos de los indígenas del departamento. "La
usurpación de la propiedad del indígena, afirmaba, es otro delito que se ha hecho, al parecer,
lícito en todo el Departamento, y aunque a veces revista el carácter de contrato, ello no es
legal, a no ser que el indio que verifica la enajenación sepa leer y escribir, según ley del 31 de
marzo de 1828 que impresa acompaño al presente oficio para que US. cuide de su
cumplimiento"101. Como es de suponer esto en nada cambió la situación. No eran los
indígenas quienes hacían las leyes ni las interpretaban; por otra parte, no conociéndolas, no
podían lograr que se cumplieran.
102 La fuerza del medio social es tal que la propia Clorinda Matto pone como máxima de vida
de Lucía, (...)
104 El 10 de octubre de 1890 el Obispo de Arequipa envió una circular a sus párrocos,
"fulminando exco (...)
85En Aves sin nido está mostrado el rescate de lana con un rigor ejemplar su descripción de la
situación es casi textualmente idéntica a la que denunciaban los indios de Quiñota, en el
recurso que hemos visto páginas atrás. Pero no fue tanto la denuncia de la miserable condición
del indígena del sur andino lo que alborotó a la sociedad de su época cuanto su descripción de
la índole de los curas del interior serrano. Reclamar, como lo planteó en la introducción de su
obra, el reconocimiento de "la necesidad del matrimonio de los curas como una exigencia
social"103, a partir de la descripción de la desordenada vida sexual de los párrocos, le enajenó
el favor del Perú oficial y particularmente el de la Iglesia, que a raíz de la publicación de un
artículo del escritor brasileño Coelho Netto titulado "Magdala", en la revista El Perú Ilustrado
que ella dirigía, la excomulgó, intentando cerrar el paso a la circulación de su obra 104.
"En las provincias en las que se cría la alpaca, y es el comercio de lanas la principal fuente de
riqueza, con pocas excepciones existe la costumbre de reparto antelado que hacen los
comerciantes potentados, gente de las más acomodadas del lugar.
"Para los adelantos forzosos que hacen los laneros, fijan al quintal de lana un precio tan ínfimo,
que, el rendimiento que ha de producir el capital empleado, excede del quinientos por ciento;
usura que, agregada a las extorsiones de que va acompañada, casi da la necesidad de la
existencia de un infierno para esos bárbaros.
"Los indios propietarios de alpacas emigran de sus chozas en las épocas de reparto, para no
recibir aquel dinero adelantado, que viene a ser para ellos tan maldito como las trece monedas
de Judas. ¿Pero el abandono del hogar, la erraticidad en las soledades de las encumbradas
montañas, los pone a salvo? No... El cobrador, que es el mismo que hace el reparto, allana la
choza, cuya cerradura en deble, en puerta hecha de vaqueta, no ofrece resistencia: deja sobre
el batán el dinero y se marcha en seguida, para volver al año siguiente con la LISTA ejecutoria,
que es el único juez y testigo para el desventurado deudor forzoso.
105 MATTO DE TURNER: Op. cit., pp. 15-16. Entre los tormentos inflingidos a los indígenas
para obligar (...)
"Cumplido el año se presenta el cobrador con su séquito de diez o doce mestizos, a veces
disfrazados de soldados; y extrae, en romana especial con contrapesos de piedra, cincuenta
libras de lana por veinticinco. Y si el indio esconde su única hacienda, si protesta y maldice es
sometido a torturas que la pluma se resiste a narrar, a pesar de pedir venia para los casos en
que la tinta varíe de color"105.
87Conviene, por tanto, indagar acerca de cuánto conocía Clorinda Matto de la realidad sobre
la que escribió.
106 El historiador Horacio Villanueva atribuye una significativa influencia en la opción literaria
de (...)
89Es muy poco lo que se conoce sobre su vida durante sus años de matrimonio. Es igualmente
escasa la información sobre los años que siguieron a la muerte de su esposo, antes de que se
decidiera a marchar a Arequipa y luego a Lima, a proseguir su ascendente carrera literaria.
Sobre estos años, que juzgamos claves para la gestación de su obra, queremos presentar
algunos apuntes basados en evidencias documentales.
90De José Turner se conoce que inicialmente se dedicó a la minería, aunque aparentemente
con escaso éxito; ésta era su ocupación principal cuando desposó a la joven Clorinda. Lo que
no es conocido son sus negocios relacionados con el rescate de fibras de alpaca, que realizó a
partir de la tienda que estableció en el pueblo de Tinta, un importante centro de acopio de
lanas donde fue a residir con su esposa. Tinta sería el modelo sobre el que Clorinda Matto
crearía años después el pueblo de Killac, donde está ambientada la trama de Aves sin nido.
108 ADC: Archivo del Escribano Público Pedro Sahuaraura Inca. Escrituras públicas 1876-1877.
Sicuani 1 (...)
91El archivo del Escribano Público de Sicuani, Pedro Sahuaraura Inca, guarda alguna
información sobre las actividades comerciales de José Turner, primero, y de Clorinda Matto,
después. Los datos empiezan el año de 1877, y están desperdigados en múltiples minutas
notariales que permiten hacerse una idea de las actividades económicas de los esposos
Turner-Matto durante ese periodo. El año 1877 José Turner registró un par de cartas poder
que expidió a delegados a los que nombró para que se hicieran cargo de litigios que seguía en
la ciudad del Cusco108. Ese mismo año Turner hipotecó una casa de su propiedad situada en la
plaza mayor de Tinta, valorizada en 12,000 soles, como fianza para ejercer el cargo de
Receptor de Correos109. No parece, sin embargo, que esa fuera su actividad laboral
fundamental. Transacciones que realizó entre 1877 y 1880 demuestran que fue apoderado de
la casa de Arequipa Fletcher, Bayden y Compañía en el negocio del rescate de lanas.
92Veamos algunos ejemplos. En marzo de 1877 Turner realizó la cobranza de una deuda que
los comerciantes y vecinos de Tinta Alejandro Olaguivel y Angelino González tenían con la casa
referida. Ellos habían recibido en 1875 un capital de 7,347.70 pesos como adelanto, "para
entregarles lana de alpaca". A la fecha la deuda, con los intereses acumulados, ascendía ya a
9,184 pesos.
110 Idem. Sicuani 27 de marzo de 1887, ff. 173-175.
93Turner consiguió renegociar el crédito, asegurándolo con fuertes prendas hipotecarias que
empeñaron los deudores110.
111 Idem. Sicuani 28 de abril de 1877, 15 ff. Aparentemente las posibilidades de recuperar el
dinero a (...)
94Ese mismo año siguió dos juicios, a los hermanos Romualdo y Faustino Macutela,
respectivamente. En el primer caso se trataba de un reclamo por dinero que Turner entregó a
Romualdo Macutela en cinco oportunidades entre julio de 1873 hasta abril de 1875 como
adelanto para que acopiara lana por cuenta suya. Hasta abril de 1877 Macutela había recibido
en total 4,880 pesos, pero no había cumplido cabalmente con su compromiso, pues adeudaba
aún 2,778 pesos a Turner. Este consiguió que Macutela reconociera la deuda,
comprometiéndose a pagar un interés del 1 por ciento mensual hasta su total cancelación111.
Muy similar fue el juicio seguido a Faustino Macutela. Este reconoció una deuda contraída por
el mismo motivo que ascendía a 976 pesos, que se comprometió a pagar en tres años,
abonando también un interés del 1 por ciento sobre el capital hasta la cancelación de la
[Link] hermanos hipotecaron sus bienes para respaldar los acuerdos
correspondientes.
113 Idem. Escrituras públicas 1880-1881. Sicuani 13 de marzo de 1880, ff. 29v.-32v.
95En marzo de 1880 Turner formó una sociedad con Fortunato Unda y Cedeña, un vecino de la
localidad, "para implantar un molino hidráulico en la Villa de Tinta (...) cuyas piezas ha
comprado de la casa del Señor Ruffre y Cia. y ha mandado traer (Turner) todo a su exclusiva
costa por valor de 6,464 soles". Acordaron pagar por partes iguales los gastos de adquisición e
instalación de los equipos, yendo luego por partes iguales en las pérdidas y ganancias del
negocio113. Turner no alcanzó a sacar adelante el proyecto pues murió al año siguiente. Su
viuda tuvo que asumir los compromisos contraídos por el esposo muerto. Clorinda Matto inició
entonces el periodo de su vida que estaría consagrado a los negocios, comenzando en una
situación económica que, contra lo que podría suponerse, distaba de ser buena.
114 Ibidem. Sicuani 26 de marzo de 1881, ff. 148v.-150v. Este convenio fue sustituido luego
96A raíz de la muerte de su esposo, doña Clorinda realizó un inventario de sus negocios en
marzo de 1881 que aporta importante información sobre las actividades que desarrollaban.
Este inventario se hizo a solicitud y en presencia del inglés Guillermo Ricketts, "segundo jefe y
representante de la casa mercantil de los señores Stafford y Compañía", de Arequipa. Ricketts
viajó a Tinta especialmente para realizar esta diligencia, "a conciencia de haber fallecido Don
José Turner (...) quien manejaba nuestros capitales en la cantidad de 52,000.80 soles". Hizo un
balance de existencias en el establecimiento de los Turner-Matto y encontró en mercaderías
6,277.80 soles; en bienes raíces 7,032.00; en expedientes de giro 9,610.00; en documentos
sueltos de obligaciones 6,770.00; y en contratos de lana por cobrar 4,544.00. Estas existencias
alcanzaban un valor total de 32,234.60 soles, que, según Ricketts, "no cubrían ni la mitad" del
crédito que Turner tenía y que había declarado preferencial en su testamento. Ricketts decidió
recoger todo con acuerdo de la viuda de Turner, a quien exoneró de toda responsabilidad,
dejándole bajo inventario los bienes del establecimiento, "para que los continue
administrando", asegurándole la preferencia si la casa Stanfford decidía enajenarlos. Clorinda
Matto se comprometió a administrar los bienes; "sin expensas de ninguna clase", hipotecando
"su persona y bienes habidos y por haber"114.
116 Ibidem. Sicuani 30 de diciembre de 1881, ff. 249-249v. (El documento está parcialmente
destruido).
97Continuando el saneamiento de sus negocios, Clorinda Matto dio un poder amplio a Daniel
Araujo al mes siguiente, para que se hiciera cargo de sus juicios y arreglos legales y
extralegales, "como actor o como reo"115. En diciembre del mismo año otorgó un poder
similar a Lorenzo Montoya116. En junio del 81 celebró un contrato con Fortunato Unda, para
proseguir el negocio del molino que emprendiera su esposo en Mosoccllacta. En el documento
correspondiente consta que ella era "la propietaria del molino por haberlo adquirido de la casa
de los SS. Stanfford y Cia. de Arequipa en virtud de la escritura celebrada en aquella ciudad el
17 de mayo del corriente año". Unda participaría como socio con un aporte de 3,252.10 soles
de los cuales había ya entregado 800 a José Turner. El nombre que pusieron al molino fue "La
Alianza", que corría bajo la razón social "Matto y Unda". La sociedad era vitalicia, asumiendo
Clorinda Matto el manejo de los libros y el nombramiento de los empleados, limitándose Unda
a inspeccionar y vigilar117. La por otra escritura suscrita en Arequipa dos años después, cuyo
tenor no conocemos.
118 Idem. Escrituras públicas 1882-1883. Sicuani 5 de junio de 1882, ff. 51-53.
98sociedad, empero, no duró tanto, pues apenas un año después Clorinda Matto compró a
Unda su acción por 6,343.00 soles, pagaderos en tres cuotas. Reconoció "servidumbre
perpetua de tránsito y camino, lo mismo que la del agua para el movimiento del molino"118.
119 Idem. Escrituras públicas 1882-1883. Sicuani 16 de marzo de 1883, ff. 105-106. Este poder
fue revo (...)
120 Idem. Minutario y registro de 1882-1883, protocolo 16. Sicuani 27 de marzo de 1883, ff.
160-160v.
99Para abril del 83 su negocio giraba bajo la razón social "Viuda de Turner y hermano", según
se desprende de un poder extendido a Manuel Francisco Pacheco para que representara sus
intereses en Arequipa119. Una semana después se asoció con Pacheco en base al convenio
que había establecido con la casa Otto Richter, de Arequipa. Pacheco debía trabajar "con todo
el interés propio, y representar la casa en ausencia de la señora Vda. de Turner". A cambio
recibiría la mitad de las ganancias netas. El convenio era por cuatro años de duración120. En
agosto confirió un poder a Francisco Macciotti, para que viera sus asuntos en la provincia de
Canchis121. El molino estaba funcionando según se desprende de un poder que otorgó a
Tomás Unda y Cedeña para arreglar un contrato con Miguel E. Mendizábal, "sobre compra de
trigos"122.
100La última transacción registrada se realizó en 1886, cuando Clorinda Matto radicaba ya en
Arequipa desde dos años atrás. Se trata de un poder que Francisco Macciotti, vecino de
Pitumarca, otorgó a José Santos Talavera, vecino de Arequipa, "para que intervenga y arregle
la traslación del crédito de la Casa del Sr. D. Otto Ritter (sic) con doña Clorinda Matto de
Turner, aceptándolo en mi favor, igualmente que las dependencias que tiene ésta con otras
casas comerciales"123. Aparentemente este fue el final del capítulo de la vida que Clorinda
Matto realizara como eficiente empresaria antes de dedicarse por completo a la literatura.
125 Un par de casos están registrados en el archivo de Pedro Sahuaraura Inca, el primero el 17
de octu (...)
NOTAS
1 GIRALDO, Martha y Ana LIRIA FRANCH: Hacienda y gamonalismo: Azángaro 1850-1920, Lima
1979.
2 MANRIQUE, Nelson: Mercado interno y región. La sierra central 1820-1930, Lima 1987.
6 En un apretado análisis estratégico el general Mercado Jarrín señala: "En 1883, existían tres
grupos de fuerzas: Cáceres en el Centro, 3,000 hombres; Montero en Arequipa, 3,000 hombres
y Campero en Bolivia, 9,000 hombres. La estrategia dictaba la necesidad de reunir todas estas
fuerzas en Arequipa, para hacer menos oprobiosa la imposición del tratado de paz; pero la
política las mantuvo divididas. Bolivia no hizo nada por socorrer a su aliado, el ejército de
Montero en Arequipa se disolvió sin haber disparado un solo tiro y Cáceres, solo, no podía
llevar adelante la resistencia y se impuso el Tratado de Ancón el 20-X-1883". MERCADO
JARRIN, Edgardo: "La política y la estrategia en la Guerra con Chile", Lima 1979, p. 248. El
análisis obvia que las fuerzas de Montero y Cáceres eran inequiparables por su armamento,
logística y recursos. En Arequipa, además, existía armamento sobrante y una Guardia Nacional
con miles de hombres movilizables. Finalmente, para 1883, la sierra central estaba esquilmada
por las sucesivas ocupaciones y la resistencia, mientras que Arequipa no había sufrido la
inscursión de un solo soldado chileno.
7 Las fuerzas que envió hacia la sierra central por la quebrada de Huarochirí fueron capturadas
por las guerrillas de San Mateo, que obedecían a Cáceres, incorporándose a la resistencia. Algo
similar ocurrió con las fuerzas que envió al norte, que desembarcaron en Casma y se dirigieron
al callejón de Huaylas. El grueso de sus integrantes desertaron y se plegaron a la resistencia.
MANRIQUE, Nelson: Campesinado y nación..., pp. 120-121.
9 Carta del Presidente Francisco García Calderón al general Miguel Iglesias, en VARGAS
UGARTE: Op. cit., p. 387.
13 Véase la carta enviada por Cáceres a Antonio Miró Quesada desde Andahuaylas el 15 de
octubre de 1883, citada en el capítulo 1.
16 Loc. cit.
18 El libro de actas del Consejo de Ministros del Gobierno de Arequipa (1882-1883), pp. 128-
129. Este texto fundamental ha sido publicado por el reverendo Armando Nieto.
19 Pasar de trabajar los archivos de la sierra central a los de la sierra sur supone
inevitablemente un choque emocional que debiera consignarse. La imagen de lo que era la
condición del campesinado indígena varía fuertemente, pero sobre todo, lo que más
conmociona es observar la radical diferencia en el terreno de la relación entre los indígenas y
las otras fracciones de la población (principalmente blancos y mestizos). La constatación
fundamental es que la percepción de la naturaleza esencial de estas diferencias anotadas por
José María Arguedas es justa: en las evidencias, revisadas en la siena central no se percibe que
entre indios, mestizos y blancos hubiera una diferenciación social que supusiera el
"establecimiento de un status que significaba diferenciación que comprometía la propia
naturaleza, como ocurrió y ocurre en el Cuzco, donde señores e indios parecen aceptar
diferencias que comprometen la propia naturaleza de las personas y no únicamente su
condición socioeconómica". ARGUEDAS: Op. cit., p. 119. En otras palabras, el racismo supone
aquí una insuperable dificultad, para las fracciones locales dominantes, de reconocer en los
indígenas una básica humanidad que permitiera entablar una relación social entre individuos
pertenecientes a estratos socioeconómicos muy diferentes, pero de quienes pudieran aceptar,
más allá del discurso teórico, que eran básicamente sus semejantes.
20 ADC: Comunicaciones 1880, legajo 166. Oficio del Sub Prefecto de Canchis, Eulogio León al
Prefecto del Departamento. Canchis, 20 de marzo de 1880. Eventualmente la Prefectura
decidió que se compensara de alguna manera a los indígenas que portaban los víveres. Así el
26 de enero de 1880 el Prefecto ordenó se retribuyera a los indígenas conductores de víveres
hasta el Cusco diez soles por cada piara de 15 fanegas. Loc. cit. Por lo general estas
disposiciones no se acataban. El traslado de los víveres que los indígenas debían realizar no era
tampoco únicamente desde las provincias cusqueñas hacia la capital departamental. El 21 de
noviembre, por ejemplo, el Prefecto Jiménez dispuso que se enviaran los víveres acopiados en
Cusco hacia Arequipa por intermedio de los portadores indígenas (Idem).
21 ADC: Prefectura. Comunicaciones 1825-1891. Oficio del Sub Prefecto de Calca, Rafael
Astete, al Prefecto del Cusco. Calca 17 de enero de 1881.
22 Idem. Calca l° de febrero de 1881.
26 Idem. Oficio del Sub Prefecto Gavino Iberico al Prefecto del Cusco. Calca 21 de setiembre de
1881.
27 Idem. Oficio del Sub Prefecto de Chumbivilcas, Eleodoro Huapalla, al Prefecto del Cusco.
Santo Tomás 30 de marzo de 1881 Más adelante tendremos oportunidad de volver sobre la
real situación de los indígenas de Chumbivilcas.
31 Idem. Santo Tomás 24 de mayo de 1881. El oficio ofrece una buena muestra de como se
trataba a los "voluntarios" movilizados para servir a la Patria: "como no he creído conveniente
que los conscriptos —informaba el Sub Prefecto—, hoy en la cárcel, pasen el día sin alimentos,
estoy proporcionándoles diariamente, con solo la circunstancia de que ellos se proporcionen la
manera de condimentarlo". Resalta no sólo la brutalidad del trato dispensado a los indígenas
movilizados sino sobre todo el carácter compulsivo de su movilización, tan diferente de la que
se daba, en la misma época, en la sierra central.
33 Idem. Oficio del Sub Prefecto de Canas al Prefecto del Cusco. Canas 16 de febrero de 1881.
34 Idem. Oficio del Gobernador del Sexto Distrito de la Provincia de Can-chis, Silverio Paiva, al
Prefecto del Cusco. Pampamarca 23 de marzo de 1881. Aun en la guerra tenía cabida el
hambre de reconocimiento social. En la comunicación citada, el Gobernador pedía al Prefecto:
"se servirá US hacer publicar en el periódico Oficial mi patriotismo y abnegación que
demuestro a favor de nuestra desgraciada patria". Su pedido fue archivado.
35 Idem. Oficio del Sub Prefecto de Anta al Prefecto del Cusco. Anta 27 de abril de 1881.
36 Idem. Oficio del Presidente de la Junta Colectora de Donativos del Tercer Distrito de La
Convención al Prefecto del Cusco. La Convención 25 de abril de 1881. Esta autoridad
informaba que enviaban 300 pesos "en una letra que ha facilitado el recomendable patriota D.
Tomás Polo y la Borda para que se entreguen a la Caja Fiscal en cacao". Esta era una manera
de ahorrar tiempo para que el donativo se hiciera efectivo.
37 Idem. Oficio del Teniente Gobernador de Taray al Prefecto del Cusco. Taray 17 de junio de
1881.
38 Idem. Oficio del Prefecto de Apurímac al Prefecto del Cusco. Abancay 15 de abril de 1881.
39 Idem. Oficio del Prefecto y Comandante General del Cusco, José María Jiménez, al Tesorero
de la Alcabala de la Coca. Cusco 1° de agosto de 1880. Hay alguna información sobre la
formación de la Alcabala de la Coca en la respuesta enviada por el ex Tesorero de la misma a
un pliego de reparos firmado por el Visitador de Hacienda, Don Santiago M. Piélago, en 1883.
Según este informe, la Alcabala se creó el 28 de enero de 1869. En sus inicios, fue dirigida por
una Junta Especial y tenía dos secciones, que administraban los fondos para reparar y construir
caminos. La primera sección se instaló el 25 de agosto de 1869. El ex Tesorero Vargas
respondió satisfactoriamente al pliego y se archivó el expediente. ADC: Contenciosos 1884-
1886, legajo 102.
40 Idem. Oficio del Tesorero de la Alcabala de la Coca, D. Manuel Pío Concha al Prefecto del
Departamento. Cusco 10 de agosto de 1880.
41 Idem. Oficio del Prefecto del Departamento al Tesorero de la Alcabala de la Coca. Cusco 2
de agosto de 1882.
43 ADC: Comunicaciones 1880, legajo 166. Oficio del Sub Prefecto de la Provincia de Paruro al
Prefecto del Cusco. Paruro 1o de abril de 1880. Co mo se puede ver, la contribución personal,
aparte de aportar recursos para el fisco, era un mecanismo muy eficiente para obligar a los
campesinos indígenas a vender su fuerza de trabajo a los mistis y terratenientes, pues
necesitaban agenciarse moneda para satisfacer el pago. Durante este periodo, el monto de la
contribución personal que, conviene tener siempre presente, sólo pagaban los indígenas,
ascendía a dos soles plata por semestre. En los hechos ésta no era otra cosa que el tributo
indígena colonial restablecido luego de la Independencia. Si bien Ramón Castilla la abolió en
1854, aprovechando la coyuntura favorable para el fisco que acompañó al boom guanero, la
contribución fue restablecida en 1876, luego de terminado el periodo que Basadre llamó "de la
falaz prosperidad del guano" y, como veremos, siguió legalmente vigente hasta 1895 (lo cual
no significa que no siguiera siendo cobrada en algunos lugares incluso después de esa fecha).
44 Idem. Oficio del Recaudador Fiscal de la Provincia de Acomayo, Atanacio Cubas, al Prefecto
del Cusco. Acomayo 5 de julio de 1880.
45 Idem. Oficio del Sub Prefecto cesante de la Provincia de Acomayo, Isidro de la Barra, al
Prefecto del Cusco. Chumbivilcas 26 de julio de 1880.
47 Tratamos con más detalle los mecanismos del cobro de la contribución personal en la
sección siguiente.
48 ADC: Comunicaciones 1880, legajo 166. Oficio del Recaudador Fiscal de la Provincia de
Acomayo, Atanacio Cubas, al Prefecto del Cusco. Acomayo, 15 de diciembre de 1880.
49 ADC: Prefectura. Asuntos Contenciosos 1880, legajo 166. Oficio del Sub Prefecto de la
Provincia de Canchis, Martín Alvarez, al Prefecto del Cusco. Canchis, 10 de noviembre de 1881.
50 ADC: Comunicaciones 1884-1885. Informe que el Prefecto del Departamento del Cusco
dirige al Sr. ministro de Hacienda y Comercio. Cusco, 6 de mayo de 1884. La guerra civil añadió
la novedad de que los indígenas fueron entonces obligados al pago de la contribución por las
autoridades de los dos bandos contendientes. En diciembre de 1884 el Sub Prefecto cacerista
de Chumbivilcas informaba que los indígenas se habían negado a pagar la contribución del
semestre anterior: "unos alegan haberla satisfecho a las anteriores autoridades
presentándome recibos, otros ocultándose creen burlar la acción de la autoridad". Solicitaba
las Matrículas para hacer efectivos los cobros. Idem. Oficio del Sub Prefecto de Chumbivilcas al
Prefecto del Cusco. Chumbivilcas 3 de diciembre de 1884.
58 Idem. Cusco 24 de diciembre de 1880. La demanda disminuyó en los años siguientes pero
no desapareció completamente. El 8 de febrero de 1882 el Comandante en Jefe del Ejército de
Operaciones pidió 150 varas de jerga blanca y útiles para hacer 50 ternos. ADC: Prefectura.
Comunicaciones 1825-1891.
59 Las cifras publicadas por Heraclio Bonilla, con relación a la exportación de lana de oveja
desde Moliendo, muestran una evidente caída en este período, según se puede comprobar por
las cifras siguientes:
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FUENTE: BONILLA, Heraclio: Gran Bretaña y el Perú. Los mecanismos de un control económico,
Lima 1977, p. 191.?
Como se puede apreciar, el período de la gran declinación fue el comprendido entre 1880-
1883, que corresponde al de la mayor agudización del conflicto bélico. El repentino salto en los
volúmenes de exportación de 1884 se explica porque a mediados de ese año se retiró
definitivamente el ejército chileno y cesó el bloqueo del puerto de Moliendo. Se observa que
en los dos años siguientes la tendencia imperante apuntó a la estabilización del volumen de
exportaciones en niveles inferiores a los existentes antes de la guerra.
60 Cómo y quiénes fundaron la primera fábrica de tejidos de lana del Perú, p. 5. Citado en
FLORES GALINDO, Alberto: Arequipa y el sur andino..., Lima 1976, p. 81.
66 Idem. Cusco 6 de octubre de 1880. El contrato estipulaba que se abonaría 60 centavos por
temo, compuesto de chaqueta y pantalón. El lote costaría pues 360 soles. Se habilitaría al
sastre tela, botones y forros. Suscribió el convenio el Cajero Fiscal José María Galdo.
69 ADC: Oficio de la Municipalidad Provincial del Cusco, 1883, legajo 50, 120 ff.
70 Idem. Oficio del Director de Gobierno al Concejo Provincial del Cusco. Arequipa 3 de julio de
1883.
71 Idem. Acta del Concejo Provincial del Cusco del 22 de setiembre de 1883.
72 Idem. Acta del Concejo Provincial del Cusco del 17 de octubre de 1883.
73 ADC: Comunicaciones 1880, legajo 166. Cusco 5 de agosto de 1880. Por la fecha puede
presumirse que fueron parte del escuadrón Yungay, el contingente de élite de la caballería
chilena, que Grau hizo prisionero cuando capturó el transporte chileno Rímac, acción que
provocó una grave crisis ministerial al gobierno chileno.
76 Véase el capítulo N° I
78 Idem.
82 Loc. cit. Pese a que la Prefectura ofreció darles garantías, la situación no se modificó en los
años siguientes. En un nuevo oficio enviado el 29 de marzo de 1883 los indígenas de Quiñota
ampliaban su denuncia contra los rescatistas de lana: "lo que hacen éstos es votar la plata o los
efectos que llevan en nuestras cabañas para cinco (o) seis quintales de lana sin que tengamos
conocimiento a nuestras esposas o hijos menores y muchas veces si no encuentran a éstos
votan por las rendijas de la puerta de nuestras habitaciones. Y una vez llegada la época del
trasquilo sale cada uno con su buena romana a cosechar las lanas y si no alcanza al número de
quintales que por la fuerza nos hacen deudores, fuera de que en el peso hacen de lo que
quieren nos recargan con usura triplicando el precio que el dinero muchas veces por
desprendernos de sus rapaces inportunidades pagamos haciendo mil sacrificios y cuando no
podemos librarnos de este modo acaban con embargamos todo el ganado que tenemos y
hasta los pastales que poseemos". La denuncia incluye numerosos casos concretos. Ibidem.
85 Arguedas considera también importante el especial estatus que consiguieron los indígenas
huancas durante la época colonial debido a la alianza que establecieron durante la conquista
con los españoles para luchar contra los incas. Este estatus debiera explicar también, por lo
menos en parte, la no formación de las haciendas en el valle del Mantaro. ARGUEDAS, José
María: "Evolución de las comunidades indígenas. El valle del Mantaro y la ciudad de Huancayo:
un caso de fusión de culturas no comprometidas por la acción de las instituciones de origen
colonial", México 1977.
86 MANRIQUE: Colonialismo y pobreza campesina. Caylloma y valle del Colca, siglos xvi-xx,
Lima 1985, pp. 205 y ss.
89 Algunos textos básicos son el artículo pionero de BONILLA, Heraclio: "Islay y la economía del
sur peruano en el siglo xix", Lima 1977; el libro de FLORES GALINDO, Alberto: Arequipa y el sur
andino..., Lima 1976; el de BURGA, Manuel y Wilson REATEGUI: Lanas y capital mercantil en el
sur..., Lima 1981; el ensayo de BERTRAM, Geoff: "La industria lanera en el sur peruano 1919-
1930", Lima 1977; el de JACOBSEN, Nils: "Desarrollo económico y relaciones de clase en el sur
andino (1780-1920)", Lima 1979. Este último constituye una réplica al artículo de SPALDING,
Karen: "Estructura de clases en la sierra peruana 1750-1920", Lima 1977. Hemos reseñado la
organización del circuito lanero en la región de Caylloma y el valle del Colca en nuestro texto
Colonialismo y pobreza campesina..., ya citado.
90 RUIZ BRAVO, Patricia: Sicuani, la ciudad en el problema regional, Cusco 1986, pp. 33 y ss. El
ferrocarril llegó a la ciudad en 1893.
91 JACOBSEN, Nils: Op. cit., p. 76. Jacobsen considera que el establecimiento de estos agentes
del comercio lanero se dio principalmente "sobre todo en la etapa de recuperación económica
que siguió a la Guerra del Pacífico" (Ibidem), pero, como veremos, en el caso de Sicuani este
proceso se inició antes de la guerra.
92 ADC: Archivo del Escribano Público Pedro Sahuaraura Inca. Carta poder extendida por los
comerciantes de lana de alpaca de Sicuani a Rosendo Guerra. Sicuani, 14 de febrero de 1876.
Libro de 1876-1877, ff. 20-22v.
93 ADC: Archivo del Escribano Público Pedro Sahuaraura Inca. Escrituras Públicas 1880-1881.
Sicuani 26 de julio de 1880.
94 Idem. Escrituras públicas 1876-1877. Sicuani 31 de enero de 1876, ff. 12v. - 14.
97 Idem. Escrituras públicas 1886-1887, Sicuani 3 de noviembre de 1886, ff. 65v. - 67; Idem, ff.
111-lllv.
100 Idem. Escrituras públicas 1876-1877. Sicuani 16 de noviembre de 1887, ff. 72v.-73 del
minutario anexo. Firmó el registro el juez Juan M. Espejo.
101 ADC: Oficios del Concejo Provincial del Cusco, 1896, legajo 53, 360 ff. Circular del Prefecto
del Cusco a los Sub Prefectos. Cusco 23 de junio de 1888. El propio Prefecto no se ilusionaba
sobre los resultados que podrían reportar sus circulares: "todo es letra muerta, a su
cumplimiento no se provee. Por el contrario, dejando ya el sistema de los escritos, los
indígenas personalmente y en masas considerables se presentan al infrascrito y piden
garantías para sus derechos, se les concede, y las autoridades inferiores no secundan lo
dispuesto, respetando más la llamada 'costumbre' que consiste en explotar la ignorancia de la
raza que me ocupa, explotación que a veces se avanza hasta a exigir al indio el producto de su
trabajo y los animales de su pequeño rebaño para proveer las despensas de muchas
autoridades, o gratuitamente o por compras forzadas y leoninas". Ibidem.
102 La fuerza del medio social es tal que la propia Clorinda Matto pone como máxima de vida
de Lucía, la protagonista de Aves sin nido, quien es su propia encamación literaria, la siguiente
sentencia: "Olvidad, pobres mujeres, vuestros sueños de emancipación y de libertad. Esas son
teorías de cabezas enfermas, que jamás se podrán practicar, porque la mujer ha nacido para
poetizar la casa" (Aves sin nido, p. 143). Es notable constatar como esta sentencia es
radicalmente desmentida por su vida y obra.
104 El 10 de octubre de 1890 el Obispo de Arequipa envió una circular a sus párrocos,
"fulminando excomunión contra los que lean o retengan la novela 'Aves sin nido', y en los
mismos términos contra los periódicos 'La Linterna', 'El Callao', 'El Perú Ilustrado' con motivo
del artículo intitulado 'Magdala'". APY: Libro de circulares de la parroquia de Madrigal-Tapay.
ff. 117v.-118.
105 MATTO DE TURNER: Op. cit., pp. 15-16. Entre los tormentos inflingidos a los indígenas
para obligarlos a pagar los adelantos, eran particularmente terribles las lavativas de agua fría.
"El indio teme aquello más aún que el ramalazo del látigo, y los inhumanos que toman por la
forma el sentido de la ley, alegan que, la flagelación está prohibida en el Perú, mas no la
barbaridad que practican con sus hermanos nacidos en el infortunio". Loc. cit., p. 16.
106 El historiador Horacio Villanueva atribuye una significativa influencia en la opción literaria
de Clorinda Matto a la frustración matrimonial que resultó de tal enlace. Sobre la vida y obra
de Clorinda Matto se puede consultar la obra de TAMAYO HERRERA, José: Historia del
indigenismo cuzqueño siglos xvi-xx, Lima 1980, y la biografía de CUADROS, Manuel: Paisaje y
obra, mujer e historia. Clorinda Matto de Turner, Cusco 1949.
108 ADC: Archivo del Escribano Público Pedro Sahuaraura Inca. Escrituras públicas 1876-1877.
Sicuani 13 de noviembre de 1876, ff. 142v.-144; Idem. 8 de julio de 1887, ff. 236-237.
111 Idem. Sicuani 28 de abril de 1877, 15 ff. Aparentemente las posibilidades de recuperar el
dinero adeudado eran remotas, pues Clorinda Matto transfirió su pagaré a Francisco Macciotti
cuatro años después en apenas 400 pesos. Idem, Escrituras públicas 1880-1881. Sicuani 28 de
noviembre de 1881, ff. 233-234v.
113 Idem. Escrituras públicas 1880-1881. Sicuani 13 de marzo de 1880, ff. 29v.-32v.
114 Ibidem. Sicuani 26 de marzo de 1881, ff. 148v.-150v. Este convenio fue sustituido luego
116 Ibidem. Sicuani 30 de diciembre de 1881, ff. 249-249v. (El documento está parcialmente
destruido).
118 Idem. Escrituras públicas 1882-1883. Sicuani 5 de junio de 1882, ff. 51-53.
119 Idem. Escrituras públicas 1882-1883. Sicuani 16 de marzo de 1883, ff. 105-106. Este poder
fue revocado el 26 de junio del mismo año, según se consigna en f. 105.
120 Idem. Minutario y registro de 1882-1883, protocolo 16. Sicuani 27 de marzo de 1883, ff.
160-160v.
124 Nada hay en efecto más contrario ni más opuesto a la sinceridad que la conducta de los
párrocos. Predican contra la usura y la avaricia y ellos dan el ejemplo de estas faltas y vicios;
condenan la impureza, y ellos no tienen cuidado de ocultar su vida relajada; amenazan a los
mentirosos con las penas eternas, y sin embargo, los indios ven que sus curas faltan sin
miramiento a su palabra empeñada engañándolos en sus relaciones civiles". CARRANZA, Luis:
Artículos publicados, Lima 1888, p. 55.
125 Un par de casos están registrados en el archivo de Pedro Sahuaraura Inca, el primero el 17
de octubre de 1876 en el libro de Escrituras públicas de 1876-1887, ff. 113v.-116, y el segundo
el 14 de diciembre de 1881, en el minutario correspondiente a 1880-1881, ff. 239-242v. De por
si, estos testamentos merecerían un estudio aparte.
ÍNDICE DE ILUSTRACIONES
Leyenda Festividad religiosa en una hacienda serrana. Los indígenas presididos por sus
varayoccs ocupan el patio de la casa-hacienda. El terrateniente y su familia preside la
celebración desde los balcones. (Foto Víctor Chambi).
URL [Link]
Título CUADREO N° 1. COMPRA DE PARCELAS POR JOSE CUPERTINO TEVES (precio en soles)
Leyenda FUENTE: A D C : Archivo del Notario Público de Sicuani Pedro Sahuaraura Inca.
Libros Notariales de Registro. 1881: 80-81. 136- 138v., 178v.-180v., 244-244v. 1883: 5-5v., 82-
83, 115v.-118, 130v.-133, 139-141, 143-145. 146-148v., 210v.-212v. 1884- 85: 6-6v., 41-42, 30-
32 inserto, 100-100v., 121-122v., 138-138v., 163-163v., 178-178v. 97v.-99 insertos, 176-176v.,
243- 244v., 1886: 9-9v.. 20, 33-34v., 38-41v., 61. 66-66v., 87-88v., 96-96V, 104-104v, 88-91
minutario. 1886-87: l - l v . 5-6, 15- 15v., 30-30v., 1888: 104-105,16-16v. minutario.
URL [Link]
p. 135-178
TEXTO NOTASILUSTRACIONES
TEXTO COMPLETO
Llegada del primer automóvil a Lircay (Huancavelica). Preside la comitiva un retrato del
presidente Augusto B. Leguía.
1En los capítulos anteriores hemos visto el impacto de la guerra con Chile sobre la sierra
peruana desde una perspectiva regional. Este enfoque era inevitable, dado el profundo
fraccionamiento de la sociedad peruana del ochocientos, que hacía imposible generalizar las
tendencias observables en una región a las restantes, como pudimos comprobarlo en la
comparación entre los procesos históricos de la sierra central y sur. Partiendo de lo hasta aquí
expuesto queremos encarar ahora el análisis en una perspectiva más amplia: el de la
significación de la guerra para la sociedad peruana de fines del siglo xix, incidiendo
particularmente en la forma en que influyó en la definición de la naturaleza del Estado que
surgió de la derrota de la guerra de 1879.
2Existe una imagen paradigmática de la naturaleza de la sociedad peruana del siglo xix que
reduce su historia a la estela de dos fenómenos claves: el boom del guano, para el caso de la
costa, y la virtualmente ininterrumpida expansión de la hacienda feudal y la inmisericorde
explotación de los indígenas sometidos a su imperio, para el de la sierra. Conviene, sin
embargo, evitar las generalizaciones fáciles. Existen algunas interrogantes que plantear frente
a este paradigma de interpretación histórica. En primer lugar, ¿fueron estos fenómenos
efectivamente nacionales, en el sentido de comprometer a toda la población peruana, o al
menos a una fracción mayoritaria de ella? En segundo lugar, ¿fue su impacto homogéneo en
las diversas regiones del país? En tercer lugar, ¿pueden acaso dar cuenta de los procesos
sociales fundamentales de la sociedad peruana del ochocientos?
1 Puede también señalarse que ciertos fenómenos vividos en Lima durante ese periodo
influyeron indir (...)
3Estas tres interrogantes tienen una respuesta negativa. Al nivel actual de nuestros
conocimientos sabemos, por ejemplo, que el boom del guano tuvo una influencia
marcadamente circunscrita a nivel geográfico: sus efectos se sintieron sobre todo en Lima y la
costa central y norte, pero no fueron significativos para la sierra sur, donde para la vida social
regional fue mucho más importante la evolución de la demanda internacional de las lanas y las
fibras de los camélidos andinos, ni para la sierra central, donde la economía regional se
articuló, durante ese periodo, en torno a la explotación de la plata en Cerro de Pasco y
Huarochirí. Las investigaciones realizadas en la última década muestran, por otra parte, que no
hubo transferencias significativas de los capitales generados en la explotación del guano hacia
las regiones del interior serrano. Ciertamente la riqueza generada en este negocio permitió al
Estado establecer algunas medidas que influyeron en la vida social serrana, como la supresión
de la contribución personal, que repercutió en toda la sierra, pero cuya vigencia fue temporal,
puesto que una década después volvió a imponerse, cuando la crisis fiscal obligó a volver sobre
esta fuente de ingresos, "la más saneada de la hacienda pública", según decían los funcionarios
encargados de su cobranza. Similar es el caso de la construcción de los ferrocarriles de
penetración, que tuvo sobre todo una repercusión regional1. Pero ninguno de estos
fenómenos es históricamente esencial, en el sentido de haber tenido una influencia decisiva en
la definición del derrotero histórico general de las regiones serranas durante este periodo.
Comprender la lógica de la historia peruana del siglo xix, y de las primeras décadas de este
siglo, exige situarse en una perspectiva de análisis regional.
2 Esta denominación requiere precisiones. Esta fracción tenía intereses no sólo en el gran
comercio, (...)
3 La consignación fue una modalidad de comercialización del guano de las islas por el cual el
Estado (...)
5En el periodo previo a la guerra con Chile, la fuerza que hegemonizó la política peruana fue el
Partido Civil, la expresión política de la burguesía mercantil limeña. Esta clase se desarrolló
desde la década del cincuenta, prácticamente en tomo de la consignación del guano3. En la
década anterior al inicio de la guerra con Chile sufrió dos profundos contrastes: primero, la
temporal perdida del control del negocio del guano, debido a la acción de Nicolás de Piérola, el
Ministro de Hacienda de José Balta, quien le arrebató la rentable consignación guanera para
entregar el control del negocio al francés Auguste Dreyfus. Esto les obligó a organizarse
políticamente para defender sus intereses y así surgió el Partido Civil. El segundo contraste fue
la crisis económica, que durante la década del 70 llevó al colapso el negocio del guano,
primero, y la agricultura de exportación, después. Luego de dos décadas de alegre dispendio
fiscal, la fracción más lúcida de esta clase social trató de levantar un programa de desarrollo
nacional más definidamente burgués, plasmado sobre todo en La Revista de Lima, la
publicación dirigida por Manuel Pardo, el más importante líder histórico del Primer Civilismo.
El final del ciclo del guano y la crisis económica que lo acompañó, fueron un serio revés para
este proyecto.
4 Aunque el tema está aún por investigarse, hay ciertas evidencias que sugieren una
significativa pr (...)
6Perdida esta fuente de acumulación, a mediados de la década surgió otra fuente alternativa:
el salitre de Tarapacá. La nacionalización de las salitreras, decretada por Manuel Pardo en
1876, respondió al intento de utilizar el aparato estatal para asegurar la transferencia de los
recursos que hicieran viable tal proyecto. Como es obvio, la derrota de la guerra con Chile —y
su consecuencia, la pérdida de Tarapacá— liquidó esta posibilidad, y, con ella, la hegemonía de
esta fracción. Esto se expresó claramente ya durante la guerra, en las vacilaciones del régimen
de Francisco García Calderón y en la parálisis del de Lizardo Montero (ambos regímenes de
filiación civilista) en torno a las negociaciones de paz: los civilistas no podían firmar la entrega
de Tarapacá a Chile sin sacrificar la fuente fundamental de acumulación en la que se asentaba
su proyecto político4.
7La burguesía mercantil capitalina quedó empantanada luego de los intentos de García
Calderón de ampararse tras la mediación norteamericana para negociar la paz, lo que provocó
su prisión y deportación a Valparaíso por las mismas fuerzas chilenas que antes habían
apoyado activamente (incluso militarmente) sus esfuerzos por constituir un gobierno
reconocido por los peruanos, y después por la vergonzosa inactividad y vacilaciones de su
vicepresidente, Lizardo Montero.
6 Así como para conseguir los préstamos en dinero, las armas y la protección militar que las
fuerzas (...)
8Fueron entonces los terratenientes serranos quienes asumieron la dirección del Estado. A
diferencia de lo que acontecía con la burguesía limeña, para los terratenientes serranos la
pérdida de Tarapacá no comprometía en absoluto los mecanismos de su reproducción social
como clase. Sí era, en cambio, cuestión de vida o muerte acabar con las expediciones militares
chilenas que desde abril del 81 venían asolando la sierra, que amenazaban con llevar al colapso
sus explotaciones. Esto exigía firmar la paz a cualquier precio5. Miguel de Iglesias, el líder de la
más importante familia terrateniente cajamarquina, logró alinear tras de sus posiciones (el
Partido de la Paz) al grueso de los terratenientes serranos. El régimen que él encabezó fue la
más depurada expresión del caciquismo terrateniente: él fue ungido Presidente Regenerador
del Perú; nombró a su hermano Lorenzo el ministro único del régimen; a su cuñado, Mariano
Castro Zaldívar, plenipotenciario para negociar la paz con Chile6; y a su hijo político, Vidal
García y García, jefe de sus fuerzas militares. Sus agentes principales en la región central,
donde Cáceres actuaba, eran también terratenientes: Luis Milón Duarte, a quien Iglesias
nombró Jefe Político Militar de los Departamentos del Centro, y Manuel de la Encarnación
Vento, jefe de la región de Canta. Ambos se desempeñaron como guías del ejército chileno en
la campaña contra Cáceres. Duarte era el jefe político de la más importante y poderosa familia
terrateniente de la sierra central y Vento era propietario de la hacienda Sangrar, en Canta. Fue
este gobierno, ampliamente hegemonizado por los terratenientes, el que firmó la paz de
Ancón, entregando a Chile Tarapacá a perpetuidad y Tacna y Arica a título provisional. Similar
fue la composición del Congreso convocado por Iglesias en marzo de 1884 para ratificar el
Tratado de Ancón.
7 Hemos visto en los capítulos I y II la magnitud de los transtornos sociales ocasionados por la
gue (...)
9La situación no cambió significativamente luego del retorno de las fuerzas chilenas a su país y
del fin de la guerra civil. Los azules de Iglesias fueron reemplazados en el gobierno por los
colorados de Cáceres, pero el Segundo Militarismo continuó. Pese a la guerra civil que los
enfrentó, Cáceres no representaba ya una opción distinta. Terminada su cruzada por la
defensa de la integridad territorial del país, al disputar el poder con Iglesias, rompió su alianza
con el campesinado de la sierra central, buscando ganarse a los terratenientes de la región
reprimiendo a su antiguo aliado. Tampoco había diferencias en el terreno de la definición
frente a las condiciones impuestas por Chile. Si algo no estuvo en absoluto en discusión
durante la guerra civil fue la paz que Iglesias firmara con Chile, que Cáceres se comprometió a
acatar cuando en junio de 1884 exigió al ejército chileno que se retirara del país para dejar a
los peruanos arreglar solos sus problemas. Terminada la guerra nacional, con el alto costo de la
mutilación territorial, estaba agotado el rol histórico que le tocócumplir a Iglesias. Este
caudillo, liquidado políticamente por su comportamiento durante la fase final de la guerra, no
era apto para realizar las tareas que la nueva situación exigía: liquidar la herencia de la guerra
y pacificar un país transtomado por la prolongada emergencia bélica7.
8 El Partido Constitucional fue fundado por Cáceres durante la guerra civil que lo enfrentó con
Igle (...)
11Los civilistas llegaron pues al gobierno como aliados de la organización política fundada por
Cáceres, el Partido Constitucional, la más depurada expresión orgánica de los intereses
corporativos de los terratenientes serranos de la historia del Perú8. Los civilistas se
incorporaron al gobierno de Cáceres en condición de fuerza subordinada; lo que no atenuó en
absoluto las profundas diferencias que separaban su proyecto político del que encarnaban los
constitucionalistas. Las expresiones más evidentes de esta oposición fueron el derribo de
nueve gabinetes ministeriales de Cáceres por sus aliados civilistas durante su primer periodo
presidencial, y la insurrección armada que le montaran, en alianza con los demócratas de
Piérola y los liberales de Augusto Durand, en 1894-95, cuando el caudillo militar trató de
prolongar su permanencia en el poder por un segundo periodo presidencial. La guerra civil del
94-95 no fue, pues, simplemente una reacción antimilitarista sino, sobre todo, el
enfrentamiento frontal de los proyectos de fuerzas políticas que expresaban los intereses de
clases sociales distintas que, aunque compartían un espacio común en el bloque de poder,
tenían intereses claramente diferenciados, como se encargarían de demostrar las luchas
políticas entabladas entre estas fuerzas en cuanto se instaló en 1895 el gobierno dirigido por
Piérola.
12Esto explica, adicionalmente, la de otra manera inexplicable alianza entre los civilistas y los
pierolistas en 1893. Estas dos fuerzas, como hemos visto, fueron mortalmente enemigas
durante la década del 70 y vivieron en una situación de permanente guerra civil incluso
durante la ocupación chilena. Pero las fuertes discrepancias que las confrontaron
encarnizadamente durante las dos décadas anteriores quedaron minimizadas frente a las
radicales diferencias que las enfrentaron al proyecto del Partido Constitucional. Las
contradicciones existentes entre civilistas y pierolistas, que habían terminado por representar
los intereses de distintas fracciones de la burguesía mercantil, no eran tan profundas como
aquellas que los separaban de la organización política que expresaba los intereses de una clase
social distinta: los terratenientes serranos.
9 Discrepamos con la interpretación que Julio Cotler propone sobre las tendencias generales
del proc (...)
14Debe situarse en este contexto la significación de la guerra civil de 1894-95: no sólo como la
expresión de la voluntad de las fuerzas coaligadas contra el régimen de Cáceres de terminar
con el militarismo de la postguerra, sino, sobre todo, de recuperar el control del Estado para
las fracciones más definidamente burguesas. Esta perspectiva permite ver bajo otra luz la obra
del régimen de Nicolás de Piérola (1895-1899), no sólo como un esfuerzo por sentar las
condiciones para la reconstrucción nacional sino, sobre todo, como la más decidida ofensiva
contra los particularismos de cuño terrateniente, consolidados durante la década anterior9.
Tal es el contenido del exitoso combate del régimen pierolista contra la descentralización fiscal
aprobada por el régimen de Cáceres y su expresión en la estructura de poder estatal, las Juntas
Departamentales10. La supresión de la contribución personal, indisolublemente ligada a esta
última medida, contribuyó al debilitamiento de los poderes locales, incrementando la
centralización estatal.
11 Que el primer hito de este sometimiento se diera bajo el régimen de Cáceres, con la firma
del Cont (...)
15La coyuntura de 1895 constituye pues un momento clave en la lucha por la centralización
estatal burguesa, que no pudo ir más a fondo debido a las limitaciones de la burguesía
mercantil limeña. Esta última, seriamente debilitada luego de los reveses sufridos durante la
guerra, sólo pudo recuperar su hegemonía al interior de la sociedad peruana a través de su
sometimiento al imperialismo, en calidad de socia menor, intermediaria en la explotación de
los recursos naturales hacia los que afluyeron los capitales imperialistas, renunciando
definitivamente a la perspectiva de construir un proyecto de desarrollo capitalista nacional11.
Una burguesía atada umbilicalmente a los intereses imperialistas era demasiado débil
orgánicamente para tentar el desmantelamiento radical de los poderes locales. Por otra parte,
la renuncia a la construcción de un proyecto capitalista nacional hacía innecesario el
enfrentamiento con los terratenientes serranos, que hubiera sido inevitable si la burguesía se
hubiera propuesto realizar ese programa. La construcción de un mercado interno la habría
obligado a luchar por romper la sujeción servil del campesinado, pues no había otra forma de
construir un mercado de fuerza de trabajo libre.
16En este periodo, en la relación entre el poder estatal central y los poderes locales
feudalizantes, determinados hechos tuvieron una resonancia regional: es el caso de la
pacificación del campo y la recuperación de las haciendas que fueron ocupadas por el
campesinado indígena durante la guerra con Chile, en la sierra central. Otras medidas tuvieron
una resonancia efectivamente nacional: es el caso del restablecimiento de la contribución
personal y la descentralización fiscal. Pero incluso éstas tuvieron un destino muy diferenciado
en su ejecución efectiva de una región a otra. Su análisis debe volver a plantearse en una
perspectiva regional. Sin embargo, existe un sustrato general, común a todas las sociedades
terratenientes serranas, sobre el cual se asentaban las formas específicas que asumía en
periodos históricos particulares la explotación clasista del campesinado: el control de la fuerza
de trabajo indígena por el poder estatal y sus representantes. Este es una directa supervivencia
de la herencia colonial y expresa una continuidad histórica secular que arranca en el virreinato
y que se mantuvo hasta entrado el siglo xx. Es necesario entender su mecánica para analizar
después cómo se organizaban las otras formas de explotación del campesinado indígena.
12 Un ejemplo que resulta muy sugerente es el de Pío León Cabrera, gamonal de Sandia, Puno,
quien en (...)
13 Hasta entrado el siglo xx, el servicio público en las ciudades serranas se basaba
principalmente e (...)
17En la que hemos denominado sociedad terrateniente serrana los terratenientes no eran los
únicos que tenían acceso a la mano de obra indígena servil, ni tampoco eran sólo los indígenas
sometidos al dominio de la hacienda feudal quienes estaban obligados a entregar
gratuitamente su fuerza de trabajo. Si bien los terratenientes la usufructuaban en primera
instancia, la servidumbre era considerada también como un derecho de las autoridades
políticas y eclesiásticas, que podían disponer de la mano de obra servil, en tanto funcionarios,
no sólo para el servicio público sino también en beneficio propio12. De allí que existiera una
permanente disputa en el interior de los bloques de poder locales por la jurisdicción sobre las
comunidades campesinas, que enfrentaba a las autoridades municipales y las del gobierno
central (prefectos, sub prefectos, gobernadores, tenientes gobernadores), por el control de la
fuerza de trabajo de los indígenas13.
18A nivel local, era común el enfrentamiento entre las familias terratenientes más poderosas,
que se extendía al acceso a los mecanismos de poder local y regional. El control directo o
indirecto —a través de sus allegados— de las prefecturas, sub prefecturas y gobernaciones era
una cuestión clave en el zanjamiento de estas disputas, y conseguirlo exigía desarrollar toda
una estrategia de relaciones con el poder central. Durante el siglo xix fue frecuente que los
caudillos que disputaban el poder establecieran relaciones de clientelismo con las familias
terratenientes locales más poderosas. Este apoyo era un riesgo calculado, que permitía la
redistribución periódica de los mecanismos de poder a nivel local. La fortuna favorable, o
adversa, del caudillo al que una familia ligara su suerte repercutía indudablemente en su
situación, permitiéndole —en caso de que la "revolución" triunfara— acceder a los codiciados
cargos de autoridad política, vía los nombramientos expedidos por el Ministerio de Gobierno.
En caso de que el puesto de autoridad fuera ocupado por alguien ajeno a los clanes en
conflicto, éste muy pronto se veía presionado para tomar partido.
14 BN: E 783: Memoria del Prefecto de Huancavelica, Emilio Rodríguez La-rraín, Huancavelica,
1° de ju (...)
"No tiene idea U.S. —informaba el Prefecto de Huancavelica al Ministro de Gobierno en 1902
— de las profundas divisiones que fermentan y se enconan más cada día en el seno de esta
pequeña localidad. La rivalidad es tan grande y profunda que ni la misma autoridad se escapa
de sus asechanzas, pues mal puede hacer justicia y cumplir siquiera con el más indispensable
deber de cortesía, que estos hechos puramente abstractos y correctos no afecten en algo a
uno u otro bando".14.
19Las familias que no conseguían el acceso a los puestos de poder político procuraban
compensar su desventaja relativa a través del control de los cargos municipales que, aunque
de menor rango, también representaban cuotas de poder. De allí que fueran corrientes los
enfrentamientos entre las autoridades políticas y las ediles, que comenzaban por el control de
los Colegios Electorales, formados por los "vecinos propietarios" o "notables" de la localidad,
que debían elegir periódicamente a los concejales titulares y suplentes.
15 APJ: Oficio de las autoridades y vecinos de Tambo ai Prefecto de Junín. Jauja, 22 de agosto
de 189 (...)
16 APJ: Oficio de los vecinos de Pancán al Prefecto de Junín. Jauja, 22 de agosto de 1898.
20El trabajo gratuito de los indígenas era habitualmente empleado tanto para las tareas de
baja policía, cuanto para la ejecución de las obras públicas. Esto era habitual no sólo en las
zonas más altamente feudalizadas, sino también en zonas donde no existían grandes
latifundios, y, con ellos, la servidumbre, como en el valle del Mantara. Citemos algunos
ejemplos. En 1891 las autoridades y vecinos de Tambo (Jauja) elevaron un memorial ante el
Prefecto de Junín, protestando por el trabajo gratuito que les obligaban a realizar en la ciudad
de Jauja, que consistía en custodiar la cárcel diez días al mes y barrer las calles todos los
lunes15. Similar queja presentaron los vecinos de Pancán, a quienes les obligaban a barrer las
calles y a prestar servicios gratuitos en la cárcel de Jauja, limpiando y cuidando el
establecimiento, donde a veces eran maltratados por la Guardia Civil16.
17 APJ: Oficio del Sub Prefecto y el Agente Fiscal de Tarma al Prefecto B. S. Bedoya. Tarma, 17
de ag (...)
21A la disputa entre las autoridades políticas y municipales por el control de la fuerza de
trabajo indígena, se refiere, por ejemplo, el oficio que el Sub Prefecto y el Agente Fiscal de
Tarma presentaron en 1899 ante el Prefecto de Junín, B. S. Bedoya, quejándose de los
procedimientos del anterior Prefecto, Antenor Rizo Patrón. Este había emitido una resolución,
que los quejosos cuestionaban, colocando a las comunidades campesinas bajo la jurisdicción
de las autoridades municipales. En su alegato, los representantes locales del poder central
argüían que desde la Independencia las comunidades habían dependido de las autoridades
políticas y que, por tanto, la resolución del ex-Prefecto era ilegal. Mientras que el Agente Fiscal
fundaba su reclamo en razones filantrópicas —de defensa y protección de los indígenas— el
Sub Prefecto, menos preocupado por guardar las formas, iba al fondo de la cuestión: la fuerza
de trabajo indígena debía estar a disposición de las autoridades políticas. La resolución materia
de la protesta fue revocada17.
18 ADC: Oficios del Municipio Provincial del Cuzco. 1887, legajo 54, 560 ff. "El Teniente
Gobernador (...)
22Además del servicio público cotidiano, los indígenas de las comunidades estaban obligados a
trabajar en las obras públicas, tanto en las de interés vecinal18, cuanto en las estatales. La
utilización de la fuerza de trabajo indígena para la ejecución de estas últimas fue legalizada
décadas después por el régimen de Leguía, con la Ley de Conscripción Vial, pero era habitual
desde tiempo atrás. La construcción de la infraestructura ferrocarrilera en la sierra se hizo a
través de la movilización compulsiva de millares de indígenas, no sólo durante la segunda
mitad del siglo xix sino también durante el siglo xx. Para la construcción del ferrocarril al Cusco
en 1907, por ejemplo, el gobierno dispuso que se entregase a la Peruvian Corporation de 5 a 6
mil operarios diarios durante seis o siete meses. Para ejecutar esta orden, el Prefecto del
Cusco dispuso que cada Sub Prefecto presentara 200 trabajadores cada quince días. A su vez,
los gobernadores tenían que presentar de 40 a 50, lo que dio lugar a múltiples abusos:
19 Diario de los Debates de la Cámara de Senadores (en adelante DDS) 1907, p. 33. Como una
manera de (...)
"como en día determinado no era posible reunir a toda esa gente, se les tomaba poco a poco y
se les metía a la cárcel, para que, una vez completado el número, mandarlos al trabajo, sin que
se les abone por los días que emplean en ir y volver a su pueblo"19.
20 ídem, p. 32. El senador Joaquín Capelo denunció, además, que el Prefecto de Junín hizo
reclutar in (...)
23Similares abusos se cometieron con los trabajadores del Ferrocarril Central. El 17 de octubre
de 1907 el senador Severiano Bezada presentó un proyecto de ley, destinado a proteger a los
indígenas que habían sido reclutados para laborar en el tramo Jauja-Huancayo de los abusos
que se cometían en esta obra. El proyecto prohibía a las autoridades políticas enganchar o
reclutar indios para trabajos públicos o particulares, con pena de un año de cárcel para los
transgresores20. Ni esta disposición ni las que posteriormente se lograron gracias al combate
de legisladores indigenistas, como Joaquín Capelo, pudieron proscribir los abusos.
21 ADC: Oficios del Concejo Provincial del Cuzco, 1883, Legajo 50, ff. 120.
24No faltaron autoridades honestas que acogieron las denuncias de los indígenas y trataron de
hacer justicia, pero sus esfuerzos se estrellaron contra la muralla del poder de los gamonales,
que mediatizaba y anulaba estos esfuerzos aislados. El 30 de marzo de 1883 el Síndico de
Gastos del Municipio del Cusco, Isaac de Echave, envió un oficio al Alcalde denunciando los
abusos que se cometían contra los indígenas cusqueños. "El reclutamiento se verifica del modo
más alarmante y acompañado de actos de salvajismo y barbarie. En el recinto de la ciudad, sin
tener en cuenta lo que pasa en los caminos, y de preferencia los indígenas son cazados por los
soldados y los envarados, tanto para lo que se llama el servicio público como para el de los
particulares que ejercen algún cargo o mando (...). A los reclutados se suelta en cambio de
efectos, en fin, se realizan tantos desmanes que da ganas de pensar que la sociedad toca al
término de su desquiciamiento y ruina"21. La Municipalidad aplaudió el celo del denunciante...
y a continuación empantanó la denuncia en una maraña de trámites, hasta que De Echave
retiró su oficio tres meses después y la denuncia fue archivada 22.
23 ADC: Oficios del Concejo Provincial del Cuzco, 1896, Legajo 53, ff. 360. Por cada intento
serio de (...)
25También existían algunas autoridades políticas justas. Una circular enviada por el Prefecto
del Cusco a los Sub Prefectos del departamento, el 23 de junio de 1888, cuyo contenido hemos
glosado parcialmente en el capítulo III contenía una violenta requisitoria contra los abusos de
los Concejos Municipales, los curas, los jueces, las autoridades políticas y los "influyentes o
potentados", que "apoyados por las autoridades las más de las veces disponen del trabajo del
indio como de cosa propia". "La base fundamental de todo —señalaba— es la ignorancia más
profunda en que a éste se le mantiene por conveniencia de unos cuantos a quienes no
conviene que el indio tenga noción alguna de sus derechos". El Prefecto había dictado cantidad
de disposiciones y decretos, dando garantías a los indígenas que se las solicitaban, sin lograr
mayores resultados23.
24 ADC: Oficios del Concejo Provincial del Cuzco, 1896, Legajo 53, ff. 360.
26No faltaron tampoco disposiciones legales dictadas para cautelar los intereses de la
población campesina indígena, como la Resolución expedida a solicitud de los Alcaldes
Ordinarios de los distritos de Restauración e Independencia de Huaraz por la Dirección General
de Hacienda y Comercio el 28 de noviembre de 1887. Invocando el cumplimiento de las Leyes
de Indias, la Resolución dio instrucciones a los Prefectos de la República, para que a su vez
dieran las órdenes más terminantes, "a efecto de que no se ocupe a los indígenas en otros
servicios que los que están obligados a prestar conforme a la constitución vigente los demás
ciudadanos de la República"24. Naturalmente, tampoco estas disposiciones produjeron ningún
efecto.
26 BN: E781: Memoria elevada por el Prefecto de Huancavelica, Guillermo Cacho, al Ministro
de Gobiern (...)
27La base del problema era que las propias autoridades subalternas estaban completamente
comprometidas en la explotación de los indígenas. "Los Gobernadores de esa Provincia,
premunidos por su carácter de autoridad, cometen frecuentes abusos con los indígenas
exigiéndoles servicios gratuitos tanto de sus personas como de sus animales y arrebatándoles
éstos"25, comprobaba una circular prefectural emitida en Huancavelica en 1905. "Sabe U.S.
tanto como yo —ratificaba el nuevo Prefecto, dos años después—, que cada Gobernador era
(sic) un remedo de señor feudal, con derecho a los servicios y hasta a los bienes de los
indígenas"26.
28Pero las propias autoridades subalternas, por lo general mistis o blancos empobrecidos, no
hubieran podido llevar a cabo sus extorsiones si no hubieran dispuesto de canales que les
permitieran el acceso al interior de las comunidades campesinas. Paradójicamente, era la
propia comunidad la que se los brindaba.
3. LOS ALCALDES-VARA
"(sus) funciones no las podrían enumerar ni los mismos que las desempeñan. Son verdaderos
auxiliares de los agentes de la policía, siempre ejercen autoridad sobre sus iguales, son los
personeros de sus respectivas comunidades, por cuyos intereses están obligados a velar, y en
consecuencia presiden todos los actos de interés comunal, siendo, también, los portavoz de las
quejas y reclamos que hacen ante las autoridades competentes. Son una especie de jefes de
tribu, cuyos miembros respetan y acatan las órdenes emanadas de ellos.
27 BN: E-781: Memoria del Prefecto del Departamento de Huancavelica, Don Guillermo Cacho.
Huancavelic (...)
"El cargo dura precisamente un año, verificándose la renovación cada l° de enero, con cuyo
objeto se reúnen todos los miembros de una comunidad en especie de comicio y proceden a la
elección de alcaldes, regidores y alguaciles, los que están obligados a presentarse a las
autoridades constituidas, como medio de imprimir cierta legalidad a su carácter. Es de advertir
que el que rehuye a su cargo, es considerado como mal elemento y sin derecho a los servicios
de la comunidad" (Los subrayados son nuestros)27.
28 Idem.
30El Prefecto huancavelicano tenía perfecta consciencia de la gran importancia que revestía la
existencia de la institución de los alcaldes-vara para asegurar la dominación estatal en las áreas
rurales serranas. Esto lo señalaba en otra sección del mismo informe: "el servicio de más
significación que éstos prestan, es el de auxiliares de la policía, de tal suerte, que las
disposiciones procedentes de las autoridades, ya para la captura de algún reo y aun para la de
los sorteados (al Servicio Militar Obligatorio, N. M.) que pretenden burlar la ley, se comunican
por conducto regular a los tenientes gobernadores, los que imparten dichas órdenes a los
varayos que las ejecutan, cumpliendo así una obligación que, voluntariamente, se imponen" (el
subrayado es nuestro)28.
29 Idem.
32Otro funcionario estatal formulaba, cuatro años después, similares apreciaciones sobre la
institución de los varas, reiterando la importancia que ésta tenía para el Estado30. Añadía,
además, información sobre la función positiva que esta institución cumplió en la sierra central
durante la guerra con Chile.
31 Idem.
"Cuando la defensa nacional del Centro, que sostuviera el General Cáceres, fueron elementos
importantes de auxilio. Ellos supieron despertar el aguerrido patriotismo de los guerrilleros
indígenas que, en Marcavalle y Concepción, coadyuvaron al triunfo de nuestras armas"31.
32 Idem.
Durante el periodo anual de su cargo de varayo, por el cual el indígena tiene un culto especial,
se cree obligado, libre y espontáneamente, aparte de sus funciones tradicionales, como el
cuidado de las sementeras de la comunidad electora, de su representación entodos los
asuntos que se relacionan con la colectividad, etc., a auxiliar a las autoridades políticas,
judiciales y municipales de su distrito"32.
33 ADC: Concejo Municipal del Cercado del Cusco, Legajo 104. Oficio del Sub Prefecto de Calca,
al Pre (...)
34En otras regiones, existían autoridades indígenas tradicionales cuya función específica era
hacer cumplir las disposiciones de las autoridades políticas y municipales, y que los
funcionarios estatales consideraban como si se tratara de personal a su cargo, del que podían
disponer a discreción, incluso en tareas que iban más allá de aquellas que atañían al servicio
público. En Cusco, a fines del siglo xix, el Gobernador designado para administrar un distrito o
una comunidad disponía de los siguientes servidores: "Dos alcaldes mozos o alguaciles, que se
turnan scmanalmcnte y dos alcaldes indios, que también se turnan con su regidor respectivo.
Todos éstos son los que sirven en las distintas comisiones que reciben de la gobematura, ya
sea por mandato superior o pedidos judiciales, siendo también éstos mismos los que están
cobrando la Contribución (Personal), sirviendo así como agentes de policía. También existen un
Alcalde, un Segundo y un Regidor en las parcialidades de Ahippay, Ccota-taqui, Saccacca,
Amaro, Mallca y Viachi, quienes no sirven en la casa del Gobernador (...) sino que cada semana
bajan, en los días domingos, a pedir órdenes, retirándose después a sus estancias: los
Segundos son los encargados de cobrar la contribución"33.
34 "Los indios (...), a través de su antigua organización de alcaldes-varas, jugaban, sin embargo,
un (...)
35 En 1890, el Sub Prefecto de Caylloma advirtió al cura de Madrigal, José García, que en
adelante no (...)
36 En 1904 las autoridades ayacuchanas arrebataron sus varas a los alcaldes de las
comunidades de Aco (...)
35Otra característica importante de la institución de los varas es que —con el mismo carácter
de auxiliares de las autoridades políticas que hemos señalado—, estaba presente
materialmente en toda la sierra peruana durante el siglo xix. Existía, como ya vimos, en
Huancavelica y Cusco, pero igualmente se la encontraba en Puquio34, en Caylloma35, o en
Huamanga36. Existió, similarmente, hasta la guerra con Chile en el valle del Mantaro y, aunque
fue oficialmente suprimida en 1884, pronto los funcionarios estatales repararon en que esa
medida había sido un error que había que enmendar. En diciembre de 1884 la Inspección de
Obras Públicas del Concejo Provincial de Huancayo ofició al Sub Prefecto de la provincia,
protestando por los problemas que le había generado la supresión de los varas: "con motivo
de que la autoridad política ha suprimido a los Alcaldes de vara, los que estaban encargados de
traer las comunidades por barrios para el servicio de baja policía, esta Inspección no podía, a
su pesar, llenar su contenido por la falta absoluta de gente (...). (Consideraba) que a su juicio
era conveniente nombrar un Agente Municipal en cada barrio, para que éstos desempeñando
las funciones de los alcaldes-vara hicieran venir a dichas comunidades" (los subrayados son
nuestros)37.
36El trabajo gratuito de los indígenas para el Estado se daba, incluso, en la costa. En 1895 los
indígenas de la caleta de San José, en Lambayeque, presentaron un memorial ante el
Parlamento protestando contra la costumbre de los funcionarios del puerto, que los obligaban
a transportar la carga de los barcos gratuitamente38.
39 Esta información proviene del trabajo de campo que realizamos en la zona los años 1981-
1982 como p (...)
37Pero la institución de los varas no sólo existía en las comunidades campesinas. Era también
vigorosa en las haciendas tradicionales de las regiones más altamente feudalizadas de los
departamentos del sur andino. Así, en Huancavelica, en la franja que bordea el Mantaro, entre
las provincias de Acobamba y Angaraes, en la denominada zona Chopeca, los feudatarios de
las haciendas tradicionales tenían una estructura social interna con una organización
jerárquica de carácter dual, en la que podía distinguirse dos cuerpos de autoridades
diferenciados. En la cúspide de la primera estructura estaba el camachico o mandón, que era el
feudatario de confianza del hacendado y del administrador del fundo. Venían después los
uyaricocc ("el que escucha"); por lo general dos, para las partes alta y baja de la hacienda.
Finalmente estaban los qollanas, los colonos más hábiles en el trabajo, que dirigían las
cuadrillas marcando el ritmo del trabajo en las faenas agrícolas, como por ejemplo durante el
chacmeo; el volteado de la tierra con el empleo de la chaquitaclla39.
40 Ya en la década del sesenta Henri Favre se refirió a este fenómeno, al analizar la naturaleza
de l (...)
38Paralela a esta estructura existía otra, formada por el alcalde-vara, que tenía el comando de
los campos, quienes a su vez dirigían a los alguaciles40. Evidentemente esta última estructura
tiene una marcada naturaleza comunal, mientras que la primera aparece más directamente
ligada a las necesidades del hacendado de disponer de mecanismos que le permitieran la
extracción del excedente económico que, en forma de renta de la tierra, debían entregarle sus
feudatarios.
39La persistencia de esta doble estructura social en el interior de las haciendas tradicionales
no es privativa de Huancavelica. Con sus especificidades, este fenómeno se presenta en todo el
sur andino41 y ha sido determinante para definir el derrotero de las haciendas feudalizantes
de la región, luego de que fueran expropiadas y adjudicadas a sus feudatarios durante la
Reforma Agraria del régimen de Velasco Alvarado. El grueso de estas ex-haciendas se ha
convertido en comunidades campesinas, en un proceso sorprendente si se le juzga desde la
imagen que habitualmente hemos manejado en cuanto a la realidad social de las haciendas
tradicionales.
43 ALBERTI, Giorgio: "Los movimientos campesinos", Lima 1970. En las pp. 196 y ss. está
expuesta la t (...)
44 WHITE, William: "The myth of the passive peasant", 1969, citado por Alberti: loc. cit.
42Según la explicación de Alberti, del análisis del gráfico que hemos transcrito podía extraerse
las siguientes implicancias principales: 1) "La falta de una línea horizontal significa que el grupo
de los peones (c.l, c.2, c.3) se encuentra en una situación de atomización, donde prevalecen
relaciones conflicüvas y fuertes sentimientos de desconfianza, más que una tendencia a la
cooperación y organización"; 2) "Las líneas conectadas con el patrón y otros sectores
significativos de la estructura de poder regional y nacional denotan que el patrón, en una
situación de estabilidad, es parte integrante de dicha estructura"; y 3) "La ausencia de líneas
que conecten a los peones con el mundo de fuera significa que ellos tienen necesariamente
que pasar a través del patrón en sus relaciones externas y que por tanto este último se
constituye en el intérprete obligado y en el intermediario monopolista entre los peones y el
mundo de fuera"45.
46 Idem, p. 199. Intervenían también otros factores, como el debilitamiento del poder del
hacendado y (...)
43Siempre según esta teoría, la razón de fondo por la que la dominación terrateniente podía
sostenerse, en última instancia, radicaba en la ausencia de líneas horizontales que relacionaran
entre sí a los campesinos, a quienes el patrón mantenía fragmentados, operando como
intermediario en sus relaciones. De allí que fuera un momento decisivo para el
desencadenamiento del cambio, "la tentativa de cerrar la base del triángulo", por parte de los
colonos46.
47 Idem.
44Este paradigma de interpretación ha tenido una singular fortuna en las ciencias sociales en
el Perú. Ya Alberti había advertido que sus implicaciones podían extenderse a un contexto más
amplio, "que llega a incluir algunos aspectos de la estructura de poder regional, y a veces
nacional, pueden ser aprovechados para describir el proceso de cambio"47. De hecho, esta
metáfora ha sido utilizada una y otra vez para describir la naturaleza de la estructura política
peruana.
45Este modelo tuvo su primer cucstionamiento serio durante las movilizaciones que a inicios
de la década del 60 hirieron de muerte al orden terrateniente. La magnitud de los cambios
sociales desencadenados por las masivas luchas campesinas, que obligaron a decretar las leyes
de Reforma Agraria del 62 y el 69, mostraron que esta explicación resultaba insuficiente. Su
segundo cucstionamicnto de fondo ha sido la conversión del grueso de las ex-haciendas
tradicionales en comunidades campesinas luego de la Reforma Agraria de 1969. La teoría del
triángulo sin base no puede explicar cómo grupos de campesinos profundamente
fragmentados, enfrentados entre sí por los hacendados por generaciones, decidieron
repentinamente organizarse en comunidades campesinas que, además, en muchos casos son
más solidarias y donde la comunalidad es más fuerte que en muchas de las comunidades
campesinas tradicionales48. Para entender lo sucedido se hace necesario discutir la tesis de
fondo del modelo: el carácter abierto del triángulo; su ausencia de base.
46El modelo del triángulo sin base fue construido en base a las categorías de la sociología
funcionalista. Como tal, otorgaba un papel decisivo, en la interpretación de los fenómenos
sociales, a la existencia y la transformación de los sistemas valorativos y normativos, a los
sistemas de referencia, a la ubicación de los individuos en el continuum social, etc. Lo que no
estaba incorporado en el modelo era la forma cómo los colonos, y los propios hacendados
tradicionales, organizaban la producción y la reproducción social de sus condiciones de
existencia. Ahora bien, las investigaciones posteriores sobre la economía campesina en las
comunidades andinas han demostrado que tal producción y reproducción social sólo es
posible, allí donde no cabe recurrir a la compra de fuerza de trabajo asalariada, gracias a la
existencia de un complejo sistema de intercambios de fuerza de trabajo entre las distintas
unidades económicas familiares, a través de relaciones sociales de reciprocidad como el ayni,
el rantín y la minka. Estas relaciones, además, no son esporádicas sino se renuevan año a año,
de campaña en campaña agrícola. Más que un problema de "valores compartidos", la
comunalidad es pues la superestructura que legitima y hace posible este complejo sistema de
prestaciones recíprocas de trabajo49.
50 Podría argüirse que los feudatarios tenían fuertes enfrentamientos entre sí, pero también
en las c (...)
47Ahora bien: la producción y la reproducción social de las condiciones de existencia de los
feudatarios de las haciendas tradicionales no era sustancialmente distinta de la de los
campesinos de las comunidades. La demanda de fuerza de trabajo en los periodos de punta
del ciclo agrícola (siembra, cosecha) en mayor volumen del que la familia nuclear puede
aportar, y la necesidad de recurrir a la ayuda mutua para conseguirla, así como la necesidad de
concertar el trabajo entre muchos jefes de familia para realizar las faenas de las que depende,
por ejemplo, la construcción y la conservación del sistema de riego que luego será usado en las
explotaciones privadas no es distinta en una hacienda que en una comunidad. También los
feudatarios de las haciendas tenían que intercambiar prestaciones de trabajo de unidad a
unidad agrícola familiar sistemáticamente, tanto con el fin de producir lo necesario para
asegurar su propia existencia (producto necesario), cuanto para generar el producto
excedente; el excedente económico que debían entregar al terrateniente en forma de renta de
la tierra. La reiteración de estas prestaciones, repetidas año a año de acuerdo a las demandas
impuestas por el calendario agrícola, creaba la necesidad de una superestructura ideológico-
cultural que asegurara su reproducción social: la comunalidad. Esto explica la existencia de la
doble estructura social de los feudatarios en el interior de la hacienda tradicional a la que
aludimos páginas atrás: por una parte, la de los camachico, uyarícocc y qollana, que brindaba
al hacendado los mecanismos de extracción del excedente económico campesino en forma de
renta precapitalista de la tierra; y por otra, la de los alcaldes-vara, campos y alguaciles,
directamente ligada a las necesidades planteadas por la reproducción de la economía
campesina de los feudatarios y por la generación del excedente económico transferible al
terrateniente50.
48Existía pues una significativa comunalidad entre los feudatarios, que el hacendado consintió
porque podía utilizarla en su propio beneficio51. Esto explica la existencia de instituciones que
permitían la permanente renovación de las relaciones de reciprocidad: los cargos comunales
(varas, campos, alguaciles), los cargos y las fiestas religiosas, en las que jugaba un rol decisivo
el patrón. Allí están esas soberbias fotografías que Martín Chambi captó en las haciendas de
Chumbivilcas, con el terrateniente presidiendo la procesión de la virgen y las festividades de
los colonos de la hacienda. Vista así la cuestión, deja de ser un misterio la fácil conversión de
las ex-haciendas serranas tradicionales en comunidades campesinas. El triángulo siempre
estuvo cerrado por la base. El germen de la nueva organización estaba ya en el seno de la
antigua hacienda. Quebrado el cascarón semifeudal por la Reforma Agraria, ese germen pudo
desarrollarse plenamente.
49En definitiva, la teoría del triángulo sin base, utilizada para explicar la dinámica social de las
haciendas tradicionales serranas, no tiene un fundamento sólido. Quizá ella pueda explicar
algunos de los fenómenos del funcionamiento de la sociedad política peruana a los que tan
pródigamente se la ha aplicado en los años recientes. Pero en lo que es el ámbito de
problematización sobre la realidad social para la que en su origen fue propuesta —el de la
naturaleza de las relaciones entre el campesinado indígena y los blancos terratenientes en el
interior de las haciendas tradicionales de la sierra peruana— no tiene mayor consistencia.
5. LA RECONSTRUCCION NACIONAL: DESCENTRALIZACION FISCAL Y CONTRIBUCION PERSONAL
50Podemos volver ahora sobre la cuestión referente a la forma en que la clase terrateniente
descargó en el campesinado los costos de la crisis provocada por la guerra.
52 PAZ SOLDAN, Juan Pedro: Diccionario biográfico de peruanos contemporáneos, Lima 1917,
p. 97.
51Como hemos visto en el capítulo II, una de las líneas de acción más importante emprendida
por el régimen de Cáceres fue conseguir el desarme de las fuerzas guerrilleras indígenas y la
pacificación de la sierra central después de concluida la guerra civil con Iglesias. La significación
de esta política tiende a ser subestimada por la historiografía peruana en la misma medida en
que se ha minimizado la importancia de la movilización guerrillera durante la guerra y la
postguerra. Pero en cl contexto de la sociedad peruana que emergió de la derrota ésta es
clave, puesto que la demanda de la fuerza social principal sobre la que se apoyaba el régimen
de Cáceres —los terratenientes serranos— era la pacificación del campo. Esto fue
perfectamente captado por un biógrafo de Cáceres que, dos décadas después de liquidado el
Segundo Militarismo, señaló esta política como cl aporte más trascendente del caudillo de la
resistencia en su nuevo papel de estadista. "Su verdadera obra política —apunta Juan Pedro
Paz Soldán— consistió en desarmar los centenares de partidas armadas, que con el título de
montoneras, recorrían cl país devastándolo. En forma sagaz, (Cáceres) disolvió todas aquellas
turbas y le devolvió al Perú su normalidad"52.
53 Esta fue ocasionada no sólo por los destrozos provocados por la invasión chilena sino por
los que (...)
54 Idem, p. 18.
52Pero si bien esa era la demanda fundamental de los terratenientes de las regiones que
habían sido profundamente convulsionadas por la guerra, existían otros problemas
importantes que atañían a la sociedad peruana en su conjunto. El principal era emprender la
reconstrucción nacional en un estado de grave postración económica53. La guerra pudo ser la
oportunidad de liquidar múltiples lacras heredadas de seis décadas de desordenada vida
republicana pero tal cosa no sucedió. El "Estado empírico" al que aludiera Basadre no
experimentó ningún cambio; éste sólo habría podido surgir de una profunda reacción ética,
que no se dio. El gobierno de Iglesias nombró el 9 de diciembre de 1883 una comisión
investigadora y calificadora de los créditos del Estado, que debía deslindar las
responsabilidades en el manejo de los fondos fiscales durante la guerra con Chile. Cuando la
comisión comenzaba a ofrecer los primeros frutos de su labor fue cesada, "sin explicación ni
justificación", el 26 de junio de 1884. Aunque en abril de 1885 se decidió formar una nueva
comisión investigadora, su personal no llegó, siquiera, a ser nombrado. "Y así fue —concluye
Basadre— que se produjo la culpable falta de esclarecimiento y de sanción para dichas
responsabilidades"54.
a. La contribución personal
53El Estado estaba en bancarrota. Era imposible esperar que aportara recursos para la
reconstrucción de la economía de los pueblos del interior y, de la misma manera como se
abordó una situación de crisis después de la guerra de la Independencia, se decidió que la
fuente de donde debería conseguirse estos fondos fuera el tributo pagado por los indígenas: la
contribución personal.
54A diferencia de lo acontecido durante la década del 20, cuando el tributo indígena creó
recursos que fueron centralizados por el Estado, luego de la guerra con Chile el dinero así
recaudado fue entregado directamente a los departamentos, para que atendieran sus propios
gastos. Aquí aparece un motivo dominante de la política del régimen del Segundo Militarismo
que tiene estrecha correspondencia con la hegemonía que tenía la clase terrateniente en el
aparato estatal: el fortalecimiento de los poderes locales frente a un Estado central debilitado.
En cuanto los terratenientes serranos estuvieron en capacidad de imponer sin mediaciones sus
intereses su reacción natural fue fortalecer los ámbitos privados de poder en los que
campeaba el gamonalismo, debilitando simultáneamente al Estado, que de esa manera era
eliminado como competidor en el manejo de los asuntos públicos en el espacio social de la
sierra peruana sometido al imperio del gran latifundio. Para realizar esta política en el terreno
de la economía era necesario descentralizar el manejo de los recursos, lo cual fue legitimado a
través de la Ley de Descentralización Fiscal, cuyo origen debe analizarse conjuntamente con el
restablecimiento de la contribución personal con la que, como veremos, tenía una indisoluble
vinculación.
55Hemos tratado antes sobre la contribución personal55. Como vimos, el general Cáceres
eximió de esta carga al campesinado indígena de la sierra central, como reconocimiento a los
sacrificios que éste tuvo que soportar cuando se organizaron las guerrillas antichilenas. Los
indígenas movilizados durante la guerra civil contra Iglesias fueron también exonerados, tanto
de esta gabela, cuanto del pago del pontazgo, "en los puentes donde está establecido este
derecho"56.
56La contribución personal no fue suprimida, en cambio, en el sur andino desde que en 1876
la restableciera el gobierno de Prado. Aunque el desorden introducido por la guerra impidió
que su cobranza se realizara con la debida regularidad, sus rentas constituyeron el ingreso más
importante del que dispusieron las autoridades de la región hasta 1895. Veamos qué
dificultades se presentaban en su cobro. En diciembre de 1887 el Sub Prefecto de
Quispicanchis envió un oficio al Prefecto y Presidente de la Junta Departamental del Cusco
señalando que la Matrícula de la Contribución Personal de la que disponía era defectuosa y
consultando si debía cobrar con ella o esperar la Matrícula rectificada. El Prefecto pidió un
dictamen a la Comisión de Contribuciones de la Junta Departamental, que hizo un diagnóstico
de los problemas que se presentaban en la cobranza:
"Antes de ahora y con arreglo a las disposiciones que regían en materia de recaudación de
contribuciones, los Sub Prefectos eran responsables del valor íntegro de las matrículas que
durante el quinquenio de su duración eran inapelables. Por entonces no eran admisibles
quiebras por muerte o ausencia del contribuyente. Los Sub Prefectos estaban autorizados a
reemplazar a aquellos con los próximos que entraban en la edad de contribuir, con los que
ingresaban a la Provincia y con (los) que por algún motivo no habían sido matriculados.
57 ADC: Municipalidad del Cercado del Cusco 1887. Oficio del Sub Prefecto de Quispicanchis al
Prefect (...)
"Posteriores disposiciones han venido a causar desconcierto. Se dispuso por la Prefectura que
los recibos llevasen desde la Caja Fiscal el nombre de los contribuyentes y se prohibió a los Sub
Prefectos que cobrasen a otros que a aquellos cuyos nombres estaban en la Matrícula y los
recibos; de donde resultó que el Sub Prefecto tenía que comprobar con los documentos el
motivo por que muchos recibos no podían realizarse. Algo más resultó, y es que muchos
individuos que no estaban inscritos en la Matrícula no pagaban; lo que causaba disgusto en los
contribuyentes que veían en esa exención un odioso privilegio. Resultó finalmente que
también quedaban sin pagar los próximos que habían cumplido los 21 años. La perdida por
esta causa era considerable para el fisco"57
57En buen romance, lo que la Comisión de Contribuciones defendía era el sistema que dejaba
en manos de los Sub Prefectos la decisión final sobre quienes debían abonar el pago de la
contribución personal. Esto, evidentemente, se prestaba a la comisión de múltiples abusos,
pero desde un punto de vista pragmático este inconveniente era obviado con el fin de
conseguir el objetivo principal de las autoridades departamentales: asegurarse una provisión
regular de ingresos de esta fuente.
58 Idem.
"Las Matrículas actuadas en 1884 y 1885 se resentían de la guerra que aun por entonces afligía
al país, pues algunos individuos emigraron, otros fueron enrolados en el Ejército, pero lo que
hizo más defectuosas las Matrículas fue el hecho de haberse cambiado los nombres de muchos
al tiempo del empadronamiento. De aquí provino que había listas numerosas de indígenas que
nadie conocía y otras de aquellos que resultaban no inscritos"58.
59 Idem.
61 Idem.
59Para encarar estos problemas se formó en cada provincia un expediente de quiebra y, al
mismo tiempo, los Sub Prefectos pasaron listas de los no inscritos, pero ello no solucionó el
problema. "Todo lo expuesto sería evitado —continuaba la Comisión— si pasándole a los Sub
Prefectos los recibos consolo el sello de la Caja Fiscal y la firma del jefe de la Oficina se hubiese
dejado a los Sub Prefectos la facultad de llenarlos con los nombres de los contribuyentes,
reemplazando a los ausentes, a los muertos, a los duplicados y a los desconocidos con los no
inscritos y los que ingresaban a las provincias"59. En base a estos considerandos, la Comisión
opinaba que el Sub Prefecto que había realizado la consulta debía cobrar la contribución en
base a las Matrículas revisadas, aun si éstas no habían sido aprobadas. "No es fuerza —
proseguía— que una Matrícula sea aprobada para que se cobre por ella la contribución: por el
contrario, conviene cobrar el primer semestre para conocer y corregir cualquiera omisión o
error en que se hubiese incurrido"60. El Prefecto del Cusco, Juan Julio del Castillo, decidió
poner esta resolución como regla general para el cobro de la contribución en todo el
departamento, lo que fue ratificado por la Junta Departamental61.
62 Hemos analizado en un texto anterior los conflictos que se produjeron cuando el Estado
central int (...)
63 Existen varios expedientes de este tipo en el Archivo Departamental del Cusco. Véase por
ejemplo A (...)
60La formación de las Matrículas de Contribuyentes tenía una singular importancia. Esta era
elaborada por una Junta de Matrícula, que era convocada por el Apoderado Fiscal de la
provincia y estaba conformada por el Sub Prefecto, el primer Síndico del Concejo Provincial y el
párroco. Tenía particular importancia la presencia de este último, puesto que todo el sistema
descansaba en las estadísticas de los registros de bautismos, matrimonios y defunciones que él
controlaba62. Para los indígenas tenía también una gran importancia disponer de sus
documentos, en particular de la partida de bautismo, puesto que era sólo en base a ella que
podían solicitar con éxito la exoneración así que cumplían los 60 años63. El rol de la Iglesia,
como una de las pocas instituciones que tenía presencia a nivel nacional, era clave.
64 Diario de los Debates de la Cámara de Diputados (en adelante DDD) 1893, p. 865.
61La contribución personal no fue cobrada con la misma regularidad en toda la sierra. El
representante de la provincia de Castilla (Arequipa) consiguió, por ejemplo, una importante
exoneración en el año 1892. En una solicitud presentada a la Cámara de Diputados el 17 de
octubre, solicitó que se condonaran las deudas anteriores por concepto del pago de
contribuciones de su provincia, alegando una situación de emergencia. Como informó en su
solicitud, la presencia del ferrocarril había dejado sin trabajo a muchos arrieros; "el ganado
mular lejos de ser elemento de producción fue de consumo improductivo, las haciendas
dedicadas al cultivo de pastos soportaron irreparables pérdidas, y como consecuencia natural,
todas las industrias de la provincia se resintieron con esta crisis". La situación se agravó
después, debido a una racha de inundaciones y a la caída del precio del aguardiente. Su
solicitud fue favorablemente acogida y la cámara dispuso que se cobrara la contribución sólo a
partir de 189164. Como es natural, esta disposición favoreció sólo a quienes no habían aún
cancelado sus cuotas anteriores, pero no a quienes estaban al día en sus pagos.
65 ADC: Municipalidad Provincial del Cusco, 1895, legajo 104.
66 Idem. Oficio del Recaudador Fiscal del Cercado, Alejandro Tejada. Cusco 2 de octubre de
1895.
62Sobre los métodos a los que se recurría para realizar el cobro de la contribución en el
interior es ilustrativo el incidente generado en torno al volante publicado por el Prefecto del
departamento del Cusco, el 1° de octubre de 1895, donde informaba que la Prefectura no
había dispuesto se aprisione a quienes adeudaban la contribución; "por el contrario,
desmentía, al saber S. Sa. que habían sido apresados unos individuos por tal causa se ordenó
su inmediata libertad"65. Esta medida provocó la protesta del Recaudador Fiscal del Cercado,
quien había dispuesto la detención de los deudores, y reclamó ante el Presidente de la Junta
Departamental, amparándose en diversos dispositivos legales: "el Sr. Prefecto —argüía— sin
duda no tiene en cuenta la susceptibilidad del pueblo para aprovechar el menor pretexto a fin
de no pagar la Contribución, y por ello es que trata de aparecer ante él como opositor a las
medidas tomadas por este despacho"66.
63El reclamo del Apoderado Fiscal obligó al Presidente de la Junta Departamental a solicitar un
dictamen a una comisión ad-hoc que, de manera oblicua, terminó dándole la razón al
Apoderado Fiscal en su pugna con el Prefecto.
"La experiencia de muchos años, por no decir de todo el periodo de nuestra vida republicana
viene demostrando que aun las personas de alta jerarquía son remisas al pago puntual de las
contribuciones, mucho más las de condición poco visible, y que en éstas no solo impera el
sistema de no hacer ese desembolso en cumplimiento del deber sino que las más de las veces
carecen de los recursos pecuniarios para verificarlo, pero cualquiera que sea la causa de la
demora la marcha normal de la administración pública no puede sujetarse a la buena o mala
voluntad de los pagantes sin incurrir en la injusticia dé pedir el puntual lleno de sus
obligaciones a los servidores de la Nación y en cambio no pagarles religiosamente, mes por
mes, sus haberes.
67 Idem. Oficio del director de la comisión ad-hoc al Presidente de la Junta Departamental del
Cuzco (...)
"Para remover tales obstáculos desde antiguo se ha establecido recargos y apremios tendentes
a estimular el pago de las contribuciones. Uno de ellos, puesto en práctica por el Recaudador
Fiscal oficiante ha producido el suelto impreso que acompaña y la libertad de los detenidos en
la Prefectura por no haber pagado la contribución. Vuestra comisión cree que el Sr. Prefecto,
Dr. Martínez, ha juzgado de su decoro evitar todo motivo de arresto u otros atropellos de que
el público y la gente se quejan, adoptando la medida materia del reclamo del oficiante, pero
como este apremio, en el caso actual, tiende a la realización de un deber, os propone la
conclusión siguiente: que paseis oficio explicativo a la Prefectura a fin de que al Recaudador
Fiscal oficiante le preste todas las facilidades que necesita para la pronta realización del cobro
de las contribuciones, ordenando, o mejor dicho derogando, el tenor del aviso impreso que
obra en este expediente, pues de no hacerlo se correrá el riesgo de ser imposible la cobranza
en lo futuro, como actualmente sucede en la ciudad de Arequipa, en cuyo caso el
Departamento se habría privado de una de sus más saneadas entradas, junto con el principio
de rebelión que reinaría en las clases obreras"67.
64Parece evidente, pues, que el interés fundamental comprometido con el puntual cobro de la
contribución era el del personal de la administración pública, cuyos sueldos provenían de la
recaudación de este tributo. Como veremos, esto sólo sucedía en las zonas donde imperaba el
gamonalismo, mientras que en otras regiones el funcionamiento del aparato estatal
descansaba sobre otras bases.
68 "La contribución personal fue recaudada nominalmente por los departamentos para
atender sus propio (...)
69 Según sus cifras, la contribución personal representaba para Ancash el 72.27% de los
ingresos tota (...)
70 ADC: Concejo Municipal del Cercado del Cusco, 1895, legajo 104, 380 ff. Oficio del Sub
Prefecto de (...)
71 Idem.
66Hemos visto en el capítulo III hasta qué punto las autoridades comunales eran utilizadas
para ejecutar las disposiciones de las autoridades políticas en condición de auxiliares gratuitos,
llegando incluso a cumplir la función de policía. Eran también utilizadas para la cobranza de la
contribución personal, afrontando graves perjuicios en el cumplimiento de esta tarea. Sobre
esta cuestión se enfrentaron el Sub Prefecto y el Apoderado Fiscal de la provincia de Calca en
octubre de 1895. Opinaba el Sub Prefecto que el Apoderado Fiscal no cumplía debidamente
con su deber, puesto que no permanecía en la provincia para efectivizar el cobro de la
contribución: "todo lo que hace es presentarse por breves instantes, y como encuentra que los
envarados no tengan la plata lista se queja contra éstos y el gobernador"70. Opinaba el Sub
Prefecto que el Apoderado debía realizar el cobro conjuntamente con los envarados y "no solo
se conforme con dejar los recibos a los Segundas, quienes hacen un gasto de 5 centavos por
cada recibo de recaudar, dando por resultado que un envarado gasta, para cancelar lo que
corre a su cargo, por lo menos dos soles, además de pagar su contribución"71.
72 BN: D 4508: Memoria elevada a la Dirección de Gobierno por el Prefecto del Departamento
de Junín, (...)
67Los conflictos entre las autoridades políticas y los cobradores de la contribución eran
frecuentes, puesto que estos últimos reclamaban continuamente el auxilio de la fuerza pública
para el cumplimiento de su cometido, lo que era ocasión de diversos roces. Estos se
agudizaron luego del triunfo de la Coalición dirigida por Piérola, que generó en el interior
expectativas sobre la supresión de esta impopular gabela. En determinados departamentos,
como en Junín (donde, como vimos en el capítulo II, sólo fue posible restablecer la
contribución en determinadas zonas, debido a la agitación imperante desde tiempos de la
guerra con Chile), el sólo rumor de que se discutía la abolición de la contribución bastó para
que ella quedara suprimida de hecho. El 25 de setiembre de 1895 el Prefecto de Junín, Jacinto
Cevallos, elevó un informe al Director de Gobierno, anunciándole que con la supresión de la
contribución personal el departamento había perdido setentiocho mil soles72.
73 ADC: Concejo Municipal del Cercado del Cusco, 1895, legajo 104. Oficio del recaudador
Fiscal de Ur (...)
68El segundo semestre de 1895, coincidiendo con los debates en las cámaras legislativas en
torno a esta espinosa cuestión, se agudizaron los conflictos dentro de la burocracia local del
Cusco. A inicios de octubre el Recaudador del Distrito de Urcos, Víctor Echegaray, presentó una
queja contra el Gobernador del distrito, César Yábar. Este, "en persona y con sus Tenientes
Gobernadores, había advertido ayer a los Segundos y alcaldes, para que no me obedescan en
cl cobro de la Contribución mientras que él les ordene, comunicando primero con el Señor Sub
Prefecto"73.
b. La descentralización fiscal
69Apuntamos que el uso de los recursos generados por la contribución personal durante este
periodo sólo podía comprenderse vinculándolo con la descentralización fiscal. De hecho, el
restablecimiento de la primera se dio paralelamente con la discusión en torno a la constitución
de las Juntas Departamentales creadas por la segunda. El 10 de agosto de 1886, a escasas
semanas de la instalación del primer gobierno de Cáceres, se sometió al debate de las cámaras
legislativas el proyecto de ley de Descentralización Fiscal. Como señaló el presidente de la
Cámara de Diputados, el proyecto no era enteramente nuevo: "es la fiel reproducción, es la
esencia de la organización que intentó dar a la república el gobierno del Sr. Pardo"74. La ley
que se aprobó finalmente, sin embargo, tenía muy poco en común con el proyecto de
descentralización administrativa que propuso el primer civilismo. Como dijera el representante
de Chiclayo, Germán Leguía y Martínez, "cuando surgió la ley del año 86, ya no se parecía casi
absolutamente al proyecto primitivo. Sucedió, digo, lo que sucede siempre, estas
modificaciones (...) solamente respondían al capricho particular de cada uno de los
representantes"75.
77 Idem, p. 95.
78 Idem, p. 96.
79 Idem, p. 97.
80 BASADRE: Op. cit., p. 105. Esto ratifica nuestra opinión de que desde el punto de vista de los
int (...)
71En realidad la descentralización fiscal, en lo que era su esencia, esto es entregar el uso de los
ingresos generados por la contribución personal a los respectivos departamentos, venía
funcionando de facto desde el régimen de Iglesias80. La ley de Descentralización Fiscal, que se
promulgó el 13 de noviembre de 1886, no hizo otra cosa que consagrar esta situación. Su
creación más importante fueron las Juntas Departamentales, compuestas por delegados de las
provincias, elegidos por un periodo de cuatro años por los Concejos Provinciales y por el
Prefecto del Departamento, que las presidía.
81 Un ejemplo: el l° de setiembre de 1888 el Prefecto del Cusco elevó una consulta al Director
Genera (...)
82 "Las juntas no fueron creadas para administrar sino para recaudar y para vigilar. La
administració (...)
72Desde un comienzo se estableció una sorda pugna entre los Prefectos, representantes del
poder central, y los integrantes de las Juntas, representantes de los poderes locales81. Aunque
en sus orígenes se limitó claramente sus atribuciones82, las Juntas Departamentales fueron
ganando progresivamente un creciente poder, lo que las convirtió en un instrumento del
gamonalismo en contra de la centralización estatal. De allí que cuando fue derrocado el
segundo gobierno de Cáceres en 1895 la nueva administración, en la que eran hegemónicos
los demócratas de Piérola y los civilistas, se propusiera, en el marco de la política de liquidar la
herencia del Segundo Militarismo, como uno de sus objetivos prioritarios la liquidación de las
Juntas Departamentales. El debate que entonces se realizó echa luz sobre la naturaleza de esta
creación del régimen cacerista.
85 Idem, pp. 327-328. Es sintomático que las deudas incobrables se presentaran sobre todo en
los depa (...)
86 Idem, p. 328. Entre los principales defensores de las Juntas Departamentales destacaron los
diputa (...)
75Del encendido debate que entonces se produjo merece destacarse la defensa que hizo el
representante de Apurímac, diputado Trelles, de las Juntas. Este, con admirable sinceridad
declaró: "es el único pan que nos queda a los Departamentos del Sur, que están muy lejos del
Tesoro Público". Atacó violentamente a los Prefectos a quienes acusó de entorpecer el
funcionamiento de las Juntas y se pronunció en contra de que se otorgara a éstos el manejo de
las rentas departamentales86.
89 Idem, p. 1060. Tal fue, también, la opinión del diputado Chaparro: "este proyecto está
destinado a (...)
90 Idem, p. 1030.
77En el debate quedó claro que la subsistencia de la contribución era un asunto que sólo
atañía a los representantes del interior, como lo hizo notar el representante Oré, quien creía
que si se la suprimía correrían peligro los diputados del interior; "se levantará el pueblo y
acabará con ellos (...) nosotros los que estamos en la costa nada de eso nos sucederá porque
por acá nunca hemos pagado la contribución personal, pero los del interior siempre la han
pagado y es la renta con que cuentan para los servicios locales" (el subrayado es nuestro)90.
91 Idem, p. 1064.
92 Idem, p. 1067.
93 Idem, p. 1121.
94 ADC: Municipalidad Provincial del Cusco 1895, legajo 104, 380 ff.
95 Idem.
79En el mes de diciembre de 1895 la contribución personal fue abolida en los hechos en el
interior del país en medio de desórdenes. Hay algunos testimonios acerca de cómo se dio el
proceso en el Cusco. El 3 de diciembre el Recaudador Fiscal de la provincia de Acomayo, al
mismo tiempo que acusaba recibo de las instrucciones oficiales, elevaba su queja al Presidente
de la Junta Departamental. "La parte grave —decía— de esta medida tan violenta (sic) es
(que), como se acostumbra repartir recibos con cargo de que paguen con tal o cual plazo por
los Subrecaudadores, existe en deudas una suma considerable en cobranzas del semestre de
San Juan del 93"94. Ese mismo día el Subrecau-dador de Marcaconga solicitaba, "para
caucionar las cuentas que las tengo en mi poder por hallarse expuesto este despacho;
amenazado por las autoridades políticas y la gente bárbara. De modo sorpresivo se han
lanzado los indios trayendo consigo sus recibos y no quiero recibirlos por que espero que ese
superior despacho dicte las medidas eficaces al caso y la circunstancia actual"95. Días después
el Recaudador Fiscal de Acomayo informaba: "todos los contribuyentes que pagaron ya su
contribución del semestre referido se chillan (sic) diariamente en todos los pueblos de esta
Provincia (...) exigiendo de una manera imperiosa y hasta alarmante la devolución de lo que
tienen pagado y pidiendo en caso contrario se les acabe de cobrar a todos los que no hayan
pagado todavía para que así se observe la verdadera igualdad"96. Finalmente, cinco días
después el Recaudador Fiscal de la provincia de Paruro informó que a raíz de la abolición de la
contribución personal "todos los que pagaban la (Contribución) Predial, Rústica, Industrial y
Eclesiástica se resisten al abono que les corresponde"97. Hasta tal punto era parte del orden
"natural" que los indígenas pagasen el impuesto que parecía inconcebible que si ellos dejaban
de abonarlo no desaparecieran al mismo tiempo todas las gabelas que afectaban al resto de la
población.
98 KAPSOLI, Wilfredo: Los movimientos campesinos en el Perú 1879-1965, Lima 1977, pp. 32-
34.
80La abolición de la contribución personal fue, pues, muy mal recibida en el interior, pero el
proceso fue indetenible. Parece evidente que al triunfar la coalición de los civilistas y
pierolistas, y al ser derrotados los constitucionalistas de Cáceres (los representantes orgánicos
de los terratenientes serranos), esta medida no pudo sostenerse. Al perderse, por otra parte,
la fuente principal de ingresos sobre la que se apoyaban las Juntas Departamentales, éstas se
vieron condenadas a la inopia, volviéndose completamente inoperantes. Aunque no fueron
legalmente suprimidas, para los efectos prácticos en los años posteriores quedaron realmente
liquidadas. Posiblemente esta sea la mejor prueba —más allá de los testimonios de los
parlamentarios que lo afirmaron explícitamente, y que hemos transcrito— de que
descentralización fiscal y contribución personal, como medidas para afrontar la crisis de la
postguerra desde el punto de vista de la defensa de los intereses de clase de los terratenientes
del interior, no podían marchar separadas. Por otra parte, la batalla del régimen por la
supresión de las Juntas Departamentales y la abolición de la contribución personal constituyó
un importante hito en el proceso de centralización del poder estatal, que había quedado
profundamente disperso como una de las más importantes consecuencias de la guerra con
Chile. Aunque los apologistas del régimen pierolista quieren ver en estas luchas la
implementación de una política indigenista precursora esta interpretación es desmentida por
la creación, apenas un año después, del impuesto de la sal, tan oneroso para los indígenas
como el pago de la abolida contribución, y por las masacres de Huanta, Cusco y Juli, con las
que se respondió a las protestas indígenas contra esta nueva exacción98.
NOTAS
1 Puede también señalarse que ciertos fenómenos vividos en Lima durante ese periodo
influyeron indirectamente en el ámbito serrano. La inflación provocada por el incremento del
circulante, por ejemplo, elevó los precios de los víveres consumidos en la capital, lo cual
benefició a las zonas productoras cercanas, como el valle del Mantara.
2 Esta denominación requiere precisiones. Esta fracción tenía intereses no sólo en el gran
comercio, sino también en la banca, la agricultura de ex portación, la especulación
inmobiliaria, la incipiente industria que entonces empezaba a organizarse y, en menor medida,
en la minería. Hemos elegido la denominación de burguesía mercantil porque, más allá de la
diversificación de sus inversiones y de las iniciativas avanzadas que algunos de sus líderes
empezaban a abordar (como por ejemplo la fundación de la fábrica textil "La Victoria", por
Manuel Pardo, en compañía de otros civilistas, como Demetrio y Domingo Olavegoya, dos
personajes importantes en la vida económica de la sierra central), creemos que es la que
mejor expresa lo esencial de su condición: el carácter básicamente precapi-talista de los
capitales en los que se basaba su hegemonía económica. Se trata pues de una burguesía
precapitalista, que no encarnaba dominantemente al capital industrial sino más bien a los
capitales comercial y bancario, e incluso a la modalidad arcaica de este último, el capital
usurario.
3 La consignación fue una modalidad de comercialización del guano de las islas por el cual el
Estado entregó esta operación a un grupo nacional de particulares, quienes percibían una
comisión por colocar el producto en los mercados europeos. Como durante ese periodo los
gastos gubernamentales superaron largamente a los ingresos (los primeros se multiplicaron
por cinco mientras que los últimos lo hicieron por ocho), el Estado vivió en una permanente
penuria fiscal, que se constituyó en una nueva fuente de ingresos para los consignatarios, que
prestaban al Estado el mismo dinero que le habían ganado al comercializar el guano, a cambio
de múltiples mercedes y del pago de intereses usurarios.
4 Aunque el tema está aún por investigarse, hay ciertas evidencias que sugieren una
significativa presencia del círculo político de García Calderón en la explotación del salitre. La
correspondencia de Ricardo Palma con Nicolás de Piérola contiene alusiones a esta cuestión.
6 Así como para conseguir los préstamos en dinero, las armas y la protección militar que las
fuerzas chilenas brindaron a Iglesias para consolidar su régimen, y para coordinar la ayuda que
los agentes iglesistas brindarían a los invasores en la lucha contra las fuerzas de Cáceres y el
posterior exterminio del Ejército del Centro, luego de la catástrofe de Huama-chuco, como se
vio en el capítulo I.
7 Hemos visto en los capítulos I y II la magnitud de los transtornos sociales ocasionados por la
guerra en la sierra central, donde el movimiento campesino en armas descoyuntó el orden
terrateniente. La guerra golpeó también fuertemente a la costa norte y, naturalmente, al fisco
peruano.
8 El Partido Constitucional fue fundado por Cáceres durante la guerra civil que lo enfrentó con
Iglesias, como un instrumento en su lucha por el poder. En sus rangos militaron varios de los
jefes militares que acaudillaron la resistencia, que, como hemos demostrado en estudios
anteriores, eran mayoritariamente terratenientes. Este partido mantuvo una significativa
presencia política hasta el deceso de Cáceres, acaecido a inicios de la década del 20.
9 Discrepamos con la interpretación que Julio Cotler propone sobre las tendencias generales
del proceso histórico peruano de la postguerra. Afirma Cotler: "El triunfo político del
pierolismo (en la guerra civil contra Cáceres, de 1984-95, NM), gracias a las montoneras
populares, fue indicador de la persistente debilidad política del sector burgués de la clase
propietaria, a pesar de la relativa expansión económica que había gozado en la última década
y, en cambio, señalaba la vigencia política de las oligarquías regionales pre-capitalistas, como
era el caso de los terratenientes sureños. Pero, paradójicamente, el gobierno que iniciara el
mismo Piérola impulsó el desarrollo capitalista del país, iniciando el desplazamiento de las
autonomías regionales y sus grupos de poder" (el subrayado es mío). COTLER, Julio: Clases,
Estado y nación en el Perú, Lima 1978, p. 128. La objeción que planteamos a este
razonamiento es que permite demostrar cualquier proposición (y su contraria): basta con
calificar como "paradojas" los hechos que la contradigan.
10 José Carlos Mariátegui planteó agudamente la esencia de la cuestión al criticar las
concepciones descentralistas que, a fines de los años 20, reducían el problema del desarrollo
regional a una simple cuestión política y administrativa; "la descentralización, actuada sin otro
propósito que el de otorgar a las regiones o a los departamentos una autonomía más o menos
amplia, aumentaría el poder del gamonalismo contra una solución inspirada en el interés de
las masas indígenas. Para adquirir esta convicción, basta preguntarse qué casta, qué categoría,
qué clase se opone a la redención del indio. La respuesta no puede ser sino una y categórica: el
gamonalismo, el feudalismo, el caciquismo. Por consiguiente, ¿Cómo dudar de que una
administración regional de gamonales y caciques, cuanto más autónoma tanto más sabotearía
y rechazaría toda efectiva reivindicación indígena?" MARIATEGUI, José Carlos: 7 ensayos de
interpretación de la realidad peruana, Lima 1968, pp. 159-160.
11 Que el primer hito de este sometimiento se diera bajo el régimen de Cáceres, con la firma
del Contrato Grace, no cambia los términos del problema. Este convenio fue negociado por
conspicuos civilistas que formaban parte del gobierno cacerista, de los cuales el más destacado
fue su ministro de Hacienda, Antero Aspíllaga. No fue pues ese el eje del conflicto entre
civilistas y constitucionalistas. La guerra civil no se desencadenó por una cuestión de política
exterior.
12 Un ejemplo que resulta muy sugerente es el de Pío León Cabrera, gamonal de Sandia, Puno,
quien en base al soborno logró permanecer como Sub Prefecto y Gobernador entre 1895 y
1914. Desde estos cargos logró impulsar una vigorosa expansión terrateniente sobre las tierras
de las comunidades campesinas de la provincia. Asimismo, impuso el trabajo gratuito a los
indígenas comuneros en las tierras del Estado ("yanasis"). Obligó así a los indígenas a trabajar
en su provecho en el cultivo de la papa y en el cuidado de su ganado en la puna; en el cultivo
del maíz, en la ceja de selva; y en el de la coca, la recolección de quinina y cascarilla, así como
la explotación de los lavaderos de oro en la selva. Logró pues utilizar en su provecho lo que
John Murra considera el ideal andino de ocupación del espacio: el "control vertical de un
máximo de pisos ecológicos". Véase TAMAYO HERRERA, José: Historia social e indigenismo en
el Altiplano, Lima 1982, pp. 220-224.
13 Hasta entrado el siglo xx, el servicio público en las ciudades serranas se basaba
principalmente en el trabajo gratuito obligatorio de los indígenas comuneros. Adicionalmente,
la realización de las obras públicas descansaba también en un mecanismo semejante. De allí
que, como veremos, el Estado cumpliera un rol decisivo en la generalización del enganche
como mecanismo de reclutamiento de la fuerza de trabajo. Aun en la sierra central, donde la
servidumbre no era tan dura como en la sierra sur, el Prefecto de Junín, Jacinto Cevallos (cuyo
enfrentamiento con el campesinado en armas de la región de Comas durante dos décadas ha
sido reseñado en el capítulo III), afirmaba en 1895: "en ciertos casos hay que alejarse (de la
Constitución del Estado) y especialmente cuando se trata de hacer concurrir al fomento de una
obra pública a las comunidades". BN: D4508: Memoria elevada a la Dirección de Gobierno por
el Prefecto del Departamento de Junín, D. Jacinto Cevallos. Tarma, 25 de setiembre de 1895.
14 BN: E 783: Memoria del Prefecto de Huancavelica, Emilio Rodríguez La-rraín, Huancavelica,
1° de julio de 1904. El Prefecto Rodríguez Larraín añadía: "Aquí no trabaja sino el pongo, esto,
medianamente, para producir los artículos más necesarios a la alimentación de su amo, que no
teniendo otras necesidades que satisfacer, dedica las amortizadas energías de su vida a la
política local, viendo la diputación que pueda ganar o que pueda ofrecer a algún personaje de
Lima, en cambio de honrosas cartas que se muestran y conservan como amuletos o de cierta
gestión en el nombramiento de autoridades que vengan a apoyarlo en sus luchas intestinas".
15 APJ: Oficio de las autoridades y vecinos de Tambo ai Prefecto de Junín. Jauja, 22 de agosto
de 1892.
16 APJ: Oficio de los vecinos de Pancán al Prefecto de Junín. Jauja, 22 de agosto de 1898.
17 APJ: Oficio del Sub Prefecto y el Agente Fiscal de Tarma al Prefecto B. S. Bedoya. Tarma, 17
de agosto de 1899.
18 ADC: Oficios del Municipio Provincial del Cuzco. 1887, legajo 54, 560 ff. "El Teniente
Gobernador de Pucyura Don José Angel Zamalloa pondrá a disposición de U.S. las
comunidades de los pueblos de Paray, Cachimayo y Pucyura que marchan con el fin de hacer
las faenas que solicita el H. Alcalde Municipal de esa ciudad". Oficio del Prefecto del Cuzco,
Iván Santayo, al Concejo Municipal del cercado. Cusco, 27 de octubre de 1886.
19 Diario de los Debates de la Cámara de Senadores (en adelante DDS) 1907, p. 33. Como una
manera de atar a los trabajadores enganchados a la empresa, además, les pagaban sus
jornales en vales, que no podían hacer efectivos si huían.
20 ídem, p. 32. El senador Joaquín Capelo denunció, además, que el Prefecto de Junín hizo
reclutar incluso a los indígenas que estaban laborando en minas y haciendas de la montaña, a
quienes no se les pagó el salario que venían percibiendo sino el que les fijaron las compañías a
su antojo (lbidem). Cuando se debatió la propuesta de reglamentar los contratos de indígenas,
Joaquín Capelo manifestó sus dudas respecto a la eficacia de tal medida. A esto contestó con
exquisito cinismo el senador Reinoso: "Mejor es, pues, dejar las cosas como están; y ya que (...)
los indios, con reglamento o sin él, serán siempre víctimas de los gamonales, dejemos que las
cosas se modifiquen por evolución gradual y que la educación se encargue de hacemos ver con
satisfacción que esos servicios (personales) han terminado". DDS 1907, p. 36.
21 ADC: Oficios del Concejo Provincial del Cuzco, 1883, Legajo 50, ff. 120.
24 ADC: Oficios del Concejo Provincial del Cuzco, 1896, Legajo 53, ff. 360.
27 BN: E-781: Memoria del Prefecto del Departamento de Huancavelica, Don Guillermo Cacho.
Huancavelica, 31 de mayo de 1907, 60 ff. Hemos hecho un análisis histórico de la emergencia
de la institución de los varas en nuestro libro Colonialismo y pobreza campesina..., ya citado,
pp. 172-177.
28 Idem.
29 Idem.
30 (...) los varayos son los mejores agentes de policía. Se ha visto casos en que, merced a su
abnegación y constancia, se ha capturado a los criminales prófugos; su celo y fidelidad han
contribuido a la conservación del orden público". BN: E-774: Memoria del Prefecto del
Departamento de Huancavelica, 1911.
31 Idem.
32 Idem.
33 ADC: Concejo Municipal del Cercado del Cusco, Legajo 104. Oficio del Sub Prefecto de Calca,
al Prefecto del Departamento, José Martínez. Cusco, 16 de noviembre de 1895. Sobre el cobro
de la Contribución Personal tratarnos después más ampliamente.
34 "Los indios (...), a través de su antigua organización de alcaldes-varas, jugaban, sin embargo,
un rol esencial en la estructura política impuesta por el Estado nacional. Las autoridades indias
se convirtieron en "auxiliares" de los gobernadores y de los guardias civiles, en la medida en
que el Estado burgués, por su debilidad, era incapaz de implantar en la zona un aparato
político propio, suficiente para realizar sus tareas". MONTOYA, Rodrigo: Capitalismo y no
capitalismo en el Perú. Un estudio histórico de su articulación en un eje regional, Lima 1980, p.
237.
35 En 1890, el Sub Prefecto de Caylloma advirtió al cura de Madrigal, José García, que en
adelante no debía servirse de los indios, a través de "cualquier trabajo forzado". Este
respondió que, "considerando que estos servicios no se habían abolido en los demás pueblos y
que continuaban prestándolos, no solo a los curas y gobernadores, sino también a la autoridad
que debía respetar y hacer respetar este decreto, me consideré con derecho para reclamar
estos servicios (...). Los servicios que prestan los alcaldes tampoco los juzgo gravosos (...). Juzgo
más bien que son onerosos para los alcaldes los servicios prestados al gobernador, pues siendo
éstos nombrados para solo el servicio político del pueblo, con este pretexto los tienen todo el
año de sus sirvientes o domésticos, sin remuneración alguna" (los subrayados son nuestros).
MANRIQUE, Nelson: Colonialismo y pobreza campesina..., pp. 176-177.
36 En 1904 las autoridades ayacuchanas arrebataron sus varas a los alcaldes de las
comunidades de Acosvinchos. Intercediendo por ellos, el Sub Prefecto de Huamanga escribía
que era "conveniente que se les devuelvan para que con eficacia cumplan las órdenes
impartidas por este despacho (...) pues que sin la intervención de dichos varayos, mis
disposiciones son ilusorias". URRUTIA, Jaime, Adriano ARAUJO y Haydee JOYO: "Las
comunidades en la región de Huamanga, 1824-1968", Lima 1987, p. 13.
39 Esta información proviene del trabajo de campo que realizamos en la zona los años 1981-
1982 como parte del proyecto de DESCO Economía campesina y comunidad andina. El modelo
que describimos es el de la estructura social de Huayanay, que fue hacienda tradicional
durante tres siglos, antes de convertirse en comunidad. Huayanay fue reconocida como tal
recién en 1976, si bien la lucha por la tierra, y por ganar su derecho a organizarse como
comunidad, data de la segunda mitad de la década del 40 del presente siglo.
40 Ya en la década del sesenta Henri Favre se refirió a este fenómeno, al analizar la naturaleza
de la hacienda en Huancavelica, señalando la existencia, en su interior, de una "comunidad
servil". FAVRE, Henri: "Evolución y situación de la hacienda tradicional de la región de
Huancavelica", Lima 1976, p. 128.
44 WHITE, William: "The myth of the passive peasant", 1969, citado por Alberti: loc. cit.
46 Idem, p. 199. Intervenían también otros factores, como el debilitamiento del poder del
hacendado y la apertura de nuevas alternativas para los colonos, que desencadenaba "una
expansión de los sistemas de referencia", pero lo central era decididamente el primero. La
teoría del "triángulo sin base" ha sido asumida también por José María Caballero para explicar
el funcionamiento interno de las haciendas serranas. " En cada uno de los aspectos básicos de
su vida, los colonos dependen de un solo eje, el hacendado, sin mantener relaciones
horizontales entre sí: el triángulo no tiene base". CABALLERO, José María: Economía agraria de
la sierra peruana antes de la Reforma Agraria de 1969, Lima 1981, p. 269.
47 Idem.
50 Podría argüirse que los feudatarios tenían fuertes enfrentamientos entre sí, pero también
en las comunidades esto es así. Lo que no impide que funcione la reciprocidad y la ayuda
mutua.
51 Un ardiente defensor de los latifundios puneños, en un artículo destinado a refutar las
proposiciones de Mariátegui sobre el problema de la tierra, sentenciaba: "Es en la hacienda
ganadera, a la que tanto se ha atacado, donde se encuentra mejor la supervivencia de los
regímenes comunitarios del incanato". Véase CHAVEZ MOLINA, Juan: "La comunidad
indígena", Lima 1947. Citado en FLORES GALINDO, Alberto: Arequipa y el sur andino..., p. 164.
52 PAZ SOLDAN, Juan Pedro: Diccionario biográfico de peruanos contemporáneos, Lima 1917,
p. 97.
53 Esta fue ocasionada no sólo por los destrozos provocados por la invasión chilena sino por
los que aparejó el enfrentamiento entre Cáceres e Iglesias por el poder. Iglesias dilapidó los
recursos económicos del Estado, en su afán de prolongar su permanencia en el poder. "Al
disponer Iglesias de la aduana del Callao, tuvo en sus manos la única verdadera fuente de
recursos de la que podía disponer en aquella época el Estado. El reclutamiento forzoso en las
zonas donde ejercía jurisdicción, especialmente Lima y Callao, le permitió formar, poco a poco,
tropas cuyo número llegó a más de seis mil hombres". BASADRE, Jorge: Historia de la
República del Perú, t. VII, p. 6.
54 Idem, p. 18.
57 ADC: Municipalidad del Cercado del Cusco 1887. Oficio del Sub Prefecto de Quispicanchis al
Prefecto del Cuzco. Andahuaylillas 2 de diciembre de 1887.
58 Idem.
59 Idem.
62 Hemos analizado en un texto anterior los conflictos que se produjeron cuando el Estado
central intentó organizar su propia estadística y tuvo que enfrentarse al abierto sabotaje de los
párrocos, que se resistieron exitosamente a entregar esta estratégica información.
MANRIQUE: Colonialismo y pobreza campesina..., Lima 1985, pp. 181-182.
63 Existen varios expedientes de este tipo en el Archivo Departamental del Cusco. Véase por
ejemplo ADC: Contenciosos 1884-1886, Administración el Tesoro Público, legajo 102.
64 Diario de los Debates de la Cámara de Diputados (en adelante DDD) 1893, p. 865.
66 Idem. Oficio del Recaudador Fiscal del Cercado, Alejandro Tejada. Cusco 2 de octubre de
1895.
67 Idem. Oficio del director de la comisión ad-hoc al Presidente de la Junta Departamental del
Cuzco. Cusco 16 de noviembre de 1895.
68 "La contribución personal fue recaudada nominalmente por los departamentos para
atender sus propios gastos. Ocurrió, sin embargo, que sólo pocos de ellos figuraron entre los
que la pagaron; y entre los que cumplieron, la cifra de contribuyentes resultó arbitraria, sin
proporción con la verdadera población y sin armonía con el volumen de los demás". BASADRE:
loc. cit., p. 28.
69 Según sus cifras, la contribución personal representaba para Ancash el 72.27% de los
ingresos totales, para Apurímac el 83.06% y para el Cusco el 70.64%, siendo los ingresos
globales de 133,500 en el caso de Ancash, 63,806 en Apurímac y 156,691 en el Cusco. La
conclusión que de estos datos extraía la comisión podría figurar sin pena en una antología del
cinismo político: "Tales datos revelan que en esos departamentos se cobra sin violencia el
impuesto (...) paulatinamente se ha formado la conciencia de la necesidad de soportar un
sacrificio que redunda en propio provecho de los contribuyentes". DDD, p. 1027.
70 ADC: Concejo Municipal del Cercado del Cusco, 1895, legajo 104, 380 ff. Oficio del Sub
Prefecto de la provincia de Calca al Prefecto del Cuzco. Calca 30 de octubre de 1895.
71 Idem.
72 BN: D 4508: Memoria elevada a la Dirección de Gobierno por el Prefecto del Departamento
de Junín, D. Jacinto Cevallos. Taima 25 de setiembre de 1895.
73 ADC: Concejo Municipal del Cercado del Cusco, 1895, legajo 104. Oficio del recaudador
Fiscal de Urcos al Recaudador Fiscal de la provincia de Quispicanchis. Cusco l° de octubre de
1895. Este último, Rosendo Mosco-so, elevó una queja al Presidente de la Junta
Departamental, acusando a las autoridades de la provincia "y especialmente (al) Gobernador
de Urcos, (que) han impedido la realización de dichos cobros, al extremo de que los
contribuyentes buscados por mi personalmente, hacen la burla de ocultarse, ausentarse a
otros pueblos y otros negarse abiertamente al pago con pretextos frivolos". Para variar,
solicitaba el apoyo de la fuerza coercitiva de la Prefectura. Idem. Quiquijana 3 de noviembre
de 1895.
77 Idem, p. 95.
78 Idem, p. 96.
79 Idem, p. 97.
80 BASADRE: Op. cit., p. 105. Esto ratifica nuestra opinión de que desde el punto de vista de los
intereses de clase que representaban entre los regímenes de Iglesias y de Cáceres no habían
diferencias sustantivas. Es evidente que esta medida beneficiaba principalmente a los
terratenientes serranos, y por sobre todo a los usufructuarios del orden gamonal.
81 Un ejemplo: el l° de setiembre de 1888 el Prefecto del Cusco elevó una consulta al Director
General de Hacienda, sobre delimitación de funciones, que fue respondida con una
comunicación enviada el 27 del mismo mes. En ella el Director General de Hacienda deslindaba
que la Junta Departamental no podía ordenar pagos, "por que a la vez que se limita las
prerrogativas del Prefecto que la preside, da acción a tropiezos en la marcha administrativa (...)
una vez aprobado el Presupuesto es el Prefecto que preside la Junta, quien debe ordenar los
pagos (...) es potestativo de los Prefectos como Presidentes natos de la Junta Departamental,
decretar los pagos presupuestados, no suspendidos por acuerdo de la Junta". ADC: Oficios de
la Municipalidad Provincial del Cusco, 1887, legajo 54, 560 ff.
82 "Las juntas no fueron creadas para administrar sino para recaudar y para vigilar. La
administración continuó centralizada y los presupuestos departamentales se tramitaron junto
con el Presupuesto Nacional". BASADRE: Op. cit., p. 104.
85 Idem, pp. 327-328. Es sintomático que las deudas incobrables se presentaran sobre todo en
los departamentos del centro, donde la movilización armada durante la guerra había
fortalecido la posición del campesinado. Sobre el total de las deudas por rentas
departamentales por cobrar de 8 departamentos, que ascendía a 1*111,175.67 soles,
496,830.51 correspondían al departamento de Junín. Loc. cit., p. 329.
86 Idem, p. 328. Entre los principales defensores de las Juntas Departamentales destacaron los
diputados Olivos Escudero de Puno, Carbajal Loayza de Arequipa, La Torre del Cusco, Delgado
de Canchis, y Larrauri de Huancavelica. En general sus intervenciones contuvieron violentos
ataques contra los Prefectos, cuyo poder querían recortar. Loc. cit., pp. 332-343, 395-397.
89 Idem, p. 1060. Tal fue, también, la opinión del diputado Chaparro: "este proyecto está
destinado a suprimir las Juntas Departamentales", p. 1031.
90 Idem, p. 1030.
91 Idem, p. 1064.
92 Idem, p. 1067.
93 Idem, p. 1121.
94 ADC: Municipalidad Provincial del Cusco 1895, legajo 104, 380 ff.
95 Idem.
98 KAPSOLI, Wilfredo: Los movimientos campesinos en el Perú 1879-1965, Lima 1977, pp. 32-
34.
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Leyenda Fuente: ALBERTI, Giorgio: "Los movimientos campesinos", Lima 1970, p. 197.
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V. Balance y Conclusiones
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V. Balance y Conclusiones
p. 179-183
TEXTO NOTASILUSTRACIONES
TEXTO COMPLETO
1 D. S. Hazen calcula que el número de haciendas en Puno se incrementó de 703 que existían
según el (...)
1Iniciamos este libro interrogándonos acerca de las razones que podrían explicar la fuerza que
ostentaba a inicios del presente siglo la clase terrateniente serrana en el bloque de poder del
Estado oligárquico. Podemos volver ahora sobre esta cuestión con mayores elementos de
juicio. Creemos que para entender este fenómeno es insuficiente atribuir su origen al solo
hecho de la expansión de los latifundios sobre las tierras de las comunidades campesinas en el
último tercio del siglo xix1. Como principio explicativo este argumento presenta la obvia
deficiencia de que él mismo requiere una explicación. No basta remitirse a la existencia, a fines
del siglo xixe inicios del xx, de una fuerte demanda de lanas en el mercado mundial. Esta
puede explicar por qué era deseable para los hacendados expandir sus haciendas, pero no
explica cómo se crearon las condiciones para que tal deseo pudiera realizarse. Consideramos
que en la base de este proceso, más que fenómenos estrictamente económicos, está un
conjunto de importantes cambios en la estructura de poder, que se expresaron en una
redefinición del perfil del Estado peruano, y que, a su vez, fueron una directa consecuencia de
la guerra con Chile.
4Empero, el triunfo de los terratenientes serranos fue transitorio. Una década después de su
descalabro en la guerra con Chile la burguesía mercantil limeña, cuya expresión política
orgánica —el civilismo— se había aupado al carro del vencedor inmediatamente después de la
derrota, al incorporarse al primer gobierno de Cáceres como fuerza subordinada, se sintió
nuevamente en condiciones de hacerse cargo del poder. Sin embargo los terratenientes del
interior no cedieron posiciones pacíficamente. Fue necesaria una guerra civil, la de 1894-95,
para desplazarlos. Esta guerra no fue sin embargo, una revolución antifeudal. Tal proyecto sólo
habría tenido sentido como parte del programa de una burguesía nacional decidida a crear su
propio mercado interno y a impulsar un proceso de acumulación capitalista. Un proceso de
esta naturaleza habría exigido crear un mercado de fuerza de trabajo libre, emancipando a los
campesinos sometidos al imperio de la hacienda feudal, lo cual hubiera exigido la liquidación
de la clase terrateniente. Como sabemos, no fue eso lo que sucedió. Para la burguesía
peruana, resignada o cómodamente instalada en su papel de socia menor del imperialismo, los
terratenientes serranos sólo eran una traba si pretendían hegemonizar el Estado. Pero si
aceptaban incorporarse al bloque de poder como fuerza subordinada eran perfectamente
funcionales al modelo de dominación establecido: su papel de garantes del orden social en los
espacios del interior sometidos al imperio del gamonalismo empalmaba a las mil maravillas
con la existencia de un débil Estado, cuya presencia en el interior serrano era precaria. En lo
sucesivo, pues, el Partido Constitucional, la única expresión verdaderamente orgánica de los
intereses de los terratenientes serranos en la historia del Perú, cumplió un papel político
subordinado, jugando su carta postrera en la alianza establecida con Leguía en 1919, que abrió
el paso al oncenio y al régimen de la Patria Nueva.
5Por grandes que pudieran parecer las contradicciones sociales que enfrentaron a la burguesía
mercantil y los terratenientes serranos en la inmediata postguerra, éstas eran evidentemente
secundarias si se las compara con aquellas que oponían a ambas fuerzas al campesinado
indígena. De allí que, en un proceso no desprovisto de sobresaltos y contradicciones, la alianza
establecida luego de la guerra civil del 95 se mantuvo vigente en sus líneas básicas hasta el fin
del Estado oligárquico, es decir hasta la Reforma Agraria de 1969, que culminó el proceso de
liquidación del poder terrateniente desencadenado por las luchas campesinas de 1956-65.
6El proceso social vivido entre 1879 y 1895 fue, por ello, algo más que un simple episodio.
Conviene tenerlo en cuenta particularmente ahora, cuando la insurrección senderista ha
sacado a la luz, en las zonas serranas feudalizadas, la persistencia de formas de poder y
dominación que parecían definitivamente canceladas. Es que el presente suele cristalizar lo
que de esencial contuvo el pasado. Y para las regiones a las que nos referimos eso puede ser
una clave para repensar la vigencia de las estructuras autoritarias y verticales, basadas en el
ejercicio de la más primaria violencia, aun después de la liquidación, como clase, de los
terratenientes serranos.
NOTAS
1 D. S. Hazen calcula que el número de haciendas en Puno se incrementó de 703 que existían
según el censo de 1876 a 3,229, que no eran el resultado de un proceso de fraccionamiento de
la propiedad, en 1915. HAZEN, The Awakening of Puno: Governement Policy and the Iridian
Problem in Southern Peru. 1900-1915, Yale 1974.
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TEXTO COMPLETO
* FUENTE: Biblioteca Nacional del Perú, Sala de Investigaciones: Parte oficial sobre la
expedición a (...)
2Co 6. 1889
5Con fecha 18 de Setiembre del año próximo pasado, ese Ministerio ordenó a esta
Prefectura que tomase del Batallón "Callao", la fuerza que se conceptuara necesaria
para expedicionar sobre las haciendas "Punto" y "Callanca" ubicadas en esta
Provincia, que los indios tenían usurpadas, con el fin de restituirlas a sus legítimos
propietarios. Las recargadas labores del servicio administrativo no permitieron
cumplir entonces tal disposición. En Diciembre último me constituí en esta ciudad
y organicé una expedición de ciento cincuenta hombres del referido cuerpo, la que
junto con algunas gentes armadas que engancharon los interesados salió de
Huancayo el 10 del citado mes bajo las órdenes del Sub Prefecto de estas
Provincias, Coronel Andrés Freire con instrucciones en las que le indicaba que sólo
después de agotados los medios conciliatorios que aconsejaba la prudencia se
apelara a las medidas de severidad y coacción.
6El 13 del mismo mes la fuerza expedicionaria del Batallón "Callao" al mando del
Teniente Coronel José A. Alarcón ocupaba la hacienda "Punto" después de haber
empeñado un ligero combate con los indios rebeldes que defendían la entrada, los
que se retiraron ocupando los cerros inmediatos que dominan aquel fundo, desde
donde en los días que siguieron al de la ocupación hostilizaron continuamente a
las tropas disparando a mansalva sobre ellas protegidos por la topografía del
terreno, los espesos matorrales que lo cubren y las densas neblinas que envuelven
esas regiones en esta época del año. En varias ocasiones se trató de desalojarlos,
lo que se consiguió siempre pues los indios huían a la aproximación de la tropa
que tomaba las posiciones que dominaban aquellos regresando a ellas tan luego
que ésta volvía a abandonarlas; porque su permanencia allí de un modo
indeterminado era imposible. Establecida por los indios una defensa de montones
que mantenían en perpetuo sobresalto el campamento la situación se hacía
insostenible, por cuanto ni éstos presentaban un combate que pudiera ser
decisivo, ni se podía perseguirlos. Conocedores del terreno hubieran fugado hasta
los parajes más lejanos de aquellas zonas, cansando a la tropa y atrayéndola quizá
a alguna emboscada en cualquiera de los peligrosos desfiladeros que se
encuentran allí a cada paso, siendo inútil organizar una batida en forma. La tropa
quedó a la espectativa esperando las órdenes del Jefe de la expedición que se
había establecido en la hacienda "Llacsapirca" situada a cinco leguas del teatro de
operaciones. Viendo éste que no había conciliación posible, ni medio de someter al
orden a los rebeldes y que la situación se presentaba cada día más difícil para la
tropa a causa de los frecuentes aguaceros que caen en la presente estación,
ordenó que regresara la expedición, lo que se efectuó inmediatamente,
incendiando los interesados las rancherías de la hacienda. Habiendo recibido yo el
telegrama de US de 22 de Diciembre en que me ordenaba que la fuerza que
ocupaba "Punto" se mantuviera allí hasta nuevas disposiciones envié un propio
comunicando esta orden al Jefe de ella y dos días después emprendí viaje desde
Taima a esta ciudad para dictar personalmente las medidas necesarias al mejor
éxito de la expedición.
7Aquí tuve conocimiento de que el Comandante Alarcón siendo llamado por los
vecinos de Canchapalca, que le ofrecían entrar en arreglos con ellos; y habiéndose
constituido en aquel caserío, fue atacado por los rebeldes pudiendo escaparse
protegido por la referida comunidad que lo acompañó hasta ponerlo a salvo.
9El 4 del corriente me encamine a "Llacsapirca", desde esta hacienda oficié a las
comunidades de "Acobamba", Yanabamba", "Canchapalca" y "Comas",
ofreciéndoles toda clase de garantías si viniesen a conferenciar conmigo y
cooperasen en el sometimiento de los rebeldes. Acudieron todos al llamamiento
que les hice y habiéndoles amonestado, traté de sacar el partido posible de su
sumisión para lograr el resultado favorable que se perseguía, porque me
preocupaba la idea de que al retirarse la tropa se suscitara una conflagración
general con grave perjuicio de los hacendados de aquella zona.
10El señor Jacinto Cevallos ofreció en venta la hacienda "Punto" a las comunidades
de Acobamba, "Comas" y éstas la han comprado por dos mil doscientas cincuenta
reses que le serán abonadas en plazo fijos, celebrándose un contrato que se
elevará a escritura pública y que fue firmado por mi para darle mayor
respetabilidad; comprometiéndose las comunidades citadas a respetar las
haciendas de la zona y conservar allí el orden persiguiendo a los rebeldes hasta
capturarlos, lo que puso término a este incidente que amenazaba alcanzar
proporciones fatales. En seguida, recorrí los demás caseríos hasta "Comas"
asegurando la tranquilidad pública y obediencia a las leyes en toda aquella zona,
de la que me he retirado dejándola completamente pacificada, quedando las cosas
en un pie conveniente, que permite la retirada de la fuerza expedicionaria, sin que
se perjudique el prestigio del Supremo Gobierno.
12La carencia de seguridades para las negociaciones que se pueden implantar allí,
es la causa del estacionarismo de ese territorio privilegiado.
18Espero que ésta merezca la aprobación del Supremo Gobierno pues ha sido tan
favorable cuanto lo han permitido las circunstancias.
NOTAS FINALES
* FUENTE: Biblioteca Nacional del Perú, Sala de Investigaciones: Parte oficial sobre la
expedición a Punto, Huancayo, enero 15 de 1889. (D11466).
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Anexo 2. Memoria que el ministro de gobierno y policia presento al congreso ordinario de
1902 (fragmento)(*)
p. 188-189
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1"(...) Desde la época en que las fuerzas de Chile ocuparon nuestros departamentos del centro,
las comunidades de Comas en la Provincia de Jauja y Pariahuanca en la de Huancayo,
explotando el desconcierto social y político de esos pueblos y la inestabilidad de las
autoridades peruanas en el departamento de Junín, asumieron una actitud independiente,
designando ellas mismas sus funciones políticas, judiciales y municipales. No sólo hicieron
esto, sino que, se apropiaron desde entonces de algunos fundos de dominio particular, cuyos
ganados permutaban con rifles y municiones, que les ofrecían especuladores venidos de la
costa.
2"De esta manera, aquellos distritos quedaron perfectamente armados, imponiéndose a los
funcionarios políticos de Junín, que pretendían arrebatarles esos elementos; y el poder
efectivo de dichas comunidades llegó al punto de que derrotaron a la considerable fuerza
chilena que el coronel Canto destacó sobre ellas.
4"Con el fin de modificar aquella anómala situación, y como quiera que alentadas dichas
comunidades por la impunidad y la tolerancia, pretendieron realizar nuevos actos sediciosos,
se ha destacado a esas localidades y a orden del Prefecto de Junín 100 hombres
pertenecientes a la guarnición de esta capital.
5"Las medidas sagaces puestas en práctica por los funcionarios políticos han hecho innecesario
por ahora el empleo de la fuerza. Algunos de los instigadores de aquella situación, se han
sometido a la obediencia del Gobierno, otros han entregado sus armas, los propietarios
despojados han vuelto a la posesión de sus fundos, y debe esperarse que, en este camino de
represión severo, el orden y las leyes serán respetados por los habitantes de los distritos
mencionados".
NOTAS FINALES
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Colecciones
Por dossiers
Informations
Instituto Francés de
Estudios Andinos
Acceso reservado
Anexo 3.
Propuesta de
conformación
de un estado
federal en
Institut français d’études andines
comas. 1888*
p. 190-191
TEXTO COMPLETO
RP. Las
autoridades de
Comas a
nombre de la
Comunidad
* Fuente: Archivo de la Prefectura
de Junín
5Rofino Llanco
6Alcalde Municipal
7Mariano Sánchez
8Alcalde Municipal
9Síndico de Gastos
10Nazario Balero
11Juez de Paz
12(A la comunidad de
Uchubamba)
NOTAS FINALES
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